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lunes, 9 de febrero de 2026

ETA Anticristiana

A falta de ases desde la derecha españolista se ha optado por usar el comodín de ETA a cada oportunidad que se presente.

Ya lo hizo Feijóo en contra de Oskar Matute con la DANA de Valencia como marco.

Ahora lo hace Mayor Oreja en su defensa de los "valores cristianos".

Aquí lo que nos informa Naiz al respecto:


Jaime Mayor Oreja dice que «ETA se creó para terminar con las ideas cristianas»

Jaime Mayor Oreja afirmó la pasada semana en Mallorca que «ETA se creó para terminar con las ideas cristianas», a lo que añadió que «cuando nació ETA la represión franquista era muy leve y no se perseguía a los nacionalistas como nos han hecho creer».

Iñaki Iriondo

Durante años se extendió la teoría de que «ETA nació en un seminario», enmarcada bien en el libro amarillo de Álvaro Baeza que lo vendía como «el gran secreto». Pero incluso años antes de este sacacuartos, desde la derecha española siempre se apuntó al clero vasco como concomitante con la organización armada. La personificación más habitual de este tipo acusaciones fue el obispo José María Setién, fallecido ya en 2018.

Y ahora resulta que hay que revisar toda esta teoría porque Jaime Mayor Oreja, al que desde la prensa mallorquina se le ha nombrado «experto en ETA», acaba de hacer público que «ETA se creó para terminar con las ideas cristianas». Esta no la habíamos visto venir.

Jaime Mayor Oreja es en la actualidad presidente de la Fundación Neos, que se define a sí misma como «un movimiento de la sociedad civil que defiende la alternativa cultural basada en los fundamentos del humanismo cristiano como solución para una sociedad que ha perdido el rumbo». Explica que su nombre «surge de las iniciales de los cuatro puntos cardinales» y añade que «nuestro símbolo es una brújula».

Presentación en Mallorca

Y para presentar esta fundación, el Círculo Mallorquín –fundado en 1851– invitó la semana pasada a Palma de Mallorca a Jaime Mayor Oreja, que dijo cosas que nunca se le escucharon mientras fue ministro de Interior. Ante decenas de personas, que según las crónicas locales llenaron la sala donde se celebró el acto, afirmó que ETA no se creó para hacer frente al franquismo. «Era un movimiento político y cultural que se creó para terminar con las ideas cristinas. Cuando nació ETA la represión franquista era muy leve y no se perseguían a los nacionalistas como nos han hecho creer», aseguró.

El presidente de Neos mostró «la convicción que tenemos de que la crisis que sufrimos no es política, económica, ni social. La crisis está en los fundamentos de la sociedad». Cuenta ‘Diario de Mallorca’ que Jaime Mayor Oreja destacó que «cuando el nacionalismo abraza a la sociedad, esta termina siendo de izquierda o de extrema izquierda» y como ejemplo de esta transformación se refirió a Catalunya y Euskal Herria. «El problema de Euskadi es la falta de fe. ETA fue un proyecto político que pretendía terminar con los principios cristianos», llegó a decir.

«ETA no ha desaparecido»

Según la crónica del acto, en el que Jaime Mayor Oreja estuvo acompañado de un exconcejal de Vox, comparó los movimientos políticos independentistas que han nacido en el Euskal Herria y en Catalunya, asegurando que «son lo mismo. Mientras unos sacuden el árbol los otros recogen las nueces».

En opinión de Jaime Mayor Oreja ETA no ha desaparecido. Acepta que han dejado la lucha armada, pero anuncia que los herederos de la organización terrorista en breve se harán con el poder en Nafarroa.

Ante un público que el periodista define como «entregado a sus ideas», habló de la violencia y recordó los actos que a su juicio cambiaron el rumbo de la historia del Estado español: el atentado contra Carrero Blanco y el 11-M. Refiriéndose a este último atentado, aseguró que a partir de él, que llevó al PSOE a recuperar el poder político, «Zapatero se abrazó a ETA y a partir de ese momento la mentira sustituyó al crimen».

Abismo, clima y fe

En la fundación Neos, Mayor Oreja está acompañado de María San Gil, que es su vicepresidenta. Ambos estuvieron recientemente en Bilbo presentado el informe ‘España en el Abismo’, que fue conducido por Rafael Carriegas, responsable de Neos en Bilbo.

Y para dentro de unas semanas se anuncia que se celebrará, también en Bilbo, el acto ‘Cambio climático y fe política: cuando discrepar se convierte en herejía’. En su presentación, la fundación afirma que «a lo largo del encuentro se abordará cómo el debate sobre el cambio climático ha ido adquiriendo rasgos propios de una ortodoxia política y cultural, en la que la discrepancia es frecuentemente descalificada o excluida del espacio público».

Jaime Mayor Oreja fue ministro de Interior hasta 2001, cuando el PP lo devolvió a la CAV para que, en tándem con el PSE de Nicolás Redondo Terreros, lograra asaltar Ajuria Enea. No lo consiguió.

Aguantó en el Parlamento de Gasteiz hasta 2004, cuando fue elegido diputado en el Congreso y a los pocos meses encabezó la candidatura del PP al Parlamento europeo. En la actualidad es presidente de la Red Europea de Ideas, el think tank creado por el grupo popular en el Parlamento Europeo para «encauzar el pensamiento del centro-derecha europeo».

 

 

 

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Las Tumbas Circulares de Garinoain

Tras el trascendental hallazgo de la Mano de Irulegi vino el no menos importante descubrimiento del altar en Larunbe. Después vino el anuncio acerca de la inscripción en la mina de Lantz.

Pues bien, desde Naiz, traemos a ustedes este reportaje acerca de otro tesoro hallado en el subsuelo de Euskal Herria:


La muerte y el círculo, piedras y fuego

Las obras del TAV a su paso por Garinoain han sacado a la luz 17 tumbas circulares vinculadas a una fortificación de la Edad del Hierro, cuya antigüedad se estima en el siglo VI antes de Cristo. Se trata de una época singularmente oscura y violenta en Nafarroa. Los cuerpos escondidos en los círculos de piedra fueron quemados previamente como rito mortuorio.

Aritz Intxusta

El pueblo de Garinoain tiene una peculiar conexión con el poblado de la Edad del Hierro que ellos conocen como Santa Cecilia por una pequeña ermita que construyeron en su parte más alta hace relativamente poco tiempo, pero que se ubica en el interior de dos anillos concéntricos de murallas y taludes construidos hace más de 25 siglos. Un día al año, coincidiendo con la llegada de las cosechas y a la par que el cura bendice los campos de cereal, acuden a esta ermita donde celebran una pequeña misa y luego pasan el resto del día en el foso de la fortificación, sentados en piedras desprendidas o directamente arrancadas de los muros con las que han conformado también mesas rústicas. El Ayuntamiento reparte pan y vino. A media tarde, se marchan para no volver allí hasta el año siguiente.

Pero había algo más en aquel poblado. Ocultos hasta metro y medio bajo la tierra, han aparecido enormes túmulos (panteones prehistóricos) alrededor de esa fortificación en forma de óvalo. El grupo principal queda en la parte oeste, hacia donde se pone el sol. Se trata de 17 estructuras de piedra de forma circular y que están necesariamente vinculadas a esa población.

Algunas de las principales de estas formaciones circulares, incluida la más grande de todas, que tiene un diámetro de 18 metros, están rodeadas por piedras de lajas y estelas. De este modo, los 200 o 300 habitantes que se refugiaban en lo alto de la colina amurallada vivían rodeados de las tumbas de los más destacados (o destacadas) miembros del clan, tribu o lo que sea que fueran.

El caso es que, en Garinoain, algo de conocimiento debía de quedar de esas ruinas ubicadas en su monte común. El yacimiento arqueológico se ha denominado Monteviejo II, pero todavía se recuerda otro nombre más antiguo para ese paraje, el de Kapanazar, de cuando en Orbaibar aún se mantenía viva la lengua propia. Y es bien posible que algunas de estas construcciones les hubieran parecido, por su tamaño, chozas o cabañas pastoriles que hubieran colapsado sobre sí mismas.

El trazado del TAV pasa casi rozando el poblado de Santa Cecilia en su camino hacia Iruñea (la capital navarra queda 24 kilómetros al norte), por lo que Adif costea las excavaciones y prospecciones que la ley dicta para preservar el patrimonio cultural. Esto es, mientras los ingenieros del ferrocarril estudian las características del subsuelo para tender las vías, grupos de arqueólogos prospectan aquellos puntos donde se sospecha que existen restos de presencia humana.

El yacimiento de Garinoain está siendo excavado por Nicolás Zuazua, de la joven empresa Tesela Arqueología. Un equipo compuesto por diecisiete arqueólogos (además de Zuazua) trabaja para extraer toda la información posible, preservar y, posteriormente, poner en valor estos túmulos prehistóricos.

El número de profesionales que se encuentran estos días sobre el terreno da muestra de la importancia del hallazgo. «Llevamos dos años trabajando en este tramo del TAV. Aquí, en Garinoain, estamos trabajando desde julio, cuando asomó el primer túmulo. Espero terminar la zona norte del yacimiento en las próximas semanas, pero los conjuntos que quedan al sur y que son más grandes nos van a costar».

El tren pasa tan cerca que no van a salvarse todas estas singulares estructuras que apuntan a ser del siglo VI antes de Cristo. El plan es mover algunos de los túmulos de la zona norte a otro punto cercano, aunque no los más grandes del sur (los túmulos 5, 6, 7, 8, 9, 10), pues esos quedan fuera del trazado.

Una cultura desaparecida

En la época en la que se construyó ese conjunto tumulario, los habitantes de Euskal Herria no escribían; todavía tardarían otro medio milenio en hacerlo. Estos son los años en los que fenicios y los pioneros griegos asentaban sus colonias en la costa mediterránea y daban las primeras referencias de los habitantes de la península. Pero no se conoce ninguna inscripción en la que hablen de tan tierra adentro.

Por los restos arqueológicos que nos han quedado, se intuye que la de aquella época era una sociedad marcada por la violencia. Siglos antes, en los tiempos del Bronce, los pobladores de la zona habitaban casas construidas con maderos, pajas y manteados de adobe. Demasiado frágiles y saqueables. Ahora que se ha impuesto el hierro como el metal para forjar armas, los clanes han subido a montes y riscos y han invertido enormes esfuerzos y recursos en fortificarlos.

Santa Cecilia debió de despoblarse unos dos siglos antes de la llegada de los romanos y, por tanto, de que estos denominaran vascones a los habitantes de la zona. Es lo que se intuye -explica Zuazua- de los precarios estudios que se han hecho a partir de los materiales hallados en la superficie interior de las murallas, y que seguirán sin tocarse en esta campaña.

Estamos, por tanto, ante un poblado que se corresponde con una cultura prácticamente ignota. La conocemos únicamente por la forma en que construían. Las murallas nos hablan del miedo que se tenían entre ellos. Y las casas interiores, por su similitud las unas con las otras en formas y tamaños, nos hacen pensar que constituían una cultura bastante igualitaria.

Por eso, entre otras cosas, el hallazgo de los túmulos de Garinoain es maravilloso, pues además de su espectacularidad, tiene el potencial de describirnos a sus líderes o a las personas que más prestigio alcanzaban, porque las diferencias que no se apreciaban entre ellos en vida sí emergen tras el fallecimiento. Unos merecieron un tratamiento más imponente que otros. ¿Por qué?

Los túmulos circulares, como es obvio, también ofrecen pinceladas sobre sus creencias sobre la muerte. Estamos en un momento en que no se entierra, sino que se quema. Cuando los habitantes de Santa Cecilia morían, sus vecinos y parientes construían piras con maderos y les prendían fuego hasta que las llamas se comían la carne. Pero su rito mortuorio no terminaba ahí.

Cuando la hoguera se apagaba, volvían a acercarse y cogían parte de los huesos ya mondos (no está claro aún cuáles serían las partes predilectas). Algunos los rompían para hacerlos caber en unos pequeños receptáculos de adobe que estaban en el punto central de esos túmulos circulares de piedra menuda. Probablemente, usarían algún recipiente de madera u otro vegetal para transportarlos de una parte a otra, pero el paso de 2.500 años a la intemperie, y luego bajo campos de labranza, ha hecho que desaparezcan por completo.

Los diecisiete enterramientos

No se trata de casetas derruidas, pues nunca tuvieron un techo y paredes. Simplemente, son acumulaciones de piedras con esa forma redonda, montones de areniscas con diámetros que van desde los siete hasta los dieciocho metros, varios de ellos perimetrados después con lajas que marcan la entrada a un espacio que, para esas gentes, era distinto al resto.

No es seguro tampoco -advierte el director de la excavación- que en su día se vieran como concentraciones de piedra desnuda; pudieron cubrirlas después con otros elementos. El equipo de Tesela Arqueología informa a 7K que van a llevarse a cabo estudios de polen y semillas que quizá aporten algo de luz aquí y también aclaren si realmente se daba una reutilización de estos nichos centrales. Porque, aunque no parecen tener entradas nítidas, sí hay sospechas de que la estructura no era para una sola persona, o no siempre. En el centro del círculo aparecen, en ocasiones, los restos de un individuo. En otras, aparentan ser varias personas.

Ahora los fragmentos de huesecillos, algunos parcialmente carbonizados, los están sacando e introduciendo en bolsas para su análisis. «Nos ha salido un hueso con cabeza, pero no sabemos siquiera si se trata de una tibia o un fémur. El estado de conservación tras un proceso de cremación y tanto tiempo es muy precario», explica Zuazua.

Aún así, no pierden la esperanza de que las pruebas de ADN puedan aportar algo más de información sobre los restos humanos. Lo más llamativo sería determinar el sexo para ver si el lugar de honor era algo reservado para los hombres, para las mujeres o si aparecen de los dos tipos. Si hallan restos lo suficientemente bien conservados, quizá se pueda determinar también si había alguna conexión familiar entre unos y otros.

En el centro de los túmulos no solo han aparecido huesos, también pequeños ajuares compuestos por fíbulas (broches), brazaletes que debieron de adornar el bíceps del fallecido y hasta un fragmento de una torques (collar rígido formado por una única barra metálica doblada). Todos en bronce. No son demasiado elaborados, no era un poblado rico. Los túmulos de Garinoain no describen la vida de la realeza, sino la del pueblo llano.

«Antes se deducía en función de estos ajuares si el cuerpo era de mujer o de un hombre si aparecían armas, pero se ha comprobado después que se cometían muchísimos errores. La premisa de que solo los hombres usaban armas es falsa. Ahora mismo no nos inclinamos ni por una cosa ni por otra», indica Zuazua.

La mística del círculo

A la a espera de pruebas estratográficas más precisas, ha sido la tipología de las fíbulas aparecidas en el yacimiento lo que apunta la cronología concreta. Los túmulos los conectaban con su mundo místico, su religiosidad. Una de las estelas del gran túmulo, añade una pista más, pues aparecen varios símbolos. El más repetido lo componen unos círculos concéntricos -otra vez el círculo como elemento central-, que es común a otros yacimientos similares y que tradicionalmente se ha relacionado con el Sol. El otro resulta más intrigante, pues a falta aún de una mayor documentación y estudio, no han dado aún referencias de que haya aparecido en ninguna otra parte. «No sabemos qué son, tienen forma de pétalos de flor», dice el arqueólogo.

No son los únicos túmulos que han aparecido en Nafarroa correspondientes a esta etapa. Sí los mejor conservados y más grandes, lo que permitirá estudiarlos como nunca antes. «Esta necrópolis tiene sus paralelos en la Atalaya, en Kortes o Castejón. Fuera de este herrialde, podemos encontrarlas en el Valle del Huecha en Aragón… Las más similares, quizás, sean las que se han encontrado en el Corral de Mola y Arroyo Vizcarra, ambas en la comarca de Cinco Villas», asegura Marina Rodríguez. En concreto, los túmulos de Arroyo Vizcarra quedaron anegados por el pantano de Esa y solo afloran en tiempo de sequía.

«Nos han salido fíbulas que por su tipología y características son de este periodo y también unas pinzas de depilar que se corresponden con esta época», comenta la directora de campo del yacimiento. En todo lo que se ha excavado a lo largo del Valle del Ebro, en necrópolis que recuerdan a esta, aparecen los similares materiales y huesos. Esta uniformidad permite calibrar la extensión que tuvo en su momento esta cultura.

Hay que tener en cuenta que poblados de la Edad del Hierro similares a la de Santa Cecilia son muy comunes en la Zona Media de Nafarroa y Erribera. La Dirección General de Patrimonio tiene documentados más de cien. Los trabajos en el monte de Garinoain permitirán entender mejor todos ellos.

Una de las cosas que llaman la atención de estas tumbas es que se despliegan en horizontal, no en vertical. Recuerdan mucho a los crómlech, pero la distancia temporal es abismal, pues los característicos círculos neolíticos de piedra que coronan las crestas de las sierras vascas son estructuras que se construyeron entre el 3500 y el 1500 antes de Cristo. Esto es, el último crómlech es mil años más viejo que los túmulos de Garinoain.

Por otro lado, no son los 17 túmulos lo único que ha aparecido en el entorno del enclave. Junto a ellos han asomado también distintos hoyos, agujeros en forma de tinaja correspondientes a la Edad del Bronce, horadados por los pueblos seminómadas que habitaron Nafarroa entre el cuarto y el segundo milenio antes de Cristo. Concretamente, hay 80 de estos hoyos en los alrededores y el plan es excavar uno de cada cinco, ya que finalmente el trazado del TAV no los arrasará.

Asimismo, en el lado sur han surgido los restos de lo que aparenta ser un pequeño asentamiento granjero tardoantiguo, de la época del Bajo Imperio, que incluye un pozo.

Aunque tras el proceso de excavación se aprecian bien los túmulos cuando uno se acerca, lucen aún más a vista de dron. O, como antes no había estos aparatos, destacan sobre todo cuando se los mira desde lo alto del recinto amurallado que remata hoy la ermita. Quizá estuvieran pensados así para dialogar con el cielo, pero quienes habitaron la fortificación tenían a sus muertos y sus líderes muy presentes. Era lo primero que veían.

Es aquí cuando hay que volver al extraño vínculo entre el pueblo de Garinoain y las ruinas perdidas en ese monte con paisaje en mosaico de fincas de secano y llecos de coscojas y robles quejigos (a unos cientos de metros se encuentra uno de los 47 árboles monumentales de Nafarroa, un quejigo de 16 metros de altura). Los garinoaindarras acuden a la fortificación y luego la olvidan un año entero hasta que les toca volver. Hoy, por supuesto, esta es una costumbre cristiana y quizá sea solo eso. Pero, ¿y si no fuera así? ¿Por qué vuelven cada año? ¿Les atraen las ruinas o recuerdan a los habitantes perdidos? Porque creer que inconscientemente peregrinan a las grandes tumbas de viejos líderes ancestrales es una completa locura, ¿verdad?

 

 

 

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viernes, 30 de enero de 2026

La Vasconia Romanizada

El descubrimiento de la Mano de Irulegi ha tomado una nueva dimensión con la exposición que se ha montado en Iruñea para mostrar la transición que se vivió en el espacio geográfico en el que habitaban los vascones al momento de la llegada de los romanos.

Derivado de lo anterior les compartimos este reportaje publicado en Noticias de Navarra:


'De Irulegi a Pompelo': ¿cómo vivían los vascones antes de la romanización?

Los orígenes de la ciudad de Pamplona se redescubren en una "ambiciosa" exposición en Civivox Pompelo en la que se recrea a escala real la casa donde se halló la Mano de Irulegi

Paula Etxeberria Cayuela 

¿Cómo vivían los poblados vascones en nuestro territorio antes de la romanización y durante aquel proceso que supuso la universalización y la globalización? ¿Qué elementos configuraban su identidad?

Es lo que invita a descubrir la "ambiciosa" exposición presentada este jueves 29 de enero en el recién estrenado Civivox Pompelo, De Irulegi a Pompelo. Los orígenes de la ciudad; una muestra en la que se exhiben por primera vez piezas de la Edad del Hierro halladas en el yacimiento de Irulegi y en la que se recrea a escala real la casa donde se halló la famosa Mano.

Enmarcada en la celebración del 2.100 aniversario de la fundación romana de Pamplona por parte de Cneo Pompeyo Magno, la exposición traslada al público al siglo I antes de nuestra era, y le invita a un recorrido por las tradiciones y costumbres del poblado vascón que la habitaba y por la influencia romana que llega.

Visitable hasta el 27 de septiembre

El alcalde de Pamplona, Joseba Asiron Sáez, la concejala delegada de Cultura, Fiestas y Deporte, Maider Beloki Unzu, el catedrático de Filología Clásica de la Universidad de Barcelona, Javier Velaza Frías, y el arqueólogo y director de la excavación de Irulegi, Mattin Aiestaran de la Sotilla, han presentado este mediodía la muestra, que se inaugurará oficialmente este viernes 30 de enero a las 18 horas y se abrirá al público el sábado.

Comisariada por la Sociedad Ciencias Aranzadi en colaboración con investigadores de diferentes centros universitarios, se podrá visitar, hasta el 27 de septiembre, de lunes a sábado, de 11.30 a 13.30 horas y de 18 a 20.30 horas. Los domingos y festivos permanecerá cerrada.

Tras la presentación, se ha realizado un recorrido por la exposición para descubrir algunas de las piezas más destacadas que se muestran, como la reconstrucción a escala real en el centro de la exposición la casa en la que se localizó la Mano de Irulegi. En esa visita han participado, además, el catedrático de Lingüística Indoeuropea de la Universidad de País Vasco, Joaquín Gorrochategui Churruca, la arqueóloga de la Université de Pau et des Pays de l’Adour Oihane Mendizabal Sandonís, y el alcalde del Valle de Aranguren, Manolo Romero Pardo, quien ha pedido a las instituciones y en concreto al Ayuntamiento de Pamplona "apoyo económico cuanto antes para poder poner en valor el Palacio de Góngora" y posibilitar que "en dos o tres años acoja de forma permanente las piezas que ahora se muestran en esta exposición".

Los orígenes de Pamplona

Con la fundación romana de la ciudad, Pamplona, como núcleo urbano, entra en los anales de la historiografía clásica. No obstante, las raíces de la vieja Iruña son mucho más profundas y beben directamente del acervo y la tradición del pueblo vascón y su cultura.

Esta exposición pretende retratar un momento decisivo en la historia de Pamplona, el de la incorporación del pueblo vascón a la República romana en el siglo I antes de nuestra era. Hasta ese momento, el territorio estaba organizado en poblados fortificados, como el de Irulegi, que funcionaba como un centro dinámico de agricultura, ganadería y metalurgia. 

 La muestra se enmarca dentro del contexto histórico del conflicto de la Guerra de Sertorio (82-72 antes de nuestra era), una guerra civil entre el pueblo romano que afectó al territorio vascón. Consecuencia de ello, el poblado de Irulegi sufrió una destrucción violenta y desapareció, tal y como demuestran las evidencias arqueológicas excavadas durante años, tras sufrir un incendio.

"Nos quedaba como deuda pendiente reconocer los orígenes previos de nuestra ciudad antes de la llegada de los romanos, poner en valor que era un mundo vivo, con un sustrato cultural propio, y eso se reivindica en esta exposición", ha dicho Asiron.

En este sentido, Maider Beloki ha añadido que "la historia de Pamplona no comienza con Roma, sino que se enriquece con ella". 

Un mundo abierto e interconectado

En el recorrido generado a través de los siete espacios en los que se estructura la exposición De Irulegi a Pompelo. Los orígenes de la ciudad, se refleja que esa Pamplona previa a la fundación romana era ya "un mundo en contacto con grandes civilizaciones del Mediterráneo, un mundo abierto e interconectado", ha comentado el arqueólogo y director de la excavación de Irulegi, Mattin Aiestaran de la Sotilla.

"Tenemos que dejar de pensar que eran territorios estancos, aislados, donde no había comercio. El Mediterráneo era ya desde final de la Edad del Bronce una auténtica autopista por la que circulaban el comercio, las ideas, el pensamiento, la escritura, la literatura...", ha puntualizado Javier Velaza Frías.

Así, los elementos, objetos y recreaciones que se muestran nos hablan "de contactos, de mestizaje, de mezcla".

"Había una identidad compartida. Los romanos tenían una cultura política muy potente y allí donde llegaban imponían determinadas cosas, pero no otras; imponían una Administración, una forma de Estado, pero no una religión ni una lengua", ha subrayado Javier Velaza.

La vida en guerra

Irulegi es en esta exposición paradigma del momento que se aborda. "No tenemos claro que lo que se ha hallado ahí se encuentre en otro poblado similar. Ahora mismo hay 58 poblados identificados desde la Edad del Hierro, pero ninguno ha sido investigado como lo ha sido Irulegi, así que carecemos de punto de comparación en toda la Cuenca de Pamplona. Habrá que esperar unos cuantos años para ver si se excavan otros poblados, y si se conservan tan bien, y se puede establecer una comparación a nivel de urbanismo", ha explicado Mattin Aiestaran.

La recreación de la casa en donde apareció la Mano de Irulegi

    Una réplica fiel: La reconstrucción de la casa donde se halló la Mano de Irulegi (una de las tres viviendas que se han excavado hasta ahora en el poblado), con su porche, establo y estancia de hogar, es la parte más atractiva y llamativa de la exposición, y se ha realizado de la manera más fiel posible. A través de escaneos 3D se ha podido hacer una reconstrucción completa y con un gran nivel de detalle. Se han utilizado piedras de la Cuenca de Pamplona; la techumbre, que es de gran importancia, la han creado "los últimos teitadores de El Bierzo (artesanos tradicionales de las zonas montañosas especializados en construir y reparar cubiertas vegetales, conocidas como 'teitos' o 'teitas', utilizando paja de centeno), y alfareros/as y etnógrafos/as han participado con sus conocimientos y su talento para realizar recreaciones cerámicas.

Se ha localizado en las excavaciones abundante material bélico que pone de manifiesto que quienes habitaban Irulegi vivían en guerra. La exposición muestra piezas como un puñal y su vaina, unos proyectiles de honda y abundantes puntas de flecha, etcétera. Armas individuales que pudieron pertenecer tanto a soldados romanos como a guerreros vascones, que servían en esa guerra civil como tropas auxiliares.

Además, se pueden ver piezas de la vida cotidiana de este poblado, que acercan a la realidad de una comunidad que atesora conocimientos específicos en la ganadería, la metalurgia, la alfarería y también la escritura. Se exponen, por ejemplo, una jarra de bronce, piezas de adorno o cerámicas de la Edad del Hierro.

Todos estos materiales hablan de una hibridación entre dos culturas, una mezcla de la cultura indígena de quienes habitaban en el poblado vascón y la nueva cultura romana que llega al territorio.

Moneda y escritura propias

En la exposición también se hace hincapié en la importancia de la moneda y la escritura que transformaron el territorio vascón durante su integración en el mundo romano entre los siglos III y I antes de nuestra era. Las ciudades, como sekia o iaka, llegaron a emitir sus propias monedas de plata y bronce, utilizando símbolos como el jinete y leyendas en su propia lengua. Algunas de estas monedas se exponen en la muestra.

La escritura supuso una revolución tecnológica que permitió al poblado vascón desarrollar un signario propio conocido como ‘vascónico’, que utilizaba signos únicos para representar su lengua. El hallazgo más excepcional es la Mano de Irulegi. La exposición presenta las últimas investigaciones sobre esta pieza que se puede contemplar en el Museo de Navarra.

Un proyecto en equipo

    Comisariado: La exposición ha sido comisariada por la Sociedad Ciencias Aranzadi en colaboración con investigadores de diferentes centros universitarios, como la Universidad Pública de Navarra, la Universidad del País Vasco, la Universidad de Burgos, la Universitat de Barcelona, la Université de Pau et des Pays del Adour o la Université de Bordeaux.

    Piezas expuestas: El departamento de Cultura del Gobierno de Navarra ha colaborado cediendo piezas arqueológicas recuperadas en el yacimiento de Irulegi, además del Ara de Larrahe recuperada en Larunbe. Además, se exponen otras piezas cedidas específicamente para la muestra, provenientes de otros museos y entidades como el Museo San Telmo, el Museo de Historia de Cataluña, el Museo Bibat de Vitoria-Gasteiz, el Centro de Colecciones Patrimoniales de Gipuzkoa - Gordailua, los ayuntamientos de Atharratze y Hazparne.

Aras y estelas romanas

El general Pompeyo fundó la ciudad de Pompelo, acelerando el nuevo modelo urbano que actuó como el principal motor de globalización, que transformó la economía, la religión y el lenguaje, integrando a las élites locales en la administración romana a través de la concesión del derecho latino y la ciudadanía.

Mientras que el latín se impuso como lengua oficial, provocando la desaparición de la mayoría de lenguas indígenas, el vascónico-aquitano logró perdurar. 

En el ámbito espiritual, los nuevos cultos convivieron pacíficamente con las creencias ancestrales. En la muestra se exponen también aras y estelas romanas que hablan de ese proceso de hibridación de culturas.

Las piezas han sido cedidas por otros museos y entidades. La estela de Andrearriaga procede del Museo San Telmo, el Ara de Helasse, del Museo Bibat (Vitoria-Gasteiz); el Ara de Herauscorritsehe, del Ayuntamiento de Atharratze; la estela de Hazparne de localidad vascofrancesa y los miliarios de Mugarriluze de Auritzberri-Espinal. 

 

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Video |  Exposición ‘De Irulegi a Pompelo. Los orígenes de una ciudad’

 

 

 

 

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jueves, 15 de enero de 2026

Acervo Argentino de la Diáspora Vasca

Somos un blog editado y publicado desde la diáspora vasca y para la diáspora vasca, por lo tanto, nos es muy grato compartir con ustedes esto que se ha publicado en el portal de Crónicas de la Emigración:


El Archivo de la Diáspora Vasca recibe las donaciones de la Editorial Ekin y del archivo personal del padre Iñaki de Azpiazu

El Archivo de la Diáspora Vasca recibió, gracias a la colaboración de Lehendakaritza y el Departamento de Cultura, un envío proveniente desde Argentina, en la sede de Bilbao del Archivo Histórico de Euskadi. Se trata de 86 cajas con material donado por la Editorial Ekin y documentos que formaban el archivo personal del padre Iñaki de Azpiazu.

Los 455 kilos de material recibidos pasarán a formar parte del Archivo de la Diáspora Vasca, donde serán catalogados y digitalizados, para ser puestos a disposición de todas aquellas personas que, por cuestiones de interés académico o personal, deseen conocer e investigar sobre la actuación de la diáspora vasca en el mundo.

“Es importante que como pueblo migrante tomemos verdadera dimensión de la importancia que estos fondos tienen para entender la aportación fundamental a nuestra historia que ha tenido la diáspora vasca. Estos documentos aportan información central para entender el pasado reciente de nuestro pueblo y de nuestro gobierno, desde una visión más holística e internacional del pueblo vasco, en su paso por el siglo XX”, explicó la directora para la Comunidad Vasca, Ziortza Olano.

Los testimonios del exilio

En el caso de la editorial Ekin, se trata del segundo envío recibido en el Archivo de la Diáspora Vasca. Los documentos de la editorial Ekin incluyen fondos archivísticos de su fundador y director Andrés de Irujo Ollo, del Instituto Americano de Estudios Vascos, de Peio Mari Irujo Ollo-Tierra Vasca, entre otros.

“Esta documentación abarca algo más de ochenta años de la historia de personas que se preocupaban por su país, su identidad y su cultura. Es testigo del trabajo infatigable realizado por la comunidad vasca del exterior para hacer conocer aspectos de su lengua, cultura y acontecimientos de la vida de su pueblo. 

Documentos que evidencian la existencia de una verdadera red humana de intenciones que, desde muchas partes del mundo y continentes, de manera individual o a través de instituciones culturales, se comunicaban y concretaban una importante producción cultural. Sería difícil entender la evolución de la cultura vasca en el siglo XX sin tener esto en cuenta”, detalló una emocionada María Elena Etcheverry, responsable actual de la Editorial Ekin y viuda de Andrés de Irujo Ollo.

Fundada en 1942 por los exiliados Isaac López de Mendizabal y Andrés de Irujo Ollo, la editorial Ekin se convirtió en un verdadero faro cultural en momentos de oscuridad, al permitir la publicación de obras y autores en euskera y más de cien obras que reflejan una gran variedad de temas, desde historia y literatura hasta folclore o ensayo político. Entre su catálogo se puede encontrar la Biblioteca de Cultura Vasca, conocida como Colección Ekin, cuyo primer número fue ‘El genio de Navarra’, de Arturo Campión, y la colección del Boletín del Instituto Americano de Estudios Vascos.

Un pastor de almas y cuerpos

Los fondos recibidos también incluyen el archivo personal del padre Iñaki de Azpiazu, donado por el Secretariado Cristiano de Ayuda a las Cárceles, la institución fundada por el sacerdote vasco cuyo fin es ayudar a la reinserción social de personas liberadas. La institución todavía hoy acompaña a personas encarceladas y sus familias en el momento crítico de su liberación para lograr su efectiva reintegración en la sociedad y evitar así reincidencia.

Nacido en 1910, en Azpeitia, el padre Iñaki de Azpiazu tuvo una vida signada por el compromiso en la lucha contra las injusticias y una verdadera vocación de llevar la doctrina social de la iglesia a los hechos. Sus primeros pasos fueron colaborando con Solidaridad de Trabajadores Vascos, en 1934, lo que le obligó a exiliarse en cuanto el bando nacional tomó control del territorio vasco. Durante la segunda guerra, colaboró con el Comité Católico de Ayuda a los Refugiados, asistió espiritualmente a los milicianos concentrados en los ‘camps d’accueil’, a los niños exiliados; ayudó a salvar la vida de muchas víctimas de la Gestapo; y fue capellán del Batallón Gernika, que peleó en la liberación de Burdeos. Por su actuación, el Gobierno francés le otorgó La Gran Cruz de Guerra.

El exilio le llevó a las costas argentinas en 1947, donde viviría hasta el fin de sus días, en 1988, y se convirtió en el guía espiritual de la diáspora vasca. Creó la misa mensual de los vascos, visitó casi todas las euskal etxeak del país (la concentración de euskal etxeak más numerosa del mundo) y mantuvo una intensa actividad con las instituciones de la colectividad vasca de Buenos Aires. La comunidad vasco-argentina aún hoy le recuerda con mucho cariño como ‘Aita Iñaki’.

Allí también desarrolló su vocación de periodista, donde destacan sus actuaciones como corresponsal del diario porteño ‘El Correo de la Tarde’, en Israel, durante el juicio a Adolf Eichmann y en el Concilio Vaticano II. También colaboró con muchas publicaciones periódicas de la propia colectividad vasca.

Sin duda, fue fundamental su papel en ayudar en la reinserción de liberados. A su designación como capellán de una de las cárceles de Buenos Aires, le siguió su papel de capellán de Institutos Penales de la Nación, desde donde organizó la asistencia espiritual en todo el país. Esta experiencia fue el origen de la fundación de la Casa del Liberado y del posterior Secretariado de Ayuda Cristiana a las Cárceles.

 

 

 

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jueves, 1 de enero de 2026

Cuadra | The Exterminator

Desde el portal de Periodismo Alternativo traemos a ustedes el artículo de opinión que Sabino Cuadra le dedica al muy españolista exterminador Javier de Andrés.

Aquí lo tienen:


Javier de Andrés (PP): The Exterminator

Cuando De Andrés habla de exterminar, sabe a qué se refiere. Los orígenes de su partido se remontan a la creación en 1976 de Alianza Popular (AP), de la que el PP fue su heredero

Sabino Cuadra

Javier de Andrés, presidente del PP de la CAV, lo afirmó sin siquiera despeinarse. Fue en el pleno del Parlamento de Gasteiz del 18 de diciembre pasado al referirse a EH Bildu: “Más pronto o más temprano será exterminada de Euskadi como fuerza política”. A estos efectos, el diccionario de la RAE define el verbo exterminar como “matar o eliminar por completo de un lugar un conjunto de seres vivos”. Sus sinónimos son: “aniquilación, destrucción, genocidio, masacre, matanza”.

Más tarde, De Andrés rectificó lo dicho afirmando que “quizá la palabra exterminio no fue la más acertada”, pero la corrección fue tan solo cuantitativa, no cualitativa. No hubo disculpa ni retractación alguna. Por su parte, el Parlamento (PNV, PSE-EE) rechazó amonestar o sancionar al dirigente del PP. Todo quedó en un llamamiento a la responsabilidad de los grupos a la hora de hacer sus intervenciones. Adivina, adivinanza: ¿qué hubiera pasado si una frase similar la hubiera dicho EH Bildu?

A De Andrés no se le escapó lo que dijo sin haberlo pensado antes. Él es licenciado en Ciencias de la Información y ha tenido responsabilidades importantes en esta materia en la Diputación de Araba y en su propio partido. Es decir, sabe perfectamente medir sus palabras cuando habla. Es su oficio. Por otro lado, caso improbable de que hubiera sido un desliz, esto no sería sino señal de que su materia gris está infectada de virus nazis.

Cuando De Andrés habla de exterminar, sabe a qué se refiere. Los orígenes de su partido se remontan a la creación en 1976 de Alianza Popular (AP), de la que el PP fue su heredero. La fundaron los denominados “siete magníficos”, presididos por Manuel Fraga Iribarne, de los que seis habían sido exministros franquistas y espadas destacadas de aquella criminal dictadura. A esta sí que sentaban como un guante los sinónimos comentados: aniquilación, destrucción, exterminación, masacre, matanza. Pero no, no fue un lapsus linguae.

Esto de exterminar, de todas formas, viene de lejos. Así, en la propia Biblia (Éxodo 12:23), al relatar la última de las plagas que Yahvé envió contra el faraón, se menciona al ángel exterminador que éste envió para dar muerte a espada a todos los primogénitos de las familias egipcias. Algo parecido al actual Netanyahu, enviado también por Yahvé para acabar, no solo con los primogénitos, sino con todo el pueblo palestino.

Unos pocos miles de años después, en julio de 1936, otro enviado celestial (“Francisco Franco, caudillo de España por la gracia de dios”, se leía en las monedas en curso), fue entrevistado por el periodista Jay Allen. Éste le preguntó cuánto duraría aún aquella matanza, a lo que el invicto contestó: “Salvaré a España a cualquier precio”. El periodista insistió: “¿Significa eso que tendrá que matar a media España?”, y Franco, sonriente, afirmó: “Le repito, a cualquier precio”. Su colega en aquella sarracina, Emilio Mola, tenía la misma opinión: “Habrá que eliminar sin escrúpulos ni vacilación a todos los que no piensen como nosotros”.

Esa ideología criminal atravesó la transición de los 70 y ha llegado hasta nuestros días con todas sus desvergüenzas. Hace cinco años, el general retirado del Ejército del Aire, Francisco Beca Casanova, envió un watshapp a un amplio grupo de ex colegas de su XIX promoción, en el que afirmaba: “No queda más remedio que empezar a fusilar a 26 millones de rojos, niños incluidos”. Nadie del grupo le recriminó nada, sino todo lo contrario. Alguien apostilló: “¡Que Franco fusiló a mucha gente en la guerra y los años siguientes!. Mi respuesta es que fueron muy pocos viendo la catadura de estos hijos de puta”. Remitido el chat al Tribunal Supremo por ser considerado como un posible delito de odio, éste se archivó por entenderse que aquello eran simples opiniones dadas “en la confianza de estar entre amigos… sin que exista voluntad alguna de publicitarlas fuera de ese ámbito privado”.

En lo concreto, si bien es imprevisible saber cómo será el futuro inmediato, lo cierto es que el avance político, social e institucional de una ideología racista, gran española, recortadora de libertades y derechos sociales, machista, autoritaria y belicista es indudable. Ante ello, de poco vale la estrategia de afirmar “que viene el lobo”, pues a la vista está (Extremadura…) que de poco está sirviendo. No solo eso, sino que, si la respuesta se queda ahí, sin intentar generar dinámicas sociales, esta solo servirá para atemorizar a la población, favorecer su pasividad y extender el sálvese quien pueda, sin que importe para ello dar codazos a la de al lado o deslizarse hacia la derecha a fin de conseguir una vacuna que nos inmunice ante los virus fascistas que llaman a nuestra puerta.

Es preciso apostar por levantar muros sociales de contención y espacios de respuesta frente a lo que viene y ya tenemos aquí. Los aires reaccionarios que soplan en el marco internacional, europeo y estatal afectan también a Euskal Herria. El termómetro debe medir no solo lo que dicen las encuestas electorales, sino tomar en primer término la temperatura de los problemas vividos en los distintos ámbitos sociales: precariedad, vivienda, euskera, libertades, machismo, violencia…

Euskal Herria sabe mucho de esto. Las pasadas luchas contra la central nuclear de Lemoiz, nuestro rechazo mayoritario a la OTAN, el ser capital mundial de la insumisión frente al ejército y el militarismo, la permanente pelea por la oficialidad y normalización del euskera, o las recientes y masivas movilizaciones feministas, en solidaridad con Palestina y el movimiento de las personas jubiladas marcan el camino. Se trata de que, una vez más, los bueyes tiren del carro, y no al revés. Es preciso levantar muros sociales lo más amplios posibles que huyan de la propia autoafirmación, pero también de la vaciedad de las grandes declaraciones que flotan en el aire sin bajar a la calle. Claro está, esto es muy fácil decirlo y no tanto hacerlo. Pero esa es la apuesta.

 

 

 

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domingo, 9 de noviembre de 2025

Logroño y las Brujas de Zugarramurdi

Una de las estrategias utilizadas a lo largo de la historia por parte de las potencias invasoras sobre los pueblos dominados es la de reventar el tejido social que le da cohesión y estructura a esos pueblos.

Por lo general, las personas encargadas de resguardar los saberes que constituyen la identidad de los pueblos son, precisamente las mujeres.

Es por eso que en los convulsos años del siglo XVII, con el inicio de las conformación de los estados europeos, se desatara una descarnada campaña en contra de las mujeres y que dicha campaña se cimentara en preceptos religiosos oscurantistas.

Los españoles no se quedaron atrás en cuanto a la instrumentalización de dicha estrategia en contra del pueblo vasco.

Entendido lo anterior, les compartimos esto que se ha publicado en Naiz y que, entendemos, no va a gustar a los inquisidores actuales:


Logroño homenajea a las vecinas de Zugarramurdi condenadas por la Inquisición en 1610

La ciudad de Logroño ha recordado a los vecinos de Zugarramurdi que fueron condenados por la Inquisición en el auto de fe de 1610. Doce personas fueron quemadas en la hoguera, acusadas de brujería.

Pilar Mazo | Efe

Ciudadanos de Logroño se han congregado este domingo en el Bosque de la Memoria, donde se ha tributado un simbólico y emotivo homenaje a las víctimas del proceso inquisitorial acontecido en esta ciudad en el auto de fe de 1610, que se saldó con la condena a arder en la hoguera de doce vecinos de Zugarramurdi.

La Asociación Histórico Cultural Guardias de Santiago, de Logroño, ha protagonizado este homenaje, con el que ha concluido la décima edición de las jornadas Las Brujas de Zugarramurdi, cuya documentación prepara esta organización cultural para poder ser declaradas Fiesta de Interés Turístico Regional.

En cada uno de los doce olmos de este bosque, situado en el Parque del Ebro, se ha colocado un personaje, en representación de cada una de las personas que fueron condenadas y quemadas en las hogueras de en este Auto de Fe, a las que se les ha nombrado y se les ha tributado un pequeño homenaje, con unos faroles depositados junto al monolito del Bosque de la Memoria.

53 juzgados

Aquel auto fue un juicio de la Inquisición, celebrado los días 7 y 8 de noviembre de 1610, en el que 53 personas fueron juzgadas y once fueron condenadas a morir en la hoguera, acusadas de brujería, en su mayoría, procedentes de la zona navarra de Zugarramurdi y Urdazubi.

Al acto también han asistido una docena de personas llegadas de Zugarramurdi, junto a su alcaldesa, Argitxu Aguerre Olaizola, y el alcalde de Logroño, Conrado Escobar.

Según ha explicado a Efe el presidente de Guardias de Santiago, Chechu Ciarreta, este acto es «el más emotivo» de todos los que esta agrupación, que integran más de 150 personas, han protagonizado los tres días fiestas de Las Brujas de Zugarramurdi 2025, ya que busca «unir memoria y reflexión, recordando que la historia siempre tiene algo que enseñar».

Tender puentes

Tras un discurso narrativo, se ha trasladado, a modo de representación teatral, una petición de perdón de Logroño a Zugarramurdi y Urdazubi por «la injusticia hecha a aquellas personas» que fueron condenadas y ajusticiadas, en unos actos que se tienen que volver a cometer, ha relatado una miembro de esta asociación cultural logroñesa.

Aquel auto de fe, según recogen los registros históricos, congregó a más de 30.000 personas en un Logroño que apenas contaba con 6.000 habitantes, y que, gracias al inquisidor Alonso de Salazar y Frías se consiguió reducir los juicios por brujería en años posteriores.

El acto ha culminado con un baile y la intepretación de una canción en euskara, por parte de miembros de la coral logroñesa Cantemos, con la que se ha devuelto el cántico que los vecinos de Zugarramurdi han realizado otros años en este acto en Logroño.

Una de las vecinas de esta localidad navarra ha traducido la canción al castellano; ha indicado que ha sido para ellos una sorpresa y ha explicado que la canción hace alusión a un pájaro libre.

El motivo de culminar así, de forma confraternizada entre Logroño y Zugarramurdi, este emotivo es celebrar la vida, darle la importancia que tiene y tender puentes, ha precisado Ciarreta.




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sábado, 23 de agosto de 2025

A 89 Años de Valcaldera

El sociata Alberto Alonso se ha convertido, tal vez incluso sin quererlo, en el portavoz ya no de Gogora, sino del españolismo franquista más rancio, ese que busca "sanitizar" tanto al dictador genocida Francisco Franco como a su reinado de terror.

Pues bien, para recordar a todos lo que significa en realidad el franquismo, traemos a ustedes esta reseña publicada por Naiz acerca de uno de los crímenes más brutales de los cometidos en suelo vasco:


Valcaldera, 89 años después: memoria de un crimen bendecido por la cruz y el poder golpista

El 23 de agosto de hace 89 años, mientras una procesión franquista recorría Iruñea, 53 presos republicanos eran llevados en autobuses hacia Valcaldera. Allí fueron fusilados. Solo Honorino Arteta logró escapar, convirtiéndose en el único testigo de la matanza.

Ibai Azparren

Aquella calurosa tarde del 23 de agosto de hace 89 años, los presos republicanos de la cárcel de Iruñea hablaban de cosas triviales a la sombra del tejadillo de zinc del patio. La rutina carcelaria se quebró con la llegada de un funcionario de prisiones que leyó, después de ordenar silencio, una lista de nombres para que salieran al exterior. Eran 53 los reclusos que abandonaron la prisión en dos autobuses pensando que salían en libertad. Pero nunca regresaron: fueron fusilados en el corral de Valcaldera, en Cadreita, en una de las matanzas más atroces cometidas por requetés y falangistas tras el golpe del 36.

De aquellos 53 prisioneros solo uno logró burlar la muerte: Honorino Arteta, un joven músico de 24 años, militante de izquierdas. Huyó malherido y se escondió en la copa de un árbol hasta perderse en la inmensidad de las Bardenas. Días después consiguió cruzar la frontera y ponerse a salvo en el Estado francés. Volvería más tarde a Barcelona, convertido en el único testigo directo de aquella matanza.

No obstante, investigaciones recientes de la Asociación de Familiares de Fusilados de Navarra en 1936 apuntan a que otro de los reclusos que sacaron de la Cárcel Provincial de Iruñea aquel día, el ciudadano alemán Walter Dierchs, fue conducido al Manicomio Provincial de Navarra.

Con todo, el relato de Honorino Arteta, unido a las memorias de Galo Vierge, obrero anarquista de la CNT que permanecía preso en Iruñea y que dejó escrito ‘Los culpables’, permite hoy reconstruir con precisión casi quirúrgica lo que ocurrió aquella tarde en Valcaldera, cuya matanza ha sido recordada este viernes, 23 de agosto, con los actos habituales en la antigua cárcel de Iruñea y, más tarde, en Cadreita.

Santa María la Real y un engaño mortal

La fecha no fue casual. A la misma hora que los presos eran conducidos a la fosa, en Iruñea se celebraba una multitudinaria procesión en honor a Santa María la Real entre «cánticos a la Virgen, el amor y la caridad hacia el prójimo», recuerda Vierge en sus memorias. Una acto donde desfilaron las autoridades civiles y militares que fue organizado por Eladio Esparza, subdirector de Diario de Navarra.

El historiador Fernando Mikelarena, en conversación con NAIZ, considera clave este paralelismo: «Los golpistas cultivaron la emocionalidad a través de ritos religiosos. La misa del 25 de julio y la procesión del 23 de agosto fueron actos de cohesión litúrgica que buscaban involucrar a todos los militares y aliados civiles en el golpe de estado». De hecho, en aquella jornada el obispo Marcelino Olaechea fue el primer religioso en referirse públicamente a la guerra como una «cruzada», que desembocaría en la eliminación física de más de 3.000 habitantes navarros por sus ideas políticas.

No fue muy distinto el destino de aquellos hombres maniatados en los autobuses que, según relató Vierge, se aferraban «como a un clavo ardiendo» a la idea de que resultaba impensable cometer semejante matanza mientras la imagen de Santa María la Real recorría en procesión las calles de Iruñea. Una esperanza contrastaba con el mensaje publicado en la prensa por Joaquín Baleztena, jefe regional del Carlismo en Navarra, que pidió en una carta en los periódicos que la violencia se ejerciera únicamente en el campo de batalla.

«¿Seremos canjeados por presos franquistas?», se preguntaban los presos mientras avanzaban maniatados en los vehículos que los conducían, setenta kilómetros desde Iruñea, entre trigales, hacia una muerte segura. Al detenerse cerca de la corraliza de Valcaldera, aún se aferraban a las palabras de Baleztena y a la Ley Divina invocada por los sublevados: tenía que ser un canje, no podía ser otra cosa. «Les dijeron que iban a hacer un canje, una idea que cae por su propio peso porque Zaragoza ya estaba dominada», recuerda Mikelarena.

En realidad, las autoridades militares, la Junta Central Carlista de Guerra de Navarra  y la Junta Provincial de la Falange ya habían dado su visto bueno. Incluso se modificó el recorrido de la procesión religiosa para evitar, con toda probabilidad, que los asistentes vieran pasar los autobuses cargados de prisioneros, señala el historiador. Todo estaba sellado de antemano.

Una saca premeditada y la odisea de una huída

Todo estaba decidido porque, recuerda el historiador, la víspera de los fusilamientos, vecinos afines al golpe cavaron la fosa, y un grupo de sacerdotes acompañó a falangistas y requetés en la matanza. Entre ellos estaba Antonio Añoveros, quien décadas después sería obispo de Bilbao y llegaría a enfrentarse a Franco, que intentó expulsarlo por una homilía en defensa de los derechos del pueblo vasco. «En 1936, sin embargo, sus posturas eran muy distintas, muy combativas», subraya Mikelarena.

«Cuando bajamos en fila para ser confesados comprendimos que íbamos a ser fusilados», relató Honorino Arteta, y «en ese paroxismo de terror», añadió, «sonó una descarga como un trueno (...) y varios echamos a correr por el campo». Solo él logró escapar, el resto fueron cazados como animales.

Tras una acalorada disputa entre falangistas y requetés –estos últimos apremiados por el deseo de llegar a la procesión, pero también empeñados en que los presos se confesaran–, el resto de reclusos fueron finalmente ejecutados en grupos de seis. «Entonces aquellos verdugos manchados de sangre hasta la frente regresaron a Pamplona (...) y aún llegaron para incorporarse a la procesión que entraba de regreso a la catedral», relata Vierge.

Quizá gracias a aquellas prisas piadosas, Honorino Arteta, herido por un disparo en la pierna y oculto entre las ramas de un árbol, no fue perseguido con saña. Inició entonces una odisea: remontó el río Aragón hasta alcanzar el Pirineo, logró pasar al Estado francés y, enfermo y exhausto, fue recogido por unos cazadores que lo cuidaron. Tiempo después regresó a Barcelona y, en un café de la plaza de la Universidad, narró a los exiliados navarros la epopeya de su huida.

Los fusilados y el paradero sus restos

Honorino Arteta completó su testimonio en una carta dirigida a Romana Carlosena Ainciburu, madre de Marino Húder Carlosena, uno de los fusilados, que entonces vivía exiliada en Baiona. El escrito, desconocido incluso para los descendientes del propio Arteta, permaneció más de ochenta años en manos de la familia Yarnoz Húder, que lo conservó durante su largo exilio en Venezuela.

Tras más de ochenta años oculta, la misiva de Honorino Arteta arroja nuevos detalles sobre aquella sofocante jornada de agosto de 1936 y sobre los meses posteriores. Su huida no fue inmediata ni sencilla: duró meses hasta alcanzar Barcelona, donde se alistó en la Columna Ascaso con un objetivo claro: «entrar en Pamplona, vengarme y hacer pagar caro lo que conmigo hicieron».

En su relato precisa que «fusilaban por grupos de seis» y recuerda que junto a él estaban los hermanos Santiago y Natalio Cayuela, este último presidente de Osasuna y militante de Izquierda Republicana, ambos ejecutados. Entre los 53 presos republicanos figuraban también personalidades vinculadas al PSOE y a la UGT, como el periodista Miguel Escobar o José Zapatero, miembro del PCE y de la peña sanferminera La Veleta.

Los restos de aquellos fusilados fueron trasladados en 1959 al Valle de los Caídos, pero se perdió su rastro veinte años después, cuando la cadena de custodia se rompió durante el intento de devolución a Nafarroa. El paraje de Valcaldera fue declarado Lugar de Memoria Histórica y cuenta con un panel explicativo que, como subraya el historiador Fernando Mikelarena, relata los hechos pero omite a los verdugos: requetés y falangistas.

Arteta nunca llegó a regresar a Iruñea. Volvió al Estado francés, donde pasó por un campo de concentración y acabó sus días en el exilio, lejos de la tierra donde escapó de la muerte.

 

 

 

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jueves, 10 de julio de 2025

El Legado de Joxe Azurmendi

Desde Naiz traemos a ustedes este recuento de la vida y obra de Joxe Azurmendi:


Joxe Azurmendi Otaegi, un pensador vasco original y libertario 

José María Aguirre Oraá | Profesor de Filosofía jubilado de la Universidad de La Rioja

Joxe Azurmendi nació en 1941 en Zegama (Gipuzkoa). De joven ingresó en la orden franciscana de Arantzazu, donde se formó en filosofía y en teología. Posteriormente desarrolló su trabajo como profesor universitario en sus primeros años en la EUTG de Deusto (1978-1981) y posteriormente en la UPV/EHU (1981-2014), donde a partir de 1993 fue nombrado catedrático de Filosofía Moderna. Perteneció desde 1960 al Grupo Jakin, siendo el editor de la colección de libros en euskara Jakin Irakurgaiak, dedicados a la filosofía y al pensamiento. Ha sido también académico de honor de Euskaltzaindia desde su nombramiento en 2010. Asimismo, ha colaborado en la traducción al euskara de obras filosóficas en la editorial Klasikoak. Fue uno de los fundadores de Udako Euskal Unibertsitatea. En 1984 presentó su tesis doctoral sobre José María Arizmendiarrieta, fundador del movimiento cooperativo vasco iniciado en Arrasate-Mondragón. En la tesis defendió que el proyecto de Arizmendiarrieta pretendía conjugar el individuo y la sociedad bajo una organización que uniera el socialismo y el personalismo francés. En una de sus últimas obras, El hombre cooperativo, sigue profundizando en el pensamiento y en la obra del fundador de este movimiento cooperativista de Mondragón (actualmente se designa como Mondragon Corporation).

Su producción filosófica la realizo fundamentalmente en euskara, como una manera de proporcionar conceptos e instrumentos lógicos e intelectuales a una lengua poco desarrollada en este campo. Para él la elección de la lengua es substancial por la relación intrínseca entre lengua y pueblo, incluso el territorio es algo que cobra vida en virtud de la lengua; los ríos y los montes tienen nombre, con esos nombres se aprendieron las viejas leyendas y mitos, todas nuestras experiencias de niñez y juventud. Avanzando en esta perspectiva, considera al pueblo vasco «un pueblo desgarrado por dentro. Por eso cuando se elige una lengua, no se elige solamente entre una lengua u otra. Es una elección por una gente, por un pueblo, para poder recomponer ese desecho. Lo que queremos, básicamente, es una normalización: que la comunidad vasca pueda vivir de nuevo en paz y en colaboración, es decir todos con todos y comprendiéndonos mutuamente. Este es el objetivo de los euskaltzales» (Entrevista a Joxe Azurmendi en "Diario Vasco" del 9 de Noviembre de 2012).

Sus preocupaciones abarcaron el campo de la política, de la reflexión sobre la cultura y de la creación cultural. Incluso ha escrito poesía. Su obra surge y se desarrolla en una época de crisis cultural, política y de valores. Azurmendi entiende la crisis no en su negatividad sino como posibilidad para nuevas oportunidades de pensamiento y de acción. Por ello su pensamiento gira en torno a la defensa de la libertad en todos los ámbitos, pero sobre todo en el terreno de la conciencia y del pensamiento. Consecuentemente trata de pensar y meditar en su obra el modo de vivir en tal situación. Para ello adopta una perspectiva de relatividad que se enfrenta a los últimos vestigios de los dogmatismos a los que tiende una sociedad en crisis. «La proclamación del relativismo es provocativa. [...] Yo no estoy particularmente interesado en ser apóstol del relativismo. Pero como yo vengo de una cultura dogmática [el franquismo], soy alérgico a algunas cosas. La verdad, la razón y la corrección absoluta eran católicos en esa cultura. Ahora he oído que el relativismo postmoderno es la causa de la miseria moral y la pérdida de valores. Se ve que hay una nostalgia de la cultura dogmática, disfrazada con un poco de discurso democrático e iluminado. Esa cultura dogmática tiene al relativismo como su enemigo, por eso yo reclamo este relativismo que es declarado culpable. Pero no es un relativismo absoluto» (Azurmendi J., "Los vascos son argonautas con barcos muy frágiles", Entrevista en "Hegats").

En este sentido, por ejemplo, se muestra crítico fundamentalmente con el Estado moderno al que acusa de ser la nueva iglesia que controla las conciencias. Critica la instrumentalización de la moral y el modo como los políticos, en vez de solucionar los problemas en su ámbito, huyen al terreno de la moral para ocultar sus responsabilidades bajo el manto de unos supuestos principios absolutos. «Por el momento, ¿cuál es el punto de repetir el viejo cuento sobre lo que se está convirtiendo el Estado. Una vez que el análisis crítico amargo de hace algún tiempo (Herbert Marcuse: el hombre unidimensional), las utopías negativas sombrías (Aldous Husley, Georg Orwell y los gritos de protesta (Mayo del 68) se olvidan, y falta el más mínimo sentido de la resistencia en la sociedad civil, la telaraña del poder vuela tranquilamente sobre nuestras cabezas, por todo el lugar. Incluso el vestuario» (Azurmendi J., "Demokratak eta biolentoak").

Hay que destacar su aportación al cuestionamiento de las lecturas canónicas que se han construido sobre distintos temas. Especialmente destacable, gracias a su erudición y formación alemana, es la interpretación que hace sobre la ilustración alemana, cuestionando la aparente oposición entre la ilustración francesa y el romanticismo alemán aportando una nueva perspectiva para pensar los diferentes aspectos que se derivan de dicha oposición. De ese modo, en contra de algunos intelectuales españoles y franceses, defiende que el nacionalismo surge en Francia (Montesquieu, Voltaire, Rousseau, Ernest Renan) y que posteriormente será reinterpretado por los ilustrados y románticos alemanes. De ese modo cuestiona el modo en que se les atribuye un nacionalismo metafísico a autores como Humboldt, Schiller, Herder o Goethe.

En su libro Historia, arraza, nazioa Azurmendi analiza históricamente la evolución del concepto de nación en Renan, uno de sus primeros ideólogos, y en la historia de Francia desde el Renacimiento a la actualidad. A partir de aquí, muestra les falacias del nacionalismo francés, como ya lo hizo con el nacionalismo español en "Espainiaren arimaz" (2006). Los mismos franceses han idealizado y embellecido su nacionalismo, pero el nacionalismo francés es el modelo de los nacionalismos más ofensivos que han existido en Europa. En cierta medida éste es también el modelo del nacionalismo español. Por ello Azurmendi no comparte la perspectiva que acostumbra a elogiar la concepción francesa de nación y a condenar la alemana. Según su planteamiento el nacionalismo que se ha considerado cívico, laico y democrático ha conservado y reforzado la opresión, el colonialismo y el imperialismo durante años y hasta hoy. Con Tzvetan Teodorov distingue entre naciones cívicas y étnicas, la cívica es la criminal, la que provoca guerras. Una nación étnica no ha hecho tanta destrucción como las cívicas. Lo que quiere una nación étnica es su soberanía, desarrollar su cultura, etc. Sin embargo, lo que quiere una nación cívica es imponer sus fronteras, defender su economía, atacar al vecino... Por tanto, el gran peligro y el gran desastre son las naciones que se denominan cívicas, no las étnicas, porque estas no conquistan otros países, ni practican el colonialismo. Pero, ¿por qué tenemos que demostrar que el nacionalismo vasco no es racista? Porque el esquema dominante nos obliga a hacerlo. Pese a admitir que Arana era racista sin duda, Azurmendi señala que también lo era José Ortega y Gasset, pero no se exige al nacionalismo español que demuestre que no es racista en la misma medida en que se le pide al nacionalismo vasco.

La democracia puede ser un logro de la lucha popular, en el caso de la revolución francesa o la independencia de los Estados Unidos. Entonces es el comienzo de la democracia real y el resultado de una lucha [...] «En España se nos ha instaurado la democracia de la misma manera que se instaura una dictadura. Quizás funcionó muy bien en el país acostumbrado a la dictadura, pero no en el País Vasco. No es posible decir «ven aquí porque hemos puesto estos cimientos». No, eso es mentira. Los cimientos de la democracia no están aquí, [...] Puede parecer arrogante, pero cuando llegó la democracia no hubo lucha en Madrid. Esa pelea estuvo aquí y todavía lo está. [...] Una de las cosas que critico de esta democracia es que en estado de polarización las ideas son tan primitivas como en el franquismo. Cualquier pensamiento que lo cuestione se considera violento. Hoy, quien no está de acuerdo con la propaganda oficial, que dice «quien no condena es un asesino», es inmediatamente identificado en la acera. Revela que todavía estamos en el pueblo de la Inquisición» (Azurmendi J., Entrevista en la revista "Elkarri").

Una parte importante de su obra la ha dedicado a la recuperación y reinterpretación de pensadores vascos. Hay que destacar sus estudios sobre Jon Mirande, Orixe, Unamuno... Por ello es un autor que ha meditado desde y para la cultura vasca. En 1992 publicó "Espainolak eta euskaldunak", una obra muy conocida y debatida. La escribió como reacción a un texto de Sánchez-Albornoz que reza así: «Los vascos son los últimos que se han civilizado en España; tienen mil años menos de civilización que cualquier otro pueblo... Son gentes rudas, sencillas, que además se creen hijos de Dios y herederos de su gloria. Y no son más que unos españoles sin romanizar». En esa obra Joxe Azurmendi refuta los tópicos sobre los vascos de ciertos intelectuales españoles, que afirman que éstos no fueron romanizados, que el vascuence es una lengua inculta, etc., tópicos creados sobre todo en los siglos XVI y XVII y su cimentación en la Edad Media, Renacimiento, Imperio (de Austrias y Borbones), Edad Moderna. Joxe Azurmendi se considera influenciado por los autores vascos de la posguerra, por ejemplo, en cuestiones como la del lenguaje. En ese ámbito ha investigado, también, a autores como Heidegger, Wittgenstein, George Steiner o Humboldt. Por todo ello, que su vasta obra la haya producido en euskara guarda plena coherencia con su pensamiento, ya que busca desarrollar un pensamiento y reflexiones en una lengua que necesita espacio y configuración.

Fruto de su ingente labor investigadora es la obra Pentsamenduaren historia Euskal Herrian. Eskolaren eta gogoetaren lana gizaldiz gizaldi. En ella Azurmendi estudia a pensadores vascos y escuelas que abarcan desde la Edad Media hasta los inicios del siglo XX. Porque existe un pensamiento vasco desconocido y esta obra viene a llenar un importante vacío. Se trata en definitiva de una enciclopedia del pensamiento vasco durante los últimos quince siglos. «Azurmendi expone el germen de una historia sistemática de la producción intelectual vasca, que abarca a varios centenares de pensadores y escritores, dispersos en todas las ramas del saber: la filosofía, la política, la ciencia, la técnica, la historia, el derecho, el arte, la sociedad, la medicina, la economía, la literatura, la religión..., poniendo particular énfasis en los contextos históricos, sociales y culturales que corresponden a su producción. Azurmendi nos muestra que los vascos somos absolutamente normales, con vicios y virtudes similares a los demás. Por consiguiente, nos transmite lo siguiente: no es posible imaginar un futuro que sea «nuestro» −con todo lo que ello supone− desconociendo lo que ha sido «nuestro» hasta el presente».

Algunos de los temas que Azurmendi desarrolla profundamente en sus ensayos aparecieron por primera vez en su poesía juvenil. Azurmendi se sitúa dentro de la poesía vasca de los años 60, una poesía que muestra la lucha contra la tradición, la vieja fe y las certezas dogmáticas:

«Pero deseamos ser libres,/ ¿es culpa mía?/ Intentaron regalarnos un árbol de Gernika,/ un falso cheque en blanco,/ como si el deseo de ser libres fuera un pecado,/ pero a pesar de eso, nosotros, sencillamente, deseamos ser libres./ Eso es lo que queremos, eso es todo./ Este es el último engaño:/ nos han hecho creer/ antes desde fuera y ahora desde dentro/ que es nuestra responsabilidad justificar nuestro deseo de ser libres». "Manifestu atzeratua" ("Manifiesto tardío") (1968).

 

 

 

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miércoles, 4 de junio de 2025

Agur eta Ohore Isidoro

En los años más duros de la dispersión hubo quienes, a diferencia de Jordi Évole, supieron solidarizarse con los familiares y amigos de los presos políticos vascos.

Uno de ellos fue Isidoro Galán, quien ha trascendido este plano.

Aquí el texto que le dedica Naiz:


Muere a los 88 Isidoro Galán, solidario con los presos vascos desde Cartagena

Isidoro Galán, solidario con los presos vascos desde Cartagena, ha fallecido en la ciudad murciana a los 88 años. Desde Euskal Herria, se recuerda que abría su casa a los familiares de los presos en tiempos difíciles. Fue también cura obrero e impulsor del sindicalismo en Cartagena.

Isidoro Galán, solidario con los presos vascos en Cartagena, ha fallecido a los 88 años. Quienes le conocían han destacado la importancia de la solidaridad de Galán en unos momentos muy difíciles.

Es el caso de Jesús Iñurrieta, de Amezketa, que recuerda que Galán acogía en su propia casa a los familiares de los presos vascos que se desplazaban para visitar a sus allegados encarcelados en la ciudad murciana. «Dormíamos en su propia casa», destaca a NAIZ, recordando que esta solidaridad se remonta incluso a los tiempos de Francisco Franco.

Galán visitó de vuelta en numerosas ocasiones Euskal Herria. Era la manera que los allegados de los presos vascos tenían de corresponder la solidaridad recibida en Cartagena, que no se limitaba a darles un techo para pasar la noche sino que les ayudaba en todo lo que necesitaban.

Iñurrieta recuerda que en más de una ocasión les acompañaba en su vehículo desde Cartagena hasta que podían coger la autopista para emprender el regreso a Euskal Herria, siempre con la Guardia Civil detrás. «Eran momentos muy duros y esa solidaridad realizada en condiciones difíciles, se agradece mucho», destaca.

Galán se encontraba aprendiendo euskara y era suscriptor de GARA.

Cura obrero

Según recuerda la web de CCOO Industria, Galán, nacido en 1936, fue cura obrero en la década de 1960 en Cartagena. Junto con Mariano González y Miguel Ángel Ondínez impulsó el movimiento de cristianos de base, sufriendo la represión franquista.

Galán fue detenido en noviembre de 1972, siendo torturado y desterrado temporalmente de Cartagena junto a otros curas «por actividades subversivas».

Galán fue cura obrero, era responsable de una parroquia cartagenera y al mismo tiempo trabajaba en la construcción, donde desarrolló una labor sindical que derivó en la huelga de este sector en Murcia en 1976, por la que también sufrió represalias laborales.

En 1978, tras la legalización del PCE y CCOO, se integró en ambas organizaciones, llegando a ser el delegado comarcal de CCOO en Cartagena, el primero tras el franquismo. «En esos momentos no había muchos voluntarios para este puesto entonces tan ingrato», señala CCOO.

En el ámbito cultural, impulsó la plataforma editorial ZYX y la apertura de la librería Espartaco en Cartagena en 1974.

Su compromiso militante se mantuvo durante toda su vida. En 2014, participó en las primeras asambleas de Podemos.




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sábado, 31 de mayo de 2025

Egaña | Europa, Per Se

Inspirado en la fundación del asentamiento romano en la ciudad que hoy en día se conoce como Pamplona pero que nosotros denominamos Iruñea - la capital de todos los vascos - nuestro amigo Iñaki Egaña ha redactado el siguiente texto, mismo que ha puesto a disposición en su página de Facebook:


Europa, per se

Iñaki Egaña

Parece que ahora 2.100 años, el cónsul romano Cneo Pompeyo Magno fundó la ciudad de Pompelo sobre la vieja Iruñea, asentamiento vascón. Desde entonces, la configuración del territorio que hoy conocemos como Euskal Herria, pasó numerosas vicisitudes administrativas. Fue colonizado, resistió oleadas de invasiones, generó resistencias y, con los siglos, se convirtió en un crisol de culturas y en una singularidad europea, dando lugar a mitos y narrativas -algunos ciertos, otros fabulados-, que captaron la atención de viajeros y escritores que la convirtieron en la Shangri-La de Occidente. Superada la época romántica, la actualidad y la perspectiva nos permite acuñar los valores que han mantenido más o menos cohesionada a una comunidad que sigue siendo singular en Europa, a pesar de esos códigos culturales y sociales que nos uniformizan y nos convierten en replicantes de modelos prefabricados a lo largo del planeta. Ubicados en el sur de Europa, cada vez somos más europeos, a pesar de la paradoja de esta afirmación.

Durante las últimas décadas nos consideramos, a veces con cierta soberbia, el ombligo del mundo. En 2015, Serge Portelli, magistrado de la Corte de Apelación de Versalles, leyó en público un manifiesto por la paz en Euskal Herria, señalando que se trataba de “el último conflicto armado en Europa”. En esa época, Kiev lanzó una ofensiva contra los territorios de Dombás, tras el golpe de Estado de Ucrania de la élite neoliberal europea, el conocido como Euromaidán, anunciando una nueva brecha. El lema del territorio vasco como el último reducto bélico de baja intensidad, pasó a las anécdotas de la historia. Somos parte de Europa, indudablemente, pero apenas el 0,20% de su territorio, el 0,43% humano. También el 0,49% territorial de la Unión Europea, el 0,71% de su población. Euskal Herria tiene la superficie de Eslovenia, el doble que Líbano o el triple que la Palestina arrasada. Y los mismos habitantes que Puerto Rico, Moldavia o Namibia, tres veces los de Luxemburgo. Añadir que la Unión Europea es el 5.6% de la población mundial, que su edad media es de 44.7 años y que su índice de natalidad es de 1,24 mientras el planetario llega a los 2,27. Una sociedad envejecida, camino de convertirse en un reducto nostálgico de aquello que fue, gracias, sobre todo, a la colonización.

Hoy, en ese reordenamiento mundial, Europa, y con ella quienes la disputamos un espacio de dignidad, se ha convertido en un territorio secundario, en gran parte debido a su papel subordinado a la que fue su colonia estrella, los Estado Unidos. Durante años, fue modelo susceptible de exportación: menores desigualdades que en otros lugares del planeta, calidad de vida, sanidad, educación, alta esperanza de vida, diversidad para el ocio… el eufemístico estado del bienestar. Evitábamos sumergirnos de dónde venían los parabienes. Un pequeño espacio planetario que se había convertido en la pirámide de una organización social aparentemente equilibrada y avanzada.
Las raíces, sin embargo, ensombrecían los logros. Europa se había convertido durante siglos en la primera potencia mundial. Construida sobre los rescoldos de las guerras, fue un producto genuino de ellas. Centenares de conflictos armados internos construyeron la “diversidad” europea. Jamás hubo en el planeta un espacio tan bélico. Guerras dinásticas, de conquista, religiosas, supremacistas. El estado natural de Europa ha sido la guerra, y su extensión al planeta. Que nadie se extrañe de las decisiones de la Unión Europea en elevar su producción armamentística y volcar sus misiles hacia supuestos enemigos. No sabe hacer otra cosa.

Esa permanencia levantisca le dio la superioridad planetaria que acudió de su armamento, del inicio de la industrialización, del control de las vías marítimas, apoyada por una religión monoteísta que se convirtió en azote del diferente, elevando a la máxima categoría el racismo. De esos mimbres surgió la colonización europea del planeta, decenas de genocidios en nombre de un color, de un dios construido a medida, de unas elites extractivas ávidas de multiplicar sus beneficios. Las mayores matanzas mundiales de la historia fueron provocadas, precisamente, por Europa. Y no únicamente por Hitler, más recientemente. Hoy, con un territorio ya esquilmado en siglos anteriores, Europa sigue debiendo su posición al expolio del resto del planeta. Sin embargo, en una crisis de crecimiento, de sobreacumulación, de agotamiento de los recursos, en los límites superiores del neoliberalismo por encontrar nuevos nichos, su alter ego (EEUU) le ha relegado a un papel subsidiario. Es la competencia y la sumisión.

Y esta carrera en la privatización del Estado, las instituciones han dejado de funcionar. Lo hemos percibido con las tendencias de Macron, Merz. Von der Leyen y otros, por cierto, cada uno con su propia agenda. Europa no se ha parado a pensar y recapacitar su posición en el nuevo orden mundial, sino que, por el contrario, ha vuelto a las andadas, a construir un enemigo a su medida, (Rusia, como lo concibieron Napoleón o Hitler) para regocijo de sus elites. La guerra, el armamento, describen que ese ADN está vivo. Lo acaba de demostrar en el apoyo al genocida Netanyahu, como lo hizo entre las negociaciones de Turquía de marzo de 2022 entre Ucrania y la Federación de Rusia, cuando pactado un acuerdo de paz, EEUU y la Unión Europea lo vetaron apostando por la continuidad de la guerra.
El racismo, el colonialismo y el supremacismo nunca abandonaron a Europa. Su pasividad frente a Tel Aviv, incluso tras el tiroteo israelí a la delegación diplomática (incluida Francia y España), nos muestra que comparte esas claves de limpieza étnica. La que propone Von der Layen para expulsar a migrantes a otros países. Renegamos de esta Europa que trata a al pueblo como a un negocio, con el consiguiente excedente humano. Pero para bien y para mal, somos europeos. Nos toca con las fuerzas de esa comunidad que nos hace fuertes, revertir Europa y repensar el planeta en clave de humanidad.

 

 

 

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domingo, 25 de mayo de 2025

La Cádiz Vasca

Desde el portal de Diario de Cádiz traemos este artículo que retrata la complejidad de la diáspora vasca. 

El mismo, nos detalla las andanzas de vascos que salieron de su tierra natal para asentarse en Andalucía.

Lean acerca de sus aportes a las calles, plazas y edificios gaditanos:


Huellas de los vascos en Cádiz: un recorrido por la ciudad

Gaditano y descendiente de vizcaínos, el autor plantea un recorrido por la impronta de este pueblo en la capital gaditana desde Alfonso X El Sabio hasta nuestros días 

Antonio Anasagasti Valderrama 

Si quisiéramos hacer un recorrido por el pasado de Cádiz y su relación con el País Vasco, yo recomendaría empezar por la Plaza San Juan de Dios y dirigirnos hacia la calle Pelota. El nombre de esta vía se debe a que antiguamente en ese lugar existían murallas que eran aprovechadas para practicar el juego de la pelota y sus muros se utilizaban a modo de frontón. Hoy en día ese deporte ha desaparecido en Cádiz. Los últimos frontones que se usaban en la ciudad fueron los edificados en el colegio San Felipe Neri de Puerta Tierra hasta la remodelación de su patio original.

No obstante, el rótulo de esa arteria de la ciudad no fue el mismo. De 1640 a 1855 sí fue así, pero en ese último año cambió su denominación por la de Alfonso X el Sabio hasta que, en 1980, con el primer ayuntamiento democrático tras la transición, recobró su nombre original. Sin embargo, ese monarca fue muy importante para la ciudad ya que la reconquistó en 1262 para integrarla en el reino de Castilla y, además, concedió a la villa seo (catedral) y alfoz (organización castellana con funciones fiscales, judiciales y militares), por su situación estratégica. Ahora bien, ese rey expulsó a los musulmanes que vivían en ella y quiso repoblar la ciudad con trescientos colonos cristianos. Atendieron a ese llamamiento pobladores mayoritariamente de origen cántabro, pero también vascos (un diez por ciento del total). Así arribaron colonos de Bermeo, Valmaseda, Ondárroa, Guetaria, Gorraiz y Orrio. Asimismo, llegó uno de Bayona. 

Si torcemos por el arco del Pópulo nos adentraremos en el barrio medieval del Pópulo y seguiremos hasta la iglesia de la Santa Cruz o Catedral Vieja. En ella se encuentra próximos al altar, en la parte superior derecha, el escudo Vizcaya y, en la izquierda, los antiguos blasones de Guipúzcoa. Ambos emblemas formaban parte de la desaparecida capilla de los Vizcaínos que fue construida en 1583 bajo la advocación de la Virgen de las Angustias. En ese oratorio se agrupaban los vascos en cofradía, de la misma manera que proliferaban en la población distintos adoratorios o capillas donde se reunían diversas comunidades, como, por ejemplo, la de los genoveses que permanece aún en la Catedral Vieja o la de los franceses en la iglesia de San Francisco. La comunidad vasca prosperó en Cádiz al amparo del mar. Así, el antecedente de las escuelas náuticas fue el Colegio de Pilotos Vizcaínos, sito en Cádiz, en la que era necesario ser de origen vascongado para ser miembro. La fecha exacta de la instauración de este colegio gremial no se sabe con exactitud, pero fue anterior al 1500, pues la primera referencia documental que lo aludía es una cédula de los Reyes Católicos de 18 de marzo de ese año. La Escuela de Náutica de Cádiz como institución educativa nacería más tarde en 1804, dentro de la Academia de Matemáticas y Comercio del consulado de Cádiz.

Además, hay constancia de que en 1693 el italiano Gaetano Pietro Patalano realizó trabajos en Cádiz para la capilla de los Vizcaínos de la Catedral Vieja, pero su iconografía ha sido dispersada, en concreto:

– Cuatro esculturas figuran en la actual catedral. Las de san Fermín y san Martín de Aguirre, en la Capilla de la Asunción, y las de san Francisco Javier y san Ignacio de Loyola, en la Capilla del Corazón de Jesús.

–El altorrelieve la Coronación de la Virgen en la propia a Catedral Vieja, junto al altar de la Virgen Santísima de la Trinidad (perteneciente a la cofradía del Medinaceli). 

Seguidamente nos acercaremos al arco de los Blanco y veremos la zona en donde estuvo el antiguo castillo de la villa y en donde se instaló la Academia de la Real Compañía de Guardiamarinas, que es un antecedente de la actual Escuela Naval Militar. Su fundación data de 1717 por orden previa del cardenal Giulio Alberoni, máximo responsable del gobierno de la Corona, regentada por Felipe V. Este religioso conmina al almirante Andrés de Pez, gobernador del Consejo de Indias, natural de Cádiz, pero de descendencia vizcaína, a poner en marcha el proyecto. A finales de 1716 se envían delegados a las distintas provincias marítimas para elegir a los cadetes. El núcleo inicial de los guardiamarinas fue esencialmente guipuzcoano, en concreto 28 llegaron de esa zona, además de 4 gallegos, 3 navarros, 3 italianos, 3 vizcaínos, un catalán, un castellano y un francés cuyo padre servía el rey de España (en total 44 cadetes). Y el motivo de ese éxito fue la gran movilización obtenida por el capitán general de Guipúzcoa, el príncipe Campoflorido, que incluso reclutó a su propio hijo Stefano Reggio Gravina Branciforte, para la causa. Esa escuela permaneció en la ciudad más de 50 años hasta que el 15 de septiembre de1769 se traslada a San Fernando.

Nos encaminaremos hacia el arco de Garaycoechea junto al mercado de abastos de Cádiz. Su nombre se debe al propietario que efectuó la demolición en 1765 y nueva construcción de una casa en ese paraje. En concreto hablamos de Pedro Garaycoechea Ursúa, que la adquiere de su padre en 1675. Su progenitor, Pedro Garaycoechea, era natural de Lesaka, Navarra, ostentó el cargo de almirante de la Flota de la ruta Manila a Acapulco y se casó con Feliciana de la Pasión y Ursúa, natural de valle del Baztán, Navarra. Al efectuar la obra le obligaron a respetar la servidumbre de paso y por tanto tuvo que efectuar una abertura en la planta baja y comunicarla mediante un arco. El edificio ha permanecido casi intacto hasta hoy.

De aquí nos marcharemos hacia la iglesia del Rosario, en donde encontramos un escudo de Navarra. Ya en 1785 el navarro Juan Bautista Ustáriz, conde de Reparaz, se reúne con varios paisanos suyos y solicitan al obispo una capilla en esa iglesia en honor a san Fermín para una asociación piadosa que habían constituido. Esa comunidad no se consolidó y como consecuencia de ello las obras del retablo del oratorio tardaron más de la cuenta y no concluyeron hasta 1797, gracias a la donación resolutiva del Marqués de Valde-Iñigo, sin la cual no hubiesen acabado. El retablo del adoratorio, de mármol, es obra de Torcuato Benjumeda y en el centro, dentro de una hornacina, preside una escultura de san Fermín. Esta talla se le atribuye al escultor Cosme Velázquez junto con las esculturas laterales de los santos navarros: san Ignacio de Loyola y san Francisco Javier.

De allí nos trasladamos a la plaza San Agustín para visitar la iglesia San Agustín. Destaca la portada principal de mármol que data de 1647, con la imagen de su titular, San Agustín, dentro de una hornacina con perfil de concha o avenerada. Este templo fue financiado por el legado de Sancho de Urdanibia, que nació en Irún en 1585. Ejerció como marino y estuvo durante 35 años destinado en la Flota de Indias, siendo nombrado almirante de la Armada en1542 por Felipe IV. Su apellido procede de la madre. Este hombre y perteneció al grupo de marinos, cargadores a Indias (mayoristas que embarcaban materias primas y productos a gran escala) y mercaderes (en pequeña escala) vascos y residentes en Cádiz que impulsaron la cofradía de la Humildad y Paciencia junto con Diego de Aguirre, guipuzcoano de Lezo, el donostiarra Manuel de Irisarri, y el también donostiarra Antonio de Layust (dueño del galeón Trinidad), en 1642. Antiguamente a esta cofradía se le denominaba vulgarmente como la Cofradía de los Vizcaínos.

Debido a esa financiación del templo con fondos de vascos podemos apreciar junto al altar mayor a la izquierda, adosados en las pechinas de la bóveda que forma la cúpula, en concreto en cada una de las cuatro esquinas, los respectivos escudos de Vizcaya, Guipúzcoa, Álava y Navarra, en agradecimiento a esos mecenas. El altar mayor fue realizado por Pedro Ángel Albisu, arquitecto de Zumárraga, Guipúzcoa, nacido en 1753. Este hombre llega a Cádiz en 1779, y fue nombrado el 16 de octubre de 1783 arquitecto mayor de la ciudad en sustitución de Torcuato Cayón. En Cádiz actúa también en el matadero municipal de 1803, la escuela de comercio del consulado gaditano y en el actual edificio de la UNED en la plaza San Antonio. 

Aunque no pasaremos por allí, hay que mencionar que el origen y antecedente del Hospital de Mujeres de Cádiz lo situamos en 1634, cuando dos de los albaceas del testamento de Diego de Aguirre (Manuel de Iriberri y Antonio de Layust) destinaron parte de la herencia a comprar varias casas en la calle de la Carnicería del Rey para atender a las mujeres enfermas.

Después nos acercaremos a la verja del muelle y miraremos hacia los astilleros cercanos para recordar a los tres hermanos Vea Murguía, Juan, Miguel y José, originarios de Álava, más concretamente de la localidad de Murguía. Esta familia consiguió levantar un astillero el 23 de junio de 1891 en el barrio de San Severiano. A decir verdad, este no fue el primer astillero en Cádiz capital, pues antes estuvo en marcha, en Puntales, otro del inglés Thomas Haynes, en 1840. El proyecto final de los hermanos Vea Murguía era bastante más ambicioso y no terminaron el dique seco y ni un varadero previsto por el ingeniero de Marina Cayo Puga. Debido a problemas técnicos y económicos se incorporó un nuevo accionista mayoritario, Ignacio Noriega, y pasó a llamarse Vea Murguía Hermanos, Noriega y Cía.

En 1917 estos astilleros fueron comprados por la naviera Echevarrieta y Larrinaga que funda los astilleros Echevarrieta y Larrinaga, propiedad de Horacio Echevarrieta y Larrinaga. Este empresario nace en Bilbao en 1870 y fue un industrial que se introdujo en muchos sectores económicos, desde la posesión de minas hasta el mundo periodístico, como también en la aerolínea Iberia, o en los saltos del Duero que se convertirían en la empresa Iberdrola. 

Destacan entre sus construcciones el buque escuela Juan Sebastián de Elcano que sigue surcando los mares, y el submarino E-1. Este sumergible se realizó con la participación y asesoramiento de Wilhelm Canaris, que llegó a ser almirante y jefe de inteligencia de la Wehrmatch alemana durante el nazismo. Este submarino fue el más moderno de su época y sirvió de modelo para el desarrollo de los posteriores y famosos submarinos nazis U-Boot de la segunda guerra mundial. En principio iba a ser destinado a la Armada española dentro de una serie de 6, tras un acuerdo verbal entre el industrial y el rey Alfonso XIII. La previsión era postergar la firma para cuando se comprobase que el prototipo funcionara perfectamente, pero dado que llegó en medio la República ese acuerdo no fue ratificado y el submarino construido fue a parar a la marina turca.

El 18 de agosto de 1947 el astillero sufre los efectos la explosión de Cádiz como consecuencia de la deflagración de minas y cargas submarinas de la Armada depositadas en un almacén de la fábrica de Torpedos, cercano al lugar. Consecuencia de lo cual, el Consejo de Ministros interviene los astilleros el 14 de enero de 1951 para garantizar los puestos de trabajo.

Finalmente, como fuera de la visita, habría que reseñar la Banca Aramburu que dio origen al Banco de Cádiz, que, aunque fue creado por un gaditano de nacimiento, José Antonio Aramburu y Fernández, su ancestro, Juan Antonio Aramburu Echezarreta, procedía de Zumárraga. Del paso de esa familia queda el magnífico edificio de la Plaza San Antonio número 1, de estilo ecléctico-historicista.

La visita terminaría aquí, recordando que ha habido y hay otros vínculos en la ciudad con los vascos, como son las peñas del Athletic de Bilbao. Hubo una en la calle Villalobos. Hoy pervive la peña Bilbaína Gaditana en la calle Compañía. De hecho, yo me aficioné al Cádiz después de un partido de copa de entre el Cádiz, que estaba en ese tiempo en Segunda, y el Athletic, celebrado el 3 de mayo de 1970, que acabó 1 a 1. Mi padre, aita, cerró el restaurante Achuri, de cocina vasca, que regentaba en la calle Plocia, y fundado por él en 1947, para verlo. El mítico Iribar fue el portero titular de ese encuentro. 

 

 

 

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