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sábado, 14 de marzo de 2020

Entrevista a Marek Jacek Grzeszozyk

Desde las páginas del Diario Vasco traemos a ustedes esta entrevista que pone de realce la importancia que otros le dan al euskera mientras españoles y franceses insisten en cerrarle espacios.

Lean:


Marek Jacek Grzeszozyk: El geógrafo polaco y las cuatro lenguas de este país

Begoña del Teso

Le interesa la Franja Atlántica más que el Arco Mediterráneo. De Irlanda a los Pirineos. Pasando, en un extraño desvío, por México. Sueña con hacer un doctorado en la UPV. Políglota a más no poder, es guía de turismo y trabaja a tiempo parcial en las recepciones de algunos hoteles de esta ciudad.

– Y tú no las tienes.

– ¿Raíces? En cierto modo, no.

– Siempre me había imaginado a los polacos como un pueblo con los pies y el corazón hundidos en una tierra sufriente, en una historia triste.

– Precisamente por eso. Yo he nacido en Szczytno. Al noreste, en la región de Masuria. No muy lejos del aeropuerto de Olsztyn-Mazury, que se hizo famoso porque EE UU lo usó como base para el transporte de prisioneros iraquíes a los que la CIA torturaría. Pero mucho antes que eso, hace muchos siglos, la ciudad fue fundada por la Orden de los Caballeros Teutónicos...

– Creada en Palestina. Siglo XII, durante la Tercera Cruzada.

– La espada y la cruz, una Orden religioso-militar. En el siglo XIII pasaron a la acción: evangelizarían a los pueblos bálticos. Crearon un estado independiente en Prusia. Dominaron Estonia, Lituania, Bohemia. La ciudad donde yo nacería era suya y habitaban en ella gentes del Sacro Imperio Germánico.

– Fueron pasando los siglos. Muchos. Polonia cayó en manos de unos, de otros y de los demás.

– El 11 de noviembre de 1918 la nación logra su independencia (es un decir) tras haber estado ocupada durante 123 años por Prusia, Austria y Rusia. Pero mi región siguió siendo germánica. Hitler derrotado, aquellos pobladores alemanes huyen o son masacrados por el ejército soviético. Masuria es repoblada con cientos de polacos que son trasladados desde otros lugares.

– Entre ellos, tu familia.

– Exacto. Mis abuelos. Por eso las raíces que puedo tener en Szczytno no son muy profundas. Tengo espíritu y sensaciones de ¿repoblador? ¿Colono? Me pasa algo parecido a lo que tantas veces cuenta Olga Tokarczuk.

– Nobel de Literatura 2019.

– Sus padres salieron de tierras que hoy son Bielorrusia para, precisamente, repoblar provincias que fueron alemanas. Ella escribe mucho sobre el desarraigo y su necesidad de encontrar tierra firme. Es una sensación compartida por muchos. Y por eso a tantos de nosotros nos atraen, nos fascinan, lugares como Euskal Herria donde las raíces son firmes, antiguas y a la vez están vivas en el día a día, en los bares. En las lenguas. Países tan viejos como este, con sus cuatro idiomas.

– Algunos solo contarán tres...

– Porque se olvidan del gascón. Y no deberían hacerlo pues se habló en las calles de esta ciudad, dejando huella en nombres como Urgull y Ayete y porque tiene una riqueza increíble. Hay hasta un 'gascón marítimo' que impregna el habla de las gentes de las Landas y del puerto de Bayona.

– Tú lo estás aprendiendo...

– En Anglet. Con la asociación Aci Gasconha que hoy mismo ofrece un taller sobre los cantos tradicionales de Gascuña, fronterizos con el Béarn. Es curioso cuántas lenguas se hablan en un país tan centralizado como Francia... Volviendo al punto de partida, cuatro idiomas tiene Vasconia.

– Estudiaste gallego en Galicia; catalán, en Andorra.

– Otra de mis pasiones. Geógrafo lo quise ser desde niño. La geografía como ciencia clásica, no tan unida como pasa aquí a la Historia sino también a la Biología. Fíjate, una de las asignaturas que yo he estudiado estaba dedicada a los glaciares. Geografía humanística. En los idiomas era malo, un negado. Pero decidí revertir la situación. Y aquí estoy. Entre el euskaltegi, el Kiskurra y el 27 de la rue d'Euskadi de Anglet. Eso sí, he tenido que pedir un crédito al banco.

– ¿Para? ¿Por? ¿Pues?

– Pagar el euskaltegi. Cierto, luego recibes la subvención. Pero es 'luego', tú tienes que poner los 600 euros antes. Y no es fácil. Hay mucho extranjero a quien eso les impide empezar a manejarse en euskera. En Andorra la enseñanza de catalán es gratuita. En Galicia, la del gallego tiene un precio simbólico... Alguien tendría que hacer algo al respecto.

– Tendría, sí. ¿Y los panderos de la foto? El cuadrado lo has hecho tú. Con piel de oveja.

– Cuando he estudiado los idiomas que he estudiado he querido y tenido que sumergirme en la cultura del lugar porque cada lengua es una representación especial y distinta del mundo. Si no la entiendes o no la vives, nunca hablarás bien esa lengua. Mira, eso lo noto incluso en mi propio idioma. Mi polaco no tiene matices. Porque no tiene raíces.

– Vaya, cuenta.

– Polonia es un país muy homogéneo. El 97% de la población pertenece al grupo etnolingüístico de los eslavos occidentales. No hay diferencias tan grandes como entre alguien de Utiel y alguien de Abalzisketa. Pero sí notas cambios en la manera de hablar. En las zonas de repoblación, no. Allí nuestro polaco es batua, estandarizados, sin 'euskalkis'...

– Di alguna palabra del euskera que te guste especialmente.

– 'Jakin mina'. Me siento reflejado en ese 'deseo (casi ardiente) de saber'. Saber cosas y mundos. Me gustan las palabras que llevan dentro 'min'; 'herri mina', que se parece a 'saudade'; 'maiteminez' o 'herido de amor'...






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jueves, 11 de octubre de 2018

Legado de Lucha Futbolística

La importancia del vínculo entre el deporte y la identidad de un pueblo alcanza una dimensión vital cuando esta es amenazada por el colonialismo anacrónico y trasnochado de la clase dominante en la metrópoli.

Es por ello que desde siempre la lucha por la oficialidad de los deportistas vascos en justas internacionales ha estado al centro de la demanda de autodeterminación por parte de la sociedad vasca.

Dicho lo anterior y a un mes del partido frente al representativo de la asediada República Bolivariana de Venezuela, les presentamos este artículo dado a conocer por Deia:


Iribar, Irureta, Gorriz y Xabi Prieto recuerdan con DEIA sus experiencias con Euskadi, que vuelve a escena este viernes frente a Venezuela

Arkaitz Aramendia

Euskal Selekzioa, tras casi dos años de ausencia, volverá a escena el viernes en Medizorrotza. Lo hará, a partir de las 20.45 horas y con la ansiada oficialidad como meta, en un partido en el que medirá sus fuerzas contra Venezuela con el objetivo de lograr una importante victoria dentro y fuera del terreno de juego, habida cuenta de la necesidad de reenganchar a una afición que se espera acuda en masa al envite para apoyar a los hombres dirigidos por José Mari Amorrortu y Mikel Etxarri. La historia de la tricolor, no en vano, está marcada por el incondicional aliento de una hinchada de la que, a excepción de lo ocurrido en el último encuentro jugado en San Mamés en diciembre de 2016 ante Túnez, cuando apenas se dieron cita 15.000 espectadores, han podido disfrutar exjugadores de la talla de José Ángel Iribar (Zarautz, 1943), Javier Irureta (Irun, 1948), Alberto Gorriz (Irun, 1958) y Xabi Prieto (Donostia, 1983). Los cuatro, además de dejar su imborrable huella en la selección, recuerdan a la perfección el gran ambiente vivido en torno a cada choque y la emoción que supuso para ellos defender los colores del combinado vasco.

Iribar, quien al igual que Irureta ejerció como seleccionador después de formar parte como jugador del Euskadi 4-1 Irlanda de 1979 en la antigua Catedral, hace hincapié en que vestir la elástica de la tricolor en aquel partido fue “una ilusión cumplida” que se realizó además “dentro de un programa en favor del Euskera”. “Fue todo un éxito”, señala el Txopo, mientras que Irureta califica también como “muy emocionantes” los recuerdos relacionados con aquel encuentro, dado que “fue muy emotivo jugar en el regreso de la selección a los campos después de muchos años y ver San Mamés con tantas ikurriñas”. En calidad de exseleccionador, Iribar apunta que durante los dieciocho años que estuvo en el banquillo “cada partido era una ilusión y recuerdo sobremanera cuando después de muchos años salimos fuera para jugar en Venezuela en 2007. Fue un viaje entrañable, bonito y salió todo de maravilla. El partido fue además muy interesante, quizás de los mejores que hemos hecho y el ambiente fue extraordinario, con el campo lleno”.

Le relevó en el banquillo en 2011 Irureta, pero solo durante unos meses. El irundarra, a quien no se le ha olvidado la victoria lograda en mayo de ese mismo año en Estonia (1-2), salió del Athletic tras las elecciones a la presidencia del club y entendió que debía dejar la selección porque “me pareció más honesto que siguiera alguien vinculado al Athletic o a la Real como Etxarri”. Se fue, eso sí, con pena, como reconoce diecisiete años después. “Me dio pena, porque era muy emotivo ponerse esa camiseta o la indumentaria de seleccionador por todo lo que conlleva. A día de hoy conservo algún chándal y chamarras de entrenamiento de la selección que guardo y me pongo a veces”, resalta asimismo Irureta, quien subraya en relación al choque del viernes ante Venezuela que “hay que intentar recuperar estos partidos, porque son acontecimientos muy bonitos y la selección nacional tiene un gran nivel deportivo”.

“Me parece muy interesante que cada año se sigan jugando uno o dos partidos”, manifiesta Iribar, quien añade que seguir saltando al verde “es una manera de mantener encendida esa llama y, aunque sea puntualmente, reivindicar la oficialidad que queremos muchos vascos”. A las palabras del legendario exguardameta rojiblanco se abraza Gorriz, mítico exjugador de la Real Sociedad que defiende que “será difícil, pero nunca hay imposibles y siempre hay que seguir intentándolo, porque sería muy bonito conseguirlo”. El irundarra, que tuvo la oportunidad de fajarse con la selección de Euskadi en 1990 contra Rumanía en San Mamés (2-2), recuerda que “ellos tenían una selección muy buena y hubo un ambientazo increíble en el campo”. “Yo también estoy muy orgulloso de haber jugado aquel partido. Tengo la foto en casa con la camiseta verde de la selección y, aunque no era un partido oficial, el recuerdo que tengo es de un encuentro muy bonito”, reflexiona el propio Gorriz.

Homenaje a Xabi Prieto

Más cercana en el tiempo asoma la participación de Xabi Prieto con Euskal Selekzioa. El excapitán de la Real, que decidió colgar las botas al término de la pasada temporada, figura con un total de catorce partidos como el jugador que más veces ha defendido el escudo de la tricolor, motivo por el cual será homenajeado el viernes en Mendizorrotza y que le hace especial “ilusión”. “Siempre es bonito que se acuerden de uno y que te hagan un homenaje. Se agradece y quedará en el recuerdo, al igual que haber llevado el brazalete de la selección y haberla representado en momentos que siempre han sido muy especiales”, advierte Xabi Prieto, cuyos principales recuerdos con la selección corresponden al primer partido que jugó en Anoeta “delante de mi familia y de mis amigos cuando tenía 20 años” y a los envites disputados “fuera de Euskal Herria”.

“Nosotros no hemos llegado a poder jugar ningún partido oficial, pero ojalá que con trabajo e insistencia, los más jóvenes puedan disputar algún día partidos oficiales con la selección”, apunta el donostiarra, quien espera que el viernes se viva “un gran día” en Gasteiz. Lo mismo desean Gorriz, Irureta e Iribar, convencido de que no será necesario hacer un llamamiento especial a la afición para que acuda a Mendizorrotza a presenciar un partido en el que espera que el campo “se llene, haya un gran ambiente y se consiga la victoria”. “La gente de Gasteiz estará animada además después de que el Alavés ganara 1-0 al Real Madrid”, señala Irureta, persuadido de que “hay que seguir” buscando la oficialidad a corto y medio plazo, porque, en su opinión, “alguna vez se dará esa oportunidad de competir de manera oficial”;mientras que Gorriz incide en que “todos los partidos de la selección son importantes, porque si algún día se puede conseguir algo, es con el apoyo de todos y demostrando esa ilusión por ver jugar a Euskadi”.






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miércoles, 10 de octubre de 2018

La Huella de la Eusko Selekzioa

La Eusko Selekzioa volverá a pisar la grama de un estadio después de lo que ha parecido una larga ausencia. Y es que el manejo trapichero por parte del PNV no ha beneficiado en nada a la integración de un equipo que incluya a jugadores de todas las herrialdes ni mucho menos a la consolidación de la ansiada oficialidad en torneos internacionales.

Ilusiona pues que este partido no se juegue en diciembre sino en fecha FIFA y que sea ante el seleccionado de la hermana República Bolivariana de Venezuela.

Dicho lo anterior, les presentamos este reportaje para la nostalgia dado a conocer en las páginas de Deia:


Iribar, Irureta, Gorriz y Xabi Prieto recuerdan con DEIA sus experiencias con Euskadi, que vuelve a escena este viernes frente a Venezuela

Arkaitz Aramendia

Euskal Selekzioa, tras casi dos años de ausencia, volverá a escena el viernes en Medizorrotza. Lo hará, a partir de las 20.45 horas y con la ansiada oficialidad como meta, en un partido en el que medirá sus fuerzas contra Venezuela con el objetivo de lograr una importante victoria dentro y fuera del terreno de juego, habida cuenta de la necesidad de reenganchar a una afición que se espera acuda en masa al envite para apoyar a los hombres dirigidos por José Mari Amorrortu y Mikel Etxarri. La historia de la tricolor, no en vano, está marcada por el incondicional aliento de una hinchada de la que, a excepción de lo ocurrido en el último encuentro jugado en San Mamés en diciembre de 2016 ante Túnez, cuando apenas se dieron cita 15.000 espectadores, han podido disfrutar exjugadores de la talla de José Ángel Iribar (Zarautz, 1943), Javier Irureta (Irun, 1948), Alberto Gorriz (Irun, 1958) y Xabi Prieto (Donostia, 1983). Los cuatro, además de dejar su imborrable huella en la selección, recuerdan a la perfección el gran ambiente vivido en torno a cada choque y la emoción que supuso para ellos defender los colores del combinado vasco.

Iribar, quien al igual que Irureta ejerció como seleccionador después de formar parte como jugador del Euskadi 4-1 Irlanda de 1979 en la antigua Catedral, hace hincapié en que vestir la elástica de la tricolor en aquel partido fue “una ilusión cumplida” que se realizó además “dentro de un programa en favor del Euskera”. “Fue todo un éxito”, señala el Txopo, mientras que Irureta califica también como “muy emocionantes” los recuerdos relacionados con aquel encuentro, dado que “fue muy emotivo jugar en el regreso de la selección a los campos después de muchos años y ver San Mamés con tantas ikurriñas”. En calidad de exseleccionador, Iribar apunta que durante los dieciocho años que estuvo en el banquillo “cada partido era una ilusión y recuerdo sobremanera cuando después de muchos años salimos fuera para jugar en Venezuela en 2007. Fue un viaje entrañable, bonito y salió todo de maravilla. El partido fue además muy interesante, quizás de los mejores que hemos hecho y el ambiente fue extraordinario, con el campo lleno”.

Le relevó en el banquillo en 2011 Irureta, pero solo durante unos meses. El irundarra, a quien no se le ha olvidado la victoria lograda en mayo de ese mismo año en Estonia (1-2), salió del Athletic tras las elecciones a la presidencia del club y entendió que debía dejar la selección porque “me pareció más honesto que siguiera alguien vinculado al Athletic o a la Real como Etxarri”. Se fue, eso sí, con pena, como reconoce diecisiete años después. “Me dio pena, porque era muy emotivo ponerse esa camiseta o la indumentaria de seleccionador por todo lo que conlleva. A día de hoy conservo algún chándal y chamarras de entrenamiento de la selección que guardo y me pongo a veces”, resalta asimismo Irureta, quien subraya en relación al choque del viernes ante Venezuela que “hay que intentar recuperar estos partidos, porque son acontecimientos muy bonitos y la selección nacional tiene un gran nivel deportivo”.

“Me parece muy interesante que cada año se sigan jugando uno o dos partidos”, manifiesta Iribar, quien añade que seguir saltando al verde “es una manera de mantener encendida esa llama y, aunque sea puntualmente, reivindicar la oficialidad que queremos muchos vascos”. A las palabras del legendario exguardameta rojiblanco se abraza Gorriz, mítico exjugador de la Real Sociedad que defiende que “será difícil, pero nunca hay imposibles y siempre hay que seguir intentándolo, porque sería muy bonito conseguirlo”. El irundarra, que tuvo la oportunidad de fajarse con la selección de Euskadi en 1990 contra Rumanía en San Mamés (2-2), recuerda que “ellos tenían una selección muy buena y hubo un ambientazo increíble en el campo”. “Yo también estoy muy orgulloso de haber jugado aquel partido. Tengo la foto en casa con la camiseta verde de la selección y, aunque no era un partido oficial, el recuerdo que tengo es de un encuentro muy bonito”, reflexiona el propio Gorriz.

Homenaje a Xabi Prieto

Más cercana en el tiempo asoma la participación de Xabi Prieto con Euskal Selekzioa. El excapitán de la Real, que decidió colgar las botas al término de la pasada temporada, figura con un total de catorce partidos como el jugador que más veces ha defendido el escudo de la tricolor, motivo por el cual será homenajeado el viernes en Mendizorrotza y que le hace especial “ilusión”. “Siempre es bonito que se acuerden de uno y que te hagan un homenaje. Se agradece y quedará en el recuerdo, al igual que haber llevado el brazalete de la selección y haberla representado en momentos que siempre han sido muy especiales”, advierte Xabi Prieto, cuyos principales recuerdos con la selección corresponden al primer partido que jugó en Anoeta “delante de mi familia y de mis amigos cuando tenía 20 años” y a los envites disputados “fuera de Euskal Herria”.

“Nosotros no hemos llegado a poder jugar ningún partido oficial, pero ojalá que con trabajo e insistencia, los más jóvenes puedan disputar algún día partidos oficiales con la selección”, apunta el donostiarra, quien espera que el viernes se viva “un gran día” en Gasteiz. Lo mismo desean Gorriz, Irureta e Iribar, convencido de que no será necesario hacer un llamamiento especial a la afición para que acuda a Mendizorrotza a presenciar un partido en el que espera que el campo “se llene, haya un gran ambiente y se consiga la victoria”. “La gente de Gasteiz estará animada además después de que el Alavés ganara 1-0 al Real Madrid”, señala Irureta, persuadido de que “hay que seguir” buscando la oficialidad a corto y medio plazo, porque, en su opinión, “alguna vez se dará esa oportunidad de competir de manera oficial”;mientras que Gorriz incide en que “todos los partidos de la selección son importantes, porque si algún día se puede conseguir algo, es con el apoyo de todos y demostrando esa ilusión por ver jugar a Euskadi”.





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martes, 18 de septiembre de 2018

De Euskal Herria a Estonia

Les compartimos este planteamiento dado a conocer en las páginas del Diario Vasco:


Nosotros no constituímos un riesgo para la UE, son los grandes estados quienes ponen incesantes obstáculos

Luke Uribe-Etxebarria Apalategi | Parlamentario de EAJ-PNV y exfuncionario de la UE

Hace ya 102 años que, por primera vez, el nacionalismo vasco expuso la causa de la libertad del Pueblo Vasco en los planos internacional y europeo. Fue en Lausana (Suiza), el 24 de junio de 1916, en el marco de la Tercera Conferencia de las Nacionalidades, organizada por los nacionalistas de los Países Bálticos. El EBB del PNV envió a la misma a Isaac López Mendizabal, a José Eizagirre y a Luis de Eleizalde. Desconozco cómo lograron atravesar una Francia en guerra y ocupada, ni tampoco de qué forma consiguieron imprimir 11 páginas y tres anexos de lo que se llamó el 'Rapport de la Délégation Basque'. Pero lo hicieron y allí estuvieron. Pedían que «nos reconozcáis como beligerantes en esta gran lucha de las pequeñas nacionalidades que saben perfectamente que, para precisar los derechos de las naciones, no se miden éstas ni por el número de sus habitantes ni por sus kilómetros cuadrados. Con vuestra acción, señores, habréis defendido el derecho primordial de todos los seres humanos, individuales y colectivos, a su propia existencia».

Este verano he tenido la oportunidad de visitar Tallin, capital de Estonia. Es una ciudad bella, limpia, pujante y con una excelente gastronomía. Combina de manera armoniosa las características de una auténtica ciudad medieval, con una arquitectura de estilo soviético en la periferia y un centro reformado con edificios modernos destinados a los negocios y al ocio. Estonia es un país pequeño, de apenas 1'3 millones de habitantes. Por su situación geopolítica (al igual que Letonia y Lituania), ha sido históricamente codiciada por sus vecinos cercanos como daneses, suecos, alemanes y, sobre todo, rusos, que incluso en la época de Stalin trasladaron a Estonia a miles y miles de personas para impedir sus aspiraciones de libertad nacional.

Tras la caída del muro de Berlín en 1989 y el correspondiente desmembramiento de la URSS, Estonia alcanzó su independencia en 1991, después de diversas movilizaciones populares, elecciones parlamentarias democráticas, referéndums y declaraciones institucionales, todo ello bajo el espíritu de la maravillosa 'Revolución Cantada'. En 2004 ingresó en la Unión Europea y en la OTAN, y en 2011 adoptó el euro como moneda. Hoy, Estonia avanza económicamente, con unos índices de Desarrollo Humano (IDH), de innovación y de competitividad muy notables. Además de los sectores tradicionales, están desarrollando el turismo y han convertido a las nuevas tecnologías de la información en su palanca de cambio y transformación económica y social, así como en una herramienta para evitar las apetencias geopolíticas rusas sobre su territorio.

El caso de Estonia nos demuestra varias cosas. En primer lugar que, a lo largo del siglo XX, coincidiendo temporalmente en parte con el proceso de integración europea, en Europa el número de Estados no ha hecho más que aumentar, lo que ha aportado convivencia y, en consecuencia, una mayor estabilidad y prosperidad al Continente. Es lógico, porque con ello el modelo de las relaciones entre los pueblos y naciones de Europa pasaron de ser impositivas, expansivas, subordinadas y de sometimiento, según los actores, a otras completamente distintas destinadas a la cooperación (incluyendo la cosoberanía) basadas los principios y valores europeos del respeto y reconocimiento mutuos, el derecho a decidir, la democracia y la defensa de los derechos humanos, empleando la metodología democrática del diálogo, la negociación, la libre adhesión y el pacto entre iguales.

En segundo lugar, que el logro del bienestar y del desarrollo económico y social competitivo no depende del tamaño del territorio ni del número de sus habitantes. Existen muchísimos países grandes y/o medianos fallidos y otros pequeños que son perfectamente competitivos, lo que demuestra que, en un mundo globalizado la materia prima más importante es el talento y la capacidad de adaptación a un entorno en permanente cambio.

Y en tercer lugar, que las naciones (cuatro o cinco en la UE, no más) que aspiramos a disponer de instrumentos de Estado somos los mejores aliados del proceso de integración de la UE. Sencillamente, porque deseamos que el núcleo duro de las competencias de los Estados-Nación, como son las fronteras, la moneda y las relaciones exteriores y de defensa sean gestionadas de manera plena por la UE. Nosotros no constituimos un riesgo para la UE, como nos acusan algunos. Son precisamente los grandes estados comunitarios quienes ponen incesantes obstáculos para una gestión europea de las fronteras exteriores de la Unión (lo que daría como resultado una segura y humanitaria Política de Inmigración), para disponer de una verdadera moneda única que aguante los embates de las crisis financieras y para desarrollar la Autonomía Estratégica de la UE en materia de Defensa evitando despilfarros.

A Euskadi nos urge europeizar nuestras relaciones con el Estado español y con la propia UE. Basarlas en los principios políticos y en la metodología que han hecho hasta hoy de la Unión Europea, a pesar de todas las carencias, un espacio de éxito sin parangón en el mundo y en la historia ¿Por qué los principios y la metodología que alumbraron y guiaron el proceso de integración europea aportando paz, convivencia y desarrollo no han de servir para establecer las relaciones entre Euskadi y el Estado español? Euskadi es una pequeña gran nación europea. Milenarios con personalidad política, cultura y lengua propias, orgullosos de nuestras raíces y tradiciones. Los vascos y las vascas mostramos la voluntad democrática de existir y de desarrollarnos en libertad, hoy y en el futuro. Queremos seguir siendo vascos y vascas. También, un país abierto, complejo, moderno, cosmopolita y europeizado. Pero necesitamos imperiosamente un estatus diferente e instrumentos políticos potentes para ganar los retos de un mundo cada vez más abierto e interdependiente. Instrumentos que nos permitan ser una economía abierta, muy bien insertada en la globalización, con una educación exigente, con justicia social, con un entorno que mime a nuestras empresas como nadie, con un mercado laboral fuerte y constituyendo una formidable plataforma para la inversión productiva, industrial e innovadora. Nuestro futuro debe estar en nuestras manos.






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