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domingo, 8 de junio de 2025

Recordando a Lorenzo Gaztelumendi

Ahora que la serie de televisión Andor le ha mostrado a las nuevas generaciones el valor de los grupos de resistencia en contra de los regímenes autoritarios será más fácil de entender lo que personas como Lorenzo Gaztelumendi y muchos otros hicieron para entorpecer la maquinaria de guerra nazi.

Aquí les dejamos este reportaje publicado en Deia:


Memoria para un vasco antinazi de la ‘Red Deportistas’

A 80 años de la liberación del campo alemán de Neuengamme, recuerdan al capitán comunista de Durango Lorenzo Gaztelumendi

Iban Gorriti

Lorenzo Gaztelumendi Bilbao, natural de Durango , fue uno de los miles de republicanos españoles deportados a campos de concentración nazis tras la Guerra Civil. Su historia, documentada por investigadores y reconstruida a partir de fuentes familiares y archivos, reflejó el itinerario de un militante antifascista comunista que terminó como víctima del sistema represivo del Tercer Reich. 

Nació el 3 o el 5 de enero de 1909 —las fuentes varían— y fue hijo de Lorenzo Gaztelumendi Renteria –natural de Donostia- y Juliana Bilbao. Esa pareja se casó en la entonces parroquia y hoy basílica de Santa Maria de Uribarri el 10 de septiembre de 1896. En enero de 1936, medio año antes del golpe de Estado contra la Segunda República, Lorenzo hijo contrajo matrimonio con Paz Ruiz. Su entorno familiar, de tradición farmacéutica, aún residía en Durango, desde donde se intentaba establecer contacto con posibles descendientes del matrimonio.

Durante la contienda, Gaztelumendi se incorporó al Batallón Jean Jaurès, vinculado a las Milicias del Partido Socialista y la UGT. Según Kepa Ganuza, miembro de Euskal Prospekzio Taldea, más tarde fue ascendido a capitán del Ejército Republicano, con chapa de identificación 50.586. Figuró en las nóminas de diciembre de 1936 y de los primeros meses de 1937. En marzo, participó como alumno en cursos de la Sección de Guerra Química —especialmente en Defensa Antigás— en un cuartel de Portugalete, bajo la dirección de Juan Manuel Epalza. En abril, ya apareció como capitán del Departamento Antigás del batallón, aunque regresó temporalmente al Jean Jaurès. En mayo dejó de constar en las nóminas del batallón y pasó a las del servicio antigás, en el que permaneció al menos hasta julio. A pesar de esta especialización, Euskadi no fue escenario de ataques con armas químicas.

Al finalizar la guerra, como tantos otros combatientes republicanos, se exilió en Francia, donde fue internado en varios campos de refugiados, entre ellos el de Gurs, donde en su ficha se le registraba como “practicante de farmacia” de 29 años. Para entonces ya militaba en el Partido Comunista de España (PCE), una afiliación política que, sumada a su trayectoria militar, lo marcó como objetivo del aparato represivo nazi.

A finales de 1943, se integró en la red clandestina conocida como “Deportistas”, activa en Bretaña. Esta organización estuvo compuesta por republicanos vascos y españoles, muchos de ellos comunistas, cuyo objetivo era sabotear infraestructuras estratégicas del régimen nazi, como centrales eléctricas.

“Muchos de los integrantes de esta red participaron en actos de sabotaje en condiciones de altísimo riesgo”, explica Ana García Santamaría, autora del estudio Republicanos de Navarra, Gipuzkoa, Álava y Bizkaia en campos de concentración nazis. La red operó hasta comienzos de 1944, cuando una delación provocó numerosas detenciones. 

Gaztelumendi fue arrestado por la Gestapo el 4 de marzo de 1944 en Rennes, donde residía entonces. Fue trasladado a la prisión de Jacques Cartier y, poco después, desde Compiègne en un convoy con destino al campo de concentración de Neuengamme, cerca de Hamburgo. Su número de prisionero allí fue el 36.417. “Como queda registrado en la ficha identificada como suya del propio archivo Arolsen iba en el convoy del 15 de julio 1944 y llegó el día 18”, apostilla García Santamaría a DEIA. En Neuengamme fueron ingresados alrededor de 800 deportados y el durangarra aparecía de profesión, pfleger: enfermero o auxiliar de enfermería haciendo referencia, de algún modo, al oficio de la saga farmacéutica.

Tras unos días de “adecuación”, como se denominaban los periodos iniciales en los campos, fue trasladado al subcampo de Farge, en Bremen. Allí trabajó como mano de obra esclava en la construcción de un gigantesco búnker para submarinos, considerado el segundo más grande de Europa y nombrado como Valentin. Según un reportaje del diario Le Télégramme de julio de 1948, la tasa de mortalidad en estas obras fue extremadamente alta, oscilando entre 2.000 y 6.000 fallecidos, aunque solo se pudo documentar la identidad de aproximadamente medio millar.

La familia de Gaztelumendi sostuvo que Lorenzo falleció el 8 de julio de 1944 en el campo, aunque investigadores como Ana García advierten que “no se ha podido confirmar documentalmente la fecha exacta de su fallecimiento”.

En algunos documentos apareció registrado como “Gastelumendi”, lo que dificulta el rastreo de su trayectoria. Sus descendientes, si los hubiera, podrían arrojar luz sobre los últimos días de un combatiente cuyo rastro se perdió en los barracones del nazismo. La familia en Durango, que regentan una farmacia, una óptica y una tienda de moda ya cerrada, conserva viva su memoria, y expresa su deseo de poder contactar con ellos.

El nombre de Lorenzo Gaztelumendi Bilbao –de quien no se ha conseguido fotografía- es actualidad a raíz de que el grupo municipal independiente Herriaren Eskubidea ha propuesto que Durango se sume al proyecto europeo Stolpersteine, que recuerda a víctimas del nazismo mediante pequeños adoquines dorados incrustados en el suelo con sus nombres. 

La formación ha señalado el caso documentado de Gaztelumendi, deportado a Neuengamme –liberado en mayo hace 80 años- tras, como hemos leído, pasar por el campo de Gurs, y ha solicitado al Ayuntamiento que se instale un adoquín en su memoria. “Lo hemos sabido gracias a un estudio del Instituto Gogora”, ha indicado el portavoz Jorge Varela.

El proyecto, impulsado por el artista alemán Gunter Demnig, busca mantener viva la memoria histórica y advertir contra el resurgir del fascismo. En Europa hay más de 50.000 adoquines colocados; en el Estado, alrededor de 500. En Bizkaia, ya hay en Busturia y Barakaldo. 

 

 

 

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sábado, 5 de abril de 2025

Trump y Saint-Pierre-et-Miquelon

Pues resulta que las arrogantes balandronadas por parte de Donald Trump han apuntado el reflector hacia uno de los rincones menos conocidos de la diáspora vasca; el archipiélago norteamericano llamado Saint-Pierre-et-Miquelon.

Les invitamos a leer este extraordinario reportaje publicado en el portal de Tiempo Argentino:


Un archipiélago francés con alma vasca en América del Norte: la historia del lugar al que Trump le impuso el mayor arancel del mundo

En el listado de los países afectados por Estados Unidos sorprendió una isla ubicada frente a Canadá, con menos de 10.000 habitantes, que llega al 50% de arancel. Historia de un sitio ignoto para la mayoría, que estuvo atravesado por los conflictos entre Francia y Gran Bretaña, la influencia vasca y la Ley Seca. Y hasta su participación en Peaky Blinders.

Guillermo Lavecchia

Ni China ni Venezuela ni Irán, ni ninguna de las otras «dictaduras comunistas» como las llama el trumpismo, el mileísmo e Infobae. No. El lugar con más aranceles impuestos por el presidente de Estados Unidos en las últimas horas es un ignoto archipiélago francés con alma vasca en América del Norte. Hagamos un viaje por Saint Pierre et Miquelon.

“Los contribuyentes han sido estafados durante más de 50 años –enfatizó Trump en declaraciones en la Casa Blanca–. Pero eso ya no va a suceder más”. A 1973 kilómetros hacia el noreste, los 5808 pobladores de Saint Pierre ni se imaginaban que iban a encabezar la lista de los países más arancelados, junto a Lesoto, un territorio rodeado por Sudáfrica, ambos con 50 por ciento. Bastante más que China, que tuvo un 34%, o la Unión Europea, con 20%, o Nicaragua, con 18%. Acá se puede ver la lista completa.

San Pedro, Miquelon y la influencia vasca

San Pedro y Miquelón (como se la conoce en español) es un territorio francés situado frente a la costa de Terranova, Canadá. Si bien oficialmente debe portar la bandera tricolor de Francia, hay otra bandera no oficial, enarbolada desde 1982, presente en gran parte de las casas del Archipiélago, compuesto por dos islas principales al sur de Terranova.

Esta otra bandera presenta un velero amarillo, símbolo de la llegada del explorador francés Jacques Cartier, sobre un fondo azul que representa el mar. En el mástil, ondea la ikurriña vasca, junto a los emblemas de Bretaña y Normandía para honrar las raíces de la mayoría de sus pobladores.

Como explica Diario Vasco, la huella vasca en estas islas es fuerte y se deja notar incluso en su cementerio, repleto de lápidas con apellidos como Olaizola, Tellechea, Urtubi, Lizarraga o Apestegi: «Su presencia se remonta a la época de la caza de ballenas en aquellas aguas del Atlántico y Miquelón deriva del nombre vasco Mikeleune o Mikel. Así, la ikurriña en esta bandera es un homenaje a a aquellos primeros pescadores europeos que se asentaron en la zona, que al principio solo lo hacían durante la temporada de pesca».

Un archipiélago, tierra de navegantes

Hoy la Isla es una comunidad de Estado único, definida por el artículo 74 de la Constitución de Francia. La política local está estructurada alrededor de un sistema democrático parlamentario dentro de la colectividad de ultramar de Francia. Las islas también envían un diputado a la Asamblea Nacional de Francia y un senador.

Este territorio, cuya capital es San Pedro, es el único francés en América del Norte. Un resto de lo que fue el Virreinato de Nueva Francia que incluía otros territorios como Quebec y Luisiana. Además, forma parte de los Territorios especiales de la Unión Europea (UE).

Es, sobre todo, tierra de navegantes y pescadores. En 1520 llegó el portugués João Álvares Fagundes, que la bautizó como «Las Once Mil Vírgenes» (l’archipel des onze mille vierges). Pero será Cartier en 1536 quien la renombre «Isle Sainct Pierre», en honor al Patrón de los Pescadores. Después se le agregó el término vasco Miquelón a la segunda isla, teniendo en cuenta que los colonizadores fueron en su mayoría balleneros vascos provenientes especialmente de San Juan de Luz.

Hay una tercera isla, Langlade, conocida de varias formas a lo largo de la historia y que hoy está unida a la anterior por un istmo de arena. 

A mediados del siglo XVII ya había población francesa asentada de manera permanente. Las poblaciones originarias que habitaron antes de la llegada de los europeos se relacionan a los esquimales del norte de América, cuyas herramientas halladas se remontan hasta antes de Cristo.

Si bien son islas pequeñas vivieron tiempos convulsionados, sobre todo en los enfrentamientos entre ingleses y franceses. De hecho, los británicos tomaron posesión de San Pedro durante 50 años, hasta 1763. Y volvieron a atacarla en 1778, cuando Francia había apoyado la independencia de trece ex colonias inglesas.

Por 38 años la población pasó de uno a otro bando, la mayoría abandonó las islas, hasta que pasan a ser franceses definitivamente en 1815, con la segunda abdicación de Napoléon. Aunque vendrían años de declive en la industria pesquera hacia finales del siglo XIX, San Pedro y Miquelón tuvo un ascenso económico fortuito de trece años en la primera mitad del siglo XX. ¿Cuándo? Durante la Ley Seca de EE UU, destacándose por el tráfico ilegal de alcohol, especialmente de vino francés importado, por lo que llegaron a contar con la visita del mítico Al Capone en 1927. La Ley Seca terminó en 1933, y junto con la Crisis del ’29, volvió la recesión a las islas. 

Las islas y el nazismo

El 22 de junio de 1940 se firmó el denominado Segundo Armisticio de Compiègne, por el que la Alemania nazi y la Tercera República Francesa ponían fin a las hostilidades. El país galo quedaba dividido en dos partes: una, en el norte y oeste ocupada y administrada directamente por los germanos; otra, en el sur, gobernada por un nuevo régimen adicto al hitleriano con centro en Vichy, al que se concedía el control de los territorios no europeos. 

Islas colonizadas por los franceses como Guadalupe y Martinica habían rechazo ese acuerdo argumentando que se había firmado bajo presión, y se posicionaron a favor de los aliados. Pero San Pedro y Miquelón se puso del lado de los nazis. En plena Norteamérica. La única nazi del continente en ese momento.

Como cuenta La Brújula Verde, la autoridad local la representaba el Administrateur vigente, Gilbert de Bournat, que había sido nombrado en 1936 y contaba con la ayuda del almirante Georges Robert como alto comisionado y comandante en Jefe del Atlántico Occidental (que, además del archipiélago en cuestión, incluía las Antillas y Guyana).

La situación preocupaba tanto a Canadá como a EEUU porque en las islas contaban con una estación de radio y además estaban comunicadas con Europa mediante cables transatlánticos, lo que suponía la posibilidad de facilitar información a los submarinos alemanes sobre condiciones meteorológicas, paso de convoyes y movimientos de buques de guerra, aparte de proveer de pesca a Alemania a través de Francia.

San Pedro y Miquelón estaban demasiado cerca de la estratégica desembocadura del río San Lorenzo, pero recién en diciembre de 1941, tras denuncias de que la emisora de radio del archipiélago colaboraba con los U-boot germanos y la presión de De Gaulle, los aliados invadieron las islas. Fue a las 3 de la madrugada del 24 de diciembre, con 230 marineros armados. El operativo duró 20 minutos. Y no dispararon un solo tiro.

Al día siguiente se organizó una consulta a la población insular en la que la mayoría absoluta (más del noventa y ocho por ciento) votó a favor de unirse también a la Francia Libre.

Sus exportaciones

Como es de esperar, la capacidad exportadora de esta pequeña isla es tan modesta como su tamaño. Su economía se sostiene sobre todo en productos del mar: según el Observatorio de Complejidad Económica (OEC) exporta principalmente crustáceos procesados, moluscos, y pescado congelado. Además, Estados Unidos no está entre su pequeña pero variada red comercial: Canadá se lleva la mayor parte (2,7 millones), pero también a Irlanda (177.000 $), Francia (165.000 $), Djibouti (155.000 $) o Reino Unido (57.700 $). 

¿Cuál es el motivo entonces de los aranceles? Según la administración de Trump, radica en un solo mes: julio de 2024, cuando una compañía estadounidense adquirió productos de la isla por un total de 3,4 millones de dólares, generando un 99% de déficit. En Francia no descarta pedir la retirada de la empresa yanqui.

El dori es la embarcación tradicional de San Pedro y Miquelón, una especie de variante de la piragua americana. A finales del siglo XIX, época dorada de la pesca del bacalao, supo haber 500 de ellos. Los pescadores fueron abandonando estas embarcaciones por otras más modernas. Pero en Saint-Pierre, un puñado de incondicionales sigue manteniendo la tradición. Se les conoce como los Zigotos, por la asociación que crearon hace más de 30 años.

Las islas también tuvieron sus cinco minutos de fama en el mundo del espectáculo, cuando apareció al inicio de la sexta y última temporada de la serie Peaky Blinders, como escenario de parte de la historia. El primer capítulo comienza con un salto temporal de cuatro años con respecto al final de la anterior temporada. Tommy está en Miquelón y la escena nos sitúa en el bar de un hotel local. El protagonista comienza a hablar en un perfecto francés. Eran los momentos del fin de la Ley Seca.

Quien desee conocer las islas, se recomienda ir a mitad de agosto cuando llevan a cabo las fiestas vascas (los precios de estadía rondan los 94.000 pesos, que hay que pasar a euros, la moneda local). Todos los veranos se celebra un festival vasco con exhibiciones de harri-jasotze (levantamiento de piedras), aizkolaritza (corta de troncos) y pelota vasca.

El año que viene será todo un acontecimiento: celebrarán los 120 años de la construcción del frontón Zazpiak Bat, céntrico monumento y uno de los símbolos más conocidos de las islas. No faltarán los partidos de pelota, músicos, dantzaris, pescado y alcohol. Habrá que ver, en ese entonces, qué es de la vida del mundo, del comercio internacional y los aranceles, cuando el trumpismo ya lleve más de un año en el gobierno del vecino Estados Unidos.

Aranceles a islas donde solo habitan pingüinos

Trump evitó poner aranceles a Rusia, Canadá y México. Y le impuso al resto del mundo, desde Europa hasta América Latina. Incluso territorios aislados, como las deshabitadas Islas Heard y McDonald, que recibieron un 10% de aranceles.

Se trata de un grupo de islas volcánicas deshabitadas cerca de la Antártida, cubiertas de glaciares, con decenas de colonias de pingüinos, los verdaderos habitantes de estas islas, lo que disparó todo tipo de memes como el de la imagen. El anuncio sorprendió a Australia ya que el archipiélago es parte de su territorio, pero es casi inaccesible y no tiene comercio significativo con Estados Unidos.

Otro territorio australiano afectado fue la Isla Norfolk, situada a 1.600 kilómetros al noreste de Sídney y con una población de 2.188 personas. A diferencia del resto de Australia, que enfrenta un arancel del 10%, la isla fue golpeada con un gravamen del 29%.

En el Ártico, Svalbard y Jan Mayen, territorios noruegos con poca o nula población, también fueron incluidos en la lista de aranceles. El archipiélago Svalbard y Jan Mayen, una isla desolada con solo 18 habitantes operando una estación meteorológica y un aeródromo, enfrentarán un arancel del 10%. Nadie vive allí de forma permanente y su economía es nula.

Hasta las Islas Malvinas recibieron arancel: 41%, bastante más que el 10% de Argentina.


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sábado, 1 de abril de 2023

Egaña | El Fin de la Dispersión

Desde su perfil de Facebook traemos a ustedes el texto que Iñaki Egaña le dedica al cierre de ciclo de la infame política penitenciaria que el régimen español diseñó específicamente para castigar a familiares y amigos de los presos políticos vascos.

Con esta medida, Madrid acentuaba su inclinación revanchista, causando más daño y dolor del contemplado en su propio corpus legal a quienes caían en su red represiva.

Adelante con la lectura:


El fin de la dispersión

Iñaki Egaña

A la andoaindarra Matilde Arribillaga la recuerdo en muchas de las movilizaciones a favor de los derechos de los presos políticos vascos. Un grupo de mujeres veteranas, la mayoría abuelas, con armadura de hierro y corazón del color de la flor del cerezo que despunta estos días, se había convertido en nuestra conciencia, como aquellas que en la Plaza de Mayo argentina invocaban a los suyos desaparecidos.

Hace unos días se cumplieron 29 años de la desgracia. Matilde esperaba la llegada de un autobús que condujese a varios familiares de presos para acercarse al Parlamento de Gasteiz, donde PP, PSOE y PNV se vanagloriaban de quién era más que quién en la adopción de medidas políticas en el código penitenciario. Su hijo, “Xifi” Jauregi había sido detenido en 1987. Un despiste y la vida se le fue a Matilde en un instante. Un camión la atropelló. No consta en la relación de víctimas, ni siquiera entre esas 16 muertes causadas por la dispersión de los presos. Como en los accidentes laborales, unos y otros nos quedamos con la impresión de que la suerte es un factor determinante en el devenir cotidiano. Por razones biológicas y estadísticas, Matilde ya no estaría entre nosotros. Pero sin la dispersión de los presos políticos vascos, no habría fallecido aquel fatídico día de 1994.

Hoy, con los presos condenados por la Audiencia Nacional en prisiones vascas o camino de ellas y los igualmente castigados por el Tribunal de lo Penal de París en la cercanía de Lannmezan, con alguna excepción, el alejamiento y la dispersión parecen abocados al baúl de la desmemoria. Minimizando sus consecuencias, como si se tratara de un fleco de ese conflicto español con los vascos que oficialmente niegan. Sin embargo, el alejamiento y la dispersión han sido dos de los universos políticos y de solidaridad de varias generaciones de vascos.

Desde la legitimización internacional de España con aquel proceso que llamaron Transición, la política penitenciaria española con la disidencia, especialmente la vasca, pasaba por seguir modelos importados. Al comienzo, agrupando a los internos en cárceles como la de Soria (1978) y alejados a Puerto y, más tarde, en prisiones de máxima seguridad. Como la de Maze (Long Kesh) en Eire, la de Stammheim en Alemania o la de Asinara en Cerdeña. Para los vascos, los cuatro módulos de Herrera de la Mancha. Las marchas anuales condensaron un compromiso para enmarcarlo en los paneles de la “borroka memoria”.

A pesar de la concentración de presos en Herrera, los movimientos compartidos por París y Madrid ya dieron pistas de lo que se avecinaba. En 1984 detuvieron a decenas de huidos en Ipar Euskal Herria y los mandaron, a pesar de una propaganda benévola, a cárceles a cielo abierto, a Gabón, Cabo Verde, Ecuador, Sao Tomé, Togo, Panamá... Un año más tarde, en plena actividad de los GAL, Francia comenzó a alejar y dispersar a los presos vascos detenidos en el Hexágono, a criminalizar a la solidaridad, en especial a la bretona, y a entregar, de “policía a policía”, a cientos de refugiados que luego torturaban. Que vengan ahora a decirnos que esta ofensiva represiva coincidió en esos frentes, incluidos el de la guerra sucia, de casualidad. En algún lugar, como antes el Plan Zen, se hallarán los documentos que certifiquen, con nombres, apellidos y siglas, los planes de los gobiernos citados, incluidos los autonómicos (PNV y CiU apoyaron la dispersión).

Los presos de la época comentaron que aquel 23 de enero de 1987, cuando salió el primer contingente de presos desde Herrera con destino a siete cárceles del Estado español, les pilló de sorpresa. Ya en 1989, con Enrique Múgica Herzog ministro de Justicia, el alejamiento se multiplicó exponencialmente, llegando a desplazar presos vascos a Ceuta, Melilla y a las islas Canarias. Hasta casi 70, incluidas las del Estado francés. Y en el interior de las mismas, separados en módulos. Cuando en 1991 Juan María Atutxa llegó a la consejería de Interior, la dispersión, que ya era un hecho, la aplaudió hasta enrojecer.

Lo especial de la dispersión fue el hecho de que, como la vuelta en 1975 de los borbones a la presidencia de España, el alejamiento era, asimismo, una restauración. En 1938, los presos vascos fueron dispersados hasta las entonces colonias y hasta más de medio centenar de prisiones diversas. En marzo de 1969, todavía año y medio antes del Proceso de Burgos, Madrid también eligió alejarlos, desde Puerto de Santa María, a Córdoba pasando por Pontevedra. De Barcelona sacaron a ejecutar a Txiki Paredes.

Y en aquellos viajes interminables, también perdieron la vida otros familiares, no contabilizados entre los 16 últimos: Juanita Goñi Lasa, Miren Zumalde, Anton Guridi. No serían tampoco los únicos sin contabilizar. En julio de 1999, después de volver de Gasteiz donde habían visitado a los suyos, cinco familiares de Emilio Martínez de Marigorta, (Sucet, Grancinda, Suvanilda, Madalena y su hijo Ibai), dispersado y deportado a Cabo Verde, murieron en accidente de aviación.

La dispersión generó también un movimiento de solidaridad en el Estado español que a veces no hemos sabido valorar. Cientos de jóvenes y no tan jóvenes madrugaban cada fin de semana y se ocupaban de acoger a los familiares. En Cartagena, en Sevilla, en Puerto de Santamaría, en Madrid, en Córdoba. Amenazados y vilipendiados. Eskerrik asko.

Pasaron poco más de dos meses para alejar a los presos vascos en 1989 y cuatro años y medio para repatriarlos, después de más de 30 de conculcación de la ley orgánica general penitenciaria. La dispersión costó a cada familiar unos 20.000 euros al año. Decenas de vueltas al planeta, millones de euros acumulados, en una multa gigantesca sin factura. El coste de la represión, aún sin evaluar. A la espera de ese “aquello nunca debió de suceder” o “fue injusto”. Porque hasta ahora, la respuesta institucional, como señalaba Rafael Vera, uno de los puntales de los GAL, es la de que el fin justificaba los medios. Incluida la dispersión.

 

 

 

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lunes, 13 de diciembre de 2021

El Imperialismo Lingüístico Francés

Les compartimos este muy completo reportaje publicado por Nauz que versa acerca de la cerrazón mostrada por París, como potencia tardocolonialista, ante la diversidad lingüística de los territorios - ya sea contiguos como es el caso de Euskal Herria, Catalunya, Breizh, Occitania y Corsica... o ya sea que estén ubicados en otros continentes - que hasta la fecha controla y administra. 

Adelante con la lectura:


Más allá de los mares, cuando la imposición del francés llega hasta el otro lado del mundo

El pasado colonialista del Estado francés todavía está muy presente geográficamente y lingüísticamente. Incluso al otro lado del mundo, y al igual que en Euskal Herria, el Gobierno también impone el francés y niega los derechos al resto de las lenguas.

Idoia Eraso

Se puede decir que el francés es posiblemente el Estado europeo que más ha mantenido el espíritu colonialista, y para ello se pueden utilizar dos parámetros, el número de territorios ultramarinos que se encuentran bajo su control, y la falta de reconocimiento de las lenguas que están presentes en el Estado.

Por un lado, es uno de los estados de la Unión Europea que menos respeta los derechos de las lenguas, tal y como evidencia que el francés sea la única lengua oficial en toda su geografía. Por otro lado, la extensión de su territorio, más allá de las fronteras europeas: si se mira el mapamundi de la Unión que establece cuáles son las regiones ultraperiféricas, existen territorios que se consideran como parte indivisible del Estado a pesar de encontrarse ‘alejados’ del llamado ‘Viejo Continente’. De las nueve existentes, seis son francesas: Martinica, Guadalupe y San Martín en el Caribe; Guayana francesa en el Amazonas; La Reunión en el Océano Índico y Mayotte en la costa africana.

A estos hay que añadirles el resto de lugares que Francia define como colectividades de ultramar, que están sujetas a la Constitución francesa, pero que tienen una mayor autonomía. Entre ellas las principales son Kanaky-Nueva Caledonia, la Polinesia francesa y Wallis y Futuna en el Pacífico. Existen también tres pequeños territorios insulares: San Pedro y Miquelon en el Atlántico Norte, San Bartolomé y San Martín en las Antillas. Se merecen una pequeña mención las tierras australes y antárticas (no reconocidas internacionalmente), y la isla de Clipperton, en donde no reside nadie durante todo el año, pero que tienen un valor estratégico.

Kanaky está muy presente en estos momentos en los medios de comunicación, ya que el pasado 12 de diciembre celebraba el tercer y último referéndum de independencia previsto en las negociaciones de Nouméa.

El informe presentado por Bernard Cerquiglini en 1999 establece que en el Estado francés se hablan 75 lenguas, de las cuales 54 se encuentran en los territorios colonizados de ultramar, y han sido reconocidas como patrimonio francés, aunque se calcula que existen otras 20 lenguas más que no han recibido dicho reconocimiento. Al igual que su situación geográfica, su cultura y sus lenguas, también difieren mucho la situación sociológica y sociolingüística. Existe también una gran diferencia respecto al territorio europeo, que radica en que, a pesar de que los sucesivos gobiernos han tratado de minorizar sus lenguas, al igual que en el territorio metropolitano, en la mayoría de los lugares siguen estando muy presentes en la sociedad, y en muchos lugares siguen siendo las lenguas mayoritarias.

Respecto a la presencia de dichas lenguas en el sistema educativo, es de subrayar que la gran mayoría no están reconocidas, por lo tanto no está permitido enseñarlas en la escuela. La votación en la Asamblea Nacional francesa de la ley ‘Molac’ para la protección y la promoción de las lenguas llamadas regionales, y la posterior decisión del Consejo Constitucional de declarar dos de sus artículos anticonstitucionales, ha dado mucho que hablar sobre la política lingüística que ha llevado el Gobierno francés los últimos dos siglos y medio. En ese sentido, se ha destacado la falta de oficialidad de todas las lenguas excepto el francés, y la importancia de la escuela en su proceso de desaparición.

Durante este proceso parlamentario, se ha hablado de las lenguas del área metropolitana, ya que se trataba de una propuesta de ley que respondía a las peticiones históricas y sociales de dichas naciones. De hecho, en lo que respecta a la enseñanza en una lengua no oficial, las lenguas metropolitanas están mucho más avanzadas que las de los territorios de ultramar, y entre ellos el euskara es el que mayor fuerza tiene. En los territorios de ultramar la presencia de las lenguas autóctonas en la enseñanza pública es totalmente residual, y el modelo asociativo de inmersión como el de las ikastolas de Seaska en Ipar Euskal Herria, Diwan en Bretaña o Calandreta en Occitania, no existe.

La decisión del Constitucional contra el artículo sobre la inmersión ha supuesto un duro golpe a las escuelas asociativas, pero la ley puede suponer una gran aportación para las lenguas de ultramar. Por ejemplo, en Mayotte hasta ahora estaba prohibido enseñar en las escuelas en otra lengua que no fuese el francés, pero ahora, gracias a la ley, se podrían enseñar también el shimaore (dialecto del suajili) y el kibushi (variedad occidental de malgache), que son las lenguas autóctonas, y también las más usadas en el archipiélago, junto con el árabe. Para que esto se llevase a cabo, sería necesaria la movilización política y social, por lo que no está muy clara cuál será la utilización que se va a hacer de dichos derechos.

Presencia social, no escolar

Para poder interpretar correctamente la diferencia que se le otorga socialmente a la educación en las lenguas autóctonas, es necesario tener en cuenta varios factores, y entre ellos es importante la realidad sociolingüística, ya que en la mayoría de los territorios no europeos las lenguas no se encuentran en peligro de extinción, al contrario que en los territorios metropolitanos, en donde la educación es prácticamente el único instrumento para asegurar la supervivencia de la lengua.

Tal y como afirma la defensora de las lenguas de Wallis y Futuna, Fania Toa, «al contrario que en otras regiones de Francia, nuestras lenguas no están todavía en peligro, pero seguimos estando alerta».

En este sentido el escritor, profesor e investigador de sociolingüística y didáctica lingüística de la Universidad de Rennes Philippe Blanchet se muestra claro: «La ley Molac se ha concentrado en la gente que quiere volver a apropiarse de la lengua, enseñar a los niños que no lo hablan, porque en su familia se ha interrumpido la transmisión. Pero se han olvidado de que en las tierras de ultramar casi todos los niños hablan en las llamadas lenguas regionales, por lo que tienen unos derechos que Francia no respeta, principalmente tener una educación en su lengua».

La profesora titular de Derecho Público de la Universidad de Burdeos de origen reunionés, Véronique Bertile, es especialista en derecho de ultramar y en las lenguas del Estado, y se muestra muy crítica con la jurisprudencia del Consejo Constitucional: «Dice que la enseñanza de las lenguas regionales es facultativa, y no solo para los alumnos, también para la escuela. No es justo, tiene que ser facultativo para el alumno, pero obligatorio para la escuela el proponerlo». La jurista, que también fue embajadora delegada de cooperación regional en la zona de las Antillas y la Guayana, y consejera del Gabinete de la Ministra de Ultramar, denuncia que al ser facultativo no existe una verdadera oferta.

Miedo y colonialismo

Blanchet afirma que lo que lleva al Estado a comportarse de dicha manera es el miedo: «En los territorios de ultramar, el francés es minoritario en la mayoría de los casos, las lenguas autóctonas son de lejos las principales. El Estado tiene miedo, por eso sigue teniendo una política de enseñanza para tratar de imponer el francés, porque todavía no ha ganado a nivel de uso, ha ganado en el plano institucional y legal, es la única lengua oficial en la de la administración, es la lengua de prestigio, de la educación… El Estado sigue teniendo miedo del bilingüismo y del plurilingüísmo».

Dicho espíritu está tan marcado, que la página web del Ministerio de Educación tiene un apartado para el personal educativo, que en su mayor parte llega desde Europa, para explicar cuáles son los aspectos a tener en cuenta en «el dominio del francés en un contexto plurilingüe de la educación en los territorios de ultramar». Al tratar los elementos problemáticos subraya, entre otros, que «la situación lingüística de los territorios ultramarinos evidentemente no se aborde desde un ángulo político o institucional (colonialismo, jacobinismo, autonomismo, independentismo…), aunque el conocimiento de los elementos de contexto histórico puede ser útil a todo el personal».

Este manual, que trata de establecer cuáles son las características específicas de la enseñanza en los territorios de ultramar, se evidencia necesario al mirar los datos sobre la educación obligatoria entre los 3 y los 16 años, una importante tasa de analfabetismo, fracaso escolar, y una media de conocimientos básicos al salir de la escuela por debajo de la media, y respecto al territorio metropolitano.

El analfabetismo en el idioma francés es de media tres veces mayor que el estatal. Según los datos del Gobierno francés entre el 2009 y el 2017, en Mayotte alrededor del 50% de los jóvenes (16-25 años) eran analfabetos, el 29% en Guayana, el 20% en Martinica y Kanaky-Nueva Caledonia, el 16% Guadalupe y el 15% en La Reunión. También es muy alto el número de alumnos que en su paso de primaria a secundaria tienen un conocimiento insuficiente o muy limitado del francés. Las peores cifras se encuentran en Mayotte, que es del 75%, y en Guyana del 44%, respecto al 13,3% a nivel estatal. En cambio, en la Polinesia francesa, Wallis y Futuna y en Kanaky la práctica totalidad de la ciudadanía habla correctamente el francés.

«En algunos territorios de ultramar para la mayoría de las alumnas y los alumnos el francés no es su primera lengua, y aun así la escuela es exclusivamente en dicha lengua. Esto conlleva a una tasa de fracaso escolar enorme porque se obliga a los niños y niñas a seguir su enseñanza, incluso en los fundamentos más elementales, como leer o escribir, en una lengua que no es la suya», afirma Blanchet. A esto hay que añadirle la falta de material escolar adaptado, ya que todo llega desde Europa.

Bertile explica que la imposición del francés no solo llega desde París: «Hay que tener en cuenta la psicología de la sociedad, y de los presidentes de las regiones de ultramar, que en muchos casos están en contra de la enseñanza de las lenguas locales en la escuela. Psicológicamente, la política de la lengua francesa ha funcionado muy bien, han integrado lo que nos repiten desde 1789, y es que para tener éxito hay que hablar francés. En La Reunión, aunque hablen criollo, a una gran parte le da vergüenza hablarlo, y creen que no le corresponde un lugar en la escuela». En ese sentido afirma que «hay todo un trabajo pedagógico que hacer, y explicar que hay que aprender el criollo en la escuela para ser totalmente bilingüe».

Las diferentes situaciones lingüísticas

«Hay situaciones muy diferentes, por ejemplo hay territorios en los que prácticamente solo hay una lengua regional, en cambio en otros hay muchas, y todas no se encuentran en la misma situación. En algunos lugares las habla la mayoría de la población, pero en las zonas que tienen muchas lenguas no tienen muchos locutores. En ese sentido Nueva Caledonia y Guayana son las más complicadas. En donde más se habla es en Mayotte, y en La Reunión, en Guadalupe y Martinica, cada uno su criollo específico, y en Guayana también, en la parte que se usa el criollo, muchas veces son las únicas lenguas que se hablan», explica Bertile.

Aunque las culturas y las realidades sociolingüísticas sean diversas, todas tienen sobre sí el gran peso de la Constitución, y su artículo dos votado en 1992 que establece que ‘la lengua de la República es el francés’. Sobre la falta de respeto de los derechos lingüísticos, y respecto a la imposición que establece dicho artículo la profesora de Derecho afirma: «Hay muchos locutores, sobre todo entre las personas mayores, aunque también entre los jóvenes y los niños, que solo hablan su lengua local. La imposición del francés me parece horrible, inhumana e indigna desde el punto de vista cultural e identitario, pero, como soy jurista me llama la atención especialmente desde el punto de vista de los derechos, me parece que es un gran problema, porque no pueden acceder a ellos. Si no se comprende suficientemente el francés, ¿cómo se puede entender lo que dice el juez en un proceso judicial? Lo cual supone un problema de acceso a la Justicia, y lo mismo a nivel sanitario, y por supuesto en la educación, es lo más evidente». Y añade tajante: «Creo que es una fantasía de los franceses creer que todos los ciudadanos dominan el francés».

Falta de oficialidad

La falta de oficialidad coarta la mayoría de las reivindicaciones incluso antes de comenzar. En este sentido, es importante lo ocurrido en la Polinesia francesa o Porinetia Farani, como se dice en reo tahiti, la lengua de Tahití. En 1980 la Asamblea Polinesia estableció que el reo tahiti fuera oficial junto con el francés. En 1982 se implantó la enseñanza del tahitiano en las escuelas y se normalizó, pero con el cambio de la Constitución se perdió gran parte de lo conseguido.

La confrontación se planteó cuando la Asamblea Polinesia adoptó un reglamento según el cual los parlamentarios podían expresarse tanto en francés como en reo mahori, es decir, cualquiera de las lenguas polinesias del territorio, pero en el 2006 el Consejo de Estado estableció que eso estaba prohibido.

Además del reo tahiti, también existen el austral, el raivavae, el rapa, el marquesano, el paumotu y el mangareviano. Aunque la autonomía política posibilita tomar cierto número de medidas en su favor, las posibilidades son limitadas, y su presencia en las escuelas es muy reducida. Es verdad que gracias a eso se está dando una cierta recuperación, y en 2012 se calculaba que alrededor del 70% hablaba alguna de las lenguas polinesias. A pesar de ello el francés está tomando cada vez mayor lugar en la sociedad, y en el ámbito familiar.

La diputada y presidenta del Consejo General de Martinica Josette Manin, en su intervención en la Asamblea Nacional francesa en la discusión previa a la votación de la ley Molac, se refirió en concreto al caso de las lenguas criollas, como las habladas en las Antillas, de donde es originaria. «Allí 10 millones de personas hablan el criollo, Francia es multicolor y sus lenguas son el símbolo de su mestizaje cultural. El criollo nace de un proceso colonial en el que la base léxica es el francés, ingles, español… Las lenguas regionales son la herencia de nuestra historia común, sean cuales sean los reproches a nuestro pasado. Proponiendo generalizar su enseñanza, es nuestro pasado el que protegemos mirando al futuro».

En lo que respecta a La Reunión, la jurista reunionesa explica: «Más del 90% de la población habla el criollo. Está muy viva porque se habla en todas las familias, pero no tiene su lugar en la enseñanza, en ciertos servicios públicos hay tolerancia, pero en la justicia por ejemplo, no».

En Guayana se hablan alrededor de 40 lenguas, de las cuales 12 están reconocidas como lenguas que forman parte del patrimonio francés. Debido a esta situación sociolingüística, se calcula que el 40% de las niñas y niños de 10 años son plurilingües. El criollo guayanés es la lengua principal, aunque también están presentes otro tipo de criollos y el brasileño. Son de destacar las seis lenguas amerindias autóctonas que hoy en día tan solo habla el 5% de la población: wayana, wayampi, rawak (o lokono), emérillon (o teko), kali’na y palikur. Desde finales de 1990 se hace un cierto esfuerzo para integrar estas últimas en la enseñanza, aunque con una presencia mínima. En las escuelas en las que los alumnos llegan sin saber el francés, se han creado los puestos de ‘colaborador en lengua materna’, durante tres horas a la semana.

En Kanaky-Nueva Caledonia existen 28 lenguas kanak, aunque tan solo cuatro de ellas están en el programa de enseñanza y forman parte de las asignaturas opcionales para el examen de bachillerato, pero su enseñanza se reduce a dos horas y media a la semana. Se trata del paicï, el ajië, el nengone y el drehu. En el país, salvo en la capital Nouméa, las lenguas kanak están muy presentes en la sociedad.

Al haber tal riqueza lingüística, el número de locutores varía mucho, por ejemplo el sîchë en 2014 lo hablaban tan solo 20 personas. El más hablado es el drehu, con alrededor de 16.000 locutores. En total unas 69.000 personas hablan al menos una lengua kanak.

Walils y Futuna también forma parte de las colonias francesas en Polinesia, y geográficamente se encuentra entre Kanaky y Tahití. En dicho territorio se hablan el wallisiano y el futuniano, y respecto a la enseñanza, se puede decir que es de los lugares de ultramar en el que las lenguas autóctonas tienen una mayor presencia.

En San Pedro y Miquelon se erradicó totalmente la población amerindia béothuk poco después de la llegada de los europeos en el siglo XVI, por lo tanto, desapareció también su lengua.

Asociaciones, fuerza social

Una de las grandes diferencias entre del Hexágono y ultramar, es el movimiento social a favor de las lenguas y de su enseñanza que tienen una gran importancia en el primero, y que son prácticamente inexistentes en el segundo. Según Bertile, «ahora está empezando, pero solo desde hace unos cinco años, diez máximo. No se puede comparar con el País Vasco, Bretaña o Korsika, en donde hace décadas que están ahí, Seaska existe desde 1969, en ultramar eso no existe».

Añade en ese sentido: «Es importante que los electos locales, tanto un alcalde como el presidente de una región hagan un esfuerzo a favor de la lengua, como la toponimia, la señalización… Es importante que no venga desde las altas instancias institucionales, para eso el trabajo de las asociaciones es esencial, Seaska ha hecho que se haya desarrollado la enseñanza en euskara y Diwan lo ha hecho en Bretaña. Me parece que las iniciativas deben de venir desde abajo, y hacer presente la lengua en toda la vida pública».

La jurista explica que en La Reunión y en general en los lugares en los que la lengua autóctona es mayoritaria el apoyo social está llegando principalmente de mano de los artistas, y que eso está haciendo avanzar las cosas: «Sobre todo porque hay un despertar identitario y de orgullo cultural. A través de los actores, cantantes, humoristas… se oye el criollo fuera del ámbito familiar, y eso hace cambiar la idea de que el criollo no es una lengua bella, y que es una lengua inferior. Pero en las zonas en las que no se habla mucho, no hay ese ardor, porque no son muchos, no tienen los medios para asociarse… Asisten de manera impotente a la desaparición de su lengua y de sus tierras».

Bertile conoce bien la situación de Ipar Euskal Herria porque como jurista y profesora de Derecho Público participó en la defensa de Euskal Herriko Laborantza Ganbara, en el proceso judicial que tuvo lugar tras la acusación del fiscal de Baiona por utilización ilícita de denominación oficial. «La asociación me contactó porque el prefecto no quería que se llamase así, e hice la consulta jurídica para ellos. Ganamos en primera instancia en Baiona, y en el recurso en Pau también. El prefecto dijo que se confundiría con una institución francesa, que sería la Cámara de Agricultura del País Vasco. Dije que como está en lengua vasca, todo ciudadano comprende que no se trata de una institución francesa. Fue uno de mis primeros casos concretos. Se puede decir que he colaborado un poco en ello, y es bonito».

 

 

 

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jueves, 28 de octubre de 2021

Calabazas y Huella Celta

Y bueno, ya que estamos hablando del Arimen Gaua y del Gau Beltza, traemos desde Naiz este reportaje que aporta más información acerca de esta festividad, herencia de la presencia celta en la península.

Lean ustedes:


La festividad celta que dejó huella también en Euskal Herria

Los pueblos celtas, a partir del siglo XIII a.C., extendieron en toda Europa el Samhain, la fiesta del fin del verano donde se juntaban el mundo de los vivos y el de los muertos y que ha perdurado hasta fechas recientes, ahora suplantada por Halloween, la versión norteamericana.

Joseba Salbador

A nadie se le escapa ya que la costumbre de disfrazarse y de colocar calabazas iluminadas en la víspera del 1 de noviembre no es originaria de EEUU. Gracias a la labor de difusión realizada por antropólogos y colectivos culturales, sabemos que en Euskal Herria también existió –y hasta no hace tanto tiempo– la costumbre de celebrar la festividad de los muertos, «Animen gaua» o «Gau beltza». Lo que no es tan conocido es que esta fiesta pagana llegó a Euskal Herria de la mano de los celtas, pueblo indoeuropeo que también trajo, por ejemplo, el lauburu.

Hasta hace pocos años, la irrupción de las calabazas iluminadas en la víspera del 1 de noviembre se asociaba a una costumbre foránea, procedente del otro lado del Atlántico y con un componente comercial muy marcado. Es por ello que muchos rechazaban que niñas y niños vascos se disfrazaran ese día para pedir dulces con la frase «truco o trato» (trick or treat).

Pero hete aquí que muchos de nuestros mayores comenzaron a recordar que en su infancia también recogían calabazas y nabos, vaciaban su interior para darles forma de rostro humano y, con una vela encendida en su interior, los colocaban en zonas de paso para asustar al vecindario. Hay incluso quien recuerda cómo se disfrazaban y recorrían los caseríos para pedir castañas.

Pero, ¿cómo es posible que a ambos lados del Atlántico se haya mantenido una costumbre tan similar? La explicación está en la influencia de los celtas, que extendieron en toda Europa el Samhain, la fiesta del fin del verano, y que terminó llegando al continente americano.

El celta era un pueblo indoeuropeo que comenzó a extenderse por toda Europa en el siglo XIII a.C., especialmente en Gran Bretaña, Irlanda, Bretaña y norte de la Península Ibérica. En Euskal Herria, primero lo hicieron en las zonas llanas de Araba y Nafarroa, y a partir del siglo V a.C. –segunda Edad del Hierro–, en los castros de las zonas altas de Gipuzkoa y Bizkaia, donde perduraron hasta la llegada de los romanos.

Los celtas utilizaban un calendario propio, regido por los ciclos lunares y solares, y cuya máxima representación podría ser el lauburu o trisquel de cuatro cabezas, un símbolo que representa al sol en movimiento y que fue adoptado por el pueblo vasco como propio. En dicho calendario, el Samhain constituía la fiesta más importante, algo así como el año nuevo celta, ya que representaba el fin del ciclo de la cosecha y el inicio de la época de los fríos. La celebración no tenía una fecha concreta, ya que se regía por el calendario lunar, y se prolongaba durante tres jornadas.

Honrar a los muertos

En esta fiesta se honraba también a los muertos, ya que tenían la creencia de que cuando llegaba ese día, la linea que separa el mundo de los vivos y de los muertos desaparecía y los espíritus deambulaban con total libertad. Una creencia que coincide con los akelarres que se celebraban en torno a cuevas y megalitos de la Edad de Hierro, considerados como la puerta de entrada al más allá.

Es por ello que se encendían hogueras para guiar a casa a los espíritus de los seres queridos y para ahuyentar a los malignos. Los disfraces que se utilizan esa noche también tenían el objetivo de confundir a los espíritus.

La costumbre de utilizar calabazas iluminadas se enmarcaría también en ese empeño por alejar los malos espíritus y atraer a los buenos, utilizándolos como linternas para señalarles el camino. La expresión «truco o trato» provendría del trato que ofrecían los espíritus a los viandantes con los que se encontraban en su camino.

Tras la romanización y la llegada de la Iglesia católica, se decidió cristianizar esta costumbre pagana del equinoccio de otoño. En el año 835, el papa Gregorio IV hizo que se cambiara el día de Todos los Santos, que hasta entonces se celebraba en mayo, al 1 de noviembre, para hacerlo coincidir con esa fecha.

A falta de más estudios sobre el tema, todo parece indicar que esa costumbre ha perdurado desde entonces en numerosas localidades de Bizkaia, Gipuzkoa, Araba y Nafarroa. En Mutriku, por ejemplo, existe constancia de que ya a principios del siglo XIII se celebraba la fiesta «Gaba Beltza», con calabazas en calles y viviendas.

En la cuenca del Deba, era costumbre asar castañas esa noche, y en pueblos como Oiartzun, Hernani, Urnieta, Andoain o Zizurkil se han utilizado hasta épocas muy recientes calabazas con velas para asustar a la gente.

En algunos pueblos del Goierri guipuzcoano, como Altzo, se utilizaban las argizaiolak para alumbrar el camino a los espíritus, las mismas que aún hoy día se siguen utilizando con esa misma finalidad en el interior de la iglesia de Amezketa.

En Bizkaia, se han recogido testimonios en localidades como Bermeo o Berriz, donde se colocaban calabazas encendidas en el campanario de la iglesia.

Y en Nafarroa, también se utilizaban calabazas y nabos en comarcas como Ameskoa, mientras que en amplias zonas de Baztan-Bidasoa y valle de Artzibar se realizaban rondas para recoger castañas y nueces. En los valles de Ollo, en Eugi y en Zubiri, los más jóvenes recitaban la frase: «Xanduli Manduli, Kikirriki, écheme nueces por aquí». Y en Iruñerria, a los jóvenes que hacían la cuestación por las casas se les llamaba «txinurri».

Un viaje de ida y vuelta

Estas costumbres han perdurado también en la mayoría de los pueblos de influencia celta, como en Galicia, donde aún pueden verse en muchas zonas rurales, en Asturias, León o Portugal, y fuera de la Península en países como Irlanda, desde donde se exportó al otro lado del Atlántico, pero ya en el siglo XIX, época de mayor emigración de irlandeses a EEUU y Canadá.  

Los pueblos anglosajones denominaban esta fiesta como All Hallow's Eve (Víspera de Todos los Santos), término de origen escocés que derivó en la contracción Halloween que conocemos en la actualidad y que no comenzó a popularizarse en Estados Unidos hasta mediados del siglo XX.

Paradójicamente, en Euskal Herria, fue en esa misma época cuando comenzaron a apagarse las calabazas, al considerarse una cosa de niños y, por tanto, de poca importancia. Pero ha tenido que ser la potente industria audiovisual norteamericana la que ha vuelto a introducir esta tradición en Euskal Herria, eso sí, después de un largo viaje de ida y vuelta a través del Atlántico y en el que ha perdido totalmente su relación originaria con la naturaleza y con la vida.

«Animen gaua», una tradición que comienza a recuperarse pueblo a pueblo

En Euskal Herria son muchas las localidades que están tratando de recuperar la festividad de «Animen gaua» o «Gau Beltza» tras conocer que nuestros mayores lo celebraban hasta no hace tantos años y, en algunos casos, como reacción a la proliferación de fiestas de Halloween.

Ondarroa y Lekeitio son dos municipios vizcainos en los que se está recuperando la tradición, mientras que en Mutriku, diversos colectivos y el Ayuntamiento organizan desde hace varios años la fiesta «Gaba Beltza», en la que los participantes desfilan vestidos de negro y con antorchas para recordar la leyenda de Talaixako Mamua, que llamaba a la puerta de las casas que no habían colocado la calabaza.

Siguiendo la cuenca del Deba, en localidades como Eibar, Ermua o Soraluze se organiza el Gaztainerre, donde se celebra la fiesta en torno a una afari-merienda con castañas asadas y que se repite también en localidades como Arrasate o Aretxabaleta.

En la comarca de Oarso, son los centros escolares los que tratan de recuperar esta tradición, con la colaboración de la asociación Euskaltzaleen Topagunea. Así, las calles de Pasaia, Oiartzun o Errenteria vuelven a verse calabazas durante la celebración de «Animen Gaua».

Unas iniciativas en las que ha tenido mucho que ver la publicación del trabajo "Itzalitako kalabazaren berpiztea" (2018) de los antropólogos Jaime Altuna y Josu Ozaita, en la que se recogen numerosos testimonios a lo largo y ancho de Euskal Herria. O la labor de divulgación llevada a cabo por el también antropólogo y periodista Oier Araolaza.

Pero los colectivos que tratan de recuperar esta tradición ponen también su empeño en eliminar los elementos foráneos que se están adhiriendo a la fiesta, sobre todo su carácter consumista. Así, además de recuperar las frases que se utilizaban en las rondas por las casas, quieren recuperar también el sentido que se daba antes a la muerte, como una cosa natural y mucho más interiorizada en las familias que ahora, donde se trata de ocultarla.




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martes, 15 de junio de 2021

Cambiar la Constitución Jacobina

Damos seguimiento al tema de las lenguas minorizadas en el estado francés y todo lo que ha surgido a partir de que se presentara la Ley Molac.

Aquí lo que les traemos desde Naiz:


Todos los parlamentarios vascos han firmado la carta a Macron para que cambie la Constitución

Como respuesta a la decisión del Consejo Constitucional según la cual dos artículos de la ley para la protección de las lenguas minorizadas son anticonstitucionales, este martes 140 parlamentarios han enviado una carta a  Macron para que cambie la Constitución, entre ellos todos los vascos.

Con el objetivo de proteger las lenguas minorizadas del Estado francés, 140 parlamentarios han enviado una carta abierta al presidente, Emmanuel Macron, para que cambie la Constitución, entre ellos todos los que representan a Ipar Euskal Herria. Esta petición llega después de que el Consejo Constitucional decidiese el 21 de mayo que dos artículos de la Ley Molac eran anticonstitucionales.

El diputado bretón Paul Molac, junto con la senadora de Gironde Monique de Marco, han decidido escribir una carta al presidente de la República para que cambie el 2º artículo de la Constitución. 138 parlamentarios más se han adherido a dicha petición; entre los primeros firmantes se encuentran los senadores que representan Ipar Euskal Herria Max Brisson y Frédérique Espagnac, y tambien han firmado los diputados Vincent Bru, Florence Lasserre y Jean Lassalle, y la senadora Denise Saint-Pé.

125 parlamentarios son diputados y senadores, pertenecientes a 15 de los 17 grupos que en estos momentos están representados en la Asamblea Nacional y en el Senado. «Constatamos que hoy en día, debido a la interpretación del 2º artículo de la Constitución, solo una revisión constitucional permitirá dar seguridad definitivamente a la promoción, preservación y a la transmisión de nuestras lenguas regionales», declaran los parlamentarios.

Los parlamentarios añaden que este trámite se puede realizar en tres meses, «por lo tanto es totalmente posible actuar antes del fin del mandato, si tal es la intención del presidente de la República y del Gobierno». Las elecciones presidenciales tendrán lugar en abril de 2022.

Brisson ha declarado en Twitter que «una revisión constitucional en favor de las lenguas regionales es totalmente factible, si es la voluntad de Emmanuel Macron».

Anticonstitucionales

Dos de los artículos de la ‘Ley para la protección y promoción de las lenguas regionales’ votada el 8 de abril, también conocida como Ley Molac, fueron declarados anticonstitucionales por el Consejo Constitucional. Esta decisión se basó en el 2º artículo de la Constitución que establece que «la lengua de la República es el francés», es por ello que en estos momentos los parlamentarios requieren que se cambie dicho artículo.

Respecto a la ley votada el 8 de abril para la protección de las lenguas minorizadas del Estado, uno de los artículos declarados anticonstitucionales es el que trataba de legalizar la enseñanza inmersiva, como la que ofrecen las ikastolas, en la enseñanza pública. Pero en este caso, la decisión del Constitucional no solo fue en contra de la educación pública, sino que también lo hizo contra las escuelas asociativas como las de Seaska, declarando su enseñanza anticonstitucional.

El otro artículo declarado anticonstitucional legalizaba la utilización de las señales diacríticas en el registro civil, como sería el caso de la letra ‘ñ’ en nombres como Iñaki o Beñat.

Para denunciar esta decisión se manifestaron miles de personas a través de todo el Estado francés el pasado 29 de mayo; en Baiona se reunieron 10.000 personas para reivindicar que «el euskara necesita la enseñanza inmersiva».

Numerosas peticiones para cambiar la Constitución

Desde el momento en el que se dio a conocer la decisión del Constitucional, fueron muchas las voces que se levantaron para pedir el cambio de la Constitución. Junto con Molac y otros parlamentarios bretones y vascos, también llegaron voces desde Corsica en ese sentido, entre ellas las del presidente, Gilles Simeoni, los diputados Paul-André Colombani y Jean-Félix Acquiviva.

Aunque las voces en ese sentido se oyeron en todas las regiones del Estado en las que existen lenguas propias. El eurodiputado de Europe Ecologie Yannick Jadot, que fue candidato en las elecciones presidenciales, también fue claro en ese sentido.

La ley fue aprobada en la Asamblea Nacional con 247 votos a favor, 76 en contra y 19 abstenciones, por lo que las reacciones frente a la decisión del Constitucional fueron numerosas, aunque no todas se mostraron a favor del cambio de la Constitución. En ese sentido fue importante la declaración de Macron que dijo públicamente que «las lenguas de Francia son un tesoro nacional» y que pediría al Gobierno que buscara alguna respuesta a la nueva situación.

Procedimiento para cambiar la Constitución

Cuando se dio a conocer la decisión, el doctor en Derecho Público Eneritz Zabaleta explicó a NAIZ cuáles son los posibles procedimientos para ejecutar el cambio del 2º artículo. Hay dos maneras posibles, a través del Gobierno o por medio de los parlamentarios, pero si se hiciese de esta última manera la decisión tendría que ratificarse a través de un referéndum.

Teniendo en cuenta esta situación, los parlamentarios piden a Macron que el proceso comience desde el Gobierno.




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domingo, 23 de mayo de 2021

Declaración de Guerra Lingüística

Macron ha recurrido a una argucia, a una triquiñuela, para cerrar las vías a la legislación en favor de las lenguas minoritarias del muy jacobino estado francés.

Aquí lo que nos informa Naiz:


Macron firma la devaluada Ley sobre Lenguas Minoritarias y entierra la opción de relectura

El presidente francés dejó correr los plazos con tal de no firmar la Ley Molac, abriendo el camino al recurso. Por el contrario, no ha necesitado ni dos días para estampar su firma y publicar la ley que ha «cepillado» el Tribunal Constitucional, enterrando las esperanzas de una nueva revisión.

Maite Ubiria

Desde que se conociera la decisión del Tribunal Constitucional francés de revocar dos capítulos fundamentales de la llamada Ley Molac se han sucedido los debates en cuanto a las posibilidades legales, constitucionales, de revertir esa decisión.

Una de ellas pasaba por que Macron emprendiera la vía de la reforma constitucional del artículo 2 que consagra al francés como única lengua oficial en el Estado francés. Una vía larga, tortuosa y que requiere, no solo de la voluntad del presidente, sino de una mayoría muy cualificada de ambas cámaras o de recurrir a un referéndum.

Había otra opción, la de que el patrón del Elíseo se amparara en el artículo 10.2 que, de forma resumida, habilita al presidente para que, en caso, como el que concurre en la Ley Molac, de controversia sobre parte de un texto legal, pueda pedir al parlamento que revise el texto. Una especie de relectura suplementaria.

La vía del 10.2 se extingue

A priori, con ser una vía controvertida porque coloca de árbitro al presidente permitiéndole actuar por encima de la división de poderes, esa vía del artículo 10.2 parecía dar una opción para solventar las consecuencias sobre el sistema de inmersión del fallo dictado por el Constitucional. Con su decisión el alto tribunal pone en cuestión la enseñanza inmersiva, en todas las redes, e impide el uso de signos, caso de la ñ, que no existen en francés pero sí en el euskara o el bretón.

Esa vía intermedia ha decaído. En domingo, en pleno puente festivo en el Estado francés, y a hora temprana, Emmanuel Macron ha sepultado toda esperanza y clarificado, al tiempo, cuál es su posición política. Ha firmado y publicado en el diario oficial el texto.

Secundando, de facto, la vía diseñada desde el Ministerio de Educación de recurrir al Tribunal Constitucional la Ley Molac después de que el Parlamento la aprobara, por amplia mayoría pero contra la voluntad del Gobierno, para hacer descarrilar la primera ley adoptada en 70 para dar protección y garantía jurídica a la promoción de las lenguas minoritarias, hoy Macron ha hecho oficial, antes de desayunar, la norma.

«Todas las esperanzas se han apagado, el presidente ha publicado esta mañana La Ley de Lenguas Regionales en el Diario Oficial», ha hecho saber por vías sociales Jean-Jacques Urvoas, ex ministro socialista que ejerció en su día de presidente de la Comisión de Leyes de la Asamblea Nacional.

Al estampar su firma en el texto legal que ha vaciado en Constitucional, el presidente ha aplicado con celeridad una decisión, la adoptada el 21 de mayo, que es considerada por responsables institucionales y redes educativas de Ipar Euskal Herria como «una declaración de guerra».

De hecho apelan a una manifestación el 29 de mayo a las 16.00 en Baiona.

La vía constitucional, más difícil todavía

Cerrada esa vía de poder proponer a parlamento una remodelación del texto, quedaría la posibilidad de que Macron optara por una ley constitucional, cara a poner en macha un procedimiento de reforma parcial de la Carta Magna.

A día de hoy nada indica que Emmanuel Macron vaya a abrir la espita a una revisión constitucional sobre un capítulo que afecta a la definición de la República. Ello a un año vista de las elecciones presidenciales y con Marine Le Pen, la aspirante de Rassemblement National, como más firme contrincante.




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viernes, 23 de abril de 2021

Egaña | Atlántico Norte

Les traemos el comentario de Iñaki Egaña inspirado en los recientes resultados electorales en Groenlandia:


Atlántico Norte

Iñaki Egaña

En época pandémica, los brotes verdes son percibidos con mayor intensidad, quizás con el riesgo de no detectarlos en su justa medida. Existe también la posibilidad de acolcharnos en la inercia y mantenernos en el hastío político, como si las huellas de la marmota fueran una senda infinita. El olfato es esencial en nuestra salud, incluso para detectar si el virus nos ha atrapado. Conservarlo es tarea indispensable.

Hoy, ese olfato político describe que los brotes verdes que afianzan nuestro proyecto soberanista y de izquierdas no flotan con los vientos que nos alcanzan desde el este mediterráneo, sino desde el noroeste de nuestro país, al abrigo de las corrientes atlánticas. Nuestras referencias al día de hoy son proyectos ubicados a ambos lados del Atlántico Norte. No es una reflexión extemporánea, aunque lo parezca, porque tiene que ver con esos pueblos que, en el mismo escenario, pugnan por ejercer el universal derecho de autodeterminación.

Hace mucho tiempo, recibimos el influjo de culturas imperiales, modos y lenguas que se han quedado entre nosotros, a través de ese río que alcanzaba nuestro territorio, el Ebro. Desde el Mediterráneo nos llegó dominación, y también nuevos modelos, incluidos los políticos. En lo económico, las rutas comerciales las abrimos a través de las autopistas del océano, el Atlántico. Los cimientos nunca estuvieron equilibrados, como nuestras vertientes acuíferas. La voluntad de nuestras comunidades humanas fueron las que cohesionaron proyectos.

La Euskal Herria del siglo XX, o al menos buena parte de su clase política, siempre encontró en el Mediterráneo y en particular en Catalunya, un modelo de hacer. El Estatuto de Autonomía fue un proyecto catalán que copiaron pioneros vascos durante la Segunda República española, reeditado en la restauración borbónica de 1978. ¿Aquel seguimiento fue el correcto? Hoy, el impasse en la situación catalana me vuelve a generar nuevas preguntas y, en consecuencia, nuevas dudas. Porque mientras no se resuelvan, otros escenarios, esta vez en el citado Atlántico Norte, han tomado velocidad y protagonismo. Bastante desapercibidos por nuestra clase política.

En Groenlandia, Múte Bourup Egede, un joven desconocido con apenas 300 seguidores en twitter ha ganado las elecciones, liderando activamente un movimiento ecologista. Con la sombra de las grandes potencias pugnando por su riqueza minera y con el eco aún reciente del interés de Trump de comprar la isla, Egede es un brote verde en esa pelea contra las grandes corporaciones que aceleran el cambio climático. Es cierto que Groenlandia tiene varios miles más de habitantes que Portugalete, y menos que Getxo o Irún, pero también sucede que su territorio es 100 veces más extenso que el nuestro. Un día no muy lejano será independiente.

Hacia el oeste, en Quebec, la justicia ha avalado la ley para el ejercicio del derecho de autodeterminación aprobada por su Asamblea Nacional en 2000. Los unionistas que ganaron apretadamente el referéndum de 1995 (50,58% contra 49,42% de los independentistas) han conspirado, con el aval de Ottawa, para derogar algunos puntos de la ley. No lo han conseguido. Con el respeto a los principios democráticos, la victoria para uno u otro lado está asegurada con el 50% más 1 de los votos. Los independentistas tienen la vía abierta para avanzar en su proyecto.

Bañada por el océano Atlántico y por el Mar del Norte y con una extensión casi cuatro veces la de Euskal Herria, Escocia afronta su futuro en mayo, con elecciones locales, y la perspectiva lanzada por Nicola Sturgeon, primera ministra escocesa, de la repetición de un segundo referéndum de autodeterminación, tras el anterior de 2014. Ya tiene incluso símbolo: “indyref2”.

En lo humano, Gales tiene poco más de tres millones de habitantes, tal y como Euskal Herria. Aquel pueblo minero que desapareció en gran medida con la terciarización de la economía británica, que fue capaz de paralizar su sector con aquella huelga que enfrentó a Margaret Thatcher en 1984, también fue apta para crear modelos entonces sorprendentes. La gran huelga minera contra el Gobierno de Thatcher tuvo a su principal aliado en el movimiento LGTBI. Las últimas encuestas apuntan a que, en cinco años, los contrarios a la independencia de Gales han perdido 20 puntos en intención de voto y que, entre la juventud, la opción separatista es mayoritaria. Cuestión de tiempo.

El pacto entre la Unión Europea y Londres sobre el Brexit, con la firma del llamado Protocolo de Irlanda y su incumplimiento por parte de Boris Johnson, ya que entraba en vigor el primero de abril, nos ha devuelto a un escenario que ciertos unionistas anticipan como bélico, rompiendo los Acuerdos de Paz de Viernes Santo de 1998. La negociación entre Bruselas y Londres, a pesar de que Ulster es una provincia británica, mantiene una frontera blanda entre las dos Irlandas, sin controles, trasladando los mismos al mar. Los unionistas británicos han considerado que este acuerdo es un paso hacia la reunificación de Irlanda y por ello están intentando dinamitar la paz. Batalla perdida, también por razones generacionales.

No me olvido, en esta rápida actualización, de los movimientos independentistas de otros territorios atlánticos como Bretaña o las Islas Feroe. Especialmente el movimiento bretón, que tanta solidaridad ofreció a los independentistas vascos y cuya lengua, emparentada con el galés, ha sido reconocida, al igual que el euskara, por París. Fue precisamente el bretón Paul Morac el impulsor de la ley aprobada por la Asamblea Nacional saludada por la inmersión en la escuela pública que demandaba históricamente Seaska.

El Atlántico Norte no es únicamente una alianza para la guerra. Existen otros escenarios tan o más relevantes que los mediterráneos, sin menospreciar a los costeños del Mare Nostrum, que han generado esos brotes verdes que ponen de manifiesto que el derecho de autodeterminación continúa siendo, en 2021, un ejercicio de gran alcance democrático.

 

 

 

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jueves, 8 de abril de 2021

París Desbloquea Derechos Lingüísticos

Honestamente nunca creímos que esto ocurriría en el muy jacobino estado francés, pero por fin tenemos buenas noticias con respecto a los derechos lingüísticos de las naciones sin estado aún bajo su anacrónico dominio.

Esto es lo que nos reporta Noticias de Gipuzkoa:


Francia da luz verde a la ley que garantiza la enseñanza en euskera

Por 247 votos a favor y 76 en contra, la Asamblea Nacional arropa el texto impulsado por el diputado Paul Molac que abre la puerta a la inmersión lingüística

El Parlamento francés aprobó este jueves de forma definitiva una ley para proteger lenguas como el euskera, que abre la puerta a la inmersión lingüística y a la subvención a escuelas privadas en idiomas diferentes al francés.

El texto, el primero de este tipo en la República francesa, fue aprobado por 247 votos a favor y 76 en contra en la Asamblea Nacional con una redacción similar a la que había sido adoptada previamente en el Senado en diciembre pasado, por lo que se considera aprobado.

El Gobierno no había dado su respaldo a esta proposición de ley impulsada por un grupo minoritario al considerar que podía poner en peligro la enseñanza del francés y su extensión a todo el territorio. Pero los bloques partidistas acabaron divididos por las disensiones de diputados procedentes, sobre todo, de Bretaña, de la región de Occitania y de Iparralde, que decidieron arropar el texto impulsado por el diputado Paul Molac.

Actualmente, unos 170.000 de los más de 12 millones de escolares franceses reciben clases en una de las cuatro lenguas reconocidas: bretón, occitano, euskera y corso.

La nueva ley exige que en los territorios concernidos por lenguas propias como curre en Iparralde todo alumno pueda recibir una enseñanza en las mismas.

Además, abre la puerta a que los centros propongan la llamada inmersión lingüística, aunque la lengua principal seguirá siendo el francés.

Este era el principal punto de controversia, puesto que el Gobierno consideraba que esa enmienda, añadida en la tramitación parlamentaria en el Senado, donde el partido "macronista" no tiene mayoría, suponía una amenaza a la primacía del francés.

El Ejecutivo considera, incluso, ese punto contrario a la Constitución del país que establece que "la lengua de la República es el francés".

Molac, por su parte, defiende que ninguna resolución del Consejo Constitucional ha ido en contra de la inmersión lingüística y que la Carta Magna también recoge que "las lenguas regionales pertenecen al patrimonio de Francia".

El otro punto más polémico se refería a la financiación de las escuelas privadas para la enseñanza de esas lenguas.

El texto adoptado establece que los Ayuntamientos deberán subvencionar a las escuelas privadas en aquellos lugares donde no haya ninguna pública que proporcione este tipo de clases.

La ley recoge otras disposiciones relativas a la visibilidad de las lenguas regionales, como la posibilidad de colocar paneles de señalización bilingües o la autorización a incluir en los nombres propios signos diacríticos, muy usados en el bretón.

 

 

 

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sábado, 8 de febrero de 2020

Egaña | Falsa Bandera

Les recomendamos la lectura de este texto que Iñaki Egaña ha dado a conocer en su perfil de Facebook:


Iñaki Egaña

A partir de 1984, un cuerpo de agentes especializados de la Ertzaintza llegó a colocar en unos veinte establecimientos hosteleros señalados por ser protagonistas en el tráfico de drogas, cargas de goma dos que reventaron los negocios y provocaron numerosos daños. Fueron acciones incruentas. Los atentados, sin reivindicar, se produjeron en Bilbao, Lekeitio, Gernika y Iurre. En vista del “éxito”, continuaron las explosiones en otros establecimientos de Enkarterri, Ortuella, Arrasate, Oñati, Hondarribia, Donostia…

En esa misma época, ETA atentaba, asimismo, contra lugares y personas donde o que traficaban con heroína. Así que, en la mayoría de los casos, la prensa atribuyó las acciones encubiertas de los agentes autonómicos, a comandos de la organización separatista. Las diligencias judiciales se cerraron de inmediato, y aquellas operaciones furtivas fueron tragadas por la historia.

Los dos párrafos anteriores provienen de una fuente que tenía razones para conocer aquellos acontecimientos, de los que han pasado ya muchos años. Se trata de Javier Zumalde, instructor de la Policía Autonómica, que llamó a aquellos atentados “acciones negras”, lo que hoy en día señalaríamos como de “falsa bandera”. Realizadas con un objetivo determinado e imputadas a otros, adversarios o enemigos. Zumalde, también añadió y lo dejó escrito, que intentaron matar a diez traficantes previamente identificados, pero que el PNV no lo permitió. Entonces, Xabier Arzalluz mandaba en el Partido. Se jactaba, sin embargo, de que “sus” acciones se hubieran atribuido a ETA.
En setiembre de 1999 y en la localidad bretona de Plévin, ETA y el Ejército Revolucionario Bretón (ARB) robaron cerca de ocho toneladas de explosivos, 5.000 detonadores y varios kilómetros de cordón detonante. Era setiembre de 1999. Según las policías española y francesa, ambos grupos, ETA y ARB, utilizaron en sus acciones parte del hurto. En especial el grupo bretón, que realizó varios atentados contra propiedades, con los explosivos de Plévin, en los meses siguientes. Dos de los atentados fallaron en sus objetivos y la policía recuperó intactos los ingenios utilizados en cada ocasión, detonadores y dinamita.

El 19 de abril de 2000, una bomba hizo explosión en un McDonald´s de Quévert, una pequeña población bretona de apenas 3.700 habitantes. La deflagración causó la muerte de una joven trabajadora de la hamburguesería, Laurence Turbec. No hubo reivindicación de este extraño atentado, pero los medios ya se encargaron de achacárselo al ARB. Gaël Roblin, portavoz del partido legal Emgann, fue detenido y acusado falsamente del atentado. Una campaña se desató contra el independentismo bretón.

En 2004, se produjo el proceso por el atentado de Quévert. El ARB quedó descartado de entrada por la justicia francesa. Numerosas irregularidades llevaron a introducir en la opinión pública nuevas hipótesis, ninguna en la justicia. Incluso diversos medios, entre ellos Le Point y L´Express, fueron condenados por difamación y atentado contra la presunción de inocencia. Los medios abertzales bretones denunciaron que la bomba en el McDonald´s había sido una operación de falsa bandera y que, para ello, sus ejecutores habían utilizado explosivos recuperados por la policía en un atentado fallido. En 2009, el caso de Quévert fue definitivamente cerrado, sin culpables.

Estas operaciones encubiertas para hacer creer a la opinión pública que fueron efectuadas por otros protagonistas, nos persiguen desde hace décadas. Sucedieron con la muerte de Argala, imputada por Interior a "diferencias internas", como lo fueron las de Lasa y Zabala por los GAL, Popo Larre o Tomás Alba en 1979, concejal de Herri Batasuna muerto por el BVE en Astigarraga u otras para desviar la atención como la del cartero José Antonio Cardosa en Orereta en 1989.

Estas operaciones encubiertas fueron utilizadas por las potencias en tiempos de guerra (EEUU y la URSS, especialmente), pero también en tiempos de paz, para provocar resultados políticos que avalasen su intervención. Europa ha estado cruzada de estas acciones encubiertas en la mayoría de sus escenarios. Acciones impulsadas en gran medida por Gladio, el brazo creado por la OTAN para sus operaciones de “guerra sucia” que no podía reivindicar en nombre de la democracia.

La quema del Reichstag en Alemania en 1933 es el hecho más conocido, cuando agentes de Hitler prepararon un incendio para suspender los derechos civiles y provocar una detención masiva de militantes comunistas. En 2006, soldados iraquíes disfrazados de insurgentes y acribillados por el Ejército Británico en Irak, fueron la excusa de EEUU para asaltar la prisión de Basora.

Los "false flag” (falsa bandera) tienen su extensión en lo que en términos anglosajones se conoce como black propaganda (propaganda negra, literalmente), información falsa que pretende convertirse en la principal del relato. En Euskal Herria existe un hilo conductor que se aleja en el tiempo, con pasajes conocidos como el del bombardeo de Gernika, la desaparición de Galíndez, atribuida por los servicios de Franco a su orientación sexual, la de Pertur, también atribuida a "disidencias internas", o hechos más recientes con el de la niña Urroz o los atentados del 11M en Madrid. Obviamente, para que la black propaganda tenga efectividad se necesita la complicidad de medios y agentes, periodistas e historiadores, que defiendan la falacia.

En estas semanas, hemos asistido a varios hechos que tienen el sello de falsa bandera. Las pintadas en las sedes de ELA y LAB, después de la huelga general por un empleo, una pensión y una vida dignas, incluso la destrucción de placas recordando a víctimas, aun pudiendo tener autoría ajena al estado profundo, tienen todos los visos de ser acciones encubiertas. No hay sino hacer una pequeña regla de tres para descifrar quién aprovecha y se beneficia de ese discurso victimista. Cuanto más débil y antidemocrático sea el Estado, generará nuevas acciones de falsa bandera.






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jueves, 28 de noviembre de 2019

Jacobinismo Lingüístico

Desde el portal de Ikusle traemos a ustedes este análisis de las políticas públicas por parte del estado francés en contra de las lenguas de las naciones históricas como lo son el euskera y el catalán.

Lean por favor:


El 4 de junio de 1794, la Asamblea Nacional decretó la prohibición oficial de todas las lenguas habladas en Francia y que no fueran el francés con el objetivo de “unificar lingüísticamente” el país, según los criterios redactados por el sacerdote Henry Grégoire. Según los lingüistas y filólogos expertos en la materia, aproximadamente el 90% de los habitantes de Francia se expresaban diariamente en otra lengua que no fuera el francés, es decir, 25 millones de personas de un total de 28 millones.

A lo largo del siglo XIX, gobiernos de todos los colores continuaron aprobando legislaciones que imponían el francés como único idioma de la República. El ejecutivo presidido por el primer ministro Jules Ferry puso en marcha a lo largo de la década de 1880 diferentes medidas que prohibían la enseñanza en las escuelas de cualquier idioma regional que no fuera el francés. Incluso el líder socialista Jean Jaurès aseguró que hablar en Francia una lengua autóctono y no el francés suponía hacerlo “en el idioma de una nación derrotada”.

A finales de la década de 1950 del siglo pasado, se cuestionó la política lingüística adoptada por París contra los idiomas minoritarios. Sin embargo, la nueva constitución redactada en 1958 volvió a recalcar que el único idioma de la República era el francés. En 1972, el presidente Georges Pompidou ratificó las políticas en materia idiomática mantenidas por el Estado desde la Revolución Francesa asegurando que “no hay lugar para las lenguas regionales en Francia” en alusión al euskera, el bretón, el catalan, el occitano o el corso entre otras.

En 1992, el Consejo de Europa promovió y aprobó la Carta Europea de las Lenguas Regionales o Minoritarias que promovía y defendía su uso. A pesar de que Francia es miembro del citado organismo, el entonces presidente Jacques Chirac hizo caso omiso de la carta y se negó a que la carta magna reconociera que existen otros idiomas en el Estado además del francés.

Tras la negativa de París a aceptar lo aprobado en la citada carta, la Comisión Europea obligó a los Estados miembros de la Unión Europea a suscribir formalmente el tratado. Francia se negó a ratificar su contenido y se considera exenta de cumplir lo aprobado.

El 4 de agosto de 1994, la Asamblea Nacional aprobó una nueva ley promovida por el ministro de Cultura Jacques Toubon por la que se hacía obligatorio y exclusivo el uso del francés en publicaciones gubernamentales oficiales, anuncios, en el lugar de trabajo, en los contratos comerciales, en otros contextos comerciales, en las escuelas financiadas por el estado y en otras situaciones. Con esta medida, Toubon buscó “enriquecer la lengua, obligar a utilizar el francés y defenderlo como lengua de la República”, asegurando su hegemonía en todo el Estado.

Con la llegada de Nicolas Sarkozy al Palacio del Elíseo, diferentes analistas consideraron que su gobierno podía iniciar algún tipo de apertura lingüística. Aunque Sarkozy aseguró que su gobierno no albergaba ningún odio contra los idiomas regionales como el euskera, el occitano o el bretón, el presidente dejó claro que su ejecutivo no firmaría la Carta Europea de las Lenguas Regionales o Minoritarias ni propondría ninguna reforma constitucional que modifique el estatus que ostenta el francés como único idioma de Francia.

El gobierno de Emmanuel Macron no ha supuesto ningún cambio del estatus de las lenguas regionales en Francia. De hecho, tal y como informó Ikusle en su edición del pasado 22 de julio, la ministra de Trabajo Muriel Penicaud ratificó la decisión adoptada por el Registro Civil de Francia, avalada por los tribunales galos, de prohibir inscribir en el mismo a niños cuyo nombre contenga signos diacríticos como la letra eñe. Con esta polémica decisión, un buen número de niños con nombres en euskera como Begoña, Beñat, Eñaut, Garbiñe, Iñaki, Iñigo o Zuriñe entre otros no podrán ser inscritos, salvo que sustituyan la eñe por la letra ene.

Según explicó la ministra de Trabajo, el ejecutivo de Emmanuel Macron apoya por completo la decisión tomada por el Registro Civil y la Justicia a pesar de que la eñe es imprescindible para el uso de idiomas como el bretón o el euskera que son hablados por decenas de miles de personas en el Estado francés.

Y es que, como hemos podido ver, las leyes lingüísticas vigentes en Francia niegan al euskera, el bretón y otras lenguas regionales, a consideración de idiomas oficiales o cooficiales, gozando de este privilegio en exclusiva el francés.






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