Un blog desde la diáspora y para la diáspora
Mostrando las entradas con la etiqueta Angola. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Angola. Mostrar todas las entradas

domingo, 29 de diciembre de 2019

Despedimos a Harry Villegas 'Pombo'

Desde el diario Granma traemos a ustedes esta semblanza biográfica de un gran revolucionario que se nos fue:


Villegas Tamayo manifestó sus ideas revolucionarias desde joven, así como su simpatía por la lucha que se libraba contra la dictadura del general Batista

El general de brigada de la reserva Harry Antonio Villegas Tamayo (Pombo) falleció, a los 81 años de edad, en la madrugada de este 29 de diciembre en La Habana, como consecuencia de una disfunción múltiple de órganos.

Nacido el 10 de marzo de 1938, en Yara, en la antigua provincia de Oriente, Villegas Tamayo manifestó sus ideas revolucionarias desde joven, así como su simpatía por la lucha que se libraba contra la dictadura del general Batista, por lo cual participó en huelgas estudiantiles, venta de bonos y en otras acciones que le permitieron ganarse el respeto y la admiración de sus compañeros.

A finales de noviembre de 1957 se incorporó a la lucha insurreccional en la Sierra Maestra bajo las órdenes del Comandante Ernesto Che Guevara,donde participó en varias acciones combativas.

Por su destacada participación en los combates, disciplina, espíritu de sacrificio y valentía fue seleccionado por el Che para integrar la Columna Invasora No. 8 Ciro Redondo, con la que libró combates en Banao,Fomento, Cabaiguán, Placetas, Remedio y Caibarién, así como en la batalla de Santa Clara, entre otras.

Su quehacer internacionalista también fue intenso, lo cual se demuestra en hechos relevantes tras su incorporación a los grupos comandados por el Guerrillero Heroico, que brindaron su concurso solidario al pueblo del Congo, y posteriormente al de Bolivia, en cuya gesta guerrillera en ese país latinoamericano intervino en innumerables combates, demostrando arrojo y tenacidad sin límites.

Igualmente cumplió misión internacionalista en la República de Angola en dos oportunidades.

En su vida profesional como combatiente y oficial de las Fuerzas Armadas Revolucionarias ascendió en grado militar desde soldado hasta general de brigada en 1994, Ocupó diferentes responsabilidades, tales como jefe de Regimiento de la División de Tanques, jefe de la Brigada de la Frontera, primera trinchera antimperialista, hasta jefe de la Sección Política del Ejército Occidental.

Los méritos acumulados por Villegas Tamayo lo hicieron acreedor de la condición de fundador del Partido Comunista de Cuba, militancia que mantuvo hasta su muerte, en tanto fue también diputado a la Asamblea Nacional del Poder Popular y Vicepresidente de la Dirección Nacional de la Asociación de Combatientes de la Revolución Cubana.

Por su entrega recibió diferentes condecoraciones del Consejo de Estado y del Ministerio de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR), entre las que sobresalen el Título Honorífico de Héroe de la República de Cuba, así como la Orden Ernesto Che Guevara, de Primer Grado, Camilo Cienfuegos, y Orden Antonio Maceo, la Orden Por el Servicio a la Patria en las FAR, y las medallas conmemorativas 20, 30, 40, 50 y 60 Aniversario de las FAR, entre otras.

La vida y obra del general de brigada Harry Antonio Villegas Tamayo constituye ejemplo de modestia, honestidad y entrega sin límites a su profesión, a las FAR y a la Revolución, a la que unió su lealtad infinita al Comandante Ernesto Che Guevara, al Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz y al General de Ejército Raúl Castro Ruz.

Por su voluntad, su cadáver fue cremado y sus cenizas serán expuestas este lunes, desde las 9:00 a.m. hasta las 11.00 a.m. en el Panteón de los Veteranos de la Necrópolis de Colón, donde se le rendirán los honores militares funerales hacia el Panteón de las Fuerzas Armadas Revolucionarias.






°

sábado, 5 de mayo de 2018

Marx para Principiantes

Como regalo del 5 de mayo, natalicio del filósofo y economista alemán Karl Marx, les compartimos este texto dado a conocer en el portal Semana - que tras un inicio que mueve a la risa por su caricaturesca simpleza va tomando forma a medida que avanza -:


Si cree que el autor del "Manifiesto comunista" nunca ha hecho nada por usted, es hora de que se replantee esta teoría ahora que se celebra el 200 aniversario de su nacimiento. Le explicamos por qué.

BBC

¿Le gusta tener fines de semana libres? ¿Y conducir en carreteras públicas o ir a la biblioteca? ¿Es una de esas personas que busca poner fin a la injusticia, la desigualdad y la explotación?

En ese caso, puede que este 5 de mayo quieras conmemorar el 200 aniversario del nacimiento de Karl Marx, ya que él defendió todas estas causas.

La mayoría de las personas que conocen un poco la historia del siglo XX coincidirán en que la política revolucionaria marxista tiene un legado difícil.

Una rápida mirada a las consecuencias en la Unión Soviética, Angola y Cuba podrían hacerlo gritar: "¡Marx no es para mí, gracias!".

De hecho, el pensador alemán se equivocó en muchas cosas: sus predicciones sobre el fin del capitalismo o el surgimiento de una sociedad sin clases, ideas que parecen poco realistas hoy en día.

Y eso sin contar que sus ideas han servido de inspiración para experimentos sociales drásticos, a menudo con resultados desastrosos.

Muchas de sus teorías han terminado asociadas al totalitarismo, la falta de libertad y los asesinatos masivos, por lo que no es de extrañar que Marx continúe siendo una figura divisiva.

Pero hay otra faceta de Marx más humana, y algunas de sus nociones han contribuido a que el mundo sea un lugar mejor.

Marx también acertó en algunas cosas: un pequeño grupo de personas ultrarricas domina la economía global, el sistema capitalista es volátil y nos asusta a todos con sus cíclicas crisis financieras, y la industrialización ha cambiado las relaciones humanas para siempre.

Sigue leyendo y descubre por qué el autor de El capital sigue siendo relevante en el siglo XXI.

1. Quería mandar a los niños a la escuela, no al trabajo

Esta es una proposición evidente para muchos. Pero en 1848, cuando Karl Marx estaba escribiendo junto a Federico Engels el "Manifiesto comunista", el trabajo infantil era la norma.

Incluso hoy en día uno de cada 10 niños en el mundo está sometido a trabajo infantil, según cifras de la Organización Internacional del Trabajo (2016).

El hecho de que tantos menores hayan logrado pasar de la fábrica al aula tiene mucho que ver con el trabajo de Marx.

Linda Yueh, autora del libro The Great Economists: How Their Ideas Can Help Us Today (Los grandes economistas: cómo sus ideas nos pueden ayudar hoy), dice que una de las 10 medidas del Manifiesto Comunista de Marx y Engels era la educación gratuita para todos los niños en las escuelas públicas y la abolición del trabajo infantil en las fábricas.

Marx y Engels no fueron los primeros en abogar por los derechos de los niños, pero "el marxismo contribuyó a este debate en ese periodo de fines del siglo XIX", añade Yueh.

2. Quería que tuvieramos tiempo libre y que cada quien decidiera cómo usarlo

¿Le gusta no tener que trabajar 24 horas al día, los siete días de la semana?

¿Y tener una pausa para el almuerzo?

¿Le gustaría poderse jubilar y cobrar una pensión en la vejez?

Si su respuesta a estas preguntas es sí, puede agradecérselo a Marx.

El profesor Mike Savage, de la London School of Economics, afirma: "Cuando te ves obligado a trabajar horas muy pronlogadas, tu tiempo no es tuyo. Dejas de ser responsable de tu propia vida".

Marx escribió sobre cómo para sobrevivir en una sociedad capitalista la mayor parte de la gente se ve obligada a vender lo único que tiene -su trabajo- a cambio de dinero.

Según él, a menudo esta transacción es desigual, lo que puede llevar a la explotación y a la alienación: el individuo puede terminar sintiendo que ha perdido su humanidad.

Marx quería más para los trabajadores: deseaba que fueran independientes, creativos, y sobre todo, dueños de nuestro propio tiempo.

"Básicamente dice que deberíamos vivir una vida que vaya más allá del trabajo. Una vida en la que tengamos autonomía, en la que podamos decidir cómo queremos vivir. Hoy en día, esta es una noción con la que la mayoría de personas estamos de acuerdo", dice Savage.

"Marx quería una sociedad en la que una persona pudiera ‘cazar por la mañana, pescar después de comer, criar ganado al atardecer y criticar a la hora de la cena‘, como dice la célebre cita. Él creía en la liberación, en la emancipación y en la necesidad de luchar contra la alienación", añade.

3. No todo gira alrededor del dinero. También necesitas estar satisfecho con tu trabajo

El trabajo puede ser una gran fuente de alegría si "puedes verte reflejado en los objetos que has creado".

El empleo debería proporcionarnos la oportunidad de ser creativos y mostrar todo lo bueno de nosotros mismos: ya sea nuestra humanidad, nuestra inteligencia o nuestras habilidades.

Pero si tienes un trabajo miserable que no encaja con tu sensibilidad, terminarás sintiéndote deprimido y aislado.

Estas no son las palabras del más reciente gurú de Silicon Valley, sino de un hombre del siglo XIX.

En uno de sus primeros libros, Manuscritos de 1844, Marx fue uno de los primeros pensadores que relaciona la satisfacción laboral con el bienestar.

Según él, ya que pasamos tanto tiempo en el trabajo deberíamos obtener algo de felicidad de nuestra labor.

Buscar belleza en lo que has creado o sentir orgullo por lo que produces te llevará a la satisfacción laboral que necesitas para ser feliz.

Marx observa cómo el capitalismo -en su búsqueda de eficiencia y aumento de la producción y de las ganancias- ha convertido el trabajo en algo muy especializado.

Y si lo único que haces es grabar tres surcos en un tornillo miles de veces al día, durante días y días… pues es difícil sentirse feliz.

4. No soportes lo que no te gusta. ¡Cámbialo!

Si algo no funciona en su sociedad, si sientes que hay injusticia o desigualdad, puedes armar barullo, organizarte, protestar y luchar por el cambio.

La sociedad capitalista de Reino Unido en el siglo XIX probablemente parecía un monolito sólido e inamovible para el trabajador sin poder.

Pero Karl Marx creía en la transformación y animaba a los demás a impulsarla. La idea se volvió muy popular.

Si hoy en día es uno de esos individuos que creen en el cambio social, probablemente reconozcas el poder del activismo.

La protesta organizada ha provocado un gran replanteo social en muchos países: la legislación contra la discriminación racial, contra la homofobia, contra el prejuicio de clase…

Según Lewis Nielsen, uno de los organizadores del Festival del Marxismo en Londres, "necesitas una revolución para cambiar la sociedad. Así fue cómo personas normales y corrientes lograron tener un servicio nacional de salud y una jornada laboral de ocho horas".

Se suele decir que Marx fue un filósofo, pero Nielsen no está de acuerdo. "Eso hace a la gente pensar que lo único que hizo fue filosofar y anotar teorías".

"Pero si ves lo que Marx hizo con su vida verás que también fue un activista. Creó la Asociación Internacional de Trabajadores y estuvo involucrado en campañas de apoyo a trabajadores que estaban en huelga. Su grito de ‘¡Proletarios de todos los países, uníos!‘ es un verdadero llamado a las armas".

Nielsen cree que el verdadero legado de Marx es que "ahora tenemos una tradición de luchar por el cambio. Esto está basado en teoría marxista, aunque los que protesten no se consideren seguidores de Marx".

"¿Cómo lograron las mujeres el voto?", pregunta Nielsen. "No fue porque los hombres en el Parlamento sintieron lástima por ellas, sino porque ellasse organizaron y protestaron. ¿Cómo logramos el fin de semana sin trabajo? Porque los sindicatos se declararon en huelga para conseguirlo".

Parece que la lucha marxista como motor de la reforma social tuvo resultado. Tal y como dijo el político conservador británico Quintin Hogg en 1943: "Debemos darles reformas o ellos nos darán revolución".

5. Marx ya lo dijo: ten cuidado cuando el Estado y las grandes empresas tienen una relación muy cercana… y vigila lo que hacen los medios

¿Qué le parecen los lazos tan estrechos que tiene el Estado con las grandes corporaciones?

¿Y que Facebook haya facilitado los datos personales de sus usuarios a una empresa que se dedicaba a influir en las intenciones de los votantes?

Estas confluencias preocupan a muchas personas y quieren examinarlas más de cerca.

Pero adivina qué: Marx, junto con su amigo y compañero ideológico Engels, hizo exactamente eso en el siglo XIX.

Obviamente no repasaron los anales de las redes sociales, pero Valeria Vegh Weis, una profesora de criminología de la Universidad de Buenos Aires (UBA) e investigadora de la Universidad de Nueva York, dice que ellos fueron los primeros en identificar estos peligros y analizarlos.

"Ellos (Marx y Engels) analizaron con mucho cuidado las redes de cooperación que existían en aquel entonces entre gobiernos, bancos, empresas y los agentes clave de la colonización", dice Vegh Weis.

"¿Su conclusión? Si una práctica, deplorable o no, resultaba ser buena para los negocios y para el Estado- como por ejemplo la esclavitud como medio de promover el impulso colonial- entonces la legislación sería favorable para dicha práctica".

Las agudas observaciones de Marx sobre el poder de los medios de comunicación también son muy relevantes en el siglo XXI.

"Marx comprendía muy bien el poder que tienen los medios para influir la opinión pública. En estos días hablamos mucho de las "fake news", que es algo que Marx ya hizo en su tiempo", dice Vegh Weis.

"Estudiando los artículos que se publicaban llegó a la conclusión de que cuando los pobres cometían delitos, aunque fuesen menores, salían mucho más en la prensa que los escándalos políticos o los crímenes de las clases altas", precisa la experta.

La prensa era también un vehículo útil para dividir a la sociedad.

"Al decir que los irlandeses estaban robando trabajos a los ingleses, o al enfrentar negros contra blancos, hombres contra mujeres o inmigrantes contra locales, conseguían que los sectores más pobres de la sociedad luchasen entre ellos. Y mientras tanto nadie controlaba a los poderosos", añade Vegh Weis.

Y otra cosa… el marxismo en realidad vino antes que el capitalismo.

Puede que esta sea una declaración un poco descarada, pero considera esto: antes de que la gente realmente conociera el capitalismo ya había leído sobre el Marx.

La experta Linda Yueh dice que el término capitalismo no fue acuñado por Adam Smith, considerado un pionero de la economía.

Se piensa que el término se originó por primera vez en 1854 en una novela de William Makepeace Thackeray, autor de "Vanity Fair".

"Thackeray usó el término capitalista para denotar un "dueño de capital", explica Yueh.

"Así que puede que fuese Marx quien utilizase esta palabra por primera vez en su sentido económico en Das Kapital en 1867. Desde entonces se ha empleado como antónimo de marxismo. En cierto sentido, el marxismo vino antes que el capitalismo".






°

miércoles, 15 de febrero de 2017

Entrevista a Said Bouamama

Han pasado un par de meses desde que el Comandante se ha despedido de nosotros.

Aquí les compartimos esta entrevista publicada en Investig'Action en la que se habla acerca de uno de sus legados:


Alex Anfruns / Raffaele Morgantini

Enero de 1966, La Habana: Los pueblos y dirigentes políticos revolucionarios del Tercer Mundo se reúnen en la llamada Conferencia Tricontinental, organizada por Ernesto Che Guevara, Fidel Castro, Ho Chi Min, Amílcar Cabral y Mehdi Ben Barka. Desde la conferencia de los no-alineados en Bandoung en 1955, los movimientos de liberación nacional proliferaron sin conseguir la creación de un frente común internacionalista y anti-imperialista. La conferencia de La Habana apuntaba en aquel entonces a rebasar aquella carencia sobrepasando las diferencias ideológicas uniendo a todos los pueblos y a todos los movimientos en lucha. ¿Cuál ha sido el legado que nos ha dejado la Tricontinental y por qué volver a hablar de ella hoy en día? El Diario de Nuestra América ha entrevistado a Said Bouamama, autor del libro “La Tricontinental: Los pueblos del Tercer Mundo al asalto del cielo”, con el fin de profundizar sobre los elementos clave de aquel acontecimiento histórico.

El Diario de Nuestra América: En 1966, en el momento de la conferencia Tricontinental, el mundo se encontraba en plena guerra fría, es decir, en un momento histórico decisivo. Por otro lado, la situación está al rojo vivo en el llamado “Tercer Mundo” debido al surgimiento de movimientos de liberación nacional ¿Cuál es el lugar de la conferencia Tricontinental en medio de toda esta coyuntura histórica?

Said Bouamama: El proyecto de la conferencia Tricontinental aparece en un contexto marcado efectivamente por la guerra fría pero también por la transición del sistema colonial al sistema neocolonial. La lucha armada en países como Kenya, Argelia, Cameroun, Angola, etc…ponen en guardia a las potencias coloniales frente a un posible alineamiento generalizado, lo que las arrastra a promover procesos de independencia ficticios, manteniendo así la dependencia existente. El proyecto Tricontinental madura entonces en un contexto en el que quedan en evidencia las “traiciones” de los nuevos estados aparentemente independientes contra la lucha de los pueblos. Por ejemplo, Lumumba fue asesinado gracias a la complicidad de algunos de estos estados. Por otro lado, Francia defendió en la ONU la guerra sucia de Argelia gracias al apoyo de estos estados africanos llamados “independientes”.

Una nueva conciencia militante surge gracias a esta situación: en primer lugar, ya no se trata de que cada pueblo dominado se enfrente a una sola y única potencia colonial, al contrario, ahora deben enfrentarse al imperialismo, es decir, a todo un sistema de dominación a nivel mundial; en segundo lugar, ya no se trata únicamente de luchar por una independencia de tipo político, sino de  luchar para lograr una independencia económica real; todas estas transformaciones de conciencia política permiten el acercamiento a las luchas que se están llevando a cabo en  America latina, donde los pueblos se enfrentan desde hace décadas al nuevo rostro de la dominación imperialista, a saber, el neocolonialismo. Todas estas luchas en los tres continentes se desarrollan al mismo tiempo, y como consecuencia de esto se constituye el proyecto de una lucha común Tricontinental. Si bien es cierto que la Tricontinetal fue promovida por “líderes” como Fidel, Ben Barka, Ho Chi Min, Cabral, el Che, etc…debemos pensar también que la situación mundial había llegado a un momento donde era inevitable la creación de un frente de lucha común.

Para los pueblos que estaban en lucha en aquel momento, La Tricontinental abrió una nueva ola de esperanza, ¿Constituyó también un peligro real para las élites y las potencias imperialistas?

El sistema imperialista mundial se había enfrentado en muy pocas ocasiones a un frente unido de esa importancia, por lo que sí había un peligro real. Conocemos muy bien las reacciones que tuvieron todas las potencias imperialistas del momento, tanto las fuerzas políticas que defendían al sistema capitalista, los propios Estados o los grandes medios de comunicación dominantes. Fruto de esta amenaza se desarrolló una estrategia global con la intención de destruir por la violencia las bases humanas y políticas de aquel proyecto de solidaridad intercontinental.

La contra-revolución funcionó de cuatro formas diferentes: primero, asesinato de decenas de líderes y miles de militantes; segundo, apoyo y promoción de golpes de estado contra regímenes progresistas; tercero, ofensiva propagandística inédita (apoyo a ONG instrumentalizadas, prácticas de “formación” en los USA o Europa para sindicalistas, militantes  asociativos o políticos, becas de estudio etc…); y cuarto, creación y formación de servicios secretos en los “países amigos” y grupos paramilitares contra-revolucionarios en los países hostiles.

Nunca habíamos conocido una contra-ofensiva tan amplia y dotada de unos medios financieros tan elevados desde la revolución de 1917. Las potencias imperialistas nunca se habían unido de una manera tan sólida frente a este “enemigo común” que constituía la Tricontinental.

El contexto internacional no ha cambiado mucho Desde los años 60 ¿Sigue siendo hoy legítimo hablar de la existencia de un Tercer Mundo?

En cierto sentido, el contexto ha cambiado completamente pero también ha continuado siendo el mismo. Las formas han cambiado, pero no el fondo. Lo que cambia son las condiciones del combate y no el combate en sí mismo. Ha habido cambios como la desaparición de los “países del Este” que han supuesto el fin del desequilibrio bipolar surgido de la segunda guerra mundial, y esto dificulta más la lucha de los pueblos. También ha habido una aparición de un “Sur dentro del Norte” en los países dominantes debido a su empobrecimiento, y también un “Norte dentro del Sur” en los países dominados debido a la aparición de clases dominantes enlazadas con el imperialismo. Sin embargo, los países que dominan el sistema económico siguen siendo los mismos que antes, y los que tienen economías dependientes también. De igual forma, siguen existiendo los mismos mecanismos que se encargan de promover la dominación (Intercambio desigual, mecanismo de la deuda, imperialismo cultural etc…). Los pueblos de África, Asia y América Latina siguen todavía hoy enfrentados al mismo dominio de entonces, a los mismos enemigos, al mismo sistema imperialista. En este sentido queda una “comunidad de destino” y una base material para el llamado “tercer mundo”.

Teniendo en cuenta la situación que encontramos hoy en el “Tercer Mundo” ¿Piensa que hoy en día sería imaginable la reconstitución de una nueva Tricontinental?

Nunca se reproducen de forma idéntica los modelos de luchas emancipatorias. Cada experiencia es fruto de los contextos y de las posibilidades de una época, y las de hoy ya no son las mismas de las que hubo en la década de los 60 y 70. Sin embargo, seguimos enfrentados a las mismas dificultades y a los mismos enemigos, y seguramente a corto o a largo plazo podemos esperar que esta situación nos lleve a nuevos ejemplos de solidaridad Tricontinental. Tenemos experiencias emancipadoras recientes, cuyos líderes (Sankara, Chavez, Morales etc…) siempre han hablado de una unidad necesaria de las luchas de los tres continentes. Por eso la importante repercusión que ha tenido en África algunas experiencias como el ALBA. Inevitablemente esto nos llevará a nuevas experiencias de luchas comunes, y quién sabe si a una Tricontinental del siglo XXI.

¿Cuál sería el interés que tendríamos en conocer la historia de la Tricontinetal en el contexto europeo actual, caracterizado por la crisis de valores?

La historia de la igualdad y la emancipación se va construyendo a largo plazo. Se va formando poco a poco, con avances y retrocesos, con victorias y derrotas que, en el transcurso de la historia han ido dibujando un progreso innegable, cuyas etapas han sido la abolición de la esclavitud, la abolición de la colonización directa, del apartheid etc…Las clases dominantes están muy interesadas en borrar de nuestra memoria los momentos que ha habido de ofensivas, avances y victorias de los pueblos y de las clases dominadas. Lo que suele decirnos la ideología dominante sobre la pobreza, las guerras, y los dramas que afectan a los pueblos de los tres continentes, es que simplemente se deben a cuestiones culturales. Así se encargan de ocultar las causas sistémicas fundamentales sobre cuestiones económicas, políticas y culturales. Y así, tratan de difundir un sentimiento de impotencia y fatalidad para desarmar y desanimar a la lucha. Contra esto es muy importante conocer las luchas que ha habido en el pasado, es un poderoso antídoto. Y debe ser uno de los factores importantes para la contra-ofensiva de los dominados.

¿Por qué la Tricontinental le dio tanta importancia al desarrollo de su identidad a través de la creación de visuales y carteles de gran calidad artística?

Este material de lucha tiene una importancia primordial ya que tienen la voluntad de llegar al pueblo y no solamente a las “élites”. A través de la pancarta, el dibujo, el cine etc…lo que se pretende es llegar a las masas populares y no solamente a los militantes organizados. También se pretende recalcar la importancia que tiene el combate cultural como parte fundamental de la lucha social y política. Prueba de ello tenemos la utilización de iconografía popular en las pancartas (armas tradicionales, ropa tradicional etc…). En este sentido se trata de luchar contra la tendencia de “desvalorización de uno mismo” y la “vergüenza de uno mismo”, sentimiento que trata de difundir el sistema de dominación para legitimarse y perpetuarse.

¿Qué pueden aprender las nuevas generaciones, particularmente las de los países del sur, acerca de este periodo histórico?

En mi opinión, las nuevas generaciones tienen mucho que aprender de la experiencia de la Tricontinental. Aquella experiencia puede ayudarnos a no volver a reproducir algunos errores que se cometieron. Sin embargo, muchas de las adversidades que se encontraron en aquellos tiempos siguen siendo las mismas hoy en día, y  por eso pueden constituir una valiosa ayuda ya que estas han sido confrontadas, reflexionadas y teorizadas en el momento de la Tricontinental. Encontramos también una dimensión subjetiva importante. El conocimiento de las luchas pasadas crea las condiciones subjetivas de una esperanza y una voluntad política, contribuye a romper el sentimiento de impotencia paralizante para crear un sentimiento de potencia colectiva y solidaria. Así pues, conocer el pasado nos permitirá situar en el buen lugar la escala de la lucha que debemos llevar a cabo. La ruptura con la dependencia solo es posible a través de la existencia de una solidaridad Tricontinental. Las victorias de las fuerzas populares en un país no bastan para hacerla irreversible. La solidaridad Tricontinental forma parte de las condiciones de emancipación en cada uno de los países. El internacionalismo no es una opción sino una necesidad.

Más allá del renombre póstumo de algunas personalidades como el Che o Ben Barka, sus ideas y aquellas de otros pensadores revolucionarios son todavía relativamente poco conocidas. ¿Cuáles fueron los ejes principales de su visión del mundo?

Me sería imposible resumir en unas pocas líneas la riqueza de los aportes de estas personalidades tan importantes en la historia de la Tricontinental. Pero podríamos citar algunas algunos: 1) Entendimiento de la dominación como un sistema mundial y global, que necesitaría a su vez de una solidaridad mundial de las clases y de los pueblos dominados; 2) Análisis de los mecanismos contemporáneos de dependencia que siguen siendo todavía los mismos (deudas, cooperación etc…) 3) Comprensión de la independencia y de la soberanía incluyendo las dimensiones económicas y culturales; 4) Análisis de la constitución de nuevas clases después de las independencias que nos llevarían no solo a luchar contra el imperialismo sino también contra estas clases sociales internas ligadas al mismo; 5) Una teoría de la necesidad de una “Violencia revolucionaria” en algunos de los contextos; 6) Comprensión de la dominación cultural como eje principal de la reproducción del sistema de dominación; etc…Podríamos poner muchas otras aportaciones en evidencia, pero estos son suficientes para mostrar que los actores de la Tricontinental llevaban un proyecto global de ruptura total con el sistema imperialista.

Traducción : Enrique Cebrian







°

martes, 14 de febrero de 2017

Al Servicio de la Revolución

Les compartimos este artículo publicado en Cubainformación:


“La lucha clandestina en Cueto (la patria chica de Fidel y de Raúl)”, publicado en 2007, es un libro de vivencias sobre la lucha revolucionaria cubana en dicha localidad de la provincia oriental de Holguín, narradas por Rolando Cruz Samada, con 30 años de servicio en las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) de Cuba. Dialogamos con él en la capital holguinera.

Rolando nos dice que la lucha clandestina, en la que participó desde los 15 años, cuando comenzó con las primeras acciones de sabotaje y de propaganda, se desarrollaba de manera muy similar en cualquier localidad de la Isla, exactamente como en la suya, Cueto.

Cuando se produce el Asalto al Cuartel Moncada (1953), Rolando Cruz tenía 13 años. “Aún no sabía nada de política”, nos dice. Dos años después se integra a la lucha. Y en 1958, tras la Huelga de Abril, él y su hermano, más mayor, deben salir del pueblo y pasar a clandestinidad. En aquella época, “ya se había formado el II Frente y el Ejército Rebelde había avanzado mucho”, nos relata.

Al Triunfo de la Revolución, el Primero de Enero de 1959, regresa a Cueto, y se integra en las recién creadas Milicias Nacionales Revolucionarias. Se crean también, en cada localidad, las “Casas del 26 de Julio”.

El 31 de diciembre de 1960 se produce una enorme movilización de aquellas Milicias, ya que para el 20 de enero siguiente, al ser investido el presidente de EEUU, se preveía un intento de invasión. “Formamos batallones de combate”, recuerda, y “nos entregaron armas soviéticas y checas”.

Participó posteriormente en la llamada Guerra contra Bandidos (grupos contrarrevolucionarios armados por la CIA), que no solo se encontraban alzados en la Sierra del Escambray, sino en las 6 provincias cubanas de entonces. Rolando participó en el interrogatorio, en Guantánamo, a uno de dichos alzados, y nos relata la anécdota. “Le pregunté por qué se había alzado. Me respondió que era para combatir al comunismo. Y ¿qué es el comunismo?, le pregunté. No lo sé, me dijo, pero es algo muy malo, contestó”. Nos describe a estas personas como personas buenas, pero analfabetas y manipuladas, engañadas. También nos cuenta que aquella persona a la que interrogó creía que tanto Raúl Castro como Juan Almeida se habían alzado también contra Fidel. “Todo el odio que llevaba, por tantos muertos, se convirtió en lástima”, nos dice.

A comienzos de 1961 se integra como artillero en el Ejército Regular de Cuba (las FAR), donde está 30 años, hasta llegar a ser Teniente Coronel. Fue Jefe de Artillería del Cuerpo de Ejército en Holguín.

En los años 80 es Jefe del Comité Militar Provincial de Las Tunas, y allí se encarga de entrevistar a numerosos muchachos para ir a Angola, a pelear contra las tropas racistas sudafricanas y en apoyo al Gobierno de Agostinho Neto. “La mayoría quería ir”, nos señala, y desmiente la existencia de cualquier hipotética “coacción”. La única obligación era la moral, la de ayudar al pueblo de Angola. El resto, insiste, es propaganda contra Cuba. "Quien no quiso ir no fue", añade.

Ante la contradicción que le suponía participar en dichas entrevistas pero no haber cumplido misión internacionalista, solicitó varias veces su incorporación a alguna de ellas y, finalmente, pasó varios años en Yemen, un país que recuerda con mucho cariño.

.
.


Equipo de producción de Cubainformación TV (video y fotografías): Patricia Moncada, Karoly Emerson, Emerio Rodríguez, José Manzaneda. Colaboración especial: ICAP. Edición: Javier Matabuena. 




°

lunes, 26 de diciembre de 2016

Piero Gleijeses y Fidel

Como ustedes amables lectores se podrán imaginar, la muerte del Comandante Fidel Castro se va a prestar para que los enemigos de la Revolución Cubana derramen ríos de tinta envenenada.

Por ser el nuestro un blog de izquierda, internacionalista y solidario con las luchas por la autodeterminación de los pueblos, les queremos compartir esta entrevista publicada en la página de Investig'Action:

En su lucha contra el apartheid, Cuba defendió «la causa más bonita de la humanidad»

Alex Anfruns / Ricardo Vaz | Traducido por Rocio Anguiano Pérez y Julie Quenon

El fallecimiento de Fidel Castro a los 90 años ha sido aprovechado por los adversarios de la revolución para retomar el mantra ideológico en favor de una democracia abstracta, al tiempo que evitaban hablar de sus logros sociales y de desarrollo humano. Sin embargo, la política exterior de Cuba ha sido de una coherencia asombrosa y su impacto ha sido reconocido por numerosas personalidades, incluso entre sus enemigos. ¿Cuáles son los principios revolucionarios que, desde 1959, movieron a Fidel Castro y que siguen siendo objeto de un feroz ensañamiento mediático? Le hemos hecho esta pregunta y muchas otras a Piero Gleijeses, un reconocido experto en la política exterior cubana.

Piero Gleijeses, en «The Cuban Drumbeat», usted destaca que la política exterior de Cuba bajo el gobierno de Fidel Castro no tiene parangón. ¿Por qué?

Por su generosidad. Por ejemplo, Cuba y Fidel Castro desempeñaron un papel crucial en el cambio histórico de Sudáfrica, en la lucha contra el apartheid. Salvaron a Angola del ataque de Sudáfrica bajo el régimen del apartheid, apoyaron a las guerrillas namibias, ayudaron a los sudafricanos sin pedir nada a cambio. Y cuando digo nada, quiero decir nada en absoluto. Pero además Cuba pagó un alto precio por su ayuda a los africanos, porque esta intensificó la hostilidad de Estados Unidos. Se habían mantenido negociaciones secretas para normalizar las relaciones entre Cuba y la administración Ford. Evidentemente, el envío de tropas para defender a Angola frente a una agresión sudafricana, que en realidad había sido alentada por Estados Unidos, rompió esas negociaciones. Al su vez, Fidel Castro también desafiaba a la Unión Soviética, ya que el Secretario General Brézhnev se opuso, en 1975, al envío de tropas cubanas a Angola. Estaba obsesionado con la distensión de las relaciones con Estados Unidos, mucho más que la administración Ford, y no quería hacer nada que pudiera perjudicarla. Por otra parte, las relaciones de la URSS con el gobierno MPLA de la República Popular de Angola eran tensas, no muy buenas. Pasó lo mismo entre 1987y 1988, cuando Fidel Castro envió importantes refuerzos al sur de Angola para expulsar a los sudafricanos de una vez por todas y obligarlos a aceptar la independencia de Namibia. Y quisiera añadir a este respecto que la contribución militar de Cuba fue totalmente decisiva. Pero hay otro factor importante, la asistencia humanitaria, de la que hablaremos más tarde.

Frente a lo que acaba de contarnos, en la prensa occidental se dice que Fidel y Cuba no eran nada más que simples marionetas de los soviéticos. ¿Cómo describiría la relación entre Cuba y la URSS?

En primer lugar, la CIA admitió en 1981 que el envío de 25 000 soldados cubanos a Angola en 1975 había sido una decisión unilateral de Cuba tomada a toda prisa… Hasta la CIA ha reconocido que se trataba de una decisión cubana. Y si leen las memorias de Kissinger que entonces era Secretario de Estado y gritaba a los cuatro vientos que Cuba era un lacayo de la Unión Soviética, en el último tomo Kissinger entona uno de esos raros mea culpa y de hecho reconoce que se equivocó, que fue exactamente al contrario. Fue Cuba quien se enfrentó a la Unión Soviética presentándole un hecho consumado. A continuación se pregunta por qué actuó Fidel de ese modo. Y la respuesta que da Kissinger, y cito, es que «Fidel Castro era sin lugar a dudas el líder revolucionario más auténtico entonces en el poder». De modo que si la CIA dice que fue una decisión cubana que no tuvo nada que ver con la Unión Soviética, si Kissinger dice que fue una decisión que puso a la URSS ante un hecho consumado, está claro que solo los idiotas pueden seguir manteniendo que Cuba actuaba como un lacayo de la Unión Soviética.

Analicemos en detalle esas campañas en África. ¿Cuál era la motivación de Cuba para llevarlas a cabo? ¿Cuál era la visión del mundo de Castro en ese sentido?

Debemos remontarnos al principio, a los años sesenta. En esa época, Cuba apoyaba a las guerrillas en América Latina y había llevado a cabo ya algunas operaciones en África: en Argelia, en el Congo-Brazzaville, en el antiguo Congo Belga, en Guinea Bisáu. Para entender las motivaciones de Cuba, de Fidel Castro, tuve en cuenta los informes y análisis del servicio de información de la CIA y del Departamento de Estado. Hay muchos informes. Ni una sola vez los analistas de la CIA y de la Oficina de Inteligencia e Investigación (INR) del Departamento de Estado dicen que Cuba estuviera a las ordenes de la Unión Soviética. Afirman que había dos motivos esenciales. Uno era la autodefensa, lo que es completamente cierto. Estados Unidos rechazó en 1961, 1963 y 1964 las diversas ofertas de conversaciones para alcanzar un modus vivendi. De modo que los cubanos llegaron a la conclusión de que, si Estados Unidos se negaba a negociar y a buscar un modus vivendi, la mejor defensa sería un ataque —apoyar movimientos revolucionarios en África, en América Latina, hacer amigos para debilitar al imperialismo americano.

Pero hay una segunda cuestión esencial, que se señala claramente en todos los informes de la CIA, que fue la primera en admitirlo. Es lo que denominan el idealismo revolucionario. El hecho de que el dirigente cubano, Fidel Castro, sentía que su deber era ayudar a otros pueblos a liberarse de la opresión que les hacía sufrir. Y estas dos motivaciones, la autodefensa y el idealismo revolucionario, siguieron caminos paralelos, porque Estados Unidos se negaba a negociar con Cuba, por lo que no resultaban contradictorias. Las cosas cambiaron con el despliegue de contingentes cubanos en Angola en 1975.

Era un momento muy importante. ¿Podría explicar el contexto de la época?

Claro. Como telón de fondo tenemos que en 1974 Estados Unidos había entablado conversaciones secretas con Cuba para establecer relaciones diplomáticas y conseguir la completa normalización. Estas conversaciones se mantenían a finales de 1975 y era evidente que si Cuba enviaba tropas a Angola, eso torpedearía las negociaciones. Al mismo tiempo, Fidel Castro envió tropas sabiendo que los soviéticos se oponían a ello, por las razones antes mencionadas. Prueba de ello es que durante dos largos meses atroces, de noviembre de 1975 a mediados de enero de 1976, los soviéticos no proporcionaron ninguna asistencia logística ni de ningún otro tipo a los contingentes cubanos enviados a Angola, lo que supuso una autentica pesadilla logística para los cubanos.

Además, hay que tener en cuenta el hecho de que, por primera vez, los países occidentales europeos estaban dispuestos a mantener relaciones amistosas con Cuba. Cuando el vice primer ministro Carlos Rafael Rodríguez viajó a Europa en 1975, el gobierno francés y el británico le abrieron importantes líneas de crédito y la RFA aprobó conceder un préstamo de 15 millones de dolares para el desarrollo. Así, en términos de beneficios a corto plazo, en términos de realpolitik, el envío de tropas cubanas iba en contra de los intereses cubanos. La razón por la que Fidel Castro decidió enviar las tropas fue realmente el idealismo revolucionario. Sabía que una victoria en Angola del eje del mal Washington-Pretoria habría intensificado la presión del apartheid sobre el pueblo sudafricano. Y la lucha contra el apartheid era realmente importante para Fidel Castro y el pueblo cubano. Fidel Castro llamaba a la lucha contra el apartheid «la causa más bonita de la humanidad». Esa era la principal razón: salvar a Sudáfrica del apartheid. Cuba no sacaba ningún beneficio, pero la victoria cubana tuvo un gran impacto.

Al principio, las tropas cubanas consiguieron rechazar a Sudáfrica y a los movimientos FNLA (Frente Nacional para la Liberación de Angola) y UNITA (Unión Nacional para la Independencia Total de Angola), pero la guerra no se acabó ahí. ¿Qué sucedió?

A partir de 1976, el contingente cubano permaneció en Angola para proteger al gobierno angoleño frente a Sudáfrica que quería derrocar al gobierno del MPLA en Luanda y sustituirlo por la UNITA y Jonás Savimbi, un líder guerrillero que se había aliado con Pretoria. Incluso la CIA reconocía, en un informe secreto, que la presencia de las tropas cubanas era indispensable para proteger la soberanía de Angola. Sin embargo, el ejército del aire cubano en Angola no era tan fuerte como la aviación sudafricana. Los sudafricanos tenían aeropuertos militares modernos en el norte de Namibia, cerca de la frontera, mientras que el aeropuerto angoleño más cercano se encontraba a 300 km al norte de esa frontera. Como los cubanos no disponían de un buen armamento antiaéreo, replegaron sus tropas a una línea defensiva, a unos 250-300 km al norte de la frontera que delimitaba la mitad occidental de Angola, cubriendo esencialmente el acceso al centro del país y la ruta directa hacia Luanda. El este era de más difícil acceso para las tropas sudafricanas.

Entonces, ¿ no se daban las condiciones para hacer una ofensiva? ¿Cuál era el principal motivo?

Si los cubanos permanecieron en esa posición defensiva fue porque la llegada al poder de Reagan les hizo temer un ataque estadounidense. Y de hecho sabemos, gracias a los documentos, que la administración Reagan consideró seriamente los ataques militares contra Cuba entre 1981 y 1982. Por eso los cubanos mantuvieron sus mejores aviones, sistemas antiaéreos, tanques, etc. en La Habana y se mantuvieron en la línea defensiva en Angola. Al sur de esa línea, los sudafricanos campaban a sus anchas y en el este de Angola, en la provincia meridional de Cuando Cubango, Savimbi actuaba bajo la protección de las fuerzas sudafricanas. Esta situación de estancamiento se prolongó hasta los años ochenta.

A principios de 1985, los cubanos empezaron a pedir a los soviéticos que les proporcionaran armas sofisticadas para las tropas de Angola con el fin de relanzar una ofensiva en el sudoeste contra los sudafricanos y echarles de una vez por todas de Angola. Los cubanos estaban muy motivados. En el verano de 1984 se produjo un auge de la lucha revolucionaria en Sudáfrica, con una ola de manifestaciones que impresionaron mucho a los cubanos, al igual que a tantos otros. Así que los cubanos deseaban desesperadamente hacer algo para ayudar al pueblo sudafricano. Cada vez que una delegación de alto nivel de la ANC visitaba Cuba, los cubanos preguntaban qué podían hacer, intensificaban el entrenamiento de la guerrilla, etc. Pero llegaron a la conclusión de que la verdadera ayuda que podían proporcionar al pueblo sudafricano era expulsar a los sudafricanos de Angola. Los cubanos utilizaban a menudo la expresión «cortarles las garras a los sudafricanos en el sur de Angola». Pidieron armas a los soviéticos, y los soviéticos se las denegaron, porque temían que si con esas armas los cubanos expulsaban a los sudafricanos de Angola, no se pararían en la frontera angoleña. Penetrarían en Namibia para liberar a Namibia de Sudáfrica. Y en realidad, es lo que les habría gustado hacer a los cubanos. Pero eso habría interferido en la distensión de la que Gorvachov quería ser el protagonista.

¿Cómo derivó la situación hacia la batalla de Cuito Cuanavale, momento que Nelson Mandela ha calificado como «el vuelco decisivo para la liberación de nuestro continente y de mi pueblo»?

Esto es lo que pasó en 1987 y que produjo una escalada hasta Cuito Cuanavale: presionado por los consejeros soviéticos, el gobierno del MPLA lanzó una ofensiva para alcanzar la frontera con Namibia en el sudeste de Angola, territorio de Savimbi, con su mítica capital, Jamba, y la ciudad más grande que este controlaba, Mavinga. Eso sucedía en la mitad meridional de la provincia de Cuando Cubango. Los cubanos se habían opuesto a ello, sin dejar de repetir que, en caso de éxito, las fuerzas aéreas sudafricanas intervendrían y golpearían duramente al ejército de Angola, pero además la verdadera batalla estaba en el sudoeste, contra los sudafricanos y no contra Savimbi. El problema eran los sudafricanos, Pero el MPLA decidió hacer caso a los soviéticos y, en julio de 1987, se lanzó la ofensiva.

He seguido esta ofensiva en los documentos sudafricanos. Los sudafricanos se quedaron impresionados de la calidad de las tropas del MPLA, que combatían mejor que Savimbi y consiguieron avanzar hasta 20 km al norte de Mavinga. Y entonces pasó exactamente lo que Fidel Castro había predicho: los sudafricanos atacaron. Primero con la aviación, después con las tropas terrestres rechazaron a las fuerzas del MPLA en la provincia de Cuito Cuanavale, la base más meridional del MPLA, en el sudeste de Angola. Los sudafricanos acorralaron a las mejores unidades del ejército angoleño en Cuito Cuanavale a finales de noviembre de 1987 y todo el mundo estaba convencido de que Cuito Cuanavale caería, y más teniendo en cuenta que se encontraba aislada. Los refuerzos aéreos eran imposibles debido a la supremacía de la aviación sudafricana. Los refuerzos por vía terrestre eran difíciles porque la única comunicación era una carretera de 180 km que iba de Cuito Cuanavale a la ciudad de Menongue en el Oeste. El problema era que la aviación sudafricana atacaría los convoyes angoleños con refuerzos y municiones.

Entonces Cuito Cuanavale parecía condenada…

Sí. Y la ciudad habría caído junto con las mejores brigadas del ejército de Angola si Fidel Castro no hubiera decidido intervenir. El 15 de noviembre de 1987, se produjo en La Habana una reunión decisiva entre Fidel, Raúl Castro, varios generales y Jorge Risquet, el representante de Fidel en Angola. La reunión se inició a las 5h25 y finalizó diez horas más tarde. Se tomaron dos decisiones: una no controvertida puesto que era lo que los angoleños y los soviéticos pedían a Cuba que hiciera, es decir, salvar Cuito Cuanavale; y otra realmente controvertida: los cubanos decidieron enviar importantes refuerzos así como su mejor armamento a Angola con el fin de lanzar una ofensiva en el sudoeste para echar a los sudafricanos del país de una vez por todas. Lo que les llevó a tomar esta decisión fue la escalada sudafricana en el sudeste de Angola, en la provincia de Cuito Cuanavale. Esta escalada refleja el deseo de Cuba de ir al sur de la línea defensiva y alcanzar la frontera de Namibia. Pero esta escalada se benefició del escandalo del Irangate que sacudió Estados Unidos a finales de 1986. Reagan salió debilitado y se vio obligado a separarse de los miembros más agresivos de la maquinaria de la seguridad nacional. Los cubanos dedujeron que Reagan estaba acabado y que, por primera vez, desde el principio de la era Reagan, no tenían que temer un ataque americano contra Cuba. Así que vieron que podían permitirse enviar su mejor armamento a Angola. En reunión con sus colaboradores más próximos, Fidel Castro no dejaba de decir (he visto las transcripciones de esas reuniones): «Debemos enviarlo todo, la guerra está allá en Angola, no aquí». Al igual que en 1975, Cuba desafiaba a la Unión Soviética. Como me dijo Jorge Risquet, Gorvachov estaba concentrado en la próxima cumbre con Reagan en Washington, en la que firmarían el Tratado de eliminación de misiles de corto y medio alcance (INF).

Era un paso importante hacia la distensión…

En efecto. Y lo que los cubanos iban a hacer iba contra esa distensión: expulsar definitivamente a los sudafricanos del sur de Angola. Esta es la razón por la que los cubanos informaron a los soviéticos una vez que habían partido las tropas, es decir, unos diez días después de los hechos. El viceministro de defensa cubano, el general Ulises Rosado del Toro, llegó a Moscú diez días después de que se tomara la decisión, el 25 de noviembre de 1987. Tuvo una reunión con el mariscal Ajroméyev, comandante en jefe de las fuerzas armadas soviéticas y le leyó un largo memorándum en dos partes. La primera parte informaba a los soviéticos de la decisión cubana, cosa que a los soviéticos no les gustó nada. La segunda era una lista de armamento y de material que los cubanos querían para sus tropas en Angola y para reequipar su defensa en Cuba. La respuesta de Ajroméyev fue grosso modo: «Ya les contestaremos, ahora no puedo decirles nada». Y hubo un intercambio de cartas muy duro entre Gorbachov y Fidel. Gorvachov escribió —parafraseo: «No entiendo cómo han podido tomar esa decisión sin consultarnos» y Fidel Castro respondió: «La situación en Angola es dramática, es dramática por culpa de los consejeros militares soviéticos que han empujado a esta ofensiva insensata en el sudeste. Quiero que sepa que haremos todo lo necesario para salvar Angola». Siguió un silencio soviético que duró 59 días, hasta enero de 1988, cuando los soviéticos decidieron enviar la mayor parte del armamento solicitado. Pero en ese tiempo, Cuba ya había enviado diecisiete mil soldados más, sus mejores aviones, tanques, equipamientos, etc. Cuba dijo claramente a los soviéticos que iba a hacer todo lo necesario. Hay una conversación en La Habana entre Raúl Castro y el general que dirigió la misión soviética en la que Castro le dice: «Vamos a enviar todo a Angola, incluso los calzoncillos, pero expulsaremos a los sudafricanos».


- See more at: http://www.investigaction.net/es/en-su-lucha-contra-el-apartheid-cuba-defendio-la-causa-mas-bonita-de-la-humanidad/#sthash.ORT48DJK.dpuf






°

lunes, 25 de abril de 2016

Revolução dos Cravos

Es una fecha muy significativa tanto para Portugal como para la clase obrera y también para la lucha antifascista y anticolonialista.

En ese tenor, les compartimos este artículo extraído de las página Lucha de Clases:


Cuando los trabajadores tocaron el poder con las manos

David Rey

El 25 de abril de 1974 se inició la revolución portuguesa de 1974-75, más conocida como la "Revolución de los claveles". A la revolución portuguesa no se le ha prestado la atención que merece, pese a que fue el intento de transformación socialista de la sociedad más avanzado que habido en Europa desde la II Guerra Mundial.

En 1974, Portugal estaba gobernado por una dictadura militar, la más antigua de Europa entonces, establecida desde 1926 por Oliveira Salazar. En la última etapa del régimen, las huelgas de los trabajadores, las protestas universitarias y la guerra colonial en África (Angola y Mozambique) que desangraba al país desde 1961, hacían presagiar un colapso, a pesar de los intentos de la burguesía portuguesa y del imperialismo por evitarlo.

El capitalismo portugués era el más atrasado de Europa. La agricultura empleaba a casi el 40% de la población, la guerra colonial devoraba los recursos estatales y la industria estaba próxima al colapso como consecuencia de la crisis económica de 1973, teniendo como único factor competitivo los bajos salarios de los trabajadores.

En la base del ejército existía una situación de fermento. La guerra colonial era impopular entre las masas. Los soldados y suboficiales que combatían en África estaban desmoralizados y despreciaban a los altos jefes militares que los condenaban a morir en una guerra de opresión colonial a la que no le veían ningún sentido. Muchos jóvenes oficiales y suboficiales, que provenían de las universidades que estaban en fermento, y estaban en contacto directo con las luchas revolucionarias de los pueblos coloniales a los que estaban combatiendo, giraron a la izquierda y organizaban círculos de discusión clandestinos.

El 25 de abril

Cuando el 25 de abril de 1974, los oficiales agrupados en el Movimiento de las Fuerzas Armadas (MFA) – organización clandestina de mandos militares de baja graduación y de orientación antifascista – sacaron los tanques a la calle no sólo derribaron la dictadura más vieja de Europa, sino que también abrieron la caja de Pandora de las contradicciones gestadas en la sociedad portuguesa durante 48 años. El mismo día del golpe, millares de personas apoyaron en la calle la acción del MFA. Seis días después, un millón y medio de manifestantes en Lisboa y cuatro millones en el resto del país (de una población total de 8 millones) festejaron en libertad el 1º de Mayo.

La caída de la dictadura dio un gran impulso al movimiento obrero. La marea huelguística se extendió de norte a sur. Millones de obreros ingresaron a la lucha y la Intersindical (hoy CGTP), sindicato surgido de los sindicatos corporativos de la Dictadura bajo la dirección del Partido Comunista (PC), afilió rápidamente a más del 80% de los obreros portugueses. Los partidos obreros: el Partido Socialista (PS) y el PC reclutaron decenas de miles de militantes.

La revolución portuguesa puso de manifiesto una ley histórica del movimiento obrero que se ha revelado sin excepción: cuando los trabajadores sienten la necesidad de expresarse políticamente lo hacen inevitablemente, en primer lugar, a través de sus organizaciones tradicionales.

La iniciativa revolucionaria había pasado en un instante de los cuarteles a la clase obrera, lo que aterrorizó enormemente a la burguesía portuguesa e internacional.

Se formó un gobierno provisional de "Frente Popular", con la presencia de los partidos obreros y burgueses “democráticos”, y el MFA. La burguesía trató de utilizar la autoridad de los dirigentes obreros frenar la lucha revolucionaria de los trabajadores y campesinos. Lamentablemente, las direcciones de estos partidos no tenían un programa que fuera más allá de instaurar una democracia burguesa "avanzada" bajo los marcos del capitalismo.

Entre junio y septiembre de 1974 hubo diferentes intentos reaccionarios para frenar la lucha revolucionaria de los trabajadores, auspiciados por el nuevo presidente de la república, el general Spínola, que se disfrazaba de militar "demócrata". Pero todos ellos fracasaron por la acción revolucionaria de los trabajadores en las calles. Spínola tuvo que renunciar y un militar "izquierdista", Vasco Gonçalves, fue nombrado primer ministro. Esto aumentó la confianza en sí misma de la clase obrera. Cientos de miles de trabajadores comenzaban a poner en cuestión la validez del capitalismo para solucionar sus problemas.

El punto álgido

El 11 de marzo de 1975, marcó el momento clave en la revolución portuguesa. Ese día, los militares afectos a Spínola intentaron un nuevo golpe de estado que se disolvió en pocas horas. Esta nueva ofensiva reaccionaria provocó la ira de los trabajadores. La clase obrera junto a los soldados tomaron las armas e impusieron controles y barricadas por todo el país en busca de los golpistas.

La enorme presión de la calle obligó al gobierno a tomar medidas drásticas para contener a la clase obrera. Hubo un proceso tan grande de nacionalizaciones que abarcó al 80% de la economía, incluida la banca y la industria pesada. Los grandes latifundios fueron colectivizados por la acción directa de los jornaleros del campo, especialmente en el sur del país.

En las elecciones para la Asamblea Constituyente de abril de 1975 el apoyo obtenido por los partidos obreros fue impresionante. Ganó el PS con el 38% de los votos, y el PC y los grupos a su izquierda consiguieron otro 20%.

El boicot de los capitalistas a la economía portuguesa hizo surgir el control obrero en las fábricas por medio de comités elegidos por los propios trabajadores. Frente a la descomposición acelerada del Estado burgués se respondió con el "Poder Popular" en los barrios obreros - organismos embrionarios de poder obrero – donde se repartían viviendas, se creaban centros culturales y deportivos, etc. En el mismo ejército desapareció la disciplina de la clase dominante y las órdenes de los mandos eran discutidas y votadas en las asambleas de soldados. Apareció el SUV (Soldados Unidos Venceremos), organización de soldados creada para frenar los intentos contrarrevolucionarios en el ejército.

Fue el momento decisivo para extender la lucha. Las condiciones estaban dadas para el triunfo de la revolución socialista. El grueso de la economía estaba en manos del Estado y se estaban dando pasos en la construcción de organismos de democracia obrera en las fábricas, los barrios y los cuarteles. Pero estos organismos no se desarrollaron completamente por la falta de una dirección revolucionaria que los centralizase y propusiera las consignas y un programa auténticamente socialista dentro de estos elementos de democracia obrera. Lo que hubo en Portugal fue una situación de doble poder; entre un embrión de poder obrero y un Estado burgués enormemente debilitado. Por aquellos días, el principal órgano del capital financiero británico, The Times, publicó un editorial que se titulaba: "El capitalismo ha muerto en Portugal".

Sin embargo, la política de los dirigentes obreros fue nefasta. El PC, el partido más estructurado y organizado, abrazaba la teoría antimarxista y reformista de las dos etapas: primero luchar por la "democracia", después por el socialismo. Esto le llevó a plantear alianzas con una inexistente burguesía "de izquierda" y a frenar al movimiento obrero con el objetivo de "consolidar la democracia".

El PS por su parte, durante un tiempo, despertó esperanzas en la clase obrera con sus consignas más a la izquierda que el PC. Pero rápidamente, el ala derecha del partido encabezada por Mario Soares hizo girar al partido hacia la socialdemocracia reformista, a costa de provocar crisis, grietas y escisiones en el PS.

El 25 de noviembre

Tras el fracaso del 11 de marzo, la burguesía pasó a combatir en otros frentes. Desató un boicot económico descomunal: desinversiones, fuga de capitales, etc. Se disparó el aumento de los precios, la balanza del comercio exterior se vino abajo, la moneda nacional (el escudo) cayó en picado. Se trataba de obtener una base social amplia para la reacción.

En octubre de 1975, la reacción convocó manifestaciones contra la "anarquía". Fueron respondidas por 800.000 obreros y jóvenes dando vivas a la Revolución Socialista. Los batallones pesados de la clase obrera portuguesa (astilleros, siderurgia, construcción) salieron a la lucha y cercaron el edificio del Congreso durante 48 horas. Finalmente, el gobierno tuvo que ceder y concedió aumentos de sueldo del 45% para calmar los ánimos. Lo esperpéntico de la situación era que ¡el PC estaba en el gobierno y apoyaba, al mismo tiempo, el movimiento de los trabajadores!

En este contexto de radicalización se produjo el intento de golpe de estado izquierdista del 25 de noviembre. Al calor de la lucha, las unidades más radicalizadas del ejército (los paracaidistas) salieron a la calle y tomaron los puntos neurálgicos de Lisboa. Pero esta acción aventurera se dio al margen de la clase obrera, que fue tomada por sorpresa. Sólo apoyaron el golpe los trabajadores de los astilleros. Consecuentemente, el movimiento quedó aislado y fracasó.

El desconcierto y la confusión que produjo el fracaso del golpe "izquierdista" fueron aprovechados por la burguesía para pasar a la ofensiva, contando para ello con la actitud pasiva de los dirigentes de las organizaciones obreras y el apoyo activo de los elementos reformistas proburgueses dentro de las mismas. La ausencia de una tendencia de masas genuinamente marxista en el seno de los grandes partidos de la clase obrera que pudiera haber disputado la dirección a los dirigentes reformistas facilitó la labor de descarrilar la revolución. A partir de este momento, se dio un punto de inflexión en el proceso revolucionario. El SUV fue disuelto. Los mandos más izquierdistas fueron apartados, y algunos encarcelados. Comenzó la desaparición paulatina del control obrero en las fábricas, en la tierra y en los barrios.

Tras el 25 de noviembre se dio un proceso contrarrevolucionario bajo una forma "democrática" que restauró el control de la sociedad por parte del Estado burgués.

Todo el final de la década del setenta fue un período de enormes convulsiones: empeoramiento de la situación económica, crisis continua de los gobiernos, etc. que hizo surgir la "opción presidencialista" del General Eanes (elegido Presidente de la república en junio de 1976 gracias al apoyo del PS). Era un nuevo giro bonapartista que se planteó la burguesía para continuar liquidando las conquistas revolucionarias.
Esto se consumó con la llegada al poder del gobierno de derechas de Cavaco Silva y su Partido Socialdemócrata (PSD) a mediados de los años 80. A comienzos de los años 90, nuevamente con el apoyo del PS, se reformó la Constitución portuguesa de 1976 -donde todavía figuraba el objetivo de instaurar el socialismo- dando paso hacia las privatizaciones, los recortes sociales, etc. No obstante, las tierras colectivizadas permanecieron en manos de las organizaciones campesinas que las tomaron.
Un nuevo período

40 años después, el círculo parece completarse de nuevo. La aguda crisis del capitalismo europeo se está cebando con particular intensidad en Portugal, que conoció en 2012 y 2013 las mayores movilizaciones de masas desde la revolución de 1974-75. La derecha en el gobierno aplicó un durísimo plan de ajuste que se cebó con las familias obreras y la juventud. Todo eso ha provocado un agudo resentimiento de clase, y un profundo fermento y un giro claro a la izquierda en la sociedad. Una expresión de este giro a la izquierda ha sido la derrota de la derecha en las elecciones del pasado mes de octubre. Las fuerzas de la izquierda (Partido Socialista, Bloco de Esquerdas (BE) y Partido Comunista) consiguieron la mayoría absoluta. Destaca el 20% conseguido por los partidos y fuerzas situados a la izquierda del PS. Ahora se ha formado un gobierno presidido por el PS, que fue elegido con el apoyo del BE y del PC, que permanecen en la oposición. Aunque el PS ha hecho pequeñas concesiones, mantiene lo fundamental de la política de ajuste que dicta Bruselas. Tarde o temprano, la insatisfacción con la política del gobierno del PS, empujará a una capa cada vez mayor de jóvenes y trabajadores a la izquierda; al tiempo que se incrementará la insolencia de la derecha y de los grandes empresarios y banqueros corruptos, preparando un choque inevitable.

En esta nueva época, la clase obrera y la juventud portuguesa cuentan con un arma a su favor: las lecciones de la derrota del proceso revolucionario del 74/75. Ponerlas en práctica es la tarea esencial que tienen los activistas y los sectores más avanzados en este nuevo período convulsivo que agita al sistema capitalista en Portugal y en todo el mundo.






°

jueves, 31 de marzo de 2016

Entrevista a Gerardo Hernández

Les presentamos esta entrevista a uno de los cinco héroes cubanos, Gerardo, publicada en la página Pensar en Cuba:

Humildad y resistencia. Valores de un hombre y de una Revolución

Cuando creímos armado el número 7 –número afortunado que dicen da buena suerte– se apareció Gerardo en nuestra oficina. Así, sin avisar. Encendimos la grabadora, colocamos la cámara en su lugar y conversamos durante una hora y media más o menos. Para todo el equipo de Pensar en Cuba, tanto para los que estábamos como para los que no, su presencia allí significó mucho. Una inyección de energía, de patriotismo; también una lección de humildad. Nos apuramos a transcribir sus palabras –gracias a Sandra, Claudio, Analay y a Ana Carla– y pusimos el punto final a esta edición.

Rodolfo Romero Reyes
Gerardo habla de ella y los ojos le brillan. Su mirada tiene 21 años. En la niña de sus ojos, se ve otra niña de 16 años. La historia la ha contado muchas veces, pero sentado en la redacción de Pensar en Cuba, Gerardo parece viajar en el tiempo y volver a aquel día, en aquella parada.

Mi papá tenía un carro y trabajaba cerca de Zapata y A. Todas las mañanas le «cogía botella» para ir hasta Miramar, porque yo estudiaba en el Instituto Internacional de Relaciones Internacionales (ISRI) quedaba en 22, entre 1ra y 3ra. Hubo un domingo en que no quise fregar el carro. Me dijo: «para montarte nunca tienes problemas»; o algo así que no me gustó y al otro día para darle en la cabeza, me levanté como a las 4: 00 a.m. Primero cogí la ruta 21, después la 68 hasta la Rampa, y luego la tercera guagua que me llevaría hasta Playa. Justo ahí veo a Adriana, en la fila, con su uniforme amarillo, porque ella estudiaba Química en ese entonces. Me impactó.

Subimos a la guagua y me paré al lado de ella, que iba con tremendo piquete de su escuela. Me le acerqué y le dije: «que mala educación, que ni le llevan los libros a uno». Ella no habló, pero le di la maleta y me la llevó. Ese día en el ISRI, durante el primer turno de Derecho Internacional que era con Miguel de Estefano, una eminencia, ya fallecido, escribí «Poema a la muchacha de la parada». Lo pasé a máquina y al otro día me volví a levantar a las 4:00 a.m. y me aparecí en la parada.

El poema decía más o menos así: «la muchacha de la parada / cuya mirada agiganta / los amaneceres de la Rampa, / que cuando monte la guagua, / quizás me lleve gentilmente los libros, / y sepa que un desconocido, / admirador de su belleza, / desatendió una clase, / por escribirle este poema». Subo, me paro al lado de ella, me pide los libros y cuando me voy a bajar le doy el poema. A partir de ese día seguí levantándome a las 4:00 a.m. Mi papá ajeno a todo, creyendo que yo seguía molesto por lo del carro, me dice un día: «Oye compadre, no fue para tanto lo que te dije, no te lo cojas tan a pecho». (Se ríe a carcajadas).

Ahí comenzó la conspiración con las amiguitas de ellas. Siempre llegaban dos o tres y marcaban delante en la cola. Entonces todas las que iban llegando, se iban sumando. Recuerdo que había un profesor de la cátedra militar del ISRI, el Coronel Barroso, que también subía a la guagua. Al principio decía: «Mira eso, mira eso, tres muchachitas habían cuando llegué aquí y ahora hay como veinte». Cuando nosotros empezamos a noviar, ella me marcaba a mí también y el Coronel gritó un día desde el fondo de la cola: «¿¡Ah, pero tú también, tú también!?». (Se ríe).

¿Cómo era tu relación con Adriana antes de 1998?

Siempre tuvimos una relación muy unida. Adriana es una mujer a la que admiro muchísimo como compañera, como persona, como revolucionaria. Desde que me fui para esta misión, en 1994, no nos veíamos con mucha frecuencia. En todo ese tiempo solo pude venir en dos oportunidades de vacaciones, por alrededor de un mes. Un mes que incluía los contactos con los compañeros del trabajo y los despachos para los análisis de las diferentes operaciones. Ella no sabía en lo que andaba, para ella yo era un diplomático que estaba en Argentina.

Los compañeros del correo le traían las cartas escritas a computadora, enviadas supuestamente desde el fax de la embajada; un cuento de esos. La cosa es que le daban las cartas cada cierto tiempo, cuando se podía, y así fuimos llevando la relación.

Cargábamos las pilas cuando yo venía de vacaciones. Ella siempre hace una anécdota de la última vez que nos despedimos. Mis últimas vacaciones fueron en enero de 1998. Adriana percibió algo, cuando ya me había montado en el taxi, me bajé y volví para atrás para abrazarla. Ella dice que sintió algo, que algo estaba mal, y después vino lo del arresto. Pero siempre tuvimos una relación muy sólida, muy especial.

¿Estabas preparado para que la misión fracasara? ¿Para caer preso?

Uno siempre sabe que esa es una posibilidad, pero por supuesto, tú esperas que nunca te pase a ti. Cuando a nosotros nos ocurre, mi angustia mayor de aquellos primeros tiempos no era por la cuestión personal, –a pesar de que a uno le agobiaba pensar en su familia, cómo reaccionarían a la noticia y esas cosas–, sino por el hecho de que se había abortado la operación. De cierto modo había fracasado y lo que eso representaría operativamente me preocupaba. ¿Qué habría sido de las otras personas que no estaban ahí arrestadas? ¿Qué pasaría con el trabajo? ¿Qué pasaría con tal o más cuál agente que eran parte de la operación? Ese tipo de cuestiones a mí me agobiaban más que la cuestión personal, te lo digo honestamente. Después, cuando esas dudas se fueron clarificando y el tiempo comenzó a extenderse, ya las preocupaciones y las angustias fueron otras, pero en esos primeros tiempos pensaba más en la misión, que en la cuestión personal.

¿Qué siente uno cuando le proponen una misión como la que le propusieron a ustedes?

Después que me gradué del ISRI, nosotros nos fuimos para Angola. Como no éramos militares de carrera, nuestra labor era estar de adjuntos a alguien. En mi caso debía ser adjunto del jefe del pelotón de exploración del Onceno Grupo Táctico en la Décima Brigada de Cabinda, que era una brigada de tanques. De ese compañero, Primer Teniente Roger Peña Consuegra, aprendí mucho. También de su interacción con los soldados que eran reclutas, que se pasaban allí al menos dos o tres años, en esas condiciones, lejos de la familia. Eran diferentes historias, diferentes problemáticas con las que había que lidiar. Aprendí mucho con él. Llegó un momento en que tuve que quedarme al frente del pelotón. Cuando regresé de Angola para incorporarme al MINREX, me plantearon la misión y estuve varios años preparándome.

Para uno es un orgullo grande. Sabes que alguien tiene que hacer ese tipo de trabajo. Uno conoce los riesgos, pero al mismo tiempo uno saca cuentas y sabes que es un privilegio el hecho de que te estén planteando una misión así, precisamente a ti. Sabes lo importante que es para el país, para tu pueblo.

¿En qué momento de la vida empiezas a formarte como revolucionario?

La familia juega un papel muy importante en eso y mi papá, a pesar de no haber sido combatiente de la Revolución, siempre fue muy revolucionario. Él era de clase media baja y mi mamá, emigrante canaria que vino de España con quince años. Se conocieron siendo muchachos y se casaron. En 1959, el viejo se incorporó muy rápido a la Revolución, en una fábrica, y empezó «a subir»; era una persona adicta al trabajo.

No tengo un recuerdo de mi infancia en el que el viejo mío me dijera: el domingo vamos a pasear. Los domingos eran para levantarse tempranito y hacer algo como chapear el patio. Creo que si no había nada roto, mi papá lo rompía para tener que hacer algo los domingos. Mi mamá me despertaba muchas veces temprano, a las 7:00 a.m.: «Gerar, levántate, tu papá te está llamando para que lo ayudes». Gracias a eso, lo mismo me defiendo con un serrucho que con cualquier otra cosa, aunque eso no sea mi fuerte. Aquello fue parte de mi formación, ese carácter de mi papá, y el hecho también de que él haya sido revolucionario y militante del Partido desde muy temprano.

Mi hermana mayor también desempeñó un papel importante en mi formación de valores. Ella estudió como cadete en el Instituto Técnico Militar (ITM). Cuando falleció en un accidente de aviación, era Jefa de Cátedra y Teniente Coronel de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR).

Además de la influencia de la familia en mi formación, mi entrada al ISRI abrió un poco más mi visión. Empecé a sentir los problemas del mundo como míos. Llegar al ISRI me hizo conocer a un grupo de compañeros con una larga trayectoria como dirigentes de la FEEM (Federación de Estudiantes de la Enseñanza Media), de la Organización de Pioneros, algunos eran vanguardias nacionales. Yo había sido dirigente, pero a nivel de escuela. En esa época el ISRI estaba abierto a compañeros para la Facultad Obrera y que habían interrumpido sus estudios por determinadas razones. Es decir, que de conjunto, habían compañeros que ya venían con una formación importante. Algunos eran del Partido. Ese intercambio en sentido general, el contacto, la interacción con esos compañeros, que incluso formaron su núcleo del Partido allí, fue muy importante para nosotros. El ISRI fue una escuela muy importante para mí, no sólo desde el punto de vista de las Relaciones Internacionales, sino desde el punto de vista de mis valores y mi formación como revolucionario.

¿Cuán difícil es pasar tantos años injustamente en prisión?

Hay muchas cosas malas. Lo peor es la lejanía de la familia, que mueran familiares tuyos –en mi caso mi madre, sin poder estar con ella en sus últimos momentos–, que nacieran mis sobrinos –a los que vine a conocer cuando tenían ya como quince o catorce años–, no estar en los últimos años de mi madre, la angustia de mi madre, eso para mí fue lo peor.

Lo demás son experiencias que uno ve en prisión para las que nunca nadie te había preparado. Ver a alguien ser asesinado a puñaladas prácticamente delante de ti; estar conversando con una persona ahora, como estamos conversando tú y yo, y diez minutos después verlo salir muerto, son cosas que ni siquiera las viví en Angola. Los otros presos cuando se enteraban que había estado en Angola me decían con cierta admiración: «¡Tú estuviste en una guerra!». Y les decía:«sí, pero no vi ningún muerto en Angola y aquí ya perdí la cuenta de cuántos he visto». Son cosas para las que uno no se prepara.

Con el paso del tiempo uno se va adaptando, pero tener que convivir con personas que, la mayoría, no tienen valores; son narcotraficantes, asesinos, drogadictos, y tener que convivir con ellos; incluso, compartir cuartos con ellos, convivir en todo el sentido de la palabra, el comedor, las duchas, todo, es algo bien difícil. Es un medio donde hay mucha energía negativa todo el tiempo, por llamarlo de alguna manera. Date cuenta que es una concentración de personas cuyas vidas han sido frustradas, personas llenas de negatividad, de amargura, de toda una serie de sentimientos negativos con los cuales hay que convivir el día entero.Tú estás en el medio de todo eso y son personas con las que tú no tienes nada que ver, pero tu vida tienes que desarrollarla ahí, tienes que adaptarte a ese medio. Realmente no es fácil.

No solo era estar preso injustamente, sino las condenas que les impusieron. ¿Qué sentías al saber que tenías que cargar con más de dos cadenas perpetuas?

Te seré honesto. Al verme envuelto en esa situación, para mí era un alivio ser el que más sentencia tenía. Te explico. Yo tenía ahí mis responsabilidades y tú conoces el dicho: «El capitán se hunde con el barco». Por esa razón para mí constituía un alivio ser el que más sentencia tenía. Me sentí muy contento cuando Ramón y Tony lograron quitarse la cadena perpetua en una apelación y tener fecha, porque aunque la sentencia que le pusieron era una «salvajada» de todos modos, tener fecha en una prisión representa mucho.

Hasta los otros presos, conversando, te dicen: «Fulano está embarcado, no tiene fecha». Y a lo mejor el que te lo dice tiene una fecha de aquí a 40 años, pero tener eso lógicamente representa mucho. Siempre, y lo reconozco aquí, tuve muchísima consideración y muchísimo apoyo de mis otros hermanos, incluso en las últimas etapas donde se estuvieron valorando variantes y se escuchaban posibilidades de solución, de negociaciones, siempre ellos dejaron claro, al igual que nuestros familiares, que el caso mío era el que había que resolver, que había que darle la prioridad, por no tener fecha, con dos cadenas perpetuas, más quince años.

¿En la prisión hubo momentos alegres, felices, si es que pudiéramos llamarlos así?

Para nosotros los mejores momentos eran las visitas de nuestros familiares, de amigos que podían llegar, sortear todos los obstáculos y llegar a vernos en prisión. Y hubo momentos claves relacionados con nuestra lucha, con nuestra campaña como el «¡Volverán!» de Fidel. Hace unos días estaba escuchando ese discurso. Hay un momento en que él dice, no lo cito textual, pero él dice: «Esos hombres tal vez me estén escuchando en este momento». Creo que él sabía que lo estábamos escuchando porque para aquel entonces nos habíamos comprado unos «radiecitos» que vendían en prisión. Efectivamente nosotros estábamos en nuestras celdas escuchando el discurso.

El librito de esta profesión dice que si te cogieron, te chivaste. Porque tú nunca puedes comprometer a tu país, nunca puedes reconocer que tú estás trabajando para tu país. Y en el caso de nosotros, que teníamos identidad falsa, tú tenías que morirte diciendo que eres Manuel Miramontes, puertorriqueño, o Rubén Campas, mexicano, o Luis Medina, puertorriqueño. Ese era el plan nuestro y así nos mantuvimos alrededor de dos años durante la etapa de preparación del juicio. Esa era la orden que teníamos desde que asumimos la misión. Entonces escuchar a Fidel haciendo público el caso, diciéndole al pueblo los nombres de nosotros y por qué estábamos allí, qué era lo que hacíamos y encima de eso decir: «Solo les digo una cosa, ¡volverán!». Eso te da un ánimo y un valor quepa´ qué…

Desde ese mismo día nosotros sabíamos que no había nada que pudiera hacer el imperio que a nosotros nos rindiera o nos doblegara. Ese fue uno de los momentos claves.

Otro fue cuando escuchamos la noticia de que se nos había otorgado la condición honorífica de Héroes de la República de Cuba. También nos llegaban informaciones de que iba creciendo el Movimiento de Solidaridad con los Cinco, personalidades que conocíamos, presidentes que comenzaron a mencionarnos, a hablar de nosotros.Todos esos fueron momentos muy importantes y muy alentadores en nuestros años en prisión.

¿Cómo recibiste la noticia de que René primero, y después Fernando, habían sido puestos en libertad?

Por un lado nos alegraba, pero por otro nos entristecía el hecho de que René y Fernando tuvieron que cumplir su sentencia completa. Algunos compañeros del Movimiento de Solidaridad nos expresaron en aquel momento que sentían que de cierto modo habían fallado. Pero por otra parte sabíamos que el plan del imperio siempre fue doblegarnos y el hecho entonces de que René hiciera trece años y que Fernando hiciera quince, sin doblegarse, es una victoria. Ellos querían que desde el primer momento se «partieran», como se dice, y que cooperaran, y el hecho de que ellos se hubieran mantenido firme– «y qué es lo que tienen para mí, quince años, te voy a hacer los 15 años»− fue una victoria para nosotros también.

Recuerdo que escribí algo cuando René salió y mencionaba que desde ese día los cinco éramos un poco más libres y así fue, porque nosotros sentimos como que parte de nosotros estaba ya en Cuba con ellos, primero con René y después con Fernando. Fue un alivio grande saber que ya finalmente ellos estaban reunidos con su familia y con nuestro pueblo.

Tú me preguntabas hace un rato de las angustias, de los momentos más difíciles, de cuando nos arrestan.Una de las cosas que más me angustiaba a mí era el caso de René, porque los otros tres teníamos a toda nuestra familia del lado de acá. Pero René tenía una niña de apenas cuatro meses cuando lo arrestan. Una parte de la justificación que usaron los que decidieron cooperar con las autoridades norteamericanas era esa: «Tengo un niño chiquito, yo no puedo…». Y René desmintió eso. Él tenía una niña de cuatro meses que le hubiera permitido decir: «No puedo continuar en esta lucha, tengo que rendirme porque mi esposa está sola en la calle con mi hija de cuatro meses y la otra de doce».Sin embargo, no lo hizo y fue una actitud muy valiente que siempre admiramos, pero al mismo tiempo te creaba a ti una angustia adicional estar allá (se le aguan los ojos), arriba en el piso 13 del Centro de Detenciones de Miami, en «el hueco», y mirar para abajo y ver a Olga… (llora), se emociona uno todavía acordándose de aquellos tiempos. La cabecita chiquitica y René le hacía señas con el mono…(hace una pausa), porque todas las ventanas son iguales, tú no sabes, ella miraba para arriba y veía cuarenta ventanas, no sabes en cuál está el familiar tuyo, y René sí estaba viéndola a ella, pero ella no lo veía… (hace otra pausa). Entonces René cogía y le hacía seña, y nosotros en la celda de al lado mirando, por un huequito, era el único contacto con la calle…

Vamos a hablar de un momento más feliz para ti. Les dicen que vienen para Cuba…

Muchacho, eso fue tremendo. La gente nos pregunta: «¿y ustedes sabían?». En realidad no sabíamos, pero uno tampoco es bobo. En los últimos meses habían pasado cosas y nosotros siempre fuimos muy optimistas. Aun cuando no había nada, nos imaginábamos cosas en el mejor sentido de la palabra; siempre teniendo en cuenta no crearnos falsas expectativas ni hacernos ilusiones, pero éramos muy observadores, muy estudiosos de los acontecimientos. En los últimos meses habían estado ocurriendo cosas que a uno le llamaban la atención. Salió una editorial en The New York Times que habla de un posible intercambio de prisioneros que pudiera ocurrir, ya cuando tú ves el río sonando, tú sabes que piedras trae.

El día 4 de diciembre me sacan de mi prisión de una forma muy rara, no me dijeron ni empaca tus cosas, absolutamente nada. Nadie sabía que me iba. Fue una sorpresa para todo el mundo. Hasta para los guardias que me estaban sacando y me llevan para otra prisión en Oklahoma. Me tiran en un hueco once días sin decirme para dónde voy ni a qué.Todos los presos saben más o menos –a los presos nunca se les dice para que prisión van, pero sí les dicen si van para la costa este, oeste–, pero a mí no me dijeron nada.

Los guardias que estaban en esa prisión, revisaron en la computadora y al no ver nada me preguntaron: «¿Para dónde tú vas?». ¡Qué iba a saber! Fueron once días en el hueco. El día 15 sacan a Ramón y a Antonio de sus prisiones y los llevan para una prisión en Carolina del Norte.Ese mismo día me sacan a mí del hueco y me llevan para esa prisión. Los tres dormimos esa noche en el mismo lugar sin saberlo. Al otro día por la mañana me dicen que alguien quiere verme. Me quitan las esposas, que eso es algo súper raro, y cuando llego las personas que estaban allí se identifican como del Departamento de Estado y me dicen que voy a tener una video-conferencia con Cuba.

En ese momento siento un murmullo y en eso venía Antonio y más atrás Ramón. Entonces ahí nos abrazamos, y tuvimos una video−conferencia con un compañero que nos dio la noticia. Recuerdo que como me había pasado 11 días en un hueco, no sabía ni a cómo estábamos. Los papeles que debíamos firmar decían que estaríamos llegando a Cuba el 17 de diciembre. Le pregunto a Ramón: «¿a cómo estamos hoy?». Me dice que a 16. «¡Coñó, eso es mañana!».

Fue una alegría tremenda. El recibimiento aquí en Cuba. Vi el video y es difícil no emocionarse cuando uno mira las imágenes de ese día. Es una mezcla de emociones tremenda. Apenas unas horas antes estabas sentado en una prisión de máxima seguridad y de pronto, en unas pocas horas, la vida te hace así «chiu-chiu-chiu», y estás rodeado de gente y todo el mundo quiere abrazarte y todo el mundo quiere decirte algo, tirarse fotos contigo.

Háblame del encuentro con Fidel…

Fue algo inolvidable, uno de los días más especiales de nuestras vidas, cumplir ese sueño de todo cubano de estrecharle la mano a nuestro Comandante. Cuando era muchacho quería ser deportista porque me gustaba el deporte y por aquella escena en que el deportista regresaba con la medalla y el Comandante se la ponía en el pecho y le daba la mano; desde que era niño tenía esa aspiración.

En un par de oportunidades lo tuve cerca, en los Juegos Panamericanos de 1991, donde estábamos trabajando en apoyo al evento, después en una Feria de La Habana; pero nunca había tenido la oportunidad de estrechar su mano. Hacerlo ahora, de esta manera, que no es casual, sino en una visita tan especial, para nosotros fue muy importante. Compartir con él en un ambiente tan reducido, tan íntimo; conocer a su familia, conversar. Fueron cinco horas las que estuvimos con él y fue una experiencia de las más importantes de nuestras vidas.

Enseguida que llegaron, toda la gente en Cuba pensaba en Adriana, en el reencuentro de ustedes. Verla embarazada fue una sorpresa. ¿Por qué no se hicieron públicas las gestiones para que ustedes pudieran tener a Gema?

Si se hacía público antes de que ocurriera, podía ponerlo todo en peligro. Eso fue fruto de concesiones que se hicieron totalmente en secreto. Pero te confieso algo que creo no he dicho en ningún lugar, cuando ya se conoce que Adriana está embarazada, la intención o la idea original era hacerlo público. Incluso, pretendíamos hacer una carta de los dos a algunos amigos para circularla, sabiendo que eso se haría público rápidamente. Llegué a hacer la carta, pero alguien nos dijo que la aguantáramos un poco, ese fue otro elemento que me hizo pensar que algo más se estaba cocinando. Para ese entonces las negociaciones se estaban desarrollando a cierta velocidad y entonces alguien pensó, con toda razón, que si se daba a conocer lo del embarazo, podría poner en peligro otras cosas que se estaban desarrollando. Ahí viene la decisión de esconder a Adriana y de no hacer público el embarazo.

Tener un hijo o una hija, siempre fue una aspiración nuestra. Primero yo estaba terminando mis estudios en el ISRI y después ella estaba terminando sus estudios en la CUJAE. Estuve un tiempo en Angola. Siempre había momentos claves que nos hacían tomar la decisión de aplazarlo. Incluso, cuando voy a partir para esta misión, le dije: «mira, este sería un buen momento para tener un hijo, podríamos aplazarlo o tenerlo, pero si lo tenemos ahora, tú tendrás que criarlo los primeros años sola», y entonces decidimos aplazarlo, claro, uno no pensaba que la misión fuera a extenderse tanto.

Cuando caí preso, fue una de las primeras cosas en las que pensé: «si esto se complica, nos quedaremos sin hijos». Llegó un momento en el que ya habíamos perdido la esperanza. Incluso en las cartas, jocosamente, a veces en serio, valoramos la posibilidad de adoptar un niño o cualquier otra variante, pero ya estábamos seriamente viendo la posibilidad de que no pudiéramos ser padres.

Todo el proceso fue una angustia tremenda, porque primero yo estaba muy pesimista. Cuando pedí la posibilidad de que Adriana quedase embarazada lo pedí por joder, por subirles la parada, vamos a pedir esto, pero estaba convencido de que no lo iban a aceptar.

Después no nos dijeron que no. Las cosas siguieron desarrollándose y dijeron que lo estaban valorando, hasta que hubo un momento que dijeron que sí, que lo aceptarían. No lo creía. Hasta que un día me llaman en la prisión con mucho misterio para hacerme unos análisis de sangre que nadie sabía quién había ordenado. Me dije: «esto va en serio».

Entonces vino la parte angustiosa de saber si iba a funcionar o no. La primera vez que se le implantaron los embriones no los retuvo, eso fue un golpe: saber que no había funcionado después de un proceso de meses. Incluso valoramos, «seguimos o no seguimos». Adriana al principio me decía «vamos a dejarlo», y le insistí un poco, y seguimos.

Cuando tuvimos la alegría tan grande de saber que estaba embarazada, venía la otra parte: « ¿Algún día la voy a ver o podré criarla? ¿Qué edad tendrá cuando la vea?, si es que la veo». Era una cuestión agridulce. Por una parte una alegría muy grande y por otra, nuevas interrogantes que se habrían y nuevas angustias, hasta que finalmente ocurrió lo que ocurrió.

Gema se ha convertido en hija de todos y de todas en Cuba. ¿Cómo los hace sentir eso como padres?

Nosotros tuvimos que sentarnos varias veces a hablar sobre eso, porque al principio, hubo cosas que nos sorprendieron. Una vez una señora por la calle nos dice con tremendo carácter: «¿y por qué ustedes no han enseñado más fotos de Gema?» (se ríe), y al darse cuenta de la sorpresa en nuestras caras,nos dijo:«Gema no es hija de ustedes nada más, es hija del pueblo de Cuba». Cosas de ese tipo nos hicieron sentarnos a decir, bueno, qué hacemos. Para nosotros es algo nuevo y es una línea estrecha la que uno tiene que caminar entre hacer de esto una telenovela, que no es algo que queremos, o virarle la espalda a la gente y decir que no vamos a enseñar más fotos porque esa es nuestra vida privada. No creemos que ningún extremo sea el correcto.

Por eso cuando fue el cumpleaños enseñamos algunas fotos. Hace un tiempo me enteré de que hay un sitio que se llama «Gema de Cuba». La gente pensaba que era de nosotros; pero yo no sé ni quién lo hizo. Creo que ni siquiera se hizo desde Cuba, y hay muchas fotos de ella ahí.

Es una situación difícil para nosotros que somos padres primerizos y padres de una niña que tantas personas quieren y se interesan por ella. Créeme que hacemos el mayor esfuerzo por navegar ahí, sin pasarnos ni para un lado ni para el otro.

En estos momentos, ¿cuáles son tus planes inmediatos? ¿Tus prioridades?

Hasta ahora hemos viajado por Cuba y respondiendo a algunas invitaciones en otros países. Quiero ir con urgencia a las Tunas, a Pinar del Río, a Sancti Spíritus. Me quedan muchísimos lugares claves (me gustaría ir a toda Cuba, claro), donde hay personas que jugaron un papel importante en la lucha por nuestra liberación. Son historias bonitas, como el caso de Andy Daniel, un niñito con un defecto de nacimiento en la mano que me escribía desde que era chiquitico y ganó un concurso de dibujo; hoy es un muchacho de 14 años. Por eso quiero ir a muchos lugares de la geografía de nuestro país donde hay historias relacionadas con los Cinco Héroes. No hemos podido hacerlo desgraciadamente por el ritmo que hemos llevado de actividades, pero lo queremos hacer.

Hemos estado en contacto también con diferentes sectores de nuestra población, centros de estudio, de trabajo. Donde se nos pide que estemos, ahí estamos, en la medida de las posibilidades porque son muchas cosas.

Desde el punto de vista personal, por supuesto, quiero dedicarle el mayor tiempo posible a la crianza de Gema y a la familia, recuperar un poco el tiempo (no me gusta decir el tiempo perdido), que no estuve con ellos, sobre todo con los sobrinos que no conocía, con Adriana, en fin, con la familia en sentido general.

Como revolucionario, siempre que me preguntan, digo que mi único plan o mi plan más importante es seguir sirviéndole al pueblo, a nuestra Revolución

«Toda la gloria del mundo cabe en un grano de maíz», dijo Fidel. ¿Será que la humildad es uno de los rasgos característicos de los Cinco?

Cuando asumimos esta tarea, lo que estaba en el programa era que nosotros íbamos a dedicar a esto cierta cantidad de años y que íbamos a ser combatientes anónimos. O sea, si hay un poquito de vanidad en ti, esta no era la profesión que tenías que haber escogido. Desde el mismo momento en que asumimos la tarea, sabíamos que iba a ser para eso. No nos hubieran seleccionado si supieran que nosotros éramos vanidosos.

Los Cinco siempre hemos sido conscientes de que no somos nada especiales. Hay muchísimas compañeras y compañeros en Cuba que, primero, estaban haciendo lo que nosotros y nadie los conoce; segundo, lo están haciéndolo todavía y lo seguirán haciendo siempre que sea necesario, con la premisa de que lo que ocurrió con nosotros fue algo raro que respondió a determinadas y muy específicas circunstancias. Posiblemente esa no se va a repetir. Cumplen su misión con la premisa de que van a ser héroes y heroínas anónimos de este país y no van a tener el reconocimiento directo, ni siquiera de su familia.

Eso es algo que los Cinco siempre hemos tenido muy presente. Si nosotros estamos aquí hoy, es por el ejemplo de otros que lo hicieron antes y que se sacrificaron como nosotros; y nadie los conoce. ¿Qué mayor ejemplo que ese? ¿Cómo tú crees que nosotros podamos sentir algún tipo de vanidad o presumir de algo? Nos tocó que se nos conociera, pero somos conscientes de que lo que hicimos, ni lo inventamos nosotros, ni fuimos los primeros en hacerlo, ni mucho menos seremos los últimos.

Si tuvieras que mandarles un mensaje a los jóvenes cubanos ¿qué les dirías?

Nosotros siempre hemos insistido en la importancia de conocer la historia de nuestro país. Hace poco, al inicio de la entrevista, tú me preguntabas sobre mi formación y recuerdo algo que a mí me marcó para toda la vida. Fue cuando, siendo un niño, mi papá tenía un buró con llave y un día se le quedó una gaveta abierta, la abrí y saqué una colección de las primeras revistas Bohemia después del triunfo de la Revolución. En ellas venían las fotos que les habían prohibido publicar durante los años de la dictadura. Venían fotografías de lo que se encontró en las estaciones de policía cuando fueron ocupadas por el Ejército Rebelde, los implementos de tortura; fotografías de cadáveres, de jóvenes asesinados, acribillados a balazos. Todo eso a mí me marcó de una manera tal que me propuse dar todo lo que pudiera de mi vida para que ese pasado no volviera a Cuba. Un muchacho que no conozca eso, no puede tomar una resolución así. Tú no puedes crearte determinadas convicciones si tú no conoces determinados elementos de tu propia historia.

A mí me preocupa que algunos jóvenes no se interesen por estudiar la historia de este pedacito de tierra donde están parados. A veces uno se acostumbra a caminar por las calles y a pasarle por el lado a una tarja que está en una pared y ni se detiene a leerla. O estamos esperando una guagua en la acera sobre la que estuvo muerto un joven que fue asesinado; uno no se detiene a pensar en eso.

A veces hay jóvenes de 23 o 24 años, que dicen que les interesa el destino de su país, pero no ahora: «cuando sea mayor, a lo mejor»… No se detienen a pensar en la edad que tenía Frank País cuando murió asesinado, o la edad que tenía José Antonio Echeverría. A mí me parece que hay muchos jóvenes que se subestiman y siempre ven ese escalón inferior, se ven en ese escalón cuando hablamos de los destinos de Cuba y del futuro de la Revolución. Piensan que eso es tarea de otros que están más arriba en términos de edad o preparación. Quizás un poco de responsabilidad sea nuestra, por no haberles enseñado a esos jóvenes que ellos son los protagonistas de este proceso, de esta Revolución; no el futuro, sino el presente de la Revolución.

Les diría a los jóvenes, como dice el pensamiento de Nikolai Ostrovsky, que si mal no recuerdo tenía Tania la guerrillera en su diario: «la vida es una sola y hay que vivirla de manera tal que cuando uno llegue al momento de mirar atrás, pueda sentir la satisfacción que la vivió por una causa, que la vivió por un propósito». No hay nada más triste que llegar a viejo y que un hijo o un nieto le pregunte a uno: ¿Y qué tú hiciste con tu vida, a qué te dedicaste, qué legado positivo nos vas a dejar…? y no tener nada que decir.

Les diría que se preocupen por su legado, que la responsabilidad que tienen en sus manos es inmensa. A nosotros, los Cinco, muchas personas nos ven como paradigmas, como ejemplos, pero a nosotros no nos hicieron en un laboratorio, somos cinco hombres a los que nos tocó la responsabilidad de defender a la Revolución desde estas filas, y lo asumimos. Hay muchísimas personas en este país, muchos héroes y heroínas anónimos que han sacrificado sus vidas por la Revolución y han dejado una huella, aunque sus nombres nunca se conocerán.


Poema: «La muchacha de la parada»

Ante mí apenas distingo una silueta
que se empeña en dibujar ademanes didácticos,
y a mis oídos casi llegan detalles
de conceptos jurídicos y conflictos internacionales;
pero en mi mente solo está aquella muchacha
de la parada,
la estudiante de Química
cuyo nombre ignoro,
aunque conozco su tímida mirada
porque día a día agiganta el hechizo
de los amaneceres en La Rampa.

Esa muchacha tal vez mañana,
cuando al sentarse tome cortésmente mis libros,
se entere que un desconocido,
admirador de su belleza
desatendió una clase
por escribirle este poema.

Gerardo Hernández Nordelo (20–10–1986 8:35 a.m.).
En un turno de Derecho Internacional

Este poema llegó a manos de Adriana al día siguiente de haber conocido a Gerardo en la parada del ómnibus de la ruta 32 en la céntrica calle 23, conocida por La Rampa en el Vedado, donde se citaron desde entonces cada día hasta que en noviembre de ese mismo año se hicieron novios y comenzó una preciosa historia de amor.





°