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lunes, 29 de junio de 2026

Entrevista a Mattin Aiestaran

Desde las páginas de Naiz traemos a ustedes la entrevista al director del yacimiento arqueológico de Irulegi, Mattin Aiestaran, misma en la que se ahonda en la importancia del descubrimiento recientemente dado a conocer, el de las inscripciones en los trozos de cerámica recuperados en la misma vivienda en donde se encontró la mano.

Lean ustedes:


«Había gente que vivía en Irulegi mil años antes de los vascones que escribieron en la Mano»

Mattin Aiestaran | Director del yacimiento de Irulegi | Pese a su enorme relevancia, hallazgos como la Mano o el numeral vascónico «abaŕ» pueden ser solo la punta del iceberg de los tesoros que alberga Irulegi, ya que debajo del poblado vascón del siglo I a.C. existen otros cuatro anteriores, según señala Mattin Aiestaran, director del yacimiento.

Pello Guerra

Irulegi y Mattin Aiestaran se han convertido prácticamente en sinónimos, ya que el historiador es la persona que ha estado al frente de las excavaciones que se vienen realizando en el yacimiento desde sus inicios. Conoce al detalle lo que se ha localizado y ha sido el encargado de presentar públicamente hallazgos de tanto calado como la Mano o la inscripción con el texto «abaŕ», el primer testimonio de un numeral vascónico encontrado.

Tras hacer público este último descubrimiento, Aiestaran está inmerso en preparar la siguiente campaña en el yacimiento, que arrancará en unas pocas semanas en puntos ya excavados en busca de nuevos tesoros que nos acerquen a nuestro pasado. Una historia de la que Irulegi alberga muchos secretos, incluso más antiguos que los ya descubiertos, puesto que en sus entrañas se encuentran otros cuatro poblados que se llegan a remontar al 1400 a.C., mil años antes de que un vascón colgara en la entrada de su vivienda la famosa Mano.

Irulegi vuelve a ofrecer nuevos hallazgos de relieve vinculados al vascónico. ¿Cuándo fueron localizadas estas últimas piezas y qué tiempo de estudio han exigido de momento?

Estos elementos ya eran conocidos desde el año 2020. Nos dimos cuenta a la hora de la excavación, pero no fueron limpiados de la mano de las restauradoras del Gobierno de Navarra hasta que montamos la exposición ‘De Irulegi a Pompelo’. Fue en ese momento cuando el catedrático Javier Velaza pudo ver estos elementos y se dio cuenta de que tal vez su interpretación había que trabajarla un poquito más. Se puso en contacto con Joaquín Gorrochategui y Joan Ferrer, y realizaron varias autopsias, como las llaman ellos, que consisten en ver estas piezas con lupas y con todo lujo de detalles técnicos necesarios. De ahí, ya partió la investigación propiamente dicha, que ha venido a aportar esa luz sobre la cuestión de los numerales vascónicos e ibéricos. 

Con estos hallazgos, Irulegi añade un nuevo elemento para seguir reescribiendo la historia de los vascones, como en su día ya hizo la Mano. Gracias a este yacimiento, vamos conociendo más detalles sobre esa parte de nuestra historia.
 
Efectivamente. En este caso, es un pequeño detalle, un fragmento de cerámica; no es una mano de bronce escrita en la puerta de una vivienda. Pero nos está hablando del uso escrituario que tenían los vascones, de hasta qué punto la escritura impregnaba varios aspectos de su vida, como puede ser en este caso algo más económico, no tan ritual o simbólico como puede ser la Mano. Ahora estamos ante una inscripción con una naturaleza muy distinta, bastante más económica y que, sin embargo, aporta muchísimo.

Estas piezas han sido presentadas cuando en el plazo de unas semanas arrancará una nueva campaña en el yacimiento. ¿Cuándo empezará y en qué área se va a trabajar? 

La campaña de excavación propiamente dicha la comenzaremos a finales de julio y se prolongará durante agosto. Y vamos a seguir trabajando sobre todas las zonas en las que ya comenzamos a excavar los años anteriores, en las que ya pudimos documentar estructuras, no sabemos si viviendas u otro tipo de edificios, pero que fueron afectados por el ataque y por el incendio. Por lo tanto, veremos qué es lo que encontramos debajo de esos restos calcinados.

Hasta el momento, ¿en cuánta superficie del conjunto del yacimiento se ha excavado?

En área abierta, se han excavado en torno a tres viviendas, partes de otras también y una vía principal con sus calles secundarias. Eso nos ha dado una imagen muy nítida de al menos una zona del yacimiento, que hemos podido caracterizar y conocer adecuadamente. Pero todavía nos falta mucho para poder conocer otras zonas. Vamos a intervenir un poquito más cerca del castillo, más hacia la cumbre del monte Irulegi.

Teniendo en cuenta las dimensiones que tiene el yacimiento, ¿se puede hacer un cálculo de cuánto tiempo hay por delante de trabajo en Irulegi?

Estamos hablando de que el poblado realmente urbanizado tendría una extensión de en torno a dos hectáreas o algo más. Y además, debemos tener en cuenta que tan solo hemos sondeado cómo es ese poblado en concreto y que es uno de los que hay en Irulegi. Este es el más moderno y el último habitado, de hace 2.100 años aproximadamente. Pero es que debajo tiene otros cuatro y los hemos ido encontrando en cuanto hemos ido profundizando en distintas zonas del yacimiento.

Por lo tanto, había gente que vivía en Irulegi probablemente mil años antes de los vascones que escribieron en la Mano y en sus cerámicas. Entonces, tenemos preguntas tanto para esta fase en concreto como para las fases anteriores y las relaciones que tienen entre ellas: si hay continuidad; si podríamos hablar de una misma comunidad que va evolucionando, pero es la misma; o si, sin embargo, hay rupturas y hay distintas comunidades que habitan durante distintos periodos el monte de Irulegi. 

Todas esas preguntas están todavía en el aire y tendremos que ir respondiéndolas, con suerte, en base a los trabajos que vayamos haciendo.

Por lo tanto, con Irulegi ya nos estábamos remontando al siglo I antes de Cristo, pero su historia todavía sería mucho más antigua.

Efectivamente, estamos hablando de un momento de habitación, no sabemos si continuado o no, pero situado en el Bronce avanzado, no en el Bronce final. Nos situaríamos en el 1400 a.C., aproximadamente, que es el momento en el que por primera vez se habita el poblado. De ahí, hasta el momento en el que se escribe en la Mano de Irulegi y en una cerámica el numeral vascónico, han pasado 1.400 años de historia. Por lo tanto, todavía hay mucho que hilar y hay mucho que investigar.

Como dice, excavar e investigar, ya que la excavación es una de las fases de un trabajo mucho más amplio, hasta que se llega a descubrir la verdadera importancia de algunas piezas, como ocurrió con la Mano y ahora con esta cerámica y su numeral.
 
Eso es. Al final, el trabajo de excavación, que es el que realizamos en nuestras campañas arqueológicas, ese trabajo de campo, es la primera fase. De ahí, a terminar de publicar y de dar a conocer los resultados arqueológicos, históricos y, si hay suerte, epigráficos y lingüísticos, ha de pasar su tiempo y la investigación ha de tener sus ritmos. A nosotros nos gustaría que Irulegi siguiera dando este tipo de sorpresas.

Y, por todo lo que comenta, la posibilidad de que haya muchas más sorpresas está encima de la mesa.


Es lo bueno que tiene Irulegi, que nos da sorpresas muy gratas y, sobre todo, a cada momento. Esto es algo que ya he ido diciendo varias veces, que cada hora de trabajo de campo que invertimos en Irulegi siempre tiene sus resultados históricos y arqueológicos. 

Unos resultados que se muestran en la exposición ‘De Irulegi a Pompelo’, que ya han visitado cerca de 25.000 personas, lo que demuestra el interés que despiertan en la sociedad los trabajos en el yacimiento y que también evidencia la importancia de mostrar al público lo que se va descubriendo sobre el pasado.

Por supuesto, ese es uno de los pilares de nuestras intervenciones, que no se quede todo tan solo en un foro académico y llegue a la ciudadanía, que lo conozca y encima con calidad.






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jueves, 25 de junio de 2026

A(ba)ŕ

El sitio arqueológico de Irulegi, ese que tantos dolores de cabeza le ha provisto a los españolistas tras el hallazgo del objeto en forma de mano con una inscripción en euskera antiguo, vuelve a arrojar luz sobre el pasado de esa localidad.

Noticias de Navarra nos lo relata de esta manera:


Irulegi arroja otro tesoro: una inscripción sobre recipiente de almacenaje local podría testimoniar el primer numeral vascónico

Irulegi proporciona una nueva inscripción con escritura vascónica en un esgrafiado sobre cerámica - Si la inscripción abaŕ hiciera referencia a la capacidad de la vasija, aportaría una nueva evidencia en el debate sobre las relaciones entre el vascónico, el ibérico y el vasco histórico o euskera

Irulegi es un poblado vascón que fue atacado y destruido durante la Guerra Sertoriana. Su estudio arqueológico se realiza desde 2017 por iniciativa del Ayuntamiento del Valle de Aranguren con el apoyo del Departamento de Cultura del Gobierno de Navarra, y está liderado por la Sociedad de Ciencias Aranzadi en colaboración con diferentes universidades, bajo la dirección del arqueólogo Mattin Aiestaran.

Hasta el momento se han excavado tres viviendas de aproximadamente 75 metros cuadrados de superficie en las que se han recuperado numerosos restos materiales: armas, recipientes cerámicos, monedas, restos óseos de fauna, molinos, etc.

Dos fragmentos cerámicos que presentan sendas inscripciones

Entre esos materiales figuran dos fragmentos cerámicos que presentan sendas inscripciones. Uno fue hallado en el interior de la misma casa en la que se encontró la Mano de Irulegi y el otro en el exterior de esa misma vivienda. El primero de ellos apareció partido en dos fragmentos y corresponde al borde de un recipiente de almacenaje fabricado in situ o en las inmediaciones. 

Su texto, escrito en un signario paleohispánico, probablemente vascónico, es a[ba]ŕ o abaŕ, y podría ser la expresión de su capacidad. Si esta interpretación es correcta, la inscripción constituiría el primer testimonio de un numeral vascónico, cuya forma además coincidiría exactamente con la que recientes estudios han atribuido también al numeral 10 en ibérico, para el que se ha propuesto una correspondencia con el vasco (h)amar (10).

El documento sería así de una gran importancia para el conocimiento de las relaciones entre el vascónico y el ibérico, y asimismo de ambos con el vasco histórico (el euskera en sus fases antiguas o reconstruidas) y el euskara actual. 

La segunda pieza inscrita corresponde a la base exterior de un recipiente de uso personal de importación, con una tipología campaniense de barniz negro o pintado procedente de Italia, y que presenta el texto basi, que podría corresponder a un nombre abreviado -quizás el del propietario del recipiente y de la casa-. El estudio epigráfico y lingüístico de los hallazgos ha sido llevado a cabo por Javier Velaza y Joan Ferrer, de la Universidad de Barcelona, y por Joaquín Gorrochategui, de la Universidad del País Vasco, y se publicará en el próximo número de la revista Palaeohispanica.

En la presentación han participado Mattin Aiestaran, director del yacimiento de Irulegi, Javier Velaza, catedrático de la Universidad de Barcelona, Joseba Asiron, alcalde de Iruña-Pamplona y Manolo Romero, alcalde del Valle de Aranguren.

Estos dos nuevos testimonios se unen al bronce epigráfico de la Mano de Irulegi, a los textos de las monedas y al stylus encontrado en el mismo poblado y vienen a ratificar la presencia de la escritura en la vida cotidiana del poblado de Irulegi.

Las piezas están expuestas en la muestra De Irulegi a Pompelo. Los orígenes de una ciudad, promovida por los Ayuntamientos de Iruña – Pamplona y del valle de Aranguren con la colaboración del Gobierno de Navarra, y que puede visitarse en el centro cultural Civivox Pompelo todos los días, excepto los domingos.

Además, Aranzadi organiza visitas guiadas tanto al yacimiento como a la exposición durante todo el verano hasta el 12 de septiembre en: https://www.aranzadi.eus/visita-irulegi. 

 

 

 

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domingo, 15 de febrero de 2026

Piedra y Espada

Desde las páginas de Naiz traemos a ustedes la traducción al castellano de este interesante reportaje acerca de las fortificaciones del antiguo Reino de Navarra, mismas desde las que se defendió el terruño de los antiguos vascones ante las constantes incursiones de castellanos y aragoneses, a quienes poco importó que se tratase de un reino cristiano en tiempo en los que todavía batallaban contra la "amenaza musulmana" al sur de la península (lo que los hispanistas más retrógradas acostumbran denominar La Reconquista).

Lean ustedes:


Los castillos de Navarra, un viaje a través de la edad de piedra y espada

Esta es la crónica de un viaje a la época de la piedra y la espada. Seguiremos la ruta que conecta los castillos de Navarra, pero para ello tendremos que atravesar el país de punta a punta, de norte a sur y de este a oeste; ya que por toda Navarra, afloran en muchos lugares vestigios de las sólidas fortalezas que protegían el reino y de edificios que finalmente quedaron en ruinas por la guerra.

Pello Guerra

En los próximos años, los arqueólogos que trabajan en las excavaciones seguirán añadiendo nuevas etapas a este viaje centrado en la piedra y la espada, descubriendo nuevos restos de algunas de las fortalezas que defendieron el reino durante siglos.

Aparte de la Ciudadela, construida tras la conquista española de 1512, Pamplona ya no cuenta con castillos que ver, aunque su plaza más famosa lleva el nombre de uno de ellos, construido por el rey Luis Hutin en el siglo XIV. Sin embargo, en las cercanías de la capital es posible visitar las ruinas de dos fortalezas que la protegían. Irulegi es una de ellas. Se puede llegar desde el pueblo de Lakidayn, en el valle de Aranguren, por una pista que asciende a una colina que ofrece espectaculares vistas de Pamplona. Allí, gracias a las campañas de la Asociación de Ciencias Aranzadi, se pueden ver los restos de uno de los castillos más antiguos de Navarra.

Existen referencias al castillo desde el siglo X, cuando fue atacado por el califa Abderramán III de Al Ándalus. En el siglo XV, perteneció al conde de Lérins, pero cuando los reyes Juana de Albret y Catalina de Foix derrotaron al conde, ordenaron su demolición. Esto ocurrió en diciembre de 1494.

"Víctimas" de la conquista

Gracias a varias campañas arqueológicas dirigidas por el experto Iñaki Sagredo desde 2010, también se han rescatado los restos de otro castillo en Pamplona, ​​Garaño. Se encuentra en una colina cónica en la localidad de Ollaran, entre Egillor, Anotz y Saldise. Se puede subir a la colina desde cualquiera de ellos en una caminata de media hora, siguiendo las marcas de la ruta PR NA-170 y tomando el desvío señalizado en una pequeña colina.

Esto también podría ser de su interés.

En Viana es muy interesante visitar las ruinas de la ciudad amurallada, de especial importancia por su ubicación fronteriza. Las torres de San Pedro, las puertas de La Solana, Santa María y San Felices, así como las puertas de San Miguel y la Trinidad, de construcción posterior, aún se conservan, aunque no en su totalidad.

Podría haber sido la legendaria fortaleza que los musulmanes llamaban Sajrat Quais , la cual fue atacada por Abderramán III en 924, como le ocurrió a Irulegi. En 1276, fue asediada de nuevo por las tropas del rey francés durante la Guerra de Navarra. Y en el siglo XVI, cuando las tropas españolas conquistaron Navarra, fue uno de los primeros castillos en ser atacados y posteriormente demolidos.

Siguiendo este camino hacia el norte, nos encontraremos con otra víctima de la conquista española del siglo XVI: el Castillo de Amaiur. Ubicado en el Valle del Baztán, sus ruinas también han sido desenterradas gracias a las campañas arqueológicas de la Asociación de Ciencias Aranzadi.

Los restos que se pueden visitar hoy son los que sobrevivieron a la destrucción de 1522. 300 navarros, liderados por Jaime Velaz de Medrano, fueron encerrados en esta fortaleza bajo el estandarte de los legítimos reyes de Navarra, es decir, la familia Albret. Esta heroica resistencia convirtió el castillo de piedra roja en un símbolo, como nos recuerda hoy el monolito que se alza donde antiguamente se encontraba la torre principal de la fortaleza.

El museo cercano recoge su historia y se exponen restos de armas encontradas que revelan la brutalidad del asedio llevado a cabo por las tropas de Carlos V hace casi 500 años.

En el norte de Navarra, a pocos kilómetros de Amaiurre, merece la pena visitar la Torre Donamaria. Cerca de Doneztebe y del pazo Bertiz, se trata de una espectacular casa-torre del siglo XV. Tiene dos plantas de piedra, y las otras dos, las superiores, de madera. En su interior, se puede ver una exposición sobre el proceso de restauración y la historia de este tipo de estructuras.

Lisarra: una parada en el camino

De vuelta en Pamplona, ​​tres rutas diferentes, siguiendo los puntos cardinales, nos permitirán descubrir el pasado pétreo del antiguo reino. Si nos dirigimos hacia el oeste, Estella es imprescindible. Siendo una de las ciudades más importantes de Navarra, contaba con tres castillos: Zalatambor, el Castillo Mayor y el Castillo de Belmerches.

Los dos primeros se ubicaban en la roca que sobresale sobre la iglesia de San Pedro, en la zona donde cruza el actual túnel de carretera. Quienes suban a la roca de la Cruz disfrutarán de la maravillosa vista panorámica de Estella y de los restos descubiertos por las campañas arqueológicas.

Las dos fortalezas estaban protegidas y conectadas por una muralla, aparentemente construida en el siglo XI o antes, que fue demolida en 1575.

Dejando atrás Estella y tomando la carretera hacia Logroño, llegamos al pueblo de Deio o Monjardín. El castillo vigila la localidad desde lo alto de la montaña. Se puede llegar fácilmente al fuerte desde el pueblo por un cómodo y hermoso sendero. En la cima se encuentra lo que fue el antiguo castillo musulmán de los Banu Qasitar, una familia de origen vasco que dominó la Ribera durante varios siglos.

A pesar de estos vínculos con la corona de Pamplona, ​​el primer rey de la dinastía Ximeno, Sancho Garcés I, conquistó el castillo en 908. El rey murió en 925, al caer de su caballo, y fue enterrado en la fortaleza.

El castillo tiene una planta irregular, una torre en un extremo y fuertes murallas. En su interior se encuentra la capilla de Santa Cruz y un aljibe abovedado para almacenar gran cantidad de agua.

Para completar la ruta, podemos tomar la ruta oeste hasta llegar a Viana. Allí, es muy interesante visitar los restos de la ciudad amurallada, de especial importancia por su ubicación fronteriza. Las torres de San Pedro, las puertas de la Solana, Santa María y San Felices, así como las puertas de San Miguel y la Trinidad, de construcción posterior, aún se conservan, aunque no en su totalidad.

El pueblo de Azpilkueta, Monreal y Xavier

Hemos visitado algunos lugares interesantes tomando la ruta oeste desde Pamplona, ​​pero la ruta este también esconde sus secretos. Continuando por la carretera de la capital a Jaca, llegamos al pueblo de Elo, donde había un castillo.

Una vez más, gracias a las campañas arqueológicas de expertos como Iñaki Sagredo, se han recuperado las ruinas de la fortaleza. Hoy en día, podemos llegar a ella mediante un sencillo paseo.

Aunque su origen data del siglo XII, e incluso podría ser anterior, esta fortaleza fue residencia real. Fue utilizada por numerosos reyes. En tiempos de invasión o peligro, el Castillo de Monreal sirvió de refugio a los habitantes de Elortzibar, Ibargoiti y Untziti, ya que contaba con cañones de 1379.

Pero todo cambió por completo tras la conquista por las tropas castellanas en 1512. Nueve años después, el rey Carlos V de España ordenó la destrucción del castillo, como de muchos otros del Reino de Navarra, ante la imposibilidad de mantener las guarniciones.

En el siglo XV, el mayordomo del Castillo de Monreal, Martín Azpilkueta, tenía una estrecha relación con otra fortaleza que aparece en la ruta hacia el este: el Castillo de Javier, hogar de la familia Jatsu-Azpilkueta, de la familia de San Francisco.

Martín Azpilcueta, abuelo del santo, se hizo cargo de la fortaleza tras su matrimonio con Joana Sada y después de que Juan II arrebatara Artieda a los Beaumont, durante la guerra entre estos últimos y su hijo y rey ​​legítimo, el príncipe Carlos de Viana.

La hija mayor de Martín, María, se casó con Joanes Jatsu, quien fue presidente del Consejo Real durante los reinados de Juan de Albret y Catalina de Foix. Estos últimos fueron conquistados por Fernando el Católico en 1512. Los hijos mayores de Joanes Jatsu, Miguel de Javier y Joanes Azpilcueta, lucharon por los legítimos reyes de Navarra durante años contra la conquista española, y como resultado, el castillo fue destruido en 1516 por orden del cardenal Cisneros.

Como resultado, desapareció gran parte de las fortificaciones que se extendían alrededor de la Torre de San Miguel, del siglo X. Y, tras el paso de los piquetes españoles, se convirtió en una mansión de enormes proporciones, hasta su restauración en el siglo XIX. Sin embargo, se perdió una zona del palacio donde se construyó la basílica actual.

Desde Sangüesa, por la carretera NA-132, se llega a Uxue en media hora, un pueblo coronado por una espectacular iglesia-fortaleza. Su origen se remonta a la dinastía Aritza, a finales del siglo VIII y principios del IX.

Cerca de Xavier, se encuentra Sangüesa, que conserva parte de la antigua zona amurallada, como el Portal de la Cerceta. El Palacio del Príncipe de Viana también merece una visita. Su fachada trasera cuenta con dos torres almenadas. Dañada durante la conquista, fue restaurada en 1949 y una excavación en 1965 recuperó el antiguo foso y las murallas.

Originaria del siglo XI, en el siglo XIII la torre oriental se adaptó como residencia real, y a principios del siglo XIV se completó con otro palacio, similar al anterior, construido hacia la Rúa principal, cerrando la plaza de armas. Fue el lugar donde se celebraron numerosas reuniones de las cortes del reino, y muchos reyes navarros pasaron largas temporadas entre las murallas.

Desde Sangüesa, por la carretera NA-132, se llega a Uxue en media hora, un pueblo coronado por una espectacular iglesia-fortaleza. Sus orígenes se remontan a la dinastía Aritza, a finales del siglo VIII y principios del IX.

Carlos II sentía un gran cariño por este santuario, y su corazón embalsamado aún se conserva allí. El rey ordenó la construcción de los pasajes circulares y las torres almenadas que rodean la iglesia. Cuenta con tres ábsides románicos y una de las portadas góticas más ricas de Navarra.

Sur

Solo queda dirigirse al sur para completar el recorrido por los castillos de Navarra. Partiendo de Pamplona, ​​a catorce kilómetros, se encuentra Tebas. Allí se encuentran las ruinas del palacio construido por el rey Tibaldo en el siglo XIII. También fue residencia real, archivo, sede de la Cámara de Cuentas y prisión.

A principios del siglo XIX, según un antiguo plano que aún se conserva, el castillo estaba prácticamente intacto. Sin embargo, durante la lucha contra Napoleón, la Mina de Espoz destruyó parte de él. Desde entonces, ha caído en desuso, pero aún se conservan varios muros y sótanos. Además, excavaciones arqueológicas recientes han descubierto nuevas estructuras (acceso al castillo, cocinas, capilla, etc.), así como los azulejos decorativos que tenía en los últimos siglos de la Edad Media.

A catorce kilómetros de Pamplona se encuentra Tebas, donde se pueden ver las ruinas del palacio construido por el rey Tibaldo en el siglo XIII.

Continuando por la carretera AP-15, a tan sólo diez kilómetros se encuentra Olkotz, donde se alza una torre fortificada del siglo XVI rehabilitada.

La siguiente parada es el Palacio de Orriberri, una lujosa residencia real construida en el siglo XIV por orden de Carlos III el Noble. Para ello, amplió el palacio construido por Tibaldo. Contaba con jardines colgantes de casi 20 metros de altura, así como un zoológico con jirafas, leones y búfalos. En su época, fue considerado uno de los palacios más bellos de Europa.

Tras la conquista de 1512, cayó en mal estado, al igual que Tebas, hasta que el guerrillero Espoz Mina le prendió fuego en 1813 para impedir que las tropas napoleónicas lo utilizaran. Su estado actual es fruto de las obras de restauración llevadas a cabo por la Diputación Foral de Navarra en la década de 1920.

Para Marzar

Hacia el sur, llegamos a Marzilla por la AP-15. En su centro se alza imponente el gran castillo de piedra y ladrillo construido por el clan Peralta hace 600 años, que Ana de Velasco defendió cuando el cardenal Cisneros ordenó su destrucción en 1516.

Tras su restauración, hoy es el Ayuntamiento y alberga la biblioteca pública, una escuela de música y un salón de eventos.

La ciudad de Arrada cuenta con una antigua fortaleza medieval amurallada en una colina. Originaria del siglo X, alcanzó su máximo esplendor entre los siglos XII y XIV. Fue destruida en 1455, durante la guerra civil, por pertenecer a la familia Beaumont.

La siguiente parada es la deshabitada Arrada. Está cerca de Zarrakaztelu. Cuenta con una antigua fortaleza medieval amurallada sobre una colina. Originaria del siglo X, vivió su máximo esplendor entre los siglos XII y XIV. Fue destruida en 1455, durante la guerra civil, por pertenecer al bando de Beaumont. Juan II solo respetó la iglesia románica dedicada a San Nicolás. Esta aún existe.

Los restos de viviendas de esa época se encuentran dispersos por sus 8.300 metros cuadrados. Aún conserva un perímetro amurallado de 400 metros de extensión.

Torre de Santakara

A diez kilómetros del pueblo, se encuentra una gran muralla, único vestigio de la Torre Santakara, último vestigio del castillo que defendía la ciudad en el siglo XIII. Fue demolida tras la conquista española, en el siglo XVI.

Se trata de un muro de piedra de casi treinta metros de altura, con almenas piramidales. Cada piso tenía ocho metros de altura. Sorprende que siga en pie, cuando solo queda menos de la mitad de la estructura.

En el centro de Cortes se alza un imponente castillo del siglo XII, una de las principales fortalezas del reino y residencia de varios reyes navarros. Fue ampliado y restaurado en el siglo XIX.

Volviendo a la AP-15, las últimas paradas son Tudela y Cortes. En la colina que domina la capital de la Ribera, se pueden ver las ruinas del castillo que protegía la ciudad. Originalmente construido por los musulmanes, se convirtió en residencia real.

La ruta finaliza en Cortes, en el extremo sur de Navarra. En el centro de la ciudad se alza un sólido castillo del siglo XII, una de las principales fortalezas del reino y residencia de varios reyes navarros. Fue ampliado y restaurado en el siglo XIX.

Las fortalezas mencionadas en el informe son algunas de las que defendieron el reino durante siglos, y se están descubriendo nuevos restos gracias al trabajo de los arqueólogos. De hecho, en los próximos años, quienes participan en las excavaciones seguirán añadiendo nuevas etapas a este viaje centrado en la piedra y la espada.

 





 

 

 

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lunes, 9 de febrero de 2026

La Punta de Flecha en Urbasa

La singularidad del hallazgo no reside en el esqueleto del bisonte, sino en la punta de flecha que se ha encontrado junto con la osamenta.

Esto nos habla del grado de desarrollo social de quienes habitaban el área.

Adelante con lo que se nos informa desde las páginas de Naiz:


Hallado en Urbasa el esqueleto de un bisonte de hace 4.000 años con una punta de flecha

El hallazgo en Urbasa de un esqueleto de bisonte de hace 4.000 años con una punta de flecha de cobre alojada entre las costillas ha sido anunciado este lunes por el Gobierno de Nafarroa. En la sierra Arrafela también se han encontrado restos de un león de las cavernas.

El esqueleto de un bisonte de hace 4.000 años con una punta de flecha de cobre alojada entre las costillas ha sido hallado en el Parque Natural de Urbasa y Andia, concretamente en la sima Arrafela, según ha anunciado este lunes el Gobierno de Nafarroa.

El anuncio ha sido realizado por la lehendakari, María Chivite, y la consejera de Cultura, Rebeca Esnaola, quienes han explicado que se trata de un ejemplar casi completo de bisonte, datado por radiocarbono y que sitúa el contexto del hallazgo en el final del Calcolítico (hace unos 4.000 años).

Posiblemente se trate de un bisonte europeo, dato pendiente de confirmación por los análisis de ADN. En todo caso, han destacado que se trata de un descubrimiento único en la península Ibérica, ya que, de confirmarse que son restos de un bisonte europeo, se trataría de la primera evidencia de este tipo de animal.

La otra alternativa sería que perteneciese al llamado ‘Clado X’, que es conocido por estudios genéticos. Sin embargo, no se conoce la anatomía de los bisontes de este clado y si se confirmase que pertenece a este tipo, se dispondría, por primera vez, de un esqueleto completo perteneciente a esa especie.

Por su parte, la punta de flecha metálica que se recuperó entre las costillas y indicaría que pobladores calcolíticos de la zona intentaron cazar a este animal, que terminó precipitándose a la sima y muriendo.

Este nuevo descubrimiento indica que las poblaciones calcolíticas del herrialde interactuaron con más especies animales de las que se conocían hasta la fecha y abre la necesidad de revisar colecciones arqueológicas de estas cronologías para intentar detectar nuevos ejemplares que pudieron haber sido cazados por las poblaciones de agricultores y ganaderos de hace aproximadamente 4.000 años.

La investigación comenzó en 2024, después de que los investigadores confirmaran que los restos no eran de bóvido común. A partir de ese momento, comenzaron los trabajos en torno a los restos, cuya recuperación se produjo en octubre de 2025.

Restos de otros animales prehistóricos

En la misma intervención y en la misma sima han sido hallados restos de un león de las cavernas (Panthera spelaea), especie extinta hace aproximadamente 12.000 años, el tercero documentado en Nafarroa (después de los yacimientos de Abauntz y Koskobilo), y el que más restos ha aportado. Además, se han hallado restos de un gallo lira y otra rapaz, que amplían el conocimiento de la fauna de la Prehistoria de Nafarroa.

El fin de semana del 24 al 26 de octubre de 2025 se realizó la intervención paleontológica para recuperar un esqueleto casi completo, parcialmente articulado, del bisonte en la sima de Arrafela.

La intervención implicaba el uso de técnicas espeleológicas de descenso y ascenso en una cavidad de gran profundidad.

Hasta la fecha, se han llevado distintas labores de laboratorio: los huesos se han limpiado, se ha realizado un inventario preliminar y se ha comenzado con el estudio métrico del bisonte. Además, se han tomado muestras para el estudio genético y para el estudio de la dieta de este individuo. De esta manera, se ha puesto en marcha un estudio multidisciplinar para poder estudiar el detalle de estos restos fósiles excepcionales.

La intervención ha contado con la financiación de la Dirección General de Cultura–Institución Príncipe de Viana y el apoyo logístico del Departamento de Desarrollo Rural y Medio Ambiente para el transporte de personal.

En la presentación del hallazgo, Chivite ha recordado «las sorpresas que nos está dando la arqueología» en los últimos años con hallazgos como el Hombre de Loizu, la Mano de Irulegi y ahora «este espectacular esqueleto de bisonte, increíblemente bien conservado».

Además, ha subrayado la importancia de dedicar recursos a este tipo de acciones, porque «conociendo la fauna de Navarra de hace 4.000 años, o de hace 12.000 en el caso del león de las cavernas, sabemos un poco más sobre el clima y sus cambios».

La lehendakari ha recordado uno de los proyectos «más ambiciosos» del Departamento de Cultura, que consiste en transformar las naves de REFENA en el Instituto de Patrimonio Cultural. Un centro integral dedicado al trabajo, almacenaje, consulta, investigación y exposición, «donde vestigios como este bisonte podrán encontrar el espacio necesario para ser expuestos y disfrutados por la ciudadanía», ha explicado.

Por su parte, la consejera Esnaola ha destacado que «este hallazgo vuelve a subrayar la relevancia del patrimonio paleontológico navarro, y se suma a otras intervenciones promovidas por la Dirección General de Cultura- Institución Príncipe de Viana, como son las realizadas en Lantz, en Loizu».

En la presentación también ha participado el vicerrector de Investigación de Euskal Herriko Unibertsitatea, Jon Umerez, y el director general de Cultura, Ignacio Apezteguía.

Los restos del bisonte, del león y de las aves se van a estudiar en los Fondos Arqueológicos de Cordovilla y en la EHU. Se han tomado muestras por parte de investigadores e investigadoras del equipo que viajarán a distintos laboratorios, para su análisis: Universidad de Viena en el caso del ADN antiguo y Universidad de Cantabria en el caso de isótopos para la paleo-dieta.

Reconstrucción 3D del cráneo

Se va a realizar una reconstrucción 3D del cráneo del bisonte a partir de los fragmentos preservados, coordinada por el paleontólogo navarro Mikel Arlegi, actualmente investigador Marie Curie en el Musée de l’Homme de Paris, con la ayuda de otros investigadores del equipo.

Para conocer mejor detalles de la muerte del animal se va a hacer un detallado estudio tafonómico por parte del arqueólogo Antonio Rodríguez-Hidalgo, que ha estudiado la caza de bisontes en distintos yacimientos, entre los que destaca el yacimiento de la Gran Dolina de Atapuerca.

El estudio de otros aspectos de la biología del animal, como la presencia de patologías, serán coordinados por Asier Gómez, y el estudio de la punta de flecha será coordinado por Jesús García Gazólaz.

El estudio del león es parte de la tesis doctoral de Alvar Manjón García, dirigida por Mónica Villalba, Asier Gómez y José Ángel Peña en la UPV/EHU.


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Las Tumbas Circulares de Garinoain

Tras el trascendental hallazgo de la Mano de Irulegi vino el no menos importante descubrimiento del altar en Larunbe. Después vino el anuncio acerca de la inscripción en la mina de Lantz.

Pues bien, desde Naiz, traemos a ustedes este reportaje acerca de otro tesoro hallado en el subsuelo de Euskal Herria:


La muerte y el círculo, piedras y fuego

Las obras del TAV a su paso por Garinoain han sacado a la luz 17 tumbas circulares vinculadas a una fortificación de la Edad del Hierro, cuya antigüedad se estima en el siglo VI antes de Cristo. Se trata de una época singularmente oscura y violenta en Nafarroa. Los cuerpos escondidos en los círculos de piedra fueron quemados previamente como rito mortuorio.

Aritz Intxusta

El pueblo de Garinoain tiene una peculiar conexión con el poblado de la Edad del Hierro que ellos conocen como Santa Cecilia por una pequeña ermita que construyeron en su parte más alta hace relativamente poco tiempo, pero que se ubica en el interior de dos anillos concéntricos de murallas y taludes construidos hace más de 25 siglos. Un día al año, coincidiendo con la llegada de las cosechas y a la par que el cura bendice los campos de cereal, acuden a esta ermita donde celebran una pequeña misa y luego pasan el resto del día en el foso de la fortificación, sentados en piedras desprendidas o directamente arrancadas de los muros con las que han conformado también mesas rústicas. El Ayuntamiento reparte pan y vino. A media tarde, se marchan para no volver allí hasta el año siguiente.

Pero había algo más en aquel poblado. Ocultos hasta metro y medio bajo la tierra, han aparecido enormes túmulos (panteones prehistóricos) alrededor de esa fortificación en forma de óvalo. El grupo principal queda en la parte oeste, hacia donde se pone el sol. Se trata de 17 estructuras de piedra de forma circular y que están necesariamente vinculadas a esa población.

Algunas de las principales de estas formaciones circulares, incluida la más grande de todas, que tiene un diámetro de 18 metros, están rodeadas por piedras de lajas y estelas. De este modo, los 200 o 300 habitantes que se refugiaban en lo alto de la colina amurallada vivían rodeados de las tumbas de los más destacados (o destacadas) miembros del clan, tribu o lo que sea que fueran.

El caso es que, en Garinoain, algo de conocimiento debía de quedar de esas ruinas ubicadas en su monte común. El yacimiento arqueológico se ha denominado Monteviejo II, pero todavía se recuerda otro nombre más antiguo para ese paraje, el de Kapanazar, de cuando en Orbaibar aún se mantenía viva la lengua propia. Y es bien posible que algunas de estas construcciones les hubieran parecido, por su tamaño, chozas o cabañas pastoriles que hubieran colapsado sobre sí mismas.

El trazado del TAV pasa casi rozando el poblado de Santa Cecilia en su camino hacia Iruñea (la capital navarra queda 24 kilómetros al norte), por lo que Adif costea las excavaciones y prospecciones que la ley dicta para preservar el patrimonio cultural. Esto es, mientras los ingenieros del ferrocarril estudian las características del subsuelo para tender las vías, grupos de arqueólogos prospectan aquellos puntos donde se sospecha que existen restos de presencia humana.

El yacimiento de Garinoain está siendo excavado por Nicolás Zuazua, de la joven empresa Tesela Arqueología. Un equipo compuesto por diecisiete arqueólogos (además de Zuazua) trabaja para extraer toda la información posible, preservar y, posteriormente, poner en valor estos túmulos prehistóricos.

El número de profesionales que se encuentran estos días sobre el terreno da muestra de la importancia del hallazgo. «Llevamos dos años trabajando en este tramo del TAV. Aquí, en Garinoain, estamos trabajando desde julio, cuando asomó el primer túmulo. Espero terminar la zona norte del yacimiento en las próximas semanas, pero los conjuntos que quedan al sur y que son más grandes nos van a costar».

El tren pasa tan cerca que no van a salvarse todas estas singulares estructuras que apuntan a ser del siglo VI antes de Cristo. El plan es mover algunos de los túmulos de la zona norte a otro punto cercano, aunque no los más grandes del sur (los túmulos 5, 6, 7, 8, 9, 10), pues esos quedan fuera del trazado.

Una cultura desaparecida

En la época en la que se construyó ese conjunto tumulario, los habitantes de Euskal Herria no escribían; todavía tardarían otro medio milenio en hacerlo. Estos son los años en los que fenicios y los pioneros griegos asentaban sus colonias en la costa mediterránea y daban las primeras referencias de los habitantes de la península. Pero no se conoce ninguna inscripción en la que hablen de tan tierra adentro.

Por los restos arqueológicos que nos han quedado, se intuye que la de aquella época era una sociedad marcada por la violencia. Siglos antes, en los tiempos del Bronce, los pobladores de la zona habitaban casas construidas con maderos, pajas y manteados de adobe. Demasiado frágiles y saqueables. Ahora que se ha impuesto el hierro como el metal para forjar armas, los clanes han subido a montes y riscos y han invertido enormes esfuerzos y recursos en fortificarlos.

Santa Cecilia debió de despoblarse unos dos siglos antes de la llegada de los romanos y, por tanto, de que estos denominaran vascones a los habitantes de la zona. Es lo que se intuye -explica Zuazua- de los precarios estudios que se han hecho a partir de los materiales hallados en la superficie interior de las murallas, y que seguirán sin tocarse en esta campaña.

Estamos, por tanto, ante un poblado que se corresponde con una cultura prácticamente ignota. La conocemos únicamente por la forma en que construían. Las murallas nos hablan del miedo que se tenían entre ellos. Y las casas interiores, por su similitud las unas con las otras en formas y tamaños, nos hacen pensar que constituían una cultura bastante igualitaria.

Por eso, entre otras cosas, el hallazgo de los túmulos de Garinoain es maravilloso, pues además de su espectacularidad, tiene el potencial de describirnos a sus líderes o a las personas que más prestigio alcanzaban, porque las diferencias que no se apreciaban entre ellos en vida sí emergen tras el fallecimiento. Unos merecieron un tratamiento más imponente que otros. ¿Por qué?

Los túmulos circulares, como es obvio, también ofrecen pinceladas sobre sus creencias sobre la muerte. Estamos en un momento en que no se entierra, sino que se quema. Cuando los habitantes de Santa Cecilia morían, sus vecinos y parientes construían piras con maderos y les prendían fuego hasta que las llamas se comían la carne. Pero su rito mortuorio no terminaba ahí.

Cuando la hoguera se apagaba, volvían a acercarse y cogían parte de los huesos ya mondos (no está claro aún cuáles serían las partes predilectas). Algunos los rompían para hacerlos caber en unos pequeños receptáculos de adobe que estaban en el punto central de esos túmulos circulares de piedra menuda. Probablemente, usarían algún recipiente de madera u otro vegetal para transportarlos de una parte a otra, pero el paso de 2.500 años a la intemperie, y luego bajo campos de labranza, ha hecho que desaparezcan por completo.

Los diecisiete enterramientos

No se trata de casetas derruidas, pues nunca tuvieron un techo y paredes. Simplemente, son acumulaciones de piedras con esa forma redonda, montones de areniscas con diámetros que van desde los siete hasta los dieciocho metros, varios de ellos perimetrados después con lajas que marcan la entrada a un espacio que, para esas gentes, era distinto al resto.

No es seguro tampoco -advierte el director de la excavación- que en su día se vieran como concentraciones de piedra desnuda; pudieron cubrirlas después con otros elementos. El equipo de Tesela Arqueología informa a 7K que van a llevarse a cabo estudios de polen y semillas que quizá aporten algo de luz aquí y también aclaren si realmente se daba una reutilización de estos nichos centrales. Porque, aunque no parecen tener entradas nítidas, sí hay sospechas de que la estructura no era para una sola persona, o no siempre. En el centro del círculo aparecen, en ocasiones, los restos de un individuo. En otras, aparentan ser varias personas.

Ahora los fragmentos de huesecillos, algunos parcialmente carbonizados, los están sacando e introduciendo en bolsas para su análisis. «Nos ha salido un hueso con cabeza, pero no sabemos siquiera si se trata de una tibia o un fémur. El estado de conservación tras un proceso de cremación y tanto tiempo es muy precario», explica Zuazua.

Aún así, no pierden la esperanza de que las pruebas de ADN puedan aportar algo más de información sobre los restos humanos. Lo más llamativo sería determinar el sexo para ver si el lugar de honor era algo reservado para los hombres, para las mujeres o si aparecen de los dos tipos. Si hallan restos lo suficientemente bien conservados, quizá se pueda determinar también si había alguna conexión familiar entre unos y otros.

En el centro de los túmulos no solo han aparecido huesos, también pequeños ajuares compuestos por fíbulas (broches), brazaletes que debieron de adornar el bíceps del fallecido y hasta un fragmento de una torques (collar rígido formado por una única barra metálica doblada). Todos en bronce. No son demasiado elaborados, no era un poblado rico. Los túmulos de Garinoain no describen la vida de la realeza, sino la del pueblo llano.

«Antes se deducía en función de estos ajuares si el cuerpo era de mujer o de un hombre si aparecían armas, pero se ha comprobado después que se cometían muchísimos errores. La premisa de que solo los hombres usaban armas es falsa. Ahora mismo no nos inclinamos ni por una cosa ni por otra», indica Zuazua.

La mística del círculo

A la a espera de pruebas estratográficas más precisas, ha sido la tipología de las fíbulas aparecidas en el yacimiento lo que apunta la cronología concreta. Los túmulos los conectaban con su mundo místico, su religiosidad. Una de las estelas del gran túmulo, añade una pista más, pues aparecen varios símbolos. El más repetido lo componen unos círculos concéntricos -otra vez el círculo como elemento central-, que es común a otros yacimientos similares y que tradicionalmente se ha relacionado con el Sol. El otro resulta más intrigante, pues a falta aún de una mayor documentación y estudio, no han dado aún referencias de que haya aparecido en ninguna otra parte. «No sabemos qué son, tienen forma de pétalos de flor», dice el arqueólogo.

No son los únicos túmulos que han aparecido en Nafarroa correspondientes a esta etapa. Sí los mejor conservados y más grandes, lo que permitirá estudiarlos como nunca antes. «Esta necrópolis tiene sus paralelos en la Atalaya, en Kortes o Castejón. Fuera de este herrialde, podemos encontrarlas en el Valle del Huecha en Aragón… Las más similares, quizás, sean las que se han encontrado en el Corral de Mola y Arroyo Vizcarra, ambas en la comarca de Cinco Villas», asegura Marina Rodríguez. En concreto, los túmulos de Arroyo Vizcarra quedaron anegados por el pantano de Esa y solo afloran en tiempo de sequía.

«Nos han salido fíbulas que por su tipología y características son de este periodo y también unas pinzas de depilar que se corresponden con esta época», comenta la directora de campo del yacimiento. En todo lo que se ha excavado a lo largo del Valle del Ebro, en necrópolis que recuerdan a esta, aparecen los similares materiales y huesos. Esta uniformidad permite calibrar la extensión que tuvo en su momento esta cultura.

Hay que tener en cuenta que poblados de la Edad del Hierro similares a la de Santa Cecilia son muy comunes en la Zona Media de Nafarroa y Erribera. La Dirección General de Patrimonio tiene documentados más de cien. Los trabajos en el monte de Garinoain permitirán entender mejor todos ellos.

Una de las cosas que llaman la atención de estas tumbas es que se despliegan en horizontal, no en vertical. Recuerdan mucho a los crómlech, pero la distancia temporal es abismal, pues los característicos círculos neolíticos de piedra que coronan las crestas de las sierras vascas son estructuras que se construyeron entre el 3500 y el 1500 antes de Cristo. Esto es, el último crómlech es mil años más viejo que los túmulos de Garinoain.

Por otro lado, no son los 17 túmulos lo único que ha aparecido en el entorno del enclave. Junto a ellos han asomado también distintos hoyos, agujeros en forma de tinaja correspondientes a la Edad del Bronce, horadados por los pueblos seminómadas que habitaron Nafarroa entre el cuarto y el segundo milenio antes de Cristo. Concretamente, hay 80 de estos hoyos en los alrededores y el plan es excavar uno de cada cinco, ya que finalmente el trazado del TAV no los arrasará.

Asimismo, en el lado sur han surgido los restos de lo que aparenta ser un pequeño asentamiento granjero tardoantiguo, de la época del Bajo Imperio, que incluye un pozo.

Aunque tras el proceso de excavación se aprecian bien los túmulos cuando uno se acerca, lucen aún más a vista de dron. O, como antes no había estos aparatos, destacan sobre todo cuando se los mira desde lo alto del recinto amurallado que remata hoy la ermita. Quizá estuvieran pensados así para dialogar con el cielo, pero quienes habitaron la fortificación tenían a sus muertos y sus líderes muy presentes. Era lo primero que veían.

Es aquí cuando hay que volver al extraño vínculo entre el pueblo de Garinoain y las ruinas perdidas en ese monte con paisaje en mosaico de fincas de secano y llecos de coscojas y robles quejigos (a unos cientos de metros se encuentra uno de los 47 árboles monumentales de Nafarroa, un quejigo de 16 metros de altura). Los garinoaindarras acuden a la fortificación y luego la olvidan un año entero hasta que les toca volver. Hoy, por supuesto, esta es una costumbre cristiana y quizá sea solo eso. Pero, ¿y si no fuera así? ¿Por qué vuelven cada año? ¿Les atraen las ruinas o recuerdan a los habitantes perdidos? Porque creer que inconscientemente peregrinan a las grandes tumbas de viejos líderes ancestrales es una completa locura, ¿verdad?

 

 

 

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viernes, 30 de enero de 2026

La Vasconia Romanizada

El descubrimiento de la Mano de Irulegi ha tomado una nueva dimensión con la exposición que se ha montado en Iruñea para mostrar la transición que se vivió en el espacio geográfico en el que habitaban los vascones al momento de la llegada de los romanos.

Derivado de lo anterior les compartimos este reportaje publicado en Noticias de Navarra:


'De Irulegi a Pompelo': ¿cómo vivían los vascones antes de la romanización?

Los orígenes de la ciudad de Pamplona se redescubren en una "ambiciosa" exposición en Civivox Pompelo en la que se recrea a escala real la casa donde se halló la Mano de Irulegi

Paula Etxeberria Cayuela 

¿Cómo vivían los poblados vascones en nuestro territorio antes de la romanización y durante aquel proceso que supuso la universalización y la globalización? ¿Qué elementos configuraban su identidad?

Es lo que invita a descubrir la "ambiciosa" exposición presentada este jueves 29 de enero en el recién estrenado Civivox Pompelo, De Irulegi a Pompelo. Los orígenes de la ciudad; una muestra en la que se exhiben por primera vez piezas de la Edad del Hierro halladas en el yacimiento de Irulegi y en la que se recrea a escala real la casa donde se halló la famosa Mano.

Enmarcada en la celebración del 2.100 aniversario de la fundación romana de Pamplona por parte de Cneo Pompeyo Magno, la exposición traslada al público al siglo I antes de nuestra era, y le invita a un recorrido por las tradiciones y costumbres del poblado vascón que la habitaba y por la influencia romana que llega.

Visitable hasta el 27 de septiembre

El alcalde de Pamplona, Joseba Asiron Sáez, la concejala delegada de Cultura, Fiestas y Deporte, Maider Beloki Unzu, el catedrático de Filología Clásica de la Universidad de Barcelona, Javier Velaza Frías, y el arqueólogo y director de la excavación de Irulegi, Mattin Aiestaran de la Sotilla, han presentado este mediodía la muestra, que se inaugurará oficialmente este viernes 30 de enero a las 18 horas y se abrirá al público el sábado.

Comisariada por la Sociedad Ciencias Aranzadi en colaboración con investigadores de diferentes centros universitarios, se podrá visitar, hasta el 27 de septiembre, de lunes a sábado, de 11.30 a 13.30 horas y de 18 a 20.30 horas. Los domingos y festivos permanecerá cerrada.

Tras la presentación, se ha realizado un recorrido por la exposición para descubrir algunas de las piezas más destacadas que se muestran, como la reconstrucción a escala real en el centro de la exposición la casa en la que se localizó la Mano de Irulegi. En esa visita han participado, además, el catedrático de Lingüística Indoeuropea de la Universidad de País Vasco, Joaquín Gorrochategui Churruca, la arqueóloga de la Université de Pau et des Pays de l’Adour Oihane Mendizabal Sandonís, y el alcalde del Valle de Aranguren, Manolo Romero Pardo, quien ha pedido a las instituciones y en concreto al Ayuntamiento de Pamplona "apoyo económico cuanto antes para poder poner en valor el Palacio de Góngora" y posibilitar que "en dos o tres años acoja de forma permanente las piezas que ahora se muestran en esta exposición".

Los orígenes de Pamplona

Con la fundación romana de la ciudad, Pamplona, como núcleo urbano, entra en los anales de la historiografía clásica. No obstante, las raíces de la vieja Iruña son mucho más profundas y beben directamente del acervo y la tradición del pueblo vascón y su cultura.

Esta exposición pretende retratar un momento decisivo en la historia de Pamplona, el de la incorporación del pueblo vascón a la República romana en el siglo I antes de nuestra era. Hasta ese momento, el territorio estaba organizado en poblados fortificados, como el de Irulegi, que funcionaba como un centro dinámico de agricultura, ganadería y metalurgia. 

 La muestra se enmarca dentro del contexto histórico del conflicto de la Guerra de Sertorio (82-72 antes de nuestra era), una guerra civil entre el pueblo romano que afectó al territorio vascón. Consecuencia de ello, el poblado de Irulegi sufrió una destrucción violenta y desapareció, tal y como demuestran las evidencias arqueológicas excavadas durante años, tras sufrir un incendio.

"Nos quedaba como deuda pendiente reconocer los orígenes previos de nuestra ciudad antes de la llegada de los romanos, poner en valor que era un mundo vivo, con un sustrato cultural propio, y eso se reivindica en esta exposición", ha dicho Asiron.

En este sentido, Maider Beloki ha añadido que "la historia de Pamplona no comienza con Roma, sino que se enriquece con ella". 

Un mundo abierto e interconectado

En el recorrido generado a través de los siete espacios en los que se estructura la exposición De Irulegi a Pompelo. Los orígenes de la ciudad, se refleja que esa Pamplona previa a la fundación romana era ya "un mundo en contacto con grandes civilizaciones del Mediterráneo, un mundo abierto e interconectado", ha comentado el arqueólogo y director de la excavación de Irulegi, Mattin Aiestaran de la Sotilla.

"Tenemos que dejar de pensar que eran territorios estancos, aislados, donde no había comercio. El Mediterráneo era ya desde final de la Edad del Bronce una auténtica autopista por la que circulaban el comercio, las ideas, el pensamiento, la escritura, la literatura...", ha puntualizado Javier Velaza Frías.

Así, los elementos, objetos y recreaciones que se muestran nos hablan "de contactos, de mestizaje, de mezcla".

"Había una identidad compartida. Los romanos tenían una cultura política muy potente y allí donde llegaban imponían determinadas cosas, pero no otras; imponían una Administración, una forma de Estado, pero no una religión ni una lengua", ha subrayado Javier Velaza.

La vida en guerra

Irulegi es en esta exposición paradigma del momento que se aborda. "No tenemos claro que lo que se ha hallado ahí se encuentre en otro poblado similar. Ahora mismo hay 58 poblados identificados desde la Edad del Hierro, pero ninguno ha sido investigado como lo ha sido Irulegi, así que carecemos de punto de comparación en toda la Cuenca de Pamplona. Habrá que esperar unos cuantos años para ver si se excavan otros poblados, y si se conservan tan bien, y se puede establecer una comparación a nivel de urbanismo", ha explicado Mattin Aiestaran.

La recreación de la casa en donde apareció la Mano de Irulegi

    Una réplica fiel: La reconstrucción de la casa donde se halló la Mano de Irulegi (una de las tres viviendas que se han excavado hasta ahora en el poblado), con su porche, establo y estancia de hogar, es la parte más atractiva y llamativa de la exposición, y se ha realizado de la manera más fiel posible. A través de escaneos 3D se ha podido hacer una reconstrucción completa y con un gran nivel de detalle. Se han utilizado piedras de la Cuenca de Pamplona; la techumbre, que es de gran importancia, la han creado "los últimos teitadores de El Bierzo (artesanos tradicionales de las zonas montañosas especializados en construir y reparar cubiertas vegetales, conocidas como 'teitos' o 'teitas', utilizando paja de centeno), y alfareros/as y etnógrafos/as han participado con sus conocimientos y su talento para realizar recreaciones cerámicas.

Se ha localizado en las excavaciones abundante material bélico que pone de manifiesto que quienes habitaban Irulegi vivían en guerra. La exposición muestra piezas como un puñal y su vaina, unos proyectiles de honda y abundantes puntas de flecha, etcétera. Armas individuales que pudieron pertenecer tanto a soldados romanos como a guerreros vascones, que servían en esa guerra civil como tropas auxiliares.

Además, se pueden ver piezas de la vida cotidiana de este poblado, que acercan a la realidad de una comunidad que atesora conocimientos específicos en la ganadería, la metalurgia, la alfarería y también la escritura. Se exponen, por ejemplo, una jarra de bronce, piezas de adorno o cerámicas de la Edad del Hierro.

Todos estos materiales hablan de una hibridación entre dos culturas, una mezcla de la cultura indígena de quienes habitaban en el poblado vascón y la nueva cultura romana que llega al territorio.

Moneda y escritura propias

En la exposición también se hace hincapié en la importancia de la moneda y la escritura que transformaron el territorio vascón durante su integración en el mundo romano entre los siglos III y I antes de nuestra era. Las ciudades, como sekia o iaka, llegaron a emitir sus propias monedas de plata y bronce, utilizando símbolos como el jinete y leyendas en su propia lengua. Algunas de estas monedas se exponen en la muestra.

La escritura supuso una revolución tecnológica que permitió al poblado vascón desarrollar un signario propio conocido como ‘vascónico’, que utilizaba signos únicos para representar su lengua. El hallazgo más excepcional es la Mano de Irulegi. La exposición presenta las últimas investigaciones sobre esta pieza que se puede contemplar en el Museo de Navarra.

Un proyecto en equipo

    Comisariado: La exposición ha sido comisariada por la Sociedad Ciencias Aranzadi en colaboración con investigadores de diferentes centros universitarios, como la Universidad Pública de Navarra, la Universidad del País Vasco, la Universidad de Burgos, la Universitat de Barcelona, la Université de Pau et des Pays del Adour o la Université de Bordeaux.

    Piezas expuestas: El departamento de Cultura del Gobierno de Navarra ha colaborado cediendo piezas arqueológicas recuperadas en el yacimiento de Irulegi, además del Ara de Larrahe recuperada en Larunbe. Además, se exponen otras piezas cedidas específicamente para la muestra, provenientes de otros museos y entidades como el Museo San Telmo, el Museo de Historia de Cataluña, el Museo Bibat de Vitoria-Gasteiz, el Centro de Colecciones Patrimoniales de Gipuzkoa - Gordailua, los ayuntamientos de Atharratze y Hazparne.

Aras y estelas romanas

El general Pompeyo fundó la ciudad de Pompelo, acelerando el nuevo modelo urbano que actuó como el principal motor de globalización, que transformó la economía, la religión y el lenguaje, integrando a las élites locales en la administración romana a través de la concesión del derecho latino y la ciudadanía.

Mientras que el latín se impuso como lengua oficial, provocando la desaparición de la mayoría de lenguas indígenas, el vascónico-aquitano logró perdurar. 

En el ámbito espiritual, los nuevos cultos convivieron pacíficamente con las creencias ancestrales. En la muestra se exponen también aras y estelas romanas que hablan de ese proceso de hibridación de culturas.

Las piezas han sido cedidas por otros museos y entidades. La estela de Andrearriaga procede del Museo San Telmo, el Ara de Helasse, del Museo Bibat (Vitoria-Gasteiz); el Ara de Herauscorritsehe, del Ayuntamiento de Atharratze; la estela de Hazparne de localidad vascofrancesa y los miliarios de Mugarriluze de Auritzberri-Espinal. 

 

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Video |  Exposición ‘De Irulegi a Pompelo. Los orígenes de una ciudad’

 

 

 

 

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viernes, 16 de enero de 2026

Iruña-Veleia Busca Consolidarse

Desde Naiz traemos a ustedes lo más reciente acerca de este interesante sitio arqueológico, uno que nos habla de la presencia romana en tierras vasconas.

Disfruten la lectura:


Iruña-Veleia aborda el inicio de la construcción del centro de visitantes

Iruña-Veleia abordará este año el inicio de la construcción del centro de visitantes y finalizará la prospección del circo romano, según la diputada de Cultura, Ana del Val. La Diputación de Álava también analiza si adquirir los terrenos privados, cuyo subsuelo alberga el circo.

El yacimiento romano de Iruña-Veleia abordará en este año la primera fase de construcción del centro de recepción de visitantes del enclave, «una infraestructura necesaria para ordenar y mejorar la acogida del público y la interpretación del yacimiento», así como finalizará la prospección geomagnética de las parcelas del circo, tras su verificación.

Estos son dos de los principales hitos que acometerá la Diputación Foral de Araba durante este ejercicio, en el que también se culminará la redacción del nuevo plan director 2027-2037, que «será la base que marque qué se va a hacer en Iruña-Veleia durante los próximos diez años», con el fin de «dejar un proyecto cerrado, ordenado y sólido».

Así lo ha destacado este viernes la diputada de Cultura, Ana del Val, durante su comparecencia, a petición propia, ante la comisión de las Juntas Generales de Araba.

La Diputación contará este año con un presupuesto aproximado de 600.000 euros, que permitirá abordar la primera fase del centro de recepción de visitantes, la consolidación definitiva del cubo O-12 de la muralla y la finalización de la prospección geomagnética en el entorno del circo.

Del Val ha subrayado la importancia de la verificación de un circo romano en Iruña Veleia. Las prospecciones geofísicas y los seis sondeos arqueológicos llevados a cabo han confirmado la existencia de esta infraestructura singular, con una longitud aproximada de 280 metros y una anchura de 72 metros, fechada provisionalmente entre los siglos II y III d.C.

«Se trata de un hallazgo de enorme relevancia científica e histórica que sitúa a Iruña-Veleia ante las ciudades romanas más importantes del norte peninsular», ha resaltado. Un asunto sobre el que también ha incidido el jefe del Servicio de Museos y de Arqueología, Javier Fernández Bordegaray.

Pese al interés histórico y arqueológico del hallazgo, que coloca al yacimiento en «la primera división de ciudades romanas del norte peninsular», Bordegaray ha señalado que, desde el punto de vista arquitectónico, los restos que se conservan «son relativamente pobres».

Ha indicado que «se conserva una estructura de muros hecha con una especie de cajones constructivos cuadrangulares de cajones, donde se apoyaba una estructura de madera que soportaba las gradas desde las cuales el público asistía a los espectáculos».

Adquirir los terrenos

El circo romano se aposenta en cinco terrenos privados, cuatro agrícolas y uno industrial sin actividad, por lo que «no existe riesgo de afección al subsuelo», y ha señalado que el objetivo último es la adquisición pública de los terrenos, para «garantizar la necesaria conservación de los restos arqueológicos».

Una compra, que ha dicho, la Diputación tiene que analizar, al ser un proceso «difícil, largo y complejo» dentro de las negociaciones con los propietarios, ya que, una de las parcelas agrícolas tiene hasta 18 herederos y, además hay que compensar a los agricultores.

Por el momento, la Diputación ha autorizado únicamente trabajos que sólo impliquen remoción de la capa más superficial del terreno, unas «precauciones que buscan compatibilizar la actividad agrícola actual con la futura puesta en valor del yacimiento».

Nuevo plan director

Por otra parte, la diputada de Cultura ha informado que este mismo año se iniciará la redacción del nuevo Plan Director, que deberá «integrar los nuevos hallazgos y será la base para definir la estrategia de futuro del yacimiento para los próximos diez años».

Sin profundizar en los mismos, Del Val ha señalado que ha habido «problemas» para que la Universidad Pública del País Vasco (EHU) redacte la nueva hoja de ruta del enclave romano y ha apuntado a que, en esta ocasión, el plan será elaborado por la Sociedad de Ciencias Aranzadi.

Este ejercicio será también el del inicio de la fase de construcción del futuro centro de visitantes, «una infraestructura necesaria para ordenar y mejorar la acogida del público y la interpretación del yacimiento». Bordegaray ha comentado que la Diputación está «a puertas de recibir el proyecto de ejecución para poder licitar cuanto antes la primera fase de construcción», a la par que busca una ubicación donde el recurso «tuviera una afección menor».

«El trabajo realizado en estos años demuestra que Iruña Veleia es un proyecto sólido, ambicioso y con vocación de permanencia. Iruña Veleia no parte de cero. Hay mucho trabajo hecho, resultados visibles y un horizonte claro», ha afirmado Del Val, para resaltar que el objetivo del departamento es «dar al yacimiento la relevancia que merece, con planificación, rigor científico y una visión de futuro».




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sábado, 8 de noviembre de 2025

Una Nao para Eibar

De Pasai Donibane y la espectacular botadura de la Nao San Juan por parte de Albaola, fruto de una década de arduo trabajo, traemos a ustedes este texto publicado en Facebook que también nos habla de memoria histórica, pero esta vez, en Eibar, localidad que en sí materializa como se vivió la Revolución Industrial en suelo vasco.

Adelante con la lectura:


La lección de Pasaia para Eibar

La nao San Juan señala el rumbo hacia un gran museo del patrimonio industrial

Alberto Echaluce Orozco

La imagen de la nao San Juan flotando en la bahía de Pasaia, tras más de una década de trabajo en Albaola Itsas Kultur Faktoria, es mucho más que una hazaña naval. Es la demostración de que un territorio pequeño, con un relato poderoso y una apuesta sostenida, puede convertir su memoria técnica en un proyecto internacional de primer nivel. Un ejemplo que interpela directamente a Eibar y a su viejo sueño: levantar un gran museo que explique al mundo el genio industrial de un pueblo que lo fabricó literalmente todo.

Albaola ha logrado algo que parecía reservado a grandes instituciones: a partir de la investigación arqueológica en Red Bay, la documentación histórica y el impulso de un pequeño equipo liderado por Xabi Agote, ha reconstruido con rigor científico un ballenero vasco del siglo XVI y lo ha llevado al agua como símbolo vivo del patrimonio marítimo vasco. Todo ello desde un astillero-museo instalado en un espacio industrial recuperado, abierto al público, formando oficios, atrayendo voluntariado y alianzas internacionales. 

Con la flotadura-botadura del casco, Albaola ha convertido la San Juan en un icono de alcance global: un barco que será museo flotante, embajada cultural y, en pocos años, protagonista de una travesía a Canadá que conectará pasado y presente en una narrativa clara, emocionante y exportable. 

Ese es exactamente el tipo de relato que Eibar tiene pendiente contar con la misma ambición.

Porque si Pasaia ha levantado una nao, Eibar lleva siglo y medio construyendo, pieza a pieza, un museo posible: escopetas finas, bicicletas, máquinas de coser, motos, pequeños electrodomésticos, herramientas de precisión; ingenios tan simbólicos como el sacacorchos de Boj, la grapadora de El Casco, la silla de barbero, el órgano Helmholtz, el damasquinado, los Zuloaga, el arte y el trabajo de un tejido urbano donde “todo el pueblo era taller”. Ese patrimonio ya está parcialmente recogido en el Museo de la Industria Armera, hoy confinado en la quinta planta de Portalea: valioso, pero discreto, escondido, lejos de la escala que merece la historia que cuenta. 

La operación de la nao San Juan ofrece a Eibar tres claves muy concretas:

1. Visión a largo plazo

Albaola no ha improvisado: ha trabajado más de diez años con un objetivo nítido, un relato claro (“recuperar un ballenero vasco y la memoria compartida con Canadá”) y una hoja de ruta técnica y cultural. Eibar dispone ya de ese relato, solo necesita afirmarlo: una ciudad obrera e innovadora que pasó de las armas a la bicicleta, de la máquina de coser al diseño de precisión, y que puede explicar como pocas en Europa la evolución del trabajo, la tecnología y la cultura industrial.

2. Espacio emblemático y abierto

Pasaia ha hecho de Albaola un lugar de peregrinación cultural: se ve, se toca, se escucha cómo cruje la madera. En Eibar, la oportunidad pasa por dar un salto espacial y simbólico: un gran Museo del Patrimonio Industrial accesible, visible desde la calle, integrado en la ciudad, con metros suficientes para contar la cadena completa: talleres, marcas, piezas únicas, archivos, audiovisuales, demostraciones, residencias de artistas y diseñadores, conexión con la FP y la universidad. El edificio del antiguo El Corte Inglés, hoy en negociación, encaja como puerta grande para ese proyecto: situación céntrica, volumen, aparcamiento, capacidad para convertir el museo en motor urbano, económico y turístico. 

3. De colección estática a proyecto vivo

La fuerza de Albaola no está solo en el barco terminado, sino en el proceso abierto: visitantes viendo trabajar, aprendices, investigadores, colaboraciones internacionales, programación constante. Eibar puede aplicar el mismo modelo: un museo vivo donde se restauren máquinas, se fabriquen piezas, se enseñe damasquinado, se monten y desmonten bicicletas históricas, se expliquen procesos de estampación, se muestren diseños contemporáneos inspirados en Boj, El Casco o Alfa, se programen exposiciones sobre Zuloaga o sobre cómo la ciudad se levantó tras la guerra gracias a sus manos y su ingenio.

La gesta de la nao San Juan recuerda que el patrimonio no es una postal nostálgica, sino una herramienta de futuro. Pasaia ha colocado en el mapa un proyecto que genera visitas, prestigio, empleo cualificado y orgullo colectivo. Eibar, con una densidad industrial única por metro cuadrado y un capital humano que ha fabricado mundo, tiene credenciales de sobra para hacer lo mismo en clave terrestre.

Si desde la bocana de Pasaia se ha levantado, tabla a tabla, un símbolo mundial del patrimonio marítimo, desde las laderas del Ego se puede levantar un gran museo del patrimonio industrial vasco que explique al mundo qué significan una escopeta eibarresa, una bicicleta G.A.C., una máquina de coser Alfa, un sacacorchos Boj, una grapadora El Casco, un banco de trabajo, un damasquinado o un cuadro de Zuloaga cuando se miran juntos: la historia de todo un pueblo que convirtió el trabajo en cultura.

La nao San Juan ya flota. Ahora le toca a Eibar hacerse a la mar con su propia memoria.

 

 

 

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viernes, 7 de noviembre de 2025

La Nao San Juan al Agua

Desde Naiz traemos a ustedes  la reseña de un hito histórico muy particular, la botadura de la réplica de la Nao San Juan por parte de la Factoría Albaola ubicada en Pasai Donibane, lo cual nos ha proporcionado imágenes que se quedarán grabadas en el imaginario del pueblo vasco por mucho tiempo y que traemos a ustedes desde la página de Facebook de Noticias de Gipuzkoa.

Adelante con la información:


La nao San Juan surca las aguas de la bahía de Pasaia tras once años de paciente tarea

La réplica del ballenero vasco hundido en el siglo XVI en la costa de Canadá ha abandonado esta tarde los astilleros de Albaola en un acto de botadura que ha contado con una nutrida presencia institucional y que ha despertado una gran expectación a ambos lados de la bocana.

Imanol Intziarte

Aún no navega, pero ya flota. El trabajo de años en el astillero Albaola de Pasai San Pedro ha superado este viernes un nuevo hito con la botadura de la nao San Juan, una réplica del barco del mismo nombre que se hundió en el año 1565 en aguas de Labrador (Canadá), concretamente en la localidad de Red Bay.

El San Juan era un ballenero que partió de esta localidad guipuzcoana para no volver. Más de cuatro siglos después de irse al fondo, su pecio fue localizado en 1978 gracias a las pesquisas realizadas por la historiadora Selma Huxley. El Servicio de Arqueología Subacuática de Parks Canadá, dirigido por Robert Grenier, recuperó y catalogó una a unas 3.000 piezas, lo que permitió definir con precisión el casco y las técnicas constructivas del siglo XVI, convirtiéndolo en referencia internacional para la arqueología subacuática.

En 2014, Albaola abordó la construcción de esta réplica, tras recibir los planos, bajo la condición de que se respetaran los modos de la época. Como ha relatado en numerosas ocasiones Xabier Agote, presidente de Albaola, ha habido que recuperar oficios como la carpintería de ribera y conocimientos que se habían perdido en la memoria.

Madera de Sakana e Irati

Once años después, el casco, construido con robles de Sakana, estaba completado, y había llegado la hora de lanzarlo al agua. Para que el San Juan pueda cumplir su misión restan aún los mástiles –que se harán con abetos de Irati, toda la madera procederá de Nafarroa–, el velamen, las anclas y toda la cordelería, que sumará más de cuatro kilómetros de longitud. Para ello harán falta nuevas manos hábiles en coser, fundir, forjar o tejer.   

La botadura ha arrancado con un evento institucional que ha contado con la participación de numerosas autoridades e invitados. La música de Zaria Koru Eskola de Errenteria y los bertsos de Maialen Lujanbio, Aitor Mendiluze y Amets Arzallus han sido el prólogo a la larga lista de intervenciones, con Jon Maia y Maitena Salinas como maestros de ceremonias. 

El alcalde Teo Alberro ha subrayado que el de hoy es uno de esos momentos «que quedan en la memoria colectiva de un pueblo y que hablan de su personalidad», y ha señalado que la nao San Juan «es más que un barco histórico, es la memoria de nuestros pescadores, el conocimiento de nuestros artesanos, el respaldo de las instituciones y el trabajo de cientos de voluntarios».

El reportaje del ‘National Geographic’

A renglón seguido ha subido al estrado Xabier Agote, recordando cómo un reportaje publicado por la revista ‘National Geographic’ en 1985 despertó en su mente un sueño que se está haciendo realidad cuatro décadas más tarde. En su extensa lista de agradecimientos ha destacado la que ha trasladado al Gobierno canadiense, ya que gracias a su descubrimiento y a sus investigaciones «nos habéis devuelto el conocimiento, ha sido el mayor regalo que se ha hecho a Euskal Herria, gracias a vuestro trabajo los vascos hemos aprendido que hace 500 años éramos la tecnología naval más puntera del mundo».

También han tomado la palabra, entre otros, José Antonio Santano y Stéphane Dion en nombre de los gobiernos español y canadiense, Pablo Jiménez (Unesco) o Stephen Augustine, del pueblo indígena Mi'kmaq, que durante el siglo XVI mantuvo relaciones comerciales con los balleneros vascos, fruto de las cuales nació una forma de comunicarse conocida como el pidgin algonquino vasco.

La diputada general Eider Mendoza ha recordado que este año se conmemoran asimismo los mil años del primer testimonio escrito de Ipuscua (Gipuzkoa), mencionado en un documento de 1025 por el que el matrimonio formado por García Acenáriz (señor de Ipuscua) y Gayla donó a San Juan de la Peña la iglesia de San Salvador de Olazabal, en Altzo, así como otras propiedades de Tolosaldea y de Aia-Zarautz.

La danza tampoco ha faltado a la cita, con la bailarina zumaiarra Lucía Lacarra y el canadiense Matthew Goldwing interpretando ‘Itsasoa gara’, tema del grupo vizcaino Ken Zazpi. 

Pioneros en la navegación y el comercio

Como colofón, el lehendakari Imanol Pradales ha recordado que a principios de aquel siglo XVI Erasmo de Rotterdam publicó una obra titulada ‘Elogio de la locura’, una expresión que bien podría aplicarse a quienes se embarcaban en aquellos viajes transoceánicos arriesgando sus vidas para sacar adelante a sus familias. 

Una época marcada también por nombres propios como los de Elcano o Urdaneta. «Fuimos pioneros en la navegación y en el comercio. Tal fue nuestro grado de especialización que se promulgaron leyes para evitar que potencias extranjeras contratasen artesanos vascos», ha remarcado.

Terminado el acto, ha llegado la hora de salir al exterior para proceder a la botadura. Durante los últimos días, quien más quien menos ha recordado lo ocurrido en 1991 en Isla Cristina (Huelva), cuando la nao Victoria, construida con motivo de la Exposición Universal que se iba a celebrar un año más tarde en Sevilla, se recostó sobre un costado tras ser botada en marea baja y sin el suficiente lastre. Para evitar una circunstancia similar, la nao San Juan ha tocado el agua con marea alta y 50.000 kilos de piedras en sus bodegas.

Irrintzis y nervios

Ante la mirada de las miles de personas que se han dado cita en ambos lados de la bocana, Zaria Koru Eskola ha entonado el célebre ‘Jaiki, jaiki. Con Xabier Agote desde lo alto de la cubierta, Caroline Marchand, pareja del arqueólogo Robert Grenier, que no ha podido desplazarse hasta Pasaia por encontrarse enfermo, ha bautizado el casco con sidra, la bebida más usual en los barcos de aquella época. 

Centímetro a centímetro, las ruedas del soporte sobre el que se asentaba el San Juan han ido descendiendo hacia el agua, entre irrintzis, nervios y el sonido de los cuernos. Afortunadamente, todo ha salido a la perfección y después de unos veinte minutos de maniobra, el ballenero ha comenzado a balancearse, señal de que ya no se apoyaba sobre una superficie firme. 

Superada la prueba de fuego, y con mucho cuidado, uno de los remolcadores Facal del puerto ha llevado el barco hasta la dársena, donde se irá equipando con lo mucho que aún le falta. Este proceso tardará aproximadamente 18 meses, durante los cuales la nave se convertirá en un museo abierto al público para conocer en detalle la tecnología naval del siglo XVI y la vida a bordo. 

En la primavera o el verano de 2027 comenzará la singladura hasta Red Bay, que durará unos sesenta días. Pero esa será otra historia. Por ahora flota, que no es poco.








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