Un blog desde la diáspora y para la diáspora

jueves, 13 de mayo de 2021

Legítima Defensa

Desde el portal de inSurGente traemos a ustedes este texto que deja en claro que lo que está ocurriendo en Palestina en estos momentos es una escalada en la estrategia de limpieza étnica llevada a cabo por la etno-entidad sionista en contra del pueblo palestino al saberse con total impunidad gracias al cheque en blanco otorgado por la comunidad internacional

Adelante con la lectura:



En esta, como en otras ofensivas militares del gobierno de Israel contra la población civil de la Franja de Gaza, el mundo reaccionario se ha lavado las manos diciendo que, en su barbarie, el régimen sanguinario actúa en legítima defensa. Sólo unos pocos le han pedido a los agresores que actúen con proporcionalidad, que es lo mismo que si le hubieran dicho: “sigan asesinando, pero tengan un poco de cuidado para que no nos salpique tanto la sangre de las víctimas”. Así de crueles son, así de deshumanizados.

Pero la realidad es terca y, recurriendo a la historia, reivindica la legítima defensa para el pueblo palestino, no para el asesino gobierno de Israel.

Bastaría con decir que, desde 1946 y golpeada por la fuerza, Palestina ha perdido el 85% de su territorio a favor de sus históricos agresores. Esos datos fueron expuestos por la Oficina Central de Estadísticas de Palestina en 2020, hace ahora un año. Pero, aunque brevemente, añadiré algunas cosas más.

Presionado por quienes siempre lo han dirigido, en 1947 el Consejo de la Organización Mundial de las Naciones Unidas decidió ceder el 52% del territorio palestino a Israel. Este “acuerdo” se vino a llamar “Carta de Conciliación” y, obviamente, fue firmada en las Naciones Unidas por los representantes de Palestina (de manera evidentemente involuntaria) e Israel. Sin embargo, a pesar de hacerse con un territorio que no les correspondía, los israelíes no saciaron sus apetitos expansionistas.

La citada “Carta de Conciliación” nunca fue respetada por Israel. Prueba de ello es que, de un tiempo a esta parte, el ejército israelí ha invadido y agredido a los palestinos en numerosas ocasiones, con las nefastas consecuencias que ya se conocen. Recordemos que, además de asesinar a incontables palestinos (entre ellos a enorme cantidad de niñas y niños), la política seguida por la potencia ocupante ha marcado profunda y negativamente a los agredidos (la mayor parte de los palestinos viven como refugiados y desplazados, sin identidad política o como residentes civiles en territorios militarmente ocupados).

En 1967 se desató la llamada Guerra de los Seis Días. Al cabo de la misma, Israel se apoderó de más territorio. A día de hoy, como ya he indicado más arriba, los usurpadores tienen en su poder el 85%. No cabe la menor duda de que la actual agresión obedece al intento de apropiarse del otro 15% del territorio que aún les queda por conquistar.

El asesino gobierno de Israel goza de la vergonzosa impunidad que le otorga la antidemocrática y repugnante ONU (siempre dominada por los Estados Unidos) y la UE, pero no tiene ninguna legitimidad para “defenderse” del pueblo palestino, porque en realidad es el agresor, no el agredido. Es Israel quien injustificadamente masacra población civil y usurpa territorios.

¿Por qué tanta hipocresía? ¿Por qué tanto cinismo? Todo el mundo sabe que justificando a Israel disfrazan de víctima al histórico e inhumano verdugo.

 

 

 

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miércoles, 12 de mayo de 2021

Gil de San Vicente | Propiedad, Libertad y Fascismo

Ahora que la Ertzaintza, ese cuerpo represivo español con label vasco, se ha reconvertido en escolta de los mamporreros de Desokupa, conviene leer este texto de Iñaki Gil de San Vicente publicado en el portal de inSurGente:


Propiedad, libertad y fascismo

Iñaki Gil de San Vicente

La teoría revolucionaria es una tarea difícil, no surge sólo de la buena voluntad, no tiene otra fuente que el proletariado sublevado –las capas profundas y bajas del proletariado que permanecen fieles a su ser revolucionario. “El proletariado o es revolucionario o no es nada”, dijo Marx a Lasalle. El teórico que no esté impregnado de este concepto hasta el tuétano de sus huesos, estará fatalmente inducido a aceptar la “solución” planteada por los intelectuales radicales que es en esencia una solución burguesa.

Raya Dunayevskaya: Marxismo y libertad. Fontamara. México. 2007. P. 196

Miremos por donde miremos, descubrimos ciertas constantes que, con diversas formas, reaparecen en escenarios fundamentales de la crisis en su grado actual de agudización: diferencias entre facciones de las burguesías occidentales sobre cómo salir de la crisis, impulso titánico de nuevas tecnologías, reforzamiento del autoritarismo y nuevas formas de control y vigilancia de masas con la excusa de la pandemia, ataque devastador contra el proletariado y los pueblos, teledirección sutil y relativa del crecimiento de los neofascismos, remilitarización, destrucción de la naturaleza… Todo con tal de recuperar la tasa media de ganancia, aumentar la productividad del trabajo y superar al bloque chino-ruso.

Frente a esto la llamada «izquierda» está perpleja, boquiabierta, como se comprueba al leer sus análisis del triunfo de la derecha pura y dura en Madrid que ha logrado cerrar filas y extenderse a franjas populares y obreras. Desde luego que Madrid, al igual que Colombia, Escocia, Sahara, la Euskal Herria que empieza a pensar en otra Huelga General, el sindicalismo que renace en los EEUU, las decenas de millones de campesinas que se levantan en India, etc., exigen estudios concretos sobre sus particularidades, pero aun así existen constantes universales ante las que la «izquierda» no sabe cómo actuar o retrocede espantada, cuestiones permanentes que en la actualidad adquieren una importancia crítica que sólo puede ser resuelta partiendo de las ideas de Raya Dunayevskaya, arriba citadas.

Una de esas constantes es el avance subterráneo o público de fascismos y militarismos en las fuerzas represivas, que no sólo en la sociedad. Alemania, por ejemplo, ve atónita como reaparecen esvásticas en sus cuarteles. El Pentágono oculta todo lo que puede la fuerza de la extrema derecha en sus despachos y bases. El militarismo enseña sus zarpas en Japón. La India de Modi deja crecer la extrema derecha en sus fuerzas represivas. Los derechos sociales en general y nacionales escoceses, galeses e irlandeses ponen nervioso al flamante ejército británico, tan cargado de crímenes. ¿Y qué decir de Marruecos, Brasil, Israel, Colombia, Ucrania, Chile, Honduras…? En los dos Estados que se reparten Euskal Herria altos militares en situación de retiro amenazan impunemente, sus gobiernos impiden la denuncia pública de la ferocidad represiva y preparan sus fuerzas represivas para golpear las protestas sociales contra los recortes de derechos que se avecinan.

En una parte de Euskal Herria, Ertzaintza es el nombre en lengua vasca que recibe la fuerza armada regional que el Estado español creó en 1982, cediendo su mantenimiento y control táctico al gobierno autonómico, pero reservándose su control estratégico. Las clases y naciones explotadas malvivían en una severa crisis en la que el capital español se jugaba su integración en Europa o su definitiva caída en el subdesarrollo, lo que agudizaría todos los problemas históricos irresolubles que arrastraba desde los siglos XVI-XVII. Euskal Herria era en ese momento uno de los problemas más graves para el capital, por lo que le suponía una gran ayuda integrar a su burguesía en el sistema represivo que se estaba imponiendo. Ya mientras se tramitaba su creación, el gobiernillo autonómico lanzó una costosa campaña propagandística para hacer creer al pueblo que la nueva fuerza armada sería como los “bobbies” ingleses, amables en Londres y feroces en Irlanda.

Pues bien, las denuncias que se iban amontonando sobre el aumento de sus abusos dieron un salto durante 2020, año en el que Ertzaintza mostró sin tapujos su docilidad con el capital y su incompatibilidad con el pueblo obrero y en especial con la juventud trabajadora. De las denuncias se pasó a las movilizaciones de protesta confirmando el dicho de que cuando el pueblo protesta en plena pandemia es porque sabe que el gobierno es más peligroso que el virus. La tendencia objetiva a la fascistización de toda fuerza represiva, también se está dando en Vascongadas. A pesar de que el secretismo esencialmente antidemocrático que le protege imposibilita el vital debate público de su vida interna, van trascendiendo informaciones cada vez más alarmantes.

Es un error garrafal creer que la Erzaintza estaría libre de esos riesgos fascistoides sólo con una terapia democraticista limitada a simples con reformas que no combatiesen la función estructural que tiene toda policía y ejército en el orden burgués. La experiencia enseña que la mentalidad autoritaria, patriarcal, racista y fascista en cuanto «peste parda», se cuela por las fisuras de los «controles democráticos» puestos para impedirlo, porque tienen una eficacia relativa que va debilitándose con la rutina de la llamada «normalidad». Se trata de una tendencia objetiva porque surge de la naturaleza misma, autoritaria y reaccionaria, de la estructura psíquica de masas dominante, alienada, creada por y para la adoración fetichista del orden material y simbólico de la burguesía.

Hay militares y policías no contaminados por la fascistización, desde luego, y es cierto que en algunos momentos críticos sectores reducidos de las fuerzas represivas han salido en defensa de la democracia burguesa y en contadísimas ocasiones, muy pocas, hasta del pueblo trabajador, sobre todo si sufre opresión nacional. Son muy conocidos algunos militares que han luchado contra su burguesía y el imperialismo, pero son la excepción que confirma la regla general del papel de las fuerzas represivas. La experiencia histórica es aplastantemente abrumadora en sentido contrario. La fidelidad de las fuerzas represivas al capital se sustenta en una mezcla de disciplina autoritaria que infunde miedo al mando; beneficio personal y estatus social estrictamente egoísta, y convencimiento ideológico, todo ello dentro del universo mental fetichista. En el mercenariado, sea policial o militar, el miedo al mando también existe, pero más importancia tienen el egoísmo y la ideología, que también es egoísta por cuanto es la ideología del individualismo burgués.

El fetichismo de la mercancía, del que derivan el de la democracia, el parlamentarismo, el Estado, y otros, explica la ferocidad represiva de los agentes que, sin ser especialmente reaccionarios y menos aún fascistas, sí golpean con saña a la clase trabajadora que defiende sus derechos, a jóvenes precarizados e incluso a paseantes, a gente que pasaba por allí, o maltratan a las personas presas. Lo hacen porque defienden por encima de todo el derecho burgués de la propiedad privada en general y en concreto el de la alianza entre el capital y su Estado ocupante y la burguesía autonomista.

Uno de tantos aciertos históricos de la praxis revolucionaria internacional es el de la actualización de los debates iniciados a mediados del siglo XIX sobre la política con respecto a los ejércitos y fuerzas represivas: la exigencia de desmantelarlos es un principio irrenunciable desde antes de la I Internacional en 1864, que se actualiza siempre que se produce un salto en la militarización imperialista como respuesta a las crisis del capital. También se ha teorizado la necesidad de minar, debilitar y romper desde dentro y desde fuera, conjuntamente, la disciplina militar para que la tropa se enfrente a la oficialidad abortando un posible golpe militar, una represión salvaje, una guerra imperialista, etc. Pero nunca para una simple «reforma democrática» de las fuerzas represivas, y menos aun llamando a los policías «trabajadores del orden». La consigna universal de «transformar la guerra imperialista en guerra civil» sintetiza en caso extremo la enorme variedad de situaciones particulares en las que hay que potenciar el desmantelamiento de las fuerzas represivas.

Esta histórica reivindicación es hoy más necesaria que nunca antes por razones obvias. Los ejércitos imperialistas han tenido que aprender a luchar en las gigantescas conurbaciones tanto para conquistarlas cuando invaden un país, como para aplastar sublevaciones populares o prevenir estallidos sociales en barriadas populares de un capitalismo empobrecido e injusto. Por esto, es imparable la tendencia a la militarización oficial o encubierta de las fuerzas policiales llamadas «civiles». La creación de unidades policíaco-militares preparadas para todas las formas de guerra urbana, incluidas las manifestaciones de masas radicalizadas, multiplica esa reivindicación.

Además, desde finales del siglo XIX y sobre todo desde 1916, la burguesía es consciente de la poca fiabilidad de las tropas de conscripción obligatoria, como volvió a demostrarse en 1945 cuando hubo malestar en los ejércitos aliados burgueses ante el rumor de un posible ataque total a la URSS. La profesionalización de la guerra y de la represión imperialista viene impuesta por las imparables exigencias de alta especialización tecnocientífica, y por la necesidad de tropas mercenarias fieles al imperialismo dentro y fuera de sus fronteras estatales, para aguantar psíquica y anímicamente la tremenda brutalidad de sus ataques y represiones, sobre todo contra su propio pueblo oprimido nacionalmente.

La valía de la denuncia crítica de las fuerzas represivas que hace la izquierda revolucionaria está confirmada por los hechos reiteradamente repetidos. Una profundización de esa crítica nos lleva al corazón del fetichismo de la mercancía: la mercancía misma, o si se quiere, a la ley del valor, al valor y al trabajo abstracto, y a la ley general de la acumulación del capital; también podemos decir que nos lleva a la propiedad privada y a la libertad burguesa que surge de todo ello, y que lo refuerza. De este modo, como hemos visto en Madrid y lo sufrimos en Euskal Herria, propiedad, libertad y fascismo forman un continuo multidireccional que se retroalimenta y que permite la defensa de la propiedad capitalista mediante el uso teledirigido o directo de varias intensidades de fascismo sin contravenir la libertad burguesa. Sin mayores precisiones ahora, esta interacción ayuda a explicar el triunfo de la derecha dura en Madrid, las dificultades de la «izquierda» y el nerviosismo que invade al gobiernillo vascongado por el creciente desprestigio de la Ertzaintza.

Bajo la dictadura de la propiedad capitalista, el fetichismo aparece como la llave que nos abre el mundo ficticio de la libertad burguesa. No importa que la pobreza relativa aumente de manera imparable en Madrid, y que reaparezca la pobreza absoluta en los niveles más aplastados de su pueblo, porque la libertad de consumo barato y el victimista regionalismo madrileño creado por su burguesía, obnubilan la golpeada conciencia de los sectores populares que aplauden a Ayuso y creen que su ignorancia es el sumun de la cultura. Madrid es la comunidad mimada por el Estado para que su clase dominante se enriquezca por encima de la media lo que, con la ayuda de la prensa y de la incapacidad de la «izquierda», le permite ocultar la espeluznante destrucción de infraestructuras públicas que suavizaban el empobrecimiento. En este contexto el dilema contrarrevolucionario de «socialismo o libertad» ha aplastado a una «izquierda» que renunció al socialismo y a la libertad cuando se arrodilló ante el capital y la monarquía franquista.

La «izquierda» y el gobierno «socialista» llevan decenios desmovilizando al proletariado, dopándolo e integrándolo en el orden del capital. El debilitamiento de la lucha de clases supone el debilitamiento de la teoría de la lucha de clases, de modo que cuando el capital se apropia de la libertad abstracta y la subsume en su libertad, en la burguesa, se descubre el desierto teórico impotente ante la demagogia del poder. La libertad real, concreta, la que se saborea cuando mediante la lucha de superan las necesidades y se amplían más perspectivas de libertades igualmente concretas, en una espiral expansiva inagotable, esa libertad sólo se comprende en lo teórico simultáneamente a su vivencia práctica, nunca antes, nunca en abstracto, de manera utópica e ideal. La pasividad conformista y su libertad muerta, consiste en creer que no se vive encadenado porque al no haber movimiento de lucha por la libertad viva no se siente el peso hiriente de las cadenas sobre la conciencia y el cuerpo.

Otro tanto sucede con la pedagogía del socialismo. La historia obrera rezuma islas de proto socialismo que incluso llegaban a pequeños archipiélagos de contrapoder: cooperativas integrales; asociaciones vecinales relacionadas con las fábricas; locales recuperados, autoorganizados y autogestionados; sindicatos sociopolíticos y comités de base; grupos militantes que impulsan la prensa crítica, la abogacía tendente al derecho socialista, la lucha científico-filosófica, la pedagogía socialista; movimientos de emancipación sexual; antifascismo, contra la tortura y la represión, por la Amnistía; redes internacionalistas y antirracistas; por el ecosocialismo y el ecocomunismo; por la salud socialista, etc. Con todas sus dificultades, estas prácticas prefiguran contenidos del socialismo, de ahí su eficacia concienciadora y su potencialidad teórica, y su peligro para el capitalismo.

La facilidad con la que la derecha ha falsificado el socialismo tiene mucho que ver con el desierto teórico arriba visto y con que una parte de la «izquierda» abandonase hace años la lucha por prefigurar en la práctica algunas virtudes vivenciales del socialismo. Al igual que hay que saborear la libertad concreta para saber lo que es la libertad en sí, no la ficción burguesa, hay que disfrutar del protosocialismo para saber qué es el socialismo. Además, otra parte de la «izquierda», ha extirpado la radicalidad de esas prefiguraciones incompatibles con el capitalismo, y ha subsumido el resto en el ambiguo magma de «lo común, del bien común, del buen vivir», etc., términos que deben ser concretados en su potencial revolucionario, después expurgar su palabrería keynesiana.

Por último, los sucesivos «gobiernos de izquierda» que hemos padecido han legislado sin rubor alguno contra esas prácticas, las han reprimido de un modo u otro. Además de las cadenas psicopolíticas y mentales inherentes al fetichismo, reforzadas por la familia patriarco-burguesa y la industria educativa y mediática, además de esto, jueces y fuerzas represivas han sido los instrumentos decisivos contra la libertad concreta y la prefiguración socialista. La sistemática legitimación nacionalista española de jueces y fuerzas represivas ha reforzado el ataque a la prefiguración socialista y al gozo de la libertad concreta, antiburguesa. La pasividad cuando no la colaboración de la casta intelectual y académica ante todo ello, completa el panorama. Un solo ejemplo basta: el silencio cómplice de la «izquierda» sobre la reordenación estratégica yanqui del eje Atlántico-Mediterráneo, con su impacto en las naciones saharaui, canaria, portuguesa y andaluza, y en las bases militares yanquis en el Estado. La «izquierda» ha justificado esas bases por los puestos de trabajo que suponen, sin comprender el continuo multidireccional entre propiedad capitalista, libertad burguesa y fascismo. Visto lo visto, la «izquierda», acogotada por la soga del «socialismo o libertad» se ahogó por su propio peso.

Por el contrario, allí donde se han mantenido mal que bien espacios de contrapoder interrelacionados de alguna forma, allí el dilema contrarrevolucionario de «socialismo o libertad» de la derecha pura y dura ha sido desmontado con relativa facilidad mediante la puesta en práctica de la opción entre «socialismo o barbarie» que sigue la válida línea de Engels-Kautsky-Rosa Luxemburg, y que en el capitalismo actual debe enriquecerse con el propuesto por Preobrazhenski y Bujarin de «comunismo o caos». Es decir, Jenny von Westphalen o Isabel Ayuso. Un último ejemplo: cuando se mantienen espacios de contrapoder, el pueblo defiende su libertad concreta y el protosocialismo, derrotando con su fuerza las dentelladas fascistas, como en Bilbo, donde se ha salvado una casa liberada que el fascismo quería privatizar, como también se ha logrado en otros sitios. La izquierda revolucionaria sabe que el contrapoder es la base del poder popular, es decir, de la unión entre socialismo, libertad concreta y autodefensa obrera.

EUSKAL HERRIA 12 de mayo de 2021




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Los Temores de los Euskotártaros

Les recomendamos este texto publicado en Gara que nos permite echar un vistazo a la situación actual de la CAV en el marco de la pandemia del SARS CoV-2 y de su manejo.

Lean por favor:


El silencio euskaldun

Iñigo Jaca Arrizabalaga

Muchos conocimos a un sabio vasco, Federico Krutwig, quien cuando bromeaba solía decir que en Euskal Herria convivían los euskaldunes y los euskotártaros. Los primeros descendían del homo sapiens y los segundos del neanderthal.

Recordando aquello que decía, se me ocurre que los euskaldunes son los que aman la naturaleza, a la humanidad, son cultos, cultivan las artes y practican las virtudes y la tolerancia. Tienen como principios la búsqueda de la verdad, la práctica de la solidaridad y defienden la libertad de conciencia.

Los euskotártaros temen y adoran a un dios punitivo, destrozan el hábitat natural con obras, vertidos y escombreras ilegales, no cultivan la inteligencia ni la cultura excesivamente, aman el hormigón y no se preocupan demasiado por el futuro, pues muchos de ellos están destinados a ocupar los cargos de gobierno por designio del partido de Dios y de los sordos. Los demás, engañados, creen gozar de sus favores.

Nietzsche antes de sentarse a escribir tenía que caminar siempre en silencio, solía andar kilómetros él solo, y decía que era para escuchar el sonido mudo con el tercer oído, el que permitía al poeta crear poesía. Y así ser conscientes de nuestros pensamientos y las emociones que estos ocasionan en nuestro ser.

Hoy, mientras subía solo a Santa Barbara, disfrutando de las vistas de los montes de los cuatro territorios de Hego Euskal Herria, una llamada telefónica rompe el silencio, mi hijo que trabaja en la hostelería me comenta que en junio podría volver a trabajar, siempre que los jueces no paralicen el decreto de Urkullu y Jonan. Vuelve la esperanza para unos, si bien la amenaza del poder puede truncarla.

Estas palabras de mi hijo me llevan a la reflexión, a escuchar esas voces que me envía el homúnculo que, según Freud, llevamos todos dentro y me asaltan dos ideas, la de las listas de espera de nuestra sanidad vasca y la de la cuarta ola y las vacunaciones.

Las listas de espera a las que estábamos acostumbrados eran ya la evidencia de la insuficiencia permanente de recursos. A pesar de ello, los adictos a las verdades reveladas, las hacían compatibles con esa bilbainada de que teníamos la mejor sanidad de Europa. Con ellos, coincidían algunos gurús euskaldunes, que tanto valor conceden a esa sanidad funcionarial, si bien, lo que debiera interesar al ciudadano es la financiación pública de la sanidad y que los profesionales cobren directamente del paciente por cada acto presencial. Paciente al que luego revierte la seguridad social lo abonado, como en Iparralde.

Las alarmas de los euskotártaros son evidentes pues una sanidad tan colapsada no pasa desapercibida a los ciudadanos, y sus aparatos del chismorreo o propaganda no pueden sostener esa leyenda de que «somos los mejores». Schopenhauer decía que los chismosos son personas que no soportan estar consigo mismas, personas atormentadas, que hoy se dedican a manipular la opinión pública.

El problema de las listas de espera en el sistema funcionarial público atenta a la equidad en la accesibilidad a los servicios. Un jubilado de mi pueblo se jactaba de que por tener dos familiares que trabajaban en la sanidad, el acceso a consultas y tratamientos le era fácil a través de ellos. Hay listas de espera de más de seis meses pero no eran para él.

La prevaricación es un delito contemplado en el Código Penal, pero en la cultura euskotártara está muy expandido, forma parte de los favores del poder y de las adhesiones al mismo. El adelantar a una persona en esas listas de espera de la medicina funcionarial es una prebenda del poder y de sus próximos, causando perjuicio a quien espera sin prevaricar. Este es un síntoma de que la corrupción está muy extendida entre nosotros.

Para que un sistema sanitario público sea justo y equitativo no deben existir listas de espera tan prolongadas y ello obliga a disponer de recursos suficientes para el funcionamiento normal, sin olvidar un margen adicional en previsión de las posibles epidemias y las incidencias que surjan.

Lo sucedido con los trabajadores de la hostelería me lleva a recordar las imágenes de la obra pictórica de Boticelli: “La Calumnia de Apeles”, en la que aparece sobre un estrado un juez, el Rey Midas, a cuyas orejas de asno susurran dos mujeres de rostros crispados: la Ignorancia y la Sospecha. Frente al juez se encuentran un monje (el Rencor) y una mujer, la Calumnia, que con una mano sostiene la antorcha que simboliza el Rumor que se expande como el fuego, y con la otra arrastra a la víctima, un hombre desnudo.

Muchos trabajadores de la hostelería están en el ERTE pendientes de lo decidido por el Rey Midas, que en el oasis todo lo que toca lo convierte en oro, y que en esta pandemia les ha convertido en el chivo expiatorio. La Verdad Desnuda aparece sola en el otro extremo de la obra pictórica, y la verdad es que los valores de nuestra sociedad están en crisis, visto el comportamiento asocial de muchos conciudadanos.

El psicoanalista Jacques Lacan decía que si entendemos la salud como el silencio de los órganos, un síntoma es como un ruido, como un palo que impide que la rueda gire según lo esperado. Y visto el comportamiento irresponsable de amplios sectores de la población vasca en esta pandemia, que tanto daño ha causado en Euskal Herria, creo que hemos agotado todos los palos.

 

 

 

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martes, 11 de mayo de 2021

En Gustos se Rompen...

Hablemos del valor fetiche de las mercancías, incluidos los productos culturales. Para ello, les invitamos a leer este artículo en Granma:


¿Por qué nos gusta lo que nos gusta?

El capitalismo aprendió a dominarnos por nuestros gustos y nos enseñó a gustar de la dominación misma. Luego de chantajearnos por los alimentos, por nuestros miedos, por la vivienda… por lo básico, el capitalismo entendió que podía vendernos lo que nos place y hacer con la dominación de los gustos un negocio inmenso

Fernando Buen Abad

Un porcentaje no pequeño de nuestras decisiones y conductas se anima por el juicio del gusto. No pocas veces involucran sentimientos muy profundos. Compras, ventas, matrimonios, partos o sepulturas… suelen asumirse por un desplante patente o latente del «gusto» que nos impone e inspira un objeto o un sujeto. ¿De qué depende que algo nos guste, nos disguste o deje de gustarnos? ¿Somos, acaso, una especie hedonista y frágil a la que se ha victimizado fácilmente por la vía de seducirla con sus gustos, nos guste o no aceptarlo?

También el capitalismo aprendió a dominarnos por nuestros gustos y nos enseñó a gustar de la dominación misma. Luego de chantajearnos por los alimentos, por nuestros miedos, por la vivienda… por lo básico, el capitalismo entendió que podía vendernos lo que nos place y hacer con la dominación de los gustos un negocio inmenso. Rápido nos educaron para que nos gustaran los gustos del patrón, su forma de vida, sus valores, sus comodidades y su poder. Rápido nos educaron para que dejaran de gustarnos nuestros pares y comenzaran a ser de nuestro gusto todas las personas y las cosas que nacen, crecen y se reproducen en el seno de la clase que nos explota. Y nos educaron para comprar y comprar todo lo que ellos inventan, pero, eso sí, con gusto, como el «buen gusto».

Parece ser factor decisivo ante los gustos el –nada infrecuente– componente irracional de sus causas y sus efectos. ¿Por qué se gasta lo que se gasta en el mundo en juguetes bélicos para niños? ¿Por qué se invierte lo que se invierte en bebidas alcohólicas, gaseosas y todo género de cotillón para animar fiestas o celebraciones variopintas? ¿Por qué se consume con gusto la masa ingente de películas, series televisivas, programas, música, noticieros y, en general, mercancías ideológicas burguesas? ¿Por qué la adquisición de ropa, maquillajes y parafernalia de moda a cualquier costo y con calidades dudosas? ¿Por qué nos gusta endeudarnos, por qué nos gusta embrutecernos, por qué nos gusta pelearnos?

Y a pesar de todos los enigmas que rodean el juicio del gusto (es decir, nuestra capacidad de afirmar o negar algo sobre lo que nos gusta) nada de lo que se diga sobre los gustos está exento de la lucha de clases ni de la influencia histórica que imprime, en toda conducta, la ideología de la clase dominante. Simplismos al margen. En el objeto o sujeto de nuestros gustos o disgustos se objetiva la escala completa de lo que sabemos y de lo que ignoramos. Todos nuestros parámetros se cimbran. ¿Lo que nos gusta o disgusta proviene de lo que nos enseñaron en casa, en la escuela, en el trabajo, en la iglesia o en la tele? ¿Nos gusta solo aquello que conocemos o lo que desconocemos también, nos gusta lo que le gusta a todos o lo que nos hace distintos? ¿Nos gustan las combinaciones, las mezclas o las ambigüedades? ¿De dónde sacamos que nos gusta lo que nos gusta?

Y más complejo es saber por qué nos gusta lo que nos daña. Por qué aceptamos con gusto hacer, decir, pensar e imponer como modelos de vida gustos cuya consecuencia –de corto o largo plazo– será algún daño a la salud, a las relaciones sociales, a la política o al planeta entero. ¿Nos gustan las películas de Hollywood, las telenovelas, las teleseries, fumar, alcoholizarnos… financiar dependencias de todo tipo y contribuir a enriquecer mafias a granel?

Para colmo, transferimos «gustos» a nuestros hijos o amigos porque esa transferencia es un ejercicio de poder con el que hacemos reinar la parte más individualista de nuestra estética que, por cierto, suele no ser tan individual como creemos. Por una y muchas razones la crítica a los gustos suele tomarse como una agresión que ofende fibras muy sensibles y suele irritarnos hasta lo irreconciliable. Incluso quedan aún zonas de pudor que se lastiman cuando alguien descubre algo que nos gusta y que nos es difícil de aceptar. De ese alguien se espera la complicidad y el silencio con que se forjan asociaciones estéticas que incluyen, no sin frecuencia, alianzas patológicas en sentidos varios. Adictos se les llama. ¿Por puro gusto?

En el almacén demencial de mercancías –que el capitalismo nos impuso como si fuese la vida misma– abarrotado con no pocos objetos inalcanzables e inútiles, se impuso un criterio resbaloso para impulsar el consumismo a destajo y ese criterio se funda en el gusto. Se compra el televisor que gusta para ver los programas que gustan y toda la publicidad que gusta a un pueblo anestesiado con gustos de mercado y estética de clase. Se compra la licuadora que gusta, el abrigo, las cucharas, los muebles… y principalmente el status, lo distintivo, la plataforma ideológica que facilita la ilusión de pertenencia al mundo del patrón y al universo de sus gustos. Cueste lo que cueste.

La dictadura de los gustos es una batalla económica y es una batalla ideológica. Los gustos son metralla letal de las máquinas de guerra ideológica. Todo junto y en simultáneo. Se mueven en el seno de esa dominación las intenciones más perversas tanto como las ingenuidades más asombrosas. Y es verdad que no todo está milimétricamente calculado cuando se imponen los gustos más rentables, y que hay un grado de apuesta que la burguesía asume como riesgo a la hora de invertir en gustos nuevos para millones de consumidores. No olvidemos que en la producción de gustos oligarcas la masificación es indispensable porque es vital para el negocio. Y eso ha generado sus gustos particulares y sus cánones ideológicos que norman, por ejemplo, la lógica, la ética y la estética mercenaria de los publicistas. Excepciones salvadas.

Es un imperativo de nuestro tiempo desarrollar corrientes científicas especializadas en la crítica y la revolución de los gustos. Mientras el acriticismo cuente con la justificación y la envoltura de los gustos para esconder y para eludir todo análisis –y transformación– serio, tenderemos a hundir buena parte de nuestros problemas en los pantanos del subjetivismo y el relativismo placentero más inmovilizantes. La justificación «porque me gusta» no siempre es la mejor en sinnúmero de casos.

También es verdad que existe una zona de los gustos (la más promisoria, sin duda) que, bajo ciertas condiciones especiales, logra escapar al imperio ideológico burgués (como en el caso, no exclusivo, de algunas experiencias artísticas), y está claro que se trata de episodios no ordinarios. Pero no hay peor enemigo del arte emancipador que el capitalismo. La complejidad de la estética en los seres humanos admite –en sus expresiones menos contaminadas– un ejercicio de emancipación o de libertad que tiene deparadas muchas promesas a la revolución social que terminará con el capitalismo en lo objetivo y en lo subjetivo. Pero no esperaremos a la muerte del capitalismo para insistir en la necesidad de la educación del gusto (su reeducación) y eso requiere de riqueza de conocimientos y experiencias, diversidad, amplitud y hondura con moral y ética del placer, no basadas en someter a los seres humanos.

Reeducación, que es trabajo especializado que reclama su espacio en los frentes de lucha (de la praxis), porque es ahí, mejor que en cualquier otro lugar, donde lo que nos gusta logrará sintetizarse con lo que necesitamos, y logrará transformarse para dejar de ser –el gusto– un embriagante placentero para convertirse en una fuerza emancipadora. Esa es la escuela de la lucha y así son las alquimias de la revolución.

 

 

 

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Albin Entrevista a Otegi

Desde el portal de Público traemos a ustedes esta entrevista realizada por nuestro amigo Danilo Albin a Arnaldo Otegi:



EH Bildu acaba de cumplir diez años. Hace ahora una década, sus promotores aguardaban el nacimiento entre nervios: su futuro estaba en manos del Tribunal Constitucional. Los jueces no pusieron trabas y el proyecto político del soberanismo vasco de izquierdas inició entonces su andadura. Mientras la gente celebraba en el Arenal de Bilbao, Arnaldo Otegi no pudo dar abrazos ni ofrecer discursos: estaba preso en la cárcel de Logroño. Seis años y dos meses después de recuperar la libertad, este histórico dirigente abertzale acaba de ser reelegido por la militancia como coordinador general de la coalición.

¿Cuál va a ser la hoja de ruta de EH Bildu a partir de este congreso?

Girará sobre tres grandes ejes. El primero, la batalla de ideas que hay que dar en torno a estos conceptos: la acumulación de capital frente a la vida y el autoritarismo frente a la libertad. Creo que la izquierda debe hacer una reflexión sobre la libertad para que la derecha y la ultraderecha no se apoderen de ese concepto. La libertad no es tomar cervezas en las terrazas, es mucho más. Sobre esa batalla de ideas tendremos que articular un discurso ideológico en términos ofensivos. Por otro lado, nuestro independentismo es también internacionalista, por lo que seguimos pensando que lo mejor para las clases populares de nuestro país es formar una república propia. También hablamos de la transformación social, poniendo en el centro el reparto de la riqueza. Asimismo, el otro gran reto es consolidar la convivencia y buscar un relato incluyente, que garantice la no repetición y la memoria inclusiva.

¿Hay espacios posibles de colaboración entre las izquierdas para hacer frente a la ultraderecha?

Sí. Creo que en esta época que nos ha tocado vivir sobran los infantilismos y las frivolidades. Hay que tener en cuenta que la ultraderecha, en nombre de la libertad burguesa e individual, está poniendo en marcha una revolución cultural e ideológica, y la está consumando. Si la izquierda no entiende que hay que construir frentes amplios sobre programas de mínimos -que a nuestro criterio pasan por el modelo territorial, la resolución democrática del problema nacional, el reparto de la riqueza y la consolidación de un régimen democrático-, no estará cumpliendo su papel histórico. Creo que las izquierdas de las naciones sin Estado junto a las del Estado tenemos un espacio amplio para colaborar.

¿Cuál es la mejor receta para frenar a la ultraderecha? ¿Hay que rebatirles o ignorarles?

Nunca hay fórmulas mágicas ni cerradas. Si les ignoramos, no van a desaparecer. Yo soy más partidario de combatir sus ideas, aunque hay momentos determinados en los que ciertas apreciaciones que puedan hacer en público te deben llevar a mantener una posición firme, como ha ocurrido en algún debate en Madrid. Yo creo que a la ultraderecha se le combate en la batalla por las ideas, en el trabajo paciente, y sobre todo ofertando una alternativa creíble, que otorgue optimismo y confianza a las clases medias y trabajadoras. Las clases medias, que ahora están asustadas, son las que están aupando al autoritarismo tanto en el Estado como en Europa, porque consideran que hay una escalera social en la que siempre les ha tocado subir, y ahora están bajando y proletarizándose. Si no sabemos entender ese miedo y darles una seguridad, esas clases medias votarán de forma reaccionaria. Las izquierdas necesitan recuperar su relato, su narrativa.

¿Qué le ha llamado la atención de las elecciones en la Comunidad de Madrid?

La verdad que no me ha llamado mucho la atención lo que ha ocurrido. Si se realiza un análisis de la situación, un factor fundamental es la gestión del miedo por parte del capitalismo y de las clases medias. Esa gente ha votado porque tiene un comercio, porque es autónoma, y porque alguien le da la posibilidad de luchar por ella y por su familia. Eso es una situación vital que te ha tocado vivir y necesitas salir de ella. Por lo tanto, eliges la receta que consideras que te permite salir más fácilmente. Ahí la izquierda no ha acertado.

¿Qué le parece la decisión de Pablo Iglesias de abandonar la política?

No quiero entrar a valorar una decisión política y personal. Mantengo una buena relación con Pablo Iglesias y no quiero opinar en público: ya le diré en privado lo que pienso. En todo caso, considero que hacerlo esa misma noche electoral fue regalarle el segundo triunfo a la derecha. Pero esto no es una crítica: él ha tomado una decisión, yo la respeto y espero que siga contribuyendo a la política en el Estado, de una manera o de otra.

En el cierre del congreso de EH Bildu, usted citó el acuerdo que se alcanzó con el Gobierno para derogar la reforma laboral. ¿Existen vías para que EH Bildu y el Ejecutivo de coalición mantengan abierto el diálogo?

Sí, sin duda. Nosotros hicimos una interpelación a este gobierno en tres ámbitos: resolución democrática de los problemas nacionales, una política penitenciaria ajustada a la legalidad y propuestas sociales de carácter progresista, de izquierdas, que garanticen a la gente sus derechos básicos. Al final, lo que estamos pidiendo es que cumplan su programa de gobierno. Lo que no puede ser es que cuando gobierna la derecha aplica políticas de derecha y cuando gobierna la izquierda se acompleja y vuelve a hacer políticas de derecha, porque para ese viaje no hacen falta alforjas. Este es el primer gobierno de coalición con un partido a la izquierda del PSOE desde la Segunda República, y eso se tiene que notar. Ahora hay que cumplir, porque arredrarse es despejar el camino a la reacción.

Desde distintos ámbitos destacan que el PNV está preocupado por el papel que ha alcanzado EH Bildu en el Congreso, porque ya no tiene el monopolio de la representación de los intereses vascos en Madrid…

Sin embargo, la izquierda independentista siempre le ha hecho una propuesta al PNV: vamos a ponernos de acuerdo sobre los mínimos que todos podemos defender, pero esto es algo que no acaban de entender. Nosotros vamos a Madrid a sostener una ventana de oportunidad, a parar a la derechona y ver si se avanza en los ámbitos que comentaba antes. Si el PNV cree que Madrid es un espacio para la competencia, es su problema, no el nuestro.

¿Se están produciendo cambios en materia de política penitenciaria?

Digamos que la política penitenciaria se ha ajustado en una pequeñísima parte a la legalidad. Se están produciendo unos ajustes, todavía muy escasos, pero que al menos apuntan en la buena dirección. Lo que pide EH Bildu en esta materia es que se cumpla la ley ordinaria. Aquí hubo un andamiaje que se construyó contra los presos políticos vascos, y eso hay que desactivarlo. Cuando determinadas asociaciones de víctimas -y no me quiero meter con ellas- se refieren a este tema, ¿por qué prefieren que haya un preso en Puerto de Santa María y no en Vitoria, si está igualmente en la cárcel? ¿A quién se castiga con esa medida? A sus familiares.

 

 

 

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lunes, 10 de mayo de 2021

650 Cumbres

Desde Noticias de Navarra traemos a ustedes esta minúscula nota acerca de la más reciente actividad en solidaridad con los presos políticos vascos, misma que ha sido convocada y organizada por Sare.

Le hemos agregado fotos que han sido compartidas en Facebook.

Aquí la tienen:


Sare organizó ayer marchas montañeras simultáneas a 650 montes de Euskal Herria para reclamar el fin de la "injusta política penitenciaria" aplicada a los reclusos.

La cita fue inicialmente suspendida el pasado 3 de octubre por las condiciones meteorológicas.

Sare celebró que "ya han empezado" a darse "los primeros pasos" con el acercamiento de presos, pero lamentó que "todavía no se hayan dado movimientos firmes" para cambiar "la injusta política penitenciaria" y conseguir que se "respete la ley".

 

 

 Aquí las imágenes:

 









 

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El Legado de Mixel

Les compartimos la editorial que Gara ha dedicado a la figura de Mixel Berhokoirigoin, el artesano por la paz que con su reciente partida nos ha dejado un poco más huérfanos.

Adelante con la lectura:


La cultura militante como legado intergeneracional

La muerte de Mixel Berhokoirigoin ofrece una buena ocasión para reflexionar sobre el valor de la militancia política, el compromiso con la comunidad, la ejemplaridad y la aportación de las personas a una cultura política más rica y democrática. En una pequeña nación sin estado como Euskal Herria, pocas cosas tienen más valor que la cultura militante de activistas como Berhokoirigoin. Personas comprometidas con los derechos de todas las personas, que promueven cambios profundos en defensa del planeta y la humanidad, defendiendo a los débiles frente a los poderosos, cuidando de su comunidad, rompiendo barreras y prejuicios. Esto es el famoso capital humano, y supone un legado crucial para el desarrollo de cualquier pueblo y su cultura.

La partición administrativa y la diglosia provocan que partes de la sociedad vasca vivan de espaldas a lo que le pasa a otras partes de la misma. Las inercias empujan a adoptar lo que dictan instituciones y medios metropolitanos, dedicados a irradiar sus preocupaciones, modelos y referencias. Hay que hacer un esfuerzo por salirse de esas referencias políticas y culturales, para poner en valor la gente que hace cosas importantes en el país. Merece la pena que todo el mundo conozca a Mixel Berhokoirigoin. Era un gran embajador de Euskal Herria.

Campesino, sindicalista, pacifista y euskaldun

Las personas más jóvenes o las menos interesadas en la política del país seguramente tuvieron la primera noticia de Berhokoirigoin a raíz de su detención junto a otras cuatro personas en Luhuso, en 2016, acusadas de organizar y ayudar al desarme de ETA. La maniobra de los securócratas españoles y franceses fracasó desde el momento del arresto, porque la sociedad civil y los electos de Ipar Euskal Herria entendieron que se trataba de un ataque político injusto, reconocieron a las personas detenidas por su compromiso con la paz, vieron que el desarme ordenado de ETA era positivo y sensato, y que ‘Berokho’ y el resto merecían toda la solidaridad.

Es el nacimiento de los «artesanos de la paz», cuyo primer logro culminó el 8 de abril de 2017 en Baiona, con el desarme de ETA de la mano de la sociedad civil, con la mediación de la Comisión Internacional de Verificación (CIV) y el apoyo de algunas instituciones. Es también un hito en la dinámica política de Ipar Euskal Herria, que comienza hace una década tras la Conferencia de Aiete y ha vertebrado una agenda propia en relación a la convivencia y las consecuencias del conflicto. Entre sus iniciativas destaca la delegación vasca que ha tratado temas como la política penitenciara con París y de la que, cómo no, Berhokoirigoin también formó parte.

Nacido en 1952 en el caserío Uhartia de Gamarte, en Nafarroa Beherea, la vida de Berhokoirigoin está asociada al sindicalismo agrícola, al ecologismo y a la desobediencia civil. Comprometido con una producción sostenible, ligada a la tierra y a la comunidad, fundó el sindicato ELB. Fue el primer presidente de Euskal Herriko Laborantza Ganbara, cargo en el que estuvo diez años y por el que fue juzgado, al temer el Estado francés que la cámara abría la puerta a un reconocimiento de Ipar Euskal Herria. Berhokoirigoin fue finalmente absuelto. La semilla para la institucionalización de Ipar Euskal Herria ya estaba plantada, ya había brotado.

Humanista, opuesto a los sectarismos, cooperativo, creyente, abertzale, euskaldun, con grandes principios, muy pragmático, perseverante, entrañable… los valores de este militante vasco recordados ayer por compañeros y representantes de diferentes orígenes e ideologías dan una idea de su relevancia política.

Un legado que aun va a ser muy necesario

En estos tiempos en los que tanto se habla de las nuevas formas de politización de la juventud, el viernes se pudieron ver imágenes que retrotraen a las viejas formas represivas. La Ertzaintza cargó de forma desproporcionada contra jóvenes convocados por Ernai para denunciar las condiciones de vida que sufre la juventud vasca, la precariedad y la falta de expectativas a las que se les está condenando, situación que se ha agravado con la pandemia y su gestión. Delante del Parlamento de Gasteiz y de Sabin Etxea en Bilbo la Ertzaintza se mostró muy violenta, fuera de todo orden y medida. Una Policía democrática y al servicio del pueblo no puede actuar así contra el derecho a manifestarse y protestar.

Para la sociedad vasca la cultura militante de personas como Mixel Berhokoirigoin es un antídoto frente al autoritarismo, la discriminación y la injusticia. 




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Cronopiando | Club de Canallas

No nos olvidemos de Palestina, ni por un segundo.

Aquí el Cronopiando de Koldo que nos invita a ello:


Club de canallas

Koldo Campos Sagaseta | Cronopiando

El régimen terrorista israelí sigue hostigando, deteniendo, asesinando palestinos, sigue robando sus recursos, su pesca, sus bienes, sus tierras, cuando no arrasando sus cultivos, arruinando sus pozos o destruyendo sus olivos;  sigue desalojando a familias palestinas de sus casas, de sus campos, expulsándolas de su país, vulnerando sus derechos, bloqueando cualquier ayuda que pretenda llegar desde el exterior, sigue colonizando Palestina, sigue convirtiendo a Gaza en la mayor cárcel del mundo y desconociendo, una tras otra, las resoluciones de Naciones Unidas… sin que pase nada.

Como nada pasa cuando, en su violencia terrorista, bombardea hospitales, ambulancias de la Cruz Roja, escuelas y refugios de la ONU, mezquitas, bibliotecas... además de realizar ataques terroristas contra Irán o Siria.

Para la comunidad europea, ese régimen es un estado europeo más que, al margen de la muerte y la destrucción que siga generando, es un”socio preferente” con quien hacer buenos negocios, a quien invitar a participar en todas sus competencias deportivas, también en sus festivales musicales y ferias culturales y a quien, en todo caso, cuando su genocida violencia salpique hasta al disimulo, sugerir entonces  que el terror que desata, sus crímenes y expolios, sean “proporcionales”. Europa no es Europa sino un club de canallas.

(Preso politikoak aske)

 

 

 

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Egaña | Krutwig, el Académico Subversivo

Desde Naiz traemos a ustedes esta semblanza histórica de un vasco muy particular, autoría de Iñaki Egaña.

Lean:


Krutwig, el académico subversivo

Iñaki Egaña

El 15 de mayo se cumplen cien años del nacimiento de uno de los personajes vascos más influyentes del siglo XX, Federico Krutwig Sagredo.

Federico comenzó sus estudios en la escuela francesa y el bachiller, en la alemana. El origen familiar le permitió conocer diversos idiomas en edad temprana. Con 14 años dominaba el euskara. Criado en el ambiente aristocrático de Getxo, realizó estudios mercantiles, de derecho y economía en las universidades de París y Bonn. Con 21 años fue nombrado académico ‘urgazle’ de Euskaltzaindia, y seis años más tarde, ‘académico de número’. El más joven en la historia de la Academia de la Lengua vasca.

Euskaltzaindia fue una excepción durante el franquismo, que sobrevivió de manera discreta gracias a una línea equilibrista. El falangista navarro Juan Miguel Seminario de Rojas, subdirector de ‘El Correo español’ y brazo derecho del gobernador de Bizkaia, Genaro Riestra, fue nombrado miembro de Euskaltzaindia en 1949, lo que acentuó la tolerancia franquista hacia la institución. Krutwig llegó para dinamitar la Academia desde sus cimientos, incluidos los primeros proyectos para la unificación de la lengua escrita, el batua.

Fue el encargado de leer el discurso de bienvenida al franciscano Luis Villasante. Una disertación espectacular para los tiempos que corrían. Provocativa, como era su personalidad: «Destruir en la escuela la lengua materna es destruir inteligencias, crear disminuidos para la vida y abatir una nación». Cuando su alegato fue traducido al castellano por Seminario de Rojas y entregado al gobernador, la respuesta fue inmediata: procesamiento por propaganda ilegal e insulto a las autoridades. Pero Krutwig ya había huido de los 20 años de cárcel que le pediría el fiscal.

El exilio y refugio de Krutwig se prolongó durante 26 años. Marchó a París, donde fue acogido por la diáspora cultural vasca, entre ellos Jon Mirande y Andima Ibiñagabeitia, y luego a Essen (Alemania), donde casó con Johanna Lück, con la que tuvo un hijo que tomó sus dos apellidos: Chandra Alexander Krutwig Sagredo. Seis años más tarde, Federico retornó a Euskal Herria, en 1960, y se asentó en Biarritz, donde la localidad lapurdina conocía el éxodo de una nueva generación surgida en la posguerra.

La presencia de Krutwig entre los exiliados vascos, un aristócrata con formación europeísta, parlante de una decena de lenguas, con un físico extravagante para la época y con ideas demoledoras sobre la actividad antifranquista y los modelos de abordarla, creó respuestas intensas. No hubo indiferencia y se granjeó bloques, a favor y en contra. Krutwig puso patas arriba mitos, referencias y santones del nacionalismo vasco y se entrometió en la arena política con propuestas algunas de ellas que rozaban la frivolidad.

Paradigma de sus provocaciones fue el primer grupo que creó junto a sus dos principales colaboradores, Paco Mingolarra y Marc Legasse. Lo llamaron KLM, por las iniciales de sus apellidos. Krutwig se revertía en Federico Krytwiski, un filólogo polaco-lituano al que Humboldt había hablado de una misteriosa lengua llamada euskara, que Legasse plasmaría 25 años después en la novela ‘Las Carabinas de Gastibeltza’.

Sobre los exiliados que encontró en Ipar Euskal Herria fue tremendamente crítico. Con los de la guerra, liderados por Joseba Rezola, fue implacable. Los acusó de reunirse únicamente para jugar al mus y desconocer el término resistencia del que tanto alardeaban. Con Juan Ajuriaguerra, presidente del PNV, no le tembló la pluma: «A su alrededor se reúnen una serie de mediocres del color gris más indiferenciado que desde su mediocridad pretendían controlar todo como si la patria vasca fuese un coto privado de ellos».

Tuvo también desengaños con Iker Gallastegi, con quien quiso preparar un movimiento armado similar al IRA, antes de entrar en ETA. Su amistad con Gallastegi se vio frustrada cuando hubo que pasar a la acción, pero sus coincidencias ideológicas fueron notables. A los primeros liberados de ETA los llamó ‘ilunpes’ (tinieblas) y a su organización, utilizando el acrónimo, Euskal Tenebrosuen Alkartasuna. Se mofó de sus normas de seguridad y percibió que seguían siendo tan religiosos como los militantes del PNV. Marc Legasse, sin duda, le ayudó en estas percepciones.

De la primera generación de ETA, en especial de los que provenían de Ekin, no tuvo buen recuerdo, incluso de José Antonio Etxebarrieta. En sus inicios, señaló que el nacimiento de ETA ideológicamente era innecesario, ya que su ideario era idéntico al de ANV. Y, según escribió, su referencia era Eli Gallastegi, Gudari, padre de Iker y uno de los disidentes notables de la estrategia jeltzale pre guerra civil.

A instancias de su amigo Mingolarra, ubicado en Lapurdi después de dejar su exilio venezolano, se dedicó a escribir el libro que marcaría su trayectoria vital: ‘Vasconia, estudio dialéctico de una nacionalidad’. Fue un trabajo icónico, como en tiempos pasados, el ‘Bizkaia por su independencia’ de Sabino Arana o en contemporáneos el ‘Harri eta Herri’ de Gabriel Aresti y ‘Quosque Tandem’ de Jorge Oteiza. Con la salvedad de que Krutwig, utilizando retazos históricos, introducía a Euskal Herria en la modernidad y en la ecuación de los movimientos de liberación anticolonialistas.

Krutwig firmó su trabajo con el nombre de Fernando Sarrailh de Ihartza y la edición fue sellada, falsamente, en Buenos Aires, cuando en realidad su impresión se había realizado en Donibane Lohizune. No era algo baldío, ya que cuando se supo la identidad del autor, y bajo presión franquista, el Gobierno francés detuvo y expulsó a Krutwig a Bélgica. Federico no era de ETA y hasta entonces sus críticas hacia la novel organización habían sido frontales. Sin embargo, su expulsión a Bruselas iba a originar que tomase contacto con los nuevos militantes y formase parte de la organización en la que se integraría hasta los prolegómenos de la muerte de Carrero Blanco.

El libro aportaba cinco elementos que se convirtieron precisamente en los que más violentamente desencadenaron el debate con el entorno jeltzale y posaron en la que sería estrategia de ETA: anticlericalismo, antiimperialismo, responsabilidad directa del PNV en la desidia nacional, euskara como eje de un proyecto nacional, y la lucha armada no como base de la resistencia, sino como vehículo para la liberación nacional.

Y sucedió lo que hemos visto en otras ocasiones. Madrid enfocó el libro como si se tratara de la fuente principal ideológica de ETA. La publicidad gratuita, los artículos en diarios y la difusión en los informes de los servicios policiales de sus pautas conformaron el éxito de un trabajo que hasta entonces había pasado desapercibido. Todavía hace unos meses, en 2020, el histórico ultraderechista Jaime Ignacio del Burgo escribía sobre ‘Vasconia’: «Federico Krutwig reformula el nacionalismo vasco y lo inserta en el marco de la lucha de clases y de la revolución proletaria. El castellano es el idioma de los burgueses vizcainos y demás opresores del pueblo trabajador vasco. Y la liberación de la opresión es un derecho y un deber del pueblo trabajador vasco. Marxismo y nacionalismo se abrazan. El euskara se convierte así en el elemento esencial de la lucha por la independencia».

Aportaciones

La edición original de ‘Vasconia’ contaba con dos partes bien diferenciadas. La primera de ellas era ‘la parte teórica’ y la segunda reflejaba, a través de diversos anexos, algunos aspectos parciales de la historia vasca más reciente. El cuerpo ideológico constaba de siete partes: étnica, oeconómica (sic), dynámica, histórica, política, bellica y dialéctica.

Krutwig hizo acopio de distintas aportaciones en boga, desde el anarquista Prouhdon hasta los clásicos marxistas e insurgentes de actualidad como Ho Chi Min, Che Guevara y en especial Mao Zedong, cuya revolución había triunfado recientemente, modificando el repertorio de la izquierda extraparlamentaria europea. Y creó un léxico propio, un tanto extravagante desde la perspectiva actual: hirurkos (comandos) y plastikolaris (expertos en explosivos). Y una liturgia bélica de raigambre carlista: «La guerrilla de asfalto solo puede ser preparación a la de monte. En los lugares inaccesibles de la montaña de Vasconia deberán organizarse reductos y bases de operaciones».

Tuvo semejante impacto en los cubículos del Estado franquista que Xabier Arzalluz se sorprendió cuando, en la negociación del Estatuto de Autonomía de 1979, la parte española asistió a las primeras reuniones suponiendo que la correspondiente vasca reivindicaba un territorio desde La Rioja y Cantabria hasta Burdeos, como Krutwig había marcado en su libro. José Manuel Pagoaga, Peixoto, recordaba en una entrevista que en la formación ideológica de los militantes de ETA se les ofrecía la lectura de dos libros: el ‘Vasconia’ de Krutwig y el de ‘Los condenados de la tierra’ de Franz Fanon.

La expulsión de Krutwig de Biarritz se materializó en mayo de 1964. Se ubicó en Amberes y luego en Bruselas, donde recibió la propuesta de integrarse en ETA a través de Osane Belaustegogoitia, hija del exilio de una familia de raigambre aristócrata también, refugiada en México. Osane había sido, a su manera, una revolucionaria en su tiempo, olvidada por la historia. Cuando llegó a Bilbo, a comienzos de la década de 1960, hablaba euskara perfectamente, a pesar de haber nacido en México, mientras que el grupo fundador de ETA apenas chapurreaba unas palabras en la lengua vasca. Fue pareja de Julen Madariaga.

Desde Bruselas, Krutwig viajó clandestinamente a Biarritz, donde se alojó en casa de Agurtzane Arregi y Juanjo Etxabe, hasta la segunda parte de la V Asamblea en la que su Informe Verde y su propuesta organizativa marcarían el futuro de ETA. Los cuatro frentes clásicos, siguiendo la estela del vietnamita Truòng Chinh, fueron su aportación: político, económico, cultural y militar.

Fue elegido miembro de la dirección de la organización y volvió a Bélgica de nuevo. Había redactado dos nuevos trabajos, ‘La Cuestión Vasca’ y ‘Nacionalismo Revolucionario’, este último sobre los ejes ideológicos de la Revolución cubana, de gran impacto interno. Con una idea central que ha llegado hasta nuestros días: «El combate nacional vasco es algo con personalidad propia y que, aun cuando tiene que desarrollarse en el marco de los estados español y francés, su estrategia no puede subordinarse a las necesidades generales de los partidos de estos estados».

Vivió el Proceso de Burgos y el secuestro del cónsul Beihl desde Roma, y negoció directamente con el secretario del canciller alemán Willy Brandt la suerte del diplomático. En la capital italiana, como en Bélgica, logró contactos con organizaciones insurgentes, así como con traficantes de armas, por lo que la dirección de su organización lo envió a Argel. Una experiencia que completó con numerosas entrevistas en las embajadas de países asiáticos para lograr apoyos a la causa vasca.

Sin embargo, seguía siendo un escritor impenitente: «Al igual que para cualquier teórico de la guerrilla o guerra revolucionaria, por cada kilo de pólvora hay que emplear de diez a cien kilos de papel impreso». Cuando abandonó Argelia, con una impresión pobre de la situación, apuntando que habían logrado la independencia de Francia, pero no así la revolución, se encontró con problemas para enviar su equipaje a Roma. Nada menos que media tonelada de papeles y libros.

Tras casi cinco años entre Italia y Argel, volvió a Bélgica, donde se casó nuevamente, con Agnes Caers. Fue entonces, por esa razón y por lo que consideró “infiltración marxista” en ETA, que abandonó la organización. Narró en cierta ocasión que en su alejamiento «les recordé aquel principio de von Clausewitz de que vale más perder una batalla dentro de la propia estrategia, que ganar una dentro de la estrategia del enemigo, puesto que las guerras se ganan por estrategia y no por táctica».

Federico Krutwig siguió escribiendo, traduciendo textos de diversas lenguas y dedicándose a su pasión, la fotografía. En algún desconocido lugar se encontrará su inmenso archivo fotográfico si no es que fue vendido a su muerte. Tras su regreso al sur de Euskal Herria, se ubicó en Zarautz y más tarde, en Bilbo, trabajando casi en exclusiva para Euskaltzaindia, y desde 1985 en la asociación helenística Jakintza Baitha, en compañía de Josu Lavin, Alfonso Irigoyen y Manu Erzilla, entre otros.

La obra ingente de Krutwig no fue únicamente la que abarcó sus ‘Años de peregrinación y lucha’ que comprende bajo ese título su autobiografía política. Algunos de sus trabajos, como ‘Garaldea’, que incidía en la tesis de un pueblo preindoeuropeo que hablaba euskara y se extendía desde Sumeria hasta las islas Canarias con alusiones al mito de la Atlántida, rozaron la excentricidad. Otros, como ‘Computer shock Vasconia año 2001’, en línea de ciencia ficción.

Los escritos de Krutwig, tanto en sus libros como en ‘Gernika’, ‘Egan’, ‘Euzko Gogoa’, ‘Branka’, ‘Egin’ o ‘Deia’, fueron de un estilo directo, en ocasiones insultante, marcados con cierta altanería.

Desde el pedestal de su sabiduría enciclopédica

Semejante imagen a través de sus párrafos a veces hirientes, no se correspondía con su estilo de vida, abierto al diálogo y a la compañía permanente. No soportaba la soledad. En ETA le pusieron el mote de ‘El baúl’ porque era incapaz de trasladarse por su cuenta. Siempre le debían llevar de un lugar a otro. Lo suyo era observar, analizar e interpretar. Fue sumamente crítico con los suyos, como había sido con el PNV, con ETA y en particular con Herri Batasuna, pero antes de morir pidió el voto para Euskal Herritarrok.

Falleció un domingo de noviembre de 1998, después de unos meses en los que se había abandonado a su destino. Lo visité en esta última etapa, cuando ya no dejaba siquiera entrar en su vivienda de Bilbo a su asistenta. Vivía de sus recuerdos, y de sus fotografías, obsesionado con ordenar sus miles de apuntes y fichas.

Sus cenizas fueron aventadas en la playa de Laida, en Atenas y en el mar Egeo, en las cercanías de la isla de Creta. Dejó escrito que no somos más que letras y las suyas aún siguen esparcidas por bibliotecas particulares y públicas. De aquella media tonelada de material que trasladó a Roma se perdió parte en los viajes siguientes, pero siguió acumulando historias y reflexiones en su piso de Bilbo. Un pequeño reguero de su producción quedó depositado años más tarde en el Archivo Histórico de Euskadi. Su hijo Chandra se llevó el resto. Cien años después de su nacimiento, Federico Krutwig continúa siendo algo más que unas letras.

 

 

 

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domingo, 9 de mayo de 2021

De Miguel a Rosario

Miren esta joya que traemos desde Deia, misma a la que de ya le estamos aplicando la etiqueta Kurlansky.

Adelante con la lectura:


La 'Euzkadi' de Miguel Hernández y 'Dinamitera'

El escritor que dedicó un poema al pueblo vasco murió el mismo día en el que la miliciana a la que encumbró, Rosario Sánchez Mora, dejó la cárcel de Saturraran y recobró la libertad

Iban Gorriti

El escritor Miguel Hernández publicó un poema casi desconocido que tituló Euzkadi. Lo firmó poco después de que los militares golpistas españoles propusieran a la Legión Cóndor nazi de Hitler y a la Aviación legionaria fascista de Mussolini masacrar Durango y Gernika desde el aire con el fin de que la Bizkaia republicana se rindiera y como prueba experimental para la Segunda Guerra Mundial. El literato lo incluyó en su libro Viento del pueblo (1937). Versados en la obra del antifranquista de Orihuela valoran que esta edición pertenece a su segunda etapa poética, considerada como "poesía bélica y de urgencia".

La composición poética Euzkadi se compone de 48 versos. Hernández comienza citando a Italia y Alemania –potencias atacantes y convenidas con Franco– que "dilataron sus velas del lodo carcomido, agruparon, sembraron sus luctuosas telas, lanzaron las arañas más negras de su nido". Y a continuación habla de forma reiterada de España hasta que en la recta final cita al pueblo vasco. "En Euzkadi han caído no sé cuántos leones y una ciudad por la invasión deshechos. Su soplo de silencio nos anima, y su valor redobla en nuestros pechos atravesando España por debajo y encima", analiza y va más allá en su épica: "No se debe llorar, que no es la hora, hombres en cuya piel se transparenta la libertad del mar trabajadora".

Miguel Hernández Gilabert (Orihuela, 1910-Alicante, 1942) fue un poeta y dramaturgo valenciano de relevancia en la literatura española del siglo XX. Durante la Guerra Civil se alistó en el bando republicano y se afilió al PCE. Figuró en el quinto regimiento, del que fue comisario político. Luchó en Teruel, Andalucía y Extremadura. Días antes de escribir el poema Euzkadi, salió del frente para casarse en Orihuela con Josefina Manresa. Aconteció en marzo de 1937, jornadas antes del bombardeo de Durango. Al poco tiempo tuvo que marchar al frente de Jaén. En el verano de 1937 asistió al segundo Congreso Internacional de Escritores para la Defensa de la Cultura. Más tarde viajó a la Unión Soviética en representación del gobierno de la República, de donde regresó en octubre. El 19 de diciembre de 1937 nació su primer hijo, que murió a los pocos meses. El 4 de enero de 1939 llegó al mundo su segundo hijo. Destinado a la sexta división, Hernández tuvo como destino Madrid. Con el franquismo tras de él, intentó huir a Portugal y la policía del dictador Salazar lo entregó a España. Sufrió cárcel hasta que, aquel que contaba que de niño su padre le pegaba por verle leyendo por las noches, murió de tuberculosis. Dicen que no pudieron cerrarle los ojos y sobre ello Vicente Aleixandre le dedicó un poema. 
Poesía en su honor

Hernández falleció en la enfermería de la prisión alicantina a las 5.30 horas de la mañana del 28 de marzo de 1942, con 31 años. Y en esa jornada una segunda conexión con la Euzkadi que tituló en formato de poesía. Aquel día precisamente, la legendaria miliciana Rosario Sánchez Mora, conocida como Dinamitera recobraba la libertad. Abandonaba la cárcel guipuzcoana de Saturraran. Hernández había dedicado una de sus poesías más famosas a esta mujer combatiente. Los primeros versos recordaban el día que explotó un cartucho que estaba manipulando y le reventó su mano derecha. Aquel 15 de septiembre, mientras se desangraba, fue un vasco quien le socorrió. Las palabras del poeta decía: "Rosario, dinamitera, sobre tu mano bonita celaba la dinamita sus atributos de fiera".

Aquella mujer que sufrió seis cárceles en tres años, detallaba en sus entrevistas cómo ocurrió la detonación. "Fue un vasco forzudo el único que vino a mí al explotar el cartucho entre tanto desconcierto. Todos los demás despavoridos se fueron y yo con mis venas al descubierto. Tenía 17 años y el vasco 26. Con serenidad se rompió las cintas de las alpargatas y me hizo dos torniquetes en el brazo que me salvaron". Ya en el hospital, le visitó el famoso filósofo Ortega y Gasset, a quien "yo desconocía entonces".

El día que Miguel Hernández murió, Rosario era feliz por dejar atrás la cárcel, pero sentía el luto por la muerte del poeta. Dinamitera salió también viva de la cárcel de Durango, sobrevivió once meses allí donde hacinaron a otras dos mil reclusas, incluso niños, que el franquismo dejo morir en un edificio hoy inexistente. El pueblo ha heredado solo el dolor y las verjas de la denominada Villa María. En un libro del autor de Trece rosas rojas, Carlos Fonseca relata el paso de la guerrillera por Durango. Por la comida de las nada caritativas monjas las piernas se le llenaron de "líquidos acuosos, síntoma de avitaminosis".

En un estudio titulado Euzkadi, vascos de piedra blindada, la documentalista durangarra Marian Díaz Gorriti recuerda que la poesía de Hernández es conocida en conjunto sobre todo por la difusión que de ella han hecho cantautores como Paco Ibáñez y Joan Manuel Serrat, pero también por su calidad estética. "Entre los poemas del libro Viento del pueblo encontramos además del poema Euzkadi el de Rosario, Dinamitera, la que aprendió de un minero asturiano a armar bombas con su mano izquierda".

Díaz Gorriti hace mención a los versos sobre el pueblo vasco que dicen: "Lanzaron las arañas más negras de su nido; en Euzkadi han caído no sé cuántos leones... En este momento de bombas sobre nosotros la poesía de Miguel Hernández tal vez pierda un poco de la calidad de su obra anterior buscando ante todo llegar a los hermanos que se encuentran combatiendo, por ello dice asturianos de braveza, vascos de piedra blindada".

La doctora en Estética y profesora de la UPV/EHU Virginia Díaz Gorriti aporta a DEIA su análisis: "La evanescente Euskadi muestra lo irreconciliable pero barruntando la esencia de la reconciliación. Prófuga de la quietud de su ser, las certidumbres se le han escapado y Euzkadi no se reconoce ante ese lacerante presente. La posición de Hernández adorna, críticamente mediante el verso, la prosaica realidad que le rodea, paradoja de temible eficiencia", concluye la docente durangarra.

'Euzkadi', por Miguel Hernández

Italia y Alemania dilataron sus velas de lodo carcomido, agruparon, sembraron sus luctuosas telas, lanzaron las arañas más negras de su nido.

Contra España cayeron y España no ha caído.

España no es un grano, ni una ciudad, ni dos, ni tres ciudades. España no se abarca con la mano que arroja en su terreno puñados de crueldades.

Al mar no se lo tragan los barcos invasores, mientras existe un árbol el bosque no se pierde, una pared perdura sobre un solo ladrillo. España se defiende de reveses traidores, y avanza, y lucha, y muerde mientras le quede un hombre de pie como un cuchillo.

Si no se pierde todo no se ha perdido nada.

En tanto aliente un español con ira fulgurante de espada, ¿se perderá? ¡Mentira!

Mirad, no lo contrario que sucede, sino lo favorable que promete el futuro, los anchos porvenires que allá se bambolean. El acero no cede, el bronce sigue en su color y duro, la piedra no se ablanda por más que la golpean.

No nos queda un varón, sino millones, ni un corazón que canta: ¡soy un muro!, que es una inmensidad de corazones.

En Euzkadi han caído no sé cuántos leones y una ciudad por la invasión deshechos. Su soplo de silencio nos anima, y su valor redobla en nuestros pechos atravesando España por debajo y encima.

No se debe llorar, que no es la hora, hombres en cuya piel se transparenta la libertad del mar trabajadora.

Quien se para a llorar, quien se lamenta contra la piedra hostil del desaliento, quien se pone a otra cosa que no sea el combate, no será un vencedor, será un vencido lento.

Español, al rescate de todo lo perdido.

¡Venceré! has de gritar sobre cada momento para no ser vencido.

Si fuera un grano lo que nos quedara, España salvaremos con un grano. La victoria es un fuego que alumbra nuestra cara desde un remoto monte cada vez más cercano.





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“Los Papeles de Sísifo”

Lo del cierre de Egunkaria sigue siendo un tema latente y lacerante para el pueblo vasco, sobre todo tomando en cuenta que además del ataque directo al euskera, se torturó a su director Martxelo Otamendi.

Al respecto, traemos a ustedes este artículo dado a conocer por Naiz:

La obra sobre ‘Egunkaria’ despierta emoción y solidaridad en Madrid

“Los papeles de Sísifo” culminaron un mes de presentación en el teatro María Guerrero, con ovaciones todas las noches y sin incidentes. El director, Fernando Bernués, y la actriz Dorleta Urretabizkaia compartieron con GARA-NAIZ su experiencia y sorpresa ante la empatía recibida.

Manuel Galvalizi

Se oye una broma cuyo remate es con el uso irónico de Txanogorritxu. A los dos segundos la actriz traduce en voz alta “caperucita”. Y entonces sí, la platea entiende y se ríe. Uno de “los malos” de la obra es sarcástico sobre el euskara y comienza a parodiar sus palabras de origen latino como “komunikazioa”. La platea vuelve a reír. Es que esto es el teatro María Guerrero y es la primera vez, en sus 120 años de historia, que la lengua de los euskaldunes se oye en sus tablas.

La última función coincide con la jornada del cierre de campaña de las autonómicas anticipadas de Díaz Ayuso. Son tiempos revueltos en la metrópoli castellana que ha cobijado durante un mes a todo el equipo de “Los papeles de Sísifo”, la pieza de Fernando Bernués, escrita por Harkaitz Cano, que ha sido traída a Madrid por el Centro Dramático Nacional dependiente del Ministerio de Cultura.

Antes del estreno, a principios de abril, de este proyecto que recuerda el cierre de Egunkaria en 2003, “Los papeles de Sísifo” ya había pasado por Gasteiz, Bilbo, Donostia y Tolosa. En los próximos días será llevada a Andoain, Iruñea e Irun y esperan antes de fin de año llegar a Barcelona.

«Es una obra muy grande y no puede estar en cualquier escenario», explican desde la productora Tanttaka, que ha desarrollado el proyecto que coproducen también los teatros públicos de las tres capitales de la CAV. Pero Madrid ha tenido, si cabe, un sabor especial.

Entusiasmo y solidaridad

«Estrenar aquí lo veíamos con cierta… bueno, algunos nos decían ‘os van a tirar piedras’. Pero, todo lo contrario. Mucha gente vino a verla y muy a favor que se hable el tema desde esta mirada, que se exponga», cuenta Bernués a GARA, quien destaca que a pesar de las reducciones del aforo de público por la pandemia, «no ha estado nada mal» la venta de entradas.

Dos días antes de la última función hubo dos casi íntegramente en euskera, subtitulada en la pantalla, siendo la primera vez en el centenario teatro del barrio madrileño de Goya y una de las pocas, en general –hace cuatro años se hizo “Los Gondra” en euskara en el teatro Valle Inclán–.

En estas funciones peculiares hubo «un silencio sepulcral (del cuando nos escuchaban; cuando hay público euskaldun los chistes entran muy rápido y sino no tanto, pero oía que escuchaban muy atentos», relata la actriz donostiarra Dorleta Urretabizkaia.

«Hubo una respuesta muy entusiasta y muchas personas que se han puesto de pie para aplaudir», recalca Bernués, quien es el artífice de esta obra, cuya idea transmitió y encargó a Cano hace siete años, aunque la misma nació en 2003, tras los Premios de la Música, cuando Fermin Muguruza recibió un premio y criticó el cierre de ‘Egunkaria’. «La mayoría del auditorio empezó a abuchear y a negarle la palabra. Y a mí se me saltaron las lágrimas por aquel absurdo, sentía desconsuelo. ¿Cómo esta gente comprometida podía comprar ese relato perverso de que todo lo producido en euskera era custodiado por ETA? Un disparate. Y me dije que algún día tendría que hablar de esto y así fue».

Bernués escuchó antes de venir algunas preocupaciones de gente que temía por las reacciones en Madrid a una obra que contradice el relato hegemónico sobre el conflicto vasco, especialmente en estos tiempos políticos convulsos y, para más inri, coincidentes con la crispada campaña electoral.

«Esta obra no esquiva los episodios más duros de la tortura y la violencia. En ese sentido, es verdad que alguno pensaba que podía haber una actitud diferente de algunos sectores pero afortunadamente no hemos tenido ningún episodio duro. Los malos presagios no ocurrieron», señala.

Ameno debate

Hubo una jornada en la que se celebró una charla-debate entre el equipo de la obra y el público. «Había gente con intervenciones interesantes, siento menos crispación en lo que hace a la convivencia. Ese día el público madrileño nos dijo lamentar la dudosa independencia judicial. Fueron críticos y comprometidos, nos dieron la enhorabuena, y pusieron el acento en el asunto de la irregularidad judicial. Aplaudieron el hecho que el espectáculo tenga algo de reparación con las personas que pasaron por ello», recuerda Bernués de aquel debate.

Ante la pregunta de si ha vivido alguna vez alguna situación de rechazo, el director asegura que «nunca» y que lo único que sucedió una vez fue que dos personas en el público decidieron no aplaudir. «No ha habido reacciones críticas, siempre aplausos con entusiasmo, y nos han agradecido mucho. Les sorprendía saber que hablábamos de hechos del siglo XXI aunque parecían de los 80», dice sin ocultar su alegría al respecto.

Urretabizkaia reconoce que se va «con pena» de Madrid, donde se ha sentido bien acogida, no solo ella sino también su pareja, Asier Hernández (también protagonista de la obra), y sus dos hijos. «Es la primera vez que vivo un mes entero aquí. Mi familia decía ‘uy vas a ir a contar esto a Madrid, van a ir los de Vox, no salgáis nunca’. Sobre todo mi madre, tenía miedo», recuerda.

«Ahora les respondería que nada que ver (se ríe). Ha sido una sorpresa muy grata ver a gente tan consciente, tan abierta, muy puesta. Nos preguntaron cómo era posible que esto no lo hubieran sabido, cómo no tener la información y cómo podía ser que hace solo 17 años cerraran periódicos. Y en el debate que hubo hemos visto que hay heridas que hemos pasado los vascos que las pasaron aquí también», añade.

Para la actriz donostiarra exhibir la pieza en Madrid la ha hecho reafirmar en que «esta historia se tiene que contar y se tiene que contar aquí sin ningún miedo, en democracia se puede hablar de todo. Hay muchos prejuicios y lo que hay detrás son miedos».

En ese sentido, admite que «ni de coña» se hubiera imaginado en sus comienzos que algún día estaría en uno de los principales teatros madrileños hablando en euskera en el escenario. «Me sentí un poco embajadora de la cultura y parte de la historia, pequeñita pero historia al fin», agrega, y reclama que haya más obras en euskara, catalán y galego en Madrid y en otros sitios del Estado. español

Nada indiferentes

En la última función, la sala estaba todo lo llena que el limitado aforo permite. José, un zamorano de 39 años, estaba en el palco superior. Al salir, reconoció a GARA-NAIZ que le gustó «mucho, fue bastante fuerte. No me acordaba de estas cosas, la memoria a veces es selectiva. Pero está bien recordar estos episodios. En España cosas históricas que pasaron recientemente existe mucho miedo a documentarlas, y a través de una obra de teatro no me lo esperaba».

Que se haga en Madrid le parece muy bien porque «muestra el otro lado, el del avance democrático, porque hay un ministerio que de alguna manera garantiza este tipo de cultura». También confiesa no sentirse «nada orgulloso de las cloacas y la tortura del Gobierno español. Es lamentable esa guerra clandestina».

Inmaculada tiene 72 años, madrileña de siempre. Sale de la platea un poco emocionada. Se define «de izquierdas» y afirma que las partes de la obra relacionadas a la tortura le hicieron recordar relatos de la guerra civil por parte de sus abuelos que preferiría olvidar. «Estoy agradecida de que el teatro público que pagamos todos tenga estas obras. Lo que sucedió allí mucha gente lo desconoce. Es una bendición poder verlo».

Javier es navarro, tiene 51 años y hace dos que vive en Madrid. Los 25 previos los pasó en Irlanda. «Después de haber estado tantos años fuera, me sorprende ver una obra como ésta aquí. Me acuerdo cuando en nuestras cuadrillas pagábamos cada uno para conseguir dinero para financiar Egunkaria. Las escenas de malos tratos me han conmovido, algo que siempre ha estado presente en la sociedad vasca y es un tema tabú que el Estado español no ha aceptado. Fueron tiempos duros y no sé como se podrá percibir esto desde el público madrileño».

Bernués ya decía que «indagar en esos terrenos de violencia policial es difícil en un país que no ha sido capaz de enfrentarse con las cuentas del franquismo y menos aún con los miles de casos de tortura».

Sin embargo, se va de la capital con un poso de alegría porque «pasan tantas cosas que la memoria es pequeña» y con ‘Los papeles de Sísifo’, se ha refrescado con arte y gloria.

 

 

 

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