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viernes, 7 de junio de 2019

El Fascinante Euskera

Desde el portal de El Confidencial traemos a ustedes este artículo acerca del euskera, la lingua navarrorum, el idioma que le da identidad a los vascos:


Aunque separados geográficamente, los armenios y los vascos comparten muchas palabras. ¿Estamos más cerca de conocer las raíces del idioma más misterioso de Europa?

Ada Nuño

Es el idioma en el que todo suena raro y tiene su propio día (el 3 de diciembre), sus primeras palabras escritas datan del siglo I d.C. y el rumano es la lengua romance que más se le parece, pues, como ella, tiene declinaciones y participios en 'tu'. Hablar del euskera es fascinante y da para rellenar páginas, pues es probablemente uno de los lenguajes más misteriosos del mundo.

Su particularidad es conocida por todos: es la única lengua aislada de Europa, es decir, que no tiene ninguna relación o conexión lingüística conocida con ningún otro idioma (vivo o desaparecido). Se desconoce su origen, al igual que el de sus hablantes, aunque muchos lingüistas aseguran que tuvo una importante influencia en las lenguas romances. Las teorías son muchas, algunas sostienen que los vascos son autóctonos de la península Ibérica. Otras, sin embargo, hablan de raíces afroasiáticas o incluso caucásicas, relacionadas con los georgianos y los armenios. Esta última es la que nos concierne.

¿Qué podría tener en común con el País Vasco esa pequeña región tan lejana como es Armenia, entre Europa Oriental y Asia Occidental? En el centro de San Sebastián, a pocos pasos de la entrada de la Catedral del Buen Pastor, una estela o 'khachkar' se erige conmemorando el centenario de la matanza masiva de armenios por los grupos otomanos. La camaradería entre dos grupos étnicos tan separados geográficamente sin duda llama la atención, pero lo cierto es que, aunque distantes, ambos pueblos comparten una desconcertante cantidad de palabras y elementos gramaticales.

Muchos armenios creen que las similitudes no son una casualidad. Son defensores acérrimos de que, contrariamente a la teoría de que los vascos surgieron en la península Ibérica, sus raíces se encuentran entre Georgia y Azerbaiyán. Es una idea que se remonta varios siglos atrás y que afirma los vínculos lingüísticos, toponímicos, mitológicos e incluso de ADN entre las dos etnias. Algo no exento de polémica, más si tenemos en cuenta que en 2001 el lingüista armenio Vahan Sargsyan publicó varios libros y estudios sobre el tema, incluyendo un diccionario armenio-vasco.

Sin embargo, en 2015, las pruebas del genetista de poblaciones Mattias Jakobsson, de la Universidad de Uppsala, en Suecia, echaron por tierra esta teoría cuando su equipo encontró fuertes coincidencias de ADN entre los esqueletos de los agricultores neolíticos ibéricos, que datan de hace 5.500 años aproximadamente, y los vascos de hoy en día, según la revista 'Science'. Pero el descubrimiento no ha traído el cierre. Los investigadores también reconocieron que no podían "descartar por completo la posibilidad de que el euskera tenga sus orígenes en un lenguaje de cazadores-recolectores que se conservó y extendió cuando la agricultura lo hizo por toda la Península", lo que deja sin resolver el misterio.

Son muchas las palabras que ambos países tienen en común, especialmente las relacionadas con la agricultura. 'Ardi' (oveja) o 'urti' (acuífero) son ejemplos de ello. Justin Calderón, de la BBC, decidió hacer una prueba para ver cuántas palabras compartían ambos idiomas. "Pregunté a un autóctono de San Sebastián por una lista de palabras armenias, para ver si conocía alguna. Solo señaló 'ardi', aunque me dijo que el resto le sonaban aunque le parecían antiguas. Después hice lo mismo con varios amigos armenios en Bayona y el resultado fue muy parecido. Parece que la conclusión es que ambos idiomas comparten palabras que ya se encuentran obsoletas. No forman parte de ninguno de los dos lenguajes actuales".

Sin embargo, la semejanza entre ambos idiomas quizá tendría una explicación más sencilla de lo que pudiera parecer. Según Xabier Quintana, filólogo y director de Euskaltzaindia, el origen compartido no es tal. "No existe una evidencia sólida. Esas palabras compartidas entre el armenio y el euskera son seguramente antiguos préstamos del latín, celta u otros idiomas, lo que invalida la comparación". Insistió en que para que un estudio de este tipo puede tener éxito, se deben hacer comparaciones entre las formas antiguas de ambos idiomas para eliminar sus préstamos (en el caso vasco del latín, ibérico, etcétera, y en el armenio, del árabe o turco). Tampoco hay pruebas arqueológicas de presencia armenia en el País Vasco o Navarra.

Por lo tanto, parece que el origen del euskera seguirá siendo, por el momento, un misterio. Un raro tesoro que sin duda hay que preservar y que se seguirá estudiando hasta que, finalmente, se despejen todas las dudas al respecto sobre cómo surgió y se expandió hasta nuestros días. Un idioma que no desaparece, pues en los últimos 25 años ha ganado 223.000 hablantes.






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sábado, 14 de julio de 2018

UHV | El Primer Pastor Vasco

Alberto Santana regresa a las pantallas de EiTB con una segunda serie de documentales acerca de Euskal Herria titulados "Una Historia de Vasconia".

Por medio de YouTube les traemos la primera entrega:

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Una historia de vasconia II | 1.- El primer pastor vasco

El primer capítulo se remonta al periodo de entre 5500 y 3000 a.C., cuando el asentamiento del clima atlántico europeo propició el arraigo de la cultura neolítica en tierras de Vasconia.







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lunes, 18 de julio de 2016

Se Aceptan Donaciones de Dinamita

Estamos de acuerdo completamente con el argumento central del artículo de opinión publicado en El Mundo que les compartimos a continuación.

En lo que no estamos de acuerdo en lo absoluto es en el desafortunado simil que utiliza el autor, comparando al levantamiento militar fascista -mal llamado guerra civil- con el conficto bélico que en su momento enfrentase al norte federado e industrializado con el sur confederado y feudal, mismo que permitió a Washington deshacerse del lastre que le impedía convertirse en la primera potencia militar y económica del mundo. No, no se trató de una gesta heroica para liberar a los africanos y a sus descendientes de la esclavitud, ese es un cuento para engañar a tontos.

Y es que de hecho existen por lo menos dos temas torales en los que los estadounidenses también han recurrido a una omerta, un guardar silencio para no escarbar en la herida purulenta. A saber:

a) El genocidio sistemático de los pueblos originarios de la porción septentrional del continente americano. En ello incluso se adelantaron por siglos y superaron ampliamente en crueldad y en números tanto a Ataturk como a Hitler. Es más, cuando en su proceso de expansionismo arrebataron terrenos a otros estados americanos -y aquí pecamos de eurocentrismo- procedieron a exterminar a las naciones que dentro de esos territorios habían sobrevivido al colonialismo español, ruso y francés.

b) La esclavitud de los africanos. No señores, ni Oprah Winfrey, ni BET, ni el mes de lo afroestadounidense, ni Beyoncé son ni serán nunca suficientes para borrar la ignominia de décadas de la más bárbara brutalidad en contra de las naciones de África. Fueron partícipes activos de esta que ha sido una de las etapas más retrógradas en la historia de la humanidad. Cínicos e hipócritas, a contracorriente con el resto de los estados americanos que de inmediato abolieron esta cruel práctica, los estadounidenses la perpetuaron y, cuando se vieron forzados a acabar con ella le dieron continuidad con las leyes de segregación.

Y ya ni vamos a mencionar lo sucedido en Vietnam, Panamá, Chile o Camboya porque ese no es el tema central de esta publicación, así que volvamos al tema que nos ha ocupado hoy, un aniversario más del franquismo que, al día que vivimos, campa a sus anchas en el estado español:

Dinamitar el Valle de los Caídos

Entendí que en España nunca hubo una reconciliación nacional, sino una victoria aplastante de unos en contra de los otros, y fue a esa realidad a la que se adaptó la gran mayoría de la gente

John Lee Anderson
Un 20 de noviembre, hace algunos años, visité el Valle de los Caídos en las afueras de Madrid. No esperaba ver lo que encontré allí. Un recinto sepulcral y silencioso enclavado en un bosque, resguardado por discretos policías. Dentro había un puñado de sombríos visitantes, incluyendo dos hombres de bigotes cortos y largos chaquetones de cuero negro, quienes, de pronto, delante mío, dieron saludos fascistas al unísono ante las tumbas de los hombres allí enterrados. Al hacerlo, intercambiaron miradas cuasi clandestinas, y salieron a una gran terraza que hay afuera, presidida por la gran columna de piedra y la cruz que se alza al cielo azul. Ahí se encontraron con sus miradas de complicidad para caminar juntos. Por un rato les observé deambular con un aire de propiedad y de pertenencia. Me di cuenta de que allí yo era el forastero, y que ellos estaban en su lugar. Es más, quedó claro que era un sitio exclusivamente reservado para ellos, los últimos fascistas, protegido por un Estado inexplicablemente complaciente.

Sentí que estaba en un lugar maldito, y que ese lugar debía ser destruido, que mientras existiese, fascistas como esos hombres podrían reunirse y sentirse de alguna manera reivindicados en sus ideologías nefastas, e inclusive soñar con la posibilidad de un retorno al poder. Me parecía una ofensa a la conciencia humana que ese monumento siguiera en pie y protegido inclusive por el Estado español mientras que el cuerpo del poeta Federico García Lorca, víctima de los mismos hombres allí enterrados, está todavía tirado en un barranco anónimo, en lugar de tener una sepultura digna. Él y unas decenas de miles más, claro.

Como hijo de un país que tuvo su propia guerra civil hace siglo y medio, en el que se pueden visitar museos dedicados al tema desde ambos bandos e incluso alguno de los principales campos de batalla -conservados y protegidos como monumentos históricos- siempre me había extrañado que en España no hubiera un lugar oficial en donde ir a recordar la cruenta contienda que desangró al país de 1936 a 1939, y que fue la antesala de la mismísima Segunda Guerra Mundial. Al visitar el Valle de los Caídos, dejé de extrañarme. Entendí que en España nunca hubo una reconciliación nacional, sino una victoria aplastante de unos en contra de los otros, y fue a esa realidad a la que se adaptó la gran mayoría de la gente.

Cuando pregunto a españoles cuál es el monumento nacional a la Guerra Civil, me dicen que no existe o, después de pensar un momento, sugieren que es el Valle de los Caídos. Yo les pregunto: ¿Acaso no es ese lugar la tumba de Francisco Franco y de Jose Antonio Primo de Rivera? Sí, me dicen. Y además, pregunto, ¿no fue mandado construir por Franco con la mano de obra forzada de prisioneros de guerra de la vencida República? Sí, me dicen. Entonces, pregunto, ¿no es el Valle de los Caídos un monumento a la victoria de Franco? Pues sí, me dicen, casi siempre algo incómodos. Casi todos me aseguran que ellos personalmente nunca han visitado el Valle de los Caídos, y que es un punto nulo para ellos, porque ya no tiene ninguna relevancia en sus vidas, ni tampoco para la España moderna. Que lo han consagrado al olvido junto con todo lo demás –monjas, la cruz, las iglesias a donde solo van las viejas, junto con las familias numerosas, el servicio militar obligatorio y la tauromaquia–. "Tomate otra caña, Jon Lee", me dicen, "y deja de joder".

Pero no puedo. Siempre me ha inquietado la tendencia española a la amnesia colectiva y también su tolerancia a convivir con lugares temibles como el Valle de los Caídos. Comenzando con el pacto del olvido que fue el eje de la la famosa Transición post franquista, me parece que este empecinamiento español en negar la verdad de su propia historia es la gran flaqueza de su precaria democracia. Esta amnesia hacia lo propio también se extiende a la Segunda Guerra Mundial, –ya que Franco simuló neutralidad en la contienda– y ha hecho posible que los españoles se sientan libres de toda responsabilidad moral en aquello. Esto es extremadamente ofensivo y de hecho se asemeja a la actitud de los turcos con su obstinada negación histórica de la carnicería a la que sometieron a los armenios, y que es de alguna manera la piedra fundacional del Estado turco que vemos hoy en día –tan intolerante, tan poco dispuesto al debate civil, tan poco democrático–. España y Turquía tienen algo fuerte en común: la negación de su propia historia.

La derrota de Alemania, en cambio, obligó a los ciudadanos de ese país a enfrentar los horrores que habían cometido en nombre del Tercer Reich. Decidieron borrar de la faz de la tierra el lugar exacto de la muerte de Hitler, su búnker en Berlin, justamente porque no quisieron legar a sus nefastos discípulos un lugar de peregrinaje. A través de los años los alemanes también han podido enfrentar sus demonios y hoy en día, en debate abierto y consciente, asumen su responsabilidad ante el genocidio que cometieron.

La pequeña vecina nación de Portugal también tuvo su dictadura fascista pero, aunque fuera tardía, los portugueses tuvieron su Revolución de los Claveles, y se sacaron algunos clavos. En España, en cambio, los españoles se quedaron acurrucados durante cuarenta largos años con su dictador, excusando su comportamiento con la supuesta dictablanda de los últimos años (que incluía ejecuciones con garrote vil hasta meses antes de su muerte), y cuando les tocó la hora de buscar un cambio, optaron por la paz de los muertos y una amnesia artificial a cambio del advenimiento del turismo, del bikini, y de un país Benidormido, en donde no pasa nada porque todo pasa.

Hoy, cuando se cumplen 80 años del "levantamiento" que lideró Franco en el verano de 1936, que provocó la Guerra Civil y terminó con las vidas de por lo menos medio millón de españoles y el exilio de otros tantos –además de alentar a Hitler en su invasión de Checoslovaquia y a emprender la Segunda Guerra Mundial y el Holocausto– sería conveniente reconciliarse con la historia, y, en un acto solemne, con la aprobación del Parlamento, volar con poderosos explosivos ese monumento a la brutalidad que se llama Valle de los Caídos.

Allí, entre los escombros de ese lugar tenebroso, España finalmente podría tener su monumento nacional: un sitio en donde no sólo los verdugos serían recordados, sino también sus víctimas.

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Apoyan este artículo de Jon Lee Anderson los periodistas Martín Caparrós, Gumersindo Lafuente e Ignacio Escolar.

La lista de adhesiones está abierta.





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domingo, 17 de julio de 2016

Se Enciende la Pradera

¿Será este un nuevo capítulo en el autogolpe de Erdogan?

Mucha casualidad, a pocas semanas de el berrinche por el asunto del reconocimiento alemán al genocidio armenio perpetrado por los turcos, ¿no les parece?

Les compartimos esta nota publicada en Naiz:
Un grupo armado toma rehenes en el cuartel general de la capital de Armenia

Un grupo armado ha asaltado el edificio de la policía en la capital armenia, Ereván, y retiene al subjefe de la policía nacional y a otros siete agentes. Demandan la dimisión de los dirigentes del país y la liberación del líder del grupo opositor Nueva Armenia, Zhirair Sefilián.
Medios locales armenios han informado de la toma de rehenes en el edificio de la policía en la capital delpaís, Ereván. Un grupo armado retiene al subjefe de la policía nacional, el general Vardán Eguiazarián, y a otros siete agentes. El diputado Nikol Pashinián, que ha mantenido negociaciones con los asaltantes, ha informado de que demandan la dimisión de los dirigentes del país y la liberación del líder del grupo opositor Nueva Armenia, Zhirair Sefilián.

Además de exigir la formación de un Gobierno provisional tras la dimisión del presidente, Serge Sargsián, han advertido de que si la policía decide atacar, responderán de la misma forma.

A su vez, han confirmado la muerte de un policía durante el asalto. También ha resultado herido en la cabeza uno de los asaltantes.

«En estos momentos se han iniciado negociaciones para su rendición política», ha informado el Servicio Nacional de Seguridad de Armenia en un comunicado, en el que ha advertido que los asaltantes «serán neutralizados y castigados de acuerdo con la ley».

Las autoridades han movilizado tropas para acordonar el edificio y han cerrado todos los accesos por carretera al barrio de Erebuni, donde se encuentra la comisaria.






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viernes, 3 de junio de 2016

Alemania y el Genocidio Armenio

Aunque ya no ocupan los titulares de la prensa es de todos sabido que las relaciones entre Moscú y Ankara son más que tensas. También es de conocimiento general que Berlín es de facto el aliado más fiel de Ankara en la Unión Europea, no importa lo que Erdogan haga en contra de los sirios, los kurdos o incluso los propios alemanes.

O lo que en el pasado hizo con los armenios.

Es por eso que esta nota publicada en RBTH nos ha dejado un tanto cuanto sorprendidos:

Rusia dice que Berlín no es rehén de Ankara al reconocer genocidio armenio

Rusia se congratuló hoy de que Alemania demostrara que no es rehén de Turquía al reconocer como genocidio la matanza de 1,5 millones de armenios cometida hace más de un siglo por el Imperio Otomano.
"Esto demuestra que Alemania no se encuentra en una situación en la que es rehén de Turquía", dijo el presidente del comité de Asuntos Internacionales de la Duma (cámara de diputados rusa), Alexéi Pushkov, a medios locales.

Pushkov considera que la resolución aprobada unánimemente por el Parlamento alemán "es una demostración de defensa de los principios que dice profesar la clase política alemana en el ámbito de los derechos humanos".

"En el plano político, esto demuestra que Alemania no está dispuesta a pisotear sus valores debido al acuerdo con Turquía", dijo, en alusión al acuerdo de inmigración suscrito entre la Unión Europea y Ankara.

Con todo, negó que "la demostración de independencia" por parte de Alemania sea "tan seria y profunda como para poner en duda el carácter especial de las relaciones entre Berlín y Ankara".

"Yo no exageraría las consecuencias de esta resolución para las relaciones germano-turcas. Ankara es un socio privilegiado de Berlín. De hecho, Berlín siempre ha apoyado en gran medida el acercamiento de Turquía a la UE, mientras Francia asumió una postura exclusivamente crítica", dijo.

En su opinión, para el presidente turco, Recep Tayyip Erdogan, es mucho más importante conservar unas buenas relaciones con Alemania que tomar ahora alguna decisión precipitada que le enfrente a Berlín.

"Más aún cuando la resolución no menciona a ninguno de los actuales políticos turcos y no hay acusaciones contra las autoridades. Se trata de condenar el hecho histórico, que ya ha sido reconocido por muchos países del mundo", insistió.

El Parlamento alemán aprobó hoy prácticamente por unanimidad una resolución que reconoce como genocidio las matanzas de armenios que se iniciaron en 1915, al igual que asume su responsabilidad como aliado entonces del Imperio Otamano.

En respuesta, Turquía advirtió que dicha resolución "daña seriamente" las relaciones bilaterales tras lo que llamó a consultas a su embajador en Berlín, mientras Armenia, cuyo presidente, Serge Sargsián, viajó a Alemania, aplaudió la decisión.

Con ocasión del centenario del inicio de las matanzas, que Armenia celebró en abril de 2015, Ereván instó a Ankara a reconocer el genocidio, pero Erdogan se limitó a expresar sus condolencias a "los hijos y nietos" de los armenios masacrados.

Erdogan describió entonces el genocidio armenio como "tristes acontecimientos" acontecidos en el marco "de la Primera Guerra Mundial". 






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lunes, 28 de marzo de 2016

La Omerta de Washington y Londres

Hay silencios que dicen más, mucho más, que las palabras. En estos momentos, en lo que respecta a Siria, el silencio que se ha generado en las capitales de los Estados Unidos e Inglaterra es simple y sencillamente, atronador.

Les compartimos este texto publicado en La Jornada:

La mayor derrota militar que el Isis ha sufrido en más de dos años –la recaptura de Palmira, la ciudad romana de la emperatriz Zenobia–, y guardamos silencio. Sí, amigos, los malos ganaron, ¿cierto? De otro modo estaríamos celebrando, ¿verdad?

Menos de una semana después de que las almas perdidas del "califato islámico" destruyeron la vida de más de 30 seres humanos inocentes en Bruselas, deberíamos estar aplaudiendo la más aplastante derrota militar que ha sufrido el Isis hasta ahora. Pero no. Mientras los oscuros maestros de la ejecución huían de Palmira este fin de semana, los señores Obama y Cameron estaban tan callados como las tumbas a las que el Isis ha despachado a tantas de sus víctimas. El que humilló nuestra bandera nacional en honor del rey de Arabia, cortador de cabezas (hablo del señor Cameron, desde luego), no dijo una palabra.

Como solía decir mi colega John Gordon, del Sunday Express, fallecido hace mucho tiempo: "Como que te levanta un poco de la silla, ¿no?" He aquí al ejército sirio, respaldado, claro, por los rusos de Vladimir Putin, echando de la ciudad a los payasos del Isis, y no nos atrevemos a decir una sola palabra que signifique "bien hecho".

Cuando cayó Palmira, el año pasado, predijimos la caída de Bashar al Assad, pero pasamos por alto la gran pregunta del ejército sirio: ¿por qué, si los estadunidenses odiaban tanto al Isis, no bombardearon los convoyes suicidas que atacaban las líneas frontales del ejército sirio? ¿Por qué no atacaron al Isis?

"Si los estadunidenses querían destruir al Isis, ¿por qué no bombardearon a sus combatientes cuando los vieron?", me preguntó un general del ejército sirio, luego de la derrota de sus soldados. Su hijo murió en la defensa de Homs. Sus hombres habían sido capturados y decapitados en las ruinas romanas. El oficial sirio a cargo de las ruinas (que tanto nos preocupaban, ¿recuerdan?) también fue decapitado. El Isis incluso volvió a ponerle los lentes a su cabeza cercenada, por diversión.

Putin notó esto y habló de ello, prediciendo con precisión la recaptura de Palmira. Sus aviones atacaron al Isis –lo que no hicieron los aviones estadunidenses– en preparación de la conquista del ejército sirio. No puedo menos de sonreír cuando leo que el comando estadunidense afirmó haber realizado dos ataques aéreos contra el Isis en los alrededores de Palmira en los días anteriores a la recaptura por el gobierno. Eso nos dice todo lo que necesitábamos saber de la guerra "al terror" de los estadunidenses. Querían destruir al Isis, pero no tanto.

Así que al final, fue el ejército sirio, junto con sus amigos del Hezbolá en Líbano, los iraníes y los rusos, el que echó de Palmira a los asesinos del Isis, y el que incluso –el cielo nos guarde de semejante victoria– podría invadir la "capital" siria del Isis, Raqqa.

He escrito muchas veces que el ejército sirio decidirá el futuro de Siria. Si recupera Raqqa –y Deir el-Zour, donde el frente Nusra destruyó la iglesia del genocidio armenio y arrojó a las calles los huesos de las víctimas cristianas de 1915–, les prometo que volveremos a guardar silencio.

© The Independent

Traducción: Jorge Anaya





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miércoles, 25 de noviembre de 2015

¿Quiere Madrid Hablar de Genocidios?

Ciertos estamentos de Madrid han manejado de forma bastante mañosa el asunto de qué es lo que en realidad constituye un genocidio, llegando incluso al ridículo de querer acusar a ETA no solo de actos de terrorismo sino de haber llevado a cabo un genocidio. Tal ha sido su apuesta a este respecto que incluso intentaron querellarse en Argentina para así matar dos pájaros de un tiro, por un lado continuar criminalizando a ETA y por el otro aplicar en Argentina su estrategia de la equidistancia histórica, o sea, que ETA está al otro extremo del arco con respecto a los crímenes de lesa humanidad cometidos durante el franquismo.

Pues bien, con respecto al tema del genocidio, les compartimos este texto publicado en el blog Nihil Obstat de Anjel Rekalde:


Genocidio en Euskal Herria

Angel Rekalde

…Genocidio no significa necesariamente la destrucción inmediata de una nación, excepto cuando se realiza mediante el asesinato en masa de todos los miembros de una nación. Su objetivo es más bien expresar un plan coordinado compuesto por diferentes acciones destinadas a destruir los fundamentos esenciales de la vida de grupos nacionales con el objetivo de aniquilar estos grupos. Los objetivos de dicho plan serían la desintegración de las instituciones políticas y sociales, de la cultura, el lenguaje, los sentimientos nacionales, la religión y la existencia económica de grupos nacionales, y la destrucción de la seguridad personal, la libertad, la salud, la dignidad e incluso la vida de las personas pertenecientes a estos grupos. <Raphael Lemkin>

El hecho de que el concepto de genocidio no fuera acuñado por Lemkin hasta 1944, cuando escribió “El poder del Eje en la Europa ocupada”, no quiere decir que antes de esa fecha los genocidios no ocurrieran. Lo que hizo Lemkin fue sistematizar y dar un discurso coherente a un conjunto de hechos y actividades que son tan antiguos como la Humanidad.

En efecto, el ser humano, al sedentarizarse, se ha distribuido desde siempre en territorios en los que determinados grupos han ejercido un control sobre las personas y los excedentes producidos por su colectividad. El genocidio aparece en el contexto del dominio de unas sociedades sobre otras con el objetivo de apropiarse de dichos excedentes, para lo que uno de los medios consiste en su ocupación y asimilación. Lemkin integró en su concepto un conjunto de aspectos, hasta entonces dispersos o parciales, que han dado forma a lo que hoy conocemos como genocidio.

Posteriormente se intentó trasladar dicho concepto, con mayor o menor acierto y rigor, a la legislación internacional en 1948. Aquí intervinieron los factores geoestratégicos relacionados con la presencia de la URSS y la consecuente dificultad de incluir los crímenes del régimen de Stalin bajo este concepto (dicho en román paladino, que Stalin no aceptó aspectos del concepto que podían presentarle como genocida; y presionó para que desaparecieran de la definición). Por ello se aplicó sobre todo a los crímenes y persecuciones efectuadas bajo el régimen nacionalsocialista alemán.

La circunstancia de tener una fecha de origen impone, en términos jurídicos, la no retroactividad de su aplicación en juicios y penas al delito, aunque se constate fehacientemente su realidad. Tal sería el caso de genocidios ocurridos (y documentados) durante el siglo XX, como el armenio.

Un componente importante del genocidio es la memoria del grupo humano que lo ha sufrido. Cuanto más atrás queden determinados hechos en el tiempo su memoria quedará más difuminada, más todavía cuando una de las medidas clásicas de los grupos que practican el genocidio es precisamente el borrado y sustitución de la memoria de quien lo sufre.

Lemkin distinguió ocho técnicas o estrategias para destruir un grupo humano, ocho diferentes fórmulas que se despliegan de forma coordinada, que no tienen por qué aparecer todas simultáneamente, aunque casi siempre se manifiestan varias al unísono, pero que a lo largo del tiempo llegan a aparecer todas. Son: genocidio físico, biológico, religioso, social, moral, político, económico y cultural.

Esta reflexión viene al hilo del último trabajo publicado por Xabier Irujo Amezaga, “Genocidio en Euskal Herria. 1936-1945”, que publica Nabarralde. En sus primeras páginas Irujo explica con claridad el concepto que Raphael Lemkin teorizó (a partir del Holocausto) en su obra de referencia. De inmediato encuentra paralelismos en nuestro caso, y se centra en la etapa que va desde el comienzo de la guerra de 1936, al sur de los Pirineos, para continuar hasta 1945, en la parte norte, cuando termina la segunda Guerra Mundial. Abarca, por consiguiente, el conjunto de la nación vasca.

Afirma Irujo en la página 308: “No se dirime si un hecho histórico es o no genocidio por el nivel de represión o de mortalidad, sino por los objetivos que persiguen tales acciones violentas, por la lógica que subyace a las mismas. Una campaña de atrocidades será considerada genocidio si el objetivo que persigue es la destrucción de un grupo humano que se pretende asimilar…”. “Una atrocidad singular (por ejemplo un bombardeo de terror o una masacre) no constituye per se una campaña de genocidio…”. “Si bien… se puede dar el caso de que un gobierno sea considerado genocida sin haber cometido atrocidades… por lo general las campañas de genocidio se cobran gran número de víctimas mortales”.

El genocidio no se produce, así, por un punto desmesurado de violencia, sino que se manifiesta como un proceso de largo alcance en el que las diversas estrategias coexisten o se siguen unas a otras. Describe de este modo la planificación intencionada de unas acciones orientadas a la desestructuración social de un colectivo, de tal modo que amenacen su supervivencia.

Nuestro caso navarro se puede considerar como un proceso de genocidio de largo alcance. Aunque la conquista de Castilla sobre territorio vasco se inicia en el siglo XI con las ocupaciones y entregas de los dominios dependientes de la familia Haro, Bizkaia nuclear y La Rioja, se puede observar un evidente caso de genocidio económico en la inmediata conquista de 1200, cuando Castilla invade los territorios occidentales y arrebata a Navarra su salida al mar. Suprimir por completo el acceso de un Estado al mar limita sus recursos y actividades (comercio, pesca, acceso a las vías marítimas de todo tipo…) de un modo tan drástico que amenaza su futuro y viabilidad.

La desestructuración social y política derivada de la conquista de 1200, por otra parte, provocó la división del Estado navarro en dos partes, vasca y navarra, que han llegado hasta nuestros días, en una suerte de esquizofrenia colectiva. Por añadidura, una de ellas ha sido históricamente utilizada por los ocupantes como punta de lanza contra la otra que permanecía independiente, y a la postre se ha convertido en una organización política subordinada en eso que se ha conocido como “Provincias Vascongadas”. Es otra fórmula evidente de desestructuración social.

En estos largos procesos históricos de genocidio hay etapas valle y fases de pico. La conquista de 1512 (y la guerra y posterior consolidación del dominio de Castilla –ya España- hasta 1534) fue, tal vez, el pico más importante de este proceso. Este período tuvo episodios tan duros como la construcción de la Ciudadela de Pamplona en los años 1572-73. Fue realizada a base del trabajo forzado por los propios habitantes de la población local, que debían aportar además materiales y medios de transporte. La Ciudadela de Pamplona es una estructura militar construida no contra posibles enemigos “externos” sino contra la propia ciudad de Iruñea. Como decía el ingeniero Antonelli, responsable de su diseño: Construya la fortaleza, se defenderá del exterior y sujetará a  los navarros. Muchos sufrieron y murieron en su obra.

Son conocidos los gravísimos trasvases de población que cita Irujo en su trabajo. Con motivo de la “Revolución de 1793. En 1794 más de 4.000 civiles (sobre la escasa población de Laburdi, unos 30.000 habitantes) fueron deportados a Las Landas; murieron más de 1.600 personas. Modelo de genocidio físico, biológico, social y lo que queramos añadir.

Irujo cita a Henningsen en su libro “Campaña de doce meses en Navarra y las Provincias Vascongadas con el General Zumalacárregui” (1838) en el que –Henningsen- entendió que se trataba de una campaña de desnacionalización similar a la ocurrida en la Vendée entre 1793 y 1796. Irujo detalla el extermino de la población masculina, la movilización de las familias, la quema de cosechas y la destrucción de todos los asentamientos humanos…

La supresión del sistema foral que siguió a la revolución de 1793 para Baja Navarra, Laburdi y Zuberoa y a las guerras carlistas en 1841 para la Alta Navarra y en 1876 para las Provincias Vascongadas supuso un modelo de genocidio social, político y económico. Fue otro ‘pico’ en el proceso. El llamado Sistema Foral Vasco-Navarro era un residuo de la soberanía plena de la que había gozado, como Estado soberano, el reino de Navarra. Las conquistas y ocupaciones se saldaron con armisticios en los que los derrotados salían siempre como perdedores.

Otra fórmula de genocidio utilizada, que podemos reconocer, es la de tipo lingüístico-cultural en la interminable persecución de la lengua vasca. La prohibición de editar libros en este idioma y su no reconocimiento como lengua vehicular en la educación o en la administración política o de justicia constituye una etapa de larga duración y que hoy, por desgracia, perdura con mayor o menor intensidad en todo nuestro país.

El libro de Irujo se centra principalmente en el pico extremo de 1936-1945, por lo que no vale la pena insistir aquí en él. Hay que leer el libro.

Sin embargo es interesante recordar episodios de genocidio cultural, relacionados con destrucción premeditada de patrimonio con la consiguiente voluntad de borrado de la memoria histórica y su sustitución por la de la nación dominante. Ahí está el vaciado de la Plaza del Castillo de Pamplona, con la excusa de construir un parking de automóviles.

También el Palacio de los reyes de Navarra, obra iniciada bajo el reinado de Sancho VI ‘el Sabio’, ha sido vaciado de contenido y significado, de modo que ha perdido su sentido original como sede de la soberanía histórica del Estado. Este ataque continuo a la memoria del país lo encontramos en muchas de las actuaciones de las administraciones públicas (destrucción de cuevas, yacimientos arqueológicos, en la manipulación del callejero de nuestras ciudades, lleno de referentes oficiales, regios, extranjeros, ajenos, en la desaparición de la toponimia, etc., etc., etc.), sin que exista una conciencia de su relevancia por parte de la propia población.

En resumen, un trabajo didáctico y ameno. De lectura imprescindible.

*Luis Mª Martínez Garate, Angel Rekalde






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lunes, 2 de diciembre de 2013

Escrache al "Conferencista" Garzón

El represor y violador de derechos humanos español que lleva por nombre Baltasar Garzón está viviendo su Waterloo en Argentina.

Una vez más los internacionalistas solidarios con la causa vasca le han expuesto frente a la ciudadanía en general y los medios de comunicación en particular.

Esta vez, la acción solidaria cobra mayor realce por el lugar en el que ha tomado lugar pues el pueblo armenio ha sufrido a manos de los turcos lo que los vascos han sufrido a manos de los españoles.

Lean ustedes:

El ex juez Garzón fue nuevamente escrachado en Buenos Aires

Tuvo que entrar al local donde daba una conferencia, escoltado por la policía y por una puerta trasera.

Euskal Herriaren Lagunak

Baltasar Garzón tuvo que entrar a una conferencia a la que estaba invitado en Buenos Aires, por la puerta trasera, después de ser socorrido por la policía, debido a que militantes de EHL,  Euskal Herriaren Lagunak, Capítulo Argentina (Amigas y Amigos del Pueblo Vasco) bloqueaban con sus banderas y pancartas la puerta principal de la entidad organizadora del evento.

Esta vez, el ex juez Baltasar Garzón, estaba invitado a hablar sobre "Genocidio, negacionismo e impunidad" invitado por el Consejo Nacional Armenio, en el barrio de Palermo, en Buenos Aires. Hasta allí llegaron este pasado sábado, varios integrantes de EHL , organización a la que pertenecen varios movimientos populares y sociales de Argentina.  Al grito de "Garzón fascista, vos sos el terrorista" y "Garzón represor, fuera de Argentina", los manifestantes se situaron frente a la puerta principal de la Asociación Cultural Armenia, mostrando banderas vascas. También se exhibieron pancartas acusando a Garzón de "terrorista de Estado" y otras, exigiendo la libertad de los presos y presas vascas, muchos de ellos enviados por Garzón a la cárcel después de haber sido torturados y de haber pasado por el Juzgado tristemente célebre de la Audiencia Nacional Española.

Cada una de las personas que llegaba para presenciar la conferencia recibía de parte de los militantes de EHL, volantes donde se explica quién es en realidad este ex juez que hoy intenta blanquear en Argentina su pasado represor y de avalador de las torturas. Muchas personas se asombraban de los antecedentes del ex juez y preguntaban sobre cómo es posible que esta información se oculte y se lo haya transformado al ex juez en una "celebridad" de los derechos humanos. En la calle, resonaba a todo pulmón el cántico con que se realizan los escraches a los militares de la dictadura argentina, esta vez dedicado al ex juez español: "Como a los nazis te va a pasar, adonde vayas te iremos a buscar...".
Media hora después de la hora que estaba fijada para el inicio de la conferencia, en la que también participaba Pedro Mouratián, interventor del INADI (Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo), Garzón no había podido acceder al recinto. Fue entonces, que la policía presente en el lugar, le facilitó al ex juez la posibilidad de subir a un coche patrullero y de esta manera, acompañado por el comisario de la zona fue ubicado en el asiento trasero, para disimular su presencia. Escondido en el vehículo, el ex juez pasó por el lugar, pudo observar a los manifestantes y se dirigió a una puerta trasera y disimulada del recinto, por la que finalmente pudo entrar sin mayores inconvenientes, de la mano de la autoridad policial.

Uno de los manifestantes habló entonces y señaló: "Compañeros armenios, nosotros que siempre hemos sido solidarios con vuestra causa y hemos denunciado el Holocausto que han sufrido, venimos a escrachar a este siniestro personaje que es Garzón, por todo el dolor que ha causado en el País Vasco y en Cataluña, avalando torturas, fraguando sumarios, alargando penas a los presos y presas, cerrando diarios y radios. Este personaje que es amigo de la oposición venezolana y que fuera asesor del genocida Uribe Vélez en Colombia. Este gran mentiroso que avala al sionismo contra Palestina, contra Irán y todas las luchas árabes. Este hombre que hoy ustedes invitan no es digno de pisar suelo argentino donde hemos sufrido el terrorismo de Estado, precisamente porque él ha sido artífice de ese terrorismo en España, y ha evitado investigar a los militares españoles que participaron junto a militares argentinos en sus fechorías. Por todo ello, les decimos, no protejan más a un sujeto que ofende a los derechos humanos". Al grito de: "Fuera, fuera, fuera Garzón de Argentina", los integrantes de EHL dieron por terminada la protesta, que fue filmada por varios canales de TV internacionales.


Este es el vehículo policial en el que finalmente Garzón viajó escondido en el asiento trasero, pasó por la puerta principal del Centro donde daba su charla, vio a los militante de EHL gritando contra su presencia y, finalmente, logró acceder al local  -flanqueado por policías- por una puerta marginal ubicada a 80 metros del lugar. Así y todo, hizo esperar a "su" público casi tres cuartos de hora. En un anterior escrache, Garzón había tenido que salir por la puerta trasera, esta vez la escena se invirtió, pero al ex juez ya no le resulta fácil moverse sin que su pasado de represor aparezca en la superficie cuando menos se lo imagina.




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jueves, 7 de noviembre de 2013

Halcón de Nombre Fuat Tanlay

Desde la página de Investg'Action traemos a ustedes esta misiva por parte de Bahar Kimyongür en la que expone los crímenes del régimen turco de Erdogan en general y la persecución que sufre por parte de Fuat Tanlay en particular.

Lean por favor:

"Un halcón del régimen de Erdogan me persigue"

Bahar Kimyongür

Desde 2005 a 2009, el régimen Turco de Erdogan tuvo como embajador en Bélgica a un señor llamado Fuat Tanlay. Su misión diplomática coincidió con el proceso anti-terrorista y la orden de extradición de los cuales fui objeto tanto en Bélgica como en los Países Bajos. En 2009, Fuat Tanlay fue nombrado consejero-jefe de asuntos exteriores del primer ministro turco, Recep Tayyip Erdogan. Actualmente, su nombre reaparece en mi expediente de extradición español. ¿Pura coincidencia?

A pesar del poco interés que tiene la justicia española en extraditarme a Turquía por haberme manifestado pacíficamente en el Parlamento Europeo, el régimen de Erdogan sigue embistiendo contra mi persona con provocaciones y hostigamientos totalmente inverosímiles y ridículos.

En efecto, la justicia turca quiere ahora mi cabeza por una carta que escribí en mayo del 2007 y que dirigí al, por aquel entonces, embajador turco en Bélgica, el señor Fuat Tanlay.

Cuando leamos este texto en el que me declaro (con un toque provocador) como un patriota de mucha mayor talla que el propio embajador de Turquía, los defensores de la libertad de expresión se emocionarán al conocer el hecho de que, según el clan Erdogan, exponer una opinión como la que expongo es sinónimo de terrorismo por lo que indudablemente merezco ser castigado severamente.

Tampoco se sorprenderán en cuanto se enteren de que este “diplomático” a quien dirijo la carta, hizo en el 2009 una declaración en un periódico turco diciendo que: “Inchallah, Bélgica llegue a sufrir el yugo del terrorismo”.

El señor Tanlay justificó este pequeño desliz debido a su gran desesperación al contemplar la supuesta apatía con la que la justicia belga estaba llevando mi caso.

La verdad es que este “diplomático” turco no podía soportar verme en libertad.

Después de una acción organizada el 2 de octubre de 2009, provocada por la visita de Ahmet Davutoglu a Bruselas, en la que tuve por cierto un dialogo directo con el ministro turco, el mencionado embajador turco declaró a su vez que yo “podría haber aparecido en la sala de conferencias armado”.

Fuat Tanlay es un auténtico halcón del régimen y una vez cumplida su labor en Bélgica fue nombrado consejero principal de asuntos exteriores del primer ministro Erdogan.

Es por lo tanto, cómplice directo del apoyo incondicional por parte del régimen de Erdogan al terrorismo internacional que sacude hoy en día a Siria.

El hecho de que mi carta dirigida al sr. Tanlay aparezca en el expediente de extradición español confirma dos cosas; la primera, que el clan Erdogan es capaz de utilizar todo tipo de manipulaciones fraudulentas para conseguir encarcelar a sus oponentes y la segunda, que evidencia la clara belicosidad del régimen de Ankara en asuntos de política extranjera.

Adjunto a continuación la carta que escribí al sr. Tanlay y que apareció en el expediente de extradición español; documento que justificaría mi condena a 15 años de cárcel en Turquía.

Carta abierta a don Fuat Tanlay, embajador de la República de Turquía en Bélgica

Bruselas, 8 de mayo de 2007

Señor,

Soy plenamente conocedor de la enérgica reacción que ha tenido con respecto a mis opiniones, pero también contra la redacción del periódico flamenco “De Standaard” por haber permitido expresarme en sus páginas.

Después de haberle leído, he advertido que muy a mi pesar, todos sus ataques no han hecho sino confirmar las ideas preconcebidas que tenía de usted, es decir, la de un mero comerciante que, desde su tiendita de la calle Montoyer [dirección de la embajada de Turquía en Bruselas], intenta vendernos una imagen seductora y edulcorada de un país como Turquía que, tanto usted como yo, conocemos muy bien.

Empezaremos pues por su alegato sobre la no-violencia el cual considero intelectualmente deshonesto.

En efecto, señor Tanlay, sabe usted tan bien como yo que la violencia por parte de los oprimidos puede constituir un papel positivo y progresista en el desarrollo de la historia. Solo hace falta echar la vista atrás hacia nuestro pasado, para darnos cuenta de ello.

Por ejemplo, si Mustafa Kemal Atatürk consiguió fundar la República Turca, fue gracias a la Guerra de Liberación, y, a pesar de todos los desacuerdos que tengo con él, con su ideología, su forma de gobernar o con el trato que tuvo hacia las minorías étnicas; debo admitir mi respeto hacia uno de sus logros, el de haber dado una clara lección a las fuerzas colonizadoras y el de haber devuelto la dignidad a la región de Anatolia.

En realidad, antes de entrar de lleno en el tema, me gustaría tener la oportunidad de llevar a cabo un diálogo fructífero con usted. Es decir, me gustaría que se alejase un poco de su tiendita y se quitase el disfraz que lleva, para que nos encontremos en un lugar neutral donde yo por mi parte me comprometeré a quitarme la boina del DHKP-C que algunos magistrados Belgas se han esmerado en colocarme encima de mi cabeza.

También aprovecho para comentarle que se ha precipitado usted un poco al acusarme de terrorista, ya que mi condena por terrorismo acaba de ser revocada.

De todas formas, si me he dignado a hablar con usted a pesar de todas nuestras infinitas diferencias ideológicas, es porque creo que a pesar de todo, ambos compartimos un mismo fin; el de querer apoyar a nuestro país en el extranjero para que sea conocido y querido.

La verdad es que, si no me hubiese sumergido en la historia contemporánea de Turquía, si no hubiese investigado la dura realidad en la que viven nuestros pueblos, ni vivido las prácticas brutales de las autoridades de nuestro país, ni llevado a cabo mi examen de conciencia, ni hubiese hecho el esfuerzo de repensar una nueva sociedad opuesta al régimen actual, entonces y solo entonces, quizás podría haber sido uno de sus colegas. La suma de todas estas diferencias pueden efectivamente, conllevar carreras diametralmente opuestas. Sin embargo nada hacía prever que me iba a desviar hasta el punto de que usted me llegaría a calificar de terrorista.

En los años 80, como casi todos los adolescentes turcos víctimas de la inmigración, yo también sufrí las consecuencias de mi doble identidad (o incluso triple, ya que mis padres provenían de la provincia arabo parlante de Hatay), por la xenofobia e incluso, por ridículo que parezca, por la frustración de ver tanta derrota en competiciones internacionales como Eurovisión o en los partidos de fútbol de la selección. Todas estas derrotas eternas alimentaron en mí una profunda ansia de revancha contra toda aquella Europa invencible y poderosa.

Reviso los ocho goles que nos metió el Reino Unido en 1988 a nuestro equipo rojo y blanco, soldados bajitos y rapados contra al poder Británico.

Todavía quedaba muy lejos nuestra era futbolística actual, llena de jóvenes efebos musculosos, jugando en los equipos de Estambul, peinados extravagantemente y poseedores de grandes triunfos internacionales.

Nuestros coches, los pequeños “Fiat”, rebautizados en “Murat” por las fábricas Tofas eran feos, nuestras películas de acción de “Yesilçam” (nuestro Hollywood nacional) eran realmente mediocres con efectos especiales totalmente penosos.

Estaba celoso de este occidente cargado de arrogancia y opulencia, y sobre todo cuando viajaba a Turquía donde me veía confrontado cara a cara con la insostenible indigencia de nuestro pueblo.

Gracias en parte a mi ignorancia, llegué incluso a despreciar a los pobres, a rechazar los barrios malolientes y ruidosos llenos de vendedores ambulantes y pitidos de coche por todos lados. Y eso que yo provengo de una familia campesina de clase baja. Sin embargo, felizmente, y gracias a mi interés por los problemas sociales de Turquía y a los orígenes de la miseria de nuestro pueblo, puse un punto y final a mi auto fobia pueril.

Y al final, fueron todos estos problemas los que se convirtieron en el verdadero manantial de mi orgullo patriótico, mientras que la mayoría de los turcos de mi edad prefierían canalizar su frustración de perdedores desraizados a través de un nacionalismo radical y arrogante, vengativo y reaccionario al grito de « En Büyük Türkiye », “Turquía es la más grande”.

A medida que iba descubriendo más acerca de la realidad bipolar de Turquía, me veía más identificado con mis orígenes procedentes de la “Turquía de abajo”.

Y de esta manera aprendí a amar todo aquello que el poder intentaba disimular, erradicar o acallar.

Amé la diversidad en unos tiempos donde el poder imponía la uniformidad.

Amé la fraternidad a pesar de que el poder proclamaba que “el único amigo del turco, es el turco”.

Amé la humildad, mientras el poder alardeaba su poderío militar haciendo recuento de sus numerosos enemigos: los enemigos exteriores eran todos países limítrofes y los enemigos interiores eran los Kurdos, los comunistas, los Armenios, los Alevíes etc...

Me interesé por las novelas, los poemas, las canciones y películas prohibidas, primero por curiosidad y después por la belleza de sus mensajes.

Y cuanto más aprendía sobre nuestra historia y sobre el trato que recibían nuestros patriotas, nuestros revolucionarios, nuestros demócratas, más me daba cuenta de que servir al régimen actual era sinónimo de traición a la patria.

Fue en los versos de nuestro ilustre poeta Nazim Hikmet donde descubrí el significado de la patria, en aquellos versos que dice:

“Si la patria son vuestras mansiones
Si es lo único que encontramos en vuestras cajas fuertes y en vuestras chequeras, la patria
Si la patria es morir de hambre en las calles,
Si la patria es tiritar de frío como un perro y retorcerse de paludismo en verano,
Si significa beber nuestra sangre escarlata en las fábricas, la patria,
Si la patria son las uñas de vuestros grandes terratenientes,
Si la patria es catecismo armado de lanzas, si patria es el ataque de la policía,
Si son vuestros créditos y remuneraciones, la patria
Si la patria son las bases americanas, las bombas americanas, los cañones americanos,
Si la patria no es evadirse de nuestro sombrío pasado
Entonces, soy un traidor a la patria”

Seguramente encontrará mis referencias y propuestas demasiado ideológicas.

Pero dígame señor Tanlay, ¿acaso nuestro compromiso al lado del imperialismo americano nos ha proporcionado algún beneficio a lo largo de los últimos 60 años?

Quitándole la propiedad a los campesinos, empobreciendo a los pobres y enriqueciendo a los ricos.

Dejando morir 790 soldados de una guarnición de 4500 soldados turcos en la guerra de Corea, donde la vida de un turco no significaba nada para Washington.

O persiguiendo a nuestros poetas, filósofos y profesores en nombre de la “lucha contra el comunismo”. Algunos tan valiosos como Sabahattin Ali (asesinado en 1948), Enver Gökçe, Nazim Hitkmet, Rifat Ilgaz, Müeyyet Boratav, Behice Boran, Mihri Belli, Arif Damar (en esta época el DHKP-C todavía no existía).

O asesinando a nuestros estudiantes, Vedat Demircioglu el 24 de julio de 1968 tirándolo por una ventana, o a Taylan Özgur el 23 de septiembre de 1969 disparándole por la espalda.

O asesinando a nuestros estudiantes Duran Erdogan, Ali Turgut Aytaç convirtiendo el 16 de Febrero de 1969 en nuestro “domingo sangriento.”

O asesinando a nuestros estudiantes Mehhmet Cantekin el 19 de septiembre de 1969, o a Mehmet Büyüksevinç el 8 de diciembre o a Mehetoglu el 14 de diciembre de 1969, unos estudiantes que decidieron protestar legítimamente contra la presencia de la sexta flota americana en el Bósforo (en esta época el DHKP-C todavía no existía).

O regalando nuestros recursos naturales, nuestros minerales, nuestras cosechas a las compañías extranjeras

O favoreciendo la aparición de una oligarquía codiciosa, parasitaria y hostil que apoyó los golpes militares de 1971 y de 1980.

O desentendiéndonos de los países del sur, del tercer mundo o de los que estuvieron en plena ola de descolonización. O incluso combatiendo a los nuevos gobiernos nacionalistas o anticoloniales ensuciando nuestra querida Turquía con su anexión a la OTAN en 1952, instalando bases americanas como la de Incirlik con el Pacto de Bagdad de 1955.

Supongo que argumentará que se trataba de defenderse de la “amenaza soviética”.

De hecho, para mí, la “amenaza soviética” no era mucho peor que el arrodillarse ante el Tío Sam a cambio de un puñado de dólares. Y es que hablando claramente, el imperio Americano es y ha sido el más agresivo y sanguinario de la historia. No tengo más que mencionar Hiroshima, Nagasaki, Corea, Vietnam o Irak con la certeza de que usted reconocerá estos crímenes atroces de vuestro “aliado estratégico”.

Por otro lado, la ayuda que proporcionó Lenin fue clave para el triunfo de Mustafa Kemal Atatürk en la Guerra de Liberación, y es más, en los decenios siguientes, los acuerdos comerciales con La URSS en industria siderúrgica, textil, energética, refinamiento del petróleo o la industria del vidrio fueron mucho más equitativos y correctos que los nuevos tratados firmados hoy en día con los Yankees, que han convertido a Turquía en una auténtica Neo-Colonia.

Tampoco he querido jamás una relación estrecha o una subordinación de Turquía hacia la URSS (tampoco el DHKP-C), de hecho, el socialismo tal y como fue aplicado en la URSS está lejos de ser el modelo ideal de la sociedad a la que aspiro.

En definitiva, deberíamos haber preservado nuestra independencia, unirnos al grupo de los países no-alineados y porque no, constituirnos como el epicentro del antiimperialismo.

Esta es la vía que eligió el DHKP-C pero que fue combatida por el poder neo-colonial de Ankara utilizando el terror.

De hecho, para contentar las inquietudes americanas, los dirigentes turcos no dudaron a la hora de sacar a relucir los cañones, las horcas o la tortura contra nuestra juventud, nuestros trabajadores, nuestros campesinos o nuestros escritores.

El 30 de marzo de 1972 ejecutaron a Mahir Cayan y a nueve compañeros.
El 6 de mayo de 1972 ahorcaron a Denis Gezmis y a dos compañeros.
El 18 de mayo 1973 torturaron hasta la muerte a Ibrahim Kaypakkaya.

Nuestros gobiernos por otro lado, tampoco han sido muy dóciles con las minorías étnicas.

Acuérdese usted de los “acontecimientos del 6 y 7 de septiembre de 1955”, las conocidas como “noches de cristal” donde las comunidades Griegas y Armenias de Estambul fueron atacadas. O las matanzas de Kahramanmaras de 1978, de Corum de 1980 y de Sivas de 1993, que apuntaron a las comunidades Alevíes.

Ni que decir de las persecuciones ancestrales contra nuestros hermanos Kurdos.

Es cierto que el PKK ha cometido crímenes imperdonables. Pero esto no nos impide que compartamos el sufrimiento del pueblo Kurdo privado hoy y siempre de sus derechos básicos, ni que rechacemos totalmente la destrucción de miles de pueblecitos Kurdos a manos del ejército Turco, ni que olvidemos las decenas de dirigentes kurdos como Cheikl Said o Seyid Riza ahorcados por defender su derecho a una vida digna, ni que nos indignemos por la barbarie de los militares que coleccionaban las orejas de los resistentes Kurdos que habían muerto en combate o ejecutados.

¿Porqué no reconocemos que el pueblo Kurdo no goza de los mismos derechos? ¿Porqué los Kurdos no pueden enseñar en su propio idioma? Esta es la única posibilidad para que su cultura e identidad no desaparezca...Sabemos tanto usted como yo que una lengua condenada a su desuso está condenada a muerte. Y con ella la cultura de los pueblos que la hablan. Y con ella, el pueblo mismo.

Hoy en día, incluso la burguesía turca y la organización de empresarios turcos (la TÜSIAD) están cansados de tantos años de inestabilidad en las provincias kurdas y del obcecamiento de las autoridades en negar los derechos fundamentales del pueblo Kurdo.

Porqué acusamos a las ONG por defender los derechos de las minorías, como hace por otro lado también el patronato? Tendría usted entonces que acusar también a su vez a sus superiores de “separatistas”.

Por otro lado, estoy totalmente en contra de las acciones que perpetraron algunas organizaciones nacionalistas Armenias como Tachnak y Hintchak que cometieron crímenes imperdonables contra campesinos, turcos y kurdos.

Pero estoy de lejos mucho más indignado con el régimen de Ankara que continúa negando lo evidente, es decir la “desarmenización” brutal de Anatolia que fue minuciosamente programada por el gobierno otomano de 1914. Este genocidio evidente fue el resultado de muchos años de masacres anti-armenias de 1895-1897 y de 1909.

Como usted sabe, Enver Pacha y Talat Pacha, ministros de guerra y del interior del antiguo régimen, organizaron en abril de 1915, una deportación masiva de miles de mujeres, niños y viejos armenios, asirios y caldeos por el desierto sirio.

Y como usted sabe también, aquella deportación trajo ejecuciones, saqueos, torturas y violaciones.

Durante la segunda guerra mundial, la supuestamente neutral Turquía, aunque estaba aún dirigida por el partido republicano del pueblo (CHP) de Mustafa Kemal Atatürk, se alió hasta tal punto con la Alemania nazi que incluso adoptó algunas de sus prácticas racistas e indecentes, abrió por ejemplo un campo de concentración en la región de Askale en la provincia de Erzurum; uno para los armenios y otro para los “no musulmanes” que no hubiesen podido pagar el impuesto sobre los bienes (el conocido como “varlik vergisi”).

Durante muchos años, bastantes políticos de alto rango se jactaron del plan de exterminio contra el pueblo armenio, como el nazi Nihal Atsiz. Hoy sin embargo nadie se acuerda.

Siguiendo con esta cierta hipocresía en cuanto a este genocidio, en marzo del pasado año, el gobierno de Erdogan organizó por todo lo alto una ceremonia que inauguraba la restauración de la iglesia armenia de la Santa Cruz, al borde del lago de Van.

Pero nadie se creyó todo este cuento, nadie había olvidado tampoco el asesinato dos meses antes del periodista armenio Hrant Dink a manos de un adolescente manipulado por los servicios secretos. Ni tampoco habían olvidado el episodio de odio acaecido contra los armenios y contra todos los demócratas que, proclamaron durante el funeral de Hrant Dink, “todos somos armenios”.

Todos estos episodios tan trágicos de nuestra historia nos ilustran pues que nuestros gobiernos siempre han impuesto su autoridad contra los oprimidos a través de la violencia y el ejército.

Para justificar todas estas atrocidades, como buenos demagogos y manipuladores, los gobiernos “civiles” y militares de nuestro país han reducido a la oposición al nivel de simples terroristas. Han confundido deliberadamente las causas y las consecuencias como quien ataca a un pobre en lugar de atacar a la pobreza, como quien ataca al justiciero en lugar de a la injusticia.

A pesar de todo, al igual que tantos millones de ciudadanos turcos, como Mahir, Deniz, y tantos miles de militantes asesinados, al igual que esos centenares de prisioneros en huelga de hambre que murieron o quedaron mutilados, al igual que las decenas de miles de trabajadores que fueron el último 1 de Mayo a manifestarse a pesar del miedo causado por el terror policial, a pesar de todo esto, tengo el sueño de una Turquía soberana, próspera, justa, humilde, fraternal liberada de ese Jano con una cara con turbante y otra militar.

Estamos hartos de que la sociedad esté dividida con una base religiosa.
Hartos de que nos impongan un integrismo laico a punta de pistola.
Hartos del nacionalismo clasista que sobrepone la “raza de los señores” turcos por encima de los demás pueblos.
Hartos de estar dentro del eje de la vergüenza manejado por el imperialismo americano.
Hartos de que busquen nuestra salvación en los clubs de los todo poderosos: Unión Europea y sus consorcios.
Hartos de estar sometidos al FMI, al Banco mundial y a la Organización mundial del comercio.
Hartos de la política de importación intensa en detrimento de nuestros pequeños productores.
Hartos de que vendan lo mejor de la industria turca al sector privado.
Hartos de que privaticen la sanidad, la educación, los puertos, los bancos, las empresas de telecomunicación.
Hartos de que el tránsito de gas Irakí, Azarí o Kazarí pase por territorio turco reduciendo a nuestro país a un mero corredor energético aprovechado por el estado sionista en contra del pueblo Palestino.
Hartos de que se destruyan las casas de los pobres para construir mansiones para ricos.
Hartos de que las víctimas del terremoto de 1999 estén obligados a vivir en casas prefabricadas o en tiendas de campaña
Hartos de la mano blanda que tenemos en temas de urbanismo mientras que en Estambul hay que derruir más de 26000 edificios que están en alto riesgo de derrumbe por un posible seísmo incluso de baja intensidad.
Hartos de abandonar a nuestra juventud al paro, al crimen, a la delincuencia, a las drogas, a la prostitución y a los movimientos fascistas.
Hartos de que nuestros obreros sean la carne de cañón de las guerras entre empresarios y que acaben muriendo víctimas de la ausencia de medidas de seguridad en sus trabajos.
Hartos de que despidan a los trabajadores que quieren afiliarse a los sindicatos.
Hartos de que lleven a los sindicatos a juicio para intentar disolverlos.
Hartos de que los sindicalistas sean ninguneados, excluidos o despedidos.
Hartos de los atentados contra los locales de asociaciones democráticas.
Hartos de que se prohíban conciertos.
Hartos de la censura, del arresto de periodistas y de que cierren programas de radio.
Hartos de que los torturadores y los escuadrones de la muerte del estado estén impunes.
Hartos de que disparen contra los manifestantes o que los asfixien con gases lacrimógenos.
Hartos de la tortura preventiva en las cárceles.
Hartos de que envíen al ejército y las bandas de fascistas para boicotear a los “izquierdistas” en las conferencias de prensa, los funerales o en las distribuciones de octavillas.
Hartos de que profanen las tumbas de nuestros militantes muertos por una Turquía libre.
Hartos de que nuestros mares, ríos y acuíferos estén contaminados.
Hartos de los programas de telebasura que nos idiotizan a marchas forzadas.

Ahora que nos hemos liberado aunque sea por un momento de los intereses de nuestros campos, ¿dígame usted señor Tanlay, que pensaría de una Turquía libre de toda esta corrupción, todos estos crímenes y todos estos malfuncionamientos? Acaso Turquía no sería así más humana?

Si todas estas políticas antipopulares no hubiesen sido llevadas con tanta terquedad y obstinación, piensa usted que la juventud se habría alzado en armas contra el poder en 1970?

Por una vez en su vida, le invito a ponerse en el lugar de la gente que odiáis.

Nuestra historia nos ha enseñado que ni las soluciones policiacas ni militares, ni los llamamientos al odio y a la venganza ayudan en algo a nuestra patria.

Por cierto, su demanda de auxilio y ayuda del 21 de Abril a través del diario “Hürriyet” a las organizaciones turcas de Bélgica ha sido tan irresponsable que la extrema derecha turca ha llevado a cabo algunos de sus llamamientos incendiando algunas asociaciones kurdas y asirias, o linchando a demócratas turcos en Bruselas.

Lo que padecemos los turcos de Bélgica, es precisamente el hecho de estar sometidos a su directiva y a su agenda, o incluso de que nos utilicen como sus rehenes. No piensa usted que ya es hora de dar a nuestros compatriotas que viven en Bélgica la oportunidad de conocer la realidad de nuestro país, lejos de tantos eslóganes vacíos y de tanto prejuicio? O dar a las comunidades Anatolia la posibilidad de que convivan en paz y harmonía lejos de su racionalidad diplomática calculadora? O darles la oportunidad de que se vuelvan a apropiar de su historia, la que comparten con el resto de los trabajadores del mundo y con los de sus países de origen?

Soy consciente de que seguramente la botella que he lanzado al océano de su indiferencia encallará en algún peñasco puntiagudo.

Pero también soy consciente de que este océano está lleno de pequeños peces vivos de deseo de justicia, libertad y conocimiento, como los que nos contaba el iraní Samad Behrangi. Y sé que un día, una multitud enorme de pequeños pececitos rojos tomarán el relevo y nadarán hacia una nueva Turquía. Una Turquía valiente, libre, humilde, próspera y fraternal.

Un cordial saludo.







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domingo, 26 de mayo de 2013

La "Amenaza" Turca

Desde el portal de la Red Voltaire traemos a ustedes este análisis de la situación actual en Siria y las implicaciones que trae el posicionamiento belicista de Turquía:


Luego del doble atentado que enlutó Turquía, el primer ministro Erdogan trató acusar a Siria. Pero la prensa turca se inclina más bien a pensar que fue una provocación israelí. Y finalmente, las acusaciones del gobierno turco se diluyeron porque Erdogan ya no tiene posibilidades de imponer a su país una guerra contra Siria.

Juliana Gortinskaïa

El gobierno turco acusa a los servicios secretos sirios de haber perpetrado los atentados terroristas de Reyhanli. Según los resultados preliminares de la investigación turca, varios miembros de un servicio secreto estarían vinculados a los atentados. El viceprimer ministro turco, Besir Atalay, declaró que casi todas las personas vinculadas a los atentados han sido identificadas. Según fuentes divergentes, entre 5 y 10 personas han sido arrestadas.

El ministro turco de Relaciones Exteriores ya proclamó que su país está en su derecho de dar «cualquier tipo de respuesta» [a Siria]. Por su parte, el primer ministro hizo notar que los atentados pueden ser también una provocación ya que cerca de 25 000 refugiados sirios viven en la ciudad afectada. El jefe del gobierno turco no excluye que adversarios de la reconciliación nacional siria sean los autores de los atentados.

Damasco declaró que el poder sirio nada tiene que ver con esos hechos. En una comparecencia en vivo ante las cámaras de la televisión nacional, el ministro sirio de Información Omran al-Zoubi subrayó que «nadie tiene derecho a emitir acusaciones falsas».

El 11 de mayo de 2013, unas 40 personas murieron y más de 100 resultaron heridas en dos explosiones en la ciudad turca de Reyhanli, cerca de la frontera con Siria. Dos coches-bomba habían estallado en lugares céntricos de esa ciudad –uno frente a la alcaldía y otro delante de la oficina de correos. Horas después ciudadanos turcos atacaron el campamento de refugiados sirios.

Por supuesto, Estados Unidos condenó los atentados. Al expresar sus condolencias a las familias de las víctimas de los atentados, el secretario de Estado John Kerry dijo que la noticia de las explosiones había causado «mucho dolor» en Washington.

Anders Fog Rasmussen, el secretario general de la OTAN, también expresó su apoyo a las víctimas. Pero no se ha hablado, hasta ahora, de hacer ninguna reunión urgente de la alianza atlántica sobre esos atentados. Los representantes de la OTAN precisaron que no se han previsto acciones comunes en respuesta a los atentados pero que la alianza está en espera de un informe detallado de los turcos sobre esos hechos.

Alexei Pushkov, presidente de la Comisión de Relaciones Exteriores del parlamento ruso, había vaticinado el día anterior que [Occidente y Turquía] culparían a Siria. Y así sucedió.

Algunos especialistas estiman que las explosiones de Reyhanli pueden convertir la guerra civil siria en un conflicto internacional. Pero Said Gafurov, director científico del Instituto de Estudios del Oriente y África, señala, en entrevista concedida a Odnako, que es poco probable, por el momento, que se produzcan acciones militares directas de parte de Turquía:

    «No excluyo la posibilidad de que Turquía emprenda una respuesta militar pero pienso que es poco probable. Ante todo, Siria no tiene nada que ver con esos hechos y, por demás, todo el mundo se da cuenta de ello, tanto en Turquía como en Siria. Lo más importante es que eso lo entiende muy bien el mando de las fuerzas armadas turcas, que no tiene ganas de embarcarse en una guerra impopular contra Siria. Como también sabe que si, por desgracia, las autoridades políticas lo obligan a entrar en guerra contra los sirios, rápidamente se producirá un motín en la retaguardia de los turcos. Y no serán los kurdos los únicos en rebelarse (a pesar de que ya hay negociaciones con ellos) sino también los alauitas, que constituyen gran parte de la población de la Turquía rural y precisamente de la Anatolia oriental. Así que tendrían un incendio en la retaguardia y las divisiones turcas se verían rodeadas de enemigos. Es por eso que el ejército no quiere embarcarse en esa guerra.

    Además, Turquía es miembro de la OTAN. Pero la OTAN ya declaró, por boca de su jefe Rasmussen, que no participará en el conflicto fuera del marco de una decisión del Consejo de Seguridad [de la ONU], donde las posiciones de Rusia y China siguen siendo las mismas.

    Y, para terminar, los sirios no tiene realmente nada que ver [con los atentados]. Evidentemente, Erdogan puede tratar de modificar algo, sobre todo con la esperanza de una guerrita relámpago, pero el problema viene del hecho que no logrará una guerrita victoriosa. Además, durante su campaña por el poder su principal consigna electoral era “cero problemas con los vecinos”. Y ahora tiene problemas con todos los países que tienen fronteras con Turquía: Grecia, Irak, Siria, Armenia, etc.

    Ese atentado es un hecho interno de Turquía. Pienso que existe el peligro de que suceda en Turquía –al menos en su parte oriental– lo mismo que en Líbano o en Siria, o sea una guerra civil intercomunitaria, no tanto basada en la religión (en principio, los alauitas son gente pacífica que no pregonan su religiosidad) sino en la cuestión étnica. En esa misma provincia de Hatay, en Alejandreta [Iskenderun], hay muchos árabes de distintas religiones, hay kurdos, turkmenios... Y si funciona la provocación y se llega a saber cuál de las partes turcas en conflicto organizó las explosiones, hay una fuerte probabilidad de que la gente contraataque para vengarse.

    Por otro lado, Turquía no tiene una situación económica tan buena. O sea que el milagro económico turco que Erdogan había alcanzado cuando aplicaba una política comedida está actualmente en peligro. Por ejemplo, extrañamente, la ruptura de los intercambios comerciales y económicos con Siria ha afectado sobre todo precisamente a la parte del país que apoya a Erdogan, no a Estambul sino a las provincias interiores. Por un lado, la guerra aumenta el crédito de manera evidente. Por el otro, todo puede volverse en contra.

    Así que el único argumento en apoyo de la hipótesis de que Erdogan emprenda la guerra sería una decisión estrictamente personal para aumentar sus posibilidades electorales. Pero la oposición sería tan grande en el seno de la administración turca –en la élite política y militar, los partidos en el poder y la oposición– que no sucederá nada grave. Los turcos no son tan tontos como para atacar Siria sin garantizar [que tendrán] el apoyo de todo el bloque de la OTAN.»







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