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lunes, 8 de abril de 2019

Ecos Alsacianos en Iparralde

La edición 21 de Korrika transcurrió por Iparralde durante el sábado 6 y el domingo 7 y los reportes que se generaron a su paso por pueblos y ciudades coincidían en indicar que este año el involucramiento de los vecinos era mucho mayor que en ediciones anteriores.

Pues bien, desafortunadamente, Naiz nos informa que llegan malas noticias por parte de los jacobinos:


El debate en el Senado francés del proyecto de nueva articulación institucional para Alsacia derivó en una toma de posición a cargo de la ministra para las Colectividades Territoriales, Jacqueline Gourault, en contra de la inmersión «en lenguas regionales» que ha generado zozobra en Euskal Herria. Las escuelas bilingües de Ipar Euskal Herria pedirán cuentas al Ministerio de Educación.

Maite Ubiria

El responsable de AEK en Ipar Euskal Herria, Jacques Bortairu, no ocultaba, anoche, ante las cámaras de ETB, su malestar por el hecho de que, coincidiendo con el paso de Korrika por Zuberoa, Nafarroa Behera y Lapurdi, una representante del Gobierno francés se haya pronunciado en contra de la inmersión en «lenguas regionales».

Aunque las declaraciones de Jacqueline Gourault respondían al debate alsaciano, en distintos territorios, caso de Bretaña y Euskal Herria, sus palabras han provocado «gran preocupación», en palabras del propio Bortairu.

Efectivamente, el paso por el Senado del proyecto de reorganización institucional de Alsacia sirvió a Gourault para afirmar que impulsar el modelo inmersivo en «lenguas regionales» en el sistema educativo público francés sería «anticonstitucional».

Con sus palabras, la representante de Macron ponía de manifiesto una posición ideológica que «no me ha sorprendido, pero que ha confirmado mis temores», según declaraba el senador conservador vasco Max Brisson a distintos medios, entre ellos Mediabask.

Coincidiendo con su participación en Korrika, en Kanbo, Jean-René Etchegaray, se sumaba al rechazo a esas declaraciones, a la par que reiteraba el respaldo de la Mancomunidad Vasca «al desarrollo de la lengua» en todos los dominios.

17 escuelas experimentan el modelo

Nada menos que 17 escuelas de Ipar Euskal Herria desarrollan, a título experimental, y de modo voluntario, ese modelo inmersivo cuya legalidad pone en duda ahora Gourault.

Por ello, dos asociaciones que secundan la formación bilingüe, Ikas Bi y Biga Bai, han denunciado la «posición ideológica» de la responsable para las Colectividades Territoriales.

El presidente de la primera, Thierry Delobel, ha confirmado, además, que pedirá explicaciones al Ministerio de Educación.

Gourault sitúaba expresamente como único terreno de desarrollo para la educación inmersiva «las escuelas privadas, como las escuelas Diwan», la red de escuelas en bretón, con las que Seaska comparte, desde hace años, iniciativas para avanzar en el respecto a las lenguas que se hablan en distintos territorios hexagonales, caso del corso, el occitano o el alsaciano.

Contra el pacto territorial

Al hilo de la polémica, Euskal Konfederazioa difundía, por su parte, un comunicado en el que esta coordinadora muestra «su profundo enfado» por las consideraciones de la ministra, remarca el camino de acuerdo, con aval institucional, y que ha permitido desarrollar la experiencia inmersiva en el sistema público.

A tiempo, rechaza que se atribuya un carácter exclusivo al modelo de enseñanza que desarrollan Diwan o Seaska «cuando, al mismo tiempo, el Ministerio de Educación no responde a las necesidades de las ikastolas y ahoga financieramente el único modelo de inmersión que reconoce Gourault».

Para esta coordinadora, referente de las organizaciones que trabajan en favor del euskara en Iparralde, con sus posiciones la ministra desliza hacia un espacio de no legalidad, al desconocer de facto el llamado Pacto Territorial.

Según recuerda, el desarrollo del modelo inmersivo en el sistema público galo se basa en la ley de experimentación, pactada entre Estado y territorios, en el caso del Departamento de Pirineos Atlánticos en 2004. Ese acuerdo fue renovado y extendido en 2010, cara a detallar más precisamente cómo aplicar el modelo inmersivo tanto en lengua vasca como occitana.

«Esas orientaciones, que han permitido extender el marco inmersivo y profundizar en su desarrollo en la red bilingüe, han sido acordadas una y otra vez en el seno de la Oficina Pública de la Lengua Vasca (OPLB), por el Estado, la región, el departamento y ahora también la Mancomunidad Vasca», pone de manifiesto en su nota Euskal Konfederazioa, lo que le lleva a concluir que «negando el desarrollo del modelo inmersivo el Gobierno francés estaría vulnerando sus acuerdos con las colectividades territoriales».






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lunes, 10 de diciembre de 2018

Olentzero el Tronco Prodigioso

Toda tradición actual tiene su componente metafísico y su componente histórico, el Olentzero vasco no escapa a ello.

Del aspecto mítico contemporáneo ya hemos publicado anteriormente, pero hoy, desde los blogs de Deia, traemos a ustedes esta magnífica monografía que traemos como obsequio para todos y cada uno de nuestros lectores para que así se familiaricen con el contexto histórico y antropológico de Oletzero.

Lean ustedes:


Félix Mugurutza

El personaje de Olentzero que tan incuestionable nos parece hoy, poco o nada tiene de tradicional entre nosotros y sí mucho de una necesidad ideológica de un momento concreto, siendo luego bien espoleado por el comercio, siempre ansioso de mover las cajas registradoras. Y no está mal del todo y de hecho me encanta para celebrarlo. Pero no soporto que ello conlleve una matarrasa de todo lo anterior, de lo propio y genuino. Tanto que lleguemos a olvidar quiénes somos y de dónde venimos. Así es que vamos a revolver un poco, como un modo de lucha revolucionaria y antisistema contra el olvido generalizado.

El sol y el fuego

Nuestra celebración navideña se debe —como a estas alturas todos sabemos— no a la rememoración del nacimiento de Jesucristo sino a unos antiquísimos ritos paganos previos consistentes en la adoración al sol, costumbres que el cristianismo enmascarará posteriormente con esa efeméride natalicia inventada ad hoc para adueñarse de ellos.

En estas fechas tan entrañables celebramos el inicio del invierno en nuestros calendarios actuales o, quizá mejor, tal como se percibe en los países del norte de Europa, el día central del invierno, ya que es ahora cuando menos fuerza tiene el sol.

También sabemos que aquellos ancestrales ritos de adoración al sol se materializan entre nosotros por medio del fuego, una especie de delegación simbólica de aquel astro en la Tierra. Un fuego que en las fechas señaladas del ciclo solar adquiere siempre un carácter mágico, purificador, benefactor y protector para sus súbditos los humanos. Es el sol el que da y quita la vida a esa naturaleza de la que nos sustentamos.

La especulación sobre la posible antigüedad de esos ritos del fuego solar es algo que estremece. Pero prueba de ello es que, de un modo u otro, se llevan a cabo en prácticamente todas las culturas del mundo. Es decir, es algo en apariencia inherente a nuestra existencia como seres humanos.

El tronco prodigioso

Con los nombres de eguberri, gabon, gabonzuzi, gabon-subil, gabon-mukur, olentzero-enbor, onontzoro-mokor, subilaro-egur, suklaro-egur, sukubela, porrondoko... recogió Barandiaran en toda la geografía vasca la costumbre de traer desde el bosque hasta el hogar un gran tronco cuyo destino era el ser «sacrificado» en el fuego, quizá ofrendado al sol para así atraer su protección y prosperidad en el futuro más cercano. Debía de arder durante esa noche solsticial —Nochebuena— y así poder convertirse en algo mágico, dotado de poderes sobrenaturales.

«El tronco que en Trespuentes ardía por Nochebuena en el hogar lo traía hasta la cocina una pareja de bueyes y allí estaba en el fogón durante todo el año. En Larraun, como en la mayoría de los pueblos, ardía en el hogar sólo durante Nochebuena; en Llodio y en Salvatierra hasta la última noche del año...» contaba el sacerdote de Ataun en unas densas notas que, por su interés, reproducimos completas al final de este post.

De la gente entrevistada en Laudio —mi pueblo de nacimiento—, nadie lo recuerda hoy. Aunque sí milagrosamente algunas personas mayores de Luiaondo u Okondo. Su ceniza bendecía los campos  y ayudaba a mantener la buena salud del ganado.

Olentzero

Curiosamente ese madero mágico de Nochebuena recibe el nombre de Olentzero en algunos rincones de nuestra geografía, en referencia a la bondad de los augurios de esa noche, al instante estrictamente navideño, nada que ver con el personaje que hoy conocemos. Sí tenemos referencias, claro está, de un complejo personaje mitológico que simboliza estas fechas solsticiales o al menos actualmente comparte su nombre. En cualquier caso, nada tiene que ver con un carbonero, el mito moderno actual. Por no extendernos, dejamos para otra ocasión la profundización en la metamorfosis histórica de ese personaje.

Concuerda con el hecho de que no se hable de ningún carbonero ni personaje ni nada similar en la primera referencia de esa palabra, como es sabido, a manos de Lope Martínez de Isasti (Lezo, 1565-1626). Su explicación no deja lugar a dudas: «A la noche de Navidad [llamamos] onenzaro, ‘la sazón [la época] de los buenos’». Tampoco en las siguientes citas documentadas, limitadas a describir con ese término el período de tiempo de esas fechas mágicas. Lo aclara a las mil maravillas un dicho popular mucho más tardío recogido por R. Mª Azkue (Euskalerriaren Yakintza) de un Almanaque bilbaíno de 1897: «Onezaroz leihoan, Pazkoetan sua» [‘Por Navidades en la ventana, en Pascua junto al fuego’]. Es decir, que ha de hacer invierno cuando toca porque, si se trastoca el orden natural, nos golpeará su crudeza en primavera, cuando más perjudicial es para las cosechas. Algo similar al «Cuando marzo mayea, mayo marcea» con el que mi madre sentencia el firmamento cada vez que mira por la ventana. Una y otra vez. Año tras año. Con la pasión además de quien cree estar desvelando algo hasta entonces desconocido.

Nunca encontramos en los registros mínimamente clásicos de nuestra lengua carbonero alguno bajo en nombre de Olentzero. Sospecho por ello que lo inventaríamos a fines del XIX o, quizá incluso, a principios del XX.

En cualquier caso, no es difícil de hacer una extrapolación para sugerir que podrían identificarse perfectamente la extracción de un llamativo tronco del bosque y la labor de los carboneros en las más apartadas montañas, la idealización moderna del concepto de Olentzero.

Tió de Nadal, tizón de Nabidat

La misma concepción de ese tronco navideño que conlleva la prosperidad y la bondad lo tenemos en el Tió de Nadal, –también llamado tronc(a), soca, xoca, cachafuòc o soc de Nadal…– de las culturas circumpirenaicas de Cataluña, Andorra, Occitania y Aragón, un tronco al que se cuida y “alimenta” en casa hasta que en Nochebuena se le hace “defecar” todos los alimentos, regalos, etc. poniendo un fin simbólico al hambre y las penurias.

Una referencia con un mayor valor etnográfico si cabe podemos observarla en una plegaria ritual recogida en Escalona (Huesca) y en donde, en el momento de prenderle fuego, el más viejo o dueño de la casa solicita al madero navideño todo tipo de favores con los que, prácticamente, se hace una definición de lo que se considera felicidad:

«Tizon de Nabidat tu yes o tronco d’a casa por ixo yo bendizco con bin esta troncada en nombre de Dios y o nino que baxa ta la tierra ta que ta ista casa traigas a felizidat más plena. O primer trallo ta tu, porque tu tot lo nabegas. O segundo por nusatros que nos des salut a espuertas. O terzero ta que niebe y se críen as cosechas. O cuarto ta que as arreses no se disgrazien ni mueran. Y o quinto ta que a Paz nos espante toda guerra».

Yule log europeo

Nuestras ancestrales costumbres han sido compartidas por los países del norte de Europa, con el nombre de Yule log –hoy reducido en muchas ocasiones a una tarta con forma de madero–, el Christklotz… unos grandes troncos, símbolos por excelencia de la Navidad, y que se acarreaban hasta el hogar para que éste quedase bendecido con su simple presencia. Es exactamente lo mismo que tan arraigado aparece en nuestras costumbres locales vascas.

Antiquísima cultura europea común basada en una religión de adoración del bosque… Una vez más, otro camino diferente nos conduce hasta la misma piedra angular.

Árbol de Navidad

Curiosamente, en estos días que ahora nos toca vivir, muchos de nuestros hogares, calles y plazas se encuentran decoradas con el árbol de Navidad. Es una costumbre moderna entre nosotros pero que a su vez, con su importación, cerramos el círculo del culto al árbol que nuestros antepasados practicaron: recogemos de fuera lo que perdimos aquí.

En efecto, la moda del árbol adornado en nuestros hogares la importamos en su día de Francia y ésta, a su vez, a mediados del XIX, de los países germánicos. En su lugar de origen –Alemania y Escandinavia– con él se adoraba al dios Frey, el responsable del sol, la prosperidad y la lluvia: mitología en su estado más esencial.

De ahí que se adorne con regalos, comida, felicidad… colgando de sus ramas como reclamo y preludio de esa prosperidad que con él auguramos. Hablamos sin duda de lo mismo, de aquel árbol que con gran esfuerzo arrastraban desde el bosque hasta nuestros hogares para que portase la abundancia, fecundidad y felicidad a la comunidad que allí vivía. Idéntico fin y origen que esa expresión de «próspero año nuevo» que una y otra vez repetimos casi sin ser conscientes de ella.

Estremece asimismo pensar cómo también nuestros antepasados eligieron un solemne árbol en torno al cual hacer las juntas vecinales para determinar los designios del pueblo, el embrión de los actuales ayuntamientos. El árbol, siempre el árbol… el idolatrado bosque, reminiscencias de aquellos pueblos a los que los romanos llamaron bárbaros.

Ahora hemos de conformarnos con un personaje de diseño idealizado para las fiestas solsticiales y que por su complejidad ya trataremos en otra ocasión. Nada que ver ni siquiera con aquel último gentil, el único que no se inmoló al ver nacer a Jesucristo y que —cuenta la leyenda— descendió al valle a dar la noticia de que empezaba una nueva era.

Un afinado Olentzero el actual, recién casado con esposa impuesta por conveniencia –último grito en modernidad–, que ya no se emborracha ni puede mostrar su pipa porque incitaría a fumar a los más pequeños. Un personaje, para más deshonra y ofensa, hemos añadido un saco repleto de regalos a la espalda que nunca hasta entonces había llevado. Unas dádivas que los niños reciben tras haber escrito una carta con sus infantiles deseos y que puntualmente recoge un emisario de nuestro orondo Olentzero. Y si se le puede poner un zapato para que identifique a cada uno de la familia, perfecto. Eso sí, como es carbonero, entrega carbón a quien se ha portado mal. ¿Nos suena de algún otro lugar, verdad?

En resumen, lo único cierto de esta historia es que hemos creado un San Nicolás o Santa Claus “a la vasca”, diseñado a medida hace unas pocas décadas: ya tenemos el Euskal Papa Noël, el sustituto perfecto para los Reyes Magos. Cuando no lo hacemos posar junto a una mula y un buey…

Los regalos

Por cierto, personaje éste de Santa Claus que comenzó a hacer regalos de juguetes, etc. a los más pequeños en torno a 1820, auspiciado por el comercio. O la réplica comercial de aquél, nuestros Reyes Magos cuyos «regalos de siempre» comenzaron en 1850… Dicho de otro modo: ayer. Y de ahí nuestra también «ancestral tradición» de los regalos de Olentzero que nunca hasta estas últimas décadas lo había hecho.

La infelicidad del olvido

Y no es que esté en contra de la actualización, readecuación de nuestras costumbres, porque en el fondo siempre han sido cambiantes en el tiempo y porque, bienvenidos sean los cambios si ellos ayudan a su perduración. Pero a su vez, mientras alentamos esos nuevos mitos y leyendas, dejamos escapar sin ningún guiño de añoranza aquello que durante siglos o milenios fue nuestra esencia, el alma de nuestra cultura. Ni una sola referencia en ninguna publicación ni una breve explicación sobre nuestro tronco navideño en la más remota escuela infantil. Nada de nada.

No parece posible que sea cierto lo que estoy contando ¿verdad? Con lo celosos que somos los vascos para nuestras tradiciones…

Así es que os deseo mucha felicidad a todos/as y un “próspero” año nuevo. Comprad lotería para ver si os toca, que yo me quedo conforme pegado al tronco de árbol que arderá, más mágico y atávico que nunca, en el fuego de Nochebuena. Porque bien es sabido que es el fuego el que da nombre al hogar. Eso ya es suerte de por sí. Eguberri on.

Anexo: Texto de J. M. Barandiaran sobre el tronco de Navidad (1956)

«El tronco que en Trespuentes ardía por Nochebuena en el hogar lo traía hasta la cocina una pareja de bueyes y allí estaba en el fogón durante todo el año. En Larraun, como en la mayoría de los pueblos, ardía en el hogar sólo durante Nochebuena; en Llodio y en Salvatierra hasta la última noche del año. En Esquiroz y en Elcano ponen al fuego tres troncos: el primero para Dios, el segundo para Nuestra Señora, el tercero para la familia. En Eraso y en Araquil ponen, además, un madero para cada uno de los miembros de la familia y otro para el pordiosero. En Olaeta encienden en el hogar un tronco de haya durante la última noche del año y queman a su lado todo lo que queda del tronco del año anterior. Por haber estado al fuego durante la Nochebuena o en el último día del año, Gabonzuzi tiene virtud especial. Con su fuego preparan la cena de Nochebuena en Oyarzun.

En Abadiano y en Anzuola hacen lo mismo; además, después de la cena, la familia se agrupa en su derredor para calentarse. En Elduayen procuran hacerle arder a gran fuego, a fin de evitar, según se lo dicen a los niños, que descienda de la chimenea el personaje Olentzaro, armado con una hoz, a quitar la vida a cuantos viven en la casa.

En Esquiroz colocan el tronco o Gabonzuzi consagrado a Dios en el umbral de la puerta principal de la casa el primer día del año, o el día de San Antón, y hacen pasar por encima a todos los animales domésticos. Creen que así los animales no morirán por accidente durante el año. La misma costumbre existía también en Oyarzun y en Araquil. En Salvatierra creen que Gabonzuzi tiene la virtud de alejar las tempestades y lo ponen al fuego cada vez que se acerca una tormenta.

En las casas donde hay toro semental practican lo siguiente: colocan al fuego en el hogar dos palos durante la cena de Nochebuena; ambos se queman algo por un extremo; hienden luego el más largo de los dos por el extremo quemado y colocan el segundo atravesado en la hendedura del primero de modo que ambos formen una cruz; ésta es llevada al establo donde se halla el toro y clavada o colgada de un muro o poste. Con esto creen que el toro no tendrá durante el año el mal conocido con el nombre maminpartidu.

En Aezcoa recogen el carbón y la ceniza producidos por la combustión de Gabonzuzi. Cuando una vaca tiene endurecida la ubre, ponen al fuego tales residuos y aplican su sahumerio a la ubre enferma. En Amorebieta dicen que el nochebueno o Gabonzuzi evita que la comadreja perjudique a quienes viven en la casa o a sus animales. No dejan que se apague el fuego del hogar durante la Nochebuena para evitar que alguno de la familia muera durante el año.

En Bedia conservan el tronco o sus carbones, pues piensan que asi continúa bendecida la casa. La ceniza producida al quemarse ese tronco en el hogar es conservada hasta el día de San Esteban en Ibárruri. Ese día la llevan a las piezas de cultivo y es esparcida en forma de cruz en la tierra. Así piensan que los animales dañinos morirán.

Según creencia de Liguinaga el nochebueno influye en que sean hembras los corderos que nazcan en el rebaño. Cuando muere una persona le ponen al lado Gabonzuzi en Eraso. En Olaeta ese tronco, que allí arde en la última noche del año, es retirado después de la cena y colocado en el establo a fin de preservar de enfermedades a los animales allí recogidos».






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sábado, 19 de mayo de 2018

Los Vascos y el '68

1968, el año que cambió al mundo, fue testigo de como nada se movía en el estado español bajo la sofocante bota represiva de los militares así como de los diversos grupos terroristas bajo el mando de Francisco Franco Bahamonde y sus ministros, muchos de los cuáles, diez años después, se transformarían por arte de magia en demócratas de toda la vida. 

En Eukal Herria el asunto estuvo más movido, tal vez por la cercanía con el estado francés, tal vez por su caracter de territorio fronterizo, tal vez por el indómito carácter del pueblo vasco que diez años antes había comenzado a conformar un auténtico movimiento de liberación, mismo que fuese fuertemente combatido por los diferentes estamentos del estado.

Por medio de este reportaje dado a conocer por Deia, traemos a ustedes las vivencias de cuatro vascxs que tuvieron la oportunidad de vivirlo:


Jokin Apalategi, Maite Idirin, Mariasun Landa y Joxean Agirre, que entonces rondaban la veintena, se sintieron inmediatamente cautivados por aquel movimiento que se rebelaba contra una sociedad tradicional y jerárquica.

Marta Martínez | Fotografía: Iker Azurmendi

En 1968, la poesía salió a las calles de París. Lemas como Seamos realistas, hagamos lo imposible, Bajo los adoquines, la playa o Prohibido prohibir marcaron a toda una generación de jóvenes entusiastas con ansias de libertad entre los que se encontraban Jokin Apalategi, Maite Idirin, Mariasun Landa y Joxean Agirre. Los cuatro jóvenes vascos, que entonces rondaban la veintena, se sintieron inmediatamente cautivados por ese despertar universitario que se rebelaba contra una sociedad tradicional y jerárquica. El mayo francés fracasó políticamente, pero el debate se apoderó de cada esquina durante los años siguientes y la sociedad emprendió un camino de no retorno.

Para Jokin Apalategi (Ataun, 1943), apasionado de las ciencias humanas y sociales, fueron los “mejores días” de su “vida”. Su currículo es extenso: licenciado en Filosofía, doctor en Sociología, profesor titular de Antropología en la UPV/EHU y Catedrático honorario en Psicología Social en la misma universidad. Y todo comenzó en París, adonde llegó el 13 de octubre de 1967, tras finalizar su formación en el seminario de Donostia. “Yo no quería ordenarme, así que el rector, José Ignacio Tellechea Idígoras, me envió a Zaragoza para que siguiera con mis estudios y me dio un puesto en la residencia estudiantil de los jesuitas. Duré tres días, aproveché que era el día de la Pilarica para coger un tren rumbo a París, no le dije nada a nadie, ni siquiera a mi familia”, explica entre risas. Cumplía así su sueño. Como cualquier vasco que llegaba en aquella época a la capital francesa, se dirigió a la Euskal Etxea y seis días después ya estaba estudiando Filosofía en la Universidad Católica.

Aprendió francés sobre la marcha. “No podía ir a clases porque tenía que trabajar para pagarme los estudios”. El 3 de mayo de 1968, salía de la universidad cuando vio “a los estudiantes de Nanterre, que habían venido por primera vez a manifestarse a París y llegaron hasta la Sorbona”. “Fue una cosa impresionante, me quedé impactado, yo tenía en mi cabeza todas esas imágenes de lo que había vivido en San Sebastián y tantos amigos que tuvieron que exiliarse, otros que estaban en la cárcel, y ahí estaba pasando eso”, asegura, todavía con entusiasmo, 50 años después.

Su universidad también cerró y durante los días que los estudiantes tomaron la Sorbona, Apalategi y sus amigos acudieron cada día a respirar aquel ambiente único, primero en metro y después, cuando se paralizó la ciudad, andando. “Allí he visto discusiones sensacionales que me han marcado para toda la vida, ver a Jean-Paul Sartre discutiendo con los estudiantes era algo sensacional;cuando daba la palabra se hacía el silencio, se respiraba respeto”, describe Apalategi, quien no intervino en las discusiones “porque no tenía suficiente calidad en francés como para llevar un debate”. “Además, los franceses hablan tan bien que te sientes acomplejado”, interrumpe su esposa, la cantante Maite Idirin (Ugao, 1943). La pareja, residente en Angelu (Lapurdi), se conoció en la Euskal Etxea de París en aquella época. “En el País Vasco no estábamos acostumbrados ni a oír hablar, porque el franquismo no dejaba nada. Pero en París se podía todo, discutían como nosotros no sabíamos discutir, se hablaba muy bien, con mucha educación, daba gusto asistir a esos debates”, añade.

“A nosotros nos daba envidia cómo hablaba cualquier obrero, todo el mundo, qué manera de expresarse. Era un espectáculo, se analizaba todo lo que estaba pasando. Había debate permanente, las 24 horas, en la Sorbona, en los teatros, en los centros de trabajo. En el Teatro del Odeón entraban 1.200 personas y siempre estaba ocupado, de día y de noche, salíamos unos y entraban otros. Estábamos ocupadísimos, contentos, aprendiendo muchísimo de todos los debates, más que en la universidad. Fue una cosa gloriosa, emocionante, un regalo enorme”, recuerda Apalategi.

Todo eso en una ciudad paralizada, en la que no circulaba el transporte público, no se recogían las basuras, con barricadas de adoquines levantadas por los estudiantes, enfrentamientos con la Policía, manifestaciones y una huelga general secundada por diez millones de trabajadores. El conflicto llegó a su fin con la celebración de elecciones anticipadas a finales de junio, que volvió a ganar Chales de Gaulle. Los partidos de izquierdas que habían apoyado la movilización estudiantil fracasaron en su intento de acabar con el general. Sin embargo, el Gobierno y los representantes estudiantiles llegaron a un acuerdo para la creación de una universidad nueva que cumpliera con las exigencias de los jóvenes. Apalategi fue uno de sus primeros alumnos cuando se inauguró en enero de 1969. Luego se sumaron Maite Idirin y Joxean Agirre. “Era una universidad libre, verdaderamente”, explica la cantante, que cursó la licenciatura de Sociología, al igual que su esposo. “Estudié cuatro años en Vincennes más la tesis doctoral y al mismo tiempo estudiaba Sociología con Alain Touraine en la Escuela Práctica de Altos Estudios de París”, explica Apalategi. “En aquellos tiempos estudiábamos con devoción”, rememora, con cierta nostalgia, quien tuvo el privilegio de escuchar en vivo a Jean-Paul Sartre, asistir a las clases de Alain Touraine y Nicos Poulantzas o manifestarse junto a Alain Geismar, uno de los líderes del mayo francés.

En París, Apalategi conoció también a su esposa, Maite Idirin, quien llegó en el año 1969, tras una breve estancia en Iparralde. Se marchó de su Ugao natal porque “estaba perseguida” y pronto descubrió un mundo fascinante. “En torno a mayo del 68 hay también un resurgir de todas las identidades minoritarias como los corsos, vascos, acitanos, bretones y catalanes, que empiezan a agruparse, a hacer reuniones. En los años 71 y 72 se celebra en París el festival de los cinco pueblos en lucha”, explica Apalategi. Idirin fue una de las cantantes;también Lluís Llach. “Era un ambiente impresionante”, recuerda. Durante tres años estuvo cantando cada noche en la sala La Candelaria, en el Barrio Latino, un local regentado por el donostiarra Miguel Arocena. “Siempre cantaba en euskera y suscitaba mucha curiosidad, mucha gente me preguntaba qué idioma era, había un diálogo continuo, era muy bonito”, sostiene. “Tuve mucha suerte”, reconoce la cantante. Y, aunque entonces la protesta había llegado a su fin, el movimiento, el espíritu y las ideas permanecieron durante los años siguientes. La pareja permaneció en París hasta el nacimiento de su hijo, en diciembre de 1972. “Lo teníamos claro, queríamos volver porque queríamos que el hijo fuera euskaldun, que fuera a la ikastola”, explican. Pero aquella época les marcó de por vida.

Mariasun Landa (Errenteria, 1949) llegó cuando la primavera había dado paso ya al otoño y las protestas habían llegado a su fin, pero recuerda “esa orgía de la palabra” como algo fascinante. “En lugar de conocer a Jean-Paul Sartre, Simone de Beauvoir o ligar con Daniel Cohn-Bendit, a mí me toca hablar del mundo de una chavala joven de chambre en chambre pasando relativas penurias”, rememora. Landa llegó a París con 19 años con ganas de emanciparse, de vivir, de saber, de aprender idiomas. Comenzó trabajando deau pair y conoció de cerca la realidad de la emigración española en Francia. “En aquella época había 100.000 emigrantes españoles”, cuenta, muchos de ellos mujeres que trabajaban en el servicio doméstico.

La escritora plasmó aquella experiencia en su obra La fiesta en la habitación de al lado.“El título hace referencia a esa sensación que pasa muchas veces, que cuando tú llegas resulta que ya no hay fiesta;pero aunque no había fiesta, había muchas cosas, conocí el mundo de la emigración, del antifranquismo, los grupos clandestinos”, rememora. Landa residió en París cuatro años, aprendió francés y después estudió Filosofía en la universidad. Y aunque no vivió la fiesta del mayo francés, sí asistió a la del feminismo.

“En mayo del 68, la reivindicación era de ruptura de costumbres, de liberación, había algo envejecido en la sociedad, que era la costumbre y una juventud nueva demandaba, para empezar, liberación sexual. Fue la revolución del deseo, el deseo aquí y ahora. Yo comparo aquellos años con los años de la transición aquí. Se abrió la olla a presión”, analiza Landa, quien recuerda una de las principales exigencias de los estudiantes de Nanterre: que se permitiera visitar las habitaciones del sexo contrario en las residencias universitarias, algo que estaba prohibido. “Así era nuestra vida, muy diferenciada”, destaca.

“Todo lo que se dio en Mayo del 68, se dio luego en el movimiento de mujeres”, asegura. Francia era todavía entonces una sociedad muy tradicional y machista. Hasta 1965, las mujeres necesitaban el permiso de sus maridos para abrir una cuenta corriente o viajar, mientras que la ley que autorizaba la contracepción fue aprobada en 1967, “pero no encontrabas a muchos médicos que te recetaran la píldora”, explica Landa. El aborto estaba totalmente prohibido. “Así fui yo a Francia en 1968, no fui a un país liberado. La liberación vino en los años siguientes”, explica Landa.

“Después de mayo del 68, las mujeres se dieron cuenta de que en la izquierda que lideró todo el movimiento también se las postergaba a hacer el bocadillo”, sostiene la escritora. En palabras de la historiadora Bibia Pavard, “ellas estaban en todas partes, excepto en los centros de poder”. Así, en 1970 surge el Movimiento de Liberación Femenina (MLF). “A mí se me caía la baba, porque yo estaba deseando algo así en Euskal Herria”, recuerda Landa.

Llegaron las manifestaciones y el manifiesto de las 343 (abril de 1971). “Un millón de mujeres abortan cada año en Francia. Ellas lo hacen en condiciones peligrosas debido a la clandestinidad a la que son condenadas cuando esta operación, practicada bajo control médico, es una de las más simples. Se sume en el silencio a estos millones de mujeres. Yo declaro que soy una de ellas. Declaro haber abortado. Al igual que reclamamos el libre acceso a los medios anticonceptivos, reclamamos el aborto libre”, decía el manifiesto firmado por 343 mujeres, entre ellas Beauvoir y Catherine Deneuve. “Aquello fue un escándalo”, recuerda Maite Idirin, muy involucrada también en el movimiento de mujeres de la época. “Estuve manifestándome al lado de Simone de Beauvoir y la abogada Gisele Halimi en París”, recuerda. Tuvieron que pasar cuatro años más, hasta 1975, para que se legalizara el aborto.

Mariasun Landa ve un hilo invisible entre aquella época con la lucha de las mujeres actual. “Tomar la palabra, transgredir, hablar de lo que hasta ahora no se hablaba, que lo privado también es público, esto último ha sido fundamental para el movimiento feminista, para el movimiento de liberación de las mujeres. El actual Me too es eso también. Es una lucha que no ha conocido fin y que continúa hoy en día”, analiza.

La escritora rememora aquella época con cierta melancolía porque “es un tiempo que ya pasó, que fue nuestra juventud, pero además es un tiempo que no volverá, porque la sociedad ha entrado en otra dinámica”. “A mí me marcó en mi cultura, que es bastante afrancesada, en mi escala de valores, en mi percepción de las relaciones humanas”, señala.

Joxean Agirre (Azpeitia, 1949) llegó en otoño de 1969 para estudiar Sociología en la Universidad de Vincennes. “Para nosotros fue bastante impactante llegar a París y ver aquel ambiente, pasamos el primer año totalmente embobados y en la universidad todavía más, era alucinante”, explica. La universidad respondía a las exigencias del movimiento estudiantil contra la rigidez de la educación, “apertura de la universidad al mundo contemporáneo, mezcla de departamentos, en definitiva, que no fuera todo tan rígido”.

Vincennes funcionó como universidad experimental, “cogías unas asignaturas troncales, pero luego había danza, teatro, estudios feministas, cosas que en aquella época eran muy novedosas;no se hacían exámenes, sino trabajos en grupos pequeños que luego tenían que defender ante el profesor”. El debate era el motor de la enseñanza. Era un ambiente de izquierdas en el que los diferentes grupos y profesores “le daban vueltas y vueltas a las mismas cuestiones”. “Se hablaba continuamente de mayo del 68, era una especie de obsesión. La obsesión era organizar un partido fuerte a la izquierda del Partido Comunista, para ir más allá si se presentaba otra oportunidad”, apunta Agirre. En aquella época, el escritor y periodista guipuzcoano estaba muy interesado en la situación política y por ello “fue una etapa muy importante”. “Nosotros estábamos muy metidos en la vorágine de pensamiento crítico, sobre todo de autores marxistas de todo pelaje. Luego me aburrí y pasé a la literatura. Pero en aquellos momentos, la literatura no me interesaba nada. En esos tiempos, Samuel Beckett solía acudir a una cervecería del barrio latino y se tomaba una cerveza con sus amigos irlandeses. Ahora me hubiera gustado ir allí en vez de tanto marxismo. Claro, no le hubiera saludado, pero estaría mirándole con un embobamiento total. Ahora me parece más interesante Beckett que bastantes profesores que conocí allí”, reconoce.

En una entrevista reciente, el sociólogo Alain Touraine, que en marzo de 1968 tenía como alumnos a Cohn-Bendit y Geisman, aseguraba que “en mayo del 68 inventamos los movimientos sociales”. En la misma línea, según Mariasun Landa, “el espíritu del 68 ha fecundado en la actualidad los movimientos sociales”.

Fechas clave

22 de marzo. Los estudiantes de la Universidad de Nanterre protestan contra las rígidas normas de la universidad.

3 de mayo. La protesta llega al centro de París.

13 de mayo. Los sindicatos convocan una huelga general, se paralizan los transportes, las universidades y los centros de trabajo. Diez millones de trabajadores secundan la convocatoria.

Feminismo

1965. Las francesas alcanzan su “mayoría de edad”: se elimina la ley que exigía a las mujeres el permiso del marido para abrir una cuenta o viajar, entre otras cosas.

1969. Se aprueba la contracepción.

1970. Surge el Movimiento de Liberación Femenina.

1971. Manifiesto de las 343 a favor del aborto libre.

1975. Se legaliza el aborto.

Vincennes

Acuerdo. El Gobierno y los representantes de los estudiantes llegaron a un acuerdo por el que se creó la Universidad de Vincennes.

Objetivo. Respondía a las exigencias del movimiento estudiantil contra la rigidez en la educación.

La Universidad. Abrió sus puertas en enero de 1969, con profesores llegados de todas las universidades del país.





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lunes, 7 de mayo de 2018

Eurokorrika y la Declaración de Quimper

Nos llegan excelentes noticias con respecto a las iniciativas en favor de las lenguas marginales de la homogeneizante y centralista Europa.

Aquí la información vertida por Ahötsa:


Coincidiendo con la Ar Redadeg, la carrera a favor del bretón, nace Eurokorrika, la Red Europea de carreras a favor de las lenguas minorizadas, que de aquí en adelante coordinará acciones comunes basadas en el uso de sus lenguas en sus diferentes redes europeas.

Ar Redadeg es la carrera a favor del bretón que emulando a Korrika, celebra estos días su quinta edición y que ha servido como punto de encuentro de otras iniciativas parecidas a Korrika que se realizan en Europa. Además de compartir experiencias, han formado la red Europea de carreras a favor de las lenguas (Eurokorrika), para avanzar conjuntamente a nivel internacional y se ha dado conocer la Declaración de Quimper en favor de las carreras en favor de las lenguas minorizadas de Europa.

Esta declaración ha sido suscrita por representantes de Korrika, Correlingua (Lengua Gallega), Correllengua (Lengua Catalana), Course Lingua (Lengua Occitana), La Pasem (Lengua Occitana), Redadeg (Lengua Bretona), Ras yr Iaith (Lengua Galesa), Rith (Lengua Irlandesa) y Sprochrenner (Lengua Alemana). Reunidos en la ciudad bretona de Quimper, los representantes de estas carreras han recordando que tanto la Declaración Universal de los Derechos Humanos como el Convenio para la Protección de los Derechos Humanos y de las Libertades Fundamentales del Consejo de Europa "garantizan todos los derechos humanos sin distinción de lengua". Así mismo, recalcan que la propia Unión Europea "se basa en los valores del respeto de la dignidad humana, la libertad, la democracia, la igualdad y los derechos humanos, incluidos los derechos de las personas pertenecientes a minorías, amparándose en la Declaración universal de los derechos lingüísticos.

Los firmantes de esta Declaración de Quimper aplauden el trabajo realizado por la sociedad civil organizada en las comunidades lingüísticas minorizadas de Europa "con el fin de transmitir sus lenguas a las generaciones futuras para un desarrollo humano y social sostenible". Es por ello que en esta Declaración invitan a todas las comunidades lingüísticas minorizadas de Europa a adoptar dicha iniciativa para apoyar la diversidad y la riqueza de sus lenguas "que pertenecen, en pie de igualdad con todas las lenguas del mundo, al patrimonio inestimable de la humanidad, y son testimonio de las múltiples identidades portadoras de significado y herramientas de desarrollo".

La Declaración abre la puerta a un trabajo en común y a crear acciones comunes "basadas en el uso de sus lenguas en sus diferentes redes europeas, más allá de las fronteras, por una Europa democrática y solidaria, de los pueblos, las lenguas y las culturas". Para ello crearán una red para compartir sus experiencias, fortalecer sus relaciones, promover sus acciones, ayudar en nuevos proyectos y llevar a cabo conjuntamente eventos populares "que valoricen sus lenguas en la vida social, cultural y económica".






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martes, 29 de noviembre de 2011

Mapas y Territorialidad

Por correo electrónico nos han hecho llegar este texto y el enlace a un video relacionado:


Mapas para una nación
Jose Mari Esparza Zabalegi
Hay libros que se publican con cierta malicia, pensando en la cara de ganso que pondrán algunos cuando lo ojeen. En 1992, el fundador de UPN, Jesús Aizpún exponía así el tema central de su ideario: “Sabino Arana inventó el término de Euskalerria, que pronto se acortó en Euzkadi”. Gansada monumental que, sobre todo a partir del año 2000, encontró eco inusitado en el rebaño político y mediático español: “Euskal Herria es una farsa”, dijo Aznar; “No existe” replicó Rajoy; “Es una entelequia” repitieron todos. Y del dicho al hecho: “Hay que perseguir y castigar a los colegios que enseñen la historia de Euskal Herria integrando a Navarra”, amenazó Miguel Sanz en 2003. Zapatero le secundó y en 2008 dio “dos meses para retirar el término Euskal Herria del currículum escolar vasco”. En 2011, el Tribunal Superior de Justicia de Navarra declaró ilegales los libros de texto en euskera que contenían la palabra Euskal Herria. Para entonces, el mapa del tiempo ya había sido retirado de la televisión vasca. Se había decidido borrar nuestro mapa del mapa.
Nadie se atrevería a sostener que Occitania o Kurdistán no existen porque no son estados. Sólo aquí osan negar la existencia de un territorio definido y documentado desde el siglo XVI, mejor incluso que esa España que menguaba o medraba según lo que arramplaban o perdían en cada guerra sus generales. Todas nuestras instituciones, prensa, escritores y artistas de todas las épocas, viajeros y enciclopedias de todo el mundo, han utilizado la expresión, con similar descripción y siete territorios que utilizara el navarro Axular en 1643.
La cantidad de testimonios es tal que a uno le asalta la sensación de perder el tiempo en una gran perogrullada. Pero al cabo te das cuenta de que siempre es igual, que nuestra lucha consiste en demostrar, una y otra vez, lo evidente.
A esto que llamo “cartografía oral” le faltaba un complemento gráfico. “Echemos una mirada al mapa, ya que los mapas, como los rostros, llevan la firma de la historia”, nos recuerda Will Durant. Todos conocíamos la Carte des sept provinces basques, el mapa de Bonaparte editado en 1863, pero precisamente su excepcionalidad hacía pensar que quizás los mapas de las cuatro o las siete provincias juntas era algo posterior al aranismo, lo que de alguna manera daba argumentos a quienes sostienen que nos estamos inventando una nación. 
Era preciso echar un vistazo que nos sacara de dudas, por diferentes archivos y cartotecas. Y a fe que el resultado ha sido espectacular: hallar más de cien mapas ajenos al nacionalismo vasco, la mayoría anteriores al mismo, realizados por cartógrafos europeos, es relevante para un país sin Estado. Hay estados europeos con menos.
Desde el siglo XVI aparecen mapas que unen los territorios del norte y sur de los Pirineos, o el Reino de Navarra con sus antiguos territorios orientales. “La Biscaye et le Royaune de Navarre”, con sus escudos unidos, atrajeron la atención de cartógrafos europeos hasta el siglo XVIII. Del siglo XIX hay recogidos más de 50 mapas diferentes, lo que supone uno cada dos años, buena parte de ellos realizados por militares españoles. El eco europeo de las sublevaciones vascas y el desarrollo de los estudios europeos sobre antropología y lingüística atrajeron a científicos que nos dejaron verdaderas joyas cartográficas. Curiosamente, el primer mapa moderno de las siete provincias se lo debemos al Atlas Nacional de España, hecho por Doufour en 1834. La meticulosa y espectacular cartografía alemana nunca dudó que los vascos abarcaban del Adour al Ebro. 
En 1893, Sabino Arana dio inicio al nacionalismo vasco moderno. Para entonces, diga lo que diga el hegemonismo español, Euskal Herria ya tenía su cartografía y los clásicos habían pergeñado por escrito los límites de este país. Una vez dedicado el nacionalismo a propagar su iconografía, la cartografía y la producción literaria siguieron su curso, según sus propios códigos, tradiciones e inercias. Nadie podrá sostener que cuando en 1905 se inició la Enciclopedia Universal Ilustrada Europeo Americana, el Espasa-Calpe, obra magna del idioma castellano, incluyera el mapa de Euskal Herria (vigente todavía en la edición de 1994) por presiones nacionalistas. Y que lo mismo hiciera la Larousse, la Encyclopedia Britannica o la The Columbia Encyclopedia. 
Tampoco se editaron en batzokis los grandes diccionarios y geografías españolas y europeas que seguían definiendo el país de los vascos como un conjunto de siete territorios. Ni era nacionalista el “Comité de Iniciativa, propaganda y Turismo de Navarra”, que en los años 40 publicó el “Mapa de Carreteras del País Vasco-Navarro”. Ni era abertzale Pío Baroja cuando editó en 1955 su mapa y su libro El País Vasco explicando el Zazpiak bat. Tampoco eran separatistas las cajas y bancos que hasta los inicios de la transición editaron mapas de las cuatro y de las siete provincias. 
Ahora, Euskal Herria ya tiene editado su primer Atlas y cientos de testimonios que la acreditan y delimitan. Ya lo sabíamos, pero como cuando de chavales coleccionábamos cromos de películas como Ben-Hur, que conocíamos de sobra, así hemos tenido que ir coleccionando mapas y testimonios que, al final, nos han mostrado lo que ya sabíamos. Más vale que, como los chavales, hemos disfrutado haciéndolo.

El video:

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