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sábado, 4 de octubre de 2025

Egaña | Dos Años que Estremecieron al Mundo

Nos acercamos al segundo aniversario de la acción que llevó la barbarie sionistas a cotas que en realidad no deberían de sorprender a nadie.

De la pluma de nuestro amigo Iñaki Egaña traemos a ustedes este recuento de lo que hemos estado siendo testigos:


Dos años que estremecieron al mundo

Iñaki Egaña

El 7 de octubre de hace dos años, cuando se cumplían 50 años exactos del Yon Kipur (la guerra que enfrentó a Egipto y Siria con Israel por recuperar el Sinaí y los Altos de Golán), el brazo militar de Hamás, el partido que había ganado las últimas elecciones en Gaza por mayoría absoluta, lanzó una ofensiva contra diversas ciudades israelíes. Paradójicamente, Tel Aviv había apoyado y fomentado en sus inicios a Hamas porque rivalizaba con la OLP de Yasser Arafat que acababa de apoyar la primera Intifada, la de las piedras contra fusiles. Tras unas acciones de señuelo, los comandos de Hamas y otros grupos palestinos penetraron, aquel día de octubre de 2023, en territorio judío, mataron a más de un millar de personas (entre ellos 373 soldados y policías) y secuestraron a otras 251, de las que 105 fueron intercambiadas por presos palestinos en noviembre pasado.

Es poco creíble que la inteligencia occidental, incluida la israelí, no tuviera conocimiento de los preparativos de Hamas, por lo que la tesis de “laissez faire” para luego desencadenar una ofensiva de castigo y luego genocida con el objetivo de hacer valer el mantra religioso-político del Eretz Yisra`el Hašlemah (Gran Israel), tiene credibilidad. También la tesis de subestimar al contrario -basada en la superioridad técnica y supremacista- ha sido una constante en los análisis de Occidente. Una posibilidad y la otra, no han condicionado la respuesta de Israel que ha destruido por completo a Gaza, ha matado a decenas de miles de sus habitantes, los ha desplazado y avocado a una hambruna letal. Frente a los ojos del planeta, replicando lo que fueron las conquistas coloniales de Europa sobre el resto del mundo. Con la diferencia de que entonces no había ni televisión, ni Internet.

En tiempo real, asimismo, hemos asistido al bombardeo por parte de Israel de Siria, Yemen, Líbano, Irán, Qatar… y Gaza y Cisjordania. Y el genocidio no está dirigido únicamente por Netanyahu. Desde 1948, año que Gran Bretaña cedió su colonia a Israel, la Palestina histórica ha recibido 7,2 millones de judíos. En ese periodo, un millón de palestinos detenidos y, únicamente en 2023, se produjeron 12.161 ataques de colonos israelíes contra palestinos. La Nakba, la limpieza étnica continuada, ha generado que la mayoría del pueblo palestino viva fuera de su tierra. Otra paradoja, mientras después de la Segunda Guerra mundial se produjeron descolonizaciones masivas a lo largo del planeta (1945-1962), tras conflictos que provocaron centenares de miles de muertos, Occidente colonizó Palestina, manteniendo el estatus hasta la actualidad.

Y esa colonización no ha concluido. Los esquemas de la misma son los que provocaron la devastación por Occidente de América, Asia, Australia y África en tiempos pasados: el despojo de sus recursos para elevar el nivel de vida de Europa, más tarde también el de su alter ego EEUU. Mandan las grandes corporaciones, los multimillonarios y sus empresas, cuyos negocios son el quid de genocidios, razias y expolios. En esta era digital, Gianis Varufakis ha implantado el término de “tecnofeudalismo, frente a otros como neoliberalismo, neofascismo o capitalismo salvaje, y focaliza en el concepto “feudalismo” muchas de las características de la época medieval. Los grandes señores feudales, regidos por criterios xenófobos, racistas y supremacistas (replicados por el nazismo) comparten espacio con esos que concentran en pocas manos poder y capital.

Estos dos años que han estremecido al mundo no han sido salpicados únicamente por las atrocidades cometidas por Israel. En EEUU, la segunda legislatura de Donald Trump ha puesto al descubierto todas las costuras de un sistema contaminado que no tiene remedio. Continuista de las políticas en el exterior de Joe Biden, su impronta avanza con amenazas de guerra en el Caribe y sobre todo, en el negacionismo absoluto de los males que aquejan a nuestra civilización. En ese “mirar para adentro”, la autocracia que citó en campaña, ha legalizado las mordidas a través de los aranceles, está cambiando el sistema electoral para perpetuarse y criminalizando a la izquierda, incluso a la de Biden, que le abrió las puertas interiores y exteriores. Sus alianzas, en este revolcón, no han sido únicamente las de Milei en Argentina o Meloni en Italia sino que han ido más allá. Macron en París, proveniente de la Banca Rotchill, Merz en Alemania, ex directivo de fondo buitre BlackRock, Starmer en Reino Unido, Mark Rutte, ex Unilever, secretario general de la OTAN y Ursula von der Leyen, antigua ministra de Defensa y hoy presidenta de la Comisión Europea, forman el repóquer de halcones belicistas que aspiran a “revitalizar” la economía europea a través de la guerra. Mostrando una sumisión extrema a los poderes económicos de Washington que se refleja en su complicidad en el apoyo a Israel o en la negación de la diplomacia en el conflicto Federación rusa-Ucrania.

Y en casa mientras, siguiendo esta sumisión a los poderes económicos internacionales, se ha asentado el modo “Josu Jon”, el de aquel chantaje del consejero delegado de Repsol para retirar el impuesto a las petroleras, so pena de boicotear la transición energética. Esta semana, Eider Mendoza, gobernando Gipuzkoa con los votos de PNV, PSE y PP, ha tirado de la fórmula “Josu Jon”, para afirmar que eso del boicot a Israel está bien, excepto para la CAF. Y que de realizarse, la empresa cerraría o cambiaría de aires. No estamos gobernados por políticos, sino por consejos de administración de corporaciones multinacionales.

Por otro lado, estos dos años terribles han sido continuidad para una parte importante de la humanidad. Para ella, no son un par, sino décadas. Malnutrición, falta de agua, insalubridad… acaparan a una parte de la humanidad, mientras la otra busca refugio en centros de salud porque no saben qué hacer con su tiempo libre. De Sudán han sido desplazadas 12 millones de personas desde ese 2023. Menos de lo que nos cuesta un café, es el ingreso que tienen más de 700 millones de hombres y mujeres del planeta para vivir cada día.






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sábado, 31 de mayo de 2025

Egaña | Europa, Per Se

Inspirado en la fundación del asentamiento romano en la ciudad que hoy en día se conoce como Pamplona pero que nosotros denominamos Iruñea - la capital de todos los vascos - nuestro amigo Iñaki Egaña ha redactado el siguiente texto, mismo que ha puesto a disposición en su página de Facebook:


Europa, per se

Iñaki Egaña

Parece que ahora 2.100 años, el cónsul romano Cneo Pompeyo Magno fundó la ciudad de Pompelo sobre la vieja Iruñea, asentamiento vascón. Desde entonces, la configuración del territorio que hoy conocemos como Euskal Herria, pasó numerosas vicisitudes administrativas. Fue colonizado, resistió oleadas de invasiones, generó resistencias y, con los siglos, se convirtió en un crisol de culturas y en una singularidad europea, dando lugar a mitos y narrativas -algunos ciertos, otros fabulados-, que captaron la atención de viajeros y escritores que la convirtieron en la Shangri-La de Occidente. Superada la época romántica, la actualidad y la perspectiva nos permite acuñar los valores que han mantenido más o menos cohesionada a una comunidad que sigue siendo singular en Europa, a pesar de esos códigos culturales y sociales que nos uniformizan y nos convierten en replicantes de modelos prefabricados a lo largo del planeta. Ubicados en el sur de Europa, cada vez somos más europeos, a pesar de la paradoja de esta afirmación.

Durante las últimas décadas nos consideramos, a veces con cierta soberbia, el ombligo del mundo. En 2015, Serge Portelli, magistrado de la Corte de Apelación de Versalles, leyó en público un manifiesto por la paz en Euskal Herria, señalando que se trataba de “el último conflicto armado en Europa”. En esa época, Kiev lanzó una ofensiva contra los territorios de Dombás, tras el golpe de Estado de Ucrania de la élite neoliberal europea, el conocido como Euromaidán, anunciando una nueva brecha. El lema del territorio vasco como el último reducto bélico de baja intensidad, pasó a las anécdotas de la historia. Somos parte de Europa, indudablemente, pero apenas el 0,20% de su territorio, el 0,43% humano. También el 0,49% territorial de la Unión Europea, el 0,71% de su población. Euskal Herria tiene la superficie de Eslovenia, el doble que Líbano o el triple que la Palestina arrasada. Y los mismos habitantes que Puerto Rico, Moldavia o Namibia, tres veces los de Luxemburgo. Añadir que la Unión Europea es el 5.6% de la población mundial, que su edad media es de 44.7 años y que su índice de natalidad es de 1,24 mientras el planetario llega a los 2,27. Una sociedad envejecida, camino de convertirse en un reducto nostálgico de aquello que fue, gracias, sobre todo, a la colonización.

Hoy, en ese reordenamiento mundial, Europa, y con ella quienes la disputamos un espacio de dignidad, se ha convertido en un territorio secundario, en gran parte debido a su papel subordinado a la que fue su colonia estrella, los Estado Unidos. Durante años, fue modelo susceptible de exportación: menores desigualdades que en otros lugares del planeta, calidad de vida, sanidad, educación, alta esperanza de vida, diversidad para el ocio… el eufemístico estado del bienestar. Evitábamos sumergirnos de dónde venían los parabienes. Un pequeño espacio planetario que se había convertido en la pirámide de una organización social aparentemente equilibrada y avanzada.
Las raíces, sin embargo, ensombrecían los logros. Europa se había convertido durante siglos en la primera potencia mundial. Construida sobre los rescoldos de las guerras, fue un producto genuino de ellas. Centenares de conflictos armados internos construyeron la “diversidad” europea. Jamás hubo en el planeta un espacio tan bélico. Guerras dinásticas, de conquista, religiosas, supremacistas. El estado natural de Europa ha sido la guerra, y su extensión al planeta. Que nadie se extrañe de las decisiones de la Unión Europea en elevar su producción armamentística y volcar sus misiles hacia supuestos enemigos. No sabe hacer otra cosa.

Esa permanencia levantisca le dio la superioridad planetaria que acudió de su armamento, del inicio de la industrialización, del control de las vías marítimas, apoyada por una religión monoteísta que se convirtió en azote del diferente, elevando a la máxima categoría el racismo. De esos mimbres surgió la colonización europea del planeta, decenas de genocidios en nombre de un color, de un dios construido a medida, de unas elites extractivas ávidas de multiplicar sus beneficios. Las mayores matanzas mundiales de la historia fueron provocadas, precisamente, por Europa. Y no únicamente por Hitler, más recientemente. Hoy, con un territorio ya esquilmado en siglos anteriores, Europa sigue debiendo su posición al expolio del resto del planeta. Sin embargo, en una crisis de crecimiento, de sobreacumulación, de agotamiento de los recursos, en los límites superiores del neoliberalismo por encontrar nuevos nichos, su alter ego (EEUU) le ha relegado a un papel subsidiario. Es la competencia y la sumisión.

Y esta carrera en la privatización del Estado, las instituciones han dejado de funcionar. Lo hemos percibido con las tendencias de Macron, Merz. Von der Leyen y otros, por cierto, cada uno con su propia agenda. Europa no se ha parado a pensar y recapacitar su posición en el nuevo orden mundial, sino que, por el contrario, ha vuelto a las andadas, a construir un enemigo a su medida, (Rusia, como lo concibieron Napoleón o Hitler) para regocijo de sus elites. La guerra, el armamento, describen que ese ADN está vivo. Lo acaba de demostrar en el apoyo al genocida Netanyahu, como lo hizo entre las negociaciones de Turquía de marzo de 2022 entre Ucrania y la Federación de Rusia, cuando pactado un acuerdo de paz, EEUU y la Unión Europea lo vetaron apostando por la continuidad de la guerra.
El racismo, el colonialismo y el supremacismo nunca abandonaron a Europa. Su pasividad frente a Tel Aviv, incluso tras el tiroteo israelí a la delegación diplomática (incluida Francia y España), nos muestra que comparte esas claves de limpieza étnica. La que propone Von der Layen para expulsar a migrantes a otros países. Renegamos de esta Europa que trata a al pueblo como a un negocio, con el consiguiente excedente humano. Pero para bien y para mal, somos europeos. Nos toca con las fuerzas de esa comunidad que nos hace fuertes, revertir Europa y repensar el planeta en clave de humanidad.

 

 

 

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sábado, 4 de enero de 2025

Egaña | 2025, Retos, Temores y Recuerdos

Nuestro amigo Iñaki Egaña nos invita a la reflexión de inicio de año en el Calendario Gregoriano con este texto, mismo que ha publicado en su perfil de Facebook:


2025, retos, temores y recuerdos

Iñaki Egaña

Comienza el segundo cuarto del siglo XXI con augurios de diferente calado, según el prisma. Los gurús, como Goldman Sachs y J. P. Morgan, a los que la elite corporativa da pábulo, prevén un crecimiento económico sostenido para EEUU, un estancamiento de la Unión Europea, por los elevados costes energéticos que arrastran Alemania y Francia, una desaceleración de China por el aumento de los aranceles, y una escalada de las economías emergentes. Pero sus predicciones tienen calor bursátil y especulativo en exclusiva y desde la crisis de las subprime que vieron pasar sin pestañear al menos públicamente, su credibilidad nos deja bastante fríos. La colonización planetaria tiene siglos de recorrido. Su vigencia, a pesar de esos 193 estados que componen Naciones Unidas, y esas decenas que aspiran a la soberanía política, está presente en todos y cada uno de los análisis que realizamos desde este llamado Occidente. Personalidad principal, con destellos de supuesta progresía, y adjudicación subordinada al resto de la humanidad.

Quienes intentamos voltear históricamente el injusto estado del mundo y revertir las injusticias, las predicciones suelen ser de otro calado. También nuestra visión planetaria, ubicados en este pedazo de tierra cada vez más finito. No voy a aludir a aquel factor humano que elevó a Maurice Castle de la novela a la metáfora Graham Greene porque esa cuestión está permanentemente abierta. ¿Quién es capaz de asegurar que no habrá una confrontación nuclear? ¿Permitirá el Tío Sam un escenario multipolar? Aquellos que siguen a los citados auguran una bajada en las migraciones, pero se refieren a los efectos de las medidas establecidas por la administración de Washington. Según la OIM (Organización Internacional sobre la Migración), la población desplazada es cercana al 4% de la mundial. Y sigue en aumento. Cambio climático, catástrofes naturales, sequía, privatización del agua y la salud, esclavitud, vivienda, brecha salarial… son factores a añadir. Junto a esa ofensiva sionista bélica en los que llama siete frentes (Israel, Gaza, Cisjordania, Irán, Yemen, Líbano y comunidades judías) que expresa la desaparición definitiva del derecho internacional, de la vigencia de la Carta de Derechos Humanos que afloró al fin de la Segunda Guerra mundial y la prevalencia de una única norma universal: el poder del más fuerte, tanto militar como económico. A la espera de un nuevo manifiesto revolucionario que sustituya al histórico de Marx y Engels, el de Luigi Mangioni aplaca brevemente nuestras conciencias.

Y esa es la gran paradoja, a veces contradicción, de nuestro proyecto emancipador. Las urgencias planetarias son palpables, como también las locales, las de casa. El ascenso de una sociedad cada vez más uniforme, cada vez más individualista, la expansión del neoliberalismo, nos hace caer en una dinámica que a veces consideramos excesivamente coyuntural. Estamos atrapados en ella sin posibilidad de eludirla. Porque también es urgente, más aún después de un conflicto enconado que dejó una herida enorme y que hunde sus raíces en crónicas sin resolver. Nuestros temores son fundados y necesitamos recomponer nuestra pulsión nacional, reparar la brecha generacional, defender nuestra lengua y cultura, remendar nuestro tejido económico sumamente dependiente, avanzar en la decolonización de las estructuras y mentalidades impuestas por el capitalismo, salvaguardar los avances en la igualdad de género y la diversidad, ahogar al patriarcado... ¿Cómo no vamos a ver con recelo la llegada de la Inteligencia Artificial, de la digitalización de las relaciones, de las narrativas oficiales cuando aún está pendiente nuestro reconocimiento territorial, nuestro derecho a la soberanía política?

A esta ristra de cuestiones se suman las propias de nuestra trayectoria militante. De esas experiencias que nos han hecho desconfiar una y otra vez de quienes debieran ser nuestros aliados en la emancipación y que a las primeras de cambio se acoplan a los herederos de los verdugos que anularon las generaciones que nos precedieron. Ganar guerras virtuales es un consuelo, pero no una solución. Alguien de nuestro entorno apuntó que debemos administrar el futuro con luces largas, como las que usan nuestros vehículos en las noches oscuras cuando circulan en carreteras solitarias. Pero, ¿cómo convencer? ¿Cómo atraer al cambio, a la épica revolucionaria, a la organización popular para asentar ese músculo transformador? También con luces cortas.

Y esas luces cortas, abstrayéndonos de esa urgencia planetaria que quizás nos aplaste antes del fin de la hibernación, nos recordarán un comienzo de 2025 atribulado por la vuelta del trumpismo y su atronador eco internacional y un final con el medio siglo de la muerte de aquel dictador que jodió la vida de nuestros antepasados más cercanos. Entre medio, sin expectativas electorales tanto en España como en Francia (con permiso de Sánchez y Macron-Bayrou), el relato seguirá conformando buena parte de la personalidad franco-hispana. Ambos apoyados en su supuesta labor civilizatoria (en realidad colonizadora) y en superar sus debilidades narrativas. París con su expulsión acelerada del Sahel africano y Madrid con su comodín eterno, haciendo demócratas a aquellos que hace medio siglo ejecutaron a Txiki y Otaegi, junto a tres antifascistas del FRAP. Es cierto y fue ayer, en 2025 se cumplirán 50 años de la muerte de aquellos jóvenes que se atrevieron con el Ogro, que soñaron en mayúsculas a pesar de ser ese “pueblo pequeño que canta y baila al pie de los Pirineos” que garabateó Voltaire. Se cumplen 50 años de la muerte de Iñaki Iparragirre, Mikel Gardoki, Jesús Mari Markiegi, Blanca Salegi, Iñaki Garai, Josu Mujika, José Ramón Martínez Antia, Andoni Campillo, Ángel Otaegi, Jon Paredes, Nikola Telleria, Koldo López de Guereñu. Retos y temores para 2025. Y también, forma parte de nuestra naturaleza humana, recuerdos con los que me recostaré un día en Etchezar.

 

 

 

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sábado, 26 de octubre de 2024

Egaña | «Homo Sacer»

Con este texto publicado en Naiz su autor, Iñaki Egaña, arroja luz sobre una de las violaciones a los derechos humanos que más pasa desapercibida por la eso a lo que llaman la opinión pública; la ejecución extrajudicial de alguien que les resulta incómodo.

Madrid, por ejemplo, ha recurrido a esta herramienta del terrorismo de estado para eliminar a docenas de independentistas vascos.

Aquí lo que nos dice Egaña:


«Homo sacer»

Iñaki Egaña | Historiador

La expresión nos llega desde la antigua Roma, aunque la cristianización cambió su significado parcialmente o quizás ambiguamente. Del sacer al sacred, sagrado. Durante siglos, el homo sacer fue referido con el sinónimo de «proscrito», pero también como aquel que confiaba en el destino que le habían deparado los dioses o, en su caso, su dios monogámico. Hasta que llegó el filósofo italiano Giorgio Agamben para rescatar lo que, al parecer, fue su significado original, acogiéndose a una cita de un tal Sexto Pompeyo: «alguien que puede ser asesinado sin que el asesino sea considerado un asesino». Agamben introdujo el concepto a partir de la década de 1990, mezclándolo con aportaciones de Foucault e integrando su idea de que la biopolítica ha sustituido a la política, es decir, se ha convertido en una estrategia orientada a dirigir las relaciones de poder. En última instancia, la «esfera soberana» (leamos aquí según nuestra percepción, estados, lobbies, mafias, oligarquías...) puede matar sin cometer delito.

Como todas las ideas que se escapan del raíl oficial, la de Agamben, al igual sucedió antes con los conceptos foucaultianos, fue tachada de espuria. Las sociedades modernas nos hemos dotado de instituciones de justicia, incluso del habeas corpus anglosajón desde el siglo XVII, tenemos constituciones que avalan los derechos humanos, seguimos los valores derivados de la Revolución francesa (libertad, igualdad y fraternidad) y «vivimos» en democracia. Siguiendo la vieja y manida expresión de Anatole France: «En su majestuosa igualdad, la ley prohíbe a los ricos y pobres dormir bajo puentes, mendigar en las calles y robar panes».

Sin embargo, lo contrario al escaparate liberal es lo que en realidad sufrimos. Algo así como los adulterios de la familia real española, los fondos reservados utilizados para matar independentistas, la corrupción absoluta de los gobiernos, la tortura sin excepción... temas excluidos de la difusión política o biopolítica cotidiana, pero que, sin tener demasiados elementos para detallarla, sabemos de su expansión y excelsa existencia. La justicia no es igual para todos, a pesar en España del artículo 14 de su constitución, del tercero del preámbulo de la francesa o del sexto de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Se puede matar sin ser delito. El homo sacer existe. Y Benjamin Netanyahu es uno de los protagonistas con pedigrí de autor que desliza sus obras para que una legión de seguidores avale el derecho romano que definió aquel tal Sexto Pompeyo.

Hay un estado llamado Israel que se ha forjado bajo supuestas premisas religiosas, pero que en realidad obedece a la naturaleza de lo que ha sido Europa desde su formación política. Su alter ego histórico. Odio racial, adoctrinamiento, supremacía y deshumanización del diferente, en este caso de todo el entorno humano elegido como territorio, en el llamado Medio Oriente. No se trata de determinar la adecuación de conceptos como semitismo o sionismo, con sus contrarios como bandera. El problema es el estado construido artificialmente. Un estado que hace buena la tesis del homo sacer, del proscrito al que se puede asesinar gratuitamente, sin necesidad siquiera que sea combatiente.

Las leyes internacionales de la guerra, las convenciones de Ginebra, las pláticas sobre ética y moral quedaron olvidadas en un cesto apartado de la historia. Los «asesinos que no son considerados asesinos» dominan el planeta. El mismo Netanyahu dispuso de una gira por instituciones y estados. Es cierto que tuvo contestaciones bien dignas, pero buena parte de la elite política le aclamó. Mantiene los códigos supremacistas en lo más alto, impulsa los valores bélicos en las bolsas... Y se vale, como su estado, en justificar sus matanzas, su genocidio, con el relato que su pueblo una vez fue víctima. Cierto. Pero los códigos ideológicos de Hitler y los de Netanyahu no se diferencian en exceso. El líder israelí lo ha repetido y se ha jactado de ello, tal como lo han hecho sus colegas en el Gobierno: asesina y seguirá asesinando a quien le dé la gana.

Personajes que han dividido el planeta en términos supremacistas y a los que ni siquiera la historia ha juzgado, nos rodean en los telediarios, nos abren las puertas a sus familias, nos hacen compartir fotografías de cuando eran estudiantes. Del resto, de los homo sacer, de los proscritos, no tenemos más referencia que un número. José María Aznar, presidente de un gobierno tan corrupto que la mayoría de sus ministros fueron imputados, abrió la espita de la muerte junto a Bush y Blair. Asesinatos en masa. Ahora Aznar, tiene un caché determinado: entre 60.000 y 90.000 euros por conferencia.

Su compañera Isabel Díaz Ayuso, presidenta de la Comunidad de Madrid, estableció unos protocolos supremacistas con motivo de la pandemia de la covid-19. En dos meses, marzo y abril de 2020, 7.291 inquilinos de residencias de mayores de Madrid murieron sin ser derivados a hospitales. La mayor mortandad de una región europea en esas fechas. La Comunidad exigió incluso el pago de las habitaciones a internos ya fallecidos. Las denuncias por denegación de auxilio médico y similares fueron rechazadas por el Supremo. Dice que es imposible conocer qué muertes son achacables a decisiones políticas. Tal y como las hambrunas, los bloqueos económicos o el despojo de las materias primas en África o América. Nos encandilan con la máxima de que una decisión política es, per se, neutra. Para que las muertes queden impunes.

Hoy, más que nunca, los homo sacer son mayoría mundial. Cada vez las elites se comprimen más aún, acaparan más poder y visualizan sin rubor sus masacres. El planeta les pertenece y la arrogancia es su señal de identidad. Son los homo sapiens (hombre sabio que supuestamente no distingue entre sexos) que también feminizan e infantilizan la muerte. Porque en Líbano, en Palestina, tal y como nuestra compañera Mahasen Al-Khatib, esos homo sacer en realidad son ancianos, mujeres y niños.




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domingo, 6 de octubre de 2024

Solidaridad con Líbano y Palestina

Desde este blog de la diáspora vasca y para la diáspora vasca siempre ha sido una constante nuestra solidaridad internacionalista para con los demás pueblos en resistencia en el mundo, especialmente con aquellos que por su situación geográfica son víctimas de las estrategias más violentas desplegadas por Occidente, entre ellos, los kurdos y los mapuches, pero, especialmente, los palestinos.

Habiendo dicho lo anterior, les presentamos este manifiesto publicado en el portal de Ecuador Etxea:


Euskal Herria apoya a Palestina y Líbano

“Sólo existe una solución: la desaparición de Israel”

Ha pasado un año desde que miles de personas nos movilizamos, como hacemos hoy, tomando las calles de Bilbao. Por desgracia, no hay buenas noticias para dar. Hemos dicho alguna vez que las razones que el pasado año nos trajeron siguen estando ahí, pero en realidad, las razones se han incluso reforzado.

Este año ha vuelto a dejar al descubierto la cara más cruel del capitalismo y del imperialismo. Este año ha vuelto a dejar al descubierto de lo que es capaz la clase dominante para mantener su poder.

Los datos son atroces. Hemos visto al ejercito israelí ocupando Gaza, bombardeando hospitales, colegios y ciudades enteras; hemos visto cortes de suministro; desplazamientos masivos de la población, del norte al sur, y luego, de nuevo, del sur al norte. Hemos visto el bloqueo de la ayuda humanitaria; y el ataque a camiones humanitarios que atravesaban la frontera. Hemos visto como dividían Gaza por la mitad, y ahora ya sabemos acerca de los nuevos planes para controlar la franja. Hemos visto, oído, leído… a los medios occidentales como defendían a Israel, y como deshumanizaban a los palestinos, mientras decenas de miles de ellos eran masacrados.

Pero todo esto no se ha limitado a Gaza. Y es que pese a los intentos de los medios de comunicación por esconderlo, han establecido al menos 30 nuevas colonias en Cisjordania, y han entrado en territorio que supuestamente deberían de estar bajo control Palestino, matando, deteniendo y derribando edificios e infraestructuras.

Como hemos visto las últimas semanas, a Israel no le basta con querer hacer desaparecer al pueblo Palestino. El sionismo es un proyecto supremacista y expansionista, y su afán territorial no tiene límite. Además, en tanto que es base militar del bloque geopolítico de la OTAN, tiene las manos libres para expandirse por todo el territorio. Es lo que nos demuestran las agresiones perpetradas en Líbano, Siria, Irán y Yemen. Es de especial mención la masacre que están llevando a cabo en Líbano: la detonación de los canales de comunicación de la resistencia, bombardeos aéreos, 2000 asesinados en dos semanas, desplazamiento del 20% de la población, y como colofón, la invasión terrestre. Desde aquí, toda nuestra solidaridad a la resistencia palestina, y a todos los que a lo ancho de la región, desde Yemen hasta Líbano, combaten al monstruo sionista.

Ha quedado más que claro que todo esto no es culpa de este o aquel dirigente que ha perdido la cabeza; o de una fascistización momentánea que atraviesa al gobierno de Israel. Esto es la continuación y el recrudecimiento de un genocidio que lleva 76 años. Este genocidio tiene una condición necesaria y es el apoyo del bloque imperialista occidental, que trata de mantener su hegemonía a nivel mundial. Es impensable que hoy en día ningún país pueda realizar semejante matanza por su cuenta. Los gobiernos de Estados Unidos y de Europa, sus empresas y sus partidos; son quienes dan apoyo, tanto armamentístico, económico o mediático, sea cual sea su retórica.

Solo existe una solución posible a esta barbarie. La única forma de parar la masacre en Asia occidental es la desaparición del estado de Israel. Y el estado de Israel, empieza aquí, en los estados occidentales. Por lo tanto, junto con no aceptar la legitimidad de Israel, es de urgencia:

– En primer lugar, defender firmemente el derecho a la resistencia tanto de Palestina como de todos los países golpeados por el sionismo, así como hacer frente a su criminalización.

– En segundo lugar, presionar a todos los gobiernos, empresas y partidos cómplices, para que rompan cualquier tipo de relación con el sionismo. Los discursos vacios y gestos simbólicos de dirigentes no pararan el genocidio. Debemos reforzar el boicot a Israel! Cese inmediato de todas las relaciones!

– Y por último, debemos reforzar la organización internacionalista en apoyo a nuestros hermanos y hermanas palestinas, y en contra del capitalismo que nos lleva a la guerra y el genocidio.

No podemos quedarnos de brazos cruzados. Debemos seguir luchando hasta deshacer el estado terrorista de Israel! Debemos seguir luchando hasta la construcción de una Palestina libre del río hasta el mar!

GORA PALESTINAR ERRESISTENTZIA!

 

 

 

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viernes, 27 de septiembre de 2024

Egaña | Gudari Eguna 2024

Les compartimos el texto que Iñaki Egaña ha dedicado al Gudari Eguna, mismo que ha publicado en su perfil de Facebook.

Adelante con la lectura:


Gudari Eguna 2024

Iñaki Egaña

No se trata de esperar que el entorno condicione, sino que elijamos el bando una vez que el mundo nos haya enseñado sus cartas. Sé que es complicado, que las fronteras son demasiado altas para superarlas y que, en excesivas ocasiones, la ruptura es una quimera que ni siquiera llegamos a percibir o sentir que exista. Pertenecemos a una única especie, superviviente entre seis o siete ya desaparecidas, pero marcadas por un territorio. Así surgieron los pueblos, las naciones, las comunidades. Un espacio natural que nos hace ser como somos. O ámbito de destino, que también nos hace ser como somos. Y nos manejamos, como apuntaban los antiguos griegos por dos relojes: Kairós y Cronos. Las dos modalidades para referirnos al tiempo. Acumulado, Kairós. Coyuntural, Cronos.

En ese Kairós que nos cita en tendencias y épocas, más allá de las prisas y apreturas cotidianas, nos asaltan fechas que rememoran un pasado que se estampa en el presente. Una de ellas la del “Gudari eguna” instaurado, hace ya décadas, por el PNV. Aún lo evoca todos los años -el pasado en Gueñes- para citar a los suyos que pelearon en la guerra que dijeron fratricida, provocada por matarifes fascistas. ANV también celebra en Albertia (batalla en la que murieron 300 de sus militantes) el Gudari eguna. El tercer bloque fue el de la izquierda abertzale surgida en la década de 1960, que lo refirió a los suyos, evocando la fecha en la que Jon Paredes, Txiki, y Ángel Otaegi fueron ejecutados, un 27 de setiembre de 1975, por los hoy catalogados pre-demócratas, los mismos fascistas que se habían sublevado en 1936.

Es cierto que cada año es distinto, que Cronos nos cita las masacres originadas por Israel en Palestina y Líbano. Pero Kairós nos recuerda que las mismas llevan produciéndose desde hace exactamente 76 años, cuando las elites occidentales ocuparon, colonizaron y expulsaron de su tierra a cientos de miles palestinos. Hoy, asimismo, hablan de migraciones y movilidades, del Gran Remplazo. Cuando aquel remplazo se había dado no ayer sino en el despojo a los pueblos originarios, cuando cinco imperios se repartieron el planeta para disfrute de unas elites. Los genocidios no estaban entonces identificados. Pero fueron uno detrás de otro. Hoy, con una hipocresía que espanta, elevan muros infranqueables, vallas más altas que la torre de Babel y extienden alambres de espino tan largos como la verborrea que les delata.

Hoy, también, el “Gudari eguna” tiene un significado diverso. No tanto por su concepción -recordar a los suyos/nuestros es tarea humana-, sino por su tratamiento. La memoria, la objetiva y la subjetiva, también tiene fronteras. Hasta ciertas fechas es permitida. A partir de otras es punible. Porque llorar también es susceptible de constituir delito. Txiki y Otaegi fueron reconocidos como víctimas de abusos policiales por el Gobierno autónomo de Patxi López en 2012. Su memoria es consentida, aunque para Wikipedia Txiki es un terrorista (el único referido con esa palabra de los cinco ejecutados aquel 27 de setiembre). Franco y sus secuaces unos santos, por lo visto. Hasta entonces, multitud de actos fueron reprimidos. Su lucha, en cambio, a pesar de estar ubicada en el Kairós franquista, es rechazada por algunos de los participantes del otro gudari eguna: “nunca debió existir”. Su afiliada Beatriz Artolazabal ya añadió que con un kaiku ya era suficiente. Que les pregunten a los de la Asociación 3 de Marzo, detenidos y apaleados en más de una ocasión, llevados a la Audiencia Nacional acusados de apología del terrorismo por defender la memoria de los Cinco de Gasteiz.

Todos los Gudari eguna, efectivamente, tienen su particularidad. Con el añadido rasgo con el que cada comunidad o cada persona quiera distinguirlo. Y ya que estas líneas me permiten divulgar el mío, quiero desmontar esa uniformidad que nos achacan. Somos mestizaje. Y no me refiero a aquellas crónicas de antaño, rasgadas por el olvido y la fábula. Urdaibai, Larrun, Arbaiun, Kakoeta, Toloño… son arte de nuestro paraje. Pero no nos pertenecen. Nos acogen. Jon Paredes, Txiki, nació en Zalamea de la Serena, tierra extremeña. Y llegó con su familia cerca de ese flysch que dicen tiene 50 millones de años. A Enrique Gómez lo mató en Baiona aquel Batallón Vasco Español (BVE) creado desde las cloacas del Ministerio de Gobernación español. Había nacido en Porqueros (León), un poblado de medio centenar de habitantes. Jean Groix nació en Henbont, una población bretona excepcional, con alcalde comunista desde 1957 a 2014. Groix se suicidó en la prisión de Fresnes (París) donde había sido encarcelado por tener un refugiado vasco en casa.

Manuel de la Mata, Teodule Brion, Argentino Eizaguirre, Jean Bonnemaison, Gino Gheradi, Remigio Maurovic, Pietro Bertoni, Cristina García, Esteban Bolaños, León Baum, Walter Schindler, Hans Brandes, Zinimir Brocovich, Eulalia Delgado… decenas de internacionalistas que combatieron contra el fascismo en nuestra tierra. De Argentina, Alemania, Polonia, Cuba, Italia, México. Probablemente ni supieran donde estaba el Kolitza o el Sabigain. Pero se entroncaron en nuestro acerbo.

Años más tarde, sin definir ya donde habitaba esa muga que nos transformó en "indeseados", en presos, en objetivo policial: Eva Forest, Alfonso Sastre, Petra Elser, José Bergamín, Maira Le Moiy, Lucía Vergara, Renate Schubbert, Annick Lagadec, Isabelle Didont, Marie Schtumpt, Raymond Le Gallic, Jean-Philippe Casabonne, Didier Rouget, Muriel Lucantis, Alicia Pereira, Francis Godart, Mari Luz Fernández, Socorro Coto, Stephan Frein, Ann Elizabeth Brundin, Virginia Avellaneda… Algunas supieron del Cantábrico, de la Ribera, del Ebro y del Nervión. Otros, en cambio, jamás pisaron nuestra tierra pero pagaron por ella. Desde Francia, Catalunya, Galiza, Suecia, Chile, Italia, España… Lo dijo Bergamín: «Porque no me siento en España». Lo dejó escrito Pierre Loti: “Es preciso volver a Etchezar, donde podáis oír mis voces aun estando sepultados en la tierra”.

 

 

 

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sábado, 16 de julio de 2022

Gil de San Vicente | Sionazismo

Les recomendamos la lectura de este texto de la autoría de Iñaki Gil de San Vicente que se ha publicado en el portal de Rebelión, mismo que el autor dedica a esclarecer muchas de las mentiras y los mitos que existen acerca de esa entelequia fascista denominada Israel.

Lean:


Iñaki Gil de San Vicente
Nota: Texto escrito para el Foro La cuestión palestina y el uso del antisemitismo como intolerable chantaje. 14 y 15 de julio. Grupo Revista Al Zeytun/Clacso. Universidad de Luján. Argentina.

El racismo siempre debe ser combatido a muerte. Los millones comunistas, anarquistas, socialdemócratas, de religión judía, de etnia gitana o eslava, con identidades polisexuales, con deficiencias psicosomáticas, simplemente demócratas o víctimas de venganzas mezquinas, son otros tantos crímenes imperdonables que nunca deben ser olvidamos o minusvalorados, y nunca justificados. En 1942 F. Neumann estudió las raíces profundas del antisemitismo nazi:
«Martín Lutero fue el primer antisemita franco y apasionado. Advierte que los cristianos no deben discutir con los judíos sobre los artículos de fe. Mejor sería –dice- expulsarlos de Alemania […] El antisemitismo ha sido en Alemania una fuerza política desde las guerras napoleónicas. La época bismarckiana hizo de él un movimiento popular».
El salvajismo nazi no persiguió solo a los judíos, sino a cualquier persona o colectivo que se les pudiera resistir. Pero del antisemitismo nazi adelantó comportamientos sociales que veremos desarrollados por el sionismo contra los palestinos, como este:
«Es dudoso que la mayoría de los alemanes compartiesen el obsesivo antisemitismo de sus dirigentes. En cambio, pocas dudas pueden quedar de que aceptaron la persecución de los judíos sin gran preocupación, tomándola como parte integrante de un sistema que les beneficiaba. Esta aceptación no se limitaba solo a los beneficiarios más evidentes, como los “arianizadores” grandes y pequeños, los deudores, explotadores del trabajo en régimen de esclavitud y usuarios de los zapatos de los muertos. El antisemitismo era tan esencial para el régimen nazi que todo alemán que identificaba al régimen con el interés nacional aprobaba también la política antijudía».
Veremos que la opresión y explotación de Palestina es «tan esencial» para Israel que la gran mayoría de su población judía la asume con normalidad. En la medida en que Israel no puede aplastar definitivamente a Palestina, esa normalidad se transforma en sionismo y, si la resistencia de las y los explotados sigue, franjas del sionismo pasan al sionazismo por lo que la crítica de esta fuerza ultra-reaccionaria debe integrar, además del análisis del imperialismo sionista, también el conjunto de instrumentos que emplea para destruir la «subjetividad» Palestina. Y por supuesto, estudiar los lazos psicopolíticos que unen esas prácticas criminales con el nazismo. En estos momentos, una parte creciente de su población gira hacia el fundamentalismo sionista como proyecto bíblico que, por su carácter divino, justifica toda la bestialidad inhumana de su política de exterminio racista del pueblo palestino:

«Como diría el líder del grupo fundamentalista Gush Emunim (“Bloque de los fieles”), Tvi Yehuda Kook (1891-1982), “Torah, guerra y colonización son tres cosas en una”. Y es que, además, la invasión y la ocupación reavivó el ímpetu sionista de maximalismo territorial proyectado en Judea y Samaria (como llaman los sionistas a Cisjordania): se encontraban, según el ideario religioso sionista, en el momento óptimo de “redimir el país”, es decir, de recuperar el Estado bíblico. Ello se conseguiría mediante la colonización de los nuevos territorios ocupados.».
En 2004 Ur Shlonsky mostró que la existencia de Israel depende de la permanente actualización de tres principios: «1. La resistencia Palestina debe ser aplastada. 2. El apoyo público debe ser asegurado y se debe contar con la participación activa de al menos un sector de la sociedad israelí en forma operativa. 3. La crítica internacional debe ser silenciada.». No hace falta un mayor esfuerzo para descubrir el monstruo nazi que ruge en las tres tácticas en aislado y en su unidad.
Pues bien, un año antes de estas palabras, en 2003, la psiquiatra Samah Jabr, muy cercana conceptualmente a F. Fanon, escribió esto:
«¿Cómo puede ser que la palabra “terrorismo” se aplique tan fácilmente a los individuos o grupos que usan bombas artesanales, y no a los estados que emplean armas nucleares y otras armas prohibidas internacionalmente, para asegurar la sumisión al opresor? Israel, Estados Unidos y Reino Unido deberían estar a la cabeza en las listas de estados exportadores de terrorismo por recurrir a ataques armados contra la población civil en Palestina, Iraq, Sudán y otros lugares. Sin embargo, “terrorismo” es el término político que el colonizador utiliza para desprestigiar a las que resisten, de la misma manera que los afrikáners y los nazis califican de terroristas a los combatientes negros y franceses por la libertad […] la violencia puede ser el medio que un ser humano racional use para defenderse. Cuando una mujer reacciona violentamente ante una amenaza de violación, es una forma de yihad […] Tanto el derecho internacional como los precedentes históricos de muchas naciones reconocen a la población el derecho a tomar las armas para liberarse, cuando se encuentran bajo el yugo de la opresión nacional. ¿Por qué sería diferente en el caso de Palestina? ¿Las leyes del derecho internacional no pretenden ser universales?».
En 2003 Palestina resistía con todos los medios posibles la redoblada agresión sionista que ya para entonces había construido una historia mentirosa de sus orígenes y por tanto de su legitimidad para defenderse con cualquier medio. La falsificación histórica se intensifico con la delirante y estrambótica sucesión de territorios de asentamiento de la «nación judía» barajados en su momento, entre los que se pensó entre otros también en Uganda y Patagonia, hasta que las potencias imperialistas del momento bajo las presiones británicas decidieron y pactaron en la Declaración Balfour de finales de 1917, que –«por culpa de Moisés– el lugar escogido era Palestina:
«Debemos tener muy presente, respecto al sionismo, que no se trata de haber efectuado una travesía conquistadora de la mano del Profeta Moisés, a un hipotético territorio que limitara con la actual Suiza e Italia. E incluso haber pensado en trasladar sus bártulos a Uganda o la Patagonia, es simplemente una ideología criminal que busca argumentos, excusas, apoyos y alianza para seguir usurpando territorios, sometiendo a la población palestina, agrediendo a Siria, El Líbano y servir a los intereses hegemónicos de sus aliados occidentales, signados por el lobby sionista allí donde su nefasta influencia se deja sentir.».
La construcción de una historia adecuada a la legitimación de las atrocidades sionazis tuvo un impulso oficial en 1967 cuando arreciaron las denuncias internacionales contra los crímenes israelíes cometidos en aquella guerra. Hasta entonces, y según la investigación de Alfonso Bolado, las tres fundamentales razones eran el supuesto origen bíblico, el mito de la superioridad moral sobre los árabes, y la Shoah, es decir el injustificado e injustificable Holocausto nazi con sus millones de personas atrozmente exterminadas, de entre ellas centenares de miles de niños y niñas. Los tres eran puestos al mismo nivel, pero, como hemos dicho, tras las masivas denuncias por los crímenes judíos de 1967, el Estado decidió dar más importancia desde entonces a la Shoah. La idea de la utilización propagandística del Holocausto también la encontramos en otros textos, como el de Nayef Hawatmeh sobre la «Visión Sionista».
Roger Garaudy, dividió en 2002 los mitos fundacionales de Israel en dos clases y sobre todo cómo sintetiza la utilización criminal de esos mitos por Israel. En la primera entraban los mitos teológicos: el de la «promesa divina en la que entra la conquista, el del «pueblo elegido», y el mito de Josué o de la purificación étnica. La segunda los juicios de Núremberg, el del Holocausto, el mito de una «tierra sin pueblo para un pueblo sin tierra». Por último, el autor pasa a analizar cómo el poder de Israel también se sustenta en lobbys israelo-sionistas de EEUU y Francia, y en el que canaliza la financiación exterior. Visto esto, comprendemos mejor su síntesis política expuesta con un crudo ejemplo expresado así en palabras del Moshe Dayan en 1982:
«Lo que nos hace falta es encontrar un oficial, incluso un simple capitán. Habría que ganarlo para nuestra causa, comprarlo, para que acepte declararse salvador de la población maronita. Entonces el ejército israelí entraría en el Líbano, ocuparía los territorios en los que establecería un régimen cristiano aliado de Israel, todo iría sobre ruedas. El territorio del sur del Líbano será anexionado totalmente por Israel»
La burguesía sionista ha creado el mito de que su «nación elegida por dios», «el pueblo judío» sostenido con múltiples tergiversaciones y falsificaciones de la historia ya que «La Biblia es un relato de ficción y no existe base alguna sobre la que pueda apuntalarse en ningún momento cualquier gloriosa existencia del pueblo hebreo en Palestina». Luego, en 2008 la fundamental investigación de Shlomon Sand demuestra la falsedad del mito de la «nación judía» y del Estado de Israel que la ampara, encuadra y representa, por lo que estamos ante la «obra demoledora del sionismo». M. Arizaleta comentó así el libro imprescindible de Sh. Sand:
«En el afán por resucitar a Jerusalén se acudió a la arqueología, buscando en ella una base científica necesaria para apuntalar el epos sionista; la arqueología tenía ahora una función nacional. “Pero conforme la investigación arqueológica se fue independizando del dogma sionista la embarazosa verdad salió a la luz. Era imposible demostrar la veracidad del relato bíblico con hechos forenses. De hecho la arqueología refuta la historicidad del argumento bíblico. Las excavaciones revelaron este incómodo hecho. La Biblia es un compendio de innovadora literatura de ficción”. La Biblia es un relato de ficción y no existe base alguna sobre la que pueda apuntalarse en ningún momento cualquier gloriosa existencia del pueblo hebreo en Palestina.»
Para 2008, según hemos visto hasta ahora, el sionismo tenía ya una concepción totalitaria y exterminista de los pueblos enemigos según las tesis más feroces de una Biblia empleada como supuesto «argumento científico» por la arqueología sionista para justificar su expansionismo, ya que:
«En base a la biblia y las historias escritas por excelentes novelistas de varias épocas, se pretende justificar lo injustificable. Un supuesto «derecho divino» por el cual Dios le otorga la propiedad de una supuesta tierra prometida a un supuesto pueblo elegido. Que luego ese pueblo superior se ha visto obligado a emigrar para pagar sus pecados. Y que, en 1948, salvo de pecados, llegaba la hora de la reconstitución de Israel.».
El debate sobre el ascenso del sionazismo dio un salto en 2009 cuando el auge electoral de fuerzas entonces protonazis dirigidas por el violento racista Avigdor Lieberman abría la posibilidad de su entrada en el gobierno. Para entonces ya era incuestionable que la mayoría de la población israelí era indiferente al asesinato de niños palestinos, como se había comprobado en su complicidad activa o pasiva durante la masacre de Gaza en la que Israel utilizó bombas yanquis de fósforo blanco, indiferencia muy justamente interpretada como efecto del avance del sionazismo.
En ese momento se intensificaron los estudios críticos sobre la esencia patológica suicida del sionismo, al igual que el freudo-marxismo estudiaba la patología de la obediencia y el irracionalismo nazi-fascista desde la década de 1930. En el caso del sionismo su contenido patológico fue quedando al descubierto desde sus primeros días: «La creación del Estado de Israel, en 1948, llegó acompañada de la limpieza étnica de 750 000 palestinos –más de la mitad de la población autóctona– que fueron expulsados de sus ciudades y aldeas, por la fuerza o mediante el terror sembrado a través de las matanzas planificadas contra los civiles, como la masacre de la aldea de Deir Yassin.».
Samh Jabr denuncia el método sionista de emplear la «locura como estrategia de defensa» y lo grave que resulta que «el mundo comparta su delirio:
«En 1969 Denis Michael Rohan, un protestante evangélico de Australia prendió fuego a la mezquita de al-Aqsa para acelerar la segunda venida del Mesías y crear una oportunidad para reconstruir el Templo judío. Rohan fue declarado enfermo mental y exonerado por sus acciones. En 2007, Julián Soufir confesó haber asesinado al taxista palestino Taysir Karaki, y declaró que no se sentía culpable, ya que consideraba a los árabes como ganado, y que solo había disparado a uno de ellos […] Durante su juicio en 2008, el tribunal aceptó el testimonio de dos testigos de la defensa que afirmaron que Soufir no estaba totalmente “consciente” en el momento del asesinato, aunque él mismo explicó su motivo. Soufir fue absuelto […] El ejército, las instituciones y los individuos israelíes violan impunemente los derechos humanos de los palestinos»
Fue en ese contexto de impunidad terrorista cuando sectores críticos empezaron a usar con frecuencia el término «judeo-nazi» que ya venía utilizándose desde hacía varios años en círculos minoritarios. En aquél 2009 Ury Avnery escribió sobre el avance del judeo-nazismo:

«En nuestra situación actual hay algunos indicios peligrosos. La última guerra mostró una decadencia mayor de nuestros estándares morales. El odio hacia la minoría árabe de Israel aumenta, y también el odio hacia el pueblo palestino ocupado que sufre una lenta estrangulación. En algunos círculos, el culto de la fuerza bruta gana en fuerza. El régimen democrático está en una crisis sin fin. La situación económica puede caer en el caos, de modo que las masas lleguen a ansiar un “hombre fuerte”. Y la creencia en que somos un “pueblo elegido” ya está profundamente arraigada.».
Uno ejemplo de entre muchos sobre el empleo del método freudo-marxista para entender en sionazismo, es este:
«La sintonía entre el fascismo y el sionismo proviene de que comparten tanto el ser ideologías afines en relación con el racismo como de su visión pragmática e instrumental por encima de cualquier valor o principio ético. También es importante considerar cómo ambas se han servido de prácticas como la propaganda sistemática y continuada, o la manipulación emocional, o las alianzas económicas y de poder para ocultar sus objetivos e intereses […] Es probable que la clave esté en que, los mismos factores históricos, culturales, sociológicos y económicos que han posibilitado el ascenso de los partidos fascistas, estén detrás de la expansión sionista tanto en sectores populares como de izquierdas. La fabricación de individuos sumisos y obedientes es un factor que explica que las masas, sometidas a distintas formas de explotación actúen en contra de sus intereses o simplemente no actúen.».
La definitiva creación del sionazismo fue reforzada por un endurecimiento nazi del sistema educativo y académico, y por una poderosa militarización con un formidable armamento nuclear para su pequeñez económica, demográfica y geográfica: siete centros nucleares y 400 bombas atómicas en 2005. A la vez, el sionismo perseguía el libre pensamiento, y más el pensamiento crítico, dentro de su aparato de producción ideológica, que se denomina «academia». A mediados de 2006 la ofensiva sionista contra la libertad de pensamiento crítico en la academia era tan sistemática que fue denunciada internacionalmente.
En 2007 se dispararon las alarmas sobre la «educación israelí en el odio» a Palestina, uno de los rasgos del nazismo en concreto y en general de la extrema derecha, además del racismo progresista burgués por mucho que intente ocultarlo: «Los libros de texto dedicados a los más pequeños tienden a describir los actos de los árabes como hostiles, desviados, crueles, inmorales, injustos, con la intención de herir a los judíos y de aniquilar el Estado de Israel. En este marco de referencia, los árabes son deslegitimizados con el uso de calificativos como ‘ladrones’, ‘sanguinarios’ y ‘asesinos’».
Simultáneamente el Estado sionista endurecía su guerra total contra Palestina. Hagamos un rápido seguimiento del «arma del agua» partiendo del hecho de que en 2004 la mitad de su población malvivía en la pobreza, generando graves «problemas mentales». Pues sobre esta realidad aplastante, en 2005 «En conjunto, los palestinos controlan y consumen el 11% de sus recursos hídricos naturales. Los israelíes consumen el 89% del agua de Palestina. El consumo per cápita de agua en Palestina e Israel refleja este desequilibrio. En Cisjordania y en la Franja de Gaza el consumo per cápita de agua es de alrededor de 60 litros al día, mientras que el de Israel es aproximadamente de 280 litros al día.».
En 2007 Samah Jabr afirmó que:
«Las palestinas perciben la guerra de Israel contra ellas como un genocidio nacional […] es el ambiente violento en el que viven la mayoría de ellos, lo que mina la salud mental de los palestinos. La densidad de población, particularmente en Gaza -con 3.823 personas por km2- es muy elevada. La alta tasa de pobreza y de paro -67% y 40% respectivamente- minan la esperanza y deforman la personalidad. La guerra nos deja muchos prisioneros y exprisioneros, aproximadamente 650.000 personas, lo que supone alrededor de un 20% de la población. Un 6% de los palestinos tienen diversidad funcional o están mutilados. Hay encuestas recientes que han revelado un nivel preocupante de anemia y de malnutrición, especialmente entre los jóvenes y las mujeres».
También en 2007 esta autora denunciaba agriamente el nefasto papel de la burguesía palestina:
«Cuando se está bajo ocupación, el poder pasa del ocupado al ocupante y los apoyos, postulados y proposiciones de este último se consideran bien fundados. Entre los ocupados, el poder se le da a una élite que apoya la ocupación y que acaba convirtiéndose en clase dirigente. Los hombres de negocios palestinos, por ejemplo, confían plenamente en sus homólogos israelíes. Algunas personalidades importantes de Palestina van a los hospitales israelíes y las ONGs palestinas dan mejores sueldos y mejores oportunidades de trabajo a los diplomados de las universidades israelíes»
En las muy duras condiciones de 2007 la autora denunció la tortura sistemáticamente practicada por Israel, legalizada definitivamente en 2018. Entre 1967 y 2007 Israel ha detenido a 650.000 palestinos, aproximadamente el 20% de la población, y alrededor del 40% de la población masculina:
«El informe aquí expuesto trata de un caso de psicosis afectiva desencadenada tardíamente, con ideas delirantes y paranoicas síntomas de una profunda depresión. Esta patología es frecuente en antiguos prisioneros políticos que han sufrido torturas físicas y psicológicas […] un cierto número de disfunciones se atribuyen a la tortura: el trastorno de estrés postraumático, la psicosis, la depresión y la ansiedad […] la psicopatología desencadenada por la tortura posee un amplio espectro, desde síntomas sutiles como la apatía emocional, el encerrarse en sí mismo, los pequeños episodios psicóticos, la disfunción sexual o los recuerdos de eventos traumáticos que aparecen en forma de pesadillas, flashbacks o duras asociaciones, hasta síntomas graves como son los trastornos de la memoria, las alucinaciones, la incapacidad de mantener relaciones duraderas o una simple relación de intimidad, así como los cambios constantes de percepción y de afecto».
La denuncia de la tortura en 2007 más la totalidad de su experiencia científica, llevó a nuestra autora a preguntarse en 2008 por la responsabilidad de la izquierda en tanta brutalidad, adelantándose a muchas reflexiones posteriores sobre el mismo problema como veremos inmediatamente después:
«Israel se estableció gracias a la cooperación de la izquierda con la burguesía y el imperialismo occidental. Es la izquierda israelí laica, y no los Haradim religiosos, la responsable de la expulsión masiva de las palestinas y de las masacres perpetradas por las milicias judías desde 1948. Cuando la izquierda israelí instauró el sistema de kibutz en las décadas de los 50 y los 60, los izquierdistas del mundo entero los saludaron como un modelo de trabajo equitativo e igualitario. Solo los palestinos sabían que esos kibutz constituían hogares de acogida de los dirigentes responsables de la guerra y de la tortura y que infligían las peores formas de desigualdad a los habitantes nativos de Palestina […] Su conciencia está en sintonía con el equilibrio de poder, y no con cualquier sentido de la justicia. La facción que defiende la paz en Israel defiende una visión más que unos principios. Mucha gente de izquierda alimenta prejuicios y racismo contra los palestinos […] La mayoría son cómplices del sistema de ocupación. En Israel no cuesta mucho ser de izquierdas; al contrario, además de sus privilegios coloniales, pueden disfrutar de “excursiones de la paz” gratuitas y del negocio de la coexistencia».
La demoledora crítica de Samah a la izquierda israelí es extensible prácticamente a la totalidad de izquierdas de los Estados que oprimen a otras naciones, colaboracionismo activo o pasivo, consciente o inconsciente sobre el que ahora no podemos extendernos. Centrándonos en el sionazismo, las relaciones entre el racismo sionista y el nazismo ya fueron analizadas con extremo rigor a comienzos de 2018, compenetración que se estrechaba en medio de «la impotencia de la izquierda» que no podía o no quería o no sabía cómo luchar a favor de las naciones oprimidas por «su» Estado. Poco después, en 2020, se intensificó el debate y aunque parezca excesivo e injusto decirlo, hay que reconocer que es imposible que exista un «sionismo de izquierdas» como fuerza de masas contraria al sionismo.
En 2008 era ya asumido internacionalmente que Israel utilizaba el arma del agua «como elemento geopolítico». En ese mismo año de 2008 se escribió lo que sigue: «En la Franja de Gaza, aunque la inmensa mayoría de la población está conectada a la red de agua, hay grandes problemas con su calidad. Un impresionante 90% del agua suministrada a los gazanos no alcanza los niveles que la Organización Mundial de la Salud ha fijado para el agua potable». A finales de 2015 se denunció con razón que estos y otros muchos ataques buscaban «estrangular la economía palestina.», endureciendo e intensificando una estrategia de hambre y enfermedad en la que el control del agua era clave: en 2016 «Israel controla el 80% de los recursos hídricos palestinos. «Los 520.000 colonos israelíes usan aproximadamente seis veces más de agua que la utilizada por los 2,6 millones de palestinos en Cisjordania»», y ahora mismo, en 2022, está contaminada el 97% del agua que consume Gaza. Junto a la «guerra del agua», palestina era sometida a al «aislamiento más absoluto» desde hace años: a comienzos de 2017:
De los 600 megaWatts requeridos para alimentar la zona, solo se disponen 150. […] La falta de electricidad en Gaza, en medio del invierno, empeora aún más las condiciones de vida de sus habitantes, sometidos desde 2007 a un bloqueo por mar y tierra por parte de Israel. […] unos 60 mil abonados no están al corriente de pago y asegura que ello les impide comprar el combustible suficiente para la central.».
A pesar de esta espeluznante injusticia, la moral de lucha palestina sufre fuertes altibajos y en palabras de Samah Jabr de 2014, el sionismo logra avances en la «opresión interiorizada» mediante la interacción de diversos métodos: el colaboracionismo de las autoridades palestinas con Israel y la connivencia entre empresarios de un lado y de otro, la corrupción y el nepotismo clientelar, el papel de los medios de comunicación, el efecto integrador de las «donaciones» internacionales, la imposición en las escuelas de la historia creada por Israel pensada para destrozar la cultura palestina, etc.
Los sionistas se envalentonan cuando ven que la «opresión interiorizada» frena la lucha palestina y refuerza la explotación que sufren. Es así como se comprende la tranquilidad con la que los sionazis actúan, según nos lo explicaba Samah Jabr en ese mismo 2014:

«David D. Ovadia, francotirador de las Fuerzas de Defensa de Israel, se jacta de haber matado a 13 niños de Gaza en un solo día y promete matar a más. Durante las manifestaciones a favor de la guerra, los israelíes adoptaron una nueva canción, especialmente racista, en la que se burlaban de la muerte de los niños: “Mañana no habrá escuela en Gaza, no tendrán más niños”. Llevan camisetas con el dibujo de una mujer embarazada y una diana en el vientre, con el mensaje siguiente: “Una bala, dos muertos” […] El rabino Dov Lior, del asentamiento ilegal de Kiryart Arba, emitió una declaración en la que respaldaba la matanza de niños y otros civiles: “En una guerra, se nos permite castigar a la población enemiga con cualquier castigo que consideremos merecido, como negar los suministros o la electricidad, y también bombardear toda una región”»
En 2015 fue denunciado el terrorismo de los colonos sionazis que campan a sus anchas siguiendo el sendero marcado por el «judaísmo mesiánico» de los colonos sionistas que campan a sus anchas.
«Afirman que un “dios” les prometió la “tierra bíblica” de Cisjordania para el pueblo judío y que ven el triunfo de Israel en la guerra de 1967 como un signo de la redención mesiánica de los judíos […] Roban la tierra y aterrorizan a la población, sistemáticamente cometen crímenes contra los palestinos, incluyendo asesinato, hieren y queman a los pobladores, asaltan las aldeas y destruyen las viviendas y propiedades. Son miembros de una organización terrorista judía apoyada por el Gobierno, y por la gran mayoría de los israelíes y de los financistas sionistas extranjeros».
También es perseguida la parte del pueblo de Palestina que sigue malviviendo en sus territorios históricos, pero que fueron ocupados militarmente por la entidad sionista y que la ley internacional ha definido como «territorio de la nación judía»: una de las muchas expropiaciones nazis de casas y bienes de ciudadanos histórica y legalmente alemanes pero acusados de no ser racialmente germánicos desde 1933, se repitió en la entidad sionazi en diciembre de 2016: «sionismo en estado puro».
Al igual que el sistema médico alemán colaboró con el nazismo en su gran mayoría, la medicina israelí también lo hace con el sionismo. En 2016 Samah Jabr denunció cómo la ocupación «contamina» el sistema médico. La autora estudia su comportamiento durante la brutalidad represiva:
«La ejecución extrajudicial es una política israelí reservada exclusivamente a los palestinos. Alrededor de 300 palestinos han sido asesinados por Israel en los últimos tres meses […] Aunque sea detestable, el anterior no es el único ejemplo de una medicina contaminada por la política en Israel. Existen informes recientes sobre hospitales de todo el país, especialmente en Jerusalén, que sugieren que es habitual separar a los pacientes árabes israelíes de los judíos israelíes, especialmente las madres jóvenes. Las mujeres palestinas están hacinadas y son acogidas en condiciones deficientes […] La actitud cruel del personal médico israelí hacia los palestinos es común y viene de largo […] las prácticas discriminatorias de los hospitales israelíes parecen irrisorias en comparación con los informes sobre los servicios médicos en las cárceles israelíes. Los presos políticos palestinos afirman que el personal médico y los torturadores son aliados en una misma misión, que es la de doblegar su voluntad […] los profesionales médicos comprueban si están físicamente aptos para ser torturados, o los reaniman para que la tortura pueda continuar».
En 2017 nada menos que el 95% de los presos palestinos eran jóvenes y de ellos, 483 eran menores de edad. A lo largo de 2021 fueron asesinadas 355 personas con más de 16.500 heridas, y hasta el 1 de julio de 2022 Israel ha asesinado en seis meses a 70 palestinos, 14 de ellos niños. La guerra de exterminio es total, no solo con bombardeos, cañonazos, armas de precisión, etc., sino también por sed y hambre, y por enfermedades perfectamente curables si el sionazismo no impusiese un asfixiante cerco de mortandad como ha vuelto a suceder con el sufrido con las vacunas COVID.Como los nazis en los campos de concentración, la industria farmacéutica israelí usa a presos palestinos como cobayas humanas51 en una fecha tan actual como 2019.
Israel endurece la guerra cultural para desarraigar del todo al pueblo palestino. Como toda guerra cultural y más en la fase actual del capitalismo, existe una integración muy ágil entre lo militar, lo financiero, lo político, etc.: los grandes tiburones como el Instituto George Soros, que mueven los hilos del capital financiero y ficticio por la estratosfera de la economía incontrolable para la mayoría de los Estados, saben cómo manipular, impulsar y teledirigir para sus intereses opresores componentes básicos de la cultura humana genérica pero descontextualizados de las realidades sociohistóricas.
Atrapada y cada vez más fisurada por la agudización de sus contradicciones históricas irresolubles, la burguesía sionista propietaria de un Estado creado por una «pandilla de ladrones», recurre sin remordimientos a la masiva corrupción interna y externa, y a la «violación manifiesta del derecho internacional» como se ha demostrado en las trampas realizadas por Israel y la empresa vasca CAF al manipular en su beneficio los vacíos jurídicos que permiten a las grandes empresas burlar en su beneficio las propias leyes capitalistas. El sionazismo ve con extrema preocupación cómo desde finales de 2016 desciende el coraje, de la decisión de combate del Ejército israelí en el que aumentan los suicidios, como su otrora temible y todopoderoso sistema policial que con su «larga e invisible mano» lleva el terror a cualquier parte del mundo no puede evitar deserciones en cascada… crisis parciales pero muy importantes que nos llevan a otra crisis cualitativamente más grave como es la «rotura de la entidad sionazi».
El ente sionazi quiere salir de la crisis que le atenaza descargándola sobre el pueblo de Palestina y sobre la clase trabajadora, convirtiéndose a la vez en el ejército exterior de la OTAN más potente, especializando su economía en la muy rentable rama industria de la matanza humana, ya que «Estados Unidos le da a Israel 3.800 millones de dólares al año en ayuda militar. Sin embargo, Israel gana más de 1.000 per cápita a través de sus negocios de armas, varias veces más de lo que gana Estados Unidos.». La permanente ayuda yanqui es ampliada por la ayuda europea que, por ejemplo, en verano de 2016, se especializaba en drones, pero sobre todo en técnicas de segregación racial y de manera muy significativa de métodos de tortura.
Otro de los servicios que el Estado sionista cumple para el imperialismo es el de experimentar formas de apartheid de pueblos rebeldes adecuadas a las necesidades del imperialismo: un exembajador israelí65 en Sudáfrica entre 1992-94 comprendió que, efectivamente, la política de apartheid, control, represión y extermino que su Estado aplicaba contra Palestina mostraba el camino a la misma política atroz del racismo blanco en Sudáfrica. De hecho, entre ambos Estados criminales existió «una historia de larga amistad».
La manipulación del derecho de autodeterminación de los pueblos es otro instrumento de la estrategia sionista:
«La idea de “derecho de autodeterminación de los judíos” es una formulación ideológica propia del movimiento sionista, y por tanto legítimamente criticable como cualquier otra opción política. Sobre todo, cuando su implicación práctica no es sino el “derecho” a colonizar el territorio de Palestina, privando a su población nativa, a su vez, del derecho a existir y tener derechos en su propia tierra. El proyecto sionista, como todos los demás “derechos” coloniales, se sustenta en un relato que legitima la superioridad moral y civilizacional de los colonizadores sobre los colonizados. Lo que no puede ser calificado sino de racista, si entendemos el racismo como la naturalización de una relación de opresión y desigualdad en función de características étnicas, nacionales, religiosas y/o culturales».

EUSKAL HERRIA, 15 de julio de 2022

 

 

 

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lunes, 18 de abril de 2022

Iraeta | EEUU, Irak, Líbano, España, Ucrania

Les invitamos a leer con toda calma este texto publicado por Naiz en el que, utilizando el conflicto en Ucrania como telón de fondo, su autor nos invita a hacernos una serie de preguntas muy válidas.

Adelante con la lectura:


EEUU, Irak, Líbano, España, Ucrania

Josu Iraeta

Entiendo que opinar con seriedad y mesura, analizando desde un prisma más o menos lógico, tratando de evitar el «ruido» que tanto confunde, sin necesidad de atribuirse la potestad de «saber», y sin el ánimo de engañar a nadie –en cualquier trance de la vida– no es sencillo. Máxime si en el tema a tratar incluimos España, Irak, Líbano, Ucrania, etc.

Para situar a quien me honra con su lectura, quiero comenzar afirmando que en cualquier conflicto –sea este armado o no– de baja intensidad o no, lamentablemente, una de las primeras víctimas es siempre la verdad.

En la entrada citaba el «ruido», que es utilizado como pátina que uniformiza, que esconde. Es el telón del enorme escenario tras el que permanece la verdadera razón del conflicto armado, la economía. La economía que genera poder.

A pesar de todo, debe aceptarse que lo natural, quizá hasta «humano», es alinearse con alguna de las partes en conflicto, incluso siendo conscientes de ser víctimas de la manipulación inevitable a la que podemos acceder, lo que –sin duda– desvirtúa nuestra capacidad de análisis.

Desde mi punto de vista, la inercia con que se vive, no permite a la sociedad –la nuestra– reflexionar en profundidad, elegir con conocimiento, establecer pautas lógicas de convivencia.

Hace ya mucho tiempo que viajamos de modo apático hacia adelante y hacia atrás. Adelante, como tobogán sin freno ni destino preciso, con la única promesa «maravillosa» de la globalización democrática de Europa.

Atrás, desde la sorpresa de la verificación inquietante de que los signos de la economía se asemejan, cada vez más, a los cincuenta del pasado siglo, con todo su irracionalismo y extravíos alimentados por lo que se vino en llamar, la «Gran Depresión».

Es innegable, vivimos en la demagógica y perversa escenificación política de la ideología nacional excluyente, liderada y auspiciada por organizaciones políticas, que unas más, otras menos, muestran su parentesco con la que prevaleció en la España de los llamados cristianos viejos, con su deseo de vengar centenarias afrentas y programado «odio interétnico».

Entiendo que a algunos –muchos–, no les «suene» bien, pero lo cierto es que en parte de la vieja Europa se vive –hoy– tal y como se preveía tras el «desconcierto» surgido por la caída de la ideología alternativa de los regímenes fundados en el marxismo.

Así pues, a nadie debiera extrañar que lo que desde hace algún tiempo viene llamándose «nacional populismo», en mi opinión, fruto y consecuencia de los errores cometidos durante décadas por el «socialismo democrático», poco a poco esté adquiriendo una notoriedad, que retrata perfectamente a la sociedad española.

No sirve de mucho dejar constancia de que estaba previsto el ejercicio político, las maneras ya conocidas en otras legislaturas por el partido en el Gobierno. El imprevisible rumbo que los actuales gestores de La Moncloa están imponiendo –siempre que pueden– es consecuencia de las impactantes promesas electorales hechas sin el rigor de tener que cumplirlas. De las falsedades y trampas dialécticas revertidas de «concienzudas» aseveraciones técnicas, propias de quien se siente amparado por el poder de la gestión.

He comenzado citando el enfrentamiento armado en Ucrania y pienso continuar valorando las graves consecuencias que con su «tratamiento» informativo, con análisis simplistas, calificando dónde están los buenos y dónde los malos, allanan el camino a quienes calculan sus beneficios, contando víctimas, tanto civiles como militares.

Si no estuviera lleno de cinismo que esconde masacre y latrocinio, «El trío de Las Azores»; George Bush, Tony Blair, José María Aznar, bien pudiera ser titular de película. Pero no, ni fue, ni es ficción inteligente, sino la degradación de un sistema que agiganta y encumbra a quienes invaden, matan, destruyen y roban. Porque estos tres individuos, no exportaron democracia, sino todo lo contrario.

¿Alguien sabe, conoce, por qué volaron las torres gemelas en Nueva York?

¿Alguien sabe a qué se debe ese «celo profesional» por difundir la situación en Ucrania? Celo del que nadie se percató con las invasiones de Irak y Líbano. Celo profesional que ignora las víctimas de conflicto armado, actuales, de hoy en el resto del mundo.

En una sociedad en la que unos y otros se ufanan orgullosos de asegurar el futuro con generaciones de jóvenes «sabios» que garantizan un porvenir esplendoroso, cómo se puede ocultar y engañar, aplaudiendo a los responsables de tanta masacre.

En Bagdad y Trípoli saquearon, asesinaron y robaron cuanto quisieron, además de «cocinar» las bombas que más tarde mataron inocentes en Madrid. Hoy sus responsables son «estadistas» que continúan engañando al mudo, que les hace millonarios en dólares.

¿Cómo es posible que los medios de «información» sacudan sin piedad el cerebro de los contribuyentes, ignorando, engañando, ocultando que Aznar, Blair y Bush son igual de responsables que Putin en Ucrania?

¿Dónde está, para qué sirve el Código Deontológico?

Con el paso del tiempo no hemos aprendido lo que se supone. Es penoso observar cómo una sociedad supuestamente culta, cambia de opinión, bastando para ello la publicación más o menos vistosa de un video electoral.

Cualquier individuo, sea este vasco o español, medianamente dotado para pensar –hoy ejercicio de escasa valoración social– puede llegar a la conclusión de que este sistema es muy mejorable. Y es que si con la experiencia acumulada a lo largo de los siglos, aceptamos a la democracia como hallazgo de la ciencia política, es inadmisible que esta sea «manipulable» para los que –compartiendo doctrina y objetivos– con los responsable directos –sólo en Navarra– de la muerte de más de 3.000 personas. Que nunca pidieron perdón, ni devolvieron lo robado. Que nunca cumplieron condena, ni jamás han renunciado al logro de sus objetivos.

Esos que continúan hoy tratando de asaltar las estructuras de poder. Esos que hoy continúan su camino depredador aplicando «a otros» la doctrina Parot.

Permítanme finalizar dirigiéndoles una pregunta. Una pregunta concreta, concisa, esta: ¿qué es España?

 

 

 

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viernes, 25 de marzo de 2022

Ahmed el Bárbaro

La "comunidad internacional" se ha apresurado tanto en blanquear el rostro a regímenes criminales y autoritarios como Israel, Arabia Saudí, Qatar y los Emiratos Árabes Unidos que incluso han puesto en sus manos mecanismos internacionales de procuración de justicia.

Pues bien, en esas prisas algo ha salido mal, muy mal... incluso en los ya de por sí anómalos parámetros de la Interpol.

Así lo explica esta nota publicada por Naiz:


La Justicia francesa investiga al presidente de Interpol por torturas y «actos de barbarie»

La Justicia francesa ha abierto una investigación al presidente de Interpol, el emiratí Ahmed Nasser Al Raisi, por presuntas torturas y «actos de barbarie», según informan medios franceses.

Ahmed Nasser Al Raisi, presidente de Interpol, está siendo investigado por la Justicia francesa por «torturas» y «actos de barbarie» contra Ahmed Mansoor, uno de los principales opositores al régimen emiratí, encarcelado desde 2017. La investigación se ha abierto a raíz de una denuncia de la ONG Gulf Centre for Human Rights (GCHR).

Medios franceses han señalado este jueves que la investigación fue lanzada a instancias de la Fiscalía Nacional Antiterrorista, con sede en París. aunque no pueden detallar cuándo comenzó.

Fuentes judiciales han indicado a la agencia AFP que la denuncia se interpuso contra Al Raisi por la citada ONG, que le acusa de torturar a Ahmed Mansoor cuando el presidente de Interpol era inspector general en el Ministerior de Interior de Emiratos Árabes, puesto que ocupó desde 2015.

De acuerdo con la citada agencia, la investigación ha sido asignada a los gendarmes de la Oficina central de lucha contra los crímenes contra la humanidad, genocidios y crímenes de guerra (OCLCH).

Al Raisi fue elegido presidente de la Interpol en la Asamblea General que la organización policial internacional celebró en noviembre del año pasado en Estambul.

Esa elección tuvo lugar «a pesar de evidencias convincentes» sobre su participación en «violaciones serias» de derechos humanos sobre ciudadanos emiratíes y extranjeros, según denunció en su momento GCHR.

GCHR, con sede en Beirut, investiga violaciones contra los derechos humanos en los países del Golfo Pérsico y uno de sus miembros, Ahmed Mansoor, está encarcelado en Emiratos Árabes Unidos desde 2017 y puede haber sufrido torturas y abusos, según denuncia.




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lunes, 28 de febrero de 2022

El Mundo del Revés

En el marco del escenario abierto por la incursión militar ordenada por Vladimir Putin en Ucrania, desde Cubainformación traemos a ustedes este análisis acerca de las flagrantes inconsistencias que se perciben solo cuando se toman en cuenta datos que van más allá de lo que nos dice la prensa burguesa.

Adelante con la lectura:


El derecho de autodeterminación según la OTAN

José Manzaneda | Coordinador de Cubainformación

¿Se imaginan que el presidente de Cuba, por televisión, amenazara a los transportistas privados con suspender sus licencias, o con adjudicarles un antecedente criminal que les afectará en su futuro sustento económico?

Lo ha hecho el primer ministro de Canadá. Y no pasa… nada. En Ottawa, para acabar con las protestas de los camioneros, la policía arrestó a 190 personas e incautó cerca de 80 vehículos. Empleó gas pimienta, granadas aturdidoras y caballos, y activó un centenar de controles para impedir el acceso al centro de la ciudad. ¿Han leído en algún medio la palabra “represión”?

Libertad de prensa en Europa. El canal público alemán Deutsche Welle ha despedido a cinco periodistas de Palestina y Líbano, por mostrar las atrocidades de la policía y el Ejército de Israel. El argumento, el de siempre: su supuesto “antisemitismo”. Libertad de prensa en América Latina. Lourdes Maldonado, periodista mexicana que, hace dos años, había denunciado, ante el propio presidente de su país, que temía por su vida, ha sido asesinada en Tijuana. En Colombia, el periodista Julián Martínez, autor del libro “ChuzaDAS”, que destapó una parte de la actividad criminal del ex mandatario Álvaro Uribe, acaba de sufrir un atentado contra su vida. Pero donde no se puede ejercer el periodismo, nos dicen, es… en Cuba.

La gran prensa y el “anticastrismo” se pasaron años diciendo que la economía de Cuba estaba cerrada al mundo. Ahora hay una ley específica para la inversión extranjera en la Isla y una amplia cartera de oportunidades, pero el Gobierno de EEUU, con el apoyo del “anticastrismo”, persigue y sanciona a toda empresa inversora. Y la prensa… calla.

¿Cuántas veces hemos leído sobre la supuesta “homofobia institucional” en Cuba? Ahora, en 70 mil asambleas vecinales repartidas en toda la Isla, la población debate el nuevo Código de las Familias, que incluirá nuevos derechos, como el llamado “matrimonio igualitario”. Fuerte contraste con los proyectos de ley que, en el estado de Florida (EEUU), limitan derechos de la comunidad LGBTI. Contraste sobre el que no leerán una palabra en la prensa corporativa.

Y seguimos en Florida donde, por ley, en los colegios se deberá enseñar sobre el “peligro de la ideología comunista”. Hay al menos 155 leyes, en 34 estados de EEUU, que imponen al profesorado qué pueden y qué no pueden decir sobre política, racismo, género u orientación sexual. En Virginia y Dakota del Norte, por ejemplo, está prohibido explicar en el aula qué es la llamada “teoría racial crítica”, la que liga el racismo con el sistema social imperante en EEUU. Pero –recuerden- donde se “adoctrina” es… en Cuba.

112 millones de personas vieron la final de la Super Bowl (de fútbol americano) celebrada en Los Ángeles. Que no podía empañarse por la “mala imagen” de unos campamentos de personas sin techo, ubicados muy cerca del estadio. Así que allá fue la policía y los desalojó. Se calcula que 90 mil personas viven bajo puentes en el condado de Los Ángeles. Pero luego nos hablan de Cuba y Venezuela.

El bombardeo mediático occidental nos transmite que el gran agresor militarista, hoy, es Rusia, cuyo gasto militar es el 8 % del de EEUU, que ha participado en 58 intervenciones militares y 28 golpes de estado, y cuyo ejército ha lanzado, en los últimos 20 años, una media de 46 bombas cada día. Según la organización World Beyond War, con el 3% de su presupuesto militar se podría acabar con el hambre en el mundo.

Por cierto, hablando de guerras, intervenciones y soberanía: ¿se acuerdan de la encendida defensa, por parte de gobiernos como el de Alemania, del derecho de autodeterminación de Croacia y Eslovenia, hasta forzar su ruptura con Yugoslavia? ¿Y de las bombas de la OTAN sobre Belgrado “guiadas” por la autodeterminación de Kosovo? ¿Por qué ahora, entonces, Alemania, EEUU y la Alianza Atlántica se oponen a la autodeterminación del Donbass, cuya población votó en un 90 % por su separación de Ucrania y que ha solicitado la protección militar de Rusia? Son los intereses y el cinismo occidental, legitimados por un gigantesco y obsesivo aparato de propaganda mediática.

Por cierto, este jueves hubo nuevos bombardeos de Israel sobre Siria. ¿Se habían enterado?

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Video | El derecho de autodeterminación según la OTAN

 

 

 

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