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viernes, 30 de enero de 2026

Festival Musical por Palestina

Hace unas semanas, durante su concierto del 9 de enero de 2026 en el Estadio Nacional de Santiago, Chile, Bad Bunny rindió un emotivo homenaje al cantautor y activista Víctor Jara, interpretando con mandolina su himno “El derecho de vivir en paz”. El gesto ocurrió precisamente en el histórico recinto, utilizado como centro de detención durante el golpe de estado de Pinochet y su posterior dictadura.

Pues bien, pareciera ser que los máximos representantes del estilo musical caracterizado por su frivolidad de pronto, están tomando consciencia de lo que ocurre en las sociedades de las cuáles surgieron y a las cuáles les dieron la espalda en su obsesiva búsqueda de fama y dinero.

¿Por qué lo mencionamos?

Porque ahora ha sido Rosalía quien, dejando de lado su papel protagónico en la embestida mediática en contra de los derechos sociales, políticos, sexuales y reproductivos de las mujeres, se ha subido al escenario a cantar en solidaridad con el pueblo palestino. En ello, Rosalía se ha colocado por encima del mismísmo Joan Manuel Serrat, rábido defensor del sionismo junto a Joaquín Sabina.

Hablamos de un escenario en el que se ha contado con la presencia del internacionalista vasco Fermin Muguruza.

Lean ustedes la reseña provista por Naiz:


Muguruza, Rosalía, Guardiola, Amaia, Llach... en un gran festival por Palestina en Barcelona

La cultura catalana se ha reunido este jueves en el Palau Sant Jordi de Barcelona para reclamar el fin del genocidio y la libertad de Palestina en el concierto Manifest x Palestina, un acto protagonizado por figuras como Rosalía, Pep Guardiola, Bad Gyal, Amaia, Fermin Muguruza o Eduard Fernández.

La iniciativa Manifest x Palestina ha dado un nuevo aldabonazo internacional en favor de Palestina este jueves noche desde Barcelona con un gran festival que ha reunido a 20.000 personas y ha tenido participación vasca. Desde una plaza cualquiera del Mediterráneo escenificada en el pabellón de Montjuic, el actor Eduard Fernández ha abierto la velada con una conversación con el 'fixer' gazatí Kayed Hammad, quien se ha dedicado a relatar las condiciones penosas que hoy viven sus paisanos mientras se terminaba de llenar el lugar.

En cuanto han dado las 20:00 horas, Pep Guardiola ha tomado la palabra: «Las bombas quieren provocar silencios, que miremos a otro lado, que no demos un paso adelante. Es por eso que nos tenemos que implicar», ha exclamado el entrenador del Manchester City, antes de sentenciar que «todo esto va solo de humanidad, que es lo que está faltando hoy en Palestina».

Las primeras notas musicales han llegado en la voz de la cantante palestina Lina Makoul, quien ha insistido en que solo la creación lleva a la felicidad, justo antes de unirse a la chilena Ana Tijoux, en un giro del pop dulce y reivindicativo al rap sureño 'Somos Sur', repleto de demanda y rebeldía.

«Palestina está viva en cada padre, en cada madre y en cada niño; en cada canción y en cada grito de solidaridad. Por eso pido que sigáis clamando por Palestina», ha rogado a su vez Natalia Ahmad Abu-Sharar, parte de la comunidad Palestina de Catalunya, antes de que se materializara la conexión entre Euskadi, Cataluña y Palestina con Fermin Muguruza, 'Yalah Yalah, Ramallah' y la demanda de «Boicot a Israel».

Un prólogo, dos actos y un epílogo

Tras esto, el blues desértico de Tinariwen, atrapado entre turbantes y envuelto en puesta de sol, ha servido para dar visibilidad a los distintos conflictos en los que está inmerso hoy el pueblo tuareg, mientras que una performance de La fura Dels Baus ha servido como cierre de este prólogo.

El silencio del inicio del primer acto ha quedado roto por el violín de la madrileña Laura Pacios, acompañado por un ensamble a caballo entre el jazz y el flamenco, para que luego la navarra Amaia Romero, sola con su piano en el centro de la plaza mediterránea, dejara caer un velo de ternura en un pabellón salpicado de las estrellas que han formado los miles de linternas de los miles de teléfonos móviles de los miles de asistentes al son de 'Nadie podría hacerlo' y 'Tengo un pensamiento'.

Por su parte, las voces del catalán Xavi Sarrià y de la activista de origen sirio Salma Alhakim se han unido en 'HAYAT / VIDA / حياة', un grito a la vida y la libertad del pueblo palestino; igual que han hecho las de Guillem Gisbert, líder de Manel, y Mushkaa, hoy en silla de ruedas tras lesionarse la rodilla, en '1 CUMBIA AMB EL GUILLEM (1v1)', antes de cerrar el primer acto con un «Puta Israel».

La convicción pop de la palestino-jordana Zeyne ha abierto el segundo acto y ha arrancado uno de los «Free Palestine» más sonoros de la velada, al que ha seguido la dulce 'La symphonie des éclairs' de la francesa Zaho de Sagazan y la balada por el fin de la guerra de la noruega Aurora Aksnes.

Rosalía canta 'La perla' por sorpresa

En medio de la reivindicación ha llegado la sorpresa, cuando las pantallas del Sant Jordi han anunciado a Rosalía, lo que ha desatado que cientos de los sentados en las sillas dispuestas en la pista del pabellón se abalanzaran contra la primera fila.

La catalana, que había recibido críticas estos meses por no posicionarse sobre el genocidio, ha aparecido secundada por cinco músicos, entre guitarras y palmas, para cantar 'La perla' y agradecer a la organización del Manifest x Palestina la invitación al acto.

La irrupción de Rosalía ha servido como antesala al momento urbano de la velada, inaugurado por el 'Primark' de La Zowi y sublimado por Bad Gyal, que primero en solitario ha puesto en pie el Sant Jordi con su 'Fiebre', y luego, acompañada de Morad, ha tirado por 'Así soy'.

Por su parte, el cantante de La Florida, siempre identificado con la causa palestina, ha pedido al público ondear sus banderas entre los versos de ‘Soñar’, a la vez que reclamaba la libertad de la región.

Clamor por la libertad de Palestina

La calma, agradecida en la solemnidad de esta clase de actos, ha regresado con Clara Peya, quien, sentada al piano, ha guiado a Elisabet Casanovas, Laia Manzanares y Miki Esparbé mientras denunciaban los abusos sistemáticos de Israel, un discurso que ha dado entrada a Arab Barghouti, hijo de Marwan Barghouti, encarcelado desde hace 24 años.

Si hay un ejemplo en Cataluña de resistencia cultural, ese es sin duda la Nova Cançó, y Lluís Llach, uno de sus mayores exponentes, quien acompañado de Gemma Humet y Alguer Miquel ha entonado su combativa 'Abril 74'.

El epílogo que ha cerrado las más de tres horas y media de Manifest x Palestina ha comenzado con Oques Grasses sentados en un banco susurrando su preciosa 'La gent que estimo', en uno de los últimos actos en que se espera se pueda ver a la banda de Osona antes de su retiro.

Tras esto, y a demanda del activista (y colaborador de ‘7K’’ David Fernàndez, los cientos de miles de asistentes al Palau Sant Jordi han alzado las cartulinas que reposaban en sus asientos, creando así una bandera Palestina gigante, antes de que Anna Andreu con la 'Canción de Jinete' de Paco Ibáñez y el Ovidi Gran Cor con 'Diguem no' de Raimon pusieran punto y final a la velada cerca de la medianoche.

Todos los beneficios del concierto se destinarán a impulsar y reconstruir proyectos culturales en Gaza y Cisjordania, canalizados a través del PPAN (Palestinian Performing Arts Network) y centros culturales independientes como el Lajee Center (Camp de Refugiados de Aida) y el Dar Qandeel (Tulkarem).




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sábado, 1 de noviembre de 2025

Egaña | Pensamiento en Blanco y Negro

Les invitamos a leer esta reflexión acerca del espacio tiempo en el que nos movemos, cortesía de nuestro amigo Iñaki Egaña:


Pensamiento en blanco y negro

Iñaki Egaña

No se trata de retroceder unas décadas y escrutar la sociedad y sus élites en la ausencia de los colores, aquellos que ya había anunciado la tecnología cinematográfica para el tecnicolor. Más bien, del pensamiento dicotómico, el pensamiento polarizado, cuando se contemplan dos alternativas que son totalmente opuestas y excluyentes entre sí. El todo o el nada, al que parecemos abocados en Occidente, que crea expectativas negativas en parte de la población, susceptible de arrimar el hombro en los cambios, como si no fuera posible derrumbar a los gigantes. Nihilismo de nuevo cuño, disfrutar de la vida y evitar el choque.

Hay un rumrum de base, con un hartazgo que se percibe en esa dicotomía de nuestros días. Parece que no hay otro tema de discusión que Trump y sus desvaríos, que Ayuso y su última ocurrencia, el nivel de fascismo de Netanyahu o las obscenidades de Milei. Desafíos a los que hay que enfrentar, sin duda. Y, por otro lado, menosprecio al trabajo a largo plazo, a la construcción de las hormigas, al reforzamiento de comunidades como si estos compromisos se tratasen de temas menores, y que lo único importante es hacer valer estrategias diseñadas hace siglos por y para occidentales. En un medio ya incontrolable en el que la mentira ha sustituido a la verdad, incluso a la que llamábamos “verdad revolucionaria”. Una fase humana que Ramón Sola, hace bien poco, definía como “kaka aroa”, continuidad de la edad de piedra, la media o moderna. No hay planes a largo plazo por la supervivencia de nuestra especie, no hay luces largas en la mayoría de los proyectos occidentales. Mi impresión, cada vez más asentada, refiere a que surfeamos de improvisación en improvisación. Cuando miro a nuestras instituciones autonómicas, forales, estatales y europeas, no me queda ya duda alguna.

Pertenecemos a una sociedad cada vez más polarizada, aunque el sustrato viene de lejos. Nuestra civilización creyó aquello de la supremacía occidental, con sus reglas y moralidad, algo que, cuantitativamente, fue minoritario, aunque cualitativamente se impuso al conjunto del planeta. Con expolios y genocidios monárquicos. El colonialismo. Paradójicamente y cuando nos aferrábamos a nuestro recorrido pasado, resultaba que aquellos “otros” estaban más avanzados en algunos territorios, en astronomía, en medicina, en organización social, mientras que nuestros antepasados acababan de abandonar el interior de las cavernas.

La colonización europea del mundo nos ha dejado un legado erróneo de pueblos, culturas y civilizaciones. El mapa mundial actual está cincelado con los trazos coloniales, postcoloniales o monárquicos, con fronteras impuestas, dividendo pueblos y uniendo vecinos que no lo eran. Experiencias como las de casa que nos acoplaron vascongados con castellanos o bretones en dos estados de lenguas ajenas. Territorios conquistados por reyes y emperadores ambiciosos, obsesos por ampliar su poder. Arrastrando a sus súbitos que crearon (creamos) un ambiente de arrogancia para imponer modelos supremos, como democracia y derechos humanos que concluyeron siendo la base moral de la humanidad.

Aquello, sin embargo, tenía truco. El legado estaba lleno de mentiras. Era un pensamiento en blanco y negro, polarizado por la supuesta supremacía occidental. Democracia, sí. Pero cuando no afectaba a las elites económicas y de poder occidentales. Decenas de intervenciones postcoloniales, en Latinoamérica, en África, en Asia. Derechos humanos también. Pero para los de casa únicamente. Y con reparos. Sistema electoral con listas abiertas. También, aunque en función del resultado con la bala en la recamara para una nueva intervención militar o económica. Y un largo etcétera. Desaparecieron los colores del planeta e impusieron (impusimos) unas reglas chantajistas. No sólo en lo económico, político, religioso, cultural y social, sino en todo aquello susceptible de tener ADN humano.

Hoy, los maestros en improvisación utilizan el viejo adagio rescatado por Bush, Blair y Aznar: “O estás conmigo o estás contra mí”. Sin matices. Y si estás contra mí, iremos a por ti. Aquello que ayer ocurrió en Argelia o Vietnam (con la ocupación de Francia y EEUU) se repite estos meses en Palestina, Siria, Yemen… está siendo usado bajo el argumento y la naturalidad de la superioridad moral de Occidente. Tel Aviv, Washington, París, Londres… avalan algo que si sucediera en otros territorios bajo sus alianzas sería denunciado como ataque frontal a la democracia y a los derechos humanos.

Hoy, a pesar, hemos comenzado a tener algunas dudas sobre estas falsas dicotomías. La decadencia actual de Occidente, el ascenso de otras que la soberbia occidental aparentemente no las vio venir, ha vuelto a machacar nuestras conciencias. BRICS, Organización de Cooperación de Shanghái, Alianza de Estados del Sahel, OPEP… en paralelo a las clásicas que marcó el inicio de la Guerra Fría y que con la caída del bloque soviético supuso el éxito de un mundo unipolar dirigido por Washington, con la sumisión, entre otros, de nuestra Unión Europea, sinónimo de sometimiento. En esta nueva “cruzada” (seguro que en algún momento volverán a emplear el vocablo), entre ese mundo que se desploma y ese nuevo que surge multipolar, los defensores del viejo modelo, monstruos hoy, han abierto peligrosamente las puertas al fascismo. Ya estamos en una fase previa, la autocracia, y en la degradación absoluta del concepto de democracia. Y ya sabemos cómo solucionar Occidente los conflictos. Con guerras.

Son impresiones pesimistas, sin duda. Debemos aceptar que estamos en un mundo en transición, que debe concluir con un planeta multicolor: culturas, religiones, historias propias, lenguas, caminos diversos hacia la prosperidad. Un proceso civilizatorio novedoso y una gobernanza global entre iguales. Unas bases, sé que me cuesta señalarlo desde mi moral occidental, que no son exclusivamente ideológicas. Las herencias históricas de romanos, españoles, británicos, franceses… son la que heredaron las elites de EEUU. Y así nos va.

 

 

 

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domingo, 5 de octubre de 2025

Un San Mamés Palestino

El "diferencial vasco" se ha puesto de manifiesto una vez más... y de qué manera.

Como si no hubiera quedado suficientemente claro durante la reciente lisa ciclista a su paso por Nafarroa y Bizkaia, es ahora el futbol el que se expresa por todo lo alto a favor del pueblo palestino y en contra del genocidio que está siendo perpetrado impunemente por el ente sionista.

Aquí lo que nos reporta Naiz:


«Stop genocidio» en San Mamés: club e hinchada se funden en un grito ocultado por La Liga

Una iniciativa del Athletic Club que ha sido compartida totalmente por su afición ha reivindicado el fin del genocidio en Palestina, en los prolegómenos del Athletic-Mallorca este sábado. La señal televisiva de la Liga ha evitado enfocar al césped en ese momento.

El Athletic y Bilbo se han convertido este sábado en referencia de denuncia del genocidio en Gaza en el planeta fútbol, con un homenaje a refugiadas de este país y representantes de la UNRWA este sábado, en los prolegómenos del partido contra el Mallorca.

La decisión ha contado con el apoyo total de la hinchada, que ha ovacionado a la delegación palestina.

Once personas refugiadas palestinas en Euskal Herria,y los representantes de la agencia de la ONU han salido al centro del campo a recibir una estruendosa ovación, mientras en los videomarcadores se ha leído el mensaje «Athletic Palestinaren alde. Stop genozidioa» y la grada ha estallado en gritos de ‘Palestina askatu’.

La Liga, por contra, ha optado por evitar enfocar al césped en ese momento, optando por imágenes de la grada aplaudiendo, o bien del exterior de San Mamés. Una ocultación en toda regla destinada seguramente a impedir la viralización del momento, aunque los locutores de Movistar sí han explicado lo qué ocurría y han calificado la situación en Gaza de «insoportable».

La iniciativa fue comunicada la víspera por Honey Thaljieh, embajadora del Athletic Club en su 125 aniversario, además de excapitana y cofundadora de la selección de fútbol de Palestina.

No ha sido por tanto un gesto aislado. Este acto forma parte de la campaña ‘Athletic Palestinaren alde. Stop genozidioa’. Anteriormente, la Fundación Athletic Club puso en marcha junto a UNRWA Euskadi un proyecto para niños y niñas palestinas refugiadas en Siria que comenzó en octubre. «Mediante esta cooperación internacional, alrededor de 8.000 niños y niñas en situación de vulnerabilidad recibirán clases de educación física en 16 centros escolares gestionados por UNRWA», informaron desde Ibaigane. Y el club ha prestado colaboración para el partido entre Euskal Selekzioa y Palestina el 15 de noviembre en San Mamés, que precisamente se ha presentado este sábado por la mañana en Gernika.

Impulso previo de la afición

Anteriormente, peñas del Athletic ya pidieron al club que se guardara un minuto de silencio en memoria de Suleiman Al-Obeid, conocido popularmente como el ‘Pelé Palestino’. Suleiman, de 41 años, era una de las leyendas del fútbol en Palestina y recibió un disparo de las fuerzas israelíes mientras esperaba ayuda humanitaria en el sur de Gaza.

En el estreno del club rojiblanco en la UEFA Champions League desde la tribuna norte, Iñigo Cabacas Herri Harmaila desplegó un tifo horizontal de banda a banda donde se leía el siguiente mensaje en apoyo a Palestina con los colores de su bandera: ‘Zure alboan egongo gara gaurtik azken eguneraino’. 

El viernes en El Sadar, el domingo en Anoeta

En el resto de estadios vascos de Primera se están multiplicando las muestras de adhesión a Palestina. Así, la grada sur en que se ubica Indar Gorri en Iruñea obligó a parar el Osasuna-Getafe de este viernes en el minuto 10 con lanzamiento de pelotas de tenis, tras lo que se produjeron gritos de ‘Palestina askatu’ coreados desde todos los puntos de El Sadar y se sacó una pancarta con el lema ‘Israel suntsitu’.

En Donostia, Bultzada anuncia este domingo que no entrará a la grada Aitor Zabaleta hasta el minuto 5 del Real Sociedad-Rayo también en apoyo al pueblo palestino, e invita a acudir al partido con banderas y símbolos del país masacrado.




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sábado, 4 de octubre de 2025

Egaña | Dos Años que Estremecieron al Mundo

Nos acercamos al segundo aniversario de la acción que llevó la barbarie sionistas a cotas que en realidad no deberían de sorprender a nadie.

De la pluma de nuestro amigo Iñaki Egaña traemos a ustedes este recuento de lo que hemos estado siendo testigos:


Dos años que estremecieron al mundo

Iñaki Egaña

El 7 de octubre de hace dos años, cuando se cumplían 50 años exactos del Yon Kipur (la guerra que enfrentó a Egipto y Siria con Israel por recuperar el Sinaí y los Altos de Golán), el brazo militar de Hamás, el partido que había ganado las últimas elecciones en Gaza por mayoría absoluta, lanzó una ofensiva contra diversas ciudades israelíes. Paradójicamente, Tel Aviv había apoyado y fomentado en sus inicios a Hamas porque rivalizaba con la OLP de Yasser Arafat que acababa de apoyar la primera Intifada, la de las piedras contra fusiles. Tras unas acciones de señuelo, los comandos de Hamas y otros grupos palestinos penetraron, aquel día de octubre de 2023, en territorio judío, mataron a más de un millar de personas (entre ellos 373 soldados y policías) y secuestraron a otras 251, de las que 105 fueron intercambiadas por presos palestinos en noviembre pasado.

Es poco creíble que la inteligencia occidental, incluida la israelí, no tuviera conocimiento de los preparativos de Hamas, por lo que la tesis de “laissez faire” para luego desencadenar una ofensiva de castigo y luego genocida con el objetivo de hacer valer el mantra religioso-político del Eretz Yisra`el Hašlemah (Gran Israel), tiene credibilidad. También la tesis de subestimar al contrario -basada en la superioridad técnica y supremacista- ha sido una constante en los análisis de Occidente. Una posibilidad y la otra, no han condicionado la respuesta de Israel que ha destruido por completo a Gaza, ha matado a decenas de miles de sus habitantes, los ha desplazado y avocado a una hambruna letal. Frente a los ojos del planeta, replicando lo que fueron las conquistas coloniales de Europa sobre el resto del mundo. Con la diferencia de que entonces no había ni televisión, ni Internet.

En tiempo real, asimismo, hemos asistido al bombardeo por parte de Israel de Siria, Yemen, Líbano, Irán, Qatar… y Gaza y Cisjordania. Y el genocidio no está dirigido únicamente por Netanyahu. Desde 1948, año que Gran Bretaña cedió su colonia a Israel, la Palestina histórica ha recibido 7,2 millones de judíos. En ese periodo, un millón de palestinos detenidos y, únicamente en 2023, se produjeron 12.161 ataques de colonos israelíes contra palestinos. La Nakba, la limpieza étnica continuada, ha generado que la mayoría del pueblo palestino viva fuera de su tierra. Otra paradoja, mientras después de la Segunda Guerra mundial se produjeron descolonizaciones masivas a lo largo del planeta (1945-1962), tras conflictos que provocaron centenares de miles de muertos, Occidente colonizó Palestina, manteniendo el estatus hasta la actualidad.

Y esa colonización no ha concluido. Los esquemas de la misma son los que provocaron la devastación por Occidente de América, Asia, Australia y África en tiempos pasados: el despojo de sus recursos para elevar el nivel de vida de Europa, más tarde también el de su alter ego EEUU. Mandan las grandes corporaciones, los multimillonarios y sus empresas, cuyos negocios son el quid de genocidios, razias y expolios. En esta era digital, Gianis Varufakis ha implantado el término de “tecnofeudalismo, frente a otros como neoliberalismo, neofascismo o capitalismo salvaje, y focaliza en el concepto “feudalismo” muchas de las características de la época medieval. Los grandes señores feudales, regidos por criterios xenófobos, racistas y supremacistas (replicados por el nazismo) comparten espacio con esos que concentran en pocas manos poder y capital.

Estos dos años que han estremecido al mundo no han sido salpicados únicamente por las atrocidades cometidas por Israel. En EEUU, la segunda legislatura de Donald Trump ha puesto al descubierto todas las costuras de un sistema contaminado que no tiene remedio. Continuista de las políticas en el exterior de Joe Biden, su impronta avanza con amenazas de guerra en el Caribe y sobre todo, en el negacionismo absoluto de los males que aquejan a nuestra civilización. En ese “mirar para adentro”, la autocracia que citó en campaña, ha legalizado las mordidas a través de los aranceles, está cambiando el sistema electoral para perpetuarse y criminalizando a la izquierda, incluso a la de Biden, que le abrió las puertas interiores y exteriores. Sus alianzas, en este revolcón, no han sido únicamente las de Milei en Argentina o Meloni en Italia sino que han ido más allá. Macron en París, proveniente de la Banca Rotchill, Merz en Alemania, ex directivo de fondo buitre BlackRock, Starmer en Reino Unido, Mark Rutte, ex Unilever, secretario general de la OTAN y Ursula von der Leyen, antigua ministra de Defensa y hoy presidenta de la Comisión Europea, forman el repóquer de halcones belicistas que aspiran a “revitalizar” la economía europea a través de la guerra. Mostrando una sumisión extrema a los poderes económicos de Washington que se refleja en su complicidad en el apoyo a Israel o en la negación de la diplomacia en el conflicto Federación rusa-Ucrania.

Y en casa mientras, siguiendo esta sumisión a los poderes económicos internacionales, se ha asentado el modo “Josu Jon”, el de aquel chantaje del consejero delegado de Repsol para retirar el impuesto a las petroleras, so pena de boicotear la transición energética. Esta semana, Eider Mendoza, gobernando Gipuzkoa con los votos de PNV, PSE y PP, ha tirado de la fórmula “Josu Jon”, para afirmar que eso del boicot a Israel está bien, excepto para la CAF. Y que de realizarse, la empresa cerraría o cambiaría de aires. No estamos gobernados por políticos, sino por consejos de administración de corporaciones multinacionales.

Por otro lado, estos dos años terribles han sido continuidad para una parte importante de la humanidad. Para ella, no son un par, sino décadas. Malnutrición, falta de agua, insalubridad… acaparan a una parte de la humanidad, mientras la otra busca refugio en centros de salud porque no saben qué hacer con su tiempo libre. De Sudán han sido desplazadas 12 millones de personas desde ese 2023. Menos de lo que nos cuesta un café, es el ingreso que tienen más de 700 millones de hombres y mujeres del planeta para vivir cada día.






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sábado, 21 de junio de 2025

Egaña | Enfocando a los Criminales

Iñaki Egaña nos aclara el panorama con respecto a la banda criminal conocida como Organización del Tratado del Atlántico Norte, por sus siglas, OTAN.

Aquí el texto que nos ha compartido en Facebook:


Enfocando a los criminales

Iñaki Egaña

El 13 de marzo de 1986, la Bolsa de Bilbao registró su mayor subida histórica en una sola jornada. Un aumento de 12,71 puntos. Para un observador en el tiempo, la euforia de la crecida exagerada correspondería al afianzamiento del poder político, económico y militar de nuestro país, tras un acontecimiento democrático. La víspera, Hego Euskal Herria había llamado a las urnas a sus vecinos, tal y como en el Estado español, para preguntar si deseábamos entrar en la OTAN: 434.553 hombres y mujeres de Nafarroa Garaia, Araba, Gipuzkoa y Bizkaia habían dicho “Sí, quiero”. Como si se tratara de un contrato matrimonial. Si el mismo observador se quedara en esa primera línea, su interpretación sería errónea. Porque en las siguientes estrías encontraría que 828.721 vascos habíamos dicho “No quiero” y 706.311 se habían abstenido. Es decir, que únicamente uno de cada cinco integrantes del censo vasco peninsular se sumaba a los antojos bélicos de quienes detentaban las riendas en lo político, económico y militar.

El equilibrio entre potencias fue el argumento de los favorables a la integración. La OTAN había surgido en 1949 y para hacer frente a su propósito expansivo, el bloque soviético instituyó el Pacto de Varsovia en 1955. Con la caída del Muro de Berlín y el desmoronamiento de la URSS, el Pacto de Varsovia firmó su defunción y la OTAN, en contra de la lógica de bloques, continuó su despliegue territorial hasta nuestro días. La OTAN ya operaba en Euskal Herria, a pesar del trámite del referéndum de 1986, particularmente con la base de Gorramendi (Elizondo) desde 1959, el campo de tiro de entrenamiento de las Bardenas -en especial para los bombarderos que descargarían napalm y el agente naranja en Vietnam- y la Stay-Behind (conocida como Red Gladio) que, al margen de sus objetivos globales, participó en operaciones encubiertas de guerra sucia y espionaje contra la disidencia vasca. El año del “No quiero” a la OTAN fue el mismo de la incorporación del Estado español a la Unión Europea. En esa ocasión no hubo referéndum.

Aquel músculo antimilitarista vasco fue la clave del “No quiero”. Abarrotaron con su actividad, las calles, las urnas, e implosionaron el movimiento popular. Fue asimismo el germen de la insumisión y deserción al servicio militar en el Ejército, que llevó a prisión a cerca de mil jóvenes vascos, esta vez también de Ipar Euskal Herria, cuyos ciudadanos no habían tenido la oportunidad de expresar su opinión sobre la OTAN. El Estado francés, aunque con matices, había sido uno de sus fundadores.

En el mundo anglosajón se emplea la expresión “soft and hard power”, que correspondería al poder “blando” y al “duro”, que por cierto no tienen por qué ser antagónicos. Los gobiernos salidos de las urnas serían los que componen el “poder blando”. En la teoría, son capaces de conformar consensos y habilitan la diplomacia. El “poder duro”, en cambio, funciona a otra escala. Imposición, coerción y autoridad. Sin reglas, o mejor con las suyas, que modelan las relaciones internacionales. En muchas ocasiones, aquellos que ostentan el poder blando son simples correveidiles de los halcones (Walt Street, La City, el departamento de defensa de EEUU…), tanto en lo económico como en lo militar. Trump, Mertz, Macron, Netanyahu, Starmer… son señores de la guerra elegidos en las urnas. Voceros del poder duro, trasladado al público.

Mark Rutte, secretario general de la OTAN, ha declarado recientemente: "Es hora de adoptar una mentalidad de guerra". En 2025, la Alianza, como en décadas, está marcando la agenda mundial. Finalizó el pasado año su actividad con entrenamientos militares a gran escala, con la novedad de que los ejercicios Steadfast Noon, de prácticas nucleares, los realizaron cerca de la frontera rusa. En 2022 boicotearon el acuerdo de paz en Estambul acordado por Moscú y Kiev para concluir con el conflicto de Ucrania, después del Euromaidán de 2014. Este año, Israel ha bombardeado Siria, Líbano, Irán y Yemen, junto al genocidio de Palestina. EEUU bombardeó masivamente Siria hace unos meses, antes del cambio de régimen, y luego Yemen. El ataque sionista contra Irán desde hace unos días y los ataques contra bases nucleares estratégicas de Rusia este mismo mes de junio, se han producido en medio de negociaciones simultáneas. No hay lugar a la diplomacia. La OTAN quiere mantener su posición de privilegio mundial, participando en todas estas acometidas, con inteligencia propia, sus satélites y sus ejércitos. Apuestan por un modelo planetario a su medida.

Si la OTAN concibió su identidad como un espacio territorial anticomunista, la caída del bloque soviético difuminó su naturaleza. Hoy, es obvio que los enemigos que marca, no están tan relacionados con la ideología sino con la hegemonía territorial y económica. Valores que están presentes en la historia de la humanidad desde tiempos pasados, sin que la evolución haya mejorado la tendencia de las elites. La construcción del enemigo, las acciones preventivas -términos modernos- son similares a las expansionistas del colonialismo o las campañas de ocupación de territorios. Saqueo de recursos y supremacía racial.

Por ello, aquel músculo popular que mostramos en la década de 1980, en particular alrededor del referéndum, no debería ser únicamente un poso histórico, sino también una experiencia que señale objetivos. Es evidente que en estos cuarenta años han sucedido infinidad de cambios, incluso estructurales. Que otras luchas entonces secundarias se han transformado en prioritarias. Igualdad de género, cambio climático, migración masiva, defensa de las minorías… Exigir la paz hoy, como entonces es, sorprendentemente, un acto revolucionario. Coreábamos, junto a Anje Duhalde, aquello de “Bakezalek gara. Bakea nahi dugu”. Su eco nos persigue. Y hoy, entrando en el segundo cuarto del siglo XXI, nuestros antagonistas continúan siendo los halcones de la OTAN y sus compinches bursátiles. El “No quiero” sigue de actualidad.

 

 

 

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lunes, 12 de mayo de 2025

Cierre de Ciclo del PKK

Causó gran sorpresa el llamado por parte de Abdullah Öcalan al PKK invitándolos a cerrar la etapa de la lucha armada apenas el pasado febrero.

Naiz trae a nosotros la respuesta por parte del Partiya Karkerên Kurdistanê:


El PKK anuncia el fin de 40 años de lucha armada: «La misión histórica se ha completado»

Un nuevo tiempo se abre en Kurdistán tras la decisión del PKK de abandonar la lucha armada y emprender su disolución, conocida este lunes y fruto del llamamiento hecho por Abdullah Öcalan en febrero. «El legado se desarrollará con más firmeza a través del método político democrático», concluye.

Dabid Lazkanoiturburu

La guerrilla kurda del PKK ha anunciado este lunes su disolución y el fin de la lucha armada que inició contra el Estado turco hace 40 años y que ha dejado unos 45.000 muertos, respondiendo así al llamamamiento que hizo a finales de febrero desde la cárcel el fundador y líder de la organización Abdullah Öcalan.

La decisión se ha tomado en el XII Congreso recientemente celebrado, la asamblea que pidió su líder encarcelado en Imrali,  en un histórico llamamiento a la disolución.

En una declaración escrita emitida el pasado viernes, la Presidencia del XII Congreso del PKK anunció que la asamblea se celebró «con éxito» entre el 5 y el 7 de mayo «en las zonas de defensa de Medya», en las montañas del Kurdistán Sur, bajo la administración autónoma kurda en Irak.

Según el partido kurdo, el congreso se llevó a cabo en dos zonas diferentes de forma paralela, «con la participación de delegados y delegadas de todas las ramas del partido». Y en ella hubo algún tipo de «comunicación técnica» del propio Öcalan.

El histórico llamamiento del líder kurdo se produjo en febrero pasado, en un contexto marcado entre otras cosas por el genocidio en Palestina y el giro producido en Siria.

«Todos los grupos deberían abandonar las armas. El PKK debería disolverse. Hago este llamamiento y asumo la responsabilidad histórica», afirmó Öcalan en un mensaje leído en una rueda de prensa por miembros del Partido Popular por la Igualdad y la Democracia (DEM), la formación progresista y prokurda, que se reunieron con él en la isla-prisión de Imrali, donde cumple cadena perpetua desde 1999.

Este proceso había empezado a salir a la luz en octubre del pasado año, cuando el diputado Devlet Bahçeli, líder del partido ultraderechista MHP y aliado del presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, propuso que Öcalan acudiera en persona al Parlamento para pedir públicamente el fin de la violencia y proclamar la disolución del PKK. A la vez, el Gobierno turco enviaba un gesto permitiendo, por primera vez en años, una visita al líder kurdo -primero familiar y luego política-.

El mensaje

La decisión anunciada este lunes tiene estos términos concretos: «El 12º Congreso del PKK ha decidido disolver la estructura organizativa y poner fin a la lucha armada, en el marco del proceso práctico que será gestionado y encabezado por nuestro líder 'Apo' -apodo de Ocalan que significa 'tío' en kurdo-», ha dicho el grupo en un comunicado, según ha recogido la agencia kurda de noticias Firat, vinculada a la formación.

Así, ha recalcado que el congreso ha decidido «poner fin a los trabajos llevados a cabo en nombre del PKK», antes de destacar que la decisión deriva de la estimación de que «la lucha del PKK ha roto la política de negación y aniquilación contra nuestro pueblo, llevando el asunto kurdo a un punto en el que puede resolverse a través de la política democrática».

«En este sentido, se ha completado la misión histórica del PKK», ha sostenido, al tiempo que ha hecho hincapié en que el congreso pudo celebrarse «de forma segura, a pesar de las difíciles condiciones por la continuación de los enfrentamientos y la continuación de los ataques terrestres y aéreos», así como «el cerco a las zonas (bajo control del PKK) y el embargo por parte del Partido Democrático del Kurdistán (PDK)», en referencia al partido gubernamental en la parte irakí.

El PKK ha subrayado que en el congreso participaron 232 delegados y ha ensalzado que en el mismo «se han adoptado decisiones históricas que marcan el inicio de una nueva era para el movimiento por la libertad», antes de defender que durante estos años de operaciones «llevó a cabo una lucha legítima y justa» basada en «el derecho de autodeterminación».

En su repaso histórico, se constata que «el PKK fue delineado en unas condiciones dominadas por una estricta negativa de lo kurdo y políticas de aniquilación, genocidas y de asimilación», de modo que la lucha armada iniciada en 1978 ha buscado «establecer la existencia kurda y ver el asunto kurdo como una realidad fundamental en Turquía».

«Como resultado de la lucha llevada a cabo de forma exitosa a partir de esta base, se materializó una resurrección de la revolución en nombre de nuestro pueblo y (el PKK) se convirtió en el símbolo de esperanza y libertad, así como en la búsqueda de una vida honorable para los pueblos de la región», añade la declaración.

El grupo ha recordado que, ya en los años noventa, Öcalan anunció un alto el fuego para iniciar un proceso de paz, pero fue «saboteado» con la «eliminación» por parte del entonces presidente turco, Turgut Ozal, lo que derivó en que las autoridades turcas «recrudecieran la guerra al insistir en la política de negación y aniquilación de los kurdos».

«Miles de aldeas fueron evacuadas y quemadas. Millones de kurdos fueron desplazados de sus hogares, decenas de miles fueron torturados y encarcelados y miles fueron masacrados sin motivo. En respuesta, en movimiento de la libertad creció de forma cuantitativa y cualitativa y la guerra de guerrillas se propagó por el Kurdistán y Turquía», ha explicado.

Así, ha sostenido que, en esta etapa, «la guerra se convirtió en la opción básica para ambas partes», lo que provocó que «los esfuerzos de 'Apo' para resolver el problema kurdo a través de métodos democráticos y pacíficos no fueran fructíferos», una situación que se ahondó con el encarcelamiento de Ocalan en 1999 en una prisión en la isla de Imrali.

La postura de Öcalan

El grupo ha resaltado que, a pesar de que su líder fue encarcelado «en absoluto aislamiento», mantuvo desde prisión «su insistencia en resolver el problema kurdo a través de medios democráticos y pacíficos», impulsando «un paradigma democrático, ecológico y de liberación de las mujeres», a través del modelo impulsado por Öcalan en sus textos, conocido como confederalismo democrático.

«Tomando como referencia el periodo anterior al Tratado de Lausana y la Constitución de 1924, en la que las relaciones kurdo-turcas se convirtieron en problemáticas, el líder 'Apo' adoptó la perspectiva de la República Democrática de Turquía, en la que la patria común y los pueblos kurdo y turco son los elementos fundadores», ha argumentado.

«Las rebeliones kurdas que se han sucedido durante la historia de la República, los mil años de relaciones históricas entre kurdos y turcos y los 52 años de lucha del líder han demostrado que el problema kurdo solo puede ser resuelto a través de la base de la patria común y la igualdad en la ciudadanía», ha defendido.

Marco de «Tercera Guerra Mundial»

En este sentido, ha incidido en que «los actuales acontecimientos en Oriente Próximo, en el marco de una Tercera Guerra Mundial, hacen inevitable el reconocer las relaciones kurdo-turcas» antes de adelantar que el «honorable» pueblo kurdo, «que participó en la marcha de 52 años del líder sufriendo un gran coste y resistiendo las políticas de negación, aniquilación, genocidio y asimilación, abrazará la paz y el proceso democrático de forma consciente y organizada».

«Tenemos una fe absoluta en que nuestro pueblo entenderá mejor que nadie la decisión de disolver el PKK y poner fin a la lucha armada y que acometerán los deberes de la lucha armada para construir una sociedad democrática», ha apuntado, antes de decir que «es de vital importancia que el pueblo establezca sus propias organizaciones en todos los sectores de la vida, bajo el liderazgo de las mujeres y los jóvenes».

Así, ha puntualizado que es necesario «organizarse para ser autosuficiente con sus lenguas, identidades y culturas para convertirse en una autodefensa frente a los ataques y construir una sociedad comunal democrática». «Creemos que los partidos políticos, las organizaciones democráticas y los líderes de opinión cumplirán su responsabilidad a la hora de desarrollar la democracia kurda y garantizar la formación de una nación kurda democrática», ha aseverado.

El grupo ha insistido por ello en que «el legado de la historia de libertad, que ha pasado a través de la lucha y la resistencia, se desarrollará con más firmeza a través del método político democrático», con el objetivo de «materializar el futuro de un pueblo que se desarrolle a partir de la libertad y la igualdad».

«La decisión de nuestro congreso de disolver al PKK y poner fin al método de la lucha armada supone un firme pilar para una paz permanente y una solución permanente», ha defendido, antes de pedir al Parlamento de Turquía que «juegue su papel, con una responsabilidad histórica», para impulsar este proceso, que pasa por la excarcelación de Öcalan -quien pidió el 27 de febrero la disolución de la formación- para que «encabece dirija este proceso».

 

 

 

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sábado, 10 de mayo de 2025

Egaña | Vietnam

Iñaki Egaña evoca la gesta del pueblo vietnamita en contra del imperialismo estadounidense y, en hacerlo, nombra a integrantes de la diáspora vasca en Estados Unidos que fueron partícipes de la brutal agresión por parte de Washington.

Aquí directamente desde su perfil en Facebook:


Vietnam

Iñaki Egaña

La distancia de Bilbao a Hanoi en línea recta es de 11.000 kilómetros, más o menos. Me cuenta un chapbot de IA que andando, en línea recta, suponiendo que no hubiera obstáculos insalvables y a una media de 20 kilómetros por jornada, tardaría algo así como 550 días en alcanzar la capital vietnamita, la segunda en población después de Ho Chi Min, la antigua Saigón. En un mundo globalizado, con el permiso de Donald Trump, caminar es una quimera. El avión, con alguna escala, acerca Vietnam en 16 horas. Más rápido aún, gracias a Internet estamos en un pis pas. Pero no siempre ha sido así. A los de mi generación, que peinamos canas si la queratina nos guarda el cabello, la cercanía nos la escupían las emisoras de radio con un mensaje mañanero: “Prosiguen los combates en el Mekong”. La conocida como Guerra de Resistencia contra EEUU (Kháng chiến chống Mỹ), que concluyó ahora hace medio siglo. El Viet Cong contra los yanquis, sustitutos de los franceses colonizadores, derrotados en la que llamaban Indochina.

En una década, EEUU escupió más de siete millones de toneladas de bombas sobre la entonces Vietnam del Norte y sus vecinas Laos y Camboya, donde, señalaban, se escondían los comunistas. Para la comparación, en la Segunda Guerra mundial, se lanzaron un tercio, poco más de dos millones de toneladas. Las bombas y la guerra química (napalm y agente naranja) mataron a medio millón de niños y otros dos millones y medio de adultos. Monsanto, comprada hace pocos años por Bayer, y Dow Chemical, que tuvo planta en Leioa hasta hace 15 años, fabricaron para el Pentágono los explosivos químicos. También violaciones en masa y rapto de niños para su venta. Hoy, aún millones de personas sufren malformaciones originadas hace medio siglo. En las Bardenas, los aviones de EEUU se entrenaban antes de viajar al otro extremo del mundo.

Para nuestro generación y para todos los pueblos oprimidos del mundo, Vietnam fue un símbolo. El símbolo con mayúsculas. Su pueblo, a un coste impresionante, había derrotado a París y luego a Washington, para establecer una sociedad igualitaria, hacia el comunismo. La enseñanza era que David podía derrotar a Goliat. La juventud tomó las calles en Europa y en Norteamérica, y las guerrillas se echaron al monte en Centro y Sudamérica. Una lucha antimperialista y anticolonialista.

Hoy, sin embargo, enciclopedias y chatbots generados en el Primer Mundo, relatan falsamente que la Guerra de Resistencia contra EEUU fue un episodio más de la Guerra Fría, el bloque soviético contra el occidental. Una farsa académica y una visión supremacista y eurocentrista. Vietnam, como otras luchas de liberación en Angola, Mozambique, Indonesia, Argelia… formó parte de la rebelión de las colonias contra las metrópolis. Un orden mundial forjado desde el siglo XVI y acelerado en el XIX. El despojo del que aún se nutre Europa para conformarse como elite económica mundial.

A pesar de esas distancias astronómicas, y del cierre del pensamiento por la dictadura en Hego Euskal Herria, Vietnam estuvo más cerca de nosotros de lo que puedan presuponer nuestros descendientes. Quienes conspiramos para la caída del franquismo, nos convertimos en vietnamitas, aunque lo fuera metafóricamente. Cuando el ejército de Vo Nguyen Giap y la generala Nguyen Thi Dinh entraron en Saigón en 1975, lo celebramos como una victoria nuestra, al igual que en otros puntos del planeta. Ho Chi Min se unió a una lista de protagonistas con nombre: Che Guevara, Sandino, Lumunba, Cabral, Farabundo Martí, Sankara, Abd el-Krim… Ho, además, era poeta -en prisión con la ocupación japonesa escribía poesía- lo que lo acercó todavía más a un pueblo como el nuestro que como decía Voltaire, canta y baila al borde de los Pirineos: “Rimando haré más cortos los días en la prisión y esperaré que llegue mi libertad cantando”.

La huella vasca desde Vietnam fue notoria. En 1966, ETA programó cursillos de tres meses en Vietnam, con experiencia de campo lo que suponía enfrentamiento real contra las fuerzas ocupantes (Curso de Instrucción). La estancia estaba subvencionada por el Ejército de Liberación y los viajes por un estado que había logrado su independencia tras una guerra prolongada. La primera hornada de voluntarios vascos hubiera debido llegar a Vietnam en octubre de 1966, pero el proyecto fracasó. Un año más tarde, en la V Asamblea de ETA, la organización armada vasca adoptó la estrategia del comunista vietnamita Trường Chinh. Un corta y pega: “«Las victorias en los campos de batalla de la economía, política y cultura dan la victoria militar a la Resistencia Nacional». Fue la estructura de los cuatro frentes.

Hubo también, como en las guerras coloniales de la época (Corea, Siria, Egipto, Turquía…), vascos que, obligados por el servicio militar, sirvieron en el Ejército francés, incluso en el estadunidense, contra los independentistas vietnamitas. Vicent Etchemendy, Pierre Lafargue y decenas de jóvenes de Ipar Euskal Herria dieron su último aliento en Indochina defendiendo la tricolor francesa. “Morts pour la patrie”, que cantaba Gorka Knör. Exiliados de la guerra civil fueron forzados a ingresar en la Legión Extranjera entre ellos el irundarra Eduardo Larrañeta que sobrevivió y a su vuelta fue detenido por la Policía franquista a pesar de haber servido en las fuerzas invasoras.

John Etxeberria, nacido en Reno de padres de Izpazter, fue uno de los 1.300 hijos de la diáspora vasca que, enrolados en el servicio militar y destinados a Vietnam, luchó en las fuerzas de EEUU “contra el comunismo”, al igual que Jean Hechart, nacido en Hazparne y emigrado a California. Bob Etxeberria, ex presidente de NABO (North American Basque Organizations), euskalduna, natural de Nevada y procedente su familia de Amoroto e Izpazter, era veterano el Ejército de EEUU, combatiente en Vietnam, también obligado por el servicio militar. Medio siglo después, son detalles de aquel Vietnam, tan lejano en la distancia, tan cercano en la derrota para unos, en la victoria para otros.

 

 

 

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domingo, 6 de octubre de 2024

Solidaridad con Líbano y Palestina

Desde este blog de la diáspora vasca y para la diáspora vasca siempre ha sido una constante nuestra solidaridad internacionalista para con los demás pueblos en resistencia en el mundo, especialmente con aquellos que por su situación geográfica son víctimas de las estrategias más violentas desplegadas por Occidente, entre ellos, los kurdos y los mapuches, pero, especialmente, los palestinos.

Habiendo dicho lo anterior, les presentamos este manifiesto publicado en el portal de Ecuador Etxea:


Euskal Herria apoya a Palestina y Líbano

“Sólo existe una solución: la desaparición de Israel”

Ha pasado un año desde que miles de personas nos movilizamos, como hacemos hoy, tomando las calles de Bilbao. Por desgracia, no hay buenas noticias para dar. Hemos dicho alguna vez que las razones que el pasado año nos trajeron siguen estando ahí, pero en realidad, las razones se han incluso reforzado.

Este año ha vuelto a dejar al descubierto la cara más cruel del capitalismo y del imperialismo. Este año ha vuelto a dejar al descubierto de lo que es capaz la clase dominante para mantener su poder.

Los datos son atroces. Hemos visto al ejercito israelí ocupando Gaza, bombardeando hospitales, colegios y ciudades enteras; hemos visto cortes de suministro; desplazamientos masivos de la población, del norte al sur, y luego, de nuevo, del sur al norte. Hemos visto el bloqueo de la ayuda humanitaria; y el ataque a camiones humanitarios que atravesaban la frontera. Hemos visto como dividían Gaza por la mitad, y ahora ya sabemos acerca de los nuevos planes para controlar la franja. Hemos visto, oído, leído… a los medios occidentales como defendían a Israel, y como deshumanizaban a los palestinos, mientras decenas de miles de ellos eran masacrados.

Pero todo esto no se ha limitado a Gaza. Y es que pese a los intentos de los medios de comunicación por esconderlo, han establecido al menos 30 nuevas colonias en Cisjordania, y han entrado en territorio que supuestamente deberían de estar bajo control Palestino, matando, deteniendo y derribando edificios e infraestructuras.

Como hemos visto las últimas semanas, a Israel no le basta con querer hacer desaparecer al pueblo Palestino. El sionismo es un proyecto supremacista y expansionista, y su afán territorial no tiene límite. Además, en tanto que es base militar del bloque geopolítico de la OTAN, tiene las manos libres para expandirse por todo el territorio. Es lo que nos demuestran las agresiones perpetradas en Líbano, Siria, Irán y Yemen. Es de especial mención la masacre que están llevando a cabo en Líbano: la detonación de los canales de comunicación de la resistencia, bombardeos aéreos, 2000 asesinados en dos semanas, desplazamiento del 20% de la población, y como colofón, la invasión terrestre. Desde aquí, toda nuestra solidaridad a la resistencia palestina, y a todos los que a lo ancho de la región, desde Yemen hasta Líbano, combaten al monstruo sionista.

Ha quedado más que claro que todo esto no es culpa de este o aquel dirigente que ha perdido la cabeza; o de una fascistización momentánea que atraviesa al gobierno de Israel. Esto es la continuación y el recrudecimiento de un genocidio que lleva 76 años. Este genocidio tiene una condición necesaria y es el apoyo del bloque imperialista occidental, que trata de mantener su hegemonía a nivel mundial. Es impensable que hoy en día ningún país pueda realizar semejante matanza por su cuenta. Los gobiernos de Estados Unidos y de Europa, sus empresas y sus partidos; son quienes dan apoyo, tanto armamentístico, económico o mediático, sea cual sea su retórica.

Solo existe una solución posible a esta barbarie. La única forma de parar la masacre en Asia occidental es la desaparición del estado de Israel. Y el estado de Israel, empieza aquí, en los estados occidentales. Por lo tanto, junto con no aceptar la legitimidad de Israel, es de urgencia:

– En primer lugar, defender firmemente el derecho a la resistencia tanto de Palestina como de todos los países golpeados por el sionismo, así como hacer frente a su criminalización.

– En segundo lugar, presionar a todos los gobiernos, empresas y partidos cómplices, para que rompan cualquier tipo de relación con el sionismo. Los discursos vacios y gestos simbólicos de dirigentes no pararan el genocidio. Debemos reforzar el boicot a Israel! Cese inmediato de todas las relaciones!

– Y por último, debemos reforzar la organización internacionalista en apoyo a nuestros hermanos y hermanas palestinas, y en contra del capitalismo que nos lleva a la guerra y el genocidio.

No podemos quedarnos de brazos cruzados. Debemos seguir luchando hasta deshacer el estado terrorista de Israel! Debemos seguir luchando hasta la construcción de una Palestina libre del río hasta el mar!

GORA PALESTINAR ERRESISTENTZIA!

 

 

 

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sábado, 4 de febrero de 2023

Egaña | La Guerra del Fin del Mundo (I)

Les invitamos a leer este esclarecedor texto de la autoría de Iñaki Egaña:

 

La guerra del fin del Mundo (I)

Iñaki Egaña

A finales del XIX en Brasil, una población acogotada por la miseria y una sequía pertinaz se enfrentó, liderada por un mesías, Antonio Conseilhero, a los terratenientes defendidos por un ejército de 15.000 soldados. Los militares los arrasaron. Esta historia fue recogida épicamente por Euclides da Cunha en “Los Sertones”. Para el paisanaje pobre de Canudos fue el fin de la eternidad. Mario Vargas Llosa recogió el episodio bajo el título que da pie a este artículo en un libro intrigante, con una gran tacha: la del plagio.

Otro nobel, José Saramago, le acusó de haber realizado en su “Guerra del fin del mundo”, una “copia pésima y cruel” de “Los Sertones”. Han pasado años de los hechos, menos de sus ediciones en libros, original y plagio, pero ambas cuestiones siguen presentes en la repetición constante de la historia, con nombres y escenarios diferentes, pero con fondos similares.

Los europeos estamos en una guerra, copia pésima y cruel, que diría Saramago, de otros conflictos anteriores o simultáneos, documentados hasta el aburrimiento o callados por la lejanía o el color de los contendientes. Guerras balcánicas, chechenas, del Golfo, Afganistán o las desconocidas africanas. Las consecuencias de las de Somalia, Chad, Sudán del sur, Libia y Congo siguen siendo devastadoras mientras se suman Tigray-Etiopía, Malí, Níger, Burkina Faso y Mozambique al margen de un Oriente Medio donde la muerte insiste y persiste en Siria, Yemen y en el genocidio contra el pueblo palestino. Los conflictos actuales nos hablan de multicrisis alimentaria, energética, sanitaria y migratoria. Sin embargo, engrasamos las máquinas de matar mientras en el escaparate afirmamos defender los derechos humanos. Copias perpetuas.

La segunda cuestión, la de guerra de fin del mundo, no tiene nada de frívola. Olvidamos lo mortífero que resulta un conflicto y sus consecuencias. Cuando en 2014, Kiev, castigó militarmente a lo que supuestamente era parte de su territorio, Ucrania Oriental, la atención general fue tan escasa como superficial. El Donbás quedaba lejos. La invasión y ofensiva rusa sobre Ucrania, hace ahora un año, devolvieron y revolvieron la atención porque ya éramos “parte del conflicto”, porque la Unión Europea aplicó y ha seguido con miles de sanciones contra Moscú y porque la OTAN está organizando y dirigiendo sobre el terreno la guerra convencional que persiguió.

Nuestra percepción está condicionada por medios que abiertamente se manifiestan seguidores de Zelensky. Con una propaganda de guerra que alienta la continuidad hasta la derrota del “enemigo”, de Rusia, como si se tratara de una serie televisiva. Von Clausewitz dejo dicho que “la guerra es la continuación de la política por otros medios” y tras el empecinamiento en la prolongar la de Ucrania se esconden motivos espurios. Un conflicto bélico enfrenta estrategias y tecnologías. Por eso nunca va a existir un final feliz porque una vez comenzada la invasión, Rusia no puede perder la guerra, al menos de forma convencional.

¿Por qué no puede perder la guerra? Porque si el Kremlin se encontrara alguna vez a punto de perder la guerra convencional, es muy probable que utilizase el estilo Hiroshima o Nagasaki para romper el tablero. Ucrania sería barrida por una tormenta nuclear en el mismo borde de una Unión Europea que sigue a pies juntillas los intereses de Washington. Si finalmente lo acaba necesitando nadie renuncia a utilizar algo que posee y le ha costado lo suyo, Rusia tampoco. Me dirán que el control y los tiras y aflojas sobre la central nuclear de Zaporiyia demostraron un equilibrio e intento mutuo de no ir a más. Pero, no estaba en juego la victoria o la derrota total y, por otro lado, ¿quién sería capaz de afirmar rotundamente que esos misiles que se escapan sorteando escudos al botón matemático, como ya ha sucedido, no caigan accidentalmente en Moscú o Varsovia desatando una histeria incontrolada?

Las consecuencias de la guerra ya están siendo idénticas a las que Mike Davis llamó “Los holocaustos de la era victoriana tardía” para definir los fenómenos naturales que acabaron con más de 30 millones de personas en China, Egipto e India mientras las potencias europeas, siguieron con sus planes de explotación y expolio utilizando mano de obra semiesclava y robando recursos. Dicen que así se incubó el subdesarrollo y el desequilibrio entre Euro-EEUU y el resto del mundo. Pueblos colonizados en guerra, atrapados por la ambición de la metrópoli. Ayer Londres, hoy Washington provocando estados fallidos por doquier. Una elite que especula con las consecuencias.

Y mientras, desde este lado de la barricada, la respuesta a estos latrocinios, a la propia guerra, es todo lo tibia que no habría que desear. Es cierto que en 1986 los vascos, junto a catalanes y canarios, dijimos “No” a la OTAN en un referéndum en el que España apostó por el “Si”. Fue parte de nuestra singularidad. En marzo harán 37 años de aquella decisión colectiva. Demasiado tiempo para las generaciones posteriores. El recuerdo no sirve para mover posiciones, en todo caso para ayudar a hacerlo. Hace falta una renovación activa.

El papel, sin diplomacia de altos vuelos que lo acompañe, es un recurso limitado. No tenemos un estado como para alcanzar esos peldaños, somos un pueblo pequeño, dividido territorialmente y atrapado en esa Unión Europea y su válido militar. ¿Cómo enfrentar a esa maquinaria ultra pro Zelensky sin que parezca que apoyamos a un Putin que se cree relevo de la Rusia zarista? No podemos caer en esa tentación, pero nuestro silencio está desdibujando la singularidad y la idiosincrasia de la que hemos hecho gala durante décadas. Ya es hora de recuperarla, si hace falta plagiando al antimperialismo de siempre y a nosotros mismos:” Yankee go home”, “OTAN Ez, Euskal Herria Bai”. Hoy, España alimenta la guerra con la OTAN que rechazamos. Euskal Herria debe levantar la voz nuevamente, confrontar por la paz y contra los perros de la guerra. 




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lunes, 5 de diciembre de 2022

Egaña | Morts pour la Patrie

Iñaki Egaña pone la historia de la Primera Guerra Mundial y su impacto en Euskal Herria en su justa medida mediante este texto publicado en su perfil de Facebook:


Morts pour la patrie

Iñaki Egaña

El 11 de noviembre se conmemoraba en Francia el armisticio que llevó al fin de la Primera Guerra mundial. Han pasado 104 años desde que en aquel paraje hoy desconocido para nosotros del norte francés se firmó el fin de una guerra tan inútil como sangrienta. Hoy, la población del armisticio tiene apenas poco más de 40.000 habitantes, Compiègne. La firma en su sede puso fin a una tragedia que desde Hego Euskal Herria nunca hemos sabido calibrar en su justa medida. A menudo suelo referirla como la mayor penalidad que hemos pasado los vascos en la historia reciente. Mayor que la de la guerra del 36.

La solemnidad con la que se celebra cada año el aniversario del fin de la guerra, a pesar del transcurrir del tiempo, impresiona. Han sucedido cuatro o cinco generaciones de la sarracina, pero los ecos de aquella gran mortandad, sobre todo juvenil, aplacan aún el ánimo. Estremece, asimismo, leer la lista de fallecidos en cada pueblo de Ipar Euskal Herria, jóvenes cuyo único recuerdo es el nombre que ha quedado relatado en una inscripción común. Murieron en Verdún y en otros escenarios ajenos al país, marcados por la frase lapidaria de “Morts pour la patrie”. Más de 6.000, el 3% de la población. El 25% en la mayoría de los pueblos del interior si únicamente contabilizaríamos a los jóvenes. Los heridos se registraron por decenas de miles.

Este año, una pancarta en Pausu con el vocablo de la patria tachado y sustituido por la palabra Francia, es decir que transformaba la inscripción de “Morts pour la patrie” por la de “Morts par la France” más el añadido de “Frantziak erailak” ha provocado una virulenta reacción de los alcaldes de Urruña y Hendaia, Filipe Aramendi y Kote Ezenarro. El primero de EHbai y el segundo del PSF. Han considerado la pancarta insultante y han defendido ese relato inamovible, a pesar de las ironías que nos dejó al respecto Pierre Lemaitre y que le llevó a ganar el Goncourt. La grandeza de Francia, el chauvinismo de su clase política y la narración de la construcción de la identidad francesa son intocables, como la Constitución española de 1978.

La Primera Guerra mundial fue un acontecimiento desgarrador que sirvió para dividir a la clase obrera europea. La consecuencia más dramática fue la de ocho millones de muertos en cuatro años. De esa cantidad, casi un millón y medio de los fallecidos tenían nacionalidad francesa, es decir, el 10% de la población activa. La deserción e insumisión fueron una de las señas de la guerra en Ipar Euskal Herria.

A medida que la guerra se iba cobrando víctimas, la deserción subió de tono hasta convertirse en un problema de envergadura para el Ejército francés: entre 8.000 y 12.000 vascos, según las fuentes, desertaron. Las medidas se sucedieron una tras otra, se cerró incluso la frontera, se acusó de espías a los insumisos, se ejecutó a alguno de ellos bajo esa acusación, se censuró la correspondencia, se controló y reprimió a los familiares que pasaban de visita la muga hacia el sur, se pagaron sobresueldos a los gendarmes más diligentes y, finalmente, el Ministerio de la Guerra francés negoció con su homónimo español para que los desertores detenidos fueran deportados al Marruecos español. Una nueva tragedia.

No fue, sin embargo, la primera ni la última guerra a la que incorporaron a los jóvenes vascos. En 1883 tuvieron que ir hasta China para defender el pabellón francés. La aventura colonial francesa en el Yunang, que continuaría con la conquista de territorios hasta el delta del Mekong, fue una pesadilla para los que sufrieron la campaña. En 1854, otro grupo de vascos fue enviado hasta Crimea, defendiendo la tricolor francesa, cuando las autoridades de París, en colaboración con Gran Bretaña y el Imperio Otomano, desataron una estúpida guerra contra Rusia. En 1870 otro puñado de jóvenes se vería involucrado en el conflicto de Napoleón III y Prusia. En 1914 fue el clímax con su incorporación a los batallones franceses en la Primera Guerra mundial. Todavía y después de la Segunda Guerra mundial, algunos serían embarcados a Indochina (1946) y Argelia (1954) para defender el honor colonial.

Me estremece también el recuerdo únicamente numérico y esa referencia sublime a la Gran Guerra. Porque la sombra francesa ha sido muy alargada. Vicent Etchemendy, de Arrosa, murió a comienzos de 1947 después de haber participado en las campañas de Siria y Turquía bajo la bandera tricolor francesa. También fue la crónica de Pierre Lafargue, de 21 años y natural de Biarritz, que en enero de 1950 murió combatiendo bajo la bandera francesa en Indochina.

El hijo del pelotari Iñaxio Echebeste, campeón de Francia y vecino de Sara, murió en la guerra colonial de Argelia. León Lajournade, de la localidad bajonavarra de Uharte, siendo veterano de Indochina, murió años después en Argelia, en una emboscada en Seddou. Jean Sallaberremborde, del caserío Etchart de Muskildi, fue otro de los 103 vascos que murieron en Argelia. Otras contiendas, como la de Corea, inmersas en las tensiones de la Guerra Fría, también tuvieron sus víctimas vascas. Edouard Fernandez, natural de Baiona, murió en Corea, en “lucha contra el comunismo”, a finales de 1951.

El servicio militar obligatorio, el alistamiento forzoso fueron la base del nacionalismo francés. Ni la toma de la Bastilla, ni la Marsellesa, ni les Bleus de fútbol cohesionaron a una sociedad diversa tanto como lo hicieron el relato de “las guerras heroicas” y, sobre todo, el hecho colonial. Miles de nuestros jóvenes murieron por un proyecto ajeno.

Se ha intentado unir el dolor por aquella perdida colectiva con la creación de un sentimiento nacional. Una cuestión a revisar, como bien hicieron los autores de la pancarta de “Morts par la France”. “Eskuara baizik etzakiten haiek” cantaba Gorka Knorr a los muertos vascos de la Gran Guerra. Todo nuestro respeto y recuerdo a ellos. Pero que no nos hagan la trampa del trilero. Lo siento por el rey navarro Enrique, pero París no vale siquiera una misa.

 

 

 

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sábado, 16 de julio de 2022

Gil de San Vicente | Sionazismo

Les recomendamos la lectura de este texto de la autoría de Iñaki Gil de San Vicente que se ha publicado en el portal de Rebelión, mismo que el autor dedica a esclarecer muchas de las mentiras y los mitos que existen acerca de esa entelequia fascista denominada Israel.

Lean:


Iñaki Gil de San Vicente
Nota: Texto escrito para el Foro La cuestión palestina y el uso del antisemitismo como intolerable chantaje. 14 y 15 de julio. Grupo Revista Al Zeytun/Clacso. Universidad de Luján. Argentina.

El racismo siempre debe ser combatido a muerte. Los millones comunistas, anarquistas, socialdemócratas, de religión judía, de etnia gitana o eslava, con identidades polisexuales, con deficiencias psicosomáticas, simplemente demócratas o víctimas de venganzas mezquinas, son otros tantos crímenes imperdonables que nunca deben ser olvidamos o minusvalorados, y nunca justificados. En 1942 F. Neumann estudió las raíces profundas del antisemitismo nazi:
«Martín Lutero fue el primer antisemita franco y apasionado. Advierte que los cristianos no deben discutir con los judíos sobre los artículos de fe. Mejor sería –dice- expulsarlos de Alemania […] El antisemitismo ha sido en Alemania una fuerza política desde las guerras napoleónicas. La época bismarckiana hizo de él un movimiento popular».
El salvajismo nazi no persiguió solo a los judíos, sino a cualquier persona o colectivo que se les pudiera resistir. Pero del antisemitismo nazi adelantó comportamientos sociales que veremos desarrollados por el sionismo contra los palestinos, como este:
«Es dudoso que la mayoría de los alemanes compartiesen el obsesivo antisemitismo de sus dirigentes. En cambio, pocas dudas pueden quedar de que aceptaron la persecución de los judíos sin gran preocupación, tomándola como parte integrante de un sistema que les beneficiaba. Esta aceptación no se limitaba solo a los beneficiarios más evidentes, como los “arianizadores” grandes y pequeños, los deudores, explotadores del trabajo en régimen de esclavitud y usuarios de los zapatos de los muertos. El antisemitismo era tan esencial para el régimen nazi que todo alemán que identificaba al régimen con el interés nacional aprobaba también la política antijudía».
Veremos que la opresión y explotación de Palestina es «tan esencial» para Israel que la gran mayoría de su población judía la asume con normalidad. En la medida en que Israel no puede aplastar definitivamente a Palestina, esa normalidad se transforma en sionismo y, si la resistencia de las y los explotados sigue, franjas del sionismo pasan al sionazismo por lo que la crítica de esta fuerza ultra-reaccionaria debe integrar, además del análisis del imperialismo sionista, también el conjunto de instrumentos que emplea para destruir la «subjetividad» Palestina. Y por supuesto, estudiar los lazos psicopolíticos que unen esas prácticas criminales con el nazismo. En estos momentos, una parte creciente de su población gira hacia el fundamentalismo sionista como proyecto bíblico que, por su carácter divino, justifica toda la bestialidad inhumana de su política de exterminio racista del pueblo palestino:

«Como diría el líder del grupo fundamentalista Gush Emunim (“Bloque de los fieles”), Tvi Yehuda Kook (1891-1982), “Torah, guerra y colonización son tres cosas en una”. Y es que, además, la invasión y la ocupación reavivó el ímpetu sionista de maximalismo territorial proyectado en Judea y Samaria (como llaman los sionistas a Cisjordania): se encontraban, según el ideario religioso sionista, en el momento óptimo de “redimir el país”, es decir, de recuperar el Estado bíblico. Ello se conseguiría mediante la colonización de los nuevos territorios ocupados.».
En 2004 Ur Shlonsky mostró que la existencia de Israel depende de la permanente actualización de tres principios: «1. La resistencia Palestina debe ser aplastada. 2. El apoyo público debe ser asegurado y se debe contar con la participación activa de al menos un sector de la sociedad israelí en forma operativa. 3. La crítica internacional debe ser silenciada.». No hace falta un mayor esfuerzo para descubrir el monstruo nazi que ruge en las tres tácticas en aislado y en su unidad.
Pues bien, un año antes de estas palabras, en 2003, la psiquiatra Samah Jabr, muy cercana conceptualmente a F. Fanon, escribió esto:
«¿Cómo puede ser que la palabra “terrorismo” se aplique tan fácilmente a los individuos o grupos que usan bombas artesanales, y no a los estados que emplean armas nucleares y otras armas prohibidas internacionalmente, para asegurar la sumisión al opresor? Israel, Estados Unidos y Reino Unido deberían estar a la cabeza en las listas de estados exportadores de terrorismo por recurrir a ataques armados contra la población civil en Palestina, Iraq, Sudán y otros lugares. Sin embargo, “terrorismo” es el término político que el colonizador utiliza para desprestigiar a las que resisten, de la misma manera que los afrikáners y los nazis califican de terroristas a los combatientes negros y franceses por la libertad […] la violencia puede ser el medio que un ser humano racional use para defenderse. Cuando una mujer reacciona violentamente ante una amenaza de violación, es una forma de yihad […] Tanto el derecho internacional como los precedentes históricos de muchas naciones reconocen a la población el derecho a tomar las armas para liberarse, cuando se encuentran bajo el yugo de la opresión nacional. ¿Por qué sería diferente en el caso de Palestina? ¿Las leyes del derecho internacional no pretenden ser universales?».
En 2003 Palestina resistía con todos los medios posibles la redoblada agresión sionista que ya para entonces había construido una historia mentirosa de sus orígenes y por tanto de su legitimidad para defenderse con cualquier medio. La falsificación histórica se intensifico con la delirante y estrambótica sucesión de territorios de asentamiento de la «nación judía» barajados en su momento, entre los que se pensó entre otros también en Uganda y Patagonia, hasta que las potencias imperialistas del momento bajo las presiones británicas decidieron y pactaron en la Declaración Balfour de finales de 1917, que –«por culpa de Moisés– el lugar escogido era Palestina:
«Debemos tener muy presente, respecto al sionismo, que no se trata de haber efectuado una travesía conquistadora de la mano del Profeta Moisés, a un hipotético territorio que limitara con la actual Suiza e Italia. E incluso haber pensado en trasladar sus bártulos a Uganda o la Patagonia, es simplemente una ideología criminal que busca argumentos, excusas, apoyos y alianza para seguir usurpando territorios, sometiendo a la población palestina, agrediendo a Siria, El Líbano y servir a los intereses hegemónicos de sus aliados occidentales, signados por el lobby sionista allí donde su nefasta influencia se deja sentir.».
La construcción de una historia adecuada a la legitimación de las atrocidades sionazis tuvo un impulso oficial en 1967 cuando arreciaron las denuncias internacionales contra los crímenes israelíes cometidos en aquella guerra. Hasta entonces, y según la investigación de Alfonso Bolado, las tres fundamentales razones eran el supuesto origen bíblico, el mito de la superioridad moral sobre los árabes, y la Shoah, es decir el injustificado e injustificable Holocausto nazi con sus millones de personas atrozmente exterminadas, de entre ellas centenares de miles de niños y niñas. Los tres eran puestos al mismo nivel, pero, como hemos dicho, tras las masivas denuncias por los crímenes judíos de 1967, el Estado decidió dar más importancia desde entonces a la Shoah. La idea de la utilización propagandística del Holocausto también la encontramos en otros textos, como el de Nayef Hawatmeh sobre la «Visión Sionista».
Roger Garaudy, dividió en 2002 los mitos fundacionales de Israel en dos clases y sobre todo cómo sintetiza la utilización criminal de esos mitos por Israel. En la primera entraban los mitos teológicos: el de la «promesa divina en la que entra la conquista, el del «pueblo elegido», y el mito de Josué o de la purificación étnica. La segunda los juicios de Núremberg, el del Holocausto, el mito de una «tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra». Por último, el autor pasa a analizar cómo el poder de Israel también se sustenta en lobbys israelo-sionistas de EEUU y Francia, y en el que canaliza la financiación exterior. Visto esto, comprendemos mejor su síntesis política expuesta con un crudo ejemplo expresado así en palabras del Moshe Dayan en 1982:
«Lo que nos hace falta es encontrar un oficial, incluso un simple capitán. Habría que ganarlo para nuestra causa, comprarlo, para que acepte declararse salvador de la población maronita. Entonces el ejército israelí entraría en el Líbano, ocuparía los territorios en los que establecería un régimen cristiano aliado de Israel, todo iría sobre ruedas. El territorio del sur del Líbano será anexionado totalmente por Israel»
La burguesía sionista ha creado el mito de que su «nación elegida por dios», «el pueblo judío» sostenido con múltiples tergiversaciones y falsificaciones de la historia ya que «La Biblia es un relato de ficción y no existe base alguna sobre la que pueda apuntalarse en ningún momento cualquier gloriosa existencia del pueblo hebreo en Palestina». Luego, en 2008 la fundamental investigación de Shlomon Sand demuestra la falsedad del mito de la «nación judía» y del Estado de Israel que la ampara, encuadra y representa, por lo que estamos ante la «obra demoledora del sionismo». M. Arizaleta comentó así el libro imprescindible de Sh. Sand:
«En el afán por resucitar a Jerusalén se acudió a la arqueología, buscando en ella una base científica necesaria para apuntalar el epos sionista; la arqueología tenía ahora una función nacional. “Pero conforme la investigación arqueológica se fue independizando del dogma sionista la embarazosa verdad salió a la luz. Era imposible demostrar la veracidad del relato bíblico con hechos forenses. De hecho la arqueología refuta la historicidad del argumento bíblico. Las excavaciones revelaron este incómodo hecho. La Biblia es un compendio de innovadora literatura de ficción”. La Biblia es un relato de ficción y no existe base alguna sobre la que pueda apuntalarse en ningún momento cualquier gloriosa existencia del pueblo hebreo en Palestina.»
Para 2008, según hemos visto hasta ahora, el sionismo tenía ya una concepción totalitaria y exterminista de los pueblos enemigos según las tesis más feroces de una Biblia empleada como supuesto «argumento científico» por la arqueología sionista para justificar su expansionismo, ya que:
«En base a la biblia y las historias escritas por excelentes novelistas de varias épocas, se pretende justificar lo injustificable. Un supuesto «derecho divino» por el cual Dios le otorga la propiedad de una supuesta tierra prometida a un supuesto pueblo elegido. Que luego ese pueblo superior se ha visto obligado a emigrar para pagar sus pecados. Y que, en 1948, salvo de pecados, llegaba la hora de la reconstitución de Israel.».
El debate sobre el ascenso del sionazismo dio un salto en 2009 cuando el auge electoral de fuerzas entonces protonazis dirigidas por el violento racista Avigdor Lieberman abría la posibilidad de su entrada en el gobierno. Para entonces ya era incuestionable que la mayoría de la población israelí era indiferente al asesinato de niños palestinos, como se había comprobado en su complicidad activa o pasiva durante la masacre de Gaza en la que Israel utilizó bombas yanquis de fósforo blanco, indiferencia muy justamente interpretada como efecto del avance del sionazismo.
En ese momento se intensificaron los estudios críticos sobre la esencia patológica suicida del sionismo, al igual que el freudo-marxismo estudiaba la patología de la obediencia y el irracionalismo nazi-fascista desde la década de 1930. En el caso del sionismo su contenido patológico fue quedando al descubierto desde sus primeros días: «La creación del Estado de Israel, en 1948, llegó acompañada de la limpieza étnica de 750 000 palestinos –más de la mitad de la población autóctona– que fueron expulsados de sus ciudades y aldeas, por la fuerza o mediante el terror sembrado a través de las matanzas planificadas contra los civiles, como la masacre de la aldea de Deir Yassin.».
Samh Jabr denuncia el método sionista de emplear la «locura como estrategia de defensa» y lo grave que resulta que «el mundo comparta su delirio:
«En 1969 Denis Michael Rohan, un protestante evangélico de Australia prendió fuego a la mezquita de al-Aqsa para acelerar la segunda venida del Mesías y crear una oportunidad para reconstruir el Templo judío. Rohan fue declarado enfermo mental y exonerado por sus acciones. En 2007, Julián Soufir confesó haber asesinado al taxista palestino Taysir Karaki, y declaró que no se sentía culpable, ya que consideraba a los árabes como ganado, y que solo había disparado a uno de ellos […] Durante su juicio en 2008, el tribunal aceptó el testimonio de dos testigos de la defensa que afirmaron que Soufir no estaba totalmente “consciente” en el momento del asesinato, aunque él mismo explicó su motivo. Soufir fue absuelto […] El ejército, las instituciones y los individuos israelíes violan impunemente los derechos humanos de los palestinos»
Fue en ese contexto de impunidad terrorista cuando sectores críticos empezaron a usar con frecuencia el término «judeo-nazi» que ya venía utilizándose desde hacía varios años en círculos minoritarios. En aquél 2009 Ury Avnery escribió sobre el avance del judeo-nazismo:

«En nuestra situación actual hay algunos indicios peligrosos. La última guerra mostró una decadencia mayor de nuestros estándares morales. El odio hacia la minoría árabe de Israel aumenta, y también el odio hacia el pueblo palestino ocupado que sufre una lenta estrangulación. En algunos círculos, el culto de la fuerza bruta gana en fuerza. El régimen democrático está en una crisis sin fin. La situación económica puede caer en el caos, de modo que las masas lleguen a ansiar un “hombre fuerte”. Y la creencia en que somos un “pueblo elegido” ya está profundamente arraigada.».
Uno ejemplo de entre muchos sobre el empleo del método freudo-marxista para entender en sionazismo, es este:
«La sintonía entre el fascismo y el sionismo proviene de que comparten tanto el ser ideologías afines en relación con el racismo como de su visión pragmática e instrumental por encima de cualquier valor o principio ético. También es importante considerar cómo ambas se han servido de prácticas como la propaganda sistemática y continuada, o la manipulación emocional, o las alianzas económicas y de poder para ocultar sus objetivos e intereses […] Es probable que la clave esté en que, los mismos factores históricos, culturales, sociológicos y económicos que han posibilitado el ascenso de los partidos fascistas, estén detrás de la expansión sionista tanto en sectores populares como de izquierdas. La fabricación de individuos sumisos y obedientes es un factor que explica que las masas, sometidas a distintas formas de explotación actúen en contra de sus intereses o simplemente no actúen.».
La definitiva creación del sionazismo fue reforzada por un endurecimiento nazi del sistema educativo y académico, y por una poderosa militarización con un formidable armamento nuclear para su pequeñez económica, demográfica y geográfica: siete centros nucleares y 400 bombas atómicas en 2005. A la vez, el sionismo perseguía el libre pensamiento, y más el pensamiento crítico, dentro de su aparato de producción ideológica, que se denomina «academia». A mediados de 2006 la ofensiva sionista contra la libertad de pensamiento crítico en la academia era tan sistemática que fue denunciada internacionalmente.
En 2007 se dispararon las alarmas sobre la «educación israelí en el odio» a Palestina, uno de los rasgos del nazismo en concreto y en general de la extrema derecha, además del racismo progresista burgués por mucho que intente ocultarlo: «Los libros de texto dedicados a los más pequeños tienden a describir los actos de los árabes como hostiles, desviados, crueles, inmorales, injustos, con la intención de herir a los judíos y de aniquilar el Estado de Israel. En este marco de referencia, los árabes son deslegitimizados con el uso de calificativos como ‘ladrones’, ‘sanguinarios’ y ‘asesinos’».
Simultáneamente el Estado sionista endurecía su guerra total contra Palestina. Hagamos un rápido seguimiento del «arma del agua» partiendo del hecho de que en 2004 la mitad de su población malvivía en la pobreza, generando graves «problemas mentales». Pues sobre esta realidad aplastante, en 2005 «En conjunto, los palestinos controlan y consumen el 11% de sus recursos hídricos naturales. Los israelíes consumen el 89% del agua de Palestina. El consumo per cápita de agua en Palestina e Israel refleja este desequilibrio. En Cisjordania y en la Franja de Gaza el consumo per cápita de agua es de alrededor de 60 litros al día, mientras que el de Israel es aproximadamente de 280 litros al día.».
En 2007 Samah Jabr afirmó que:
«Las palestinas perciben la guerra de Israel contra ellas como un genocidio nacional […] es el ambiente violento en el que viven la mayoría de ellos, lo que mina la salud mental de los palestinos. La densidad de población, particularmente en Gaza -con 3.823 personas por km2- es muy elevada. La alta tasa de pobreza y de paro -67% y 40% respectivamente- minan la esperanza y deforman la personalidad. La guerra nos deja muchos prisioneros y exprisioneros, aproximadamente 650.000 personas, lo que supone alrededor de un 20% de la población. Un 6% de los palestinos tienen diversidad funcional o están mutilados. Hay encuestas recientes que han revelado un nivel preocupante de anemia y de malnutrición, especialmente entre los jóvenes y las mujeres».
También en 2007 esta autora denunciaba agriamente el nefasto papel de la burguesía palestina:
«Cuando se está bajo ocupación, el poder pasa del ocupado al ocupante y los apoyos, postulados y proposiciones de este último se consideran bien fundados. Entre los ocupados, el poder se le da a una élite que apoya la ocupación y que acaba convirtiéndose en clase dirigente. Los hombres de negocios palestinos, por ejemplo, confían plenamente en sus homólogos israelíes. Algunas personalidades importantes de Palestina van a los hospitales israelíes y las ONGs palestinas dan mejores sueldos y mejores oportunidades de trabajo a los diplomados de las universidades israelíes»
En las muy duras condiciones de 2007 la autora denunció la tortura sistemáticamente practicada por Israel, legalizada definitivamente en 2018. Entre 1967 y 2007 Israel ha detenido a 650.000 palestinos, aproximadamente el 20% de la población, y alrededor del 40% de la población masculina:
«El informe aquí expuesto trata de un caso de psicosis afectiva desencadenada tardíamente, con ideas delirantes y paranoicas síntomas de una profunda depresión. Esta patología es frecuente en antiguos prisioneros políticos que han sufrido torturas físicas y psicológicas […] un cierto número de disfunciones se atribuyen a la tortura: el trastorno de estrés postraumático, la psicosis, la depresión y la ansiedad […] la psicopatología desencadenada por la tortura posee un amplio espectro, desde síntomas sutiles como la apatía emocional, el encerrarse en sí mismo, los pequeños episodios psicóticos, la disfunción sexual o los recuerdos de eventos traumáticos que aparecen en forma de pesadillas, flashbacks o duras asociaciones, hasta síntomas graves como son los trastornos de la memoria, las alucinaciones, la incapacidad de mantener relaciones duraderas o una simple relación de intimidad, así como los cambios constantes de percepción y de afecto».
La denuncia de la tortura en 2007 más la totalidad de su experiencia científica, llevó a nuestra autora a preguntarse en 2008 por la responsabilidad de la izquierda en tanta brutalidad, adelantándose a muchas reflexiones posteriores sobre el mismo problema como veremos inmediatamente después:
«Israel se estableció gracias a la cooperación de la izquierda con la burguesía y el imperialismo occidental. Es la izquierda israelí laica, y no los Haradim religiosos, la responsable de la expulsión masiva de las palestinas y de las masacres perpetradas por las milicias judías desde 1948. Cuando la izquierda israelí instauró el sistema de kibutz en las décadas de los 50 y los 60, los izquierdistas del mundo entero los saludaron como un modelo de trabajo equitativo e igualitario. Solo los palestinos sabían que esos kibutz constituían hogares de acogida de los dirigentes responsables de la guerra y de la tortura y que infligían las peores formas de desigualdad a los habitantes nativos de Palestina […] Su conciencia está en sintonía con el equilibrio de poder, y no con cualquier sentido de la justicia. La facción que defiende la paz en Israel defiende una visión más que unos principios. Mucha gente de izquierda alimenta prejuicios y racismo contra los palestinos […] La mayoría son cómplices del sistema de ocupación. En Israel no cuesta mucho ser de izquierdas; al contrario, además de sus privilegios coloniales, pueden disfrutar de “excursiones de la paz” gratuitas y del negocio de la coexistencia».
La demoledora crítica de Samah a la izquierda israelí es extensible prácticamente a la totalidad de izquierdas de los Estados que oprimen a otras naciones, colaboracionismo activo o pasivo, consciente o inconsciente sobre el que ahora no podemos extendernos. Centrándonos en el sionazismo, las relaciones entre el racismo sionista y el nazismo ya fueron analizadas con extremo rigor a comienzos de 2018, compenetración que se estrechaba en medio de «la impotencia de la izquierda» que no podía o no quería o no sabía cómo luchar a favor de las naciones oprimidas por «su» Estado. Poco después, en 2020, se intensificó el debate y aunque parezca excesivo e injusto decirlo, hay que reconocer que es imposible que exista un «sionismo de izquierdas» como fuerza de masas contraria al sionismo.
En 2008 era ya asumido internacionalmente que Israel utilizaba el arma del agua «como elemento geopolítico». En ese mismo año de 2008 se escribió lo que sigue: «En la Franja de Gaza, aunque la inmensa mayoría de la población está conectada a la red de agua, hay grandes problemas con su calidad. Un impresionante 90% del agua suministrada a los gazanos no alcanza los niveles que la Organización Mundial de la Salud ha fijado para el agua potable». A finales de 2015 se denunció con razón que estos y otros muchos ataques buscaban «estrangular la economía palestina.», endureciendo e intensificando una estrategia de hambre y enfermedad en la que el control del agua era clave: en 2016 «Israel controla el 80% de los recursos hídricos palestinos. «Los 520.000 colonos israelíes usan aproximadamente seis veces más de agua que la utilizada por los 2,6 millones de palestinos en Cisjordania»», y ahora mismo, en 2022, está contaminada el 97% del agua que consume Gaza. Junto a la «guerra del agua», palestina era sometida a al «aislamiento más absoluto» desde hace años: a comienzos de 2017:
De los 600 megaWatts requeridos para alimentar la zona, solo se disponen 150. […] La falta de electricidad en Gaza, en medio del invierno, empeora aún más las condiciones de vida de sus habitantes, sometidos desde 2007 a un bloqueo por mar y tierra por parte de Israel. […] unos 60 mil abonados no están al corriente de pago y asegura que ello les impide comprar el combustible suficiente para la central.».
A pesar de esta espeluznante injusticia, la moral de lucha palestina sufre fuertes altibajos y en palabras de Samah Jabr de 2014, el sionismo logra avances en la «opresión interiorizada» mediante la interacción de diversos métodos: el colaboracionismo de las autoridades palestinas con Israel y la connivencia entre empresarios de un lado y de otro, la corrupción y el nepotismo clientelar, el papel de los medios de comunicación, el efecto integrador de las «donaciones» internacionales, la imposición en las escuelas de la historia creada por Israel pensada para destrozar la cultura palestina, etc.
Los sionistas se envalentonan cuando ven que la «opresión interiorizada» frena la lucha palestina y refuerza la explotación que sufren. Es así como se comprende la tranquilidad con la que los sionazis actúan, según nos lo explicaba Samah Jabr en ese mismo 2014:

«David D. Ovadia, francotirador de las Fuerzas de Defensa de Israel, se jacta de haber matado a 13 niños de Gaza en un solo día y promete matar a más. Durante las manifestaciones a favor de la guerra, los israelíes adoptaron una nueva canción, especialmente racista, en la que se burlaban de la muerte de los niños: “Mañana no habrá escuela en Gaza, no tendrán más niños”. Llevan camisetas con el dibujo de una mujer embarazada y una diana en el vientre, con el mensaje siguiente: “Una bala, dos muertos” […] El rabino Dov Lior, del asentamiento ilegal de Kiryart Arba, emitió una declaración en la que respaldaba la matanza de niños y otros civiles: “En una guerra, se nos permite castigar a la población enemiga con cualquier castigo que consideremos merecido, como negar los suministros o la electricidad, y también bombardear toda una región”»
En 2015 fue denunciado el terrorismo de los colonos sionazis que campan a sus anchas siguiendo el sendero marcado por el «judaísmo mesiánico» de los colonos sionistas que campan a sus anchas.
«Afirman que un “dios” les prometió la “tierra bíblica” de Cisjordania para el pueblo judío y que ven el triunfo de Israel en la guerra de 1967 como un signo de la redención mesiánica de los judíos […] Roban la tierra y aterrorizan a la población, sistemáticamente cometen crímenes contra los palestinos, incluyendo asesinato, hieren y queman a los pobladores, asaltan las aldeas y destruyen las viviendas y propiedades. Son miembros de una organización terrorista judía apoyada por el Gobierno, y por la gran mayoría de los israelíes y de los financistas sionistas extranjeros».
También es perseguida la parte del pueblo de Palestina que sigue malviviendo en sus territorios históricos, pero que fueron ocupados militarmente por la entidad sionista y que la ley internacional ha definido como «territorio de la nación judía»: una de las muchas expropiaciones nazis de casas y bienes de ciudadanos histórica y legalmente alemanes pero acusados de no ser racialmente germánicos desde 1933, se repitió en la entidad sionazi en diciembre de 2016: «sionismo en estado puro».
Al igual que el sistema médico alemán colaboró con el nazismo en su gran mayoría, la medicina israelí también lo hace con el sionismo. En 2016 Samah Jabr denunció cómo la ocupación «contamina» el sistema médico. La autora estudia su comportamiento durante la brutalidad represiva:
«La ejecución extrajudicial es una política israelí reservada exclusivamente a los palestinos. Alrededor de 300 palestinos han sido asesinados por Israel en los últimos tres meses […] Aunque sea detestable, el anterior no es el único ejemplo de una medicina contaminada por la política en Israel. Existen informes recientes sobre hospitales de todo el país, especialmente en Jerusalén, que sugieren que es habitual separar a los pacientes árabes israelíes de los judíos israelíes, especialmente las madres jóvenes. Las mujeres palestinas están hacinadas y son acogidas en condiciones deficientes […] La actitud cruel del personal médico israelí hacia los palestinos es común y viene de largo […] las prácticas discriminatorias de los hospitales israelíes parecen irrisorias en comparación con los informes sobre los servicios médicos en las cárceles israelíes. Los presos políticos palestinos afirman que el personal médico y los torturadores son aliados en una misma misión, que es la de doblegar su voluntad […] los profesionales médicos comprueban si están físicamente aptos para ser torturados, o los reaniman para que la tortura pueda continuar».
En 2017 nada menos que el 95% de los presos palestinos eran jóvenes y de ellos, 483 eran menores de edad. A lo largo de 2021 fueron asesinadas 355 personas con más de 16.500 heridas, y hasta el 1 de julio de 2022 Israel ha asesinado en seis meses a 70 palestinos, 14 de ellos niños. La guerra de exterminio es total, no solo con bombardeos, cañonazos, armas de precisión, etc., sino también por sed y hambre, y por enfermedades perfectamente curables si el sionazismo no impusiese un asfixiante cerco de mortandad como ha vuelto a suceder con el sufrido con las vacunas COVID.Como los nazis en los campos de concentración, la industria farmacéutica israelí usa a presos palestinos como cobayas humanas51 en una fecha tan actual como 2019.
Israel endurece la guerra cultural para desarraigar del todo al pueblo palestino. Como toda guerra cultural y más en la fase actual del capitalismo, existe una integración muy ágil entre lo militar, lo financiero, lo político, etc.: los grandes tiburones como el Instituto George Soros, que mueven los hilos del capital financiero y ficticio por la estratosfera de la economía incontrolable para la mayoría de los Estados, saben cómo manipular, impulsar y teledirigir para sus intereses opresores componentes básicos de la cultura humana genérica pero descontextualizados de las realidades sociohistóricas.
Atrapada y cada vez más fisurada por la agudización de sus contradicciones históricas irresolubles, la burguesía sionista propietaria de un Estado creado por una «pandilla de ladrones», recurre sin remordimientos a la masiva corrupción interna y externa, y a la «violación manifiesta del derecho internacional» como se ha demostrado en las trampas realizadas por Israel y la empresa vasca CAF al manipular en su beneficio los vacíos jurídicos que permiten a las grandes empresas burlar en su beneficio las propias leyes capitalistas. El sionazismo ve con extrema preocupación cómo desde finales de 2016 desciende el coraje, de la decisión de combate del Ejército israelí en el que aumentan los suicidios, como su otrora temible y todopoderoso sistema policial que con su «larga e invisible mano» lleva el terror a cualquier parte del mundo no puede evitar deserciones en cascada… crisis parciales pero muy importantes que nos llevan a otra crisis cualitativamente más grave como es la «rotura de la entidad sionazi».
El ente sionazi quiere salir de la crisis que le atenaza descargándola sobre el pueblo de Palestina y sobre la clase trabajadora, convirtiéndose a la vez en el ejército exterior de la OTAN más potente, especializando su economía en la muy rentable rama industria de la matanza humana, ya que «Estados Unidos le da a Israel 3.800 millones de dólares al año en ayuda militar. Sin embargo, Israel gana más de 1.000 per cápita a través de sus negocios de armas, varias veces más de lo que gana Estados Unidos.». La permanente ayuda yanqui es ampliada por la ayuda europea que, por ejemplo, en verano de 2016, se especializaba en drones, pero sobre todo en técnicas de segregación racial y de manera muy significativa de métodos de tortura.
Otro de los servicios que el Estado sionista cumple para el imperialismo es el de experimentar formas de apartheid de pueblos rebeldes adecuadas a las necesidades del imperialismo: un exembajador israelí65 en Sudáfrica entre 1992-94 comprendió que, efectivamente, la política de apartheid, control, represión y extermino que su Estado aplicaba contra Palestina mostraba el camino a la misma política atroz del racismo blanco en Sudáfrica. De hecho, entre ambos Estados criminales existió «una historia de larga amistad».
La manipulación del derecho de autodeterminación de los pueblos es otro instrumento de la estrategia sionista:
«La idea de “derecho de autodeterminación de los judíos” es una formulación ideológica propia del movimiento sionista, y por tanto legítimamente criticable como cualquier otra opción política. Sobre todo, cuando su implicación práctica no es sino el “derecho” a colonizar el territorio de Palestina, privando a su población nativa, a su vez, del derecho a existir y tener derechos en su propia tierra. El proyecto sionista, como todos los demás “derechos” coloniales, se sustenta en un relato que legitima la superioridad moral y civilizacional de los colonizadores sobre los colonizados. Lo que no puede ser calificado sino de racista, si entendemos el racismo como la naturalización de una relación de opresión y desigualdad en función de características étnicas, nacionales, religiosas y/o culturales».

EUSKAL HERRIA, 15 de julio de 2022

 

 

 

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