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domingo, 2 de diciembre de 2018

Tercer Volumen de Nuestra Historia Ilustrada

Por medio de Naiz traemos a ustedes la reseña de la más reciente entrega colaborativa entre Joseba Asiron y Martintxo Altzueta:


Tres años después, ‘La historia ilustrada de Euskal Herria’, de la editorial Txalaparta, suma un nuevo volumen, el tercero de la colección. La nueva entrega se adentra en la Edad Moderna a través de los textos del historiador y alcalde de Iruñea, Joseba Asiron, y del ilustrador Martintxo Alzueta, en un trabajo más luminoso que recrea una época de proyección internacional para los vascos y de convulsiones a nivel interior.

Pello Guerra

El tercer volumen de la colección se centra en un período histórico que va del siglo XVI al XIX. Unos años en los que, «tras la conquista del Reino de Navarra, en 1521, fueron en Euskal Herria de gran convulsión social y política, plagados de contiendas bélicas. Un pueblo llano, pobre y dedicado a la agricultura, la ganadería y la pesca, y unas élites divididas entre la asimilación a los imperios español y francés y la resistencia ante las brutales olas represivas de ambos estados, harán florecer personajes de lo más variopinto, aventureros, grandes navegantes y balleneros, las primeras escritoras, brujas y sanadoras, conquistadores, guerrilleros o matxinos, que pueblan las páginas de esta magistral entrega de nuestra historia ilustrada», señalan desde Txalaparta.

Fueron unos siglos en Euskal Herria dominados por los cambios y la conflictividad social. No en vano, la ciudadanía navarra del sur, primero, y la del norte, después, se resistió a la asimilación de los imperios español y francés. Además, durante el siglo XVII, especialmente, se propagaron las revoluciones por todo el país.

Unas revueltas que, según señala Asiron, se debieron a «motivos muy variados, tales como las levas para el ejército, la confiscación de bienes comunales, el traslado de las aduanas al mar, la carestía del pan, la subida de impuestos, por la especulación en los precios de los alimentos o los excesos de la nobleza. Y no son sino algunos ejemplos».

Una época que el ilustrador Martintxo Altzueta califica de «paradójica, porque supuso una proyección internacional de Euskal Herria a través de los navegantes vascos y los balleneros en América, pero que a nivel interior entrañó una involución, ya que se perdió la independencia del Reino de Navarra y se empobreció la vida de los vascos a varios niveles».

Las grandes aventuras marítimas que tuvieron lugar en esa época han supuesto todo un reto técnico para Martintxo, «sobre todo a la hora de realizar los barcos, que tienen una gran presencia, ya que veníamos de unas épocas en las que predominaban las ilustraciones de tipo arquitectónico».

Como relata el propio Asiron, «desde nuestros primeros planteamientos teníamos muy claro que las expediciones, los descubrimientos geográficos y los hitos en la historia de la navegación habían de tener un peso muy importante en este volumen».

Además, en este tercer tomo, el ilustrador se ha planteado un reto de corte más personal al «centrarme más en las personas», para las que ha buscado modelos reales, de tal manera que «el 80% de los personajes que aparecen son personas de las que he cogido caras y a las que he hecho posar en diferentes situaciones». Esta circunstancia ha multiplicado su trabajo, pero con esta fórmula «los personajes ganan en credibilidad y estoy muy contento de haberlo hecho».

Junto a ese verismo, Martintxo ha incrementado «la paleta de colores, que es más luminosa» y la «calidad de las ilustraciones, con un acabado más potente. Hemos reducido un poco su número para que ganen en presencia, ya que en los libros anteriores, en algunas páginas había hasta tres ilustraciones e igual quedaban un poco pequeñas».

En lo que no se ha registrado cambios es en la presencia de cameos en las ilustraciones y en el apartado explicativo ‘Así se hizo’. En relación a los primeros, Martintxo señala que «hemos recurrido a gente igual no tan conocida o que lo es en ámbitos menos amplios, aunque también hay algún cameo negativo. Hay quien dice que un inquisidor se parece a Marhuenda, pero es pura casualidad», añade entre risas.

Además de los anónimos protagonistas de la historia, los autores también han querido recoger las vidas de personas relevantes de la época, aunque sus nombres tampoco hayan sido debidamente recogidos por la historiografía oficial, como sería el caso de Xavier Mina o de María Estíbaliz de Sasiola. De algunos de ellos existen retratos reales de la época, en los que se ha basado Martintxo a la hora de dibujarlos, aunque dando a la ilustración «un lenguaje, una estética más actual».

Sobre ‘Así se hizo’, Asiron recuerda que «cada una de las ilustraciones es consecuencia de una ardua labor de investigación llevada a cabo por historiador e ilustrador en estrecha colaboración», una tarea que se explica en el citado apartado. Martintxo añade que «es una de las partes que más nos gusta, porque el lector igual no aprecia el trabajo, el estudio que hay detrás de cada ilustración. De hecho, hasta la hemos potenciado en este tomo».

Con el lanzamiento del tercer volumen de ‘La historia ilustrada de Euskal Herria’, a Asiron y Martintxo solo les resta el cuatro y último, dedicado a la Edad Contemporánea. Parte del trabajo de ese tomo ya está avanzado y «como es una época que igual exige menos trabajo de investigación y contamos con muchas imágenes, espero que nos cueste menos que los anteriores», aventura el ilustrador.

En principio, su intención es lanzarlo para 2020, aunque «si debemos esperar porque Joseba repite como alcalde de Iruñea, estaré encantado», señala Martintxo.






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sábado, 2 de septiembre de 2017

Realidad de Cómic

La solidaridad internacionalista por parte del pueblo vasco para con el EZLN se manifestó desde los primeros días de 1994. Son muchos los cooperantes vascos que han viajado a las montañas de Chiapas desde ese entonces y ni siquiera el error del Sup Marcos al hacer suya la versión españolista con respecto a ETA allá en diciembre de 2002 logró que este flujo disminuyera.

Pues bien, esta fructífera relación ha sido llevada a un género literario poco entendido - tal vez por la irresponsable exageración con la que ha sido explotado por estadounidenses y japoneses -, el comic.

Les invitamos a leer esta reseña dada a conocer en la página Culturamas - por cierto, nos preguntamos si alguien llamada Haizea Ustaran le llamaría español a alguien nacido en Bilbo o gorra a la txapela del Che, pero bueno -:


Haizea Ustaran

La pipa de Marcos, publicado en 2004 por Astiberri, es el primero de los tomos que componen la saga Los viajes de Juan Sin Tierra, creada e ilustrada por el historietista e ilustrador español Javier de Isusi. La isla de Nunca Jamás, Río Loco y En la tierra de los Sin Tierra son los otros tres volúmenes que completan la saga.

Javier de Isusi nació en Bilbao (Vizcaya), en 1972. Estudió arquitectura en San Sebastián y ejerció la profesión durante un tiempo. Finalmente, decidió dedicarse a su auténtica pasión: los cómics. Así dio vida a obras como Las cenizas de la abuela (2008), OMETEPE (2012), He visto ballenas (2015) o Asylum (2017).

Las experiencias vividas durante su viaje de un año por Latinoamérica influyeron decisivamente en él para crear la saga Los viajes de Juan Sin tierra. En ella quedarán reflejadas muchas de sus vivencias en esta etapa, como los tres meses que pasó en México trabajando como observador internacional en “La Realidad”, (Chiapas). Eso último será el tema principal del cómic en el que se centra esta reseña: La Pipa de Marcos.

Empecemos por el título: La Pipa de Marcos. El título hace referencia a un objeto mítico, un símbolo de gran fuerza, el símbolo de una nación que lucha por su libertad, sus derechos, sus raíces. Este símbolo no es otro que la pipa que el subcomandante Marcos, líder del EZNL, siempre lleva entre los labios y que, junto al pasamontañas y la gorra militar, tiene para México tanta simbología como la gorra del Che para Cuba. Así, la pipa de Marcos es aducida frecuentemente a lo largo de la historia, convirtiéndose casi en otro personaje más.

En cuanto al relato, todo comienza con nuestro protagonista, de nombre Vasco, perdido en su camino  por Chiapas (México). Vasco viaja hacia “La Realidad”, una comunidad zapatista, buscando a su amigo Juan, que vivió allí un tiempo para después desaparecer sin dejar rastro. Vasco trata de averiguar algo acerca de la estancia de su amigo allí, pero la gente es desconfiada y las respuestas a sus preguntas, esquivas. Poco a poco, y a pesar de la frustración inicial, Vasco irá comprendiendo la naturaleza de la comunidad y entendiendo los motivos que llevan a sus gentes a actuar de modo tan huidizo y receloso.

La comunidad denominada “La Realidad” es una manera de hacer notar la presencia del EZNL o Ejército  Zapatista de Liberación Nacional en la zona. El EZNL es un organismo militar que nació en 1994, con la intención de defender los intereses  de indígenas y campesinos que fueron expulsados de sus tierras; reivindicando sus derechos sobre la misma. Además, luchó por la constitución de un estado auténticamente democrático y liberal, en un país dominado por la dictadura. Por este mismo motivo, el gobierno mantiene a la comunidad en constante vigilancia y el acoso a sus gentes es incesante. Todo ello queda fielmente reflejado en el cómic.

En este contexto, Vasco será testigo de cómo la realidad nunca es lo que parece y de que es necesario ir más allá para discernir entre lo verdadero y la pura invención. Vasco se convertirá en otro miembro más de “La Realidad”, involucrándose cada vez más en los asuntos de la misma, llegando incluso a colaborar en las conspiraciones de sus miembros. Descubrirá así todas las injusticias que se cometen en aquel lugar del que el resto del mundo parece haberse olvidado y que apenas resiste gracias a la labor de observadores extranjeros.

Con esta obra, De Isusi acerca al lector a una realidad en ocasiones poco conocida. Por contra, no se trata de un mero reflejo autobiográfico, sino que la obra está fuertemente marcada y remodelada por la ironía y la metáfora, a fin de que el lector comprenda el verdadero alcance de tan conflictiva situación. Se trata, por tanto, de un relato que lleva al lector a reflexionar sobre distintos aspectos que pueden rodear un conflicto armado como este.

En primer lugar, vemos que en “La Realidad” no hay únicamente mexicanos, sino que también hay extranjeros solidarios con la causa. Estos extranjeros actúan como observadores internacionales, es decir, son quienes informan al mundo de los abusos que comente el gobierno mexicano contra los insurgentes. Pero en La pipa de Marcos, es visible cómo estos observadores solidarios no se toman demasiado en serio lo que ocurre en el país. Vemos cómo todos ellos se caracterizan por un cierta frivolidad, como si aquello fueran unas vacaciones en un camping. Algo que con frecuencia ocurre cuando la situación que vive un país no es realmente la propia. De este modo, y tristemente, muchas veces una causa justa deviene en el lugar donde volcar frustraciones personales, alejándose de toda intención altruista previa. Esta es la primera reflexión que sobreviene con la lectura y, probablemente, una de las más impactantes.

En segundo lugar, la historia ataca con fiera ironía la presencia militar en la zona que irrumpe frecuentemente en La Realidad. De Isusi retrata a los militares antizaptistas con marcada jocosidad, sin que por ello, las acciones que llevan a cabo sean menos injustas y cruentas. Vemos, además, cómo la única preocupación del ejército del gobierno es la imagen que puedan dar al exterior, de manera que solo la presión mediática es capaz de detenerlos y lo único que les frena para no aplastar toda comunidad zapatista que se encuentran. Es por esto que los observadores internacionales y la prensa son tan importantes en esta situación.

Como resultado del acoso que sufren las gente originarias de estas tierras, el extranjero es objeto de una inmensa desconfianza. Desconfianza que se traduce en la omisión de propio nombre, en actitudes esquivas y respuestas escuetas, sesgadas y en muchas ocasiones, mentiras. Por lo menos, hasta cerciorarse de que el otro es de fiar. Sin embargo, esta desconfianza no incurre en un miedo a hablar o acercase al extraño, sino que se traduce en una actitud burlesca y una mirada traviesa, que buscan confundir al objeto de este trato, en este caso, Vasco.

En último lugar, cabe destacar la importante función que desempeñan los diálogos, no solo para el desarrollo de la narración, sino porque cumplen un papel aún más profundo: Actúan como un espejo. Dicho de otro modo, el autor coloca ante el protagonista diversos personajes con los que éste conversa, y en esa conversación, Vasco se ve constantemente reflejado, como si de un espejo se tratara. De esta manera, tiene la posibilidad de ser testigo de sus propias palabras y acciones.

Y es que no hay metáfora más intensa que la que se logra a través de la técnica del espejo, puesto que el distanciamiento que provoca para con nosotros mismos, permite juzgar con mayor precisión si nuestras decisiones y actos son tan acertados como creíamos. Es decir, en ocasiones, lo único que puede hacernos cambiar es ver nuestra propia estupidez ante nuestros ojos. El hecho de que muchos de los diálogos estén plagados de misterio y respuestas esquivas forma parte de esta técnica de espejo, que tiene por objetivo precisamente que Vasco encuentre por sí mismo las respuestas que busca.

En definitiva, con esta historia en blanco y negro, De Isusi hace hincapié en la importancia que los símbolos pueden llegar a tener al servir de impulso y antorcha para la lucha por la justicia y la libertad de un pueblo oprimido. Un relato que sumerge al lector en “La Realidad” y mantiene su interés vivo hasta el final; y  en el que fantasía y realidad se combinan  para dar vida a una obra que, sin duda, abrirá los ojos a muchas personas acerca de la situación en Chiapas.






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sábado, 9 de enero de 2016

El Che vs Supermán

Los dibujitos o tiras cómicas se han desarrollado en muchos países, pero en las últimas tres décadas hemos sido testigos del avasallamiento de las producciones locales en favor del comic -de origen estadounidense- y del anime -de origen japonés-.

Mientras que el anime utiliza una gran variedad de temas, desde Heidi hasta Goku pasando por Chihiro, los estadounidenses han dedicado el género a la producción en masa de lo que ellos denominan "supehéroes". Supermán y Batman le abrieron la puerta a cientos, si no es que miles, de estos personajes con cada vez más sorprendentes poderes, auténticos dioses y semidioses en un panteón sui generis, adaptado a la paranoia de un pueblo que, si se escarba un poquito en la historia, no cuenta con ni un solo héroe de la vida real. Todos y cada uno de sus personajes "célebres", hombres o mujeres, no son mas que piezas del engranaje de una maquinaria imperialista, genocida y depredadora... desde el esclavista George Washington hasta el señor de los drones Barack Obama.

Por eso nos parece curioso que ahora, en una colaboración entre un artista mexicano y un historiador estadounidense sea un verdadero héroe internacionalista el que incursione de forma podríamos decir académica en el género, nadie más ni nadie menos que el Che, quien dedicase su vida a luchar en contra del injerencismo yanki en América Latina y en África.

Lean ustedes este artículo publicado en La Jornada:

Retrata Hernández a un Che Guevara "verosímil"

Desarrolla con el periodista Jon Lee Anderson una trilogía sobre el revolucionario

Mónica Mateos-Vega
Un relámpago cimbra la Sierra Maestra cubana, la tormenta arrecia. Fidel Castro y Ernesto Che Guevara se encuentran frente a un delator. La lluvia lo empapa todo en la penumbra. Los hombres se miran, el comandante en jefe dice: "ya saben qué hacer".

Las 17 escenas siguientes, dibujadas por José Hernández (DF, 1965), estremecen al lector y ofrecen una imagen precisa y dramática de una de las figuras determinantes de la revolución que cambió para siempre el destino de Cuba en la segunda mitad de los años 50 del siglo pasado.

Se trata de la novela gráfica Che: una vida revolucionaria, basada en el libro homónimo del periodista estadunidense Jon Lee Anderson (California, 1957), una de las biografías más relevantes y mejor documentadas de Guevara, publicada en 1997.

La editorial Sexto Piso tuvo la iniciativa, hace dos años, de invitar a Hernández a participar en tan ambicioso proyecto.

Fue un gran reto para el caricaturista de La Jornada, quien aceptó luego de investigar que no existían muchas novelas gráficas de buena calidad acerca del Che, acaso algunas biografías ilustradas, “varias con textos farragosos o de plano con un estilo de monografía de escuela, y hasta un manga muy divertido me encontré. También me llamó la atención un trabajo muy bueno que se hizo en Italia, pero básicamente gira en torno a la mítica foto que Alberto Korda le hizo al Che en 1960; no hallé nada parecido al proyecto que nos propuso el editor Eduardo Rabasa”, explica el dibujante en entrevista.

Dos perfeccionistas
José Hernández y Jon Lee Anderson, ambos perfeccionistas, tomaron la decisión de trabajar sólo tres grandes momentos de la vida de Guevara, que se plasmarán en igual número de libros: su estancia en México y su viaje a Centroamérica, sus días en Cuba, así como sus últimos meses en Bolivia, incluyendo su viaje al Congo.

El que ahora se publica es el número dos, “porque en el libro de Jon la parte de Cuba es la más extensa y la más importante, además de que es el Che aparentemente más conocido. Y no obstante ser un personaje muy popular, hay muchas personas que no saben nada acerca de su vida, conocen la imagen en la playera o en el cartel, pero no todo lo que hizo”, añade.

En la historia aparecen dibujos de fotografías muy vistas y guiños a los que son admiradores de la iconografía en torno al Che, pero también momentos poéticos, interpretaciones de la imaginación del historietista: “Eso fue lo difícil, inventar, a veces, diálogos. Jon Lee estaba muy preocupado por documentar todo, me preguntaba ‘cuál es tu fuente para esta frase’, y yo le respondía ‘pues no hay fuente, es la licencia literaria que hay que tomar’. Al final lo aceptaba porque nunca se traiciona la naturaleza del personaje ni de la historia.

“Así fui formando visualmente al Che: cuando llega a Cuba se deja la barba, luego se pone una cachucha, luego dice en una carta que está estrenando un aditamento en la mano, que es un puro, luego pierde la cachucha y ahí inventé que Camilo Cienfuegos le dice ‘pues ponte una boina’, luego Fidel le propone firmar como ‘comandante Che’, diálogos que quizá no existieron pero pudieron haber sucedido.

“Fue una gran ayuda que el libro de Jon es muy literario, está muy bien contado todo, muy claro y redondo. Desde la primera vez que lo leí me gustó, por ejemplo, conocer las circunstancias en la que Korda le tomó al Che esa fotografía por la que es conocido en el mundo. En la novela gráfica lo quise contar, pero sin tener que usar esa imagen, por eso se me ocurrió, literalmente, darle la vuelta.

“Fueron nueve meses de dibujar al Che casi a diario, hasta soñaba con él. Durante ese tiempo se reafirmó mi idea de que Guevara es importante por su idealismo y su congruencia, sobre todo esto último, pues todo lo que exigía a su gente primero él lo cumplía.

"También descubrí que no se bañaba, que de joven no tenía el mínimo interés por la política, y que por su problema de asma le gustaba mucho leer; su mamá le enseñó francés y le inculcó la afición por la literatura y la filosofía".

Hernández trabaja en el primer libro, que es sobre la estancia de Guevara en México; “me siento muy a gusto haciéndolo. Este trabajo sobre del Che es la segunda novela gráfica que hago, la primera fue Septiembre: zona de desastre, acerca de los sismos del 85, una historia de Fabrizio Mejía Madrid en la que el dibujo me dejó muy insatisfecho, pues una cosa es hacer caricaturas, con cabezas deformadas y cuerpecitos, y otra hacer una novela gráfica, personajes que tengan movimiento, ambiente; es totalmente distinto al cartón político.

“Aquí cambié la técnica, la forma de trabajar; quería que fuera muy realista para hacerlo verosímil y atrapar al lector, que se lo creyera, con mucha atmósfera, porque así está narrado en la biografía de Jon Lee.

Che: una vida revolucionaria fue un extraordinario taller para mí; creo que crecí mucho como dibujante. En febrero se publicará en España y en Chile, con otra portada, y existe ya el interés por una traducción al italiano y otra al inglés. En unos meses se publicará el de México, y en 2017 el de Bolivia. Al completarse la trilogía será una manera muy especial de conmemorar 50 años de la muerte del Che”, concluye Hernández.





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martes, 9 de diciembre de 2014

Una para Otakus Vascos

Les compartimos este reportaje publicado en El País:

 

Bocadillos de ballenero

Guillermo Zubiaga edita ‘Joanes, el cazador vasco de ballenas’ en euskera y español

Eneko Ruiz Jiménez

Siglo XVI. El barco de Joanes eleva anclas en Pasaia. Es uno de las decenas de balleneros que cada año se despiden del golfo de Bizkaia en busca de aventura y sustento. Su destino es Terranova, la costa americana donde habitan los mamíferos gigantes. Hay hipótesis que aseguran incluso que estos marineros intrépidos lograron cruzar el Atlántico antes que Cristóbal Colón. Sus viajes podrían protagonizar una superproducción o una saga literaria, pero, de momento, tienen que conformarse con un cómic. Joanes, el cazador vasco de ballenas es la obra más personal de Guillermo Zubiaga (Barakaldo, 1972), autor que lleva 22 años exiliado en Nueva York, pero que siempre ha mantenido Euskadi en su subconsciente.

El primer cómic de esta trilogía fue publicado en inglés en 2009, pero no ha sido hasta 2014 cuando Joanes ha logrado hacerse hueco en las estanterías vascas con versiones en español y euskera, idioma en el que Zubiaga escribió el guion original. Durante dos décadas, el autor dibujó uno de los grupos de X-men para la editorial Marvel o a los monstruos del universo Hellboy de Mike Mignola. Recuperar sus raíces era el reto.

El vizcaíno ha liberado su calendario para regresar a Euskadi, en un tour para vender su obra a un nuevo público y a librerías que apuesten por sus nombres. Desde una presentación en la factoría marítima de Pasaia a dibujar codo con codo con su admirado Jordi Bernet (autor responsable de Torpedo) en el Salón del cómic de Getxo.

La aventura de Joanes en las Américas, llena de altibajos, descubrimientos personales y supervivencia, es también la de Zubiaga. En las editoriales estadounidenses, donde aterrizó tras graduarse de Bellas Artes, era un “fantasma”. Su trabajo era el de entintador. Perfeccionaba dibujos de otros y rellenaba viñetas perdidas. “Nadie me conocía, así que comencé a dejar pistas”. En las paredes de sus obras aparecían palabras en euskera, dibujos del castillo de Gaztelugatxe, el Kursaal de San Sebastián o carteles del grupo de música Negu Gorriak. “Allí pasaron desapercibidos, pero aquí logré publicidad”. Esa fue la estrategia para comenzar a vender sus ideas propias.

Zubiaga es igual que su protagonista. “Está hecho aposta”. Mientras habla, el euskera hace relevos con el español. Incluso el inglés se cuela en algunas de sus expresiones. Pero él lo tiene claro: “Mi idioma siempre será el visual”. Así lo muestran sus páginas, “entre historia y mitología” y sin bocadillos ni diálogo. Solo una voz en off que conduce el relato transatlántico.

“Quería presentar algo con nuestra esencia en el mercado de EEUU, un bestiario mitológico o una recreación de la batalla de Arrigorriaga. Sería el primer cómic vasco publicado allí, pero era imposible de explicar”. Su sueño era convertir al ballenero en mitología. “Son el equivalente al western, los vikingos o samuráis. Era un tesoro escondido”. Cuando sus cameos se hicieron populares logró, por fin, una proposición del programa de estudios vascos de Nevada. Patrocinarían su obra. “No habían trabajado nunca en el cómic, pero dije que sí de inmediato”.

“El secreto de la obra es el estudio. Hay material para dos vidas”. Zubiaga sigue emocionado con su trabajo. Compagina sus ilustraciones (“soy mercenario”) con sus labores de profesor y las obligaciones que acarrea el cómic de autor. “Durante los últimos volúmenes, he trabajado más en la distribución que en dibujar. Ahora estoy a la deriva, viendo lo que haré después”. Su objetivo es traducirlo al francés para que pase la frontera y alcance Quebec.

Joanes también le ha abierto puertas. El autor finlandés Tapio Koivukari le escribió un día: quería cinco ejemplares y ofrecerle 1615 Spanveyavigín, un cómic sobre el hundimiento de un ballenero cerca de Islandia. “Parece que se sentían culpables”.

Su currículo estadounidense

  • Generation-X: Holiday Special (1998, Marvel comics, con Adam Pollina)
  • X-Force (1998-1999, Marvel comics, con Adam Pollina)
  • Witchblade: Infinity (1999, Image comics, con Adam Pollina)
  • Hellhole (1999-2000, Image comics, con Adam Pollina)
  • Silent Screamers: Nosferatu 1922 (2000, Image comics, Varios)
  • Big Daddy Danger (2002-2003, DC comics, con Tyson McAdoo y Adam Pollina)
  • AIDP: Hay Algo Bajo mi Cama (2003, Dark Horse comics, con Joseph Harris y Adam Pollina)
  • Romp (2003, Image comics, con Adam Pollina)
  • Diseño de figuras acción de Spider-Man, X-men y El Señor de los Anillos









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domingo, 1 de marzo de 2009

De Cómic

La opinión de Julen Arzuaga con respecto a la jornada electorera publicada en Gara:

Julen Arzuaga | Giza eskubideen Behatokia

Una democracia de cómic

Las circunstancias en las que se ha desarrollado el proceso electoral que hoy culmina en las urnas conforman el argumento de un cómic ambientado por la Ley de Partidos y que el autor del artículo narra viñeta a viñeta. En la última de esas viñetas dibuja un «Parlamento ilegítimo» y el intercambio de cromos para crear gobierno.

Somos la generación del cómic. Por él se nos abrieron las puertas al mundo. Crecimos al ritmo de cada nueva entrega de Asterix y ahí supimos que «están locos estos romanos». Aprendimos a maldecir con el capitán Haddock, a divertirnos con Spirou y quisimos ser más rápidos que la sombra de Lucky Luke. Había en las estanterías de la biblioteca un cómic hoy sugerente: las aventuras del infame visir Iznogud. El nombre del personaje, un juego de palabras de la frase inglesa «is no good», revela su naturaleza: un ser traicionero y envidioso que se sirve de los métodos más miserables para cumplir su máxima ambición: «Ser califa en lugar del califa», arrebatar el puesto al bonachón y bobalicón califa Harún El Pussah.

Acabamos de padecer un proceso electoral de cómic, en una ambientación diseñada por la Ley de Partidos. Unos quieren «ser lehendakari en lugar del lehendakari», mientras que éste se aferra a su cargo por una cuestión de designación cuasi-divina. Otros también aspiran a «ser la izquierda abertzale en lugar de la izquierda abertzale», intentando como aquéllos rentabilizar los réditos que otorga la aplicación de aquella ley.

Un cómic llamado «Elecciones 09» en diez viñetas. En la primera se presenta una candidatura de electores que reciben un importante respaldo en firmas. Para la segunda viñeta, algunos ya los habían asumido como ilegales y protestaron por el «desafío al estado de derecho» que la simple presentación suponía. Otros con mejor voluntad pero más ingenuos aconsejaron que se presentaran «listas blancas», el famoso juego de la segregación y el apartheid. También las hubo.

En la tercera viñeta, los tribunales imponen la trama: en sus «fundamentos jurídicos» (sic) niegan que hayan causado una restricción del derecho de sufragio pasivo ni de la libertad de expresión de los candidatos, que se mantiene intacta. Dicen que están regulando el derecho de acceso a cargos públicos, y ahí han detectado a personas que han elegido mal el instrumento para vehiculizar ese derecho: han escogido partidos contaminados, infiltrados, siempre negros. Pueden pensar lo que quieran, incluso ejercer sus derechos individuales, pero no juntos. Para hacerlo correctamente deben (des-)integrarse en otros partidos limpios, que para eso está Aralar.

Cuarta viñeta, la vis tragicómica, la interpretación histriónica de la realidad de Garzón el bufón: detenciones arbitrarias entre cuernos de muflones muertos y ataques de ansiedad. Quinta viñeta, el drama: el eterno califa nos dice: «en un estado de derecho hay que confiar en la Policía, en la Justicia y también en la responsabilidad de los líderes políticos para arreglar las cosas a través del diálogo». Sí hombre, otro cheque en blanco a vosotros... ¿para qué? Le supera Patxi Zabaleta: «A Batasuna le ayuda Garzón, el Estado, y la Policía». ¡Qué miseria!

Sexta viñeta, irrumpe la caballería: cae un informe de las Naciones Unidas que habla de la «pendiente deslizante» por la cual se ha lanzado el estado español y que, como un alud, coge velocidad y lo arrastra todo, sin que nadie sepa cómo, cuándo y dónde se detendrá. Séptima viñeta, nadie se da por aludido, adhesión al guión original. No conviene a nuestros próceres que les den lecciones de democracia y menos en plenas elecciones: la campaña continúa como si no pasara nada. Se habla de lo típico, sabiendo que ahí el compromiso adoptado sale gratis: bajarán impuestos, resolverán el problema de la vivienda, impondrán medidas que sin duda resolverán la crisis, les doran la píldora a jóvenes, pensionistas, empresarios o trabajadores porque resolverán todos sus problemas sectoriales. ¡Pero si todos ellos han tenido experiencia de gobierno, en un lado o en otro! ¿Qué han hecho hasta ahora?

Octava viñeta, ellos también tienen su propia caballería: la Ertzaintza ataca violentamente una manifestación en la que los ciudadanos blanden blancas papeletas. Estarán presentes en toda la campaña retirando carteles, interviniendo papeletas, hostigando a quienes piden cierto voto crítico. Novena viñeta, jornada de urnas con sesión continua en ETB, la fiesta de la democracia. ¿Final feliz? No, décima viñeta y epílogo: se conforma un Parlamento ilegítimo e intercambio de cromos para crear gobierno. Donde dije durante la campaña «haré» ahora digo «amén» y sobre lo que no prometí ahora no me exijas. Cuatro años más de democracia cero.

Decía M. Foucault que «es feo ser digno de castigo, pero poco glorioso castigar». Por eso retiran de la vista de la sociedad a los castigadores y castigados, y los recluyen a los primeros en tribunales y a los otros en penitenciarías. Pero hay una modulación sobre la primera premisa: ¿y si resulta que no se es digno de castigo? ¿cuál es, entonces, la razón de ser del castigador? Aquí se apunta una cuestión de enjundia: la dicotomía entre legalidad y legitimidad. Según la legalidad española, el disidente político es digno de castigo -¡vaya que sí!- pero no lo es en base a una legitimidad universal, al estar amparado por la libertad de opinión y expresión. Es aún menos glorioso castigar a quien sólo pretende participar en una institución para ejercer el derecho a expresarse, base del «hacer política». Un estado -o un político con acceso a los resortes de castigo- que trata a los ciudadanos discrepantes como enemigos no se debería sorprender del tratamiento recíproco, es decir, que los ciudadanos vean al estado -o al político concreto- como al villano del cómic.

Ninguno de ellos ha planteado el verdadero nudo gordiano de la cosa: una reflexión sobre una nueva interpretación de la democracia, de la gestión de la «res publica», basada realmente en las decisiones adoptadas por las y los ciudadanos. Unos porque no los quieren ni oír. Otros porque sólo los quieren consultar para sus cosas. Es más fácil dejarse llevar, hacer política de espaldas a los problemas, obviando que lo que está en juego hoy en este país es una profunda regeneración democrática. Han reventado conceptos tan simples como «un ciudadano un voto», ha estallado el ejercicio de los derechos civiles y políticos de todos y todas, han agotado el cupo de credibilidad de sus instituciones. La responsabilidad del político comprometido -no de éstos- se sitúa en dar una vía política plausible a las legítimas aspiraciones de la ciudadanía. En enfrentar un cambio no de fachada, de caras siempre sonrientes, sino en valores, en la forma de hacer política, en una nueva dimensión de la soberanía popular, secuestrada hoy por la soberanía de los líderes. Así pues, reflejados en esta realidad de cómic, la crisis de legitimidad de los nuevos califas no puede ser mayor, la brecha entre la casta dirigente y el ciudadano, la distancia entre la institución y la calle rasa es kilométrica. La convicción popular sobre la incapacidad de los políticos profesionales para encarar problemas que parecen sencillos de resolver, es profunda y arraigada.

Siendo chavales aprendimos que había «una aldea de irreductibles galos que resisten hoy y siempre al invasor, con una poción mágica que les hace invencibles». El cerebro, que decía Evaristo. Yo, me voy a votar lo invotable.






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