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viernes, 18 de marzo de 2022

Silencios y Ausencias

Desde el portal de Público traemos a ustedes este muy interesante texto con el que, recurriendo a la crisis en Ucrania provocada por el expansionismo de la OTAN como escenario, su autor señala las claras incongruencias en las que se ha incurrido por parte tanto de lo que se conoce como la comunidad internacional como por parte de los medios de comunicación.

Disfruten la lectura:


Los silencios: de Ucrania a Boric

Boaventura de Sousa Santos

Traducción de José Luis Exeni Rodríguez

Europa vive un período de pánico moral que no solo imposibilita pensar con cierta complejidad y densidad analítica la tragedia que está atravesando Ucrania, sino que crea un nuevo período de caza de brujas muy similar al que se vivió en Estados Unidos en la década de 1950 y que se conoció como macartismo. Todavía no ha alcanzado los niveles de censura y represión política basados ​​en acusaciones de traición y subversión por supuestas simpatías con el comunismo que caracterizaron ese período, pero es de presumir que pudiéramos llegar allí. Las señales son perturbadoras. La bestia salvaje ahora no es el comunismo, sino Putin y la rusofilia. Y quien no sea lo suficientemente enfático en defender los "valores occidentales" es un rusófilo. La histeria instalada por el bombardeo mediático es tal que no es posible contraargumentar, contextualizar, presentar información que contradiga la narrativa instalada.

De alguna manera, la lógica unanimista y automultiplicadora de las fake news que circulan en las redes sociales se ha generalizado a los medios de comunicación hegemónicos. No es que las noticias sean necesariamente falsas; es simplemente imposible introducir noticias o análisis que contrasten o solo contextualicen. Tampoco es posible informar sobre otros temas relevantes que nos ayuden a ver que, por importante y trágico que sea lo que está pasando en Ucrania, no es el único hecho importante y trágico o digno de noticia que está pasando en el mundo. Solo decir esto en un momento de pánico moral es ser candidato a la acusación de relativismo. Algunos ejemplos de mi experiencia personal pueden ayudar a ilustrar la situación.

Sobre la complejidad y la polarización

La primera gran ausencia producida por la extrema polarización es la complejidad de los análisis. Sobre la crisis en Ucrania he escrito hasta ahora los siguientes textos que pueden consultarse porque están en línea: La ONU en la encrucijada; Cómo hemos llegado hasta aquí; "¿Todavía es posible pensar con complejidad?"; y, Para una autocrítica de Europa. En todos los textos traté de contextualizar lo que está sucediendo y brindar informaciones menos accesibles pero muy relevantes para comprender los hechos. En conjunto, mis análisis apuntaron a evitar el simplismo de los buenos y los malos, y proporcionar instrumentos para evaluaciones más cuidadosas y menos propicias a justificar aventuras belicistas donde las poblaciones civiles inocentes son siempre las grandes víctimas. El último texto, publicado el 10 de marzo en el diario Público de Portugal, uno de los principales diarios de referencia del país, mereció un ataque injusto, injurioso, violento y descontrolado por parte del director del diario.

Estos momentos de histeria colectiva y de extrema polarización, que imposibilitan la complejidad o el pensamiento contracorriente, son cada vez más frecuentes. En mi larga vida ya pasé por tres de esos momentos, en los que pagué un precio por insistir en pensar con complejidad e independencia. El primero fue justo después de la Revolución del 25 de abril de 1974, que devolvió la democracia a los portugueses y allanó el camino para la independencia de las colonias portuguesas en África y Oceanía. En ese momento hubo un giro repentino y radical a la izquierda, y el que no estuviese con nosotros estaba contra nosotros. En tal altura, ser de izquierda era pertenecer al Partido Comunista o a uno de los partidos de extrema izquierda (leninista, estalinista, maoísta, trotskista, etc.). Creo que en ese momento fui el único director de una Facultad de Economía en Portugal que no estaba afiliado al PCP o a un partido de extrema izquierda. Simpatizaba con el MES (Movimiento de Izquierda Socialista), inspirado en Rosa Luxemburg. Me acusaron públicamente de ser agente de la CIA (quizás porque acababa de terminar mi doctorado en la Universidad de Yale). Los estudiantes me ayudaron al elegirme (no sabían si yo era de la CIA, pero al menos sabían que yo era el único profesor que les enseñó Karl Marx antes de la revolución de abril).

El segundo momento fue el 11 de septiembre de 2001. Estaba en Estados Unidos (donde en los últimos 35 años viví casi la mitad de cada año, afiliado a la Universidad de Wisconsin-Madison) y participaba en un debate en la Universidad de Columbia, Nueva York, sobre derechos humanos. Debido a que, en mi intervención, a pesar de haber condenado enérgicamente el atentado a las Torres Gemelas, me atreví a hablar de la necesidad de respetar los derechos humanos en todas las circunstancias y no renunciar a continuar el diálogo intercultural con el mundo islámico que, en su amplia mayoría, era amante de la paz, mis colegas de Harvard me vituperaron con saña y casi me consideraron un filoterrorista. En años posteriores, estos colegas justificarían la tortura y cosas peores contra la Constitución de los Estados Unidos.

El tercer momento, hace unos días, fue el ya mencionado ataque personal del director del diario Público en reacción a un artículo mío.

Estamos en un nuevo tiempo de extrema polarización. No la vi en la invasión y destrucción de Irak ni en otras (muchas) situaciones. Para mantener la capacidad de pensar incluso en momentos de peligro, como nos enseñó Walter Benjamin, nunca es saludable llegar a este nivel de polarización. Así como no es aceptable guardar silencio ante la violencia de las atrocidades cuando ocurren más lejos de nosotros y no movilizan a nuestros medios de comunicación. La vida humana para mí tiene un valor incondicional. El sufrimiento de los ucranianos, que querían la guerra tan poco como cualquiera de nosotros, es terrible. Pero me duelen igualmente las muertes injustas ocurridas en los mismos días en otras guerras en otras regiones del mundo. Ninguna muerte injusta puede relativizar o justificar cualquier otra muerte injusta. Según una conocida organización que registra las muertes de guerra en todo el mundo, estas son las estadísticas del período inicial de la invasión de Ucrania (20 de febrero al 4 de marzo): 114 (Ucrania), 23 (Irak), 511 (Yemen), 187 (Siria), 192 (Malí), 527 (Nigeria), 155 (República Democrática del Congo), 180 (Somalia), 112 (Burkina Faso). Y si incluimos los conflictos internos, algunos de los cuales son equiparables a la guerra civil, hay que sumar: 258 (México), 242 (Brasil), 81 (Colombia), 124 (Myanmar), 38 (Afganistán) (ACLED. Accesible en https://acleddata.com/dashboard/#/dashboard). El hecho de que ninguna de las otras tragedias haya merecido atención mediática no tiene para mí otro sentido ni interés que el de permitirme conocer los mecanismos sociológicos de la formación del pánico moral y de la indignación pública.

Los silencios como sociología de las ausencias

Las situaciones de extrema polarización y concentración mediática unidimensional crean dos tipos de silencios: el primero está relacionado con aspectos de fenómenos hipernarrados o afines que, al no corresponder con el guion impuesto, son activamente ignorados en las noticias; el segundo tipo de silencio se refiere a otros hechos ajenos al láser mediático y que sólo por esa razón son considerados indignos de ser noticiables.

El silencio del racismo y del colonialismo

En cuanto al primer tipo de silencio, elijo la forma en que, en momentos de emergencia y polarización, los prejuicios y las prácticas racistas y colonialistas son activados con una virulencia agravada provocando mucho sufrimiento injusto que no llega a las pantallas ni a las páginas de los noticieros. La histeria mediática sobre Ucrania alcanzó principalmente al eje del Atlántico Norte, que también incluye a Australia, Japón y Brasil. En otras regiones del mundo, la crisis de Ucrania fue de algún modo relativizada porque tiene relación con agresiones armadas (invasiones, bombardeos, muertes de civiles inocentes) de las que han sido víctimas reiteradamente; o porque en la actualidad se enfrentan a otros problemas que les parecen más graves o, al menos, más próximos (hambre, falta de agua y de vacunas, violencia yihadista). Pero cuando la crisis de Ucrania adquirió cierto dramatismo en las noticias de estos países, fueron abordados temas silenciados casi por completo en los medios del eje del Atlántico Norte. El 28 de febrero, la Unión Africana emitió una declaración vehemente contra el comportamiento "escandalosamente racista" de las autoridades fronterizas entre Ucrania y Polonia, que discriminaron a ciudadanos africanos que viven en Ucrania y trataban de huir de la guerra, sometiéndolos a un trato desigual debido a su color (www.theeastafrican.co.ke/tea/news/east-africa/african-union-ukraine-war-3732862?view=htmlamp). Básicamente, se trataba de ponerlos al final de todas las colas, ya sea para acceder al transporte, cruzar la frontera y recibir acogida. Mientras tanto, diez días después, la respetada red Jewish Voice for Peace anunció que Israel estaba instalando a los refugiados ucranianos, que había decidido acoger, en los territorios palestinos que ocupa ilegalmente en el Valle del Jordán y Naqab. Solidaridad internacional a costa de la opresión colonial de los verdaderos poseedores de la tierra.

El silencio de la innovación democrática

El segundo tipo de silencio se refiere a hechos no relacionados con la orgía mediática y que apuntan a la diversidad del mundo. En Europa, la toma de posesión de Gabriel Boric como nuevo presidente de Chile pasó casi totalmente desapercibida. Y, sin embargo, es a todas luces un evento importante. Se trata de la elección democrática del presidente más joven de América Latina (36 años), proveniente de los movimientos sociales (exdirigente estudiantil) que lucharon en los últimos años por la democratización profunda de Chile, una lucha donde las mujeres y los pueblos originarios (a saber, los mapuches), tuvieron un papel protagónico. Es el país de Salvador Allende, asesinado durante el golpe militar de 1973 que abrió camino a una de las dictaduras más sangrientas del siglo pasado. En un acto de gran simbolismo, el presidente Boric, mientras se dirigía al Palacio de La Moneda, sede de la presidencia de Chile, rompió el protocolo, salió de la alfombra roja y saludó a la estatua de Allende que se erige frente al recinto. Es igualmente significativo que una de sus ministras sea nieta de Allende y, además, ministra de Defensa.

El primer discurso de Boric como presidente de Chile es un documento histórico. En un país fracturado por la desigualdad económica, la discriminación étnico-racial y el conflicto social, Boric hizo un vibrante llamado a la unión con justicia social. En un país minado por el etnocentrismo, resaltó la diversidad de los pueblos que conforman el Estado chileno, es decir, los pueblos indígenas con derecho a que se respete su identidad cultural y territorial. En un país con una violenta tradición de Estado represivo, Boric llamó al fortalecimiento de un Estado social, protector de las clases sociales más vulnerabilizadas por el neoliberalismo depredador que atravesó el país en las últimas décadas. En un país que tiene una Convención Constitucional en curso, de la que puede surgir una de las constituciones más progresistas del mundo, Boric prometió pleno apoyo al proceso constituyente en curso y al plebiscito que seguirá para aprobar la nueva Constitución. Nada de esto mereció la atención de los medios. Pero fue aquí donde se sembró una nueva esperanza democrática para Chile, para América Latina y para el mundo.

 

 

 

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sábado, 5 de septiembre de 2020

Los Presos Mapuche

El diferendo que enfrenta al pueblo mapuche con el régimen chileno se ha intensificado en fechas recientes con el tema de los presos políticos en el epicentro.

La muerte de Igor González -atroz por evitable- nos ha venido a recordarnos tanto a vascos como mapuches que la crueldad de la política carcerlaria que estados como el español y el chileno lo que busca es aniquilar al "enemigo" y sembrar desesperanza entre sus familiares y amigos.

La lucha entonces debe ser conjunta y es en ese sentido que traemos a ustedes este texto dado a conocer por Naiz:

Territorios distantes, conflictos semejantes

Jesús Valencia

Araucanía y Euskal Herria, dos territorios distantes en los que hunden sus profundas raíces dos pueblos originarios. Sus complejas historias, aunque diferentes, presentan bastantes rasgos semejantes.

Durante los últimos meses, la sociedad de Wallmapu está soportando fuertes tensiones y duras represiones. El epicentro de la tormenta, una vez más, se sitúa en las cárceles: casi una treintena de presos políticos mantiene una larga la huelga de hambre. Pero, ¿acaso estos existen? Desde el intendente de Temuco hasta el presidente Piñera, se desgañitan advirtiendo que en Chile no hay presos «políticos». Tenacidad digna de mejor causa. El Estado español, que nunca se priva de tener vascos entre rejas, jamás les ha concedido su condición de «políticos».

Lo que las palabras afirman, la realidad lo desmiente. La balanza de la justicia rezuma crueldad contra quienes se enfrentan un sistema colonial: «Luchamos –dicen los patriotas presos– por la justicia, por nuestros pueblos y por la humanidad». La racista justicia chilena condesciende con policías asesinos, con violadores reincidentes, con defraudadores. Si se trata de militantes independentistas, aplica el máximo rigor de una ley tendenciosa. ¡Cuántas enciclopedias pudiéramos escribir los vascos sobre la cojitranca justicia española! La actual pandemia ha provocado en la Araucanía una nueva discriminación y la reciente huelga de hambre. Negó a los mapuches el tratamiento carcelario que les debe por ley (Convenio 169 de la OIT). ¿Cuál ha sido el tratamiento del Estado español con los presos políticos vascos? Idéntico.

El conflicto chileno se ha vuelto a focalizar en las cárceles porque estas, allá y acá, son uno de los exponentes más ilustrativos del conflicto global: la obsesión estatal por asimilar a un pueblo que sigue conservando su orgullo identitario y que se considera nación soberana. Abrieron la veta los conquistadores españoles y la siguió con parecido rigor el Estado chileno. Unos y otros ocuparon las tierras de Wallmapu, asesinaron a sus líderes, arrasaron sus creencias, impusieron otra cultura ajena e instalaron en Temuco su administración colonial. Ni mapuches ni vascos olvidamos los muchos atropellos que soportamos desde que se formalizaron las respectivas conquistas.

El Estado chileno aplica en Wallmapu los habituales métodos de todo gobierno imperialista. La captación, mediante prebendas, de lugareños colaboracionistas. Militarismo mediante cuerpos de policía especializados en reprimir la resistencia; como Comandos Jungla se conocen allá, como «beltzak» o GAR, acá. Aplicación de legislaciones antiterroristas redactadas ad hoc; con tufo pinochetista allá y franquista acá. Utilización abusiva de la prisión preventiva denunciada reiteradamente por organismos de derechos humanos. Ensañamiento con las abogadas que defiende a los militantes encarcelados. Deslegitimación de la resistencia popular recurriendo a organizaciones pretendidamente pacifistas. Mesas de diálogo en las que el Estado, como condición previa, rechaza el derecho de autodeterminación que reclaman sus interlocutores.

La realidad confirma que ninguna de estas medidas ha resuelto el problema sustancial. Una situación –siempre crispada– que se agudiza con frecuencia dando lugar a nuevas crisis. Los Estados chileno y español seguirán recurriendo a malabarismos para liquidar el conflicto eludiendo la causa que lo genera. La soberbia capitalista haría bien en escuchar al Parlamento de las Autoridades Ancestrales Mapuches; sabiduría avalada por siglos de experiencia: «El Estado chileno, para proteger a grandes empresas trasnacionales nos provoca, discrimina y falta al respeto como nación mapuche. Si quiere la paz, que nos devuelva nuestro territorio».

 

 

 

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domingo, 26 de enero de 2020

Entrevista a Asel Luzarraga

Recientemente la CIDH ha reconocido que hay indicios de las violaciones a los derechos humanos del escritor vasco Asel Luzarraga a manos del régimen chileno.

Desde Kaos en la Red traemos a ustedes esta entrevista en la que el propio Luzarraga aporta datos importantes acerca del asedio que vive hasta el día de hoy.

Lean por favor:


Luzarraga es escritor, bloguero, filósofo, anarquista y vasco. Fue detenido en 2009 en Chile por poner bombas y condenado a una pena que supondría su expulsión del país. Un montaje que derivó de la denuncia que hacía de la represión del pueblo mapuche que, según destaca, ha ocasionado que su nombre se haya incluido en la lista negra de Interpol. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos está estudiando su caso.

Unai Aranzadi

El 31 de diciembre de 2009 una docena de carabineros allanaba la casa del escritor Asel Luzarraga en la Araucanía chilena. Horas más tarde, cuando sus captores lo llevaban a un reconocimiento médico, un reportero de televisión le interpeló: “¿Cómo te declaras?”. A lo que Luzarraga contestó: “¿De qué se me acusa?”. “De bombas”. “¿Bombas?” —respondió atónito antes de ser sacado de las dependencias deslizando un angustioso “¡Inocente!”. Muy a su pesar, en menos de 24 horas se decretaba su ingreso inmediato en la prisión provincial de Temuco, un penal donde terminaría haciendo amistad con varios activistas del pueblo mapuche que habita la región. A partir de ahí, este bloguero, filólogo, anarquista, licenciado en ciencias empresariales, músico punk y escritor con ocho novelas publicadas en euskera y castellano comienza un disparatado —e inacabado— proceso judicial del que nos da cuenta en Mundaka, el pueblo que desde su nacimiento en 1971 lo ha visto crecer.

¿Es cierto que te acusaron de poner bombas en Chile sin haber llegado aún al país?

Parece surrealista, pero así es. Cuando hace ya algo más de diez años irrumpen en mi casa y finalmente me llevan detenido, llego al calabozo sin tener ni idea de qué estaba pasando. En ningún momento me habían explicado qué buscaban, más allá de un genérico “especies”, mientras veía cómo se iban llevando mi ordenador, mis libros, mis botas militares, una ikurriña, mi chupa de cuero… Solo antes de decirme que estaba detenido, la primera vez que, tras más de una hora de allanamiento, me dejaron entrar en mi dormitorio y tras hablar con el fiscal Omar Mérida, me dijeron que estaba detenido por lo que “habían encontrado allí”, señalando vagamente a mi armario y sin mostrarme nada. “Armas y explosivos”, me dijeron. Días más tarde, cuando mi primer abogado, que fue un desastre, consiguió la carpeta de la Fiscalía, me enteraba de que sobre ese armario ellos habían colocado una bolsa con un extintor vacío, un par de mechas, siete gramos de pólvora y unos tornillos oxidados envueltos en un paño para poder fabricar una infracción a la Ley de armas y explosivos, y de que pretendían colgarme cuatro ataques con bombas, dos de ellos en Santiago en fechas en las que yo ni siquiera tenía en mente ir a Chile, una tercera en Temuco, contra una farmacia, donde residía con mi compañera chilena, casualmente el 7 de diciembre de 2019, fecha en la que yo estaba comiendo con mis padres en Bilbao durante una breve visita para poder ir a la feria del libro de Durango, y una cuarta que no explotó, también en Temuco, contra la Seremi [Secretaría Regional Ministerial. N. del E.] de Justicia, “desactivada”, dicho así entre comillas, apenas cinco horas antes de que se iniciara la operación en mi contra por ser su presunto autor. Esas sospechas me valieron cinco días bajo la Ley Antiterrorista heredada de Pinochet, aunque al demostrarse por mi pasaporte que tres de ellas eran materialmente imposibles, curiosamente decidieron también olvidar la cuarta, la única que habría sido posible, para en adelante no acusarme más que de la tenencia de lo que los carabineros habían tenido a bien “regalarme”. No necesitaban más para sus objetivos.

¿Y cuáles eran esos objetivos?

El propio Gobierno lo dejó claro decretando, tan solo siete días después de mi detención e ignorando toda presunción de inocencia, mi expulsión del país. Sencillamente, me querían fuera y, a poder ser, en silencio, y para eso una red especializada en montajes conformada por varios altos cargos de carabineros y la propia Fiscalía, acostumbrada durante años a un proceder similar sistemático contra activistas mapuche, movilizó recursos del Estado en una operación burda y chapucera, a sabiendas de que sus leales jueces no necesitarían más para redactar una sentencia decidida antes de que comenzara el juicio.

¿Por qué crees que se tomaron tantas molestias contigo?

Nunca entenderé del todo que mi actividad pudiera tener ninguna importancia ni entrañar ningún riesgo para el Estado, aunque a mi ego le encantaría pensar que sí, que soy peligroso. Lo cierto es que Chile tiene una larga tradición de expulsar extranjeros desde hace cien años, especialmente anarquistas. Hacía no mucho que habían expulsado a dos documentalistas anarquistas franceses por realizar un documental sobre la lucha del pueblo mapuche. Así que, al parecer, que un escritor vasco se instalara en la Araucanía, la región con más presencia mapuche, se involucrara en el movimiento anarquista local y publicara textos visibilizando la situación de persecución y represión del pueblo mapuche no les cayó muy bien. De hecho, el propio informe de la “inteligencia” policial que sirvió para que una juez diera una orden verbal de allanamiento en mi contra explicitaba claramente los motivos. Señalaba como pruebas en mi contra, además de mi presencia unos días antes en un pequeño acto anticarcelario justo frente a los muros que se convertirían en mi hogar provisional una semana después, varios de mis escritos, uno sobre la relación entre el anarquismo y la realidad histórica vasca, y otro relacionando el despojo de tierras históricamente sufrido por el pueblo mapuche con las teorías proudhonianas sobre la propiedad privada como resultado del robo. De todo ello concluían que yo era un líder anarquista internacional y que estaba “introduciendo ideas foráneas a la juventud chilena”. Esa, y no otra, era la acusación de fondo, pero como nada de eso es delito, debían fabricarme uno a “mi medida”.

Siendo una persona relacionada con el mundo de las letras y de la música, ¿qué tipo de apoyos recibiste?

La verdad es que, especialmente en Euskal Herria, aunque también en otros lugares, como Argentina, Uruguay, España y el mismo Chile, hubo una reacción inmediata que me desbordó, por lo inesperada y por las dosis de amor y solidaridad que me hizo llegar a través de mi novia Vane. En Euskal Herria se juntó gente de todo tipo en una plataforma, Askel, en la que concurrían desde anarcos a hackers, pasando por escritores, músicos, antimilitaristas… Sin duda, fue fundamental la labor de Euskal PEN Kluba, asociación de escritores y periodistas en defensa de los derechos humanos, a la que ya entonces pertenecía, y sobre todo la energía que puso su entonces presidenta Laura Mintegi. Hubo gestos de todo tipo, como la carta que Unai Elorriaga hizo llegar a la entonces presidenta de Chile, la socialista Michelle Bachelet. Desde el mundo de la música, además de mi exbanda Punkamine, por supuesto, fue impresionante el concierto que Rafa Rueda consiguió organizar, con la participación solidaria de muchos grupos y músicos vascos, desde Berri Txarrak y Ken Zazpi hasta Ruper Ordorika o Petti, por mencionar algunos. Nunca hubiera podido pedir tanto.

¿Sentiste en esos apoyos alguna ausencia?

Personalmente me quedo con quienes aportaron, que fue mucha gente. Recuerdo que en su momento un primo mío me hacía saber que se había dado de baja de Amnistía Internacional porque, como asociado, pidió que se implicara en mi caso, pero AI decidió lavarse las manos aduciendo que lo mío no era persecución política ni un ataque contra la libertad de expresión, sino un caso de terrorismo. Me extrañó que un organismo con su experiencia realmente creyera que a las personas a las que se persigue políticamente se les acusa alguna vez de crímenes políticos o de conciencia, cuando lo habitual, como en mi caso, es que los Estados tengan que inventar delitos contra aquellas personas que desean perseguir políticamente. Pero bueno, yo no soy dueño de su ridículo.

Finalmente fuiste procesado, declarado culpable y sentenciado pero, si no recuerdo mal, la pena fue llamativamente corta y finalmente tuviste que abandonar Chile. ¿Así fue?

Sí, así fue. Hay que recordar que empezaron por pedirme una pena de diez años por aplicación de la Ley Antiterrorista, que duplica la duración de las penas. Finalmente, la Fiscalía y el abogado del Estado pidieron una pena de cinco años, pero los tres jueces, dos de los cuales fueron al año siguiente condenados por la CIDH [Comisión Interamericana de Derechos Humanos] por condenar a dos longkos [autoridades mapuches] basándose en prejuicios raciales dentro de otro sonado montaje, hicieron malabares interpretativos para poder al mismo tiempo condenarme pero darme una pena que ya tuviera cumplida. La sentencia es surrealista. Así dejaban las manos libres a la PDI (Policía De Investigaciones) para cumplir la orden de expulsión en mi contra. Finalmente no les dimos ese gusto, y de forma prácticamente secreta y con Jaime Madariaga, mi abogado, preparado para presentar un recurso de protección en caso de que intentaran detenerme, abandoné Chile por mi propio pie y crucé a Argentina.

Tengo entendido que ahora tienes prohibida la entrada e Chile, ¿cuál es tu situación actual?

Efectivamente, la orden de expulsión no refería ningún plazo, de modo que casi diez años después sigo teniendo prohibida la entrada a Chile. Pero eso no es todo: el año pasado, en febrero de 2019, volvía unas semanas a Argentina, donde tengo residencia permanente, a visitar a mis amistades y presentar la tercera novela que me publican allí traducida a castellano. Se supone que no debiera tener ninguna traba para ingresar a un país en el que tengo residencia, pero en la aduana me retuvieron durante una hora en la Oficina de Migración, sin explicaciones claras, y cuando al final me dejaron pasar tuve que indicarles dónde me alojaría, por dónde me movería y en qué vuelo abandonaría Argentina, algo insólito para una persona que puede si lo desea quedarse a vivir definitivamente en ese país. Hasta en el vuelo de vuelta, cuando de nuevo fui retenido en la aduana, no me explicaron que en estos momentos figuro en las listas de Interpol por delitos relacionados con terrorismo, al pesar sobre mí una sentencia firme, y que por tanto no me pueden permitir seguir circulando hasta contactar con Interpol y recibir su permiso. Eso, en la práctica, significa que existen muchos países en los que, por el mero hecho de figurar en esa lista, tengo la entrada vetada.

¿Hay alguna vía para poder revertir los efectos legales de este montaje?

Es gracioso. La prensa chilena, en su papel de portavoz de los intereses del Estado, no se cansaba de destacar, como supuestamente incriminantes, algunas de mis características: ser vasco —incluso sugiriendo mi conexión con ETA y hasta con las FARC—, ser anarquista y ser punk, aunque creo que lo que menos les gustaba era que fuera escritor. Sobre tu pregunta, esperamos que la haya. En 2011, a través de mi abogado Jaime Madariaga, interpusimos una demanda en contra del Estado chileno ante la CIDH. Son procesos largos y costosos, la sede de la CIDH está en Washington —es seguro que para mí actualmente sería impensable querer ingresar en EEUU—, y en frente no dejamos de tener toda la maquinaria de un Estado. Sin embargo, acabamos de dar el primer paso en la buena dirección: en diciembre pasado la CIDH fallaba por fin a favor de la admisibilidad de mi caso al observar en él indicios de vulneración de los derechos humanos. Nos daba la razón en todos los argumentos esgrimidos, y abría así la fase de fondo del caso. Ahora se viene lo más pesado y costoso: redactar el informe de fondo. El objetivo es claro: que el caso llegue hasta la Corte Interamericana de Derechos Humanos, ésta condene al Estado chileno y se decrete mi absolución, borrándome de todas las listas de Interpol. Dicho brevemente, recuperar todos mis derechos para poder moverme por el mundo sin trabas, y que si en algún momento algún otro Estado se siente tentado a actuar contra mí, no cuente con el arma extra de mis antecedentes.

Imagino que ese camino es largo y difícil, ¿has pensado en recabar algún tipo de apoyo?

Estamos en ello. Mi abogado tiene claro que necesitamos apoyos internacionales. Según cree, el mío es el único caso de un ciudadano europeo aceptado como caso de la CIDH, en un momento político crítico en Chile, donde la gente lleva desde octubre en la calle, sufriendo continuas violaciones de derechos humanos, con asesinatos, violaciones, desapariciones, torturas y una larga lista de personas que ha perdido un ojo o ambos por el actuar premeditado de los carabineros. Así que, si conseguimos apoyos desde Europa, podemos ayudar a poner en foco el terrorismo de Estado en Chile. Lo que las comunidades mapuche llevan sufriendo décadas ahora lo sufre todo el pueblo chileno. Junto a ese tipo de apoyo más político, claro, está la evidente realidad de que estos procesos son muy caros, no puedo tener a un abogado trabajando gratis para mí, de modo que también estamos pensando, en estos momentos en colaboración con la EIE [Asociación de Escritores Vascos] y Euskal PEN Kluba alguna campaña para poder juntar fondos con los que enfrentar económicamente el proceso. Toca buscar adhesiones en ambos terrenos, la parte más incómoda, porque de nuevo toca afrontar la exposición pública, pero no queda otra… Ganar este caso puede establecer un precedente que ayude a situaciones mucho más graves que quizá no cuenten con la posibilidad de llegar tan lejos.






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jueves, 16 de enero de 2020

Valencia | Pueblos Originarios

Les presentamos este interesante texto solidario y emancipador dado a conocer en las páginas de Gara:

Pueblos originarios

Jesús Valencia

Hemos cerrado el 2019 con las imágenes de unos pueblos originarios que volvieron a levantarse en Abya Yala. Cuentan que recibieron a Colón con la mano tendida. Pronto conocieron la crueldad de los recién llegados: sus tierras fueron ocupadas, sus costumbres abolidas, sus autoridades sojuzgadas o asesinadas, su lengua relegada por el idioma de los conquistadores, los reiterados intentos por defenderse duramente reprimidos.

Nada de eso nos contaron en nuestras escuelas. Nos hablaron del «descubrimiento de América» y nos quedamos con la idea de que aquellos pueblos originarios habían sido asimilados; que voluntariamente se habían incorporado a la Corona conservando, como detalle folclórico y colorista, sus vestimentas. Los pueblos indígenas nunca se sintieron parte de España y, a pesar de la represión, siempre pugnaron por ser pueblos diferenciados. Cuando el imperio quiso celebrar el llamado «descubrimiento» como intercambio cultural, ellos lo denunciaron como 500 años de ocupación. Fue una más de sus rebeliones y en esas siguen: condicionando la escena política del Continente mediante la fuerza y conciencia de sus numerosas organizaciones.

Los mapuches –ni argentinos ni chilenos– son sujetos políticos clave al Sur del Continente; como «personas de la tierra» se definen y como tal la defienden; historia permanente de resistencia a los dos estados que tratan de asimilarlos. 2019 ha confirmado la determinación de estos pueblos para defender sus derechos nacionales y sociales. Cuando el actual presidente de Ecuador publicó el decreto 883 que recortaba subvenciones y encarecía la vida, las nacionalidades quichuas se le enfrentaron: lideraron la rebeldía popular, bloquearon el país, ocuparon Quito, sufrieron gran matanza pero no cejaron hasta que Lenin Moreno retiró el decreto que le dictara el FMI. Bolivia, meses más tarde, demostró la fortaleza de los aymaras. Cuando se levantaron en masa volvieron a desenmascarar la brutalidad de las burguesías neocoloniales: solo fueron contenidos (de momento) por las balas criminales de la Policía y el Ejército.

El silencio de los medios pudiera inducirnos a pensar que todo se ha calmado; que «los indios revoltosos» han regresado, sometidos, a sus comunidades. Grave equivocación. Siguen siendo acérrimos defensores de su tierra y de sus gentes: los guaraníes se enfrentan a la represa de Itaipú; los xinkas reclaman sus tierras en Guatemala y los garífunas en el hondureño municipio de Limón; los caucas rechazan la militarización de su valle y los amazónicos son los mejores guardianes del medio en el que viven. Incontables hechos que confirman la conciencia de los pobladores ancestrales; tras 527 años de acoso, siguen defendiendo su identidad y su tierra. No se han sometido ni se van a someter.

Historia de pueblos vivos que evoca afinidades con el nuestro. Constituidos en colectividad específica, seguimos siendo agredidos por las múltiples violencias de quienes intentan reducirnos; continúan ocupadas nuestras tierras y expoliados nuestros recursos; ignoradas nuestras leyes y anulada nuestra gobernanza; aborrecida y minorizada nuestra lengua; reprimido cualquier intento por recuperar nuestra soberanía secuestrada. También nosotros convivimos más de 500 años con el rigor de un conflicto político impuesto. Pese a todo, Euskal Herria no es España; seguimos reafirmando nuestra identidad y pugnando por recuperarla. Nuestra lucha no es etnicista; es la permanente defensa de los derechos nacionales y sociales que nos pertenecen como pueblo y como clase. No nos han sometido ni nos van a someter.






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sábado, 4 de enero de 2020

Asel Luzarraga y el CIDH

Después de 10 años traemos a ustedes una actualización en el caso de Asel Luzarraga, uno que pone de manifiesto el continuado genocidio del pueblo mapuche por parte del estado chileno:


Luzarraga es un escritor vasco que se había manifestado abiertamente solidario con la lucha mapuche por la recuperación de sus tierras, y que en sus artículos y escritos no escondía su ideología anarquista. Eso le significó ser condenado y finalmente obligado a abandonar Chile.

Heredia Marin   

Están a punto de cumplirse diez años del mediático allanamiento y detención del escritor vasco Asel Luzarraga en Chile. El 31 de diciembre de 2009 aparecía en todos los medios de prensa el nombre de este escritor, presentado como un terrorista autor de diversos ataques explosivos en Santiago y Temuco. La información del allanamiento de su casa en Padre las Casas (Araucanía) y de su posible vinculación con varios bombazos iba acompañada de una caracterización que buscaba señalarlo inequívocamente como un peligroso terrorista: escritor vasco, anarquista, cantante punk y simpatizante de la causa mapuche, y una de las imputaciones que se le hacía era “introducir ideas foráneas en la juventud chilena”.  Cuestión que ese año, lamentablemente, no causó risa sino que lo mandó a la cárcel.

Luzarraga es un escritor vasco que se había manifestado abiertamente solidario con la lucha mapuche por la recuperación de sus tierras, y que en sus artículos y escritos no escondía su ideología anarquista. Eso le significó ser condenado y finalmente obligado a abandonar Chile. La acusación que originalmente hubo en su contra de haber colocado un artefacto explosivo quedó rápidamente desarmada y olvidada para el resto del proceso, pero se lo condenó igualmente por infracción a la ley de armas y explosivos, cuya única prueba era el contenido supuestamente hallado en su domicilio dentro de una bolsa; concretamente un extintor vacío, siete gramos de pólvora y algunas mechas. Respecto a dichas pruebas, el acusado y su abogado, Jaime Madariaga, que sigue al frente del caso (quien representó al Lonko Pascual Pichún en la Corte Interamericana de Derechos Humanos en la condena contra el Estado por violaciones al debido proceso), siempre manifestaron que aquellos objetos fueron plantados en su domicilio por Carabineros, como demostraban las propias fotografías tomadas durante el allanamiento y posteriormente manipuladas por sus agentes.

El fiscal del caso era Sergio Moya, quien negó la existencia de un montaje, pero evitó entregar la versión original de la fotografía que se usó para incriminar, impidiendo así que se pudiera cotejar la fecha y hora en que había sido tomada.

La acusación de montaje parecía poco creíble para mucha gente en aquellos tiempos, pero hoy se sabe que el fiscal Moya y varios de los carabineros que estuvieron involucrados en el caso de Luzarraga están vinculados al caso Huracán, y tienen procesos judiciales en su contra por ese motivo.

Probablemente mucha gente haya olvidado este caso, pero no así la CIDH, ante la cual Jaime Madariaga presentó una denuncia en 2011 en nombre de su defendido. Ahora, a punto de cumplirse  diez años, la CIDH acaba de resolver la admisibilidad del caso, avalando lo que Luzarraga y su defensa siempre han mantenido, es decir, que los hechos relacionados con el allanamiento, expulsión del país y proceso penal en su contra podrían caracterizar violaciones a los artículos 8 (garantías judiciales), 11 (protección de la honra y de la dignidad), 13 (libertad de pensamiento y de expresión) y 24 (igualdad ante la ley) de la Convención Americana.

El caso contó con mucha atención internacional así como apoyo por la liberación de Asel desde diversas latitudes de Latinoamérica y del país Vasco. Tanto los detalles de este como las reflexiones que Asel, en su labor como escritor y pensador, realiza de su periplo kafkiano al enfrentarse a todo el aparataje estatal y de los medios de comunicación se vieron reflejadas en un libro «Los Buenos no usan Paraguas. Desmontando un montaje, desnudando al Estado» que cuenta con una edición en Chile por parte de Editorial Quimantú y en Argentina por Cúlmine Ediciones.

A continuación ajuntamos un enlace con el Informe de Admisibilidad que entrega la Corte Interamericana de Derechos Humanos.






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viernes, 11 de octubre de 2019

Las Flores Nativas

Mañana el régimen español y alguno que otro gobierno latinoamericano celebrarán el Día del Descubrimiento de América. O sea, la infame fecha en la que iniciase el exterminio sistemático de los pueblos de un continente que aún no tenía nombre.

Los españoles, orgullosos de su pasado genocida, le llaman el Día de la Hispanidad. En el resto del mundo se le celebra como Columbus Day, el Día de la Raza, el Encuentro de Dos Culturas, etcétera.

En algunos países, más en consonancia con la memoria, ya se le denomina el Día de los Pueblos en Resistencia.

De estos pueblos que aún hoy se resisten a ser asimilados nos habla este artículo de Naiz:


Una treintena de mujeres indígenas de Argentina ocupan desde el miércoles el Ministerio de Interior en Buenos Aires para exigir el fin de su criminalización y el respeto a los derechos de los pueblos originarios. El ministro, Rogelio Frigerio, acaba de aceptar su petición de mantener una reunión.

Tras las amenazas de desalojo de las últimas horas, que finalmente no se han materializado, el ministro argentino de Interior, Rogelio Frigerio, ha accedido a recibir a una representación de la treintena de mujeres indígenas mapuches, qom, guaraníes y de otros pueblos originarios de Argentina que el miércoles por la noche (hora de Euskal Herria) ocuparon la sede del Ministerio en Buenos Aires para reclamarle una reunión para exigirle el fin de siglos de explotación, discriminación y criminalización por parte de Estado y el respeto a sus derechos como pueblos indígenas.

«Nosotras somos dadoras y guardianas de la vida (…) y venimos a decirle basta a este sistema capitalista, racista y patriarcal que está poniendo en riesgo la vida del planeta. Nos toca a nosotras históricamente sostener y guardar la vida y la de nuestras familias, es por ello que el ensañamiento contra las mujeres indígenas es mayor», señalan en un comunicado.

La activista mapuche Moira Millán ha señalado que el Estado argentino «históricamente racista» no reconoce la plurinacionalidad y ha denunciado que las empresas extractivistas que ocupan sus territorios están «contratando sicarios», que «nos están violando, nos están matando».

En la Argentina de hoy, afirman, ocho de cada diez mujeres indígenas sufren violaciones, abusos y violencia física. Siete de cada diez lo sufren por parte de policías y fuerzas de seguridad del Estado. De cada ocho mujeres, siete no pueden acceder a la Justicia. Cinco de cada ocho mujeres violadas y asesinadas son ancianas, en la mayoría de los casos autoridades espirituales.

Millán ha apelado también a las feministas argentinas al lamentar 500 años de «desencuentro» entre las mujeres blancas e indígenas. «Nosotras estamos en soledad. La lucha antipatriarcal es anticolonial. Continúa la opresión blanca y patronal sobre nuestros cuerpos. ¿Dónde están las compañeras feministas blancas argentinas?», se ha preguntado.

La rebelión de las Flores Nativas

Las mujeres indígenas en lucha aportan documentación para apoyar su denuncia de maltrato de jóvenes y menores, de desapariciones forzadas y de ejecuciones de integrantes de las comunidades originarias en conflicto, especialmente de mujeres, y aseguran que tanto el Estado como esas empresas están llevando a cabo un «exterminio» de los ecosistemas y pueblos que los habitan.

«Decretamos la rebelión de las Flores Nativas. Sembraron terricidio, cosecharán rebelión –han proclamado–. Las mujeres indígenas en Argentina venimos con decisión, coraje y dignidad a decir BASTA al terricidio».

Para contrarrestarlo, «salvar la vida de los territorios y frenar el cambio climático», plantean una serie de propuestas que tienen intención de entregar al ministro de Interior con el objetivo de que sean incluidas en la agenda política, independientemente de quien sea elegido presidente en las próximas elecciones.

«Jamás, desde la constitución del Estado argentino, ningún Gobierno ha recogido nuestras demandas ni ha respetado nuestros derechos. Ninguno. Se está llevando a cabo un genocidio contra los pueblos indígenas, con la complicidad de una sociedad indiferente ante esta tragedia», ha lamentado Millán.

Frente al Ministerio, un grupo de activistas de movimientos sociales les muestra su apoyo.






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viernes, 6 de septiembre de 2019

Entrevista a Mery Ann Garling

Se ha hablado mucho del G7 en este blog por haber tomado lugar su más reciente cumbre en la localidad costera vasca de Miarritze.

Pero la realidad es que la oligarquía vasca tiene largos tentáculos, tal como nos muestra esta entrevista dada a conocer por La Haine:


Resumen Latinoamericano entrevistó a Mery Ann Garling, compañera chilena que vive en Euskal Herria desde hace 13 años. Trabaja activamrnte en la visibilización del pueblo mapuche dentro de la agrupación que se llama Wallmapu Euskal-Herria Elkartea. Desde allí se solidarizan y denuncian la represión que sufre el pueblo mapuche. Por otro lado, también milita en un grupo de feminismo comunitario en el pueblo de Ortuella, que se llama Ahotsenea Elkartea, donde además de tener el punto de vista feminista, también rescatan el espacio público del antiguo matadero con trabajo comunitario, con vivencias de la comunidad, volviendo a generar redes y relaciones interpersonales siempre en el espacio de la comunidad.

-En América Latina hablamos del feminismo comunitario, es aquel que llevan adelante las mujeres originarias. ¿Cómo ves desde aquí esa visión del feminismo?

-Desde aquí es un tanto complejo. Principalmente en términos de lo que es el feminismo comunitario somos las mujeres de Abya Yala las que llevamos un poco dentro, sin focalizarlo como feminismo. Hay que siempre acordarse que el feminismo comunitario parte de llamarse feminismo para poder dar una voz dentro de lo que son los feminismos, porque habitualmente se entendía sólo un feminismo, que es el occidental. Entonces, es un trabajo tal vez muy invisible para lo que es Occidente, pero para lo que somos las mujeres de allá significa cómo nos relacionamos con el mundo, no sólo entre nosotras sino que nosotras con la tierra, nuestros pares, los compañeros. Además , visibilizar este sentido de encarar la vida desde el Buen Vivir.

-¿Cómo viven las mujeres migrantes en Euskal Herria? ¿Cómo trabajan ese tema?

-Las mujeres migradas no dejamos de ser un segmento marginado dentro de lo que es el feminismo occidental, desde mi visión porque somos mujeres de “segunda”. Desde aquí siempre se han entendido los cuidados como cuidados globales, las mujeres migrantes no venimos a hacer cuidados globales a Europa, migramos por múltiples factores y opresiones que te hacen migrar, no migramos porque queremos hacerlo. También, hay una parte de la población, tanto mujeres como chicos, que lo hacemos por opción, pero habitualmente la migración no es una opción, está la migración económica, educacional, forzada, que es la que en estos momentos más se da. Entonces, siempre es complejo tener aquí el espacio porque las mujeres migrantes no somos parte de esto, somos estructuralmente distintas, nuestras relaciones son distintas, acá sí tenemos espacios muy limitados de trabajo, siempre tenemos una lucha. Habitualmente lo que hacemos es interpelar el feminismo occidental, este feminismo blanco que se olvida que somos mujeres, no queremos venir al norte a cuidar a otros hijos, sólo a hacernos cargo de los trabajos precarios que no se quieren. Dentro de los mismos movimientos feministas nunca se visualiza esa situación y ahí tenemos una pelea reivindicativa constante que se suele hacer acá.

-Dentro de los feminismos comunitarios la lucha fundamental es por la Madre Tierra, por el territorio, de hecho se habla de cuerpos-territorio directamente para sentirse parte de la Madre Tierra, de la Pachamama. ¿Cuál es el trabajo que están haciendo aquí contra estas empresas extractivistas, hidroeléctricas, y todas las que están arrasando con las vidas de las personas, de los pueblos y de la tierra de América Latina y del mundo?

-Un poco para volver al tema de la pregunta anterior y unirlo a esta, para nosotras también es súper importante cuando acá se toman los conceptos y se malentienden. Nosotros efectivamente hablamos del cuerpo y territorio porque el cuerpo es la primera lucha, es el primer reconocimiento como territorio. Entonces, primero quería aclarar que para nosotros el cuerpo es parte de este cuerpo-territorio porque es nuestro primer territorio, no podemos luchar por otro territorio sin luchar por nuestro propio territorio y hacer una reivindicación de eso.

Ahora, con relación a las empresas lo que hemos hecho a nivel internacional, y sobre todo en Europa, es trabajar en contra del extrativismo, hacer visible que la responsabilidad de lo que está pasando en Abya Yala proviene de Europa y este continente el que tiene que hacerse cargo. Este nuevo proceso de colonización, porque la colonización nunca ha parado sino que va cambiando las caras, tiene que ver con las empresas que son europeas. También dentro de Abya Yala, en Argentina, Chile y otros lugares hay empresas que son de los territorios, pero siempre se parte de una multinacional o una gran empresa que son de intereses europeos.

Entonces, lo que estamos haciendo primero, más allá de hacer una división territorial, es unir la voz de Abya Yala para decir cuales son las empresas y que están entrando a nivel de todos los territorios allá, de toda nuestra región, y luchar para que se hagan responsables, diciéndoles: son ustedes, empresas como RP Global, como todo lo que tiene que ver con la alimentación. Vamos identificando, contándole a la gente aquí que ya la solidaridad no es solo ir y abrazar a Abya Yala, sino que la solidaridad para nosotras es hacer que la gente se haga responsable. Hacer esto en Europa significa hacer responsable a los ciudadanos europeos para poder denunciar, no necesitamos solo que vayan allá a apoyarnos en las luchas que nosotros necesitamos, es tomar conciencia que el problema parte de acá, como el problema de las armas que parte de Bizkaia (Euskal Herria), no en otro sitio. Entonces, es un poco ir identificando las empresas, los gobiernos que subvencionan, para luego hacer la denuncia.

-¿Cómo hacen este tipo de militancia o activismo? Me imagino que contagiando a todos estos movimientos internacionalistas o de solidaridad. ¿Cómo hacer para que en Europa, en esta forma de vida capitalista brutal y de despilfarro, anide en la izquierda una conciencia de ese despilfarro?¿cómo empezar a vivir muchísimo más humildemente para que otros pueblos no pasen hambre?

-La verdad es que es un trabajo complejo. Nosotras siempre hacemos una crítica, a ver si en algún momento se vuelve constructiva, de cómo el capitalismo ha hecho en las izquierdas europeas una división profunda, por un lado va el feminismo, por otro el ecologismo, la lucha obrera, han seccionado a tal extremo, que a veces escuchar nuestro discurso les suena muy raro. Entonces, nosotras lo que intentamos hacer primero son charlas diciendo cómo se trata de una sola lucha, no son luchas seccionadas sino una sola, y cómo nosotras podemos llegar a esa lucha. Lo primero que hacemos es que cada una de las gentes que están en la red internacional de denuncia contra el extractivismo puedan desde lo local, desde la base que es el pueblo o la ciudad donde vive, ir denunciando para que la gente primero vaya siendo consciente, porque lo invisible no se ve. Cuando se comen un plátano no hacen el recorrido de dónde viene. Europa ha puesto de moda el aguacate, entonces todo el mundo lo come, pero el aguacate lo sacan de allá. Entonces, nosotras lo que hacemos primero es mostrar esa realidad. La gente tiene que saber y tenemos que explicar por qué gente, como por ejemplo Lolita Chávez que es una defensora de la Tierra, está expulsada no solo de su territorio sino que de muchos otros. Cómo poder hacer que esa lucha se entienda, porque no se entiende sólo como una mujer feminista comunitaria que tiene que huir, sino el por qué la han expulsado y atacado. Ahí es donde nosotras entramos a hacer todo este otro apoyo de decir que hay empresas que realizan un saqueo alimentario, territorial, intelectual, el despojo intelectual que nos hacen a las mujeres y hombres de Latinoamérica es muy brutal. Entonces, vamos denunciando todas esas cosas desde lo local hacia poder hacer algún encuentro más grande, más acciones directas. Creemos que ya mucho palabrerío no está sirviendo y la idea es responsabilizar directamente a empresas como las francesas y como Amásplus que tienen energía “renovables y limpias”, nosotros vamos y decimos que no son limpias. La limpieza no tiene que ver con que pongan un cartel que diga “renovables”, porque esas empresas están en estos momentos en Guatemala y son de Florentino Pérez (N.de R: empresario y presidente del Real Madrid), que tiene otras empresas “renovables y limpias” que se subvencionan, pero lo que hacen es ir a los territorios empobrecidos para el “primer mundo”, porque la pobreza no es así, y saquean, se meten al río, meten sus empresas, las centrales hidroeléctricas, para luego poder abastecer ese tipo de proyectos. Claro, se habla de energías “limpias” sin tener conocimiento de lo que deja, entonces tratamos de aclarar todas esas cosas.

Otra cosa muy importante es la denuncia, que principalmente me toca a mí desde esta localidad de Euskal Herria, sobre cómo el gobierno vasco subvenciona, a través de una cosa que se llama multiminilocación, a las empresas vascas para que vayan a territorio latinoamericano, principalmente están yendo a Chile, a los países que no tienen el Tratado del Alba. Hay un convenio entre el Banco Mundial, el BID y el gobierno vasco para subvencionar a estas empresas, van allá y hacen el saqueo, hoteles, hidroeléctricas, soberanía alimentaria que no existe sino que lo que hacen es un despojo alimenticio desde allá, y traen productos para acá. En estos momentos hay 157 empresas que están subvencionadas por el gobierno vasco, o sea por todos nosotros también, que están yendo a hacer saqueo y despojo territorial. Entonces, principalmente es poder hacer esa denuncia y con eso poder hacer responsable a la gente que está metida en los parlamentos para que se hagan cargo, no se saca nada con firmar acuerdos si luego no se respetan. En Abya Yala están matándonos no solo de manera física, sino que lo hacen a través de nuestro primer recurso, como se dice en Europa, la tierra, que no es un recurso, lo que están haciendo es despojarnos de la naturaleza, del río, del agua, de todo lo que pueda implicar un bien económico para ellos.

-Un bien común…

-Lo que pasa que acá al bien común lo han convertido en un bien económico. Lo que han hecho es que por ejemplo el agua que es fundamental lo convierten en un centro de interés económico. Eso es lo que nosotras estamos denunciando porque no queremos que la gente siga saliendo de nuestros territorios, es súper sencillo. Hay un movimiento en África que se llama Dignidad Africana que lo deja muy claro cuando dice que no quieren migrar, que lo que tienen que hacer (las empresas) es salir, irse de sus países, así no va a haber migración y así también ellos poder tener un respeto hacia lo que es la naturaleza que es con quien conviven, y un sentido del Buen Vivir, no un recurso natural porque la Tierra no es eso. Eso también hay que entenderlo desde ahí.

-Estábamos hablando de la convivencia. Ahora la escritora cubana Zuleica Romay está trabajando justamente sobre que va a haber un momento que todas las poblaciones vamos a vivir mezcladas, con todas las culturas y etnias. ¿Cómo ves la convivencia de tantas culturas que vienen a Euskal Herria? ¿qué trabajo habría que hacer?

-Es muy difícil. Para mí ha sido súper duro darme cuenta que Euskal Herria es un lugar con muchísima cultura militante pero a la vez también es un lugar muy racista, y es muy penoso decirlo porque después de 13 años, que me ha costado, porque me ha roto parte de un imaginario maravilloso que tenía de solidaridad, me he dado cuenta de esta situación. Entonces, primero tenemos que hablar del libre andar, la gente no somos migrantes sino libres caminantes, creo que eso es lo primero que tenemos que entender para poder hacer un proceso de conveniencia, nosotros no vinimos a quitar trabajo, cultura, no somos los que estamos colonizando, estamos librecaminando. Cambiar esa intención que hacen los gobiernos, porque estas cosas vienen con una intencionalidad política atrás, están tratando de culparnos a los migrantes como si fueramos parte de la colonización y eso no es real, la colonización es una y nosotros somos personas que tenemos el derecho de caminar libremente porque las fronteras las han puesto quienes han inventado también los conceptos de países. No hay que seguir ese juego y ese es un debate que es importante que en Euskal Herria se tiene que dar desde la izquierda, si no lo hace va a ser muy poco probable que nos veamos horizontalmente, como pares, y es la única manera que podamos avanzar. Los invito también a que hagan esa reflexión, desde que Euskal Herria es un lugar colonizado, y hacer la diferencia conceptual entre lo que es la colonización y la migración me parece que también es importante para que luego nos podamos sentar todos y todas a luchar contra el verdadero colonizador.

-El Estado colonizador, dos en este caso, Francia, España y el Estado cultural colonizador Estados Unidos.

-Claro. Hay una cosa que se llama capitalismo, que es patriarcal, y que es contra lo que tenemos que luchar, no contra nosotros mismos. Eso se tiene que entender, pero es un debate que se tiene que dar, no podemos ser parte de un apartado migratorio como una política, tenemos que ser parte de una conversación constante, tiene que haber un nivel político de discusión en donde digamos cómo hacemos con esto, porque en estos momentos a nivel mundial hay mucho movimiento y ese movimiento hay que discutirlo. No podemos defender solo los intereses propios si no somos capaces de ver todo lo que está pasando en el entorno, o va a pasar que cuando Europa se quede sin agua vamos a ver el problema del agua, hay que verlo ahora, lo mismo es con la gente que caminamos por el mundo, tenemos que sentarnos y hablar.

Documento sobre las empresas vascas que expolian en Abya Yala (extracto)

Red Internacional de denuncia contra el extractivismo en Abya Yala, por la recuperación del agua y los diversos territorios.

Existen 100 proyectos vinculados con el BID y SPRI, (Agencia de Desarollo Empresarial del Gobierno Vasco, sociedad dependiente del Departamento de Desarrollo Económico e Infraestructuras.) manejados por empresas vascas 57 Chile Mexico Brazil y Peru, sin tener el dato exacto de las empresas que están en centro América, ya que la inversión supera los 14.000 milones de dólares para principalmente proyectos energéticos, el sector energético contribuye con el 75% de las emisiones de gases de efecto invernadero de los teritorios, después de energía siguen inversiones como Trasporte y gas.

La estrategia empresarial en Abya Yala es principalmente sulegada en bloque, no solo en su ocupación territorial sino también lega n como un bloque económico de inversión, generando expectativas falsas en la población y ocupando un espacio de aprovechamiento de las necesidades económicas a las que se enfrentan las y los ciudadanos de países empobrecidos por la gran brecha existente de la distribución de los ingresos económicos.

Hoy en día, existe una cantidad de aproximadamente más de 60 empresas vascas subvencionadas por gobierno vasco en los términos de “inversión de proyectos de expansión” quienes firman contrato de suministros de servicios, equipos y obras. De esta manera, justifican la inversión y aún más, otorgan incentivos en la construcción inmobiliaria con uso de energías limpias. Situación que conlleva la llamada- puertagiratoria económica, es decir, los dineros salen y entran a Europa. A través de los contratos, impuestos, gerencias de empresas entre otros.

Para elesclarecimiento de los asesinatos que se perpetúan en AbyaYala por la invasión de la nueva colonización, como es el sistema extractivo, es necesario realizar un informe paralelo de la ONU, en relación a los datos y cifras de criminalización, asesinato y encarcelación de defensores de la tierra.

Con relación a la fabricación de armas y la responsabilidad del Gobierno Vasco en la fabricación de piezas, no solo para la construcción de armas de pequeño calibre sino también en piezas para armas de gran calibre como son los medios de trasportes aéreo y terrestre, siendo también financiadas a través de subvenciones y justificándolo legalmente con que no es una fabricación de armamento, sino mas bien unapieza suelta dentro de un proceso de fabricación, por lo que no loc onsideran venta de armas.

Estos inversores privados y estatales, ven a nuestros territorios com o una Multilocación productiva para Euskadi, es decir , una expansión comercial en energía, trasporte, automóvil y aeronáutica y herramientas. (el economista.es).

Empresas como BBVA, Ibedrola, Gamesa, Corporación Mondragon, entre otras empresas de distintos sectores de las 133 empresas vascas que tienen relación comercial con Abya Yala, cuentan con 58 fábricas y 72 delegaciones comerciales en territorio de América del sur y del norte.


Texto completo en: https://www.lahaine.org/fO7V






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viernes, 1 de diciembre de 2017

La Gesta Antineoliberal Mapuche

En días recientes la gesta que libran los mapuches en contra de las políticas neoliberales de los gobiernos argentino y chileno se ha visto vizibilizada por el caso de Santiago Maldonado, desaparecido y asesinado en misteriosas condiciones, así como el de el joven Rafael Nahuel, muerto la semana pasada en una operación represiva en contra de una okupa reivindicativa.

Al respecto, les compartimos este reportaje dado a conocer por DesInformémonos. Por las circunstancias nos vemos forzados a aclara que el autor, Dario Aranda, se equivoca al cerrar el texto con un párrafo que además sobra, como el infame "párrafo de los 800", mismo en el que comete un error garrafal al decir que tanto ETA como las FARC son organizaciones paramilitares cuando en realidad son exactamente lo contrario. De hecho, durante décadas los gobiernos de Madrid y Bobotá utilizaron paras en su guerra sucia en contra de estas organizaciones revolucionas, así como los paras que utilizan Santiago y Buenos Aires en contra de los mapuches.

Aclarado el asunto, aquí el texto:


Dario Aranda

“Los indígenas no aceptamos el extractivismo. Y vamos a morir luchando contra las mineras, petroleras, empresas transgénicas. Por eso nos consideran un peligro”. Los líderes mapuches se defienden y contestan los discursos que los tratan de separatistas, terroristas o cosas peores. “La plurinacionalidad no es una propuesta separatista ni excluyente. Por el contrario, es una herramienta para la unidad en la diversidad”. Se encargan de explicar lo que – parecía- ya estaba dado: la propia legislación argentina reconoce los derechos de los pueblos originarios. Pero no se cumple. Por qué: las presiones de terratenientes y empresas como Benetton. La operación de los medios. El rol del modelo económico. Y un genocidio que no termina. Darío Aranda explica en esta nota el marco de la avanzada del gobierno contra los mapuches, en medio de la desaparición de Santiago Maldonado.

  • El modelo extractivo: petrolero, minero, agropecuario, forestal.
  • Una multinacional (Benetton) con directa influencia en el poder político y judicial.
  • Políticas de Estado de despojo y sometimiento.
  • Un genocidio que jamás tuvo su “nunca más”.

Sólo algunos de los elementos detrás de la campaña que pide represión para el Pueblo Mapuche.

Extractivo

Durante el menemismo se aprobó la ingeniería legal que dio pie a la profundización del extractivismo en Argentina: leyes mineras, privatización de YPF, ley forestal, aprobación de transgénicos con uso de agrotóxicos. Pero la implementación en los territorios se dio durante el kirchnerismo. Dos ejemplos: se pasó de 40 proyectos mineros en estudios (en 2003) a 800 proyectos (en 2015); de 12 millones de hectáreas con soja transgénica se pasó a 20 millones (22 en la actualidad).

El macrismo continúa esa línea: quite de retenciones a la minería, baja de retenciones al agro, flexibilización laboral para  trabajadores petroleros. Más extractivismo, más avance sobre territorios rurales, donde viven pueblos indígenas y campesinos.

Amnistía Internacional contabilizó un piso de 250 casos conflictivos, entre los que detectó un punto en común: detrás siempre hay empresas (agropecuarias, petroleras y mineras, entre otras), que actúan en complicidad, por acción u omisión, de los gobiernos.

Cómo sucedió con la Campaña del Desierto, que tenía como fin económico incluir tierras al mercado capitalista, la Argentina del Siglo XXI repite la historia de avanzar sobre los pueblos indígenas.

Preexistente

“Mapuche” significa en mapuzungun “gente de la tierra”. Los mapuches, como todos los pueblos indígenas del continente, son a partir del vínculo con el territorio. De allí proviene su historia, su cultura, su filosofía, su vida y de ese territorio dependen sus hijos, nietos y su futuro como pueblo.

Un argumento falaz para atacar a los indígenas del sur es que decir que son chilenos. Los pueblos indígenas tienen miles de años de historia, y el Pueblo Mapuche en particular existe desde muchos antes de la conformación de los Estado-nación. Es decir, son previos a la existencia de Argentina y Chile. El artículo 75 de la Constitución Nacional lo reconoce: “Reconocer la preexistencia étnica y cultural de los pueblos indígenas argentinos. Garantizar el respeto a su identidad y el derecho a una educación bilingüe e intercultural; reconocer la personería jurídica de sus comunidades, y la posesión y propiedad comunitarias de las tierras que tradicionalmente ocupan; y regular la entrega de otras aptas y suficientes para el desarrollo humano (…). Asegurar la participación en la gestión referida a sus recursos naturales y a los demás intereses que los afecten”.

Ante cada campaña mediática de ataque a los mapuches, académicos repudian las falsedades de sectores periodísticos. En enero pasado, investigadores del Conicet escribieron un texto que resume cientos de estudios académicos: “Afirmamos que los mapuches no son araucanos de origen chileno y no exterminaron a los tehuelches (…) Los mapuches no son “indios chilenos”, sino pueblos preexistentes. Esto significa que vivían en estos territorios antes de que existieran los Estados y que había mapuches en lo que hoy es Argentina”.

Periodismo represivo

“Denuncian vínculos de grupos mapuches con las FARC (Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia)”, tituló el diario Perfil el domingo 8 de enero en un extenso artículo, referido al conflicto del Lof (comunidad) Resistencia Cushamen con la empresa Benetton. La nota, firmada por Cecilia Moncalvo, acusó: “A medida que aparecen más datos, la acción de (Facundo) Huala y su grupo puede ser leída como el germen de una forma violenta de protestar y de hacer política. Hay datos, como que en zonas limítrofes la Gendarmería envió más personal, mientras que diputados chilenos y periodistas y productores argentinos mencionan a las FARC colombianas como parte de la financiación del grupo (…). Abre interrogantes sobre una zona liberada previamente y de tráfico de armas de Argentina a Chile. Facundo Jones Huala sería el nexo”.

Dos días después, el martes 10 de enero, hubo feroces represiones sobre el Lof Mapuche. Una por la mañana (Gendarmería Nacional). Otra por la tarde (policía de Chubut). El miércoles se produjo un tercer operativo violento. Tres represiones en dos días. Una cacería de mapuches. Una decena de presos. Otro tanto de heridos. Dos de gravedad. La imagen de Fausto Jones Huala, con un balazo en el cuello, recorrió el país.

A la campaña anti-indígena se sumó el diario Clarín, con un extenso artículo anunciado en tapa el domingo 22 de enero y doble página interna. “Facundo Jones Huala, el mapuche violento que le declaró la guerra a la Argentina y Chile”, fue el título, firmado por Gonzalo Sánchez. Citó en seis oportunidades voces oficiales del Ministerio de Seguridad de Nación, Cancillería y Secretaría de Seguridad. Todas voces en “off”, sin nombre ni apellido, que acusan al Lof Cushamen de hechos tan insólitos como ajenos a la realidad. Según Clarín:

-Los mapuches están vinculados a grupos kurdos y a la ETA del país Vasco.

-Recibieron financiamiento del kirchnerismo.

-Afirma que el Lof Cushamen ocasionó incendios, secuestro de personas e intento de asesinatos, entre otros hechos.

No se aporta ninguna prueba de todos estos hechos. Sólo la opinión del gobernador Mario Das Neves y voces en off.

Gonzalo Sánchez, autor de la nota y editor del diario, repite lo de Cecilia Moncalvo en Perfil: vincula al Lof Cushamen (y a Jones Huala) con la organización Resistencia Ancestral Mapuche (RAM), cuando la comunidad nunca ha declarado ser parte de esa organización. Segunda coincidencia: Sánchez no otorga ni una línea a la voz del Lof Cushamen, ni de sus abogados, ni de las organizaciones de derechos humanos que acompañan.

Infobae no se quedó atrás. “Violencia, anarquía y apoyo externo: el perfil de dos grupos mapuches que tienen en vilo a Chile y la Argentina”, tituló el 9 de agosto un artículo de Martín Dinatale, con todas voces en off y ninguna entrevista a mapuches. Un artículo que podría haber sido escrito por Patricia Bullrich.

Insólita la nota de Claudia Peiró en Infobae. Acusó a los mapuches de estar financiados por ingleses. “The Mapuche Nation, el pueblo originario con sede en Bristol, Inglaterra”. No aporta una sola prueba que acredite esa relación.

Clarín retrucó. “Jones Huala redobla la apuesta: llamó a la rebelión y la lucha armada. Desde el penal donde está detenido, el referente mapuche convocó abiertamente a la acción violenta”. Firmada por el corresponsal el Bariloche, Claudio Andrade, conocido de las organizaciones mapuches por sus continuas que rozan el racismo.

Por otro lado, también sobresalen comunicadores, intelectuales, artistas y políticos no dudaban en echar sospechas sobre el líder qom Félix Díaz de Formosa y, al mismo tiempo, silenciar las atrocidades del gobierno feudal de Gildo Insfrán. Figuras radiales afines al kirchnerismo relativizaban el reclamo qom y hasta hacían entrevistas condescendientes a Insfrán. En el “mejor de los casos”, se llamaban a silencio ante la violación de derechos. El periodismo afín al kirchnerismo apoyó fervientemente la explotación petrolera en Vaca Muerta, aunque allí se violaban derechos indígenas y también se reprimía (y se reprime). Con el macrismo en el poder, esos mismos periodistas, intelectuales y artistas se horrorizan y repudian la violencia que sufren los mapuches.

Periodistas de uno y otro lado tienen una coincidencia: escriben sobre un hecho sin recorrer el territorio. No visitan (ni visitarán) las comunidades indígenas. Son periodistas de escritorio. Y sus mentiras repercuten de la peor manera: legitiman represiones.

Genocidio

Robo de bebés. Desaparición de personas. Torturas. Campos de concentración. Asesinatos.

Lo sufrió la sociedad argentina en manos de la última dictadura cívico-militar.

Lo sufrió el pueblo judío en manos del nazismo.

El Pueblo Mapuche también padeció robó de bebés, desaparición de personas, torturas, campos de concentración, asesinatos. Pero no hubo jamás pedido de perdón, tampoco reparación ni justicia. No hubo un “nunca más” para lo sufrido por los pueblos indígenas.

Diana Lenton, doctora en antropología y docente de la UBA, lo resume así: “El Estado se construyó sobre un genocidio. Se requirió que no hubiera más diversidad interna. Se anulan los tratados con los indígenas, el Estado se garantizó que no iban a interferir en la constitución de ese Estado. Es lo que se llama genocidio constituyente, son genocidios que dan origen a un Estado”.

Recuperaciones

“Wiñomüleiñ ta iñ mapu meu” significa en idioma mapuche “territorios recuperados”. Es un anhelo, una práctica reivindicatoria y, sobre todo, un derecho de los pueblos originarios volver a parcelas que les fueron arrebatadas en el pasado. En los últimos quince años, y luego de agotar la instancia administrativa y judicial, el Pueblo Mapuche recuperó 250 mil hectáreas que estaban en manos de grandes terratenientes.

Los pequeños burgueses urbanos deben permanecer tranquilos: los indígenas no ocuparán los departamentos en Palermo o Recoleta, ni les interesan las mansiones de Nordelta. Sólo vuelven a las tierras de sus antepasados que hoy están en manos de grandes empresas.

Los legalistas también deben estar conformes: las recuperaciones territoriales están respaldadas por tratados internacionales, que tienen rango superior a las leyes locales.

“Siempre que sea posible, los pueblos indígenas deberán tener el derecho de regresar a sus tierras tradicionales en cuanto dejen de existir las causas que motivaron su traslado y reubicación”, detalla el artículo 16 del Convenio 169 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que tiene rango superior a las leyes nacionales. El artículo 14 también apunta: “Deberán tomarse medidas para salvaguardar el derecho de los pueblos interesados a utilizar tierras que no estén exclusivamente ocupadas por ellos, pero a las que hayan tenido tradicionalmente acceso para sus actividades tradicionales y de subsistencia”.

La Declaración de las Naciones Unidas (ONU) sobre Derechos de los Pueblos Indígenas, aprobada en septiembre de 2007, remarca en su artículo 10 “la opción del regreso” frente a los desplazamientos forzados y, en su artículo 28, legisla que “tienen derecho a la reparación, por medios que pueden incluir la restitución (…) por los territorios y los recursos que tradicionalmente hayan poseído u ocupado o utilizado de otra forma y que hayan sido confiscados, tomados, ocupados, utilizados o dañados”.

“Las comunidades indígenas en la jurisprudencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH)” es el título del trabajo sobre Derecho internacional de Rolando Gialdino, ex secretario de Derechos Humanos de la Corte Suprema de Justicia de la Nación, el máximo tribunal del país. Al analizar la acción de la CIDH, abordó la posesión ancestral: “Los miembros de los pueblos indígenas que involuntariamente han perdido la posesión de sus tierras, y éstas han sido trasladadas legítimamente a terceros inocentes, tienen derecho de recuperarlas o a obtener otras tierras de igual extensión y calidad”.

La recuperación territorial implica mucho más que hectáreas: instala una concepción diferente de la tierra, que interpela el concepto de propiedad individual en busca de rentabilidad y lo suplanta por un espacio de ocupación colectivo, “territorio ancestral”, imprescindible para el desarrollo como pueblo originario.

Benetton

En 2007, la comunidad mapuche Santa Rosa Leleque volvió al territorio indígena: recuperó 625 hectáreas dentro de lo que entonces era parte de la estancia Leleque de Compañía de Tierras Sud Argentino (Grupo Benetton), ubicada entre Esquel y El Bolsón. El caso tomó repercusión nacional e internacional. Rosa Rúa Nahuelquir y Atilio Curiñanco, autoridades de la comunidad, viajaron a Roma junto al Premio Nobel Adolfo Pérez Esquivel. Se entrevistaron con la familia Benetton, que prometió la donación de tierras dentro de Chubut. Pero la compañía sólo ofreció parcelas que eran improductivas.

La comunidad no aceptó y aclaró que los pueblos indígenas no aceptaban “donación” sino “restitución” por tierras que habían sido robados por privados. La causa avanzó en tribunales, hubo intento de desalojos, pero la comunidad permaneció en el lugar. Benetton nunca aceptó la derrota entre otras cosas porque habilitaría que otras comunidades repitieran la acción.

En noviembre de 2014, el Estado (provincial y nacional) finalizó el relevamiento territorial de la comunidad Santa Rosa Leleque. En el marco de la Ley Nacional 26.160 reconoció la posesión y uso de las 625 hectáreas por parte del Pueblo Mapuche. La comunidad siempre denunció las irregularidades en el título que adquirió la compañía Benetton (explicadas en detalle en el libro “Ese ajeno sur”, del investigador Ramón Minieri).

El 13 de marzo de 2015 se produjo una nueva recuperación territorial en la estancia Leleque de Benetton. “Actuamos ante la situación de pobreza de nuestras comunidades, la falta de agua, el acorralamiento forzado hacia tierras improductivas y el despojo que se viene realizando desde la mal llamada Conquista del Desierto hasta la actualidad por parte del Estado y grandes terratenientes. Sumado a esto la inmensa cantidad de reiñma (familias) sin tierra donde poder siquiera subsistir dignamente”, explicó como fundamento de la acción el comunicado firmado por Lof en Resistencia del departamento de Cushamen y el Movimiento Mapuche Autónomo (MAP).

Ya no era un sólo mal ejemplo. Ya eran dos. Y pueden ser más.

Benetton descargó todo su maquinaria legal contra los mapuches y contrató una agencia internacional de prensa y lobby (JeffreyGroup) para una campaña mediática, tanto a nivel provincial como nacional. El responsable en Argentina de JeffreyGroup es Diego Campal, que se presenta como “especialista en resolución de conflictos y gestión de crisis”.

Periódicamente llegaban las gacetillas de prensa y fotos en alta definición de los “atentados” que sufría la estancia  Benetton. Sus principales destinatarios: el diario Jornada (Chubut), Río Negro (el más leído de la Patagonia), Clarín y La Nación. Los mismos comunicados llegaban al despacho del gobernador de Chubut, Mario Das Neves, y sus ministros.

La campaña mediático daba sus primeros pasos y vinculaba a los mapuches con grupos paramilitares (ETA, FARC).






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