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lunes, 10 de noviembre de 2025

La Pasionaria y el Antifascismo

Continuamos con la cobertura que Público está haciendo del material fílmico de la Revolución Española centrándonos en lo que respecta a Euskal Herria con este recuento acerca de las acciones de Dolores Ibarruri Gómez, nacida en Bizkaia, conocida en la lucha de izquierda como La Pasionaria.

Adelante con la lectura:


Pasionaria, madre del antifascismo

Durante la Guerra de España, Dolores se convirtió en emblema de la defensa republicana. La ‘Juana de Arco comunista’, tal y como es presentada en una película de la Corporación Hearst, pide en una visita a Francia apoyo militar para la República.

Noelia Adánez

De negro siempre. El negro evoca modestia, severidad, luto. Dolores, mujer, camarada y madre, carga consigo una estudiada iconografía. Se sabe imagen y sabe que las palabras que pronuncia cobran una fuerza mayor porque es de su persona de la que emanan. 

Está esperando. Dolores se impacienta y juega a deshacer un ramito de florecillas silvestres que, antes de tomar asiento, le habrá regalado un camarada. Dolores está muy cansada. 

“La lucha por el pueblo español es la lucha por la paz, es la lucha por la libertad, es la lucha por la democracia”. Todo es lucha en la vida de Dolores Ibárruri, Pasionaria.

Cuando durante la guerra de España Dolores Ibárruri viaja a Francia para pedir apoyo militar, para demandar un respaldo activo a la República española, el personaje Pasionaria tiene ya más de tres lustros de vida. En 1918, Dolores firma su primer artículo con ese seudónimo. Lo titula “La hipocresía religiosa” y se publica durante la Semana Santa en El Minero de Vizcaya. 

La hija de minero hubiera querido ser maestra y como no pudo, siguió leyendo por su cuenta. En la Casa del Pueblo de Muskiz leyó prensa obrera y con toda seguridad obras de referencia como el Manifiesto Comunista. Quién sabe si también se asomó con timidez y reverencia a algunas páginas de El Capital. 

La lucha de Dolores

Aquellas lecturas y aquellas experiencias, contribuyeron a decantar la lucha de Dolores hacia el comunismo como una vía distinta al anarquismo y al socialismo en el que ella, junto a quien era su marido desde 1916, había comenzado a militar.

Dolores y Julián Ruíz participaron en la fundación del PCE en 1921, pero Dolores se trasladó sola a Madrid diez años después para trabajar en la redacción de Mundo Obrero. Por el camino, se quedó el padre de sus hijos, de quien se separó, y provisionalmente, Rubén y Amaya. De los seis hijos que Dolores parió murieron cuatro. Alguna tuvo que ser enterrada en un féretro improvisado en un cajón de conservas. Cuatro criaturas muertas y un quinto, Rubén, que perdió la vida con 22 años, en 1942 en la batalla de Stalingrado, el mismo año en el que Dolores es nombrada secretaria general del PCE. Entonces, su pelo oscuro se emblanqueció.

Pasionaria recibió condolencias de multitud de personas, algunas anónimas y otras conocidas. En respuesta a la carta de uno de los principales dirigentes de la Komintern, la hija de mineros, la vizcaína recia acostumbrada a las mayores privaciones y los peores sufrimientos, la camarada que ha conocido la cárcel, la crudeza de la guerra y la desgracia del exilio, se quiebra:

“La muerte de Rubén es el golpe más doloroso que podía recibir. Y aunque hago esfuerzos por sobreponerme, el dolor es más fuerte que mi voluntad. ¡Mi hijo era mi ilusión y ya no le tengo! Parece como si con él se hubiera ido la fuerza que me hacía vivir”.

Pero Dolores continuó viviendo cuarenta y siete años más: otra vida entera. Murió en 1989, tres días después de la caída del Muro de Berlín. Su exilio había terminado en 1977 cuando volvimos a ver “a Dolores caminar por las calles de Madrid”, como cantó Ana Belén.

Su regreso se convirtió en uno más de los tantos capítulos que jalonaron el relato amable de la Transición como un proceso de reconciliación nacional, bajo el que se ocultaron el coste humano y político del exilio, de la represión y de la violencia desatada por el franquismo, un régimen inclemente de vocación totalitaria. Durante el exilio, Pasionaria asumió la crítica a Stalin, dimitió como secretaria de su partido para pasar a detentar un cargo honorífico como presidenta en 1960 y, aunque se alineó con la ortodoxia de Moscú, fue tajante en la condena a la invasión de Checoslovaquia en 1968.

Radio España Independiente

En la Unión Soviética Dolores se encargó de poner en marcha Radio España Independiente, Estación Pirenaica y, como parte de este proyecto, escribió los diálogos de una sección titulada “Ventana a ventana” en la que dos vecinas comentaban la realidad política española sin censura. La Pirenaica fue la voz de la resistencia antifranquista, que los comunistas lograron mantener con vida hasta 1977. Secciones como aquella en la que dos comadres conversaban, antecedieron importantes iniciativas de signo marcadamente feminista, como la que dirigía Pilar Aragón (Josefina López Sanmartín) -la Elena Francis del antifranquismo- quien locutaba la “Página de la mujer”.

La voz de “la Pili”, que oficiaba de amiga en su respuesta a las cartas que recibía, a diferencia de Elena Francis, que siempre respondía desde la posición tutelar propia de una “madre”, imprimió en los españoles que escuchaban La Pirenaica, una huella tan profunda como la que había dejado el “¡No pasarán!” que Dolores Ibárruri pronunció por Unión Radio el 19 de julio de 1936. La “madre” del antifranquismo en España estaba en las antípodas de la “madre” Francis; era caudal político, palabra que emplazaba al combate, igualitarismo democrático, libertad y resistencia.

Durante la Guerra de España Dolores se convirtió en emblema de la defensa republicana. Ya se había significado como diputada, pero tras el golpe, el Partido Comunista llevará a cabo un esfuerzo consciente y constante para convertirla en un símbolo que el tiempo elevará a la categoría de mito.

Dolores se comprometió activamente con los milicianos y soldados republicanos, de quienes intentó estar tan cerca como le permitieron las circunstancias. Su fortaleza moral y su proximidad comenzaron a dotarla de un aura casi taumatúrgica. En el Partido recibían cartas de gentes que le solicitaban su intercesión para la resolución de toda clase de problemas. Sus viajes y sus esfuerzos para conseguir el apoyo internacional a la causa republicana, hicieron que su figura alcanzara una proyección aún mayor.

Sus llamamientos a la unidad de todos los republicanos, su defensa de la democracia frente a los golpistas y al fascismo, eran también una interpelación a la comunidad internacional para evitar lo que terminó ocurriendo: España se convirtió en el ensayo general de la Segunda Guerra Mundial. En su célebre discurso de septiembre de 1936, pronunciado en el Velódromo de invierno de París, Dolores dice:

“Y sin ninguna vacilación, unidos en el mismo sentimiento y con la misma decisión de cerrar el paso al fascismo y defender la República y la democracia, comunistas, socialistas, republicanos, anarcosindicalistas y nacionalistas vascos, nos lanzamos a la lucha dispuestos a toda clase de sacrificios, porque no ignorábamos lo que el fascismo representa y de lo que es capaz la reacción española. (...) Consciente de lo que nuestra lucha significa, el pueblo español prefiere morir de pie a vivir de rodillas.

Al lado de los rebeldes, apoyándolos en su agresión contra la República y contra el pueblo, participan fuerzas fascistas extranjeras, cuyos aviones bombardean las abiertas ciudades españolas.”.

Dolores se desgañita: “Y no olvidéis, y que nadie olvide, que si hoy nos toca a nosotros resistir a la agresión fascista, la lucha no termina en España. Hoy somos nosotros; pero si se deja que el pueblo español sea aplastado, seréis vosotros, será toda Europa la que se verá obligada a hacer frente a la agresión y a la guerra.”

El discurso del Velódromo de invierno es trágicamente premonitorio de lo que ocurrió entre 1939 y 1945. La inacción de Francia y del Reino Unido, la insuficiencia de la ayuda soviética y la intervención de Alemania e Italia en favor del bando sublevado, marcan el curso de los acontecimientos. Cuando las fuerzas republicanas pierdan la guerra de España, el destino de Europa habrá quedado al albur del fascismo.

Ochenta años después de concluída la Segunda Guerra Mundial, la ofensiva ultra, la antidemocracia y la reacción vuelven a amenazar la convivencia y los frágiles consensos que en las últimas décadas han dejado espacio a los discursos de izquierdas. Ahora, como entonces, la justicia social es menos una realidad que una conjetura; ahora, como entonces, las mujeres estamos destinadas a jugar un papel determinante en la contención de la reacción ultra. No pasarán. 

 

 

 

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lunes, 10 de febrero de 2025

Egaña | Infiltrados, una Historia Larga y Sangrienta

Madrid ha premiado a Arantxa Echevarría por los servicios prestados otorgándole un Goya a su más reciente obra cinematográfica.

Del tema central de esa película se encarga Iñaki Egaña con su mordaz estilo periodístico con este minucioso reportaje publicado en Naiz:


Infiltrados, una historia larga y sangrienta en Euskal Herria

La infiltración de agentes en diversas asociaciones catalanas ha vuelto a destapar el espionaje que realizan las diversas policías y el CNI a ciudadanos del Estado. Euskal Herria, epicentro de un movimiento independentista dinámico, ha sido vanguardia en infiltraciones, espionajes y técnicas.

Iñaki Egaña

La sombra de la infiltración en Euskal Herria es tan alargada que apenas ha dado respiro a la disidencia. Ya con la entrada de las tropas nazis en París, al comienzo de la Segunda Guerra Mundial, un infiltrado español en la sede del Gobierno Vasco en el exilio logró hacerse con los nombres de una de las redes clandestinas jeltzales al sur de la muga. La razia posterior concluyó con la condena a muerte de varios militantes, que finalmente fue única, la del médico gasteiztarra Luis Álava.

Durante la dictadura, la infiltración policial fue uno de los métodos más empleados por la policía franquista y una de las actividades más temidas entre la oposición clandestina que, mayoritariamente, se refugiaba en el Estado francés. El PCE vasco llegó a realizar interrogatorios en primer grado a todos sus nuevos militantes, ante el temor a la infiltración. En fecha tardía, incluso, ejecutó en las cuevas de Landarbaso (Orereta) a uno de sus responsables en Bizkaia, Julián Pardo, a quien acusó de ser infiltrado policial. Los GAC (Grupos de Acción Carlista), un pequeño grupo armado, ejecutaron a otro infiltrado policial, Ovidio Mateos, en la década de 1970, a quien acusaron de ser responsable de la caída de uno de sus comandos. Según el historiador Javier Onrubia, Mateos se refugió en Biarritz y habría sido secuestrado por sus antiguos compañeros, que lo llevaron a París, juzgaron y ejecutaron.

Entre los anarquistas, las infiltraciones policiales fueron también numerosas. El mayor atentado contra Franco tuvo lugar en Donostia, cuando una avioneta debía descargar explosivos contra el yate del dictador, anclado en La Concha, un día de regatas. La delación de un infiltrado evitó el magnicidio. El responsable del operativo anarquista, Laureano Cerrada, fue ejecutado en París en 1976, en una operación de venganza, ya fallecido Franco.

Los GARI (Grupos de Acción Revolucionaria Internacionalista), de tendencia anarquista y que secuestraron en París al director del Banco de Bilbao para canjearlo por la vida de otro anarquista Puig Antich, que finalmente sería ejecutado, vieron cómo sus integrantes fueron detenidos. Entre ellos el navarro Lucio Urtubia. En el juicio celebrado en 1981 supieron que su operación había fracasado porque uno de sus compañeros, Inocencio Martínez, en realidad era policía.

El caso del DRIL (Directorio Revolucionario Ibérico de Liberación), que en 1960 colocó diversas bombas incendiarias en Bilbo y Donostia, también en Madrid, fue uno de los notorios de la época. La de la capital guipuzcoana, en la estación del vascongado de Amara, provocó la muerte de la niña Begoña Urroz. Como ya se publicó en este medio, los objetivos fueron marcados por un infiltrado policial, un antiguo falangista que había pertenecido a la guardia personal de Franco, Abderramán Muley Moré. Por cierto, si investigan a sus descendientes encontraran una estrecha relación con Vox.

Sin embargo, el objetivo principal, ya desde esa década de 1960, fue ETA. Y ante la dificultad de infiltrar agentes en sus grupos clandestinos en Hego Euskal Herria, la actividad de espionaje se trasladó al exilio, siguiendo el estilo de la infiltración en otras organizaciones. Y en particular a Ipar Euskal Herria. La comisaría de Irun, en la muga entre Gipuzkoa y Lapurdi, por razones de cercanía, acogió a los responsables de los agentes, confidentes e infiltrados desplazados al Estado francés. Habría que señalar que también fueron especialmente activos los consulados de Baiona, Hendaia, Burdeos, Toulouse y la embajada de París.

Entre ellos destacó, como si se tratara de un bucle eterno, el consulado de Baiona, que desde tiempos anteriores a la Segunda Guerra Carlista se convirtió en el centro del espionaje a la disidencia vasca. Por valija o en vehículos diplomáticos, los delatores españoles pasaron toda la información, que de Exteriores era delegada en Gobernación, luego Interior. En épocas más recientes, y sobre todo a partir de 1980, el cuartel de la Guardia Civil de Intxaurrondo y la sede del CESID, luego CNI, en Gasteiz se hicieron con las riendas de las infiltraciones. En la actualidad, la de la capital alavesa mantiene su estatus, al que se le ha sumado Bilbo.

Las primeras infiltraciones relacionadas con ETA y Enbata se produjeron en 1963. Aprovechando su ascendencia donostiarra y el arraigo en la provincia (dos de sus familiares habían sido ejecutados por comunistas en 1936 en la capital guipuzcoana), el coronel Dapena intentó introducirse en los medios abertzales de Lapurdi. Su infiltración fue destapada en el Aberri Eguna de Itsasu y sufrió un intento de secuestro, del que logró escapar. No tuvo tiempo siquiera de tejer una red.

La primera infiltración grave, según ETA, fue la de Patxi Rosado Jiménez, refugiado en 1969 que sufrió un tiroteo en Larrun en un paso de muga en 1973 y fue detenido en Bilbo en 1975. Salió de comisaria discretamente y no hubo publicidad de su infiltración. Como sucedería posteriormente, las claves para destapar su identidad fueron sus lazos familiares con la Guardia Civil.

«Cocoliso» y «El Lobo»

La del donostiarra José Luis Arrondo, ‘Cocoliso’, fue, sin duda, la primera infiltración de entidad que, además, tuvo unas consecuencias trágicas para dos militantes independentistas. La encerrona tuvo lugar en mayo de 1974, con la muerte de José Luis Mondragón y Xabier Méndez en la playa de los Frailes de Hondarribia. Los dos militantes, que no eran miembros de ETA, habían llegado en una lancha y cuando fueron a desembarcar serían acribillados por un destacamento combinado de policías y guardias civiles que esperaban apostados tras las rocas de la playa. Hoy, el Gobierno de Lakua no los considera como víctimas.

‘Cocoliso’ había sido seducido en 1972 por los agentes Claudio Ramos y Antonio Garrido, adscritos a la Comisaría de Donostia. Al partir Ramos y Garrido a un nuevo destino, la relación policial con el infiltrado, que había sido captado tras haber sido torturado en la comisaria de la capital guipuzcoana, fue trasladada a Roberto Conesa, uno de los policías franquistas de historia más terrorífica. Conesa fue, precisamente, el que preparó la emboscada de la playa de los Frailes. También fue uno de los encargados en preparar a los infiltrados y confidentes durante el franquismo y la Transición. Arrondo murió años después en Madrid en accidente de circulación que algunos medios atribuyeron al CESID, cuando porfiaba en los bajos fondos con un conocido de los medios españoles, Dionisio Rodríguez, «El Dioni».

Miguel Lejarza Eguía, ‘Gorka’ o ‘El Lobo’, fue el infiltrado de mayor entidad en los círculos clandestinos. Las numerosas detenciones producidas en los primeros meses de 1975 dejaron la infraestructura de ETA Político-Militar tan dañada como para permitir que algunos recién incorporados a la organización adquiriesen puestos de relevancia en su estructura. Entre ellos se encontraba Miguel Lejarza. La infiltración de ‘El Lobo’ en los polimilis supuso la detención de decenas de militantes, la muerte de cuatro de ellos (Josu Mujika Aiestaran, Andoni Campillo, Montxo Reboiras Noya y Montxo Martínez Antía), el fracaso de la fuga de la prisión de Segovia y que se frustraran todas las acciones previstas por la organización vasca en el Estado español, que intentaba evitar los fusilamientos de Txiki Paredes y Ángel Otaegi.

Miguel Lejarza, vecino de Basauri, consiguió cambiar su identidad por la de Miguel Ruiz Martínez. Estuvo unos años en México, apadrinado por Miguel Ángel Albiñana, un funcionario español del Ministerio de Exteriores, y volvió a Euskal Herria, donde fue detenido y encarcelado por extorsionar a un dentista. Salió de la cárcel de Martutene y luego se estableció en Barcelona, donde estuvo implicado en una red de proxenetismo. En Barcelona fue detenido en noviembre de 1993 tras verse implicado en un caso de escuchas ilegales a empresarios y políticos. Trabajaba en los servicios de seguridad del diario ‘La Vanguardia’.

Con motivo de la edición de varios libros biográficos, la identidad de Lejarza ha sido puesta en cuestión. Sobre su infiltración, las versiones literarias afirman que fue un agente ya captado y preparado años atrás. Para sus antiguos compañeros, en cambio, fue un quinqui rescatado de prisión a cambio de la infiltración. Para otros, no fue siquiera infiltrado, sino colaborador que cayó en las redes del espionaje tras ser detenido y torturado por su militancia en ETA. Jorge Cabezas, el guardia civil que según confesión mató a Josu Mujika en Madrid por el chivatazo de Lejarza, afirma que el tema de ‘El Lobo’ «es un bluf».

Los Comandos Autónomos descubrieron la infiltración de Julio Cabezas (nada que ver con el anterior), ‘Mikel Escaleras’. Familiar de la pareja de Jean Pierre Cherid, mercenario del BVE y de los GAL, fue denunciado por elegir los objetivos de los grupos parapoliciales, entre ellos el secuestro de «Naparra». Estuvo a las órdenes del comisario Manuel Ballesteros.

Represalias de ETA

ETA ha actuado con contundencia contra aquellos a los que señaló como infiltrados. El primer atentado contra un «topo» fue en enero de 1977 contra Santos González Turrientes, ‘Box’, que salió malherido. ‘Box’ había sido un ladrón de poca monta captado en la prisión de Basauri por presos de ETA. Cuando dejó la cárcel, marchó al exilio y participó activamente en huelgas de hambre y diversas actividades internas, hasta que fue descubierto. Tras el atentado se refugió en Alacant.

Poco después, en agosto de 1978, ETA dejó gravemente herido a Tomás Sulibarria, de Bilbo. La organización le acusó de la caída de dos comandos y del atentado que costó la vida a Agurtzane Arregi. Sulibarria se recuperó y nuevamente sufrió un atentado, en junio de 1980, en el que perdió la vida.

Ignacio Olaiz también murió a manos de ETA en octubre de 1978, bajo la acusación de ser un infiltrado, al igual que José María Azaola, en diciembre de 1978, y José Luis Oliva, en enero de 1981.

Los últimos casos conocidos de infiltración en ETA fueron los de José Antonio Anido Martínez y Elena Tejada Berradre –el largometraje ‘La Infiltrada’, premiado al Goya de mejor película ex aequo junto a ‘El 47’, aborda esta historia–, que eran respectivamente guardia civil y policía nacional. Anido Martínez fue un gallego cuyos padres residían en Estrasburgo y que se había infiltrado en los entornos abertzales de Baiona desde 1989. En 1995, un comunicado de ETA descubría que una foto en casa de sus padres, en las que aparecía de militar, desvelaba su procedencia. Su identidad fue transformada y el agente pasó a llamarse Antonio Cabana Romar. Fue destinado a la Embajada española en Colombia. En 1998 sufrió un atentado en Bogotá, en el que murió su compañero, y él resultó herido.

Elena Tejada, infiltrada durante siete años en medios abertzales, desde 1992, llegó a convivir durante un año con los miembros de un comando que fueron detenidos por la Policía en Donostia. Vecina de Logroño, se trasladó a Donostia y a los años ofreció infraestructura para ETA. Su infiltración provocó la huida de otros compañeros de los detenidos, entre ellos la de José Luis Geresta, que murió poco después en extrañas circunstancias. La directora Arantxa Echevarría acaba de rodar una película inspirada en esta infiltrada.

Sin relación con ETA, fueron descubiertos mientras trabajaban como «topos» en medios abertzales y no tenían contacto alguno en los círculos más clandestinos Javier López Urtizberea, militar natural de Irun, y el guardia civil Lorenzo Bárez Gómez. Hace unos años, asimismo, fue denunciada una pareja que había ejercido de topo en el partido Aralar (luego integrado en EHBildu) en Zizur. Se trataba de Arantza Arenzana y Mariano Balefón, de origen argentino o croata, según las fuentes. Se infiltraron en medios abertzales y también en las redes islamistas. Rodríguez Galindo citó en sus memorias a un(a) concejal abertzale en Nafarroa, sin revelar su nombre, que era una de sus fuentes principales. Pero nunca se pudo demostrar si se trataba de Arenzana.

Otras tipologías

Al margen de la infiltración, las torturas y todo tipo de presiones han generado otro tipo de confidentes, colaboradores policiales en la mayoría de los casos obligados por las circunstancias. También otros que por despecho renunciaron a su organización, en este caso ETA, y colaboraron con la Guardia Civil, tal y como relata de un caso muy concreto Rodríguez Galindo en sus memorias. Su fuente llegó a formar parte de la comunidad de refugiados en Ipar Euskal Herria, donde falleció de cáncer ya hace unos años.

Entre los torturados, el caso más conocido fue el del gasteiztarra Joseba Urquijo, que en 1989 se autoinculpó como confidente del policía Amedo, uno de los brazos ejecutores del GAL. Más tarde, exiliado en México, fue encarcelado acusado de mantener relación con ETA.

Los intentos policiales por lograr delatores no han cesado en los últimos años, aunque, a decir de las denuncias, con pocos resultados. En julio de 2009, el joven Alain Berastegi fue secuestrado en Irunberri durante siete horas por desconocidos. Pocos meses antes lo había sido Lander Fernández en Bilbo y en diciembre de 2008 el refugiado Juan Mari Mujika, en Donapaleu. En todos los casos, el objetivo era el mismo: intentar convertir a los detenidos en confidentes. Decenas de jóvenes detenidos con motivo de su militancia en Jarrai, Segi y Haika también recibieron ofertas para aligerar su condena a cambio de colaborar, como sucedió en redadas contra Ekin (heredero de KAS) y de colaboradores de la organización armada.

La infiltración hoy

Hoy, desaparecida ETA, los intentos de infiltraciones continúan, con episodios destapados en la dirección de EHBildu, en asociaciones dedicadas a la memoria histórica e incluso entre los investigadores recientes sobre los casos de tortura. La pugna entre el CNI, la Guardia Civil y la Policía Nacional por preparar e infiltrar agentes ha llegado hasta la Universidad, caladero donde intentan pescar a los más desprevenidos, también a los solicitantes de nacionalidad a cambio de agilizar trámites y, como siempre, a esos detenidos a los que, a cambio de la libertad, les exigen informes puntuales sobre el independentismo vasco.

Si durante una época, hasta la desaparición de ETA, grupos ecologistas, asociaciones de solidaridad con los presos y academias para aprender euskara fueron medios para la infiltración (hubo numerosas denuncias de infiltraciones policiales, en especial en el entorno del euskara, que el Estado trató de confundir señalando el interés policial y militar por la lengua vasca), en la actualidad los parámetros son diversos. La infiltración ideológica y la creación de espacios minoritarios con interés de ser únicamente altavoces en las redes sociales ha sido una de las estrategias preferidas del Estado tanto en Catalunya como en Euskal Herria. Con perfiles supuestamente comunistas, libertarios o independentistas, decenas de agentes se mueven por las redes desde al anonimato o con coberturas preparadas desde la avenida madrileña del Padre Ruidobro.

De cualquiera de las maneras, el Estado intenta inflar la sensación de que todas las estructuras antisistema están agujereadas como un queso gruyere. Hoy los sistemas técnicos han desplazado, en gran medida, a los humanos. Aun así, alimenta permanentemente un sentimiento de desconfianza entre la comunidad vasca, para dividirla, como lo hizo uno de los periodistas estrella del españolismo militante, Antonio Casado, justo antes de la disolución de ETA: «En las cárceles españolas y francesas se pudren unos 800 etarras mientras no más de 70 u 80 estaban disponibles en la calle para perpetrar atentados. Y la mitad eran policías, guardias civiles o agentes del CNI infiltrados». Otra táctica más para desinflar un globo que se les escapa. Infiltrados unos cuantos, sin duda, pero conocida la incontinencia verbal de la clase política española, no muchos más de los señalados.




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viernes, 10 de enero de 2025

Al Inicio de 1932

Desde la página de Facebook titulada Casa del Pueblo Gijón traemos a ustedes un recuento de lo ocurrido en los albores de 1932 tanto en suelo catalán como en suelo riojano.

Lean ustedes:


Año nuevo de comunismo libertario

Huelga revolucionaria del Alt Llobregat y protestas de Arnedo en la Rioja en 1932
 
Todo Por Hacer

El año 1931 finalizaba en España tras haberse llevado de un plumazo a la carcunda monarquía borbónica, e instaurándose una República española que prometía reformas políticas y una sustancial mejora para las condiciones de vida de la clase trabajadora. Sin embargo, los políticos e intelectuales de clase media rápidamente vendieron como mejoras en medios republicanos afines algunas cuestiones que suponían pinceladas y que no pretendían subvertir el régimen caciquil, tradicionalista y de explotación instaurado. Las zonas rurales con miles de jornaleros concienciados ansiaban verdaderos cambios estructurales y una reforma agraria profunda. Si no llegaba mediante legislaciones a través de la movilización social del pueblo, las comunidades rurales de trabajadores no dudaban ni un instante en tomar las tierras en posesión de grandes terratenientes y trabajarlas colectivamente.

En este contexto social y político surgen dos levantamientos obreros en enero de 1932; uno en la comarca de L’Alt Llobregat en Catalunya, y otro en el pueblo riojano de Arnedo, bajo la resolución de la República de aplastar estas reivindicaciones jornaleras con represión policial. La mejor herramienta que tenían de hacer triunfar la emancipación popular es mediante el concepto que instituyó el anarcosindicalista Juan García Oliver, y que practicaron miles de obreros en todos los rincones del país, la «gimnasia revolucionaria». Ya a finales de abril de 1931, recién instaurado el régimen republicano español, el anarquista ucraniano Néstor Mahkno desde su exilio parisino aconsejaba lo siguiente en una carta a los anarquistas españoles como predicción de lo que sucedería en los inmediatos años:

‘El proletariado español debe unirse y desplegar la mayor energía revolucionaria para dar lugar a una situación en la que la burguesía no tenga oportunidad para oponerse a la conquista de la tierra, las fábricas y de las libertades completas; situación que cada vez sería más amplia e irreversible. Es crucial aplicar todas las energías para garantizar que los trabajadores españoles entiendan que si permanecieran inactivos y limitándose únicamente a aprobar resoluciones sin ningún buen resultado, estarían haciéndole el juego a los enemigos de la revolución, dejándoles ir a la ofensiva, dándoles tiempo y, como corolario, dejándoles sofocar la revolución en marcha.’

Y fue eso precisamente lo que se fraguó en los breves años de la Segunda República hasta julio de 1936, la tibieza con la que se trató desde las instituciones públicas al fascismo, a la burguesía fabril y terrateniente y los sectores reaccionarios de la sociedad, propició el crecimiento y la conspiración de esa ultraderecha autoritaria contra las clases populares que estaban más fuertemente organizadas que nunca. Un ejemplo de cómo las democracias liberales, lejos de resultar un cortafuegos para el fascismo, ingenuamente le otorgan un valioso espacio de construcción de su proyecto de terror contra los sectores marginalizados; exactamente la misma historia en la que nos encontramos sumidos en la actualidad. La Segunda República española obtuvo un apoyo social en decrecimiento continuado. Las élites nunca la apoyaron por ser un régimen demasiado reformista para sus férreos intereses explotadores, y las clases populares fueron desilusionándose rápidamente viendo que suponía más de lo mismo: represión política y falta de soluciones a problemáticas básicas de una vida digna.

A los sucesos que vamos a explicar le antecede el enfrentamiento en el municipio de Castilblanco, en la provincia de Badajoz, el 31 de diciembre de 1931 entre los campesinos de la localidad y los guardias civiles. Un pueblo inspirado en el espíritu literario de Fuenteovejuna, que se levantaba en contra de las condiciones inhumanas en que vivían los jornaleros extremeños y contra la brutalidad de la Guardia Civil. La tensión generada por los sucesos de Castilblanco fueron influyentes en el levantamiento de Arnedo el 5 de enero de 1932.

Los sucesos de Arnedo en La Rioja | El asesinato de once obreros por la Guardia Civil

En la semana en que se inició el nuevo año 1932 hubo levantamientos en otros municipios al calor de los acontecimientos en Castilblanco; concretamente en Zalamea de la Serena (Badajoz), en Épila (Zaragoza), y en Jeresa (Valencia), con manifestaciones que acabaron en enfrentamientos con la Guardia Civil. Pero sin duda el más importante sucedió el martes 5 de enero en la localidad de Arnedo, en La Rioja, con poco más de cinco mil habitantes, dedicados mayoritariamente al campo y la fabricación artesanal. En este municipio la empresa de calzado de la familia Muro, concretamente Faustino Muro, quien tenía fama de patrón autoritario y caciquil, había despedido a algunos obreros, y se inició una huelga convocada por el sindicato UGT. Ese día se reunieron en el Ayuntamiento el alcalde, algunos concejales, el Gobernador civil y el jefe de la Comandancia de la Guardia Civil, donde tras largas conversaciones se estaba decidiendo ante las presiones populares la readmisión de los obreros despedidos.

En la plaza de la República del municipio se congregó una gran cantidad de trabajadores en huelga por solidaridad con sus familias y otros vecinos que acompañaban a los delegados sindicales que se reunirían en el Ayuntamiento con las autoridades para firmar la readmisión de los obreros en otras fábricas del pueblo. La tensión era evidente porque el propietario de la empresa de calzados había comentado que cerraría la fábrica antes que acceder a la admisión de los despedidos. Al aparecer la Guardia Civil para apostarse junto al consistorio municipal tanto en el zaguán como en los soportales del edificio, los vecinos reunidos en manifestación irrumpieron en gritos contra ellos llamándolos ‘lacayos del capitalismo’ y exigiendo la disolución del cuerpo.

Los veinticinco guardias civiles que se encontraban en la plaza al mando de un único teniente abrieron fuego contra la multitud sin lanzar ninguna clase de advertencia previa. Según las propias fuentes orales, la refriega comenzó por el forcejeo de un obrero que defendió a su hija de quince años de edad, de la agresión que había sufrido de un guardia civil. Se realizaron al menos tres descargas de munición contra los manifestantes congregados.

Los disparos no cesaron hasta que el Comandante de la Guardia Civil que se encontraba en el Ayuntamiento bajó a la calle y ordenó al teniente que dejaran de disparar. El pueblo de Arnedo vivió trágicamente la víspera del día de Reyes, quedando en el suelo los cuerpos asesinados por las balas del terror benemérito. En el instante de los sucesos fueron cuatro mujeres muertas, entre ellas una anciana de 70 años de edad, un niño de 4 años, y un hombre. Sin embargo, en los días siguientes se alcanzó la cifra total de once muertos, con un balance de 45 heridos, de los cuales cinco quedaron mutilados para el resto de sus vidas. El impacto en la opinión pública fue enorme. El diario Ahora de Madrid sacó en su portada el 7 de enero la fotografía del bebé de pocos meses alcanzado por una bala y envió a Arnedo a varios periodistas, entre los que se encontraba Manuel Chaves Nogales, a cubrir la noticia. En los días siguientes el periódico publicó un extenso reportaje fotográfico que incluía imágenes del hospital con los heridos del pueblo.

El motor de estos sucesos, y por lo tanto, autor moral de los mismos, fue la ideología caciquil instaurada en la sociedad rural española, y la venganza de un cuerpo represivo como la Guardia Civil. Y aunque las simpatías en contrapuesta por la Guardia de Asalto republicana crecían al calor de estos acontecimientos, un año después en la insurrección libertaria en Casas Viejas, quedaría patente que ningún cuerpo policial permitiría la emancipación de los obreros. El General Sanjurjo, máximo responsable de la Guardia Civil en ese momento, y que protagonizaría en agosto de 1932 un intento de golpe de Estado, fue destituido de su cargo, aunque se le otorgó la dirección del Cuerpo de Carabineros. Sanjurjo echó la culpa a los Ayuntamientos socialistas, donde se había metido “lo peor de cada casa”, gente “indeseable” que “fomenta el desorden, amedrenta a los propietarios, causa daños en las propiedades y ha de chocar necesariamente con la Guardia civil”; declaraciones que evidencian la ideología interna del cuerpo de la Guardia Civil y su oposición frontal a los movimientos obreros. Un tribunal militar en enero de 1934 juzgó en Burgos al teniente de la Guardia Civil que ordenó disparar en Arnedo, y fue absuelto del delito de homicidio y lesiones por imprudencia temeraria por falta de pruebas para apreciar que hubiera incurrido en tal delito, y argumentando la misma circunstancia para los guardias civiles que llevaron a cabo los disparos.

Huelga en el Alt Llobregat, la semana en que triunfó el comunismo libertario en Fígols

La insurrección libertaria del Alt Llobregat fue la primera de las tres insurrecciones generales auspiciadas por la CNT en el periodo de la República española antes de la Revolución Social de 1936. Sucedió durante varios días en la segunda mitad del mes de enero de 1932 en los pueblos de la comarca del Berguedà entre el río Llobregat y su afluente el río Cardener. El arraigo de las sociedades obreras catalanas adheridas a la Asociación Internacional de Trabajadores tenía ya varias décadas de una práctica de numerosas asociaciones que propugnaban el antiestatismo y una sociedad sin clases. El capitalismo había llegado a esta comarca en forma de explotación en colonias fabriles de tejidos principalmente y en la industria minera. En estas colonias obreras, los patrones trataban de controlar las relaciones sociales de sus trabajadores, y evitar su sindicación a través de la amenaza de perder sus empleos, y por lo tanto las viviendas en que habitaban junto a los centros fabriles con sus familias.

El domingo 17 de enero de 1932 se convoca una huelga en el municipio de Berga, que se extenderá al día siguiente a otras localidades de la comarca, entre ellas el pueblo de Fígols, donde las mujeres del textil y los mineros de Sant Corneli inician la huelga para que sean respetados los acuerdos salariales alcanzados. La huelga será un éxito, y el paro total. Pero la huelga tenía un programa propio en este municipio, tornó en una huelga revolucionaria impulsada por colectivos anarquistas. De una asamblea entre hombres y mujeres del municipio surge el acuerdo de proclamar el comunismo libertario para barrer a los patrones industriales de la comarca. La CNT decide apoyar la iniciativa de los trabajadores insurreccionados; se desarma a la Guardia Civil y al Somatén (policía rural catalana), se cuelga la bandera rojinegra del Ayuntamiento de la localidad, se abole la propiedad privada y se asegura el abastecimiento de alimentos. Incluso el miércoles 20 de enero de 1932 se convocaron unas elecciones populares por sufragio universal para constituir la comuna libre de Fígols en la que fueron elegidos un delegado general junto a otros ocho delegados representativos. La tendencia revolucionaria de la huelga, sin embargo, no triunfa completamente en Berga o en Manresa, pero sí que fue un éxito en pueblos como Sallent, Cardona, Balserany o Súria.

Pocos días después no tarda en llegar la represión por parte del gobierno republicano a la comarca enviando al Ejército al mando del General Batet desde Barcelona y refuerzos de la Guardia Civil desde Zaragoza. Estos remontarán el río ocupando los distintos pueblos insurreccionados, y en concreto a Fígols llegarán el domingo 24 de enero, donde los mineros no pudieron presentar resistencia debido a la inmensa capacidad armamentística de los cuerpos represivos. Decidieron volar el polvorín de dinamita y huir a las montañas, de hecho algunos grupos de mineros serán detenidos en las montañas en los días siguientes. La represión por alzarse contra el orden industrial capitalista salió cara: un centenar de deportaciones al Sáhara y Guinea de algunos revolucionarios, entre ellos Buenaventura Durruti o el futuro guerrillero Ramón Vila ‘Caracremada‘, la prisión para numerosos anarcosindicalistas, prohibición de sindicatos y periódicos obreros. Entre otros diarios anarquistas quedaron clausurados ‘Solidaridad Obrera’ hasta el 4 de marzo de 1932, y también ‘Cultura y acción’, que no volvería a reaparecer hasta la primavera de 1936. Sin embargo, el periodista Eduardo de Guzmán describe muy bien en sus crónicas publicadas en el diario madrileño ‘La Tierra’, en los días 26 y 27 de enero, y en el semanario ‘Tierra y Libertad’, en sus números 50 y 51 del 6 y el 13 de febrero de 1932, respectivamente, la organización de los municipios en esta semana de comunismo libertario en L’Alt Llobregat.

La CNT organizó una gran campaña de protesta debido a las deportaciones, culminando con una huelga general el 15 de febrero de 1932. El secretario general de CNT, Ángel Pestaña, del sector treintista (o moderado), se entrevistó con el ministro de Gobernación, Casares Quiroga, y el presidente del gobierno, Manuel Azaña. No logró más que corroborar la posición inamovible del gobierno republicano en defensa de las élites y una estructura jerárquica que no permitiría ninguna emancipación obrera, y que acusaba al propio anarcosindicalismo de la represión. Se iniciaba una división entre el sector treintista de corte sindicalista, bajo su creencia de que en un marco de legalidad para la CNT y el movimiento libertario podrían construir de mejor manera una ‘presión política’ y alcanzar un punto donde la Revolución Social adquiriera mayor viabilidad. Y por otro lado, el sector faísta en la CNT, que auspiciaba un choque social inevitable con las fuerzas de poder y alcanzar mediante la acción directa la justicia social. Seguramente ambas tácticas de lucha libertaria aplicadas convenientemente en contextos y situaciones particulares distintas podían favorecer decantar la balanza hacia el lado de las clases populares; sin embargo los sucesos violentos contra el pueblo trabajador y el avance del fascismo preparaban el terreno por sí mismo para la Revolución Social en 1936.

 

 

 

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sábado, 6 de mayo de 2023

El Fusilamiento de Luis Álava

Cada vez que un español se rasgue las vestiduras por lo que acostumbran denominar "los años del plomo" hay que saber guardar la compostura. Recuerden, es una sucia artimaña que tiene como objetivo convertir al victimario en víctima, casi que por obra y gracia del Espíritu Santo.

Si ese español encima es españolista, peor aún.

Porque los crímenes cometidos por el españolismo en contra del pueblo vasco son tantos y a lo largo de tantos siglos que resultaría un ejercicio en dejadez intelectual sentir pena por sus alegatos.

Como muestra de lo anterior, traemos a ustedes este ejercicio de memoria histórica relativo a la Red Álava por cortesía de Naiz:


80 años del fusilamiento de Luis Álava, el médico que lideró una red de solidarios

La historia de Luis Álava es una historia de entreguerras, que narra la crueldad de los regímenes fascistas contra una red solidaria. Tal día como hoy de hace 80 años, este médico murgiarra moría fusilado en Madrid por ser el líder de una red antifascistas.

Marcel Pena

Luis Álava Sautu fue fusilado en Madrid por las autoridades franquistas tal día como hoy, 6 de mayo, de hace 80 años. Este médico de Murgia era el líder de una red clandestina en el interior que operaba para el Gobierno Vasco en el exilio, pero la entrada de las tropas nazis en París provocó que unos papeles del escritorio del lehendakari Agirre acabaran en manos enemigas. Álava lo pagó con su vida.

Miembro del PNV desde la década de los años 10, en 1936 Álava ejercía como presidente de la Junta Municipal del PNV de Gasteiz, si bien tras la caída de Araba en manos de los franquistas no fue detenido ni perseguido. Con el final de la guerra en Hego Euskal Herria y a instancias del propio lehendakari Agirre, se organizó una red de resistencia y apoyo a presos vascos en cada una de las provincias de Hegoalde. Entre sus labores también estaba esconder simpatizantes nacionalistas y facilitar su exilio a Europa. Luis Álava fue nombrado secretario general de esta organización.

Luis Álava daba nombre a la «Red Álava», un grupo antifascista conformado en su mayoría por mujeres que, a propuesta del Gobierno Vasco, ejercía labores de inteligencia durante la Guerra de 1936 y la Posguerra, pero también durante la II Guerra Mundial en favor de los Aliados, mientras realizaban una oposición no violenta contra la Dictadura franquista.

La guerra había terminado en Hego Euskal Herria en 1937 y desde entonces el Gobierno legítimo de José Antonio Agirre se había instalado en el Estado francés. Sin embargo, una nueva guerra estallaría pronto en Europa. Siempre en contacto con el Gobierno en el exilio, la «Red Álava» también realizó informes para los Aliados sobre la organización del Ejército franquista. Sin embargo, esos informes fueron la sentencia de muerte de Luis Álava. Después de que las tropas alemanas ocuparan París y, de paso, en la sede del Gobierno Vasco ubicada en la capital francesa, Álava fue detenido el 2 de enero de 1941 en Gasteiz. Junto a él, otros 27 miembros de la red de apoyo fueron arrestados.

En la ocupación y registro de la sede del Gobierno Vasco participó, entre otros, el policía español y agente de la Alemania nazi Pedro Urraca, principalmente conocido por ser quien entregó al president Lluís Companys en Irun a las autoridades españolas en 1940, para más tarde ser fusilado. Las relaciones entre ambos regímenes fascistas provocaron que los informes de la «Red Álava» acabaran en posesión del Servicio Exterior de la Policía franquista.

Sentencia a muerte

Hasta en dos juicios condenaron a Álava y el resto de acusados. El primero, celebrado en julio de 1941, acabó con condenas de entre 20 y 30 años para 19 miembros del aparato. A Álava, en cambio, se le sentenció a muerte. Una pena que provocó la movilización de dirigentes y eclesiásticos europeos, como el mariscal Petain, que solicitaron el indulto. El 18 de septiembre de 1942, esas condenas fueron ratificadas por el Tribunal Supremo de Justicia Militar.

De todos los solidarios detenidos, solo Luis Álava fue fusilado. Su condena pretendía ser un ejemplo para los opositores al régimen franquista. Murió el 6 de mayo de 1943, hace 80 años, en Madrid. Pagó el haber formado parte de una red solidaria y de haber plantado cara al fascismo, español y europeo, incluso después de la derrota en la guerra de 1936. Álava no murió solo, ya que aquel 6 de mayo también fue el final para otros diez represaliados, entre los que se encontraba el preso comunista Andrés Asiain, natural de Altsasu. Ambos estaban esposados uno al otro en el momento en que fueron fusilados.

Serenidad frente a la muerte

Luis Álava Sautu nació en Gasteiz el 18 de noviembre de 1890. Ingeniero agrónomo y químico de formación, estuvo ligado desde joven al mundo nacionalista, fue candidato a diputado a las Cortes y, al estallar la sublevación militar franquista en julio de 1936, era presidente de la Junta Municipal del PNV en Gasteiz.

Según algunos testimonios recogidos posteriormente, Álava afrontó con gran serenidad su condena a muerte gracias a una ferviente fe religiosa que incluso logró transmitir al resto de presos, anarquistas y comunistas, con los que fue fusilado. El cuerpo de Luis Álava fue trasladado a Murgia, donde descansa en su país.

Desde hace años, cada aniversario de su muerte el cementerio de Murgia es el escenario de un gran acto en su recuerdo. Este año, para conmemorar la efeméride, Sabino Arana Fundazioa organizó este jueves una conferencia para recordar el 80 aniversario del fusilamiento de Luis Álava titulada ‘Red Álava. Buceando sin bombona en el proceso judicial’ a cargo del abogado Txema Montero.

En 2018, coincidiendo con el 75º aniversario de su muerte, el Ayuntamiento de Gasteiz inauguró una placa de recuerdo en el Paseo de la Senda donde se explica el papel de Luis Álava y la «Red Álava» durante la guerra de 1936 y la II Guerra Mundial.

 

 

 

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jueves, 22 de diciembre de 2022

Egaña | Félix Likiniano, Miliciano de la Utopía

Les invitamos a leer esta semblanza publicada por Naiz, misma que Iñaki Egaña dedica a uno de los personajes más trascendentes en la lucha del pueblo vasco por su liberación, el anarquista Félix Likiniano.

Adelante con la lectura:


Félix Likiniano, miliciano de la utopía

Iñaki Egaña

Este jueves 22 de diciembre se cumplen 40 años de la muerte de Felix Likiniano. En compañía de su eterna pareja Casilda Hernáez, compartió los ideales anarquistas y vivió la Sublevación de Octubre, la guerra civil, la resistencia contra el nazismo y el nacimiento de ETA, cuyo anagrama diseñó en 1977. Fue también el precursor de la expresión ‘Aurrera bolie’, luego adjudicada a Txomin Iturbe.

Félix Likiniano nació en Eskoriatza, aunque su familia se trasladó pronto a Arrasate. Hijo de Pedro José y Máxima, con tres hermanas y dos hermanos que también fueron pioneros en la difusión del anarquismo en Gipuzkoa. José Antonio, afiliado a la CNT que murió en Peñas de Aia combatiendo a los carlistas navarros, en agosto de 1936, con apenas 19 años, y Eduardo, que podía haber sido protagonista de una novela de John le Carré ya que estuvo infiltrado en Falange hasta que se destapó su juego, después de que los anarquistas les robaran una partida de fusiles llegados desde Iruñea.

Félix, que había nacido en enero de 1909, se afilió a la CNT cuando realizaba el servicio militar en los cuarteles de Loiola, en 1930. Cuarteles que, por cierto, años más tarde, en julio de 1936, asaltaría en compañía de otros compañeros para llevarse las armas. En 1934 fue detenido y condenado a 15 años de prisión con motivo de la Revolución de Octubre, por su apoyo a los mineros asturianos. Salió de prisión con la amnistía del Frente Popular, en febrero de 1936, y se ubicó en Donostia, junto a su compañera Casilda. Con un objetivo definido: preparar grupos de acción, al igual que lo hacían los comunistas, para enfrentar al fascismo que amenazaba.

Los grupos vascos de choque anarquistas, con un máximo de 20 integrantes, tomaron nombres extravagantes: Los Desesperados, La Buena Voluntad, Los Tarzanes Libertarios… En la capital guipuzcoana, los Likiniano crearon el suyo propio: Dinamita. Siguiendo la tradición. Años atrás, un grupo llamado Los Justicieros, con Buenaventura Durruti y Gregorio Suberviola, habían intentado un magnicidio en Donostia, con Alfonso XIII de víctima. Con un túnel, al estilo del que ETA realizó ya en 1973 para terminar con la vida del entonces presidente español, el almirante Luis Carrero Blanco.

Guerra y franquismo

Con la sublevación militar, Eduardo, Félix y Casilda tomaron parte de la defensa donostiarra. Desde la sede de la CNT en la calle Larramendi pararon la entrada militar en la ciudad, junto a dos centenares de jóvenes, y más tarde fijaron su cuartel general en la iglesia franciscana del barrio de Egia. La guerra llevó a Eduardo a Bilbao y fue detenido en Santoña. Cumpliría pena en Puerto de Santa María. Félix y Casilda, en cambio, cruzaron la muga y de Hendaia viajaron hasta Barcelona, donde se reincorporaron a la contienda en el frente de Aragón. Sobrevivieron, como contaban, de casualidad. La muerte les rondó durante dos años.

Ambos huyeron en 1939 de Girona a Perpignan y fueron internados en el campo de concentración de la playa de Saint Cebrià. Con las negociaciones de Telesforo Monzón, los vascos de Argelers de la Marenda y Saint Cebrià, en la Cataluña francesa, fueron trasladados al campo de Gurs, en el Bearne, a pocos kilómetros de Zuberoa. Félix y Casilda continuaron hasta Baiona, donde la sede del Gobierno vasco había sido abandonada. Con el archivo hicieron una hoguera que ardió durante una noche para evitar que los nazis que avanzaban pudieran informar a Franco del contenido de la documentación.

Luego a Burdeos, sin techo, y finalmente a Lorient, en Bretaña, donde Félix trabajó en la construcción de una base submarina para el Reich. La personalidad de los Likiniano volvió a surgir y recordando la infiltración de su hermano Eduardo, Félix se familiarizó con los ocupantes, de quienes obtuvo abundante información que enviaba a Inglaterra y, más tarde, directamente a la Resistencia. De Lorient la pareja se trasladó a París, donde contactó con la clandestina CNT y en 1943 se mudaron a Biarritz, a la vivienda en la que pasaron ambos el resto de sus días. Casilda falleció diez años más tarde que Félix, ya en agosto de 1992.

Durante el franquismo, la fractura en el anarquismo fue notoria. Félix Likiniano, Manuel Chiapuso y Cándido Armesto fueron los artífices de la creación de una CNT vasca. Hasta entonces, Gipuzkoa, Araba y Bizkaia estaban integradas en la CNT del Norte y Nafarroa en la de Aragón. Pidieron incluso la entrada en el Gobierno vasco en el exilio. Fracasaron en la creación del Partido Libertario. Félix comenzó a trabajar en el camping de Biarritz.

El origen de ETA

En el camping recibió a los primeros refugiados de ETA con los que en un principio no tuvo demasiada relación. Sin embargo, la siguiente oleada fue definitiva para mostrar su sintonía con los nuevos refugiados. Sus palabras fueron todo un síntoma: «Llevábamos dos décadas esperando que la lucha y caída de Franco llegara desde el exterior y finalmente la misma se ha producido desde el interior. Además, llegan de mi pueblo, Arrasate, y hablan en euskara». Fue en su camping donde se reagruparon los autores del atentado contra el almirante Carrero Blanco, en una imagen icónica, con Argala en el centro del grupo.

Cuando murió el dictador, que coincidió con su jubilación, Likiniano se hizo previsible en sus relaciones. Caminata matutina por el paseo marítimo de Biarritz, visita a la librería Nafarroa para observar las novedades y seguir llenando su casa de libros y luego unos txikitos. Y pincho de tortilla con Casilda.

Comenzó a cruzar la muga hacia el sur, después de 40 años, y llegaba los sábados a Amara Viejo, en Donostia, donde quedaba con una cuadrilla de los de la guerra, de ANV: Pepe García, Sansinenea, Calvillo e Isidro Susperregi, al que luego mató la Policía en una manifestación pro amnistía. Al poteo asistía también Marcos Azkarate (padre de Miren, la que fue consejera del Gobierno vasco), comandante de un batallón del PNV durante la contienda y detenido más tarde por ser correo de ETA. También, en verano, Manuel Chiapuso, que bajaba de la Sorbona donde impartía clases, hasta Biarritz y Donostia.

Félix Likiniano y Casilda Hernáez pertenecieron a una generación que sobrevivió a la guerra y al nazismo y contestaron con las nuevas generaciones que devolvieron a la sociedad vasca el sentimiento y la dignidad de la lucha por sus derechos colectivos y sociales. Likiniano, que jamás concedió una entrevista, compartió inquietudes con otros que pertenecían al bando de los «perdedores» de la guerra, sin reconocer por ello una derrota definitiva: Telesforo Monzón, Miguel Amilibia, Marc Legasse, Lezo Urreztieta, Eli Gallastegi, Piarres Larzabal, Kepa Ordoki…

Su entierro en el cementerio de Biarritz condensó a decenas de refugiados clandestinos, algunos de los cuales serían años después detenidos y condenados a largas penas de prisión. Familia, Comité de Refugiados, KAS, Herri Batasuna, la Sociedad Donosti Berri (donde se reunía con sus amigos los sábados), CNT y… Joseba Merino (superviviente dos años después en la emboscada de Pasaia) le pusieron esquelas en ‘Egin’.

Likiniano pintó cientos de cuadros, algunos expuestos por primera vez en Donostia en 2014. En noviembre de 2022, anunciando el aniversario de su muerte, otra exposición sobre su obra se ha desarrollado en Baiona. Se anuncia un recorrido de su obra por Euskal Herria para 2023.

En septiembre de este año, se presentó el documental del director Juan Felipe ‘Casilda, el eco de otros pasos’, en los que su relación con Félix traspasa la película. En 1994, la recientemente fallecida Pilar Iparragirre publicó el libro ‘Félix Likiniano, miliciano de la utopía’, trabajo en el que el propio Félix desgranó lo más profundo de su pensamiento y, sobre todo, de la praxis revolucionaria.

 

 

 

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martes, 15 de noviembre de 2022

Lucio Urtubia en Netflix

A lo largo de los años que hemos publicado este blog se ha compartido información acerca de uno de los vascos más icónicos en ámbito de la lucha contra el imperialismo, el navarro Lucio Urtubia.

Pues bien, Noticias de Navarra trae a nosotros información acerca del salto a las pantallas por parte del albañil que puso de rodillas al sistema bancario estadounidense por medio de la plataforma Netflix.

Aquí el artículo:


Netflix lleva a las pantallas la increíble vida de Lucio Urtubia

Juan José Ballesta interpretará al histórico anarquista navarro en "Un hombre de acción"

La increíble vida de Lucio Urtubia, el albañil navarro que a finales de los años 70 puso contra las cuerdas al banco más poderoso de Estados Unidos, da el salto a la ficción audiovisual, con Juan José Ballesta como protagonista, en "Un hombre de acción", que se estrenará en Netflix el 30 de noviembre.

La figura de este histórico anarquista, fallecido en julio de 2020 a los 89 años, ya había sido objeto de un documental, "Lucio" (2007) dirigido por Aitor Arregi y José María Goenaga, varios libros y un cómic, "El tesoro de Lucio" (Mikel Santos, 2018), pero no se había hecho hasta ahora una película de ficción.

"Es una historia de David contra Goliat o cómo una pulga puede vencer a un elefante", dice a Efe su director, Javier Ruiz Caldera, conocido por títulos como "Superlópez" (2018), "Promoción fantasma" (2012) o "Spanish Movie" (2009), su debut.

"Tendemos a pensar que uno no puede hacer nada contra algo tan gigante, pero esto pasó de verdad y demuestra que a veces sí, lo impensable se puede conseguir", asegura el director, actualmente inmerso en el rodaje de una serie para otra plataforma.

Nacido en la localidad navarra de Cascante en 1931, Urtubia realizó actividades de contrabando mientras hacía el servicio militar y al ser descubierto desertó y huyó a Francia en 1954, donde empezó a trabajar como albañil -oficio que nunca abandonó- a la vez que entró en contacto con las Juventudes Libertarias.

El filme refleja la importancia que tuvo en su vida conocer al guerrillero antifranquista Quico Sabaté -interpretado por Miki Esparbé-, a quien alojó en su casa en París durante años y que lo introdujo en el mundo de los robos y atracos para conseguir fondos para la causa revolucionaria.

Con el tiempo Urtubia fue dejando los atracos para especializarse en la falsificación. En sus memorias cuenta que llegó a tener un encuentro con el Che Guevara para proponerle un plan que consistía en hundir la economía de Estados Unidos llenando el mercado de dólares falsos, pero el guerrillero argentino no le tomó en serio.

Su mayor golpe lo dio a finales de la década de los 70, cuando estafó más de 20 millones de dólares al actual Citibank mediante falsificaciones de lo que se conocían como cheques de viaje. La recaudación se destinó a financiar distintos movimientos guerrilleros en Latinoamérica y Europa.

"Él nunca fue violento", subraya Ruiz Caldera, "solía decir que el delito de robar un banco no es nada comparado con fundar uno... él lo repartía con quien lo necesitaba, en su cabeza lo hacía por un bien mayor".

Ni Urtubia ni sus familiares han estado implicados en el proyecto pero conocían de su existencia y dieron su consentimiento, según el director, que no llegó a reunirse con él, aunque sí lo hizo el guionista, Patxi Amezcua.

"El nunca dejó de dar conferencias y creo que le habría gustado saber que su vida y su obra iban a difundirse en 190 países, le habría hecho gracia", dice sobre la paradoja de que sea un gigante como Netflix quien finalmente lance su película.

Con una dedicatoria final a las "nuevas generaciones de anarquistas y libertarios", Ruiz Caldera admite que puede ser difícil encontrar a esos herederos en la actualidad.

"Es verdad que uno se puede plantear dónde están hoy los anarquistas, pero yo creo que el idealismo no se ha perdido, aunque a veces es complicado sacarlo a la luz, quiero creer que los valores de la película y lo que quería transmitir Lucio, siguen vigentes".

En ese sentido subraya el humanismo como valor fundamental de Urtubia. "Ponía a la persona por delante de todo y la libertad como elemento esencial, aunque a veces entraba en contradicción con su causa, como cuando se casó por la iglesia y se lo reprochaban y él respondía: 'un anarquista hace lo que le da la gana'".


Los cortos en YouTube:

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lunes, 4 de julio de 2022

Fructuosa Zalba Pérez

De gente como Fructuosa Zalba no se hará nunca una película a lo Hollywood como en su momento se hizo de Oskar Schindler. Tampoco se verá retratado en el celuloide ni a Florentino Goikoetxea ni a Josephine Agirre.

Hollywood prefiere apostar por fantasías como 'El niño del pijama a rayas' o 'Bastardos sin gloria' antes que mostrar a quienes sin tener nada enfrentaron al fascismo europeo de los 30 del siglo pasado, ya fueran los nazis alemanes o los franquistas españoles.

Es por ello que se hacen tan necesarios blogs como este, para ayudar a dar a conocer historias como la de Fructuosa Zalba y muchas personas más, olvidadas a conveniencia por el relato oficial. Más aún si estas personas terminaron en el exilio por su activismo político para pasar a formar parte de la diáspora vasca.

En ese sentido, nos complace compartir con ustedes este reportaje histórico acerca de la Iruñea insurrecta en contra del franquismo y del nazismo, mismo que ha sido publicado por Naiz:


Fructuosa y el barrio chino de Iruñea: prostíbulos, nazis y redes de evasión

En una Iruñea ocupada militarmente, en pleno barrio chino, la historia nos trae el recuerdo de mujeres como la valiente Fructuosa Zalba, que trabajaban en la sombra tejiendo redes de evasión.

Osasuna Memoria

«Escondía a un grupo de rojos en la cocina cuando aparecieron soldados nazis en el bar», le contó Fructuosa a su nieta Mari Cris en la Venezuela de los 80 y, años después, la historia ha regresado a Iruñea.

Fructuosa Zalba Pérez (22 agosto de 1900, Sada) regentaba el bar Eslava en la calle del mismo nombre, a la altura del número 32. Vivía en el piso superior junto a su marido José, su hijo Ernesto y su madre Rafaela.

Era una familia republicana de izquierdas sin adscripción política conocida que, tras la guerra, no dudó en colaborar con la “resistencia” anti-franquista en una Iruñea filonazi, al menos institucionalmente, y en un contexto represivo donde la doble moral dominante convivía entre las casas de alterne, el control policial, clientes de una “sociedad-bien”, legionarios, nazis y rojos que trataban de resistir o de huir.

El III Reich en Iruñea

El 7 de julio de 1940, 300 militares alemanes presenciaban en la plaza de toros de Iruñea la corrida sanferminera, junto a las peñas y el público en general. «Esto es más difícil (el encierro y la corrida de toros) que coger tanques», recogía la prensa las palabras de un soldado germano y ampliaba la información: «Era un ambiente típico sanferminero. A la salida de las peñas, confraternizaban con los mozos, bailaban y compartían los cascos de guerra, los pañuelos rojos, las txapelas y los sombreros de paja. Antes, el Ayuntamiento de Pamplona les abrió sus puertas para que los mandos tomaran un vino de honor».

Es probable que algunos de ellos, desperdigándose por las calles, entrasen al bar de Fructuosa, mientras en la cocina esta escondía a huidos de la represión franquista que, camuflados por el ambiente y la afluencia de forasteros, aprovechasen la confusión para pasar desapercibidos en su ruta hacia la muga para cruzar a Francia. O, tal vez, fueran algo más que soldados, quizás oficiales o mandos alemanes.

Porque oportunidades las hubo, muchas, pues la huella de los nazis en Iruñea perduró años (1936-1944). El número dos de los nazis, Heinrich Himmler, junto a Franco, pasó cerca, por Alsasua, en octubre de 1940. Delegados nazis visitaban la ciudad, venerados por las autoridades, con el Gobernador Civil y Jefe de la Falange, José López-Sanz Alamán, al frente.

En el Archivo General de Navarra encontramos testimonios gráficos de aquellas visitas, como la de pilotos de la Legión Cóndor o personal del consulado alemán que trabajaban en la calle Estella número 2, con el cónsul Enrique Schultz a la cabeza, o en compañía de su camarada, el nazi mexicano Schieter, del que habla Sánchez Ostiz en su libro “El Botín”.

Se dice que en el balcón del Ayuntamiento de Iruñea se colgó la esvástica desde el 20 de noviembre de 1939 hasta finales de diciembre. Cuatro días después del inicio de la invasión de la Unión Soviética por los nazis, a finales de 1941, mediante una nota presentada en los consulados alemán e italiano de Iruñea,  Antonio Lizarza, Amadeo Marco y otros tres exrequetés ofrecieron su colaboración en la lucha del nazismo contra el comunismo, al mismo tiempo que el primero tomaba la presidencia de Osasuna.

Una actuación considerada contradictoria por los carlistas, pues no todos estaban con los alemanes, había quienes apoyaban a los aliados. Sin embargo, lo cierto es que en plena Segunda Guerra Mundial, España y Navarra iban con Hitler, pese a que 60 navarros acabaron asesinados en los campos de exterminio nazis.

Los Bengaray y los Saraldi

La historia de los nazis y el bar donde escondía a rojos se la contó Fructuosa a su nieta Mari Cris Saraldi Bengaray en Caracas en los años 80. «La abuela era una mujer adelantada a su tiempo, muy valiente, de armas tomar, con las ideas claras y, la verdad, no me sorprende», reflexiona.

Mari Cris, que comparte dos apellidos muy significativos de aquella Iruñea republicana, se arrepiente ahora de no haberse interesado más por aquella historia, preguntando más detalles a su abuela.

Fructuosa se casó con Valeriano Saraldi Lanz y tuvieron un hijo, Ernesto. Siendo este todavía un niño, falleció Valeriano, por lo que Fructuosa se volcó en el cuidado de su vástago. Volvió a casarse con José Orayen, zapatero de profesión, y en 1932 arrendaron el bar situado debajo de su casa, un lugar que, con anterioridad, había sido casa de prostitución, como las diversas que había en el barrio. Durante los años republicanos, fue modificando la ficha técnica de café a café–restaurante o taberna de licores.

Un hermano de Valeriano, José Saraldi, y su mujer, María Cruz Ramos, regentaban, cerca del bar Eslava, Casa Saraldi, un local que estaba situado en la calle Jarauta 34 y que se anunciaba en el Semanario “Trabajadores”, de la UGT.

José había sido expulsado de su trabajo como electricista en la empresa “El Irati” por su significación y apoyo a la revolución de 1934, lo cual le llevó a probar suerte con la hostelería, al mismo tiempo que se mantenía activo políticamente.

Casa Saraldi tenía un comedor social para parados, apoyado por la UGT y José se ocupaba de otros menesteres, como ejercer de conserje en la sede de Izquierda Republicana, ubicada en la Plaza de la República. Otra rama de los Saraldi se encontraban emparentados con el diputado foral republicano e industrial, Fructuoso Muerza, natural de San Adrián.

Ángel, hijo de Ramón Bengaray, era el mejor amigo de Ernesto Saraldi, lo cual le vinculaba con el equipo de sus sueños: Osasuna. Bengaray, el impresor, directivo osasunista, barítono del Orfeón, y líder político republicano de las izquierdas.

Un año antes del golpe militar se logró el ascenso a Primera División, tras culminar un exitoso proyecto deportivo de varios años capitaneado por Natalio Cayuela. Ángel y Ernesto tenían 15 años, eran compañeros de instituto y, con los años, acabarían siendo cuñados. Ernesto, además de buen estudiante, jugaba a fútbol en el equipo del instituto y soñaba con Osasuna.

La posguerra, la resistencia y las redes de evasión

El golpe fascista de julio de 1936 y la posterior guerra trajeron los asesinatos políticos del cabeza visible del Frente Popular Ramón Bengaray, del practicante republicano Rodolfo Muerza Saraldi, primo de Valeriano Saraldi, de José Ramos y su hijo Ramón (hermano y sobrino de María Cruz Ramos relacionados con la UGT) y de otros muchos amigos, compañeros y conocidos.

Los sublevados acudieron a casa de José Saraldi, enfermo de cáncer, ya que querían fusilarlo, pero un vecino carlista lo impidió. Fallecería dos meses después. 300 personas fueron asesinadas en Iruñea antes de que finalizara ese fatídico año. Muchas personas vinculadas a sindicatos y a organizaciones de izquierdas fueron perseguidas.

La cineasta María Luisa Elío Bernal describe los tejados de la ciudad, donde podían verse zapatos y alpargatas de quienes se movieron entre ellos, cambiando de escondite, de casa en casa. Algunos de ellos lograrían huir, como su padre, el juez Elío. También la familia Bengaray y dos hijos de José Roa, el churrero de la calle Eslava, pasaron a territorio republicano.

A dicha churrería, denominada “La estrella”, solían acudir a desayunar las mujeres que ejercían la prostitución, una vez terminada su jornada. Patrocinia Lasa regentaba el local, procesada en 1939 por participar y colaborar en una red de fugas de “rojos”.

Se le acusó de que «su casa servía de centro de reunión a los extremistas» y permaneció cuatro meses en la cárcel. Gracias a la mediación de un religioso, salió absuelta. Ella nunca confesó a su familia, como sí lo hizo Fructuosa, si había participado o no.

Ser viuda de José Roa, sindicalista de la UGT y socialista, elegido concejal al principio de la República, torturado y asesinado tras el golpe, era suficiente delito. En su asesinato, apunta Mikelarena, pudo estar relacionado Galo Egüés del Escuadrón el Águila, quien escribiera loas a Hitler, y que años atrás, de joven, era futbolista y medio centro de Osasuna, republicano que terminó en la Falange.

Hubo otras redes de evasión y personas procesadas. Entre ellas, María Pita, la dueña del bar Osasuna de la calle Bergamín, viuda de Ildefonso Zalabardo, asesinado en Valcardera; o Eusebio Arbeloa, un camarero  de la calle Descalzos, que había estado afiliado a la CNT. Este último contaba cómo se producían las evasiones, algunas tras el correspondiente pago y otras gratuitamente, por solidaridad.

En la evasión del juez Elío, tras permanecer escondido tres años en diferentes domicilios, fueron varias las personas implicadas, entre las cuales se encontraba Carmen Boyer, la mujer de José Maraver, el secretario de sala de la Audiencia, compañero de Natalio Cayuela.

Joaquín Roa, nieto de Patrocinia Lasa, recuerda a Fructuosa, amiga de su familia, que la admiraba y valoraba. Una mujer «muy valiente», añade. Consiguió que su hijo estudiara en la Biblioteca del Casino Eslava.

La clientela del bar de Fructuosa era, a su vez, habitual de los prostíbulos de la zona. Por eso, en ocasiones, el comisario de la ciudad llamaba y le bastaba con una palabra: «Voy». Era la señal acordada para desalojar el bar y poder cenar allí gratis.

Una forma de protegerse, una estratagema o simplemente no había otra opción. Cualquiera de las tres fórmulas le servían a Fructuosa para ocultar su actividad escondiendo a personas perseguidas y disimuladamente mantener activa la red de evasión, como ella misma contaría años después a sus nietos.

¡Arriba la Legión! ¡Viva el comunismo libertario! La vida en el barrio chino

Ricardo Urrizola recoge en su libro “Consejo de guerra” varios de estos procesos militares. Algunos de ellos por hechos ocurridos en esta zona de las calles Eslava y Descalzos. Se suceden escándalos y peleas entre soldados y las facciones golpistas, además de destrozos en el mobiliario privado de los prostíbulos, bares y comercios.

Varias denuncias lo corroboran. Había fijación por romper las bombillas de las casas de prostitución y de los comercios. En una ocasión, un grupo de oficiales de la Legión la emprendió con una farola luminosa en la esquina de la bifurcación de la calle Eslava y Descalzos, en la que se anunciaba el bar Eslava. «¡La Legión hacemos lo que nos da la gana!», señalaba uno de los procesados. Incluso se habla de disparos de arma, protagonizados por legionarios y militares.

El 22 de enero de 1940, Cosme Subirán fue arrestado en uno de los prostíbulos por “blasfemar” (sic) lo siguiente: «¡Viva el comunismo libertario!». Meses después, fue juzgado y condenado a cuatro meses de cárcel. Era viudo, con un niño pequeño y afiliado al Partido Radical Republicano Socialista. A su salida, desapareció y nunca más se supo de él. Hoy día, su sobrina, Ainhoa Lizaso, investiga para tratar de conocer cuál fue su paradero.

«Si quieres comer barato, en Cuello Pato. Si quieres otra cosa, en casa la Fructosa», se decía en la ciudad de aquellos años. Había clientes del bar y de los prostíbulos que pertenecían a la Iruñea “bien” que, al cruzarse con Fructuosa fuera del barrio, miraban para otro lado.

«Nunca tantos debieron tanto a tan pocos». Una historia muy poco reconocida

En una ciudad dividida entre partidarios de Hitler y quienes apoyaban a los aliados, hubo familias que ayudaron a escapar a quienes huían. Los Lacasta-Zabalza, por ejemplo, acogieron a un piloto de aviación inglés en su casa tras haber sido derribado en el sur de Francia por los alemanes.

El iruindarra Alberto Quintana, por su parte, hermano de Juan, dueño del Hotel Quintana, formó parte de la Red Comete, junto a Consuelo Olorón Osés, su mujer. Dicha red fue ideada por los gobiernos belga y británico para salvar la vida de los pilotos de aviación que caían derribados. Otra, la Red Ponzán, fue una alianza de anarquistas y el gobierno británico con el mismo objetivo. Y así, fueron miles los pilotos que lograron pasar la muga.

Hubo otros que, como diría Ayuso, eligieron el lado incorrecto de la historia. Es el caso del golpista Antonio Lizarza, quien llegó a reunirse con Mussolini y firmar un documento de apoyo a Hitler, además de maniobrar para que Natalio Cayuela y sus compañeros de junta directiva dimitieran tras el ascenso a Primera.

Meses después serían asesinados. Lizarza presidió Osasuna en Segunda División y, con su mando, llegó el descenso a Tercera, momento en el que intentó la venta del club rojillo al Real Madrid para saldar las deudas. En 1970, ante las cámaras de TVE, se reivindicó como el «salvador» de Osasuna.

En aquella posguerra, la prostitución era ejercida por mujeres golpeadas por la pobreza en general, y por la represión y la guerra en particular: muchas de ellas eran viudas de republicanos, de rojos.

Fructuosa rescindió el contrato del bar en otoño de 1942. Su hijo Ernesto viajó a Argentina al encuentro de su amigo Ángel y terminó casándose con su hermana, María Esther Bengaray. En diciembre de 1957 se instalaron en Venezuela.

Fructuosa regresó a su querida Iruñea, que tanto le hizo sufrir pese a su carácter fuerte, donde vivió con su hermana Benita en la calle Estafeta. En ese período, Pablo Saraldi, sobrino de José, vendió la tienda de pastas Beatriz, de la calle Estafeta, en honor al nombre de su mujer.

Fructuosa regresó a Venezuela ya mayor y enferma a la llamada de su hijo Ernesto, y allí falleció en julio de 1987. Antes, tuvo tiempo de contarle a su nieta Mari Cris su secreto.

Casa Saraldi actualmente es un local de la peña Los de Bronce y el antiguo bar Eslava, una oficina de Loterías y Apuestas del Estado.




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viernes, 1 de julio de 2022

Un Tour para Salvador Puig

Desde Público traemos a ustedes este reportaje que trata acerca del Tour de France pero que va mucho más allá de los deportivo para convertirse en un interesante ejercicio de memoria histórica y de antifascismo.

Hemos de aclarar que nos ha parecido curiosa la "hispanización" de lo vasco pero bueno, qué se puede esperar, ya estamos más que acostumbrados.

Adelante con la lectura:


El Tour de 1974: troncos, bombas y un rey decapitado para vengar a Puig Antich

Ramón Usall | Autor de 'Futbolítica. Una vuelta al mundo a través de clubes políticamente singulares'

La historia del ciclismo recuerda la edición de 1974 del Tour de Francia por el quinto triunfo en la clasificación general del belga Eddy Merckx que igualaba así el mítico récord de victorias en la Grande Boucle que hasta entonces ostentaba en solitario Jacques Anquetil.

Más allá del triunfo de Merckx, el Tour de 1974 estuvo marcado por la irrupción en la carrera de los Grupos de Acción Revolucionaria Internacionalista, los GARI, una organización armada de orientación libertaria que había nacido con el objetivo de internacionalizar la lucha contra la represión franquista tras la detención, durante el mes de septiembre de 1973, de varios militantes del Movimiento Ibérico de Liberación, el MIL, entre los que destacaban Oriol Solé Sugranyes y Josep Lluís Pons Llovet, arrestados después del atraco a un banco de Bellver de Cerdanya, en el Pirineo catalán, y Salvador Puig Antich, capturado y gravemente herido en una emboscada policial en Barcelona que terminó con la muerte de uno de los agentes participantes.

La primera acción armada de los GARI fue el ametrallamiento del coche del cónsul español en Toulouse, un hecho que tuvo lugar durante el mes de febrero de 1974 y que pretendía llamar la atención sobre la de Salvador Puig Antich, condenado a muerte en enero de ese mismo año.

A pesar de las múltiples protestas, en su mayoría de carácter pacífico, el asesinato de Puig Antich, utilizando el cruel método del garrote vil, tuvo lugar el 2 de marzo de 1974 y multiplicó las acciones de los GARI que tenían el objetivo de evitar nuevas condenas a muerte del régimen franquista y exigir la liberación de los militantes revolucionarios Solé Sugranyes y Pons Llovet, que debían afrontar un nuevo juicio durante los días 23 y 24 de julio de 1974.

Precisamente para mostrar al mundo la naturaleza criminal del régimen franquista y solidarizarse con el mártir Puig Antich y sus compañeros encarcelados, los GARI decidieron, la madrugada del 15 de julio de 1974, aprovechar la popularidad del Tour de Francia para atentar contra su comitiva e internacionalizar la denuncia de la represión de la dictadura española. Así pues, mientras la caravana del Tour descansaba en Saint-Lary-Soulan y esperaba afrontar una de las etapas reina de la edición con el ascenso al Tourmalet, cuatro explosiones turbaron la paz de esta pequeña localidad pirenaica situada a tan solo una veintena de kilómetros de la frontera española.

Los objetivos de aquel ataque fueron los coches de los dos únicos equipos españoles que participaban en aquella edición del Tour, el KAS-Kaskol y La Casera-Peña Bahamontes, además de una furgoneta de la agencia de noticias France-Presse.

Poco después de las explosiones los GARI reivindicaron el atentado difundiendo un comunicado, en París y en la región de los Pirineos, donde se habían mostrado especialmente activos durante los últimos meses, en el que proclamaban: "Interviniendo en el Tour de Francia queremos denunciar la complicidad de los organizadores y de los corredores de los países democráticos que no dudan en invitar y mezclarse con los representantes del fascismo español". Además, los GARI, después de una reflexión considerando que el deporte despolitizaba al individuo y que la gran mayoría de los corredores tenían condición de esclavos al verse forzados a trabajar por un jefe de filas, amenazaban abiertamente a los ciclistas hispánicos afirmando: "Aconsejamos a los participantes españoles que abandonen la carrera si no quieren ser tratados como representantes conscientes del franquismo, hecho que nos obligaría a actuar en consecuencia y que podría ser extremadamente desagradable para ellos". El comunicado continuaba manifestando que "los actos de esta madrugada solo han sido un aviso".

A pesar de la amenaza, todos los corredores de los equipos hispanos tomaron la salida en una etapa decisiva que terminó en el mítico Tourmalet. Esta circunstancia permitió que al final de la prueba el ciclista gallego Vicente López subiera al tercer peldaño del podio, tras Merckx y Poulidor, y que su conjunto, el vasco KAS-Kaskol, se alzara con el triunfo por equipos y añadiera a este notable palmarés el Gran Premio de la Montaña que logró el ciclista guipuzcoano Domingo Perurena.

La destrucción de varios vehículos de su caravana no fue el único incidente que el Tour de Francia tuvo que afrontar ese 15 de julio de 1974. Durante el transcurso de la etapa, los organizadores tuvieron que retirar varios troncos que bloqueaban la carretera que enlazaba la localidad de Barèges con la cima del Tourmalet, una acción que debe nuevamente atribuirse a los GARI que, esa misma madrugada, también incendiaron trece autobuses con matrícula española que se encontraban aparcados en el santuario de Lourdes. Aun así, los contrarios a la represión franquista no pudieron evitar que los ciclistas llegaran al Tourmalet donde Merckx consolidó su mallot amarillo.

Durante el transcurso de sus últimas etapas, la ronda gala no tuvo que afrontar ninguna nueva incidencia y llegó con normalidad a París. Aun así, las acciones de los GARI siguieron durante los meses de julio y agosto de 1974 llegando a su momento más álgido con el ataque al consulado español de Toulouse. Paralelamente, la organización clandestina libertaria fue objeto de operaciones batidas policiales que implicaron la detención de la mayoría de sus integrantes, entre ellos, los responsables de los ataques contra la caravana del Tour, y que prácticamente comportaron su desaparición.

Las detenciones de los integrantes de los GARI, entre las que destacaba la de Jean-Marc Rouillan, generaron a su turno varias acciones de solidaridad reclamando su libertad siguiendo el mismo esquema que ellos habían utilizado previamente para exigir la liberación de los miembros del MIL encarcelados en la España franquista. Una de las más audaces tuvo lugar el 4 de noviembre de 1974 en París, cuando el maniquí del monarca Juan Carlos I, que en julio había asumido de manera interina la jefatura del Estado a causa del delicado estado de salud del general Franco, apareció decapitado y mutilado en el museo Grévin, la popular galería de figuras de cera de la capital francesa.

Al anochecer de ese mismo día, la redacción del periódico France-Soir recibió un paquete con uno de los dedos mutilados del sucesor del dictador acompañado de un comunicado en el que los autores de la acción manifestaban su oposición a la dictadura franquista, al nombramiento de Juan Carlos I como sucesor del Caudillo, y su apoyo a los militantes de los GARI detenidos y encarcelados en Francia por sus acciones armadas. La reivindicación la firmaba el Grupo de Acción Revolucionaria Ocasionalmente Terrorista, el GAROT, una evidente referencia a la palabra francesa que designa el garrote, el salvaje sistema de ejecución que el régimen franquista había utilizado para asesinar a Salvador Puig Antich.

Después de fotografiar la cabeza decapitada de Juan Carlos y de hacer llegar la imagen al palacio del Pardo, el GAROT la restituyó el 8 de noviembre a la agencia France-Presse, la misma que el 15 de julio de 1974 había sido atacada por los GARI en el marco del Tour de Francia.

El caso contra los miembros de los GARI arrestados por la serie de atentados de 1974 llegó a juicio en 1981, con dos procesos judiciales que tuvieron lugar en París entre enero y marzo de ese mismo año y durante los cuales la mayoría de los acusados fueron absueltos. La carpeta de los GARI se cerró poco después que François Mitterrand accediera a la presidencia de la República francesa, en mayo de 1981, y decretara una amnistía para todos los miembros de esta organización libertaria que habían sido procesados en rebeldía.

Para la historia quedaba que, durante el Tour de Francia de 1974, aprovechando la dimensión global de esta prueba ciclista, los GARI habían querido mostrar al mundo la naturaleza represiva del régimen franquista y vengar así el asesinato de su camarada Puig Antich.

 

 

 

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jueves, 21 de abril de 2022

Recordando a Mairin Mitchell

Deia ha publicado esta reseña acerca de una exposición que honra el legado de una irlandesa solidaria con el pueblo vasco, Mairin Mitchell.

Adelante con la información:


Mairin Mitchell, la cronista irlandesa de los vascos

Cronista irlandesa apasionada de todo lo vasco, el Museo Euskal Herria de Gernika-Lumo abre una exposición sobre su obra y legado

Imanol Fradua

Tuvo contacto con infinidad de personajes clave de la cultura y política vasca, desde Joxe Miguel Barandiaran a Manuel de Irujo. De Koldo Mitxelena al lehendakari Leizaola. Buceó en archivos históricos para desenterrar la historia de Juan de Acurio, navegante bermeano que ejerció de contramaestre de Elkano en la primera circunnavegación del mundo. Estuvo presente en la Guerra Civil, interesándose por los niños vascos. Y también narró en un libro la apasionante historia de Berengaria, la reina consorte navarra del monarca Ricardo I de Inglaterra. Incluso durante unos años tuvo su hogar en Tolosa o Zumaia. Era Mairin Mitchell (20 de mayo de 1895 - 5 de octubre de 1986), la cronista irlandesa de los vascos. Recopilando su ingente labor y parte de su legado, el Museo Euskal Herria de Gernika-Lumo ha abierto una muestra sobre Mitchell. Perdida en el cajón del olvido y sin haber recibido el merecido reconocimiento, la propuesta del centro expositivo de la Diputación Foral de Bizkaia persigue recuperar su figura y realizarle un homenaje por su prolija labor.

Mitchell estuvo casi en todas partes. Todo aquello que oliera a vasco parecía fascinarle, atraerle irremediablemente al floklore, la cultura, la historia, el lenguaje o la situación de nuestro pueblo. Ya desde joven, cuando siendo una estudiante tomaba parte en movimientos anarquistas y nacionalistas irlandeses desde Londres, a comienzos de los años veinte del pasado siglo se le despertó la conciencia social influida por el socialismo utópico y el hegelianismo alemán. Pero no fue hasta años después cuando recala en una Euskadi absorta en el franquismo. De abuela vasca de Iparralde (la labortana Marrianne Garat), sus descripciones de Euskal Herria para varios periódicos irlandeses le hicieron entrar en contacto con Barandiaran, Leizaola o Irujo y reforzar aún más sus ya incipientes vínculos. La exposición, comisionada por Xabier Armendariz, es un repaso por su vida y obra, incluso con objetos personales que pertenecieron a Mitchell. Su escritorio, de hecho, ha sido ubicado en la tercera planta del museo de Gernika-Lumo. "La muestra es un humilde homenaje, un reconocimiento desde Euskal Herria a una mujer que puso todo su corazón, su trabajo, investigación y alma para dar a conocer un pueblo, que sin ser el suyo, trató como propio", resumió la diputada foral de Cultura, Lorea Bilbao Ibarra.

Poner el foco sobre Mitchell es uno de los principales objetivos de la muestra. La exposición está "llena de nombres propios y retratos de personas que acompañaron en el camino a Mairin, y curiosamente sólo aparece su imagen en una fotografía. Mairin siempre estuvo ahí, pero trabajó incansablemente desde el backstage, no fue protagonista y no se captó en imágenes su aspecto físico. De rostro desconocido, fue una trabajadora incansable y apasionada, como otras muchas mujeres, a la que queremos agradecer y poner en escena con los focos encendidos ensalzando su labor y dándole un lugar en la memoria de todas y todos", según Bilbao Ibarra.

Armendariz, quién prendiera la mecha para crear la exposición y que recopilara toda la información sobre la cronista irlandesa, incluso contactando con particulares que conocieron a Mitchell en persona, se la encontró mientras organizaba también otra muestra sobre Juan de Acurio en el Museo del Pescador de Bermeo. La conexión es simple: Mitchell publicó la novela La Odisea de Acurio en 1958 como homenaje a los navegantes vascos que zarparon junto a Elkano en su vuelta al mundo. Según Armendariz, la muestra se divide en nueve secciones o apartados compuestos por paneles explicativos, objetos personales de la propia Mairin Mitchell que regala a su amiga Cecilia García de Guiarte, publicaciones y libros con anotaciones a mano de la periodista y documentación epistolar. Además, los visitantes tendrán la oportunidad de leer la frase que ella misma dejó escrita en el libro de honor de Arrantzaleen Museoa en 1951: "Mairin Mitchell, con la gratitud de una visitante irlandesa por todo el afecto que ha recibido de un gran pueblo- los Vizcaínos. ¡Arriba, Euzkadi!".

 

 

 

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