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domingo, 1 de febrero de 2026

Entrevista a Harrera

¿Les suena aquello de reinserción en un proceso de Desarme, Desmovilización y Reinserción como el que ha atravesado ETA?

Pues bien, el colectivo Harrera se ha dado a la tarea de enfocar sus esfuerzos precisamente en ese componente.

Porque si bien en el pasado lo importante era hacer acompañamiento al colectivo de presos y presas así como a sus familias víctimas de la dispersión y del aislamiento, hoy, lo crucial, es la de llevar ese mismo acompañamiento al retorno al tejido social del cual fueron arrancados durante tantísimos años.

A la luz de lo anterior, les compartimos esta entrevista publicada en Naiz:


«Ahora la solidaridad no es ir lejos, es acompañar a quien ha vuelto»

Maitane Sagastume y Egoitz Koto | Portavoces de Harrera | Harrera celebró este sábado en Durango su asamblea anual, cerca del objetivo de los 5.000 socios pero con la necesidad de seguir avanzando porque la necesidad asistencial «se multiplica». Detallan la situación, miran a largo plazo con propuestas y explican qué hacer «para no dejar solo a nadie».

Ramón Sola

¿Qué balance se hace del último ejercicio? Por resumirlo en términos de contabilidad, ¿han crecido más los ‘ingresos’, las nuevas aportaciones, o los ‘gastos’, las nuevas necesidades?

MAITE SAGASTUME: El balance es muy positivo. El año ha sido intenso y se ha intentado y creo que conseguido los objetivos que nos habíamos marcado en 2024. Básicamente para 2025 teníamos dos principales: uno, que la sociedad conociese el trabajo que realiza Harrera y a la vez tejer una red con las entidades sociopolíticas del país, y dos, reforzar todo el trabajo asistencial, que es la misión de Harrera. El refuerzo asistencial se ha concretado en llegar a más personas y ello ha incrementado los gastos. Pero podemos decir que haber dado visibilidad al trabajo que realiza Harrera ha hecho también incrementar los ingresos.

EGOITZ KOTO: Sí, en este momento se están dando muchos movimientos en las prisiones y a Harrera le está tocando buscar trabajos, voluntariados… Y lo teníamos claro, nadie se iba a quedar dentro por no tener una oferta de trabajo o lo que se requiera para salir. Eso ha supuesto mucho trabajo.

Antes, los presos y presas cumplían la condena y salían, ahora se puede empezar a salir antes de terminar la condena pero esas salidas están vinculadas a estudios, trabajos, voluntariados… y es Harrera quien ayuda a encontrar y gestionar todo esto. Así que el volumen de trabajo de Harrera se ha multiplicado, también sus gastos y sus ingresos.

Identifiquemos primero las necesidades: ¿cuántas personas están saliendo de prisión actualmente a la calle cada día y cuántas de ellas necesitan asistencia?

M.S: A día de hoy son 105 presos y presas las que enumera Etxerat. Es importante saber que aunque haya muchos y muchas pisando calle, siguen estando presas. Nos encontramos con amigos y amigas fuera y pensamos, ‘ostras, ya está, askatu dute!’, pero no...

Desde que se les aplica la legislación penitenciaria ordinaria existe una transición antes de llegar a la total libertad, que pasa por el llamado 100.2, que es básicamente que el o la presa sale diariamente por unas cuantas horas a trabajar, estudiar o a hacer un voluntariado. En esta situación hay 20 presos y presas. El tercer grado, un paso más, ya supone poder dormir en el domicilio de jueves a lunes. En esta situación a día de hoy hay 8 presos y presas. Luego tenemos a quienes están con la pulsera, que ya no tienen que volver a prisión; en esta situación hay 37 presos y presas.

A todos y todas ellas está ayudando Harrera. Y a tantos otros que, aun habiendo dejado atrás la cárcel, el exilio o la deportación, siguen necesitando ayuda.

Mencionan que cada una necesita su ‘traje a medida’, pero ¿encontrar vivienda y trabajo sigue siendo lo más difícil, visto el contexto general?

E.K: Para nosotras es básica la idea del traje a medida. Cada persona tiene una situación y unas necesidades particulares y Harrera pone todo su empeño en ayudar a cubrirlas. Las necesidades de la vivienda normalmente están resueltas por las propias familias, pero cuando no es así, el problema suele ser importante. Aun y todo, solemos darle solución apelando a la comunidad.

En cuanto al trabajo, es tan necesario como difícil de conseguir para quien ha pasado más de 20 años en prisión. Intentamos encontrar propuestas de trabajo adecuadas a las particularidades de cada uno.

Harrera dispone hace tiempo de un piso en Donostia y planteaban conseguir alguno más…

M.S: En este momento son tres pisos asistenciales gracias a la generosidad de toda nuestra red. Gracias a esto, quienes salen durante unas horas al día o su residencia familiar está en otro herrialde disponen de un lugar tranquilo donde comer, ducharse o simplemente descansar. Tenemos que darnos cuenta de que no todos los presos y presas que por ejemplo están en Martutene son de Donostia. Estos pisos hacen más llevadero este salir y volver a prisión.

Han comentado varias veces que las pensiones son el gran problema mirando a futuro, al tratarse personas que apenas han cotizado. ¿Aparece alguna solución nueva a la vista?

E.K: Una de las líneas de trabajo que la Asamblea ha dado por buena para 2026 es la de empezar a mirar a largo plazo. Me explico, se trata de un primer estudio para contabilizar a  todas las personas que hayan estado más de 5 años en el exilio o en prisión, y cuál es su situación de vulnerabilidad teniendo en cuenta dos vectores: la vivienda y la renta.

Hay mucha gente que por edad no va a poder cotizar los 15 años que se exigen como mínimo y que por eso no puedan cobrar una pensión. También hay quienes han cotizado 15 años pero la pensión contributiva es tan pequeña que no les permite subsistir. Por eso, Harrera necesita disponer de datos certeros que nos permitan saber cuántas personas y en qué cuantía necesitarán ayuda en un futuro.

Por otra parte, tenemos una propuesta por medio de la modificación de la ley de RGI  que permitiría a muchos y muchas tener derecho a recibir esta ayuda. Esta propuesta ha sido trasladada a todos los agentes políticos y sindicales en el marco de relaciones que hemos mantenido en 2025.

¿Tiene Harrera algún tipo de colaboración con el Departamento de Justicia de Lakua? ¿Ven sensibilidad hacia esta problemática tras el cambio de manos desde el PNV al PSE?

M.S: Como acabamos de decir, uno de los objetivos del año pasado era el de entablar relación con los partidos, sindicatos… de este país. Esto se ha realizado, es más, han sido invitados a la asamblea general. A todos con los que nos hemos reunido se les ha entregado un dossier en que identificamos dificultades de leyes y posibles modificaciones de decretos. Veremos qué frutos da. Por el momento la acogida y la relación son fluidas. 

¿Programas oficiales como Aukerak están funcionando?

M.S: La creación de Aukerak nos parece positiva. Otra cosa es si puede cumplir los objetivos para los que fue creada. A los presos y presas se les exige un contrato de trabajo para acceder al tercer grado. En principio, Aukerak debiera estar en condiciones de posibilitar esos contratos pero, a día de hoy, no tiene esa capacidad. 

‘5.000 baietz’ es el objetivo marcado en número de socios, ¿está lejos todavía? 

E.K: Se empezó el año con 3.200 y al día de la asamblea hemos llegado a los 4.820 bazkides. ¡A ver si con esta entrevista llegamos a los 5.000! [sonríe]. Es importante que la gente sepa que este colectivo va a seguir necesitando de Harrera durante décadas. Y eso supone que nuestra comunidad, nuestro pueblo, tiene que seguir practicando la solidaridad. Nos tenemos que ayudar y seguir ayudando. Las bazkidetzas se han multiplicado gracias a las presentaciones de Harrera en más de 80 pueblos y barrios a lo largo de 2025.

¿Qué tipo de aportaciones extras reciben? Al principio de Harrera se conocieron algunas donaciones, más recientemente han citado casos de personas que han dado a la asociación la indemnización recibida como víctimas de violencia estatal…

M.S: Este pueblo es solidario, eso se ve en las donaciones, lo estamos palpando. Este 2025 un particular ha donado parte de la venta de una vivienda y nos han dejado otras 3 en herencia. Una de las líneas de trabajo de 2026 será animar e impulsar el tema de las herencias. Hubo una carta en GARA el verano pasado de José Mari Esparza sobre la solidaridad después de una vida de lucha, creo que fue maravillosa y por ello vamos a trabajar en ello, para que aquellas personas que así lo deseen puedan seguir aportando aunque nos dejen.

Han abierto una línea de trabajo con Coiste, ¿por qué y para qué?

M.S: Partimos de situaciones y momentos históricos diferentes. Por tanto, no se trata de equiparar ni de copiar modelos. Dicho esto, Coiste es en Irlanda el equivalente a Harrera en Euskal Herria. Para nosotras es importante compartir experiencias y explorar posibilidades junto a Coiste, redoblar esfuerzos para gestionar mejor la problemática de los presos y presas tras la vuelta a casa. 

En la asamblea se ha tratado también una iniciativa conjunta con GEBehatokia ante Naciones Unidas. ¿De qué se trata?

E.K: Basándose en datos aportados por Harrera, GEBehatokia informó a Naciones Unidas sobre las dificultades que deben enfrentar las personas liberadas tras cumplir largas condenas en condiciones extremadamente duras. Se aportó un resumen de las dificultades a las que deben enfrentarse los presos y presas vascas una vez alcanzan la libertad, y el escaso apoyo institucional que pueda facilitar su vida con unos mínimos parámetros de calidad una vez cumplidas condenas, que en muchas ocasiones superan los 20 años. 

Tal y como viene a concluirse en el informe de Naciones Unidas, este trabajo debe ser impulsado y promocionado por las administraciones públicas, para poder dar así respuesta a las numerosas y diferentes necesidades de las personas una vez alcanzan su libertad. El hecho de ser mencionados en un informe de tan alto nivel supone un gran espaldarazo al trabajo que realiza Harrera.

¿Con qué argumento animarían a sumarse a Harrera a alguien que tenga posibilidades de ayuda y esté dudando entre varias causas diferentes?

M.S: Durante décadas este pueblo solidario cruzaba los muros cada semana: se han compartido miles de kilómetros, cansancio y dinero para no dejar solo a nadie. Este pueblo solidario ha arrimado el hombro para costear viajes interminables de hijas, amatxus, amigos... que llegaban a las visitas exhaustos pero felices. Ahora la solidaridad no es ir tan lejos, es quedarse cerca. Es acompañar a quien ha vuelto de la cárcel, el exilio o la deportación para reconstruir una vida digna.  

E.K: Quienes vuelven de la cárcel, el exilio o la deportación tienen necesidades concretas y este pueblo solidario tampoco les va a dejar solos ahora. Harrera canaliza esa ayuda pero es la gente, la buena gente, la que lo hace posible. Algunos apoyan cediendo viviendas, otras haciéndose bazkides. La cuota mínima son 60 euros anuales, es decir, 5 al mes. Hacerte socia es fácil, rápido y desgrava. Les planteamos que entren en harreraelkartea.eus y desde ahí se hagan bazkides.

 

 

 

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sábado, 10 de enero de 2026

Egaña | Presos, Exilio y Deportación

Insistimos, más aún tras conocerse el más reciente capítulo en la saga de los encausados en el sumario 13/13, mismo que muestra el encono por parte del imperialismo españolista en contra del pueblo vasco.

E insistimos porque la actitud pendenciera por parte de Madrid a tantos años de haberse producido el desenlace del Proceso de Desarme, Desmovilización y Reinserción en lo que concierne a ETA, las medidas draconianas se siguen repitiendo mientras que el relato, si uno pone atención a lo que dicen personajes como Alberto Alonso, se vuelve cada día más desvergonzado.

En ese contexto, presentamos a ustedes este texto de la autoría de nuestro amigo Iñaki Egaña:


Presos, exilio y deportación

Iñaki Egaña

Algún día habrá que contar, quizás con la Inteligencia Artificial o más rudimentariamente con un Excell o similar, los años de presidido que han sufrido ciudadanos y ciudadanas vascas por motivos políticos. No me atrevo siquiera a aventurar el resultado pero, entre el siglo XX y lo que vamos del XXI, el desenlace numérico superará el centenar de miles de años. Únicamente desde 1960 más de 9.000 hombres y mujeres ingresaron en prisión, con condenas breves algunos, por no pagar multas durante el franquismo, aunque también con otras de larga duración que fueron indultadas en 1977 tras la instauración del nuevo sistema político español. Antes, tras el golpe de Estado de 1936, unos 60.000 republicanos y abertzales fueron detenidos e internados en cárceles dispersas, campos de concentración o destinados a batallones de esclavos. Entró en presido una nueva generación y el código penal de 1973 menguó condenas de 30 años con la aplicación del mismo y las redenciones, eliminó la pena de muerte posteriormente y en 1995 los derechos penitenciarios fueron suprimidos y las condenas se cumplieron en su integridad con el añadido de la STS 197/2006 que las hizo retroactivas, hasta la derogación del TEDH ya en 2013. En 2003, las penas fueron elevadas hasta los 40 años, sin posibilidad de redención de penas. Hubo, en estas épocas asimismo, miles de detenidos pero no condenados a pesar de cumplir meses, incluso años en prisión. Durante el franquismo, Jacinto Ochoa Marticorena (Uxue, 1917-1999) fue el preso vasco que más tiempo estuvo encarcelado, 26 años. Protagonizó dos fugas de Ezkaba, en la primera de las cuales, las fuerzas fascistas mataron a 206 de los presos huidos. En la actualidad, varios presos vascos llevan encarcelados más de 30 años, alguno hasta 37.

La segunda condena la sufrieron sus familias. En épocas recientes, 20 familiares fallecieron cuando viajaban a ver a los suyos encarcelados. Millones de kilómetros recorridos. Suicidios, palizas en prisión, en traslados… A finales de 1937, un convoy ferroviario que trasportaba presos sufrió un accidente en Alanís (Sevilla). No se sabe con certeza cuantos muertos hubo, quizás 75, la mayoría de origen vasco. En el siglo XX sus familiares desconocían la suerte de los suyos, dados por desaparecidos. Sus descendientes, ya entrado el XXI, supieron que los cadáveres habían sido arrojados a fosas comunes, sin nombre. La relación de la población vasca con la prisión ha sido históricamente tan “normalizada” que cuando el conde de Lerín atacó varias localidades defendidas por navarros fieles a su corona, un sacerdote de Mendavia se preocupó por algunos de sus vecinos encerrados por el conde en una ciega del castillo de Tudela. El euskara la adoptó de inmediato y, así, ziega es celda.

El exilio ha sido también tremendo, con menor visibilidad por la dispersión, la falta de noticias y la imposibilidad, en algunos casos, de establecer redes comunitarias. En el último medio siglo fueron más de 3.000. En tiempos de la guerra civil, el Gobierno del lehendakari Agirre cifró en 151.000 los exiliados gestionados por su Ejecutivo, a los que habría que sumar varios miles de navarros. Es cierto que la mayoría retornó al inicio de la Segunda Guerra mundial, pero unos 16.000 fallecieron lejos de su patria, sin haber regresado previamente. Especialmente trágica fue la suerte de miles de niños, evacuados previamente a la URSS, Bélgica, Estado francés o Reino Unido. Aún, casi 90 años después, el eco de aquellas tragedias nos retumba. Hace unas semanas, familiares de Víctor Areta Amenabar, un donostiarra que en 1937 tenía apenas seis años, se pusieron en contacto conmigo para conocer su paradero, o al menos su esquela. Sus tres hermanas habían sido evacuadas con él, pero la invasión de la Alemania nazi de la URSS, dispersó a los cuatro. Teresa, Carmen y Begoña Areta retornaron a Donostia. Víctor, en cambio, de refugio en refugio, se instaló en 1954 en Vekshor, construyó una casa de madera y se dedicó a pescar y cazar en los bosques cercanos. Amplió su vivienda que la convirtió en granja para criar cerdos y cabras y compuso una familia numerosa. Su hermana Begoña mantuvo una relación epistolar pero cuando falleció en 2006 se rompió. ¿Vive Víctor? ¿Y sus hijos? El desamparo de la ruptura.

La deportación, como la prisión o el exilio, tiene también un poso histórico en Euskal Herria, a ambos lados de la muga. En época colonial, Madrid deportaba a los vascos a Cuba, Puerto Rico y Filipinas. Más tarde a Marruecos, Guinea, Sahara y Fernando Poo. En el Estado francés, la histórica fue a Kanaky, casi en la antípodas, luego durante la ocupación nazi y el Gobierno de Vichy, a fabricas alemanas. La mitad de los requeridos como mano de obra huyó y un centenar murió en Alemania. En la España de Franco, huelguistas, dirigentes obreros, activistas, abogados… fueron deportados por la Península, lejos de su localidad natal. Desde enero de 1984, decenas de exiliados vascos fueron deportados por París a Cabo Verde, Sao Tomé, Panamá, Ecuador, Venezuela, Togo y Argelia. En julio de 1999 un accidente de aviación segó la vida de familiares que retornaban de Gasteiz del deportado en Cabo Verde Emilio Martínez de Marigorta. Su hijo Ibai, de tres años de edad, además de sus cuñadas Grazinda y Suset, y dos sobrinas fallecieron en el siniestro de un avión que cubría la ruta interior entre las islas de San Vicente y San Antón. Crónicas desaparecidas.

Hoy que el planeta aborda un nuevo ciclo con su reordenamiento correspondiente y de consecuencias imprevisibles, el nuestro particular parece envuelto en un bucle interminable. La cárcel, el exilio y la deportación sugieren continuar en una situación atávica, con recorridos que los conocemos de memoria. Bien es verdad que los datos nos muestran que las situaciones particulares y los dramas personales están más mitigados que en otras épocas. Pero ello no es óbice para que sigan existiendo y necesiten de un cierre definitivo. La sociedad vasca merece aliviarse de esa aún pesada mochila.

 

 

 

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lunes, 10 de noviembre de 2025

La Voz de Ixone Fernández

Damos seguimiento al tema de la tortura como herramienta represiva institucional del estado español con este artículo de Naiz en el que se hace un recuento de la participación de la víctima de terrorismo de estado Ixone Fernández en una actividad de Gogora, esa institución de la CAV tan inclinada a hacer suyo el relato de Madrid.

Aquí la información:


El Día de la Memoria da voz, por primera vez, a una víctima de la tortura

Por primera vez, una víctima de la tortura ha tomado la palabra en el acto institucional organizado por Gogora con motivo del Día de la Memoria. Ixone Fernández ha defendido que el dolor de las víctimas es el mismo, y ha advertido de que «no podemos construir una memoria en la que falte una parte».

Ion Salgado

Ixone Fernández fue detenida y torturada por la Policía española hace veinte años, en 2005. Su caso, al igual que el de otros muchos ciudadanos y ciudadanas vascas, más de 5.000, ha sido acreditado por el Instituto Vasco de Criminología. Este lunes, se ha dado un paso más, ya que, por primera vez, una víctima de la tortura, ha tomado la palabra en el acto institucional organizado por Gogora con motivo del Día de la Memoria. Ha compartido espacio con Maixabel Lasa, viuda de Juan Mari Jauregi, víctima de ETA, y Amelia Machimbarrena, nieta de Diego Fernández Montes, fallecido también en una acción de ETA. Las tres han narrado sus historias y han llegado a un punto es común, es preciso reconocer el dolor de todas las víctimas, sin excepciones. 

«Si queremos avanzar hacia la convivencia todas las verdades deben estar recogidas. No podemos construir una memoria en la que falte una parte», ha manifestado Fernández en el acto celebrado en el Palacio de Congresos Europa de Gasteiz, donde ha remarcado que «se tiene que saber lo que pasó, aunque duela, aunque no nos guste lo que escuchemos. Es la única manera de que no se repita y se aprenda para avanzar en conjunto hacia una Euskal Herria donde podamos convivir todos y todas».

Estas palabras, respondidas por un atronador aplauso, han estado precedidas de un duro relato, que da cuenta del calvario al que han sido sometidas las víctimas de la violencia estatal: «Cuando partes de una vivencia traumática que es negada y ocultada, cuando te dicen que lo que relatas forma parte de un manual de desprestigio, lo acabas interiorizando y te condiciona la vida, por que de lo que no se habla no existe. Y lo que no existe no se puede reparar, no puede sanar, y te bloquea».

«Ves que se sigue dando, y que goza de una impunidad terrible, que incluso se premia a las personas que fueron las ejecutoras, a los torturadores, eso te victimiza y no te deja avanzar o hacer un proceso de reparación», ha explicado, y ha reconocido que dar cuenta de su relato en base al Protocolo de Estambul «no resulta fácil porque es hurgar en la herida, pero cuando te lo explican motiva». «Sacaba a la luz mi infierno personal y me hacía existir, me permitía reconocerme como víctima. Era una manera de salir a la luz».

«El Protocolo de Estambul fue un punto de inflexión. Quedó claro que no eran casos aislados, sino que había habido una impunidad durante décadas. A mí me torturo la Policía, pero no era un abuso policial aislado, era algo de un entramado mucho mayor, porque estaban implicados todos, policías, políticos, forenses, abogados... todo ese entramado, con esa impunidad, había permitido que se diese esa vulneración de derechos permanentemente. Y no hay ninguna razón de estado que pueda justificar que se vulnere los derechos humanos de esa manera», ha apuntado antes de reclamar un cambio legal. 

En este sentido, ha recordado que «hay una ley de reconocimiento que en estos momentos a mí me excluye porque no cumplo los requisitos. Esa ley es importante para que las personas que somos víctimas podamos existir, tener derecho a la verdad y a la reparación y por supuesto que haya una garantía que esto no vuelva a pasar nunca más. Por eso pido que se abra ese arco temporal –de  1978 a 1999– que limita a las víctimas, que desaparezca y que todas tengan derecho a acceder».  

El relato de Fernández ha sido respondido con empatía. «No me puedo imaginar lo que ha pasado. Es estremecedor», ha reconocido Machimbarrena, que ha indicado que hace décadas el dolor propio impedía ver el dolor ajeno. Sin duda, el trabajo realizado por personas como Maixabel Lasa ha sido importante para dar la vuelta a esa situación, impulsando encuentros reiterativos y logrando que algún dirigente institucional pidiese perdón. Ibarretxe lo hizo ante las víctimas de ETA. «Intentamos que López también hiciese una petición de perdón, pero no lo conseguimos». 

Víctimas del alejamiento

El encuentro de las tres víctimas ha sido el punto álgido de una jornada marcada por el desmarque de la derecha española, ausente en el acto celebrado en el Parlamento de Gasteiz; la negación de ESAN, que rechaza que ha exigido retirar la placa en recuerdo de Rosa Zarra, víctima de la Ertzaintza; y la reivindicación de Etxerat, que se ha concentrado ante la Cámara autonómica para recordar a las 16 personas que pedieron la vida a consecuencia del alejamiento impuesto durante décadas a los presos y presas vascas. 16 personas que «siguen sin recibir reconocimiento oficial por parte de las instituciones». 

«Bajo la excusa de que la actual ley de víctimas carece de base jurídica suficiente, el dolor y el sufrimiento de estas víctimas no hace sino prolongarse», han censurado los integrantes de Etxerat, que han pedido «voluntad tanto a los responsables políticos como a los partidos para poder seguir dando pasos en la lógica de la memoria colectiva y de la construcción de escenarios de convivencia. Pedimos voluntad para que utilicen todas las herramientas que tienen entre manos para ahondar en el reconocimiento institucional de estas 16 víctimas que sigue causando sufrimiento».

«Es el momento de llegar a una resolución definitiva, de reconocer el daño causado por los responsables políticos que durante tres décadas utilizaron la política de dispersión y alejamiento para causar sufrimiento y, de paso, es momento de profundizar en el camino a casa de nuestros familiares que aún hoy siguen tanto en prisión como en el exilio», han añadido los familiares, que han recibido el apoyo de EH Bildu. 

El portavoz de la formación soberanista en la Cámara de Gasteiz, Pello Otxandiano, ha defendido una «memoria inclusiva, que reconozca y respete todos los sufrimientos y a todas las víctimas, porque creemos firmemente que ese es el camino para construir una convivencia verdaderamente democrática».

«Para nosotras y nosotros, el ámbito de la convivencia y la memoria no debe convertirse en un terreno de disputa política, y mucho menos en un espacio para el enfrentamiento estéril», ha apuntado, incidiendo en que «este año, además, el Día de la Memoria llega marcado por una efeméride y un contexto especiales: se cumplen 50 años de la muerte de Franco, de la coronación de Juan Carlos de Borbón y de los últimos fusilamientos del franquismo, entre otros, los de Txiki y Otaegi».

«El lehendakari advirtió de que pueden llegar tiempos oscuros y de que existen sectores fascistas y autoritarios que pretenden hacernos retroceder. Por eso, consideramos que la memoria debe servir para extraer lecciones y unirnos como pueblo frente al fascismo», ha sentenciado en un mensaje publicado en X.

Mensaje de Pradales a los jóvenes

Por su parte, Imanol Pradales ha abogado por «construir una memoria de país, inclusiva, que supere la miopía del ‘nosotros’ frente al ‘ellos’», para evitar «la instrumentalización del sufrimiento». Ha subrayado que «aunque quisiéramos pensar lo contrario, siguen vivos el sufrimiento y el dolor. Sigue viva la larga huella que dejó la guerra, la dictadura, el terrorismo, la persecución o la tortura».

«Cada día tenemos que seguir alimentando la memoria. Una memoria honesta y constructiva que nos ayude a avanzar. Memoria crítica que reconozca, sin tibieza, que el dolor causado por todas las formas de violencia es injusto. Y una memoria terapéutica que busque la empatía con todas las víctimas», ha destacado, para concluir con un mensaje a los jóvenes «que no conocieron los tiempos oscuros de nuestro país. Que la violencia no tiene cabida en nuestra sociedad y que solo aporta un sufrimiento infinito. Que la democracia y los derechos humanos no están asegurados y que debemos aprender del pasado para no repetir errores».

Ausencia del PP

Muy diferente ha sido la postura del presidente del PP en la CAV, Javier de Andrés, que no parece estar dispuesto a reconocer a todas las víctimas. «La exigencia ética hacia aquellos que causaron tanto daño se tiene que mantener, tiene que estar presente, y no tiene que diluirse con otras violencias, otras circunstancias que son completamente distintas», ha señalado en alusión a ETA.

«Nosotros vamos a seguir, firmes y convencidos de que es imprescindible mantener un suelo ético, una exigencia ética integral», frente a la «laxitud con la que otros partidos se conforman y diluyen responsabilidades», ha concluido, sin reparar en que cargos de su partido sí que han estado presentes en el acto organizado por el Ayuntamiento de Donostia. 

 

 

 

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lunes, 6 de octubre de 2025

Dispersión, Victimización y Revictimización

En su momento, el PNV apoyó la medida draconiana con la que Madrid procedió a dar una vuelta de tuerca represiva más en contra de los presos políticos vascos expandiendo el inhumano castigo a sus familiares y amigos, infancias y adolescencias incluidas.

Nos referimos a la dispersión, también denominada alejamiento.

Ahora, desde las instituciones, el PNV acota el alcance de la reparación a las víctimas de la violencia estatal excluyendo a esos mismo familiares y amigos mediante una sucia artimaña.

De eso nos habla este artículo publicado por Naiz:


Las víctimas de la dispersión, sin reconocimiento por no poder acreditarse «actuación directa»

Las víctimas de la dispersión no serán reconocidas como víctimas de violencia estatal en la CAV (ni posiblemente en Nafarroa). La Comisión de Valoración «empatiza» con su situación pero no ve «cobertura legal» para ello al no poder acreditarse «actuación directa» o «conexión causal».

Ramón Sola

El reconocimiento oficial a las víctimas de la dispersión demandado por Etxerat (dieciséis de ellas han perdido la vida) no llegará a través del proceso de reparación abierto por el Gobierno de Lakua, ni probablemente tampoco por el navarro dado que recorren la misma senda. La Comisión de Valoración de la CAV ha rechazado este año doce solicitudes al respecto, relativas a personas heridas o fallecidas en accidentes al ir o volver de prisión.

Esta comisión entiende que no hay cobertura legal para ello. Explica que a tenor de la ley de 2016 «las vulneraciones de derechos humanos suponen una actuación directa de los sujetos activos» (por ejemplo agentes policiales). «La violación de derechos humanos, para tener encaje en la aplicación de la ley, debe tener un nexo de cierta inmediatez y conexión causal con la actividad de los poderes públicos y del Estado, de forma que el daño se pueda llegar a imputar objetivamente a dicha actividad», añade.

«Los accidentes de tráfico que se mencionan en las solicitudes referidas representan un sufrimiento y un drama con el que la Comisión no puede sino empatizar y desear que ojalá no se hubiera producido –prosigue–. La Comisión tampoco esa ajena a que la realidad del alejamiento y dispersión tenía un impacto real en la forma de articular y ejercer los derechos de visita. No obstante, el acumulado de decisiones de política penitenciaria, sin duda sometidas a una fundada controversia sobre su legitimidad, y la materialización de riesgos fatales en la conducción de vehículos nos aleja del paradigma del tipo de conducta dolosa o culposa imputable a un funcionario».

Abundando en ello, los expertos encargados de valorar las solicitudes concluyen que la ley les «priva de la posibilidad de pronunciarse sobre esta dolorosa realidad cuya cadena causal se retrotrae –y amplía– no solo al ejercicio del derecho de visita de los familiares o allegados respecto de una persona presa, sino también al añadido riesgo que la conducción de vehículos entraña en cada caso».

Etxerat ha reivindicado con insistencia que estas víctimas tengan un reconocimiento, tanto en actos celebrados en el Día de la Memoria como con un acto específico celebrado en Gernika en 2019, a través de mociones en los ayuntamientos o en una comparecencia realizada en 2023, una vez acabada la política de alejamiento. Ninguna institución ha recogido el guante por el momento, más allá de algunos consistorios.

Las peticiones trasladadas a la Comisión de Valoración se topaban con otro problema, relativo al periodo de aplicación de la ley, que va solo hasta 1999. Siete personas fallecieron a consecuencia de accidentes de tráfico por el alejamiento entre 1982 y ese año, pero las otras nueve perecieron posteriormente, por lo que no encajan en la norma.

 

 

 

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lunes, 7 de julio de 2025

Entrevista a Juan Carlos Mesas

En su recuento de los sanfermines de 1985, Pello Guerra nos hace mención de la fuga de los presos políticos vascos Iñaki Pikabea y Joseba Sarrionandia justo el día del txupinazo.

Pues bien, para tener una idea más completa del estado de las cosas en esa época, desde Naiz traemos a ustedes esta entrevista a quien era director de eso centro penitenciario en esa fecha tan presente en el identitario cultural vasco.

Adelante con la lectura:


«La idea fundamental es que los presos pasen por la prisión, pero que la prisión no pase por ellos y, sobre todo, que no salgan peor que cuando entraron»

Juan Carlos Mesas | Director de la prisión de Martutene el 7 de julio de 1985 | La fuga de Martutene ha solido ser relatada desde el punto de vista de quienes obraron aquel hecho histórico, pero la realidad es que aquel suceso puede tener, y tiene, una visión poliédrica. Cruzar al otro lado puede ser un ejercicio tan complicado como necesario y, Juan Carlos Mesas, director de la prisión el 7 de julio de 1985, ofrece a 7K su perspectiva de los hechos ocurridos ese día. Cuatro décadas más tarde, regresamos a Martutene.

Ariane Kamio

¿Cuántas veces se agita una bola de nieve? Exceptuando la primera vez, diríamos que casi ninguna. Pueden permanecer durante años olvidadas en una estantería, tantos como cuarenta. Para quienes no vivimos con consciencia los años 80, la épica de una fuga como la de Martutene alcanza unas latitudes aún mayores en el imaginario, y se fosiliza como un rastro imborrable para las personas que sí la palparon. Es, sin duda, un hecho que quedó sellado en la memoria colectiva de la sociedad vasca.

Intentar realizar un trabajo periodístico cuarenta años después de que hubieran sucedido los hechos es una tarea tan placentera como complicada, pues ofrece la posibilidad de ejercer de ratón de biblioteca y hurgar en los archivos, pero también eleva el muro traicionero de la memoria, y es que resulta muy difícil recordar hechos concretos. Entonces, ¿por qué no encontrar a alguien que cuente lo sucedido desde otra perspectiva?

La de Juan Carlos Mesas es una visión necesaria para contemplar aquellos convulsos años desde un punto de vista diferente (y sorprendente), y realizar un acercamiento personal a esos acontecimientos. Y decimos sorprendente porque el relato del que fuera director de la prisión el 7 de julio de 1985 podría realizarse sobre un manto de rencor. Pero, nada más lejos de la realidad, Mesas se expresa sobre la no venganza, la reinserción y la labor social dentro de las prisiones. Esta es una historia sobre las que pocas veces florecen oportunidades de acercarse y conocer. Una ocasión para agitar de nuevo la bola de nieve y ofrecer otra mirada.

Nos gustaría que nos hablara de su paso por Martutene y de los proyectos que tenía allí. 

Yo llegué allí el 31 de mayo de 1983 como director, pero había estado antes como jefe de servicio desde el 79 al 82. Ya había estado tres años anteriormente, conocía la casa y conocía el ambiente. Es una prisión de preventivos, en principio, y seguirá siéndolo, creo, y Nanclares era la de cumplimiento. Nada más llegar, tuvimos ya una buena entrada: inundaciones en el País Vasco.

Sí, esas fueron sonadas. 

Tuve que ir en barca al cuartel de Loiola para coger pan, al menos para que los “clientes” estuvieran bien atendidos porque, si no, se podía montar un motín.

El río transcurre junto a la prisión. 

El caserío que estaba justo al lado estaba todo inundado, también la prisión. Y nada, tuvimos que salir en barca a por la comida. Recuerdo que, cuando se quejaba, digamos, el “cliente autóctono”, se quejaba de la comida. En esto tengo que decir que la única comunidad religiosa que se mantiene en una prisión es en la de San Sebastián, que son las hermanas de la comunidad de Santa Ana. Una de ellas estaba en el departamento de mujeres, que hacía prácticamente la labor de funcionaria, pero estaba ella sola -eso era en los primeros años, pero luego ya cuando llegué de director ya había funcionarias-. Pero, vamos, a una hermana la teníamos en el departamento de mujeres, había otras dos hermanas -Balbina y de la otra no recuerdo su nombre- que se encargaban de la cocina, y luego estaba “La Maña”, que se encargaba de la enfermería y... ¡esa sí que tenía coraje! (se ríe). Si tenía que coser alguna herida, lo hacía a pelo: “¿Cómo que anestesia? ¡Venga, hombre! ¿No eres tan hombre para cortarte? ¡Pues ahora aguantas!”, decía. Luego estaba ya la madre superiora arriba, en el pabellón que tenían asignado las hermanas, y otra hermana más, lega, la cocinera.

Imagínate cómo era la comida, hecha por las monjas y con la filosofía de la cocina vasca. Lo aprovechaban todo y, si había pescado, que no les gustaba mucho (a los reclusos), por la noche solía haber unas croquetas deliciosas de pescado. Esto viene a colación de que muchos se quejaban de la comida que servíamos. Cada mañana se repartía una barra entera de pan para la comida...

¿Para cada preso? 

Sí, sí, para cada uno. Y estos igual dejaban hasta la carne, que era de buena calidad, que no eran tropiezos, y yo veía a los muchachos de África cómo abrían el pan entero y, con todo lo que les sobraba a los compañeros de al lado, se hacían unos bocadillos tremendos. ¡Cómo se lo comían esos muchachos! ¡Qué alegría tenían en esos ojos! Y esa era la situación que teníamos.

El funcionario de prisiones va con su voz, es lo único que tiene, y su autoridad, que se supone que van a respetarla. Pero en los momentos en los que ellos (los presos) van a por todo, de respeto nada. Solía haber muchas peleas entre chavales muy jóvenes, con la sangre muy caliente, y cada dos por tres teníamos un percance, alguna historia: cortes, intento de sublevación... En la cárcel, además de la hermana que ejercía de enfermera, teníamos un médico y un practicante. El practicante... me acordaré del nombre... era de Hernani. Si le llamabas por la noche, venía en pijama.

Otro de los mecanismos que utilizaban los reclusos era simular una lesión o una enfermedad para salir al hospital (en los hospitales tampoco había las medidas de seguridad y control que hay ahora), así la visita familiar se autorizaba y la familia le acercaba un poco el “producto”. Tampoco había mecanismos de control, ni rayos X, ni una brigada canina...

Había menos medios. 

Efectivamente. No había prácticamente ninguno. Había tres mandos en prisión: director, subdirector y administrador, había tres jefes de servicio y luego ya estaban los funcionarios del grupo de ayudantes. Por la situación crítica que se vivía en el exterior, los funcionarios pedían el traslado cada seis meses y se les otorgaba, con lo cual, el día de autos la plantilla era absolutamente bisoña. No llegaba a la semana desde que entraron dentro. Venían generalmente de la escuela, por lo que no sabían lo que era una prisión desde dentro. Esa fue una de las circunstancias que ocurrieron aquel día. Y otra fue que tuve que hacer un cambio de jefe de servicios y eso trastocó un poco la dinámica que tenía yo. Tuve que cambiar al jefe del centro, al jefe de la planta alta, que era donde estaba el salón de actos y donde tuvo lugar la actuación (de Imanol Larzabal)... Hubo una serie de circunstancias que propiciaron lo que después ocurrió.

La pregunta que se ha hecho mucha gente es cuántos había. Pues el día de autos yo ahora mismo no lo sé. El otro día quise recordarlo pero creo que entre el 5, 10 o 15 por ciento de la población eran chicos de ETA. ¿Y por qué estaban allí? Yo no preguntaba nunca a mi director general, ni mucho menos. A Martutene llegaban generalmente por razones humanitarias. Recuerdo a uno de Hernani que vino porque su padre estaba prácticamente moribundo y le dimos comunicación con el padre, incluso le tramitamos el traslado a través de la Guardia Civil a Hernani para que pudiera visitarlo. Había gente de Hernani que quería saludarle y también se autorizaba...

Todos eran trasladados por razones familiares, ¿no es así? 

Así es. Una vez la causa por la que habían llegado a Martutene se cumplía, pedíamos otra vez el traslado al centro que correspondiera. En el caso tanto de Joseba (Sarrionandia) como de (Iñaki) Pikabea, sus causas del traslado aún no se habían cumplido y fue otra de las circunstancias que se unió a todo el cúmulo de aquello.

Según se lee en los archivos de los diarios de aquel año, Sarrionandia fue trasladado por motivos de salud de la que entonces era su pareja, y Pikabea, por su padre. 

Eso es. Pikabea me parece que era de Rentería. Sí, que luego su hermano, tras la fuga, me dijo que lo sentía mucho, pero que era su hermano. Pues bueno, yo también lo siento, pero me parece que me van a dar boleto (dice con ironía).

Y, ya te digo, con esa bisoñez, y con todo esto, ocurrió lo que ocurrió. Nosotros habíamos fomentado lo que era la apertura de la prisión a la sociedad, que seguía formando parte de la misma. Organizábamos conciertos... Me acuerdo de una anécdota de la que todavía se reirá alguno: en el patio de menores soltamos una vaquilla, claro que a mí me soltaron el 7 de julio otro tipo de vaquillas (vuelve a reincidir con ironía), y luego había que meterla en el camión... Había actuaciones musicales... Ese día me acuerdo que uno de los que estaba de intermediario le llamaban “El pulpo”, pero era un exdelincuente...

...En aquella época se tomaba cerveza con alcohol dentro de las prisiones, y en la época anterior a la nuestra se tomaba la pinta de vino. Luego esto lo mezclaban con alguna que otra pastilla que el médico recetaba por razones médicas, y teníamos la tarde torera a veces. Y lo del médico era la visita del médico: venía a las 11 y se iba a las 12. El practicante se llamaba Primitivo.

¿El de Hernani? 

Sí, Primitivo, que, curiosamente, paradojas de la vida, era el suegro del director de “Egin”.

¿De cuál de ellos? 

Sí, de ese que ha estado en Burgos cumpliendo hasta hace poco (se refiere a Jabier Salutregi). Coincidí con él durante mi última etapa en Burgos. Me acuerdo que Primitivo nos invitó a tres o cuatro compañeros a su txoko y estuvimos comiendo con él y su familia. Paradojas de la vida.

Aquel 7 de julio había, además, bastante trajín en la prisión porque, aparte del concierto de Imanol, también estaban emitiendo un programa de radio en directo. 

Efectivamente, “Discos dedicados”. Fueron Emilio Laguna y Máximo Valverde. Eso se hizo en el comedor, hacia las 13:00, una vez terminado el concierto. Lo que pasa es que tuve también otra circunstancia, y es que el subdirector de régimen que tenía yo en prisión aprobó el (examen) de cuerpo técnico y tuvo que ser trasladado y ese era un poco....

¿El que más controlaba? 

Eso es. Yo me dedicaba un poco más al exterior y el controlaba un poco más el interior. Esa es otra de las circunstancias que afectó a todo lo que ocurrió.

La gente me preguntaba: “¿Por qué no has hecho un recuento después de la actuación?”. Y dije, “porque teníamos los ‘Discos dedicados’”, y tampoco piensas que vaya a ocurrir algo así. Quizá algunos de estos de la prensa, de los todólogos, los tertulianos, dirían que fue por el “buenismo”, y no era “buenismo”, la cuestión era cumplir con la ley y hacer las cosas conforme al reglamento.

El 7 de julio vino el inspector inmediatamente. El director general de entonces, Juan José Martínez Zato, estaba en un congreso en Viena. El inspector general se llamaba Ángel Lara Ronda, era un psicólogo de Burgos. Tampoco había el organigrama que existe ahora en la institución penitenciaria.

¿Era más simple? 

Sí, había un director general, un inspector general y los subinspectores. Pues el inspector vino, hizo el informe, pero el día 7 no me cesan, el 8 tampoco, el 9 tampoco, el 10 tampoco... Me cesan el 11 de julio. Bien. Para los vis a vis, la comunicación íntima, adecuamos dos cuartitos, porque aquella prisión obsoleta de los años 50 la tienes que adaptar a un reglamento penitenciario absolutamente progresista. Entonces, el vis a vis era de una a tres horas. Había muchas solicitudes y solo dos cuartitos, por lo que interpreté que se podrían dar para cada preso al mes tres vis a vis de una hora, para que todos pudieran acceder y que no solo una persona ocupase las tres horas. Además, el vis a vis tenía que ser por la tarde en un horario acotado. Luego también se ampliaron a las relaciones familiares, que podían ser de seis horas, y con ello quiero decir que nos adelantamos un poco a lo que luego fue la reforma del reglamento. Entonces yo tenía un cuadernillo donde anotaba quiénes iban comunicando, así evitaba que se saltara el orden. Yo tenía ese librillo en mi despacho de dirección y un funcionario, como diría El Quijote, de cuyo nombre no quiero acordarme, cuando yo estaba fuera con el inspector, entró acompañado por una psicóloga que era representante de UGT -¡qué paradoja!-, y estos dos, y otros que se unieron a la causa, dijeron que yo era un “filoetarra” tras abrir el cajón y coger ese cuaderno. Dijeron que les estaba dando comunicaciones a los etarras, que estaba favoreciéndolos... cuando en realidad era para toda la población interna.

Era un régimen general. 

Eso es, era para los Sodupes, los Erasun, los Do Campo, era Asensio, era el Noya... Todos tenían su comunicación... Pero bueno, eso es lo que hay. Al final me llamaron de la institución general y me preguntaron si era cierto que existían esas comunicaciones con esa frecuencia. Podría haberlo negado por agarrarme al sillón, como hace todo el mundo, pero dije que sí, que era cierto. Y así, el día 11 por la tarde se me comunicó la decisión. Y ahí se me vino el mundo abajo. Pero hay que superarlo, hay que ser como Alcaraz, ¡hasta el quinto set! De todas formas, tras finalizar el expediente, ningún funcionario fue sancionado.

Y el 3 de enero del 86 me incorporé a Basauri como jurista -entonces era obligatorio tener la licenciatura de Derecho y los estudios de Criminología-. Cuando fui a tomar posesión del cargo, me acuerdo pasando por los Altos Hornos de aquella época, iba con la radio puesta y escucho “Sarri, Sarri, Sarri...”, y digo, “joder, ¿de qué me suena esto a mí? ¿Esto qué es?”. Pero bueno. Y eso ha sido todo.

¿Considera que su labor como director de prisión era más humanista que vigilante? 

Es lo que dicen la ley y el reglamento. El 25/2 lo dice bien claro: la reinserción y la resocialización del interno. Hay varios lemas en prisión y yo heredé uno que era “al caco, cazo y tortazo”. Eso había que eliminarlo por razones claras; no puede haber tratos inhumanos y degradantes. Y luego había otro que decía que “el delito queda en la puerta, y entra el hombre”, y nosotros tenemos que tratar con el hombre, no con el delito. Muchas veces se revictimiza otra vez al delincuente diciendo, “¡coño, es que has cometido este delito!”. Vale, ya está, cometido: le han juzgado, le han condenado y ahora tenemos que hacer nuestra labor, que no es más que tratar que no vuelva a cometer este delito e intentar integrarle en la sociedad de la mejor manera posible. No puedes estar todo el rato intimidando a los presos, tienes que empatizar. Lo fundamental es conocer al interno, saber cuáles son sus carencias, sus necesidades y, en la medida de lo posible, humanamente, tratar de favorecer en lo que sea posible.

Y luego hay que tener en cuenta que nosotros antes, sobre todo en la etapa del 79 al 82, estábamos 24 horas dentro de la prisión, entonces, tenías que estar con ellos mañana, tarde y noche. Es una convivencia muy fuerte. Se trata de conocerles, orientarles y, en la medida de lo posible, que no vuelvan por esos sitios, que no son muy agradables.

De todas formas, usted sí que aplicaba la ley de una forma más progresista. Organizaba partidos de fútbol, acercaba la cultura a los presos... 

En la medida que era posible, sí, y eso entraba, efectivamente, dentro de ese aperturismo. Si ellos forman parte de una sociedad, tienen derecho a que todo lo que ocurra en la sociedad pueda ser trasladado al interior.

En el 83 estuve en menores, y ahí estuvo Leño, el cantante este... el famoso Rosendo (Mercado). Ahí se lo pasaron de miedo. Había un salón de actos enorme, era Carabanchel, era distinto. Pero el espíritu es un poco, no digo lo mejor, pero que (la estancia) sea lo menos mala posible. No estamos para torturar, no estamos para castigar más. El castigo ya lo tienen con estar privados de libertad, que es lo más maravilloso que hay en esta vida. El que quisiera, podía apreciar esa política penitenciaria.

Otro dicho de la época anterior era, “ojo de buey, diente de lobo y, si te preguntan, hazte el bobo”. Esa también fue otra de las circunstancias que ocurrió en el día de autos, porque luego un compañero bisoño me comunicó a posteriori que no oía nada de los bafles. Y le dije a ver por qué no dijo nada al jefe de servicios. Pero bueno, lo pasado pasado está y ahí se quedó el tema.

¿La falta de experiencia de los funcionarios fue clave en su opinión? 

Sí, claro. Cuando un funcionario ve que eso no suena y tiene experiencia, diría, “¿esto qué pinta aquí? y, además, ¡con el tamaño que tiene! ¡Qué coño hace esto aquí si no suena!”. Como te he dicho, cuando estuve en Carabanchel, aprendí lo que no estaba escrito.

En España, digamos que existe una diagonal formada por las cuatro prisiones más importantes de la época franquista, El Dueso, Burgos, Ocaña y el antiguo Puerto de Santa María, de primer grado. Yo vengo de una época en la que todo era disciplina y una especie de “bukelismo” e intenté abrir un poco y cumplir lo que dicen la ley y el reglamento. Un poco siguiendo el espíritu que nos insufló Carlos García Valdés, el autor de la Ley General Penitenciaria. Es el derecho penal mínimo, no podemos seguir siendo una sociedad punitivista que castigue todo.

Creo que hoy en día, y te lo digo de memoria, la población reclusa en España es de 50.000 personas y, si te fijas en primeros, segundos y terceros grados, la mayoría está en segundo grado, que es el grado ordinario; el tercer grado está aumentando muchísimo y luego en primer grado están los borrocas, que están todo el día con la movida, pero quedan muy pocos. ¿Eso qué quiere decir? Pues que el clima social en las prisiones españolas es más o menos el idóneo para poder trabajar y que solo quedan cuatro resistentes o recalcitrantes. Y, dentro de los que están en primer grado, no sé si quedará alguno de la banda, porque por la razón de tipo de delito y el comportamiento que tengan en el centro penitenciario, la situación cambia. Pero, vamos, un compañero me dijo el otro día que prácticamente todos están ya en el País Vasco.

Sí, se acabó con la dispersión. 

Eso es.

¿Ha tenido noticias durante estos años de las personas que se fugaron? 

He seguido algo a través de la prensa, aparte de que un amigo mío me manda cada 7 de julio la canción “Sarri, Sarri” por Whatsapp (se ríe)...

¿Tiene un amigo que le envía todos los años la canción? 

Sí, cada 7 de julio. Bueno, sabes cómo me llamaban a mí al final, ¿no?

Pues no, no tengo ni idea. 

Me llamaban “El bafles”. Pasé por tres fases. Con mi primer jefe de servicios me llamaban “El legal”. Luego, cuando estuve en menores, me llamaban “El charlas”, porque pasaba por todas las celdas para que no se sublevaran; prefería dar charlas antes de que hicieran algo peor. Y luego ya, cuando estuve en San Sebastián, “El bafles”. Luego en Burgos, en mi última etapa, hacía muchas salidas programadas, y me llamaban “Don Mesas, el de los paseos”.

Las últimas semanas hemos tenido la ocasión de hablar con algunas personas que estuvieron recluidas en Martutene bajo su dirección, y todos coinciden en que el ambiente que se vivía en el centro era bastante tranquilo. 

Claro, porque ellos venían de un “bukelismo”. Algunos me decían que tenían más libertad en Martutene que de dónde venían en la calle. Pero la labor no fue solo mía, sino de toda la plantilla. Sí que hubo alguno que me puso palos en las ruedas, además uno en los que más confiaba, y luego lo de aquella psicóloga, que a través de UGT me pusieron como un “filoetarra”. Si le contara todos los comandos que pillaron con información mía, con mi domicilio y toda la historia... Pero bueno, yo tenía las cosas muy claras y tenía también la voluntad de integrarme. Es verdad que podía haber sido un objetivo fácil. En San Sebastián mataron a Ramón Domínguez Murillo, luego a (Francisco Javier) Gómez Elosegi, cayó también Máximo (Casado), que estaba en Nanclares y vivía en Vitoria, también integrado... Yo hacía una vida normal, iba a los txokos, a mi Parte Vieja maravillosa... Lo que nos hemos llevado mi mujer y yo es que nos hemos comido y nos hemos bebido todo San Sebastián: desde la Cofradía de Pescadores de Hondarribia, pasando por Oyarzun y un montón de sitios más.

Cualquiera en su situación contaría aquellos hechos con bastante más rencor. 

No... Hay que tomar las cosas como vienen. Yo tenía la ilusión de abrir más si cabe el centro penitenciario, aunque era una prisión de preventivos, pero podíamos dejar cumplir allí a la gente de jardineros, de ordenanza de exterior... porque en frente también estaba la de menores, donde había puestos de trabajo. Acogían a menores directamente bajo el tercer grado. Muchas veces decíamos que en Martutene estaba el triángulo de las Bermudas, donde se perdían muchas vidas humanas: teníamos los menores, nosotros en el centro y en el otro lado estaba el cementerio o una especie de sanatorio (Psiquiátrico Provincial de Gipuzkoa, en Zorroaga).

Y lo que ocurrió ese día es algo que me ha tocado. Luego he intentado disfrutar lo máximo de mi trabajo. Me ha satisfecho mucho que la gente vea que la vida merece vivirla sin tener que delinquir. Y me acuerdo de Lole y Manuel, que eran dos andaluces cantantes, y una vez le preguntaron a Manuel si había trabajado mucho. Respondió: “¡Qué va! Yo no he trabajado nunca, yo he hecho lo que me gusta, la guitarra”. Pues yo pienso algo parecido, he hecho algo que me ha gustado, que era la función penitenciaria entendida como mecanismo de integración, si es posible, claro. Porque yo no quiero que lleguemos a ser como la sociedad americana, con ese espíritu de venganza. Y no digo que los reclusos sean hermanitas de la caridad, que no lo son, pero si las leyes están así...

¿Hay que aplicarlas? 

Claro, es fundamental. Si no, vamos hacia un deterioro. El otro día me enviaron un vídeo maravilloso donde levantan un monumento en recuerdo al genocidio de Gaza y nuestros futuros nietos nos preguntan, ¿y qué hiciste tú? Ahora mismo, la derecha civilizada, si es que la hay en este país, está creando un monstruo. Pero bueno, me estoy desviando...

Para nada, es muy interesante lo que cuenta. 

Lo que quiero decir es que la cárcel es un medio en el que la idea fundamental es que ellos pasen por la prisión, pero que la prisión no pase por ellos y, sobre todo, que no salgan peor que cuando entraron; el delito queda fuera y entra el hombre, que es con el que tenemos que trabajar y, en la medida de las oportunidades que tengamos, a través de la psicología, educadores, asistentes sociales... que el preso tenga una vía de salida para su vida y que tenga un cauce. Y no sé si hay alguna pregunta más...

No quiero robarle más tiempo. 

Ahí tenemos a Mandela, que es ejemplo de muchos políticos, y también puso alguna que otra bomba.

Sí, también luchó contra el apartheid. 

Hay que estudiar la otredad.

Muchas gracias por atendernos. Cuídese. 

Eso haré. Me espera una corvina al horno.

 

 

 

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domingo, 15 de junio de 2025

Una Muerte Evitable

Ahora que ha quedado al descubierto que muchas de las condenas en contra de independentistas vascos se lograron mediante autoinculpaciones derivadas de la práctica sistemática de la tortura, además de la política de excepción aplicada en contra de ellos como la incomunicación, la dispersión y el aislamiento, casos como el de Juankar Alberdi se pueden analizar con una nueva luz.

Aquí lo que ha publicado Naiz con respecto a su aniversario luctuoso:


«Era evitable», el mensaje de Egiari Zor en el aniversario de la muerte de Alberdi en Herrera

Urnieta ha recordado este domingo a Juankar Alberdi en el 37 aniversario de su muerte en Herrera. Egiari Zor ha incidido en que «era evitable» y fue consecuencia de «un castigo arbitrario e injustificado por razones políticas». Y ha instado a no excluir a nadie en los reconocimientos oficiales.

Juankar Alberdi Martirena ‘Krakas’ falleció hace ahora 37 años en la cárcel de Herrera de la Mancha. Un acto en Urnieta lo ha recordado a mediodía de este domingo, dentro de la dinámica de Egiari Zor en favor de la verdad sobre estos casos de violencia estatal, y que traslada además una idea en el caso de las víctimas de la política penitenciaria de excepción: «Era evitable».

Así lo ha subrayado Pilar Garaialde, representante de la Fundación Egiari Zor, poniendo por delante datos que hablan por sí solos: en las últimas cuatro décadas, «en el periodo presuntamente democrático, 36 presos políticos vascos y 16 familiares de estos han perdido la vida en diferentes situaciones, debido a las medidas de excepción que se han aplicado sistemáticamente. Además, otras dos personas se suicidaron para evitar su ingreso en prisión. Estas muertes pudieron haberse evitado. Si los derechos humanos hubieran prevalecido por encima de la venganza, el castigo añadido, la seguridad o cualquier otra consideración, la realidad hubiera sido bien distinta».

El caso concreto de Alberdi está muy ligado a una prisión de triste recuerdo: Herrera de la Mancha. Allí murieron cuatro presos vascos. Este preso falleció apenas cuatro meses después de otro, Mikel Lopetegi, y dos años más tarde de Joseba Asensio. Es decir, tres fallecidos en apenas 24 meses. A ‘Krakas’ no se le había diagnosticado ninguna enfermedad, pero con apenas 30 años le sobrevino un edema pulmonar fatal. Los peritos del Instituto Nacional de Toxicología afirmaron que la asfixia consiguiente resultó determinante y que no se pudo hacer nada por su vida.

«Estas muertes tienen algo en común –han remarcado Garaialde en Urnieta–: en todas ellas la aplicación de medidas políticas excepcionales como modus operandi ha sido decisiva. Negar la debida atención sanitaria, aplicar de forma arbitraria los protocolos contra las enfermedades incurables, las duras condiciones de vida dentro de la cárcel, el aislamiento prolongado, la clasificación sistemática en primer grado o inclusión en fichero FIES, la intervención permanente de las comunicaciones, el alejamiento, la dispersión...», ha enumerado. Y todo ello aplicado «mientras no se produjese una renuncia de sus aspiraciones políticas» por parte de personas presas como Juankar Alberdi.

Hora de reconocer

El acto ha hecho hincapié en que «los estados deberán reconocer que, en el marco del conflicto, en base a unos objetivos políticos, asumieron que algunas personas presas y sus familiares podían morir».

En este contexto Pilar Garaialde se ha dirigido además a las instituciones vascas para reclamar que las leyes de reconocimiento de víctimas de violencia política «deben adaptarse necesariamente a parámetros internacionales en materia de derechos humanos, de forma que no se excluya a ninguna víctima».

«Escuchamos numerosas referencias al valor superior de los derechos humanos y la dignidad humana, pero se dejan fuera de todos los censos y estadísticas las consecuencias humanas de la política penitenciaria de excepción –ha denunciado–. La memoria de lo ocurrido no puede acotarse a unos intereses que tienen más que ver con visiones particulares y partidistas. Todas las víctimas mortales y supervivientes, todos los sufrimientos generados por la violencia que hemos sufrido, deben ser reconocidos y reparados oficialmente, y todas esas violaciones, también la de Juankar Alberdi, deben tener su lugar en las políticas de memoria».



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miércoles, 11 de junio de 2025

La Sonrisa de una Niña

Antes de leer la terrible experiencia vivida por Olatza Iglesias durante su infancia y adolescencia, es nuestro deber recordar a nuestros amables lectores que muchos presos políticos vascos terminaron tras las rejas derivado de autoinculpaciones obtenidas por medio de la tortura.

También recordar a todos ustedes que hubo visitas carcelarias que se cancelaron porque un niño o una niña dijeron dos o tres palabras en euskera a su padre a su madre, visitas canceladas tras un largo viaje desde Euskal Herria hasta los rincones más lejanos distribuidos por la geografía del estado español.

Así castigo el estado español a las hijas y a los hijos de los presos políticos vascos durante décadas con un solo objetivo, hacer todavía más duras las condenas tanto para quienes estaban tras las rejas como para sus familiares y amistades.

Por fin Europa escucha las voces de las niñas y niños de la mochila.

Así lo reporta Naiz:


Olatz Iglesias relata en Bruselas su infancia marcada por la política carcelaria de excepción

En el marco de la sesión ‘Luchas personales y políticas de los presos políticos: de la represión a la resistencia y la reintegración’, organizada en el Parlamento Europeo, Olatz Iglesias ha compartido su testimonio como hija de presos vascos. Ha descrito su infancia marcada por el alejamiento.

«Forzar a una niña a intentar negociar con su sonrisa la dignidad de su padre», eso es para Olatz Iglesias la política de excepción que sufren las presas y presos políticos vascos. La conoce bien, ya que su madre estuvo presa desde que ella tenía 9 meses hasta que cumplió los 13 años, y su padre, que fue detenido cuando Iglesias tenía 5 años, sigue cumpliendo condena.

Iglesias participó el martes en la sesión ‘Luchas personales y políticas de los presos políticos: de la represión a la resistencia y la reintegración’ del Parlamento Europeo, organizada por el grupo parlamentario The Left, del que forma parte EH Bildu. En la sesión compartió vivencias que, si bien deberían de pertenecer a la intimidad de cada cual, han sido intervenidas por parte del Estado durante toda su vida.

Ser hija de dos presos políticos ha marcado su infancia. Creció con la «ausencia impuesta por la cárcel». Subrayó que la prisión encierra cuerpos, pero también impacta directamente en las familias, «convirtiéndose en una herramienta de castigo y venganza colectivas». Eso hizo que durante los años en los que tuvo que hacer incontables kilómetros para visitar a sus padres, le pesara más la carga emocional que la distancia.

El amor y el contacto con su madre estuvo sometidos a control hasta que fue adolescente, y aún lo están en el caso de su padre: «No puedes abrazarlos cuando los necesitas, sino cuando el sistema te lo permite». La de Iglesias, como la de otros tantos niños y niñas de Euskal Herria, ha sido una infancia atravesada y acotada por la política penitenciaria de excepción.

Los largos viajes les han impedido acudir a la escuela con normalidad y participar en deportes y demás actividades de ocio como el resto de niños y niñas. Además, han sido «una lección precoz sobre el poder, la injusticia y la capacidad del estado para intervenir en algo tan íntimo como la infancia, el afecto y la familia». Junto a ello, recordó que la dispersión no solo ha impactado en la vida de los descendientes de presas y presos, también ha impedido que las personas mayores y las enfermas visitaran a sus allegados.

«Es una política de castigo muy bien diseñada»

Para Iglesias, la excepcionalidad es «una política de castigo muy bien diseñada» que supone un obstáculo: «Euskal Herria merece un futuro sin injusticias, no se pueden seguir poniendo condiciones a la paz, ni excusas para impedir una convivencia real».

Por ello, instó a «actuar con responsabilidad» y aplicar a las presas y presos políticos vascos la legislación ordinaria.

 

 

 

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miércoles, 4 de junio de 2025

Agur eta Ohore Isidoro

En los años más duros de la dispersión hubo quienes, a diferencia de Jordi Évole, supieron solidarizarse con los familiares y amigos de los presos políticos vascos.

Uno de ellos fue Isidoro Galán, quien ha trascendido este plano.

Aquí el texto que le dedica Naiz:


Muere a los 88 Isidoro Galán, solidario con los presos vascos desde Cartagena

Isidoro Galán, solidario con los presos vascos desde Cartagena, ha fallecido en la ciudad murciana a los 88 años. Desde Euskal Herria, se recuerda que abría su casa a los familiares de los presos en tiempos difíciles. Fue también cura obrero e impulsor del sindicalismo en Cartagena.

Isidoro Galán, solidario con los presos vascos en Cartagena, ha fallecido a los 88 años. Quienes le conocían han destacado la importancia de la solidaridad de Galán en unos momentos muy difíciles.

Es el caso de Jesús Iñurrieta, de Amezketa, que recuerda que Galán acogía en su propia casa a los familiares de los presos vascos que se desplazaban para visitar a sus allegados encarcelados en la ciudad murciana. «Dormíamos en su propia casa», destaca a NAIZ, recordando que esta solidaridad se remonta incluso a los tiempos de Francisco Franco.

Galán visitó de vuelta en numerosas ocasiones Euskal Herria. Era la manera que los allegados de los presos vascos tenían de corresponder la solidaridad recibida en Cartagena, que no se limitaba a darles un techo para pasar la noche sino que les ayudaba en todo lo que necesitaban.

Iñurrieta recuerda que en más de una ocasión les acompañaba en su vehículo desde Cartagena hasta que podían coger la autopista para emprender el regreso a Euskal Herria, siempre con la Guardia Civil detrás. «Eran momentos muy duros y esa solidaridad realizada en condiciones difíciles, se agradece mucho», destaca.

Galán se encontraba aprendiendo euskara y era suscriptor de GARA.

Cura obrero

Según recuerda la web de CCOO Industria, Galán, nacido en 1936, fue cura obrero en la década de 1960 en Cartagena. Junto con Mariano González y Miguel Ángel Ondínez impulsó el movimiento de cristianos de base, sufriendo la represión franquista.

Galán fue detenido en noviembre de 1972, siendo torturado y desterrado temporalmente de Cartagena junto a otros curas «por actividades subversivas».

Galán fue cura obrero, era responsable de una parroquia cartagenera y al mismo tiempo trabajaba en la construcción, donde desarrolló una labor sindical que derivó en la huelga de este sector en Murcia en 1976, por la que también sufrió represalias laborales.

En 1978, tras la legalización del PCE y CCOO, se integró en ambas organizaciones, llegando a ser el delegado comarcal de CCOO en Cartagena, el primero tras el franquismo. «En esos momentos no había muchos voluntarios para este puesto entonces tan ingrato», señala CCOO.

En el ámbito cultural, impulsó la plataforma editorial ZYX y la apertura de la librería Espartaco en Cartagena en 1974.

Su compromiso militante se mantuvo durante toda su vida. En 2014, participó en las primeras asambleas de Podemos.




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sábado, 26 de abril de 2025

Agur eta Ohore Gloria!

A lo largo de los muchos años que se ha publicado este blog desde la diáspora vasca y para la diáspora vasca hemos compartido textos de la represaliada politica vasca Gloria Rekarte.

Hoy nos corresponde decirle un "hasta la próxima".

Aquí lo que nos informa Gara:


Fallece la expresa Gloria Rekarte Gutiérrez, colaboradora de GARA durante dos décadas

Pasó 19 años en diferentes prisiones españolas, luego militó en la asociación Etxerat asistiendo a las familias, representó al Colectivo de Presos y Presas Políticas Vascas en la firma del Acuerdo de Gernika, colaboró con GARA durante dos décadas... Tras una larga enfermedad, ayer falleció, Gloria Rekarte Gutiérrez, una mujer luchadora.

«Tenía pensado hablar de ciclos en esta columna. Ciclos que se abren, ciclos que se cierran; ciclos que empiezan y otros que terminan. Pero voy a ser más breve: hoy paso por aquí para despedirme». Con esas palabras arrancaba la columna que Gloria Rekarte Gutiérrez publicó en GARA el 27 de septiembre de 2022. La última. Con ese escrito cerró más de dos décadas de colaboraciones con este medio.

Rekarte, nacida en 1958 y fallecida ayer en Tafalla tras una enfermedad, deja tras de sí una larga historia de compromiso, que de alguna manera también es un reflejo de la evolución del país.

Fue detenida en 1981 por su militancia en ETA y durante los 19 años que permaneció en prisión, sufrió los avatares de la política de alejamiento. Le tocó pasar por cárceles como Yeserías, Ávila, Tenerife o Puerto de Santa María. Su paso por el aislamiento de la cárcel gaditana en el otoño de 1991 fue recogido en NAIZ en 2021 en un reportaje que firmó Fernando Alonso.

A pesar de que la experiencia en la cárcel canaria ya había sido muy dura, Rekarte fue tajante al afirmar que «si Puerto tiene la fama que tiene es por que se lo ha ganado a pulso». «Sabemos que todas las cárceles tienen fases y que se observan cambios según las diferentes direcciones, pero Puerto se ha mantenido siempre igual; el régimen y el trato ha sido una constante a lo largo del tiempo», precisó.

«Condiciones penosas»

A pesar de señalar que «las condiciones de vida eran penosas», remarcó con especial intensidad la actitud de las funcionarias: «Las carceleras eran mezquinas y crueles; y lo eran todas, no se salvaba ninguna, no te dejaban vivir».

Poco después de recuperar la libertad, en 2000, comenzó a colaborar con GARA, en una relación que se mantuvo durante 20 años.

En sus numerosas columnas narró, como ella misma contó en aquella última colaboración, «ilusiones y decepciones, aspiraciones y objetivos, errores y aciertos; anécdotas, proyectos y hasta pandemias; despedidas dolorosas y esperadas bienvenidas, muchos sobresaltos y unos cuantos berrinches».

«Porque -añadía- de todo ha habido en estas dos décadas en las que Euskal Herria ha vivido momentos muy dolorosos, muy esperanzadores, hitos históricos y hechos decisivos. Que no es poco».

En paralelo, se integró en Etxerat para prestar asistencia a las familias de quienes aún permanecían -y permanecen- entre rejas, ayudándoles con sus demandas y viajes.

En 2007, todavía en la época de la ilegalización de la izquierda abertzale, fue segunda en la candidatura de Nafarroako Abertzale Sozialistak.

Tras el cese definitivo de la actividad armada de ETA, en 2011, fue la encargada, junto a Jon Agirre Agiriano, de representar a EPPK en la firma del Acuerdo de Gernika, que dio pie a la apertura de una nueva fase en Euskal Herria.

 

 

 

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lunes, 13 de enero de 2025

Cinco Espacios

Ramon Sola nos proporciona este detallado análisis en la estela de la multitudinaria manifestación en favor de los derechos de los presos políticos vascos y de sus familiares, estos últimos víctimas del aparato carcelario español sin haber sido procesados, juzgados y/o condenados.

Adelante con la lectura: 


Cinco frentes (o puertas) abiertos en 2025 contra la obcecación carcelaria

Tras el fin de los atentados de ETA hicieron falta dos años para anular la «doctrina Parot»,   siete para empezar a desmontar el alejamiento y nueve para iniciar el fin del aislamiento. La apuesta de EPPK por la vía legal desde 2017 ha acelerado los avances. ¿Qué cabe esperar de este 2025?

Ramon Sola

La gran manifestación por los derechos de los presos que se celebra hace décadas cada primer o segundo sábado de enero tenía antes inevitablemente un sentido solo balsámico, tanto para los encarcelados como para sus familias. Poco más se le podía pedir dado el bloqueo existente, que entre otras cosas mantuvo la dispersión casi intacta durante 33 años.

En los últimos años, por contra, ha cobrado un valor más práctico, capaz de catalizar cambios. Son estas enormes movilizaciones las que han mantenido en la agenda política y ciudadana la demanda insistente de solucionar la cuestión carcelaria, empezando por eliminar la excepcionalidad legal y la crueldad como clave de actuación, frente a quienes intentaban extender la impresión de que «los presos son solo el problema de la izquierda abertzale». Su primer logro fue doblegar ese «a quién le importa». El segundo, empujar para generar soluciones.

Con la apuesta de EPPK por la vía legal, decidida en 2017 todavía con un gobierno del PP en el Estado español, el camino se ha allanado en la medida en que han desaparecido las excusas para mantener el bloqueo. Así, en un contexto político también más propicio por el relevo en La Moncloa, han llegado en cuatro años el fin del aislamiento (2021) y luego del primer grado, el del alejamiento (2023) y la reforma del «doble cómputo» destinado a prorrogar artificialmente los encarcelamientos (2024). Sin olvidar la transferencia de la gestión carcelaria a la CAV, que permite otros modelos de cumplimiento aunque la última palabra en estos casos la siga teniendo la Audiencia Nacional.

La superación del bloqueo es evidente pero aún queda mucho camino por recorrer. Los frentes de batalla legal –así se planteó EPPK el camino– en 2025 pueden resumirse en estos bloques. Cinco espacios que pueden abrir más puertas a la solución definitiva o mantenerlas cerradas.

Doble cómputo, doble frente judicial

La reforma de la ley 7/2014 corrige sobre el papel diez años de desacato al criterio europeo de acumular cumplimiento de condena realizados en diferentes estados. Según se ha publicado, ya hay al menos tres solicitudes de aplicación presentadas en diversas salas de lo Penal de la Audiencia Nacional, que son las encargadas de revisar esas materializaciones de condena. La respuesta no debería demorarse para evitar perjuicios mayores, pero hay que insistir en ello: el partido se juega de momento en el tribunal especial español.

Otro obstáculo a la vista: Aunque en el periodo navideño haya pasado desapercibido, el 30 de diciembre se publicó que el Senado controlado por el PP ha llevado finalmente al Constitucional un conflicto de atribuciones contra el Congreso por la aprobación de esta reforma. Es sabido que el Senado trató in extremis de frenarla, pese a que legalmente ya no era posible. Finalmente ha recurrido al máximo tribunal español, que se espera que dicte alguna primera resolución en dos o tres meses. El Senado no dio publicidad alguna a este recurso, presentado el 19 de diciembre, lo que suena a indicio de que no las tiene todas consigo.

Si la reforma se despliega como debería, 52 presos y presas podrán acogerse a ella, según detalló Sare. Al menos siete de ellas habrán cumplido condena totalmente con ello. El resto tendrá cruzado el umbral preciso para la libertad condicional, el tercer grado o al menos empezar a conseguir permisos de salida. Para otras quince llegará tarde: ya están libres tras haber purgado años de más.

7/2003, sin argumentos pero vigente

Por sus efectos la anulación del doble cómputo debe asemejarse a la anulación de la «doctrina Parot», pero en el origen hay una diferencia remarcable. Esta segunda fue invalidada por Estrasburgo, mientras que la primera ha sido corregida por el propio Congreso español, consciente de la trampa hecha en su día (las diferentes instancias comunitarias, de la Comisión Europea al Tribunal de Derechos Humanos, habían declinado actuar para enmendarlo).

¿Significa eso que hay agua en la piscina para intentar derogar o modificar también la 7/2003 de Aznar, clave de bóveda de toda la excepcionalidad carcelaria? Parece complicado en la actual legislatura, por la precariedad de la mayoría en torno a Pedro Sánchez y sobre todo la furibunda reacción final de PP y Vox en favor del doble cómputo. Tras haber votado que sí hasta en cinco trámites anteriores, el PP se sometió finalmente a las asociaciones de víctimas erigidas en lobby.

Algunas voces expertas como el catedrático de la UPV/EHU Jon Mirena Landa apuntan a que cabría otro tipo de aplicación jurisprudencial de esta 7/2003 sin necesidad de derogarla. Lo que está claro es que cuando se abra el debate, sea en ámbito legislativo o judicial, no habrá un solo argumento para defender una norma también del PP pero mucho más antigua que la Mordaza en vías de anulación; absolutamente anacrónica por contexto (se justificó contra la ofensiva de ETA post-Lizarra-Garazi); y completamente indefendible en estándares europeos (40 años de cárcel total, 35 para libertad condicional y 32 para tercer grado, un disparate).

Nuevo Gobierno de Lakua y Fiscalía

Bajando a la realidad diaria, las decisiones sobre progresiones de grado y libertades condicionales competen en primera instancia al Gobierno de Lakua. El trasvase inexplicado de la cartera al PSE en el nuevo Gobierno de Pradales introducía incógnitas, más aún tras las intervenciones de la nueva consejera, María Jesús San José, poniendo énfasis en la intangible cuestión del «arrepentimiento», que contradijo incluso el hasta ahora asesor del departamento controlado por el PNV, Jaime Tapia, en NAIZ Irratia.

Tras medio año, la botella puede verse medio vacía o medio llena. Lakua ha aprobado once progresiones de grado, muchas menos de las posibles, lo que vendría a ser la cruz de la moneda. La cara estriba en que ninguna de ellas ha sido recurrida por el Ministerio Fiscal. Es difícil no pensar en que ahora ambas instituciones están regidas por el mismo partido: el PSOE. Anteriormente la Fiscalía rebatió numerosas progresiones aprobadas por el Departamento de Nerea Melgosa (en torno al 75% en 2023) e incluso hizo volver a prisión a media docena de presos.

Las personas encarceladas siguen la ruta legal en términos que generalmente validan las Juntas de Tratamiento de las prisiones y presentan escritos que reflejan su compromiso con vías políticas y democráticas. Más aún que esta formulación debería pesar un dato: no hay ningún caso de «reincidencia» y eso lo sabe hasta la AN que contrargumenta hablando de este riesgo inexistente.

La vía la recorre hoy día en torno al 85% de este colectivo humano, una cota muy similar a de la votación en que EPPK aprobó esta vía legal, aunque la vía está más asentada que entonces. Hay quien lo declina por razones como no necesitarla al estar muy avanzada la condena. El resultante de esta voluntad y de la potencialidad legal es que en torno a un centenar de presos y presas tengan derecho a progresión, bastante por encima de los realmente aprobados por Lakua (32 casos entre agosto de 2023 y el mismo mes de 2024).

Juicios, pero solo en un lado

Aunque hayan pasado quince años desde el último atentado mortal de ETA, la agenda judicial española y francesa no acaba ni para. Por citar tres casos significativos de la situación, para octubre de este 2025 se anuncia que se volverá a sentar en el banquillo a Josu Urrutikoetxea en París, mientras Madrid espera turno para intentar juzgarlo también. Hace apenas dos meses Itxaso Zaldua ha recibido una condena de 110 años de cárcel por parte de la AN tras haber pasado ya 15 años presa. Y antes el empecinamiento con Jaione Jauregi llevó a imponerle una entrega desde Bélgica y tres años de prisión preventiva para intentar juzgarla por hechos de hace 45 años, para acabar admitiéndose que no había pruebas ni para llevarla al banquillo.

Esta ofensiva perenne se intenta sostener en que hay más de 300 atentados de ETA sin resolver, una cifra inflada y tergiversada con trucos como afirmar que había más autores que los condenados, aunque fuera a nivel de «autoría intelectual». Lo realmente cierto, y lo que no se dice, es que es la violencia estatal la que quedó impune, como muestran las apenas 20 sentencias firmes para más de 5.000 casos de tortura certificados oficialmente, o los muy escasos juicios a los GAL, o la existencia aún de desaparecidos como «Naparra», «Pertur» o Popo Larre.

Exiliados y deportados, por cerrar

A la cuestión de los presos se suma la más invisible de los exiliados y deportados. Desde el compromiso de Biarritz de 2013 en torno al 90% ha podido volver, en general tras muchos años de espera e intentos infructuosos, aunque también decenas han fallecido en tierra extraña sin lograrlo.

Hoy día quedan, según datos de Etxerat, 16 personas en el exilio y 3 en el limbo alegal de la deportación (Cuba, Cabo Verde y Venezuela). Un asunto que debería ser sencillo cerrar si no fuera por el afán de la AN en tratar de forzar nuevos encarcelamientos para personas que, con sus destierros, ya llevan realmente una larguísima condena a sus espaldas.

 

 

 

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lunes, 18 de noviembre de 2024

Egaña | Solo el Pueblo Salva al Pueblo

Nuestro amigo Iñaki Egaña nos comparte su reflexión derivada de lo ocurrido en Valencia durante la DANA... y en los días posteriores:


Solo el pueblo salva al pueblo

Iñaki Egaña

Las inundaciones y tragedia en Levante, seguidas de la ineptitud del Gobierno autonómico, la frivolidad de la monarquía borbónica y la inacción del Ejecutivo central, han aireado la solidaridad que, de cualquiera de las maneras, se hubiera producido ante la magnitud del desastre. Las catástrofes naturales o inducidas son capaces de avivar lo mejor y lo peor de la condición humana. Tenemos acceso a las respuestas diariamente en el Mediterráneo, con el salvamento de los migrantes a la deriva en balsas frente al patrullaje militar para evitar que tomen tierra. En Palestina, con los cooperantes repartiendo comida frente a los bombardeos israelíes que intentan ahondar en la hambruna.

La solidaridad está en la personalidad humana, no solo la de nuestra especie, sino también en otras de homínidos que nos precedieron o simultanearon en la evolución. Probablemente, buena parte de nuestra especialización inteligente se deba a las capacidades que desarrollaron nuestros antepasados, arropándose en medios hostiles. Gioconda Belli apuntaba que la solidaridad es la ternura de los pueblos y el psicoanalista alemán Erich Fromm decía que la solidaridad humana es condición indispensable para el desarrollo personal.

En nuestro pequeño país, los actos de solidaridad reforzaron nuestro ADN colectivo con grandes y pequeñas expresiones. Algunas, como aquellas brigadas que acudieron en 1983 a limpiar Bilbo tras la gota fría precedente. Otras relacionadas con el conflicto, de apoyo a las familias de presos, los conductores de Mirentxin. O con otros compromisos externos, como quienes viajaron a tierras lejanas para aportar su granito de arena en las luchas de liberación, Pedro Baigorri, Pakito Arriaran, Alba García... Aquellos, también, que, desde otras partes del continente, del planeta, hicieron de su recorrido vital una alianza con nuestra causa emancipadora. Sin desdeñar otras pautas, fruto de nuestra pluralidad, como las de religiosos, cooperantes e incluso las agrupadas en el Euskal Fondoa de nuestras agrupaciones locales. Hasta el sindicato mayoritario vasco, con más de un siglo de existencia, lleva la palabra «solidaridad» adherida a su nombre. No hemos sido ni más ni menos que nadie y, en este caso, tal y como lo han hecho los solidarios con el Levante, simplemente desarrollamos nuestra condición humana.

En esta ocasión, la solidaridad de miles de jóvenes y no tanto, que ofrecieron su apoyo a la limpieza de calles, al rastreo de desaparecidos, o al desescombro de garajes y bajos, ha descrito lo que somos y lo que cabría esperar del «nosotros» humano. Con la particularidad de los tiempos que vivimos y el escenario consiguiente. La solidaridad, parece mentira, se ha convertido en un arma arrojadiza, se ha «politizado» incluso, y ha llevado a un debate ideológico del que, personalmente lo reconozco, me he sentido inquieto. Jamás tenemos certezas absolutas y, en mi caso, esta ha sido una de ellas. Me refiero a ese lema que comenzó a utilizarse a comienzos de la ayuda popular, cuando parecía que las instituciones aún no habían reaccionado. Esos primeros días en los que centenares de personas caminaban kilómetros para llegar con un cubo, una bayeta y una fregona, a las zonas afectadas: «Solo el pueblo salva al pueblo».

Lo que en principio parecía una frase histórica, fruto de la inacción institucional o de su retraso, se convirtió en frente de acusaciones. En sectores de la derecha extrema se utilizó como una «prueba» más de la desafección por la política, de los partidos políticos y de las instituciones, llegando a utilizar la locución de «Estado fallido» (incapaz de responder), mientras que en sectores de izquierdas y del propio Gobierno se tildó la expresión de reaccionaria. Para gestionar la crisis, o en otro caso las crisis, ya están las instituciones. Ese era y es precisamente el cometido institucional: representar al pueblo. O sea que, «solo el pueblo salva al pueblo» era, al parecer, un lema inadecuado políticamente. Las redes sociales, vademécum contemporáneo, dictaron sentencia.

Nuestra generación creció con los ecos de Durruti y Likiniano que expresaban precisamente el sentido del pueblo y para el pueblo. Los latidos de la Comuna de París que nos contó nuestro paisano Lissagaray se mezclaron con aquellos cantos que redoblaron en La Casilla de Bilbo los chilenos de Quilapayún: «El Pueblo Unido jamás será vencido». La tradición marxista, la Revolución francesa, impregnaron la fórmula del «pueblo soberano». Jon Maia concluyó su seguidilla en el Velódromo donostiarra cuando Arnaldo Otegi y los de Bateragune fueron liberados, con un «Gora Herria». Por ello, mi inquietud. ¿Estaba haciendo al caldo gordo a la derecha sintiéndome orgulloso y emocionado por la solidaridad que transmitían miles de jóvenes anónimos, lejos del postureo de los medios? ¿O era un simple debate semántico sobre la impertinencia de una frase?

El pueblo que he sentido reivindicar ha sido citado como el sujeto político de cualquier proyecto liberador. Nos echaron en cara, en un principio, que nuestra lucha era pre-política. Para, más adelante, cambiar de reproche para decirnos que politizábamos en exceso. Esa politización, acertada, expresaba la necesidad de ofrecer una explicación al porqué de las cosas, de las injusticias. No existen los hombres y mujeres apolíticos, que es lo que expresan las derechas para arrimar el ascua a su proyecto. Porque el neoliberalismo reduce al pueblo a ser un mero consumidor de productos, a ser multitud. Consumidor también de la democracia que promueve como modelo político. Una democracia sustentada en la delegación a través de los partidos políticos. Y finalmente, a la reducción de las instituciones emanadas de esa «voluntad popular» a una herramienta para la solución de problemas concretos (las consecuencias de la gota fría) que provoca que desaparezca el pueblo como categoría política. Frente a ello, mi reflexión como contrapeso: Pueblo plural, pueblo sujeto.

 

 

 

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