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lunes, 30 de marzo de 2020

SARS CoV-2: Causalidad y Cualidad

Para entender mejor todo el tema del SARS CoV-2, la cepa causante del COVID-19, popularmente conocido como coronavirus, traemos a ustedes este extraordinario reportaje publicado en las páginas de El Diario:


El principal peligro que enfrentamos es considerar al nuevo coronavirus como un fenómeno aislado, sin historia, sin contexto social, económico, cultural.

Ángel Luis Lara

1.

En octubre de 2016 los lechones de las granjas de la provincia de Guangdong, en el sur de China, comenzaron a enfermar con el virus de la diarrea epidémica porcina (PEDV), un coronavirus que afecta a las células que recubren el intestino delgado de los cerdos. Cuatro meses después, sin embargo, los lechones dejaron de dar positivo por PEDV, pese a que seguían enfermando y muriendo. Tal y como confirmó la investigación, se trataba de un tipo de enfermedad nunca visto antes y al que se bautizó como Síndrome de Diarrea Aguda Porcina (SADS-CoV), provocada por un nuevo coronavirus que mató a 24.000 lechones hasta mayo de 2017, precisamente en la misma región en la que trece años antes se había desatado el brote de neumonía atípica conocida como "SARS".

En enero de 2017, en pleno desarrollo de la epidemia porcina que asolaba a la región de Guangdong, varios investigadores en virología de Estados Unidos publicaban un estudio en la revista científica "Virus Evolution" que señalaba a los murciélagos como la mayor reserva animal de coronavirus en el mundo. Las conclusiones de la investigación desarrollada en China acerca de la epidemia de Guangdong coincidieron con el estudio estadounidense: el origen del contagio se localizó, precisamente, en la población de murciélagos de la región. ¿Cómo una epidemia porcina había podido ser desatada por los murciélagos? ¿Qué tienen que ver los cerdos con estos pequeños animales alados? La respuesta llegó un año más tarde, cuando un grupo de investigadores e investigadoras chinas publicó un informe en la revista Nature en el que, además de señalar a su país como un foco destacado de la aparición de nuevos virus y enfatizar la alta posibilidad de su transmisión a los seres humanos, apuntaban que el incremento de las macrogranjas de ganado había alterado los nichos de vida de los murciélagos. Además, el estudio puso de manifiesto que la ganadería industrial intensiva ha incrementado las posibilidades de contacto entre la fauna salvaje y el ganado, disparando el riesgo de transmisión de enfermedades originadas por animales salvajes cuyos hábitats se están viendo dramáticamente afectados por la deforestación. Entre los autores de este estudio figura Zhengli Shi, investigadora principal del Instituto de Virología de Wuhan, la ciudad en la que se ha originado el actual COVID-19, cuya cepa es idéntica en un 96% al tipo de coronavirus encontrado en murciélagos a través del análisis genético.

2.

En 2004, la Organización Mundial de la Salud (OMS), la Organización Mundial de Sanidad Animal (OIE) y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, más conocida como FAO por sus siglas en inglés, señalaron el incremento de la demanda de proteína animal y la intensificación de su producción industrial como principales causas de la aparición y propagación de nuevas enfermedades zoonóticas desconocidas, es decir, de nuevas patologías transmitidas por animales a los seres humanos. Dos años antes, la organización por el bienestar de los animales Compassion in World Farming había publicado un interesante informe al respecto. Para su elaboración, la entidad británica utilizó datos del Banco Mundial y de la ONU sobre industria ganadera que fueron cruzados con informes acerca de las enfermedades transmitidas a través del ciclo mundial de producción de alimentos. El estudio concluyó que la llamada "revolución ganadera", es decir, la imposición del modelo industrial de la ganadería intensiva ligado a las macrogranjas, estaba generando un incremento global de las infecciones resistentes a los antibióticos, así como arruinando a los pequeños granjeros locales y promoviendo el crecimiento de las enfermedades transmitidas a través de los alimentos de origen animal.

En 2005, expertos de la Organización Mundial de la Salud, la Organización Mundial de Sanidad Animal, el Departamento de Agricultura de Estados Unidos y el Consejo Nacional del Cerdo de dicho país elaboraron un estudio en el que trazaron la historia de la producción ganadera desde el tradicional modelo de pequeñas granjas familiares hasta la imposición de las macro-granjas de confinamiento industrial. Entre sus conclusiones, el informe señaló como uno de los mayores impactos del nuevo modelo de producción agrícola su incidencia en la amplificación y mutación de patógenos, así como el riesgo creciente de diseminación de enfermedades. Además, el estudio apuntaba que la desaparición de los modos tradicionales de ganadería en favor de los sistemas intensivos se estaba produciendo a razón de un 4% anual, sobre todo en Asia, África y Sudamérica.

A pesar de los datos y las llamadas de atención, nada se ha hecho para frenar el desarrollo de la ganadería industrial intensiva. En la actualidad China y Australia concentran el mayor número de macrogranjas del mundo. En el gigante asiático la población de ganado prácticamente se triplicó entre 1980 y 2010. China es el productor ganadero más importante del mundo, concentrando en su territorio el mayor número de "landless systems" (sistemas sin tierra), macroexplotaciones ganaderas en las que se hacinan miles de animales en espacios cerrados. En 1980 solamente un 2,5% del ganado existente en China se criaba en este tipo de granjas, mientras que en 2010 ya abarcaba al 56%.

Como nos recuerda Silvia Ribeiro, investigadora del Grupo de Acción sobre Erosión, Tecnología y Concentración (ETC), una organización internacional enfocada en la defensa de la diversidad cultural y ecológica y de los derechos humanos, China es la maquila del mundo. La crisis desatada por la actual pandemia provocada por el COVID-19 no hace más que desnudar su papel en la economía global, particularmente en la producción industrial de alimentos y en el desarrollo de la ganadería intensiva. Sólo la Mudanjiang City Mega Farm, una macrogranja situada en el noreste de China que alberga a cien mil vacas cuya carne y leche se destinan al mercado ruso, es cincuenta veces más grande que la mayor granja de vacuno de la Unión Europea.

3.

Las epidemias son producto de la urbanización. Cuando hace alrededor de cinco mil años los seres humanos comenzaron a agruparse en ciudades con densidad poblacional, las infecciones lograron afectar simultáneamente a grandes cantidades de personas y sus efectos mortales se multiplicaron. El peligro de pandemias como la que nos afecta en la actualidad surgió cuando el proceso de urbanización de la población se hizo global. Si aplicamos este razonamiento a la evolución de la producción ganadera en el mundo las conclusiones son realmente inquietantes. En el espacio de cincuenta años la ganadería industrial ha "urbanizado" una población animal que previamente se distribuía entre pequeñas y medianas granjas familiares. Las condiciones de hacinamiento de dicha población en macro-granjas convierten a cada animal en una suerte de potencial laboratorio de mutaciones víricas susceptible de provocar nuevas enfermedades y epidemias. Esta situación es todavía más inquietante si consideramos que la población global de ganado es casi tres veces más grande que la de seres humanos. En las últimas décadas, algunos de los brotes víricos con mayor impacto se han producido por infecciones que, cruzando la barrera de las especies, han tenido su origen en las explotaciones intensivas de ganadería.

Michael Greger, investigador estadounidense en salud pública y autor del libro Bird Flu: A virus of our own hachting (Gripe aviar: un virus de nuestra propia incubación), explica que antes de la domesticación de pájaros hace unos 2.500 años, la gripe humana seguramente no existía. Del mismo modo, antes de la domesticación del ganado no se tiene constancia de la existencia del sarampión, la viruela y otras infecciones que han afectado a la humanidad desde que aparecieron en corrales y establos en torno al año 8.000 antes de nuestra era. Una vez que las enfermedades saltan la barrera entre especies pueden difundirse entre la población humana provocando trágicas consecuencias, como la pandemia desatada por un virus de gripe aviar en 1918 y que tan sólo en un año acabó con la vida de entre 20 y 40 millones de personas.

Como explica el doctor Greger, las condiciones de insalubridad en las atestadas trincheras durante la Primera Guerra Mundial no sólo figuran entre las variables que causaron una rápida propagación de la enfermedad en 1918, sino que están siendo replicadas hoy en día en muchas de las explotaciones ganaderas que se han multiplicado en los últimos veinte años con el desarrollo de la ganadería industrial intensiva. Billones de pollos, por ejemplo, son criados en estas macrogranjas que funcionan como espacios de hacinamiento susceptibles de generar una tormenta perfecta de carácter vírico. Desde que la ganadería industrial se ha impuesto en el mundo, los anuales de medicina están recogiendo enfermedades antes desconocidas a un ritmo insólito: en los últimos treinta años se han identificado más de treinta nuevos patógenos humanos, la mayoría de ellos virus zoonóticos inéditos como el actual COVID-19.

4.

El biólogo Robert G. Wallace publicó en 2016 un libro importante para trazar la conexión entre las pautas de la producción agropecuaria capitalista y la etiología de las epidemias que se han desatado en las últimas décadas: Big Farms Make Big Flu (Las macrogranjas producen macrogripe). Hace unos días, Wallace concedió una entrevista a la revista alemana Marx21 en la que enfatiza una idea clave: focalizar la acción contra el COVID-19 en el despliegue de medidas de emergencia que no combatan las causas estructurales de la pandemia constituye un error de consecuencias dramáticas. El principal peligro que enfrentamos es considerar al nuevo coronavirus como un fenómeno aislado.

Tal y como explica el biólogo estadounidense, el incremento de los incidentes víricos en nuestro siglo, así como el aumento de su peligrosidad, se ligan directamente con las estrategias de negocio de las corporaciones agropecuarias, responsables de la producción industrial intensiva de proteína animal. Estas corporaciones están tan preocupas por el beneficio económico que asumen como un riesgo rentable la generación y propagación de nuevos virus, externalizando los costes epidemiológicos de sus operaciones a los animales, las personas, los ecosistemas locales, los gobiernos y, tal y como está poniendo de manifiesto la actual pandemia, al propio sistema económico mundial.

Pese a que el origen exacto del COVID-19 no está del todo claro, señalándose como posible causa del brote vírico tanto a los cerdos de las macrogranjas como al consumo de animales salvajes, esta segunda hipótesis no nos aleja de los efectos directos de la producción agropecuaria intensiva. La razón es sencilla: la industria ganadera es responsable de la epidemia de Gripe Porcina Africana (ASF) que asoló las granjas chinas de cerdos el pasado año. Según Christine McCracken, una analista en proteína animal de la multinacional financiera holandesa Rabobank, la producción china de carne de cerdo podría haber caído un 50% al final del año pasado. Considerando que, al menos antes de la epidemia de ASF en 2019, la mitad de los cerdos que existían en el mundo se criaban en China, las consecuencias para la oferta de carne porcina están resultando dramáticas, particularmente en el mercado asiático. Es precisamente esta drástica disminución de la oferta de carne de cerdo la que habría motivado un aumento de la demanda de proteína animal proveniente de la fauna salvaje, una de las especialidades del mercado de la ciudad de Wuhan que algunos investigadores han señalado como el epicentro del brote de COVID-19.

5.

Frédéric Neyrat publicó en 2008 el libro Biopolitique des catastrophes (Biopolítica de las catástrofes), un término con el que define un modo de gestión del riesgo que no pone nunca en cuestión sus causas económicas y antropológicas, precisamente la modalidad de comportamiento de los gobiernos, las élites y una parte significativa de las poblaciones mundiales en relación con la actual pandemia. En la propuesta analítica del filósofo francés, las catástrofes implican una interrupción desastrosa que desborda el supuesto curso normal de la existencia. Pese a su aparente carácter de evento, constituyen procesos en marcha que manifiestan, aquí y ahora, los efectos de algo ya en curso. Como señala el propio Neyrat, una catástrofe siempre sale de alguna parte, ha sido preparada, tiene una historia.

La pandemia que nos asola dibuja con eficacia su condición de catástrofe, entre otras cosas, en el cruce entre epidemiología y economía política. Su punto de partida se ancla directamente en los trágicos efectos de la industrialización capitalista del ciclo alimenticio, particularmente de la producción agropecuaria. Amén de las cualidades biológicas intrínsecas al propio coronavirus, las condiciones de su propagación incluyen el efecto de cuatro décadas de políticas neoliberales que han erosionado dramáticamente las infraestructuras sociales que ayudan a sostener la vida. En esa deriva, los sistemas públicos de salud se han visto particularmente golpeados.

Desde hace días circulan por las redes sociales y los teléfonos móviles testimonios del personal sanitario que está lidiando con la pandemia en los hospitales. Muchos de ellos coinciden en el relato de una condición general catastrófica caracterizada por una dramática falta de recursos y de profesionales sanitarios. Como apunta Neyrat, la catástrofe siempre posee una historicidad y se sujeta a un principio de causalidad. Desde comienzos del presente siglo, diferentes colectivos y redes ciudadanas han estado denunciando un profundo deterioro del sistema público de salud que, a través de una política continuada de descapitalización, ha llevado prácticamente al colapso de la sanidad en España. En la Comunidad de Madrid, territorio particularmente golpeado por el COVID-19, el presupuesto per cápita destinado al sistema sanitario se ha ido reduciendo críticamente en los últimos años, al tiempo que se ha desatado un proceso creciente de privatización. Tanto la atención primaria como los servicios de urgencia de la región se encontraban ya saturados y con graves carencias de recursos antes de la llegada del coronavirus. El neoliberalismo y sus hacedores políticos nos han sembrado tormentas que un microorganismo ha convertido en tempestad.

6.

En medio de la pandemia habrá seguramente quien se afane en la búsqueda de un culpable, ya sea en la piel del chivo expiatorio o en el papel de villano. Se trata, seguramente, de un gesto inconsciente para ponerse a salvo: encontrar a quien atribuir la culpa tranquiliza porque desplaza la responsabilidad. Sin embargo, más que empeñarnos en desenmascarar a un sujeto, resulta más oportuno identificar una forma de subjetivación, es decir, interrogarnos acerca del modo de vida capaz de desatar estragos tan dramáticos como los que hoy nos atraviesan la existencia. Se trata, sin duda, de una pregunta que ni nos salva ni nos reconforta y, mucho menos, nos ofrece un afuera. Básicamente porque ese modo de vida es el nuestro.

Un periodista se aventuraba hace unos días a ofrecer una respuesta acerca del origen del COVID-19: "el coronavirus es una venganza de la naturaleza". En el fondo no le falta razón. En 1981 Margaret Thatcher dejaba una frase para la posteridad que desvelaba el sentido del proyecto del que participaba: "la economía es el método, el objetivo es cambiar el alma". La mandataria no engañaba a nadie. Hace tiempo que la razón neoliberal nos ha convertido el capitalismo en estado de naturaleza. La acción de un ser microscópico, sin embargo, no sólo está consiguiendo llegarnos también al alma, además ha abierto una ventana por la que respiramos la evidencia de aquello que no queríamos ver. Con cada cuerpo que toca y enferma, el virus clama porque tracemos la línea de continuidad entre su origen y la cualidad de un modo de vida cada vez más incompatible con la vida misma. En este sentido, por paradójico que resulte, enfrentamos un patógeno dolorosamente virtuoso. Su movilidad etérea va poniendo al descubierto todas las violencias estructurales y las catástrofes cotidianas allí donde se producen, es decir, por todas partes. En el imaginario colectivo comienza a calar una racionalidad de orden bélico: estamos en guerra contra un coronavirus. Tal vez sea más acertado pensar que es una formación social catastrófica la que está en guerra contra nosotros desde hace ya demasiado tiempo.

En el curso de la pandemia, las autoridades políticas y científicas nos señalan a las personas como el agente más decisivo para detener el contagio. Nuestro confinamiento es entendido en estos días como el más vital ejercicio de ciudadanía. Sin embargo, necesitamos ser capaces de llevarlo más lejos. Si el encierro ha congelado la normalidad de nuestras inercias y nuestros automatismos, aprovechemos el tiempo detenido para preguntarnos acerca de ellos. No hay normalidad a la que regresar cuando aquello que habíamos normalizado ayer nos ha llevado a esto que hoy tenemos. El problema que enfrentamos no es sólo el capitalismo en sí, es también el capitalismo en mí. Ojalá el deseo de vivir nos haga capaces de la creatividad y la determinación para construir colectivamente el exorcismo que necesitamos. Eso, inevitablemente, nos toca a la gente común. Por la historia sabemos que los gobernantes y poderosos se afanarán en intentar lo contrario. No dejemos que nos enfrenten, nos enemisten o nos dividan. No permitamos que, amparados una vez más en el lenguaje de la crisis, nos impongan la restauración intacta de la estructura de la propia catástrofe. Pese a que aparentemente el confinamiento nos ha aislado a los unos de los otros, lo estamos viviendo juntos. También en eso el virus se muestra paradójico: nos sitúa en un plano de relativa igualdad. De algún modo, rescata de nuestra desmemoria el concepto de género humano y la noción de bien común. Tal vez los hilos éticos más valiosos con los que comenzar a tejer un modo de vida otro y otra sensibilidad.






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viernes, 14 de febrero de 2020

“No me Diga que Cuba es Pobre”

El atleta cubano Javier Sotomayor ha estado de visita en Barcelona, estancia que la prensa borbónico franquista ha aprovechado para, como es costumbre, lanzar dardos envenenados en contra de Cuba.

Aquí lo que nos reporta Cubainformación:

Sotomayor, Messi y ciclistas colombianos: ¿a quién preguntarán por la pobreza en su país?

José Manzaneda | Coordinador de Cubainformación

¿Han leído alguna entrevista al futbolista argentino Leonel Messi, en la que se le pregunte por la situación social de su país, donde existe un 30 % de pobreza, un 13 % de niñas y niños que pasan hambre y cerca de un millón de personas indigentes?

¿O alguna entrevista al futbolista francés Ousmane Dembelé, en la que se le pida opinión sobre las protestas de los chalecos amarillos y la represión policial en Francia?

No encontrarán ninguna. Pero si el deportista es cubano… la cosa cambia. El diario catalán “La Vanguardia” publicaba una entrevista al ex atleta y campeón olímpico Javier Sotomayor, en la que casi un tercio del texto abordaba la situación política y económica de su país. El motivo de la presencia del saltador en Barcelona –la recepción del premio “Mito del Deporte”- ni se mencionaba.

El periodista reconocía que, tras “una hora larga” de conversación, insistió una y otra vez con la misma pregunta: ¿cuándo Cuba se sacudirá la pobreza?

La respuesta de Sotomayor -“No me diga que Cuba es pobre”- era convertida en el titular. Con un mensaje evidente: alguien que defiende –y representa- a la Revolución cubana niega lo evidente, que en Cuba exista “pobreza”. Una pobreza, por supuesto, entendida desde el prisma del Primer Mundo, como sinónimo de escasez material, bajo consumo y falta de recursos. Sin embargo, el deportista apuntaba a la pobreza entendida desde el Sur, como insatisfacción de las necesidades básicas. En Cuba “no hay analfabetos, ni niños sin cobertura médica”, ni “gente desnutrida”, era su explicación. Incluso con bloqueo, la Isla destaca –añadía- “en deporte, ciencia y educación”.

En los últimos meses, este mismo diario, “La Vanguardia”, ha publicado tres entrevistas con ciclistas de Colombia, un país donde sí existe el analfabetismo o la desnutrición que, como avalan los informes de la UNESCO y la FAO, son problemas ajenos a Cuba.

¿Cuándo se sacudirá Colombia la muerte por hambre, cada año, de casi 300 niños y niñas? ¿Y del asesinato de más de 250 líderes sociales? En las entrevistas a los ciclistas colombianos Nairo Quintana, Einer Rubio y Juan Diego habrían sido preguntas estridentes e inoportunas. Tanto como preguntar a la leyenda del atletismo Javier Sotomayor por la supuesta “pobreza” en Cuba.


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martes, 18 de diciembre de 2018

La "Intolerancia" al Gluten

La intolerancia al gluten se expandió como incendio forestal californiano de un día para otro. Para los que somos auténticamente omnívoros se añadía una peste más al catálogo de "particularidades dietéticas" de nuestros conocidos.

Repetimos, el asunto se propagó sospechosamente rápido.

Pues bien, desde la página Bio Diversidad nos comparten la que podría ser la verdadera razón detrás de la epidemia:


Paola Opazo Sáez

"Este estudio ponía en evidencia que la intolerancia al gluten y la enfermedad celíaca muestran síntomas sorprendentemente similares a los de animales de laboratorio expuestos al glifosato, afectando el sistema digestivo de los peces, al disminuir las enzimas y bacterias intestinales, dañando los pliegues y las microvellosidades intestinales".

Dentro de nuestra dieta, el 95% de los alimentos que consumimos proviene del suelo, que implica acciones variadas para impedir la destrucción y enfermedades de los cultivos, como por ejemplo, controlar malezas, plagas e insectos, con lo que el agricultor recurre a algunos herbicidas, como el Roundap, que entre sus compuestos, contienen un activo llamado glifosato.

El glifosato consiste en una molécula pequeña y que se combina con otras sustancias -como los tensioactivos- para mejorar su eficiencia, ya que disuelta en agua y otros componentes aumentan su solubilidad y se puede emplear para rociar los cultivos.

Pero tras largos e intensivos años de uso, el glifosato aparece como el gran sospechoso de un espectro de patologías y cuadros muy variados, que afectan a la población mundial, gracias  a su masificación e ingestión en la alimentación diaria.

OMS, glifosato y enfermedades

La Agencia Internacional para la Investigación sobre el Cáncer (IARC) es una entidad especializada dependiente de la OMS, que tras trabajar varios años en su investigación, emitió un documento que reconoce que existen pruebas convincentes de que el glifosato puede causar cáncer en animales de laboratorio y hay pruebas limitadas de carcinogenicidad en humanos -evidencia obtenida a partir de agricultores- como el linfoma no Hodgkin, donde las estadísticas de la American Cancer Society muestran un aumento del 80% desde principios de la década de 1970, época en hizo su aparición el glifosato en el mercado.

Ahora el glifosato está recibiendo la atención que merece, tras varios años de estudio sobre sus implicaciones en algunas afecciones intestinales.

En el 2009, un grupo de investigadores buscaron anticuerpos contra el gluten en el suero congelado obtenido entre los años 1948-1954 y los compararon con muestras de personas de la época actual. Encontraron que la incidencia de la enfermedad celíaca en la generación más joven se había cuadruplicado.

Además, el número de personas que han sido diagnosticadas con intolerancia al gluten y enfermedad celíaca ha ido incrementando, coincidiendo con el aumento del uso de glifosato en la agricultura, especialmente durante la década de los ochentas, donde se incorporó como rutina la práctica de empapar granos en el herbicida justo previo a la cosecha.

Si vamos a la epidemiología, no se considera casualidad que en los pueblos agrícolas se hayan disparado los casos de hipotiroidismo, el asma bronquial, los trastornos reproductivos y las patologías oncológicas, produciendo una transformación en las tasas de morbilidad y mortalidad en el mundo.

Explicación fisiopatológica

La explicación se basa en observar como este difundido herbicida sea capaz de inhibir las enzimas de la cadena del citocromo P450, un sistema involucrado en el catabolismo de la vitamina A, la activación  de la vitamina D3, la síntesis de ácido biliar y el suministro adecuado de sulfato al intestino.

Además, se ha demostrado que provoca déficit de minerales como el hierro, además de oligoelementos como cobalto, molibdeno, cobre y otros, ya que puede eliminarlos  del organismo debido a su capacidad quelante. También puede eliminar aminoácidos como el triptófano, tirosina, metionina y selenometionina.

Estas y otras conclusiones fueron elaboradas fruto de un metaanálisis que incluyó a casi 300 estudios, publicado en la revista  Journal of Interdisciplinary, en el 2013, pero que en su momento casi no recibió atención de los medios ni la comunidad científica (ver aquí).

Este estudio ponía en evidencia que la intolerancia al gluten y la enfermedad celíaca muestran síntomas sorprendentemente similares a los de animales de laboratorio expuestos al glifosato, afectando el sistema digestivo de los peces, al disminuir las enzimas y bacterias intestinales, dañando los pliegues y las microvellosidades intestinales.

Aún, pese a que la enfermedad celíaca, y, en general, la intolerancia al gluten, se han transformado en un problema de proporciones a nivel mundial, pero especialmente en países de América del Norte y Europa, donde se estima que un 5% de personas están afectadas por estos cuadros.

Los defensores del glifosato

Mientras algunos sugieren que el reciente incremento en la enfermedad celíaca se debe a la mejoría en las herramientas diagnósticas de laboratorio, que se dio alrededor del año 2000.

Por su parte Monsanto asegura que por su baja toxicidad, el glifosato sería un herbicida empleado exitosamente en más de 140 países desde hace 30-40 años. Esta seguridad -argumenta- ha sido ratificada por organismos internacionales como la EPA (Environmental Protection Agency de los Estados Unidos) y por su inclusión en la Directiva 91/414/CE (Comunidad Europea), que controla, dentro de otras actividades, los productos fitosanitarios de esa región.

Afirman por medio de diferentes análisis que el glifosato no presenta efectos nocivos sobre la fauna (mamíferos, aves), microfauna, ni sobre la salud humana, ni tiene efectos adversos para el ambiente, cuando es empleado correctamente para los fines previstos en su etiqueta. No existen al momento, en Argentina o en el mundo, estudios científicos serios que cuestionen o invaliden ninguno de los múltiples estudios realizados sobre el glifosato, y que avalan sus características y propiedades.

En el Informe publicado hace algunos años por la Reunión Conjunta FAO/OMS  sobre Residuos de Plaguicidas (JMPR) se concluyó que:

Es poco probable que haya riesgo de que el glifosato sea carcinógeno para los seres humanos, en una exposición a través de la dieta”.

Además, según muchos aducen el hecho que el glifosato ha venido a reemplazar a muchos herbicidas altamente tóxicos.

Pero estas afirmaciones se basan en gran medida en estudios que han quedado obsoletos y que ni siquiera han sido publicados, pues han sido pedidos y financiados por las empresas de plaguicidas para apoyar el registro del producto. Además, estas investigaciones han sido realizadas solamente empleando el glifosato como ingrediente activo, y no con las fórmulas del herbicida en los comercios, puesto que algunos hallazgos de laboratorios independientes sobre mamíferos y células humanas han encontrado que los adyuvantes químicos contenidos en ellas -como el  Polioxietil amina (POEA)- son aún más tóxicos que el herbicida en cuestión.

Existen además conflictos económicos de gran envergadura en la agroindustria, particularmente a raíz del cultivo de soja, que ha visto un aumento considerable en los países del cono sur -entre ellos la Argentina- donde actualmente representa más del 50% del total de su producción agraria. Este cultivo proviene casi exclusivamente de semillas transgénicas, las cuales están adaptadas y resiste la aplicación del glifosato.

Las sospechas ante este químico tan difundido no están aún confirmadas ni descartadas, pero la posibilidad y cada vez más difundida discusión han hecho que los gobiernos entren en dudas, enfrentamientos y conflictos con los actores que conforman el agro, la industria y la sociedad en su conjunto.






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martes, 30 de octubre de 2018

'Euskal Artzain Txakurra'

Hace unos meses les compartíamos un reportaje acerca del esfuerzo que se realiza por salvar al cerdo vasco de su extinción. Por conducto de El Diario llega ahora el turno del perro pastor vasco. Aquí la información:


Los perros de esta raza autóctona de Euskal Herria han decrecido en número con la menor utilización del pastoreo y la ganadería, hasta estar en peligro de extinción

Alba Díaz de Sarralde

Cuenta la leyenda que hace miles de años, en Gipuzkoa, había un enorme lobo cuyas fauces estaban siempre abiertas. Los ancianos, que no sabían cómo solucionar tal situación, recurrieron a la Dama del Anboto, que les envió la ayuda de un 'Basajaun'. Cuando el lobo apareció, el 'señor de los bosques' consiguió atarlo, le hizo recorrer los montes a su lado y le dio comida y cobijo. El animal aprendió a proteger y cuidar el ganado junto con perros y pastores, y de ahí nació una gran descendencia: los perros pastores vascos de los Pirineos, 'Euskal Artzain Txakurra'; una raza ancestral que destaca por la predisposición al trabajo, su gran entendimiento y astucia.

 El pastoreo se conoce en Euskadi desde hace más de 5.000 años y donde había ovejas, había perros. Aun así, el pastor vasco podría tener más de 12.000 años, una raza que forma parte del patrimonio ganadero de la zona. Aparece en pinturas del siglo XVI y también en la mitología vasca, lo que indica que estaba presente en entornos tanto adinerados como rurales. Sin embargo, a día de hoy está en peligro de extinción.

Existen dos clases de pastor vasco: 'gorbeiakoa' -del Gorbeia- e 'iletsua' -lanudo-. Ambas son de carácter amable, tranquilo y con apego al dueño. Aunque la Real Sociedad Canina Española -RSCE- las reconozca como variedades, algunas asociaciones defienden que se reconozcan como razas diferenciadas. Algunas fuentes indican que, en total, podría haber unos 700 ejemplares registrados, a los cuales habría que restar los fallecimientos no notificados en años. Entre 2011 y 2015, según la RSCE, se registraron 172.

A pesar de que no son el club oficial, una de las asociaciones más activa en cuanto a concienciación y conservación del pastor vasco es la  Euskal Artzain Txakurraren Adiskideak  -amigos del perro pastor vasco, EATA-, reconocida por el Gobierno vasco como asociación. La única asociación oficial, sin embargo, es la Euskal Artzain Txakurraren Elkartea -EATE-, cuyo objetivo es la conservación, cría y perfeccionamiento de la raza.

"Intentamos que el perro sea también 'artzain' -pastor-, no que se use solo para exposiciones. Cuidamos a los pastores que los usan, visitamos 'baserris' uno a uno, nos cuentan historias... Es un perro muy bueno que queremos mantener" afirma Ilzarbe. Destaca también que 'gorbeiakoa' e 'iletsua' no son variedades: "Se llaman igual porque son los perros típicos de pastoreo, pero son razas diferenciadas cuyo cruce incluso influiría en el carácter".

Según la  Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura -FAO, según sus siglas en inglés-, una especie se considera en peligro de extinción cuando el número total de hembras reproductoras es menor a 1000 o el número total de machos está comprendido entre 20 y cinco. Se considera crítica cuando el número total de hembras reproductoras es inferior a 100 o el número total de machos reproductores es inferior o igual a cinco.

De esta manera, la situación del pastor vasco es preocupante: según datos de la última monográfica registrada el pasado año, habría 520 ejemplares reconocidos de 'gorbeiakoa' y solo 219 de 'iletsua', a los que habría que restarles los perros fallecidos que no se han dado de baja en el registro por desconocimiento o trámites burocráticos. De todas formas, los datos no son oficiales y existe la imposibilidad de saber realmente cuántos perros existen en la actualidad.

"Actualmente estamos yendo a 'baserris' uno por uno por nuestra cuenta. Hacemos fotos, vídeos, documentamos el número de perros que hay" cuenta Ilzarbe. Otra de las labores que están llevando a cabo es un estudio de ADN con la colaboración de expertos genéticos: "Hacemos un estudio global de lo que es la raza y analizamos el parentesco".

La consanguinidad es un problema a la hora de la reproducción. "Los concursos están haciendo un poco de daño aquí. Si el juez elige ganador a un perro, todo el mundo querrá cruzarlo con él y al final las camadas nuevas vendrán todas del mismo sitio" lamenta Ilzarbe. "Hay que formar a los jueces para que no den registros a perros que son mezclas con otras razas o con la otra 'variedad'", añade.

Desde la EATE, señalan la importancia de que "los criadores tomen conciencia en buscar para la cría los ejemplares más cercanos al estándar y no criar con todos aquellos que tienen en sus criaderos". Según remarcan, aún se dan, "con más frecuencia de lo deseado, cruces de perros que, aunque certificados como de raza por alguno de esos jueces desconocedores del estándar, no son aptos para cría ya que poseen defectos, algo que es conocido por esos criadores". Opinan que "muchas veces la falta es tan evidente que es percibida a simple golpe de vista, pero ello no impide que dichos criadores sigan cruzando los mismos ejemplares una y otra vez".

Para la EATA es fundamental que los perros sigan su instinto: "Apoyamos cursos de pastoreo, los llevamos a que estén con ovejas, corran... Igual el dueño nunca va a tener ovejas, pero así se entrenan otras características de la raza como la obediencia o el olfato". Ilzarbe destaca la importancia de cruzar a perros "que trabajen", que entrenen, porque si no "se pierde el carácter de este gran perro". Un carácter bueno, protector, "que puede perderse incluso si se mezcla al 'gorbeiakoa' con el 'iletsua'".

La historia del perro y los vascos

El trabajo por mantener con vida esta raza comenzó hace tiempo. En 1994 se constituía la Euskal Artzain Txakurraren Elkartea -asociación oficial del pastor vasco-. Un año más tarde, la RSCE la reconocía como club oficial y aprobó como jueces oficiales a tres veterinarios: uno de ellos,  del Servicio de Ganadería de la Diputación Foral de Bizkaia, Mariano Gómez, que hizo su tesis doctoral sobre el pastor vasco.

El perro fue el primer animal domesticado en Euskal Herria. Las razas 'Ur txakurra' -perro de aguas-, Pachón navarro o de Vitoria, Villano de las Encartaciones o el 'Erbi txakurra' -Sabueso navarro- son otras razas que también han acompañado a los vascos a lo largo de la historia, primero junto al cazador y luego junto al pastor.

Según Mariano Gómez en 'De los primeros animales domesticados en Euskal Herria', "son numerosos los yacimientos en los que junto a restos de perros, aparecen los de distintos animales domésticos que sirvieron al hombre como base de subsistencia (Jesús Altuna, 1975 y 1978). Un dato importante es el hallazgo de Marizulo (Gipuzkoa) donde se observa el cambio de la función del perro (de cazador a pastor) al encontrarse junto al hombre el perro y un cordero (Altuna, 1980 y 1993)".

Con el paso del tiempo, el pastor vasco fue evolucionando y perfeccionando su forma de trabajar con los rebaños. Sin embargo, el menor número de pastores también disminuyó la cantidad de ejemplares de esta raza. Cuando la RSCE la reconoció en 1995 -última raza reconocida en España-, se inició un proceso de control y recuperación que sigue con dificultad hasta el día de hoy, en el sentido que apenas ha habido un avance significativo en cifras desde esa fecha.

Ahora, el objetivo para la asociación Euskal Artzain Txakurraren Adiskideak es seguir trabajando por la resistencia de las razas y el mantenimiento de su carácter: "Es un perro muy versátil al margen de la buena compañía que hace y hay que preocuparse por mantener sus características" afirma Ilzarbe. La asociación  se traslada a ferias y concursos, donde siguen dando información sobre la raza, haciendo análisis de sangre y trabajando por el mayor conocimiento y concienciación para su persistencia.






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martes, 24 de abril de 2018

Khao Thai

Del vino azul Gïk Live y del agua de lluvia de Bilbo embotellada pasamos a... los deliciosos insectos enchocolatados.

Vascos teníamos que ser.

Es en serio.

Insectos cubiertos de chocolate como botanita.

Aquí la información por conducto de El Correo Vasco:


Tres estudiantes bilbaínos de la UPV crean la primera 'startup' de Euskadi que vende escorpiones, saltamontes y gusanos comestibles

Virginia Melchor

Sacas el tupper en el trabajo y... ¡sorpresa! Esta vez has dejado los frutos secos en casa y has optado por una merienda más exótica: suculentos gusanos con chocolate. ¿Imaginas la cara que se les quedaría a tus compañeros? Sería similar a la que pusieron los padres de Lucía Dueñas, Patricia Draghici y Ander Méndez cuando éstos les comentaron que habían decidido vender insectos comestibles bañados en chocolate. Sí, escorpiones, saltamones y gusanos, con su cabecita y patitas incluidas. «Mi madre ya me dijo que no veía la necesidad de probarlos, que había vivido toda la vida sin hacerlo y tan contenta», cuenta Patricia. Tampoco los progenitores de Lucía y Ander se han atrevido a hincarles el diente. «Hemos asustado a nuestros padres y sorprendido a nuestros amigos», reconocen estos tres estudiantes bilbaínos de cuarto curso de ADE en la UPV.

La idea de crear la 'startup' Khao Thai, la primera en Euskadi que vende insectos comestibles, surgió el pasado octubre durante un viaje a Tailandia. «Vimos unos vuelos baratos y pensamos que sería un destino que podría gustarnos». Lo que no imaginaban entonces es que aquel viaje de un mes por el país asiático les dejaría huella. «Fue tan grande el impacto... vinimos enamorados de su naturaleza exótica, de su gastronomía y de su gente, muy buena y generosa». Y, claro, ya en Bilbao, pensaron en la forma de traerse parte de su esencia. «Como no nos cabía un elefante en la maleta, decidimos exportar insectos», explica Ander. En Tailandia, conocieron a un productor de insectos que tiene una granja certificada donde los cría de forma ecológica. Así que le hicieron un primer pedido de un par de kilos. «Allí también los limpian, tuestan y secan. Y otra empresa tailandesa nos los baña en chocolate», cuentan. Eso sí, todo lo demás lo hacen ellos mismos. Gestionan las redes sociales, han creado la página web -los insectos solo se venden online-, han diseñado los envases... «Nos hemos tirado muchas horas viendo tutoriales en Youtube», reconocen. Aunque también agradecen el «apoyo y asesoramiento» que han recibido por parte de Zitek, primer vivero universitario de empresas de la UPV.

La comercialización de insectos como comida es legal en España –y el resto de la Unión Europea– desde el pasado 1 de enero. Comer escorpiones o saltamones es sostenible, barato y nutritivo. Contienen elevadas proporciones de vitaminas, minerales y proteínas y apenas acumulan grasas. «Unos 100 gramos de insectos aportan las mismas proteínas que un filete de ternera, además son ricos en Omega 3 y tienen un elevado contenido en calcio, hierro y zinc», afirman estos tres emprendedores. En total, la Agencia para la Alimentación y la Agricultura de la ONU (FAO) calcula que ya hay 2.000 millones de personas que comen insectos de una manera habitual —la mayoría por pura necesidad, eso sí—, y que hay más de 1.900 especies de insectos que se consumen.

Sin embargo, el rechazo cultural dificulta el cambio de hábitos en Occidente. Llevarse un escorpión a la boca impresiona. «Lo coges con valentía, pero cuando estás a punto de darle un bocado hay algo que te frena. Decidimos recubrirlos con chocolate para que el impacto no fuera tan grande», asegura Patricia. Pero la duda que asalta a muchos es a qué saben. «Los escorpiones tienen un sabor similar al de las almendras tostadas, los saltamontes recuerdan más a las nueces asadas, y los gusanos son más neutros y muy crujientes», afirman. Su consumo con vinos potencia la experiencia. Recomiendan maridar los escorpiones con tintos, los saltamones casan bien con vinos tipo Chardonnay y moscateles dulces, y los gusanos entran mejor con cerveza.

Los devotos de lo éxotico seguro que ya están salivando ante semejante manjar. «No es para comerlos como si fueran cacahuetes, se trata de una experiencia diferente y una forma de sentir Tailandia en el paladar». Un arriesgado aperitivo para convertir una quedada entre amigos, una cena familiar e incluso una comida de empresa en un acontecimiento memorable. «¿Recuerdas aquella vez que probamos los escorpiones por primera vez? Es algo que ya no se olvida».

Entre sus planes está dar a conocer su negocio en tiendas y restaurantes. «Queremos que los saltamones, por ejemplo, sirvan de aperitivo antes de comer o que los chefs los acaben utilizando para crear nuevos platos». Además, les gustaría innovar con alimentos que solemos tener en la despensa, como unos macarrones... ¡pero con harina de grillo! El futuro pasa por comer insectos. «En unos años ocurrirá como con el sushi, que antes no nos atrevíamos a probarlo y ahora es una delicatessen». Y entonces no te mirarán raro por llevar un tupper con gusanos o escorpiones al trabajo.

Al detalle

Tres tipos diferentes | Venden escorpiones bañados en chocolate negro, gusanos recubiertos de chocolate con leche y saltamontes con chocolate blanco.

Precios | Una bolsita con 9 gramos de escorpiones cuesta 14,99€; la de gusanos y la de escorpiones (de 10 gramos) salen por 12,99€ cada una.

Más información | www.khaothai.es






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martes, 19 de diciembre de 2017

El Señor de los Transgénicos

Andrés Manuel López Obrador, el bonachón líder socialdemócrata de México continúa cometiendo gravísimos errores en su desesperada carrera por la presidencia de ese despedazado país. El equipo de trabajo que ha dado a conocer, mismo que en el evento de ganar la presidencia pasaría a ser su gabinete, aporta más suspicacia que certezas, sobre todo en lo que respecta al nombramiento del agrónomo Victor Villalobos.

Lean ustedes este grave aviso publicado en La Jornada:


Víctor M. Toledo

El caso de Odebrecht, la corporación brasileña que sobornó a innumerables gobiernos latinoamericanos, incluyendo al de México, es sólo uno más de los muchos que existen en el mundo por medio de los cuales el capital infiltra, doblega y controla al Estado. Vivimos la era ya no solamente de los espías políticos sino de los agentes que las gigantescas corporaciones contratan para servir a sus intereses, ubicándolos en puestos gubernamentales claves. Es lo que se ha llamado el "stateless global governance" (gobernanza global sin Estado) (J. Ziegler, Los Nuevos Amos del Mundo, 2013). Dos ejemplos ilustrativos son el de las compañías farmacéuticas y el de las agroalimentarias. Las primeras han infiltrado ministerios de Salud, revistas científicas de medicina y por supuesto a la Organización Mundial de la Salud (OMS). Las segundas colocan agentes en puestos claves de los ministerios de Agricultura y en la red mundial de centros de investigación agrícola y naturalmente en la FAO. Es este el caso de las cinco hermanas que dominan el monopolio agroalimentario del planeta: Monsanto, Bayer, Syngenta, Pioneer y Dow Agroscience.

El pasado 14 de diciembre pasará a la historia como uno de los días de mayor gloria para las corporaciones, pues lograron un triunfo espectacular: consiguieron colocar a su principal agente latinoamericano como futuro secretario de Agricultura de un "gobierno de izquierda" en México. Se trata del agrónomo Víctor Manuel Villalobos, quien ha realizado desde hace 20 años una espectacular carrera en favor de los intereses corporativos, el modelo de agricultura impulsado desde los Estados Unidos, el traslado de enormes cantidades de fondos de la Sagarpa a los organismos internacionales y el permanente sabotaje a toda iniciativa que atente contra los agronegocios. Su meteórica trayectoria como agente de las corporaciones agroalimentarias y biotecnológicas y persistente opositor a las demandas campesinas, indígenas y ambientalistas es internacionalmente conocida.

Iniciado como biotecnólogo en el Centro de Investigación y Estudios Avanzados del IPN (1995-97), donde dio lugar a uno de los dos principales centros de estudios sobre alimentos transgénicos, saltó sorpresivamente a subsecretario de la Semarnap (1997-99) impuesto por el entonces presidente E. Zedillo a la que fuera titular de esa dependencia. De ahí logró con V. Fox ubicarse como subsecretario y luego coordinador de asuntos internacionales de la Sagarpa (2002-2009). Fue en este último puesto desde donde se convirtió de manera explícita en un agente de los intereses corporativos a escala nacional e internacional. En México fue promotor de la primera versión de la Ley de Bioseguridad (conocida como ley Monsanto) que buscaba facilitar que las empresas biotecnológicas obtuvieran los permisos de siembra de maíz transgénico, impulsó la iniciativa de Ley de Recursos Fitogenéticos, encaminada a facilitar la biopiratería de semillas, y defendió a ultranza la Ley de Agrocombustibles. Sin embargo sus mayores éxitos fueron a escala internacional pues logró desactivar acuerdos internacionales en las reuniones del Protocolo de Cartagena en Kuala Lumpur, Malasia (2004) y en Curitiba, Brasil (2006). Por ejemplo boicoteó el hacer obligatorio el etiquetado de los organismos genéticamente modificados o votando conjuntamente con los países protransgénicos en nombre de México. Su rol de esquirol lo llevó a ser nombrado desde 2010 director general del Instituto de Investigaciones en Ciencias Agrícolas (IICA) con sede en Costa Rica, que es el brazo agropecuario de la Organización de Estados Americanos (OEA) y punta de lanza del "agribusiness" en Latinoamérica. Desde ese puesto ha estado impulsando el Plan 2003-2015 de Las Américas para el desarrollo de la industria biotecnológica en la región, además de apoyar e instrumentar la Iniciativa Biotecnológica de Norteamérica (Nabi por sus siglas en inglés).

¿Porqué razón Andrés Manuel López Obrador designó a este cipayo de las trasnacionales? ¿Cómo puede un personaje tan siniestro encabezar una secretaría que busca la recuperación de la agricultura campesina, la defensa del maíz, el rescate de la tradición agrícola mesoamericana, la multiplicación de los proyectos agroecológicos exitosos cada vez más numerosos, y una política para el campo dirigida a lograr la soberanía alimentaria? Las preguntas no tienen respuestas, sino más preguntas. Todo indica que este nombramiento en realidad proviene de una intervención mayor, de un "Caballo de Troya" superior: Alfonso Romo, el controvertido y poderoso empresario del Grupo Monterrey y cabeza del Grupo Pulsar designado también por AMLO como su jefe de estrategia y coordinador del Proyecto Alternativo de Nación 2018. Ello convierte a Morena en un partido que posee una piel de oveja con un cerebro de lobo, en el que las decisiones centrales son dictadas por un connotado miembro de la "mafia en el poder" que como es lógico posee una visión neoliberal, tecnocrática y clasista de la realidad del país (ver entrevista en Forbes)

A pocas horas del inexplicable nombramiento se multiplica la indignación y el desaliento entre amplios sectores de militantes y simpatizantes de Morena, desde organizaciones campesinas, cooperativas indígenas y estudiosos del campo mexicano hasta movimientos de resistencia y defensa del territorio y organizaciones ambientalistas y de la sociedad civil. En los próximos días veremos textos, manifiestos y demandas públicas para que Morena rectifique está decisión descabellada, a riesgo de perder millones del llamado "voto verde" (campesino, indígena y ambiental). La situación es preocupante, porque la incongruencia no se limita a la secretaría de Agricultura. Lo mismo ha sucedido con la Semarat y con la SEP, cuyos nombramientos no resisten la mínima crítica. Qué curioso que justo esto sucede con los tres sectores que hoy por hoy conforman los mayores bastiones de resistencia al proyecto neoliberal que ha llevado a la ruina a México: los campesinos y pueblos indígenas, los ambientalistas y los maestros democráticos.






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jueves, 22 de septiembre de 2016

¿Es Izquierda la Izquierda?

Sin mayores preámbulos y con la intención de generar debate les presentamos este artículo publicado en The New York Times:

Ya no sé cuántas veces lo he visto escrito, lo he oído repetido: está por todas partes. La frase se ha ganado su lugar, el más común de los lugares, y no se discute: la izquierda fracasó en América Latina.

Es poderoso cuando un concepto se instala tanto que ya nadie lo piensa: cuando se convierte en un cliché. El fracaso de la izquierda en América Latina es uno de ellos. El fracaso de los gobiernos venezolano, argentino o brasileño de este principio de siglo es evidente, y es obvio que sucedió en América Latina; lo que no está claro es que eso que tantos decidieron llamar izquierda fuera de izquierda.

Hubo, sin embargo, un acuerdo más o menos tácito. Llamar izquierda a esos movimientos diversos les servía a todos: para empezar, a los políticos que se hicieron con el poder en sus países. Algunos, en efecto, lo eran —Evo Morales, Lula— y tenían una larga historia de luchas sociales; otros, recién llegados de la milicia, la academia o los partidos del sistema, simplemente entendieron que, tras los desastres económicos y sociales de la década neoliberal, nada funcionaría mejor que presentarse como adalides de una cierta izquierda. Pero las proclamas y la realidad pueden ser muy distintas: del dicho al lecho, dicen en mi barrio, hay mucho trecho.

La discusión, como cualquiera que valga la pena, es complicada: habría que empezar por acordar qué significa “izquierda”. Es un debate centenario y sus meandros ocupan bibliotecas, pero quizá podamos encontrar un mínimo común: aceptar que una política de izquierda implica, por lo menos, que el Estado, como instrumento político de la sociedad, trabaje para garantizar que todos sus integrantes tengan la comida, salud, educación, vivienda y seguridad que necesitan. Y que intente repartir la riqueza para reducir la desigualdad social y económica a sus mínimos posibles.

Creo que, en muchos de nuestros países, poco de esto se cumplió. Pero creer y hablar es relativamente fácil. Por eso, para empezar a pensar la cuestión, importa revisar las cifras que intentan mostrar qué hay más allá de las palabras discurseadas. Por supuesto, el espacio de un artículo no alcanza para un recorrido completo: cada país es un mundo. Así que voy a centrarme en el ejemplo que mejor conozco: la Argentina del peronismo kirchnerista.

Primero, las condiciones generales: entre 2003 y 2012 el precio de la soja, su principal exportación, llegó a triplicarse. Los aumentos globales de las materias primas ofrecieron a la Argentina sus años más prósperos en décadas. Con esa base privilegiada y 12 años de discursos izquierdizantes, Cristina Fernández de Kirchner dejó su país, en diciembre pasado, con un 29 por ciento de ciudadanos que no pueden satisfacer sus necesidades básicas: 10 millones de pobres, dos millones de indigentes. El 56 por ciento de los trabajadores no tiene un empleo estable y legal: desempleados, subempleados, empleados en negro y en precario. Un tercio de los hogares sigue sin cloacas y uno de cada diez no tiene agua corriente. Y hay casi cinco millones de malnutridos en un país que produce alimentos para cientos de millones, pero prefiere venderlos en el exterior.

Aunque, por supuesto, el relato oficial era otro: en junio de 2015, la presidenta Fernández dijo en la Asamblea de la FAO que su país sólo tenía un 4,7 por ciento de pobres; su jefe de gabinete, entonces, dijo que la Argentina tenía “menos pobres que Alemania”. Para conseguirlo, su gobierno había tomado, varios años antes, una medida decisiva: intervenir el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos y obligar a sus técnicos a producir datos perfectamente inverosímiles.

Pese a los discursos, en los años kirchneristas también aumentó la desigualdad en el acceso a derechos básicos como la educación y la salud. En 1996, el 24,6 por ciento de los alumnos iba a escuelas privadas; en 2003 la cifra se mantenía; en 2014 había llegado al 29 por ciento. Los argentinos prefieren la educación privada a la pública, pero no todos pueden pagarla: su uso es un factor de desigualdad importante, y creció un 20 por ciento en estos años.

En 1996 la mitad de la población contaba con los servicios médicos de los sindicatos, el 13 por ciento un plan médico privado y el resto, el 36 por ciento más pobre, se las arreglaba con la salud pública. La proporción se mantiene: entre 15 y 17 millones de personas sufren la medicina estatal, donde tanto funciona tan mal. Es la desigualdad más dolorosa, como bien pudo ver la presidenta Fernández cuando —diciembre de 2014— se lastimó un tobillo en una de sus residencias patagónicas y la llevaron al hospital provincial de Santa Cruz. Allí le explicaron que no podían curarla porque el tomógrafo llevaba más de un año roto, y la mandaron en avión a Buenos Aires, 2.500 kilómetros al norte.

Mientras las diferencias entre pobres y ricos se consolidaban, mientras la exclusión de un cuarto de la población producía más y más violencia, las grandes empresas seguían dominando. En agosto de 2012 Cristina Fernández lo anunciaba sonriente: “Los bancos nunca ganaron tanta plata como con este gobierno”. Era cierto: en 2005 se llevaban el 0,33 por ciento del Producto Interno Bruto; en 2012, más de tres veces más. Ese mismo año el Fondo Monetario Internacional informaba que la rentabilidad sobre activos de los bancos argentinos era la más grande del G-20, cuatro veces mayor que la de los vecinos brasileños. Y la economía en general siguió con la concentración que había inaugurado el menemismo: en 1993, 56 de las 200 empresas más poderosas del país tenían capital extranjero y se llevaban el 23 por ciento de la facturación total; en 2010 eran más del doble —115— y acaparaban más de la mitad de esa facturación.

Y esto sin detenerse en el sinfín de corruptelas que ya colman los tribunales de justicia con ministros, secretarios, empresarios amigos, la propia presidenta. ¿Se puede definir “de izquierda” a un grupo de personas que roba millones y millones de dineros públicos para su disfrute personal?

Ni detenerse en la locura personalista que hace que estos gobernantes –y por supuesto la Argentina– identifiquen sus políticas consigo mismos. ¿Se puede definir “de izquierda” a una persona que desprecia tanto a las demás personas como para creerse indispensable, irreemplazable?

Son más debates. Mientras tanto, sería interesante repetir la operación en otros países: comparar también en ellos las proclamas y los resultados. Quizás allí también se vea la diferencia entre el reparto de la riqueza que llevaría adelante un gobierno de izquierda y el asistencialismo clientelar que emprendió éste. Quizás entonces se entienda por qué, mientras algunos de estos gobiernos se reclamaban de izquierda, sus propios teóricos solían llamarlos populistas, una tendencia que la izquierda siempre denunció, convencida de que era una forma de desviar los reclamos populares: tranquilizar a los más desfavorecidos con limosnas —subsidios, asignaciones— que los vuelven más y más dependientes del partido que gobierna.

Pero el lugar común pretende que lo que fracasó fue la izquierda –y eso les sirve a casi todos. A aquellos gobiernos, queda dicho, o a sus restos, para legitimarse. Y a sus opositores del establishment para tener a quien acusar, de quien diferenciarse, y para desprestigiar y desactivar, por quién sabe cuánto tiempo, cualquier proyecto de izquierda verdadera.





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viernes, 5 de junio de 2015

Cuba y la FAO

Les recomendamos mucho este artículo por parte de Cubainformación con respecto al más reciente informe por parte de la FAO en el que se abordan los logros de la revolución en los índices de nutrición en relación con los demás países del área:


José Manzaneda | Coordinador de Cubainformación

La Organización de Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (la FAO), acaba de publicar su último informe sobre el hambre, titulado “El Estado de la Inseguridad Alimentaria en el Mundo 2014”. Sus estadísticas nos sirven para comparar a Cuba con los países de su región natural –el Caribe y Centroamérica-, donde obtiene, de manera rotunda, los mejores indicadores.

La FAO asigna a Cuba el menor grado de subnutrición posible en su estadística, que es el de “menos del 5 %” de la población. En contraste, el 51,8 % de la población de Haití padece de subnutrición, el 14,7 % de la República Dominicana, el 14,3 % de Guatemala o el 12,1 % de Honduras.

Paradójicamente, la imagen que los medios internacionales proyectan a diario sobre Cuba es la de un país de enormes carencias, en el que los salarios –cuyo valor literal traducido a dólares repiten una y otra vez-, no alcanzaría ni siquiera para la alimentación básica. A la vez, silencian que en Cuba existe un fuerte subsidio del Estado a los precios de una parte de la canasta alimentaria. Estos medios tampoco comparan la situación de Cuba con la de los países de su entorno, despreciando la valiosa información que aportan informes como los de la FAO.

Que la práctica de la prensa del llamado Primer Mundo sea esta es sin duda  chocante. Pero que en los grandes diarios de Centroamérica leamos constantes artículos y editoriales que condenan la experiencia socialista de Cuba -o la de Venezuela- como un “fracaso económico”, resulta tragicómico. Porque entonces ¿cuál es el éxito del modelo de libre mercado en un país como Guatemala, quinto en el mundo en subnutrición infantil crónica –según UNICEF -, y donde ya han fallecido –entre enero y marzo- 11 menores por desnutrición? ¿Y dónde está el “modelo fallido” de Venezuela, que ha pasado –según datos de la FAO- del 14,1 % de subnutrición a su práctica eliminación?

Theodor Frederick, representante de la FAO, enfatizaba el rol del Estado en la seguridad alimentaria en Cuba, concretado en altos subsidios a los precios de los alimentos básicos, que cubren la mitad de las necesidades nutricionales; en la entrega de alimentos gratuitos o a bajísimo precio en centros de salud, educación y comedores obreros; y en la cobertura de grupos sociales vulnerables, como personas enfermas, con discapacidades o adultas mayores.

Por supuesto, Cuba está lejos de presentar un cuadro idílico en este terreno. La baja producción agrícola nacional implica altos precios para los alimentos no subsidiados y el gasto de 2.000 millones de dólares en importación de alimentos, lo mismo que el país ingresa por turismo o por remesas. El bloqueo de EEUU, además, incrementa el precio de las importaciones, ya que el llamado “riesgo Cuba” encarece hasta un 30 % los fletes. Para sustituir importaciones y caminar hacia la soberanía alimentaria, el Estado cubano ha entregado ya en usufructo gratuito 1,7 millones de hectáreas de tierras ociosas a familias campesinas. Pero los resultados aún son escasos.

A pesar de todo, Cuba –con Venezuela- está entre los 29 países del mundo que han cumplido la meta propuesta en la Cumbre Mundial sobre la Alimentación de 1996: reducir la subnutrición a la mitad para este año 2015.

Mientras, los medios internacionales siguen reproduciendo los reportes sobre el “hambre en Cuba” basados en videos y reportajes de supuestos “periodistas independientes cubanos”.

Por que ¿para qué desmenuzar un tedioso informe de la FAO, pudiendo publicar los disparates de personas contratadas en Cuba –con dinero del Gobierno de EEUU - por organizaciones de la ultraderecha de Miami?

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Somos lo que Comemos

Les compartimos este texto publicado en la página de Euskaria Fundazioa:



Txutxi Ariznabarreta | Independentistak Sarea

Cuando Vía Campesina planteó la soberanía alimentaria en el foro alternativo convocado en Roma con motivo de la celebración de la Cumbre Mundial de la Alimentación de la FAO en 1996, nadie imaginábamos que el concepto y el debate sobre el mismo fuera a extenderse con tanta fuerza a todo el mundo y que llegara a tener tanta relevancia en Euskal Herria.

En la base del debate está la reivindicación del derecho a la alimentación como derecho humano básico que debería estar garantizado a toda la población mundial y, cada vez más, se está viendo que la soberanía alimentaria es fundamental para la construcción de un sistema capaz de garantizar el derecho universal a la alimentación en un mundo en el que siguen existiendo más de 1.000 millones de personas que no tienen acceso a ella.

En ese sentido, la Declaración del Foro para la Soberanía Alimentaria de Roma de 2002 define la soberanía alimentaria como el derecho de los pueblos, comunidades y países a decidir y definir sus propias políticas agrarias, pesqueras, alimentarias y de tierras, de manera que estas sean ecológica, social, económica y culturalmente adecuadas a sus circunstancias. Esto incluye el verdadero derecho a la alimentación y a la producción de alimentos, lo que significa que todos los pueblos tienen derecho a una alimentación sana, nutritiva y culturalmente apropiada, así como derecho a disponer de capacidad para mantenerse a ellos mismos y a sus sociedades.

La profundización en la soberanía alimentaria nos lleva a una total interrelación entre lo global y lo local, porque únicamente desde las experiencias y los avances reales a nivel local se dotará de la base social suficientemente sólida para lograr la dimensión global necesaria para hacer frente al sistema económico neoliberal y a la dictadura de las agroindustrias multinacionales, que responden a los intereses de negocio del capital financiero internacional. Solamente así será alternativa de futuro para hacer realidad la reivindicación de que otro mundo es posible.

En Euskal Herria se está profundizando y avanzando mucho en este tema y la soberanía alimentaria es el eje de pensamiento sobre el que está tomando cuerpo el nuevo movimiento agrario vasco, que ve en ella la alternativa de futuro para el sector. Pero, más allá de su importancia como alternativa económica viable y sostenible, la soberanía alimentaria tiene una enorme relevancia desde el punto de vista social y político para el futuro de nuestro pueblo.

Por un lado, plantea una alianza estratégica solidaria entre las personas productoras y consumidoras de alimentos. Una alianza basada en la solidaridad, la sostenibilidad, la justicia social y la igualdad que debe extenderse a toda la mayoría social trabajadora vasca. Esto es un enorme ejercicio de empoderamiento social. La soberanía alimentaria nos hace más soberanos y más libres como personas y como pueblo.

Por otro lado, el movimiento vasco a favor de la soberanía alimentaria adquiere todo su sentido y toda su dimensión estratégica si lo situamos como uno de los pilares del proceso de la construcción material del Estado vasco. Fase de construcción material que es indispensable para dar el salto a la constitución formal del Estado vasco.

Desde los diferentes sectores y mundos de actividad –económicos, sociales, culturales, educativos, institucionales…– estamos construyendo, día a día, nuestro Estado, en el que la alimentación de la ciudadanía es uno de los grandes apartados. La filosofía de la soberanía alimentaria es fundamental para desarrollar una agricultura, ganadería y pesca al servicio de las necesidades e intereses de la sociedad vasca, en clave estratégica de futuro como pueblo, tanto para la producción de alimentos de calidad como en lo que se refiere al medio ambiente, al desarrollo sostenible, a la cohesión social y económica, y a nuestra cultura e identidad.




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miércoles, 17 de diciembre de 2014

Estulticia Estadounidense

Cubainformación pone el dedo en el renglón de los derechos humanos, esos que Washington viola sistemáticamente.

Lean ustedes:


José Manzaneda | Coordinador de Cubainformación

Un prisionero pasó 266 horas seguidas en una celda del tamaño de un ataúd; a otro se le privó de sueño 66 horas; decenas han sufrido series continuas, durante días, de ahogamientos simulados; muchos otros, violencia sexual, o el llamado “walling”, es decir, el lanzamiento de su cuerpo contra un muro. No estamos hablando de la Alemania nazi, sino de la práctica sistemática de la tortura a gran escala, por parte de Estados Unidos, el país que bloquea a Cuba y sanciona ahora a Venezuela en nombre de los derechos humanos.

Pero no hay ninguna condena internacional. No hay sanción alguna de la Unión Europea. Los grandes medios hablan de escándalo, sí, pero del pasado. A lo sumo son “fallos” o “errores” de la CIA. ¿Se imaginan que hubiera sido Cuba? ¿Cuánto tardaría El País, Sky News, Clarín o El Universal en pedir sanciones de la ONU, incluso una intervención humanitaria?

La policía de Israel, único estado en el mundo que apoya en la ONU el bloqueo de EEUU a Cuba, asesinaba a un ministro palestino la semana pasada, en una manifestación. Y tampoco pasa nada. La Unión Europea no impone sanciones ni condiciona sus relaciones con Israel al respeto a los derechos humanos, como hace cínicamente con Cuba desde hace 18 años.

“Más de cuatro millones de británicos no pueden costearse la comida a diario, (...) y más de 300.000 familias dependen todas las semanas de los bancos de alimentos”, leemos en importantes diarios, que recogen la denuncia de la Iglesia Anglicana. Esto ocurre en una de las potencias mundiales, beneficiada por siglos de colonialismo. ¿Se imaginan que fuera en Cuba, país que, a pesar de sus inferiores recursos, es reconocido por la FAO como un ejemplo de seguridad alimentaria en la región?

El último informe de la Organización Mundial de la Salud señala a Honduras como el país más violento de América Latina. Es un tema que ha llegado a la gran prensa solo tras el asesinato de la actual Miss Honduras y su hermana. En estas noticias, sin embargo, no hay señalamiento alguno contra el Gobierno de aquel país. ¿Se acuerdan, por el contrario, del asesinato, a comienzos de este año, de una exmiss venezolana? Esos mismos medios endosaron la responsabilidad de los índices de criminalidad al Gobierno de Nicolás Maduro y dieron cobertura, durante semanas, a un supuesto movimiento de misses venezolanas opositoras.

Por otro lado, también en Honduras, se siguen asesinando líderes campesinos, 130 desde el golpe de estado de 2009. El último, Juan Ángel López, fue abatido en el Bajo Aguan, donde –según denuncia la agencia alternativa ANNCOL- actúan “sicarios colombianos e israelitas“ pagados por terratenientes. No lo leemos en la prensa corporativa que, eso sí, ha llenado páginas con el desalojo policial sin violencia, en La Habana, de diez Damas de Blanco, un grupo financiado por el Gobierno de EEUU y la ultraderecha de Miami.

Pero volvamos a las torturas de los Servicios de Inteligencia de EEUU. Nos dicen ahora que son cosa del pasado, de la Administración Bush; que la Administración Obama ya no tortura. Cierto, porque ahora, sencillamente, mata a los sospechosos. Son ya 450 asesinatos selectivos, el 98 por ciento mediante drones. Dentro de unos años, esta práctica será objeto también de un informe en el Senado norteamericano, y generará cierta polémica mediática. Pero, mientras, el bloqueo y las sanciones económicas las sufre un país como Cuba que, en vez de drones, envía decenas de miles de médicos cooprantes a 66 países del llamado Tercer Mundo... Eso sí, sin que sea noticia.


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martes, 8 de julio de 2014

El Chanchullo del "Rescate Financiero"

Les presentamos esta interesante y esclarecedora entrevista publicada en La Marea:

Max-Neef: “El rescate financiero es la mayor inmoralidad de la historia de la humanidad”

El economista chileno, ganador en 1983 del Right Livelihood Award, considerado el Nobel alternativo, asegura que el sistema neoliberal “mata a más gente que todos los ejércitos juntos, pero no hay culpables”
Brais Benítez
Manfred Max-Neef (Valparaíso, Chile, 1932) redescubrió la economía en los montes peruanos. Cara a cara con las comunidades indígenas, se dio cuenta de que todo lo que sabía como brillante profesor de Berkeley no le servía para nada a la hora de comunicarse con esas gentes. “En el momento en que miré a lo ojos a la pobreza, me quedé mudo”, afirma este economista y ambientalista chileno, que en 1983 obtuvo el Right Livelihood Award, considerado el Premio Nobel Alternativo de Economía.

En la década de los 50 llegó a ser directivo de la petrolera Shell. Hasta que decidió dejar la empresa privada y, como afirma, “poner los pies en el barro”. Algo que, asegura, es el gran déficit de los economistas actuales, que “son los que menos entienden el mundo real”. La Marea ha tenido la oportunidad de conversar con él en una fugaz visita a Barcelona. Con la experiencia de su avanzada edad, augura un futuro muy negro para las generaciones futuras. Más cuando, desde la crisis de 2008 y el rescate de los actores financieros que la provocaron, se ha llevado a cabo “una de las peores monstruosidades de la historia”.

Este otoño se cumplirán seis años de la caída de Lehman Brothers, considerado el pistoletazo de salida del crack financiero que aún sufrimos. ¿Cómo valora la gestión de la crisis que han llevado a cabo las autoridades económicas, capitaneadas por el FMI?

Todo lo que ha ocurrido es una conexión de cosas que no hay que hacer. Para mí, lo más desconcertante y preocupante es que no importa cuántas veces quede en evidencia que ciertas políticas económicas son desastrosas; se sigue insistiendo en las mismas. Los economistas se creen científicos, por lo menos decidieron ser científicos los neoclásicos, a finales del siglo XIX. Para ser científicos decidieron que la economía se pareciera lo más posible a la física, con lo cual hicieron una serie de inventos absurdos y modelos matemáticos que son verdaderos disparates. Además, si la economía fuese una ciencia y los economistas, científicos, actuarían como científicos; ¿y cómo actúa un científico cuando una teoría determinada falla? Inmediatamente se ponen con toda la intensidad a buscar cuál es la alternativa a esa teoría, porque esta no funciona, y ¡se destierra y se acabó!

Pues eso no es exactamente lo que los economistas parecen hacer.

¡No lo hacen! Tienen actitud científica cero, se insiste en los mismos errores. Lo que ocurrió desde octubre de 2008 es, a mi juicio, una de las peores monstruosidades de la historia. Con todas las especulaciones, la basura que vendían los bancos, absolutamente repugnante… de repente se ven en una situación crítica y hay que hacer todo lo imaginable e inimaginable para salvar a los delincuentes. O sea, no se salva a las víctimas, las víctimas no tienen ninguna importancia, lo que importa es salvar a los delincuentes, a los que provocaron la crisis. Y en cuestión de un par de meses logran juntar a nivel de todo el mundo, para salvar a esos delincuentes, del orden de diecisiete billones de dólares.

Sí que había dinero…

El informe de la FAO (Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura), de poco antes de octubre de 2008, indicó que para superar el hambre en el mundo se necesitan del orden de 30.000 millones de dólares al año. Divide diecisiete billones por treinta mil millones: obtienes seiscientos años de un mundo sin hambre. ¿Dónde estaba esa plata? Yo mismo, que trabajé en las Naciones Unidas años atrás, hasta hace poco estaba convencido de que era verdad que no alcanzaban los recursos para resolver el hambre. ¡Pero sí hay mil veces más recursos para salvar a los delincuentes! Eso, para mí, es tal vez el acto inmoral más grande que se ha cometido en la historia de la humanidad.

Cómo explica que se recete austeridad a Europa y luego el economista jefe del FMI reconozca el “error” a la hora de valorar el impacto de las medidas. ¿No sabían lo que iba a ocurrir?

No hay que ser economista, ¡es cuestión de sentido común! Si tú no tienes nada, perdiste la casa, perdiste tus ahorros, y yo te digo: ‘¡Pero sé más austero!’, se llega a lo que llegaron ustedes aquí en España; nunca había ocurrido, que en España llegara un momento en que muera más gente por suicidios que por accidentes de tráfico. Y yo pregunto, ¿esos suicidios eran realmente suicidios? ¿O eran asesinatos de un sistema económico perverso? ¿Qué manera tienes de ser más austero cuando no tienes nada? ¡Pegarte un tiro! ¡Esa es la máxima austeridad! Eres un patriota, porque ayudas a la economía al eliminarte. Esa es la situación. Para mí, desde un punto de vista científico, ético, moral, desde todo punto de vista, todo lo que ha ocurrido es una asquerosidad inconmensurable, y que va además contra el más elemental sentido común. ¿Qué lógica tiene hacer sufrir a una población hasta los extremos más indecibles para beneficiar a la economía? ¡Si la cosa es al revés! La economía está para servir a las personas y no las personas para servir a la economía. ¡La economía no es Dios! Las consecuencias son que una economía como esta mata a más gente que todos los ejércitos del mundo juntos, pero no hay culpables. Todos esos muertos son muertos impunes.

¿Responde a una cuestión de ineptitud o de intereses?

Es perversidad. A menos que sean absolutos imbéciles, que supongo que no lo son. Pero les conviene más eso que lo otro. La gente no interesa, la gente es prescindible, y eso está dentro de la teoría económica neoclásica. ¿Sabes que en un libro de texto de economía neoclásica, la solidaridad es un acto irracional? ¡Si eso te lo enseñan! Lo de que la única racionalidad es maximizar tu utilidad, todo lo otro es irracional…