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jueves, 7 de mayo de 2020

Acerca de Selma

Noticias de Gipuzkoa honra el legado en favor del pueblo vasco por parte de la investigadora Selma Huxley con este reportaje acerca de su aporte a la investigación de nuestro pasado.

Lean por favor:


Tras la muerte de la investigadora Selma Huxley el lunes, NOTICIAS DE GIPUZKOA repasa su vida y legado a través de testimonios de amigos y colegas de la profesión que la conocieron.

Harri Fernández

Cientos de años después de que la sociedad vasca crease una potente industria en torno a la caza de la ballena en Terranova y Labrador, y cuando todo aquello casi permanecía en el olvido, a finales del siglo pasado la investigadora británica Selma Huxley Barkham hizo que la mirada de la sociedad volviese a los océanos. "Humilde", "trabajadora", "sabia", "agradable", "exigente consigo misma y con otros" y con un porte "muy británico", varios amigos y colegas vascos que la conocieron hablan para NOTICIAS DE GIPUZKOA sobre la mujer que fue determinante para conectar Canadá con la costa vasca, una estudiosa incansable gracias a la que se halló el pecio de la nao San Juan en aquellas aguas. "Tuvieron que venir de fuera para estudiar nuestros vestigios", comenta José Antonio Azpiazu, historiador legazpiarra asentado en Oñati, a lo que el Ramón Martín, archivero del Archivo Histórico de Protocolos del territorio, añade que ese fue uno de sus grandes logros: el de "poner, de nuevo, a Euskal Herria mirando al mar" en una época en la que la historiografía y la sociología fijaban la mirada sobre lo rural.

Selma Huxley, que falleció el lunes a los 93 años de edad, pertenece a una saga de intelectuales y pensadores. No en vano, su padre fue el diplomático Michael Huxley, máximo responsable de Geographical Magazine, revista de la Royal Geographical Society editada por primera vez en 1935. Aún más, la historiadora es pariente de Aldous Huxley, autor de Un mundo feliz y La isla, y de sus hermanos, Julian Huxley, primer director de la Unesco, y Andrew Huxley, Premio Nobel de Medicina –eran primos de su padre–.

Antes de asentarse en Gipuzkoa, la historiadora tuvo una vida de trotamundos. La Segunda Guerra Mundial la vivió a caballo entre Inglaterra y Estados Unidos, mientras que sus estudios los realizó en París y Londres. A comienzos de la década de 1950 se trasladó a Canadá, donde tres años más tarde ocurría uno de los hechos que cambiaría su vida; conoció al que fue su marido, el arquitecto Brian Barkham, persona que la acercó al País Vasco –los caseríos fueron el objeto de estudio de la tesis de este inglés–. Con él viajó a Euskal Herria en 1956 y fue en esa visita cuando escuchó hablar sobre la presencia vasca en Canadá a lo largo de los siglos XVI y XVII. Desgraciadamente, ocho años después, con 37 años y cuatro hijos, enviudó.

Su interés sobre las relaciones entre ambos territorios le hicieron tomar la determinación bucear en los archivos de los Estados español y francés, motivo por el que estudió castellano en México, antes de recalar en Bilbao en 1972, donde cursó estudios de Paleografía en la Universidad de Deusto, al tiempo que impartía clases de inglés para mantener a sus hijos.

En aquella época, Huxley logró financiación del Gobierno canadiense para localizar documentos que fuesen de interés para aquel país. Así, se afincó en Oñati en 1973, municipio que albergaba el citado archivo y localidad en la que residiría durante dos décadas, convirtiéndose, tanto ella como sus hijos, como una oñatiarra más. Su importancia en el municipio es tal que desde 2017 el Ayuntamiento convoca cada año una beca de investigación que lleva su nombre con el objetivo de dar a conocer las aportaciones realizadas a lo largo de la historia por las mujeres de Oñati a la localidad.

Metodología "revolucionaria"

Martín conoció a Huxley, no en su época como investigadora en activo, sino a posteriori, dado que durante años continuó visitando los fondos de la localidad. Martín incide, "desde un punto de vista científico", en su manera de trabajar: "Fue una persona muy rigurosa". En este sentido, comenta que aplicó el "método científico" a la Historia, "en una época en la que muy pocos lo hacían".

José Antonio Azpiazu, autor de libros como La empresa vasca de Terranova, también conoció a la investigadora, con la que mantuvo una relación "estrecha". "Vino a ver si encontraba algo, y lo que encontró fue un tesoro", comenta Azpiazu. "Vivía para la investigación y creo que hizo un trabajo increíble", afirma, para después añadir que algunos, como él, han seguido por el camino marcado por la británica. "Ya sabíamos que nos habíamos dedicado al mar, pero había pocos estudios al respecto", explica Azpiazu, quien afirma rotundo que gracias a las investigaciones y publicaciones de Huxley se dio a conocer a todo el mundo la presencia de balleneros vascos en Canadá.

Martín, por su parte, remarca que lo que ella hizo fue dotar de la importancia precisa a los documentos que leía. Estableció conexiones entre unos y otros –Huxley no solo profundizó en los fondos de Oñati, también en los de otros archivos como los de Bilbao, Londres, Burgos, Valladolid...–, cruzar datos y así sacar conclusiones, que luego confirmaría con trabajo de campo. "En este aspecto, en cuanto a metodología, fue revolucionaria", explica el archivero, quien además comenta que en muchos casos la investigación de la época se circunscribía a, simplemente, encontrar un documento u otro.

"Persona esforzada"

El filólogo e historiador local Jerardo Elortza recuerda bien la llegada de Huxley a la localidad en 1973. Tras enviudar y con cuatro hijos, "era un momento difícil" para ella. Elortza y Huxley fueron vecinos en una casa situada en Foruen Enparantza y siempre mantuvieron una relación muy estrecha, no solo por la cercanía convivencial, sino también por la afición común por la historia. Ambos mantenían conversaciones sobre cuestiones como el euskera, la toponimia y también sobre algunos personajes relevantes del país; inquietudes a las que Elortza intentaba responder. "Era una persona muy esforzada", describe su amigo.

El que fuera profesor de Mondragon Unibertsitatea recuerda con cariño cómo acompañó a Huxley en un viaje a Estados Unidos en 1992, con motivo de un congreso que tuvo lugar en Reno –Nevada– por el 500 aniversario del descubrimiento de América y que analizaba el papel de los vascos en el nuevo continente.

También narra la vez en la que, a principios de la década de 1980, ambos acudieron al Museo Vasco de Baiona, tras la pista de unos versos con temática marítima. Allí fue donde encontraron tres manuscritos que narraban la relación y el viaje de navegantes vascos a la caza de la ballena en Terranova y Labrador.

Partiada Tristea, Ternuara; Itsassoco Perillac y Ternuaco Penac se publicaron, entre otros, en el tercer volumen de Itsasoa, libro en el que también participaron Huxley y su hijo Michael Barkham, también historiador. "Tuve la alegría de encontrar aquellos bertsos y poder publicarlos", comenta Elortza sobre una obra poética que, una vez traducida, también fue llevada a un museo situado en Red Bay.

Más allá de la nao 'San Juan'

El director del Museo Marítimo Vasco y uno de los nombres visibles de la Factoría Marítima Vasca Albaola, Xabier Alberdi, conoció a Huxley hace unos 25 años, cuando se encontraba preparando su tesis doctoral; fue un encuentro fortuito en el Archivo de Tolosa. De allí, surgió una relación que posteriormente también se extendería a su hijo Michael.

Es más, según cuenta Alberdi, la amistad con Huxley le llevó a conocer a varios investigadores del extranjero. Y también, gracias a su intermediación, conoció a Xabier Agote, presidente de Albaola con el que ahora comparte proyecto. Conocida es la historia de cómo Agote tuvo la voluntad de estudiar carpintería de ribera, un volumen de National Geographic de 1985 que hablaba sobre el descubrimiento de la nao San Juan en las aguas de Red Bay.

Hay que retroceder unos pocos años. Tras encontrar múltiples referencias a puertos balleneros vascos del siglo XVI en Canadá, Huxley organizó una expedición sobre el terreno en 1977 para explorar la costa sur de Labrador, entre Blanc-Sablon y Chateu Bay. Además de encontrar pruebas de presencia vasca en la zona –tejas, arpones, signos de antiguos hornos para fundir la grasa, etcétera–, el mayor descubrimiento lo hallaron bajo el mar. Se trataba del citado ballenero –que ahora Albaola reconstruye en su museo-astillero de Pasaia–, el pecio mejor conservado de la época y un hallazgo con valor sin par.

Alberdi incide en la importancia del legado de Huxley, una aportación que va aún más allá. A este respecto comenta que llegó a Euskal Herria a finales del franquismo, cuando "todo estaba por hacer". Algunos otros historiadores ya habían investigado sobre los balleneros vascos en Canadá, pero añade que la inglesa le dio otra dimensión a esta cuestión. En aquella época, la Historia se circunscribía a los Estados. Así, otras cuestiones como la caza de las ballenas o la construcción naval, eran tomadas como algo menor.

Huxley llegó a una sociedad a la que durante décadas se le había dicho que "no tenía historia". Pero no era así, aquello que algunos afirmaban tan pequeño, se demostró muy importante a nivel internacional. "Selma fue la que abrió los ojos de mucha gente en Euskal Herria", sentencia Alberdi.







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domingo, 21 de julio de 2019

Agote y el 'San Juan'

Desde el suplemento Semanal de El País traemos a ustedes este magnífico reportaje acerca de la construcción de la réplica del mítico ballenero vasco "San Juan":


La factoría de Xabier Agote construye desde hace cinco años una réplica exacta de la nao 'San Juan', un ballenero vasco hundido en Canadá en 1565

Ander Izagirre

Xabier Agote camina por el vientre de su propia fantasía. Hace más de 30 años se le ocurrió que debía construir un galeón ballenero y aquí está ahora, paseando entre enormes costillas de madera, acariciando el beque, las damboletas y las cuadernas. Agote levanta una réplica exacta de la nao San Juan, hundida en Canadá en 1565, y lo hace en la factoría Albaola, en el mismo puerto de Pasajes (Gipuzkoa) del que zarpó la original.

En las formas del barco sabe leer un cambio histórico: “Fíjate: tiene tres cubiertas; eso fue una novedad en toda Europa. Acababan de descubrir América, empezaban los viajes trans­oceánicos y necesitaban barcos con mucha más capacidad. A Terranova iban para nueve meses. Llevaban víveres, chalupas con los pertrechos para cazar ballenas y materiales para montar los hornos donde fundían la grasa, y volvían con 1.000 o 2.000 barricas de aceite. Cada una se vendía por el equivalente a 5.000 euros. Aquí también construyeron galeones para la Carrera de Indias. Yo lo comparo con la carrera espacial. Castilla era el imperio más poderoso y tenía su centro de tecnología marítima en la costa vasca. Estos astilleros eran la NASA, y el puerto de Pasajes, Cabo Cañaveral; de aquí salían los cohetes de la época a por las mercancías americanas”.

En Agote, donostiarra de 54 años, hay algo infantil, una excitación permanente. Se pasa las horas contando historias sin parar, interrumpiendo una con otra, mientras recorre la factoría y va explicando lo que sucede alrededor. “Esas dos mujeres trenzan cuerdas con la máquina de manivelas y ruedas dentadas que diseñaron siguiendo instrucciones del último cordelero de Hondarribia”, dice. O “ese es un alumno de nuestra escuela, está removiendo la pez que trajimos en un carro desde Quintanar de la Sierra para calafatear el galeón”. De vez en cuando cuenta una aventura y estalla en carcajadas oceánicas. Quizá este proyecto avanza porque él sigue siendo aquel crío que iba entusiasmado al puerto de San Sebastián.

“Para mí, con nueve años, el puerto era la entrada a otro universo. Los barcos que volvían con anchoas, bonitos y verdeles; la lonja, la fábrica de hielo, las rederas, las sardineras, los olores, el bullicio… Yo iba con mi caña y me ponía en una esquina a mirarlo todo”. Ya proliferaban los barcos de poliéster, pero a él le atraían los viejos pesqueros de madera, las chalupas, los bateles. “Esos botes viejos que nadie quería, que se pudrían por ahí, a mí me encantaban. Remaba con un batel por la bahía y me gustaba la sensación de deslizarme en el agua, los crujidos de la madera, su olor, esa arquitectura tan sencilla y eficaz”.

Con 18 años le llegó la revelación. Vio un reportaje que la televisión francesa dedicó a una escuela de carpintería naval en Maine (Estados Unidos) y lo tuvo claro. Trabajó, ahorró, estudió inglés y a los 23 años, por fin, emigró para aprender durante tres años un oficio que ya nadie requería. “Fue por impulso artístico”, dice. Adquirió habilidades manuales, pero, sobre todo, se le abrieron perspectivas mentales: aprendió que el patrimonio marítimo servía para explicar la historia en movimiento. En Maine no replicaban barcos antiguos para exponerlos en museos, sino para navegar con ellos. Un día, pensó Agote, construiría la nao San Juan y atravesaría el Atlántico.

Ese galeón le obsesionaba desde 1985, cuando vio su pecio en la portada que National Geographic dedicó a los balleneros vascos del siglo XVI. “¡Era una historia mejor que Moby Dick!”. Durante casi un siglo, decenas de galeones llegaban todas las primaveras a las costas de Terranova y Labrador; miles de marinos levantaban campamentos, cazaban ballenas y fundían su grasa, en colaboración con los nativos mi’kmaq, innu y beothuk. Se entendían en una interlingua algonquina-vasca. El historiador Lope de Isasti escribió que si a los “salvajes montañeses de Terranova” se les preguntaba “nola zaude” (qué tal estás), ellos respondían también en vasco: “Apaizak hobeto” (los curas mejor). El San Juan se hundió durante una tormenta en Red Bay y las aguas gélidas lo conservaron en un estado extraordinario hasta 1978, cuando lo descubrieron unos arqueólogos submarinos del Gobierno de Canadá. Durante ocho veranos, lo sacaron pieza a pieza, lo fotografiaron, lo midieron. Ahí tenía Agote las instrucciones para montar el galeón.

Primero fundó la asociación Albaola, en 1997, para formar a un grupo de carpinteros y replicar embarcaciones tradicionales en un astillero diminuto de Pasajes. No es necesario vivir, decía el clásico; lo necesario es navegar: con esas traineras, bateles y chalupas completaron expediciones por Galicia, Irlanda o Bretaña. En 2004, la agencia pública Parks Canada les cedió la información para construir la réplica de una de las chalupas balleneras que llevaba el galeón San Juan. “A cambio nos exigían fidelidad absoluta en los detalles, en los materiales y en las herramientas. Trabajar como en el siglo XVI resulta difícil, pero es la manera de entender la tecnología de nuestros antepasados”. Con esa chalupa navegaron durante seis semanas, a remo y a vela, por las costas canadienses hasta Red Bay.

Albaola ya estaba madura para su gran proyecto. Tenían la información canadiense y un buen grupo de carpinteros, la Diputación de Gipuzkoa les cedió un astillero abandonado en Pasajes y la capitalidad cultural europea de San Sebastián 2016 aportó dinero. En 2014 empezaron a ensamblar la nao San Juan. “El galeón será espectacular, pero lo que más nos importa es el proceso de construcción, el aprendizaje de los oficios. Y que el público lo vea”. En 2018, 63.000 personas pasaron por Albaola. Los visitantes asisten al trabajo de carpinteros, herreros y cordeleros; recorren la magnífica exposición sobre la odisea ballenera y al final del itinerario descubren el esqueleto creciente del galeón.

Agote no tiene prisa. Cree que lo botarán dentro de un año y medio, pero no pone fechas. ¿Qué sentirá cuando salga por la bocana de Pasajes, a bordo del galeón, rumbo a Terranova? “Pues yo no sé si tengo un fallo o qué, pero en los momentos especiales no me emociono. Cuando debería estar celebrando el éxito de un proyecto, ya estoy pensando en el siguiente. Sabes qué pasa, que yo no disfruto terminando las cosas. Yo disfruto haciéndolas”.






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miércoles, 1 de agosto de 2018

Balleneros Regresan a National Geographic

Hace ya algunos años la revista estadounidense National Geographic dedicaba uno de sus fotorreportajes a la presencia de los balleneros vascos en Terranova.

Pues bien, según nos informa el Correo Vasco, el tema -parte integral de la identidad vasca- está de regreso en las páginas de dicha publicación:


El ilustrador bilbaíno Fernando G. Baptista retrata en un espectacular desplegable cómo era la vida de aquellos pescadores en el siglo XVI

Luis Alfonso Gámez

Los balleneros vascos de la nao 'San Juan' protagonizan, casi quinientos años después de su naufragio en Terranova, un gran desplegable en el número de este mes de 'National Geographic'. Diez páginas de la edición internacional en las que el ilustrador bilbaíno Fernando G. Baptista, editor sénior de Infografía de la revista, cuenta en imágenes una campaña de caza desde la partida del puerto de Pasaia hasta el regreso, nueve meses después, con el barco cargado hasta los topes de barriles con aceite de ballena. Un producto muy preciado hasta mediados del siglo XIX porque no producía ni humo ni olor al quemarse en lámparas.

«La nao 'San Juan' fue uno de los primeros barcos mercantes transocéanicos», explica Xabier Agote, presidente de la Fundación Albaola, que está construyendo en Pasaia una réplica a la que la edición española de la revista dedica un amplio reportaje. La original zarpó de ese puerto guipuzcoano en 1565. Nunca volvió. Sus restos, en perfecto estado de conservación, fueron descubiertos en 1978 cerca de Red Bay, en la península del Labrador, y, siete años después, 'National Geographic' presentó los resultados de su estudio. «Me acuerdo perfectamente de aquella portada. Yo estaba apunto de ir a Estados Unidos para aprender el oficio de carpintero de ribera y, cuando vi la revista, decidí que algún día contruiría la 'San Juan'», recuerda ahora Agote.

Baptista presentó su idea a la dirección de la revista en enero. «'National Geographic' iba a cambiar su diseño en mayo e incluir en cada número un gran informe visual sobre un tema. En mis tiempos en EL CORREO, había hecho cosas sobre la caza de ballenas y trabajado con Xabier Agote. Como en julio de 1985 la revista había dedicado la portada al descubrimiento de los restos de la nao 'San Juan' y ahora se estaba construyendo una réplica en Pasaia, les propuse el proyecto de contar la historia de los balleneros vascos y les gustó», recuerda el ilustrador, jefe de Infografía de este periódico hasta que le fichó la revista estadounidense en 2007. En cuanto le dieron luz verde, empezaron largos meses de trabajo para él, que siempre tiene varios planes sobre la mesa. «En total, a este trabajo le habré dedicado unas diez semanas a jornada completa».

Hasta el último detalle

En 'National Geographic' nada se deja al azar. Se comprueba hasta el mínimo detalle. «La investigadora Patricia Healy, una de mis colaboradoras, dedicó al proyecto más de 150 horas. Una de las cosas que más me costó fue la escena del puerto de Pasaia», recuerda el ilustrador bilbaíno. Para esa preparación de la expedición, Baptista consultó a expertos sobre qué efectos personales, armamento y accesorios llevaban los balleneros, pero también acerca de cómo vestían ellos y las mujeres que, en ausencia de los hombres, trabajaban en los muelles. «Ellas se encargaban de la carga y descarga de los barcos. El color del tocado de cada mujer indicaba la ciudad de la que era». Un dato más entre los cientos desperdigados en las diez páginas que recrean la vida de los balleneros vascos en el último número de 'National Geographic'.

Cuando los barcos vascos dominaban los océanos

«Tres de los cinco barcos de la primera vuelta al mundo y siete de los de la expedición a las Molucas en la que murió Elcano salieron de astilleros vascos», destaca Xabier Agote, inmortalizado por Fernando G. Baptista en la imagen que pueden ver en estas páginas como el arponero de la txalupa. Enamorado desde siempre de la carpintería naval, el presidente de la Fundación Albaola asegura que fue la portada de 'National Geographic' de julio de 1985 la que le animó a profundizar en la historia de los balleneros vascos y de la nao 'San Juan' en particular. «En la transición de la Edad Media al Renacimiento, cuando el centro económico pasa del Mediterráneo al Atlántico, son los vascos los que tienen los mejores barcos oceánicos. El 80% de los barcos de la Corona española de esa época los construyen vascos».

Cinco siglos después de su naufragio, la nao 'San Juan' está a punto de resucitar en las instalaciones de Albaola, en Pasaia. «Esperamos botarla en 2020». Los trabajos de construcción comenzaron hace cuatro años. «El 23 de junio de 2014, víspera de San Juan», recuerda Agote. El ambicioso proyecto ha exigido recuperar oficios prácticamente desaparecidos, como la producción de brea y la cordelería. La 'San Juan' se construyó sin planos, como era costumbre, pero su réplica sigue al milímetro el dosier científico fruto del estudio del pecio. «Es la única reconstrucción de un barco histórico que ha conseguido el patrocinio de la Unesco porque va a ser completamente fiel al original», dice orgulloso Agote.

«Me han ayudado arqueólogos historiadores, biólogos, cartógrafos, especialistas en ropa, en construcción naval... Yo viajé a Pasaia para hablar con Xabi y Mikel Leoz Aizpuru, de Albaola, y ver los trabajos de la nao». Todo, desde la posición de los remeros en la txalupa con el arponero en proa hasta cómo se organizaba la carga en las bodegas de la 'San Juan' y los víveres que llevaba la expedición, tiene el visto bueno del experto correspondiente. Una vez verificado hasta el último detalle, Baptista redactó los textos que acompañan a las ilustraciones, y les dio su forma definitiva Eve Conant, «una escritora que trabaja con nosotros y lo refina todo para que encaje con la imagen».

El artista: Fernando G. Baptista. Editor sénior de Infografía de 'NG'

Licenciado en Bellas Artes por la Universidad del País Vasco, en 1993 se incorporó a EL CORREO, donde llegó a ser jefe de Infografía. Desde 2007 trabaja en 'National Geographic', en Washington. Ha ganado numerosos premios y se le considera uno de los infógrafos más influyentes del mundo.






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sábado, 14 de abril de 2018

La Muy Vasca Circunnavegación

En el cínico esfuerzo por parte de los españoles por hacer desaparecer a los vascos de la historia han quedado atrapados los más variados personajes, siendo uno de ellos Juan Sebastián Elkano quien, tras terminar apuradamente la primer circunnavegación al planeta fue relegado a un segundo plano para dar realce a Fernando de Magallanes, navegante y explorador portugués que falleciera tras haber recorrido poco más de la mitad del globo terraqueo.

Son mucho los que hoy aún pronuncian el nombre de Magallanes cuando surge este hito histórico.

Pues bien, según este artículo de Noticias de Gipuzkoa, la expedición era más vasca de lo que se pensaba, para beneplácito de Mark Kurlansky y Xabier Arzalluz:


El 80% de las naves que salían de Sevilla tenían origen en el País Vasco
Harri Fernández

La expedición a las islas Molucas (Indonesia) estuvo compuesta por la Trinidad, la San Antonio, la Concepción, la Victoria y la Santiago, que partieron el 19 de septiembre de 1519 del puerto de Sevilla.

Alberdi explicó que los trabajos de investigación han tenido dos líneas: la confirmación del origen vasco de la Victoria y el conocimiento de la construcción naval vasca de principios del siglo XVI.

Sobre el primer punto, las investigaciones realizadas por Albaola y el Museo Naval han demostrado que tres de aquellas cinco embarcaciones tienen su origen en el País Vasco. Aun más, Alberdi afirmó que el 80% de los navíos que zarpaban del puerto sevillano, entre 1520 y finales del siglo XVI, tenían su origen en el País Vasco.

En este sentido, el director científico del Museo Naval comentó que muchas de las publicaciones que se han escrito durante 500 años en relación a la primera vuelta al mundo, están sustentadas en mitos que se han ido “retroalimentando”.

Según alguno de esos mitos, la nao Victoria era de origen vasco. La respuesta de las investigaciones ha sido positiva: “En la Victoria estamos ante una tecnología efectivamente vasca”.

El experto explicó que se confirma la teoría, ya anteriormente publicada, que afirma que el navío fue originario de Ondarroa y que su dueño fue Domingo de Apayua. Aun más, la Victoria se llamaba previamente Santa María, antes de que la casa de contratación la comprase.

Asimismo, la Trinidad, el barco comandado por Fernando de Magallanes y que falleció en la travesía, era propiedad del lekeitiarra Nicolás de Artieta.

La tercera embarcación de origen vasco fue la nao San Antonio -también llamada Santa María en origen-, que perteneció a Diego de Arsua, vecino de Erandio.

Con respecto a las dos restantes, el experto explicó que la Concepción se llamó originalmente La Gallega, delatando su procedencia. No obstante, el director científico del Museo Naval aclaró que no han conseguido saber el origen de la nave Santiago.

Datos sobre Albaola

8%. Los visitantes al museo-astillero de Albaola en Pasaia han crecido un 8% de 2016 a 2017. En el año en el que Donostia ostentó la Capitalidad Cultural Europea, con una programación específica durante todo ese periodo, la factoría marítima recibió 49.300 visitantes, mientras que el pasado año las cifras llegaron hasta los 53.000. 

Margen de crecimiento. Desde Albaola consideran que aún pueden llegar a más público, basándose en los datos de Semana Santa. Entre 2016 y 2017 ese dato ha crecido un 44%.

Autofinanciación. Albaola cuenta con un presupuesto de 852.000 euros anuales. De esta cantidad, un 36% procede de ayudas públicas, mientras que el 64% restante proviene de recursos propios. La financiación privada también supone un aumento con respecto al año de la Capitalidad. En 2016 llegaba solo al 49,6%.

Personal. Albaola cuenta con 21 trabajadores, todos guipuzcoanos. Además, ha llegado a contar con 401 voluntarios y con 36 estudiantes de prácticas de cuatro países distintos.






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sábado, 24 de junio de 2017

Pasaia y Red Bay Hermanadas

Con respecto a la presencia vasca en el norte del continente americano, en lo que hoy en día es Canadá, les presentamos esta crónica de la visita del nuevo embajador canadiense en el estado español, Matthew Levin, a el local de Albaola en Pasai Donibane:


El nuevo embajador canadiense en España visitó ayer Pasaia para conocer el proyecto que desarrolla la Factoría Marítima Albaola

Elena Viñas

La relación de cerca de 500 años de historia escrita entre el País Vasco y Canadá sumó ayer un nuevo capítulo a los pies de la réplica del 'San Juan', el emblemático galeón que unió para siempre los destinos de dos pueblos situados a miles de kilómetros de distancia. Los lazos de amistad trazados a través de la cultura y la economía se estrecharon nuevamente con la visita llevada a cabo por una delegación de la embajada de Canadá, encabezada por su nuevo embajador, Matthew Levin, que viajó a Pasaia, al igual que lo hicieron anteriormente sus dos predecesores.

Levin, que acudió a esta localidad acompañado por el consejero político, Simon Cridland, y la consejera comercial, Karen Kennedy, fue recibido por los responsables de la Factoría Marítima Vasca Albaola y representantes del Ayuntamiento, la Diputación Foral de Gipuzkoa y el Gobierno Vasco. La visita oficial arrancó con una recepción celebrada a primeras horas de la mañana en la Casa Consistorial, donde la alcaldesa, Izaskun Gómez, les dio la bienvenida, recordando cómo Red Bay y Pasaia son «dos lugares con una historia en común, paralela y unida por el hilo del destino sin saberlo». «Ambas poblaciones vivimos tiempos de gloria unidos a la industria de la caza de la ballena. Ambas resurgimos siglos después con la pesca del bacalao, y ambas vivimos y padecimos la decadencia económica que supuso el fin de los caladeros», declaró Gómez.

La regidora rememoró el viaje sin retorno del 'San Juan', que zarpó de Pasaia para hundirse en 1565 en aguas de la Península del Labrador. Su pecio fue hallado en 1978. «Este descubrimiento nos volvió a unir», subrayó Izaskun Gómez. A su juicio, «si el hallazgo de los restos del 'San Juan' supuso una esperanza de futuro para Red Bay, también para Pasaia su reconstrucción en este municipio lo supone, por la importancia estratégica que tiene este proyecto y la Factoría Marítima Vasca Albaola, uno de los recursos turísticos que mejor está funcionado, por su enorme valor patrimonial y cultural, y por su capacidad para ser generador de riqueza».

Horas más tarde la delegación canadiense tenía ocasión de conocer el astillero tradicional, en el que la cubierta de la nao va ganando metros de altura, así como los detalles de su construcción de la mano de Xabier Agote, presidente de Albaola, quien puso el acento en el proceso de investigación iniciado en Canadá y la relación creada a uno y otro lado del océano para acometer la réplica de ese barco que la Unesco ha elegido como logotipo para representar todo el patrimonio subacuático mundial. «Que vascos y canadienses estemos trabajando ahora juntos en conocer cuál ha sido el legado de nuestros antepasados es una oportunidad única», aseguró Agote en una rueda de prensa ofrecida ante la popa del galeón y bajo una bandera canadiense.

En el mismo acto, Matthew Levin felicitó a Albaola y a las instituciones que le apoyan en su apuesta por la reconstrucción del 'San Juan', «por su visión a la hora de detectar las oportunidades a través de la historia y cultura, dando respuesta a los desafíos actuales», al tiempo que hizo hincapié en la pasión, creatividad e inteligencia invertida a la hora de adaptarse a los cambios económicos.

Levin mostró, además, su «total interés y compromiso» con el proyecto que se está desarrollando en la Factoría Marítima Vasca a la hora de difundirlo, y con las relaciones ya existentes entre Canadá y el País Vasco «en todas sus dimensiones».

Apoyo «sin fisuras»

En la rueda de prensa también estuvieron presentes la secretaria general de acción exterior del Gobierno Vasco, Marian Elorza; el director general de relaciones externas de Gipuzkoa, Iker Goiria; la diputada foral de Movilidad y Ordenación del Territorio, Marisol Garmendia; y el diputado foral de Cultura, Turismo, Juventud y Deportes, Denis Itxaso. Este último tomó la palabra para expresar el apoyo «sin fisuras» de las diferentes instituciones a este proyecto único, «porque entendemos que es capaz de involucrarnos culturalmente y generar un atractivo turístico».

«Este es un testimonio de lo que algún día será una embajada móvil, que hablará de la tradición vasca, que no es suficientemente conocida a pesar de que esto era una especie de Cabo Cañaveral, de donde salían las naves más poderosas del planeta a surcar los mares y hacer grandes epopeyas. Para ello, necesitaremos ayuda y el apoyo diplomático de la embajada de Canadá en España», anunció Itxaso.

Por su parte, Marian Elorza señaló que Canadá y Euskadi son desde hace tiempo «compañeros de viaje». «Compartimos una historia común y lazos económicos, históricos y culturales que vienen de lejos. La visita a Albaola y la construcción de la réplica de la nao San Juan nos conectan con ese patrimonio común vasco-canadiense», manifestó la responsable de acción exterior.






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domingo, 3 de enero de 2016

Documental 'Baskavígin'

¿Recuerdan lo que les relatabamos hace ya casi un año acerca de la derogación de una ley que permitía matar vascos en Islandia?

Pues bien, se va a realizar un documental cinematográfico al respecto y de eso nos habla este reportaje publicado en Deia:

Getxo viaja a 1615 en barco

La productora local Old Port Films rueda un documental sobre la matanza de 31 balleneros vascos en Islandia hace 400 años; entrevistas con expertos y hasta una recreación de los asesinatos en las playas del gélido país europeo dan vida a ‘Baskavígin’

Marta Hernández

En las páginas de algunos periódicos del pasado 22 de abril se podía leer el siguiente titular: “Islandia deroga la ley que permitía matar a vascos”. No se trataba de ninguna errata o de un juego de palabras que podía dar a entender algo que realmente no era así. No, no. La frase y su sentido es así, tal cual: Islandia deroga la ley que permitía matar a vascos.

En el año 1615, 31 balleneros guipuzcoanos fueron ejecutados en la zona de los Fiordos del Oeste porque se les consideraba invasores. Es lo que se conoce en Islandia como el mayor asesinato en masa de esa región. La orden que dio pie a esa matanza había continuado vigente hasta el pasado abril del ya extinto 2015, cuando el comisario Jónas Guðmundsson revocó la ley mediante la cual se podía matar a vascos. Se cumplían 400 años de vigencia de esa norma. Hubo hasta un acto para celebrar que se acababa con esa legislación. El entonces diputado de Gipuzkoa, Martín Garitano, estuvo allí presente, junto al ministro de Educación y Cultura de Islandia, Illugi Gunnarsson. Entre los asistentes también se encontraban Xabier Irujo, descendiente de uno de los balleneros asesinados, y Magnús Rafnsson, descendiente de uno de los islandeses que mataron a los vascos, como símbolo de la reconciliación entre ambas partes. También acudieron a esta cita Aner Etxebarria, Aitor Aspe y Katixa de Silva. Ellos tres están al frente de la productora getxotarra Old Port Films -que nació en 2013- y ellos tres son los autores del largometraje documental Baskavígin, que precisamente aborda la matanza de los 31 balleneros vascos en Islandia.

Paralelamente a la ceremonia de derogación de la ley en abril, se celebró un congreso internacional con 25 expertos estudiosos del suceso de siete países. “Así que teníamos muchas de las voces que queríamos para nuestro documental en el mismo sitio reunidas. Fue estupendo”, recuerda el director y grafista del proyecto, Aitor Aspe. El rodaje comenzó el pasado marzo y la intención es que el trabajo pueda estar terminado para que llegue al Zinemaldia donostiarra de este año y sea presentado bien a competición o bien a exhibición.

La historia
En junio de 1615, 86 balleneros procedentes de Donostia capitaneados por Martín de Villafranca, Pedro de Aguirre y Esteban de Tellería, navegaron hasta las frías agua del norte de Islandia. Durante una exitosa temporada de caza, se produjeron varios roces y hurtos entre la población islandesa y las tripulaciones vascas. Desavenencias aprovechadas por el sacerdote luterano Jón Grímsson y el magistrado local Ari Magnússon para levantar en armas al campesinado. Además, un revés del destino sentenció las posibilidades de salvación de los balleneros. En septiembre, una feroz tempestad destruyó sus embarcaciones. La mayoría logró salvarse y regresar a casa, pero 31 se quedaron allí. Atrapados y sin víveres en la isla más pobre y hostil de Europa, las tripulaciones de Martín, Pedro y Esteban emprendieron una huida desesperada... Tras un conflicto con los locales fueron ejecutados por orden de Magnússon. “La historia ya tiene de por sí una estructura de película de aventuras”, destaca el director de Baskavígin, que significa la matanza de los balleneros vascos, en islandés.

“Nos enteramos de este suceso del que aquí apenas se tiene conocimiento, pero que en Islandia es muy conocido, curiosamente. Y nos llamó la atención”, añade al respecto del germen de este documental. La realización de este proyecto también adquiere tintes de peli de aventuras, asegura la productora, Katixa de Silva. “Es un rodaje muy complejo que tiene todas las características de una gran película de aventuras o de una superproducción”, indica la gasteiztarra. No en vano, la obra no solo recoge entrevistas, sino también, una recreación de la ejecución. En concreto, según señala Aitor Aspe, el documental se divide en tres partes principales: “Por un lado, los testimonios de expertos que vienen acompañados por una explicación de por qué estas declaraciones son de peso”. Así, especialistas de todo el mundo analizan las causas que pudieron motivar tal acontecimiento y las consecuencias que de él se derivaron. Entre los participantes, se hallan Selma Huxley, historiadora canadiense de referencia internacional; José Antonio Azpiazu, escritor e investigador; Viola Miglio, doctora en Lingüística, y Sjón, escritor y poeta islandés, nominado a un Oscar por el coguion de Bailando en la oscuridad, de Lars Von Trier...

El largometraje, por otra parte, da mucha relevancia a la infografía. “Se incluyen grabados de la época que son preciosos, mapas y alguna fotografía, pero no mucha, porque al ser 1615 no hay mucho material fotográfico. Pero metemos mucho apoyo audiovisual para que todo sea más fácil de entender para el espectador, porque por ejemplo, los nombres en islandés son complicadísimos. Y, por último, está la recreación histórica, con actores, extras... en las playas de Islandia. Esto supone un esfuerzo de producción muy gordo”, admite el director. Baskavígin cuenta con un presupuesto de 180 millones de euros y Old Port Films ha puesto en marcha, junto a Island Tours, touroperador especializado en viajes a Islandia, Groenlandia y Alaska, una iniciativa de crowdfunding. Island Tours ha donado un viaje para dos personas a Islandia, valorado en 2.400 euros, para que sea sorteado entre los que apoyen el proyecto a través de esta herramienta.

Está previsto que el equipo viaje en abril a Islandia para rodar el grueso de la recreación histórica. De momento, su experiencia en el país europeo, con la grabación de las entrevistas fue muy positiva. “Islandia es espectacular, tiene unos paisajes impresionantes y la gente nos está ayudando mucho. El Museo Nacional nos puso muchas facilidades para grabar allí”, comenta Aspe. Los lugares de rodaje están distribuidos entre Reikiavík, Bolungarvík, Akureyri, Playa de Jökulsárlón, Costa de Strandir (Islandia); Chichester (Inglaterra); Cádiz (Andalucía), Pasajes de San Juan (Donostia), Madrid y Getxo, donde empezó este viaje en barco a 1615.





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domingo, 7 de junio de 2015

El Renacimiento del 'San Juan'

El Diario Vasco nos trae este extraordinario reportaje acerca del más famoso barco ballenero vasco:


La reconstrucción artesanal de un ballenero vasco del siglo XVI recupera un tesoro arqueológico de valor incalculable

Catherine Abbot

Un rayo surca el negro cielo y el destello ilumina las embravecidas aguas de Red Bay, en la península del Labrador. Corre el año 1565. Los temporales del Norte se han adelantado y han sorprendido al galeón 'San Juan', botado dos años antes en el pueblo guipuzcoano de Pasajes, prácticamente cargado y a punto de zarpar para el viaje de regreso a casa desde el principal asentamiento ballenero vasco en Canadá. Casi todos sus tripulantes descansan en tierra firme después de pasar meses faenando en alta mar, por lo que, impotentes, solo les queda rezar para que el fondeo resista. Sus oraciones son vanas. Los marinos contemplan atónitos cómo el ancla garrea y cede finalmente ante los embates de las olas. Un último golpe de mar se lleva el buque, de 25 metros de eslora y 7 de manga, un prodigio naval de la época con tres cubiertas y cinco botes balleneros, que desplaza 200 toneladas y precisa para navegar una tripulación de 60 hombres.

La nao 'San Juan' es la mayor nave transoceánica de la época que cruza con objetivos comerciales las peligrosas aguas del norte del Atlántico para comerciar con las preciadas materias primas que brindan los cetáceos. Tecnología punta del siglo XVI al servicio de la actividad mercantil con más solera del País Vasco. Desde tiempo inmemorial, los vascos pescaban en el Cantábrico ballenas francas, a las que avistaban desde las atalayas costeras y perseguían en sus txalupas de remos para arponearlas. La franca, también llamada 'ballena vasca', era la pieza preferida porque es de nadar lento y, debido al acúmulo de grasa que almacena, flota incluso después de muerta y es fácilmente remolcable. Los pescadores desarrollaron distintas estrategias para capturarlas, como perseguir a las crías en los grupos familiares sabedores de que los padres, incapaces de abandonarla, se pondrían antes o después a tiro de sus arpones. Cuentan los registros que, entre 1517 y 1662, los pescadores de Lekeitio cazaron 45 ballenas.

Pero siglos de persecución fueron disminuyendo su número y obligando a los arrantzales a estirar más y más sus expediciones, primero por el Cantábrico hasta Galicia y más tarde hasta Islandia, Terranova y el Labrador, donde fundaron numerosos asentamientos. Algunos historiadores sostienen que estos balleneros se adelantaron incluso a Colón en el descubrimiento de América, aunque por ahora no han sido capaces de aportar pruebas de ello.

A mediados del siglo XVI, el País Vasco podía considerarse una potencia marítima mundial de primera fila, y muchas poblaciones vivían volcadas en el mar. Los pueblos costeros subsistían gracias a los valiosos productos que conseguían extraer de las ballenas: las barbas, un material elástico, flexible y duradero sin parangón en la época, muy útil para dar forma a los corsés y vestimentas de las damas; los huesos, con los que se tallaba todo tipo de muebles, y su carne, que aunque poco apreciada en España tenía buena salida en el mercado francés, donde la consumían en salazón; pero sobre todo la grasa, muy demandada en toda Europa por la excelente iluminación que prestaba a las lámparas sin desprender humos ni malos olores.

El aceite de ballena se convirtió en la materia prima clave para los armadores vascos, que desarrollaron toda una red de factorías balleneras en el litoral atlántico canadiense. Cada año, una quincena de barcos partía de los puertos vascos en una nueva campaña ballenera, cada uno de los cuales podía llegar a cazar de 6 a 9 cetáceos. En sus asentamientos canadienses, los arrantzales esperaban el paso de las ballenas para perseguirlas, remolcarlas a la costa, desollarlas y despojarlas de su grasa, que derretían y cargaban en barriles. Con una producción anual de decenas de miles de barriles de este "petróleo ballenero", organizaron su transporte marítimo regular entre Canadá y Europa. El negocio daba tantos beneficios que los armadores llegaron a ofrecer a los marineros prescindibles pagarles la invernada en el asentamiento ballenero para que dejaran sitio libre en el barco a uno o dos barriles más.

Un tesoro subacuático

Arrastrada por la resaca fuera del resguardo de la costa, la 'San Juan' navega a la deriva hasta estrellarse contra las rompientes de la isla Saddle, en la salida de la rada y a escasas millas del campamento de Balea Baia. Las rocas destrozan sus cuadernas de roble, el casco se resquebraja y en pocos minutos el orgulloso navío se va a pique. Le acompañan en su descenso al fondo del mar un millar de barriles de saín, la grasa de ballena, que ya habían sido estibados a bordo. Su naufragio supuso una enorme pérdida económica, que hoy ascendería a más de 7 millones de euros. Pero aunque su cargamento ya no daría luz a los candiles de media Europa, el hundimiento del ballenero sí ayudaría a alumbrar aspectos desconocidos de la historia de la navegación.

En 1978, Parcs Canada, una agencia dedicada a proteger los tesoros medioambientales y la herencia cultural del país norteamericano, envió un equipo arqueológico comandado por Robert Grenier a las costas de Red Bay. Allí descubrieron los restos sumergidos de la nave vasca, a unos diez metros de profundidad. Las bajas temperaturas de las aguas canadienses habían conservado las piezas del galeón en un estado espectacular. Estaban ante el más preciado de los tesoros arqueológicos subacuáticos del mundo. Unas 14.000 horas de inmersión en las gélidas aguas después, y tras más de tres décadas centrados en "la mayor investigación científica sobre un barco jamás realizada", los científicos se encontraban en disposición de responder a las incógnitas que el buque planteaba. Y en condiciones de compartir su descubrimiento con la comunidad científica, que convertiría el pecio en todo un icono de la arqueología submarina, catalogado como Patrimonio de la Humanidad por la Unesco. Quien visite Canadá puede sorprenderse al descubrir en Red Bay el Museo de los Balleneros Vascos, un ejemplo de cómo las grandes gestas son a veces más apreciadas fuera que por los descendientes de sus protagonistas.

Los ecos del descubrimiento llegaron hasta Euskadi, donde interesó enormemente en la fundación Albaola, empeñada en defender el patrimonio marítimo vasco. Esta asociación culminó en 2005 la reproducción artesanal, pieza a pieza y a la antigua usanza, del 'Butus', una de las txalupas que los arponeros utilizaban para cazar las ballenas y que el 'San Juan' arrastró al fondo del mar. La réplica sirvió como primer ensayo para el proyecto colosal que estaban a punto de emprender: la reproducción de la nao 'San Juan' traca a traca, clavo a clavo, tal y como las técnicas de construcción tradicionales establecían y la Parcs de Canada había rescatado minuciosamente del olvido.

De este modo, en junio de 2013 el proyecto dio su pistoletazo de salida. Los muelles de Ondartxo en Pasaia, el pueblo de la nave original, acogerían el proceso de construcción abierto al público que la asociación iba a realizar. Los bosques de Sakana, en Navarra, se ponían a disposición de Albaola para proporcionar los 200 robles necesarios para la construcción del navío. El pueblo burgalés de Quintanar de la Sierra aportaría el alquitrán de pino imprescindible para preservar la madera y calafatear las juntas, y así otras localidades cercanas y no tan cercanas se unían al proyecto. El pasado 25 de junio, en una ceremonia simbólica, se colocaba la primera piedra del proyecto, aunque en este caso más bien sería la primera madera -de haya, concretamente- que formaría la quilla del barco, la pieza más importante a partir de la cual se articula la estructura de todo el navío.

En los astilleros de Ondartxo, catorce carpinteros de ribera especializados en la reconstrucción de barcos antiguos se afanan desde entonces en dar forma a la nao, apoyados por voluntarios. Tras dar forma a los gigantescos troncos de árboles con ayuda de plantillas que representan cada una de las piezas, los carpinteros han culminado ya el esqueleto formado por roda, codaste, cuadernas y baos. Sierras, hachas y trochas cortan y tallan, una labor en la que la fuerza física se revela fundamental.

Como hace cuatro siglos

El presidente de Albaola, Xabier Agote, atrae las miradas de los visitantes, asombrados ante su destreza manejando el hacha. "Se trata de dar dinamismo a la historia, sacarla de los museos y que la gente sea capaz no solo de admirar un resto arqueológico expuesto en una vitrina, sino, como en el caso de la 'San Juan', comprobar cómo desarrollaban su trabajo en el pasado y en qué consistían sus técnicas", explica. El sueño de este donostiarra de dar vida al buque va tomando forma cada día que pasa. "No somos conscientes de los profundos conocimientos que los arquitectos navales de esta época poseían", sentencia. "Historias como la del 'San Juan' no han sido debidamente divulgadas", se lamenta Agote, que destila ilusión por cada aspecto del proyecto. Velas y cabos de cáñamo de Cervera, mástiles de abeto de los bosques de Irati... todo se hace de forma artesanal y fidedigna. La dificultad a la hora de obtener los materiales idóneos es un problema añadido.

Agote tenía la ilusión de que el navío se botara en aguas del Cantábrico en 2016, coincidiendo con la Capitalidad Cultural Europea de San Sebastián, como homenaje a sus antepasados, su forma de vida y todas las dificultades que tenían que superar. Aunque finalmente no llegará a tiempo, el presidente de Albaola se consuela pensando que su trabajo servirá para mostrar, paso a paso, cómo se construía un barco de ese porte hace cuatro siglos. "La labor conlleva un trabajo titánico, que además la gente puede ver día a día. Solo pensar que esto era posible en el siglo XVI... es una locura".

Fortuna o muerte

Solo unos meses antes del hundimiento del galeón 'San Juan', sus tripulantes, pescadores curtidos y valientes, se habían echado a la mar en busca de fortuna. Una proeza peligrosa: navegar por mares procelosos hasta unas costas desoladas donde capturarían ballenas sin más herramientas que una frágil txalupa y un arpón. Se alimentaban durante meses de bacalao y alguna que otra presa capturada en la singladura. El olor untuoso de la grasa de cetáceo inundaba el barco durante la travesía de regreso. La sidra era su mejor remedio para combatir el temido escorbuto, una enfermedad que hacía estragos entre las tripulaciones de la época, y por lo que se les escanciaba hasta tres litros diarios de esta bebida.

En verano, las colonias de balleneros vascos de Labrador llegaban a sumar 1.500 personas. Era un trabajo duro y peligroso, pero quienes subrevivían tenían la recompensa asegurada, y el afán por hacer fortuna pesaban más que el miedo al fracaso y a la muerte.

La singladura hacia Donostia 2016 no llegará a buen puerto

Cuando la fundación Albaola asumió el reto de devolver a la vida la 'San Juan', sus gestores pensaron en vincularlo a un proyecto más amplio que le aportara recursos y visibilidad. Por su parte, la candidatura Donostia 2016 necesitaba un elemento simbólico que condensara la suma de tradiciones, conocimientos y espíritu aventurero que forjaron este país. La simbiosis entre ambos proyectos era total. Y así, decidieron inaugurar el año cultural europeo con la botadura del barco en el astillero de Ondartxo. El objetivo era realmente ambicioso: que se hiciera a la mar para visitar las principales capitales marítimas de Europa y ejercer como embajada flotante de San Sebastián. Sin embargo, el retraso que ha ido acumulando el proyecto, debido a su complejidad técnica y a la imposibilidad de ampliar su presupuesto, ha hecho naufragar el que iba a ser buque insignia de la Capitalidad Cultural. La nao 'San Juan' no se botará, al menos, hasta 2017.






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jueves, 21 de junio de 2012

Remos por la Solución

Les compartimos esta nota publicada en Noticias de Gipuzkoa:


Una tripulación integrada por vascos e irlandeses participará en julio en una travesía marítima en la que dos traineras, réplicas de embarcaciones vascas del siglo XIX, recorrerán la distancia que separa Gernika (Bizkaia) de Donostia para aportar "en el proceso de paz que vive Euskadi".
El presidente de la asociación Albaola, Xabier Agote, ha presentado hoy en una rueda de prensa en Pasaia esta navegación, denominada "Arraunean Konponbidean" (Remando hacia la solución), que busca, por una parte, conmemorar el 75 aniversario de los bombardeos de Gernika y, por otra, "reivindicar la paz". En total serán 25 personas las que viajarán en ambas traineras, que navegan a vela y remo según las condiciones meteorológicas, y que saldrán el día 3 de julio de Gernika con el objetivo de alcanzar, dos días después, tras hacer escala, el puerto de Donostia para dirigirse a la Casa de la Paz del Palacio de Aiete.
Agote ha explicado que irlandeses y vascos, hombres y mujeres de todas las condiciones físicas, se mezclarán en las dos embarcaciones en las que "la colaboración de toda la tripulación será fundamental" para hacer realidad el viaje.
La travesía se adapta a la "metáfora" recurrente "en política" sobre la necesidad de "remar todos juntos en la misma dirección", ha recalcado Agote, convencido de que "el esperanzador proceso" que, a su juicio, vive Euskadi no sólo incumbe a los políticos sino que los ciudadanos pude sumarse al mismo desde "dinámicas apolíticas, con la intención sincera de reivindicar la paz".
En este contexto enmarca Agote esta iniciativa, que es continuación de otra expedición, celebrada en 2003, cuando la asociación Albaola fue invitada por otra entidad similar irlandesa a participar en una travesía en la que una tripulación, integrada por católicos y protestantes, rodeó Irlanda en seis semanas.
La asociación Albaola, dedicada a promocionar el patrimonio marítimo vasco a través de la construcción de réplicas de embarcaciones tradicionales, participó como observadora en la expedición a bordo de una de las dos traineras que viajará en esta ocasión de Gernika a Donostia.
Agote ha dicho que la experiencia fue "modélica y enriquecedora" y han decidido trasladarla de alguna manera a Euskadi y devolver la invitación al grupo irlandés, que ya visitó la comunidad autónoma vasca en 2005, cuando plantó un tejo irlandés en Gernika, que espera visitar en julio en su nuevo viaje.
Entre las 25 personas que protagonizarán esta travesía, de las cuales 10 procederán de Irlanda, figuran los bertsolaris Andoni Egaña y Ametz Arzalluz, que serán los encargados de relatar con sus versos las experiencias vividas.



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sábado, 10 de noviembre de 2007

Navegando por la Paz

Esta nota aparece hoy publicada en EITb:


Navigating Peace, norirlandeses y vascos remando por la paz

Remeros irlandeses de diferentes culturas, ideologías y religiones, y remeros de Euskal Herria navegaron y compartieron vivencias y esfuerzo durante dos meses

Este domingo ETB-1 ofrecerá el documental Navigating Peace, una iniciativa en la que remeros irlandeses de diferentes culturas, ideologías y religiones, y remeros de Euskal Herria navegaron y compartieron vivencias y esfuerzo durante dos meses. La empresa Diapolan ha realizado este documental que se emitirá el domingo a partir de las 22:50 horas. Dos tripulaciones participan en este proyecto. La tripulación republicana y unionista forma el equipo de Comcille, que busca ser el punto de encuentro y convivencia de católicos, protestantes y no creyentes. La tripulación vasca surge de la asociación Albaola, que trabaja para cuidar y dar a conocer el patrimonio marino vasco.

El objetivo de Navigating Peace era circunnavegar por Irlanda en dos embarcaciones tradicionales.

Este trabajo recoge paisajes, gente, mar, tierra, la música, y como hilo conductor el testimonio de los participantes que reflexionan sobre paz, cultura, educación, religión y comunicación.

Naviganting Peace ha sido una iniciativa de la Asociación Causeway Coast Maritime Heritage Group. Los irlandeses invitaron a la asociación vasca Abaola y entre las dos desarrollaron este proyecto.

El principal reto de la expedición no consistía en completar el recorrido, sino en cómo hacer el viaje; la tripulación estaba compuesta de ciudadanos norirlandeses católicos y protestantes, y algunos ciudadanos de la República de Irlanda. Pretendían comprobar que, por encima de diferencias de pensamiento y religión, la convivencia era posible, incluso en el estrecho marco de una embarcación abierta de apenas doce metros. “Si su experimento funcionaba, ¿porqué no podría alcanzarse el mismo resultado en la vida diaria?”, se preguntan los impulsores de Navigating Peace.


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martes, 26 de junio de 2007

Arrantzales en Canadá

Esta nota ha sido publicada en Gara:


Pasaia inaugura la réplica de un horno ballenero del siglo XVI

Hasta el tiempo acompañó. Un intempestivo aguacero -«muy propio de Terranova», hizo notar con humor el presidente de la asociación Albaola, Xabier Agote- se sumó ayer en Pasaia al acto inaugural de la réplica de uno de los hornos para fundir grasa de ballena que los arrantzales vascos construyeron en las costas canadienses en el siglo XVI. Es la primera de una serie de piezas que terminarán dando a la cala de Alabortza la imagen de una estación ballenera.

Martin Anso

Los miembros de la asociación Albaola, que el verano pasado protagonizaron la expedición «Apaizac obeto», que les llevó a navegar a lo largo de mil millas marinas por la ruta de los balleneros vascos en Canadá a bordo de «Beothuk», réplica exacta de una chalupa de Pasaia hundida en Red Bay en el siglo XVI, volvieron de su aventura con muchos proyectos.

Uno de ellos era construir la réplica de uno de los abundantes hornos para fundir grasa de ballena que los arrantzales levantaron en las costas del estuario del río San Lorenzo y la península del Labrador, muchos de los cuales aún se conservan.

Ese proyecto es ya una realidad. La réplica, construida en la cala de Alabortza, en Pasai Donibane, fue inaugurada ayer en un acto en el que, además de encender el horno, se escenificaron episodios de la actividad ballenera, desde el aviso de avistamiento de cetáceos realizado con banderas de colores desde la atalaya por alumnos de Pasaia Lizeoa hasta la arribada a Alabortza de Beothuk y el desembarco de un miembro de la tripulación, ataviado al uso de la época.

Ese miembro de la tripulación resultó ser Jon Maia, quien cantó ante los congregados «Partiada tristea Ternuarat», unas coplas rimadas por un marinero lapurtarra anónimo del siglo XVII, que, según recordó el bertsolari y «cronista oficial» de la expedición «Apaizac obeto», «el verano pasado se convirtieron prácticamente en himno de nuestra aventura».

Fueron muchas las personas que, a los sones de la trikitixa, se desplazaron desde el astillero tradicional Ontziola hasta Alabortza, donde tuvo lugar el acto inaugural con la presencia de diversas autoridades, entre ellas, la agregada cultural de Canadá en Madrid, Laura Ballesteros, y la nueva alcaldesa de Pasaia, Maider Ziganda. Ésta re- cordó que no sólo la localidad a la que representa, sino toda la comarca fue durante siglos «un referente mundial» vinculado a la pesca, al comercio marítimo y a la construcción naval, lo que se tradujo en «una riqueza patrimonial, cultural y técnica que no podemos desaprovechar».

En lo que a la actividad ballenera, que se remonta a la Edad Media, respecta, la fuerte urbanización a que ha sido sometida la costa vasca ha hecho que apenas queden restos de esa actividad, a pesar de su importancia. «Algunas atalayas, viejas casas cuyos sónatos sirvieron para almacenar el saín, huesos de ballena encontrados por azar y poco más», dijo ayer al respecto Xabier Agote, presidente de Albaola. Sin embargo, al otro lado del Atlántico, donde en los siglos XVI y XVII los vascos desarrollaron una notable actividad ballenera, se encuentran abundantes restos. «El año pasado, durante nuestra expedición, al ver que esos restos estaban tan bien conservados, nos animamos a contruir la réplica de un horno, uno como los que sin duda existieron aquí, pero que no se ha conservado», dijo Agote.

La réplica ha sido construida con información proporcionada por arqueólogos de Parks Canada y, tal y como se hacía en el siglo XVI, por métodos artesanales y con materiales obtenidos in situ: piedra del lugar, cal mezclada con arena de la propia cala... incluso las tejas han sido recuperadas de un viejo edificio sanjuandarra.

«Alabortza -indicó Agote- pudo ser un lugar estupendo para despiezar ballenas, actividad que, en otro tiempo, se hizo en todas las localidades costeras vascas. Pudo ser estupendo porque, por una parte, es el lugar protegido más cercano al mar, y es que, si ya es duro remar, mucho más lo es hacerlo arrastrando una ballena, así es que, cuanto más próximo estuviese el lugar de despiece, mejor; por otra parte, porque está algo alejado del pueblo, y es que hay mucha documentación en la que se cita que los vecinos no querían que esta actividad se realizase cerca de sus casas, por los olores derivados de la descomposición de las ballenas».

Una vez despiezado el cetáceo, su grasa era fundida en el horno y así se obtenía el saín, «el combustible más preciado durante siglos, entre otras cosas, porque era el que menos olía y el que menos humo echaba», aclaró Agote.

Una tonelería y un muelle

La idea de Albaola es seguir escenificando una estación ballenera en Alabortza. «En Canadá observamos que, ligadas a los hornos, estaban las tonelerías, donde se construían los toneles para almacenar el saín. Tenemos intención de levantar, probablemente ya el año que viene, un pequeño edificio de madera que represente esa labor».

También piensan recuperar un antiguo muelle del que hoy en la cala quedan restos. «Sería un lugar estupendo para que la gente pudiera ver cómo maniobraban las chalupas balleneras o de qué manera se arrojaba el arpón. Conocemos experiencias muy interesantes al respecto en museos de Estados Unidos».

El horno de Alabortza es un paso más dentro de «Bahía de Pasaia-Euskal odisea», proyecto de parque lúdico-cultural que impulsan los municipios de Pasaia, Lezo, Errenteria y Oiartzun, agrupados en la agencia de desarrollo comarcal Oarsoaldea. Este proyecto tiene una de sus piedras angulares en el astillero Ontziola, que gestiona Albaola y del que, entre otras muchas iniciativas, han salido ya varias réplicas de embarcaciones históricas, entre ellas, dos de chalupas balleneras del siglo XVI.

La «estación ballenera» de Alabortza vendría bien también para acondicionar la pequeña playa de la cala con fines lúdicos, algo que los vecinos de Donibane vienen reivindicando desde hace años. «De hecho -quiso subrayar ayer Xabier Agote-, que este espacio esté hoy tan limpio es algo que debemos a la Asociación de Vecinos de Bonantza».

En este sentido, Rosa Sistiaga, miembro de la asociación citada, que ayer acudió a la inauguración del horno, indicó a GARA que hace ya tres años que celebran Alabortza Eguna. «Por la mañana, limpiamos la playa en auzolan y, después, asamos unas sardinas y organizamos juegos y otras actividades festivas. Este año nos hemos reunido más de un centenar de vecinos». El objetivo, aclaró, no es sólo limpiar la playa de cara al verano, algo para lo que este año ni siquiera han contado con subvención, sino «reivindicar de las instituciones que tomen medidas para regenerarla con arena, estabilizarla y, en definitiva, hacer de ella un espacio para el disfrute de los vecinos. Hace dos años adquirieron el compromiso de iniciar el expdiente de recuperación de la cala, pero seguimos sin ver avances», señaló Rosa Sistiaga.

Canadá

La réplica exacta del horno, como las de las chalupas balleneras construidas en el astillero Ontziola, ha sido posible gracias a la información proporcionada por los arqueólogos de la entidad pública Parks Canada.

Un horno operativo

El horno de Alabortza ha sido construido con información precisa y, en caso de que se halle el cadáver de alguna ballena varada, estaría incluso en condiciones de ser utilizado para intentar reproducir el proceso de obtención del saín.

Estación ballenera

El horno es la primera de una serie de piezas a través de las cuales Albaola espera escenificar en Alabortza una estación ballenera. La asociación piensa también recuperar un viejo muelle que existe en la cala y construir una tonelería.

En Alabortza, playa

El proyecto de Albaola de escenificar una estación ballenera en Alabortza sería compatible con la reivindicación que encabeza la Asociación de Vecinos de Bonantza para que la cala sea acondicionada como espacio de uso lúdico.

Xabier Agote: «Nuestro reto sigue siendo construir la nao San Juan»

El acto de ayer contó con la presencia, como invitada de honor, de la agregada cultural de Canadá en Madrid, Laura Ballester, quien leyó un mensaje de parte del embajador, Marc Lortie, en el cual éste subraya «la colaboración de Parks Canada con Albaola en la recuperación del patrimonio vasco-canadiense».

De hecho, tanto el horno inaugurado ayer como las réplicas de dos chalupas balleneras del siglo XVI construidas en el astillero artesanal Ontziola de Pasaia en los últimos años han sido posibles gracias a la información proporcionada por los arqueólogos de la entidad pública Parks Canada, encabezados por Robert Grenier, que han desarrollado una labor de investigación en torno a los balleneros vascos y, muy particularmente, en torno a la nao pasaitarra San Juan, hundida en Red Bay en 1565 y hallada en 1978, considerada modélica en todo el mundo en lo que al patrimonio sumergido respecta y reconocida expresamente por la Unesco.

Precisamente construir la réplica del San Juan sigue siendo el principal reto al que se enfrenta Albaola. «Para nosotros -matiza Xabier Agote, presidente de la entidad-, construir el San Juan, más que un objetivo en sí mismo, es un medio y, a la vez, la consecuencia de que estamos alcanzando nuestro objetivo, que no es otro que recuperar los conocimientos de nuestros artesanos navales y, en general, nuestra cultura marítima».

De cara a construir la réplica del San Juan -con la que los miembros de Albaola están dispuestos a navegar hasta Terranova-, la complicidad de las autoridades canadienses es clave, tanto como la legislatura que ahora comienza en Gipuzkoa. De hecho, el primer paso sería contar como base de operaciones con el viejo astillero de Ondartxo, en San Pedro.








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jueves, 30 de noviembre de 2006

Arralauri

Esta información nos llega cortesía de Vascos México:

Adolfo de Larrañaga

EL POETA DE LAS REGATAS

Adolfo de Larrañaga nace en Portugalete en 1876 en la Calle del Medio, hoy Víctor Chávarri.

Su amor por los versos marcó su vida.

Estudió abogacía, aunque su primer trabajo fue de administrador en unas explotaciones mineras de Almería. Durante su estancia en Almería traba amistad con el poeta Francisco Villaespesa a quien siguió a Madrid en su vida poética. Regresa a Portugalete pues sus versos no le dan para vivir en la bohemia madrileña.

Solicita el puesto de Juez Municipal, el cual consiguió al no presentarse ningún vecino, con el titulo de Licenciado en Derecho.

Colabora en las revistas "Hermes" y "Euskal Erria" como experto en poesía y poetas. Escribe también en "La Tarde", "Ateneo", "Excelsior", "El Nervión Especial".

Es un nacionalista a machamartillo, lo cual le crea problemas con la censura.

Pretende crear una poesía humana que trata de las costumbres del pueblo; el caserio, los remeros, los aizkolaris, etc. Consigue que su poesía sea clara y artística.

Trabajó, además, en la "Juventud Vasca" de Bilbao. Conoció a Sabino Arana al cual apoyó, fue secretario de "Solidaridad de Trabajadores Vascos".

Dirigió los periódicos "El Obrero Vasco", "Eusko Languille" y "Lan Deya".

Se exilió a Francia residiendo en San Juan de Luz. Vivió de la ayuda que le prestaban sus amigos. Colaboraba en Francia con periódicos y revistas nacionalista: Eusko Enda y Guernika.

Obras:

Unai Ona o El buen pastor.

Arraulari o Las regatas.

El tejo.

Canto a Sabino.

La guitarra.

Su obra comprende tanto poemas líricos como poemas bucólicos y poemas épicos.

Era un buen conversador , educado, amigo de sus amigos, pulcro en el vestir y querido por todos.

A su villa Portugalete la quiso y la llevó en su alma, añoró volver, pero no pudo.

Murió en San Juan de Luz en 1961.

En 1980, su amigo portugalujo Miguel Saenz editó una importantísima parte de sus versos en el libro "POESIAS".

Bibliografía:

De mi vida. Indalecio Prieto (1965).

Euzkadi. Vascos que escribieron en castellano. Elias Amézaga (1977).

Poesías (Adolfo de Larrañaga) recopilación de Miguel Saez (1980).

Euzkadi. Al cruce de tres culturas. Elias Amezaga (1989).

Portugalete y su gente (1991) Juan de Pagoeta.



Arraulari o Las regatas.

Por Adolfo de Larrañaga

Extraído de la, hasta el momento, única edición de 1960



I

Quiero cantar la épica marinera

la noble exultación de las regatas

de la grácil y rápida trainera,

dejando la mar libre las fragatas,

catedrales del alma marinera.

Canto a los euskaldunes balleneros,

ancestrales de los bravos marineros

de pupilas azules y amatistas;

no aludo ni a piratas ni negreros

que de leyendas son protagonistas.

Que su origen refiera el erudito,

que el poeta pretende la expresión

de la belleza de la creación,

eterno sacerdote del gran rito

del canto, la armonía y la oración.

II

Nuestra trainera es atlética,

nuestra trainera es estética

cuando en el puerto se halla descansando;

pero en la mar, si va regateando,

es netamente patética.

La trainera es la barca de una ondina

cuando va como la hoja de un cuchillo

cortando el agua azul y cristalina.

Con aletas, sería golondrina,

y cargada de rosas, canastillo.

Tiene un aire felino su silueta,

más que correr, bogando, se desliza;

parece que mira la coqueta

en el espejo azul de su gaveta

como una bayadera de la liza.

Se construyó para cortar el viento,

superando la ley de la resistencia

en su alado y gentil deslizamiento,

toda llena de gracia a barlovento

como un tritón en plena adolescencia.

De noche, el arraunlari la visita,

ungiéndola de sebo y de manteca;

siente celos porque es la favorita

digna de ser la cuna de Afrodita

modelada en el torso de un esteta.

Aromada de marisco,

al arrullo del puerto en un lugar

que es para ella confortador aprisco,

se oculta para ver el obelisco

-la pupila del cíclope lunar-.

Se llama Izarra, nombre de bautismo

como la novia del proel amado;

cuando salió a alta mar, su dinamismo

se derramó con un anacronismo

sobre yerba del florido prado.

Las noches misteriosas del ensayo,

recelando de todas las miradas

se recata en las sombras; las celadas

del adversario en las encrucijadas

puedan captar sus formas al soslayo.

La princesa del pueblo es la trainera

que ha adoptado la gente marinera

objeto de vitrina y de marfil;

en el retrato de una pescadera

he visto dibujado su perfil.

Es coqueta, es audaz, es temblorosa,

piafadora, impaciente, núbil, bella.

Lleva en la proa la nupcial estrella

de la esperanza abierta como rosa

ofrendada a ingrávida doncella.

Mar azul, claro cielo, viento blando,

la trainera ha salido de paseo,

y las gaviotas, cuando van volando,

retornan la cabeza recordando

que en la proa iniciaron su aleteo.

III

Torso formón tallado y a maceta,

brazos vibrantes, músculos de acero,

velludo el tórax, ojo de torrero

que al otear el tiempo lo asaeta

como el arco sutil de sabio arquero.

Al pecho lleva un pardo escapulario

y medallas que siempre ha de besar

con la emoción del niño o del corsario

que deletrea el alto abecedario

del véspero azulado a la polar.

Este alegre arraunlari, bueno y fuerte,

ama a la libertad cual la gaviota,

es fetichista de la mar ignota,

su esperanza se ríe de la muerte

y sueña en retornar, como el patriota.

Desde el pretil del puerto otea,

un patriarca absorto en una idea,

la vasta superficie movediza;

sueña que es el patrón que regatea

y al detener el tiempo lo eterniza.

Ojo redondo y claro, de aguilucho

que el horizonte ha taladrado mucho,

curvada la nariz a sotavento,

prógmata vigoroso en movimiento,

ironía en los labios de hombre ducho.

Es el símbolo vasco del marino,

huele a honradez, a dignidad y audacia,

más que al pan y al tabaco, quiere al vino,

que ahuyenta de su mente la desgracia

y le enseña a sonreír frente al destino.

Antes que sorprendiese el gran Colón

de América la atónita existencia,

el arraunlari euskeldun el arpón

de su aventura hundió el corazón

de Terranova sin la real licencia.

Porque él era señor independiente

por la insignia que ostenta su bandera;

pues llevaba en la popa su trainera

un diploma foral, una patente

superior y anterior a otra cualquiera.

Primate insigne de los balleneros,

en Terranova aún se ve su tumba

con la data de viejos marineros

y restos de perdidos astilleros

en cuya fama el temporal retumba.

A remo crudo persigue a la ballena,

la reduce, la acosa y le dispara

el rectilíneo arpón con su cadena,

que se clava en el lomo como antena,

y el monstruo al fin sus coletazos para.

Por la lucha tenaz ensangrentadas

las manos que sujetan el chicote,

vibrante del dolor del cachalote,

del monstruo al esquivar las coleadas,

un cascarón de nuez parece el bote.

Y al tornar a la patria la mirada

humedecida del secreto llanto

de aquel que piensa en la mujer amada,

el arraunlari sueña en la arribada

y convierte sus lágrimas en canto.

Muy pronto volverás, amigo mío,

a recordar los días de tu infancia,

a la sombra natal del caserío

impregnado de mágica fragancia

y de las risas y besos de tu río.

Este abolengo goza de raigambre

de los bravos hijos de la mar.

¿Qué tendrá ésta para que el enjambre

de las abejas, aunque pasen hambre,

quieran todas volver al colmenar?

IV

Puerto clásico de nuestra costa,

de poco fondo y con entrada angosta

allá en la bajamar, se satura

al penetrar del aire la frescura

de salitre, alquitrán y hasta de bosta.

Al subir lentamente la marea,

el roce de cadenas y chicotes

chirría entre las anclas y los botes;

y, al fin, la pleamar, como azotea,

al puerto entero lo levanta a flote.

El puerto es una sinfonía azul:

la flota piafadora toda azul,

las marineras de pupila azul,

los marineros de mahón azul

y hasta el pescado es de color azul.

Por ver del puerto la calcomanía

nostálgica de gris melancolía,

cambian algunas casas del lugar;

bajan de noche a mirarse a la ría

y en silencio se vuelven a su hogar.

En otras, pende desde la fachada,

a los besos de un sol ya macilento,

toda la ropa limpia, remendada,

de una policromía tan variada

como peleles que se lleva el viento.

Remedan otros nidos de gaviotas

que entre las rocas viven solitarias,

libres, hurañas, longevas, visionarias,

que se levantan sobre sus picotas

como grises sorguiñas centenarias.

A algunas el tiempo las ha humanizado,

las ha encanecido, las ha poetizado

de no sé qué leyenda del amor

de una marquesa con un pescador

bello como un Antinoo, el bronceado.

Subsiste aún el palacio silente,

de un noble etxeco-jaun descendiente,

que la noche de sus bodas quedó muerto;

una semana continuó yacente

en su lecho de lis, mirando al puerto.

Y cuando la galerna o la tormenta

ululan, el palacio de lamenta

con el blanco fantasma en la ventana,

y el chirrido febril de una roldana

el terror de las brujas acrecienta.

Luego, las redes de los pescadores,

a modo de guirnaldas victoriosas,

penden del muro, mientras las esposas

de los inmensos ojos soñadores

tejen, cantando, mallas misteriosas.

¡No ha muerto Pan, ni huído las sirenas!

Alegre coro de los pescadores,

al volver de la pesca los vapores,

a la taberna van como falenas

a la luz de los báquicos fulgores.

En la taberna hay gran algarabía,

charla y beben en la sidrería

lo mismo que marinos de Marsella,

y cantan al tin-tin de una botella

que a breves intervalos se vacía.

En ella olvidan la miseria humana

de la lucha tenaz y cotidiana,

esclavos del deber de la existencia

que, domando al dolor con su experiencia,

dicen a la esperanza: "Hasta mañana".

Al dulce balanceo de la cuna

que mece maternal la abuela luna,

al arrullo de eresias en euskera,

se va formando el alma marinera

bajo la inspiración de la fortuna.

Se aproxima la larga teoría

de innúmeros motores

hasta ganar la plácida bahía,

y a la luz de los faros de la ría

muestra el camino real a los vapores.

Brilla a proa la luz amarillenta,

a babor y a estribor la roja y verde

para que al marinero le recuerde

la situación del barco en la tormenta,

pues la mar se enfurece y mata y muerde.

Todos los barcos duermen en hileras

disciplinados como en un cuartel;

y en el silencio de la noche artera,

rozándose la amura y el carel,

dialogan el vapor y la trainera.

-¡Qué bonita estás con tu cabellera

recogida en la nuca, cual si fuera

un gran manojo de algas perfumado

de reinetas plantadas en el prado

del heno fragante de la primavera!

-No manches mi costado ni el codaste

ni te me acerques en la pleamar,

que tus besos me rozan el engaste

de las conchas que forman el contraste

con las gemas brillantes del collar.

-Ponte en el branque un clásico amuleto,

una estrella de mar, cualquier objeto

que sea como adorno en tu figura,

que el triunfo te ha de dar en la aventura

el talismán que guarda mi secreto.

-Talla en mi proa una blanca medusa,

un hipocampo, la estrella polar,

las fases de la reina de la mar,

la sirena que escuchamos al pasar

tañer la fúnebre arpa de la Intrusa.

-¡Qué clara está la luna, amigo mío!

¡No sé qué tiene que me escalofrío!

¡Donde quiera que estoy de allí me mira!

¿Qué me presagiará? ¡Dulce mentira!

¡Con el sol de la noche, desvarío!

-Los albatros, gaviotas y fragatas

-lebreles de la mar-, y los tritones

con sus saltos mortales de bufones,

te escoltarán durante las regatas,

en medio de las grandes ovaciones.

-¡Agur, Izarra! Duerme hasta mañana,

jaca de pura sangre, que ya es hora;

la oración de cristal de mi campana

te despabilará tocando a diana

como el txistu al rosario de la aurora.

Han callado los dos; Izarra sueña.

De un potinandi surto en la bahía,

el patrón de la lancha los espía

con la inquietud celosa de la dueña

que teme una nocturna alevosía.

Noche de sirimiri impertinente,

el muelle está desierto y sin turistas;

con los suestes la marina gente,

descargando la pesca iridiscente,

nos evocan gnomos surrealistas.

Todo es silencio, soledad, misterio;

nada en el exterior la paz altera;

las luces de San Telmo en la ribera

fingen lejos del puerto un cementerio

con un verde fanal: la calavera.

V

La mar, esa mujer desconocida

que un enigma profundo guarda fiel

con una esfinge oculta en su guarida;

la mar, que tiene el cielo por dosel,

es la creadora de la vida.

La mar sublime y libre como el alma,

fiera en la tempestad, bella en la calma,

al acecho le agrada sorprender,

y si de noche suele acometer

es por besar los pies de rosa al alba.

Toda la mar es una sinfonía

de líneas, de sonidos y colores,

que según es la luz así varía;

y hasta en los huracanes, los livores

de los relámpagos son melodía.

La mar entera está en la caracola

como la música de un sí bemol,

nota fundamental es de la ola

la vaga majestuosa que aureola

el arco iris de la luz del sol.

Hombre libre que adoras a la mar,

acuérdate de Shelley, el gran poeta

que un día de ciclón con su goleta

como un albatros se lanzó a alta mar

para morir soñando como esteta.

La luna plañidera,

proxeneta errabunda y hechicera,

a la mar la transforma en aguafuerte;

luz y sombra, vida y muerte,

misterio y claridad, sueño y quimera.

Pero si la galerna la enfurece,

es una madre que se vuelve loca,

destruye cuando besa y cuanto toca,

y el hijo que más ama, aquél perece

oyendo a la sirena de la roca.

Todos los ríos no van a la mar:

hay uno hermético, sigiloso y sin un canto,

un río sibilante en su hontanar,

y es amarga su linfa al paladar;

el río del dolor se llama llanto.

Las lágrimas vertidas en la mar

endulzan de las olas la amargura;

pero aquellas que van a fondear

son las perlas más ricas del collar

que el corazón regala a la hermosura.

VI

Vasto paralelogramo es la ría

que extática contempla la hermosura

del estadio con la policromía

de bateles que adornan la bahía

flameando su alegre arboladura.

La multitud se apiña en los vapores,

loa árboles, los muelles, los tejados,

ávida de admirar a los mejores

con los prismáticos escrutadores

de los ístmicos vascos encantados.

El cromatismo de las campanillas

en los jubones llevan los remeros;

bogan de dos en dos como traíllas

que ensayan con el filo de sus quillas

la recta colisión de los carneros.

Blanca es Ondárroa, verde Donostía,

Orio de cuero, Pasajes violada,

Santurce añil, azul Fuenterrabía,

la esfinge de Sestao anaranjada,

Ciervana el rojo de la valentía.

El arco iris se diluye en ellas

lo mismo que en la lluvia el sol radiante;

nos evocan erráticas doncellas

que ostentan en su frente siete estrellas

con los siete colores del diamante.

Santurce y Ciervana, los fronterizos

pueblos en el deporte advenedizos,

de la antorcha sagrada los destellos

más olímpicos y bellos

conservan en su sangre de mestizos.

Son los hijos paridos de la mar,

que en las minas, las fábricas y vides,

los músculos aceran en estas lides

que poetizan al regatear

en la aventura de los adalides.

Se alinean igual que los corceles

en el famosos Derby de carreras,

en la diestra los frágiles cordeles

de las boyas, están los timoneles

herméticos mirando las banderas.

Hay en el aire lívida expectación;

la hora de la lucha se aproxima;

tiemblan la lancha y la tripulación

latiendo con un solo corazón

al compás del honor que los anima.

Y al retumbar el bronco cañonazo,

que es la señal impuesta de partida,

sueltan la amarra dando un latigazo

y unánimes doblando el espinazo

salen a una rauda acometida.
.... ... .