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domingo, 12 de abril de 2020

Recordando a Txetxu

Desde el portal de La Haine traemos a ustedes este texto con el que se pone contexto a la muerte del represaliado político vasco  Jesús Urteaga, misma que toma lugar a más de ocho años de iniciado el proceso de paz unilateral por parte de la sociedad vasca, proceso que no ha aliviado las condiciones de quienes fueron alejados forzadamente de Euskal Herria por la negativa de Madrid a abandonar su faccioso relato del conflicto político generado por el tardocolonialismo.

Lean por favor:


Pakito Arriarán Elkartea

Esta nueva muerte a miles de kilómetros de Euskal Herria nos recuerda, con mayor fuerza, que aún quedan compañeros y compañeras en la deportación, y nos interpela a nosotros en primer lugar pero también a la sociedad vasca en su conjunto para exigir que se ponga fin de una vez a semejante castigo.

Se consideró a la deportación el mal menor. Nos deportaron y nos condenaron sin juicio ni proceso alguno, ni sustento en ninguna jurisdicción internacional a cumplir una condena sin final. Se nos deportó a varios países del mundo, todos muy alejados de nuestra tierra y de nuestras familias y amigos, como otro más de los experimentos represivos para acabar con la lucha en Euskal Herria. Los gobiernos de España y de Francia decidieron así nuestro destino en la orgía represiva que se desató contra el pueblo vasco en la década de los años 80.

En un limbo jurídico total, sin documentos, sin reconocimiento oficial de ningún tipo, tuvimos que adaptarnos a sociedades muy diferentes a la nuestra, en condiciones que, a veces, incluso hicieron difícil nuestra propia subsistencia como personas y que sólo fuimos capaces de superar gracias al apoyo solidario que recibimos desde Euskal Herria y, poco a poco, a medida que nuestra realidad era conocida, también desde gente solidaria de los países donde estábamos.

Intentamos y muchas veces lo conseguimos, integrarnos en esas sociedades tan diferentes a la nuestra, a miles de kilómetros de casa. Algunos incluso formamos familias allí donde la represión nos había enviado para cumplir una cruel e interminable condena, pero sobre todo como castigo a nuestras familias, a nuestro entorno social. Vivimos las realidades de esos pueblos, hicimos nuestras sus alegrías y tristezas, sus luchas, sus sueños que, al fin y al cabo, no son tan diferentes a los nuestros, a los del pueblo vasco: ser dueños de su futuro.

Aun así, nunca renunciamos a nuestro derecho a regresar a Euskal Herria y así pasamos de asumir «que la deportación era el mal menor» a entender que era un espacio más de lucha y que era necesario «romper la deportación», como en diferentes momentos y coyunturas muchos pudimos hacerlo.

Cuando se cumplen cuatro años del fallecimiento de nuestro compañero Miguel Angel Aldana (Anjelin), nos llega la triste y dolorosa noticia de la muerte de otro compañero Txetxu (Jesús Ricardo Urteaga Repulles), en la República Bolivariana de Venezuela a los 61 años, después de haber sufrido una penosa enfermedad. Esta nueva muerte a miles de kilómetros de Euskal Herria nos recuerda, con mayor fuerza, que aún quedan compañeros y compañeras en la deportación, y nos interpela a nosotros en primer lugar pero también a la sociedad vasca en su conjunto para exigir que se ponga fin de una vez a semejante castigo.

Txetxu ha tenido una vida muy semejante a la nuestra propia. Fue deportado a Venezuela por el gobierno francés el 1 de mayo de 1984, sin haber sido acusado o condenado por ese Estado. Policías franceses lo escoltaron hasta el aeropuerto de Caracas y lo entregaron a las autoridades de Venezuela que cumplían así, su parte en los acuerdos que habían alcanzado con el Gobierno español para mantener en su territorio a militantes vascos, a cambio de apoyos en materia económica. En esos momentos Venezuela atravesaba una crisis política, económica y social que desembocó en la rebelión popular conocida como «El Caracazo» que se saldó con una represión feroz que dejó más de 2.000 muertos y cientos de desaparecidos. Eran los oscuros tiempos de Carlos Andrés Pérez y Felipe González, presidentes de ambos países y socios comerciales.

En esa coyuntura política y social, y mientras en Euskal Herria los GAL asesinaban a decenas de refugiados políticos vascos, comenzó Txetxu una nueva etapa de su vida. Era consciente además de que todos los ojos de la policía venezolana estaban puestos sobre él y sobre el resto de deportados, éramos para esa época simples rehenes en manos de dos gobiernos que nos utilizaban a su antojo. Y así se demostró cuando pasada más de una década el gobierno español solicitó su extradición, junto a la de tres compañeros. Volvía para Txetxu y estos compañeros los días lejanos de la clandestinidad, el miedo, la incertidumbre… pero esta vez, a más de 8.000 kilómetros de Euskal Herria.

Hasta que por fin cayó la IV República corrupta y sumisa a los intereses de gobiernos extranjeros y con el triunfo de la revolución bolivariana llegaron nuevos tiempos para el pueblo venezolano y también para nosotros. Txetxu vio ahí la oportunidad de cambiar su condición y volver de nuevo a «una vida normal». Pero más que eso vio la oportunidad de empezar a construir junto a sus amigos, junto a sus vecinos, ese sueño esa utopía que de la mano del comandante Hugo Chávez parecía posible. Y así, en el corazón de Venezuela, entre los campesinos pobres donde había reorganizado su vida arrebatada por represión, se sumó a la organización popular de los Consejos Comunales, que se convirtieron en referente de la mejora de las condiciones de vida de los más desfavorecidos de Venezuela. Con ellos dio vida a las redes de abastecimiento campesino, a los Comités Locales de Alimentación y Planificación (CLAP) demostrando que su compromiso de vida era sincero. Pero sobre todo demostrándonos a todos que él, al igual que el resto de compañeros habíamos derrotado a la deportación. Pese a ello nunca renunció a regresar a Euskal Herria, y cada vez que podía conversaba con los compañeros y compañeras así fuese solamente para escuchar su lengua, el euskara que lo regresaba a Azkoitia y también a esa Ipar Euskal Herria donde también vivió unos años. Y pasó el tiempo y en aquellas tierras caribeñas formó una familia que hoy le llora como también lo hacen la de Azkoitia y la de Ipar Euskal Herria. Pues una de las cosas que dice mucho de lo que fue Txetxu es el afecto y el cariño que permanece en todas aquellas personas con las que ha compartido su vida. Y sí, su corazón, como el de todos y todas nosotras que hemos conocido la deportación en Venezuela, también estuvo roto en dos pedazos, en dos patrias que queremos libres y soberanas.

Su muerte tan lejos de la tierra que le vio nacer coloca de nuevo frente a todos la necesidad de acabar de una vez por todas con ese injusto castigo que hoy siguen sufriendo un grupo de vascos y vascas y les sigue condenando a cumplir una condena de por vida. Unas medidas represivas que tienen que ver con recetas de un tiempo, que para que sea pasado, deben desaparecer. Si vamos a construir un nuevo futuro este tiene, irremediablemente, que ser sin deportados, sin exiliados, sin presos.

Gora gu ta gutarrak! Agur eta ohore, Txetxu.

Artículo firmado por Axun Arana, Joxin Arruti, Juanjo Aristizabal, María Ángeles Artola, Kepa Viles, Juan Carlos Arriaran, Arturo Cubillas, Koldo Zurimendi, Enrike Pagoaga, Gabriel Segura y Koldo Saralegi






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sábado, 9 de noviembre de 2019

Por los Exiliados y los Deportados

Recordemos que los presos políticos vascos no son los únicos represaliados por los estados español y francés.

Ya en ocasiones anteriores desde este blog hemos puesto sobre la mesa el tema de los "olvidados".

Por tanto, creemos importante dar difusión a esto que se ha publicado en el portal de Etxerat:


Esta mañana Etxerat ha participado en Donostia en un encuentro auspiciado por el Foro Social Permanente, del que formamos parte, junto a otros agentes sociales y sindicales, que ha contado con el testimonio y la aportación de exiliados y deportados políticos vascos que han vuelto a Euskal Herria.

El objetivo del encuentro ha sido, precisamente, conocer de primera mano su realidad y sus dificultades para reintegrarse en su vuelta a Euskal Herria. En la actualidad hay 9 deportados políticos vascos en Cuba, Venezuela y Cabo Verde, mientras que según los datos conocidos hoy, el número de exiliados supera los 30.

Quienes han vuelto a Euskal Herria son personas de edad, la mayoría de ellos con problemas de salud, graves en algunos casos, en buena medida como consecuencia de las difíciles condiciones de vida en los países en los que encontraron refugio. Al regresar se encuentran con carencias importantes en su vida laboral y personal. Lo trabajado allá donde vivían, ha sido en condiciones irregulares y, por lo tanto, tienen una jubilación precaria.

El Foro Social ha realizado estas propuestas en relación con la vuelta a Euskal Herria de estas personas:

-Facilitar por parte de las instituciones pertinentes la vuelta de aquellas personas huidas contra quienes no existan procedimientos judiciales abiertos o que, si los hubo, hayan prescrito.

-La vuelta de personas sobre las que únicamente existan acusaciones basadas en testimonios obtenidos bajo tortura.

-En el marco de una justicia transicional, articular una solución jurídica para todas aquellas personas que sufren la pena de deportación.

-Cese de la negativa por parte de la Audiencia Nacional a dar información a los abogados de personas huidas sobre su situación jurídica.

-Recomendar que las personas expresas, huidas y deportadas sean participantes activas en el desarrollo del proceso de paz y normalización.

-En los casos restantes, determinar medidas de justicia transicional para quienes decidan volver, en el marco de un proceso de paz y reconciliación.

¡Las y los queremos vivos y en casa!




Nos da gusto que los del Foro Social se hayan dejado de preocupar por los ongi etorriak y se estén dedicando a lo que realmente importa.






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jueves, 17 de octubre de 2019

Entrevista a Alfonso Etxegarai

Desde Gara traemos a ustedes esta entrevista al represaliado político vasco Alfonso Etxegarai en la que también ha participado su esposa Kristiane Etxaluz.

Lean ustedes:


Alfonso Etxegarai | Ex Deportado Vasco | El 27 de julio de 1985 el clausurado diario “Egin” titulaba: «Francia deporta hoy al Ecuador al refugiado vasco Alfonso Etxegarai». Tras ser secuestrado allí, junto a Angel Aldana (deportado fallecido en Venezuela), por agentes españoles que les sometieron a torturas, en agosto de 1986 fue llevado a Sao Tomé, donde comenzó un viaje de regreso a casa que se ha prolongado durante más de tres décadas. En pleno proceso para «desacostumbrarse» de la cotidianidad de ese prolongado destierro y mientras trata de superar la «sensación de mareo» que siente al observar de nuevo la geografía vasca, Alfonso Etxegarai, y, a su lado, la que ha sido su «deportada consorte», Kristiane Etxaluz, desvelan los primeros detalles de ese «caminho longe» de Sao Tomé a Domintxaine.

Maite Ubiria / Goizeder Taberna

Kristiane Etxaluz y Alfonso Etxegarai nos esperan sentados en una escalinata cercana al monumento que honra, también en Baiona, a los soldados sacrificados en las batallas libradas por Francia. Paradoja urbanística, ese memorial dista en sólo unos metros de una plaza dedicada a «los vascos». En el cercano jardín de la Poterne, acotado por las murallas pero abierto al verdor de un parque en que corretean los chavales, libres por fin –nos citamos el pasado viernes por la tarde– de la disciplina escolar, ambos comparten durante la charla algunas vivencias de la última etapa del regreso a casa.

Debe ser difícil traducir en palabras las sensaciones que dejan un viaje de regreso al país tras una ausencia tan prolongada.

Kristiane Etxaluz: Este ha sido un viaje tras casi 35 años de idas y venidas. En este momento no soy capaz de hablar de sentimientos con mayúsculas, aunque ahora mismo a lo que más me parezco es a una gallina clueca.. Estoy saboreando todos los momentos, las pequeñas alegrías, los instantes más sencillos que nos ofrece la vida.

Alfonso Etxegarai: Yo destacaría un momento especial. Cuando veníamos en coche desde Dax, pude ver por fin el Aturri. Hice el gesto de aflojarme, de soltarme, el cinturón. Fue algo que me salió de dentro. No es fácil de explicar, sentí que había llegado, estaba en mi país y era libre.

¿Cómo tomó cuerpo exactamente ese viaje? ¿Cuándo se dijeron que sí, que esta vez, la vuelta iba a ser realidad?

A. Etxegarai: Yo siempre acudía a recibir a Kristiane al aeropuerto, pero la última vez, cuando llegó, nos miramos, y supe, los dos supimos, que era la última vez que nos saludaríamos allí. Había llegado el momento.

K. Etxaluz: Fue a finales de agosto. Hasta la vecina de mi casa en Domintxaine me dijo: ¿Esta vez le vas a traer? Creo que nosotros mismos y nuestro entorno sentimos que había cierta energía nueva.

¿Todo transcurrió como lo habían, si no imaginado, al menos planeado?

A. Etxegarai: Dos días antes pensamos que todo el plan iba a frustrarse. Bueno, en esos días discutimos, nos enfadamos bastante.. pero eso aparecerá, supongo, en el documental que preparan Josu Martínez y Txaber Larreategi. La última txanpa del viaje estuvo pendiente de un hilo y los problemas nos acompañaron prácticamente durante toda la vuelta. Siempre fallaba algo, pero siempre encontrábamos una salida.

K. Etxaluz: Ya en el aeropuerto de Sao Tomé, habíamos pasado el checking para salir hacia Libreville (Gabon)… y me encuentro con que no aparece mi tarjeta de crédito. Y, claro, habíamos previsto distintos transbordos: aviones, trenes… Bueno... en ese momento me dio un mareo y vinieron a ayudarme, afortunadamente me dieron agua y me repuse en unos minutos. Al final encontraron la tarjeta, pero no llegó a París a tiempo. Afortunadamente, en el aeropuerto nos estaba esperando nuestro abogado y nos ayudó. Días más tarde recuperé la tarjeta. Bueno, eso para explicar que a cada paso aparecían señales adversas, pero también lográbamos superar las situaciones. Creo que ahora le llaman resiliencia. En todo caso, sentimos esa capacidad de hacer que el sentimiento, el deseo, la energía fluyera fuerte para salir adelante.

Tal como dicen esta vez, pese a todo, han podido encontrar una vía para volver, algo que no había sido posible hasta ahora. ¿Cómo lo han hecho?

K. Etxaluz: En nuestro caso había que levantar un doble obstáculo: uno español y otro francés. El problema español se resolvió cuando Alfonso se puso en contacto con el Consulado español en Libreville, primero vía correo electrónico. Fue hace unos tres años y, después de pasar por no pocos episodios y vericuetos, al final logró el pasaporte y, con sus más y sus menos, se resolvió así ese primer problema. Pero estaba el problema francés, ya que sobre él pesaba una orden de expulsión por el procedimiento de urgencia absoluta.

Trabajamos con Didier Rouget (n.d.r: abogado de prestigio afincado en Uztaritze y ya fallecido), pero de la parte francesa, del tribunal administrativo llegaba la respuesta contraria, de una forma o de otra... Bueno, para entonces ya me consideraban como la Pasionaria vasca. Por resumir, digamos que desde la parte francesa se hacía todo para hacernos desistir. Sin embargo, cuando logró el pasaporte nos dijimos: vamos a hacer como todo el mundo, nos vamos de Sao Tomé, y nos plantamos en un país vecino a Francia, y desde allí, poco a poco ya abriremos el camino a casa.

Al final no ha habido transición. ¿Cómo ha sido posible el salto de Sao Tomé a Domintxaine?

K. Etxaluz: Ha habido un factor de casualidad. Tuve ocasión de conocer a su paso por Maule a un abogado que fue capaz de interesarse por lo nuestro y desde su experiencia con migrantes miró a nuestro caso desde una perspectiva nueva. La idea era que él llevara la primera parte de la batalla judicial y, dando por seguro que perdería, contábamos con que un gran abogado en París debería seguir con el caso. Pero no hizo falta. Hubo un fallo del Tribunal Administrativo de París que nos dio la razón, diciendo que la expulsión por urgencia absoluta ya no estaba en vigor. Esa decisión llegó más o menos un mes después de lograr el pasaporte. Otra curiosidad: Todos los correos procedentes del Estado francés se perdían en Libreville, y no llegaban nunca a Sao Tomé… pero el mensaje para nosotros más importante, el que daba cuenta de esta decisión, llegó.

¿Creen que este caso puede sentar jurisprudencia?

K. Etxaluz: En todo caso está puesto por escrito, luego podría servir en otros casos, y sentar una cierta jurisprudencia.

¿Cómo fue ese viaje en avión con el que quedaban atrás tres décadas de historia personal en Sao Tomé y se cerraba un capítulo de la deportación vasca en África?

K. Etxaluz: Yo me marqué una fecha límite, la de mi 78 cumpleaños. ¿Ya es bastante edad, no os parece? Me dije que si esta vez no lo conseguía, se acabó. Esa fecha se cumplía el 1 de setiembre. Y ese día nos fuimos.

A. Etxegarai: La persona que filmaba para el documental, que “Caminho longe”, estaba allí, con nosotros, nos seguía a cada paso. Le dimos algunas consignas que no siguió del todo (ambos se ríen) pero así son las cosas. No fue solo hacer el viaje, porque también era importante filmar el regreso. Llegamos el 2 de setiembre a París. Os podéis imaginar qué lío había en el aeropuerto de París, en plena operación retorno de vacaciones. Nosotros siempre así, al limite, en situaciones lo más complicadas posibles. Pero, bueno, dejando eso a un lado, éramos felices. Era la primera vez que los dos viajábamos juntos en avión. Todo era nuevo, ha sido algo hermoso.

Con ese retorno arranca otra etapa, en la que toca recuperar una identidad.

A. Etxegarai: Yo empecé a recobrar mi identidad en Quito, en condiciones muy duras, en una casa, en manos de la Policía… pero, al menos, para cuando me llevaron a Sao Tomé ya era yo, y he seguido siéndolo todos estos años. Bueno, con sus más y sus menos, porque también me generó un pequeño barullo el escribir mi nombre con la grafía vasca para el pasaporte y demás. Otra batalla burocrática... En todo caso, he salido como llegué, siendo yo mismo.

Y, por fin, un buen día uno se acuesta y despierta en casa, y no es un sueño.

K. Etxaluz: La anécdota es que nos dejaron dormir en la casa en que nosotros vivimos en Baiona antes de que se llevaran a Alfonso, y que ahora es de mi hermano. Pero ha cambiado tanto, que no nos reconocíamos en el lugar.

A. Etxegarai: Estábamos rendidos por el viaje y nos dormimos enseguida. Yo me desperté durante la noche, me senté en la cama, miré a mi alrededor –más o menos porque no encontraba el interruptor– y me di cuenta de que no sabía donde estaba. No era nuestra antigua casa… todo era tan distinto. De repente miré hacia arriba y pude observar que algo seguía igual: la trampilla en el techo. Así supe dónde me encontraba. Luego vino una intensa bajada, el derrumbe, sentí que empezaba a soltar una carga, y que eso me hacía feliz pero me hacía sentir un vacío, y me asaltaba una y otra vez la pregunta de cómo había sacado las fuerzas para sobrevivir. Ahora cuando me preguntan cómo me voy adaptando a Euskal Herria, yo le respondo a la gente que todavía me estoy deshabituando.

K. Etxaluz: Yo le digo que ahora mismo está en la «celda de los borrachos» o si se quiere en una sala de descompresión.

Ese brusco cambio de paisaje, humano y geográfico, ¿cómo se asume?

A. Etxegarai: En Sao Tomé hay caminos y alrededor sólo se ven los árboles. Hay mar, pero su mar no huele como el nuestro. No hay montañas… Ahora mismo al venir de Donapaleu a Baiona en coche sentía todavía un cierto mareo por esa sucesión de paisaje que no tiene nada que ver con lo que veía allí.

Hablando de ver, durante largos años los deportados fueron una realidad invisible y silenciosa. Luego llegaron las nuevas tecnologías de la comunicación.

A. Etxegarai: Así ha sido en todo caso para mí. Ese ha sido el gran cambio. Antes las cartas tardaban un mes para ir otro para venir. Y, con todo, Kristiane y yo hemos tenido suerte, porque casi siempre hemos tenido acceso al teléfono. Con la aparición de los nuevos sistemas de comunicación todo ha cambiado. Porque a esa relación con la familia se ha sumado la posibilidad de contactar y tener una relación permanente con el pueblo. En Plentzia pusieron en marcha una plataforma que ha imaginado y construido ese puente. Y así se empezaron a hacer pequeñas cosas, desde la solidaridad, con carácter humanitario y también con el sentido político de denunciar la deportación.

Algún que otro percance a causa de la comunicación instantánea habrá sufrido ya.

A. Etxegarai: Claro. Cuando fui a buscar el pasaporte, pasé un mensaje desde la sala de embarque, para decir que ya había llegado. Y claro, monté lío. En Plentzia se pensaron que ya estaba de vuelta. Y como había que ser prudentes todavía, pues pasaron varios días antes de poder aclarar las cosas. Por otra parte, a la hora de ir a recoger el pasaporte contaba también digamos que con cierta logística vasco-gabonesa, y así estábamos en contacto para saber si todo iba bien a la entrada y salida de la Embajada.

K. Etxaluz: El gran cambio fue cuando uno de Plentzia fue a verle y le llevó un teléfono moderno y a través de él empezó en el mundo de la imagen.

A. Etxegarai: Bueno, eso no es así. Yo ya sabía hacer fotos de antes.

K. Etxaluz: ¿Si? Pues a mi no me mandabas ninguna (se ríen).

A. Etxegarai: Bueno, antes solo entraba en internet por el trabajo, o para hablar con Kristiane y con la familia pero con el desarrollo de esas tecnologías empecé, en cierta forma, el regreso a mi pueblo. Los chavales de la plataforma me mandaban fotos de los lugares que creían que yo querría ver, para que me diera cuenta de qué había cambiado y qué no. Se hicieron todos una foto en mi barrio, delante de mi casa. Luego hicieron la foto de una especie de bosquecillo en el que se ponía la ikurriña cuando aún estaba prohibida… Y entre unas cosas y otras bromeábamos entre nosotros: ¿dónde quedamos? ¿a mitad del puente o en la farola del “Batela”?

Primero se produjo el viaje con la palabra, con “Regresar a Sara” y luego con “Hitzezko txalupak”, pero fue el documental “Sagarren denbora” el que mostró ante las cámaras la realidad de la deportación.

A. Etxegarai: Mi experiencia ha llegado, se ha dado a conocer a mi pueblo, y al mismo tiempo sus gentes han viajado hacia mí. Al final hemos hecho un viaje de ida y de vuelta. Recuerdo cuando, quizás como reflejo de ese documental, en la manifestación de enero en Bilbo por los presos se pusieron en la acera con la demanda sobre los deportados. Allí empezaron a vernos de nuevo.

K. Etxaluz: La deportación empezó «grosso modo» al mismo tiempo que los GAL y las expulsiones: unos iban a la cárcel, otros eran expulsados, otros eran deportados. El propio movimiento vasco entendió que, en ese contexto absolutamente terrible, la deportación era en cierto modo un mal menor. Creo que nosotros mismos nos consolábamos diciendo que la deportación era «como ir de viaje con una ONG» o que «era como tener un embajador vasco en no se qué lejano país». Bueno, luego llegó la etapa de la gente que buscaba refugio en distintos países de América y empezaron a mezclarse en el imaginario colectivo dos situaciones que son absolutamente diferentes.

¿Alguna vez pensaron que podría prolongarse tanto ese castigo de la deportación, con su trágico balance, o esperaban que Francia arreglaría antes las cosas?

A. Etxegarai: Nadie esperaba que fuera tan largo pero hemos luchado durante todo ese tiempo para cambiar nuestra situación. Al principio, en Ecuador, en situación muy dura, con Angel Aldana, bajo control policial. Luego me mandaron a mi solo a Sao Tomé, y me metieron en un hotel, aislado, en la montaña, con un tipo que se encargada de vigilarme, aunque como el gobierno era socialista me decían que su tarea era enseñarme el país. Luchamos para salir de esa situación, porque, como les dije, no aceptaba que mi mujer tuviera que desplazarse hasta ese lugar. Y me llevaron a un hotel, ya en la capital, y sin el tipo de la seguridad a mi lado, aunque debía presentarme todas las semanas para que el funcionario informara de que seguía en el país. La habitación y la comida las tenía pagadas, pero era difícil de aceptar y la siguiente pelea fue lograr trabajo y casa.

K. Etxaluz: No queríamos comer del plato que pagaban los españoles.

A. Etxegarai: También hice una huelga de hambre, aprovechando que se preparaba una visita del Papa, creo recordar que en el contexto de la Expo de Sevilla (1992). El presidente de Sao Tomé mandó a alguien para arreglar el tema con unas promesas, y cuando pasó lo del Papa, pues otra vez a vueltas. «Si en Irlanda dejaron morir a Bobby Sands, aquí dejar que eso pase es más fácil todavía, porque aquí la gente se muere de hambre». Esa fue la respuesta oficial. Y luego vino la batalla por lograr la nacionalidad, y en paralelo las amenazas de entregarme a España. En definitiva, este tiempo ha sido una sucesión de batallas, pero todas ellas con el objetivo de romper con las reglas de la deportación, y finalmente de volver a casa.

A partir del final de la lucha armada de ETA empezamos a hacer las gestiones, si se quiere, más de ámbito institucional, pero ha sido otro paso más, por otro camino, pero dentro de la misma batalla.

K. Etxaluz: La batalla era por sobrevivir.

A. Etxegarai: Sobrevivir y no perder de vista el objetivo de no someterse. Bueno, como siempre he sido bastante revoltoso... eso siempre ayuda. (Sonríe)

En su caso, ¿qué fue la escritura? ¿Vocación o necesidad?

A. Etxegarai: Siempre he escrito por necesidad. Escribí primero artículos en “Egin”, en “Punto y Hora”. Luego vinieron los libros. Lo que son las cosas, cuando vine como refugiado (n.d.r: Etxegarai abandonó su localidad natal en 1978) al hacer los papeles puse que mi profesión era la de escritor. Lo hice pensando que así nadie me molestaría, y sobre todo que no me ofrecerían un trabajo (risas). Luego la escritura se convirtió en una necesidad, aunque más que una vía de escape, ha sido un punto de apoyo, que me ha ayudado a viajar hacia mi interior. La palabra ha cumplido, por fin, esa función mayor de exteriorizar las cosas extraordinarias que hemos vivido.

¿Tener ya establecido ese hilo de comunicación hace más fácil esa transición de dos mundos tan diferentes, de un rincón de África a Euskal Herria?

A. Etxegarai: Si hay una conexión surge algo, se forja el encuentro, la empatía, el entendimiento... aparece algo nuevo, bueno, en algunos casos. (Se ríe y Kristiane le acompaña, de antemano, en la carcajada). Ahora me toca escuchar comentarios del tipo «estás bien», «no pensaba que volvieras con ese buen aspecto»... ¿Pero con quién se esperaban encontrar? Creo que algunos esperan encontrar a una persona quebrada, quizás no han seguido nuestro viaje, si no ya sabrían que estaba y estoy en pie.

K. Etxaluz: La gente me pregunta a veces por mi papel en ese viaje tan largo. ¿He sido la Penelope que espera y espera? Me he descubierto diciendo eso algunas veces y luego al darme cuenta me he dicho: ¡qué imbécil eres! Entonces, ¿quién soy, el alter ego? No sé... dándole vueltas al final he encontrado una figura que me conviene más: creo que he sido una deportada consorte. Como el príncipe Philip y la reina de Inglaterra (risas). Soy la que arreglaba algunos problemas para que él no tuviera que preocuparse por todo. Personalmente, aunque creo que las familias son las que han sufrido en mayor medida en esta lucha nuestra, porque no han tenido la posibilidad ni los resortes para defenderse, no me reconozco del todo en el papel de Santa Verónica, no me gusta llorar mi vida. Me conviene más lo de la deportada consorte, que ha jugado un papel activo, porque creo que he ayudado a buscar un camino de salida.

A. Etxegarai: Ese primer documental me ayudó porque, aunque la idea no era hablar de política, bueno, al menos eso creía, me llevó a decir que estaba dispuesto a hacer algo, para ir adelante, lo cual podía no querer decir nada o decir mucho. La cuestión es que asumí esa manifestación como un compromiso conmigo mismo.

¿Cuál es la función que atribuyen a ese segundo documental, en preparación y que busca financiarse vía crowdfunding?

A. Etxegarai: El movimiento vasco no ha tenido la oportunidad o el tiempo de ocuparse de esto, de decir, de contar, y me parece que es importante ir dando pasos en esa línea, porque es importante que cada cual pueda dar su versión de lo ocurrido. Nosotros vamos a intentar contar ese capítulo de la deportación. Antes me preguntaba si esa decisión del Tribunal Administrativo de París que me ha ayudado a volver puede sentar jurisprudencia.. Si fuera así, la satisfacción sería total. En cualquier caso creo que ese documental es una forma de explicar que se puede encontrar una vía, porque, aunque tengamos dudas, porque algo puede fallar, al final lo que yo pensé es que, pasara lo que pasara, llegara o no, ese regreso sería una realidad, un hecho, porque se habría contado que yo había emprendido la vuelta.

Todas las deportaciones no son iguales, pero todos los que quedan por volver se van a reconocer en el relato. Y espero que eso les ayude a preparar en su interior su propio viaje. Además creo que hay un mensaje para el poder. La vuelta ha empezado y es un hecho que nosotros contamos.

K. Etxaluz: Yo también creo que esto va a facilitar que otros reflexionen sobre lo mismo, porque lo ocurrido tiene también el valor de levantar acta, y quiero pensar que también de indicar que el tiempo de la deportación toca a su fin.

¿Qué ha pesado más la iniciativa individual para encontrar una via de vuelta o un cambio por parte de las autoridades?

A. Etxegarai: Tengo los dos presentes. Para que algo ocurra hay que demostrar que se está dispuesto a hacer, que uno puede poner algo en marcha, unilateralmente, que está preparado, en definitiva, para aprovechar la oportunidad si ésta aparece.

K. Etxaluz: Dicho con absoluta modestia, yo siento una gran satisfacción porque vamos a tener el privilegio de vivir en el presente y al tiempo visualizar una parte de nuestra historia que es también la historia de un país que no se ha liberado del todo pero que en ese camino está aprendiendo mejor lo qué es la libertad, una libertad que, a mi modo de ver, se construye con estas pequeñas victorias.

A. Etxegarai: Los chavales de Plentzia han hecho hace unos días la última reunión de la plataforma. A mi llegada les mandé dos mensajes: uno para decirles que lo importante es saber que si se sigue soñando, un día u otro se llega. Y el segundo: ¡Cerrad la barraca que ya estoy en casa!






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martes, 1 de octubre de 2019

Retornó Alfonso Etxegarai

Desde Naiz traemos a ustedes esta nota que echa luz sobre el drama de los deportados vascos, medida de excepcionalidad de la que no habla ni una sola de las organizaciones internacionales en defensa de los derechos humanos.

Lean ustedes:


Alfonso Etxegarai, que tuvo que abandonar Plentzia en 1978, ha dejado la deportación después de 33 años encerrado en la pequeña isla de São Tomé, donde fue llevado, sin juicio ni ley, desde Ecuador. Allí había sido secuestrado y torturado por policías españoles.

Iker Bizkarguenaga

Alfonso Etxegarai, vecino de Plentzia que llevaba deportado en Sao Tomé desde 1986, ha regresado a Euskal Herria, según difundió Sortu a través de las redes sociales a última hora de la tarde de ayer, confirmando lo que en su localidad ya se había anunciado la víspera, que 33 años de deportación habían acabado.

Aunque en total han sido más de cuatro décadas las que Etxegarai ha pasado lejos de su pueblo, ya que tuvo que dejar Plentzia en 1978 para poner rumbo a Ipar Euskal Herria, desde donde siete años después fue extraditado a Ecuador. En la capital de ese país, Quito, policías españoles lo secuestraron y torturaron junto a Anjel Aldana –fallecido en 2016– en 1986, y desde ese mismo año ha permanecido en la isla estado del golfo de Guinea.

Quedan nueve deportados

Sin poder abandonar aquel lugar, condenado sin juicio a más de cinco mil kilómetros de su hogar, este plentziarra, que en todo este tiempo ha tenido a su lado a su pareja, Kristiane Etxaluz, ha sido una de las personas que ha padecido la deportación, un régimen ajeno a cualquier legalidad que ha afectado a decenas de militantes y que aún hoy mantiene a nueve ciudadanos vascos lejos de su país; tres en Cuba, dos en Venezuela y cuatro en Cabo Verde.

En los últimos años y meses han sido varios los deportados que han regresado a Euskal Herria, un listado que este fin de semana ha engrosado Etxegarai, que a pesar de la distancia no ha sido en absoluto ajeno a la realidad social y política vasca, y ha desarrollado asimismo una importante trayectoria literaria, con libros como ‘Regresar a Sara’,‘Hitzezko txalupak: Euskal Herria-Sao Tome gutunak 2010-2011’, y el más reciente ‘La guerra del 58’, una joya con prólogo de Joseba Sarrionandia.






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jueves, 19 de septiembre de 2019

“Cruzar el Río a Nado”

Cubainformación nos regala otra perla de las consecuencias de la campaña de hostigamiento por parte de Washington en contra de la Isla:


José Manzaneda | Coordinador de Cubainformación

En agosto, a falta de noticias, se fabricaba en Miami un show con el polizón de un avión procedente de La Habana.

Dado que la acogida automática a migrantes de la Isla en EEUU fue derogada en 2017 por Barack Obama, el joven polizón solicitó el asilo político por posibles “torturas” en caso de deportación: “Si me regresan (sic) a mi país, allá me van a reprimir, torturar, encarcelar”, declaraba al canal Telemundo.

Sus súplicas a la Casa Blanca eran acompañadas de una denigrante apología de los “valores americanos”: “Les pido encarecidamente que valoren mi caso… vine aquí porque este es un país que da oportunidades a las personas que son de bien y son trabajadores, un país donde se respetan los derechos humanos". Está claro: 19 mil migrantes que, cada mes, deporta EEUU, son chusma. Solo son personas trabajadoras “de bien” quienes están dispuestas a lamer los zapatos del Tío Sam.

Hay que decir que, de ser deportado a Cuba, esta persona ni tendrá problemas legales, ni será detenido, ni perseguido, ni torturado. El “riesgo creíble de persecución”, el “miedo insuperable” que le abriría la puerta al asilo, no existe. Pero en la farsa política contra Cuba, no falta la creatividad jurídica. El argumento de su abogado para anticipar un más que seguro hostigamiento en la Isla es la “publicidad que ha tenido el hecho a nivel internacional”. Es decir, en Miami fabrican la “publicidad”, el show que luego se convierte en la única prueba de una “persecución” jamás demostrada.

En El Nuevo Herald leíamos que, en México, “la inmensa mayoría” de quienes piden “asilo del lado norteamericano (...) son cubanos”, porque “los centroamericanos” –carentes de esa oportunidad- “prefieren cruzar el río a nado”.

“Las migrantes cubanas” –añadía el diario- “no quieren ni oír hablar de adentrarse en la ciudad de Matamoros (México) a buscar trabajo” por miedo a los asaltos. “Los cubanos no estamos acostumbrados a la violencia que se vive aquí”, declaraban.

Porque a lo que sí han estado acostumbradas cubanas y cubanos, durante décadas, es a un escandaloso privilegio migratorio sobre el resto de población latinoamericana.

El propio Herald reconocía en el reportaje que la emigración cubana es económica, idéntica a la del resto de países de la zona. “Muchos cubanos temen el regreso de un nuevo Período Especial” –decía- “lo que ha empujado a miles a emigrar”.

Recordemos que, tras el fin de los privilegios de acogida en 2017, el número de balseros cayó un 90 %. Pero este año ha vuelto a crecer un 12 %, tras las medidas contra Cuba aprobadas por Donald Trump.

Estas son, por un lado económicas: entre otras, la Casa Blanca ha golpeado el turismo, prohibiendo los cruceros y otras modalidades de viaje, ha reducido el importe de las remesas, multado a navieras que transportan petróleo y aplicado íntegramente la Ley Helms-Burton para ahuyentar cualquier inversión en la Isla.

Por otro lado, EEUU cerró su oficina consular en La Habana, obligando a la población cubana, para solicitar visa, a desplazarse a otro país. Con lo que el compromiso, firmado en 1994, de otorgar no menos de 20 mil visas anuales a cubanas y cubanos es ya papel mojado.

Cierre consular y asfixia económica vuelven a colocar la emigración en la agenda de la guerra política contra Cuba. Y hay quienes, en un vergonzoso colaboracionismo, se prestan a ser moneda de cambio con tal de no tener que “cruzar el río a nado”.


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martes, 2 de octubre de 2018

Entrevista a Román Orbe Etxebarria

Les recomendamos mucho leer esta entrevista publicada por Gara para desintoxicarse un poco de toda la manipulación mediática que existe acerca de la "guerra sucia", o sea, el terrorismo de estado al que ha recurrido Madrid sistemáticamente para lidiar con el tema vasco:


Román Orbe Etxebarria | Herido grave en un atentado de los GAL | El 15 de junio de 1984 es una fecha grabada a fuego en la vida de Román Orbe. La explosión de una moto-bomba en Biarritz –que causó heridas, a la postre mortales, a otro refugiado, Tomás Pérez Revilla– le dejó graves secuelas. A sus 63 años, narra a GARA su historia de supervivencia, sin obviar las sombras y el olvido que acompañan tantas veces al exilio.

Maite Ubiria Beumont

Román Orbe nos recibe en su domicilio, a las afueras de Bidart. Es una casita coqueta con un pequeño jardín exterior que el refugiado vizcaino y Corinne, su esposa, pudieron adquirir gracias a la indemnización que el primero recibió a raíz de ser contagiado con el VIH.

Efectivamente, durante su estancia hospitalaria en Burdeos, adonde fue evacuado tras el atentado que sufrió en Biarritz, el 15 de junio de 1984, Orbe se convirtió muy a su pesar en una víctima más del denominado «escándalo de la sangre contaminada». La transfusión le inoculó el virus causante de sida.

«Me dieron cuatro meses de vida», recuerda. Aunque la sentencia de muerte no se cumplió, quedó sometido a un tratamiento a vida y a una incapacidad laboral permanente. La edad de jubilación le ha deparado otra mala pasada: la seguridad social gala le ha privado de la percepción por gran invalidez que recibía y le ha asignado, en su lugar, una pensión de jubilación de 57 euros al mes.

El 15 de junio de 1984 empezó con una noticia que le provocó gran consternación...

Ese día, antes de las seis de la mañana perdí a un amigo, Kattu (Jose Luis Lekuona), muerto junto a Txuria (Agustin Agirre) en una operación de la Guardia Civil en Hernani. Y antes de la seis de la tarde, ocurrió el atentado.

¿En qué lugar y cómo se produjo exactamente?

Yo trabajaba en la empresa Precimecan. A la salida de trabajo me encontré con Tomás Pérez Revilla en el bar de Jano. Luego fuimos al bar Du Haou, situado a unos 150 metros.

No estaban ustedes solos...

Era viernes y era habitual que hubiera gente en los bares de Biarritz. Pero, efectivamente, había otro tipo de compañía. De camino al Du Haou vimos unos coches que estaban dando vueltas en la zona: había secretas y también un coche normal. Contamos hasta siete vueltas... y si se conoce la zona, entre Carnot y Ganbetta, con las direcciones prohibidas y demás, el recorrido es corto. Sentimos que algo podía pasar. Realmente era evidente que preparaban algo.

La comunidad de refugiados estaba en la diana de los GAL. ¿Se protegían ustedes? Lo digo porque se insiste mucho en que los atentados ocurrían en lugares públicos, bares...

Sí que tomábamos precauciones, nos acompañábamos entre nosotros. Como detalle le diré que yo, cuando salía, lo hacía habitualmente más tarde, pasadas las 20.00, Tomás creo que también, cuando salía, que no era siempre, ya que cuando nos atacaron estaba enfermo de cáncer. Bien, ese día coincidimos a las 17.30, horario poco habitual, y está claro que nos esperaban.

¿Como fue el modus operandi?

Salimos a la calle y en la acera por la que caminábamos, justo al lado de la ventana del bar, había una moto que, por lo que luego supimos por el testimonio del dueño del local, había sido aparcada al mediodía. La explosión nos alcanzó de pleno.

No hay dudas sobre la intencionalidad porque la bomba fue activada a distancia por los autores del atentado, ocultos en un vehículo cercano.

Así es. Por lo que salió en el juicio, hubo anteriormente un intento fallido; vamos, que dieron al botón y no funcionó. En todo caso, a la segunda lo lograron. Estalló la bomba y salimos disparados. Recuerdo que me golpeé en el suelo pero, como un resorte, me puse enseguida de pie. Y ahí estaba el fotógrafo...

El semanario “Paris-Match” publicaría días después imágenes de ustedes, noqueados, en el lugar de la explosión.

Fue esa persona la que hizo las imágenes. La tengo clavada en la memoria. Me suena que la habíamos visto antes, cubriendo manifestaciones, pero ese día, ¿cómo pudo estar a la hora misma del atentado? Cuando me levanté lo tenía justo delante. Es la imagen más nítida de mi memoria. Nunca más le volví a ver, es algo bastante extraño.

Siendo un testigo excepcional, ¿no estuvo en la reconstrucción de hechos cara al juicio?

A mi me sacaron del hospital de Dax en que me recuperaba para asistir a la reconstrucción de los hechos con vistas al juicio. Estaban los mercenarios, pero ni rastro del fotógrafo. En el juicio no estuve, pero no tengo noticia de que él estuviera tampoco.

Con sus cuerpos quemados, usted y Pérez Revilla corren de vuelta al bar de Jano...

Teníamos miedo de que al ver que estábamos vivos vinieran a rematarnos. En el bar de Jano estaba casualmente un médico retirado que nos dio los primeros auxilios. Enseguida nos llevaron al hospital de Baiona, y desde allí en helicóptero nos evacuaron, primero a mí y luego a Tomás, a Burdeos.

¿Tuvo ocasión de hablar con él durante la estancia en el hospital de Burdeos?

Me crucé con él y no me olvidaré nunca de sus palabras. Con aquella voz ronca que tenía me dijo: «De esta ya nos hemos librado». El ya había sobrevivido a un atentado años antes. Yo, como tantos otros, también he tenido algún golpe de suerte.

¿Fue la ultima vez que hablaron ustedes?

Estábamos en una sala grande, pero no juntos. Yo estaba, y supongo que él también, bajo sedación casi permanente. Además de las quemaduras, yo tenía heridas en el brazo derecho, que hoy sigo sin poder utilizar con normalidad, en las piernas, en los dedos...

¿Tuvo visitas en el hospital?

Mi familia pudo visitarme unos pocos minutos al principio. No tengo recuerdos nítidos, por lo visto el jefe de la empresa en la que yo trabajaba también acudió a verme, lo sé porque me lo han contado, no porque tenga en la memoria su visita.

Y comenzó su largo periplo hospitalario...

En Burdeos estuve tres meses, de junio a finales de setiembre.

En ese intervalo Pérez Revilla fallece en el hospital.

No me informan en el momento de su muerte, pero un día me di cuenta de que el personal del hospital evitaba que yo viera la televisión, y enseguida pensé que había pasado algo malo.

De Burdeos a Dax...

De Burdeos me llevaron a Dax, sí, donde estuve hasta enero del 85 para la rehabilitación. Y luego otro año ya en Biarritz, peleando por recuperarme.

Tiene tras de sí una larga lista de operaciones quirúrgicas.

21 intervenciones, si no me equivoco. La última, hacia 2008, ya para retirarme una bolsa de pus de la espalda provocada al parecer por las pastillas que tomaba para la enfermedad.

Se refiere usted al VIH.

Estando en Burdeos recibí transfusiones procedentes de 24 bolsas de sangre contaminada con el virus causante del sida.

Sin embargo, las consecuencias aparecieron mucho después.

Me enteré gracias a Corinne, que, a raíz de que se conociera lo ocurrido con las transfusiones, me insistió mil veces en que me hiciera las pruebas. Me dieron cuatro meses de vida, la enfermedad estaba avanzada.

Nuevo obstáculo. Sin papeles, no hay tratamiento. Porque, a todo esto, usted se queda sin el récépissé o «salvoconducto» que otorgaban las autoridades galas a los refugiados vascos.

Por eso al principio Burdeos no me quería dar la autorización para poder recibir los fármacos contra el sida, aunque pude conseguir las pastillas digamos que con ayudas humanas por las que siempre estaré agradecido. Finalmente logré los papeles y pude tratarme normalmente.

También recibió usted una indemnización del Estado...

Recibí 1,2 millones de francos (182.900 euros), con los que pudimos adquirir esta casa. En el 96 Corinne y yo nos casamos, porque como me habían dado poca esperanza de vida, tenía miedo de que un día el Estado se quedara con el 60% del valor de la casa y mi mujer sin un techo. Afortunadamente no he fallecido, y aunque tengo problemas –ahora también renales– debido al tratamiento, espero y quiero vivir mucho tiempo.

¿Cómo se ha podido mantener todos estos años?

Me reconocieron una invalidez del 66% y he percibido, desde 1997 y hasta alcanzar la edad de jubilación (62 años) una pensión de unos 800 euros.

Llegar a la jubilación no le ha traído buenas noticias precisamente...

Al llegar a la edad de jubilación, el año pasado, me quitaron la pensión de invalidez y, claro, como no tenía prácticamente nada cotizado, pues me he quedado con 57 euros de pensión.

¿Recibe 57 euros mensuales?

Ni más ni menos.

¿Cómo es posible?

Estamos en trámites, para ver si se puede hacer algo, pero de momento esa es la situación.

Así las cosas, ¿de qué viven usted mismo y su esposa?

De la pensión de invalidez de 600 euros que cobra mi mujer, que tampoco puede trabajar, ya que ha sufrido un largo tratamiento por depresión y sigue su lucha contra el cáncer. Con todo, llevamos un año bastante bien, ¿verdad Corinne? [La mujer, que asiste a la conversación, ayudando a cubrir las lagunas de memoria de Orbe, asiente con una pequeña sonrisa] Ha habido tiempos peores.

Condena por el atentado e indemnización nunca cobrada

Su atentado fue uno de los pocos casos de los GAL que llegó a los tribunales.

Es que la Policía francesa detuvo a los autores a las pocas horas...

No obstante hubo algún intento de lanzar la versión de un «ajuste de cuentas» en el seno de ETA, versión que ya afloró en otros casos como con la desaparición de «Pertur».

Algo absurdo. Desde el principio se sabía que eran los GAL.

Tirando de hemeroteca, en distintos artículos se dice que usted fue cura. Como no lo ha mencionado en la conversación se lo pregunto...

A ver, me confunden con Román Landera [sacerdorte santurtziarra ya fallecido, que fue objeto de un atentado en 1973, y que tras vivir como refugiado en Iparralde fue expulsado por las autoridades francesas]. Yo no he sido nunca cura. ¡Los cojones... cura! Yo de seminario y eso, nada, ya pasamos bastante con tanta misa y rosario.

Volviendo al atentado. El diario “Sud-Ouest” generó gran revuelo al publicar una fotografía que identificaba a dos de los autores, nada menos que ejerciendo de guardaespaldas de la exministra gala Simone Veil y su séquito de paso en Pau con motivo de un acto electoral.

No sé si eran miembros del equipo de seguridad de Veil o igual de algún otro cargo de su partido, pero eran guardaespaldas de políticos.

Al respecto, un político aún en activo, el exministro con Macron y alcalde de Pau, el centrista François Bayrou, desmintió que los cargos de RPR y UDF que aparecían en la imagen conocieran a los mercenarios de los GAL.

Si ejercían como sus guardaespaldas, parece raro que no les conocieran.

Esa revelación puso en evidencia el nexo francés.

Eso estaba claro, en nuestro caso y en otros muchos. Existía esa connivencia, de políticos, policías y jueces, pero nadie ha asumido responsabilidades hasta hoy tampoco por parte francesa.

El juicio en Pau se salda con penas de cárcel para De Carvalho, Labade y Sampietro. También se fija una indemnización de 260.000 euros...

...que nunca cobré.

¿Por qué no recibió la indemnización?

No pagaron ellos [los condenados], ni el fondo para la indemnización de víctimas, en Madrid. De hecho, con un informe del experto forense de aquí se tramitó la petición. Fue rechazada, al parecer porque se aludía al atentado pero también al sida. Dos años después el juez francés pidió un segundo informe forense, pero tampoco así. Sea por presiones de Madrid a los franceses, que las hubo, o por interferencias entre el recurso judicial y el trámite administrativo, la cosa es que no recibí ninguna indemnización.

«Tampoco el Gobierno Vasco se ha preocupado de nosotros»

Por parte de las autoridades estatales, nada. ¿Y desde el Gobierno de Gasteiz?

No he tenido ninguna relación con las instituciones vascas. La verdad es que nadie se ha preocupado de mi situación.

Ha habido reconocimientos a otras víctimas de los GAL...

No he seguido mucho lo que se ha llamado el caso GAL, por motivos de salud y también por una necesidad de protegerme, de querer dejar atrás el pasado. Ha habido de todo un poco.

No sé si está al tanto de programas para reconocer a las víctimas, de la labor de memoria... ¿Qué esperanzas alberga?

No tengo la esperanza de que se vaya a hacer la luz sobre la violencia de Estado.

¿Y de lo actuado con las víctimas en general y con las de la violencia de Estado en particular? ¿Qué opina?

De las víctimas se habla al principio, como mucho en un aniversario, y luego se olvida. Además, tengo claro que hay víctimas de primera, de segunda, y de nada... yo soy de esa última categoría. Yo creo que a algunas víctimas nos han borrado directamente.

¿La experiencia del exilio, como la de la deportación, están marcadas por el olvido?

Nosotros somos en cierto modo los desaparecidos, no estamos en el pueblo, y difícilmente los de casa pueden seguir nuestra trayectoria. Es comprensible, pero es indudable que hay situaciones que no se han evocado demasiado y sobre las que se puede hacer más.

¿Siente usted que existe un agravio en relación a la presencia en el debate político de la situación de los presos, incluso también en el seno de la izquierda abertzale?

Mi mayor pena es por los que están dentro de las cárceles. Por ellos tenemos que hacer todo. También por los deportados. No puedo compararme con ellos. Yo estoy en casa.

¿Para que valen actos como el que anuncia Kalera Kalera este próximo sábado, 6 de octubre, en Tolosa?

Para que salga a la luz esa situación que muchas veces no se conoce, que debe resolverse. Pero también para que se pueda hacer la transmisión, para que los que han venido después, los más jóvenes, sepan de nuestra vida.






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lunes, 25 de agosto de 2014

El Filtro y la Memoria

En el vigésimo aniversario de la Masacre del Hospital de Filtro traemos a ustedes este artículo de La Diaria:


Ayer se cumplieron 20 años del asesinato de Morroni en el Filtro y aún no han sido juzgados los responsables.

La gente se empezó a concentrar en el Obelisco desde la 16.00. Al poco rato comenzó a llover torrencialmente, pese a lo cual siguieron llegando personas. La marcha arrancó una hora después, encabezada por una pancarta con la consigna “Filtro 20 años: Es demasiada impunidad. La memoria te busca y te nombra”. Pero en lugar de dirigirse por Bulevar Artigas hacia el norte, como se ha hecho tradicionalmente, partió hacia el sur, para pasar por la esquina de la sede de la Embajada del Estado de Israel y protestar contra los ataques militares de ese país a Palestina. Luego, la marcha giró hacia el norte y volvió a la ruta original, por Bulevar Artigas hasta la esquina de Aureliano Rodríguez Larreta, frente a donde en 1994 funcionaba una planta de la empresa Cutcsa y en el interior de la cual fue asesinado el joven Fernando Morroni.

El 24 de agosto de ese año, miles de personas se manifestaban en contra de la extradición a España de los ciudadanos vascos Jesús María Goitia, Mikel Ibáñez y Luis Lizarralde, acusados de pertenecer a la organización Euskadi Ta Askatasuna (ETA). Los vascos se encontraban realizando una huelga de hambre en protesta por la extradición y habían sido trasladados al hospital Filtro, ubicado en Cufré y Bulevar Artigas. En la noche, la Policía montó un operativo represivo combinado en el que participaron el cuerpo de Radio Patrulla, la Guardia Metropolitana, la Guardia Republicana y efectivos de varias seccionales cercanas a la zona. El resultado de lo que luego fue denominado “Masacre del Filtro” o “Masacre de Jacinto Vera” fueron dos muertos y más de 100 heridos, la mayoría a causa de disparos con arma de fuego. Incluso resultaron heridas de gravedad personas que ni siquiera participaron en la protesta, como el enfermero Esteban Massa, que recibió cuatro balazos por la espalda cuando se encontraba atendiendo a un herido. Finalmente, los vascos fueron extraditados, y a pesar de las denuncias presentadas contra la Policía por el accionar de esa noche, la investigación judicial nunca determinó las responsabilidades de los mandos ni la de los efectivos actuantes. El ministro del Interior de la época era el nacionalista Ángel María Gianola y recibió el respaldo del entonces presidente, Luis Alberto Lacalle.
Agradecidos

La marcha de ayer contó con la participación de jóvenes de la Brigada Askapena, una organización internacional del País Vasco (en euskera: Euskal Herria) que forma parte “del movimiento de liberación vasco”, según contaron a la diaria Lide y Unai. Llegaron a Uruguay para mantener “la memoria histórica” de lo que sucedió en 1994 en las cercanías del Filtro, lo que consideran “una de las más grandes muestras de solidaridad con el pueblo vasco”.

Lide contó que ayer también se realizaron actos en memoria de la Masacre de Jacinto Vera en Bilbao y San Sebastián, para “denunciar la represión y agradecer a los uruguayos que salieron en defensa de los vascos”. Luego aclaró que el gobierno del Estado español utiliza las acusaciones de terrorismo contra los vascos para “ocultar un conflicto que es político” y que se inició “en 1512, cuando el País Vasco fue conquistado”. Lide dijo que luchan “por la independencia del país y por el socialismo”, y denunció que actualmente hay en España y Francia 500 presos vascos, además de los 3.000 exiliados.

Pese a la fuerte lluvia, que por momentos se convirtió en granizada, la marcha llegó hasta el lugar donde se leyó la proclama central. Norma Morroni, la madre de Fernando, saludó y agradeció a las personas presentes. La declaración planteó que “en cada represión como la del Filtro se repite un Guernica” y recordó lo sucedido en varias comisarías de Montevideo, donde “la brutalidad de la represión policial” alcanzó a jóvenes. “Resolvemos no mirar para otro lado y no sentarnos a esperar. ¡A quebrar la impunidad!”, concluyó la proclama.

Luego se leyeron declaraciones del Centro de Estudiantes del Instituto de Profesores Artigas, del Sindicato Único de Automóviles con Taxímetro y Telefonistas, una adhesión desde Argentina de María Victoria Moyano y una carta desde España de la entonces vocera de los vascos detenidos en 1994, Rosario Delgado Iriondo. Finalmente el grupo de jóvenes de Askapena bailó en homenaje a Norma Morroni una danza tradicional de su país denominada Agurra, una expresión de “respeto y admiración” que también se utiliza para “las bienvenidas y los adioses”, según explicaron los propios bailarines.






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domingo, 16 de junio de 2013

El Tiempo de los Exiliados

Mucho hablamos de los presos políticos vascos y las medidas de excepción que practican en contra de ellos tanto Madrid como París.

Desafortunadamente, menos hablamos de los otros represaliados políticos vascos; los exiliados, nuestros 'refus'.

Pues bien, desde Gara traemos a ustedes este artículo:


Recaban el respaldo de miles de personas en un emotivo acto en Biarritz y presentan una hoja de ruta, en la que demandan el fin de las medidas de excepción y se comprometen con la verdad.

I. Altuna y R. Sola

La constatación de ser consecuencia del conflicto que padece Euskal Herria y la voluntad de participar en su solución; la necesidad de desactivar o revisar la medidas de excepción que favorecen la persecución de ciudadanos vascos, con especial mención a la tortura y al confinamiento y la deportación; una invitación al pueblo vasco y las instituciones para trabajar por garantizar los derechos humanos de los exiliados; y la voluntad de participar del relato y de la reparación social que favorezca «la nueva sociedad democrática que queremos construir de forma compartida» componen la hoja de ruta presentada ayer en Biarritz por el Colectivo de Exiliados y Exiliadas Políticos Vascos. Una hoja de ruta en la que se subraya que es «hora de estructurar la solución y de la vuelta a casa».

El documento, titulado «Sorterritik sorterrira, lepoan hartu eta segi aurrera», fue presentado como una aportación al proceso abierto en Euskal Herria. Primero se hizo en una reunión con agentes y personalidades previa al acto celebrado en Biarritz en apoyo a este colectivo, y después ante las miles de personas que se reunieron en el Halle de Irati de la ciudad labortana. La «hoja de ruta» o «aportación» fue entregada a los participantes en el primer encuentro y explicada de forma didáctica por dos refugiados desde el escenario a todos los asistentes.

El texto concluye que «es tiempo de soluciones, para que el pueblo vasco pueda mirar al futuro con esperanza y nunca jamás nadie tenga que huir del lugar que le vio nacer», al objeto de «construir un país libre, de hombres y mujeres libres».

Sujeto para la solución

El documento arranca con consideraciones de carácter general, para abordar posteriormente reivindicaciones y pasos concretos, en el camino ya emprendido de vuelta a casa. En el acto de ayer hubo refugiados llegados en los últimos meses a Ipar Euskal Herria, que se sumaron a los que ya residen desde hace años al norte del Bidasoa.

El punto de partida de este colectivo, que se define a sí mismo como «amplio y plural», es la historia de muchas generaciones de vascos que se han visto obligados a huir por cuestiones políticas y «a causa de la persecución represiva». Un hecho que, según lo manifestado ayer en Biarritz, el proceso de transición franquista no hizo sino agudizar, al «no satisfacer los deseos democráticos» de muchos vascos y no romper con las estructuras represivas.

Diseminados por varios continentes, en muchos estados y con situaciones jurídicas diferentes, los exiliados entienden que se han convertido en una cuestión internacional.

En ese contexto, la hoja de ruta de vuelta a casa presentada ayer muestra su voluntad de ser sujeto para la solución: «Queremos hacer nuestra aportación al proceso abierto para dar una solución democrática al conflicto que sufre Euskal Herria».

Los huidos entienden que la mayoría vasca, con la ayuda de importantes agentes internacionales, «está estructurando una dinámica innovadora» para dar una «respuesta democrática a la naturaleza y consecuencias del conflicto». Una dinámica a la que muestran su adhesión.

Para el colectivo, el final de la lucha armada de ETA «sitúa el carácter armado del conflicto en otro parámetro», por lo que demanda que se desactiven o revisen las medidas de excepción de las últimas décadas.

Así, solicita la suspensión de «los procedimientos judiciales basados en declaraciones arrancadas bajo tortura y, en consecuencia, las órdenes de detención, las euroordenes y las extradiciones fruto de aquellas». Otro tanto reclaman de los procesos que debieran estar ya finalizados o archivados atendiendo a un legislación ordinaria, así como de aquellos otros que vulneran los derechos de opinión, expresión y reunión.

Demandan igualmente que se garantice la libertad de movimiento de aquellos que se encuentran confinados o deportados en diferentes países del mundo, «al objeto de poner fin a su situación».

Paralelamente a estas reivindicaciones, la hoja de ruta invita al pueblo vasco y a las instituciones a compartir la tarea de preservar los derechos humanos y el derecho a una vida digna de todos los exiliados, toda vez que la realidad de años ha provocado que muchos de ellos continúen abocados a «graves situaciones de precariedad e indefensión».

Insta a confeccionar una lista de enfermos y a disponer medidas para paliar esos casos. También a tomar medidas para garantizar la dignidad de aquellos que, por los rigores del exilio, corran riesgo de exclusión.

Invita, en este contexto, a que se ayude a la vuelta de todos los refugiados, cuya realidad actual es muy diversa: «Algunos tienen reconocida la nacionalidad o un estatus en los estados de acogida. Sin embargo, la mayoría no tenemos reconocimiento político alguno. Algunos somos desplazados internos en Euskal Herria, y otros muchos se encuentran deportados, confinados o en la clandestinidad a lo largo y ancho del mundo».

De sufrir la guerra sucia y la tortura a mirar al futuro

Los exiliados vascos han sido uno de los principales objetivos de la guerra sucia en sus diferentes versiones, con innumerables ataques que han llegado a provocar desaparecidos y varias decenas de muertos. Han sufrido arbitrariedad máxima por parte de las autoridades, hasta el punto de quedar algunos de ellos en el limbo de la deportación, sin la mínima seguridad jurídica en la mayoría de los casos. Los exiliados han padecido la tortura, según la denuncia de muchos de aquellos que, por procedimientos de urgencia, eran entregados de policía a policía, en Irun o en La Jonquera.

Desde ese punto de vista de haber sufrido en primera persona tanta brutalidad, en su aportación al proceso de soluciones el colectivo afirma que los refugiados, sus familiares y, en general, el pueblo vasco tienen derecho a conocer toda la verdad. Todavía hoy, por ejemplo, no se han podido recuperar los cuerpos de «Pertur», «Naparra» y «Popo» Larre.

Pero este colectivo no se queda ahí y mira al futuro, al mostrar su disposición a participar en el relato y también en la reparación social necesaria para «la nueva sociedad democrática que queremos construir de forma compartida».

Presentación de la propuesta a agentes sociales y representantes políticos

El multitudinario acto del Halle de Irati estuvo precedido por una reunión, celebrada en una sala del mismo recinto, en la que cuatro representantes del Colectivo de Refugiados explicaron a diversos agentes y personalidades los pormenores del documento «Sorterritik sorterrira, lepoan hartu eta segi aurrera», presentado como la «aportación» que dicho colectivo hace en este momento al proceso abierto en Euskal Herria.

El encuentro estaba auspiciado por Bake Bidea (plataforma social de Ipar Euskal Herria para impulsar el proceso de paz) y Lokarri (Red ciudadana por el acuerdo y la consulta). organizadores del último Foro Social celebrado en marzo en Iruñea y Bilbo y que ha dado como resultado las doce recomendaciones para favorecer el proceso de soluciones.

En la reunión de ayer estuvieron la senadora Frédérique Espagnac y las dos únicas diputadas vascas a la Asamblea Nacional francesa, Sylviane Alaux y Collette Capdevielle. El alcalde de Biarritz, el centrista Didier Borotra, estuvo en el acto popular de después y se dejó fotografiar con los representantes de los refugiados. Salió algo antes del mitin, porque debía oficiar la primera boda homosexual en Biarritz, tras la reciente aprobación de la ley francesa sobre esta cuestión.

En el encuentro previo participaron también consejeros generales y regionales, como Kotte Ezenarro y Alice Leiziagezahar; y cargos municipales, como Martin Bisauta (Baiona) o Yvette Debarbieux (Donibane Lohizune).

También hubo representación de Sortu y de los sindicatos CFDT, CGT, LAB y ELA, además de diversas asociaciones relacionadas cono los derechos humanos, como Herrira, Anai Artea o el Comité por los Derechos Humanos del País Vasco.

La valoración sobre la aportación de los exiliados y el intercambio de ideas habido fue positiva en los corrillos posteriores, aunque apenas hubo declaraciones.






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