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jueves, 4 de septiembre de 2025

Historia Entrelazada

El internacionalismo es la ternura de los pueblos, se nos ha dicho.

Pues bien, aquí tenemos una muy buena muestra de ello, se trata de una misiva que se ha hecho llegar al pueblo vasco en agradecimiento por haber salido a las carreteras y calles de Euskal Herria a decir fuerte y claro que no se iba a permitir que se blanqueara el ente genocida israelí en una justa deportiva.

Traemos el texto a ustedes desde Naiz:


Cuando lo vasco forma parte de nuestra historia

Horas después de que las protestas en Bilbo contra el genocidio en Gaza pararan La Vuelta, el jurista y activista palestino Fouad Baker expresa sus sentimientos ante esa denuncia, resalta su importancia política en estos trágicos momentos y agradece la solidaridad del pueblo vasco con Palestina.

Fouad Baker

Al gran pueblo del País Vasco,

A la multitud que llenó las calles de Bilbao, gritando desde lo más profundo de sus corazones y con todas sus fuerzas por la libertad de Palestina, por el boicot a Israel y por el fin del genocidio:

Lo que hicieron durante la undécima etapa de la Vuelta a España no fue un simple instante fugaz en una carrera deportiva; fue un sincero grito humano al mundo: Palestina no está sola.

Los vimos detener la carrera a tres kilómetros de la meta y cancelar la ceremonia del podio, convirtiendo una jornada deportiva en un momento claramente político. No hubo un ganador sobre el asfalto, pero sí un único vencedor en los corazones: Palestina. Izaron sus banderas, corearon su nombre y conectaron su dolor con el suyo.

Para nosotros, los palestinos, lo que ocurrió fue más que una simple protesta contra el Equipo Israel-Premier Tech.  Fue una declaración clara de que la ocupación no tiene cabida entre los pueblos libres, y que el deporte, al igual que el arte y la cultura, no está aislado de la sangre de los niños en Gaza ni de los muros del apartheid en Cisjordania. Con una sola voz, afirmaron que las ruedas de la ocupación no pueden escapar de la verdad, y que la imagen de Israel no puede pulirse con carreras mientras los pies de sus soldados pisotean el pecho de un pueblo desarmado.

Su pueblo ha conocido el significado de la libertad, por lo que era natural que estuvieran al frente de quienes coreaban por Palestina. En Bilbao, vimos un reflejo de nosotros mismos: una ciudad que vibra con historia y determinación, una ciudad que respira ciclismo pero no olvida sus valores, una ciudad que le dijo al mundo: «El deporte no es inocente cuando permanece en silencio ante la injusticia».

Queridos amigos vascos:

Lo que han hecho añade un nuevo ladrillo al muro de la solidaridad global con Palestina y confirma que la ocupación avanza hacia un aislamiento cada vez mayor, tal como ocurrió con el régimen del apartheid en Sudáfrica.  La caída del apartheid fue el resultado de la voz del pueblo y la presión popular, y hoy continúan por este camino mediante el boicot y la protesta hasta que llegue el día en que caigan los muros de la ocupación y Palestina se levante libre.

Les expresamos nuestra gratitud, al igual que nuestro compromiso: continuar la lucha conjunta por la libertad y la dignidad, y preservar este puente humano que construimos con ustedes en las calles de Bilbao. Han demostrado que la solidaridad no es un eslogan, sino una acción que sacude las ciudades, detiene las carreras y hace historia.



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sábado, 2 de agosto de 2025

Egaña | Cómplices

Europa ha quedado retratada como cómplice del genocidio cometido por la entidad sionista en contra del pueblo palestino.

Ante los videos e imágenes que nos llegan de Gaza, testigos silentes de la campaña de limpieza étnica llevado a cabo de forma sistemática por Netanyahu y sus cómplices, países como Alemania continúan criminalizando la solidaridad con el pueblo palestino, sin importar que para ello se monte un operativo policíaco en contra de una niña de trece años.

Vean lo que nuestro amigo Iñaki Egaña nos dice en su muro de Facebook:


Cómplices

Iñaki Egaña

El diccionario de la Lengua española define la humanidad con términos como sensibilidad, compasión de las desgracias de otras personas, altruismo, filantropía. Supongo que se refiere a la naturaleza humana. Otra acepción nos circunscribe al género humano. Cualquiera de las dos sin embargo, tiene tantas ramificaciones que al día de hoy no me atrevo a usar ni una, ni otra. Estamos asistiendo en directo a un genocidio en Palestina, en nombre de una razón superior y utilizando la vara divina como excusa. Hambruna provocada, muertes en las filas del pan, bombardeos sistemáticos, propaganda supremacista que lo justifica… inanición de los estados y una hipocresía vergonzante de la mayoría de las elites políticas dirigentes que animan a recordar la frase de Mafalda, aquel entrañable personaje de Quino: “Paren el mundo que me bajo”.

Parece, además, que matar también tiene categorías. No es lo mismo sucumbir ante el peso de los bombas, frente a las balas de un francotirador, a consecuencia de la metralla, que por desnutrición. Una muerte lenta, agónica alargada durante días, semanas, el cuerpo deteriorado, el semblante adquiriendo la imagen de cadáver antes del óbito. El genocidio se transformó en guerra, los bombardeos en actos preventivos… pero la hambruna es otra cosa. Ese es el recorrido que algunos líderes políticos de Occidente han seguido. Expirar en un supuesto campo de batalla era digerible. Hacerlo sin pólvora de por medio ya no permite fingir. Nadie está a salvo de la angustia de ver a un niño demacrado, agonizante. Es nuestra hipocresía utilizada como escudo emotivo.

Pero eso también tiene límites. Se puede empatizar hasta cierto punto. Macron acaba de señalar que París reconocerá al Estado palestino, mientras sus empresas armamentísticas siguen transfiriendo a Israel decenas de millones de euros anuales en componentes bélicos. Nada nuevo. A pesar de que la ONU decretó el embargo de armas a la Sudáfrica del apartheid, Francia siguió vendiéndolas, mientras sus dirigentes se llenaban la boca contra el racismo. Dulcie September, delegada en Europa del ANC, que denunció el contrabando entre Pretoria y Paris, fue muerta en la capital francesa. Asesinato sin resolver: los servicios secretos franceses. ¿Qué decir de EEUU y Alemania? Exportadores VIP de armas a Israel. España importa de Tel Aviv como el que más. Y Londres que, según recientes informaciones, ha ayudado a Israel en más de 500 vuelos de inteligencia para bombardear Gaza. Hasta el Fondo Horizonte de la Unión Europea ha financiado operaciones militares israelíes. De nuevo, la hipocresía de Occidente.

El diccionario de la Lengua francesa apunta también a que “humanité”, es el conjunto de individuos perteneciente a la especie humana y una segunda acepción la iguala a la definición española, la de la empatía. Papel mojado. No puedo categorizar en qué momento se perdieron los significados. Quizás jamás estuvieron activos. Porque nuestra trayectoria “humana” nos deja un poso sanguinario que cuando uniformamos el pasado apenas lo citamos en cifras. Para evitar un deslizamiento inquietante. Más aún cuando se trata de hambrunas, a las que calificamos como catástrofes naturales, como si trataran de tragedias inevitables, del tipo de los terremotos, las sequías o los tsunamis. Despojamos a las mismas de haber sido inducidas y las esquivamos en las estadísticas. “Nuestra ignorancia de la historia nos hace calumniar nuestro tiempo. Siempre hemos sido así”, escribía Gustave Flauvert. Se refería a que nuestra época, la de Gaza, la de Sudan, que, aunque no son la suya, sino las nuestras, las vivimos como las más horrendas de la historia. Y esa humanidad que no aparece en las dos acepciones de los diccionarios hispano y francés, ha sufrido asimismo terribles calamidades. Estratosféricas. Inducidas, precisamente, por ese Occidente cuya pauta marcan en la actualidad Washington y Tel Aviv.

El modelo que exportamos en las colonias europeas fue el que se repite en 2025. Primero la exterminación, en algunos casos abriendo reservas para los nativos, como la propuesta por Donald Trump y Benjamín Netanyahu para los gazatíes. Con la boca grande. Con la pequeña, los estadounidenses expulsan a Guantánamo, los italianos a Albania, los australianos a Papúa Nueva Guinea, los británicos a Ruanda. El segundo proceso llegó con el asentamiento, ubicando europeos, de tez blanca, chaqueta y bancos extractivos.

Lo hicieron los predecesores de Macron en Argelia, primero para colonizarla, derrotando a los nativos y luego recluyéndolos para que fueran difuminándose por inanición. Y cuando décadas después los propios argelinos quisieron desprenderse del yugo colonizador, mandaron a sus avanzadillas. No se trataba de los cazabombarderos F-16 y los helicópteros Apache que usa Israel en Palestina. Sino de la Legión extranjera y la elite de choque, los paracaidistas que aún mantienen su base en Baiona. Tortura, ejecuciones extrajudiciales, violaciones, hambruna. Fueron los maestros de la “guerra moderna”, del genocidio entonces sin imágenes.

Londres conquistó el subcontinente indio, en Asia, y el recuerdo de colonos y militares inundan las metrópolis del Reino Unido. El genocida Wellington también arrasó Donostia a su vuelta. Sucedió que rompiendo la tradición hindú de guardar cosechas para cuando los monzones no fueran benévolos, acaparó para sus islas británicas el arroz de esas cosechas. Cuando el monzón falló, la hambruna se apoderó de la India. Resultado: 27 millones de muertos de hambre. ¿La culpa oficial? Nadie ha oído hablar del tema. ¿La culpa real? Londres y su avaricia. Haití: medio millón de muertos por querer dejar de ser esclavos. Suma y sigue.

Denis Diderot, compatriota de Flauvert, escribió: “Los hombres nunca serán libres hasta que el ultimo rey haya sido estrangulado con las entrañas del último sacerdote”. Autocensura. No me atrevo a dictarlo, porque mañana me tildarían de incitación al odio. Así que concluyo con la frase de Mafalda. Paren el mundo.

 

 

 

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lunes, 7 de julio de 2025

Entrevista a Juan Carlos Mesas

En su recuento de los sanfermines de 1985, Pello Guerra nos hace mención de la fuga de los presos políticos vascos Iñaki Pikabea y Joseba Sarrionandia justo el día del txupinazo.

Pues bien, para tener una idea más completa del estado de las cosas en esa época, desde Naiz traemos a ustedes esta entrevista a quien era director de eso centro penitenciario en esa fecha tan presente en el identitario cultural vasco.

Adelante con la lectura:


«La idea fundamental es que los presos pasen por la prisión, pero que la prisión no pase por ellos y, sobre todo, que no salgan peor que cuando entraron»

Juan Carlos Mesas | Director de la prisión de Martutene el 7 de julio de 1985 | La fuga de Martutene ha solido ser relatada desde el punto de vista de quienes obraron aquel hecho histórico, pero la realidad es que aquel suceso puede tener, y tiene, una visión poliédrica. Cruzar al otro lado puede ser un ejercicio tan complicado como necesario y, Juan Carlos Mesas, director de la prisión el 7 de julio de 1985, ofrece a 7K su perspectiva de los hechos ocurridos ese día. Cuatro décadas más tarde, regresamos a Martutene.

Ariane Kamio

¿Cuántas veces se agita una bola de nieve? Exceptuando la primera vez, diríamos que casi ninguna. Pueden permanecer durante años olvidadas en una estantería, tantos como cuarenta. Para quienes no vivimos con consciencia los años 80, la épica de una fuga como la de Martutene alcanza unas latitudes aún mayores en el imaginario, y se fosiliza como un rastro imborrable para las personas que sí la palparon. Es, sin duda, un hecho que quedó sellado en la memoria colectiva de la sociedad vasca.

Intentar realizar un trabajo periodístico cuarenta años después de que hubieran sucedido los hechos es una tarea tan placentera como complicada, pues ofrece la posibilidad de ejercer de ratón de biblioteca y hurgar en los archivos, pero también eleva el muro traicionero de la memoria, y es que resulta muy difícil recordar hechos concretos. Entonces, ¿por qué no encontrar a alguien que cuente lo sucedido desde otra perspectiva?

La de Juan Carlos Mesas es una visión necesaria para contemplar aquellos convulsos años desde un punto de vista diferente (y sorprendente), y realizar un acercamiento personal a esos acontecimientos. Y decimos sorprendente porque el relato del que fuera director de la prisión el 7 de julio de 1985 podría realizarse sobre un manto de rencor. Pero, nada más lejos de la realidad, Mesas se expresa sobre la no venganza, la reinserción y la labor social dentro de las prisiones. Esta es una historia sobre las que pocas veces florecen oportunidades de acercarse y conocer. Una ocasión para agitar de nuevo la bola de nieve y ofrecer otra mirada.

Nos gustaría que nos hablara de su paso por Martutene y de los proyectos que tenía allí. 

Yo llegué allí el 31 de mayo de 1983 como director, pero había estado antes como jefe de servicio desde el 79 al 82. Ya había estado tres años anteriormente, conocía la casa y conocía el ambiente. Es una prisión de preventivos, en principio, y seguirá siéndolo, creo, y Nanclares era la de cumplimiento. Nada más llegar, tuvimos ya una buena entrada: inundaciones en el País Vasco.

Sí, esas fueron sonadas. 

Tuve que ir en barca al cuartel de Loiola para coger pan, al menos para que los “clientes” estuvieran bien atendidos porque, si no, se podía montar un motín.

El río transcurre junto a la prisión. 

El caserío que estaba justo al lado estaba todo inundado, también la prisión. Y nada, tuvimos que salir en barca a por la comida. Recuerdo que, cuando se quejaba, digamos, el “cliente autóctono”, se quejaba de la comida. En esto tengo que decir que la única comunidad religiosa que se mantiene en una prisión es en la de San Sebastián, que son las hermanas de la comunidad de Santa Ana. Una de ellas estaba en el departamento de mujeres, que hacía prácticamente la labor de funcionaria, pero estaba ella sola -eso era en los primeros años, pero luego ya cuando llegué de director ya había funcionarias-. Pero, vamos, a una hermana la teníamos en el departamento de mujeres, había otras dos hermanas -Balbina y de la otra no recuerdo su nombre- que se encargaban de la cocina, y luego estaba “La Maña”, que se encargaba de la enfermería y... ¡esa sí que tenía coraje! (se ríe). Si tenía que coser alguna herida, lo hacía a pelo: “¿Cómo que anestesia? ¡Venga, hombre! ¿No eres tan hombre para cortarte? ¡Pues ahora aguantas!”, decía. Luego estaba ya la madre superiora arriba, en el pabellón que tenían asignado las hermanas, y otra hermana más, lega, la cocinera.

Imagínate cómo era la comida, hecha por las monjas y con la filosofía de la cocina vasca. Lo aprovechaban todo y, si había pescado, que no les gustaba mucho (a los reclusos), por la noche solía haber unas croquetas deliciosas de pescado. Esto viene a colación de que muchos se quejaban de la comida que servíamos. Cada mañana se repartía una barra entera de pan para la comida...

¿Para cada preso? 

Sí, sí, para cada uno. Y estos igual dejaban hasta la carne, que era de buena calidad, que no eran tropiezos, y yo veía a los muchachos de África cómo abrían el pan entero y, con todo lo que les sobraba a los compañeros de al lado, se hacían unos bocadillos tremendos. ¡Cómo se lo comían esos muchachos! ¡Qué alegría tenían en esos ojos! Y esa era la situación que teníamos.

El funcionario de prisiones va con su voz, es lo único que tiene, y su autoridad, que se supone que van a respetarla. Pero en los momentos en los que ellos (los presos) van a por todo, de respeto nada. Solía haber muchas peleas entre chavales muy jóvenes, con la sangre muy caliente, y cada dos por tres teníamos un percance, alguna historia: cortes, intento de sublevación... En la cárcel, además de la hermana que ejercía de enfermera, teníamos un médico y un practicante. El practicante... me acordaré del nombre... era de Hernani. Si le llamabas por la noche, venía en pijama.

Otro de los mecanismos que utilizaban los reclusos era simular una lesión o una enfermedad para salir al hospital (en los hospitales tampoco había las medidas de seguridad y control que hay ahora), así la visita familiar se autorizaba y la familia le acercaba un poco el “producto”. Tampoco había mecanismos de control, ni rayos X, ni una brigada canina...

Había menos medios. 

Efectivamente. No había prácticamente ninguno. Había tres mandos en prisión: director, subdirector y administrador, había tres jefes de servicio y luego ya estaban los funcionarios del grupo de ayudantes. Por la situación crítica que se vivía en el exterior, los funcionarios pedían el traslado cada seis meses y se les otorgaba, con lo cual, el día de autos la plantilla era absolutamente bisoña. No llegaba a la semana desde que entraron dentro. Venían generalmente de la escuela, por lo que no sabían lo que era una prisión desde dentro. Esa fue una de las circunstancias que ocurrieron aquel día. Y otra fue que tuve que hacer un cambio de jefe de servicios y eso trastocó un poco la dinámica que tenía yo. Tuve que cambiar al jefe del centro, al jefe de la planta alta, que era donde estaba el salón de actos y donde tuvo lugar la actuación (de Imanol Larzabal)... Hubo una serie de circunstancias que propiciaron lo que después ocurrió.

La pregunta que se ha hecho mucha gente es cuántos había. Pues el día de autos yo ahora mismo no lo sé. El otro día quise recordarlo pero creo que entre el 5, 10 o 15 por ciento de la población eran chicos de ETA. ¿Y por qué estaban allí? Yo no preguntaba nunca a mi director general, ni mucho menos. A Martutene llegaban generalmente por razones humanitarias. Recuerdo a uno de Hernani que vino porque su padre estaba prácticamente moribundo y le dimos comunicación con el padre, incluso le tramitamos el traslado a través de la Guardia Civil a Hernani para que pudiera visitarlo. Había gente de Hernani que quería saludarle y también se autorizaba...

Todos eran trasladados por razones familiares, ¿no es así? 

Así es. Una vez la causa por la que habían llegado a Martutene se cumplía, pedíamos otra vez el traslado al centro que correspondiera. En el caso tanto de Joseba (Sarrionandia) como de (Iñaki) Pikabea, sus causas del traslado aún no se habían cumplido y fue otra de las circunstancias que se unió a todo el cúmulo de aquello.

Según se lee en los archivos de los diarios de aquel año, Sarrionandia fue trasladado por motivos de salud de la que entonces era su pareja, y Pikabea, por su padre. 

Eso es. Pikabea me parece que era de Rentería. Sí, que luego su hermano, tras la fuga, me dijo que lo sentía mucho, pero que era su hermano. Pues bueno, yo también lo siento, pero me parece que me van a dar boleto (dice con ironía).

Y, ya te digo, con esa bisoñez, y con todo esto, ocurrió lo que ocurrió. Nosotros habíamos fomentado lo que era la apertura de la prisión a la sociedad, que seguía formando parte de la misma. Organizábamos conciertos... Me acuerdo de una anécdota de la que todavía se reirá alguno: en el patio de menores soltamos una vaquilla, claro que a mí me soltaron el 7 de julio otro tipo de vaquillas (vuelve a reincidir con ironía), y luego había que meterla en el camión... Había actuaciones musicales... Ese día me acuerdo que uno de los que estaba de intermediario le llamaban “El pulpo”, pero era un exdelincuente...

...En aquella época se tomaba cerveza con alcohol dentro de las prisiones, y en la época anterior a la nuestra se tomaba la pinta de vino. Luego esto lo mezclaban con alguna que otra pastilla que el médico recetaba por razones médicas, y teníamos la tarde torera a veces. Y lo del médico era la visita del médico: venía a las 11 y se iba a las 12. El practicante se llamaba Primitivo.

¿El de Hernani? 

Sí, Primitivo, que, curiosamente, paradojas de la vida, era el suegro del director de “Egin”.

¿De cuál de ellos? 

Sí, de ese que ha estado en Burgos cumpliendo hasta hace poco (se refiere a Jabier Salutregi). Coincidí con él durante mi última etapa en Burgos. Me acuerdo que Primitivo nos invitó a tres o cuatro compañeros a su txoko y estuvimos comiendo con él y su familia. Paradojas de la vida.

Aquel 7 de julio había, además, bastante trajín en la prisión porque, aparte del concierto de Imanol, también estaban emitiendo un programa de radio en directo. 

Efectivamente, “Discos dedicados”. Fueron Emilio Laguna y Máximo Valverde. Eso se hizo en el comedor, hacia las 13:00, una vez terminado el concierto. Lo que pasa es que tuve también otra circunstancia, y es que el subdirector de régimen que tenía yo en prisión aprobó el (examen) de cuerpo técnico y tuvo que ser trasladado y ese era un poco....

¿El que más controlaba? 

Eso es. Yo me dedicaba un poco más al exterior y el controlaba un poco más el interior. Esa es otra de las circunstancias que afectó a todo lo que ocurrió.

La gente me preguntaba: “¿Por qué no has hecho un recuento después de la actuación?”. Y dije, “porque teníamos los ‘Discos dedicados’”, y tampoco piensas que vaya a ocurrir algo así. Quizá algunos de estos de la prensa, de los todólogos, los tertulianos, dirían que fue por el “buenismo”, y no era “buenismo”, la cuestión era cumplir con la ley y hacer las cosas conforme al reglamento.

El 7 de julio vino el inspector inmediatamente. El director general de entonces, Juan José Martínez Zato, estaba en un congreso en Viena. El inspector general se llamaba Ángel Lara Ronda, era un psicólogo de Burgos. Tampoco había el organigrama que existe ahora en la institución penitenciaria.

¿Era más simple? 

Sí, había un director general, un inspector general y los subinspectores. Pues el inspector vino, hizo el informe, pero el día 7 no me cesan, el 8 tampoco, el 9 tampoco, el 10 tampoco... Me cesan el 11 de julio. Bien. Para los vis a vis, la comunicación íntima, adecuamos dos cuartitos, porque aquella prisión obsoleta de los años 50 la tienes que adaptar a un reglamento penitenciario absolutamente progresista. Entonces, el vis a vis era de una a tres horas. Había muchas solicitudes y solo dos cuartitos, por lo que interpreté que se podrían dar para cada preso al mes tres vis a vis de una hora, para que todos pudieran acceder y que no solo una persona ocupase las tres horas. Además, el vis a vis tenía que ser por la tarde en un horario acotado. Luego también se ampliaron a las relaciones familiares, que podían ser de seis horas, y con ello quiero decir que nos adelantamos un poco a lo que luego fue la reforma del reglamento. Entonces yo tenía un cuadernillo donde anotaba quiénes iban comunicando, así evitaba que se saltara el orden. Yo tenía ese librillo en mi despacho de dirección y un funcionario, como diría El Quijote, de cuyo nombre no quiero acordarme, cuando yo estaba fuera con el inspector, entró acompañado por una psicóloga que era representante de UGT -¡qué paradoja!-, y estos dos, y otros que se unieron a la causa, dijeron que yo era un “filoetarra” tras abrir el cajón y coger ese cuaderno. Dijeron que les estaba dando comunicaciones a los etarras, que estaba favoreciéndolos... cuando en realidad era para toda la población interna.

Era un régimen general. 

Eso es, era para los Sodupes, los Erasun, los Do Campo, era Asensio, era el Noya... Todos tenían su comunicación... Pero bueno, eso es lo que hay. Al final me llamaron de la institución general y me preguntaron si era cierto que existían esas comunicaciones con esa frecuencia. Podría haberlo negado por agarrarme al sillón, como hace todo el mundo, pero dije que sí, que era cierto. Y así, el día 11 por la tarde se me comunicó la decisión. Y ahí se me vino el mundo abajo. Pero hay que superarlo, hay que ser como Alcaraz, ¡hasta el quinto set! De todas formas, tras finalizar el expediente, ningún funcionario fue sancionado.

Y el 3 de enero del 86 me incorporé a Basauri como jurista -entonces era obligatorio tener la licenciatura de Derecho y los estudios de Criminología-. Cuando fui a tomar posesión del cargo, me acuerdo pasando por los Altos Hornos de aquella época, iba con la radio puesta y escucho “Sarri, Sarri, Sarri...”, y digo, “joder, ¿de qué me suena esto a mí? ¿Esto qué es?”. Pero bueno. Y eso ha sido todo.

¿Considera que su labor como director de prisión era más humanista que vigilante? 

Es lo que dicen la ley y el reglamento. El 25/2 lo dice bien claro: la reinserción y la resocialización del interno. Hay varios lemas en prisión y yo heredé uno que era “al caco, cazo y tortazo”. Eso había que eliminarlo por razones claras; no puede haber tratos inhumanos y degradantes. Y luego había otro que decía que “el delito queda en la puerta, y entra el hombre”, y nosotros tenemos que tratar con el hombre, no con el delito. Muchas veces se revictimiza otra vez al delincuente diciendo, “¡coño, es que has cometido este delito!”. Vale, ya está, cometido: le han juzgado, le han condenado y ahora tenemos que hacer nuestra labor, que no es más que tratar que no vuelva a cometer este delito e intentar integrarle en la sociedad de la mejor manera posible. No puedes estar todo el rato intimidando a los presos, tienes que empatizar. Lo fundamental es conocer al interno, saber cuáles son sus carencias, sus necesidades y, en la medida de lo posible, humanamente, tratar de favorecer en lo que sea posible.

Y luego hay que tener en cuenta que nosotros antes, sobre todo en la etapa del 79 al 82, estábamos 24 horas dentro de la prisión, entonces, tenías que estar con ellos mañana, tarde y noche. Es una convivencia muy fuerte. Se trata de conocerles, orientarles y, en la medida de lo posible, que no vuelvan por esos sitios, que no son muy agradables.

De todas formas, usted sí que aplicaba la ley de una forma más progresista. Organizaba partidos de fútbol, acercaba la cultura a los presos... 

En la medida que era posible, sí, y eso entraba, efectivamente, dentro de ese aperturismo. Si ellos forman parte de una sociedad, tienen derecho a que todo lo que ocurra en la sociedad pueda ser trasladado al interior.

En el 83 estuve en menores, y ahí estuvo Leño, el cantante este... el famoso Rosendo (Mercado). Ahí se lo pasaron de miedo. Había un salón de actos enorme, era Carabanchel, era distinto. Pero el espíritu es un poco, no digo lo mejor, pero que (la estancia) sea lo menos mala posible. No estamos para torturar, no estamos para castigar más. El castigo ya lo tienen con estar privados de libertad, que es lo más maravilloso que hay en esta vida. El que quisiera, podía apreciar esa política penitenciaria.

Otro dicho de la época anterior era, “ojo de buey, diente de lobo y, si te preguntan, hazte el bobo”. Esa también fue otra de las circunstancias que ocurrió en el día de autos, porque luego un compañero bisoño me comunicó a posteriori que no oía nada de los bafles. Y le dije a ver por qué no dijo nada al jefe de servicios. Pero bueno, lo pasado pasado está y ahí se quedó el tema.

¿La falta de experiencia de los funcionarios fue clave en su opinión? 

Sí, claro. Cuando un funcionario ve que eso no suena y tiene experiencia, diría, “¿esto qué pinta aquí? y, además, ¡con el tamaño que tiene! ¡Qué coño hace esto aquí si no suena!”. Como te he dicho, cuando estuve en Carabanchel, aprendí lo que no estaba escrito.

En España, digamos que existe una diagonal formada por las cuatro prisiones más importantes de la época franquista, El Dueso, Burgos, Ocaña y el antiguo Puerto de Santa María, de primer grado. Yo vengo de una época en la que todo era disciplina y una especie de “bukelismo” e intenté abrir un poco y cumplir lo que dicen la ley y el reglamento. Un poco siguiendo el espíritu que nos insufló Carlos García Valdés, el autor de la Ley General Penitenciaria. Es el derecho penal mínimo, no podemos seguir siendo una sociedad punitivista que castigue todo.

Creo que hoy en día, y te lo digo de memoria, la población reclusa en España es de 50.000 personas y, si te fijas en primeros, segundos y terceros grados, la mayoría está en segundo grado, que es el grado ordinario; el tercer grado está aumentando muchísimo y luego en primer grado están los borrocas, que están todo el día con la movida, pero quedan muy pocos. ¿Eso qué quiere decir? Pues que el clima social en las prisiones españolas es más o menos el idóneo para poder trabajar y que solo quedan cuatro resistentes o recalcitrantes. Y, dentro de los que están en primer grado, no sé si quedará alguno de la banda, porque por la razón de tipo de delito y el comportamiento que tengan en el centro penitenciario, la situación cambia. Pero, vamos, un compañero me dijo el otro día que prácticamente todos están ya en el País Vasco.

Sí, se acabó con la dispersión. 

Eso es.

¿Ha tenido noticias durante estos años de las personas que se fugaron? 

He seguido algo a través de la prensa, aparte de que un amigo mío me manda cada 7 de julio la canción “Sarri, Sarri” por Whatsapp (se ríe)...

¿Tiene un amigo que le envía todos los años la canción? 

Sí, cada 7 de julio. Bueno, sabes cómo me llamaban a mí al final, ¿no?

Pues no, no tengo ni idea. 

Me llamaban “El bafles”. Pasé por tres fases. Con mi primer jefe de servicios me llamaban “El legal”. Luego, cuando estuve en menores, me llamaban “El charlas”, porque pasaba por todas las celdas para que no se sublevaran; prefería dar charlas antes de que hicieran algo peor. Y luego ya, cuando estuve en San Sebastián, “El bafles”. Luego en Burgos, en mi última etapa, hacía muchas salidas programadas, y me llamaban “Don Mesas, el de los paseos”.

Las últimas semanas hemos tenido la ocasión de hablar con algunas personas que estuvieron recluidas en Martutene bajo su dirección, y todos coinciden en que el ambiente que se vivía en el centro era bastante tranquilo. 

Claro, porque ellos venían de un “bukelismo”. Algunos me decían que tenían más libertad en Martutene que de dónde venían en la calle. Pero la labor no fue solo mía, sino de toda la plantilla. Sí que hubo alguno que me puso palos en las ruedas, además uno en los que más confiaba, y luego lo de aquella psicóloga, que a través de UGT me pusieron como un “filoetarra”. Si le contara todos los comandos que pillaron con información mía, con mi domicilio y toda la historia... Pero bueno, yo tenía las cosas muy claras y tenía también la voluntad de integrarme. Es verdad que podía haber sido un objetivo fácil. En San Sebastián mataron a Ramón Domínguez Murillo, luego a (Francisco Javier) Gómez Elosegi, cayó también Máximo (Casado), que estaba en Nanclares y vivía en Vitoria, también integrado... Yo hacía una vida normal, iba a los txokos, a mi Parte Vieja maravillosa... Lo que nos hemos llevado mi mujer y yo es que nos hemos comido y nos hemos bebido todo San Sebastián: desde la Cofradía de Pescadores de Hondarribia, pasando por Oyarzun y un montón de sitios más.

Cualquiera en su situación contaría aquellos hechos con bastante más rencor. 

No... Hay que tomar las cosas como vienen. Yo tenía la ilusión de abrir más si cabe el centro penitenciario, aunque era una prisión de preventivos, pero podíamos dejar cumplir allí a la gente de jardineros, de ordenanza de exterior... porque en frente también estaba la de menores, donde había puestos de trabajo. Acogían a menores directamente bajo el tercer grado. Muchas veces decíamos que en Martutene estaba el triángulo de las Bermudas, donde se perdían muchas vidas humanas: teníamos los menores, nosotros en el centro y en el otro lado estaba el cementerio o una especie de sanatorio (Psiquiátrico Provincial de Gipuzkoa, en Zorroaga).

Y lo que ocurrió ese día es algo que me ha tocado. Luego he intentado disfrutar lo máximo de mi trabajo. Me ha satisfecho mucho que la gente vea que la vida merece vivirla sin tener que delinquir. Y me acuerdo de Lole y Manuel, que eran dos andaluces cantantes, y una vez le preguntaron a Manuel si había trabajado mucho. Respondió: “¡Qué va! Yo no he trabajado nunca, yo he hecho lo que me gusta, la guitarra”. Pues yo pienso algo parecido, he hecho algo que me ha gustado, que era la función penitenciaria entendida como mecanismo de integración, si es posible, claro. Porque yo no quiero que lleguemos a ser como la sociedad americana, con ese espíritu de venganza. Y no digo que los reclusos sean hermanitas de la caridad, que no lo son, pero si las leyes están así...

¿Hay que aplicarlas? 

Claro, es fundamental. Si no, vamos hacia un deterioro. El otro día me enviaron un vídeo maravilloso donde levantan un monumento en recuerdo al genocidio de Gaza y nuestros futuros nietos nos preguntan, ¿y qué hiciste tú? Ahora mismo, la derecha civilizada, si es que la hay en este país, está creando un monstruo. Pero bueno, me estoy desviando...

Para nada, es muy interesante lo que cuenta. 

Lo que quiero decir es que la cárcel es un medio en el que la idea fundamental es que ellos pasen por la prisión, pero que la prisión no pase por ellos y, sobre todo, que no salgan peor que cuando entraron; el delito queda fuera y entra el hombre, que es con el que tenemos que trabajar y, en la medida de las oportunidades que tengamos, a través de la psicología, educadores, asistentes sociales... que el preso tenga una vía de salida para su vida y que tenga un cauce. Y no sé si hay alguna pregunta más...

No quiero robarle más tiempo. 

Ahí tenemos a Mandela, que es ejemplo de muchos políticos, y también puso alguna que otra bomba.

Sí, también luchó contra el apartheid. 

Hay que estudiar la otredad.

Muchas gracias por atendernos. Cuídese. 

Eso haré. Me espera una corvina al horno.

 

 

 

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lunes, 2 de junio de 2025

¿Quién Ordenó el Desalojo del Alicia?

El pasado viernes 30 de mayo ocurrió un hecho en la Ciudad de México que nos regresó a los días más duros de la vascofobia generada por el régimen de José María Aznar y de su lacayo, Vicente Fox.

De la nada, fuerzas policíacas, ejército y Guardia Nacional ordenaron el desalojo del concierto de Fermin Muguruza en el Multiforo Alicia.

Hoy en La Jornada dan seguimiento con el planteamiento que ha llevado a cabo el artista vasco:


"Necesitamos saber quién dio la orden de ese operativo": Muguruza

El compositor y productor vasco se pronunció sobre la cancelación de su concierto en el Multiforo Alicia

René Ramón

El artista vasco Fermín Muguruza exigió que se finquen responsabilidades para quienes cancelaron el viernes su presentación en el Multiforo Alicia y lamentó que las autoridades de los tres niveles de gobierno ahora digan que nada tienen que ver con la represión en el evento artístico-musical, del cual fueron copartícipes la Guardia Nacional y el Ejército Mexicano.

El compositor y productor se pronunció al respecto la tarde del sábado durante un concierto gratuito en el Festival Cultural de Ska, en el deportivo Ciudad Jardín, con motivo del 62 aniversario de Ciudad Nezahualcóyotl.

"La policía, la Guardia Nacional y el Ejército van a detener nuestro concierto. Hoy ni siquiera la alcaldesa de Cuauhtémoc (Alessandra Rojo) y tampoco la jefa de gobierno (Clara Brugada, dan una explicación); dicen que no tienen nada qué ver. Por eso exigimos responsabilidades."

El autor de Euskal Herria Jamaika Clash, uno de sus temas más emblemáticos, que fusiona el ska y el rock vasco, saltó al escenario durante la segunda canción y fue al término de ésta que habló de lo ocurrido la noche del viernes.

"Algo aquí va mal"

“Queridas y queridos compas de México: permitirme que salude en primer lugar a todos aquellos que estuvieron ayer (el viernes) en el foro y que no cayeron en la provocación.

"Necesitamos saber quién dio la orden de ese operativo, por qué y para qué. Lo único que sabemos es que hay algo aquí que va mal. La policía, la Guardia Nacional y el Ejército van a detener nuestro concierto."

El cantante, simpatizante de movimientos mundiales de izquierda, quien apoya a Palestina y otras luchas sociales e interraciales, como el que encabezó Nelson Mandela en Sudáfrica, agradeció al público que lo vino a escuchar a Ciudad Neza.

La copiosa lluvia que se soltó casi tres horas antes del concierto no impidió que cientos de personas presenciaran el espectáculo del cual no pudieron disfrutar en el Multiforo Alicia de la Ciudad de México.

Fanáticos del ska y del arte urbano lamentaron la postura de los tres niveles de gobierno tras los hechos ocurridos la víspera.

"Como siempre, todos se echan la culpa y como Poncio Pilatos se lavan las manos", exclamaron los asistentes, quienes manifestaban su solidaridad con Fermín Muguruza.

Denise Flores, vecina de esta localidad, colocó una cartulina sobre la reja de seguridad en apoyo al artista vasco.

"Es vergonzoso lo que pasó en el Alicia", y por eso ella, su esposo y su hija asistieron al concierto para manifestar su respaldo.

"Es una lástima que las autoridades le hayan tenido miedo a cuarentones, cincuentones y sesentones que son los fanáticos que se presentaron al concierto en el Alicia. !El pueblo unido jamás será vencido!"

Marcos, vecino de San Lorenzo, en el municipio de Chimalhuacán, llegó con su sobrina y su hermana "porque Fermín tiene 100 por ciento nuestro apoyo y porque lo ocurrido no debió haber sucedido".

Kamala, de la banda Los Espectros de tu Jefa, también se dio cita para apoyar a Fermín: "No se vale, no se pueden permitir estos abusos de autoridad, estamos todos unidos contra el fascismo. ¡Fermín, estamos contigo: Kamala y los Espectros de tu Jefa, aquí estamos todos presentes. Y siempre, siempre, adelante!"

Hasta las 21 horas y bajo una pertinaz lluvia, Fermín Muguruza y su banda de ska continuaban deleitando al público que llegó de diversos municipios y alcaldías de la zona metropolitana del valle de México.

Lucha contra la opresión

El concierto fue un homenaje a todas las personas que en Latinoamérica, en África, en Palestina, en el país Vasco y otras naciones del mundo han luchado contra la opresión.

El artista enamoró a su público cuando dedicó una de sus canciones a Pancho Villa y a Emiliano Zapata. La gente bailó, gritó y desató toda su energía al ritmo de ska, sin importar lo frío del viento ni la intensa lluvia.

Muguruza publicó ayer en sus redes sociales fotos de su presentación en Ciudad Neza y compartió:

"Lo de ayer noche, a pesar de la lluvia tenaz, fue el pogo de la revancha. Pero seguimos exigiendo saber la verdad sobre lo que ocurrió anteayer en el Foro Alicia: quién organizó el operativo, quién dio la orden, porqué, para qué."

Fermín Muguruza es músico, productor y documentalista; en su obra defiende a los pueblos oprimidos y tiene una fuerte postura política.

Empezó en la música en 1984, cuando fundó la banda Kortatu. A pesar del tiempo transcurrido, muchos jóvenes comparten sus valores y reconocen su activismo.

En 2006 comenzó a producir documentales y, en ese mismo año, fundó la productora musical y cinematográfica Talka Records and Films, donde ha trabajado de director, guionista, productor y creador de bandas sonoras originales.

Actualmente es el programador de las secciones de documental musical de los festivales DocsDF de México y Cine Migrante de Argentina.

 

 

 

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sábado, 29 de marzo de 2025

Egaña | Lo Que no se Ve no Existe

Les recomendamos la lectura de este texto que Iñaki Egaña ha publicado en su perfil de Facebook, les ayudará a entender la actitud asumida por Gogora con respecto a las "víctimas" nazis, franquistas, falangistas y fascistas.

Adelante con la lectura:


Lo que no se ve no existe

Iñaki Egaña

Esta semana, auspiciado por Naciones Unidas, se ha celebrado el “Día Internacional del Derecho a la Verdad en relación con Violaciones Graves de los Derechos Humanos”. Una declaración tan solemne que sólo su denominación parece que dé vértigo. En este periodo en el que las fakenews se han apoderado de la información/desinformación, la verdad es casi un privilegio. No podemos fiarnos de lo que difunden las redes, debemos contrastar lo que dicen la mayoría de los medios de comunicación y, en este ejercicio, nos vamos relajando por el esfuerzo que supone, atendiendo únicamente a aquellos en quienes confiamos, política o emocionalmente. Sufre con ello el espíritu crítico, que va desinflándose, aflojándose el debate y agrandando la brecha. Cada vez las trincheras son más profundas.

Al margen de esta primera consideración, el enunciado de Naciones Unidas refiere a hechos del pasado. Afectados también por la tendencia presente y, sobre todo, por esas enormes barricadas instaladas por los dueños del relato, acunados en ocasiones por los amos de la información, la hegemonía de Hollywood y franquicias, academias de la historia, universidades, o editoriales cuyos consejos de administración están repletos de banqueros que marcan el pulso político. Parecería que vivimos en un mundo diverso, repleto de fuentes, pero a la gran mayoría nos llega únicamente lo generado por tres o cuatro referentes. Lo excepcional alcanza con cuentagotas.

Y esa evidencia agranda una expresión, “lo que no se ve no existe”, como aquella vieja frase bíblica de Tomás, “si no lo veo, no lo creo”. Nuestra experiencia en el contexto de las últimas décadas es demasiado abultada. Enorme. En febrero de 1999, el Parlamento de la CAV, con los votos de EA, PNV y Euskal Herritarrok (la marca entonces de la izquierda abertzale), propuso la creación de una ponencia que “examine la situación de todas las víctimas que de la violencia generada en nuestro país”, dentro de la Comisión de Derechos Humanos del Parlamento de Gasteiz. Algunos pensamos, ingenuamente, que esta ponencia sería la avanzadilla de una esperada Comisión de la Verdad, ya desarrollada en otros escenarios del planeta, como Chile, Sudáfrica o Argentina, en situaciones recientes, también de vulneraciones de derechos humanos.

Pero aquella propuesta se quedó en agua de borrajas. PP, PSOE e IU propusieron inmediatamente una comisión paralela para acoger únicamente a las “víctimas del terrorismo”, entendida esta como un organismo encargado de recoger a las causadas por las organizaciones armadas vascas, en particular ETA. IU matizó más adelante que en el concepto terrorismo incluía también a las víctimas causadas por el Estado. Pero PSOE y PP, que firmarían poco después un Pacto Antiterrorista, excluyendo al resto de fuerzas, se mostraron contarios a un reconocimiento global. Especialmente Carlos Urquijo, entonces delegado del PP en la Comisión de Derechos Humanos, que señaló que “no todas las víctimas son iguales”, incluyendo a las de todas las vulneraciones de derechos humanos del Estado en un amplio cajón: “el de los verdugos”. Y esa ha sido una tendencia que ha continuado durante los últimos 25 años, con pequeños avances que han hecho del camino para las mismas, un sendero repleto de obstáculos.

Estos reconocimientos, a medida que han ido avanzando, topan con un gran muro. El de la verdad. Si algo no se ve, no existe. Y esta sentencia está avalada por la experiencia cercana y lejana. La primera constatación es la de matar al mensajero. En los meses que se ha ido consumando el genocidio israelí en Gaza y Cisjordania, las fuerzas de Netanyahu han matado a 210 periodistas. A Lauaxeta lo fusilaron por acompañar a un periodista belga a comprobar que la quema de Gernika no había sido provocada, como decían las fuentes franquistas, por una horda rojo-separatista, sino por la Legión Cóndor nazi. A Xabier Galdeano, periodista de Egin, lo remataron después de cubrir las protestas en Baiona por la muerte de Benoit Pecasteings por los GAL.

Y cuando los mensajeros son demasiados, los valedores de la mentira (acabamos de conocer las resoluciones de la Comisión de Valoración del Gobierno de la CAV sobre Rosa Zarra y los cuatro jóvenes acribillados en la bahía de Pasaia que contradicen las versiones oficiales de entonces, así como las de torturas del Gobierno foral navarro), queda el recurso habitual: cierre de fuentes o desaparición de las mismas. La Ley de Secretos Oficiales ronda por el conjunto de las investigaciones populares. Pero si hace falta, los responsables dan un paso más y destruyen las evidencias. Ya hicieron desaparecer las órdenes de Emilio Mola de los archivos militares para mantener la mentira del bombardeo de Gernika. Martin Villa, en la Transición, hizo quemar dos millones de fichas de disidentes antifranquistas. De la sede del Gobierno civil de Nafarroa Garaia “desaparecieron” los expedientes de las razias contra los maquis que cruzaban la muga pirenaica. Y hoy, los expedientes que han cumplido 50 años y son accesibles por ley, llegan mutilados, tachados o minimizados. ¿Cómo acceder a la verdad, sin fuentes? ¿Cómo será el futuro cuando los testigos directos hayan desaparecido biológicamente y los jóvenes investigadores únicamente tengan acceso a los archivos amputados? ¿Qué credibilidad les ofrecerá la Inteligencia Artificial, colmada de fuentes corrompidas?

La evidencia nos indica que la búsqueda de la verdad tiene prisa. Que las necesidades, si queremos construir un relato equilibrado, son acuciantes, vista, además, esa ofensiva negacionista que se mantiene e incluso se agranda. Esta semana, asimismo, un multitudinaria manifestación frente a la sede del Gobierno argentino, encabezado por el negacionista Javier Milei, le ha ensartado: “La memoria es nuestra herramienta”. Pero para avivar esa memoria necesitamos la verdad. La nuestra ya la conocemos. Pero para confrontar, necesitamos acceder a esa otra, la que hoy ocultan.

 

 

 

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domingo, 26 de enero de 2025

El Matiz Religioso

Les recomendamos este texto aclaratorio publicado en el portal Religión Digital.

Disfruten la lectura:


A propósito de un comentario sobre el conflicto vasco 

Pedro J. Larraia Legarra

En el artículo de Religión Digital:

https://www.religiondigital.org/non_solum_sed_etiam-_el_blog_de_txenti/Rotos-enteros-mirada-diferente-restauracion_7_2743595615.html

Aparece el siguiente comentario:

«[…] La sociedad vasca en particular, que es el entorno más cercano en el que se mueve Krisare, lleva procesando desde 2011 un nuevo clima social con el fin de la banda (el resaltado es mío) terrorista ETA […]».

Acerca del conflicto vasco se ha extendido, mayoritariamente, un relato, el relato del Estado español y el de la “España constitucional”, que se repite sistemáticamente sin ningún tipo de análisis crítico ni valoración contextual y, por supuesto, sin escuchar las razones de la otra parte.

El asunto de las nacionalidades es un tema muy complejo, porque trata del encaje en el Estado español de los diferentes pueblos que lo conforman y que no encuentran en él su lugar. De ahí el conflicto. Un conflicto esencialmente político y de reconocimiento del derecho de los pueblos a desarrollar su propio proyecto colectivo. El conflicto vasco es un caso que viene de muy lejos, y que, precisamente por eso, debería cuidarse mucho más su tratamiento y no despacharlo de la manera tan reduccionista y tópica con la que se suele aludir a él.

Vendrá una generación de historiadores -está apareciendo ya- que cuestionará el enfoque de buenos y malos dado hasta ahora al conflicto vasco, pero, mientras tanto, no estaría de más tomar en consideración el artículo que hace quince años (noviembre de 2010) publicó Pascual Serrano en Le Monde diplomatique en español sobre la manera de informar acerca de este conflicto, y que tituló “Banda terrorista u Organización armada. ‘Terrorismo’ en los medios”.

En él explicaba que, a raíz de la difusión, en el mes  de septiembre de ese año, a través de la cadena pública inglesa BBC, de un vídeo de ETA donde ésta anunciaba un alto el fuego, se reavivaron en España las críticas a ese medio británico por no haber calificado a ETA de “banda terrorista” y haberla designado con la expresión de carácter más neutro: “organización separatista armada”.

Refería también que la BBC aclaró que su misión es “contar lo que pasa y dejar que las calificaciones las hagan otros”, sin que eso suponga que desconozcan o nieguen “la existencia del terrorismo, o que hay países, organizaciones y personas que sí califican a otros de terroristas". Que no se trata de una cuestión específica de la BBC con ETA, con los vascos o con los españoles, o que quieran ser benevolentes con ETA: “No, no lo utilizamos para ningún grupo de gente, organización, gobierno o Estado”. Es más, los responsables de la BBC recordaban que, a pesar de que el Estado británico es mayoritario en el capital de la BBC, en un admirable ejercicio de coherencia y profesionalidad, tampoco utilizaban el término “terrorista” para hablar del Ejército Republicano Irlandés (IRA, por sus siglas en inglés) a pesar de que éste empleaba en su lucha contra el Estado británico técnicas y métodos terroristas.

Hay que recordar, proseguía, que el terrorismo no es una ideología política, como pueden serlo el neoliberalismo o el socialismo, por ejemplo. Es un método de lucha, usado frecuentemente por el débil contra el fuerte, aunque el fuerte también lo utiliza y se habla entonces de "terrorismo de Estado". Prácticamente todas las doctrinas políticas, de derechas, de centro y de izquierdas, en algún momento de su historia, han recurrido a procedimientos terroristas con la intención de alcanzar sus designios.

La propia BBC señalaba también que “además de tener una carga política y emocional muy fuerte, la palabra ‘terrorista’ puede cambiar en distintas épocas y momentos históricos. Hubo un tiempo en que el African National Congress (ANC) de Nelson Mándela era considerado por muchos como una ‘organización terrorista’, y hoy es el partido de gobierno en África del Sur, llegado al poder por la vía electoral”. Y cierto es que, a veces, como observa el intelectual paquistaní Eqbal Ahmad, “el terrorista de ayer es el héroe de hoy, y el héroe de ayer se vuelve el terrorista de hoy”.

Ahmad recuerda que, en los años 1930, las fuerzas clandestinas judías en Palestina eran consideradas “terroristas” por los británicos, quienes ofrecían recompensas de hasta cien mil libras esterlinas por Menahem Begin, personalidad que años después se convertiría en primer ministro de Israel. Más tarde, los “terroristas” pasaron a ser los palestinos, en especial la OLP (Organización para la Liberación de Palestina). Sin embargo, cuando se iniciaron los diálogos palestino-israelíes, Yaser Arafat, jefe de la OLP, pasó de ser terrorista a ser Premio Nobel de la Paz en 1994... Y si vamos más atrás encontramos al propio George Washington acusado de ser un “terrorista” por el imperio británico.

La hipocresía de los políticos quizás pueda permitir esos bandazos, pero el periodista tiene la obligación de mantener coherencia si quiere presentarse como serio y riguroso. Que un ente respetado como la BBC no utilice la omnipresente expresión en los medios españoles de “banda terrorista” para apellidar a ETA no supone ninguna complicidad ni con el ideario ni con las acciones de la organización separatista armada. La BBC sencillamente se limitaba a exponer elementos incuestionables: informaba, por ejemplo, que ETA había puesto una bomba causante de tantas víctimas, que había asesinado a unas determinadas personas y que era un “grupo armado” que actuaba por la independencia del País Vasco. ¿No eran esos los hechos?

Y agregaba, los medios de comunicación hacen generalmente una utilización abusiva del término “terrorismo”, en especial en España, donde existe un sospechoso consenso en nombrar a ETA siempre con el calificativo de “banda terrorista”. La palabra “terrorismo” comporta tal cantidad de connotaciones que no cumple el principio periodístico de la neutralidad. Tras reducir a un bando a un mero “grupo de terroristas”, sin más elementos de análisis, la opción de la guerra contra el “malo” es la única que se presenta a la opinión pública.

Para visibilizar los “efectos colaterales” del conflicto vasco, el Instituto Vasco de Criminología ha llevado a cabo recientemente tres trabajos determinantes: “Proyecto de investigación de la tortura y malos tratos en el País Vasco entre 1960-2014” (diciembre 2017); “Investigación de tortura y otros malos tratos en Nafarroa (1960-1978)-Fase I” (diciembre 2022); “Investigación de tortura y otros malos tratos en Nafarroa (1979 a la actualidad)-Fase II” (diciembre 2023).

Los trabajos han concluido que en los cuatro territorios forales se han producido, desde 1960 y por parte de agentes de la autoridad, unos 6.000 casos de tortura - en ocasiones con el resultado de muerte- acreditados por medio del Protocolo de Estambul. El forense Francisco Etxeberria Gabilondo estima que la cifra de torturados en estos territorios, desde 1960 hasta 2014, estaría en torno a las 20.000 personas, pero que podrían ser más, porque por parte de muchos torturados existe un rechazo a pasar por un proceso -el protocolo de Estambul- que les haría revivir de nuevo situaciones enormemente dolorosas y traumáticas.

Sin embargo, de esto no se lee ni una palabra en los medios, a no ser que sean vascos, digitales marginales, o correspondan a dictámenes emitidos por organizaciones de derechos humanos.

En los últimos años, se han estrenado dos documentales claves sobre esta materia: Karpeta urdinak (Carpetas azules), de Ander Iriarte; y Non dago Mikel? (¿Dónde está Mikel?), de Amaia Merino y Miguel Ángel Llamas. Su visionado resulta imprescindible para aproximarse al universo del horror y del espanto de la tortura.

Los cristianos estamos llamados a construir el Reino, a hacer humanidad, no a identificarnos con la moral del sistema. Y eso supone un compromiso político, social y económico para que la voluntad del Padre, ínsita a ese proyecto que nos desborda y al que llamamos Creación, alcance su plenitud. ¡Cuántas concesiones ha hecho la Iglesia institucional al poder y al sistema, en nombre del evangelio, que luego han resultado auténticas aberraciones! La esclavitud, la Inquisición, las actitudes ante el psicoanálisis («difícilmente se podría excusar de pecado mortal a la persona que consciente y libremente se sometiera a un psicoanálisis». Cardenal Felici. Roma 1954), las posiciones ambiguas sobre el nazismo (al comunismo y al socialismo, sin embargo, no se ha cansado de desacreditarlos hasta hace muy poco; y, con toda seguridad, que muchos comunistas, socialistas y ateos nos precederán en el encuentro con el Padre), … Y a pesar de que desde nuestra atalaya del siglo XXI estas discusiones parecen ya superadas, en cada momento histórico muy pocos fueron capaces de señalarlas y dirigirse a los que dándoselas de cristianos hacían interpretaciones interesadas, que no guardaban relación alguna con el evangelio, para decirles: por ahí no es, por ahí no va lo de Jesús. Así lo entendió José María Setién Alberro, obispo de Donostia, y por ese motivo fue denostado.

En estos momentos se están llevando a cabo iniciativas -una de ellas ante el Defensor del Pueblo- para que se reconozca la práctica de la tortura en el Estado español con el fin de emprender acciones que den voz y reconocimiento a quienes fueron víctimas de terribles abusos. Pero la resistencia de las instituciones es numantina y uno de los argumentos al que se aferran como a un ancla de salvación es la Ley de Secretos Oficiales.

Como cristianos debemos esforzarnos por llamar a las cosas por su nombre, trabajando por la verdad, la justicia y la reparación y abandonando la búsqueda de la complacencia del sistema, porque el Reino no pertenece a la dimensión del sistema. Porque ser cristiano no es ser de derechas, implica comprometerse en la gestión del bien común y “meterse en política”.

 

 

 

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sábado, 26 de octubre de 2024

Integralmente

La plataforma en favor de los presos políticos vascos Sare ha llevado a cabo una muy importante conferencia en la que se han abordado distintos temas con miras al futuro.

Naiz nos hace un recuento de la misma:


Sare pone raíles a un futuro sin presos y sanador para las víctimas

Martina Anderson desde el espejo irlandés, Jaime Tapia y Jon Mirena Landa desde la experiencia de la Administración vasca y Maria Jauregi como víctima, entre otros, han contribuido a remarcar la hoja de ruta hacia la paz, la resolución y la convivencia, en una jornada de Sare en Donostia.

Ramon Sola

Las consecuencias de los conflictos armados deben ser afrontadas en su integridad, la reintegración de las personas presas resulta clave y ello no es contradictorio con respetar el dolor de las víctimas. Estas tres ideas pueden resumir la conferencia celebrada por Sare en Donostia este sábado, con participación vasca e internacional de primer nivel.

La jornada ha sido cerrada por Joseba Azkarraga, en nombre de Sare. Se ha referido a la actual eliminación del doble cómputo como constatación de que «lo que Sare o Etxerat hemos venido exigiendo en los últimos diez años no eran privilegios, sino legalidad y fin de las excepcionalidades. El mismo trato, los mismos criterios que se aplican al resto de las personas presas. Sin discriminaciones ni criterios particulares de oportunidad política partidista».

Abundando en ello, ha indicado que «no se puede exigir» a estos presos y presas «nada que vaya más allá de lo que la legislación ordinaria requiere. Y no puede ser que ciertos ámbitos políticos, judiciales o algunos medios de comunicación se erijan en evaluadores de las conciencias ajenas».

En consecuencia, se ha dirigido a Lakua para pedirle que opere «con criterios técnicos y profesionales en este tema, sin cometer el error de actuar en función de estrategias de oportunidad política». Más en concreto, tras la reforma de la 7/2014, Sare exige «agilidad» tanto a la Audiencia Nacional como a Lakua, cada uno en su parcela, para no seguir dilatando encarcelamientos artificialmente.

Azkarraga ha concluido con un llamamiento a «alcanzar unos mínimos de acuerdo que hagan posible el respeto, ayuda y reconocimiento a todas las víctimas de las violencias sufridas en este país» y ha incidido en que «nadie puede arrogarse el monopolio de su defensa, nadie». Con un último subrayado frente a discursos en boga: «No puede haber satisfacción de las víctimas fuera del Derecho».

Desde este espacio, durante la mañana se ha emitido también la aportación en video de Maria Jauregi Lasa, en el que reivindica antes que nada «el reconocimiento a todas las víctimas», incluidas las de la violencia estatal, incidiendo en el «derecho a la verdad: qué ha sucedido, cómo y por qué. La sociedad también tiene derecho a esa verdad». Lo percibe también como un «modo de compensación» para quienes no han tenido justicia, y para ello insta a levantar los secretos oficiales. Junto a ello, plantea una «construcción de la memoria» basada en «buscar lugares comunes» y a partir de los derechos humanos. Jauregi ve preciso hacerlo fuera de los focos mediáticos y de las discusiones políticas.

Tras ello, Jauregi ha considerado, al hilo de la cuestión del doble cómputo, que hay que dejar de utilizar a las víctimas por parte de los políticos y también de los medios y además «hacer pedagogía»: «Hay que explicar cómo funciona el sistema penal y penitenciario. La información tiene que ser veraz y contrastada».

La perspectiva internacional

¿Cómo se ven las cosas desde fuera? Pocos mejor que Brian Currin y Martina Anderson para reflejarlo. El facilitador sudafricano no ha podido venir a Euskal Herria por problemas familiares de última hora, pero ha enviado un mensaje en el que evoca el valor de la Justicia Transicional para la resolución en su país y en Irlanda, incluyendo la temprana excarcelación de presos. Ha constatado que en Euskal Herria no ha ocurrido lo mismo por culpa de «intereses enfrentados» pero ha elogiado el «pensamiento creativo» del proceso vasco, «inspirador» para otros.

Currin concede gran valor, por ejemplo, a los procesos de reconocimiento y reparación de víctimas de los dos lados aprobados por los parlamentos. Aquí ha sugerido incluso al Gobierno de Lakua que implante un día festivo anual para recordarlas a todas y «celebrar las medidas de reconciliación».

En cuanto a la situación de los presos, ha dicho conocer los avances, los ha atribuido a la movilización ciudadana y ha dado las gracias a las personas encarceladas «por los pasos dados. Les aliento a seguir cerrando heridas». No obstante, tampoco ha ocultado que «la lentitud» en el logro de soluciones «es un problema y hay que resolverlo».

Sí ha estado en Donostia Martina Anderson, exprisionera irlandesa y referente de Sinn Féin en instituciones irlandesas y europeas. Ha recordado cómo en 2016 estuvo en una misión de eurodiputados a Euskal Herria en la que ya abogaron por soluciones para los presos, «que no pueden estar sometidos a procesos excepcionales. Desde entonces se han producido avances significativos que tenemos que reconocer: fin de la dispersión, facilitación del acceso a grados, procedimientos de pronta excarcelación...», ha constatado.

Ha saludado aquí la reforma que elimina el doble cómputo, pero alertando acto seguido de que «este viaje no ha terminado. Incluso después de su liberación, las personas presas sufren continuas restricciones». Lo ha ejemplificado con un duro ejemplo personal: «Yo misma conozco perfectamente estas situaciones desde que salí de prisión en 1998. A mi marido y a mí se nos negó el derecho a adoptar un niño porque somos expresos políticos. Y una mala praxis ginecológica cuando estaba en una prisión de Inglaterra me provocó daños en el útero que me han impedido tenerlos», ha narrado. Así que ha abogado por actuar para paliar las consecuencias de encarcelamientos muy largos y muy duros.

«El camino a la paz nunca es sencillo, pero es posible. Aquí, como en Irlanda, no existe el monopolio del sufrimiento. Caminar por un camino de reconciliación puede ser un gran desafío para muchas personas; debemos respetar su dolor. Para algunas personas, la pronta excarcelación de presos en Irlanda fue difícil. Pero también debemos poner en valor la aportación de esos expresos al proceso de resolución», ha añadido. Anderson ha remarcado cómo el Sinn Féin impulsa la reconciliación, «que no es solo una necesidad política, sino más bien un imperativo moral».

El camino vasco

Han completado el mosaico tres voces vascas también muy cualificadas. Como Jaime Tapia, que ha pilotado la gestión penitenciaria de Lakua desde la transferencia en 2021 hasta el trasvase de la carta de Justicia al PSE. Ha lamentado que aunque la gestión competa a la CAV «las leyes siguen siendo del Estado y eso es un obstáculo. No somos Alemania, donde los länder pueden ajustar algunas leyes. Esto genera cierta frustración: puedes dar un tercer grado, pero en Madrid lo pueden revocar y entonces actúas con cierta prudencia o desconfianza».

Tapia ha admitido que el PNV no tenía gran interés en asumir este «marrón» («algún dirigente ya lo ha dicho») y ha mostrado algunas dudas sobre la posición que tomará el PSE, al que ha animado a apoyarse en las Juntas de Tratamiento. También recela de cómo se aplicará el fin del doble cómputo. Y comparte –ha habido unanimidad en esto– que hay que corregir la 7/2003: «40 años es una barbaridad. Sería bueno incluso para la sociedad española».

En general, «las líneas que lanzamos todavía necesitan impulso, como las enfermedades mentales, la cuestión de los niños, la colaboración con el Tercer Sector o la Justicia Restaurativa...», ha enumerado, alertado de que «no son buenos tiempos, el punitivismo lo corroe todo».

La doctora Laura Pego ha explicado en qué consiste la Justicia Transicional esgrimida ya por Currin en su intervención: «Es necesario un compromiso político importante para hacer las modificaciones necesarias. También un compromiso de la sociedad civil para soportar ese avance. Y una hoja de ruta que se siga hasta el final, con transparencia y que genere confianza». Centrándose en Euskal Herria, Pego ve muy preciso un reconocimiento de su violencia por parte del Estado y lamenta el desfile de la Guardia Civil el 12O en Gasteiz.

El catedrático Jon Mirena Landa, que fue director de Derechos Humanos en el Gobierno Ibarretxe, ha abundado en esta cuestión de las víctimas. Sin ánimo de «entrar en un campeonato de datos», ha constatado que el 60-70% de los atentados de ETA se ha esclarecido y purgado, mientras que en el caso de la tortura «el 99%» sigue oculto e impune. Esto genera distorsiones en la memoria y también en la atribución de responsabilidades políticas; echa en falta «un fair play».

¿Vamos bien, vamos mal? En la cuestión de los presos, «queda el paquete de la 7/2003, y no se pide nada del otro jueves, solo un estándar de reinserción normalizado», ha subrayado Landa.


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 Video | BRIAN CURRINek SAREko Konferentziara bidali duen mezua

 

 

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lunes, 5 de agosto de 2024

Egin | Entrevista a Gerry Adams

En Naiz han retomado esta entrevista otorgada por el luchador e internacionalista irlandés Gerry Adams allá en 1977.

Lean y comparen con la actualidad, tomando en cuenta el papel que Gerry Adams tuvo en el proceso de Desarme, Desmovilización y Reinserción de ETA.

Adelante:


Gerry Adams, en entrevista de 'Egin' en 1996: «Vuestra lucha por la libertad ha inspirado a muchos irlandeses»

El 5 de agosto de 1996, 'Egin' publicaba una entrevista con el líder republicano irlandés Gerry Adams, dentro de una serie bajo el título «Euskal Herriari begira». Siguiendo esa línea, el entonces presidente del Sinn Féin mostraba sus conocimientos sobre el conflicto vasco, del que siempre ha estado pendiente, hasta el punto de participar en la Conferencia de Aiete de 2011 y firmar su declaración junto a otros líderes internacionales, como Kofi Annan.

En la entrevista realizada en 1996, Adams señalaba que «vuestra lucha por la libertad ha inspirado a muchos irlandeses» y mostraba su admiración por «la entrega y compromiso del pueblo vasco con los principios de igualdad, justicia y democracia». Este es el contenido íntegro de la entrevista:

«Siempre estamos con los que luchan por la libertad»

I.Madariaga

Gerry Adams, el líder republicano irlandés más carismático, mira con sentimientos de solidaridad y afinidad al pueblo vas­co. Preguntado por sus pensamientos hacia Euskal Herria, el presidente del Sinn Féin, personaje que da comienzo a esta serie de entre­vistas que 'Egin' ofrece bajo el título «Euskal Herrirari begira», manifiesta que «he admirado desde siempre la entrega y compromiso del pueblo vasco con los principios de igualdad, justicia y democracia». Adams, pese a estar inmerso en su país en un complejo y durísimo conflicto político, no se olvi­da de aquellos que «en Euskal Herria, o en otras partes del mundo, están luchando por la autodeterminación nacional y la libertad».

Gerry Adams visitó Euskal Herria en mayo de 1994, poco antes de que la situación en su país tomase un nuevo giro con la tregua decretada por el IRA. Ahora, en un momento en el que el proceso de paz se encuentra en una difícil situación, vuelve a hablar para 'Egin', esta vez sobre Euskal Herria. En todo este tiempo, su pensamiento sobre los vascos y su lucha no ha variado.

El pueblo irlandés siempre ha suscitado mucha simpatía en el pueblo vasco. ¿Diría usted que ese sentimiento es recíproco?

El pueblo vasco ocupa desde hace tiempo un lugar especial en los corazones del pueblo irlandés. En particular, los republicanos ir­landeses sienten afinidad con la lucha de los vascos por la independencia y la autodeterminación. Una muestra de la estrecha relación existente entre nuestros pueblos es la participación, una vez más, de gentes vascas en el Festival de West Belfast de este año. Van a tener una acogida im­presionante.

¿A usted qué opinión le merecen los vascos?

He admirado desde siempre la entrega y compromiso del pueblo vasco con los principios de igual­dad, justicia y democracia. Vues­tra lucha por la libertad ha inspi­rado a muchos republicanos irlan­deses.

Ustedes han mantenido relaciones con todos los partidos de corte nacionalista del País Vasco. ¿Han encontrado en todos receptividad hacia sus planteamientos?

Hemos debatido con todos los partidos nacionalistas vascos. Les hemos explicado las líneas gene­rales de la situación aquí y hemos escuchado con interés sus análisis de la situación en el País Vasco. Sin embargo, nuestros principales lazos solidarios son con Herri Ba­tasuna.

Dicen que los líderes políticos cambian con facilidad sus posiciones en política internacional según sus propios intereses. Es así que hay numerosos ejemplos de que grupos que han apoyado a determinados movimientos de liberación de otros lugares han dejado de prestar ese apoyo al cambiar su propia situación. ¿Cree que tras un proceso de normalización en Irlanda su posición respecto al País Vasco podría cambiar?

Me gustaría pensar que un acuerdo de paz en Irlanda serviría de señalización para el futuro de otras luchas. Así como la lucha en Sudáfrica fue un ejemplo para los republicanos irlandeses, y estoy seguro de que también para el pueblo vasco, de la misma forma desearía que el éxito en Irlanda llevase al éxito en Euskal Herria.

Por nuestra parte, Sinn Féin siempre estará con aquellos que en Euskal Herria o en otras partes del mundo estén luchando por la autodeterminación nacional y la libertad.

¿Cree posible un proceso de diálogo en el País Vasco?

El problema en Irlanda es un problema político, que requiere una solución política. Eso solo es posible mediante un proceso de diálogo sin exclusiones (en in­glés, inclusive, es decir, que in­cluya a todas las partes), sin con­diciones previas. Ese mismo en­foque de la resolución de conflic­tos tiene que ser el camino hacia adelante también en Euskal He­rria.

Las  soluciones  militares,  las victorias  militares,  no  traen  la paz. Han demostrado ser la políti­ca fracasada del pasado. El cami­no hacia adelante, a un futuro en paz, solo puede construirse sobre un proceso de diálogo.

Por supuesto, ese camino hacia la paz no es fácil. Tal como he­mos descubierto, hacer la paz es mucho más difícil que hacer la guerra. Es arriesgado y muy peli­groso. Pero creemos que el diálogo sin exclusiones tiene la llave de un futuro en paz para todo nuestro pueblo.

¿Con quién preferiría negociar, con John Major o con José María Aznar?

(Se para a pensar y en su res­puesta sólo hará referencia al pri­mer ministro británico). Las ne­gociaciones siempre son proble­máticas, sean entre sindicatos y empresarios, o entre gobiernos, o entre enemigos  políticos.  John Major es el primer ministro britá­nico y como tal lleva el peso y responsabilidad final de la situa­ción actual. Su política y cómo enfoque las cosas determinarán si conseguimos restaurar el proceso de paz o si fracasamos.

Entiendo las muchas dificulta­des que le apremian, pero todos tenemos dificultades, y no deberí­amos permitir que bloqueen los avances para una pronta reconstrucción del proceso de paz.

Sinn Féin está totalmente com­prometido a reconstruir un proce­so de paz creíble. Esa es nuestra convicción. Esa es nuestra pro­mesa a todo el pueblo irlandés.

La realidad es que si tenemos que hacer avances reales, necesi­tamos una asociación para la paz liderada por el Gobierno irlandés y el británico, que requiere la par­ticipación activa de todos los sec­tores del pueblo. Nuestro objetivo compartido tiene que ser un acuerdo global negociado; un nuevo enfoque basado en toleran­cia, apertura, igualdad y la aco­modación democrática de las di­ferencias.

De su conocimiento de la situación vasca, ¿qué pasos del proceso irlandés serían aplicables? ¿Cuáles son, en su opinión, los mayores peligros?

Cada situación es diferente. Pero, por mis limitados contactos con otras luchas, en especial el ejemplo sudafricano, he constata­do que los principios que apunta­lan la resolución de conflictos son aplicables a todos los conflictos.

No tengo información lo sufi­cientemente detallada como para comentar la situación vasca. Sin embargo, creo que cualquier pro­ceso de paz requiere diálogo sin exclusiones, sin condiciones pre­vias y sin final predeterminado, en el que todas las partes partici­pen sobre la base de la igualdad. Nadie debe ser excluido y todos los temas deben estar sobre la mesa para su discusión y negocia­ción. Un marco temporal es un elemento esencial para asegurar que exista una dinámica que im­pulse las negociaciones.

Obviamente, son determinantes el valor, la flexibilidad y la volun­tad de asumir riesgos y tener ini­ciativas. El mayor peligro que amenaza cualquier esfuerzo de re­solución de conflictos surgirá si cualquiera de las partes de la ne­gociación pretende utilizar el pro­ceso para derrotar a sus oponen­tes y lograr la «victoria» que se le escapó antes.

En junio de 1995, tuve el gran privilegio de viajar a África del Sur invitado por el ANC, y de reunirme y debatir con su direc­ción, incluyendo al presidente Mandela. Aprendí mucho. Pero se me ha quedado grabado un conse­jo del presidente Mandela: «Para hacer la paz con un enemigo, hay que trabajar con ese enemigo, y hacer que ese enemigo se con­vierta en tu asociado».

¿Cómo ve la intervención exterior en facilitar las relaciones entre las partes?

En última instancia, los con­flictos solo pueden ser resueltos por los pueblos involucrados en ellos. Sin embargo, la comunidad internacional puede desempeñar un papel constructivo y positivo creando las condiciones adecua­das para que se den negociacio­nes. El compromiso internacional puede actuar como dinamizador en el curso de las negociaciones, impulsando debates, y también sirviendo de freno a quienes pu­dieran pensar en crear dificultades.

El País Vasco, al igual que Irlanda, tiene un fuerte contencioso debido a que se encuentra dividido bajo diferentes administraciones. ¿Qué valor le concede como nacionalista a la unidad territorial?

La partición ha tenido un im­pacto desastroso sobre mi país. Ha distorsionado el panorama po­lítico durante más de 45 años. Ha creado división y odio. Ha ahoga­do nuestro desarrollo económico y ha asegurado la continuidad de la emigración, del paro y la po­breza masivas.

Además, el estado de los Seis Condados del Norte ha sobrevivi­do únicamente sobre una base de represión y ocupación militar bri­tánica. Los republicanos estamos convencidos de que la raíz de este problema está en la presencia bri­tánica en nuestro país, y que, por ello, los británicos deben mar­charse.

Sabemos que otros tienen otro punto de vista. Aspiramos a la au­todeterminación nacional, la uni­dad e independencia de Irlanda como un estado soberano.

Está ampliamente aceptada la necesidad de un cambio constitu­cional y político fundamental si hemos de llevar un proceso de paz a un final democrático. Ten­drán que establecerse nuevas rela­ciones entre todas las gentes de nuestro país. Será difícil, requiere diálogo honesto y un proceso de negociación sin exclusiones, sin precondiciones. La prioridad bá­sica del Sinn Féin es asegurar igualdad de derechos para todos los ciudadanos.
Evidentemente, lo que se re­quiere ahora es un proceso políti­co eficaz que elimine las causas del conflicto y cree las condicio­nes necesarias para un acuerdo político duradero. Admitimos que negociaciones reales son el único mecanismo democrático para el cambio.

¿En qué cree que no se debe ceder en un proceso de paz?

Un proceso de paz tiene que incluir la buena voluntad de ser flexible y de intentar buscar un arreglo. Eso, inevitablemente, significa dar tanto como tomar. Hasta dónde debe irse es entera­mente cuestión de los implicados en el proceso de negociaciones.

¿Cómo afectó la censura al Sinn Féin y qué representó el final de la prohibición tanto para el partido como para el proceso de conversaciones?

La censura no afectó solo al Sinn Féin. La retención de infor­mación tuvo un profundo impacto en Irlanda, Gran Bretaña e inter­nacionalmente. No tengo ninguna duda de que la censura ha prolon­gado innecesariamente este con­flicto porque aseguraba que mu­cha gente no conseguía ver su na­turaleza esencialmente política. El énfasis del Estado británico en la represión se aceptaba, por lo tanto, casi sin cuestionárselo. La censura es una forma de manipu­lar a la opinión pública.

Los medios de comunicación tienen un papel fundamental en ofrecer al público la información necesaria para que éste pueda for­marse una opinión sobre los acontecimientos durante un pro­ceso de paz. Los medios deben ser guardianes de la verdad.

Un elemento común entre Irlanda y el País Vasco es la existencia de presos políticos. ¿Qué suponen para un movimiento de liberación nacional sus presos?

Los presos son la personifica­ción de una lucha de liberación nacional. No puede haber un acuerdo de paz que pase por alto esta cuestión. Los presos políticos deben ser liberados.

¿Tiene usted conocimiento de las condiciones de vida que padecen los prisioneros vascos?

Sí. Es intolerable. Se les niegan sus derechos humanos básicos al mantenerles en aislamiento y se­parados por cientos, miles de ki­lómetros, de sus familias. El mal­trato de los presos políticos y sus familiares es contraproducente.

La experiencia de los republi­canos irlandeses en Irlanda y tam­bién con muchos de nuestros presos en Gran Bretaña es similar a la de los presos vascos.

Desde su experiencia, ¿qué diría a los presos vascos?

Nuestros pensamientos están con vosotros. Espero que lleguen pronto la paz y la justicia a Eus­kal Herria y que os reunáis pronto con vuestras familias.

¿Qué le sugiere la palabra «terrorista»?

El terrorista de unos es el lu­chador por la libertad de otros. El terrorista de unos puede conver­tirse rápidamente en un hombre o mujer de Estado. Muchos de quienes por todo el mundo luchan por la libertad y la democracia ven a los gobiernos y estados contra los que luchan como dis­puestos a utilizar medios de terror para lograr sus objetivos.

Los tópicos pueden ser utiliza­dos para levantar obstáculos al diálogo. Deberían evitarse. Al fi­nal, cualquier proceso de paz solo puede construirse si los enemigos están dispuestos a ver a sus opo­nentes como seres humanos que merecen respeto y con quienes necesitan negociar de buena fe.

Los medios de comunicación han establecido en numerosas ocasiones una relación entre el IRA y ETA. ¿Cree que existe tal relación?

Esta es una cuestión que solo el IRA y ETA pueden contestar. Yo no tengo ningún conocimiento de este tema.

¿Qué opina de la lucha armada de ETA?

Sinn Féin no aboga por el uso de la fuerza. Comprendemos por qué en determinadas circunstan­cias los pueblos oprimidos pue­den recurrir a las acciones arma­das, pero es una cuestión suya.

Un deseo para el pueblo vasco.

Deseo al pueblo vasco paz, prosperidad y un futuro libre del conflicto del pasado.

 

 

 

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martes, 23 de agosto de 2022

En Memoria de Michael Collins

Naiz ha publicado este reportaje en memoria de Michael Collins, gran líder de la autodeterminación irlandesa con respecto al yugo colonial inglés. 

Recordemos que la criminalización de quienes han ofrendado su visa a la libertad de los pueblos es un recurso utilizado lo mismo por Londres que por Madrid o París como parte de su negativa a reconocer el derecho a la autodeterminación de las naciones históricas bajo su dominio.

Adelante con la lectura:


Cien años de la muerte de Michael Collins, el eterno insurgente irlandés

Michael Collins siempre será recordado por su papel de líder revolucionario clave en la creación de la Irlanda moderna. “The Big Fella” (El gran tipo), apodo por el que se le conocía, murió hace un siglo, el 22 de agosto de 1922, en el transcurso de una emboscada, cuando apenas tenía 31 años.

Koldo Landaluze

El 24 de abril de 1916, coincidiendo con el Lunes de Pascua, diferentes organizaciones republicanas e independentistas iniciaron una insurrección armada en Dublín que fue considerada el prólogo del proceso de emancipación irlandesa. Dos mil insurgentes, sin apenas entrenamiento militar y escasamente armados, tomaron las calles de Dublín para enfrentarse al todopoderoso y experimentado Ejército del Imperio británico.

Orquestado por la Hermandad Republicana Irlandesa, el Éirí Amach na Cásca (Alzamiento de Pascua en gaélico) contó con la colaboración del grupo Voluntarios Irlandeses, del Ejército Ciudadano Irlandés y del Consejo de Mujeres Irlandesas, que contribuyó con trescientas voluntarias que aportaron todo tipo de ayudas y refuerzo en el cruento combate que se estableció en las calles.

Entre los combatientes se encontraba Michael Collins, un joven de 25 años que, tras abandonar su Cork natal y trabajar en una oficina de correos en Londres, entró a formar parte de la Hermandad Republicana Irlandesa (IRB), una organización clandestina y revolucionaria que luchó por la independencia de su país.

El Gobierno británico envió a Dublín 16.000 soldados y un millar de policías que se hicieron con el control de la ciudad el 29 de abril, tras varios intensos días de lucha que se saldaron con el fallecimiento de 132 británicos y 64 irlandeses, además de muchos heridos. Los dirigentes de la rebelión fueron apresados, encarcelados y la mayoría de ellos, dieciséis (entre los cuales estaban el marxista James Connolly y Patrick Pearse) fueron ejecutados cinco días después.

La mayoría de los rebeldes capturados fueron recluidos en Froncoch, en el norte de Gales. Allí Collins, con la ayuda de sus compañeros de la IRB, organizó a los prisioneros y, cuando fueron liberados a finales de 1916, regresó a Irlanda para gestionar un fondo de ayuda para las víctimas de la insurrección.

Fue entonces cuando mostró sus grandes cualidades estratégicas, potenciando los ideales de la causa del republicanismo irlandés y creando una formidable red de inteligencia. En el ámbito militar, la IRB reorganizó la dirección de los Voluntarios Irlandeses que habían participado en la insurrección. También destituyó al dirigente fundador del Sinn Féin Arthur Griffith y, en noviembre de 1917, Eamon de Valera fue elegido presidente tanto de los Voluntarios como del Sinn Féin.

De Valera fue uno de los veteranos que sobrevivió en la insurrección y era visto por Collins y la IRB como un republicano más firme que Griffith. Por su parte, Collins asumió la dirección de la organización de los Voluntarios y la secretaría de la IRB, y participó en la organización de varias campañas electorales del Sinn Féin.

Mientras todo ello se desarrollaba en la trastienda política, en las calles de Irlanda se difuminaba el apoyo que la población había mostrado al Ejército británico al inicio de la Primera Guerra Mundial debido a las ejecuciones derivadas del Alzamiento de Pascua, la amenaza del servicio militar en Irlanda y el continuo fracaso del Gobierno irlandés para implantar el “Home Rule”, estatuto que dotaba de cierta autonomía a la isla.

Pericia demostrada en el tablero de juego real

A este ambiente tensionado también se sumó otra evidencia, la fuerte pujanza revolucionaria que recorría Europa y a la que los irlandeses no fueron ajenos. Connolly y su Partido Laborista no supieron, o no quisieron, sacar provecho de lo que bullía en la sociedad y delegó en los nacionalistas el factor independentista.

El Partido Laborista irlandés no presentó candidatos en las elecciones generales de diciembre de 1918 y renunciaron a favor del Sinn Féin, que logró 73 de los 106 escaños con la plataforma de una República de toda Irlanda. Collins fue elegido por Cork South y Sinn Féin se negó a ocupar sus escaños en Westminster, organizando un parlamento propio en Irlanda. Su primera reunión, celebrada en enero de 1919, reafirmó la declaración de la República que se adoptó originalmente en el arranque del Alzamiento de Pascua.

De Valera fue elegido presidente y nombró un gabinete que incluía a Collins como ministro de Economía, el cual organizó un préstamo nacional de 500.000 libras para financiar al Gobierno, sobre todo para reforzar la operación de los Voluntarios Irlandeses que, por aquellos días, se empezó a conocer como Ejército Republicano Irlandés (IRA). La ayuda económica, proveniente de Irlanda y del exterior, fue cuantiosa y su éxito provocó que incluso Lenin pidiese al Gobierno soviético que organizara un préstamo similar.

Desde las sombras, Collins comenzó a demostrar su pericia en el tablero de ajedrez y tuvo claro que cada movimiento de piezas obedecía a una cuestión única, desbaratar la operación del Gobierno británico en Irlanda por todos los medios posibles. Se convirtió en el director de inteligencia del IRA y presidente de la IRB. El IRA ejecutó asaltos para conseguir armas y fondos, ejecutando a destacados miembros de la Administración británica. Su estrategia de guerra de guerrillas, estudiada a partir de la experiencia de los bóers en Sudáfrica, provocó que Collins fuese el hombre más buscado de Irlanda. Se impuso la ley marcial y esta llegó acompañada por una represión feroz e implacable que tuvo como protagonistas a varias fuerzas paramilitares conocidas como los Auxiliares y los Black and Tans, integrada por excombatientes de la Primera Guerra Mundial.

Quitada la correa a estos auténticos perros de presa, el terror se instauró en Irlanda: los paramilitares británicos cometieron todo tipo de atrocidades, arrasaron pueblos y ciudades; fue tal el terror que sembraron que los británicos, temiendo una revolución social, pusieron sobre la mesa su carta Orange, dividiendo la isla con la Ley de Gobierno de Irlanda de 1920. De este modo cedió el control del norte, el Úlster, a los reaccionarios orangistas.

«Mi propia sentencia de muerte»

Prendida la mecha, la guerra se intensificó y el 21 de noviembre de 1920, en el conocido como “Domingo Sangriento”, Collins ordenó la ejecución de dieciocho agentes que pertenecían a la inteligencia británica. Por su parte, los Auxiliares respondieron ese mismo día irrumpiendo con sus vehículos acorazados en Croke Park (Dublín), donde se celebraba un partido de fútbol. Los paramilitares dispararon a discreción contra la multitud que se encontraba en las gradas y a los jugadores de campo. Murieron catorce personas y cientos resultaron heridas.

El 11 de julio de 1921 se declaró una tregua y un grupo de la República Irlandesa, encabezado por Griffith y Collins, partió hacia Londres a negociar con el Gobierno británico. Fruto de ello fue el tratado que puso fin a la guerra entre ambos países y se declaró el Estado Libre Irlandés –a excepción de los seis condados del Norte–. Tras la firma, Collins pronunció una de sus frases más famosas: «He firmado mi propia sentencia de muerte».

En agosto de 1922, cuando aún no había cumplido los 32 años de edad, el carismático líder independentista se dirigió hacia el sur de Irlanda con la esperanza de llegar a un acuerdo con los rebeldes “antitratado” y, de ese modo, poner fin a la Guerra Civil. Desoyó los consejos que le recomendaron no acercarse a la zona y el 22 de agosto, su convoy fue emboscado en Béal na mBláth, en la carretera entre Bandon y Macroom y, Collins, conocido como “The Big Fella”, recibió un tiro en la cabeza cerca del lugar que le vio nacer.

 

 

 

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