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jueves, 18 de diciembre de 2025

Feliu y la Cima del Atunraju

Desde su página en Facebook traemos a ustedes este texto que Iñaki García Uribe dedica al montañista Juan Mari Feliu, a quien tocó conocer las mazmorras españolas por llevar una ikurriña a la cumbre del Artesonraju en Perú.

Adelante con la lectura:


La ikurriña del Atunraju (1967)

Iñaki García Uribe

NOTA: El domingo pasado se publicó el artículo número 247 de Historias Montañeras en el rotativo Deia. Este fue el resultado.

Como decíamos ayer, bueno, el domingo pasado, parafraseando a Fray Luis de León y Miguel de Unamuno, dado que les une con Juan Mari Feliu que estuvieron en el exilio o presos, publico la segunda entrega sobre este histórico mendizale navarro. Temática hoy sobre el título que pongo.

Hace 58 años una expedición de alpinistas vascos, la primera de la historia con siete montañeros de los cuatro herrialdes, hicieron cumbre en la cima que cito en Perú. Una de las fotos que tiraron y se publicó de extranjis fue la de una pequeñita ikurriña que Feliu llevaba escondida con mucho cariño. 

Fueron en barco de bandera alemana, salieron de Santurtzi, llevaban todo el material para el ascenso, entonces muy pesado, fue un mes de travesía. Juan Mari, Ángel Vallejo Rosen y Luis María Saénz de Olazagoitia, quienes luego participaron en las expediciones al Everest de 1974 y 1980, a la que Feliu no por estar preso. El resto de expedicionarios en avión. Lo siete hicieron cumbre tras tres campos consecutivos de altura y aclimatación.

Era la montaña virgen más alta de Sudamérica con 5897 m. La ya famosa ikurriña que muestro en una fotografía se la dio a Juan Mari ni más ni menos que Juan Ajuriaguerra. Textual, mandato del partido, me dice. Fue en un acto de despedida que le hicieron a Feliu en Bilbao sus colegas de EGI y estaban presentes algunos burukides y quien fuera fundador de ETA, Julen Madariaga.

La ikurriña la puso colgada en la litera del barco y les contó la historia a Rosen y Olazagoitia. Les pareció bien que la subieran a la montaña, todavía no sabían si conseguirían cima.

La famosa foto fue secreta, nada dijeron ni publicaron, pero un chivatazo en formato carta postal, anónima, a la FEDME, les delató. Sólo entró en el talego Juan Mari. En ese momento estaban preparando la expedición Tximist al Everest y Feliu era el contacto de cuota navarra. Cinco meses después la Guardia Civil le preguntó por una bandera española que también llevaban. Les dijo que la perdió, pero lo que hizo fue quemarla en una pira de piedras.

Le soltaron gracias a Manuel Fraga debido a las presiones al gobierno del país vecino, muchos le hacían saber a Iribarne que no se puede hacer eso por una fotografía de una bandera.

Luego Feliu está presente en el récord mundial de espeleología en una cavidad en la zona de la piedra de San Martín, en Larra Belagua. Fermín Leizaola, recientemente fallecido, a quien dediqué un obituario aquí, mi jefe y maestro en el departamento de etnografía de la Sociedad de Ciencias Aranzadi, le cogió estando haciendo dedo en Izaba, donde había llegado en La Roncalesa. Antes que ellos tres expediciones internacionales intentaron bajar al lugar más alejado de la tierra, no lo consiguieron. Parece ser que Mintxo iba a hacer su histórico trabajo sobre pastores y bordas y cambió el plan. Esto no lo tengo muy claro, pero así será.

La ikurriña se la entregó a la vuelta a su amigo Manuel de Irujo. Tras la llamada que le hicieron para que entregase la ikurriña hasta que le detuvieron, pasó un mes. Se presentan en su casa dos policías secretas que revolvieron todos los armarios. No tenía pasaporte y acababa de volver de Iparralde. Resumen, estuvo dos meses de cárcel en dos prisiones diferentes. 

Dos años después, en 1969, le detienen por segunda vez. Por mugalari de Euzko Gastedi. De nuevo le revolvieron la casa. Estuvo preso en Carabanchel y salió debido a intermediarios con el gobierno español. Fueron 50 días en una mazmorra el solo. Escuchaba cantar a otro preso. Adelgazó mucho, era imposible meter comida exterior.

En lo relativo a Perú, tras hacer cumbre, tuvieron una recepción con el presidente del país, me dice, salimos todos mareados y borrachos Iñaki debido al ágape que nos prepararon. Realizaron una exposición de aquella gesta, itinerante, en tableros. Dieron conferencias y pasaron proyecciones de diapositivas por toda Euzkadi. 

¿Cuál es el libro Juan Mari de tus 48 impresos que más te ha llenado? Cumbres de Navarra, me responde. Cuenta con seis reediciones. También me anota que Excursiones por los pueblos perdidos de Navarra es otro de sus preferidos. Visitó todos y cada uno de los pueblos perdidos de su provincia, los fotografió e hizo una ficha de cada uno. El gobierno de Nafarroa tomó buena nota de aquel trabajo.

Juan Mari fue fundador de Deia en Nafarroa, gran columnista sobre montañismo. El Lehendakari Garaikoetxea le pidió que fuera a Iruña a ayudar al partido. Buscó un local y organizó el Partido Nacionalista Vasco. Trabajó de cajista en dos imprentas en Iparralde que luego volaron los GAL. Una en Donibane Lohitzun que el partido abrió con ayuda Iñaki Durañona, quien era director del Banco Bilbao en Hendaia. Su hermano secretario del Lehendakari Agirre. La imprenta volada se reconstruyó con dinero de un secuestro de ETA. La otra imprenta era Mugalde, al lado de la estación de tren de la capital de Lapurdi. 

Tres hermanos de Juan Mari, fallecidos, fueron también pioneros del montañismo navarro; Marcos, Pedro y Andoni. Ha tenido 300 reconocimientos a su trabajo por el montañismo, se dice pronto. Este es el 302, tras el artículo del domingo pasado.




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sábado, 15 de febrero de 2025

Egaña | Tortura: de Bilbao a Estambul

Hace unos días el referente de la izquierda abertzale Arnaldo Otegi daba a conocer pormenores de la tortura a la que fue sometido por los esbirros del españolismo:


Hoy, día contra la #tortura, quiero relatar las que me practicaron en Intxaurrondo y en la dirección general de la Guardia Civil en Madrid.

Día 1. Me ponen una camisa de fuerza y me sumergen una y otra vez en la bañera. Me la practican continuamente hasta perder el conocimiento.

Día 2. Siguen con la bañera, pero la acompañan de la utilización de descargas eléctricas. Durante todo el día.

Día 3. Ahora se suman los golpes y continuan los largos interrogatorios con amenazas hacia mi hijo y mi familia. Amenazas de muerte.

Día 4: Sigue el calvario. Picana electrica, la bañera y amenazas. Ese cuarto día me dejan una pistola en la mesa y me animan a cogerla y fugarme.

Día 5. Declaración con abogado. No se si es abogado o Guardia Civil. Me dicen que lo firme todo o que luego volvemos a empezar. Niego todo y no firmo.

Día 6. Ingreso en prisión y denuncio torturas. Mi denuncia llega a las Naciones Unidas.


En esta ocasión, les compartimos este texto dedicado precisamente a la tortura, de la pluma de Iñaki Egaña, quien lo ha compartido en su perfil de Facebook:



Tortura: de Bilbao a Estambul

Iñaki Egaña

En 1957 y 1959 se produjeron en Bilbo razias policiales con maltratos a los detenidos, con el objetivo de detener a jóvenes de EGI que salían del cascaron y llegaban a un escenario en blanco y negro, donde por gritar “Viva Rusia” o “Gora Euskadi”, al margen de una buena somanta de ostias, arriesgaba a dos años de prisión. “Era lo habitual”, han reconocido los defensores de esa “Transición modélica”, entonces en la oposición, y que a partir de la llegada de la monarquía parlamentaria dijeron que aquellas malas prácticas desaparecieron. Me ha recordado cuando hace poco más de una década la nefasta Yolanda Barcina, presidenta del Ejecutivo foral navarro y luego a su dimisión consejera de Movistar, fue acusada de cobrar dietas por valor de 68.500 euros de reuniones que no había asistido, y se defendió con aquella mítica frase: “era lo que se venía haciendo”.

Al parecer, la tortura había desaparecido, pero la corrupción, al menos en 2013, no. Esta semana, ya metidos en 2025, hemos conocido el informe anual de Transparency International (TI, “The global coalition against corruption”) que adjudica a España en el tema de la corrupción un papel activo en su desarrollo. Estados como Ruanda, Qatar, Cabo Verde o Arabia Saudí son menos corruptos que España que se coloca a la cola de Europa, con el consuelo de que más atrás está la Italia de Goirgia Meloni. Para afianzarse, la derecha española señala que la corrupción se ha elevado a niveles de la época de Felipe González. ¿Y la tortura? Hoy, gracias a los informes de la Fundación Euskal Memoria y el IVAC para los gobiernos de la CAV y la Comunidad Foral Navarra, hemos logrado varias conclusiones. Una de ellas que la tortura en comisarias y cuarteles no se relajó, como dijeron los adalides de la Transición democrática. Que incluso incorporaron a su uso a cuerpos de creación reciente, como la Ertzaintza. Y que el pico más alto de malos tratos y torturas se ejerció en las legislaturas de Felipe González.
Hoy aún persiste esa negacionismo, quizás en ambos casos. La corrupción y la tortura son esporádicos, como en cualquier otro lugar del área occidental. Saltaron casos especiales, mediáticos, como los de Egunkaria, Unai Romano, Kepa Urra, Sandra Barrentxea o el de Patxi Arratibel que logró firmar su declaración con aquel Aztnugal (laguntza, leído en sentido contrario). Los esporádicos que dirán los del Régimen del 78. Pero el trabajo del IVAC nos va contando que ya van más de 6.000 los torturados. Un escándalo en la Piel de Toro, tan cerca de Abu Ghraib y Guantánamo. Y, para su defensa, con la complicidad de jueces, medios de comunicación, lideres de formaciones políticas, instituciones y, huelga decirlo, de fuerzas policiales que inventaron manuales y textos, con una literatura barata, mientras el “Manual del torturador español” de Xabier Makazaga era prohibido en bibliotecas y foros de debate.

La última andanada fue la de la Audiencia Nacional contra Iratxe Sorzabal. En diciembre de 2017, por orden de la justicia francesa, varios expertos confirmaron que el relato que Sorzabal sobre las torturas sufridas en 2001 por parte de la Guardia Civil era verídico. Lo hicieron aplicándole el Protocolo de Estambul, la prueba del algodón. Dicho protocolo fue elaborado por la ONU. El 9 de agosto de 1999 fue presentado a la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos el manual para la investigación y documentación eficaces de la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes, denominado Protocolo de Estambul. La versión revisada del Protocolo de Estambul presentada en Ginebra el 29 de junio de 2022 mostraba el papel fundamental que cumplían los expertos forenses en la investigación de la tortura y del maltrato. España lo rubricó con su firma. Pero prevaricó. A pesar de las recomendaciones y las firmas, el Protocolo de Estambul no fue aceptado por la mayoría de los jueces de la Audiencia Nacional. En el caso de Iratxe no se hizo, ya en Madrid, prueba pericial, ni se tramitó el realizado en París. Simplemente se rechazó. Usos y costumbres, “era lo que se venía haciendo”.

Hoy, se presenta en el Kursaal de Donostia la recién creada “Euskal Herriko Torturatuen Sarea”, que acoge a cientos, miles de torturados en las últimas décadas. Una iniciativa que tiene como sustento ese reconocimiento en la CAV y en la CFN de que la tortura ha estado generalizada entre nosotros, por encima de negacionismos y justificaciones. Son tiempos convulsos también, pero tiempos de reconocimientos, sobre todo de aquellos que hicieron un trabajo intenso, contra viento y marea. No sólo de los torturados, que parecieron predicar en el desierto, sino incluso de comisionados especiales de Naciones Unidas como Theo Van Boven que fueron tachados de marcianos, por incidir en la culpa de España. En 2021, Amnestý International recordaba que España -el entonces monarca Juan Carlos Borbón lo avaló con su firma- había rubricado la declaración contra la tortura en 2006, pero que 15 años más tarde no la cumplía.

Y este tiempo de reconocimiento, también, de aquellos pioneros, que a la sombra de la firma en Nueva York, organizaron en diciembre de 2006 en Elorrio, el Torturatuen I. Nazio Batzarra, con la participación de 421 afectados. La asamblea derivó a una primera organización de torturados, con comités locales en 20 eskualdes, que comenzaron a formarse en febrero de 2007. Sus conclusiones las englobaron en siete puntos, cuyos dos primeros decían: “Somos personas torturadas y como tales nos reivindicamos dignamente. La tortura está amparada y tiene responsables que viven con total impunidad”. Hacían un “llamamiento a todos los torturados para unir fuerzas y luchar de manera conjunta”. Bienvenido sea, porque entonces, recordarán, todos los movimientos relacionados con la solidaridad con los presos o la defensa de los derechos humanos, fueron criminalizados y la mayoría ilegalizados. Efectivamente, nuevos tiempos. Pero para todos.

 

 

 

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viernes, 15 de noviembre de 2024

Dejadez Ante la Tortura

Retomamos el tema de la tortura, herramienta del arsenal del terrorismo de estado a la que recurrió con especial entusiasmo Madrid, con este reportaje publicado en las páginas de El Salto:


El último informe sobre violencia política y torturas en Euskadi: 93 casos más y 417 sin resolver

Recopila los datos desde 2019 y suma 238 casos confirmados de violencia política. Los investigadores de la Comisión de Valoración denuncian la dejadez de la Administración vasca y denuncian que hacer esperar a cientos de familias es injusto e incrementa el dolor.

Luis Miguel Barcenilla

La Comisión de Valoración que se encarga de estudiar los casos de violencia política y atentados contra los Derechos Humanos en Euskadi entre 1978 y 1999 ha informado de 93 nuevas víctimas. En total, desde 2019, ya son 238 los casos confirmados por este organismo. La Comisión ha resuelto 96 informes y, de ellos, se han estimado 93. De las víctimas, hasta 75 sufrieron tortura y dos de ellas acabaron en muerte. La Comisión denuncia que por culpa de la falta de forenses ha tenido que parar su actividad por primera vez en cuatro años. Han reivindicado que sus dictámenes son necesarios “para la resolución de cada expediente”.

Sobre las 75 víctimas de tortura, del informe se desprenden hasta diez casos de violencia contra la libertad sexual. También, por ejemplo, detenciones durante los estados de excepción o amenazadas antes y después. Queda claro, además, que se deben sumar 20 casos más, pues algunos de ellos lo sufrieron varias veces.

La adscripción de las víctimas es variada, aunque el entorno de la izquierda abertzale es el que más suma con 22 casos. Además, hay miembros de CC OO, EGI, Euskadiko Mugimendu Komunista, LAB, Miembro de Euskadiko Ezkerra o la Organización Revolucionaria de Trabajadores. Hay 13 casos sin adscripción política, varios menores que estaban presentes en manifestaciones o bares y personas vinculadas a la cultura.

Los victimarios principales son la Policía y la Guardia Civil –con 42 y 41 casos–, participando juntos en un caso más. La Ertzaintza computa en tres casos. Los grupos incontrolados o parapoliciales como el Batallón Vasco Español, los GAL o la Organización Armada por la liberación nacional contra el Marxismo y el Separatismo (OAMAS) también aparecen identificados en un total de seis casos.

Cocoliso, un infiltrado que colaboró en la muerte de dos personas

José Luis Arrondo, al que apodaban ‘Cocoliso’, se hacía pasar por refugiado en San Juan de Luz y Biarritz. Huyó de la embarcación en la que iba junto a José Luis Mondragón y Roque Jabier Méndez, que habían dejado ETA en 1973 y 1970. Les ofrecía ayuda para cruzar a Francia porque la organización ya estaba distanciada de ellos. Ese 20 de mayo de 1974 fueron disparados en la playa de los Frailes, en Hondarribia. La Comisión instó, con el permiso de las familias, a exhumar el cadáver de Roque, enterrado en Portugalete. El estudio forense determinó en 2023 que “existen evidencias que sugieren que se habría tratado de una actuación policial no legítima ni proporcionada”. Un cañón cercano al cuerpo, otro más alejado. Dos balas. Puede que una más: había tres agujeros de salida. Los forenses concluyen que la versión oficial se sustentó en un examen deficiente: “Podría haberse tratado de una investigación ni independiente, ni imparcial, ni objetiva”. Investigaciones posteriores, como publicó Hordago-El Salto, apuntaron a que la ejecución que facilitó la infiltración, por un lado, era una acción extrajudicial, y por otro, que se trató de una vulneración del derecho a la vida totalmente injustificada.

En este nuevo informe donde han tratado el caso de Roque, la Comisión valora que “se desprende con nitidez la ausencia en este caso de una investigación judicial efectiva, así como la absoluta falta de depuración de responsabilidades por un operativo policial que acabó con la vida de dos personas”. Además, explican que la “hipótesis” de “ejecución extrajudicial” queda apuntalada.

Del informe presentado por la letrada Juana Balmaseda y el profesor Jon Mirena Landa se desprenden las formas de sufrimiento infligido por cuerpos de Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado o grupos parapoliciales en estos nuevos casos estudiados: nueve víctimas recibieron impactos de bala, de las cuales, seis de ellas con resultado de muerte y tres con lesiones graves. Dos fueron los jóvenes que navegaban con el infiltrado de ultraderecha, Cocoliso, cercano a Fuerza Nueva.

Hasta seis personas fueron víctimas de agresiones policiales en el transcurso de manifestaciones; cuatro por el impacto de botes de humo o pelotas de goma, con pérdida de visión y “perjuicios estéticos muy graves”. José Manuel Eceolaza perdió el ojo izquierdo por un pelotazo el 27 de noviembre de 1979. Tuvo que dejar sus estudios en carpintería. Su “delito” fue protestar en Orereta por el Estatuto de los Trabajadores y el Plan Económico del Gobierno. 

La comisaría de La Salve (Bilbao), centro de tortura y violencia sexual

El informe repara en la perspectiva de género aplicada a la tortura. La Ley 12/2016 ya recoge la tipificación explícita de violencia sexual, así como física, psíquica y moral, aludiendo al hecho contrastado de que las mujeres que sufren torturas o malos tratos “enfrentan un riesgo específico añadido de sufrir actos de violencia sexual a causa de su género, orientación sexual o identidad de género”. Comentarios vejatorios sobre sus cuerpos, privación de productos de higiene personal cuando se encontraban con la regla, tocamientos, agresiones sexuales y violaciones. Incluso con objetos. Un testimonio del 23 de junio de 1973 señala a los agentes del cuartel de La Salve.

Esta mujer señala que la desnudaron, la insultaron, la colgaron de la trenza, la trataron de ahogar... Ella contaba: “El que me había detenido me dijo: ‘Como te ha dicho ese, no te va a quedar ningún agujero para mirar” y entonces, “me lo hizo por la boca. Cuando terminó, el capitán al mando dijo: ‘Écharle un jarro de agua para que le vaya todo para adentro y se acuerde de nosotros”. Los mismos guardias civiles le orinaron en la cara. Esta mujer contaba el “suplicio”, según sus palabras, que fue su vida con el recuerdo. No denunció. El informe recoge que “no se siente persona” desde entonces.

De las ocho personas fallecidas reconocidas en este último informe, dos estaban bajo custodia policial: una en coche policial, otra en dependencias policiales. Felipe Baz González, miembro de CC OO, fue disparado encontrándose detenido por la Guardia Civil. El balazo en la cabeza acabó con su vida. Tenía 19 años. Era 7 de enero de 1979. La versión del instituto armado fue que había sido un disparo fortuito. Sus amigos comentaron que les interceptaron pensando que habían robado un coche y que hubo maltrato y golpes. Otra versión dice que enfureció al agente al taparse los oídos por los gritos que estaban dando los guardias civiles. “No se realizó autopsia alguna. Al parecer, había prisa oficial por enterrarlo”, indican los investigadores. La familia se dio cuenta de nuevos agujeros de bala al desvestirlo en la funeraria. Tres impactos en el pecho. La familia y los amigos fueron amenazados por ahondar en el caso. “Nadie fue juzgado por esta muerte. La falta de transparencia y la inacción de la justicia ahondó, más si cabe, el dolor de la familia B.G.”, explican en el informe.

Dos personas de las estimadas en esta fase resultaron heridas de gravedad tras la explosión de bombas de grupos parapoliciales. Estos mismos grupos se identifican como autores de disparos de arma de fuego contra otras dos víctimas.

Por años, de estos nuevos 93 casos, el periodo entre 1983-1999 es el que mayores víctimas devuelve –42 registros–, seguido de 1976-1982 –31 casos–, 1961-1970 –10 más– y 1971-1975 –10–.

Toque de atención al Gobierno Vasco y al Parlamento Vasco

La Comisión de Valoración ha pedido mayor implicación al Parlamento Vasco, incluso llegando a solicitar la creación de una ponencia específica. El objetivo es “dar a conocer la sangrante realidad que representan las violaciones de derechos humanos objeto de esta ley [Ley 12/2016]”.  Juana Balmaseda explicó que hay una suma total de 417 expedientes sin valorar, aún pendientes. En este último año  y con 20 reuniones plenarias, se han alcanzado a resolver 96 de ellos, donde se han obtenido estos datos.

La falta de forenses ha llevado a la Comisión a parar su actividad. Lo explicaron así: “La razón de esta grave situación es la ausencia de médicos forenses que impide que podamos seguir resolviendo expedientes porque la ley obliga a que dichos profesionales emitan un informe y lo firmen para la resolución de cada petición”. Balmaseda subrayó que “este grave asunto trastoca y compromete el futuro inmediato del trabajo” de la Comisión. Afirman haber trabajado de forma “ejemplar” y “gratuita” usando el tiempo no laboral, sin ser reconocidos de ninguna forma. “La situación es insostenible”, afirman. “Es obligación por mandato legal de la Administración proveer los medios y las condiciones laborales justas para esta labor que no puede pretender que se vaya a realizar como si de un voluntariado se tratara: no es serio, ni digno, ni aceptable”.

En la presentación de los datos, han reconocido que la espera de algunas familias llega a los dos años: “Somos conscientes de que la tramitación de algunos expedientes está siendo excesivamente larga”. Se debe, según explican, a la “reapertura de diligencias judiciales, lo que obliga por ley a suspender la tramitación, o la tardanza en obtener informes médicos que sólo podían ser entregados a familiares directos”. Esto podría, argumentan, “incrementar el sufrimiento y la injusticia”. “Algunas víctimas están muertas, pero mucha gente de su entorno sigue viva y está esperando la respuesta y la reparación”, insisten.

El Archivo Militar de Ferrol obstruye el esclarecimiento de casos de violencia policial

La Comisión de Valoración, según explicaron, tiene “serias dificultades” para obtener información sobre los expedientes en el Archivo Militar de Ferrol, institución que “ha tenido comportamientos obstructivos porque ha establecido un nivel de exigencia superior al exigido por la propia ley, lo que ha obligado a reiterar las peticiones en más de una ocasión”.

No se lo ponen fácil tampoco los tribunales de la Comunidad Autónoma Vasca:  “El hecho de que no existan mecanismos de conexión dotados de recursos por el Departamento de Justicia dificulta el trabajo”.

 

 

 

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sábado, 28 de enero de 2023

Egaña | El Kaiku del Gudari

En días recientes una referente del gobierno de la CAV habló acerca de la idoneidad de la utilización de kaikus para lograr la autodeterminación de Euskal Herria.

A ese malhadado comentario le dedica este texto nuestro amigo Iñaki Egaña desde su trinchera en Facebook:


El kaiku del gudari

Iñaki Egaña

Manu Agirre, uno de los fundadores de ETA, vivo por cierto con sus 97 años a pesar de que algunos medios lo consideran fallecido, solía reunirse con el lehendakari Agirre, a quien visitó en varias ocasiones en su sede del exilio, en París. Asistía en compañía de Txillardegi, ese gigante de las letras vascas y del renacimiento del euskara al que el PNV del siglo XXI sigue criminalizando a pesar de los 11 años de su falta. Cuando José Antonio Agirre falleció, ETA le dedicó la portada de su publicación Zutik: “gure presidente maitea”.

Jesús Mari Leizaola, que participó en otras reuniones con los jóvenes que crearon ETA, fue nombrado nuevo lehendakari. La verdad es que el traje le venía ancho. A pesar, se implicó en la denuncia de las torturas a los militantes de la nueva organización, se volcó en arropar a los del Consejo de Burgos y llegó a defender públicamente las operaciones de ETA: “Los vascos no somos autores de acciones criminales, sino de defensa”. El boletín del Gobierno que presidió publicó diversos comunicados de ETA. Y para enfado del Madrid llegó a decir, en fecha tan tardía como 1977, que los activistas de ETA que demostraran “aptitudes militares” podrían ingresar en esos grupos que el PNV estaba preparando, previos a la restitución de la Ertzaintza.

Desde 1958, decenas de militantes del PNV abrieron sus puertas a militantes de ETA, discutieron con ellos, agradecieron su valentía y recuperaron una ilusión que la derrota de la guerra había borrado. Es más, desde esa fecha, centenares de militantes de las juventudes jeltzales ingresaron en ETA hasta el punto que, en 1972, gracias a ellos una ETA descabezada sobrevivió durante los años siguientes. Militantes de ETA muertos por la Guardia Civil en aquellos años habían hecho un recorrido previo en EGI, la misma organización en la que dio sus primeros pasos políticos, años más tarde, el actual lehendakari de la CAV, Iñigo Urkullu.

ETA y PNV firmaron manifiestos conjuntamente en época franquista. Con ELA también. Hasta tal punto hubo ciertos vasos comunicantes, que la dirección de PNV en Bizkaia alumbró en 1969 uno de los comunicados que en 2023 más pueden sorprender: “Reconocemos la legalidad de la lucha violenta contra el Estado español y, en general, contra cualquier forma de gobierno basada en la violencia y el terrorismo. Rechazamos, sin embargo, la violencia como táctica, no por injusta, sino por ineficaz; pero creemos en la necesidad de usar de la violencia: accidentalmente, en situaciones concretas y especiales y, sistemáticamente, en la fase final de liberación, posterior a la fase de concienciación popular en la que nos encontramos”.

En 1981, Mikel Isasi, miembro de la dirección del PNV, fue juzgado por haber dado armas y explosivos a los activistas Jokin Artajo y Alberto Asurmendi, que murieron cuando manipulaban una bomba, 12 años antes. El mismo Mikel Isasi, fue detenido en 1996, por orden de la jueza francesa Levert, bajo la acusación de colaborar con ETA, tal y como lo habían hecho compañeros suyos en las décadas anteriores. Tras la ruptura en 1986 y la escisión de EA, los jeltzales Xabier Arzalluz y Luis Mari Retolaza se reunieron en Bidarte con Txomin Iturbe y José Luis Arrieta, que representaban a ETA, pidiendo un trato de favor para quienes se quedaban con las siglas del PNV.

La época franquista, sin embargo, ha sido motivo reciente de revisionismo. Y no me refiero a los trabajos del Melitonium, empeñados en arengar que los militantes de ETA surgieron por alguna tara genética y que el abertzalismo es una anomalía contraria a los dictados naturales. Me refiero a ese sector de “ilustrados” del PNV, liderados por Urkullu y esa obsesiva que es Beatriz Artolazabal, que niegan incluso la historia de su propio partido.

El revisionismo, en ese interés de las contratas jeltzales por conseguir votos de los sectores de la derecha española para las elecciones que llegan esta primavera, se balancea en esas tendencias que recorren el mundo ultra a través del planeta. Repetir una ficción para darle credibilidad. Artolazabal lo ha bordado, como si se tratara de un nuevo Pío Moa.

Y con ella, algunos sectores del PNV se han apropiado de nuestra historia desde posiciones retrógradas. Apoyados por advenedizos como la citada, que apenas contaba con cinco años cuando murió el dictador. Sólo alguien que frivoliza a torturadores como Melitón puede decir que únicamente el kaiku fue símbolo de resistencia. Sólo alguien que no recuerda los estados de excepción y la represión, la organización y la razia obrera en su Gasteiz natal, puede reivindicar que repartir estampitas de San Ignacio fue antifranquista. Por cierto, la Ertzaintza robó la ikurriña de la manifestación que abría en 2006 la manifestación recordando el 3 de marzo de 1976. ¿Era la que reivindicaba Artolazabal?

El Frente Cultural de ETA fue motor para ikastolas, kantaldis, concentraciones de reafirmación nacional en Urbia o Mairulegorreta o expansión de la ikurriña, también en cables de alta tensión. Los Aberri Egunas como días de recogimiento y misa mayor que organizaba el PNV se rompieron desde Itsasu, ya en 1963, por convocatoria de ETA y Enbata. Etxamendi y Larralde popularizaron el “Iup la, la”, que no era precisamente un rezo dominical.

Nuestra historia es plural y llena de compromisos. Los muertos de la guerra no fueron exclusivos del PNV. Hoy sabemos que, estadísticamente, la mayoría fueron comunistas, anarquistas y ekintzales. Sabemos, también, que el nacimiento de Ekin y ETA tuvo un responsable. Y no lo fue el franquismo, sino la pasividad y la asunción de la derrota por parte del PNV. Y conocemos, asimismo, que la resistencia en esa época, cultural, política y activista fue gracias a una generación que ofreció más que reclamó. Y que la supervivencia llegó gracias a ellas y a ellos. Y si tienen dudas documentales, consulten, entre otros, los fondos de la Fundación Sabino Arana. Leer, aunque sea por una vez, les ayudará a conocer la verdad.

 

 

 

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sábado, 29 de enero de 2022

Egaña | Apología de la Ocupación

El informe perpetrado por el PNV en contra de la memoria reciente del pueblo vasco no ha engañado a nadie, ni a tirios ni a troyanos.

Aquí traemos para ustedes la certera respuesta al mismo que Iñaki Egaña nos ha compartido en Facebook:


Apología de la ocupación

Iñaki Egaña

Cuando las tropas fascistas entraron en los últimos refugios vascos republicanos describieron su relato con la firma de “Ejercito de Ocupación”. La rúbrica no fue literatura, sino todo lo contrario. En 1940, según el INE, el 1,63% de la población vasca eran policías, guardia civiles o militares, 20.187 agentes. Una cifra de escándalo. Resultó, sin embargo, que, con la desaparición de la dictadura y la restauración monárquica de 1978, las cifras policiales en Hego Euskal Herria continuaron siendo de Libro Guinness.

Aún en 2014, el año que ETA comenzó el sellado de su arsenal (por si alguien utiliza su comodín como excusa de la presencia policial), 17.563 policías (incluidos guardias civiles y excluidos agentes municipales) copaban las comisarías y cuarteles de los cuatro territorios vascos peninsulares. Un 0,63% de su población, o lo que es lo mismo 703 policías por cada 100.000 habitantes. La presencia más alta de la Unión Europea y sus aledaños, cuya media era de 388. Continuaban con la poca literaria referencia de “Ocupación”.
Muchos de los agentes solicitaban voluntariamente su destino en “Vascongadas y Navarra” por razones ideológicas, aunque la mayoría por cuestiones económicas: vacaciones dobladas y pluses de peligrosidad, como si Bilbao fuera Kandahar e Iruñea Aleppo. Sus cuarteles se convirtieron en bastiones con alambradas y llegaron a crear verdaderas ciudades en miniatura, como la que edificaron el barrio donostiarra de Intxaurrondo. Congeniar con la población autóctona era peligroso, según los manuales al uso.

Llegaron por la puerta grande, como un elefante en una cacharrería. La Guardia Civil se hizo cargo de la detención, tortura y ejecución del arrasatearra Isidro Iturbe, que tuvo la ligereza de hablar en euskara por la calle a su esposa. En Villafranca, un sargento benemérito decapitó a Agustín Arana. En Gasteiz, los agentes mataron al poeta Lauaxeta y en el Bidasoa, cuando lo cruzaba para poder pelear en EEUU, al boxeador Víctor Belandia. En el cuartel de Lodosa apalearon hasta la muerte a Felipe Salvatierra, por vivir amancebado con una mujer. Aquiles Cuadra, alcalde de Tudela, fue muerto por agentes de verde por pedir en un pleno la retirada de la Guardia Civil de su municipio.

Alfredo Espinosa, primer consejero de Sanidad del Gobierno vasco, el mismo que hoy preside Gotzone Sagardui, fue detenido en Zarautz por la Guardia Civil y ejecutado. Un policía armado le dio el tiro de gracia a Lluís Companys, presidente electo de la Generalitat catalana. Policías y guardia civiles voluntarios mataron en Burgos y Sardañola a los militantes vascos Ángel Otaegi y Txiki Paredes.
Entre los policías, la figura de Melitón Manzanas, agasajado con medallas laudatorias por Franco y Aznar, brilla entre centenares. Gisèle Halimi lo caracterizó antes de que su fama se le uniera a la tortura, contando cómo entregó a decenas de judíos a la Gestapo después de robarles sus pertenencias. Al inicio de la década de 1960, después de una redada contra EGI, las juventudes del PNV, unos pasquines identificaban a los torturadores: Eymar, Gabalcón, Pérez Abril, Manzanas, Nieto, Castro, Maestre, López Arribas, Palomo, Sierra, Urbano, García Escobar, Ellacuriaga… Comisarios policiales haciendo efectiva la ocupación.

El socialista Ramón Rubial, presidente del PSOE desde 1981 hasta su muerte en 1999, fue torturado. Al igual que su colega el médico Martin Santos, o Jokin Intza, del PNV, o el anarquista Auspicio Ruiz o el comunista Timoteo Plaza o Andoni Arrizabalaga (el protagonista de la canción “Itziarren Semea”). Como Iratxe Sorzabal, que será juzgada próximamente, según el resultado del Protocolo de Estambul que le aplicaron para conocer la veracidad de su denuncia. Joxe Arregi sufrió el interrogatorio de más de 70 policías y murió en la picana, como Esteban Muruetagoiena. Juan Antonio González Pacheco (Billy el Niño), Roberto Conesa… transmitieron el testigo a centenares de agentes jóvenes, una minoría condenados y la mayoría de ellos indultados. Según el Informe del IVAC encargado por el Gobierno vasco, 3.600 ciudadanos de la Comunidad Autónoma fueron torturados por policías y agentes beneméritos, el 71% después de la restauración monárquica de 1978.

El Informe Navajas (Fiscalía de la Audiencia Provincial de Gipuzkoa, 1989) apuntaba los lazos y ordenación del narcotráfico desde la comandancia de Intxaurrondo y la Comisaría de Irun. Los cantautores Etxamendi y Larralde compusieron una canción (“Zure kontzertu batez”, 1980) en la que relatan la detención y violación tras un control policial de una joven de Orereta. Controles, por cierto, en los que, durante decenas de años, los detenidos sufrieron todo tipo de vejaciones y humillaciones. El agente Ginés Cecilia Rico mató al concejal Mikel Arregi en un control en Etxarri Aranatz. Guardia civiles sin identificar mataron en controles a Mikel Salegi en Añorga, a Gonzalo Pequeño en Lutxana, a Marian Baranidaran en Gasteiz. El policía Antonio Caba mató al travesti Vicente Vadillo en Orereta, la población donde tras una carga policial, los agentes robaron en los escaparates. El guardia civil José Martínez Salas descerrajó un tiro en la sien a la ecologista Gladys del Estal.

En diciembre de 1936, el lehendakari José Antonio Agirre, disolvió la Guardia Civil y ordenó la detención de todos sus miembros. En junio de 1979, el Ayuntamiento de Iruñea pidió la retirada de las Fuerzas de Orden Público de Navarra (PNV, PSOE, HB). Por esas fechas, el senador Juan María Bandrés, que murió en 2011 siendo militante del PSOE, señaló que “la presencia de las Fuerzas de Orden en Euskadi es, de por sí, una provocación”. En 2022, sin embargo, el lehendakari Iñigo Urkullu avala el informe encargado al Instituto Arrupe (Universidad de Deustu) en el que guardia civiles y policías son considerados “trabajadores en primera línea de la salvaguarda de las libertades públicas”. El blanqueo promovido por su partido no tiene límites. ¡Qué vergüenza!

 

 

 

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sábado, 12 de junio de 2021

Egaña | Juventud Criminalizada

Desde Facebook traemos a ustedes el análisis que realiza Iñaki Egaña centrado en la más reciente embestida por parte del franquismo borbónico en contra de la juventud vasca.

Y para que se entienda, las muchas de arena por parte de la Ertzaintza en contra de lo que supuestamente es su propio pueblo no se compensa con esa de cal que le dieron a Cake Minuesa.

Adelante con la lectura:


Juventud criminalizada

Iñaki Egaña

Después de un proceso burocrático que comenzó en junio de 2018, en febrero del pasado año, justo unas semanas antes de la detección de la pandemia, el Gobierno del Ejecutivo de Urkullu presentaba el Proyecto de Ley Vasca de Juventud. Llegaba con 40 años de retraso, porque el Gobierno de Gasteiz tenía la facultad de haberlo redactado desde el segundo minuto de la aprobación del Estatuto de la Moncloa (1979).

Desde 2011, el Viejo Reyno adoptó su Ley Foral de la Juventud y un año después, en 2012, el Gobierno de Patxi López intentó sacar adelante su Ley Vasca de Juventud, pero el PNV, junto al PP y otros, la tumbaron. Los jeltzales, que presentaron una enmienda a la totalidad, la consideraron “demasiado genérica”. La izquierda abertzale, excepto Aralar, estaba ilegalizada. La CAPV es la única autonomía del Estado español sin ley de juventud.

En la exposición de motivos del Proyecto actual, en fase de debate, enmiendas y modificaciones en el Parlamento Autonómico, no se alude a las causas del retraso, a pesar de que se identifican problemas inherentes a la condición biológica de las personas jóvenes: precariedad, contratos y becas fraudulentas, acceso a la vivienda… Lo que produce a la juventud, según el Proyecto de Ley, “un retraso en completar la transición a la vida adulta”.

Simultáneamente al debate sobre la futura Ley, Gaindegia ha editado un estudio sobre juventud y vivienda en el que los datos de emancipación son realmente preocupantes, fruto de las condiciones estructurales y la especulación sistémica sobre derechos supuestamente amparados por las constituciones que nos confinan a los vascos, la francesa y la española. El diario madrileño El País, paralelamente, ha publicado días atrás un trabajo demoledor, con el territorio español de marca, titulado “Cómo es ser joven en 2021”. El titular, la frase de un entrevistado, es sintomático: “La vida me va con retraso”.

En la cercanía de la Comunidad Autonomía Vasca, el debate apenas ha trascendido al exterior. Beatriz Artolazabal, la consejera de Justicia, Igualdad y Políticas Sociales que lo presentó en sociedad, lo consideró un hito porque tenía como objetivo la emancipación de los jóvenes (sic). El proyecto es genérico, sin medidas concretas que podrían ayudar a esa transición a la “vida adulta”.

A pesar de este escaso eco, quien se ha puesto el buzo para socializarlo ha sido Josu Erkoreka, consejero de Interior, que está intentando repuntar el escaso interés social a través de la actividad de su policía. Y lo hace marcando esas jornadas que se advierten, con el probable rodillo PNV-PSOE que abortará las enmiendas parciales y a la totalidad que ya ha anunciado la oposición, EHBildu en particular.

El juego policial ha entrado dentro de una dinámica nuevamente trumpista, la de marcar escenarios ficticios para modificar la percepción de la realidad. No es nada nuevo, pero nos estamos acostumbrando a una forma de hacer política que hasta ahora se balanceaba en excepciones y en esta última legislatura se ha convertido en norma. Las mentiras de Urkullu y Erkoreka parecen no sonrojar a sus autores, convencidos de la lealtad de su socio de Gobierno, el PSE-PSOE, y de la solidez de sus aliados mediáticos, en especial de la propiedad del ente público vasco.

La estrategia del despiste esgrimida en esta ocasión por el Gobierno de Urkullu ha ido pareja a la utilizada con la marcha de Iberdrola de su supuesto escenario natural vasco a Guadalajara y el comodín de Corrugados y Azpeitia. Erkoreka ha entrado en el debate de la Ley Vasca de Juventud criminalizando a un sector de quienes están “en transición hacia la vida adulta”. Precisamente al sector de la juventud ligado a la izquierda abertzale, Ernai. Organización a la que ha llevado a la fiscalía por un pretendido odio a la Policía Autonómica. El apoyo de sus medios aliados a la noticia fue de vergüenza ajena, con la mezcla de imágenes atemporales, para señalar un objetivo: Ernai es una organización violenta.

La escenificación de este supuesto trae consigo otra pretensión, que conocemos de sobra de tiempos pretéritos. Los violentos son mentes incapaces de reflexionar en términos democráticos, les va la bronca porque la llevan en el ADN. Son propensos a destruir, en vez de a construir. Y están en la base de la mayoría de males que aquejan a nuestro país. Por eso, cuando el bipartito Urkullu-Mendia, se cepille las 56 enmiendas a la Ley Vasca de Juventud, su argumentación se deslizará hacia la irrelevancia de las mismas, por proceder de un sector previamente criminalizado.

No soy adivino, pero seguro que en los días del debate público asistiremos a la presencia de figurantes aparecidos de no se sabe dónde, representantes de una juventud también figurante. Hasta Urkullu, aconsejado por sus asesores, entre ellos Jonan Fernández, recordará, aunque parezca inverosímil, que él también fue joven, militante de esa nostálgica organización de hijos de funcionarios autonómicos, llamada EGI.

Hay otra razón en los movimientos de Erkoreka para criminalizar al sector juvenil de la izquierda abertzale. Que tiene que ver con la actuación de su Policía. No deja de tener su aquello el hecho de que en una época en la que se ha disparado la actividad mamporrera de la Ertzaintza, no sólo contra los jóvenes, sino también contra trabajadores despedidos o de empresas en crisis, su responsable crea detectar un sentimiento de odio hacia la misma. La Policía Autonómica y la mayoría de sus sindicatos, ha echado un órdago al departamento de Interior. Quieren barra libre, como la de la Guardia Civil en España, impunidad y palmaditas en la espalda.

Es lo que hay. Una y otra vez con las cantinelas sobre el pasado y la falta de reconversión de la izquierda abertzale, en especial de su juventud. ¿Dónde guarda la credibilidad Erkoreka? Porque va a resultar que los que añoran el pasado son esa cuadrilla de dinosaurios que nos acotan siempre en términos policiales. Y es que siguen teniendo pavor a la palabra. 




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jueves, 9 de abril de 2020

Egaña | Artajo y Asurmendi

Desde el baúl del recuerdo y de la memoria traemos a ustedes este texto de Iñaki Egaña:


Iñaki Egaña

Han pasado 51 años desde que Jokin Artajo y Alberto Asurmendi fallecieran en un rincón de la Ulzama cuando les estalló la goma dos que estaban manipulando para perpetrar dos atentados al día siguiente, lejos del lugar del suceso. A pesar de que los fallecimientos de ambos militantes abertzales tuvieron lugar en 1969, en pleno franquismo, los homenajes anuales han sido sistemáticamente prohibidos. Este año, el recuerdo, dadas las condiciones de confinamiento sanitario, se realizará a través de las redes sociales.

A pesar del tiempo transcurrido, los detalles de la militancia de Artajo y Asurmendi, apenas han tenido relevancia. Se dijo que ambos pertenecían a EGI, las juventudes del PNV, pero esta afirmación es cuando menos matizable. Los responsables de EGI en Nafarroa eran entonces Iñaki Múgica Arregi y Elías Anton. Ambos realizaban proselitismo para la captación de militantes.

En cambio, existía otro sector en la juventud, que procedía de Eusko Bazterra, que tenía su local en la Plaza San José de Iruñea, que desde 1966 trabajaba directamente a las órdenes del EBB del PNV. El contacto con la dirección jeltzale, habitualmente en Biarritz, lo realizaba Alberto Asurmendi. Durante dos años, este grupo, sin relación orgánica con EGI, aunque alguno de los jóvenes militó en esa organización juvenil, se dedicó a pasar por la muga propaganda y trabajos tanto del PNV como del Gobierno vasco en el exilio.

Fueron entre 10 o 12 jóvenes que se turnaban para transportar en mochilas la propaganda recogida en Ipar Euskal Herria por diversos pasos de muga, en especial por Aurizberri. Luego dejaban las revistas y panfletos en un piso franco en Burlata, que otra gente distribuía. En más de una ocasión tuvieron que huir de la Guardia Civil, como en las cercanías del Orhi, donde abandonaron más de 150 kilogramos de material.

En 1968, la dirección jeltzale cambió los planes. ETA se estaba llevando a buena parte de la juventud. Y decidieron crear también su relato resistente. Para ello utilizaron a Asurmendi, a quien ordenaron crear un grupo armado. La dirección jeltzale se encargaría de enfocar los objetivos y de pasarles el material necesario para atacarlos. Un “hirurko”, tal y como Krutwig había diseñado para ETA. Así que Asurmendi llamó a su amigo Jokin Artajo y este se pondría en contacto con Santi Jaunarena. El comando estaba formado.

Viaje de ida y vuelta y Asurmendi volvió de Biarritz con tres pistolas, dos checoslovacas y otra de marca Astra, y una buena cantidad de explosivos. Para evitar las rutas de otros mugalaris, el propio Asurmendi, en un coche alquilado, cruzó la frontera por Arnegi. Luego, pasaron la goma dos a una camioneta que había comprado Asurmendi, luego de su paso por Matesa, la empresa que acababa de cerrar. En la trasera del Ayuntamiento de Iruñea, aparcaban la camioneta, convertida en depósito, y seleccionaban el material.

La primera acción fue en Urbasa, contra el recorrido de la Vuelta ciclista a España, en mayo de 1968. La reivindicación fue hecha desde Ipar Euskal Herria: “Como epílogo al boicot decretado por el Partido Nacionalista Vasco contra el periódico El Correo Español El Pueblo Vasco, organizador de la Vuelta a España, un comando de EGI hizo explotar una potente carga de dinamita bajo un puente, en Urbasa”. En realidad, no había sido bajo un puente, sino en un tubo de cemento bajo la carretera.

En esos meses, Artajo y Jaunarena robaron dinamita de la pequeña obra que acondicionada para las antenas que se estaban alzando junto a la ermita de San Miguel de Aralar y que escondieron en las cercanías. ETA también se fijó en ellos, lo que provocó que les pusieran una cita precisamente en Aralar. Del hirurko se desplazó Artajo, pero la cita no tuvo lugar. El militante de ETA no apareció. Esta noticia provocó que, en algunos trabajos posteriores, se afirmara, sin fundamento, que Artajo ya militaba en ETA. No era cierto.

En marzo de 1969, Asurmendi volvió esta vez de Biarritz con dos objetivos inmediatos. Uno de ellos ubicado en Zumaia, el monumento al fundador de Falange, y el otro en Valladolid, bien lejos de Iruñea. En la segunda ocasión debían poner explosivos en el diario Libertad, que semanas atrás había sido sumamente ofensivo con el lehendakari ya fallecido José Antonio Agirre, y con el PNV. Otros amigos del hirurko se sumaron a la propuesta.

El día 5 de abril, uno de los “nuevos” alquiló dos coches. Al día siguiente, Artajo y Asurmendi se llevaron uno de ellos a Ostiz, para preparar los relojes y acoplarlos a los explosivos con sus pilas respectivas. Ellos deberían ir a Valladolid. El resto, los que debieran poner el artefacto en Zumaia, esperó en una borda de Belate. Inútilmente. Un mal contacto eléctrico acabó con la vida de ambos. Asurmendi dejaba viuda, Arantza Irazabal.

Inquietos por ausencia de noticias (la prensa y la radio las ocultó), al día siguiente, Jaunarena abandonó la borda y se acercó al segundo de los coches, a la búsqueda de alguna reseña. La Policía le esperaba. A través del coche que había explotado, los agentes habían sabido que la misma persona que lo alquiló tenía otro en algún lugar. La casualidad quiso que lo encontraran enseguida.

Cinco jóvenes fueron detenidos y juzgados por estos hechos: Santi Sádaba, Txomin Arazuri, Javier Armendariz, Pascual Aparicio y Santi Jaunarena. Se les acusó de “rebelión militar” y de tener objetivos “separatistas”, pero no así de pertenecer a alguna organización. Fueron condenados a 12 años de prisión, y cumplieron más de siete. Otros cuatro siguieron escondidos unos días en la borda de Belate, hasta que escaparon a Ipar Euskal Herria, por Quinto Real: los hermanos Mikel y Koldo Etxeberria, Alfredo Azanza y Esteban Quel Zazu. Mikel Etxeberria fue el único de los cuatro que volvió del exilio, en 1985.

En fecha tan tardía como el 23 de febrero de 1977, en la revista Euzkadi, el PNV reivindicó para su partido la militancia de Asurmendi y Artajo. En marzo de 1981 (un mes después del golpe de Estado) y sorprendentemente, Mikel Isasi, miembro de la dirección del PNV, sería imputado por los hechos de 1969. Isasi había vuelto del exilio, participando en 1978 en el primer Gobierno del preautonómico (Consejo General Vasco), en la consejería de Industria. Un juez militar de Iruñea le acusó de terrorismo, y de haber facilitado las armas y explosivos a Artajo y Asurmendi.

Isasi prestó declaración, acompañado de Jesús Mari Leizaola, cuando sucedieron los hechos lehendakari del Gobierno vasco en exilio. El imputado fue finalmente absuelto, por la aplicación de la ley de Amnistía de 1977. Cuando en 1996 Isasi fuera detenido nuevamente, esta vez junto a su esposa Aranza Arrarte, por orden de la jueza Levert, en un sumario relacionado con ETA, la prensa volvió a airear nuevamente su pasado, a pesar de la amnistía. Un hecho que descifraba que, a pesar de los indultos, las fichas policiales franquistas continuaban activadas. Quizás, por esa circunstancia, la delegación del Gobierno español en Nafarroa ha prohibido en los últimos años los homenajes a Jokin y Alberto.






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domingo, 29 de marzo de 2020

La Pantomina del PNV

Desde La Haine traemos a ustedes este comentario editorial que se centra en el actuar del PNV durante la crisis generada por la pandemia del SARS Cov-2, actuar que ya ha sido objeto de otros señalamientos.

Lean ustedes:


Andoni Baserrigorri   

Entender la forma de actuar del PNV, al menos desde la llamada “transición” hasta nuestros días parece haber sido complicado para más de uno. El partido de Sabin Etxea goza de una especie de aureola de “partido de izquierda” dentro de la Comunidad Autónoma Vasca, que gobiernan desde 1977 (exceptuando los 4 años de Patxi López) e incluso fuera de Euskal Herria ha tocado leer, al menos en redes sociales, valoraciones de un supuesto antifascismo y que representa una supuesta burguesía “progresista” vasca que no es tal

Cierto es que hegemoniza la televisión vasca de una manera desvergonzada. Así hace un par de semanas en unas declaraciones, a la periodista del ente público se le olvidó el “pequeño detalle” de cambiar el logotipo del micrófono y haciendo la entrevista como ETB usó un micrófono con el logotipo del PNV

Cierto es que su red de clientelismo llega a unos límites desmesurados. La inmensa cantidad de “estómagos agradecidos” que hay en toda la geografía vasca forman parte de una tela de araña social que asegura el poder del “partido” hasta un nivel que tan solo les basta con un toque de dedos para que esa máquina se ponga a funcionar

De hecho se suele decir que tal es su control que en ciertos pueblos, no ser del PNV supone un autentico estigma social. O que las reuniones de vecinos de los pisos de protección oficial más parecen una reunión de una célula del partido. O de sus juventudes, EGI

Cierto es que su máquina de propaganda es de tal magnitud que se dan por ciertas realidades que no lo son. “El oasis vasco” haciendo referencia a una supuesta falta de corrupción del PNV cuando existen decenas de sentencias condenatorias de diferentes corrupciones de sus “fontaneros”. O el partido de la buena gestión cuando ahora mismo se vislumbran autenticas chapuzas de gestión. A una de ellas me referiré mas adelante.

Sus buenas relaciones con el poder central español por encima de ciertas “grescas de postureo” hace que sea muy bien tratado por la prensa española. Al fin y al cabo hablamos de un partido regionalista que en absoluto va a poner en peligro la unidad de España y ese trato de favor viene dado para “evitar que se eche al monte”. Como partido representante de la oligarquía y burguesía vasca si tiene que elegir entre sus intereses de país o sus intereses de clase, no lo duda. Sus intereses de clase pasan por una alianza estratégica con la oligarquía española.

Solo de esta mentalidad se entiende que el penúltimo presidente del EBB fuese de la noche a la mañana presidente de la Unidad de Nuevas Energías de Repsol. El de Josu Jon Imaz es el caso más llamativo, pero son cientos los peneuveros con importantes vínculos con empresas de la oligarquía española.

Por no hablar de cómo con la escusa del turismo trajeron la Vuelta Ciclista a Euskadi o la “roja” a Bilbao. Luego se dan golpes de pecho tomando un chiquito en el batzoki de turno.

Los que vivimos en Euskal Herria y tenemos conciencia de clase y nacional, les conocemos de sobra. Personalmente a lo largo de mi vida me ha tocado conocer a militantes y simpatizantes del PNV y todos ellos tienen el mismo perfil. Reaccionarios, muy de derechas y absolutamente acríticos con el partido. Si osas criticar al PNV sencillamente eres un españolazo o un antivasco. Así es su gente.

Reconozco que la “mascarilla” que se ponen y que les sirve para realizar estas prácticas y sin ningún problema reivindicar la independencia una vez al años en el Alderdi Eguna les está dando resultados.

Llevan un tiempo que ante la gravedad de lo que está ocurriendo no les está quedando otra que quitase la mascarilla.

En realidad hace años ya lo hicieron con el tema de la central nuclear de Lemoiz finalmente no realizada gracias a la lucha del pueblo trabajador vasco. En aquellos años entre la salud de las vascas y los beneficios de la oligarquía no lo dudaron. Los beneficios de Iberduero ( hoy día Iberdrola ) eran lo primero. Así dieron la espalda a las demandas populares y respaldaron el proyecto de construir una central nuclear a pocos kilómetros de Bilbao, Gasteiz o Donostia.

No hace ni dos meses de la tragedia del vertedero de Zaldibar. Dos trabajadores aún siguen desparecidos entre toneladas de basura altamente contaminante que además destapo la corrupción peneuvera. La sangre de esos dos trabajadores no cotiza en bolsa, está claro.

Y estos días, con el tema del Coronavirus más de lo mismo. O la salud de nuestra gente, de la clase obrera o los beneficios de la oligarquía. No han dudado ni un instante. La reacción histérica de Urkullu y del PNV ante el anuncio del gobierno estatal de parar durante 15 días los trabajos no esenciales da fe de ello.

Este y no otro es el PNV. El de toda la vida. No hay dos almas en el partido de Sabin Etxea. Quien quiera ver otra cosa o ha sido engañado o lo que es peor, se auto engaña. El perfil reaccionario de derechas, neoliberal y regionalista se ve nítidamente. Sin mascaras.






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sábado, 2 de noviembre de 2019

Egaña | Ecce Homo

Iñaki Egaña le dedica este texto al lehendakari 3/7 y a su fiel escudero Jonan Fernández por el deleznable papel que jugaron en el proceso de DDR de ETA.

Lean ustedes:


Iñaki Egaña

No hay pecado más nefando para los creyentes que la soberbia. Una soberbia que en política toma temperatura con la alienación de otros tics anexos que conforman la personalidad del individuo (masculino o femenino) dedicado a la cosa pública. El recorrido del lehendakari Urkullu con relación al origen, desarrollo y, sobre todo, desarme de ETA es el de un arrogante que ni siquiera es consciente de su desvarío. Su soberbia, imprudencia particular, degrada a todo su equipo y, por extensión, a esa institución que representa.

En este país pequeño que a través de las relaciones comunitarias o familiares nos conocemos casi todos, ser creyente como Urkullu no debería ser un impedimento para esas relaciones transversales que al inicio de cada jornada iniciamos cada uno de nosotros. Pero en el caso del lehendakari, su sustento religioso mantiene ese poso tradicional que tanto daño ha hecho a nuestra comunidad. La petulancia de ser un grado superior al resto, de poseer la verdad absoluta y despreciar a la mayoría por método. ¡Cuántos clones de Urkullu se reparten por el planeta haciendo inviable su progreso!
Este pequeño país que supera la Comunidad Autónoma, tiene, entre sus tesoros, el de la humildad de sus hombres y mujeres. Y esa humildad se hace grande y nos hace grandes en los detalles, en las relaciones y, sobre todo, en el intento de empatizar y comprender las razones del otro. Pero el señor Urkullu ya entró en el tema concreto del desarme como un elefante en una cacharrería. Despreció incluso a un correligionario como Jean René Etchegaray, su homólogo en la mancomunidad vasca al norte de la muga, al que seguramente, le unirán lazos ideológicos profundos. Y lo hizo por un simple principio de exclusividad, de pertenencia. Como las religiones monoteístas que niegan, por guion, la existencia del otro.

Negó y ha negado también, con un desprecio inhabitual vistos los resultados, el protagonismo de los Artesanos de la Paz a los que, de haber tenido en sus manos mayor poder, es probable que hubiera prolongado su detención cuando aquel acontecimiento de Luhuso. Y lo señalo con plena conciencia de mi responsabilidad. Sé lo que digo. Porque hasta el día del desarme, Urkullu y su equipo más cercano, en el que está incluido Jonan Fernández, únicamente tenía una línea activa que, por cierto, coincidía plenamente con la del entonces presidente español Mariano Rajoy, y con la de los sectores contraterroristas franceses financiados con fondos reservados españoles.

No se puede pedir lealtad a quien no la ha ofrecido. Pero sí sinceridad. Y Urkullu no ha sido franco, ni lo fue en los tiempos previos al desarme. No ha sido veraz cuando ha explicado, por escrito en la “Descripción y valoración del papel desempeñado por el Gobierno Vasco en el desarme y disolución de ETA”. Es falso, como el Ejecutivo de Gasteiz ha señalado, que “el Gobierno Vasco, a través de dos Planes de Paz, Convivencia y Derechos Humanos, ha desarrollado una política estable y sistematizada de intervención integral en todos los ámbitos para un final ordenado de la violencia”. No ha habido una intervención integral, porque si esa aseveración fuera verdad, el Gobierno autonómico debería reconocer sus errores, graves en alguna de las coyunturas, sus impasses para acoplarse al paso de Madrid y, en especial, debería reconocer la existencia de otros actores que arriesgaron lo que jamás hicieron desde Gasteiz.

Así resulta que lo que hay, a día de hoy, es una reescritura de la historia en términos altivos e imaginarios, con el membrete del Gobierno vasco. Lo saben tanto Urkullu como Fernández. Una reescritura para acoplar un discurso supuestamente ético, que evita cualquier contextualización, que incide en la culpa absoluta de una de las partes para sentirse alineado con los sectores hispanos que marcan agenda y paso. Sin importarle que esos sectores (PSOE) son los que modificaron la llamada Ley de Abusos Policiales para mantener la impunidad a torturadores, mercenarios y policías, o como más recientemente y por cuarta vez, tumbar una Ley de Memoria Histórica porque incomoda al PP, heredero de las esencias franquistas. Urkullu y Fernández podrán alegar que sus abuelos y abuelas defendieron las instituciones democráticas contra el tirano en 1937. Y efectivamente será verdad. Pero ellos han perdido la herencia que les correspondía.

Por falta de humildad.

Porque si la tendrían, Urkullu, que fue presidente de EGI, debería al menos respetar la memoria de Jokin Artajo y Alberto Asurmendi, dos compañeros también de EGI que murieron al estallar la bomba que preparaban contra un acontecimiento deportivo que suponían colonizaba aún más nuestro territorio, la Vuelta Ciclista a España. Debería respetar la memoria al menos de ese periodo preconstitucional (español) donde la ikurriña, el euskara, la propia policía autónoma, no salieron a flote porque pusiera la carne en el asador el Ejecutivo que le precedió en el exilio, sino porque quien lo hizo fue esa generación que hoy desprecia por una simple ecuación electoral.

Atice a los trabajadores del metal y niegue sus derechos y obtendrá el beneplácito de sus colegas de la patronal. Pero este país, sin industria, sin euskaldunas, sin hornos, sin euskalteles, sin cajas de ahorro, sin suelo público, se va al carajo. No está construyendo país, señor Urkullu. Lo está destruyendo. A marchas forzadas, deshaciendo lo entrelazado en medio siglo.

Abra la ventana para reparar que, también con sus errores, los artesanos, de la paz, de la vida, de nuestra comunidad, son los que han levantado Euskal Herria en los tiempos más complicados. Son los verdaderos protagonistas del relato. Y son los que recorren miles de kilómetros de punta a punta para componer un motor, educar a nuestros hijos, plantar berzas, reparar una hélice, atender a unos ancianos, escribir poesía y, cuando toca, reivindicar lo nuestro, lo de todas. No lo de una elite. Y a ayudar a poner un granito de arena en la construcción de la paz.






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sábado, 15 de junio de 2019

¿Disminuye Presencia de la Guardia Civil?

La Guardia Civil es una fuerza paramilitar española utilizada como fuerza de ocupación en contra de la población vasca, de eso no cabe la menor duda.

Sus efectivos nunca han sido bienvenidos y su presencia genera mucho más que incomodidad.

Una y otra vez se pide que sean retirados al sur del Ebro.

Pero Madrid lo que desea el violentar el día a día del pueblo vasco, ya sea a través de  la propia Guardia Civil ya sea a través de grupúsculos como AVT o COVITE.

Por medio de Público traemos a ustedes este reportaje:


Oñati volverá a pedir este sábado que la Benemérita abandone ese pueblo guipuzcoano y que su cuartel se destine a otros fines. Las asociaciones de ese sector aseguran que la disminución de personal no se debe al fin de la violencia. 

Danilo Albin

El último sábado de la primavera no pasará inadvertido en Oñati, un pequeño municipio guipuzcoano de 11 mil habitantes. En el ayuntamiento, EH Bildu hará valer su mayoría absoluta para mantener, una vez más, su puesto en la alcaldía. En la calle, la inciativa “Jare Kuartela” seguirá recogiendo firmas para pedir a ese nuevo consistorio que haga las gestiones necesarias de cara a conseguir que el cuartel de la Guardia Civil, situado en las afueras, pase a tener otros usos.

Precisamente por esto último, en Oñati habrá este sábado cámaras que apuntarán a la calle y no al ayuntamiento. De hecho, el nombre de este pueblo ya ha ocupado durante la última semana la atención de varios medios de Madrid, así como de algunas asociaciones de guardias civiles y del Colectivo de Víctimas del Terrorismo del País Vasco (COVITE), que consideran estos actos como parte del “discurso del odio” hacia ese cuerpo en Euskadi.

Oier Fernández, integrante de la iniciativa Jare Kuartela, dice a Público que no van a responder a esas críticas. “Lo mejor –apunta- es no hacerles ni caso”. En tal sentido, este vecino de Oñati defiende que los actos realizados durante los últimos años para pedir la salida de la Guardia Civil han sido realizados “bajo un ambiente festivo”.

Antecedentes

En efecto, lo que ocurre en este pueblo no es un fenómeno aislado, ni tampoco nació en ese punto del territorio guipuzcoano. Así lo demostró el historiador Iñaki Egaña, quien llegó a elaborar un informe pericial sobre el origen de esa reivindicación para presentarlo en el juicio contra los jóvenes de Altsasu, quienes eran acusados precisamente de formar parte de una campaña de “hostigamiento” contra la Guardia Civil.

La Audiencia Nacional no aceptó el informe de Egaña, ni tampoco quiso que fuese a declarar como testigo. Poco después, este investigador reflejó parte de su trabajo pericial en un par de artículos de opinión que publicó en el diario Gara. Allí no sólo recuerda que ese reclamo contra la Guardia Civil nació de la mano de Euskadiko Ezkerra (que acabaría coaligándose con el PSE), sino que también realizó un repaso sobre las distintas organizaciones políticas e instituciones que a lo largo de la historia han pedido la desmilitarización del País Vasco.

En sus trabajos, Egaña citó el caso de EGI, las juventudes del PNV. En 2016, esa organización impulsó una recogida de firmas a través de internet bajo un lema rotundo: “La Guardia Civil y la Policía Nacional tienen que marcharse de Euskadi”. “La sociedad vasca ha emprendido un camino de normalización, sin violencia, donde todos tenemos que movernos de nuestras posiciones para que gane el conjunto de la sociedad, es por ello que la presencia de la Guardia Civil y Policía Nacional no tiene sentido, ni nos sentimos representados por ellos, ni cumplen una función que no pudiera realizar la Ertzaintza”, reivindicaban los jóvenes nacionalistas.

En el marco de este nuevo tiempo sin ETA, el Gobierno Vasco también apuesta por "readecuar" las funciones de la Guardia Civil y de la Policía Nacional en este territorio. El marco para avanzar en esta materia es la Junta de Seguridad, un órgano compuesto por representantes del Ejecutivo autonómico y del Gobierno central. Sin embargo, fuentes del Departamento de Seguridad que dirige Estefanía Beltrán de Heredia indicaron a Público que “no hay ningún encuentro previsto”. La última reunión fue en junio de 2017, cuando aún era ministro el popular Juan Ignacio Zoido.

Menos agentes

Fuentes del ministerio de Interior señalaron que actualmente hay 2.261 agentes de la Guardia Civil en Euskadi. Suponen aproximadamente cien menos que en 2017, cuando había 2.369. El descenso cobra mayor dimensión si se compara con el número que había en 2011, el año en el que ETA anunció que dejaba la violencia. Según datos oficiales, en ese momento había 3.083 agentes de la Benemérita en suelo vasco. La reducción a lo largo de estos ocho años ha sido de un 26,6%.

Sin embargo, las asociaciones de la Guardia Civil rechazan que ese descenso guarde relación con el nuevo escenario político y social de Euskadi. Por el contrario, aseguran que forma parte de la realidad que este cuerpo vive en el resto del Estado. “Hay menos guardias civiles en el País Vasco porque hay menos guardias civiles en España. En otras palabras, ingresan menos de los que se van”, afirma a Público Juan Fernández, portavoz de la Asociación Unificada de la Guardia Civil (AUGC).

Por su parte, en las oficinas de la Asociación Independiente de la Guardia Civil (IGC) no descartan una “racionalización en el número de efectivos” dependiendo de las “necesidades”, aunque rechazan de forma tajante cualquier tipo de repliegue. “La Guardia Civil conserva bastantes funciones en el País Vasco: los puertos, aeropuertos, fronteras… Además, hay que tener los acuartelamientos protegidos. Aunque ya no haya una amenaza tan directa del terrorismo etarra, sigue habiendo cierta hostilidad por parte de determinados grupos de personas hacia la Guardia Civil”, dice su presidente, Joaquín Parra.

“La falta de personal es por una mala planificación: tenemos un déficit importante en el conjunto de la población española. Hay menos gente, pero por la problemática general que hay en la Guardia Civil”, remarcaron desde la Asociación Independiente de la Guardia Civil (ASIGC). Allí tampoco creen que el final de ETA vaya a traer como consecuencia una caída drástica en el número de agentes sobre suelo vasco. En Oñati, mientras tanto, volverán a pedir este sábado “que se vayan”.






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domingo, 7 de abril de 2019

Homenaje a Artajo y Azurmendi

Visto lo visto en el Parlamento de la CAV que nos quede bien claro que para el régimen español no existen las víctimas de la violencia estatal. Ni las del franquismo que yacen en cunetas ni las de "la democracia" que son ninguneadas y revictimizadas al ser acusadas de militar en el "bando de los violentos".

Que sirva para entender que historia hay una y que el relato sesgado de los españoles no puede ni debe ser adoptado por los vascos.

Dicho lo anterior, les compartimos esto que ha sido publicado en Facebook:


Eusko Bazterra reivindica el recuerdo de Artajo y Azurmendi

Cristina Jiménez e Iñaki Porto

La concentración conmemoró el 50ª aniversario de la muerte de los dos miembros de EGI.

Un grupo de familiares y compañeros de Alberto Azurmendi y Jokin Artajo rindió ayer homenaje, en la calle Mercaderes, a los dos miembros de EGI (juventudes del PNV) que perdieron la vida el 6 de abril de 1969 tras la explosión de un artefacto que manipulaban para atentar contra algún monumento franquista.

El acto, organizado por Eusko Bazterra, asociación de la que Azurmendi y Artajo eran miembros, reunió a un grupo de alrededor de 20 personas, que no pudieron ser más debido a la prohibición de la Delegación del Gobierno de celebrar el homenaje. “Nos hemos tenido que adaptar a lo que nos han permitido. Teníamos en mente hacer un homenaje en la calle pero en vista de la prohibición, tuvimos que cambiar un poco los planes”, apuntó María Luisa Mangado, de Eusko Bazterra, que subrayó que cancelar el homenaje no fue una opción en ningún momento: “Creemos que es necesario”. Sobre la prohibición del Gobierno, Mangado añadió que “estamos en una encrucijada que hay que cambiar porque hoy en día tildan de terrorismo todo lo que no sea su terrorismo”.

Durante la concentración se procedió a la lectura de un manifiesto en castellano y en euskera que apeló a la recuperación de la memoria y al recuerdo de la gente que, como Jokin y Alberto, lucharon contra el fascismo: “Los intentos de silenciamiento y represión mediante sucesivas prohibiciones serán revertidos, a pesar del muro defensivo y de impunidad que representan la Ley de Amnistía de 1977 y la Ley de Memoria Histórica de 2007 para los implicados en el régimen franquista”.

Mangado quiso recalcar que Artajo y Azurmendi fueron dos “luchadores que murieron contra una dictadura y a favor de nuestro pueblo” y que “no fueron terroristas, sino todo lo contrario”. En este sentido, detalló que el explosivo que los dos miembros de EGI manipulaban en el momento de su explosión, iba destinado a destruir simbología franquista y que “no había en ningún momento un delito contra las personas”.

Sobre la celebración de un día como el de ayer, Mangado agregó que para los miembros de Eusko Bazterra es “triste” pero al mismo tiempo, es “un honor”, porque la asociación, “en aquellos tiempos de tanta sequía ideológica, fue la llama que iluminó el abertzalismo y el vasquismo”.

Agradecimiento a Ahaztuak

El recuerdo de los dos antifascistas ha sido organizado durante décadas por Ahaztuak 1936-1977, una asociación a la que los convocantes quisieron “agradecer todo el esfuerzo” realizado. Desde Eusko Bazterra señalaron su intención de trasladar el asunto a las instituciones: “Tenemos previsto ponernos en contacto con el Instituto de la Memoria, del Gobierno de Navarra”. Sobre el Ayuntamiento de Iruña, declararon que no les solicitaron su asistencia porque ”a la vista de la prohibición, no queríamos poner en un compromiso a nadie”.






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miércoles, 20 de marzo de 2019

Eusko Bazterra

Nos hemos encontrado con esta joya en Facebook, se la dedicamos a los del PP navarrico y a los de UPN:


En los años 60 del pasado siglo Iruñea era un auténtico desierto cultural, ya que se prohibía o reprimía cualquier actividad que no fuese del agrado de los franquistas. En ese ambiente de posguerra, la sociedad Eusko Bazterra consiguió agrupar a unos 250 jóvenes y reavivar las brasas del sentimiento vasco frente a quienes querían apagarlas definitivamente.

Las hermanas Martiñe y Pilartxo Iturralde, Xanti Jaunarena y José Mari Pastor ‘Artzai’ fueron cuatro de aquellos jóvenes que hace medio siglo impulsaron Eusko Bazterra y llevaron un soplo de aire fresco a una ciudad asfixiada por la dictadura y el nacionalcatolicismo.

En la actualidad rondan los 70 años de edad, pero no olvidan el ambiente que se vivía hace medio siglo en Iruñea. «Los militares franquistas se paseaban por la Plaza del Castillo con sus espadas colgadas de la cintura, y cientos de curas solían marchar en fila por la Media Luna desde el Seminario hasta la Plaza de Toros», recuerda Xanti Jaunarena.

«Era un ambiente totalmente represivo. El fascismo lo controlaba todo -añade ‘Artzai’-, y resultaba imposible hacer actividades culturales que no tuviesen el visto bueno de la Falange. Había algunas sociedades que se movían y hacían algo, pero todo lo que giraba en torno a la cultura vasca estaba perseguido».

A modo de ejemplo, ‘Artzai’ señala cómo los txistularis tenían que salir corriendo cuando estaban tocando en algún pueblo y llegaba la Guardia Civil, o cómo los franquistas «te apuntaban la matrícula del coche si te oían hablar en euskara».

«La ikurriña estaba totalmente prohibida. Le tenían auténtico odio, y algunos sufrieron cárcel por colocarla -añade-. En el Casco Viejo de Iruñea había una tienda que se llamaba Deportes Marpún, y en una ocasión la Policía les obligó a retirar unos esquís italianos que tenían expuestos en el escaparate porque llevaban los colores blanco, rojo y verde, que son los colores de la bandera de Italia. En otra ocasión, trabajando yo de dibujante en una litografía de Burlata, hice un folleto publicitario para un empresario de Iruñea y se lo censuraron porque tenía los colores de la ikurriña».

Aquel férreo control solo era roto por algunos grupos de montaña que organizaban excursiones a lugares alejados de la vigilancia policial. Se las ingeniaban para llevar en el autobús la ikurriña bien camuflada, enrollada y envuelta en papel de Chorizo Pamplonica por si les paraban en algún control, y la sacaban cuando ya estaban en el monte.

La Real Sociedad de Amigos del País, controlada por el PNV, era una de las pocas que en los años 60 impulsaba actividades relacionadas con la cultura vasca, sobre todo de tipo folklórico. En un piso de la Plaza San José montó la primera ikastola clandestina, que empezó con ocho niños. Cuando dejaron el local, porque se quedó pequeño, se lo cedieron a Eusko Bazterra, una sociedad integrada por jóvenes amantes de la cultura vasca pero con inquietudes y aspiraciones que no solo se limitaban al folklore.

Eusko Bazterra era una especie de juventudes de Amigos del País. Las hermanas Martiñe y Pilartxo Iturralde se integraron desde el primer momento y, junto con otros jóvenes, comenzaron a organizar actividades bajo la cobertura legal de los estatutos de Los Amigos del País, cuya sede estaba en la calle Pozo Blanco.

«Nosotros éramos jóvenes inquietos que sentíamos la necesidad de recuperar nuestro idioma, nuestras tradiciones, nuestro folklore y nuestra historia. Apoyábamos todo lo que fuese positivo para la cultura vasca, participamos en los coros de Santa Águeda y en el Olentzero, establecimos contactos con otras sociedades, creamos nuestro propio coro y nuestro otxote, organizamos charlas, clases de euskara, de dantzas y txistu, salidas al monte y excursiones culturales a Nájera, Leire, Uxue, Rada, Gernika y otros lugares para conocer nuestra historia. También hicimos un cancionero vasco que nos lo pedían de todo el País, porque creo que entonces no existía nada parecido», rememora Martiñe.

También señala que algunos miembros de Eusko Bazterra acudieron a una Javierada para repartir octavillas en las que explicaban la implicación de la familia de Francisco de Xabier en la lucha por la independencia de Nafarroa. «Todos estábamos ansiosos por hacer algo. Se lo debíamos a nuestros mayores, que les habían arrebatado todo», explica Martiñe.

Fue precisamente su marido, Gotzon Bergerandi, quien propuso el nombre de Eusko Bazterra, diseñó el escudo de la sociedad y realizó el proyecto de obra para la sede social en el piso de la Plaza de San José.

En 1966 empezaron las obras de la sociedad y solo un año después hicieron carnés para unos 250 socios y socias, con edades entre los 17 y 27 años. «Aquello era un hervidero. Empezamos unas pocas personas pero enseguida se corrió la voz y comenzaron a llegar muchos jóvenes, no solo de Iruñea, sino también de pueblos de Navarra e incluso curas que habían dejado el Seminario. Eusko Bazterra fue un gancho muy fuerte para aquella juventud de la posguerra», resume Pilartxo.

Todas las actividades de esta sociedad se desarrollaban en un ambiente euskaldun, aunque a veces tenían que ceder a las exigencias de las autoridades franquistas. Un ejemplo es el que vivió el propio ‘Artzai’ con motivo del Olentzero de Iruñea, cuya cabeza diseñó él mismo: «Para salir con el Olentzero nos obligaron a salir también con el belén. Nos dijeron que si no había belén, tampoco había Olentzero. Nosotros no pensábamos sacar el belén, pero tuvimos que pasar por el aro. Esta es solo una muestra de las exigencias que imponía el fascismo en aquella época».

En poco tiempo los miembros de Eusko Bazterra entablaron relaciones con mucha gente que compartía sus mismas inquietudes, y fueron pioneros a la hora de retomar actividades que habían desaparecido después de tres décadas de dictadura franquista. «Fuimos los primeros que trajimos a Iruñea a Xabier Lete y Lourdes Iriondo, dos de los integrantes del movimiento ‘Ez dok hamairu’. Actuaron subidos encima de un remolque, en fiestas de San Fermín Txiki. Aquel año organizamos pruebas de herri kirola, apuestas de hacha, sokatira, repartimos vino con un burro… y todo eso rodeados de grises, que es como llamábamos a los policías franquistas».

Activismo político camuflado

¿Hacía Eusko Bazterra un activismo político camuflado, tal como recoge la Gran Enciclopedia Navarra? «Sin ninguna duda -responde ‘Artzai’ de forma rápida y rotunda-. La sociedad en sí era legal, la mayoría de las cosas se hacían de forma legal, pero a la hora de organizar algunas actividades te preguntabas a ti mismo si podrían hacerte algo o no. Estábamos siempre cabalgando en el filo de la navaja. No sabías si estabas haciendo una cosa legal o clandestina».

La Policía franquista rondaba de continuo la sede de Eusko Bazterra, no solo por su actividad, sino también porque un vecino solía tocar el txistu. «Era Pascual Aparicio -informa Pilartxo-, que vivía enfrente de la sociedad y salía a la ventana a tocar el txistu cuando nos oía cantar. Una vez se puso a tocar el ‘Eusko gudariak’ y hubo un revuelo tremendo, pero no pasó nada. Este txistulari pronto se hizo socio de Eusko Bazterra».

La sede social sufrió varios registros policiales, tal como recuerdan estos antiguos socios. «En una ocasión entré a la sociedad y vi a tres inspectores que estaban registrando todo el local, sin permiso judicial, sin testigos y sin nada. Eran tres policías muy conocidos en Iruñea, y cuando yo entré -relata Jaunarena-, se fueron tranquilamente sin dar ninguna explicación».

En otro registro policial, los agentes vieron dentro de una jarra una tela de color rojizo y pensaron que se trataba de la ikurriña. «Cuando la sacaron, vieron que era la bandera española. Nos echaron una gran bronca por tenerla dentro de una jarra sucia y grasienta».

La sede social de Eusko Bazterra estaba cerca del convento de las monjas Carmelitas Descalzas en la calle Salsipuedes, del que estos antiguos socios guardan un recuerdo imborrable: «La madre superiora nos dijo que, si en algún momento surgía algún tipo de dificultad, por el tejado del convento teníamos una vía de escape, y que ella nos ayudaría a desaparecer. Aquella oferta es de las que no se olvidan», comenta ‘Artzai’.

Y Martiñe completa el relato: «La verdad es que estábamos un poco apurados, porque aparecieron algunas octavillas y tuvimos varios registros policiales. Pero las monjicas del convento estaban muy contentas con nosotros, porque decían que ellas se acostaban muy pronto y, mientras nosotros cantábamos aquellas canciones tan bonitas, estaban encantadas escuchándonos. También nos decían que tuviésemos cuidado, porque había dos vecinos curas y uno era muy bueno, pero el otro era muy malo».

En aquellos años las detenciones policiales eran habituales, porque el sentimiento vasco estaba brotando de nuevo entre muchos jóvenes y eso les convertía directamente en sospechosos. «Varios miembros de Eusko Bazterra fueron detenidos en un bar de Etxarri Aranatz por cantar en vasco», apunta Xanti Jaunarena.

«Cuando la Policía detenía a alguien -agrega Martiñe-, lo primero que le decían era: ‘Tú serás de Eusko Bazterra, ¿no? Y también serás europeísta, ¿no?’. En aquellos tiempos lo de ser europeísta era un delito de miedo».

De hecho, varios miembros de Eusko Bazterra estaban suscritos a boletines de la Comunidad Económica Europea, tal como se denominaba entonces, pero esos boletines les llegaban a casa en sobres normales para evitar que fuesen detectados. «Si los veía la Policía, te detenían», advierte ‘Artzai’. Pero no por eso dejó de seguir suscrito a los boletines.

El Aberri Eguna de 1967, celebrado en Iruñea, también es recordado de forma especial por los miembros de Eusko Bazterra, ya que muchos de ellos acogieron en sus casas a personas llegadas de víspera a la capital navarra para evitar los controles policiales del día siguiente.

Aquel Aberri Eguna fue memorable, tanto por la gran afluencia de abertzales como por las ikurriñas que fueron lanzadas desde un tejado de la Plaza del Castillo, mediante cohetes, y descendieron a modo de paracaídas entre los aplausos del gentío y el cabreo de la Policía.

La vida de Eusko Bazterra fue intensa pero corta, ya que apenas superó los dos años de existencia. Las actividades de aquellos jóvenes entusiastas no estaban bien vistas por una parte de la junta directiva de Los Amigos del País, que finalmente decidió quitarles el amparo legal que les habían dado con sus estatutos.

En ese tiempo, Eusko Bazterra tuvo tres presidentes: José Igeltz, Fernando Bara y el propio José Mari Pastor, quien recuerda el impacto que supuso la muerte de Jokin Artajo y Alberto Asurmendi mientras preparaban una acción antifranquista en el Valle de Ultzama: «Jokin y Alberto actuaban en la clandestinidad. Ambos eran socios de Eusko Bazterra, y el hecho de encontrarte de repente con dos amigos muertos fue terrible. Aquello fue un mazazo para todos, no solo para los miembros de la sociedad sino para todo Iruñea, y en especial para la gente que se movía en ambientes vascos».

La muerte de Artajo y Asurmendi se produjo el 6 de abril de 1969, por lo que pronto se cumplirá el 50 aniversario. En los últimos años la Delegación del Gobierno español viene denegando el permiso para hacer un pequeño acto de recuerdo, argumentando que Artajo y Asurmendi eran miembros de EGI (Euzko Gaztedi Indarra, también conocido como Juventudes del PNV) y que era una organización política ilegal cuando ocurrieron los hechos.

«También el PSOE era ilegal en aquellos tiempos, al igual que todas las organizaciones políticas que no eran franquistas, pero ahora el PSOE no tiene ningún problema para hacer homenajes», argumenta ‘Artzai’.

En cualquier caso, los antiguos socios de Eusko Bazterra volverán a rememorar las experiencias vividas hace medio siglo en aquella sociedad de Alde Zaharra que encauzó e impulsó el despertar de la conciencia vasca en la generación de la posguerra.






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