Un blog desde la diáspora y para la diáspora
Mostrando las entradas con la etiqueta Europa. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Europa. Mostrar todas las entradas

domingo, 18 de enero de 2026

Hartzaren Eguna

Ya que estamos en temporada de festejos carnavalescos, traemos a ustedes este texto desde la página Mythobasque Foundation Mitologia Vasca en Facebook:


El despertar del oso en Euskal Herria

Hartza, el oso, es el personaje central del carnaval vasco y figura fundamental de la mitología de la antigua Europa, que sobrevive misteriosamente en el arte y el folklore, ha sido recuperado en los cuentos infantiles y como metáfora política, en forma de modelo protofeminista e icono contra el calentamiento global.

Entre finales de enero y finales de febrero y más allá de Ituren, Auritz y Zubieta, Hartza hace de las suyas en numerosas localidades: Amaiur, Altasu, Luzaide, Arizkun, Eibar, Antzuola, Segura, Bergara, Auritz-Burguete, Leitza, Markina-Xemein, Hazparne, Beskoitze, Lesaka, Ermua, Azparne, Zalduondo, Salinas de Añana o Elorrio, el Hartzaro en Ustaritze y el Hartzaren Eguna en Donibane-Lohizune. Asombra cómo sobrevive o se ha recuperado —en otras se perdió, como en las Maskaradak de Zuberoa— para disfrute de txikis y aitites. Pero Hartza no es solo patrimonio del folclore vasco: carnavales similares se celebran en numerosos pueblos de los Pirineos y de la cornisa cantábrica —como la espectacular Vijanera cántabra— y en zonas montañosas de toda Europa. ¿Cuál es el secreto para que este plantígrado en riesgo de desaparición mantenga su aura?

Ya no quedan osos pardos autóctonos (Ursus arctos) en nuestro territorio. El último cazado en Bizkaia —un macho de 95 kilos— fue abatido por fusiles carlistas en 1871, y su piel disecada con fiero gesto se expone en el Centro de Interpretación del Parque de Urkiola. Hubo, sin embargo, un tiempo en que los bosques estaban repletos y se pagaban sustanciosos sueldos a los cazadores. Sancho IV fue asesinado en 1039 en Peñalén (Funes) mientras cazaba osos…

Pero, antes de ser una codiciada pieza de caza, el oso fue el centro simbólico de la Europa antigua, que lo consideraba una suerte de dios ancestral, inspiración del basajaun, y progenitor de una raza de seres mitad ser humano, mitad animal. El animal más anatómicamente semejante al ser humano, junto al simio de otras latitudes, representó, en tanto que estadio intermedio, un vínculo sagrado entre la naturaleza y la civilización, que en la cultura vasca ha sobrevivido al cristianismo.

Txomin Peillen recoge a finales del siglo XX el testimonio de Pette Prebende de Sainte-Engrâce (Zuberoa): “Lehenagoko hüskaldün zaharrek erraiten zigüen gizuna hartzetik jiten zela. Bai gizuna hartzetik fabrikatürik düzü” (Los antiguos vascos decían que descendían de los osos. Sí, el hombre proviene del oso). Y ya en La rama dorada, el pionero tratado antropológico de 1890, J. G. Frazer anota la creencia vasca sobre las almas intercambiables de humanos y osos: “La creencia primitiva en la posibilidad de tal cambio se patentiza en la historia de un cazador vasco que afirmó haber sido muerto por un oso, pero que el oso, después de matarle, le insufló su propia alma dentro del cuerpo de modo que el oso quedó allí muerto y él era el oso mismo, ya que estaba animado por el alma del oso”.

El folclorista Juan Antonio Urbeltz en Bailar el caos. La danza de la osa y el soldado cojo ha estudiado el folclore vasco en torno al oso como maestro y señor de los animales, rescatando las danzas ursinas como Hamalau yautziak, y relacionándolo con carnavales de Alpes, Tatras, Cárpatos, Balcanes o Cáucaso. Folclore que ha sido vinculado a su vez con la centralidad de la cultura ursina entre lapones, pueblos siberianos o inuits e, incluso, en las remotas Diabladas de Oruro (Bolivia), en el personaje del Jukamari, el oso andino

Por su parte, la vascóloga norteamericana Roslyn M. Frank, estudiosa pionera de los sarobes y quien más en profundidad ha investigado su presencia en la psique vasca a través de la figura de Hamalau o Hartzkume, le confiere un papel todavía activo en nuestro inconsciente colectivo. Este hijo de oso y mujer, de extraordinaria fuerza, es el testimonio de una cosmovisión ursina de carácter chamánico, propia de pueblos cazadores-recolectores, en la que reinaba como criatura intermediaria entre el ser humano y los animales, sobre algunos de los cuales ejercía su influencia directa. Y lo más inquietante: aún hoy en día se nos aparece en ciertas pesadillas, relacionadas con el fenómeno de la sleep paralysis o parasomnia.

Testigo elocuente de esta cosmovisión son las constelaciones de la Osa mayor y la Osa menor, vinculadas a las leyendas protagonizadas por Juan el Oso, que el folclorista Antonio Rodríguez Almodóvar califica como “el cuento más antiguo de Europa”. En las versiones euskaldunes, Joan Hartza, fruto de rapto de una muchacha por un oso, conserva la fuerza del padre y la inteligencia de la madre. Un emblema de la fertilidad primordial, sin descartar su aspecto sexual, y que evoca el delicado clásico erótico Oso, de Marian Engel.

La cultura ursina ha ido desvelándose también como cultura protofeminista, que ya estudiara Marija Gimbutas en la cultura Vinca en relación a la Diosa Madre y al controvertido matriarcalismo. Entre los númenes ursinos destacan las diosas del bosque y de los animales como  AMALUR , Artemisa/Diana, Artio, Artahedeo, Arduino, Freya u Orsel; papel que heredan las santas cristianas, amansadoras de osos, como Santa Úrsula, Santa Odilia o Santa Orosia, con numerosas ermitas en nuestra tierra.

Hay que recordar que los santuarios griegos de Artemisa en Braurón o el célebre de Artemisa Brauronia junto a la Acrópolis ateniense, estaban dedicadas a la protección de las mujeres embarazadas y del parto, y acogían a las ‘ositas’, las servidoras de la diosa en su proceso de iniciación. El oso, según recoge el experto en bestiarios Ignacio Malaxecheverría, es un animal lunar, maternal y femenino —según Jung, symbole terrifiant de la madre—, del cual se “quiere ocultar lo terrible del sentido profundo”. En este sentido, Txema Hornilla coincide que los disfraces de piel de oso revelan procesos iniciáticos, de regreso al útero, “una epifanía de la Gran Madre”. La cultura ursina es, en verdad, cultura de la osa, feminista avant la lettre, que también se muestra primariamente queer, ya que reivindica el salvajismo dionisiaco de las ménades y su hirsutismo freak, estudiado por la escritora Pilar Pedraza, y vinculado explícitamente a la cultura de los peludos ‘osos gays’. ¿Qué es el feminismo si no un deseo de ser osa: salvaje, sin depilar y rugiendo por sus derechos, libre de la cadena del patriarcado?

 

 

 

🐻 

jueves, 8 de enero de 2026

Matrimonios Medievales Estratégicos

En ocasiones anteriores, en este mismo blog, hemos expresado nuestro agradecimiento al escritor Mark Kurlansky por haber puesto a Euskal Herria en el mapa con la publicación de su libro "La historia vasca del mundo" (The Basque History of the Wolrd). 

Sin embargo, como también ya hemos hecho antes, volvemos a presentar evidencia histórica con respecto a su aseveración de que los vascos nunca en su devenir han contado con una entidad político-territorial propia.

En expresar lo anterior, el buen Kurlansky se saltó por completo la historia del Reino de Navarra, antes Ducado de Pamplona, constructo político al que diesen vida los vascones, gentilicio con el que se denominaba al pueblo hoy conocido como vascos.

Dicho lo anterior, recomendamos la lectura de este reportaje publicado por Naiz:


Alianzas matrimoniales, la estrategia política de Nafarroa para tener un lugar propio en Europa

Las alianzas matrimoniales que concertaron los últimos reyes de la dinastía Jimena fueron la estrategia política del reino de Nafarroa para encontrar un lugar propio en Europa, según recoge el historiador Francesco Puzzo en la tesis doctoral que ha defendido en la UPNA.

Pello Guerra

Con el objetivo de encontrar un lugar propio en Europa para Nafarroa, los últimos reyes de la dinastía Jimena aplicaron una política de alianzas matrimoniales que les permitió establecer lazos con los reinos de Sicilia e Inglaterra, y el condado de Champaña, según recoge el historiador Francesco Puzzo en la tesis doctoral que ha defendido en la UPNA.

¿Qué empujó a un siciliano a dedicar su tesis a las redes familiares normandas y sicilianas en la monarquía navarra entre los siglos XII y XIII? Según explica a NAIZ, todo comenzó hace nueve años, cuando encontró «por casualidad un artículo de la investigadora siciliana Laura Sciascia sobre la regencia siciliana de Blanca, futura reina de Navarra, entre 1402 y 1415», y que incluía «un breve pero sugerente preámbulo dedicado a una ‘historia en femenino’ de la monarquía siciliana».

En ese texto, Sciascia exploraba «el comienzo de las relaciones históricas entre Navarra y Sicilia a través de la figura de Margarita, hija de García Ramírez ‘el Restaurador’, reina consorte de Sicilia por su matrimonio con Guillermo I de Hauteville y posteriormente regente del reino en nombre de su hijo, Guillermo II, en la segunda mitad del siglo XII».

Siendo Puzzo siciliano y al estar casado con una navarra, «me sentí inmediatamente atraído por el tema y decidí entonces escribir a la profesora Eloísa Ramírez Vaquero, catedrática de la Universidad Pública de Navarra».

Y así se embarcó en una investigación doctoral centrada en las alianzas matrimoniales establecidas por Nafarroa en el periodo que va de 1134 a 1234, es decir, el correspondiente a los reinados de los tres últimos soberanos de la dinastía Jimena: García Ramírez, Sancho VI el Sabio y Sancho VII el Fuerte.

Fue un siglo en el que se establecieron unas alianzas a través de bodas que el historiador considera que tenían «un hilo común: la necesidad del reino de Navarra de encontrar su propio lugar, una razón de ser dentro del contexto ibérico y europeo».

Esa política fue iniciada por García Ramírez, soberano de la Nafarroa que había conseguido separarse de Aragón a raíz de la muerte de Alfonso el Batallador en 1134 y que por ese motivo fue conocido como ‘el Restaurador’.

El nuevo rey «comprendió la dificultad de mantener un equilibrio político con las potencias ibéricas, Castilla y Aragón», y que «el débil reino que gobernaba se presentaba como una presa fácil para las ambiciones territoriales y de prestigio de sus vecinos, entonces en plena expansión».

Ante esa situación, «la única solución viable parecía ser doble. Por un lado, reforzar los vínculos familiares y de vasallaje con las casas reinantes ibéricas, en particular con Alfonso VII de Castilla. Y por otro, proyectar al reino hacia un horizonte más amplio, más allá de los equilibrios locales, que legitimara la autonomía de Pamplona y su papel dentro de un marco europeo y mediterráneo».

Un matrimonio diseñado por Rotrou de Perche

En ese empeño, Puzzo señala que «la proximidad geográfica y familiar de García Ramírez con el mundo ultrapirenaico, ya que su primera esposa era la noble normanda Margarita de L’Aigle, sobrina del tenente de Tudela Rotrou II, conde de Perche, orientó naturalmente esa apertura hacia el reino franco, de donde también procedían los nuevos señores de Sicilia, los normandos Hauteville». Y de ese entramado, nació «la vocación ‘europea’ del reino de Navarra».

Siguiendo ese modo de proceder, García Ramírez casó a su hija Margarita con Guillermo, hijo del rey siciliano Roger II de Hauteville. Un matrimonio que el historiador considera que «no fue fruto de una simple coincidencia dinástica, sino la culminación de una estrategia cuidadosamente diseñada y cuyos orígenes se remontan a la figura de Rotrou de Perche».

¿Quién era el cerebro de esa operación? El historiador explica que este noble normando, tío político del rey, «actuó como su principal aliado y artífice del proyecto que permitió restaurar la monarquía pamplonesa en 1134, tras la muerte sin herederos de Alfonso I de Aragón».

Rotrou había combatido en la Primera Cruzada y mantenía una red de contactos con los linajes normandos establecidos en el sur de Italia, los Hauteville. Y comprendió que «la supervivencia de la monarquía restaurada dependía de su capacidad para tejer alianzas que garantizaran protección y reconocimiento, tanto en la península como en el ámbito europeo».

De ahí que, siguiendo sus consejos, la política matrimonial de García Ramírez tuviera una doble lógica. Por un lado, consolidar lazos con Castilla, a través de los matrimonios de sus hijos Sancho y Blanca con descendientes de Alfonso VII. Y por otro, «el matrimonio de Margarita Garcés con Guillermo de Sicilia respondía a una segunda estrategia, profundamente anclada en los equilibrios dinásticos del momento».

Este matrimonio de la princesa Margarita reportaba grandes ventajas a la Corona navarra, ya que «Sicilia, convertida en reino por concesión papal en 1130, gozaba de la protección de la Santa Sede y de una posición privilegiada en el Mediterráneo». Y para García Ramírez, estrechar lazos con Palermo,  «significaba acercarse a Roma, que había negado la legitimidad de su acceso al trono navarro. Así, el matrimonio de su hija no solo fortalecía la dinastía Jimena, sino que también devolvía a Navarra un papel activo en el tablero político europeo».

La operación diplomática de la boda de Berenguela

Cuando Sancho VI el Sabio se hizo con el trono de Nafarroa en 1150 como sucesor de García Ramírez, mantuvo esa política de alianzas matrimoniales internacionales casando a su hija Berenguela con Ricardo Corazón de León, duque de Aquitania y rey de Inglaterra.

Puzzo destaca que este enlace fue el punto culminante de «un largo proceso de acercamiento entre la monarquía navarra y la casa Plantagenet, que compartían intereses estratégicos en la frontera pirenaica y en el suroeste francés», ya que en esa época, los dominios continentales de Londres llegaban hasta la muga navarra.

Así que la unión de Ricardo, duque de Aquitania antes que soberano inglés, con la princesa navarra «ofrecía una oportunidad única para asegurar la estabilidad en las tierras de Ultrapuertos y garantizar el reconocimiento navarro en la gran política europea».

En virtud de la misma, «Navarra ofrecía apoyo militar y control sobre los pasos pirenaicos —clave para la defensa de Aquitania—, mientras que Ricardo aportaba prestigio y protección internacional. No es casual que la dote de Berenguela incluyera precisamente los castillos de San Juan de Pie de Puerto y Rocabruna, símbolo tangible de la autoridad navarra en Ultrapuertos».

Por todo ello, el historiador considera que la alianza alcanzada a través de ese matrimonio fue «una operación diplomática cuidadosamente calculada que situó de nuevo al pequeño reino pirenaico en el centro de la política europea y marcó la entrada definitiva de Navarra en el juego de las grandes potencias europeas del siglo XII».

Un enlace para acercarse a Francia

Como en los casos de su abuelo y su padre, Sancho VII el Fuerte, cuando se hizo con las riendas del reino en 1194, continuó con los enlaces políticos. En su caso, se trató de su hermana Blanca, que terminó casándose con el conde Teobaldo III de Champaña, un matrimonio que Puzzo apunta que «debe entenderse dentro del nuevo equilibrio político europeo tras la muerte de Ricardo Corazón de León», ocurrida en 1199.

Ese fallecimiento conllevó «la inestabilidad de Aquitania y el progresivo debilitamiento del poder angevino en el continente», lo que obligó a Nafarroa «a reorientar su diplomacia hacia Francia, que bajo Felipe II Augusto se había consolidado como la potencia hegemónica».

Esa alianza matrimonial con Champaña ofrecía múltiples ventajas, según explica el historiador. En primer lugar, «acercaba la monarquía navarra a la órbita francesa sin romper del todo los lazos con la casa de Aquitania, ya que Teobaldo era nieto de Leonor de Aquitania y, por tanto, mantenía viva la conexión con la red político-familiar que Sancho VI había cultivado».

Y en segundo lugar, «la unión reforzaba el prestigio internacional de Navarra al vincularla con uno de los condados más prósperos, cohesionados y culturalmente influyentes del reino de Francia». Por lo tanto, fue «un movimiento diplomático prudente y visionario».

Tras conocer los motivos políticos de los enlaces, queda por analizar qué papel llegaron a jugar esas princesas navarras en sus respectivos dominios. Y al respecto, Puzzo explica que «no fue pasivo. Al contrario, trataron de influir directamente en la escena política, dentro de los límites que se les impusieron, contribuyendo a la construcción de una ‘memoria familiar de la realeza’ en la que la reivindicación de sus orígenes ocupaba un lugar destacado. Su influencia en la política y sociedad de los territorios a los que fueron destinadas parece mucho mayor de lo que dejan entrever las fuentes directas».

La llegada de ‘reyes de lejanas tierras’

Aunque a través de estos matrimonios Nafarroa logró situarse en el tablero europeo, esta política tuvo un efecto especialmente directo y que fue la llegada a la monarquía navarra de ‘reyes de lejanas tierras’. Así se acuñó el advenimiento de la dinastía de Champaña a Iruñea tras fallecer Sancho VII el Fuerte en 1234 sin un heredero directo. Así que «lo que inicialmente fue una política de fortalecimiento internacional, terminó facilitando la entrada de una nueva dinastía extranjera en el trono navarro».

El historiador considera que la llegada de los Champaña y posteriormente de los Evreux «reforzó la influencia francesa en la corte y en la administración del reino», lo que «limitó la autonomía de Navarra, que pasó a verse cada vez más implicada en los intereses y conflictos de la política francesa, alejándose en parte de sus propias dinámicas internas y de su entorno ibérico».

Sin embargo, tuvo como efectos positivos no solo fortalecer la posición de Nafarroa en el continente, sino que favoreció «los intercambios culturales y económicos, contribuyendo a una cierta apertura del reino hacia Europa occidental».

Por lo tanto, los cien años que van entre 1134 y 1234 supusieron «el inicio de un proceso político y cultural hacia Europa» al situar al reino de Nafarroa en «una red de relaciones internacionales más amplias que comenzó a reflejarse también en la vida cultural» y que le integró, además, «en las corrientes comerciales del mundo mediterráneo».

 

 

 

° 

Entrevista a Mariano Gómez

En Estados Unidos, la diáspora vasca está fuertemente identificada con dos profesiones, la primera es la de pelotari y, la segunda, la de pastor, vaya, existe incluso una escultura dedicada al pastor vasco.

Y precisamente utilizamos la información precedente para entrar en materia con respecto al tema que cubre esta entrevista en Deia; el perro pastor vasco y su categorización como raza en peligro de extinción, algo que ya habíamos compartido anteriormente.

Adelante con la lectura:


“El Euskal Artzain Txakurra todavía está en peligro de extinción”

A principios de los noventa Mariano Gómez hizo su tesis doctoral sobre el Euskal Artzain Txakurra. Ahora ha decidido publicar un libro que recoge aquel trabajo

Javier Gamboa 

Tuve la suerte de que la profesora de etología de la Complutense, Joséfina Avila, había escrito la única tesis sobre una raza de pastoreo, la del Gos d’Atura catalán, y me animó”, recuerda Mariano Gómez (Bilbao, 1963). Logró becas del Gobierno vasco y de las diputaciones y se puso a recorrer todas las zonas pastoriles de Euskal Herria. Pateó trashumancias y trasterminancias desde el Gorbeia a Bardenas y desde Enkarterri a Pirineos en pos del Euskal Artzain Txakurra. Y no le falló el olfato. 

Su tesis doctoral, recogida en el libro que acaba de publicar, trata sobre el Euskal Artzain Txakurra.

—Sí. Llevamos a cabo hasta estudios genéticos, tan de moda actualmente, pero por aquel entonces fueron de los primeros en Euskadi en los que se aplicó la reacción en cadena de la polimerasa. Así determinamos que realmente había una cantidad de perros suficientes con unas características morfológicas que se repetían de generación en generación.

Recurrió usted, además, a otras fuentes. 

—Había datos desde principios del siglo pasado de perros que morfológicamente se parecían. Y fotos y pinturas anteriores. Se trataba de perros que anatómicamente se parecían al Euskal Artzain Txakurra. Así como ofrendas de pastores en algunas ermitas. Tuvimos la suerte de poder desenterrar algunos restos de perros con los que realizamos un trabajo de zoometrías, es decir, de medir esos huesos para ver si coincidían. 

Una raza con sus variedades.

—Existen dos grupos morfológicamente diferenciados. Por una parte el Gorbeiakoa, o Rojillo. Se trata de una raza diferente a cualquier otro perro de pastoreo europeo. Muestra muchas similitudes con razas muy antiguas que se remontan a la domesticación del perro. Los pastores de las estribaciones del Gorbea trabajan de forma mayoritaria con él.

¿Y la otra variedad?

—Se encuentra mucho más próxima a la familia de los perros de pastoreo europeos: es el Iletsua. Cercano al tronco que integran el Gos D’Atura, el Petit Berrier, el Labrit o el Bergamasco italiano. El Iletsua sí que tiene primos entre las razas de pastoreo europeas.

¿De qué manera surgió el Euskal Artzain Txakurra?

—El concepto de raza es algo convencional. No han pasado suficientes años de evolución para que esos genes queden fijados. A nivel genético se pueden percibir muy bien las diferencias entre un perro y un lobo: son especies distintas. Pero claro, el chihuahua, minúsculo, y lobero irlandés, enorme, son perros, la misma especie.

El de raza es un concepto generado por el ser humano. 

—Efectivamente, el ser humano, al margen de las modas o la belleza, ha seleccionado animales en función de su utilidad. El pastor quería un perro que le quitara el trabajo sin dar importancia a la raza. Pero sucede que han ido predominando características que forman un patrón. La raza es resultado de un trabajo de selección y de una tradición.

¿Existen más razas autóctonas de perros?

—Tenemos el Villano de las Encartaciones, otra joya de la ganadería vasca. Una raza que se creó porque era la herramienta imprescindible de los ganaderos de Enkarterri cuando subían al monte en otoño a recoger una de las razas bovinas autóctonas típicas de la zona, la vaca Monchina. Por instinto, el Vilano captura al ternero o la vaca. Es un perro de una morfología impresionante, de algo menos de cuarenta kilos. En Nafarroa y Araba un perro de caza sensacional que medio se perdió, el Pachón. Y un ratonero, también de Enkarterri, el Villanuco. O el mítico Urtxakurra que, de momento, no hemos podido recuperar aquí pero sí en otras zonas.

El que está de moda es el Border Collie.

—Es una raza estrella a nivel mundial. Al único perro que no ha conseguido anular del todo aún es al Euskal Artzain Txakurra. Si vas a Francia, en todos los campeonatos de perros de pastoreo solo ves Border Collie; en Italia, Border Collie; incluso en Catalunya. Aquí, gracias a ese hábito que tenemos de mantener nuestras cosas, y más cuando son buenas, los pastores siguen con el Euskal Artzain Txakurra. Es muy efectivo en su trabajo. 

¿Cuál es la situación actual del Euskal Artzain Txakurra?

—Ha superado lo que se conoce como fase crítica, que se produce cuando quedan menos de cien hembras en pureza. Pero seguimos con las luces naranjas encendidas. Técnicamente todavía se encuentra en peligro de extinción, porque aún se contabilizaban menos de mil hembras. No se trata de un proceso sencillo. Debe haber generaciones registradas de padres, abuelos y nietos en el libro oficial de la raza. Poquito a poco. En cualquier caso, la persona que quiera tener un perro en casa debe ser consciente de la responsabilidad que supone y estar dispuesta a cuidarlo con todas las consecuencias. Lo primero siempre, independientemente de la raza, es el cariño a los animales.

 

 

 

🐕

sábado, 31 de mayo de 2025

Egaña | Europa, Per Se

Inspirado en la fundación del asentamiento romano en la ciudad que hoy en día se conoce como Pamplona pero que nosotros denominamos Iruñea - la capital de todos los vascos - nuestro amigo Iñaki Egaña ha redactado el siguiente texto, mismo que ha puesto a disposición en su página de Facebook:


Europa, per se

Iñaki Egaña

Parece que ahora 2.100 años, el cónsul romano Cneo Pompeyo Magno fundó la ciudad de Pompelo sobre la vieja Iruñea, asentamiento vascón. Desde entonces, la configuración del territorio que hoy conocemos como Euskal Herria, pasó numerosas vicisitudes administrativas. Fue colonizado, resistió oleadas de invasiones, generó resistencias y, con los siglos, se convirtió en un crisol de culturas y en una singularidad europea, dando lugar a mitos y narrativas -algunos ciertos, otros fabulados-, que captaron la atención de viajeros y escritores que la convirtieron en la Shangri-La de Occidente. Superada la época romántica, la actualidad y la perspectiva nos permite acuñar los valores que han mantenido más o menos cohesionada a una comunidad que sigue siendo singular en Europa, a pesar de esos códigos culturales y sociales que nos uniformizan y nos convierten en replicantes de modelos prefabricados a lo largo del planeta. Ubicados en el sur de Europa, cada vez somos más europeos, a pesar de la paradoja de esta afirmación.

Durante las últimas décadas nos consideramos, a veces con cierta soberbia, el ombligo del mundo. En 2015, Serge Portelli, magistrado de la Corte de Apelación de Versalles, leyó en público un manifiesto por la paz en Euskal Herria, señalando que se trataba de “el último conflicto armado en Europa”. En esa época, Kiev lanzó una ofensiva contra los territorios de Dombás, tras el golpe de Estado de Ucrania de la élite neoliberal europea, el conocido como Euromaidán, anunciando una nueva brecha. El lema del territorio vasco como el último reducto bélico de baja intensidad, pasó a las anécdotas de la historia. Somos parte de Europa, indudablemente, pero apenas el 0,20% de su territorio, el 0,43% humano. También el 0,49% territorial de la Unión Europea, el 0,71% de su población. Euskal Herria tiene la superficie de Eslovenia, el doble que Líbano o el triple que la Palestina arrasada. Y los mismos habitantes que Puerto Rico, Moldavia o Namibia, tres veces los de Luxemburgo. Añadir que la Unión Europea es el 5.6% de la población mundial, que su edad media es de 44.7 años y que su índice de natalidad es de 1,24 mientras el planetario llega a los 2,27. Una sociedad envejecida, camino de convertirse en un reducto nostálgico de aquello que fue, gracias, sobre todo, a la colonización.

Hoy, en ese reordenamiento mundial, Europa, y con ella quienes la disputamos un espacio de dignidad, se ha convertido en un territorio secundario, en gran parte debido a su papel subordinado a la que fue su colonia estrella, los Estado Unidos. Durante años, fue modelo susceptible de exportación: menores desigualdades que en otros lugares del planeta, calidad de vida, sanidad, educación, alta esperanza de vida, diversidad para el ocio… el eufemístico estado del bienestar. Evitábamos sumergirnos de dónde venían los parabienes. Un pequeño espacio planetario que se había convertido en la pirámide de una organización social aparentemente equilibrada y avanzada.
Las raíces, sin embargo, ensombrecían los logros. Europa se había convertido durante siglos en la primera potencia mundial. Construida sobre los rescoldos de las guerras, fue un producto genuino de ellas. Centenares de conflictos armados internos construyeron la “diversidad” europea. Jamás hubo en el planeta un espacio tan bélico. Guerras dinásticas, de conquista, religiosas, supremacistas. El estado natural de Europa ha sido la guerra, y su extensión al planeta. Que nadie se extrañe de las decisiones de la Unión Europea en elevar su producción armamentística y volcar sus misiles hacia supuestos enemigos. No sabe hacer otra cosa.

Esa permanencia levantisca le dio la superioridad planetaria que acudió de su armamento, del inicio de la industrialización, del control de las vías marítimas, apoyada por una religión monoteísta que se convirtió en azote del diferente, elevando a la máxima categoría el racismo. De esos mimbres surgió la colonización europea del planeta, decenas de genocidios en nombre de un color, de un dios construido a medida, de unas elites extractivas ávidas de multiplicar sus beneficios. Las mayores matanzas mundiales de la historia fueron provocadas, precisamente, por Europa. Y no únicamente por Hitler, más recientemente. Hoy, con un territorio ya esquilmado en siglos anteriores, Europa sigue debiendo su posición al expolio del resto del planeta. Sin embargo, en una crisis de crecimiento, de sobreacumulación, de agotamiento de los recursos, en los límites superiores del neoliberalismo por encontrar nuevos nichos, su alter ego (EEUU) le ha relegado a un papel subsidiario. Es la competencia y la sumisión.

Y esta carrera en la privatización del Estado, las instituciones han dejado de funcionar. Lo hemos percibido con las tendencias de Macron, Merz. Von der Leyen y otros, por cierto, cada uno con su propia agenda. Europa no se ha parado a pensar y recapacitar su posición en el nuevo orden mundial, sino que, por el contrario, ha vuelto a las andadas, a construir un enemigo a su medida, (Rusia, como lo concibieron Napoleón o Hitler) para regocijo de sus elites. La guerra, el armamento, describen que ese ADN está vivo. Lo acaba de demostrar en el apoyo al genocida Netanyahu, como lo hizo entre las negociaciones de Turquía de marzo de 2022 entre Ucrania y la Federación de Rusia, cuando pactado un acuerdo de paz, EEUU y la Unión Europea lo vetaron apostando por la continuidad de la guerra.
El racismo, el colonialismo y el supremacismo nunca abandonaron a Europa. Su pasividad frente a Tel Aviv, incluso tras el tiroteo israelí a la delegación diplomática (incluida Francia y España), nos muestra que comparte esas claves de limpieza étnica. La que propone Von der Layen para expulsar a migrantes a otros países. Renegamos de esta Europa que trata a al pueblo como a un negocio, con el consiguiente excedente humano. Pero para bien y para mal, somos europeos. Nos toca con las fuerzas de esa comunidad que nos hace fuertes, revertir Europa y repensar el planeta en clave de humanidad.

 

 

 

° 

miércoles, 23 de abril de 2025

Recomendación Papal

Este artículo de Naiz detalla un encuentro ocurrido hace un par de años entre los autores del libro 'Miñan' dedicado al tema de la migración y Jorge Bergoglio.

Adelante con la lectura:


El papa Francisco recomendó el libro ‘Miñan’ de Amets Arzallus e Ibrahima Balde

El recientemente fallecido papa Francisco había recomendado el libro ‘Miñan’ de Amets Arzallus e Ibrahima Balde, que aborda una de las principales preocupaciones del pontífice, el drama de la migración.

La migración ha sido uno de los temas que más han preocupado al recientemente fallecido papa Francisco. Durante un encuentro con migrantes en Malta en abril de 2022, Francisco recomendó la obra ‘Miñan’ (‘Hermanito’, en castellano), de Amets Arzallus e Ibrahima Balde.

«Es un tema que toca el corazón de todo el mundo. Al igual que Europa hace sitio generosamente a los ucranianos que llaman a la puerta, también lo debe hacer con quienes vienen del Mediterráneo», señaló entonces el pontífice, destacando que había escuchado «relatos terribles».

Arzallus y Balde fueron recibidos por el Papa en el Vaticano en enero de 2023. «Ibrahima estaba bastante conmovido y bastante callado, un poco bloqueado. Luego se fue soltando y yo intentaba relajar la situación hablando sobre esto y lo otro, especialmente sobre Ibrahima y su familia, del retorno a Guinea, de la política migratoria cada vez más dura de Europa», recordaba Arzallus ese encuentro en un entrevista posterior.

El encuentro se produjo mientras en el Estado francés, el presidente Emmanuel Macron impulsaba medidas restrictivas contra la migración.

En euskara y en peul

Asimismo, Arzallus expuso a Francisco que el libro estaba escrito en euskara y que el título estaba en peul. «Quería que tuviera estas dos lenguas en sus manos y las guardara en su biblioteca», añadía.

Balde salió de Guinea-Conakry para busca a su hermano pequeño. «Estoy en Europa pero yo no quería venir a Europa», cuenta él mismo en el inicio del libro, en el que cuenta su viaje cruzando desiertos y mares.

Arzallus trabajaba ayudanado a migrantes cuando conoció a Balde y a partir de ahí trabajaron juntos para difundir su historia.

«Cuando te cuentan algo tan duro de un modo tan peculiar, te quedas sin saber a qué agarrarte. No sabes si es legítimo sentir, cómo decirlo, ese asombro, esa belleza extraña. Y tratas de ignorarlo, de no dejarte arrastras, pero lo sigues sintiendo», apunta en el epílogo.

Arzallus propuso a Balde hacerle una entrevista para ayudarle en el trámite de petición de asilo. A partir de ahí surgió una relación entre ellos y de ahí el libro.




°

lunes, 30 de septiembre de 2024

Entrevista a Hilary Cottam

Del auzolan al 'radical help' de la mano de la antropóloga Hilary Cottam.

Si gustan saber más, les invitamos a leer esta entrevista publicada en Noticias de Navarra:


“Euskal Herria tiene cimientos únicos para un modelo de bienestar inclusivo y colaborativo”

Hilary Cottam | Antropóloga y Profesora en el Instituto de Innovación del University College de Londres | Investigadora y autora del libro ‘Radical Help’ (Ayuda Radical), Hilary Cottam abrirá el XIX Congreso de Estudios Vascos que se celebrará esta semana en Vitoria

Javier Alonso

El Palacio de Congresos Europa de Vitoria-Gasteiz acogerá del miércoles 2 al viernes 4 de octubre el XIX Congreso de Estudios Vascos, organizado por Eusko Ikaskuntza. Bajo el lema Elkartzen Gaituena/Lo que nos une, este evento busca fomentar un “contrato social” que refuerce la cohesión social y territorial de Euskal Herria, con la participación de expertos, instituciones y ciudadanos. El objetivo es generar propuestas concretas que nos permitan abordar los retos actuales que tenemos en el territorio.

La sesión inaugural contará con la intervención de Hilary Cottam, galardonada con la Orden del Imperio Británico por su contribución al estado de bienestar. La profesora y escritora británica explorará nuevas formas de construir un modelo socioeconómico más inclusivo y equitativo.

¿Sobre qué tratará su conferencia en el Congreso de Estudios Vascos?

–He titulado mi charla Euskal Herria: diseñando una conexión social radical. Estamos viviendo tiempos de cambios profundos: tecnológicos, ecológicos y sociales. Estos cambios sísmicos generan una sensación de incertidumbre, pero también nos ofrecen un momento prometedor: una oportunidad para rediseñar nuestros sistemas sociales y formas de vida de una manera que nos sirvan mejor como seres humanos y que también nutran mejor los sistemas ecológicos más amplios de los que dependemos.

¿Qué ideas quiere transmitir?

–Quiero hablar sobre cómo podríamos diseñar esa nueva infraestructura social y sobre la importancia crítica de nuestras relaciones y conexiones sociales para lograr esa misión.

El lema del Congreso es ‘Lo que nos une’. En su opinión, ¿qué papel juega la cohesión social en la construcción de una sociedad más justa y sostenible?

–Las relaciones sociales son el recurso que más importa. Si piensas en cualquiera de los grandes desafíos a los que nos enfrentamos –por ejemplo, el medio ambiente o las enfermedades crónicas–, estos no son problemas que se puedan resolver con el mandato de un político o un director ejecutivo. La naturaleza de los desafíos modernos es que necesitan la creatividad y participación de todos nosotros para resolverse.

¿Cómo cree que deberían evolucionar las conexiones entre los individuos en una sociedad diversa y cambiante como la actual?

–Para prosperar en este siglo XXI, serán esenciales nuestros vínculos sociales. Necesitamos encontrar nuevas formas de conectarnos con personas que no son como nosotros o que no piensan como nosotros. En mi trabajo me concentro en crear nuevas conexiones horizontales entre quienes tienen diferentes roles en la sociedad —en el estado, la sociedad civil y el mundo empresarial— de manera que pueden parecer naturales, pero que también desafían algunas jerarquías de poder.

¿La clave para prosperar como sociedad está entonces en las relaciones interpersonales?

–En toda Europa, un número significativo de personas siente que sus ideas y su lugar en la sociedad no cuentan. Encontrar nuevas formas de unirnos para escucharnos y ser vistos es fundamental para nuestro futuro democrático.

¿Cómo puede por ejemplo Euskal Herria liderar un cambio hacia un modelo de bienestar más inclusivo y colaborativo?

–Euskal Herria tiene muchas fortalezas: una cultura fuerte, un idioma hermoso, un sentido de territorio y pertenencia... Todos estos son factores críticos al pensar en un modelo de bienestar sólido para el siglo XXI. Hablaré sobre esto en mi conferencia; sobre el papel de la cultura y la narración, sobre la importancia crucial de las relaciones en los nuevos modelos sociales, sobre la necesidad de alinear una visión social con la justicia económica. En cada una de estas áreas, Euskal Herria tiene cimientos únicos sobre los que construir.

En su libro ‘Radical Help’ (Ayuda radical), desafía el modelo tradicional de bienestar. ¿Cómo es ese modelo?

–En su esencia, el modelo de bienestar del siglo XX consistía en facilitar una transición social hacia un modelo económico de producción masiva basada en el carbono. Esto requería nuevos servicios para apoyarnos en el acceso al trabajo, nuevas formas de educación, vivienda segura y buena salud. Estos modelos fueron revolucionarios y cambiaron la vida y las posibilidades de millones de personas.

¿Cuáles son las mayores limitaciones de los actuales estados o sistemas del bienestar?

–Al transitar hacia una economía muy diferente y enfrentarnos a nuevos desafíos, estamos descubriendo en todas partes que los modelos del siglo XX ya no pueden apoyar a los ciudadanos para prosperar en este nuevo siglo. Son tanto costosos como socialmente ineficaces.

¿Cómo se pueden actualizar esos modelos que comenta?

–Necesitamos repensar, primero, qué significa prosperar hoy en día y luego, cómo podemos asegurar que esto sea algo verdaderamente accesible para todos los ciudadanos.

¿Cree que el estado de bienestar puede reformarse globalmente o que los cambios deben adaptarse a contextos culturales y sociales específicos?

–Esta es una muy buena pregunta. La respuesta reside en ambos elementos. Hemos heredado sistemas de bienestar con bases comunes, por lo que nos enfrentamos a algunos desafíos globales en su rediseño. Simultáneamente, los desafíos que tenemos por delante —ecológicos, tecnológicos y sociales, en particular los desafíos de justicia— son globales.

¿Cómo debe ser a su juicio el nuevo estado del bienestar?

–Creo que los sistemas de bienestar del siglo XXI que permitirán a los ciudadanos prosperar compartirán un conjunto de principios comunes: fomentar capacidades, crear posibilidades, cuidar de cada ciudadano...

¿Cómo podrían implementarse todos esos principios de los que me habla?

–La forma en que estos principios funcionarán en la práctica será determinada y diseñada localmente, teniendo en cuenta culturas, historias y sueños.

¿Cuáles son las barreras más importantes para el tipo de transformación social por el que aboga?

–Una es que los recursos abundantes que tenemos —dinero, pero también habilidades y tiempo— están atrapados en organizaciones industriales verticales y los líderes de estas organizaciones tienden a gestionar los recursos de manera transaccional y centralizada, lo que conduce tanto a la escasez como al estancamiento de la innovación. En todas partes vemos cómo lo nuevo intenta abrirse paso, pero a veces es difícil. Otra barrera es la fijación en la optimización y la eficiencia.

¿Cree que seguimos aferrándonos a modelos que ya no son sostenibles en el contexto actual?

–Sí. Estamos viviendo tiempos de transformación, pero muchos están tratando de apuntalar los viejos sistemas que ya no nos sirven, lo que es costoso tanto en términos de vidas humanas como de finanzas.

Ha destacado la importancia de la innovación en los programas sociales. ¿Qué medidas deberían adoptar los gobiernos y comunidades locales para fomentar dicha innovación?

–Si queremos crear algo nuevo, debemos trabajar de manera diferente. Hablaré sobre esto y sobre algunos de los procesos que pueden unir a personas de diferentes ámbitos de la vida en trabajos de innovación. Mi libro Radical Help trata sobre cómo podemos hacer esto en la práctica.

En su opinión, ¿cómo se pueden integrar las preocupaciones ecológicas y la sostenibilidad en la forma en que pensamos sobre el bienestar social y los sistemas económicos?

–Los sistemas de bienestar del siglo XXI deben centrarse en el cuidado y la reparación de los seres humanos y de los sistemas naturales más amplios de los que formamos parte y que nos sostienen. De ninguna manera puede haber bienestar humano, independientemente del sistema de bienestar que sea, en un planeta que esté muerto. Por ello, nuestro trabajo es pensar en cómo vamos a cuidar a la humanidad y a la naturaleza juntos, de nuevas maneras.

 

 

 

°

sábado, 8 de abril de 2023

El Karapaixo

Es la temporada así que aquí les compartimos información acerca de esta tradición en Euskal Herria:


Fiestas y tradiciones: karapaixo, garipua, mokotza

Desde el miércoles de ceniza hasta el domingo de Resurrección, hay un imprescindible para el paladar; el karapaixo. La ancestral tradición (desaparecida en muchos lugares), de regalarlo a ahijadas y ahijados sigue gozando de una excelente salud. ¿Quién no ha probado, aunque no sea goloso, la popular versión repostera de bollo y chocolate? «Cuando yo era pequeña, eran típicos los de pan y huevo duro que hacían en casi todos los caseríos, ahora se llevan más los de pastelería, y a mí me gusta mantener las tradiciones», explicaba el viernes una amama que cumplía con los nietos ante la ausencia de padrinos. A su lado dos madrinas y sus respectivos ahijados dilucidaban si optar por el clásico huevo de chocolate con sorpresa o la fauna de animalitos.

Karapaixo es un pan que se hace en algunas zonas de Euskal Herria, durante la cuaresma, como en Oñati, ese lugar privilegiado con fantásticas vistas hacia los montes Kurtzetxiki, Kurtzebarri, Anboto y Udalatx y rodeado de prados verdes, en donde varios caseríos han conservado sus hornos para hacer pan. Y lo que es más importante para los amantes de la gastronomía vasca, las recetas de productos tradicionales como el karapaixo. Pan, que los padrinos regalan a sus ahijados hasta el día que se casan, aunque, sé de gente que aun después lo sigue recibiendo. Ese día (boda), en alguno de los pueblos dejan de regalarles el karapaixo y les regalan zapatos.

El karapaixo más tradicional suele tener forma triangular y como relleno tres huevos y tres chorizos. Y, algo que puede parecer casual no lo es. Todo tiene explicación, aunque a veces hayamos perdido la capacidad de entenderlo. Hay que recordar que el karapaixo floreció y prosperó en un ambiente de profunda fe católica. Una fe que ha ido construyéndose sobre muchos pensamientos anteriores, entre ellos las corrientes filosóficas clásicas. Por tanto, mucho del saber de filósofos clásicos como Platón nos han llegado a través de un punto de vista cristianizado.

Para Platón, y otros muchos sabios de la Antigua Grecia que tenían en la geometría y las matemáticas algunas de las vías para comprender la Naturaleza, el triángulo era un elemento esencial y ladrillo de la base del Universo. Era la estructura básica de la quintaesencia de las cosas, la forma más pura. Por otro lado, ese triángulo se forma con tres lados que se unen, a su vez, en tres vértices. En numerosas culturas el tres representa el inicio de la creación, que no os parezca extraño, por tanto, que un triángulo equilátero sea la representación del ser más puro del cristianismo en sus tres formas: Padre, Hijo y Espíritu Santo. Además, la cristiana no es la única corriente religiosa con esa concepción del ser supremo y su pluralidad. También se usa el tres como representación de los tres astros mayores: Tierra (Amalur), Sol (Eki) y Luna (Ilargi).

Esta es una tradición antigua y en un tiempo se hacía en muchos caseríos. A pesar de ser muy antigua no se ha llegado a perder, hoy es el día que los niños y no tan niños lo reciben con muchísima ilusión. En un tiempo, los viernes de la cuaresma no se le ponía chorizo para respetar la vigilia. En el alto Deba se le conoce con el nombre de Karapaixo, Garipaua en Elgeta  y Mokotza en el Duranguesado. Dicen, que en su origen se llamaba garapaio y que es una costumbre anterior a la romanización. Se hacia para dar la bienvenida a la primavera y los huevos, simbolizarían la nueva vida. Cuando fuimos cristianizados, la tradición del «karapaixo-garipaua-mokotza» paso a celebrarse en la cuaresma.

Esta especialidad comparte características y tradición con otras “hermanas” de muy diversas zonas geográficas. Después de la temporada de Cuaresma, la Pascua, símbolo de la resurrección de Cristo, ha sido siempre celebrada con dulces especiales: En Santurzi se llama Cornite, en Gipuzkoa Opilla, en Levante Mona en Galicia Roscón o Trenza, en Andalucía Hornazo, en Asturias Frisuelos, en Castilla Bollos… son algunos de los dulces habituales de esta época. Las festividades de pascua, ancladas en los remotos ritos paganos del solsticio de primavera, tienen un símbolo por excelencia en toda Europa: el huevo. Con este símbolo se han identificado durante siglos la fertilidad y la nueva vida que la primavera entrante representa.

La tradición del regalo de pascua está ligada al símbolo del huevo y se celebra prácticamente en toda Europa. En gran parte del centro y norte de Europa eran simplemente huevos lo que se regalaba, y de ahí los huevos de chocolate que se han adoptado como un elemento de pascua también en nuestro país. Pero para nosotros el regalo de pascua ha tomado la forma de pastel o tortas, eso sí, con uno o varios huevos encima, que representan la vida. El hecho de que se ofrezca a los niños por parte de los padrinos, antiguamente era padrino el que tocaba al niño por primera vez, es la representación ritual de la primavera renacida tras el invierno. Por eso están también estos pasteles ligados a las bendiciones de los campos para proteger las cosechas, que se llevan a cabo en San Marcos, el 25 de Abril, y en lugares como Irún o Fuenterrabia las opillas se comen en una procesión por los campos del entorno.

 

 

 

°

lunes, 20 de febrero de 2023

Más de 1,700 Víctimas en Pico Reja

Siguiendo la estela de muerte dejada por el españolismo pasamos de Nafarroa a Andalucía, en específico a Sevilla en donde se dan por terminados los trabajos en la fosa común de Pico Reja, trabajos que han arrojado una cifra de víctimas simplemente espeluznante; 1,700.

1,700 víctimas del nacionalismo español solo en Sevilla, en una de las tantas fosas. Ese nacionalismo del cual nunca hablaron ni Carlos Monsiváis ni su homónimo de apellido Fuentes. Ese españolismo que añora las glorias del pasado y tiene a su casta divina anclada en el siglo XV. Casta proclive a la violencia para imponer su intolerante visión de lo que es ser español. Esos 1,700 de esa fosa eran 'españoles fallidos' según quienes les asesinaron y que a la fecha son quienes ordenan y mandan en el estado español. Ese españolismo al que incluso hoy le cantan alabanzas lo mismo Fernando Savater que Mario Vargas Llosa o Arturo Pérez Reverte.

Aquí lo que nos informa Público:


Sevilla recupera los restos de más de 1.700 víctimas del franquismo en una de las mayores fosas de Europa

El Ayuntamiento de la capital andaluza pone fin a los trabajos de exhumación de Pico Reja después de tres años de excavaciones.

Raúl Bocanegra

Sevilla ha completado la exhumación de la fosa de Pico Reja, que comenzó a excavarse hace tres años y de la que se han extraído más de 1.700 cadáveres de represaliados tras el golpe de Estado del 18 de julio de 1936. Así lo recoge el último trabajo hecho público por Aranzadi, la sociedad que se ocupa de los trabajos técnicos, que fueron impulsados por el Ayuntamiento de Sevilla y apoyados por el Gobierno de España, la Junta de Andalucía y la Diputación de Sevilla.

El Ayuntamiento organiza este martes un acto con el que rematar las tareas, que culminan así un trabajo concienzudo y que supone, según Aranzadi, "la mayor fosa común abierta en Europa occidental desde Srebrenica (Bosnia y Herzegovina)". "No queda ni un hueso de víctima. Las familias en un acto simbólico cerrarán con una pala el último espacio que queda", aseguran a Público los responsables de la excavación. El 28 de marzo está previsto que se haga un entierro.

"Se libera la mayor parte del terreno de la fosa en un 99,56%, salvo una zona con restos quemados de víctimas, espacio que permanecerá hábil hasta los primeros días de febrero, momento en el que se completará la exhumación de la última víctima", se recoge en el último informe –aún provisional– de principios de mes. Este trabajo ya se ha culminado.

En ese informe, se explican los últimos pasos que se han dado en estos días en la fosa: recuperar los últimos cuerpos, con indicios de que fueron quemados. "Se alcanza el piso de la fosa en todas las partes del espacio de intervención salvo en los dos o tres metros cuadrados donde quedan los últimos restos de víctimas. Aparecen diversos cuerpos afectados por el fuego, sin que el sedimento se muestre torrefactado, de modo que cabe deducir que estos cuerpos, en algunos casos con daños al nivel del hueso, sufrieron esta exposición a altas temperaturas en algún otro emplazamiento", prosigue.

"Tanto las últimas evidencias de víctimas exhumadas en este mes como la revisión de materiales aportan claras pruebas criminales", se lee en el trabajo. Los expertos aportan fotografías de orificios de entrada y de salida de proyectiles en cráneos, de roturas antes de muerte de hueso –un fémur izquierdo por impacto de proyectil–, además de fracturas de húmero "por el impacto de un proyectil a alta velocidad" y de alambres de cordada de presos. Este tipo de pruebas –y otras registradas mes a mes en los demás informes– permiten a Aranzadi afirmar que hay "evidencias de represaliados" en 1.786 cuerpos.

La exhumación superó ampliamente las cifras esperadas y el Ayuntamiento tuvo que poner más dinero para completar los trabajos en el verano de 2022. Así lo explican los científicos: "Se culmina la exhumación de todas las evidencias vinculadas a la actividad funeraria, cuya presencia ha provocado una importante distorsión en el planeamiento de los trabajos desde el primer día. A falta de flecos mínimos casi puede decirse lo mismo de las víctimas". La expectativa era hallar en torno a 850 víctimas del franquismo –han sido 1.786– y otros 250 restos propios de enterramientos "legales".

Finalmente, en total, de la fosa se habían intervenido a finales de enero 10.075 "sujetos" de los que, además de los asesinados tras el golpe, 4.781 eran personas "en ataúdes" –de las que se han descontado 60 víctimas–, 3.343 "restos en desconexión anatómica" y la "actividad funeraria", es decir, en osarios, y otros 165 restos aislados extraídos en las prospecciones de los primeros meses.

Sobre los trabajos en la fosa, Remedios Málvarez y Arturo Andújar han elaborado el documental Pico Reja, la verdad que la tierra esconde.

"Ha sido una tarea muy dificultosa. Sevilla fue una de las provincias donde más se mató. En torno a las 13.000 personas [unas 3.300 en Sevilla]. De ahí viene la fama de Queipo. Los estudios que se han hecho han ido sacando lentamente, muy lentamente las cifras, que son estimaciones. El franquismo tuvo 40 años, en los que fueron destruyendo documentos. Falta documentación, hay una carencia documental", asegura a Público el historiador Francisco Espinosa, autor, entre otros trabajos, de La Justicia de Queipo.

¿Dónde está Blas Infante, considerado padre de la Patria Andaluza, fusilado en agosto de 1936? "Vete a saber dónde. Ese es un terreno que es muy difícil penetrar en él. Es un ejercicio muy difícil de saber y más en una ciudad como Sevilla donde se mató tanto y durante tanto tiempo", reflexiona Espinosa.

Entre las víctimas enterradas en la fosa de Pico Reja, se ha especulado con que, además de Infante, podría estar el último alcalde republicano de Sevilla, Horacio Hermoso, y se ha escrito que acogería los restos de varios miembros de la columna minera de Riotinto.

Para Espinosa es muy relevante haber terminado la exhumación: "Para los familiares es muy importante identificar, pero en muchos casos, eso es imposible", afirma. Después, añade que también deben completarse las investigaciones y "explicar por qué están ahí los muertos: Que se cuente lo que sucedió".

El golpe en Sevilla

De la lectura de los trabajos de los historiadores se puede elaborar un relato de cómo se vivió en Sevilla el golpe del 18 de julio de 1936 y la represión posterior. Así describe Hugh Thomas en La Guerra Civil Española la toma del control de Sevilla por Queipo de Llano: "No tenía relación con la ciudad […] había llegado allí el 17 de julio en su coche oficial (un Hispano Suiza) […] Se instaló durante la mañana del 18 de julio en un despacho del cuartel general que había sido abandonado por el calor. […] Luego cruzó el pasillo y fue a ver al general Fernández Villa-Abrile, […] jefe de Andalucía".

Al ver que este no se decidía a apoyarlo, Queipo lo arrestó y tomó el control del regimiento, que era "una fuerza muy pequeña para apoderarse" de una ciudad del tamaño de Sevilla. Pero el comandante del cuartel de Artillería y sus oficiales apoyaron el golpe. Prosigue Thomas: "Se llevaron cañones de grueso calibre a la plaza de San Fernando y se cercó el gobierno civil. […] Una bomba alcanzó el gobierno y el gobernador civil telefoneó a Queipo y se rindió. […] Entonces la guardia civil de Sevilla se sumó a la sublevación. A última hora de la mañana, el centro de la ciudad estaba en manos de Queipo". "Luego, Queipo se apoderó de la emisora de radio. A las ocho de la tarde transmitió la primera de su famosa serie de arengas".

Antes de que sucumbiera al golpe, Radio Sevilla, según Thomas, había hecho "un llamamiento a la huelga general y pidió a los campesinos de los pueblos vecinos que acudieran a recibir armas". Pero el número de armas era "muy reducido". "Durante la tarde, los obreros construyeron barricadas en los suburbios", escribe Thomas.

Aquí, su relato entronca con la escalofriante investigación que hizo el historiador José María García Márquez, publicada en la web Todos los nombres,  sobre la represión militar en El Cerro del Águila y Amate, dos barrios obreros –los "suburbios" de Thomas– de Sevilla. Los datos del padrón de 1935 arrojan 6.179 habitantes en Amate y 5.915 en El Cerro, con tasas de analfabetismo del 67,8 en El Cerro y del 35,7 en Amate.

Escribe García Márquez: "Los vecinos […] se enteraron muy pronto. Muchos vecinos que en esos momentos salían de trabajar llevaron a sus barrios de primera mano las noticias de los tiroteos que se estaban produciendo en el centro de la ciudad […] Incluso se pudieron escuchar en la lejanía […] los disparos que la artillería hizo para forzar la rendición del Gobierno Civil".

"Los militantes –prosigue García Márquez– más jóvenes y destacados de las organizaciones políticas y sindicales de la izquierda sevillana en ambos barrios, empezaron a reunirse y agruparse. […] La primera decisión que tomaron fue la búsqueda de armas. Solamente algunos tenían pistolas y en algún caso escopetas de caza. Y aunque sobraban brazos para empuñarlas, la falta de armas se convirtió en la tarea más urgente. […] Para evitar que las fuerzas del ejército cruzaran con facilidad el Tamarguillo, cortaron árboles a modo de barricadas. […] El número total de hombres que se consiguió armar en los dos barrios no pasó en ningún momento de unos cuarenta componentes aproximadamente, y la mayoría de ellos con escopetas, algunas inservibles y otras obsoletas".

Al principio, los golpistas se ocuparon de tomar otras zonas de Sevilla, pero al cabo de unos días, "quedaría claro que los deseos de defensa de El Cerro y Amate […] iban a resultar irrealizables ante las fuerzas del ejército". "Salvo una pequeña resistencia […], todo terminaría muy pronto. En la mañana del 23 de julio las fuerzas [golpistas] entraron en el barrio sin resistencia alguna y se empezaron a practicar numerosas detenciones. […] No conocemos detalles de la forma en que se llevó a cabo la ocupación de ambos barrios. Algún testimonio oral indicaba que en Amate se prendió fuego", escribe García Márquez.

Oleada de detenciones

Una vez que la ciudad y sus barrios quedaron en poder de los golpistas "se desató una enorme oleada de detenciones de hombres y mujeres, para lo que bastó una simple sospecha de izquierdista, un carnet de afiliado a un sindicato o una delación oportuna de un vecino. […] El terror que producían estas detenciones, sobretodo de madrugada, se extendió con rapidez a medida que iban llegando noticias por doquier de la desaparición de numerosos vecinos y el asesinato de varios de ellos que se fueron conociendo por sus familias", escribe García Márquez.

El primer caso fue el de Juan Mancebo Almendro, factor ferroviario que trabajaba en la estación de Camas y que vivía en El Cerro con su mujer Eugenia y tres hijos en la calle Julio Verne. "Su cadáver apareció el 24 de julio de 1936 en las tapias de la piscina de Los Remedios, según le dijeron dos testigos a su mujer. Unos días después, el día 1 de agosto, se conoció la muerte de Antonio Camacho López, conocido en el barrio por Camacho y poco después, la de Joaquín González Nuevo, que tenía una imprenta. […] No sabemos si Antonio Muñoz Codina, sepulturero en el cementerio de Sevilla, llevaría noticias al barrio de lo que allí estaba ocurriendo, pero dos compañeros suyos de trabajo, Sebastián Tejido Holgado, portero del cementerio, y Antonio Molina Merchán, sepulturero como él, informaron de su muerte en agosto de 1936, después de haber sido detenido", escribe García Márquez.

La fosa de Pico Reja fue abierta en 1925 y, según el Ayuntamiento de Sevilla, "estaba en uso el 18 de julio de 1936". Fue allí "donde se empezaron a depositar las primeras víctimas de la represión y de los combates en el centro de la ciudad. El 6 de agosto el administrador del Cementerio informó que estaba a punto de llenarse, suponiendo que se colmataría a finales de ese mes". Una vez colmatada, ante la falta de espacio se abrieron otras dos fosas en el costado contrario, conocidas como Antigua y Monumento y años después en el lateral derecho de nuevo otras dos –una reutilizada-, Antigua 1940, Rotonda de los Fusilados 1942.

Este periodo de represión duró varios meses, en los que se sucedieron los asesinatos. "Las detenciones prosiguieron sin cesar y con ellas las desapariciones", escribe García Márquez, que va desgranando en su escrito nombre tras nombre. Por fin, en noviembre de 1936 "parecía que la represión disminuía y cada vez eran más esporádicos los registros y detenciones de madrugada".

Espinosa explica que hubo dos fases en la represión, una primera basada en los bandos de guerra, que, en resumen, "permitía acabar con la vida de cualquiera en el momento que se quisiera: ese al paredón". "Esa primera fase es durísima. Hacen lo que les da la gana, avanzan y van matando gente. En esa etapa cae la mayor parte de la gente y no quedan huellas, vamos sacando cifras y cantidades, pero son todas aproximadas siempre. El mapa de las fosas comunes coincide con la violencia y terror de esos primeros meses", asegura Espinosa.

Después, en noviembre, como identifica García Márquez, le sucede una segunda fase en la represión, que arranca en noviembre del 36. "Ya se habían consolidado, ya tenían ayuda de Alemania y de Italia, deciden meterse en una estructura represiva judicial-militar, y organizar consejos de guerra. Se monta entre noviembre del 36 y febrero del 37 y se consolida después. Para saber lo que fue la represión, la segunda fase ofrece más información, a la mayor parte los inscriben en los registros civiles. Esta fase dura hasta el 45. El terror aminora hacia los años 50. Sevilla en el proyecto de los golpistas era el punto de llegada del ejército de África, tenían que tomarlo. Era un punto estratégico".

Así, "cuando muchos creían que la represión ya había pasado, se pusieron en marcha los consejos de guerra sumarísimos". Uno de sus víctimas fue Antonio Pérez Gutiérrez, de 28 años, casado y también vecino de Amate, donde se dedicaba al cuidado de una piara de cabras que tenía. "Había sido –escribe García Márquez– secretario de la sociedad de Cabreros y Vaqueros adherida a la CNT. Su detención se llevó a cabo el 29 de agosto de 1936 y pasó en comisaría y en prisión los terribles meses del verano y otoño, librándose de las numerosas sacas que se produjeron […]".

"Cuando parecía que su calvario había terminado fue procesado. El informe de la Guardia Civil que se envió al juez militar decía que asaltaba los trabajos de los cortijos próximos a esta capital y con sus cabras causaba toda clase de daños en las fincas. Estas canalladas escritas por el benemérito cuerpo de la Guardia Civil, sin pruebas de ninguna clase, eran suficientes para condenar a un hombre", remacha el historiador. Pidió clemencia al auditor de guerra Bohórquez –sacado de la Basílica de la Macarena, donde estaba enterrado, junto con Queipo hace unos meses–, pero, según García Márquez, "evidentemente Antonio Pérez desconocía qué clase de sujeto era".

 

 

 

°

domingo, 20 de noviembre de 2022

Manazo a los Supremacistas Españoles

Desde el segundo uno la reacción por parte del nacionalismo español con respecto al hallazgo de 'la mano de Irulegi' fue virulenta.

No han tardado en salir a negar que lo grabado en la pieza metálica sea euskera antiguo yendo incluso más allá, dando a entender que de ser euskera nada asegura que la pieza no haya sido importada. Otros, simplemente, han optado por decir que es un embuste, recordándonos la polémica alrededor de los grafitos de Iruña-Veleia.

A ellos, a los españolistas y a sus colaboracionistas - como Alberto Santana -, les dedicamos este artículo publicado en Noticias de Navarra:


Irulegi y los negacionistas del euskera

El descubrimiento de la primera palabra escrita en lengua vascónica ha irritado a los adalides de la euskarafobia, que han intentado desprestigiar el hallazgo. El pasado ayuda a comprender el presente y eso a veces resulta incómodo

Ibai Fernandez

Resulta difícil abstraerse de la Mano de Irulegi y su misteriosa inscripción en el dorso en lengua vascónica. Un descubrimiento con innumerables implicaciones lingüísticas, históricas, arqueológicas e incluso antropológicas que abre un horizonte de investigación y estudio con muchas más preguntas que respuestas. Pero que tiene también una carga emotiva muy importante.

Aunque existen referencias anteriores, –algunas monedas o la piedra tallada de Olite– es la primera vez que se descubre una palabra íntegra en euskera arcaico con un significado aparentemente claro: Sorioneku. Los vascones que habitaban estas tierras hace más de 2.000 años no solo sabían escribir, sino que lo hacían en su propia lengua. Y que ha resultado ser, como intuían algunos estudios, muy parecida al euskera actual. Ahí es nada.

A falta de mayores evidencias, la posibilidad de que la lengua vasca, en su versión originaria o arcaica, se hablara en lo que hoy es la comarca de Pamplona ya en el siglo I a.C., no deja de ser una hipótesis. Académica, documentada y colegiada, pero hipótesis al fin y al cabo, por lo que puede haber descubrimientos que en el futuro confirmen o cuestionen estas primeras conclusiones.

Pero arroja algo de luz a uno de los misterios más intrigantes que todavía hoy existen en Europa: el origen del euskera, una de las pocas lenguas vivas que no está emparentada con ninguna otra. Que su primera referencia escrita esté en el corazón de Navarra tiene además un enorme valor simbólico y emocional. El euskera siempre estuvo aquí y ha encontrado sus raíces en una localidad –el Valle de Aranguren– que hasta hace apenas diez años era legalmente “zona no vascófona”.

Un nuevo símbolo

Así que es comprensible la euforia que se ha destacado estos últimos días. La mano se ha convertido en un icono para adornos y hasta se han elaborado camisetas. Se ha ironizado con los dos mil años de imposición o con la necesidad de traducir al castellano la inscripción para no herir sensibilidades. Incluso una cuenta anónima difundió el bulo de que el diputado Carlos García Adanero había dicho que con UPN el yacimiento de Irulegi “sería una rotonda y no una amenaza para España”. Hubo mucha gente que creyó que lo había dicho de verdad.

Porque la realidad es que durante años el Gobierno de Navarra se negó a reconocer el euskera como lengua propia obstaculizando su recuperación, cuando no fomentando su desaparición. Y que ha habido una reacción airada de los sectores más euskarafóbicos. Negacionistas del euskera que desde el principio han intentado desacreditar y caricaturizar el hallazgo, ya sea desde supuestas tesis académicas sin más rigor que conjeturas propias o directamente con el insulto.

Entre ellos ha destacado uno de los promotores de la manifestación contra el euskera en la legislatura pasada, que ha tratado de demostrar que todo es un montaje político y que, en realidad, Sorioneku es una palabra de origen latino. Otro de los agitadores habituales ha definido la mano como un “flequillo aberchandal metálico” e incluso el diario ABC ha querido matizar el hallazgo apelando al “carácter diverso de Navarra en la antigüedad”. Pidiendo incluso que la Mano de Irulegi “no lleve a pensar que el vasco era la lengua mayoritaria en el denominado solar vascón”.

Repercusión internacional

Críticas ridiculizadas por la repercusión internacional que ha tenido la noticia y que ha llevado a los periódicos de mayor prestigio en todo el mundo a hacerse eco del descubrimiento. “La escritura vasca puede ser 1.000 años más antigua de lo que se pensaba” (The Economist); “Palabras en mano de bronce que pueden reescribir la historia del euskera” (Los Angeles Times); “Un antiguo artefacto que podría ayudar a encontrar el origen del euskera” (The Guardian). Son solo algunos de los titulares que ha dejado la semana.

Es en definitiva un descubrimiento de un valor incalculable que seguramente, y más allá de los intentos por desprestigiarlo y silenciarlo, cobrará mayor importancia con la perspectiva del tiempo. Pese a lo manido del término, no estamos acostumbrados a vivir momentos realmente históricos como este, que pasa de la rueda de prensa del lunes directamente a los libros de Historia.

En ese contexto hay que entender la Mano de Irulegi. La Historia nos enseña y nos define. Nos muestra quiénes fuimos y de dónde venimos. Un legado que como sociedad tenemos la responsabilidad de cuidar y recordar, especialmente cuando ese pasado se ha tratado de ocultar. Pero no nos determina. A fin de cuentas, las nuevas generaciones son hijas de su propio tiempo y no deben verse atadas a lo que hubiera podido ocurrir hace más de 2.000 años. Suyo es el futuro y suyas deben ser las decisiones. Y ese un derecho al que no deben renunciar.



Por cierto, las redes no han tardado en dar respuesta puntual al españolismo retrógrada y genocida:

 







 

 

 

 

°

martes, 15 de noviembre de 2022

Santamaria | El Valor de la Mano de Irulegi

El españolismo está temblando de rabia por el significado que entrañan las palabras en euskera antiguo labradas en una pieza de metal con forma de mano que ha sido hallada en el sitio arqueológico de Irulegi.

A ellos, a los españolistas y a los vascos defensores de la euskaldunización tardía, les dedicamos este artículo de opinión publicado en las páginas de Noticias de Navarra:


El valor de la Mano de Irulegi

Joseba Santamaria

El hallazgo de la mano de bronce en Irulegi con las palabras escritas en lengua vascónica más antiguas conocidas hasta ahora es sin duda un descubrimiento histórico. Queda aún mucho por saber y conocer de todo lo que aporta en sí misma la Mano de Irulegi, un camino por delante que tendrá a su vez otros vericuetos diferentes al abarcar investigaciones interdisciplinares, desde el ámbito lingüístico al histórico, arqueológico, antropológico o cultural. No sé hasta donde llevará ese recorrido, seguramente será extenso en el tiempo el recorrido, con dudas, avances y cambios de dirección, pero eso hace aún más apasionante y emocionante el protagonismo de esta localización en la actual Navarra, en pleno valle de Aranguren y a unos pocos kilómetros de Iruña. De momento, la Mano de Irulegi puede cambiar la historia del euskera y también puede desmontar la creencia oficial de que los vascones que habitaban estas tierras serían analfabetos antes de la romanización que ya alcanzaba la zona. Al contrario, esos viejos antepasados tenían una escritura propia para exponer su lengua y capacidad de leerla.

También puede tumbar otros mitos históricos, muchos nacidos desde los prejuicios políticos posteriores, sobre la personalidad y la historia de Navarra en tiempos tan lejanos como aquellos, entre ellos el de la vasconización tardía de nuestra tierra. El euskera ha estado presente en buena parte de la historia de Navarra, es posiblemente la lengua más antigua aún viva en Europa pese a la creciente presencia de otras lenguas en diversos momentos de la historia, pese a la pérdida de influencia territorial, pese a las campañas de desprestigio y pese a los ataques políticos y prohibiciones judiciales a los que se la ha sometido durante siglos. Incluso en las últimas décadas.

La Mano de Irulegi realza todo ese valor común del conjunto de la sociedad navarra y deja aún más en evidencia si cabe la ignorancia y los prejuicios de quienes someten insistentemente a la lengua, la cultura y la historia a sus necesidades políticas y obsesiones particulares de este siglo XXI. Hace unos años Euskaltzaindia inauguró una muestra en el Archivo General que recogía el protagonismo de esta lengua a lo largo de la historia de Navarra a través de documentos escritos a lo largo de 2.000 años. Textos que le hacen referencia como la lingua navarrorum, cartas y manuscritos hasta 36 piezas de valor documental histórico desde la Antigüedad romana al siglo XIX que prueban que el euskera sigue estando vivo en Navarra en este siglo XXI porque siempre ha estado aquí.

La Mano de Irulegi, descubierta gracias al magnífico trabajo arqueológico de la Sociedad de Ciencias Aranzadi –que este año cumple además 75 años necesitada de más ayudas para mantener su trabajo en las ocho excavaciones que tiene abiertas en Navarra–, solo ratifica eso mismo. Que es la lengua propia y original de quienes habitaron estas tierras antes que nosotros y que tiene en Navarra sus raíces. Ése es el valor informativo de la Mano de Irulegi, ofrecer una prueba más para entender que sólo un zoquete político o un indocumentado intelectual puede pretender tirar toda esa herencia social, histórica, humana, cultural y lingüística de Navarra a la basura. La verdad es muchas veces tozuda. 




°

viernes, 28 de octubre de 2022

Egaña | Migraciones

Mucha atención a lo que plantea nuestro amigo Iñaki Egaña con este su texto, mismo que nos ha compartido en su página de Facebook:


Migraciones

Iñaki Egaña

La humanidad se encuentra en un cambio de paradigma, en una nueva encrucijada universal de la que no tenemos ni idea cómo saldremos. Somos 8.000 millones de hombres y mujeres en el planeta, una especie invasiva, el cambio climático anuncia el caos, las guerras por las fuentes energéticas se apilan y el capitalismo traspasa las puertas de una nueva fase cada vez más destructiva. Las migraciones se han disparado exponencialmente. No hay vuelta atrás. En 2020, según Naciones Unidas, 281 millones de personas vivían en un país distinto al que nacieron, el doble que en 1990, más del triple que en 1970.

Euskal Herria, es también destino de migrantes. Durante siglos, fuimos un país migrante, en tiempos en los que la pobreza extendida y el índice elevado de natalidad ejercían de señuelo para la salida. Seguimos las rutas del resto de europeos, primero colonizando y descuartizando pueblos originarios, y luego formando parte de las sociedades criollas, en sus estadios tan bien descritos por Marx. Bajo la tutela de Francia y de España.

Hoy, nos encontramos en una situación histórica inédita. Los registros de natalidad en nuestro territorio están, por diversas razones entre ellas la del auge del feminismo (la visibilización del 50% de la sociedad que hasta ahora estaba oculto), en los más bajos del planeta y el índice de calidad de vida es uno de los más altos de Europa, el mayor del Estado español. Cada año, nuestro consumo es el equivalente al de tres planetas. Para que la tierra no se vaya al carajo y equilibrar ese consumo desmesurado, en otras partes no llegan siquiera a un tercio de lo que les corresponde.

Nuestra esperanza de vida al nacer es la más alta de Europa. Gracias, entre otras cuestiones, a ese expolio sostenido que durante siglos hemos hecho, junto al resto del continente, de los que hoy enlatamos en las expresiones Tercer y Cuarto Mundo, los lugares donde la suya se derrumba y donde la pobreza atrapa a la mayoría de la población. Tenemos con ellos una deuda histórica estratosférica.

De aquella primera oleada de migración hacia nuestro país, la que convirtió a decenas de miles de jóvenes españoles en mineros en los montes de Triano, surgió, de la mano de Sabino Arana, el PNV. Había que preservar la “raza” vasca, el ecotipo que diríamos hoy en día. La segunda oleada llegó también de España, con motivo de la industrialización que convirtió a Bizkaia y Gipuzkoa en los territorios con un PIB exagerado en comparación con las provincias de la piel de toro. Entonces, sin una relación causa-efecto, surgió ETA. Y dejó su impronta en una reflexión que se ha prolongado hasta nuestros días, rompiendo el dilema migrantes/autóctonos: son vascos los que venden su fuerza de trabajo en Euskal Herria.

En 1981, un tercio de la población vasca del sur había nacido fuera de Euskal Herria (en el norte la migración, en este caso “pudiente” tiene que ver con otras cuestiones de clase también, y estuvo en el origen del nacimiento de Iparretarrak). No fue óbice, sin embargo, para conformar un corpus revolucionario y una experiencia organizativa y rupturista inédita en Europa. Así como de los tiempos de Arana reivindicamos también a Perezagua, de la Guerra del 58, nos han quedado centenares de mimbres. Txiki Paredes hace la síntesis de todos ellos.

Hoy, espoleados por falsedades difundidas por la derecha más extrema, se han vuelto a expandir mantras falsos y fakes. Que si nos quitan los puestos de trabajo, que si los salarios se reducen porque aceptan cualquier sueldo, que si son la base de la delincuencia. Mentiras asociadas a un concepto de propiedad, el del territorio, ligado a su vez al de clase. Crónicas rellenadas de típicos tópicos que inciden en la paja del ojo ajeno, y evitan citar la viga en el propio.

Las migraciones del siglo XXI no tienen que ver con las anteriores que recibió Euskal Herria. Hoy son movimientos de un planeta que se agota. Aunque hay un rasgo definitivamente unitario. Entre los que cruzan el Bidasoa, Río Grande, o saltan las vallas en Melilla o el muro de acero en el rio Evros, entre Grecia y Turquía, hay una cuestión histórica: la supervivencia. No morir de hambre. Y en un medio planetario suficiente para alimentar y repartir la riqueza, la humanidad se balancea, desde siempre a la búsqueda del confort alimentario y social. Así de simple.
Por eso me ofenden esos llamados a cerrar nuestras puertas, esas invocaciones a la pureza aranista, esas convocatorias a la defensa numantina de nuestra tradición, argumentos que durante décadas sirvieron para mantener a la mujer, ama de casa, en la cocina. Me ofenden sobremanera esas críticas a la falta de debate, cuando en realidad se debería decir a la falta de debate en las coordenadas que interesan a aquellos que dan más valor a un pasado nostálgico que al presente que nos arrolla. ¿Para cuándo ese debate sobre los migrantes parásitos, esos empresarios y buitres que llegaron a Euskal Herria para hacerse con nuestro patrimonio, con nuestras empresas, con los sillones de nuestros bancos e incluso con nuestra tierra?

Hemos sobrevivido en medio de conquistas, guerras y derrotas, gracias a la capacidad de integrar en nuestra comunidad al diferente. Y el diferente también nos ha contaminado. El euskara se mantiene modernizado, tras incorporar hace dos mil años, la mitad de su vocabulario del latín. Hoy, nuestro proyecto debe de convencer al que llega huyendo del hambre o de la guerra, y hacerle partícipe del mismo.
Porque no hay que olvidar, la migración tiene un gran componente de clase. Y por eso me siento más cerca de Ibrahima Balde, que compartió letras con Amets Arzallus, que de Josu Jon Imaz, de los trabajadores de Huerta de Peralta que de Isabel Busto, la presidente de Confebask. Quienes cuidan a nuestros mayores son migrantes, al igual que los que recogen las viñas de la Rioja alavesa, los arrantzales que salen a por el bonito, los que limpian nuestras carreteras… No hay otra que, nuevamente, reconvertir Euskal Herria.

 

 

 

°