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domingo, 18 de enero de 2026

Parafernalia Obrera de los '70

Desde las páginas de Naiz traemos a ustedes este reportaje acerca de una etapa muy particular para la clase obrera en Nafarroa.

Adelante con la lectura:


La memoria gráfica de la ORT, reflejo del momento de la izquierda en los 70

La memoria gráfica de la Organización Revolucionaria de Trabajadores se puede conocer de primera mano en la exposición que, hasta el 25 de enero y organizada por la UPNA, acoge la Sala Pinaquy, en el antiguo edificio de las Salesas de Iruñea. Es el reflejo del momento de la izquierda en los años 70.

Pello Guerra

Hasta el 25 de enero, la Sala Pinaquy, en el antiguo edificio de las Salesas de Iruñea, acoge una exposición que muestra la memoria gráfica de la Organización Revolucionaria de Trabajadores, preservada por Fortunato Díaz Elcano, diseñador de carteles de la ORT, que la donó al Archivo de la UPNA. Es una muestra que ofrece al público en general el reflejo del momento de la izquierda en los años 70.

El destino ha querido que la antigua iglesia del convento iruindarra acoja una exposición en la que la estrella roja, la hoz y el martillo están omnipresentes. Ese era el símbolo de la ORT, un partido de orientación marxista-leninista y seguidor del Pensamiento Mao Zedong.

Por ese motivo, también se puede ver en el desacralizado templo imágenes en principio tan fuera de ese lugar en otra época como calendarios con el retrato de Marx, Engels, Lenin, Stalin y el propio Mao.

Son los nuevos tiempos de una iglesia reconvertida en salón de actos que actualmente muestra de una manera muy gráfica el reflejo del momento histórico que vivió la izquierda en Hego Euskal Herria en los años 70, en los que la ORT alcanzó un notable arraigo, especialmente en Nafarroa.

La ORT surgió a partir de Acción Sindical de Trabajadores, que trabajó esos años dentro de las áreas de influencia de los movimientos apostólicos católicos. Pero la irrupción de Mayo del 68 y el crecimiento de la lucha antifranquista hicieron que la AST evolucionara hacia el maoísmo y acabara transformándose en un partido político revolucionario.

Con una presencia significativa en Iruñea, la ORT impulsó las primeras Comisiones Obreras y dirigió las movilizaciones obreras al contar con militantes en las fábricas más importantes del cinturón industrial de la capital navarra.

Esa circunstancia le permitió dirigir movilizaciones sociales de amplia repercusión, como la huelga de Eaton de comienzos de 1971, la huelga general en apoyo de Motor Ibérica en junio de 1973 o el encierro de la mina de Potasas de enero de 1975 y las movilizaciones que la rodearon. En 1976, decidió abandonar CCOO para fundar su propia central, el Sindicato Unitario.

Las pegatinas y los carteles que integran la exposición permiten ir conociendo la evolución que llevó la ORT en esos decisivos años y en los que destaca 1977, cuando alcanzó su mayor nivel de militancia.

«El voto útil para el pueblo»

En las primeras elecciones tras la dictadura, la ORT no fue legalizada y se vio obligada a concurrir como Agrupación Electoral de Trabajadores. Su campaña fue intensa y llegó a llenar la plaza de toros de Iruñea con un mitin de 20.000 asistentes.

En la exposición aparecen los carteles con los candidatos de esa agrupación por Araba, Bizkaia, Gipuzkoa y Nafarroa, bajo el lema ‘El voto útil para el pueblo. La candidatura de la clase obrera que defiende los intereses de todo el pueblo’, con un fondo rojo, como no podía ser de otra forma.

Los resultados fueron notables, pero la AET no consiguió representación parlamentaria y a partir de ese momento, comenzó un retroceso del movimiento obrero tras los Pactos de la Moncloa. Además, empezó a tener la competencia de formaciones políticas nacionalistas vascas que le disputaron con éxito la influencia que tenía entre los trabajadores.

En esa época y como se recoge en los carteles, la ORT abogó por un Estatuto de Autonomía vasco en el que estuvieran integrados los cuatro herrialdes, pero también se posicionó a favor de la Constitución española de 1978, una decisión controvertida.

Sobre esta cuestión, en la exposición figura un cartel en castellano y euskara con el interrogante central «¿Por qué y para qué la Constitución?», acompañado de las respuestas «Derechos de los trabajadores, de huelga, de sindicación...», además de «Estatuto, Policía Autónoma, castigo a los culpables...».

Otra decisión que generó polémica fueron sus vínculos con UNAI, la Unión Navarra de Izquierdas. Bajo esas siglas se quería crear una candidatura unitaria que «recogiera a todo el espectro rupturista» del momento, según señalan los historiadores Imanol Satrustegi e Iñigo Pérez Ochoa en un trabajo sobre esta iniciativa. Pero solo llegaron a un acuerdo EMK y el grupo de concejales sociales vinculados a la HOAC.

En las elecciones de 1977, la candidatura de esta formación estuvo encabezada por Javier Erice, exalcalde de Iruñea, y que se quedó fuera del Parlamento a solo 500 votos de obtener escaño.

En 1978 se incorporaron la OIC y la ORT, que en diciembre de ese año, «legalizó unilateralmente las siglas de UNAI provocando la ruptura de la coalición, que ya por aquel entonces, llevaba arrastrando desencuentros en su seno».

«Todos unidos frente a la derecha» con UNAI

De esa coalición se pueden ver en la exposición varios carteles en los que se instaba a votar a UNAI «en el Parlamento Foral y Ayuntamientos, todos unidos frente a la derecha». Incluso se organizó una fiesta popular en la Ciudad Deportiva Amaya de Iruñea bajo el lema «Navarra unida en una democracia en paz», con actuación, entre otros, de «Fermín Valencia, Voces Navarras, Lagunak (teatro), Batasuna», junto a joteros, canción popular vasca y un gran baile con la orquesta Lema.

Pero los malos resultados obtenidos en los comicios de 1979 llevaron a la ORT a iniciar un rápido proceso de fusión con otro partido maoísta, el Partido del Trabajo de España (PTE), del que surgió el Partido de los Trabajadores, que fue promocionado en un cartel bajo el eslogan «Nuestra unión hace la fuerza». Sin embargo, aquel proyecto finalmente fracasó y apenas hubo actividad. Y de esta manera se llegó a la última octavilla del partido, que se repartió el 1 de mayo de 1981.

Así finaliza un recorrido gráfico por la algo más de una década de historia de la ORT, que se completa con un par de vitrinas en las que se muestra el variado ‘merchandising’ de la citada organización, con llaveros, mecheros, carteras, pins y calendarios. También figuran carnets de la ORT y del Sindicato Unitario, junto a fotografías en las que se puede ver a Fermin Balentzia con su inseparable guitarra en plena actuación.

En otra vitrina aparecen elementos de la multicopista llamada popularmente ‘vietnamita’, ademas de ejemplares de los periódicos ‘En Lucha’ y ‘Abenduak 11’.

Un conjunto de piezas que integran este particular viaje gráfico, que se puede conocer de primera mano visitando la exposición de la Sala Pinaquy, en la calle San Francisco, 5, de Iruñea, en horario de martes a viernes, de 18 a 20.30 horas; el sábado, de 11 a 13.30 y de 18 a 20.30 horas, y el domingo, de 11 a 13.30 horas.




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sábado, 13 de diciembre de 2025

Egaña | Frantz Fanon y la Descolonización

Este texto que Iñaki Egaña dedica a la corta pero trascendente trayectoria de Frantz Fanon nos ayudará a enteder a personajes tan nefastos como al sociata Eneko Andueza y su disonancia cognitiva así como al jeltzale Bingen Zupiria y su apuesta por dotar con completa impunidad a la Ertzaintza.

Aquí lo traemos a ustedes desde su página en Facebook:


Frantz Fanon y la descolonización

Iñaki Egaña

En el centenario del nacimiento de Frantz Fanon, los foros y recuerdos a su breve aportación ideológica y práctica a las luchas de liberación -murió de leucemia con 36 años- han inundado los foros del Sur Global, con escasa relevancia en Occidente, heredera de la metrópoli supremacista que diseñó un planeta a su medida expoliadora. Europa era civilización y el resto salvajismo o barbarie. Fanon fue una de las referencias de nuevo cuño no exclusivamente marxista, como Che Guevara, Patrice Lumumba, Ho Chi Min, Amílcar Cabral o Nelson Mandela que renovaron el pensamiento revolucionario, introduciendo nuevos conceptos, en particular el de la descolonización y una trayectoria hasta nuestros días que ha derivado en un neologismo: decolonización. Un término que tiene que ver no solamente con la ruptura a la subordinación de la metrópoli, sino también con la superación del legado eurocentrista, soportado por mecanismos culturales, sociales, de género, artísticos, universitarios… Una desvinculación de las jerarquías impuestas históricamente por las elites occidentales que afectan tanto al Sur como a las sociedades secundarias del Norte Global.

Fanon, nacido Martinica (aún hoy integrada República francesa), de origen afrocaribeño, combatió al nazismo en la Segunda Guerra mundial resultando herido, con posterioridad fue candidato comunista a las legislativas francesas y concluyó sus estudios de psiquiatría en Lyon. Sus primeros trabajos ya estuvieron relacionados con los trastornos mentales, lingüísticos, físicos y sexuales causados por la violencia colonial. Para Fanon, la colonización, sustentada en el racismo, transportaba al colonizado a su despersonalización y a convertirse en un ser "infantilizado, oprimido, rechazado, deshumanizado, aculturado, alienado". Trabajó desde 1953 en un hospital mental argelino, pero con la guerra de liberación fue expulsado y residió en Túnez, donde formó parte de los órganos directivos del FLN. Renunció a su nacionalidad francesa y cambió su nombre por el de Ibrahim Omar Fanon. Murió unos meses antes de la independencia de Argelia.

En la década de 1960, la influencia de Fanon en Euskal Herria fue colosal en la izquierda revolucionaria independentista, apenas perceptible en su homónima revolucionaria vasca que consideraba la lucha de clases una cuestión estatal y en otros casos universal, siguiendo la tendencia que descolonización era una cuestión únicamente en liza en los entonces llamados pueblos del “Tercer Mundo”. La paradoja de esa influencia estaba en el hecho de que en la biblioteca de Fanon, donada por sus herederos y en la actualidad en Argel, contenía 1.400 libros de los que únicamente dos tenían referencia vasca y ambos con relación a la psiquiatría. El primero de Julián Ajuriaguerra, hermano del presidente del PNV durante el franquismo, y el segundo la tesis doctoral de Luis Martín-Santos, también psiquiatra y militante del PSOE en clandestinidad. Aunque la influencia de Fanon en Euskal Herria fue notoria en la renovación del corpus ideológico revolucionario, en especial de ETA, su conocimiento aparente de nuestro país era escaso.

Contaba en cierta ocasión Peixoto que a los militantes que ingresaban en ETA les entregaban dos libros para su formación. Uno era “Vasconia”, de Federico Krutwig y el otro “Los condenados de la tierra” de Fanon, que apareció en Paris en 1961 (en su versión en castellano en México en 1963 y tras levantarse su prohibición en el Estado español por la editorial Txalaparta) y prologado por Jean Paul Sartre quien a su vez haría la introducción de “El Proceso de Burgos” de Gisèle Halimi, ya en 1970. El contacto, a través del exilio, con gentes que habían participado en el gran debate que dividió a la metrópoli, y que destapó el corcho para las esencias más reaccionarias y chauvinistas francesas con motivo de la descolonización de Argelia, fue un suceso clave como referencia para aquellos militantes de la organización armada. Al igual que Mao Zedong que había calificado a los peones del imperialismo como "tigres de papel", Fanon declaraba que la utopía estaba al alcance de la mano.

La primera aportación teórica importante de Fanon, en el caso vasco, se refería al carácter de Europa y a la suposición de ser cuna civilizatoria y el centro magnético sobre el que giraba el globo terrestre. Alejándose de algunas de las líneas maestras del marxismo, afirmaba que la liberación nacional sin transición era posible. Esta, obviamente no era la situación socio-económica de Hego Euskal Herria, con una oligarquía vasca alrededor de Neguri como motor del "milagro" franquista. Pero la simple renovación de la teoría insurreccional sirvió como referencia innovadora.

La segunda aportación, ya presente en Lin Piao, Mao o el Che tenía su foco en la violencia como método revolucionario indispensable para la emancipación. Las fórmulas de resistencia pacífica se mostraban como ineficaces y en la mayoría de las ocasiones asumidas por los Estados coloniales. Fanon decía al respecto: "La descolonización es siempre un fenómeno violento". Y esa contribución fue notoria en numerosas publicaciones de ETA, entre ellas “Carta a los intelectuales” (“Euskadi no necesita una Revolución-Política o una Revolución-Económica sino una Revolución Integral. Una revolución que afecte al arte, a la cultura, a la filosofía e incluso a la escala de valores de la sociedad”) o “La insurrección en Euskadi”. Una tercera se ocupaba de las actitud de los colonizados, los llamados “Tío Tom” en EEUU (la crítica en el caso vasco a la inoperancia jeltzale). Y una cuarta referida veladamente a la concepción leninista del partido como vanguardia de la revolución, sin renegar de la organización: "la noción de partido es una noción importada de la metrópoli". Apostaba por un frente. En 2017, siguiendo una estela ya no tan paradójica, Mireille Mendès, Fanon de soltera e hija de Frantz Fanon, se convirtió en una artesana de la paz más en el proceso vasco, asistiendo al acto final de desarme de ETA en Baiona.

 

 

 

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lunes, 10 de noviembre de 2025

La Pasionaria y el Antifascismo

Continuamos con la cobertura que Público está haciendo del material fílmico de la Revolución Española centrándonos en lo que respecta a Euskal Herria con este recuento acerca de las acciones de Dolores Ibarruri Gómez, nacida en Bizkaia, conocida en la lucha de izquierda como La Pasionaria.

Adelante con la lectura:


Pasionaria, madre del antifascismo

Durante la Guerra de España, Dolores se convirtió en emblema de la defensa republicana. La ‘Juana de Arco comunista’, tal y como es presentada en una película de la Corporación Hearst, pide en una visita a Francia apoyo militar para la República.

Noelia Adánez

De negro siempre. El negro evoca modestia, severidad, luto. Dolores, mujer, camarada y madre, carga consigo una estudiada iconografía. Se sabe imagen y sabe que las palabras que pronuncia cobran una fuerza mayor porque es de su persona de la que emanan. 

Está esperando. Dolores se impacienta y juega a deshacer un ramito de florecillas silvestres que, antes de tomar asiento, le habrá regalado un camarada. Dolores está muy cansada. 

“La lucha por el pueblo español es la lucha por la paz, es la lucha por la libertad, es la lucha por la democracia”. Todo es lucha en la vida de Dolores Ibárruri, Pasionaria.

Cuando durante la guerra de España Dolores Ibárruri viaja a Francia para pedir apoyo militar, para demandar un respaldo activo a la República española, el personaje Pasionaria tiene ya más de tres lustros de vida. En 1918, Dolores firma su primer artículo con ese seudónimo. Lo titula “La hipocresía religiosa” y se publica durante la Semana Santa en El Minero de Vizcaya. 

La hija de minero hubiera querido ser maestra y como no pudo, siguió leyendo por su cuenta. En la Casa del Pueblo de Muskiz leyó prensa obrera y con toda seguridad obras de referencia como el Manifiesto Comunista. Quién sabe si también se asomó con timidez y reverencia a algunas páginas de El Capital. 

La lucha de Dolores

Aquellas lecturas y aquellas experiencias, contribuyeron a decantar la lucha de Dolores hacia el comunismo como una vía distinta al anarquismo y al socialismo en el que ella, junto a quien era su marido desde 1916, había comenzado a militar.

Dolores y Julián Ruíz participaron en la fundación del PCE en 1921, pero Dolores se trasladó sola a Madrid diez años después para trabajar en la redacción de Mundo Obrero. Por el camino, se quedó el padre de sus hijos, de quien se separó, y provisionalmente, Rubén y Amaya. De los seis hijos que Dolores parió murieron cuatro. Alguna tuvo que ser enterrada en un féretro improvisado en un cajón de conservas. Cuatro criaturas muertas y un quinto, Rubén, que perdió la vida con 22 años, en 1942 en la batalla de Stalingrado, el mismo año en el que Dolores es nombrada secretaria general del PCE. Entonces, su pelo oscuro se emblanqueció.

Pasionaria recibió condolencias de multitud de personas, algunas anónimas y otras conocidas. En respuesta a la carta de uno de los principales dirigentes de la Komintern, la hija de mineros, la vizcaína recia acostumbrada a las mayores privaciones y los peores sufrimientos, la camarada que ha conocido la cárcel, la crudeza de la guerra y la desgracia del exilio, se quiebra:

“La muerte de Rubén es el golpe más doloroso que podía recibir. Y aunque hago esfuerzos por sobreponerme, el dolor es más fuerte que mi voluntad. ¡Mi hijo era mi ilusión y ya no le tengo! Parece como si con él se hubiera ido la fuerza que me hacía vivir”.

Pero Dolores continuó viviendo cuarenta y siete años más: otra vida entera. Murió en 1989, tres días después de la caída del Muro de Berlín. Su exilio había terminado en 1977 cuando volvimos a ver “a Dolores caminar por las calles de Madrid”, como cantó Ana Belén.

Su regreso se convirtió en uno más de los tantos capítulos que jalonaron el relato amable de la Transición como un proceso de reconciliación nacional, bajo el que se ocultaron el coste humano y político del exilio, de la represión y de la violencia desatada por el franquismo, un régimen inclemente de vocación totalitaria. Durante el exilio, Pasionaria asumió la crítica a Stalin, dimitió como secretaria de su partido para pasar a detentar un cargo honorífico como presidenta en 1960 y, aunque se alineó con la ortodoxia de Moscú, fue tajante en la condena a la invasión de Checoslovaquia en 1968.

Radio España Independiente

En la Unión Soviética Dolores se encargó de poner en marcha Radio España Independiente, Estación Pirenaica y, como parte de este proyecto, escribió los diálogos de una sección titulada “Ventana a ventana” en la que dos vecinas comentaban la realidad política española sin censura. La Pirenaica fue la voz de la resistencia antifranquista, que los comunistas lograron mantener con vida hasta 1977. Secciones como aquella en la que dos comadres conversaban, antecedieron importantes iniciativas de signo marcadamente feminista, como la que dirigía Pilar Aragón (Josefina López Sanmartín) -la Elena Francis del antifranquismo- quien locutaba la “Página de la mujer”.

La voz de “la Pili”, que oficiaba de amiga en su respuesta a las cartas que recibía, a diferencia de Elena Francis, que siempre respondía desde la posición tutelar propia de una “madre”, imprimió en los españoles que escuchaban La Pirenaica, una huella tan profunda como la que había dejado el “¡No pasarán!” que Dolores Ibárruri pronunció por Unión Radio el 19 de julio de 1936. La “madre” del antifranquismo en España estaba en las antípodas de la “madre” Francis; era caudal político, palabra que emplazaba al combate, igualitarismo democrático, libertad y resistencia.

Durante la Guerra de España Dolores se convirtió en emblema de la defensa republicana. Ya se había significado como diputada, pero tras el golpe, el Partido Comunista llevará a cabo un esfuerzo consciente y constante para convertirla en un símbolo que el tiempo elevará a la categoría de mito.

Dolores se comprometió activamente con los milicianos y soldados republicanos, de quienes intentó estar tan cerca como le permitieron las circunstancias. Su fortaleza moral y su proximidad comenzaron a dotarla de un aura casi taumatúrgica. En el Partido recibían cartas de gentes que le solicitaban su intercesión para la resolución de toda clase de problemas. Sus viajes y sus esfuerzos para conseguir el apoyo internacional a la causa republicana, hicieron que su figura alcanzara una proyección aún mayor.

Sus llamamientos a la unidad de todos los republicanos, su defensa de la democracia frente a los golpistas y al fascismo, eran también una interpelación a la comunidad internacional para evitar lo que terminó ocurriendo: España se convirtió en el ensayo general de la Segunda Guerra Mundial. En su célebre discurso de septiembre de 1936, pronunciado en el Velódromo de invierno de París, Dolores dice:

“Y sin ninguna vacilación, unidos en el mismo sentimiento y con la misma decisión de cerrar el paso al fascismo y defender la República y la democracia, comunistas, socialistas, republicanos, anarcosindicalistas y nacionalistas vascos, nos lanzamos a la lucha dispuestos a toda clase de sacrificios, porque no ignorábamos lo que el fascismo representa y de lo que es capaz la reacción española. (...) Consciente de lo que nuestra lucha significa, el pueblo español prefiere morir de pie a vivir de rodillas.

Al lado de los rebeldes, apoyándolos en su agresión contra la República y contra el pueblo, participan fuerzas fascistas extranjeras, cuyos aviones bombardean las abiertas ciudades españolas.”.

Dolores se desgañita: “Y no olvidéis, y que nadie olvide, que si hoy nos toca a nosotros resistir a la agresión fascista, la lucha no termina en España. Hoy somos nosotros; pero si se deja que el pueblo español sea aplastado, seréis vosotros, será toda Europa la que se verá obligada a hacer frente a la agresión y a la guerra.”

El discurso del Velódromo de invierno es trágicamente premonitorio de lo que ocurrió entre 1939 y 1945. La inacción de Francia y del Reino Unido, la insuficiencia de la ayuda soviética y la intervención de Alemania e Italia en favor del bando sublevado, marcan el curso de los acontecimientos. Cuando las fuerzas republicanas pierdan la guerra de España, el destino de Europa habrá quedado al albur del fascismo.

Ochenta años después de concluída la Segunda Guerra Mundial, la ofensiva ultra, la antidemocracia y la reacción vuelven a amenazar la convivencia y los frágiles consensos que en las últimas décadas han dejado espacio a los discursos de izquierdas. Ahora, como entonces, la justicia social es menos una realidad que una conjetura; ahora, como entonces, las mujeres estamos destinadas a jugar un papel determinante en la contención de la reacción ultra. No pasarán. 

 

 

 

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domingo, 12 de octubre de 2025

«Nada que Celebrar»

La izquierda vasca vuelve a dejar constancia de su postura frente a la fiesta nacional española: no hay absolutamente nada que celebrar.

Con ello, el pueblo vasco se pone en sintonía con los pueblos de América que han resignificado el 12 de octubre, distanciándose de celebraciones que van desde lo cínico y hasta lo anodino, como el Día de la Raza o el Encuentro de Dos Culturas.

Aquí lo que nos informa Naiz:


EH Bildu destaca que Euskal Herria «no tiene nada que celebrar» el 12 de octubre

«Este no es un día de encuentro ni de mestizaje, sino de opresión, colonialismo y negación de los pueblos», ha destacado Arkaitz Rodríguez, secretario de Acción Política de EH Bildu, en un comunicado en el que subraya que Euskal Herria «no tiene nada que celebrar» el 12 de octubre.

El secretario de Acción Política de EH Bildu, Arkaitz Rodríguez, ha afirmado en el Día de la Hispanidad que Euskal Herria no tiene «nada que celebrar». «Este no es un día de encuentro ni de mestizaje, sino de opresión, colonialismo y negación de los pueblos. Lo que conmemora el Estado español es un proyecto nacional de carácter supremacista que niega la existencia de otras naciones como la vasca y desprecia nuestras lenguas, culturas e identidades», ha denunciado.

En un comunicado, Rodríguez ha reivindicado un «proyecto vasco abierto, frente al proyecto retrógrado español», y ha hecho un llamamiento a llenar las calles de Bilbo el próximo 22 de noviembre en favor de «una república vasca de libres e iguales».

Frente a ese modelo «impuesto y uniformador», ha reclamado «una Euskal Herria libre, inclusiva y diversa; un proyecto nacional que afirma con claridad que vasca o vasco es toda persona que vive y trabaja en este país; un país que se quiere solidario, abierto y respetuoso con el resto de pueblos, lenguas y culturas del mundo». «Frente a una monarquía corrupta y autoritaria, reivindicamos una república vasca de personas libres e iguales», ha insistido.

Cita el 22 de noviembre en Bilbo

Por ello, ha subrayado que el próximo 22 de noviembre en Bilbo «decenas de miles de abertzales, socialistas, independentistas, feministas y euskaltzales van a movilizarse para dejar claro que hay una mayoría que apuesta por un futuro democrático, justo y libre. Para decir que no somos ni franceses ni españoles: somos vascas y vascos, y estamos profundamente orgullosas y orgullosos de serlo».

Asimismo, ha apuntado que en esa fecha van a mandar un mensaje «muy claro» a los que «amenazan con laminar el autogobierno, identidad e instituciones». «Ni pudisteis, ni podéis, ni podréis. Euskal Herria es y va a seguir siendo viento de libertad. No ha habido, no hay y no va a haber quien nos pare», ha aseverado.

«Llenaremos la calle Autonomía para reivindicar un país solidario, feminista, abierto, euskaldun, socialista, independentista y respetuoso con el resto de pueblos, lenguas y culturas del mundo», ha concluido.




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lunes, 29 de septiembre de 2025

Dos Siluetas

Les compartimos este excelente editorial que Naiz ha publicado en memoria de las víctimas del terrorismo español Jon Paredes 'Txiki' y Ánjel Otaegi:


Txiki y Otaegi, dos siluetas que revelan los senderos de la lucha colectiva por la libertad 

Hay momentos en la historia de las naciones en los que sobre los hombros de unas pocas personas recae todo el peso de las ambiciones colectivas. En contextos de opresión, tanto por lo que hicieron ellos y ellas como por lo que les hicieron, esas personas se convierten en símbolos que concentran valores, deseos y tragedias muy por encima de los que una persona puede sobrellevar. 

En ese sentido, Txiki y Otaegi condensan el signo de los tiempos que les tocó vivir. En 1975 confluyen, por un lado, la decadencia adaptativa del régimen franquista y, por otro, la efervescente lucha por la independencia y el socialismo de Euskal Herria. Los militantes vascos son hijos e hijas de esa confrontación, igual que los gudaris del 36 lo fueron del bombardeo de Gernika. Negar ese legado común y reescribir la historia en pedazos adaptados a relatos de parte o a intereses partidistas es un error histórico y político. Y una terrible injusticia para con aquellos jóvenes. 

El testamento de Txiki, que GARA ha recuperado estos días, refleja una serenidad, una convicción y una madurez impresionantes para alguien de su edad, y para cualquier persona condenada a muerte. Ese testimonio lo vincula con los militantes de las luchas por la liberación nacional de la época, desde los rebeldes del Moncada hasta Patrice Lumumba. También con la recientemente fallecida Assata Shakur.

Por sus orígenes extremeños y por su militancia en ETA, Jon Paredes Manot encarnaba como nadie la definición de pueblo trabajador y de ciudadanía vasca que sintetizó José Miguel Beñarán Argala. Dinamitaba el dogma sobre el racismo intrínseco del proyecto nacional vasco. Eso, junto a la épica desplegada cuando él y Anjel Otaegi fueron fusilados, en medio de una fuerte represión y de grandes protestas en todo el mundo, los convirtió en el símbolo que son. 

Siguiendo con el testamento, no se puede saber qué pensarían aquellos jóvenes de la situación política actual, pero no hay duda sobre lo que demandaban entonces: Estado vasco y socialismo. Los que estaban contra ese pensamiento entonces, también los que renegaron de él después, menosprecian el compromiso de aquellos jóvenes contra la dictadura. Renunciar a esa genealogía de lucha tiene un coste, lo asuman o no. Lo que no pueden pretender es que el resto del país le dé la espalda a quienes más hicieron contra la opresión y en la defensa de Euskal Herria. 

El colmo de la desfachatez es comparar a los militantes de ETA con Melitón Manzanas y Carrero Blanco. En la sociedad vasca, nadie que no tenga un interés particular, una herida personal o que no sea un fascista y un cínico, compra semejante patraña.

Perderán la batalla del relato; su guerra es otra

El intento por imponer ese relato falaz se ha topado con una respuesta popular implacable. Se han reactivado con éxito los mecanismos de autodefensa intelectual y política de la nación vasca. Se ha impulsado la transmisión, el legado de aquella lucha y el orgullo comunitario. Ayer se comprobó en Iruñea.

Ahora bien, esta estrategia tiene otro efecto: se utiliza para bloquear las opciones de cambio político. Por eso representantes de PSOE y PNV se empecinan en distorsionar y negar la legitimidad de la lucha antifranquista, para justificar su interés en que los herederos políticos de aquella lucha, el independentismo de izquierdas, no alcance democráticamente el poder. Claro que ni PNV ni PSOE han tenido empacho en pactar con los herederos de Franco. 

Pueden retrasar ese cambio, pero solo a costa de hipotecar el país. La memoria justa y rigurosa no solo sirve para entender el pasado, sino para proyectar un futuro mejor. En Euskal Herria ese cambio sigue el sendero que marcaron Txiki, Otaegi y el resto de luchadores y luchadoras por la libertad y la justicia.

 

 

 

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viernes, 26 de septiembre de 2025

El Testamento de Txiki

Les compartimos esto que Naiz ha publicado con respecto al testamento elaborado por Jon Paredes Manot en las horas previas a ser asesinado por el españolismo en su vertiente franquista:


«Un Estado vasco, una sociedad sin explotación»; el testamento de Txiki

Son apenas seis folios en papel timbrado notarial, un testamento al uso. Pero no se limita a repartir bienes, sino que contiene un alegato político completo. Lo escribió Jon Paredes ‘Txiki’ en Barcelona, en capilla, horas antes de ser ejecutado. NAIZ ha accedido a él y lo reproduce íntegro.

Estos seis folios rezuman historia, compromiso, también tragedia. Los dictó horas antes de morir, a tenor del texto nada más cruzada su última medianoche, Jon Paredes Manot ‘Txiki’, estando «en capilla» a la espera del pelotón de fusilamiento. Y fue sellado notarialmente tres días después, ya sin vida.

No es el testamento corriente, es un legado histórico. La motivación habitual de un documento de este tipo, el reparto de las propiedades del difunto, se despacha en cuatro líneas: deja toda su ropa y efectos personales a su hermano Mikel e instituye como heredera a su madre, Antonia María Manot. Su aita había fallecido para entonces.

El resto es un alegato político, que según quienes le acompañaban en aquel momento fue expresado por Txiki con entereza absoluta, la de un joven de solo 21 años y medio pero con las ideas muy claras. Entre ellas, que su muerte no sería en vano.

En la mañana de ese día 26, Jon Paredes había trasladado este mensaje también a su abogado Miguel Castells, según ha detallado este mismo en una carta estos días. Habla Txiki:

«Quiere que en este testamento consten las siguientes manifestaciones:

Al Pueblo Vasco:

Una vez más va a derramarse la sangre del pueblo vasco. Probablemente cuando llegue este comunicado al pueblo, yo ya habré caído bajo el pelotón de ejecución.

Mi intención al escribir este comunicado es poner una vez más de relieve el sufrimiento del pueblo vasco y de todos los pueblos de España.

No debemos olvidar nuestros objetivos: la creación de un Estado socialista vasco, objetivo por el cual han dado la vida muchos revolucionarios.

Sois vosotros, la clase trabajadora y el pueblo en general, quienes lleven a cabo la lucha hasta derrocar al régimen franquista. Entonces se habrá cumplido nuestro objetivo y podréis construir una sociedad nueva, sin clases, donde no exista la explotación del hombre por el hombre.

Hoy voy a morir por el simple hecho de luchar por mi pueblo, lo que no es un crimen. Mañana seréis vosotros quienes nos haréis justicia. Confiamos en vosotros.

Por último, quiero hacer saber a mis compañeros y a nuestro pueblo que mientras he estado libre he cumplido como hijo del pueblo.

He pedido como última y única petición que sea fusilado ante un pelotón de fusilamiento como un gudari más, recordando a todos los que han muerto por Euskadi, llevando en la mente nuestra ikurriña, puesto que voy a morir lejos de ella.

Viva la solidaridad de los pueblos.

Gora Euskadi askatuta

Aberria ala hil»











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jueves, 10 de julio de 2025

El Legado de Joxe Azurmendi

Desde Naiz traemos a ustedes este recuento de la vida y obra de Joxe Azurmendi:


Joxe Azurmendi Otaegi, un pensador vasco original y libertario 

José María Aguirre Oraá | Profesor de Filosofía jubilado de la Universidad de La Rioja

Joxe Azurmendi nació en 1941 en Zegama (Gipuzkoa). De joven ingresó en la orden franciscana de Arantzazu, donde se formó en filosofía y en teología. Posteriormente desarrolló su trabajo como profesor universitario en sus primeros años en la EUTG de Deusto (1978-1981) y posteriormente en la UPV/EHU (1981-2014), donde a partir de 1993 fue nombrado catedrático de Filosofía Moderna. Perteneció desde 1960 al Grupo Jakin, siendo el editor de la colección de libros en euskara Jakin Irakurgaiak, dedicados a la filosofía y al pensamiento. Ha sido también académico de honor de Euskaltzaindia desde su nombramiento en 2010. Asimismo, ha colaborado en la traducción al euskara de obras filosóficas en la editorial Klasikoak. Fue uno de los fundadores de Udako Euskal Unibertsitatea. En 1984 presentó su tesis doctoral sobre José María Arizmendiarrieta, fundador del movimiento cooperativo vasco iniciado en Arrasate-Mondragón. En la tesis defendió que el proyecto de Arizmendiarrieta pretendía conjugar el individuo y la sociedad bajo una organización que uniera el socialismo y el personalismo francés. En una de sus últimas obras, El hombre cooperativo, sigue profundizando en el pensamiento y en la obra del fundador de este movimiento cooperativista de Mondragón (actualmente se designa como Mondragon Corporation).

Su producción filosófica la realizo fundamentalmente en euskara, como una manera de proporcionar conceptos e instrumentos lógicos e intelectuales a una lengua poco desarrollada en este campo. Para él la elección de la lengua es substancial por la relación intrínseca entre lengua y pueblo, incluso el territorio es algo que cobra vida en virtud de la lengua; los ríos y los montes tienen nombre, con esos nombres se aprendieron las viejas leyendas y mitos, todas nuestras experiencias de niñez y juventud. Avanzando en esta perspectiva, considera al pueblo vasco «un pueblo desgarrado por dentro. Por eso cuando se elige una lengua, no se elige solamente entre una lengua u otra. Es una elección por una gente, por un pueblo, para poder recomponer ese desecho. Lo que queremos, básicamente, es una normalización: que la comunidad vasca pueda vivir de nuevo en paz y en colaboración, es decir todos con todos y comprendiéndonos mutuamente. Este es el objetivo de los euskaltzales» (Entrevista a Joxe Azurmendi en "Diario Vasco" del 9 de Noviembre de 2012).

Sus preocupaciones abarcaron el campo de la política, de la reflexión sobre la cultura y de la creación cultural. Incluso ha escrito poesía. Su obra surge y se desarrolla en una época de crisis cultural, política y de valores. Azurmendi entiende la crisis no en su negatividad sino como posibilidad para nuevas oportunidades de pensamiento y de acción. Por ello su pensamiento gira en torno a la defensa de la libertad en todos los ámbitos, pero sobre todo en el terreno de la conciencia y del pensamiento. Consecuentemente trata de pensar y meditar en su obra el modo de vivir en tal situación. Para ello adopta una perspectiva de relatividad que se enfrenta a los últimos vestigios de los dogmatismos a los que tiende una sociedad en crisis. «La proclamación del relativismo es provocativa. [...] Yo no estoy particularmente interesado en ser apóstol del relativismo. Pero como yo vengo de una cultura dogmática [el franquismo], soy alérgico a algunas cosas. La verdad, la razón y la corrección absoluta eran católicos en esa cultura. Ahora he oído que el relativismo postmoderno es la causa de la miseria moral y la pérdida de valores. Se ve que hay una nostalgia de la cultura dogmática, disfrazada con un poco de discurso democrático e iluminado. Esa cultura dogmática tiene al relativismo como su enemigo, por eso yo reclamo este relativismo que es declarado culpable. Pero no es un relativismo absoluto» (Azurmendi J., "Los vascos son argonautas con barcos muy frágiles", Entrevista en "Hegats").

En este sentido, por ejemplo, se muestra crítico fundamentalmente con el Estado moderno al que acusa de ser la nueva iglesia que controla las conciencias. Critica la instrumentalización de la moral y el modo como los políticos, en vez de solucionar los problemas en su ámbito, huyen al terreno de la moral para ocultar sus responsabilidades bajo el manto de unos supuestos principios absolutos. «Por el momento, ¿cuál es el punto de repetir el viejo cuento sobre lo que se está convirtiendo el Estado. Una vez que el análisis crítico amargo de hace algún tiempo (Herbert Marcuse: el hombre unidimensional), las utopías negativas sombrías (Aldous Husley, Georg Orwell y los gritos de protesta (Mayo del 68) se olvidan, y falta el más mínimo sentido de la resistencia en la sociedad civil, la telaraña del poder vuela tranquilamente sobre nuestras cabezas, por todo el lugar. Incluso el vestuario» (Azurmendi J., "Demokratak eta biolentoak").

Hay que destacar su aportación al cuestionamiento de las lecturas canónicas que se han construido sobre distintos temas. Especialmente destacable, gracias a su erudición y formación alemana, es la interpretación que hace sobre la ilustración alemana, cuestionando la aparente oposición entre la ilustración francesa y el romanticismo alemán aportando una nueva perspectiva para pensar los diferentes aspectos que se derivan de dicha oposición. De ese modo, en contra de algunos intelectuales españoles y franceses, defiende que el nacionalismo surge en Francia (Montesquieu, Voltaire, Rousseau, Ernest Renan) y que posteriormente será reinterpretado por los ilustrados y románticos alemanes. De ese modo cuestiona el modo en que se les atribuye un nacionalismo metafísico a autores como Humboldt, Schiller, Herder o Goethe.

En su libro Historia, arraza, nazioa Azurmendi analiza históricamente la evolución del concepto de nación en Renan, uno de sus primeros ideólogos, y en la historia de Francia desde el Renacimiento a la actualidad. A partir de aquí, muestra les falacias del nacionalismo francés, como ya lo hizo con el nacionalismo español en "Espainiaren arimaz" (2006). Los mismos franceses han idealizado y embellecido su nacionalismo, pero el nacionalismo francés es el modelo de los nacionalismos más ofensivos que han existido en Europa. En cierta medida éste es también el modelo del nacionalismo español. Por ello Azurmendi no comparte la perspectiva que acostumbra a elogiar la concepción francesa de nación y a condenar la alemana. Según su planteamiento el nacionalismo que se ha considerado cívico, laico y democrático ha conservado y reforzado la opresión, el colonialismo y el imperialismo durante años y hasta hoy. Con Tzvetan Teodorov distingue entre naciones cívicas y étnicas, la cívica es la criminal, la que provoca guerras. Una nación étnica no ha hecho tanta destrucción como las cívicas. Lo que quiere una nación étnica es su soberanía, desarrollar su cultura, etc. Sin embargo, lo que quiere una nación cívica es imponer sus fronteras, defender su economía, atacar al vecino... Por tanto, el gran peligro y el gran desastre son las naciones que se denominan cívicas, no las étnicas, porque estas no conquistan otros países, ni practican el colonialismo. Pero, ¿por qué tenemos que demostrar que el nacionalismo vasco no es racista? Porque el esquema dominante nos obliga a hacerlo. Pese a admitir que Arana era racista sin duda, Azurmendi señala que también lo era José Ortega y Gasset, pero no se exige al nacionalismo español que demuestre que no es racista en la misma medida en que se le pide al nacionalismo vasco.

La democracia puede ser un logro de la lucha popular, en el caso de la revolución francesa o la independencia de los Estados Unidos. Entonces es el comienzo de la democracia real y el resultado de una lucha [...] «En España se nos ha instaurado la democracia de la misma manera que se instaura una dictadura. Quizás funcionó muy bien en el país acostumbrado a la dictadura, pero no en el País Vasco. No es posible decir «ven aquí porque hemos puesto estos cimientos». No, eso es mentira. Los cimientos de la democracia no están aquí, [...] Puede parecer arrogante, pero cuando llegó la democracia no hubo lucha en Madrid. Esa pelea estuvo aquí y todavía lo está. [...] Una de las cosas que critico de esta democracia es que en estado de polarización las ideas son tan primitivas como en el franquismo. Cualquier pensamiento que lo cuestione se considera violento. Hoy, quien no está de acuerdo con la propaganda oficial, que dice «quien no condena es un asesino», es inmediatamente identificado en la acera. Revela que todavía estamos en el pueblo de la Inquisición» (Azurmendi J., Entrevista en la revista "Elkarri").

Una parte importante de su obra la ha dedicado a la recuperación y reinterpretación de pensadores vascos. Hay que destacar sus estudios sobre Jon Mirande, Orixe, Unamuno... Por ello es un autor que ha meditado desde y para la cultura vasca. En 1992 publicó "Espainolak eta euskaldunak", una obra muy conocida y debatida. La escribió como reacción a un texto de Sánchez-Albornoz que reza así: «Los vascos son los últimos que se han civilizado en España; tienen mil años menos de civilización que cualquier otro pueblo... Son gentes rudas, sencillas, que además se creen hijos de Dios y herederos de su gloria. Y no son más que unos españoles sin romanizar». En esa obra Joxe Azurmendi refuta los tópicos sobre los vascos de ciertos intelectuales españoles, que afirman que éstos no fueron romanizados, que el vascuence es una lengua inculta, etc., tópicos creados sobre todo en los siglos XVI y XVII y su cimentación en la Edad Media, Renacimiento, Imperio (de Austrias y Borbones), Edad Moderna. Joxe Azurmendi se considera influenciado por los autores vascos de la posguerra, por ejemplo, en cuestiones como la del lenguaje. En ese ámbito ha investigado, también, a autores como Heidegger, Wittgenstein, George Steiner o Humboldt. Por todo ello, que su vasta obra la haya producido en euskara guarda plena coherencia con su pensamiento, ya que busca desarrollar un pensamiento y reflexiones en una lengua que necesita espacio y configuración.

Fruto de su ingente labor investigadora es la obra Pentsamenduaren historia Euskal Herrian. Eskolaren eta gogoetaren lana gizaldiz gizaldi. En ella Azurmendi estudia a pensadores vascos y escuelas que abarcan desde la Edad Media hasta los inicios del siglo XX. Porque existe un pensamiento vasco desconocido y esta obra viene a llenar un importante vacío. Se trata en definitiva de una enciclopedia del pensamiento vasco durante los últimos quince siglos. «Azurmendi expone el germen de una historia sistemática de la producción intelectual vasca, que abarca a varios centenares de pensadores y escritores, dispersos en todas las ramas del saber: la filosofía, la política, la ciencia, la técnica, la historia, el derecho, el arte, la sociedad, la medicina, la economía, la literatura, la religión..., poniendo particular énfasis en los contextos históricos, sociales y culturales que corresponden a su producción. Azurmendi nos muestra que los vascos somos absolutamente normales, con vicios y virtudes similares a los demás. Por consiguiente, nos transmite lo siguiente: no es posible imaginar un futuro que sea «nuestro» −con todo lo que ello supone− desconociendo lo que ha sido «nuestro» hasta el presente».

Algunos de los temas que Azurmendi desarrolla profundamente en sus ensayos aparecieron por primera vez en su poesía juvenil. Azurmendi se sitúa dentro de la poesía vasca de los años 60, una poesía que muestra la lucha contra la tradición, la vieja fe y las certezas dogmáticas:

«Pero deseamos ser libres,/ ¿es culpa mía?/ Intentaron regalarnos un árbol de Gernika,/ un falso cheque en blanco,/ como si el deseo de ser libres fuera un pecado,/ pero a pesar de eso, nosotros, sencillamente, deseamos ser libres./ Eso es lo que queremos, eso es todo./ Este es el último engaño:/ nos han hecho creer/ antes desde fuera y ahora desde dentro/ que es nuestra responsabilidad justificar nuestro deseo de ser libres». "Manifestu atzeratua" ("Manifiesto tardío") (1968).

 

 

 

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sábado, 11 de enero de 2025

Egaña | ¿Un Futuro Distópico?

Vivimos un presente distópico en donde se entremezclan Orwell y Huxley, en donde el público se preocupa más por las mansiones de estrellas rutilantes de Hollywood reducidas a cenizas que por la destrucción sistemática de Gaza con sus decenas de miles de personas asesinadas.

Y ya que estamos en el tema, recurramos a este texto de nuestro amigo Iñaki Egaña para reflexionar y analizar ahora que inicia el año en el Calendario Gregoriano:


¿Un futuro distópico?

Iñaki Egaña

Anuncia el año y acude un periodo de reflexiones, para cuadrar los próximos doce meses, elevar intenciones sanadoras y compartir espacios. Es lo habitual. Ya no nos acordamos de los guías y las previsiones que hacían aquellos líderes de referencia y los directores espirituales desaparecieron de la escena antes de descifrar el genoma humano y de que Stephen Hawking nos descubriera que somos marionetas en absorción retardada por agujeros negros. Las redes están plagadas de laboratorios de ideas y gabinetes estratégicos. Pero, ¿qué credibilidad tienen cuando ya no sabemos distinguir la verdad del engaño? Desde 2012 circula una cita de Albert Einstein, “temo el día que la tecnología sobrepase nuestra humanidad. El mundo sólo tendrá entonces una generación de idiotas”. Certera frase, pero falsa en su autoría. Sus biógrafos la desmintieron hace tiempo y, sin embargo, sigue circulando. ¿En quién confiar, aunque sean banalidades?

En mi entorno, siempre hemos confiado en los nuestros. Un observador externo, lejano me diría, contemplando la trayectoria colectiva, que quizás en exceso. No es una ecuación que me preocupe. La relatividad se aplica no sólo en el cosmos, también en las relaciones. Cuando haces una elección asumes la misma. No somos de echar marcha atrás a las primeras de cambio. En eso el azar genético tiene mucha culpa, no ese de las mutaciones, sino el de surgir en un espacio determinado y con una cultura militante desarrollada. El contexto físico e histórico nos ha hecho ser como somos.

Pertenezco a una generación que creció con certezas. Muchas de las cuales, a tardía edad, las mantengo. Crecimos y llegamos al siglo XXI decididos a crear condiciones para el cambio, para la revolución. Generar hegemonías como repetía Gramsci, aguantar el tirón del neofascismo, hacerle frente si hace falta para que no se repita la historia, ni como tragedia, ni como farsa. Hay que, decía la izquierda abertzale hace más de dos décadas, modular un trabajo de hormiga (txinaurri) para fortalecer posiciones y trasladar el relevo a otras generaciones. Hay que cocinar a fuego lento que vendrá inevitablemente, lo escribía Marx, la caída del capitalismo ante la concienciación de la clase obrera. La paciencia estratégica es parte del proyecto emancipador, de acuerdo. Pero… ¿y si no tenemos tiempo?

La sociedad occidental corre a una velocidad endiablada. Estamos frente a una transformación brutal que ni siquiera somos capaces de adivinar. Y en ocasiones seguimos pensando en clave del siglo XX, aunque lo hagamos referenciándola en sus últimos años. Todavía hay quienes desde una nostalgia salteada de gotas románticas vuelven más atrás, a los tiempos de Humboldt y Lord Byron, Xaho y Larramendi. No tanto por recuerdo, sino por añoranza evocacional, espero que no social. Otros, en cambio, se sumergen entre los pasillos palaciegos de cuando nuestros antepasados formaban parte de un reino, cuando los fueros eran ley, incluso cuando la inscripción “domuit vascones” jalonaba las crónicas de los invasores como trofeo. Y otros que enfrentan el marxista “18 Brumario de Luis Bonaparte”, con la transformación digital de Silicon Valley o los experimentos neurobiológicos de la Universidad de Stanford, por no citar a los insurrectos de las redes que preparan la revuelta sentados cómodamente frente a pantalla de un ordenador. Esa expresión cantada por Los Chicos del Maiz, “La nostalgia es reaccionaria, la memoria revolucionaria” forma parte de mi decálogo personal.

Nuestra generación se bañó con la utopía, aquel término que describió el británico Thomas More en una arcadia con esclavos. Sueños de su época. Mientras la clase lectora, apenas un puñado generalmente de clérigos, leía sorprendida a More, Hernán Cortés y Pizarro provocaban una sarracina al otro lado del Atlántico de magnitudes espectaculares, con sus virus, perros, espadas y catecismo. Y hoy, la brecha sigue siendo similar. Mientras nos acogotamos en una sociedad dirigida por los chatbots de Inteligencia Artificial y llevamos a la peluquería a nuestras mascotas, 15 millones de sudaneses se han desplazado por la guerra y están en situación, vaya eufemismo, de inseguridad alimentaria. Decenas de miles de niños han muerto bajo las bombas marcadas por la estrella de David. Pero esa similitud tiene una ligera pero notable diferencia. Hoy, los dueños de aquella revolución que comenzó con los “puntocom”, se han hecho con el control de la economía, ergo de la política. Elon Musk catapultó a Trump. Y ahora se dirige a Inglaterra, Francia, Alemania… para hacer valer su poder. Algunos politólogos, a medio camino entre la filosofía, la conspiración y la ciencia, han señalado que el capitalismo ha muerto y que hemos entrado en la época del tecnofeudalismo. Porque quienes rigen nuestros destinos son en realidad el citado Musk, Zuckerberg, Huang o Bezos. De la política de la posverdad a la economía de la posverdad.

Esta reflexión ha alimentado la idea de un futuro catastrofista, distópico. Una percepción que conlleva desmovilización, individualismo, el ascenso del nihilismo y el refugio, a veces, en que tiempos pasados fueron mejores. La nostalgia. Un concepto, por cierto, bien diferente a su significado en euskara, Herri mina. Si el futuro está sellado ¿para qué luchar? Oteiza decía al final de su vida (y esta cita es cierta), cuando desamparado dejó su legado al pueblo de Navarra y creó el museo en Azuza, que su desgracia había sido creer en la utopía. Es lo que tienen los juicios coyunturales. En cualquier mundo, escenario, futuro, siempre habrá motivos para luchar porque la estructura social ha sido y es tremendamente injusta. “Camino dos pasos, ella se aleja dos pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. ¿Entonces para qué sirve la utopía? Para eso, sirve para caminar”. Lo escribió Eduardo Galeano. Y esta cita cierta también, es la que pende en la entrada de mi casa, la que defendía Gabriel Aresti, junto al tradicional “Ongi etorri”.

 

 

 

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domingo, 1 de septiembre de 2024

Castillo | Colonialismo, Neocolonialismo y Multipolaridad

Desde el portal de Rebelión traemos a ustedes este interesante texto del cual recomendamos ampliamente su lectura.

Adelante:


Colonialismo, neocolonialismo y multipolaridad

Vladimir Castillo Soto

En el capítulo XXIV del primer tomo de El Capital, crítica de la economía política Carlos Marx estudia el proceso de la acumulación originaria del capital: en él expone buena parte de los métodos de rapiña y expoliación aplicados por el naciente capitalismo occidental. Es un libro que es necesario releer frecuentemente para tener presente cómo hemos llegado a la situación actual. La violencia europea se expandió e impuso por todo el mundo. Matanzas, robos, violaciones, esclavización de millones de seres humanos y abusos de todo género se acometen con la vil excusa de evangelizar y civilizar. Los europeos occidentales se convirtieron en la peor plaga para el género humano, que con la colonización arrasó, expolió y se apropió de continentes enteros, América, África, buena parte de Asia y Oceanía fueron sus presas. En estos quinientos años el capitalismo evoluciona y durante el siglo XX se convierte en el brutal imperialismo corporativo financiero, neocolonialista, que con su supremacismo y neoliberalismo pretende seguir asesinando, explotando y robando a buena parte del planeta.

Después de arduas y prolongadas luchas, algunas de ellas muy sangrientas, la mayoría de los pueblos del Sur lograron su “independencia” política, y quedó gran parte de ellos en terribles condiciones económicas de dependencia y de explotación de sus riquezas por parte de colonos y empresas de las metrópolis. India, Vietnam, Argelia, Angola, Sudáfrica, Indonesia y decenas de otras excolonias son ejemplo de ello en el siglo XX. Ya en el siglo XIX la América hispana con Haití a la cabeza habían dado la lucha por su independencia del yugo español y francés respectivamente. Aunque dieron sus luchas en períodos históricos muy diferentes, con características muy distintas, la mayoría de los países que fueron colonia están necesitando, con urgencia, una segunda y, ojalá, definitiva independencia, sobre todo en lo cultural, lo económico y lo político, que es lo único que puede asegurarle a sus pueblos una soberanía real y un desarrollo social y económico armonioso y sostenible.

En el planeta aún quedan más de 60 territorios que son colonias de hecho y de derecho, como por ejemplo, Puerto Rico, Guyana Francesa, Guadalupe, Martinica, Nueva Caledonia, Polinesia Francesa, Islas Malvinas, Islas Caimán, Aruba, Curazao, Bonaire, Guam, Córcega, Islas Canarias, Groenlandia, Euskal Herría, Galicia, Cataluña, Escocia y muchos otros. Las Naciones Unidas tiene el deber de colaborar con las poblaciones autóctonas de estos territorios a reencontrar la soberanía plena y su derecho a la autodeterminación, además a ser compensados de manera adecuada por la opresión y el expolio sufrido durante siglos.

Lamentablemente, en grandes territorios como Australia, Nueva Zelanda, Canadá y los Estados Unidos de América sus habitantes fueron prácticamente exterminados y reducidos a reservas y otros tipos de segregación que permitió la apropiación absoluta de sus tierras por los racistas invasores anglosajones.

Durante el proceso de decolonización en muchas excolonias el poder que se transfirió fue el político, en muchos casos tutelado, y quedó buena parte de las riquezas naturales bajo el control de empresas coloniales y/o transnacionales. Hubo una planificación del uso y explotación de las excolonias por parte de las metrópolis que se basó en la mayor apropiación posible de los recursos naturales incluida la mano de obra semiesclavizada o muy barata. El objetivo era la máxima explotación económica posible en base a un extractivismo rapaz, crudo y puro de materias primas. El neocolonialismo aseguraba una relación de dependencia casi absoluta de sus antiguos amos y en algunos casos se llegó a entregar el manejo de su política monetaria y financiera a ministerios y bancos de las metrópolis coloniales y a supeditar su política exterior y otras decisiones de importancia a organizaciones como la Commonwealth británica y su equivalente francés.

También, hay que mencionarlo, muchas excolonias buscaron sus propios caminos, se enfrentaron a los poderes fácticos de los imperios y sufrieron toda clase de sabotajes, bloqueos y humillaciones. Hubo líderes importantes como Nasser, Sukarno, Nehru y otros que organizaron la Conferencia de Bandung y más tarde la Organización de Países No Alineados, que lograron agrupar parte de los países del Sur y luchar por los intereses de los mismos. Sin embargo, podemos decir que no se logró erradicar el colonialismo, simplemente evolucionó a nuevos formatos, tan o más opresivos y explotadores que los anteriores, encubiertos algunos y muchos otros abiertos y explícitos. La deuda moral y económica de Occidente con el Sur Global, por los procesos coloniales y neocoloniales es gigantesca y sigue pendiente de ser cancelada.

El neocolonialismo se expresa de múltiples maneras, entre ellas, en el uso del dólar como moneda única de intercambio comercial, tratados de libre comercio injustos para los países del Sur, la imposición de perversos mecanismos de endeudamiento y de políticas neoliberales de privatización y antisociales aplicadas por organismos financieros como el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM) y los Bancos de Desarrollo, que se complementan perfectamente con la Corte Penal Internacional, la Organización Mundial del Comercio, la hegemonía cuasi absoluta en la industria cultural y la cartelización de los medios de comunicación e información y las redes sociales, el modelo de democracia dirigida desde el Norte al servicio de sus corporaciones, su aristocracia y su plutocracia, las estructuras de las Naciones Unidas que están al servicio de Occidente, es decir, todo un sistema basado en sus reglas, las cuales son violadas cada vez que los intereses occidentales así lo requieren. En otras palabras, el neocolonialismo es una de las “patas” más necesaria del mundo unipolar que Occidente pretende mantener vigente y que hay que destruir, hasta sus cimientos lo antes posible, si queremos sacar para siempre a nuestros pueblos de la pobreza y garantizarles un futuro digno, soberano y en paz.

Algunos países e incluso regiones enteras del planeta, como el caso de África, están planteando desde hace mucho tiempo que los explotadores y saqueadores paguen reparaciones y pidan disculpas por los daños morales, económicos, culturales, éticos, ecológicos, sociales, religiosos y otros que los imperios coloniales y sus descendientes infligieron a centenares de pueblos y naciones que sufrieron los efectos y consecuencias del colonialismo, la esclavización e incluso el genocidio de sus poblaciones.

Este tipo de iniciativas son muy válidas, las valoraciones de los daños del colonialismo de los últimos quinientos años y el neocolonialismo actual deben ser determinadas con mucho cuidado y seriedad haciendo un trabajo de investigación historiográfico muy sólido, diferenciado, exhaustivamente documentado, ojalá con el apoyo de instituciones oficiales nacionales y multilaterales como la Unión Africana o la Comunidad Caribeña y universidades locales, compartiendo esfuerzos e información entre organizaciones homólogas de todo el mundo y evitando la participación de ONGs y movimientos creados expresamente desde Occidente para incidir en estos procesos, fundamentalmente con dos finalidades, sabotear los procesos y hacerlos inviables o acercarse a los países para establecer diálogos y por la vía de los programas de apoyo económico y financiero formalizar y profundizar su control neocolonial a largo plazo.

Así pretenden estar listos para pagar su deuda moral, cuando en realidad sus intenciones y planes son lograr que sus instituciones financieras y corporaciones transnacionales, como por ejemplo, la Sociedad Americana de Derecho Internacional (ASIL, por sus siglas en ingles), la Open Society Fundation de George Soros, el FMI, el BM, el Banco Interamericano de Desarrollo, BlackRock Corporate entre muchos otros amplíen su participación en los sectores críticos de las economías, profundizando y ampliando su control neocolonial, asegurando así mantenerse como líderes y policías únicos del planeta.

Algunos estudiosos plantean que, aun hoy día, los modelos básicos del dominio colonial occidental sobre los países del Sur Global determinan la economía mundial. Las “metrópolis” explotan a los países en desarrollo calculando sacar ganancias, cuyos volúmenes sobrepasan mucho los daños acumulados de la época colonial. Los programas económicos neoliberales, impuestos por las instituciones financieras occidentales limitaron el desarrollo de los países del Sur. Llevados por la fuerza a pactar acuerdos desbalanceados de “libre comercio” que favorecían a las empresas transnacionales, en los últimos tiempos se han exportado materias primas por más de 2.2 billones de dólares al año a un precio mucho más bajo, configurados en las bolsas de valores occidentales, y eso sin contar con otras expensas del sistema de Breton Woods como corrupción, decrecimiento ilegal de capitales y repatriación de beneficios. Con esto la suma del daño acumulado a los países del Sur Global desde el inicio de la época colonial se estima en más de 200 billones de dólares, recursos que han podido ser dirigidos a sanar las graves heridas, desigualdades e injusticias dejadas por el colonialismo y neocolonialismo impuesto por Occidente para su beneficio.

El sólido poder de China, el renacer de Rusia, el crecimiento de India, la independencia política real de Sudáfrica, Mali, Níger, Burkina Faso y otros países africanos, la fortaleza de Irán, los BRICS+, el ALBA-TCP en América Latina y el Caribe, la ASEAN y la Unión Económica Euroasiática en Asia son, sin duda, muestras claras del indetenible mundo multipolar que emerge. Organizarse, conformar y consolidar polos de poder es el camino para lograr que nuestros países construyan su desarrollo, con justicia social y soberanía plena, y exigir que Europa y sus exhalaciones anglosajonas paguen su maldad y daños acumulados e infligidos al Sur Global en los últimos cinco siglos. Sin una reorganización real de la arquitectura global política, cultural, comercial y militar no se puede hablar de compensaciones reales para los afectados por las nefastas consecuencias del colonialismo y neocolonialismo, ni de la conclusión del proceso de decolonización.

 

 

 

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miércoles, 11 de octubre de 2023

Entrevista a Iñaki Gil de San Vicente

Desde el portal de Rebelión traemos a ustedes esta entrevista a Iñaki Gil de San Vicente, disfruten:


«La historia de la libertad humana es la historia del derecho a la rebelión»

Iñaki Gil de San Vicente es profesor y pensador marxista , conocido por su activismo en la izquierda abertzale. Es autor de numerosos artículos en publicaciones como Egin, Gara ya otros medios de comunicación alternativos.

Óscar Díaz

Tienes varios libros sobre marxismo, sociología, política, ¿no se vuelve pesado llevar textos del siglo XX a las complejidades del siglo XXI?

El conocimiento es un proceso en el que lo nuevo, que siempre emerge por todas partes, sólo puede ser aprehendido mediante la crítica de lo viejo, la actualización de lo permanente y el estudio de las contradicciones y movimientos de esa novedad. Crítica en el sentido marxista, por supuesto, porque en la medida en que se orienta hacia un fin más o menos preciso la marcha del pensamiento, en esa medida es aún más imprescindible conocer más o menos en detalle su evolución previa, sus fallos, errores y logros, y su valía teórica permanente mientras siga existiendo el proceso del que se trate. Esto hace que el conocimiento sea un continuo de choques múltiples e interrelacionados entre diferencias, oposiciones y contradicciones que siempre existen en los movimientos de las cosas y del pensamiento, hasta llegar a la novedad cualitativa, que muchas veces pone al descubierto más cosas que las que se buscaban inicialmente. Más aún, sin este proceso de pensamiento no hubiera habido antropogenia.

Si en el siglo XXI ha habido avances cualitativos en ciencia, tecnología, pensamiento en general, etc., es porque no se ha roto esta dialéctica del pensar sino que se está enriqueciendo a pesar de los frenos que le impone el capitalismo que solamente impulsa aquella parte de la tecnociencia que reúne al menos dos grandes bloques de beneficio para el imperialismo: el primero y decisivo, el que aumenta la plusvalía en poco tiempo a la vez que debilita y derrota a la clase obrera; el segundo, las grandes inversiones en la mal llamada «ciencia pura» pero decisiva para el imperialismo a medio y largo plazo. Pero fuera y parcialmente incluso dentro de esta estructura tecnocientífica insertada en el capital constante, existen prácticas organizadas que confirman siempre la idea marxista de la que ciencia en un arma revolucionaria decisiva para la libertad.

Partiendo de aquí, podemos ver que los grandes debates que ahora mismo se siguen librando alrededor del marxismo nos remiten siempre a la historia de la lucha de clases en su sentido praxístico, es decir con la mano y con la mente, desde que la crisis del socialismo utópico forzó el salto del comunismo utópico al comunismo marxista. Esta crisis estalló abiertamente con la revolución de 1848 y desde entonces ha habido un innegable enriquecimiento teórico que, si quiere seguir siéndolo, ha de seguir basándose en el reestudio crítico de lo anterior en base a las necesidades actuales y previsiblemente futuras. Lo que ahora decimos no es nada nuevo porque, sin retroceder más, ya en 1852 se insistía en que las revoluciones proletarias se caracterizan por criticar una y otra vez su pasado para encontrar las soluciones a su presente.

Por ejemplo, la teoría marxista de la crisis está siendo confirmada y enriquecida desde 2007, lo mismo que la ley general de la acumulación del capital y la ley de la caída tendencial de la tasa media de ganancia. Otro tanto sucede con la dialéctica de la lucha de clases en todas sus expresiones, imprescindible hoy en día. ¿Y qué decir sobre la destrucción de la vida y de la tierra, sobre la rotura del metabolismo socionatural de nuestra especie con la naturaleza por la irracionalidad objetiva e inherente al capital? ¿Cómo entender ahora la advertencia hecha en el Manifiesto Comunista según la cual la burguesía se asemeja al brujo que no puede dominar las fuerzas infernales que ha desatado con sus conjuros, si no es reestudiando la lucha de clases desde 1848 hasta hoy mismo incluyendo el previsible devenir de las tendencias socionaturales que se agravan día a día?

Los comunistas sabemos que esta permanente actualización crítica del pasado es un de las garantías que permiten al movimiento revolucionario avanzar en la lucha presente de cara a la victoria futura, y por esto seguiremos estudiando y actualizando no sólo el siglo XX sino también el XIX, y no sólo Europa sino también el saqueo del mundo por el capitalismo. Más aún, tú planteas esta misma lógica en la segunda pregunta, que ahora respondemos.

¿La doctrina Monroe es la política clave para entender toda la expansión militar de USA?

Hemos visto que la misma lógica formal y dialéctica que mueve el pensamiento para responder a las necesidades, nos lleva de forma inevitable a la actualización crítica del pasado. Se trata de una inevitabilidad tendencial, influenciada, desviada, reprimida y hasta cortada durante espacios de tiempo que dependen de la lucha de clases y/o catástrofes naturales. Es por tanto comprensible que para entender el militarismo actual yanqui debamos retroceder hasta 1823, y también hasta la invasión inglesa de la bahía de Chesapeake en 1607. Pero muy especialmente debemos explicar, primero, las interacciones entre las razones socioeconómicas del colonialismo ingles del momento, y las razones políticas y militares imprescindibles para la expansión colonial; y segundo, los cambios acaecidos desde entonces hasta la actualidad, no olvidando nunca el salto cualitativo que supuso la independencia burguesa de 1783 en Norteamérica.

Nos resulta imposible realizar aquí siquiera un breve resumen de este largo proceso que abarca la historia del capitalismo, por lo que vamos a limitarnos a unos trazos de brocha gorda: a comienzos del siglo XVII Inglaterra se encontraba en creciente lucha de clases interna y de presiones externas de otras potencias, de modo que una de las soluciones fue el expansionismo colonial y el destierro de las sectas cristianas radicales que seguían un calvinismo estricto. La invasión fue respondida bien pronto por las naciones indias, no pudiendo impedir que su territorio fuera integrado en las propiedades de la Casa Real inglesa en 1622, que se lanzó a apoderarse de la mayor cantidad posible de tierras, incluidas las ya invadidas por españoles y franceses. La independencia burguesa intensificó estas agresiones de todo tipo justificadas ideológicamente por G. Washington y T. Jefferson entre otros muchos a finales del siglo XVIII, creando la base de lo que sería la Doctrina Monroe oficializada dos décadas después. La política estatal y militar ya era crucial para esta expansión colonialista, y sus componentes fueron estrechándose hasta el presente, cuando Laura Richardson, jefa del Comando Sur, explicó el 22 de septiembre de 2023 con inhumana crudeza porqué EEUU debe controlar férreamente Nuestramérica para quedarse con sus inmensos recursos en litio, tierras raras, agua, biodiversidad, recursos energéticos en la plena acepción del término: desde los alimentos hasta las energías llamadas «limpias»…

EEUU no tiene tropas suficientes para ocupar Nuestramérica, o al menos las amplias zonas que le urge saquear. Por eso busca obtener la sumisión de sus burguesías y de sus ejércitos, sin los cuales apenas podría expoliar eficazmente a tan gran territorio, pero insistiendo que Nuestramérica solo puede ser «administrada», explotada por el dólar. Peor aún, EEUU ha extendido al resto del planeta la Doctrina Monroe llevando al extremo la ideología calvinista según la cual hay que domeñar o destruir a quienes no acepten el mandato supuestamente dado por dios a los «peregrinos» en 1607; “creced y multiplicaos, y dominad la tierra”. Desde inicios del siglo XXI, cada vez más niños yanquis son educados con mapas en la idea de que las zonas más ricas en recursos del planeta son controladas por «países irresponsables»: EEUU tiene la «misión» de liberarlas para el bien de la humanidad. La militarización yanqui es imprescindible en esta «misión» encomendada no por dios sino por la ley de la acumulación del capital.

¿Por qué tu interés sobre la geopolítica?

Originariamente por las lecciones que iba extrayendo de mis lecturas juveniles sobre historia militar, aunque desconocía la palabra geopolítica. Si algo enseña la guerra es que casi todo se reduce a la ventaja energética de un bando sobre el otro, ventaja que puede ser contrarrestada por la superior organización, teoría y conciencia del bando más débil, dependiendo de sus contradicciones sociales internas y por la naturaleza de la guerra: justa o injusta. Mis primeras lecturas del marxismo disponible en la dictadura a finales de los ’60 supusieron un salto cualitativo en la comprensión de la guerra. Poco después, las guerras de liberación antiimperialista de la época, el estudio de la crítica marxista del capitalismo y los debates en Euskal Herria sobre la eficacia o ineficacia de la utilización de todas formas de lucha, me volvieron muy crítico de las versiones burguesas de lo que ya empezaba a llamarse geopolítica.

La propaganda imperialista durante la llamada Guerra Fría así como la ideología burguesa de la casta intelectual incluso progresista, hacía lo imposible por anular las irresolubles contradicciones clasistas y socioeconómicas que condicionan desde dentro los conflictos que, muy superficial y parcialmente, analizaba la geopolítica burguesa: todo hacía parte de la lucha frontal contra el marxismo. Antes de la implosión de la URSS en Euskal Herria se libraron debates directamente relacionados con el tema de la geopolítica: por ejemplo: la lucha de masas contra las centrales nucleares, el referéndum sobre la OTAN en 1986, y el cincuentenario del criminal bombardeo de Gernika en 1987. El triunfalismo antimarxista posterior a 1991 reforzó la superficialidad de la geopolítica burguesa. La debacle teórica de la izquierda ante la destrucción de Yugoslavia, la guerra contra Irak, etcétera, dejó el campo abierto a la fraseología de la geopolítica burguesa lanzada a legitimar la euforia imperialista.

La carrera desesperada del imperialismo emprendida desde finales del siglo XX para apropiarse de los recursos aplastando pueblos, para cercar y asfixiar a Rusia, China e Irán, para destrozar Cuba y Venezuela como antesala de la «reconquista» de Nuestramérica, para contener el avance de los BRICs y de la compleja multipolaridad, etc., apenas ha sido contrarrestada por la izquierda porque, además de otras razones, interpreta las contradicciones no desde el materialismo histórico que insiste en la prioridad de las contradicciones y leyes tendenciales del capitalismo, surcadas por la lucha de clases, sino desde la separación absoluta de lo socioeconómico con respecto a lo político, y desde la visión de la geografía como simple espacio pasivo, de modo que lo militar, el militarismo y la guerra, es reducido a instrumento mecánico del poder en vez de una fuerza productivo/destructiva del capital.

En su correspondencia interna, Marx y Engels hablaban de la «industria de la matanza de hombres» como una rama productivo/destructiva fundamental en el capitalismo en los momentos críticos pero también en su “normalidad”, lo que exige el empleo metódico de la lógica dialéctica. La geopolítica burguesa apenas tiene esto en cuenta, y cuando lo hace intenta aislar totalmente la lógica global del capital de la lógica parcial de la política burguesa, por lo que su valía, que la tiene, no exige más que la limitada lógica formal para ser entendida.

Sobre uno de tus trabajos, ¿por qué la libertad es atea?

La respuesta es muy simple desde el ateísmo marxista: porque no puede haber libertad alguna allí donde la conciencia esté atemorizada o supeditada a un ente inasible, omnipotente, omnisciente y omnipresente, que dicta nuestra vida y nuestra muerte al margen de nuestra voluntad. Naturalmente, estoy usando aquí los atributos que los cristianos afirman que tiene su dios, aunque no lo han conocido nunca en el sentido científico de conocer. ¿Cómo pueden atribuir esas cualidades a alguien incognoscible? Para responder a esto debemos recurrir a la categoría necesidad/derecho/libertad, que no solo a la de necesidad/libertad.

La evolución de la vida y en nuestro caso la antropogenia, depende de la obtención y consumo de materia: la necesidad ciega es aquella que no puede satisfacerse porque carecemos de conocimientos y de medios para obtenerla, transformarla, almacenarla y repartirla equitativamente. Conocer y superar la necesidad ciega es la primera exigencia de la vida y de la justicia en su seno, pero aquí las personas creyentes tienen un serio problema irresoluble desde su fe: aceptan que es la voluntad de eso incognoscible la que les impide la superación de esa necesidad ciega, maldad que sucede muy frecuentemente porque la antropogenia tiene necesidades múltiples y crecientes, muchas de ellas aún desconocidas o conocidas muy limitadamente. Peor aún para los creyentes: eso incognoscible que adoran podría habérselas enseñado y satisfecho hace miles de años, pero no le apetece ahorrarles ese sufrimiento.

En la medida en que las necesidades en el sentido comunista de «necesidad humana», aumentan por el avance de las fuerzas productivas, su satisfacción tiende a facilitarse por el incremento del conocimiento inherente a ese desarrollo productivo, pero a la vez, dialécticamente, aumentan los frenos que la clase burguesa impone a su satisfacción liberadora. Ahora mismo es innegable el antagonismo entre el potencial emancipador ínsito de las fuerzas productivas y las prohibiciones impuestas deliberadamente por el imperialismo. Frente a esta realidad inhumana, los y las creyentes sólo pueden implorar compasión a su dios para que, en el mejor de los casos, acepte sus imploraciones y reduzca sus padecimientos. Estas no son disquisiciones filosóficas sobre creencias, agnosticismos y ateísmos varios, no; son realidades del sufrimiento humano en el imperialismo. Un marxista dijo una vez que el llanto demuestra la inexistencia de las y los dioses, y nosotros añadimos que también demuestra la profunda inmoralidad y ética inhumana de los y las creyentes que aceptan esa injusticia con la excusa de la voluntad de un ente incognoscible.

Llegados a este punto, la pregunta es: ¿tenemos o no tenemos “derecho” a oponernos a los caprichos divinos al desarrollar la ciencia y la filosofía materialista, y luchar contra la propiedad privada y por el comunismo, rechazado furiosamente por ese ente incognoscible? Para un marxista, derecho y religión son inconciliables, como lo son democracia y monarquía. Religión y monarquía son armas de destrucción de la humanidad que lucha contra la propiedad privada. Es cierto que han existido y existen en el cristianismo muy reducidas sectas y grupos «de liberación», pero eso solo demuestra que las clases opresoras que han construido el cristianismo no han podido aniquilar del todo los pocos restos de la memoria de resistencia utópica de las clases explotadas, a pesar de las atrocidades que han sufrido. No lo han logrado porque la objetividad histórica de la lucha de clases siempre es superior a las amenazas de eterno infierno que aterrorizan y paralizan a millones de oprimidas y oprimidos.

No hablamos sólo de las presiones cristiana en las campañas electorales para que los creyentes voten a las derechas, o como mal menor al reformismo pero nunca a las fuerzas revolucionarias. Tampoco hablamos de la impresionante industria de alienación de masas propiedad de grupos cristianos, etc. Nos referimos también a otra forma más imperceptible de imponer la obediencia desde el inicio de la vida: la familia cristiana, la educación privada y concertada, las mil formas de liturgia, el sacramento de la confesión…, y en síntesis, la condena del derecho a la rebelión contra dios como el peor de los pecados merecedores de la excomunión y el infierno eterno. Dado que la rebelión se presenta tanto en la ciencia como en la revolución, en el arte y en la política, en la familia y en el amor, etc., prohibir ese derecho esencialmente humano es impedir la resolución de las necesidades que esa rebelión quiere solucionar. La historia de la libertad humana es la historia del derecho a la rebelión para vencer el terror físico y mental que impide resolver las necesidades radicales.

¿Dónde queda entonces la libertad para un creyente? Queda en su vana ilusión de que es libre en la medida en que actúa dentro de los límites tolerados por el ente incognoscible al que obedece, al igual que un drogadicto se cree libre únicamente cuando se chuta una dosis. Desde Leibniz hasta Engels pasando por Hegel, para no extendernos, la categoría de libertad se ha ido concretado en la capacidad y el deseo de hacer la revolución en sus infinitas formas que siempre confluyen en el comunismo. Cualquier duda e indecisión que frene o anule la conciencia de la necesidad y el derecho de luchar por la libertad, muestra la flexible y adaptable fortaleza de las cadenas mentales, idealistas y dogmáticas, introyectadas en las personas alienadas desde los primeros instantes de su vida. Contra esto, Marx dijo una vez que su ideal de felicidad era la lucha y que la sumisión era su ideal de desgracia.

¿Por qué publicaste tu libro Nacionalismo revolucionario?

La parte fundamental del libro la escribió Josemari Lorenzo Espinosa, yo hice la introducción. Lo publicó Boltxe en 2017, y se integraba en el esfuerzo colectivo para impedir que tanto la presión de la ideología burguesa en cuanto tal, como la desmovilización intelectual y política generada por la deriva reformista de un amplio sector de la izquierda abertzale de entonces, destruyeran la memoria histórica del pueblo trabajador, incluida su memoria militar que se remonta a las lucha de clases interna y de resistencia a los ataques de los imperios español y francés desde los siglos XV-XVI, agudizándose sobremanera desde el siglo XVIII. Se veía necesario también explicar la praxis militante de tres –Etxebarrieta, Txabi y Argala– de los cientos de personas militantes que habían dado su vida por la independencia socialista de Euskal Herria desde la década de 1960.

Aquél esfuerzo teórico no fue en balde porque ya para entonces venía impulsado por la reorganización de izquierdas revolucionarias que mal que bien habían logrado no ser engullidas por el remolino reformista y avanzaban en su asentamiento y expansión. Existía, por tanto, una base objetiva y una necesidad político-intelectual creciente para reactivar un debate crucial, tanto más cuanto que desde hacía casi una década el soberanismo reformista había abandonado ese decisivo campo de batalla en post de la «normalización», en post de «abandonar el conflicto en la calle y centrarlo en el parlamento». Además, para 2017 ya se vislumbraban los síntomas de que la frágil recuperación económica tras la debacle de 2007-2010, empezaba a debilitarse estructuralmente, como se comprobó definitivamente en 2019-2020. Era urgente, pues, reactualizar la valía de las bases socialistas y hasta comunistas del independentismo. Y así se hizo en este libro y en otros más.

Tal esfuerzo colectivo facilitó que la nueva militancia obrera joven y la menos joven pero desorientada y decepcionada, comprendiera con relativa facilidad la dialéctica de la historia precisamente cuando, desde inicios de 2020, la pandemia azotó con fuerza desconocida, y cuando a inicios de 2022 la guerra injusta de la OTAN contra Rusia así como el endurecimiento del imperialismo contra el mundo entero añadió gravedades nuevas que empeoran de manera terrible la tercera Gran Depresión histórica de la civilización del capital en la que ahora nos encontramos.

Acerca de la experiencia del MLNV (Movimiento de Liberación Nacional Vasco), ¿qué era el EHAK (Partido Comunista de las Tierras Vascas)? ¿Qué fue EAE-ANV (Eusko Abertzale Ekintza)? ¿Cómo se ha dado el caso de que la izquierda abertzale esté tan disgregada y fraccionado como el MCE (Movimiento Comunista Español)?

EAE-ANV (Eusko Abertzale Ekintza-Acción Nacionalista Vasca) fue creada en 1930 al rechazar el giro a la derecha del PNV, fuerza dominante en el nacionalismo burgués. Su aparición se dio durante la efervescencia sociopolítica que se vivía con el agotamiento de la dictadura militar desde 1923, agravada por la crisis mundial de 1929. La dictadura obligó a pasar a la clandestinidad al proceso de radicalización nacional y social del pueblo trabajador, dentro del cual surgían sectores que ya miraban a la independencia, al anarquismo, al socialismo y al comunismo bajo el ejemplo de la III Internacional. EAE-ANV no era oficialmente socialista pero su radicalismo en la lucha de clases anterior a 1936 le distanció aún más del PNV. Organizó batallones de gudaris de merecida fama. Fue inmediatamente perseguida por el franquismo aunque resistió en la clandestinidad siendo una de las fuerzas fundadoras de Herri Batasuna, hasta ilegalizarla de nuevo por la «democracia» en 2008.

EHAK fue creada en 2002 al calor de los debates que se mantuvieron en Batasuna en 2001, integrando sectores comunistas de diversas corrientes, entre ellas EHK, que más o menos coincidían en que dentro de la izquierda abertzale había sectores teórica y políticamente débiles a partir de los cuales podría coger fuerza una línea socialdemócrata aún no visible, aunque esos temores siempre se mantuvieron dentro de las estructuras de la izquierda abertzale para evitar que fueran manipulados por el Estado. La ilegalización de Batasuna en 2003 y el endurecimiento de la ola represiva que venía sufriéndose desde hacía años, hicieron que EHAK asumiera ser la «firma electoral» de la izquierda abertzale en las elecciones de 2005, obteniendo 9 diputados, dos más que Batasuna en 2001. Solo tres años después en 2008, EHAK también fue ilegalizada.

No se puede poner en el mismo nivel a la crisis del movimiento comunista “español”, mejor decir “del Estado” porque existen otras naciones obreras oprimidas que tienen comunistas en su interior, y a la crisis de la izquierda abertzale porque se viven en dos formaciones sociales y económicas, además de históricas y lingüístico-culturales, muy diferentes. Es verdad que ambas son capitalistas en la esencia, en lo genético-estructural, pero tienen enormes diferencias en las formas, en lo histórico-genético, tan grandes como el hecho comprobado durante décadas de que la lucha de clases en Euskal Herria es bastante más fuerte que la del Estado. Hablar por tanto de «crisis del movimiento comunista» nos exige precisar al menos dos niveles de la misma crisis: el práctico y el teórico.

Un punto de discordia teórica entre comunistas independentistas y estatalistas, que defienden la prioridad de la unidad estatal de las diversas izquierdas para, primero, hacer la revolución y luego, más tarde, aplicar el derecho de autodeterminación, este punto no es otro que la ley del desarrollo desigual y combinado que explica que las ritmos e intensidades de la lucha de clases varían de un país a otro según su historia. Las crisis de las izquierdas deben ser vistas, entonces, dentro del desarrollo desigual en lo histórico-genético y combinado en lo genético-estructural. En concreto, la lucha de clases en Euskal Herria sigue siendo ahora mismo mucho más intensa y extensa que la de todo el Estado. Leamos esto:

«Los datos son incontestables: el 50,36% de las huelgas que en 2022 se registraron en España se concentraron en el País Vasco. Es decir, 342 de las 679 huelgas que tuvieron lugar en España se registraron en la Comunidad Autónoma de Euskadi, según el último balance del Ministerio de Trabajo. El volumen es aún más llamativo si se atiende a las jornadas no trabajadas con motivo de una huelga, donde el porcentaje llega hasta el 54% del total, o al número de trabajadores que participaron, que alcanza el 55% de todos los que en España secundaron huelgas. Datos sorprendentes para una comunidad cuyo peso poblacional no llega al 5% del total y que invitan a analizar con expertos y con las propias partes implicadas las razones de esta tendencia.».

Sin poder extendernos, los datos de 2022 confirman la tendencia al alza de la lucha de clases en Euskal Herria desde, al menos 2001 como lo demuestra una muy rigurosa investigación realizada en 2020. Volviendo al ahora, la población de la CAV no llega a los 2.230.000 habitantes mientras que la de Madrid casi llega a los 7.000.000, más del doble. Si hiciéramos abstracción de la historia y aplicáramos la realidad vasca a la lucha de clases en Madrid, tendríamos, siempre en abstracto repetimos, que Madrid debería aportar más del 100% de la lucha de clases en el Estado, pero ni remotamente es así. La desigualdad del ritmo y arraigo popular de las luchas se acrecienta al ver otras resistencias como veremos en la respuesta a la pregunta sobre las drogas.

¿Podemos hablar entonces de la misma crisis política? Cometeríamos un error si redujéramos la crisis a los altibajos electorales y/o a la mera contabilidad de asistencia a las grandes manifestaciones de masas. Es cierto que hubo un bajón militante en sectores revolucionarios por razones que sería largo exponer, entre ellas la aplastante represión y en especial el giro reformista del soberanismo vasco; pero también es verdad que, como hemos visto con las cifras de participantes en huelgas, existe una recuperación de la «otra izquierda», la silenciada pero verdadera, la de las asambleas, manifestaciones, huelgas, golpes, represiones, multas, juicios… en medio de un empobrecimiento en aumento impuesto por la burguesía. Es esta izquierda práctica y teórica la que se está recuperando y creciendo en Euskal Herria. Por tanto la crisis del movimiento comunista vasco es menor, más débil, que la que azota a la del Estado español, aunque aquí debiéramos decir algo sobre la militancia comunista de las naciones oprimidas por el imperialismo español, pero desborda nuestro espacio.

¿La izquierda abertzale ha luchado contra el tráfico de drogas en EH?

La izquierda abertzale venció en uno de los frentes entonces decisivo de la guerra contra las drogas: el de la heroína. Mostró que era un arma de exterminio psicofísico contra el pueblo trabajador y especial contra la militancia revolucionaria. También demostró el papel de las fuerzas represivas y las ganancias que obtenía con ella el capital que lavaba el dinero de las mafias relacionadas con fuerzas represivas. Euskal Herria sufría entonces la mayor cantidad de fuerzas armadas por habitante, y la mayor cantidad de prisioneras y prisioneros políticos de Europa según su extensión geográfica y su población, y a pesar de ello era el sitio con la heroína más barata y de fácil acceso.

Fue un frente de guerra muy duro, con muertos, torturados, encarcelados, sostenido por una densa red de colectivos amplios integradores de distintas sensibilidades pero unidos por el objetivo de acabar con la heroína. Este método de autoorganización desde la base alrededor de un objetivo de amplia aceptación de masas también existía en la lucha por recuperación del euskara y de la cultura vasca, por la amnistía, por la victoria sobre la nuclearización, por la creación de prensa crítica en euskara y en otras lenguas, por los derechos de la mujer trabajadora, por una educación euskaldun y progresista, por el deporte popular… Semejante capacidad autoorganizativa amplia, plural e integradora era parte fundamental del humus en el que se hundían otras raíces obreras y populares que explican por qué se recupera la lucha de clases en generalidad con la especial intervención de la juventud trabajadora. Pero no se ha ganado la guerra total contra las drogas, que siguen pudriendo conciencias y asesinando cuerpos, aunque no en las cifras criminales de aquellos años.

¿EH Bildu está normalizando el régimen del 78 en Euskal Herria?

Es incorrecto llamarle “régimen del 78” porque su ambigüedad permite ocultar que ese “régimen” reforzó la dominación capitalista en sus tres anclajes decisivos: la propiedad privada, la unidad del Estado y el monopolio de la violencia. La denuncia del “régimen” desde la izquierda revolucionaria es consciente de esa ambigüedad y por ello insiste siempre que hay que acabar con el capital, con su Estado y con su ejército. Pero el reformismo se limita a plantear simples «reformas democráticas» que no cuestionan lo esencial: el capitalismo, ni siquiera denuncia a la monarquía, que es intocable. Quiere esto decir que el reformismo asume como normal y/o inevitable la explotación capitalista, limitándose a prometer algunas leyes que reduzcan un poco el empobrecimiento y la explotación en crecientes. En las naciones oprimidas, estas promesas adquieren la forma de una petición al PSOE de que tolere más «libertades nacionales», siempre respetando los principios del pacifismo a ultranza y de la legalidad internacional.

Siguiendo esta lógica, desde hace varios años la crítica del capitalismo y más aún del imperialismo, ha desaparecido de la práctica de EH Bildu y con ella la decisiva categoría de Socialismo, por no hablar de Comunismo, reducida a un mantra vaciado de toda concreción propositiva de conquista de contrapoderes y de avance a situaciones puntuales de doble poder para dar el salto revolucionario al Estado Socialista Vasco. El mantra de ese “socialismo” desinflado es repetido como una salmodia en algunos documentos y actos de SORTU, nada más. A lo sumo, alguna vez se alude a una República Vasca que nadie intenta llenar de contenido, y punto. Mientras tanto se apoya en todo lo fundamental al Estado español y en muchas de las cosas no fundamentales.

EH Bildu sostiene que su apoyo al gobierno del PSOE tiene como objetivo impedir que la extrema derecha acceda al poder político con el apoyo del fascismo, lo que desencadenaría una dura involución democrática en todos los sentidos. Derrotada la ofensiva ultrarreaccionaria, el nuevo «gobierno progresista» sometido a las presiones democráticas no tendrá muchas dificultades en avanzar en la ampliación de derechos nacionales y sociales. Impulsado por estas conquistas, EH Bildu espera acceder el gobierno autonómico de la CVA dirigiendo la alianza con «fuerzas progresistas». Desde el gobierno autonómico se impulsarán conquistas aún más importantes basada en el apoyo de «mayorías sociales». Según EH Bildu, el primer paso es lograr que el PSOE dirija el futuro gobierno con el apoyo del «bloque democrático».

La amenaza de la extrema derecha y del fascismo español le permite a EH Bildu justificar en sus bases el plegamiento absoluto a la estrategia socialdemócrata de la II Internacional y no combatir abiertamente al españolismo, al socialiberalismo y al imperialismo del PSOE, sumiso hasta la náusea a las exigencias de la OTAN y de EEUU. Sin embargo, hay que decir que esta estrategia ya era aplicaba mucho antes de que el fascismo fuera una amenaza real. En noviembre de 2009 y febrero de 2010 lo que sería EH Bildu declaró solemnemente su aceptación de los Principios Mitchell: Uso exclusivo de medios pacíficos y democráticos. Desarme total. Verificación internacional del desarme. Renunciar y oponerse a cualquier intento de otros, a utilizar la fuerza o amenazar con utilizarla. Respetar los términos de cualquier acuerdo alcanzado y recurrir a métodos exclusivamente democráticos y pacíficos para tratar de modificar cualquier aspecto de esos acuerdos con los que puedan estar en desacuerdo. Acabar con los asesinatos y palizas de “castigo” impidiendo que se produzcan.

Los Principios Mitchells sintetizan la doctrina imperialista de contrainsurgencia «democrática» pero no tienen absolutamente nada de democráticos en el sentido real del término, en el sentido concreto del derecho inalienable a la rebelión contra la injusticia reconocido en el Preámbulo de la Carta de los Derechos Humanos de la ONU. Al contrario, no sólo niega explícitamente ese derecho básico sino que obliga a sus firmantes, además de a desarmarse, también a oponerse a quienes siguen ejerciendo ese inalienable derecho a la rebelión. De una u otra forma, abierta o solapadamente, EH Bildu ha cumplido y cumple con esos mandatos de la contrainsurgencia «democrática» como se comprueba ahora mismo con su posicionamiento ante de proceso de necesidad/derecho/libertad del pueblo palestino de ampliar la contra el ocupante sionista. Pero no sólo del pueblo palestino: ¿acaso no tienen –tenemos– derecho a la autodefensa todas las formas de luchar contra las injusticias que son presionadas, agredidas, multadas, reprimidas y aplastadas con torturas y sangre?

Sin retroceder mucho en el tiempo, en 2020 se dijo que: «desde EH Bildu mostramos nuestra solidaridad y apoyo al pueblo palestino, e instamos a la comunidad internacional a actuar y continuar la búsqueda de una solución pacífica y acordada al conflicto palestino israelí, tal y como establecen los propios mandatos de Naciones Unidas y el Derecho Internacional». En 2021 EH Bildu insistía en que la única solución para acabar con la «ocupación ilegal» (sic) era la negociación pacífica para crear dos Estados, el sionista y el palestino. El 7 de octubre de 2023 Gorka Elejabarrieta dijo lo que sigue tras un pantallazo de twitter con la consigna de Gerrarik Ez: «Seguimos con preocupación la situación que se está viviendo en Palestina e Israel. Hacemos un llamamiento al cese de todos los ataques y al diálogo, que es la única vía para resolver los conflictos políticos». Y por no extendernos, Arnaldo Otegi: «Palestina es un país ocupado y mientras no se acabe con la ocupación y no se llegue a un acuerdo justo y duradero estas situaciones van a pasar. La comunidad internacional es la única que puede poner fin con solución acordada».

La tesis de los dos Estados es una trampa criminal ideada por el sionismo, el imperialismo y por la corrupta y colaboracionista Autoridad Nacional Palestina, que sabe que sus negocios éticamente podridos dependen de la aceptación del poder sionista, de las «ayudas» de las ONGs y de grupos que se dicen «humanitarios» y «pacifistas». El ente sionista llamado «Israel» es una creación artificial que integra la economía, la política, la cultural y sobre todo la militarización más tecnocientíficamente desarrollada para defender al imperialismo en cualquier parte del mundo en donde el capital se vea amenazado, todo ello basado en el expolio sádico de Palestina hasta liquidarla. Es una construcción artificial sin ninguna –ninguna- base histórica, ni material ni religiosa, solo en la mentira y en la ignorancia reforzada por la guerra cognitiva y el terror.

¿Sigue siendo importante hoy en día la autodeterminación en el Estado español? ¿La autodeterminación es hoy en día una balanza fuerte para luchar contra el imperialismo?

El derecho de autodeterminación, negado explícita y oficialmente de nuevo a Catalunya por el gobierno español en funciones dirigido por el PSOE, es imprescindible por eso mismo para alcanzar un sistema democrático real sobre el que se sostengan otros avances hacia el socialismo, que deben pasar ineluctablemente por la extinción del Estado español en cuanto espacio estato-nacional de acumulación de capital. Lo que llaman «nación española» es el marco geoproductivo material y simbólico de acumulación de capital por parte del bloque de clases dominante desde hace siglos, a pesar de las adaptaciones formales en sus jerarquías internas generalmente por medio de guerras contra las clases y naciones explotadas dentro de sus fronteras, además del disciplinamiento más o menos duro que las clases dominantes fuertes imponen a las débiles.   

La mundialización económica, la expansión del capital especulativo y de alto riesgo, la casi incalculable masa de capital ficticio y de la deuda mundial, todo esto y más en lo que no podemos extendernos, hace que la «nación española» sufra profundas convulsiones en sus contradictorios pilares internos desde, al menos, el siglo XVII, por no retroceder hasta el exterminio de la civilización andalusí y la liquidación de la independencia galega en una larga dinámica que se ha simbolizado en la expresión «doma y castración del Reino de Galiza». Las quiebras estructurales españolas se han caracterizado por diversas combinaciones de crisis socioeconómicas, de retroceso internacional, de «unidad nacional» interna, de represión de la lucha de clases, y de dominación nacional-cultural de la clase dominante. Todas ellas están activas ahora con sus ritmos e interacciones desiguales pero sometidas a las presiones en ascenso de la crisis combinada del capitalismo mundial.

La Guerra Mundial de 1914-1918 provocó un salto en la contradicción expansivo/constrictiva inherente al concepto simple de capital, que es una de las bases de la teoría marxista de las luchas nacionales e internacionales, siendo ello el origen de fondo de la pugna inconciliable entre el derecho de autodeterminación de Lenin y los Catorce Puntos del Woodrow Wilson al respecto. Las guerras imperialistas posteriores a la implosión de la URSS y en especial la guerra defensiva de Rusia frente a la guerra injusta de la OTAN en Ucrania, han acentuado a niveles nunca vistos la contradicción, pero con el añadido cualitativo de que el socialismo añade un método teórico desde su origen y práctico que explica la novedosa gravedad creciente de la tercera Gran Depresión comparada con las dos anteriores. Esto hace que no nos basta ya con hablar de derecho de autodeterminación sino del proceso de necesidad/derecho/libertad de la independencia, según practica Palestina ahora mismo.

En lo que concierne al Estado español, la necesidad y el derecho a la independencia, que no sólo a la autodeterminación, es un paso vital para ejercer la libertad socialista en cualquiera de sus muy limitadas, enanas y siempre reprimidas formas difícilmente factibles en el capitalismo, pero necesarias. La acumulación del capital en el Estado puede continuar y hasta reforzarse con ligeras concesiones «democráticas» que adapten el “el régimen del ‘78” a las nuevas exigencias internas y externas del bloque burgués, pero como la propiedad privada, la «unidad nacional» y su ejército son pilares de la acumulación, nunca admitirán el derecho de autodeterminación y menos aún la necesidad/derecho la independencia las naciones y su libertad para dotarse de Estados socialistas, antipatriarcales y antiimperialistas.

Y es aquí, en el independentismo socialista, donde de nuevo topamos con los efectos dañinos del soberanismo reformista que como hemos dicho ha renunciado a toda concreción material de cómo será ese socialismo en lo básico y cómo se puede avanzar hacia él en un largo contexto de tendencia al alza de la lucha de clases en todas sus expresiones como sucede en Euskal Herria. Nunca ha sido mayor que ahora el abismo entre la necesidad urgente de alternativas radicales prácticas en cada pugna con la burguesía vasca, y pasividad y silencio en todo lo que toca a las contradicciones a muerte entre el capitalismo y el proletariado en Euskal Herria. Una de las razones de esa pasividad es la estrategia de «actuar como pueblo, priorizando los intereses de país por encima de los intereses de partido. En ese sentido, será necesario tejer amplios acuerdos de país y, al mismo tiempo, articular un fuerte impulso social.», según el documento de SORTU sobre Gudari Eguna del 27 de septiembre de 2023.

¿VOX fascista o extrema derecha populista?

La verdad es que a estas alturas del tinglado político-parlamentario y de la realidad de la lucha de clases en el Estado, tiene relativamente poca importancia discutir todas las variantes de esta pregunta, pero para no ser descortés propongo que se lea este buen artículo de Daniel Seixo sobre la misma cuestión: Daniel Seixo: ¿Es Vox un partido fascista? 26 de abril de 2019 https://nuevarevolucion.es/es-vox-un-partidoo-fascista/





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