Un blog desde la diáspora y para la diáspora
Mostrando las entradas con la etiqueta Resistencia. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta Resistencia. Mostrar todas las entradas

lunes, 13 de julio de 2026

1936: La Batalla por Donostia

Se acerca el 18 de julio y en el estado español se vive un clima de tensión política muy similar al de 1936, con una derecha envalentonada dispuesta a reventar el gobierno de Pedro Sánchez a toda costa.

Ante este escenario, conviene recordar lo ocurrido hace noventa años y lo hacemos por conducto de este magnífico reportaje publicado en Naiz:


Crónica de una victoria popular sobre el fascismo

En 1936, el Ejército español se levantó contra la República con éxito desigual. En Euskal Herria, en Gasteiz e Iruñea se impuso el fascismo sin piedad y con terribles consecuencias: solo en Nafarroa hubo 3.000 fusilados y sin frente de guerra. En Bilbo no se atrevieron a intentarlo. Esperaban que Donostia, antigua ciudad vacacional de la realeza, cayese como fruta madura, algo que no ocurrió con tal facilidad.

Josetxo Otegi Arrugaeta 

Se equivocaron. Donostia se convirtió en campo de batalla que hizo realidad el “¡No pasarán!”. Surgieron muchos nombres propios; siendo imposible recordarlos a todos, no podemos dejar de mencionar a los anarquistas Manuel Chiapuso, Felix Likiniano, Kasilda Hernáez; al comunista Jesús Larrañaga; al abertzale Mario Salegi; al comandante Augusto Pérez Garmendia; al jelkide Manuel Irujo; al socialista Miguel Amilibia… Fueron artesanos de aquella victoria, no exclusivamente donostiarra. Hubo combatientes de Arrasate, Eibar, Hernani, Errenteria, Bergara, Pasaia, Bilbo y alaveses y navarros que habían huido de la represión, sin olvidar a los asturianos, galegos y tantos otros…

Contra todo pronóstico, resistieron con firmeza al fascismo y lo vencieron. Este año se cumplirán 90 años de aquellos acontecimientos que conoceremos de cerca a continuación.

18 de julio, sábado: confusión 

El Ejército español se rebeló en África. “El Diario Vasco” publicó en su portada una curiosa noticia: «Hoy hará buen tiempo». Proporcionaba así la señal para el alzamiento a quienes esperaban la orden. Circularon mil rumores y reinó la confusión. Sin pérdida de tiempo, las organizaciones de izquierda empezaron a organizar a su gente, por si acaso. Bernardino Vega, trabajador de Telégrafos, retuvo un telegrama: lo enviaba desde Iruñea el general Mola al gobernador militar de Gipuzkoa, León Carrasco: Mola le ordenaba que declarase el Estado de Guerra. Bernardino entregó el telegrama a las autoridades. Sin saberlo, ganó un tiempo muy valioso pero, por ello, los franquistas lo fusilaron después en 1938.

Aquella confusión afectó también al PNV, cuya dirección debatía qué hacer en Donostia. Desautorizó a Manuel Irujo, que públicamente ya se pronunció contra el levantamiento, y se decidió la neutralidad del PNV, que se daría a conocer al día siguiente en “El Día”. Sin embargo, tanto Irujo como (José) Lekaroz, director del periódico, decidieron por su cuenta no hacerlo, pues aquella postura era inviable. Desde entonces, Irujo se esforzó en convencer a sus colegas del apoyo a la República.

19 de julio, domingo: tensión y organización

Las inquietantes noticias que llegaban aumentaron la tensión. Hacia las 04:00, el gobernador militar Carrasco convocó en la Comandancia Militar (calle Ijentea, actual Palacio Goikoa) a los tenientes coroneles De la Brena y Vallespín. Estos se dirigieron desde el cuartel de Loiola escoltados por dos vehículos blindados y varios camiones con soldados. En Alde Zaharra la gente estaba alerta. Allí tenían sus sedes PSOE, UGT, PCE, PNV y ANV. Al llegar al Boulevard, dispararon contra el convoy militar, matando a un soldado. Los militares colocaron frente a la Comandancia Militar dos ametralladoras y dos cañones, «por seguridad».

Nadie dormía. De madrugada, un coche amarillo ocupado por fascistas recorría la ciudad tiroteando a los grupos de trabajadores organizados (milicianos) que encontraba. Proliferaron francotiradores aislados, disparando desde las casas a los milicianos. Las armerías fueron asaltadas (por ejemplo, en la calle Hondarribia) y se improvisaron talleres para fabricar armas (los anarquistas fabricaron granadas en Oria y cócteles molotov en Trintxerpe).

El gobernador civil, Jesús Artola, convocó al gobernador militar Carrasco al Gobierno Civil (calle Okendo). Debido a la nula confianza que inspiraron sus respuestas, Carrasco quedó retenido. Ante la gravedad de la situación, se organizó una Junta de Autoridades, formada por el gobernador civil, los cinco diputados a Cortes por Gipuzkoa (los jelkides Manuel Irujo, Rafael Pikabea, Juan Antonio Irazusta y Jose María Lasarte, y el socialista Miguel Amilibia), así como el comandante Pérez Garmendia, uno de los escasos militares leales, que apareció por puro azar. La Junta organizó una columna para liberar Gasteiz. Cientos de voluntarios respondieron a la llamada.

En Egia, en la carretera que conduce a Loiola, se levantó una gran barricada con el material de la fábrica de ladrillos (actualmente el nº 5 de la calle Egia). En Gros, el mencionado coche amarillo fascista apareció a la altura del hospital, que se ubicaba en la actual avenida de Navarra, y los milicianos lo tirotearon. La gran incógnita eran los cuarteles de Loiola. Los anarquistas instalaron un puesto de observación en la casa del cura del hospital de la Misericordia en el alto de Zorroaga. Por la noche, los militares detuvieron a siete vecinos del barrio en los alrededores del cuartel: no querían testigos. Los encerraron durante ocho días, incomunicados, sin luz y apenas comida.

20 de julio, miércoles: dudas y preparativos

Los militares no se movieron. No sabían qué hacer. Todos esperaban. En las calles no se veían fuerzas policiales, solo grupos de milicianos. La Junta de Autoridades solicitó a Loiola la participación de artilleros en la columna que partiría a Gasteiz. El teniente coronel Vallespín llamó por teléfono al Gobierno Civil asumiendo unilateralmente el cargo de Gobernador Militar, y amenazó con bombardear Donostia si el gobernador civil no lo confirmaba en el cargo. Ante esto, el gobernador civil y otras autoridades se fueron a Eibar. Los que se quedaron en Donostia, dejaron el Gobierno Civil y se trasladaron a la Diputación (Plaza de Gipuzkoa) como medida de seguridad.

21 de julio, martes: comienza la partida

A las 10:00 de la mañana, la columna que liberaría Gasteiz se alineó para salir por la carretera general en el Antiguo. Esperaron en vano a los militares de Loiola. La columna la formaban miembros de las milicias populares, guardias civiles repúblicanos, carabineros y mikeletes, en total unas 500 personas. El comandante del Ejército Augusto Pérez Garmendia la encabezaba (destinado en Oviedo, el alzamiento lo sorprendió de vacaciones en Biarritz. Se presentó en el gobierno civil de Gipuzkoa, y comprobada su lealtad, le pidieron que se quedara). La columna se armaría en Eibar, donde se reuniría con una columna de Bilbo, para después dirigirse a Gasteiz por Arrasate.

Hacia el mediodía, el gobernador militar Carrasco fue liberado. Fue al Hotel María Cristina, llamó a la Unión Radio y anunció al locutor que se declaraba el Estado de Guerra. Después, Carrasco marchó al cuartel de Loiola. Los milicianos, sin tardar, tomaron la Unión Radio San Sebastián (en la avenida de la Libertad), interrumpiendo la emisión del comunicado de Carrasco.

Hacia las 17:00, dirigidos por el capitán de la Guardia Civil Adolfo Cazorla, un grupo de falangistas, guardias civiles y guardias de asalto dispararon contra un conjunto de gente y carabineros republicanos reunidos delante del Hotel María Cristina. Mataron a dos personas, tomaron rehenes y se hicieron fuertes en el hotel. Mientras, el Círculo Easonense de la calle Ijentea (actualmente debajo está la pastelería Oiartzun), la Comandancia Militar y la Comandancia de Marina (actual Hotel Lasala Plaza) ya estaban en manos de los sublevados. En el Casino (actual Ayuntamiento) se parapetaron otros soldados, guardias civiles y falangistas.

En Gros, un grupo de francotiradores tomaron el Hotel Príncipe de Saboya y el frontón Urumea. Ambos edificios permitían dominar las calles Ramón Mª Lili, Usandizaga y Agirre Miramon, y mantenían bajo su fuego el puente del Kursaal. Muy cerca de allí, otro grupo tomó el edificio de La Equitativa, desde allí controlaban el puente de Santa Catalina (paso entre Gros, Egia y el Centro).

Las autoridades republicanas de Donostia ordenaron que volviese la columna que partió hacia Gasteiz. Se encontraba en Arrasate, reforzada con gentes de Eibar, Arrasate y una columna de Bilbo (dirigida por el teniente de Asalto Justo Rodríguez). Entrarían de vuelta en Donostia por distintos sitios, unos en tren, otros en camión.

22 de julio, miércoles: la jornada clave

En la noche del 21 al 22, los militares salieron del cuartel de Loiola por fases. Primero establecieron un perímetro defensivo alrededor del edificio para protegerlo de cualquier ataque. En Egia, 100 soldados dirigidos por un capitán tomaron los caseríos que se encontraban a 150 metros del cementerio de Polloe (actualmente, calle Gabriel Aresti), ya que desde ellos se dominan los cuarteles de Loiola. Además, se apoderaron del convento de las Hermanas de los Pobres en Aldakonea. Entre aquellos soldados había tiradores de élite que causaron numerosos muertos entre los milicianos.

Los caseríos de Egia (Lorenziene Aundi y Txiki, Udaraberri, Etxetxo, Zamarra, Igola, Sibilia Haundi, Otxoki…) formaron un frente de guerra. Todos sufrieron daños materiales y el saqueo de los soldados. La situación estratégica del caserío Txurkoene motivó duros combates por su posesión. Su fachada y muros laterales fueron acribillados a tiros, y en la pared oeste un cañonazo del cuartel de Loiola hizo un gran agujero. En el hoy desaparecido caserío Moskotegi, los militares mataron al joven Miguel Alkiza y robaron a sus residentes. En Sibilia Txiki (hoy desaparecido), al encontrarse atrapado entre dos fuegos sus 22 habitantes -entre ellos 14 niños-, pasaron tres días refugiados en la cocina de la planta baja.

Los militares también tomaron el monte Ametzagaña, detrás del cuartel, donde posicionaron dos cañones de 155 mm y varias ametralladoras. Como les cortaron el suministro de agua, los militares obtuvieron allí el agua necesaria. También en esa zona, los soldados tomaron el asilo de Uba para protegerse de posibles ataques desde Martutene.

En el barrio de Gros, el miliciano Ceferino Rey murió a manos de francotiradores a la altura del nº 10 de la calle Miracruz. No lejos de allí, los milicianos hostigaban a los fascistas situados en el Hotel Príncipe de Saboya y el frontón Urumea. Les atacaron con botellas incendiarias, quemando las oficinas y el bar del frontón. En la esquina de la calle Iztueta y el paseo de Francia (los jardines de la Estación del Norte), los militares colocaron una ametralladora con la que, además de matar a varios milicianos, impedían el paso de todo vehículo entre Gros y Egia.

El momento decisivo

Hacia las 04:00 de la mañana salió una columna del cuartel de Loiola, dirigiéndose por la orilla del Urumea hacia el centro de la ciudad (el barrio Amara Berri no existía). Los milicianos les dispararon desde la otra orilla. Creyendo que les disparaban desde el caserío Beroiz-enea (actualmente desaparecido, estaba en el recinto actual del campus de Deusto), los soldados les dispararon dos cañonazos y 125 balas, destrozándolo e hiriendo a sus residentes.

Al llegar al barrio de Amara, la columna se dividió. Una parte siguió por el paseo Árbol de Gernika y llegó sin problemas hasta el Hotel María Cristina. Pero la columna que entró en la calle Urbieta chocó con una firme resistencia a la altura de la calle Larramendi, donde tenía su sede (sobre el actual bar El Nido) el sindicato anarquista CNT, que organizó su defensa: cerraron por ambos lados la calle Larramendi con barricadas, se atrincheraron en el convento del Corazón de Jesús situado enfrente y en las Escuelas Públicas de la calle Urbieta. También colocaron vigías en los tejados de las calles Moraza, Urbieta y Larramendi, con explosivos artesanales y botellas incendiarias.

Eran las 04:30 cuando los militares se adentraron en la calle Urbieta. Cerca de la calle Moraza, los milicianos abrieron fuego. Los soldados, al no poder avanzar, entraron en grupos en varios edificios, como el Hotel Correo (esquina de calle Urbieta con calle Larramendi). También intentaron rodear la calle Larramendi por la calle Prim, pero fue en vano. Entonces, la tropa retrocedió hasta la plaza Centenario: desde allí, y desde el portal nº 42 de la calle Urbieta, bombardearon con morteros las barricadas de la calle Larramendi. Con un vehículo blindado ametrallaron los portales donde estaban los milicianos, que utilizaban colchones confiscados en las casas para protegerse. Los militares obligaron a varias personas a retirar las barricadas y a sacar a sus heridos de lugares peligrosos. Dentro de algunas casas hubo combates.

La CNT se estaba quedando sin municiones. Algunos milicianos fueron en un camión blindado improvisado al cuartel de la Guardia Civil de Ondarreta en busca de armas. En el cuartel, que estaba vacío, consiguieron unas cajas de granadas. Tan pronto como entraron en la calle Urbieta, los militares lo alcanzaron con fuego de mortero, destruyendo el camión, pero se salvaron las granadas, y con ellas contuvieron nuevos ataques fascistas.

Pero esas granadas también se acabaron. La situación era dramática. Entonces se produjo un giro inesperado: hacia las 09:00 de la mañana, entró en Amara un tren lleno de milicianos bien armados proveniente de Eibar. Estos no sabían qué encontrarían, pero reaccionaron rápidamente. Bajaron del tren y dispararon sobre los soldados, atrapándolos por la retaguardia por sorpresa. Los militares intentaron repelerlos en la calle Moraza, pero tuvieron que huir a Loiola, abandonando sus armas pesadas.

Dos columnas milicianas más, también procedentes de Eibar, aparecieron por Aldapeta cantando “La Internacional” y por la actual avenida Zumalakarregi en el Antiguo. Los milicianos de la CNT habían resistido durante cinco horas en un combate tan desigual como decisivo para el fracaso del alzamiento fascista en Donostia. El comandante Augusto Pérez Garmendia, al llegar a Donostia, ayudado por el comandante García Larrea, estableció su cuartel general en el nº 47 de la calle Easo.

Paralelamente, los sublevados lograron sabotear unas horas las instalaciones de la antena de la Unión Radio San Sebastián en el monte Igeldo. Los milicianos repararon las averías. Los militares dispararon entonces a la antena con un cañón de 155 mm desde Ametzagaña. No la alcanzaron de lleno por poco.

¿Qué sucedía en Alde Zaharra? Aquella mañana, unos 100 milicianos atacaron la Comandancia de Marina. Tras una breve lucha, la tomaron, pero no sin sufrir bajas. Condujeron a los oficiales de Marina capturados a la sede del UGT (nº 28 de la calle 31 de Agosto). Acto seguido, varios milicianos (entre ellos el abertzale Mario Salegi), armados en su mayoría con pistolas, atacaron el Club Náutico, al cual se acercaron protegiéndose tras un muro; corriendo y disparando a las ventanas, entraron por la planta baja y continuaron la lucha en el interior, apresando a varios guardias civiles. Poco después, se llevaron en txalupas a los prisioneros y a los heridos por las escaleras traseras del Club Náutico hasta el puerto, evitando los disparos del Casino.

Este constituía una posición muy difícil. Se habían realizado varios intentos para tomarlo, sin éxito. Los sublevados tenían tres ametralladoras pesadas apuntando al Boulevard, a la calle Mayor y a la zona del Club Náutico. Además, el Casino estaba rodeado de una valla de hierro, un obstáculo importante.

Aquella misma mañana, en Pasaia, los arrantzales del sindicato Avance Marino tomaron por sorpresa el Torpedero nº3. Obligaron al teniente de navío, Amador González-Posada, a llevarlo hasta Donostia, para ayudar en la lucha contra los fascistas. El militante de ANV José Placer Martínez de Lecea, gasteiztarra, se puso al timón. Hacia el mediodía, el Torpedero nº3 entró en la bahía de la Concha, disparando al Casino. No provocó grandes daños, sus cañones eran de pequeño calibre (47 mm), aunque debilitó la moral de sus ocupantes. Los cañones de 155 mm que los militares tenían en Ametzagaña abrieron fuego contra el torpedero sin alcanzarlo, pero forzándolo a salir de la bahía. El torpedero se situó en la Zurriola y bombardeó el Hotel María Cristina, causando escasos daños, pero desgastando la moral de los sublevados.

Otra columna procedente de Eibar (entre ellos 35 guardias civiles republicanos dirigidos por el comandante García Ezkurra) entró corriendo en el Boulevard por las calles Elkano y Garibai. Cubriéndose tras los árboles, se acercaron al Casino en medio de un violento tiroteo. Otros milicianos se les sumaron en el ataque por las bocacalles de Alde Zaharra. Ayudándose para alcanzar las ventanas, entraron en el Casino. Tras una lucha cuerpo a cuerpo, lo tomaron. Acto seguido, atacaron la Comandancia Militar, que se rindió inmediatamente.

El siguiente objetivo sería el Hotel María Cristina. Se emplearon todos los medios al alcance para someterlo: lo tirotearon (desde el Teatro Victoria Eugenia y alrededores), se utilizó un mortero capturado en Amara y se intentó incendiar el hotel empleando una bomba de los bomberos para lanzar el combustible (el conductor del camión cisterna murió en el tiroteo). Los fascistas colocaron rehenes en las ventanas del hotel para impedir los disparos milicianos. Varios rehenes murieron así, como Anastasio Carro, atrapados entre dos fuegos .

23 de julio, jueves: punto de inflexión

Por la mañana, los militares intentaron un nuevo ataque desde Loiola, pero el puente que une Loiola y Egia estaba prácticamente derruido por los explosivos de los milicianos, frustrando la ofensiva.

Paralelamente, los milicianos atacaron la ametralladora de la calle Iztueta (Gros) con un cañón de montaña desde el final de la calle Iparragirre, causando heridos en la posición. Finalmente, un miliciano lanzó dos bombas de mano por encima de la valla de los jardines y acabó con la ametralladora. Cerca de allí, quince milicianos atacaron a los atrincherados en La Equitativa. Colocaron un cañón enfrente, por detrás de un surtidor de gasolina cercano, mientras les disparaban desde el edificio. Los milicianos, sufriendo cuatro muertos, solo acertaron de lleno un cañonazo y tuvieron que retroceder. Al otro lado del río, hacia el anochecer, los sublevados del Hotel María Cristina se rindieron, al ver que no recibirían ayuda exterior. Los milicianos hicieron cientos de prisioneros. Viendo esto, bajo la presión de los milicianos, los sublevados abandonaron inadvertidamente La Equitativa, el Hotel Príncipe de Saboya y el frontón Urumea. No lejos de allí, tras un duro tiroteo, los militares se retiraron del convento de las Hermanas de los Pobres del alto de Aldakonea (Egia).

24 de julio, viernes: comienza el sitio de los cuarteles

Los militares se replegaron al cuartel, abandonando la posición de Ametzagaña, que fue inmediatamente ocupada por los milicianos. Comenzó el asedio de los cuarteles de Loiola. Los milicianos también tomaron posiciones en torno al asilo de Uba. Desde allí disparaban contra los cuatro obuses emplazados en el patio del cuartel apuntando a los fuertes de San Marko (Errenteria) y Txoritokieta (Astigarraga), en manos republicanas, impidiendo que los utilizaran. Era una situación paradójica en la que los sitiados estaban mejor armados que los sitiadores. Los milicianos emplearon todo medio a su alcance: bombardearon el cuartel con una avioneta civil pilotada por el concejal de Gasteiz Sebastián San Vicente, pero con escaso resultado.

Por otra parte, se clausuró “El Diario Vasco” (nº 37 de la calle Garibai) por orden gubernativa y su imprenta fue confiscada por complicidad con el alzamiento fascista. En su rotativa se comenzó a imprimir el periódico “Frente Popular”, publicado diariamente hasta la caída de Donostia en manos fascistas (13 de septiembre).

25 de julio, sábado / 26 de julio, domingo: asedio

Continuó el asedio. Se volvió a bombardear el cuartel: el sábado, con una avioneta civil, y el domingo, con un trimotor republicano procedente de Madrid. Además de causar heridos y daños importantes, debilitó mucho la voluntad de lucha de los soldados.

27 de julio, lunes: asedio

Los milicianos acarrearon un obús de 275 mm desde el fuerte de Guadalupe (Hondarribia). Lo colocaron en el alto de Amara. El primer disparo cayó delante del cuartel; el segundo, pasó por encima; el tercero y el cuarto, dentro. Muchos soldados desertaron. Ignacio Aramendi, soldado que estaba preso en el cuartel, fue enviado por los oficiales a la Diputación con una carta con las condiciones para su rendición.

28 de julio, martes: victoria popular

Tras varias negociaciones, los militares se rindieron oficialmente en el puente de Urdinzu, delante de los cuarteles, quedando completamente vencido el alzamiento fascista en Donostia. Lo hicieron ante una representación de la Junta de Autoridades, pues temían a los milicianos y buscaban la protección de una autoridad oficial. Los diputados Rafael Pikabea (PNV), Juan Antonio Irazusta (PNV), Miguel Amilibia (PSOE), Jose María Lasarte (PNV) y Manuel Irujo (PNV), además del comandante Augusto Pérez Garmendia y Jesús Larrañaga (PCE), representaron en este acto al pueblo.

Mientras, los milicianos anarquistas entraban en el cuartel por el puente de Espartxo (en la parte posterior) y se apoderaron de la mayoría de fusiles. Aquello produjo una crisis entre las fuerzas antifascistas, pero no fue a más. La CNT siempre puso aquellas armas al servicio de la lucha contra los sublevados. Los prisioneros capturados en Loiola fueron trasladados a la Diputación bajo fuerte escolta. Las banderas de los regimientos de artillería e ingenieros fueron colocadas en el balcón principal de la Diputación. Fue una victoria tan cara como efímera: duró hasta el 13 de septiembre. Pero fue, sin duda, una gran victoria popular, que merece ser recordada y celebrada.




°

sábado, 7 de febrero de 2026

Entrevista a Ramón Zallo

Les recomendamos la lectura de esta entrevista a Ramón Zallo publicada en el portal de Viento Sur:


“Retrovisor y bisturí. Memoria crítica de una resistencia”

Begoña Zabala González

[La editorial Alberdania acaba de publicar el libro cuyo título encabeza este artículo. Un libro, el último por ahora, de Ramón Zallo, que es, efectivamente, la memoria de una resistencia. Una memoria personal, pero, como dice su autor, también, “una contribución a la memoria colectiva crítica de mi generación, una generación de izquierda y abertzale”, aunque esa experiencia militante “es distinta a la de la izquierda abertzale convencional desde la ruptura de 1970”.

Ramón Zallo ha sido y es un activista político y social, un revolucionario, con un sólido pensamiento crítico, libre y creativo que es la auténtica forma de serlo. Y ha sido y es, trabado con ello, un intelectual radicalmente democrático. Su actividad intelectual es su faceta pública más conocida, llena de conferencias, libros y artículos de los que en el libro se recogen referencias (desde que en 1995 escribió, junto a Pedro Ibarra, Comunidad, nación y federalismo, ha sido un colaborador muy habitual en  viento sur). Un intelectual con el que es indispensable reflexionar y conversar, sobre el pasado, el presente y las miradas al futuro de Euskal Herria, a sus debates y a sus compromisos, a sus confrontaciones y a sus encuentros, e incluso más allá de Euskal Herria. Conversación indispensable, también, sobre la(s) cultura(s) y las políticas culturales, territorios en los que su análisis riguroso y su pensamiento crítico, son una referencia muy importante.

De todo eso va la memoria de una resistencia vital, vivida con pasión, de Ramon Zallo que en este libro lo cuenta y analiza utilizando para ello el retrovisor y el bisturí. Habla de todo ello aquí conversando con Begoña Zabala.]

Begoña Zabala. De entrada, preséntanos el libro: qué te ha llevado a escribir este libro de memoria crítica personal y colectiva.

Ramón Zallo. Las circunstancias. Nunca tuve la intención de escribir unas memorias. Es más, decía que nunca las escribiría. Pero como escribí algunas páginas para tres grabaciones que me requirieron un testimonio y todo lo preparo por escrito, pensé en completarlas al constatar que una parte de mi generación política carecía de testimonios públicos explicativos sobre sus trayectorias especialmente en los años 70 y 80. Así pretende ser una memoria personal, pero también una contribución a la memoria colectiva crítica de mi generación, una generación de izquierda y abertzale. Especialmente la militante es bastante desconocida, y distinta a la de la izquierda abertzale convencional desde la ruptura de 1970. Tiene bastante de memoria política personal con retratos y debates de época. Por fuerza conjugo en primera persona, lo que me es completamente inhabitual. También le he añadido un tono de humor en algunos temas.

B.Z. Como género literario parece que cabalga entre la memoria y el pensamiento crítico, dentro de lo que se conoce como temas de ensayo. Pero no es un libro de historia, esto lo tienes claro.

R.Z. No es un libro de historia. Solo se trae a colación la vinculada a mi memoria. Es una peculiar intersección entre lo biográfico y lo ensayístico, incluyendo ocasionalmente artículos de prensa de antaño al hilo de la narrativa. También menciono cosas de mi vida en el campo -40 años- huertas, plantas y jardines, perros y gatos, txakoli, monte y la identificación de los pájaros. Mas rural que urbano en forma de vida, fui más urbano que rural en pensamiento.

En lo que se refiere a la estructura y contenido, está dividido en dos partes. La primera, desde 1965 a 1985, relata los años de militancia organizada. Fui detenido en varias ocasiones, con sus consiguientes maltratos, tuve varios juicios y viví un tiempo en la clandestinidad. En 1985, abandoné la militancia política organizada, pero no el activismo de las ideas y movimientos: universidad, por la paz, sistema mediático. En esa segunda larga etapa, desde el 85 hasta hoy, primero publiqué mi tesis doctoral y después me impliqué mucho más en la construcción democrática, progresista y euskaldun de la Euskal Herriko Unibertsitatea (Universidad del País Vasco). Se había fundado no hacía mucho: 1980. En 1990 volví a escribir sobre política.

Aunque los 20 primeros años fueron más duros y me marcaron más, los 40 siguientes fueron más fructíferos. Mi vuelco sobre la academia con 40 años de trabajos en ciencias sociales ha absorbido más dedicación, y el libro, al ser más de biografía y temática política, no lo enfatiza. Mis campos han sido la Economía de la Comunicación y la cultura y las Políticas Culturales y Comunicativas, sin abandonar por ello el análisis político en artículos, medios o libros.

De hecho, la militancia política organizada la sustituí en 1985 -tras el fracaso electoral de Auzolan, que no de Batzarre- por una militancia social e ideológica. En mi labor no había tema de actualidad que no analizara en los media. Era un francotirador, pero se hizo cierta escuela en la Universidad, o en la corta experiencia en el diario El Mundo del País Vasco (1994-1996), o en Elkarri. Me leían, veían u oían tirios y troyanos en Radio Euskadi o ETB. Me vi a mí mismo más como un educador y un militante social sin privarme de apoyar organismos (Elkarri) o montarlos (Elkarbide, Erabaki) estructuras que plasmaban esas ideas. El libro Euskadi o la Segunda Transición” (Erein, 1997) fue mi aportación de época, así como el libro que coordiné El País Vasco en sus encrucijadas: diagnósticos y propuestas (Ttarttalo 2008) con 32 universitarios/as robando la supuesta supremacía del españolismo en el pensamiento universitario. Dediqué mucho esfuerzo a teorizar el “tercer espacio”, un espacio de paz a través del dialogo y la negociación para acabar con la violencia y canalizar la cuestión nacional. Hay un momento en que ese pensamiento fue mayoritario. De alguna manera el acuerdo de Lizarra primero, y el preacuerdo de Loiola después, tienen un eco de aquellas tesis. La apuesta por el soberanismo con una relectura a la vasca de la experiencia y doctrina quebequesa, también llegó en esos años 2000.

B. Z. Sin duda, te ha servido, en parte, para hacer algo de balance de tu vida. ¿Sería un balance positivo, satisfactorio contigo mismo?

R. Z. No me puedo quejar, he tenido una vida rica, moralmente gratificante y sencilla; he hecho lo que tenía que hacer y mi libertad de pensamiento ha sido lo que más he protegido. Gracias a eso, aprendí a dialogar y a ser pluma de una inteligencia colectiva. Habré escrito más de 100 borradores de manifiestos colectivos que, luego, había que pulir colectivamente. Esa dedicación intensiva la han pagado en falta de atención a la vida familiar Maite y Doltza.

B. Z. En tu libro relatas dos luchas destacadísimas de Euskal Herria en el ámbito ecologista, como son la de la central nuclear de Lemoiz y el macroproyecto cultural Guggenheim Urdaibai. La primera se sitúa casi en las primeras luchas ecologistas en Euskal Herria protagonizadas por un naciente y potente movimiento ecologista, y la segunda, de ahora mismo, donde el movimiento reivindicativo y de defensa de la tierra también ha sido central. ¿Quieres hacer paralelismos, distancias, discordancias y protagonismos de estos dos hitos movimentísticos?

R. Z. Hay continuidad en el propósito de defensa de la tierra y de la vida, y en el logro de parar ambos, pero hay mucha discontinuidad por contextos, tipo de conflictos, dimensión y madurez.

Lemoiz cabalgó el franquismo y la Transición, una democracia incipiente que no sabía manejarse, con una oposición muy masiva en Euskal Herria a la Central Nuclear, que era entendida como una amenaza colectiva para los núcleos urbanos próximos, incluido el Gran Bilbao, de imposible evacuación en caso de emergencia. Era una defensa elemental. De ahí que se apuntara ETA con atentados mortales y sabotajes, con el contradictorio efecto de reducir los apoyos sociales, pero, en cambio, asustó a las élites. Con todo, en el libro introduzco la hipótesis de que para cuando el presidente español Felipe González mandó parar (1984), a las eléctricas ya no les interesaba la sobreoferta de energía. Lo dijo Eguiagaray: que les salía más a cuenta cobrar indemnizaciones que continuar.

En cambio, la lucha contra el proyecto Guggenheim Urdaibai, se produce en el contexto de una democracia madura en normas e instituciones, en pleno rendimiento y sin marcos de violencias. El conflicto ha sido más territorial (Busturialdea) aunque con ecos para toda Euskal Herria. Aquí, la amenaza ha sido menos a la vida humana como a la naturaleza protegida -la Ley de Urdaibai (1988) suministraba una panoplia de normas para la defensa de eventuales desmanes- y a un modo de vida. En cambio, las aportaciones del movimiento opositor -ya que debate no ha habido al rehuirlo las instituciones- han sido especialmente ricas al combinarse las dimensiones ecológicas, económicas, urbanísticas, la legislación protectora de estuario, fauna y flora, la cuestión de los accesos, el estado del estuario, la financiación, la situación de okupa del Astillero… Aún no ha acabado (recuperación de la marisma y de la zona del astillero, Plan económico comarcal..) a pesar de la cancelación institucional declarada del proyecto por presión popular. Las “explicaciones” argüidas por las instituciones las desmonté, punto a punto, en esta misma revista.

B. Z. Aparece de forma recurrente en el libro el tema de los movimientos sociales, especialmente los nuevos movimientos, como se les llamó, pero también de las luchas sindicales. Destacas la importancia que han tenido en tu trayectoria y práctica política y social y también en los años de militancia, especialmente en la LKI. ¿Puedes comentarnos un poco el papel de los movimientos en Euskal Herria y su importancia para la transformación social y la estrategia política?

R. Z. Euskal Herria ha sido pródiga en crear movimientos sociales y sindicales con poder de influencia y de negociación, cuya influencia desbordaba el ámbito militante en el que operaban. Generaron una cultura política multisectorial (vecinal, feminismo, vivienda, ecología, internacionalista, movimientos por la paz, gobernanza…) y colectiva que empapó a todos los partidos, y a la ciudadanía. Fueron educadores colectivos y condicionado los programas y argumentaciones de todos los agentes. Junto a los nacionalismos, también el éxito de los movimientos, explica la marginalidad del fascismo por estos lares. Hicieron mucha pedagogía; contaban con cuadros y militantes formados, en aprendizaje permanente con las luchas y el seguimiento de las experiencias internacionales, dedicando a eso su energía. Su procedencia mayoritaria era la izquierda radical que, de forma temprana, se quedó fuera de las competiciones electorales y muchos prefirieron no dar el salto a los partidos con votos, para zambullirse en crear tejido social progresista y arraigado.

B. Z. Aunque midiéndolo en tiempo de años, has estado más años de independiente (con respecto a los partidos concretos) que de militante, los años de militancia aparecen con mucha enjundia en la historia, quizás por la época, o por la relativa importancia de las organizaciones, ETA, ETA VI y LKI. Coméntanos cómo ves el papel de estas organizaciones en esos tiempos, hasta que LKI se disuelve.

R. Z. Las veo como adelantadas e innovadoras en pensamiento político, que va calando en otros programas, especialmente en la Izquierda Abertzale con la que se tenían relaciones privilegiadas y de unidad de acción, ­de hecho, una alianza implícita bastante estable­ al margen del discurso sobre la coyuntura o sobre el rol de las violencias. La influencia sobre la Izquierda Abertzale en una visión democrática nacional de la cuestión vasca en claves de autodeterminación fue clara, así como en los discursos sociales que tardaron algo más en manifestarse en tanto la corriente se había monotemizado en la cuestión nacional y encajonado estratégica y tácticamente por la persistencia de ETA y el obligado esfuerzo antirrepresivo.

Se abrió paso la conciencia de que la legitimidad en una cuestión nacional viene de la democracia y de que la extensión de un proyecto nacional significa ir más allá de los perfiles culturales, idiomáticos o ideológicos de sus bases tradicionales, para ahondar en el patriotismo político que hunde sus raíces en el apoyo social, la voluntad mayoritaria y un proyecto ilusionante que, de todos modos, serían imposibles sin la base de una herencia cultural y territorial movilizadora y compartida.

B. Z. Con el tiempo que ha pasado ya desde el abandono de la lucha armada por parte de ETA y la evolución que han seguido EH-Bildu y Sortu, el análisis de las diferencias con la izquierda abertzale, y especialmente el análisis de la violencia política, desde tu perspectiva y la de la izquierda radical a la que haces referencia, parece que se puede relatar con más tranquilidad. Cómo ves desde esta perspectiva las diferencias que separaron a estos dos mundos y la supervivencia del tercer espacio, o algo parecido. O si no, más sencillo: Uno de los elementos de diferenciación de tus posicionamientos y los de tu corriente, fue esencialmente la violencia política dentro del conflicto vasco y su utilización, no solo por ETA sino por el Estado. ¿Puedes hacer una referencia a estas disidencias?

R. Z. ETA (VI) abandonó la lucha armada en 1970 aunque no las acciones puntuales de propaganda armada o de financiación. Apostó por la organización de cuadros y estructuras de los movimientos, o sea, la estructuración del tejido social de oposición al franquismo, para lo que las organizaciones armadas de acción intensa eran un inconveniente para la acción, organización y reclutamiento, pues una organización armada urbana requiere mucha militancia y entorno durmiente con mucha militancia durmiente no implicada en luchas. Tanto ETA Militar como ETA Político-Militar eran de la trinchera antifranquista, así que podías criticar o alabar una acción u otra, pero entendíamos su legitimidad como defensiva contra el tirano más allá de la utilidad, crueldad, proporcionalidad o impacto de cada acción. Tenía un efecto propagandístico de empoderamiento popular vicario: un “sí se puede”. Nuestro enfoque crítico con las acciones y la estrategia no era de denuncia de las organizaciones –eran del bando antifranquista- , y había cobijo para las escapadas de sus huidos; pero a partir de que se acaban la institucionalización vasca y la Transición, homologado el régimen del 78, con elecciones sucesivas de representantes, la entrada en Europa, incluido el triunfo del PSOE y desaparecida ETA (PM) en 1982 …- hay un punto de deslegitimación creciente de la lucha armada que viene acompañada de hitos duros como el asesinato de Yoyes o la bomba de Hipercor (indicando crueldad y falta de evaluación de las consecuencias), y de un mal cálculo sobre lo que se podía esperar de las conversaciones de Argel con la oposición añadida de todo el arco vasco alrededor de la Mesa de Ajuria Enea.

El Régimen del 78, como ya era evidente en los 90, no era un neofranquismo aunque estuviese trufado de dominación y violencia. Los 90 podían haber sido los del cierre, ya sea con paz por negociación (ahí estaba Elkarri) o, en el peor de los casos, paz por presos. La espiral que siguió fue, en cambio, de fuga hacia adelante con acciones más limitadas pero duras, traumáticas, contra electos, periodistas, y de más impacto emocional social. Se entra en un terrorismo selectivo. Yo ya no militaba en LKI. Personalmente respecto a ETA, ya no tengo solo un desacuerdo sobre la estrategia y su horizonte, sino que sus acciones tampoco pasan los filtros (justicia, proporcionalidad, ética, oportunidad, alternatividad, utilidad, acumulación de fuerzas). El sentido mismo de ETA estaba en cuestión. Mí crítica se globalizó sin dejar por ello de denunciar con igual énfasis los abusos del poder, torturas o la involución política o de facilitar una salida política. La pinza PP-PSOE puso en riesgo al nacionalismo entero, con dos momentos para una salida digna: el acuerdo de Lizarra (1998) para afrontar el antinacionalismo (desaprovechado) y el interesantísimo preacuerdo de Loiola (2006). Ambos rechazados por ETA. Quería más sin tener relación de fuerzas para ello.

B. Z. ¿Y el momento actual?


R. Z. Vivimos un unilateral y ya avanzado proceso de paz sustentado sobre renuncias de ETA (cese el fuego, entrega de armas y disolución), sí, pero también en el más que mejorado peso social de la Izquierda Abertzale. Hubo un armisticio por abandono, eso sí, forzado (o, si se quiere, por impasse militar y fracaso estratégico). El último y mejor cartucho se gastó en Loiola. Ahora el país se centra ya más en sanar heridas tras 40 años de violencias y que se construye sobre la triple vía del reconocimiento y reparación de las víctimas, la sanación de dolores vivos –presos, presas y exilio– y la construcción de discursos sobre lo ocurrido con pretensiones de fijarse en la memoria colectiva. Es el tiempo de la verdad, la justicia y la reparación para todas las victimas producidas en este largo conflicto y la canalización de la situación de las personas encarceladas. Queda pendiente un balance crítico y autocrítico de la trayectoria estratégica de todas las fuerzas políticas, especialmente desde la Transición. Tampoco fracasó el imaginario de base: la emancipación nacional. Al contrario, con la paz, recobró vida y margen social. Su corriente más afín, EH Bildu, no solo sigue siendo una parte poderosa, votada e imprescindible del país, sino que tiene un proyecto, y hace un esfuerzo de respetabilidad institucional.

Ahora se está de nuevo al alcance de un hipotético acuerdo entre las fuerzas vascas un “nuevo estatus político” – tengo casi terminado un libro sobre el soberanismo y el nuevo estatus desde el punto de vista político y jurídico- pero ese acuerdo no parece tener tiempo de consolidación y habilitación ante el ascenso de la derecha extrema y la extrema derecha que tienen vetado el tema. ¡Ojalá me equivoque!

B. Z. Has tenido una experiencia gubernativa con el tripartito, cuando menos interesante, que hace un paréntesis en tu dedicación universitaria. Da la impresión de que limitaste mucho tu quehacer en los temas a tu especialidad de cultura y medios de comunicación.  ¿Haces un balance positivo de ello?

R. Z. Así es. Fueron 7 años intensos. Los que nos hemos educado en una cierta izquierda no entramos en gobiernos que no sean de izquierdas El de Ibarretxe era de centro (PNV y EA) y de izquierda (Izquierda Unida/Ezker Batua), o sea de centro izquierda pero de una gran valentía en temas democráticos. Aunque mi puesto era de asesor (de cultura), y aunque tenía categoría de viceconsejero, exigí no estar en la línea ejecutiva y decisional. Y así fue. Trabajé en mi especialidad: políticas culturales y comunicativas. Todo un campo para aplicar mis tesis y propuestas. Preparé informes, decretos, resoluciones, leyes, el Plan Vasco de Cultura, la coordinación permanente interinstitucional, normativa audiovisual que sentó precedentes hasta hoy, decreto y concurso de Televisión Digital Terrestre Local (incluido Hamaika). En general me hicieron caso y si algunas cosas no salieron fue por cortocircuitos del PNV, no del gobierno. El balance, aunque agridulce, es positivo. Ayudé en los ratos libres a la apuesta soberanista. En esa etapa también eché una mano apoyando el Plan Ibarretxe o en el caso del diario  Egunkaria. Me volví a la Euskal Herriko Unibertsitatea a tiempo, estaba cambiando todo el sistema de comunicación con el alumnado y la docencia. Conseguí, con cierta torpeza, adaptarme.

B. Z. Y también te metes en el diario El Mundo del País Vasco en un momento de una política editorial en el medio muy favorable a tesis negociadoras en el conflicto vasco.

R. Z. El Mundo del País Vasco se fundó en 1991. Tres años después lo dirigía Melchor Miralles quien, mandatado por Pedro Jota Ramírez y siguiendo las 100 ideas para la regeneración democrática de Javier Ortiz (subdirector de la edición central del diario) era partidario de la consulta democrática para el País Vasco y de la negociación para la paz.  Entramos entre otros Mariano Ferrer, Pedro Ibarra, Iñaki Lasagabaster y yo al Consejo Editorial de El Mundo de País Vasco de 1993 a 1995. Los editoriales y artículos pasaron a ser favorables al derecho a decidir y a la negociación con ETA para la paz. Duró la experiencia dos años y pico, con un éxito imponente y un pico de ventas de 28.000 ejemplares en Euskal Herria. Hasta que el comandante Pedrojota mandó parar y se alió del todo con Aznar. Nos fuimos porque cambió la línea y la autonomía del medio. Ya solo era látigo del PSOE de González con el asunto GAL y otros, dejándole un poco de margen, poco, a la Izquierda Unida de Anguita.

B. Z. Hay un tema en el que estás muy implicado que es el de las presas y presos políticos vascos. Y te implicas marcando la decepción por la continuidad de las medidas excepcionales contra estas personas. ¿Cómo ves el tema de las cárceles y la actuación del gobierno central y de los autonómicos afectados? Y claro unido a esto, están los temas de verdad, justicia y reparación.

R. Z. Me apunté como colaborador de SARE desde el principio. Entiendo que la salida de las personas presas es central para la pacificación y convivencia del país y que el modo en que se produjo el final de ETA, por desestimiento, autodesarme y sin negociación por no haber interlocución, ha tenido que derivar en que sea la sociedad la que facilite el proceso, echando mano de la movilización y de la negociación así como de los recursos jurídicos de reducción de penas y de beneficios penitenciarios que la ley ordinaria habilita. Es un tema que va para largo. El primer éxito fue el fin de la dispersión y del alejamiento. Todas las personas presas están en Eukal Herria, salvo 2 en Lannemezan (Francia). Hay 120 presos y presas. Aunque los terceros grados son numerosos, y el cumplimiento de penas desde casa (37) también. Hay otras 36 a las que pudiendo aplicárseles los beneficios del tercer grado no se los aplican. Las resistencias están en las derechas, que se engorilarán en las siguientes elecciones. Por su parte, no ayudan, más bien lo contrario, las asociaciones de víctimas de ETA – creyentes en la ley del talión– y mucho menos la mayoría de los aparatos de Estado y judicial que instalados en la vendetta, impugnan o retrasan las decisiones técnicas de las Juntas de Tratamiento.

 

 

 

° 

domingo, 18 de enero de 2026

Exposición ‘Odisea 1937’

Desde las páginas de Deia traemos a ustedes información adicional acerca de 'La Roseraie', esa hazaña construida por el pueblo vasco mientras luchaba a muerte en contra del españolismo fascista.

Lean ustedes:


Una exposición para la memoria: ‘La Roseraie’

A raíz de la Guerra Civil, miles de hombres y mujeres de toda edad y condición se vieron abocados a una verdadera odisea que se prolongó durante años. Gracias a los fondos fotográficos y documentales de varias familias ha sido posible rescatar su memoria del olvido colectivo y recogerla en la exposición ‘Odisea 1937’

Aitor Miñambres y Mauro Saravia 

El golpe de estado del 18 de julio de 1936, llevado a cabo por militares y civiles contra el Gobierno de la República y que derivó en un conflicto bélico, irrumpió en la vida vasca de manera contundente y despiadada. En Nafarroa y Araba la sublevación tuvo éxito, mientras que en Gipuzkoa fue sofocada y en Bizkaia no llegó a producirse. En todo el territorio gubernamental hombres y mujeres se movilizaron para hacer frente a la insurgencia, bien en el frente de guerra o bien en el servicio de retaguardia. Durante ese verano Gipuzkoa caía en poder de los rebeldes que amenazaban con apoderarse también de Bizkaia. 

Con la creación del Gobierno de Euzkadi, el 7 de octubre de 1936, bajo la presidencia de José Antonio Aguirre, la organización de la defensa del territorio vasco experimentó un fuerte impulso: se militarizaron las milicias de voluntarios y se llamó a filas a los jóvenes aptos para la guerra; se dotó, dentro de una gran escasez, de armas y pertrechos a los gudaris y milicianos de los batallones vascos; y se decidió levantar un cinturón fortificado en torno a Bilbao para su defensa.

Por otra parte y a fin de atender a los heridos en combate, el Gobierno Vasco, a través de la Sanidad Militar, creó una efectiva red hospitalaria, consiguiendo salvar la vida de la mayoría de ellos.

La guerra arreció con más fuerza a partir del 31 de marzo de 1937, con la ofensiva enemiga sobre Bizkaia. Las tres semanas previstas por los franquistas para tomar Bilbao se convertirían en tres meses, culminando el 19 de junio de ese año. Para entonces, habían sido movilizados los hombres de 19 a 35 años, resultando heridos miles de ellos. Tal fue el caso del galdakaotarra Manuel Arrumbarrena, de 21 años, miembro del Batallón 9 Fulgencio Mateos y herido en Otxandio el 31 de marzo. Manuel fue trasladado al hospital de sangre habilitado en el edificio de la Sociedad El Sitio de Bilbao, donde la amputaron la parte inferior de la pierna izquierda y después, en mayo, fue enviado al Hospital de Valdecilla, en Santander, para continuar su tratamiento. Suerte parecida sufrió semanas más tarde el erandiotarra Federico González, también de 20 años, miembro del Batallón 48 Jean Jaures y herido en Artxanda el 15 de junio. Federico fue trasladado al Hospital de Basurto y, ante la caída inminente de Bilbao, fue evacuado al hospital habilitado en el Hotel Rhin de Santander para ser atendido del balazo que le había recorrido todo el antebrazo izquierdo. Para ellos, la odisea había comenzado.

Por su parte, las enfermeras de la Sanidad Militar vasca también lo daban todo en su puesto. La bilbaína Gotzone Aranzibia, recién titulada, tenía 18 años cuando comenzó a prestar servicio en el hospital de convalecencia Mentxaka de Leioa. Su odisea comenzó pocos días antes de la caída de Bilbao, cuando los heridos, sanitarios e instrumental fueron evacuados a Cantabria. Igual destino tuvo la enfermera bermeana Jone Bustinza, de 22 años y adscrita al hospital de convalecencia Lekumberri de Arrigorriaga, al ser evacuada con el resto del personal y pacientes a Carranza, primero, y al Hospital de Limpias después.

Mientras tanto, la guerra continuaba y la caída del frente norte se avecinaba inminente. Santander resistió solamente 12 días el embate del ejército franquista, cayendo el 26 de agosto. Previamente consiguieron dejar tierras cántabras las enfermeras vascas con 400 heridos, entre ellos Manuel Arrumbarrena, a bordo del mercante británico Bobi, que trasladó a estos refugiados hasta Francia. Por su parte, Federico González fue trasladado al hospital habilitado en la fábrica azucarera de Villaviciosa, Asturias. Con la liquidación del frente norte, Federico hubo de abandonar Gijón precariamente, en una pequeña lancha, siendo rescatados los tripulantes por un pesquero francés que les remolcó hasta Arcachon. El 13 de octubre de 1937 fue operado de su brazo herido en el barco hospital Habana, atracado en las cercanías de Burdeos. 

El 28 de junio de 1937 el Gobierno de Euzkadi en el exilio había alquilado el hotel La Roseraie de Bidarte para destinarlo a hospital y residencia para mutilados de guerra, bajo la dirección del doctor Gonzalo Aranguren. El centro disponía de la plantilla y medios necesarios para su cometido: 70 profesionales, 150 habitaciones, consultas, quirófanos y comedores. Dispuso de todas las especialidades médicas, desde cirugía general a odontología. Por sus instalaciones pasarían cerca de 800 soldados vascos, así como 850 civiles, hombres y mujeres. El centro también ofrecía cursos de formación profesional, desde ebanistería hasta electricidad, y de materias académicas como matemáticas y dibujo. Los pacientes internos tuvieron, así mismo, la posibilidad de ejercitar deportes como natación o pelota, a pesar de sus mutilaciones, ya que el centro disponía de piscina y frontón. También se formó una coral bajo la dirección de Gregorio Urbieta con 75 miembros. Así, a lo largo de los meses sucesivos, nuestros protagonistas permanecieron en La Roseraie: Gotzone y Jone como enfermeras, y Manuel y Federico como pacientes mutilados de guerra, pero no tardarían mucho en retomar su amargo periplo.

Con el final de la Guerra Civil, en abril de 1939, el Gobierno vasco dejó de tener entidad para regir La Roseraie, lo que llevó a tener que licenciar a numerosos heridos y hacerse cargo del centro la Liga Internacional de Amigos de los Vascos. Con el comienzo de la Segunda Guerra Mundial, cinco meses después, muchos de estos hombres pasaron a trabajar para los franceses en las fábricas de armamento cercanas. Finalmente, con la derrota de Francia a manos de la Alemania nazi, en junio de 1940, estos hombres y mujeres exiliadas debieron tomar la decisión de qué camino seguir: los cuatro escogieron, como menor de los males, entregarse a la España franquista antes que arriesgarse a un futuro muy incierto. Manuel y Federico pasaron la muga por Irún y fueron internados en el campo de concentración de Miranda de Ebro, para ser puestos en libertad vigilada en julio de ese año. Por su parte, Gotzone y Jone retornaron a sus domicilios sin sufrir persecución física, pero sin poder ejercer su profesión de enfermeras por no ser personas afectas a la dictadura franquista. Tendría que pasar la larga noche del franquismo para, cuarenta años después, ver reconocidos sus derechos laborales ellas o su estatus de mutilados de guerra ellos. Esta larga peregrinación de dolor marcó para siempre la vida de nuestros cuatro protagonistas y de tantos miles como ellos.

La exposición

Odisea 1937 es una exposición fotográfica que propone un recorrido visual y documental en torno al Hospital de La Roseraie y a la experiencia de miles de heridos, mutilados y refugiados vascos que, procedentes de Euskadi peninsular, llegaron a Iparralde para ser atendidos y poder recuperarse de sus heridas.

El recorrido de la muestra se inicia a partir de la donación de fotografías y documentación al Museo Memorial del Cinturón de Hierro de Berango, realizada por el hijo del combatiente Federico González Santiago. Una vez ordenado el material, este mostraba el periplo de Federico como si se tratase de una odisea, de ahí el nombre de la exposición, en alusión a La Odisea de Homero y a sus 24 cantos. Así, se procede a mostrar 24 fotografías acompañadas de información que contextualiza los hechos.

Odisea 1937 cuenta con dos comisarios –los autores de este reportaje–, cuyos roles se dividen en dos ámbitos. Por un lado, el contexto histórico, que desglosa antecedentes, datos y acontecimientos que marcaron la época y, por otro lado, la edición y presentación de las imágenes fotográficas, planteadas de forma específica para hacer coincidir los hechos históricos a través de un recorrido visual prescindiendo de juicios de valor y siendo un testimonio fiel de lo ocurrido.

Categorización, tratamiento documental y construcción

En primer lugar, toda la documentación recopilada debe ser escaneada para poder apreciar sus detalles y leer correctamente su contenido, respondiendo a diversas tipologías: libros de familia, retratos individuales y familiares, fotografías de residentes heridos, cartas médicas y personales, certificados oficiales e imágenes del personal sanitario, tratándose en todos los casos de documentación original con un valor histórico incuestionable. 

Examinado el conjunto, se procede a su categorización, proceso en el que surgen diversas dificultades técnicas y documentales: tamaños dispares, postales de origen pictórico, reducidas dimensiones y formatos fotográficos de 6 × 10 cm que, junto al paso del tiempo y al deterioro del soporte, dificultan la lectura y reproducción.

La exposición vio la luz, por primera vez, el 22 de octubre de 2024 en el Photomuseum de Zarautz con un único fondo documental. Posteriormente itineró por Erandio y Lemoa, donde comenzaron a aparecer familiares vinculados al hospital que cedieron nuevas imágenes. Gracias a ello, Odisea 1937 adoptó su estructura final, expuesta en la sede de las Juntas Generales de Bizkaia el 4 de septiembre de 2025, organizada en tres fondos documentales diferenciados: Federico González, combatiente del Ejército vasco; Manuel Arrumbarrena, también combatiente; y Gotzone Arancibia, enfermera del Hospital de La Roseraie. Recientemente se ha incorporado el fondo de Jone Bustinza, también enfermera del mismo centro.

La muestra, además de las fotografías de sus protagonistas, se acompaña de diversos recursos visuales y documentales. Entre ellos destaca una línea de tiempo articulada mediante fotografías acompañadas de textos, donde cada imagen se vincula a un texto explicativo que contextualiza un suceso concreto dentro del panorama histórico europeo del momento. 

Los autores

Aitor Miñambres Amezaga (Bilbao, 1969) es Licenciado en Máquinas Navales y director del Museo Memorial del Cinturón de Hierro de Berango. Ha investigado y publicado numerosos trabajos sobre la Guerra Civil en Euskadi. Asimismo, ha impartido numerosas conferencias sobre la misma temática en varias localidades y jornadas.
    
Mauro Saravia (Viña del Mar, Chile, 1982) es periodista, fotógrafo y profesor del Centro de Fotografía Contemporánea de Bilbao. Es especialista en memoria histórica y derechos humanos. Ha realizado diversas exposiciones a nivel estatal e internacional y su trabajo ha sido reconocido en numerosas ocasiones, siendo recientemente galardonado con el Fotopress, 44º Salón de Fotoperiodismo de Chile.

 

 

 

🚑

domingo, 28 de diciembre de 2025

Estévez | Las Matxinadas en Euskal Herria

Desde las páginas de Deia traemos a ustedes este texto de Xosé Estévez que abunda en un tema que ya se ha tocado anteriormente en este blog, el de las insurrecciones conocidas como Matxinadas. Pero el tema no queda ahí, Estévez lo extrapola a la situación que se vive actualmente en el mundo.

Aquí la información:


Las Matxinadas en Euskal Herria

Xosé Estévez

Me he decidido resumir esta obra editada por Txalaparta para hacerla divulgativamente asequible, con sabor de actualidad.

La sociedad vasca de la Edad Moderna presentaba paralelismos con otras sociedades del entorno, pero también ofrecía singularidades no sólo en virtud de la estructura económica, de su configuración social, de su evolución demográfica y de su trayectoria histórica, sino especialmente debido a su peculiaridad político-administrativa-institucional, la foralidad, de su cultura original, principalmente la lengua euskerica, de la persistencia del derecho pirenaico, de la resistencia a conquistas y dominaciones y de su situación dependiente de dos Estados. 

No convendría tampoco olvidar que esa sociedad vasca, aparentemente estable, mostraba una situación engañosa. Bajo el manto falazmente igualitario de la hidalguía universal se escondían desigualdades sociales. Es indubitable la existencia de campesinos con escasos predios o ninguno, sirvientes, morroi e incluso collazos. En la propia familia se podían producir diferencias entre el ostentador/a del mayorazgo y el resto de los hermanos, obligados a elegir la clerecía, la burocracia, el ejercicio de las armas, la emigración o la supeditación al jauntxo. Por otra parte, no cabe negar la existencia de una oligarquía dirigente, progresivamente detentadora del poder. Es interesante mencionar también los fuertes lazos de solidaridad comunal existentes en las poblaciones vascas. Y no deberíamos ignorar la lucha por el poder entre grupos oligárquicos en determinadas zonas.

Cualquier sociedad, por el hecho de serlo y estar conformada por seres vivos, incluye siempre una tensión latente. Si está veteada por una gran desigualdad y las posibilidades de superación de esa situación o de ascenso están bloqueadas o no existen canales neutrales para encauzar las disparidades, injusticias y reivindicaciones por las vías pacíficas (pleitos, concordias, acuerdos), los conflictos aparecen ineludiblemente. A veces los enfrentamientos se dirimían en los tribunales, pero no era lo habitual. Para que estallase un conflicto solapado en violencia abierta era preciso no solo un caldo estructural de cultivo, sino que, además, emergiesen precipitantes coyunturales y algún detonante, a veces anecdótico, para la eclosión final. Si añadimos que Euskal Herria estaba constreñida y dividida entre dos Estados, aún contando con la foralidad, que la dotaba de un margen notable de autogobierno, muchas tensiones derivaban o se originaban en motivaciones políticas. Por ello, los conflictos en Euskal Herria son muy complejos.

Sería pertinente establecer una triple gradación, tanto en la conceptuación como en la terminología. Las revueltas, motines, algaradas, levantamientos etc. formarían parte de un primer estadio, “de baja intensidad”, caracterizado por ser estallidos sociales, momentáneos, espontáneos, breves, que protestan contra un hecho concreto (impuesto, carestía, subida de precios....). La rebelión o la sedición supondría un levantamiento más persistente, dirigido contra las autoridades con el fin de dar un giro parcial al sistema de gobernar o sustituir algún cargo malquerido. Por último, la revolución conllevaría el intento consciente de transformar radicalmente el sistema social y de gobierno.

También sería necesario advertir que la explosión violenta de un conflicto precisa de un triple proceso secuencial. En primer lugar, unos condicionamientos estructurales de avasallamiento persistente. A ello habría que añadir algún fenómeno acosador coyuntural: malas cosechas, epidemias, precios altos de las subsistencias básicas etc., que actúan como engendradores e incrementadores del cabreo generalizado. Finalmente, un incidente azuza como catalizador y detonante del estallido violento. 

No es despreciable analizar el rumor y el pasquín como potencia histórica, puesto que actuaba como amplificador y difusor del conflicto, con fake news incluidas, como las actuales.

Nadie se lanza al ruedo de la disputa por espíritu de aventura, por afán de protagonismo o por avidez de esparcimiento. Cuando alguien inicia el camino de la contienda, es porque se halla impelido por ineludibles condicionamientos y por poderosísimas razones de toda índole.

En mi larga trayectoria como docente siempre apliqué a la hora de analizar cualquier acontecimiento histórico una metodología sencilla y lógica. Influyó en mi la metodología derivada de la escuela marxista heterodoxa inglesa y la integral de la Escuela Francesa. El procedimiento analítico adquirido integraba tres elementos a examinar: contexto o causas, desarrollo y consecuencias. Las primeras incluían las precondiciones estructurales de largo alcance, los factores coyunturales de medio e inmediato plazo y el detonante. El segundo paso contenía el desarrollo del conflicto que implicaba estudiar sus fases, objetivos, protagonistas, papel de los líderes, reivindicaciones, rumores etc. El último elemento a considerar eran las consecuencias: demográficas, económicas, sociales, políticas, ideológicas, logros, cambios, represión, damnificados, beneficiados etc.

En Euskal Herria durante los siglos XVI y XVII los conflictos en general se mantuvieron dentro de unos límites soportables en gran parte debido a lo que el historiador Thompson ha denominado “la economía moral de la multitud”, es decir, la existencia de una norma no escrita tradicional, según la cual los precios de los productos de primera necesidad, especialmente los cereales, debían ser justos y razonables.

En el siglo XVIII, sin embargo, se produjeron cambios notables que alteraron la situación. Entre ellos los siguientes:

La oligarquización creciente de los ayuntamientos y Diputaciones.

La venta y privatización de los bienes comunales concejiles, de los que disfrutaban libremente los vecinos mediante roturaciones, pastizaje, leña y carbón.

La liberalización de los precios de los cereales en 1765, que benefició a los especuladores y perjudicó a las clases más menesterosas.

Los enfrentamientos internos entre los diferentes grupos oligárquicos, principalmente la burguesía mercantil e industrial costera y los jauntxos rurales.

El paulatino endeudamiento y aumento de la presión fiscal por parte de los Ayuntamientos para realizar pagos extraordinarios, sobre todo los provocados por las guerras.

El intervencionismo centralista de las dos Coronas borbónicas, la española particularmente.

El control del contrabando, una importante fuente de ingresos para los habitantes de los territorios vascos, por parte de las Hacienda Real.

La eclosión revolucionaria de 1789 que penetró con mal pie en Euskal Herria en la Guerra de la Convención (1793-95). Los revolucionarios galos entraron a sangre y fuego en Iparralde. Invadieron por las armas gran parte de Hego Euskal Herria alardeando de ser ciudadanos libres e iguales. De la sorpresa se pasó a la confrontación.

Euskal Herria ha hecho gala, tanto en su fina epidermis como en el núcleo duro de su dilatado proceso histórico, de una afilada sensibilidad frente a injusticias, y agravios. Se ha dotado de una contumaz rebeldía ante cualquier intento de conculcación de sus derechos y ha hecho frente a las tentativas de dominación, conquista e imposición.

Este libro puede suponer un aviso a navegantes actuales, pues la historia suministra claves para entender el presente y encauzar el futuro. El caldo de cultivo de una algarada, revuelta o revolución es un mar en calma aparente. Pero, si bajo la superficie deambulan acechantes estos cuatro tiburones: desigualdad, opresión, pobreza e injusticia, y la coyuntura es idónea, cualquier detonante provoca la violenta respuesta. De todas maneras, en las democracias actuales, con unas clases medias enojadas e inermes ante los retos actuales y con un humor social exasperado, las alteraciones son mucho más complejas y más difíciles de analizar en su etiología, sintomatología, morfología. El fascismo contamina tanto que hasta los pobres quieren ser fascistas. Hay algo peor que vivir explotado y es votar por el explotador. Ciertamente el ascenso de neofascismos excluyentes, de liderazgos infamantes, de izquierdismos desorientados, de imperialismos agresivos, de colonialismos expoliadores, de neoliberalismos depredadores, de pseudodemocracias autocráticas, de teocracias solapadas, de nacionalismos subestatales ninguneados, de diferencias sociales crecientes y de democracias debilitadas existe un caldo de cultivo preocupante. El trumpismo es el nuevo covid infeccioso, de tal manera que la combinación de intimidación legal y extralegal, la subversión de la legitimidad, la exclusión institucional, el incremento del militarismo y el culto a la personalidad configuran un ecosistema donde la información crítica es tratada como sedición. Semeja que en el mundo actual hay dos modelos: o avanzar para atrás o retroceder para adelante.

 

 

 

° 

sábado, 15 de noviembre de 2025

Previo al Encuentro Solidario

Agustín Goikoetxea nos ofrece la semblanza de lo ocurrido previo al encuentro futbolístico amistoso y solidario entre las selecciones de Palestina y Euskal Herria.

Aquí la traemos desde Naiz:


Una marea humana con Palestina y por la oficialidad camino a San Mamés

Una multitud ha marchado camino a San Mamés en una jornada histórica para el deporte vasco, donde la reivindicación de la oficialidad de Euskal Selekzioa confluye con la solidaridad con la causa palestina y la denuncia del genocidio que sufre ese pueblo.

Agustin Goikoetxea

Miles de personas –la Policía Municipal de Bilbao lo ha cifrado en decenas de miles– han marchado este sábado a la tarde por Gran Vía camino de San Mamés en sendas kalejiras promovida una por las plataformas Gernika-Palestina, Gu ere Bai y Gure Esku y, una hora después, la convocada por la plataforma Palestinarekin Elkartasuna y las gradas de animación de los equipos vascos. Ambas a favor de Palestina y por la oficialidad, aunque en la segunda han reivindicado a la resistencia palestina y la «desaparición del Estado de Israel».

Numerosos medios de comunicación nacionales e internacionales han seguido el desarrollo de las movilizaciones, algunos de ellos sorprendidos por el apoyo popular a la causa palestina. También ha destacado el operativo desplegado por la Ertzaintza, especialmente en la segunda convocatoria.

La primera de las citas en esta jornada histórica para el deporte vasco, donde Bilbo es escenario de una gran movilización, ha tenido lugar a las 17.30.

A la cabeza de la marcha, que ha partido de la plaza del Arriaga, representantes de las comunidades palestina y saharaui de Euskal Herria; los presentadores de televisión Maddalen Arzallus y Xabier Usabiaga; el representante de Gernika Palestina, Ibon Meñika; el portavoz de Gure Esku, Josu Exaburu; el exfutbolista Mikel San José; los pelotaris Aritz Erkiaga y Asier Aspuru; el coordinador de Giza Eskubideen Behatokia, Agus Hernán; la profesora universitaria Izortze Santín, o dos futbolistas del Unión Tutera, que portan una pancarta con el lema ‘Herri libreak! Euskal Herria, Palestina. Genozidioa stop!’.

Antes de ellos, se han colocado dos banderas: una palestina, con una de las escenas del 'Guernica' serigrafiada, y una ikurriña, con la reivindicación 'Euskal Herriak erabaki'. Por detrás, las letras del lema ‘SOS Gaza’ y miles de personas ondeando ikurriñas y enseñas palestinas, al tiempo que coreaban consignas como «Boikot Israel, Palestina askatu», «No es una guerra, es un genocidio» o «Israel asesina, Europa patrocina».

Entre la multitud, donde prima el verde de la elástica de Euskal Selekzioa, una delegación de EH Bildu, encabezada por Pello Otxandiano, que muestran una gran ikurriña confeccionada esta misma semana en la ciudad cisjordana de Ramala, que ha llegado a Euskal Herria tras cruzar la frontera por Jordania, superando el bloqueo y controles de las fuerzas israelíes, informan los soberanistas de izquierda.

Antes de llegar a la plaza Circular, cuando todavía no se podía ver la dimensión de la movilización, Ibon Meñika, portavoz de Gernika-Palestina, ha asegurado en declaraciones a los medios de comunicación que el de este sábado es «el partido de los derechos humanos y la solidaridad». «Pero, sobre todo, el partido que se juega hoy es el partido del fin del genocidio. Estamos viendo que la sociedad vasca tiene compromiso de jugarlo y sobre todo hoy Palestina vencerá», ha añadido.

La manifestación ha discurrido a buen paso, obligada por la necesidad de finalizar antes de que los autobuses de Euskal Selekzioa y Palestina arribasen a San Mamés. A los lemas antes citados, se han ido sumando otros de «Independentzia», «Ofizialtasuna Euskal Herriarentzat» o «Ia, ia, Euskal Herria».

A la altura del hotel Villa de Bilbao, en Gran Vía, se ha sumado a la marcha el presidente de la Federación Palestina de Fútbol, Jibril Rajoub, para pasar a ser uno de los portadores de la pancarta. Emocionado, ha atendido a medios de comunicación árabes presentes en Bilbo, poco antes de que una sirena marcara el inicio del breve acto final.

Subidos en un pequeño camión, dos dantzaris han bailado en silencio un aurresku en memoria de todas las personas muertas en Palestina.

A continuación, el portavoz de Gure Esku, Josu Etxaburu, en nombre de los tres convocantes, ha intervenido para resaltar cuatro ideas: la necesidad de acabar definitivamente con el genocidio de Gaza, la solidaridad con los y las palestinas, el reconocimiento de la oficialidad de la Euskal Selekzioa y, por último, la reivindicación de pueblos libres. «Queremos una Palestina libre y una Euskal Herria libre; Palestina y Euskal Herria tienen derecho a vivir en paz y libertad y a decidir libre y democráticamente su futuro», ha enfatizado.

Posteriormente, los miles de participantes se han acercado hasta San Mamés, donde han recibido calurosamente a las dos selecciones a su llegada en autobús al estadio.

Con la resistencia

Para entonces, ha comenzado a dar sus primeros pasos la segunda de las kalejiras reivindicativas, convocada por la plataforma Palestinarekin Elkartasuna y Euskal Zaletuak –los hinchas que animan a los distintos equipos vascos– en favor de la oficialidad de las selecciones vascas y en apoyo de la resistencia palestina. El despliegue policial, en este caso, ha sido ostensiblemente superior que en la marcha anterior.

A la cabeza, una gran pancarta con la imagen de un futbolista con una metralleta y un pañuelo palestino jugando a fútbol con la cabeza de Isaac Netanyahu como balón. A pocos metros, la que mostraba el lema de la convocatoria: ‘Gora palestinar erresistentzia! Euskal Herria eta Palestina askatu’.

Detrás, de nuevo, miles de personas coreando con insistencia consignas como «Israel suntsitu, Palestina askatu» o «Israel estatu terrorista» o «Gora Palestina Erresistentzia». Mucha pirotecnica, con bengalas y petardos en una kalejira bulliciosa, que se ha disuelto en el Sagrado Corazón, aunque sus participantes han continuado camino de San Mamés.

Antes de que arrancase la kalejira, también en la plaza del Arriaga, el miembro de la plataforma Iñigo Rodríguez ha afirmado en declaraciones a los medios que este es «un día de celebración» pero, «sobre todo, un día de reivindicación política en la defensa de la resistencia palestina, de la lucha de su pueblo y de la necesidad de la desaparición del Estado de Israel».

Además, ha manifestado que no se ha producido una convocatoria unitaria, sino dos este sábado en Bilbo, porque «en Euskal Herria hay diferentes formas de solidaridad con Palestina, diferentes estrategias políticas». «Es simplemente una diferencia política», ha explicado.

 






 

 

 

💕 

sábado, 27 de septiembre de 2025

Entrevista a Roger Mateos

Les invitamos a leer esta entrevista que arroja luz sobre los tres integrantes de el FRAP que fueron fusilados en la misma fecha que Anjel Otaegi y Jon Paredes 'Txiki'.

La traemos a ustedes desde Naiz:


«Los fusilamientos contra el FRAP pueden verse como castigo a su fuerza en el franquismo»

El periodista Roger Mateos investiga el caso de Xosé Baena. Asegura no solo que pudo comprobar su inocencia sin la presencia «de una cuarta persona» sin identificar en el atentado que se le imputó. También recalca la potencia, «ninguneada» por los historiadores, del FRAP en los 70.

Daniel Galvalizi 

«Siento la necesidad de darle un brochazo más personal a una historia que me ha obsesionado de manera enfermiza», deja claro Roger Mateos en la introducción a ‘El verano de los inocente’s (Ed Anagrama, 2025). «Este proyecto interminable me ha abducido», añade.

El politólogo y periodista catalán lleva dos décadas estudiando el proceso del PCE marxista-leninista (m-l) y de su creación posterior, el FRAP, del cual tres de sus militantes fueron los últimos fusilados junto a Txiki y Otaegi tras consejos de guerra en la dictadura, hace ya medio siglo. Uno de ellos (el último, precisamente), el vigués Xosé Baena, asegura Mateos que no cometió el crimen que se le adjudica y que el perpetrador fue una cuarta persona que por un pacto de silencio nunca se descubrió.

En entrevista con NAIZ, también señala cómo «la historiografía tradicional de la Transición» se ocupó de soslayar el «papel importante del FRAP» en el fin del franquismo.

¿Es cierto que lleva 20 años investigando el PCE (m-l)?

Sí, empecé a interesarme por ellos cuando empezaba mi carrera profesional, me llamaban mucho la atención los temas de memoria y en especial el PCE (m-l). Era un partido que estaba hermanado con la Albania comunista, que era su gran patrocinador internacional, lo cual era una excentricidad porque era el régimen más aislacionista del este. Y mi interés fue creciendo porque entendí que su posterior invento, que fue el FRAP, tuvo un papel mucho mas relevante de lo que la historiografía oficial antifranquista admite y ha admitido tradicionalmente. El FRAP en la primer mitad de los 70 tuvo mucha visibilidad, mucha hiperactividad en la calle contra la dictadura y los libros de historia no acostumbran a hacerle suficiente caso. En concreto el año 75 es el mejor ejemplo de esto que estoy diciendo. 

Sin ser yo marxista leninista, el tema me ha apasionado siempre. El caso de Albania es una pasión periodística para mi y ademas como está tan poco explorado y estudiado que sentía que pisaba nieve virgen todo el rato. Nadie se ha ocupado de estudiarlo en profundidad.

Comenta que todos los fusilamientos de 1975 fueron hechos horribles pero el caso de Baena fue particular. ¿Por qué?

Más que particular, me llamó la atención lo que me explicó la hermana de Baena, Flor, que contó las ultimas palabras que su hermano le dijo a su padre antes de ser fusilado. Su padre viajó de Vigo a Madrid la última madrugada antes de que lo fusilaran. Llegó a primerísima hora a la cárcel de Carabanchel antes de que se llevaran a su hijo a fusilarlo, acompañado del hijo mayor, Fernando. El padre de Baena le pregunta a Xosé: «Para mi no hay nada peor que maten a mi propio hijo, pero sería mas doloroso si tú no mataste al policía porque eso significaría que además están matando a un inocente». Baena le contestó: «Lo siento papá, pero no puedo darte este consuelo, no lo maté yo».

Estas palabras me impactaron mucho, porque aunque esto no demuestra nada para mí como periodista, sí me espoleó a intentar confirmar la inocencia que Baena le había asegurado a su padre. Y este ha sido mi trabajo, volcarme en acumular pruebas y evidencias de la inocencia de Baena para demostrar que no fue quien dicen que fue, o sea el autor material del primer atentado mortal del FRAP.

Sobre el contexto histórico, hay muchos jóvenes que no conocen nada del FRAP. ¿Qué fue y qué significó en el franquismo?

El FRAP es una de las fuerzas antifranquistas más infravaloradas a nivel historiográfico. Si bien es verdad que después de los fusilamientos la organización estaba hecha trizas a nivel organizativo, quedó mermada por las detenciones en cadena y la desarticulación y pasó a ser una fuerza irrelevante durante la Transición, no fue así en la primera mitad de los 70, cuando llegó a ser una fuerza muy visible en la calle, hiperactiva. Atrajo a muchos jóvenes republicanos, a la oposición más combativa, y llegó a tener un volumen de militancia muy considerable sobre todo en Madrid, València y Catalunya. Quiero matizar: lejos del volumen de militantes del PCE de Santiago Carrillo, pero mucho más relevante de lo que la historiografía suele recoger. El pico de militancia fue en 1973, y aunque es difícil hablar de números, se contaban por miles, entre 3.000 y 4.000 es una estimación posible. Eran organizaciones en la órbita del PCE (m-l), que creó el FRAP como marca política republicana para aglutinar a mas sectores populares antifranquistas mas allá del propio partido.

Se dice con frecuencia que el FRAP era una banda terrorista, pero las siglas nacen en 1971 y no como rama militar, nace como un frente político, conglomerado de organizaciones sectoriales, como un sindicato, una organización de estudiantes, otra de artistas, otra de campesinos, y el PCE (m-l) su matriz política. Nace como frente para desarrollar actividades políticas, como manifestaciones relámpago contra la dictadura, ataques con bombas molotov contra intereses del régimen, pintadas, etc, pero sin la consigna de matar. Eso cambia en 1975 y entonces sí cambia la estrategia y se conforman grupos armados. Hacen tres atentados mortales, dos en Madrid y uno en Barcelona, entre julio y septiembre del 75.

¿Se podría decir que fueron clave en el parto democrático y por ello se explica el escarmiento con los fusilamientos en juicios-farsa?

Sí, fueron clave justo antes de ese parto. Los actos armados los llevó a cabo con muchísima precipitación, sin la infraestructura necesaria para aguantar un choque de trenes con la dictadura. La organización acabó siendo vapuleada por la represión de Franco. Esa represión redujo drásticamente la capacidad política del frente. Y sí, los fusilamientos pueden ser interpretados como un castigo al crecimiento del FRAP porque el régimen temía que si triunfaban en su desafío podía ser una fuerza realmente temible, porque era de alcance estatal y con aspiración no de independencia de un territorio sino que quería barrer a las elites españolas e instaurar una república española comunista.

Era un grupo que quería cambiar el sistema por completo y la dictadura quiso cortar de raíz esa amenaza para su existencia y se empleó con muchísima dureza contra el FRAP y contra ETA, que ya estaba golpeando al régimen muy fuerte. La dictadura hizo sonar el escarmiento más severo para intentar frenar la campaña de atentados que estaba desestabilizando.

¿Temían que el FRAP contagiara de radicalidad al PCE quizás?

Bueno, mas que nada es que el FRAP empezó a matar a policías y guardias civiles, era un nivel superior de lucha que a la dictadura le generó miedo. El FRAP se convirtió en una fuerza temible porque estaba matando y alarmó sobre todo a los estamentos policiales y militares. El gobierno de Arias Navarro tenía la sensación de que podía perder el control de la calle y eso enervó a los sectores mas ultras del régimen, que ya llevaban tiempo tachando a Arias Navarro de blando, de pusilánime. Quiso Arias demostrar ante estos sectores que no era un presidente débil y posiblemente por eso optó por acelerar los procesos judiciales y dictar las penas muerte.

Por lo que ha documentado, ¿cómo fue el rol de un Franco ya agonizante? ¿Se sabe si le preocupaba especialmente el FRAP?

En el verano del 74 Franco había sufrido una enfermedad por la que había tenido que ser hospitalizado y por primera vez había tenido que ceder las riendas del poder al príncipe Juan Carlos. Eso llevó a la sociedad española a pensar que a Franco le quedaban cuatro días. Finalmente superó aquella crisis de salud pero quedó mermado físicamente y su salud se aguantaba con pinzas. Cuando llega el verano del 75, Franco está viviendo sus últimos meses, se está apagando y tiene a un gobierno que se sentía débil ante la presión de la calle. Dictan las penas de muerte y la reacción internacional es fulminante, las condenas internacionales a esos juicios esperpénticos que condenaron a muerte a varios militantes del FRAP y ETA. Esa condena internacional hizo mella, sobre todo la del papa Pablo VI, que el domingo previo a los fusilamientos pidió clemencia. Esa presión del Vaticano a un régimen nacional-católico debió ser difícil de soportar. Aun así, decidió seguir adelante con tres de las condenas a muerte del FRAP mas las dos de ETA y conmutaron al resto.

¿Cree que ha sido ninguneado el FRAP entre los historiadores después de la Transición?

Sí, creo que se debe al estigma del terrorismo. A una parte del antifranquismo le incomoda reivindicar la lucha del FRAP porque implicó muertes. Y solo se circunscribieron a esos meses del verano pero esa actividad armada para una parte del antifranquismo desautoriza al FRAP. Incluso Carrillo en ese verano se manifestó públicamente en contra del “terrorismo individual” del FRAP, e incluso insinuó que detrás de la estrategia terrorista podía haber alguien de las cloacas del estado franquista dirigiéndola, porque esos atentados interpretaba que favorecían a los sectores mas ultras y torpedeaban los intentos de la oposición moderada. Pero mi tesis es que en la cúpula del PCE (m-l) y del FRAP no había infiltrados, lo que sí hubo una toma de decisiones errónea que acabó en catástrofe porque la organización no estaba preparada para aguantar un pulso con la dictadura.

El libro menciona la lectura sesgada de la realidad que tenia la cupula del FRAP, incluso le pronosticaba un pronto cese a ETA, que acabó existiendo muchos años más.

El FRAP intentó colaborar con ETA, porque interpretaban que era una organización que estaba luchando de tú a tú contra la dictadura y le tenían cierto respeto, por jugarse la piel en el campo de batalla. Pero desaprobaban su estrategia terrorista, consideraban que llevaba a cabo atentados indiscriminados y el FRAP no era partidario de colocaciones de bombas. Aun así, intentó colaborar y buscó puentes, se llegaron a celebrar reuniones discretas en el exilio. La propia cúpula de ETA desconfiaba del FRAP por ser una fuerza española. 

Sobre ese desenfoque, esa lectura errónea de que ETA iba a durar poco, se debe a que sus análisis eran muy endogámicos, herméticos, muy poco autocríticos, y entraron en una espiral de autocomplacencia que les llevó a creer sus propios mensajes de que estaban verdaderamente liderando al pueblo español hacia la victoria. Tomaron decisiones en las que sobredimensioan sus fuerzas. Asi como digo que la historiografia los infravalora, también digo que la dirección del FRAP sobredimensionó sus propias fuerzas.

Yendo al caso de Baena. Tras su investigación, usted asegura que hubo una cuarta persona en el atentado por el que lo condenan...

Sí. Es una conclusión a la que he llegado a partir de mi investigación: Baena no fue el autor del atentado por el cual fue fusilado y hubo un cuarto individuo en aquel comando. Y ese cuarto individuo fue el autor material y consiguió escapar a Francia. Ha sido una tarea muy ardua porque los implicados en aquellos acontecimientos son todavía muy reticentes a dar detalles, no es fácil.

¿Ha sido difícil que le cuenten las cosas los que vivieron ese proceso?

Para mí como periodista hablar de estos temas de memoria, de hace ni mas ni menos que 50 años, es algo normal, está todo prescrito y amnistiado además, no entraña excesivos problemas, pero también entiendo que quienes fueron acusados de participar en esos hechos sigan siendo reticentes porque son temas delicados, porque sufrieron muchísimo, sufrieron torturas salvajes en comisarías, detenciones y prisión, condenas a muerte en juicios-farsa, y sufrieron traumas que son difíciles de imaginar. Son reticentes y no puedo hacer otra cosa que respetarlos, aunque considero que tiene todo el sentido reconstruir estos hechos que son muy importantes; fueron los primeros ataques del FRAP, que luego vinieron unos terribles consejos de guerra, con fusilamientos atroces en un año que fue clave para la historia de España.

Otro elemento cotidiano de la dictadura era la tortura y usted deja entrever en el libro que un camarada de Baena lo señaló bajo tormentos policiales.

Sí, lo que hay en el sumario es una declaración policial del primer detenido por el atentado en la calle Alenza, Mayoral, en la cual se señala a Baena. Él dice ‘Daniel’, que era su nombre de guerra en Madrid. Esa declaración policial lo señala como autor pero la tenemos que poner en duda completamente porque lo firmó después de tres días de torturas bárbaras. No sabemos por qué se señala a Baena y después de firmarlo incluso, aunque que Mayoral hubiera señalado lo considero justificable porque en ese momento Baena estaba libre, no había sido detenido, con lo cual quizás tenia esa intención de señalar a quien no podía sufrir consecuencias. Baena, de hecho, también firma declaración autoinculpatoria como autor material, sufrió un infierno de torturas y pudo sacar un escrito de manera clandestina de la cárcel en la DGS de Puerta del Sol en que las denunciaba.

¿Qué pasó con los integrantes del FRAP después de 1975? 

El FRAP estaba noqueado y muchos de ellos en el exilio. Entendieron que no podían continuar con la lucha armada. Aun así, crearon grupos armados pero no para matar sino para cometer atracos, para financiar a la organización, que iba destinado a las arcas del partido. En 1978 uno de esos grupos de atraco fue detenido y ahí toda la estructura quedó desmantelada. Hubo encarcelamientos y torturas. En paralelo el PCE (m-l) ya empezaba a prepararse para su legalización y eso finalmente sucedió y se convirtió en una fuerza que operaba legalmente.

 

 

 

°