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lunes, 13 de julio de 2026

1936: La Batalla por Donostia

Se acerca el 18 de julio y en el estado español se vive un clima de tensión política muy similar al de 1936, con una derecha envalentonada dispuesta a reventar el gobierno de Pedro Sánchez a toda costa.

Ante este escenario, conviene recordar lo ocurrido hace noventa años y lo hacemos por conducto de este magnífico reportaje publicado en Naiz:


Crónica de una victoria popular sobre el fascismo

En 1936, el Ejército español se levantó contra la República con éxito desigual. En Euskal Herria, en Gasteiz e Iruñea se impuso el fascismo sin piedad y con terribles consecuencias: solo en Nafarroa hubo 3.000 fusilados y sin frente de guerra. En Bilbo no se atrevieron a intentarlo. Esperaban que Donostia, antigua ciudad vacacional de la realeza, cayese como fruta madura, algo que no ocurrió con tal facilidad.

Josetxo Otegi Arrugaeta 

Se equivocaron. Donostia se convirtió en campo de batalla que hizo realidad el “¡No pasarán!”. Surgieron muchos nombres propios; siendo imposible recordarlos a todos, no podemos dejar de mencionar a los anarquistas Manuel Chiapuso, Felix Likiniano, Kasilda Hernáez; al comunista Jesús Larrañaga; al abertzale Mario Salegi; al comandante Augusto Pérez Garmendia; al jelkide Manuel Irujo; al socialista Miguel Amilibia… Fueron artesanos de aquella victoria, no exclusivamente donostiarra. Hubo combatientes de Arrasate, Eibar, Hernani, Errenteria, Bergara, Pasaia, Bilbo y alaveses y navarros que habían huido de la represión, sin olvidar a los asturianos, galegos y tantos otros…

Contra todo pronóstico, resistieron con firmeza al fascismo y lo vencieron. Este año se cumplirán 90 años de aquellos acontecimientos que conoceremos de cerca a continuación.

18 de julio, sábado: confusión 

El Ejército español se rebeló en África. “El Diario Vasco” publicó en su portada una curiosa noticia: «Hoy hará buen tiempo». Proporcionaba así la señal para el alzamiento a quienes esperaban la orden. Circularon mil rumores y reinó la confusión. Sin pérdida de tiempo, las organizaciones de izquierda empezaron a organizar a su gente, por si acaso. Bernardino Vega, trabajador de Telégrafos, retuvo un telegrama: lo enviaba desde Iruñea el general Mola al gobernador militar de Gipuzkoa, León Carrasco: Mola le ordenaba que declarase el Estado de Guerra. Bernardino entregó el telegrama a las autoridades. Sin saberlo, ganó un tiempo muy valioso pero, por ello, los franquistas lo fusilaron después en 1938.

Aquella confusión afectó también al PNV, cuya dirección debatía qué hacer en Donostia. Desautorizó a Manuel Irujo, que públicamente ya se pronunció contra el levantamiento, y se decidió la neutralidad del PNV, que se daría a conocer al día siguiente en “El Día”. Sin embargo, tanto Irujo como (José) Lekaroz, director del periódico, decidieron por su cuenta no hacerlo, pues aquella postura era inviable. Desde entonces, Irujo se esforzó en convencer a sus colegas del apoyo a la República.

19 de julio, domingo: tensión y organización

Las inquietantes noticias que llegaban aumentaron la tensión. Hacia las 04:00, el gobernador militar Carrasco convocó en la Comandancia Militar (calle Ijentea, actual Palacio Goikoa) a los tenientes coroneles De la Brena y Vallespín. Estos se dirigieron desde el cuartel de Loiola escoltados por dos vehículos blindados y varios camiones con soldados. En Alde Zaharra la gente estaba alerta. Allí tenían sus sedes PSOE, UGT, PCE, PNV y ANV. Al llegar al Boulevard, dispararon contra el convoy militar, matando a un soldado. Los militares colocaron frente a la Comandancia Militar dos ametralladoras y dos cañones, «por seguridad».

Nadie dormía. De madrugada, un coche amarillo ocupado por fascistas recorría la ciudad tiroteando a los grupos de trabajadores organizados (milicianos) que encontraba. Proliferaron francotiradores aislados, disparando desde las casas a los milicianos. Las armerías fueron asaltadas (por ejemplo, en la calle Hondarribia) y se improvisaron talleres para fabricar armas (los anarquistas fabricaron granadas en Oria y cócteles molotov en Trintxerpe).

El gobernador civil, Jesús Artola, convocó al gobernador militar Carrasco al Gobierno Civil (calle Okendo). Debido a la nula confianza que inspiraron sus respuestas, Carrasco quedó retenido. Ante la gravedad de la situación, se organizó una Junta de Autoridades, formada por el gobernador civil, los cinco diputados a Cortes por Gipuzkoa (los jelkides Manuel Irujo, Rafael Pikabea, Juan Antonio Irazusta y Jose María Lasarte, y el socialista Miguel Amilibia), así como el comandante Pérez Garmendia, uno de los escasos militares leales, que apareció por puro azar. La Junta organizó una columna para liberar Gasteiz. Cientos de voluntarios respondieron a la llamada.

En Egia, en la carretera que conduce a Loiola, se levantó una gran barricada con el material de la fábrica de ladrillos (actualmente el nº 5 de la calle Egia). En Gros, el mencionado coche amarillo fascista apareció a la altura del hospital, que se ubicaba en la actual avenida de Navarra, y los milicianos lo tirotearon. La gran incógnita eran los cuarteles de Loiola. Los anarquistas instalaron un puesto de observación en la casa del cura del hospital de la Misericordia en el alto de Zorroaga. Por la noche, los militares detuvieron a siete vecinos del barrio en los alrededores del cuartel: no querían testigos. Los encerraron durante ocho días, incomunicados, sin luz y apenas comida.

20 de julio, miércoles: dudas y preparativos

Los militares no se movieron. No sabían qué hacer. Todos esperaban. En las calles no se veían fuerzas policiales, solo grupos de milicianos. La Junta de Autoridades solicitó a Loiola la participación de artilleros en la columna que partiría a Gasteiz. El teniente coronel Vallespín llamó por teléfono al Gobierno Civil asumiendo unilateralmente el cargo de Gobernador Militar, y amenazó con bombardear Donostia si el gobernador civil no lo confirmaba en el cargo. Ante esto, el gobernador civil y otras autoridades se fueron a Eibar. Los que se quedaron en Donostia, dejaron el Gobierno Civil y se trasladaron a la Diputación (Plaza de Gipuzkoa) como medida de seguridad.

21 de julio, martes: comienza la partida

A las 10:00 de la mañana, la columna que liberaría Gasteiz se alineó para salir por la carretera general en el Antiguo. Esperaron en vano a los militares de Loiola. La columna la formaban miembros de las milicias populares, guardias civiles repúblicanos, carabineros y mikeletes, en total unas 500 personas. El comandante del Ejército Augusto Pérez Garmendia la encabezaba (destinado en Oviedo, el alzamiento lo sorprendió de vacaciones en Biarritz. Se presentó en el gobierno civil de Gipuzkoa, y comprobada su lealtad, le pidieron que se quedara). La columna se armaría en Eibar, donde se reuniría con una columna de Bilbo, para después dirigirse a Gasteiz por Arrasate.

Hacia el mediodía, el gobernador militar Carrasco fue liberado. Fue al Hotel María Cristina, llamó a la Unión Radio y anunció al locutor que se declaraba el Estado de Guerra. Después, Carrasco marchó al cuartel de Loiola. Los milicianos, sin tardar, tomaron la Unión Radio San Sebastián (en la avenida de la Libertad), interrumpiendo la emisión del comunicado de Carrasco.

Hacia las 17:00, dirigidos por el capitán de la Guardia Civil Adolfo Cazorla, un grupo de falangistas, guardias civiles y guardias de asalto dispararon contra un conjunto de gente y carabineros republicanos reunidos delante del Hotel María Cristina. Mataron a dos personas, tomaron rehenes y se hicieron fuertes en el hotel. Mientras, el Círculo Easonense de la calle Ijentea (actualmente debajo está la pastelería Oiartzun), la Comandancia Militar y la Comandancia de Marina (actual Hotel Lasala Plaza) ya estaban en manos de los sublevados. En el Casino (actual Ayuntamiento) se parapetaron otros soldados, guardias civiles y falangistas.

En Gros, un grupo de francotiradores tomaron el Hotel Príncipe de Saboya y el frontón Urumea. Ambos edificios permitían dominar las calles Ramón Mª Lili, Usandizaga y Agirre Miramon, y mantenían bajo su fuego el puente del Kursaal. Muy cerca de allí, otro grupo tomó el edificio de La Equitativa, desde allí controlaban el puente de Santa Catalina (paso entre Gros, Egia y el Centro).

Las autoridades republicanas de Donostia ordenaron que volviese la columna que partió hacia Gasteiz. Se encontraba en Arrasate, reforzada con gentes de Eibar, Arrasate y una columna de Bilbo (dirigida por el teniente de Asalto Justo Rodríguez). Entrarían de vuelta en Donostia por distintos sitios, unos en tren, otros en camión.

22 de julio, miércoles: la jornada clave

En la noche del 21 al 22, los militares salieron del cuartel de Loiola por fases. Primero establecieron un perímetro defensivo alrededor del edificio para protegerlo de cualquier ataque. En Egia, 100 soldados dirigidos por un capitán tomaron los caseríos que se encontraban a 150 metros del cementerio de Polloe (actualmente, calle Gabriel Aresti), ya que desde ellos se dominan los cuarteles de Loiola. Además, se apoderaron del convento de las Hermanas de los Pobres en Aldakonea. Entre aquellos soldados había tiradores de élite que causaron numerosos muertos entre los milicianos.

Los caseríos de Egia (Lorenziene Aundi y Txiki, Udaraberri, Etxetxo, Zamarra, Igola, Sibilia Haundi, Otxoki…) formaron un frente de guerra. Todos sufrieron daños materiales y el saqueo de los soldados. La situación estratégica del caserío Txurkoene motivó duros combates por su posesión. Su fachada y muros laterales fueron acribillados a tiros, y en la pared oeste un cañonazo del cuartel de Loiola hizo un gran agujero. En el hoy desaparecido caserío Moskotegi, los militares mataron al joven Miguel Alkiza y robaron a sus residentes. En Sibilia Txiki (hoy desaparecido), al encontrarse atrapado entre dos fuegos sus 22 habitantes -entre ellos 14 niños-, pasaron tres días refugiados en la cocina de la planta baja.

Los militares también tomaron el monte Ametzagaña, detrás del cuartel, donde posicionaron dos cañones de 155 mm y varias ametralladoras. Como les cortaron el suministro de agua, los militares obtuvieron allí el agua necesaria. También en esa zona, los soldados tomaron el asilo de Uba para protegerse de posibles ataques desde Martutene.

En el barrio de Gros, el miliciano Ceferino Rey murió a manos de francotiradores a la altura del nº 10 de la calle Miracruz. No lejos de allí, los milicianos hostigaban a los fascistas situados en el Hotel Príncipe de Saboya y el frontón Urumea. Les atacaron con botellas incendiarias, quemando las oficinas y el bar del frontón. En la esquina de la calle Iztueta y el paseo de Francia (los jardines de la Estación del Norte), los militares colocaron una ametralladora con la que, además de matar a varios milicianos, impedían el paso de todo vehículo entre Gros y Egia.

El momento decisivo

Hacia las 04:00 de la mañana salió una columna del cuartel de Loiola, dirigiéndose por la orilla del Urumea hacia el centro de la ciudad (el barrio Amara Berri no existía). Los milicianos les dispararon desde la otra orilla. Creyendo que les disparaban desde el caserío Beroiz-enea (actualmente desaparecido, estaba en el recinto actual del campus de Deusto), los soldados les dispararon dos cañonazos y 125 balas, destrozándolo e hiriendo a sus residentes.

Al llegar al barrio de Amara, la columna se dividió. Una parte siguió por el paseo Árbol de Gernika y llegó sin problemas hasta el Hotel María Cristina. Pero la columna que entró en la calle Urbieta chocó con una firme resistencia a la altura de la calle Larramendi, donde tenía su sede (sobre el actual bar El Nido) el sindicato anarquista CNT, que organizó su defensa: cerraron por ambos lados la calle Larramendi con barricadas, se atrincheraron en el convento del Corazón de Jesús situado enfrente y en las Escuelas Públicas de la calle Urbieta. También colocaron vigías en los tejados de las calles Moraza, Urbieta y Larramendi, con explosivos artesanales y botellas incendiarias.

Eran las 04:30 cuando los militares se adentraron en la calle Urbieta. Cerca de la calle Moraza, los milicianos abrieron fuego. Los soldados, al no poder avanzar, entraron en grupos en varios edificios, como el Hotel Correo (esquina de calle Urbieta con calle Larramendi). También intentaron rodear la calle Larramendi por la calle Prim, pero fue en vano. Entonces, la tropa retrocedió hasta la plaza Centenario: desde allí, y desde el portal nº 42 de la calle Urbieta, bombardearon con morteros las barricadas de la calle Larramendi. Con un vehículo blindado ametrallaron los portales donde estaban los milicianos, que utilizaban colchones confiscados en las casas para protegerse. Los militares obligaron a varias personas a retirar las barricadas y a sacar a sus heridos de lugares peligrosos. Dentro de algunas casas hubo combates.

La CNT se estaba quedando sin municiones. Algunos milicianos fueron en un camión blindado improvisado al cuartel de la Guardia Civil de Ondarreta en busca de armas. En el cuartel, que estaba vacío, consiguieron unas cajas de granadas. Tan pronto como entraron en la calle Urbieta, los militares lo alcanzaron con fuego de mortero, destruyendo el camión, pero se salvaron las granadas, y con ellas contuvieron nuevos ataques fascistas.

Pero esas granadas también se acabaron. La situación era dramática. Entonces se produjo un giro inesperado: hacia las 09:00 de la mañana, entró en Amara un tren lleno de milicianos bien armados proveniente de Eibar. Estos no sabían qué encontrarían, pero reaccionaron rápidamente. Bajaron del tren y dispararon sobre los soldados, atrapándolos por la retaguardia por sorpresa. Los militares intentaron repelerlos en la calle Moraza, pero tuvieron que huir a Loiola, abandonando sus armas pesadas.

Dos columnas milicianas más, también procedentes de Eibar, aparecieron por Aldapeta cantando “La Internacional” y por la actual avenida Zumalakarregi en el Antiguo. Los milicianos de la CNT habían resistido durante cinco horas en un combate tan desigual como decisivo para el fracaso del alzamiento fascista en Donostia. El comandante Augusto Pérez Garmendia, al llegar a Donostia, ayudado por el comandante García Larrea, estableció su cuartel general en el nº 47 de la calle Easo.

Paralelamente, los sublevados lograron sabotear unas horas las instalaciones de la antena de la Unión Radio San Sebastián en el monte Igeldo. Los milicianos repararon las averías. Los militares dispararon entonces a la antena con un cañón de 155 mm desde Ametzagaña. No la alcanzaron de lleno por poco.

¿Qué sucedía en Alde Zaharra? Aquella mañana, unos 100 milicianos atacaron la Comandancia de Marina. Tras una breve lucha, la tomaron, pero no sin sufrir bajas. Condujeron a los oficiales de Marina capturados a la sede del UGT (nº 28 de la calle 31 de Agosto). Acto seguido, varios milicianos (entre ellos el abertzale Mario Salegi), armados en su mayoría con pistolas, atacaron el Club Náutico, al cual se acercaron protegiéndose tras un muro; corriendo y disparando a las ventanas, entraron por la planta baja y continuaron la lucha en el interior, apresando a varios guardias civiles. Poco después, se llevaron en txalupas a los prisioneros y a los heridos por las escaleras traseras del Club Náutico hasta el puerto, evitando los disparos del Casino.

Este constituía una posición muy difícil. Se habían realizado varios intentos para tomarlo, sin éxito. Los sublevados tenían tres ametralladoras pesadas apuntando al Boulevard, a la calle Mayor y a la zona del Club Náutico. Además, el Casino estaba rodeado de una valla de hierro, un obstáculo importante.

Aquella misma mañana, en Pasaia, los arrantzales del sindicato Avance Marino tomaron por sorpresa el Torpedero nº3. Obligaron al teniente de navío, Amador González-Posada, a llevarlo hasta Donostia, para ayudar en la lucha contra los fascistas. El militante de ANV José Placer Martínez de Lecea, gasteiztarra, se puso al timón. Hacia el mediodía, el Torpedero nº3 entró en la bahía de la Concha, disparando al Casino. No provocó grandes daños, sus cañones eran de pequeño calibre (47 mm), aunque debilitó la moral de sus ocupantes. Los cañones de 155 mm que los militares tenían en Ametzagaña abrieron fuego contra el torpedero sin alcanzarlo, pero forzándolo a salir de la bahía. El torpedero se situó en la Zurriola y bombardeó el Hotel María Cristina, causando escasos daños, pero desgastando la moral de los sublevados.

Otra columna procedente de Eibar (entre ellos 35 guardias civiles republicanos dirigidos por el comandante García Ezkurra) entró corriendo en el Boulevard por las calles Elkano y Garibai. Cubriéndose tras los árboles, se acercaron al Casino en medio de un violento tiroteo. Otros milicianos se les sumaron en el ataque por las bocacalles de Alde Zaharra. Ayudándose para alcanzar las ventanas, entraron en el Casino. Tras una lucha cuerpo a cuerpo, lo tomaron. Acto seguido, atacaron la Comandancia Militar, que se rindió inmediatamente.

El siguiente objetivo sería el Hotel María Cristina. Se emplearon todos los medios al alcance para someterlo: lo tirotearon (desde el Teatro Victoria Eugenia y alrededores), se utilizó un mortero capturado en Amara y se intentó incendiar el hotel empleando una bomba de los bomberos para lanzar el combustible (el conductor del camión cisterna murió en el tiroteo). Los fascistas colocaron rehenes en las ventanas del hotel para impedir los disparos milicianos. Varios rehenes murieron así, como Anastasio Carro, atrapados entre dos fuegos .

23 de julio, jueves: punto de inflexión

Por la mañana, los militares intentaron un nuevo ataque desde Loiola, pero el puente que une Loiola y Egia estaba prácticamente derruido por los explosivos de los milicianos, frustrando la ofensiva.

Paralelamente, los milicianos atacaron la ametralladora de la calle Iztueta (Gros) con un cañón de montaña desde el final de la calle Iparragirre, causando heridos en la posición. Finalmente, un miliciano lanzó dos bombas de mano por encima de la valla de los jardines y acabó con la ametralladora. Cerca de allí, quince milicianos atacaron a los atrincherados en La Equitativa. Colocaron un cañón enfrente, por detrás de un surtidor de gasolina cercano, mientras les disparaban desde el edificio. Los milicianos, sufriendo cuatro muertos, solo acertaron de lleno un cañonazo y tuvieron que retroceder. Al otro lado del río, hacia el anochecer, los sublevados del Hotel María Cristina se rindieron, al ver que no recibirían ayuda exterior. Los milicianos hicieron cientos de prisioneros. Viendo esto, bajo la presión de los milicianos, los sublevados abandonaron inadvertidamente La Equitativa, el Hotel Príncipe de Saboya y el frontón Urumea. No lejos de allí, tras un duro tiroteo, los militares se retiraron del convento de las Hermanas de los Pobres del alto de Aldakonea (Egia).

24 de julio, viernes: comienza el sitio de los cuarteles

Los militares se replegaron al cuartel, abandonando la posición de Ametzagaña, que fue inmediatamente ocupada por los milicianos. Comenzó el asedio de los cuarteles de Loiola. Los milicianos también tomaron posiciones en torno al asilo de Uba. Desde allí disparaban contra los cuatro obuses emplazados en el patio del cuartel apuntando a los fuertes de San Marko (Errenteria) y Txoritokieta (Astigarraga), en manos republicanas, impidiendo que los utilizaran. Era una situación paradójica en la que los sitiados estaban mejor armados que los sitiadores. Los milicianos emplearon todo medio a su alcance: bombardearon el cuartel con una avioneta civil pilotada por el concejal de Gasteiz Sebastián San Vicente, pero con escaso resultado.

Por otra parte, se clausuró “El Diario Vasco” (nº 37 de la calle Garibai) por orden gubernativa y su imprenta fue confiscada por complicidad con el alzamiento fascista. En su rotativa se comenzó a imprimir el periódico “Frente Popular”, publicado diariamente hasta la caída de Donostia en manos fascistas (13 de septiembre).

25 de julio, sábado / 26 de julio, domingo: asedio

Continuó el asedio. Se volvió a bombardear el cuartel: el sábado, con una avioneta civil, y el domingo, con un trimotor republicano procedente de Madrid. Además de causar heridos y daños importantes, debilitó mucho la voluntad de lucha de los soldados.

27 de julio, lunes: asedio

Los milicianos acarrearon un obús de 275 mm desde el fuerte de Guadalupe (Hondarribia). Lo colocaron en el alto de Amara. El primer disparo cayó delante del cuartel; el segundo, pasó por encima; el tercero y el cuarto, dentro. Muchos soldados desertaron. Ignacio Aramendi, soldado que estaba preso en el cuartel, fue enviado por los oficiales a la Diputación con una carta con las condiciones para su rendición.

28 de julio, martes: victoria popular

Tras varias negociaciones, los militares se rindieron oficialmente en el puente de Urdinzu, delante de los cuarteles, quedando completamente vencido el alzamiento fascista en Donostia. Lo hicieron ante una representación de la Junta de Autoridades, pues temían a los milicianos y buscaban la protección de una autoridad oficial. Los diputados Rafael Pikabea (PNV), Juan Antonio Irazusta (PNV), Miguel Amilibia (PSOE), Jose María Lasarte (PNV) y Manuel Irujo (PNV), además del comandante Augusto Pérez Garmendia y Jesús Larrañaga (PCE), representaron en este acto al pueblo.

Mientras, los milicianos anarquistas entraban en el cuartel por el puente de Espartxo (en la parte posterior) y se apoderaron de la mayoría de fusiles. Aquello produjo una crisis entre las fuerzas antifascistas, pero no fue a más. La CNT siempre puso aquellas armas al servicio de la lucha contra los sublevados. Los prisioneros capturados en Loiola fueron trasladados a la Diputación bajo fuerte escolta. Las banderas de los regimientos de artillería e ingenieros fueron colocadas en el balcón principal de la Diputación. Fue una victoria tan cara como efímera: duró hasta el 13 de septiembre. Pero fue, sin duda, una gran victoria popular, que merece ser recordada y celebrada.




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lunes, 6 de julio de 2026

Guerra | La Fiesta como Telón de Fondo

¿Qué ocurría en Iruñea en los días previos al levantamiento fascista en contra del gobierno de la Segunda República?

Recordemos que la violencia españolista estalló el 18 de julio, solo unos días después de celebrarse los Sanferminak de 1936, hace noventa años.

Pues bien, para arrojar luz a ese escenario, nada mejor que este reportaje publicado en Naiz:


La fiesta como telón de fondo de la conspiración que desató la matanza

Hace 90 años, los sanfermines se convirtieron en el telón de fondo de la conspiración que desató la matanza de 1936. Mientras iruindarras y visitantes disfrutaban de las fiestas como podían entre tormentas, el general Mola y el director de «Diario de Navarra» terminaban de definir en Iruñea la sublevación para acabar con la Segunda República.

Pello Guerra

Los sanfermines de 1936 se convirtieron hace 90 años en el telón de fondo en el que se terminó de definir la conspiración que, nada más terminar las fiestas, iba a desatar una matanza en el frente de guerra y también en la retaguardia, especialmente en el caso de Nafarroa, con más de 3.500 personas fusiladas en cunetas y montes.

Mientras iruindarras y visitantes disfrutaban de los principales actos de las fiestas, que por aquel entonces se extendían del 6 al 18 de julio, el gobernador militar de Nafarroa, el general Mola, y el director de “Diario de Navarra”, Raimundo García, más conocido como “Garcilaso”, se reunían en terrazas, en la plaza de toros o incluso en el claustro de la catedral para preparar la sublevación contra el Gobierno de la Segunda República española.

Cuando unos pocos meses antes, el 14 de marzo, Mola recaló en Iruñea como nuevo gobernador militar, en la sombra era “el Director”, es decir, el responsable de organizar el golpe de Estado con el que varios generales querían acabar con el Ejecutivo del Frente Popular, la coalición de izquierdas que había ganado las elecciones estatales de febrero de ese año.

En ese empeño, en la capital navarra iba a contar con el apoyo incondicional del director de “Diario de Navarra”, al que había conocido en la guerra de Marruecos y que conseguiría sumar a la conspiración militar al carlismo, que se estaba preparando para realizar su propia sublevación desde la misma proclamación de la República en 1931.

Ese apoyo de boina roja, al que se sumó Falange Española, fue uno de los diversos flecos de la conjura que se terminaron de cerrar durante los sanfermines de 1936, unas fiestas que empezaron marcadas por la meteorología.

De hecho, el día 5 estalló una tormenta tan fuerte que generó «desperfectos de gran consideración» en las barracas del Ensanche, hasta el extremo de que tuvieron que cerrar por inundación, según reseñó la prensa de la época.

Cohete a cargo de los Ilundain

Las nubes dieron un respiro la mañana del lunes 6 de julio, lo que permitió lanzar los cohetes que anunciaron el comienzo de las fiestas, una costumbre desarrollada por el estanquero de izquierdas Juanito Echepare.

Sin embargo, según la crónica de “La voz de Navarra”, ese año no se ocupó Echepare de tan celebrada tarea, sino Nicolás Ilundain, operario de la casa Oroquieta, y su hermano Miguel. Ambos dieron inicio a los sanfermines de 1936 en compañía de la chavalería y del exconcejal de Iruñea Javier Ciga; el presidente del Orfeón, Mariano Arteaga; y precisamente del periodista conspirador Raimundo García.

Tras el lanzamiento de los cohetes, varias bandas que estaban concentradas en la plaza Consistorial esperando el momento se diseminaron por la ciudad para animarla con su música.

A la tarde tuvieron lugar las vísperas, a las que asistieron el alcalde y los concejales de derechas, tras un improvisado “Riau-riau” sin corporación oficial, ni maceros, clarines y timbales, aunque sonando de fondo el “Vals de Astrain” y con la presencia de gigantes y cabezudos.

Ya por la noche regresaron las tormentas, que obligaron a suspender el lanzamiento de los fuegos artificiales, previstos, como era habitual, a las 22.00 horas en la plaza de la República (actual plaza del Castillo), al igual que la verbena.

De esta manera arrancaron unas fiestas en las que los encierros empezaban a las 7.00 de la mañana, las corridas de toros a las 16.30 (ese año estaban programadas cuatro y una novillada) y el encierrillo a las 22.30, y que contaban con actuaciones musicales en la citada plaza, en el paseo de Sarasate y en el bosquecillo de la Taconera.

En el Teatro Gayarre, ese año las compañías del María Isabel de Madrid y de Carmen Díaz pusieron en escena obras de Pedro Muñoz Seca y de Quintero y Guillén, mientras se proyectaban películas en el Coliseo Olimpia, el cine Novedades y al aire libre en la plaza del 22 de agosto (actual plaza del Vínculo).

Por su parte, los aficionados podían disfrutar de los partidos de pelota en el Euskal Jai y en el frontón Moderno (antecedente del actual frontón de la Mañueta), y en el Lawn Tenis Club había campeonatos de tiro al pichón. A lo que se sumaban las ya citadas barracas instaladas en el Ensanche y el Americain Cirque, que contaba con «feroces leones», cerdos saltadores, la Mujer Pájaro y los “clown” hermanos Díaz.

Noche «lamentable»

El martes 7 de julio se celebró el primer encierro después de unas animadas dianas, que entonces empezaban a las 6.00 horas. La carrera duró «un poco más de dos minutos», según los cronistas de la época, y al encierro siguió la suelta de media docena de vaquillas.

Los astados no llegaron a ser toreados por la tarde, ya que una nueva tormenta obligó a suspender la corrida, que se aplazó para el viernes día 10. Ese percance meteorológico no supuso ningún problema para la gente que estaba con ganas de juerga y que protagonizó una noche «alborotada y vergonzosa», en la que, según el cronista de “Diario de Navarra”, «las palabras soeces, las blasfemias, la carnavalada chapucera y destrozona fue la nota desagradable. Fue una noche lamentable».

El periodista de “El Pensamiento Navarro” prefirió quedarse con una imagen de «mucha animación», con las terrazas llenas y sonando por todas partes «charangas, chistus y cantos».

El miércoles 8, el encierro fue también especialmente rápido, «unos dos minutos», con los cabestros de Alaiza de nuevo marcando un ritmo endiablado a la manada, que se veía acompañada por «carreristas», según “Diario de Navarra”, y de «korrikalaris», según “La Voz de Navarra”, que en muchas ocasiones participaban en el evento elegantemente vestidos con americana.

Por fin lució el sol después de tres jornadas de «tormentas espantosas que convirtieron el antiguo Ensanche en una laguna», recordaba “El Pensamiento Navarro”.

Mientras la ciudad disfrutaba como podía de las fiestas, el general Mola seguía con sus planes subversivos aparentando la más absoluta normalidad. Se dejaba ver en los encierros, en la corrida de la tarde o en la terraza del Kutz, en la entonces plaza de la República. Pero, en realidad, no descansaba, ya que aprovechaba los encuentros festivos, como los eventos en la plaza de toros, para seguir conspirando con su hermano Ramón o los generales Joaquín Fanjul y Gregorio Benito.

El Carlismo se suma a la sublevación

El jueves 9, el encierro fue protagonizado por seis novillos. Uno de ellos se giró en la Estafeta para descender por el tramo de calle que ya había cubierto y hubo que ir a buscarlo con los mansos para conducirlo hasta la plaza, donde todavía se paró un rato en el coso.

Fue una jornada de frío que la gente que disfrutaba de las fiestas intentaba paliar «redoblando las raciones de churros y chacolí».

Ese mismo día, el claustro de la catedral de Iruñea fue escenario de una reunión trascendental. En ese encuentro participaron el general Mola, el director de “Diario de Navarra” y Tomás Domínguez Arévalo, el conde de Rodezno, destacado líder carlista. Este último se comprometió con el gobernador militar a que el requeté se sumaría a la sublevación militar de “el Director”. Mola acababa de conseguir el respaldo civil que quería para su alzamiento gracias a la decisiva intercesión de Garcilaso.

El viernes 10 no estaba previsto celebrar ni encierro ni corrida y, por ese motivo, se aprovechó el hueco para realizar el festejo que tuvo que ser aplazado el día 7. A las 7.00 corrieron por las calles de la ciudad cuatro de los ocho toros desplazados a Iruñea por la ganadería Albayda, ya que el resto había protagonizado el encierro del día del patrón.

Un corredor terminó con un tobillo roto al caerle sobre la pierna uno de los morlacos en Santo Domingo, mientras que a otro mozo un toro le partió la blusa en la plaza Consistorial. En la plaza de toros, un corredor cogió del rabo a un morlaco para que se volviera cuando ya iba a entrar en corrales, lo que llevó al redactor de “Diario de Navarra” a abogar, de forma expeditiva, por «coger al sujeto de los pelos y colgarlo después».

Ese día, Garcilaso se trasladó a Donibane Lohizune para comunicarle al líder de los carlistas, el regente Javier de Borbón-Parma, el acuerdo alcanzado por el conde de Rodezno con Mola en la catedral. Este fue uno de los varios viajes que realizó el director de “Diario de Navarra” para impartir instrucciones de la conspiración que estaba organizando el general.

Mientras la conjura seguía su curso, el Casino Principal y el Casino Eslava celebraron sus respectivos bailes anuales, que empezaban a media noche y se alargaban hasta más allá del amanecer para, a continuación, acudir los asistentes al encierro.

El sábado 11, el rápido encierro del día se celebró «en familia», ya que «el tiempo inseguro, con mucho frío» y con temporal en el Cantábrico había retraído la llegada de visitantes desde Gipuzkoa y Bizkaia.

El encierro más peligroso

El domingo día 12 se celebró el último encierro de ese año, que fue el más peligroso de las fiestas, ya que varias caídas en la entrada de la plaza dejaron a su paso un herido por asta, José María Istúriz, que fue trasladado a la clínica San Miguel, y 15 heridos leves. En el ruedo, el mayoral Moncayola tuvo que llevar a un toro rezagado a corrales.

Incluso «una espontánea intentó torear a los toros hasta que los agentes la retiraron», según recogía el redactor de “El Pensamiento Navarro”, que se quejaba de que «millares de personas» no habían conseguido acceder a la plaza para ver la carrera, por lo que pedía que se hiciera una mayor para atender a una demanda en aumento.

El 12 de julio fue una de las fechas barajadas por Mola para dar el golpe de Estado, que después pasó al 14, el 15 en el caso de África, y que llegó a retrasar a la madrugada del 21 al 22. Tras esas modificaciones, terminó fijándola para el amanecer del domingo 19.

El lunes 13 los que ocuparon la arena de la plaza de toros fueron los artistas del Americain Cirque, que congregaron a numerosas personas que tras la función, disfrutaron de las barracas o acudieron al teatro.

Ese mismo día, y aunque oficialmente las fiestas se prolongaban hasta el 18 de julio, el alcalde de Iruñea, Tomás Mata y Lizaso, hizo un balance de los sanfermines y se mostró «muy satisfecho por la forma en que han transcurrido». Y como muestra del «movimiento» registrado, destacó que entre el sábado y el domingo habían entrado en Iruñea 4.140 autos de turismo y 267 autobuses.

En cambio, el redactor de “Diario de Navarra” lamentaba «la libertad y tolerancia cada vez más peligrosa que disfrutan ciertas gentes que se creen que venir a Pamplona es a terreno conquistado».

Estos balances coincidieron con la difusión, tras pasar por la censura, de las noticias sobre dos muertes que tensionaron todavía más el panorama político. La noche del 12 de julio, el teniente de la Guardia de Asalto José del Castillo, de ideología socialista, era abatido por cuatro pistoleros de extrema derecha en Madrid.

En respuesta, esa misma madrugada, un grupo de asalto y miembros de las milicias socialistas fueron a buscar a su domicilio al líder derechista José Calvo Sotelo y, mientras lo llevaban a la Dirección General de Seguridad, le dispararon en la cabeza.

La «palabra de honor» de Mola

Tras dos jornadas marcadas por el eco de esas dos muertes, el jueves 16, y «siguiendo la costumbre de años anteriores», la Comisión de Fomento del Ayuntamiento de Iruñea organizó en la plaza de toros otra función de circo «en beneficio de los niños y de la clase humilde», de tal manera que la entrada era gratuita, salvo las sillas de pista y palco.

Mientras esto ocurría en Iruñea, Mola se reunía con su superior, el general Domingo Batet, en el monasterio de Iratxe, en Lizarraldea. Acudió acompañado de su ayudante, Emiliano Fernández Cordón, y provistos con bombas de mano, por si se trataba de una emboscada, ya que Batet era fiel a la República. Este último le pidió a Mola que aclarase si eran ciertos los rumores de sublevación y este le respondió que de eso no había nada, y le dio su palabra de honor de que no estaba embarcado en ninguna aventura. Hizo estas afirmaciones en el mismo lugar donde se había reunido con varios cabecillas carlistas y falangistas para terminar de perfilar la sublevación. Tras ser informado de esos encuentros, el alcalde de Lizarra, Fortunato Aguirre, denunció lo que estaba ocurriendo al presidente del Consejo de Ministros español y ministro de la Guerra, Santiago Casares Quiroga. Este último, lejos de tomar medidas, le aseguró que «Mola es leal a la República» y no hizo nada.

El viernes 17, y tras disfrutar el día anterior del circo, los chicos acogidos en la Casa de Misericordia pudieron degustar churros gratis en el recinto ferial y después disfrutaron «recorriendo todas las instalaciones de recreo».

El sábado 18, oficialmente último día de las fiestas, los sanfermines terminaron sin un acto especialmente programado, como venía sucediendo desde hacía años. Sin embargo, en esta ocasión se había decidido celebrar una verbena en beneficio de los barraqueros para paliar las pérdidas sufridas a causa de las fuertes tormentas registradas antes y durante las fiestas.

Pero ese baile se vio condicionado por la sublevación diseñada por Mola, que ya había comenzado en los cuarteles de África, aunque la prensa no había recogido la noticia.

Ese sábado, tres aviones aterrizaron en el campo de aviación de Noain. Se trataba de otros tantos pilotos de Cuatrovientos que habían desertado y viajado con sus aparatos a Iruñea para ponerse a las órdenes de Mola. El gobernador civil de Nafarroa intentó quedarse con los aparatos, pero Mola y los suyos les quitaron las hélices y las guardaron en los cuarteles.

Rodríguez-Medel, abatido a tiros

El general golpista se reunió ese día con el comandante de la Guardia Civil en el herrialde, José Rodríguez-Medel, que era fiel al Gobierno republicano y que ya había alertado de los preparativos de la conspiración sin resultado. En ese encuentro, Mola le informó de que iba a sublevarse en unas horas y le animó a sumarse, algo que Rodríguez-Medel rechazó.

Con la evidencia de lo que se avecinaba, el comandante se dirigió al Gobierno Civil, situado entonces en la avenida de Roncesvalles, para anunciar al gobernador, Mariano Menor Poblador, que la sublevación era inminente. Allí se intentó formar una especie de gabinete de crisis con varios líderes de izquierdas.

En ese encuentro, Rodríguez-Medel decidió trasladar a sus efectivos de Iruñea a Tafalla para organizar en esa ciudad la resistencia a la sublevación a la espera de recibir refuerzos de Zaragoza o Madrid.

De inmediato se trasladó al cuartel de la calle Ansoleaga, a donde iban llegando los vehículos para efectuar el traslado. Hizo formar en el patio a los guardias pero, cuando llegó el momento de salir para dirigirse a su destino, comprobó que no le obedecían. Intentó escapar en dirección a la plaza de San Francisco, pero fue abatido por la espalda con seis heridas de arma de fuego.

Su muerte fue un aldabonazo para los partidarios de izquierdas y nacionalistas vascos, que empezaron a escapar de Iruñea, convencidos de que su vida corría peligro. Entre ellos figuraba el gobernador civil, que salió hacia Donostia tras recibir el visto bueno de Mola, quien nombró como su sustituto a Modesto Font.

El nuevo gobernador civil ordenó clausurar todas las sedes de los partidos y sindicatos de izquierda y detener a quienes se encontrasen en esos lugares. La Casa del Pueblo fue asaltada de madrugada por miembros de Falange Española. Gente armada empezaba a recorrer las calles y se producían algunos tiroteos aislados, al mismo tiempo que comenzaban las primeras visitas a domicilios de partidarios de formaciones republicanas para ser detenidos y, en muchos casos, llevados a una cuneta para pegarles un tiro.

«Después de San Fermín nos matamos»

Con esta situación en las calles se llegó al domingo 19 de julio, día fijado por Mola para el golpe de Estado en la península. A las dos de la mañana sonó el teléfono en Capitanía. Era el nuevo presidente del Gobierno español, Diego Martínez Barrio, que acababa de sustituir a Santiago Casares Quiroga.

Quería hablar con Mola para intentar frenar la sublevación ya iniciada en África, pero era demasiado tarde y no tenía nada que hacer, ya que la conspiración llevaba su curso, con los talleres de “Diario de Navarra” imprimiendo en esos momentos el bando de guerra.

Unas horas más tarde, la compañía del Batallón de Cazadores Sicilia salía de su acuartelamiento, al mando del capitán Martín Rubio. Se presentó en la plaza del Castillo y allí, Rubio leyó ese bando de guerra.

A las 10 de la mañana, el propio Mola lo anunciaba a través de los micrófonos de Radio Navarra para después pasearse por la ciudad como amo y señor en compañía de su inseparable director de “Diario de Navarra”. La sublevación que habían terminado de pergeñar durante los sanfermines estaba en marcha y, con ella, la brutal represión ordenada por Mola para implantar una «atmósfera de terror».

Había llegado el momento que el escritor falangista Rafael García Serrano recogió en su novela “Plaza del Castillo”. Con los sanfermines como escenario, en sus páginas se refleja cómo en plenas fiestas, «en un bar, los comunistas proponían a Luis Pérez, jefe local de las milicias falangistas, la tradicional tregua de Baco: “Estamos en San Fermín; vamos a no reñir”. Y contestaba Luis Pérez acariciando la culata de su nueve largo: “Bueno, pero después de San Fermín nos matamos a tiros”».

Y así fue para la gente de izquierda y los nacionalistas vascos, como Juanito Echepare -en la portada de 7K- o Fortunato Aguirre, a los que esperaba la muerte tras las fiestas. Fueron dos de esos enemigos políticos que Mola había ordenado «eliminar sin escrúpulos», porque «no piensan como nosotros», en las directrices secretas del golpe que acabó de diseñar mientras en Iruñea se desarrollaban los sanfermines de 1936, los últimos antes de la matanza.




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lunes, 29 de junio de 2026

Entrevista a Mattin Aiestaran

Desde las páginas de Naiz traemos a ustedes la entrevista al director del yacimiento arqueológico de Irulegi, Mattin Aiestaran, misma en la que se ahonda en la importancia del descubrimiento recientemente dado a conocer, el de las inscripciones en los trozos de cerámica recuperados en la misma vivienda en donde se encontró la mano.

Lean ustedes:


«Había gente que vivía en Irulegi mil años antes de los vascones que escribieron en la Mano»

Mattin Aiestaran | Director del yacimiento de Irulegi | Pese a su enorme relevancia, hallazgos como la Mano o el numeral vascónico «abaŕ» pueden ser solo la punta del iceberg de los tesoros que alberga Irulegi, ya que debajo del poblado vascón del siglo I a.C. existen otros cuatro anteriores, según señala Mattin Aiestaran, director del yacimiento.

Pello Guerra

Irulegi y Mattin Aiestaran se han convertido prácticamente en sinónimos, ya que el historiador es la persona que ha estado al frente de las excavaciones que se vienen realizando en el yacimiento desde sus inicios. Conoce al detalle lo que se ha localizado y ha sido el encargado de presentar públicamente hallazgos de tanto calado como la Mano o la inscripción con el texto «abaŕ», el primer testimonio de un numeral vascónico encontrado.

Tras hacer público este último descubrimiento, Aiestaran está inmerso en preparar la siguiente campaña en el yacimiento, que arrancará en unas pocas semanas en puntos ya excavados en busca de nuevos tesoros que nos acerquen a nuestro pasado. Una historia de la que Irulegi alberga muchos secretos, incluso más antiguos que los ya descubiertos, puesto que en sus entrañas se encuentran otros cuatro poblados que se llegan a remontar al 1400 a.C., mil años antes de que un vascón colgara en la entrada de su vivienda la famosa Mano.

Irulegi vuelve a ofrecer nuevos hallazgos de relieve vinculados al vascónico. ¿Cuándo fueron localizadas estas últimas piezas y qué tiempo de estudio han exigido de momento?

Estos elementos ya eran conocidos desde el año 2020. Nos dimos cuenta a la hora de la excavación, pero no fueron limpiados de la mano de las restauradoras del Gobierno de Navarra hasta que montamos la exposición ‘De Irulegi a Pompelo’. Fue en ese momento cuando el catedrático Javier Velaza pudo ver estos elementos y se dio cuenta de que tal vez su interpretación había que trabajarla un poquito más. Se puso en contacto con Joaquín Gorrochategui y Joan Ferrer, y realizaron varias autopsias, como las llaman ellos, que consisten en ver estas piezas con lupas y con todo lujo de detalles técnicos necesarios. De ahí, ya partió la investigación propiamente dicha, que ha venido a aportar esa luz sobre la cuestión de los numerales vascónicos e ibéricos. 

Con estos hallazgos, Irulegi añade un nuevo elemento para seguir reescribiendo la historia de los vascones, como en su día ya hizo la Mano. Gracias a este yacimiento, vamos conociendo más detalles sobre esa parte de nuestra historia.
 
Efectivamente. En este caso, es un pequeño detalle, un fragmento de cerámica; no es una mano de bronce escrita en la puerta de una vivienda. Pero nos está hablando del uso escrituario que tenían los vascones, de hasta qué punto la escritura impregnaba varios aspectos de su vida, como puede ser en este caso algo más económico, no tan ritual o simbólico como puede ser la Mano. Ahora estamos ante una inscripción con una naturaleza muy distinta, bastante más económica y que, sin embargo, aporta muchísimo.

Estas piezas han sido presentadas cuando en el plazo de unas semanas arrancará una nueva campaña en el yacimiento. ¿Cuándo empezará y en qué área se va a trabajar? 

La campaña de excavación propiamente dicha la comenzaremos a finales de julio y se prolongará durante agosto. Y vamos a seguir trabajando sobre todas las zonas en las que ya comenzamos a excavar los años anteriores, en las que ya pudimos documentar estructuras, no sabemos si viviendas u otro tipo de edificios, pero que fueron afectados por el ataque y por el incendio. Por lo tanto, veremos qué es lo que encontramos debajo de esos restos calcinados.

Hasta el momento, ¿en cuánta superficie del conjunto del yacimiento se ha excavado?

En área abierta, se han excavado en torno a tres viviendas, partes de otras también y una vía principal con sus calles secundarias. Eso nos ha dado una imagen muy nítida de al menos una zona del yacimiento, que hemos podido caracterizar y conocer adecuadamente. Pero todavía nos falta mucho para poder conocer otras zonas. Vamos a intervenir un poquito más cerca del castillo, más hacia la cumbre del monte Irulegi.

Teniendo en cuenta las dimensiones que tiene el yacimiento, ¿se puede hacer un cálculo de cuánto tiempo hay por delante de trabajo en Irulegi?

Estamos hablando de que el poblado realmente urbanizado tendría una extensión de en torno a dos hectáreas o algo más. Y además, debemos tener en cuenta que tan solo hemos sondeado cómo es ese poblado en concreto y que es uno de los que hay en Irulegi. Este es el más moderno y el último habitado, de hace 2.100 años aproximadamente. Pero es que debajo tiene otros cuatro y los hemos ido encontrando en cuanto hemos ido profundizando en distintas zonas del yacimiento.

Por lo tanto, había gente que vivía en Irulegi probablemente mil años antes de los vascones que escribieron en la Mano y en sus cerámicas. Entonces, tenemos preguntas tanto para esta fase en concreto como para las fases anteriores y las relaciones que tienen entre ellas: si hay continuidad; si podríamos hablar de una misma comunidad que va evolucionando, pero es la misma; o si, sin embargo, hay rupturas y hay distintas comunidades que habitan durante distintos periodos el monte de Irulegi. 

Todas esas preguntas están todavía en el aire y tendremos que ir respondiéndolas, con suerte, en base a los trabajos que vayamos haciendo.

Por lo tanto, con Irulegi ya nos estábamos remontando al siglo I antes de Cristo, pero su historia todavía sería mucho más antigua.

Efectivamente, estamos hablando de un momento de habitación, no sabemos si continuado o no, pero situado en el Bronce avanzado, no en el Bronce final. Nos situaríamos en el 1400 a.C., aproximadamente, que es el momento en el que por primera vez se habita el poblado. De ahí, hasta el momento en el que se escribe en la Mano de Irulegi y en una cerámica el numeral vascónico, han pasado 1.400 años de historia. Por lo tanto, todavía hay mucho que hilar y hay mucho que investigar.

Como dice, excavar e investigar, ya que la excavación es una de las fases de un trabajo mucho más amplio, hasta que se llega a descubrir la verdadera importancia de algunas piezas, como ocurrió con la Mano y ahora con esta cerámica y su numeral.
 
Eso es. Al final, el trabajo de excavación, que es el que realizamos en nuestras campañas arqueológicas, ese trabajo de campo, es la primera fase. De ahí, a terminar de publicar y de dar a conocer los resultados arqueológicos, históricos y, si hay suerte, epigráficos y lingüísticos, ha de pasar su tiempo y la investigación ha de tener sus ritmos. A nosotros nos gustaría que Irulegi siguiera dando este tipo de sorpresas.

Y, por todo lo que comenta, la posibilidad de que haya muchas más sorpresas está encima de la mesa.


Es lo bueno que tiene Irulegi, que nos da sorpresas muy gratas y, sobre todo, a cada momento. Esto es algo que ya he ido diciendo varias veces, que cada hora de trabajo de campo que invertimos en Irulegi siempre tiene sus resultados históricos y arqueológicos. 

Unos resultados que se muestran en la exposición ‘De Irulegi a Pompelo’, que ya han visitado cerca de 25.000 personas, lo que demuestra el interés que despiertan en la sociedad los trabajos en el yacimiento y que también evidencia la importancia de mostrar al público lo que se va descubriendo sobre el pasado.

Por supuesto, ese es uno de los pilares de nuestras intervenciones, que no se quede todo tan solo en un foro académico y llegue a la ciudadanía, que lo conozca y encima con calidad.






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jueves, 25 de junio de 2026

A(ba)ŕ

El sitio arqueológico de Irulegi, ese que tantos dolores de cabeza le ha provisto a los españolistas tras el hallazgo del objeto en forma de mano con una inscripción en euskera antiguo, vuelve a arrojar luz sobre el pasado de esa localidad.

Noticias de Navarra nos lo relata de esta manera:


Irulegi arroja otro tesoro: una inscripción sobre recipiente de almacenaje local podría testimoniar el primer numeral vascónico

Irulegi proporciona una nueva inscripción con escritura vascónica en un esgrafiado sobre cerámica - Si la inscripción abaŕ hiciera referencia a la capacidad de la vasija, aportaría una nueva evidencia en el debate sobre las relaciones entre el vascónico, el ibérico y el vasco histórico o euskera

Irulegi es un poblado vascón que fue atacado y destruido durante la Guerra Sertoriana. Su estudio arqueológico se realiza desde 2017 por iniciativa del Ayuntamiento del Valle de Aranguren con el apoyo del Departamento de Cultura del Gobierno de Navarra, y está liderado por la Sociedad de Ciencias Aranzadi en colaboración con diferentes universidades, bajo la dirección del arqueólogo Mattin Aiestaran.

Hasta el momento se han excavado tres viviendas de aproximadamente 75 metros cuadrados de superficie en las que se han recuperado numerosos restos materiales: armas, recipientes cerámicos, monedas, restos óseos de fauna, molinos, etc.

Dos fragmentos cerámicos que presentan sendas inscripciones

Entre esos materiales figuran dos fragmentos cerámicos que presentan sendas inscripciones. Uno fue hallado en el interior de la misma casa en la que se encontró la Mano de Irulegi y el otro en el exterior de esa misma vivienda. El primero de ellos apareció partido en dos fragmentos y corresponde al borde de un recipiente de almacenaje fabricado in situ o en las inmediaciones. 

Su texto, escrito en un signario paleohispánico, probablemente vascónico, es a[ba]ŕ o abaŕ, y podría ser la expresión de su capacidad. Si esta interpretación es correcta, la inscripción constituiría el primer testimonio de un numeral vascónico, cuya forma además coincidiría exactamente con la que recientes estudios han atribuido también al numeral 10 en ibérico, para el que se ha propuesto una correspondencia con el vasco (h)amar (10).

El documento sería así de una gran importancia para el conocimiento de las relaciones entre el vascónico y el ibérico, y asimismo de ambos con el vasco histórico (el euskera en sus fases antiguas o reconstruidas) y el euskara actual. 

La segunda pieza inscrita corresponde a la base exterior de un recipiente de uso personal de importación, con una tipología campaniense de barniz negro o pintado procedente de Italia, y que presenta el texto basi, que podría corresponder a un nombre abreviado -quizás el del propietario del recipiente y de la casa-. El estudio epigráfico y lingüístico de los hallazgos ha sido llevado a cabo por Javier Velaza y Joan Ferrer, de la Universidad de Barcelona, y por Joaquín Gorrochategui, de la Universidad del País Vasco, y se publicará en el próximo número de la revista Palaeohispanica.

En la presentación han participado Mattin Aiestaran, director del yacimiento de Irulegi, Javier Velaza, catedrático de la Universidad de Barcelona, Joseba Asiron, alcalde de Iruña-Pamplona y Manolo Romero, alcalde del Valle de Aranguren.

Estos dos nuevos testimonios se unen al bronce epigráfico de la Mano de Irulegi, a los textos de las monedas y al stylus encontrado en el mismo poblado y vienen a ratificar la presencia de la escritura en la vida cotidiana del poblado de Irulegi.

Las piezas están expuestas en la muestra De Irulegi a Pompelo. Los orígenes de una ciudad, promovida por los Ayuntamientos de Iruña – Pamplona y del valle de Aranguren con la colaboración del Gobierno de Navarra, y que puede visitarse en el centro cultural Civivox Pompelo todos los días, excepto los domingos.

Además, Aranzadi organiza visitas guiadas tanto al yacimiento como a la exposición durante todo el verano hasta el 12 de septiembre en: https://www.aranzadi.eus/visita-irulegi. 

 

 

 

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lunes, 8 de junio de 2026

Recordando a Kirruli

Desde el perfil de Imanol Nieto Casanova traemos este ejercicio de memoria histórica centrado en la figura del represaliado político vasco conocido como 'Kirruli':

En la noche del 7 al 8 de junio de 1986 murió en la cárcel española de Herrera de la Mancha el preso político vasco Joseba Asensio Artaraz "Kirruli", hace ahora 38 años. Él tenía 27. Murió fruto de la venganza, del desprecio, de la desatención, a pocos meses de quedar libre.

Joseba fue encarcelado el 3 de junio de 1980. Joven comprometido, dejó una imagen espectacular huyendo de los grises en el Aberri Eguna de Gasteiz de 1977, en uno de tantos capítulos represivos que jalonaron esos años en Euskal Herria.

Durante los seis años de cárcel que sufrió, recorrió las carceles de Carabanchel, Burgos, Soria, Puerto de Santa María, Alcalá Meco, Herrera de la Mancha y Basauri. Murió cuando tocaba con los dedos y su sonrisa la libertad, la primavera y la vida.

La represión del funeral de Kirruli en Bilbo tuvo tintes dramáticos cuando la Policía disparó fuego real y cargó contra familiares y amigos que portaban el féretro, provocando más de cuarenta heridos. Televisiones europeas se hicieron eco y no dudaron en filmar la represión.

En su cautividad sufrió dolencias denunciadas en muchas ocasiones. La autopsia constató que padecía una infección pulmonar tuberculosa vieja, de años, que nunca le diagnosticaron, fruto de la desatención medica carcelaria.

 


 

 

 

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miércoles, 1 de abril de 2026

Gernika Pide el 'Guernica'

Circula un reel en redes sociales en el que se hace la mención de que Gernika no fue arrasada durante una batalla durante los meses que siguieron al alzamiento fascista, sino que la villa fue arrasada con el objetivo de servir como experimento belicista para los nazis. También se aduce que en el relato oficial del españolismo se culpó a los propios vascos de haber quemado la villa.

En ese contexto, compartimos este artículo que Deia ha publicado acerca de la solicitud para mover el mural 'Guernica' de Pablo Picasso de su muy indigna locación en el Museo Reina Sofía de Madrid a la villa de Gernika. También recordemos que en años recientes el españolismo ha insistido en que Picasso no se inspiró en el bombardeo para pintar su obra.

Lean ustedes:


Gernika se suma a la petición de traslado del 'Guernica' de Picasso

La villa foral reitera su histórica reivindicación para la cesión temporal del cuadro en un acto institucional en el que se ha alzado la voz contra la guerra

Eguzkiñe Salterain

Este 1 de abril es la fecha marcada como el final de la Guerra Civil Española en 1939. En este contexto, el Ayuntamiento de Gernika-Lumo ha querido expresar su 'No a la guerra' y el respeto al derecho internacional, como ha recordado el alcalde José María Gorroño, "Gernika es un pueblo de paz y reconciliación y queremos expresar nuestro rechazo a la violencia y crear conciencia en apoyo a las víctimas y en la defensa de los valores democráticos". 

De esta manera, la villa foral ha querido volver a situar el mensaje pacifista en el espacio público con la colocación de dos paneles de gran formato (4 metros de ancho) en la fachada del Ayuntamiento con el lema 'No a la guerra', en una intervención que apela al papel de Gernika como símbolo internacional frente a la violencia.

 El primer edil advirtió además de las consecuencias globales de los conflictos armados. “Las guerras generan un desequilibrio global que se traduce en hambre, pobreza, exilio y muerte en muchos lugares del mundo”, ha señalado, para subrayar a continuación la voluntad del municipio de “mandar un grito desde aquí en favor de la paz, la reconciliación y los derechos humanos”.

'Guernica Gernikara', histórica y persistente reivindicación

Además de las declaraciones centradas en el significado de la efeméride y en la vigencia del discurso contra la guerra en el contexto actual, Gorroño ha aprovechado la ocasión para sumarse a la petición del Gobierno Vasco y recordar el lema 'Guernica Gernikara', en relación con el futuro del 'Guernica', actualmente expuesto en el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía. 

Tal y como ha recordado "dentro de 25 días recordaremos el bombardeo, y el 'Guernica' de Picasso llegó del Museo Moma de Nueva York al Casón del Buen Retiro de Madrid en 1981. El pueblo de Gernika sigue reclamando bajo el lema 'Guernica Gernikara' que el cuadro regrese. De hecho, tenemos una reproducción en cerámica como homenaje a las víctimas del bombardeo, las cuales según el Lehendakari Agirre y el alcalde Jose Labauria ascendió a más de 1.654 muertos, y mas del 85 % de Gernika quedó destruido en llamas".

Cabe recordar, que el lema 'Guernica' Gernikara' es una histórica y persistente reivindicación del municipio donde se ha que se ha recordado en numerosas ocasión con exposiciones y todo tipo de iniciativas. 

Una reivindicación muy arraigada que se incluye en la reproducción gernikarra, porque como destacan “es nuestro cuadro”, y porque según han subrayado, "refleja el dolor de nuestro pueblo desde las entrañas y al igual que Picasso hizo suyo nuestro dolor, los gerniqueses hacemos nuestro el cuadro que representa la masacre y la injusticia". Y añaden: "¿Quién mejor para contarlo que el pueblo de Gernika? No hay mejor sitio que el de la memoria para observar el cuadro y para que quienes se acerquen puedan escuchar y comprender de primera mano el significado del mismo". 

 

 

 

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sábado, 21 de febrero de 2026

Entrevista a Sergio Pereira

De esos momentos en los que se funde historia y literatura surge el material para entrevistas como la que les presentamos a continuación, misma que ha sido publicada en Noticias de Gipuzkoa:


“Los últimos hallazgos señalan que los vascones mantuvieron una alianza amistosa con los romanos”

Sergio Pereira Zumalakarregi | Escritor pasaitarra | Sergio Pereira está de gira por los cuatro distritos de Pasaia presentando su último libro: ‘Las hijas de Amari’

Aitziber Muga

Tras presentar su obra en Trintxerpe y en San Pedro, hará lo propio en las bibliotecas de Donibane (5 de marzo) y de Antxo (12 de marzo), ambas a las 19.00 horas.

¿Qué le impulsó a escribir su último libro, Las hijas de Amari?

Siempre me han atraído mucho los mundos antiguos, como el Imperio Romano o el egipcio, tanto como lector de novela como de libros históricos más académicos. Lo que realmente me llamó para hacer esta obra fue descubrir que, en contra de lo que se pensaba antes, hubo una romanización importante en la zona norte del País Vasco. Los descubrimientos recientes en Oiasso (Irun), como las termas, el foro y el puerto, demuestran que no fue un simple lugar de paso, sino una ciudad administrativa relevante. Quise contar algo sobre un mundo antiguo que, a la vez, estuviera de actualidad por estos nuevos hallazgos.

Según las últimas teorías, la relación entre vascones y romanos no fue tan conflictiva, ¿es así?

Exacto. Parece ser que los vascones mantuvieron una alianza amistosa con los romanos desde el principio. A diferencia de los cántabros y astures, que fueron el último reducto de la península en ser conquistado tras mucho enfrentamiento, los vascones llegaron a un acuerdo mutuo del que ambos pueblos se beneficiaron. Me pareció muy curioso este ambiente de cordialidad, que rompe con la imagen típica de conflicto permanente entre romanos y “bárbaros” que solemos ver en el cine o la literatura.

 ¿Qué diferencia a esta obra de tus libros anteriores?

Esta es la que tiene una base histórica más potente, aunque siempre incluyo toques de historia en mis obras, incluso en las de género negro. He escrito sobre la posguerra en Pasaia y también sobre los balleneros del siglo XVI en El hijo del capitán. En Las hijas de Amari alterno la historia con la intriga y el misterio, centrando la tensión en las traiciones y la lucha por el poder entre personajes romanos y vascones. Además, tiene una fuerte dosis de leyenda y épica al entrelazar las mitologías romana y vascona. En aquella época, los dioses no se cuestionaban; eran la forma de explicar los fenómenos naturales y el mundo mágico se mezclaba con el real.

¿Ha sido difícil el proceso de documentación?

Mucho más dificultoso que en mis libros anteriores. Para mi novela sobre la nao San Juan había mucha documentación organizada, pero para esta época hay pocos datos y a veces confusos o contradictorios. He tenido que ser muy cuidadoso con la terminología y las teorías históricas. Al haber tantas lagunas, he tenido un margen de ficción muy amplio para rellenar los espacios con mi imaginación, por lo que defino la obra como una narrativa de entretenimiento con trasfondo histórico.

¿Aparece Pasaia en la novela o la ambientación es más lejana?

Aunque aparecen ciudades como Roma, Zaragoza o Pompelo (Pamplona), el relato se centra principalmente en el territorio entre la costa cantábrica y Pamplona, y entre los ríos Bidasoa y Urumea. Pasaia aparece como bahía, que era la desembocadura del río Oarso (Oiartzun). Los romanos bajaban el material de las minas de Arditurri por el río y en la bahía lo cargaban en naves para llevarlo por la costa hasta Oiasso. Aunque no existían los núcleos de San Juan o San Pedro, la orografía natural de la bahía, sus rocas y su estrecho son perfectamente identificables hoy en día.

Esta es la primera parte de una trilogía, ¿verdad?

Sí, la trilogía se titula Saltus Vasconum, que es como los romanos llamaban a esta zona norte. Originalmente, la historia podía ser un ladrillo de unas 1.300 páginas, pero por consejo editorial decidí dividirla en tres tomos de unas 430 páginas cada uno para que fuera más dinámica y accesible al público. Mi objetivo es sacar un libro por año: el primero a finales de 2025, el segundo a finales de 2026 y el tercero en 2027. 

¿Tenía claro que iba a ser una trilogía cuando comenzó a escribir esta obra?

No, a veces la novela coge vida y te pide más extensión o menos. Yo sabía lo que quería contar, pero no sabía cuánto me iba a extender. En este caso, me extendí más, en parte porque no hay un protagonista o una protagonista puntual, sino que tiene un protagonismo coral. Hay varios personajes vascones y varios personajes romanos y a través de ese protagonismo coral he intentado que se cree una visión más caleidoscópica de cómo eran aquellos tiempos. Entonces, al haber más personajes, pues parece que requiere más volumen de narración.

¿Cuándo vio claro que era una trilogía? 

Cuando presenté la primera parte, Las hijas de Amari, a mi editorial, Círculo Rojo, ya tenía escrita en bruto la segunda parte. Las hijas de Amari consta de 430 páginas, y las otras dos partes tendrán una extensión similar, por lo que nos pondríamos ya en 1.300 páginas. Entonces, pues yo mismo pensé, y la editorial me dijo que mi idea era acertada, de que merecía la pena dividirla en tres tomos, de manera que así a los lectores se les haga más ameno. Además, la historia es muy dinámica y se lee muy fácil. Entonces, la editorial me dijo que no había que recortarla, que era mejor tener paciencia y sacarla en tres partes.

¿Cómo está siendo la acogida? 

La novela es muy reciente y todavía no son muchos los que la han leído, pero la reacción de los primeros lectores está siendo muy buena, aunque me dicen que el final les deja con ganas de más por ser una trilogía y no haber un final cerrado. A la hora de que las personas se decidan a comprar un libro funciona mucho el boca a boca y por supuesto, hoy en día, la redes sociales.

Ha comenzado a presentar su libro en los cuatro distritos de Pasaia. ¿Son especiales las presentaciones en su pueblo? 

Sí, para las presentaciones, siempre empiezo por los cuatro distritos de Pasaia, comenzando por Trintxerpe, donde nací y el público suele responder muy bien llenando los actos.

En Pasaia hay una cantera importante de escritores y las bibliotecas se suelen volcar para ofrecerles un espacio para dar a conocer sus trabajos. 

Sí, la verdad es que en Pasaia hay bastante artisteo. No sólo hay escritores también hay músicos y actores. En este pueblo se mueve bastante la cultura. Yo creo que los pasaitarras somos gente bastante despierta, con inquietudes, Además, está bien que desde el Ayuntamiento y desde las bibliotecas se intenta ayudar a los artistas y fomentar la cultura en la medida de lo posible. 

¿Tiene programadas otras presentaciones? 

De momento no tengo nada cerrado, pero quiero ampliar el círculo a Alza, Errenteria e Irun,por ser la capital en la que se han hecho los últimos hallazgos. Mi intención es llegar a las capitales vascas, incluida Pamplona.

¿Cuáles son sus proyectos más inmediatos? 

Suelo sacar un libro cada dos años o dos años y medio, porque no me dedico a ello profesionalmente. Pero esta vez, sacará cada año uno un libro de la trilogía. 

 

 

 

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Rostro y Ojos

Con ustedes la cobertura a la IV Conferencia Municipalista de EH Bildu que Aritz Intxusta ha llevado a cabo.

La traemos a ustedes desde Naiz:


Otegi, a todos los concejales de EH Bildu: «Sois el rostro y los ojos de la República Vasca»

EH Bildu celebra este sábado en Burlata su IV Conferencia Municipalista, que tiene a la vivienda como eje central. Arnaldo Otegi, secretario general, ha dado las gracias a los cargos municipales por su compromiso voluntario con el que están construyendo la República Vasca.

Aritz Intxusta

La conferencia municipalista de EH Bildu se desarrolla en la casa de cultura de Burlata y ha arrancado con la intervención de Berta Arizkun, la alcaldesa. Antes de lanzar su discurso, ha solicitado a todos un minuto de silencio por la mujer que falleció el viernes por la tarde a manos de su pareja en la localidad vecina de Sarriguren, la primera víctima mortal de la violencia machista en Euskal Herria en 2026. 

Sobre un escenario flanqueado por pantallas gigantes ampliando al orador, fondo morado y con la presencia de una ikurriña y una bandera de Nafarroa, Arizkun ha reivindicado a Burlata como un municipio de acogida. Ha recordado que primero recibió a migrantes de otros territorios del Estado, como Castilla o Extremadura, y ahora está viviendo un segundo proceso en el que llegan personas de otras partes del mundo. Los vecinos que nacieron en estados diferentes al español ya suponen un 23% de los habitantes de Burlata. 

La alcaldesa del que se ha convertido ya en el cuarto municipio de Nafarroa más poblado ha abogado por un municipalismo que aminore las desigualdades que genera la migración y que combata la xenofobia. En este sentido, ha puesto en valor el servicio de atención al migrante que se creó en 2016 y que «hoy es referencia» para todo el herrialde.

Arizkun ha señalado que EH Bildu se ha hecho con la alcaldía gracias a un gran esfuerzo comunitario de sus militantes, que consiguieron que en 2023 la coalición fuera el partido más votado y obtuviera, además, los mejores resultados de su historia. 

Además, la alcaldesa ha recordado que Burlata ya tiene la declaración de zona tensionada de alquiler y ha reclamado políticas valientes para hacer frente al problema de la vivienda. 

Arnaldo Otegi defiende el municipalismo emancipador

También Otegi, en su turno de intervención, ha recordado a la primera víctima mortal de la violencia machista. Ha manifestado que, ya en su intervención en el Velódromo, declaró que Euskal Herria no será libre mientras la mitad de la población sienta miedo. Y también ha señalado que los hombres tienen una doble responsabilidad en la lucha frente a la violencia contra la mujer, animando a acabar con las «complicidades» a la hora de justificar comportamientos machistas.

El secretario general de EH Bildu ha asegurado que la formación soberanista ve el futuro con confianza, con tranquilidad y alegría. 

Otegi ha definido a EH Bildu como «un colectivo militante de voluntarias y voluntarios que trabaja por construir la República Vasca, una alternativa social y nacional para este país. Es un espacio que tiene la capacidad de leer el momento político no en términos inmediatos, sino estratégicos». 

En lo que ha parecido una crítica velada a la vaga propuesta lanzada por Gabriel Rufián y el entorno de Más Madrid, el líder de EH Bildu ha reclamado «serenidad y vista a largo plazo», recordando que las siguientes elecciones en Euskal Herria llegan en marzo, cuando los tres territorios de Ipar Euskal Herria elegirán a sus responsables municipales. 

«Hay debates que se sobreponen, sobre todo en los medios de comunicación, que hablan de un ciclo político marcado permanentemente por el interés electoral. Algunos ya están en campaña electoral», ha asegurado.

Ha calificado al municipalismo en Euskal Herria como un movimiento que ha buscado la libertad nacional del pueblo vasco, recordando que pronto se van a cumplir 150 años desde la abolición foral. «Somos un país de naturaleza foral –ha asegurado–. Los fueros eran nuestra Constitución». 

Así, ha mencionado el papel que jugaron los ayuntamientos en la aprobación del Estatuto de Lizarra de 1931, que proponía un estado vasco integrado en la II República. 

La izquierda frente a la derecha

Frente al discurso de que la política ya no se distribuye en torno al eje izquierda-derecha, Otegi ha reivindicado que esa diferencia sigue existiendo. «Para mí hay una diferencia sustancial entre las derechas y las izquierdas: donde las izquierdas ven necesidades sociales que hay que atender, las derechas ven vectores de negocio para poder incrementar sus niveles de capital». 

Tras agradecer nuevamente el trabajo militante de los cargos locales, que son hoy «el rostro y los ojos de la República Vasca del futuro», el secretario general de EH Bildu ha asegurado que el camino a seguir pasa por llevar a cabo políticas sociales que son «el adelanto de las que haríamos en una república vasca de iguales».

«Cuando nos convertimos en ayuntamiento o en ciudad o en barrio y atendemos las necesidades de los más vulnerables y de las grandes mayorías sociales y populares, estamos haciendo un país mejor y nos estamos haciendo mejores como personas», ha asegurado Otegi. 

Trabajo a puerta cerrada

Una vez terminado el acto de apertura, más de 300 cargos de EH Bildu han proseguido con la jornada de trabajo centrada en vivienda, pero ya sin presencia de los medios de comunicación.

En concreto, la conferencia municipalista continuaba con la exposición de experiencias en materia de vivienda en distintas ciudades pioneras en este ámbito. 

Estaba prevista la intervención del concejal de Helsinki (Finlandia) Paavo Arhinmala y el concejal de Sant Cugat del Valles Francesc Duch (Catalunya) en una mesa redonda sobre política de vivienda, en la que también tomarían parte la alcaldesa de Azpeitia, Nagore Alkorta, y el concejal de Iruñea, Joxe Abaurrea.

 

 

 

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viernes, 20 de febrero de 2026

COI Catalanofóbico

Una vez más el Comité Olímpico Internacional actúa como supresor de identidades de los pueblos europeos.

Si en 2012 su actuación fue en contra de la gwenn ha du en Londres, esta vez se han abalanzado en contra de senyeras y esteladas en Milán-Cortina.

Aquí la nota de Naiz en una actuación que deja claro que quienes más politizan las justas deportivas son, precisamente, quienes piden que no se lleve a cabo ese ejercicio en libertad de expresión.

Adelante con la información:


Catorce años después de la ikurriña con Chourraut, retiran senyeras tras el oro de Cardona

La medalla de oro conquistada este jueves por Oriol Cardona en los JJOO de Invierno de 2026 quedó empañada por la retirada en las gradas de senyeras y esteladas. La actuación reabre 14 años después la polémica por la ikurriña en Londres 2012 y ha generado reacciones políticas en Catalunya.

La medalla de oro conquistada este jueves por Oriol Cardona en esprint de esquí de montaña en los Juegos Olímpicos de Milán-Cortina quedó acompañada por una decisión controvertida de la organización: la retirada en las gradas de senyeras y esteladas exhibidas por familiares y amigos de los deportistas catalanes.

Varios vídeos e imágenes difundidas en redes sociales muestran a integrantes de seguridad del Comité Olímpico Internacional (COI) tratando de requisar las esteladas y senyeras que portaban seguidores y allegados de los esquiadores catalanes, que, antes de terminar cediendo, sin causar problemas, pidieron explicaciones, según informó 3cat.

La polémica ha llegado incluso al Parlament catalán, cuyo president, Josep Rull, ha anunciado este viernes que pediría explicaciones directamente al COI por la requisa de esteladas y senyeras. Rull ha calificado los hechos de «inadmisibles» y los considera una censura de símbolos que, según él, representan nacionalmente los deportistas catalanes.

El grupo de Junts en el Parlament, además, ha pedido al Govern que valore los hechos y explique qué actuaciones piensa emprender para evitar que se repitan situaciones como esta.

El precedente de Chourraut

El episodio reabre un debate que ya se produjo en los Juegos Olímpicos de Londres 2012, cuando un voluntario obligó a retirar la ikurriña a familiares de la piragüista vasca Maialen Chourraut en un episodio algo confuso.

El veto desató la polémica en las redes sociales en Euskal Herria y provocó también que un vasco afincado en Londres se pusiera en contacto con la organización para hacer ver que la ikurriña es una bandera oficial al ser reconocida en la propia Constitución española.

En aquella ocasión, la organización rectificó posteriormente y permitió su exhibición, ya que, según recoge la normativa, la exclusión de banderas se aplicaba exclusivamente a «banderas de países no participantes en los Juegos (esto excluye a banderas de naciones bajo el paraguas de un país participante, como por ejemplo Inglaterra, Escocia y Gales)».

Esta vez, sin embargo, la actuación ha sido justificada por el Comité Olímpico Internacional alegando que este tipo de símbolos se consideran propaganda política. La medida se ampara en la regla 50.1 de la Carta Olímpica, que establece literalmente: «No se permitirá ningún tipo de manifestación ni propaganda política, religiosa o racial en ningún recinto o instalación que se considere parte de los Juegos Olímpicos».




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domingo, 15 de febrero de 2026

Voluntad Política

Les compartimos la editorial que Naiz ha dedicado al tema del reconocimiento oficial por parte de los gobiernos de Madrid, Gasteiz e Iruñea de los casos de tortura, método de terrorismo de estado utilizado sistemáticamente por el régimen español en contra del pueblo vasco:


Si torturar fue una decisión política, reconocer y revertir la impunidad exige una voluntad a la par 

En el origen, hubo una decisión política para que los cuerpos policiales torturaran durante décadas y de forma sistemática a las personas detenidas en Euskal Herria. No hay otra explicación veraz. No fue, quizás, en una reunión con orden del día, o de manera explícita y documentada, pero sí una decisión consensuada por todos los estamentos implicados. Lo explican los informes criminológicos, y así lo denunció de nuevo ayer la Red de Personas Torturadas de Euskal Herria.

Esa agenda torturadora se implementó en los cuarteles, se premió en el escalafón policial, se justificó en el debate público, se amparó en los juzgados y se tapó en los medios de comunicación. Esa decisión compartida caducó parcialmente en 2014, con el último caso documentado de torturas a ciudadanos vascos en el contexto del conflicto político. Sin embargo, no ha habido una decisión equivalente en sentido contrario: contra la impunidad, en favor de los derechos humanos y el reconocimiento de las víctimas.

No revertir lo sucedido tiene consecuencias. En primer lugar, para las personas torturadas, que exigen reconocimiento y un trato justo. En segundo lugar, para la sociedad vasca y su cultura democrática, que sigue lastrada por una memoria parcial que avala la irresponsabilidad. Por supuesto, la impunidad beneficia a todos los responsables de la tortura.

Hasta cierto punto, institucionalmente se ha asumido lo que todo el pueblo sabía: que se ha torturado a un número ingente de personas, que se ha hecho de manera salvaje y con total impunidad. Pero esa asunción es parcial y rebaja la gravedad de lo sucedido.

No haber aceptado la justicia transicional como marco general para la resolución se puede volver contra la parte más impune de un conflicto. Con dos agravantes: la violencia ilegítima ejercida por los Estados es siempre más grave; y la tortura no prescribe. Los lobbies españoles de la venganza, que responden a la misma disciplina contrainsurgente que hizo de la tortura estrategia, podrían revisar su impulso cruel.

Números que reflejan personas y vivencias

En su primer año de existencia, la Red de Personas Torturadas ha implicado a más de mil personas. Es una quinta parte de los casos certificados por vía forense o criminológica. Es impresionante y, a la vez, debe crecer hasta dar una imagen lo más real posible del fenómeno de la tortura en Euskal Herria.

El tiempo es un factor importante, porque muchas de las víctimas son mayores, o han muerto. Retrasar medidas y reconocimiento afecta a sus derechos. Asimismo, el apartado de la violencia sexista, que se ejerció especialmente contra las mujeres, es crucial para conocer la dimensión de la tortura.

Hasta el momento, se han reconocido oficialmente 71 casos en Nafarroa y 260 en la CAV; un total de 331 en el conjunto de Euskal Herria, en torno al 6% de los certificados. No avanza como debería, es evidente.

Lo que demandan es positivo y de justicia

La Red de Personas Torturadas exige al Gobierno de Lakua que reforme la norma para el registro de las víctimas del Estado, que amplíe el periodo y promueva que se garantice «un mecanismo integral de reconocimiento y reparación». Al Ejecutivo de Iruñea le pide que vaya más allá del franquismo y la transición.

Insisten en que «es tiempo de reconocimiento». «Si queremos construir en Euskal Herria un futuro basado en la verdad, la justicia, la reparación, las garantías de no repetición y una memoria completa, es el momento de esclarecer por qué nos torturaron, quién autorizó esta práctica y cómo se permitió», sentenciaron ayer en la asamblea de Eibar.

Mientras llega el reconocimiento oficial, este colectivo se ha ganado el respeto social por su altura de miras y su voluntad de construir un país mejor.

 

 

 

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