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viernes, 9 de enero de 2015

Miles de Destellos

Les compartimos este reportaje publicado en Gara:



El próximo sábado miles de destellos iluminarán Bilbo como nunca

El escritor Bernardo Atxaga ha sido la última cara conocida en adherirse a la movilización del próximo sábado por los derechos de los presos. Junto a él caminarán miles y miles de personas que iluminarán, literalmente, las calles de Bilbo.

Nagore Belastegi

En silencio, sin pancartas, con la emoción que cada principio de año se contiene en las calles de Bilbo, miles de personas seguirán el mismo rumbo para mostrarle al mundo que Euskal Herria lo tiene claro, quiere que se respeten los derechos de los presos, quiere que estén cerca de casa. Los encargados de abrir la marcha serán las furgonetas de Mirentxin, tal y como indicaron los miembros de Sare Herritarra. Tras las furgonetas marcharán aquellas personas que las ocupan cada fin de semana, que realizan cientos de kilómetros para ver a sus seres queridos; los miembros de Etxerat.

A falta de pocos días Sare ya tiene prácticamente todo bien atado y organizado, siempre pendiente de algún detalle de última hora. Es importante que todos los asistentes sepan que este año la movilización será diferente, y es por eso que se ha difundido un vídeo en las redes sociales para que llegue a la mayor cantidad de gente posible (la información está detallada en la siguiente página).

A estas alturas saben que por lo menos 250 autobuses se acercarán a Bilbo el sábado desde los pueblos de toda Euskal Herria, aunque saben por experiencia que terminarán siendo más debido a que hay rezagados que se apuntan a última hora. Sería inútil tratar de realizar una estimación de las personas que acudirán al acto puesto que es imposible calcular las que se acercarán en otros medios de transporte.

La mayoría de los autobuses saldrán de sus respectivas localidades con el tiempo suficiente como para llegar a tiempo a la movilización, que comenzará a las 17.30 bajo el lema «Now! Euskal Herrira». Sin embargo, habrá quien prefiera acercarse por la mañana y aprovechar el día en Bilbo. Para ellos, Sare colocará una carpa en El Arenal desde las 11.00 hasta las 15.00 donde habrá ocasión de hacerse Sarekide. Además, expresos y familiares de presos ofrecerán información.

Debido a que la movilización será diferente a la de otros años, la colaboración de los voluntarios será imprescindible. Por un lado, necesitan ayuda para repartir los dispositivos luminosos que se utilizarán al final del recorrido y, por otro, se estimará la colaboración de gente que se preste a sacar fotos con sus cámaras o dispositivos móviles y las envíen a Sare para que compongan una galería. La organización estima que ya se han apuntado los 700 voluntarios requeridos, pero aun así sigue siendo posible apuntarse en la página web, porque toda ayuda es poca. Para que cada persona sepa qué tiene que hacer, los voluntarios encargados de repartir los dispositivos luminosos se reunirán a las 15.30 en la plaza Zabalburu.

112... y muchos miles más

Sare hizo pública una lista con 101 personas populares que se han adherido a la movilización. Hasta el pasado fin de semana eran 111, pero el lunes el escritor Bernardo Atxaga dio otro paso y se convirtió en el número 112. En la lista figuran también la patrona de Zumaia Nagore Osoro, los cantantes Francis Diez, Eñaut Elorrieta y Mikel Urdangarin, las escritoras Katixa Agirre y Toti Martinez de Lezea, la jurista Garbiñe Biurrun, el bertsolari Julio Soto, los escaladores Eneko e Iker Pou, el director de cine Aitor Merino, el actor Willy Toledo, la periodista Mirentxu Purroy o el político Josep-Lluís Carod Rovira, entre muchos otros.

Además, algunos han querido hacer pequeñas aportaciones de su cosecha, como el bertsolari Amets Arzallus, que ha enviado un bertso que puede oirse en la web, o el escritor Patxi Zubizarreta, que ha escrito una carta al Olentzero en nombre de una niña llamada Arrate (reproducida en el texto de abajo). Aunque ellos sean las caras conocidas en la marcha les acompañarán miles de ciudadanos y ciudadanas gracias a los cuáles será posible llenar las calles de Bilbo de luz. No se ha habilitado una lista de adhesiones general porque el objetivo de Sare era unir a las personas mediante una red. Por ello, piden que la gente envíe sus fotos, vídeos y aportaciones desde cualquier parte del mundo.

Paso a paso: cómo tomar parte en la movilización de manera organizada

La movilización por los derechos de los presos de este año será diferente. No contará con ninguna pancarta para que «todos se sientan libres de participar» en ella, ni todas las personas saldrán de un mismo sitio, sino que seguirá la premisa de Sare de unir a las personas y crear una red, que en este caso se propagará por Bilbo y estará compuesta por miles de ciudadanos. Los llegados desde Araba y Bizkaia partirán desde la Casilla y los que se acerquen de Gipuzkoa, Nafarroa e Ipar Euskal Herria, desde el Ayuntamiento. En diferentes puntos de la movilización, así como en los autobuses y en las bocas de metro, los voluntarios repartirán dispositivos luminosos que han denominado «destellos», porque lo que la manifestación pretende es decirle al mundo que los vascos «lo tenemos claro». La responsabilidad de cada uno será hacerse con dos de estos «destellos».

A la cabeza cada uno de los grupos de manifestantes se situarán cinco furgonetas de Mirentxin y tras ellas caminarán los familiares de los presos. A medida que ellos avancen se incorporarán el resto de las personas. Al llegar a la plaza Zabalburu las furgonetas y los familiares se reunirán y el resto de la gente deberá quedarse donde está. La organización insiste en que todos los asistentes estén tranquilos, puesto que a lo largo de todo el recorrido se encontrarán repartidos varios altavoces que permitirán que todos oigan la señal para levantar los «destellos», momento en que las calles de Bilbo se iluminarán y las personas dejarán de ser individuales para convertirse en un todo.

Para activar los «destellos» habrá que doblarlos y agitarlos para que los líquidos en su interior se mezclen produciendo una reacción luminosa. Es importante no doblar el tubo hasta escuchar la señal, solo así se obtendrá el resultado esperado en que todas las luces se encenderán a la vez. Tras este inicio, continuará el ekitaldi, que será presentado por Saroi Jauregi y Fermin Muguruza. En el mismo, que durará un cuarto de hora aproximadamente, participarán también los músicos Agus Barandiaran, Rafa Rueda y las hermanas Aire, los bertsolaris Maialen Lujanbio, Igor Elorza y Amets Arzallus y algunos familiares de presos.




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martes, 6 de enero de 2015

La Función del Derecho

Les compartimos este texto publicado en Rebelión:




Se olvida a menudo que la función del Derecho no es la de impedir el delito; tampoco la de castigarlo. De lo primero se ocupa la policía; de lo segundo los jueces a partir del Código Penal. La función del Derecho es la de proteger la “condición humana” de todos los ciudadanos, también sobre todo la “condición humana” de los que cometen o son sospechosos de haber cometido un delito. Por eso la función del Derecho es más bien la de impedir que la policía, cuya misión es impedir los delitos, y el Código Penal y los jueces, que deben castigarlos , se regulen por prácticas o leyes incompatibles con la incondicional condición humana de todos los ciudadanos El Derecho no vigila a los ciudadanos, ni siquiera a los “malos”; vigila a la policía y a los jueces; es decir, vigila las leyes y, por eso mismo, a los que las hacen o las aplican.

Un orden jurídico y social que se propone como único objetivo impedir o castigar por cualquier medio el delito no es un Estado de Derecho y, por eso mismo, tampoco una democracia. Por experiencia sabemos que ni puede haber una comunidad humana sin conflicto ni puede haber un poder lo bastante fuerte como para evitar de raíz todo comportamiento delictivo. Ocurre, al contrario, que esos “poderes fuertes”, en nombre de la seguridad, suelen multiplicar los delitos y las intervenciones y, sin impedir los robos o los asesinatos, convierten a todos los ciudadanos en delincuentes potenciales -delincuentes contra el orden mismo que dice defenderlos-. Entre un Estado de Derecho y un régimen totalitario hay distintos grados de afirmación o negación del Derecho, e incluso burbujas -por así decirlo- vacías de derecho. Pensemos, por ejemplo, en los aeropuertos, donde todos somos tratados como sospechosos y obligados a humillantes demostraciones de inocencia sin la menor protesta. Si nuestra vida cotidiana, nuestras decisiones privadas y nuestra libertad de expresión estuvieran reguladas a la manera de un aeropuerto nos acabaríamos rebelando, pero entonces nuestra rebeldía contra ese orden vacío de derechos sería constitutiva de delito y, como delincuentes en un espacio sin Derecho, podríamos ser tratados sin ningún miramiento.

En definitiva, debemos comprender que, con independencia de lo que sintamos, cuando protegemos los derechos de un detenido, un imputado, un acusado o un preso nos estamos defendiendo a nosotros mismos. Frente a un Estado policial, cuya obsesión por cubrir todos los huecos multiplica las leyes y los supuestos delictivos -y reclama cada vez más policía-, un Estado de Derecho es una chapuza que deja muchas rendijas. Nunca podrá garantizar que no recibiremos una cuchillada, pero incluso en términos de eficacia es superior a una dictadura: vigilando a la policía, los jueces y las leyes, y no a los ciudadanos, garantiza que no seremos tratados como si hubiéramos dado o fuéramos a dar una cuchillada. Protegiendo la humanidad de los acuchilladores, como sujetos inalienables de derecho, protege la “diferencia” del acuchillado. Su condición es, por eso mismo, la “generalidad”: no puede hacer una sola excepción, ni sectorial ni temporal ni circunstancial (torturamos sólo los miércoles y sólo a los calvos y sólo si no llueve) sin que a través de ella se cuele la epidemia de excepciones que nos dejará sin protección.

Pues bien, España, bajo el régimen del 78, no ha llegado nunca a ser un Estado de Derecho. Del mismo modo que, cada vez que viajamos, aceptamos con naturalidad la burbuja del aeropuerto, hemos aceptado sin protestar la multiplicación de los aeropuertos en nuestro orden político y social. En nombre de la “lucha antiterrorista” y con la colaboración de nuestros medios de comunicación y nuestros responsables políticos, encajamos con muy pocas resistencias la prolongación de la lógica franquista de la excepción a través de toda una serie de leyes y reformas apoyadas por los dos grandes partidos: la Ley de Seguridad Ciudadana de 1978, ratificada en 1979; la Ley 4/88 que permitía la incomunicación del detenido y las escuchas telefónicas sin intervención judicial; la famosa “Ley Corcuera” de 1992, también conocida como “ley de la patada en la puerta”; la reforma contra el “terrorismo de baja intensidad” para poder condenar a los menores de edad de la kale borroka ; la Ley de Partidos de 2002, concebida ad hoc contra la izquierda abertzale ; la ley orgánica 7/2003, que aumentó la pena máxima de 30 a 40 años, o la infamante “doctrina Parot”, recientemente cuestionada por el tribunal de Estrasburgo , que priva de los beneficios penitenciarios a los condenados por terrorismo. Como sabemos por los informes de la ONU y del Tribunal Europeo de DDHH , en España se sigue torturando. Y aunque prefiramos ignorarlo, hay juicios políticos y presos políticos: el caso de Arnaldo Otegi , encarcelado desde 2009, es sólo el más señero . Por lo demás, es esta misma lógica de criminalización selectiva, y de desprotección epidémica, la que se ha venido extendiendo desde el País Vasco a toda España y ahora impone la llamada “ley mordaza”, concebida para silenciar las crecientes protestas y movilizaciones sociales y democráticas.

Uno de estos “aeropuertos” jurídicos es sin duda la cárcel. Y una de las prácticas de excepción que limita los derechos de los presos -que son los derechos también de los que estamos libres- es la política de dispersión carcelaria, de la que se cumplen ahora 25 años. Aplicada a reos relacionados con delitos de “terrorismo”, fue concebida, como se recordará, contra ETA y su “entorno” y se aplica, en efecto, a casi 500 presos vascos, muchos de los cuales cumplen su pena a más de 800 kilómetros de su lugar de residencia. La medida, denunciada por Human Rights Watch y por varios informes de las Naciones Unidas, no sólo conculca los derechos de los presos sino que castiga a sus familias, inocentes desde todos los puntos de vista, que recorren todas las semanas miles de kilómetros jugándose y, a veces, perdiendo la vida: son ya 16 las personas muertas en accidente de tráfico en estas dos décadas y media de “estado de excepción”. Contra Antoni Asunción y Enrique Mújica , exministros del PSOE , artífices hace 25 años de esa política de dispersión que siguen hoy defendiendo en nombre de la “eficacia policial”, podrían darse muchas razones de puro pragmatismo político para restablecer el derecho. Pero, al margen del “proceso de paz” y de la desaparición de facto de ETA, hay que decir simplemente que con los derechos no se negocia, como no se negocia con el aire o con la piel. Cualquier excepción abre paso a una necrosis del marco jurídico que amenaza a todos los ciudadanos por igual. No hay “grupos de riesgo” penal -vascos, inmigrantes o musulmanes- y no hay presos “buenos” y presos “malos”. Con independencia de lo que pensemos de los delitos atribuidos o de sus móviles, aceptar “aeropuertos penales” es aceptar la lógica de las burbujas vacías -donde todo estaría permitido contra otros más o menos distantes o enemigos- que devora desde hace años las garantías por las que nos sentimos protegidos.

El próximo día 10 de enero se celebrará un año más en Bilbao una movilización popular en favor de los derechos de los presos. No es un asunto que concierna sólo a los vascos o sólo a las familias de los presos y mucho menos a los independentistas únicamente; como ciudadano español, me concierne -y me amenaza- cualquier conculcación del derecho, no importa dónde se produzca o contra quién. O comprendemos esto de una vez o entregamos la gestión del Estado a esos “poderes fuertes”, sin vigilancia del Derecho, que se pretenden en guerra contra el terrorismo y que acaban defendiéndose sólo a sí mismos, como de enemigos, de todos aquellos que cuestionan o rechazan la guerra. Es decir, de cualquier ciudadano que no quiera vivir en un aeropuerto. En este aeropuerto que llamamos España, con sus burbujas vacías de Derecho, todos somos potencialmente presos vascos privados de sus derechos. Por pragmatismo y por principio, acabemos de una vez, por favor, con esta excepción que dura ya demasiado tiempo.




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lunes, 5 de enero de 2015

110 se Dice Fácil

Les compartimos este comunicado publicado en la página de Now (Now Bilbora):



110 destellos, 110 adhesiones que reclaman el fin de la dispersión euskal presoak, orain, ahora, Now Euskal Herrira!

Hoy se suman nuevas adhesiones a las que ya presentamos la semana pasada. A la amplia lista que hacíamos publica el pasado martes, se le suman personas de muy diversas sensibilidades. Esto es lo que hemos querido dar a conocer el día de hoy, la red ciudadana se va tejiendo día a día, se va reforzando, ampliando.

Creemos que el pilar fundamental es seguir tejiendo y profundizando en la creación de una red ciudadana que aúne sensibilidades diversas, que vaya más allá de siglas y objetivos  políticos concretos. Que esté cimentada en el respeto de los derechos humanos para todas las personas. Construyendo una base sólida y común que posibilite un futuro mejor para todos y todas. Ese debe de ser nuestro reto como sociedad. Y este es el compromiso que ha adquirido SARE.

Hoy, al igual que mañana, al igual que el 10 de enero y al igual que en los próximos meses, tenemos que pedir a toda la sociedad vasca a que no renuncie a su papel de motor. Todxs juntxs conseguiremos ponerle fin a todas las violaciones que sufren los derechos de los presos y presas y su entorno más cercano. Comenzando por la dispersión.

Tal como lo dijimos la pasada semana, invitamos a todas las personas a que acudan masivamente a la movilización del día 10 de enero en Bilbao. Una movilizacion silenciosa. Sin pancartas. Donde el grito del silencio de miles y miles de ciudadanxs, llegue hasta el último rincón. Para que el mundo observe que existe un ejemplo más de expresión ciudadana activa por los derechos humanos. Para que el mundo perciba  que el final de la dispersión es necesario y urgente. Para que el mundo perciba que poner fin a la dispersión, no es cuestión ni de debates ideológicos ni  de siglas políticas. Porque es una cuestión de DDHH que interpela al conjunto de la sociedad. Para trasladar alto y claro un mensaje conjunto: NOW! EuskalHerrira.

Y prueba de ello es la lista de personas que se suman hoy a nuestra iniciativa, todas  ellas manifiestan conjuntamente la necesidad de acabar con la dispersión y su apoyo a la movilización de Bilbo. 110 personas de diferentes sectores suscriben este sentir. El 10 de enero, miles de personas juntas lo corroboraremos.
Tú también puedes.

Todos y todas  ganaremos un futuro de paz y convivencia para nuestro Pueblo.







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