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lunes, 27 de octubre de 2025

Egaña | Iparretarrak, 25 Años de su Última Acción Armada

Desde su perfil de Facebook traemos a ustedes este texto de nuestro amigo Iñaki Egaña en el que nos regala una semblanza de Iparretarrak:

Iparretarrak, 25 años de su última acción armada

Iñaki Egaña

El 26 de octubre de este año se han cumplido 25 años de la última acción de Iparretarrak (IK) y su posterior desaparición como organización armada. Después silencio. No hubo una declaración formal que pusiera fin a su trayectoria, aunque en 2015 se reunieron y entregaron un dossier sobre su recorrido político-militar al Grupo Internacional de Contacto surgido para favorecer un proceso de resolución en Euskal Herria.

Iparraterrak ejecutó su última acción armada en Aiziritzi, en el eskualde de Amikuze (Nafarroa Beherea), contra la cooperativa Lur Berri, un 26 de octubre de 2000. La bomba estaba compuesta por cloratita y una bombona de gas, que fue desactivada por la Gendarmería tras aviso a una emisora de radio. La cooperativa había sido denunciada por vender maíz transgénico procedente de Canadá. Con una política expansionista, Lur Berri se propagó al Estado francés y en 2000 su director era Jean-Jacques Lasserre, alcalde de Bidaxune y consejero regional de Aquitania, entre otros cargos. Al año siguiente, Lasserre sería presidente del Consejo General de Pirineos Atlánticos, representando a la UDF (Union pour la démocratie française), el partido creado por Giscard d'Estaing que con el tiempo radicalizó su posición derechista.
Iparretarrak había roto su tregua ofertada con motivo del Acuerdo de Lizarra-Garazi, el 16 de abril de 2000, con un explosivo en la antigua sede de la Gendarmería en Lekunberri y otro en Arrangoitze contra el centro Pierre et Vacances. El 30 de julio del mismo año, volvieron a atentar, esta vez al tratar de incendiar el coche de un policía en Biarritz. Y en octubre contra la agencia inmobiliaria Orpi, en Kanbo, y el citado Lur Berri. En sus 27 años de accionar armado reivindicaron un total de 238 acciones, todas ellas inmersas en lo que calificaron de “propaganda armada”, sin intención de causar víctimas, bajo un lema habitual: “Herriak bizi behar du”. Aun así, Gabi Mouesca, militante histórico de IK, señaló en una entrevista que sentían la muerte de dos gendarmes involucrados en operativos propios. Sin especificar los nombres, es de suponer que se trataran de Yves Giummara, en el tiroteo en el camping Lou Puntao de la localidad landesa de Léon, en el que desapreció Popo Larre y el segundo en accidente tras la detención de la militante Maddi Hegi. El coche policial quedó atascado en un paso a nivel y un tren arrolló al mismo, falleciendo Maddi y el policía Roger Latasa.
La judicatura francesa acusó y condenó a militantes de Iparretarrak por la muerte de dos CRS en Baigorri, pero la organización siempre negó la autoría, que atribuyó a grupos parapoliciales españoles para alentar la escalada de tensión, en 1982. El tema fue recurrente durante años, e IK negó rotundamente la autoría, señalando que el juicio fue una farsa y un montaje destinado a criminalizar a los refugiados de Hego Euskal Herria y a la militancia organizada de Ipar Euskal Herria. Con motivo de aquel atentado mortal hubo una razia policial contra ambos sectores. El atentado, que fue reivindicado por el BVE, fue el predecesor de los GAL, un año después, y de las deportaciones masivas de refugiados a América y África.
Por su parte, IK conoció la muerte de seis de sus militantes. Txomin Olhagarai (Itsasu) y Ramuntxo Arruiz (Baigorri) fallecieron en marzo de 1980 al estallarles el explosivo que pretendían colocar bajo el coche del subprefecto de Baiona. Didier Lafitte (Donibane Lohizune) murió de un disparo policial en 1984, cuando viajaba en su vehículo con Gabi Mouesca. Maddi Hegi (Heleta) en Biarritz en 1987 y Christophe Istèque a consecuencia de la explosión de la bomba que transportaba en su propio automóvil, mientras que su acompañante Patrick Lembeye quedaba gravemente herido. Popo Larre (Heleta), desaparecido en 1983, fue dado por muerto oficialmente por la justicia francesa en 2008. Totte Etxebeste, detenido tras un tiroteo con la Policía francesa en Bokale en 1988, quedó parapléjico de por vida.
Según sus antiguos militantes, Iparretarrak tuvo en su recorrido entre 50 a 60 militantes activos, además de una extensa red de colaboradores. De ellos, 47 sufrieron prisión, alguno como Xan Koxkarat, hasta en tres ocasiones diferentes. Gabi Mouesca y Filipe Bidart fueron los que más años de cárcel cumplieron, casi 17 y 19 años respectivamente. El resto, por debajo de los seis años. La muerte de seis de sus voluntarios elevó al 10-12% de muertos de su militancia total. Una cifra extraordinaria. Con una sencilla extrapolación -nada científica por otro lado pero útil para ofrecer una idea del compromiso- hubiera sido como si ETA hubiera tenido entre sus filas más de mil muertos.
Iparretarrak surgió en 1972, bajo el significado de “los de ETA del norte”, aunque con el tiempo algunos de sus cronistas lo mezclaron con “los del norte”. Antiguos mugalaris y colaboradores con ETA dieron cuerpo a esta organización armada con una acción simbólica en Banka. Durante años, convivieron con otras organizaciones armadas como Hordago (15 acciones armadas), Euskal Zuzentasuna (11 acciones) o Indar 7 (cinco acciones). IK y EZ realizaron dos acciones conjuntas en las cercanías de Burdeos. La mayoría de militantes de EZ se integró en ETA. Irrintzi, que colocó su primer explosivo en 2006, ejecutó 20 acciones, Su naturaleza fue desconocida por las fuerzas policiales que durante años dieron palos de ciego, hasta que, en diciembre de 2009, fue detenido en las cercanías de París un joven que, en compañía de su primo y un amigo, habían cometido los atentados, siempre en época estival cuando se hospedaban en la costa lapurtana en sus vacaciones. Iparretarrak tuvo su propio órgano de comunicación, Ildo, que vio su primer número en octubre de 1974 y el último, el número 13, en octubre de 2000.
Entre diciembre de 1973 y noviembre de 1976, Iparretarrak permaneció en silencio hasta que incendió el vehículo de un industrial en Maule. En los años siguientes, IK ejecutaría 13 sabotajes hasta que en junio de 1979 utilizó explosivos, por primera vez, para atacar la subprefectura de Baiona. El 28 de diciembre de 1979, IK intentó destruir, también con explosivos, un cuartel de la CRS en construcción en Angelu. Entre octubre de 1981 y marzo de 1983, IK volvió a permanecer en impasse. Durante 1983 y 1984, IK ejecutó numerosos atentados contra empresas y organismos relacionados con el turismo y asimismo contra propiedades o cuarteles de las fuerzas policiales francesas. Entre marzo de 1983 y diciembre de 1986, IK realizó una actividad sostenida de sabotajes que se saldó con la ejecución de 34 acciones. Entre ellas algunas espectaculares, con explosivos o ametrallando cuarteles. El 3 de marzo de 1986 IK ejecutó cinco acciones reivindicadas contra la impunidad de los GAL.
La actividad de IK volvió a dejarse notar a finales de 1986, cuando un comando liberó de la cárcel de Pau a sus militantes Maddi Hegi y Gabi Mouesca. El operativo se llevó a cabo con el secuestro del director del centro penitenciario por miembros de IK, que acudieron a la cárcel disfrazados de gendarmes. Probablemente la acción más espectacular en época contemporánea de una fuga carcelaria en relación con Euskal Herria. El comando exterior la preparó concienzudamente durante un año.
La Policía francesa dedicó una unidad especial al seguimiento de IK, dirigida por Charles Saenz y ubicada en Pau, que combinó investigaciones exhaustivas con presiones sobre lo que consideraba su medio natural. En 1988, el director del semanario Abil fue juzgado por apología del terrorismo después de publicar un comunicado de IK, la policía allanó Irulegi Irratia y poco después un centenar de policías entraba en el convento de los Benedictinos de Belloc. En 1991, IK realizaría la mayor ofensiva armada de toda su historia, efectuando 44 atentados con explosivos, no sólo en Ipar Euskal Herria, sino también fuera de sus límites como en Pau y en diversas localidades de las Landas.
A partir de 1993, Iparretarrak y ETA comenzaron una serie de contactos destinados a limar las diferencias e incluso a crear una única organización. Las relaciones se habían complicado con las detenciones de militantes de ETA en Ipar Euskal Herria en las redadas policiales que la Policía francesa llevó a cabo en el intento de detención de los que consideraba dirigentes de IK. La oferta de ETA durante el Acuerdo Lizarra-Garazi y el diseño de IK en la tregua chocaron frontalmente, lo que originó un desencuentro que rompió, durante unos años, los puentes trazados. Fue un debate agrio tras la propuesta inicial de ETA, que respondió en su órgano Zutabe al análisis de IK en el Ildo que alejaba las opciones de unión. ETA reconocía los encuentros previos y fue sorprendente que meses antes hubieran estado tan cerca de crear una sola organización. En el fondo de la cuestión subyacían dos proyectos diferentes: la creación de un único escenario político para Euskal Herria (propuesta que ETA también había trasladado al PNV y EA) y la de un Departamento vasco para Ipar Euskal Herria como paso previo a la reivindicación de un Estatuto de Autonomía. Un único ritmo para los siete herrialdes, o varios diferentes como planteaba IK. La autocritica de Batasuna y el cambio estratégico de rumbo propició la reunificación política definitiva en 2009 con EHBai.
Con respecto al silencio de IK desde 2000, hubo alguna excepción posterior, la del asalto a una tumba en las cercanías de Burdeos, en la creencia de que en ella se encontraban los restos de Popo Larre. De la tumba recuperaron un resto óseo que fue trasladado a un laboratorio, para su cotejo de ADN. Del primer análisis, no pudo ser recatado traza de ADN, pero años más tarde, con mejoras técnicas, el resultado fue negativo. El 24 de setiembre de 2015, varios ex militantes de Iparretarrak se reunieron con el GIC (Brian Currin, Raymond Kendall y Alberto Spektorowski), que había pautado el escenario creado para la declaración de Aiete y el final definitivo de la lucha armada de ETA, para mostrarles, en un documento, la actividad de IK en 27 años. Informaron, asimismo, a los tres mediadores de su recorrido político militar, constando que los delegados del GIC apenas conocían de su existencia. Con este acto simbólico, y a pesar de que la organización ya había sido desmantelada, aún sin anunciarlo públicamente, los antiguos militantes de IK dieron por concluida oficialmente su etapa activa.
El 26 de abril de 2025, la asociación Lagundu inauguró un mural en Baigorri en homenaje a los seis miembros de su organización fallecidos durante su recorrido armado. En el acto, uno de los oradores tomó la palabra para señalar que: "Zer gertatu zen aipatu behar da, gure historiaren parte baita. Iragana oroitaraztea ezinbestekoa da, iraganak oraina esplikatzen baitu".

 

 

 

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sábado, 16 de octubre de 2021

Egaña | Aiete, 10 Años

No sabemos que dirán los analistas políticos, historiadores y luchadores sociales acerca de la Conferencia Internacional para la Solución del Conflicto en el País Vasco dentro de digamos, cincuenta años.

Pero a una década de Aiete esto es lo que nos dice Iñaki Egaña acerca de aquel proceso de paz obstaculizado hasta el día de hoy por el jacobinismo.

Adelante con la lectura:


Aiete, 10 años

Iñaki Egaña

El 17 de octubre de 2011, ahora hace una década, se celebró en Aiete (Donostia), la llamada Conferencia Internacional para la resolución del conflicto en el País Vasco. Bajo la atención de los anfitriones, Juan Carlos Izagirre, alcalde de la ciudad y Martín Garitano, diputado general de Gipuzkoa, la declaración que paralelamente abrió la puerta a la disolución de ETA, llevó al escenario a seis personalidades internacionales visualizadas con Kofi Annan, premio Nobel de la Paz y ex secretario general de la ONU.

Cocinar el proceso y gestionarlo hasta el desarme definitivo de ETA en 2017 y su desaparición un año después, con el apoyo y ayuda de los grupos de Contacto y Verificación, así como de los facilitadores, fue de una trascendencia extraordinaria. Jamás en la historia reciente vasca, ha existido una implicación internacional semejante en un tema a fin de cuentas local desde una perspectiva planetaria. Ni siquiera con las presiones contra los fusilamientos de 1975, la amnistía de 1977, las estatutarias de 1979, la llegada del Comité de Expertos en 1985 o el apoyo internacional al proceso de Lizarra-Garazi de 1998, la “calidad” y cantidad de apoyos fue semejante. Por hacer un símil, los primeros jugaron en divisiones regionales, los de Aiete en Primera.

La Declaración de Aiete marcó cinco puntos, de los que, únicamente se ha cumplido uno, el de la disolución de ETA. Los otros cuatro siguen pendientes: que los gobiernos de España y Francia traten las consecuencias del conflicto, el reconocimiento y asistencia a todas las víctimas, la consulta a la ciudadanía y el comité de seguimiento de estas cuestiones.

Como es sabido, Noruega se ofreció como lugar de encuentro, amparando a una delegación nombrada por ETA, pero España miró para otro lado y aquellos 16 meses fueron en balde. La ciudadanía no ha sido consultada y en el tema de victimas aún siguen sin ser reconocidas miles de ellas, entre torturadas y muertas por el Estado. Sobre la comisión de seguimiento, las presiones políticas y judiciales evitaron su creación.

El Henri Dunant Centre, dirigido por Martin Griffiths, imprimió unas pautas resolutivas impecables. Abrió escenarios inéditos para otros conflictos, facilitó los contactos y sugirió apuestas negociadoras atrevidas que marcaron finalmente la unilateralidad. La reunión anual del Oslo Forum de 2017, en la que se juntaron mediadores internacionales de conflictos armados, punteó la línea unilateral de ETA: jamás había existido una experiencia semejante en algún otro punto del planeta.

¿Qué sucedió en el intermedio? El escenario de Noruega era un compromiso de Estado, en una época en la que el presidente español era Rodríguez Zapatero. Aunque en su propio partido Pérez Rubalcaba, el halcón de la razón de estado, le ponía piedras al carro de la resolución del conflicto, los acuerdos eran firmes. A pesar de las dudas de Jesús Egiguren: “podemos perder la posibilidad de liderar el proceso de paz”.

Sacudido desde el exterior y con fuego amigo en el interior, Zapatero adelantó las elecciones de finales de 2011. Ganó el PP de Rajoy, quien señaló “Espero que podamos acabar definitivamente con ETA sobre los parámetros que me parecen lógicos, sensatos y morales". Pero no hubo ni lógica, ni sensatez y la moralidad de Rajoy es un misterio.

El resultado fueron siete años de parón con una dinámica contraria precisamente a lo que marcaban los cánones de un proceso de paz. ¿Congelación? La inmovilidad de los gobiernos español y francés no fue tal en el aspecto clásico de cómo abordar el conflicto. Continuaron las detenciones, hubo denuncias de torturas, y una presión inimaginable a los facilitadores que también sufrieron citaciones judiciales.

La inmovilidad, en cambio, lo fue en el aspecto resolutivo. El Ejecutivo de Gasteiz se apoyó en Rajoy para mantener su estadio de confort. Poderes fácticos y los estados profundos maniobraron para hacer fracasar la paz. Hace años que los sótanos conspirativos concluyeron que la señalización del enemigo separatista cohesiona el sentimiento unitario español.

Actores particulares como Manuel Valls, ministro del Interior de París, Jorge Moragas, jefe de Gabinete de Rajoy o Laurent Hury, jefe de la división francesa contra ETA, o estatales como el CNI o la UCLAT actuaron explícitamente contra cualquier movimiento en el sentido de abrir el camino a la paz. Con recompensas. Moragas, que fue también protagonista en el intento de confundir al independentismo catalán valiéndose de Urkullu, fue premiado con la Legión de Honor por París y la embajada en Washington y la ONU por Madrid. Pedro Sánchez lo puso en su sitio y lo envió, hace poco, al destierro de Filipinas.

Así las cosas, el proceso sufrió un vuelco radical y ahondó en la singularidad, ésta ya desde 2013, con la creación del Foro Social y Bake Bidea, sujetos que dieron continuidad a la Declaración de Aiete. El primer punto de inflexión, fue el de que una parte civil obligó a uno de los estados a salir del guion congelado. El presidente Hollande facilitó el desarme y Macron, con luces y sombras, continuó con la línea abierta en el tratamiento a los presos. En España, por el contrario, este segundo punto se desplegó con la caída del Gobierno del PP y la llegada a La Moncloa de Pedro Sánchez, para que el tema de los presos comenzara un recorrido novedoso. A pesar de la continuidad de la legislación de excepción.

La Conferencia de Aiete y la reflexión en el seno de la izquierda abertzale abrieron nuevas ventanas al proceso independentista con escenarios inéditos, tanto en Nafarroa Garaia como en Ipar Euskal Herria, territorios que del acervo colectivo sentimental pasaron a convertirse en agentes políticos imprescindibles, nuevos modelos. Aiete abrió el paso a una transición política que hoy agoniza, sin haber dado solución a varias de las cuestiones planteadas. Y que finaliza por la necesidad de abordar el futuro con nuevos paradigmas para tomar impulso en el proceso de la liberación nacional.

 

 

 

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martes, 25 de mayo de 2021

El Coloquio de Josu

Desde Naiz traemos a ustedes este artículo que detalla algunas de las participaciones de quienes tomaron parte en el coloquio en donde también ha estado presente Josu Urrutikoetxea.

Adelante con la lectura:


Llamamiento a completar las tareas pendientes para asentar una paz justa y duradera

El panel dedicado a Euskal Herria dentro del coloquio «Dialogar entre enemigos» organizado en la Asamblea Nacional francesa ha permitido analizar la vía vasca a la paz pero sobretodo los ponentes han coincidido en la necesidad de completar las tareas pendientes en materia de presos y víctimas.

Maite Ubiria

El llamamiento ha sido lanzado, primero por el propio Josu Urrutikoetxea, al advertir de que las posibilidades que ofrece la llamada vía unilateral llega a su límite y dejar sentado que es una prioridad abordar las cuestiones pendientes, particularmente las relativas al reconocimiento de víctimas y a la situación de personas presas, refugiadas o deportadas.

Brian Currin, una de las referencias internacionales del proceso de resolución vasco, ha debido reconocer que «no tengo razones para sentirme optimista» en relación a la implicación de los estados en la resolución sobre las consecuencias del conflicto.

No obstante se ha mostrado más esperanzado sobre «las capacidades de la sociedad», con referencia en este caso a Ipar Euskal Herria, para encontrar «caminos». Y se ha respaldado en el precedente de que Euskal Herra fuera capaz de construir un proceso de paz «de espaldas, y por momentos, incluso en contra de la voluntad de los estados».

Currin, que ha explicado que fijó la vista en el caso vasco a raíz de que «en 2004 me contactara en Sudáfrica una delegación de la izquierda abertzale», ha hablado de hitos esenciales como la Declaración de Bruselas (2010), para detenerse en el «avance» que implicó la vuelta a a actividad política legal de la izquierda abertzale, pero no en otro de los capítulos que «estuvo desde el principio encima de la mesa, como fue que en un determinado estadio, esa negociación permitiera dar salida a la cuestión de los presos».

Currin ha repasado las gestiones desarrolladas por el Grupo Internacional de Contacto - no ha olvidado citar las dificultades con que se encontraron primero esos facilitadores, como luego los verificadores por la falta de implicación de los estados - cara a mantener una implicación por mínima que fuera de todas las partes en el esquema de resolución y ser depositario del aval necesario para abordar las cuestiones ligadas a la normalización política y en la fase más avanzada al desarme.

Currin: «Hay que tratar las consecuencias del conflicto»

Como los otros ponentes Currin ha hecho hincapié en el compromiso con abrir «de manera unilateral, una transición desde la violencia hacia la paz» demostrado a lo largo del tiempo por la izquierda independentista, pero sobretodo ha avalado la labor desarrollada por la sociedad vasca.

Y, poniendo como ejemplo a Sudáfrica, ha afirmado que en su país «se pagan las consecuencias de no haber abordado las consecuencias del conflicto» algo que ha estimado clave y que ha considerado que no puede obviarse cara a asentar paz y construir la paz en Euskal Herria.

El compromiso para hacer posible el desarme por los Artesanos de la Paz, pero también los distintos acuerdos impulsados desde entonces por el Foro Social para «avanzar desde amplios consensos en las cuestiones pendientes» han sido remarcados, a lo largo del coloquio, por varios de los ponentes.

La representante de la Fundación Berghof, Véronique Dudouet, ha aprovechado su intervención para recalcar que hay que completar el esquema DDR que figura en los estándares de resolución de conflictos, y al doble emplazamiento realizado por el propio Urrutikoetxea ha añadido una petición dirigida a los electos que han seguido la sesión de debate en la Asamblea Nacional francesa.

«Respetar el estatus de los antiguos negociadores»

«A sabiendas de que por las características de este proceso, y debido a la no implicación al uso de los estados la aplicación de la justicia tradicional es más difícil, les pide a ustedes, electos, que trasladen a los gobiernos la necesidad de abordar la cuestión de la víctimas, pero también del retorno de presos y exiliados o la cuestión del estatus de los antiguos negociadores -alusión al doble procesamiento al que hace frente Urrutikoetxea en el Estado francés- esenciales para construir la paz y la democracia», ha expresado.

Veronique Dudouet ha considerado clave tanto la labor de ONG, sociedad vasca, pero ha dado gran valor al trabajo realizado en el «ámbito interno», que permitió, «que nadie pudiera sentirse alejo a lo acordado, al haberse votado las decisiones, como ocurrió con la decisión clave de la disolución».

La profesora Caroline Guibet ha glosado durante su intervención los distintos procesos de negociacion, sin dejar de hacer alusión a los incumplientos de los acuerdos y a la consiguiente quiebra de confianza que han marcado las relaciones entre las partes y que «han alargado la salida del conflicto armado».

Sin embargo se ha detenido en abordar la transición que implica «pasar de enemigo adversario» y de dar algunos elementos para la construcción de una nueva convivencia.

«Las medidas contra ex negociadores solo contribuyen a alimentar una lógica de construcción del enemigo y no ayudan a construir la convivencia; es más, hacen preguntarse si en realidad no encubren el objetivo de hacer perdurar una determinada hegemonía territorial o ideológica» ha puesto de manifiesto.

La falta de implicacion de los estados no han ayudado a cumplir con las expectativas marcadas en clave de reconciliación por los Acuerdos de Aiete, ha destacado la profesora.

De la dimensión armada a la histórica, por un relato inclusivo

«El conflicto vasco ha pasado, en cierta medida, de la dimensión armada a la histórica, pero a futuro es clave abordar correctamente esa dimensión de memoria y también de construccion de un relato compartido, que deje la voz a todos los implicados, también los que están en los bordes y no en el discurso hegemónico que sigue imperando en el Estado español», ha estimado.

Voluntad política e impulso social son claves para esa construcción de la paz justa y duradera, según la profesora. «No va a ser fácil dar marcha atrás en la historia, pero eso solo se puede hacer, sin imponer, sin excluir, contando con todos y todas», ha remachado, en el debate, el propio Urrutikoetxea.

«Kofi Annan nos dijo que el camino nos llevaría 20 años» ha recordado, ya al final del panel, su dinamizadora, la senadora socialista, Frédérique Espagnac.

«Hay impaciencia, hay heridas profundas en el caso de familias de víctimas y presos, pero creo que al más alto nivel los responsables politicos deben ser conscientes del desafío que tenemos frente a todos nosotros, y que deben ser conscientes de que hay que aceptar riesgos. Personalmene sé lo que es pagar un precio, en el periodo del Gobierno Hollande, pero no debemos olvidar que, finalmente, Manuel Valls salió del gabinete, y llegó un primer ministro, Bernard Cazeneuve, que se atrevió, y tras aquella larga noche en que estábamos ahí, sin saber con certeza lo que pasaría, llegó una histórica jornada de desarme».

 

 

 

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viernes, 22 de enero de 2021

Egaña | La Década Inestable

Una década se dice fácil pero mucha agua ha corrido bajo los puentes de Euskal Herria durante ese lapso.

Desde el muro en Facebook de nuestro amigo Iñaki Egaña traemos a usted su recuento de una serie de hechos enmarcados en el proceso de desarme, desmovilización y reinserción de ETA.

Lean ustedes:


La década inestable

Iñaki Egaña

Hace ahora diez años, ETA informaba de un alto el fuego “permanente, general y verificable”. El comunicado, que conoció la luz un 10 de enero, fue simultáneo a tres cuestiones que anunciaban aquello que tendría su máxima expresión posteriormente, el desarme y la disolución de la organización política, luego también armada, creada a finales de la década de 1950 por un grupo de estudiantes de ingeniería.

Esas tres tramas comenzaron con una reunión entre un delegado de ETA y una representación del Henri Dunant Centre, el que era y sería eje del modelo propuesto en ese proceso finalmente tan singular, Continuaron con un comunicado de la organización aún armada poniendo fin al cobro del llamado impuesto revolucionario y concluyeron con la presentación del International Contac Group: Silvia Casale, Pierre Hazan, Raymond Kendall, Nuala O’Loan y Alberto Spektorowski. Los nombres de Kendall y Spektorowski sorprendieron, el segundo ex asesor de Defensa del Gobierno israelí. Kendall, militar y ex director general de Interpol.

Esos trepidantes meses remataron una primera fase con el anuncio de ETA, el 20 de octubre de 2011, del cese definitivo de su actividad armada y la ubicación de dos de sus delegados en Noruega, a la espera de consensuar con Madrid los aspectos técnicos del proceso. Luego llegaría un tercero, Josu Urrutikoetxea, como el mismo ha contado en dos recientes entrevistas a medios vascos.

Los anuncios históricos no fueron óbice para que, desde sectores propios del entonces Gobierno de Zapatero, como del Estado profundo, como de supuestos afectados por los daños colaterales del cese de la actividad de ETA (escoltas, guardias con pluses, seguritarios, víctimas) se cuestionara la veracidad del proceso, se tachara de terroristas a quienes estaban al lado derecho de la barricada e incluso se criminalizara a los observadores y mediadores internacionales. En 2014, la Audiencia Nacional citó a Ram Manikkalingam, Chris Maccabe y Ronnie Kasrils, de la International Verification Comission. No se atrevieron a encarcelarlos por “colaboración con banda armada”, pero lo intentaron.

La noticia de un proceso de paz inédito en Euskal Herria incomodó a buena parte de la clase política hispana que puso palos en las ruedas. El CNI se inventó un atentado fallido contra Patxi López, el entonces lehendakari, y el también supuesto comando que debería atentar fue detenido por la Guardia Civil que puso su grano de arena para frenar lo que llegaba. Los detenidos denunciaron torturas e incluso una violación en custodia, en la sede de la Benemérita en Guzmán el Bueno, de Madrid.

En Noruega, acostumbrados a ofrecer su suelo como intermediarios, no daban crédito a lo que sucedía. Johan Vibe, que luego viajaría a Colombia tras el fracaso del proceso de paz vasco para intermediar entre Bogotá y las FARC, fue ninguneado por Mariano Rajoy y su correveidile Jorge Moragas. Era el mismo Moragas que luego utilizó a Urkullu para engañarle a Puigdemont el día de la proclamación de la República catalana. Más que diplomáticos, forofos de la causa nacionalista española.

Los análisis de la inteligencia española incidían en una cuestión apenas explicitada. La actividad de ETA favorecía a sus intereses de cohesionar un estado fallido como el español. Después de varias décadas de actividad, condensadas sobre todo en los años de plomo, el desgaste y la inestabilidad provocada por ETA estaban amortizados. Más aún con todos los cambios legislativos de Madrid que introducían el estado de excepción en la “normalidad”, con el beneplácito de la clase política incluidas la derecha vasca y catalana, y las alianzas internacionales.

Así que paradójicamente, la inestabilidad y debilidad del Estado español que buscó ETA desde su cambio estratégico en 1978 con la aparición de la Alternativa KAS y luego la Alternativa Democrática, para negociar con Madrid una solución al histórico choque territorial y nacional, llegó con el inicio de su proceso de reflexión que culminó con su disolución en 2018. Y, por el contrario, la estabilidad que había logrado el Estado español desde el fracaso de las Conversaciones de Argel de 1989, con la excepción del terremoto político del Acuerdo de Lizarra-Garazi de 1998, saltó por los aires.

Sería pretencioso señalar que el fallido proceso de paz que dio comienzo en aquel enero de 2010, con antecedentes notorios entre ellos las declaraciones de Bruselas y Gernika, y concluyó con la disolución de ETA, ha sido la causa de la mayor crisis política del Estado español en el último medio siglo. Aun así, habría que reconocer que su reflexión, y la del conjunto de la izquierda abertzale, ayudó a deshacer numerosos nudos e imputárselos, precisamente, a su enemigo secular.

Porque en esta década que nos precede hemos visto numerosas evoluciones e incluso metamorfosis en un proyecto como el del Régimen del 78 que huele a cadáver. La monarquía borbónica, la institución que lo ampara, se arrastra como un protagonista de una de las historias macabras de Lovecraft. Un rey corrupto y adúltero, en un estado cuasi confesional, en fuga como su abuelo Alfonso XIII. Un partido gobernante con su ala derecha siguiendo los pasos del fascismo clásico, calificado de “organización criminal” por un atrevido juez. Una vuelta a los orígenes del proyecto español, sustentado en la fuerza.

Una declaración unilateral de independencia, la de Catalunya de 2017, avalada por unas urnas declaradas ilegales desde Madrid, que fue respondida con detenciones, cárcel, porrazos y culatazos, al más puro estilo gansteril. Con la huida del presidente de la Generalitat recordando otros tiempos como los que llevaron al patíbulo a Companys. Un intento de atentado de un francotirador contra el presidente hispano Pedro Sánchez, por cierto, rechazado por su dirección y encumbrado por sus bases. Una izquierda abertzale con incidencia en Madrid, Baiona, Iruñea y Gasteiz. Lo nunca visto. Son las paradojas de la confrontación política.

 

 

 

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sábado, 1 de junio de 2019

ETA y su Final

A poco más de un año de que culminase la desmovilización de la organización antifascista vasca ETA - misma que se escenificó en Ginegra y en Kanbo - desde Gara traemos a ustedes esta entrevista:


Poco después de producirse la declaración de ETA del 3 de mayo de 2018, en la que la organización clandestina informaba de la decisión de poner fin a su trayectoria, llegó a los kioscos y librerías el libro-entrevista realizado por el director de GARA, Iñaki Soto, a la última dirección de ETA, coeditado entre este periódico y la editorial Txalaparta. Con motivo del primer aniversario se ha editado la versión en castellano de aquel libro hecho en euskara, la lengua utilizada para la entrevista.

En estas tres páginas recogemos algunas de las preguntas y respuestas de este trabajo de indudable valor periodístico e histórico.

Además de lo que dice el Estado español o diversos agentes, muchos ciudadanos y ciudadanas vascas creen que ETA ha fracasado. También algunos del entorno de la izquierda abertzale han vivido todo el proceso con resignación…

Hemos de tener perspectiva histórica, porque eso nos proporcionará referencias correctas para mirar al futuro con tranquilidad. Mirando hacia atrás, Euskal Herria lleva siglos perdiendo guerras, perdiendo instituciones y capacidad de soberanía, perdiendo rasgos de identidad, sufriendo etnocidio cultural y lingüístico. Y nuestra historia nos demuestra que únicamente la resistencia ofrecida como pueblo nos ha posibilitado no solo sobrevivir, sino mantener abiertas las opciones para la libertad.

También a lo largo de la trayectoria de ETA hemos perdido algunas batallas y ganado otras. Para un movimiento como el nuestro, no hay victoria total, pero es posible perderlo todo, sufrir una derrota absoluta; eso puede ocurrir cuando el enemigo te deja sin ninguna capacidad para impulsar cambios políticos y desarrollar iniciativa política. Es evidente que el enemigo no ha conseguido nunca un escenario tal en Euskal Herria, a pesar de que ese ha sido el objetivo principal de la lucha contra ETA, esto es, ahogar a la izquierda abertzale y simultáneamente enterrar también su proyecto político.

(...)

En sus documentos del debate se reconoce claramente que, a pesar de lo dura y prolongada que ha sido la lucha, la organización no ha logrado sus objetivos. ¿Podría resumirse, en pocas palabras, qué ha logrado y qué resta por lograr?

Para hacer ese balance no hay más que ver en qué situación se encontraba Euskal Herria antes del nacimiento de ETA, en alto riesgo de desaparición definitiva como pueblo bajo la dictadura de Franco. En el ciclo histórico de los últimos 60 años se ha producido una revitalización nacional, el proyecto independentista ha arraigado en amplios sectores, la brecha para con España se ha agrandado y, en general, se ha ido acumulando fuerza popular en torno a esos objetivos. Esto es, creemos que hemos puesto base suficiente para avanzar en el camino de la libertad; tenemos una patria viva, y los caminos que antes permanecían cerrados están abiertos ahora.

Hoy en día tenemos mejores condiciones políticas, más instrumentos y mayorías más amplias para acometer nuestros desafíos nacionales. Pero todo ello no es de por sí logro de ETA, sino de un pueblo que ha desarrollado una lucha ejemplar. Es la cosecha producida por la semilla sembrada por la izquierda independentista, que además de organizar durante décadas la defensa de Euskal Herria se ha entregado a la construcción nacional y social.

Del mismo modo, reconocemos humildemente que no hemos obtenido totalmente nuestros objetivos, pues el objetivo de ETA ha sido lograr la libertad de Euskal Herria, y nuestro pueblo no es todavía libre. En la época de la Transición española no conseguimos provocar la ruptura democrática e impedir el establecimiento de la reforma franquista, y en el posterior y largo periodo de lucha tampoco hemos sido capaces de lograr el reconocimiento del derecho de autodeterminación.

Es necesario entender esa cruda realidad para mirar cuál es el camino que nos queda por recorrer. ETA fue el punto de partida para conquistar mejores situaciones y condiciones en el camino hacia la independencia; ahora, el camino continúa, pues el final de ETA no es el epílogo de nuestra lucha, sino el hito de partida de un nuevo recorrido a emprender con ilusión.

Formulemos otra vez la pregunta si se quiere en términos más filosóficos. Visto el gran coste humano, ¿realmente todo esto ha merecido la pena?

Tal y como nos enseña la historia, el avance de todos los procesos de liberación exige luchar, exige sacrificio. Y durante décadas hemos considerado la lucha armada como el instrumento más eficaz para avanzar en ese camino. Sabíamos, conociendo el carácter de los dos poderosos estados a los que nos enfrentamos, que ese camino no sería sencillo. Ese compromiso lo hemos pagado caro, lo estamos pagando aún, pues nuestros compañeros están pagando su patriotismo con largos años de cárcel o de deportación.

No nos decepciona el hecho de ver que en este ciclo de lucha de ETA no hemos conseguido todos los objetivos, o el haber sufrido fracasos. Hoy tenemos más cerca la posibilidad de alcanzar nuestros objetivos que cuando empezamos. Lo frustrante habría sido observar, sin luchar y sin organizar la resistencia vasca, cómo enterraban el proyecto nacional vasco, ver cómo se diluía para siempre nuestra identidad como pueblo sin hacer nada firme: frustrante habría sido dejar que Euskal Herria fuera destruida política, cultural, social y lingüísticamente.

También a futuro, y aunque sin el sufrimiento experimentado hasta ahora y con otros métodos, serán imprescindibles los compromisos personales sólidos para conseguir la soberanía de Euskal Herria. Los estados enemigos no nos regalarán nada, no nos lo pondrán fácil. No nos engañemos: no hay libertad sin sacrificio. Todas las oportunidades que se han abierto hasta ahora en Euskal Herria, todas las nuevas realidades, lo han sido gracias a la lucha y a la presión popular.

Cuando dentro de unos años las siglas de ETA se citen en los libros de historia, sea aquí o sea en el ámbito internacional, ¿cómo la definirán?

La famosa batalla del relato… Es muy arriesgado lo que algunos están planteando con eso, pues a lo verdaderamente ocurrido se le quiere dar una determinada caracterización histórica acorde a los intereses políticos del momento. Dejemos a los historiadores que hagan su trabajo, y pidámosles prudencia y honestidad académica. Transcurrido un tiempo se percibirán con más claridad aún determinados sucesos y los motivos de esos hechos. En cualquier caso, perderán el tiempo si se obcecan en afirmar que ETA no ha sido más que una banda de malhechores y en imponer el relato que pretende vender que aquí no había problema político. Nuestro pueblo posee madurez suficiente para evitar semejantes fraudes.

¿Qué le dirían sobre la organización, dentro de cinco años, a un joven que ahora tenga quince?

Que asumimos un compromiso frente a la injusticia, que nos esforzamos en llevar el barco al puerto de la libertad, que ese último objetivo no lo conseguimos, a pesar de los avances realizados, pero que, como sí había posibilidades de arribar a ese puerto y como el modo más adecuado de aprovechar esas oportunidades era tomar otra ruta, decidimos disolvernos, tras haber dado lo mejor de nosotros y nosotras mismas. Y que posteriormente nuestra gente ha seguido dando todo lo que ha podido desde el puesto que ha considerado más adecuado. Todo eso le diríamos.

¿Qué ciclo termina, en concreto? ¿Cómo se define el ciclo en el marco de la larga historia de Euskal Herria?

ETA quiere cerrar un ciclo en el conflicto entre Euskal Herria y los estados. ¿Qué ha caracterizado a ese ciclo? La imposición y la negación de los estados. En esa situación, la segunda característica es que ese conflicto lo ha marcado el empleo de la violencia política. Eso es lo que se quiere cerrar para abrir otro nuevo. Esa es la voluntad de ETA, pero con la voluntad de ETA no basta, pues es obvio que los estados quieren continuar en el ciclo anterior, impidiendo la confrontación democrática. La clave para dar impulso al nuevo ciclo será convertir su fuerza –el empleo de la violencia y la imposición– en debilidad.

¿Entendieron que la implicación de Kofi Annan y el resto de representantes internacionales legitimaba a una organización que hasta entonces había estado en todas las «listas negras»?

Nosotros entendimos, sobre todo, que Kofi Annan y el resto de representantes hacían una lectura razonable del conflicto, y que proponían una solución razonable para dar un fin ordenado a la época del enfrentamiento armado y resolver el conflicto político por cauces democráticos. Muy probablemente no consideraban legítima la lucha de ETA, pero al menos la contextualizaban, y tenían a la organización por interlocutor válido para el proceso de resolución.

Todo ello chocaba frontalmente con las tesis defendidas por España, claro. España no quería que se resolviera el problema político, y para ello se valía del discurso del «terrorismo», llevándolo a sus últimos extremos. El problema es que España no quiere una solución razonable, ni aquí ni en Catalunya. España no quiere hablar ni con ETA ni con Puigdemont. La única opción que contempla es la de imponer su proyecto.

Hicieron falta más de tres años para poder efectuar el desarme; a partir de ese momento, en solo un año se dio por finalizado el ciclo de la organización. ¿Eso quiere decir que el desarme constituyó el momento más comprometido del proceso, el momento clave?

Ambas cuestiones respondían a la misma lógica, y en cierta medida, eran las dos caras de una misma reflexión y de una misma decisión. A fin de cuentas, tras las dos decisiones estaba la aportación que tenía que hacer ETA para cerrar el ciclo anterior y para impulsar un proceso como pueblo en la nueva fase política. Pero es cierto que el desarme tenía dificultades añadidas.

En sus ponencias se habla del riesgo de agonía, y que el final ha sido digno. ¿Qué habría sido perder la dignidad, en este ámbito? ¿Y por qué la palabra agonía?

Este ha sido un proceso muy complicado para ETA, pues los estados han intentado imposibilitar que pudiera plasmar su decisión estratégica. Buscaban la imagen de la victoria que no habían podido conseguir durante todo el periodo de confrontación. Más que el fin de la lucha armada, lo que deseaban era el fracaso de ETA, para condicionar política y psicológicamente el movimiento de liberación.

El riesgo de agonía era quedarse en ese quiero y no puedo. Algo de eso estaba sucediendo con el desarme, y ello restaba fuerza a las decisiones adoptadas por ETA. Haberse quedado en esa situación no habría sido digno, pues traía la descapitalización de la lucha practicada por ETA durante décadas.

Era tarea de ETA legar al proceso de liberación el capital político e histórico acumulado durante años, para afrontar sus nuevos desafíos, y eso es lo que ha hecho. Era lo mínimo que debíamos a quienes han dado la vida en la lucha, que su entrega fuera válida para dar un nuevo impulso al proceso de liberación.

(…) ¿Cómo se puede implementar otro modelo de excarcelaciones?

(…) La fase actual es la de traer a presos y refugiados a casa, y sostenemos que para ello hay que utilizar todos los medios posibles, tanto políticos como jurídicos. En este tema no nos gusta hablar de líneas rojas: la línea roja es que los presos y las presas no se queden en la cárcel. Y además sostenemos que hay que conseguir ese futuro sin presos ni exiliados con la implicación de todos los sectores populares identificados con esta idea y con las instituciones vascas. Nuestra actividad armada ha terminado; este pueblo ha cubierto una etapa en su proceso de liberación y ha emprendido otra, la de construir la República Vasca por mayoría democrática. Y en ese camino, han de vaciarse las cárceles. Es prioritario, y de sentido común. Y ahí no vale ni el modelo de 1977 ni el de 1987; debemos implementar un modelo que se adapte a nuestra realidad y a nuestro tiempo, un modelo cuyo objetivo sea que quienes queremos un futuro sin presos ni exiliados traigamos a todos y todas a casa. Ese es el objetivo a conseguir, y habrá que hacer todo lo que sea necesario para ello, sin ninguna clase de complejos.

¿En qué coordenadas sitúan la cuestión de las víctimas, el reconocimiento del daño producido y la reconciliación?

Consideramos que en la sociedad vasca hay una serie de bases muy extendidas, y esto es un análisis objetivo. Esas bases consisten en que hay que reconocer todas las violencias y que todas las víctimas tienen derecho a la verdad, a la justicia y a la reparación. Esos preceptos son ampliamente apoyados en la sociedad vasca. También consideramos que la sociedad está por la reconciliación, y que es un proceso que socialmente ya está en marcha, por encima de intereses políticos y del ruido mediático. Son temas en los que tiene que trabajar la sociedad civil, los diversos agentes, las instituciones y la ciudadanía.

Todos estos años de lucha contra el Estado español han dejado un rastro en nuestro pueblo, hasta el punto de convertir a los adversarios políticos en enemigos. Ahí la izquierda abertzale tiene un campo de trabajo prioritario, porque en el proceso de la reconciliación que en el futuro repare todo el daño provocado durante estos largos años se requerirá el esfuerzo de todos. Todos y todas somos necesarios para curar las heridas, desde el respeto y el reconocimiento de todas las víctimas y todo el daño.

También sería deseable una reconciliación con los estados, pero para llegar a eso en primer lugar sería necesario que nos reconocieran como pueblo.

(…) Ha pasado mucho tiempo desde el atentado contra Carrero Blanco...

Sí, sabemos que nuestra respuesta da pie a otros debates. Algunos dirán que tras Franco la lucha armada ya no estaba justificada; otros pondrán más tarde la fecha, con el Estatuto, con Argel o con Lizarra-Garazi… normalmente en consonancia con el punto de vista o los intereses de cada uno. Muchos han experimentado una evolución al analizar las circunstancias políticas y sociales, o liberando sus propias contradicciones internas. Es legítimo. Hay otros casos más llamativos. Eran muy, muy duros, en la defensa de la lucha armada, los más duros entre todos, y luego han actuado de la misma manera contra la organización. También entonces, sin escrúpulos. A decir verdad, los renegados no ofrecen un ejemplo muy edificante.

Para nosotros y nosotras, la condena universal y absoluta no se corresponde con la realidad. Es vacía, cínica, y no tiene más objeto que deformar el carácter del conflicto. Muchos de quienes afirman eso lo hacen desde una falsa superioridad moral. Sin embargo, aunque decimos que semejante condena universal no es justa, nuestro objetivo en este momento no es hacer una loa de la lucha armada. Sabemos que ello no facilita el proceso que exige la fase política que se avecina y la solución del conflicto. Es hora de reconocer con respeto el daño causado, de asumir sinceramente lo sufrido por otros, y de esforzarse por alcanzar la reconciliación. Es el momento de buscar el modo de sanar, respetando los derechos de todos y todas, y ofreciendo soluciones democráticas a los problemas.

Ya antes ha reconocido ETA que su actividad armada ha herido o matado a «inocentes» y ha mostrado su pesar. Pero, al hacer eso, podría entenderse que de alguna manera consideraba culpables a las restantes víctimas.

Con la última declaración hemos dado un paso, reconociendo todo el daño causado y mostrando respeto a todos los damnificados. Quienes no quieren avanzar han utilizado la petición de perdón a los fallecidos a consecuencia de errores para despreciar este paso, en una decisión política adoptada para dar un sentido negativo a la declaración. Entendida en su integridad, la declaración ofrece la oportunidad de mirar hacia adelante, pero hay quien está más cómodo en lo de siempre. No decimos que los demás tengan que estar de acuerdo con nuestra declaración, ni mucho menos. Podrían decir que la declaración no les satisface del todo, que no es suficiente, pero podrían reconocer que hay compromiso para avanzar y camino para seguir trabajando. Creemos que muchos han mostrado poca altura.

(…)

Según algunos sectores de izquierda españoles, a consecuencia de ETA el fantasma de la ultraderecha española despertó. ¿Qué tienen que decir?

Cada uno puede engañarse a sí mismo de la forma que quiera, pero eso no es verdad. Hacía mucho que esas tendencias ultraderechistas no estaban tan fuertes como ahora, cuando no hay lucha armada. Siguiendo ese argumento, tendríamos que dejar de pedir derechos legítimos, para evitar ese otro efecto, o volviendo a la pregunta anterior, para esquivar la represión. Esas afirmaciones son inaceptables, malintencionadas y también una pobre excusa para no hacer lo que es realmente justo.

La realidad es la contraria. Si se hubiera encauzado una solución política, esa ultraderecha habría pasado a ser marginal. Ese sector se siente cómodo con el discurso que hizo el rey español el 3 de octubre de 2017 sobre Catalunya; de ahí se legitiman y se nutren los ultraderechistas, los fascistas, los xenófobos…

Tras haber mostrado Madrid y París una postura tan dura, ¿puede en lo sucesivo darse un cambio de paradigma tras la decisión de ETA?

La decisión de ETA no está directamente ligada a eso; no se ha tomado para flexibilizar rápidamente la posición de los estados. Mejor si ocurriera, y sería lógico, pero también puede ocurrir lo contrario: que los estados, especialmente el español, endurezcan determinados comportamientos para obstaculizar precisamente el necesario ciclo liberador que hemos de emprender. En muchas ocasiones la ecuación «tú haz A y tu enemigo tendrá que hacer B» no se cumple. La clave está en crear nuevas condiciones que hagan incomprensible e insostenible la posición del otro y fortalezcan el proceso como pueblo, pues solamente así se podrá cambiar la posición de los estados en el futuro.

¿Cómo afecta el empleo de la violencia? ¿Hasta qué punto endurece a la persona?

De nuevo se puede traer a colación la cita de Argala. Tiene consecuencias, claro. Pero, haber sufrido tanto y haber hecho sufrir tanto no ha transformado a la militancia de ETA en unos cínicos. Si nos hubiéramos convertido en personas despiadadas y crueles, habría redundado en perjuicio para nosotros mismos y para nuestra lucha. Haber vivido esas situaciones extremas endurece a la persona pero, si en tu interior no estás corrompido por el odio, haber vivido todo eso también te convierte en más responsable, incluso a la hora de buscar otras soluciones. Lo hemos visto muy claro en la actitud y el comportamiento de la militancia en el último debate [el que ha llevado a la disolución de ETA].

¿Cómo puede proclamarse que la vida es el valor supremo y poner los derechos humanos en primer plano y, al mismo tiempo, violar los derechos humanos y quitar la vida?

En la sociedad vasca existe acuerdo suficiente a la hora de definir un marco ético. Ese marco debería ser todos los derechos para todas las personas. Y también nosotros hemos dado pasos hacia ese horizonte. Todos y todas merecemos la vida, una vida digna y en libertad. Y es que no existe un solo valor supremo.

El punto de partida para la decisión de abandonar la lucha armada fue político; es decir, una adecuación de la estrategia –analizada la situación y tomado el mejor camino para avanzar–, pero aun siendo eso así, en medio del debate nos ha surgido también el factor ético, y nuestra reflexión nos ha llevado a querer fortalecer el citado marco ético. Es cierto que cuando el conflicto se daba en toda su crudeza eran otros los parámetros dominantes. Es verdad que no abordábamos la cuestión desde ese punto de vista y que prevalecía la necesidad de hacer frente a la opresión, pero incluso en aquella situación se daban valoraciones éticas, por ejemplo rechazando hacer acciones indiscriminadas para evitar la degeneración de la lucha armada.

De cara al futuro, ¿quién marcará las líneas de lucha? En gran medida, eso es lo que ha hecho la organización las últimas décadas…

No nos corresponde a nosotros y nosotras manifestar cómo se tienen que organizar y estructurar las fuerzas que guiarán en adelante el proceso soberanista vasco. Está claro, vistas las nuevas formas de organización de la sociedad, que todas esas funciones no podrán quedar en manos de una sola organización política, y que la dirección del proceso habrá de ser plural, transparente, participativa y abierta.

El nuevo proyecto de creación del Estado Vasco tendrá que mostrar gran flexibilidad política, y harán falta referencias abiertas para implicar a amplios sectores populares y que así el proceso resulte atractivo para quienes tienen todo tipo de aspiraciones y deseos y todo tipo de puntos de vista ideológicos.






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jueves, 24 de enero de 2019

Libres Periodistas del «Sumario Baigorri»

Celebramos que la cordura haya hecho su aparición en el juzgado que ha librado de culpa a dos periodistas programados para sentarse en el banquillo no solo por llevar a cabo su ejercicio periodístico sino por su apuesta por la paz.

Aquí tenemos lo que nos reporta Naiz con respecto al «sumario Baigorri»:


La causa contra Ramuntxo Sagarzazu y Pantxo Flores ha sido archivada. Ambos fueron detenidos en setiembre de 2015 en Baigorri junto a los miembros de ETA Iratxe Sorzabal y David Pla. Según informan hoy Mediabask y Kazeta.eus, ni el magistrado ni el fiscal consideran que «debatir sobre el proceso de paz» con dos interlocutores de ETA pueda ser considerado un delito.

El juez de instrucción no ve motivos para seguir adelante con el proceso abierto contra dos ciudadanos vascos con los que Iratxe Sorzabal y David Pla tuvieron contacto durante su estancia en Baigorri en setiembre de 2015. De acuerdo a la información que hoy publican el semanario Mediabask y el medio digital Kazeta.eus, ni el magistrado ni tampoco el fiscal consideran que «debatir sobre el proceso de paz» con dos interlocutores de ETA pueda ser considerado un delito. De este modo, Ramuntxo Sagarzazu y Pantxo Flores no se sentarán en el banquillo en el juicio que arrancará en el Tribunal Correccional de París a primeros de febrero.

Flores y Sagarzazu fueron detenidos el 22 setiembre de 2015 en una casa rural de Baigorri en la que se alojaban dos interlocutores destacados de ETA, Iratxe Sorzabal y David Pla. Según se conoció después, los dos miembros de la organización armada acudieron a ese lugar para abordar con agentes del país la situación global del proceso de paz.

Cabe recordar que anteriormente a la operación de Baigorri dos miembros de la organización implicados en las tareas previas al desarme, Iñaki Reta y Xabier Goienetxea, habían sido detenidos, junto a las personas que los alojaban, en la cercana localidad de Ortzaize.

Un año antes, en febrero de 2014, un tribunal de París ordenó que la Policía interrogara, en la comisaría de Baiona, a varios miembros del llamado Grupo Internacional de Contacto (GIC), encabezado por el abogado sudafricano Brian Currin.

Esos precedentes demostraban a las claras que los estados no sólo no asumían su responsabilidad de ejercer de garantes del desarme sino que estaban decididos a torpedear incluso la decisión de la organización clandestina de invalidar definitivamente su arsenal, mediante acciones policiales y judiciales contra militantes de ETA y hasta contra facilitadores internacionales.

Por la decisión judicial, que data de octubre de 2018, pero que ha sido dada a conocer hoy por Mediabask, en su edición papel, y por el medio digital en euskara Kazeta.eus, un magistrado instructor y un fiscal de la «sección antiterrorista» coinciden por primera vez a la hora de argumentar el contexto político en una causa abierta contra dos procesados por su relación con ETA.

El juez expone como argumento principal que reunirse con dos miembros de ETA para hablar del proceso de paz «no constituye delito», una posición que la Fiscalía comparte expresamente en el caso de Sagarzazu y que, a pesar de las reticencias iniciales de dicho ministerio público, una instancia de apelación ratificó también en el de Flores.

Pla y Sorzabal, en correccional

A partir de esta decisión inédita, Pla y Sorzabal serán juzgados los próximos 4 y 5 de febrero en el Tribunal Correccional de París, en una causa en la que responderán de diversos delitos entre ellos «asociación de malhechores» e «infracción de la legislación relativa a tenencia de armas».

El hecho de que el caso sea visto en la jurisdicción correccional y no en «assise» o jurisdicción de lo criminal obedece al hecho de que ambos no han sido imputados en calidad de dirigentes de ETA. La pena máxima en correccional es de diez años.

Por su parte, Sagarzazu y Flores, que quedaron en libertad con diversas medidas de control policial después de la operación policial en Baigorri, no deberán sentarse finalmente en el banquillo al haber aceptado el tribunal la demanda de archivo de la causa que presentó en su día su defensa.

La demanda de la abogada Xantiana Cachenaut fue asumida directamente por el ministerio público en el caso de Ramuntxo Sagarzazu. El vecino de Oiartzun declaró desde el principio a la Policía que acudió a la casa rural de Baigorri para tratar del proceso de paz con los dos miembros de ETA. De hecho, según figura en su informe, «las declaraciones que ha mantenido de forma constante en el sentido de afirmar que había acudido al domicilio de François Flores el día mismo de su detención para mantener una cita clandestina con Iratxe Sorzabal y David Pla, para tratar con ellos del proceso de paz, no han sido desmentidas por ningún otro elemento de la causa».

El juez instructor, tras respaldar esa posición de la acusación pública, añadió en sus conclusiones que la trayectoria de Sagarzazu, condenado en 2010 por pertenencia a ETA, «no permite, por sí misma, deducir la existencia de una infracción».

Los antecedentes no son prueba

Por el contrario, en el caso de Flores, el fiscal no secundó de entrada la demanda de archivo presentada por la defensa del vecino de Baigorri, al considerar que éste «no podía ignorar que sus huéspedes eran miembros de ETA y que su casa rural había sido alquilada de forma atípica».

Con todo, el juez instructor no compartió la posición de la Fiscalía de mantener la petición de «asociación de malhechores», por lo que recurrió la misma. Finalmente, con fecha de 5 de octubre de 2018, la instancia de apelación confirmó la argumentación de la defensa del navarro.

En la respuesta a ese recurso el argumento del contexto político se expresa, si cabe, con mayor nitidez. «Tratándose de Flores (…) no puede considerarse que participara en una asociación de malhechores terroristas (…) y en lo que respecta a Sagarzazu, los únicos indicios en su contra son haber entrado en contacto con miembros de la organización terrorista ETA con el único fin de debatir sobre el proceso de paz o de facilitar esa discusión».

Dicho lo cual expone, ya hablando de Pantxo Flores, que «el mero hecho de haber estado inmerso en un procedimiento por terrorismo tras su detención en 2007 no serviría para respaldar una adhesión del interesado a ETA o su voluntad de aportar apoyo logístico a Iratxe Sorzabal y David Pla en su acción clandestina». El vecino de Baigorri fue detenido anteriormente en la operación policial contra el bar Kalaka de Donibane Garazi, en 2007. Once años después, al igual que el resto de las personas imputadas en el caso, sigue a la espera de un proceso judicial.

La decisión de apartar de la causa a Flores y Sagarzazu ha sido valorada favorablemente por la letrada Cachenaut, quien en declaraciones a dichos medios de comunicación de Iparralde, remarca que hasta la fecha «el más mínimo contacto con miembros de ETA llevaba inmediatamente a ser objeto de una causa por asociación de malhechores». El contexto político ha sido evocado anteriormente en unos pocos casos, concretamente por dos jueces «de penas y libertades» y por uno de la corte de apelación, en causas relativas a excarcelaciones bajo control judicial o a suspensión de la pena. Lo que es bastante más novedoso es que desde la «fiscalía antiterrorista» se respalde esa posición, dando además argumentos de refuerzo propios, como ha ocurrido en el «sumario Baigorri».






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sábado, 20 de octubre de 2018

Entrevista a Brian Currin

Les compartimos esta entrevista que Brian Currin ha concedido a Deia tras clausurar los trabajos del Grupo Internacional de Contacto:


Antes de despedirse de Euskadi tras dar por cerrado el Grupo Internacional de Contacto, el abogado sudafricano repasa la evolución del final de la violencia de ETA

Arantzazu Zabaleta

- ¿Cómo se involucró en la situación de Euskal Herria?

-En el año 2003 o 2004 se acercaron a mí los líderes de Batasuna. Entonces yo estaba trabajando en Irlanda del Norte y el Sinn Féin les sugirió que hablaran conmigo. Su objetivo entonces era arrancar un proceso que acabara con la liberación de los presos.

¿Y cuál fue su primera impresión sobre la situación de Euskal Herria?

-Supe que había un serio conflicto, pero también estaba convencido ya entonces de que Batasuna buscaba un proceso de paz. También sabía que anteriormente Madrid había entablado conversaciones con Batasuna y ETA en distintos momentos y me parecía completamente legítimo: proceso de paz y liberación de presos van de la mano, siempre lo hacen. En todos los procesos del mundo son una cuestión sobre la mesa. Vi la situación y estuve conforme con intentar hacer una contribución en esa cuestión.

Sus primeras declaraciones sobre Euskadi fueron un llamamiento a generar confianza. ¿Fue el inicio de un proceso de paz?

-Ya había habido diálogo entre ETA y Madrid, mi papel no estaba en ese nivel, sino en tratar de generar confianza aquí. Pero en ese momento no estaba previsto que yo jugaría el papel que he jugado finalmente, sino que trabajara discretamente en torno a posibles mecanismos que pudieran ser parte de un acuerdo final que trataría también el asunto de los presos.

A finales de 2006 detonaron las bombas en Barajas. ¿Qué significó para el proceso?

-Fue un momento determinante para Madrid. Hasta entonces, Madrid había participado, había mantenido conversaciones y lo hizo también poco después. Pero obviamente tuvo un impacto enorme en Zapatero y en su confianza en las conversaciones con ETA y Batasuna. Era evidente que no confiaría más en ETA. Desde entonces no hubo más implicación por parte de Madrid, solo una mínima en 2011 en la declaración de ETA.

En todo este proceso ha seguido de cerca a la izquierda abertzale. ¿En qué momento les ve conscientes de cambiar de estrategia?

-La forma en que lo vi entonces, y creo que es correcta, es que la mayor parte de la dirección de la izquierda abertzale estaba situada dentro de ETA, no dentro de Batasuna. Y mi postura era que el liderazgo político debe estar en la rama política, porque son ellos los que están asumiendo compromisos, los que negocian, los que viven en Euskal Herria, los que se enfrentan a su militancia y votantes, los que están en contacto con la realidad de base. Era necesario un cambio. Fue una discusión interna y estratégica que tenía que pasar entre Batasuna y ETA y entre 2006 y 2008 ese poder de tomar decisiones políticas pasó a Batasuna. Una vez que pasó eso, fue mucho más fácil... Además, por esa misma época, Batasuna entendió que con su proyecto no estaba consiguiendo y no conseguiría el resultado deseado, el derecho a decidir. Necesitaba cambiar de estrategia, hacer las cosas de forma diferente.

¿Ese cambio de estrategia fue definitivo para retomar o empezar de nuevo el proceso de paz?

-Sí, eso fue el principio de dónde estamos ahora. Pero las consultas entre Otegi y ETA para dar forma a esa nueva estrategia y donde se acordó la necesidad de que ETA acabara con la violencia acabaron con el encarcelamiento de Otegi y sus colegas. Creo que fue una tragedia.

¿Fue un momento difícil para el proceso?

-Lo fue, fue un momento muy difícil. Estaban tratando de convencer a las bases de que tenían que dar un paso adelante y cambiar de estrategia. Todo el mundo sabe que Otegi y sus compañeros estaban discutiendo sobre eso.

Para gran parte de la sociedad ETA acabó con ese alto el fuego de 2011 y parece que hasta 2017 apenas pasó nada. ¿Qué hicieron esos años?

-Tuvo lugar la legalización de Sortu, que no fue una concesión, sino un derecho, y Bildu estaba ya participando en el proceso político, estaba en el sistema. Pero seguían pendientes el desarme, la disolución y el asunto de los presos. Gran parte de ese tiempo se dedicó a intentar buscar maneras para lograr que Madrid se involucrara en este tema. También queríamos que se implicara en el decomiso de las armas, porque no sabíamos cómo hacerlo. Si no, ¿qué haríamos con las armas? ¿Dejarlas en cualquier sitio? El hecho de que hubiera todavía armas y que ETA siguiera existiendo estaba ralentizando el proceso y se culpaba a ETA y a la izquierda abertzale por no ser tajantes en ese punto. Obviamente, decidieron que necesitábamos completar el proceso.

Sin la participación del gobierno.

-Sí. Llevó bastante tiempo llegar a ese punto en el que pudieran dar ese último movimiento sin nada a cambio. Cuando estuve aquí en mayo por la disolución de ETA se planteó qué hacía falta para que se pudiera avanzar en el tema de los presos. Lo que hacía falta era un cambio en el Gobierno en Madrid. Nadie pensaba entonces que Sánchez iba a ser presidente en pocas semanas y ahora hay partidos que podrían respaldar medidas para, al menos, empezar a acercar a los presos a Euskal Herria. El espacio está creado, hay conversaciones y un debate que antes no había. Y cuando hay conversaciones y las personas hablan unas con otras surgen nuevas oportunidades, uno siempre ve eso en un proceso de paz. Ahí estamos.

¿Ha cambiado la actitud de los partidos con ustedes en estos años?

-Cuando llegué me tomaron por alguien a quien había puesto aquí Batasuna. Empezamos a movernos y logramos construir una buena relación con el PNV, con Ortuzar, con Urkullu. También creamos una buena relación con Eguiguren. No hubo algo parecido a una relación con el Partido Socialista hasta los últimos meses, pero empezaron a hablar con nosotros. El PP nada. Otros partidos como Podemos, sindicatos, movimientos sociales... Todos hablaron con nosotros. Así conseguimos información de tantas fuentes que logramos una amplia visión de la realidad. Eso nos ayudó, el compartir diferentes perspectivas y contrastarlas con la realidad.

¿Cree que esto ha sido técnicamente un proceso de paz?

-Depende de cómo se define un proceso de paz. Es un proceso único, por su naturaleza unilateral. Y por la implicación de la sociedad civil y menor implicación de los gobiernos. Quiero aclarar que no digo que el Gobierno vasco no haya hecho nada. Cuando Ibarretxe era lehendakari ciertamente se implicó con nosotros. Luego no hubo nada hasta que llegó Urkullu: desde entonces ha participado activamente en el proceso, aunque no siempre estuviéramos de acuerdo.








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jueves, 18 de octubre de 2018

Etchegaray y lxs Represaliadxs

El GIC cierra operaciones de mediación y gestión de la paz en Euskal Herria, pero eso no significa ni de lejos que los problemas generados por el trasnochado y anacrónico colonialismo español -aunque el francés no se queda atrás- vayan a tener una pronta solución.

Lean esta nota de Naiz y entenderán de lo que estamos hablando:


Jean-René Etchegaray, en calidad de presidente de la Mancomunidad Vasca, se ha reunido con los miembros del GIC (Grupo Internacional de Contacto) y les ha agradecido su trabajo «decisivo» en Euskal Herria. Asimismo, les ha trasladado que «todavía queda mucho por hacer en cuestión de presos y víctimas».

El presidente de la Mancomunidad Vasca, Jean-René Etchegaray, ha recibido en Baiona a los miembros del GIC Brian Currin, Alberto Spektorowski y Raymond Kendall, a quienes ha agradecido su trabajo en los pasos hacia la paz que se han dado en Euskal Herria. «La situación estaba bloqueada a ambos lados de la frontera. Sin el Grupo Internacional de Contacto, nada se podía hacer. Llegaron a hacer una labor decisiva», ha apuntado.

Ha subrayado que ni el Estado español ni el francés ayudaron en el proceso de desarme. «Queda mucho por hacer», ha remarcado. Y ha señalado que los estados «si han entrado en el proceso de paz, ha sido por la puerta de atrás».

Etchegaray ha insistido en que «la reconciliación no está completada» y ha asegurado que espera que «los estados participen en las etapas que restan». Por ello, se ha dirigido a los miembros del GIC: «Incluso si vuestra misión ha terminado, y así se comprende, todavía necesitamos vuestra referencia porque queda mucho por hacer en cuestión de presos y víctimas».

Brian Currin, por su parte, ha expresado gratitud a Etchegaray y ha subrayado el «compromiso» a partir de 2011, de todos los partidos políticos del Estado francés «excepto el FN».







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martes, 16 de octubre de 2018

El GIC, Urkullu y Mendia

El Grupo Internacional de Contacto liderado por Brian Currin ha tenido un par de encuentros poco agradables según podemos deducir de lo que nos reporta EiTB.

Primero con el gris y opaco Iñigo Urkullu quien lejos de mostrarse a la altura en los momentos culminantes del proceso de DDR de ETA prefirió ocultarse y dejar el asunto en manos del bravucón Ortuzar.

Por lo menos ese encuentro les preparó para tener que sentarse a la mesa con una Idoia Mendia que imperturbable intentó vender hielo a los inuits. Haber sido una mosca en una pared de esa habitación cuando la sociata hablaba de triunfos policiales, ella, la que milita en el partido político por siempre vinculado los GAL. Solo hace falta ver la expresión en los rostros de Currin y compañía mientras ella habla.

Aquí la información:


Este miércoles tendrá lugar en Donostia-San Sebastián el anuncio del fin de la actividad de este grupo de mediación al considerar que su labor ya ha terminado.

El lehendakari, Iñigo Urkullu, ha recibido hoy en Vitoria-Gasteiz al Grupo Internacional de Contacto (CIG) liderado por el abogado sudafricano Brian Currin, y ambos han expresado su reconocimiento mutuo por el trabajo que han hecho en favor de la paz y la convivencia en Euskal Herria.

Este miércoles tendrá lugar en Donostia-San Sebastián el anuncio del fin de la actividad de este grupo de mediación al considerar que su labor ya ha terminado.

La reunión con el lehendakari se ha celebrado en Lehendakaritza, a la que han asistido además de Currin, el israelí Alberto Spektorowski, exasesor del ministro de Asuntos Exteriores de Israel durante las negociaciones de paz con los palestinos de 2000, y Raymond Kendall, secretario general de Interpol entre 1985 y 2000. También ha participado en la cita el secretario general de Derechos Humanos, Convivencia y Cooperación del Gobierno Vasco, Jonan Fernández.

Fuentes de Lehendakaritza han calificado la reunión de "muy cordial y positiva". En ella los miembros del CIG han explicado el trabajo desarrollado durante todos estos años y ambas partes se han expresado su "reconocimiento mutuo por lo realizado en favor de la paz y la convivencia".

Tras la reunión, Brian Currin ha explicado, en declaraciones a los periodistas, que el CIG ha querido "reconocer" el papel de "liderazgo" que ha tenido el lehendakari para "asistir" al grupo que lidera el abogado surafricano en su labor de "cumplir el mandato" que se le encomendó para ayudar en el proceso del fin del terrorismo.

Currin ha destacado que culmina su labor en un momento en el que Euskal Herria "es un país totalmente democrático, con participación de todas las sensibilidades políticas del país" y que camina hacia "los más altos estándares de cumplimiento de los derechos humanos", aunque es consciente de que aún quedan asuntos pendientes, entre los que ha citado a los presos y a las víctimas.

Spektorowski: "La labor ha sido cumplida"

No obstante, ha mostrado su "confianza" porque sabe que se está trabajando de forma discreta y se están buscando vías para abordar las dificultades que existen en la cuestión de los presos y las víctimas.

Spektorowski ha expresado por su parte su "agradecimiento" al Ejecutivo y al pueblo vasco, así como a todos los que han colaborado con su tarea, y ha justificado el fin de la  actividad de este grupo porque "la labor ha sido cumplida".

Tras su encuentro con el lehendakari, los tres integrantes del Grupo Internacional de Contacto han mantenido esta tarde en Bilbao una entrevista con la secretaria general del PSE-EE, Idoia Mendia, mientras que el miércoles se reunirán con una delegación de Sortu en la sede de la formación abertzale en Donostia-San Sebastián.

Mendia: "ETA acabó gracias a la actuación policial y judicial"

Mendia ha recordado a los representantes del CIG que la actividad de la ETA acabó "gracias a la actuación policial y judicial, y a la resistencia de quienes no aceptaron que se les expulsara de su tierra y de las instituciones".

"Queremos recordar que ETA ya reconoció su derrota en 2011, con un gobierno socialista en España y en Euskadi, y que fueron la respuesta de la sociedad, el trabajo de las Fuerzas de Seguridad, la colaboración internacional, la acción de la Justicia y la política las que frustraron su intento de imponer por la fuerza su  proyecto político", ha explicado Mendia.

Idoia Mendia, que ha estado acompañada en este encuentro por la secretaria de Libertades Públicas, Memoria y Convivencia del PSE-EE, Rafaela Romero, ha subrayado que "es imprescindible que la convivencia que todavía tenemos pendiente de construir se haga sobre el respeto a la memoria de las víctimas y el reconocimiento de lo injusto del daño causado".

Este miércoles por la tarde celebrarán una reunión en el Palacio de Aiete, con motivo del séptimo aniversario de la Conferencia de Aiete, que anticipó el cese de la violencia de ETA, a la que han confirmado su presencia el presidente del PNV de Gipuzkoa, Joseba Egibar; el líder de EH Bildu, Arnaldo Otegi; el secretario general de Podemos Euskadi, Lander Martínez; el representante de Geroa Bai Rafa Eraso, así como militantes de Podemos Navarra y de Izquierda-Ezkerra, ha informado el Foro Social en un comunicado.

También acudirán Amaia Muñoa, en representación de ELA, la secretaria general de LAB, Garbiñe Aranburu, el dirigente de UGT Raúl Arza y el de CCOO Alfonso Ríos, además de representantes de los sindicatos Steilas, ESK, EHNE, Hiru y Etxaide.

Tras este encuentro, Brian Currin protagonizará un acto público en el que presentará un descargo de su labor y anunciará el fin de su mediación en Euskal Herria.






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