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miércoles, 1 de octubre de 2025

Hablar de Tortura en Madrid

La lucha en contra de la tortura así como el reconocimiento de esta actividad como herramienta en el arsenal represivo al que ha recurrido durante décadas el españolismo en contra del pueblo vasco ha encontrado un espacio de expresión en Madrid... y nada más y nada menos que en el Barrio de Lavapiés.

Aquí lo que se nos reporta desde Naiz:


Debate en Madrid sobre la tortura a detenidos vascos, en el estreno de ‘Arg(h)itzen’

El Teatro del Barrio en Lavapiés acogió anoche la presentación del film y una mesa con personalidades como Martxelo Otamendi y Laura Pego, que repasaron el proceso de documentación de los miles de casos de tortura. Aplausos y emoción en una platea repleta.

Daniel  Galvalizi

«Parafraseando a la presidenta madrileña, habéis invitado a un autobús de kale borroka», suelta Martxelo Otamendi, exdirector de ‘Egunkaria’ y ‘Berria’, bromeando con las declaraciones de Isabel Díaz Ayuso sobre La Vuelta en Madrid. El auditorio se ríe y el periodista deja el prólogo cómico para adentrarse en un tema delicado e intenso como es la tortura a manos del Estado.

El marco era el primer día de las Jornadas contra la Tortura que se desarrollan estos días en el Teatro del Barrio, la emblemática sala y centro cultural del madrileño Lavapiés, el mismo sitio en el que se anunciaba la fundación de Podemos hace once años.

Junto a Otamendi, sentados en el centro del escenario, también Laura Pego, especialista del Instituto Vasco de Criminología; Ainara Gorostiaga, miembro de la Red de Personas Torturadas en Nafarroa; y Juan Kruz Aldasoro en representación de Mikelatxo Urbi Taldea, impulsor del documental recientemente estrenado en Zinemaldia ‘Arg(h)itzen: torturaz argi hitz egiten, tortura argitzen’.

De hecho, anoche fue el estreno de ese documental en Madrid y antes de los ponentes se exhibió al público su relato, que pone el foco en los 149 casos de tortura y malos tratos sufridos por personas del valle de Sakana y explica el proceso de reconocimiento a las víctimas de la Policía española y la Guardia Civil.

«Queríamos contar la realidad que se había vivido en nuestro valle, contribuir a la memoria colectiva de nuestro pueblo, y somos conscientes de que el relato que se construya no puede ser solo en base a nuestros testimonios, debe ser plural, un relato inclusivo que sirva para construir la convivencia», comenzó diciendo. «Si nuestra historia se quedaba en un relato local no alcanzaba, ahora se ha convertido en referencia para el conjunto de Euskal Herria», añadió.

El director pidió no hablar de la tortura «en pasado» porque «lamentablemente hay cuatro ciudadanos de Sakana que siguen en prisión después de 25 años de cárcel en base a condenas sustentadas en elementos probatorios obtenidos bajo tortura. La tortura sigue operativa al día de hoy».

Seguidamente tomó la palabra Gorostiaga. «Para muchos de nosotros, Madrid es recuerdo de tortura, de pasar por la Audiencia Nacional, el ingreso en prisión...pero estamos agradecidos de venir aquí y proyectar este documental». Recalcó que el trabajo «es esclarecedor» y explicó el proceso de reconocimiento en Nafarroa de los casos de tortura y el origen en 2022 de la Red de Personas Torturadas, impulsada con el objetivo «del reconocimiento, la reparación y las garantías de no-repetición, las tres ‘R’».

«Hemos conseguido en poco tiempo varias cosicas pero ni las leyes ni las investigaciones hablan de los responsables. Detrás de todo esto también están los médicos forenses, los jueces, y algunos medios de comunicación que han hecho la vista gorda. Hay mucho trabajo por hacer en este campo y creo que vamos a ir pudiendo abrir más puertas», concluyó.

Luego fue el turno de Laura Pego. La académica contó con un power point y de pie los dos informes hechos en Euskal Herriko Unibertsitatea a pedido de Lakua, en el marco del Plan de Paz y Convivencia. Explicó desde el origen (la estimación de 5.500 denuncias) hasta el resultado final a la hora de publicar los informes (en un primer bote 4.113 casos de tortura y malos tratos a 3.415 personas, algunas de las cuales denunciaron más de uno). En breve contacto con NAIZ añadió que se sigue trabajando en la investigación y que hay decenas de nuevos casos que se podrían agregar en un nuevo informe.

Cambios de ley

«Voy a divagar después de la clase magistral de Laura, es más propio de periodista hacer eso», bromeó Otamendi, último en coger la palabra. Tras agradecer a los activistas madrileños liderados por Pedro Casas «todo lo que han hecho en Madrid» para dar visibilidad a las violaciones de derechos humanos de detenidos vascos (Casas estaba en el auditorio), el periodista fue directo: «Aprovecho que hay dos legisladores en la sala [el diputado de Sumar y líder del PCE, Enrique Santiago, y el senador Mario Zubiaga de EH Bildu]; voy a proponer dos cambios legales».

«Entiendo que un detenido tenga que tener incomunicación para no avisar a compañeros, pero no entiendo por qué hay incomunicación judicial, por qué dejamos cinco días de impunidad a la Policía, un túnel sin derechos humanos en el que hará todo lo posible para que el detenido declare lo que no ha hecho. Por qué nos empeñamos en dejar en manos de la Policía a un detenido que no quiere declarar, y en muchos casos ni se le permite el aseo, a mí no me dejaron asearme por cinco días», detalló Otamendi.

En ese sentido, opinó que así no se va a poder conseguir «que los policías dejen de torturar, dejen de presionar, dejen de meter miedo». Y añadió que si bien comprende la necesidad de un magistrado de dejar a veces incomunicado a un detenido, criticó que se deje todo en manos policiales. «Esto creo que podría ser posible, supone una revolución y sé que los cuerpos policiales van a montar un golpe si se les quita el poder», ironizó.

En segunda instancia, propuso un cambio que apunta a las responsabilidades: «La persona de mayor alto cargo que puede ser condenada en estos casos sería el jefe del operativo, nunca se llega al general, al jefe del cuerpo. Y el detenido es del juez, no de la Policía, el juez es el que decide alterar la vida de la persona. No puede ser que a un juez le vayan presentando casos y casos y no haga nada, no es posible que se presente alguien con la cara destrozada y el juez no permite ni siquiera que se exprese, no es posible que los magistrados sean testigos directos de narración de torturas y les digan ‘hable con su abogado’. Un magistrado el primer día que le traen a un detenido torturado debería llamar inmediatamente al jefe de la Guardia Civil o Policía».

Cuando se abrió la posibilidad de preguntas al público, el primero en hablar fue el bilbaíno Juan Manuel Olarieta, que vive hace años en Madrid y es abogado penalista (fue defensor de muchos detenidos del Grapo y activistas). Recordó que sufrió unas 16 detenciones («son tantas que no recuerdo todas bien») y la última en 2006, decidida por el actual ministro Grande-Marlaska, duró tres meses y fue archivada. «Si no hay un gran cambio en el Estado y de las fuerzas represivas, que no basta con depuración, la tortura seguirá. A mí me pegaban con la Constitución en la cabeza, me colgaban de la barra con una ikurriña y una bandera de la república», comentó. También dijo haber rechazado todo reconocimiento de todas las instituciones públicas, «porque son todas cómplices».

Pego pidió responderle y dijo que si bien entiende su posición, también recordó que «hay personas que comentan que con solo haber participado del proyecto de investigación les vale, porque a mucha gente ese dictamen oficial y reconocimiento oficial ya les vale».

Antes de acabar las preguntas (que fueron en realidad comentarios) del público, Otamendi quiso citar un ejemplo que merecía atención: «En la época del tripartito en Catalunya, el entonces conseller de Interior, Joan Saura, de ICV, supo de una comisaría de los Mossos que siempre tenía denuncias de tortura y tuvo el coraje de colocar microcámaras y grabaron las torturas a una mujer rumana y las hizo públicas. Los Mossos se quejaron e hicieron una manifestación en contra que CiU apoyó».

Santiago y Zubiaga

En conversación con NAIZ al salir de la sala, el diputado Santiago recordó que viene de un partido político «con más de 10.000 fusilados y decenas de miles de torturados» y opinó que «lamentablemente la tortura ha sido una práctica generalizada en muchos sitios». 

También citó el caso de la Real Casa de Correos, sede del Gobierno madrileño, el cual se opone a colocar una placa que recuerde la tortura acontecida allí cuando era sede de la DGS (asunto que surgió en la ronda de comentarios del auditorio). «La Ley de Memoria Democrática habilita a que haya un procedimiento para que se coloque y está en marcha. Entiendo la frustración de la gente pero una cosa es estar en el Gobierno y otra es estar en el poder. No creo que sea bueno empezar a hablar de responsabilidades porque yo por ejemplo estoy muy enfadado porque diez años después seguimos con la ley Mordaza del PP y los que votaron en contra con el PP todos sabemos quiénes fueron», dijo con algo de ironía, en alusión al voto en contra hace tres años de EH Bildu y ERC.

El senador Zubiaga, en tanto, lamentó la «pulsión autoritaria a escala global que se está trasladando de país a país, con unas derivas autoritarias que hace algunos años muchos no hubieran estado dispuestos a aceptar», y agregó en conversación con NAIZ que «el sistema de valores de las opiniones públicas de Occidente está con menor sensibilidad en derechos y libertades, lo que se puso en marcha en Guantánamo ha ido calando y ha desaparecido el Estado de Derecho a nivel internacional».

Sobre la lucha contra la tortura, opinó que «se puede volver más complicado porque lo que se define como el espíritu del tiempo, el sustrato de este tiempo, es mucho más tolerante a las vulneraciones de derechos y libertades producidas desde el Estado», y celebró que haya «espacios como estos». «Que se vea esto en el centro de Madrid significa que algo se ha movido y que el peligro que mencionaba de la pulsión autoritaria hace que sectores progresistas estén pensando en que hay que organizarse más y establecer lazos y una defensa común», concluyó.

El martes de la semana próxima habrá otra jornada en la misma sala sobre torturas en Euskal Herria, sin documental y con debate abierto. Los efusivos aplausos con los que se despidió a cada ponente y el film fueron el prólogo de conversaciones que siguieron en la calle Zurita entre abrazos e intercambio de contactos. Queda grabada la frase que eligieron para cerrar la primera jornada, con una víctima de tortura: «Nos las han hecho pasar putas, pero ellos no han ganado».

 

 

 

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jueves, 14 de noviembre de 2024

‘16.060 Egun’

Damos continuidad al caso de José Miguel Etxeberria, víctima del terrorismo de estado español, con este reportaje acerca del más reciente documental dedicado a la búsqueda de sus restos por parte de su familia.

Adelante con la información:


‘Naparra’, una esperanza que no se extingue ni en ‘16.060 días’

El ruido de la excavadora y el silbido del georradar se mezclan con el trino de los pájaros en un bosque de las Landas. Y sobre ambos se sobreponen las cavilaciones de Eneko Etxeberria, a ratos ilusionado y a ratos desesperanzado. Y así son ya ‘16.060 días’ de la búsqueda de ‘Naparra’ que no acaba.

Ramon Sola

Donde acabó ‘Bolante baten historia’ arranca ‘16.060 egun’, cortometraje estrenado este miércoles en la 66 edición de Zinebi en Bilbo y que se podrá ver este viernes en la Muestra de Cine y Derechos Humanos de Iruñea, en los Golem. Entonces (año 2021) la expectativa de la familia Etxeberria Álvarez se centraba que se excavase la segunda localización en que pudo ser enterrado José Miguel, ‘Naparra’, tras el primer intento fallido de 2017. Así que cuando esta nueva excavación se activó al fin, en abril pasado tras siete años de desesperante demora, Iñaki Alforja e Iban Toledo acudieron con sus cámaras, quién sabe si en busca del ‘The end’ de esta historia de terror iniciada allá por el 11 de junio de 1980, con la desaparición en Ziburu del militante vasco.

Tampoco pudo ser esta vez; la excavación realizada por militares franceses cumpliendo la comisión rogatoria de la Audiencia Nacional española, no precisamente exhaustiva, no halló nada. Pero los trabajos han sido recogidos en un corto que se convierte en una inmersión de 22 minutos en los infiernos de esta búsqueda.

Empezando por el título. Alforja explica que «queríamos un elemento de enganche y resultó que este número es redondo. Con él buscamos que la gente haga la operación inversa a la habitual: ¿cuántos años son estos 16.060 días? ¿Qué nos ha pasado a cada uno en estos 44 largos años? Pues ese es todo el tiempo que lleva su familia buscando a ‘Naparra’», constata.

En aquellos cuatro días en el robledal de las Landas, explica el director, hubo tiempo para esperanzarse y para deprimirse. Eneko Etxeberria subraya a NAIZ que en realidad siempre ha sido así, no solo en este último trance: «Esto es una montaña rusa interminable, en algunos momentos estás a tope y en otros te vienes abajo. Pero tengo claro que si se acaba la esperanza, no hay nada que hacer: ese sería nuestro fracaso y sería además su victoria».

Alforja destaca que en aquellas jornadas escudriñando cualquier detalle de la intervención de los militares vestidos de camuflaje «compartimos con Eneko las esperanzas y las incertidumbres, y finalmente un final triste, muy abrupto. El cuarto día fuimos allí a las 8.00, como cada mañana, pero nadie aparecía y la máquina estaba parada. A las 10.30 nos dijeron que ya habían hecho todo lo que tenían que hacer y se acababa su misión».

Desolador pero real. Y además, dejando de nuevo la duda indescifrable de si el testimonio de Arnau de la Nuez, personaje de las cloacas del Estado que aportó este hilo del que tirar, es cierto o no; de si quizás los «dos árboles juntos» que dice recordar no eran estos de aquí sino aquellos de más allá; de por qué no se rastrearon más metros o más intensamente...

El caso es que en esas cuatro frías mañanas en que la primavera todavía no asomaba entre Labrit y Brocas, el hermano de ‘Naparra’ se ilusiona y se desespera a partes iguales, en un resumen condensado de lo que han sido ya más de dos tercios de su vida (tenía 17 años cuando hicieron desaparecer a José Miguel). Una simple canción relacionada con un aniversario histórico hará brotar la ternura. Luego el fin de la búsqueda será un nuevo varapalo. Hay lágrimas en el cortometraje, pero también una convicción rotunda que no se diluye en ellas: «Lo lograremos seguro, seguro. Lograremos tenerlo en casa».

En el corto también hay reflexión, no solo emotividad. Eneko Etxeberria se pregunta a sí mismo «si acaso debería sentir odio. ¿Y qué conseguiría? Nada, ¿no?». Por encima de ello, lo que quisiera es «poder descansar un poco, porque es toda una vida en esta pelea». Ser algún día solamente Eneko Etxeberria Álvarez, no «el hermano de ‘Naparra’». Y zanjar la obsesión perenne, justificada: no tener que pasar a su hijo esta mochila tan pesada.

De no olvidar a por fin saber

Etxeberria y Alforja, desde sus prismas distintos, coinciden en subrayar que la tarea de difusión del caso (el libro de Jon Alonso, ‘Bolante baten historia’, ahora este ‘16.060 egun’...) ha conseguido al menos evitar que cayera en el olvido. Y eso es mucho. Para Eneko, «en ese sentido estamos contentos, sí que lo hemos conseguido. No solo con estos trabajos, la aceptación de la ONU de que se trató de una desaparición forzada nos dio un gran impulso».

El documentalista pone como ejemplo que en Zinebi «siempre nos han tratado muy bien» y que de hecho en el caso de ‘Bolante baten historia’ captaron allí el interés de productoras chilenas o argentinas, «a las que no hacía falta explicarles demasiado el asunto, claro, lo captaban enseguida». Toledo y él han puesto énfasis en contar la historia de la segunda excavación «de forma que pueda entenderse en todo el mundo». Si la primera película ya presentaba «los hechos», la búsqueda de 44 años, este corto ahonda más en «los sentimientos de Eneko. Por eso creo que son complementarias».

Su segunda inmersión en el caso de ‘Naparra’ le desata otra reflexión: «En Argentina hubo muchos casos de desaparecidos, pero aquí ha habido pocos, y por eso me llama la atención que sean tan poco conocidos para gran parte de la población. Han estado en el olvido muchos demasiado tiempo y es hora de saber qué pasó, para cumplir los principios de verdad, justicia y reparación».

En la actualidad, explica Etxeberria, el caso está de nuevo técnicamente cerrado a nivel judicial hasta que aparezca algún elemento nuevo. «En realidad falta una cuestión decidida por el juez Moreno cuando reabrió el caso en 2018, que es que las FSE localicen y lleven al juzgado a Arnau de la Nuez para tomarle declaración, pero no tenemos noticias sobre eso», matiza.

De nuevo una nebulosa por delante. ¿Por dónde reiniciar el camino? «Yo hay una cosa que tengo clara: hay gente que sabe lo que pasó, dónde está [José Miguel], quién lo hizo, por qué… Y todo eso está, pero siempre chocamos con la Ley de Secretos Oficiales de 1968», insiste. Vuelve a hablarse en el Congreso sobre una nueva ley que destape la información clasificada sobre este caso y todos los de guerra sucia, pero son ya varios intentos baldíos desde que Pedro Sánchez llegó a La Moncloa en 2018.

Mientras tanto sigue corriendo el calendario. Los 16.060 días con sus noches, una cifra, un título, ya quedan superados por la realidad. Y otro detalle revelador de la crueldad del caso: entre la primera y la segunda excavación pasaron cerca de 2.000 días, sin explicación oficial, tiempo perdido para al final acabar en el mismo punto de partida. «A estas alturas ya no nos sorprende nada –confiesa Eneko Etxeberria–. Se trata de violencia provocada por el Estado y en consecuencia no tiene ninguna voluntad de aclararla». Tampoco las autoridades francesas, por lo que se ve: el coronel que lideraba el grupo informó de que daban por concluida la tarea y se marchaban de allí al propietario del terreno, pero no al hermano de la víctima, presente todo el tiempo.

Casos y casos

‘16.060 egun’ pondrá otro grano de arena frente a un muro de silencio impenetrable desde 1980. Se da la circunstancia de que una gran plataforma ha producido y emitido recientemente una docuserie en varios capítulos sobre el secuestro del empresario Publio Cordón por parte de los Grapo en 1985, cinco años después. ¿Por qué no ‘Naparra’? ¿Alguien de grandes medios se ha interesado por ello alguna vez? Etxeberria apunta que en su día hubo algún tanteo «pero preferimos actuar con prudencia. Ves cosas que te ponen la mosca detrás de la oreja, nunca sabes qué punto de vista acabarán dando. Preferimos que se haga desde Euskal Herria».

Ante la misma duda, Iñaki Alforja remarca que «desde luego, estas historias son muy cinematográficas. Pero creo que hasta que no se levante la Ley de Secretos Oficiales franquista es muy difícil que esto se lleve a la gran pantalla. Y hay una frase en ‘Bolante baten historia’ que me parece muy certera: ‘El único crimen perfecto es el que comete el Estado’».




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miércoles, 2 de junio de 2021

Felipe el "Olvidadizo"

Dicen que Felipe Borbón olvidó a las víctimas del terrorismo de estado español durante la inauguración del Memorial españolista en Gasteiz.

No las olvidó... las ignoró.

Su propio padre es responsable de muchos actos de barbarie en contra del pueblo vasco -para especificidades el ocurrido ahí, en Gasteiz, el 3 de marzo de 1976-  y, junto a Felipe, ha recorrido el memorial alguien que de acuerdo a los fallos del Tribunal Europeo de Derechos Humanos ha sido aval de la tortura en más de una ocasión, Fernando Grande Marlaska.

Aquí les compartimos el artículo de El Nacional que ha dedicado a la esperpéntica muestra de colonialismo protagonizada ayer por una Madrid desvergonzada:



El discurso que ha dado Felipe VI este martes en Vitoria-Gasteiz, el País Vasco, poco tiene que ver con la realidad de lo que inauguraba. Junto con la reina Letizia y el presidente español, Pedro Sánchez, han inaugurado un Memorial a las Víctimas del Terrorismo, que excluye, precisamente, aquellos que fueron asesinados por la policía durante la protesta obrera del 3 de octubre de 1976 en esta ciudad.

Cinco obreros que se manifestaban por sus mejoras sindicales murieron a tiros y, posteriormente, diferentes asociaciones se han agrupado en lo que se conoce como Memoria Osoa, que lucha para restablecer la dignidad de estos desde entonces.

Gritos contra el Rey y Sánchez

La entrada de Felipe VI ha sido plácida, ya que la Ertzaintza ha aislado a los manifestantes, también a aquellos que protestaban contra Sánchez, a otros republicanos y a los que tildaban el estado español de "asesino".

La sede de este Memorial, el antiguo Banco de España, ha contado con el parlamento previo del Rey, que ha asegurado que, gracias a este nuevo centro, "se homenajea la memoria de todas las víctimas del terrorismo". Además, desde la Casa Real se marcan un propósito: "Tenemos que cumplir las finalidades como preservar y difundir la memoria de las víctimas", sin especificar cuáles.

De nada han servido las reivindicaciones efectuadas por los familiares y amigos de las víctimas del 3 de Marzo. Tampoco el intento del alcalde de Gasteiz, Gorka Urtaran (PNV), quien hace tres meses volvió a afirmar que "las víctimas del 3 de marzo tienen que tener un espacio en el Centro Memorial".

Desde el PSOE de Pedro Sánchez, justifican que este memorial sólo se dirige a las víctimas que han tenido un reconocimiento legal del terrorismo, entre las cuales se encuentran las de ETA, Grapo, GAL o el Estado Islámico. Las vulneraciones de derechos humanos sufridas en manos de la policía durante el franquismo o la Transición no se tienen en cuenta. Algunos medios locales y periodistas han recogido la llegada del monarca.

El Memorial inaugurado

El Memorial de Víctimas del Terrorismo de Vitoria-Gasteiz ha destacado siempre que uno de sus principales elementos es una reproducción del zulo en que estuvo secuestrado José Antonio Ortega Lara. El Banco de España acoge una reproducción del habitáculo a partir de toda la documentación que tiene el Memorial, que han visitado los Reyes.

El Memorial también cuenta con su parte audiovisual: en la que hay testimonios de víctimas del terrorismo o resúmenes sobre la historia de organizaciones terroristas. En la ambientación hay sonidos reales de llamadas amenazadoras o recuerdos de manifestaciones que se han vivido a lo largo de la historia.

 

Por cierto, con respecto al zulo visitado por Felipe Borbón y Franco, las redes no han esperado mucho para conectar el entonces y el ahora:

 


 

El texto dice: La réplica del zulo de Ortega Lara que han inaugurado en Vitoria es un "coqueto loft diáfano con muchas posibilidades" de 600€ al mes en Madrid.

Pues bien, una pareja ya se ha interesado en "las posibilidades", pobres, ambos están en condiciones de vida sumamente precarias, a punto de ser violentamente desalojados por los mamporreros fascistas de Desokupa, de su vivienda subsidiada por los contribuyentes españoles. Vean:

 



 

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martes, 1 de junio de 2021

Los «Pilares Éticos» de Felipe Borbón

Iñaki Egaña ya nos había adelantado algo con su publicación inspirada en el entonces pronto a inaugurarse Centro Memorial para las Víctimas del Terrorismo, un auténtico Disneyland del revisionismo españolista.

Pues bien, por medio de este reportaje publicado por Naiz, se confirman muchas de nuestros peores vaticinios.

Aquí la información:


Las autoridades vascas, convidadas de piedra en el Memorial para las Víctimas del Terrorismo

Recibir, saludar, posar, ver, oír y callar; ese ha sido el papel de las autoridades vascas en la inauguración del Centro Memorial para las Víctimas del Terrorismo de Gasteiz, en la que el protagonismo ha recaído en Felipe de Borbón. El centro abrirá este miércoles sus puertas al público.

Iñaki Iriondo

Ni Iñigo Urkullu, lehendakari de la Comunidad Autónoma del País Vasco, en la que por ley se decidió en el Congreso que tuviera su sede el Centro Memorial para las Víctimas del Terrorismo; ni Gorka Urtaran, alcalde de la ciudad en la que se ha construido, han podido decir nada en su inauguración. Solo ha habido lugar para los discursos del director del Memorial, Florencio Domínguez, del presidente de la Fundación de Víctimas del Terrorismo, Tomás Caballero, y del rey de España, Felipe de Borbón.

En consecuencia, tampoco ha habido lugar para el euskara en el acto, más allá de un breve saludo de Florencio Domínguez y de que Felipe VI haya citado en ambos idiomas los cargos institucionales locales.

Reproducción del zulo de Ortega Lara

El centro abrirá sus puertas al público este miércoles. Cuenta con tres plantas. En la baja se ha colocado, entre otras cosas, una reproducción del zulo en el que estuvo secuestrado el funcionario de prisiones José Antonio Ortega Lara. En esta planta se encuentra también el centro de documentación.

En el primer piso hay objetos personales donados por la familia de Jesús Velasco, jefe del Cuerpo de Miñones desde 1974, al que ETA mató en 1980. También hay una obra de Agustin Ibarrola alegórica de la muerte a tiros del periodista José Luis López de la Calle. Figura además una cronología de atentados desde 1960 hasta la actualidad.

En la segunda planta se ha instalado lo que se denomina «sección discursos y prácticas de odio» oficialmente dividida en cuatro partes: «primero, ETA y el terrorismo nacionalista radical; segundo, el de ultraderecha y parapolicial; tercero, el de extrema izquierda, sobre todo los grapos; y cuarto, el yihadista».

No se informa de otras reproducciones

Hay también una llamada «sección respuesta al terror», que está dedicada a «la reacción policial, judicial, política y social». La nota oficial no dice nada de que haya ninguna reproducción de las instalaciones en las que fueron torturados Lasa y Zabala antes de que dispararan mortalmente contra ellos, ni de las bañeras por las que pasaron miles de detenidos, tampoco de las picanas y electrodos.

Los actos de inauguración han comenzado sobre las 12,45 con todos los representantes institucionales, incluidos el presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, y el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, y las autoridades locales, esperando la llegada de Felipe de Borbón y su esposa Letizia Ortiz, que los han saludado uno a uno llevándose la mano al pecho. Después han formado y una pareja de dantzaris les han dedicado un aurresku.

Además de las movilizaciones de protesta convocadas en las inmediaciones, al lugar se han acercado también elementos de la derecha con banderas de España que han vitoreado a los reyes y abucheado a Pedro Sánchez, además de pedir la dimisión del ministro de Interior, Fernando Grande Marlaska.

Después de que el rey descubriera una placa, las autoridades e invitados han entrado en el centro para participar en una visita guiada al memorial.

Pacto de 2000, rechazado en Euskal Herria

El acto ha concluido con los discursos que han recorrido los lugares comunes en estos casos. El presidente de la Fundación de Víctimas del Terrorismo, Tomás Caballero, ha roto un poco el protocolo antes de iniciar su alocución para confesar que «he pasado un mal rato con la visita de hace un momento». Después ha arrancado su discurso señalando que «cuando hacemos el repaso de la lucha contra el terrorismo en España coincidimos en señalar el Pacto Antiterrorista del año 2000 como un hito esencial. La herramienta más poderosa frente a los violentos, al vertebrarse gracias al consenso de los demócratas».

Se trata de una cita poco inocente, puesto que aunque Tomás Caballero ha destacado que en ese acuerdo se decidió la creación de la Fundación, tampoco se puede olvidar que su preámbulo recoge afirmaciones como que «el retorno de ETA a la violencia terrorista, tras el cese temporal anunciado en septiembre de 1998, ha puesto dramáticamente en evidencia la situación en el País Vasco. Con ello, ha quedado también de manifiesto el fracaso de la estrategia promovida por el PNV y por EA, que abandonaron el Pacto de Ajuria Enea para, de acuerdo con ETA y EH, poner un precio político al abandono de la violencia. Ese precio consistía en la imposición de la autodeterminación para llegar a la independencia del País Vasco». Estos partidos e incluso el Gobierno de Lakua de aquellos años fueron muy críticos con ese pacto, que desde luego no suscribieron. El «consenso» del que ha hablado Caballero no fue tal en Euskal Herria.

Carrero Blanco y Melitón Manzanas, ¿referentes?

También el discurso de Felipe VI ha caído en las habituales generalizaciones de este tipo de actos, al asegurar que las víctimas, todas ellas, son «uno de los pilares éticos de la democracia». Ha insistido en ello al afirmar que el Centro Memorial será «un referente internacional para la visibilidad de las víctimas del terrorismo, de su memoria y dignidad y, por tanto, para el fortalecimiento de los valores democráticos que las víctimas representan y que nos hacen mejores como sociedad».

Según la literalidad de estas palabras del monarca, Luis Carrero Blanco o Melitón Manzanas, ambas víctimas de ETA, son ya por ello «pilares éticos» de la democracia que fortalecen unos valores «que nos hacen mejores como sociedad».



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viernes, 5 de marzo de 2021

Cronopiando | Brillante Iniciativa

Como siempre, acertado, nuestro amigo Koldo Campos expone en toda su miseria la balandronada llevada a cabo por Madrid que consistiese en la destrucción de los arsenales de ETA y los GRAPO utilizando para ello una aplanadora.

Lean:


Brillante iniciativa

Koldo Campos Sagaseta | Cronopiando

Sugería Ramón Sola ayer en un muy atinado artículo publicado en Gara/Naiz, que en ese espectáculo ofrecido por el gobierno español y la guardia civil en un cuartel de la benemérita en el que una apisonadora convirtió en chatarra armas de ETA y del GRAPO, faltaron armas por entregarse y destruirse. Echaba en falta Sola en recuerdo de los miles de vascos torturados “unas bolsas de plástico, a ser posible transparentes, como recomendaba «El Alemán» de Intxaurrondo. Rasgar unos listines de teléfono, de aquellos de los 80 y 90. Cortar con unas tijeras unos electrodos. Hacer jirones una manta. Desmontar una bañera como la de Mikel Zabalza...”.

Aplaudo y suscribo su idea y la necesidad de que la apisonadora, ya que no entonces, vuelva a hacer su trabajo y a hacerlo bien, aunque no sea en un cuartel y con el presidente español al lado. Mejor en la calle, en la plaza del pueblo. Y aunque sé que el catálogo es muy amplio, me permito sugerir algunas otras armas para que la apisonadora las pulverice: unas cuantas docenas de togas y birretes y puñetas supremas y nacionales; otras tantas cajas registradoras, chequeras, tarjetas, bolsas y, sobre todo, que la apisonadora no se olvide de unos cuantos televisores, radios y periódicos que casi vienen a ser casi todos porque casi todos son el mismo.

(Preso politikoak aske)

 

 

 

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viernes, 1 de enero de 2021

Anuncian Diez Traslados Más

2020, el año de la pandemia, ha cerrado con el aviso del traslado de una decena de represaliados políticos vascos -aún presos a pesar de la década larga de que haya iniciado del proceso de paz y reconciliación- a centros penitenciarios menos alejados de Hego Euskal Herria.

La información nos la proporciona el portal Timis:


Diez presos vascos serán acercados y uno trasladado al País Vasco

Hasta la fecha, es el movimiento más grande en el proceso de acercar a los presos

Dioni Abaurre

Según el Ministerio del Interior, la Secretaría General de Prisiones ha aprobado el traslado de diez presos vascos a cárceles del País Vasco y el traslado de uno al País Vasco. Los presos vascos Iñigo Guridi, Igor Portu, Ainhoa ​​García, Manex Castro, Fermin Vila, Juan Carlos Besance, Javier Gallaga, Juan Carlos Iglesias, Iker Lima y Endika Garate, y Josune Arriaga. Es el mayor movimiento de presos anunciado hasta ahora en un solo golpe.

Arriaga cumple condena en Topas (460 km) y será trasladado a la cárcel de Pamplona. Fue encarcelado en mayo de 2010 para cumplir una sentencia de 23 años y cumplirá tres cuartas partes en diciembre de 2023.

Según el Ministerio del Interior, ha aceptado la legislación penitenciaria, ha dejado de lado la violencia y ha reconocido el dolor que ha causado, y ha aceptado pasar del primer al segundo grado.

El resto ha sido aprobado por Instituciones Penitenciarias.

Se acercarán a Juan Carlos Besance y Juan Carlos Iglesias Dueñas (315 km). Besance está en Huelva (1.000 km) y cumple una condena de 30 años desde octubre de 2010; En 2033 cumplirá las tres cuartas partes. Iglesias, en cambio, está en Villena (700 km); Fue sentenciado a 30 años de prisión en julio de 2003 y cumplirá las tres cuartas partes de su condena en 2031. Se les colocará en segundo grado a partir de ahora, después de reconocer el dolor causado y comprometerse a no usar la violencia.

Fermín Vila también está preso en Villena y será trasladado a Zuera (245 km). Se incorporó en 2014 para cumplir una condena de 30 años y cumplirá las tres cuartas partes en diciembre de 2036. Pasarán al segundo grado.

Iker Lima se trasladará de Huelva (1.000 km) a Mansilla (370 km). Fue encarcelado el 25 de noviembre de 2002 y cumple una condena de 25 años; Cumplirá las tres cuartas partes de su condena en agosto de 2021. Él es el único al que no se le colocará en segundo grado; harán flexible el primer grado.

Iñigo Guridi también será trasladado a Mansilla. Fue encarcelado en febrero de 2001 y cumple una condena de 30 años en Jaén (775 km). Completará las tres cuartas partes en junio de 2023. Las instituciones penitenciarias han acogido con agrado la progresión de grado, reconociendo que la legislación penitenciaria reconoce el daño causado.

Igor está preso en Portu Córdoba (835 km) y será trasladado a Daroca (345 km). Fue encarcelado el 11 de enero de 2008 y está cumpliendo una condena de 40 años. Cumplirá las tres cuartas partes de su condena en junio de 2035. El Ministerio del Interior dice que aprobó una legislación penitenciaria y presentó una orden judicial para suspender «los vínculos con actividades terroristas». Pasarán del primer grado al segundo.

Javier Gallaga también será trasladado a Daroca, desde Córdoba. Ha estado en prisión desde diciembre de 2004 y cumplirá las tres cuartas partes de su condena de 30 años en junio de 2027. También estaba en primer grado, y las Instituciones Penitenciarias acordaron pasar al segundo, argumentando que se niega a usar la violencia y acepta el dolor que causa a las víctimas.

Manex Castro también será trasladado a Daroca desde la prisión de Puerto III (1.020 km). Ha estado cumpliendo una condena de 40 años desde marzo de 2009 y cumplirá las tres cuartas partes de su condena en 2039. Como el resto, pasará del primer al segundo grado, argumentando que apoya la legislación penitenciaria y ha dejado de lado la “actividad terrorista” por escrito.

Ainhoa ​​García está cumpliendo una sentencia de 30 años en Topas y cumplirá las tres cuartas partes de su sentencia en marzo de 2035. A propuesta de la Comisión de Tratamiento Penitenciario, se ha aprobado su colocación en segundo grado y su traslado a la cárcel de Asturias (385km). El Ministerio del Interior destacó que además de aprobar la legislación penitenciaria, García rechaza la violencia y reconoce el dolor que ha causado.

Finalmente, Endika Garate se encuentra en la cárcel de Puerto I (1.020 km) y será acogido por Dueso (170 km). Ha estado en prisión desde abril de 2016, cumpliendo una condena de 30 años, y en 2029 cumplirá tres cuartas partes de su condena.

133 acercamientos y repatriación vasca

Desde que Pedro Sánchez asumió la presidencia del gobierno en junio de 2018, se han trasladado 133 presos: 31 al País Vasco y 102 a cárceles del País Vasco circundante. Además, a 66 presos se les otorgó un segundo grado y a dieciocho un tercero.

Además de los 11 presos vascos, uno de los GRAPO también será trasladado de Castellón a Madrid -Manuel Pérez Martínez, Camarada Arenas- , por lo que son doce las maniobras anunciadas por el Gobierno.

En respuesta, la asociación de víctimas de AVT dijo que el ministro del Interior, Fernando Grande-Marlaska, había dado «doce campanas» cerca de estos presos, y recordó que hoy se cumplen catorce años desde que ETA colocó un explosivo en el aeropuerto de Barajas y mató a dos personas.

El preso Igor Portu está acusado de realizar el atentado, y entre quienes se acercarán a él, la AVT destacó que es «aún más doloroso» para las víctimas anunciar estos acercamientos en el aniversario del atentado.

 

 

No es para nada una sorpresa la furibunda e inhumana reacción por parte de la AVT.

 

 

 

 

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sábado, 8 de agosto de 2020

Egaña | Bateragune

El caso Bateragune no es una vergüenza para el régimen español, es una vergüenza para toda Europa que, complaciente, ha permitido a Madrid todo abuso de autoridad con el que ha podido salir.

Especialmente vergonzoso es lo llevado a cabo en contra del pueblo vasco sin que ni una sola institución europea haya echo algo contundente para detener tanta alevosía, recordemos que el Tribunal Europeo de Derechos Humanos sito en Estrasburgo ha fallado en numerosas ocasiones a favor del reino y en contra de los derechos humanos, civiles y políticos del pueblo vasco. El caso Bateragune es la punta del iceberg.

Hoy, traemos a ustedes la opinión de Iñaki Egaña acerca de este esperpento:

 

Bateragune

Iñaki Egaña

La detención de los imputados en el llamado caso Bateragune, hoy absueltos después de cumplir la condena integra, y paralelamente la gestión del Estado español del que debiera haber sido un Proceso de Paz, con el desmantelamiento y disolución de ETA, se ha conformado como uno de los hitos, en negativo, del periodo constitucional español abierto a la muerte del dictador.

Como en otras ocasiones, la inteligencia española falló estrepitosamente en sus previsiones e impulsó a los gobiernos sucesivos (Zapatero-Rubalcaba y Rajoy), a tramitar un guion que sonaba a “solución final”, victoria inapelable por 8-0, retirada y humillación del contrario y a otra cosa mariposa.

Para ello contó con el apoyo habitual de sus pilares, medios de comunicación, patronal, jueces, policías y organizaciones políticas. Incluso, como habían hecho antes con el 11M, viajaron a Washington para convencer al entonces equipo de Obama y Hillary Clinton y por extensión a la OTAN, que la opción elegida era la correcta, que el Informe que llevaban estaba sustentado en análisis irrefutables y que el conflicto vasco se iba a diluir como un azucarillo en un vaso de agua.

Aquel informe, del que conoceremos sus detalles tras la desclasificación del mismo en EEUU o su filtración en un nuevo WikiLeaks, decía que “el bebé se estaba ahogando en su propia leche”. Que no era operativo el fin de ETA porque sus rescoldos permitirían durante años mantener una política securitaria acorde con la tendencia internacional y, sobre todo, introducir al separatismo vasco en el baúl del terrorismo internacional (yihadista). Que unos cuantos atentados al año e incluso algunas muertes eran asumibles por la consolidada democracia española. Pérez Rubalcaba, el cabeza visible de aquella estrategia, repitió en más de una docena de ocasiones que ETA se iba a convertir en un segundo GRAPO.

La exposición de la inteligencia española añadía que el proyecto independentista, gracias a la Ley de Partidos, daba muestras de agotamiento y que en poco tiempo el cerco electoral daría sus frutos definitivamente. Los 40.000 contaminados se convertirían en el doble en poco tiempo y el flujo biológico sería incapaz de ir más rápido que su contención. En refuerzo de esa tesis, ya se enviaba a cientos de jóvenes a prisión con la intención de cortar el cordón umbilical.

En este escenario, cualquier apuesta en el sector independentista por virar su estrategia sería criminalizada. Porque la paz no entraba en la ecuación. La guerra, aunque de baja intensidad, aunque en ocasiones ficticia, daba más réditos a Madrid que cualquier otra opción. Las asociaciones de víctimas del terrorismo se convirtieron en arietes de esta estrategia, en actores políticos y en vanguardia mediática, alentados desde Interior y cubiertos desde el Tesoro.

El Informe contaba también con un apartado intuitivo supuestamente sólido, fruto de escuchas, confidencias de soplones, grabaciones a abogados y en cárceles, declaraciones bajo torturas y seguimiento de los medios afines al independentismo: la escisión era cuestión de tiempo. Con un anexo histórico en el que con flechas y diagramas se dibujaban decenas de teóricas disidencias y rupturas. No tenían en cuenta, sin embargo, que, en 30 años, con alguna excepción (Aralar), la izquierda abertzale había sido monolítica.

Todo parecía atado. En la Comunidad Autónoma Vasca gobernaba el PSOE con el apoyo del PP, en la Foral Navarra UPN también con el apoyo del PP. El Tribunal de Estrasburgo avalaba la Ley de Partidos y el Supremo español confirmaba las condenas a los solidarios con los presos que habían coordinado Gestoras pro Amnistía. Y entonces, para completar el puzle, llegaron las detenciones de Bateragune. Unas semanas después, la mayor razia contra los jóvenes independentistas. Objetivo, detener a medio centenar, algunos de los cuales lograron huir.

Algo sin embargo descarrilaba del Informe de inteligencia. Consecuencia de confundir objetivos con resultados, de objetivar lo subjetivo, de avanzar las conclusiones cuando la tesis aún está en desarrollo. Aunque algunos de los autores del escrito base para el viraje político de la izquierda abertzale habían sido encarcelados, su texto se movió con gran rapidez. En 10 días, 250.000 “bajadas” desde Gara.

Y fue en ese inicio de 2010 que en Madrid comenzaron a aflorar los nervios. El juez Garzón, que había ordenado las detenciones, salió a los medios a decir que el debate de la izquierda abertzale se la fumaba que “son realizados en clave de poder de decisión en el seno del complejo terrorista y sin trascendencia hacia el exterior”. Y llamó idiota a quien creyera que el viraje era posible. Unas declaraciones suficientes para anular el proceso. Arte y parte.

Rubalcaba salió a la palestra, poco después, anunciando atentados inminentes. A una patronal aparentemente relajada transmitió que tenía datos solventes para señalar que un secuestro estaba próximo. Hasta en Leitza un guardia civil anunció que había sufrido un atentado. Falso también. La dirección de las Fuerzas de Seguridad, que unos meses antes habían señalado que ETA estaba inutilizada, alumbró un sorprendente comunicado: “ETA tiene ahora mismo la infraestructura operativa necesaria para atentar en los próximos días”.

Han pasado diez años desde entonces. Diez intensos años. Aquellos del viraje, que se inició con el polo soberanista, se han convertido en la principal fuerza municipal de Euskal Herria. Con un notable ascenso electoral en las últimas autonómicas de Gasteiz. Con un porcentaje de incidencia política y electoral sostenido y similar en sus 686 municipios.

Catalunya ha abierto la puerta a su independencia, desnudando a Madrid que nuevamente ha dado señales de su naturaleza represiva. El rey que pilotó su restauración a la muerte del dictador está en fuga, como su abuelo Alfonso XIII. El evidente fracaso de aquel Informe definitivo de la inteligencia española es de la misma magnitud que su arrogancia. ¿A quién corresponde la derrota?

 

 

 

 

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domingo, 10 de mayo de 2020

Esparza Zabalegi | Entrevista a Billy el Niño

Desde Facebook traemos a ustedes esta entrevista a un personaje muy particular, uno que personifica la españolidad a lo Fernando Savater, a lo Arturo Pérez-Reverte, a lo Joaquín Sabina.

Lean ustedes:

Entrevista en el Limbo a Billy en Niño

Jose Mari Esparza Zabalegi | Editor

Quienes me siguen en la prensa local saben que suelo hacer entrevistas en el Limbo a gente fallecida. Una licencia literaria, que me permite hacer hablar a quienes ya no pueden hacerlo. Y del Limbo regresaba -con los años cada vez estoy más por allí- cuando me crucé por el camino con Billy el Niño, a quien el coronavirus acababa de dar avío a la Eternidad.

Imagínense la escena: los dos parados en aquellas soledades cósmicas, como cuando se encuentran dos montañeros en alguna cumbre. Guardando la distancia de seguridad, nos sentamos a descansar en un rabo de nube. Me di cuenta que el hombre tenía ganas de hablar y que venía muy enfadado de su paso por la Tierra. Aproveché la ocasión y, por provocarle, le solté lo que pensaba de él: “Billy, eres un ser abyecto. Naciste en la Extremadura del hambre, y en lugar de dedicarte al toreo, o convertirte en revolucionario vasco como tu paisano Txiki, o simplemente, ser un emigrante honrado, te dedicaste al arte de perseguir a los demás, machacarlos en comisaría y hacinarlos en mazmorras. A pura fuerza bruta subiste hasta la cima de la Brigada Político Social, escalando sobre los cuerpos magullados de cuantos caían en sus manos. Ahora, hasta Wikipedia te pone como chupa de dómine. Te condenarán aquí arriba, ya que la jueza Servini no ha podido hacerlo ahí abajo. ¿Cómo te sientes?”.

Para mi sorpresa, en lugar de verlo abajado por el vituperio primero y el coronavirus después, me encontré con un hombre altivo y de un discurso cruel, pero coherente: “Sí, yo fui un torturador. ¿Y cuál es el problema? Cumplía órdenes, era el franquismo, todos hacíamos lo mismo. Políticos y jueces nos lo ordenaban, la prensa aplaudía, la Iglesia bendecía. ¿Por qué tengo que ser el único paganini y no esos que se hicieron demócratas de repente, empezando por los Borbones? Mira mi amigo y compañero Melitón Manzanas: en 2001 le concedieron la Gran Cruz de reconocimiento civil y millonarias indemnizaciones a su familia como víctima del terrorismo. ¿No torturó tanto o más que yo? Y si todos torturábamos en nombre del gobierno franquista, ¿por qué Carrero Blanco, nuestro jefe supremo, ha recibido tantos honores y prebendas?”.

Por seguir tirándole de la lengua, le digo que esos mismos honores los hubiera tenido él, si lo hubiera matado la ETA. “¡Por supuesto, eso es lo que me indigna! -responde airado- Si los etarras me hubieran pegado un tiro junto a Melitón, o volado junto a Carrero, ahora sería un héroe de España y mi familia tendría el riñón cubierto. Pero como no lo hicieron, me echan a las pezuñas del oprobio y el vilipendio”.

“Además -continúa Billy- si fui tan malo en el franquismo ¿por qué en 1977, ya con gobiernos democráticos, me enchufaron en la Brigada Central de Información, para seguir haciendo lo mismo con el Grapo, con los de ETA y con cuantos caían en mis manos? ¿Acaso Adolfo Suárez y Felipe González no sabían de mis métodos y de mi experiencia profesional? ¡Por supuesto que lo sabían! Yo seguí haciendo lo mismo bajo otros mandos. Y por eso Rodolfo Martín Villa, otro converso, me entregó la medalla de plata al Mérito Policial. Y posteriormente otras tres medallas más, todas en la democracia”.

Me muevo inquieto en el rabo de nube. Billy tiene razón. A él no lo condecoró el franquismo, sino quienes vinieron después. Aparento empatizar con él y le digo que eso ocurría en los inicios de una débil democracia, amenazada por el golpismo y los vascos malos… “¡No me vengas con cuentos! -me espeta cabreado-. Tortura, tortura, lo que se dice tortura, y a mansalva, fue lo que vino después, en la sacrosanta democracia. A nosotros no se nos fue tanta gente en la bañera, el potro o la picana como a los que nos sucedieron. Arregi, Gurutze, Zabalza, Geresta, Lasa, Zabala ¡Qué falta de profesionalidad! Hace falta ser torpes para poner la cabeza como se la pusieron a Unai Romano, pero claro, eso el juez Grande-Marlaska no lo veía y, aún así, ha acabado de Ministro de Justicia. ¡Toma ya! Como el juez Garzón, que casi le dan el Premio Nobel de la Paz. O Sánchez Corbí, condenado por “relajar” a Kepa Urra y acabó de jefe del operativo de Catalunya. O Gil Rubiales, que después de darle pasaporte a Arregi lo enviaron de comisario jefe a Canarias. La tortura, en la democracia, ha sido la escalera de los ascensos. ¿Por qué se meten ahora conmigo? Pues para tapar con la capa de la lejanía sus desaguisados actuales. Y espera, que ya son más de 4.000 denuncias de torturas las que ha aceptado el Gobierno Vasco, y las que van a seguir viniendo. ¿Cuántos Billy el Niño, y peores que yo, hay detrás de todas esas denuncias? Dentro de unos años, cuando los verdaderos culpables se sientan seguros, buscarán otro cabeza de turco como yo, y comenzarán a perseguirlo como a mí, para que la gente crea que la justicia funciona y que vive en un país decente. Así funciona España”.

“Jobar Billy -le digo- te voy a tener que dar la razón”.

Nos despedimos. “¿Voy bien camino del Limbo?” -me pregunta-. Le digo que no, y sin dudar le señalo otro, un alcorce hacia las calderas de Pedro Botero. Y hacia allí se dirige, confiado, libre ya de cámaras y periodistas. Al final, pienso mientras regreso, no es más que un pobre diablo, al que el coronavirus ha librado de su verdadero infierno terrenal. Este virus cabrón debería afinar la puntería y disparar más arriba.






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lunes, 3 de febrero de 2020

Un Infierno Llamado Herrera

Recientemente se llevó a cabo un ejercicio de memoria histórico alrededor de un archirreconocido sitio de terror fascista. 

A los regímenes autoritarios les gusta mostrar su lado más sanguinario en sitios como ese.

Pues bien, a su justa escala, aquí traemos otro ejemplo desde las páginas de Gara:


Herrera de la Mancha es un nombre grabado con dolor y muerte en la historia vasca reciente. Un libro del doctor en Historia Eduardo Parra Iñesta (nacido en Puertollano, en la misma Ciudad Real) aborda la trayectoria del penal desde su construcción en 1979 hasta que en 1990 «dejó de ser la prisión de castigo por excelencia en el mapa penitenciario español». Un «infierno» al que no sobrevivieron cuatro vascos en tan pocos años.

Ramón Sola

De la realidad de Herrera de la Mancha en los 80 ya habían dado cuenta en sus libros algunos vascos que la padecieron en carne propia, como Anjel Rekalde, Mitxel Sarasketa o Jokin Urain. Esta tesis doctoral de Eduardo Parra, editada por Pamiela bajo el título ‘‘Herrera de la Mancha, prisión de castigo’’, la inserta en su época sin minimizar su historia trágica.

La cárcel-guardia de la reforma estatal posfranquista

«Herrera funcionó como la cárcel de guardia del sistema. Si te portabas mal en la calle, ibas a la cárcel. Si te portabas mal en la prisión, ibas a Herrera de la Mancha –resume el autor–. Así, la prisión manchega recibió en cada momento al colectivo de reclusos que preocupaba más a la Administración». Fue inaugurada trasladando allí a los presos sociales de la combativa Coordinadora de Presos en Lucha (COPEL), les siguieron los de los GRAPO y más tarde fue la cárcel que concentró a los de prisioneros de ETA antes de optarse por su dispersión sistemática.

Herrera fue justificada desde el Gobierno de UCD como necesidad derivada de la Ley General Penitenciaria, que presuntamente buscaba «actualizar los métodos y los recintos» después del franquismo. Se entendió que para ello hacía falta un penal en el que encerrar a algunos colectivos problemáticos, «limpiando» el resto. Como sentenció el que fue director de Instituciones Penitenciarias desde 1978, Carlos García Valdés, «la reforma no es Herrera, pero pasa por Herrera».

La Long Kesh de Bobby Sands, entre los penales inspiradores

El propio García Valdés concretó que para diseñar el entramado de Herrera se tuvieron en cuenta los modelos de la cárcel de Albany, en la isla de Wright (Inglaterra), Nordtälpe (Suecia), Stanmmheim (Alemania) y Long Kesh (norte de Irlanda). En el Bloque H. de esta última ayunaría hasta morir el preso del IRA Bobby Sands en 1981. Indica Parra que «en la época se estaba produciendo un cambio en la cultura del control punitivo hegemónico, como señalan los estudios de David Garland. Se produjo un declive del ideal de rehabilitación y el castigo apareció de nuevo como un propósito respetable para la opinión pública».

Geográficamente Herrera estaba en medio de la nada (el núcleo más importante, Manzanares, distaba diez kilómetros), pero aparecía bien comunicada con Madrid, lo que facilitaba traslados de presos a la Audiencia Nacional o irrupciones policiales «en corto espacio de tiempo», destaca el autor. El presupuesto fue «enorme» para la época, 600 millones de pesetas, y en la construcción participaron 600 trabajadores, incluidos 60 presos en tercer grado. El muro que la circundaba tenía tres metros de profundidad y estaba relleno de hormigón para impedir cualquier fuga.

Malos tratos desde el principio

Los malos tratos a prisioneros fueron una constante desde el inicio, hasta el punto de que hubo funcionarios que denunciaron la actitud de sus compañeros. Uno de ellos, José Antonio Álvarez Tutor, lo describió así: «Los presos venían bastante asustados. Había esperándoles muchos funcionarios, que los trataron de forma dura y despótica. En el patio ya se les pegaba continuamente. Yo no ví que los funcionarios formaran un túnel, sino que allí cada uno pegaba a su aire, usando las porras (...) Se les pateaba literalmente. En los cacheos se les obligaba a abrir exageradamente las piernas y a apoyarse sobre los índices, y siempre había algún gracioso que tiraba de una de las piernas, por lo que los internos caían al suelo (...) Yo observé cómo presos, al cabo de tres meses en Herrera de la Mancha, estaban deshechos. Les ví entrar allí con 25-28 años y al poco tiempo aparentaban 45».

Ya en 1981 se procesó a doce carceleros. Tres fueron absueltos y nueve condenados, si bien solo por «rigor innecesario» y no por «malos tratos o tortura». En total, 23 años y diez meses de suspensión, pero ni un día de cárcel.

Los GRAPO y el primer muerto: «Kepa» Crespo Galende

El choque de los GRAPO con el sistema carcelario era frontal y había derivado en la muerte a tiros del director general de Instituciones Penitenciarias, Jesús Haddad, en marzo de 1978 en Madrid. Aunque fue la fuga de cinco presos de Zamora en diciembre de 1979 la que desencadenó el traslado inmediato a Herrera de los prisioneros de esta organización y del PCE (r). Allí permanecerían hasta la llegada de los de ETA en 1983. A Enrique Galavís, también responsable de II.PP. en aquella época, le atribuye el libro la frase: «A los ‘grapos’ habrá que meterles en cajones de cemento».

Entre 20 y 40 de ellos estuvieron encerrados en el penal manchego en esos años. Uno no salió con vida: la huelga de hambre en denuncia del aislamiento o las palizas en Herrera, paralela a la que realizaban Sands y sus compañeros en Irlanda, fue llevada hasta la muerte por Juan José Crespo Galende, que expiró en el hospital el 8 de junio tras 86 días sin ingerir alimento sólido alguno. «Kepa» había nacido en Abanto 26 años antes. «Quién podrá resistir esa mirada», escribió Alfonso Sastre en su obituario, ilustrado con la foto de Crespo moribundo. El régimen se suavizó un tanto, pero los GRAPO siguieron en Herrera hasta que se decidió vaciar el penal para dar cabida a los de ETA.

Los presos de ETA, de Soria a Herrera, pasando por Puerto

Si los presos de los GRAPO estaban en lucha en Herrera, los de ETA lo hacían en Soria, con iniciativas tan impactantes como el corte de venas colectivo de 1979. «A partir de junio de 1980, el Gobierno comenzó a barajar la posibilidad de trasladarlos más lejos. Aquel fue precisamente el año en que tuvieron lugar mayor número de atentados por parte de la organización –recuerda Parra–. Un año más tarde, en julio de 1981, 120 internos fueron llevados a El Puerto de Santa María, a unos 1.000 kilómetros de sus hogares, mientras que el resto se quedaron en Soria y Carabanchel, a excepción de las mujeres, custodiadas en Yeserías. El número total de reclusos relacionados con ETA había aumentado desde los 170 en enero de 1980 hasta los 350 de mayo del año siguiente».

‘‘Punto y Hora’’ publicó el régimen de vida aplicado en Herrera a finales de 1983. El control opresivo queda de relieve en normas como «no podrán tener en la celda más de cinco libros», «dispondrán de un día a la semana de agua caliente» o «usarán de forma obligatoria audífono para escuchar el transistor». Los vis a vis estaban prohibidos, las conversaciones se grababan y las cartas estaban restringidas a dos hojas por semana.

Joseba Asensio, un fonendoscopio para una tuberculosis

Mediada ya la década de los 80 se iban a empezar a concatenar las muertes de presos vascos en Herrera, tras la de Crespo Galende en 1981. Joseba Asensio Kirruli sería hallado muerto en su celda el 8 de junio de 1986, con apenas 27 años y cuando ya estaba a punto de concluir su condena.

Los forenses pusieron en evidencia que lo mató la desasistencia más que la tuberculosis. Esto decía su informe: «En la cárcel solo cuentan con fonendoscopios y para estos casos es absolutamente imprescindible la realización de pruebas radiológicas y otras complementarias que puedan derivarse (...) Al no habérsele detectado la enfermedad por falta de medios adecuados no se adoptaron las medidas oportunas para atajar la infección pulmonar que padecía desde 1981».

La jefa del servicio sanitario de la prisión fue juzgada con petición fiscal de seis años, que la acusación particular subía a ocho. Admitió que le había recetado un medicamento entendiendo que tenía catarro. Se probó también que no había un solo médico en prisión cuando Kirruli fue hallado muerto. Nuria Castro salió absuelta, pero el fallo precisamente probaba la desasistencia. En un alarde de absurdo, la exculpaba porque con un fonendoscopio era imposible detectar la tuberculosis, «que se ve, pero no se oye».

Mikel Lopetegi, una muerte más que anunciada

Si el fallecimiento de Asensio se debió a una enfermedad no detectada, la de Mikel Lopetegi fue una auténtica muerte anunciada. Sus problemas síquicos habían sido denunciados ya en 1984 por la asamblea de electos de Sakana y detallados por sus familiares en ‘‘Punto y Hora de Euskal Herria’’ poco más tarde. Aguantó hasta una madrugada de marzo de 1988, en que se ahorcó en su celda. Para el autor de este libro, «Mikel Lopetegi se convirtió en el símbolo de los efectos de la máxima seguridad en los internos vascos. Cuando se debatía sobre este régimen, las referencias al tolosarra eran constantes, como sucedió en la Semana de las Cárceles de Máxima Seguridad de abril de 1984». Cuatro años antes, nada menos.

Su fallecimiento ocurrió, además, en plenas conversaciones de Argel y en medio de la ofensiva estatal por la «reinserción» para romper el Colectivo, por lo que agudizó debates y fue pasto de intoxicaciones.

Juan Carlos Alberdi, el tercero en apenas 24 meses

No habían pasado dos años de la muerte de Asensio ni cuatro meses de la de Lopetegi cuando también en Herrera murió Juan Carlos Alberdi Krakas. Tampoco se le había diagnosticado ninguna enfermedad, pero con apenas 30 años le sobrevino un edema pulmonar fatal. Los peritos del Instituto Nacional de Toxicología afirmaron que la asfixia consiguiente resultó determinante y que no se pudo hacer nada por su vida. El concepto «cárceles de exterminio» se extendió por Euskal Herria ante la terrible evidencia de lo que ocurría en el penal manchego.

Marchas a Herrera, explosión de solidaridad y denuncia

Rebobinemos algunos años para retroceder a 1984. Esa Navidad fue la primera en que se organizó la Marcha a Herrera, con el fin de arropar la lucha emprendida por los presos vascos en denuncia del régimen de vida en la cárcel. La iniciativa fue creciendo año a año, incluso aunque después de 1989 –con el inicio oficial de la dispersión– el número de prisioneros vascos allí fuera mermando de forma importante.

Así, a finales de década congregaba a unas 10.000 personas, que hacían llegar su solidaridad al otro lado de los muros de todas las formas sonoras posibles (fue mítico el concierto de Negu Gorriak en 1990) frente a un cordón imponente de guardias civiles a caballo. La última convocatoria de Gestoras pro-Amnistía se produjo en 1992 y reunió todavía a 8.000 vascos desplazados en autobuses. Para entonces Herrera ya había perdido cierta referencialidad frente a otros penales como Salto del Negro, en las Canarias. Y diversas policías, de la Guardia Civil a la Ertzaintza, utilizaban los desplazamientos para «fichar» a todos los participantes.

Y cuatro décadas después, aún mucho silencio

Pasadas cuatro décadas de la construcción de Herrera de la Mancha, la cárcel es hoy una más dentro del sistema español. Apenas encierra en la actualidad a siete vascos de los más de 200 alejados y dispersados por el mapa ibérico. Pero queda mucho por saber de aquella época. De hecho, el autor denuncia en el prólogo que «no nos ha sido posible acceder al archivo de Herrera de la Mancha con el fin de consultar información relativa a esos años generada desde la dirección de la cárcel. Se realizó una petición al propio centro, que nos remitió a la Secretaría General de Instituciones Penitenciarias, que no nos proporcionó respuesta a nuestra petición escrita, mientras que las llamadas telefónicas fueron despachadas con evasivas. Tampoco hemos podido hablar con funcionarios que trabajaban en la prisión en aquellos años, ya que nos pedían una aprobación de Madrid que nunca llegó».






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lunes, 20 de enero de 2020

Mitxelena | La Víctimas Invisibles (III)

Desde el portal de La Haine traemos a ustedes la tercera entrega de la serie de artículos con los que se le están poniendo nombre y apellidos a las víctimas del españolismo más ultra y recalcritrante, ese españolismo que desaparece, tortura y asesina con la más completa impunidad, ese españolismo que se proclama a sí mismo víctima cuando en realidad, para quien lo quiera ver, es el victimario.

Aquí la información:


1975. Asesinatos e impunidad en el ocaso del franquismo.

Eder Mitxelena   

Primeros coletazos de los grupos parapoliciales de extrema derecha que supondrían la antesala del terrorismo de estado diseñado para Euskal Herria.

Francisco Franco era a duras penas mantenido con vida. Carrero Blanco había saltado por los aires en un atentado de ETA y “el carnicerito de Málaga”, Arias Navarro, no era sino una figurita a la que se premiaba, en el languidecer del franquismo como tal, con una presidencia que añadir a su currículum. Así, se había dejado todo atado y bien atado pasando el testigo de la jefatura de estado a Don Juan Carlos de Borbón. La represión política y policial eran una constante este último año de vida del dictador, pero la actividad de GRAPO (cinco víctimas mortales causadas), FRAP (cuatro víctimas) y sobretodo ETA, también iban en aumento. Los atentados y enfrentamientos con las fuerzas de seguridad de estos últimos dejaron en 1975 un balance de 13 uniformados, un alcalde franquista (el de Oiartzun) y 2 civiles, acusados de confidentes, muertos. Hasta qué punto eran ultraderechistas que iban por libre o recibían órdenes del estado y/o de mandos policiales es una incógnita, pero el hecho es que alguien decidió que no era suficiente con los militares, la Policía Armada o la Guardia Civil, dando paso a los primeros coletazos de lo que pronto se transformaría en las siglas de los grupúsculos que iban a formar el entramado del terrorismo de estado y sus cloacas. De todos los asesinatos que vamos a recordar, apenas cinco vieron iniciar algún proceso judicial, pero todos ellos acabaron en sobreseimiento o absolución.

Antes de meternos de lleno en la crónica de esas primeras acciones, como contraposición a la actividad de las organizaciones antes mencionadas que operaban mediante la lucha armada por entonces, convendría repasar los fríos números que nos dan una idea de la situación de violencia y represión que podía palparse en las calles. Y es que aparte de la evidente falta de libertades individuales y colectivas implícitas al franquismo, en 1975, seis militantes de ETA murieron en enfrentamientos con las fuerzas de seguridad, dos, “Txiki” y Otaegi, fueron fusilados aquel inolvidable 27 de septiembre, al igual que los FRAP Baena, Sánchez -Bravo y García. En A Coruña fue ejecutado en una emboscada el emblemático militante de UPG Moncho Reboiras. Pero es que además de esas 12 víctimas significadas por su militancia antifranquista y de otros 6 asesinados que podrían tener cierta vinculación con la política, hasta un total de 45 asesinatos de estado van nada menos que 27 personas que, siendo simples “civiles”, se fueron a la tumba por acciones perpetradas por los diferentes uniformes y grupúsculos afines al régimen.

Militantes en la lucha armada

El 21 de marzo moría Alfredo Joaquín Valcárcel Navarro, natural de Colunga, Asturias, aunque residente en Arrigorriaga y militante de ETA, tras las torturas recibidas, aun sabiendo perfectamente que sólo tenía un riñón, en el cuartel de la policía franquista en Bilbao. Mikel Gardoki Azpiroz "Rubio", andoaindarra de 25 años, murió tiroteado por la Brigada Político Social a la salida de un bar de Ergobia, Astigarraga, el 24 de abril. Siempre dijo que prefería morir a ser detenido. Cinco días después fue declarado el estado de excepción en Bizkaia y Gipuzkoa, siendo detenidas más de 1.000 personas en los 3 meses siguientes. Desde 1979 hubo un paseo en Donosti que llevaba su nombre, hasta que el Tribunal Superior ordenó, en 2011, el cambio. El 14 de mayo, la Guardia Civil, asaltaba una vivienda en Gernika. Más adelante recordaremos de que forma. El después fue que el arrasatearra de 20 años Jesús Markiegi Aiastui, "Motriko", junto a otro compañero, escaparon por la ventana trasera matando en el tiroteo al teniente al mando. "Motriko", herido, se escondió en un baserri de Ajangiz hasta que los perros de los de verde consiguieron dar con su rastro. Sin intención de detenerle, varios picoletos lo acribillaron mediante más de 40 impactos de bala. Su cuerpo, desnudo, fue expuesto durante todo el día frente al cuartel de Gernika, mientras casa por casa y utilizando a vecinos como escudos humanos, los beneméritos buscaban al otro militante, al que no encontraron. El 30 de Julio, en Madrid, el infiltrado policial conocido como "El lobo" facilitó que la policía tendiese una emboscada al legazpiarra Josu Mujika Aiestaran, "Beltza", de 24 años. Trató de escapar, pero fue alcanzado por varios disparos. La prensa del régimen publicó que había muerto por causas naturales, pero la familia consiguió recuperar el cuerpo y desmentirlo tras ver los balazos en su cuerpo.

Tras la detención en Galiza de dos militantes de ETA y dos antifranquistas gallegos, una enorme cantidad de miembros de la Brigada Político Social franquista y de agentes de la Policía Armada, unos 300 en total, acordonaron, la madrugada del 12 de agosto, el edificio ferrolano donde se encontraban Xose Ramón "Moncho" Reboiras Noia (25 años) y otros dos militantes de Unión do Povo Galego. Por increíble que parezca, los maderos dieron tanto la nota y a la vez fueron tan torpes de no contar con que los tejados de unos edificios se unen a los de los otros, que el resultado fue la huida de Moncho, peluca incluida, después de que sus dos compañeros hubiesen escapado antes aprovechando el descontrol policial del tiroteo inicial con él, único armado de los tres. Dos horas después, le dieron caza y lo acribillaron por la espalda. Hasta 2009,34 años después, no fue reconocido como víctima del franquismo.

Varios miembros de UPG se exiliaron a Portugal en los días siguientes ante su segura detención, de la que algunos otros no pudieron escapar a tiempo.

Las emboscadas preparadas gracias a la información facilitada por Miguel Lejarza Eguia, infiltrado policial conocido como “El lobo”, que ya habían servido para la ejecución de “Beltza” antes citada, se cobraron otras dos víctimas en septiembre. Ambos militantes de ETA tenían la misma edad, 22 años; el donostiarra José Ramón "Montxo" Martínez Antia, fue tiroteado el día 18, desnudo en la bañera del piso de Madrid en el que se encontraba. La versión oficial resultaría, como tantas veces, tan cómica, en el sentido de su poca credibilidad, como de costumbre. Primero se resistió haciendo uso de una metralleta. Luego se suicidó. Andoni Campillo Alkorta, natural de Gernika, ya había sido detenido por su participación en huelgas en el 70 y el 72, cuando fue duramente torturado en el cuartel de la Guardia Civil. El día 19, solo uno después del caso de Montxo, la policía acorraló a Andoni y otro compañero en Castellnou, Barcelona. Se refugiaron en la terraza de una vivienda durante la noche y a primera hora de la mañana fueron acribillados desde todas las direcciones, resultando muerto Andoni y gravemente herido su compañero. La madre de Andoni pasó un año luchando contra el muro post-franquista hasta conseguir, en octubre del año siguiente, que fuese, por fin, enterrado en su pueblo. En cuanto a “El Lobo”, es uno de esos seres despreciables a los que nos venden como héroe por su infiltración en ETA durante los últimos tiempos del franquismo, que como hemos visto supuso tres ejecuciones extrajudiciales durante 1975. Menos nos recuerdan que en 1993 fue detenido como uno de los principales implicados en una red de escuchas y posterior extorsión a medios de comunicación, aunque la condena fue mínima, seis arrestos de un mes en su caso, precisamente por ser los implicados quienes eran. Y es que además de nuestro “lobo”, que estuvo dos meses encarcelado hasta salir bajo fianza de 2,5 millones de pesetas, ex gerifaltes del Cesid y algún Guardia Civil andaban en el ajo. Cuando se investigaba dicha trama, los nombres de tres de los implicados, incluido "El Lobo", salieron como posibles integrantes de una banda que extorsionó, mediante paquetes bomba, a varios empresarios, causando 4 muertes entre 1987 y 1990. En 1987 también había sido cazado en Irún por extorsionar a empresarios en nombre de ETA, pero ser miembro de los servicios secretos le libró del trullo. Tanto que la propia policía se rascó el bolsillo de lo lindo para que los querellantes lo dejaran pasar. Son asuntos que no impidieron que en 2010 fuese condecorado con la Cruz al Mérito militar y en 2016 premiado por cierta asociación de víctimas.

El 27 de septiembre, tras juicio (farsa) sumarísimo y a pesar de la petición de indulto de la Comunidad europea, la ONU y el Vaticano, pelotones de Guardias Civiles voluntarios, o Policía Armada en el caso de Otaegi, fusilaron a dos militantes de ETA y tres del FRAP. Jon Paredes Manot, "Txiki", de 21 años, natural de Badajoz, aunque llevaba en Zarautz desde los 10 años, sería ejecutado en Serdanyola del Vallés, atado de pies y manos y mientras cantaba el Eusko Gudariak, acusado de participar en un atraco en el que murió un policía. Su entereza durante los días anteriores a la ejecución fue tal que, ante la extrañeza de un militar que le preguntó, respondió; "Nosotros no tenemos que avergonzarnos por estar aquí, vosotros sí". Su cuerpo no pudo ser trasladado a Zarautz hasta un año después. Acudieron 4.000 personas al funeral, siendo detenidos su madre y el cura. Ángel Otaegi Etxeberria , de Azpeitia, 33 años, fue fusilado en Burgos, sólo, sin la presencia de ningún familiar, acusado de facilitar información sobre un Guardia Civil que moriría en un atentado. A su entierro acudieron 2.000 personas, a pesar de que la maquinaria franquista pretendía permitir el paso únicamente a la familia. Familia que sigue reclamando justicia más de 40 años después. Los tres militantes del FRAP fueron fusilados, sin presencia de familiares y por tres pelotones de 10 guardias civiles, en Hoyo de Manzanares, Madrid. José Luis Sanchez-Bravo Solla , estudiante de Física, murciano de 21 años, había sido acusado de ser el responsable del atentado de un teniente de la Guardia Civil. Su pareja, embarazada, fue torturada. Sigue reclamando justicia mediante la querella argentina que engloba numerosos casos del franquismo. José Humberto Baena Alonso, vigués de 24 años, fue condenado por matar a un policía, a pesar de un testigo que testificó que no se parecía al autor. Ya había sido detenido y torturado por manifestaciones estudiantiles y de trabajadores. Y aunque había sido absuelto de los cargos que en esas ocasiones le habían atribuido, la policía le negó repetidas veces el certificado de buena conducta necesario para muchos puestos de trabajo, negándole también la posibilidad de sacar el pasaporte o el carnet de conducir. Ramón García Sanz "Pilo", de 27 años, fue fusilado como supuesto autor material del mismo atentado que José Luís. Casi dos años después, su familia aún no había podido llevarse el cadáver del cementerio de Hoyo de Manzanares, donde lo fusilaron. Tras los cinco últimos fusilamientos del franquismo hubo manifestaciones en todo el mundo, doce países retiraron a sus embajadores en Madrid, en Portugal se quemó la embajada española y México pidió la expulsión de España de la ONU. Sobra decir que los responsables de los fusilamientos del 27 de septiembre de 1975 siguieron con su vida como si tal cosa, pero no será porque las familias de los fusilados se hayan rendido en su búsqueda de justicia y reparación. De hecho, cuatro de los firmantes de la quíntuple ejecución, figuran entre los reclamados por la jueza Servini de la conocida como “querella argentina”; el lucense Antonio Carro Martínez, era Ministro de la Presidencia. Después, con el PP, fue vicepresidente segundo hasta 1989. Fernando Suárez González, leonés, era vicepresidente tercero y Ministro de Trabajo. Es otro que también integró el PP en numerosos cargos hasta mediados los 90. Jesús Cejas Mohedano era el vocal del Consejo de guerra que condenó a muerte a los 5 fusilados. Ha venido mostrando su cercanía a diversas asociaciones hispano-israelíes. Y el Ministro de Justicia, el zaragozano José María Sánchez-Ventura Pascual, que acabó jubilándose como notario oficial de Madrid en 1992. “Señores respetables” todos ellos.

Militantes de base de organizaciones políticas

Tampoco es que al régimen le hiciese falta la disculpa de la militancia activa en la lucha armada, para ir dejando cadáveres por el camino. En 1975 fueron asesinados varios militantes de base de organizaciones políticas. El 20 de enero, durante un acto en su Portugalete natal, Víctor Manuel Pérez Elexpe, “Bittor”, militante del PCE de 23 años, repartía octavillas en solidaridad con los trabajadores de Potasas de Navarra, cuando el cabo de la Guardia Civil Narciso San Juan del Rey, que iba de paisano, le dio el alto. Víctor trató de escapar y dos disparos por la espalda, uno de ellos alcanzando su corazón, lo mataron. El guardia civil, que vivía en el barrio de Repelega, siendo así vecino de su víctima, fue trasladado de inmediato a otro lugar. La prensa, en su línea, trató de vender la moto de que Víctor iba armado y el picoleto actuó en defensa propia. Durante el funeral, como siempre, represión policial y 30 detenidos. Hasta 2010 no fue reconocido como víctima del franquismo. En 2012, los hermanos de Bittor seguían chocando con el muro de la impunidad franquista, que pervive en la “era democrática” para negar que sean juzgados los que jamás lo fueron. El 31 de agosto se celebraba, en el barrio donostiarra de Gros, un salto – mani express, otra cosa era imposible por entonces- como protesta ante el consejo de guerra contra varios militantes vascos. Jesús Mari García Ripalda, miembro del EMK (Euskadiko mugimendu komunista), de 23 años, era uno de los portadores de la pancarta. Tres miembros de paisano de la Brigada Político Social aparecieron para disolver al personal. Uno de ellos disparó, en el vientre y a bocajarro, a Jesusmari. Trasladado al hospital militar cercano y atendido por monjas en vez de sanitarios, mientras el pedía que llamasen a su familia, una de las religiosas le repetía que rezase...y allí murió. No se permitió poner esquelas en la prensa, que contó, como de costumbre, una versión manipulada de los hechos. La Policía Armada se dedicó a apuntar a la gente, no a boli, sino a fusil, tanto en el funeral como en el entierro. No hubo juicio. Es más, los tres maderos fueron premiados, en nuevo alarde de reírse del pueblo, por el estado. Atribuido popularmente el asesinato a Manuel Lestón , sargento al mando del trio, sin embargo la autoría material apunta a un tal José Fernández Espejo, pero dada la impunidad del caso, es algo que solo lo habrá pagado, en todo caso, la conciencia de uno de los dos.

Un menor, descubierto conduciendo la furgoneta de su padre, contó a los uniformados que en casa de su padre había propaganda comunista de un amigo de la familia. En el registro encontraron lo que buscaban y cartuchos para pesca clandestina del padre del chaval. Suficiente para que el dueño de los papeles, de tinte comunista, fuese detenido el 30 de octubre por la Brigada Político Social. Era Antonio González Ramos, militante del PUCC, que había vuelto, de Alemania a Tenerife, con la maleta llena de conciencia social y ganas de sacar adelante a sus cuatro hijos. Fue asesinado a hostias por un sanguinario inspector, José Matute Fernández, que teóricamente debía estar trasladado fuera de Tenerife por una paliza anterior a un estudiante. Experto karateka, utilizó a Antonio de sparring, provocándole tantas fracturas que acabó con su vida. Después tiraron su cadáver a una cuneta y dijeron que se había suicidado saltando en marcha del vehículo policial. El tal Matute, cosa poco habitual, llegó a ser procesado, pero escapó a Venezuela y Brasil, demostrando lo fácil que es salir de una isla cuando te dejan hacer, volviendo en el año 77, cuando sabía que sería amnistiado. El PSOE, años después, le dio un puesto como responsable de la custodia de la información sobre detenidos. Es “nuestra izquierda”. Por cierto, que en 1987, Matute dio de hostias a otro compañero. Él es así. Si...Franco había muerto hacía dos semanas, pero no tanto el franquismo. Ricardo, Josemari y Koldo, jóvenes de Beasain, Gipuzkoa, ya habían pasado por la cárcel de Martutene un año antes, por hacer pintadas. Pertenecían a EGAM (Eusko Gazteri Abertzale Mugimendua) y llevaban casi dos meses escondidos en el monte tras participar en las protestas por los últimos fusilamientos y ver el posterior y continuo goteo de detenciones de estudiantes como ellos. De vez en cuando bajaban al baserri de la familia de Ricardo. Así lo hicieron aquel 2 de diciembre, cuando apareció un nutrido grupo de guardias civiles. Escaparon por una puerta trasera, pero un disparo en el cuello acabó con la vida de Koldo López de Guereñu Otxoa de Aizpuru, de 18 años. No hubo autopsia ni investigación. Ricardo y Josemari fueron llevados a consejo de guerra acusados de desobediencia a la autoridad con resultado de muerte... ¡les pretendían hacer responsables de la muerte de su amigo Koldo!

Además de estos cuatro militantes de organizaciones políticas, hubo dos víctimas que, sin militar bajo siglas concretas, fueron ejecutados por su acción política, en su caso relacionada con la condición de católicos en su vertiente solidaria. Si antes recordábamos como la Guardia Civil acribilló, el 14 de mayo, al militante de ETA conocido por “Motriko”, no fue la única víctima mortal de aquella operación. Él y otros militantes pernoctaban en casa de un matrimonio de Gernika, miembros ambos de Acción Católica. Iñaki Garai Lejarreta, fontanero de 53 años, fue acribillado nada más abrir la puerta, en lo que fue el inicio del bestial asalto de la Guardia Civil. Su mujer, Blanca Salegi Allende, de 48 años y catequista, corrió a abrazar a su marido moribundo. Sus gritos de dolor fueron acallados a balazos, uno de ellos en el bajo vientre, mortal de necesidad. "Motriko" y otro compañero escaparon por la ventana trasera y en el tiroteo mataron al teniente al mando, un tal Domingo Sánchez Muñoz.

Civiles

Por si esto no fuera suficiente, al menos 25 personas, de todo no hay listados oficiales, sin vinculación alguna con la política, fueron asesinadas aquel año a lo largo y ancho del estado por las fuerzas de seguridad. No parece casual que 14 de ellos lo fueran en Euskal Herria. Los “controles de la muerte” se llevaron por delante al menos 10 vidas; el 18 de enero, en Lezama y por disparos de la Guardia Civil, a un supuesto ladrón identificado como Emilio Pérez Pérez, de 31 años y natural de Zamora, que residía a medias entre Arrigorriaga (Bizkaia) y Santoña, Cantabria. Sin cambiar de provincia ni de uniforme, en Erandio, nada menos que cinco muertos de golpe, cuatro de ellos niños de muy corta edad. Fue el 21 de febrero cuando un vehículo se saltó un control. En vez de avisar a otra unidad para que le cerrasen el paso o apuntar la matrícula, mataron al conductor, Mariano Heredia Escudero. El vehículo cayó al río Asua y murieron ahogados los 4 niños que lo ocupaban, José Santos Etxebarria, de 7 años, su hermana Adela, de 3, y las hermanas Maricarmen (5) y Encarna Aranda Hernández (3). La prensa franquista hizo especial hincapié en el hecho de que fuesen gitanos, aparte de montarse una película de persecuciones kilométricas que acaban en el mismo punto de partida, así como muy poco creíbles. Total, que habían robado ganado y eso parece justificar cinco muertes. La siguiente también residía en Bizkaia, en Getxo concretamente, aunque su coche fue acribillado, el 27 de mayo, en Donostia- San Sebastián y cambia también el color del uniforme asesino, ya que en su caso fue la Policía Armada a la que hay que atribuir la muerte, cinco días después, de Felicitas María Alexandra Leckett, una de las dos alemanas que pudieron comprobar como se las gastaban por aquí. La prensa lo justificaría por la "imprudencia de las turistas". En agosto, entre Calella y Barcelona, la Guardia Civil tiroteó otro coche que se saltó un control. Lo ocupaban unos cuantos chavales, uno de los cuales resultó muerto. Se llamaba Juan Román Heredia y sólo tenía 13 años. Nada que objetar por los medios del régimen, que a fin de cuentas el chico era gitano y al parecer habían robado el coche. Kepa Josu Etxandi Iturri, carpintero de 39 años, fue ametrallado por la Guardia Civil, el 23 de octubre en la frontera de Luzaide-Valcarlos. Operado varias veces en el Hospital de Navarra, resultó imposible salvarlo. Es lo que tienen las balas dum-dum, que estallan dentro del cuerpo. Fue de esos casos que llamaban "lamentable confusión". Venía de cometer un crimen tal como echar la quiniela y el hombre había tenido incluso, durante un porrón de años, a dos picolos alojados en su casa. Fue la forma de agradecérselo, supongo. Su furgoneta tiroteada quedó en manos de la propia Benemérita y no hubo mayor investigación. Y el 25 de noviembre, solo cinco días después de muerto el dictador, la Guardia Civil asesinó de un disparo a Ángel Esparza Basterra, bizkaitarra de Dima, de 28 años, cuando a su paso por un control junto al cuartel de Legutiano, Araba, acompañado de un amigo, hizo caso omiso del alto recibido y "tuvieron" que abrir fuego contra él. Lo tacharon de quinqui y santas pascuas. Bueno, sí que la prensa rizó un poco el rizó, destacando que no ya el muerto, que iba en el asiento del copiloto, sino el conductor…era gitano. Hubo muchas víctimas más. Lo ocurrido el 31 de enero lo narraba a su forma el ABC. Contaban que en el barrio chungo de Bilbao, Las Cortes, el albañil de 23 años Bonifacio Martínez Celemín, había sacado una navaja en una pelea callejera. El individuo al que se enfrentaba, era más chulo y sacó una pistola... ¡pum! Y fin de la historia. Se les olvidó decir que el de la pistola era guardia civil. Frantziska Saizar Ureta, de 86 años, murió en Ondarroa, Bizkaia, el 28 de abril, oficialmente al sufrir un infarto cuando la guardia civil irrumpió violentamente en su casa buscando a su nieto, Andoni. No pasaría siquiera un mes para que los de verde se llevasen por delante la vida de otro vecino del puerto pesquero limítrofe con Gipuzkoa, ya que el 23 de mayo, una cuadrilla de chavales celebraba haber terminado COU por su pueblo. Dado que las dos provincias costeras estaban en pleno estado de excepción, no se podía ir por la calle en grupos de más de tres, así que se separaron en tríos para seguir de “jaia”. Al pasar junto al cuartel de la guardia civil, el grupo de Koldo Arriola Arriola, de 18 años, recibió el alto. A él le hicieron un gesto con la mano, indicándole que debía pasar a sus dependencias. Sus amigos escucharon un disparo, efectuado por el picolo Pedro Rodríguez, para después ver a Koldo salir corriendo y desplomarse con un agujero en el corazón. Los uniformados lo metieron en el camión de la basura y lo llevaron al depósito del cementerio. A sus padres les avisaron sin prisa por la mañana, mediante una fría llamada. Precisamente regentaban el bar en el que tomaban el café (o se emborrachaban) los propios beneméritos. Las mentiras de la prensa y la ausencia de condena ni responsables remataron, como siempre, la faena. De hecho se abrieron diligencias contra Koldo, el muerto, por insultos a la autoridad. Entre las muertes de los dos vecinos ondarrutarras, en otra ciudad costera, pero mucho mayor, como es Vigo, Pontevedra, se manifestaba la clase obrera con motivo del primero de mayo, cuando a un guardia civil, que no estaba de servicio, se le ocurrió bajar a reprimir "elementos subversivos" por su cuenta y en chaqueta de pijama, disparando dos veces. Una de las balas acabó con la vida de Manuel Montenegro Simón, de 48 años, que estaba trabajando en Fenosa en vez de participando en la manifestación y se asomó a la verja de la fábrica a mirar. Aquel día, a nivel de Galicia, hubo 10 detenidos en Ferrol, 14 en Santiago, decenas de heridos... El homicida, Justo Arias Sanfiz, fue absuelto. A quienes hicieron una colecta para poner una esquela en el "Faro de Vigo", también los fueron a detener. El 15 de Junio, el hojalatero plentziatarra Alfredo San Sebastián Zaldibar fue asesinado a las puertas de una discoteca de Mungia, Bizkaia, por un guardia civil. Celebraban una despedida de soltero y se originó una bronca sin mayor importancia, resuelta por un benemérito con un culatazo en la cabeza de un amigo de Alfredo, que no dudó en recriminar tal desproporción, lo que le costó ser atravesado por un disparo. Sus amigos insistieron, al resto de picoletos allí presentes, para que llamasen a una ambulancia. Incluso el dueño del local se ofreció a trasladar al herido al hospital. Pero parece que los de verde no tenían muchas ganas de ser invitados a bodas y prefirieron impedir cualquier ayuda amenazando al personal y dejando morir a Alfredo, cuyo cadáver sería trasladado en jeep directamente al cementerio. Era 29 de septiembre en Burgos, ciudad en la que sólo dos días antes había sido fusilado Ángel Otaegi. El capitán de infantería Victorino Moradillo Alonso, de 42 años, había intervenido en los preparativos de la ejecución. En la barriada militar era bien sabido que era un borracho, putero y de carácter violento, que agredía a su mujer e incluso a la madre de esta. De tragos solía decir que la iba a matar. Y tras una discusión a las dos de la madrugada en plena calle, cuatro horas después, lo hizo. No sólo la mató a ella, María Cristina López Rodrigo, de 38 años y natural de Barrios de Colina. También asesinó a tiros a sus cuatro hijos; María Cristina, de 14 años, María Concepción (13), Victorino (10) y el pequeño David, de sólo 2 meses. Después, llamó a la policía para contar su hazaña y se voló la cabeza. Uno de esos machotes, con muchos galones, que había escrito, sobre un periódico que fue encontrado..."Todos en casa me hacen la vida imposible. Les mato y me mato.” El caso es hilo conductor de una novela.

El 26 de octubre, la guardia civil asesinó a Antonio Padilla Corona en Adeje, Tenerife, cuando se disponía a pescar con dinamita, de forma clandestina, junto a dos amigos. Después de muerto, se personó la propia guardia civil en su casa de La Matanza de Acentejo, para decirle a su hermana que cuando volviese, dijese a Antonio que se personase en el cuartel. Debe ser que esperaban resucitase. No hubo juicio, culpables ni indemnización para la familia.

Una vez muerto el dictador, al estado español del año 1975 le quedaban por regalarnos, en los 40 días restantes, además de dos ya antes citados, cuatro muertos más ; El 29 de noviembre, Francisco Gallego, de 18 años, salía corriendo de la casa de su novia, en Sabadell, Barcelona, tras una discusión con la familia de la chica. Un Policía Armada, para el que correr te convierte en un criminal, le dio el alto. Al hacer el chaval “caso omiso”, le pegó un tiro mortal. Tuvieron que pasar siete años para que la familia recibiese una ridícula indemnización de un millón de pesetas. Eso fue todo. Un policía casi siempre va armado. Con un policía no se puede discutir. Por eso y por nada más que eso murió, el 2 de diciembre, el vascofrancés Henri Etxeberri, cuando tras una discusión con uno de los "grises" en un bar de Madrid, este sacó su pistola y terminó así la discusión. El 4 de diciembre, José Ramón Rekarte, natural dePamplona- Iruña, moría tiroteado por un centinela en la base militarde Araca, en las afueras de Vitoria-Gasteiz, donde hacia el servicio militar. (Nota; Si hubiese datos más concretos de los muertos en la “mili”, sería un listado interminable, son 1960 reconocidos por el Gobierno desde que se empezaron a cuantificar, que se dice pronto. Solo casos muy evidentes de asesinato u homicidio han ido trascendiendo a la prensa). Estás a última hora de la tarde con tu novia en el coche...charlando, dándote besitos...ves que se acercan varios individuos, pones el motor en marcha y te ametrallan hasta matarte. Eso es lo que le ocurrió a Kepa Tolosa Goikoetxea el 9 de diciembre en Beasain, cuando tenía 28 años. Parece ser que a los guardias civiles había que distinguirlos y cuadrarse ante ellos incluso cuando iban de paisano, ya que hasta confundirlos con maleantes podía ser motivo suficiente para que te matasen. No hubo ninguna investigación. De todos estos asesinatos, apenas cuatro vieron iniciar algún proceso judicial, pero todos ellos acabaron en sobreseimiento o absolución.

Primeros atentados de autoría ultra o parapolicial

A pesar de la impunidad aquí relatada, tampoco bastaba únicamente con los métodos policiales y la colaboración del estado como amparo. Hacía falta algo más, algo que amedrentase a un pueblo que se resistía a agachar la cabeza ante tal atropello. Algo no tan reconocible como un uniforme oficial, un enemigo que atemorizase sin poder ser identificado ni señalado. Así las cosas, la maquinaria del terror ultraderechista diseñada para “el norte” se puso en marcha en abril de 1975, cuando la librería Mugalde de Hendaia, descrita un año antes por el ABC como “propiedad de ETA”, sufrió un primer atentado por medio de una bomba que causó, además, el destrozo de tres vehículos. Un mes después sufriría un segundo atentado similar. En solo seis días del mes de mayo hubo 31 atentados contra vehículos, bares, sedes de colectivos, ikastolas…cualquier cosa que se vinculase al mundo abertzale. En Ondarroa incluso ametrallaron, estando en su coche, a un sacerdote que había sido absuelto de la acusación de colaborar con ETA. En los meses de junio y julio fue “Nafarroa”, otra librería de Iparralde, la que sufrió sendos atentados mediante bomba. En agosto fue ametrallada una furgoneta con 15 refugiados vascos que volvían de Baiona tras participar en una manifestación contra el franquismo. Pero faltaba dar un paso más, el de causar víctimas mortales.

El “Etxabe-enea”, en el alto de Kanpazar, entre Elorrio y Arrasate, ya había sufrido dos explosiones previamente, el 12 de mayo y a finales de julio. El restaurante que llevaban otros dos hermanos Etxabe en Baiona, había corrido la misma suerte en junio. El 4 de octubre incendiaron el coche de Juanjo Etxabe en Donibane Lohitzune. Era el precio por estar vinculado a ETA. Precio a pagar por uno mismo o por cualquier familiar. Solo un día después, el 5 de octubre, tras un atentado de ETA contra la Guardia Civil de Oñati, tres encapuchados entraron en el Hostal- Restaurante que regentaban Luis e Iñaki, echando botes de humo al grito de”¡todos al suelo!”. Se dirigieron hacia Luis diciéndole “venimos a por vosotros” mientras ametrallaban el local. Luis escapó, pero en ese momento, su hermano, Iñaki Etxabe Orobengoa , de 39 años y que tenía tres hijos de corta edad, salió de la cocina y fue ametrallado. La acción fue reivindicada, un año después, por el comando Beldarrain del grupo paramilitar ultraderechista BVE (batallón vasco-español). En el entierro, la familia y allegados tuvieron que acompañar el cadáver mientras eran apuntados, metralleta en mano, por un grupo de guardias civiles. Y así, como chiste malo del franquismo, resulta que, un mes después, a la familia Etxabe le llegó la factura de la autopsia de Iñaki, aunque la propia autopsia ni les dejaran verla. El gobierno español jamás ha reconocido como víctima del terrorismo a Iñaki. En 2013 su familia seguía solicitándolo, pero se toparon con una nueva negativa, lo cual significa que además de ver como nada se hizo por esclarecer el caso, tampoco recibieran ni recibirán ninguna indemnización. El calvario para la familia Etxabe no queda ahí. En 1978, en Donibane Lohitzune, tres mercenarios, bajo las siglas de la Triple A, ametrallaron a Juanjo y a su pareja, Agurtzane Arregi. Etxabe pudo salvar la vida, no así ella, muerta en el acto con 11 impactos de bala alojados en su cuerpo.

Este primer asesinato, el de Iñaki, en el haber de los grupos de ultraderecha, trajo consigo el segundo. Fue solo una semana después, el 12 de octubre. Germán Agirre Irualegi , de 38 años, dos hijos, era natural de Bergara pero taxista en Arrasate- Mondragón. Era cliente del “Etxabe-enea” y reconoció, entre los autores del atentado al menos a un guardia civil que conocía de vista. Seria encontrado cerca del cuartel de Legutiano, Araba, en el interior de su taxi y con tres disparos en la cabeza. Cuenta la familia que durante los días siguientes al asesinato de Iñaki, la guardia civil anduvo preguntando por el con insistencia. Otro chiste malo resultaría el hecho de que el amago de investigación del asesinato de Germán corriese a cargo del señor Antonio Tejero…sí, el del 23f. Curiosamente, en los listados de la AVT aparece como víctima de ETA, aunque en el alto Deba se sepa muy bien el color de quien lo mató y porqué. Será, por tanto, uno de esos 300 sin esclarecer de los que tanto hablan algunos, omitiendo que, si no se esclarece, seguramente sea porque los autores gozaron y gozan de la protección del estado, como deja bien claro el hecho de que tras alrededor de 50 atentados ultras cometidos durante 1975 en Euskal Herria (o más allá, dos días después del atentado de Germán le tocó a la librería de la editorial Ruedo Ibérico en Paris sufrir otro reivindicado por “ATE-Antiterrorismo ETA” ) , nadie fuese detenido, juzgado ni condenado.

 Y eso que eran solo los primeros ensayos, en los que algún mercenario ya voló por los aires, por cierto, para lo que nos quedaba por ver en los años venideros. Aquí lo recordaremos.






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