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lunes, 4 de noviembre de 2019

Woods | Revolución Mundial

Se viven horas convulsas en varios países del mundo y desde la página de La Izquierda Socialista traemos a ustedes este texto en el que se analizan las fuerzas revolucionarias en acción:


Alan Woods   

«Un fantasma recorre Europa». Con esta famosa frase, los autores del Manifiesto Comunista proclamaron el comienzo de una nueva etapa en la historia de la humanidad. Fue en 1848, un año de agitaciones revolucionarias en Europa. En la actualidad, un fantasma recorre, no sólo Europa, sino el conjunto del globo. Es el fantasma de la revolución mundial.

La revolución mundial no es una frase vacía. Describe con precisión la nueva etapa en la que estamos entrando. Tomemos como ejemplo lo sucedido en los últimos 12 meses. Francia, Irán, Sudán, Argelia, Túnez, Hong Kong y Chile han vivido agitaciones revolucionarias, protestas antigubernamentales han conmocionado a Haití, Ecuador, Irak y Líbano, protagonizando manifestaciones de masas en las calles y huelgas generales que dejaron paralizados a sus respectivos países.

En Francia, el movimiento de los chalecos amarillo tomó a todos por sorpresa. Antes de este levantamiento masivo, el «centro político» liderado por Emmanuel Macron parecía tenerlo todo bajo control. Sus reformas (en realidad contrarreformas) se estaban llevando a cabo sin problemas. Los líderes sindicales se comportaban de manera responsable (es decir, capitulando). Esta situación fue interrumpida bruscamente cuando las masas tomaron las calles de Francia siguiendo las mejores tradiciones revolucionarias de su país, y sacudieron al gobierno hasta sus cimientos. Este movimiento de millones de personas pareció surgir de la nada, como un rayo en un día de sol.

Así sucedió en Hong Kong. Cualquiera que tenga alguna duda sobre el potencial revolucionario que existe hoy en día debería prestar mucha atención a estos acontecimientos. Los hombres de Pekín y sus agentes locales parecían tenerlo todo controlado. Sin embargo, un poderoso movimiento de masas de millones desafió a una terrible dictadura en las calles. Y al igual que el movimiento en Francia, éste pareció emerger de la nada.

Y lo mismo ha sucedido con todos los movimientos de masas que han estallado en un país tras otro. Si se tratara de uno o dos países, se podría objetar que se trata de fenómenos accidentales: episodios transitorios, de los cuales no se pueden sacar conclusiones generales. Pero cuando exactamente el mismo proceso ocurre en un país tras otro, no es posible descartarlo como si fueran un accidente. Más bien, estos desarrollos son una manifestación del mismo proceso general, que refleja las mismas leyes y tendencias subyacentes.
Desarrollos revolucionarios en América Latina

La victoria de Mauricio Macri en las elecciones presidenciales de Argentina de 2015 se anunció como una prueba más de la «ola conservadora» que barría América Latina. Pero las recientes elecciones ponen fin a los sueños económicos de Macri y sus amigos “empresarios”.

El hombre que prometió «pobreza cero» terminó su mandato con un desplome del peso argentino y una tasa de inflación anual del 56 por ciento. El número de personas que viven por debajo del umbral de pobreza aumentó del 29% al 35%. Un préstamo de emergencia del FMI no fue suficiente para restablecer el equilibrio.

Si hubiera habido una dirección clara del movimiento obrero, el gobierno de Macri podría haber sido derrocado por un movimiento revolucionario desde abajo. Así demostraron los recientes acontecimientos en el país vecino. En Chile, una explosión de ira popular estalló tan sólo una semana después de que el odiado gobierno de Piñera declarara el estado de emergencia, la militarización de las calles y el toque de queda. Pero ni la represión brutal, ni la tortura, ni el toque de queda, ni las concesiones falsas detuvieron un movimiento que está adquiriendo características insurreccionales.

Este movimiento comenzó cuando los estudiantes de secundaria lanzaron una protesta contra los aumentos de las tarifas del Metro de Santiago. Pero se transformó rápidamente en un movimiento nacional dirigido al derrocamiento de todo el régimen. Fue la culminación de 30 años de recortes, privatizaciones, ataques a la clase trabajadora, desregulación y aumento de la desigualdad.

El viernes 25 de octubre, más de un millón de personas se manifestaron en la capital. Esta movilización se repitió en ciudades y comunas de todo el país. Un total de más de dos millones de personas salieron a las calles. Este no es un caso aislado. Anteriormente a lo ocurrido en Chile, vimos una explosión revolucionaria similar en Ecuador, donde el movimiento, que comenzó como una protesta contra el paquete del FMI impuesto por el presidente Lenín Moreno, se convirtió en una insurrección nacional que obligó al gobierno a huir de la capital Quito y cerrar la asamblea nacional.

Al igual que en Chile, este movimiento ha alcanzado proporciones insurreccionales que plantean abiertamente la cuestión de la toma del poder. La pregunta central en esta situación no gira en torno a esta o aquella reforma, sino a ¿quién manda? El gobierno declaró el estado de emergencia y ordenó a la policía y al ejército aplastar la rebelión, dejando un muerto, docenas de heridos y cientos de arrestos. Pero ante el levantamiento de las masas, todos los instrumentos normales de represión estatal han demostrado ser impotentes.

La capital Quito fue abandonada por el gobierno. El miércoles 9 de octubre, una poderosa huelga general paralizó el país y una gran marcha de entre 50.000 y 100.000 manifestantes se dirigió nuevamente al palacio presidencial de Carondelet, abandonado rápidamente el día anterior por el presidente Moreno. Por unos momentos, el movimiento tomó el control de la Asamblea Nacional también vacante, con la intención de instalar una Asamblea del Pueblo.

Es una prueba muy llamativa del colosal potencial revolucionario que existe, no sólo en Chile y Ecuador, sino a escala mundial.
Líbano

Al otro lado del mundo, en Oriente Medio, parecía que la reacción había triunfado decisivamente en todas partes. La revolución árabe parecía estar muerta y enterrada. Sin embargo, las fuerzas de esa gran revolución están nuevamente en marcha una vez más.

En Líbano, un país de no más de seis millones de habitantes, más de dos millones han salido a las calles. También en el Irak devastado por la guerra, decenas de miles han estado luchando contra los militares y paramilitares en las calles. En Líbano e Irak, poderosas protestas masivas han provocado la caída de sus primeros ministros tras apenas unas pocas semanas de lucha.

Durante años, los regímenes reaccionarios se han apoyado en las divisiones sectarias de la sociedad entorpeciendo la lucha de clases, pero estas tácticas ya no funcionan. Los movimientos de protesta están poniendo en evidencia las contradicciones de clase. Las demandas en las calles reclaman empleo, educación, atención médica y el fin de los escandalosos robos y la corrupción de las élites. En Jordania, en 2018, una huelga general y protestas masivas generalizadas condujeron a la caída del primer ministro Hani Mulki.

Lenin dijo que la política es economía concentrada. Todos los ejemplos mencionados hasta aquí corroboran esa declaración. Por supuesto, los problemas económicos no son el único elemento en la ecuación. Pero qué duda cabe de que la combinación de una crisis económica aguda y décadas de corrupción por parte de una clase de sanguijuelas adineradas y sus títeres políticos es lo que empuja a la sociedad al límite.

El Líbano es un buen ejemplo. Tiene una de las relaciones deuda/PIB más altas del mundo. El desempleo se acerca al 25 por ciento, y decenas de miles de jóvenes cualificados se ven obligados a abandonar el país cada año debido a la falta de oportunidades. Todos estos factores son una receta para una explosión social.

Los principales partidos políticos que dividieron el país en líneas sectarias durante la Guerra Civil todavía están en el poder hoy, derrochando los fondos públicos y acumulando déficits presupuestarios año tras año. Parecía que esto nunca cambiaría, pero un poderoso movimiento revolucionario, que abarca todo el país, ha estallado en Líbano, cambiando dramáticamente la situación política.

Manifestaciones masivas arrasan el país desde el 17 de octubre. La lista de quejas es larga, entra las cuales se incluyen la corrupción rampante, la falta de servicios públicos y la crisis económica cada vez más grave. Los bancos han permanecido cerrados por temor al colapso financiero, cientos de miles de manifestantes han bloqueando carreteras y llenado plazas.

Las protestas han surgido de forma espontánea y completamente desorganizadas; ninguna organización se ha puesto al frente porque se trata realmente de una revolución popular. Personas de diferentes sectas religiosas, clases sociales y antecedentes políticos han salido a las calles para expresar su indignación por el mal manejo actual de la economía y exigiendo la caída del régimen cleptocrático.

Aunque los manifestantes provienen de diferentes orígenes políticos, les une su hartazgo ante el ataque a sus niveles de vida. En última instancia, esta rabia proviene de una creciente división económica entre el 10 por ciento más rico del Líbano (que está formado por los políticos gobernantes y las élites corporativas) y los trabajadores.

El creciente descontento alcanzó un punto de inflexión en un enorme movimiento de masas de dos millones de personas que se extendió por cada provincia, superando todas las divisiones sectarias. Personas de todas las religiones se han unido al movimiento. Sin ninguna organización o dirección política, las masas revolucionarias se han enfrentado a la opresión violenta para luchar contra sus gobernantes ladrones.

Al igual que en Ecuador y Chile, el gobierno trató de acallar las protestas con el uso de gases lacrimógenos por las fuerzas armadas, varias imágenes y videos de violencia policial contra manifestantes aparecieron en las redes sociales. Los partidarios del movimiento libanés de Hezbolá y su aliado político, Amal, atacaron a los manifestantes en el centro de Beirut.

Durante muchos años, los movimientos chiítas respaldados por Irán podían esconderse detrás del conflicto que mantienen con Estados Unidos y los imperialismos saudita e israelí. Pero ahora son parte de la élite gobernante. Ante el creciente movimiento revolucionario, todos cierran filas para defender sus intereses de clase.

Los ataques contra los manifestantes finalmente sirvieron para desenmascarar su verdadera naturaleza reaccionaria. Así, la ira de las masas en Líbano también se dirige contra Hezbollah, el «Partido de Dios» chiíta que se hizo pasar por un defensor de los pobres y los oprimidos. Cuando su líder, Hassan Nasrallah, apoyó al gobierno libanés, consignas como la siguiente podían leerse en las calles:  «todos significa todos, Nasrallah es uno de ellos».

Finalmente, el primer ministro, Saad Hariri, se vio obligado a renunciar, diciendo que había llegado a un «callejón sin salida» después de 13 días de agitación. The Independent comentó:

“Las protestas han sumido a la clase política del Líbano en el caos. Por primera vez, el orden político sectario que ha gobernado esta nación del este del Mediterráneo desde el final de la guerra civil en 1990 se enfrenta a un movimiento de masas dirigido a su derrocamiento».

Continúa:

“Lo que comenzó como un estallido espontáneo de indignación por un nuevo conjunto de impuestos, rápidamente se convirtió en algo más grande. En lugar de atacar al gobierno o a cualquier líder político, los manifestantes se refirieron a la clase política corrupta del Líbano en su totalidad».

¿Suena familiar? ¡Por supuesto! Es exactamente el mismo proceso que hemos visto en Ecuador y Chile. Un movimiento que comenzó como una protesta masiva por demandas económicas inmediatas y concretas, se convirtió rápidamente en «algo más grande». Es decir, las masas, basándose en su propia experiencia, están comenzando a sacar conclusiones revolucionarias. Lo que se necesita no es esta o aquella pequeña reforma, sino una transformación de raíz: derrocar a «la clase política en su totalidad» ¡Pero eso es exactamente lo que significa una revolución!
Irak, Túnez, Sudán…

También en Irak, varias oleadas de protestas masivas, originadas en las áreas chiítas, han sacudido toda la estructura política. Desde el 1 de octubre, protestas masivas y radicales han sacudido el país. Comenzando esta vez en Bagdad, se han extendido rápidamente por todo el país. Las fuerzas armadas y la policía irakíes respondieron con extrema violencia, causando la muerte de al menos 150 personas (algunas fuentes afirman más de 300) y provocando más de 6.000 heridos. Sin embargo, la brutal respuesta no ha detenido las protestas.

Túnez se ha visto sacudido por olas de protestas masivas. En Argelia, un poderoso movimiento revolucionario derrocó al enfermo Buteflika y sacudió al régimen de arriba abajo. El régimen pensó que conseguiría mantener la paz social en 2011 tras el aumento drástico del gasto estatal.

En Sudán, vimos un movimiento de masas con un tremendo potencial revolucionario, que sacudió a los círculos gobernantes en toda la región. El empuje y la determinación de los jóvenes, especialmente de las niñas y mujeres sudanesas, fueron realmente inspiradores. La clase obrera sudanesa desafió al régimen convocando huelgas generales, que plantearon la cuestión del poder.

Lo mismo sucedió en Argelia. Todo esto muestra que la Revolución Árabe todavía posee enormes reservas sociales. Pero, ¿cómo se explican tales fenómenos? ¿Y qué representan? Los observadores superficiales y los empíricos quedan boquiabiertos por los acontecimientos que no anticiparon y para los que no tienen explicación. Los empíricos superficiales de la burguesía sólo miran la superficie de los acontecimientos (los «hechos»). No se molestan en mirar debajo de la superficie para descubrir los procesos más profundos que se dan en todas partes.
El proceso molecular de la revolución

Trotsky dijo una vez que la teoría es la superioridad de la previsión sobre la sorpresa. Las manifestaciones repentinas y violentas de descontento popular siempre toman por sorpresa a la burguesía y a sus «expertos». Esto se debe a que los «expertos» burgueses no tienen ninguna teoría (excepto la teoría de que toda teoría es inútil) y, por lo tanto, se sorprenden constantemente cuando los acontecimientos explotan repentinamente en sus caras.

Para llegar a una comprensión real de estos procesos subterráneos, el método del análisis dialéctico es absolutamente necesario. Los burgueses, naturalmente, no entienden la dialéctica; los reformistas aún menos, si eso es posible. No es necesario mencionar a las sectas a este respecto, ya que no entienden nada en absoluto. Su completa falta de perspectiva es la razón principal por la que todas están en crisis.

Trotsky acuñó un concepto extraordinario: «el proceso molecular de la revolución». Vale la pena reflexionar sobre su significado. Trotsky se refería a la dialéctica, y sin una comprensión de la dialéctica uno no puede entender nada. El proceso de cambio de la conciencia de las masas normalmente tiene lugar gradualmente. Crece lenta, imperceptiblemente, pero también inexorablemente, hasta que alcanza un punto de inflexión donde la cantidad se transforma en calidad y las cosas se convierten en su opuesto.

Durante largos períodos, se expresa como una lenta acumulación de descontento, ira, rabia y sobre todo, frustración, por debajo de la superficie. En todas partes, hay síntomas, pequeñas señales, que pueden ser entendidas por el observador entrenado. Dichas señales  son un libro sellado para el empírico duro de mollera, quien, aunque siempre insiste en «los hechos», no ve los procesos subyacentes más profundos.

El filósofo Heráclito expresó su desprecio por los empíricos con esta frase sarcástica: «Los ojos y los oídos son malos consejeros para gente de alma bárbara». La Biblia expresa la misma idea con diferentes palabras: «Ojos tienen, pero no ven”. Por muchos hechos y estadísticas que acumulen, nunca los entienden.
Gran Bretaña y Francia

Los cambios bruscos y repentinos están implícitos en la situación. Tales explosiones repentinas son un síntoma de la corriente subyacente de rabia acumulada y descontento de millones de personas, que en realidad se dirige contra el sistema. Son un síntoma claro de que el sistema capitalista ha llegado a un callejón sin salida a escala mundial.

Algunas personas podrían tratar de argumentar que los desarrollos revolucionarios, como los que hemos citado aquí, sólo son posibles en países pobres y económicamente subdesarrollados. Pero es completamente falso. La dialéctica nos enseña que, tarde o temprano, las cosas cambian a su opuesto.

Un excelente ejemplo de esto es Gran Bretaña. Hace sólo cuatro años, Gran Bretaña era considerado el país más estable de Europa, tal vez del mundo –ahora está patas arriba y es probablemente el país más inestable de Europa. La «madre de los parlamentos» alguna vez fue famosa por su tranquila serenidad, pero de repente se vio convulsionada por la crisis y la división. La calma se ha transformado en caos absoluto.

La sociedad británica está fuertemente polarizada de una manera que no se ha visto en mucho tiempo. Es esta polarización lo que más alarma a la clase capitalista y sus apologistas ideológicos, porque son muy conscientes del hecho de que tal polarización contiene dentro de sí los gérmenes de futuros desarrollos revolucionarios.

Desde la crisis de 2008-09, ha habido un proceso lento, una acumulación gradual de descontento. Representó una ruptura fundamental en toda la situación internacional. Una ruptura en todos los sentidos de la palabra. Ahora podemos ver el proceso molecular de la revolución del que habló Trotsky. Un proceso silencioso e invisible. Es algo intangible. No puedes poner tu dedo sobre él porque tiene lugar debajo de la superficie. Pero está ahí todo el tiempo, excavando como un topo.

En el pasado, el pueblo británico era considerado intrínsecamente conservador y orgánicamente impermeable a cualquier tipo de impulso revolucionario. Tenían instituciones sólidas que actuaban como un baluarte inexpugnable contra la revolución: el parlamento, la cámara de los Lores, la monarquía y el Estado de derecho. La gente respetaba estas instituciones, que garantizaban la paz social y la estabilidad política.

Ahora todas esas ilusiones reconfortantes se han hecho añicos. La vieja fe puesta en la democracia parlamentaria ha dinamitado. Existe una creciente desconfianza en los políticos y un desprecio por la élite de Westminster. Es muy peligroso para la clase dominante. Si las personas ya no se contentan con dar la responsabilidad de sus vidas y destinos a la casta de políticos y burócratas profesionales («las personas que saben»), algún día pueden decidir tomar el asunto en sus propias manos. Eso fue precisamente lo que sucedió, no hace mucho, en Francia.

En noviembre de 2018, el movimiento de los chalecos amarillos surgió de repente, aparentemente de la nada, con un gran número de personas comunes y corrientes saliendo a las calles. Eso mostró claramente que existe un potencial revolucionario. Incluso el Brexit, de una manera peculiar, muestra el mismo proceso. En muchos otros países existe la misma sensación: un profundo estado de ánimo anti-sistema. También vimos cómo la llamada izquierda no logró proporcionar una expresión organizada a ese estado de ánimo revolucionario.

Cataluña ha vivido igualmente un explosivo movimiento de protesta en octubre, tras conocerse la sentencia de los presos políticos, que actualmente están en la cárcel por su participación en la organización del referéndum de independencia en 2017. Las duras penas de prisión (juntas acumulan un total de más de 100 años) por el «crimen» de ejercer un derecho democrático, se encontraron con un estallido de furia e ira, cientos de miles salieron a las calles, bloqueando carreteras, líneas de ferrocarril y el aeropuerto de Barcelona.

Enfrentados a la brutal represión policial, decenas de miles de manifestantes, principalmente jóvenes, se defendieron y contraatacaron con barricadas en llamas y batallas diarias durante toda una semana. Una huelga general tuvo lugar el 18 de octubre, en la que una gran multitud llegó hasta Barcelona, ​​organizada en cinco columnas diferentes que marcharon a pie desde diferentes partes de Cataluña. Los partidos nacionalistas pequeñoburgueses que han estado a la vanguardia del movimiento por una república catalana están cada vez más desacreditados, pero no ha surgido una dirección alternativa.

Estos son los temblores que anuncian el inminente terremoto. El ambiente de descontento de las masas, al no encontrar reflejo en las organizaciones de masas tradicionales, se expresa de diferentes maneras en diferentes países. Pero lo fundamental es el proceso irrefrenable de radicalización de las masas a escala global, que se expresa en violentos giros hacia la izquierda y la derecha. El proceso de radicalización se intensificará a medida que se desarrolle la crisis, provocando una polarización aún más aguda entre las clases y preparando el camino para explosiones revolucionarias aún más grandes.
La situación actual y las tareas de los marxistas

Los marxistas son optimistas por su propia naturaleza, pero nuestro optimismo no es algo falso o artificial. Se basa en análisis sólidos y perspectivas. Nos basamos en la solidez de la teoría marxista. Nuestra organización puede estar orgullosa de haberse mantenido absolutamente firme en los principios fundamentales y en el método dialéctico, lo que nos permite penetrar debajo de la superficie y ver los procesos más profundos que se desarrollan.

El período por el que atravesamos será visto como un momento de cambio fundamental, un punto de inflexión en toda la situación. No hace mucho esta afirmación parecía contradecirse por los hechos. La economía mundial parecía estar avanzando y, de hecho, los economistas burgueses destacan que esta es la recuperación más larga de la historia. Pero ahora los acontecimientos se aceleran a una velocidad impresionante. Sólo el método dialéctico del marxismo puede proporcionar una explicación racional de los procesos, invisibles a los ojos de los empíricos burgueses desesperanzados.

En muchos sentidos, la situación actual se asemeja a la decadencia y caída del Imperio Romano. Los banqueros y los capitalistas están constantemente haciendo alarde de su riqueza y lujo. El uno por ciento más rico del mundo está en camino de controlar hasta dos tercios de la riqueza mundial para 2030, ya que se sientan en billones de dólares, que no invierten en actividades productivas. La clase dominante es parasitaria y está completamente degenerada. Esto está avivando los fuegos de la ira y el resentimiento en todas partes.

Existe un enorme potencial para la difusión de las ideas marxistas, en lo que debemos concentrarnos principalmente. Debemos discutir los fundamentos: no los incidentes, sino la tendencia general. ¿Cuál es el hilo conductor en todas estas situaciones? Extrema polarización política y social. La lucha de clases está en aumento en todas partes.

Estamos creciendo y desarrollándonos, pero somos una fuerza demasiado pequeña para ser un factor decisivo en el desarrollo de los acontecimientos en el futuro inmediato. Desde nuestro punto de vista, no sería malo que las situaciones revolucionarias decisivas fueran pospuestas por un tiempo, por la sencilla razón de que aún no estamos preparados. Necesitamos tiempo para construir la alternativa revolucionaria.

Pero la historia avanza a su propio ritmo y no esperará a nadie. En un período como el presente, pueden ocurrir acontecimientos gigantescos antes de que estemos preparados. Los giros bruscos y repentinos están implícitos en la situación. Debemos estar preparados para enfrentarnos a grandes desafíos. Los trabajadores y jóvenes más conscientes ya están abiertos a nuestras ideas. Debemos encontrar el camino que nos lleve a estas capas y dar la espalda a aquellos elementos cansados ​​y desmoralizados. Cualquier rastro de escepticismo y rutina debe eliminarse de nuestras filas, para infundirse de un espíritu de urgencia de arriba a abajo.

Ésta es realmente una carrera contra reloj. Grandes acontecimientos pueden sobrepasarnos. Debemos estar preparados. Construir nuestra organización, atrayendo a nuestras filas a más gente y formándola lo antes posible. Es el único camino hacia el éxito. Ya nos hemos adentrado en el camino. Que nada nos distraiga de esta tarea. Que nuestro lema sea:

¡Viva la revolución socialista mundial!






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jueves, 2 de mayo de 2019

Gil de San Vicente | Doce Apuntes sobre Marxismo (II)

Les presentamos la segunda entrega de los doce textos que Iñaki Gil de San Vicente está dando a conocer en las páginas de La Haine.


Iñaki Gil de San Vicente

Avisábamos en la entrega I de comienzos de abril de 2019 de esta serie que la segunda trataría sobre el socialismo utópico

Hasta la revolución de 1848 y la publicación del Manifiesto del Partido Comunista. O sea, lo que podemos definir como la fase en la que el socialismo utópico entra en agotamiento, pero todavía el marxismo no ha adquirido la fuerza suficiente para ocupar su lugar. Y que la tercera entrega versará sobre el período que va de 1848 a 1871,

II.- Socialismo y comunismo utópicos

En abril de 1865, mientras avanzaba en los borradores de lo que sería El Capital, y a la vez militaba muy activamente en la I Internacional fundada en septiembre de 1864, Marx, respondió a una pregunta sobre quienes eran sus héroes: Espartaco y Kepler. Dejando de lado por ahora el machismo latente en su respuesta ya que tenía muchas heroínas para nombrar, escogió revolucionarios anteriores al capitalismo industrial y al socialismo utópico: Espartaco, combatió con armas de guerra al esclavismo en la tercera rebelión contra Roma (-73 y -71); Kepler (1571-1630), al que volveremos en la entrega VI sobre el método marxista, combatió con el arma de la ciencia al dogmatismo y a la Inquisición. También respondió que la lucha era su ideal de felicidad, la sumisión la mayor desgracia, y el servilismo lo más detestable.

En 1865 Marx y Engels ya tenían muy desarrollado el núcleo de lo que estaba a punto de ser llamado «marxismo». La importancia de la corta respuesta de Marx radica en que, en base al conocimiento histórico del momento, iba hasta el pasado lejano precapitalista y al pasado reciente del proto capitalismo. Querían encontrar un anclaje ético-político en las aspiraciones y deseos materiales expresados en forma utópica, tanto por las clases y pueblos masacrados como por la coherencia personal de quienes se enfrentaron a la opresión con las armas de la violencia y de la ciencia. ¿Por qué ético-político? Porque la ética de la libertad es fuerza política cuando pasa a la acción, y porque la política de la mayoría sojuzgada es la ética humana en sí.

En las Admoniciones de Ipwer y en la Profecía de Nefertiti (s. –XXVII a s. -XXII), subyace un contexto de algo parecido a una «revolución» para lograr un Egipto más justo, en la que las masas destruyen los archivos registradores de las deudas, propiedades, etc. El malestar social del pueblo contra el tirano de Uruk en Mesopotamia, por sus abusos contra las mujeres, es el nudo de la trama del Poema de Gilgamesh (s. –XXVI). Dos textos de la misma época, La canción del arpista y el Diálogo de un desengañado con su alma (s. -XXI), traslucen la crisis de valores y la tensión social del Egipto de la época.

Documentos oficiales registran las tenaces resistencias de pueblos contra el saqueo y la opresión que sufrían por Estados imperialistas. Los anales recogen la sublevación de Sargón contra Ur-Zababa, en Sumeria (s. –XXIV), pero no dan el nombre del misterioso pueblo qutu que no toleraba control alguno. El pueblo de Nubia y la ciudad de Kush, al norte de Sudán, sufría la ocupación egipcia para explotar sus enormes reservas de oro. Kush aprovechó la invasión de Egipto por los hicsos (s. –XVII) para echar a los egipcios, pero volvió a ser ocupada cuando los hicsos fueron expulsados a su vez del Nilo: Egipto pasó de una guerra de liberación nacional victoriosa (mitad s. –XVI) a una guerra de opresión imperialista contra Nubia y Kush para oprimirla de nuevo, porque su oro y su fuerza de trabajo, sus mujeres esclavizadas, le eran imprescindibles para su expansión imperialista hacia el norte y para mantener el orden interno. Pero Nubia siempre siguió resistiendo de un modo u otro. La extrema crueldad de Asiria, por ejemplo contra la ciudad sublevada de Laquis (-701), no le aseguró su continuidad sino que, al contrario, provocó la unión de los pueblos oprimidos que destrozaron Nínive (-612) hasta sus cimientos.

Lucha de clases, patriarcado, guerras, deportaciones, censuras, interpolaciones apócrifas…, hacen de la Biblia (s. –VIII a –VI) uno de los libros más falsos que existen. Por tanto, hay que ser cautos sobre los mitos y leyendas de los «truenos en el Cielo» para derrotar a las diosas, y luego entre la casta de dioses con la victoria de Jehová, y la condena al infierno del Ángel Caído, el «primer rebelde»; Lilith, que desobedeció a Jehová, abandonó al sumiso Adán y cohabitó con los libres diablos; la creación de Eva como sustituta tonta de Lilith, y el castigo inhumano por comer la manzana prohibida del conocimiento, etc. Pero cuando el río suena…

Desde 1835 la crítica rigurosa de la vida de Jesús por F. Strauss, que ya había empezado en el siglo XVIII, se fue extendiendo a las grandes religiones, lo que unido a los conocimientos que se obtenían con las invasiones colonialistas, producía una creciente masa de datos sobre nuevos contenidos de la lucha de clases. No sabemos si Marx hubiera respondido en 1865 dando el nombre de otro héroe o heroína más antiguo que Espartaco si hubiese tenido acceso al conocimiento histórico actual. Sí sabemos que él y sobre todo Engels estudiaron a fondo las contradicciones sociales en el cristianismo y su reflejo distorsionado por la burocracia divina y su verborrea teológica.

En 1905 un grupo de estudiantes chinos en Tokio debatían sobre las relaciones entre el socialismo y las utopías chinas que se remontan, como mínimo, a Lao Tse (¿s. –VI?) y al taoísmo, corriente filosófica que alimentará anhelos sociales expresados en conceptos como taiping o «gran armonía», pingjun o «igualación», juntian o «campos iguales», que serán readaptados por Confucio (-551 a -478) y su era de la «gran concordia». Mencio (-370 a -289) propuso algo parecido a un comunismo agrario, junto a otros filósofos y al movimiento campesino igualitarista: propiedad comunal o jingtian, que influyó en la profunda tradición campesina de un mundo igualitario que tendría que llegar. La raigambre de masas de esta utopía roja facilitó que los primeros marxistas chinos vieran en el jingtian una prueba ideológica de la supervivencia en la cultura popular del antiguo comunismo primitivo, y la utilizaran como argumento en los debates sobre el modo de producción asiático en la década de 1930, e incluso después.

Las utopías sociales chinas justificaban duras rebeliones campesinas cada vez más apoyadas por el proletariado urbano, también reforzadas por otras utopías exteriores, como la de la venida del Maitreya, el segundo Buda (muerto alrededor de -420) que restablecerá la bondad. La corriente de la «Pequeña Vía» budista, o Hinayana tenía una base utópica igualitarista. Pero una vez que conquistaban mucho o todo el poder, se enfrentaban entre ellas muchas veces con extrema dureza. Sucedió lo mismo en Grecia en donde desde el final del siglo –VIII Hesíodo escrituró las tradiciones orales sobre la «edad de oro», iniciando la larga historia escrita de utopías, luchas, reformas y contrarreformas como la propuesta en la utopía reaccionaria de Platón (-427 a -347), tradiciones que continuaron en Roma y con Espartaco. En estos siglos, Palestina y pueblos circundantes sufrieron opresiones sociales y religiosas de los poderosos reinos mesopotámicos y luego de Grecia, de modo que el judeo-cristianismo fue una creación sincrética que recogió también tradiciones de resistencia popular, adaptadas por los llamados Profetas mayores como Isaías en el s. –VIII, y menores como Amós también en ese siglo, por ejemplo. Surgió así una corriente igualitarista que siempre ha resistido las represiones de la burocracia, que le asestó un duro golpe en el concilio de Nicea de +325. La solidaridad interna del primer islam en +622 le dotó de un igualitarismo comunitario inicial superior al primer cristianismo.

En Nuestramérica, en el África subsahariana y en grandes zonas de Asia, coexistían comunidades comunales ágrafas con imperios tributarios en los que la propiedad era estatal, lo que hacía que sus resistencias a las invasiones coloniales se organizaran frecuentemente alrededor de la defensa de esas propiedades comunales y sus culturas colectivas. Las hermanas Trung dirigieron la sublevación vietnamita en los años 40 a 43 contra la ocupación china. En 1254 los mongoles esclavizaron a 200.000 coreanas y coreanos, asesinando al doble de ellos, pero aun así no lograron destruir su resistencia nacional. En Venezuela, la nación caribe resistió al español desde su llegada, y en 1553 el Negro Miguel dirigió la primera sublevación de esclavos, a la que se sumaron indios originarios. En Brasil el quilombo Palmares (1580-1710) defendido por 20.000 personas libres. De 1603 a 1863 hubo en Japón más de 1.100 revueltas campesinas. Desde el siglo XVIII los zulús de Sudáfrica comerciaban con Portugal, pero exigencias británicas les obligaron centralizarse y armarse, yendo a la guerra desesperada desde 1879. Los maoríes de Nueva Zelanda tuvieron menos tiempo para prepararse: el territorio fue declarado colonia británica en 1840 y la primera guerra de resistencia nacional estalló en 1843.

El igualitarismo perduró en las herejías medievales europeas y en las revueltas y rebeliones campesinas sobre todo entre los siglos XIII y XVI, siglo en el que Tomás Moro marcó el cambio de época al escribir Utopía publicado en 1515; murió decapitado en 1535. Por entonces aumentaban las intentonas revolucionarias burguesas aplastadas o abortadas, iniciándose una espiral ascendente conforme el modo de producción capitalista aplastaba al mundo. En su fase inicial, el utopismo moderno se alimentó también de las descripciones que hacían los colonialistas europeos de las formas comunales de vida de los pueblos aún libres de la propiedad privada, sobre todo en Nuestramérica, y su momento de gloria llegó con las dos primeras revoluciones burguesas victoriosas en el siglo XVII, la holandesa y la inglesa; pero para la segunda mitad del siglo XVIII este utopismo estaba ya superado, siendo los textos de Morelly (1717-1780) y de Mably (1709-1785) su último suspiro, cuando triunfan las burguesías norteamericana y francesa.

Y es que el capitalismo avanzaba como un monstruo y las bellas literaturas utópicas ya no servían para nada práctico. Saint-Simón (1760-1825); Owen (1771-1858) que planteó la reivindicación de la jornada laboral de 8 horas en 1817; y Fourier (1772-1837)… son los representantes más notorios del socialismo utópico. Pese a sus diferencias, les unen identidades que se remontan al origen de las primeras utopías en las que un sector muy reducido de pensadores idean un modelo más o menos completo de lo que debe ser la sociedad justa y se lo da, desde su altura, al pueblo ignorante y pasivo. El utopismo siempre ha creído que bastaba con iluminar al pueblo desde arriba para que éste tomase conciencia de inmediato, como si sólo le faltara un aporte externo de verdad y razón para que se le cayera la venda de los ojos. En todo caso, para aumentar la efectividad concienciadora de la minoría ilustrada, es conveniente que el pueble reciba una buena educación desde su infancia y en toda su vida, una educación inmersa en una forma de vida que prefigure el futuro en el presente, y de aquí la importancia de la vida en cooperativas, falansterios, colonias de iluminados, etc., que actúan como focos en la oscuridad. Pero estas islas de socorro en la tempestad de la existencia no se basan en una estrategia de conjunto y en una teoría surgida de las contradicciones del sistema que se denuncia, sino que son respuestas aisladas entre ellas, individualizadas y frecuentemente relacionadas con estructuras del poder, al que no consideran como un enemigo de clase sino como una parte equivocada de la sociedad a la que también hay que convencer y reeducar con el diálogo.

El utopismo adelantó métodos y objetivos integrados luego en el comunismo marxista, del mismo modo que la crítica de Marx y Engels del capitalismo también subsumió no sólo aciertos de Smith y Ricardo, sino también de ricardianos de izquierda del socialismo utópico inglés, etc. Hizo falta un desarrollo cualitativo para facilitar la subsunción de valores utópicos en el movimiento revolucionario desde la década de 1840. Este salto venía ya anunciado y hasta exigido por las tesis de Bebeuf (1760-1798) y su igualitarismo radical que sentaba las bases del comunismo utópico aunque todavía no distinguía del todo el antagonismo entre el proletariado y la burguesía. Cabet (1788-1856) dio un paso más al ser el primero en emplear el término de «comunismo», planteando la necesidad de acabar con la propiedad privada y el dinero en base a una economía planificada por el Estado, pero desde una versión de izquierdas de las tesis Fourier, quien desconfiaba totalmente de las promesas burguesas e insistía en la independencia política del proletariado, lo que no negaba pactos puntuales con la pequeña burguesía democrática.

Pero el avance definitivo que facilitaría la posterior fusión con el marxismo se inició con la brillante praxis de Flora Tristán (1803-1844) obrera feminista revolucionaria que dotó de contenido de clase a las teorías de libertad sexual de Fourier, con un determinante impacto en Jenny, Marx, Engels y tantas personas más del momento, con su radical crítica al patriarcado obrero al demostrar que las mujeres eras las proletarias de los proletarios, con esfuerzos por dar la misma educación libre a hombres y mujeres. Blanqui (1805-1881) avanzó más: su opción absoluta por la independencia política de la clase obrera le llevó a defender la necesidad de que el proletariado tomara el poder político y destruyera al Estado burgués. Para eso era necesaria una organización revolucionaria propia, capaz de resistir a la represión.

Sin embargo, Blanqui descuidó la crítica teórica del capitalismo y la decisiva autoorganización independiente del pueblo trabajador, manteniendo la creencia utopista de que la salvación vendrá del heroísmo de una minoría selecta. Este vacío lo llenó Weitling (1808-1871) al volcarse en la clase proletaria, en su autoorganización, explicándole que tenía que organizarse ella misma para la dura lucha violenta que debería asumir para vencer a la violencia más inhumana del capitalismo. Su comunismo utópico le hacía comprender lo decisivo que es el poder político, pero su base utópica le impedía llegar a la raíz de las contradicciones del capitalismo. En Gran Bretaña, el cartismo radical era la forma política del proletariado concienciado, en el interior del cual también se avanzó en la crítica del capitalismo de la época y de su poder, pero con todas las limitaciones de Babeuf, ideología asumida por Bronterre O’Brien (1805-1864): la incomprensión del antagonismo de clase hundió al cartismo en el agujero negro de la democracia abstracta, mentira que oculta la dictadura de clase del capital.

Una síntesis rápida de lo visto indica que existen desde el siglo –XXVII al menos cuatro constantes que se reiteran en lo esencial hasta ahora variando en sus formas según los cambios de y en los sucesivos modos de producción: las luchas contra la opresión de la mujer; por la defensa de lo comunal; por la libertad de los pueblos; y contra el trabajo esclavizado, explotado y asalariado. El comunismo marxista se formó integrándolas en una totalidad de praxis en la que el objetivo histórico es acabar precisamente con todo resto no solo material y económico sino también ideológico, psicológico…, porque todas ellas son luchas contra diversas formas de propiedad privada, económica, sexual, lingüístico-cultural, natural, etc., Es esa capacidad de relacionar cualquier opresión y explotación, cualquier injusticia, con la propiedad privada capitalista, lo que hace del marxismo la matriz teórica insustituible y necesaria para cualquier praxis por la libertad.






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miércoles, 1 de agosto de 2018

Generalización del Bloqueo

Cuba Debate trae a nosotros un artículo que desenmascara los excesos a los que llega Washington con el bloqueo en contra de Cuba:


Es un hecho conocido que existe un bloqueo financiero a las operaciones comerciales con Cuba por parte del Departamento del Tesoro de EEUU, que a su vez vigila y amenaza a la banca internacional.

Algo menos conocido es que esta banca, por miedo a las sanciones de EEUU, se niegue en ocasiones a realizar envío de fondos solidarios a la Isla. Uno de los últimos casos ocurrió en septiembre de 2017, cuando el banco holandés ING se negó a transferir 60 mil euros de la Asociación de Amistad RFA-Cuba (de Alemania) para familias damnificadas por el huracán Irma. Su argumento: el banco no realiza transacciones que tengan “referencia directa o indirecta a ciertos países” (sancionados), como es el caso de Cuba.

Pero lo que, hasta hace bien poco, no había ocurrido, es que los bancos se negaran a realizar transferencias destinadas a un proyecto solidario en un tercer país, donde actúa la cooperación médica cubana.

Es lo que le ha ocurrido a la Asociación vasca de amistad y solidaridad Euskadi-Cuba, en tres ocasiones, durante el presente año 2018.

Primera transferencia devuelta, enero de 2018: Deutsche Bank (Alemania)

El primer incidente ocurrió a finales de enero de este año. Euskadi-Cuba dio a su banco la orden de transferir 6 mil 800 euros a la Fundación “Un mundo mejor es posible”, una ONG de Buenos Aires que coordina, junto al Gobierno de Cuba, varios programas de salud y alfabetización en Argentina. Eran fondos de una subvención otorgada por las Juntas Generales de Gipuzkoa, una institución vasca, para equipar el Centro Oftalmológico “Ernesto Che Guevara” de Córdoba, donde miles de personas argentinas sin recursos han recuperado la visión gracias a la solidaridad cubana.

Es lo que se conoce como “cooperación triangular” o “cooperación Norte-Sur-Sur”, en la que desde el Norte (en este caso el País Vasco) se colabora económicamente con un programa de cooperación que lleva adelante un país del Sur (Cuba) en otro del Sur (Argentina).

¿Qué ocurrió? Que, cuando la entidad bancaria de Euskadi-Cuba inició el proceso de transferencia, el banco intermediario Deutsche Bank devolvió los fondos, alegando –sin mayor explicación- causas de “política interna”, no sin antes cobrar la correspondiente comisión.

Un empleado de dicho banco alemán, que pidió no ser identificado, indicó a Cubainformación que “existe una lista de países con los que tenemos prohibido negociar, entre ellos Cuba”, y que la sola palabra “Cuba”, aún en el nombre de una asociación europea, enciende todas las alarmas. “Deutsche Bank no quiere riesgos”, señaló. Recordemos que la entidad alemana ya pagó, en 2015, 258 millones de dólares a EEUU por supuesta “violación de sanciones” a países bloqueados. La entidad, además, cotiza en la Bolsa de Nueva York.

Finalmente, en el plazo de dos semanas, Euskadi-Cuba encontró una segunda entidad bancaria, la italiana Unicredit, con sede en Milán, que sí realizó la operación.

Segunda transferencia devuelta, febrero de 2018: Unicredit (Italia)

Sin embargo, el 22 de febrero de 2018, apenas unos días más tarde, el mencionado banco italiano, al parecer advertido por las autoridades de EEUU, se negó a realizar una segunda transferencia para el mismo proyecto.

Eran 3.500 euros procedentes del partido vasco Ezker Anitza-Izquierda Unida, que había decidido apoyar el programa solidario de Cuba en Argentina a través de Euskadi-Cuba. En esta ocasión, la asociación vasca tardó casi dos meses en encontrar otro banco intermediario: fue el alemán Commerzbank AG, con sede en Frankfurt, quien realizó la operación el 12 de abril.

Tercera transferencia devuelta, mayo de 2018: Commerzbank AG (Alemania)

Pero, exactamente como en la ocasión anterior, alguien “encendió las alarmas” también en esta entidad alemana, porque el 11 de mayo se negó a realizar un siguiente pago de Euskadi-Cuba a la Fundación argentina “Un mundo mejor es Posible”: era una nueva subvención, de casi 7.000 euros, de las Juntas Generales de Gipuzkoa.

Hasta mes y medio más tarde (julio de 2018) no fue encontrada una entidad bancaria intermediaria, en este caso Fiare Banca Ética, dispuesta a realizar la transferencia.

Antecedente en 2017: Asociación Italia-Cuba

La misma situación sufrida en 2018 por la asociación vasca Euskadi-Cuba ya se había producido en 2017, cuando otra asociación que incorpora la palabra “Cuba” en su denominación, la Asociación Nacional Italia-Cuba, trató de transferir fondos a la misma entidad argentina y al mismo proyecto solidario cubano citados, con el mismo problema de interceptación debido a las leyes del bloqueo de EEUU a Cuba.

Paralización de transferencia para compra de sistemas de riego en 2013

Tampoco es la primera vez que Euskadi-Cuba tiene problemas con sus transferencias bancarias internacionales. En 2013, al tratar de pagar a una empresa de Bulgaria por el suministro de sistemas de riego con destino a Cuba, el banco intermediario inglés Barclays Bank realizó un completo interrogatorio a la entidad emisora: “¿qué tiene que ver (este pago) con Cuba?”, “¿hay alguna conexión directa o indirecta con los USA?” y “¿está relacionado directa o indirectamente con 'países prohibidos´ (Myamar, Corea del Norte, Irán, Cuba, Siria, Sudán) este pago/transferencia?”, fueron algunas de las preguntas realizadas por escrito.

En aquel caso, tras las explicaciones pertinentes y un importante retraso, se pudo materializar el pago. Hoy dichos equipos apoyan la producción de alimentos en cooperativas de varios municipios de la provincia de Guantánamo.

Multas millonarias de EEUU a la banca internacional

Recordemos que el Departamento del Tesoro de EEUU, a través de la OFAC (Oficina para el Control de Activos Extranjeros), ha impuesto multas gigantescas a bancos europeos por supuesta “violación” del bloqueo financiero a Cuba y a otras naciones. Por ejemplo, una sanción de 9.000 millones de dólares a BNP Paribas, de 1.700 a Commerzbank, de 787 a Credit Agricole o de 536 millones a Credit Suisse.

Una anécdota comparada con el sufrimiento del pueblo cubano

En cualquier caso, tal como declararon representantes de Euskadi-Cuba, los gastos y las demoras en la ejecución de proyectos solidarios “son apenas una anécdota frente al impacto brutal del bloqueo de EEUU” en la economía de Cuba, debido a la persecución financiera y comercial a empresas, bancos y gobiernos de todo el mundo.

El bloqueo, según estimaciones de La Habana, ha tenido un coste de más de 125 mil millones de dólares a precios corrientes, más de 800 mil millones si se considera la depreciación del dólar frente al valor del oro.

El bloqueo a Cuba, rechazado ya 26 veces en la Asamblea General de Naciones Unidas, la última vez por 191 votos contra dos, es una violación masiva, sistemática y flagrante de los derechos humanos de más de once millones de cubanas y cubanos.

Es una vergüenza para la Humanidad. Por eso cada día más gente se pregunta: ¿hasta cuándo el bloqueo de EEUU contra el pueblo cubano?






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sábado, 17 de febrero de 2018

Éxodo Venezolano Prefabricado

Recientemente les compartíamos el reportaje por parte de Cubainformación acerca de la más que obvia campaña de intoxicación mediática destinada a preparar las condiciones para un golpe de estado o una intervención militar en contra de Venezuela.

Pues bien, hoy, por medio de inSurGente, complementamos el asunto acerca de lo que los consorcios informativos al servicio del gran capital cocinan en contra de la Revolución Bolivariana:


Misión Verdad

Varios medios nacionales e internacionales repiten mentiras al unísono sobre Venezuela para alimentar el caos y el expediente de la “crisis humanitaria”. Una de ellas, la que ha tenido mayor peso en los últimos meses, es el supuesto “éxodo masivo” de venezolanos.

“Cientos de miles” son las mentiras

En el contexto de la guerra psicológica que se desarrolla contra Venezuela en este momento, matrices de opinión se lanzan desde el propio país como un búmeran que viaja hasta los Estados Unidos a validarse en sus empresas de comunicación y retornar para confundir a la población, con el objetivo de sembrar miedo e incertidumbre.

Esta es la ruta que recorrió la más reciente “noticia” sobre la emigración venezolana: el domingo 12 de febrero el periódico colombiano El Tiempo publicó una entrevista a un sociólogo venezolano que aporta datos inciertos y tendenciosos sobre la emigración venezolana: dice que 4 millones de venezolanos han emigrado, casi la mitad en los últimos dos años. Cabe acotar que éste es un periódico recientemente vendido por la familia del presidente Santos, que ha sido su propietaria histórica, pero como parte del acuerdo de venta se conserva en la directiva desde donde define la línea editorial.

Al día siguiente, el 13 de febrero en la madrugada, The Wall Street Journal (WSJ) tomó ese mismo artículo, citó los mismos datos falaces pero enfatiza en la comparación con la situación de Siria. La matriz que recorre el eje Colombia-EEUU llega a Venezuela a través de los medios de la oposición venezolana como La Patilla, que publicó una traducción de la versión de WSJ.

¿Pero quién aporta las declaraciones para generar esta matriz de opinión? Se trata del sociólogo Tomás Páez, quien como profesional se ha dedicado a investigar sobre empresas y emprendimientos, pero que en los últimos años ha incursionado en el tema de la “diáspora venezolana”, por supuesto con un evidente sesgo político que comienza a evidenciarse cuando asegura que el 97% de la emigración venezolana ha salido del país desde el triunfo del Comandante Chávez.

Además este catedrático devenido en opinador se presenta en la citada entrevista como representante del Observatorio Hannah Arendt. Esta organización, dirigida por el conocido sacerdote golpista Luis Ugalde, entregó en el año 2015 el Premio Heinz Sonntag de la Juventud 2015-2017 “en reconocimiento por su trayectoria y constancia en la defensa de los valores democráticos, la convivencia y la paz” nada menos que a David Smolansky, ex alcalde de El Hatillo y dirigente nacional de Voluntad Popular.
Los números en las sombras

WSJ utiliza las cifras de inmigración dadas por Colombia para simular el “éxodo masivo”, según el gobierno del vecino país 550 mil venezolanos emigraron a Colombia, lo que le permite comparar a Venezuela con los desplazados de Siria y Myanmar.

Estas cifras han sido tan contradictorias que el gobernador del Departamento de Bolívar, miembro del partido liberal, denunció la semana pasada su inconsistencia. Aproximadamente el 70% de las personas que ingresan por la frontera con Colombia son nacidas en este país, es decir, lo que sucede en realidad es un retorno de colombianos o de familias “mixtas”, no un crecimiento épico de la inmigración venezolana como quiere hacer ver el WSJ.

Pero si a pesar del evidente compromiso político del vocero se pretende rescatar los datos que aporta, se imponen algunos retos intelectuales.

El primero es asumir equivocadamente -como lo hace el WSJ- que un “migrante” y un “refugiado” son lo mismo, lo que es un error vergonzoso para cualquiera que maneje una mínima información sobre el tema. El propio Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR) ha instado al uso correcto de términos tan diferentes cuyo mal uso conlleva a graves consecuencias para ambas poblaciones.

Por ejemplo, una diferencia importantísima que deben valorar quienes solicitan refugio es que, una vez concedido el refugio, el país otorgante no le permite regresar a su país de origen so pena de revocar el status. Pensar por ejemplo que son igual que migrantes, los millones de refugiados y refugiadas de Siria, Myanmar y Sudán, resulta cuando no una gran muestra de ignorancia, una caricatura insensible e irrespetuosa con poblaciones que han sido víctimas de masacres y hasta violaciones masivas, como puede con más seriedad conocerse en las fuentes que aporta Naciones Unidas.

La comparación de la emigración venezolana con los desplazamientos hacia fuera de Siria o Myanmar no sólo busca situar a Venezuela en una zona de conflicto internacional, también encubre una enorme debilidad argumentativa: las razones para emigrar no vienen a partir de alguna persecución del Estado -o grupos mercenarios o terroristas- contra decenas de miles de personas por sus condiciones étnicas, nacionales o de afiliación política, motivos que las agencias de la ONU utilizan para calificar a un contingente de personas como “refugiados”. Situación que si cabe en medio del conflicto sirio, donde grupos radicales financiados por EEUU como Daesh o al-Qaeda cometen violaciones contra la vida de la población por ser sirios, quienes en última instancia deben desplazarse para preservar su vida.

Caso muy distinto al de Venezuela, donde la emigración está motivada por el bloqueo financiero inducido por EEUU y las manipulaciones en el mercado cambiario que han agudizado el cuadro inflacionario del país, una estrategia que en 2017 voceros de la oposición venezolana reafirmaron como necesarias para el cambio de régimen.

El otro reto intelectual que plantea el WSJ es aritmético. El señor Páez presenta cifras de Consultores 21 según las cuales “el porcentaje de familias que tienen un miembro emigrante es del 29”, lo que hace suponer que el restante 71% tienen menos que eso. Pero luego este columnista de El Nacional dice que, según la misma consultora, “el promedio de personas emigradas por familia llega a 1,97”.

En suma, esta matriz de opinión creada por la oposición venezolana, publicada por la prensa colombiana vinculada a Juan Manuel Santos, refrendada por la prensa estadounidense y luego redifundida por los medios opositores de Venezuela, se basa en mentiras muy mal construidas que retan categorías sociológicas establecidas por organismos internacionales y hasta la aritmética básica.

Pero hay más. No conformes con indiscriminar el término “refugiados” con “inmigrantes”, confunden también “inmigrantes” con “nacionales que retornan”: personas que entran a establecerse al país con quienes quieren un trabajo temporal para regresar en pocos días al país donde continúan viviendo -en este caso Venezuela-, o simplemente transitar hacia otros países menos empobrecidos y violentos que Colombia.

La utilidad de estas matrices para el gobierno de Colombia y los planes injerencistas de EEUU contra Venezuela ya han sido reiteradamente abordados en este portal. La olla de la supuesta crisis de refugiados venezolanos en Colombia se está construyendo desde hace varios meses, se basa en grandes mentiras pero mantiene muy claros sus objetivos políticos y económicos.






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martes, 17 de mayo de 2016

Dominación Geopolítica Contemporánea

Les recomendamos mucho leer este texto dado a conocer por Investig'Action, sobre todo si estás tratando de entender lo que está sucediendo en Siria.

Que les aproveche:


Saïd Bouamama

Iraq, Libia, Sudán, Somalia, etc., la lista de naciones que han saltado en pedazos tras una intervención militar estadounidense y/o europea no deja de aumentar. Parece que al colonialismo directo de una «primera edad» del capitalismo y al neocolonialismo de una «segunda edad» les sucede ahora la «tercera edad» de la balcanización. Paralelamente se puede constatar una mutación de las formas del racismo. Después de la Segunda Guerra Mundial el racismo culturalista sucedió al racismo biológico y desde hace varias décadas el primero tiende a presentarse a partir de lo religioso bajo la forma dominante por ahora de la islamofobia. En nuestra opinión, estamos en presencia de tres historicidades estrechamente vinculadas: la del sistema económico, la de las formas políticas de la dominación y la de las ideologías de legitimación.

Vuelta a Cristóbal Colón

La visión dominante del eurocentrismo explica la emergencia y posterior extensión del capitalismo a partir de factores internos de las sociedades europeas. De ahí se desprende la famosa tesis de que algunas sociedades (algunas culturas, algunas religiones, etc.) están dotadas de una historicidad y otras carecen de ella. Cuando Nicolas Sarkozy afirma en 2007 que «el drama de África es que el hombre africano no ha entrado lo suficiente en la historia» no hace sino retomar un tema reiterativo de las ideologías de justificación de la esclavitud y la colonización:

«La «deshistorización» desempeña un papel decisivo en la estrategia de colonización. Legitima la presencia de colonizadores y certifica la inferioridad de los colonizados. La tradición de las historias orales y posteriormente las «ciencias coloniales» impusieron un postulado sobre el que se construyó la historiografía colonial: Europa es «histórica» mientras que «la ahistoricidad» caracteriza a las sociedades coloniales definidas como tradicionales e inmóviles. […] Movida por sus valores intelectuales y espirituales, Europa desempeña a través de la misión colonial una misión histórica haciendo entrar en la Historia a unos pueblos que estaban privados de ella o que se habían quedado paralizados en un estadio de la evolución histórica superado por los europeos (estado de naturaleza, Edad Media, etc)».

Tanto la antigüedad de esta lectura esencialista y eurocentrista de la historia del mundo como su recurrencia (más allá de las modificaciones de formas y de presentación) ponen de relieve su función política y social: la negación de las interacciones. Desde que Cristóbal Colón ordenó desembarcar a sus soldados la historia mundial se ha convertido en una historia única, global, relacionada, globalizada. La pobreza de unos ya no se puede explicar sin preguntarse por las relaciones de causalidad con la riqueza de los demás. El desarrollo económico de unos es indisociable del subdesarrollo de otros. El progreso de los derechos sociales aquí solo es posible por medio de la negación de los derechos allí.

La invisibilización de las interacciones requiere una movilización de la instancia ideológica para formalizar unos esquemas explicativos jerarquizadores. Estos esquemas constituyen el «racismo» tanto en sus constantes como en sus mutaciones. Hay invariabilidad porque todos los rostros del racismo, desde el biologismo a la islamofobia, tienen una comunidad de resultado: la jerarquización de la humanidad. También hay mutación porque cada rostro del racismo corresponde a un estado del sistema económico de depredación y a un estado de relación de fuerzas políticas. Al capitalismo monopolista corresponderá la esclavitud y la colonización como forma de dominación política, y el biologismo como forma del racismo. Al capitalismo monopolista globalizado y senil corresponderá la balcanización y el caos como forma de dominación, y la islamofobia (en espera de otras versiones para otras religiones del Sur en función de los países que hay que balcanizar) como forma de racismo.

Hace ya mucho tiempo que en su análisis de la aparición del neocolonialismo como sucesor del colonialismo directo Mehdi Ben Barka puso en evidencia las relaciones entre la evolución de la estructura económica del capitalismo y las formas de dominación. Al analizar las «independencias concedidas», las relaciona con las mutaciones de la estructura económica de los países dominantes:

«Esta orientación [neocolonial] no es una simple opción en el dominio de la política exterior. Es la expresión de un cambio profundo en las estructuras del capitalismo occidental. Desde el momento en que después de la Segunda Guerra Mundial y gracias a la ayuda [del Plan] Marshall y a una interpenetración cada vez mayor con la economía estadounidense Europa occidental se aleja de la estructura del siglo XIX para adaptarse al capitalismo estadounidense, era normal que Europa occidental adoptara también las relaciones de Estados Unidos con el mundo. En una palabra, que tuviera también su «América Latina».

Para el líder revolucionario marroquí lo que suscita el paso del colonialismo al neocolonialismo es, efectivamente, la monopolización del capitalismo. Del mismo modo, la precocidad de la monopolización en Estados Unidos es una de las causalidades de la precocidad del neocolonialismo como forma de dominación en América Latina.

Frantz Fanon, por su parte, puso en evidencia las relaciones entre la forma de la dominación y las evoluciones de las formas del racismo. La resistencia que suscita una forma de dominación (el colonialismo, por ejemplo) obligan a esta a mutar. Sin embargo, esta mutación requiere el mantenimiento de la jerarquización de la humanidad y, en consecuencia, llama a una nueva edad de la ideología racista. «Este racismo», precisa Fanon, «que se quiere racional, individual, determinado, genotípico y fenotípico se transforma en racismo cultural». Por lo que se refiere a los factores que llevan a la mutación del racismo, Frantz Fanon menciona la resistencia de los colonizados, la experiencia del racismo, es decir, «la institución de un régimen colonial en plena tierra de Europa» y «la evolución de las técnicas», es decir, las transformaciones de la estructura del capitalismo, como revelaba Ben Barka.

Por consiguiente, sin entrar en un debate complejo de una periodización del capitalismo datada con precisión es posible relacionar los tres órdenes de hechos que son las mutaciones de la estructura económica, unas formas de la dominación política y unas transformaciones de la ideología racista. Las tres «edades» del capitalismo piden tres «edades» de la dominación que suscitan tres «edades» del racismo. 

La infancia del capitalismo

Lo propio del capitalismo como modo del producción económica es que debido a su ley del beneficio requiere una extensión permanente. Está de inmediato en globalización, aunque esta conozca sus umbrales de desarrollo. Es decir, se trata del engaño del discurso actual sobre la globalización, que la presenta como un fenómeno completamente nuevo vinculado a los cambios tecnológicos. Como pone de relieve Samir Amin, el nacimiento del capitalismo y su globalización corren parejos:

«El sistema mundial no es la forma relativamente reciente del capitalismo, que se remonta solo al último tercio del siglo XIX en el que se constituyen «el imperialismo» (en el sentido que Lenin dio a este término) y el reparto colonial del mundo asociado a él. Por el contrario, nosotros afirmamos que esta dimensión mundial encuentra de inmediato su expresión, desde el origen, y sigue siendo una constante del sistema a través de las etapas sucesivas de su desarrollo. Admitiendo que los elementos esenciales del capitalismo se cristalizan en Europa a partir del Renacimiento (la fecha de 1492, inicio de la conquista de América, sería la fecha de nacimiento simultáneo del capitalismo y del sistema mundial), ambos fenómenos son inseparables».

En otras palabras, tanto el saqueo y la destrucción de las civilizaciones amerindias como la esclavitud fueron las condiciones para que el modo de producción capitalista pudiese ser dominante en las sociedades europeas. No hubo nacimiento del capitalismo y después extensión, sino un saqueo y una violencia total que reunía las condiciones materiales y financieras para que se instalara el capitalismo. Destaquemos además con Eric Williams que la destrucción de las civilizaciones amerindias va acompañada de su esclavización. Así, la esclavitud no es consecuencia del racismo, sino que este último es el resultado de la esclavitud de los indios. «En el Caribe», destaca este autor, «el término esclavitud se ha aplicado demasiado exclusivamente a los negros. […] El primer ejemplo de comercio de esclavos y de mano de obra esclavista en el Nuevo Mundo no concierne al negro sino al indio. Los indios sucumbieron rápidamente bajo el exceso de trabajo y como la comida era insuficiente, murieron de enfermedades importadas por el blanco».

Después la colonización no es sino el proceso de generalización de las relaciones capitalistas al resto del mundo. Es la forma de dominación política que finalmente se ha encontrado para la exportación y la imposición de estas relaciones sociales al resto del mundo. Para ello, por supuesto era necesario destruir las relaciones sociales indígenas y las formas de organización social y cultural que habían engendrado. El economista argelino Youcef Djebari demostró la magnitud de la resistencia de las formas anteriores de organización social y la indispensable violencia para destruirlas: «En todos sus intentos de anexión y de dominación en Argelia el capital francés se enfrentó a una formación social y económica hostil a su penetración. Desplegó todo un arsenal de métodos para aplastar y someter a las poblaciones autóctonas». Por ello la violencia total es consustancial a la colonización.

El racismo biológico aparece para legitimar esta violencia y esta destrucción. Fanon pone de relieve que el racismo «entra en un conjunto caracterizado: el de la explotación descarada de un grupo de hombres por otro. […] Por ello la opresión militar y económica precede casi siempre al racismo, lo hace posible y lo legitima. Hay que abandonar la costumbre de considerar que el racismo es una disposición del espíritu, una tara psicológica».

Por consiguiente, el racismo como ideología de jerarquización de la humanidad que justifica la violencia y la explotación no es una característica de la humanidad, sino una producción situada histórica y geográficamente: la Europa de la emergencia del capitalismo. El biologismo como primer rostro histórico del racismo conoce su edad de oro en el siglo XIX al mismo tiempo que la explosión industrial por una parte y la fiebre colonial por otra. El médico y antropólogo francés Paul Broca clasificó los cráneos humanos con fines comparativos y concluyó que «respecto a la capacidad craneal, el negro de África ocupa una situación aproximadamente media entre el europeo y el australiano». Por consiguiente, existe algo inferior al negro, el aborigen, pero un superior indiscutible, el europeo. Y como todas las dominaciones requieren unos procesos de legitimación, si no similares cuando menos convergentes, extiende su método a la diferencia de sexos para concluir que «la pequeñez relativa del cerebro de la mujer depende a la vez de su inferioridad física y de su inferioridad intelectual».

Monopolios, neocolonialismo y culturalismo

El siglo XX es el de la monopolización del capitalismo. Este proceso se desarrolla a ritmos diferentes para cada una de las potencias. Los grandes grupos industriales dirigen cada vez más la economía y el capital financiero se vuelve preponderante. La relación física y subjetiva entre el propietario y la propiedad desaparece a beneficio de la relación entre el cupón de la acción bursátil y el accionista. El gran colono propietario de tierras cede el primer puesto al accionista de minas. Esta nueva estructura del capitalismo requiere una nueva forma de dominación política, el neocolonialismo, que Kwame Nkrumah define de la siguiente manera: «La esencia del neocolonialismo es que el Estado sometido a él es teóricamente independiente, posee todas las insignias de la soberanía en el plano internacional. Pero en realidad su economía y, en consecuencia, su política están manipulados desde el exterior».

Por supuesto, la toma de conciencia nacionalista y el desarrollo de las luchas de liberación nacional aceleran la transición de una forma de dominación política a otra. Pero como el objetivo es mantener la dominación, sigue siendo necesario justificar una jerarquización de la humanidad. La nueva dominación política requiere una nueva edad del racismo. El racismo culturalista emergerá progresivamente como respuesta a esta necesidad haciéndose dominante en las décadas que van de 1960 a 1980. En adelante ya no se trata de jerarquizar biológicamente, sino culturalmente. El experto y el consultor sustituyen al colono y al militar. Ya no se estudia «la desigualdad de los cráneos» sino los «frenos culturales al desarrollo». Como ya no se puede legitimar sobre la base biológica, la jerarquización del ser humano se desplaza en dirección a lo cultural atribuyendo a las «culturas» las mismas características que antes supuestamente especificaban las razas biológicas» (fijeza, homogeneidad, etc.).

En el plano internacional el nuevo rostro del racismo permite justificar el mantenimiento de una pobreza y de una miseria populares a pesar de las independencias y de las esperanzas de emancipación que trajeron. Como se eluden las nuevas formas de dependencia (funcionamiento del mercado mundial, papel de la ayuda internacional, el franco CFA, etc.), solo quedan como causas explicativas unos rasgos culturales que supuestamente caracterizan a los pueblos de las antiguas colonias: el etnismo, el tribalismo, el clanismo, el gusto por la pompa, unos gastos suntuosos, etc. Se despliega así toda una corriente teórica denominada «afro-pesimista». Stéphan Smith considera que «África no funciona porque sigue estando “bloqueada” por unos obstáculos socioculturales que ella sacraliza como sus gris-gris [amuletos] identitarios» o incluso que «la mecanógrafa, ahora provista de un ordenador, ya no tiene la frente manchada de la cinta de la máquina de escribir a fuerza de hacer la siesta sobre esta». En eco, Bernard Lugan le responde que la caridad, la compasión y la tolerancia y los derechos humanos son ajenos a las «relaciones africanas ancestrales».

En el plano nacional el racismo culturalista desempeña la misma función, pero respecto a las poblaciones surgidas de la inmigración. Explicar culturalmente unos hechos que señalan las desigualdades sistémicas de las que son víctimas permite deslegitimar las reivindicaciones y las revueltas que suscitan esas desigualdades. El fracaso escolar, la delincuencia, la tasa de paro, las discriminaciones, las revueltas de los barrios populares, etc., ya no se explicarían por medio de unos factores sociales y económicos, sino por medio de unas causalidades culturales o identitarias.

Capitalismo senil, balcanización e islamofobia

Desde la llamada «globalización» el capitalismo se enfrenta a nuevas dificultades estructurales. El aumento constante de la competencia entre las diferentes potencias industriales hace imposible la menor estabilización. Las crisis se suceden unas a otras sin interrupción. El sociólogo Immanuel Wallerstein considera que:

«Desde hace treinta años hemos entrado en la fase terminal del capitalismo. Lo que diferencia fundamentalmente esta fase de la sucesión ininterrumpida de ciclos coyunturales anteriores es que el capitalismo ya no logra “hacer sistema”, en el sentido en el que lo entiende el físico y químico Ilya Prigogine (1917-2003): cuando un sistema, biológico, químico o social, se desvía demasiado y con demasiada frecuencia de su situación de estabilidad ya no logra recuperar el equilibro y se asiste entonces a una bifurcación. La situación se vuelve entonces caótica, incontrolable para las fuerzas que la dominaban hasta entonces».

No se trata simplemente de una crisis de sobreproducción. Al contrario que esta, la recesión no prepara ninguna recuperación. Las crisis se suceden y se encadenan sin recuperación alguna, las burbujas financieras se acumulan y explotan cada vez más regularmente. Las fluctuaciones son cada vez más caóticas y, por lo tanto, imprevisibles. La consecuencia de ello es una búsqueda del máximo beneficio por cualquier medio. En esta competencia exacerbada en situación de inestabilidad permanente el control de las fuentes de materias primas es un desafío todavía más importante que en el pasado. Ya no se trata solo de tener acceso para uno mismo a las materias primas sino de impedir que accedan a ellas los competidores (y en particular las economías emergentes: China, India, Brasil, etc.).

Amenazado en su hegemonía Estados Unidos responde por medio de la militarización y las demás potencias le siguen para preservar también el interés de sus empresas. «Desde 2001», señala el economista Philip S. Golub, «Estados Unidos ha emprendido una fase de militarización y de expansión imperial que ha trastocado profundamente la gramática de la política mundial». De Asia Central al Golfo Pérsico, de Afganistán a Siria pasando por Iraq, de Somalia a Mali las guerras siguen el camino de los lugares estratégicos de petróleo, del gas, de los minerales estratégicos. Ya no se trata de disuadir a los competidores y/o adversarios sino de llevar a cabo «guerras preventivas».

A la mutación de la base material del capitalismo corresponde una mutación de las formas de la dominación política. El principal objetivo ya no es instalar unos gobiernos títere que ya no pueden resistir de forma duradera a la cólera popular, sino balcanizar por medio de la guerra para hacer que esos países sea ingobernables. De Afganistán a Somalia, de Iraq a Sudán el resultado de las guerras es por todas partes el mismo: la destrucción de la propia base de las naciones, el desmoronamiento de todas las infraestructuras que permiten la gobernabilidad, la instalación de caos. A partir de ahora se trata de balcanizar las naciones.

Semejante dominación necesita una nueva legitimación formulada en la teoría del choque de civilizaciones. Esta teoría tiene vocación de suscitar unos comportamientos de pánico y de miedo con el objetivo de suscitar una demanda de protección y una aprobación de las guerras. Desde el discurso del terrorismo que requiere unas guerras preventivas hasta la teoría de la gran sustitución pasando por las campañas sobre la islamización de los países occidentales y sobre los refugiados vectores de terrorismo, el resultado esperado es siempre el mismo: miedo, pánico, demanda de seguridad, legitimación de las guerras, construcción del musulmán como nuevo enemigo histórico. La islamofobia es, efectivamente, una tercera edad del racismo que corresponde a las mutaciones de un capitalismo senil, es decir, que ya no puede aportar nada positivo a la humanidad, ya que solo puede aportar guerra, miseria, y la lucha de todos contra todos. No existe un choque de civilizaciones sino una crisis de civilización imperialista que exige una verdadera ruptura. Lo que tratan de evitar por todos los medios no es el fin del mundo sino el fin de su mundo.






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martes, 24 de noviembre de 2015

Baigorri el Quieto Refugio

El drama de los refugiados ha cobrado matices muy particulares a últimas fechas en Europa. Pero una vez más, en ese rincón casi olvidado que es Euskal Herria se abren las puertas a quienes huyen de la barbarie creada por el imperialismo neoliberal.

Les compartimos este reportaje publicado en Noticias de Gipuzkoa:

Los rostros de los refugiados que llegan a Euskal Herria

Siete inmigrantes se instalan en Baigorri para pasar unas semanas y preparar su porvenir
Cambian una zona de guerra por la quietud de la localidad bajo navarra de Baigorri, con un paso intermedio por la denominada jungla de Calais, donde miles de extranjeros sobreviven desde hace semanas en condiciones inhumanas en un campo de concentración improvisado. Un cambio drástico, si comparamos los días de guerra con la tranquilidad de este valle ubicado entre los montes de Iparla y Oilarandoi. Es un capítulo mas de la odisea de siete hombres que pasan sus primeros días en Euskadi tras instalarse el viernes en un centro de vacaciones en Baigorri. Son siete hombres que viajan solos y que han rechazado irse al Reino Unido, optando por el plan que busca ubicar durante el invierno a estos refugiados en distintas regiones. Dos son de Sudán, otros dos de Eritrea y los otros tres de Afganistán, Tajikistán y Kenia.

El Gobierno francés pretende ayudar a estas personas que sobreviven en condiciones más que deplorables y mejorar, al mismo tiempo, la seguridad en los accesos de los túneles del Canal de la Mancha. Bernard Cazeneuve, ministro galo de Interior, decidió hace unos días poner en marcha durante el invierno un dispositivo de acogida para las 4.000 personas que se encuentran en Calais. El Ayuntamiento de Baigorri ha decidido acoger a un máximo de 50 refugiados hasta mediados de febrero. París se hará cargo de los gastos y cuenta ya con una partida de 200.000 euros, que será gestionada directamente por el colectivo Aterbea de Iparralde, Cruz Roja y otros organismos humanitarios.

Uno de los refugiados, que prefiere mantener su anonimato, llega de Darfur. En su huida de una zona de conflicto ha tenido que atravesar África, Libia, Italia y Francia. Asegura que el viaje en autobús que duró 12 horas entre Calais y Euskal Herria no fue nada comparando con la pesadilla que supuso atravesar el Mediterráneo en un barco en el que hubiera podido perder la vida en cualquier momento. Lo resume con la palabra que para él define lo peor: “Bad”. Excepto la última, cada etapa le ha supuesto un importante desembolso económico. Sobre esta cuestión, este hombre de 23 años prefiere no dar más explicaciones sobre la cantidad que tienen que pagar. De su país natal, sólo evoca episodios de violencia. En un inglés muy limitado dice estar harto de tener que hacer frente a tantos problemas, poniendo en riesgo su vida de forma permanente. En su familia no es el único que optó por marcharse, ya que su hermana también se encuentra en la “jungla” de Calais. El joven espera que ahora ella también pueda acogerse a la hospitalidad de Baigorri. Al subirse al autobús en Calais, no sabía adónde iba exactamente aunque desde anteayer tiene claro que será más agradable pasar el invierno en casas modernas con calefacción.

De hecho, esta es la típica comunidad de vacaciones en Iparralde. Casas blancas con contraventanas rojas que destacan en el bucólico paisaje verde. Un auténtico palacio para personas acostumbradas a dormir en el suelo en un campamento improvisado en el que tan sólo se ofrecía una comida al día. En Baigorri, cada uno desayuna y cena en su vivienda individual ya que tan sólo las comidas reúnen a todos los huéspedes. Los jóvenes, que saludan ya con un sonriente “Egun on!”, participan en actividades como excursiones, partidos de pelota y danzas vascas.

El joven de Darfur sabe que no podrá ir al Reino Unido, por lo que tratará de construir un futuro mejor en el Estado francés, donde compatriotas suyos están ya afincados, por ejemplo, en Burdeos, Toulouse o París. Los demás también tienen unas semanas para pedir asilo en el país de René Cassin, padre de la declaración de derechos humanos.

Los siete refugiados explican que su primer contacto con Baigorri fue de lo más agradable, recibidos por una treintena de vecinos con el alcalde a la cabeza. Las miradas y sonrisas y los partidos de fútbol que ya han comenzado entre educadores, vecinos y refugiados favorecen la comunicación y crean momentos muy emotivos que demuestran que el idioma no es barrera entre las personas.

En los próximos días, si así lo desean, otros 43 refugiados más podrían llegar a esta localidad bajonavarra. Cientos de baigorriarras no olvidan que sus allegados emigraron a América y que la localidad acogió hace unas décadas a decenas de vascos del sur del puerto de Izpegi. En 1993, en plena guerra de los Balcanes, 130 bosnios llegaron al centro de ocio de Baigorri y cuatro familias que apostaron por integrarse en un ambiente euskaldun continúan viviendo en pueblos de la comarca. La experiencia muestra que la humanidad no entiende de fronteras, colores o religiones y que la diversidad enriquece a todos. Incluso en el pueblo de fuertes convicciones y valores que canta Zer litzateke Baigorri euskaldun ez balitz? (¿Qué sería Baigorri si no fuera euskaldun?)






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