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viernes, 27 de junio de 2025

Premian a Begiraleak

Alrededor del mundo hay gente que considera al estado francés como un régimen garante de los derechos.

Para el pueblo vasco, esa percepción no puede estar más alejada de la realidad.

Baste como muestra este botón publicado en las páginas de Deia:


Casi un siglo de defensa de la cultura vasca en Iparralde

En reconocimiento a su labor, la asociación Begiraleak de Donibane Lohizune será premiada en los IX Esker Onak

Alejandro López

Llevan en pie desde 1935. Son ya 90 años defendiendo e impulsando la danza tradicional vasca; casi un siglo reivindicando la singularidad de su pueblo dentro de un Estado —el francés— que no reconoce ni su lengua ni su identidad de forma oficial. Los retos han sido titánicos. Las dificultades, constantes.

Pero Begiraleak, la asociación cultural vasca con sede en Donibane Lohizune (Saint-Jean-de-Luz), sigue firme, trabajando cada día para cumplir el propósito con el que nació: mantener, desarrollar y promover el euskera y la cultura de Euskal Herria. Por ello, Bizkaiko Dantzarien Biltzarra le rendirá homenaje en la próxima gala de los IX Esker Onak, que se celebrará este jueves, 26 de junio, en el Palacio Euskalduna de Bilbao.

Desde Donibane Lohizune, Pierre Latasa Goya, lehendakari de Begiraleak, recuerda que la agrupación cultural se fundó hace 90 años con un objetivo claro: impulsar la cultura y la lengua vascas en Iparralde. “Fueron cuatro mujeres quienes crearon Begiraleak, un espacio que, en sus inicios, estuvo muy ligado al teatro”, puntualiza en euskera, con un marcado acento francés.

Del teatro a la danza

Durante sus tres primeras décadas, la actividad teatral ocupó un lugar central, con la participación de grandes autores vascos como Monzón, Lafitte, Iratzeder o Larzabal. Pero pronto la danza tomó protagonismo en la asociación. Según recogen en su página web, el grupo recorrió Euskal Herria para aprender diferentes danzas vascas y asumió el reto de recuperar celebraciones olvidadas como los carnavales de Lapurdi, su herrialde. De hecho, Betti Bettelu, maestro de danza de Begiraleak, fue uno de los impulsores de la renovación folclórica de la provincia. 

Hoy lo tienen claro: “No hay folclore sin identidad, ni identidad sin lengua ni cultura. Eso es lo que Begiraleak ha intentado siempre preservar”, subrayan desde la asociación. 

El actual presidente de Begiraleak —o “Begi”, como algunos integrantes llaman cariñosamente al grupo— añade que esta no es una misión sencilla. No cualquiera está preparado para llevar la danza a las plazas del País Vasco francés, ni a las del resto de Euskal Herria. “Organizar un evento de danza es ya, de por sí, un trabajo de muchos años”, explica.

“En un año se pueden aprender algunas cosas, pero esto requiere un recorrido largo: técnica, dedicación constante y también un poco de investigación, porque nuestras danzas, al final, tienen una historia y un peso cultural importante”, subraya Pierre.

El lehendakari de Begiraleak destaca que detrás de cada actuación hay “un gran esfuerzo logístico”. La preparación es intensa: organizar ensayos, coser e investigar los trajes, coordinarse con los músicos… En definitiva, un trabajo enorme que requiere apoyo, también en lo económico, para poder salir adelante.
Experiencia acumulada

A la pregunta de si la financiación supone un obstáculo, Pierre sonríe al otro lado de la pantalla y responde: "La financiación es uno de los retos que tenemos que afrontar. Conseguir que todo salga bien el día del evento nunca es sencillo. Pero tenemos la ventaja de esos 90 años de experiencia y conocimiento acumulado. Conservamos trajes que hemos confeccionado en los últimos 50 años y, además, somos 300 miembros, así que solo con las cuotas de inscripción ya reunimos algo de dinero", explica.

Subraya que la Herriko Etxea de Donibane Lohizune también les presta un apoyo importante, pero los costes no dejan de aumentar. “Hoy en día, cualquier cosa cuesta más: desde alquilar un equipo de sonido hasta contratar a una empresa externa para cualquier servicio. Al final, siempre hay que sacar el dinero de alguna parte”, confiesa. “Incluso mañana —por hoy—, para pagar el autobús a Bilbao, necesitaremos recursos. Pero la verdad es que tenemos suerte: son 90 años en los que se ha hecho mucho trabajo y no partimos de cero cada año. Eso también ayuda”, insiste. 

 

 

 

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miércoles, 19 de marzo de 2025

María Goiricelaya y "Filtro"

Hace treinta y un años la brutalidad que tanto ha caracterizado al régimen español en lo que respecta al pueblo vasco sembró muerte y horror en suelo uruguayo.

Inspirada en aquellos hechos, la dramaturga María Goiricelaya ha llevado al escenario teatral su reflexión acerca de aquellos hechos.

Aquí lo que nos informa Naiz al respecto:

 

«‘Tengo esta cicatriz de un sablazo’, me contaron los periodistas sobre los sucesos del Filtro»

María Goiricelaya | Autora y directora de ‘Filtro’ | María Goiricelaya estrena en Euskal Herria ‘Filtro’, reflexión teatral sobre los sucesos ocurridos en Montevideo el 24 de agosto de 1994. En su estreno en Uruguay, conoció a la madre de Fernando Morroni, fallecido aquel día. «Han pasado muchas cosas mágicas alrededor de esta obra», reconoce.

Xole Aramendi

‘Filtro’ verá la luz en Euskal Herria tras su estreno en Uruguay en el marco de los actos conmemorativos del 30º aniversario. La obra teatral recuerda los hechos que tuvieron lugar en 1994 en Montevideo, pero ante todo es una invitación a reflexionar sobre temas como el asilo político, la justicia y la solidaridad internacional.

El espectáculo se centra en los Sucesos del Hospital Filtro, cuando la extradición de ciudadanos vascos acusados de pertenecer a ETA provocó una manifestación masiva y una brutal represión policial.

Lo acaecido se remonta a la noche del 24 de agosto de 1994 en las inmediaciones del hospital de la capital de Uruguay, cercano a la entonces sede de la presidencia del país. Aquel día se había convocado una manifestación frente al centro sanitario en contra de la extradición de Manueltxo Goitia, Mikel Ibañez y Luis Lizarralde por parte de las autoridades españolas. Los tres refugiados vascos permanecían ingresados en el Hospital Filtro después de iniciar una huelga de hambre y sed para protestar por su entrega a las autoridades españolas.

La Suprema Corte de Justicia de Uruguay había autorizado su traslado a Madrid y miles de uruguayos salieron a la calle en defensa de la tradición de asilo de aquel país. Fernando Morroni murió a causa de doce balazos en la espalda efectuados por la Policía. Otro manifestante, Roberto Facal, apareció apuñalado en su casa horas después.

«La pieza recorre lo que sucedió aquella noche del 24 de agosto, hace 30 años, en Montevideo. Hemos querido situar al espectador en lo que pasó en aquel momento, cómo se ha ido desarrollando la democracia reciente de Uruguay, cómo es percibido allí, y qué es lo que nos une a las vascas y vascos en relación a esos sucesos. Habla de todo el proceso de extradición que se pide para tres personas vinculadas con ETA, cómo el pueblo uruguayo sale a las calles para pedir el asilo político y qué consecuencias tuvo aquello», cuenta María Goiricelaya (Bilbo, 1983).

La dramaturga y directora de teatro confiesa que era una adolescente en la época y no tenía «muy frescos» los hechos en su memoria. «Es ahora, tras el proceso de investigación extenso e intenso realizado, cuando realmente me doy cuenta de lo que ha supuesto para la democracia en Uruguay y de cómo resuena también ese episodio aquí, en el País Vasco», reconoce.

Al preguntarle si hubo algo que llamó su atención en el proceso de investigación menciona que «hay material muy contradictorio». «He leído diversos libros que hablan del conflicto en lo que atañe a la política de Uruguay, escritos desde lugares distintos. Fue para mí muy valioso, por ejemplo, trabajar con la transcripción de la Cámara de los Representantes de Uruguay, donde los diferentes diputados se encaraban defendiendo o atacando la gestión en aquel momento del ministro [Luis Alberto] Lacalle. Fue sorpresivo que a mi llegada a Uruguay Lacalle hijo [Luis Lacalle Pou] estuviera tan presente y que el expresidente también tuviera un lugar. Yo creo que de alguna manera esto escuece a Uruguay en particular y a Latinoamérica en general y tiene que ver con la impunidad de los gobiernos y de cómo sucesos como este de repente dejan esta estela y esta sensación de que hay algo que está sin resolver todavía», afirma.

Todo comenzó con una llamada. «Esta coproducción surge a raíz de ‘Altsasu’. El director de la Sala Verdi de Montevideo, Gustavo Zidane –acaba de dejar el cargo para ser director del INAE– vio nuestra obra en dFERIA y le fascinó la pieza. ‘Altsasu’ viajó a Uruguay hace un año y medio, también pasó por Colombia. Gustavo, siendo conocedor de los Sucesos del Hospital Filtro, me llamó para proponerme escribir y dirigir una pieza que hablara sobre el tema. En ese momento también entró la posibilidad de la colaboración con Donostia Kultura y su posible estreno en dFERIA. Así se activó la maquinaria», recuerda.

El elenco de intérpretes es uruguayo. También el diseño de iluminación y la escenografía es obra de la Sala Verdi. Por su parte, La Dramática Errante se ha encargado del vídeo y la música, además de la dramaturgia y la dirección. Protagonizarán una pequeña gira en Euskal Herria. «Otros teatros se han interesado también por la pieza aprovechando el lujo de tener también a estos cuatro intérpretes uruguayos que son fabulosos porque la Escuela de Interpretación uruguaya es fantástica», dice.

Califica de «placentero, disfrutado y honesto» el camino realizado. Para la directora, ‘Filtro’ es una muestra de cómo deberían ser las coproducciones internacionales. «Siento que ha sido un trabajo muy horizontal, a través de reuniones online. He estado tres veces en Montevideo y parte del equipo –Ane Pikaza (ayudante de dirección) y Xabino Alkorta (productor)– han venido conmigo. Es una forma de establecer una colaboración y de que el intercambio cultural sea real. Que no sea solamente una directora que se mueve y dirige, sino que también intercambiamos vivencias y experiencias más allá de lo que es la exhibición», remarca.

El montaje vio la luz en Montevideo en agosto de 2024. Goiricelaya estuvo presente. «Sí, además Xabino, Ane y yo pudimos participar en la marcha conmemorativa del 30º aniversario de los sucesos. Fue un momento muy emotivo, tuvimos la oportunidad de conocer a Norma Morroni, madre de Fernando Morroni, en la marcha y ella también estuvo en el estreno. Fueron momentos muy bonitos y muy duros. Coincidimos en los actos de conmemoración con Fermin Muguruza.... Han pasado muchas cosas que le han dado sentido al trabajo, muy mágicas y curiosas, alrededor de esta pieza. Poder contar una historia basado en un hecho documental que nosotras no hemos vivido en primera persona pero tener la oportunidad de acercarnos a él y de conocer a la gente que sí que estuvo allí... Hice muchas entrevistas allá y en varias de ellas me pasó que el periodista había estado en los sucesos. ‘Tengo esta cicatriz de un sablazo’, me contaban, por ejemplo», explica.

Ahora, con las representaciones de Euskal Herria se cierra el círculo. «Para mí no tenía sentido hacer el espectáculo allí y que no pudiera verse en el País Vasco», dice.

Trayectoria

‘Altsasu‘, ‘Yerma’... invitamos a Goiricelaya a realizar un balance del camino recorrido. «Ane y yo llevamos trabajando juntas 20 años. La Dramática Errante como sello empezó en 2017 pero como compañía arrancó en 2021, después de la pandemia. ‘Altsasu’, el primer espectáculo de la Dramática, fue un estreno por todo lo alto. Hemos apostado fuerte por algunas cosas en las que creíamos y hemos tenido también la fortuna de tener un recorrido muy grande en muy poco tiempo. Hemos pisado los mejores festivales y teatros en el País Vasco y en el Estado y ahora estamos abriendo esta pequeña vía internacional que también nos apetecía mucho porque nos interesa mucho compartir nuestra cultura y sacar el teatro vasco al mejor de los lugares. Estamos en un momento muy bonito. Nos sentimos muy afortunadas y para nosotras también ha sido inesperado. Constantemente estamos trabajando para seguir manteniendo los estándares de calidad dentro de la compañía y para darnos el tiempo que necesitamos para seguir creando bien, con calma y buscando eso que creemos que es interesante para el público».

La compañía se caracteriza por su teatro social. Previamente a ‘Filtro’, en sus producciones, Goiricelaya y Pikaza han abordado cuestiones como la de los hechos ocurridos en Altsasu en 2016, la infertilidad, el abuso a menores, la nomofobia y el caso Nevenka, entre otras. «Son los grandes temas que nos importan. Hablamos de aquello que nos incomoda, nos conmueve, nos sacude y nos interpela», señala.

Tras su estreno en enero, están inmersas también en la gira de ‘Ni flores ni funeral ni cenizas ni tantán’ / Adiorik ez’. «En la obra hablamos de la muerte, del duelo, de eso que nos va a tocar afrontar en breve o que ya estamos afrontando», dice.

La Dramática Errante está creando textos propios. «La dramaturgia contemporánea en el Estado español está pasando ahora por un momento muy prolífico. Es importante que las vascas también tomemos nuestro lugar ahí y que la dramaturgia y los textos vascos tengan también su espacio. Y saquemos estas historias que se están haciendo muy bien. Creo que las artes escénicas vascas están en un momento muy bueno, hay creadores y creadoras que son referentes para muchas personas y que es una muy buena forma de honrar a nuestra cultura».

‘Filtro’ es teatro documental. Toma como referencia materiales como la transcripción de la Cámara de los Representantes, extractos del juicio, libros, material audiovisual documental, diarios y periódicos, entrevistas... Apuestan por nuevos lenguajes escénicos. «‘Filtro’ forma parte de lo que Ane y yo definimos como una trilogía porque tienen un mismo espíritu, una misma atmósfera o una misma forma de estar concebidos. ‘Altsasu’, ‘Nevenka’ y ‘Filtro’, aunque ‘Nevenka’ pertenezca a la compañía Histrión Teatro. Son como si fueran primos hermanos, tres espectáculos de teatro documental que revisitan hechos reales, aunque estén ficcionados. Ves la conexión entre ellos y ves que respiran con un mismo pulmón. Luego está todo lo demás, porque yo no sé cómo definir el sello. Mucha gente no asocia ‘Altsasu’ y ‘Yerma’, por ejemplo, piensa que no son de la misma compañía. No tenemos una línea constantemente homogénea. Vamos buscando nuevos lenguajes viendo cuál es el dispositivo que mejor funciona para cada pieza», explica.

Situación que vive el sector

Además de creadoras, Goiricelaya y Pikaza son programadoras y directoras artísticas, ya que codirigen el Festival de Teatro de Erriberri. Aprovechamos la ocasión para hablar de la situación que vive el sector. «El circuito que tenemos no puede absorber la cantidad de producciones, hay una sobreproducción fuerte. Esto obliga a las compañías a ser dependientes constantemente de las subvenciones públicas, lo cual tampoco sanea el circuito. A la vez, los programadores tienen que equilibrar de alguna manera las programaciones. Pueden arriesgar pero luego necesitan revertir taquilla en algún momento. Es difícil. El momento creativo es dulce pero el momento que tiene que ver con la producción, con la ejecución y distribución es duro y más si venimos de donde venimos y hacia donde vamos, de una recesión fuerte fruto de toda la crisis que provocó el covid. Las cifras no han llegado a ser lo que eran antes. A esto sumamos que los presupuestos están congelados mientras que el resto de la vida sigue subiendo y el problema que yo percibo desde los diferentes ayuntamientos es que no tienen más presupuesto para poder repartirlo en exhibición. Con el mismo presupuesto siguen teniendo que contratar el mismo número de piezas o espectáculos y eso es complejo. No existe un equilibrio y el hueco es reducido», reflexiona.




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martes, 14 de septiembre de 2021

El Martirio de Víctor Jara

Ya que estamos hablando del terror infligido por los regímenes fascistas a los pueblos en resistencia, vayamos de la martirizada Euskal Herria hasta el extremo austral del continente americano, vayamos a Chile.

Lean esto publicado en la página de Facebook titulada Bruja de la Noche:


La muerte lenta de Víctor Jara

En honor de todos los que no se resignan, no se callan, no se venden, ni se rinden.

Por Victor, Gustavo, Miguel, Tomas, Manuel, Gregorio, Lauro, Arnulfo y todos los caidos...

Cansados y con sus manos entrelazadas en la nuca, los 600 académicos, estudiantes y funcionarios de la Universidad Técnica del Estado (UTE) tomados prisioneros por los militares golpistas iban entrando al Estadio Chile, un pequeño recinto deportivo techado cercano al palacio de La Moneda. Un oficial con lentes oscuras, rostro pintado, metralleta terciada, granadas colgando en su pecho, pistola y cuchillo corvo en el cinturón, observaba desde arriba de un cajón a los prisioneros, que habían permanecido en la universidad para defender el Gobierno del presidente socialista Salvador Allende. Era el 12 de septiembre de 1973, día siguiente del golpe militar, en el alba de la dictadura de 17 años encabezada por el general Augusto Pinochet.

Con voz estentórea, el oficial repentinamente gritó al ver a un prisionero de pelo ensortijado:

-¡A ese hijo de puta me lo traen para acá! -gritó a un conscripto, recuerda el abogado Boris Navia, uno de los que caminaba en la fila de prisioneros.

¡A ese huevón!, ¡a ése!", le gritó al soldado, que empujó con violencia al prisionero. "¡No me lo traten como señorita, carajo!", espetó insatisfecho el oficial. Al oír la orden, el conscripto dio un culatazo al prisionero, que cayó a los pies del oficial.

-¡Así que tu eres Víctor Jara, el cantante marxista, comunista concha de tu madre, cantor de pura mierda! -gritó el oficial. Navia rememora. Es uno de los testigos del juez Juan Fuentes, que investiga el asesinato del cantautor, uno de los crímenes emblemáticos de la dictadura, porque Jara fue con su guitarra y con sus versos el trovador de la revolución socialista del Gobierno de Allende en Chile. Por su impacto y la impunidad en que están los culpables, el crimen de Jara es en Chile el equivalente al asesinato de Federico García Lorca en España.

"¡No me lo traten como señorita, carajo!", gritó un militar al ver a Víctor Jara. Después le dio un culatazo.

"Lo golpeaba, lo golpeaba. Una y otra vez. En el cuerpo, en la cabeza, descargando con furia las patadas. Casi le estalla un ojo. Nunca olvidaré el ruido de esa bota en las costillas. Víctor sonreía. Él siempre sonreía, tenía un rostro sonriente, y eso descomponía más al facho. De repente, el oficial desenfundó la pistola. Pensé que lo iba a matar. Siguió golpeándolo con el cañón del arma. Le rompió la cabeza y el rostro de Víctor quedó cubierto por la sangre que bajaba desde su frente", cuenta el abogado Navia.

Los prisioneros se habían quedado pasmados mirando la escena. Cuando el oficial, conocido como El Príncipe y hasta hoy no identificado con plena certeza, se cansó de golpear, ordenó a los soldados que pusieran a Jara en un pasillo y que lo mataran si se movía. El autor de canciones como El cigarrito y Te recuerdo Amanda, que Serrat, Sabina, Silvio Rodríguez y Víctor Manuel han incorporado en sus repertorios, entró así al campo de prisioneros improvisado por los militares donde vivió sus últimas horas.

El ensañamiento con Jara fue uno de los signos de la dictadura de Pinochet (1973-1990), que truncó con brutalidad el Gobierno de Allende y los sueños socialistas, dejando un reguero de más de 3,200 muertos y desaparecidos, alrededor de 30, 000 torturados y decenas de miles de exiliados. El Chicho, como era conocido Allende, un médico socialista y masón, había llegado a la presidencia en 1970, en su cuarto intento, con el 36% de los votos, encabezando la Unidad Popular, la coalición que reunía a la izquierda chilena en un arco multicolor.

Con un programa que ofrecía reforma agraria, medio litro de leche diaria para los niños y la nacionalización del cobre, principal riqueza de Chile, en manos de empresas norteamericanas, la victoria de Allende en las urnas, la primera de un marxista en Occidente en plena guerra fría, sorprendió a Estados Unidos e insufló esperanzas en muchos países, incluidos los opositores de Franco en España. Un irritado presidente Richard Nixon ordenó en la Casa Blanca intensificar las acciones desestabilizadoras.

Pero en Chile se vivían tiempos de efervescencia. Las movilizaciones sociales iban en ascenso y con Allende en La Moneda, el Gobierno ganó apoyo en las urnas en lugar de perderlo. El cerrojo norteamericano se apretó con el embargo de las exportaciones de cobre, en réplica a una nacionalización en la que Chile resolvió no indemnizar a las empresas expropiadas por haber obtenido ganancias excesivas, mientras la oposición de centro y derecha se reunió en una coalición contra Allende, y la izquierda más radicalizada comenzó a desbordar al Gobierno acusándolo de reformista. La lucha política se exacerbó.

El Gobierno socialista concitó una amplia adhesión de artistas e intelectuales. En los tres años de Allende, Chile vivió un destape cultural como nunca antes y Víctor Jara fue uno de los protagonistas. Hijo de inquilinos campesinos, conoció de la explotación y miseria en su infancia y juventud. Aprendió música por la intuición de su madre. Cuando ella falleció, viajó a Santiago a estudiar teatro. Como director teatral recibió premios de la crítica y la prensa por sus montajes e hizo giras por dos continentes.

Mientras estudiaba dramaturgia, comenzó a tocar y componer con el grupo Cuncumén. Después trabajó con la pléyade del folclor chileno: Quilapayún, Inti Illimani, Ángel e Isabel Parra, Patricio Manns, Rolando Alarcón. Violeta Parra, la autora del universal Gracias a la vida, fue una de las que descubrió tempranamente el talento de Jara como compositor e intérprete.

Militante comunista, Jara defendió a la Unidad Popular con su guitarra, hizo canciones de protesta, pero sus obras mayores, aquellas más sencillas e imperecederas, son las que brotan desde la tierra y de la pobreza de las barriadas periféricas de Santiago, las fuentes de su saber. Víctor creía que "la mejor escuela para el canto es la vida", recuerda su viuda, Joan Turner, en Un canto trunco, las memorias de Jara. Nombrado embajador cultural por Allende, prefería compadrear en una peña popular a los cócteles de diplomáticos.

Un conscripto confesó que jugaron a la ruleta rusa antes de acribillarlo en el subterráneo.

Durante el paro de octubre de 1972, con el que la oposición quiso poner de rodillas al Gobierno, junto con decenas de miles de personas, Jara salió a realizar trabajos voluntarios para impedir que la economía se detuviera. En la vorágine escribió Manifiesto, su testamento musical: "Yo no canto por cantar / ni por tener buena voz, / canto porque la guitarra / tiene sentido y razón".

Con la inflación desbocada, desabastecimiento y mercado negro, el transporte paralizado y con el mayor partido opositor, la Democracia Cristiana, cerrando las puertas al diálogo para encontrar una salida, a Allende casi no le quedan opciones, y muchos creen que un golpe militar es inminente. Resuelve que el martes 11 septiembre llamará a un plebiscito que decidirá si sigue o no en el poder. Enterados, los militares adelantan el golpe militar para ese martes.

El escenario que había escogido Allende para pronunciar este discurso que podría haber cambiado la historia es la sede de la UTE. Nunca llegó. Enterado de la sublevación militar, Allende acude con sus colaboradores más cercanos a La Moneda, a defender la democracia. Dispuestos a todo, los militares bombardean el palacio y Allende, que sólo saldrá sin vida de ese lugar, pide a los trabajadores que permanezcan en sus puestos, pero que no se dejen provocar, y anticipa en su lúcido discurso final que otras generaciones superarán ese momento.

En asambleas por facultad, la comunidad de la UTE resolvió permanecer en la sede universitaria, como pidió Allende. Entre ellos, Víctor Jara, que trabajaba en extensión en la universidad e iba a cantar en el acto de Allende. Habla dos veces por teléfono con Joan y cree que volverá a casa al día siguiente. Esa noche anima a los estudiantes en su último recital, mientras en todo Santiago suenan las balas de los militares.

Al día siguiente, los militares instalan un cañón frente a la universidad y disparan a la rectoría mientras un centenar de soldados vacía sus cargadores. No hay resistencia: estaban desarmados. Rompen puertas y cerrojos y toman prisioneros a los 600 que permanecían ahí.

El infierno está a un par de kilómetros, en el Estadio Chile, rebautizado en democracia como Estadio Víctor Jara. Ahí el cantautor queda tendido en el suelo. A un estudiante peruano que confunden con cubano le cortan una oreja con un cuchillo. A un profesor de ciencias sociales que llevaba pruebas recién corregidas de sus alumnos le piden las dos mejores notas, las entrega y lo obligan a que se coma las hojas. Los amenazan con barrerlos con "las sierras de Hitler", ametralladoras de gran calibre cuyas balas cortan los cuerpos. Un obrero grita: "¡Viva Allende!", y se arroja desde las graderías, muriendo desangrado. En el recinto caben apretadas 2,000 personas, pero hacinan a más de 5,000 prisioneros.

El Príncipe tiene visitas de oficiales y quiere exhibir a Jara. Un oficial de la Fuerza Aérea que está con un cigarrillo le pregunta a Jara si fuma. Con la cabeza, niega. "Ahora vas a fumar", advierte, y le arroja el cigarrillo. "¡Tómalo!", grita. Jara se estira tembloroso para recogerlo. "¡A ver si ahora vas a tocar la guitarra, comunista de mierda!", grita el oficial y pisotea las manos de Jara, relata Navia

"Cuando llegaron más prisioneros y los soldados fueron a recibirlos, Víctor se quedó sin custodia. Entre varios lo arrastramos adonde estábamos y comenzamos a limpiar sus heridas. Llevaba casi dos días sin comida ni agua", dice Navia. Un detenido consigue que un soldado le regale un tesoro: un huevo crudo. Se lo dan a Jara. Con un fósforo, el cantautor perfora el huevo en ambos extremos y lo sorbe. "Nos dijo que así aprendió en su tierra a comer los huevos", recuerda.

A Jara le vuelven las energías. "Mi corazón late como campana", dice. Y habla, de Joan y sus hijas. Dos detenidos logran salir libres gracias a contactos. Varios escriben mensajes breves para que avisen a sus parientes de que están vivos. Víctor pide lápiz y papel. Navia le pasa una libreta pequeña de apuntes, que hoy conserva la Fundación Jara como pieza de museo. Escribe con dificultad sus últimos versos: "Canto que mal que sales / Cuando tengo que cantar espanto / Espanto como el que vivo / Espanto como el que muero".

Repentinamente, dos soldados lo toman y arrastran, y Jara alcanza a arrojar la libreta. Navia se queda con ella. Comienza una golpiza más brutal que las anteriores, a culatazos. Otros prisioneros lo verán con vida horas después. Un conscripto, José Paredes, confiesa 36 años después que jugaron a la ruleta rusa con Jara antes de acribillarlo en los subterráneos. Es el único procesado vivo en el caso. El otro, el jefe del recinto, el coronel Mario Manríquez, falleció. La primera autopsia, en 1973, revela 44 disparos.

2 balas en la cabeza
16 en el pecho
2 en brazo derecho
6 en el abdomen
18 balas en las piernas

La nueva, en 2009, confirma que Jara murió por múltiples impactos. Pero Paredes se retracta de su confesión.

Al anochecer del sábado 15 de septiembre trasladan a los prisioneros del Estadio Chile al mayor recinto del país, el Estadio Nacional. "Al salir al foyer para irnos, vemos un espectáculo dantesco. Hay entre 30 y 40 cadáveres apilados, y dos de ellos están más cercanos. Todos están acribillados y tienen un aspecto fantasmagórico, cubiertos de polvo blanco, porque cerca estaban apilados unos sacos de cal para hacer reparaciones, que cubre sus rostros y seca la sangre. Reconozco a Víctor en primer lugar, y después al abogado y director de Prisiones Littré Quiroga", relata Navia.

A Jara le han quitado el chaquetón que otro prisionero le había pasado porque tenía frío. Esa noche, los soldados arrojan seis de estos cadáveres, Jara entre ellos, junto al Cementerio Metropolitano, en el acceso sur de Santiago. Una vecina reconoce al cantautor y avisa para que lo recojan. Cuando el cuerpo llega a la morgue, un trabajador de este servicio, que era comunista, también reconoce a Jara y avisa a su esposa Joan para que lo sepulte antes de que lo sepulten en una fosa común.

El cuerpo del cantautor está junto al de cientos de víctimas en un mesón de la morgue, al final de una fila de jóvenes. Sólo tres personas acompañan a Joan en el funeral semiclandestino que se celebró en el Cementerio General de Santiago, donde fue inhumado en un humilde nicho. Jara está en su cenit creativo, poco antes de cumplir 41 años, y quienes tronchan su vida no saben que lo están haciendo más universal, a él, pero también a ellos mismos.

 

 

 

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domingo, 29 de agosto de 2021

Entrevista a Itziar Ituño

La actriz vasca Itziar Ituño ha ganado notoriedad internacional gracias a su participación en la serie televisiva 'La Casa de Papel'. En ese deambular por los platós de cine y televisión también se ha ganado una fatwa por parte de los talibanes de la caverna española dada su solidaridad con los presos políticos vascos.

Desde las páginas de Deia traemos a ustedes una entrevista en la que pone de realce la coyuntura en la que se encuentra pues por un lado cierra el ciclo de 'La Casa de Papel' pero por el otro inicia un nuevo proyecto.

Adelante con la lectura:


Itziar Ituño: "La fama siempre tiene un peaje muy gordo y el pago es perder tu libertad en muchos sentidos"

El miércoles volverá con sus compañeros de 'La casa de papel', una serie en la que tiene un personaje protagonista y ha enganchado al mundo

Rosana Lakunza

Además del estreno de la última temporada de La casa de papel, está inmersa en la grabación de Intimidad, una serie en la que da vida a la protagonista, una política que ve como su mundo se hace añicos tras la emisión de un vídeo de contenido sexual. Patricia López Arnaiz, Emma Suárez, Verónica Echegui, Ana Wagener y Yune Nogueiras le acompañan en esta historia creada por Verónica Fernández y Laura Sarmiento.

Vuelve a estar en el candelero, el miércoles se estrena nueva temporada de 'La casa de papel'.

—Tendremos dos días de promoción a tope con el estreno y a partir del miércoles se podrá ver la primera entrega de la quinta parte. Estamos deseando que todos podáis ver este comienzo del final definitivo de una historia como esta.

Quién iba a decir cuando se estrenó la serie en Antena 3 que iba a tener el recorrido y la repercusión que ha tenido a través de Netflix.

—Ninguno de nosotros lo imaginó. Ahora han hecho un vídeo alucinante para India y allí está siendo todo un boom y ahí están ellos promocionando en India La casa de papel por todo lo alto. El otro día vi el spot y me quedé tiesa pensando: Hasta dónde ha llegado todo esto. El mundo con las plataformas está tan globalizado, que la cantidad de personas que puede llegar a ver una serie es imposible de calcular, es brutal.

A usted la conocen en...

—En muchos sitios, en demasiados. Ahora el fenómeno está por La India, por Filipinas, Indochina y en África también. Estamos dando la vuelta al Planeta. Lo de Italia es fuera de serie.

'La casa de papel' termina con los episodios que se emitan en diciembre en la segunda parte de esta quinta temporada. ¿Cree que la serie daba para más?

—Pienso que no y que es importante saber dejar las cosas a tiempo. No sé si con el tiempo se podrá retomar de alguna manera. Mucha gente me preguntaba por la calle: ¿Cuándo va a terminar esto? ¿Cuándo vamos a poder saber el final? Por un lado, muchos están deseando ver cómo se resuelve esta historia. Por otro lado, hay quien siente pena. Yo no alargaría esta serie. Me gusta eso de lo bueno y breve, dos veces bueno. Si alargas innecesariamente todos nos empezamos a cansar y va bajando la emoción.

La echará de menos.

—Sí. Han sido varios años muy intensos. Voy a echar de menos a los compañeros y compañeras. Cuando una serie tiene un tiempo de duración haces familia. Nuestro trabajo es así, es nómada y va saltando de una familia a otra. También es parte de la magia de esta profesión, meterte en las vidas de otras personas. Ahora ya estoy en otra familia.

Hablemos de su nuevo trabajo.

—Estoy haciendo Intimidad, está producida por Txintxua para Netflix. Estamos haciéndola en Bilbao. Vamos a estar hasta octubre rodando. Ojalá funcione la cosa y pueda haber alguna temporada más.

Es usted la protagonista. ¿Cómo es su personaje?

—Es una política que proviene del mundo del Derecho. Ella fue abogada y trabajó en un bufete con su padre. Decidió meterse al mundo de la política. Se ve envuelta en un escándalo por la difusión de un vídeo sexual. El vídeo se mete en todas las redes, en todas las televisiones. Sufre un ataque brutal en el ámbito de su intimidad. Es un hecho que repercute con fuerza en su vida privada y en su carrera política.

Una historia que no es ajena a la realidad.

—Es mucha la gente que está sufriendo estos ataques a la intimidad. No es una fantasía de ficción. Lo referente a mi personaje es una parte de la historia. Hay otra en la que una chica que trabaja en una fábrica sufre lo mismo por unas fotos comprometidas. El papel lo hace Verónica Echegui. Son dos líneas paralelas que critican esa exposición que sufrimos y que posibilita que se saque cualquier cosa en las redes sociales y que pueda verse destruida tu intimidad y toda tu vida.

Esta serie tiene un reparto en el que las protagonistas son mujeres y quienes la han creado también.

—Es lo más chulo. Parece que nos estamos empoderando y ganando terreno. Antes era bastante difícil que ocurriera esto. También antes era bastante difícil protagonizar una serie a determinada edad si eras mujer. Todavía queda mucho camino por andar, pero para mí es muy positivo que surjan historias como Intimidad en la que las protagonistas sean mujeres y lo sean de una historia creada por mujeres.

¿Qué más proyectos tiene?

—Tengo una propuesta de teatro y estoy en la película de Paul Urkijo, ahora está en preproducción, Irati. También tengo alguna propuesta que me ha llegado del otro lado del charco, estoy valorándola, sería para este año y estoy muy interesada.

¿No piensa parar?

—Sí, creo que sí. El año que viene me lo voy a tomar con un poco más de calma. Este está siendo una locura, estoy trabajando demasiado.

Es muy raro que una actriz o un actor diga que está trabajando demasiado cuando la incertidumbre y la inestabilidad son ingredientes presentes en la profesión.

—Lo son, lo son. Este año estoy trabajando demasiado y quiero descansar, pero eso no quiere decir que en el futuro no vengan mal dadas. No me quejo de trabajo. Si es cierto que un poco de descanso para es imprescindible para el cuerpo. Tengo que descansar, viajar y estar con los míos.

¿Se acuerda cuando terminó 'Goenkale' y se vio dentro del vacío laboral?

—Sí que lo recuerdo. Cuando terminas un trabajo en el que has estado mucho tiempo siempre te queda la incertidumbre. Llegó Loreak, pero después me llegó un parón de un año sin trabajar. Tratas de buscarte la vida como puedes. Yo estuve contando cuentos. Cuando te empiezan a llegar cosas, te llegan de sopetón, todas a la vez. Hay que saberse dosificar y cuando no hay, no queda otra, reiventarse y buscar debajo de las piedras. Pero hoy en día en qué trabajo no hay dificultades y la gente está en la cuerda floja.

¿Qué tal lleva la fama? Sigue viviendo en Basauri y supongo que la conoce todo el mundo.

—La fama siempre tiene un peaje muy gordo, el pago es perder tu libertad en muchos sentidos. Hace ilusión que venga la gente a decirte lo que les ha gustado tu trabajo. Eso es bonito. Pero cuando estás en una playa y ves que te hacen fotos de lejos o que te vienen en tropel a querer hacerse selfies y que da lo mismo estés donde estés, llega a ser agobiante, ahoga.

Pues ahora que estrenan la quinta y última temporada...

—Estamos todos temblando. Tendremos que hacer terapia después. Ja, ja, ja... Pasará, estamos en una sociedad en lo que todo es efímero, todo es como la espuma, todo tiene su tiempo. Lo llevo con toda la tranquilidad que puedo, aunque a veces no puedo evitar perder los nervios. El fenómeno fan fanático es muy interesante sociológicamente.

¿Ha sido alguna vez fan fanática?

—Nunca he tenido ídolos. He admirado a artistas, pero no he sido una fanática de nadie. Como socióloga que no ejerce, tengo que decir que es alucinante y que intento descifrar todos los entresijos, pero sin dejar que esto me modifique la vida. 




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domingo, 9 de mayo de 2021

“Los Papeles de Sísifo”

Lo del cierre de Egunkaria sigue siendo un tema latente y lacerante para el pueblo vasco, sobre todo tomando en cuenta que además del ataque directo al euskera, se torturó a su director Martxelo Otamendi.

Al respecto, traemos a ustedes este artículo dado a conocer por Naiz:

La obra sobre ‘Egunkaria’ despierta emoción y solidaridad en Madrid

“Los papeles de Sísifo” culminaron un mes de presentación en el teatro María Guerrero, con ovaciones todas las noches y sin incidentes. El director, Fernando Bernués, y la actriz Dorleta Urretabizkaia compartieron con GARA-NAIZ su experiencia y sorpresa ante la empatía recibida.

Manuel Galvalizi

Se oye una broma cuyo remate es con el uso irónico de Txanogorritxu. A los dos segundos la actriz traduce en voz alta “caperucita”. Y entonces sí, la platea entiende y se ríe. Uno de “los malos” de la obra es sarcástico sobre el euskara y comienza a parodiar sus palabras de origen latino como “komunikazioa”. La platea vuelve a reír. Es que esto es el teatro María Guerrero y es la primera vez, en sus 120 años de historia, que la lengua de los euskaldunes se oye en sus tablas.

La última función coincide con la jornada del cierre de campaña de las autonómicas anticipadas de Díaz Ayuso. Son tiempos revueltos en la metrópoli castellana que ha cobijado durante un mes a todo el equipo de “Los papeles de Sísifo”, la pieza de Fernando Bernués, escrita por Harkaitz Cano, que ha sido traída a Madrid por el Centro Dramático Nacional dependiente del Ministerio de Cultura.

Antes del estreno, a principios de abril, de este proyecto que recuerda el cierre de Egunkaria en 2003, “Los papeles de Sísifo” ya había pasado por Gasteiz, Bilbo, Donostia y Tolosa. En los próximos días será llevada a Andoain, Iruñea e Irun y esperan antes de fin de año llegar a Barcelona.

«Es una obra muy grande y no puede estar en cualquier escenario», explican desde la productora Tanttaka, que ha desarrollado el proyecto que coproducen también los teatros públicos de las tres capitales de la CAV. Pero Madrid ha tenido, si cabe, un sabor especial.

Entusiasmo y solidaridad

«Estrenar aquí lo veíamos con cierta… bueno, algunos nos decían ‘os van a tirar piedras’. Pero, todo lo contrario. Mucha gente vino a verla y muy a favor que se hable el tema desde esta mirada, que se exponga», cuenta Bernués a GARA, quien destaca que a pesar de las reducciones del aforo de público por la pandemia, «no ha estado nada mal» la venta de entradas.

Dos días antes de la última función hubo dos casi íntegramente en euskera, subtitulada en la pantalla, siendo la primera vez en el centenario teatro del barrio madrileño de Goya y una de las pocas, en general –hace cuatro años se hizo “Los Gondra” en euskara en el teatro Valle Inclán–.

En estas funciones peculiares hubo «un silencio sepulcral (del cuando nos escuchaban; cuando hay público euskaldun los chistes entran muy rápido y sino no tanto, pero oía que escuchaban muy atentos», relata la actriz donostiarra Dorleta Urretabizkaia.

«Hubo una respuesta muy entusiasta y muchas personas que se han puesto de pie para aplaudir», recalca Bernués, quien es el artífice de esta obra, cuya idea transmitió y encargó a Cano hace siete años, aunque la misma nació en 2003, tras los Premios de la Música, cuando Fermin Muguruza recibió un premio y criticó el cierre de ‘Egunkaria’. «La mayoría del auditorio empezó a abuchear y a negarle la palabra. Y a mí se me saltaron las lágrimas por aquel absurdo, sentía desconsuelo. ¿Cómo esta gente comprometida podía comprar ese relato perverso de que todo lo producido en euskera era custodiado por ETA? Un disparate. Y me dije que algún día tendría que hablar de esto y así fue».

Bernués escuchó antes de venir algunas preocupaciones de gente que temía por las reacciones en Madrid a una obra que contradice el relato hegemónico sobre el conflicto vasco, especialmente en estos tiempos políticos convulsos y, para más inri, coincidentes con la crispada campaña electoral.

«Esta obra no esquiva los episodios más duros de la tortura y la violencia. En ese sentido, es verdad que alguno pensaba que podía haber una actitud diferente de algunos sectores pero afortunadamente no hemos tenido ningún episodio duro. Los malos presagios no ocurrieron», señala.

Ameno debate

Hubo una jornada en la que se celebró una charla-debate entre el equipo de la obra y el público. «Había gente con intervenciones interesantes, siento menos crispación en lo que hace a la convivencia. Ese día el público madrileño nos dijo lamentar la dudosa independencia judicial. Fueron críticos y comprometidos, nos dieron la enhorabuena, y pusieron el acento en el asunto de la irregularidad judicial. Aplaudieron el hecho que el espectáculo tenga algo de reparación con las personas que pasaron por ello», recuerda Bernués de aquel debate.

Ante la pregunta de si ha vivido alguna vez alguna situación de rechazo, el director asegura que «nunca» y que lo único que sucedió una vez fue que dos personas en el público decidieron no aplaudir. «No ha habido reacciones críticas, siempre aplausos con entusiasmo, y nos han agradecido mucho. Les sorprendía saber que hablábamos de hechos del siglo XXI aunque parecían de los 80», dice sin ocultar su alegría al respecto.

Urretabizkaia reconoce que se va «con pena» de Madrid, donde se ha sentido bien acogida, no solo ella sino también su pareja, Asier Hernández (también protagonista de la obra), y sus dos hijos. «Es la primera vez que vivo un mes entero aquí. Mi familia decía ‘uy vas a ir a contar esto a Madrid, van a ir los de Vox, no salgáis nunca’. Sobre todo mi madre, tenía miedo», recuerda.

«Ahora les respondería que nada que ver (se ríe). Ha sido una sorpresa muy grata ver a gente tan consciente, tan abierta, muy puesta. Nos preguntaron cómo era posible que esto no lo hubieran sabido, cómo no tener la información y cómo podía ser que hace solo 17 años cerraran periódicos. Y en el debate que hubo hemos visto que hay heridas que hemos pasado los vascos que las pasaron aquí también», añade.

Para la actriz donostiarra exhibir la pieza en Madrid la ha hecho reafirmar en que «esta historia se tiene que contar y se tiene que contar aquí sin ningún miedo, en democracia se puede hablar de todo. Hay muchos prejuicios y lo que hay detrás son miedos».

En ese sentido, admite que «ni de coña» se hubiera imaginado en sus comienzos que algún día estaría en uno de los principales teatros madrileños hablando en euskera en el escenario. «Me sentí un poco embajadora de la cultura y parte de la historia, pequeñita pero historia al fin», agrega, y reclama que haya más obras en euskara, catalán y galego en Madrid y en otros sitios del Estado. español

Nada indiferentes

En la última función, la sala estaba todo lo llena que el limitado aforo permite. José, un zamorano de 39 años, estaba en el palco superior. Al salir, reconoció a GARA-NAIZ que le gustó «mucho, fue bastante fuerte. No me acordaba de estas cosas, la memoria a veces es selectiva. Pero está bien recordar estos episodios. En España cosas históricas que pasaron recientemente existe mucho miedo a documentarlas, y a través de una obra de teatro no me lo esperaba».

Que se haga en Madrid le parece muy bien porque «muestra el otro lado, el del avance democrático, porque hay un ministerio que de alguna manera garantiza este tipo de cultura». También confiesa no sentirse «nada orgulloso de las cloacas y la tortura del Gobierno español. Es lamentable esa guerra clandestina».

Inmaculada tiene 72 años, madrileña de siempre. Sale de la platea un poco emocionada. Se define «de izquierdas» y afirma que las partes de la obra relacionadas a la tortura le hicieron recordar relatos de la guerra civil por parte de sus abuelos que preferiría olvidar. «Estoy agradecida de que el teatro público que pagamos todos tenga estas obras. Lo que sucedió allí mucha gente lo desconoce. Es una bendición poder verlo».

Javier es navarro, tiene 51 años y hace dos que vive en Madrid. Los 25 previos los pasó en Irlanda. «Después de haber estado tantos años fuera, me sorprende ver una obra como ésta aquí. Me acuerdo cuando en nuestras cuadrillas pagábamos cada uno para conseguir dinero para financiar Egunkaria. Las escenas de malos tratos me han conmovido, algo que siempre ha estado presente en la sociedad vasca y es un tema tabú que el Estado español no ha aceptado. Fueron tiempos duros y no sé como se podrá percibir esto desde el público madrileño».

Bernués ya decía que «indagar en esos terrenos de violencia policial es difícil en un país que no ha sido capaz de enfrentarse con las cuentas del franquismo y menos aún con los miles de casos de tortura».

Sin embargo, se va de la capital con un poso de alegría porque «pasan tantas cosas que la memoria es pequeña» y con ‘Los papeles de Sísifo’, se ha refrescado con arte y gloria.

 

 

 

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sábado, 20 de febrero de 2021

Mordaza Plenamente Democrática

Público ha publicado este reportaje de la autoría de Alejandro Torrús quien se ha dado a la tarea de hacer un recuento de todos los demás casos que como en el de Pablo Hásel, la "democracia plena" española ha triturado la libertad de expresión, la libertad de prensa y la licencia artística de quienes desafortunadamente son catalogados como los enemigos internos del régimen del '78. Nos ha parecido interesante como, en contra de muchos de ellos, se utilizó en su momento tanto como se utiliza hoy mismo el comodín de ETA, organización antifascista que culminó su desmovilización hace ya más de dos años.
Lean:


Los otros Pablo Hasél o las vidas que hay detrás de la caza de brujas

El cantante César Strawberry, los tuiteros Cassandra Vera o Alfredo Remírez, el titiritero Alfonso L. o los raperos de La Insurgencia Saúl e Iván, entre otros, explican cómo vivieron los largos procesos judiciales que sufrieron por tuits, canciones o, incluso, por una obra de títeres. El músico Fermín Muguruza pide "la amnistía" para Hasél y Valtònyc.

Alejandro Torrús

El cantante y líder de Def con Dos César Strawberry estuvo cinco años involucrado en un proceso judicial que pudo haberle llevado a prisión. El motivo eran seis tuits publicados en sus redes sociales. De hecho, llegó a estar condenado a un año de prisión por el Tribunal Supremo por enaltecimiento del terrorismo durante tres largos años hasta que el Constitucional decidió anular su condena. A ojos del Supremo, los tuits de Strawberry "alimentaban el discurso del odio, legitimaban el terrorismo como fórmula de solución de los conflictos sociales".

La sentencia fue anulada por el Constitucional al considerar que el Supremo había vulnerado el derecho a la libertad de expresión del rapero. Gran parte del daño, sin embargo, ya estaba hecho. Ahora, un año después de su absolución, Strawberry hace balance de los daños ocasionados. "Llevaba más de 25 años en el mundo de la música y, de repente, toda mi carrera quedó reducida a seis tuits que eran repetidos una y otra vez en medios. Sin contexto y sin nada. Me vi envuelto en una especie de circo mediático en el que lo más doloroso era la sensación total y absoluta de injusticia y eso me generó mucho daño, muchos problemas en mi vida personal y familiar y, por supuesto, en la profesional", señala el músico en declaraciones a Público.

Strawberry narra un sinfín de situaciones complicadas. Insultos callejeros, señalamiento en redes sociales, suspensión de conciertos o, incluso, la necesidad de aislarse de su entorno para intentar que "la mierda no salpique". Un proceso personal "muy duro" que el propio músico califica como "demoledor" en lo emocional. Cinco años que estuvieron marcados por el miedo, el fantasma de la prisión y la necesidad de mantenerse de pie, contra viento y marea, para poder defender su inocencia. No había tiempo para la quiebra.

La Justicia también rectificó en otros casos levantando condenas a personas que durante años habían vivido con una condena a prisión por haber enaltecido el terrorismo o humillado a las víctimas del terrorismo en redes sociales. Fue el caso de la tuitera Cassandra Vera, que vivió un proceso judicial de casi tres años. Durante 11 meses estuvo condenada por sus tuits y chistes en Twitter sobre Carrero Blanco. "Quiero seguir con mi vida y dejar todo esto atrás", declaraba Cassandra a Público nada más conocer la sentencia absolutoria.

Ahora, dos años y once meses después de aquel punto final, Cassandra explica a este periódico que el tiempo también les ha dado la razón en sus críticas hacia la falta de libertad de expresión en España. "Hay un rapero que está en la cárcel. Es una locura. No podemos normalizarlo", señala. Vera recuerda que cuando conoció su imputación no se lo podía creer. Era un momento "jodido". Tenía muy poco dinero, vivía con su hermana y apenas tenía recursos para pagar una defensa. Su objetivo era ser profesora, tras acabar la carrera de Historia, y la inhabilitación que establecía la condena lo impedía.

No obstante, uno de los peores recuerdos fue estar en el centro del "foco mediático". "Yo no soy artista ni cantante. Fue una experiencia bastante horrible. Desde entonces he intentado mantenerme alejada y tener cuidado con no levantar polémica con declaraciones. Estoy contenta de que poco a poco vuelvo a ser desconocida en la calle y la gente ya no me reconoce", explica.

Los casos de Cassandra Vera, César Strawberry o, incluso, el del exconcejal del Ayuntamiento de Madrid Guillermo Zapata terminaron en absolución. El problema es cómo recuperarte de un proceso tan duro, de volver a vivir como si nada hubiera pasado tres despertarte durante años pensando que el año próximo puedes estar en prisión.

Alfonso L. y Raúl G. fueron los protagonistas de uno de los casos más mediáticos por acusación de enaltecimiento. Son los creadores de aquella obra que incluía un diminuto cártel con las palabras Gora Alka Eta. El juez llegó a mandarlos a prisión provisional sin fianza por un presunto delito de enaltecimiento del terrorismo. Finalmente, tras un largo proceso, fueron absueltos de cualquier responsabilidad penal.

"A nivel personal afecta porque empiezas a recibir multitud de mensajes amenazantes y llamadas. Tuve que desinstalar Whatsapp o Telegram y dejar de contestar llamadas de desconocidos. Además pesa sobre ti la petición de cárcel que nunca desaparece ni se te quita de la cabeza en ningún momento. Esto provoca ansiedad, miedo, depresión... A nivel familiar y de relaciones personales también afecta. En un primer momento, nos tachaban de terroristas y nos vinculaban con ETA, y ese rechazo lo vives tú y tu familia más cercana por parte de amistades que pierdes, otros familiares con los que rompes relación o vecinos que rompen el trato. A nivel profesional, afecta porque tu cara ha salido en todas las televisiones y periódicos, yo trabajaba para compañías de teatro como técnico que dejan de llamarte", explica a Público Alfonso L..

El cocreador de la obra de títeres más famosa de los últimos años en España, junto a Raúl G, explica que no tiene dudas de que su detención fue "utilizada por medios y partidos políticos para sus propios intereses". "Eso es una de las cosas más ruines que tiene este mundo. No les importó destrozar la vida a dos personas si con eso podían sacar por fin a Carmena del Ayuntamiento de Madrid", explica. El titiritero también lamenta la entrada a prisión del rapero Hasél. "Que una persona vaya a prisión solamente por delitos de opinión es un hecho gravísimo, da igual las formas malsonantes o hirientes o si es en tono de sarna o burla, no se puede consentir que se juzgue lo que dice una persona". prosigue.

Desde el año 2011, cuando la organización terrorista ETA dejó de matar, hasta la actualidad cientos de personas han sido juzgadas en España por presuntos delitos de enaltecimiento de terrorismo. La tendencia era perfectamente visible en 2016 cuando Público advertía de que el número de juicios por este delito se estaba quintuplicando desde que ETA no mataba. Una reciente investigación de El Salto concluyó que el delito de enaltecimiento del terrorismo ha supuesto 122 condenas de cárcel desde 2004 hasta 2020 a las que había que sumar otras seis condenas por injurias a la Corona, a las instituciones del Estado y ofensas a los sentimientos religiosos.

Entre los condenados está Pablo Hasél, que ha ingresado esta semana en prisión, o Valtònyc, que ya ha cumplido más de mil días en Bélgica, donde, hasta la fecha, los tribunales han considerado que sus canciones se enmarcan dentro del derecho a la libertad de expresión. El rapero de Mallorca confesaba este viernes, en una entrevista con Público, el dolor que le había causado el largo proceso judicial y el "exilio" en Bruselas. Ni siquiera pudo despedirse en persona de su madre, fallecida recientemente.

El Gobierno anunció hace apenas unos días su voluntad de reformar el Código Penal para blindar la libertad de expresión y eliminar las penas de prisión. La propuesta anunciada por el Ministerio de Justicia, de la que no se conoce mucho, apunta a una revisión de los delitos relacionados con "excesos" en el ejercicio de la libertad de expresión con el objetivo de que solo se castiguen las conductas que supongan "claramente" la creación de un riesgo para el orden público o "la provocación de algún tipo de conducta violenta", con penas disuasorias, como multas, y no con penas privativas de libertad, como hasta ahora podía ocurrir y ha ocurrido. La propuesta va en la línea de lo que abogados, juristas e incluso desde organismos europeos llevan años advirtiendo a España.

Para músicos que también han sufrido persecución en los tribunales, como el cantante y cada vez más polifacético Fermín Muguruza, la modificación de estas leyes debe ir acompañado de una derogación de las leyes mordaza y "una amnistía para Hásel y Valtònyc". En declaraciones a Público, Muguruza explica que estas medidas son necesarias para que "los trabajadores de la cultura" no estén condenados a convertirse "en súbditos de un régimen que castiga la libertad de expresión con años de cárcel".

"Un régimen que obliga a autocensurarte por el miedo a ser criminalizado, a eliminar todo atisbo de crítica que se salga de los cada vez más estrechos cánones establecidos. Esto es algo que debería indignar a toda la sociedad pues se corre el riesgo de que como ciudadanos nos convirtamos en meros consumidores de productos de entretenimiento homologados", denuncia Muguruza.

Sin embargo, aunque el Gobierno tome próximamente cartas en el asunto, la solución llegaría tarde para muchas de las personas que han sufrido procesos penales por una interpretación del enaltecimiento del terrorismo alejada de la línea marcada por Europa. Los doce raperos de La Insurgencia, por ejemplo, fueron condenados a dos años y un día de prisión por las letras de unas canciones que apenas superaban el millar de visualizaciones en YouTube. Posteriormente, la pena fue reducida a seis meses y un día, ocho años de inhabilitación y multa de 1.200 euros para cada uno. En su caso, llamó la atención que la Audiencia Nacional señaló que las letras suponían un "riesgo abstracto" y también el voto particular de la magistrada Ángela Murillo, que se desmarcó de la sentencia para señalar que los acusados solo buscaban "notoriedad".

Saúl Zaitsev (nombre artístico) es uno de los 12 afectados por la condena contra La Insurgencia. En conversación telefónica con Público, el rapero de ahora 23 años describe las noches de "ansiedad y estrés" pensando que en cualquier momento, en un futuro próximo, podía entrar en prisión. "Estaba en segundo año de carrera y la dejé. ¿Para qué iba a seguir estudiando si el año próximo iba a estar en prisión? Otros compañeros fueron despedidos de su trabajo o tuvieron problemas con su jefe", explica Saúl, que apunta que la sentencia actual les evita tener que entrar en prisión, pero que el proceso judicial que han vivido y la sentencia condenatoria "marca y mucho".

"Tengo antecedentes penales, ocho años de inhabilitación y una sentencia detrás por enaltecer el terrorismo. Eso no me ayuda a la hora de buscar trabajo y me imposibilita acceder a plazas de funcionario o alguna plaza en ONG que te piden los antecedentes. Estamos muy marcados y en estas condiciones es muy difícil encontrar curro", explica Saúl, cuyo delito fueron unas canciones subidas a un canal de YouTube cuando apenas tenía 18 años. En una entrevista previa con este diario, Saúl trataba de explicar que sus letras no eran enaltecimiento del terrorismo, que tan solo eran una vía de escape para transmitir la "rabia de una generación sin futuro".

Una situación similar narra su excompañero de colectivo Iván Leszno, también nombre artístico. Leszno explica que verse envuelto en un proceso judicial que podía depararle años de prisión paralizó su vida. De repente, todo giraba alrededor de la causa judicial, su pensamiento iba dirigido a tratar de denunciar la injusticia y su acción a organizar la defensa. No había nada más. Era un chico de poco mas de 20 años que tenía que defenderse de una acusación tan grave como enaltecer el terrorismo.

"Afortunadamente, por fin, se está hablando de este tema. Nosotros no hemos sido absueltos. Cargamos con una sentencia a nuestra espalda por nuestras canciones. Con el paso del tiempo y la perspectiva que da el tiempo tengo el convencimiento, todavía mayor, de que tenemos razón en lo que reivindicamos, que no podemos ir a prisión o sufrir represalias penales por hacer canciones", señala Iván.

Quien sí tuvo que entrar a la cárcel tras ser detenido en una de las operaciones Araña por su actividad en redes sociales fue Alfredo Remírez. Fue detenido el mismo día que Strawberry y fue el primero en ingresar en prisión de todos los detenidos en las operaciones araña. En su caso, el motivo fue dar la bienvenida en Twitter a presos de ETA que habían cumplido su condena en prisión. La nueva condena se sumaba a la que ya tuvo en 2009 por portar en 2005 un muñeco de cartón con la cara de Santos Berganza, condenado por colaboración con ETA, en el Salón de Plenos del Ayuntamiento de Amurrio durante unos festejos pidiendo el acercamiento de los presos.

Remírez dejaba fuera un trabajo y una familia. Pasó un año en prisión y, sin embargo, lo trasladaron por tres cárceles diferentes. "Siento que me han robado un año de mi vida y sigo pensando que no cometí ningún delito. Yo no necesitaba reinserción. Mi familia y mis amigos me despidieron para ir a la cárcel y me estaban esperando a la salida. Lo único que han hecho ha sido sacarme de mi casa, robarme un año de mi vida y dejarme un currículum jodido para poder encontrar trabajo", sentencia este hombre de cerca de 40 años.




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viernes, 17 de enero de 2020

La Batalla de Las Ardenas

Desde El Diario traemos a ustedes esta otra pieza del rompecabezas que con meticulosidad ha estado armando la Asociación Sancho de Beurko.

En esta ocasión se nos habla de los vascos que por una u otra circunstancia terminaron participando en una de las grandes batallas del frente occidental en contra de los nazis.

Lean por favor:


Asociación Sancho de Beurko

El 14 de diciembre de 1944, dos días antes de iniciarse una ofensiva alemana a gran escala en las Ardenas y a cuatro de su 33 cumpleaños, el soldado vasco-californiano Alfred Starr Etcheverry escribió la que sería su última carta a su esposa Marion Hazard y a sus dos niños:

Dentro de unos días, o incluso unas pocas horas, entraré en acción. Nunca está lejos de mis pensamientos, el que no pueda volver a verte […] Si yo muriese, no sería responsabilidad de nadie más que de mí. Esta es mi elección, mi ejército […] Por confusa que sea nuestra imagen del mundo de hoy, sin embargo, por borrosa que sean las líneas del conflicto, estoy convencido que lucho en el lado de los hombres de buena voluntad repartidos por todo el mundo. Nada más que eso. Porque los hombres de mala voluntad no nacieron así, y puede que con el paso del tiempo y por la buena gracia de Dios sean redimidos. Es por los hombres de todas partes, quienes quieran que sean, dondequiera que estén, por lo que yo estoy luchando.

Etcheverry, nacido el 18 de diciembre de 1912 en Alameda (California), fue herido de muerte el 13 de enero de 1945 en Goesdorf (Luxemburgo). Era un reputado actor de Broadway, en Nueva York, cuando fue llamado a filas en 1944. Sirvió en la 80ª División de Infantería con la que combatió en los ríos Mosela y Seille y posteriormente en la Batalla de las Ardenas, dónde encontró la muerte. Su historia nos permite humanizar una batalla que nadie esperaba en un momento, al final de la guerra, en que la llegada de la Navidad permitía alumbrar la esperanza de volver pronto a casa.

Pero, a diferencia del alto al fuego de la Gran Guerra durante los días de Nochebuena y Navidad de 1914 en el Frente Occidental, la batalla que tuvo lugar en el denso bosque de las Ardenas —situado entre Bélgica, Francia y Luxemburgo- durante el crudo invierno de los meses de diciembre de 1944 y enero de 1945 no dio tregua a los Aliados. Lo que vino a conocerse como la Batalla de las Ardenas (o la de Bulge [joroba], para la historiografía anglosajona, mientras que los alemanes la llamaron pomposamente 'Operación Wacht am Rhein') del 16 de diciembre de 1944 al 25 de enero de 1945, fue la que se convertiría en la última gran contraofensiva alemana, en un intento desesperado por romper la marcha imparable de las fuerzas aliadas hacia Alemania (la primera ciudad alemana, Aquisgrán, había sido capturada en octubre), con el afán de separar estratégicamente a las tropas británicas y canadienses, situadas en el norte, de las estadounidenses en el sur, y el ulterior objetivo de capturar Amberes, el puerto logístico clave para los Aliados, rompiendo las líneas de suministros y embolsando cuatro ejércitos aliados. La sorpresa sería total.

Si inicialmente, la ofensiva alemana, liderada por las Waffen-Schutzstaffel (SS), contaba con 19 divisiones y cerca de 400.000 hombres y los Aliados tan solo con 8 divisiones y unos 230.000 soldados, la situación se vio invertida hacia el final del conflicto. Para entonces, los Aliados lideraban unas 30 divisiones con casi 700.000 efectivos y una superioridad en armamento sin igual: 2.400 tanques, 3.200 piezas de artillería y 6.000 aviones. A pesar de que el mermado y debilitado ejército alemán llegó a contar con 24 divisiones formado por unos 380.00 soldados, su capacidad para reemplazar el armamento era extremadamente difícil. Los alemanes con 200 tanques, 3.200 piezas de artillería y unos 2.400 aviones se vieron desbordados por el empuje Aliado. La dificultad orográfica, la inclemencia climática (temperaturas bajo cero y copiosas nevadas), los asesinatos de soldados capturados por las SS, las represalias contra estos asesinatos por parte de soldados estadounidenses, la infiltración de tropas alemanas con uniformes norteamericanos y las escaramuzas de unos y otros detrás de las líneas enemigas son historias que conforman la memoria épica de la Batalla de las Ardenas, la cual se convirtió en la batalla individual más grande y sangrienta librada por los Estados Unidos (EEUU) en la Segunda Guerra Mundial (SGM) y que resultó en 1 de cada 10 bajas de combate estadounidenses durante toda la guerra.

En el momento de la publicación de este artículo se habían identificado una veintena de soldados de origen vasco entre las fuerzas de EEUU que lucharon en la Batalla de las Ardenas —cifra que previsiblemente aumentará a medida que avance el proyecto de investigación “Fighting Basques”-. Por ejemplo, en la 90ª División de Infantería, encontramos a los navarros Frank Aristu Garde (nacido en Iruñea, 1915) y Ernest Uhalde Borda (Auritz/Burguete, 1921) y al suletino André Sallaberry Baratçabal (Bildoze-Onizepea, 1917). Tanto Aristu como Sallaberry sirvieron en el 345º Batallón de Artillería de Campaña, mientras que Ernest luchó con el 357º Regimiento de Infantería, recibiendo dos Estrellas de Bronce.

En la 2ª División Blindada hemos identificado a Saturnino Peruchena Sánchez (San Francisco, California, 1917) y a John Arrillaga Jayo (Mountain Home, Idaho, 1918). Saturnino formaba parte de la Batería “A” del 195º Batallón de Artillería Antiaérea mientras que Arrillaga sirvió en el 78° Batallón de Artillería Blindada de Campaña. En una entrevista sobre su tiempo en la guerra, Arrillaga confesó: “Se llegó al punto de que realmente no importaba si te mataban o no. Nunca te acostumbras a la muerte ni a matar, pero lo aceptas”. Falleció en 1993 en Boise (Idaho), a la edad de 74. Peruchena murió en 1987 en San Leandro, California. En la mítica 82ª División Aerotransportada hallamos al vasco-filipino Luis Mendieta Larrea (Manapla, 1915), y a los vasco-estadounidenses Francisco “Frank” Aguerrebere Ilizaliturri (Los Ángeles, California, 1925) y Pete Etchepare Arriaga (Elko, Nevada, 1921). Mendieta y Aguerrebere sirvieron en el 505º Regimiento de Infantería Paracaidista (PIR en su acrónimo inglés), y tras participar en la invasión de Normandía el Día-D, tomaron parte en la fallida “Operación Market Garden” (17-25 de septiembre de 1944) en Holanda, y finalmente fueron enviados a las Ardenas con el objetivo de romper la resistencia en Bastoña. En palabras de Mendieta —recogidas en la pionera obra de José Miguel Romaña, La Segunda Guerra Mundial y Los Vascos-, “Fue un momento muy difícil, porque tuvimos que enfrentarnos a grandes concentraciones de tanques alemanes [...] Otro terrible enemigo fue el frío”. Un hecho que Aguerrebere recordaba vívidamente como “el amargo frío del largo mes de la Batalla de las Ardenas […] con munición limitada y con una ropa que no era adecuada para el frío” (1). El 5 de enero de 1944, a 40 Km de Bastoña, en Vaux Chavanne, encontró la muerte Etchepare del 325º Regimiento de Infantería de Planeadores de la 82ª División —otro veterano del Día-D y de la “Operación Market Garden”-. Su posición avanzada fue sorprendida por un contraataque alemán con un carro de combate Tiger.

Dentro del cerco de Bastoña, se encontraba el sargento del 506º PIR de la 101ª División Aerotransportada Frank Solaegui Mugartegui, nacido en Fallon (Nevada) en 1921 de padres vizcaínos. (Era hermano de Daniel, marino mercante del SS Melville E. Stone, hundido por el U-516 en 1943). Su situación no era para nada halagüeña, hasta el punto de que los alemanes llegaron a solicitar la rendición de la división, pero los “maltrechos bastardos” de Bastoña resistieron todos los envites y su gesta se hizo tremendamente popular, llegando hasta nuestros días a través de la serie “Hermanos de Sangre” (Band of Brothers, 2001) de los productores Steven Spielberg y Tom Hanks. Precisamente, Solaegui, que llegaría a teniente por méritos de guerra, estuvo con el mayor Richard Winters cuando este se hizo cargo del mando del 2º Batallón del 506º.

En un periodo de algo más de un mes, unos 19.000 soldados estadounidenses y unos 200 británicos habían fallecido, mientras que en el bando alemán habían muerto unos 11.000. Entre los primeros, el soldado de primera clase Miguel “Mike” Etchart León, nacido el 21 de octubre de 1924 en Bakersfield (California), sirvió en la Compañía “A” del 705° Batallón de Cazacarros. Mike, falleció en Bélgica recién cumplidos los 20 años por el fuego de ametralladoras alemanas durante un combate el día de Nochebuena.

A pesar del elevado número de muertos y heridos (unos 45.000 estadounidenses y unos 1.000 británicos) y desaparecidos o capturados (cerca de 23.000 estadounidenses y unos 200 británicos) de las fuerzas aliadas, las Ardenas supuso una victoria estratégica definitiva. Entre los capturados se encontraba el vizcaíno Santiago “Santy” Mendieta Telleria. Nacido en 1914, se crió con sus doce hermanos y hermanas en el rancho familiar de ovejas en Jordan Valley (Oregón). Santiago se alistó en 1942 y fue asignado a la 2ª División Blindada como artillero. Su división fue enviada al campo de batalla del Norte de África en noviembre y de allí a Sicilia (Italia) en julio de 1943. Finalmente, Santiago y sus camaradas desembarcaron el 9 de junio de 1944 en Normandía, luchando a través de Francia hasta llegar a Bélgica. La 2ª División Blindada ayudó a contener los fuertes ataques alemanes durante la contraofensiva de las Ardenas. Sin embargo, en un momento dado Santiago quedó atrapado detrás de las líneas enemigas, dándose por desaparecido el 21 de diciembre de 1944. En un primer lugar, una familia belga lo ocultó en su granja y luego en un bosque cercano durante diecisiete días. Desafortunadamente, Santiago finalmente fue arrestado por los alemanes y enviado al campo de prisioneros de guerra Stalag IX-B en las inmediaciones de Bad Orb en Hesse, Alemania, donde estuvo durante 95 días hasta que fue liberado por el ejército estadounidense.

La derrota alemana, a costa de consumir sus últimos y más valiosos recursos humanos y materiales, solo retraso temporalmente el avance Aliado hacia Alemania, y aceleró la inexorable victoria del ejército soviético en el Frente del Este. Tras la victoria aliada, la ruptura de la “Línea Sigfrido” —el muro de defensa alemán del Oeste que se extendía desde Holanda a Suiza- fue cuestión de tiempo. En el 75 aniversario de la Batalla de las Ardenas recordamos a aquellos soldados que nos regalaron su Navidad (la última de la guerra) para que fuésemos libres, tomando parte en una de las últimas grandes batallas de Europa.

(1) Historia Oral de Frank Aguerrebere. Entrevistado por Vicki Torres para Voces Oral History Project (The University of Texas Libraries, Austin) el 7 de enero de 2011.






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viernes, 27 de septiembre de 2019

El 'Mila Esker' de Sutherland

Su más reciente aparición en la pantalla de plata ha sido junto a Brad Pitt en ese bodrio titulado 'Ad Astra', un refrito de 'Apocalypse Now' pero situado en una supuesta era espacial en el futuro cercano. Esperemos que en Hollywood pronto llegue el día en el que los científicos dejen de ser más papistas que el Papa y no estén tan preocupados por encontrar a Dios en todos, absolutamente todos sus emprendimientos.

Pero ese desaguisado no es la razón por la que estamos hablando del actor canadiense Donald Sutherland.

Vean esto que nos informa Naiz:


«Euskal Herria», el término más repetido en la gala de entrega del Premio Donostia a Donald Sutherland, que ha admitido admirar el país desde hace tiempo. El canadiense se ha esforzado por aprender algunas palabras en euskara, lo cual han agradecido los asistentes al evento.

Nagore Belastegi

«Gabon denori, mila esker. Mila esker Donostia. Os he admirado y honrado desde hace tiempo y es un placer estar aquí. Mila esker Euskal Herria… Euskal Herria», ha dicho llevándose el puño al corazón y repitiendo 'Euskal Herria' hasta en cuatro ocasiones. El veterano actor Donald Sutherland ha recibido el segundo Premio Donostia de esta edición de Zinemaldia. El canadiense es uno de los galardonados que más euskara ha hablado sobre el escenario en los 67 años del festival.

Aunque la gala se ha retrasado media hora por la llegada tardía del propio actor, las quejas de los asistentes fueron suavizadas más tarde gracias a la simpatía del homenajeado, que no dejó escapar la ocasión para hacer una broma haciendo ver que se le caía el preciado galardón, que ahora podrá colocar junto al Óscar honorífico recibido en 2008.

El intérprete, de 84 años, presenta ‘The burnt orange heresy’, dirigida por Guiseppe Capotondi. También tiene un papel en la recién estrenada ‘Ad astra’, junto a Brad Pitt. En su extensa carrera ha tenido ocasión de participar en teatro y cine, con decenas de directores y en todos los géneros posibles, desde el drama hasta la comedia, pasando por el thriller y la aventura.






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jueves, 22 de agosto de 2019

Drácula Antifascista

Desde la izquierda tenemos que hace un gran esfuerzo para rescatar del olvido histórico -y de la manipulación maniquea que hacen los medios de comunicación- a los nuestros.

Es por ello que nos da mucho gusto compartir con ustedes esta información dada a conocer en el portal de Mundo Obrero:


Mike Kuhlenbeck | Traducción de Ximena Atristain López

Lugosi nació como Béla Ferenc Dezső Blaskó el 20 de octubre de 1882, en Lugos, Reino de Hungría, Austria-Hungría (ahora Lugoj, Rumania), a 50 millas del castillo de Vlad III (Vlad Drácula). El joven Lugosi se sentía atraído por las artes. Manifestó sus inquietudes teatrales a su padre, un banquero conservador, quien rechazó la decisión profesional de su hijo. Siendo ya un espíritu rebelde, Lugosi escapó de su casa a los 12 años para seguir sus sueños.

Después de trabajar como minero y maquinista, Lugosi hizo su debut en el escenario a los 20 años en 1902, adoptando el nombre artístico de Béla Lugosi el año siguiente. Los críticos lo llamaron “el Laurence Olivier de Hungría”, y fue invitado a formar parte del Teatro Nacional de Budapest.

Durante la Primera Guerra Mundial, Lugosi se enlistó en el ejército austro-húngaro y obtuvo el rango de capitán en la 43ª División de la Patrulla de Esquí. Fue herido en combate. Una vez que terminó su servicio regresó a la actuación.

En la medida en que el cine ganaba popularidad como una forma de arte, Lugosi protagonizaba algunas de las primeras películas mudas de Hungría. Permaneció en la compañía del Teatro Nacional hasta 1918, año en que acudió al llamado de la revolución obrera.

La vida cotidiana en Hungría era una pesadilla de la cual pocos podían escapar. Desde hacía tiempo Lugosi protestaba por los bajos salarios, la explotación laboral y el trato injusto a los jóvenes actores. Pronto se dio cuenta de la influencia que podían tener los artistas en las luchas políticas.

Hungría: partidario de la revolución de 1919

Lugosi apoyó al partido húngaro comunista, fundado en diciembre de 1918, y a su líder, Béla Kun. Siguiendo el ejemplo de la Rusia revolucionaria, una insurrección de masas derrocó al antiguo régimen comprometido con la clase dominante. La República Soviética Húngara fue fundada el 21 de junio 1919.

Mientras las banderas rojas de la nueva república ondeaban sobre el edificio del Parlamento por solo 133 días, el gobierno de Kun introdujo la primera protección jurídica para las minorías étnicas, la jornada laboral de ocho horas y salarios nacionales más altos.

Lugosi encabezó una manifestación de actores en marzo de 1919 perfilándose ya como un organizador de alto nivel. Jugó un papel decisivo en la fundación de la Organización Libre de Trabajadores Teatrales, que más tarde se convirtió en el primer sindicato de actores de cine en el mundo, el Sindicato Nacional de Actores.

Don Rhodes escribió en Lugosi: Su vida en el cine, en el escenario y en los corazones de los amantes del horror que “Lugosi ayudó a concertar la unión de la Organización Libre de Trabajadores Teatrales y de los miembros del Sindicato Nacional de Actores (NTUA, por sus siglas en inglés) y actuó como su secretario general”.

El Primer congreso estatutario del NTUA inició el 17 de abril de 1919. El discurso de Lugosi decía: “Hace medio año inicié la lucha con la convicción de que debe establecerse el Sindicato Nacional de los Actores Socialistas” (Arthur Lenning, “The Immortal Count: The Life and Films of Béla Lugosi” — El Conde inmortal: La vida y películas de Béla Lugosi).

Entre los artículos de Lugosi publicados en Szinészek Lapja (La página del actor) hubo uno que analizaba la explotación de los actores:

“La anterior clase dominante mantuvo a la comunidad de actores en la ignorancia a través de diversas mentiras, la corrompió moral y materialmente y, finalmente, la despreció y desprestigió por el resultado de sus propios vicios”. El actor, que subsistía desmoralizado y con salarios de hambre, muchas veces y de mala gana, tuvo que ponerse a disposición de la clase dominante. “‘Martirio fue el precio a pagar por el frenesí de actuar”.

Poco duraron los sueños de una nueva nación; el 6 de agosto de 1919 la República Soviética Húngara fue derrocada. El historiador Eugen Weber, autor de Las variedades de fascismo: Doctrinas de la revolución en el siglo XX, describió al nuevo régimen como un «gobierno altamente conservador con un gabinete ministerial de aristócratas adiestrados en su mayoría por grandes terratenientes magnates”.

A medida que el brutal contragolpe del “Terror Blanco” barrió el país, Lugosi huyó a Viena, posteriormente estuvo una temporada en Berlín, donde trabajó en la industria de cine alemana. En diciembre de 1920 emigró a los Estados Unidos.

Mientras tanto, en Hungría, miles de comunistas y judíos fueron encarcelados, torturados y/o asesinados. Los comunistas llevaron una existencia precaria bajo tierra y emergieron solo después de que el Ejército Rojo entró a Hungría en 1944.

Organizador sindical, voz contra el fascismo en EE.UU.

Después de desembarcar en Nueva Orleans, Lugosi aprendió inglés y se fue a Nueva York, donde continuó actuando. En 1927, creó el personaje del Conde Drácula para la versión teatral de Broadway de la novela de Bram Stoker. En 1931, repitió el papel para una adaptación cinematográfica, convirtiéndose en una estrella internacional.

Durante la Gran Depresión, Lugosi desempeñó un papel activo en el Sindicato de Actores de Cine (SAG, por sus siglas en inglés). Como miembro fundador del SAG, fungió como miembro del consejo consultivo del sindicato. Lugosi organizó el sindicato en el set de “The Raven”, que coprotagonizó con Boris Karloff, un miembro del SAG famoso por representar al monstruo de Frankenstein, en 1935.

En la Segunda Guerra Mundial, el dictador húngaro Miklos Horthy se alió con Adolf Hitler y los nazis. En oposición, Lugosi ayudó a formar el Consejo Húngaro-Americano para la Democracia, y pidió que “el nazismo sea eliminado en todas partes”.

Como miembro de la Organización de Ayuda Humanitaria Húngaro-Americana, Lugosi fue el orador principal en un mitin el 28 de agosto de 1944 en Los Ángeles. Exigió a Washington rescatar a los refugiados húngaro-judíos, presionar al régimen nazi de Horthy y flexibilizar las restricciones de inmigración.

El Dr. Rafael Medoff y J. David Spurlock escribieron: “Pudo haber representado a villanos salvajes en la pantalla de plata, pero en la vida real Béla Lugosi alzó su voz en protesta por la persecución brutal de los judíos en su Hungría natal” (Libro mayor judío, 3 de enero de 2011).

Años de encasillamiento condujeron a menos papeles actorales para Lugosi. La falta de ingresos combinado con una adicción a la morfina inducida por dolencias físicas, lo dejaron casi en la miseria. Lugosi murió en su casa de Los Ángeles el 16 de agosto de 1956. Fue enterrado con una de sus capas de “Drácula”.

Lugosi es recordado por su trabajo en papeles protagónicos y secundarios en más de 100 películas. Pero sus contribuciones a la lucha por los derechos de los trabajadores y la causa antifascista deben recordarse como parte de su legado inmortal.

El actor húngaro Béla Lugosi fue coronado como el «Príncipe de las Tinieblas de Hollywood» por su interpretación del vampiro Conde Drácula en varias películas. Pero hoy en día pocas personas saben que fue un líder sindical y antifascista que luchó contra monstruos de la vida real.

Referencias adicionales: Stephen J. Lee, “European Dictatorships 1918-1945”.







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