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miércoles, 13 de mayo de 2020

Ensayar Nuevas Formas de Autoorganización

Se dice que ya se va a salir de la contingencia generada por la propagación del SARS CoV-2 y de pronto hay un repunte de casos en Euskal Herria y entonces se cuestiona el regreso a las aulas por parte de niños y adolescentes a escasos días de la fecha marcada para tal fin.

Y mientras se habla de zonas en fase 0, fase 1, fase 2, etc... la ciudadanía se divide con respecto a que medidas se deben tomar.

Pues bien, mientras son peras o son manzanas, nosotros les dejamos con este interesante texto dado a conocer en las páginas de Naiz:


Si queremos sobrevivir como especie deberemos ensayar nuevas formas de autoorganización alternativas a las jerárquicas, no dejar en manos de las élites nuestro futuro. Se hace necesario ensayar nuevas formas de autoorganización que entrelacen las luchas de la ecología, el feminismo y la igualdad de los desiguales. Trabajar en ámbitos cercanos e ir ampliando la red de redes solidarias.

Iñaki Barrutia Arregi | Psicólogo Clínico

En el estado de alarma, en la medida que supone un recorte a los derechos civiles y libertades, debemos estar alerta a que no se transforme en un estado de excepción encubierto. La cara amable del capitalismo, los denominados del centro izquierda al decir de una escuela del PNV, nos pueden llevar a un trágala colectivo. Yo no he votado al PNV ni al PSOE, y como yo otra parte importante de la sociedad, tan grande como la que ha votado a estos partidos. Desde mi voluntad contraria a la jerarquía, defiendo el derecho a la desobediencia, si las medidas excepcionales que se adoptan no son asumidas por una mesa de partidos, de agentes sociales y de sindicatos, que deben ser escuchados y atendidos en sus demandas. Ya ha pasado un tiempo prudencial para que las medidas que se adopten no sean de improvisación e interesadas para determinados intereses económicos. Las medidas que se apliquen deben ser el resultado de la reflexión y el debate entre los partidos representantes del arco parlamentario, priorizando la salud y el bienestar de la población en general. Si no queremos que se instauren en nuestra sociedad practicas dictatoriales, enmascaradas en el bienestar común que venden los mercenarios de la prensa, debemos estar alertas a las decisiones que se adoptan y de quienes las deciden. En época de decisiones excepcionales las formas de decisión también deben ser excepcionales y colegiadas por el máximo de partidos, representantes sociales y sindicales. No siendo así las medidas excepcionales se convertirán en medidas que encubren estados de excepción, ya conocidos en Euskal Herria.

Las circunstancias del coronavirus y el estado de alarma reúnen una serie de elementos preocupantes para las libertades y los derechos civiles que a continuación paso a enumerar:

• El miedo generalizado de la población que voluntaria o involuntariamente han inoculado los medios de comunicación y las informaciones y desinformaciones interesadamente teledirigidas. Un miedo paralizador del pensamiento y que nos transforma en una masa sumisa y despersonalizada.

• El desarrollo en una gran parte de la población de un pensamiento militarizado –cuando se ha hecho evidente que lo que faltan son sanitarios– que lleva a la población a perseguir a otra parte de la población, cuando ha predominado un comportamiento cívico generalizado. Esta militarización del pensamiento es el reflejo de ruedas de prensa con presencia mayoritaria de los militares, y el empleo de una terminología militar –guerra contra el virus– , cuando las causas del estado de alarma son fundamentalmente sanitarias. El gobierno debería de arropar sus decisiones en el personal sanitario y científico.

• El aislamiento de la población en sus casas neutraliza cualquier movimiento de protesta y dificulta la asociación, el debate; e impregna de impotencia las iniciativas de redes solidarias que chocan con la burocracia, la jerarquía y el interés político de algunos gobernantes.

• En esta situación de confusión, de incertidumbre, más que nunca dependientes de los medios de comunicación y de la manipulación a la que podamos estar sometidos; no tenemos la posibilidad del contraste de la realidad vecinal, el contraste de la calle y de la vida social. Estas circunstancias son propensas a un lavado de cerebro generalizado.

• La oposición se encuentra paralizada sin el respaldo de la masa de votantes, de las movilizaciones, de la presión ciudadana y de los diferentes colectivos. Más que nunca es importante atender no solo a lo que se hace, sino a como se hace, no solo a lo que se decide sino quienes y como se decide. Si es Confebask-PNV y PSOE la que decide o es una mesa de partidos asesorada por sanitarios y científicos, y en las que también están representados los empresarios, los trabajadores, agentes sociales y sindicales, la que asume las medidas previamente debatidas. Si son medidas excepcionales las que se adoptan debe de buscarse el máximo consenso; son leyes y medidas que van en contra de los derechos civiles y de las libertades y la colaboración de la ciudadanía debe estar condicionada a un máximo consenso.

•La prevalencia de la policía y de los militares en estas circunstancias define la tendencia jerárquica e impositora de los gobernantes en general, cuando lo que fundamentalmente procura el bienestar de la comunidad son las redes sociales de solidaridad. En muchos casos la tendencia de los gobernantes ha sido la de prescindir si no de silenciar esas iniciativas.

Si queremos sobrevivir como especie deberemos ensayar nuevas formas de autoorganización alternativas a las jerárquicas, no dejar en manos de las élites nuestro futuro, ni delegar el poder en políticos profesionalizados, a su vez manejados por el poder económico. Eso nos lleva al holocausto como especie. Se hace necesario ensayar nuevas formas de autoorganización que entrelacen las luchas de la ecología, el feminismo y la igualdad de los desiguales. Trabajar en ámbitos cercanos e ir ampliando la red de redes solidarias. Las circunstancias del confinamiento por coronavirus ha movilizado a muchas personas hacia la solidaridad organizándose en redes sociales, hagamos de eso el germen para la construcción de una nueva «normalidad». Construyamos estructuras horizontales barrio a barrio, pueblo a pueblo, que sean la voz directa de los más necesitados. Necesitamos menos pensamiento militarizado y más pensamiento crítico. Organicemos grupos de debate sobre la planificación política del futuro en ámbitos de decisión cercanos. Descentralizar el poder hasta diluirlo y dárselo a la comunidad. Si no estamos condenados a que nos gobierne el pensamiento adolescente de una Ayuso vasca o un militar disfrazado de cura.






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martes, 14 de abril de 2020

El McDonald's de Saint-Barthélemy

Desde la Marsella asolada por el SARS CoV-2 nos llega noticia de una okupa muy particular. Esperemos que pronto los obreros de otros lugares del orbe tomen acciones parecidas:


Los trabajadores del McDonald's de Saint-Barthélemy han tomado parte de las instalaciones del establecimiento, que estaba cerrado, para distribuir paquetes de alimentos entre la población pobre.

Mateo Falcone | Traducción: Maite    

El McDonald’s está ubicado en uno de los distritos del norte de Marsella, donde la miseria no ha hecho más que aumentar desde el inicio del confinamiento.

Una acción a la que se opone la dirección de McDonald’s de Francia, mientras relanza la actividad en todos lados sin tener en cuenta la salud de los empleados.
Desde el comienzo de la crisis sanitaria, la población de los ya extremadamente precarios distritos del norte de Marsella se sumerge en la pobreza. Los distritos del norte de Marsella (3º, 13º, 14º, 15º, 16º) tienen una tasa de desempleo del 25,5% (la media nacional es del 8,5%) y el 39% de la población vive por debajo del umbral de pobreza.

La aplicación del confinamiento ha reforzado dicha precariedad con una ola de despidos y la interrupción de los sueldos de los trabajadores del sector no regulado. Hoy en día, son cada vez más numerosos los hogares de los distritos del norte de Marsella incapaces de satisfacer las necesidades vitales más básicas tales como la alimentación. Nair Abdallah, miembro del colectivo Casa Blanca, testifica: «Al principio estábamos confinados, dejamos pasar 4 o 5 días y cuando vimos que el confinamiento se prolongaba decidimos volver al barrio. Las familias empiezan a decirnos que ya no comen nada, una madre por ejemplo nos explicó que hace más de tres días que sus tres hijos y ella solo comen sopa de cebolla”.

Por lo tanto, muchas asociaciones y colectivos han comenzado a distribuir paquetes de alimentos para los más necesitados. Cada día, más y más gente solicita ayuda: la semana pasada el colectivo Casa Blanca distribuyó 50 paquetes, esta semana está repartiendo casi 400. Los servicios sociales de otros barrios han empezado incluso a orientar a la gente hacia los citados colectivos, ya que gracias a su movilización, consiguen satisfacer en la actualidad la demanda de paquetes de comida.

Ante esta afluencia, los trabajadores del McDonald’s de Saint-Barthélemy, respaldados por una multitud de colectivos y asociaciones, entre los que se incluye el Sindicato de los barrios populares de Marsella, han decidido ocupar el establecimiento para utilizarlo como solución a la crisis. Los alimentos enviados por los comerciantes, los residentes o el banco de alimentos se almacenan en la cámara frigorífica. El local se utiliza para preparar y distribuir paquetes a asociaciones y colectivos. Los paquetes se reparten directamente en los portales de los edificios o frente a los apartamentos. La tarea se lleva a cabo respetando las medidas sanitarias (máscaras, guantes, desinfección de productos) y la distancia. Para Kamel Guémari, sindicalista de Force Ouvrière, integrante de la protesta contra la dirección de McDonald’s: «Si frente al estado de emergencia no nos movilizamos por nuestros barrios, ¿quién lo hará?».

La firma se ha opuesto a la iniciativa y la ha condenado. Ralph Blindauer, abogado de los empleados del restaurante Saint-Barthélemy, ha dicho a los periodistas del diario La Marsellaise: «Nos hubiera gustado hacerlo con el acuerdo de McDonald’s de Francia, pero ellos mantienen su posición, que es decir no». Añade: «Carecen de todo atisbo de humanidad, de modo que los trabajadores han decidido ignorarlos».

La dirección de McDonald’s Francia se posiciona, por lo tanto, como un obstáculo a las soluciones para ayudar a los más desfavorecidos de esta crisis. Los trabajadores del restaurante Saint-Barthélemy sólo pueden contar con ellos mismos para aliviar la dramática situación que viven los habitantes de Marsella.

Es cierto que la empresa no goza precisamente de una reputación muy humana, la multinacional anunció hace una semana su deseo de reanudar la actividad en los restaurantes de autoservicio y de entrega a domicilio, en detrimento de la salud de los empleados.

Si bien la vuelta al trabajo es voluntaria, Massamba Drame, sindicalista de SUD Hôtellerie-Restauration de París, dice que «los empleados que se nieguen a volver al trabajo serán etiquetados como enemigos de la dirección, arriesgándose a represalias». Es de sobra conocida la represión que ejerce la empresa sobre los empleados indeseables. El año pasado Marsactu reveló que McDonald’s pagó 25.000 euros por un falso testimonio contra Kamel Guemari con el objetivo de poder despedirlo.

En cuanto a la vuelta forzosa a los puestos de trabajo de los empleados de la empresa, Massamba Dramé, explica que «las cocinas son muy pequeñas, será difícil respetar la distancia social, luego está el tema de las máscaras, se debería dar prioridad al personal sanitario que sufre una escasez espantosa». Sin embargo, tal y como señala el sindicalista, «la entrega a domicilio de McDonald’s no es indispensable». Vender hamburguesas para engordar los bolsillos de McDonald’s no es imprescindible, sin embargo, utilizar a los empleados de restauración para ayudar a los más desamparados, como hicieron los trabajadores de Saint-Barthélemy, es una respuesta a la crisis sanitaria y económica.

En un momento en que el Estado, con su catastrófica gestión de la crisis, nos conduce hacia la hecatombe y los empresarios quieren reabrir empresas y reiniciar la producción no esencial a expensas de la salud de miles de empleados, los trabajadores de McDonald’s de Marsella han tomado las riendas de su trabajo para ayudar a gestionar la crisis. Nadie más indicado que ellos para reorganizar la distribución, no ya en beneficio de la patronal, sino para aliviar la actual crisis.






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sábado, 11 de abril de 2020

Cuidar, Proteger, Reducir y Distribuir

Organizarse en los tiempos del SARS CoV-2.

Les invitamos a la lectura de este vital texto dado a conocer en la página de Rebelión:


Itxaso Apraiz, Ritxi Hernandez Abaitua y Tomi Etxeandia | Euskal Gune Ekosozialista/Espacio Ecosocialista Vasco

Reza una maldición china: “Que vivas en tiempos interesantes”. Podemos afirmar que estamos viviendo otro momento histórico: si tenemos en cuenta que esta pandemia está afectando a todos los continentes, las generaciones presentes nunca hemos conocido nada similar. En estos días, lo que nos decían que era imposible se ha producido: todo se ha modificado, desde el funcionamiento de la sociedad hasta, por supuesto, nuestro modo de vida. Parece, en consecuencia, muy difícil, que, a partir de ahora, podamos seguir como si no hubiera pasado nada, sin que se realicen en nuestra sociedad cambios sustanciales.

Ahora bien, el rumbo de esos cambios no está escrito de antemano. Tenemos motivos para la preocupación, a la vista de las señales de autoritarismo, militarismo, control social y recentralización que estamos viviendo. No es aventurado afirmar que, al final de esta crisis sanitaria, existirá un grave riesgo de que ese «kit autoritario» se siga utilizando para poner en marcha otra «doctrina del shock», como siempre en beneficio exclusivo de las élites.

Por todo ello, es urgente que quienes trabajamos por “otro mundo posible” seamos capaces de colaborar en el diseño de un rumbo alternativo al que están promoviendo las corporaciones industriales y sus socios políticos y mediáticos. No es el momento de especular, sino de ser audaces en nuestros planteamientos, tanto a la hora de compartir nuestros puntos de vista y propuestas, como a la hora de actuar conjuntamente y llevarlas a la práctica.

Una red con la vida como centro

Para que las medidas posteriores a esta crisis no se tomen de nuevo en beneficio de las élites, como ocurrió en 2008, por ejemplo, y para que no sigamos el camino del crecimiento ciego que nos lleva al abismo, de la mercantilización de todos los ámbitos de la vida y de la naturaleza, de la producción y del consumo desproporcionados que solo nos conducen al colapso,  las personas que defendemos un modelo alternativo en Euskal Herria, podemos agruparnos, organizarnos y quizás dar pasos para constituir una red colaborativa, lo más amplia y plural posible, a favor de la Vida, incluso desde el actual confinamiento. Una red para conectar las diferentes iniciativas y plataformas ya en marcha y, en la medida de lo posible, coordinarlas en la misma dirección: La vida, la dignidad, la justicia y la defensa del planeta Tierra.

Medidas urgentes

En este sentido, ya están surgiendo diferentes iniciativas proponiendo medidas necesarias para dar respuesta a la emergencia sanitaria actual. En Euskal Herria, por ejemplo, está la «Mesa Técnica» propuesta por el Movimiento Feminista o el documento de la Carta de Derechos Sociales, definiendo diversas prioridades sociales. Y en el Estado español, se ha redactado un documento en defensa de la pequeña producción agrícola y los mercados locales. Igualmente existe un «Plan de Choque Social» que está cosechando muchas adhesiones. Bienvenidas sean estas iniciativas.

Una mirada más a largo plazo

Existen medidas urgentes que deben adoptarse de forma inmediata, pero para responder adecuadamente a la crisis ecosocial, la cual volverá con toda su crudeza tras la emergencia sanitaria, habrá que proponer medidas de mayor alcance transformador, ya que de lo contrario volveríamos a la falsa normalidad preexistente. Es pues el momento de hacer una reflexión sobre el rumbo que queremos tomar desde ahora -con el horizonte en el 2030, por ejemplo-, y diseñar un proyecto de país alternativo. Unificar el esfuerzo táctico y el estratégico, nos puede permitir mantener la coherencia entre medidas urgentes y las propuestas a medio y largo plazo. Esta crisis está dejando al descubierto una serie de mitos y mentiras que están en la base del neoliberalismo y ello facilita tratar de socializar, si somos audaces, el modelo alternativo que defendemos. En consecuencia, se hace más necesario que nunca, aunque sea desde nuestro confinamiento en esta emergencia, reforzar la cooperación y el intercambio entre quienes desde diferentes puntos de vista y experiencias estamos apostando por ese profundo cambio de rumbo. Y, una de las herramientas válidas para ese futuro, pudiera ser esa «Red por la vida» antes citada (o algo similar). Una red a favor de la vida de las personas y de los ecosistemas, es decir, de una sociedad justa y sostenible que garantice una vida digna para todas las personas y que ajuste su actividad a los equilibrios y los ciclos de la naturaleza.

Por la vía del ecosocialismo-feminista

Una vez más creemos fundamental subrayar la dimensión ecosocial de la crisis y reivindicar una alternativa que debiera surgir de la síntesis de diferentes miradas. Fundir en un solo cuerpo las «cuatro miradas» (sindical, ecologista, feminista y de autogestión) que,  por ejemplo, plantea Euskal Gune Ekosozialista (Espacio Ecosocialista Vasco), nos parece un buen camino. Estos son algunos criterios básicos que proponemos para pensar y actuar.

1) Priorizar y reforzar los servicios públicos que garanticen las necesidades básicas de salud, educación, alimentación, cuidado, energía, agua, vivienda, gestión de residuos etc. Para empezar, habría que  revertir todos los recortes habidos hasta ahora, pero sin renunciar a reivindicar las nacionalizaciones-socializaciones que sean necesarias. Socializaciones que pueden dejar esos servicios básicos en manos de las comunidades (y no sólo del Estado): por ejemplo, lo relativo al material sanitario o las comunidades energéticas descentralizadas. Servicios algunos que pueden y deben gestionarse como bienes comunes.

2) Establecer medidas, plazos y presupuesto para la construcción de una red universal, digna y gratuita de servicios colectivos de cuidados que garanticen la atención requerida por las personas en situación de dependencia o vulnerabilidad. Crecer en cuidados y decrecer en consumo material.

3) Impulsar la transición ecosocial, comenzando por la energética, y planificando con un horizonte en el año 2030; adoptar medidas para reducir la producción y el consumo de energía y materiales, promover los sectores clave que sirven para cubrir las necesidades básicas (agroecología, cuidados, sanidad …), priorizar la producción y el consumo local, suprimir y/o reconvertir los sectores más contaminantes y perjudiciales para la vida (armas, automóviles …) y establecer un sistema educativo que dé respuestas a esta transición.

4) Facilitar el reparto de la riqueza y del trabajo (productivo y reproductivo): instaurar una fiscalidad progresiva y redistributiva; impedir los despidos que se pretendan plantear en supuestas reestructuraciones. En relación con esto, creemos conveniente relanzar en sociedad debates tan necesarios como los relativos a las «limitaciones a la propiedad privada» o a la «renta básica universal».

5) Favorecer el empoderamiento de la ciudadanía a través, entre otros, de procesos educativos ecosociales, promover la participación y el poder de decisión de las comunidades y de los trabajadores y las trabajadoras en las empresas,  apoyar y fortalecer las iniciativas autogestionadas y la economía social y solidaria. En esta época de confinamiento sería estimulante apoyar y difundir las iniciativas comunitarias de solidaridad que están surgiendo en Euskal Herria.

A modo de conclusión, cuidar (red de cuidados), proteger (servicios públicos básicos), reducir (producción, consumo…), distribuir (riqueza y trabajo) y reforzar (empoderamiento de la ciudadanía). Estos son algunos de los fundamentos de nuestro ecosocialismo-feminista.





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miércoles, 8 de abril de 2020

Salir Unidas

Gara ha publicado esta misiva que nos parece muy importante por el poderoso mensaje a la sociedad en estos tiempos de incertidumbre producida por la pandemia del SARS CoV-2:


Imanol Ibero | Presidente de EHNE-Nafarroa

Todo parecía en calma y en su sitio hace tan solo tres semanas. Todas estábamos absortas en el ajetreo diario, el trabajo, las prisas, los compromisos, incluso el ocio saturaba nuestra agenda, manteniéndonos empecinadas en nuestras necesidades individuales inmediatas. Con la cabeza agachada, recorríamos las horas intentando satisfacer lo que creíamos eran nuestras necesidades, y dedicábamos muchísimas horas de nuestro tiempo para obtener dinero de cara a poder satisfacerlas.

Pero, de repente, casi sin previo aviso, todo se ha detenido en seco. Y casi todas las necesidades que nos ocupaban, en un abrir y cerrar de ojos, han dejado de ocuparnos y de preocuparnos. Casi todas, porque la vida de las personas requiere de sustentos vitales, como una comunidad que nos cuide, que se preocupe y nos atienda, que genere servicios públicos fuertes y que nos cuide también, proveyéndonos de alimentos de calidad tres veces al día.

Unos alimentos que, además de cuidarnos hoy, les permita a las que nos sigan alimentarse mañana. Para ello, pues, es imprescindible que en todo el proceso de producción cuidemos de la tierra, los suelos, las aguas, el aire y las comunidades rurales, que se han relacionado con maestría con la tierra a lo largo de los tiempos, para que ese abastecimiento nunca se detenga. Nosotras, personas agricultoras y ganaderas de Nafarroa y Euskal Herria, productoras de alimento, en este momento tan excepcional, queremos compartir nuestra situación con la comunidad de la que formamos parte.

Seguimos trabajando en todos los sectores, porque nuestros animales y cultivos siguen demandando cuidado y porque, como siempre, todas las personas seguimos necesitando el alimento que producimos. Estamos encantadas de que toda la sociedad vuelva a valorar la importancia del sector primario, de que se aprecie el trabajo que, día a día, realizamos agricultoras y ganaderas.

Pero esta actividad agrícola y ganadera lleva largas décadas transformándose hacia un modelo de producción dependiente. Dependiente de insumos externos de monstruos del agronegocio, dependiente de tecnología cada vez más sofisticada, de mercados externos globales que no entienden de humanidad, dependiente de procesos de acumulación que desplazan a las pequeñas productoras.

Y en esa inercia global que parece que todo lo puede, el sector primario vinculado al territorio, de pequeño o mediano tamaño, que produce adaptándose a sus elementos, generando comunidad y riqueza local, se ha ido quedando desplazado. Grandes superficies han ocupado nuestros mercados y verdes etiquetas nos van contando medias verdades, y así las primeras han logrado aparecer ante la sociedad como prácticamente el único espacio para el abastecimiento.

Aun y todo, es evidente que muchísimo del alimento producido por pequeños y medianos agricultores de nuestra tierra se comercializa en estas grandes superficies, pero es más evidente aún que las políticas de precios y formas de trabajar de estas grandes superficies no están haciendo más que destruir la agricultura familiar, como hace pocas semanas comprobábamos en las movilizaciones del sector primario.

Por ello, hay muchísimas productoras que no están en esos espacios, productoras que hicieron la apuesta por la venta directa, por salir al mercado o abrir la puerta de la explotación, y contarle al mundo quiénes son, por transmitir la forma en la que elaboraron este queso, lo complicado para las abejas de esta climatología cambiante, la forma de recolección del espárrago, la pasión por mantener las vacas sanas y hermosas, mil lecciones que generan vínculo y nos muestran el acto de responsabilidad que supone el consumo de alimentos. Y cómo ese acto de consumo deja de ser solo algo que pretende suplir una necesidad individual y se convierte en un acto de responsabilidad colectiva, que beneficia a todas las partes que participan directa e indirectamente.

Pero en el contexto actual, los mercados han sido anulados, las compras en las explotaciones invisibilizadas, las ventas a colectividades clausuradas y, además, la apisonadora mediática tan solo ha mostrado a las grandes superficies como único espacio para el abastecimiento de alimentos. Aun y todo, muchas productoras siguen cuidando de sus animales, recolectando verduras, ordeñando las vacas, pero ahora no tienen dónde venderlo. Por ello, desde el sindicato EHNE hacemos un llamamiento a la sociedad navarra y de todo Euskal Herria para que vuelva la mirada al pequeño comercio que, en muchos casos, trabaja directamente con productoras, a asociaciones de consumidores, a que contacte directamente con los productores, para salir de esta crisis sin dejar a nadie atrás.

También queremos trasladar la problemática que existe ahora mismo para que el cordero encuentre canales de comercialización. Este producto ha estado y está muy vinculado a la hostelería, y en este periodo que nos encontramos, con todo cerrado, no se están retirando los corderos de los corrales y los pastores están asumiendo unos gastos al límite de la subsistencia.

Por último, no podemos dejar sin comentar la recién empezada campaña del espárrago, producto estrella en nuestra huerta, referencial donde los haya, pero también muy vinculado tanto a la venta directa como a la hostelería. Sin embargo, en estos momentos se encuentra en una auténtica situación de emergencia porque los espacios de comercialización existentes solo absorben poco más del 50% de la producción.

Dicho todo esto, desde el sindicato EHNE reiteramos dicho llamamiento a toda la sociedad, apelamos a esa responsabilidad que es cada acto de consumo, para que de esta crisis podamos salir todas. Y podamos hacerlo reforzadas, mostrando una solidaridad con las productores de nuestra tierra que viven momentos delicados. E incluyamos en nuestros menús el espárrago de Navarra, el cordero de Navarra y el producto de pequeñas explotaciones que comercializan a través de la venta directa.






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domingo, 22 de marzo de 2020

Anarquismo ante el Coronavirus

Desde la página de Kaos en la Red traemos a ustedes una forma "diferente" de enfrentar la pandemia del virus SARS CoV-2.

Lean con detenimiento por favor:


El capitalismo en crisis, el totalitarismo en ascenso... estrategias de resistencia

Crimethinc   

La pandemia no va a pasar en las próximas semanas. Incluso si las estrictas medidas de confinamiento logran reducir el número de infecciones a lo que era hace un mes, el virus podría reanudarse su propagación exponencial nuevamente tan pronto como se suspendan las medidas. Es probable que la situación actual continúe durante meses (toques de queda repentinos, cuarentenas inconsistentes, condiciones cada vez más desesperadas), aunque casi con certeza cambiará de forma en algún momento cuando las tensiones en su interior se desvanezcan. Para prepararnos para ese momento, protejámonos a nosotros mismos y a los demás de la amenaza que representa el virus, analicemos las preguntas sobre el riesgo y la seguridad que plantea la pandemia y confrontemos las desastrosas consecuencias de un orden social que nunca fue diseñado para preservar nuestro bienestar.

Ser en primer lugar.

Sobrevivir al virus

Las antiguas formas anarquistas de organización y seguridad tienen mucho que ofrecer cuando se trata de sobrevivir a la pandemia y al pánico que está causando.

Forme un grupo de afinidad

La perspectiva de la cuarentena nos dice mucho sobre cómo ya vivíamos. Aquellos que viven en familias unidas o en casas colectivas alegres se encuentran en una situación mucho mejor que aquellos en matrimonios rotos y aquellos que tienen grandes casas vacías para ellos solos. Este es un buen recordatorio de lo que realmente importa en la vida. A pesar de los modelos de seguridad que están representados por el sueño burgués de la propiedad de viviendas nucleares familiares y la política exterior de Estados Unidos que lo refleja, la unión y la atención son mucho más importantes que el tipo de seguridad que depende de cercar al mundo entero.

El «distanciamiento social» no debe significar un aislamiento total. No estaremos más seguros si nuestra sociedad se reduce a un grupo de individuos atomizados. Eso no nos protegería del virus ni del estrés de esta situación ni de la toma de poder que los capitalistas y las autoridades estatales se están preparando para llevar a cabo. Por mucho que los ancianos estén en riesgo por el virus, por ejemplo, las personas mayores ya están peligrosamente aisladas en esta sociedad; cortarlos de todo contacto con otros no preservará su salud física o mental. Todos debemos estar integrados en grupos muy unidos de manera que maximicemos tanto nuestra seguridad como nuestra capacidad colectiva para disfrutar de la vida y tomar medidas.

Elija un grupo de personas en las que confíe, idealmente personas con las que comparte la vida cotidiana, todas las cuales comparten factores de riesgo y niveles de tolerancia al riesgo similares. A los efectos de sobrevivir al virus, este es su grupo de afinidad , el componente básico de la organización anarquista descentralizada. No necesariamente necesita vivir en el mismo edificio con ellos; Lo importante es que puede reducir sus factores de riesgo a aquellos con los que todos comparten y se sienten cómodos. Si su grupo es demasiado pequeño, estará aislado, y eso será especialmente un problema si se enferma. Si su grupo es demasiado grande, enfrentará un riesgo innecesario de infección.

Hablen entre ellos hasta que lleguen a un conjunto de expectativas compartidas sobre cómo se comprometerán con el riesgo de contagio. Esto podría ser desde un aislamiento físico total hasta recordar usar desinfectante para manos después de tocar superficies en público. Dentro de su grupo, siempre y cuando nadie tenga el virus, aún puede abrazar, besar, preparar alimentos juntos, tocar las mismas superficies, siempre y cuando esté de acuerdo con el nivel de riesgo que está colectivamente listo para tolerar y comunicarse sobre él cuando surge un nuevo factor de riesgo.

Esto es lo que los anarquistas llaman cultura de seguridad: la práctica de establecer un conjunto de expectativas compartidas para minimizar el riesgo. Cuando tratamos con la represión policial y la vigilancia del estado, nos protegemos compartiendo información según sea necesario. Cuando tratamos con un virus, nos protegemos controlando los vectores a lo largo de los cuales se pueden propagar los contagios.

Nunca es posible evitar el riesgo por completo. El punto es determinar con cuánto riesgo se siente cómodo y comportarse de tal manera que si algo sale mal, no se arrepentirá, sabiendo que ha tomado todas las precauciones que consideró necesarias. Al compartir su vida con un grupo de afinidad, obtiene las mejores partes de precaución y convivencia.

Formar una red

Por supuesto, su grupo de afinidad por sí solo no será suficiente para satisfacer todas sus necesidades. ¿Qué sucede si necesita recursos a los que ninguno de ustedes puede acceder de manera segura? ¿Qué pasa si todos se enferman? Debe estar conectado a otros grupos de afinidad en una red de ayuda mutua, de modo que si algún grupo de la red se abruma, los demás pueden acudir en su ayuda. Al participar en una red como esta, puede hacer circular recursos y apoyo sin necesidad de exponerse al mismo nivel de riesgo. La idea es que cuando las personas de diferentes grupos dentro de la red interactúan, emplean medidas de seguridad mucho más estrictas, para minimizar el riesgo adicional.

La frase «ayuda mutua» se ha utilizado mucho últimamente, incluso por parte de los políticos . En su sentido propio, ayuda mutuano describe un programa que brinde asistencia unidireccional para otros como lo hace una organización de caridad. Más bien, es la práctica descentralizada de atención recíproca a través de la cual los participantes en una red se aseguran de que todos obtengan lo que necesitan, para que todos tengan razones para invertir en el bienestar de los demás. No se trata de un intercambio de ojo por ojo, sino más bien de un intercambio de atención y recursos que crea el tipo de redundancia y resistencia que puede mantener a una comunidad en tiempos difíciles. Las redes de ayuda mutua prosperan mejor cuando es posible construir una confianza recíproca con los demás durante un largo período de tiempo. No es necesario que conozca o incluso le guste a todos los demás en la red, pero todos tienen que dar lo suficiente a la red para que, en conjunto, sus esfuerzos creen una sensación de abundancia.

El marco de reciprocidad puede parecer que se presta a la estratificación social, en la que las personas de clases sociales similares con acceso similar a los recursos gravitan entre sí para obtener el mejor retorno de la inversión de sus propios recursos. Pero los grupos de diferentes orígenes pueden tener acceso a una amplia gama de diferentes tipos de recursos. En estos tiempos, la riqueza financiera puede resultar mucho menos valiosa que la experiencia en fontanería, la capacidad de hablar un dialecto particular o los lazos sociales en una comunidad de la que nunca pensó que se encontraría dependiendo. Todos tienen buenas razones para extender sus redes de ayuda mutua lo más lejos posible.

La idea fundamental aquí es que son nuestros vínculos con los demás los que nos mantienen seguros, no nuestra protección contra ellos o nuestro poder sobre ellos. Los preparadores que se han centrado en construir una reserva privada de alimentos, equipo y armas están colocando las piezas en su lugar para un apocalipsis de cada uno contra todos. Si pones toda tu energía en soluciones individuales, dejando que todos los que te rodean luchen por su propia supervivencia, tu única esperanza es superar la competencia. E incluso si lo haces, cuando no haya nadie más para encender esas armas, serás el último que quede, y esa arma será la última herramienta a tu disposición.

Cómo nos relacionamos con el riesgo

La aparición de un nuevo contagio potencialmente letal nos obliga a todos a pensar en cómo nos relacionamos con el riesgo. ¿Por qué vale la pena arriesgar nuestras vidas?

Al reflexionar, la mayoría de nosotros concluiremos que, en igualdad de condiciones, arriesgar nuestras vidas solo para seguir desempeñando nuestro papel en el capitalismo no vale la pena. Por otro lado, podría valer la pena arriesgar nuestras vidas para protegernos, cuidarnos, defender nuestra libertad y la posibilidad de vivir en una sociedad igualitaria.

Así como estar completamente aislado no es más seguro para los ancianos, tratar de evitar el riesgo por completo no nos mantendrá a salvo. Si nos limitamos estrictamente a nosotros mismos mientras nuestros seres queridos se enferman, nuestros vecinos mueren y el estado policial nos quita hasta el último vestigio de nuestra autonomía, no estaremos más seguros. Hay muchos tipos diferentes de riesgo. Probablemente esté llegando el momento en que tendremos que repensar qué riesgos estamos dispuestos a asumir para vivir con dignidad.

Esto nos lleva a la cuestión de cómo sobrevivir a todas las tragedias innecesarias que los gobiernos y la economía global nos están acumulando en el contexto de la pandemia, sin mencionar todas las tragedias innecesarias que ya estaban creando. Afortunadamente, las mismas estructuras que nos permiten sobrevivir juntos al virus también pueden equiparnos para enfrentarlos.

Sobrevivir a la crisis

Seamos claros: el totalitarismo ya no es una amenaza situada en el futuro. Las medidas que se implementan en todo el mundo son totalitarias en todos los sentidos. Estamos viendo decretos unilaterales del gobierno que imponen prohibiciones totales de viaje, toques de queda las 24 horas, verdadera ley marcial y otras medidas dictatoriales.

Esto no quiere decir que no debamos implementar medidas para protegernos mutuamente de la propagación del virus. Es simplemente reconocer que las medidas que varios gobiernos están implementando se basan en medios autoritarios y una lógica autoritaria. Piense en la cantidad de recursos que se invierten en el ejército, la policía, los bancos y el mercado de valores que en la atención médica pública y los recursos para ayudar a las personas a sobrevivir esta crisis. Todavía es más fácil ser arrestado por merodear que hacerse una prueba para detectar el virus.

Así como el virus nos muestra la verdad sobre cómo ya vivíamos, sobre nuestras relaciones y nuestros hogares, también nos muestra que ya vivíamos en una sociedad autoritaria. La llegada de la pandemia solo la hace formal. Francia está poniendo a 100,000 policías en las calles, 20,000 más que los desplegados en el punto más alto de las protestas de los chalecos . Los refugiados que necesitan asilo están siendo rechazados a lo largo de las fronteras entre los Estados Unidos y México y entre Grecia y Turquía. En Italia y España, bandas de policías atacan a corredores en calles vacías.

En Alemania, la policía de Hamburgo ha aprovechado la situación para desalojar una tienda de refugiados autoorganizada que había estado en pie durante varios años. A pesar de la cuarentena, la policía en Berlín sigue amenazando con desalojar una barra colectiva anarquista. En otra parte, la policía vestida con uniformes de soldados de asalto pandémicos allanó un centro de refugiados.

Lo peor de todo es que todo esto ocurre con el consentimiento tácito de la población en general. Las autoridades pueden hacer prácticamente cualquier cosa en nombre de proteger nuestra salud, hasta matarnos.

A medida que la situación se intensifique, es probable que veamos a la policía y al ejército empleando una fuerza cada vez más letal. En muchas partes del mundo, son los únicos que pueden reunirse libremente en grandes cantidades. Cuando la policía comprende el único cuerpo social que puede reunirse en masa, no hay otra palabra que «estado policial» para describir la forma de sociedad en la que vivimos.

Ha habido señales de que las cosas iban en esta dirección durante décadas. El capitalismo solía depender de mantener a un gran número de trabajadores disponibles para realizar labores industriales; en consecuencia, no era posible tratar la vida de manera tan barata como hoy en día. A medida que la globalización y la automatización capitalistas han disminuido la dependencia de los trabajadores, la fuerza laboral global se ha desplazado de manera constante hacia el sector de servicios, haciendo un trabajo que no es esencial para el funcionamiento de la economía y, por lo tanto, menos seguro y bien pagado, mientras que los gobiernos se han vuelto cada vez más dependientes de violencia policial militarizada para controlar los disturbios y la ira.

Si la pandemia continúa el tiempo suficiente, probablemente veremos más automatización (los autos autónomos representan menos amenaza de infección para la burguesía que los conductores de Uber) y los trabajadores desplazados se dividirán entre las industrias de represión (policía, militares, seguridad privada), contratistas militares privados) y trabajadores precarios que se ven obligados a asumir un gran riesgo para ganar unos centavos. Estamos acelerando hacia un futuro en el que una clase privilegiada conectada digitalmente realiza trabajo virtual de forma aislada mientras un estado policial masivo los protege de una subclase prescindible que asume la mayoría de los riesgos.

El multimillonario Jeff Bezos ya ha agregado 100,000 empleos a Amazon, anticipando que su compañía llevará a las tiendas locales a la quiebra. Del mismo modo, Bezos no dará a sus empleados de Whole Foods vacaciones pagadas a pesar del riesgo constante que enfrentan en el sector de servicios, aunque les dará un aumento de $ 2 hasta abril. En resumen, todavía considera que sus vidas no valen nada, pero admite que sus muertes deberían pagarse mejor.

En este contexto, es probable que haya revuelta. Es probable que veamos algunas reformas sociales destinadas a aplacar a la población, al menos temporales para mitigar el impacto de la pandemia, pero que llegarán junto con la violencia cada vez mayor de un estado que nadie puede imaginar prescindir, en la medida en que se malinterpreta como el protector de nuestra salud.

De hecho, el estado mismo es lo más peligroso para nosotros, ya que impone la distribución drásticamente desigual de recursos que nos obliga a enfrentar distribuciones de riesgo tan desequilibradas. Si queremos sobrevivir, no podemos simplemente exigir políticas más equitativas, también tenemos que deslegitimar y socavar el poder del estado.

Estrategias de resistencia

Con ese fin, concluiremos con algunas estrategias de resistencia que ya están despegando:

Huelgas de alquiler

En San Francisco, el colectivo de viviendas Station 40 ha liderado el camino al declarar unilateralmente una huelga de alquileres en respuesta a la crisis:

“La urgencia del momento exige una acción decisiva y colectiva. Estamos haciendo esto para protegernos y cuidarnos a nosotros mismos y a nuestra comunidad. Ahora más que nunca, rechazamos la deuda y nos negamos a ser explotados. No soportaremos esta carga para los capitalistas. Hace cinco años, derrotamos el intento de nuestro propietario de desalojarnos. Ganamos por la solidaridad de nuestros vecinos y amigos en todo el mundo. Una vez más estamos llamando a esa red. Nuestro colectivo se siente preparado para el refugio en el lugar que comienza a medianoche en toda el área de la bahía. El acto de solidaridad más significativo para nosotros en este momento es que todos hagan una huelga juntos. Te respaldaremos, como sabemos que tendrás la nuestra. Descansa, reza, cuídate el uno al otro ”.

Para millones de personas que no podrán pagar sus cuentas, esto es una virtud de la necesidad. Innumerables millones que viven de un cheque de pago al siguiente ya han perdido sus empleos e ingresos y no tienen forma de pagar el alquiler de Abril. La mejor manera de apoyarlos es que todos nos declaremos en huelga, haciendo imposible que las autoridades apunten a todos los que no pagan. Los bancos y los propietarios no deberían poder seguir beneficiándose de los inquilinos e hipotecas cuando no hay forma de ganar dinero. Eso es solo sentido común.

Esta idea ya ha estado circulando en muchas formas diferentes. En Melbourne, Australia, la sucursal local de Industrial Workers of the World está promoviendo una Promesa de Huelga de Renta de COVID-19 . Rose Caucus está pidiendo a las personas que suspendan los pagos de alquiler, hipoteca y servicios públicos durante el brote. En el estado de Washington, Seattle Rent Strike está pidiendo lo mismo. Los inquilinos de Chicago también amenazan con una huelga de alquileres. Otros han circulado documentos pidiendo una huelga de alquiler e hipoteca.

Para que una huelga de alquileres tenga éxito a nivel nacional, al menos una de estas iniciativas tendrá que ganar suficiente impulso para que un gran número de personas esté segura de que no se quedarán en alto si se comprometen a participar. Sin embargo, en lugar de esperar a que una sola organización de masas coordine un ataque masivo desde arriba, es mejor que estos esfuerzos comiencen a nivel de base. Las organizaciones centralizadas a menudo se comprometen temprano en el proceso de lucha, socavando los esfuerzos autónomos que dan poder a tales movimientos. Lo mejor que podríamos hacer para salir de esta experiencia más fuerte sería construir redes que puedan defenderse independientemente de las decisiones desde lo alto.

Huelgas laborales y de tránsito

Cientos de trabajadores en los astilleros del Atlántico en Saint-Nazaire se declararon en huelga ayer. En Finlandia, los conductores de autobuses se negaron a aceptar pagos de los pasajeros para aumentar su seguridad contra el contagio y protestar contra los riesgos a los que están expuestos, lo que demuestra en el proceso que el transporte público podría ser gratuito.

Si alguna vez hubo un buen momento para que la clase trabajadora en apuros y precaria mostrara fuerza a través de huelgas y paros laborales, este es el momento. Por una vez, gran parte de la población en general simpatizará, ya que la interrupción de los negocios como de costumbre también puede disminuir el riesgo de propagación del virus. En lugar de buscar mejorar las circunstancias individuales de empleados particulares a través de aumentos salariales, creemos que lo más importante es construir redes que puedan interrumpir los negocios como de costumbre, interrumpir el sistema en su conjunto y apuntar hacia la introducción revolucionaria de formas alternativas de vida y relativo. En este punto, es más fácil imaginar la abolición del capitalismo que imaginar que incluso en estas circunstancias, podría reformarse para satisfacer todas nuestras necesidades de manera justa y equitativa.

Revueltas de prisiones

Las revueltas en las cárceles brasileñas e italianas ya han dado lugar a varios escapes, incluidos escapes masivos. El coraje de estos prisioneros debería recordarnos a todas las poblaciones objetivo que se mantienen fuera de la vista del público, que sufrirán más durante catástrofes como esta.

También puede inspirarnos: en lugar de obedecer órdenes y permanecer escondidos mientras el mundo entero se convierte en una matriz de celdas de prisión, podemos actuar colectivamente para escapar.






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Pascal y el COVID-19

Son tiempos de reflexión y desde el portal de Ara traemos a ustedes este texto de David Fernàndez que nos ayuda a enfocarnos en tópicos importantes en el contexto de la pandemia causada por el SARS CoV-2.

Lean por favor:


El precio dolorido que ya estamos pagando nunca será el mismo que la factura que nos querrán endosar

David Fernàndez

 «Todas las desgracias del hombre se derivan del hecho de no ser capaz de estar tranquilamente sentado y solo en una habitación»

Blaise Pascal

Han vuelto los delfines en Cerdeña. El agua de Venecia, como el aire, se limpia. El turistificado mercado barcelonés de la Boqueria se convierte, de nuevo, en un mercado de barrio. Abren hoteles en Paris para acoger vagabundos. Y han cerrado el CIE de la Zona Franca. Y se han parado los desahucios. Y ya no es primavera en El Corte Inglés. Lo privado lucrativo se ha puesto –por decreto– al servicio de lo público universal. La lista repentina es larguísima, bajo esta inédita excepción hecha catarsis. Pero a pesar de todo, la principal paradoja insólita, tras décadas mercantiles de neoliberalismo, es que se prioriza la salud frente a la economía. En cambio, el condicionante determinante de nuestros días es precisamente lo inverso: que todo se hace tras un ciclo caracterizado severamente por todo lo contrario. Cuando la economía se imponía a la salud –y a la política y al derecho a la vivienda y a la cultura y a todo y al mundo entero. Ayer dogma; hoy, drama.

Hay la otra cara de la moneda, claro está, porque siempre existe la otra cara de la luna: multas por no confinarse a personas sin hogar, buitres especuladores olfateando ya la deuda pública, coches huyendo a la segunda residencia valenciana o pirenaica, fakes xenófobos, mediocridades ruines, tentaciones militaristas o gestión autoritaria del 5G que nos desvelan del control social reticular. Que no sea un spoiler. En parte, no hay que ir muy lejos par ver de cerca: las lecciones de la penúltima crisis, la de 2008, dejó demasiadas vergüenzas, demasiado dolores y demasiado aprendizajes, errores y horrores que no cabría repetir, a pesar de que algunos se empeñen. Y sin embargo, todo es ya diferente: novedad, improvisación, contingencia e impotencia se mezclan hoy extrañamente. Pero nunca será lo mismo el precio dolorido que ya estamos pagando, que la factura que nos querrán endosar. Si el origen –aunque no sólo– es vírico, la solución sólo puede ser social.

Al fin y al cabo, ha venido la realidad despierta y nos ha pillado dormidos en la presunta y apacible irrealidad donde estábamos instalados. Más paradojas irracionales, demasiado añejas. Aporía del tiempo perdido, ni el ecologismo que hace cincuenta años nos alerta de nuestra extralimitación, ni los feminismos que hace cinco décadas nos reclaman poner la vida en el centro, ni veinte años de razonadas críticas a la globalización del pleonasmo del capitalismo salvaje, habían conseguido pararlo todo, hacernos frenar y hacernos pensar dónde demonios vivimos y dónde carajo queremos vivir. En el orden caníbal del mundo –en cartesiana afirmación de Jean Ziegler– ha tenido que ser un nuevo coronavirus lo que le ha hecho tambalearse de golpe y en seco. De cómo saldremos de esta sacudida, todo está por ver todavía. Que la doctrina del shock ya planea es una obviedad: ya veremos dónde nos quieren confinar algunos cuando todo pase. Y de lo que se trata, como nunca antes, es de invertirlo: que aquella doctrina se vuelva hacia sus diseñadores y los confine en su nihilismo sociópata, cruel y neoliberal. Emergencia, nos falta tiempo ahora mismo; urgencia, tiempo necesitaremos pasado mañana. Para repensarlo todo. Porque si esto es una guerra sanitaria, en un recurso no neutral al lenguaje belicista y patriotero, la pregunta ya es qué paz surgirá. No solucionaremos en una semana lo no-hecho en décadas.

El viejo dilema de Pascal –si somos capaces de permanecer un rato largo en la habitación, pensando y repensándonos, aguantando y aguantándonos– ya es, actualmente, global: una habitación distinta donde la distancia, paradójicamente, se ha hecho cuerpo –el cuerpo de los demás y la razón de la alteridad; donde nos encerramos para abrirnos; donde para acercarnos, nos alejamos; donde para querernos, debemos aislarnos; donde para hacer, hay que parar. Mientras tanto, no: no se necesitan frames militares ni un general en prime time apelando a la moral de combate, la disciplina y el sacrificio para camuflar la impotencia sanitaria con la prepotencia militar. Porque para ejército desarmado y heroico, silente y desbordado, el de las batas blancas; el único que ganará esta guerra, sin un solo disparo y con precaria munición. Y una sola retaguardia: que nos quedemos en casa.

Tiempo de cuidado(s), ahora que hemos aprendido precariamente a mirar la evolución de las curvas –la que sube y espanta y la que, en forma de sombrero, atenúa y calma– concurre una reflexión inevitable. Las curvas son biológicas –y nos desvelan nuestra antigua vulnerabilidad fundacional y constituyente– pero la línea recta, no. Aquella línea recta que atraviesa cada gráfica con la leyenda “límite del sistema sanitario” no tiene nada de natural e inesperada: es una línea política, con asignación recortada en los presupuestos públicos. La otra variable es social y depende una vez más y como siempre de nosotros mismos: cuando cada gesto cuenta, cada gesto aplana la curva. Es lo que podemos hacer y no es poco: "quedaos todos en casa", como diría Manuel de Pedrolo en Acto de violencia. Conscientes racionalmente del motivo cortoplacista en formato cortafuegos: no ganar a un virus, sino apenas impedir el colapso hospitalario fruto de un desbordamiento en los contagios. Es decir, salvar vidas y proteger a los más vulnerables. Consigna y divisa, no perder el norte hoy y no olvidar todos los sures mañana: la primera semana de confinamiento ha valorizado como nunca la vida en común y ha desvalorizado, por fin, unas cuantas cosas. "El coronavirus ha derrotado al dinero, quizá la divinidad más cruel de la actualidad" ha escrito Gabriel Magalhaes. Contrafáctico democrático, postcapitalista, ecologista, pacifista, antirracista y feminista: en realidad, será muy difícil salir de ésta, pero incomparablemente mucho más difícil e imposible será no hacerlo.

Dar lo mejor para evitar lo peor –no hay otra remedio humano y casero– silban desde El Lokal del Raval, ferlosianamente: que no vengan tiempos ciegos que nos hagan más malos, ni malos tiempos que nos hagan más ciegos. Jorge Reichmann ya lo ha dicho puntualmente: lo más inútil, después del después, sería pretender volver desastrosamente al mismo lugar. Porque estaremos indefectiblemente en otro nuevo. Marina Garcés, sintética: "El virus no nos muestra la fragilidad humana sino la fragilidad del sistema". Y Yayo Herrero, ecofeminista anticipada: si cuidándonos mutuamente no lo hacemos todo solidariamente, nos va llover ultraderecha a granel. Y Alba Rico, filósofo de guardia, aclarándolo y captando repentinamente un viejo, antiguo e imprescindible internacionalismo: "La única manera de que nos salvemos cada uno de nosotros es que nos salvemos todos al mismo tiempo". Así es –y así podría ser. Cuando todo pase aunque no pasen las cicatrices y pesen las secuelas, el dilema de Pascal, como el dinosaurio de Monterroso, continuará allí. Y ojalá, sí, continúe habiendo también delfines en el puerto de Cerdeña. Agua clara en los canales de Venecia. Un mercado de barrio en La Boquería. Un CIE cerrado. Ningún desahucio. Y hoteles refugiando a personas sin techo. Y nadie durmiendo en la calle.






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domingo, 1 de marzo de 2020

Agresión a Voluntarios Vascos en Grecia

Naiz nos informa acerca de un ataque xenófobo que han sufrido voluntarios vascos en la isla griega de Lesbos.

Lean por favor:


Miembros de la ONG vasca Zaporeak han sido atacados este domingo en la isla de Lesbos por grupos xenófobos que han destrozado sus vehículos y han propinado golpes a sus ocupantes. El ataque ha sido uno de los que se han producido ante la llegada de migrantes de las costas griegas.

Miembros de la ONG vasca Zaporeak y migrantes a los que estaban prestando apoyo han sido atacados hoy en la isla de Lesbos.

«Puñetazos, golpes, zarandeos y mucho miedo ante la embestida de un grupo de fascistas que se estaban manifestando cerca de la ciudad en Mitilini», ha señalado Zaporeak en redes sociales y en un comunicado.

Los participantes de un reparto de comida regresaban de esta labor cuando han sufrido la agresión que ha dejado daños físicos y sicológicos, además del destrozo de la furgoneta y coches en los que iban.

Zaporeak, ONG que aúna solidaridad y gastronomía y se dedica a alimentar a refugiados bloqueados en Grecia, ha añadido que los atacantes se han ensañado también con las personas refugiadas que iban en el interior y que han vivido «otro episodio de odio y venganza».

Jornada de ataques

El ataque a Zaporeak ha sido uno de las múltiples agresiones xenófobas que se han producido este domingo en Lesbos contra refugiados que intentan llegar a Europa. Cientos de personas han llegado a las islas del Egeo tras la decisión de Turquía de dejar de frenar a quienes buscan asilo en la UE.

En Lesbos, grupos de personas han incendiado un centro de acogida de migrantes desocupado cerca de la playa de Skala Sykamineas. El centro, perteneciente a la ONU, fue cerrado en enero y acogía a migrantes antes de ser trasladados a otro alojamiento en la isla.

Antes de que que los llegados ayer pudieran ser alojados, unas 150 personas se concentraron en la playa, lo bloquearon y le dieron fuego.

Mientras, alrededor de 70 personas llegadas en varias embarcaciones se encontraban aún en la playa al comienzo de la noche, a la intemperie. Al menos medio millar de personas han llegado a diferentes puntos de la isla durante este domingo.

Los ataques xenófobos se han repetido contra autobuses que trasladaban a los migrantes, así como a periodistas que se encontraban en la zona.

Igualmente, al grito de «volved a Turquía, han impedido atracar a una pequeña embarcación con medio centenar de personas a bordo, que tras varios días a la deriva había logrado llegar a la costa.

Gases lacrimógenos

La policía fronteriza griega ha vuelto a dispersar este domingo con gas lacrimógeno a los refugiados que esperan desde hace días en el lado turco ante el paso fronterizo de Pazarkule, cerca de Edirne, con la esperanza frustrada de poder pasar a la Unión Europea (UE).

Densas humaredas de gas lacrimógeno se dispersaban por el bosque fronterizo, donde varios miles de refugiados, la mayoría de Siria, Irak, Pakistán, Afganistán o Somalia, acampan desde el pasado viernes, a pesar de las cargas del sábado y de la madrugada de este domingo.

Según un portavoz de la asociación turca UMHD de ayuda a los refugiados, se estima que unas 30.000 personas se hallan en la zona fronteriza.

Esta multitud que se agolpa en la frontera es consecuencia de la decisión de Turquía de dejar de frenar el paso de como forma de presión hacia sus aliados de la OTAN.

Ankara, que acoge en territorio turco a 3,6 millones de refugiados, busca apoyo a la guerra que libra en territorio sirio y ha dejado a un lado el papel de guarda fronterizo por el que le pagan sus socios europeos.

Desde el sábado por la tarde la Policía turca ha vetado el acceso de la prensa a la zona de aduanas, pero permite el de migrantes que siguen afluyendo a la frontera, si bien otros ya se han cansado de esperar y abandonan la zona.

Las noticias difundidas a través de las redes sociales de que la UE abriría sus fronteras e incluso transportes gratuitos organizados por el Gobierno turco han llevado a miles de personas hasta la frontera, con la esperanza de que el Gobierno griego cambie de idea. Pero la respuesta sigue siendo policial. Grecia dice haber impedido el paso a cerca de 10.000 personas. 

Aun así, este domingo aún han llegado unas 2.000 personas más al puesto fronterizo de Pazarkule.

La Unión Europea ha mostrado su respaldo a la política griega, mientras la ONU ha apelado este domingo a no utilizar «una fuerza excesiva».






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sábado, 14 de diciembre de 2019

«¡Trabajo, Pensiones y Vidas Dignas!»

Traemos a ustedes esta actualización en el tema de la huelga general del 30 de enero de 2020 por medio de este artículo de Naiz:


Sindicatos y colectivos sociales que conforman la Carta de los Derechos Sociales de Euskal Herria se han reunido en el BEC para redefinir y estructurar este espacio de confluencia de distintas luchas, con la huelga general del próximo 30 de Enero como cita clave. «¡Trabajo, pensiones y vidas dignas!» es el mensaje que lanzan en el llamamiento al paro.

Nerea Goti

La Carta de los Derechos Sociales de Euskal Herria, espacio en el que confluyen sindicatos, diversos movimientos y colectivos sociales que luchan por otro modelo económico y social, ha celebrado a lo largo de este viernes varios encuentros en el marco de unas jornadas para redefinir su proyecto y sus retos futuros, en especial la huelga general del próximo 30 de enero, que tendrá como mensaje central «¡Trabajo, pensiones y vidas dignas!».

La lucha de los y las pensionistas, jóvenes, movimientos feminista, ecologista y altermundialista o la lucha sindical, entre otras, se han dado cita a lo largo del día en varios espacios de debate, en los que se ha analizado desde la emergencia climática hasta conceptos como la justicia social.

En una declaración hecha pública tras las jornadas han expresado como diagnóstico común que «el modelo económico y social actual es insostenible».

«Los gobiernos han hecho suyas las políticas neoliberales», señalan, mediante «una distribución de la riqueza cada vez más desigual e injusta o mediante políticas fiscales a favor del capital».

Mientras tanto, «la precariedad laboral es estructural y se está profundizando» a través de las reformas de los últimos años en el «desempleo, la temporalidad y parcialidad, pérdida de poder adquisitivo, brecha salarial subcontratación, uberización...», indican.

La declaración destaca, asimismo, que se está «poniendo en riesgo la propia sostenibilidad de la vida, precarizando las estructuras públicas y colectivas y destruyendo el sistema de protección social: sistema de salud, prestaciones sociales, vivienda, cuidados...».

Fortalecer el «paraguas»

Parte de los encuentros ha estado dirigida a fortalecer el «paraguas» en referencia a la propia Carta de los Derechos Sociales y la necesidad de convertirse en «una herramienta más eficaz», en la que distintos ritmos, mensajes, medios y espacios de debate den cabida a un movimiento plural.

Durante las jornadas se han precisado, asimismo, las reivindicaciones que aúna la convocatoria de huelga del próximo 30 de enero. además de las propias del movimiento de pensionistas, el paro pone sobre la mesa «medidas para dignificar las condiciones de trabajo, como reducir la jornada laboral a 35 horas semanales, salario mínimo de 1.200 euros, terminar con la brecha salarial o garantizar las condiciones laborales en las subcontrataciones».

«Garantizar el derecho a una vivienda digna, un sistema de servicios sociales que responda a todo tipo de dependencias y que sea público, universal y gratuito... para poner las vidas en el centro» y «visibilizar, reconocer, garantizar y dignificar los trabajos de cuidados» son también parte de la tabla de reivindicaciones del 30E.

Los agentes que conforman la Carta de los Derechos Sociales de Euskal Herria han llamado a organizarse en los centros de trabajo, pueblos y barrios, en los que ya están empezando a trabajar asambleas para preparar la huelga.









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lunes, 9 de diciembre de 2019

YouTube | Un Violador en Tu Camino (Euskaraz)

Ya antes les habíamos compartido la réplica al performance de las mujeres chilenas titulado 'Un violador en tu camino' llevada a cabo en Donostia. También les hemos informado acerca de lo sucedido en Turquía donde el régimen de Erdogan ha decidido actuar en sintonía con su estilo, reprimiendo a los cientos de mujeres reunidas en Estambul.

Pues bien, ahora es el turno de Bera desde donde nos llega en su versión al euskera:

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Un violador en tu camino ( Euskaraz) Bera. Euskal Herria.

Patriarkatua juez
Epaitzen gaituna sortzez
Ta gure zigorra
Bortxa, nahiz ikusi nahi ez.

Patriarkatua juez
Epaitzen gaituna sortzez
Ta gure zigorra
Bortxa, ikus liteke errez

Feminizidioa
Zigorgabe ni hiltzen nauena
Desagertzen gaituzte
Ta bortxatzen gaituzte

Ta errua ez zen neria,
ez non nengoen, ez nola jantzia (4)

Bortxatzailea nor zen? Zu!
Bortxatzailea nor da? Zu!

Txakurrak dira
Epaileak
Estatua
Presidentea   

Estatu zapaltzailea
Harro ta bortxatzailea   
Estatu zapaltzailea
Arra ta bortxatzailea

Bortxatzailea nor zen? Zu!
Bortxatzailea nor da? Zu!

Duerme tranquila niña inocente,
sin preocuparte del bandolero,
que por tus sueños dulce y sonriente
vela tu amante carabinero.

Bortxatzailea nor da? Zu!
Bortxatzailea nor da? Zu!
Bortxatzailea nor da? Zu!
Bortxatzailea nor da? Zu!






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viernes, 29 de noviembre de 2019

'Gora Ikasleon Borroka'

Aires nuevos refrescan el ámbito estudiantil en Euskal Herria.

Les invitamos a leer esta crónica publicada por Naiz:


Estudiantes de colegios e institutos han secundado la huelga convocada por la dinámica ‘Gora ikasleon borroka!’, y ha tomado las calles de las capitales para reclamar un sistema de educación propio para Euskal Herria.

Ion Salgado

Estudiantes de institutos y colegios de Euskal Herria han secundado una jornada de huelga convocada por la dinámica ‘Gora ikasleon borroka!’, presentada el pasado 12 de octubre en Gasteiz, y han tomado las calles de las capitales para reclamar un sistema propio de educación.

Han denunciado que la juventud vasca se ve sometida a los sistemas español y francés, dos sistemas «elitistas, mercantilistas, machistas, antidemocráticos, adoctrinadores, reaccionarios y segregadores», que nada tiene que ver con sus «deseos y las necesidades».

Ante esta situación, han puesto en valor la fuerza del movimiento estudiantil, que trabaja día a día para «general y ampliar las grietas en estos sistemas educativos». «Porque a través de las pequeñas luchas lograremos grandes victorias, y en ello seguiremos trabajando, dando pasos en la construcción de una sistema de educación propio», han apuntado en un comunicado leído al termino de las diferentes marchas.

La de Gasteiz ha comenzado en la plaza de los Celedones de Oro y ha finalizado frente a la Delegación del Departamento de Educación, y la de Bilbo ha arrancado desde la plaza del Arriaga y ha concluido en la pergola del parque de Doña Casilda Iturrizar. Los jóvenes también han recorrido las calles del centro de Iruñea y de Donostia, donde la manifestación ha acabado con la lectura del texto en el kiosco del Boulevard.

En Baiona los alumnos del liceo Etxepare se han concentrado en la plaza del Mercado, donde han reivindicado poder realizar la prueba de acceso a la universidad (Baxoa) en euskara. De ahí han partido hacia la plaza Patxa.








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lunes, 4 de noviembre de 2019

Contra los Megaproyectos

Pasamos del ámbito local al global con este texto que nos invita a acudir a Bilbo los días 7 y 8 de noviembre para participar en las jornadas en donde se hablará de las estrategias en contra de las más recientes estrategias por parte del neoliberalismo.

La información la provee Naiz:


Gonzalo Fernández Ortiz de Zárate | Paz con Dignidad-OMAL

Captura de nuevos mercados, internacionalización, innovación, competitividad, atracción de inversiones. Este es el mantra que repiten empresas e instituciones como receta compartida para enfrentar la crisis actual. Cuanto mejor le vaya a «nuestras empresas», cuanto más implantadas estén a escala global, más resilientes serán y mejor nos irá a todos y todas, vía recuperación de la inversión y el empleo. El conjunto de políticas se pone al servicio de este relato: generar territorios atractivos para invertir, por un lado, hacer causa común con las empresas en su esfuerzo de internacionalización, por el otro, se convierten en las grandes prioridades. Cueste lo que cueste, se encumbra al poder corporativo al estatus de protagonista principal, no solo en el ámbito económico, sino también en el político y en el cultural. La competencia, de este modo, se extrema, tratando de hacerse con un trozo de la tarta de un crecimiento económico menguante, así como con los recursos físicos necesarios para operar, en un contexto de cambio climático y de agotamiento de fuentes de energía y materiales.

No obstante, este relato no cuadra. No hay ninguna evidencia de que la manida «teoría del derrame» sea cierta, y que por tanto las ganancias empresariales se trasladen en última instancia a las mayorías sociales. Al contrario, tras décadas de aplicación de este mantra, asistimos a una agudización de las desigualdades, así como a un menor peso de la masa salarial respecto a los beneficios corporativos –a lo que habría que sumar la mayor precarización e invisibilización de los trabajos de cuidado–. A su vez, el énfasis en el crecimiento, la privatización y los mercados globales frente a cualquier otra consideración, acelera un más que evidente desmantelamiento público y democrático, nos condena a un panorama de guerra económica, y nos sitúa ante un colapso ecológico sin precedentes.

Los megaproyectos, esto es, los grandes proyectos destinados fundamentalmente a los mercados globales –no a las necesidades de la población donde se desarrollan–, se han convertido en una de las principales herramientas de este funesto mantra de la internacionalización. Monocultivos agroindustriales, desiertos verdes, minería a cielo abierto, acaparamiento de tierras, puertos, canales, fracking, incineradoras, licitaciones petroleras y gasísticas, infraestructuras, plantas de distribución y logística, etc., son, de este modo, seña de identidad del capitalismo actual. Una identidad que se extiende a lo largo y ancho del mundo, en el Sur y en el Norte Global, por supuesto también en Euskal Herria. Ningún lugar escapa a un fenómeno sistemáticamente denunciado por impactos laborales, ecológicos y económicos negativos, así como por su vínculo con lógicas de corrupción e incluso violencia.

La ofensiva capitalista global y la internacionalización empresarial toman tierra por tanto en los territorios vía megaproyectos, donde se dirime el carácter público/comunitario o corporativo de la alimentación y la agricultura, los bienes naturales, el urbanismo, los servicios, la compra pública, etc.

Una cuestión estratégica, por tanto, que abordaremos en las jornadas “Internacionalización empresarial, megaproyectos y resistencias populares”, que celebraremos en Bilbo los próximos 7 y 8 de noviembre. Activistas y académicas de Colombia, Perú, México, Brasil, Estado español y Euskal Herria debatiremos sobre cómo enfrentar los megaproyectos, cómo entender sus patrones de actuación para, finalmente, afinar las agendas populares para resistir a los mismos.

Porque, aquí y allá, otro mundo es posible, y en el mismo los megaproyectos no tienen razón de ser.






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