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miércoles, 1 de febrero de 2017

Flor y Nata de la Humanidad

Esta nota se la queremos dedicar con mucho cariño a los detractores de la Revolución Cubana, especialmente a quienes tuvieron la ocurrencia de celebrar el fallecimiento del Comandante Fidel Castro, la misma ha sido publicada en el blog Moncada Lectores, aquí la tienen:


La 140 Reunión del Consejo Ejecutivo de la Organización Mundial de la Salud (OMS), otorgó por unanimidad el Premio de Salud Púbica en Memoria del Dr. Lee Jong-wook al Contingente Internacional de Médicos Especializados en el Enfrentamiento de Desastres y Graves Epidemias “Henry Reeve”.

El Contingente “Henry Reeve” fue constituido el 19 de septiembre de 2005 en La Habana por el Líder Histórico de la Revolución Cubana, Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, con el objetivo de cooperar de inmediato, con su personal especialmente entrenado, en cualquier país que sufra una catástrofe, huracanes, inundaciones u otros fenómenos naturales, además de epidemias que constituyan verdaderos desastres naturales y sociales.

Desde entonces, siete mil 254 colaboradores médicos cubanos, en 22 Brigadas Médicas han prestado su ayuda en 19 naciones (dos veces en Haití y Chile) de todas las latitudes. Estos trabajadores de la salud pública de Cuba, entrenados y capacitados para esas misiones, han brindado atención a más de 3.5 millones de personas, salvando la vida de 80 mil personas según estimados rigurosos.

Este premio es un reconocimiento a la labor solidaria de la Mayor de las Antillas, que siguiendo la visión humanista y universal del líder de la Revolución Cubana, ha puesto a la disposición de muchas naciones la calidad médica de sus galenos, a través de la obra solidaria del Contingente Henry Reeve. Es también un reconocimiento a la labor altruista y desinteresada, de los más de 250 colaboradores de la salud cubanos que enfrentaron en Sierra Leona, Liberia y Guinea entre 2014 y 2015, el peligroso brote del virus de Ébola que afectó a esos hermanos países del continente africano.

El Premio de Salud Pública en Memoria del Dr. Lee Jong-wook fue establecido en 2008 por la OMS. Se otorga a una o más personas, una o más instituciones, o bien una o más organizaciones no gubernamentales que hayan hecho una aportación destacada en el campo de la salud pública. El Premio tiene por objeto recompensar una labor de mucho más alcance que el estricto cumplimiento de las obligaciones normales.

La ceremonia de entrega del Premio tendrá lugar durante la 70 Asamblea Mundial de la Salud que se celebrará entre el 22 y el 31 de mayo del presente año, en Ginebra.






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domingo, 26 de octubre de 2014

Egaña | Los Unos y los Otros

Desde Gara traemos a ustedes este extraordinario texto de Iñaki Egaña:


Iñaki Egaña | Historialaria

Ambientada en la década de 1930, John Steinbeck nos dejó retazos de marginalidad en EEUU, describiendo a hombres, mujeres y familias enteras arrolladas por la crisis económica de 1929. John Ford la llevó al cine. «The grapes of wrath» (Las uvas de la ira) me conmocionó en los años de juventud, de manera más profunda que los tratados marxistas que nos repartían nuestros compañeros vanguardistas. La miseria atrapada en la cercanía sugería, sin proponérselo probablemente, los surcos del materialismo histórico.

Tengo un recuerdo impreciso de Dickens, en su descenso a los infiernos victorianos londinenses, quizás por las moralinas navideñas de la época y sus efluvios deterministas. Me aferré con convicción a las terribles líneas de Zola en su «Germinal», esperanza para los prisioneros de la mina a los que asocié, también sin propuesta previa, a los esclavos de Concha, en Gallarta, bajo la sombra, o mejor a la orilla, de los montes de Triano.

Sé, y mis disculpas por adelantado, que recitar la miseria humana, la explotación del hombre por el hombre, incluso la ferocidad del capitalismo en términos literarios no deja de ser una cierta evasión de la conciencia. Habitamos el Primer Mundo, somos parte de su naturaleza y creemos en los avances de la condición humana. Con matices, obviamente. La lucha por la supervivencia se convirtió en lucha de clases y en esas estamos.

Hay una cierta sensación de que todo aquello formó parte del pasado. Nos dicen, una ligera impresión alrededor lo confirma, que la humanidad avanza, los obreros se vuelven consumistas, cambian de coche de vez en cuando y gracias a la hipoteca adquieren una vivienda para toda la vida. Los trabajadores especializados pueden llegar a convertirse en clase media y degustar de placeres antes vetados.

Es, en la cercanía, una verdad a medias. Por tanto también una mentira si aplicamos el medidor de la botella medio vacía, medio llena. Las desigualdades siguen creciendo, los ricos cada vez son más ricos y los pobres cada vez más pobres. Esta verdad de perogrullo no me la saco de la manga para radicalizar mi escrito. Procede de los análisis del Banco Mundial.

Hace bien poco, la Universidad de Utrecht, Holanda, dio luz a un trabajo que es el que me ha trasladado las letras de Dickens, Steinbeck y Zola hasta el presente. Se trata de un análisis sobre el conjunto del planeta, acorde con esa globalización que padecemos. Entre sus conclusiones, tremendas en su generalidad, hay una espeluznante: la situación de desigualdad social en 2014 es peor que la de 1820.

Desconozco la entidad de los investigadores holandeses para hacer afirmación tan rotunda. Pero el estudio ha aumentado su credibilidad cuando la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico), el llamado club de los ricos (controlan el 70% del mercado mundial), lo ha avalado con su sello. Los hombres y mujeres que poblamos el planeta en 2014, en su conjunto, somos más pobres que en 1820. Y los ricos son inmensamente más ricos que los que habitaban la Tierra en el año que el Reino de España, por fin, abolió el tribunal más mortífero de los tiempos, la Inquisición.

Hoy, el despilfarro y el consumismo del que una vez llamaron Pirmer Mundo contrasta con la miseria y la pobreza extrema del resto del planeta. Sin olvidar que los cinturones de marginalidad también los tenemos en casa. La tasa de pobreza en Euskal Herria alcanza al 11% de su población. Un porcentaje similar vive, asimismo, en unos niveles semejantes de pobreza energética. Temen la llegada del invierno como la temían nuestros antepasados de hace 200 años, a pesar de que las guerras de ocupación del siglo XXI avaladas por las grandes potencias energéticas tienen por objetivo precisamente la usurpación de los recursos energéticos.

Un fascista italiano, Corrado Gini, ideó hace casi un siglo, una fórmula para numerizar las desigualdades, un coeficiente. Su uso se ha extendido en la actualidad y multiplicado por 100, ofrece el llamado Indice Gini. El cero sería la perfección en la distribución de la riqueza. El Indice Gini mundial en el año 1820, a las puertas de la proclamación del zar Nicolás I, de las luchas de emancipación de Latinoamérica, de la eclosión del expolio británico en sus colonias, era de 49. Cuando comenzó el siglo XXI había subido a 66.

En 1820, el Estado más rico del mundo, Gran Bretaña, lo era cinco veces más que el más pobre. Hoy, en cambio, el más opulento es 25 más rico que la media de los más pobres. Oxfam denunciaba hace bien poco («Gobernar para las elites. Secuestro democrático») que el 1% de la población mundial posee el 46% del la riqueza del mundo. El resto, 99%, se reparte la otra mitad.

Paul Krugman analizó los ingresos de 25 años en EEUU (1979-2005) y descubrió que, en su conjunto, habían aumentado en un 21%. Se fijó, sin embargo en el 0,1%, los más ricos. Para ellos el aumento había sido del 400%. Esta élite estaría compuesta por un 43% de directivos de empresas y multinacionales, un 18% de embaucadores financieros y un 12% pertenecerían al sector inmobiliario.

En la cercanía, los datos más próximos son los hispanos, a falta de que Adegi y Confebask manifiesten a través de Vocento, su portavoz, algo más que su queja permanente sobre la fiscalidad «asfixiante» que les obliga a «emigrar» y a depositar sus beneficios en los tax haven (refugios fiscales, mal traducido al castellano como «paraísos fiscales»). Miles de jóvenes vascos emigran a Europa, frente a ese centenar de empresarios vascos (¿tiene patria el dinero?) que radican sus negocios más allá del Ebro. Mientras 20 familias controlan el 20% de la riqueza.

Las 200 familias más ricas del Estado español, entre ellas las 20 del 20%, suman un patrimonio de 135.000 millones de euros. Sumergidas también, las de los ricos vascos por excelencia, familias tradicionales con patria más definida que la que Sabino Arana dibujó. Son los Ybarra, Barandiaran, Salegi, Egaña, Delclaux, Iribecampos, Arregi, Urrutia, Aginaga o Castellanos.

Un estudio de los bancos suizos señala que 300 familias ganan cada una y anualmente 2.000 millones de dólares. Hay, efectivamente, más ingresos en el mundo, pero la distribución es más irregular que hace 200 años. Más de 1.200 millones de personas viven en el planeta con menos de un euro al día. Otros 2.800 millones están por debajo del límite de la pobreza. 2.400 millones de seres humanos carecen de instalaciones sanitarias y 900 millones de agua potable. Cerca de 500 millones de niños no llegan al peso ideal para su edad, comprometiendo su crecimiento, de los que 18.000 mueren diariamente a causa de la pobreza.

La desigualdad, el sistema que propone el capitalismo, la economía de los buitres financieros, embaucadores y especuladores, acaba de realizar un nuevo golpe con la privatización de las cajas. Auguro un nuevo despojo y a corto o medio plazo, dinero llama a dinero. Manejan leyes y poseen una corte de mayordomos, testaferros y cipayos para alcanzar sus objetivos. En Donostia, Bilbo, Calcuta, Bangkok o Nueva York.

La gestión del ébola y de la extracción del coltán, ambas en África, nos dan esa perspectiva sobre el ahondamiento en las desigualdades. Con las compañías farmacéuticas utilizando cobayas humanos en Liberia o Sierra Leona y afilando las calculadoras para cuando el pánico estimulado en el Primer Mundo alcance el umbral adecuado para la venta masiva de medicamentos, los criterios empresariales encierran al ébola en términos de beneficios económicos y no como crisis sanitaria y humana.

Las guerras inducidas por las grandes multinacionales en Ucrania y Asia para la gestión de los recursos naturales y energéticos han convertido a las víctimas en un dígito, como si se trataran de una nota a pie de página en un estudio sobre el precio del petróleo. Cruz Roja denunció hace unos meses que el número de desplazados y refugiados en el planeta, más de 51 millones en 2014, era el mayor de la historia reciente.

Cuando surgen crónicas, un día si y otro también, sobre cuestiones como la de las tarjetas opacas, me parece que no es sino una anécdota más en este contexto de expolio. A pesar, otra muesca en esa lista interminable que algún día debería llevar a que esa élite, visto el panorama mundial, fuera juzgada por crímenes de lesa humanidad. Los de Nuremberg no pusieron el listón tan alto.






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domingo, 5 de octubre de 2014

Fidel | Los Héroes de Nuestra Época

Les compartimos este texto del comandante Fidel Castro que nos han enviado desde el Movimiento Mexicano de Solidaridad con Cuba:



Los héroes de nuestra época

Mucho hay que decir de estos tiempos difíciles para la humanidad. Hoy, sin embargo, es un día de especial interés para nosotros y quizá también para muchas personas.

A lo largo de nuestra breve historia revolucionaria, desde el golpe artero del 10 de marzo de 1952 promovido por el imperio contra nuestro pequeño país, no pocas veces nos vimos en la necesidad de tomar importantes decisiones.

Cuando ya no quedaba alternativa alguna, otros jóvenes, de cualquier otra nación en nuestra compleja situación, hacían o se proponían hacer lo mismo que nosotros, aunque en el caso particular de Cuba el azar, como tantas veces en la historia, jugó un papel decisivo.

A partir del drama creado en nuestro país por Estados Unidos en aquella fecha, sin otro objetivo que frenar el riesgo de limitados avances sociales que pudieran alentar futuros de cambios radicales en la propiedad yanki en que había sido convertida Cuba, se engendró nuestra Revo­lución Socialista.

La Segunda Guerra Mundial, finalizada en 1945, consolidó el poder de Estados Unidos como principal potencia económica y militar, y convirtió ese país —cuyo territorio estaba distante de los campos de batalla— en el más poderoso del planeta.

La aplastante victoria de 1959, podemos afirmarlo sin sombra de chovinismo, se convirtió en ejemplo de lo que una pequeña nación, luchando por sí misma, puede hacer también por los demás.

Los países latinoamericanos, con un mínimo de honrosas excepciones, se lanzaron tras las migajas ofrecidas por Estados Unidos; por ejemplo, la cuota azucarera de Cuba, que durante casi un siglo y medio abasteció a ese país en sus años críticos, fue repartida entre productores ansiosos de mercados en el mundo.

El ilustre general norteamericano que presidía entonces ese país, Dwight D. Eisenhower, había dirigido las tropas coaligadas en la guerra en que liberaron, a pesar de contar con poderosos medios, solo una pequeña parte de la Europa ocupada por los nazis. El sustituto del presidente  Roosevelt, Harry S. Truman, resultó ser el conservador tradicional que en Estados Unidos suele asumir tales responsabilidades políticas en los años difíciles.

La Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas —que constituyó hasta fines del pasado siglo XX, la más grandiosa nación de la historia en la lucha contra la explotación despiadada de los seres humanos— fue disuelta y sustituida por una Federación que redujo la superficie de aquel gran Estado multinacional en no menos de cinco millones 500 mil kilómetros cuadrados.

Algo, sin embargo, no pudo ser disuelto: el espíritu heroico del pueblo ruso, que unido a sus hermanos del resto de la URSS ha sido capaz de preservar una fuerza tan poderosa que junto a la República Popular China y países como Brasil, India y Sudáfrica, constituyen un grupo con el poder necesario para frenar el intento de recolonizar el planeta.

Dos ejemplos ilustrativos de estas realidades los vivimos en la República Popular de Angola. Cuba, como otros mu­chos países socialistas y movimientos de liberación, colaboró con ella y con otros que luchaban contra el dominio portugués en África. Este se ejercía de forma administrativa directa con el apoyo de sus aliados.

La solidaridad con Angola era uno de los puntos esenciales del Movimiento de Países No Alineados y del Campo So­cialista. La independencia de ese país se hizo inevitable y era aceptada por la co­munidad mundial.

El Estado racista de Sudáfrica y el Go­bierno corrupto del antiguo Congo Belga, con el apoyo de aliados europeos, se preparaban esmeradamente para la conquista y el reparto de Angola. Cuba, que desde hacía años cooperaba con la lucha de ese pueblo, recibió la solicitud de Agostinho Neto para el entrenamiento de sus fuerzas armadas que, instaladas en Luanda, la capital del país, debían estar listas para su toma de posesión oficialmente establecida para el 11 de noviembre de 1975. Los soviéticos, fieles a sus compromisos, les habían suministrado equipos militares y esperaban solo el día de la independencia para enviar a los instructores. Cuba, por su parte, acordó el envío de los instructores solicitados por Neto.

El régimen racista de Sudáfrica, condenado y despreciado por la opinión mundial, decide adelantar sus planes y envía fuerzas motorizadas en vehículos blindados, dotados de potente artillería que, tras un avance de cientos de kilómetros a partir de su frontera, atacó el primer campamento de instrucción, donde varios instructores cubanos murieron en heroica resistencia. Tras varios días de combates sostenidos por aquellos valerosos instructores junto a los angolanos, lograron detener el avance de los sudafricanos hacia Luanda, la capital de Angola, adonde había sido enviado por aire un batallón de Tropas Especiales del Ministerio del Interior, transportado desde La Habana en los viejos aviones Britannia de nuestra línea aérea.

Así comenzó aquella épica lucha en aquel país de África negra, tiranizado por los racistas blancos, en la que batallones de infantería motorizada y brigadas de tanques, artillería blindada y medios adecuados de lucha, rechazaron a las fuerzas racistas de Sudáfrica y las obligaron a retroceder hasta la misma frontera de donde habían partido.

No fue únicamente ese año 1975 la etapa más peligrosa de aquella contienda. Esta tuvo lugar, aproximadamente 12 años más tarde, en el sur de Angola.

Así lo que parecía el fin de la aventura racista en el sur de Angola era solo el comienzo, pero al menos habían podido comprender que aquellas fuerzas revolucionarias de cubanos blancos, mulatos y negros, junto a los soldados angolanos, eran capaces de hacer tragar el polvo de la derrota a los supuestamente invencibles racistas. Tal vez confiaron entonces en su tecnología, sus riquezas y el apoyo del imperio dominante.

Aunque no fuese nunca nuestra intención, la actitud soberana de nuestro país no dejaba de tener contradicciones con la propia URSS, que tanto hizo por nosotros en días realmente difíciles, cuando el corte de los suministros de combustible a Cuba desde Estados Unidos nos habría llevado a un prolongado y costoso conflicto con la poderosa potencia del Norte. De­sa­parecido ese peligro o no, el dilema era decidirse a ser libres o resignarse a ser esclavos del poderoso imperio vecino.

En situación tan complicada como el acceso de Angola a la independencia, en lucha frontal contra el neocolonialismo, era imposible que no surgieran diferencias en algunos aspectos de los que po­dían derivarse consecuencias graves para los objetivos trazados, que en el caso de Cuba, como parte en esa lucha, tenía el derecho y el deber de conducirla al éxito. Siempre que a nuestro juicio cualquier aspecto de nuestra política internacional podía chocar con la política estratégica de la URSS, hacíamos lo posible por evitarlo. Los objetivos comunes exigían de cada cual el respeto a los méritos y experiencias de cada uno de ellos. La modestia no está reñida con el análisis serio de la complejidad e importancia de cada situación, aunque en nuestra política siempre fuimos muy estrictos con todo lo que se refería a la solidaridad con la Unión Soviética.

En momentos decisivos de la lucha en Angola contra el imperialismo y el racismo se produjo una de esas contradicciones, que se derivó de nuestra participación directa en aquella contienda y del hecho de que nuestras fuerzas no solo luchaban, sino que también instruían cada año a miles de combatientes angolanos, a los cuales apoyábamos en su lucha contra las fuerzas pro yankis y pro racistas de Sudáfrica. Un militar soviético era el asesor del gobierno y planificaba el empleo de las fuerzas angolanas. Discrepábamos, sin embargo, en un punto y por cierto importante: la reiterada frecuencia con que se defendía el criterio erróneo de emplear en aquel país las tropas angolanas mejor entrenadas a casi mil quinientos kilómetros de distancia de Luanda, la capital, por la concepción propia de otro tipo de guerra, nada parecida a la de carácter subversivo y guerrillera de los contrarrevolucionarios angolanos. En realidad no existía una capital de la UNITA, ni Savimbi tenía un punto donde resistir, se trataba de un señuelo de la Sudáfrica racista que servía solo para atraer hacia allí las mejores y más suministradas tropas angolanas para golpearlas a su antojo. Nos oponíamos por tanto a tal concepto que más de una vez se aplicó, hasta la última en la que se demandó golpear al enemigo con nuestras propias fuerzas lo que dio lugar a la batalla de Cuito Cuanavale. Diré que aquel prolongado enfrentamiento militar contra el ejército sudafricano se produjo a raíz de la última ofensiva contra la supuesta “capital de Savimbi” —en un lejano rincón de la frontera de Angola, Sudáfrica y la Namibia ocupada—, hacia donde las valientes fuerzas angolanas, partiendo de Cuito Cuanavale, antigua base militar desactivada de la OTAN, aunque bien equipadas con los más nuevos carros blindados, tanques y otros medios de combate, iniciaban su marcha de cientos de kilómetros hacia la supuesta capital contrarrevolucionaria. Nuestros audaces pilotos de combate los apoyaban con los Mig-23 cuando estaban todavía dentro de su radio de acción.

Cuando rebasaban aquellos límites, el enemigo golpeaba fuertemente a los valerosos soldados de las FAPLA con sus aviones de combate, su artillería pesada y sus bien equipadas fuerzas terrestres, ocasionando cuantiosas bajas en muertos y heridos. Pero esta vez se dirigían, en su persecución de las golpeadas brigadas angolanas, hacia la antigua base militar de la OTAN.

Las unidades angolanas retrocedían en un frente de varios kilómetros de ancho con brechas de kilómetros de separación entre ellas. Dada la gravedad de las pérdidas y el peligro que podía derivarse de ellas, con seguridad se produciría la solicitud habitual del asesoramiento al Presidente de Angola para que apelara al apoyo cubano, y así ocurrió. La respuesta firme esta vez fue que tal solicitud se aceptaría solo si todas las fuerzas y medios de combate angolanos en el Frente Sur se subordinaban al mando militar cubano. El resultado inmediato fue que se aceptaba aquella condición.

Con rapidez se movilizaron las fuerzas en función de la batalla de Cuito Cuanavale, donde los invasores sudafricanos y sus armas sofisticadas se estrellaron contra las unidades blindadas, la artillería convencional y los Mig-23 tripulados por los audaces pilotos de nuestra aviación. La artillería, tanques y otros medios angolanos ubicados en aquel punto que carecían de personal fueron puestos en disposición combativa por personal cubano. Los tanques angolanos que en su retirada no podían vencer el obstáculo del caudaloso río Queve, al Este de la antigua base de la OTAN —cuyo puente había sido destruido semanas antes por un avión sudafricano sin piloto, cargado de explosivos— fueron enterrados y rodeados de minas antipersonal y antitanques. Las tropas sudafricanas que avanzaban se toparon a poca distancia con una barrera infranqueable contra la cual se estrellaron. De esa forma con un mínimo de bajas y ventajosas condiciones, las fuerzas sudafricanas fueron contundentemente derrotadas en aquel territorio angolano.

Pero la lucha no había concluido, el imperialismo con la complicidad de Israel había convertido a Sudáfrica en un país nuclear. A nuestro ejército le tocaba por segunda vez el riesgo de convertirse en un blanco de tal arma. Pero ese punto, con todos los elementos de juicio pertinentes, está por elaborarse y tal vez se pueda escribir en los meses venideros.

¿Qué sucesos ocurrieron anoche que dieron lugar a este prolongado análisis? Dos hechos, a mi juicio, de especial trascendencia:

La partida de la primera Brigada Mé­dica Cubana hacia África a luchar contra el Ébola.

El brutal asesinato en Caracas, Vene­zuela, del joven diputado revolucionario Robert Serra.

Ambos hechos reflejan el espíritu heroico y la capacidad de los procesos revolucionarios que tienen lugar en la Patria de José Martí y en la cuna de la libertad de América, la Venezuela heroica de Simón Bolívar y Hugo Chávez.

¡Cuántas asombrosas lecciones encierran estos acontecimientos! Apenas las palabras alcanzan para expresar el valor moral de tales hechos, ocurridos casi simultáneamente.

No podría jamás creer que el crimen del joven diputado venezolano sea obra de la casualidad. Sería tan increí­ble, y de tal modo ajustado a la práctica de los peores organismos yankis de inteligencia, que la verdadera casualidad fuera que el repugnante hecho no hubiera sido realizado intencionalmente, más aún cuando se ajusta absolutamente a lo previsto y anunciado por los enemigos de la Revolución Venezolana.

De todas formas me parece absolutamente correcta la posición de las autoridades venezolanas de plantear la necesidad de investigar cuidadosamente el carácter del crimen. El pueblo, sin embargo, expresa conmovido su profunda convicción sobre la naturaleza del brutal hecho de sangre.

El envío de la primera Brigada Médica a Sierra Leona, señalado como uno de los puntos de mayor presencia de la cruel epidemia de Ébola, es un ejemplo del cual un país puede enorgullecerse, pues no es posible alcanzar en este instante un sitial de mayor honor y gloria. Si nadie tuvo la menor duda de que los cientos de miles de combatientes que fueron a An­gola y a otros países de África o América, prestaron a la humanidad un ejemplo que no podrá borrarse nunca de la historia humana; menos dudaría que la acción heroica del ejército de batas blancas ocupará un altísimo lugar de honor en esa historia.

No serán los fabricantes de armas letales los que alcancen merecido honor. Ojalá el ejemplo de los cubanos que marchan al África prenda también en la mente y el corazón de otros médicos en el mundo, especialmente de aquellos que poseen más recursos, practiquen una religión u otra, o la convicción más profunda del deber de la solidaridad humana.

Es dura la tarea de los que marchan al combate contra el Ébola y por la supervivencia de otros seres humanos, aun al riesgo de su propia vida. No por ello debemos dejar de hacer lo imposible por garantizarle, a los que tales deberes cumplan, el máximo de seguridad en las ta­reas que desempeñen y en las medidas a tomar para protegerlos a ellos y a nuestro propio pueblo, de esta u otras enfermedades y epidemias.

El personal que marcha al África nos está protegiendo también a los que aquí quedamos, porque lo peor que puede ocurrir es que tal epidemia u otras peores se extiendan por nuestro continente, o en el seno del pueblo de cualquier país del mundo, donde un niño, una madre o un ser humano pueda morir. Hay suficientes médicos en el planeta para que nadie tenga que morir por falta de asistencia. Es lo que deseo expresar.

¡Honor y gloria para nuestros valerosos combatientes por la salud y la vida!

¡Honor y gloria para el joven revolucionario venezolano Robert Serra junto a la compañera María Herrera!

Estas ideas las escribí el dos de octubre cuando supe ambas noticias, pero preferí esperar un día más para que la opinión internacional se informara bien y pedirle a Granma que lo publicara el sábado.

Fidel Castro Ruz
Octubre 2 de 2014
8 y 47 p.m.





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domingo, 21 de septiembre de 2014

Exportaciones Esclarecedoras

Cada quien a lo suyo, mientras unos se dedican a invadir y saquear otros se dedican a solidarizarse.

Les compartimo este texto publicado en La Jornada:

 


El gobierno de Estados Unidos reaccionó como siempre, y el de Cuba también. Para combatir el ébola en África occidental, Barack Obama prometió enviar tres mil soldados, y Raúl Castro a 165 médicos y enfermeras, que llegarán a comienzos de octubre a Sierra Leona.

En la llamada Operación Asistencia Unida de Estados Unidos, "ninguno (de los integrantes) de esa fuerza militar proporcionará cuidado directo a los pacientes de ébola", dijo el portavoz de Obama, Josh Earnest. Desde la isla se sabía, sin embargo, que sus enviados harán todo lo contrario y no serán los primeros médicos cubanos que arriben a Sierra Leona.

Ya están allí 23 colaboradores y otros 16 trabajan en Guinea Conakry, dos de los países africanos donde la epidemia se expande y ha cobrado la vida de 5 mil 300 personas, de acuerdo con el reporte de este jueves de la Organización Mundial de la Salud (OMS). En total, la mayor de las Antillas tiene desplegada en el continente africano cerca de cuatro mil especialistas de la salud, de los cuales más de dos mil son médicos.

"Nuestra participación en la lucha contra el ébola en África no es un hecho aislado; está sustentada en el principio de compartir lo que tenemos", dijo en conferencia de prensa la semana pasada el ministro de Salud Pública de Cuba, Roberto Morales, en la sede de la OMS.

Morales aterrizó en Ginebra menos de 48 horas después de la conversación que sostuvieron el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon, y el presidente cubano, Raúl Castro, en una operación de Naciones Unidas para solicitar ayuda contra el flagelo a varios mandatarios internacionales. En ese encuentro, Castro adelantó la disposición de Cuba de colaborar con todos los países, incluido Estados Unidos.

La brigada Henry Reeve

Los especialistas que arribarán a Sierra Leona forman parte de la brigada Henry Reeve, organizada en septiembre de 2005 y está integrada por médicos preparados para enfrentar desastres y graves epidemias.

Este grupo, que lleva el nombre de un estadunidense que peleó en la guerra por la independencia de Cuba contra el colonialismo español, tiene una historia singular: fue creada por la isla para ayudar a las víctimas del huracán Katrina, que devastó Nueva Orleáns ese año.

En aquella ocasión, el líder cubano Fidel Castro recordó los principios que mueven la colaboración internacional de la isla en materia de salud: "Nosotros ofrecemos formar profesionales dispuestos a luchar contra la muerte. Nosotros demostraremos que hay respuesta a muchas de las tragedias del planeta. Nosotros demostraremos que el ser humano puede y debe ser mejor. Nosotros demostraremos el valor de la conciencia y de la ética. Nosotros ofrecemos vida". (http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/2005/esp/f190905e.html)

El presidente George W. Bush se negó de plano a recibir la ayuda humanitaria cubana, a la que voluntariamente se incorporaron 10 mil médicos y enfermeras del país caribeño, con altas competencias profesionales. A pesar de la soberbia estadunidense, la brigada se ha mantenido activa y ha sido noticia –casi siempre local– en otras situaciones de desastre, como las que han asolado Pakistán, Indonesia, Bolivia, Chile y Haití.

Los primeros en llegar y los últimos en irse

En esas naciones, los médicos cubanos suelen ser los primeros en llegar y los últimos en irse. Al regresar de Chile en el invierno de 2011, el doctor Juan Carlos Andux me comentó que los pobladores de Rancagua y Chillán, dos de las ciudades más afectadas por el sismo, le decían: "Ustedes son médicos piel a piel". Al principio, Andux no entendía: "Ellos se referían al afecto, a que escuchábamos sus problemas. Para una población que sufre de estrés postraumático es esencial ofrecer, además de la atención profesional, cariño, seguridad, comprensión, apoyo sicológico".




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miércoles, 17 de septiembre de 2014

Ban Ki Moon y el Ébola

Con el pánico generado a nivel global por el brote de ébola desde las páginas de Cubainformación surge una inquietud:


Basado en varios textos de Norelys Morales Aguilera, en el blog “Isla mía”.

José Manzaneda | Coordinador de Cubainformación

Tras el anuncio del Gobierno cubano de que enviará el mayor contingente mundial de cooperantes sanitarios contra la epidemia de ébola en África, surge una pregunta: ¿aplicará el Gobierno de EEUU el llamado “Cuban Medical Professional Parole”, es decir, el protocolo de captación –mediante el asilo político- de los cooperantes médicos de Cuba, que lleva a cabo en todas las embajadas y consulados del mundo? Y, de darse algún caso de esta práctica tan poco presentable, ¿será noticia de prensa internacional?

Es una interesante pregunta, ahora que la solidaridad médica de Cuba sí ha sido noticia –por fin- en algunos grandes medios internacionales.

Recordemos: días atrás, el Secretario General de Naciones Unidas Ban Ki Moon telefoneaba a cinco mandatarios mundiales, para pedirles colaboración urgente contra la epidemia de ébola en África. Cuatro de ellos eran  presidentes de potencias económicas -EEUU, Francia, Reino Unido y el Consejo Europeo-. El quinto –algo sorprendente-, el presidente de un pequeño país del Tercer Mundo: Cuba.

Curiosamente, quien daba la primera respuesta positiva era este último, que en apenas 72 horas enviaba a Ginebra a su Ministro de Salud y al director del Instituto Cubano de Medicina Tropical “Pedro Kourí”. Allí, junto a la Directora General de la Organización Mundial de la Salud, anunciaban el envío de 165 expertos a Sierra Leona. Margaret Chan y Ban Ki Moon agradecían públicamente al presidente Raúl Castro por ser Cuba “el primer país en dar un paso al frente al llamado de la ONU”.

Ninguno de los grandes medios, sin embargo, remarcaba este hecho insólito: que un pequeño país del Sur sometido a bloqueo económico haya tomado la delantera a las grandes potencias en un tema trascendental para la Humanidad.

Otros medios reproducían un reportaje de France-Presse (AFP), que reducía la solidaridad médica cubana a una interesada política de “diplomacia médica” y de venta de servicios sanitarios a escala mundial. Esta agencia francesa dedicaba la mayor parte del texto -más que a informar de la iniciativa de Cuba para África- a relatar las resistencias de la élite médica en los países donde se ha implantado la colaboración médica cubana.

El mensaje de France-Presse, difundido por decenas de medios, tiene una carga política evidente: los 50.731 cooperantes cubanos que hoy están en 66 países de América Latina, Asia y África son meros instrumentos del Gobierno cubano para obtener divisas y votos en la ONU.

Pero lo que esta agencia no dice es que, en 40 de esos 66 países, en los más pobres, Cuba asume todos los gastos de los programas de ayuda. Solo en los otros 26 –en naciones con recursos, como Venezuela, Brasil o Sudáfrica- existe una contraprestación económica que sirve para autofinanciar el sistema de salud de Cuba. Algo absolutamente justo, pero que ofrece al mundo un ejemplo peligroso para los poderosos: el de países del Sur que se unen para intercambiar sus recursos y compartir sus fortalezas en beneficio de las poblaciones más vulnerables, en un esquema ajeno a las reglas de la globalización capitalista.

En estos días, lejos de los flashes de la prensa internacional, numerosos profesionales de la salud se están presentando de manera voluntaria en las direcciones municipales de salud de toda Cuba, para ir a África. Al mismo tiempo que las acciones de Tekmira Pharmaceuticals, empresa financiada por Monsanto y por el Departamento de Estado de EEUU, subían súbitamente -casi un 50 %- ante las perspectivas de encontrar un lucrativo medicamento contra el ébola. Pero esto, sin duda, no será motivo de un reportaje en la agencia France-Press. A fin de cuentas, es la forma “lógica y normal” de funcionar en este mundo gobernado por la mano invisible del mercado.

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