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sábado, 14 de febrero de 2026

Fallece la Garzonesca Murillo

Justo en el día en el que en Euskal Herria se conmemora el Día Contra la Tortura, ha fallecido uno de los pilares de la represión más brutal desde el ámbito judicial en contra del pueblo vasco, Ángela Murillo.

Fiel a la escuela del 'todo es ETA' de Baltasar Garzón, Murillo protagonizó algunas de las acciones más grotescas y aberrantes que puedan ocurrir en un juzgado.

Aquí lo que nos informa Naiz:


Fallece la jueza Ángela Murillo, protagonista de varios juicios contra la izquierda abertzale

La magistrada Ángela Murillo, primera mujer en ingresar en la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, en 1993, ha fallecido a los 74 años de edad. Protagonizó algunos de los juicios más mediáticos de los últimos años y, entre ellos, varios de casos de persecución de la izquierda abertzale.

La magistrada Ángela Murillo, primera mujer en ingresar en la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, en 1993, ha fallecido este viernes a los 74 años de edad.

Ángela Murillo, jubilada desde septiembre de 2024, pasó 31 años a este tribunal, protagonizando algunos de los juicios más mediáticos de los últimos años, como el caso Nécora, los de las tarjetas black o la salida a bolsa de Bankia o la célula de Al-Qaeda en el Estado español.

Al jubilarse hace algo más de dos años, confesaba que el de Bankia era el que mejor recuerdo le había dejado pero en Euskal Herria dejó en la memoria varios casos de persecución a la izquierda abertzale.

Uno de los más conocidos fue cuando le respondió «por mí como si bebe vino» a la abogada Jone Goirizelaia cuando le preguntó si su defendido, Arnaldo Otegi, podía beber agua, ya que se encontraba en huelga de hambre.

Esta actitud de Murillo supuso que el Tribunal de Estrasburgo anulase la condena por el «caso Bateragune», al estimar que la jueza no garantizó la imparcialidad necesaria ya que el Supremo, al revisar un juicio anterior contra él por «enaltecimiento del terrorismo», consideró que la magistrada prejuzgó a Otegi al preguntarle si «condenaba rotundamente la violencia».

Se encargó también del macro juicio 18/98 contra militantes de la izquierda abertzale, donde mostró su desprecio a los encausados vascos, como recogió Iker Bizkarguenaga, quien siguió de primera mano el macrojuicio del 18/98.

Murillo también fue la encargada de presidir la vista del sumario 13/13, dirigido contra la asistencia de abogados a presos vascos. Este juicio estuvo marcado por la denuncia de irregularidades en el procedimiento. Pese a ello optó por continuar con la vista.

«Mítines, aquí no», les soltó a dos anarquistas chilenos acusados de atentar contra la basílica del Pilar de Zaragoza.

En el juicio por el atentado mortal de ETA contra el edil de UPN de Leitza José Javier Múgica, la juez Murillo llamó directamente «cabrones» a los enjuiciados Xabier García Gaztelu, Oskar Zelarain, Andoni Otegi y Juan Carlos Besance.

Agencias españolas han descrito este hostigamiento en los obituarios como «fruto de su espontaneidad», su «gracejo extremeño» y su «carácter campechano» que «creaba un ambiente relajado en sala».

Cuando se jubiló, aseguró que no le da pena irse y que sentía la satisfacción del deber cumplido, de haber hecho siempre lo que «le dio la gana», y se jactó de no haber recibido nunca presiones de ningún tipo,

Pionera en la carrera judicial, fue la primera en presidir, en 2008, una sección de lo Penal de la Audiencia Nacional, la cuarta, que abandonó en septiembre de 2024 al jubilarse tras emitir sus últimas resoluciones.

Una de ellas dirigida a enmendar la primera sentencia del caso Tándem, referido a los negocios de espionaje de Villarejo.

 

 

 

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sábado, 7 de febrero de 2026

Entrevista a Ramón Zallo

Les recomendamos la lectura de esta entrevista a Ramón Zallo publicada en el portal de Viento Sur:


“Retrovisor y bisturí. Memoria crítica de una resistencia”

Begoña Zabala González

[La editorial Alberdania acaba de publicar el libro cuyo título encabeza este artículo. Un libro, el último por ahora, de Ramón Zallo, que es, efectivamente, la memoria de una resistencia. Una memoria personal, pero, como dice su autor, también, “una contribución a la memoria colectiva crítica de mi generación, una generación de izquierda y abertzale”, aunque esa experiencia militante “es distinta a la de la izquierda abertzale convencional desde la ruptura de 1970”.

Ramón Zallo ha sido y es un activista político y social, un revolucionario, con un sólido pensamiento crítico, libre y creativo que es la auténtica forma de serlo. Y ha sido y es, trabado con ello, un intelectual radicalmente democrático. Su actividad intelectual es su faceta pública más conocida, llena de conferencias, libros y artículos de los que en el libro se recogen referencias (desde que en 1995 escribió, junto a Pedro Ibarra, Comunidad, nación y federalismo, ha sido un colaborador muy habitual en  viento sur). Un intelectual con el que es indispensable reflexionar y conversar, sobre el pasado, el presente y las miradas al futuro de Euskal Herria, a sus debates y a sus compromisos, a sus confrontaciones y a sus encuentros, e incluso más allá de Euskal Herria. Conversación indispensable, también, sobre la(s) cultura(s) y las políticas culturales, territorios en los que su análisis riguroso y su pensamiento crítico, son una referencia muy importante.

De todo eso va la memoria de una resistencia vital, vivida con pasión, de Ramon Zallo que en este libro lo cuenta y analiza utilizando para ello el retrovisor y el bisturí. Habla de todo ello aquí conversando con Begoña Zabala.]

Begoña Zabala. De entrada, preséntanos el libro: qué te ha llevado a escribir este libro de memoria crítica personal y colectiva.

Ramón Zallo. Las circunstancias. Nunca tuve la intención de escribir unas memorias. Es más, decía que nunca las escribiría. Pero como escribí algunas páginas para tres grabaciones que me requirieron un testimonio y todo lo preparo por escrito, pensé en completarlas al constatar que una parte de mi generación política carecía de testimonios públicos explicativos sobre sus trayectorias especialmente en los años 70 y 80. Así pretende ser una memoria personal, pero también una contribución a la memoria colectiva crítica de mi generación, una generación de izquierda y abertzale. Especialmente la militante es bastante desconocida, y distinta a la de la izquierda abertzale convencional desde la ruptura de 1970. Tiene bastante de memoria política personal con retratos y debates de época. Por fuerza conjugo en primera persona, lo que me es completamente inhabitual. También le he añadido un tono de humor en algunos temas.

B.Z. Como género literario parece que cabalga entre la memoria y el pensamiento crítico, dentro de lo que se conoce como temas de ensayo. Pero no es un libro de historia, esto lo tienes claro.

R.Z. No es un libro de historia. Solo se trae a colación la vinculada a mi memoria. Es una peculiar intersección entre lo biográfico y lo ensayístico, incluyendo ocasionalmente artículos de prensa de antaño al hilo de la narrativa. También menciono cosas de mi vida en el campo -40 años- huertas, plantas y jardines, perros y gatos, txakoli, monte y la identificación de los pájaros. Mas rural que urbano en forma de vida, fui más urbano que rural en pensamiento.

En lo que se refiere a la estructura y contenido, está dividido en dos partes. La primera, desde 1965 a 1985, relata los años de militancia organizada. Fui detenido en varias ocasiones, con sus consiguientes maltratos, tuve varios juicios y viví un tiempo en la clandestinidad. En 1985, abandoné la militancia política organizada, pero no el activismo de las ideas y movimientos: universidad, por la paz, sistema mediático. En esa segunda larga etapa, desde el 85 hasta hoy, primero publiqué mi tesis doctoral y después me impliqué mucho más en la construcción democrática, progresista y euskaldun de la Euskal Herriko Unibertsitatea (Universidad del País Vasco). Se había fundado no hacía mucho: 1980. En 1990 volví a escribir sobre política.

Aunque los 20 primeros años fueron más duros y me marcaron más, los 40 siguientes fueron más fructíferos. Mi vuelco sobre la academia con 40 años de trabajos en ciencias sociales ha absorbido más dedicación, y el libro, al ser más de biografía y temática política, no lo enfatiza. Mis campos han sido la Economía de la Comunicación y la cultura y las Políticas Culturales y Comunicativas, sin abandonar por ello el análisis político en artículos, medios o libros.

De hecho, la militancia política organizada la sustituí en 1985 -tras el fracaso electoral de Auzolan, que no de Batzarre- por una militancia social e ideológica. En mi labor no había tema de actualidad que no analizara en los media. Era un francotirador, pero se hizo cierta escuela en la Universidad, o en la corta experiencia en el diario El Mundo del País Vasco (1994-1996), o en Elkarri. Me leían, veían u oían tirios y troyanos en Radio Euskadi o ETB. Me vi a mí mismo más como un educador y un militante social sin privarme de apoyar organismos (Elkarri) o montarlos (Elkarbide, Erabaki) estructuras que plasmaban esas ideas. El libro Euskadi o la Segunda Transición” (Erein, 1997) fue mi aportación de época, así como el libro que coordiné El País Vasco en sus encrucijadas: diagnósticos y propuestas (Ttarttalo 2008) con 32 universitarios/as robando la supuesta supremacía del españolismo en el pensamiento universitario. Dediqué mucho esfuerzo a teorizar el “tercer espacio”, un espacio de paz a través del dialogo y la negociación para acabar con la violencia y canalizar la cuestión nacional. Hay un momento en que ese pensamiento fue mayoritario. De alguna manera el acuerdo de Lizarra primero, y el preacuerdo de Loiola después, tienen un eco de aquellas tesis. La apuesta por el soberanismo con una relectura a la vasca de la experiencia y doctrina quebequesa, también llegó en esos años 2000.

B. Z. Sin duda, te ha servido, en parte, para hacer algo de balance de tu vida. ¿Sería un balance positivo, satisfactorio contigo mismo?

R. Z. No me puedo quejar, he tenido una vida rica, moralmente gratificante y sencilla; he hecho lo que tenía que hacer y mi libertad de pensamiento ha sido lo que más he protegido. Gracias a eso, aprendí a dialogar y a ser pluma de una inteligencia colectiva. Habré escrito más de 100 borradores de manifiestos colectivos que, luego, había que pulir colectivamente. Esa dedicación intensiva la han pagado en falta de atención a la vida familiar Maite y Doltza.

B. Z. En tu libro relatas dos luchas destacadísimas de Euskal Herria en el ámbito ecologista, como son la de la central nuclear de Lemoiz y el macroproyecto cultural Guggenheim Urdaibai. La primera se sitúa casi en las primeras luchas ecologistas en Euskal Herria protagonizadas por un naciente y potente movimiento ecologista, y la segunda, de ahora mismo, donde el movimiento reivindicativo y de defensa de la tierra también ha sido central. ¿Quieres hacer paralelismos, distancias, discordancias y protagonismos de estos dos hitos movimentísticos?

R. Z. Hay continuidad en el propósito de defensa de la tierra y de la vida, y en el logro de parar ambos, pero hay mucha discontinuidad por contextos, tipo de conflictos, dimensión y madurez.

Lemoiz cabalgó el franquismo y la Transición, una democracia incipiente que no sabía manejarse, con una oposición muy masiva en Euskal Herria a la Central Nuclear, que era entendida como una amenaza colectiva para los núcleos urbanos próximos, incluido el Gran Bilbao, de imposible evacuación en caso de emergencia. Era una defensa elemental. De ahí que se apuntara ETA con atentados mortales y sabotajes, con el contradictorio efecto de reducir los apoyos sociales, pero, en cambio, asustó a las élites. Con todo, en el libro introduzco la hipótesis de que para cuando el presidente español Felipe González mandó parar (1984), a las eléctricas ya no les interesaba la sobreoferta de energía. Lo dijo Eguiagaray: que les salía más a cuenta cobrar indemnizaciones que continuar.

En cambio, la lucha contra el proyecto Guggenheim Urdaibai, se produce en el contexto de una democracia madura en normas e instituciones, en pleno rendimiento y sin marcos de violencias. El conflicto ha sido más territorial (Busturialdea) aunque con ecos para toda Euskal Herria. Aquí, la amenaza ha sido menos a la vida humana como a la naturaleza protegida -la Ley de Urdaibai (1988) suministraba una panoplia de normas para la defensa de eventuales desmanes- y a un modo de vida. En cambio, las aportaciones del movimiento opositor -ya que debate no ha habido al rehuirlo las instituciones- han sido especialmente ricas al combinarse las dimensiones ecológicas, económicas, urbanísticas, la legislación protectora de estuario, fauna y flora, la cuestión de los accesos, el estado del estuario, la financiación, la situación de okupa del Astillero… Aún no ha acabado (recuperación de la marisma y de la zona del astillero, Plan económico comarcal..) a pesar de la cancelación institucional declarada del proyecto por presión popular. Las “explicaciones” argüidas por las instituciones las desmonté, punto a punto, en esta misma revista.

B. Z. Aparece de forma recurrente en el libro el tema de los movimientos sociales, especialmente los nuevos movimientos, como se les llamó, pero también de las luchas sindicales. Destacas la importancia que han tenido en tu trayectoria y práctica política y social y también en los años de militancia, especialmente en la LKI. ¿Puedes comentarnos un poco el papel de los movimientos en Euskal Herria y su importancia para la transformación social y la estrategia política?

R. Z. Euskal Herria ha sido pródiga en crear movimientos sociales y sindicales con poder de influencia y de negociación, cuya influencia desbordaba el ámbito militante en el que operaban. Generaron una cultura política multisectorial (vecinal, feminismo, vivienda, ecología, internacionalista, movimientos por la paz, gobernanza…) y colectiva que empapó a todos los partidos, y a la ciudadanía. Fueron educadores colectivos y condicionado los programas y argumentaciones de todos los agentes. Junto a los nacionalismos, también el éxito de los movimientos, explica la marginalidad del fascismo por estos lares. Hicieron mucha pedagogía; contaban con cuadros y militantes formados, en aprendizaje permanente con las luchas y el seguimiento de las experiencias internacionales, dedicando a eso su energía. Su procedencia mayoritaria era la izquierda radical que, de forma temprana, se quedó fuera de las competiciones electorales y muchos prefirieron no dar el salto a los partidos con votos, para zambullirse en crear tejido social progresista y arraigado.

B. Z. Aunque midiéndolo en tiempo de años, has estado más años de independiente (con respecto a los partidos concretos) que de militante, los años de militancia aparecen con mucha enjundia en la historia, quizás por la época, o por la relativa importancia de las organizaciones, ETA, ETA VI y LKI. Coméntanos cómo ves el papel de estas organizaciones en esos tiempos, hasta que LKI se disuelve.

R. Z. Las veo como adelantadas e innovadoras en pensamiento político, que va calando en otros programas, especialmente en la Izquierda Abertzale con la que se tenían relaciones privilegiadas y de unidad de acción, ­de hecho, una alianza implícita bastante estable­ al margen del discurso sobre la coyuntura o sobre el rol de las violencias. La influencia sobre la Izquierda Abertzale en una visión democrática nacional de la cuestión vasca en claves de autodeterminación fue clara, así como en los discursos sociales que tardaron algo más en manifestarse en tanto la corriente se había monotemizado en la cuestión nacional y encajonado estratégica y tácticamente por la persistencia de ETA y el obligado esfuerzo antirrepresivo.

Se abrió paso la conciencia de que la legitimidad en una cuestión nacional viene de la democracia y de que la extensión de un proyecto nacional significa ir más allá de los perfiles culturales, idiomáticos o ideológicos de sus bases tradicionales, para ahondar en el patriotismo político que hunde sus raíces en el apoyo social, la voluntad mayoritaria y un proyecto ilusionante que, de todos modos, serían imposibles sin la base de una herencia cultural y territorial movilizadora y compartida.

B. Z. Con el tiempo que ha pasado ya desde el abandono de la lucha armada por parte de ETA y la evolución que han seguido EH-Bildu y Sortu, el análisis de las diferencias con la izquierda abertzale, y especialmente el análisis de la violencia política, desde tu perspectiva y la de la izquierda radical a la que haces referencia, parece que se puede relatar con más tranquilidad. Cómo ves desde esta perspectiva las diferencias que separaron a estos dos mundos y la supervivencia del tercer espacio, o algo parecido. O si no, más sencillo: Uno de los elementos de diferenciación de tus posicionamientos y los de tu corriente, fue esencialmente la violencia política dentro del conflicto vasco y su utilización, no solo por ETA sino por el Estado. ¿Puedes hacer una referencia a estas disidencias?

R. Z. ETA (VI) abandonó la lucha armada en 1970 aunque no las acciones puntuales de propaganda armada o de financiación. Apostó por la organización de cuadros y estructuras de los movimientos, o sea, la estructuración del tejido social de oposición al franquismo, para lo que las organizaciones armadas de acción intensa eran un inconveniente para la acción, organización y reclutamiento, pues una organización armada urbana requiere mucha militancia y entorno durmiente con mucha militancia durmiente no implicada en luchas. Tanto ETA Militar como ETA Político-Militar eran de la trinchera antifranquista, así que podías criticar o alabar una acción u otra, pero entendíamos su legitimidad como defensiva contra el tirano más allá de la utilidad, crueldad, proporcionalidad o impacto de cada acción. Tenía un efecto propagandístico de empoderamiento popular vicario: un “sí se puede”. Nuestro enfoque crítico con las acciones y la estrategia no era de denuncia de las organizaciones –eran del bando antifranquista- , y había cobijo para las escapadas de sus huidos; pero a partir de que se acaban la institucionalización vasca y la Transición, homologado el régimen del 78, con elecciones sucesivas de representantes, la entrada en Europa, incluido el triunfo del PSOE y desaparecida ETA (PM) en 1982 …- hay un punto de deslegitimación creciente de la lucha armada que viene acompañada de hitos duros como el asesinato de Yoyes o la bomba de Hipercor (indicando crueldad y falta de evaluación de las consecuencias), y de un mal cálculo sobre lo que se podía esperar de las conversaciones de Argel con la oposición añadida de todo el arco vasco alrededor de la Mesa de Ajuria Enea.

El Régimen del 78, como ya era evidente en los 90, no era un neofranquismo aunque estuviese trufado de dominación y violencia. Los 90 podían haber sido los del cierre, ya sea con paz por negociación (ahí estaba Elkarri) o, en el peor de los casos, paz por presos. La espiral que siguió fue, en cambio, de fuga hacia adelante con acciones más limitadas pero duras, traumáticas, contra electos, periodistas, y de más impacto emocional social. Se entra en un terrorismo selectivo. Yo ya no militaba en LKI. Personalmente respecto a ETA, ya no tengo solo un desacuerdo sobre la estrategia y su horizonte, sino que sus acciones tampoco pasan los filtros (justicia, proporcionalidad, ética, oportunidad, alternatividad, utilidad, acumulación de fuerzas). El sentido mismo de ETA estaba en cuestión. Mí crítica se globalizó sin dejar por ello de denunciar con igual énfasis los abusos del poder, torturas o la involución política o de facilitar una salida política. La pinza PP-PSOE puso en riesgo al nacionalismo entero, con dos momentos para una salida digna: el acuerdo de Lizarra (1998) para afrontar el antinacionalismo (desaprovechado) y el interesantísimo preacuerdo de Loiola (2006). Ambos rechazados por ETA. Quería más sin tener relación de fuerzas para ello.

B. Z. ¿Y el momento actual?


R. Z. Vivimos un unilateral y ya avanzado proceso de paz sustentado sobre renuncias de ETA (cese el fuego, entrega de armas y disolución), sí, pero también en el más que mejorado peso social de la Izquierda Abertzale. Hubo un armisticio por abandono, eso sí, forzado (o, si se quiere, por impasse militar y fracaso estratégico). El último y mejor cartucho se gastó en Loiola. Ahora el país se centra ya más en sanar heridas tras 40 años de violencias y que se construye sobre la triple vía del reconocimiento y reparación de las víctimas, la sanación de dolores vivos –presos, presas y exilio– y la construcción de discursos sobre lo ocurrido con pretensiones de fijarse en la memoria colectiva. Es el tiempo de la verdad, la justicia y la reparación para todas las victimas producidas en este largo conflicto y la canalización de la situación de las personas encarceladas. Queda pendiente un balance crítico y autocrítico de la trayectoria estratégica de todas las fuerzas políticas, especialmente desde la Transición. Tampoco fracasó el imaginario de base: la emancipación nacional. Al contrario, con la paz, recobró vida y margen social. Su corriente más afín, EH Bildu, no solo sigue siendo una parte poderosa, votada e imprescindible del país, sino que tiene un proyecto, y hace un esfuerzo de respetabilidad institucional.

Ahora se está de nuevo al alcance de un hipotético acuerdo entre las fuerzas vascas un “nuevo estatus político” – tengo casi terminado un libro sobre el soberanismo y el nuevo estatus desde el punto de vista político y jurídico- pero ese acuerdo no parece tener tiempo de consolidación y habilitación ante el ascenso de la derecha extrema y la extrema derecha que tienen vetado el tema. ¡Ojalá me equivoque!

B. Z. Has tenido una experiencia gubernativa con el tripartito, cuando menos interesante, que hace un paréntesis en tu dedicación universitaria. Da la impresión de que limitaste mucho tu quehacer en los temas a tu especialidad de cultura y medios de comunicación.  ¿Haces un balance positivo de ello?

R. Z. Así es. Fueron 7 años intensos. Los que nos hemos educado en una cierta izquierda no entramos en gobiernos que no sean de izquierdas El de Ibarretxe era de centro (PNV y EA) y de izquierda (Izquierda Unida/Ezker Batua), o sea de centro izquierda pero de una gran valentía en temas democráticos. Aunque mi puesto era de asesor (de cultura), y aunque tenía categoría de viceconsejero, exigí no estar en la línea ejecutiva y decisional. Y así fue. Trabajé en mi especialidad: políticas culturales y comunicativas. Todo un campo para aplicar mis tesis y propuestas. Preparé informes, decretos, resoluciones, leyes, el Plan Vasco de Cultura, la coordinación permanente interinstitucional, normativa audiovisual que sentó precedentes hasta hoy, decreto y concurso de Televisión Digital Terrestre Local (incluido Hamaika). En general me hicieron caso y si algunas cosas no salieron fue por cortocircuitos del PNV, no del gobierno. El balance, aunque agridulce, es positivo. Ayudé en los ratos libres a la apuesta soberanista. En esa etapa también eché una mano apoyando el Plan Ibarretxe o en el caso del diario  Egunkaria. Me volví a la Euskal Herriko Unibertsitatea a tiempo, estaba cambiando todo el sistema de comunicación con el alumnado y la docencia. Conseguí, con cierta torpeza, adaptarme.

B. Z. Y también te metes en el diario El Mundo del País Vasco en un momento de una política editorial en el medio muy favorable a tesis negociadoras en el conflicto vasco.

R. Z. El Mundo del País Vasco se fundó en 1991. Tres años después lo dirigía Melchor Miralles quien, mandatado por Pedro Jota Ramírez y siguiendo las 100 ideas para la regeneración democrática de Javier Ortiz (subdirector de la edición central del diario) era partidario de la consulta democrática para el País Vasco y de la negociación para la paz.  Entramos entre otros Mariano Ferrer, Pedro Ibarra, Iñaki Lasagabaster y yo al Consejo Editorial de El Mundo de País Vasco de 1993 a 1995. Los editoriales y artículos pasaron a ser favorables al derecho a decidir y a la negociación con ETA para la paz. Duró la experiencia dos años y pico, con un éxito imponente y un pico de ventas de 28.000 ejemplares en Euskal Herria. Hasta que el comandante Pedrojota mandó parar y se alió del todo con Aznar. Nos fuimos porque cambió la línea y la autonomía del medio. Ya solo era látigo del PSOE de González con el asunto GAL y otros, dejándole un poco de margen, poco, a la Izquierda Unida de Anguita.

B. Z. Hay un tema en el que estás muy implicado que es el de las presas y presos políticos vascos. Y te implicas marcando la decepción por la continuidad de las medidas excepcionales contra estas personas. ¿Cómo ves el tema de las cárceles y la actuación del gobierno central y de los autonómicos afectados? Y claro unido a esto, están los temas de verdad, justicia y reparación.

R. Z. Me apunté como colaborador de SARE desde el principio. Entiendo que la salida de las personas presas es central para la pacificación y convivencia del país y que el modo en que se produjo el final de ETA, por desestimiento, autodesarme y sin negociación por no haber interlocución, ha tenido que derivar en que sea la sociedad la que facilite el proceso, echando mano de la movilización y de la negociación así como de los recursos jurídicos de reducción de penas y de beneficios penitenciarios que la ley ordinaria habilita. Es un tema que va para largo. El primer éxito fue el fin de la dispersión y del alejamiento. Todas las personas presas están en Eukal Herria, salvo 2 en Lannemezan (Francia). Hay 120 presos y presas. Aunque los terceros grados son numerosos, y el cumplimiento de penas desde casa (37) también. Hay otras 36 a las que pudiendo aplicárseles los beneficios del tercer grado no se los aplican. Las resistencias están en las derechas, que se engorilarán en las siguientes elecciones. Por su parte, no ayudan, más bien lo contrario, las asociaciones de víctimas de ETA – creyentes en la ley del talión– y mucho menos la mayoría de los aparatos de Estado y judicial que instalados en la vendetta, impugnan o retrasan las decisiones técnicas de las Juntas de Tratamiento.

 

 

 

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martes, 27 de enero de 2026

Entrevista a Xabi Iraola

El nombramiento de Xabi Iraola como coordinador general de Sortu tiene vueltos locos a los socios que administran la CAV. El carca injerencista Iñaki Injerencista, tan deseoso de una invasión militar total a Venezuela, se ha rasgado las vestiduras diciendo que Sortu ha fagocitado a EA y a Alternatiba. Iker Andueza, por su parte, insiste ahí donde le preguntan en su muy cipaya tesis afirmando que Sortu, al estar más preocupada por la autodeterminación del pueblo vasco que por cualquier otro tema, no ha hecho nada en favor de los derechos sociales y laborales de ese pueblo al que representan en la instituciones del estado.

Están nerviosos, los unos y los otros, sabedores de que en la CAV tanto ellos como el PP y Vox siguen perdiendo votantes.

Dicho lo anterior, les presentamos esta entrevista que Iraola ha concedido a Naiz:


«A esta generación le toca poner las bases del Estado vasco» 

Xabi Iraola | Nuevo coordinador general de Sortu | Iraola (Igeldo, 1993) transmite confianza y autenticidad al hablar. Se nota que conoce bien el movimiento del que toma uno de los cargos claves. Respeta mucho las genealogías y a la vez conecta con la militancia más joven. Valora mucho la reflexión colectiva. Está deseando ponerse manos a la obra.

Iñaki Soto

¿Su nombramiento supone un cambio generacional?

Creo que sí. Pero no por mí, sino porque la izquierda abertzale demuestra así su capacidad de renovación, de integrar a más generaciones a la lucha de liberación nacional. Además, indica que sabe dar confianza a las y los militantes jóvenes. En ese sentido, el cambio no lo represento solo yo; hay otras dos personas en la Secretaría Nacional de mi edad, y dos que son aún más jóvenes.  

Su generación puede ser puente entre una que cambió la estrategia y la que construirá otra cultura política. ¿Cómo se gestiona ese legado?

La nuestra es una generación que ha vivido muchos finales, pero también muchos inicios, primeras partes de muchos procesos y proyectos. Yo mismo fui parte de la creación de Ernai, por ejemplo. La primera vez que voté fue por Amaiur. Quiero decir que hoy en día EH Bildu y EH Bai son la primera fuerza del conjunto del país, pero hace 15 años todavía estaban en fase de creación.

En ese sentido, sí que nos puede tocar hacer de puente. Frantz Fanon dijo que cada generación tiene que descubrir su misión, cumplirla o traicionarla. Desde mi punto de vista, es hora de descubrir cuáles son nuestras misiones.

Veo tres grandes retos que hay que abordar con valentía y confianza. El primero es renovar el proyecto nacional vasco y unirlo a los retos que tenemos en todo el mundo: la crisis climática, la migración, las desigualdades, la digitalización… En segundo lugar, cuando la extrema derecha quiere expandir la antipolítica, desde la izquierda debemos reconectar con su auténtico sentido transformador. Eso conlleva trabajar con el pueblo, con la gente. Por último, a esta generación le toca construir las bases del Estado vasco. Desde ya, debemos de empezar a pensar en todos los ámbitos, siendo y pensando como Estado. Y como vascos.

Sonia Jacinto decía que, aunque la renovación es clara, ella se sentía de la misma generación que Otegi. Enmendando la pregunta previa, quizás esa perspectiva no sirva… 

Porque lo que son nuevos son los tiempos, más allá de las generaciones. Muchas veces, en política, se destaca esta o aquella generación. Hay algo de razón en eso, porque al final cada generación tiene sus propias perspectivas, sus maneras de vivir la vida, la militancia… Pero lo que de verdad es nuevo aquí y ahora es el momento histórico. A nivel global, y en Euskal Herria. 

Precisamente, yo pondría en valor algo que he vivido de una forma muy natural en este movimiento: el trabajo militante intergeneracional. Claro que somos una nueva generación, pero pertenecemos a una escuela política. Somos hijos e hijas de toda la trayectoria de la izquierda abertzale, de la gente que ha militado y sigue militando en este movimiento. Es verdad que, por época, mi militancia está unida al cambio de estrategia, pero esa transmisión es muy importante. Más ahora, cuando intentan alejar la vida y la militancia de la gente joven. Mantener ese espíritu supone un aprendizaje mutuo. 

¿Cómo ha vivido el congreso?

Más que el proceso formal, destacaría el debate. Hemos planteado una ponencia, una reflexión para responder al momento político y al balance de los últimos 10 o 15 años. Partiendo de ahí, había que identificar los retos y el momento político actual, plantear nuestra apuesta a través de esa reflexión. Ese proceso ha sido gradual y acumulativo. Tanto en las asambleas como a través de las enmiendas parciales, hemos ido enriqueciendo y ampliando la reflexión inicial. Con debate, reflexión compartida y confianza, ha sido nuestra militancia la que le ha dado forma. Hemos puesto una base, pero ahora hay que demostrar que lo que dice la ponencia es posible. Vamos a poner todas las fuerzas en ello.

¿En qué cambia el modelo de militancia?

Pienso que lo que planteamos no es tan nuevo. En realidad, está en el ADN de la izquierda abertzale. Por eso, la militancia más experimentada ha entendido muy bien lo que se planteaba. Simplemente, hemos decidido que nuestro trabajo militante principal lo tenemos que hacer fuera de nuestras estructuras. Si entendemos que el latido liberador del país va más allá de Sortu, que el proceso de liberación nacional pasa por espacios y dinámicas que van más allá del partido, eso nos lleva a plantear que las y los militantes de Sortu hagamos nuestra aportación desde esas dinámicas, con otra gente. A veces nos cuesta, pero creo que hay que dar el paso de trabajar con gente que piensa diferente. 

En la resolución aprobada el sábado, decimos que una sola organización no puede liderar un país. Y que si pudiera, tampoco sería deseable. Nosotros queremos liberar este país con la gente y con otros sectores. Desde la humildad, aportando, siendo uno más en esas dinámicas… El mayor cambio que planteamos ahora es ese, que hay que ahondar en el trabajo en común con otra gente.

Además de la militancia, ¿cómo evoluciona la función colectiva de dirección?

En serio, creo que uno no se puede autoproclamar dirección. Dicho de otra forma, esa autoridad no se obtiene por escribir en una ponencia que se es dirección. Creo que la autoridad, la capacidad de dirigir, se gana. Y hoy en día ese poder se gana haciendo las mejores propuestas y los mejores planteamientos. Sortu no ambiciona ser dirección en ese sentido tradicional, por así decirlo, sino que quiere aportar a esa tarea. Teniendo en cuenta la madurez que tiene hoy en día el proceso de liberación nacional, esa dirección, en todo caso, se va a hacer de manera colectiva, entre muchos y muchas. Ojalá podamos aunar diferentes planteamientos y perspectivas. En todo caso, será desde la humildad y desde nuestra posición política histórica, que es algo que solamente podemos aportar nosotras. 

Su dirección tiene un elemento renovador y un componente continuista. ¿Qué buscan con esta combinación?

El término continuista tiene una connotación negativa que no comparto. Creo que este es el mejor equipo para afrontar los retos que tenemos y por eso destacaría la parte de renovación. No solo en términos de edad, que es evidente, ni de género, que también –es la primera vez que en la dirección habrá más mujeres que hombres–. Sobre todo me refiero al origen militante o a la trayectoria de cada uno y cada una de mis compañeras. Hay gente que viene de ámbitos políticos muy diferentes, incluso ideológicos o culturales. Cuando el proceso de liberación nacional necesita traer otras perspectivas y esas culturas diferentes, por su dinamismo, este es un equipo de presente con una clara proyección a futuro.

Tiene 32 años, ¿cómo vive los episodios de nostalgia?

Personalmente, no me condicionan. Somos un movimiento de liberación nacional con muchas décadas de lucha, que por delante le queda otro tanto, y nos ha tocado luchar en este contexto histórico y bajo estas condiciones. Una de las mayores virtudes de la izquierda abertzale ha sido adecuar su lucha y renovarse. Otra virtud es la apertura estratégica que ha mantenido en el tiempo. Buscar siempre el modo de que el proceso de liberación nacional avance.

Arnaldo Otegi suele decir que la izquierda abertzale acierta cuando está donde no se le espera. Vamos a demostrar otra vez eso, enganchando a nuestra gente y sorprendiendo a los adversarios. La base estratégica que estamos desarrollando estos últimos años está dando frutos. Y creo que va a dar muchos más, pero no a la izquierda abertzale como tal, sino a Euskal Herria y al proceso de liberación. 

Porque, volviendo a la pregunta, nosotras no estamos para pensar si nos gustaría vivir en otro tiempo o en otro sitio. Estamos aquí para liberar a este país y nuestras reflexiones siempre van en ese sentido: identificar el momento histórico y plantear los caminos que nos parecen más adecuados para seguir avanzando.

Euskara, migración… sus intereses y responsabilidades han estado relacionadas con el nervio del país. ¿De dónde vienen esas inquietudes? 

Mi trayectoria está unida a esa manera de entender la política como algo transformador. Desde esa visión, hay que afrontar los debates con antelación, plantearlos de forma radical, con sus peligros y sus virtudes, con sus opciones. Hay que tener el compromiso de mirarle al país a la cara y creo que debates como el euskara o la migración hay que abordarlos con valentía y confianza, para que este pueblo pueda avanzar.

Pello [Otxandiano] dice que cuando más avanzamos es cuando unimos el impulso comunitario, ese tesoro que tenemos como pueblo, con los recursos institucionales del país. Nuestro trabajo es multiplicar y fortalecer esa unión.

¿Le ha marcado ser de Igeldo?

Claro [sonríe]. Igeldo es un pueblo que no es tratado como tal y que en muchos aspectos ha sido abandonado. Hemos aprendido a construirlo desde el trabajo comunitario, esa idea del «hazlo tú». Ahí «herrigintza» es exactamente eso, hacer pueblo. Ese es el contexto político en el que yo he aprendido a ser militante. Y en esas sigo. 

Habla del impulso comunitario, ha mencionado el utopismo… ¿Cómo se canalizan?

Alba Garmendia, en su libro ‘Etxeko leihoak unibertsora’, dice que una cosa es la utopía y otra los cambios reales que podemos hacer aquí y ahora. Me parece muy acertado, porque a veces recurrimos a la utopía para tapar nuestras carencias políticas. Por supuesto, la utopía es un espacio que hay que trabajar desde la política, la cultura… Creo que Sortu tiene que moverse en esos dos planos: por un lado, tiene que imaginar escenarios que hoy no son posibles, pero que pueden serlo a futuro y, por otro, la política está para plantear cambios concretos y reales, sin excusas. 





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viernes, 12 de diciembre de 2025

ESAN Deniega Responsabilidades

En el mundo del revés, ese en el que los premios Nobel exigen intervenciones militares en sus propios países y organismos futbolísticos entregan premios de la paz a quienes despliegan unidades militares en preparación a una invasión... los victimarios tienen todo puesto a modo para hacerse pasar por víctimas.

Este es el caso de los integrantes del sindicato ESAN, tan mimado por personajes como Bingen Zupiria, quienes pretenden lavarse las manos de los casos Zarra y Cabacas de forma bastante grotesca, según se lee en el pliego que acaban de dar a conocer como respuesta al artículo de Iñaki Soto, mismo que ha sido publicado en su integridad por Naiz.

Así que solo resta un apunte antes de que ustedes procedan a la lectura; la criminal actuación de la Ertzaintza que llevó a la muerte de Iñigo Cabacas se dio en el contexto de un partido de futbol, escenario en el cual la izquierda abertzale poco o nada tiene que hacer... como en el caso Zabarte, por cierto.

Aclarado el punto, aquí la información:


Esan responde a NAIZ culpando de las muertes de Zarra y Cabacas a «la IA y sus voceros»

El sindicato Esan ha dado otro paso adelante en el negacionismo de la autoría de las muertes de Rosa Zarra e Iñigo Cabacas afirmando que ambos casos «tienen responsables, y están en los dirigentes de la izquierda abertzale y sus voceros». Responde así al artículo publicado en GARA y NAIZ el martes.

Ramón Sola

NAIZ y GARA publicaron este martes un artículo-análisis del director del diario, Iñaki Soto, bajo el título ‘Ya les dieron los coches para patrullar, ahora pedirán la tele en color y las rondas’. En el mismo se analiza la evolución de la Ertzaintza tomando como punto de partida varias noticias concatenadas el viernes pasado, y se aludía directamente a la posición tomada por Esan y otros sindicatos sobre las muertes de Iñigo Cabacas y Rosa Zarra. La respuesta de Esan, segundo sindicato en representación en la Policía autonómica, ha sido pisar el acelerador. En una nota colgada en X como réplica a ese artículo, se afirma tras citar ambos casos que «las desgracias sufridas en este país tienen responsables, y están en los dirigentes de la izquierda abertzale y sus voceros».

De paso, la nota no solo carga contra estos medios, sino que cuestiona además directamente a la Comisión de Valoración que reconoció a Zarra como víctima de un pelotazo de la Ertzaintza 30 años después de los hechos, e indirectamente también a la sentencia judicial que acreditó la muerte de Cabacas también por otro pelotazo, si bien solo condenó a un mando de la Ertzaintza.

Frente a todas estas evidencias extrajudiciales y judiciales, Esan sigue sosteniendo que en el caso de Rosa Zarra «no hubo impacto de pelota de goma». Y en cuanto a la muerte de Cabacas en 2012 tras la carga en el callejón de la ‘herriko’ de Indautxu, indica que «si aquel escenario acabó en tragedia, fue porque ellos lo crearon. Sois los responsables».

Cualquier comentario añadido sobre la nota sobra. Resulta más revelador leerla íntegramente:

«Desde Esan Sindikatua denunciamos las acusaciones constantes que los dirigentes de la izquierda abertzale y sus voceros lanzan contra la Ertzaintza por el triste fallecimiento de Rosa Zarra y el triste fallecimiento de Iñigo Cabacas.

Quienes llevan décadas atacando a los ertzainas no van a blanquear su pasado señalando a quienes protegieron, asistieron y actuaron en situaciones creadas por ellos mismos.

El triste fallecimiento de Rosa Zarra:

En el caso de Rosa Zarra, los juzgados de Donostia y los informes forenses fueron tajantes: no hubo impacto de pelota de goma. Existió un informe toxicológico que apuntaba a causas médicas.

Sin embargo, los dirigentes de la izquierda abertzale y sus voceros han encontrado ahora un nuevo aliado en su campaña de manipulación: la Comisión de Derechos Humanos (sic) del Gobierno Vasco, que ha elaborado un informe no público, que ocultan, que no entregan a quienes lo solicitan, y que contradice los fallos judiciales y los análisis forenses realizados en plena democracia.

Una Comisión que, en vez de respetar los hechos acreditados, se dedica a hacer revisionismo político, actuando como un tribunal paralelo y descalificando a quienes sí dijeron la verdad desde el primer día: el Consejero Atutxa y el Viceconsejero Martiarena, a quienes esa Comisión llega a tachar de ‘manipuladores de la verdad’ simplemente por defender lo que acreditaron los hechos oficiales.

Es intolerable y profundamente antidemocrático.

El triste fallecimiento de Iñigo Cabacas:

En el caso de Iñigo Cabacas, es necesario decirlo con toda claridad: el caso Cabacas lo provocaron ellos, como siempre. Cuando una ambulancia intentaba acceder para prestar asistencia médica, fueron los de siempre, impulsados por los dirigentes de la izquierda abertzale y sus voceros, los que eran sus jóvenes empezaron a lanzar botellas y objetos contra los ertzainas, generando un caos que obligó a intervenir para abrir paso sanitario. Si aquel escenario acabó en tragedia, fue porque ellos lo crearon. Sois los responsables.

Por todo ello, lo afirmamos sin ninguna ambigüedad. Los responsables del accidente fatal de Rosa Zarra y del accidente fatal de Iñigo Cabacas son quienes alimentaron el enfrentamiento, quienes atacaron a los ertzainas, quienes justificaron la violencia y quienes han hecho del odio a la Ertzaintza su forma de existir políticamente.

Durante décadas, los dirigentes de la izquierda abertzale y sus voceros han legimitado agresiones, han señalado a los ertzainas, han azuzado el odio en la calle y han celebrado los asesinatos de los 15 ertzainas ejecutados por ETA. Ellos son los culpables. No la Ertzaintza. 50 años de violencia con el mismo origen.

Las tragedias, el dolor y el miedo que Euskadi han sufrido durante medio siglo tienen un origen claro: Los dirigentes de la izquierda abertzale, sus voceros, su discurso, su violencia, su respaldo a quienes atacaban a los ertzainas y su permanente campaña de hostigamiento.

Esan Sindikatua no va a permitir que quienes sembraron el terror intenten ahora presentarse como víctimas ni que instituciones públicas participen en este revisionismo interesado.

Las desgracias sufridas en este país tienen responsables, y están en los dirigentes de la izquierda abertzale y sus voceros
».




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jueves, 23 de octubre de 2025

«Raíz del Árbol del Proceso de Liberación»

Les compartimos este amplio reportaje con el que Naiz nos desglosa la más reciente propuesta política por parte de Sortu:

Sortu plantea un «impulso nacional» y adaptarse como «raíz del árbol del proceso de liberación»

La dirección de Sortu ha distribuido a su militancia ‘Herri gogoa’, la ponencia base para su IV Congreso. Parte de la concepción de que «la transformación política y social es posible en Euskal Herria» a partir de «un impulso nacional a gran escala», para el que plantea adaptar el propio partido.

Ramon Sola

«Frente a la evolución autoritaria y reaccionaria que se da en el mundo, la transformación política y social es posible en Euskal Herria, para lo cual es necesario poner en marcha un impulso nacional a gran escala». En paralelo, «el independentismo de izquierdas ha entrado en una nueva fase, principalmente por la confianza y apoyo que este pueblo le ha mostrado». Así las cosas, es momento de «reorganizar nuestros recursos, con el fin de liberar y multiplicar las fuerzas del movimiento de liberación», al tiempo que se «actualiza el compromiso de la militancia». Son algunas del las claves de ‘Herri gogoa’, ponencia base lanzada por la dirección de Sortu para el congreso que concluirá en enero próximo y a la que ha tenido acceso NAIZ.

Como toda ponencia, el texto parte de un diagnóstico de situación política. Y también del propio independentismo de izquierdas en su conjunto, entendido como un «ecosistema» en el que se integra Sortu.

Para medir el momento actual, ‘Herri gogoa’ se retrotrae al proceso ‘Abian’. Recuerda que entonces, hace una década, «el cambio de estrategia no estaba consolidado» y «el proceso de resolución del conflicto estaba en bloqueo» (presos dispersados, desarme sin encauzar...) En estos años se ha logrado «un cambio radical» que ha «derribado trincheras» y de paso fortalecido al independentismo de izquierdas, «situándonos en el centro del escenario político» y con posibilidad de «ampliar aún más el terreno de juego».

En el capítulo de logros se destacan las condiciones abiertas en la CAV, en Nafarroa Garaia y en Ipar Euskal Herria «para avanzar en el camino hacia la plena soberanía». Pero se admite también que «no hemos conseguido activar la decantación independentista de una mayoría ni formas eficaces de polarización». Ello ha supuesto «que se difuminen las identidades» y «una falta de tensión», ante lo cual se considera preciso «formular el conflicto en términos actuales, dejar en evidencia las relaciones de dependencia e impulsar el ánimo de superarlas».

Por lo que atañe a la evolución interna de su sector político, ‘Herri gogoa’ destaca cómo «EH Bildu ha hecho el tránsito de coalición a movimiento político, y la hipótesis inicial es ahora una realidad sólida», mediante un programa potente, liderazgo municipalista, «máquina electoral eficaz...». Otro tanto apunta respecto a EH Bai. Percibe, por tanto, que ambas fuerzas están en condición de dar nuevos pasos y «es necesario reforzarlas aún más».

La ponencia considera que Sortu «ha cumplido, en gran medida, con los principales retos del cambio de estrategia y de la hoja de ruta marcada en Abian». En la práctica, eso se ha ido traduciendo en que ha pasado de asumir una cantidad ingente de funciones a ser «una organización cada vez más ligada a las prioridades del proceso de liberación». Se introduce aquí un factor nuevo a tener en cuenta: «Los modos de lealtad han cambiado y serán aún más profundos» en lo sucesivo.

Un «átomo que libera fuerzas»

En coherencia con lo anterior, «tenemos el reto de construir la identidad de la izquierda abertzale en claves de futuro, para que la única vinculación no sea con una identidad concreta que viene del pasado», plantea la ponencia. Propone para Sortu la «misión» de «garantizar el núcleo irradiador del proceso de liberación», o dicho de modo gráfico, «dar raíces al árbol del independentismo de izquierdas, que debe aglutinar a sectores cada vez más amplios, ser un árbol que tenga las ramas lo más largas y extensas posibles».

En una afirmación que suena contracultural por no habitual en las ponencias de cualquier organización, ‘Herri gogoa’ apuesta por «reducir la vida interna, para posibilitar que la militancia de Sortu hagamos nuestra aportación principal en dinámicas reales y efectivas». Se trata, añade, de «huir de modelos orientados a dinámicas auto-referenciales, a atrincherarse y al mero auto-consumo». Ahondando en la misma idea, una afirmación rotunda: «No debería haber nadie que solo sea militante de Sortu».

Con ese espíritu de «irradiación», se aboga por que Sortu sea «una factoría de cuadros políticos», pero «no solo ni principalmente para sí mismo, sino para otras dinámicas, sujetos, proyectos, etcétera». 

La estructura que se propone es «semejante a un átomo», explica también gráficamente. Con un eje central; el núcleo de dirección formado por la Secretaría Nacional de 15 miembros y la Asamblea Nacional. Alrededor del mismo estarán los «talleres» (ya utilizados en la actualidad en dinámicas como Plaza Hutsa, que seguirá) y la propia militancia, además de una «red general de relaciones que será la que garantice la cohesión, extensión, integridad y unidad».

Se organizarán asambleas de diferentes ámbitos territoriales con el mismo objetivo, pero una filosofía «más flexible, plural y amplia que la anterior». Así las cosas, «Sortu no tendrá grupos estructurados en pueblos y barrios, ni planificación integral. Nuestra filosofía de trabajo se basará en las relaciones políticas y en los espacios de encuentro necesarios».

Estas adaptaciones se venían gestando ya en la práctica diaria, apunta la dirección. Según su lectura, «estamos asumiendo el legado de la izquierda abertzale que venía del siglo XX y construyendo el proyecto político-ideológico de la izquierda abertzale del siglo XXI y la identidad renovada que va asociada al mismo».

Euskal Herria, los estados, el mundo

Este ‘Herri gogoa’ define también las claves de la situación en Euskal Herria, el mundo y los estados español y francés, para así retratar el panorama en que el independentismo de izquierda debe incidir y decidir cómo hacerlo.

Empezando por Euskal Herria, tras analizar algunos parámetros el texto resume que existe «un estancamiento en elementos imprescindibles para el avance del proceso de liberación nacional, en aquellas variables que nos hacen país. Y esto nos lleva a concluir que estamos en un momento o situación delicada como pueblo», en la que confluyen «riesgos, oportunidades y retos. Llegados a este punto, es imprescindible poner en marcha un impulso nacional a gran escala, además de dar pasos significativos hacia la soberanía plena». 

A nivel planetario, se define un escenario de «aguas revueltas» en el que emerge «la internacional reaccionaria, con una agenda política clara: medidas contra el feminismo, negación de la emergencia climática, decisiones contra las clases trabajadoras y populares y odio contra las personas migradas». Alerta de «una batalla cultural abierta» que también tiene impacto en Euskal Herria, aunque menor que otros lares, y subraya que «podemos ganarla las fuerzas transformadoras que seguimos soñando con un mundo mejor».

En cuanto al Estado español, apunta una crisis de régimen que «puede prolongarse en el tiempo, tal como presagia la polarización política actual». Caben aquí desenlaces muy diferentes, por lo que se recalca que «sea cual sea el escenario, la clave para avanzar en nuestro proceso de liberación es la relación de fuerzas que generemos entre los ciudadanos y ciudadanas vascas».

Por lo que atañe al francés, se cita el riesgo real de que la extrema derecha logre el poder, pero también el debate abierto sobre la soberanía de las diferentes naciones, un contexto en el que es necesario «sumar al consenso en torno a la apertura de una nueva etapa institucional a una nueva mayoría en Ipar Euskal Herria».

Siendo compleja la situación, en ‘Herri gogoa’ se concluye que «la transformación política y social en Euskal Herria es posible, porque aquí hay capacidad social, comunitaria, política e institucional suficiente para hacer el camino paso a paso». Algo que empieza por «despertar un nuevo ánimo en el país».

Fases congresuales

Con la presentación de esta ponencia de base se lanza el IV Congreso. Se ha adelantado un año respecto a la fecha prevista, según se anunció en junio en Abadiño, con el objetivo de adaptarse a la nueva fase política. A partir de ahora se abre el plazo de asambleas locales y presentación de enmiendas, hasta el 29 de noviembre.

Ya en enero se abordarán la candidatura o candidaturas a la dirección. Desde enero pasado es conocido que Arkaitz Rodriguez no repetirá como secretario general, puesto que se centrará en la función de secretario de Acción Política de EH Bildu para la que fue elegido entonces.

Tras las votaciones correspondientes para cerrar ambas cuestiones, el proceso congresual concluirá a finales de enero. 




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miércoles, 18 de junio de 2025

'Impunes' de Iñaki Egaña

Desde Naiz traemos a ustedes la reseña de Ramón Sola al libro 'Impunes' con el que nuestro amigo Iñaki Egaña establece cuán letal fue la actividad del Batallón Vasco Español como parte de la estrategia de terrorismo de estado implementada por Madrid en contra del pueblo vasco.

Adelante con la lectura:


Egaña arroja luz sobre el BVE, más letal y más impune que los GAL

Aunque estas tres siglas estén hoy más difuminadas que las de los GAL, el Batallón Vasco-Español mató a 40 ciudadanos vascos en un momento histórico crucial: el momento en que se jugaba la partida entre ruptura y reforma tras la muerte de Franco, hasta 1983. Lo describe Iñaki Egaña en ‘Impunes’.

Ramón Sola

’Impunes’ es un libro de pequeño formato que disecciona en 190 páginas la historia trágica y el significado político del Batallón Vasco Español. Todo un «paraguas» criminal que englobaba a otras organizaciones y cuya dimensión ha quedado algo solapada por los GAL, trama más significada políticamente y más reciente, pese a que la primera resultó más sangrienta. Egaña subraya algo que puede sonar sorprendente, sobre todo para las generaciones más jóvenes: cometió más de 600 acciones y provocó 40 muertes, 13 más que los GAL.

Editado por Txalaparta y con prólogo de Josu Urrutikoetxea, el trabajo llega justo 50 años más de la puesta en marcha de esta expresión de terrorismo de Estado. Se prolongaría ocho años, atentando a los dos lados de la muga (e incluso en Venezuela) y no solo contra refugiados, sino incluso de modo indiscriminado (el bar Aldana de Alonsotegi como ejemplo, con sus cuatro víctimas mortales). En sus atentados que sí fueron discriminados no solo atacó a la izquierda abertzale, sino también a sindicatos de obediencia estatal o ikastolas.

Empezó en un contexto muy marcado: los últimos estertores del dictador Franco y la «gran esperanza» de lograr una ruptura. «Hasta la década de los 70 el régimen recurría a todos los tipos de represión porque todo era legal, se hacía con naturalidad. Pero tras el Proceso de Burgos tenían que mantener algo más las formas y comenzaron las fórmulas parapoliciales, como los Guerrilleros de Cristo Rey, siempre con total impunidad», ha apuntado Egaña en la presentación en Donostia.

«Aunque por ejemplo fueran ultraderechistas, había un Estado detrás», ha subrayado Iñaki Egaña, citando como raíz al Seced, luego Cesid y ahora CNI. Un ejemplo claro es el del atentado en Venezuela contra Espe Arana y Jokin Alfonso, puesto que se usó la red de la Embajada española.

En caso de tener que fijar un «señor X» para el Batallón Vasco-Español, Egaña señalaría sobre todo a Manuel Fraga en el origen, «aunque los presidentes del Gobierno y el rey también lo sabrían».

Violaciones, desapariciones...

En su trayectoria el historiador donostiarra ha destacado la importancia del ataque de Montejurra en 1976, porque allí surgió un «magma» de ultraderechistas, mercenarios, fascistas… que luego tuvo mucho desarrollo. Para completar el contexto internacional, eran los tiempos de la Red Gladio, dependiente de la OTAN, y la Operación Cóndor impuesta por Estados Unidos en Latinoamérica, que ponían en práctica nuevos métodos de tortura, desaparición, ejecuciones…

Las violaciones, por ejemplo, habían sido una práctica en la guerra de Argelia, que se importó luego a Euskal Herria en los casos de María José Bravo y Ana Tere Barrueta, a las que además mataron posteriormente. Qué decir de las desapariciones forzadas, aún sin esclarecer en los casos de Eduardo Moreno Bergaretxe ‘Pertur’ (1976), José Miguel Etxeberria Alvarez ‘Naparra’ (1980) y Tomás Hernández (1979).

En los atentados perpetrados en Ipar Euskal Herria aparece un «modus operandi» similar, que se plasma por ejemplo en los atentados contra Josu Urrutikoetxea y José Miguel Beñaran ‘Argala’ (que no sobrevivió). Los realizados en los herrialdes al sur del Bidasoa, por contra, tienen una tipología más variada, y también un carácter más arbitrario. Aunque hay un denominador común entre todos: la impunidad, salvo alguna excepción como la condena a ‘Piti’ y Zabala (‘Triángulo de la Muerte’) o la impuesta a Jesús Hellín por matar a Yolanda González.

Egaña no necesita presentación, entre otras cosas por ser colaborador de GARA-NAIZ hace muchos años. Pero no está de más recordar que ha publicado ya más de 50 libros; no solo históricos, sino también de ensayo o novelas. El libro se presentará en Baiona el próximo miércoles, esta vez con la participación del prologuista, Josu Urrutikoetxea.

 

 

 

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sábado, 26 de abril de 2025

Agur eta Ohore Gloria!

A lo largo de los muchos años que se ha publicado este blog desde la diáspora vasca y para la diáspora vasca hemos compartido textos de la represaliada politica vasca Gloria Rekarte.

Hoy nos corresponde decirle un "hasta la próxima".

Aquí lo que nos informa Gara:


Fallece la expresa Gloria Rekarte Gutiérrez, colaboradora de GARA durante dos décadas

Pasó 19 años en diferentes prisiones españolas, luego militó en la asociación Etxerat asistiendo a las familias, representó al Colectivo de Presos y Presas Políticas Vascas en la firma del Acuerdo de Gernika, colaboró con GARA durante dos décadas... Tras una larga enfermedad, ayer falleció, Gloria Rekarte Gutiérrez, una mujer luchadora.

«Tenía pensado hablar de ciclos en esta columna. Ciclos que se abren, ciclos que se cierran; ciclos que empiezan y otros que terminan. Pero voy a ser más breve: hoy paso por aquí para despedirme». Con esas palabras arrancaba la columna que Gloria Rekarte Gutiérrez publicó en GARA el 27 de septiembre de 2022. La última. Con ese escrito cerró más de dos décadas de colaboraciones con este medio.

Rekarte, nacida en 1958 y fallecida ayer en Tafalla tras una enfermedad, deja tras de sí una larga historia de compromiso, que de alguna manera también es un reflejo de la evolución del país.

Fue detenida en 1981 por su militancia en ETA y durante los 19 años que permaneció en prisión, sufrió los avatares de la política de alejamiento. Le tocó pasar por cárceles como Yeserías, Ávila, Tenerife o Puerto de Santa María. Su paso por el aislamiento de la cárcel gaditana en el otoño de 1991 fue recogido en NAIZ en 2021 en un reportaje que firmó Fernando Alonso.

A pesar de que la experiencia en la cárcel canaria ya había sido muy dura, Rekarte fue tajante al afirmar que «si Puerto tiene la fama que tiene es por que se lo ha ganado a pulso». «Sabemos que todas las cárceles tienen fases y que se observan cambios según las diferentes direcciones, pero Puerto se ha mantenido siempre igual; el régimen y el trato ha sido una constante a lo largo del tiempo», precisó.

«Condiciones penosas»

A pesar de señalar que «las condiciones de vida eran penosas», remarcó con especial intensidad la actitud de las funcionarias: «Las carceleras eran mezquinas y crueles; y lo eran todas, no se salvaba ninguna, no te dejaban vivir».

Poco después de recuperar la libertad, en 2000, comenzó a colaborar con GARA, en una relación que se mantuvo durante 20 años.

En sus numerosas columnas narró, como ella misma contó en aquella última colaboración, «ilusiones y decepciones, aspiraciones y objetivos, errores y aciertos; anécdotas, proyectos y hasta pandemias; despedidas dolorosas y esperadas bienvenidas, muchos sobresaltos y unos cuantos berrinches».

«Porque -añadía- de todo ha habido en estas dos décadas en las que Euskal Herria ha vivido momentos muy dolorosos, muy esperanzadores, hitos históricos y hechos decisivos. Que no es poco».

En paralelo, se integró en Etxerat para prestar asistencia a las familias de quienes aún permanecían -y permanecen- entre rejas, ayudándoles con sus demandas y viajes.

En 2007, todavía en la época de la ilegalización de la izquierda abertzale, fue segunda en la candidatura de Nafarroako Abertzale Sozialistak.

Tras el cese definitivo de la actividad armada de ETA, en 2011, fue la encargada, junto a Jon Agirre Agiriano, de representar a EPPK en la firma del Acuerdo de Gernika, que dio pie a la apertura de una nueva fase en Euskal Herria.

 

 

 

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Somos Vascos

Desde la sección de artículos de opinión de Naiz traemos a ustedes este texto con el que llamamos al estudio, reflexión y debate acerca de lo expuesto:


Echando abono al nacionalismo vasco 

Jose Maria Perez Bustero

En el acto final de la Asamblea General del PNV –el 3 de marzo de este año 2025- entregaron la makila de mando del EBB a Aitor Esteban, y este propuso dos tareas políticas importantes. La primera de ellas: “hacer país cada día”. La segunda: impulsar un mayor papel de la mujer en ese pueblo.
 
Por su parte, Arnaldo Otegi el día 20 de este mes hizo un llamamiento a la unidad, y dejó claro que somos “un país pequeño” y necesitamos inteligencia emocional y política para avanzar. Y que este país merece más soberanía y reconocimiento nacional. Cabe asimismo recordar que a la cabeza de la Avenida iba una mujer que portaba la bandera amarilla con el arrano –águila– símbolo de todos los territorios del antiguo y amplio reino de Navarra.

La tarea impulsada por el PNV, de “hacer país” y asumir desde HB que “somos un país pequeño que ha hecho grandes cosas”  nos hace echar la vista atrás y mirar el proceso de los vascos en los tiempos modernos. Comenzando en el siglo XIX observamos que la autonomía entonces vigente se vio atacada por el gobierno de Madrid, manejado por los llamados “Liberales”, que reforzaba el centralismo del régimen, y se consideraban progresistas y se autodenominaban “Izquierda dinástica”.

¿Cómo se reaccionó en el País Vasco en ese tiempo ante semejante decisión? Entre la gente creció el movimiento social, y se llegó a las llamadas guerras carlistas, la última de las cuales tuvo lugar entre 1870 1876. Reclamando una administración autónoma en las diferentes regiones. Y en Euskadi tenían delante el respeto a los llamados fueros vascos.

Inspirándose en esa reacción de las gentes, Sabino Arana fundó el año 1895 en el País Vasco el Partido Nacionalista, que centraba sus objetivos en defender las costumbres y las leyes vascas. Y Sabino Arana metía en la nacionalidad vasca el tema de la lengua, raza, derechos históricos. Pasaron décadas en esa querencia, y como no se daba en Madrid el consentimiento de autonomía, la propensión de asentar las costumbres y las leyes vascas seguía en las mentes y perspectivas de muchos vasco-navarros.

Pasan décadas, y llegamos a la época del dictador Franco, que duró desde el año 1939 hasta el 20 de noviembre de 1975. Y después de la muerte de semejante personaje, tomaron nueva fuerza los ya existentes movimientos revolucionarios. Precisamente antes de aquella muerte, el 2 de abril de ese año había echado a andar la llamada ETA con el con el objetivo “Euskadi eta independentzia”. Ya no formulaba como objetivo un simple estado de autonomía sino la independencia.

Dejando un momento el tema de las tierras del sur vasco, hay que mirar a Iparralde, y mirar el proceso habían tenido las tres tierras vascas del otro lado de los Pirineos: Lapurdi, Behenafarroa, Zuberoa.

Es importante recordar que ya existía una conciencia vasca secular, sobre todo desde que Sancho III El Mayor se declaró rey de los pamploneses y señor de Vasconia entre los años 1099-1035. Esa conciencia llevó con el paso de los siglos al movimiento Iparretarrak (1973-2000) Organización armada defensora de la autonomía vasca.

Vamos a la segunda tarea expuesta por Aitor Esteban: impulsar un mayor papel a la mujer. Y tener en cuenta  otro hecho también significativo de ese rol de la mujer: que en el el Aberri Eguna de este año, celebrado en Iruña, era una mujer la que llevaba la bandera con el Arrano Beltza, el águila negra, propia de los reyes de las tierras vascas.

Desde luego, la mujer en estos tiempos la mujer ya no se ata al rol que la sociedad y de la Iglesia les habían puesto delante durante siglos.

Practican una dinámica directa en la sociedad, en el deporte, en la literatura… tirando al suelo lo que se les había adjudicado durante tanto tiempo. Y nos queda a los hombres (a los machos) conocerla mejor, observar y valorar su constitución, su figura, su agilidad, su inteligencia en cualquier situación. Incluso en casa.

Repasando el rol  actual de las mujeres es amplio. Trabajan en enfermería, de matronas, de cuidadoras en residencias…, aunque los puestos más altos en cirugía son mayoritariamente realizados por hombres…

En el campo de la educación son mayoritariamente mujeres las que trabajan en primaria e infantil, en trabajos de oficina,..Es cierto que  en ingeniería industrial la presencia femenina es baja, pero hay mujeres que trabajan de conductoras de camiones y otros transportes. Desde luego las mujeres son minoritarias en policía, bomberos, militares…, pero es amplia como trabajadoras sociales, psicólogas, educadoras. Y han dejado fuera las faldas y visten pantalones.

Dicho todo esto sobre la mujer, y pasando a la cuestión vasca, cabe preguntarse: ¿Qué tareas nos quedan actualmente a los vascos? Un hecho importante:  Asumir nuestra pluralidad y convencernos de que no somos una raza, ni una etnia. Somos siete tierras, entre el río Ebro y el Adour, al sur y al norte de los Pirineos, y tenemos como idiomas el euskera, el castellano y el francés. 

Además de esa realidad, debemos asumir que una población múltiple, compuesta no solo por los nativos vascos, sino asimismo por los venidos de fuera y por los hijos de ellos. Y eso implica diversas tareas. La primera es muy sencilla y compleja a la vez: Conocernos, y asumir lo que somos No basta una simple afirmación: ¡somos vascos! Se puede ser hombre o mujer y asimismo hay vascos con tendencias homosexuales, lesbianas, o de propensiones heterogéneas.

El hecho y tarea clave es no tragar mensajes que nos llegan desde los gobiernos y sus empleados, sino asumir la libertad a todos los niveles. Desde la organización y ejercicio político propios, hasta la libertad y pluralidad dentro del campo sexual. Otro hecho importante: acabar con el sistema penal, y traer los presos a casa.

Y dentro de esas realidades: rechazar un gobierno centralizado. ¿Qué rol le queda?  Muy sencillo: que sea un simple coordinador de los distintos regímenes.


 

 

 

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sábado, 12 de abril de 2025

Egaña | Oldartzen, la Invención de una Fábula

Nuestro amigo Iñaki Egaña desenmascara una de las artimañas más sucias perpetradas por el colaboracionismo vasco en contra de la izquierda abertzale.

Esto es lo que publicó en su cuenta de Facebook:


Oldartzen, la invención de una fábula

Iñaki Egaña

Herri Batasuna comenzó a elaborar y debatir en 1994, entre otras, la que llamó Ponencia Oldartzen que iba a sustituir a Urrats Berri, en vigor desde dos años antes. Los contrastes e inclusión de enmiendas concluyeron en diciembre de 1995, tras ser apoyada por el 71,23% de la militancia. En los años siguientes, fue señalada como el origen de un cambio de estrategia en el seno de la izquierda abertzale. Su criminalización fue el origen de lo que posteriormente llevó a la ilegalización de numerosas estructuras vascas, medios de comunicación, asociaciones, partidos, coaliciones electorales, grupos de solidaridad… En el inicio, el acoso fue eventual, para hacer frente al desgaste que provocó en el núcleo del Estado la aparición de los cadáveres de Joxi Zabala y Josean Lasa en una fosa de Alicante, después de estar desaparecidos tras ser secuestrados por agentes de la Guardia Civil en 1983. Fue una especie de campaña para equilibrar a la opinión pública, desplazada hacia posiciones críticas por la actuación paralela de sus fuerzas policiales.

Los dos medios de comunicación hegemónicos en Bizkaia y Gipuzkoa fueron los pioneros en señalar que con Oldartzen se había aprobado la que llamaron primero con la expresión “socialización del dolor” y poco después transformaron en “socialización del sufrimiento”, a partir de la decisión de ETA de atentar contra cargos públicos del Partido Popular (en enero de 1995 Gregorio Ordoñez y en abril del mismo año contra José María Aznar. La decisión de ETA de atentar contra cargos del PSOE la tomó en 2001, tras la firma PP-PSOE del nuevo Pacto Antiterrorista. ETA repitió una campaña que ya habían realizado los Polimilis 15 años antes contra cargos de UCD para forzar la firma del Estatuto de Autonomía para la CAV). Pero aún en mayo de 1995 -posteriormente a los dos atentados contra Ordoñez y Aznar- Oldartzen estaba recibiendo enmiendas que quedaron plasmadas cuatro meses más tarde.

Nada de aquello de “socialización del sufrimiento”, aparecía en Oldartzen, en todo caso justo lo contrario. Herri Batasuna desplegaba con su ponencia una fase de “construcción nacional”, abierta a la sociedad vasca y a sus agentes políticos, con los que mantuvo numerosas reuniones: “Nosotros solos no construiremos Euskal Herria, aunque seamos pieza fundamental. Por lo tanto hemos de impulsar el trabajo común, la colaboración y los encuentros con todos aquellos que deseen desbrozar este camino con nosotros”. Incluso con Elkarri, asociación con la que las relaciones se habían deteriorado, Oldartzen decía: “La labor que realizan no es adecuada para conseguir la paz en Euskal Herria. A pesar de ello, nuestra actitud no será en ningún momento descalificadora, sino de crítica argumentada y pedagógica”.

La ponencia decía explícitamente que “lo que une a la militancia de Herri Batasuna es el proyecto por la soberanía política de Euskal Herria y la defensa de los derechos democráticos y no el apoyo a la lucha armada”. Los planteamientos de Oldartzen hacían hincapié en “no mirar hacia lo que hace ETA”, pero fue notorio que la izquierda abertzale estaba condicionada por la estrategia de la organización armada. Si embargo, aquella eventual andanada contraprogramada para hacer frente al caso Lasa y Zabala, fue aireada a los cuatro vientos, inflándose un globo cuyo origen era una fábula creada por dos medios de comunicación.

Así, en el relato oficial quedaría anclada la expresión “socialización del sufrimiento”, con una tendencia progresiva a desplazar su autoría, una vez trucado su origen. En los trabajos de la Guardia Civil (“Historia de un desafío”, “Sangre, sudor y paz. La Guardia Civil contra ETA”…) la crónica fabulada se hacía oficial. En 2011, en la Conferencia de Aiete, preludio de la disolución de la organización armada, Covite entregó a los agentes internacionales el libro “Vidas Rotas” en el que se decía que “ETA materializaba la lógica plasmada en su ponencia Oldartzen”. Un año más tarde, Gaizka Fernández Soldevilla, una de las caras más mediáticas del Melitonium, presentaba su tesis doctoral, dirigida por José Luis de la Granja: “En la ponencia Oldartzen se marcaba la nueva estrategia de la izquierda abertzale: la socialización del sufrimiento”. Cum laude. Joseba Ezeolaza escribía en “ETA, la memoria de los detalles”, que “3.800 militantes de la izquierda abertzale aprobaron la socialización del sufrimiento apoyando la ponencia Oldartzen”.

Llegamos a 2025, y Gogora ha realizado un encuentro con 400 alumnos para explicar qué fue de aquella ponencia Oldartzen, “la de la socialización del sufrimiento”. Una novedad pedagógica que un analista ajeno no entendería su prioridad. ¿Y el Plan Udaberri? ¿Y el Plan Zen? ¿Y el Informe Navajas? Nuevamente, el soporte mediático han sido aquellos dos diarios que en 1995 inventaron la expresión. Y nuevamente en un momento en el que el Estado profundo trata de equilibrar a la opinión pública ante el reconocimiento por los Gobiernos de la CAV y de la CFN de ejecuciones extrajudiciales y torturas sistemáticas.

Me ha llamado la atención, en esta ocasión, una novedad. La inclusión por el periodista que ha escrito sobre el encuentro de Gogora del siguiente texto: “La tesis de Oldartzen era cruda y directa: ´Si se ataca un eslabón bajo de la cadena política, se magnifica el golpe y se atemoriza a toda la cadena´”. Para preparar este articulo he leído de arriba abajo la ponencia de 1995 y no he encontrado la frase entre sus apartados. Sí, en cambio, en los dos libros citados de la Guardia Civil, que en su desarrollo describían la misma como procedente de unos difusos “documentos incautados”, para añadir: “La ponencia Oldartzen de la organización (ETA) planteaba a los comandos terroristas la necesidad de extender sus atentados contra la clase política y periodistas”. Pregunté a varias aplicaciones de Inteligencia Artificial: “La frase que mencionas no parece tener un origen claro, pero encapsula el mismo espíritu que describía Sun Tzu: encontrar y atacar las partes vulnerables de un sistema para desestabilizarlo”. Ufff. Ahí andan, recuperando argumentos de hace 2.500 años para ganar batallas del relato en 2025.

 

 

 

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lunes, 31 de marzo de 2025

El Objetivo

Desde Naiz traemos a ustedes este texto en el que los parlamentarios de la izquierda abertzale presentes en aquella primera legislatura de la CAV en 1980 ponen en contexto ese hito con la actualidad:

«Gaur ere Euskal Herria helburu»

Tras la aprobación del estatuto de autonomía, el Parlamento Vasco celebró su primera sesión en la Casa de Juntas de Gernika el 31 de marzo de 1980. Transcurridos 45 años de aquella fecha, los electos de Herri Batasuna en aquella primera legislatura repasan el proceso de institucionalización que separó a la CAV y Nafarroa, valoran positivamente la confluencia de las diferentes corrientes abertzales en EH Bildu y apuestan por dar un «nuevo salto político».

Itziar Aizpurua, Iñaki Pikabea, Miguel Castells, Iñaki Ruiz de Pinedo, Jose Ramon Etxebarria, Xabier Onaindia, Xabier Elorriaga, Jose Luis Sampedro e Iñaki Esnaola

La primera legislatura del Parlamento de Gasteiz iniciaba hace 45 años un proceso de institucionalización de tres territorios de Hego Euskal Herria, profundizando la división del sujeto político nacional en una transición condicionada por la metamorfosis franquista. Si inicialmente la Asamblea de Parlamentarios de los cuatro herrialdes albergaba la posibilidad de un estatuto para los cuatro herrialdes, las presiones del navarrismo-requeté sobre el partido travestido del franquismo –UCD– y las prisas del PNV por el aterrizaje institucional nos llevaron a una fragmentación que sigue lastrando el proyecto nacional.

Esa segmentación nacional fue desarrollada en un estatuto que tampoco reconocía nuestra identidad nacional ni una relación de bilateralidad real entre la CAPV y el Estado español, con un nivel competencial insuficiente y condicionado por la acción política del Gobierno central y, asimismo, sin asumir el derecho de autodeterminación. En este sentido, nosotros y nosotras representábamos a un sector de la sociedad que entendía que aquel proceso de institucionalización y el instrumento político que lo sustentaba –estatuto de autonomía–, no asentaba bases sólidas para el desarrollo de un proyecto nacional.

Fuimos, en ese sentido, parlamentarios que mantuvimos una distancia y práctica diferenciada con una opción estatutaria que, ahora, tras 45 años, sigue incumplida y ha sido estructuralmente erosionada por la acción del legislativo español y la intervención recentralizadora del Tribunal Constitucional. El autogolpe de 1981, con la Loapa como uno de los resultados tangibles, marcó la reformulación de la literalidad inicial del estatuto, dando paso a una progresiva devaluación e invasión de las competencias por parte del Estado, teóricamente exclusivas de la CAPV. Es decir, a Gipuzkoa, Araba y Bizkaia se le vendió un producto que ha sido posteriormente incumplido y unilateralmente deteriorado.

En ese marco estructural, el movimiento abertzale ha tenido trayectorias diferentes. Unos, gestionando ese marco autonómico, y, otros sectores, combinando una acción política y resistencia a la asimilación con la demanda de un tránsito del autonomismo agotado a un marco de reconocimiento y soberanía que permita, también, abordar la vertebración del sujeto nacional vasco. Ha habido momentos de convergencia para ese tránsito –Lizarra/Garazi, Loiola y Bases y Principios– pero el movimiento abertzale no ha sido capaz de sumar institucional y socialmente en una estrategia nacional eficaz. Eso sí, aquí cabe remarcar que los firmantes consideramos muy importante que trayectorias y sensibilidades diferentes estemos implementando una izquierda independentista, EH Bildu, como instrumento de avance y cambio en la estrategia nacional.

En este sentido, a nuestro entender, volvemos a estar en un momento importante. Hemos perdido mucho tiempo y este país necesita, en un escenario de enormes incertidumbres, retos y desafíos, del impulso en todas sus dimensiones del proyecto nacional. Esta encrucijada nos obliga y demanda, en los tres ámbitos administrativos en los que se encuentra divido el país, cristalizar la actual correlación de fuerzas con los Estados español y francés en un salto político-jurídico que, desde el reconocimiento nacional, consolide una relación de bilateralidad y nos sitúe en nuevas cotas de soberanía/autogobierno efectivo, refuerce los vínculos intraterritoriales ahondando en el proyecto nacional y sitúe el derecho a decidir como puerta abierta para el respeto a la voluntad democrática de la sociedad vasca.

Necesitamos, pues, ese nuevo salto político en todos los territorios vascos, cada uno con su ritmo específico en la estrategia independentista. Eso sí, el mismo tiene que complementarse con un impulso comunitario que refuerce el proyecto nacional en todos los ámbitos (euskara, cultura, deporte, socioeconomía...) y nos permita seguir avanzando en la correlación de fuerzas institucional y social con el horizonte estratégico de una Euskal Herria independiente, socialista, feminista y euskaldun. Somos de la opinión de que, sin ese impulso social, los retos y anhelos colectivos quedarán neutralizados por las olas globales y la inercia negacionista de los gobiernos español y francés.

Por todo ello, pensamos que en este acto del 45 aniversario del Parlamento de Gasteiz no estamos para conmemoraciones vacías o meros reconocimientos a nuestras personas. Nosotros éramos y somos abertzales comprometidos con el proyecto nacional, con Euskal Herria y sus derechos nacionales, y apelamos a reforzar el compromiso de la ciudadanía del país en su defensa y desarrollo.

 

 

 

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sábado, 29 de marzo de 2025

Egaña | Lo Que no se Ve no Existe

Les recomendamos la lectura de este texto que Iñaki Egaña ha publicado en su perfil de Facebook, les ayudará a entender la actitud asumida por Gogora con respecto a las "víctimas" nazis, franquistas, falangistas y fascistas.

Adelante con la lectura:


Lo que no se ve no existe

Iñaki Egaña

Esta semana, auspiciado por Naciones Unidas, se ha celebrado el “Día Internacional del Derecho a la Verdad en relación con Violaciones Graves de los Derechos Humanos”. Una declaración tan solemne que sólo su denominación parece que dé vértigo. En este periodo en el que las fakenews se han apoderado de la información/desinformación, la verdad es casi un privilegio. No podemos fiarnos de lo que difunden las redes, debemos contrastar lo que dicen la mayoría de los medios de comunicación y, en este ejercicio, nos vamos relajando por el esfuerzo que supone, atendiendo únicamente a aquellos en quienes confiamos, política o emocionalmente. Sufre con ello el espíritu crítico, que va desinflándose, aflojándose el debate y agrandando la brecha. Cada vez las trincheras son más profundas.

Al margen de esta primera consideración, el enunciado de Naciones Unidas refiere a hechos del pasado. Afectados también por la tendencia presente y, sobre todo, por esas enormes barricadas instaladas por los dueños del relato, acunados en ocasiones por los amos de la información, la hegemonía de Hollywood y franquicias, academias de la historia, universidades, o editoriales cuyos consejos de administración están repletos de banqueros que marcan el pulso político. Parecería que vivimos en un mundo diverso, repleto de fuentes, pero a la gran mayoría nos llega únicamente lo generado por tres o cuatro referentes. Lo excepcional alcanza con cuentagotas.

Y esa evidencia agranda una expresión, “lo que no se ve no existe”, como aquella vieja frase bíblica de Tomás, “si no lo veo, no lo creo”. Nuestra experiencia en el contexto de las últimas décadas es demasiado abultada. Enorme. En febrero de 1999, el Parlamento de la CAV, con los votos de EA, PNV y Euskal Herritarrok (la marca entonces de la izquierda abertzale), propuso la creación de una ponencia que “examine la situación de todas las víctimas que de la violencia generada en nuestro país”, dentro de la Comisión de Derechos Humanos del Parlamento de Gasteiz. Algunos pensamos, ingenuamente, que esta ponencia sería la avanzadilla de una esperada Comisión de la Verdad, ya desarrollada en otros escenarios del planeta, como Chile, Sudáfrica o Argentina, en situaciones recientes, también de vulneraciones de derechos humanos.

Pero aquella propuesta se quedó en agua de borrajas. PP, PSOE e IU propusieron inmediatamente una comisión paralela para acoger únicamente a las “víctimas del terrorismo”, entendida esta como un organismo encargado de recoger a las causadas por las organizaciones armadas vascas, en particular ETA. IU matizó más adelante que en el concepto terrorismo incluía también a las víctimas causadas por el Estado. Pero PSOE y PP, que firmarían poco después un Pacto Antiterrorista, excluyendo al resto de fuerzas, se mostraron contarios a un reconocimiento global. Especialmente Carlos Urquijo, entonces delegado del PP en la Comisión de Derechos Humanos, que señaló que “no todas las víctimas son iguales”, incluyendo a las de todas las vulneraciones de derechos humanos del Estado en un amplio cajón: “el de los verdugos”. Y esa ha sido una tendencia que ha continuado durante los últimos 25 años, con pequeños avances que han hecho del camino para las mismas, un sendero repleto de obstáculos.

Estos reconocimientos, a medida que han ido avanzando, topan con un gran muro. El de la verdad. Si algo no se ve, no existe. Y esta sentencia está avalada por la experiencia cercana y lejana. La primera constatación es la de matar al mensajero. En los meses que se ha ido consumando el genocidio israelí en Gaza y Cisjordania, las fuerzas de Netanyahu han matado a 210 periodistas. A Lauaxeta lo fusilaron por acompañar a un periodista belga a comprobar que la quema de Gernika no había sido provocada, como decían las fuentes franquistas, por una horda rojo-separatista, sino por la Legión Cóndor nazi. A Xabier Galdeano, periodista de Egin, lo remataron después de cubrir las protestas en Baiona por la muerte de Benoit Pecasteings por los GAL.

Y cuando los mensajeros son demasiados, los valedores de la mentira (acabamos de conocer las resoluciones de la Comisión de Valoración del Gobierno de la CAV sobre Rosa Zarra y los cuatro jóvenes acribillados en la bahía de Pasaia que contradicen las versiones oficiales de entonces, así como las de torturas del Gobierno foral navarro), queda el recurso habitual: cierre de fuentes o desaparición de las mismas. La Ley de Secretos Oficiales ronda por el conjunto de las investigaciones populares. Pero si hace falta, los responsables dan un paso más y destruyen las evidencias. Ya hicieron desaparecer las órdenes de Emilio Mola de los archivos militares para mantener la mentira del bombardeo de Gernika. Martin Villa, en la Transición, hizo quemar dos millones de fichas de disidentes antifranquistas. De la sede del Gobierno civil de Nafarroa Garaia “desaparecieron” los expedientes de las razias contra los maquis que cruzaban la muga pirenaica. Y hoy, los expedientes que han cumplido 50 años y son accesibles por ley, llegan mutilados, tachados o minimizados. ¿Cómo acceder a la verdad, sin fuentes? ¿Cómo será el futuro cuando los testigos directos hayan desaparecido biológicamente y los jóvenes investigadores únicamente tengan acceso a los archivos amputados? ¿Qué credibilidad les ofrecerá la Inteligencia Artificial, colmada de fuentes corrompidas?

La evidencia nos indica que la búsqueda de la verdad tiene prisa. Que las necesidades, si queremos construir un relato equilibrado, son acuciantes, vista, además, esa ofensiva negacionista que se mantiene e incluso se agranda. Esta semana, asimismo, un multitudinaria manifestación frente a la sede del Gobierno argentino, encabezado por el negacionista Javier Milei, le ha ensartado: “La memoria es nuestra herramienta”. Pero para avivar esa memoria necesitamos la verdad. La nuestra ya la conocemos. Pero para confrontar, necesitamos acceder a esa otra, la que hoy ocultan.

 

 

 

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