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sábado, 20 de diciembre de 2025

El Legado de un Cráter

Un aniversario más de la acción de ETA que terminó con la vida del delfín de Francisco Franco, el Almirante Luis Carrero Blanco.

Aquí traemos a ustedes este relato publicado en la página de Facebook titulada Storia politica di ETA e dei Paesi Baschi:


El cráter del régimen

El 20 de diciembre de 1973 hacía una mañana gélida en Madrid. A las 9.35, un Dodge Dart negro avanza por la calle de Claudio Coello, en el barrio de Salamanca de Madrid, junto a un edificio de los jesuitas. En su interior se encuentra el presidente del Gobierno y delfín de Franco, almirante Carrero Blanco, acompañado de su chófer y un inspector de policía. A la altura del número 104, el coche se ve obligado a torcer a la derecha porque un Austin en doble fila le obstaculiza el paso. En ese momento, a las 9.36, Jesús Zugarramurdi, Kiskur, da la señal a su compañero José Miguel Beñarán, Argala, que, subido a una escalera y camuflado con un mono de electricista, aprieta el botón.
Al instante, el suelo se abre y el coche de Carrero con sus dos acompañantes se eleva 35 metros, salta por encima del edificio y se estampa en el alero del patio interior del convento. Se produce un gran estruendo, caen cascotes y se levanta una gran polvareda. En medio de la confusión, Kiskur y Argala gritan “¡gas! ¡gas!” mientras salen corriendo en dirección a la calle de Diego de León. En la esquina con Lagasca les espera al volante de un automóvil el tercer miembro del comando, Javier Larreategi, Atxulo. El coche enfila hacia la glorieta de Rubén Darío, y delante de la Escuela de Policía, en la calle de Miguel Ángel, los de la ETA cambian de vehículo y se dirigen a su refugio en la calle del Hogar de Alcorcón (Madrid), donde se esconderán durante varios días.

Mientras, en los alrededores de Claudio Coello el caos es total. Carrero, al que tardan minutos en localizar, muere a las 10.15 en el hospital. Lo mismo sus dos acompañantes. Los servicios de información no confirman la autoría del atentado hasta las cinco de la tarde. A las once de la noche, ETA, en un comunicado emitido por Radio París, lo reivindica, y una hora después lo confirma el vicepresidente del Gobierno, Torcuato Fernández-Miranda.

Los tres militantes de ETA permanecerán escondidos hasta fines de mes en el refugio de Alcorcón, del que les sacará su contacto en Madrid, Eva Forest. Un camión les trasladará luego a Hondarribia (Gipuzkoa). Desde allí alcanzarán Francia tras cruzar el río Bidasoa.

La historia de este atentado se remonta al año 1972. Ángel Amigo, militante de ETA entonces, detenido en 1973 y productor de cine desde 1980, con numerosos documentales y premios a sus espaldas, comenta que Argala, a sus 23 años, se había convertido en persona de confianza de los líderes de aquella ETA: Eustakio Mendizábal, Txikia; Txomin Iturbe e Iñaki Múgica Arregui, Ezkerra. 

Durante 1972 viajaba con frecuencia a Madrid con la triple pretensión de establecer contactos con la izquierda española, montar infraestructuras y tantear las posibilidades de atentar en la capital para quitar presión sobre su organización en Euskadi.

Argala encuentra lo que buscaba en Eva Forest, casada con el dramaturgo Alfonso Sastre, disidentes del Pce. Comparten la simpatía por los movimientos de liberación — en Vietnam, Latinoamérica, Palestina... — y Argala les convence de que ETA está inmersa en esa lucha antiimperialista, dice Amigo.

Eva Forest ofrece a Argala una información muy valiosa: Carrero, el sucesor de Franco, vicepresidente del Gobierno entonces, acude diariamente a misa, a la misma hora, en los jesuitas y solo va acompañado de un escolta. Cuando Argala lo confirma en persona, se queda perplejo.

Amigo recuerda que en 1977 Eva Forest — fallecida hace seis años — le contó que escribió un relato del atentado, Operación Ogro, salpicado de pistas falsas para proteger a los participantes del atentado, entonces en la clandestinidad. Forest lo redactó con la participación de los miembros del comando, tan solo tres meses después del atentado, en la villa de Marc Legasse, en Ciboure (Francia), y lo publicó con el seudónimo de Julen Aguirre. Una de esas pistas falsas contaba que el comando huyó por Portugal cuando la realidad es que permaneció oculto en Madrid varios días.

Ella misma se camufló tras otra pista falsa. Para protegerse, creó un personaje literario al que atribuye la cita con Argala en la cafetería Mindanao, en la calle de San Francisco de Sales de Madrid, y la información sobre las sorprendentes rutinas de Carrero. De ese personaje nace la leyenda de que fue la CIA la que inspiró el atentado. Una leyenda porque en ningún documento de la CIA desclasificado existe referencia alguna al atentado, insiste Amigo. Sin embargo, proliferan los libros que señalan la autoría intelectual de la CIA.

El que fue jefe de los servicios secretos del País Vasco — el embrión del Cesid — entre 1972 y 1979, el general Ángel Ugarte, ya retirado, es rotundo: “El atentado contra Carrero Blanco lo ejecutó ETA con logística de los comunistas españoles”, en alusión a Eva Forest y su red de relaciones de la izquierda en Madrid. “Los etarras no sabían moverse bien en Madrid y fue Forest, muy bien relacionada en la capital, la que les hizo de guía”.

Otro argumento de peso que desmonta la hipótesis de la CIA como inspiradora del atentado es la actitud de ETA, añade Amigo: “Cuando Argala informa a los jefes de ETA — Txikia, Txomin y Ezkerra — de sus pistas sobre Carrero, lo que se plantean no es matarle, sino secuestrarle para conseguir a cambio la liberación de los 150 presos que tenía ETA”.

A fines de 1972, Argala, acompañado de Ignacio Pérez Beotegi, Wilson, y de Javier Larreategi, Atxulo, se instalan en Madrid para preparar el secuestro. Como son conocidos, la dirección de ETA, para justificar su ausencia, dice que están sancionados.

Calculan que para secuestrar a Carrero y neutralizar a su escolta dentro de la iglesia necesitarán tres comandos de cuatro personas. Alquilan casas nuevas y una tienda de ropa próxima al estadio Santiago Bernabéu con la pretensión de retener al secuestrado. Esos movimientos culminan en abril. Pero en abril ETA sufre dos contratiempos. La tienda de ropa es asaltada una noche por unos cacos, lo que les obliga a abandonarla, y Txikia, su jefe, muere en un enfrentamiento con la policía en Algorta (Bizkaia).

Tras el fallecimiento de Txikia, en mayo, la dirección de ETA tiene la osadía de convocar una reunión en Getafe (Madrid) para estudiar sus consecuencias. En esos meses, el trasiego de dirigentes y liberados de ETA a Madrid es constante, cerca de treinta. Así, para sustituir la tienda de ropa, construyen un zulo en un piso en la calle del Hogar de Alcorcón que ha proporcionado Forest, con la pretensión de encerrar allí a Carrero. Con Antonio Durán, albañil y exmilitante del Pce, trabajan en el zulo hasta una decena de militantes con Argala de capataz.

Ugarte, entonces jefe de los servicios secretos en el País Vasco, cree que “hoy sería impensable. La policía y la Guardia Civil tenían entonces un gran desconocimiento sobre ETA. La información era muy elemental y no había coordinación. Se despreciaba el peligro de la banda. Es falso que desde arriba se dejara hacer el atentado. Nadie se enteró de sus preparativos y puedo asegurar que nos cogió desprevenidos a nosotros y al régimen, que entonces estaba preocupado, sobre todo, porque Franco se moría”.

Ángel Amigo confirma, por su propia experiencia, cómo aquella policía solo utilizaba la represión, y no la información. Coincide con Ugarte en que a Txikia lo mataron cuando lo podían haber detenido. Y recuerda una anécdota surrealista cuando le detuvo la Guardia Civil en 1973. Le preguntaron “por dónde venían”, y al contestarles que “indistintamente”, le sacudieron hasta que dijo que “por los dos lados”, porque la respuesta anterior era de “intelectuales”.

El 9 de junio, ETA se encuentra con la sorpresa de que Franco nombra a Carrero presidente del Gobierno, lo que empuja a su dirección a aplazar hasta septiembre su decisión. Deciden que ese mes regrese el comando a Madrid, al que se le bautiza Txikia en homenaje al líder muerto. Wilson se queda en Francia por discrepancias internas y le sustituye Kiskur, que acompañará a Argala y a Atxulo con un nuevo responsable: Josu Urrutikoetxea, Josu Ternera.

El comando confirma que el ascenso de Carrero complica el secuestro al redoblarle la escolta. ETA se inclina por el atentado, pero duda cómo hacerlo. Ezkerra se traslada a Madrid para comunicarlo al comando. Al no ser ya necesaria tanta gente, abandonan todos los pisos menos los de Aluche y Alcorcón. El comando realiza algunas acciones para familiarizarse con Madrid: el 25 de septiembre asalta una armería y el 2 de octubre roba un fusil a un soldado de guardia en la Capitanía de Madrid, en la calle Mayor.

Es Argala quien despeja las dudas sobre cómo ejecutar el atentado. Al inicio de noviembre ve que en el 104 de la calle de Claudio Coello, por la que circula Carrero todos los días, se alquila un bajo. Vio enseguida el tipo de atentado. Excavar un túnel desde dentro hasta el centro de la calle y colocar allí un explosivo que haría saltar a Carrero a su paso. La dirección acepta la propuesta.

Para justificar el ruido para excavar el túnel desde el bajo alquilado. A fines de noviembre, Txomin y Ezkerra se trasladan a Madrid y comunican al comando que se ejecute la acción antes de fin de año. Excavan el túnel, con muchas dificultades, entre el 7 y el 15 de diciembre, aprovechando la experiencia de Argala, que en 1970 excavó en las cercanías de la prisión de Burgos otro túnel para tratar de liberar a los presos etarras. Ezkerra y Txomin traen los explosivos. Fijan la fecha para el 19 de diciembre, pero la retrasan al 20 porque se anuncia que ese día visita Madrid el secretario de Estado norteamericano, Henry Kissinger, y la Embajada norteamericana está muy cerca del lugar del atentado. Ese cambio hará coincidir el atentado con el inicio del Juicio 2001 contra los líderes de Comisiones Obreras, pero ETA no lo tiene en cuenta. Los días 17 y 18, los tres miembros del comando, que se quedan solos en Madrid, aprovechan para hacer las maletas y realizar un simulacro de la acción.

El 20 de diciembre, a las ocho de la mañana, visitan por última vez el agujero de Claudio Coello para colocar las cargas: 75 kilos repartidos en forma de “T”. Desde las nueve de la mañana, los tres miembros del comando se colocan en su posición para esperar a Carrero. A las 9.35 ven su coche enfilar la calle y un minuto después salta por los aires.





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domingo, 14 de septiembre de 2025

El Agente Turuta

Retornamos al caso de la víctima de terrorismo de estado español Txomin Letamendi con este reportaje publicado en El Diario:


De espía vasco en la CIA a torturado por el franquismo: una familia busca Justicia 75 años después para el agente Turuta

La Fiscalía ha accedido a conceder a los herederos de Txomin Letamendi, que presentaron una querella contra policías del régimen que fue archivado, una “declaración de hechos pasados” que saque a la luz su verdadera historia en la Guerra Civil y en la II Guerra Mundial

Iker Rioja Andueza

Apunta el diccionario 'Elhuyar' que, en euskera', 'turuta' significa corneta o clarín. Pero Txomin Letamendi era más bien trompetista, aunque empleó el apodo de Turuta en sus misiones como espía del Servicio Vasco de Información. El SVI fue la agencia creada durante la Guerra Civil por el Gobierno autonómico de lo que entonces se conocía como Euzkadi y que, en la II Guerra Mundial, se puso al servicio de la CIA y del FBI de Estados Unidos y de otras potencias aliadas contra los nazis y fascistas. A Letamendi, uno de esos agentes vascos al servicio de la CIA (conocida en la época por las siglas OSS), el propio lehendakari José Antonio de Aguirre le pidió en persona regresar a España en 1942 confiado en que el régimen franquista iba a caer. Pero no lo hizo. Y Turuta fue detenido. Y torturado. Y encarcelado. Falleció por esta causa en 1950. Sus herederos, a punto de cumplirse 75 años de la muerte del espía, presentaron en 2024 una querella contra dos agentes de la Policía franquista. Una magistrada archivó la causa. Pero la Fiscalía recurrió y ha abierto la puerta a que los Letamendi logren de la Justicia española una “declaración de hechos pasados”, es decir, una resolución que, aunque no tenga consecuencias, ponga negro sobre blanco que Turuta fue un héroe y no un peligroso faccioso. 

La historia de Turuta aparece de refilón en la memoria de la Fiscalía vasca de 2024, un documento puramente administrativo hecho público a comienzos de septiembre. Detrás de las anodinas cifras de una de las muchas diligencias mencionadas, las 53/2025, se esconde una vida de película. O de novela. Kirmen Uribe la recogió en 'La hora de despertarnos juntos'. Su esposa Karmele Urresti, pariente de Iñaki Anasagasti, el histórico dirigente del PNV nacido en el exilio de Venezuela, es una de las protagonistas.

El 20 de diciembre de 2024, al cumplirse 74 años de la muerte de Letamendi, trascendió que su familia había acudido a los tribunales. Presentaron una querella larga que tiene la misma cantidad de jurisprudencia y fundamentos legales que de historia de Euskadi, de España, de Europa y del mundo. Se explica que Letamendi nació en Bilbao en 1901. Se detalla su singladura como 'gudari' del PNV en la Guerra Civil, tanto en el frente de Bilbao como en la zona de Vitoria y Arrasate-Mondragón.

Pero los franquistas, auxiliados por alemanes e italianos, conquistaron todo el territorio vasco ya en el verano de 1937. Turuta pasó al exilio. Primero fue a París, al conocido palacio del 11 de la avenida de Marceau que ahora ha recuperado el PNV. “Es allí donde se puso a las órdenes del lehendakari” como un agente del SVI. Pero los nazis llegaron también a Francia. Su siguiente parada fue ya en América. En concreto, acabó en Venezuela. El SVI, en cambio, estableció su cuartel general en Nueva York. Allí trabó acuerdos de colaboración con la OSS (actual CIA), el FBI y también con el SOE británico. Todo esto está documentado en papeles secretos desclasificados ya tanto por Estados Unidos como por el Reino Unido. En España eso aún no es posible a falta de la reforma de la ley de secretos oficiales.

Un informe de la CIA titulado “Mission Letamendi” explica el regreso a España del espía. Fue a finales de 1942. Aparentemente, Aguirre le invitó a volver al interior. Necesitaba agentes sobre el terreno ante lo que intuía (equivocadamente) como la caída del franquismo en paralelo a las derrotas de Alemania e Italia. El lehendakari, como también describió la CIA, llegó a pedir armas a Estados Unidos para su plan para derrocar al régimen. El propio viaje, en el buque Buena Esperanza, fue una misión confidencial para la CIA ya que en él iba también el getxoztarra José Antonio de Sangróniz, embajador español en Venezuela. La tapadera de músico permitía al espía hacerse pasar como un inocente vasco apolítico que recorría el mundo y que era amigo de las hijas del diplomático. 

En 1945 acabó la II Guerra Mundial y, con ello, la luna de miel del SVI con Estados Unidos. Este país reinició sus relaciones diplomáticas con una España que ya no se estaba mostrando al mundo como amiga de las derrotadas Alemania e Italia. Letamendi fue arrestado en agosto de 1946 “con motivo de haber descubierto la Policía gubernativa de San Sebastián una valija con documentación clandestina con destino a Francia que puso de relieve la existencia de una amplia conspiración”. Según el franquismo, “todos los partidos políticos de izquierdas” -si bien el PNV era una formación católica y conservadora siempre operó del lado de los republicanos- estaban actuando subrepticiamente en el territorio nacional bajo instrucciones de autoridades en el exilio “para el derrocamiento del régimen establecido en España después de su guerra de liberación”.

Explica la familia que sufrió “graves torturas en comisaría”. Estuvo en prisión sin condena hasta mayo de 1947, es decir, nueve meses. Turuta optó por desplazarse a Barcelona, donde siguió trabajando como agente del SVI con los apodos de “Damián Landa” o “Darío Landa”. Pero fue arrestado nuevamente en septiembre de ese mismo año por la Brigada Político-Social. Otra vez más le decomisaron documentación interna de la oposición. Aquí se sabe que fue torturado por los agentes José Nogués Recoo y Fernando Escudero Arcocha. Son los dos nombres que aportó la familia a la Justicia. Hay más, pero no se han investigado. Lo dejaron “marcado” tanto física como psicológicamente. “No pudo revertir las secuelas”, abundan.

Fue procesado en 1948 y la Fiscalía militar pidió para él diez años de cárcel por delitos de espionaje. En febrero de 1950 llegó la sentencia condenatoria contra él tras un proceso sin garantías. Finalmente, le cayeron cinco años de reclusión por ser responsable de una “conspiración para la rebelión”. Estuvo preso en la propia Barcelona, pero también en Madrid y Guadalajara, según su expediente penitenciario. “Su estancia en prisión fue durísima” y llegó a dejar de comer. “Los muertos no comen”, contó otro reo sobre la delicada situación del torturado. En octubre le concedieron un indulto por su estado de salud. Estaba al “límite” cuando se reunió con su familia. El 20 de diciembre de 1950, estando en casa de un hermano en Madrid, falleció. 

Según explican fuentes judiciales, la magistrada de Donostia Silvia Villanueva admitió a trámite la querella -que insiste en la inaplicabilidad de la amnistía de 1977 porque los delitos contra la humanidad no prescriben- y pidió a la Policía Nacional un informe sobre los dos nombres facilitados por la familia. El cuerpo le dijo que uno de ellos no constaba en sus bases de datos y que otro, Escudero, había fallecido ya. Aunque no hace tanto, en 2013. La instructora interpretó que no había responsabilidad penal posible en esas circunstancias y cerró el expediente. Pero, en abril de este año, la Fiscalía solicitó que se pudiera utilizar la posibilidad de realizar esa “declaración de hechos pasados”. Es lo último que se conoce del recorrido judicial de Letamendi, pero al menos es una puerta abierta a su reconocimiento. La ley vasca de víctimas de violencia policial, por ejemplo, no atiende casos de esa época, aunque sí del tardofranquismo y la transición. 




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sábado, 30 de agosto de 2025

Egaña | El Marco Moral Europeo

Desde su perfil de Facebook nuestro amigo Iñaki Egaña hace cera y pabilo de sus paisanos europeos con este texto en el que no se salva nadie.

Adelante con la lectura:


El marco moral europeo

Hace ahora doce años, Europa, o al menos una parte de ella, hizo un par de reverencias de vasallo en las que llegó a tocar el suelo con su testuz. Sin inmutarse. Su señor, como desde el fin de la Segunda Guerra mundial, era Washington. Y en ambas ocasiones, a pesar de las circunstancias supuestamente adversas para sus intereses, la Unión Europea agachó la cerviz. En aquel verano de 2013, diversas filtraciones confirmaron que EEUU espiaba a gobiernos e instituciones europeas a través de un sistema llamado Prism. Barack Obama y Angela Merkel se reunieron para aplacar enfados y ofrecer unas explicaciones inexplicables. Condena del Parlamento europeo del espionaje y pelillos a la mar.

Coincidió que en Moscú se celebraba simultáneamente una cumbre de estados exportadores de gas. En esas fechas, Edward Snowden se encontraba aparcado en el aeropuerto de la capital de la Federación rusa, a la espera de la decisión del Gobierno de Putin sobre su decisión de asilo. Él fue, probablemente, quien filtró que EEUU, Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda espiaban a ciudadanos de todo el mundo, incluidos gobiernos, que robaban roban datos a escala planetaria y los utilizaban para sus propios fines. Washington había puesto precio a su cabeza, al igual que a la de Julian Assange que entonces se encontraba ya en la embajada de Ecuador en Londres.

Sucedió que a Evo Morales, presidente entonces del Estado Plurinacional de Bolivia y presente en la cumbre, se le ocurrió decir que en caso de que Snowden solicitara asilo en su país, se lo pensaría. Suficiente para que los analistas de la CIA o de la NSA, desconozco si los mismos que “descubrieron” armas de destrucción masiva en Irak, supusieran que en el viaje de vuelta a La Paz, Morales se llevaría en su avión a Snowden. Partió el aparato de Moscú y de inmediato el avión presidencial boliviano recibió la negativa de Italia, España, Francia y Portugal para que sobrevolara su espacio aéreo. Sin confirmar, algunas noticias de entonces sugirieron que Madrid intentó que el avión aterrizara en Canarias para que fuese el CNI o la Guardia Civil quienes descubrieran a Snowden acurrucado bajo el asiento de Evo. Mariano Rajoy, Pedro Morenes y Jorge Fernández Díaz eran la cúpula gubernamental, así que todo era posible. El avión de Morales aterrizó finalmente en Viena y el presidente estuvo retenido 13 horas hasta que los agentes no encontraron pista del supuesto fugado. Snowden seguía en Moscú, consiguió un permiso temporal de residencia, hasta que en 2022 se nacionalizó ruso.

Estos dos actos coincidentes de servilismo se han repetido en décadas, hasta la última entrevista de Úrsula von der Leyen con Donald Trump, estableciendo un “acuerdo económico” despreciable desde cualquier ángulo que hipotecará el futuro de los europeos de la Unión en los próximos años. Mark Rutte, ex primer ministro de Países Bajos y hoy secretario general de la OTAN, llamando “papá” a Trump escenifica en una expresión la infamia sistémica. Y, en esta deriva, pocos se salvan de la quema. Para la mayoría, incluida esa izquierda moderna y posmoderna, la Unión Europea iba a ser la panacea y la tabla de salvación para la economía mediterránea atrasada con respecto al motor alemán. Cuando el Parlamento español ratificó la firma del Tratado de Maastricht (Unión Económica, Política Exterior y Seguridad Común), únicamente tres parlamentarios del conjunto del hemiciclo votaron en contra del acuerdo de las elites. Los tres diputados que entonces tenía Herri Batasuna en Madrid. Las críticas abertzales se refirieron a una construcción económica gestionada por las elites capitalistas, marginando a los intereses de la clase trabajadora. El tiempo les dio la razón.

Hoy, sin embargo, manteniendo la reprobación a la sumisión y a la construcción económica y seguritaria de la Unión Europea, el hecho referencial se centra en una calificación que alcanza a las anteriores, Europa como cuna de las derechos humanos. Una ilusión forjada a través de la memoria de salón, a pesar de hayan existido decenas de experiencias abortadas comenzando por la Comuna de París. Una ficción que ha generado en las elites políticas y académicas una especie de superioridad moral que no se corresponde en los tiempos que vivimos con la realidad. Apoyando el genocidio en Palestina y alargando la guerra en Ucrania por intereses inexplicables. La Unión Europea y el Reino Unido están repitiendo su propia historia: exterminar durante siglos a los pueblos del planeta susceptibles de extraer sus recursos.

Este marco moral, asentado en una supuesta defensa de los derechos humanos, no tiene ni pies ni cabeza, porque la validez de los mismos ha estado y está sujeta a los valores económicos. Los 300.000 millones de dólares de los activos soberanos rusos congelados por la Unión Europea (principalmente en Bélgica y Francia), motivo de negociación en Alaska entre Putin y Trump, concitarán un nuevo crack, si como exige Washington, el embargo se levante con la condición de que parte de los mismos sea invertido en EEUU. ¿Qué pasará con París y Londres cuando se descubra que echaron mano de los activos congelados y no puedan devolverlos en su integridad? ¿Alargarán la guerra en Ucrania hasta el colapso? ¿O inventarán otro conflicto bélico en los Balcanes con una nueva fábula como la de las armas de destrucción masiva? ¿Dónde saquear? Pocos derechos humanos en la agenda.

La hipocresía con respecto a Palestina no tiene nombre. La citada Von der Layen, tal y como Berlín, París o Londres, derraman lágrimas de cocodrilo y muestran su supuesto malestar por la muerte por hambruna de centenares de niños. Mientras, un 5% del PIB para armamento y un soporte monumental a la estrategia genocida de Tel Aviv. El escenario está servido: polarizar para inflamar. No son buenos los presagios y aunque la historia no se repite ni siquiera como farsa, el futuro cercano incendia ya el presente. Y lo peor, que no sé si somos conscientes de ello.

 

 

 

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lunes, 31 de marzo de 2025

Entrevista a Bego y Karmen Galdeano

De la misma manera en la que se ha estado trabajando con ahínco para que el estado español no cubra con una pesada cortina de olvido e impunidad los miles de casos de tortura en contra de vascas y vascos, tampoco se debe permitir echar al olvido a las víctimas de la violencia paramilitar del Batallón Vasco Español y sus sucesivas reencarnaciones (GAL, AAA, ATE, etc.).

Aquí la entrevista al respecto que ha publicado Naiz:


«Esto te remueve, pero hay que seguir tirando para que el Estado reconozca al fin lo que hizo»

Bego y Karmen Galdeano Prieto | Hijas de Xabier Galdeano, víctima del GAL | Se cumplen 40 años del atentado reivindicado por los GAL que acabó con la vida de Xabier Galdeano en Donibane Lohizune. Sus hijas, Bego y Karmen, son unas de las firmantes de la querella contra José Barrionuevo, exministro del Interior español. Este domingo habrá un acto de recuerdo en Algorta.

Agustín Goikoetxea

Cuarenta años del atentado que acabó con la vida de su padre, ¿qué recuerdos perduran de aquel tiempo?

BEGO GALDEANO. Se exilió en 1982 después de haber sido detenido varias veces. Teníamos un acoso policial muy intenso, y hacía que la vida aquí se estuviera volviendo un poco complicada. Había estado en la cárcel, le detuvieron en 1979, pero a raíz de eso fue todo continuo.

Cuando se fue a Iparralde, para él y la familia fue recuperar la tranquilidad, diríamos. Tras instalarse, empezó a ver en qué podía trabajar en ‘Egin’, que era su proyecto. Vio cómo en la distribución se podía mejorar, ampliando puntos de venta. Hizo todo ese trabajo, empezó a ir a la muga a recoger los periódicos y repartirlos.

Le dieron los papeles de residente y también solía ayudar a refugiados jóvenes a hacer esos trámites, llevaba comida a Anai Artea para repartir a familias que tenían más necesidad. Su vida la encauzó así y, la verdad, se le veía contento y tranquilo.

KARMEN GALDEANO. Siempre decía que no iba a volver. «Cuando esto se solucione, no vuelvo. Yo me quedo», decía siempre. Era feliz.

B.G. «Iré de visita», decía. Nosotras teníamos una edad, yo estaba en la Uni y Karmen acabando BUP. Nos quedamos en Algorta con amama y solíamos ir los fines de semana de visita. La verdad es que íbamos a gusto. En aquellos tiempos, la vida en Iparralde era relajada, había conciertos, festivales en pueblos de alrededor de Donibane Lohizune, a veces solíamos ir con refugiados jóvenes. Había vidilla.

En 1983, con la desaparición de Lasa y Zabala, y luego los siguientes atentados, las cosas cambiaron totalmente. Todo el mundo vivía en tensión. En nuestro caso, empezamos a ver gente rara alrededor de casa, coches aparcados con mercenarios de los GAL, con la tensión y angustia que provoca. Él siguió con su vida igual.

Cuando acudían a la Policía francesa para denunciar, les decían que no podían hacer nada porque no era un delito. Aquella época la vivimos con la angustia de lo que se veía venir y la impotencia de no poder hacer nada, hasta que pasó lo que pasó. Fueron días muy duros, un palo a nivel emocional. Recuerdo el barullo, con amigos y familia que querían pasar al otro lado y las mugas cerradas, mogollón de llamadas, la Policía investigando, el tanatorio, la incineración y organizar el homenaje.

Al final lo que perdura es el año que pudimos vivir tranquilos y disfrutar. Luego, tras su muerte, todo el cariño y la solidaridad que recibimos de toda la gente de Iparralde, Algorta y Hegoalde en general. Lo arropados que nos sentimos.

K.G. Yo tenía 16 años. Bego ha explicado bien lo que vivimos. Kattu [Ramón Oñederra], por ejemplo, era uno de los refugiados con los que solíamos ir a los festivales. Nos empezaba a tocar muy de cerca. Txapela [Mikel Goikoetxea] era como de la familia. Empezamos a sentir que era algo serio. No solo allí, también aquí pasó lo de Santi [Brouard], que era muy de casa. Unos años muy duros.

A mí me dicen que fueron 20 años y me lo creo, aunque no llegaron a 3. Han sido los más intensos de mi vida pero con mucha diferencia. Con unas experiencias muy buenas. Estuvimos mucho con Josu Muguruza, que era también como de casa, que luego vino después. Dentro de lo malo, nos reíamos, le dábamos la vuelta a lo duro que era con espíritu de supervivencia: no nos van a doblegar. En nuestra casa, como teníamos más medios que muchos jóvenes refugiados, organizábamos los homenajes de todos los que iban cayendo. Así fue que el suyo también lo hicimos en casa, con ayuda de Josu Muguruza y otros, sacando fuerza de donde fuese.

Xabier era delegado de ‘Egin’ en Ipar Euskal Herria, también estuvo en los inicios de la ikastola de Algorta… son proyectos que han seguido adelante pese a todas las dificultades. ¿Es reconfortante ese legado? ¿Qué le quedó por hacer?

B.G.  Por supuesto que es muy reconfortante. Son dos proyectos que continúan. La ikastola echó a andar al principio de los 60 con ocho alumnos. Hay que aclarar que nuestra familia no fue de las primeras, del grupo fundador, porque yo era demasiado pequeña, pero en cuanto tuve edad, al de 2 años, estuve ya.

En aquella época, la ikastola de casa en casa, sin ninguna seguridad de si iba a poder salir adelante o nos iban a decir que no habíamos hecho nada en esos años. Hay que pensar que hoy tiene más de 1.000 alumnos y más de 60 años de andadura. Que solamente en Algorta y alrededores miles de personas se hayan euskaldunizado y estudiado en euskara en ese centro, creo que es un triunfo enorme, que sea un proyecto que está totalmente arraigado en el pueblo.

En cuanto a ‘Egin’, después del mazazo que supuso para nosotros el cierre, así lo vivimos, que en Euskal Herria hayamos sido capaces de poner en marcha otro proyecto comunicativo, también con financiación popular y haciendo frente a la deuda millonaria que se le endosó por la cara, creo que ambos proyectos son dos logros muy grandes para este país tan pequeño.

De todas formas, queda mucho por hacer de lo que él tenía en su imaginario de una Euskal Herria independiente, euskaldun, y ahí tenemos todavía camino por andar.

K.G. ¿Qué le quedó? Beberse la botella de vino que tenía reservada con Santi [Brouard] para el día de la independencia. La tenemos guardada, a ver si lo abrimos.

¿Las generaciones jóvenes saben lo que fueron la guerra sucia o la tortura? ¿Qué perciben cuando les cuentan el caso de su aita?

K.G. El Estado se ha interesado muy mucho en que todo esto no se sepa y se calle. Gracias a GARA, a ‘Egin’, que por eso precisamente aita tenía tanto interés en que tenían que salir todas esas informaciones a la luz. Gracias al esfuerzo de la izquierda abertzale, sí que se saben testimonios y se está abriendo más, pero está costando.

Los jóvenes, aparte de que tienen sus problemas, que este asunto les pilla muy lejos, así lo veo y me da pena, a veces decimos «es que aburrimos con este tema», como no lo zanjemos rápido y asentemos las bases de lo que queremos, todos los jóvenes que vengan por detrás no van a tener oportunidad ni de leer los testimonios de lo que ha pasado y sobre todo que no se vuelva a repetir.

Se están dando pasos. Es verdad que hasta que ETA no decretó el alto el fuego no pudimos empezar a dar a conocer nuestros testimonios y empezar a tirar paredes. Diría que comenzaron a abrirse puertas donde poder explicar todo nuestro relato, que aquí no ha habido un único relato. Explicar cuál es nuestra parte de relato, para que todos esos jóvenes puedan tener la oportunidad de leer no solo el relato que nos quieren imponer de una única violencia de ETA, no, no, aquí han pasado muchas otras cosas.

Nos duele tener que repetir y repetir, y volver a remover nuestras tripas, para tener que contar lo nuestro que a veces soy la primera que digo: «Ah, qué pesados otra vez con este tema». Somos conscientes que si no lo hacemos, no lo puede hacer nadie, porque cada vez somos todos más mayores y como desaparezca nuestra generación, es que no lo va a contar nadie.

Su familia, como otras, han estado en primera línea reclamando justicia, ¿cómo lo han vivido?

B.G. Desde siempre hemos sabido quién estaba detrás del GAL, que fue ideado, financiado y protegido por los poderes del Estado. Siempre hemos sabido que teníamos un muro enfrente pero, por eso, no lo hemos dejado de denunciar en todas las ocasiones que hemos podido, porque alguien ha hecho una declaración o Felipe González ha venido a Bilbao, para que públicamente no caiga en el olvido.

Hemos hecho todo lo que estaba en nuestras manos para que oficialmente se supiera la verdad, porque aunque surgieran pruebas, nunca la justicia ha actuado o investigado nada, siempre se ha puesto de perfil, como que aquí no ha pasado nada. Lo vives con impotencia, rabia, frustración al ver la inactividad de la justicia. Que haya señores del PSOE, con altos cargos, que asuman y acepten que lo han hecho, y que nadie mueva un dedo, es un escándalo.

A partir de 2011, con el cese de la actividad de ETA, empezaron a abrirse lentamente las puertas para que participáramos en foros, en dar testimonio y comenzaron a tenernos en cuenta. Hace unos años, Gogora nos propuso testificar para el Mapa de la Memoria. Lo hicimos. Allá ellos con su conciencia con lo que hagan con ello. Si hay jóvenes interesados, ahí tienen la oportunidad de verlo.

K.G. Con esa iniciativa de Gogora, con la ayuda de Egiari Zor, además de nuestra aportación personal, se aprovechó para poder dejar testimonio de muy diversas vulneraciones de derechos fundamentales por parte del Estado. Decíamos que, por lo menos, estén ahí, luego no sabemos lo que harán, pero que no digan que no saben.

¿Se ha avanzado?

K.G. Ha costado mucho, porque para la gente dar su testimonio es muy duro, aunque quieras dejarlo aparcado, cuando lo vuelves a rememorar, se remueven muchas cosas. Hay personas que no quieren saber nada de lo que pasó hace 40 años. Como está sucediendo con los casos de tortura, resulta muy duro dar testimonio y es muy importante el paso que están dando. Acabarán todos en psicólogos, en psiquiatras, porque tiene que ser terrible, mucho peor que lo nuestro, siempre lo he dicho.

Ver que, por lo menos, se empieza a reconocer, que hay gente de la judicatura que te apoya, porque siempre hemos tenido en contra a los jueces. Ver que los forenses te ayudan. ¿Quién en la Audiencia Nacional te va a decir que los testimonios avalados por forenses son mentira?

Cuando participamos en foros con otras víctimas diferentes, son las primeras que empatizan con nosotras y nosotros con ellos. Nos reconocemos mutuamente. ¿Quién le va a decir a esa persona, a esa víctima de ETA? No, estos no existen. Van a responder que «sí, sí, existen». Se han abierto brechas que van a hacer difícil negar esos casos. Ha costado muchos años empezar a abrir esas brechas.

El desgaste en diferentes aspectos habrá sido terrible.

B.G. Nada más matarle a aita, el Ministerio del Interior de Barrionuevo lo primero que hizo fue acusarle de ser la persona que blanqueaba el dinero de ETA, como una forma de justificar su muerte. No tenían ninguna prueba. No sé cuánto tiempo habría pasado de la muerte, fue nuestra primera rueda de prensa con los abogados para poner una querella a Barrionuevo por acusarle de algo que no tenía ningún fundamento. Por supuesto, se archivó, ahí empezó nuestro calvario.

Cada paso que dábamos, no valía para nada. En todos estos años, nos hemos encontrado con todo en contra. El primer reconocimiento que se nos hizo a las víctimas del GAL fue cuando Aznar aprovechó el GAL, con todas las investigaciones periodísticas que se hicieron, para atacar al PSOE y llegar al Gobierno. Siempre ha sido un arma arrojadiza entre ellos. El único juicio que hubo, en el que se condenó a Barrionuevo, Vera y compañía, al de tres meses les indultaron. Quedó clarísimo que no les importábamos nada, nos utilizaron.

Ha sido muy duro, pero ha valido la pena, porque no cejaremos en acudir a todos los foros que podamos.

Décadas en las que fueron invisibles para instancias institucionales, ¿han notado algún cambio en los últimos años?

B.G. Sí, se han dado pasos importantes, por ejemplo, en el reconocimiento de la práctica de la tortura, de víctimas policiales. Han pasado 30 años para que se reconozca que la muerte de Rosa Zarra fue por un pelotazo, que no fue por una enfermedad, 41 de la emboscada de Pasaia, 45 de la desaparición de «Naparra»... Estamos hablando de décadas en las que se ha mentido, muchas mentiras, mucha impunidad y la verdad es que llegan tarde, muy tarde, pero por lo menos...

En este nuevo tiempo han sostenido que el Estado español tiene una «deuda histórica» en la asunción de sus responsabilidades en los GAL. ¿Atisban que se pueda producir algún cambio o no confían en ello?

B.G. Nos gustaría que hubiera un cambio, pero la verdad es que después de negación-aceptación- impunidad nos cuesta creer que lo hagan. No hay más que ver durante todos estos años, en entrevistas que les han hecho a Vera y Barrionuevo, que con total descaro asumen lo que hicieron, o sea, asumen la organización de los atentados, pero con una chulería que es impresionante. Que un ministro del Interior y el secretario de Estado de Seguridad asuman estos delitos, reconozcan que se financió con los fondos reservados y nadie diga nada. Es impensable en cualquier otro país de Europa.

¿Tienen algo de confianza?

B.G. Poca, ya veremos.

K.G. En la justicia, cero.

En la presentación de la querella contra José Barrionuevo, ustedes confesaron que no ha sido una decisión fácil, ya que hasta ahora la justicia española no ha hecho nada. ¿Qué ha cambiado para dar este paso?

B.G. En 2022, nos preguntaron a ver si íbamos a dar algún paso y la justicia no hizo nada. Dijimos que teníamos que valorarlo seriamente y ver las posibilidades reales de que pudiera abrirse un proceso en su contra. Ahora, Giza Eskubideen Behatokia nos ha dado el impulso que necesitábamos. Se han recogido muchos datos de entrevistas, de informaciones e investigaciones periodísticas… Con todas esas pruebas esperemos que se pueda abrir un proceso, pero como tampoco tenemos muchas esperanzas, una vez que se cierren todas las puertas, que ojalá nos confundamos, llegar al Tribunal de Derechos Humanos de Naciones Unidas y podamos hacer algo.

No han faltado hilos nuevos de los que tirar en los últimos años, como la revelación de los papeles desclasificados de la CIA sobre los GAL y la responsabilidad de Felipe González, o el audio de Intxaurrondo sobre Lasa-Zabala. Pero no son noticia en Euskal Herria.

B.G. En esos papeles que están ya desclasificados por la CIA se dice que Felipe González es el que ordena organizar el GAL y luego las conversaciones de Intxaurrondo sobre Lasa y Zabala, cómo entre Perote y Gómez Nieto dicen que se les obligó a cavar su agujero y que les dieron dos tiros sin capucha. Más asunción de crímenes, más claro, creo que no puede haber, pero no pasó nada. En ese caso, Perote dijo que no era su voz y ahí quedó la cosa.

Estos días ha estado un ex relator de Derechos Humanos de la ONU en Euskal Herria y decía que los jueces deberían haber hecho mucho más, porque al no hacerlo, lo que estaban haciendo era darle una impunidad total al Estado en cuanto a los crímenes cometidos, que tenían que haber actuado, que era su deber.

Ya veremos qué es lo que dicen cuando se desclasifiquen los demás papeles, a ver qué hay. Por eso, pensamos que la querella que hemos puesto contra Barrionuevo, con todas estas cosas, pudiera tener si no es en el Estado español, sí en Europa, un recorrido más largo.

Ustedes han asegurado que no les mueve una justicia de carácter punitivista, ¿qué persiguen?

K.G. Han pasado 40 años de la muerte de aita, está claro que motu proprio ellos, por lo menos, no van a reconocer lo que hicieron. Entonces, tirando de los pocos hilos que podemos tirar y utilizando en este caso la querella, nuestra finalidad no es que Barrionuevo vaya a la cárcel. Es que se sepa la verdad, cuál fue la responsabilidad del Estado en todas esas muertes, no solo en el asesinato de nuestro aita, sino en las 27 muertes del GAL.

Cuando hablan con esa facilidad de cómo utilizaron los fondos reservados, de cómo crearon el GAL, cuando ninguna Fiscalía de oficio les mete mano y les dice: «A ver, pero ustedes qué están diciendo, que el Estado diga qué es lo que está pasando», nos vemos en la obligación de seguir con el ‘akuilu’, de tener que ser los que vamos tirando para que, de una vez por todas, el Estado reconozca qué es lo que hizo, que por lo menos si podemos tirar de los secretos de Estado, de las cosas que dice Barrionuevo, para que el Estado al final reconozca su implicación en todos estos asesinatos y en toda esta trama de guerra sucia, esa es nuestra finalidad.

Esa verdad, ese reconocimiento y esa justicia, que no es la justicia punitiva, pero que es restauradora para nosotros por lo menos. Y de cara a que la historia sepa verdaderamente qué es lo que ha pasado.

 

 

 

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domingo, 9 de marzo de 2025

Washington y los Lehendakaris 3/7

Desde las páginas de El Diario traemos a ustedes este reportaje acerca de las visitas que los diferentes lehendakaris han hecho a tierras estadounidenses.

Nosotros queremos destacar el que no haya sido de beneficio alguno para la causa vasca la cercanía de Paul Laxalt a Donald Reagan o que Francisco López haya tenido un vínculo tan pobre con la gente que supuestamente representaba que un hito histórico único en la historia de Europa le haya tomado completamente fuera de base.

Aquí la información:


Lehendakaris en Estados Unidos: de la reunión con Reagan de Ardanza al viaje de Pradales al nuevo país de Trump

En aquel país Aguirre puso el espionaje vasco al servicio de la CIA y del FBI, López conoció el final de ETA y anunció el 'fracking' y Urkullu tuvo un incidente con quien luego resultó ser un actor pornográfico

Iker Rioja Andueza

El lehendakari, Imanol Pradales, realizará esta semana un viaje institucional a Estados Unidos con paradas en Washington D.C. y en Nueva York. No es su primer desplazamiento desde que accedió al cargo —ha estado en Bruselas en dos ocasiones, por ejemplo— pero esta misión sí será la más larga y relevante para un Pradales que quiere mimar la política exterior y, con el destino elegido, conocer “de primera mano” el convulso contexto abierto tras el regreso de Donald Trump a la Casa Blanca. Aquel país y particularmente Nueva York han sido siempre objeto de deseo de los lehendakaris vascos desde que el primero, José Antonio de Aguirre, tuviera allí uno de sus refugios en el exilio de la Guerra Civil e iniciara una colaboración con la CIA (entonces OSS) o con el FBI que acabó con episodios aún oscuros como la desaparición de Jesús de Galíndez, delegado del Ejecutivo vasco allí.

Los viajes de los lehendakaris a Estados Unidos han tenido de todo. En 1988, también en marzo, Ronald Reagan recibió a José Antonio Ardanza (lehendakari desde 1984 hasta 1999) y a su entonces consejero Joseba Arregi. Fueron unos ocho minutos de cortesía. La delegación vasca le regaló una 'makila', un artefacto que Reagan pensó que era un “arma”. “Jauna, eskerrik asko. Ohore handia da niretzat eta euskaldunentzat”, dijo Ardanza en euskera. La traductora de castellano al inglés fue sustituida momentáneamente por un cargo estadounidense de origen vasco, Pete Cenarrusa, que trasladó al presidente republicano las palabras de Ardanza. Otro vascoamericano, Paul Laxalt, participó en el encuentro y medió para que se produjera. Luego Ardanza ya pasó al castellano. Comentó con Reagan el problema del terrorismo y le invitó a realizar una visita a Euskadi, algo que nunca se produjo. Esta reunión generó malestar en el Gobierno de España, entonces liderado por Felipe González. El equipo de Reagan lo grabó todo.

Juan José Ibarretxe (lehendakari de 1999 a 2009) también realizó varias visitas en Estados Unidos. Sacramento, San Francisco, Chicago o Nueva York fueron algunas de sus paradas. En tiempos de su propuesta de crear un “estado libre asociado” se inspiró precisamente en Puerto Rico, que tiene esa condición en Estados Unidos. Después de dejar el cargo desarrolló trabajó académico en aquel país.

El único lehendakari que no ha sido del PNV, Patxi López (en el cargo de 2009 y 2012), tiene en Estados Unidos algunos de los momentos más recordados de su corto mandato. En 2011, desde Texas, con un casco de obra, gafas protectoras y una bata, anunció que Euskadi se sumaba al 'fracking', una controvertida técnica para la extracción de gas del subsuelo que recibió una fuerte contestación social y que acabó prohibida. Unos días después, se conoció el final de ETA. Es recordado cómo la noticia fue recibida por el lehendakari en un tren entre Washington DC y Nueva York. Su primera reacción se produjo en Penn Station, al tomar tierra. De aquel viaje también salió un acuerdo con la “CIA”, según anunció el Ejecutivo. Pero no era policial o de espionaje, sino gastronómico. Era un convenio entre el Basque Culinary Center y el Culinary Institute of America. 

Iñigo Urkullu (en Ajuria Enea de 2012 a 2024) giró varias visitas a Estados Unidos. Colocó, por ejemplo, un ejemplar descendiente del árbol de Gernika en la 'zona cero' de los atentados del 11S de 2001 en el bajo Manhattan. También en Nueva York anunció en 2013 que para 2020 Euskadi habría ejercido el derecho a decidir y celebrado un referéndum. Sin embargo, el asunto más controvertido que se recuerda de sus misiones ocurrió en la 'euskal etxea' —técnicamente 'eusko etxea'— de esa misma ciudad. Su presidente, Aitzol Azurtza, irritó al lehendakari al romper el protocolo y permitir un vídeo del entonces alcalde de Donostia, Juan Karlos Izagirre, de lo que entonces se conocía como Bildu y ahora es EH Bildu. Luego trascendió que Azurtza era actor de películas pornográficas con un seudónimo. La responsable de protocolo de la Presidencia vasca acabó saliendo del equipo y Azurtza dimitiendo.

La agenda de Pradales en este 2025 es comprimida. Estará en Estados Unidos de lunes a jueves. Primero pasará dos días en Washington DC. No están previstos contactos con la Administración de Trump pero el lehendakari sí quiere “conocer de primera mano” la situación abierta en el país tras la salida de Joe Biden y la segunda etapa 'trumpista'. Se reunirá con senadores y miembros de la Cámara de Representantes -de ambos partidos-, hará 'lobby' vasco y también participará en una mesa redonda en la George Washington University.

En Nueva York se le sumará Elixabete Etxanobe, diputada general de Bizkaia y antigua jefa de Pradales hasta que se convirtió en lehendakari. El motivio es mantener un encuentro con la fundación Guggenheim. El museo en Bilbao vive días de relevo con la llegada Miren Arzalluz en lugar de Juan Ignacio Vidarte, su único director desde la apertura en 1997. Además, sigue en el aire el proyecto de la nueva sede en Urdaibai, que ha recibido mucha contestación social. Visitará igualmente la sede de la empresa IBM.

No es el primer viaje institucional para Pradales a Estados Unidos. Siendo diputado foral de Bizkaia estuvo allí en 2016. Formó parte de una amplísima delegación vasca encabezada por la consejera Arantxa Tapia, los tres diputados generales, Unai Rementeria, Ramiro González y Markel Olano, y el presidente del PNV, Andoni Ortuzar. El festival de folclore Smithsonian de Washington D.C. se centró en la cultura vasca y ése fue el motivo del desplazamiento. Pradales participó desde la capital de Estados Unidos en la primera reunión virtual de la Diputación vizcaína. 

Euskadi tiene una delegación en Estados Unidos. La tiene desde que Aguirre se estableció allí. Ya no es un centro de espionaje como lo fue en su momento. Más bien tiene un carácter económico y de apoyo a las empresas vascas implantadas en esa zona. Ander Caballero, actual responsable de Acción Exterior de Pradales, fue delegado en Nueva York. El actual 'embajador' es Unai Telleria. El PNV también ha tenido una gran querencia como partido hacia ese país. Se suele jactar que es el único partido de España en ser invitado a las convenciones demócratas, como ocurrió en la reciente en la que se consumó el relevo de Joe Biden por Kamala Harris. 

 

 

 

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sábado, 2 de noviembre de 2024

Egaña | La Gauche Caviar

A la izquierda militante no la engañan los de la izquierda caviar, Iñaki Egaña lo deja claro con este texto que ha publicado en su perfil de Facebook:


La Gauche Caviar

Iñaki Egaña

Quienes tenemos ya unos años y venimos de una cultura mestizada por la cercanía de la muga, nos quedamos con la frase que se hizo celebre en los círculos a la izquierda del presidente francés Mitterrand y que se engarza en el título del artículo, la izquierda caviar. Mitterrand llegó a la presidencia en 1981, sobrepasando por un suspiro a Chirac, convocó elecciones y su partido, el PSF, las ganó con mayoría absoluta. Incluyó a cuatro comunistas en su gobierno, y estableció diversas medidas progresistas, nacionalizaciones y demás. Alguien lo comparó al Allende que unos años antes la CIA había hecho caer en Chile. Unos meses después, Felipe González llegaba a la Moncloa y se anunciaba en nuestros estados vecinos un cambio en profundidad. González y Mitterrand estaban en sintonía, incluso para dejar la OTAN.

La idea del cambio degeneró en poco tiempo. Mitterrand no cumplió su promesa del departamento vasco y se alió con el estado profundo para que la historia la manejara a su antojo. Hasta los de Greenpeace vieron cómo eran asaltados y su barco referencia dinamitado, mientras que González se dedicaba a dar rienda suelta a toda la policía franquista que cambió las siglas del BVE por la de los GAL. Ambos descubrieron que el poder no sólo se refiere al hecho de ordenar la vida política, sino también a llevar la propia a la cúspide de la pirámide social. Las relaciones de poder, o lo que es lo mismo, de dominación y subordinación. Estas relaciones se suponen y son más que evidentes en la vida pública. Pero también acaparan la privada. Mitterrand y González descubrieron los salones de Versalles y la Zarzuela, el boato, aquella existencia que hace un siglo estaba únicamente reservada a la aristocracia más selecta.

Y fue entonces cuando esa izquierda maltratada, traicionada en sus esperanzas, denunció lo que se mostraba con toda su crudeza. Ambos, junto a su séquito, eran izquierdistas de pacotilla. La condición humana, en consecuencia también la militancia, lleva aparejada la prueba del algodón. Desde un despacho, un ordenador, un púlpito… la revolución, el reparto de la riqueza, y la toma del Palacio de Invierno, puede tener soportes sólidos. Pero el método científico avala únicamente lo que la praxis es capaz de corroborar. Cayeron mitos y nombres pomposos, revestidos de rojo. Uno tras otro. Siguieron reivindicando el socialismo, el comunismo, el federalismo, mientras descorchaban una botella de Moet Chandon, vestían chaquetas de Emilio Pucci, los fines de semana rebosaban de farlopa y ejercían su poder eligiendo con quien tener sexo.

Quienes tenemos ya años, como relataba al comienzo del artículo, hemos conocido decenas de antiguos compañeros que a la mínima posibilidad eligieron mantener el celofán y saltar la que un día habían considerado línea roja. La gauche caviar, los champagne socialists británicos o la beautiful people española. Y ese camino ha hecho mucho daño a la izquierda del Primer Mundo. Por una sencilla razón, le ha restado credibilidad. ¿Cómo creer a u dirigente político, a un cuadro militante, cuando su experiencia vital, a la vista en su vida pública y cada vez más en la privada, está presentando lo contrario a lo que predica?

Es precisamente lo que ha sucedido con el líder y portavoz de una formación política hispana, referente en el discurso de la izquierda en conceptos además aún no asimilados por el conjunto de una sociedad educada durante siglos en la supremacía de género. También sucedió con los lideres de otra formación aparentemente hermana de la anterior, cuando dos de sus referencias -pareja-, adquirieron una vivienda socialmente inadecuada. Entonces el debate pareció centrarse en que era del todo lícito. Efectivamente. Pero que no diera lecciones.

En nuestra singularidad, sin embargo, son mayoría aquellas y aquellos que contribuyen a mantener viva la llama de la rebeldía. Quizás no sean tan duchos en la teoría que emana de academias y en los debates políticos. Pero los siento en mi alrededor. Y lo han hecho anónimamente durante décadas, dejando relatos de autor desconocidos porque, precisamente, su vida pública no aparece en los informativos. Estamos rodeados de compañeras y compañeros que han llevado a la práctica, quizás sin saberlo, esa teoría que nos desbrozaron quienes nos han precedido. Sin alardes.

Un estudio en profundidad nos enseñaría que esa comunidad anónima, que cada día intenta reventar esta maldita sociedad sustentada en el enriquecimiento de unos pocos, está salpicada de tintes realmente socialistas, comunistas, anarquistas, me atrevería a decir que incluso pre-políticos. ¿Cómo entender sino esos miles de voluntarios que preparan y reparten cenas solidarias, que ayudan a cruzar el Bidasoa, que limpian los plásticos de las playas y montes, que levantaron las ikastolas de la nada, asociaciones de vecinos, comités pro-amnistía, antinucleares? ¿Cómo entender que la universidad es espacio de formación teórica del mismo modo que lo puede ser la fábrica? Aquellos de la gauche caviar de la década de 1980 o los actuales de 2024 deberían saber lo que es fichar en una máquina antes de entrar al tajo y trabajar a turnos.

Todas estas microhistorias nos han forjado como comunidad. En la cercanía las conocemos. Pero en la lejanía, desde París o desde Madrid, se desdeñan. El Atturri y el Ebro parecen hacer de parapeto para la comprensión. Esa izquierda francesa o española miraba por encima del hombro, mostraba sus credenciales universales y teóricas para acotarnos como aldeanos. Sin Lenin, Marcuse, Habermas, Marchais, Negri, Badiou, Althusser… nos deberíamos quedar huérfanos. No seré yo quien desplace a pensadores universales. Pero sin la calle no hay cambio. Y por eso, algo habrá en la izquierda vasca que mantenga su constancia. Y no sólo por su sindicalismo. También por su compromiso (casi diez mil presos en medio siglo). El resto, queridos camaradas, postureo.

 

 

 

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domingo, 1 de septiembre de 2024

Entrevista a Iñaki Galdos

La diáspora vasca en Estados Unidos ha dado amplias muestras de saber llevar lo vasco más allá de las paredes de sus eusko etxeas. Desafortunadamente no han sabido o no ha querido influir de manera más asertiva en la política exterior estadounidense con respecto al derecho a la autodeterminación de Euskal Herria, como sí lo supieron hacer los irlandeses en su momento.

Desde las páginas de Noticias de Guipuzkoa traemos a ustedes esta entrevista que no arroja luz sobre un hito muy particular, protagonizado por entonces jóvenes de Boise.

Aquí la tienen:


"Los jóvenes de Boise escribieron una página importante en la historia de Euskal Herria con la diáspora vasca"

Iñaki Galdos | Autor del libro ‘Abentura bat baino askoz gehiago’ | Se cumple medio siglo desde que 90 personas procedentes de Estados Unidos llegaron a Oñati a un campus organizado por la Universidad Estatal de Boise, en Idaho. Una propuesta que supuso un punto de inflexión en la diáspora vasca.

Jorge Napal

Con motivo de la efeméride, el político nacionalista Iñaki Galdos ha publicado el libro Abentura bat baino askoz gehiago, en el que el autor recorre aquel pasaje de la historia en el que intervinieron personajes de renombre, como Telesforo Monzón, Koldo Mitxelena o Txillardegi.

¿Qué supuso aquella aventura?

Quienes participaron en aquella experiencia, que ya peinan canas y pasean a nietos, decían eso mismo, que fue una aventura. En realidad, creo que fue algo más. Inmersos en aquella aventura, aquellos jóvenes de Boise no se estaban dando cuenta de que a su vez estaban escribiendo una página muy importante en la historia de la relación de Euskal Herria con la diáspora vasca de Estados Unidos.

¿En qué contexto social nació en Oñati aquel campus tan importante para el devenir de la diáspora?

La propia diáspora se encontraba en periodo de transición y comenzaba a abrirse a nuevas experiencias más allá de los viejos esquemas, del pastoreo y todo lo folklórico. A pesar de las dificultades internas, en 1973 se creó la North American Basque Organizations, comúnmente conocida como la NABO, la agrupación de casas vascas que trabajan conjuntamente para promocionar el patrimonio vasco en los Estados Unidos. Fue un hito muy importante, al que se sumó la creación de un centro de estudios vascos en Reno (Nevada), y otro en Idaho.

Una época en la que empezaron a florecer muchos estudios vascos en la diáspora.

Sí, y también comenzó a despertarse cierto interés por la política. La dictadura de Franco estaba dando sus últimos y dramáticos coletazos, como lo atestiguan las dos ejecuciones mediante el garrote vil en marzo del 74 y el fusilamiento de dos miembros de ETA. En aquel contexto, comenzó a despertarse cierto interés y preocupación, que emerge con el Juicio de Burgos. Surgieron así nuevas inquietudes. A pesar de las reticencias y de las viejas inercias de la diáspora vasca, comenzaban a tener cabida otros campos de interés.

¿Por ejemplo?

El interés por el euskera, por ejemplo. Siempre se ha dicho que las terceras generaciones son las que retornan. Hay una primera generación que pasa las penurias, una segunda que acostumbra a olvidarse de las raíces, y una tercera que conecta con sus abuelos. Es un esquema que siempre se repite, como también ocurrió en este caso.

Y esa tercera generación es la que se sumó a la aventura en Oñati.

Sí, por el influjo de dos antecedentes. En concreto, dos cursos de verano para jóvenes americanos organizados en 1970 en Ustaritz, y nuevamente en 1972 en Ustaritz y Arantzazu. Allí había acudido como alumno de cultura vasca Pat Bieter, que fue el alma mater de toda la experiencia que se iba a vivir. Un día, bajando desde Arantzazu a Oñati, a ver el pueblo, se encontró con el edificio de nueva construcción de los agustinos de San Lorenzo. ¿Por qué no organizamos un año académico entero en este edificio?, se preguntó.

¿Y cuál era la propuesta?

El esquema era ofertar un curso organizado por Boise State University en el extranjero, en el que la cultura y la lengua vasca tuvieran mucha importancia. Entre 1972 y 1974 Pat Bieter comenzó a mover el tema, e inició una travesía muy dura, ya que tuvo que vencer muchas reticencias.

Superando viejas inercias

¿Por parte de quién?

Tuvo que convencer a la propia Universidad de Boise de que aquello era factible. Las instituciones académicas de Idaho también tuvieron que aceptar el proyecto, y fue necesario vencer las reticencias de la propia diáspora, que seguía funcionando con las viejas inercias y había gente que no lo veía claro.

Aquí también eran tiempos convulsos…

Sin duda. De hecho, las grandes reticencias surgieron en Euskal Herria. Comenzaron a circular entonces rumores de que en realidad se trataba de una tapadera de la CIA. Las reticencias iban más allá de cuestiones políticas. Hubo quien se opuso por recelos relacionados con las drogas e incluso por cuestiones de índole sexual, ya que algunos hablaban de la promiscuidad de los americanos. Se respiraba por todo ello cierto antiamericanismo, con el telón de fondo de todo lo ocurrido en Chile y Vietnam.

De modo que Pat Bieter, principal artífice del curso, tuvo que hacer mucha labor diplomática.

Fue necesaria, sin duda. Y la gota que colmo el vaso llegó del sector más reticente, encabezado por Javier Zumalde El Cabra -ex dirigente de ETA- que puso a finales de agosto cuatro bombas donde iban a alojarse. Fueron momentos muy intensos. De hecho, cuando llegaron los alumnos a Oñati el 2 de septiembre de 1974, lo hicieron en dos autobuses escoltados por la Guardia Civil.

¿Y los alumnos qué decían?

En aquella época no sabían nada. Eran chavales de 19 y 20 años más bien ajenos a todo aquello. La verdad es que luego la integración en el pueblo fue rápida. El problema vino después. Cuando todo parecía ya superado, el diario francés France Soir saltó diciendo que en Oñati había una base de la CIA. Y así, en enero y febrero de 1975, volvió la polémica, de la que se hicieron eco todos los medios.

¿Y cómo se recondujo ese nuevo contratiempo?

De nuevo Pat Bieter se las vio y se las deseó para convencer a la gente de que todo aquello era mentira. Paralelamente vino a Barcelona un exdirigente de la CIA a presentar un libro, quien a preguntas de un periodista dijo que era posible que existiera esa base en Oñati. Nuevamente, más polémica.

¿Y qué pensaban los vecinos de Oñati de tanta polémica?

En el pueblo pronto se dieron cuenta de que aquello no era más que un curso universitario, y que además era de agradecer porque se trataba de alumnos que venían a estudiar euskera. Pero es cierto que hubo momentos tensos con una correspondencia muy dura entre Telesforo Monzón y Jon Bilbao, uno de los artífices del grupo. Telesforo estaba de acuerdo en que vinieran, pero exigía garantías de que no se iban a dejar utilizar por el régimen de Franco. Txillardegi en otra carta le dice a Pat Bieter que vengan, pero que lo hagan siendo amigos de la resistencia vasca y dándose cuenta de que “esto es Palestina y no la Costa Azul”.

Llama la atención semejante revuelo ante lo que no dejaba de ser un curso académico.

Exactamente, un curso que estuvo a punto de suspenderse dos veces. Pero continuó adelante, y se repitieron cuatro nuevas experiencias. Al final en Oñati se ofertaron cinco cursos académicos de la Universidad de Boise, hasta el cierre del campus en 1980.

Embajadores de Euskadi en el exterior

¿Y por qué no continuó la propuesta?

Bueno, se puede decir que murió por causas naturales, una vez que comenzó a despegar la UPV/EHU. Le encargaron entonces a Carmelo Urza -Tambor de Oro de San Sebastián por ello- que diseñara algo nuevo que sustituyera a la experiencia del campus de Oñati. Y en 1983 nació la USAC, el programa creado en Reno de la mano de vascos norteamericanos, cuyo propósito era que los estudiantes pudieran venir al país, conocer la cultura vasca y al mismo tiempo completar sus estudios. Miles de estudiantes han pasado ya por los dos campus del programa en Donostia y Bilbao, convirtiéndose después en embajadores de Euskadi en el exterior.

De modo que la experiencia de Oñati tuvo una influencia decisiva en la diáspora vasca.

Lo dicen los propios historiadores. Señalan que aquella experiencia cambió en las nuevas generaciones la manera de ver Euskal Herria, ya que empezaron a descubrir el país de otra manera, viendo su realidad social y política. En realidad, conocer a fondo el país supuso para algunos de ellos cierto choque, ya que tenían una imagen de Euskal Herria absolutamente idealizada, casi bucólica, que no se correspondía con lo que fueron encontrando. Para la diáspora vasca fue un punto de inflexión, tuvo mucha importancia.

¿Y qué queda de todo aquello?

Se han creado familias mixtas con gente de allá y de aquí. En otoño e invierno de 1975 se produjeron las dos primeras bodas entre gente de Oñati y de Boise. Muchos americanos de aquella época, de los que vinieron cuando eran chavales, dicen que para ellos Oñati es poco menos que un lugar de peregrinación. Hay lazos de unión importantísimos entre Oñati y Boise, como lo demuestra el hecho de que en la ciudad de Idaho se celebran desde 1980 los bailes del Corpus de Oñati.

¿Qué actos hay previstos con motivo del aniversario?

Van a venir bastantes americanos. El día 6 se presentará el libro, que ha sido editado por el Ayuntamiento de Oñati y se convierte en una crónica de lo que ocurría entonces en Euskal Herria. Un pasaje de la historia en el que intervinieron personajes de renombre, como Telesforo Monzón, Koldo Mitxelena, Txillardegi, Julio Caro Baroja o Ion Oñatibia, que fue profesor de todos los cursos. Además, el día 8 el Gobierno Vasco ha organizado en Oñati el Día de la Diáspora, y se inaugura una exposición que va a permanecer durante un mes.





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domingo, 25 de agosto de 2024

Egaña | Espías

Desde su página en Facebook traemos a ustedes este texto de Iñaki Egaña con el que nuestro amigo, inspirado por el caso del periodista vasco Pablo González, arroja luz sobre un tema bastante polémico, adelante con la lectura:


Espías

Iñaki Egaña

Un tema frecuentado tradicionalmente en tono folletinesco, con el rigor más o menos escorado, que cada novelista imprime a sus trabajos. Difícil de abordar en un mundo caótico, dividido en los bloques de ese axioma ya avanzado por George Bush, el Bien contra el Eje del Mal. ¿Dónde se sitúan los personajes? ¿Conmigo o contra mí? ¿Carta blanca a las veleidades, por no decir fechorías, de cada uno de los clanes? La realidad es mucho más compleja, los límites inescrutables y la propia esencia del trabajo una incógnita como para sentar unas bases entendibles. Si algo presentan en común los servicios de espionaje es su acientifismo, su movimiento perpetuo por un interés determinado. La CIA “encontró” en Irak las armas de destrucción masiva que no existían. La sede del CNI en Gasteiz, según el informe 101L0400250 de la Ertzaintza, intentó ligar a ETA con Al Qaeda tras los atentados yihadistas del 11M en Madrid. La propia Policía Autonómica se nutre de sistemas de Israel para espiar por su cuenta. ¿Cómo abordar cada caso descartando la coyuntura? Muy complicado.

El reciente intercambio de periodistas o espías, según la fuente, entre EEUU y la Federación de Rusia, nos ha dejado un reguero de reflexiones e interpretaciones a cada cual más esclarecedora. En la cercanía, por eso de su ascendencia y residencia, nos ha alcanzado el caso de Pablo González. No tengo ni idea si Pablo trabajaba para alguien en concreto. Sí, en cambio, había seguido su trayectoria periodística, como otros tantos, en la prensa europea. Me ha llamado la atención, por el contrario, que cuando hemos asistido a ese intercambio en directo, los medios generalistas citaban la recepción de Vladimir Putin en Moscú, a los “espías rusos”, entre ellos González hasta entonces sin acusaciones fiscales, mientras que cuando Joe Biden hacía lo propio cuando llegaban a Myreland, la noticia refería a “periodistas”, a pesar de que, previamente, habían sido condenados por espionaje. Una más en ese sesgo permanente de las agencias que acaparan la información planetaria.

El caso ya había sido previa y abundantemente rellenado con algunas informaciones que abrumaban. Ese diario madrileño que nació en la Transición, auto titulado como “el periódico global”, nos sorprendió, ya hace unas semanas, con una detallada información sobre los contactos de González con la inteligencia rusa. Información que únicamente podía proceder de servicios de contraespionaje, como el CNI, la CIA o la NSA. Apabullante. ¿Era la periodista que firmaba la noticia una colaboradora más de los servicios citados? ¿O se trataba únicamente de una firma añadida? Estas cuestiones de informaciones supuestamente confidenciales han sido filtradas habitualmente por medios españoles y franceses durante las últimas décadas, con la excusa del conflicto vasco. ¿Son los receptores-periodistas espías al servicio de potencias extranjeras? Alfredo Grimaldos escribía hace ya unos años, que medio centenar de periodistas españoles trabajaban para la CIA. No sé si el dato es correcto, pero, en esa proporción, los que lo hacían o hacen para otros como el Mossad, el MI6 o el CNI deberían ser escandalosos.

Dicen que el espionaje es una de las profesiones más antiguas de la humanidad. Las mismas leyendas contenidas en la Biblia sobre Moisés, apuntaban que el conductor de los hebreos mandó a las tierras de Canaán a doce espías para que efectuaran un reconocimiento exhaustivo e informasen luego al pueblo elegido. El egipcio Ramsés II, doce siglos antes de nuestra era, apuntaba también que en las escaramuzas contra los hititas, liberaba prisioneros engañados con falsas noticias. Los Césares romanos, tampoco daban una orden a sus legiones sin consultar antes con sus informantes. Sun Tzu lo redondeó. Entre la crónica histórica, la frivolidad y la novela, personajes como Mata Hari o Magda Andurain, por citar una de casa, han creado fábulas bien creíbles, como las que dictaron Graham Green o John Le Carré.

Pero esas historias no son precisamente novelescas. Los espías, mezclados y confundidos durante años con confidentes, chivatos, traidores y una retahíla de conceptos ligados a las miserias políticas, tuvieron su máxima expresión a partir del siglo XX, alcanzando nuestros días. El espionaje a Herri Batasuna en su sede de Gasteiz fue uno de los muchos. En 2009, la sede de Abertzaleen Batasuna en Baiona fue asaltada y sus soportes informáticos robados. La coalición lo denunció como "espionaje político". En 1987, Carlos Garaikoetxea y su nuevo partido fue espiado por los que resistieron con el nombre original. En el Bilbao republicano, la Ertzaña descubrió una red de espionaje de apoyo a los golpistas y el Gobierno autónomo ordenó su ejecución. Jesús Galíndez, delegado vasco en Nueva York, espiaba para el FBI y cuando la guerra, Delia Lauroba y sus compañeras lo hacían para los aliados. El director de la red, el gasteiztarra Luis Álava ejecutado por Franco. Félix Likiniano, autor de aquel símbolo que unía el hacha con la serpiente, espió para esos mismos aliados durante la Ocupación. Y el PNV de Agirre tejió, gracias a sus redes del exilio, una de las mallas más sólidas de la Guerra Fría en aquella cruzada anticomunista que recorrió el mundo capitalista. Antenas no sólo en Latinoamérica, sino también en Europa: Chekia, Bulgaria, Hungría, Yugoslavia… La sede clandestina de sus servicios en París, la de la calle Quentin Brouchard, semejaba una réplica en minúscula de Quantico.

El quid de la cuestión es quién dirime cuál es el Bien y cuál el Mal. Quién pertenece a una facción y quién a otra. La llamada geoestrategia mundial aboca a las partes a no ser neutrales. Las divagaciones aventureras de Graham Greene, perseguido o perseguidor, no tienen cabida. Y en esas circunstancias el dilema se agranda. Que se lo pregunten a Edward Snowden, que de antiguo agente de la CIA y de la NSA, se convirtió en periodista. Y entonces su papel transmutó para ser tachado de “criminal”.

 

 

 

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martes, 20 de agosto de 2024

Fidel Castro y los Refus

Isidro Esnaola se ha ido a la hemeroteca y ha rescatado esta entrevista al Comandante Fidel Castro que fue publicada por Egin allá en 1985. En la misma, le preguntan acerca de los militantes de ETA que se encontraban refugiados en la isla.

Aquí el artículo para su lectura desde las páginas de Naiz:


Fidel Castro sobre los refugiados vascos en Cuba: «Los etarras no son mercenarios»

En 1985, ‘Egin’ publicó una serie de reportajes sobre el exilio que tituló «Las nuevas rutas del exilio vasco». Como colofón a esa serie, en la última entrega reprodujo parte de una entrevista que la agencia EFE hizo al comandante Fidel Castro, en la que desgranaba el modo en el que los militantes vascos llegaron a Cuba, las condiciones que puso el Gobierno de Cuba o la relación con el PCC.

Isidro Esnaola

Con el PSOE en el Gobierno de Madrid, el Estado francés empezó a colaborar más estrechamente con el Estado español en la persecución de los refugiados vascos en Ipar Euskal Herria. Eran tiempos de los GAL y en septiembre de 1984 se produjeron las primeras extradiciones de refugiados al Estado español. Además, el Gobierno galo añadió la práctica de las deportaciones que llevó a muchos militantes vascos a países lejanos.

En 1985, ‘Egin’ publicó una serie de reportajes sobre el exilio que tituló «Las nuevas rutas del exilio vasco». El 20 de agosto, como colofón a esa serie, en la última entrega el diario reprodujo –en un artículo firmado por el director de ‘Egin’, José Félix Azurmendi– parte de una entrevista que la agencia EFE hizo al comandante Fidel Castro.

Fidel describía a los militantes vascos como «gentes tenaces, persistentes y militantes» y señalaba que entre las condiciones para acogerlos estaban que debía ir voluntariamente y comprometerse a estar un mínimo de seis meses.

Castro reconocía que los acogió por humanidad, porque ellos también fueron perseguidos y sabían lo que significa. También señalaba que el PCC no había tenido reuniones políticas con ellos porque Cuba no tenía intención de ser parte del conflicto entre Euskal Herria y el Estado español.

Cuando en la entrevista se mencionó a Menoyo, un agente de la CIA que estuvo organizando una insurrección contra el Gobierno de Cuba, Fidel lo calificó como traidor, y dijo que no era comparable a los militantes vascos «porque los etarras no son mercenarios, los etarras luchan por convicciones, creen en su nacionalidad y creen en su derecho a la autodeterminación; desde el punto de vista moral ni político, usted no puede despreciar a alguien que luche por esas motivaciones».

Las nuevas rutas del exilio vasco (y 20) | ¿Qué pasa con los etarras, comandante?

José Félix Azurmendi

El 13 de febrero de este año, bautizado en la República de Cuba como el «Año del Tercer Congreso», Fidel Castro concedió una entrevista al director de la agencia española de noticias «Efe», Ricardo Utrilla, y a la periodista de la misma agencia Marisol Marín. En su día, «Efe» proporcionó a sus abonados un resumen de la misma, que fue difundida, entre otros diarios, por este mismo EGIN.    

La conversación ocupaba doce apretadas páginas de «Gramma», órgano oficial del Comité Central del Partido Comunista de Cuba, que lo dio en versión completa y taquigráfica el 21 de febrero, una semana después. Posteriormente, con el titulo de «Sobre la deuda impagable de América Latina, sus consecuencias imprevisibles y otros temas de interés político e histórico», la Editora Política la hizo pública en un libro de 132 páginas.

Dentro de la «conversación», que es como la denomina «Gramma», hay varias preguntas y respuestas relacionadas con los deportados vascos y con ETA, que recogemos de ella y las transcribimos en su totalidad. Concretamente, lo reproducido ocupa desde las páginas 22 a la 36 del citado libro, y dice así:

RICARDO UTRILLA: ¿Qué pasa con los etarras, comandante?  Parece que ya llevan mucho tiempo aquí, ¿no?

COMANDANTE EN JEFE FIDEL CASTRO: Bueno, hace días le expli­qué a Cebrián la cuestión de los etarras

R.U.: Sí, pero pasó por encima, no dio detalles de...

F.C.: Sí. Y yo le puedo explicar lo que usted quiera.

Los etarras están aquí a solicitud del Gobierno español. Nosotros no te­níamos interés de ninguna clase en vernos involucrados en eso, pero los franceses arrestaron a algunos etarras y los deportaron a distintos países; se suponía que distintos países de Amé­rica Latina los iban a recibir, entre ellos Panamá. Me parece que Panamá se comprometió a tenerlos allí unos días. Ocurrió después que ningún otro país estaba dispuesto a recibir este grupo de etarras. Entonces, tanto los españoles como los panameños nos so­licitaron insistentemente que los reci­biéramos. Esto para nosotros, de todas formas, entrañaba riesgos porque, como yo decía, no queremos aparecer ni cómplices ni carceleros de los eta­rras.

Los etarras, naturalmente, son gentes que tienen sus ideas; son gentes tenaces, persistentes y militantes. No­sotros no los podemos tener aquí presos. Nosotros no queremos convertirnos en guardianes ni en centinelas de los etarras; tampoco queremos ser cómplices. La posición nuestra es no inmiscuirnos para nada en ese pro­blema de España, es la posición que hemos adoptado y que seguimos rigu­rosamente. Incluso, los etarras han solicitado contactos con nuestro Partido para exponerle sus posiciones, sus puntos de vista, y nosotros, acorde con esa po1ítica, hemos evitado ese tipo de contacto.

R.U.: ¿Entonces no ha habido contactos entre la ETA y el PCC?

F.C.: No, no ha habido contactos entre la ETA y el PCC, como no sean los contactos realizados cuando ellos iban a venir, que se habló de que vinie­ran para acá, ya que una de las condi­ciones que plantearon fue que si ve­nían a Cuba debía ser voluntariamente y no por la fuerza. Se les explicó la situación que había, y que ellos decidieran. Ellos debían decidir libremente. Nosotros no estábamos dispuestos a aceptar los etarras traídos por la fuerza. Planteamos, además, que en ese caso ellos debían comprometerse a per­manecer en Cuba seis meses. El Gobierno español quería un compromiso de mayor tiempo. Incluso se habló de dos años, pero nosotros aceptarnos proponerles a los etarras solo seis meses.

R.U.: Que ya han transcurrido larga­mente, ¿no?

F.C.: Sí, han transcurrido los seis meses.

Es decir, hubo compañeros del Go­bierno que hablaron con ellos y hay funcionarios que mantienen la aten­ción a ellos en el terreno de sus necesi­dades prácticas, o de sus trámites legales, o de cualquier tipo; pero lo que no ha habido es contactos de tipo político, discusiones de tipo político con ello, aunque ellos han planteado sus deseos de exponer su problema.

Eso, desde luego, no tendría nada de particular, e incluso no constituye una falta, ni constituye una agresión a España, que nuestro partido escuche la exposición de sus ideas y puntos de vista, pero nosotros, incluso hemos evi­tado ese tipo de relaciones políticas, para no incurrir en los riesgos de que se nos pretenda implicar en ese pro­blema de España.

Ahora se han cumplido ya los seis meses, efectivamente, pero ellos no han incumplido su compromiso de perma­necer un mínimo de seis meses; tampoco los vamos a expulsar del país. Hay una situación de hecho; no vamos a expulsarlos. Cuando ellos quieran salir del país, tampoco les vamos a prohibir que salgan, ni mucho menos. Si no tienen otro lugar donde estar, por un elemental sentido de humanidad estarán aquí y serán tratados con todo respeto; cuando quieran mar­charse del país, podrán marcharse, es su libertad. Yo no sé lo que ellos piensan en realidad, pero son libres de marcharse del país si lo desean, y si no tienen a dónde ir, nosotros no los vamos a expulsar, ni les vamos a negar la hospitalidad que fue concedida, pre­cisamente, a solicitud de otros gobier­nos; no fue una iniciativa nuestra. Eso es lo que puedo explicarle con relación a este problema.

MARISOL MARIN: ¿Había alguna otra condición de ustedes, aparte de la de estar seis meses?

F.C.: Bueno, seis meses, y que vinie­ran voluntariamente. Es decir, que no los trajeran por la fuerza era la otra condición. El compromiso de estar esos seis meses era el tiempo que les había­mos propuesto. Han pasado ya los seis meses. Les propusimos un breve pe­riodo para que no fueran a pensar que nosotros queríamos tenerlos retenidos aquí. Nosotros les dijimos que los reci­bíamos con la condición de que ellos aceptaran el compromiso de permane­cer seis meses en Cuba.

R.U.: ¿Ellos lo aceptaron?

F.C.: Ellos lo aceptaron, no vinieron aquí por la fuerza, y yo no he tenido noticias desfavorables sobre su comportamiento  en Cuba.

No están presos, me imagino que tengan visitas. Aquí vienen muchos es­pañoles; aquí vienen muchos turistas españoles y me imagino que tengan contactos con los españoles. Nosotros­ no los andamos vigilando, lo que nos interesa es que respeten las leyes de nuestro país, pero todos nosotros hemos sido perseguidos de alguna ma­nera o de otra, hemos estado exiliados o hemos estado presos, y sabemos lo que hacemos todos en esos casos: si es­tamos exiliados, tratamos de mantener los contactos, y cuando estamos presos, tratamos de mantener los contactos, y cuando estamos clandestinos también. Son cosas que no las puede evitar nadie; en realidad, ni es nuestra obli­gación. No son funciones que nos corresponden a nosotros. Me imagino que en otros países vivan algunos de ellos, no sé si por fin México aceptó algunos, si Venezuela aceptó otros.

M .M.: Los están mandando a África. Mandaron los últimos a Togo y Cabo Verde.

F.C.: Si los etarras y también el Go­bierno lo solicitan, nosotros no tene­mos inconveniente en que estén aquí o vengan aquí en las mismas condiciones que vinieron los otros. En eso no creo que haya problemas insalvables.

R.U.: ¿Recibirían más?

F.C.: Miren, yo no me atrevería a darle una respuesta categórica en este momento. Tendríamos que analizarlo, porque siempre hay riesgos políticos. Si de repente todos los etarras vinieran para Cuba, los enemigos de nuestras relaciones con España van a empezar a intrigar y a decir que nosotros somos cómplices de los etarras, o somos res­ponsables de cualquier cosa que hagan los etarras. En realidad, debemos tener en cuenta que tal cosa se  prestaría a una propaganda calumniosa y falsa con nuestro país.

Lo que yo decía: bueno, si no tienen dónde los lleven y fuera necesario un lugar donde se les trate con respeto y las debidas consideraciones humanas, en condiciones de voluntariedad y compromiso mínimo de estancia, pu­diera pensarse en esa solución. No lo estamos ofreciendo, lo digo como una posibilidad. A mí me dicen: quieren mandar a los etarras y no tienen nin­gún  lugar del mundo donde mandar­los, y los van a mandar a Sudáfrica o a cualquier otro lugar por la fuerza, yo analizaría otras alternativas. Sí, he oído decir que los van a mandar a Cabo Verde, yo no sé cuáles serán las condiciones en que estarán allí.

El problema no nos conviene a no­sotros, pero no les tenemos miedo a los problemas, y la razón por la que toma­mos aquella decisión fue por conside­ración a España, consideración a Pa­namá y consideración a los etarras también, porque si bien con los go­biernos de Panamá y de España tene­mos consideraciones políticas, con los etarras podemos tener consideraciones humanas.

Pero no tenemos ninguna responsabilidad con este tipo de problemas, y creo que nadie pueda acusarnos, ni po­drán acusarnos; si lo hacen, lo harán gratuitamente, como de tantas otras cosas que nos acusan a nosotros, pero no tendrán fundamento serio para decir que nos inmiscuimos en asuntos de esta naturaleza en España, porque no pensamos inmiscuirnos.

R.U.: Si le parece, Comandante, pa­samos entonces a los temas latinoamericanos, y empezar  por...

F.C.: No... sí, sí, la respuesta fue un poco extensa, pero usted puede escoger materiales. Quise dar detalles.

Los lemas éstos, ya usted sabe lo polémicos que van a ser, se lo imagina y lo de la OTAN...

R.U.: Sí, el de la OTAN es muv polémico.

F.C.: Yo se lo digo con toda franqueza, ya que usted me lo preguntó.

M.M.: Falta un tema en el apartado de España, que yo creo que es inevitable.

R.U.: ¡Ah! Gutiérrez Menoyo.

F.C.: No se vayan a olvidar de Gutierrez Menoyo, porque se van a buscar un dolor de cabeza.

R.U.: A mí se me había olvidado.

F.C.: ¿Qué quieren que les diga?

R.U.: Bueno, diciéndolo un poco brutalmente, en España se ha llegado a decir incluso, que usted lo retiene como rehén para un eventual viaje España o para un viaje de Felipe aquí...

F.C.: Le voy a decir con toda franqueza: lo de Menoyo no tiene nada que ver con que viaje a España o no viaje a España. Sería absurdo, y estaría contra nuestra dignidad, no le voy a decir solamente contra nuestros principios; contra nuestra dignidad, ponernos a negociar la libertad de alguien con el propósito de hacer una visita, de que me inviten a España.

Ese tipo de acciones que pueden atribuirnos nuestros enemigos, y es lógico que tengan que hacerlo, son completamente ajenas a la historia, al estilo de nuestra Revolución y de su propio estilo. Si nosotros consideramos que un individuo debe estar cumpliendo una sentencia  porque hay razones absolutamente justificadas para ello, ese principio, ese punto de vista no lo cambiamos por nada, ni por todo el dinero del mundo, ni por cien viajes a España, por  supuesto.

Más fácil es que nosotros resolvamos un problema de esta naturaleza por razones de consideración con el Gobierno español, de consideración personal con Felipe, puesto que sabe­mos que atacan a Felipe injustamente, presionan, lo tratan de poner en si­tuación embarazosa con motivo del asunto de Menoyo; únicamente por consideraciones personales a Felipe es que nosotros incluso hemos estado dis­puestos a discutir el asunto. Y a decir verdad, me gustaría en esta cuestión la posibilidad de dar una prueba de consideración personal a Felipe, como hicimos con los etarras que, como le expliqué, fue una prueba de consideración con Felipe, con el Gobierno español, también con el Gobierno de Panamá y, por último, con las personas que han sido objeto de estos arrestos y expulsiones de Francia.

Ahora, hay una razón perfectamente clara por la que nosotros no podemos ceder en la libertad de Menoyo, y, créame, que con relación a Menoyo nosotros no albergamos el más mínimo espíritu de revancha ni de venganza.

Ahí en España está Cubela, por ejemplo, que fue arrestado y sancionado a muchos años por uno de los deli­tos más serios: por haber sido agente la CIA y haber introducido en Cuba las armas, de  acuerdo con la CIA para realizar un atentado contra, es un hecho realmente grave; y hace ya más de cinco años que está en libertad, como muchos otros, y sin que lo haya pedido nadie, les hemos reducido la sanción; los hemos puesto en libertad y están en España o en Estados Unidos o en otros países.

Ahora, Menoyo es el jefe de una or­ganización contrarrevolucionaria, Alfa 66 que actúa desde Estados Unidos, desde Miami, que ha realizado infinidad­ de ataques piratas a nuestras embarcaciones, instalaciones portuarias, que ha filtrado en numerosas ocasiones violentos mercenarios armados en otro país para realizar atentados y sabotajes a lo largo de muchos años. La gente vinculada Alfa 66 fue responsable del repugnante sabotaje al avión de la linea aérea cubana en Bar­bados, que costó la vida a más de 70 personas, entre ellos, el equipo juvenil nacional de esgrima, y Menoyo es el jefe de esa organización. Puedo tener el deseo personal de tener una conside­ración con Felipe, pero ¿debo olvidar los intereses de Cuba y los intereses de nuestro  pueblo? Cuando Menoyo de­sembarcó aquí con un grupo de merce­narios armados, procedente de Estados Unidos y en las inmediaciones de la Base Naval de Guantánamo, cometió con ese solo hecho un delito suma­mente grave.

Yo le advierto que lo que hizo Me­noyo merecía una sanción mucho más alta, sencillamente merecía el fusila­miento; merecía que los tribunales lo hubieran sancionado a la pena capital, porque esos delitos de traición al país, y las cosas que hizo Menoyo contra Cuba y al servicio de una potencia ex­tranjera, son sancionados con las penas más severas. Tenga usted la se­guridad de que fue una expresión de generosidad el hecho de que Menoyo, no obstante la gravedad  de los hechos, la gravedad de su traición, no hubiera sido sentenciado a una pena más rigu­rosa. No hemos sentenciado a un indi­viduo por disidencia política, ideoló­gica, sino a un individuo que desde territorio de Estados Unidos –¡desde territorio de Estados Unidos!– orga­nizó numerosas acciones contra el país, incluso invadirlo; con elementos armados.

Yo puedo tener deseos de ser amis­toso con Felipe y darle pruebas de amistad, pero no a costa de hacer algo que sería difícil de entender por nues­tro propio pueblo. Cuando Estados Unidos nos está amenazando a noso­tros de agresión, y de modo tal que nos ha obligado a movilizar y preparar a toda la población para defender el país a cualquier costo, seria en verdad una tontería incomprensible y sin sentido liberar a Menoyo y enviarlo a Estados Unidos a realizar nuevas fechorías contra Cuba. ¿Qué le explicaríamos después a nuestro pueblo cuando Alfa 66 y Menoyo envíen una infiltración que le cueste la vida a un miliciano, a un obrero, a un soldado cubano? En tanto existan peligros de agresión contra nuestro país por parte de los Estados Unidos, no podemos darnos el lujo de poner en libertad a Menoyo, ex­cepto que haya cumplido su sanción.

Creo que el pueblo español, al que se trata de engañar y manipular bur­damente con este tema, puede entender perfectamente nuestra posición. ¿Qué dirían los españoles si yo le planteara al Gobierno español que pusiera en li­bertad a los etarras que están presos? Ya que vamos a hablar de este tema, vamos a hablar con amplitud. ¿Qué di­rían?

R.U.: Porque fueran de origen cubano...

F.C.: ¿Qué diría el Gobierno español si nosotros le insistiéramos en que pusiera en libertad a los etarras que están presos? A decir verdad, el Gobierno es­pañol puede decir que los etarras son españoles; pero el problema es ese pre­cisamente, que los etarras dicen que ellos no son españoles; que ellos son vascos. Y más todavía: desde el punto de vista moral, un militante etarra es mucho más respetable que Menoyo, porque los etarras no son mercenarios, los etarras luchan por convicciones, creen en su nacionalidad y creen en su derecho a la autodeterminación; desde el punto de vista moral ni político, usted no puede despreciar a alguien que luche por esas motivaciones.

No voy a analizar los métodos que se empleen, si es un método u otro; estoy analizando simplemente las mo­tivaciones. En cambio, Menoyo actúa al servicio de una potencia extranjera, y eso es un acto de traición; Menoyo es algo más que un preso político. Me­noyo es un traidor al país, porque actuó desde Estados Unidos y al servicio de los intereses de Estados Unidos contra Cuba, y los etarras –que yo tenga entendido– no están asistidos por niguna potencia extranjera, ni trabajan al servicio de ninguna poten­cia extranjera, ni son mercenarios. Menoyo es mercenario, ha actuado al servicio de Estados Unidos, al servicio de una potencia extranjera contra el país que lo acogió desde muy joven, contra el país donde vivió, y cuya na­cionalidad y cuyas leyes aceptó y acató.

No se puede comparar a Menoyo moralmente con un etarra. Y si vamos a hablar de esto, y si hay que hablar sobre esto y discutir este tema, estoy dispuesto a discutir con amplitud y profundidad.

Yo creo que a los españoles no les agradaría, ni al Gobierno ni a nadie, que nosotros presionáramos y organi­záramos campañas para que pusieran en libertad a los etarras presos en Es­paña. En eso se ha traducido el caso de Menoyo, con el pretexto de que es descendiente de españoles, en un ins­trumento de presión y campañas contra Cuba, y digo, categóricamente, que a Cuba no se le puede presionar. Si un día la hostilidad y las amenazas de Estados Unidos desaparecen, nosotros estaríamos en más libertad, podría tener más lógica ponerlos en libertad, a él y a otros, porque, repito, no se trata de un acto de venganza o de ani­madversión personal contra nadie. Nunca hemos visto las sanciones de la Revolución como un medio de ven­ganza, sino como un instrumento de defensa de nuestro país.

Menoyo tiene una larga sanción, y le reitero que fue generosa. Se ha que­rido convertir este caso en un medio para presionarnos como una supuesta prueba de amistad. Sí, nosotros tenemos una gran amistad con Felipe, por­que yo, personalmente, le tengo afecto y respeto a Felipe; pero le tengo más amistad a la Revolución Cubana, le tengo mas amistad a nuestro país, y le tengo más amistad y respeto a mi Pa­tria que a cualquier otra persona o país en el mundo.




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