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lunes, 5 de agosto de 2019

Recibimientos y Liberticidios

Les compartimos la editorial que Naiz ha dedicado al tema de los ongi etorriak, los recibimientos que se hace a los represaliados políticos vascos una vez que vuelven a casa:


Una persona de casi 70 años es liberada tras pasar cerca de 30 años en prisión. Ha estado más de la mitad de su vida adulta encarcelada, primero en el Estado francés y luego en el español, siempre alejado de su pueblo. Hay que recordarlo, esta persona tiene 70 años y ha estado 30 en la cárcel. Banalizar esta vivencia es un mal comienzo para hablar de ética.

Sus condiciones de vida en prisión han sido objetivamente muy duras, con alejamiento y aislamiento. Fue condenado por atentados en los que murieron cinco personas, cuatro de ellas policías. Fue miembro de la dirección de ETA. Nadie lo oculta. Huyó de su pueblo natal, Hernani, hace 43 años, poco después de la muerte de Franco. Su familia ha conocido de cerca la represión. Uno de sus hermanos fue víctima de un atentado de los GAL cuando estaba refugiado. Casi nadie recuerda esto. Evidentemente, se trata de Jose Jabier Zabaleta, «Baldo».

Al día siguiente sale de la cárcel otro preso, el oñatiarra Xabier Ugarte. Es algo más joven y ha pasado 22 años en prisión. La mayoría de la gente lo recuerda porque fue condenado por el secuestro del funcionario de prisiones José Antonio Ortega Lara. Casi nadie recuerda las torturas que padeció durante su detención. Fue hospitalizado y declaró incomunicado delante del juez Baltasar Garzón. Hay que recordarlo también; ha pasado 22 años en prisión, bajo un régimen excepcional y vengativo.

En ese sentido, en su pueblo su comunidad los acoge en parte como supervivientes. A algunos les puede sonar extraño, pero es consecuencia de un sistema penal criminal. Cuando estas personas son liberadas, muchos vecinos salen a la calle a recibirlos. No siguen una convocatoria, no responden a una consigna. Por diferentes razones, se alegran. Por ellos, o por los suyos. Por solidaridad o por humanidad. Todas esas personas comparten que las condiciones de los presos vascos no cumplen los principios de los derechos humanos. Por ejemplo, no siguen las Normas Mandela, los estándares fijados por la ONU para los sistemas penitenciarios. Interesante tema para los realmente interesados en derechos humanos.

Algunas de las personas que acuden a estos recibimientos estaban a favor de ETA y otras en contra. Unas creían en la violencia como instrumento político y otras tenían como principio rector los derechos humanos. Ocurre igual en los homenajes a víctimas de ETA: algunas estaban a favor de torturar a quienes cometieron esos atentados y otras no. Es 2019 y mucha gente ha cambiado sus posturas. También es cierto que, tanto en un caso como en el otro, unas personas dicen lo que piensan y otras no. Porque lo que casi todo el mundo conoce bien es el discurso que le ofrece ventaja política. Empujar a una sociedad al cinismo es peligroso.

Nadie pone en duda lo que estas personas hicieron como militantes de ETA, aunque en la sociedad vasca haya serias discrepancias sobre el contexto y la naturaleza de esas acciones. En general, han cumplido sus condenas íntegramente en base a un Código Penal que no ha hecho más que endurecerse. A partir de estos últimos presos, las condenas son aún mucho más duras, son cadenas perpetuas encubiertas. Las instituciones vascas deben actuar con responsabilidad y audacia.

Que el lehendakari Urkullu polemice en este tema con Arnaldo Otegi no es una muestra de superioridad moral, como él cree, sino de obsesión. Cabe recordarle que según el Tribunal Europeo de Derechos Humanos Otegi estuvo seis años injustamente encarcelado por ese mismo sistema político y judicial, siendo Urkullu lehendakari. Bajo su mandato ha muerto por desasistencia sanitaria Kepa del Hoyo –y el navarro Xabi Rey–. No puede defender solo a quien está de acuerdo con él. Tiene responsabilidad en los derechos de los 248 ciudadanos vascos que quedan presos de ese sistema.

Una última puntualización. No han sido homenajes. Es mentira. Han sido recibimientos, el momento en el que esos presos llegan a sus pueblos. Hace ya tiempo que muchos de estos actos se hacen en recintos privados y con discreción. Estos militantes no buscan escarnio, tienen un compromiso y un sentido del honor. Ahora bien, no han quedado libres para esconderse. No van a sumar al castigo una penitencia que no responde a una voluntad de concordia, sino de humillación y regresión. Se han ganado a pulso su libertad. Si, más allá de las victimas directas de la violencia, alguien está en contra de esa libertad, de lo que quiere hablar no es de derechos humanos, sino de un estado de excepción. Cuidado con alimentar agendas de la ultraderecha.






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sábado, 17 de marzo de 2018

Egaña | La Celda de Xabier Rey

Con respecto a la pérdida de Xabier Rey - víctima de tortura y rehén de la política vengativa del régimen español -, les compartimos este texto de Iñaki Egaña, auténtica oda a la memoria:


Iñaki Egaña

Durante décadas hemos transmitido que nuestros hombres y mujeres en la vanguardia de la lucha identitaria, nacional y social, eran de hierro. La prisión, destino de la mayoría de esta pelea interminable, mantenía supuestamente la entereza de los nuestros, por mucho que las condiciones fueran extremas. La resistencia también se demostraba entre los muros de la prisión.

No llegábamos a alcanzar, sin embargo, que el objetivo de la cárcel para el enemigo secular de nuestro pueblo, no era únicamente la privación de libertad. Si no también la venganza, la vuelta de tuerca al eslabón más débil, el secuestrado, de nuestro proyecto emancipador. La eliminación del oponente.

Escribía Michel Foucault en "Vigilar y castigar" que el cuerpo de los condenados era un método sobre el que se grababa de forma visible las marcas del poder. Así, el preso se convierte en objeto y blanco del poder. A partir de esta reflexión, podemos observar que la política penitenciaria española tiene, efectivamente, ese objetivo. Focalizar en el preso la señal de su impronta tanto represiva como política. Analicen la cárcel y obtendrán la identidad de quien gobierna.

Una década, dos décadas, tres décadas,... y con su ley 7/2003 quieren llevarlos al extremo de las cuatro décadas, al límite de la resistencia, al límite de la vida. La cárcel se estira como respuesta, como pulso para mantener in aetérnum una situación de hegemonía frente a cuestiones políticas.

No hace falta que sus ejércitos y sus policías se desplieguen y se ensañen para seguir causando víctimas. Pueden seguir haciendo daño sin estridencias ni grandes alardes, sin tanto ruido y rodeados de loas al estado de derecho, el sistema democrático y hablando de derechos humanos o prisión permanente revisable, de daño injusto y de recibimientos en su casa.

Ya no hay muertes en las calles, al menos muertes derivadas del conflicto. Dicen que aquello es pasado. Aparentemente tampoco hay muertes en controles policiales, huelgas o manifestaciones... Hay, por el contrario, multas, inhabilitaciones, cárcel...

Hoy las formas son radicalmente distintas pero la muerte no está aún ausente. La muerte se presenta en la carretera por tener que recorrer centenares o miles de kilómetros, la muerte se presenta en los penales por desasistencia sanitaria, enfermedad o por otros motivos que los que no estamos encerrados un día si y otro también, no alcanzamos a comprender. Motivos relacionados con la soledad, el aislamiento, el alejamiento.

Así es como se ha ido acentuando en las últimas décadas, la tendencia a provocar la muerte, al asesinato premeditado, que parte de otras coordenadas, “civilizadas” y adecuadas a ese gran paraguas de espeto a la “pluralidad” y a los “derechos humanos” que se lanza desde el Consejo de Europa a través de acuerdos internacionales firmados y refirmados cuando se renuevan. Pero los derechos humanos y la pluralidad únicamente son aplicables a un porcentaje determinado de la población, tal y como lo dice explícitamente desde el Gobierno de Madrid hasta el de Gasteiz (última ley vasca de víctimas de abusos de las fuerzas policiales).

El corpus teórico del tratamiento de los presos, no sólo de los políticos, sufrió un cambio notorio en 2015 con la promulgación por parte de Naciones Unidas, de las llamadas “Reglas Mandela”. Una serie de medidas destinadas a introducir precisamente los derechos humanos en las cárceles. Lean las Reglas, que las encontrarán sin dificultad en la red, y entenderán que están diseñadas para atacar a las políticas represivas penitenciarias de estados como el español. Cada línea, cada letra, me recuerda a una vulneración paralela en las cárceles españolas. Desgraciadamente se trata de un espejo identificable.

Fue el propio ex preso y luego presidente sudafricano Nelson Mandela quien nos legó una frase significativa: “Se dice que no se conoce un país realmente hasta que se está en sus cárceles. No se debe juzgar a una nación por cómo trata a sus ciudadanos más destacados, sino a los más desfavorecidos”. Ese país es España. Y una de sus cárceles es la de Puerto de Santa María.

La prisión en la que murió Xabier Rey ya había sido visitada por un Comité del Consejo de Europa que, tras la audiencia, realizó un informe, contundente a la vez que deprimente. Las mazmorras y los castigos de la Edad Media siguen vigentes en ese Reino de España que dicen está a la cabeza del planeta en la investigación de la criogenización.

Todavía en noviembre de 2016, el Consejo de Europa censuraba el sistema español, en especial el aislamiento de sus presos. Y en su informe sobre la prisión de Puerto, relató el trato a un preso común que intentó suicidarse en agosto de ese año. Según el Comité del Consejo, el preso fue supuestamente apaleado por los funcionarios cuando descubrieron las lesiones, mientras el médico de la cárcel se negó a firmar la denuncia.

Mantener a un preso en aislamiento durante años, encerrado en una celda de dimensiones reducidas, condenándolo a una comunicación telefónica ridícula y a otra epistolar menguada tiene un único objetivo. Acabar con su condición humana y, de paso, eliminar su rastro físico de la historia. Y trasladar el mensaje de que los verdugos son implacables con el disidente. Aquel editorial de un diario madrileño que sigue vigente: “No hay derechos humanos a la hora de cazar el tigre (ETA). Al tigre se le busca, se le acecha, se le acosa, se le coge y, si hace falta, se le mata”.

José Ramón Goikoetxea falleció en Alcalá-Meco en 1985. Desde entonces, 28 presos vascos han fallecido en prisión. Algunos tuvieron la oportunidad de vivir sus últimos días en un hospital, para que la estadística no se inflara. Son nuestros muertos, nuestras compañeras y compañeros que no recibieron una bala de plomo, pero que sufrieron las consecuencias de una política bajo el mismo objetivo.

Sirvan de recuerdo: Joseba Asensio, Josu Retolaza, Mikel Lopetegi, Juan Carlos Alberdi, Mikel Zalakain, Jean-Yves Groix, Pello Mariñelarena, Javier Gorostiza, José Mari Aranzamendi, Juan Carlos Hernando, Jean-Louis Maitia, Santi Diez, Esteban Esteban Nieto, Ramón Gil, Kepa Miner, Oihane Errazkin, Jose Ángel Altzuguren, Juan Jose Etxabe, Igor Angulo, Roberto Sainz, Mikel Ibañez, Ángel Figueroa, Xabier López Peña, Arkaitz Bellón, Josu Uribeetxeberria, Kepa del Hoyo, Belén González y Xabier Rey.

Si a quienes perdieron la vida en prisión o a consecuencia de ella añadimos la de los familiares y amigos que dejaron la suya en la carretera por motivo del alejamiento/dispersión, estamos en el medio centenar de muertes a causa de una política penitenciaria devastadora. Si nos alejamos de ese punto de partida de 1985 y volvemos la vista más atrás, el número va en aumento hasta superar el medio millar.

Aquello de los hombres y mujeres de hierro fue un falso espejismo que alimentamos desde la épica de una literatura que nos era ajena, mezcla entre la soviética de entonces, la cubana revolucionaria y la resistente al nazismo en la época que cantaba Leonard Cohen. Nuestros hombres y mujeres sufren como nadie las durezas, las asperezas de una celda reducida, el aliento de la guerra que continuamente nos enfrentan a pesar de los deseos eternos de paz. Nosotros debemos ser sus voces, sus manos, sus ojos, sus signos.

Y recurro a Mario Benedetti, para concluir, en aquella memorable poesía: “No te rindas por favor no cedas, aunque el frio queme, aunque el miedo muerda”. Esa petición lleva implícita un compromiso de nuestra parte. No somos de hierro, somos del color de la vida, y por eso necesitáis toda nuestra fuerza, todo nuestro cariño, como sentenciaba el poeta uruguayo: “Aun hay fuego en tu alma, aun hay vida en tus sueños, porque no estás sola, porque yo te quiero”.






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sábado, 25 de febrero de 2017

Madrid Contra las Reglas Mandela

Aún podemos recordar claramente a una emocionada Sofía Borbón aplaudiendo a Nelson Mandela durante la ceremonia de clausura del Mundial de Sudáfrica 2010, ese que inexplicablemente los arbitros regalaron a la selección española y su horripilante estilo de juego.

La Borbón supo actuar su parte pues al ser de familia nazi y estar casada con un franquista poco amor puede abrigar por un luchador como Madiba.

El gran líder en la lucha contra el Apartheid ya ha muerto, pero ella sigue viva, como vivo sigue el régimen del que ella forma parte y que hoy sabemos a ciencia cierta, se pitorrea del legado que Mandela ha dejado a la humanidad, como ha quedado claro con la directriz por la cual Instituciones Penitenciaras puede retener a un preso vasco gravemente enfermo por el tiempo que así lo decidan, hasta que la muerte sea ya inminente, imposibilitando así al rehén a recibir la atención médica adecuada y más aún, a que se despida dignamente de su familia.

Lean ustedes este artículo publicado en Gara:


El Gobierno del PP ha retratado con más claridad que nunca su crueldad con los presos vascos enfermos mediante una directriz que insta a excarcelarlos sólo si se prevé que van a fallecer «con razonable certeza» y «a muy corto plazo». Instituciones Penitenciarias trampea así una vez más su ley y normas internacionales como las Reglas Mandela.

Ion Salgado y Ramón Sola

Aunque en la práctica seguramente no modifique nada de lo que ya viene pasando, este párrafo quizás se estudie algún día en las universidades como reflejo de qué es una política carcelaria de venganza. Pertenece a una directriz remitida por la Dirección General de Instituciones Penitenciarias del Gobierno español a las prisiones, en clara y evidente respuesta a las demandas de excarcelación de presos vascos con enfermedades graves. Se trata por tanto de un documento interno, pero que ha sido revelado por ‘‘El País’’. En él se establece que estos prisioneros no podrán ser liberados salvo que su fallecimiento se prevea «con razonable certeza, a muy corto plazo».

Esta truculenta directriz carcelaria tiene un reverso igualmente perverso. Siempre según ‘‘El País’’, sí se abre la puerta de la libertad condicional a quien tenga una enfermedad grave pero sin pronóstico mortal y muestre el arrepentimiento que exige el Gobierno español a estos presos.

Queda claro con ello el contexto de esta directriz y su filtración, marcado por dos elementos de actualidad. Por un lado está la dimensión alcanzada por la demanda de libertad de los presos vascos enfermos, no solo en las movilizaciones masivas de Sare (octubre en Donostia, enero en Bilbo), sino también en posicionamientos institucionales (Gasteiz reivindicó ya en 2014 la libertad de los enfermos y luego ha hecho lo mismo con casos concretos como Aitzol Gogorza e Ibon Iparragirre), en iniciativas políticas (el PNV reclamó al Ejecutivo hace un mes en el Senado que detalle qué presos vascos hay enfermos en la cárcel) y en acciones internacionales (el tema marcó la visita de Etxerat a Bruselas hace mes y medio). Y el segundo elemento de contexto es el debate abierto en EPPK para dar concreción a la apuesta por las vías legales para tratar de vaciar las cárceles, poniendo como límites el arrepentimiento y la delación. La directriz parece destinada a intentar condicionar ambos factores.

Hay que matizar que esta circular compete exclusivamente al ámbito penitenciario; es decir, a la capacidad de decisión de la Dirección General de Instituciones Penitenciarias que comanda Ángel Yuste. Al margen de ella se sitúan los aparatos judiciales, a los que pueden seguir apelando los presos y que son los que tienen la última palabra, comenzando por el Juzgado Central de Vigilancia Penitenciaria. Por ejemplo, en el conocido caso del ya fallecido Iosu Uribetxeberria que se cita como precedente de esta decisión, no fue Instituciones Penitenciarias quien lo liberó, sino los jueces.

Retorciendo todas las normas

Sea como fuere, esta circular contraviene claramente tanto los propios preceptos legales del Estado español como los criterios internacionales, resumidos por ejemplo en las Reglas Mandela actualizadas por última vez por la ONU en 2015.

Por lo que atañe a la norma estatal, el artículo 80.4 del Código Penal dice que «jueces y tribunales podrán otorgar la suspensión de cualquier pena impuesta sin sujeción a requisito alguno en caso de que el penado esté aquejado de una enfermedad muy grave con padecimientos incurables, salvo que en el momento de la comisión del delito tuviera ya otra pena suspendida por ello».

En cuanto a las Reglas Mandela, aunque se centran en los estándares de las condiciones de vida en prisión y solo tocan tangencialmente las condiciones para acceder a la libertad, la número 109 sí resulta aplicable directamente al caso de varios prisioneros vascos enfermos: «No deberán permanecer en prisión las personas a quienes se diagnostique una discapacidad o enfermedad mental grave, cuyo estado pudiera agravarse en prisión», estipula.

Fianza de 20.000 euros a Zulueta tras tres años de aislamiento, y libertad para Garaizar

Tras pasar tres años en régimen de aislamiento en la cárcel de Puerto, el último recurso de la abogada Arantza Zulueta ha sido aceptado y se ha decretado su libertad provisional a la espera de juicio, bajo fianza de 20.000 euros. Su abogado, Alfontso Zenon, daba ayer la «bienvenida» a esta decisión, aun matizando que «debía haberse producido mucho antes». Hace apenas unas semanas otro auto judicial cuestionó el aislamiento que sufría, pero la situación fue resuelta con una nueva artimaña y manteniéndole en el mismo módulo, al que fueron llevadas cuatro presas provocando una situación de hacinamiento.

Los trámites para la fianza se intentaban cumplimentar ayer ante las entidades bancarias con las dificultades inherentes al fin de semana, por lo que se desconocía por el momento cuándo quedará libre Zulueta para regresar a Euskal Herria.

El auto justifica la exigencia de los 20.000 euros en que el riesgo de fuga «no es inexistente, dada la gravedad de las penas» que plantea la Fiscalía contra ella: 19 años de cárcel.

La decisión ha sido tomada por una instancia de la Audiencia Nacional superior al instructor, Eloy Velasco, que había apostado hasta ahora siempre por el mantenimiento de la prisión incondicional.

Entre los argumentos que ha puesto sobre la mesa en favor de la excarcelación, la sala del tribunal especial dice haber tenido en cuenta que Zulueta ya ha pasado un amplio plazo de tiempo en prisión preventiva (más de tres años cuando el tope es cuatro), el riesgo de que «vuelva a delinquir» ha quedado «minimizado» y no hay actividad en lo que los tribunales españoles denominan «frente de makos de ETA».

La que sí quedó ya libre ayer, tras agotar la condena, fue la vecina de Trapagaran Nerea Garaizar, que abandonó la cárcel de Badajoz. Había sido detenida en 2001 en el Estado francés y entregada posteriormente al español en 2007; por lo tanto, ha pasado dieciséis años entre rejas.

Mientras, como cada último viernes de mes, anoche fue jornada de intensa y extensa movilización por los derechos de los presos. Fue el caso de Mutriku, donde se reunieron 65 personas, en Lekeitio 98, en Oñati 47, en Bergara 56, en Arrasate 200, en Soraluze 58, en Getaria 44, en Andoain 36, en Lizarra 32, en Mundaka 18, en Ugao 47, en Legorreta 16, en Lazkao 78, en Amara 37, en Tolosa 55, en Zumaia 40, en Zarautz 136, en Ataun 30, en Usurbil 118, en Zizurkil 45, en Etxalar 18, en Errenteria 178, en Lizartza 32, en Lezo 16, en Orozko 20, en Arbizu 31, en Sopuerta 25, en Berriozar 30, en Erandio 44, en Laudio 68, en Iruñea 178, en Urretxu-Zumarraga 60, en Zaldibia 76, en Larrabetzu 92, en Erromo 80, en Betelu 23, en Durango 69, en Lekunberri 12, en Asteasu 40, en Areso 18 y en Munitibar 34.

El trato médico en cárceles españolas, también en las antípodas de las Reglas Mandela

Las Reglas Mandela aprobadas por la Asamblea General de la ONU en diciembre de 2015 (en su última edición) no solo remarcan la necesidad de excarcelar a los presos con enfermedades sicológicas, sino que definen un exhaustivo estándar de atención médica en prisión, que es radicalmente diferente al que denuncian colectivos como Jaiki Hadi por lo que atañe a los presos vascos.

Doce de las 122 reglas se refieren expresamente a esta cuestión de la salud, comenzando por subrayar que «los reclusos gozarán de los mismos estándares de atención sanitaria que estén disponibles en la comunidad exterior».

Frente a las denuncias de desatención, retrasos, traslados indebidos... que resultan recurrentes por parte de presos y presas vascas, la ONU establece que «cada establecimiento penitenciario contará con un servicio de atención sanitaria encargado de mejorar la salud física y mental de los reclusos», compuesto por un equipo interdisciplinar con conocimientos de sicología y siquiatría.

La regla número 27 estipula que todas las cárceles «facilitarán a los reclusos acceso rápido a atención médica en casos urgentes. Los reclusos que requieran cuidados especiales o cirugía serán trasladados a establecimientos especializados o a hospitales civiles (...) Solo podrán tomar decisiones médicas los profesionales de la salud competentes y el personal penitenciario no sanitario no podrá desestimar ni desoír esas decisiones».

Se regulan también los casos de maternidad e infancia en prisión. Así, la regla 29, que tiene especial actualidad estos días en Euskal Herria por el caso de Sara Majarenas y su hija Izar en Picassent, establece que «toda decisión de permitir que un niño permanezca con su madre o padre en el establecimiento penitenicario se basará en el interés superior del niño». En esos casos habrá que facilitarles servicios de guardería y de atención sanitaria, y los pequeños «nunca serán tratados como reclusos».

También tiene especial lectura aquí, por casos como el de Unai Romano, la siguiente Regla Mandela, que obliga a que un médico o profesional de la salud competente tendrá que examinar a la persona presa nada más ingresar, y entre otras cosas «detectar los malos tratos que pueda haber sufrido antes de su ingreso». Se les encomienda también «detectar todo indicio de estrés sicológico o de otra índole causado por la reclusión, incluidos el riesgo de suicidio o autolesión».

La ONU exhorta asimismo a garantizar la confidencialidad de las consultas médicas a presos y a que el profesional sanitario de turno informe al director de cada cárcel «cada vez que se estime que la salud física o mental de un recluso haya sido o pueda ser perjudicada por su reclusión continuada o por determinadas condiciones de reclusión».






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jueves, 23 de febrero de 2017

Pena de Muerte a Presos Vascos Enfermos

Con el cinismo que le caracteriza el régimen borbónico franquista se jacta de marchar a su propio paso en lo que respecta al resto de Europa.

Y su propio paso es el que Santa Inquisición determinó allá en el siglo XVI.

Según se denuncia en este artículo publicado en El País, la directriz en la que se basa el director de Instituciones Penitenciaras  del estado español es clara y contudente, pena de muerte a los presos políticos vascos gravemente enfermos que se nieguen a arrodillarse ante sus verdugos.

Madrid pues busca castigar a la militancia vasca hasta el mismo límite de lo posible, condenando a sus rehénes y a sus familias a un inhumano sufrimiento, a la desesperación de presenciar como la vida de un ser querido se apaga sin tener acceso a los cuidados necesarios, encerrado en las frías mazmorras del régimen totalitario al que desafió, destinado a la imposibilidad de decir adiós cuando esto todavía significa algo... cuando decir adiós a los familiares y amigos lo es todo.

Lean ustedes:


Una instrucción de Instituciones Penitenciarias regula las condiciones que deben cumplirse en estos supuestos y tratan de evitar casos como el de Uribetxeberria Bolinaga

Mónica Ceberio Belaza

El Código Penal recoge la posibilidad de que, cuando un preso está muy enfermo, se suspenda la ejecución de su condena y se decrete la libertad condicional. Se trata de una medida prevista para personas que están “muy graves” y tienen “padecimientos incurables”. La concreción de estos principios ha dado no pocos quebraderos de cabeza a la Administración y a la justicia, especialmente en el caso de presos etarras que han pedido ser excarcelados por enfermedad. Porque, ¿qué se entiende por padecimientos incurables? ¿Tiene que estar el preso a punto de morir para pedir esta medida o es suficiente con que esté muy enfermo?

Según las directrices de una instrucción de Instituciones Penitenciarias –dependiente del Ministerio del Interior- fechada el pasado 17 de febrero, los internos enfermos solo podrán ser excarcelados bien si su fallecimiento se prevé “con razonable certeza, a muy corto plazo”, bien si cumplen los requisitos para acceder al tercer grado y la libertad condicional, es decir: el arrepentimiento en el caso de los presos por terrorismo. Todo ello como criterio penitenciario, porque a través del control judicial posterior se podría decidir otra cosa.

El caso de Josu Uribetxeberria Bolinaga copó las portadas de los periódicos durante el mes de agosto de 2012. Estaba enfermo, era un preso de ETA no arrepentido, y fiscalía, juez de vigilancia penitenciaria e Instituciones Penitenciarias no se pusieron de acuerdo sobre si debía salir o no. Finalmente, lo hizo con el visto bueno de los dos últimos. Tenía un cáncer terminal y falleció dos años y medio después, el 16 de enero de 2015. En su momento la polémica giró sobre si debía salir solo si estaba a punto de morir o si, en todo caso, estaba tan enfermo que no tenía sentido que siguiera encarcelado.

Casos como este son los que intenta evitar Prisiones con la nueva instrucción, que se basa en ciertas modificaciones del Código Penal de 2015. Este texto legal contempla dos situaciones. La primera, que el enfermo esté muy grave y con padecimientos incurables y esté además en un supuesto de “peligro patente” para su vida. Prisiones considera que “el peligro patente para la vida” debe entenderse como “el que produce la enfermedad en estadio terminal o aquella situación en la que el fallecimiento es previsible, con razonable certeza, a muy corto plazo”.

En este supuesto, el juez de vigilancia o tribunal que lo condenó puede directamente suspender la ejecución de la condena sin más trámite que constatar su estado médico a través del dictamen del médico forense y de los servicios médicos de la cárcel. Si las autoridades penitenciarias consideran que hay peligro patente para la vida de un interno, el médico encargado de la asistencia lo comunicará al subdirector o jefe de los servicios médicos, y este, al director de la prisión, quien dará traslado de toda la documentación al juez de vigilancia penitenciaria.

Si el preso no va a morir a muy corto plazo, la Administración iniciará el expediente de la libertad condicional si se cumplen los requisitos necesarios para acceder al tercer grado salvo haber extinguido tres cuartas partes de la condena (o dos tercios o la mitad, según los casos).. Y, en el caso de los presos por delitos terroristas, esto exige “que el penado muestre signos inequívocos de haber abandonado los fines y los medios de la actividad terrorista y haya colaborado activamente con las autoridades, bien para impedir la producción de otros delitos por parte de la organización o grupo terrorista, bien para atenuar los efectos de su delito, bien para la identificación, captura y procesamiento de responsables de delitos terroristas, para obtener pruebas o para impedir la actuación o desarrollo de las organizaciones o asociaciones a las que haya pertenecido o con los que haya colaborado”.

En caso de que las autoridades penitenciarias consideren que el preso no va a morir enseguida pero no se pueda iniciar el expediente de libertad condicional, Prisiones indica que deberán ser valorados cada vez que se produzca “un deterioro de su situación clínica” y, en todo caso, cada seis meses, para tener un informe que “actualice el pronóstico vital y el grado de deterioro funcional”.






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sábado, 14 de enero de 2017

Egaña | «You’ve Got to Free»

No podemos mas que estar de acuerdo con la apreciación que Iñaki Egaña tiene del uso "preso político" para referirse a las centenas de luchadorxs vascxs hoy en las mazmorras de los estados español y francés.

Les invitamos a tomar su propia decisión al respecto tras leer el texto publicado en Naiz:


Iñaki Egaña | Historiador

The Specials era una banda de música británica que en 1984 alumbró aquella conocida canción ‘Free Nelson Mandela’. El líder sudafricano llevaba entonces 21 años en prisión. Sería excarcelado 6 años más tarde de que el grupo británico alcanzase su mejor puesto en Europa en los superventas, sexto en Irlanda, con aquella balada. Un estribillo que repetía cansinamente «You´ve got to free». Tienes que liberarlo, tienes que liberarlo. En otra parte de la canción añadían: «¿Eres tan sordo que no puedes oír la súplica?».

Nelson Mandela salió de la cárcel. Su cautiverio no tuvo que ver con la reeducación del delincuente, como citan los manuales. Su presidio fue un castigo político, su estadía más allá de lo humano, asentar su condición de rehén frente a las proclamas, literarias y armadas, contra el Apartheid. Una crónica que se nos hace excesivamente familiar. ¿Hay en Euskal Herria al día de hoy presos políticos? Mi impresión es negativa. No se escandalicen. Hay, y vaya si los hay, rehenes políticos.

No tengo interés en polemizar ni un segundo con conceptos que ya destripó Michel Foucault sobre la función de la prisión. No tengo ni la más mínima intención de ofrecer más datos que ahonden en lo que es sobradamente conocido, el código penal más duro y perverso de Europa (tasa de criminalidad en España es un 27% más baja que en Europa, la de encarcelamiento un 32% más alta). Para la disidencia, of course. La titularidad del sistema dispone de centenares de indultos al año, cuando no la prevaricación sistémica de un aparato judicial que de independiente tiene lo que Rajoy de ligereza verbal.

No tengo disposición para perder el tiempo en escuchar y destripar frases como «el que la ha hecho la paga», «las leyes están para cumplirse» o «matar estuvo mal». No somos inocentes, como los que envió al calendario Herodes. Para conocer quiénes somos los paganos: más de 14 millones de euros al año el coste de la dispersión, según Etxerat; más de 1,2 millones de euros de subsidio de desempleo a los ex presos sin cobrar, según Harrera. Las leyes las incumplen los gobiernos, alargando la condena a sabiendas de la transgresión y esperando que la rectificación de Estrasburgo llegue más tarde que pronto. Leyes redactadas, para más insidia, por sus escribanos.

Las normas Mandela, el de la canción de Specials, vigentes desde 1955 y revisadas en 2015 dicen: «El sistema penitenciario no deberá agravar los sufrimientos que implican la privación de la libertad». Denme un solo nombre de rehén vasco al que se le apliquen las normas. Y, «matar estuvo mal». Of course. Describan el derecho a la rebelión de la Carta Fundacional de los Derechos Humanos. Describan un solo país de Europa que no haya matado en el siglo XX en defensa de sus intereses. Uno sólo. Quedaré satisfecho. Quizás, como solía contar Mark Legasse, la diferencia estriba en matar «al por mayor» y matar «al por menor». No se puede frivolizar con la vida y la muerte como lo están haciendo los valedores de esa máquina infernal que se llama capitalismo.

La palabra rehén no es invento reciente. Fue una práctica habitual de los tiempos del nazismo, pero también de las épocas en las que los jóvenes vascos desertaban para no asistir a conflictos ajenos, llamados a filas para completar el cupo correspondiente. Los rehenes, en este caso, eran padres o hermanos, detenidos hasta que apareciera el desertor. Los modernos rehenes, de guerra como los llamó el propio colectivo de presos vascos ya hace dos décadas, a pesar de estar internados, sirven para modificar el escenario exterior. Para ejercer presión política. No es un concepto inventado por el sector que aboga por la excarcelación de los presos. Es una sensación generalizada. Una cuestión que ya la denunció Kepa Aulestia, hoy ideólogo del grupo Vocento, en una época secretario general de Euskadiko Ezkerra y negociador del sector polimili que abandonó las armas: «El Estado ha instrumentalizado el tema de la reinserción y en este momento los presos están siendo más rehenes que nunca».

Hace ya más de medio siglo que la organización en la que militaban la mayoría de encarcelados vascos actuales, hizo una definición de sus presos. Tengo la impresión de que esa es la razón, parece mentira que hayan pasado más de 50 años, que perdura. La que les convierte en rehenes: «Son ellos quienes, por encima de la inoperancia de instituciones esclerotizadas, de las egolatrías y de las imputaciones malévolas, personifican el espíritu de Resistencia y Liberación del Pueblo Vasco». Personificación del enemigo, focalización, deshumanización... normas elementales de los manuales de guerra. Ahí está la incidencia de la política penitenciaria. Se aplica el código penal del enemigo, se aplican medidas de guerra.

La existencia de un numeroso colectivo de presos y exiliados, políticos por decisión propia y ajena, es la expresión visible de un conflicto no resuelto. Se adaptan leyes especiales, por tribunales especiales, se usan fondos reservados para desvirtuar el escenario, como esa compra masiva de funcionarios uruguayos por parte del Gobierno español que se ha sabido ahora, cuando la llamada Operación Filtro. Se ahonda en la guerra. El lehendakari Agirre contaba en el Congreso Mundial vasco celebrado en 1956, a cuenta de los hechos que ocasionaron la guerra civil y en particular el asalto a las cárceles del 4 de enero de 1937: «Quisimos humanizar la guerra, pero no nos dejaron».

Y resulta que el país, según cuentan, está ya en paz. Con una guerra actual que no existe, en medio de una deshumanización que, en consecuencia, no tiene sentido. No hay más conflicto que el de la supervivencia. Faluya y Alepo quedan a miles de kilómetros de distancia. Las imágenes bélicas se resumen en los últimos minutos de los informativos televisivos. A finales de 2016, España mantenía en el planeta 14 misiones militares internacionales: Irak, Afganistán, Líbano, Turquía, Malí, Mauritania. Un total de 2.330 efectivos. Según los últimos datos oficiales, 7.063 policías y guardias civiles están desplegados en Hego Euskal Herria. Tres veces más que en el resto del mundo mundial. ¿Es señal inequívoca de paz? ¿Son cascos azules los agentes, como los de Unifil del Líbano? La militarización del territorio, la utilización de los presos como rehenes para la política diaria... expresiones de una gestión de guerra para un tiempo aparente de paz.

Jamás en la historia de nuestro país, en la de ese conflicto que niegan a pesar de las evidencias, las venganzas hacia esos presos-rehenes han alcanzado la magnitud de nuestra época. Hace unas semanas falleció Marcos Ana, militante comunista y poeta español, «el preso que más tiempo pasó en una cárcel franquista», según la prensa carpetovetónica. Un total de 22 años. ¿Por qué invisibilizar a los presos vascos asimismo durante el franquismo? El también comunista, pero navarro, Jacinto Otxoa, estuvo encerrado durante 28 años. Marcos Ana no tuvo el triste récord, sino Otxoa. Hubo y hay, nuevos techos. Josemari Sagardui abandonó la prisión en 2013 tras 31 años encarcelado. La cadena perpetua a través de eufemismos.

Llevamos en la mochila colectiva la cárcel como parte adherida a nuestra piel. Horas, días, meses, años contados de manera irracional. Hace unos días oí a un ex preso decir: «yo apenas pisé la cárcel, sólo estuve tres años internado». Hasta qué punto hemos interiorizado una situación hasta convertirla en normal. Cristián Capuyan, un menor mapuche encarcelado al otro lado del océano, escribía a su familia: «Bueno, el motivo de esta carta es para recordarles que aún seguimos aquí, que nada ha cambiado desde el día de mi detención». Debemos romper esa dinámica de la normalidad. Los presos vascos son una anomalía, un reflejo de políticas reñidas con la humanidad y con la paz. Hay que terminar con la excepcionalidad que afecta a cada uno de ellos. Como cantaba The Specials, «You´ve got to free».






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lunes, 18 de julio de 2016

Madrid Ningunea a Mandela

Lo que les vamos a compartir no nos toma por sopresa en lo absoluto pues desde 1955 Madrid se ha dedicado a convertir en papel mojado todo tipo de acuerdo internacional.

Que nos informen que se han cepillado las recientemente aprobadas -tal como les informábamos- Reglas Mandela, no hace mas que añadir una raya al tigre.

Lean esta nota publicada en Naiz:

Sare denuncia el incumplimiento de las Reglas Mandela con los presos vascos

Coincidiendo con el Día Internacional de Nelson Mandela, que se conmemora en la fecha del nacimiento del histórico líder sudafricano, Sare ha expuesto este lunes en la Plaza Circular de Bilbo una serie de paneles en los que se denuncian las vulneraciones de Derechos Humanos de los estados español y francés contra los presos políticos vascos.
Teresa Toda y Juan Ibarrondo han recordado que el pasado 17 de diciembre la Asamblea General de la ONU aprobó una serie de puntos, denominados Reglas Mandela, en los que se fija «un marco de respeto a los derechos humanos, legales y penitenciarios de las personas encarceladas para las diversas legislaciones de los Estados miembros. No son vinculantes, pero sí fijan los mínimos que deben garantizarse en todos esos Estados como miembros de la ONU».

Los representantes de Sare han subrayado que «la dispersión y las leyes excepcionales que la sustentan» vulneran dichas reglas, y se han preguntado «¿qué nivel de democracia es el de un Estado cuyos sucesivos Gobiernos, de derecha y de izquierda, diseñaron y aplican la dispersión y una legislación excepcional que posibilita cadenas perpetuas, imposibilidad de beneficios penitenciarios, cumplimiento de dobles penas, que vulneran derechos básicos?».

«La clave para desmontar el edificio de la dispersión está en desactivar toda la legislación excepcional que la sustenta. Todas esas leyes redactadas ‘ad hoc’ para revestir unas prácticas de venganza y castigo añadido tienen que ser revocadas», ha exigido Sare, que ha remarcado la necesidad de «acelerar el ritmo» sin perder de vista dos frases del propio Mandela: «Si esperas a las condiciones ideales, nunca se darán» y «Siempre parece imposible hasta que se hace».





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viernes, 20 de mayo de 2016

Las Reglas Mandela

Les compartimos este artículo publicado en Gara:

Reglas Mandela, 122 guías válidas para todo el mundo

Las Reglas Mandela fueron aprobadas en diciembre por la Asamblea General de la ONU. Actualizaba así un catálogo con 60 años en vigor. Sus 122 artículos recogen en detalle cómo debe tratarse a las personas presas, de la alimentación a la higiene o el deporte.

Ramón Sola
El 17 de diciembre del pasado año, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó las denominadas Reglas Minimas para el Tratamiento de los Reclusos. Pero prefirió darles un nombre más sencillo y a la vez simbólico: Reglas Mandela. Fue «en homenaje al legado del difunto presidente de Sudáfrica, que pasó 27 años encarcelado durante su lucha por los derechos humanos, la igualdad, la democracia y la promoción de una cultura de paz a nivel mundial». No era la primera vez que la ONU establecía un estándar global sobre la cuestión, pero la anterior era de 1955, por lo que la revisión resultaba imprescindible para introducir nuevas realidades aparecidas después y poner más énfasis en los derechos humanos, por aquel entonces un concepto casi recién nacido.

El resultado son 122 reglas, que para el representante de Amnistía Internacional Yuval Ginbar «podrían ser el anuncio de una nueva era en la que se respeten plenamente los derechos humanos de los presos». Se formulan más como propuesta o invitación a ser cumplidas que con carácter imperativo, pero uno de sus valores es que sirven para todo el planeta. En el preámbulo se asume que «es evidente que, debido a la gran variedad de condiciones jurídicas, sociales, económicas y geográficas existentes en el mundo, no se pueden aplicar indistintamente todas las reglas en todas las partes y en todo momento. No obstante, deberán servir para estimular un esfuerzo constante por vencer las dificultades prácticas que se oponen a su aplicación, con la conciencia de que representan en su conjunto las condiciones mínimas admitidas por las Naciones Unidas».

Como prueba de ese consenso básico planetario, puede comprobarse que los países coautores del texto finalmente aprobado forman un mosaico bastante representativo del globo: Argentina, Austria, Brasil, Chile, Ecuador, El Salvador, Estados Unidos, Estado francés, Italia, Líbano, México, Nicaragua, Panamá, Paraguay, Polonia, Sudáfrica, Tailandia y Uruguay. La primera regla ya avanza la premisa de la ONU: «Todos los reclusos serán tratados con el respeto que merecen su dignidad y valor intrínsecos en cuanto seres humanos». Pero quizás la filosofía de estos principios se recoja mejor en la Regla 5: «El régimen penitenciario procurará reducir al mínimo las diferencias entre la vida en prisión y la vida en libertad que tiendan a debilitar el sentido de responsabilidad del recluso o el respeto a su dignidad como ser humano», dice.

A partir de esas bases, las 122 Reglas Nelson Mandela abordan en detalle cada aspecto de la vida en prisión, comenzando por cómo deben gestionarse los expedientes de las personas presas hasta llegar a la «ayuda pospenitenciaria».

Celdas, alimentación, visitas...

Así, por ejemplo, en lo que respecta al alojamiento la ONU establece que cuando las celdas sean individuales deberán ser ocupadas por una sola persona presa; que tendrán que «cumplir todas las normas de higiene, particularmente en lo que respecta a las condiciones climáticas y, en concreto, al volumen de aire, la superficie mínima, la iluminación, la calefacción y la ventilación»; o que «las ventanas serán suficientemente grandes para que puedan leer y trabajar con luz natural, y estarán construidas de manera que pueda entrar aire fresco, haya o no ventilación artificial».

Acerca de la alimentación, se apunta por ejemplo que deberá ser «de buena calidad, bien preparada y servida, cuyo valor nutritivo sea suficiente para el mantenimiento de su salud y sus fuerzas». En cuanto al deporte, se establece que todo preso «dispondrá, si las condiciones meteorológicas lo permiten, de al menos una hora al día de ejercicio físico adecuado al aire libre». En lo que atañe a la salud, que «los reclusos gozarán de los mismos estándares de atención sanitaria que estén disponibles en la comunidad exterior» y que cada establecimiento penitenciario contará con un servicio de atención sanitaria «con suficiente personal cualificado que actúe con plena independencia clínica y posea suficientes conocimientos especializados en sicología y siquiatría». Sobre los registros, dice que no se usarán «para acosar ni intimidar al recluso ni inmiscuirse innecesariamente en su intimidad», además de que es necesario registrarlos. En cuanto a los traslados, «estará prohibido transportar a los reclusos en malas condiciones de ventilación o de luz o por cualquier medio que les imponga un sufrimiento físico innecesario». Y suma y sigue, capítulo a capítulo, hasta abarcar toda la realidad carcelaria.

Respecto al aislamiento, la ONU estipula que «solo se aplicará en casos excepcionales, como último recurso, durante el menor tiempo posible y con sujeción a una revisión independiente y únicamente con el permiso de una autoridad competente».

Nelson Mandela: «No se conoce un país realmente hasta que se está en sus cárceles. No se debe juzgar a una nación por cómo trata a sus ciudadanos más destacados, sino a los más desfavorecidos»



Ya se imaginarán ustedes que en Madrid no estarán muy contentos con respecto a esto.

Aquí el enlace al PDF de las reglas, o si quieren, también las pueden consultar en Wikipedia: Reglas Mínimas de las Naciones Unidas para el Tratamiento de los Reclusos (Reglas Nelson Mandela).




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jueves, 19 de mayo de 2016

El Aislamiento y las Reglas Mandela

Por medio de Gara traemos a ustedes este artículo acerca del método de castigo conocido como aislamiento, mismo que es utilizado tanto por Madrid como por París en contra de los presos políticos vascos a pesar de que se trata de una práctica prohibida por la ONU.

Aquí la información:


El caso de Itziar Moreno en Fresnes, que ha derivado en una huelga de hambre que hoy cumple diez días, devuelve al primer plano la aplicación del aislamiento a los presos y presas vascas. Hoy día son 25 quienes lo padecen según el listado de Etxerat, mientras Sare recuerda que ello vulnera las Reglas Mandela aprobadas por la ONU el pasado año.

Ramón Sola

Fresnes es el último exponente de una cruda realidad generalizada: la aplicación del aislamiento a presos y presas vascas. El encierro de Itziar Moreno en este régimen junto a otros 40 presos sociales tras una protesta por las condiciones de vida ha desencadenado una huelga de hambre de los prisioneros vascos allí encerrados (hoy cumple diez días) y la entrada en celda de castigo (mitard) de las prisioneras. Llegan además noticias de movilizaciones solidarias en penales como Osny, a lo que se une una campaña de masivo envío de cartas a Jean-Jacques Urvoas, ministro de Justicia, desde Euskal Herria.

La red Sare destacó ayer que esta práctica vulnera el capítulo 44 de las llamadas Reglas Nelson Mandela, introducidas el pasado año por la ONU a modo de estándar internacionalmente válido para el cumplimiento de los derechos humanos en las prisiones. Pese a que en este punto se rechazan tanto el «aislamiento indefinido» como el «prolongado» o el «encierro en una celda oscura o permanentemente iluminada», en estos parámetros encaja la situación que atraviesan actualmente 25 presos y presas vascas, «y no es un día o una semana, sino meses y años también», recuerda Sare. Las Reglas Mandela catalogan como aislamiento la imposición de «un mínimo de 22 horas diarias sin contacto humano apreciable».

El último listado existente sobre presos sometidos a aislamiento, elaborado por Etxerat, incluye a Harriet Iragi y Juan Ramón Carasatorre en Albocasser; Arantza Zulueta en Puerto III; Aritz Arginzoniz, Juan Carlos Besance, Bittor Franco, Xabier García Gaztelu, Fernando García Jodrá, Sebas Lasa, Iker Lima, Angel López Anta, Aitzol Maurtua, Iker Olabarrieta, Patxi Ruiz, Nerea Bengoa e Irantzu Gallastegi en Huelva II; y Gurutz Agirresarobe, Iker Arakama, Rufino Arriaga, Asier Arzallus, Juan Mari Etxebarri, Garikoitz Etxeberria, Jesus Goikoetxea, Roberto Lebrero e Iñigo Vallejo en Sevilla II. Todos, como se aprecia, en la otra punta de la Península.

Zulueta como ejemplo

Aunque las casuísticas no son idénticas, el ejemplo de Arantza Zulueta, muy denunciado en estos últimos meses, puede ilustrar qué supone el aislamiento. No puede ver ni hablar con nadie en todo el día salvo con funcionarias de prisión, pasa 20 horas al día en la celda, en el patio está sola, al salir es sometida a un riguroso cacheo y el habitáculo se registra a diario. El contacto con abogados y otras visitas se complica además por los 1.100 kilómetros de distancia respecto a casa.

El colectivo médico Jaiki Hadi ha alertado en sus informes sobre las afecciones de esta medida de castigo prohibida en otras legislaciones europeas, más aún cuando se aplica durante meses o incluso años de modo ininterrumpido (uno de los casos más conocidos fue el de la navarra Joxepa Ernaga, ya en libertad).

«Es mucho más preocupante en los casos de personas con enfermedades mentales graves a las que se somete a este tipo de régimen de vida –añade Jaiki Hadi–. Aunque tienen vetada la aplicación de este régimen de aislamiento, de hecho hay presos que se encuentran en dicha situación», avisan los sanitarios.






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domingo, 8 de diciembre de 2013

«Amandla!»

Les compartimos esta editorial que Naiz dedica al legado de Madiba:


En este primer momento de duelo lo que toca es honrar la memoria de Nelson Mandela, glosar su figura, intentar ser lo más fieles posibles tanto a la persona como al luchador por la libertad, reivindicar su ejemplo y trasladar el pesar de la sociedad vasca a las tres grandes familias de Madiba: su clan, su movimiento político y su pueblo –quizás sería más certero decir su continente, porque a pesar de lo diverso del mismo, Mandela es precisamente una gran, bella y apasionante imagen de África, el continente negro–.

Pero más allá de ese primer homenaje, lo realmente importante es comprender, aprender, ser conscientes de cuáles son las lecciones de su legado como político, como representante de una de las luchas más nobles de la historia, aquella que terminó con el Apartheid y transformó un país marcado por la discriminación y el racismo en un país unido, con graves problemas derivados de siglos de colonización y opresión, pero dinámico y referente a nivel mundial en temas tan cruciales como la verdad, la justicia, la reconciliación y la igualdad, entre otros muchos. No se trata solo de extraer lecciones «universales», sino sobretodo de ser capaces de asimilar, desarrollar, impulsar cada cual en su sociedad y contexto esos valores, ese proyecto de justicia e igualdad. También, cómo no, en y desde Euskal Herria.

El proceso político vasco puesto en marcha hace ya alrededor de cinco años es imposible de explicar sin la implicación directa e indirecta de diferentes personalidades que representan precisamente el legado de Nelson Mandela y la transición sudafricana de un conflicto insurgente a una democracia. Nada más salir de prisión, tras 27 años encarcelado por ser líder del Congreso Nacional Africano y comandante de su organización armada, Umkhonto we Sizwe, Madiba expuso claramente que el camino emprendido hacia la paz y la reconciliación no era obra de una sola persona, y recordó a todos aquellos que habían luchado contra el Apartheid. Una de las primeras lecciones es, pues, que la figura de Mandela no se puede entender sin situarla en un contexto de lucha colectiva, donde su inteligencia y capacidades son vitales, pero en ningún caso exclusivas.

En ese sentido, y siguiendo con el proceso vasco, la implicación de una persona como Brian Currin debe ser recordada especialmente en estos momentos. Este abogado, miembro durante el Apartheid del Frente Democrático Unido (UDF por sus siglas en inglés) y asesor en el proceso del norte de Irlanda en temas relacionados con la reconversión de la Policía, fue uno de los protagonistas de la Declaración de Bruselas, primero, y de la Conferencia de Aiete, después. Su intermediación y su labor asesorando a la izquierda abertzale en el cambio de estrategia son uno de los elementos clave en la apertura de un nuevo tiempo político en Euskal Herria. Sus orígenes dentro de la lucha por los derechos civiles y políticos en Sudáfrica le ofrecieron, sin duda, una experiencia crucial de cara a ayudar en el caso vasco. En cierta medida, las iniciativas de las que fue protagonista nivelaron el desequilibrio de poder que existía hasta aquel momento entre las partes en liza, situando la nueva estrategia hacia una paz justa y duradera en parámetros a la vez pragmáticos y profundamente éticos.

Otra persona que forma parte de ese legado y que se ha implicado profundamente en nuestro proceso es Ronnie Kasrils, que forma parte de la Comisión Internacional de Verificación y que fue líder del movimiento de liberación nacional sudafricano mientras Mandela estaba preso. Su libro “Armado y peligroso” recoge su trayectoria en esa lucha, y las responsabilidades en Seguridad que asumió en el primer Gobierno de Mandela son una garantía para la labor que ha realizado aquí. A otro nivel, hay que recordar también el apoyo de sus camaradas Mac Maharaj y  Robert McBride, entre otros.

Reivindicar a Mandela con palabras y hechos

Afirma el dicho que no se puede estar en misa y repicando. No se puede reivindicar antiguos pactos basados en la segregación de una parte de la sociedad y poner a Mandela como ejemplo. No se pueden promover medidas que ahondan en desigualdades sociales y pretender defender el legado de Madiba. Por pura honestidad intelectual, política y ética, aquí y hoy la figura de Mandela se debe comprender en el marco de una resolución del conflicto sin vencedores ni vencidos, en el que no se reivindique la venganza, donde toda la sociedad gane, donde la verdad prevalezca y se garantice la justicia, donde todos los derechos de todas las personas se respeten, donde todas los proyectos políticos sean realizables por vías pacíficas y democráticas. La impunidad con la tortura, la cadena perpetua o cualquier otra violación de los derechos humanos no es compatible con una reivindicación sincera de Madiba.

Nadie debe entender que esto sea asumir la concepción de los abertzales de izquierdas, mucho menos un intento por patrimonializar la figura de Mandela para otros objetivos que no sea lograr una paz justa y duradera en Euskal Herria, un noble objetivo. Es simple y llanamente recordar lo que han planteado todos los depositarios del legado de Mandela que han apoyado un proceso de resolución en Euskal Herria. Ni más, ni menos. Se puede discrepar, por supuesto, pero no se puede negar que la mejor manera de honrar la memoria de Mandela en nuestra tierra es recorrer ese camino entre todos, desde la diferencia pero desde el compromiso con un futuro compartido en libertad y con justicia.

«Amandla!», «poder para el pueblo», así titulábamos el día de la muerte de Nelson Mandela la portada de GARA. Es tan solo una palabra en un idioma extraño. Ahora toca llenarla de contenido para nuestro pueblo. Con hechos.






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