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miércoles, 26 de noviembre de 2025

¿Y Madrid para Cuándo?

Con respecto a la visita del presidente alemán Frank-Walter Steinmeier ocasión en la que se escenificará una solicitud de perdón por parte de Alemania al pueblo vasco, aquí les dejamos con esta punzante opinión de la pluma de Ramon Sola, publicada en Naiz:


¿A quién interpela Gernika: al Gobierno actual, a PP-Vox, a los Borbones?

La visita del presidente alemán a Gernika para pedir perdón por la matanza de 1937 reabre un debate sobre quién debería hacer lo mismo en Madrid. Mientras el PNV señala hacia el Gobierno Sánchez, este emplaza a mirar a PP y Vox. Y entre medio, Felipe de Borbón, este sí heredero franquista.

Ramon Sola | Aktualitateko erredaktore burua / Redactor jefe de actualidad

El presidente alemán, Frank-Walter Steinmeier, se convertirá este viernes en el primer jefe de Estado alemán en visitar Gernika, ciudad masacrada en 1937 por la Legión Cóndor alemana y la Aviación Legionaria italiana, aliadas de Francisco Franco. Lo hará para pedir perdón por el bombardeo. Y ello ha reabierto un debate siempre latente sobre cuándo hará lo mismo Madrid y, más complejo, quién debería hacerlo.

Steinmeier ya pidió públicamente perdón en Varsovia en 2023 por los crímenes perpetrados por el régimen nazi en la capital polaca contra los judíos. Asistirá también en Gernika al Museo de la Paz. Y este mismo miércoles, a su llegada, irá a ver el ‘Guernica’ de Picasso, que sigue en el Reina Sofía de Madrid pese a las demandas vascas para que recale en el lugar que debiera ser más natural, algo a lo que todos los diferentes gobiernos españoles siempre se han negado alegando cuestiones técnicas.

El viernes, el lehendakari Imanol Pradales animó en el Parlamento de Gasteiz al «Estado español» a emular el gesto alemán, sin señalar qué instancia debería hacerlo pero apuntando hacia el Gobierno español, en estos términos: «El pueblo vasco viene reclamando esa misma conducta por quienes hoy asumen la representación de lo que aquellos que cometieron semejante agravio vinieron a simbolizar durante tantos años. Nadie duda de que aquel Estado español nada tiene que ver con el actual. Simplemente, se trata de hacer presentes la verdad y la justicia desde el compromiso con la libertad y la democracia que debiera guiar su actuar».

Desde el PSOE no tardaron en revolverse contra esta apelación, comenzando por la propia estructura de Lakua, puesto que el director de Gogora, Alberto Alonso, respondió que en 1937 «en el caso de España, el Gobierno español era el atacado, un gobierno plural donde había diferentes sensibilidades. La Segunda República era la atacada».
Este martes ha sido el ministro de Exterior español el que ha considerado que no puede ser el gobierno actual el interpelado, sino en todo caso el PP, que asiste como convidado de piedra a esta situación. Para José Manuel Albares, «menuda lección de memoria para los señores del PP» será la que dará el presidente alemán en la villa vizcaina este viernes.

Más paradójico aún que todo lo anterior resulta que entre los interpelados directamente no esté Felipe de Borbón. Y es que el monarca español sí estará en Gernika, pero aparentemente por mero protocolo, dado que debe acompañar a su homólogo alemán según los estándares al uso. Si el Gobierno español actual muy difícilmente puede entenderse como heredero del franquismo, sobre el hilo conductor que une a la dictadura y la monarquía actual no hay duda alguna.

En esta contradicción flagrante ha incidido Pello Otxandiano (EH Bildu) este miércoles en Euskadi Irratia: «Si el Rey de España no tiene que pedir perdón, el presidente de Alemania tampoco –ha considerado–. El actual Estado alemán no es heredero del régimen nazi. En el caso de España, si hacemos caso a la historia, la restauración borbónica llegó de la mano de Franco, es decir, Felipe VI no sería Rey de España si Franco no hubiera bombardeado Gernika o si no hubiera muerto en la cama», constata Otxandiano. Así las cosas, «sabemos cuál es el propósito de la visita del presidente alemán y es bienvenido, pero desconocemos a qué viene el Rey de España, por lo que hay que hacer una interpelación al Estado español y a su jefe de Estado», ha planteado.

La sucesión directa es un hecho revivido estos días por los recuerdos del 50 aniversario de la muerte y de Franco. Y el propio padre de Felipe de Borbón lo ha subrayado sin tapujos en sus recientes memorias, contando cómo ocurrió en primera persona: «Un día Franco me hace ir a su despacho. Yo no sabía nada. Me lo dijo sin rodeos: ‘Te voy a nombrar sucesor como rey. ¿Aceptas? Me quedé estupefacto, pensé en mi padre. Pregunto si tengo tiempo para pensármelo, pero él esperaba mi respuesta rápidamente. Estoy entre la espada y la pared. Reina el silencio, solo escucho mi respiración. Acepto. Como un deber y una obligación. ¿Tenía otra opción?».

Desde entonces, explica esta biografía autorizada, Juan Carlos de Borbón nunca permitió que alguien hablara mal de Franco en su presencia. Menos aún hizo un reconocimiento sobre el bombardeo de Gernika. Pudo ser en 1981, cuando visitó la Casa de Juntas de Gernika y tuvo que escuchar el ‘Eusko Gudariak’ entonado por electos de HB. Entre 1981 y 2025, por cierto, ya ha pasado tanto tiempo como entre 1931 y 1981... y el mismo silencio.

 

 

 

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lunes, 7 de julio de 2025

Los Sanfermines del 85

Han dado inicio los sanfermines de Iruñea en su edición 2025, con un txupinazo en solidaridad con el pueblo palestino y la martirizada Gaza, algo que no ha gustado a lo más casposo entre la fachongada españolista.

Hoy, desde la sección 7K de Naiz, traemos a ustedes este recuento de los sanfermines de 1985:


Escapada a unos sanfermines de 1985 con mucha caspa y barracas políticas

El 7 de julio de 1985, la noticia de la fuga de Sarrionandia y Pikabea se abría paso entre la vorágine de unos sanfermines que tenían barracas políticas y mucha caspa. Este es un viaje en el tiempo de cuarenta años atrás a unas fiestas en las que la icónica canción sobre esa huida sigue siendo uno de sus himnos.

Pello Guerra

Hace cuarenta años, el 7 de julio de 1985, Iñaki Pikabea y Joseba Sarrionandia se fugaban de la cárcel de Martutene introduciéndose en unos bafles empleados en el concierto que había ofrecido en ese lugar el cantante Imanol. La noticia se abrió paso en Iruñea en plena vorágine de unas fiestas que en unos sentidos eran parecidas a las actuales, pero que, en otros, eran muy diferentes.

La prensa del momento permite hacer este particular ejercicio de arqueología sanferminera, que saca a la superficie unas fiestas con un tono especialmente casposo y unos encierros más salvajes, en las que se disfrutaba de las barracas políticas, se corrían los encierros txikis y en las que, lamentablemente, ya se registraban agresiones sexuales.

Txupinazo de HB

El encargado de prender la mecha del cohete aquel 6 de julio fue el concejal de Herri Batasuna Iñaki Beorlegi ante una plaza en la que se cantaba, como siempre, a San Fermín, pero también se anunciaba que “Vamos a quemar el Opus Dei” o se recordaba que Osasuna se había clasificado por primera vez para disputar la Copa de la UEFA.

Casi una hora antes de lanzarse el txupinazo, otro concejal de HB, Juantxo Zandueta, colocó una ikurriña en los balcones del segundo piso de la casa consistorial.

Y, cinco minutos antes de las 12, los ediles abertzales y mozos de las peñas extendieron desde uno de los balcones laterales de ese mismo piso una pancarta vertical firmada por las Gestoras con el lema “Amnistia osoa”. La pancarta fue agarrada por personas que se encontraban en el primer piso, provocando su rotura, lo que generó protestas por parte de un sector del público y gritos de “Presoak kalera, amnistia osoa”.

Junto a Beorlegi se encontraban en el momento del txupinazo Mari Abrego, Antton Zamarbide y Jose Mari Casimiro, miembros de la Expedición Navarra al Everest, que a punto habían estado de lanzar el cohete en persona. El concejal de HB se había comprometido a cederles el puesto si colocaban la ikurriña en la cima del Everest, pero finalmente los montañeros no lo lograron, por lo que renunciaron a ese honor y se conformaron con estar presentes en el Ayuntamiento en ese momento tan especial.

Barracas políticas pese a las trabas

De esta festiva manera arrancaban unos sanfermines cuyos prolegómenos habían estado marcados por la tensión. El Ayuntamiento, dirigido entonces por Julián Balduz (PSOE), había tenido la “brillante” idea de intentar trasladar las barracas políticas de las inmediaciones del parque de Antoniutti a la plaza de los Fueros con la excusa de que se iban a realizar unas obras en la zona.

Ante la resistencia de los colectivos afectados, se permitió su instalación cerca de Antoniutti, pero se valló un perímetro para delimitar su ubicación exacta y constriñendo notablemente su espacio. El 5 de julio esas vallas fueron derribadas sin miramientos en una muestra más del rechazo a las medidas del Consistorio. Finalmente, una reunión de última hora convocada con la mediación de las peñas hizo que se alcanzara un acuerdo in extremis por el que las barracas se mantenían en su ubicación y con el número previsto.

Ese año, y según recogía “Egin”, los organismos que montaron barracas fueron AEK, Gestoras pro-Amnistía, Radio Paraíso, Euskadiko Ezkerra, Herri Batasuna, PC, Ezkerra Marxista, Auzolan, Euskal Dantzarien Biltzarra, CNT, Jarrai, LAB, Radio CRDI, Federación de Ikastolas, EMK, Comités Internacionalistas, Zaldiko Maldiko, Comités Ecologistas, la Casa de Andalucía y, ojo al dato, la Federación Navarra de Patinaje.

Ese ataque de Balduz contra las barracas políticas fracasó pero, más adelante, UPN conseguiría hacerlas desaparecer, convirtiéndolas en historia. Pero esas recordadas barracas no son el único elemento entonces sanferminero que ya no existe en las fiestas actuales.

Con Ágata Lys llegó el escándalo

Aunque también se celebraban verbenas organizadas por el Ayuntamiento, en muchos clubes privados de la ciudad organizaban sus propios espectáculos, que se sumaban a otros que solían recalar en Iruñea al calor de las fiestas, como en el caso del Teatro Lido, y que, vistos con la perspectiva que da el paso del tiempo, resultan especialmente casposos.

En el caso de las verbenas privadas, se organizaban en lugares como el club Natación, a base de orquestas, o el club Larraina, donde actuó ese año Georgie Dann con su éxito del momento, “Mami qué será lo que quiere el negro”.

Pero el que se llevó la palma en 1985 fue el Club de Tenis, donde actuaron Tip y Coll, aunque sobre todo se destacó por el escándalo que se generó con Ágata Lys, uno de los mitos del “destape” estatal.

El caso es que su actuación no estaba gustando a una parte del público congregado en el Tenis, que mostró su malestar lanzando vasos de plástico con bebidas, con uno de ellos dándole a la artista, que siguió adelante contra viento y marea.

Cuando llevaba quince minutos en el escenario junto a sus bailarines, el presidente del Club de Tenis, Pedro del Nido, decidió suspender el espectáculo, porque aquello podía terminar «en una tragedia».

Del Nido calificó la actuación de Ágata Lys de «impresentable en todos los sentidos» y aseguraba que «no sabe hacer absolutamente nada». Curiosamente, le había sorprendido que una de las reinas del “destape” basara «toda su actuación en su cuerpo».

Incluso defendió a quienes habían increpado a Lys y sus acompañantes en el escenario asegurando que «no estuvieron groseros con ellos y, cuando se referían a sus bailarines llamándoles maricones, era porque al menos lo parecían». Un comentario que haría las delicias de Alfonso Guerra hoy en día.

Eso sí, seguro que las 360.000 pesetas que cobró por esos quince broncos minutos ayudaron a Ágata Lys a endulzar el mal trago.

Si esa actuación no había cumplido con las expectativas del público iruindarra del momento, siempre tenía otras alternativas, como el Teatro Lido, donde actuaban ese año Los Hermanos Calatrava y Las Hurtado dentro de una revista titulada “Aluzinados”. Otras “estrellas” eran Juanito Navarro y el recientemente fallecido Mariano Ozores.

Venta de ajos y de ganado

Este tipo de actuaciones hace tiempo que dejaron de recalar en los sanfermines, de la misma manera que desapareció el hábito de algunos extranjeros de lanzarse al vacío desde lo alto de la fuente de la Nabarreria, costumbre foránea que ya en 1985 generaba fuertes críticas.

También preocupaba la continuidad del “Riau riau”, que ese año paradójicamente fue ligero y sin problemas, y el descenso en el número de puestos de venta de ajos en la plaza de las Recoletas, a pesar de que en 1985 se vendieron 18.000 ristras a un precio que oscilaba entre las 300 y las 850 pesetas. La que vivía todavía un buen momento era la feria de ganado, en la que se vendieron 2.000 cabezas y circularon 160 millones de pesetas.

Las barracas, en este caso las de atracciones, también experimentaban una buena afluencia de público, aunque los barraqueros se quejaban de que había “mucho lirili y poco lerele”. Los precios podrían estar detrás de ese fenómeno, ya que una carrera de camellos, ciclistas o panteras rosas podía costar entre 50 y 100 pesetas por medio minuto de diversión. Las atracciones más clásicas estaban a 75 pesetas el viaje.

El plumilla de turno se escandalizaba porque el precio del medio pollo estaba en 400 pesetas, la docena de churros ¡a 125 pesetas! y un bocadillo rondaba las 250.

Unos encierros de infarto

Esas cornadas al bolsillo se sumaban a las que repartían los toros en los encierros del momento, que, en algunos casos, eran bastante más peligrosos que los actuales. Así, la carrera del día 11 duró más de siete minutos al quedarse rezagado el morlaco “Acordeón”, de la ganadería Domecq, que dejó a su paso cinco heridos.

Pero para infartante el encierro del día 13, en el que el toro “Farrán”, de la ganadería de Fernández Barrena, dejó como un colador al médico madrileño Domingo Melón, al que propinó cinco cornadas, aunque sin tocar órganos vitales, ya que se hizo un ovillo, lo que le salvó la vida.

La anécdota de los encierros la puso el corredor californiano Jeffrey Rath. Llevaba siete años disfrutando del encierro, pero el día 13 recibió una cornada de diez centímetros con sección del glúteo mayor que le llevó al hospital. De ese lugar se escapó al día siguiente con la intención de ponerse ante las astas de los Miuras y completar el ciclo de carreras de ese año, hasta que sus colegas le descubrieron y consiguieron convencerle de que regresara al hospital.

Esa afición se cultivaba por aquel entonces entre la chavalería a través de los encierros txikis, pero no como los actuales con morlacos de cartón piedra, sino que se soltaban becerros reales. La carrera comenzaba a las 8.30 horas desde la zona de la curva de Estafeta para cubrir el tramo final hasta la misma plaza con el objetivo de ir curtiendo a las nuevas generaciones de corredores.

Entre todo este jolgorio, los sanfermines de 1985 no pudieron despedirse sin una nota negativa y que tristemente recuerda a acontecimientos recientes. Durante esas fiestas, una joven iruindarra de 21 años fue agredida sexualmente en la zona de las murallas junto a Santa María la Real.

Además, la Coordinadora Feminista de Nafarroa denunció que otra joven había sufrido un intento de violación en Antoniutti. Al hilo de lo ocurrido, el citado colectivo hacía un llamamiento para que todas las mujeres que sufrieran agresiones sexuales lo denunciaran y comunicaran al centro municipal de urgencias y albergue para mujeres agredidas. Un mensaje de hace cuatro décadas que sigue presente.

Con el “Pobre de mí”, se puso fin a unas fiestas que en las siguientes cuatro décadas iban a experimentar un notable cambio y en las que la huella de la fuga de Sarrionandia y Pikabea perdura hasta la actualidad, a través de una canción que forma parte de la banda sonora de los sanfermines.




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lunes, 9 de junio de 2025

Esparza Zabalegi | Cancionero y Conflicto Vasco

Hacia mucho que no compartíamos un texto de nuestro amigo Jose Mari Esparza Zabalegi, así que con mucho gusto les compartimos este texto centrado en la producción musical vasca que proveyó con una cinta sonora a las décadas detrás de la pesada cortina de mentiras y tergiversaciones que Madrid tendió - con ayuda externa, claro está - alrededor de Euskal Herria.

Disfruten la lectura:


Cancionero y conflicto vasco

Jose Mari Esparza Zabalegi

En la última publicación de Euskal Memoria, Euskal Kantu Errebeldea, se pueden leer y escuchar las melodías de casi 700 canciones reivindicativas vascas. Sin embargo, el libro solo es una seleccionada punta de iceberg, que oculta un corpus de miles de canciones que alguna vez estudiarán los historiadores, sociólogos y politólogos para intentar explicar el conflicto vasco de estos últimos 70 años. En el prólogo escribí que el cancionero de un pueblo es algo así como una cartilla sanitaria, que indica su salud física y espiritual, y refleja sus altibajos históricos. En pueblos insumisos y cantarines como el nuestro, la política y la denuncia social aparecen en su lírica y esta se convierte en compañera inseparable de sus luchas. Que pregunten a Iparragirre la que se armó, durante más de un siglo, con el Gernikako Arbola.

Quede claro que el libro es un brevísimo resumen. Hay una enciclopedia digital esperando recoger algún día todo lo producido en esta etapa de nuestra historia que tiene en 1959, año de fundación de ETA, el principal referente. Aquella explosión musical ha tenido continuación hasta la actualidad y ha contribuido como pocas cosas a la politización, conciencia y radicalización de amplios sectores de nuestra juventud. 

Este fenómeno no ha pasado desapercibido para los analistas españoles que comprueban con estupor cómo los rebeldes vascos han hegemonizado prácticamente todo ese mundo, llevando dos generaciones a una visión del conflicto vasco radicalmente opuesto al discurso oficial. En general, para nuestro cancionero, el vasco es un pueblo oprimido y dividido por España y Francia; que repudia la policía represora y torturadora; con una lengua que ama; hermanado con el resto de pueblos oprimidos del mundo; profundamente ecologista, feminista, anticapitalista y antimilitarista, lo que no impide apoyar, en muchos casos abiertamente, incluso a quienes tomaron las armas por la liberación nacional y social. Para el cancionero, terrorista es el Estado y sus secuaces. En este lado, con los matices que se quiera, son gudaris, paisanos armados. Y como tal se les glosa en cientos de canciones.

En sentido contrario, entre miles de canciones creadas o cantadas durante estos años, no hay una, una sola que sepamos, que alabe la Transición; que aplauda a las fuerzas de ocupación; que vea respetable la Monarquía o el orden constitucional… ¿Cómo puede haber tanta disociación entre el relato político oficial y la realidad popular que llena nuestra discografía, nuestras plazas, frontones y gaztetxes? ¿Qué tiene que ver lo que dice la clase política y la mayoría de los medios de comunicación, con lo que escucha y canta la juventud vasca?

No es de extrañar que ciertos analistas se tiren de los pelos al ver el nulo interés de nuestros cantantes (¡qué decir de nuestros bertsolaris!) por sus dogmas sagrados. Uno de los más viscerales, David Mota, doctor en Historia Contemporánea por la UPV, sostiene que bajo la etiqueta de rock radical vasco “hubo grupos de diferentes inclinaciones políticas (nacionalistas radicales, ácratas, nihilistas, anarquistas) que fueron fagocitados bajo el paraguas de las actividades de Herri Batasuna y sus campañas alegres y combativas como el Martxa eta Borroka (…). Las diferencias ideológicas entre los grupos no diluye el hecho de que todas sus canciones tuvieran un alto contenido violento, provocativo e hiriente, contrarias al Estado de Derecho y sus instituciones”.

La culpa de esta tendencia, a decir de estos analistas, la tuvo Ez dok hamairu y sus émulos. Cantautores como Imanol, Urko o Pantxoa eta Peio dedicaron algunas de sus canciones a narrar el conflicto y ensalzar las figuras de determinados miembros de ETA. “No cabe duda –insiste David Mota– de que el rock radikal vasco ha jugado un papel clave en la ecuación que explica la cultura de violencia en la que vivió la sociedad vasca, especialmente la juventud, entre las décadas de 1970 y la del 2000”. Estas sesudas tesis de nuestros analistas acaban lamentando que no haya una sola canción de un grupo vasco en la que se haga referencia explícita a las víctimas de ETA. “En este tipo de música las víctimas del terrorismo de ETA han sido y son invisibles”. Lo cual es absolutamente cierto. 

Entonces cabe preguntarse: ¿cómo es posible que, en Euskal Herria, la marca España, con todo su ideario, poderío mediático y montaje institucional, no tenga a nadie, lo que se dice nadie, que le cante? Nada, ni un zortziko, un blues, un rock, un pasodoble al menos… ¿Y qué sería este país si todos sus creadores, hoy armados solo de voz y guitarras, tuvieran permiso y medios para hacer gran cine, series, programas de televisión o Melitoniuns, como lo tienen, a espuertas, los de la parte oficial del relato?

“Pueblo que canta no muere”, decían las joteras de Larraga. Al analizar estos últimos 70 años del conflicto vasco, los historiadores sinceros no podrán soslayar el testimonio rotundo de nuestro cancionero popular. Con él se entiende cómo pudo un pueblo pequeño resistir heroicamente a la continuidad del franquismo, a la ocupación militar y mediática, al discurso unidireccional.

Cuentan los cronistas de la esclavitud que los negreros temían las noches de palenque, de tambores y cantos en su lengua de los esclavos cimarrones. Era su espacio de libertad, sus raíces en el pasado, su esperanza en el futuro. Mientras la Euskal Herria cimarrona siga cultivando su cancionero, sus dominadores tampoco podrán dormir tranquilos. 




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sábado, 7 de junio de 2025

Egaña | Kaparrada

Últimamente se habla mucho de lawfare en el congreso del estado español.

Con su meticuloso registro de momentos paradigmáticos, Iñaki Egaña deja registro de los excesos churriguerescos a los que la lawfare ha llegado mientras ha sido utilizada en contra del pueblo vasco.

De paso, en su texto dado a conocer en su página de Facebook, expone cuanto preocupa a Madrid el tema del euskera, ese idioma que obliga a Ayuso a usar pinganillos.

Adelante con la lectura:


Kaparrada

Iñaki Egaña

Hace unos meses falleció en Donostia Juan Martin-Casallo, con 81 años. La prensa local publicó su esquela que apenas tuvo eco por lo escueta. Entre otros cargos, había sido teniente fiscal del Tribunal Supremo español entre 2006 y 2013. A su jubilación y aunque español, Martin-Casallo fijó su residencia en la capital guipuzcoana de donde era natural su esposa. Esa relación con la ciudad y su entorno le llevó a conocer algunas de las particularidades lúdicas vascas, incluidas las transmisiones de la televisión autonómica, ETB. Y gracias a ella se familiarizó con expresiones y programas estrella, entre ellos “Vaya Semanita”. Así que ni corto ni perezoso, cuando aún ejercía de fiscal, aportó como “prueba” a una causa de las que gestionaba uno de los cortes habituales del citado programa.

Ocurrió en 2007. Los partidos políticos y agrupaciones electorales de la izquierda abertzale estaban rigurosamente prohibidos y muchos de sus dirigentes encarcelados. Ese año, llegaban las elecciones municipales y forales. El 27 de marzo, fue registrado el grupo Abertzale Sozialisten Batasuna (ASB), con intención de presentarse a la cita electoral. Marije Fullaondo estampó su firma en el registro, pero el Estado se puso de inmediato manos a la obra para frenar la presencia de la izquierda abertzale en las urnas. Fullaondo sería detenida y encarcelada meses más tarde, hasta 2010, y cosas de la vida, quince años más tarde es diputada en el Congreso español. Para ilegalizar ASB, el Gobierno socialista encargó a Martin-Casallo buscar las “pruebas”. Y entonces fue cuando el teniente fiscal echó mano de “Vaya Semanita”. El descubrimiento de la “continuidad” entre los apestados anteriores y los de ASB lo había visto en la televisión. Se trataba de los “batasunis”, unos personajes que en “Vaya Semanita” quemaban autobuses, simpatizaban con ETA y se arropaban con una kufiya, el pañuelo palestino. O sea que los batasunos de la tele eran los mismos que los que intentaban colarla al Supremo. Y la palabra ya estaba bien marcada por Herri Batasuna y Batasuna, ilegalizados previamente. Una sagacidad propia de un teniente fiscal diligente que aportó los guiones de “Vaya Semanita” como prueba irrefutable.

También en la capital española el hoy secretario del PSE, que cuando Martin-Casallo andaba indagando las entrañas de la izquierda abertzale apenas tenía 27 años, acaba de ofrecer una entrevista en el New Economy Forum. Y acaso por el medio, empresarios trajeados, y el vértigo consiguiente, sus declaraciones han sido rotundas. No os asustéis, queridos colegas. Comunicaré en la lengua de Cervantes a vosotros que os tituláis con la de Shakespeare, vino a decir. En literalidad: “EH Bildu nos da la kaparrada en Euskadi con el euskera”. Aunque con varias acepciones (para Euskaltzaindia “kaparrada” es una “garrapata menor”) es probable que Andueza le diera el valor de “tabarra”, “matraca”, “monserga”. En Madrid, esas frases gustan. Algunos incluso aplauden con las orejas cuando se la oyen a un vasco, más aún si es, como Andueza, euskaldún.

Hay toda una tradición de ubicar a los hombres y mujeres de Euskal Herria, o al menos a quienes reivindican su soberanía incluso su singularidad, en un pasado rural, en una sociedad anclada en términos superados por la modernidad. Esa tendencia, de propios y extraños, ha exacerbado los tópicos hasta llegar a situaciones hilarantes para nosotros, pero creíbles más allá del Ebro o del Aturri, con conclusiones extremas. El tópico del vasco ramplón con txapela, manos de pelotari, andar de oca, barriga expandida, sexo atrofiado y parloteo de trabalenguas está tan extendido que programas o películas como “Vaya Semanita” o “Diez apellidos vascos” han explotado como negocio comunicativo. Que, a fin de cuentas, también es una aplicación política. No observarán entre los clichés desplegados cuestiones relevantes como la solidaridad internacional, la insumisión y deserción histórica, la lucha obrera, la fortaleza sindical, la movilización social, el apego a la comunidad, a sus tradiciones, la naturaleza defensiva del entorno y el milagro de mantener viva una de las lenguas más antiguas del continente. En cambio, aquel presidente que hoy da su nombre al aeropuerto de Madrid ya afirmó durante su mandato que era imposible estudiar química en euskara. En el (in)consciente colectivo de buena parte de la elite española aún resuena las voces que increpaban a los diputados vascos en las Cortes madrileñas: ¡Cavernícolas! ¡Cavernícolas!. Como si la mofa de aquel humorista llamado Gila fuera cierta: “El hombre descenderá del mono, pero el español jamás”.

Toda una pléyade de acomplejados, aquí y allá, hicieron del tópico una rutina. Durante la dictadura los lemas “habla español si eres español”, “Habla lo que habla Franco” o “habla la lengua del Imperio” se impusieron manu militari. De ahí surgieron personajes como Pello Kirten (“corto”) o el radiofónico Chomin del Regato, caras amables del “sano regionalismo” franquista. Hoy, y aunque parezca mentira, su naturaleza fascista es revindicada y se acusa a sus detractores de formar parte “del nacionalismo pijo-guipuzcoano-afrancesado que es el más ilustrado pero también el más radical y etnicista” (Iñaki Ezkerra, El Correo).

Esa querencia por los tópicos ha llegado hasta nuestros días, siendo en estos momentos alcanzada por otra aún más chusca. La masificación turística, la llegada de manadas de analfabetos funcionales en viajes de quita y pon, nos imputan un segundo cliché, español o francés. Gorros de torero (incluso mexicanos), sangría y jamón, torres de Eiffel y escargots. Si fuéramos animales, que a veces nos tratan como tal, diría que nos “cosifican” por partida doble. Así que, las perspectivas no son halagüeñas. Declaraciones ante escenarios extraños como las realizadas por Eneko Andueza ahondan en aquella propensión a alargar el tópico que oficializó sobre el euskara la Academia (Real) de la Lengua española: “Aquello que está tan confuso y oscuro que no se puede entender”.

 

 

 

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sábado, 26 de abril de 2025

Somos Vascos

Desde la sección de artículos de opinión de Naiz traemos a ustedes este texto con el que llamamos al estudio, reflexión y debate acerca de lo expuesto:


Echando abono al nacionalismo vasco 

Jose Maria Perez Bustero

En el acto final de la Asamblea General del PNV –el 3 de marzo de este año 2025- entregaron la makila de mando del EBB a Aitor Esteban, y este propuso dos tareas políticas importantes. La primera de ellas: “hacer país cada día”. La segunda: impulsar un mayor papel de la mujer en ese pueblo.
 
Por su parte, Arnaldo Otegi el día 20 de este mes hizo un llamamiento a la unidad, y dejó claro que somos “un país pequeño” y necesitamos inteligencia emocional y política para avanzar. Y que este país merece más soberanía y reconocimiento nacional. Cabe asimismo recordar que a la cabeza de la Avenida iba una mujer que portaba la bandera amarilla con el arrano –águila– símbolo de todos los territorios del antiguo y amplio reino de Navarra.

La tarea impulsada por el PNV, de “hacer país” y asumir desde HB que “somos un país pequeño que ha hecho grandes cosas”  nos hace echar la vista atrás y mirar el proceso de los vascos en los tiempos modernos. Comenzando en el siglo XIX observamos que la autonomía entonces vigente se vio atacada por el gobierno de Madrid, manejado por los llamados “Liberales”, que reforzaba el centralismo del régimen, y se consideraban progresistas y se autodenominaban “Izquierda dinástica”.

¿Cómo se reaccionó en el País Vasco en ese tiempo ante semejante decisión? Entre la gente creció el movimiento social, y se llegó a las llamadas guerras carlistas, la última de las cuales tuvo lugar entre 1870 1876. Reclamando una administración autónoma en las diferentes regiones. Y en Euskadi tenían delante el respeto a los llamados fueros vascos.

Inspirándose en esa reacción de las gentes, Sabino Arana fundó el año 1895 en el País Vasco el Partido Nacionalista, que centraba sus objetivos en defender las costumbres y las leyes vascas. Y Sabino Arana metía en la nacionalidad vasca el tema de la lengua, raza, derechos históricos. Pasaron décadas en esa querencia, y como no se daba en Madrid el consentimiento de autonomía, la propensión de asentar las costumbres y las leyes vascas seguía en las mentes y perspectivas de muchos vasco-navarros.

Pasan décadas, y llegamos a la época del dictador Franco, que duró desde el año 1939 hasta el 20 de noviembre de 1975. Y después de la muerte de semejante personaje, tomaron nueva fuerza los ya existentes movimientos revolucionarios. Precisamente antes de aquella muerte, el 2 de abril de ese año había echado a andar la llamada ETA con el con el objetivo “Euskadi eta independentzia”. Ya no formulaba como objetivo un simple estado de autonomía sino la independencia.

Dejando un momento el tema de las tierras del sur vasco, hay que mirar a Iparralde, y mirar el proceso habían tenido las tres tierras vascas del otro lado de los Pirineos: Lapurdi, Behenafarroa, Zuberoa.

Es importante recordar que ya existía una conciencia vasca secular, sobre todo desde que Sancho III El Mayor se declaró rey de los pamploneses y señor de Vasconia entre los años 1099-1035. Esa conciencia llevó con el paso de los siglos al movimiento Iparretarrak (1973-2000) Organización armada defensora de la autonomía vasca.

Vamos a la segunda tarea expuesta por Aitor Esteban: impulsar un mayor papel a la mujer. Y tener en cuenta  otro hecho también significativo de ese rol de la mujer: que en el el Aberri Eguna de este año, celebrado en Iruña, era una mujer la que llevaba la bandera con el Arrano Beltza, el águila negra, propia de los reyes de las tierras vascas.

Desde luego, la mujer en estos tiempos la mujer ya no se ata al rol que la sociedad y de la Iglesia les habían puesto delante durante siglos.

Practican una dinámica directa en la sociedad, en el deporte, en la literatura… tirando al suelo lo que se les había adjudicado durante tanto tiempo. Y nos queda a los hombres (a los machos) conocerla mejor, observar y valorar su constitución, su figura, su agilidad, su inteligencia en cualquier situación. Incluso en casa.

Repasando el rol  actual de las mujeres es amplio. Trabajan en enfermería, de matronas, de cuidadoras en residencias…, aunque los puestos más altos en cirugía son mayoritariamente realizados por hombres…

En el campo de la educación son mayoritariamente mujeres las que trabajan en primaria e infantil, en trabajos de oficina,..Es cierto que  en ingeniería industrial la presencia femenina es baja, pero hay mujeres que trabajan de conductoras de camiones y otros transportes. Desde luego las mujeres son minoritarias en policía, bomberos, militares…, pero es amplia como trabajadoras sociales, psicólogas, educadoras. Y han dejado fuera las faldas y visten pantalones.

Dicho todo esto sobre la mujer, y pasando a la cuestión vasca, cabe preguntarse: ¿Qué tareas nos quedan actualmente a los vascos? Un hecho importante:  Asumir nuestra pluralidad y convencernos de que no somos una raza, ni una etnia. Somos siete tierras, entre el río Ebro y el Adour, al sur y al norte de los Pirineos, y tenemos como idiomas el euskera, el castellano y el francés. 

Además de esa realidad, debemos asumir que una población múltiple, compuesta no solo por los nativos vascos, sino asimismo por los venidos de fuera y por los hijos de ellos. Y eso implica diversas tareas. La primera es muy sencilla y compleja a la vez: Conocernos, y asumir lo que somos No basta una simple afirmación: ¡somos vascos! Se puede ser hombre o mujer y asimismo hay vascos con tendencias homosexuales, lesbianas, o de propensiones heterogéneas.

El hecho y tarea clave es no tragar mensajes que nos llegan desde los gobiernos y sus empleados, sino asumir la libertad a todos los niveles. Desde la organización y ejercicio político propios, hasta la libertad y pluralidad dentro del campo sexual. Otro hecho importante: acabar con el sistema penal, y traer los presos a casa.

Y dentro de esas realidades: rechazar un gobierno centralizado. ¿Qué rol le queda?  Muy sencillo: que sea un simple coordinador de los distintos regímenes.


 

 

 

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sábado, 12 de abril de 2025

Egaña | Oldartzen, la Invención de una Fábula

Nuestro amigo Iñaki Egaña desenmascara una de las artimañas más sucias perpetradas por el colaboracionismo vasco en contra de la izquierda abertzale.

Esto es lo que publicó en su cuenta de Facebook:


Oldartzen, la invención de una fábula

Iñaki Egaña

Herri Batasuna comenzó a elaborar y debatir en 1994, entre otras, la que llamó Ponencia Oldartzen que iba a sustituir a Urrats Berri, en vigor desde dos años antes. Los contrastes e inclusión de enmiendas concluyeron en diciembre de 1995, tras ser apoyada por el 71,23% de la militancia. En los años siguientes, fue señalada como el origen de un cambio de estrategia en el seno de la izquierda abertzale. Su criminalización fue el origen de lo que posteriormente llevó a la ilegalización de numerosas estructuras vascas, medios de comunicación, asociaciones, partidos, coaliciones electorales, grupos de solidaridad… En el inicio, el acoso fue eventual, para hacer frente al desgaste que provocó en el núcleo del Estado la aparición de los cadáveres de Joxi Zabala y Josean Lasa en una fosa de Alicante, después de estar desaparecidos tras ser secuestrados por agentes de la Guardia Civil en 1983. Fue una especie de campaña para equilibrar a la opinión pública, desplazada hacia posiciones críticas por la actuación paralela de sus fuerzas policiales.

Los dos medios de comunicación hegemónicos en Bizkaia y Gipuzkoa fueron los pioneros en señalar que con Oldartzen se había aprobado la que llamaron primero con la expresión “socialización del dolor” y poco después transformaron en “socialización del sufrimiento”, a partir de la decisión de ETA de atentar contra cargos públicos del Partido Popular (en enero de 1995 Gregorio Ordoñez y en abril del mismo año contra José María Aznar. La decisión de ETA de atentar contra cargos del PSOE la tomó en 2001, tras la firma PP-PSOE del nuevo Pacto Antiterrorista. ETA repitió una campaña que ya habían realizado los Polimilis 15 años antes contra cargos de UCD para forzar la firma del Estatuto de Autonomía para la CAV). Pero aún en mayo de 1995 -posteriormente a los dos atentados contra Ordoñez y Aznar- Oldartzen estaba recibiendo enmiendas que quedaron plasmadas cuatro meses más tarde.

Nada de aquello de “socialización del sufrimiento”, aparecía en Oldartzen, en todo caso justo lo contrario. Herri Batasuna desplegaba con su ponencia una fase de “construcción nacional”, abierta a la sociedad vasca y a sus agentes políticos, con los que mantuvo numerosas reuniones: “Nosotros solos no construiremos Euskal Herria, aunque seamos pieza fundamental. Por lo tanto hemos de impulsar el trabajo común, la colaboración y los encuentros con todos aquellos que deseen desbrozar este camino con nosotros”. Incluso con Elkarri, asociación con la que las relaciones se habían deteriorado, Oldartzen decía: “La labor que realizan no es adecuada para conseguir la paz en Euskal Herria. A pesar de ello, nuestra actitud no será en ningún momento descalificadora, sino de crítica argumentada y pedagógica”.

La ponencia decía explícitamente que “lo que une a la militancia de Herri Batasuna es el proyecto por la soberanía política de Euskal Herria y la defensa de los derechos democráticos y no el apoyo a la lucha armada”. Los planteamientos de Oldartzen hacían hincapié en “no mirar hacia lo que hace ETA”, pero fue notorio que la izquierda abertzale estaba condicionada por la estrategia de la organización armada. Si embargo, aquella eventual andanada contraprogramada para hacer frente al caso Lasa y Zabala, fue aireada a los cuatro vientos, inflándose un globo cuyo origen era una fábula creada por dos medios de comunicación.

Así, en el relato oficial quedaría anclada la expresión “socialización del sufrimiento”, con una tendencia progresiva a desplazar su autoría, una vez trucado su origen. En los trabajos de la Guardia Civil (“Historia de un desafío”, “Sangre, sudor y paz. La Guardia Civil contra ETA”…) la crónica fabulada se hacía oficial. En 2011, en la Conferencia de Aiete, preludio de la disolución de la organización armada, Covite entregó a los agentes internacionales el libro “Vidas Rotas” en el que se decía que “ETA materializaba la lógica plasmada en su ponencia Oldartzen”. Un año más tarde, Gaizka Fernández Soldevilla, una de las caras más mediáticas del Melitonium, presentaba su tesis doctoral, dirigida por José Luis de la Granja: “En la ponencia Oldartzen se marcaba la nueva estrategia de la izquierda abertzale: la socialización del sufrimiento”. Cum laude. Joseba Ezeolaza escribía en “ETA, la memoria de los detalles”, que “3.800 militantes de la izquierda abertzale aprobaron la socialización del sufrimiento apoyando la ponencia Oldartzen”.

Llegamos a 2025, y Gogora ha realizado un encuentro con 400 alumnos para explicar qué fue de aquella ponencia Oldartzen, “la de la socialización del sufrimiento”. Una novedad pedagógica que un analista ajeno no entendería su prioridad. ¿Y el Plan Udaberri? ¿Y el Plan Zen? ¿Y el Informe Navajas? Nuevamente, el soporte mediático han sido aquellos dos diarios que en 1995 inventaron la expresión. Y nuevamente en un momento en el que el Estado profundo trata de equilibrar a la opinión pública ante el reconocimiento por los Gobiernos de la CAV y de la CFN de ejecuciones extrajudiciales y torturas sistemáticas.

Me ha llamado la atención, en esta ocasión, una novedad. La inclusión por el periodista que ha escrito sobre el encuentro de Gogora del siguiente texto: “La tesis de Oldartzen era cruda y directa: ´Si se ataca un eslabón bajo de la cadena política, se magnifica el golpe y se atemoriza a toda la cadena´”. Para preparar este articulo he leído de arriba abajo la ponencia de 1995 y no he encontrado la frase entre sus apartados. Sí, en cambio, en los dos libros citados de la Guardia Civil, que en su desarrollo describían la misma como procedente de unos difusos “documentos incautados”, para añadir: “La ponencia Oldartzen de la organización (ETA) planteaba a los comandos terroristas la necesidad de extender sus atentados contra la clase política y periodistas”. Pregunté a varias aplicaciones de Inteligencia Artificial: “La frase que mencionas no parece tener un origen claro, pero encapsula el mismo espíritu que describía Sun Tzu: encontrar y atacar las partes vulnerables de un sistema para desestabilizarlo”. Ufff. Ahí andan, recuperando argumentos de hace 2.500 años para ganar batallas del relato en 2025.

 

 

 

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martes, 1 de abril de 2025

De las Críticas a los Aplausos

Les compartimos el comentario de Iñaki Iriondo a la celebración de ayer por  el 45 aniversario de la primera legislatura del parlamento de la Comunidad Autónoma Vasca.

Aquí lo tienen, lo traemos a ustedes desde el portal de Naiz:


Los que tanto te criticaron te aplauden ahora

Se celebró ayer en Gernika el acto oficial del 45 aniversario de la constitución del Parlamento de Gasteiz, , en el que se homenajeó la «dedicación y el compromiso» de aquellos parlamentarios y parlamentarias. Entre el protocolo y las poses serpenteaba un enorme cambio político y de convivencia.

Iñaki Iriondo

Las dos imágenes que ilustran esta crónica son representativas de dos tiempos políticos muy distintos. En la primera, del 4 de febrero de 1981, los parlamentarios de Herri Batasuna que no participaban en la vida ordinaria de la Cámara, para denunciarla como una institución de partición de Araba, Bizkaia y Gipuzkoa con Nafarroa, se levantan ante Juan Carlos I para cantarle puño en alto el “Eusko Gudariak”. Mientra el resto aplaudían al rey e intentaban acallar a los independentistas, el servicio de seguridad del PNV (todavía no había Ertzaintza) sacaba a los cantores de la Casa de Juntas de Gernika.

La segunda imagen corresponde al acto oficial de celebración ayer del 45 aniversario de constitución del Parlamento, en la que todo el arco político actual homenajeó «la dedicación y el compromiso» de los primeros parlamentarios y parlamentarias de esa legislatura inicial, tanto los que participaban activamente en el sistema, como los que la combatían.

Habrá quien quiera ver que aquellos representantes díscolos de la izquierda independentista aceptan ahora la medalla conmemorativa de la institución; pero tampoco se puede dejar de lado la evidencia de que quienes les abuchearon e insultaron en aquella visita del Borbón, ayer les aplaudían, incluso a algún parlamentario que ha pasado largos años de cárcel por su participación activa en ETA. También estaría bien saber cuántos de ellos y sus partidos seguirían a día de hoy aplaudiendo al «emérito».

Entre 1980 y 2025 la política vasca se ha apaciguado, en beneficio de la convivencia. Las diferencias se dirimen por vías democráticas, e incluso el primer lehendakari de la era autonómica, Carlos Garaikoetxea, y una mujer combativa como Itziar Aizpurua, han coincidido en EH Bildu.

Superación

Precisamente el lehendakari Carlos Garaikoetxea fue probablemente el cargo más ovacionado en el acto de ayer sin distinción de la sigla de los asistentes. Se pudo ver a protagonistas de debates de buena esgrima parlamentaria, como algunos miembros de Euskadiko Ezkerra. En el tiempo transcurrido, también han fallecido integrantes de la primera legislatura, y sus medallas de recuerdo las recogieron sus familiares.

En los discursos hubo mucho de reivindicación del esfuerzo de institucionalización de aquellos años. Pero también algún tic del pasado que debiera intentar superarse. Como cuando la que fuera vicepresidenta primera de la Mesa de 1980, Inmaculada Boneta y Piedra, lamentó que «no había paz», aunque solo en referencia a ETA (a la que atribuyó el atentado contra Enrique Casas, al que mataron los Comandos Autónomos Anticapitalistas) y no hizo ninguna mención al terrorismo de Estado de tan sangriento historial en aquel tiempo.

Tras un acto de cierta reafirmación autonómica en general, el portavoz de EH Bildu, Pello Otxandiano, reivindicó que «es imprescindible dar un salto político, lo que implica alcanzar un nuevo estatus jurídico y político para esta parte del país. Pero también es fundamental que el proceso de institucionalización de esta vieja nación avance en el resto de sus territorios históricos». En términos similares al artículo de opinión que ayer firmaban en estas páginas los parlamentarios de Herri Batasuna de la primera legislatura.

En el acto participaron todos los grupos políticos, los lehendakaris vivos salvo Juan José Ibarretxe, y las y los presidentes del Parlamento de las trece legislaturas.




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sábado, 21 de diciembre de 2024

El Mensaje de Feli Ordeñana

Naiz enriquece una jornada dedicada a la memoria de José Miguel Beñaran 'Argala' con este artículo publicado por Egin en el que se recogen las palabras de su madre, Felicitas Ordeñana.

Lean ustedes:


La madre de 'Argala': «José Miguel sí podía haber sido un buen político»

En el tercer aniversario de la muerte de José Miguel Beñaran 'Argala', 'Egin' publicó una entrevista realizada a su madre, Feli Ordeñana. Recuperamos el documento íntegro con Artefaktua.

Feli Ordeñana: «Mi hijo y otros luchadores muertos han tenido una voluntad de que Euskadi sea libre y eso hay que respetarlo»

En las primeras horas de la mañana del 21 de diciembre de 1978, en la localidad de Anglet, José Miguel Beñaran, 'Argala', se dirigía a su coche, un R-5 anaranjado. Momentos después de accionar la llave de contacto, al iniciar la marcha, hace explosión un potente artefacto que produce la muerte inmediata del militante de ETA. Como de «impresionante» fue calificada la escena que ofrecía el cuerpo mutilado de 'Argala' y el coche destrozado por las primeras personas que se acercaron al sitio. El atentado contra 'Argala' tuvo lugar justo al día siguiente de cumplirse el quinto aniversario de la muerte del entonces jefe del Gobierno español, Luis Carrero Blanco. Las organizaciones ultraderechistas OA y BVE reivindicaban horas más tarde la paternidad del atentado a 'Argala'.

Cuando llegamos a Arrigorriaga, Feli Ordeñana, madre de José Miguel Beñaran, ya tiene lista la porrusalda y nos recibe abiertamente y sin prisas. «Es que, sabes –nos comentaría–, a la una viene mi hija de trabajar y la comida tiene que estar preparada, porque a las dos empieza las clases de euskara en Basauri». En los primeros intercambios de impresiones, Feli ahondaría en la precipitación con que hoy la juventud consume la vida, «queréis estar en todos los sitios y no puede ser...», por lo que finalmente no da de sí lo suficiente, tendríamos que inventar un «nuevo día» que nos permitiera no consumir sino «vivir la vida» con desahogo y sin premura. Al hablar sobre el euskara, Feli aclararía resuelta que ella lo hablaba: «Parece que cuesta mucho aprenderlo, que es muy difícil, pero yo lo hablo, aunque es distinto al que se enseña ahora, la gramática es diferente, pero a mí, si me hablan despacio, me entiendo perfectamente con todo el mundo; con los guipuzcoanos también».

Nos sonreiríamos con complicidad al mirar los papeles que se habían quedado olvidados encima de la mesa, conscientes de que tendríamos que abandonar la fluidez y espontaneidad con que habíamos iniciado nuestra conversación, para entrar en el tema que nos ocupaba a iniciar la entrevista en torno al tercer aniversario del atentado que costó la vida de su hijo José Miguel. El rostro sonriente de 'Argala', en una fotografía tomada junto a Monzon, colocada en una parte de la habitación, nos acompañaría durante la conversación.

«Nos ha tocado sufrir mucho por la política»

«Hay días que me desespero cuando pienso en la muerte que tuvo José Miguel y otros como él. A veces piensas que no sabes si merece la pena que se den vidas tan jóvenes, que se entregue todo, cuando escuchas los comentarios que hacen algunos. No lo digo por todos, porque ya sé que hay gente concienciada y luchadora, pero no puedes evitar que te dé rabia cuando sientes ese desprecio. Claro que no voy a pedir que los quieran si no están de acuerdo con sus ideas, pero mi hijo y otros luchadores muertos han tenido una voluntad de que Euskadi sea libre y eso hay que respetarlo».

Feli Ordeñana insistiría a lo largo de la conversación en que ella no se consideraba política y que nunca le había gustado: «Quizás sea porque en la familia, ya desde la guerra, nos ha tocado sufrir mucho. Siempre hemos estado envueltos por el miedo, las detenciones, la cárcel, vives angustiada porque te machacan, la derecha siempre vence». Al comentarle si estaba desesperanzada de la situación política que atravesamos, Feli manifestaría que «cada vez lo veo más difícil. La derecha puede mucho, ya lo vimos en la guerra, y ahora, poco a poco, van a lo mismo. Veo cada vez más difícil que esto se pueda arreglar, por mucho que hagan. No sé, cada vez está más cerrado, más duro. A mí me gustaría que vencieran los que han sido conscientes de la lucha del pueblo vasco, pero lo veo muy negro... Hace tres años parecía más fácil, pero la derecha se está afianzando cada vez más. Estoy desilusionada, ya te he dicho que yo no entiendo de política, pero hablo de lo que estoy viendo. Dicen que los militares no pueden dar ahora un golpe de Estado, pero lo cierto es que al rey lo mismo le da que manden los militares o Calvo Sotelo. Les tenemos por todos los sitios y están deseando barrer a Euskadi y todo lo que representa. Ahora quizás les convenga mantener esa imagen de democracia, si hay alguna, de cara al exterior, pero los golpes, aunque no sean de estado, a los de HB se los están dando por todos los lados, tanto los comunistas como los del PNV, EE o desde Madrid. Entre todos, cómo no los van a poder, como yo suelo decir, es que las van a comer por sopa. Y es que las cosas como son, los únicos que hoy siguen en la brecha son los de Herri Batasuna».

«José Miguel era muy avanzado en ideas»

Recordando el pensamiento político de su hijo, Feli señalaría que «José Miguel sí podía haber sido un buen político. Tenía muchas ideas, era muy avanzado en política y pienso que sus teorías hubiesen sido muy buenas para Euskadi. Ahora no lo sé, pero hace cinco años, cuando comenzó todo este proceso, creo que sí hubiesen servido. Hubiera sido muy bueno, porque tenía mucho interés, siempre estudiando, siempre con libros y pensando en los pobres, en el obrero. Todavía recuerdo cuando antes de marchar de casa, a los pocos meses de morir mi marido, él tuvo que hacerse cargo del negocio que teníamos, de venta de pisos. Él lo pasaba muy mal vendiendo las casas a las familias trabajadoras, sufría mucho y creo que, de no haber tenido que marchar, no habría seguido. Era muy humano, sentía mucha pena de las familias necesitadas, y no sé lo que pensarán algunos al leer esto, igual dicen, sí, muy humano y estaba en ETA, pero es verdad, era un chico muy sensible, con buenas ideas y de una gran humanidad».

Siguiendo con los recuerdos, Feli nos contaría cómo ella no sabía nada de la actividad política de su hijo. «Claro, como yo siempre le decía que no me gustaba la política, pues a mí no me contaba nada. Alguna vez le solía decir: mira que por mucho que queráis no se va a poder arreglar nada en España, conozco bien a los ricos, qué clase de gente es –bueno es que yo estuve sirviendo muchos años en sus casas, nos aclararía– y no hay nada que hacer. Él solía responderme, 'ay, ama, cómo eres, di Euskadi Sur...' Y tenía como mucha esperanza de poder cambiar esto. Era un chico muy resuelto, de carácter muy abierto y aunque a mí no me contaba nada, en la calle ya hablaba. Recuerdo un día que me encontré con un amigo de mi marido y me dijo: vaya hijo que tienes. Yo pensaba que era por los estudios y le contesté que sí, que era muy listo y le iba muy bien, pero resultó que no, que él me lo decía por otra cosa...»

«Voy a volver a casa montado en caballo...»

«Nueve años estuvo sin volver por casa, yo iba mucho a verle a Francia, bueno, a Euskadi Norte, y me solía decir: 'ama, el día que vuelva a casa voy a besar el suelo, voy a ir montado en caballo'. Yo ya le decía, sí, muy elegante eres tú, vas a venir en caballo por los montes de Navarra... Tenía mucha ilusión por venir, pero creo que nunca hubiera podido volver, aquí nunca le hubieran perdonado de lo que le acusaban. Él me decía que era una pesimista cuando se lo comentaba, pero no, no tenía tan fácil la vuelta, ni los que han quedado, tampoco».

«El día que se marchó –proseguiría Feli–, yo estaba recién operada y nunca supe por qué se marchaba. Es verdad que aunque no me contaba nada, yo ya intuía que algo se traía entre manos, pero jamás quise intervenir en su vida privada. A mí me hubiera gustado que hubiese terminado tranquilamente la carrera de Sociología, y ya lo intenté, mi ilusión era esa, pero los hijos nunca te hacen caso, y las cosas se quedaron a medias. Aquella mañana le vi con ojeras y pensaba que había dormido mal, luego ya no le vi más. A los pocos días de la muerte de Carrero nos llevaron a comisaría a mi hijo mayor y a mí, aunque nos hicieron los interrogatorios separados, los dos debimos decir lo mismo, no sabíamos nada, y recuerdo que al salir el policía me dijo: 'Es bastante inteligente usted...'».

Volvemos al presente y charlamos sobre los actos que se han preparado este año, en el tercer aniversario de su muerte en atentado en la localidad de Anglet. «Seguramente, este año nos harán como el pasado, pensarán que vamos a poner la placa y no nos dejarán entrar en la plaza, claro que para ellos es mucha deshonra tener su nombre allí. No sé qué les importa a ellos que nos reunamos en la plaza, pero cada año pasa lo mismo, impiden cualquier concentración popular».

Cuando nos marchamos, Feli comentaría que llevan diecisiete años viviendo en la misma casa, pero que siempre han estado en Arrigorriaga. «Ahora vivimos los tres, Maite y Pablo, mis hijos, y yo, nos hemos quedado poquitos y hay días en que la casa se te hace muy grande...»




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sábado, 30 de noviembre de 2024

Egaña | Egin, al Baúl de la Historia

Durante los meses recientes hemos estado compartiendo artículos de la hemeroteca de Egin, mismo que han estado siendo publicados por Naiz.

Pues bien, desde su perfil de Facebook traemos este texto que Iñaki Egaña ha dedicado a ese rotativo vasco asediado por el españolismo más retrógrada.

Lean ustedes:


Egin, al baúl de la historia

Iñaki Egaña

El derribo de las instalaciones de Egin, en el polígono Eziago de Hernani, ha puesto punto final a una crónica desgarradora que comenzó justo con su salida a la luz, allá por setiembre de 1977, con Mariano Ferrer de director. Desgarradora por los ataques vandálicos y judiciales que sufrió, los secuestros de varias de sus ediciones y la muerte de tres de sus periodistas en ataques parapoliciales, más los 15 atentados que soportaron tanto sus instalaciones como redactores. Egin fue clausurado por el juez Garzón en 1998 y sus dirigentes encarcelados para que en 2009 el Tribunal Supremo español declarara que el cierre había sido ilegal. Como persiguieron en su tiempo tanto Atutxa como Aznar, se atrevieron con la clausura del diario abertzale sin temblarles el pulso. Tuvieron detrás una corte de discípulos, muchos de ellos tildados de periodistas, que aplaudieron a rabiar, en nombre de una libertad de expresión a su medida. El Hormiguero hispano tiene un recorrido escandalosamente largo.

Egin marcó una admirable línea en la difusión de un proceso de reafirmación y liberación que aún respira. Nació con el espíritu de Txiberta, bajo el amparo de las entonces dos sensibilidades abertzales: PNV y KAS (más tarde divididos en Euskadiko Ezkerra y Herri Batasuna). La primera crisis surgió precisamente antes de su primera edición, cuando parte del consejo, abandonó el proyecto para, en una carrera infernal, adelantarse a la salida con un propósito distinto, Deia. En la causa 18/98, en la que fue integrado Egin, la fiscalía llegó a señalar que el diario era una conclusión del Frente Cultural de ETA, una estructura de la organización armada vasca nacida de su V Asamblea en pleno franquismo, 1966. Anacronismos que funcionaban y funcionan.
Bajo el manto del diario creció Egin Irratia y se refugió otro medio mítico, la revista Punto y Hora. Su directora Mirentxu Purroy salvó la vida en varios ataques parapoliciales y uno de sus directores, Javier Sánchez Erauskin, fue encarcelado por difundir una entrevista con las hermanas de un refugiado al que matarían más tarde los GAL. Consideraron aquello apología. Por su rotativa pasaron los protagonistas de nuestra historia reciente y se fotografiaron junto a la redacción. Julio Cortázar se explayó: “Felipe González me ha engañado, Egin también tiene sección de deportes”.

Quizás pueda parecer derrotista dar titular con baúl a un diario que aguantó 21 años los embates del Estado y sus franquicias, incluidas las autonómicas. Nada más lejos de mi intención. Simplemente una constatación. Un cotejo que se renueva cada noticia referente a épocas en las que muchos de nosotros y nosotras fuimos protagonistas. La trascendencia de los lapsos y la intensidad de los recuerdos no los hacen eternos, ni siquiera supervivientes del presente a pesar del dicho de “aquellos barros estos lodos”. Lo acabo de comprobar hace unos días con el fallecimiento de Andrés Cassinello, el militar español que apadrinó el Plan Zen y estuvo detrás de la estrategia contra el independentismo vasco desde antes de que muriera el dictador. Para nuestra generación, Cassinello -nunca he sabido si lo de las dos “s” se debían a un intento de la disidencia de enmarcarlo en la cuadrilla de Goebbels- era el padre intelectual de toda la estructura represiva: Guardia Civil, Ejército, terrorismo de Estado, servicios secretos. Su formación en Fort Braag, le hacía, como señalaba Mundo Obrero, referencia de la CIA. Arrastró los ecos de una respuesta a una pregunta de si se trataba del jefe de los GAL: “Si fuera verdad y tú lo hubieras descubierto, tu vida valdría sólo dos pesetas”.

Pensaba que la muerte de Cassinello ocuparía portadas. Pero no fue así. Un diario de Almería, de donde era natural, la destapó. Y la reseña fue rebotada sin pena ni gloria. Cuando hablé en mi entorno más joven del personaje nadie se acordaba de él. Los diarios digitales tuvieron escasos clics en la noticia. El presente es como una ola gigante que arrasa con lo que pilla, mandando al desguace del pasado, de la historia, las crónicas que nos han moldeado. Si el lado desconocido de la mecánica cuántica no lo resuelve alguna vez, la ola del tiempo irá difuminando nuestra huella hasta convertirla en esa gota del océano que cantaba Eñaut Elorrieta: “Begiratu atzean, ortzimugak sutan”.

La historia de los 7.200 números que editó Egin se cobija en la carpeta de los medios vascos que fueron censurados, criminalizados y vandalizados. A recordar, precisamente, estos días en los que el diario decano de Gipuzkoa está celebrando por todo lo alto sus 90 años de existencia, entre los que se encuentran aquellos que alentó al golpe de Estado militar contra la República y sirvió de sostén a la dictadura. No todos corrieron su misma suerte. Egin entrará en ese baúl que guarda también a los diarios que murieron por la llegada al poder de los pistoleros que hoy renuevan su mensaje. Diarios como Euzkadi, El Liberal, Tierra Vasca, El Pueblo Vasco, El Día, La Voz de Guipúzcoa, La Libertad, La Voz de Navarra. Como con Egin, algunos talleres de estos medios fueron asaltados y embargados para publicar los diarios del régimen.

Por ellos, hay otro periodismo que también merece su lugar en la historia, aunque esta la enlatemos en un baúl. Josu Muguruza, Xabier Galdeano y Ángel Etxaniz, trabajadores de Egin, murieron por disparos de sicarios alentados por el estado profundo. José Ramón Aranguren murió de un infarto mientras se le juzgaba. Su recuerdo reside en ese cofre evocador junto a otros periodistas a los que la dictadura ejecutó: José María Azkarraga Mozo, Lurgorri, Juana Mir, Julián Hernández Martín, Miguel Escobar, Alberto Lamas, Mauro Castilla Burgaleta, Julio Ruiz de Oyaga… A Estepan Urkiaga, Lauaxeta, le detuvieron y juzgaron por ser un “periodista separatista”. Lo fusilaron frente a las tapias del cementerio de Gasteiz. Y a pesar de la incontestable rotación terrestre que marca los años, parece que fue ayer.

 

 

 

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domingo, 3 de noviembre de 2024

Contactos Autorizados

En un ejercicio de memoria histórica reciente desde las páginas de Naiz traemos a ustedes este hito, mismo que involucra al infumable José María Aznar.

Adelante con la lectura:


Aznar: «He autorizado personalmente contactos con el entorno del Movimiento Vasco... de Liberación»

«Todos los presidentes del Gobierno de la democracia han intentado un diálogo con ETA. La única diferencia es que Aznar fue el único que la llamó MLNV». La frase de Felipe González sobre su sucesor en la Moncloa resume a la perfección el episodio que se dio el 3 de noviembre de 1998.

Iñaki Iriondo

«Yo he querido que los ciudadanos españoles supieran y tengan muy claro que el Gobierno y yo personalmente he autorizado personalmente contactos con el entorno del Movimiento Vasco... de Liberación. Lo he autorizado personalmente y quiero que los españoles lo sepan». La frase del presidente del Gobierno, José María Aznar, pronunciada el 3 de noviembre de 1998, y que exigió que la tuviera que explicar el portavoz del Ejecutivo, supone todo un hito.

Como dijo tiempo después su antecesor en la Moncloa, Felipe González, todos los gobiernos españoles que han existido mientras ETA estaba en activo han intentado negociar con la organización armada. Pero fue José María Aznar, que el 19 de abril de 1995, antes de llegar al poder sufrió un atentado del que se salvó por el blindaje de su coche, el primero en hablar de «entorno del Movimiento Vasco... de Liberación», con esa pausa que no se sabe si es «dramática» o simplemente  torpe.

Aquella orden sirvió para abrir primero contactos directos con Herri Batasuna en un punto aislado de Burgos, y después una negociación en Suiza del Gobierno con la dirección de ETA. Luego le ha perseguido cada vez que ha criticado a otros por tomar medidas como las que él mismo ordenó, como traslados de presos políticos, o por hacer críticas exageradas a sus sucesores, siguiendo incluso la línea de que ETA sigue existiendo tras haber anunciado su disolución, y afirmando que hoy está aún más fuerte que nunca.

«El Estado hablará con el MLNV» titulaba con gran tipografía el diario 'Euskadi Información' en su número 101. Aquel y otros titulares de la época tuvieron algo de justicia poética después de la fanfarronada de José María Aznar tras cerrar 'Egin' el 15 de julio. «Acaso pensaban que no nos íbamos a atrever», dijo el presidente del Gobierno español desde Turquía dando muestras de cómo funcionaba la separación de poderes en el Estado. Se atrevieron y no les sirvió de nada. Ahí estaba 'Euskadi Información' como una victoria cada mañana y en cada quiosco.

ETA había decretado un alto el fuego en septiembre y fuerzas abertzales y democráticas habían firmado el Acuerdo de Lizarra-Garazi. El anuncio de José María Aznar fue breve y esquivo. Lo tuvo que explicar el portavoz del Gobierno, Josep Piqué, que precisó que se pretendía dar «un nuevo impulso hacia la consolidación definitiva del fin de la violencia».

El anunció fue en general bien recibido por todo el arco político, aunque el PSOE se quejó de que el Gobierno del PP no hubiera recabado su opinión. Herri Batasuna, por su parte, reclamó al Ejecutivo español que actuara con seriedad y claridad, y le instó a no propiciar «escenarios de confusión» con su maniobra.

Explicaciones junto a Yasser Arafat

Al día siguiente de su primer anuncio, José María Aznar dio una rueda de prensa en Madrid junto al líder palestino Yasser Arafat, y en esa compañía aseguró que la «transparencia, el consenso y la coherencia» guiarán los pasos de su Gobierno «para llegar a una situación que consolide la paz» en sus anuncios con el MLNV. También garantizó que las decisiones que tomase «serían conocidas por los ciudadanos».

Un Aznar que hora se antoja desconocido manifestó que «la sociedad española deseaba fervientemente que el Gobierno diese un paso amparado en la razón de los hechos y de las urnas habiendo hablado los ciudadanos vascos, y por eso he lanzado este mensaje».

En opinión de 'Abc', «el éxito electoral» del PP y de Euskal Herritarrok en las elecciones habían resultado «claves» en la decisión gubernamental. La izquierda abertzale pasó de 160.147 votos en las autonómicas de 1994 a 224.001 en 1998. Y el PP creció de 146.960 a 251.743.

Reuniones con HB y ETA

José María Aznar no quiso avanzar el nivel de representación de los contactos que había autorizado. Pidió a los medios «discreción y comprensión» y que «no nos pidan que transmitamos ni radiemos cosas que no podemos; yo no sé cuál es la voluntad del entorno al cual hemos lanzado ese mensaje».

Pero con el tiempo se conoció que el 11 de diciembre de 1998, delegaciones del Gobierno y de Herri Batasuna se reunieron en la pequeña localidad burgalesa de Juarros, en una especie de casa rural, con todas las medidas de confidencialidad que se pueden imaginar, y a donde llegaron dirigidos/escoltados por un vehículo policial que les recogió en un peaje de autopista.

Por parte de la izquierda abertzale acudieron Arnaldo Otegi, Rafa Díez, Iñigo Iruin y Pernando Barrena. Sus interlocutores no conformaban estrictamente una delegación del PP, sino algo aún de mayor nivel: una «troika» experta designada por el presidente español, José María Aznar. Los tres enviados eran el sociólogo Pedro Arriola, gurú demoscópico; Ricardo Martí Fluxá, a la sazón número dos del Ministerio del Interior que dirigía Jaime Mayor Oreja; y Javier Zarzalejos, secretario general de la Presidencia del Gobierno.

Hasta que en su momento fue dada a conocer por GARA, esta reunión se mantuvo en secreto incluso después de que ya se hubiera hecho público que la misma delegación del Gobierno español se había reunido el 19 de mayo de 1999 en Zurich con una representación de la dirección de ETA formada por Mikel 'Antza' y Belén González Peñalba, con la mediación del obispo Juan María Uriarte.

Luego, aquella oportunidad se rompió, y José María Aznar, que había dicho cosas increíbles y había acercado a decenas de presos –por lo que él mismo pondría ahora mismo el grito en el cielo– retomó la senda represiva del «todo es ETA», hasta los atentados del 11 de marzo de 2004 que sacaron al PP de la Moncloa mientras seguía difundiendo mentiras.




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sábado, 2 de noviembre de 2024

Genaro García Andoain

Naiz regresa la mirada al 1986 con este artículo que nos habla acerca de la muerte de uno de esos personajes que definen los años más álgidos del terrorismo de estado español en contra del pueblo vasco.

Adelante con la lectura:


Muerte de Genaro García Andoain, un crisol de aquellos años en Euskal Herria

El 2 de noviembre de 1986, el jefe de un grupo especial de la Ertzaintza Genaro García Andoain murió por disparos del comando de ETA que mantenía secuestrado al empresario Lucio Aginagalde, al que liberaron. Conocedor de secretos del GAL, negociador con 'Pakito' Mujika, interlocutor de Galindo... un crisol de su tiempo.

Iñaki Iriondo

En una decisión técnica y policialmente cuestionable, Genaro García Andoain, de 68 años de edad, oficialmente delegado general para Asuntos de la Policía de la Ertzaintza y «presunto jefe del grupo especial de ese cuerpo conocido extraoficialmente como Ekintza» –según se recogía en 'Egin'– decidió encabezar un pequeño grupo de agentes que buscaba al secuestrado Lucio Aginagalde en las  cercanías del puerto de Barazar. Pudo influir que el mando y el empresario fueran viejos amigos.

La versión oficial de lo ocurrido resultó confusa, pero lo cierto es que García Andoain resultó herido y muerto en la operación de liberación del secuestrado. Se habló de que en una batida de rutina los ertzainas se toparon con una persona que dijo estar cogiendo setas, pero al que descubrieron una pistola. Sin esperar refuerzos, lo detuvieron y acudieron a una cueva cercana. Según aseguró el viceconsejero de Interior, Eli Galdos, al llegar al lugar se identificaron como miembros de la Ertzaintza, lo que fue respondido con una ráfaga de metralleta por un miembro de ETA que logró huir.

Otro militante resultó herido. Juan Mari Gabirondo presentaba cinco impactos circulares de posta en axila, cadera, muslo y tobillo izquierdo, y declaró que en ese estado fue colocado tumbado boca abajo, esposado y golpeado repetidas veces por los ertzainas. Incluso uno de los agentes simuló su ejecución de un disparo en la cabeza.

Hubo informaciones de que en realidad un vecino de la zona descubrió el zulo el día anterior y avisó a la Ertzaintza, pero inicialmente fue negado por el Departamento de Interior, aunque su declaración era muy detallada. También hay contradicciones sobre los horarios de la versión oficial y la llegada de heridos a los hospitales y del propio secuestrado, Lucio Aginagalde, que fue sometido a un chequeo. Además, desde el Gobierno se dijo que García Andoain había muerto por disparos de metralleta, aunque luego un informe de la Guardia Civil determinó que la bala era de la pistola de quien consiguió huir y la abandonó en las cercanías.

Genaro García Andoain fue el primer mando propio de la Ertzaintza muerto en un enfrentamiento con ETA. Anteriormente, la organización armada había atentado contra el superintendente del cuerpo Carlos Díaz Arcocha, teniente coronel del Ejército español.

Una persona singular

Gerardo García Andoain se alistó en el batallón de gudaris Sabino de Arana con 17 años. Finalizada la guerra, continuó con su activismo militante dentro del PNV, fue encarcelado en numerosas ocasiones y sufrió durísimas torturas que le afectaron gravemente a un riñón y al oído. El partido decidió entonces encomendarle tareas menos arriesgadas. Fue amigo personal de Luis María Retolaza, que acabó llevándolo con él a la cúpula de la Ertzaintza.

En una entrevista, quien fuera consejero de Interior recordaba la muerte de Brouard. «Era muy amigo mío –dijo–. Vivía en la Alameda Rekalde, como yo. Era el médico de nuestros hijos. Una persona muy buena. Genaro (García Andoain) vivía cerca, era también amigo de Brouard y se ocupó personalmente de la investigación».

Retolaza reconoció que «tuvieron sospechas pero no pruebas, que las sospechas les conducían a Sancristóbal y Barrionuevo», pero que se dejaron engañar, que podían haber hecho más, que debieron haber recurrido a la prensa para denunciarlo»

Gerardo García Andoain sabía mucho de los GAL, porque –como se informó en su momento– la Ertzaintza descubrió las identidades de muchos de sus mercenarios en un maletín que llevaba el policía José Amedo Fouce. El reclutador de los GAL sufrió un accidente en la autopista cuando volvía a Bilbo de un encuentro con sicarios en Iparralde. En medio de la confusión por el siniestro y debido a su estado, Amedo fue trasladado a un centro hospitalario de Bilbo, el maletín con los documentos quedó en poder de agentes de la Ertzaintza durante unas horas, con tiempo más que suficiente para realizar las oportunas fotocopias.

Amedo sospechó que el maletín había sido abierto y revisado y, según afirmó, años después salió de su incertidumbre cuando el propio responsable de estos servicios de la Ertzaintza, Genaro García de Andoain, le reconoció en una reunión en el hotel Ercilla de Bilbo que sus agentes habían fotocopiado sus papeles y desde 1983 iban tras él. De todas formas, no consta que ni la Policía autonómica ni el Gobierno de Lakua hicieran nada contra los GAL pese a toda la información de la que disponía.

Por lo visto, además de con José Amedo, Genaro García Andoain tenía también una buena interlocución con el entonces comandante de la Guardia Civil Enrique Rodríguez Galindo. En su biografía, el jefe de Intxaurrondo asegura que el director del Servicio de Información de la Policía Autónoma «desarrollaba una gran actividad y estaba bien informado». Añade que «hicimos mucha amistad e intercambiamos información sobre la situación aquí y al otro lado de la muga, entre otros aspectos. Nos veíamos casi siempre discretamente, unas veces en su despacho y otras en el mío, hasta que, preocupado el PNV porque trascendieran estos encuentros, lo hicimos en las zonas de descanso de las autopistas. A mí me parecía que llamábamos más la atención así. Conocía a alguno de mis contactos y yo a los suyos».

Rodríguez Galindo confiesa que «sentí profundamente» la muerte de García Andoain. Apunta que «existía entre nosotros una franca complicidad, un desinteresado intercambio de información. La colaboración y ayuda mutuas habían pasado a la historia».

Pero Genaro García Andoain fue también el encargado del PNV de mantener negociaciones con ETA mientras otros de sus dirigentes lo hacían con líderes de Herri Batasuna. El director de las unidades especiales de la Ertzaintza se reunió entre abril y julio de 1986 hasta seis veces con Francisco Mujika Garmendia 'Pakito'. Así se recoge, entre otros, en el libro 'ETA 1958-2008. Medio siglo de historia', escrito por Iker Casanova.

Como puede comprobarse, Genaro García Andoain estaba en medio de los asuntos más espinosos de su tiempo.

 

 

 

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sábado, 26 de octubre de 2024

Una Década Particular

El reportaje que les presentamos a continuación, parte del trabajo de memoria histórica reciente que se está llevando a cabo utilizando como fuente la hemeroteca de Egin, nos habla de la gran complejidad que ha caracterizado el día a día en Euskal Herria.

Adelante con la lectura:


De la Ertzaintza a la Marcha de Hierro, hitos que explican el presente

El 26 de octubre de 1982 empezaron a patrullar por las calles de Araba, Bizkaia y Gipuzkoa los primeros 278 agentes de la Ertzaintza. Una década más tarde, trabajadores vascos y asturianos se dieron cita en Madrid para defender sus puestos de trabajo, en lo que se conoció como gran Marcha de Hierro.

Beñat Zaldua

El 26 de octubre es un día en el que la hemeroteca permite rescatar dos hitos sin los cuales difícilmente se explica el presente de este país. Se trata del despliegue de la Ertzaintza, que comenzó a pisar las calles de Araba, Bizkaia y Gipuzkoa hace hoy 42 años, y de la gran Marcha de Hierro que trabajadores siderúrgicos vascos y asturianos culminaron en Madrid tal día como hoy en 1992.

Empecemos por la primera ventana abierta, la de la Policía autonómica. Fue un 26 de octubre de 1982 cuando los primeros 278 ertzainas, todos hombres, pisaron por primera vez con uniforme la calle para desempeñar su función. La custodia del palacio de Ajuria Enea, el Parlamento de Gasteiz y las diputaciones de Gipuzkoa y de Bizkaia fueron los primeros destinos de los agentes recién salidos de Arkaute. Cabe decir que no parece que la noticia entusiasmase demasiado a los responsables de la edición de 'Egin' del día siguiente, que decidieron ventilar el primer paseíllo con una fotonoticia en la primera página. Una imagen y, literalmente, cinco líneas.

Sí le dedicaron al cuerpo policial más espacio solo cinco años más tarde, cuando otro 26 de octubre (de 1987), 'Diario 16' publicó varios documentos en los que se evidenciaba el filtro que el PNV pasaba a todos los aspirantes a ertzainas. La Policía estaba a las puertas de la cuarta promoción y, según la investigación periodística, el grupo Ekintza de la Ertzaintza se esmeró en hacer un perfil ideológico de todos los candidatos, con anotaciones sobre sus filias y fobias políticas y recomendaciones sobre su entrada o no en el cuerpo.

Según el diario madrileño, cuya información fue recogida por 'Egin' el día siguiente, en este proceso de cribado habría participado Josu Olazaran, importante dirigente del PNV. Los lodos actuales pueden venir, en parte, de aquellos polvos en forma de filtro ideológico para que solo entraran los afines. «Gallastegui Jarriortuzar Aitor, HB, peligroso. ¡Ojo!», se podía leer, por ejemplo, en una de las anotaciones.

Lo cierto es que el apunte no resulta muy lejano a la obsesión y el ensañamiento que el mando 'Ugarteko' mostró en 2012 al ordenar cargar en el callejón en el que se situaba la herriko Kirruli, donde acabó muriendo, golpeado por una pelota de goma, Iñigo Cabacas.

Aquella música sectaria siguió sonando en el juicio que, por estas fechas, en 2018, se celebró para tratar, en vano, de dirimir las responsabilidades por la muerte del joven. Fue precisamente un 26 de octubre cuando acabaron de declarar los ertzainas citados como testigos por la defensa, que no hicieron sino debilitar la tesis de que en el callejón había incidentes.

Ninguna señal bastó para reencaminar una Ertzaintza que se ha convertido en un evidente problema, agravado por el hecho de que el cribado ideológico hace tiempo que dejó de funcionar para aspirantes españolistas cercanos a la extrema derecha.

La larga reconversión

El 26 de octubre de 1992 no fue un día ordinario en Madrid. Unas 70.000 personas se manifestaron en defensa de los puestos de trabajo en Altos Hornos de Vizcaya (AHV), Laminaciones de Lesaka y Ensidesa, en una de las mayores movilizaciones sindicales de la época. Eran trabajadores vascos y asturianos, que convergieron en la capital del Estado en la que se bautizó, de forma muy gráfica, como Marcha de Hierro.

«Estamos muy emocionados y esperamos que la llegada aquí, si las cosas no cambian, sirvan para darnos fuerza para seguir luchando», aseguró un trabajador de AHV, en declaraciones recogidas en la amplia crónica que 'Egin' publicó al día siguiente.

Era la reconversión industrial, que seguía golpeando la puerta como condición para entrar en lo que entonces era la Comunidad Económica Europea y más adelante acabó siendo la actual Unión Europea. La Marcha, que sigue evocando las grandes luchas obreras de los años 80 y principios de los 90, no pudo, sin embargo, frenar el proceso de desmantelamiento que ya estaba en marcha y que culminó pocos años después, de forma desdichada para la que fue durante años la empresa más importante del Estado español.

De globalización se empezó a hablar más tarde, pero ya estaba de camino. Un sugerente análisis firmado por 'Ardotxi', daba algunas claves en 'Egin' del día 27: «Una enorme capacidad productiva, en feroz competencia, crea un gran excedente y destruye miles de empleos».

También recordaba que, en 1975, el sector siderúrgico suponía un 8,3% del PIB vasco y que, en cifras absolutas, la producción vasca superaba entonces la de países como Dinamarca, Finlandia, Yugoslavia, Turquía o Noruega. De hecho, en términos relativos, medidos en kilogramos de producción por habitante, la cifra superaba la de los EEUU y la URSS. Tres lustros de reestructuraciones bastaron para que poco quedase de todo aquello. Y la expectativa era peor: «Si el plan de Bruselas sigue adelante, Euskal Herria, de gran productor pasaría a depender del exterior y se vería obligado a importar acero».

Felipe González la llamó Ley de Reconversión Industrial y Reindustrializaciones, pero lo cierto es que tuvo mucho más de desmantelamiento que de reconversión o, todavía menos, de reindustrialización. Esa pérdida de empleo industrial, por el que ahora tanto se suspira, explica en buena medida los vicios de una economía española cada vez menos productiva, dominada por los sectores financieros, inmobiliarios y turísticos.

Aunque en menor medida, esa dinámica sigue lastrando también la economía de Hego Euskal Herria, como se vio –y se sufrió–, especialmente, durante la crisis que siguió al crack bursátil de 2008. Para muestra, los datos del paro conocidos otro 26 de octubre, en este caso de 2012. Así fue el titular de GARA el día siguiente: «El paro rompe la barrera del 25% en el Estado español y ya roza el 15% en Euskal Herria».

 

 

 

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