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sábado, 16 de agosto de 2025

Andrés F.

Retomamos el tema de los policías españoles infiltrados en los movimientos sociales con este artículo publicado por Gara:


El «caso Mayka» y el policía infiltrado en Euskal Herria se viraliza 25 años después

El eco mediático que han tenido los casos de infiltración policial en los Països Catalans, y también Euskal Herria, ha devuelto a primer plano la muerte de la joven Mayka Pérez Márquez en Madrid en el año 2000. Los indicios apuntan a que fue víctima de su pareja, un agente infiltrado de la Policía española que quedó impune.

Marcel Pena

María del Carmen Pérez Márquez, Mayka para sus allegados, falleció el 19 de mayo del 2000 en su piso de Madrid, como consecuencia de un disparo en la cabeza que se realizó con el arma de Andrés F., su pareja. Se trataba de un agente de la Policía española que había estado infiltrado en el movimiento libertario catalán y formaba parte de la llamada Brigada Antiterrorista en Gipuzkoa. Aunque el hombre declaró que Mayka se había suicidado, la familia defendía una tesis muy distinta, que apuntaba al crimen machista.

Desde el momento de la muerte de Mayka, existieron dos versiones sobre qué había ocurrido. Por un lado, la versión oficial, a partir de la declaración de Andrés F., hablaba de que la joven se había suicidado tras discutir con su novio; y por otro, la que defendía la familia y vecinos, apuntaba al homicidio o «asesinato», ya que era conocido que Pérez era víctima de malos tratos físicos y psicológicos por parte del policía. Prueba de ello es que, la noche del crimen, vecinos de Vallecas intentaron linchar al sospechoso mientras era protegido por agentes de Policía. Incluso el propio Andrés F. confirmó a la familia que él había sido el autor del disparo mortal, según afirmaron los propios allegados.

Tal como detallaron la hermana de la fallecida, África Pérez, y el abogado de la familia en el programa “Las claves del crimen” -del canal Tribunal TV (ya desaparecido)- titulado «¿Suicidio o Asesinato?» y dedicado al «caso Mayka», Andrés F. actuaba de forma controladora con su pareja, quien intentó dejarlo en varias ocasiones. Según informó el letrado Jaime Sanz de Bremond, los peritos dejaron escrito que el sospechoso se lavó las manos antes de la prueba de la parafina, que se utiliza para buscar restos de pólvora, alegando que las tenía llenas de sangre, y que la ropa no se analizó hasta tres días más tarde.

Además, la familia pensaba que el carácter de Mayka no correspondía con el de una persona con tendencias suicidas. De hecho, la mujer tenía hechas las maletas para abandonar el domicilio, propiedad del hombre. ¿Por qué iba a recoger todas sus cosas, perfectamente organizadas en bolsas, si su intención era quitarse la vida?

Previamente, Andrés F. había estrellado en dos ocasiones el coche que conducía con Mayka de copiloto, lo que, según el abogado de la familia, prueba su «carácter intemperante». Como consecuencia del último de los siniestros, en el momento de su muerte Mayka todavía llevaba un collarín cervical. En otras discusiones, el policía había sacado su arma reglamentaria y amenazado con suicidarse.

Sanz de Bremond apuntaba que Andrés F. actuó de manera extraña tras la muerte de Mayka, que supuestamente presenció in situ. A continuación, el hombre llamó en primer lugar a la Guardia Civil, 45 minutos después del disparo. Tiempo suficiente para alterar la escena del crimen, más si cabe para un agente de Policía. La familia acusó públicamente a los cuerpos policiales de «querer encubrir los hechos», incluyendo la manipulación del arma del crimen la misma noche de la muerte.

El programa completo de “Las claves del crimen” sobre el «caso Mayka» puede consultarse en el canal de YouTube de Jaime Sanz de Bremond (@SanzdeBremond).

¿Quién es Andrés F.?

En el momento de los hechos, Andrés F. se encontraba trabajando en Euskal Herria, como confirma África Pérez en la entrevista con Paco Pérez Abellán. «Él llevaba un periodo más largo del habitual en el País Vasco y, entonces, había venido unos días de vacaciones. Es decir, no estaba trabajando. No entiendo por qué tenía el arma cargada», explicaba la hermana de Mayka.

Según la cuenta de X @undercover_25_, que se ha vuelto viral tras recuperar el caso 25 años después, actualmente Andrés F. vive en la provincia de Málaga y sigue trabajando como policía. Anteriormente, había formado parte de la Brigada de Información de la Policía española en Catalunya, infiltrándose en el movimiento libertario bajo la identidad de Ángel Grandes Herreros, hasta que fue descubierto. Esto no impidió que, después de abandonar Catalunya, fuera destinado a la denominada Brigada Antiterrorista de Gipuzkoa, con sede central en el cuartel de Intxaurrondo de Donostia.

A pesar de los intentos de la acusación, liderada por el letrado Sanz de Bremond, Andrés F. tan solo declaró en el juicio del «caso Mayka» como testigo, sin llegar a estar acusado. Un año después del crimen, el juez decidió archivar el caso por falta de «indicio racional alguno que permita atribuir a persona determinada» la muerte de la joven.




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jueves, 25 de noviembre de 2021

El 25-N en Euskal Herria

Y ante la violencia machista nada mejor que la organización de las mujeres.

Aquí la crónica de Naiz acerca de las movilizaciones en Euskal Herria por la fecha en al que se busca crear conciencia acerca del derecho de las mujeres y las niñas a vivir una vida libre de violencia.

Adelante:


Miles de vascas reivindican en las calles «una vida sin violencia machista»

Miles de mujeres vascas se han movilizado este jueves en pueblos y capitales, convocadas por el Movimiento Feminista de Euskal Herria, para defender «una vida sin violencia machista».

Pueblos, barrios y ciudades de toda Euskal Herria se han unido, con motivo del 25 de Noviembre, día contra la violencia machista, para denunciar una sociedad todavía «insostenible para las mujeres y los géneros disidentes». Hasta la fecha, en este 2021, cinco mujeres han sido asesinadas en Euskal Herria y a ello han añadido la «terrible violencia que hemos sufrido tanto en los hogares como en las calles», así como las «exclusiones» sufridas en muchos ámbitos por el colectivo LGTBIQ+.

Miles de mujeres, convocadas por el Movimiento Feminista de Euskal Herria, se han movilizado en capitales y pueblos «para construir una Euskal Herria feminista, anticapitalista y antiracista». Unas citas a las que han llegado «dolidas, hartas y con la fuerza que nos da la rabia».

«Necesitamos políticas feministas, recursos pedagógicos para profundizar en la prevención y que toda la sociedad tome responsabilidad», han señalado. En ese sentido dirigieron su mensaje a las instituciones. «Necesitamos instituciones comprometidas y no declaraciones institucionales, concentraciones ni fotos disfrazadas de morado». Frente a ello, reivindican «medidas reales y efectivas».

La primera capital en salir a la calle ha sido Baiona. La movilización ha partido a las 18.00 desde la plaza Moracin, en el barrio en el que se produjo la última víctima mortal por violencia machista, tras una pancarta en la que se señalaba ‘Violencia machista = violencia social’.

Una hora después arrancaba la movilziación de Gasteiz, donde miles de mujeres han reivindicado el valor de la lucha feminista. Del mismo modo, han denunciado que «la precarización de los sectores feminizados es violencia» e incluso la «violencia institucional» del Ayuntamiento gasteiztarra.

«Avanzaremos por la lucha y la organización, por las vidas libres de violencia. Es hora de acabar con las múltiples violencias que golpea a diario la vida de las mujeres y géneros sexuales disidentes», ha señalado el movimiento feminista gasteiztarra.

Bilbo se llena

A pesar de la lluvia, miles de personas también se han movilizado en Bilbo este 25 de noviembre. A la manifestación principal, que ha partido desde la Plaza Sagrado Corazón, se le han unido a las diferentes columnas provenientes de los barrios, hasta formar una gran marcha que ha finalizado ante el Ayuntamiento bilbaino.

A lo largo de la manifestación, las participantes han gritado consignas contra la violencia machista y el sistema patriarcal, como «erasorik ez erantzunik gabe», «basta de violencia contra las mujeres», «no es un caso aislado, se llama patriarcado» o «emakumeon borroka herri borroka da».

En declaraciones realizadas a NAIZ, una de las portavoces de Euskal Herriko Mugimendu Feminista, María Rosa Pintor, ha lamentado que la manifestación se haya llevado a cabo con condiciones meteorológicas adversas, como el frío y la lluvia, aunque ha recordado que el año pasado, en plena crisis sanitaria por la pandemia, la convocatoria bilbaina reunió a más de 17.000 personas, una cifra a la que quería acercarse este año.

Además, Pintor ha criticado que desde las instituciones se estén dando «pasos atrás», como la posibilidad de subvencionar con dinero público a escuelas que segregan por sexo. «A nivel de instituciones vamos hacia atrás, pero el movimiento feminista sigue adelante y las mujeres feministas cada vez somos más», ha manifestado la portavoz.

El sistema judicial, bajo lupa

También en Donostia una multitud ha reclamado «acción directa» contra la violencia machista. «No aceptaremos ningún tipo de lavado de cara. Casa, barrio, calle, ciudad, comunidad, movimiento popular,... seguiremos luchando hasta convertirlos todos espacios libres de violencias machistas», ha señalado Bilgune Feminista. «Las violencias machistas son un instrumento de control y reproducción del patriarcado. Y cuando la variable de género se entrecruza con otras como la clase, la procedencia o la discapacidad las condiciones para hacer frente a esa violencia machista son peores», ha añadido la Asamblea Feminista de Donostia.

Del mismo modo, han puesto el foco sobre el sistema judicial. «Nos enfrentamos a un sistema judicial incapaz de dar respuesta a las violencias machistas, un sistema que revictimiza y que juzga a las mujeres, bolleras y trans en lugar de a los agresores».

El frío y la lluvia también se han sumado a las cientos de personas que se reunieron en el centro de Iruñea para reivindicar el fin de la violencia machista bajo el lema ‘Aske izateko/Vida sin violencias’.

Al finalizar la marcha, se ha leído un comunicado en el que exigían el final de todo tipo de violencia. «Ya han pasado varios años desde que denunciamos con contundencia que el juego del patriarcado había terminado, que lo habíamos dicho todo, y que era hora de que se tomasen en cuenta nuestras reivindicaciones. ¿Y qué ha cambiado con respecto a la violencia contra las mujeres? Nada. Todo sigue igual. Nos siguen asesinando, maltratando y humillando», han denunciado.

 

 

 

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Pandemia Machista en Euskal Herria

Desafortunadamente la lacra de la violencia machista en contra de las mujeres y las niñas no cesa.

En ese contexto y por ser hoy precisamente la jornada en la que se busca visibilizar esta gran deuda de la sociedad, les compartimos este reportaje dado a conocer por Naiz:


La otra pandemia que no cesa

Cinco mujeres –una más que en 2020– han muerto en lo que va de año en Euskal Herria a causa de la violencia machista y al menos otras cinco han tenido que ser hospitalizadas en estado grave, mientras que los delitos contra la libertad sexual suben un 12,8% y las violaciones un 44,7%.

Joseba Salbador

Otro año más, esta jornada del 25-N vuelve a estar marcada por la violencia machista contra la mujer. En lo que va de 2021, cinco mujeres han muerto en circunstancias violentas en Euskal Herria. La primera muerte se producía nada más comenzar el año, el día 4, cuando fue hallado el cadáver de una vecina de Donostia de 32 años, Aintzane Pujana, que se encontraba desaparecida desde el 1 de enero. El cadáver, que presentaba heridas de arma blanca, apareció en una zona de matorrales junto al río Urola en Aizarnazabal.

A los pocos días, dos personas, un hombre de 24 años y una mujer de 23, eran detenidas por estos hechos. La investigación apuntó a que la mujer fallecida habría sido explotada sexualmente por los arrestados, quienes además la habrían mantenido retenida contra su voluntad.

Un mes más tarde, el 12 de febrero, se producía la segunda muerte violenta, en este caso en Sestao. En esta localidad vizcaina, Conchi González, de 56 años, moría en su casa como consecuencia de las heridas provocadas con un hacha por su marido, que tras la agresión se suicidó tirándose a la ría. El cadáver de la mujer fue hallado cuando los ertzainas acudieron al domicilio familiar tras recuperar el cuerpo del hombre.

Un caso similar se produjo el 15 de abril en Biarritz, donde un hombre mató a su esposa antes de suicidarse. Se trataba de un matrimonio de avanzada edad y, al parecer, el hombre utilizó una escopeta de caza. Los cuerpos sin vida fueron encontrados en su domicilio del barrio Aguilera de Biarritz.

La cuarta muerte violenta se produjo en la localidad navarra de Murchante, donde María Pilar Berrio Jiménez, de 43 años, moría apuñalada mientras viajaba en su coche en compañía de sus dos hijos de 5 y 9 años. El agresor, cuñado de la víctima, les embistió con su vehículo y, tras sacarles de la carretera, apuñaló a la mujer y huyó del lugar. Después de 33 horas de fuga, fue detenido por la Ertzaintza en Donostia e ingresó en prisión.

La quinta muerte se producía el 12 de octubre en el barrio Sansomendi de Gasteiz, donde Erika Tavares, de 32 años, fallecía en su domicilio degollada por su pareja, que posteriormente se quitaba la vida con el mismo cuchillo, mientras en la casa permanecían lo dos hijos de la pareja, de 17 y 13 años.

Heridas de gravedad

Además de estas muertes, en lo que va de año se han producido múltiples ataques con armas que han provocado la hospitalización de las víctimas. Es el caso de la agresión protagonizada el 26 de abril en Biarritz, donde un hombre de 68 años disparó con su arma a su pareja provocándole graves heridas, aunque sin riesgo para su vida.

Otra agresión especialmente trágica se producía el 11 de junio en Basauri, donde un joven de 24 años fue detenido tras atacar con un cuchillo a su pareja, que se encontraba embarazada, y a la que no se podía acercar por tener vigente una orden de alejamiento. Mientras la mujer era trasladada a un centro hospitalario, la Ertzaintza inició la búsqueda del  agresor, que fue localizado y arrestado poco después en su domicilio de Berriz.

En esta misma localidad, el 26 de julio un hombre era detenido tras herir gravemente a su pareja con un cuchillo y después huir del lugar con el bebé de unas semanas que les acompañaba. La mujer tuvo que ser evacuada por un helicóptero medicalizado al hospital de Cruces a causa de la gravedad de las heridas. El agresor fue localizado poco después y detenido.

Otra mujer fue también acuchillada en su domicilio en Ziburu el 20 de agosto por un hombre que fue detenido al cabo de tres días. La mujer fue ingresada en el hospital con pronóstico grave, aunque su vida no corría peligro.

Y el pasado día 13 de noviembre, un hombre de 33 años era detenido en Mutriku por agredir a su pareja en el domicilio familiar, tras lo que fue trasladada al hospital para atenderle de las lesiones sufridas.

Más delitos contra la libertad sexual

Entre enero y setiembre, se contabilizaron un total de 5.216 casos de violencia contra las mujeres, 4.003 en la CAV y 1.213 en Nafarroa. Este año llama la atención el notable aumento de los delitos contra la libertad sexual de las mujeres. Según el balance de criminalidad hecho público por el Ministerio español de Interior, entre enero y setiembre se registraron en Hego Euskal Herria un total de 677 delitos contra la libertad e indemnidad sexual, lo que supone un 12,8% más que los 600 del mismo periodo de 2020.

Dentro de este capítulo, llama la atención el fuerte incremento de las violaciones, que pasan de las 72 de 2020 a las 97 de este año, lo que supone un 44,7% más. Por territorios, destaca el caso de Araba, donde el aumento alcanza el 120% (de 5 casos a 11) o Nafarroa, con un incremento del 78,6% (de 14 casos a 25). En Bizkaia y Gipuzkoa también se dan más casos, aunque con subidas del 34,4% y del 12,5% respectivamente.

Los datos ofrecidos por el Ministerio del Interior no coinciden con los de Emakunde, que recoge un número inferior de denuncias por delitos contra la libertad sexual, en concreto 312 casos hasta setiembre (frente a los 420 en la CAV del Ministerio de Interior).

Según la información recabada por Emakunde, el aumento de este tipo de ataques se produjo especialmente entre los meses de mayo y junio, lo que supuso un cambio de tendencia, ya que hasta abril se habían ido reduciendo mes a mes las agresiones contra la libertad sexual.

En este sentido, la Policía Foral advirtió a principios de año de un repunte en Nafarroa, tras la tendencia de descenso que se había producido en los meses anteriores por las restricciones en la movilidad y la ausencia de fiestas.

Uno de los casos más graves se producía precisamente en las no fiestas de Plentzia, el 29 de agosto, donde una joven de 17 años denunció haber sufrido una violación múltiple en la playa, después de que se hubiese separado de sus amigas. Según indicó, un primer chico se sobrepasó con ella y después se unió otro. No hubo detenciones.

Otro hecho similar se produjo el 25 de setiembre en Bilbo, donde una mujer denunció haber sido drogada y agredida sexualmente por varios hombres en un piso del Casco Viejo.

Más de 5.000 mujeres necesitan protección policial en la CAV

El número de mujeres que necesita protección policial por violencia machista en la Comunidad Autónoma Vasca supera ya la barrera de las 5.000, con 5.038 mujeres protegidas por la Ertzaintza a través de algún tipo de vigilancia (257 más que el año pasado). De ellas, 3.516 lo son por orden judicial, mientras que las 1.522 restantes reciben esa protección atendiendo a los protocolos policiales que analizan el riesgo de cada víctima.

Estos datos fueron dados a conocer por Josu Erkoreka, vicelehendakari segundo y consejero de Seguridad del Gobierno Vasco, durante la presentación de los presupuestos de su Departamento para el próximo año. Según explicó, la partida destinada a la protección de víctimas de violencia de género se elevará el año que viene hasta los 7,9 millones, 100.000 euros más que el año pasado.

De hecho, el número de mujeres protegidas por la Ertzaintza se ha incrementado un 10% en tres años y las denuncias por violencia de género han vuelto a niveles prepandémicos. Esa vigilancia a 5.038 mujeres se presenta como un factor fundamental en la lucha contra la violencia machista y ha sido una de las claves para evitar que, tanto en 2019 como 2020, se produjeran más víctimas mortales en la CAV. En todo caso, es necesario que se presente una denuncia para que se active esa vigilancia.

A los casi 8 millones de euros destinados a la protección de mujeres víctimas de violencia machista hay que sumar 73.355 euros que se destinarán a la iniciativa Bortxa, una aplicación de teléfono móvil que permite una rápida comunicación con la Ertzaintza y SOS Deiak. Esta app dispone de un sistema de alarma con geolocalización que permite una rápida intervención. En este momento, 248 mujeres utilizan esta aplicación en sus teléfonos móviles.

El Departamento de Seguridad, además, ha anunciado que pondrá en marcha a finales de año el proyecto EBA, para crear y compartir todos los expedientes, homologar las evaluaciones de riesgo y establecer la protección adecuada según el nivel que se diagnostique.




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martes, 11 de febrero de 2020

Sexualizando a las Niñas

Desde la página CIMAC Noticias traemos a ustedes este texto con el que damos seguimiento a un tema que lacera hoy en día a muchas naciones del mundo pero especialmente a México: el feminicidio. En el mismo, la autora describe un fenómeno que debe ser estudiado profundamente.

Lean por favor:


Argentina Casanova Mendoza

La sexualización temprana de las niñas en México inicia a partir de su primera menstruación, ese es probablemente el momento en el que da comienzo ese “contínuun” de violencia que se relaciona con el odio que la sociedad ejerce hacia las mujeres a lo largo de la vida de éstas y que está marcado por etapas de violencia familiar y comunitaria, hasta culminar en muchos casos, con la violencia feminicida.

Ese desprecio por la vida de las niñas es esa incapacidad política, institucional y de muchas personas especialistas para entender la urgencia que la violencia contra las mujeres entraña en México, suficiente como para exigir un tipo penal de feminicidio, suficiente para que nosotras, las defensoras, las feministas, las punitivas, exijamos prisión preventiva en muchos de los casos de violencia sexual y feminicida.

Suficiente para que nos haga preguntarnos ¿dónde subyace la causa de esa violencia en una sociedad que transita entre lo bipolar del amor a la madre al punto de divinizarla con la virgen? pero al mismo tiempo despreciar a las mujeres, a sus cuerpos; solo es posible entenderla si miramos un poco en los contextos sociales, en las costumbres y prácticas que han normalizado esa violencia.

Muchas de las violencias que se ejercen contra las mujeres tienen su origen en el núcleo familiar, es imposible no abordar ese tema, es imposible no hablar de la violencia sexual que muchas viven en su ámbito familiar y comunitario, y que esta violencia tiene una estrecha relación con la idea del imaginario colectivo en un gran sector de la población, principalmente en el ámbito rural, de que al menstruar las niñas ya son mujeres.

En algunas comunidades rurales e indígenas, se entremezcla esa visión de que las niñas se hacen mujeres cuando tienen su primer sangrado y esto es suficiente para que dejen de ser vistas como niñas y empiecen a ser vistas como mujeres. Y con ello viene todo el odio, el desprecio que conlleva la sexualización.

Y cuando hablo de sexualización no me refiero a ese proceso que inicia como un juego en las niñas en el ámbito urbano, cuando las visten como pequeñas mujeres, con corpiños y colores llamativos, con maquillaje o incluso cuando se les inscribe a concursos de belleza o se las pone a bailar música con alto contenido sexual.

La sexualización de las niñas tiene distintos matices dependiendo del lugar en el que viven y su contexto familiar y comunitario, así mientras para algunas es la ropa que llevan puesta, para otras pequeñas es el que a partir de su sexo se “piense” en ellas como monedas de cambio, pero también como cargas: una boca más que alimentar, improductiva, desvalorizada y cuyo único valor radica en lo que la familia pueda obtener a partir de su condición de “mujer”.

Aunque suene grotesco, lo que sucede en el ámbito rural y en muchas comunidades incluso en las grandes ciudades, es que se establece una desvalorización de las niñas porque son cargas a las que se debe alimentar, mantener y que ocupan un espacio; está relacionado con destinar la mejor comida a los varones, el espacio en la casa, y las niñas heredan todo usado o se las relega a espacios menos cómodos. Incluso en algunas comunidades se sabe de niñas que duermen fuera de la casa y la familia está a la espera de que ya “se case y se vaya”, esto las hace vulnerables a la trata, la explotación sexual, a matrimonios serviles, a la esclavitud sexual a manos de hombres adultos a los que son entregadas para que la familia se libre de su manutención.

Pero esa visión es alentada por la idea de que las niñas al menstruar se convierten en mujeres que “compiten” con la madre, en una idea perversa de que las mujeres compiten entre sí y que representan esa “manzana” podrida que todo lo pueden corromper, desde la relación de la madre con un hombre que no sea el padre, hasta ser sujetas de la violencia sexual de hermanos, padres, tíos o padrinos, incluso de los amigos de la familia, en la que ellas serán vistas como las responsables, “las provocadoras”.

Suena increíble, pero el desinterés que viven las niñas en sus hogares tiene muchas veces ese origen la violencia que la propia madre ejerce sobre ellas por este sistema social-patriarcal le ha dicho que su hija es su competencia, por esa idea de que “ya está suficientemente grande” y que ya es mujer, y que no se entienda su sexualidad como la etapa de una niña que está creciendo, sino como el salto de la noche a la mañana de ser niña a ser una adulta sexualizada.

Ese es el inicio del ciclo de la violencia que se convierte en el caldo de cultivo que las ubica en contextos de riesgo, y que se relacionan con la violencia de pareja, la trata y el feminicidio.






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sábado, 21 de diciembre de 2019

Egaña | Los Errantes

Desde Facebook traemos a ustedes este demoledor texto de Iñaki Egaña:


Iñaki Egaña

Concluye el año y, como es costumbre, nos echamos a la espalda una rápida versión de las 52 semanas anteriores, repletas de nombres ilustres y de acontecimientos que han distraído nuestro caminar por la vida. Las portadas de los medios influyentes ya han destacado a Greta Thumberg, Donald Trump, Boris Johnson, Egan Bernal o Megan Rapinoe. Y lo harán según tendencia, dando más o menos influjo a su aliado. La mayoría de la humanidad, sin embargo, desconocerá semejantes nombres y apellidos insignes, abstraída por esa búsqueda incesante que nos hace suspirar por la supervivencia e incluso más allá de ella.
De toda esa basura impulsada por los ascendentes community manager poco se salva de una quema racional. Consumimos despojos revestidos de celofán, de la misma naturaleza de los que sorprenden a los simios, hermanos, a fin de cuentas, en la evolución biológica. Quienes tenemos superada la supervivencia y una esperanza de vida anclada en las décadas cercanas a la centena, vivimos en un gran reality show, con el engaño de la autenticidad de nuestros genes.
No todo es desalentador, pero casi todo es desalentador. Este año, por mor de un protocolo medieval, se ha concedido el Nobel de Literatura correspondiente y también el de 2018. El pasado fue obviado porque sobre uno de los miembros de la Academia sueca, que impartía el premio, recaían acusaciones de diversas violaciones y abusos sexuales. Superado el escándalo, y modificado el jurado, la elección de 2018 recayó en Olga Tokarczuk. Una de las elecciones más atinadas del siglo.
Para quien tenga interés en sus letras, la polaca Olga Tokarczuk tiene la mayoría de su obra traducida al francés. Apenas un par al castellano y ninguna al euskara. En la reciente feria de Durango quedé impresionado cuando una joven, natural de Elizondo, con la que compartí mesa culinaria y no literaria, me comentó que había leído toda la obra de Tokarczuk en su idioma original, el polaco.
Sin llegar a tanto, ni tampoco (desconozco el polaco absolutamente) yo había leído sus dos obras en castellano y otras tantas en francés. Una de ellas, “Bieguni” (2007), traducida a la lengua hispana con el título de “Los errantes” (2019) y a la francesa como “Los peregrinos” (2007), me había impactado. Por esas noticias, ciertas o no, de viajeros impenitentes, de hombres y mujeres que no pasaron, ni pasarán a la historia. Por ese anonimato que nos humedece y que sólo la literatura es capaz de franquear.
Y así, siguiendo la estela de esas a veces breves, otras extensas crónicas vitales que recogía Tokarczuk, los nombres de mis portadas para el año 2019 se alejarían tanto de las que citaba al comienzo de este artículo, que un espectador ajeno pensaría que se hallaba en dos planetas diversos. No se puede romper el anonimato cuando este año han nacido 135 millones de niños y niñas. Ni siquiera esos dos millones y medio de libros que se han publicado este año en nuestro pequeño-gran planeta hacen justicia al anonimato que nos sustraen los portadores de portadas prestadas.
Para superar tanto desasosiego, el impulso creativo, aunque humilde y pequeño, nos ayuda a ver más allá de las variedades televisivas. Esas que, enlatadas, nos dirigen al abrevadero más cercano. Mis portadas recogerían nombres en mayúsculas o minúsculas, no tengo preferencias, que esconderían cientos, miles, millones de otros nombres en mayúsculas o minúsculas. De aquellas y aquellos que fugazmente fueron porque otros, generalmente masculinos, así lo decidieron con su modelo político, económico o territorial. Con su arrogancia y su insolencia inhumana.
Nombres para la eternidad que murieron en este año de 2019. Como el de Alex Núñez, torturado por los carabineros en Maipú, José Miguel Uribe, en una manifestación en Santiago de Chile, Joel Triviño, de apenas cuatro años de edad, en Bio Bio. Y en Colombia, Alexander Parra, ex guerrillero de las FARC, en Meta. Como Oliver Piñeira en Cauca o Yahir Cartagena en Antioquia. En Brasil, el indígena guajajara Dorivan Soares, de 15 años de edad, en Maranhao, Maxciel Pereira en Tabatinga, al wajapi Emyra Wajapi en Yvytoto. Yohana Alvarado y Buenaventura Calderón en Honduras. Los niños Alvarito Conrado, Sandor Dolmus en Nicaragua. Limbert Guzmán en Cochabamba, Bolivia.
Genocidio es sinónimo de feminicidio. Y cuando hablamos de anonimato, nos estamos refiriendo en un porcentaje tan elevado que no alcanzo con la mirada, a la mujer. Violadas, masacradas, descuartizadas, asesinadas. La indígena jumma Chigon Mila Chakma en Bangladesh, Patricia Hernández, Otilia del Angel, Nataly Martínez, en México, Uyinene Mrwetyana en Sudáfrica, Lorena Cardozo en Venezuela, Riyanka Reddy en India, la niña Farishta Mohmand en Pakistán, Antonia Guerra Pinho en Portugal, Karina Vetrano en Nueva York, Tangbau Hkwan Nan Tsin y Maran Lu Ra en Myanmar, Aya Masarwa en Australia, Cecilia Romás en Paraguay, Marta Calvo en Valencia, María López en Córdoba, Nicole Olaechea en Hospitalet, Romina Celeste en Lanzarote…
Migrantes ahogados en el Mediterráneo huyendo de la miseria, como en otros mares lejanos, como en los muros modernos que se elevan para preservar fronteras. Mujeres también: Hayat Belcacem, Arazu Tariq, Mawda Shawri, Mame Mbaye, Ayse Abdulrezzak, Asi Dogan, Djenabou Bah, Aminatou Diallo. Los niños gemelos sirios Shiar y Dijwar Rashid y sus hermanos Darin y Didar y la hermana Amina.
No quiero parecer un escapista, ahondar en dramas lejanos. Y por ello, recuerdo que, entre nosotros, los muros también toman altura, los mares se vuelven bravos y las carreteras anchas y despiadadas. Los muros convertidos en tapias de prisiones cercanas y lejanas. Y ya que nadie se acuerda de ellos, quiero poner el acento en los presos que se suicidaron en Langraitz, en Gerardo que con 90 años salió de la prisión alavesa para morir unos días después en una residencia. Y de Juanmari Mariezkurrena, Oier Gómez y José Ángel Otxoa de Eribe. La cárcel los mató. Y, con excepciones, tampoco fueron portada.






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miércoles, 18 de diciembre de 2019

Legado y Mensaje

Laura Zuñiga, fiel al legado de su madre Berta Cáceres, ha dejado huella con su participación en la CSxC.

Les invitamos a leer esta reseña dada a conocer por Tercera Vía:


Colectivo Alterius   

En Tercera Vía hemos dado cobertura a algunas de las intervenciones de la reciente Cumbre climática que organizó la ONU en Madrid; la COP25. Como la COP25 representa un evento que palidece con la simulación de gobiernos y empresas responsables de la crisis climática, en paralelo se ha desarrollado la Cumbre Social por el Clima (CSxC); un encuentro que busca responder a la COP25 y que incluye voces representativas de las y los defensores de la Madre Tierra. Una de esas voces es la de Laura Zúñiga Cáceres, hija de la defensora Berta Cáceres quien fue asesinada por luchar contra proyectos extractivistas en Honduras.

Laura se presentó en la asamblea del miércoles 11 dedicada al ecofeminismo recordando a su madre, que hoy en día es un ícono de la defensa del territorio y la lucha ambiental: “Soy hija de Berta Cáceres y soy de Honduras”.

Se refiere a Berta como su “mami”, pero este gesto de ternura no le quita seriedad, sino que fortalece más su rol de defensora de la naturaleza y voz de los pueblos originarios que representan la esperanza más potente para hacer frente al deterioro de la biosfera.

“Cuando hablamos del clima muchas veces nos dicen, por ejemplo: ‘reutilicemos, reciclemos… ¡y vamos a reducir los gases de efecto invernadero!’ Pero a mi mami la asesinaron por luchar en contra de una represa, que es energía limpia. Entonces ahí empezamos a cuestionar realmente a qué nos referimos cuando hablamos de capitalismo verde”.

Enfatiza que algunos discursos hablan del clima banalizando el tema, sin darle profundidad. “Culpabilizan a quienes estamos en los territorios y dicen que tenemos que hacernos cargo de reducir… bla, bla, bla, bla, bla, cuando en realidad son las empresas las que están destruyendo este planeta”.

Entonces “yo les digo a veces ‘no me hago cargo del cambio climático’, porque vengo de un lugar en el que estamos poniendo el cuerpo y siendo la primera línea de defensa de la tierra en una guerra; porque nos están matando, porque están utilizando ejércitos, porque están utilizando estructuras criminales, aliándose con el narcotráfico para poder atentar contra nuestro cuerpo y contra nuestras vidas”.

“El golpe de estado del 2009 en Honduras marcó la entrada del extractivismo salvaje en nuestros territorios. También la militarización y la criminalización. Fue una política de las empresas transnacionales para generar despojo que se reproduce en otros países de nuestra América Latina. Hoy, diez años después del golpe de estado, vivimos en una sociedad en la que se legitima la violencia patriarcal masculinizada”. (…) “Y así, bajo este ideal se asesina a mujeres y a todos aquellos que no entran en esto. Por eso cuando hablamos del asesinato de Berta Cáceres, decimos que es un femicidio político, que es un femicidio territorial”.

Clima y feminismo

“…Desde el feminismo hemos tenido grandes aprendizajes. Como entender, por ejemplo, que es el sistema patriarcal el que nos violenta y nos domina, y no simplemente los hombres. También es interesante entender que el capitalismo va de la mano con el sistema patriarcal, que es racista y que es colonial. Y si logramos entender esto, vamos a poder enfrentarnos a la destrucción del planeta de manera más asertiva. Y es difícil, porque es más fácil quedarse en la casa y dividir residuos selectivamente. Es más fácil eso a realmente entender que estamos en una situación más complicada porque hay actores muchísimo más poderosos, más violentos, más virulentos atacándonos.”

Con relación al feminismo, también destaca la acción colectiva de las mujeres en todo el mundo.

“Nos vimos en muchos países, replicando “El violador eres tú”, como vimos el “Ni una menos”, como vimos la lucha contra los femicidios como algo global. En esa red es que podemos también enfrentar el tema de la destrucción del planeta y la destrucción de la vida”.

Y agrega: “El feminismo se construye desde un lugar que muchas veces no es “lo correcto”, y pone como ejemplo que nos acusen de “asesinas” cuando hablamos del aborto.

“Sin embargo salirse de ese lugar que es correcto para la moral y la ética de un estado opresor, racista y violento, también es necesario. Si no, van a decirnos que lo correcto es dialogar con las empresas, aunque las empresas sean asesinas. Que lo correcto es negociar con los bancos, aunque los bancos estén financiando nuestro asesinato. ¡Y es así! En el asesinato de Berta Cáceres había bancos europeos financiando a una empresa que no tenía –para pagar su asesinato– más dinero que ese que ellos le daban. Entonces hay que profundizar.”

No hay tiempo que perder

“Mi mami decía ‘¡Despertemos humanidad, ya no hay tiempo!’ Y es real que ya no hay tiempo. Entonces, tenemos que seguir ese ejemplo de internacionalismo que ya tiene el movimiento feminista. Tenemos que generar redes fuertes que permitan la resistencia de nosotros y nosotras, los pueblos. Y aunque los gobiernos hagan sus cumbres y (a la COP25) venga a hablar gente como el dictador Juan Orlando Hernández, presidente de Honduras –un asesino aliado con el narcotráfico–, aquí nosotros gestamos estrategias propias, que realmente nos saquen de sólo defendernos y resistir”.






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martes, 17 de diciembre de 2019

Diputadas Turcas Solidarias

El genocida Recep Tayyip Erdogan ha tenido un muy mal día.

Resulta que un grupo de diputadas turcas han llevado a cabo el performance 'Un violador en tu camino' en solidaridad con las encausadas tras la represión sufrida por las mujeres que cantaron el himno feminista en Estambul.

Aquí lo que nos reporta DesInformémonos:


El himno contra las agresiones chileno ‘Un violador en tu camino’ irrumpía el sábado en el Parlamento turco gracias a un grupo de diputadas de la oposición laica.

Francisco Fuentes

Una forma de rendir homenaje a las víctimas de la violencia contra la mujer y protestar contra la detención de siete manifestantes en una multitudinaria movilización que tuvo lugar la semana pasada en Estambul.

La canción del colectivo ‘Las Tesis’ va camino de convertirse en un lema planetario.

Aunque el Gobierno turco aprobó hace siete años una ley específica, las organizaciones feministas denuncian el fracaso en su aplicación.

El año pasado murieron 281 mujeres a manos de sus parejas o exparejas en Turquía, según los datos oficiales, una cifra que diversos colectivos elevan a un total de 440.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) indica que el 38% de las mujeres en Turquía sufren o sufrirán a lo largo de su vida violencia por parte sus compañeros.






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miércoles, 11 de diciembre de 2019

Ankara es un Macho Opresor

Hay una línea en particular en el himno feminista chileno Las Tesis que a la letra dice "el estado opresor es un macho violador".

Pues bien, el carnicero turco Recep Tayyip Erdogan ha decidido salir a darle la razón a las cuatro chilenas y a los miles de mujeres que han replicado el performance a lo largo y ancho del planeta... abriendo un proceso judicial en contra de siete de las mujeres detenidas durante el performance en Estambul.

Aquí lo que nos reporta La Izquierda Diario:


Siete mujeres fueron detenidas en Estambul tras interpretar la icónica performance "Un violador en tu camino". Ahora la fiscalía del Estado pide penas de hasta dos años de cárcel.

El pasado domingo 8 de diciembre, al menos 300 mujeres se concentraron en la plaza Kadıköy en Turquía convocadas por la plataforma turca "Detendremos el femicidio" para interpretar "Un violador en tu camino", la reconocida coreografía creada por el colectivo chileno Las Tesis. Sin embargo, la policía anti-disturbio turca intervino violentamente para dispersar a las manifestantes, saldo que concluyó con siete activistas detenidas.

La razón esgrimida para semejante actitud represiva es que “El grupo cantaba consignas con las expresiones: son los policías, son los jueces, el presidente, el Estado opresor es un violador, que estarían cometiendo el delito de "insultar al presidente y degradar a las instituciones del Estado" explicó luego la gobernación de Estambul. Además, según pudo constatarse, al menos dos de las detenidas fueron duramente golpeadas durante su arresto.

“En un momento en el que los feminicidios crecen en nuestro país —ha dicho este lunes el Colegio de Abogados de Turquía—, condenamos la intervención de las fuerzas de seguridad contra una protesta pacífica. Es inadmisible que un baile que se ha convertido en un símbolo de la violencia contra las mujeres en todo el mundo sea dispersado usando la violencia contra mujeres”.

“No esperábamos algo así. Lo nuestro fue un acto en protesta a los asesinatos de mujeres en todo el mundo. Las letras no se refieren a ningún presidente ni institución específica", le dijo a BBC Turquía, Esim Yesilirmak, una de las abogadas de la plataforma. "La policía también actuó sin respetar los procedimientos establecidos para dispersar manifestaciones. No hicieron el llamado tres veces, no esperaron 15 minutos y empujaron a las manifestantes hacia la calle", señaló al mismo medio, Tuba Torum, otra de las abogadas.

La oficina del gobernador de Estambul, dependiente del Ministerio del Interior, confirmó en un comunicado que las activistas serán juzgadas por el artículo 301 del Código Penal de Turquía establece que la degradación pública de la nación turca y sus instituciones puede conllevar una pena de seis meses a dos años de prisión. Pero los colectivos de mujeres turcas ya están convocando a reunirse frente al tribunal donde las manifestantes capturadas el domingo permanecen bajo arresto.

Una de las coordinadoras del grupo, la feminista Ipek Bozkurt, señaló en Twitter que al declarar en comisaría las detenidas tuvieron que aclarar que no se trataba de eslóganes sino de la letra de una canción que los agentes admitieron desconocer.

Turquía también es ejemplo de violencia contra la mujer

Turquía, en la actualidad, vive en un clima de especial tensión por el enorme número de casos de violencia de género y asesinatos de mujeres por sus parejas y exparejas. Según un reporte de la ONU de 2014, una de cada cuatro mujeres en Turquía está expuesta a violencia sexual o física, pero solo una de cada 10 de ellas busca ayuda. El Estado no da cifras, pero según varias asociaciones, en el año 2018, 440 mujeres murieron por esta causa.

Recordemos también el antecedente ocurrido el 8 de Marzo de este mismo año en el país conducido por el presidente Recep Tayyip Erdogan, cuando la Policía turca reprimió con gas lacrimógeno y pelotas de goma una multitudinaria movilización por el Día de la Mujer en la misma ciudad de Estambul.

La Unión de Colegios de Abogados de Turquía ha condenado hoy la detención de las activistas y ha exigido a las autoridades que luchen “contra los crímenes machistas y no contra las mujeres”.






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lunes, 25 de noviembre de 2019

Justica Patriarcal Españistaní

¿Recuerdan todo el tema de La Manada?

Hoy, 25N, Día Internacional de la Eliminación de la Violencia Contra la Mujer (y la Niña), conviene dejar en claro como está el asunto de la impartición de justicia en la Españistán medieval:

España incumple todos los mandatos internacionales sobre cómo juzgar la violencia sexual
La gran mayoría de jueces y juezas carece de formación en materia de género e incluso desconocen los tratados internacionales que protegen los derechos humanos de la mujer que están obligados a aplicar al impartir justicia 

Marisa Kohan

Según los distintos tratados internacionales sobre los derechos de las mujeres ratificados por España, nuestro país está obligado a actuar con la diligencia debida para prevenir, investigar, sancionar y reparar a las víctimas de violencia de género, incluida la violencia sexual. Sin embargo, España está lejos de cumplir con estos mandatos con "la diligencia debida". Entre otros motivos, porque nuestra legislación no considera a la violencia sexual como una forma de violencia de género.

La única ley integral contra este tipo de violencias que promulgó nuestro país es la de Ley Orgánica de 2004, que reconoce como víctimas de esta violencia a las mujeres que hayan sido agredidas por sus parejas o exparejas. Es decir, que sólo cuando exista una relación sentimental entre la mujer y su agresor existen toda una serie de medidas previstas para su protección, su defensa o su bienestar físico y emocional, así como los fondos para asegurarlas. Funcionen mejor o peor, a lo largo de los últimos tres lustros sólo se ha estudiado, analizado, recopilado datos, creado normas, organizado servicios de atención, creado juzgados especializados y destinado recursos económicos y políticas públicas para protejan a las mujeres y a sus hijos de las agresiones de quienes deberían amarlas.

Tal como afirman varias expertas consultadas, nuestro país arrastra desde hace más de 15 años la anomalía de considerar como violencia de género única y exclusivamente la que se produce en el ámbito de las relaciones íntimas, lo que deja fuera al resto de violencias que se ejercen contra las mujeres. Sin embargo, en la mayoría de las legislaciones del mundo, en consonancia con lo que exigen los tratados internacionales, la violencia de género hace referencia a todo un conjunto de discriminaciones que les ocurren a las mujeres por el hecho de serlo, entre las que se cuentan, no sólo la violencia física y psicológica que sufren por amantes o desconocidos, sino también otras como las discriminaciones laborales, las económicas o el acoso, entre otras.

"El primer problema que tenemos es que España sigue sin enfocar la violencia sexual como una violencia de género. Es decir, como una violación de los derechos humanos, tal como lo reconoce el Convenio de Estambul del Consejo de Europa, ratificado por España en 2014", afirma Virginia Álvarez, responsable de investigación en Amnistía Internacional.

Este convenio, junto con la Convención sobre la Eliminación de toda forma de Discriminación contra la Mujer (CEDAW por sus siglas en inglés), son los principales instrumentos internacionales de los derechos humanos de la mujeres. No son los únicos (la práctica totalidad de los tratados de derechos humanos establecen la no discriminación por motivos de sexo, como el Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos y el Pacto Internacional de derechos Económicos, Sociales y Culturales), pero sí los más específicos. Todos firmados y ratificados por España, y de obligado cumplimiento. De hecho, una vez ratificados, estos convenios pasan a convertirse en parte del ordenamiento jurídico de nuestro país, tal como lo establece la Constitución en su artículo 10º. Pero a pesar de esto, aún son pocos los jueces y juezas que los conocen o los aplican en su día a día.

Este 'olvido' en la aplicación del derecho internacional se debe, en gran parte, al desconocimiento y la falta de formación de jueces, juezas y fiscales y del sistema judicial en su conjunto, formación que supone una de las prioridades recogidos en dichos convenios.

Para María Ángeles Jaime de Pablo, presidenta de la Asociación de Mujeres Juristas Themis, la sentencia del Tribunal Supremo corrigiendo el caso de la violación de los Sanfermines de 2016 "fue como una luz que creíamos que iba a impulsar las recomendaciones internacionales sobre la incorporación de la perspectiva de género en la justicia, y en concreto en violencias sexuales. Pero la decepción ha sido que tras la sentencia del Supremo hemos conocido muchas sentencias posteriores que no han seguido en absoluto esa doctrina, a pesar de la obligación jerárquica que existe en la justicia".

Esta jurista afirma que "ya es hora de implementar lo que el Convenio de Estambul establece sobre los juicios a las víctimas de violencia de género:  impedir que las preguntas, las investigaciones o el mismo juicio vayan a husmear en los antecedentes de la víctima, de manera que ella se convierta en el foco y se mire si es o no una buena víctima".

Sin prevención en violencia sexual

La violencia sexual es un tema de gravedad acuciante. Según datos del ministerio del Interior, en nuestro país se denuncia una violación cada cinco horas. Pero esta cifra es tan sólo la punta de un enorme iceberg, en donde la mayoría de estos delitos no se denuncian, por lo que no se sabe a ciencia cierta su impacto y su alcance real.

Según un informe de Amnistía Internacional presentado en noviembre de 2018, a lo largo de los últimos 30 años, nuestro país no ha desarrollado ninguna política pública ni plan de acción a nivel estatal para atajar la violencia sexual que sufren las mujeres. Esta falta de acción "ha desencadenado un vacío de medidas reales y eficaces". Según la organización, las consecuencias de este vacío suponen que las víctimas y supervivientes de violencia sexual "se encuentran ante un escenario de desprotección" y de falta de garantía de sus derechos.

Hasta la publicación de este informe, nuestro país no había llevado a cabo ni siquiera una campaña de sensibilización o prevención de este tipo de violencias de ámbito estatal, y no existe una recopilación y análisis de datos sobre estas violencias que permita generar políticas públicas de prevención. Sólo hace escasamente un año atrás el Gobierno anunció que comenzaría a elaborar un registro de distintos tipos de violencias, incluida la sexual, aunque esta iniciativa aún está en pañales.

Para muchas expertas, esta falta de políticas públicas de protección a las víctimas de violencia sexual y sobre todo la persistencia de un sistema judicial que revictimiza a las mujeres y que basa sus decisiones en estereotipos y prejuicios de género, están entre las principales causas de la escasa denuncia de estos delitos.

Sin formación, la justicia reproduce estereotipos

Tanto el comité CEDAW (un grupo de expertas que vigila el cumplimiento del convenio por parte de los países), como diversos grupos de trabajo de Naciones Unidas han reiterado a España la necesidad de erradicar los estereotipos de género del ámbito de la justicia. Y esto, tal como recuerdan estos organismos, sólo se consigue con formación.

De hecho, en 2014 la CEDAW condenó a España por la responsabilidad del Estado en el asesinato de la hija de Ángela González Carreño a manos del padre de la menor, después de que ella hubiera interpuesto más de 50 denuncias para impedir estas visitas no vigiladas. La Comisión de la ONU entendió que nuestro país había ejercido violencia institucional y que la justicia había aplicado estereotipos de género. Entre las recomendaciones que hizo este organismo a nuestro país, incluía la necesidad de que España reconociera su responsabilidad en los hechos, resarciera a la madre y que pusiera en marcha un ambicioso plan de formación en perspectiva de género para todos los integrantes del sistema judicial, para asegurar la no repetición de los fallos.

Lejos de asumir estas recomendaciones, el Estado se escudó en que las resoluciones de la ONU no eran de obligado cumplimiento. Tuvo que ser el Tribunal Supremo en 2018 (más de 15 años después de que González comenzara la lucha) el que en una sentencia ejemplar pusiera los puntos sobre las íes. No sólo reconoció la responsabilidad del Estado en el asesinato de la niña y el maltrato hacia la madre, sino que decretó que las recomendaciones de los comités de Derechos Humanos ratificados por nuestro país son de obligado cumplimiento. La sentencia también estableció una restitución económica que el Estado debía pagar a González por los daños. Pero eso fue todo. Tras más de 15 años de pelea, la única restitución o reparación que recibió esta madre, fue monetaria.

El pasado mes de junio, la Relatora Especial sobre la violencia contra la mujer, junto con el Grupo de Trabajo sobre cuestiones de discriminación contra la mujer de Naciones Unidas, enviaron conjuntamente un escrito urgente al Gobierno español, tras recibir un informe elaborado por la jurista Tania Sordo en el que recopilaba diversas sentencias en las que se habían aplicado estereotipos de género. La ONU pedían explicaciones a nuestro país sobre la persistencia en el uso de esos estereotipos en la justicia. En el escrito, que exigía respuesta de España en 60 días, la Relatora y el Grupo de Trabajo decían a España que "nos preocupa que los estereotipos y prejuicios de género así como la ausencia de una perspectiva de género y de un análisis interseccional de la discriminación contra la mujer obstaculicen el acceso a la justicia para las mujeres y niñas víctimas de delitos sexuales impidiéndoles obtener un recurso efectivo".

El escrito incluía, además, una recordatorio al Estado español sobre sus responsabilidades en materia derechos humanos de las mujeres. La respuesta de nuestro país no despejó muchas dudas. Principalmente se limitó a explicar nuevamente las sentencias e incluyó otras, en las que el principal foco era la violencia de género, pero no la violencia sexual.

Según todas las expertas consultadas, la formación es la pieza clave, incluso por encima de los cambios en las normas. Para Tania Sordo, un cambio legislativo como el que se ha propuesto por el Gobierno en la pasada legislatura para clarificar los delitos contra la libertad sexual es importante pero no suficiente. "Es imprescindible que estos cambios vayan acompañados de una formación en profundidad en perspectiva de género, en estándares internacionales y en una formación específica sobre violencia sexual a todos los operadores jurídicos. Si el cambio legislativo no va a acompañado de esta formación, la experiencia de otros países nos muestra que la interpretación que se haga de las leyes va a continuar estando basada en estereotipos y prejuicios, que lo que hacen es juzgar a las víctimas, reducir las condenas o absolver a los presuntos violadores".

Para esta jurista es importante tener en cuenta la declaración de la Corte Interamericana de Justicia en un caso contra México, en la que el alto tribunal aclara que la formación no consiste en aprenderse de memoria la legislación, artículos o leyes, sino en aprender a detectar la discriminación que enfrentamos las mujeres todos los días. "Y esto es muy importante, porque la violencia sexual es una forma de discriminación contra las mujeres, es una vulneración a los derechos humanos por razón de género", explica Sordo.

"Si los estamentos policiales y judiciales no reciben formación, primero para aceptar que los estereotipos existen, y luego para cuestionarlos y luchar contra ellos, los van a seguir reproduciendo automáticamente, que es lo que estamos viendo en las sentencias", afirma Álvarez.

Si bien las defensoras de los derechos de las mujeres y las juristas apuntan a la necesidad de una amplia formación en estereotipos y prejuicios de género, desde el ámbito de la psicología afirman que, además, es imprescindible una formación y capacitación en la teoría del trauma.

"El propio procedimiento judicial está pensado para que las víctimas vivan una verdadera retraumatizacion, que en muchos casos es mayor que la que sufrieron en la agresión. Se ven obligadas a volver a contar lo que les ha pasado y les hacen una serie de preguntas de cosas que ellas recuerdan a veces con precisión y otras no, por el efecto traumático. A nivel psicológico sabemos ya como funciona la memoria traumática. No es lógica y no se suele ajustar a la información que la justicia tiene que recabar. La memoria traumática funciona por flashes, en los que se quedan imágenes muy fijas, pero que tal vez no tienen porque ser relevantes para la justicia, como el color de la ropa del agresor o con un olor, pero no su cara. Todo esto, que son efectos de la memoria traumática, puede acabar determinando la credibilidad de una víctima en un juicio", afirma Concha López Casares, psicóloga clínica especialista en trauma interpersonal.

"En la justicia se espera que las mujeres actúen en una especie de modelo único que la psicología y la casuística nos dicen que no existe. Puede que algunas víctimas actúen en el sentido en el que la justicia prevé, pero hay una gran cantidad de mujeres víctimas que por muchas razones no van a actuar nunca así", aclara López.

Esta experta explica que en el caso de la joven víctima de La Manada de Pamplona se cuestionó en el juicio que cómo era posible que saliera de fiesta al día siguiente de la agresión. "Son prejuicios y criterios preestablecidos".

Para López, se necesita mucha formación para que se entienda qué supone la agresión sexual en la psique de un ser humano y que modifiquen los estereotipos de lo que es "esperable o lo deseable" en una víctima. "Muchas veces se les hacen preguntas estándar que en su caso concreto no tienen sentido o no han ocurrido y ellas entienden que se las está cuestionando. Si se le pregunta 'usted por qué no hizo esto o porqué no hizo lo otro…' entienden que tenían que haber hecho algo que no hicieron. Que incluso a la hora de ser víctima lo ha hecho de forma errónea. Es una cosa absolutamente perversa en el sistema judicial. Ellas cuentan lo que ha ocurrido y a través de la preguntas que les hacen se van dando cuenta de que aparentemente su comportamiento no ha sido el adecuado. Como si hubiera un comportamiento adecuado para las víctimas".

Si bien a lo largo de los últimos años algunas altas instancias, como el Tribunal Supremo, han ido creando un importante cuerpo de jurisprudencia sobre los estereotipos y los prejuicios de género y han puesto el consentimiento o la falta del mismo en el centro, tal como establecen los tratados internacionales, esta actuación no se ve reflejada en tribunales inferiores.

El Tribunal Supremo corrigió la interpretación que de los hechos probado habían realizado tanto la Audiencia de Navarra como el Tribunal Superior de la misma localidad en el caso de La Manada. Con la misma legislación en la mano, el alto tribunal calificó los hechos como una violación (agresión sexual) en donde se había ejercido violencia e intimidación, en lugar de un abuso sexual. Pero la pregunta es: ¿Tres años después de iniciarse el juicio, el veredicto del Supremo representa una reparación para la víctima?

España se olvida de la reparación

Tal como explican varias expertas, nuestro ordenamiento jurídico no contempla la reparación de la víctima. Ni siquiera la ley integral de violencia de género de 2004 menciona una sola vez el término reparación o resarcimiento. Sin embargo este concepto es clave en la legislación internacional y para el feminismo.

Las masivas protestas llevadas a cabo en los últimos dos años a raíz de algunas decisiones judiciales en relación a la violencia sexual, no han tenido como objetivo el incremento de las penas, sino que el relato de las víctimas fuera reconocido y creído y que fueran tratadas con la debida justicia. Tal como explica Sordo, "el hecho de que se tenga acceso a una justicia con perspectiva de género y que no revictimice, ya puede ser reparador por sí mismo".

Sin embargo, no es lo que suele ocurrir en los procesos judiciales a las víctimas de violencia sexual y a víctimas de violencia de género en general. La reparación en nuestro país se limita a una indemnización económica que en la mayoría de los casos es más insultante para las víctimas que reparadora. En muchas ocasiones, explica López, incluso una sentencia positiva no es capaz de reparar todo el daño que ha supuesto el proceso judicial mismo, no ya la agresión que lo inició.

"Muchas veces las mujeres están tan heridas que no quieren continuar en los procesos judiciales. Se sabe que la violencia sexual se denuncia muy poco porque la compensación para la víctima es nula. Como no sea que lo hagan buscando un cambio social. Es la única expectativa de reparación por la que ellas aceptan pasar por un procedimiento así", añade López.

Esta psicóloga incide en que en el caso de Nagore Laffage, asesinada a los 20 años en los Sanfermines de 2008, la reparación fue económica, pero el tipo penal que se aplicó fue hiriente para las víctimas, para la familia, porque se consideró que no fue un asesinato, sino un homicidio. "La familia tendrá años de psicólogos y de apoyo familiar y social y será lo único que la repare, porque la reparación económica puede ser hasta ofensiva, según se haya establecido".

Para toda las consultadas a lo largo de este reportaje, nuestro país tiene aún mucho camino por recorrer para adaptarse a los estándares internacionales a los que se ha comprometido desde los años 80. El pacto de Estado contra las violencias machistas es un punto de arranque, pero insuficiente. Tal como resalta Virginia Álvarez, "el pacto de Estado no incluye nada específico en cuanto a formación en violencia sexual. Si no se aborda, no lo vamos a solucionar. Y de hecho la reforma del Código Penal, la incorporación de la palabra violación y la desaparición de abuso poco va a resolver si no se trabaja en un cambio de mentalidad y en unas gafas de género en la interpretación de este tipo de delitos".





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jueves, 22 de agosto de 2019

Mujeres Borradas

Con respecto a las manifestaciones feministas que han tenido lugar en México los últimos días les sugerimos leer este artículo de opinión dado a conocer en La Jornada:


Mario Patrón

El viernes 16 de agosto se realizaron fuertes manifestaciones en distintas ciudades alrededor del país bajo una misma consigna: "No me cuidan, me violan". La violación a una adolescente por parte de cuatro policías en Azcapotzalco, Ciudad de México, ha sido el detonante del conjunto de marchas cuya voz no sólo exige esclarecimiento del caso en concreto, sino que reivindica poner alto a un sinfín de agresiones y violencia que las mujeres han sufrido históricamente en el país.

Estas manifestaciones son parte de la lucha feminista, que visibiliza las múltiples formas de opresión y violencia que vive la mujer en su cotidianidad, tanto en el ámbito privado como en el público, y refleja la urgencia de cuestionarnos las formas como las estructuras políticas y la sociedad ejercen una violencia machista de manera sistemática.

La opinión pública, no obstante, mayoritariamente se ha volcado a la desaprobación de las formas de manifestarse en el espacio público, lamentando las afectaciones a monumentos, fachadas de edificios y el daño ocasionado a unidades de transporte público y vigilancia. Denostar al movimiento por sus formas de manifestación es perder de vista el énfasis urgente que debe hacerse en la demanda de respuestas institucionales y sociales para frenar la violencia y desigualdad que sufren las mujeres. ¿Por qué nos afectan más las pintas que las miles de mujeres muertas por razones de odio en la presente década? ¿No es esto una manifestación propia, justamente, de una cultura androcéntrica?

La situación que yace bajo los motivos de la protesta es alarmante: según cifras oficiales, entre enero y julio del presente año se han registrado 540 feminicidios en el país; julio ha sido el mes más violento del año, con un incremento de 5 por ciento de este delito con respecto a junio. En relación con el año anterior, los feminicidios han aumentado aproximadamente 15 por ciento. Además, en el presente año se han registrado un total de 5 mil 266 denuncias de delitos sexuales contra la mujer, de los cuales mil 841 son por abuso sexual; en 2017, el 911 recibía diariamente en promedio 10.4 llamadas por violación y 9.7 llamadas por abuso sexual.

La principal causal del recrudecimiento de la violencia contra las mujeres es el alto índice de impunidad: 99.3 por ciento de los delitos quedan sin sanción. Otros datos dan cuenta de que 49.3 por ciento de las mujeres ha sufrido algún tipo de violencia en la pareja, 66.8 por ciento de las agresiones ocurridas en la calle son de tipo sexual, siete de cada 10 niñas y adolescentes fueron víctimas de agresión en sus hogares y, en el ámbito laboral, 72.4 por ciento de las horas de trabajo de las mujeres mexicanas no es remunerado.

El hecho concreto que dio inicio a esta ola de indignación feminista tiene un tinte aún más delicado, pues se señala como responsable a una corporación policial que por mandato de ley debería proteger a las mujeres. Ello nos hace recordar que cinco de los 10 casos en los que México ha sido condenado ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos son de violencia hacia las mujeres: el caso Campo Algodonero –feminicidios e impunidad–, los de las indígenas Valentina Rosendo e Inés Fernández –tortura y violación sexual por parte de militares–, el caso de la familia Alvarado –dos mujeres desaparecidas– y las 11 mujeres de Atenco –tortura sexual por parte de policías– nos interpelan sobre la violencia que viven las mujeres en las manos de las propias instituciones públicas del Estado.

Desde hace varios años, un conjunto de mujeres valientes creó la campaña "Rompiendo el silencio: Todas Juntas contra la Tortura Sexual", iniciativa que ha permitido visibilizar que se trata de un problema estructural. Los propios datos del Inegi-Enpol son alarmantes: 12.7 por ciento de las mujeres detenidas han asegurado haber sido víctimas de violación sexual durante el periodo que va de la detención policial a la llegada a sede ministerial. El World Justice Project encontró, por su parte, que ocho de cada 10 mujeres detenidas fueron torturadas.

Así, queda en claro que la violencia no emerge de manera espontánea, sino que está sustentada por prácticas arraigadas en la cultura y en las instituciones que normalizan la superioridad de un género sobre otro. Y es que detrás de toda esta vulneración hay una sociedad que se preocupa por borrar las pintas de las calles, sin darse cuenta de que son las mujeres las que han estado siempre borradas de las calles, de las plazas, de la misma historia; y detrás de esta vulneración, hay un poder político que poco ha sabido responder ante la creciente violencia y ha quedado en deuda.

Las paredes podrán volverse a pintar, pero una vida arrebatada nunca podrá regresar. Toca como sociedad atreverse a acompañar la causa de un movimiento silenciado a través de la historia, dejarse interpelar por su voz militante y comprender que no se exige otra cosa sino la dignidad misma como derecho fundamental. Las recientes marchas son un reflejo de la condición de urgencia de trabajar para construir la equidad dentro de las familias, las instituciones y la sociedad. Despreciar al movimiento por sus formas es vendarse los ojos mientras matan, violan, torturan y agreden a nuestras hermanas; escuchar y sumar nuestra voz es comenzar a responsabilizarnos por la dignidad que nos toca exigir y sobre todo construir.






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viernes, 16 de agosto de 2019

Rabia Justificada

Las mujeres mexicanas están en marcha.

El caótico manejo de una denuncia de violación por parte de una adolescente en contra de cuatro policías de la Ciudad de México ha sido la gota que ha derramado el vaso.

Sin mayores preámbulos, les dejamos con esta declaración por parte de la Liga de Mujeres Revolucionarias que ha sido dada a conocer en la página de La Izquierda Socialista:


Liga de Mujeres Revolucionarias

La violación de una mujer menor de edad por parte de elementos de la policía en la Ciudad de México, la manipulación de pruebas en la investigación por parte de la Procuraduría General de Justicia (videos editados o presentados de manera parcial), decir ante la opinión pública que la compañera violada mintió en sus declaraciones, aunado con la actitud indolente de la Procuradora y las declaraciones irresponsables de la Jefa de Gobierno Claudia Sheinbaum ha provocado la indignación del sector más activo del movimiento de mujeres, que en los últimos años se han manifestado contra los feminicidios y la ola de violencia que recorre el país.
La rabia está justificada

En lo que va del año más de 1,200 mujeres fueron asesinadas, el año pasado fueron 3,580 mujeres. Cada 160 minutos es asesinada una mujer o una niña, además los actos de violencia cotidiano que tenemos que padecer las mujeres pobres y trabajadoras en el transporte público, el trabajo y el hogar es síntoma de un sistema podrido y en decadencia.

En sectores importantes de mujeres, particularmente jóvenes, hay un sentimiento de que estos actos de barbarie deben terminar y para que esto ocurra se necesitan soluciones radicales, eso se expresan las magníficas manifestaciones y protestas de masas que han sucedido en los últimos años.

Además, intuitivamente algunas compañeras en el movimiento cada día cuestionan no solamente tal o cual aspecto del régimen político, de sus leyes o actos de corrupción; como elementos aislados. Hay un sentimiento de que todo esta mal y debe cambiarse radicalmente; en el fondo existe una expresión latente de lucha abierta contra el sistema capitalista que es el generador de la desigualdad, la explotación, la violencia y los actos de barbarie.

Cada hecho de violencia, o algún feminicidio, generá un proceso colectivo de manifestación, organización y la rabia que busca ser canalizada para frenar estos actos de barbarie. Estos a su vez ha sacado a relucir la incapacidad de los gobiernos en turno y del Estado burgués.

La reciente violación de una menor por policías en la delegación Azcapotzalco en la Ciudad de México ha sacado a relucir los actos de corrupción y podrido de las instituciones del Estado, aún y con el nuevo gobierno y la Cuarta Transformación. La justicia para los oprimidos y explotados no vendrá de la mano del actual Estado y sus leyes, sino que será producto de la organización y la lucha masiva en las calles.

La vergonzosa actuación del gobierno de la Ciudad de México, de la Jefa de Gobierno, y la Procuradora, que en teoría se asumen como progresistas y defensoras de los derecho de las mujeres, nos muestra a su vez los limites para resolver las acuciantes demandas de las masas trabajadoras, las mujeres, los pobres y los oprimidos, por parte del reformismo y aquellos que pretenden transformar la sociedad en los marcos del capitalismo.

La manifestación del viernes 16 de agosto donde acudimos cerca de 5 mil mujeres y hombres en la Glorieta de Insurgentes y las diversas concentraciones de cientos de mujeres a nivel nacional fueron convocadas a partir de las lamentables declaraciones de Claudia Sheinbaum y la PGJ.

Sin embargo la manifestación derivó en una serie de enfrentamiento entre grupos minoritarios que al termino de la misma realizaron diversos destrozos en la estación del metrobús Insurgentes, confrontaron a hombres y mujeres trabajadores por igual, que en ese momento salían de sus centros de trabajo o se dirigían al transporte público. Esos actos opacaron la participación y la manifestación de miles de mujeres. Más tarde una estación de policía fue incendiada.

Si somos objetivos los hechos relevantes de la jornada del 16 de agosto es la participación de miles de mujeres en la Ciudad de México, dispuestas a organizarse para ponerle fin a la violencia y los feminicidios, convocadas en solamente cuestión de días a través de las redes sociales o los espacios que el movimiento ha construido durante los últimos años. La manifestación estuvo llena de energía pero no logró canalizarse a un proceso organizativo o de lucha superior.

Aunque los medios de comunicación, como suelen hacerlo, han resaltado los actos de los grupos minoritarios, que la protesta de miles de mujeres.
El precio del ultraizquierdismo

Como marxistas no condenamos la violencia desde el punto de vista de la moral y no nos negamos a realizar acciones radicales. Nos declaramos enemigos del Estado, el capital, la violencia del capital y los feminicidios como cualquier participante en la manifestación, sin embargo nuestras acciones están determinadas por su efectividad para elevar el nivel de consciencia de las masas explotadas, de los sectores oprimidos y en este caso en las mujeres estudiantes y trabajadoras comprometidas con la lucha.

Las acciones al finalizar la manifestación del 16 de agosto pueden estar justificadas, para algunos, desde el punto de vista de la rabia contenida y acumulada, al sacar la conclusión que el Estado no ha realizado ningún tipo de acción ante las violaciones, la violencia y los feminicidios sino todo lo contrario, pero si somos sinceros carecen de efectividad para explicarle nuestras causas a sectores amplios de la población, de los trabajadores, las mujeres trabajadoras, y los jóvenes tampoco generaran un proceso de organización y no suman adeptos a nuestra lucha y causa.

Creemos que las amplias masas organizadas y luchando en las calles son las que pondrán fin a la violencia y los feminicidios, el Estado ha sido incapaz de resolver esta problemática. Si bien algunos sectores, con fundamento, condenan el actuar de los políticos provenientes de Morena y su actitud oportunista en el caso de la violencia hacia las mujeres, debemos analizar que tipo de acciones son las que resolverán nuestras problemáticas de raíz.

A partir del incidente en el metrobús Insurgentes y la quema de la estación de la policía, la derecha y sus medios de comunicación lanzaron una campaña difamatoria con la finalidad de generar confusión en contra del movimiento, para aislar la justa lucha de las mujeres contra el feminicidio y que exijimos justicia ante la violación de nuestra compañera en la delegación Azcapotzalco.

También señalamos que las agresiones hacia mujeres y hombres que se salían de sus centros de trabajo no suma a la causa en la lucha contra la violencia y los feminicidios sino que tiende a dividirnos.

La lucha radical y revolucionaria de la mujer no vendrán de pequeños grupos mediante la acción directa, sino de las amplias masas organizadas y movilizadas, sólo así podremos obtener justicia y ponerle fin a este sistema opresor y explotador.

Sin embargo no condenamos hipócritamente estos hechos desde la óptica de la derecha, sino desde su efectividad en la lucha de las mujeres y la lucha revolucionaria y estamos dispuestas a continuar en un debate fraterno.

Nuestra lucha es en conjunto con los sectores oprimidos y explotados, todo aquello que nos divide es reaccionario, todo aquello que nos une, nos hace avanzar en la consciencia y en la organización es revolucionario.
Por un movimiento revolucionario contra la violencia hacia la mujer y contra el capitalismo

Como mujeres marxistas y revolucionarias intervenimos fraternalmente en el movimiento de mujeres, no pretendemos imponer nuestras ideas, ni monopolizar el movimiento, en los marcos de discusión democrática planteamos nuestras demandas y reivindicaciones para discutirlas fraternalmente con todas las demás compañeras.

Aspiramos a la unidad de los explotados y los oprimidos, somos firmes defensoras de los derechos democráticos de la mujer como el derecho al aborto, repudiamos y nos organizamos contra la violencia feminicida y los actos de barbarie en contra de la mujer en este país y a nivel internacional, reivindicamos el legado de las mujeres revolucionarias y socialistas de principios de siglo como Rosa Luxemburgo y algunos de los postulados de las Conferencias Internacionales de Mujeres Socialistas.

Aspiramos a abolir este sistema basado en la violencia, la desigualdad y la explotación, el sistema capitalista. Para lo cual consideramos se necesita crear un movimiento revolucionario de mujeres, para que en conjunto con la clase trabajadora y los demás sectores oprimidos podamos dar una lucha contra los que nos violentan y nos oprimen.

Entendemos la rabia que entre las compañeras existe, no la condenamos como lo hace de manera hipócrita la derecha y sus grandes medios de comunicación, pero hacemos un llamado abierto y fraterno a discutir ¿qué métodos de lucha puede llevar al triunfo al movimiento de las mujeres?, ¿quiénes son nuestros enemigos y quiénes nuestros posibles aliados?.

El actual movimiento de mujeres tiene un alto potencial revolucionario, es deber de todas aquellas personas que abanderen las causas de la izquierda, del socialismo y la causa revolucionaria realizar este debate fraterno y sumarnos a las acciones colectivas y masivas para ponerle fin a este sistema opresor y explotador.






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