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lunes, 11 de mayo de 2020

40 Aniversario del Sagarmatha

Se acerca la celebración del aniversario de un hito muy particular para el pueblo vasco, la llegada a la cima del Sagarmatha -conocido en Occidente como Everest- por parte de la expedición vasca liderada por el mítico montañista vasco Martín Zabaleta.

Aquí lo que nos dice Gara con respecto a una fecha que nos trae muchas lecciones:


La tarde del 14 de mayo de 1980 una ola de júbilo recorrió Euskal Herria. El hernaniarra Martín Zabaleta y el sherpa Pasang Temba habían desplegado la ikurriña en la cima del Everest. Era la culminación de una aventura que se vivió como gesta colectiva y se festejó como triunfo de un pueblo. GARA lo recuerda ahora con una camiseta conmemorativa.

F. M.

La fotografía de la cumbre de la primera ascensión vasca al Everest forma parte del patrimonio cultural de Euskal Herria. Fue captada por Martín Zabaleta y en ella se ve a Pasang Temba enarbolando en su piolet la ikurriña y la bandera de Nepal sobre el trípode de la cumbre. Se trata de un documento gráfico extraordinario, que concita todo aquello que supuso la expedición de 1980. Y por ello es el motivo central de la camiseta con la que GARA, en colaboración con la firma de moda natural KOT, autora del diseño, quiere conmemorar aquella gesta en su 40º aniversario. Pero hay más razones.

Entre las muchas celebraciones oficiales y espontáneas de aquella conquista, fue muy popular la camiseta blanca que reproducía la portada de "Egin" del 15 de mayo de 1980 en la que se daba cuenta de la proeza. No en vano, "Egin" fue uno de los principales canales informativos para transmitir los entresijos y el desarrollo de la expedición, de mano de la magistral pluma del periodista Antxon Iturriza.

Las páginas del diario recogieron también la alegría colectiva por un éxito que se consideraba patrimonio común vasco, mientras desde algunos foros trataban de atribuirse la primera «hazaña española» en el techo del mundo. Hasta que se conoció el vibrante «Gora Euskadi askatuta!» de Zabaleta en la cima y se vio la ikurriña ondeando solo junto a la enseña nepalí.

Decimocuarto país

Eran otros tiempos también para el montañismo. Tras el fallido intento de la expedición Tximist de 1974, el éxito del equipo de 1980 colocaba a Martín Zabaleta como 104º humano en hollar la cima más alta de la tierra y a Euskal Herria como 14º país en conseguirlo. En plena carrera por alcanzar las cumbres más altas del Himalaya, estas estadísticas eran palabras mayores.

Las expediciones se hacían todavía en grupos numerosos, con técnicas clásicas y sin un componente estrictamente personal. Y antes que el patrocinador comercial, se reseñaba el origen nacional. Ello se transmitía también a las imágenes y los relatos. En el caso de la expedición de 1980, patrocinada por cierto por la Caja de Ahorros Municipal de Bilbao, tomaron parte doce montañeros de Hego Euskal Herria: cinco guipuzcoanos, dos navarros, tres alaveses y dos vizcaínos.

Las expediciones eran, además, una aventura en sí mismas. La logística debía desplazar toneladas de material en un despliegue más parecido a un asalto militar. Para hacernos una idea, en noviembre de 1979 partió en barco de Bilbo hacia la India una avanzadilla de 13 toneladas de material. En diciembre, los expedicionarios Xabier Erro y Kike de Pablos viajaron a aquel país para recoger el equipo y trasladarlo en camión por carretera hasta Nepal.

Todavía se usaba oxígeno para los ochomiles, aunque ya despuntaban las experiencias vanguardistas de escaladores como Reinold Messner en rehusar este complemento y practicar un "estilo alpino" más ágil, ligero y rápido.

Una huella de valores

Más allá de las cuestiones técnicas y deportivas, la expedición vasca dejó también una huella importante en el acervo inmaterial. La manera de plantear la aventura, la actitud de sus integrantes, la tenacidad, la cooperación, el valor y hasta la modestia mostrada ante la victoria enorgullecieron a la sociedad vasca, que se vio identificada con aquel grupo de jóvenes que abrían nuevos horizontes mentales a su país.

El propio Martín Zabaleta lo demostró desde la cima en sus palabras en euskera por la radio: «Zorionak denoi; denon lana izan duk: espedizionari, xerpa eta Euskal Herrian lagundu diguten guztiona!».

Unos valores que, desde la perspectiva de las dificultades de la crisis sanitaria, la incertidumbre, y también desde otras agresiones externas como el expolio económico por la deuda de "Egin" endosada a GARA, adquieren dimensión hoy en día. Sirva por ello de reconocimiento la imagen de una gesta sobre una camiseta blanca.






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viernes, 24 de mayo de 2019

Cuatro Décadas del Dhaulagiri

Desde Noticias de Gipuzkoa traemos a ustedes este artículo acerca de la primer gran hazaña del montañismo vasco:


Se cumplen 40 años de la expedición navarra que en 1979 alcanzó la cima del Dhaulagiri

Lander Santamaría

El 12 de mayo de 1979, a las 14.00 horas, la Expedición Navarra al Himalaya logró su trabajado y sufrido objetivo y conquistó la cima del Dhaulagiri (8.172 m), lo que significó el primer ochomil de la historia del montañismo vasco. La ascensión constituyó todo un acontecimiento en Navarra, que se había volcado como nunca antes con una expedición, y sus 18 miembros.

La conquista del Dhaulagiri tardó una semana en conocerse, hasta el 19 de mayo, cuando la prensa recibió y publicó el telex que comenzaba así: “Con profunda emoción y gran alegría comunicamos la mejor noticia”, decía el texto que desde Katmandú escribió seis días después del éxito Gregorio Ariz, el jefe de la expedición. “No había móviles ni ordenadores, las cosas eran mucho más precarias entonces”, recuerda Gregorio, que, en cierto modo, reconoce que aquel primer ochomil representó “un antes y un después para nuestro montañismo”.

En efecto, hasta entonces solo se contaban tres ochomiles en el Estado, y la anterior intentona vasca por lograr el primero, la expedición Tximist al Everest de 1974, se vio obligada a abandonar debido a las malas condiciones meteorológicas. Por todo ello, la consecución de la cima del Dhaulagiri constituyó un hito trascendental en la historia del montañismo vasco.

Los preparativos

La primera elección recayó en el Annapurna (8.078 metros), aunque también antes se habían barajado las catorce cimas existentes con más de 8.000 metros, que se fueron descartando una a una. Finalmente, los expedicionarios se decidieron por un monte cuyo nombre se deriva de Dhawala, que significa blanco en sánscrito, y de Giri, que quiere decir montaña, y de donde se forma Dhaulagiri para los nepalís, la montaña blanca.

También es conocida como la “montaña de las tormentas” porque casi siempre está rodeada por un viento fortísimo y lleva fama de complicada, quizás de las más difíciles de la cordillera del Himalaya. De hecho, todavía hoy solo seis expediciones de 28 que lo han intentado han coronado su cima, y quedan las palabras de Lionel Terray, miembro de la gran expedición francesa que tras la Segunda Guerra Mundial intentó escalar el primer ochomil de la historia y tuvo renunciar: “No volveré a poner los pies en aquella montaña, el Dhaulagiri no se conquistará nunca”.

La expedición navarra trabajó tres años para reunir conocimientos y equipo humano. Se sabían toda la estrategia del ataque, los alimentos y cantidades, el equipo, las tiendas, cuerdas y el oxígeno. Y otros aspectos como el médico, fotográfico, cinematográfico y administrativo “desde la primera gestión en el Palacio de Navarra para obtener ayuda hasta el contacto con un conservero de garbanzos de la Ribera”. Todo hasta completar los 7.000 kilos de carga (250 bidones) y afrontar incluso con créditos personales los diez millones de pesetas del presupuesto.

La partida...

El primero en partir fue Gerardo Plaza, para ocuparse de los trámites en Bombay y conseguir que la mercancía siguiera por toda la India hasta Nepal. Y el día 8 de marzo, después de serles impuesto en el Ayuntamiento de Pamplona el pañuelico de San Fermín que la mayoría llevó al cuello durante toda la expedición, y recibir el cariño de una multitud que acudió a despedirles, partieron los expedicionarios.

Fueron Gregorio Ariz, Iñaki Aldaya, Javier Garayoa, Trini Cornellana, Javier Garreta, José Ignacio Ariz, Juan Mari Eguillor, Ángel Martínez, Mari Abrego, Agustín Setuain, Pili Ganuza, Javier Sorozabal, Ángel Irigoyen y los catalanes Jordi Colomer, Ramón Bramona, Juan Massons y Jordi Pons. Permanecieron varios días desesperantes por la lenta burocracia en Katmandú, disfrutando eso sí de un país pobre pero bello y exótico a más no poder, hasta que consiguieron finalizar todos los trámites y partir en busca de la montaña blanca.

¡...Y la cima!

El altímetro marcaba 2.330 metros cuando por primera vez apareció ante ellos el Dhaulagiri, resplandeciente, el objetivo soñado. Y el campo base se instaló a 4.600 metros, al pie de la cara norte, al que siguieron otros cinco hasta el último (7.600 m) desde el que se atacó la cumbre y que, tras bastantes horas de esfuerzo, y después de que el vendaval les arrebatara una de las tiendas, decidieron instalar las otras dos y esperar el momento propicio. Era el día 9 de mayo.

Al día siguiente, decidieron el ataque definitivo. Un equipo subió del Campo IV al V y otro lo hizo hasta el IV, de forma que, si fallaba el primero, el segundo sería el que lo intentara. En total diez personas en condiciones de llegar a la cima, un número elevado y con un tiempo radiante. Pero el viento no dejaba avanzar, igual que el día 11, con buen tiempo pero con ráfagas de viento que sobrepasaban los 200 kilómetros por hora.

Al caer la tarde cedió el vendaval y reinó una calma desacostumbrada. El sherpa Ang Rita salió fuera, echó puñados de arroz al cielo y dijo: “Mañana no habrá viento, mañana haremos la cumbre”. Por fin, tras once largas horas para ascender los últimos 580 metros, un metro por minuto, Iñaki Aldaya, Javier Garayoa, Gerardo Plaza, Jordi Pons y el sherpa Ang Rita hicieron brillar “unos ojos húmedos y alegres por la conquista” y por esa ley de honor no escrita en ellos se concentró todo el esfuerzo y el mérito de toda la Expedición Navarra al Himalaya’79.

Un acontecimiento histórico y un logro que fortaleció un imborrable vínculo de amistad. De los 18 expedicionarios, solo faltan Gerardo Plaza, fallecido en 1980, y Mari Abrego, que murió en 2018, que les sonreirán desde la cima eterna.






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miércoles, 3 de enero de 2018

Una Bandera Roja en el Himalaya

Llegan buenas noticias desde el techo del mundo.

Les invitamos a leer este reportaje dado a conocer por Investig'Action:


Vijay Prashad | Traducción: Enrique García para Sin Permiso   

Es como imaginar una gran bandera roja ondeando en la cima del Monte Everest. Eso es lo que el resultado de las elecciones parlamentarias y provinciales en Nepal sugiere. Los comunistas han ganado ambas ampliamente. En el Parlamento, la alianza comunista tendrá casi una mayoría de dos tercios. El gobierno que constituya esa mayoría no solo será capaz de durar los cinco años de legislatura, algo inaudito en Nepal desde que adoptó la democracia parlamentaria en 1990, sino que podrá reformar la Constitución de 2015.

Los resultados parlamentarios y provinciales muestran que los comunistas ganaron en todo el país, tanto en el campo como en las ciudades. A pesar de su fuerte mandato para aplicar su programa, el probable primer ministro KP Oli se ha mostrado cauto: “Hemos visto en el pasado que la victoria a menudo tiende a hacer a los partidos arrogante. Existe el temor de que el Estado sea opresivo. Los ganadores tienden a ser indiferentes ante sus responsabilidades”. Pero ello no ocurrirá con un gobierno comunista, dijo Oli.

¿Qué permitió a los comunistas ganar de manera tan concluyente? El partido gobernante, el Congreso de Nepal, fue sacudido por escándalos de corrupción, luchas internas y la falta de un proyecto de país. En 2015-16, cuando el gobierno de la India cerró sus fronteras con Nepal, el Congreso no podía encontrar las palabras para condenar la India. Los comunistas, en particular Oli, no se contuvieron. La sensibilidad nacionalista erosionó el apoyo al Congreso a favor de los comunistas. Pero además, el Congreso se presentó a las elecciones con una alianza incoherente, improvisando una coalición que incluía a los partidos madhesis (representantes de las minorías nacionales) y monárquicos. Era una alianza sin atractivo para la gente.

Los comunistas, por el contrario, hicieron campaña con un lema muy simple: “prosperidad a través de estabilidad”. Desde que Nepal acabó con la monarquía en 1990, ha sufrido muchos problemas. El fracaso del proceso democrático empujó a una parte de los comunistas a la insurgencia armada durante la década de 1996 a 2006. Alrededor de 17.000 personas murieron en esta guerra, que concluyó con un nuevo proceso democrático con una Asamblea Constituyente. La monarquía fue abolida en 2008 y la Asamblea Constituyente redactó la Constitución de 2015. Sin embargo, ha habido 10 primeros ministros posteriormente y muy poco desarrollo social para la gente. Ya era hora de algo más que corrupción y desaliento.

Dos de las principales corrientes del comunismo nepalí -los maoístas y el Partido Comunista de Nepal (Unificado Marxista Leninista)- decidieron acudir a las urnas juntos y prometer que iban a formar un nuevo partido unido después de las elecciones. Este proyecto, la creación de un nuevo partido unificado, ofrecía más estabilidad que la alianza electoral. Era la demostración que los comunistas – que habían estado muy enfrentados antes – podían elaborar un programa conjunto. Si podían mantener esa unidad, serían capaces de ofrecer un gobierno estable durante cinco años. Esto era lo más atractivo de su campaña. Dio resultado en las urnas.

Comunismo himalayo

Aunque el comunismo se implantó en China e India en la década de 1920, no enraizó en Nepal, situado entre ambos países. La dura represión de la monarquía impidió cualquier movimiento progresista en el país. No fue hasta la década de 1940 cuando el comunismo tuvo algún eco en el interior de Nepal. Una decidida huelga de los trabajadores de las fábricas de yute y tela de Biratnagar en 1947 atrajo a activistas comunistas, como Man Mohan Adhikari. Adhikari se exilió en la India. Junto con estudiantes de Nepal en la India, su preocupación era que la élite de Nepal – los Ranas – quisieran unirse a las potencias imperialistas para establecer una base militar en Nepal. Ello situaría a Nepal en la órbita de Occidente y erosionaría su independencia. Estos estudiantes y activistas fueron influenciados por el Partido Comunista de la India. Uno de ellos, Pushpa Lal Shrestha, tradujo el Manifiesto Comunista al nepalí en 1949. Ese mismo año, en Calcuta (India), Pushpa Lal Shrestha, Adhikari y otros activistas fundaron el Partido Comunista de Nepal.

En la primera década de su existencia, el Partido Comunista pidió el fin de la monarquía y el establecimiento de una república. También pidió la creación de una Asamblea Constituyente. Pero sufrió profundas divisiones internas sobre la cuestión de la monarquía y las elecciones. Las escisiones fueron inevitables. La lucha armada fue debatida en el Cuarto Congreso en 1965. La cuestión de la lucha armada dividió al movimiento hasta 2006.

Después de 2006, la lucha armada fue abandonada. El coste para el país había sido enorme. La mayor parte de la izquierda nepalí, sin embargo, no había tomado las armas. Había desarrollado luchas populares contra la monarquía, las autoridades feudales y las relaciones de propiedad capitalistas. El Frente de la Izquierda Unida, que se formó en 1990 para luchar por un sistema democrático en Jan Andolan, estaba dirigido por lo que se convertiría en el Partido Comunista de Nepal (Unificado Marxista Leninista), uno de los principales pilares de la alianza comunista actual. Fueron la columna vertebral de la lucha para restaurar la democracia. El otro pilar de la alianza actual son los maoístas, que ahora han aceptado la democracia parlamentaria. Estos son los dos partidos que probablemente se fusionarán 2018 para constituir una de las fuerzas políticas más formidables en Nepal.

El líder maoísta Pushpa Kamal Dahal (también conocido como Prachanda) fue a su circunscripción de Chitwan para celebrar la victoria. “Los procesos de formación de gobierno y de unidad del partido avanzarán simultáneamente” dijo. Prachanda – maoista- asumirá el puesto de líder del partido, mientras que Oli – de los UML – será el primer ministro. Las grandes corrientes del comunismo nepalí, surgidas cuando la formación del partido en 1949, volverán a reunificarse.

Programa

¿Cuál será el programa del nuevo gobierno? KP Oli, futuro primer ministro del gobierno comunista, ha dicho que quiere priorizar la estabilidad del gobierno. Pero la estabilidad no es suficiente. Nepal sufre una gran pobreza y debilidad en infraestructuras. Oli ha asegurado que dará la bienvenida a la inversión extranjera para construir la infraestructura básica de Nepal, incluyendo un ferrocarril chino desde el Tíbet. No se trata de tender hacia China, como algunos sugieren. Es más probable que sea una posición cuidadosamente pensada de los comunistas nepalíes para situarse entre la India y China – los gigantes regionales. El pragmatismo es el nombre del juego, no la lealtad a China por motivos ideológicos.

Todas los partidos de Nepal -incluyendo los monárquicos- quieren que su país salga de la condición de país menos avanzado en el año 2022. Lo que les diferencia es cómo alcanzar ese objetivo. La alianza comunista se compromete a que los ingresos per capita crecerán hasta el equivalente de $ 5.000 anuales desde un magro $ 862 en la actualidad. Para elevar el ingreso per capita se requerirá inversión en educación y salud, así como aumentar dramáticamente el número de empleos para los jóvenes (actualmente dos millones de veintiocho millones de nepalíes trabajan fuera del país).

¿Dónde recaudará el gobierno los recursos necesarios? El fin de la corrupción permitirá recuperar al tesoro una gran cantidad de dinero. Pero además, un uso más eficiente del dinero de los impuestos proporcionará los medios para el desarrollo. El federalismo fiscal es importante en el programa de la izquierda. Se espera devolver el 50% de los recursos a los gobiernos provinciales y municipales. Y que utilicen mejor el dinero para el desarrollo local. La apuesta es que un gobierno estable atraerá inversiones y turistas a Nepal – y que el dinero pueda ser utilizado para desarrollar la agricultura orgánica y la energía limpia (incluyendo la energía hidroeléctrica), aligerando la carga de la importación de energía.

Oli ha pedido a todos los partidos unirse a la alianza comunista para elevar el nivel de vida de la población de Nepal. Es una política astuta. La agenda comunista se convertiría en la agenda nacional. Y presionará a las clases dominantes y las castas superiores para que no bloqueen la política de desarrollo social. Eso sería un pequeño paso adelante para Nepal.





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lunes, 4 de septiembre de 2017

Lecciones Cubanas tras Harvey

Se repite la historia una y otra vez y pareciera ser que la prepotencia estadounidense nunca va a permitir que quienes dirigen los destinos de ese estado aprendan las lecciones que nos da la Revolución Cubana.

Lean ustedes este artículo compartido por Cuabinformación:


José Manzaneda

El reciente huracán Harvey ha causado –en estimaciones iniciales- cerca de 50 muertes en EEUU) y ha generado una cobertura informativa colosal a nivel mundial.

No se puede decir lo mismo de las recientes lluvias monzónicas que, en la India, Nepal y Bangladesh, han provocado la muerte de más de 1.200 personas… sin apenas ser noticia.

Pero... puestos a analizar el papel de la prensa en la cobertura de desastres naturales, ¿no sería de interés público recoger las mejores prácticas internacionales en esta materia?

Claro que entonces a los grandes medios no les quedaría más remedio que mencionar uno de los ejemplos más exitosos según numerosos informes especializados: el de Cuba. Así lo asegura el informe de Oxfam titulado “Lidiando con la tormenta: las lecciones de Cuba en la reducción de riesgos”, o el que en 2005 publicó la Federación Internacional de la Cruz Roja tras la catástrofe del huracán Katrina en EEUU.

Que Cuba puede aportar enseñanzas útiles a países mucho más ricos es reconocido por personalidades expertas, cuyas opiniones rara vez llegan a la gran prensa. Es el caso de Margareta Wahlström, jefa de la Oficina de las Naciones Unidas para la Reducción de Riesgos por Desastres; o de Laura Melo, directora en Cuba del Programa Mundial de Alimentos (PMA).

"Cuba es un ejemplo de que la vulnerabilidad de la gente puede reducirse efectivamente con medidas de bajo costo”, decía también Salvano Briceño, director de la Estrategia Internacional para la Reducción de los Desastres de Naciones Unidas.

Las claves de eficiencia del sistema de Defensa Civil de Cuba, donde el número de víctimas mortales por huracanes es mínimo, son cuatro: la información permanente a la población mediante los medios públicos, principalmente radio y televisión; la rapidez en las labores de evacuación, mediante planes muy engrasados; el adiestramiento permanente de la población en escuelas, universidades y centros laborales; y la participación comunitaria, donde cada persona y cada actor social (sean los gobiernos locales, los consultorios médicos, las escuelas, las fábricas o las organizaciones sociales) juega un papel muy claro y definido.

No parece previsible que países de economía y valores capitalistas asuman otras fortalezas del sistema de Defensa Civil de Cuba, como la capacidad del Estado para actuar sobre los centros laborales, la mayoría bajo su control y propiedad; o una arraigada cultura de la solidaridad, que permite evacuaciones masivas a viviendas más seguras. Pero sin duda hay muchos aspectos del modelo cubano que, aplicados en otros países, harían reducir el número de fallecimientos.

Como excepción en el habitual silencio mediático, en 2009 el diario “The New York Times” publicaba un interesante trabajo, titulado “EEUU y Cuba trabajan juntos ante las tormentas”, en el que especialistas de la Universidad Estatal de Luisiana y del Centro Nacional de Huracanes de Miami reconocían cuánto podría aprender EEUU de Cuba en esta materia.

Pero hoy la gran prensa corporativa prefiere llenar páginas sobre el huracán Harvey con detalles sobre las donaciones millonarias de Sandra Bullock, Beyoncé y Jennifer López.

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domingo, 3 de enero de 2016

Un Nepalí en Donostia

Les compartimos esta bonita historia publicada en El Diario Vasco:

«Me llevo 300 nuevos amigos de Euskadi»

Ashok, el nepalí que regenta en la localidad de Pokhara un hotel con el nombre de Donosti, cumple por fin su sueño y visita San Sebastián

Ana Vega
Ha visto el mar por primera vez, ha comido algo que parecen sanguijuelas pero que en realidad son gulas y se lleva besos y abrazos de media ciudad. Ashok Rumba, el joven nepalí que soñaba con visitar Donostia, ha cumplido finalmente su sueño en parte gracias a su esfuerzo y sobre todo gracias a su amigo Txema, un donostiarra al que conoció hace ya doce años en su país y que se ha volcado para que pudiera venir.

Txema Ramos conoció a Ashok cuando, estando de viaje por Nepal, buscaba un guía para realizar una excursión por la zona de Pokhara. Al donostiarra le impresionaron las maneras sencillas y la calidez del nepalí. A éste último le gustó todo lo que aprendió de su nuevo amigo vasco y desde entonces soñaba con venir a San Sebastián y conocer sus gentes, su idioma, su gastronomía y sus montañas. El viajero donostiarra intentó ya hace ocho años que su simpático amigo nos visitara pero la burocracia lo impidió. Entonces Ashok no era, como él asegura que es ahora, «un business man». Y es que, gracias a la ayuda de Txema y mucha otra gente, Ashok abrió hace unos años en la localidad de Pokhara el Hotel Restaurante Donosti que lleva este nombre en homenaje a su amistad. «Ha sido muy duro intentar traerle -asegura Ramos-, han sido meses de burocracia y papeleo para conseguir que se venga un mes de vacaciones. He llegado a firmar papeles en los que dice que iré a la cárcel o que me impondrán multas bárbaras si Ashok se queda aquí para siempre, he tenido incluso que entregar números de cuenta de mi empresa... Ha sido largo y duro pero finalmente hemos conseguido que venga a visitarnos». Al nepalí, que ha estado encantado de visitar la ciudad, le sorprendieron las preguntas que le hicieron en la embajada: «Me preguntaban si pensaba quedarme en España a vivir, y yo les contestaba que cómo iba a quedarme aquí si allí en Pokhara tengo todo lo que amo, que es mi mujer y mis dos hijos. No entendía la pregunta».

Como un turista más

Ashok Rumba ha pasado un mes entre nosotros para hacer lo que muchos otros turistas: visitar el monte Igeldo, pasar de San Pedro a San Juan en barca, e incluso pudo ver jugar a la Real Sociedad en Anoeta. Todo lo cuenta con una sonrisa que no se borra de su boca. Pero lo que más le impresionó fue el mar, algo que no había visto nunca. «Es tan bonito y tan grande». Txema explica que su reacción fue como la de un niño que se acerca temeroso a la orilla y se aleja rápido cuando llegan las olas, «fue un momento muy bonito».

La comida también le ha sorprendido, sobre todo el hecho de que cada día seamos capaces de comer algo distinto. «En Nepal es siempre arroz para comer y arroz para cenar», afirmaba el nepalí. Cuando le dieron a probar las gulas Ashok hizo una foto al plato para enviársela a su mujer y esta le contestó extrañada que «cómo es que me daban sanguijuelas para comer» cuando «creía que me iban a tratar bien aquí». Otra cosa que ha probado ha sido la tortilla de patata que tan famoso le ha hecho en Pokhara y fuera de allí porque desde que Txema le enseñara la receta, la tortilla de patata es el plato estrella en el restaurante del hotel Donosti. A pesar de que ha probado muchas en San Sebastián, el intrépido cocinero considera que la que él hace en su restaurante «está mucho más rica». Eso sí, no quiso irse de la ciudad sin aprender nuevas recetas para luego poder ponerlas en práctica con sus clientes en Nepal. Como él dice: «poliki poliki». Y es que Ashok también está empeñado en aprender euskera. 'Kaixo', 'ongi etorri lagunak' y pimpilinpauxa' son algunas de las palabras que ya ha aprendido y espera que sean muchas más las que aprenda en el futuro.

Ashok ha vuelto a Nepal cargado de regalos para su familia y, tal como asegura él mismo, con «300 nuevos amigos». 



Nos hizo recordar el cortometraje Laguna mina acerca de la amistad entre un colombiano y un vasco:


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sábado, 16 de mayo de 2015

Zabaleta y el Sagarmatha

EiTB hace un interesante ejercicio de memoria deportiva y trae a nosotros este artículo con detalles acerca de la llegada del primer vasco a la cima del Sagarmatha, conocido en Europa como el Everest.

Los traemos a ustedes bajo la etiqueta Kurlansky Arzalluz:


El 14 de mayo de 1980 un alpinista vasco llegó al Everest. Era Martín Zabaleta, uno de los 12 hombres que integraba la segunda expedición vasca al Everest, la primera que llegó a su objetivo.

En 1980 el montañero hernaniarra Martín Zabaleta entró a formar parte de la expedición Euskal Espedizioa con intención de hollar la cumbre del Everest. Una expedición similar ya había intentado la ascensión sin éxito en 1974. Lamentablemente, los miembros de la Expedición Tximist se quedaron a escasos 350 metros de la cima, debido a las malas condiciones atmosféricas. Aquel  primer intento vasco de escalar el Everest en 1974 dejó un sentimiento de frustración al montañismo vasco. Fue toda una aventura conseguir financiación para la expedición, y esta se llevó a cabo con dinero privado, el de la empresa Cegasa de Vitoria. Sin embargo, nada más bajar, se volvió a pedir permiso al gobierno de Nepal para una nueva expedición al Everest. Los años pasaban y no había respuesta. Seis años más tarde, después de conseguir permiso para el Everest, con muchas trabas y dificultades, se lanzaron de nuevo a la aventura de intentar tocar el techo del mundo.

Esta segunda expedición estaba formada por 12 montañeros: Juan Ignacio Lorente, jefe de expedición; Ramón Arrue, José Urbieta, Felipe Uriarte, Xabier Erro, Ricardo Gallardo, Javier Garaoia, Emilio Hernando, Kike de Pablos, Luis Mari Sáenz de Olazagoitia, Ángel Rosen y el hernaniarra Martín Zabaleta. Sin embargo, fue este último el único integrante de la expedición que consiguió hacer cumbre.

Así, Martín Zabaleta se convirtió aquel 14 de mayo de 1980 a las 15:30 en el primer vasco en hollar la cumbre del Everest: el techo del mundo, con 8.848 metros de altitud. Nacido en Hernani, Zabaleta solo tenía 31 años de edad cuando coronó el Everest. Con él iba el sherpa Pasang Temba.

La hazaña, sin embargo, estuvo rodeada de polémica y es que el montañero vasco culminó su gesta con estas palabras que crearon cierto malestar en la España de la Transición: "¡Gora Euskadi askatuta!". Además, Cuando Zabaleta pisó la cumbre junto al serpa Pasang Temba, plantaron diversas banderas, entre ellas una ikurriña en la que también figuraban un símbolo antinuclear y el hacha y la serpiente del anagrama de ETA.

Tras pasar solo 45 minutos en la cima, iniciaron el descenso. Ya estaba anocheciendo y aquella noche la tuvieron que pasar al raso muy cerca de la cima. Estuvieron a punto de morir congelados, por lo que fue muy dramático y alejado de la euforia que invadió al campo base al hollar la cima.






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