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sábado, 4 de febrero de 2023

Egaña | La Guerra del Fin del Mundo (I)

Les invitamos a leer este esclarecedor texto de la autoría de Iñaki Egaña:

 

La guerra del fin del Mundo (I)

Iñaki Egaña

A finales del XIX en Brasil, una población acogotada por la miseria y una sequía pertinaz se enfrentó, liderada por un mesías, Antonio Conseilhero, a los terratenientes defendidos por un ejército de 15.000 soldados. Los militares los arrasaron. Esta historia fue recogida épicamente por Euclides da Cunha en “Los Sertones”. Para el paisanaje pobre de Canudos fue el fin de la eternidad. Mario Vargas Llosa recogió el episodio bajo el título que da pie a este artículo en un libro intrigante, con una gran tacha: la del plagio.

Otro nobel, José Saramago, le acusó de haber realizado en su “Guerra del fin del mundo”, una “copia pésima y cruel” de “Los Sertones”. Han pasado años de los hechos, menos de sus ediciones en libros, original y plagio, pero ambas cuestiones siguen presentes en la repetición constante de la historia, con nombres y escenarios diferentes, pero con fondos similares.

Los europeos estamos en una guerra, copia pésima y cruel, que diría Saramago, de otros conflictos anteriores o simultáneos, documentados hasta el aburrimiento o callados por la lejanía o el color de los contendientes. Guerras balcánicas, chechenas, del Golfo, Afganistán o las desconocidas africanas. Las consecuencias de las de Somalia, Chad, Sudán del sur, Libia y Congo siguen siendo devastadoras mientras se suman Tigray-Etiopía, Malí, Níger, Burkina Faso y Mozambique al margen de un Oriente Medio donde la muerte insiste y persiste en Siria, Yemen y en el genocidio contra el pueblo palestino. Los conflictos actuales nos hablan de multicrisis alimentaria, energética, sanitaria y migratoria. Sin embargo, engrasamos las máquinas de matar mientras en el escaparate afirmamos defender los derechos humanos. Copias perpetuas.

La segunda cuestión, la de guerra de fin del mundo, no tiene nada de frívola. Olvidamos lo mortífero que resulta un conflicto y sus consecuencias. Cuando en 2014, Kiev, castigó militarmente a lo que supuestamente era parte de su territorio, Ucrania Oriental, la atención general fue tan escasa como superficial. El Donbás quedaba lejos. La invasión y ofensiva rusa sobre Ucrania, hace ahora un año, devolvieron y revolvieron la atención porque ya éramos “parte del conflicto”, porque la Unión Europea aplicó y ha seguido con miles de sanciones contra Moscú y porque la OTAN está organizando y dirigiendo sobre el terreno la guerra convencional que persiguió.

Nuestra percepción está condicionada por medios que abiertamente se manifiestan seguidores de Zelensky. Con una propaganda de guerra que alienta la continuidad hasta la derrota del “enemigo”, de Rusia, como si se tratara de una serie televisiva. Von Clausewitz dejo dicho que “la guerra es la continuación de la política por otros medios” y tras el empecinamiento en la prolongar la de Ucrania se esconden motivos espurios. Un conflicto bélico enfrenta estrategias y tecnologías. Por eso nunca va a existir un final feliz porque una vez comenzada la invasión, Rusia no puede perder la guerra, al menos de forma convencional.

¿Por qué no puede perder la guerra? Porque si el Kremlin se encontrara alguna vez a punto de perder la guerra convencional, es muy probable que utilizase el estilo Hiroshima o Nagasaki para romper el tablero. Ucrania sería barrida por una tormenta nuclear en el mismo borde de una Unión Europea que sigue a pies juntillas los intereses de Washington. Si finalmente lo acaba necesitando nadie renuncia a utilizar algo que posee y le ha costado lo suyo, Rusia tampoco. Me dirán que el control y los tiras y aflojas sobre la central nuclear de Zaporiyia demostraron un equilibrio e intento mutuo de no ir a más. Pero, no estaba en juego la victoria o la derrota total y, por otro lado, ¿quién sería capaz de afirmar rotundamente que esos misiles que se escapan sorteando escudos al botón matemático, como ya ha sucedido, no caigan accidentalmente en Moscú o Varsovia desatando una histeria incontrolada?

Las consecuencias de la guerra ya están siendo idénticas a las que Mike Davis llamó “Los holocaustos de la era victoriana tardía” para definir los fenómenos naturales que acabaron con más de 30 millones de personas en China, Egipto e India mientras las potencias europeas, siguieron con sus planes de explotación y expolio utilizando mano de obra semiesclava y robando recursos. Dicen que así se incubó el subdesarrollo y el desequilibrio entre Euro-EEUU y el resto del mundo. Pueblos colonizados en guerra, atrapados por la ambición de la metrópoli. Ayer Londres, hoy Washington provocando estados fallidos por doquier. Una elite que especula con las consecuencias.

Y mientras, desde este lado de la barricada, la respuesta a estos latrocinios, a la propia guerra, es todo lo tibia que no habría que desear. Es cierto que en 1986 los vascos, junto a catalanes y canarios, dijimos “No” a la OTAN en un referéndum en el que España apostó por el “Si”. Fue parte de nuestra singularidad. En marzo harán 37 años de aquella decisión colectiva. Demasiado tiempo para las generaciones posteriores. El recuerdo no sirve para mover posiciones, en todo caso para ayudar a hacerlo. Hace falta una renovación activa.

El papel, sin diplomacia de altos vuelos que lo acompañe, es un recurso limitado. No tenemos un estado como para alcanzar esos peldaños, somos un pueblo pequeño, dividido territorialmente y atrapado en esa Unión Europea y su válido militar. ¿Cómo enfrentar a esa maquinaria ultra pro Zelensky sin que parezca que apoyamos a un Putin que se cree relevo de la Rusia zarista? No podemos caer en esa tentación, pero nuestro silencio está desdibujando la singularidad y la idiosincrasia de la que hemos hecho gala durante décadas. Ya es hora de recuperarla, si hace falta plagiando al antimperialismo de siempre y a nosotros mismos:” Yankee go home”, “OTAN Ez, Euskal Herria Bai”. Hoy, España alimenta la guerra con la OTAN que rechazamos. Euskal Herria debe levantar la voz nuevamente, confrontar por la paz y contra los perros de la guerra. 




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domingo, 20 de marzo de 2022

Los "Voluntarios"

Desde que Putin dejó caer los primeros misiles sobre Ucrania como respuesta al expansionismo de la OTAN comenzaron a surgir notas de prensa en las que se indicaba que tal o cual boxeador ucraniano "lo dejaba todo atrás por ir a luchar contra el invasor ruso". Esa lista pronto se engrosó con tenistas, futbolistas, violinistas, etc.

Pero en esta nota publicada por Naiz se nos habla de otros voluntarios del conflicto armado por proxy de la OTAN que no serán más famosos que los boxeadores o los tenistas ucranianos, pero que definitivamente han estado fungiendo como letales peones en  el negocio de la guerra por ya bastante tiempo.

Lean:


Lo «mejor» de cada casa

Dabid Lazkanoiturburu

En este mundo en el que el nihilismo ha sustituido a los grandes ideales, los conflictos armados recientes son un imán que atrae a individuos cegados por el brillo de las armas y ansiosos por «jugar a la guerra» y por apretar el gatillo.

No faltan voluntarios con buena voluntad -valga la redundancia–, que acuden a los escenarios bélicos indignados y deseosos de ayudar a los agredidos, ahora mismo los ucranianos.

Sin pretender hacer comparación alguna, la participación de las Brigadas Internacionales en la guerra civil española fue un modelo para el mundo.

La llegada a la guerra en Siria de miles de yihadistas occidentales siguiendo el llamamiento del Estado Islámico (ISIS) es su contrapunto fascista. Para luchar contra este junto a los kurdos, acudieron voluntarios, muchas veces con más buenas intenciones que eficacia militar.

Volviendo al escenario bélico actual, miles de combatientes procedentes de 55 países acudieron a luchar en uno u otro bando en la guerra del Donbass, territorio pro-ruso que se rebeló tras a revuelta pro-occidental del EuroMaidan de 2014 en Kiev.

Los favorables a Ucrania se alistaron mayormente en divisiones ultras como el batallón Azov, en primera línea del frente. Los alineados con los rebeldes de Donetsk y Lugansk, sin olvidar a algunos antifascistas y comunistas europeos, llegaron mayormente de Rusia, movidos sobre todo por el sentimiento pan-ruso, como atestiguaba su identificación con la zarista cruz de San Jorge.

Ucrania, cuyo Ministerio de Defensa no duda en amparar a los ultraderechistas del batallón Azov, ha hecho un llamamiento a los que tengan «experiencia de combate o quieran ganarla junto a los valientes defensores ucranianos (…)  en su lucha por la paz y la democracia en Europa».

Más de 20.000 extranjeros se habrían ofrecido ya a sumarse a la Legión de Defensa Territorial ucraniana y los analistas advierten que predominan ultraderechistas europeos y supremacistas blancos.

El problema, irresuelto, de qué hacer con los europeos que fueron a luchar por el ISIS, y el recuerdo de que los mujahidines árabes que fueron a luchar contra los soviéticos en Afganistán en una guerra de guerrillas financiada  por EEUU fundaron Al Qaeda planea como un fantasma.

Por de pronto, Alemania ya ha decidido desarmar a sus neonazis y calcula que 13.800 estarían dispuestos a tomar las armas, donde sea, y 1.500 tienen licencia para usarlas.

En el otro bando, Rusia ha mandado a Ucrania a sus mercenarios de la compañía Wagner, que recibe el nombre del compositor alemán y que está dirigido por el supremacista blanco Dimitry Urkin, quien no tiene empacho en colgar fotos con sus tatuajes con esvásticas en el cuello y publicar vídeos con sus criminales métodos militares en África y Oriente Medio.

Tampoco Putin le ha ido a la zaga a Zelensky y el comandante en jefe del segundo (o tras China tercer) Ejército más fuerte del mundo ha anunciado que está dispuesto a acoger a 16.000 voluntarios de Oriente Medio.

El opositor Observatorio Sirio de Derechos Humanos asegura que en Siria se habrían alistado 40.000 combatientes, pertenecientes muchos de ellos a las más temibles milicias que han machacado a sangre y fuego la revuelta en Siria, sin distinguir entre civiles, rebeldes y salafo-yihadistas.

Conviene, asimismo, recordar el despliegue en Ucrania de la 46 brigada de la Guardia Nacional a las órdenes del presidente títere checheno, Ramzan Kadyrov, los temidos kadirovski.

La práctica aniquilación de su regimiento motorizado de élite 141 enviado como avanzadilla en la ofensiva a Kiev, y la muerte de su general, Mogamed Tushayev, confirma la participación de los kadirovski, una suerte de «Guardia Mora», a las órdenes de Franco en la guerra civil y que generaba un terror similar al que inspira la guardia personal del dictadorzuelo checheno.

Para completar el cuadro, y volviendo a Siria, circulan informes de que chechenos que luchan junto a Al Qaeda en Idleb contra Damasco habrían sido alistados por sectores ultras ucranianos.

Lo «mejor» de cada casa.

 

 

 

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miércoles, 18 de agosto de 2021

Las Seis del Talibán

La caída de Kabul tiene a los analistas de todo el mundo cuestionando la efectividad de la intervención estadounidense en los asuntos afganos. Nadie con mediano conocimiento de la región ha sido engañado por la supuesta misión humanitaria para remover a los Talibán del poder.

Más de uno nos ha recordado que es precisamente por haber denunciado las atrocidades cometidas por la misión militar liderada por Washington en Afganistán y en Irak que hoy se encuentra preso en Inglaterra el ciberactivista Julian Assange.

Hoy, desde el portal de inSurGente, traemos a ustedes este texto que añade datos interesantes a aquel de la autoría de Nazanín Armanian que dejaba en claro la parte jugada por el siniestro Zbigniew Brzezinski, asesor del presidente Jimmy Carter, presidente estadounidense hoy reconvertido en mediador de paz.

Aquí lo tienen:


Seis cosas que debes saber sobre Afganistán y los talibanes

Marc Vandepitte

Cuando se trata de Afganistán, los principales medios de comunicación ocultan los hechos más incómodos para Occidente. Si se tuvieran en cuenta, la historia cambiaría radicalmente.

1. La monstruosa alianza con los yihadistas

La historia comienza en 1979. Afganistán tenía un gobierno de izquierdas que, por supuesto, no era del agrado de Estados Unidos. Zbigniew Brzezinski, asesor del presidente Carter, ideó el plan para armar y entrenar a los yihadistas -entonces todavía llamados muyaidines- en Afganistán. El objetivo era provocar una invasión soviética, para cargar a Moscú con una situación como Estados Unidos vivió en Vietnam.

Carter siguió su consejo y proporcionó a los muyaidines la ayuda necesaria. El plan funcionó. El gobierno de Kabul tuvo problemas y pidió ayuda al Kremlin. El pantano afgano obligó a la Unión Soviética a permanecer en el país centroasiático durante diez años.

Durante ese periodo la CIA inyectó 2.000 millones de dólares en ayuda, armas y apoyo logístico a los muyaidines. Incluso se les suministró los infames misiles Stinger con los que podían derribar aviones y helicópteros soviéticos. Rambo III, con Silvester Stallone, es una versión de Hollywood de esta colaboración. La película estaba dedicada a “los valientes luchadores muyaidines”.

Mientras las tropas soviéticas permanecieran en el país, el gobierno de Kabul se mantenía. Sin embargo, en 1989 Gorbachov decidió poner fin a la ayuda militar. Una vez que las tropas soviéticas abandonaron el país, estalló la guerra civil. El grupo mejor organizado y más brutal, los talibanes, acabó imponiéndose y se hizo con el poder en 1996.

2. Creación de al Qaeda

La figura más destacada que ha surgido durante este periodo es Osama bin Laden. En 1988 fundó al Qaeda, un grupo terrorista fundamentalista y despiadado. A través de Pakistán podía contar con un gran apoyo de Estados Unidos. A cambio de esta ayuda, al Qaeda les hacía “favores” a Estados Unidos y sus aliados occidentales.

Durante la guerra civil en Yugoslavia (1992-1995) el Pentágono organizó el traslado de miles de combatientes de al Qaeda a Bosnia para apoyar a los musulmanes de ese país. Durante la guerra contra Yugoslavia en 1999, al Qeada luchó codo con codo con los terroristas del ELK (Ejército de Liberación de Kosovo, que luchaba por la separación de Kosovo de Yugoslavia y por una Gran Albania), cubiertos en el aire por la OTAN. También han aparecido combatientes de Al Qaeda en Chechenia, Xinjiang (donde viven los uigures), Macedonia, y en muchos otros países de la región y más allá.

La cooperación entre la administración Bush y Osama bin Laden se detalla en el documental Fahrenheit 9/11 de Michael Moore.

3. ¡Es el petróleo, estúpido!

Existen prometedoras reservas de petróleo y gas en torno al Mar Caspio. Pero para transportar esa energía al Occidente sólo hay tres posibilidades: a través de Rusia, de Irán o de Afganistán.

Estados Unidos, por supuesto, no se lo dará a los rusos y, desde la caída del sha en 1979 Washington ha perdido su influencia en Irán. Así que sólo queda una posibilidad: Afganistán. Desde finales de 1994, en plena guerra civil, Estados Unidos apoyó a los talibanes que en ese momento tenían las mejores bazas para “estabilizar” el país. Esto era una necesidad para la construcción del oleoducto. Según la CIA, los talibanes eran considerados “un posible instrumento en el ‘Gran Juego’: la carrera por los recursos energéticos en Asia Central”.

Estados Unidos se convirtió en el principal patrocinador de este nuevo régimen canalla. Poco importaba que los talibanes fueran en ese momento los más virulentos violadores de los derechos humanos en el mundo. Según un diplomático estadounidense, los talibanes “evolucionarían como los saudíes. Hay Aramco [consorcio de empresas petroleras que controlan el petróleo saudí], oleoductos, un emir, ningún parlamento y mucha sharia. Podemos vivir con eso”.

4. Los talibanes no cumplen con su cometido

Al principio los talibanes consiguieron un éxito militar tras otro, pero finalmente no lograron conquistar todo el país. La esperada estabilización, necesaria para el oleoducto, no se materializó. Estados Unidos cambió entonces de estrategia y buscó la reconciliación de todas las partes en conflicto.

Washington exigió que los talibanes entrasen en conversaciones con la Alianza del Norte para formar un gobierno de coalición. Las conversaciones, que duraron hasta finales de julio de 2001, fracasaron. Estados Unidos advirtió que no se detendría ahí: “O aceptáis nuestra oferta de una alfombra de oro u os enterraremos bajo una alfombra de bombas”, fue el mensaje de los representantes estadounidenses a los talibanes a finales de julio.

Los talibanes no cedieron y en octubre comenzaron los bombardeos. Un poco más tarde se reveló que los planes de ello ya estaban en el escritorio del Presidente Bush dos días antes del 11 de septiembre. En el Washington Post del 19 de diciembre de 2000 el profesor Starr escribió que Estados Unidos “ha empezado a aliarse silenciosamente con aquellos en el gobierno ruso que están pidiendo una acción militar contra Afganistán y está jugando con la idea de otra incursión para eliminar a Bin Laden”.

A finales de junio de 2001, más de dos meses antes de los atentados contra las Torres Gemelas y el Pentágono, la revista Indiareacts.com informó de que “India e Irán facilitarán los planes de Estados Unidos y Rusia para una ‘acción militar limitada’ contra los talibanes”.

5. Presidente oleducto

Los atentados del 11 de septiembre fueron, en cualquier caso, la excusa perfecta para que Washington invadiera Afganistán y expulsara a los talibanes del poder. De este modo, los planes para el oleoducto todavía podrían hacerse realidad.

“La conquista de Afganistán no tuvo nada que ver con Osama Bin Laden. Era simplemente un pretexto para sustituir a los talibanes por un gobierno relativamente estable. Un gobierno así debería permitir a la compañía Union Oil de California instalar su oleoducto a beneficio de la junta de Cheney-Bush, entre otros”, según dice Gore Vidal, un destacado columnista estadounidense.

Los hechos sobre el terreno lo demuestran. El 22 de diciembre Hamed Karzai se convertirá en el nuevo primer ministro afgano. Es una figura de confianza de la CIA y ha trabajado como asesor de Unocal, una gran empresa petrolera estadounidense que desde hace tiempo tiene planes de construir un oleoducto a través de Afganistán.

Otro asesor de esta empresa, Zalmay Khalilzad, fue nombrado por Bush nueve días después como enviado especial en Afganistán. Khalilzad había participado en el pasado en conversaciones con funcionarios talibanes sobre la posibilidad de construir gaseoductos y oleoductos. Había instado a la administración Clinton a adoptar una línea más suave con los talibanes.

Ambos hombres cumplieron su cometido correctamente. El 30 de mayo de 2002 la BBC informó de que Karzai había llegado a un acuerdo con su homólogo pakistaní y turcomano para construir un oleoducto desde Turkmenistán hasta un puerto en Pakistán, atravesando Afganistán.

Unas semanas antes Business Weekcomentaba así la evolución de la región: “Los soldados estadounidenses, los trabajadores del petróleo y los diplomáticos han llegado a conocer este lejano rincón del mundo muy rápidamente. Es el vientre de la Unión Soviética y una región que casi no había sido tocada por los ejércitos occidentales desde Alejandro Magno. Lo que está en juego para los estadounidenses es mucho. Lo que intentan es nada menos que la mayor conquista de una nueva esfera de influencia desde que Estados Unidos se comprometió en Oriente Medio hace cincuenta años”.

No funcionó como estaba planeado. Los talibanes fueron derrotados, pero no acabados. Además, tenían una moral mucho más alta que el ejército gubernamental, que sólo pudo resistir gracias a la cobertura aérea de la OTAN y otros apoyos logísticos. Cuando Biden decidió retirar ese apoyo hace unas semanas, todo se derrumbó como un castillo de naipes.

6. Coste y «resultados» de la guerra

Según el New York Times, la guerra más larga de la historia de Estados Unidos ha costado más de 2 billones de dólares. Anualmente, esto supone 100.000 millones de dólares o casi 20 veces más que el presupuesto entero del gobierno de Afganistán.

A pesar de las enormes cantidades de ayuda, los resultados son asombrosos. Casi la mitad de la población vive hoy en la pobreza. La mortalidad infantil es una de las más altas del mundo y la esperanza de vida una de las más bajas.

En el periodo anterior a la guerra se erradicó casi por completo el cultivo de opio. Actualmente el 80% de la heroína del mundo se produce en Afganistán. La guerra provocó 5,5 millones de refugiados. Es probable que esta cifra aumente ahora considerablemente.

El coste en vidas humanas es elevado. En los últimos veinte años han muerto 47.000 civiles. En el aspecto militar murieron 66.000 soldados y policías afganos, 51.000 talibanes y otros rebeldes. En el lado occidental murieron casi 4.000 soldados estadounidenses y 1.100 soldados de otros países de la OTAN.

Tras veinte años de ocupación volvemos a estar en el punto de partida. Un periodista de la television belga lo describe como “una catástrofe, un fracaso del modelo occidental para intentar cambiar un país como Afganistán”.

 

 

 

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lunes, 13 de abril de 2020

Gil de San Vicente | Doce Apuntes sobre Marxismo (XI)

Y nos acercamos inexorablemente al apunte número doce de la serie de apuntes sobre marxismo que Iñaki Gil de San Vicente ha estado compartiendo en la página de La Haine.

Les dejamos pues con el número once:


Iñaki Gil de San Vicente

De las subcrisis al Covid 19.

En esta undécima entrega de un total de doce que hacemos para el colectivo internacionalista Pakito Arriaran, desarrollaremos la evolución de la lucha de clases desde el inicio de la contrarrevolución imperialista equívocamente llamada neoliberal, en la mitad de los ’70 hasta el presente; y en la duodécima y última concluiremos con la teoría de la crisis a modo de síntesis del marxismo.

Este era el plan inicial de la obra, pero estamos en uno de esos momentos en los que el estallido de la realidad se impone sobre los planes intelectuales anteriores a la hecatombe. Marx redactó varias veces El Capital para integrar en la obra general las lecciones extraíbles de las nuevas contradicciones. Lenin usaba la frasea «…la revolución enseña…» para mostrar cómo la dialéctica entre la mano y la mente, la acción y el pensamiento exigía la autocrítica de lo ya realizado ante el permanente cambio de lo real. Las y los marxistas se han caracterizado siempre por integrar las más recientes formas de la contradicción objetiva en el movimiento de la contradicción subjetiva porque lo nuevo explica mejor que lo viejo la dialéctica de la unidad y lucha de contrarios. Por esto, Marx decía que es la anatomía del hombre la que nos descubre los secretos de la anatomía del mono.

Muy en resumen, el marxismo sostiene que la progresión de las fuerzas productivas implica la regresión humana en la sociedad capitalista;que a partir de un determinado momento las fuerzas productivas devienen fuerzas destructivas; que la naturaleza termina vengándose de la sociedad burguesa que la ha reducido a mercancía;que las crisis parciales o subcrisis se acumulan y entrelazan dando el salto cualitativo a crisis devastadoras; que la ley general de la acumulación de capital y la ley tendencial de la caída de la tasa media de ganancia son las principales fuerzas subterráneas que hacen que las crisis de sobreproducción, subconsumo, proporcionalidad y realización, tiendan a confluir en crisis estructurales que estallan aniquilando vidas y bienes; que éstas crisis ponen al proletariado ante la disyuntiva de lanzarse a la revolución o sufrir una derrota aplastante; que la sucesión de derrotas obreras refuerza la irracionalidad burguesa, la del brujo que no puede domeñar las fuerzas infernales que ha desatado con sus conjuros acelerándose la espiral que puede acabar en la destrucción mutua de las clases en conflicto; que la única alternativa es la de crear organizaciones revolucionarias que mantengan vivas la memoria y la teoría, impulsen la autoorganización, la autodefensa y la independencia política de clase,organicen la destrucción del poder del capital y la victoria del poder proletario…

Desde inicios de los ’60 la nueva industria de la cultura burguesa, las universidades estatales o privadas, los servicios secretos, las instituciones políticas, los empresarios, etc., cooptaban cada vez más a la casta intelectual, a la «gauche divine», al «marxismo académico». Alrededor de dos décadas después, esta élite estaba tan desactivada que fue incapaz de resistir al neoliberalismo facilitando que muchos de sus miembros se integraran en él, a pesar de la impresionante oleada de lucha sostenida en esos años. Las «modas post» --postmarxismo, postmodernismo, postestructuralismo, populismo democrático, etc.—permitían toda serie de divagaciones fantasiosas que no eran sino mercancías ideológicas de usar y tirar en el mercado de la alienación fetichista de masas. Especial impacto paralizante tuvieron, por un lado, la amputación de la radicalidad de Gramsci realizada por el eurocomunismo, falseándolo; y por otro,el ataque implacable a la teoría marxista del Estado y de la violencia, facilitado por la obra de Foucault y su deriva reformista. Sobre este desierto avanzarían luego otras formas de la ideología burguesa como los mitos del «nuevo capitalismo sin crisis», la «economía de la inteligencia» o de lo «inmaterial», la desaparición del imperialismo sustituido por la «gobernanza mundial», etc.

La derrota proletaria en Occidente no fue causada tanto por la «traición» de este grupo especial de asalariados, como por la conjunción de varios factores: la fuerza irracional del fetichismo de la mercancía en auge desde la década de los ’50; el nacionalismo imperialista azuzado por la prensa contra las guerras de liberación antiimperialista que debilitaban el poder occidental; la nueva estrategia represiva del capitalismo; la presión desmovilizadora y frecuentemente reaccionaria del eurocomunismo, entre otras más. Un papel clave en la derrota lo tuvieron los aparatos de poder imperialista, el FMI, sobre todo, cuya salvaje inhumanidad es silenciada en todo momento por la prensa. El ataque a la teoría marxista del Estado, del poder y de la violencia, facilitó la ocultación del papel criminal del FMI y otras instituciones del capital –por ejemplo, la mitificación reaccionaria de la Unión Europea y su euro imperialismo--, desviando la atención hacia nebulosas inasibles convertidas en mantras que lo justifican todo: el neoliberalismo, la globalización, el mercado financiero, el «terrorismo»…, o hacia conceptos entonces de moda como «biopolítica» y «necropolítica»: pocas veces en la historia del pensamiento, tantas palabras han tenido tan poca riqueza conceptual han creado tanta confusión.

Para finales de los ’80 y exceptuando a las izquierdas que arriesgaban su vida en la lucha de liberación antiimperialista como la victoria nicaragüense en 1979 y otras muchas como la invasión de Grenada en 1983, y en la lucha armada en el seno del imperialismo, salvo esta área, los marxistas eran pocos entre los afiliados a los partidos «comunistas» y a los sindicatos, y a los millones de personas que vivían en países «socialistas». Recordemos que empezamos la primera entrega de esta serie recordando las palabras de un revolucionario venezolano con las que describía la dificultad de ser marxista. Aun así, entre los ’60 y los ’80 se habían desarrollado críticas al capitalismo que con el COVID-19 demuestran su acierto y vigencia. Por ejemplo, la lucha por la sanidad pública y por otra salud; la defensa de la naturaleza desde el ecologismo socialista; la emancipación de la mujer trabajadora; alternativas de resistencia colectiva, comunal, cooperativa; grupos de ciencia-crítica frente a la tecnociencia burguesa; la lucha contra la militarizacióny los debates sobre la «fase exterminista» del capitalismo; un internacionalismo consecuente; la reactivación de la radicalidad teórica marxista, etc.

Como se aprecia, desde mil caminos y siempre en medio de la lucha, se avanzaba hacia la concreción de la teoría marxista de la crisis sistémica de la civilización del capital. Al muy poco de la contraofensiva neoliberal estalló el Lunes Negro del 19 de octubre de 1987 hundiéndose las bolsas del mundo con pérdidas inmensas: un aviso de lo que se estaba gestando en la esencia irracional de la sociedad burguesa. Una de sus respuestas a este batacazo insospechado fue imponer el Consenso de Washington de 1989-90, estrategia para la liquidación de la soberanía de pueblos y Estados y para facilitar la libre circulación de capitales por el mundo excepto en los muy protegidos Estados imperialistas. Este Consenso abría de par en par los ataques a la Naturaleza, multiplicando exponencialmente las causas socioecológicas, económicas y políticas que han creado el COVID-19. Pues bien, aparte de en otros muchos textos, en El Capital se encuentra la explicación teórica básica de esta debacle, cuando se exponen las seis principales medidas burguesas que contrarrestan temporalmente la ley tendencial de caída de la tasa media de beneficio.Es importante resaltar lo de «principales» porque Marx sabía que había otras pero que eran secundarias en el capitalismo de la década de 1860. Años después, Engels volvería sobre las tesis de Marx acerca de cómo el capitalismo destrozaba a la naturaleza y a la especie humana.

El socialismo realmente inexistente implosionó en 1989-91 por las razones que hemos explicado en dos entregas. Se desplomó en el mismo año en el que Japón, entonces segunda economía, entraba en una larga sucesión de subcrisis que con altibajos se mantienen hasta ahora. Semejante confirmación de la veracidad de la crítica marxista del capitalismo fue despreciada por la casta intelectual exmarxista, obsesionada por resucitar las sempiternas tesis de la «muerte del proletariado», del «nuevo capitalismo», de los «nuevos sujetos», etc. Esta élite asalariada pasó a apoyar directa o indirectamente las agresiones imperialistas contra Irak, en la ex Yugoslavia, en las «revoluciones naranjas», en contra los pueblos árabes con la excusa de la primavera árabe, contra Irán, contra el pueblo saharaui, contra Cuba y Colombia, contra Panamá, etc.

En medio de esa euforia que parecía haber superado el susto del Lunes Negro de 1987, estalló la crisis del Tequila en el México de 1994 a causa de la devastación social impuesta por Tratado de Libre Comercio con los EEUU y Canadá: una advertencia más que no serviría de nada porque en menos de tres años, en julio de 1997 se hundían con estrépito los famosos «tigres asiáticos», Tailandia, Malasia, Indonesia y Filipinas tenidos como ejemplo del «nuevo capitalismo» sin crisis. El imperialismo occidental se salvó trampeando la economía para sacrificar a los «tigres» hasta entonces inmortales. En verano de 1998 les siguió el crack ruso con efectos tan devastadores que se enconó al máximo la lucha entre las dos facciones más poderosas de oligarquía: la más corrupta y entregada a Occidente, representada por el alcohólico Yeltsin, fue derrotada en 1999 por la menos corrupta y más nacionalista representada por Putin que fue imponiendo cambios drásticos.

El crack ruso hundió el fantasioso programa de una de las más grandes corporaciones financieras yanquis, la LTCM, asesorada por dos premios Nobel de economía, que afirmaba haber superado para siempre los peligros de la financiarización especulativa de alto riesgo. La FED intervino a la desesperada, y Wall Street tuvo que taponar la brecha con más de 3.600 millones-$ para evitar daños peores. La respuesta yanqui EEUU fue extender la OTAN y fortalecer el fascismo en el Este europeo, utilizar el fundamentalismo islámico en Chechenia y otros países como lo había hecho en Afganistán, etc.: se trataba de crear «pueblos libres» que obligasen a un gasto militar a Rusia y que sirviesen de bases de ataque en posibles tensiones y hasta guerras futuras.

Mientras tanto, se reanudaban las luchas obreras como el caracazo venezolano de 1989, las sucesivas huelgas en la India desde 1990 en adelante, los motines urbanos en los EUUU en 1992, las huelgas en Bélgica en 1993, en Corea del Sur y México en 1994, enel Estado francés en 1995 y 1997, en el Estado español en 1994-95, en Nueva Zelanda y Australia en 1995, en los Estados Unidos y Sudáfrica en 1997, en Alemania en 1998, la victoria bolivariana en Venezuela de 1999, la rebelión argentina de 2001, la ejemplaridad de Cuba tras resistir heroicamente desde 1991…, una corta lista de una recuperación que, además, se mostraba también en el primer Foro de Sao Paulo de 1990 que abrió la puerta a crecientes reuniones internacionales que recuperaban en aquellas condiciones el acierto práctico y la valía teórica de la Tricontinental desde 1966 y en cierta forma de Bandung de 1955.

A la vez, era ya innegable la recuperación de la radicalidad teórica marxista sobre todo enriqueciendo y profundizando en todos los componentes de la teoría de la crisis, como veremos en la última entrega. En esta vorágine, científicos críticos empezaron advertir que tarde o temprano estallaría una pandemia mundial con efectos estremecedores, destacando la de 1994 y 2005 año de la gripe aviar, pero la burguesía no les hizo el menor caso. Ahora se sabe que no menos de 142 virus han saltado de animales no humanos a animales humanos, y que esta transferencia zoonótica se intensifica conforme el capitalismo achica y destruye sus nichos ecológicos, insertándolos incluso en la sociedad humana.

Sin embargo, era tal la ceguera de la casta intelectual, del reformismo y de la burguesía que de nuevo fueron sorprendidas al comienzo del segundo milenio de nuestra era por, al menos, dos crisis estremecedoras que junto a otras impulsarían la actual. Por un lado, se supo que en el último siglo se habían perdido el 50% de los bosques y de la tierra fértil, y que la flota pesquera mundial era un 40% más grande de lo que permitía la vida oceánica; a la vez, el 50% de la humanidad carecía de servicios de saneamiento de agua, porcentaje que aumentará con el tiempo, según veremos; y por no extendernos, se confirmaba que el clan Bush, que colocó dos presidentes norteamericanos, estaba unido entre otras, a la poderosa transnacional energética Enron, podrida hasta la médula, que cayó en la nada en 2001 justo cuando se hundía la famosa y artificial «economía del conocimiento» o burbuja «puntocom»: de marzo de 2000 a octubre de 2002 con pérdidas del 45% del índice bursátil S&P y del 78% del tecnológico Nasdaq. Para 2019 ese 50% de población mundial sin saneamientos médicos había subido al 60%, el 40% de la humanidad y el 47% de las escuelas del mundo, no tienen instalaciones básicas para lavarse las manos.

El agotamiento del agua potable, y la sobreexplotación de la mar, de la tierra fértil y de los bosques, por citar algunos de los impactos destructores del capitalismo sobre la naturaleza, serán una de las causas fundamentales de incremento de epidemias y pandemias hasta llegar al COVID-19. Proceso facilitado por la destrucción sistemática del mal llamado «Estado del bienestar» (sic), a la sobreexplotación de la fuerza global de trabajo, especialmente de la mujer, al aumento de las fuerzas represivas y a la explotación imperialista, por citar algunas de las tendencias fuertes del capitalismo del siglo XXI, que desmantelan y privatizan los escasos recursos públicos, asistenciales y de cuidados sociales, hizo que para inicios del siglo XXI la estrategia mundial desencadenada desde finales de los ’70, terminara de romper el metabolismo entre la naturaleza y la especie humana intensificado exponencialmente desde la industrialización capitalista.

Las transferencias zoonóticas de virus de animales no humanos a animales humanos se intensificaron desde finales de la década de 1960 debido, en síntesis, a la dialéctica entre dos partes de la ley del valor: la mercantilización de la naturaleza y la mercantilización de la especie humana. Por una parte, la destrucción de los servicios sociales, de gastos públicos, de infraestructuras a cargo del Estado, etc.; es decir, la privatización absoluta, total, de la sociedad y de la especie humana en sí misma, su reducción a simple valor de cambio realizable en el mercado bajo la vigilancia cercana o distante del Estado como centralizador estratégico de las múltiples explotaciones de la fuerza global de trabajo. Por otra parte, la mercantilización de la naturaleza, la ruptura del proceso metabólico de la especie humana dentro de ésta, ruptura impuesta por el capitalismo imperialista y militarizado. Basta echar una ojeada a la multiplicación de epidemias y pandemias desde la llamada gripe de Hong-Kong en 1968-69 hasta el COVID-19 actual para certificarlo.

Tanto la gripe asiática citada como el primer brote de ébola en 1976 en zonas de África anunciaban lo que sucedería si no se tomaban rápidas medidas sanitarias que, en esos años, sólo eran factibles en los pueblos en transición del capitalismo al socialismo, especialmente el cubano. En el resto, la burguesía destrozaba la sanidad pública en la medida en que derrotaba las resistencias obreras y populares. Una confirmación incuestionable de la dialéctica entre el poder y la salud lo tenemos en el brote de difteria iniciado en 1990 al final de la URSS, cuando la nueva burguesía desmantelaba la excelente sanidad soviética en medio del paro, subempleo, empobrecimiento generalizado y reducción de la edad de vida: un ejemplo de libro de la dialéctica entre poder político, formas de propiedad y naturaleza.

Desde al menos 1845 los clásicos del marxismo insistían en esta dialéctica que, en última instancia, se sintetiza en lo que Lenin llamaba «el problema del poder»: siempre vuelve a escena el fantasma que aterroriza a la burguesía, la teoría marxista del Estado. Desde comienzos de los ’70, la burguesía yanqui fue consciente de que iba perdiendo poder mundial y ya con el presidente Carter, anterior a Regan, inició su contraataque: para 2004 su euforia era tal por los grandiosos beneficios que volvía a creerse dueña del mundo, a pesar el aumento imparable de la pobreza en su propio país. Ni pudo ni quiso ver la catástrofe de 2007, y una de las medidas destinadas a salir de ella fue recortarle a Obama casi la totalidad de sus fútiles promesas electorales sobre ampliar la sanidad pública, mientras que se extendía una pandemia de opiáceos, drogas de diseño, alcohol y otras por entre el proletariado y la llamada «clase media» empobrecida.

A la vez, gigantescos presupuestos militares expandían la tecnociencia militarizada en detrimento de la ciencia de la salud pública. La destrucción de los servicios sociales y el abandono de la ciencia médica no rentable se intensificó desde la crisis de 2007 aunque entre 2009 y 2019 diversas epidemias y pandemias –gripe A, Síndrome Respiratorio, Zika, COVID-19, entre otras--, golpearon a la humanidad, pero la poderosa industria farmacéutica sólo investigaba las enfermedades con las que podía obtener cuantiosos beneficios.Salvando las distancias, si la anatomía del hombre explica la del mono, la crisis socio natural del COVID-19 explica la crisis del capitalismo.








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lunes, 29 de septiembre de 2014

Putin en Miarritze

Digna de la etiqueta Kurlansky Arzalluz traemos a ustedes esta publicación de Gara:


Unai Aranzadi | Periodista

Biarritz siempre ha atraído a personajes relevantes de la vida cultural rusa, desde músicos como Stravinsky hasta escritores como Nabokov o Chéjov, y aunque también sabemos de las innumerables estancias protagonizadas por miembros de la aristocracia y la nobleza, son muy pocos los casos conocidos de visitas privadas u oficiales realizadas por políticos de altos vuelos desde la Revolución de 1917 a esta parte.

El no muy divulgado caso de Putin y sus veranos en Biarritz, como casi todo en él, está rodeado de discreción y misterio. Lo poco que sabemos es, en gran medida, gracias a la prensa francesa que se hizo eco del gusto de Putin por las playas vascas a raíz de un encuentro que en julio de 1999 marcaría el devenir de nuestra era.

La historia comienza cuando Boris Berezovsky, uno de los oligarcas que hizo su enorme fortuna en la calamitosa etapa de liberalización corrupta liderada por Boris Yeltsin en los años noventa, buscaba un candidato relativamente honesto, pero a su parecer manejable, que pudiera gestionar cierto orden e imponer rectitud en un Kremlin salido de madre. A sus ojos, Putin, un hombre de acción inmerso en el ostracismo profesional tras la caída de un «telón de acero» que restó sentido a su trabajo como agente de inteligencia, parecía dar con el perfil ideal para el golpe de timón que un núcleo del Estado adicto a las privatizaciones tenía preparado tras darse cuenta de que sus privilegios corrían peligro si no facilitaban ellos mismos un títere que, tras la desastrosa Administración de Yeltsin, pasara por aparentar ser un nuevo y fiable jefe de Estado. «El funcionario de Leningrado», abogado, trilingüe, espía incorruptible, pero por encima de todo, patriota y no quemado por el mundo de las mafias, era visto como un sujeto solvente por su presunta grisura. Recién descendido de su jet privado, y con las lujosas paredes de una suite del Hôtel du Palais (muy diferentes a las del hotel familiar donde Putin pasaba las vacaciones con su entonces mujer e hijas) como únicos testigos, Berezovsky apeló a la madre Rusia para ganarse la fe y confianza del poco carismático director del FSB (acrónimo que adquirió el KGB tras la caída de la Unión Soviética) en su proyecto de catapultarle a la cúpula del Estado. Dicho y hecho. Bastarían un puñado de meses para que lo poco que se sabe de ese acuerdo alcanzado en Euskal Herria frente al golfo de Bizkaia se cristalizara en una campaña presidencial en la que el propio Yeltsin retrataría al exagente como un ciudadano modesto pero fuerte, joven pero preparado y, por encima de todo, leal; justamente lo que anhelaba una sociedad rusa harta de mentiras, nuevos ricos y vendedores de humo.

Añadiendo una campaña «contra el terrorismo» en Chechenia como elemento cohesionador de su creciente electorado, Putin terminó por afianzar los mimbres de una Rusia ciertamente autoritaria aunque, sin duda, más próspera. Tanto empeño le puso este burócrata subestimado por los oligarcas que, harto de su colosal saqueo, se revolvió contra ellos, dándoles a elegir entre la cárcel o el destierro. Y así comenzó el modelo de Estado ruso que hoy conocemos, con un Berezovsky arruinado quitándose la vida en su mansión de Londres y el funcionario que veraneaba en Biarritz liderando implacable el país más grande del mundo.






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sábado, 26 de julio de 2014

Uso y Abuso de la Autodeterminación

Desde este blog siempre hemos apoyado la autodeterminación del pueblo kurdo, sin ponerle fronteras impuestas al Kurdistán, o sea, independencia con integridad territorial, ya sea que resulten afectados Turquía, Siria, Irak o Irán.

También nos hemos colocado del lado de las milicias antifascistas luchando en el este de Ucrania, celebramos el movimiento de autodeterminación de Crimea, Donetsk, Lugansk y Donbass.

No deseamos para ellos nada más y nada menos que lo que deseamos para Euskal Herria.

Acerca de Kosovo, también hemos expresado nuestra opinión al respecto y hemos alertado acerca de un futuro estallido en los Balcanes cuando el UCK inicie la desestabilización del oeste de Macedonia y el norte de Grecia. Los albaneses están empecinados en la expansión de Albania, crear la Gran Albania a sangre y fuego, apoyados abiertamente por Washington.

Habiendo aclarado lo anterior, les compartimos este análisis publicado en inSurGente:

En teoría y en abstracto la mayoría reconocemos el Derecho de Autodeterminación de los pueblos pero en la práctica, a la hora de valorar situaciones y luchas concretas, es sorprendente ver la cantidad de posturas contradictorias existentes, tantas como dogmas e intereses diferentes.

En las últimas décadas, el Imperialismo Occidental que lideran la Unión Europea y Estados Unidos, sin duda el más salvaje y genocida de todo el planeta, ha incendiado diferentes zonas geográficas, y de una manera u otra, en la mayoría de conflictos está presente alguna lucha de liberación nacional. Esto ha creado situaciones complicadas, y al valorar esas situaciones podemos apreciar la cantidad de opiniones enfrentadas existentes, sobre todo en la izquierda.

La Unión Europea y los Estados Unidos

Es bastante fácil de entender la postura de estos Estados imperialistas; apoyan los procesos de autodeterminación que puedan debilitar a sus competidores, y consecuentemente rechazan los procesos que puedan perjudicar sus intereses y beneficiar a sus enemigos. En este aspecto no se les puede negar la coherencia.

Kosovo-Crimea

Comentaré dos ejemplos significativos para ilustrar esta afirmación: Kosovo y Crimea.

Un ejemplo: En 1999 y por supuestas “razones humanitarias” y para asegurar la independencia de Kosovo la OTAN bombardeó Yugoslavia durante 78 días, causando 2000 muertos y la destrucción de gran parte de las infraestructuras del país. El objetivo era claro: destrozar y desguazar un Estado aliado de la ya capitalista Rusia, muy débil en aquél momento.

Otro ejemplo contrario: En 2014, y como consecuencia directa del golpe de Estado fascista potenciado por la Unión Europea y Estados Unidos, Crimea que era parte de Ucrania desde 1954 celebra un referéndum por el que proclama mayoritariamente la independencia y solicita su anexión Rusia. Quienes tan alegremente bombardearon Yugoslavia se posicionaron radicalmente en contra de la decisión de Crimea. No hay que darle muchas vueltas: era Rusia la beneficiaria de este proceso y por lo tanto la UE y EEUU se posicionaron en contra.

Se pueden nombrar más casos de la postura contraria, pero por mencionar sólo los más conocidos: la UE y EEUU con el objetivo de debilitar a sus competidores apoyan las luchas del Tíbet, Chechenia o Kurdistán Sur (Irak. KDP-Barzani).

Y al contrario, y con todos los matices que se quieran, se posicionan en contra de las reivindicaciones de Kurdistán Norte (Turquía. PKK-Ocalan), Córcega, Euskal Herria, Cataluña o Palestina.

Como decía no es necesario dar demasiadas vueltas para entender todo esto: nuestros gobernantes de la Unión Europea y EEUU deciden su apoyo o rechazo de acuerdo con sus intereses políticos, económicos y militares, y no de acuerdo con ningún manoseado “derecho internacional”. Sin ninguna complicación teórica ni ética.

Más complicación supuestamente teórica existe en el campo de la izquierda. Digo supuestamente porque muchas veces de lo que se trata es de la aplicación del mismo o parecido esquema del Imperialismo Occidental pero a la inversa: algunos sectores de la izquierda se posicionan en contra de aquellos procesos que puedan beneficiar a la UE y EEUU y perjudicar a sus competidores, fundamentalmente Rusia y China. Y viceversa; estos mismos sectores de izquierda se posicionan a favor de aquellas luchas que perjudiquen al imperialismo Occidental. Todo ello, evidentemente, revestido con sesudos análisis supuestamente basados en el marxismo y la lucha de clases.

Las izquierdas

La izquierda “geoestratégica”

Con este nombre describo a los sectores de izquierda que para evaluar una reivindicación nacional utilizan una “geoestrategia” muy parecida a la situación histórica de guerra fría entre la URSS y el imperialismo occidental.

Tíbet, Chechenia-Cáucaso tal vez sean entre nosotros los más significativos, y en las últimas fechas y como consecuencia de la situación caótica de Irak, también el caso de Kurdistán Sur. Los mencionaré a continuación de una manera breve.

Tibet: Primero el imperio Mongol y después el chino dominaron el Tíbet hasta 1904, cuando fue invadido militarmente por Inglaterra. En 1907 los imperios ingles, chino y ruso firmaron un acuerdo por el que daban la soberanía a China.

Debido a la guerra interna en China el ejército de ese país abandonó El Tíbet en 1911, momento aprovechado por Mongolia y el Tíbet para proclamar sus independencias. En 1951 China de nuevo lo invade militarmente. En esos momentos el sistema económico y político en Tíbet era una teocracia feudal muy cercana al esclavismo, donde la mayoría de tierras era propiedad de los lamas.

Chechenia: durante los siglos XVIII y XIX iniciaron los zares rusos la colonización del Cáucaso. Desde entonces han sido continuas las guerras y sublevaciones. Algunas veces contra el Zar y a favor de la revolución bolchevique, otras en contra de los bolcheviques y a favor de los nazis…. La actual fase, dirigida por el yihadismo, es sólo el, por ahora, último eslabón de una larga cadena.

Kurdistán: En este caso se reflejan, mejor que en ningún otro, las contradicciones analíticas de la izquierda “geoestratégica”.

En 1923 mediante el Acuerdo de Lousana las potencias mundiales repartieron Kurdistán entre Irán, Irak, Siria, Turquía y la URSS. Tras la II Guerra Mundial se concretaron las actuales fronteras. Como curiosidad histórica; en 1946 en Irán y durante un año, apoyada por la URSS existió la República independiente kurda de Mahabad.

Hoy en día Turquía es miembro de la OTAN y aliado de Europa. Sin embargo Irán, Irak y Siria se han convertido en objetivos a batir para el Imperialismo Occiental. De acuerdo con la lógica “geoestratégica” se ve positiva la autodeterminación en el caso de Kurdistán Norte (Turquía) y se rechaza en los demás casos: Irán, Siria e Irak. En este último caso argumentando que el Gobierno autónomo dirigido por el KDP de Barzani es corrupto, apoyado por el imperialismo y que recibe la ayuda de Israel. Críticas que pienso son ciertas.

En casos como estos dos son dos los argumentos principales que se utilizan desde la izquierda en contra del derecho de autodeterminación de esos pueblos:

Argumento1: Les apoya el imperialismo occidental que saldría reforzado con esas independencias.

-Desde nuestro punto de vista de izquierda pedimos a esos pueblos sometidos que no se alíen con el Imperialismo Occidental, nuestro mayor enemigo…. Estaría bien que nos hicieran caso, pero ¿desde cuando han funcionado así la historia y las luchas de liberación nacional?

Cuando los españoles invadieron América recibieron la ayuda de los pueblos oprimidos por Aztecas e Incas. Esto no fue ni es una excepción; habitualmente la prioridad de los pueblos oprimidos es quitarse de encima el yugo de quien les oprime y para eso aceptan la ayuda de quien se la da. No reconocer eso no me parece muy dialéctico.

Tal y como Pizarro y similares hicieron en America es lógico que la UE y EEUU aprovechen las luchas de los pueblos oprimidos por sus competidores.

Por poner un ejemplo práctico, muy pocos en la izquierda cuestionan los derechos nacionales de los palestinos porque un sector importante, y para sacudirse la invasión inglesa y la colonización sionista, apoyase a los nazis en la II Guerra Mundial.

-Estoy de acuerdo en que actualmente las independencias de Chechenia y Tíbet debilitarían a Rusia y China. Pero eso ¿elimina sus derechos nacionales? ¿De quién es la responsabilidad de la actual situación? ¿Quién oprime a quién?

¿Por qué los bolcheviques, y continuando con la invasión iniciada por los zares, no dieron la independencia a Chechenia tal y como les prometieron en la Revolución? ¿Por qué la actual Rusia capitalista ha eliminado a los líderes más moderados (Masjádov) dando a los yihadistas, apoyados por Arabia Saudí, el máximo protagonismo? No puedo creer que Rusia, con todos los medios que tiene, no podría encontrar una salida negociada y democrática beneficiosa para ambas partes. Y otro tanto de lo mismo con China y el Tíbet.

Seguir manteniendo la opresión nacional dentro de las fronteras estatales, además de ser fuente de alimentación para la reacción interna, se transforma en un arma en manos de los competidores externos.

Argumento 2: El proyecto político y social de la fuerza hegemónica de esas luchas nacionales es retrógrado.

-Doy por correcta esa valoración por lo que no la discutiré. Sí lo haré con la contradicción que a mi entender subyace a la misma.

Por un lado, y como ejemplo, las fuerzas hegemónicas en las luchas de Palestina y Afganistán contra Occidente e Israel son reaccionarias, pero muy pocos en la izquierda ponen en cuestión la legitimidad de sus luchas. Sin embargo con Chechenia, Tíbet o Kurdistán Sur la hegemonía de fuerzas reaccionarias se esgrime como argumento para rechazar su derecho de autodeterminación.

El problema fundamental, por lo tanto, no es si son proyectos retrógrados o no, sino que ese argumento se utiliza arbitrariamente para encubrir otras razones geoestratégicas.

-Por otro lado, se cae en un determinismo: algunos pueblos han nacido para ser “atrasados”. Aunque consigan su soberanía siempre seguirán siendo reaccionarios, nunca surgirán contradicciones ni lucha de clase interna creando proyectos y opciones de izquierda. Por lo tanto, mejor que sigan bajo el yugo actual, es el mejor camino para su progreso y avance al socialismo, según este razonamiento.
Izquierda “autodeterminista”

En Euskal Herria vivimos una lucha de liberación nacional que a los independentistas de izquierda nos ha dado una marcada sensibilidad con las luchas de otros pueblos. Esa sensibilidad nos lleva a aceptar con más facilidad y generosidad el derecho de Autodeterminación de otros pueblos, sin poner los a menudo insalvables obstáculos que establece la izquierda “geoestratégica”. Una sensibilidad que nos ha llevado algunas veces a apoyar casos bastante criticables; Kosovo por ejemplo.

Esta izquierda “Autodeterminista” con la que me identifico en general tiene a mi modo de ver otro aspecto criticable: el de en la práctica justificar en nombre de los derechos nacionales de los pueblos oprimidos las agresiones del Imperialismo Occidental contra sus Estados enemigos, tal y como hemos visto en Libia o Siria.

¿Cómo equilibrar la denuncia antiimperialista, es decir la solidaridad con el País que está bajo los ataques y bombardeos de la OTAN, es decir de los ataques de la UE y EEUU, y a la vez defender la legitimidad de las reivindicaciones nacionales de los pueblos sometidos por ese País agredido? Este es un nudo ideológico difícil de desatar.

Además de esto hay otro factor en la izquierda “autodeterminista”, concretamente en la Izquierda Abertzale, que en los últimos meses me ha sorprendido desagradablemente, ya que es la primera vez que veo algo así.

Proceso de Autodeterminación de las Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk

Como consecuencia directa del Golpe de Estado que en febrero impulsaron la UE y EEUU, en el Sureste de Ucrania realizaron en mayo referéndums de autodeterminación. Con gran participación popular decidieron cambiar su relación con Ucrania, en la que se plantean opciones federalistas, independentista y pro-rusas, y no solamente estas últimas como destacan los medios occidentales. En consecuencia proclamaron las Repúblicas Populares de Donetsk y Lugansk.

Al poco tiempo se iniciaron los ataques militares del Gobierno ucraniano apoyado por la OTAN y plagado de neonazis y contra esas Repúblicas.

Y la postura de la Izquierda Abertzale, al menos la de su altavoz público más referencial, el periódico Gara (Sortu y Askapena callan), ha sido la de criticar y desprestigiar estas Repúblicas Populares mientras están siendo agredidas militarmente.

Creo que no me equivoco si digo que esta es la primera vez que la Izquierda Abertzale rechaza un proceso de Autodeterminación. Los argumentos principales que Gara utiliza son los siguientes:

Argumento 1: lo que ocurre en Ucrania es un mero enfrentamiento interimperialista; ni unos ni otros.

No hay que ser ningún experto para ver que la actual situación de guerra en Ucrania es consecuencia directa de la intervención imperialista, que se inició a la par que el intento de golpe de Estado en Venezuela, de la UE y EEUU para crear una situación en las mismas fronteras de Rusia y además perjudicar su economía.

Además de eso, la postura de Rusia ha sido la de proponer negociaciones y acuerdos que han sido sistemáticamente boicoteados, con el objetivo de crear una situación de guerra y desestabilización, en línea con la doctrina del “caos creativo” que la UE y EEUU aplican por todo el planeta.

Aún más, actualmente las élites capitalistas rusas ya han dejado claro que no les interesa intervenir militarmente para salvar las Repúblicas de Donetsk y Lugansk, y que a día de hoy su máximo objetivo (por supuesto económico) es conseguir la estabilidad y el entendimiento con el Gobierno ucraniano.

Se argumenta que a los rebeldes del Donetsk y Lugansk les apoya Rusia. ¿Y a los rebeldes islamistas de Libia o Siria, que tan alegremente se les denomina revolucionarios, no les han apoyado y apoyan la OTAN, Turquía, las Monarquías del Golfo, y todo lo más retrógrado del planeta? Lo que se puede deducir de todo esto es que el apoyo o presencia rusa se nos hace más insoportable y retrógrado que el de la OTAN, Turquía o Arabia Saudí. Demasiadas coincidencias con los intereses de la Unión Europea.

Hay algo más; estamos viendo en el corazón de Europa unos escarceos que recuerdan peligrosamente lo que pudiera ser el inicio de una guerra planetaria. Y la izquierda vasca y europea, en su mayoría mirando a Palestina, Kurdistán, Sahara (procesos que también apoyo), etc. pero obviando con mantras ninistas un conflicto mucho más cercano y peligroso.

A estas alturas seguir manteniendo que todo es un simple enfrentamiento interimperialista no pasa de ser un mero pretexto para poner al mismo nivel al agresor y al agredido.

Argumento 2: los proyectos de las Repúblicas populares de Donetsk y Lugansk son retrógrados.

Se me hace totalmente sorprendente escuchar de la Izquierda Abertzale un argumento así para criticar un proceso de autodeterminación, precisamente cuando entre quienes luchan hoy en día en Donetsk y Lugans están comunistas, antifascistas e izquierdistas (1), algo inexistente en algunos procesos con los que nos hemos solidarizado en otros momentos.

Y argumento más sorprendente todavía si lo comparamos con la línea editorial que se mantuvo mientras la OTAN bombardeaba Libia: en las páginas de Gara pudimos ver un apoyo evidente y entrevistas a todo tipo de grupos islamistas y reaccionarios, incluido lo de llamar “revolucionarios” a islamistas y yihadistas.

Dicho de otro modo; Gara, y por tanto Sortu, están tratando, en nombre de una muy cuestionable “Primavera Arabe”, de “revolucionarios” a los Hermanos Musulmanes en sus múltiples versiones regionales, pero tratan de retrógrados a los rebeldes del Sudeste ucraniano a los que manipuladoramente se les denomina “pro-rusos” y entre los que se encuentran comunistas, izquierdistas y antifascistas. La contradicción es tamaño XXL.

¿Por qué en este caso, y sólo en este caso, se utiliza un argumento tan parecido al de la izquierda “geoestrategica”? ¿Es otra consecuencia de la mal disimulada rusofobia? ¿Tal vez querer evitar el enfrentamiento con los intereses (2)directos y cercanos del imperialismo de la Unión Europea? ¿Un nuevo dogma teórico?

Sea cual sea la razón hay una triste realidad: un proceso autodeterminista realizado en Europa está siendo aplastado militarmente y los muertos civiles, de toda edad y condición (3) son europeos, y entre nosotros el silencio, la falta de solidaridad o el intento de desprestigio son nuestra respuesta.

Para terminar

No, realmente no hay un Derecho de Autodeterminación universal que todo el mundo asuma, su aprobación está sometido a los intereses, dogmas teóricos o análisis estratégicos de cada cual. Es algo totalmente subjetivo e interesado. Y muchas de las veces incoherente.

A mi modo de ver, los pueblos ya guiados por fuerzas de izquierda o reaccionarias tienen derecho a la soberanía, a tomar las decisiones por su cuenta e incluso a equivocarse, a evolucionar. Me parece una condición básica para solucionar sus contradicciones y el desarrollo de la lucha de clases.

La opresión y la dependencia no han sido nunca bases sólidas para el socialismo, por el contrario, además de ser fuente de alimentación de la reacción interna, convierte en chauvinista a la clase trabajadora del Estado opresor y es una herramienta de agresión de potencias externas.

Por otro lado, defender el Derecho de Autodeterminación de lejanos pueblos me parece solidario y necesario, pero habrá que hacerlo de la manera que no acabe beneficiando ideológicamente al imperialismo Occidental mientras realiza sus masacres.

Y si además de eso obviamos o rechazamos los procesos más cercanos, los que tocan “las cosas de comer” del imperialismo europeo y yanki, como es el caso del Sudeste ucraniano, lo que esto denota que algo falla en nuestra teoría y práctica de izquierdas y revolucionaria.


(1) “Ayúdadnos a romper el bastión del fascismo en Ucrania” Donetseko Meatzarien Sindikatua. http://www.lahaine.org/index.php?p=78954

(2) “Itsu, mutu, gor”. Asier Blas
http://www.argia.com/argia-astekaria/2424/itsu-mutu-gor

(3) “Zenbat hil dira orain artean Eki-Ukrainako guduetan?” Pello Zubiria.
http://www.argia.com/albistea/zenbat-hil-dira-eki-ukrainako-guduetan







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viernes, 10 de febrero de 2012

Entrevista a Unai Aranzadi

Nos han compartido este texto vía correo electrónico:

Unai Aranzadi, un incómodo periodista de guerra para el establishment
Gaza, Somalia, Chechenia, Irak, Afganistán… El vasco Unai Aranzadi (Getxo, 1975) trabaja en lugares de los que la mayoría lucha por huir. Unai busca a las víctimas y a sus verdugos y nos hace mirar al abismo de la guerra y la locura humana a través de su trabajo. No se pierdan la entrevista.
Vice: Llevas metiéndote en fregados muy serios desde los 20 años, ¿cómo y por qué te dio por ahí?
Unai Aranzadi:Siempre quise ser reportero especializado en guerras, desde mi adolescencia. Era un sueño, una obsesión. Imagino que el hecho de descender de políticos perseguidos, marinos viajeros y periodistas exiliados por sus artículos, influyó en mi decisión, pues el reportero tiene mucho de todo eso. En cualquier caso, hay algo que nos empuja a ir a los lugares de los que todo el mundo huye, y siempre que nos hacen esta pregunta no sabemos muy bien qué contestar. Sí te puedo decir que yo en un principio miraba este oficio como una posibilidad de viajar y vivir la historia en primera persona, pero luego me asqueé de esta visión egoísta y equidistante, y descubrí que donde encontraba más fuerza, más verdad y más motivos para informar, era en la utilización de la herramienta comunicativa para precipitar el cambio social en el mundo.
¿Eres de los que cree que puede cambiar el mundo con su cámara?
No creerlo sería de cínicos y creerlo sería megalómano, por lo tanto pienso que el valor está en el intento. ¡Todas las conquistas son hijas de un intento!
Logística: ¿cómo trabajas?
Desde la precariedad absoluta. Con 20 años, durmiendo en Gaza, me dije a mí mismo: “Algún día regresaré aquí alojándome en un hotel y cenando a la carta”. Han pasado 16 años, viajando mucho a Gaza, y sigo hospedándome en los sitios más baratos o en casas de gente. Gracias a esto he tenido el privilegio de encontrarme con el verdadero pueblo palestino. Si anduviese siempre en los hoteles que visita la tribu de Associated Press o Le Monde, cenando con norteamericanos o franceses, me hubiese perdido conocer la realidad de la franja.
En el aspecto técnico, llevo una videocámara con lo básico, un trípode, un par de micrófonos y una lámpara. También llevo una cámara de fotos reflex con un par de ópticas y un ordenador con disco duro externo. El B-GAN (transmisor de datos por satélite) ya apenas lo utilizo, pues he dejado de hacer Breaking news. Ahora sólo llevo un Thuraya (teléfono satélite) para hablar con mi mujer antes de acostarme.
Seguro jamás he tenido, y chaleco y casco casi nunca llevo. El primer chaleco lo pude comprar después de años cubriendo varias guerras importantes, como la invasión de Iraq en el 2003. Entonces era un lujo inaccesible para mí, y actualmente, salvo en los empotramientos de Iraq y Afganistán, casi nunca lo llevo, pues yo soy más de compartir con guerrillas que con ejércitos. Además, es mejor andar ligero para cuando te zumban poder salir corriendo.
¿Eres un “paracaidista” que salta de guerra en guerra o prefieres currártelo con más tiempo?
He saltado de guerra en guerra durante años, aunque ya lo hago menos. Prefiero acercarme a ellas de otra manera, menos superficial. A lo colonial que ha sido siempre este oficio, hoy se le suma lo turístico. Hordas de muchachos y muchachas europeos, japoneses y estadounidenses con un equipo carísimo y sin necesidad real de publicar, recorren los sufrimientos que el status quo mediático les ha sugerido denunciar como si de un deporte de riesgo se tratara. Yo tiendo a huir de los escenarios por los que se mueve la prensa mas oportunista. Elijo las historias de las guerras que deben ser contadas y no acepto que el poder económico que paga por historias determine qué historias cuento. También es muy importante regresar a los sitios y reencontrarse con los personajes. He cubierto mas de una docena de conflictos y puedo decir que he vuelto muchas veces a prácticamente todos.
Has trabajado para los medios internacionales más potentes pero últimamente parece que te alejas del neón mediático…
Estoy tan orgulloso de haber sido invitado por la BBC a Londres para editar un documental que rodé en la guerra de Somalia, como de publicar gratuitamente en páginas alternativas de contrainformación como Rebelión. ¿Sabes por qué? Porque no importa dónde publicas, sino lo que publicas.
Actualmente estoy alejado de las plataformas convencionales porque hoy necesito formatos amplios en los que poder contar una historia en profundidad, algo difícil en los medios hoy. Prefiero tener una película mía en un festival de cine documental, sin límites cronológicos o creativos, a una foto suelta en Newsweek, 500 palabras en El País o un minuto y medio en Al Jazeera. Ya he hecho todas estas cosas y me ha dejado de emocionar ver mi nombre en ese neón mediático que apuntas. El “estrellato” se lo dejo a los “reporteros aventureros”, que son legión.
De todas formas otro de los motivos por los que ando un poco “desaparecido” es porque llevo unos 4 años metido en un arriesgado proyecto que saldrá a la luz en dos. Es sobre la violencia en el mundo, algo muy revolucionario. Por lo tanto creo que lo mejor de mí está aún por salir. Estoy aprendiendo y confío en llegar a los 40 con algo interesante que decir, mas allá de la crónica de información pura y dura que, francamente, no me interesa mucho ni producirla ni consumirla. Camino hacia nuevas formas de contar historias porque los periodistas es lo que somos, contadores de historias.

Recientemente has rechazado ofertas de trabajo de grandes cadenas de televisión; dicen que estás loco, que el clima de Estocolmo te está agriando el carácter…
Ja, ja, quizá estoy loco, pues creo que he sido el único reportero que ha pasado por la CNN española, y en plena crisis. Tras un largo viaje como enviado especial cubriendo desastres en África, les dije: “No me ha gustado la experiencia de hacer periodismo para vuestra televisión”. Así han sido varias oportunidades desechadas en medios de mucho poder. Quizá por eso cuando crítico a los grandes medios lo hago desde la experiencia y la autoridad de quien, pudiendo, no les ha hecho el juego.
Respecto a mi fama de crítico, sé que la tengo y lo curioso es que a los lectores les gusta, pero no a los periodistas. Eso dice mucho del daño hecho por la prensa, de lo corporativistas que son, de su prepotencia y del divorcio existente entre ellos y el pueblo. La crítica a este cuarto poder está muy mal vista y aún mas si se hace desde dentro del oficio. Esto sucede también en mi país de residencia, Suecia, pero mucho menos. Aquí el pensar “fuera de la caja” no está tan mal visto. Un dato comparativo: España tiene regulada una relativa libertad de prensa desde 1978, y Suecia desde 1766; es decir, nos llevan literalmente mas de dos siglos de ventaja. Son 200 años discutiendo en democracia, rompiendo muros y abriendo mentes. Si bien obviamente esta democracia no es perfecta, como periodista oficialmente acreditado aquí me siento mucho más libre para pensar, crecer y expresarme que en el País Vasco, por ejemplo. Digamos que en Suecia la caverna mediática y la persecución de las ideas no existe. Luego también está la forma de hacer las cosas. Un reportaje de televisión español –cuando los hay– no contiene un plano de más de 3 segundos, son pura histeria... Para evitar que la gente cambie de canal, tienen un ritmo frenético que casi no permite pensar al espectador. En la SVT sueca o la NRK noruega, además de producir docenas de grandes documentales al año, lo hacen sin caer en sensacionalismos, respetando al sujeto de la historia y al consumidor de ésta. Si una explicación requiere un total (plano continuo) de un minuto, pues se mete. Eso no lo he visto yo ni cuando trabajaba en el elitista Canal Plus.
Periodistas “empotrados”, “infiltrados”… Yo pensaba que uno era periodista y punto.
Todos esos términos y conceptos nacen para darle al consumidor de noticias una ilusión de exclusividad, de acceso único o privilegiado. Se han utilizado sobre todo en televisión y con él se refuerza ese imaginario del reportero aventurero, que es lo que se estila ahora. Tiene mucho de periodismo “gonzo”, que es el periodismo en el que el periodista forma parte de la historia. Lo que pasa es que quien acuñó este término, Hunter S. Thompson, lo reconoció, y los “reporteros aventureros” de hoy en día no lo reconocen.
En Tele 5, Cuatro o Televisa se han dado muchos ejemplos de ello. Yo personalmente tengo muy poco interés en los reportajes en los que el periodista se pone en medio, especialmente por estos actores metidos a periodistas, que se ponen el casco y el chaleco, o se disfrazan de afgano. Son ridículos por vanidosos, y canallas por explotadores; utilizan la miseria de los conflictos para darse a conocer ya que el periodismo de guerra es la forma más fácil y rápida de hacerse un nombre en los medios.
Aunque suene raro, este oficio, para mí, cuando no es honestamente político tiene un punto “exploitation” muy fuerte. Hablar de guerras y decir que uno no hace política es sencillamente una contradicción.
He oído hablar de crónicas “de calle” escritas desde una habitación de hotel y de “directos” sin apenas bajarse del avión. ¿Los cínicos parten con ventaja sobre el resto en esta profesión?
Los periodistas no se sustraen de la cultura postmoderna que vivimos, que no es otra cosa que el individualismo feroz, la ridiculización de las utopías y el entretenimiento por encima de la reflexión. Sí, prima lo inmediato, el estrellato efímero, la representación espectacular de la verdad se vuelve más importante que la propia verdad. La mentira, en definitiva. Todo eso tiene un reflejo en los reporteros y se traduce en que cobra más importancia el personaje periodístico y su forma de hacer entretenimiento que el sujeto informativo mismo. Digan lo que digan, salir en la televisión o en una publicación conocida te convierte automáticamente en buen profesional per se, quedando en segundo plano el contenido y la calidad de tu trabajo.
En esta línea, conozco y admiro a grandes profesionales que no los conoce nadie, y a su vez, conozco a auténticos golfos que los conoce todo el mundo, precisamente por no decir nada interesante. Y si dicen algo es para criticar a los que el sistema espera que critiques (Chávez, Irán, China, Putin, Gadafi, el ELN, los musulmanes, vascos, izquierdistas, etc...).
Has cubierto guerras desde ambos lados de la trinchera. ¿En qué se diferencia un “luchador por la libertad” de un “terrorista”?
El “terrorista” de unos es el libertador de otros, todo depende de a quién se lo preguntes. Un “terrorista” es quien practica actos de terrorismo, ¿y qué es el terrorismo por definición? Dominar a otros por el terror. Por lo tanto, muchas otras formas de violencia, como la machista en España o la de los Zetas en México debería de ser calificada también de “terrorista” y sin embargo no lo son. ¿Por qué? Porque el término es político y lo utilizan los Estados dominadores únicamente contra organizaciones político militares, precisamente para evitar el debate político con sus dominados.
Desde la era Reagan, el uso de la palabra “terrorista” responde al primero de los 11 principios de propaganda propuestos por el nazi, Goebbels. Se trata del principio de la simplificación. Todo lo que se me enfrenta, es “terrorista” y de esa manera te anulo, cualquier cosa que digas o demandes será siempre proscrita y vacía de razón.
En lo cotidiano y para quien lo quiera ver, se producen muchos absurdos que deslegitiman el uso del término. Por ejemplo, Anders Breivik asesinó a 96 personas en Noruega y no es considerado terrorista, como todas las organizaciones de ultraderecha que matan inmigrantes u homosexuales tampoco lo son. Un cantante catalán, como Pablo Hasel, ha sido detenido recientemente por “terrorista”. A la policía no le gustaban sus canciones sobre los presos y la familia real, y hoy se juega la cárcel por ello. ¿Tiene sentido? No, es político y arbitrario, y es muy lamentable que la prensa de algunos países se preste a ello.
En este sentido, dentro de la propia prensa europea hay grandes diferencias. En el Reino Unido o Suecia, países con una enorme tradición periodística y en pos de la libre expresión, no se utiliza mucho el término “terrorista”, ya que es considerado –incluso oficialmente por medios como BBC– como de “inexacto”, poco profesional. Por el contrario, en países como España o Turquía, estados sin ninguna tradición democrática donde se cierran periódicos y aún hoy se encarcela a periodistas vascos y kurdos, el término es utilizado por toda la clase periodística de forma masiva. Es más, a menudo se dan casos de periodistas tildados de terroristas por otros periodistas cuando rehúsan utilizar el término oficialista.
Lo más patético de toda esta retórica es que si aplicamos, por ejemplo, la definición actual que utiliza Estados Unidos, ellos mismos resultarían ser los mayores “terroristas” del mundo. El propio ex secretario de defensa gringo, Robert McNamara lo reconoció en una entrevista antes de su muerte.
¿Por qué oímos hablar de Libia pero apenas de Chechenia o Colombia? ¿Quién decide la importancia de un conflicto?
En Occidente, el Poder dice a la clase periodística qué conflicto se ha de cubrir y cuál no, pagando por lo que quiere y no pagando por lo que no quiere. En un sistema-mundo en el que todo depende del dinero, ésa es su forma de censurar ciertos temas o conflictos. Su criterio no responde casi nunca a una urgencia humanitaria como pretenden vender. Eso es una mentira contrastable. Su criterio responde a la agenda de intereses de Washington y Bruselas. Sí, vale, en este “mundo libre”, del “libre mercado”, tú puedes montar una agencia con otros colegas y viajar a donde quieras con tu cámara. Eres todo lo “libre” que tu cartera te permita y si puedes pagarlo lo haces, pero luego nadie de los medios que pueden asumir esos costes pagará por el reportaje. Ése es el mecanismo censurador del latifundio mediático y eso es lo que lo hace totalmente político, además de mercado.
Por ejemplo, a principios del 2004 yo estaba en Uganda, una dictadura protegida por EE.UU. Había entonces una guerra civil con datos terroríficos, entre ellos 1 millón y medio de refugiados y 30.000 niños secuestrados. Pues bien, cuando en el vecino Sudán, se juntaron 50.000 refugiados, yo veía desde la televisión de un amigo misionero en Kitgum, que todos los medios el mundo, alentados por Washington, ponían el grito en el cielo por lo que pasaba en Darfur, Sudán. De Uganda, aún siendo mucho peor, no hablaba nadie, pues es una dictadura aliada de Washington que colabora militarmente con los intereses Occidentales y por lo visto convenía dejar las cosas como estaban, sin injerencias ni testigos incómodos...
¿Un minuto de vídeo desde Somalia vale lo mismo que uno desde Honduras?
Honduras no vale absolutamente nada en el mercado de las noticias. ¿Por qué? Porque el mercado de las noticias lo llevan unos pocos grupos mediáticos, y “perro no come perro”, es decir, habiendo ahora una dictadura de derechas pitiyanki, amiga del libre mercado y contenedora del ALBA no conviene sacar a la luz que desde el golpe de Estado se han asesinado a 18 periodistas o que la oposición al régimen de la oligarquía esté siendo semanalmente masacrada. Un rico opositor venezolano o un disidente cubano en huelga de hambre cuentan más para los mercaderes de la información, que docenas de catrachos asesinados. Es un hecho verificable si hacemos un recuento y comparación de artículos publicados. No es ideología sino ciencia. También me gustaría decir, que en esta batalla por visibilizar lo que pasa en Honduras he estado prácticamente solo desde el mismo momento del golpe de Estado. Han sido casi 3 años de viajes y gastos, de recibir duras críticas de organizaciones conservadoras y de ver que incluso muchos freelance y medios daban la espalda a esta izquierda sacada por la fuerza del gobierno. En fin, al menos me queda el consuelo de haber mantenido viva la llama que advertía, “señores de la prensa, algo pasa en Honduras”, aunque el coste personal y profesional ha sido grande.
Por el otro lado, Somalia vende como un espacio descontextualizado, es decir, como una historia morbosa de estado fallido tipo Mad Max que, por el riesgo que tiene el visitarlo, vende de vez en cuando en los mercados. Eso sí, nadie te va a decir que EE.UU., junto a su aliado regional, Etiopía, han fomentado la guerra al imposibilitar la continuidad de un sistema relativamente pacífico como fue el de las Cortes Islámicas. Jamás reconocerán esto como sí lo reconocemos los pocos que cubrimos el país de forma independiente en aquella etapa de la guerra. El mercado te va a retratar Somalia como un excitante bastión de bárbaros, donde, como decía un medio español: “La guerra es parte de su cultura”. De nuevo, el periodismo como actor racista y colonial.
Parece que últimamente te has centrado en América (centro y sur). ¿Ya vende eso?
Puede vender mucho. Si vas a Venezuela y haces montajes periodísticos contra Chávez, como han hecho varios reporteros españoles, venderás muy bien. Si vas a Colombia para hablar de las víctimas de crímenes de Estado que se dan, no venderás nada. Es un hecho.
Hablando de Colombia, los salpicones de aquella guerra tan sucia parece que nos caen muy cerca, ¿no?
Hubo un momento en el que la necesidad de arrinconar internacionalmente a las FARC-EP, coincidió con la ofensiva mediática contra Chávez y la clásica criminalización de todo lo vasco que, lógicamente, siempre es bien recibida por España. Digamos que se dio una buena oportunidad para matar tres pájaros de un tiro. Colombia, junto con España, a las ordenes del patrón estadounidense, fabricaron la matriz de opinión para crear un disparate. Disparate que contó con periodistas sin escrúpulos. Gentes de ABC, CNN, El Mundo, Cuatro, TVE, El País, en fin, casi todos. De entre otras muchas cosas jamás probadas, decían que, gracias a Chávez, existen vascos viajando a la selva colombiana a través de Venezuela para darse cursos mutuos de guerra de guerrillas, explosivos y “terrorismo”. Han pasado tres años desde que arrojaron la piedra y, aun teniendo todos los medios económicos, militares y políticos del mundo, no han aportado ni una sola evidencia. Ni una. Todo lo publicado y emitido hasta ahora es pura basura, no es periodismo. A falta de pruebas, en su propaganda criminalizadora del proceso democrático que se vive en Venezuela, hablaban de rumores y de sensaciones como si fueran hechos, algo muy zafio. Amo Colombia y Venezuela, conozco los esfuerzos por la paz de Caracas y he estado con las guerrillas de las FARC-EP y el ELN en esa región, por lo que ver el matoneo de ciertos pseudoreportajes me produjo asco e indignación.
Volviendo a guerras más “comerciales”, ¿cómo ves la reciente salida de las tropas USA de Irak y su debacle en Afganistán?
La salida de un ocupante es siempre una buena noticia. En el caso de Iraq, recuerdo haber llegado a las calles de Mosul (cantera militar del Baaz) minutos antes de que entrase la columna de blindados estadounidenses. Cuando ésta llegó, los jóvenes y adultos abucheaban a los soldados desde las aceras. Estaba claro la que se venía. Hoy, tras 10 años viajando al diezmado país y rememorando aquello, no puedo hacer otra cosa más que alegrarme ante la salida de los norteamericanos. Sin embargo, vislumbro que el Imperio e Israel, buscan un mundo árabe de estados fallidos o, cuanto menos, disfuncionales. País que tocan, país que rompen. Débiles les sirven mejor, o al menos eso piensan. En todos ellos propiciarán –aun más– la llamada “violencia sectaria”, alentando divisiones y realizando infiltraciones y atentados de bandera falsa.
Afganistán es diferente. Mas parte del “gran juego” de Kipling, ese del tránsito de energías y del andar cercando a los verdaderos enemigos del Imperio, que son los mismos de siempre, Rusia y China. Antes o después alcanzarán algún tipo de acuerdo con el movimiento talibán. ¿Y sabes qué? Para los Estados, entablar o no negociaciones con “los terroristas” no tiene nada que ver con la ética, sino con la fuerza. Precisamente por eso hay pueblos que luchan.
Has visto sufrir y morir a mucha gente. ¿Cómo digiere uno todo eso?
Llevar tantos años viendo sufrir a gente en diferentes guerras y crisis tiene un coste psicológico aún por evaluar, sin embargo, la atención la merecen los protagonistas de mis historias, no alguien como yo, que acude a conocerlos voluntariamente. En cualquier caso, mi terapia es no olvidarlos, hacerles justicia con la memoria. Se podría decir que la lucha por los derechos de quienes protagonizan mis historias es mi mejor terapia.
Para terminar, ¿cuál es tu consejo para un periodista que empiece en este mundo? ¿Y para un consumidor habitual de actualidad internacional?
A un periodista que empiece le diría que haga lo que su conciencia le exija, lo que le pidan sus entrañas, que construya su mirada con lo que lleva dentro y no con lo que le impongan de fuera. Sea cual sea, esa será siempre la historia atemporal, esa que siempre será releída por muchos años que pasen.
Al consumidor de noticias le diría que consuma menos prensa y más literatura, cine, política o arte. Hoy en día, el periodismo está peligrosamente sobrevalorado y no ha de ser más representativo de la realidad que cualquier otra forma de expresión. Hay más verdad en un disco de Calle 13 que en todo el grupo PRISA.

Entrevista realizada por Karlos Zurutuza para http://www.vice.com








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