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viernes, 7 de noviembre de 2025

Entrevista a Carles Cubos

Desde Naiz traemos a ustedes esta entrevista a un cineasta quien, con su obra, ha abordado un tema por demás único en la historia reciente de la lucha del pueblo vasco por su autodeterminación así como la respuesta institucional por parte del estado español, siempre cargada de violencia en la forma de medidas draconianas:


«Ser madre y padre en prisión es uno de los actos más revolucionarios que he conocido»

Acaba de llegar a Filmin un proyecto nacido en Catalunya, pero vinculado a Euskal Herria. ‘Gure Hitzak’ narra en primera persona las relaciones de pareja dentro de ETA y la maternidad y paternidad en prisión y ofrece una docuficción que reflexiona sobre memoria, identidad y herencia emocional.

Gaizka Izagirre

Sorprendentemente casi desconocida en Euskal Herria, ‘Gure Hitzak’, dirigida por el catalán Carles Cubos Serra, llega a Filmin. La película invita a un diálogo empático, desafía certezas y fomenta la comprensión de perspectivas diversas dentro de un contexto complejo. 

‘Gure Hitzak’ narra en primera persona una de las facetas menos abordadas del conflicto vasco: las relaciones de pareja dentro de ETA, así como la maternidad y la crianza de hijos e hijas en el contexto penitenciario. Resulta especialmente llamativo que la iniciativa de contar esta historia surja desde Catalunya; ¿cuáles son los orígenes de este proyecto?

El proyecto arranca a finales de 2020 y surge del deseo de explorar y documentar un hecho, una decisión que, para nosotros, es profundamente valiente: ser madre y padre en prisión, en un contexto de conflicto político. Esta realidad, inexistente en Catalunya, nos resultaba completamente desconocida y de gran interés para conocer y abordar a través de un proyecto de creación artística, como es una película.

Lo segundo que resulta llamativo es que no hayan optado ni por la ficción pura ni por un documental tradicional para narrar la historia, sino que hayan elegido un camino intermedio: la docuficción inspirada en hechos reales. ¿Por qué decidieron darle a la narración esta forma? 

Fue la forma más creativa y honesta de contar la historia. Durante tres años y medio documentamos la historia con la certeza de que no queríamos darle un formato clásico, basado en una cronología de hechos narrada en entrevistas. La ficción la contemplamos, pero se escapaba de nuestras posibilidades. La docuficción nos permitió centrarnos en las ideas que queríamos transmitir, contar una historia que no es de nadie y a la vez es de muchos. La película recoge la esencia de todo lo que documentamos, nos contaron y pudimos ver. Fue una experiencia de vida que siempre agradeceremos a quienes nos abrieron sus puertas en momentos tan complejos.

Todo adopta un tono poético, que sugiere más de lo que muestra, y el mensaje de la película llega de manera sugestiva y sutil… ¿Tenían claro desde el principio que iban a optar por este enfoque? 

No lo teníamos claro. El documental es un proceso de construcción lento, en el que suceden muchas cosas mientras se trabaja en él. Es un proceso vivo, enriquecedor y también arriesgado, porque puedes perderte en el camino, a diferencia de una producción de ficción, donde todo está guionizado desde el principio. En la fase final de producción apostamos por construir una narración sugerente: la película está llena de metáforas, simbolismos y una atmósfera muy particular que envuelve la historia. Nada sucede por casualidad.

La historia se narra a través de Ane, estudiante de cine, quien se sumerge en la escritura de un guion que indaga en las relaciones afectivas dentro de ETA, explorando el amor como fuerza de resistencia. Nacida en prisión, Ane carga con una historia marcada por el conflicto vasco y la militancia armada de su familia. A lo largo de su proceso creativo, confronta la complejidad de crecer entre la memoria colectiva y la experiencia personal…

Así es. Ane encarna ese personaje que, desde que nació, carga con una mochila —física y emocional— imposible de dejar atrás. Nacida en prisión, pasó su infancia lejos de sus padres, y el reencuentro con ellos tampoco fue fácil: tuvieron que aprender a ser familia, ETA ya no existía y el contexto político y las relaciones humanas y sociales eran otras. A través de un proceso personal, introspectivo y creativo, Ane se adentra en su propia historia, experimenta con su dolor, para intentar comprender, crear y poner sus palabras (‘Gure Hitzak’) a su historia.

Una de las reflexiones que plantea la voz en off, presente a lo largo de todo el relato, es que el sistema penitenciario es machista y segregacionista. Frente a esa realidad, ¿cómo se afronta la maternidad dentro de la cárcel? 

Imagino que se afronta con una valentía y un coraje que solo pueden explicarse a través de la convicción y el amor. Ser madre y padre en prisión es uno de los actos más revolucionarios que he conocido en la vida. Nosotros no lo hemos vivido, pero el relato que conocimos fue este: ‘La cárcel es más cárcel cuando nace un hijo, y la separación es uno de los momentos más duros para una madre’. En la película, ese momento persigue a Ane. 

La película aborda también la historia de «los niños y las niñas de la mochila», hijos e hijas de presos que recorrían largas distancias para visitar a sus familias, cargando tanto una mochila física como emocional… ¿Cómo han abordado este tema en la película? ¿Sigue siendo un tema tabú fuera de Euskal Herria?

Abordamos el tema documentando casos reales y trasladándolos después a una narrativa metafórica, llena de simbolismo. La película se sitúa en un momento de la historia en el que el castigo a las familias era una herramienta más, y muy dura, derivada del conflicto. No sabría decir si en Euskal Herria es un tema tabú o no, pero en Cataluña sigue siendo una realidad casi desconocida. En las proyecciones, muchos espectadores nos han comentado que es uno de los aspectos que más les ha conmovido.

También hay secciones de corte documental, surgidas a partir de imágenes de archivo y audios reales… ¿Cómo ha sido el proceso de selección de este material y su posterior montaje? 

Durante el proceso de trabajo grabamos muchas entrevistas sobre distintos temas. Este proceso de documentación nos sirvió para elaborar el guion de la docuficción, algo que, de algún modo, también hace el personaje de Ane. En su trabajo de creación, Ane escucha y analiza materiales que darán forma al guion de su propia película. Uno de los temas que considerábamos esenciales era comprender los motivos que habían llevado a sus padres a entrar en ETA y poder acompañarlo con imágenes de archivo que contextualizan determinadas secuencias.

Nos encontramos en un momento en el que parece que las ficciones que romantizan la infiltración policial —como ‘La Infiltrada’ o ‘Un fantasma en la batalla’— cuentan con una gran repercusión mediática, financiación considerable y el respaldo de las grandes plataformas. ¿Han recibido algún tipo de apoyo? Por el contrario, ¿cuáles han sido los principales problemas o impedimentos que han surgido durante el proceso de creación del proyecto?   

En mi opinión, la batalla por el relato en el conflicto vasco sigue muy presente en muchos ámbitos. Creo que existe un gran interés en promover, financiar y destacar películas como ‘La infiltrada’. Y el hecho de que en los Premios Goya se otorgara el galardón ex aequo a ‘La infiltrada’ y ‘El 47’ tenía, por decirlo de alguna manera, un cierto olor a azufre. Nosotros hacemos cine de autor como una forma de expresión artística y de crecimiento colectivo, y, básicamente, porque nos gusta. Además, todos tenemos nuestro trabajo al margen de este tipo de producciones. Nos sentimos como una hormiga en un campo de elefantes, bastante fuera de las lógicas de la industria, ya que no buscamos un rédito en lo que hacemos: lo que queremos es hacerlo, y ya está. Esto tiene su lado positivo, pero también conlleva cierta invisibilización.

Hablando de plataformas, ‘Gure Hitzak’ se estrena en Filmin. ¿Creen que esto permitirá acercar la película tanto al público vasco como a un público más amplio?

¡Seguro que sí! Filmin es una excelente plataforma para quienes buscan historias como la nuestra. No sabemos qué cuota de suscriptores hay en Euskal Herria, pero estamos seguros de que hay mucha gente interesada en el cine de autor. 

¿Dónde se ha podido ver la película hasta ahora y cuál ha sido la recepción por parte del público y la crítica?

La película se ha mostrado en festivales de cine de ámbito nacional y de Sudamérica, así como en salas de cine de Madrid y Cataluña. También tuvimos la oportunidad de proyectarla en Euskal Herria, en Durango. La percepción del público que la ha visto en sala ha sido muy positiva. Quizás las críticas negativas llegan más filtradas, no lo sé... Pero muchas personas nos comentaban que, después de ver la película, se quedaron dándole vueltas a lo que allí se cuenta.

La película abre un diálogo empático sobre memoria, identidad y herencia emocional. ¿Era esa vuestra intención?

Sí, absolutamente. Nuestra intención era abrir un diálogo desde la empatía, alejándonos de cualquier mirada juzgadora. Queríamos hablar de la memoria, de la identidad y de la carga emocional que heredamos sin haberla elegido. La película no busca dar respuestas, sino acompañar al espectador en una reflexión compartida. Creemos que solo a través de la empatía es posible acercarse a una historia tan compleja sin simplificarla.    

¿Tienen la sensación de que el proyecto es prácticamente desconocido en Euskal Herria? ¿Quieren aprovechar la ocasión para lanzar algún mensaje? 

Sí. El proyecto sigue siendo un gran desconocido en el País Vasco, aunque esperamos que por poco tiempo. Ahora cualquier persona puede ver la película en la plataforma Filmin, y más adelante también estará disponible en otras plataformas. Una producción de estas características requiere un trabajo de distribución quizá más presencial y, por decirlo de alguna forma, más «militante», algo que desde Cataluña nos resulta difícil de asumir. Las personas particulares ya pueden ver la película en Filmin, mientras que los colectivos que pudieran estar interesados en compartir un rato de cine de autor y conocer la historia que contamos en ‘Gure Hitzak’ solo tienen que ponerse en contacto con nosotros y estaremos encantados de cederles todo el material necesario. 




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miércoles, 1 de octubre de 2025

Hablar de Tortura en Madrid

La lucha en contra de la tortura así como el reconocimiento de esta actividad como herramienta en el arsenal represivo al que ha recurrido durante décadas el españolismo en contra del pueblo vasco ha encontrado un espacio de expresión en Madrid... y nada más y nada menos que en el Barrio de Lavapiés.

Aquí lo que se nos reporta desde Naiz:


Debate en Madrid sobre la tortura a detenidos vascos, en el estreno de ‘Arg(h)itzen’

El Teatro del Barrio en Lavapiés acogió anoche la presentación del film y una mesa con personalidades como Martxelo Otamendi y Laura Pego, que repasaron el proceso de documentación de los miles de casos de tortura. Aplausos y emoción en una platea repleta.

Daniel  Galvalizi

«Parafraseando a la presidenta madrileña, habéis invitado a un autobús de kale borroka», suelta Martxelo Otamendi, exdirector de ‘Egunkaria’ y ‘Berria’, bromeando con las declaraciones de Isabel Díaz Ayuso sobre La Vuelta en Madrid. El auditorio se ríe y el periodista deja el prólogo cómico para adentrarse en un tema delicado e intenso como es la tortura a manos del Estado.

El marco era el primer día de las Jornadas contra la Tortura que se desarrollan estos días en el Teatro del Barrio, la emblemática sala y centro cultural del madrileño Lavapiés, el mismo sitio en el que se anunciaba la fundación de Podemos hace once años.

Junto a Otamendi, sentados en el centro del escenario, también Laura Pego, especialista del Instituto Vasco de Criminología; Ainara Gorostiaga, miembro de la Red de Personas Torturadas en Nafarroa; y Juan Kruz Aldasoro en representación de Mikelatxo Urbi Taldea, impulsor del documental recientemente estrenado en Zinemaldia ‘Arg(h)itzen: torturaz argi hitz egiten, tortura argitzen’.

De hecho, anoche fue el estreno de ese documental en Madrid y antes de los ponentes se exhibió al público su relato, que pone el foco en los 149 casos de tortura y malos tratos sufridos por personas del valle de Sakana y explica el proceso de reconocimiento a las víctimas de la Policía española y la Guardia Civil.

«Queríamos contar la realidad que se había vivido en nuestro valle, contribuir a la memoria colectiva de nuestro pueblo, y somos conscientes de que el relato que se construya no puede ser solo en base a nuestros testimonios, debe ser plural, un relato inclusivo que sirva para construir la convivencia», comenzó diciendo. «Si nuestra historia se quedaba en un relato local no alcanzaba, ahora se ha convertido en referencia para el conjunto de Euskal Herria», añadió.

El director pidió no hablar de la tortura «en pasado» porque «lamentablemente hay cuatro ciudadanos de Sakana que siguen en prisión después de 25 años de cárcel en base a condenas sustentadas en elementos probatorios obtenidos bajo tortura. La tortura sigue operativa al día de hoy».

Seguidamente tomó la palabra Gorostiaga. «Para muchos de nosotros, Madrid es recuerdo de tortura, de pasar por la Audiencia Nacional, el ingreso en prisión...pero estamos agradecidos de venir aquí y proyectar este documental». Recalcó que el trabajo «es esclarecedor» y explicó el proceso de reconocimiento en Nafarroa de los casos de tortura y el origen en 2022 de la Red de Personas Torturadas, impulsada con el objetivo «del reconocimiento, la reparación y las garantías de no-repetición, las tres ‘R’».

«Hemos conseguido en poco tiempo varias cosicas pero ni las leyes ni las investigaciones hablan de los responsables. Detrás de todo esto también están los médicos forenses, los jueces, y algunos medios de comunicación que han hecho la vista gorda. Hay mucho trabajo por hacer en este campo y creo que vamos a ir pudiendo abrir más puertas», concluyó.

Luego fue el turno de Laura Pego. La académica contó con un power point y de pie los dos informes hechos en Euskal Herriko Unibertsitatea a pedido de Lakua, en el marco del Plan de Paz y Convivencia. Explicó desde el origen (la estimación de 5.500 denuncias) hasta el resultado final a la hora de publicar los informes (en un primer bote 4.113 casos de tortura y malos tratos a 3.415 personas, algunas de las cuales denunciaron más de uno). En breve contacto con NAIZ añadió que se sigue trabajando en la investigación y que hay decenas de nuevos casos que se podrían agregar en un nuevo informe.

Cambios de ley

«Voy a divagar después de la clase magistral de Laura, es más propio de periodista hacer eso», bromeó Otamendi, último en coger la palabra. Tras agradecer a los activistas madrileños liderados por Pedro Casas «todo lo que han hecho en Madrid» para dar visibilidad a las violaciones de derechos humanos de detenidos vascos (Casas estaba en el auditorio), el periodista fue directo: «Aprovecho que hay dos legisladores en la sala [el diputado de Sumar y líder del PCE, Enrique Santiago, y el senador Mario Zubiaga de EH Bildu]; voy a proponer dos cambios legales».

«Entiendo que un detenido tenga que tener incomunicación para no avisar a compañeros, pero no entiendo por qué hay incomunicación judicial, por qué dejamos cinco días de impunidad a la Policía, un túnel sin derechos humanos en el que hará todo lo posible para que el detenido declare lo que no ha hecho. Por qué nos empeñamos en dejar en manos de la Policía a un detenido que no quiere declarar, y en muchos casos ni se le permite el aseo, a mí no me dejaron asearme por cinco días», detalló Otamendi.

En ese sentido, opinó que así no se va a poder conseguir «que los policías dejen de torturar, dejen de presionar, dejen de meter miedo». Y añadió que si bien comprende la necesidad de un magistrado de dejar a veces incomunicado a un detenido, criticó que se deje todo en manos policiales. «Esto creo que podría ser posible, supone una revolución y sé que los cuerpos policiales van a montar un golpe si se les quita el poder», ironizó.

En segunda instancia, propuso un cambio que apunta a las responsabilidades: «La persona de mayor alto cargo que puede ser condenada en estos casos sería el jefe del operativo, nunca se llega al general, al jefe del cuerpo. Y el detenido es del juez, no de la Policía, el juez es el que decide alterar la vida de la persona. No puede ser que a un juez le vayan presentando casos y casos y no haga nada, no es posible que se presente alguien con la cara destrozada y el juez no permite ni siquiera que se exprese, no es posible que los magistrados sean testigos directos de narración de torturas y les digan ‘hable con su abogado’. Un magistrado el primer día que le traen a un detenido torturado debería llamar inmediatamente al jefe de la Guardia Civil o Policía».

Cuando se abrió la posibilidad de preguntas al público, el primero en hablar fue el bilbaíno Juan Manuel Olarieta, que vive hace años en Madrid y es abogado penalista (fue defensor de muchos detenidos del Grapo y activistas). Recordó que sufrió unas 16 detenciones («son tantas que no recuerdo todas bien») y la última en 2006, decidida por el actual ministro Grande-Marlaska, duró tres meses y fue archivada. «Si no hay un gran cambio en el Estado y de las fuerzas represivas, que no basta con depuración, la tortura seguirá. A mí me pegaban con la Constitución en la cabeza, me colgaban de la barra con una ikurriña y una bandera de la república», comentó. También dijo haber rechazado todo reconocimiento de todas las instituciones públicas, «porque son todas cómplices».

Pego pidió responderle y dijo que si bien entiende su posición, también recordó que «hay personas que comentan que con solo haber participado del proyecto de investigación les vale, porque a mucha gente ese dictamen oficial y reconocimiento oficial ya les vale».

Antes de acabar las preguntas (que fueron en realidad comentarios) del público, Otamendi quiso citar un ejemplo que merecía atención: «En la época del tripartito en Catalunya, el entonces conseller de Interior, Joan Saura, de ICV, supo de una comisaría de los Mossos que siempre tenía denuncias de tortura y tuvo el coraje de colocar microcámaras y grabaron las torturas a una mujer rumana y las hizo públicas. Los Mossos se quejaron e hicieron una manifestación en contra que CiU apoyó».

Santiago y Zubiaga

En conversación con NAIZ al salir de la sala, el diputado Santiago recordó que viene de un partido político «con más de 10.000 fusilados y decenas de miles de torturados» y opinó que «lamentablemente la tortura ha sido una práctica generalizada en muchos sitios». 

También citó el caso de la Real Casa de Correos, sede del Gobierno madrileño, el cual se opone a colocar una placa que recuerde la tortura acontecida allí cuando era sede de la DGS (asunto que surgió en la ronda de comentarios del auditorio). «La Ley de Memoria Democrática habilita a que haya un procedimiento para que se coloque y está en marcha. Entiendo la frustración de la gente pero una cosa es estar en el Gobierno y otra es estar en el poder. No creo que sea bueno empezar a hablar de responsabilidades porque yo por ejemplo estoy muy enfadado porque diez años después seguimos con la ley Mordaza del PP y los que votaron en contra con el PP todos sabemos quiénes fueron», dijo con algo de ironía, en alusión al voto en contra hace tres años de EH Bildu y ERC.

El senador Zubiaga, en tanto, lamentó la «pulsión autoritaria a escala global que se está trasladando de país a país, con unas derivas autoritarias que hace algunos años muchos no hubieran estado dispuestos a aceptar», y agregó en conversación con NAIZ que «el sistema de valores de las opiniones públicas de Occidente está con menor sensibilidad en derechos y libertades, lo que se puso en marcha en Guantánamo ha ido calando y ha desaparecido el Estado de Derecho a nivel internacional».

Sobre la lucha contra la tortura, opinó que «se puede volver más complicado porque lo que se define como el espíritu del tiempo, el sustrato de este tiempo, es mucho más tolerante a las vulneraciones de derechos y libertades producidas desde el Estado», y celebró que haya «espacios como estos». «Que se vea esto en el centro de Madrid significa que algo se ha movido y que el peligro que mencionaba de la pulsión autoritaria hace que sectores progresistas estén pensando en que hay que organizarse más y establecer lazos y una defensa común», concluyó.

El martes de la semana próxima habrá otra jornada en la misma sala sobre torturas en Euskal Herria, sin documental y con debate abierto. Los efusivos aplausos con los que se despidió a cada ponente y el film fueron el prólogo de conversaciones que siguieron en la calle Zurita entre abrazos e intercambio de contactos. Queda grabada la frase que eligieron para cerrar la primera jornada, con una víctima de tortura: «Nos las han hecho pasar putas, pero ellos no han ganado».

 

 

 

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sábado, 26 de abril de 2025

La UCLA y el Bombardeo de Gernika

Para ahondar en la efeméride que nos ocupa, el 88 Aniversario del Bombardeo de Gernika, les compartimos este reportaje también publicado por Naiz:


La devastación de Gernika por el bombardeo fascista de 1937, en las filmaciones de la UCLA

Los efectos de la devastación sufrida por Gernika en 1937 por el bombardeo de las aviaciones nazi y fascista italiana, del que hoy se cumplen 88 años, se aprecian en dos de las filmaciones sobre la guerra del 36 que pueden verse en la web de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA).

Pello Guerra

Entre las filmaciones sobre la guerra del 36 en Hego Euskal Herria que atesora la UCLA y que acaban de ser restauradas, figuran dos en las que se recoge la devastación sufrida por Gernika a causa del bombardeo de la Legión Cóndor alemana y la Aviación Legionaria italiana el 26 de abril de 1937.

Como sucedió también en lugares como Iruñea, Donostia, Irun, Bilbo o Lekaroz durante ese conflicto, las cámaras del magnate de la prensa William Rahdoph Hearst se acercaron hasta Gernika tras su destrucción por los aviones del Ejército sublevado de Franco para documentar la huella de la guerra. De hecho, en algunas imágenes se ve cómo todavía sale humo de algunos puntos de los escombros de los numerosos edificios destruidos.

Dos vídeos sobre Gernika

En concreto, la UCLA ofrece en su página web dos vídeos en los que se recogen los efectos del brutal ataque aéreo, que arrasó la villa vizcaina y que dejó a su paso un número de víctimas civiles que oscila entre las 300 y las cerca de 2.000 personas, según las fuentes.

El primero de los vídeos está editado y tiene una duración cercana al minuto. Se inicia con una panorámica de la villa destruida por la aviación fascista, para luego mostrar varias calles en las que se ven paredes que se mantienen en pie en algunos edificios que han quedado prácticamente reducidos a un montón escombros y de los que todavía salen pequeñas columnas de humo.

Los habitantes que han sobrevivido intentan recuperar todo lo posible de sus destrozados hogares, como colchones y sobre todo zapatos, mientras se trabaja entre los restos de los inmuebles.

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El segundo tiene una duración mayor y casi alcanza los ocho minutos. De nuevo se pueden contemplar unas vistas de la población arrasada, con soldados pasando ante el objetivo y paseando entre los restos humeantes y con los civiles rebuscando entre los escombros para rescatar todo lo posible.

También aparece un soldado haciendo guardia en una calle cortada para impedir el acceso a una zona especialmente castigada por el bombardeo y donde se ven esqueletos de edificios. Más adelante, los que están trabajando entre los escombros son los bomberos, mientras se sigue ofreciendo otros efectos del ataque, con vehículos reventados.

Entre las imágenes dedicadas a Gernika, además de a Durango, se entremezclan otras relacionadas con el reparto del correo y de la paga entre los soldados sublevados, y con la eliminación de carteles republicanos o el borrado de las siglas UHP, que correspondían a Uníos Hermanos Proletarios, una consigna de alianza obrera suscrita por varios sindicatos. Otros militares se preparan para seguir combatiendo y también hay momentos en los que se ve el reparto del rancho.

Incluso surge un vehículo blindado por cuya escotilla asoma un combatiente portando una pequeña bandera española y dos requetés que custodian el viejo árbol de Gernika protegido por un templete.

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Ofensiva sobre Bilbo

Tras arrasar Gernika y Durango, las tropas franquistas proseguían su ofensiva sobre suelo vizcaino, como recogen otras filmaciones que muestra la UCLA en su web. En una de ellas, se ve a los soldados sublevados ocupando posiciones en primera línea y abriendo fuego, mientras los reporteros extranjeros toman notas bajo la supervisión de un encargado de prensa franquista.

Esos combates provocan un éxodo de refugiados que recurren a los tradicionales carros tirados por bueyes para trasladar los objetos esenciales con los que intentar retomar su vida en otro lugar. También supone que muchos defensores terminen convirtiéndose en prisioneros de los rebeldes, que los llegan a emplear para reparar carreteras.

Entre los refugiados, figuran los miles de niños evacuados en barcos hacia otros lugares de Europa para ponerlos a salvo de situaciones como las que viven algunas personas que aparecen en las filmaciones buscando refugio ante los bombardeos de la aviación fascista. También se aprecia cómo se atiende a esos pequeños ofreciéndole comida e inoculándoles vacunas.

En otra filmación, aparece cómo son evacuados heridos del frente, mientras se cargan mulas con munición para trasladarla hasta la zona de combates. Más adelante se ve los restos de un avión que son recogidos y a un prisionero que se resiste a mirar a la cámara. Finalmente, la llegada a Bilbo de un barco con comida, principalmente pescado, permite ofrecer alimentos a la necesitada población de la capital vizcaina.

El bou Bizkaia

La guerra no solo se registraba en tierra firme, como se aprecia en algunos momentos de la siguiente filmación, sino que también estaba presente en el mar, como se recoge en otro vídeo en el que se ve al bou Bizkaia, uno de los cuatro barcos pesqueros artillados por el Gobierno del lehendakari Aguirre para formar la Marina de Guerra Auxiliar de Euskadi. En las filmaciones, el bou realiza labores de escolta a buques que salen de Bilbo, ya que seguía el éxodo de refugiados.

En el siguiente vídeo, el cámara se centra en dos de los principales responsables de la ofensiva rebelde sobre Bilbo: el coronel Solchaga y el general Mola, que moriría poco tiempo después de que se tomaran estas imágenes. En la filmación se recoge el avance de las tropas franquistas incluso reconstruyendo puentes que habían sido destruidos durante la retirada de los gudaris. Termina con nuevas imágenes del bou Bizkaia.

La evacuación de niños es la protagonista de otra filmación, en la que se les ve partir en barco de Bilbo y cómo son atendidos en su punto de destino, escapando de esa guerra que vuelve a hacerse presente en las imágenes.

En medio de tanta destrucción, uno de los videos recoge lo que se califica en la página web de la UCLA de «nota humana» en la guerra. Se trata de un intercambio de prisioneros, al que siguen imágenes de niños y ancianos, e incluso de una misa de campaña con un curioso altar en el que la cruz se funde en una ikurriña.

 

 

 

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miércoles, 12 de febrero de 2025

Agiriano | Un Goya a la Represión

Dorleta Agiriano le enmienda la plana a Carolina Yuste y a Luis Tosar, quienes parecen padecer de un síndrome de bipolaridad bastante particular. Vaya, hasta parecen infiltrados.

Aquí les traemos el texto desde el portal de Gedar:


Un Goya a la represión

Dorleta Agiriano 

Al principio, puede parecer esperanzador escuchar diversas reivindicaciones en los Goya. Carolina Yuste ha denunciado en la entrega de premios el encarecimiento de los alquileres, y ha reivindicado el "derecho a una vivienda digna", mientras que Luis Tosar ha condenado la masacre contra los palestinos y las políticas de terror de Donald Trump. Es algo reconfortante, hasta que te das cuenta de cuál es la película en la que han participado esos dos actores y el papel que han desempeñado en ella: son protagonistas de La Infiltrada, y se han puesto en la piel de dos agentes de la Policía Nacional.

Precisamente La Infiltrada ha sido una de las obras más aplaudidas en los Goya. A la vez que salían a la luz varios casos de policías infiltrados por orden del Ministerio del Interior español, daban eco a esta película para incidir en un escenario político que poco tiene de ficción. De hecho, recordemos que, tal y como se concreta y normaliza en la propia película, lo que se cuenta está "basado en hechos reales". Es una realidad que el Estado ha infiltrado sistemáticamente a policías en movimientos sociales y políticos para espiarlos, controlarlos, reprimirlos y someterlos. Y ni siquiera el cine más premiado ha sido capaz de plasmar de forma clara hasta qué punto está dispuesto a llegar el Estado para hacer frente a todo movimiento que pueda tener un potencial revolucionario. El documental Infiltrats, producido por TV3, o la guía creada por la editorial Dos Cuadrados junto con varios militantes (Manual para destapar a un policía infiltrado) muestran de forma mucho más cruda lo increíble que es la dimensión de las infiltraciones policiales, hasta extremos que parecen ficticios. Sin parafernalia.

Quizá Carolina Yuste no sea del todo consciente de contra quién se han utilizado las infiltraciones: desde esas organizaciones militantes que han luchado de la forma más dura en Euskal Herria, hasta esos movimientos que luchan por el "derecho a la vivienda", que ella tan orgullosamente ha reivindicado, han sufrido infiltraciones policiales. O quizá Luis Tosar no es consciente de que los jefes de policía como el que él ha interpretado en La Infiltrada (y las fuerzas policiales en general) son, probablemente, tan fascistas como Trump; o quizá ignora que los gobiernos (tanto de derechas como de izquierdas) que han ordenado las infiltraciones policiales son los que apoyan y financian la matanza contra los palestinos. Señal de que detrás de una y otra práctica puede haber intereses compartidos. No permitamos que las alfombras rojas y las aparentes reivindicaciones progresistas oculten aún más las contradicciones y conflictos que tienen carácter de clase.




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jueves, 14 de noviembre de 2024

‘16.060 Egun’

Damos continuidad al caso de José Miguel Etxeberria, víctima del terrorismo de estado español, con este reportaje acerca del más reciente documental dedicado a la búsqueda de sus restos por parte de su familia.

Adelante con la información:


‘Naparra’, una esperanza que no se extingue ni en ‘16.060 días’

El ruido de la excavadora y el silbido del georradar se mezclan con el trino de los pájaros en un bosque de las Landas. Y sobre ambos se sobreponen las cavilaciones de Eneko Etxeberria, a ratos ilusionado y a ratos desesperanzado. Y así son ya ‘16.060 días’ de la búsqueda de ‘Naparra’ que no acaba.

Ramon Sola

Donde acabó ‘Bolante baten historia’ arranca ‘16.060 egun’, cortometraje estrenado este miércoles en la 66 edición de Zinebi en Bilbo y que se podrá ver este viernes en la Muestra de Cine y Derechos Humanos de Iruñea, en los Golem. Entonces (año 2021) la expectativa de la familia Etxeberria Álvarez se centraba que se excavase la segunda localización en que pudo ser enterrado José Miguel, ‘Naparra’, tras el primer intento fallido de 2017. Así que cuando esta nueva excavación se activó al fin, en abril pasado tras siete años de desesperante demora, Iñaki Alforja e Iban Toledo acudieron con sus cámaras, quién sabe si en busca del ‘The end’ de esta historia de terror iniciada allá por el 11 de junio de 1980, con la desaparición en Ziburu del militante vasco.

Tampoco pudo ser esta vez; la excavación realizada por militares franceses cumpliendo la comisión rogatoria de la Audiencia Nacional española, no precisamente exhaustiva, no halló nada. Pero los trabajos han sido recogidos en un corto que se convierte en una inmersión de 22 minutos en los infiernos de esta búsqueda.

Empezando por el título. Alforja explica que «queríamos un elemento de enganche y resultó que este número es redondo. Con él buscamos que la gente haga la operación inversa a la habitual: ¿cuántos años son estos 16.060 días? ¿Qué nos ha pasado a cada uno en estos 44 largos años? Pues ese es todo el tiempo que lleva su familia buscando a ‘Naparra’», constata.

En aquellos cuatro días en el robledal de las Landas, explica el director, hubo tiempo para esperanzarse y para deprimirse. Eneko Etxeberria subraya a NAIZ que en realidad siempre ha sido así, no solo en este último trance: «Esto es una montaña rusa interminable, en algunos momentos estás a tope y en otros te vienes abajo. Pero tengo claro que si se acaba la esperanza, no hay nada que hacer: ese sería nuestro fracaso y sería además su victoria».

Alforja destaca que en aquellas jornadas escudriñando cualquier detalle de la intervención de los militares vestidos de camuflaje «compartimos con Eneko las esperanzas y las incertidumbres, y finalmente un final triste, muy abrupto. El cuarto día fuimos allí a las 8.00, como cada mañana, pero nadie aparecía y la máquina estaba parada. A las 10.30 nos dijeron que ya habían hecho todo lo que tenían que hacer y se acababa su misión».

Desolador pero real. Y además, dejando de nuevo la duda indescifrable de si el testimonio de Arnau de la Nuez, personaje de las cloacas del Estado que aportó este hilo del que tirar, es cierto o no; de si quizás los «dos árboles juntos» que dice recordar no eran estos de aquí sino aquellos de más allá; de por qué no se rastrearon más metros o más intensamente...

El caso es que en esas cuatro frías mañanas en que la primavera todavía no asomaba entre Labrit y Brocas, el hermano de ‘Naparra’ se ilusiona y se desespera a partes iguales, en un resumen condensado de lo que han sido ya más de dos tercios de su vida (tenía 17 años cuando hicieron desaparecer a José Miguel). Una simple canción relacionada con un aniversario histórico hará brotar la ternura. Luego el fin de la búsqueda será un nuevo varapalo. Hay lágrimas en el cortometraje, pero también una convicción rotunda que no se diluye en ellas: «Lo lograremos seguro, seguro. Lograremos tenerlo en casa».

En el corto también hay reflexión, no solo emotividad. Eneko Etxeberria se pregunta a sí mismo «si acaso debería sentir odio. ¿Y qué conseguiría? Nada, ¿no?». Por encima de ello, lo que quisiera es «poder descansar un poco, porque es toda una vida en esta pelea». Ser algún día solamente Eneko Etxeberria Álvarez, no «el hermano de ‘Naparra’». Y zanjar la obsesión perenne, justificada: no tener que pasar a su hijo esta mochila tan pesada.

De no olvidar a por fin saber

Etxeberria y Alforja, desde sus prismas distintos, coinciden en subrayar que la tarea de difusión del caso (el libro de Jon Alonso, ‘Bolante baten historia’, ahora este ‘16.060 egun’...) ha conseguido al menos evitar que cayera en el olvido. Y eso es mucho. Para Eneko, «en ese sentido estamos contentos, sí que lo hemos conseguido. No solo con estos trabajos, la aceptación de la ONU de que se trató de una desaparición forzada nos dio un gran impulso».

El documentalista pone como ejemplo que en Zinebi «siempre nos han tratado muy bien» y que de hecho en el caso de ‘Bolante baten historia’ captaron allí el interés de productoras chilenas o argentinas, «a las que no hacía falta explicarles demasiado el asunto, claro, lo captaban enseguida». Toledo y él han puesto énfasis en contar la historia de la segunda excavación «de forma que pueda entenderse en todo el mundo». Si la primera película ya presentaba «los hechos», la búsqueda de 44 años, este corto ahonda más en «los sentimientos de Eneko. Por eso creo que son complementarias».

Su segunda inmersión en el caso de ‘Naparra’ le desata otra reflexión: «En Argentina hubo muchos casos de desaparecidos, pero aquí ha habido pocos, y por eso me llama la atención que sean tan poco conocidos para gran parte de la población. Han estado en el olvido muchos demasiado tiempo y es hora de saber qué pasó, para cumplir los principios de verdad, justicia y reparación».

En la actualidad, explica Etxeberria, el caso está de nuevo técnicamente cerrado a nivel judicial hasta que aparezca algún elemento nuevo. «En realidad falta una cuestión decidida por el juez Moreno cuando reabrió el caso en 2018, que es que las FSE localicen y lleven al juzgado a Arnau de la Nuez para tomarle declaración, pero no tenemos noticias sobre eso», matiza.

De nuevo una nebulosa por delante. ¿Por dónde reiniciar el camino? «Yo hay una cosa que tengo clara: hay gente que sabe lo que pasó, dónde está [José Miguel], quién lo hizo, por qué… Y todo eso está, pero siempre chocamos con la Ley de Secretos Oficiales de 1968», insiste. Vuelve a hablarse en el Congreso sobre una nueva ley que destape la información clasificada sobre este caso y todos los de guerra sucia, pero son ya varios intentos baldíos desde que Pedro Sánchez llegó a La Moncloa en 2018.

Mientras tanto sigue corriendo el calendario. Los 16.060 días con sus noches, una cifra, un título, ya quedan superados por la realidad. Y otro detalle revelador de la crueldad del caso: entre la primera y la segunda excavación pasaron cerca de 2.000 días, sin explicación oficial, tiempo perdido para al final acabar en el mismo punto de partida. «A estas alturas ya no nos sorprende nada –confiesa Eneko Etxeberria–. Se trata de violencia provocada por el Estado y en consecuencia no tiene ninguna voluntad de aclararla». Tampoco las autoridades francesas, por lo que se ve: el coronel que lideraba el grupo informó de que daban por concluida la tarea y se marchaban de allí al propietario del terreno, pero no al hermano de la víctima, presente todo el tiempo.

Casos y casos

‘16.060 egun’ pondrá otro grano de arena frente a un muro de silencio impenetrable desde 1980. Se da la circunstancia de que una gran plataforma ha producido y emitido recientemente una docuserie en varios capítulos sobre el secuestro del empresario Publio Cordón por parte de los Grapo en 1985, cinco años después. ¿Por qué no ‘Naparra’? ¿Alguien de grandes medios se ha interesado por ello alguna vez? Etxeberria apunta que en su día hubo algún tanteo «pero preferimos actuar con prudencia. Ves cosas que te ponen la mosca detrás de la oreja, nunca sabes qué punto de vista acabarán dando. Preferimos que se haga desde Euskal Herria».

Ante la misma duda, Iñaki Alforja remarca que «desde luego, estas historias son muy cinematográficas. Pero creo que hasta que no se levante la Ley de Secretos Oficiales franquista es muy difícil que esto se lleve a la gran pantalla. Y hay una frase en ‘Bolante baten historia’ que me parece muy certera: ‘El único crimen perfecto es el que comete el Estado’».




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viernes, 16 de agosto de 2024

Brujas e Intereses Geoestratégicos

Desde las páginas de Noticias de Navarra traemos a ustedes este reportaje acerca de la producción de un documental que echará por tierra todas las mentiras acerca de la 'caza de brujas' en Euskal Herria.

Adelante con la lectura:


¿Qué hubo detrás de la caza de brujas?

El historietista navarro Asisko Urmeneta impulsa el documental ‘Ni ez naiz sorgina’, que deconstruye el relato único sobre un siglo de persecución en Euskal Herria

Paula Etxeberria Cayuela

Deconstruir el relato único sobre la llamada caza de brujas que durante un siglo padeció Navarra y toda Euskal Herria, una “gran mentira” que ha imperado durante 400 años, y cambiar el imaginario popular y en muchos casos oficial que todavía circula torno a esta persecución histórica, es el objetivo del documental Ni ez naiz sorgina, un proyecto impulsado por el historietista navarro Asisko Urmeneta (Pamplona, 1965).

Tras publicar en 2020 el cómic Sugarren mende, un ensayo gráfico sobre el proceso llevado a cabo en Logroño por el tribunal de la inquisición española contra 31 vecinos de Zugarramurdi, Urmeneta vio claro que “no estaba todo contado” sobre la caza de brujas, así que siguió recopilando nuevo material con el que ahora da forma al documental Ni ez naiz sorgina. Suak errerik, keak gorderik (Yo no soy bruja. Lo que destruye la hoguera, lo que esconde la humareda), una aventura en la que se ha embarcado en la producción junto con Aitor Karasatorre y Eneko Gallartzagoitia, y que se estrenará en Auritz-Burguete en junio de 2025, cuando se cumplirán 500 años de la primera ejecución colectiva en Navarra por brujería satánica, que tuvo lugar en dicha localidad navarra.

 “Se ejecutaron a unas cinco personas y eso marcó el pistoletazo de salida para toda una represión que duró un siglo”, cuenta Urmeneta.

El absolutismo contra la resistencia de poblaciones enteras

Ni ez naiz sorgina aporta “una visión y una hipótesis innovadoras sobre los motivos y antecedentes que llevaron a esa caza de brujas en toda Euskal Herria y las motivaciones que de la noche a la mañana pusieron fin a aquella locura, comparando lo que sucedió en territorios navarro y vasco con lo que ocurrió en muchas otras zonas de Europa, en focos como Bolonia y Saboya”.

Aunque, puntualiza Urmeneta, la caza de brujas “se acabó de una manera no definitiva, sin acabar. Y de ahí las mistificaciones que han perdurado durante siglos y que ahora se están reconvirtiendo en otro tipo de mitos”, dice, aludiendo a ese imaginario de la bruja que ha calado y que no hace justicia a la verdad.

 “Nunca, nunca, nunca se celebró en Navarra ni en territorio vasco un akelarre. Todo lo que se nos ha transmitido es mentira y nos la hemos tragado, porque no ha habido otro relato durante 400 años. Y seguimos con las mismas chorradas y paparruchas, con películas como la de Álex de la Iglesia...”, afirma Asisko Urmeneta.

El relato que traerá Ni ez naiz sorgina se está elaborando con la colaboración de grandes expertos de Euskal Herria y también americanos, ingleses, franceses..., “que coinciden en nuestra hipótesis de que la caza de brujas no fue más que una instrumentalización del absolutismo que estaban haciendo en ese momento en Europa las grandes potencias para vencer la resistencia de poblaciones enteras”.

Entrevistas a expertos

El propio título del documental, Ni ez naiz sorgina, es una frase que sale en un montón de sumarios de aquel siglo, de 1525 a 1620: la negación de aquellos delitos. Yo no soy bruja / Yo no soy brujo. Un grito de denuncia de toda aquella instrumentalización con métodos como el tormento, la incomunicación en cárceles lejanas, la depresión, la instigación, la coerción... “Hemos intentado dar voz a todos los reprimidos y reprimidas que dejaron bien claro que ellos y ellas no se estaban comiendo a los niños, no cocinaban a los viejos, no le besaban el culo al cabrón, no envenenaban al vecino... todo fue una construcción, el invento de una coartada”, dice el historietista navarro.

“La propia palabra akelarre, que hoy se reivindica como algo de rebeldía y muy euskaldun, es una invención de los inquisidores de Logroño para satanizar las reuniones o los batzarres de la gente de los pueblos, que eran un contrapoder a ese absolutismo que estaba creciendo y que tenía sus peones y sus alfiles”, apunta Urmeneta, que en Ni ez naiz sorgina ejerce, además de director y coproductor, de narrador-ilustrador que va de pueblo en pueblo con su tableta gráfica dibujando e intentando reconstruir gráficamente lo que pasó.

El rodaje del documental, que se está haciendo en euskera y posteriormente tendrá versiones en castellano, inglés y francés, ya está en marcha. Se han iniciado grabaciones de entrevistas a expertos en la materia, desde Roldán Jimeno que aporta la historia del Derecho o Peio Monteano, técnico del Archivo de Navarra, hasta Sophie Houdard de la Universidad de la Sorbona, William Monter de Illinois, Diarmaid Macculloh de la Universidad de Oxford o Natalia Silva Prada de la Universidad Autónoma Metropolitana de México y residente en Chicago, que es la persona que más ha investigado los tribunales de la Inquisición de las Indias.

“Ella dice que no se ha estudiado suficientemente el carácter político y policiaco de la Inquisición. Eran herramientas de la corona, en este caso española pero pasó lo mismo en Baviera, Italia... Era un brazo judicial muy potente de la monarquía en ese momento. Y muchas de las cosas que Natalia aporta de América son muy aplicables al tribunal de Navarra”, apunta Asisko Urmeneta.

Dar voz a los pueblos perseguidos

Además de a estudiosos y expertos, el documental da voz a gente de los pueblos donde hubo persecución: Zugarramurdi, Auritz-Burguete, Hernani, zonas de Roncal, Salazar, Aezkoa, Anotzibar, Ultzama, Sakana, también Pamplona, Ataun, Senpere (Lapurdi)..., para reflejar qué se ha transmitido en las familias y en las casas sobre el tema y cómo estamos representando hoy esa historia.

“Por ejemplo, la quema de la bruja que se hace en Vidángoz o el akelarre que se celebra en Hernani. Y hay sitios, como Anotzibar, donde hay una representación pero no queman a la bruja sino que queman al inquisidor. Queremos reflejar cómo se deconstruye hoy aquella patraña y cómo podemos seguir profundizando en la huella de la memoria histórica y la recuperación de aquella salvajada sin caer en el discurso único que fue el que nos dejaron los inquisidores”, insiste Asisko Urmeneta.

Porque en el año 1614, una vez que se dio carpetazo a la caza de brujas, la inquisición española dictó un edicto de silencio por el que se prohibía hablar, nombrar, etc, cualquier caso, cualquier proceso. “Como había miles de sumarios abiertos, decidieron que había que callarse. Entonces, el único discurso que ha habido durante estos cuatro siglos ha sido el de los inquisidores. Y por eso hay pueblos donde se queman las brujas, pueblos donde aparece un cabrón y se le besa el culo, o pueblos como Zugarramurdi donde han decidido retirar una figura de una bruja que tenían en la plaza, una visión misógina, injusta, de una vieja bruja montada en una escoba, cosas que nunca han existido. Han decidido quitarla, y los jóvenes del pueblo en su local han hecho un mural donde aparecen los nombres y apellidos de los zugarramurdiarras que fueron perseguidos, encausados, torturados y acusados de canibalismo, vampirismo, profanación... cosas increíbles”.

Fueron mujeres y hombres. “Sí, ahí hay un hilo a seguir. Hay más mujeres represaliadas, pero en los territorios vasconavarros también hubo muchos hombres. Y otra cosa que rompe tópicos es que muchísimos acusados y acusadas no responden a la imagen de la bruja huesuda que vive en la cueva, que hace pócimas, no, no, era gente poderosa, líderes de sus comunidades. Hay muchos curas en Lapurdi y frailes en Zugarramurdi que fueron procesados y ejecutados, hay jueces, hay médicos, hay una élite social, económica y política que tiene que ser quitada de en medio. Y como por la vía legal ordinaria no es posible, se inventan unos delitos tan terroríficos que tiene que juzgarlos un tribunal especial de fuera del Reino de Navarra, en ese momento de Logroño”, apunta Urmeneta.

Logroño, último destino

Precisamente en Logroño terminará la grabación de Ni ez naiz sorgina, en noviembre, mes en que tuvo lugar el Auto de Fe de Logroño. “Allí estaba el palacio inquisitorial que abarcaba toda la zona de Euskal Herria del sur más La Rioja y una parte de Cantabria, y ni siquiera hay hoy una placa que diga dónde estaba. Durante un siglo a vascos y navarros les han llevado allá, torturado y quemado, y no hay ni una placa que lo diga. Con investigadores de La Rioja estamos reconstruyendo cómo pudo ser aquel último Auto de Fe multitudinario de 1610 y estamos hablando con el Ayuntamiento de Logroño para marcar dónde estuvo el palacio inquisitorial y dar fe de aquella barbarie”, dice Asisko Urmeneta, apuntando que la intención con este documental es “que se vea y se hable. Creemos que tenemos algo que contar, algo que aportar en la deconstrucción y reconstrucción de la memoria y la reparación de aquellos antepasados que sufrieron lo indecible injustamente”.

En corto

Una barbarie por intereses geoestratégicos. La caza de brujas respondió a intereses geoestratégicos de las potencias de Europa que estaban iniciando el absolutismo. En nuestro territorio, se inicia tras la conquista de Navarra por parte de España. Ahí empieza la persecución en todo el pirineo. Y un siglo después termina de la noche a la mañana por ese interés geoestratégico, sobre todo cuando Francia inicia las conversaciones de paz con España. Entonces, el que era el enemigo hereditario, Francia, pasa a ser amigo y aliado.

En busca de cofinanciación.Ni ez naiz sorgina se estrenará en junio de 2025 en el cine de Auritz-Burguete, pueblo donde tuvieron lujar las primeras ejecuciones por brujería en Navarra, y a partir de ahí la intención es difundirlo por otros pueblos, así como en televisión. El equipo, que actualmente busca cofinanciación y más apoyo de coproducción, está en conversaciones con Euskal Telebista.


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 Video | Ni Ez Naiz Sorgina

 

 

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domingo, 23 de junio de 2024

El País de Luisito

Para los que se hacen como que no saben la diferencia entre país y estado, para quienes sistemáticamente niegan los derechos civiles y políticos de las naciones históricas, o sea, las naciones sin estado, aquí les traemos este artículo de opinión inspirado en la cerril reacción españolista en contra del video en el que Luisito Comunica nos relata su visita a Euskal Herria.

Lean ustedes:


Un país que no existe en los mapas

Jonathan Martínez | Investigador en Comunicación

Hace apenas unos días, el youtuber mexicano Luisito Comunica difundió un vídeo en el que cuenta su paso por tierras vascas, su enamorada fascinación por nuestra lengua, su atracción por un entrañable universo de acantilados marítimos, aizkolaris, pastoreo de ovejas queseras, frontones, tablas de surf y otras particularidades de «un país que no existe en los mapas». El chaval, para quien no lo sepa, es uno de esos fenómenos digitales que acumula suscriptores a punta pala y cuyos documentales llegan hasta los lugares más recónditos de internet. A estas alturas, su gira vasca suma ya chorrocientas visualizaciones. Y subiendo.

El asunto llegó a Twitter entre efusiones de mala baba porque a un simpatizante de Milei y de Abascal no le hizo gracia el enfoque de la expedición. El caso es que Luisito Comunica nos define como «un pequeño país que políticamente está atrapado entre las divisiones de España y Francia». Y claro. Esa clase de enunciaciones son de la piel de Satanás, delirios independentistas, irredentismo, majaderías aldeanas de dialecto montés y boina enroscada. Algunos diarios como "El Español" han aprovechado para magnificar la polémica y hasta "Deia" acusa al youtuber de desconocer nuestra realidad administrativa. Cosas veredes, amigo Sabino.

La historia es tozuda y repite como un puré de ajo. En los años cincuenta, el cineasta Orson Welles rodó seis capítulos documentales para la BBC bajo el título "Alrededor del mundo". El país de los vascos acaparó dos episodios. En los primeros minutos del metraje, la cámara se instala en el paso fronterizo que separa Sara y Etxalar. El viento alborota los árboles. Vemos un paisaje pastoril atravesado por líneas montañosas y caminos forestales. «Esta frontera ha sido siempre más una teoría que un hecho», dice Welles, «una teoría de los Gobiernos de España y Francia». El diagnóstico es terminante: «La gente que vive aquí no son ni franceses ni españoles».

Antes que los youtubers y los cineastas, nos visitó una larga genealogía de aventureros que dejaron también su testimonio. Hace ya más de dos siglos, Wilhelm von Humboldt quiso descifrar los arcanos del euskera y emprendió una doble excursión por nuestros pueblos y folklores. Así era el espíritu audaz del Romanticismo. Los habitantes de Hendaia y Hondarribia, observa Humboldt, comparten lengua y comunidad pero viven separados por una línea de artificio. En definitiva, los vascos fueron arrancados de su entorno común a fuerza de guerras y a causa de dos Estados a los que pertenecían por pura coincidencia.

Dice Bernardo Atxaga que la mirada extranjera tiene matices exotizantes y tiende a buscar parajes rurales, ajenos a la industrialización, donde aparece un arquetipo ideal de país intocado y agreste. En fin, que para el ojo romántico siempre será más apetitoso encaramarse a un caserío del Baztan que callejear por Sestao o Portugalete. Sin embargo, nadie escapa a la belleza pictórica de los decorados urbanos, del perfil minero que vio crecer a Dolores Ibarruri, del gris comercial y proletario que fotografiaba Eulalia Abaitua sin renunciar a retratar el campo y el mar.

Es precisamente la industrialización y la sobreexplotación de los asalariados vascos lo que interesaba a Jean-Paul Sartre cuando reivindicaba los derechos nacionales de nuestro pueblo. Y así lo escribió con motivo del Proceso de Burgos. La historia de Francia que se enseña a los francesitos, dice Sartre, es la historia de la unidad entre provincias, la perfección de la lengua y el universalismo de la cultura. Hasta que un día, la solidaridad con los acusados de Burgos enfrentó a la izquierda francesa con una endiablada paradoja: «¿Cómo admitir que la nación vasca existía al otro lado de los Pirineos sin reconocer a «nuestros» vascos el derecho a integrarse en ella?».

En realidad, no importa tanto cómo nos ven los extranjeros sino cómo nos miramos a nosotros mismos. Es muy fácil dejarse arrastrar por las inercias y terminar aceptando sin remedio los marcos informativos que no hemos elegido, las divisiones que no hemos trazado, las peleas provincianas que otros atizan mientras se frotan las manos. La subalternidad, dice la filósofa Gayatri Spivak, no es una identidad congénita sino una posición que puede alterarse. Es por eso que algunos sectores políticos nos invitan al autoodio, a ser orgullosos subalternos para que las fronteras ajenas nos parezcan una parte natural de nuestro ser, un atributo eterno, un destino irrevocable.

El otro día, Iñigo Urkullu cerraba un periplo presidencial de doce años. Allá por 2012, en su primer pleno de investidura, el exlehendakari prometió un nuevo estatus que nunca se materializó a pesar de las holgadas mayorías. El tema reapareció en la investidura de Imanol Pradales con un cierto tono de tedio y desesperación. Incluso ahora que la suma soberanista es abrumadora, la cosa suena como un eco mortecino de pasos que se alejan. Urkullu siempre interpuso la necesidad de reunir consensos amplios pero en la práctica se trataba más bien de reconocer el derecho a veto del PSE.

En un instante hilarante del último debate parlamentario, Eneko Andueza cerró su intervención diciendo «Gora Euskadi». El lema sonó falto de énfasis, como una versión descafeinada de aquel «Gora Euskadi askatuta» que Felipe González gritó en 1976 durante un mitin en Eibar. Por aquel entonces, el PSE iba a fundarse sobre la base del derecho de autodeterminación y con autoridad sobre los cuatro territorios al sur de la muga. Después el PSN emprendió su camino. Ahora Andueza enmienda la plana histórica a su propio partido y sostiene que el derecho a decidir es una paparrucha nacionalista.

Hace ya veinte años, el Parlamento de Gasteiz aprobó un Estatuto que reconoce el derecho de los siete territorios vascos a vincularse en una entidad común más allá del cuarteamiento autonómico y de las vallas fronterizas. La idea y la voluntad están ahí. No hacen falta youtubers, cineastas o filósofos para que la reconozcamos.




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domingo, 16 de junio de 2024

Honrando la Tximist

Desde Noticias de Araba traemos a ustedes este artículo acerca de aquella mítica expedición vasca al Sagarmatha.

Adelante con la lectura:


En honor a la Tximist

La sala Amárica acogerá del 27 de junio al 30 de septiembre una exposición con 20 imágenes de la expedición vasca de 1974 al Everest

Oscar San Martín 

En este 2024 se conmemora el cincuenta aniversario de la expedición Tximist, financiada por el empresario vasco Juan Celaya Letamendi y cuya primera idea se gestó en la calle Dato de Vitoria. 

Pues bien, en breve arrancarán los festejos para realzar aquel acontecimiento, que originó como continuación la expedición de 1980 en la que se logró alcanzar los 8.848 metros de la cima de la montaña más alta del mundo. Aquella fue la mecha que propició un movimiento espectacular del alpinismo vasco para alcanzar las altas cumbres del Himalaya en expediciones organizadas en muchos pueblos. 

Junto a los propios miembros de la expedición, el Museo del Montañismo Vasco, el Mendi Film Festival, las federaciones vasca y navarra de montañismo y la Fundación Celaya, bajo el amparo del Ayuntamiento de Vitoria, la Diputación Foral de Álava, la Fundación Vital, Euskadi Basque Country del Gobierno Vasco y la Laboral Kutxa, han constituido el grupo de trabajo que servirá para homenajear la labor de las personas fallecidas y también las ocho que siguen vivas de aquella legendaria expedición.

Además, no se quiere dejar de lado la oportunidad de homenajear a Juan Celaya, cuyo aporte económico incondicional fue imprescindible para el éxito, y a su amigo Juan Cortázar, que resolvió los problemas políticos y administrativos que se interpusieron en el camino.

El proyecto consta de varias actuaciones, aunque la más relevante es sin duda una exposición de paneles que relata los hitos más reseñables de aquella expedición. Su inauguración tendrá lugar el 27 de junio y se mantendrá abierta durante hasta el 30 de septiembre antes de su traslado a Bilbao dentro del marco del Mendi Film Festival de 2024.

Dicha exposición constará de 20 paneles, del tamaño 2 m por 1 m según un guión preparado por Antxon Iturriza, el historiador especializado en el montañismo vasco. Para su diseño se ha contado con el equipo del Museo del Montañismo Vasco, que ya ha preparado paneles para otras exposiciones anteriores. 

Las fotografías provienen de una amplia colección propiedad de Ángel Lerma, expedicionario de Tximist, que formó parte del equipo de cine, y está completada por otras colecciones particulares de los miembros de la expedición o sus descendientes. De su diseño se ha encargado Lidia Uribarrena y de su ejecución la empresa Fotoprix/Ikatz.

Acto en el Europa

Sin embargo, antes de la inauguración de la citada exposición el palacio de congresos Europa acogerá el 21 de junio un acto con el objetivo de recordar la vinculación entre la ciudad y la expedición Tximist de 1974. Además, también se proyectará la película Agur Everest, rodada en el transcurso de la expedición por el director Fernando Larruquert, con la ayuda de Angel Lerma, y completada por Juan Ignacio Lorente. 

Por último, está prevista para el mes de octubre una reunión en Gasteiz de ochomilistas vascos –alpinistas que han alcanzado alguna cumbre de más de 8000 metros– y la inauguración de una exposición de cuadros originales de los 14 ochomiles, pintados al óleo expresamente para esta ocasión. 

 

 

 

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viernes, 22 de septiembre de 2023

Resultado Insatisfactorio

Para no variar, Jordi Évole ha desperdiciado una oportunidad más para hacer periodismo de verdad, decantándose por el sensacionalismo vacío que le ha caracterizado.

No podremos olvidar nunca su cruel hostigamiento a padres y madres de presos políticos durante una manifestación en favor de su repatriación a Euskal Herria.

En esta ocasión, ha sido su manejo de la participación de Josu Urrutikoetxea en un documental lo que ha terminado por demostrar su incapacidad para llevar a cabo un manejo a la altura de las circunstancias.

Aquí lo que Deia nos relata con respecto a la opinión del propio Urrutikoetxea:


Josu Urrutikoetxea: “Asumí peligros al participar en la película, y no es el resultado que esperaba”

Protagoniza la película de Jordi Évole y Marius Sànchez No me llame Ternera que se estrena en el Zinemaldia

Jurdan Arretxe

El exmiembro de ETA Josu Urrutikoetxea, protagonista de la película de Jordi Évole y Marius Sànchez No me llame Ternera que se estrenará en el Zinemaldia este viernes, ha reconocido que asumió “riesgos” al aceptar participar y que el resultado no es el que él esperaba: “No me voy a meter en su trabajo. Han hecho lo que consideraban; yo tengo otra visión y otra idea sobre ese trabajo, pero lo digo con todo el respeto”.

En una entrevista concedida a Berria el mismo día que la prensa especializada podrá visionar la obra que medio millar de personas pidieron retirar, Urrutikoetxea explica que “en la base de este trabajo había un proyecto ambicioso. Por distintas razones, cayó, pero yo seguí dispuesto a hacer la entrevista. Las conversaciones tuvieron lugar en 2020 en París, después de que yo quedara libre”.

Cuestionado por su objetivo al intervenir, Urrutikoetxea explica que “la comunicación y los medios se han convertido en herramienta de guerra, tomando el término en el sentido más amplio. Vista la importancia que tiene comunicar, de la mano de quién se hace y en manos de quién están los medios en el Estado español, francés o en el mundo, y hasta dónde llega su comunicación, se suelen poner por delante de los propios acontecimientos. Es decir, antes de que un asunto explote, ya tienen el montaje preparado, como demuestran ejemplos como Irak, (el golpe de Estado de) Chile hace 50 años, y múltiples en Euskal Herria”.

“Siendo la comunicación una herramienta tan poderosa, yo creo, y sabiendo en manos de quiénes están, que en nuestro conflicto político debe ser una herramienta, y no una mera herramienta”, resume Urrutikoetxea, que lamenta que la cinta no aborde “que el conflicto ha sido político, con sus consecuencias crudas e irreversibles. Eso le quería mostrar a la sociedad española, que no piensen, de alguna manera, que alguien disfrutaba con todos estos acontecimientos. Eran acciones políticas, con objetivos políticos. Eso quería mostrar. Cuando entramos en esa dinámica de lucha dura, se pierde empatía por una parte y por otra”.

Ajeno a la polémica del Festival tras pedir que se retirara ("qué decir... es decisión del Zinemaldia"), Urrutikoetxea, contra quien la Fiscalía pide 2.300 años de cárcel como dirigente de ETA por el atentado de Zaragoza en el que murieron 11 personas, insiste en que él no era parte de la dirección de la organización armada: “Por lo tanto, yo no tuve nada que ver”.

La actualidad política tampoco escapa de las palabras de Urrutikoetxea, que considera la actual época “muy interesante, lo cual no quiere decir que sea dura, y cambiante también, y se han visto la celeridad y los pasos de la izquierda abertzale”.

“Eso no nos debe cegar”, advierte Urrutikoetxea, que considera que “aunque en Madrid se forme un nuevo gobierno progresista, la situación no será fácil; si hay otro tipo de gobierno, será aún más difícil”. Urrutikoetxea señala que “la ciudadanía debe ser parte de este largo proceso, porque será una de las claves para avanzar. Y hacer ese trabajo de transmisión dentro de la propia izquierda abertzale será muy importante”. 




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viernes, 24 de junio de 2022

Entrevista a Iratxe Fresneda

A quienes les interesa conocer las tendencias actuales del Séptimo Arte seguro que les interesará esta entrevista publicada por Naiz:


«Tu cultura o de dónde eres se expresa a través de tus acciones, no de lo que dices»

Iratxe Fresneda | Directora, investigadora y docente | La directora, investigadora y profesora de la UPV-EHU Iratxe Fresneda cierra una trilogía cinematográfica con ‘Tetúan’, que llega tras ‘Irrintziaren oihartzunak’ y ‘Lurralde Hotzak’.

Amaia Ereñaga

El nombre de Tetuán ‘La Blanca’, la antigua capital del protectorado español de Marruecos, nunca ha dejado de tener un cierto aire novelesco. Entre finales del XIX y principios del XX, la ciudad fue escenario de guerras, rebeliones y batallas sangrientas, como consecuencia del reparto de África, como una tarta, entre las potencias europeas. También da nombre a lugares, restaurantes, recuerdos y –ahora– hasta películas, como la de Iratxe Fresneda. Pero es que Tetuán, mira tú por dónde, también es uno de los distritos madrileños con mayor número de inmigrantes en la actualidad en la capital de aquel imperio con ínfulas colonialistas de antaño, y Tetuán se llamaba a su vez una calle de Oñati, bautizada así porque en ella se construyó un cañón para la Guerra del Rif. Así lo relataban cuatro vecinas en una entrevista recogida en la web ahotsak.eus que encontramos por casualidad cuando viajamos por las redes: «La calle se llamaba Tetuán porque en un taller se construyó un cañón para la guerra de Tetuán, solo uno ¿eh?, y se tuvieron que usar cinco pares de bueyes para llevarlo hasta Brinkola». Damos vueltas y revueltas, encontrando puntos de conexión, al más puro estilo del cine de Iratxe Fresneda.

‘Tetuán’ es el título de la película documental que anda rematando estos días, literalmente, Iratxe Fresneda, para el que será el cierre de su denominada ‘trilogía del registro’, rodada en euskara y compuesta también por ‘Irrintziaren oihartzunak’ (2016), en el que se recupera a la cineasta navarra Mirentxu Loyarte, y ‘Lurralde Hotzak’ (2019), una road movie por el frío, el cine y la naturaleza. Profesora de Comunicación Audiovisual en la UPV/EHU, investigadora, crítica y cineasta, esta vizcaina es una firma muy reconocible para los lectores de GARA gracias a su columna semanal sobre cine y sus análisis durante Zinemaldia. Es también uno de los nombres de referencia en el estudio del audiovisual en este país y, con sus películas, se ha ido abriendo un espacio propio en el cine de no ficción. Lo ha hecho paso a paso, arriesgando mucho y desde la humildad de su productora Pimpi & Nella Films, para ir creciendo hasta el extremo de que, antes de su estreno, ‘Tetuán’ lleva una larga trayectoria en festivales y mercados. Por citar algunos: Zinebi Networking en 2019, Fipadoc en 2020, seleccionada por el productor Pablo Iraola para la mentoría de coproducción de Europa Media Creativa Media Euskadi y seleccionada por el ICAA (Instituto de la Cinematografía y las Artes Audiovisuales) en 2020 para el Marché du Film de Cannes como «uno de los diez proyectos en desarrollo más prometedores del cine del Estado español».

Iratxe Fresneda es una cineasta que si algo sabe es lo que quiere comunicar. Ha rumiado hasta el último detalle para plasmar en imágenes y atmósferas su mundo creativo y, a la vez, es una mujer que invita a sus espectadores a que se sumen al viaje que constituyen sus proyectos, como ha quedado patente en la campaña de crowdfunding de ‘Tetuán’. Que conste, este es un viaje literal por el mundo para entender y sentir la inmigración que arranca con la búsqueda de un recuerdo: su padre, nacido en Almería, criado en Tetuán y fallecido en Arrigorriaga. Hablamos con Iratxe Fresneda en un descanso. Está metida de lleno en el estudio, en la postproducción. Y esta es una conversación entre dos que se conocen hace mucho, pero mucho tiempo. Por eso, tal vez cuenta más de lo que quisiera de las ‘tripas’ de este ‘Tetuán’ que llegará a las pantallas con el nuevo curso.

Acaban de volver del Festival de Cannes justo dos años después de que las seleccionasen para el Marché du Film. ¿Cannes cómo es? ¿Se vende tanto allí?

Todo el mundo está ahí: está toda la industria a nivel mundial, y muchas personas distintas con necesidades distintas y que buscan proyectos diversos, no solo caras conocidas o famosas, sino proyectos diferentes. Desde la humildad, desde un proyecto pequeñito, ellos saben muy bien lo que llevamos. El nuestro es un perfil muy libre: es una película independiente y eso es para nosotras lo principal.

Con ‘Tetuán’ cierra una trilogía, con la que ha ido creciendo tanto en contenidos como en factura. De empezar a grabar casi sola, con su cámara, ahora ha pasado a tener un equipo. Con perdón, pero parece que se está convirtiendo en una directora ‘de verdad’.

[risas] El no tener medios no significa que no seas una directora de verdad. La película tiene una ambición, porque estaba pensada para hacerse en equipo: así como ‘Lurralde Hotzak’ era un viaje íntimo, en el caso de ‘Tetuán’ pedía que estuviera rodeada de gente. Además, se hace un seguimiento de la vida diaria de los personajes por distintos lugares del mundo: África, Europa del Este… muchos lugares, lo que conlleva un trabajo de coordinación que me proporciona los mimbres que necesito para hacer una cesta tan compleja.

Esta es quizás la historia más personal de su trilogía. Y el punto de partida es la búsqueda del padre.

La historia de mi padre es una excusa y un detonante; es decir, es lo que a mí me mueve a pensar en esa palabra migrante, lo que ahora conocemos por personas migradas y que las identificamos con números e ideas estereotipadas. Mi padre, Carmelo, era una persona migrante: nace en Almería, se cría en Tetuán y acaba sus días en Arrigorriaga, pero antes de eso había pasado por Madrid, por Málaga, había intentado escaparse durante el franquismo… había tenido una vida muy rica pero, para mí desconocida, porque yo tenía 14 años cuando murió. Lo que conozco son esos recuerdos familiares que se van convirtiendo en ficción. Mi padre nace a principios de siglo, es un adolescente cuando estalla la guerra y la mayoría de las cosas que le pasaron han desaparecido: ese registro de lo vivido ya no está, ni siquiera las fotografías que él sacó. Mis hermanos hablan de que tenía carnet de periodista, pero es una historia que yo no la he conocido. Solo me han quedado sus cámaras, como una Kodak Brownie maravillosa, pero no he encontrado ninguna foto firmada por él.

Pensaba que las fotografías utilizadas en el documental eran hechas por su padre.

Las sacó la familia; él es el retratado. En cambio, él trabajó profesionalmente como fotógrafo, pero trabajaría para alguna agencia porque no firmaba. Entonces yo no sé qué fotografías ha sacado mi padre. Hace un tiempo encontré unas cartas en las que se ve que el matrimonio de mis padres no fue consentido y eso tenía que ver con el origen de mi aita. Lo cual me lleva a plantearme muchas cosas que yo sé en la actualidad, a plantearme ese racismo que tenemos hacia el que creemos que es diferente y, de ahí, me lleva a preguntarme cómo viven quienes tienen la edad de mi padre, cómo viven esos jóvenes entre nosotros y nosotras y cuáles son sus vidas.

No sé, pero, ¿con este trabajo se ha descubierto a sí misma algún prejuicio?

Siempre he estado muy abierta y creo que no soy una persona que tenga muchos prejuicios. Una de las razones de esta película es que me he cansado de ver ciertas cosas en los medios de comunicación, en apariencia bienintencionadas, pero que me han llegado a molestar. Entre otras cosas, porque mi padre no era nacido aquí, pero puso como aval su casa de obrero para que se pudiera fundar la ikastola de Zaratamo. Y otras personas que habían nacido aquí se fueron a otro sitio por no hacerlo. La cultura o de dónde eres se hace a través de tus acciones, no de lo que dices.

Por el origen de algunos de los personajes que retrata (África subsahariana, la antigua URSS), es una película que aborda cuestiones de total actualidad. Pero su proyecto arranca hace casi una década.

Sí, realmente la primera película se estrena en 2016, ‘Irrintziaren Oihartzunak’, aunque llevaba trabajando en ella desde 2014. Calculo que llevo cerca de diez años trabajando en esta trilogía. La idea es buscar otro registro, romper estereotipos y filmar libremente. Annemarie, Carmelo, Irina y Mohamed rompen con el estereotipo de lo que imaginamos cuando pronunciamos la palabra ‘inmigrante’ y nos hablan de algo tan elemental como saber que todos y todas somos de aquí y de allá. Me parece importante construir memoria en torno a los jóvenes de antaño y ligarlos con la juventud de nuestros días.

De las dos personas que han muerto, los personajes históricos podría decirse de su película, uno es su padre y el otro, una fotógrafa suiza. ¿Qué puntos de conexión hay entre ellos?

La fotógrafa suiza es Annemarie Schwarzenbach, que tiene en su haber 3.000 fotografías. Fue escritora, una viajera empedernida, militante antinazi… una mujer francamente interesante que también utilizó el viaje, el nomadismo, como huida de un agobio familiar para poder ser ella misma. Esta mujer amaba a otras mujeres y, en aquellos tiempos, depende en qué círculos, era aceptado pero no por toda la sociedad. Hay gente que viaja por motivos económicos y otros tienen otros motivos; en su caso yo creo que fue una mezcla de motivos políticos, personales, de identidad y de que, como se suele decir, la huida es siempre una buena opción.

Ha citado varias veces la palabra nomadismo. ¿Migrantes o nómadas?

Hablo de nómadas, de que moverse para buscar recursos se puede hacer por curiosidad, incluso, por placer. Esa idea también se explora. Las personas que van a ver la película creo que van a disfrutar tanto como nosotras, porque te lleva por muchos lugares distintos.

De los dos personajes actuales que ha seguido, uno es un saharaui, ciudadano de un país sin tierra.

Mohamed es un saharaui que tiene una identidad nómada. Es decir, al margen de lo que le une culturalmente al resto de los saharauis, que es un colectivo de personas sin tierra, él está constantemente viajando. Eso es lo que le define.

La parte más complicada del rodaje supongo que fue la del Sáhara. Les pilló la pandemia de pleno.


Sí, en medio de la pandemia y en medio de uno de los conflictos candentes que ha habido en la zona. Entre otras cosas, un dron había atacado a una familia saharaui que iba de viaje. Para nosotras fue difícil, casi se suspende el rodaje, porque se habían suspendido todos los vuelos y hasta última hora estuvimos pendientes de si íbamos a ir o no.

¿Qué impresión les dio? ¿Se notaba el ambiente de guerra?

No se ve, aunque sí lo sientes. La guerra no está en los campamentos o en las jaimas, está fuera, pero se han ido muchos jóvenes y hombres mayores y se escucha continuamente en las conservaciones. Es un poco como que está ahí, pero sin verse. Pero llevan tanto tiempo así, medio siglo prácticamente, que al final es como que las generaciones van acostumbrándose a ese estado y a vivir constantemente con ello.

Y la cuarta historia viene de Europa del Este.

Viene de la caída del Telón de Acero pero tiene una peculiaridad: que ella procede de la etnia lipovena. En Rumanía conviven numerosas culturas, entre ellas esta la de los lipovenos, que tienen su lengua, su cultura y sus tradiciones propias. Hay muchas personas que han venido de estas comunidades a Euskal Herria; de hecho, en Zornotza hay una representación muy amplia. Irina se siente vasco-lipovena. También habla de su experiencia, de que las cosas no le han sido fáciles a pesar de que el color de piel, porque no es una persona racializada, como es el caso de Mohamed, pero sí se les vincula a la delincuencia. Y eso ella lo ha tenido que sufrir en sus carnes.

Una mirada hacia adentro

El cine de Iratxe Fresneda va de memoria: de recuperarla, enfocarla y, a la vez, crear nueva. Es otra distinta a la oficial, con otros mimbres y donde se pone el foco en otras miradas, las de los olvidados, las de quienes están en los márgenes moviendo el mundo. Hay personas o animales míticos como el bramido de la ballena de ‘Irrintziaren oihartzunak’, un sonido que ponía banda sonora a la recuperación emocionada de la figura de Mirentxu Loyarte, la primera cineasta moderna vasca. Y hay mucho que rumiar. Y memoria que crear en común. Eso es lo que está pasando en el cine con proyectos como ‘Tetuán’, una película que ha creado comunidad en torno a ella. «Es súper bonito –reconoce Iratxe Fresneda– y era un objetivo que iba con la película: que fuera un grupo variopinto, diverso y que nos acompañaran en ese camino todas esas personas que hasta ahora también nos habían acompañado en las anteriores. Pero es que ahora se han unido otras, no solo como espectadoras, sino como cómplices en los rodajes, de los logros que hemos ido consiguiendo trabajando duro. Entre otras cosas, y no teníamos ni idea, la película ha sido calificada de Patrimonio Cultural por el Instituto de las Artes y las Ciencias».




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viernes, 17 de junio de 2022

La Barbarie en Pico Reja

¿Qué es lo que buscan ocultar los dirigentes del PP, Vox y Ciudadanos cuando tratan de dinamitar cualquier iniciativa encaminada a la memoria?

Lean esta reseña de Naiz y les quedará más que claro:


‘Pico Reja’, la barbarie franquista que se tradujo en su mayor fosa común

La fosa común Pico Reja, ubicada en el cementerio de San Fernando de Sevilla, es la mayor de la guerra del 36 y refleja la brutalidad con la que se empleó el general franquista Queipo de Llano en Andalucía. El documental ‘Pico Reja’ aborda este ejercicio de memoria histórica.

Koldo Landaluze

El documental ‘Pico Reja’, que podrá ser visionado en salas a partir de este 17 de junio, aborda la brutalidad que empleó en Sevilla el general franquista Queipo de Llano en los primeros compases de la Guerra del 36.

El subtítulo de este proyecto dirigido por Remedios Malvárez y Arturo Andújar –‘La verdad que la tierra esconde’– hace alusión a la fosa común en la que están enterrados restos de más de un millar de represaliados.

El filme documenta los trabajos de excavación que se realizaron en la fosa común de Pico Reja, localizada en el cementerio municipal de San Fernando de Sevilla, y que por su extensión y por el número de víctimas que alberga, pasa por ser la mayor del Estado español.

Dicha fosa, de forma triangular, cuenta con una longitud de 700 metros cuadrados y se suponía inicialmente que en ella se encontraban los restos de casi 900 represaliados. No obstante, ya han sido localizadas cerca de 1.200 y se sospecha que en el transcurso de los trabajos de exhumación que se están llevando a cabo, la cifra de víctimas podría superar los 2.000.

Un necesario ejercicio de memoria histórica

Una de las autoras del documental, Remedios Málvarez, afirmó que «los trabajos de exhumación que se están llevando a cabo en Pico Reja son los más rigurosos, desde el punto de vista técnico, que se han efectuado en una fosa de este tipo. El filme también recuerda los campos de concentración franquista que agruparon a los presos republicanos empleados como mano de obra en proyectos como la construcción de un canal».

Por su parte, el otro autor de ‘Pico Reja’, Arturo Andújar, añadió que «para nosotros fue muy emotivo estrenar la película en el centro cultural construido junto a la antigua cárcel provincial de Sevilla, conocida popularmente como ‘Ranilla’, por haber sido ese lugar –escenario de algunas secuencias de la película– un importante centro de la represión durante la guerra y la posguerra».

Málvarez y Andújar también coincidieron al señalar que tienen la impresión de haber efectuado con esta película «un trabajo que era necesario, por lo desconocidas que son las dimensiones de la represión franquista».

‘Pico Reja’ recuerda que en Andalucía hubo más de 50.000 fusilamientos, un tercio de los que se ejecutaron a nivel estatal, y que la fosa del cementerio de San Fernando de Sevilla es la mayor abierta en Europa occidental desde Srebrenica, en Bosnia Herzegovina.

La película captó la apertura de la fosa y revela nuevos hechos no documentados. Su relato, enraizado en el presente, también recrea el encuentro entre la cantaora Rocío Márquez y el poeta Antonio Manuel Rodríguez para crear un cante al respecto.

Cabe recordar que el pasado mes de febrero y en las XX jornadas de arqueología organizadas por la Sociedad de Ciencias Aranzadi, el Museo San Telmo acogió la conferencia ‘Pico Roca, el triángulo de la muerte’ en la que participaron como ponentes Juan Manuel Guijo y Jesús Román.

Adicionalmente, les compartimos este material que traemos a ustedes desde el canal Carne Cruda de YouTube:

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Video | Pico Reja: la fosa que prueba el exterminio franquista (CARNE CRUDA #1071)



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