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lunes, 8 de junio de 2026

Recordando a Kirruli

Desde el perfil de Imanol Nieto Casanova traemos este ejercicio de memoria histórica centrado en la figura del represaliado político vasco conocido como 'Kirruli':

En la noche del 7 al 8 de junio de 1986 murió en la cárcel española de Herrera de la Mancha el preso político vasco Joseba Asensio Artaraz "Kirruli", hace ahora 38 años. Él tenía 27. Murió fruto de la venganza, del desprecio, de la desatención, a pocos meses de quedar libre.

Joseba fue encarcelado el 3 de junio de 1980. Joven comprometido, dejó una imagen espectacular huyendo de los grises en el Aberri Eguna de Gasteiz de 1977, en uno de tantos capítulos represivos que jalonaron esos años en Euskal Herria.

Durante los seis años de cárcel que sufrió, recorrió las carceles de Carabanchel, Burgos, Soria, Puerto de Santa María, Alcalá Meco, Herrera de la Mancha y Basauri. Murió cuando tocaba con los dedos y su sonrisa la libertad, la primavera y la vida.

La represión del funeral de Kirruli en Bilbo tuvo tintes dramáticos cuando la Policía disparó fuego real y cargó contra familiares y amigos que portaban el féretro, provocando más de cuarenta heridos. Televisiones europeas se hicieron eco y no dudaron en filmar la represión.

En su cautividad sufrió dolencias denunciadas en muchas ocasiones. La autopsia constató que padecía una infección pulmonar tuberculosa vieja, de años, que nunca le diagnosticaron, fruto de la desatención medica carcelaria.

 


 

 

 

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sábado, 14 de febrero de 2026

Fallece la Garzonesca Murillo

Justo en el día en el que en Euskal Herria se conmemora el Día Contra la Tortura, ha fallecido uno de los pilares de la represión más brutal desde el ámbito judicial en contra del pueblo vasco, Ángela Murillo.

Fiel a la escuela del 'todo es ETA' de Baltasar Garzón, Murillo protagonizó algunas de las acciones más grotescas y aberrantes que puedan ocurrir en un juzgado.

Aquí lo que nos informa Naiz:


Fallece la jueza Ángela Murillo, protagonista de varios juicios contra la izquierda abertzale

La magistrada Ángela Murillo, primera mujer en ingresar en la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, en 1993, ha fallecido a los 74 años de edad. Protagonizó algunos de los juicios más mediáticos de los últimos años y, entre ellos, varios de casos de persecución de la izquierda abertzale.

La magistrada Ángela Murillo, primera mujer en ingresar en la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional, en 1993, ha fallecido este viernes a los 74 años de edad.

Ángela Murillo, jubilada desde septiembre de 2024, pasó 31 años a este tribunal, protagonizando algunos de los juicios más mediáticos de los últimos años, como el caso Nécora, los de las tarjetas black o la salida a bolsa de Bankia o la célula de Al-Qaeda en el Estado español.

Al jubilarse hace algo más de dos años, confesaba que el de Bankia era el que mejor recuerdo le había dejado pero en Euskal Herria dejó en la memoria varios casos de persecución a la izquierda abertzale.

Uno de los más conocidos fue cuando le respondió «por mí como si bebe vino» a la abogada Jone Goirizelaia cuando le preguntó si su defendido, Arnaldo Otegi, podía beber agua, ya que se encontraba en huelga de hambre.

Esta actitud de Murillo supuso que el Tribunal de Estrasburgo anulase la condena por el «caso Bateragune», al estimar que la jueza no garantizó la imparcialidad necesaria ya que el Supremo, al revisar un juicio anterior contra él por «enaltecimiento del terrorismo», consideró que la magistrada prejuzgó a Otegi al preguntarle si «condenaba rotundamente la violencia».

Se encargó también del macro juicio 18/98 contra militantes de la izquierda abertzale, donde mostró su desprecio a los encausados vascos, como recogió Iker Bizkarguenaga, quien siguió de primera mano el macrojuicio del 18/98.

Murillo también fue la encargada de presidir la vista del sumario 13/13, dirigido contra la asistencia de abogados a presos vascos. Este juicio estuvo marcado por la denuncia de irregularidades en el procedimiento. Pese a ello optó por continuar con la vista.

«Mítines, aquí no», les soltó a dos anarquistas chilenos acusados de atentar contra la basílica del Pilar de Zaragoza.

En el juicio por el atentado mortal de ETA contra el edil de UPN de Leitza José Javier Múgica, la juez Murillo llamó directamente «cabrones» a los enjuiciados Xabier García Gaztelu, Oskar Zelarain, Andoni Otegi y Juan Carlos Besance.

Agencias españolas han descrito este hostigamiento en los obituarios como «fruto de su espontaneidad», su «gracejo extremeño» y su «carácter campechano» que «creaba un ambiente relajado en sala».

Cuando se jubiló, aseguró que no le da pena irse y que sentía la satisfacción del deber cumplido, de haber hecho siempre lo que «le dio la gana», y se jactó de no haber recibido nunca presiones de ningún tipo,

Pionera en la carrera judicial, fue la primera en presidir, en 2008, una sección de lo Penal de la Audiencia Nacional, la cuarta, que abandonó en septiembre de 2024 al jubilarse tras emitir sus últimas resoluciones.

Una de ellas dirigida a enmendar la primera sentencia del caso Tándem, referido a los negocios de espionaje de Villarejo.

 

 

 

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lunes, 9 de febrero de 2026

Segundo Grado para Garikoitz Aspiazu

Los españoles están un tanto cuanto sorprendidos de que el preso político vasco Garikoitz Aspiazu haya recurrido a la legislación española como parte de su reinserción a la sociedad.

Tanto él como decenas más podían haber accedido a dichas medidas contempladas por el andamiaje jurídico español de no ser porque contra ellos se han aplicado medidas de excepción, mismas que, paradójicamente, son los que los califican como presos políticos y no como presos comunes.

El caso es que dichas medidas les fueron negadas sistemáticamente, o han sido recurridas por las instancias del régimen tras haber sido concedidas. Lo anterior en detrimento del componente de Reinserción que forma parte del proceso de DDR de ETA.

Así que, establecido lo anterior, les compartimos la información provista por El País:


Txeroki sale de prisión en régimen de semilibertad tras el permiso concedido por el Gobierno vasco

El exjefe de ETA podrá salir de lunes a viernes, pero tendrá que volver a la cárcel para pasar las noches

El exjefe de ETA Garikoitz Aspiazu Rubina, alias Txeroki, ha salido este lunes, poco antes de las ocho de la mañana, de la prisión de Martutene, en San Sebastián, según ha informado Europa Press. Su salida tiene lugar después de que el Gobierno del País Vasco le concediera un permiso para estar de lunes a viernes fuera de la cárcel, aunque con la obligación de dormir en el centro penitenciario.

La autorización se produce a propuesta de la junta de tratamiento de la cárcel donostiarra, que planteó la aplicación a Txeroki del artículo 100.2 del Reglamento Penitenciario. Esta medida de semilibertad no supone alcanzar el tercer grado, sino que se trata de una fórmula intermedia de la que se han beneficiado otros condenados por terrorismo.

Las fuentes consultadas por EL PAÍS precisan que es una modalidad del segundo grado que se contempla para que los reclusos puedan preparar su incorporación a la sociedad a través de un trabajo en una empresa o de actividades de voluntariado.

Aunque el exjefe de ETA ya disfruta del permiso autorizado por el Gobierno vasco, la Fiscalía de la Audiencia Nacional tendrá que emitir un informe no vinculante sobre la medida. Finalmente, será el Juzgado Central de Vigilancia Penitenciaria de dicho tribunal el que deberá determinar si puede disfrutar o no del mencionado permiso. Si lo deniega, quedará sin efecto.

La medida de semilibertad tiene lugar después de que Txeroki fuera trasladado en 2024 desde la prisión francesa de Lannemezan al centro de reclusión de Martutene. En 2011, fue condenado a 377 años de prisión por la Audiencia Nacional; en Francia cumplía varias penas que suman más de 30 años.

En 2015 fue condenado por la Audiencia Nacional a nueve años de prisión por ordenar un atentado con coche bomba perpetrado el 26 de agosto de 2007 en Oropesa (Castellón). Tres años después, volvió a ser condenado en España a 18 años de prisión por intentar matar con un paquete bomba en enero de 2002 a la delegada de Antena 3 en el País Vasco María Luisa Guerrero.

El Gobierno vasco ha concedido 111 terceros grados a presos de ETA desde que en octubre de 2021 asumió la competencia de la gestión de las tres cárceles vascas, según una respuesta parlamentaria de la consejera de Justicia y Derechos Humanos, la socialista María Jesús San José, a una pregunta de la única representante de Vox en la Cámara autonómica, Amaia Martínez. Según el recuento realizado en octubre pasado, en las prisiones vascas había 119 reclusos de la banda terrorista (104 hombres y 15 mujeres). El centro penitenciario acogía a 53 presos, la de Martutene 44 y la de Basauri (Bizkaia) 22.

 

 

 

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jueves, 5 de febrero de 2026

Nueva Absolución a Iparragirre

Los medios de comunicación afines al régimen español acostumbran usar, a la fecha, una muletilla que oculta una verdad lacerante; los presos de ETA.

Dicha muletilla no solo es un atentado en contra de los principios propios del ejercicio periodístico, es también un atentado a la semántica. Lo anterior por una sencilla razón, su lectura indicaría que ETA mantiene a personas privadas de su libertad. Imposible, de entrada, porque ETA ya no existe.

¿Pero qué oculta la muletilla?

La calidad de preso político que se debe adjudicar a quienes, acusados de pertenencia a ETA o de coadyuvar con la organización antifascista hoy fuera de funciones, se encuentran privados de su libertad.

¿Y que les confiere esa calidad de presos políticos que el régimen español insiste en no utilizar?

Acciones como las emprendidas en contra de Marixol Iparragirre, la más reciente descrita a continuación en este artículo de Naiz:


La AN vuelve a absolver a Iparragirre por un caso que el Supremo insistió en juzgar de nuevo

El empecinamiento de los tribunales españoles en forzar condenas contra la presa vasca Marixol Iparragirre ha vuelto a quedar en evidencia. La AN la ha absuelto por falta de pruebas de un atentado en Oviedo del que ya había sido exculpada, pero que el Supremo insistió en juzgar otra vez.

La Audiencia Nacional (AN) ha absuelto nuevamente a la presa vasca Marixol Iparragirre de un atentado de ETA con granadas perpetrado el 21 de julio de 1997 contra una comisaría de Oviedo ante la falta de pruebas en su contra y al concluir que ya fue juzgada en el Estado francés por los mismos hechos.

En el fallo, al que ha tenido acceso Europa Press, la Sala de lo Penal afirma que «debe apreciarse la excepción de cosa juzgada europea». Y en paralelo, indica que «del análisis de la prueba relevante practicada en el acto del juicio no resulta la existencia de prueba de cargo suficiente para enervar la presunción de inocencia».

La sentencia, fechada en diciembre de 2025, llega después de que el Tribunal Supremo ordenase en abril de 2023 redactar una nueva al alegar «importantes grietas de motivación» en la que fue dictada por la Audiencia Nacional en enero de 2021.

Entre medias, el Tribunal de Justicia de la Unión Europea (TJUE) concluyó (en setiembre pasado) que Iparragirre no podía ser enjuiciada en el Estado español por los mismos hechos por los que ya fue condenada por los tribunales especiales de París, aunque dejó en manos de la Audiencia Nacional aclarar si se daba esta circunstancia en el caso.

La Sala de la AN, en un fallo ponencia del magistrado José Ricardo de Prada, analiza un informe de inteligencia que apuntaba a Iparragirre como responsable de ETA. Ese documento, indican los jueces, «no proporciona la corroboración externa cualificada que permitiría afirmar, con el grado de certeza exigible, que la acusada ordenó el atentado de Oviedo o entregó el material para su ejecución».

La sentencia deja claro que «el informe de inteligencia no puede operar como elemento sustitutivo de la corroboración que falta», puesto que «admitirlo equivaldría a invertir el orden lógico del razonamiento probatorio, haciendo descansar la condena en una elaboración policial que no puede superar, por sí sola, la ausencia de hechos-base probados con garantías».

La Fiscalía pidió condena

Cabe recordar que la Fiscalía pidió condenar a Marixol Iparragirre por tres «asesinatos en grado de tentativa», «estragos» y «lesiones» por este atentado contra la comisaría de Buenavista de Oviedo, que no causó víctimas mortales.

El Ministerio Público sostenía que la presa vasca entregó en una fecha indeterminada de 1997 a Kepa Arronategi y Eneko Gogeaskoetxea, integrantes del 'comando Katu', material explosivo, detonadores, temporizadores, granadas, dos pistolas y un subfusil «con indicación expresa de que las granadas fueran usadas de forma inmediata en la campaña de atentados» de ese verano.

Este era uno de los doce juicios a los que se enfrentaba Marixol Iparragirre en la Audiencia Nacional española, después de que las autoridades francesas la entregaran en 2019 tras cumplir allí casi 20 años de prisión.

 

 

 

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domingo, 1 de febrero de 2026

Entrevista a Harrera

¿Les suena aquello de reinserción en un proceso de Desarme, Desmovilización y Reinserción como el que ha atravesado ETA?

Pues bien, el colectivo Harrera se ha dado a la tarea de enfocar sus esfuerzos precisamente en ese componente.

Porque si bien en el pasado lo importante era hacer acompañamiento al colectivo de presos y presas así como a sus familias víctimas de la dispersión y del aislamiento, hoy, lo crucial, es la de llevar ese mismo acompañamiento al retorno al tejido social del cual fueron arrancados durante tantísimos años.

A la luz de lo anterior, les compartimos esta entrevista publicada en Naiz:


«Ahora la solidaridad no es ir lejos, es acompañar a quien ha vuelto»

Maitane Sagastume y Egoitz Koto | Portavoces de Harrera | Harrera celebró este sábado en Durango su asamblea anual, cerca del objetivo de los 5.000 socios pero con la necesidad de seguir avanzando porque la necesidad asistencial «se multiplica». Detallan la situación, miran a largo plazo con propuestas y explican qué hacer «para no dejar solo a nadie».

Ramón Sola

¿Qué balance se hace del último ejercicio? Por resumirlo en términos de contabilidad, ¿han crecido más los ‘ingresos’, las nuevas aportaciones, o los ‘gastos’, las nuevas necesidades?

MAITE SAGASTUME: El balance es muy positivo. El año ha sido intenso y se ha intentado y creo que conseguido los objetivos que nos habíamos marcado en 2024. Básicamente para 2025 teníamos dos principales: uno, que la sociedad conociese el trabajo que realiza Harrera y a la vez tejer una red con las entidades sociopolíticas del país, y dos, reforzar todo el trabajo asistencial, que es la misión de Harrera. El refuerzo asistencial se ha concretado en llegar a más personas y ello ha incrementado los gastos. Pero podemos decir que haber dado visibilidad al trabajo que realiza Harrera ha hecho también incrementar los ingresos.

EGOITZ KOTO: Sí, en este momento se están dando muchos movimientos en las prisiones y a Harrera le está tocando buscar trabajos, voluntariados… Y lo teníamos claro, nadie se iba a quedar dentro por no tener una oferta de trabajo o lo que se requiera para salir. Eso ha supuesto mucho trabajo.

Antes, los presos y presas cumplían la condena y salían, ahora se puede empezar a salir antes de terminar la condena pero esas salidas están vinculadas a estudios, trabajos, voluntariados… y es Harrera quien ayuda a encontrar y gestionar todo esto. Así que el volumen de trabajo de Harrera se ha multiplicado, también sus gastos y sus ingresos.

Identifiquemos primero las necesidades: ¿cuántas personas están saliendo de prisión actualmente a la calle cada día y cuántas de ellas necesitan asistencia?

M.S: A día de hoy son 105 presos y presas las que enumera Etxerat. Es importante saber que aunque haya muchos y muchas pisando calle, siguen estando presas. Nos encontramos con amigos y amigas fuera y pensamos, ‘ostras, ya está, askatu dute!’, pero no...

Desde que se les aplica la legislación penitenciaria ordinaria existe una transición antes de llegar a la total libertad, que pasa por el llamado 100.2, que es básicamente que el o la presa sale diariamente por unas cuantas horas a trabajar, estudiar o a hacer un voluntariado. En esta situación hay 20 presos y presas. El tercer grado, un paso más, ya supone poder dormir en el domicilio de jueves a lunes. En esta situación a día de hoy hay 8 presos y presas. Luego tenemos a quienes están con la pulsera, que ya no tienen que volver a prisión; en esta situación hay 37 presos y presas.

A todos y todas ellas está ayudando Harrera. Y a tantos otros que, aun habiendo dejado atrás la cárcel, el exilio o la deportación, siguen necesitando ayuda.

Mencionan que cada una necesita su ‘traje a medida’, pero ¿encontrar vivienda y trabajo sigue siendo lo más difícil, visto el contexto general?

E.K: Para nosotras es básica la idea del traje a medida. Cada persona tiene una situación y unas necesidades particulares y Harrera pone todo su empeño en ayudar a cubrirlas. Las necesidades de la vivienda normalmente están resueltas por las propias familias, pero cuando no es así, el problema suele ser importante. Aun y todo, solemos darle solución apelando a la comunidad.

En cuanto al trabajo, es tan necesario como difícil de conseguir para quien ha pasado más de 20 años en prisión. Intentamos encontrar propuestas de trabajo adecuadas a las particularidades de cada uno.

Harrera dispone hace tiempo de un piso en Donostia y planteaban conseguir alguno más…

M.S: En este momento son tres pisos asistenciales gracias a la generosidad de toda nuestra red. Gracias a esto, quienes salen durante unas horas al día o su residencia familiar está en otro herrialde disponen de un lugar tranquilo donde comer, ducharse o simplemente descansar. Tenemos que darnos cuenta de que no todos los presos y presas que por ejemplo están en Martutene son de Donostia. Estos pisos hacen más llevadero este salir y volver a prisión.

Han comentado varias veces que las pensiones son el gran problema mirando a futuro, al tratarse personas que apenas han cotizado. ¿Aparece alguna solución nueva a la vista?

E.K: Una de las líneas de trabajo que la Asamblea ha dado por buena para 2026 es la de empezar a mirar a largo plazo. Me explico, se trata de un primer estudio para contabilizar a  todas las personas que hayan estado más de 5 años en el exilio o en prisión, y cuál es su situación de vulnerabilidad teniendo en cuenta dos vectores: la vivienda y la renta.

Hay mucha gente que por edad no va a poder cotizar los 15 años que se exigen como mínimo y que por eso no puedan cobrar una pensión. También hay quienes han cotizado 15 años pero la pensión contributiva es tan pequeña que no les permite subsistir. Por eso, Harrera necesita disponer de datos certeros que nos permitan saber cuántas personas y en qué cuantía necesitarán ayuda en un futuro.

Por otra parte, tenemos una propuesta por medio de la modificación de la ley de RGI  que permitiría a muchos y muchas tener derecho a recibir esta ayuda. Esta propuesta ha sido trasladada a todos los agentes políticos y sindicales en el marco de relaciones que hemos mantenido en 2025.

¿Tiene Harrera algún tipo de colaboración con el Departamento de Justicia de Lakua? ¿Ven sensibilidad hacia esta problemática tras el cambio de manos desde el PNV al PSE?

M.S: Como acabamos de decir, uno de los objetivos del año pasado era el de entablar relación con los partidos, sindicatos… de este país. Esto se ha realizado, es más, han sido invitados a la asamblea general. A todos con los que nos hemos reunido se les ha entregado un dossier en que identificamos dificultades de leyes y posibles modificaciones de decretos. Veremos qué frutos da. Por el momento la acogida y la relación son fluidas. 

¿Programas oficiales como Aukerak están funcionando?

M.S: La creación de Aukerak nos parece positiva. Otra cosa es si puede cumplir los objetivos para los que fue creada. A los presos y presas se les exige un contrato de trabajo para acceder al tercer grado. En principio, Aukerak debiera estar en condiciones de posibilitar esos contratos pero, a día de hoy, no tiene esa capacidad. 

‘5.000 baietz’ es el objetivo marcado en número de socios, ¿está lejos todavía? 

E.K: Se empezó el año con 3.200 y al día de la asamblea hemos llegado a los 4.820 bazkides. ¡A ver si con esta entrevista llegamos a los 5.000! [sonríe]. Es importante que la gente sepa que este colectivo va a seguir necesitando de Harrera durante décadas. Y eso supone que nuestra comunidad, nuestro pueblo, tiene que seguir practicando la solidaridad. Nos tenemos que ayudar y seguir ayudando. Las bazkidetzas se han multiplicado gracias a las presentaciones de Harrera en más de 80 pueblos y barrios a lo largo de 2025.

¿Qué tipo de aportaciones extras reciben? Al principio de Harrera se conocieron algunas donaciones, más recientemente han citado casos de personas que han dado a la asociación la indemnización recibida como víctimas de violencia estatal…

M.S: Este pueblo es solidario, eso se ve en las donaciones, lo estamos palpando. Este 2025 un particular ha donado parte de la venta de una vivienda y nos han dejado otras 3 en herencia. Una de las líneas de trabajo de 2026 será animar e impulsar el tema de las herencias. Hubo una carta en GARA el verano pasado de José Mari Esparza sobre la solidaridad después de una vida de lucha, creo que fue maravillosa y por ello vamos a trabajar en ello, para que aquellas personas que así lo deseen puedan seguir aportando aunque nos dejen.

Han abierto una línea de trabajo con Coiste, ¿por qué y para qué?

M.S: Partimos de situaciones y momentos históricos diferentes. Por tanto, no se trata de equiparar ni de copiar modelos. Dicho esto, Coiste es en Irlanda el equivalente a Harrera en Euskal Herria. Para nosotras es importante compartir experiencias y explorar posibilidades junto a Coiste, redoblar esfuerzos para gestionar mejor la problemática de los presos y presas tras la vuelta a casa. 

En la asamblea se ha tratado también una iniciativa conjunta con GEBehatokia ante Naciones Unidas. ¿De qué se trata?

E.K: Basándose en datos aportados por Harrera, GEBehatokia informó a Naciones Unidas sobre las dificultades que deben enfrentar las personas liberadas tras cumplir largas condenas en condiciones extremadamente duras. Se aportó un resumen de las dificultades a las que deben enfrentarse los presos y presas vascas una vez alcanzan la libertad, y el escaso apoyo institucional que pueda facilitar su vida con unos mínimos parámetros de calidad una vez cumplidas condenas, que en muchas ocasiones superan los 20 años. 

Tal y como viene a concluirse en el informe de Naciones Unidas, este trabajo debe ser impulsado y promocionado por las administraciones públicas, para poder dar así respuesta a las numerosas y diferentes necesidades de las personas una vez alcanzan su libertad. El hecho de ser mencionados en un informe de tan alto nivel supone un gran espaldarazo al trabajo que realiza Harrera.

¿Con qué argumento animarían a sumarse a Harrera a alguien que tenga posibilidades de ayuda y esté dudando entre varias causas diferentes?

M.S: Durante décadas este pueblo solidario cruzaba los muros cada semana: se han compartido miles de kilómetros, cansancio y dinero para no dejar solo a nadie. Este pueblo solidario ha arrimado el hombro para costear viajes interminables de hijas, amatxus, amigos... que llegaban a las visitas exhaustos pero felices. Ahora la solidaridad no es ir tan lejos, es quedarse cerca. Es acompañar a quien ha vuelto de la cárcel, el exilio o la deportación para reconstruir una vida digna.  

E.K: Quienes vuelven de la cárcel, el exilio o la deportación tienen necesidades concretas y este pueblo solidario tampoco les va a dejar solos ahora. Harrera canaliza esa ayuda pero es la gente, la buena gente, la que lo hace posible. Algunos apoyan cediendo viviendas, otras haciéndose bazkides. La cuota mínima son 60 euros anuales, es decir, 5 al mes. Hacerte socia es fácil, rápido y desgrava. Les planteamos que entren en harreraelkartea.eus y desde ahí se hagan bazkides.

 

 

 

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viernes, 30 de enero de 2026

Festival Musical por Palestina

Hace unas semanas, durante su concierto del 9 de enero de 2026 en el Estadio Nacional de Santiago, Chile, Bad Bunny rindió un emotivo homenaje al cantautor y activista Víctor Jara, interpretando con mandolina su himno “El derecho de vivir en paz”. El gesto ocurrió precisamente en el histórico recinto, utilizado como centro de detención durante el golpe de estado de Pinochet y su posterior dictadura.

Pues bien, pareciera ser que los máximos representantes del estilo musical caracterizado por su frivolidad de pronto, están tomando consciencia de lo que ocurre en las sociedades de las cuáles surgieron y a las cuáles les dieron la espalda en su obsesiva búsqueda de fama y dinero.

¿Por qué lo mencionamos?

Porque ahora ha sido Rosalía quien, dejando de lado su papel protagónico en la embestida mediática en contra de los derechos sociales, políticos, sexuales y reproductivos de las mujeres, se ha subido al escenario a cantar en solidaridad con el pueblo palestino. En ello, Rosalía se ha colocado por encima del mismísmo Joan Manuel Serrat, rábido defensor del sionismo junto a Joaquín Sabina.

Hablamos de un escenario en el que se ha contado con la presencia del internacionalista vasco Fermin Muguruza.

Lean ustedes la reseña provista por Naiz:


Muguruza, Rosalía, Guardiola, Amaia, Llach... en un gran festival por Palestina en Barcelona

La cultura catalana se ha reunido este jueves en el Palau Sant Jordi de Barcelona para reclamar el fin del genocidio y la libertad de Palestina en el concierto Manifest x Palestina, un acto protagonizado por figuras como Rosalía, Pep Guardiola, Bad Gyal, Amaia, Fermin Muguruza o Eduard Fernández.

La iniciativa Manifest x Palestina ha dado un nuevo aldabonazo internacional en favor de Palestina este jueves noche desde Barcelona con un gran festival que ha reunido a 20.000 personas y ha tenido participación vasca. Desde una plaza cualquiera del Mediterráneo escenificada en el pabellón de Montjuic, el actor Eduard Fernández ha abierto la velada con una conversación con el 'fixer' gazatí Kayed Hammad, quien se ha dedicado a relatar las condiciones penosas que hoy viven sus paisanos mientras se terminaba de llenar el lugar.

En cuanto han dado las 20:00 horas, Pep Guardiola ha tomado la palabra: «Las bombas quieren provocar silencios, que miremos a otro lado, que no demos un paso adelante. Es por eso que nos tenemos que implicar», ha exclamado el entrenador del Manchester City, antes de sentenciar que «todo esto va solo de humanidad, que es lo que está faltando hoy en Palestina».

Las primeras notas musicales han llegado en la voz de la cantante palestina Lina Makoul, quien ha insistido en que solo la creación lleva a la felicidad, justo antes de unirse a la chilena Ana Tijoux, en un giro del pop dulce y reivindicativo al rap sureño 'Somos Sur', repleto de demanda y rebeldía.

«Palestina está viva en cada padre, en cada madre y en cada niño; en cada canción y en cada grito de solidaridad. Por eso pido que sigáis clamando por Palestina», ha rogado a su vez Natalia Ahmad Abu-Sharar, parte de la comunidad Palestina de Catalunya, antes de que se materializara la conexión entre Euskadi, Cataluña y Palestina con Fermin Muguruza, 'Yalah Yalah, Ramallah' y la demanda de «Boicot a Israel».

Un prólogo, dos actos y un epílogo

Tras esto, el blues desértico de Tinariwen, atrapado entre turbantes y envuelto en puesta de sol, ha servido para dar visibilidad a los distintos conflictos en los que está inmerso hoy el pueblo tuareg, mientras que una performance de La fura Dels Baus ha servido como cierre de este prólogo.

El silencio del inicio del primer acto ha quedado roto por el violín de la madrileña Laura Pacios, acompañado por un ensamble a caballo entre el jazz y el flamenco, para que luego la navarra Amaia Romero, sola con su piano en el centro de la plaza mediterránea, dejara caer un velo de ternura en un pabellón salpicado de las estrellas que han formado los miles de linternas de los miles de teléfonos móviles de los miles de asistentes al son de 'Nadie podría hacerlo' y 'Tengo un pensamiento'.

Por su parte, las voces del catalán Xavi Sarrià y de la activista de origen sirio Salma Alhakim se han unido en 'HAYAT / VIDA / حياة', un grito a la vida y la libertad del pueblo palestino; igual que han hecho las de Guillem Gisbert, líder de Manel, y Mushkaa, hoy en silla de ruedas tras lesionarse la rodilla, en '1 CUMBIA AMB EL GUILLEM (1v1)', antes de cerrar el primer acto con un «Puta Israel».

La convicción pop de la palestino-jordana Zeyne ha abierto el segundo acto y ha arrancado uno de los «Free Palestine» más sonoros de la velada, al que ha seguido la dulce 'La symphonie des éclairs' de la francesa Zaho de Sagazan y la balada por el fin de la guerra de la noruega Aurora Aksnes.

Rosalía canta 'La perla' por sorpresa

En medio de la reivindicación ha llegado la sorpresa, cuando las pantallas del Sant Jordi han anunciado a Rosalía, lo que ha desatado que cientos de los sentados en las sillas dispuestas en la pista del pabellón se abalanzaran contra la primera fila.

La catalana, que había recibido críticas estos meses por no posicionarse sobre el genocidio, ha aparecido secundada por cinco músicos, entre guitarras y palmas, para cantar 'La perla' y agradecer a la organización del Manifest x Palestina la invitación al acto.

La irrupción de Rosalía ha servido como antesala al momento urbano de la velada, inaugurado por el 'Primark' de La Zowi y sublimado por Bad Gyal, que primero en solitario ha puesto en pie el Sant Jordi con su 'Fiebre', y luego, acompañada de Morad, ha tirado por 'Así soy'.

Por su parte, el cantante de La Florida, siempre identificado con la causa palestina, ha pedido al público ondear sus banderas entre los versos de ‘Soñar’, a la vez que reclamaba la libertad de la región.

Clamor por la libertad de Palestina

La calma, agradecida en la solemnidad de esta clase de actos, ha regresado con Clara Peya, quien, sentada al piano, ha guiado a Elisabet Casanovas, Laia Manzanares y Miki Esparbé mientras denunciaban los abusos sistemáticos de Israel, un discurso que ha dado entrada a Arab Barghouti, hijo de Marwan Barghouti, encarcelado desde hace 24 años.

Si hay un ejemplo en Cataluña de resistencia cultural, ese es sin duda la Nova Cançó, y Lluís Llach, uno de sus mayores exponentes, quien acompañado de Gemma Humet y Alguer Miquel ha entonado su combativa 'Abril 74'.

El epílogo que ha cerrado las más de tres horas y media de Manifest x Palestina ha comenzado con Oques Grasses sentados en un banco susurrando su preciosa 'La gent que estimo', en uno de los últimos actos en que se espera se pueda ver a la banda de Osona antes de su retiro.

Tras esto, y a demanda del activista (y colaborador de ‘7K’’ David Fernàndez, los cientos de miles de asistentes al Palau Sant Jordi han alzado las cartulinas que reposaban en sus asientos, creando así una bandera Palestina gigante, antes de que Anna Andreu con la 'Canción de Jinete' de Paco Ibáñez y el Ovidi Gran Cor con 'Diguem no' de Raimon pusieran punto y final a la velada cerca de la medianoche.

Todos los beneficios del concierto se destinarán a impulsar y reconstruir proyectos culturales en Gaza y Cisjordania, canalizados a través del PPAN (Palestinian Performing Arts Network) y centros culturales independientes como el Lajee Center (Camp de Refugiados de Aida) y el Dar Qandeel (Tulkarem).




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viernes, 16 de enero de 2026

Jiménez | Sabino Arana de Alquiler

Vamos a agregarle sal y pimienta al ahora cancelado proyecto del segundo museo Guggenheim en Euskal Herrria, este ya no en los predios del dilapidado pasado industrial de Bilbo sino en el corazón de la Reserva Natural de Urdaibai.

Y para ello recurrimos a este texto publicado en la página de Zain Dezagun Busturialdea, mismo que pertenece a la autoría de nuestro buen amigo Edorta Jiménez, avecindado en Mundaka, también dentro del espacio delimitado por la Reserva. Pues es que vaya, resulta que los del PNV se iban a deshacer de un espacio estrechamente vinculado a nadie más y nadie menos que Sabino Arana.

Lean ustedes:


Sabino Arana de alquiler

Edorta Jimenez

Sabino Arana Goiri murió estando viviendo de alquiler en la casa de lo alto de la cuesta de Arrospe, en Sukarrieta, nombre creado por el mismo para referirse al antiguo Pedernales. Su viuda, Nikolasa Atxikallende Iturri, a la que él en vida llamaba Nikole, guardó el luto y se volvió a casar. Esto fue en 1915 y en iglesia basílica de Begoña. Su primer matrimonio se había llevado a cabo en la ermita de Abina, junto a su caserío natal. Fue una mañana temprano a primeros de febrero de 1900. No tuvieron hijos.

Igual que del primero, de aquel segundo esposo, Eugenio Alegría Bilbao, que durante casi tres años, mientras ella estuvo casada con el primero, había vivido a escasos cien metros de ella, también quedó viuda. Fue un día de 1918, en plena epidemia de gripe, cerca de Xixón, Asturies. De este matrimonio tampoco tuvo hijos, y no se volvió a casar, por lo que ya basta de que los tuvo con un guardia civil o con un carabinero, tres o no se sabe cuántos. Como todo eso es un invento, cualquiera puede apuntarse a creer una u otra cosa, incluso las dos. En plan sí o sí.

Pasado el tiempo Nikolasa Atxikallende vendió parte de los pertenecidos del caserío Abina y de lo que el primer marido le hubiese dejado en herencia. A Ramón Sota, ni más ni menos. Ella, por su parte, se hizo construir un chalet anexo al antiguo caserío, que fue fonda y allí conoció a Sabino. Con el chalet cumplía uno de los sueños de su primer marido, quien en su segunda estancia en la cárcel de Larrinaga diseñó la casa de sus sueños, incluyendo un bosque cubierto al que llamó Estaldi-Basoa. Tenía intención de montar una granja, no hay más que repasar los bocetos que dejó hechos en sus cuadernos de cárcel.
Volviendo a Sota, éste, dicen que por influencia de una de sus hijas, muy de hacer buenas obras ella, proyectó para el lugar una casa de retiro para marinos, o algo así, y encargó el proyecto al arquitecto Ricardo Bastida.

En su proyecto Ricardo Bastida se atuvo a las características del lugar y a lo que los marinos retirados habrían deseado. Buscaría el calor y la luz, que se pudieran tumbar mirando al Oiz, viendo salir el sol por el Este y ponerse por el Oeste. Bien sabía que aquellos marinos virtuales, que nunca se sentarían allí, hubieran preferido ver el mar en su plenitud. Simplemente no se podía. El viento dominante era y es el Noroeste, así que nada de mirar al Norte, que, por cierto, la vista del mar aún así habría sido imposible. Salvo que hubieran construido en lo alto de la pequeña colina, allá atrás. Un disparate habría sido.

Así iban las cosas cuando he aquí que aquella hija murió y el padre vendió lo ya hecho a una entidad de ahorro. De la mano de aquella nacieron las Colonias Marítimas de Nuestra Señora de Begoña. Miles de niñas y niños de la clase obrera fundamentalmente, pudieron allí recuperar en parte su salud, incluso librarse de una muerte prematura.
Por su parte Nikolasa se hizo construir una segunda casa, llegó la guerra, en abril de 1937 los fascistas y resto de sublevados ocuparon los terrenos de las colonias, más los del caserío y chalet de ella, la detuvieron, la juzgaron, la tuvieron un mes en la cárcel donde había estado su Sabin y la soltaron. Volvió a aquella segunda casa, enferma, y desde allí pudo ver lo que pasaba en sus otras propiedades, una de estas convertida por los usurpadores en hospital militar para presos de guerra. Murieron unos cuantos, fueron a la fosa común, no hay sitio para más detalles. Hasta que pudo volver.

El chalet era tan hermoso, tenía unos cristales tan bonitos, que las niñas de Busturia los domingos solían ir a tirarles piedras, de los niños nada sé. Un camino vecinal con derecho de paso separaba el chalet y el caserío, con sus pertenecidos, del entorno de las colonias.

Murió la mujer un 19 de marzo 1951 y a partir de ahí poco puedo decir. Un día desaparecieron caserío y chalet, otro día cerraron el camino, montaron piscinas, ya los niños venían en tecnicolor y con mejor salud, la cosa iba viento en popa, se montó una granja escuela o algo así, en fin, todo lo que ellos saben y no quieren contarnos, o nos lo cuentan mal.

A modo de ejemplo imagínense si pueden qué más dijo aquel arquitecto que contrataron en 2008 para decir que lo de los Sota, etcétera, no solo no tenía valor arquitectónico. Pues nada, que afirmó, o así lo recogió el plumilla de encargo, lo siguiente:

«El arquitecto barcelonés –se refiere a un tal Montaner, buenísimo− llega a calificar incluso su emplazamiento como «poco afortunado» porque se encuentra orientado hacia el sur, algo que «entorpece la conservación y revalorización del entorno paisajístico». En definitiva, cree que puede resultar un obstáculo para la construcción del museo».

Pues nada, que lo que Sabino Arana esbozó en sus cuadernos de cárcel era peor, pues miraba al este, como el antiguo caserío Abina y todos los del mismo lado de la ría. No tuvo suerte el hombre, que murió viviendo de alquiler y a partir de entonces y hasta hoy ni un recuerdo suyo en el entorno de lo que en un plazo indeterminado a partir de 2008 iba a ser el Guggenheim de Urdaibai. Por cierto, ¿el edificio iba a mirar al Norte? Desde la casa en la que murió Sabino estando de alquiler se hubiera podido ver el mar, aunque no lo tengo muy claro, nunca he estado. Para la próxima échenle un vistazo.

 

 

 

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lunes, 12 de enero de 2026

Curar el Sufrimiento

Desde Gara traemos a ustedes la traducción de este reportaje centrado en un colectivo muy particular que año con año participa en la movilización anual de enero por la calles de Bilbo en solidaridad con los presos políticos vascos; sus hijas e hijos, a su vez represaliados políticos y víctimas de las políticas penitenciarias de excepción que se han aplicado a sus madres y a sus padres como parte de una estrategia diseñada por el estado español para infligir el mayo daño posible a la sociedad vasca.

Recuerden, esos jóvenes vivieron sus infancias sometidos a las inclemencias causadas por medidas como la dispersión, el aislamiento, la ampliación de las penas y la negativa a la concesión de segundo y tercer grado, etcétera.

Vaya, hasta la prohibición de hablar euskera durante sus visitas a los centros penitenciarios.

Adelante con la lectura:


Volver a casa para cerrar el ciclo del sufrimiento, la demanda de los más jóvenes

Los jóvenes nacidos en torno al año 2000 siguen sufriendo las consecuencias del conflicto y las siguientes generaciones se movilizaron ayer en Bilbao para no sufrirlas. “No se puede alargar más”, lo tienen claro, y para ello consideran necesario acabar con la legislación de excepción, que todos vuelvan a casa y que ellos mismos cuenten lo ocurrido.

Iraitz Mateo Gogorza

Conocen bien la calle Autonomía de Bilbao Eztizen Artola Iturrate, Amaiur Iragi Viso y Peru Del Hoyo Sánchez. Recuerdan a la gente, el frío, los aplausos, las pegatinas, los familiares, los ojos mojados y los rayos de luz. No recuerdan cuándo acudieron por primera vez a la movilización de enero en favor de los presos y exiliados vascos, pero saben que fue «muy niño». Cuando empezó el año pasado le preguntaba a su madre, nerviosa: «¿ Vendrá la gente? ¿Cuántos autobuses vendrán ?». La propia movilización se ha sentido “compañera de viaje”, ya que el calor de la gente ha sido grande todos los años. Artola también tiene recogidas entre sus recuerdos de infancia las concentraciones de Etxerat que celebraban todos los martes en el Arriaga, y Del Hoyo también tiene solidaridad y apoyo desde la infancia, ya que su padre ingresó en prisión cuando él tenía mes y medio.

Desde niños han sido niños con mochila y conocen bien los achaques provocados por la legislación de excepción, las prisiones, los viajes y el nerviosismo y la fuerza que les ha dado la cita anual en Bilbao. “No se puede alargar más”. Ese ha sido el lema y la exigencia de este año, los tres jóvenes se suman totalmente al clamor. Están convencidos de que su generación debe ser la última en sufrir estas consecuencias. Porque ya se ha alargado demasiado, y no, no se puede alargar más. Pero, a la verdad, les cuesta mucho imaginar la “solución”, dibujar el día en que puede existir una verdadera paz, aunque enumeran los pasos a seguir inexorablemente.

“Los niños con mochila hemos sufrido en carne y hueso el hambre de venganza de los estados español y francés desde el momento en que nacimos y sabemos para qué son capaces. Cuando hablamos de solución, además, yo no hablo sólo de una Euskal Herria sin presos, exiliados y deportados políticos, yo hablo de una Euskal Herria libre ", ha explicado Artola. Y Iragi añade que algunos de los que están actualmente en prisión están siendo abuelos, “está sumando otra nueva generación, algunos de los que fueron niños con mochila están siendo madres, es el caso de un compañero que iba conmigo a las visitas, y el padre todavía está en prisión”. No obstante, Iragi destaca que en los últimos años se ha “avanzado mucho” y considera que dar continuidad al camino recorrido debe ser responsabilidad de todos.

Quince años después del fin de la lucha armada de ETA, el hecho de que la gente no tenga derecho a volver a casa "no tiene sentido" para Del Hoyo: "Yo siempre he pensado que la cárcel no sirve para nada, menos cuando se pone de rabia, no son un instrumento de reinserción, aunque algunos así lo venden, las cárceles son una venganza. Y hoy en día, mantenerlo en la cárcel por motivos políticos no tiene sentido. Si se quiere acabar con la violencia, lo que está claro es que una de las partes ha terminado, y la otra lo sigue haciendo ". Para Artola, a pesar de que las condiciones penitenciarias han mejorado, “la cárcel sigue siendo una prisión”: “Acabada la lucha armada hace quince años, ¿cómo puede entender que los niños que hoy tienen siete años van a mantener a su padre o a su madre en la cárcel?”.

La ignorancia, tan grave como natural

Para el niño de siete años la situación puede ser incomprensible, el joven de diecisiete años, igual no conoce esa realidad o se le queda lejos, así lo cree Del Hoyo: «Es natural, la gente que no ha sufrido no ve el sufrimiento, y a lo mejor lo estamos olvidando. La juventud en general no sabe lo que ha pasado, los padres no se lo han contado, en la ikastola tampoco, si no tienen algún compañero muy politizado o víctima, no se habla de eso. Eso me da pena, ¿en qué película aparece nuestra vida ?». Y al mismo tiempo le parece «natural»: «Cuando murió mi padre, pensando en mi salud, me aparté un poco, no directamente, pero sí un poco. Y ahí entendí lo fácil que es no mirar, o no ver, y seguir haciendo tu vida».

A Artola le preocupa ese desconocimiento, «no tanto el desconocimiento de lo que hemos vivido los niños con mochila, sino el hecho de no cuestionar el relato de ‘delincuentes y víctimas 'que se ha construido sobre el conflicto. Muchos de mis mayores han visto ‘Patria ',‘ La Infiltrada', ‘La línea invisible '... y cosas así de principio a fin. Y al terminar, ¿qué habrán pensado? ¿Habrán buscado algún otro relato? ¿Cuántos de ellos han visto ‘Inviernos Cercanos ',‘ Canción de cuna de cebolla', ‘Carpetas Azules ',‘ Nuestras Palabras', por ejemplo? ¿Cuántos han leído ‘Gurpilak 'o‘ Sorginak, putak, terroristak' de Olatz Dañobeitia ?». Cuando acude a los institutos a presentar la novela ‘Gurpilak 'que publicó el año pasado con Txalaparta, cuenta que la mayoría le mira “atónita”, “les cuesta entender que se haya alargado hasta la actualidad, y quién sabe cuándo se puede alargar. Precisamente por eso debemos seguir contando lo que está sucediendo, completando el relato, profundizando en la historia reciente de este país expresando nuestras verdades y nuestros dolores ”. La misma preocupación tiene Iragi, que dice que “en el momento en que se interrumpe la transmisión también se interrumpe la lucha” y advierte: “Yo, como familiar, como reconozco y entiendo los dolores de los demás, no podemos permitir que nuestro relato quede fuera, todos tienen que estar encima de la mesa”.

Relatos plurares

Los tres consideran que todos los relatos deben ser escritos y difundidos, y lo sitúan entre las prioridades en la lista de tareas, pero al hacerlo consideran imprescindible acabar con la legislación de excepción y «volver todos a casa». Forman parte de la generación politizada en el nuevo ciclo político y necesitan acabar con las consecuencias de la anterior para seguir adelante, para esa Euskal Herria libre antes citada. Artola lo tiene claro: "La vuelta a casa es el paso básico para empezar a curar el sufrimiento, son los cambios reales los que abrirán nuevos caminos".

En ese camino, el reconocimiento para cerrar el ciclo del sufrimiento juega un papel importante. Pero no el reconocimiento vano, Artola no lo quiere, pero "el reconocimiento, la reparación y las garantías de no repetición, hacen suyas esas exigencias".

Tras confesar que lo de la confesión le produce «pereza», Del Hoyo habla desde dentro: «A mí el perdón no me sirve de nada, un perdón no devolverá a mi padre. Pero me gustaría al menos pasar a la historia y que la gente supiera que España ha torturado; que la dispersión no ha tenido sentido, o que si lo ha tenido, no han sido motivos éticos, y que España ha asesinado». Cuenta cómo para un documental le preguntaron si sabía lo que había hecho su padre, contestó honestamente: «Pues no, porque no he tenido la oportunidad de mantener una conversación con mi padre los dos solos y sin que haya nadie, y yo no quiero saber lo que dice ‘El Correo 'sobre mi padre, yo quería hablar con él».

Su padre murió en la cárcel de Badajoz en julio de 2017, o como él mismo ha dirigido, «fue asesinado por la cárcel», sin embargo no tiene hambre de venganza, «la venganza o el odio acaba haciendo más daño a uno mismo. El odio beneficia a los responsables de estas políticas de excepción y penitenciarias, a los que instrumentalizan ese odio para ganar más votos». En consonancia con el lema de que no se puede alargar más, cree que el odio tampoco puede pasar de generación en generación, "quizá algunos ya tenemos ese odio y no podemos hacer nada, pero transmitirlo no traerá nada bueno".

Convencido de que estamos en el camino y en la época del desalojo de las cárceles, el golpe ha sido la sentencia confirmada esta semana por el Tribunal Supremo contra los abogados del caso 13/13. Iragi no entiende que ahora que se están vaciando las cárceles se vuelva a encarcelar a esos miembros. “En 2026 ingresarán en prisión cuatro abogados, Arantza [Zulueta], nuestra vecina durante siete años y medio. Es inaceptable, nos hablan de paz mientras las cárceles se llenan ", dice Artola con dolor.

De qué y de dónde salen los jóvenes

En la de ayer pasó la cita anual en el álbum de su memoria desde pequeños, volvieron a sentir la Autonomía llena de solidaridad, escucharon los aplausos y dieron los abrazos. Con la esperanza de que sea la última generación que sufra ligada al conflicto de muchos años y a la resolución de sus consecuencias, y con el compromiso de seguir luchando, han hecho un llamamiento al nuevo año. Iragi: «Cada uno en la medida de lo posible, tanto joven como adulto y anciano, debemos avanzar todos juntos. Y creo que pronto tendremos que volver a ver esa colectividad, porque está claro que no vienen tiempos tiernos».

Considerando que existe un abismo entre la resolución de las consecuencias del conflicto armado y las generaciones más jóvenes, Eztizen Artola tiene clara la función de los jóvenes: tomar las calles. «Me parece que es responsabilidad de los jóvenes poner las calles patas arriba cuando van a seguir llenando las cárceles [se refiere al asunto 13/13]. Nos toca organizarnos y luchar para que todo esto acabe de una vez».

El galdakoztarra también ha hecho un llamamiento a la lucha: "Cada uno sabrá cuál es su lucha, pero nos toca seguir luchando y tenemos que unirnos, la lucha personal está bien, pero colectivamente tenemos más fuerza. Y hay que elegir bien contra quién o contra qué luchar». Del Hoyo ha concluido con el mismo clamor adoptado ayer por las calles de Bilbao para seguir adelante con los procesos y proclamas del nuevo ciclo político: «Denak etxera».




sábado, 10 de enero de 2026

Mojarse por los Presos

Con la resolución en contra de los indiciados en el sumario 13/13 en la mente, miles de personas han desafiado las inclemencias del tiempo para marchar por las calles de Bilbo reclamando el final de la legislación de excepción que el estado español mantiene en contra de decenas de presos políticos vascos. 

Si a eso agregamos que se reporta en varios medios del estado español que José Luis Rodríguez Zapatero se ha dedicado los últimos meses a negociar la liberación de golpistas detenidos en Venezuela, el asunto pasa de los paradójico a lo irónico.

Aquí la crónica publicada por Naiz:


Una multitud se moja en Bilbo por el fin de la «injusta legislación de excepción» carcelaria

Acabar con las legislaciones y prácticas de excepción carcelaria es la demanda que ha unido en Bilbo a decenas de miles de personas a convocatoria de Sare, unas 65.000 según el recuento de NAIZ, en un contexto de avances pero también de riesgos. «No se puede alargar más», han proclamado.

Marcel Pena

La lluvia no ha servido de excusa para que, un año más, decenas de miles de personas hayan respondido este sábado en Bilbo a la convocatoria de Sare y hayan salido a la calle para pedir el fin de la «injusta legislación de excepción» que sufren los presos vascos. La calle Autonomía se ha vuelto a llenar, esta vez para expresar la reivindicación de que ya es hora de sellar las consecuencias del conflicto, con tres claves: «Resolución, paz y convivencia».

La mañana ha estado marcada en Bilbo por la intensa lluvia, pero no ha sido impedimento para que a las 17.00 decenas de miles de personas hayan tomado la calle Autonomía desde La Casilla, mientras algunas otras han preferido esperar en la zona del Ayuntamiento, donde ha concluido.

La marcha ha ocupado unos dos tercios del recorrido. Cuando la cabeza ha llegado al Ayuntamiento, exactamente a las 17.59, las últimas filas estaban todavía en la calle Autonomía, a la altura del cruce con la calle Ávila. Ello supone una ocupación espacial algo mayor que la del año pasado, cuando llegó hasta la calle Enrique Eguren, algo más cerca de Zabalburu.

Calculando que la densidad ha podido ser esta vez algo menor por la proliferación de paraguas, NAIZ estima una participación de unas 65.000 personas, muy similar a la de los tres últimos años, confirmando que esta reivindicación social es muy estable. Ha vuelto a ser la mayor movilización política del año en Euskal Herria. Y con la dificultad añadida de la mala climatología, que ha podido hacer retraerse a muchas personas.

Minutos antes del inicio, los representantes de las formaciones políticas y organizaciones sociales y sindicales que han acudido a Bilbo han hecho declaraciones a los medios, en las que han coincidido en su deseo de que este sea el último año en que tengan que acudir a esta movilización.

EH Bildu, que ha enviado una amplia delegación encabezada por su secretario general, Arnaldo Otegi, el portavoz parlamentario, Pello Otxandiano, el senador Gorka Elejabarrieta, la portavoz de la formación en Nafarroa, Laura Aznal, y la secretaria de EH Bildu en ese herrialde, Miren Zabaleta, entre otros, ha puesto en valor «la apuesta de la sociedad vasca por la paz, la resolución y la convivencia» y ha destacado que, «un año más, una amplia mayoría de la sociedad vasca ha expresado su firme compromiso en favor de la paz, la resolución y la convivencia». La coalición soberanista se ha comprometido a «seguir trabajando para que se haga realidad» y ha subrayado que «la paz, la resolución y la convivencia requieren necesariamente que no haya presos políticos en las cárceles».

El secretario general de ELA, Mitxel Lakuntza, ha señalado que no «hay ninguna explicación política ni jurídica para justificar la excepción penitenciaria» y ha reivindicado que «la ley tiene que ser igual para todos, por razones democráticas y de derechos humanos».

Su homóloga de LAB, Garbiñe Aranburu ha recordado que hace 15 años que ETA finalizó su actividad armada y que es «está fuera de lugar que todavía tengamos que estar aquí» y que «no se adopten medias para superar los obstáculos para que los presos y exiliados vuelvan a casa». Ha mencionado también la ratificación de la sentencia del sumario 13/13 esta misma semana, «otro anacronismo», y ha llamado a reforzar la presión social. «para obligar a los gobiernos» a dar pasos.

Desde Catalunya, el diputado de Junts Josep Pagès ha señalado que en Catalunya la situación de los presos «nos concierne de forma muy directa». «Sus derechos tienen que ser respetados, no es aceptable este régimen penitenciario especial. Que termine de una vez», ha revindicado.

Kènia Domenech, de ERC, ha querido acompañar al pueblo vasco en esta reivindicación y ha tenido un «pensamiento especial» para la presa Lola López Resina, vecina de Granollers, «la pesa política del Estado español con más edad». 

El secretario primero de la Mesa del Congreso español, Gerardo Pisarello (Catalunya en Comú), ha destacado que es importante acompañar a Sare «en un momento en que la internacional del odio intenta desplegar sus políticas de utilización arbitraria de la violencia» y, tras exigir que «se aplique la ley penitenciaria a los presos y presas vascos de manera garantista», ha mostrado su deseo de que esta marcha se convierta «en un antídoto contra esos discursos represivos que la ultraderecha está intentando imponer en el mundo entero. Bilbao es hoy esa capital antireprresiva que todos necesitamos».

Por parte de la CUP, Su Moreno ha dicho que «es momento de defender los derechos básicos que están siendo cuestionados». «No valen medias tintas, hay que seguir luchando por los derechos de todos y todas y por libertad y soberanía de los pueblos».

Desde Catalunya también han tomado la palabra representantes de la ANC y de Òmnium Cultural, para destacar que «hasta lograr la autodeterminación y la libertad de los presos no habrá justicia», y reivindicar «los derechos fundamentales y el fin del sufrimiento provocado por las políticas penitenciarias, que son una cara más de la represión contra la disidencia».

Asimismo, Cèsar Lagonigro, de la Coordinadora de la Advocacia de Catalunya, ha apoyado la «reclamación legítima» de que se aplique a los presos la ley penitenciaria de forma ordinaria. «Que sea la última vez que venimos».

Desde Galicia, Paulo Ríos (BNG), ha afirmado que «tras los pasos dados por la sociedad vasca en los últimos años es necesario que las instituciones respondan a esta necesidad de democracia, paz y convivencia» y «es fundamental que los derechos básicos de los presos sean respetados».

Pancarta plural

La cabecera ha arrancado puntual, cuando pasaban pocos minutos de las 17.00. En ese momento, miles de personas ya abarrotaban la plaza de la Casilla y los primeros metros de acera de la calle Autonomía, tomada por la reivindicación y los gritos de «Euskal presoak etxera!». Mientras tanto, los colaboradores y encargados de la organización de la marcha abrían paso por delante del grupo de zanpantzar que animaba el paso y la pancarta principal, llevada por personas que reflejan la pluralidad de esta reivindicación. En ella estaban Arantxi Padilla (periodista), Olatz Iglesias y Amaiur Iragi (familiares de presos), Rosa Rodero (víctima de ETA), Ixone Fernandez (víctima del Estado), Eba Ferreira (Harrera), Fouad Baker (jurista palestino), Garazi Hanch Embarek (activista saharaui), Xabier Amuriza, Xabat Illarregi y Aitor Etxeberriazarraga (bertsolaris, los dos últimos han intervenido al final de la marcha), Francis Diez (cantante de Doctor Deseo) y Hur Gorostiaga (director de Seaska).

Detrás se han colocado los familiares de presos y presas. Y junto a ellos, miles de personas de todas las edades, muchas de ellas jóvenes. Sare y Etxerat han hecho hincapié esta vez en la idea de que este problema no debe pasar a otra generación más.

La marcha ha sido apoyada desde el ámbito político por EH Bildu, Podemos Euskadi, Sortu, EA, Alternatiba, EH Bai, Junts, ERC, CUP, BNG, Més Per Mallorca y Catalunya en Comú. El respaldo sindical resulta más abrumador: se han adherido ELA, LAB, ESK, Steilas, Hiru, EHNE, CGT, CNT y Etxalde.

La espectacular fotografía desde Zabalburu que cada año da fe del grito unánime por un futuro sin presos políticos ha estado esta vez protagonizada por los paraguas. La lluvia no ha dado tregua en todo el recorrido, lo que no ha servido como excusa para que decenas de miles de personas hayan salido a la calle un año más respondiendo a la convocatoria de Sare. Un día gris y frío que multiplica el valor de la imagen que hemos visto en Bilbo.

Como viene siendo habitual, a su llegada a la plaza Zabalburu, la marcha ha parado unos instantes para que los portavoces de Sare Bego Atxa y Joseba Azkarraga hicieran declaraciones. «Esta es la expresión democrática de una reivindicación democrática, cuando decenas de miles de personas, año tras año, salen a la calle reivindicando derechos para los presos y presas, es porque se están vulnerando esos derechos. Hace 15 años que ETA tomó decisión de poner fin a su actividad, y 15 años después se siguen vulnerando los derechos de los presos y presas vascos; hay que poner punto final a esta vulneración», han proclamado.

Han recordado que en estos momentos hay 120 presos y presas todavía en las cárceles; y que entre ellos hay 40 presos que llevan más de 20 años privados de libertad y hay más de 21 que están por encima de los 25 años de cumplimiento de las penas», por lo que muchos de ellos podrían estar en régimen de libertad condicional o régimen abierto «si no estuvieran bajo la aplicación de medidas de carácter excepcional». Por ello, han reclamado al «ámbito legislativo y al ámbito político poner fin a esta situación».

Junto a ello, han destacado que hay que «diseñar un marco final de resolución de este conflicto», que tiene que contemplar el fin de las medidas de excepción, la salida de todos presos mediante la aplicación ordinaria de la legislación penitenciaria, y un tratamiento «homogéneo y respetuoso» de las víctimas de todas las violencias.

Denominador común

El denominador común de la protesta es combatir unas leyes y prácticas «ad hoc» contra estos presos y presas, que hacen que hoy haya todavía 67 entre rejas desde hace más de 20 años, 44 a quienes se niega la opción de cualquier tipo de salida, 15 mayores de 65 años... Todo ello en una semana en que se ha confirmado además la condena de cárcel a abogados que les asisten. Y sin perder de vista la posibilidad de que se produzca un vuelco político en el Estado español que complique aún más la que debiera ser «recta final» de este conflicto.

En Hurtado de Amézaga, donde acaba la plaza Zabalburu y la calle se ensancha, las aceras aparecían más despejadas de gente, lo que quiere decir que el grueso de la marcha ya estaba formado tras la pancarta. Aquí, ante la estación de Abando, militantes de Ernai han encendido varias bengalas tras una pancarta en la que se podía leer «Iraganera iltzatuta biziko den azken belaunaldia».

Como también viene siendo habitual en esta cita solidaria, reivindicaciones internacionalistas se han intercalado a lo largo del recorrido. En concreto, en la plaza Circular un grupo de personas con banderas de Venezuela y una pancarta con los ojos de Hugo Chávez denunciaba la «agresión imperialista yanqui», mientras sostenían carteles que pedían la libertad del presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores. Pocos metros más adelante, las banderas palestinas hacían acto de presencia para denunciar el «negocio» de CAF con el «genocidio».

La movilización ha continuado bajo la lluvia y la cabecera ha llegado al Ayuntamiento a las 18.00. Antes, en el puente que une la calle Buenos Aires y la plaza Ernesto Erkoreka, los zanpantzar han formado un pasillo de antorchas, manteniendo encendido el fuego bajo la lluvia de la misma forma que miles de manifestantes han desafiado la tormenta con su presencia en Bilbo.

Ambos lados del puente del Ayuntamiento se han llenado rápidamente para escuchar, en primer lugar, a los bertsolaris Xabat Illarregi y Aitor Etxebarriazarraga, quienes han mencionado en sus bertsos a los abogados Arantza Zulueta y Jon Enparantza, que esta misma semana han visto confirmadas las condenas por el Tribunal Supremo español.

A continuación han tomado la palabra Bego Atxa y Joseba Azkarraga, que han intercalado su discurso en euskara y castellano y que han insistido en que la excepcionalidad penitenciaria no se puede prolongar más y «hay que darle salida ya» porque «hablamos de la vulneración de derechos humanos, de parar las injusticias y las legislaciones de excepción» y porque «hablamos de tejer la convivencia reconociendo nuestra pluralidad». 

«En la recta final»

Atxa y Azkarraga, que también han trasladado su solidaridad a Zulueta y Enparantza, han puesto en valor que desde 2023 se han ido dejando atrás el alejamiento, la dispersión y el cumplimiento en primer grado penitenciario de las condenas de las presas y presos. Ahora «estamos en la recta final» y «vamos consiguiendo los objetivos que nos marcamos en 2014: el fin de la vulneración de los derechos de los presos y presas vascos, y la aplicación de una legislación penitenciaria ordinaria que posibilite su regreso a casa para poder rehacer sus vidas».

Pese a ello, han advertido de que este es «un proceso inacabado», por lo que «solo si reivindicamos juntos los derechos humanos pondremos punto final a décadas de confrontación y sufrimiento». En ese sentido, se han mostrado convencidos de que «el compromiso de la sociedad vasca hará posible la resolución, la paz y la convivencia».

«No se pueden alargar más situaciones injustas. Son demasiados años de confrontación y sufrimiento que han abocado a nuestro Pueblo a una convivencia quebrada», han subrayado.

Los coportavoces de Sare han incidido en la necesidad de construir una «convivencia democrática y normalizada, basada en el reconocimiento y respeto del otro, y en los derechos de las personas», un objetivo en el que solo sobran «quienes se empeñan en utilizar el dolor y sufrimiento de las víctimas por intereses partidistas o se empeñan en defender diferentes categorías de víctimas», «quienes se empeñan en mantener la vulneración de los derechos penitenciarios», «quienes piden autocrítica a otros pero se niegan a realizar su propia autocrítica, sea por torturas sistemáticas practicadas, sea por terrorismo de Estado, sea por leyes especiales», y «quienes basan su estrategia en la venganza y el odio».

Atxa y Azkarraga han destacado que una sociedad «que aspira a ser verdaderamente democrática no puede negar el derecho de los presos a normalizar sus vidas, a abandonar las celdas, a cumplir penas en régimen abierto o simplemente a volver a sus casas». «No se puede exigirles nada que vaya más allá de lo que la legislación ordinaria requiere de toda persona privada de libertad», han insistido, para reivindicar a continuación la aplicación de una política penitenciaria ordinaria que permita «abrir las puertas de las celdas».

En su intervención, han apelado también a hacer «una reflexión colectiva» para poder construir «una memoria colectiva del conjunto de vulneraciones de derechos en nuestro país», porque «una paz sin violencia, pero con injusticias y desmemoria, no sirve». Así, han citado las 16 personas fallecidas en las carreteras cuando acudían a visitar a sus seres queridos, los 35 presos muertos en prisión... y han exigido respeto al dolor de las víctimas, no minusvalorar ni «instrumentalizar su sufrimiento por intereses partidistas», así como «el mismo reconocimiento para las miles de personas torturadas; a las asesinadas por las fuerzas de seguridad, para las víctimas de todas las violencias, incluidas las víctimas de una política penitenciaria diseñada para quebrar el alma y los cuerpos de los presos vascos y de sus familias». «Estas víctimas existen y muchas estáis hoy aquí, aunque quieran haceros invisibles», han proclamado.

Para terminar, han instado a «sellar y poner fin a todas las consecuencias del conflicto». «Enfilamos la recta final de un proceso muy largo y dificultoso. Aún nos queda un camino por recorrer. Y si en algún momento sentimos que nos cansamos, aprendamos a descansar, pero nunca a renunciar. Se lo debemos a las generaciones pasadas, pero sobre todo debemos dejar a las generaciones futuras una sociedad mejor que la que nosotros recibimos de nuestros mayores. Ezin da gehiago luzatu. Preso, iheslari eta deportatuak etxera», han concluido.

Un Pantxoa Carrere emocionado y Olaia Inziarte han puesto colofón al acto final interpretando la canción ‘Azken dantza hau’.

 

 

 

Egaña | Presos, Exilio y Deportación

Insistimos, más aún tras conocerse el más reciente capítulo en la saga de los encausados en el sumario 13/13, mismo que muestra el encono por parte del imperialismo españolista en contra del pueblo vasco.

E insistimos porque la actitud pendenciera por parte de Madrid a tantos años de haberse producido el desenlace del Proceso de Desarme, Desmovilización y Reinserción en lo que concierne a ETA, las medidas draconianas se siguen repitiendo mientras que el relato, si uno pone atención a lo que dicen personajes como Alberto Alonso, se vuelve cada día más desvergonzado.

En ese contexto, presentamos a ustedes este texto de la autoría de nuestro amigo Iñaki Egaña:


Presos, exilio y deportación

Iñaki Egaña

Algún día habrá que contar, quizás con la Inteligencia Artificial o más rudimentariamente con un Excell o similar, los años de presidido que han sufrido ciudadanos y ciudadanas vascas por motivos políticos. No me atrevo siquiera a aventurar el resultado pero, entre el siglo XX y lo que vamos del XXI, el desenlace numérico superará el centenar de miles de años. Únicamente desde 1960 más de 9.000 hombres y mujeres ingresaron en prisión, con condenas breves algunos, por no pagar multas durante el franquismo, aunque también con otras de larga duración que fueron indultadas en 1977 tras la instauración del nuevo sistema político español. Antes, tras el golpe de Estado de 1936, unos 60.000 republicanos y abertzales fueron detenidos e internados en cárceles dispersas, campos de concentración o destinados a batallones de esclavos. Entró en presido una nueva generación y el código penal de 1973 menguó condenas de 30 años con la aplicación del mismo y las redenciones, eliminó la pena de muerte posteriormente y en 1995 los derechos penitenciarios fueron suprimidos y las condenas se cumplieron en su integridad con el añadido de la STS 197/2006 que las hizo retroactivas, hasta la derogación del TEDH ya en 2013. En 2003, las penas fueron elevadas hasta los 40 años, sin posibilidad de redención de penas. Hubo, en estas épocas asimismo, miles de detenidos pero no condenados a pesar de cumplir meses, incluso años en prisión. Durante el franquismo, Jacinto Ochoa Marticorena (Uxue, 1917-1999) fue el preso vasco que más tiempo estuvo encarcelado, 26 años. Protagonizó dos fugas de Ezkaba, en la primera de las cuales, las fuerzas fascistas mataron a 206 de los presos huidos. En la actualidad, varios presos vascos llevan encarcelados más de 30 años, alguno hasta 37.

La segunda condena la sufrieron sus familias. En épocas recientes, 20 familiares fallecieron cuando viajaban a ver a los suyos encarcelados. Millones de kilómetros recorridos. Suicidios, palizas en prisión, en traslados… A finales de 1937, un convoy ferroviario que trasportaba presos sufrió un accidente en Alanís (Sevilla). No se sabe con certeza cuantos muertos hubo, quizás 75, la mayoría de origen vasco. En el siglo XX sus familiares desconocían la suerte de los suyos, dados por desaparecidos. Sus descendientes, ya entrado el XXI, supieron que los cadáveres habían sido arrojados a fosas comunes, sin nombre. La relación de la población vasca con la prisión ha sido históricamente tan “normalizada” que cuando el conde de Lerín atacó varias localidades defendidas por navarros fieles a su corona, un sacerdote de Mendavia se preocupó por algunos de sus vecinos encerrados por el conde en una ciega del castillo de Tudela. El euskara la adoptó de inmediato y, así, ziega es celda.

El exilio ha sido también tremendo, con menor visibilidad por la dispersión, la falta de noticias y la imposibilidad, en algunos casos, de establecer redes comunitarias. En el último medio siglo fueron más de 3.000. En tiempos de la guerra civil, el Gobierno del lehendakari Agirre cifró en 151.000 los exiliados gestionados por su Ejecutivo, a los que habría que sumar varios miles de navarros. Es cierto que la mayoría retornó al inicio de la Segunda Guerra mundial, pero unos 16.000 fallecieron lejos de su patria, sin haber regresado previamente. Especialmente trágica fue la suerte de miles de niños, evacuados previamente a la URSS, Bélgica, Estado francés o Reino Unido. Aún, casi 90 años después, el eco de aquellas tragedias nos retumba. Hace unas semanas, familiares de Víctor Areta Amenabar, un donostiarra que en 1937 tenía apenas seis años, se pusieron en contacto conmigo para conocer su paradero, o al menos su esquela. Sus tres hermanas habían sido evacuadas con él, pero la invasión de la Alemania nazi de la URSS, dispersó a los cuatro. Teresa, Carmen y Begoña Areta retornaron a Donostia. Víctor, en cambio, de refugio en refugio, se instaló en 1954 en Vekshor, construyó una casa de madera y se dedicó a pescar y cazar en los bosques cercanos. Amplió su vivienda que la convirtió en granja para criar cerdos y cabras y compuso una familia numerosa. Su hermana Begoña mantuvo una relación epistolar pero cuando falleció en 2006 se rompió. ¿Vive Víctor? ¿Y sus hijos? El desamparo de la ruptura.

La deportación, como la prisión o el exilio, tiene también un poso histórico en Euskal Herria, a ambos lados de la muga. En época colonial, Madrid deportaba a los vascos a Cuba, Puerto Rico y Filipinas. Más tarde a Marruecos, Guinea, Sahara y Fernando Poo. En el Estado francés, la histórica fue a Kanaky, casi en la antípodas, luego durante la ocupación nazi y el Gobierno de Vichy, a fabricas alemanas. La mitad de los requeridos como mano de obra huyó y un centenar murió en Alemania. En la España de Franco, huelguistas, dirigentes obreros, activistas, abogados… fueron deportados por la Península, lejos de su localidad natal. Desde enero de 1984, decenas de exiliados vascos fueron deportados por París a Cabo Verde, Sao Tomé, Panamá, Ecuador, Venezuela, Togo y Argelia. En julio de 1999 un accidente de aviación segó la vida de familiares que retornaban de Gasteiz del deportado en Cabo Verde Emilio Martínez de Marigorta. Su hijo Ibai, de tres años de edad, además de sus cuñadas Grazinda y Suset, y dos sobrinas fallecieron en el siniestro de un avión que cubría la ruta interior entre las islas de San Vicente y San Antón. Crónicas desaparecidas.

Hoy que el planeta aborda un nuevo ciclo con su reordenamiento correspondiente y de consecuencias imprevisibles, el nuestro particular parece envuelto en un bucle interminable. La cárcel, el exilio y la deportación sugieren continuar en una situación atávica, con recorridos que los conocemos de memoria. Bien es verdad que los datos nos muestran que las situaciones particulares y los dramas personales están más mitigados que en otras épocas. Pero ello no es óbice para que sigan existiendo y necesiten de un cierre definitivo. La sociedad vasca merece aliviarse de esa aún pesada mochila.

 

 

 

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viernes, 9 de enero de 2026

Entrevista a Joseba Azkarraga

Con el contexto de lo recientemente ocurrido en el caso del Sumario 13/13 y en vísperas de la manifestación anual de enero en Bilbo, les compartimos esta entrevista a Joseba Azkarraga de la plataforma Sare, misma que ha sido publicada por Naiz:


«Estos presos y presas tienen derecho a una aplicación de la ley sin excepciones»

La «luz al final del túnel» asoma aún lejos en la mirada de largo alcance de Azkarraga, implicado a tope en Sare desde su inicio tras muchos años de responsabilidades políticas e institucionales. Sigue siendo un túnel, apuntalado con trabas de Madrid y recorrido por Lakua con el freno echado.

Ramon Sola

Este 2025 no ha habido mucha información sobre el desarrollo de la vía legal. ¿En qué punto estamos?

Desde Sare nos gustaría poder decir que estamos en la recta final y que se ve la luz al final del túnel. Pero es aún una recta muy larga, donde encontraremos muchos obstaculos y que deberemos ir salvando con el apoyo de una parte importante de la sociedad vasca. Venimos de una situación muy dificil y vulneradora de muchos de los derechos que deberían asistir a los presos y presas vascos. Desde 2017 se ha trabajado desde el consenso de la mayoría política y sindical vasca y a ello se unió el cambio político en el Estado, con la llegada del PSOE al Gobierno, posibilitando avances.

Hay que tener claro, eso sí, que con carácter general los gobiernos no se mueven; hay que moverlos. En Euskal Herria la movilización social ha sido clave para transmitir que no estamos ante una reivindicación partidista, sino que es la reivindicación democrática de una gran parte de la sociedad vasca. Hablamos de derechos humanos y de su vulneración.

¿Se perciben esos avances en la calle o hay un punto de desconocimiento?

Es cierto que parece que fue hace años cuando se puso fin al alejamiento, a las celdas de castigo o a los cumplimientos de la totalidad de la condena en primer grado penitenciario. Y no, no hace mucho: 2022-2023 fueron los años más importantes para romper el nudo que nos ataba al inmovilismo. Se puso fin a la política de alejamiento tras más de 34 años de sufrimiento, se puso fin a un intento de los diferentes gobiernos de doblegar las voluntades no solo de los presos y presas, sino también de sus familiares. No lo consiguieron, aunque si de lo que se trataba era de causar dolor, lo consiguieron. Nunca hay que olvidar que en los accidentes de tráfico en el tránsito de los familiares a las cárceles hubo 16 personas muertas o que más de 30 presos han dejado su vida en cárceles alejadas de sus casas…..

¿Qué importancia tuvo la transferencia penitenciaria y cómo se está materializando? ¿Lo ve adecuado Sare?

Con la transferencia de la gestión penitenciaria a la CAV, desde 2021 se va poniendo fin a los cumplimientos de penas en primer grado penitenciario hasta el último día de la condena y se comienza a ir aplicando la legislación penitenciaria, aunque no sin muchas trabas, parones, cálculos electorales sobre si la aplicación de la legislación penitenciaria podría suponer una merma de votos al partido o partidos que gestionaban la política penitenciaria. Creo que se ha mirado mucho el que dirán la derecha y sus medios de comunicación afines y se ha tenido miedo a ser audaces en la gestión penitenciaria.

Algunos ejemplos de lo que digo. En el ámbito político a nivel del Estado no se han derogado las leyes de excepción, absolutamente obsoletas. Y en el caso de la CAV, las autoridades penitenciarias, en las oportunidades que han tenido para reinterpretar estas legislaciones de excepción, no siempre han elegido la opción que, siendo perfectamente legal, era la más adecuada y justa para los presos. Se han quedado con la interpretación más restrictiva. Y otra cosa: la construcción de las rutas de vuelta a casa de las presas y presos vascos no se está haciendo con la filosofía que el Modelo Penitenciario Vasco implica.

La juez Inés Soria, que pilota este modelo desde Lakua, alegaba en estas páginas que se trata de delitos específicos y no veía que las condiciones especiales de progresión que se ponen a estos presos perjudique el objetivo de reinserción...

El problema está en lo que he apuntado: hay leyes de excepción que, aunque no sean derogadas, permiten una interpretación más flexible, acorde al Modelo Penitenciario Vasco que apuesta por el régimen abierto. Si cree que esas leyes pueden ser compatibles con el modelo, pues eso es lo que pedimos, que se hagan compatibles. Porque no ocurre en todos los casos...

Concretando, ¿todos estos presos deberían estar pisando la calle de uno y otro modo, con la ley en la mano?

Hoy deberíamos haber podido cerrar esta situación, porque la inmensa mayoría de los presos y presas de motivación política, por el tiempo de cumplimiento efectivo de sus penas, deberían estar en régimen abierto y en tercer grado penitenciario. Y no lo están porque se les continúa aplicando una política penitenciaria de carácter excepcional. En el ámbito legislativo, con la ley 7/2003 y el cumplimiento efectivo de las penas de hasta 40 años. En el ámbito judicial, con recursos de Fiscalía que, en menor medida que hace unos meses, aún siguen contra las decisiones de los profesionales de los centros penitenciarios cuando proponen la progresión a tercer grado. Y junto todo a ello, el mantenimiento de un Juzgado Central de Vigilancia Penitenciaria que depende de un tribunal de excepción como es la Audiencia Nacional. 

Algunos colectivos insisten en presentar todo esto como «beneficios» o trato de favor...

A los presos y presas vascos, cuando se les progresa de grado o alcanzan la libertad condicional o la aplicación del art. 100 –que les permite salir durante el día a trabajar–, no se les está regalando nada, ni se está incumpliendo ninguna ley. No. Se les está aplicando una ley que fue aprobada en las Cortes Generales, como es la LOGP.

Hay que decir aquí algo muy importante. Estos presos y presas en libertad no suponen ningún peligro para la sociedad. No hay ni un caso de reincidencia. Debería ser un argumento importante para que esos miedos inventados dieran paso a una gestión más ágil de una política penitenciaria humanista. A partir de ahí, no se les puede exigir a estos presos algo que no esté recogido en la legislación.

Hay otro elemento que nos parece necesario trasladar. La Administración Penitenciaria vasca debe homogeneizar el tratamiento que sus Juntas aplican a estos presos y presas. No es de recibo que haya alguna cárcel que, incumpliendo la normativa penitenciaria, no aplique salidas programadas o permisos penitenciarios hasta muy avanzado el cumplimiento de la condena. Otras sí lo hacen, como corresponde, desde el cumplimiento de la cuarta parte de la condena.

¿Cómo cree que se posiciona la sociedad en general ante todo esto? ¿Percibe el problema?

Una sociedad que aspira a ser verdaderamente democrática y madura no puede dar la espalda a los derechos de aquellas personas que buscan rehacer sus vidas y hoy o están en la cárcel, en el exilio o deportadas. Tienen derecho a volver a sus casas. Tienen derecho a normalizar sus vidas y tienen derecho a una aplicación de la ley sin excepciones. Son aún 22 los presos y presas, que con más de 25 años de cumplimiento de las penas, no se les han aplicado todavía ni permisos penitenciarios, ni salidas programadas, y mucho menos progresiones de grado. Y de los 44 presos que hoy están en segundo grado, el 50%, por el tiempo cumplido, deberían estar en tercer grado y régimen abierto.

¿La posición de ciertos grupos de víctimas de ETA es el mayor obstáculo de fondo para una solución definitiva?

Desde Sare nunca entraremos en debate y confrontación con las víctimas de la violencia. Tampoco con algunas asociaciones a las que se podría responder ante el cúmulo de falsedades que trasladan. No lo haremos, porque nos merecen todas ellas un respeto. Son muchos años de una convivencia quebrada y es hora de poder construir una convivencia normalizada, basada en el respeto a los derechos humanos. Debemos ser capaces de poder construir el futuro juntos, respetando al otro y sin obligar a nadie a olvidar lo que ha vivido. El dolor de las víctimas merece nuestro respeto. Y si en algún momento han podido sentir falta de sensibilidad hacia su dolor, por nuestra parte, lo sentimos, porque nunca ha sido esa nuestra intención.

Por ello, lo que sí hemos hecho siempre en Sare es denunciar la instrumentalización política que desde algunos ámbitos se hace de su dolor. Y citar a las víctimas olvidadas injustamente, porque el reconocimiento del dolor debe abarcar a todas, no pueden quedar fuera las que sufrieron torturas, persecuciones injustas, terrorismo de Estado... No podemos permanecer impasibles ante quienes defienden diferentes categorías de víctimas, de primera o de segunda depende de quién haya sido el causante de ese sufrimiento. ¿Quién es capaz de marcar diferencias entre el dolor de una madre de una víctima de ETA o el dolor de otra madre cuyo hijo o hija ha sido víctima del GAL, de la tortura o de la dispersión?

Siguen marcándose ‘suelos éticos’ diferentes...

El ‘suelo ético’ o es una exigencia que se realiza al conjunto de las fuerzas políticas o es un brindis al tendido. Esta exigencia debe ser también para quienes desde el ámbito político permitieron la tortura o el terrorismo de Estado y para quienes desde el ámbito judicial lo ampararon. De lo contrario, no servirá de nada, más que lavarse las manos de sus propias responsabilidades. Resulta un sarcasmo, por ejemplo, cómo desde algunas instituciones se montan festejos de exaltación de la Guardia Civil, intentando ocultar que es un cuerpo represivo que torturó sistemáticamente, incluso hasta la muerte.  

Convivencia es un concepto que Sare remarca mucho, también lo hicieron en las jornadas de octubre en el Euskalduna...

La convivencia en Euskal Herria no será fruto del olvido, sino de la voluntad compartida que tengamos de avanzar, porque convivir es aprender a mirarnos sin resentimientos ni ánimo de venganza. Desde Sare defendemos una sociedad donde las presas y presos de motivación política alcancen la libertad, vuelvan a sus casas, y en paralelo una sociedad donde el respeto, ayuda y reconocimiento se transmita a las víctimas de las diferentes violencias. Sin estas dos premisas, será muy difícil que cerremos tantas décadas de confrontación y sufrimiento.

Los vientos soplan en sentido contrario. ¿Hay un riesgo de retroceso en todos los avances que ha citado si PP y Vox toman el Gobierno español?

Sinceramente creo que no. Hay un riesgo en el ámbito global de libertades y avances sociales de estos años, pero en este ámbito no. Primero, porque la competencia la tiene la Administración penitenciaria vasca. Segundo, porque los jueces y fiscales que hay en la Audiencia Nacional serán los mismos, con o sin cambio de Gobierno. Podría influir en una tercera cosa, más a futuro; dificultar más las demandas recurrentes para que estos casos pasen a los juzgados naturales vascos y dejen de estar centralizados en el Juzgado Central de Vigilancia Penitenciaria de la Audiencia Nacional.

Llega la manifestación anual. ¿Qué le diría a quien piense que las cosas ya van rodando y no vea imprescindible movilizarse en Bilbo?

Es posible que así ocurra, que existan esas impresiones porque ven a personas presas que están saliendo con permisos, o durante el día con el 100.2... Por eso lo que intentamos hacer ver desde Sare o desde Etxerat es que queda todavía un camino por recorrer; que el marco final tiene que ser que no haya un preso o presa de motivación política en las cárceles; y que ese marco quedará inconcluso si no logramos un tratamiento de respeto y reconocimiento al dolor de todas las víctimas, incluidas las ‘desaparecidas’.

 

 

 

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