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sábado, 14 de febrero de 2026

Fallece la Garzonesca Murillo

Justo en el día en el que en Euskal Herria se conmemora el Día Contra la Tortura, ha fallecido uno de los pilares de la represión más brutal desde el ámbito judicial en contra del pueblo vasco, Ángela Murillo.

Fiel a la escuela del 'todo es ETA' de Baltasar Garzón, Murillo protagonizó algunas de las acciones más grotescas y aberrantes que puedan ocurrir en un juzgado.

Aquí lo que nos informa Naiz:


Fallece la jueza Ángela Murillo, protagonista de varios juicios contra la izquierda abertzale

La magistrada Ángela Murillo, primera mujer en ingresar en la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, en 1993, ha fallecido a los 74 años de edad. Protagonizó algunos de los juicios más mediáticos de los últimos años y, entre ellos, varios de casos de persecución de la izquierda abertzale.

La magistrada Ángela Murillo, primera mujer en ingresar en la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, en 1993, ha fallecido este viernes a los 74 años de edad.

Ángela Murillo, jubilada desde septiembre de 2024, pasó 31 años a este tribunal, protagonizando algunos de los juicios más mediáticos de los últimos años, como el caso Nécora, los de las tarjetas black o la salida a bolsa de Bankia o la célula de Al-Qaeda en el Estado español.

Al jubilarse hace algo más de dos años, confesaba que el de Bankia era el que mejor recuerdo le había dejado pero en Euskal Herria dejó en la memoria varios casos de persecución a la izquierda abertzale.

Uno de los más conocidos fue cuando le respondió «por mí como si bebe vino» a la abogada Jone Goirizelaia cuando le preguntó si su defendido, Arnaldo Otegi, podía beber agua, ya que se encontraba en huelga de hambre.

Esta actitud de Murillo supuso que el Tribunal de Estrasburgo anulase la condena por el «caso Bateragune», al estimar que la jueza no garantizó la imparcialidad necesaria ya que el Supremo, al revisar un juicio anterior contra él por «enaltecimiento del terrorismo», consideró que la magistrada prejuzgó a Otegi al preguntarle si «condenaba rotundamente la violencia».

Se encargó también del macro juicio 18/98 contra militantes de la izquierda abertzale, donde mostró su desprecio a los encausados vascos, como recogió Iker Bizkarguenaga, quien siguió de primera mano el macrojuicio del 18/98.

Murillo también fue la encargada de presidir la vista del sumario 13/13, dirigido contra la asistencia de abogados a presos vascos. Este juicio estuvo marcado por la denuncia de irregularidades en el procedimiento. Pese a ello optó por continuar con la vista.

«Mítines, aquí no», les soltó a dos anarquistas chilenos acusados de atentar contra la basílica del Pilar de Zaragoza.

En el juicio por el atentado mortal de ETA contra el edil de UPN de Leitza José Javier Múgica, la juez Murillo llamó directamente «cabrones» a los enjuiciados Xabier García Gaztelu, Oskar Zelarain, Andoni Otegi y Juan Carlos Besance.

Agencias españolas han descrito este hostigamiento en los obituarios como «fruto de su espontaneidad», su «gracejo extremeño» y su «carácter campechano» que «creaba un ambiente relajado en sala».

Cuando se jubiló, aseguró que no le da pena irse y que sentía la satisfacción del deber cumplido, de haber hecho siempre lo que «le dio la gana», y se jactó de no haber recibido nunca presiones de ningún tipo,

Pionera en la carrera judicial, fue la primera en presidir, en 2008, una sección de lo Penal de la Audiencia Nacional, la cuarta, que abandonó en septiembre de 2024 al jubilarse tras emitir sus últimas resoluciones.

Una de ellas dirigida a enmendar la primera sentencia del caso Tándem, referido a los negocios de espionaje de Villarejo.

 

 

 

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domingo, 14 de septiembre de 2025

El Agente Turuta

Retornamos al caso de la víctima de terrorismo de estado español Txomin Letamendi con este reportaje publicado en El Diario:


De espía vasco en la CIA a torturado por el franquismo: una familia busca Justicia 75 años después para el agente Turuta

La Fiscalía ha accedido a conceder a los herederos de Txomin Letamendi, que presentaron una querella contra policías del régimen que fue archivado, una “declaración de hechos pasados” que saque a la luz su verdadera historia en la Guerra Civil y en la II Guerra Mundial

Iker Rioja Andueza

Apunta el diccionario 'Elhuyar' que, en euskera', 'turuta' significa corneta o clarín. Pero Txomin Letamendi era más bien trompetista, aunque empleó el apodo de Turuta en sus misiones como espía del Servicio Vasco de Información. El SVI fue la agencia creada durante la Guerra Civil por el Gobierno autonómico de lo que entonces se conocía como Euzkadi y que, en la II Guerra Mundial, se puso al servicio de la CIA y del FBI de Estados Unidos y de otras potencias aliadas contra los nazis y fascistas. A Letamendi, uno de esos agentes vascos al servicio de la CIA (conocida en la época por las siglas OSS), el propio lehendakari José Antonio de Aguirre le pidió en persona regresar a España en 1942 confiado en que el régimen franquista iba a caer. Pero no lo hizo. Y Turuta fue detenido. Y torturado. Y encarcelado. Falleció por esta causa en 1950. Sus herederos, a punto de cumplirse 75 años de la muerte del espía, presentaron en 2024 una querella contra dos agentes de la Policía franquista. Una magistrada archivó la causa. Pero la Fiscalía recurrió y ha abierto la puerta a que los Letamendi logren de la Justicia española una “declaración de hechos pasados”, es decir, una resolución que, aunque no tenga consecuencias, ponga negro sobre blanco que Turuta fue un héroe y no un peligroso faccioso. 

La historia de Turuta aparece de refilón en la memoria de la Fiscalía vasca de 2024, un documento puramente administrativo hecho público a comienzos de septiembre. Detrás de las anodinas cifras de una de las muchas diligencias mencionadas, las 53/2025, se esconde una vida de película. O de novela. Kirmen Uribe la recogió en 'La hora de despertarnos juntos'. Su esposa Karmele Urresti, pariente de Iñaki Anasagasti, el histórico dirigente del PNV nacido en el exilio de Venezuela, es una de las protagonistas.

El 20 de diciembre de 2024, al cumplirse 74 años de la muerte de Letamendi, trascendió que su familia había acudido a los tribunales. Presentaron una querella larga que tiene la misma cantidad de jurisprudencia y fundamentos legales que de historia de Euskadi, de España, de Europa y del mundo. Se explica que Letamendi nació en Bilbao en 1901. Se detalla su singladura como 'gudari' del PNV en la Guerra Civil, tanto en el frente de Bilbao como en la zona de Vitoria y Arrasate-Mondragón.

Pero los franquistas, auxiliados por alemanes e italianos, conquistaron todo el territorio vasco ya en el verano de 1937. Turuta pasó al exilio. Primero fue a París, al conocido palacio del 11 de la avenida de Marceau que ahora ha recuperado el PNV. “Es allí donde se puso a las órdenes del lehendakari” como un agente del SVI. Pero los nazis llegaron también a Francia. Su siguiente parada fue ya en América. En concreto, acabó en Venezuela. El SVI, en cambio, estableció su cuartel general en Nueva York. Allí trabó acuerdos de colaboración con la OSS (actual CIA), el FBI y también con el SOE británico. Todo esto está documentado en papeles secretos desclasificados ya tanto por Estados Unidos como por el Reino Unido. En España eso aún no es posible a falta de la reforma de la ley de secretos oficiales.

Un informe de la CIA titulado “Mission Letamendi” explica el regreso a España del espía. Fue a finales de 1942. Aparentemente, Aguirre le invitó a volver al interior. Necesitaba agentes sobre el terreno ante lo que intuía (equivocadamente) como la caída del franquismo en paralelo a las derrotas de Alemania e Italia. El lehendakari, como también describió la CIA, llegó a pedir armas a Estados Unidos para su plan para derrocar al régimen. El propio viaje, en el buque Buena Esperanza, fue una misión confidencial para la CIA ya que en él iba también el getxoztarra José Antonio de Sangróniz, embajador español en Venezuela. La tapadera de músico permitía al espía hacerse pasar como un inocente vasco apolítico que recorría el mundo y que era amigo de las hijas del diplomático. 

En 1945 acabó la II Guerra Mundial y, con ello, la luna de miel del SVI con Estados Unidos. Este país reinició sus relaciones diplomáticas con una España que ya no se estaba mostrando al mundo como amiga de las derrotadas Alemania e Italia. Letamendi fue arrestado en agosto de 1946 “con motivo de haber descubierto la Policía gubernativa de San Sebastián una valija con documentación clandestina con destino a Francia que puso de relieve la existencia de una amplia conspiración”. Según el franquismo, “todos los partidos políticos de izquierdas” -si bien el PNV era una formación católica y conservadora siempre operó del lado de los republicanos- estaban actuando subrepticiamente en el territorio nacional bajo instrucciones de autoridades en el exilio “para el derrocamiento del régimen establecido en España después de su guerra de liberación”.

Explica la familia que sufrió “graves torturas en comisaría”. Estuvo en prisión sin condena hasta mayo de 1947, es decir, nueve meses. Turuta optó por desplazarse a Barcelona, donde siguió trabajando como agente del SVI con los apodos de “Damián Landa” o “Darío Landa”. Pero fue arrestado nuevamente en septiembre de ese mismo año por la Brigada Político-Social. Otra vez más le decomisaron documentación interna de la oposición. Aquí se sabe que fue torturado por los agentes José Nogués Recoo y Fernando Escudero Arcocha. Son los dos nombres que aportó la familia a la Justicia. Hay más, pero no se han investigado. Lo dejaron “marcado” tanto física como psicológicamente. “No pudo revertir las secuelas”, abundan.

Fue procesado en 1948 y la Fiscalía militar pidió para él diez años de cárcel por delitos de espionaje. En febrero de 1950 llegó la sentencia condenatoria contra él tras un proceso sin garantías. Finalmente, le cayeron cinco años de reclusión por ser responsable de una “conspiración para la rebelión”. Estuvo preso en la propia Barcelona, pero también en Madrid y Guadalajara, según su expediente penitenciario. “Su estancia en prisión fue durísima” y llegó a dejar de comer. “Los muertos no comen”, contó otro reo sobre la delicada situación del torturado. En octubre le concedieron un indulto por su estado de salud. Estaba al “límite” cuando se reunió con su familia. El 20 de diciembre de 1950, estando en casa de un hermano en Madrid, falleció. 

Según explican fuentes judiciales, la magistrada de Donostia Silvia Villanueva admitió a trámite la querella -que insiste en la inaplicabilidad de la amnistía de 1977 porque los delitos contra la humanidad no prescriben- y pidió a la Policía Nacional un informe sobre los dos nombres facilitados por la familia. El cuerpo le dijo que uno de ellos no constaba en sus bases de datos y que otro, Escudero, había fallecido ya. Aunque no hace tanto, en 2013. La instructora interpretó que no había responsabilidad penal posible en esas circunstancias y cerró el expediente. Pero, en abril de este año, la Fiscalía solicitó que se pudiera utilizar la posibilidad de realizar esa “declaración de hechos pasados”. Es lo último que se conoce del recorrido judicial de Letamendi, pero al menos es una puerta abierta a su reconocimiento. La ley vasca de víctimas de violencia policial, por ejemplo, no atiende casos de esa época, aunque sí del tardofranquismo y la transición. 




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sábado, 30 de agosto de 2025

Egaña | El Marco Moral Europeo

Desde su perfil de Facebook nuestro amigo Iñaki Egaña hace cera y pabilo de sus paisanos europeos con este texto en el que no se salva nadie.

Adelante con la lectura:


El marco moral europeo

Hace ahora doce años, Europa, o al menos una parte de ella, hizo un par de reverencias de vasallo en las que llegó a tocar el suelo con su testuz. Sin inmutarse. Su señor, como desde el fin de la Segunda Guerra mundial, era Washington. Y en ambas ocasiones, a pesar de las circunstancias supuestamente adversas para sus intereses, la Unión Europea agachó la cerviz. En aquel verano de 2013, diversas filtraciones confirmaron que EEUU espiaba a gobiernos e instituciones europeas a través de un sistema llamado Prism. Barack Obama y Angela Merkel se reunieron para aplacar enfados y ofrecer unas explicaciones inexplicables. Condena del Parlamento europeo del espionaje y pelillos a la mar.

Coincidió que en Moscú se celebraba simultáneamente una cumbre de estados exportadores de gas. En esas fechas, Edward Snowden se encontraba aparcado en el aeropuerto de la capital de la Federación rusa, a la espera de la decisión del Gobierno de Putin sobre su decisión de asilo. Él fue, probablemente, quien filtró que EEUU, Reino Unido, Canadá, Australia y Nueva Zelanda espiaban a ciudadanos de todo el mundo, incluidos gobiernos, que robaban roban datos a escala planetaria y los utilizaban para sus propios fines. Washington había puesto precio a su cabeza, al igual que a la de Julian Assange que entonces se encontraba ya en la embajada de Ecuador en Londres.

Sucedió que a Evo Morales, presidente entonces del Estado Plurinacional de Bolivia y presente en la cumbre, se le ocurrió decir que en caso de que Snowden solicitara asilo en su país, se lo pensaría. Suficiente para que los analistas de la CIA o de la NSA, desconozco si los mismos que “descubrieron” armas de destrucción masiva en Irak, supusieran que en el viaje de vuelta a La Paz, Morales se llevaría en su avión a Snowden. Partió el aparato de Moscú y de inmediato el avión presidencial boliviano recibió la negativa de Italia, España, Francia y Portugal para que sobrevolara su espacio aéreo. Sin confirmar, algunas noticias de entonces sugirieron que Madrid intentó que el avión aterrizara en Canarias para que fuese el CNI o la Guardia Civil quienes descubrieran a Snowden acurrucado bajo el asiento de Evo. Mariano Rajoy, Pedro Morenes y Jorge Fernández Díaz eran la cúpula gubernamental, así que todo era posible. El avión de Morales aterrizó finalmente en Viena y el presidente estuvo retenido 13 horas hasta que los agentes no encontraron pista del supuesto fugado. Snowden seguía en Moscú, consiguió un permiso temporal de residencia, hasta que en 2022 se nacionalizó ruso.

Estos dos actos coincidentes de servilismo se han repetido en décadas, hasta la última entrevista de Úrsula von der Leyen con Donald Trump, estableciendo un “acuerdo económico” despreciable desde cualquier ángulo que hipotecará el futuro de los europeos de la Unión en los próximos años. Mark Rutte, ex primer ministro de Países Bajos y hoy secretario general de la OTAN, llamando “papá” a Trump escenifica en una expresión la infamia sistémica. Y, en esta deriva, pocos se salvan de la quema. Para la mayoría, incluida esa izquierda moderna y posmoderna, la Unión Europea iba a ser la panacea y la tabla de salvación para la economía mediterránea atrasada con respecto al motor alemán. Cuando el Parlamento español ratificó la firma del Tratado de Maastricht (Unión Económica, Política Exterior y Seguridad Común), únicamente tres parlamentarios del conjunto del hemiciclo votaron en contra del acuerdo de las elites. Los tres diputados que entonces tenía Herri Batasuna en Madrid. Las críticas abertzales se refirieron a una construcción económica gestionada por las elites capitalistas, marginando a los intereses de la clase trabajadora. El tiempo les dio la razón.

Hoy, sin embargo, manteniendo la reprobación a la sumisión y a la construcción económica y seguritaria de la Unión Europea, el hecho referencial se centra en una calificación que alcanza a las anteriores, Europa como cuna de las derechos humanos. Una ilusión forjada a través de la memoria de salón, a pesar de hayan existido decenas de experiencias abortadas comenzando por la Comuna de París. Una ficción que ha generado en las elites políticas y académicas una especie de superioridad moral que no se corresponde en los tiempos que vivimos con la realidad. Apoyando el genocidio en Palestina y alargando la guerra en Ucrania por intereses inexplicables. La Unión Europea y el Reino Unido están repitiendo su propia historia: exterminar durante siglos a los pueblos del planeta susceptibles de extraer sus recursos.

Este marco moral, asentado en una supuesta defensa de los derechos humanos, no tiene ni pies ni cabeza, porque la validez de los mismos ha estado y está sujeta a los valores económicos. Los 300.000 millones de dólares de los activos soberanos rusos congelados por la Unión Europea (principalmente en Bélgica y Francia), motivo de negociación en Alaska entre Putin y Trump, concitarán un nuevo crack, si como exige Washington, el embargo se levante con la condición de que parte de los mismos sea invertido en EEUU. ¿Qué pasará con París y Londres cuando se descubra que echaron mano de los activos congelados y no puedan devolverlos en su integridad? ¿Alargarán la guerra en Ucrania hasta el colapso? ¿O inventarán otro conflicto bélico en los Balcanes con una nueva fábula como la de las armas de destrucción masiva? ¿Dónde saquear? Pocos derechos humanos en la agenda.

La hipocresía con respecto a Palestina no tiene nombre. La citada Von der Layen, tal y como Berlín, París o Londres, derraman lágrimas de cocodrilo y muestran su supuesto malestar por la muerte por hambruna de centenares de niños. Mientras, un 5% del PIB para armamento y un soporte monumental a la estrategia genocida de Tel Aviv. El escenario está servido: polarizar para inflamar. No son buenos los presagios y aunque la historia no se repite ni siquiera como farsa, el futuro cercano incendia ya el presente. Y lo peor, que no sé si somos conscientes de ello.

 

 

 

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sábado, 16 de agosto de 2025

Andrés F.

Retomamos el tema de los policías españoles infiltrados en los movimientos sociales con este artículo publicado por Gara:


El «caso Mayka» y el policía infiltrado en Euskal Herria se viraliza 25 años después

El eco mediático que han tenido los casos de infiltración policial en los Països Catalans, y también Euskal Herria, ha devuelto a primer plano la muerte de la joven Mayka Pérez Márquez en Madrid en el año 2000. Los indicios apuntan a que fue víctima de su pareja, un agente infiltrado de la Policía española que quedó impune.

Marcel Pena

María del Carmen Pérez Márquez, Mayka para sus allegados, falleció el 19 de mayo del 2000 en su piso de Madrid, como consecuencia de un disparo en la cabeza que se realizó con el arma de Andrés F., su pareja. Se trataba de un agente de la Policía española que había estado infiltrado en el movimiento libertario catalán y formaba parte de la llamada Brigada Antiterrorista en Gipuzkoa. Aunque el hombre declaró que Mayka se había suicidado, la familia defendía una tesis muy distinta, que apuntaba al crimen machista.

Desde el momento de la muerte de Mayka, existieron dos versiones sobre qué había ocurrido. Por un lado, la versión oficial, a partir de la declaración de Andrés F., hablaba de que la joven se había suicidado tras discutir con su novio; y por otro, la que defendía la familia y vecinos, apuntaba al homicidio o «asesinato», ya que era conocido que Pérez era víctima de malos tratos físicos y psicológicos por parte del policía. Prueba de ello es que, la noche del crimen, vecinos de Vallecas intentaron linchar al sospechoso mientras era protegido por agentes de Policía. Incluso el propio Andrés F. confirmó a la familia que él había sido el autor del disparo mortal, según afirmaron los propios allegados.

Tal como detallaron la hermana de la fallecida, África Pérez, y el abogado de la familia en el programa “Las claves del crimen” -del canal Tribunal TV (ya desaparecido)- titulado «¿Suicidio o Asesinato?» y dedicado al «caso Mayka», Andrés F. actuaba de forma controladora con su pareja, quien intentó dejarlo en varias ocasiones. Según informó el letrado Jaime Sanz de Bremond, los peritos dejaron escrito que el sospechoso se lavó las manos antes de la prueba de la parafina, que se utiliza para buscar restos de pólvora, alegando que las tenía llenas de sangre, y que la ropa no se analizó hasta tres días más tarde.

Además, la familia pensaba que el carácter de Mayka no correspondía con el de una persona con tendencias suicidas. De hecho, la mujer tenía hechas las maletas para abandonar el domicilio, propiedad del hombre. ¿Por qué iba a recoger todas sus cosas, perfectamente organizadas en bolsas, si su intención era quitarse la vida?

Previamente, Andrés F. había estrellado en dos ocasiones el coche que conducía con Mayka de copiloto, lo que, según el abogado de la familia, prueba su «carácter intemperante». Como consecuencia del último de los siniestros, en el momento de su muerte Mayka todavía llevaba un collarín cervical. En otras discusiones, el policía había sacado su arma reglamentaria y amenazado con suicidarse.

Sanz de Bremond apuntaba que Andrés F. actuó de manera extraña tras la muerte de Mayka, que supuestamente presenció in situ. A continuación, el hombre llamó en primer lugar a la Guardia Civil, 45 minutos después del disparo. Tiempo suficiente para alterar la escena del crimen, más si cabe para un agente de Policía. La familia acusó públicamente a los cuerpos policiales de «querer encubrir los hechos», incluyendo la manipulación del arma del crimen la misma noche de la muerte.

El programa completo de “Las claves del crimen” sobre el «caso Mayka» puede consultarse en el canal de YouTube de Jaime Sanz de Bremond (@SanzdeBremond).

¿Quién es Andrés F.?

En el momento de los hechos, Andrés F. se encontraba trabajando en Euskal Herria, como confirma África Pérez en la entrevista con Paco Pérez Abellán. «Él llevaba un periodo más largo del habitual en el País Vasco y, entonces, había venido unos días de vacaciones. Es decir, no estaba trabajando. No entiendo por qué tenía el arma cargada», explicaba la hermana de Mayka.

Según la cuenta de X @undercover_25_, que se ha vuelto viral tras recuperar el caso 25 años después, actualmente Andrés F. vive en la provincia de Málaga y sigue trabajando como policía. Anteriormente, había formado parte de la Brigada de Información de la Policía española en Catalunya, infiltrándose en el movimiento libertario bajo la identidad de Ángel Grandes Herreros, hasta que fue descubierto. Esto no impidió que, después de abandonar Catalunya, fuera destinado a la denominada Brigada Antiterrorista de Gipuzkoa, con sede central en el cuartel de Intxaurrondo de Donostia.

A pesar de los intentos de la acusación, liderada por el letrado Sanz de Bremond, Andrés F. tan solo declaró en el juicio del «caso Mayka» como testigo, sin llegar a estar acusado. Un año después del crimen, el juez decidió archivar el caso por falta de «indicio racional alguno que permita atribuir a persona determinada» la muerte de la joven.




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sábado, 12 de julio de 2025

Egaña | Agente Encubierto

Retornamos al tema del espionaje llevado a cabo por parte de los estados en contra de los movimientos sociales, ya sea con infiltrados o ya sea con agentes encubiertos, con este texto que Iñaki Egaña ha compartido en su cuenta de Facebook:


Agente encubierto

Iñaki Egaña

Ron Stallworth fue el primer detective afroamericano en el departamento de Policía de Colorado, en su sección de inteligencia. Su piel le convirtió en una excepción entre los objetivos de los que habitualmente trabajan como agentes encubiertos. En Occidente, la gran mayoría de quienes ejercen de infiltrados tienen de objetivos las asociaciones y grupos de izquierda, entre las bambalinas de los subversivos. Stallworth, pese a ser negro, ejerció de agente encubierto en los medios del Ku Klux Klan, aquella caterva de supremacistas blancos que campaban a sus anchas desde la guerra civil en EEUU. Lo hizo desde el teléfono y cuando necesitó encuentros presenciales, utilizó un doble blanco. El éxito de su actividad lo contó en un libro autobiográfico que Spike Lee llevó a la pantalla recientemente, “BlacKkKlansman”.

Ya en la cercanía, y siguiendo la línea de aquellos que se infiltraban para cazar subversivos, los agentes encubiertos han pululado entre nosotros como las moscas de la fruta. Siempre me ha llamado la atención que promover semejantes funcionarios, convertirlos a fin de cuentas en actores, necesita de un trabajo previo enorme, junto a una inversión económica también notable. Y, por tanto, que los objetivos elegidos para esos agentes encubiertos deberían de ser de alto nivel político o social. Sin embargo, los casos que han trascendido nos demuestran que aquí, como decía el eslogan de hace unas décadas, “todos somos sospechosos”. Tanto quienes trabajan en las direcciones de los grupos izquierdistas, como los simples plumillas, baserritarras o miembros de asociaciones de vecinos que ni siquiera tienen un espacio en la prensa local.

Para reforzar el párrafo anterior me voy a sostener en una historia que contó Ricardo Urrizola, en su “Consejo de guerra. Injusticia militar en Navarra (1936-1940)”, un mastodóntico trabajo de vaciado de los archivos de la Comandancia Militar del Viejo Reino referidos a la época citada en el título del libro. En aquel período, Franco designó al general Severiano Martínez Anido responsable de Seguridad Interior, lo que a la postre le llevó a la creación de un servicio de información y contraespionaje. Esteban Lipuzcoa fue uno de los encargados del servicio en Nafarroa y, como era de esperar, organizó un talde de agentes encubiertos que dispersó por el territorio. Martín Jiménez Melero fue uno de ellos. Ejerciendo su actividad, se acercó a una chica llamada Filomena a la que con halagos y querencias, prometió matrimonio si ambos conseguían cruzar la muga. Todo era un farsa. El objetivo de Jiménez Melero era otro distinto al amoroso. Pretendía destripar a los mugalaris y descubrir las vías de escape, en unos años en los que los franquistas habían convertido a Nafarroa en un gran cementerio de republicanos. A las primeras de cambio, el agente puso en conocimiento de sus superiores su maquinación. Y, ni cortos ni perezosos, la Guardia Civil detuvo y encarceló a Filomena. Hubo juicio, por eso Urrizola conoció el expediente. Jiménez Melero se presentó como acusador, con el aval de agente encubierto, y Filomena salió absuelta. No había caído en las redes supuestamente apasionadas del infiltrado. Así que el agente salió trasquilado, aunque continuó su labor en los años siguientes, destinado en Cascante.

Esta sencilla crónica, con final feliz, fue superada por otras de signo contrario. Fueron varios los casos de agentes encubiertos infiltrados en la guerrilla, en el maquis, que lograron descubrir la clandestinidad de luchadores comunistas que dieron su ultimo aliento frente a un pelotón de fusilamiento. El médico gasteiztarra Luis Álava Sautu, que trabajaba para la red de los Aliados contra el nazismo, fue ejecutado por el soplo de un infiltrado en la sede del Gobierno vasco de París. En la capital francesa fue muerto en 1976 el anarquista Laureano Cerrada por unos desconocidos. Años antes, había intentado acabar con la vida del dictador Franco un día de regatas en Donostia. Acción que fracasó por la delación de un infiltrado en el movimiento revolucionario. Inocencio Martínez, otro agente infiltrado, abortó el secuestro del director del Banco de Bilbao en Francia, que los GARI (Grupos de Acción Revolucionaria Internacionalista), con los que colaboraba nuestro Lucio Urtubia. El objetivo era canjearlo por Salvador Puig Antich, ejecutado por el franquismo unos meses después como venganza al tiranicidio de Carrero Blanco. El policía Abderramán Muley Moré se infiltró en el DRIL y marcó objetivos, entre ellos la bomba en la estación de Amara de Donostia que mató a la bebé Begoña Urroz y que décadas después, con una desvergüenza supina, el Estado español atribuyó a ETA.
Hoy, a pesar de los avances técnicos, los agentes encubiertos continúan siendo una pata indispensable del espionaje político. Los medios alternativos, han descubierto recientemente hasta ocho agentes encubiertos en movimiento sociales del Estado español. Probablemente la cifra será más alta y, conociendo los manuales clásicos, otros esperarán su turno para su activación, mientras se mantienen como agentes durmientes. A las inclinaciones del CNI para infiltrar agentes en movimientos sociales de Madrid y Països Catalans se añaden las particularidades en Euskal Herria susceptibles de rastreo: grupos memorialistas, red de torturados, activistas de derechos humanos… Indicios los hay.

Por esta tendencia y por la naturaleza del Estado español, no me ha sorprendido el argumento de Benet Salellas, abogado de Santos Cerdán, que abrió la tesis de que Koldo García podría ser un agente encubierto. No voy a defender ni de lejos, la honorabilidad de un PSOE, cubierto de episodios de corrupción desde la Transición. Hijo del Régimen del 78. Pero los objetivos finales del Estado profundo son los aliados de ese PSOE en el Gobierno central. Como siempre, la unidad sacrosanta de España. Y en ese análisis, catalanes y vascos siempre hemos sido y seguimos siendo prioridad.

 

 

 

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viernes, 27 de junio de 2025

Defendido, Indultado y Condecorado

¿Qué servicios habrá prestado a la corona el "chicarrón del norte" Koldo García para que tantos mandamases del régimen se hayan prestado a hacerle más llevadera la vida?

Estamos de regreso con las incógnitas acerca de este personaje con esto que se ha publicado en Naiz:


Koldo García fue defendido por un edil de UPN y PP, indultado por Aznar y condecorado por Zoido

Koldo García no solo ha tenido implicación profunda en el PSOE, sino también estrechas vinculaciones con la derecha desde los 90. Un candidato electoral primero de UPN y luego del PP fue su abogado defensor. Y dos gobiernos del PP lo indultaron primero y condecoraron luego.

Ramon Sola

El mal llamado «asesor» Koldo García Izaguirre, el hombre cuyas grabaciones nutren el informe de la UCO de la Guardia Civil, no solamente ha tenido una intensa penetración en el PSOE en estas dos últimas décadas, sino también contactos estrechos con núcleos de la derecha navarra. A la espera de saber si también grabó a dirigentes del PP, como apuntan algunos medios, NAIZ ha constatado que su abogado defensor en 2011 era Miguel Martínez-Falero Pascual, entonces electo de UPN y posteriormente también del PP.

El caso es conocido porque NAIZ lo reflejó en su momento. Koldo García Izaguirre fue condenado en junio de 2011 por haber propinado una paliza a un menor, el 11 de julio de 2010. Fue el día en que la selección española de fútbol ganó el Mundial de Sudáfrica. Se encontraba en el bar Sol de Iruñea, junto a la Comandancia de la Guardia Civil, y golpeó a un joven de 16 años que llevaba una camiseta con el lema ‘Independentzia’.

En aquel proceso, el hombre que da nombre al «caso Koldo» tuvo como abogado defensor a Miguel Martínez-Falero Pascual, que fue concejal en Antsoain por UPN durante dos legislaturas consecutivas, desde 2003. Posteriormente, tras la fractura entre el partido navarro y el PP en 2008, Martínez-Falero aparece como candidato a la Alcaldía de Azkoien (Peralta) por la formación que entonces lideraba Mariano Rajoy, en 2015.

Por cierto, Martínez-Falero se presenta en su curriculum como experto en «contratación internacional» y de hecho en documentos públicos del Ministerio de Defensa consta que ha participado en procesos de contratación del Ejército español.

La elección de este letrado llama la atención en términos políticos, puesto que justo en ese mismo año 2011 Koldo García pasó a ser concejal del PSN en la localidad de Uharte. Con ello empezó su escalada dentro del partido que le llevaría a ser «asesor» del ministro de Transportes José Luis Ábalos, también imputado en la trama. Un ascenso que resulta inverosímil para un simple guardaespaldas al inicio.

Guardia Civil como nexo

La relación entre Koldo García y Miguel Martínez-Falero Pascual bien puede tener como hilo conductor a la Guardia Civil. Y es que muchos de los mensajes en redes sociales de este abogado están dedicados a la Guardia Civil o el Ejército, siempre en tono muy elogioso. Y la agresión al menor por la que el agente de seguridad privada fue condenado se produjo en un bar frecuentado por los agentes de la Comandancia de Iruñea.

Es más. Como han publicado ya otros medios, Koldo García fue condecorado por la Guardia Civil con la Orden del Mérito, en la categoría de Cruz con distinto blanco. Esta premia «las acciones y conductas de extraordinario relieve, que redunden en prestigio del cuerpo e interés de la patria».

El expediente se mantiene en secreto, por lo que no constan tales ‘méritos». ‘La Vanguardia’ se interesó por el asunto y no consiguió hallar nada: «Más mito que realidad: Koldo García se atribuye un papel en la lucha antiterrorista que nadie recuerda», publicó el pasado domingo. En su día, Ábalos argumentó en su defensa que «salvó la vida a dos policías» en un supuesto episodio del que no hay más detalles.

Lo que sí está fuera de toda duda es que se trata de un hombre violento. A la condena por agresión al menor en Sanfermines de 2010 Koldo García sumaba otra casi 20 años antes por golpear a un vecino de Aranguren, cuando era vigilante en el polémico vertedero de Góngora. Luego fue indultado y esto le salvó de ir a prisión, puesto que la condena ascendía dos años y cuatro meses de cárcel. Al hombre le rompieron varias costillas y los huesos de una mano.

Pues bien, tanto la condecoración de la Guardia Civil en 2018 como el indulto anterior de 1996 fueron aprobados por sendos gobiernos del PP. En este caso, el de José María Aznar. Y en el posterior, el de Mariano Rajoy, que estaba en sus últimos días y tenía como ministro del Interior a José Ignacio Zoido.

Sus propios audios vuelven ahora a poner en estrecho contacto a la Guardia Civil y Koldo García. Se apunta a que grabar conversaciones con sus interlocutores era una práctica suya habitual y muy sostenida en el tiempo, por lo que se sopesa que quizás también haya registrado a dirigentes de otros partidos, como el PP. Pero, al menos de momento, la UCO solo apunta en una dirección: el PSOE de Pedro Sánchez.




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sábado, 21 de junio de 2025

Egaña | Enfocando a los Criminales

Iñaki Egaña nos aclara el panorama con respecto a la banda criminal conocida como Organización del Tratado del Atlántico Norte, por sus siglas, OTAN.

Aquí el texto que nos ha compartido en Facebook:


Enfocando a los criminales

Iñaki Egaña

El 13 de marzo de 1986, la Bolsa de Bilbao registró su mayor subida histórica en una sola jornada. Un aumento de 12,71 puntos. Para un observador en el tiempo, la euforia de la crecida exagerada correspondería al afianzamiento del poder político, económico y militar de nuestro país, tras un acontecimiento democrático. La víspera, Hego Euskal Herria había llamado a las urnas a sus vecinos, tal y como en el Estado español, para preguntar si deseábamos entrar en la OTAN: 434.553 hombres y mujeres de Nafarroa Garaia, Araba, Gipuzkoa y Bizkaia habían dicho “Sí, quiero”. Como si se tratara de un contrato matrimonial. Si el mismo observador se quedara en esa primera línea, su interpretación sería errónea. Porque en las siguientes estrías encontraría que 828.721 vascos habíamos dicho “No quiero” y 706.311 se habían abstenido. Es decir, que únicamente uno de cada cinco integrantes del censo vasco peninsular se sumaba a los antojos bélicos de quienes detentaban las riendas en lo político, económico y militar.

El equilibrio entre potencias fue el argumento de los favorables a la integración. La OTAN había surgido en 1949 y para hacer frente a su propósito expansivo, el bloque soviético instituyó el Pacto de Varsovia en 1955. Con la caída del Muro de Berlín y el desmoronamiento de la URSS, el Pacto de Varsovia firmó su defunción y la OTAN, en contra de la lógica de bloques, continuó su despliegue territorial hasta nuestro días. La OTAN ya operaba en Euskal Herria, a pesar del trámite del referéndum de 1986, particularmente con la base de Gorramendi (Elizondo) desde 1959, el campo de tiro de entrenamiento de las Bardenas -en especial para los bombarderos que descargarían napalm y el agente naranja en Vietnam- y la Stay-Behind (conocida como Red Gladio) que, al margen de sus objetivos globales, participó en operaciones encubiertas de guerra sucia y espionaje contra la disidencia vasca. El año del “No quiero” a la OTAN fue el mismo de la incorporación del Estado español a la Unión Europea. En esa ocasión no hubo referéndum.

Aquel músculo antimilitarista vasco fue la clave del “No quiero”. Abarrotaron con su actividad, las calles, las urnas, e implosionaron el movimiento popular. Fue asimismo el germen de la insumisión y deserción al servicio militar en el Ejército, que llevó a prisión a cerca de mil jóvenes vascos, esta vez también de Ipar Euskal Herria, cuyos ciudadanos no habían tenido la oportunidad de expresar su opinión sobre la OTAN. El Estado francés, aunque con matices, había sido uno de sus fundadores.

En el mundo anglosajón se emplea la expresión “soft and hard power”, que correspondería al poder “blando” y al “duro”, que por cierto no tienen por qué ser antagónicos. Los gobiernos salidos de las urnas serían los que componen el “poder blando”. En la teoría, son capaces de conformar consensos y habilitan la diplomacia. El “poder duro”, en cambio, funciona a otra escala. Imposición, coerción y autoridad. Sin reglas, o mejor con las suyas, que modelan las relaciones internacionales. En muchas ocasiones, aquellos que ostentan el poder blando son simples correveidiles de los halcones (Walt Street, La City, el departamento de defensa de EEUU…), tanto en lo económico como en lo militar. Trump, Mertz, Macron, Netanyahu, Starmer… son señores de la guerra elegidos en las urnas. Voceros del poder duro, trasladado al público.

Mark Rutte, secretario general de la OTAN, ha declarado recientemente: "Es hora de adoptar una mentalidad de guerra". En 2025, la Alianza, como en décadas, está marcando la agenda mundial. Finalizó el pasado año su actividad con entrenamientos militares a gran escala, con la novedad de que los ejercicios Steadfast Noon, de prácticas nucleares, los realizaron cerca de la frontera rusa. En 2022 boicotearon el acuerdo de paz en Estambul acordado por Moscú y Kiev para concluir con el conflicto de Ucrania, después del Euromaidán de 2014. Este año, Israel ha bombardeado Siria, Líbano, Irán y Yemen, junto al genocidio de Palestina. EEUU bombardeó masivamente Siria hace unos meses, antes del cambio de régimen, y luego Yemen. El ataque sionista contra Irán desde hace unos días y los ataques contra bases nucleares estratégicas de Rusia este mismo mes de junio, se han producido en medio de negociaciones simultáneas. No hay lugar a la diplomacia. La OTAN quiere mantener su posición de privilegio mundial, participando en todas estas acometidas, con inteligencia propia, sus satélites y sus ejércitos. Apuestan por un modelo planetario a su medida.

Si la OTAN concibió su identidad como un espacio territorial anticomunista, la caída del bloque soviético difuminó su naturaleza. Hoy, es obvio que los enemigos que marca, no están tan relacionados con la ideología sino con la hegemonía territorial y económica. Valores que están presentes en la historia de la humanidad desde tiempos pasados, sin que la evolución haya mejorado la tendencia de las elites. La construcción del enemigo, las acciones preventivas -términos modernos- son similares a las expansionistas del colonialismo o las campañas de ocupación de territorios. Saqueo de recursos y supremacía racial.

Por ello, aquel músculo popular que mostramos en la década de 1980, en particular alrededor del referéndum, no debería ser únicamente un poso histórico, sino también una experiencia que señale objetivos. Es evidente que en estos cuarenta años han sucedido infinidad de cambios, incluso estructurales. Que otras luchas entonces secundarias se han transformado en prioritarias. Igualdad de género, cambio climático, migración masiva, defensa de las minorías… Exigir la paz hoy, como entonces es, sorprendentemente, un acto revolucionario. Coreábamos, junto a Anje Duhalde, aquello de “Bakezalek gara. Bakea nahi dugu”. Su eco nos persigue. Y hoy, entrando en el segundo cuarto del siglo XXI, nuestros antagonistas continúan siendo los halcones de la OTAN y sus compinches bursátiles. El “No quiero” sigue de actualidad.

 

 

 

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viernes, 20 de junio de 2025

De Roldán a Cerdán

El 'caso Koldo' no se ha presentado por generación espontánea, más bien al contrario, es la constante en lo que se refiere a los gobiernos del PP y del PSOE a nivel estatal así como del PSN y UPN en lo que respecta a la Comunidad Foral de Navarra, Nafarroa.

Lean ustedes esto que apunta Ramon Sola en su artículo publicado por Naiz:


Igual Cerdán es Roldán, pero la Nafarroa de 2025 no es la de 1994

Hay fondo y detalles en la ramificación navarra del «caso Koldo» que parecen clonados del «caso Urralburu» de hace tres décadas. A la espera de si son coincidencias malvadas o actitudes contumaces, lo irrepetible son las consecuencias políticas, Nafarroa ya no es aquella domesticada por UPN.

Ramon Sola

El «caso Urralburu» empezó a escalar también por lo más gráfico y grotesco. Hay dos imágenes de estos días que son casi clonadas de aquellas de hace 30 años e irrumpen de golpe en el subconsciente colectivo. Una es la radiografía del machismo y además en versión cutre, la señal de la degradación de quienes han ocupado direcciones de la Guardia Civil y ministerios: entonces Roldán en calzoncillos con aquel cangrejo de plástico en una de sus orgías, hoy Ábalos con Anais. La otra es la del despiporre mezclado con corrupción, el posado en un burladero sanferminero de la Plaza de Toros de Iruñea: entonces Urralburu, Roldán y el consejero Aragón; este viernes [en ‘El Mundo’] Ábalos, Cerdán y Alzórriz, felices de haberse conocido.

La historia se repite como farsa, eso sí. Aquel Roldán se convirtió en manzana que pudre el cesto desde las más altas responsabilidades: la Delegación del Gobierno navarro a la que había llegado desde Zaragoza. Ahora el germen es un nadie, un portero de discoteca amante de las palizas y las prostitutas, introducido en los ámbitos de poder vete a saber por qué y para qué. Por sus responsabilidades y por la UCO (que seguro no es una ONG), Roldán parecería Cerdán, pero por forma de ser, fisonomía y lo que sabemos hasta ahora, es Koldo.

A partir de ahí, de la depravación, el resto. De momento como presunción, pero también clonado. Adjudicaciones en obras públicas: entonces la autovía, ¿hoy Belate? Constructoras navarras: Huarte, ¿Servinabar? Constructoras españolas, igualmente impunes: Agromán, Obrascon, Focsa... ¿Acciona? Todo suena demasiado similar para que nadie hubiera aprendido alguna lección.

Aquel «caso Urralburu» fue realmente la última trama de corrupción en un gobierno que se descubrió periodísticamente y acabó en condena. Y es que hasta entonces había campado la impunidad más absoluta, no hacía falta esconder gran cosa: el presidente y el consejero de Obras Públicas con sus esposas, el testaferro Esparza, Roldán por supuesto... todos dejaron señales –visibles de Mallorca a Suiza– y todos cayeron. Cuando unos años después afloraron algunos casos posibles, también en UPN, las cosas ya se «hacían mejor». Si la tecnología se ha revolucionado en estas tres décadas, la ingeniería corrupta no lo será menos.

Hubo una comisión de investigación en el Parlamento (llamada «caso Huarte», no «caso Urralburu»), como se anticipa ahora. La sentencia en la Audiencia de Nafarroa no llegó hasta cuatro años y medio después, por cierto: es un dato relevante si se impone el criterio marcado por el PNV de esperar a las decisiones judiciales para tomar decisiones políticas rotundas, como hicieron los jeltzales con Rajoy.

Para entonces, en cualquier caso, el PSN ya había tirado la toalla dos años antes. Volvamos a hacer memoria: no fue tras el primer escándalo de Urralburu. El partido sobrevivió en las elecciones de 1995 llegando incluso a liderar el Gobierno en un tripartito-cuatripartito asemejable al de Chivite ahora. Rindió el fuerte tras el segundo asalto, cuando trascendió que el «lehendakari» Otano había titulado cuentas en Suiza, en junio de 1996.

Otro dato a tener en cuenta: al caer Otano no hubo elecciones anticipadas pese a que aún quedaban tres años de legislatura (habría sido lo lógico). UPN encontró alfombra roja del PSN para volver al Palacio de Nafarroa. El resto es historia. Miguel Sanz casi se eternizaría en el cargo (15 años) antes de pasar el testigo a Yolanda Barcina. Gobernaron casi siempre de la mano del PSN, incluso en coalición en la etapa de Roberto Jiménez hasta que Barcina le dio una patada en el culo. Su travesía del desierto fue tal que en 2007, ya 13 años después de aquellas fotos de Roldán, Ferraz impidió con el «agostazo» que el PSN emprendiera las alianzas actuales de Chivite.

La deriva judicial de este caso podría ser la misma que aquel... o no. Lo seguro es que las consecuencias políticas no serán las mismas. Aquello ocurrió es un escenario que UPN controlaba a su antojo, habitualmente desde el gobierno pero en caso contrario también desde la oposición: la larga mano de la derecha estuvo sin duda tras el estallido del «caso Otano», como se reconoció públicamente, y el motivo ni siquiera fue la corrupción sino un objetivo político, abortar el Órgano Permanente de Encuentro que se estaba tejiendo con la CAV. Otro recordatorio: Otano acabó absuelto, aunque fuera por prescripción.

Las manzanas podridas del PSOE quizás sigan aquí, pero el «quesito» de Sanz ya echó moho hace tiempo. Fue con el cambio de tiempo político de 2011, que impactó en Nafarroa al máximo nivel en 2015. La ciudadanía navarra es hoy tan combativa contra la corrupción como hace tres décadas pero sabe separar el grano de la paja y los deseos de UPN-PP-Vox de la realidad de este tiempo y lugar. Aquella Gestora del ínclito Víctor Manuel Arbeloa hoy no decantaría un gobierno; lo haría el voto de las navarras y navarros.




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domingo, 16 de marzo de 2025

Palabra de Pablo González

Desde el portal de Naiz traemos a ustedes este texto de la pluma de Pablo González, el periodista vasco que fue secuestrado por Polonia al inicio de la intervención militar rusa en Ucrania acusándolo, sin prueba alguna, de espionaje.

Adelante con la lectura:


Persecución, derechos humanos y dobles estándares

Tras pasar casi dos años y medio en una cárcel de máxima seguridad y mientras mis derechos siguen siendo vulnerados en la Unión Europea, tomo la palabra.

Pablo González Yagüe | Periodista / Kazetaria

Ante todo, quiero agradecer el esfuerzo de tantas y tantas personas que se han volcado en la defensa de mis derechos básicos, aquellos que son inherentes a toda persona, empezando por la presunción de inocencia. A quienes habéis alzado la voz por mí, sin conocerme en su mayoría, sin entrar a valorar si soy culpable o inocente, pero sí reconociéndome como sujeto de derechos, a vosotras y vosotros, gentes de Sevilla, Madrid, Valencia, Valladolid, Galicia, La Rioja, Catalunya y, sobre todo, Euskadi: ESKERRIK ASKO, GRACIAS, GRÀCIES, GRAZAS.

Desde que recuperé la libertad, he sido objeto de un intento de linchamiento mediático. Se han difundido una enorme cantidad de mentiras e imprecisiones sobre mí, mi vida y el caso de espionaje abierto en mi contra en Polonia. No me cabe duda de que todo esto es una provocación destinada a asustarme, a blanquear a los servicios secretos de los países de la OTAN y a encubrir sus flagrantes violaciones de derechos humanos. Pero, sobre todo, buscaban provocarme.

Tal vez no todos sepan que, tras el intercambio, soy la única persona de todas las que fuimos liberadas cuyo caso no ha sido cerrado. El expresidente Biden firmó amnistías para los presos que salieron de sus cárceles, y varios países europeos encontraron fórmulas legales para liberar y exonerar a los suyos. Rusia hizo lo mismo. Solo en mi caso sigue existiendo un proceso zombi. Hacen todo lo posible para mantenerme lejos.

¿Por qué querrían hacer algo así? ¿Porque represento un peligro para la seguridad nacional de Polonia? Por supuesto que no. Simplemente, buscan mantenerme alejado como una voz crítica que conoce demasiado bien sus métodos. Alguien que también ha visto de primera mano cómo operan, en realidad, las democracias “pro-derechos humanos” en el espacio postsoviético: cómo provocan conflictos, suministran armas y, ante todo, acusan a los demás de cometer sus propios pecados.

Siempre me he manifestado en contra de su proyecto de uniformización de los pueblos, de su intento de estandarizarnos y despojarnos de nuestra identidad. Programas como USAID y otros similares han trabajado arduamente en ello. Lo he denunciado y, por eso, he sido señalado. Ahora que sale a la luz la realidad de esas organizaciones, muchos se sorprenden. Pero cuando yo lo advertía, me tachaban de conspiranoico.

Solo para recordar: Polonia me tuvo durante dos años y medio en el módulo de aislamiento. Sufrí registros diarios, tanto personales como en mi celda. Me sometieron a un trato denigrante, obligándome a desnudarme y hacer sentadillas. Solo podía salir una hora al día para pasear por un cubículo de 3,5 por 6,5 metros. Mi celda tenía una ventana que no se abría, lo que provocaba una ventilación deficiente y la formación de humedades y hongos en las paredes. Además, la ventana era opaca, impidiéndome ver el exterior. Os invito a pasar 23 horas diarias en esas condiciones, solo por experimentar. No es muy agradable.

El contacto con mis familiares, especialmente con mis hijos menores de edad, era por carta. Fiscalía me negó las llamadas telefónicas o por vídeo, ya que en sus palabras ¡yo podría transmitir a mis hijos información secreta en código y así influir en el caso! Por el mismo motivo todo mi correo era censurado. Muchas cartas no me llegaron nunca. Otras, las que sí lo hicieron, eran traducidas primero, leídas en fiscalía y servicios secretos y solo tras eso llegaban a mis manos. De esta manera lo normal es que una carta me llegara al cabo de 2-3 meses tras ser echada al buzón. Es decir que para comunicarme con mis hijos carta-respuesta necesitaba unos 4-6 meses.

Perdí 20 kilos en los primeros meses en prisión antes de empezar a recibir ayuda. El menú gratuito era absolutamente insuficiente. Dos terceras partes de las calorías que consumía en prisión las obtenía de la compra que podía hacer de una lista muy limitada de productos. Sin esa ayuda proporcionada por mi familia, amigos y gente a la que no le era indiferente, hubiera pasado hambre y mi salud se hubiera resentido aún más. La salud psicológica tampoco ayudaban a cuidarla. Pedí varias veces hablar con el psicólogo, pero esas charlas eran bastante deprimentes. Así, en una me retó a probar a suicidarme si estaba mal, ya que en sus palabras textuales “no es tan sencillo como parece”. Eso sí, me ofrecieron pastillas, como los llamaban los “psicotrópicos”, para estar más tranquilo y no molestar con mis quejas. Me negué a tomar esas pastillas.

Por cierto, sigo tratándome las secuelas que este “respeto” a los derechos de los detenidos me ha dejado. A día de hoy, mi pulmón derecho aún tiene un 40% menos de capacidad. Y os aseguro que entré sano en la “detención provisional”. Los rayos X de mi ingreso y de mi liberación así lo prueban. Si Rusia no me hubiera rescatado, es muy probable que mi salud hubiera sufrido daños irreparables. La “justicia europea” me habría convertido en un minusválido.

Todo esto sin haber sido condenado, sin juicio y sin una acusación formal en el momento de mi liberación. En Polonia, esto es algo habitual. El récord de prisión provisional en ese país es de 12 años, y la persona que lo sufrió finalmente fue absuelta. Esas eran mis perspectivas: pasarme años en prisión provisional para, después, enfrentarme a un juicio en un sistema judicial que la propia Bruselas califica de politizado.

Algunos medios han afirmado que me mantuvieron en esas condiciones para facilitar mi intercambio futuro, pues con una condena formal habría sido más difícil. Un absurdo.

La parte realmente triste es que el trato que he recibido no es algo único y especial. Polonia, y otros estados de la UE, violan los derechos básicos de manera sistemática. Muchas de las cosas que me han hecho son modus operandi normal en Polonia. Es llamativo como la UE exige a otros que respeten los derechos que la propia UE se salta de manera flagrante. Los clásicos dobles estándares –tanto en política exterior, al exigir a otros, como interior, al hacer la vista gorda– sobre las violaciones propias.

Poco antes del intercambio, las autoridades polacas me informaron de la posibilidad de un “intercambio periodista por periodista”, pero para que pudiera llevarse a cabo, debían cerrar mi caso en un juicio exprés. El problema era que yo debía reconocer los cargos que se me imputaban. Me negué en rotundo. No podéis imaginar lo que sentí en ese momento, lo duro que fue mirarles a la cara y mandarles a tomar vientos cuando me amenazaron con pudrirme en prisión provisional en Polonia. Pero lo hice. Estaba decidido a presentar batalla para defender mi inocencia.

Finalmente, el intercambio se realizó y obtuve la libertad. Pero eso no gustó ni a las autoridades polacas ni, especialmente, a los servicios secretos que ordenaron mi secuestro. Por ello han desatado toda su artillería contra mí. Su argumento estrella: la recepción por parte del presidente de Rusia, Vladimir Putin.

Parece ser que, según ellos, esa es la prueba absoluta de mi culpabilidad. Curiosamente, el periodista estadounidense que fue intercambiado conmigo también fue recibido por el presidente, la vicepresidenta y altos representantes de los servicios secretos de su país. Se hizo fotos con la bandera y con agentes norteamericanos. Pero en su caso, todo eso es perfectamente normal. En el mío, en cambio, es prueba de un delito.

Me intercambiaron sin juzgarme, y ahora intentan hacerlo a través de la prensa “amiga”, que, sin leer las actas ni investigar realmente nada, actúa como fiscal y juez, condenándome de manera oficiosa, ya que oficialmente no han podido hacerlo.

Me han atacado de múltiples maneras: por ruso, por vasco, por ser de izquierdas, por no simpatizar con el régimen de Kiev. Me han juzgado y sentenciado por quien soy.

Las acusaciones que me lanzan no tienen nada que ver con espionaje, sino con el simple ejercicio del periodismo, en especial del periodismo de investigación.




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martes, 4 de marzo de 2025

Makazaga | Secretos de Estado

La demoledora pluma de Xabier Makazaga le abre un boquete al muro de silencio que oculta la complicidad jacobina con los crímenes de lesa humanidad cometidos por el estado español en contra del pueblo vasco.

Aquí lo traemos a ustedes desde Gara:


Secretos de Estado

Xabier Makazaga | Investigador del Terrorismo de Estado 

Durante décadas, las autoridades francesas han ocultado hechos y datos que, sin duda, hubiesen ayudado a esclarecer e impedir numerosas acciones de guerra sucia. Voy a describir un par de ellos y que cada cual saque sus propias conclusiones. El primero sucedió en París a mediados de los años setenta y nada se supo al respecto hasta que se publicó, en febrero del 2004, la biografía autorizada de José Antonio Sáenz de Santamaría, un general, ya fallecido, que sabía muchísimo sobre el terrorismo de Estado.

Fue el conocido periodista Diego Carcedo quien escribió aquella biografía en la que se menciona lo que les ocurrió a dos agentes de inteligencia destinados en una oficina secreta del SECED franquista en París. Se trató de un suboficial y de Manuel de la Pascua «Paso», comandante de Estado Mayor.

Carcedo contó en la biografía que ambos agentes del SECED fueron sorprendidos en un cine recuperando la metralleta Marietta «que unos mercenarios habían utilizado en un atentado. La Policía francesa los detuvo y sólo fueron expulsados a España después de largas negociaciones y del cierre de la oficina que mantenían de manera subrepticia».

Aquella Marieta era de un lote que la Policía española compró en USA. Otra fue utilizada para asesinar al juez antiterrorista italiano Vittorio Occorsio, el 10 de julio de 1976. Los españoles no se habían dado cuenta de que las Mariettas llevaban una doble numeración, en el exterior del cañón y en el interior del mismo. Borraron la del exterior del cañón, pero no la de su interior, y fue gracias a esa última como los policías italianos supieron que el arma utilizada para asesinar al juez antiterrorista italiano había sido comprada en USA por la Policía española.

En todo caso, tuvieron que pasar casi 30 años, desde que tuvo lugar en París el «incidente» con una de aquellas Mariettas hasta que en 2004 se mencionó por primera vez en la biografía autorizada del general Sáenz de Santamaría. Posteriormente, el hecho ha sido recogido en más obras, como la publicada en 2005 “Espía en el País Vasco” del general Ángel Ugarte, responsable durante años del Servicio de Inteligencia en Euskal Herria.

Tal y como reconoció en su libro, «Paso» «había tenido que salir precipitadamente de París por un problema con las autoridades francesas derivado de su trabajo». De lo cual se deduce que uno de sus «trabajos» era el de recuperar una Marietta utilizada por mercenarios en un atentado. A buen entendedor...

La verdadera labor de «Paso» quedó al descubierto tras aquel «incidente» que las autoridades españolas y francesas se encargaron de ocultar a toda costa. Y en verdad lo consiguieron, porque pasaron casi 30 años hasta que se supo algo al respecto. Lo cual muestra hasta qué punto disponen de medios para ello. ¡A saber cuántos «incidentes» permanecerán ocultos para siempre en tanto que secretos de Estado!

El segundo «incidente» que muestra y demuestra la colaboración francesa en la guerra sucia se produjo en 1983, cuando se empezaron a producir loa atentados reivindicados usando la sigla GAL. El inspector José Amedo, organizador de muchos de aquellos atentados, cuenta en su libro “Cal Viva” que la Policía francesa detuvo a varios policías españoles a sus órdenes, que iban a secuestrar a un refugiado vasco. Fueron liberados poco después, pese a que iban ilegalmente armados, gracias a las gestiones diplomáticas que realizaron las autoridades españolas.

Como los policías españoles ya no podían regresar armados a Iparralde, «se tomó la decisión de reclamar la presencia en Bilbao de tres miembros de los GEO expertos en operaciones especiales». Pocos días después, fueron detenidos en Hendaia. Los pillaron in fraganti, cuando estaban a punto de consumar el secuestro de Joxe Mari Larretxea. Esa vez, ya no fueron puestos de inmediato en libertad.

Varios medios de comunicación recibieron filtraciones sobre lo ocurrido. El diario “Deia” situó el primer intento de secuestro justo un día antes de la desaparición en Baiona de Josean Lasa y Joxi Zabala, que fueron torturados en un edificio oficial en Donostia, La Cumbre, tras lo cual los trasladaron a un remoto paraje en la costa mediterránea donde fueron asesinados y enterrados en cal viva.

Una de las personas que fue a denunciar a la Justicia francesa la desaparición de ambos refugiados sacó a relucir ante el juez de Baiona las detenciones de policías españoles armados que habían mencionado algunos medios de comunicación. El juez dijo desconocer que se hubiesen producido aquellas detenciones y se mostró interesado en averiguar más datos sobre el tema.

Es obvio que los datos por los que dijo interesarse el juez estaban en poder de la Policía francesa que detuvo a aquellos policías españoles armados. Seguro que registró tanto sus identidades, como las características de las armas que portaban, antes de conducirlos a la frontera por órdenes superiores.

¿No cabe sospechar que, muy probablemente, algunos de quienes fueron detenidos en el primer intento de secuestro participaron mes y medio después en el secuestro de Segundo Marey, en Hendaia? ¿Quiénes ordenaron que fueran puestos en libertad y se ocultara su identidad cuando los detuvieron en Iparralde ilegalmente armados? ¿Quiénes fueron los responsables de que pudieran seguir practicando la guerra sucia financiada con los fondos reservados del gobierno español y la complicidad del francés?

Si Marey hubiera sido «el tesorero de ETA» que creían era, seguro que hubiese terminado enterrado en cal viva, como Lasa y Zabala. E idéntico final hubiera tenido Joxe Mari Larretxea de haberse consumado su secuestro. Sin duda alguna, le esperaba una interminable sesión de torturas, hasta que cantara todo lo que sabía, sospechaba o incluso imaginaba. Y tras aquel calvario sin fin, en el que imploraría a la muerte para que viniera a rescatarlo, acabaría en una remota tumba, cubierto de cal viva. 




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jueves, 27 de febrero de 2025

Un Panfleto Propagandístico

Nos vamos dando cuenta que a Luis Tosar le gusta eso de aparecer en películas en donde se machaca a militantes del independentismo vasco.

Pero bueno, agradecemos a Resumen Latinoamericano haber publicado este crítica que se hace a una película que desde su primer momento quedaba claro su anacronismo y su pueril objetivo de hacer ver el proceso de Desarme, Desmovilización y Reinserción de ETA como un tema puramente policial. Pero el despropósito va mucho más allá y pasa por el tema de los miembros de las fuerzas represivas del estado que son incrustados en los diferentes movimientos sociales.

Aquí lo que se denuncia:


«La infiltrada», premios, falsas casualidades y guerra cultural

El Estado usa a ETA y un guion enterrado más de diez años para que la cultura limpie la figura de los policías infiltrados en movimientos sociales.

Colectivos de personas afectadas por infiltraciones policiales

El pasado 11 de octubre, un día antes del despliegue militar y policial más grande del Estado que celebra el genocidio americano, se estrenó en los cines la película La infiltrada. Su argumento gira alrededor de la historia de cómo una policía nacional, formada, como todos los policías, en Ávila, se infiltró en ETA en los años 90.

Esta película está producida por María Luisa Gutiérrez, socia fundadora de Bowfinger International Pictures, y, según ella, aborda enseñar “las cloacas de ETA”, esas que el gobierno estatal siempre saca a relucir cuando le interesa y que sigue usando para justificar sus prácticas represivas. En palabras de Gutiérrez, todo surge durante una cena en su casa cuando una persona responsable de la policía nacional le cuenta el caso en primera persona.

Sin embargo, poco habla de las cloacas del Estado que cada vez están más expuestas, aunque se nieguen a reconocerlo. La película intenta sintonizar el público con la figura del policía infiltrado, enseñando los debates internos de la infiltrada y poniéndola en el papel de víctima de su propia infiltración. Creyente ferviente de la causa, hecho que le imposibilita poner límites, acaba quedando atrapada en su propia tela de araña. Todo ello explicado sin prestar ningún tipo de atención a las personas a quien engaña y manipula, que pasan a ser tan solo parte de un decorado caricaturesco y, en todo caso, el mal menor.

Las guionistas son Amèlia Mora, autora del guion de la película infantil Copito de Nieve (2011), y la propia directora Arantxa Echevarría, autora también de Carmen y Lola (2018) y Chinas (2023), ambas criticadas desde colectivos racializados, por fomentar la creación de imaginarios y la consolidación de estereotipos sexistas y racistas, aunque como guionista y directora Echevarría es vista como “feminista”. La documentación de la película corre a cargo de Pablo Muñoz, “periodista” del ABC, condecorado con la medalla de plata al Mérito Social Penitenciario, la Cruz al Mérito Policial con distintivo blanco y Premio de la Fundación Policía en la modalidad de periodismo escrito.

La productora explica, en varias entrevistas, que este proyecto no es nuevo, que llevaba más de diez años intentando encontrar financiación. ¿Casualidad que la encuentre en septiembre de 2023? Justo después de que se revele que Marc, Dani, Ramón, Mavi, María, Sergio, Lucía, Carlos y Marian se habían pasado años infiltrados en nuestras vidas. De repente ese proyecto aparcado viene de lujo como arma de guerra cultural. Es entonces cuando acabará siendo financiada por el ICAA, organismo adscrito a la Secretaría de Estado de Cultura, que le concedió una ayuda de 1.200.000 millones de euros en septiembre de 2023. También contó con la participación de CREA SGR, entidad financiera privada supervisada por el Banco de España, creando un nuevo relato para ensalzar la figura policial en un momento de horas bajas y cuestionamiento público.

Nada en esta película nos parece casual, por eso, una vez más, decidimos no quedarnos calladas. No solo queremos señalar que el momento no nos parece casualidad, sino que la propia película hace pequeños guiños hacia la actualidad, explicando las diferencias entre un agente encubierto y un policía infiltrado. Y desvinculando según qué operaciones y formas de sus mandos jerárquicos. ¿Será este un modo de limpiar la sombra del señor ministro?

Cabe puntualizar, también, que el hecho de elegir la historia de una policía permite teñir el film de color lila y hacerlo pasar por una reivindicación feminista retratando una época, no tan distinta a la actual, en que las mujeres tenían que luchar su presencialidad.

Argumento lícito, pero cogido por los pelos, que permite edulcorar y limpiar lo que la película busca que interioricemos: la justificación a toda costa de las infiltraciones policiales y la tortura. Porque sí, la infiltración y las prácticas que conlleva son tortura. La manipulación, el engaño y todo el daño psicológico que generan, así como los, poco nombrados en el film, maltratos, también físicos perpetrados por los cuerpos policiales en las comisarias son tortura.

Llevamos dos años y medio denunciando infiltraciones en movimientos sociales, dos años donde hemos visto cómo el Estado no teme saltarse ninguna línea roja. Movimientos por el derecho a la vivienda, asambleas libertarias, vecinales, luchas por el territorio, feministas, antirracistas, ecologistas, independentistas, sindicatos y un largo desfilar de gente que intenta luchar por un mundo un poco más digno en el que vivir  han sido objetivo de un plan de Estado para investigar las disidencias. No han dudado en meter gente en nuestras asambleas, pero tampoco en hacerlo en nuestras casas, nuestras familias, nuestras camas y nuestras vidas. Y mientras las personas afectadas pedimos respuestas se estrena una película que vanagloria el papel del policía infiltrado, dando a esta figura una importancia que la eleva a héroe.

Así pues, mientras el Ministerio de Interior sigue sin dar respuesta a todas nuestras preguntas, la justicia sigue sin admitir nuestras querellas y se nos niega cualquier explicación o investigación sobre los hechos, nosotras seguimos destapando infiltrados en nuestros entornos. Una vez más, la maquinaria del poder pone al entramado cultural en marcha para poder crear un discurso de necesidad social o falsa seguridad, usando a ETA, que permitan edulcorar métodos que son tortura.

Ahora es temporada de premios en el mundo del cine; han sido los Gaudí, los Feroz, los Forqué y este último fin de semana, los Goya. De repente, tenemos a personas nominadas y galardonadas por todas partes dando entrevistas. Algunas se han hecho más virales que otras, como la de Carolina Yuste en Carne Cruda. En ella la actriz afirmaba que “como sociedad no nos podemos permitir usar el dolor, la herida de toda una sociedad y las víctimas, como armas arrojadizas y para sacar rédito”, añadiendo que se debe “usar el arte para generar diálogo, para reconstruir”. Al escuchar sus palabras, solo nos apetece usar sus mismas declaraciones para decirle: “Oye, Carol, ¿nos podemos tomar un café en un bar y hablar de cómo mercantilizas una historia y la describes desde el feminismo obviando la violencia estatal que algunas hemos sufrido?”.

Queremos pensar que las guionistas, directora, actrices, no entienden las relaciones que nosotras señalamos y denunciamos, pero queremos ir más allá. Al final ellas solo son una muestra más de una despolitización y falta de discurso crítico generalizado. No se puede hablar de infiltraciones en ETA o en movimientos sociales y diferenciarlas. Al final las infiltraciones parten de la base de que las personas afectadas somos meros objetos y eso pasaba en los 90 y pasa ahora. La historia nos cuenta cómo las infiltraciones en movimientos sociales sirvieron de entrenamiento para infiltrados que luego se trasladaron a Euskal Herria. Casos como el de Ángel Andrés Ferreiro nos demuestran como no hay líneas entre infiltraciones. Ángel estuvo infiltrado en movimientos libertarios en Barcelona, fue trasladado a Euskal Herria, más o menos en la misma época en la que se basa la película, y en un permiso mató a su pareja Mayca, quedando todo tapado por el Estado en pro de su seguridad, sin preocuparse de los “daños colaterales”.

La misma Carolina Yuste, al recoger su premio a mejor actriz por este papel, habla de las heridas, de recoger aquello que nos hace daño para intentar sanar, de no usar la herida y el dolor de tantísima gente para sacar rédito político, hablando de respeto y amor. Al final todo esto revictimiza y vuelve a objetizarnos a las personas que hemos tenido cerca a un infiltrado. Al final esta película saca rédito de nuestro dolor, de nuestra herida, sin ningún respeto ni amor. Respeto y amor que sí tenemos la suerte de haber encontrado entre nosotras y por ello, juntas, decidimos no callar, escribir sobre este hecho, intentando huir, una vez más del papel de víctimas. Conocemos de cerca la incertidumbre, el miedo, la impotencia, el dolor y la rabia que generan las infiltraciones.

La aparición de un Goya “ex aequo” en el último momento para poder nombrarla mejor película junto con otra, algo insólito, nos hace pensar que hasta podemos inventar nuevos premios para que la sociedad siga hablando de esta película. Y, de esta forma, el Estado a través de la cultura siga lavando los platos sucios. En vez de dar respuestas claras, que vayan más allá de acogerse a la ley franquista de secretos oficiales.

En definitiva, tenemos claro que esta película es solo un panfleto propagandístico que busca justificar la existencia de estos agentes en un momento en que ETA ya es historia, pero que sigue sirviendo como coletilla para ensalzar la nación y justificar las prácticas represivas del Estado. Al intentar hacer de la cultura y el feminismo un arma para dar otro aire, cambiar el foco, La infiltrada únicamente demuestra que ni la directora, ni las guionistas, ni la actriz, pretendidamente feministas, no han entendido nada.




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miércoles, 12 de febrero de 2025

Agiriano | Un Goya a la Represión

Dorleta Agiriano le enmienda la plana a Carolina Yuste y a Luis Tosar, quienes parecen padecer de un síndrome de bipolaridad bastante particular. Vaya, hasta parecen infiltrados.

Aquí les traemos el texto desde el portal de Gedar:


Un Goya a la represión

Dorleta Agiriano 

Al principio, puede parecer esperanzador escuchar diversas reivindicaciones en los Goya. Carolina Yuste ha denunciado en la entrega de premios el encarecimiento de los alquileres, y ha reivindicado el "derecho a una vivienda digna", mientras que Luis Tosar ha condenado la masacre contra los palestinos y las políticas de terror de Donald Trump. Es algo reconfortante, hasta que te das cuenta de cuál es la película en la que han participado esos dos actores y el papel que han desempeñado en ella: son protagonistas de La Infiltrada, y se han puesto en la piel de dos agentes de la Policía Nacional.

Precisamente La Infiltrada ha sido una de las obras más aplaudidas en los Goya. A la vez que salían a la luz varios casos de policías infiltrados por orden del Ministerio del Interior español, daban eco a esta película para incidir en un escenario político que poco tiene de ficción. De hecho, recordemos que, tal y como se concreta y normaliza en la propia película, lo que se cuenta está "basado en hechos reales". Es una realidad que el Estado ha infiltrado sistemáticamente a policías en movimientos sociales y políticos para espiarlos, controlarlos, reprimirlos y someterlos. Y ni siquiera el cine más premiado ha sido capaz de plasmar de forma clara hasta qué punto está dispuesto a llegar el Estado para hacer frente a todo movimiento que pueda tener un potencial revolucionario. El documental Infiltrats, producido por TV3, o la guía creada por la editorial Dos Cuadrados junto con varios militantes (Manual para destapar a un policía infiltrado) muestran de forma mucho más cruda lo increíble que es la dimensión de las infiltraciones policiales, hasta extremos que parecen ficticios. Sin parafernalia.

Quizá Carolina Yuste no sea del todo consciente de contra quién se han utilizado las infiltraciones: desde esas organizaciones militantes que han luchado de la forma más dura en Euskal Herria, hasta esos movimientos que luchan por el "derecho a la vivienda", que ella tan orgullosamente ha reivindicado, han sufrido infiltraciones policiales. O quizá Luis Tosar no es consciente de que los jefes de policía como el que él ha interpretado en La Infiltrada (y las fuerzas policiales en general) son, probablemente, tan fascistas como Trump; o quizá ignora que los gobiernos (tanto de derechas como de izquierdas) que han ordenado las infiltraciones policiales son los que apoyan y financian la matanza contra los palestinos. Señal de que detrás de una y otra práctica puede haber intereses compartidos. No permitamos que las alfombras rojas y las aparentes reivindicaciones progresistas oculten aún más las contradicciones y conflictos que tienen carácter de clase.




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lunes, 10 de febrero de 2025

Egaña | Infiltrados, una Historia Larga y Sangrienta

Madrid ha premiado a Arantxa Echevarría por los servicios prestados otorgándole un Goya a su más reciente obra cinematográfica.

Del tema central de esa película se encarga Iñaki Egaña con su mordaz estilo periodístico con este minucioso reportaje publicado en Naiz:


Infiltrados, una historia larga y sangrienta en Euskal Herria

La infiltración de agentes en diversas asociaciones catalanas ha vuelto a destapar el espionaje que realizan las diversas policías y el CNI a ciudadanos del Estado. Euskal Herria, epicentro de un movimiento independentista dinámico, ha sido vanguardia en infiltraciones, espionajes y técnicas.

Iñaki Egaña

La sombra de la infiltración en Euskal Herria es tan alargada que apenas ha dado respiro a la disidencia. Ya con la entrada de las tropas nazis en París, al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, un infiltrado español en la sede del Gobierno Vasco en el exilio logró hacerse con los nombres de una de las redes clandestinas jeltzales al sur de la muga. La razia posterior concluyó con la condena a muerte de varios militantes, que finalmente fue única, la del médico gasteiztarra Luis Álava.

Durante la dictadura, la infiltración policial fue uno de los métodos más empleados por la policía franquista y una de las actividades más temidas entre la oposición clandestina que, mayoritariamente, se refugiaba en el Estado francés. El PCE vasco llegó a realizar interrogatorios en primer grado a todos sus nuevos militantes, ante el temor a la infiltración. En fecha tardía, incluso, ejecutó en las cuevas de Landarbaso (Orereta) a uno de sus responsables en Bizkaia, Julián Pardo, a quien acusó de ser infiltrado policial. Los GAC (Grupos de Acción Carlista), un pequeño grupo armado, ejecutaron a otro infiltrado policial, Ovidio Mateos, en la década de 1970, a quien acusaron de ser responsable de la caída de uno de sus comandos. Según el historiador Javier Onrubia, Mateos se refugió en Biarritz y habría sido secuestrado por sus antiguos compañeros, que lo llevaron a París, juzgaron y ejecutaron.

Entre los anarquistas, las infiltraciones policiales fueron también numerosas. El mayor atentado contra Franco tuvo lugar en Donostia, cuando una avioneta debía descargar explosivos contra el yate del dictador, anclado en La Concha, un día de regatas. La delación de un infiltrado evitó el magnicidio. El responsable del operativo anarquista, Laureano Cerrada, fue ejecutado en París en 1976, en una operación de venganza, ya fallecido Franco.

Los GARI (Grupos de Acción Revolucionaria Internacionalista), de tendencia anarquista y que secuestraron en París al director del Banco de Bilbao para canjearlo por la vida de otro anarquista Puig Antich, que finalmente sería ejecutado, vieron cómo sus integrantes fueron detenidos. Entre ellos el navarro Lucio Urtubia. En el juicio celebrado en 1981 supieron que su operación había fracasado porque uno de sus compañeros, Inocencio Martínez, en realidad era policía.

El caso del DRIL (Directorio Revolucionario Ibérico de Liberación), que en 1960 colocó diversas bombas incendiarias en Bilbo y Donostia, también en Madrid, fue uno de los notorios de la época. La de la capital guipuzcoana, en la estación del vascongado de Amara, provocó la muerte de la niña Begoña Urroz. Como ya se publicó en este medio, los objetivos fueron marcados por un infiltrado policial, un antiguo falangista que había pertenecido a la guardia personal de Franco, Abderramán Muley Moré. Por cierto, si investigan a sus descendientes encontraran una estrecha relación con Vox.

Sin embargo, el objetivo principal, ya desde esa década de 1960, fue ETA. Y ante la dificultad de infiltrar agentes en sus grupos clandestinos en Hego Euskal Herria, la actividad de espionaje se trasladó al exilio, siguiendo el estilo de la infiltración en otras organizaciones. Y en particular a Ipar Euskal Herria. La comisaría de Irun, en la muga entre Gipuzkoa y Lapurdi, por razones de cercanía, acogió a los responsables de los agentes, confidentes e infiltrados desplazados al Estado francés. Habría que señalar que también fueron especialmente activos los consulados de Baiona, Hendaia, Burdeos, Toulouse y la embajada de París.

Entre ellos destacó, como si se tratara de un bucle eterno, el consulado de Baiona, que desde tiempos anteriores a la Segunda Guerra Carlista se convirtió en el centro del espionaje a la disidencia vasca. Por valija o en vehículos diplomáticos, los delatores españoles pasaron toda la información, que de Exteriores era delegada en Gobernación, luego Interior. En épocas más recientes, y sobre todo a partir de 1980, el cuartel de la Guardia Civil de Intxaurrondo y la sede del CESID, luego CNI, en Gasteiz se hicieron con las riendas de las infiltraciones. En la actualidad, la de la capital alavesa mantiene su estatus, al que se le ha sumado Bilbo.

Las primeras infiltraciones relacionadas con ETA y Enbata se produjeron en 1963. Aprovechando su ascendencia donostiarra y el arraigo en la provincia (dos de sus familiares habían sido ejecutados por comunistas en 1936 en la capital guipuzcoana), el coronel Dapena intentó introducirse en los medios abertzales de Lapurdi. Su infiltración fue destapada en el Aberri Eguna de Itsasu y sufrió un intento de secuestro, del que logró escapar. No tuvo tiempo siquiera de tejer una red.

La primera infiltración grave, según ETA, fue la de Patxi Rosado Jiménez, refugiado en 1969 que sufrió un tiroteo en Larrun en un paso de muga en 1973 y fue detenido en Bilbo en 1975. Salió de comisaria discretamente y no hubo publicidad de su infiltración. Como sucedería posteriormente, las claves para destapar su identidad fueron sus lazos familiares con la Guardia Civil.

«Cocoliso» y «El Lobo»

La del donostiarra José Luis Arrondo, ‘Cocoliso’, fue, sin duda, la primera infiltración de entidad que, además, tuvo unas consecuencias trágicas para dos militantes independentistas. La encerrona tuvo lugar en mayo de 1974, con la muerte de José Luis Mondragón y Xabier Méndez en la playa de los Frailes de Hondarribia. Los dos militantes, que no eran miembros de ETA, habían llegado en una lancha y cuando fueron a desembarcar serían acribillados por un destacamento combinado de policías y guardias civiles que esperaban apostados tras las rocas de la playa. Hoy, el Gobierno de Lakua no los considera como víctimas.

‘Cocoliso’ había sido seducido en 1972 por los agentes Claudio Ramos y Antonio Garrido, adscritos a la Comisaría de Donostia. Al partir Ramos y Garrido a un nuevo destino, la relación policial con el infiltrado, que había sido captado tras haber sido torturado en la comisaria de la capital guipuzcoana, fue trasladada a Roberto Conesa, uno de los policías franquistas de historia más terrorífica. Conesa fue, precisamente, el que preparó la emboscada de la playa de los Frailes. También fue uno de los encargados en preparar a los infiltrados y confidentes durante el franquismo y la Transición. Arrondo murió años después en Madrid en accidente de circulación que algunos medios atribuyeron al CESID, cuando porfiaba en los bajos fondos con un conocido de los medios españoles, Dionisio Rodríguez, «El Dioni».

Miguel Lejarza Eguía, ‘Gorka’ o ‘El Lobo’, fue el infiltrado de mayor entidad en los círculos clandestinos. Las numerosas detenciones producidas en los primeros meses de 1975 dejaron la infraestructura de ETA Político-Militar tan dañada como para permitir que algunos recién incorporados a la organización adquiriesen puestos de relevancia en su estructura. Entre ellos se encontraba Miguel Lejarza. La infiltración de ‘El Lobo’ en los polimilis supuso la detención de decenas de militantes, la muerte de cuatro de ellos (Josu Mujika Aiestaran, Andoni Campillo, Montxo Reboiras Noya y Montxo Martínez Antía), el fracaso de la fuga de la prisión de Segovia y que se frustraran todas las acciones previstas por la organización vasca en el Estado español, que intentaba evitar los fusilamientos de Txiki Paredes y Ángel Otaegi.

Miguel Lejarza, vecino de Basauri, consiguió cambiar su identidad por la de Miguel Ruiz Martínez. Estuvo unos años en México, apadrinado por Miguel Ángel Albiñana, un funcionario español del Ministerio de Exteriores, y volvió a Euskal Herria, donde fue detenido y encarcelado por extorsionar a un dentista. Salió de la cárcel de Martutene y luego se estableció en Barcelona, donde estuvo implicado en una red de proxenetismo. En Barcelona fue detenido en noviembre de 1993 tras verse implicado en un caso de escuchas ilegales a empresarios y políticos. Trabajaba en los servicios de seguridad del diario ‘La Vanguardia’.

Con motivo de la edición de varios libros biográficos, la identidad de Lejarza ha sido puesta en cuestión. Sobre su infiltración, las versiones literarias afirman que fue un agente ya captado y preparado años atrás. Para sus antiguos compañeros, en cambio, fue un quinqui rescatado de prisión a cambio de la infiltración. Para otros, no fue siquiera infiltrado, sino colaborador que cayó en las redes del espionaje tras ser detenido y torturado por su militancia en ETA. Jorge Cabezas, el guardia civil que según confesión mató a Josu Mujika en Madrid por el chivatazo de Lejarza, afirma que el tema de ‘El Lobo’ «es un bluf».

Los Comandos Autónomos descubrieron la infiltración de Julio Cabezas (nada que ver con el anterior), ‘Mikel Escaleras’. Familiar de la pareja de Jean Pierre Cherid, mercenario del BVE y de los GAL, fue denunciado por elegir los objetivos de los grupos parapoliciales, entre ellos el secuestro de «Naparra». Estuvo a las órdenes del comisario Manuel Ballesteros.

Represalias de ETA

ETA ha actuado con contundencia contra aquellos a los que señaló como infiltrados. El primer atentado contra un «topo» fue en enero de 1977 contra Santos González Turrientes, ‘Box’, que salió malherido. ‘Box’ había sido un ladrón de poca monta captado en la prisión de Basauri por presos de ETA. Cuando dejó la cárcel, marchó al exilio y participó activamente en huelgas de hambre y diversas actividades internas, hasta que fue descubierto. Tras el atentado se refugió en Alacant.

Poco después, en agosto de 1978, ETA dejó gravemente herido a Tomás Sulibarria, de Bilbo. La organización le acusó de la caída de dos comandos y del atentado que costó la vida a Agurtzane Arregi. Sulibarria se recuperó y nuevamente sufrió un atentado, en junio de 1980, en el que perdió la vida.

Ignacio Olaiz también murió a manos de ETA en octubre de 1978, bajo la acusación de ser un infiltrado, al igual que José María Azaola, en diciembre de 1978, y José Luis Oliva, en enero de 1981.

Los últimos casos conocidos de infiltración en ETA fueron los de José Antonio Anido Martínez y Elena Tejada Berradre –el largometraje ‘La Infiltrada’, premiado al Goya de mejor película ex aequo junto a ‘El 47’, aborda esta historia–, que eran respectivamente guardia civil y policía nacional. Anido Martínez fue un gallego cuyos padres residían en Estrasburgo y que se había infiltrado en los entornos abertzales de Baiona desde 1989. En 1995, un comunicado de ETA descubría que una foto en casa de sus padres, en las que aparecía de militar, desvelaba su procedencia. Su identidad fue transformada y el agente pasó a llamarse Antonio Cabana Romar. Fue destinado a la Embajada española en Colombia. En 1998 sufrió un atentado en Bogotá, en el que murió su compañero, y él resultó herido.

Elena Tejada, infiltrada durante siete años en medios abertzales, desde 1992, llegó a convivir durante un año con los miembros de un comando que fueron detenidos por la Policía en Donostia. Vecina de Logroño, se trasladó a Donostia y a los años ofreció infraestructura para ETA. Su infiltración provocó la huida de otros compañeros de los detenidos, entre ellos la de José Luis Geresta, que murió poco después en extrañas circunstancias. La directora Arantxa Echevarría acaba de rodar una película inspirada en esta infiltrada.

Sin relación con ETA, fueron descubiertos mientras trabajaban como «topos» en medios abertzales y no tenían contacto alguno en los círculos más clandestinos Javier López Urtizberea, militar natural de Irun, y el guardia civil Lorenzo Bárez Gómez. Hace unos años, asimismo, fue denunciada una pareja que había ejercido de topo en el partido Aralar (luego integrado en EHBildu) en Zizur. Se trataba de Arantza Arenzana y Mariano Balefón, de origen argentino o croata, según las fuentes. Se infiltraron en medios abertzales y también en las redes islamistas. Rodríguez Galindo citó en sus memorias a un(a) concejal abertzale en Nafarroa, sin revelar su nombre, que era una de sus fuentes principales. Pero nunca se pudo demostrar si se trataba de Arenzana.

Otras tipologías

Al margen de la infiltración, las torturas y todo tipo de presiones han generado otro tipo de confidentes, colaboradores policiales en la mayoría de los casos obligados por las circunstancias. También otros que por despecho renunciaron a su organización, en este caso ETA, y colaboraron con la Guardia Civil, tal y como relata de un caso muy concreto Rodríguez Galindo en sus memorias. Su fuente llegó a formar parte de la comunidad de refugiados en Ipar Euskal Herria, donde falleció de cáncer ya hace unos años.

Entre los torturados, el caso más conocido fue el del gasteiztarra Joseba Urquijo, que en 1989 se autoinculpó como confidente del policía Amedo, uno de los brazos ejecutores del GAL. Más tarde, exiliado en México, fue encarcelado acusado de mantener relación con ETA.

Los intentos policiales por lograr delatores no han cesado en los últimos años, aunque, a decir de las denuncias, con pocos resultados. En julio de 2009, el joven Alain Berastegi fue secuestrado en Irunberri durante siete horas por desconocidos. Pocos meses antes lo había sido Lander Fernández en Bilbo y en diciembre de 2008 el refugiado Juan Mari Mujika, en Donapaleu. En todos los casos, el objetivo era el mismo: intentar convertir a los detenidos en confidentes. Decenas de jóvenes detenidos con motivo de su militancia en Jarrai, Segi y Haika también recibieron ofertas para aligerar su condena a cambio de colaborar, como sucedió en redadas contra Ekin (heredero de KAS) y de colaboradores de la organización armada.

La infiltración hoy

Hoy, desaparecida ETA, los intentos de infiltraciones continúan, con episodios destapados en la dirección de EHBildu, en asociaciones dedicadas a la memoria histórica e incluso entre los investigadores recientes sobre los casos de tortura. La pugna entre el CNI, la Guardia Civil y la Policía Nacional por preparar e infiltrar agentes ha llegado hasta la Universidad, caladero donde intentan pescar a los más desprevenidos, también a los solicitantes de nacionalidad a cambio de agilizar trámites y, como siempre, a esos detenidos a los que, a cambio de la libertad, les exigen informes puntuales sobre el independentismo vasco.

Si durante una época, hasta la desaparición de ETA, grupos ecologistas, asociaciones de solidaridad con los presos y academias para aprender euskara fueron medios para la infiltración (hubo numerosas denuncias de infiltraciones policiales, en especial en el entorno del euskara, que el Estado trató de confundir señalando el interés policial y militar por la lengua vasca), en la actualidad los parámetros son diversos. La infiltración ideológica y la creación de espacios minoritarios con interés de ser únicamente altavoces en las redes sociales ha sido una de las estrategias preferidas del Estado tanto en Catalunya como en Euskal Herria. Con perfiles supuestamente comunistas, libertarios o independentistas, decenas de agentes se mueven por las redes desde al anonimato o con coberturas preparadas desde la avenida madrileña del Padre Ruidobro.

De cualquiera de las maneras, el Estado intenta inflar la sensación de que todas las estructuras antisistema están agujereadas como un queso gruyere. Hoy los sistemas técnicos han desplazado, en gran medida, a los humanos. Aun así, alimenta permanentemente un sentimiento de desconfianza entre la comunidad vasca, para dividirla, como lo hizo uno de los periodistas estrella del españolismo militante, Antonio Casado, justo antes de la disolución de ETA: «En las cárceles españolas y francesas se pudren unos 800 etarras mientras no más de 70 u 80 estaban disponibles en la calle para perpetrar atentados. Y la mitad eran policías, guardias civiles o agentes del CNI infiltrados». Otra táctica más para desinflar un globo que se les escapa. Infiltrados unos cuantos, sin duda, pero conocida la incontinencia verbal de la clase política española, no muchos más de los señalados.




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