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domingo, 20 de marzo de 2022

Los "Voluntarios"

Desde que Putin dejó caer los primeros misiles sobre Ucrania como respuesta al expansionismo de la OTAN comenzaron a surgir notas de prensa en las que se indicaba que tal o cual boxeador ucraniano "lo dejaba todo atrás por ir a luchar contra el invasor ruso". Esa lista pronto se engrosó con tenistas, futbolistas, violinistas, etc.

Pero en esta nota publicada por Naiz se nos habla de otros voluntarios del conflicto armado por proxy de la OTAN que no serán más famosos que los boxeadores o los tenistas ucranianos, pero que definitivamente han estado fungiendo como letales peones en  el negocio de la guerra por ya bastante tiempo.

Lean:


Lo «mejor» de cada casa

Dabid Lazkanoiturburu

En este mundo en el que el nihilismo ha sustituido a los grandes ideales, los conflictos armados recientes son un imán que atrae a individuos cegados por el brillo de las armas y ansiosos por «jugar a la guerra» y por apretar el gatillo.

No faltan voluntarios con buena voluntad -valga la redundancia–, que acuden a los escenarios bélicos indignados y deseosos de ayudar a los agredidos, ahora mismo los ucranianos.

Sin pretender hacer comparación alguna, la participación de las Brigadas Internacionales en la guerra civil española fue un modelo para el mundo.

La llegada a la guerra en Siria de miles de yihadistas occidentales siguiendo el llamamiento del Estado Islámico (ISIS) es su contrapunto fascista. Para luchar contra este junto a los kurdos, acudieron voluntarios, muchas veces con más buenas intenciones que eficacia militar.

Volviendo al escenario bélico actual, miles de combatientes procedentes de 55 países acudieron a luchar en uno u otro bando en la guerra del Donbass, territorio pro-ruso que se rebeló tras a revuelta pro-occidental del EuroMaidan de 2014 en Kiev.

Los favorables a Ucrania se alistaron mayormente en divisiones ultras como el batallón Azov, en primera línea del frente. Los alineados con los rebeldes de Donetsk y Lugansk, sin olvidar a algunos antifascistas y comunistas europeos, llegaron mayormente de Rusia, movidos sobre todo por el sentimiento pan-ruso, como atestiguaba su identificación con la zarista cruz de San Jorge.

Ucrania, cuyo Ministerio de Defensa no duda en amparar a los ultraderechistas del batallón Azov, ha hecho un llamamiento a los que tengan «experiencia de combate o quieran ganarla junto a los valientes defensores ucranianos (…)  en su lucha por la paz y la democracia en Europa».

Más de 20.000 extranjeros se habrían ofrecido ya a sumarse a la Legión de Defensa Territorial ucraniana y los analistas advierten que predominan ultraderechistas europeos y supremacistas blancos.

El problema, irresuelto, de qué hacer con los europeos que fueron a luchar por el ISIS, y el recuerdo de que los mujahidines árabes que fueron a luchar contra los soviéticos en Afganistán en una guerra de guerrillas financiada  por EEUU fundaron Al Qaeda planea como un fantasma.

Por de pronto, Alemania ya ha decidido desarmar a sus neonazis y calcula que 13.800 estarían dispuestos a tomar las armas, donde sea, y 1.500 tienen licencia para usarlas.

En el otro bando, Rusia ha mandado a Ucrania a sus mercenarios de la compañía Wagner, que recibe el nombre del compositor alemán y que está dirigido por el supremacista blanco Dimitry Urkin, quien no tiene empacho en colgar fotos con sus tatuajes con esvásticas en el cuello y publicar vídeos con sus criminales métodos militares en África y Oriente Medio.

Tampoco Putin le ha ido a la zaga a Zelensky y el comandante en jefe del segundo (o tras China tercer) Ejército más fuerte del mundo ha anunciado que está dispuesto a acoger a 16.000 voluntarios de Oriente Medio.

El opositor Observatorio Sirio de Derechos Humanos asegura que en Siria se habrían alistado 40.000 combatientes, pertenecientes muchos de ellos a las más temibles milicias que han machacado a sangre y fuego la revuelta en Siria, sin distinguir entre civiles, rebeldes y salafo-yihadistas.

Conviene, asimismo, recordar el despliegue en Ucrania de la 46 brigada de la Guardia Nacional a las órdenes del presidente títere checheno, Ramzan Kadyrov, los temidos kadirovski.

La práctica aniquilación de su regimiento motorizado de élite 141 enviado como avanzadilla en la ofensiva a Kiev, y la muerte de su general, Mogamed Tushayev, confirma la participación de los kadirovski, una suerte de «Guardia Mora», a las órdenes de Franco en la guerra civil y que generaba un terror similar al que inspira la guardia personal del dictadorzuelo checheno.

Para completar el cuadro, y volviendo a Siria, circulan informes de que chechenos que luchan junto a Al Qaeda en Idleb contra Damasco habrían sido alistados por sectores ultras ucranianos.

Lo «mejor» de cada casa.

 

 

 

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