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sábado, 22 de noviembre de 2025

30 Mil Vientos de Libertad

Desde la página de Orain traemos a ustedes su cobertura de la manifestación Askatasun Haizea convocada por EH Bildu, misma que ha dejado claro que Euskal Herria ha sido, es y seguirá siendo, una trinchera antifascista:


Otegi: "Somos seguridad para el presente y garantía de futuro para las mayorías sociales de Euskal Herria"

La manifestación convocada por EH Bildu ha finalizado con la intervención del secretario general de la coalición, quien ha subrayado que se compromete a “asumir todas las decisiones políticas e institucionales que hagan falta y a poner al pueblo por delante de las siglas”.

Alrededor de 30 000 personas se han manifiestado este sábado en Bilbao en una marcha convocada por EH Bildu para reivindicar "la identidad nacional y la soberanía del pueblo vasco" y subrayar que Euskal Herria será un "foco de resistencia antifascista" en un contexto en el que el que se extienden "el autoritarismo y el fascismo".

Los y las manifestantes han marchado bajo el lema "Askatasun haizea (Viento de libertad)" en contra del fascismo y en la que se ha recordado a los últimos fusilados del franquismo.

La marcha "antifascista" ha partido de la plaza de La Casilla pasadas las 17:30 horas tras hacer sonar la adarra, con representantes de esa formación portando la pancarta como Oskar Matute, Peio Otxandiano, Arkaitz Rodríguez y Arnaldo Otegi, que ha intervenido en el acto celebrado al finalizar el recorrido ante el Ayuntamiento.

Tras los dirigentes políticos han marchado familiares de Txiki y Otaegi, fusilados en 1975, junto a familiares de miembros del FRAP fusilados, que fueron las últimas víctimas del franquismo.

También se ha recordado a "otras víctimas del terrorismo del Estado" como Santi Brouard y Josu Muguruza.

En su intervención, Otegi ha asegurado que el régimen franquista dejó "atados los límites de la reforma" y que las reglas de la transición "estaban trucadas" para "consolidar el supremacismo nacional, la única nación española, el capitalismo y la impunidad para los sectores que sostuvieron durante 40 años la dictadura".

Ha instado a "cambiar esas reglas" y "construir un escenario diferente", al tiempo que ha advertido de los riesgos del actual momento histórico y que "se podrían poner en peligro nuestras instituciones, nuestro autogobierno y nuestra lengua nacional".

“Son cada vez más los sectores populares que nos dan su confianza. Hasta habernos convertido en la primera fuerza política de este país. No vamos a defraudar esa confianza. Somos seguridad para el presente y garantía de futuro para las mayorías sociales de Euskal Herria”, ha señalado.

Por lo tanto, ha dicho, “EH Bildu se compromete a asumir todas las decisiones políticas e institucionales que hagan falta y a poner al pueblo por delante de las siglas”.

En ese sentido, Otegi ha indicado que asumirán los compromisos políticos e institucionales que hagan falta “con las fuerzas políticas y sindicales del país, para hacer frente al autoritarismo”.

También ha subrayado que asumen el compromiso de que EH Bildu “ni está ni estará en la equidistancia o la ambigüedad política con respecto al autoritarismo de las derechas”. “Si de nuestros votos depende, no habrá nunca en ningún lugar ningún gobierno de derechas extremas”, ha concluido.

 





 

 

 

 

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Egaña | El Día Después

Han pasado cincuenta años desde que se anunciaba por televisión que, si bien el sanguinario dictador Francisco Franco estaba muerto, su régimen construido sobre la represión y la corrupción de cinco décadas gozaba (y goza) de excelente salud.

De eso y más nos habla este texto de Iñaki Egaña compartido en su cuenta de Facebook:


El día después

Iñaki Egaña

El pasado jueves, hace cincuenta años, un aturdido Carlos Arias Navarro, con un cara de sapo más expandida de lo habitual, interrumpía la emisión de televisión para lanzar un mensaje convertido en icónico: “Españoles. Franco ha muerto”. Bien. Noticia que esperábamos desde hacía semanas tras una agonía retrasmitida diariamente a través del parte médico habitual. Con la misma expresión continuó: “Yo sé que en estos momentos mi voz llegará a vuestros hogares entrecortada y confundida por el murmullo de vuestros sollozos y de vuestras plegarias”. Ni el brazo incorrupto de la que llamaron santa Teresa, ni el manto empedrado de una estatua señalada como Virgen del Pilar que habían acompañado al dictador en los cuarenta días de estertores, pudieron evitar su muerte. La España de la pandereta y sacristía que recitaba Antonio Machado en su máxima expresión. Eran las 7 de la mañana, cuando Arias había aparecido en la pantalla. Aún somnolientos, despertamos de inmediato. Vecinos, teléfono y flases de recuerdos. ¡Se ha terminado la pesadilla, volveremos a ser nosotros! Y la prensa, expectante, modificó rápidamente sus portadas, enlutándolas con el mensaje: “Franco ha muerto”.

Intuimos, la juventud va anudada a la ingenuidad política, un cambio inmediato. Además, creímos leer entre líneas. Cuando en noviembre de 1975 Franco encamó, ya irreversiblemente, el lenguaje meteorológico se convirtió en sorprendente: “chubascos frecuentes cuanto más al norte”. La víspera de la muerte del dictador, el parte textual oficial decía: “en España continuaron registrándose, en casi la totalidad de la mitad norte, numerosas precipitaciones en forma de chubascos, nieve o tormenta. La cantidad caída más importante fue en San Sebastián, 23 litros”. El día que murió Franco, por el contrario, el parte pareció distinto: “En España remitieron casi totalmente las precipitaciones”. Los chubascos habían desaparecido. ¿Y la dictadura?

Automáticamente asumió la jefatura el príncipe Juan Carlos de Borbón, quien sería elevado al rango de rey, después de haber estado ejerciendo interinamente desde el 30 de octubre. Diez días después de la muerte del dictador, el Instituto español de Meteorología apuntaba que seguían los chubascos en el Cantábrico y en la cabecera del Ebro, con lluvias en Bilbao, Donostia, Gasteiz e Iruñea. Y anunciaba que, tras el paso del frente, los vientos racheados del Oeste girarían hacia el Norte. Malas noticias. La tendencia continuaba. En los últimos días de la agonía de El Caudillo, Txomin Iturbe sufrió un atentado del que sobrevivió. Y unos días después de muerto ya el dictador, Eusebio Iriarte. Para aliviar el duelo, los seguidores del finado destrozaron la ikastola donostiarra Herri Ametsa.

En 1974, un año antes de la muerte de Franco, había en prisión 245 presos políticos vascos. El 20 de noviembre del año siguiente, es decir el día que falleció el dictador, los presos vascos habían ascendido a 731, de los que 104 eran mujeres. La mayoría de esos presos eran de organizaciones de izquierda (ORT, PTE, MCE, PORE, LCR, PCE, PCI), juveniles (IASE), armadas (ETA, FRAP) o abertzales (LAB, LAIA), dos del PNV y uno de PSOE. Eran, en general, detenidos del sexto estado de excepción del franquismo en Hego Euskal Herria que había entrado en vigor el 26 de abril de 1975, ante los juicios a Txiki, Otaegi, Garmendia… y durante el cual se produjeron unas 4.000 detenciones. Muchos de ellos continuarían en prisión y las cárceles no desaguarían hasta 1977, en el preludio del decreto de amnistía que octubre de ese año, que indultó también a cientos de miles de funcionarios, policías y adictos franquistas.

Un año más tarde, el régimen fascista ejecutó un referéndum por su reforma y, apoyado en su resultado, comenzó su mudanza. Quince días después de la cita con las urnas, e invocando el artículo 304 de la ley de enjuiciamiento criminal vigente desde 1882, después de la Segunda karlistada, el Gobierno español creaba la Audiencia Nacional. Los resultados en el referéndum más flojos para apoyar la reforma se produjeron en Hego Euskal Herria, lo que llevó al Ejecutivo hispano a que una semana más tarde de que fuera creado el tribunal especial, el Consejo de Ministros del 21 de enero de 1977, fuera dedicado monográficamente al tema vasco. Con el añadido que en este consejo, el infante Felipe de Borbón y Grecia (hoy Felipe VI) fue nombrado heredero de la Corona española. Sintomático.

El año previo, primero de la que llamaron Transición, fue brutal: cinco obreros muertos en Gasteiz; decenas de bombas contra librerías, atentados contra refugiados, torturas, cargas contra las concentraciones de Olentzero... Con Jurramendi convertido en la laboratorio para fichar a mercenarios bregados en otros estados fascistas y que ingresarían en el BVE o en los GAL. Y ya en 1977, las concentraciones por esa amnistía, que no llegaba reprimidas a fuego: muertos en Iruñea, en Orereta. La expresión del “gatillo fácil” dirán más tarde al referirse a la actuación policial.

El grueso policial con sus mandos fue recuperado para la “democracia” y ratificado por el PSOE que llegó a la Moncloa en 1982, al igual que los jueces, funcionarios y el Estado profundo. Con escarnio, Franco había sido nombrado hijo adoptivo o predilecto de numerosas poblaciones vascas, entre ellas la de Gernika, símbolo de las libertades y de la resistencia vasca (marzo de 1946, hijo adoptivo y medalla de oro y brillantes). En octubre de 1942, la Diputación de Araba lo nombraba “padre de la provincia”. En 1947, la Diputación navarra lo nombró “hijo adoptivo”. En agosto de 1963 el nieto de Franco fue nombrado general honorario en la tamborrada infantil de Donostia. El día después se hizo tan largo que el Gobierno de la CAV y el PNV comenzaron a investigar los crímenes franquistas a partir de 2015. Hasta entonces, la voluntad popular, siempre dos pasos por delante de la institucional. Cosas de la llamada Transición cuyo comienzo está claro, no así su conclusión. Para mí es evidente: cuando deroguen la vigente y franquista Ley de Secretos Oficiales. 

 

 

 

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sábado, 27 de septiembre de 2025

Entrevista a Roger Mateos

Les invitamos a leer esta entrevista que arroja luz sobre los tres integrantes de el FRAP que fueron fusilados en la misma fecha que Anjel Otaegi y Jon Paredes 'Txiki'.

La traemos a ustedes desde Naiz:


«Los fusilamientos contra el FRAP pueden verse como castigo a su fuerza en el franquismo»

El periodista Roger Mateos investiga el caso de Xosé Baena. Asegura no solo que pudo comprobar su inocencia sin la presencia «de una cuarta persona» sin identificar en el atentado que se le imputó. También recalca la potencia, «ninguneada» por los historiadores, del FRAP en los 70.

Daniel Galvalizi 

«Siento la necesidad de darle un brochazo más personal a una historia que me ha obsesionado de manera enfermiza», deja claro Roger Mateos en la introducción a ‘El verano de los inocente’s (Ed Anagrama, 2025). «Este proyecto interminable me ha abducido», añade.

El politólogo y periodista catalán lleva dos décadas estudiando el proceso del PCE marxista-leninista (m-l) y de su creación posterior, el FRAP, del cual tres de sus militantes fueron los últimos fusilados junto a Txiki y Otaegi tras consejos de guerra en la dictadura, hace ya medio siglo. Uno de ellos (el último, precisamente), el vigués Xosé Baena, asegura Mateos que no cometió el crimen que se le adjudica y que el perpetrador fue una cuarta persona que por un pacto de silencio nunca se descubrió.

En entrevista con NAIZ, también señala cómo «la historiografía tradicional de la Transición» se ocupó de soslayar el «papel importante del FRAP» en el fin del franquismo.

¿Es cierto que lleva 20 años investigando el PCE (m-l)?

Sí, empecé a interesarme por ellos cuando empezaba mi carrera profesional, me llamaban mucho la atención los temas de memoria y en especial el PCE (m-l). Era un partido que estaba hermanado con la Albania comunista, que era su gran patrocinador internacional, lo cual era una excentricidad porque era el régimen más aislacionista del este. Y mi interés fue creciendo porque entendí que su posterior invento, que fue el FRAP, tuvo un papel mucho mas relevante de lo que la historiografía oficial antifranquista admite y ha admitido tradicionalmente. El FRAP en la primer mitad de los 70 tuvo mucha visibilidad, mucha hiperactividad en la calle contra la dictadura y los libros de historia no acostumbran a hacerle suficiente caso. En concreto el año 75 es el mejor ejemplo de esto que estoy diciendo. 

Sin ser yo marxista leninista, el tema me ha apasionado siempre. El caso de Albania es una pasión periodística para mi y ademas como está tan poco explorado y estudiado que sentía que pisaba nieve virgen todo el rato. Nadie se ha ocupado de estudiarlo en profundidad.

Comenta que todos los fusilamientos de 1975 fueron hechos horribles pero el caso de Baena fue particular. ¿Por qué?

Más que particular, me llamó la atención lo que me explicó la hermana de Baena, Flor, que contó las ultimas palabras que su hermano le dijo a su padre antes de ser fusilado. Su padre viajó de Vigo a Madrid la última madrugada antes de que lo fusilaran. Llegó a primerísima hora a la cárcel de Carabanchel antes de que se llevaran a su hijo a fusilarlo, acompañado del hijo mayor, Fernando. El padre de Baena le pregunta a Xosé: «Para mi no hay nada peor que maten a mi propio hijo, pero sería mas doloroso si tú no mataste al policía porque eso significaría que además están matando a un inocente». Baena le contestó: «Lo siento papá, pero no puedo darte este consuelo, no lo maté yo».

Estas palabras me impactaron mucho, porque aunque esto no demuestra nada para mí como periodista, sí me espoleó a intentar confirmar la inocencia que Baena le había asegurado a su padre. Y este ha sido mi trabajo, volcarme en acumular pruebas y evidencias de la inocencia de Baena para demostrar que no fue quien dicen que fue, o sea el autor material del primer atentado mortal del FRAP.

Sobre el contexto histórico, hay muchos jóvenes que no conocen nada del FRAP. ¿Qué fue y qué significó en el franquismo?

El FRAP es una de las fuerzas antifranquistas más infravaloradas a nivel historiográfico. Si bien es verdad que después de los fusilamientos la organización estaba hecha trizas a nivel organizativo, quedó mermada por las detenciones en cadena y la desarticulación y pasó a ser una fuerza irrelevante durante la Transición, no fue así en la primera mitad de los 70, cuando llegó a ser una fuerza muy visible en la calle, hiperactiva. Atrajo a muchos jóvenes republicanos, a la oposición más combativa, y llegó a tener un volumen de militancia muy considerable sobre todo en Madrid, València y Catalunya. Quiero matizar: lejos del volumen de militantes del PCE de Santiago Carrillo, pero mucho más relevante de lo que la historiografía suele recoger. El pico de militancia fue en 1973, y aunque es difícil hablar de números, se contaban por miles, entre 3.000 y 4.000 es una estimación posible. Eran organizaciones en la órbita del PCE (m-l), que creó el FRAP como marca política republicana para aglutinar a mas sectores populares antifranquistas mas allá del propio partido.

Se dice con frecuencia que el FRAP era una banda terrorista, pero las siglas nacen en 1971 y no como rama militar, nace como un frente político, conglomerado de organizaciones sectoriales, como un sindicato, una organización de estudiantes, otra de artistas, otra de campesinos, y el PCE (m-l) su matriz política. Nace como frente para desarrollar actividades políticas, como manifestaciones relámpago contra la dictadura, ataques con bombas molotov contra intereses del régimen, pintadas, etc, pero sin la consigna de matar. Eso cambia en 1975 y entonces sí cambia la estrategia y se conforman grupos armados. Hacen tres atentados mortales, dos en Madrid y uno en Barcelona, entre julio y septiembre del 75.

¿Se podría decir que fueron clave en el parto democrático y por ello se explica el escarmiento con los fusilamientos en juicios-farsa?

Sí, fueron clave justo antes de ese parto. Los actos armados los llevó a cabo con muchísima precipitación, sin la infraestructura necesaria para aguantar un choque de trenes con la dictadura. La organización acabó siendo vapuleada por la represión de Franco. Esa represión redujo drásticamente la capacidad política del frente. Y sí, los fusilamientos pueden ser interpretados como un castigo al crecimiento del FRAP porque el régimen temía que si triunfaban en su desafío podía ser una fuerza realmente temible, porque era de alcance estatal y con aspiración no de independencia de un territorio sino que quería barrer a las elites españolas e instaurar una república española comunista.

Era un grupo que quería cambiar el sistema por completo y la dictadura quiso cortar de raíz esa amenaza para su existencia y se empleó con muchísima dureza contra el FRAP y contra ETA, que ya estaba golpeando al régimen muy fuerte. La dictadura hizo sonar el escarmiento más severo para intentar frenar la campaña de atentados que estaba desestabilizando.

¿Temían que el FRAP contagiara de radicalidad al PCE quizás?

Bueno, mas que nada es que el FRAP empezó a matar a policías y guardias civiles, era un nivel superior de lucha que a la dictadura le generó miedo. El FRAP se convirtió en una fuerza temible porque estaba matando y alarmó sobre todo a los estamentos policiales y militares. El gobierno de Arias Navarro tenía la sensación de que podía perder el control de la calle y eso enervó a los sectores mas ultras del régimen, que ya llevaban tiempo tachando a Arias Navarro de blando, de pusilánime. Quiso Arias demostrar ante estos sectores que no era un presidente débil y posiblemente por eso optó por acelerar los procesos judiciales y dictar las penas muerte.

Por lo que ha documentado, ¿cómo fue el rol de un Franco ya agonizante? ¿Se sabe si le preocupaba especialmente el FRAP?

En el verano del 74 Franco había sufrido una enfermedad por la que había tenido que ser hospitalizado y por primera vez había tenido que ceder las riendas del poder al príncipe Juan Carlos. Eso llevó a la sociedad española a pensar que a Franco le quedaban cuatro días. Finalmente superó aquella crisis de salud pero quedó mermado físicamente y su salud se aguantaba con pinzas. Cuando llega el verano del 75, Franco está viviendo sus últimos meses, se está apagando y tiene a un gobierno que se sentía débil ante la presión de la calle. Dictan las penas de muerte y la reacción internacional es fulminante, las condenas internacionales a esos juicios esperpénticos que condenaron a muerte a varios militantes del FRAP y ETA. Esa condena internacional hizo mella, sobre todo la del papa Pablo VI, que el domingo previo a los fusilamientos pidió clemencia. Esa presión del Vaticano a un régimen nacional-católico debió ser difícil de soportar. Aun así, decidió seguir adelante con tres de las condenas a muerte del FRAP mas las dos de ETA y conmutaron al resto.

¿Cree que ha sido ninguneado el FRAP entre los historiadores después de la Transición?

Sí, creo que se debe al estigma del terrorismo. A una parte del antifranquismo le incomoda reivindicar la lucha del FRAP porque implicó muertes. Y solo se circunscribieron a esos meses del verano pero esa actividad armada para una parte del antifranquismo desautoriza al FRAP. Incluso Carrillo en ese verano se manifestó públicamente en contra del “terrorismo individual” del FRAP, e incluso insinuó que detrás de la estrategia terrorista podía haber alguien de las cloacas del estado franquista dirigiéndola, porque esos atentados interpretaba que favorecían a los sectores mas ultras y torpedeaban los intentos de la oposición moderada. Pero mi tesis es que en la cúpula del PCE (m-l) y del FRAP no había infiltrados, lo que sí hubo una toma de decisiones errónea que acabó en catástrofe porque la organización no estaba preparada para aguantar un pulso con la dictadura.

El libro menciona la lectura sesgada de la realidad que tenia la cupula del FRAP, incluso le pronosticaba un pronto cese a ETA, que acabó existiendo muchos años más.

El FRAP intentó colaborar con ETA, porque interpretaban que era una organización que estaba luchando de tú a tú contra la dictadura y le tenían cierto respeto, por jugarse la piel en el campo de batalla. Pero desaprobaban su estrategia terrorista, consideraban que llevaba a cabo atentados indiscriminados y el FRAP no era partidario de colocaciones de bombas. Aun así, intentó colaborar y buscó puentes, se llegaron a celebrar reuniones discretas en el exilio. La propia cúpula de ETA desconfiaba del FRAP por ser una fuerza española. 

Sobre ese desenfoque, esa lectura errónea de que ETA iba a durar poco, se debe a que sus análisis eran muy endogámicos, herméticos, muy poco autocríticos, y entraron en una espiral de autocomplacencia que les llevó a creer sus propios mensajes de que estaban verdaderamente liderando al pueblo español hacia la victoria. Tomaron decisiones en las que sobredimensioan sus fuerzas. Asi como digo que la historiografia los infravalora, también digo que la dirección del FRAP sobredimensionó sus propias fuerzas.

Yendo al caso de Baena. Tras su investigación, usted asegura que hubo una cuarta persona en el atentado por el que lo condenan...

Sí. Es una conclusión a la que he llegado a partir de mi investigación: Baena no fue el autor del atentado por el cual fue fusilado y hubo un cuarto individuo en aquel comando. Y ese cuarto individuo fue el autor material y consiguió escapar a Francia. Ha sido una tarea muy ardua porque los implicados en aquellos acontecimientos son todavía muy reticentes a dar detalles, no es fácil.

¿Ha sido difícil que le cuenten las cosas los que vivieron ese proceso?

Para mí como periodista hablar de estos temas de memoria, de hace ni mas ni menos que 50 años, es algo normal, está todo prescrito y amnistiado además, no entraña excesivos problemas, pero también entiendo que quienes fueron acusados de participar en esos hechos sigan siendo reticentes porque son temas delicados, porque sufrieron muchísimo, sufrieron torturas salvajes en comisarías, detenciones y prisión, condenas a muerte en juicios-farsa, y sufrieron traumas que son difíciles de imaginar. Son reticentes y no puedo hacer otra cosa que respetarlos, aunque considero que tiene todo el sentido reconstruir estos hechos que son muy importantes; fueron los primeros ataques del FRAP, que luego vinieron unos terribles consejos de guerra, con fusilamientos atroces en un año que fue clave para la historia de España.

Otro elemento cotidiano de la dictadura era la tortura y usted deja entrever en el libro que un camarada de Baena lo señaló bajo tormentos policiales.

Sí, lo que hay en el sumario es una declaración policial del primer detenido por el atentado en la calle Alenza, Mayoral, en la cual se señala a Baena. Él dice ‘Daniel’, que era su nombre de guerra en Madrid. Esa declaración policial lo señala como autor pero la tenemos que poner en duda completamente porque lo firmó después de tres días de torturas bárbaras. No sabemos por qué se señala a Baena y después de firmarlo incluso, aunque que Mayoral hubiera señalado lo considero justificable porque en ese momento Baena estaba libre, no había sido detenido, con lo cual quizás tenia esa intención de señalar a quien no podía sufrir consecuencias. Baena, de hecho, también firma declaración autoinculpatoria como autor material, sufrió un infierno de torturas y pudo sacar un escrito de manera clandestina de la cárcel en la DGS de Puerta del Sol en que las denunciaba.

¿Qué pasó con los integrantes del FRAP después de 1975? 

El FRAP estaba noqueado y muchos de ellos en el exilio. Entendieron que no podían continuar con la lucha armada. Aun así, crearon grupos armados pero no para matar sino para cometer atracos, para financiar a la organización, que iba destinado a las arcas del partido. En 1978 uno de esos grupos de atraco fue detenido y ahí toda la estructura quedó desmantelada. Hubo encarcelamientos y torturas. En paralelo el PCE (m-l) ya empezaba a prepararse para su legalización y eso finalmente sucedió y se convirtió en una fuerza que operaba legalmente.

 

 

 

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Egaña | Las Otras, los Otros

Les compartimos el texto que nuestro amigo Iñaki Egaña dedica al 50 Aniversario del fusilamiento de los cinco militantes antifranquistas, hecho que en Euskal Herria dio pie al Gudari Eguna.

Adelante con la lectura:


Las otras, los otros

Iñaki Egaña

El cincuenta aniversario de los fusilamientos de Txiki y Otaegi, así como de los tres militantes del FRAP (Xosé Humberto Baena, José Luis Sánchez y Ramón García), ha permitido visualizar la época para los que no la vivieron, interpretar con la perspectiva el tiempo político y sus derivadas y también desnudar las miserias de negacionistas, nostálgicos y reconstructores del pasado a su medida. Que ha dado lugar, asimismo, a situaciones dolorosas para quienes vivieron de cerca la época, el estado de excepción consiguiente, las torturas, detenciones, exilio o apaleamientos masivos. Han dejado de existir y su contribución ha sido borrada de la historia. La simplificación en el presente de la mayoría de las cuestiones políticas y la polarización conducen a una pelea que parece producirse exclusivamente en la victoria de relatos y en la expansión de simbolismos. Txiki y Otaegi fueron terroristas que lucharon por una causa antinatural: la independencia y el socialismo para Euskal Herria, según buena parte de los constitucionalistas hispanos actuales. Para nosotros, en cambio, fueron el símbolo de un recorrido aún inacabado de una generación soportada en las anteriores y soporte de las posteriores.

Los juicios de aquel verano de 1975 descubrieron el valor de la solidaridad humana y, con una lectura medio siglo después, de que el símbolo esconde las ramas de un árbol frondoso completado con la savia que nutre a las hojas. Hubo dos fusilados, Txiki y Otaegi, pero en esa crónica del proceso (detenciones, torturas, juicios-farsa y fusilamientos) miles de hombres y mujeres mostraron su solidaridad con los encausados. Y otros dieron su vida para evitar, sin lograrlo, las ejecuciones. Fueron los otros, cuyo reconocimiento debemos.

Entre ellos a Montxo Martínez Antia (Donostia), Josu Mujika (Legazpi) y Andoni Campillo (Gernika), militantes Polimilis que se habían trasladado a Madrid y Barcelona para presionar al Estado y, como sucediera durante el Proceso de Burgos, un secuestro sirviera para el canje: la vida del secuestrado (dos en el caso de 1975) por la conmutación de las penas a los condenados a muerte. La lectura era sencilla. El secuestro del cónsul alemán Behil fue determinante en la conmutación de los de Burgos, las movilizaciones ayudaron. El proyecto dispuesto para evitar las muertes de Garmendia y Otaegi fracasó y las penas capitales se ejecutaron. Cinco vascos muertos. De aquel intento, aún dos militantes que pudieron escapar de Madrid de las razias policiales, permanecen en el exilio. Uno de África y el otro en América, lejos de su patria.

Las huelgas generales convocadas para salvar la vida de los condenados (por cierto rechazadas expresamente por la elite jeltzale, no así por muchos de sus militantes que las secundaron) dejaron un reguero de tragedias. Centenares de trabajadores fueron expulsados de sus empresas y tuvieron que comenzar de cero en el mundo laboral. Los grupos parapoliciales actuaron con total impunidad, destrozando comercios, negocios y atentando contra personas solidarias que sufrieron de por vida los efectos que hoy se llaman colaterales, sin recibir asistencia de tipo alguno, entonces y ahora. Incluso María Manotas, madre de Txiki, y su hija Isabel, fueron agredidas en su vivienda de Zarautz semanas después del fusilamiento de Jon en Cerdanyola. Los detenidos en comisarías y cuarteles fueron torturados, sufrieron malos tratos y su trayectoria quedó ensombrecida por un relato que se olvidó de ellos. Sus familias recibieron amenazas. Alguno de ellos, incluso, no pudo soportar la carga del recuerdo del tormento y se suicidó.

Y contra esa sociedad que se refugiaba en las iglesias, la España católica también fue implacable. El sacerdote que ofició el responso en Zarautz fue detenido. En Donostia Gasteiz e Iruñea, quienes asistieron a los funerales, fueron apaleados con porras y fuego real. Afortunadamente no sucedió una matanza como el Tres de Marzo, meses después, la que ocurrió en Gasteiz. Entre las decenas de heridos de bala, un niño de 8 años.

La solidaridad también llegó del exterior. Figuras hoy encumbradas por la historiografía oficial, tales como Costa Gravas, Yves Montand o Michel Foucault, fueron detenidos, esposados y expulsados del Estado español, cuando se disponían a dar una rueda de prensa en Madrid. Organismos nada sospechosos de revolucionarios como El Vaticano, la Comunidad Europea o Naciones Unidas, que pidieron clemencia para los condenados a través de sus líderes el papa Pablo VI, François Ortolí y Kurt Walheim, fueron ninguneados, tal y como sucedió en la Declaración de Aiete de 2011 cuando Esteban González Pons, vicesecretario de Comunicación del PP, les dijo a Tony Blair, Jimmy Carter, Bill Clinton, Kofi Annan o Gro Harlem Brundtland: "Los extranjeros que vienen a una supuesta conferencia de paz en el País Vasco pensando que están en Irlanda o en Sudáfrica, realmente no tienen ni puñetera idea del país en el que se encuentran”.

¿Qué fue de aquellos solidarios que, en Lisboa, Copenhague, Estocolmo, Hendaia, La Haya, Bruselas, Roma, Ginebra, París y Atenas asaltaron consulados españoles y fueron apaleados y detenidos? ¿Cuáles eran los nombres de los jugadores de las selecciones de Italia y Finlandia que en un partido de fútbol guardaron un minuto de silencio tras conocerse las ejecuciones? Los del Athletic saltaron en Granada al campo con brazaletes negros. Ante la amenaza policial, dijeron que los llevaban por la muerte de un directivo. Y coló. Pero en Santander, Aitor Agirre y Sergio Manzanera también lucieron brazaletes negros. Un numeroso sector del público los abucheó cada vez que tocaban el balón. En el descanso, la Policía entró en los vestuarios para despojarles de los brazaletes. Días más tarde, fueron multados con 100.000 pesetas cada uno. Y recibieron amenazas durante su carrera deportiva.

Fusilaron a Txiki y a Otaegi. Nuestro recuerdo. Pero también evocaremos el protagonismo de miles más, dignos y honrados hombres y mujeres que han sido engullidos por la historia. Los otros.

 

 

 

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viernes, 22 de agosto de 2025

Egaña | A la Espera del Panteón

Les compartimos el parecer de Iñaki Egaña con respecto a las irresponsables declaraciones del director de Gogora con respecto a Jon Paredes 'Txiki' y Ángel Otaegi.

Adelante con la lectura:


A la espera del Panteón

Iñaki Egaña

De nuevo la memoria y las víctimas se han convertido en trinchera para quienes reivindican el modelo de “Transición modélica” sin reparar, espero, que con ello y su posicionamiento hacen el caldo gordo a quienes afirman que el franquismo no fue tan horrible. Blanquear el fascismo es el coste de su apuesta y categorizar nuevamente a sus víctimas el resultado. No es de recibo el enfoque actual de Gogora de comparar a quienes el propio Gobierno vasco calificó de víctimas con los verdugos franquistas, más aún cuando su director es licenciado en historia. Cerca de 100.000 desaparecidos, decenas de miles de ejecuciones extrajudiciales, millones de bienes incautados y, en el caso vasco, 151.000 exiliados (de ellos 39.000 niños) y 60.000 presos políticos. Más una sociedad capada en su desarrollo personal y colectivo.

La deriva proviene de ese seguimiento que ha adoptado en los últimos tiempos el Instituto de la Memoria, la Convivencia y los Derechos Humanos de la CAV del Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo, que ve en la sociedad vasca un ejemplo de patología social y ha convertido a las víctimas en asimétricas. El socialista Jagoba Álvarez, reciente director de DDHH del Gobierno de Gasteiz, ha escrito acertadamente hace unos días que no contextualizar el pasado “deja el campo abierto a la revisión sobre la violencia durante la dictadura que pretende hacer la derecha española cuestionando a todos para difuminar la violencia de Estado través de todas sus formas”.

Así, se dan por buenos los juicios militares sumarísimos (a pesar de la nulidad de todos ellos según la Ley de Memoria Democrática). Si eran de ETA, como Txiki y Otaegi, eran criminales. Si pertenecían al FRAP, como semanas pasadas sucedió en el caso de Xose Humberto Banea, en 1975 era un “asesino” y en 2025 ha sido reconocido como víctima, “asesinado”. La guerrilla antifranquista, los maquis, mataron a 234 guardias civiles, el último en la década de 1960 en el Irati navarro. Eran bandoleros y criminales para el régimen. Hoy son tratados y homenajeados como “miembros activos de la resistencia armada contra la dictadura franquista”. En 2021, Fernando Martínez López, secretario de Estado de Memoria Democrática afirmó: "Los guerrilleros lucharon por la democracia y así se estudiará en las escuelas".

Pero en el caso vasco, aquellos que fueron condenados como victimarios no podían ser tratados de ninguna manera también como víctimas a pesar de ser torturados. La ola de Galdakao infló el argumento. Jon Mirena Landa: “El aumento de las asimetrías, tras manipulación, envenenará las políticas públicas de memoria”. Que es el fondo de la cuestión, plantear un debate en la que los victimarios o supuestos (en cualquier época incluso en una dictadura), queden al margen de la condición de víctima. Si entraríamos a fondo en la cuestión se abriría la discusión en profundidad. ¿Un victimario lo fue por ser previamente víctima? Si fuera así ¿se legitimarían las actividades de las disidencias políticas, incluso las violentas? Recordar aquel preámbulo de la Carta de Naciones Unidas: “Los derechos deben ser protegidos por la ley a fin de que el hombre no se vea compelido al supremo recurso de la rebelión contra la tiranía y la opresión”.

Esta deriva de Gogora/Melitonium ha abierto un melón que no se si lo han calibrado en su medida. Porque el argumento sobre la criminalidad de Txiki y Otaegi y su matización como víctimas tiene una traslación universal. Y es el mismo, por cierto, que el que emplean el evangelista César Vidal o el franquista Pío Moa que afirman que los ejecutados por el dictador eran, en su mayoría, asesinos. No lo señalaron explícitamente, pero se entiende que se lo merecían. ¿Estaban justificadas las torturas a Txiki, Otaegi, Baena, García Sanz y Sánchez por su condición de condenados a muerte?

Joseba Elosegi, militante del PNV y capitán del batallón Saseta sobrevivió al bombardeo de Gernika. En setiembre de 1970, en los mundiales de pelota celebrados en Donostia, se prendió fuego y en el frontón Anoeta se lanzó contra el dictador. Erró en el intentó y, en cambio, provocó graves heridas a uno de sus escoltas, por lo que fue condenado. ¿Y si hubiera matado a Franco? ¿Habría sido un tiranicidio? ¿Y si, por el contrario, hubiera fallecido únicamente el policía-escolta, ¿un crimen de por vida? ¿Un victimario porque en Carabanchel compartió comuna con los presos de ETA?

Este argumento absurdo no tiene recorrido en otras latitudes. Nelson Mandela era un terrorista -27 años en prisión por dirigir un grupo armado- que combatía el supremacismo. Mariano Rajoy y el hoy rey Borbón asistieron a sus exequias. El polaco-judío David Ben-Gurión, otro terrorista que fue el primer ministro de Israel. En 2019 Angela Markel, en nombre de su Gobierno, homenajeó a los “patriotas” que intentaron matar a Hitler en 1944: “Hay momentos en que la desobediencia es obligatoria”, dijo la canciller. ¿Se imaginan un homenaje en el congreso español a quienes mataron a Carrero Blanco? ¿O a Joseba Elosegi por intentarlo con Franco? Yo tampoco.

Hace unos meses, los restos de Missak y Mélinée Manouchian, integrantes del grupo armado contra el nazismo que aparecieron como criminales en el conocido como Affiche Rouge alemán y luego ejecutados con otros 23 compañeros de su partida, fueron a parar al Panthéon de París, donde reposan cerca de un centenar de destacados personajes en la historia del Estado francés. Comparten descanso junto a Dumas, Víctor Hugo, Voltaire, Marie Curie, Malraux, Rousseau, Zola… No fue un Gobierno radical de izquierdas quien tomó la decisión, sino un atlantista como Emmanuel Macron. Una lógica decisión.

Y no sería irregular que, ya en la cercanía, Gogora destinara parte de su presupuesto a replicar un proyecto similar, un Panteón vasco. Si lo desean, con un arco cronológico reducido que recogiera los restos de quienes lucharon en la época citada. Ahí van mis propuestas: Txomin Letamendi, Delia Lauroba, Alfredo Espinosa, Jesús Larrañaga, Columba Fernández, Julián Zugazagotia, Julia Álvarez Resano, Isaac Puente, Txiki, Otaegi, los cinco obreros del 3 de marzo… A la espera.

 

 

 

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martes, 19 de agosto de 2025

Fernàndez | Tres Tristes Trampas

Este texto de catalán David Fernàndez acerca de lo que significa para la historia y la memoria el asesinato de Jon Paredes 'Txiki' y Ángel Otaegi, se lo dedicamos con mucho cariño al vasquito colonizado Alberto Alonso, el directorsísimo de Gogora:


Tres tristes trampas

David Fernàndez

Hace 50 años, en pleno agosto, la dictadura franquista se sacó de la chistera un decreto ley para, con ilegal retroactividad y dictatorial parsimonia, poder endurecer las sentencias y condenar a Txiki y a Otaegi a la pena de muerte. Así acabaría sucediendo con criminal puntualidad, tras sendos juicios farsa contra los militantes de ETA, el 27 de septiembre de 1975. Burgos, Barcelona y Hoyo de Manzanares -donde caían Baena, García Sanz y Sánchez Bravo, militantes del FRAP- rubricaban que el franquismo acababa como empezaba: en paredón y a sangre y fuego.

Alguien escribió, con pronta lucidez anticipada, que la mayor problematicidad de la transición sería explicarla años después a la chavalada, cuando empezasen a hacer preguntas insolentes por infinitamente razonables: ¿por qué la dictadura quedó impune del todo?, ¿por qué ni un solo verdugo fue juzgado o depurado?, ¿por qué tanta amnesia? La segunda trampa legal, la del silencio, ya había sido urdida: vendría la ley de amnistía, pareja a la ley franquista de secretos oficiales vigente hasta ahora. En realidad se absolvían de un plumazo 40 años de represión y corrupción, porque demasiado a menudo ponemos el foco en los crímenes del franquismo y olvidamos las enormes fortunas repletas de corrupciones que se amasaron entonces y que aún perduran. La cuestión, en todo caso, es que, cinco décadas después, todavía no sabemos -verdad, justicia, reparación- quién conformaba aquel pelotón de guardias civiles voluntarios que en un claro de bosque de Cerdanyola del Vallès segó la vida de Txiki. Por simple regla de tres -el último poli de la dictadura fue el primero de la democracia-, es obvio que siguieron en activo y se jubilaron a cuenta de las cuentas públicas. En nombre de la democracia. Menudo cuento en simulacro.

Y aun así, no fue la última trampa. Los rigores de la enloquecida deriva antiterrorista, en tiempos de ilegalizaciones, propició la kafkiana prohibición del nombre de Txiki y Otaegi en plazas y calles públicas de Euskal Herria en la primera década del siglo XXI. Después, las tardías y timoratas políticas públicas de memoria democrática en el Reino de España han hecho el resto del olvido, han dificultado resquebrajar el denso manto del silencio y han contribuido al agujero negro de la impunidad. Y ahora todo son preguntas que quedan respondidas por tres trampas distintas: trampa en dictadura, trampa en transición o trampa en democracia. Lo que nunca falla, en cambio, y ante cualquier circunstancia, es la memoria desde abajo, que abre a ras de suelo lo que desde arriba siempre quieren cerrar a cal y canto. El “Askatasun haizea” de Txiki, a pesar de los pesares y como viento sur, sopla y seguirá soplando.





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lunes, 18 de agosto de 2025

La Involución Sociata

Si Alberto Alonso tuviera un poco de vergüenza o de decoro, ya habría renunciado a su poltrona al frente de Gogora. Ya para que incluso Urkullu le haya enmendado la plana, imaginen ustedes.

Pero vergüenza es algo que los vascos de mente colonizada no tienen, así que a él y a sus secuaces - tanto del PSOE como del PNV - les dedicamos este texto publicado por Naiz:


El PSOE de Guerra lo tenía más claro sobre Txiki y Otaegi que el de Gogora, hace 50 años

La declaración del director de Gogora nombrado por el PSE sobre Txiki y Otaegi no solo ha enfadado a parte de la ciudadanía vasca, sino que contradice lo que el propio PSOE pensaba en 1975. Esto decía su publicación oficial, ‘El Socialista’, cuyo responsable era nada menos que Alfonso Guerra.

Ramon Sola

La posición expresada por el director de Gogora, Alberto Alonso, sobre Jon Paredes Manot ‘Txiki’ y Anjel Otaegi supone una auténtica reescritura de la posición de su propio partido, el PSOE, en aquel 1975. Pasado medio siglo, Alonso ha negado a los dos militantes de ETA fusilados la condición de «luchadores por la libertad» y les ha acusado de usar «las mismas herramientas del franquismo». Unas tesis muy alejadas de las que sostenía ‘El Socialista’, medio oficial del partido todavía entonces en la clandestinidad, en octubre de aquel año, y también de la declaración de la Comisión Ejecutiva del PSOE que incluía en sus páginas.

En la misma aparecen los rostros de los cinco antifranquistas fusilados, definidos como «las víctimas» frente a «los verdugos», a saber el dictador Franco (que aparece en la imagen junto a Juan Carlos de Borbón), su primer ministro Arias Navarro y el Consejo de Ministros al completo. Todo ello tras un titular contundente: «Terrorismo oficial».

Ni en la declaración de la Ejecutiva del PSOE ni en el editorial de ‘El Socialista’ hay crítica alguna a la acción de Txiki y Otaegi, ni en genérico a la de ETA y el FRAP, como la que ha desarrollado medio siglo después el director de Gogora. El editorial los define como «cinco jóvenes asesinados por un gobierno decrépito». De los fusilados se apunta que «quieren otro futuro para España, un futuro libre, democrático, justo».

Tampoco hay cuestionamiento de las «herramientas» de lucha atribuidas a los cinco fusilados en la declaración de la Ejecutiva del partido que dirigía Felipe González desde Suresnes (1974). Más bien al contrario; se denuncia que «el Régimen, acorralado, intenta prolongar su vida quemando la posibilidad de una alternativa democrática que no cueste a los pueblos del Estado los traumas de los enfrentamientos y de las muertes, y trata de colocar a todo hombre con conciencia política en una batalla desigual con el aparato represivo y las fuerzas más reaccionarias».

El PSOE remarca en aquel momento la enorme gravedad de los fusilamientos. Explica que el partido «hizo un ingente esfuerzo nacional e internacional para evitar que la escalada represiva llegara a este punto dramático culminante». Y añade que «los socialistas tienen la obligación histórica de contribuir con su esfuerzo definitivo a la conquista de las libertades democráticas». La declaración de la ejecutiva se emitió el 1 de octubre, apenas cuatro días después de las ejecuciones franquistas.

‘El Socialista’ es el órgano de expresión del PSOE desde 1886 y hasta la actualidad. Su primer director fue el propio fundador del partido, Pablo Iglesias Posse. En este octubre de 1975 estaba dirigido por alguien nada sospechoso de afinidad con ETA ni la causa vasca en general, como quedó claro posteriormente, desde su etapa como vicepresidente del Gobierno español hasta la actualidad: Alfonso Guerra. Había sido elegido en Suresnes secretario de Prensa e Información del PSOE, y como tal, responsable de ‘El Socialista’.

Relectura también respecto a 2012

Las palabras de Alonso sobre Txiki y Otaegi también suponen una ‘enmienda’ sobre la posición del PSE en 2012, cuando ambos fueron admitidos por el Gobierno de Lakua como víctimas de violencia estatal.

Algunas organizaciones de víctimas de ETA cuestionaron esa decisión y, en condición de portavoz del Ejecutivo de Urkullu, Idoia Mendia la reafirmó sin incluir matiz crítico alguno sobre los dos fusilados. «Forman parte de la memoria de este país», subrayó la consejera, que dos años más tarde pasaría a liderar el PSE durante siete años.

Alberto Alonso Martín fue designado por el PSE de Eneko Andueza para dirigir Gogora tras el trasvase de la cartera de Justicia y Derechos de Humanos desde el PNV a su socio de gobierno. Antes ha sido parlamentario del PSE en la pasada legislatura, y más atrás concejal en Bergara, además de director general de Osalan entre 2016 y 2020.

La involución producida en Gogora con el relevo es patente. La primera decisión muy cuestionada fue que PNV y PSE coparan su dirección, dejando fuera a Pilar Garaialde, postulada como representante de las víctimas del Estado. Estas expresaron su dolor un mes después por la decisión paralela de la Delegación del Gobierno español de celebrar un desfile de la Guardia Civil en Gasteiz: «Ojalá pudiéramos olvidar que en sus manos deseamos morir».

Otros indicadores inquietantes son el cuestionamiento del espíritu del Palacio de la Cumbre donostiarra como Lugar de Memoria o los recortes en la estructura para el reconocimiento de las víctimas del Estado. Algunas voces alertan de que ello está poniendo en riesgo los consensos sobre políticas de memoria gestados por la propia Gogora anteriormente.




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domingo, 17 de agosto de 2025

Urkullu Corrige a Alberto Alonso

Imaginen cuan insultante ha sido la declaración de Alberto Alonso, titular de Gogora, en contra de la memoria de Jon Paredes 'Txiki' y de Ángel Otaegi que el mismísimo Iñigo Urkullu, otrora lehendakari de la CAV, ha salido a enmendarle la plana.

Lean ustedes lo publicado por Naiz:


Urkullu recuerda que Txiki y Otaegi son «víctimas reconocidas oficialmente» y pide respeto

El lehendakari Iñigo Urkullu ha subrayado que Txiki y Otaegi «son dos víctimas reconocidas oficialmente por el Gobierno Vasco» y que, en esa medida, «merecen respeto», lo cual «implica, entre otras cosas, omitir valoraciones que afecten a su condición de víctima, la cuestionen o pongan en duda».

En una reflexión realizada a la agencia Europa Press, Iñigo Urkullu ha salido al paso de la polémica surgida en torno a la memoria de Jon Paredes Manot, Txiki, y Ángel Otaegi, últimos fusilados del franquismo junto a los miembros del FRAP José Luis Sánchez Bravo, Ramón García Sanz y Humberto Baena.

El Ayuntamiento de Zarautz, gobernado por PNV y PSE, retiró una lona de grandes dimensiones que se había desplegado en el muro de Santa Bárbara y, el pasado martes, cientos de vecinos volvieron a exhibirla en el barrio de Azken Portu.

Sortu, en un comunicado, censuró la postura del Ayuntamiento y su «falta de reconocimiento» a «dos luchadores vascos contra la dictadura franquista». «Sortu denuncia la actitud mostrada por PNV y PSE-EE con la memoria de Txiki Otaegi. Los dos fueron reconocidos como víctimas por el Gobierno del lehendakari Iñigo Urkullu en 2012. Era del PNV ese gobierno, como el de Zarautz», subrayaba el texto, para llamar también a participar en el acto nacional que la formación independentista celebrará el 27 de septiembre en el Anaitasuna de Iruñea.

La polémica creció posteriormente con las inaceptables declaraciones del director del Instituto Gogora, Alberto Alonso, que afirmó que Txiki y Otaegi «no son luchadores por la libertad» y que «luchaban contra la dictadura, pero utilizando las mismas herramientas que utilizó la dictadura, que era la violencia, el terror y el miedo».

En medio de esta polémica, Iñigo Urkullu ha reaparecido para destacar que se trata de un tema «muy sensible» que, desde el Gobierno del que fue lehendakari, intentaron «gestionar con la mayor delicadeza posible en el objetivo del respeto a los Derechos Humanos y a la Memoria como guía para los pasos en la normalización de la convivencia política y social en Euskadi».

«Es, además, una cuestión con aristas todavía hoy en día y que necesita el máximo rigor posible para las interpretaciones que desde prismas diferentes se hacen y se hagan», apunta.

En este sentido, recuerda que Txiki y Otaegi «son dos víctimas reconocidas oficialmente por el Gobierno Vasco, mediante la normativa que fue construyéndose entre 2011 y 2020 para la reparación y reconocimiento de las víctimas de violencia estatal ilícita».

«En la medida en que son víctimas de vulneraciones de derechos humanos, merecen respeto. Ese respeto implica, entre otras cosas, omitir valoraciones que afecten a su condición de víctima, la cuestionen o pongan en duda. De igual manera, el respeto que merece cada víctima, toda víctima, la apropiación partidaria de su memoria que se haga –sin entrar en consideraciones sobre la misma– no debería ser compatible con su instrumentalización política para el enfrentamiento», asegura.

Por ello, considera que «merece la pena una constante reflexión sobre cómo todas y todos consideramos a cada, a toda, víctima habida; al reconocimiento de las mismas desde la injusticia del daño causado; y al compromiso con la memoria basada en el respeto a los derechos humanos que a cada ser deberían haber asistido y asisten».





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viernes, 15 de agosto de 2025

Vascófobo de la Semana | Alberto Alonso

El distanciamiento del ente de la CAV conocido como Gogora para con el pueblo vasco se ha vuelto mucho mayor tras las más que malintencionadas palabras de su director, el sociata Alberto Alonso, en contra de las víctimas de terrorismo de estado español Jon Paredes 'Txiki' y Ángel Otaegi.

Aquí lo que nos relata Gara con respecto al más reciente insulto a la memoria de lucha de Euskal Herria:


Alberto Alonso (Gogora): «Txiki y Otaegi no luchaban por la libertad»

En vísperas del 50 aniversario de los últimos fusilamientos del franquismo, el director de Gogora, Alberto Alonso, decidió ayer salir al paso de los actos de recuerdo a Txiki y Otaegi con unas infames declaraciones: «No son luchadores por la libertad». «Luchaban contra la dictadura, pero utilizando sus mismas herramientas, que eran la violencia, el terror y el miedo», añadió.

El director de Gogora, Alberto Alonso, pidió ayer que «no se meta en el mismo saco» a los miembros de ETA Jon Paredes Manot, “Txiki”, y Ángel Otaegi, ejecutados por el franquismo hace ahora 50 años, y a otros miles de antifranquistas. «Una cosa es reconocerles su condición de víctimas franquistas y otra es el homenaje», consideró, antes de incidir en que estos emplearon «la violencia, el miedo y el terror».

Alonso realizó estas inaceptables declaraciones a la agencia Europa Press, después de que en las fiestas de pueblos y ciudades vascas se estén exhibiendo carteles y pancartas de Txiki y Otaegi, y de que el martes Sortu reclamara al Ayuntamiento de Zarautz «reconocimiento institucional» para ambos, tras la retirada de una lona de gran tamaño colocada en el monte Santa Bárbara. Posteriormente, cientos de personas mostraron esa tela con orgullo en el barrio de Txiki, Azken Portu.

El director de Gogora argumentó que Txiki y Otaegi, fusilados junto a tres miembros del Frente Revolucionario Antifascista y Patriota (FRAP) -José Luis Sánchez Bravo, Ramón García Sanz y Humberto Baena-, «por supuesto son víctimas del franquismo, de un régimen dictatorial que decidió juzgarlos por un procedimiento militar sumarísimo, sin ningún tipo de garantía judicial». «No tuvieron un juicio justo, no tuvieron ningún tipo de garantía jurídica y fueron condenados a muerte de una forma arbitraria y fusilados», indicó.

En su opinión, «eso les convierte en víctimas del franquismo, y hay que reconocérselo», pero puntualizó que, «de ahí a decir que son luchadores por la libertad y contra la dictadura, va un paso gigantesco». «Porque luchaban contra la dictadura, pero utilizando las mismas herramientas que utilizó la dictadura, que eran la violencia, el terror y el miedo», precisó.

El director del Instituto Gogora para la Memoria, la Convivencia y los Derechos Humanos fue incluso más allá, para advertir que se busca «blanquear la existencia de una ETA buena y una posterior ETA mala». En este sentido, subrayó que en 1974, el año anterior al fusilamiento, ETA había puesto una bomba en la cafetería Rolando (Madrid) y había matado a trece personas y herido a más de medio centenar, «de la forma más cruel». «ETA fue una banda terrorista desde el primer momento y su opción fue crear e imponer el terror», manifestó.

Alberto Alonso dijo que, si se pretende defender que «fueron luchadores antifranquistas, ¡cuidado!, porque no todos los luchadores antifranquistas tienen por qué merecer un homenaje». «Hubo luchadores antifranquistas que utilizaron las mismas herramientas de miedo y violencia que el franquismo para enfrentarse a Franco. Ni Txiki ni Otaegi querían una sociedad democrática después de Franco, querían imponer su propia visión de Euskadi, su propio proyecto como alternativa al franquista», sostuvo.

Por ello, pidió que no se «meta en el mismo saco a Txiki y a Otaegi, y a los cientos y miles de militantes de partidos que exigían y reivindicaban la llegada de una democracia a este país». «No confundamos», reiteró.

En una línea similar, la asociación Covite censuró ayer que se hubiera desplegado la lona de Zarautz y aprovechó para rechazar que Txiki y Otaegi merezcan «reconocimiento público ni homenaje institucional». 




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lunes, 19 de mayo de 2025

Asiron | Homenaje a José Luis Cano

Con este texto de Joseba Asiron publicado en el portal de Noticias de Navarra se hace un ejercicio de memoria histórica relativo a José Luis Cano, víctima del terrorismo de estado español en el periodo de la "transición".

Adelante con la lectura:


Homenaje a José Luis Cano en Calderería, 1978

La Semana Proamnistía de 1977 se saldó con un total de siete muertos en Euskal Herria, dos de ellos en Iruñea

Joseba Asiron 

En 1978, y más concretamente el 13 de mayo de aquel año, se cumplía un año exacto de la muerte del joven José Luis Cano, y el lugar de su muerte amaneció lleno de flores, banderas y carteles que denunciaban su asesinato. Al parecer, el 13 de mayo de 1977, en el transcurso de la Semana Proamnistía de aquel año, la Policía Armada sacó a un joven del bar Manuel, y tras ser derribado y apaleado recibió un tiro en la nuca, que lo mató en el acto.

Cosas que ocurrían en aquella mitificada y siempre tan bien ponderada Transición... La fotografía fue obtenida por el fotógrafo Javier Mina, hijo de otro grande, Eusebio Mina, y muestra el punto exacto donde murió José Luis.

Ampliando bien la foto se ven, además de las flores y las pancartas, pintadas, carteles artesanales llamando a diversos actos de protesta, así como otros de la ORT, HASI o PCE-FRAP, partidos desaparecidos en su mayoría hace muchos años. Enfrente, un precioso Seat 850 rojo abre una larga fila de coches aparcados, entre los que distinguimos también un Seat 127.

Hoy en día lo primero que llama la atención es la eficacia de los servicios municipales de limpieza vertical, que mantienen las paredes en una situación bien distinta a la de 1978. Faltan los coches, y las antiguas aceras han desaparecido para dar paso a una peatonalización, bastante relativa, de la calle. 

Sigue en su sitio la antigua frutería, aunque falta aquel bar Manuel donde se produjo la muerte de José Luis. Permanecen la fotografía y la placa que la gente puso en honor al joven, a la que se une la que ha colocado ahora el Ayuntamiento de Pamplona, 48 años después. Muy tarde.

La Semana Proamnistía de 1977 se saldó con un total de siete muertos en Euskal Herria, dos de ellos en Iruñea, además de numerosos heridos, algunos de ellos por herida de bala, y más de 200 detenidos, que en muchos casos denunciarían posteriormente torturas. Como hemos dicho antes, la denominada Transición dista mucho del relato edulcorado que a menudo se vende. Estuvo cargada de violencias, dolor y muertes, muchas veces impunes. 

 

 

 

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domingo, 2 de marzo de 2025

318 'Imborrables'

Uno de los eufemismos más crueles utilizados para describir la historia del estado español es el de La Modélica Transición, que es como se conoce al periodo posterior a la muerte del genocida Francisco Franco.

En Naiz se ha publicado esta nota en la que se procede a mostrar dicho eufemismo en todo su criminal cinismo.

Adelante con la lectura:


Así eran los 318 muertos a manos policiales o ultras en la alabada «Transición española»

Algunos, los menos, eran militantes políticos. Otros participaban en movilizaciones, o estaban de fiesta, o circulaban por la carretera, o simplemente tuvieron mala suerte. Son 318 fallecidos en total, recogidos uno a uno en ‘Imborrables’ de Luis Puicercús ‘Putxi’.

Ramon Sola

El modo en el que la «Transición española» se impuso es bien conocido en Euskal Herria. El periodo que disecciona este libro de Luis Puicercús (1976-1983) empieza aquí con la matanza del 3 de Marzo en Gasteiz y llega hasta Joxean Lasa y Joxi Zabala, dos crímenes plenamente simbólicos. Sin embargo, mucho menos sabido y estudiado es lo ocurrido en el resto del Estado. ‘Imborrables, las víctimas ignoradas de la Transición’, de reciente publicación, cubre ese hueco y saca a la luz una realidad sencillamente apabullante.

Casos como el de Teófilo del Valle, de 20 años, muerto por disparos y golpes policiales en una manifestación laboral en Elda (Alacant); Manuel García Caparrós, de 18 años, fallecido en una marcha por la autonomía andaluza en Málaga; Juan Peñalver, de 60, destrozado por una bomba ultraderechista en la sede de la revista ‘El Papus’; Angel Valentín, de 24, acuchillado por fascistas en una manifestación independentista en Barcelona; José Andrés Fraguas, de 19, conserje de ‘El País’, víctima de un paquete bomba de la Triple A; los cuatro trabajadores muertos en un ataque ultra a la sala de fiestas Scala... y así, uno a uno, hasta 318.

Sobra decir que muchas de estas víctimas son vascas, crímenes conocidos y denunciados en Euskal Herria durante décadas, pero también hay algunos casos anexos que pueden sorprender. Por ejemplo, a Mario Marotta lo mató la Policía italiana en una protesta ante la Embajada española en Roma que respondía a la matanza del 3 de Marzo en Gasteiz.

El minucioso trabajo de Puicercús incluye también muertes perpetradas en Euskal Herria, aparentemente, sin connotación política, pero muestra de la política del «gatillo fácil» y la consiguiente impunidad. A Francisco Javier Alonso ‘El Paquito’ lo mataron en Burlata por no atender a gritos de «¡alto a la Guardia Civil!»; al agricultor José Javier Nuin le quitó la vida otro guardia civil en la discoteca Bordatxo de Doneztebe; a José Luis Otxoa lo atropellaron mortalmente policías de paisano en la gasolinera de Murgia en la que trabajaba... En la lista hay incluso un capitán de carguero, John Francis Wilkinson, ametrallado en Pasaia bajo la versión oficial de que «estaba implicado en un robo de dinero» y había atacado a agentes policiales.

No todos son hombres, entre las víctimas también aparecen numerosas mujeres y algunos menores de edad. Ambos factores se sumaban en Belén María Sánchez Ojeda, canaria de 16 años, atropellada intencionadamente en una manifestación de estibadores (su padre era uno de esos trabajadores en huelga). Juana Caso, sevillana de 25 años, murió en una «operación de escarmiento» policial. José Luis Muñoz Pérez, toledano de 15, en uno de los múltiples ametrallamientos en controles...

«Ley de Punto Seguido»

«Nos engañaron. Los idílicos relatos de la Transición no se corresponden con la realidad y no fue tan pacífica ni tan modélica como nos hicieron creer. Fue sangrienta», concluye este trabajo.

El título reivindica la necesidad de, al menos, memoria para unas víctimas que «quedaron ‘en tierra de nadie’, sin ningún tipo de reconocimiento». Aquí están sus nombres y apellidos, sus edades, sus fechas de nacimiento, sus fotografías en la mayoría de los casos, y sobre todo se describe cómo los mataron. Unas veces con plena intencionalidad; otras, en un puro sinsentido solo explicable desde la impunidad total.

El libro incluye varios prólogos de organizaciones que han colaborado con la investigación. Entre ellas, la fundación Euskal Memoria. Su presidente, Iñaki Egaña, recuerda que «en tan solo un año España pasó de ser un Estado totalitario, fascista, falangista y filonazi, según las descripciones, a un régimen de democracia formal. Jamás en la historia europea del siglo XX se había producido un hecho semejante, ni siquiera más tarde con la caída del Muro de Berlín. La administración, con sus policías, guardias civiles, oficiales del Ejército, funcionarios, altos cargos, etc., recibió un soplo divino para mudar sus convicciones. No fue, como alguna vez se ha dicho, la aplicación de una Ley de Punto Final, sino la de una de Punto y Seguido».

Un apunte final para el autor. Luis Puicercús estuvo preso en los últimos años del franquismo por su militancia en las filas del PCE (m-l), organización integrada en el FRAP. Compartió celda en Carabanchel con muchos vascos como Jon Idigoras e incluso participó en las clases de euskara en el penal, como rememoraba en entrevista de Daniel Galvalizi hace dos años.

Desde 2005 Puicercús está llevando a cabo un ingente trabajo de memoria que incluye nueve libros ya. El anterior también traía consigo una recopilación gigantesca: ‘Presos del franquismo de la A a la Z’, con 14.000 nombres de presos y presas del tardofranquismo.




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sábado, 18 de enero de 2025

Egaña | La Agenda del Medio Centenario

Nuestra publicación de 2015 titulada 'Paca la Culona' ha tenido muchas visitas durante las semanas recientes y no podemos negar que esto nos había picado la curiosidad.

Pues bien, agradecemos a nuestro amigo el que haya publicado este texto que nos ayuda a esclarecer el misterio, mismo que traemos a ustedes desde Facebook:


La agenda del medio centenario

Iñaki Egaña

A poco de comenzar el año, nos llegó la turrada de la que va ser tendencia durante 2025. El medio siglo de la muerte del dictador, al que no le salvó ni siquiera aquella mano incorrupta de Teresa Sánchez de Cepeda, una religiosa que canonizaron como Santa Teresa y cuya reliquia trasladaron desde la iglesia de la Merced de la ciudad andaluza de Málaga. Las referencias a Franco nos han inundado como una Dana. Unos para reforzar su narrativa de cuánto enfrentaron a la dictadura, cuando la realidad fue que con la excepción del PCE, ETA y algunos sindicatos, su postura fue la de la espera. Otros para aprovechar la ola neofascista y reivindicar su “buen hacer”. Y un tercer grupo para mostrar supuestas equidistancias y desinterés, con el argumento de que no merece la pena rasgar ese pasado tan lejano, cuando la juventud actual ni siquiera conoce quienes fueron Eddy Merckx, Gorbachov o Rodríguez Galindo.

Así que la agenda está servida. Pero como sucede con otros aniversarios redondos, la potencia de los medios extraños, la viralidad de las redes y la universalidad de la idiotez, nos enfangan en una agenda ajena. Es cierto que el suceso, la muerte del dictador y su trayectoria, tuvieron un impacto bestial en la sociedad de Hego Euskal Herria. Pero también es notorio que en nuestro territorio, tanto al norte como al sur de la muga, este medio centenario debería tener otros recuerdos más pujantes que la loa o el despreció del llamado entonces generalísimo.
Las exequias de Franco estuvieron precedidas de las ejecuciones de dos militantes de ETA y tres del FRAP. Jon Paredes, Txiki, y Ángel Otaegi, fueron condenados a muerte en juicios que apenas duraron unas horas y sus penas fueron refrendadas por una corte de dirigentes franquistas que dos años más tarde se despertarían, como por arte de magia, siendo tan demócratas que hoy aún, sus apellidos nominan avenidas, escuelas y aeropuertos. De aquella fecha, 27 de setiembre, la izquierda abertzale situó el Gudari Eguna y con aquellos mimbres y los de los gudaris de la guerra del 36, edificó un robledal, un camposanto metafórico, que fue dilapidado por las “fuerzas del orden” hace poco más de una década.

Las movilizaciones por Txiki y Otaegi fueron parte de un contexto que nos presentó como un pueblo unido como cantaba Quilapayún. Con un coste enorme que este medio centenario debería reconocer. Huelgas generales, protestas, encierros, sabotajes… La repuesta del Estado franquista fue la del estado de excepción, la promulgación de una Ley Antiterrorista y la escenificación de una guerra sucia que comenzó con el BVE (Batallón Vasco español) y se alargó con los GAL, en tiempos de quienes en 1975 decían ser oposición clandestina, activada para derrocar al dictador (PSOE). Habilitaron la plaza de toros de Vista Alegre, en Bilbo, para albergar a tantos detenidos que no entraban en comisaría. Tal y como había hecho Pinochet con el Estadio Nacional de Chile, exactamente dos años antes.

Para evitar las ejecuciones, la Policía mató a quienes intentaban su liberación, militantes como ellos: Andoni Campillo, Josu Mugika, Montxo Martínez Antía y al gallego Moncho Reboiras. En las protestas mataron en Donostia al estudiante Jesús García Ripalda, en controles de carretera a la alemana Alexandra Leckett, Emilio Pérez y a Kepa Etxandi. Al joven Bonifacio Martínez, de apenas 18 años, lo mató la Guardia Civil en Bilbo y en Mungia a Alfredo San Sebastián. En Gernika, mataron al militante Jesús Mari Markiegi y horas más tarde, al matrimonio que le había albergado en su vivienda, Blanca Salegi e Iñaki Garai. Francisca Saizar murió de un infarto cuando los de charol derribaron la puerta de su casa en Ondarroa, a la búsqueda de su nieto. También en Ondarroa, los mismos halcones mataron a Koldo Arriola, también con 18 años, cuando celebraba el fin de curso. Alfredo Valcárcel fallecía a consecuencia de las torturas. Mikel Gardoki y Koldo López de Guereñu murieron en emboscadas y a Bittor Pérez Elexpe le acribillaron cuando repartía unos pasquines en Sestao. Jacques Andreu, imitando a los bonzos que protestaban por la ocupación yankee de su país Vietnam, se inmoló en Pau, en solidaridad con la causa vasca. A Carlos Sanchiz le dieron el tiro de gracia y sobrevivió de milagro.
La llamada guerra sucia, el terrorismo de Estado, saltó a Ipar Euskal Herria con una innovación, las bombas-lapa. Y si los objetivos habían sido librerías como Nafarroa u organizaciones asistenciales como Anai Artea, los refugiados y sus familias se convirtieron en prioridad. La primera familia fue la de Josu Urrutikoetxea. El mercenario murió en la tentativa. Luego atentaron contra las familias de Txomin Iturbe y Tomás Pérez Revilla y el intento de secuestro de la compañera de Garratz Zabarte. A Iñaki Etxabe y Germán Agirre los mataron en Arrasate, sin reivindicación. No se atrevieron. A José Martín Zubillaga, le tirotearon en el término municipal de Sara y le trasladaron detenido al sur de la muga.

Aquel año estuvo teñido de rojo, pero también con alcances y anclajes del mismo tono. La huelga de Potasas marcó a una generación. Los encuentros para el acuerdo tuvieron sus hitos, los proyectos del BAT y del Herrikoi Batasuna, la primera iniciativa de unidad popular. El nacimiento de KAS y de EHAS, que serviría décadas más tarde al juez Garzón para construir una narrativa conspiranoica. El Aberri Eguna de Gernika y la detención de los diputados flamencos Walter Luyten y Willy Kuipers, así como el periodista inglés Stephen Elliot. Aquella reunión de octubre en Biarritz, en la que se sentaron en una mesa ETA, PNV y PSOE, repetida en otras ocasiones, incluso ya en el siglo XXI.
Medio siglo de la muerte del dictador. Con un tono repetitivo que me resulta si no lejano, al menos cansino. Nada nuevo. En cambio, entre el Aturri y el Ebro, aún estamos construyendo nuestra propia narrativa. A la que, a modo de empujón, debería ser también nuestra agenda de evocaciones para el futuro.

 

 

 

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sábado, 4 de enero de 2025

Egaña | 2025, Retos, Temores y Recuerdos

Nuestro amigo Iñaki Egaña nos invita a la reflexión de inicio de año en el Calendario Gregoriano con este texto, mismo que ha publicado en su perfil de Facebook:


2025, retos, temores y recuerdos

Iñaki Egaña

Comienza el segundo cuarto del siglo XXI con augurios de diferente calado, según el prisma. Los gurús, como Goldman Sachs y J. P. Morgan, a los que la elite corporativa da pábulo, prevén un crecimiento económico sostenido para EEUU, un estancamiento de la Unión Europea, por los elevados costes energéticos que arrastran Alemania y Francia, una desaceleración de China por el aumento de los aranceles, y una escalada de las economías emergentes. Pero sus predicciones tienen calor bursátil y especulativo en exclusiva y desde la crisis de las subprime que vieron pasar sin pestañear al menos públicamente, su credibilidad nos deja bastante fríos. La colonización planetaria tiene siglos de recorrido. Su vigencia, a pesar de esos 193 estados que componen Naciones Unidas, y esas decenas que aspiran a la soberanía política, está presente en todos y cada uno de los análisis que realizamos desde este llamado Occidente. Personalidad principal, con destellos de supuesta progresía, y adjudicación subordinada al resto de la humanidad.

Quienes intentamos voltear históricamente el injusto estado del mundo y revertir las injusticias, las predicciones suelen ser de otro calado. También nuestra visión planetaria, ubicados en este pedazo de tierra cada vez más finito. No voy a aludir a aquel factor humano que elevó a Maurice Castle de la novela a la metáfora Graham Greene porque esa cuestión está permanentemente abierta. ¿Quién es capaz de asegurar que no habrá una confrontación nuclear? ¿Permitirá el Tío Sam un escenario multipolar? Aquellos que siguen a los citados auguran una bajada en las migraciones, pero se refieren a los efectos de las medidas establecidas por la administración de Washington. Según la OIM (Organización Internacional sobre la Migración), la población desplazada es cercana al 4% de la mundial. Y sigue en aumento. Cambio climático, catástrofes naturales, sequía, privatización del agua y la salud, esclavitud, vivienda, brecha salarial… son factores a añadir. Junto a esa ofensiva sionista bélica en los que llama siete frentes (Israel, Gaza, Cisjordania, Irán, Yemen, Líbano y comunidades judías) que expresa la desaparición definitiva del derecho internacional, de la vigencia de la Carta de Derechos Humanos que afloró al fin de la Segunda Guerra mundial y la prevalencia de una única norma universal: el poder del más fuerte, tanto militar como económico. A la espera de un nuevo manifiesto revolucionario que sustituya al histórico de Marx y Engels, el de Luigi Mangioni aplaca brevemente nuestras conciencias.

Y esa es la gran paradoja, a veces contradicción, de nuestro proyecto emancipador. Las urgencias planetarias son palpables, como también las locales, las de casa. El ascenso de una sociedad cada vez más uniforme, cada vez más individualista, la expansión del neoliberalismo, nos hace caer en una dinámica que a veces consideramos excesivamente coyuntural. Estamos atrapados en ella sin posibilidad de eludirla. Porque también es urgente, más aún después de un conflicto enconado que dejó una herida enorme y que hunde sus raíces en crónicas sin resolver. Nuestros temores son fundados y necesitamos recomponer nuestra pulsión nacional, reparar la brecha generacional, defender nuestra lengua y cultura, remendar nuestro tejido económico sumamente dependiente, avanzar en la decolonización de las estructuras y mentalidades impuestas por el capitalismo, salvaguardar los avances en la igualdad de género y la diversidad, ahogar al patriarcado... ¿Cómo no vamos a ver con recelo la llegada de la Inteligencia Artificial, de la digitalización de las relaciones, de las narrativas oficiales cuando aún está pendiente nuestro reconocimiento territorial, nuestro derecho a la soberanía política?

A esta ristra de cuestiones se suman las propias de nuestra trayectoria militante. De esas experiencias que nos han hecho desconfiar una y otra vez de quienes debieran ser nuestros aliados en la emancipación y que a las primeras de cambio se acoplan a los herederos de los verdugos que anularon las generaciones que nos precedieron. Ganar guerras virtuales es un consuelo, pero no una solución. Alguien de nuestro entorno apuntó que debemos administrar el futuro con luces largas, como las que usan nuestros vehículos en las noches oscuras cuando circulan en carreteras solitarias. Pero, ¿cómo convencer? ¿Cómo atraer al cambio, a la épica revolucionaria, a la organización popular para asentar ese músculo transformador? También con luces cortas.

Y esas luces cortas, abstrayéndonos de esa urgencia planetaria que quizás nos aplaste antes del fin de la hibernación, nos recordarán un comienzo de 2025 atribulado por la vuelta del trumpismo y su atronador eco internacional y un final con el medio siglo de la muerte de aquel dictador que jodió la vida de nuestros antepasados más cercanos. Entre medio, sin expectativas electorales tanto en España como en Francia (con permiso de Sánchez y Macron-Bayrou), el relato seguirá conformando buena parte de la personalidad franco-hispana. Ambos apoyados en su supuesta labor civilizatoria (en realidad colonizadora) y en superar sus debilidades narrativas. París con su expulsión acelerada del Sahel africano y Madrid con su comodín eterno, haciendo demócratas a aquellos que hace medio siglo ejecutaron a Txiki y Otaegi, junto a tres antifascistas del FRAP. Es cierto y fue ayer, en 2025 se cumplirán 50 años de la muerte de aquellos jóvenes que se atrevieron con el Ogro, que soñaron en mayúsculas a pesar de ser ese “pueblo pequeño que canta y baila al pie de los Pirineos” que garabateó Voltaire. Se cumplen 50 años de la muerte de Iñaki Iparragirre, Mikel Gardoki, Jesús Mari Markiegi, Blanca Salegi, Iñaki Garai, Josu Mujika, José Ramón Martínez Antia, Andoni Campillo, Ángel Otaegi, Jon Paredes, Nikola Telleria, Koldo López de Guereñu. Retos y temores para 2025. Y también, forma parte de nuestra naturaleza humana, recuerdos con los que me recostaré un día en Etchezar.

 

 

 

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