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lunes, 7 de julio de 2025

Los Sanfermines del 85

Han dado inicio los sanfermines de Iruñea en su edición 2025, con un txupinazo en solidaridad con el pueblo palestino y la martirizada Gaza, algo que no ha gustado a lo más casposo entre la fachongada españolista.

Hoy, desde la sección 7K de Naiz, traemos a ustedes este recuento de los sanfermines de 1985:


Escapada a unos sanfermines de 1985 con mucha caspa y barracas políticas

El 7 de julio de 1985, la noticia de la fuga de Sarrionandia y Pikabea se abría paso entre la vorágine de unos sanfermines que tenían barracas políticas y mucha caspa. Este es un viaje en el tiempo de cuarenta años atrás a unas fiestas en las que la icónica canción sobre esa huida sigue siendo uno de sus himnos.

Pello Guerra

Hace cuarenta años, el 7 de julio de 1985, Iñaki Pikabea y Joseba Sarrionandia se fugaban de la cárcel de Martutene introduciéndose en unos bafles empleados en el concierto que había ofrecido en ese lugar el cantante Imanol. La noticia se abrió paso en Iruñea en plena vorágine de unas fiestas que en unos sentidos eran parecidas a las actuales, pero que, en otros, eran muy diferentes.

La prensa del momento permite hacer este particular ejercicio de arqueología sanferminera, que saca a la superficie unas fiestas con un tono especialmente casposo y unos encierros más salvajes, en las que se disfrutaba de las barracas políticas, se corrían los encierros txikis y en las que, lamentablemente, ya se registraban agresiones sexuales.

Txupinazo de HB

El encargado de prender la mecha del cohete aquel 6 de julio fue el concejal de Herri Batasuna Iñaki Beorlegi ante una plaza en la que se cantaba, como siempre, a San Fermín, pero también se anunciaba que “Vamos a quemar el Opus Dei” o se recordaba que Osasuna se había clasificado por primera vez para disputar la Copa de la UEFA.

Casi una hora antes de lanzarse el txupinazo, otro concejal de HB, Juantxo Zandueta, colocó una ikurriña en los balcones del segundo piso de la casa consistorial.

Y, cinco minutos antes de las 12, los ediles abertzales y mozos de las peñas extendieron desde uno de los balcones laterales de ese mismo piso una pancarta vertical firmada por las Gestoras con el lema “Amnistia osoa”. La pancarta fue agarrada por personas que se encontraban en el primer piso, provocando su rotura, lo que generó protestas por parte de un sector del público y gritos de “Presoak kalera, amnistia osoa”.

Junto a Beorlegi se encontraban en el momento del txupinazo Mari Abrego, Antton Zamarbide y Jose Mari Casimiro, miembros de la Expedición Navarra al Everest, que a punto habían estado de lanzar el cohete en persona. El concejal de HB se había comprometido a cederles el puesto si colocaban la ikurriña en la cima del Everest, pero finalmente los montañeros no lo lograron, por lo que renunciaron a ese honor y se conformaron con estar presentes en el Ayuntamiento en ese momento tan especial.

Barracas políticas pese a las trabas

De esta festiva manera arrancaban unos sanfermines cuyos prolegómenos habían estado marcados por la tensión. El Ayuntamiento, dirigido entonces por Julián Balduz (PSOE), había tenido la “brillante” idea de intentar trasladar las barracas políticas de las inmediaciones del parque de Antoniutti a la plaza de los Fueros con la excusa de que se iban a realizar unas obras en la zona.

Ante la resistencia de los colectivos afectados, se permitió su instalación cerca de Antoniutti, pero se valló un perímetro para delimitar su ubicación exacta y constriñendo notablemente su espacio. El 5 de julio esas vallas fueron derribadas sin miramientos en una muestra más del rechazo a las medidas del Consistorio. Finalmente, una reunión de última hora convocada con la mediación de las peñas hizo que se alcanzara un acuerdo in extremis por el que las barracas se mantenían en su ubicación y con el número previsto.

Ese año, y según recogía “Egin”, los organismos que montaron barracas fueron AEK, Gestoras pro-Amnistía, Radio Paraíso, Euskadiko Ezkerra, Herri Batasuna, PC, Ezkerra Marxista, Auzolan, Euskal Dantzarien Biltzarra, CNT, Jarrai, LAB, Radio CRDI, Federación de Ikastolas, EMK, Comités Internacionalistas, Zaldiko Maldiko, Comités Ecologistas, la Casa de Andalucía y, ojo al dato, la Federación Navarra de Patinaje.

Ese ataque de Balduz contra las barracas políticas fracasó pero, más adelante, UPN conseguiría hacerlas desaparecer, convirtiéndolas en historia. Pero esas recordadas barracas no son el único elemento entonces sanferminero que ya no existe en las fiestas actuales.

Con Ágata Lys llegó el escándalo

Aunque también se celebraban verbenas organizadas por el Ayuntamiento, en muchos clubes privados de la ciudad organizaban sus propios espectáculos, que se sumaban a otros que solían recalar en Iruñea al calor de las fiestas, como en el caso del Teatro Lido, y que, vistos con la perspectiva que da el paso del tiempo, resultan especialmente casposos.

En el caso de las verbenas privadas, se organizaban en lugares como el club Natación, a base de orquestas, o el club Larraina, donde actuó ese año Georgie Dann con su éxito del momento, “Mami qué será lo que quiere el negro”.

Pero el que se llevó la palma en 1985 fue el Club de Tenis, donde actuaron Tip y Coll, aunque sobre todo se destacó por el escándalo que se generó con Ágata Lys, uno de los mitos del “destape” estatal.

El caso es que su actuación no estaba gustando a una parte del público congregado en el Tenis, que mostró su malestar lanzando vasos de plástico con bebidas, con uno de ellos dándole a la artista, que siguió adelante contra viento y marea.

Cuando llevaba quince minutos en el escenario junto a sus bailarines, el presidente del Club de Tenis, Pedro del Nido, decidió suspender el espectáculo, porque aquello podía terminar «en una tragedia».

Del Nido calificó la actuación de Ágata Lys de «impresentable en todos los sentidos» y aseguraba que «no sabe hacer absolutamente nada». Curiosamente, le había sorprendido que una de las reinas del “destape” basara «toda su actuación en su cuerpo».

Incluso defendió a quienes habían increpado a Lys y sus acompañantes en el escenario asegurando que «no estuvieron groseros con ellos y, cuando se referían a sus bailarines llamándoles maricones, era porque al menos lo parecían». Un comentario que haría las delicias de Alfonso Guerra hoy en día.

Eso sí, seguro que las 360.000 pesetas que cobró por esos quince broncos minutos ayudaron a Ágata Lys a endulzar el mal trago.

Si esa actuación no había cumplido con las expectativas del público iruindarra del momento, siempre tenía otras alternativas, como el Teatro Lido, donde actuaban ese año Los Hermanos Calatrava y Las Hurtado dentro de una revista titulada “Aluzinados”. Otras “estrellas” eran Juanito Navarro y el recientemente fallecido Mariano Ozores.

Venta de ajos y de ganado

Este tipo de actuaciones hace tiempo que dejaron de recalar en los sanfermines, de la misma manera que desapareció el hábito de algunos extranjeros de lanzarse al vacío desde lo alto de la fuente de la Nabarreria, costumbre foránea que ya en 1985 generaba fuertes críticas.

También preocupaba la continuidad del “Riau riau”, que ese año paradójicamente fue ligero y sin problemas, y el descenso en el número de puestos de venta de ajos en la plaza de las Recoletas, a pesar de que en 1985 se vendieron 18.000 ristras a un precio que oscilaba entre las 300 y las 850 pesetas. La que vivía todavía un buen momento era la feria de ganado, en la que se vendieron 2.000 cabezas y circularon 160 millones de pesetas.

Las barracas, en este caso las de atracciones, también experimentaban una buena afluencia de público, aunque los barraqueros se quejaban de que había “mucho lirili y poco lerele”. Los precios podrían estar detrás de ese fenómeno, ya que una carrera de camellos, ciclistas o panteras rosas podía costar entre 50 y 100 pesetas por medio minuto de diversión. Las atracciones más clásicas estaban a 75 pesetas el viaje.

El plumilla de turno se escandalizaba porque el precio del medio pollo estaba en 400 pesetas, la docena de churros ¡a 125 pesetas! y un bocadillo rondaba las 250.

Unos encierros de infarto

Esas cornadas al bolsillo se sumaban a las que repartían los toros en los encierros del momento, que, en algunos casos, eran bastante más peligrosos que los actuales. Así, la carrera del día 11 duró más de siete minutos al quedarse rezagado el morlaco “Acordeón”, de la ganadería Domecq, que dejó a su paso cinco heridos.

Pero para infartante el encierro del día 13, en el que el toro “Farrán”, de la ganadería de Fernández Barrena, dejó como un colador al médico madrileño Domingo Melón, al que propinó cinco cornadas, aunque sin tocar órganos vitales, ya que se hizo un ovillo, lo que le salvó la vida.

La anécdota de los encierros la puso el corredor californiano Jeffrey Rath. Llevaba siete años disfrutando del encierro, pero el día 13 recibió una cornada de diez centímetros con sección del glúteo mayor que le llevó al hospital. De ese lugar se escapó al día siguiente con la intención de ponerse ante las astas de los Miuras y completar el ciclo de carreras de ese año, hasta que sus colegas le descubrieron y consiguieron convencerle de que regresara al hospital.

Esa afición se cultivaba por aquel entonces entre la chavalería a través de los encierros txikis, pero no como los actuales con morlacos de cartón piedra, sino que se soltaban becerros reales. La carrera comenzaba a las 8.30 horas desde la zona de la curva de Estafeta para cubrir el tramo final hasta la misma plaza con el objetivo de ir curtiendo a las nuevas generaciones de corredores.

Entre todo este jolgorio, los sanfermines de 1985 no pudieron despedirse sin una nota negativa y que tristemente recuerda a acontecimientos recientes. Durante esas fiestas, una joven iruindarra de 21 años fue agredida sexualmente en la zona de las murallas junto a Santa María la Real.

Además, la Coordinadora Feminista de Nafarroa denunció que otra joven había sufrido un intento de violación en Antoniutti. Al hilo de lo ocurrido, el citado colectivo hacía un llamamiento para que todas las mujeres que sufrieran agresiones sexuales lo denunciaran y comunicaran al centro municipal de urgencias y albergue para mujeres agredidas. Un mensaje de hace cuatro décadas que sigue presente.

Con el “Pobre de mí”, se puso fin a unas fiestas que en las siguientes cuatro décadas iban a experimentar un notable cambio y en las que la huella de la fuga de Sarrionandia y Pikabea perdura hasta la actualidad, a través de una canción que forma parte de la banda sonora de los sanfermines.




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viernes, 10 de enero de 2025

Al Inicio de 1932

Desde la página de Facebook titulada Casa del Pueblo Gijón traemos a ustedes un recuento de lo ocurrido en los albores de 1932 tanto en suelo catalán como en suelo riojano.

Lean ustedes:


Año nuevo de comunismo libertario

Huelga revolucionaria del Alt Llobregat y protestas de Arnedo en la Rioja en 1932
 
Todo Por Hacer

El año 1931 finalizaba en España tras haberse llevado de un plumazo a la carcunda monarquía borbónica, e instaurándose una República española que prometía reformas políticas y una sustancial mejora para las condiciones de vida de la clase trabajadora. Sin embargo, los políticos e intelectuales de clase media rápidamente vendieron como mejoras en medios republicanos afines algunas cuestiones que suponían pinceladas y que no pretendían subvertir el régimen caciquil, tradicionalista y de explotación instaurado. Las zonas rurales con miles de jornaleros concienciados ansiaban verdaderos cambios estructurales y una reforma agraria profunda. Si no llegaba mediante legislaciones a través de la movilización social del pueblo, las comunidades rurales de trabajadores no dudaban ni un instante en tomar las tierras en posesión de grandes terratenientes y trabajarlas colectivamente.

En este contexto social y político surgen dos levantamientos obreros en enero de 1932; uno en la comarca de L’Alt Llobregat en Catalunya, y otro en el pueblo riojano de Arnedo, bajo la resolución de la República de aplastar estas reivindicaciones jornaleras con represión policial. La mejor herramienta que tenían de hacer triunfar la emancipación popular es mediante el concepto que instituyó el anarcosindicalista Juan García Oliver, y que practicaron miles de obreros en todos los rincones del país, la «gimnasia revolucionaria». Ya a finales de abril de 1931, recién instaurado el régimen republicano español, el anarquista ucraniano Néstor Mahkno desde su exilio parisino aconsejaba lo siguiente en una carta a los anarquistas españoles como predicción de lo que sucedería en los inmediatos años:

‘El proletariado español debe unirse y desplegar la mayor energía revolucionaria para dar lugar a una situación en la que la burguesía no tenga oportunidad para oponerse a la conquista de la tierra, las fábricas y de las libertades completas; situación que cada vez sería más amplia e irreversible. Es crucial aplicar todas las energías para garantizar que los trabajadores españoles entiendan que si permanecieran inactivos y limitándose únicamente a aprobar resoluciones sin ningún buen resultado, estarían haciéndole el juego a los enemigos de la revolución, dejándoles ir a la ofensiva, dándoles tiempo y, como corolario, dejándoles sofocar la revolución en marcha.’

Y fue eso precisamente lo que se fraguó en los breves años de la Segunda República hasta julio de 1936, la tibieza con la que se trató desde las instituciones públicas al fascismo, a la burguesía fabril y terrateniente y los sectores reaccionarios de la sociedad, propició el crecimiento y la conspiración de esa ultraderecha autoritaria contra las clases populares que estaban más fuertemente organizadas que nunca. Un ejemplo de cómo las democracias liberales, lejos de resultar un cortafuegos para el fascismo, ingenuamente le otorgan un valioso espacio de construcción de su proyecto de terror contra los sectores marginalizados; exactamente la misma historia en la que nos encontramos sumidos en la actualidad. La Segunda República española obtuvo un apoyo social en decrecimiento continuado. Las élites nunca la apoyaron por ser un régimen demasiado reformista para sus férreos intereses explotadores, y las clases populares fueron desilusionándose rápidamente viendo que suponía más de lo mismo: represión política y falta de soluciones a problemáticas básicas de una vida digna.

A los sucesos que vamos a explicar le antecede el enfrentamiento en el municipio de Castilblanco, en la provincia de Badajoz, el 31 de diciembre de 1931 entre los campesinos de la localidad y los guardias civiles. Un pueblo inspirado en el espíritu literario de Fuenteovejuna, que se levantaba en contra de las condiciones inhumanas en que vivían los jornaleros extremeños y contra la brutalidad de la Guardia Civil. La tensión generada por los sucesos de Castilblanco fueron influyentes en el levantamiento de Arnedo el 5 de enero de 1932.

Los sucesos de Arnedo en La Rioja | El asesinato de once obreros por la Guardia Civil

En la semana en que se inició el nuevo año 1932 hubo levantamientos en otros municipios al calor de los acontecimientos en Castilblanco; concretamente en Zalamea de la Serena (Badajoz), en Épila (Zaragoza), y en Jeresa (Valencia), con manifestaciones que acabaron en enfrentamientos con la Guardia Civil. Pero sin duda el más importante sucedió el martes 5 de enero en la localidad de Arnedo, en La Rioja, con poco más de cinco mil habitantes, dedicados mayoritariamente al campo y la fabricación artesanal. En este municipio la empresa de calzado de la familia Muro, concretamente Faustino Muro, quien tenía fama de patrón autoritario y caciquil, había despedido a algunos obreros, y se inició una huelga convocada por el sindicato UGT. Ese día se reunieron en el Ayuntamiento el alcalde, algunos concejales, el Gobernador civil y el jefe de la Comandancia de la Guardia Civil, donde tras largas conversaciones se estaba decidiendo ante las presiones populares la readmisión de los obreros despedidos.

En la plaza de la República del municipio se congregó una gran cantidad de trabajadores en huelga por solidaridad con sus familias y otros vecinos que acompañaban a los delegados sindicales que se reunirían en el Ayuntamiento con las autoridades para firmar la readmisión de los obreros en otras fábricas del pueblo. La tensión era evidente porque el propietario de la empresa de calzados había comentado que cerraría la fábrica antes que acceder a la admisión de los despedidos. Al aparecer la Guardia Civil para apostarse junto al consistorio municipal tanto en el zaguán como en los soportales del edificio, los vecinos reunidos en manifestación irrumpieron en gritos contra ellos llamándolos ‘lacayos del capitalismo’ y exigiendo la disolución del cuerpo.

Los veinticinco guardias civiles que se encontraban en la plaza al mando de un único teniente abrieron fuego contra la multitud sin lanzar ninguna clase de advertencia previa. Según las propias fuentes orales, la refriega comenzó por el forcejeo de un obrero que defendió a su hija de quince años de edad, de la agresión que había sufrido de un guardia civil. Se realizaron al menos tres descargas de munición contra los manifestantes congregados.

Los disparos no cesaron hasta que el Comandante de la Guardia Civil que se encontraba en el Ayuntamiento bajó a la calle y ordenó al teniente que dejaran de disparar. El pueblo de Arnedo vivió trágicamente la víspera del día de Reyes, quedando en el suelo los cuerpos asesinados por las balas del terror benemérito. En el instante de los sucesos fueron cuatro mujeres muertas, entre ellas una anciana de 70 años de edad, un niño de 4 años, y un hombre. Sin embargo, en los días siguientes se alcanzó la cifra total de once muertos, con un balance de 45 heridos, de los cuales cinco quedaron mutilados para el resto de sus vidas. El impacto en la opinión pública fue enorme. El diario Ahora de Madrid sacó en su portada el 7 de enero la fotografía del bebé de pocos meses alcanzado por una bala y envió a Arnedo a varios periodistas, entre los que se encontraba Manuel Chaves Nogales, a cubrir la noticia. En los días siguientes el periódico publicó un extenso reportaje fotográfico que incluía imágenes del hospital con los heridos del pueblo.

El motor de estos sucesos, y por lo tanto, autor moral de los mismos, fue la ideología caciquil instaurada en la sociedad rural española, y la venganza de un cuerpo represivo como la Guardia Civil. Y aunque las simpatías en contrapuesta por la Guardia de Asalto republicana crecían al calor de estos acontecimientos, un año después en la insurrección libertaria en Casas Viejas, quedaría patente que ningún cuerpo policial permitiría la emancipación de los obreros. El General Sanjurjo, máximo responsable de la Guardia Civil en ese momento, y que protagonizaría en agosto de 1932 un intento de golpe de Estado, fue destituido de su cargo, aunque se le otorgó la dirección del Cuerpo de Carabineros. Sanjurjo echó la culpa a los Ayuntamientos socialistas, donde se había metido “lo peor de cada casa”, gente “indeseable” que “fomenta el desorden, amedrenta a los propietarios, causa daños en las propiedades y ha de chocar necesariamente con la Guardia civil”; declaraciones que evidencian la ideología interna del cuerpo de la Guardia Civil y su oposición frontal a los movimientos obreros. Un tribunal militar en enero de 1934 juzgó en Burgos al teniente de la Guardia Civil que ordenó disparar en Arnedo, y fue absuelto del delito de homicidio y lesiones por imprudencia temeraria por falta de pruebas para apreciar que hubiera incurrido en tal delito, y argumentando la misma circunstancia para los guardias civiles que llevaron a cabo los disparos.

Huelga en el Alt Llobregat, la semana en que triunfó el comunismo libertario en Fígols

La insurrección libertaria del Alt Llobregat fue la primera de las tres insurrecciones generales auspiciadas por la CNT en el periodo de la República española antes de la Revolución Social de 1936. Sucedió durante varios días en la segunda mitad del mes de enero de 1932 en los pueblos de la comarca del Berguedà entre el río Llobregat y su afluente el río Cardener. El arraigo de las sociedades obreras catalanas adheridas a la Asociación Internacional de Trabajadores tenía ya varias décadas de una práctica de numerosas asociaciones que propugnaban el antiestatismo y una sociedad sin clases. El capitalismo había llegado a esta comarca en forma de explotación en colonias fabriles de tejidos principalmente y en la industria minera. En estas colonias obreras, los patrones trataban de controlar las relaciones sociales de sus trabajadores, y evitar su sindicación a través de la amenaza de perder sus empleos, y por lo tanto las viviendas en que habitaban junto a los centros fabriles con sus familias.

El domingo 17 de enero de 1932 se convoca una huelga en el municipio de Berga, que se extenderá al día siguiente a otras localidades de la comarca, entre ellas el pueblo de Fígols, donde las mujeres del textil y los mineros de Sant Corneli inician la huelga para que sean respetados los acuerdos salariales alcanzados. La huelga será un éxito, y el paro total. Pero la huelga tenía un programa propio en este municipio, tornó en una huelga revolucionaria impulsada por colectivos anarquistas. De una asamblea entre hombres y mujeres del municipio surge el acuerdo de proclamar el comunismo libertario para barrer a los patrones industriales de la comarca. La CNT decide apoyar la iniciativa de los trabajadores insurreccionados; se desarma a la Guardia Civil y al Somatén (policía rural catalana), se cuelga la bandera rojinegra del Ayuntamiento de la localidad, se abole la propiedad privada y se asegura el abastecimiento de alimentos. Incluso el miércoles 20 de enero de 1932 se convocaron unas elecciones populares por sufragio universal para constituir la comuna libre de Fígols en la que fueron elegidos un delegado general junto a otros ocho delegados representativos. La tendencia revolucionaria de la huelga, sin embargo, no triunfa completamente en Berga o en Manresa, pero sí que fue un éxito en pueblos como Sallent, Cardona, Balserany o Súria.

Pocos días después no tarda en llegar la represión por parte del gobierno republicano a la comarca enviando al Ejército al mando del General Batet desde Barcelona y refuerzos de la Guardia Civil desde Zaragoza. Estos remontarán el río ocupando los distintos pueblos insurreccionados, y en concreto a Fígols llegarán el domingo 24 de enero, donde los mineros no pudieron presentar resistencia debido a la inmensa capacidad armamentística de los cuerpos represivos. Decidieron volar el polvorín de dinamita y huir a las montañas, de hecho algunos grupos de mineros serán detenidos en las montañas en los días siguientes. La represión por alzarse contra el orden industrial capitalista salió cara: un centenar de deportaciones al Sáhara y Guinea de algunos revolucionarios, entre ellos Buenaventura Durruti o el futuro guerrillero Ramón Vila ‘Caracremada‘, la prisión para numerosos anarcosindicalistas, prohibición de sindicatos y periódicos obreros. Entre otros diarios anarquistas quedaron clausurados ‘Solidaridad Obrera’ hasta el 4 de marzo de 1932, y también ‘Cultura y acción’, que no volvería a reaparecer hasta la primavera de 1936. Sin embargo, el periodista Eduardo de Guzmán describe muy bien en sus crónicas publicadas en el diario madrileño ‘La Tierra’, en los días 26 y 27 de enero, y en el semanario ‘Tierra y Libertad’, en sus números 50 y 51 del 6 y el 13 de febrero de 1932, respectivamente, la organización de los municipios en esta semana de comunismo libertario en L’Alt Llobregat.

La CNT organizó una gran campaña de protesta debido a las deportaciones, culminando con una huelga general el 15 de febrero de 1932. El secretario general de CNT, Ángel Pestaña, del sector treintista (o moderado), se entrevistó con el ministro de Gobernación, Casares Quiroga, y el presidente del gobierno, Manuel Azaña. No logró más que corroborar la posición inamovible del gobierno republicano en defensa de las élites y una estructura jerárquica que no permitiría ninguna emancipación obrera, y que acusaba al propio anarcosindicalismo de la represión. Se iniciaba una división entre el sector treintista de corte sindicalista, bajo su creencia de que en un marco de legalidad para la CNT y el movimiento libertario podrían construir de mejor manera una ‘presión política’ y alcanzar un punto donde la Revolución Social adquiriera mayor viabilidad. Y por otro lado, el sector faísta en la CNT, que auspiciaba un choque social inevitable con las fuerzas de poder y alcanzar mediante la acción directa la justicia social. Seguramente ambas tácticas de lucha libertaria aplicadas convenientemente en contextos y situaciones particulares distintas podían favorecer decantar la balanza hacia el lado de las clases populares; sin embargo los sucesos violentos contra el pueblo trabajador y el avance del fascismo preparaban el terreno por sí mismo para la Revolución Social en 1936.

 

 

 

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lunes, 6 de enero de 2025

Egaña | La Sede Vasca en París

Con respecto al edificio en París que albergó la sede del gobierno vasco en el exilio traemos a ustedes este recuento que ha preparado nuestro amigo Iñaki Egaña para Naiz:


La sede vasca en París; el cierre de un ciclo histórico

Adquirida en 1936, recuperada tras la ocupación nazi, perdida de nuevo por la donación de París al franquismo, la historia de la sede del Gobierno Vasco resume los duros avatares de décadas de exilio, traiciones y alianzas estatales. El PNV cierra el círculo casi un siglo después.

Iñaki Egaña

En diciembre de 1979 retornaba a Euskal Herria Jesús María Leizaola, el que había sido desde 1960, a la muerte del lehendakari José Antonio Agirre, presidente del Gobierno Vasco en el exilio. Entonces se cerró un ciclo y comenzó otro; el de la recuperación del patrimonio arrebatado a las formaciones políticas y sindicales por la dictadura de Franco.

Durante años, la pugna política y judicial fue desigual. Algunos grupos recuperaron físicamente la mayoría de sus antiguos locales, otros lo hicieron vía indemnización. Hubo también «hermanos menores», como ANV y CNT, que vieron sus peticiones impugnadas.

La sede central del Gobierno Vasco en el exilio, un palacete ubicado en el número 11 de la Avenida Marceau, una arteria que sale del Arco del Triunfo para concluir en el Sena, fue la joya de la corona. Desde 1951 estaba en poder del Gobierno de Franco, que ubicó en su espacio la Embajada española. Y, a partir de 1991, una vez reformada, fue sede del Instituto Cervantes.

Desde 1980, el PNV pleiteó política y judicialmente para recuperar su propiedad. En todas las circunstancias perdió el envite. Incluso, el abogado Miguel Castells llevó la cuestión al Tribunal de Estrasburgo. Los jueces volvieron a dar la razón al Gobierno español. Hasta hace dos semanas, cuando un acuerdo político devolvió la titularidad al PNV, tras, al parecer, un pacto previo jeltzale con el anterior Gobierno central, entonces liderado por Mariano Rajoy.

Gamboa, Bilbao, De la sota...

El inmueble fue adquirido en 1936 por Marino Gamboa, delegado vasco en Londres, nacido en Filipinas, de nacionalidad norteamericana y residente provisional en Bilbo. Gamboa, empresario y afiliado al PNV, participó en la creación de varias empresas durante la guerra, entre ellas la marítima Howard Tenenes Ltd, destinadas a la compra y contrabando de armas para el Ejército vasco.

En 1939, cuando terminó la guerra civil en el Estado español, Gamboa vendió el antiguo hotel de la Avenue Marceau a una sociedad llamada Finances et Entreprises, compuesta por ocho accionistas, entre los que destacaba el norteamericano David P. Barnett, quien poseía el 83,33% de su capital. El 22 de octubre de ese mismo año, Barnett cedía sus acciones a Jon Bilbao, delegado entonces del PNV en Boise (EEUU). Y la sociedad alquiló el hotel a la Liga Internacional de Amigos de los Vascos, que cedió una parte del mismo al Gobierno Vasco.

Jon Bilbao, que todavía no había cumplido 25 años, era el hombre de confianza del lehendakari Agirre (sería su padrino de boda) y fue nombrado poco más tarde subdelegado del Gobierno Vasco en Nueva York, a la sombra de Manu de la Sota. Su biografía es apasionante por cuanto a su labor política habría que añadir su aporte a la historiografía vasca. Y las paradojas de la época... A pesar de ser uno de los agentes más significados que trabajó para la CIA y el Departamento de Estado norteamericano, fue expulsado del Estado francés y del español por su labor antifranquista, al igual que su esposa, Marta Saralegui.

A partir de 1939, los locales de París fueron la sede del Gobierno Vasco y de la Liga Internacional de Amigos de los Vascos, cuyo secretario era Ernest Prezet, vicepresidente de la Comisión de Exteriores del Senado francés. El lehendakari Agirre residió en sus instalaciones hasta la entrada del Ejército nazi en París, y huyó entonces hacia Bélgica y Suecia, estableciéndose en EEUU con la ayuda nuevamente de Jon Bilbao y retornando a la sede de Marceau en 1946.

Incautación y brutal represión

Con la invasión alemana de París, la Gestapo y los servicios secretos españoles se hicieron cargo de la delegación vasca. En nombre de la embajada española, los funcionarios Pedro Urraca, Francisco Serrano y Pedro Macías se incautaron de la sede. Y este embargo provocó la confiscación de numerosa documentación que dejó la puerta abierta a una brutal represión en Hego Euskal Herria.

La Gestapo y los agentes españoles pusieron los papeles de la delegación en manos de la Policía franquista, que actuó en consecuencia: torturas, cárcel y la ejecución del jeltzale gasteiztarra Luis Álava Sautu. Durante años, la historiografía sobre la época ha pasado de puntillas sobre el tema, porque aquel descuido tuvo responsables y generó un controvertido debate interno en el seno del PNV sobre la responsabilidad de quién o quiénes debían haberlos destruido o, en su caso, trasladar los archivos que cayeron en poder franquista. Aquel informe interno desvelaba que una persona de la delegación era en realidad un traidor (no se refirió a ella como «infiltrado», sino como «traidor», «una traición sórdida y subalterna»).

De aquellos agentes franquistas, el de mayor triste recuerdo fue Urraca, vallisoletano, hijo de guardia civil, crecido en Euskal Herria y trasladado a París por el embajador franquista, el bilbaino José Félix Lequerica.

El 15 de octubre de 1947 Urraca fue condenado a muerte, en rebeldía, por un tribunal galo que lo acusó de espionaje en favor de la Alemania de Hitler. Había detenido antes a Lluís Companys, que sería ejecutado. Arropado por el Gobierno de Franco, Urraca, siguió trabajando para el Gobierno franquista en tareas policiales y de espionaje.

Antes de su jubilación, Madrid lo envió a Bélgica para espiar a los primeros refugiados de ETA, en la década de 1960. Falleció en 1989, tras negar el Estado español su extradición al francés en numerosas ocasiones.

En 1944, la sede de Marceau fue recuperada por un grupo de guerrilleros, cuando los nazis abandonaron París. La noticia se trasladó a Xabier Landaburu, vicelehendakari, que había permanecido en la capital francesa durante toda la ocupación. Landaburu la recuperó para el Gobierno Vasco, pero la Embajada franquista protestó airadamente.

Entre los argumentos, el Estado español utilizaba el soporte de una ley franquista de 1940 y la resolución de la Cámara Primera del Tribunal Civil de la Seine que, en julio de 1943, decidía que todos los bienes de Finances et Entreprises pertenecían al Estado español.

La expulsión de 1951

Fue en el verano de 1951 cuando el Gobierno francés expulsó sorpresivamente al Gobierno Vasco de su sede parisina. El proceso judicial, que parecía claro a favor del Gobierno Vasco, se decantó a favor del Gobierno falangista, cuando el dictador Francisco Franco anunció que cerraría el instituto y el liceo francés en Madrid si no se desalojaba al Ejecutivo vasco de su sede de la Avenida Marceau.

El chantaje surtió efecto. El lehendakari Agirre declaró, a la expulsión: «Salimos de este edificio expulsados por la fuerza pública, en ejecución de una sentencia que califica al Gobierno Vasco de ‘ladrón’, sentencia obtenida durante la ocupación alemana bajo la protección del enemigo».

En el Estado español, los medios se mostraron exultantes con la incautación. “Abc” resumía una visión compartida tanto por franquistas como por republicanos franceses: «La devolución de este inmueble es para nosotros un síntoma evidente: la política de la nación vecina ha cambiado de orientación».

Un joven ministro del Interior llamado François Mitterrand, colaboracionista con los nazis y, 30 años después, presidente de Francia con el Partido Socialista, se encargaría de hacer efectiva la orden de desalojo.

El cierre, incautación y donación al Gobierno franquista de la sede de París provocó una grave crisis de identidad sobre las alianzas vascas, una profunda sensación de soledad e incomprensión política y un problema de financiación para encontrar una nueva.

El Gobierno Vasco haría un llamamiento urgente a todas las colonias vascas para lograr fondos para una nueva sede. El traslado fue realizado al número 50 de la calle Singer (París, XVI), un edificio de tres plantas que en 1965 sería derribado.

Desde entonces y hasta la repatriación del lehendakari en 1979, Jesús Mari Leizaola residiría provisionalmente en un semisótano del mismo edificio.




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lunes, 7 de octubre de 2024

La Huelga de 1934

Este magnífico reportaje que traemos a ustedes desde el portal de El Salto nos brinda la oportunidad de entender de mejor manera como se reflejaron en la clase obrera vasca los avatares de la política en el estado español durante los muy cruciales años treinta del siglo pasado.

Adelante con la lectura:


Euskadi, Octubre de 1934

Bizkaia y Gipuzkoa fueron, tras Asturies, Catalunya y las cuencas mineras de León y Palencia, dos de los principales focos de la huelga general revolucionaria de la que se cumplen ahora 90 años.

Diego Díaz

Se cumplen 90 años de la huelga general revolucionaria de Octubre de 1934, quizá la respuesta más contundente dada en la Europa de los años 30 al ascenso de la ultraderecha. España no fue ajena a aquel auge de fascismos y autoritarismos. Sólo dos años después de la proclamación de la Segunda República, el gobierno de republicanos y socialistas se desmoronaba dando paso a una victoria de las derechas. En noviembre de 1933 la coalición conformada por la Confederación de Derechas Autónomas, los carlistas y otras formaciones menores, ganaba las elecciones generales por un amplio margen de votos. A pesar de esta rotunda victoria, amplificada por la Ley Electoral, el presidente de la República, Niceto Alcalá Zamora, encargaría la tarea de formar gobierno a la segunda fuerza en escaños, el Partido Radical, derechista pero republicano. Hasta los republicanos más templados, como Alcalá, temían las consecuencias de dar el poder a una CEDA trufada de monárquicos, ex políticos de la dictadura de Primo de Rivera y admiradores varios de los fascismos europeos.

Tras un año marginados del poder, llegados al otoño de 1934 el cordón sanitario a la CEDA se había resquebrajado, y tras sucesivas crisis políticas, el nuevo presidente del Gobierno, Alejandro Lerroux, abría la puerta a la entrada en su gabinete de tres ministros cedistas. Como respuesta, la madrugada del 4 al 5 de octubre de 1934 las Alianzas Obreras de toda España declaraban la huelga general revolucionaria contra lo que temían podía ser una voladura desde dentro de la República del 14 de abril. Algo similar a lo que había pasado en Alemania con Hitler y en Austria con Dolfuss.

Aunque sólo en Asturias, y por un breve periodo de tiempo, se viviría una auténtica revolución, la huelga llegaría a adquirir contornos revolucionarios en otros puntos del país. Así sucedería en Catalunya, donde la Generalitat se unió a la insurrección proclamando el 6 de octubre un efímero Estado Catalán de la República Federal Española. También en las cuencas mineras de León y Palencia, y en determinados lugares de Bizkaia y Gipuzkoa, como Modragón, donde se llegó a proclamar la República Socialista.

La extensión de las Alianzas Obreras

El movimiento de las Alianzas Obreras había nacido en diciembre de 1933 en Catalunya. Impulsada por los comunistas del Bloque Obrero y Campesino, la Alianza Obrera de Catalunya lograría agrupar a socialistas, nacionalistas de izquierdas y una parte de los libertarios, en torno a la necesidad de articular un frente común capaz de resistir un posible golpe de Estado por parte de las derechas. Se trataba de evitar un escenario como el de Alemania, donde los nazis habían destruido la República una vez la derecha tradicional les había abierto las puertas del Gobierno.

A partir de esta primera Alianza Obrera de Catalunya, a lo largo del año 1934 irían surgiendo en otros lugares de España nuevas alianzas, en su mayoría hegemonizadas por el PSOE y la UGT, inmerso en un viraje a la izquierda tras el varapalo electoral sufrido en noviembre de 1933.

Las Alianzas Obreras no lograrían en todo caso convertirse en un movimiento excesivamente estructurado ni coordinado entre sí. La CNT sólo se integraría en Asturies, y el PCE y su sindicato, la CGTU, no se unirían hasta poco antes del estallido de la huelga. En Euskadi la Alianza Obrera apenas llegaría a cuajar.

La huelga en las provincias vascas

La huelga general en el País Vasco tendría un amplio seguimiento en sus dos provincias más industrializadas, Bizkaia y Guipuzkoa, y otro mucho más discreto en Álava, donde ni siquiera la capital llegarían a paralizarse por completo. En Gasteiz sólo los panaderos y algunos talleres y pequeñas fábricas secundaron la convocatoria. En Navarra llegaría a formarse una Alianza Obrera muy unitaria, con socialistas, comunistas y libertarios, pero el movimiento, débil en un territorio conservador y poco industrializado, no pasaría del paro laboral en las localidades con mayor presencia del movimiento obrero. Tan sólo en Altsasu se producirían incidentes violentos y la muerte de un trabajador.

El caso opuesto sería la zona minera de Bizkaia, histórico bastión de socialistas y comunistas. El éxito de la huelga sería aquí total, en buena medida por la retirada de las fuerzas del orden público, incapaz de contener a los trabajadores en armas. Convertidos en los dueños del lugar, los revolucionarios tomarían el control de las poblaciones mineras, pero fracasarían en su intento de tomar Bilbao, donde el despliegue de las fuerzas de orden público blindó la ciudad a la marcha de medio millar de mineros. Durante estos días de control obrero no tendría lugar ningún derramamiento en las comarcas mineras.

Bilbao había quedado paralizada por la huelga general, pero los intentos de los revolucionarios de la capital por ir más allá y tomar el control de los puntos neurálgicos de la que ya entonces era una gran urbe se estrellaron contra la resistencia de unas fuerzas de orden público bien preparadas y a las que la intentona revolucionaria no pillaba por sorpresa. 15 obreros bilbainos perderían la vida en los enfrentamientos producidos en las calles de Bilbao.

En los márgenes fabriles del Nervión, otro bastión obrerista, la huelga tendría un gran seguimiento pero la represión sería muy eficaz a la hora de realizar detenciones de dirigentes y descabezar el movimiento. La sorpresa en este área industrial y portuaria sería la adhesión espontánea a la huelga de obreros afiliados a ELA, sindicato entonces muy pactista y moderado, de orientación católica y nacionalista, que no había convocado el paro, y cuyas relaciones con la UGT era históricamente peores que malas. En localidades como Portugalete, donde tuvieron lugar enfrentamientos violentos, se dejaría sentir especialmente esta inesperada unión de los obreros nacionalistas a una huelga que lideraban socialistas y comunistas.

La huelga también paralizaría Donostia, pero como en el caso de Bilbao, sin llegar a derivar en una situación revolucionaria. También sería importante el seguimiento en Hernani, Errenteria y Pasaia, donde la CNT se sumó y seis obreros murieron en enfrentamientos armados con las fuerzas de la República. Eibar y Arrasate serían las dos localidades de Gipuzkoa en las que el movimiento tendría más fuerza, organización y hombres armados. En ambas villas fabriles los revolucionarios ocuparon las calles, tomaron el control de los ayuntamientos y estaciones de tren, si bien al poco tiempo tendrían que deponer las armas y entregarse ante la abrumadora superioridad de las fuerzas del orden.

Eibar, sede de una potente industria armera, era un enclave estratégico que no podía caer en manos de los revolucionarios. Por ello el Gobierno se emplearía a fondo en abortar la revolución, desplegando todos los efectivos disponibles del Ejército, la Guardia Civil y la Guardia de Asalto. Incapaz de hacer frente a este muro de de contención, y desmoralizado por las noticias del fracaso de la huelga en el resto de España, el movimiento revolucionario duraría menos de un día. En Arrasate poco más de 24 horas. En esta localidad, en la que llegó a proclamarse la República socialista, tuvieron lugar los mayores excesos registrados por el lado de los revolucionarios: tres asesinatos a sangre fría, uno de ellos el del diputado carlista Marcelino Oreja, presidente de la Unión Cerrajera, y padre del futuro ministro de Asuntos Exteriores de Aldolfo Suárez.

El día después

La huelga en el País Vasco se prolongaría más allá del fracaso de la revolución, que llegados al día 7 de octubre había concluido en Catalunya y sólo resistía en Asturies, donde los revolucionarios interpretaban como intoxicaciones de la propaganda gubernamental las noticias acerca de su fracaso en el resto del país.

Finalmente el día 11 de octubre, mientras en Asturies todavía se libraban los últimos combates contra el Ejército, la Guardia Civil y la Guardia de Asalto, la UGT, la Alianza Obrera de Gipuzkoa y ELA, llamaban al regreso a los puestos de trabajo reconociendo que resultaba inútil persistir en el alargamiento de una huelga que dejaba en el País Vasco ya un saldo de 40 muertes, en su mayoría obreros.

La represión estatal no tendría la ferocidad de Asturies, con miles de detenidos, numerosos casos de torturas y asesinatos, pero tampoco se quedaría corta en las provincias vascas y Navarra. Sólo en Eibar 170 vecinos sería procesados por los sucesos del 5 de Octubre. A ello se sumaría el cierre de centros obreros, periódicos y casas del pueblo. La represión además no se detendría en los militantes socialistas, comunistas y libertarios. El Gobierno del Partido Radical y la CEDA tratarían de aprovechar los hechos de Octubre para perseguir a los republicanos de Azaña y al ANV, el PNV y ELA, a los que trataría de implicar falsamente en una huelga que no habían promovido, si bien algunos nacionalistas habían participado en ella de manera individual. La represión alcanzaría incluso a José Antonio Aguirre, el futuro lehendakari, que llegaría a pasar por la cárcel, aunque pronto sería puesto en libertad.

La represión al nacionalismo vasco terminaría de romper los puentes entre las derechas y el PNV. Desencantados con el Partido Radical, que había incumplido sus promesas de aprobar el Estatuto de Autonomía, y preocupados por la deriva autoritaria que la República podía tomar con la CEDA en el gobierno, los jelkides, sin dejar de ser un partido conservador, empezarían a girar a la izquierda en su política de alianzas.

La resaca de Octubre dejaría otra lección en el País Vasco. Las bases obreras del nacionalismo estaban girando hacia el antifascismo y adquiriendo una conciencia de clase cada vez mayor, que, como pronosticaban los comunistas vascos, tarde o temprano entraría en conflicto con la orientación burguesa y derechista del PNV. Todavía tendrían que pasar una Guerra Civil y varias décadas para llegar a esa colisión que en 1934 comenzaba a intuirse en el horizonte.

 

 

 

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sábado, 7 de enero de 2023

«Etxera Bidea Gertu»

Traemos a ustedes la crónica de la jornada en favor de los presos políticos vascos desarrollada en Bilbo, misma que ha sido convocada por Sare.

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Multitudinaria manifestación para exigir que la vuelta a casa de los presos se haga realidad

Después de tres años, una enorme movilización ha vuelto a tomar las calles de Bilbo para exigir el fin de la excepcionalidad jurídica y, en esta nueva etapa, hacer realidad la voluntad de la mayoría de la sociedad vasca de que los presos vuelvan a casa.

Bajo el lema «Etxera bidea gertu» y tras dos años de movilizaciones descentralizadas en los pueblos a causa de la pandemia, Sare y Bake Bidea han vuelto a reunir en Bilbo a decenas de miles de personas en defensa de los derechos de los presos y presas vascas. Este año la manifestación ha retomado su esquema tradicional, con salida en la calle Autonomía y final en el Ayuntamiento. Lo ha hecho con una imagen renovada, adecuada a la nueva etapa, con casi todos los presos y presas en cárceles vascas, y renovando la demanda de que se ponga fin a la excepcionalidad jurídica con la que se les castiga.

Han sido decenas de miles las personas que han acudido a la cita, 67.000 según el recuento de NAIZ. El irrintzi de Fermina ha marcado el pistoletazo de salida. Una gran lona, con una dimensión de 30x10 metros y con los lemas «Stop medidas de excepción, Return, Retour, Etxera», ha atravesado el tramo entre La Casilla y Zabalburu simulando una ola y abriéndose paso por encima de las miles de personas que abarrotaban la calle Autonomía. En Zabalburu, entretanto, Amets Arzallus y Maialen Lujanbio amenizaban la espera con sus bertsos, y el grupo Huntza con ‘Txoria txori’.

Con el objetivo cumplido de llenar Autonomía y una vez que ha llegado la gran lona, pasadas las 17.45 la manifestación ha iniciado su recorrido hacia el Ayuntamiento, entre aplausos y consignas de «Euskal presoak etxera». Sujetando la pancarta principal, Joseba Azkarraga, Bego Atxa, Anaiz Funosas, Rosa Rodero, José Luis Elkoro y Fermin Muguruza, entre otros. Detrás de ellos, la representación política, sindical e internacional. Y delante de todos ellos, abriendo la marcha, una lona con el nuevo logo para reclamar la vuelta a casa.

La manifestación ha contado con una amplia representación del ámbito político, sindical y social, tanto de Euskal Herria como de Catalunya, Galiza o Madrid, entre otros lugares. Han acudido integrantes de EH Bildu, Podemos, ERC, Junts, CUP y BNG, así como de ELA, LAB, UGT, Steilas, ESK, EHNE, Etxalde, Hiru, CNT y CGT. Así, han asistido Arnaldo Otegi, Bakartxo Ruiz, Oskar Matute, Maddalen Iriarte, Arkaitz Rodríguez, Mitxel Lakuntza, Garbiñe Aranburu, Joan Tardà, Carme Forcadell, Dolors Bassa...

Durante el trayecto, Bego Atxa y Joseba Azkarraga han denunciado que aún se apliquen leyes «que posibilitan el cumplimiento de hasta 40 años de prisión efectiva, que es tanto como decir una cadena perpetua encubierta o el no cómputo de penas de prisión cumplidas en cárceles francesas».

Según sus cálculos, si se les aplicara la legislación ordinaria, el 64% de los presos, en concreto 110, podrían estar en semilibertad o incluso en libertad condicional.

Se han mostrado convencidos de que la multitudinaria marcha de este sábado es «la expresión de una parte importante de la sociedad vasca» que pide el fin de la vulneración de los derechos de los presos, y han lamentado que la Justicia «se ha convertido en el arma jurídica de la extrema derecha política».

«Hemos ganado esta etapa»

Con la lluvia y el viento haciendo su aparición varias veces durante el recorrido, la cabeza de la manifestación ha llegado al Ayuntamiento sobre las 18.20, mientras la cola todavía no había llegado a la plaza Zabalburu.

En el comunicado final que han leído ante el Ayuntamiento, Joseba Azkarraga (Sare) y Anaiz Funosas (Bake Bidea) han comenzado agradeciendo a la sociedad vasca por su «generosidad y apuesta» y por «plantar cara democráticamente» a las vulneraciones de derechos que han supuesto el alejamiento y la dispersión durante 34 años, una etapa que «hemos ganado entre todos y todas».

No han olvidado el «sufrimiento, el importante daño moral y el fuerte coste económico» que han acarreado la dispersión y el alejamiento, ni a quienes «en la carretera con Mirentxin o en las calles con su apoyo han conseguido mantener la llama de la reivindicación y de la solidaridad durante más de tres décadas».

Tampoco ha faltado el recuerdo a las dieciséis personas que han perdido la vida cuando iban o venían de visitar a familiares o amigos presos, a quienes Funosas ha nombrado una a una.

Construir el futuro «desde aquí»

Evocando la manifestación del 8 de octubre en Donostia, Sare y Bake Bidea han mostrado su «esperanza y satisfacción porque vamos ganando la batalla contra la venganza, el odio y la revancha» y porque «continuamos avanzando, lentamente pero avanzando», y han remarcado que «el futuro es nuestro pero tenemos que seguir construyéndolo y decidiéndolo desde aquí», también en lo que se refiere a la vuelta a casa de los presos y presas.

Han destacado que «todas las víctimas de todas las violencias sufridas en Euskal Herria merecen nuestro respeto en su dolor y un trato igualitario por parte de los gobiernos», y han advertido de que «mientras no busquemos una solución al problema de las víctimas y se les traslade el debido respeto desde la sociedad, y mientras no busquemos una solución a la situación de los presos y presas vascos», no se podrá hablar de convivencia.

Tras recalcar que Sare y Bake Bidea están dispuestas a «asumir el compromiso de ser parte activa en la resolución», han asumido que por delante tienen «muchos e importantes obstáculos» que «tratan de impedir que este país pueda avanzar hacia una verdadera paz y convivencia», en los que tienen un «papel protagonista los juzgados de excepción y la Fiscalía», con sus continuas trabas y recursos a la puesta en libertad de los presos «desde el afán de revancha». Todo ello «obviando las decisiones de quienes en los centros penitenciarios conocen la evolución positiva de estas personas privadas de libertad por largos años de condena».

«Ejercer la soberanía es también poder tomar desde aquí decisiones sobre estas personas», han reivindicado.

Haciendo alusión al lema de este año, han señalado que «Etxera Bidea Gertu» refleja «el sentir que mueve nuestra voluntad de avanzar», y esto «lo tenemos que hacer juntos y juntas, creando espacios de convivencia», con el fin de cerrar el «ciclo de violencias y represión y entrar en el ciclo de la pacificación, la convivencia y la resolución».

Por ello, han mostrado su rechazo al «afán de venganza de quienes continúan retorciendo las leyes para infligir un mayor castigo» a los prisioneros, «mientras observamos cómo no hay nadie en la cárcel por torturar o por crímenes de Estado».

Azkarraga y Funosas han trasladado su «solidaridad y empatía» a las víctimas de todas las violencias y han subrayado su compromiso de seguir trabajando «para poner fin a una situación que por injusta a todos nos duele».

«Hemos demostrado que esta sociedad necesita mirar al futuro, necesita acabar con el sufrimiento, y para ello solo la movilización social y la voluntad de la mayoría política y sindical vasca puede allanar el camino de la libertad», han finalizado.

 

 

 

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jueves, 22 de diciembre de 2022

Egaña | Félix Likiniano, Miliciano de la Utopía

Les invitamos a leer esta semblanza publicada por Naiz, misma que Iñaki Egaña dedica a uno de los personajes más trascendentes en la lucha del pueblo vasco por su liberación, el anarquista Félix Likiniano.

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Félix Likiniano, miliciano de la utopía

Iñaki Egaña

Este jueves 22 de diciembre se cumplen 40 años de la muerte de Felix Likiniano. En compañía de su eterna pareja Casilda Hernáez, compartió los ideales anarquistas y vivió la Sublevación de Octubre, la guerra civil, la resistencia contra el nazismo y el nacimiento de ETA, cuyo anagrama diseñó en 1977. Fue también el precursor de la expresión ‘Aurrera bolie’, luego adjudicada a Txomin Iturbe.

Félix Likiniano nació en Eskoriatza, aunque su familia se trasladó pronto a Arrasate. Hijo de Pedro José y Máxima, con tres hermanas y dos hermanos que también fueron pioneros en la difusión del anarquismo en Gipuzkoa. José Antonio, afiliado a la CNT que murió en Peñas de Aia combatiendo a los carlistas navarros, en agosto de 1936, con apenas 19 años, y Eduardo, que podía haber sido protagonista de una novela de John le Carré ya que estuvo infiltrado en Falange hasta que se destapó su juego, después de que los anarquistas les robaran una partida de fusiles llegados desde Iruñea.

Félix, que había nacido en enero de 1909, se afilió a la CNT cuando realizaba el servicio militar en los cuarteles de Loiola, en 1930. Cuarteles que, por cierto, años más tarde, en julio de 1936, asaltaría en compañía de otros compañeros para llevarse las armas. En 1934 fue detenido y condenado a 15 años de prisión con motivo de la Revolución de Octubre, por su apoyo a los mineros asturianos. Salió de prisión con la amnistía del Frente Popular, en febrero de 1936, y se ubicó en Donostia, junto a su compañera Casilda. Con un objetivo definido: preparar grupos de acción, al igual que lo hacían los comunistas, para enfrentar al fascismo que amenazaba.

Los grupos vascos de choque anarquistas, con un máximo de 20 integrantes, tomaron nombres extravagantes: Los Desesperados, La Buena Voluntad, Los Tarzanes Libertarios… En la capital guipuzcoana, los Likiniano crearon el suyo propio: Dinamita. Siguiendo la tradición. Años atrás, un grupo llamado Los Justicieros, con Buenaventura Durruti y Gregorio Suberviola, habían intentado un magnicidio en Donostia, con Alfonso XIII de víctima. Con un túnel, al estilo del que ETA realizó ya en 1973 para terminar con la vida del entonces presidente español, el almirante Luis Carrero Blanco.

Guerra y franquismo

Con la sublevación militar, Eduardo, Félix y Casilda tomaron parte de la defensa donostiarra. Desde la sede de la CNT en la calle Larramendi pararon la entrada militar en la ciudad, junto a dos centenares de jóvenes, y más tarde fijaron su cuartel general en la iglesia franciscana del barrio de Egia. La guerra llevó a Eduardo a Bilbao y fue detenido en Santoña. Cumpliría pena en Puerto de Santa María. Félix y Casilda, en cambio, cruzaron la muga y de Hendaia viajaron hasta Barcelona, donde se reincorporaron a la contienda en el frente de Aragón. Sobrevivieron, como contaban, de casualidad. La muerte les rondó durante dos años.

Ambos huyeron en 1939 de Girona a Perpignan y fueron internados en el campo de concentración de la playa de Saint Cebrià. Con las negociaciones de Telesforo Monzón, los vascos de Argelers de la Marenda y Saint Cebrià, en la Cataluña francesa, fueron trasladados al campo de Gurs, en el Bearne, a pocos kilómetros de Zuberoa. Félix y Casilda continuaron hasta Baiona, donde la sede del Gobierno vasco había sido abandonada. Con el archivo hicieron una hoguera que ardió durante una noche para evitar que los nazis que avanzaban pudieran informar a Franco del contenido de la documentación.

Luego a Burdeos, sin techo, y finalmente a Lorient, en Bretaña, donde Félix trabajó en la construcción de una base submarina para el Reich. La personalidad de los Likiniano volvió a surgir y recordando la infiltración de su hermano Eduardo, Félix se familiarizó con los ocupantes, de quienes obtuvo abundante información que enviaba a Inglaterra y, más tarde, directamente a la Resistencia. De Lorient la pareja se trasladó a París, donde contactó con la clandestina CNT y en 1943 se mudaron a Biarritz, a la vivienda en la que pasaron ambos el resto de sus días. Casilda falleció diez años más tarde que Félix, ya en agosto de 1992.

Durante el franquismo, la fractura en el anarquismo fue notoria. Félix Likiniano, Manuel Chiapuso y Cándido Armesto fueron los artífices de la creación de una CNT vasca. Hasta entonces, Gipuzkoa, Araba y Bizkaia estaban integradas en la CNT del Norte y Nafarroa en la de Aragón. Pidieron incluso la entrada en el Gobierno vasco en el exilio. Fracasaron en la creación del Partido Libertario. Félix comenzó a trabajar en el camping de Biarritz.

El origen de ETA

En el camping recibió a los primeros refugiados de ETA con los que en un principio no tuvo demasiada relación. Sin embargo, la siguiente oleada fue definitiva para mostrar su sintonía con los nuevos refugiados. Sus palabras fueron todo un síntoma: «Llevábamos dos décadas esperando que la lucha y caída de Franco llegara desde el exterior y finalmente la misma se ha producido desde el interior. Además, llegan de mi pueblo, Arrasate, y hablan en euskara». Fue en su camping donde se reagruparon los autores del atentado contra el almirante Carrero Blanco, en una imagen icónica, con Argala en el centro del grupo.

Cuando murió el dictador, que coincidió con su jubilación, Likiniano se hizo previsible en sus relaciones. Caminata matutina por el paseo marítimo de Biarritz, visita a la librería Nafarroa para observar las novedades y seguir llenando su casa de libros y luego unos txikitos. Y pincho de tortilla con Casilda.

Comenzó a cruzar la muga hacia el sur, después de 40 años, y llegaba los sábados a Amara Viejo, en Donostia, donde quedaba con una cuadrilla de los de la guerra, de ANV: Pepe García, Sansinenea, Calvillo e Isidro Susperregi, al que luego mató la Policía en una manifestación pro amnistía. Al poteo asistía también Marcos Azkarate (padre de Miren, la que fue consejera del Gobierno vasco), comandante de un batallón del PNV durante la contienda y detenido más tarde por ser correo de ETA. También, en verano, Manuel Chiapuso, que bajaba de la Sorbona donde impartía clases, hasta Biarritz y Donostia.

Félix Likiniano y Casilda Hernáez pertenecieron a una generación que sobrevivió a la guerra y al nazismo y contestaron con las nuevas generaciones que devolvieron a la sociedad vasca el sentimiento y la dignidad de la lucha por sus derechos colectivos y sociales. Likiniano, que jamás concedió una entrevista, compartió inquietudes con otros que pertenecían al bando de los «perdedores» de la guerra, sin reconocer por ello una derrota definitiva: Telesforo Monzón, Miguel Amilibia, Marc Legasse, Lezo Urreztieta, Eli Gallastegi, Piarres Larzabal, Kepa Ordoki…

Su entierro en el cementerio de Biarritz condensó a decenas de refugiados clandestinos, algunos de los cuales serían años después detenidos y condenados a largas penas de prisión. Familia, Comité de Refugiados, KAS, Herri Batasuna, la Sociedad Donosti Berri (donde se reunía con sus amigos los sábados), CNT y… Joseba Merino (superviviente dos años después en la emboscada de Pasaia) le pusieron esquelas en ‘Egin’.

Likiniano pintó cientos de cuadros, algunos expuestos por primera vez en Donostia en 2014. En noviembre de 2022, anunciando el aniversario de su muerte, otra exposición sobre su obra se ha desarrollado en Baiona. Se anuncia un recorrido de su obra por Euskal Herria para 2023.

En septiembre de este año, se presentó el documental del director Juan Felipe ‘Casilda, el eco de otros pasos’, en los que su relación con Félix traspasa la película. En 1994, la recientemente fallecida Pilar Iparragirre publicó el libro ‘Félix Likiniano, miliciano de la utopía’, trabajo en el que el propio Félix desgranó lo más profundo de su pensamiento y, sobre todo, de la praxis revolucionaria.

 

 

 

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jueves, 4 de agosto de 2022

Melitón y la Ola Represiva del '68

Se ha cumplido un aniversario más de la muerte del terrorista de estado español Melitón Manzanas.

En ese contexto, les presentamos este reportaje publicado por Naiz:


3 de agosto de 1968: arranca una ola de represión en Gipuzkoa para vengar a Melitón Manzanas

El 3 de agosto de 1968, la dictadura franquista decretaba el estado de excepción en Gipuzkoa dando inicio a una brutal ola de represión de ocho meses con la que quería vengar la muerte del torturador Melitón Manzanas en el atentado de ETA ocurrido el día anterior.

Pello Guerra

El 2 de agosto de 1968 ETA acabó con la vida de Melitón Manzanas, inspector de la Policía española, antiguo colaborador de la Gestapo y conocido por dirigir y participar en sesiones de torturas y malos tratos, tal y como recoge el informe de la Comisión de Valoración validado por el Gobierno de Lakua, a pesar de lo cual ha sido recordado por el llamado Centro Memorial de las Víctimas del Terrorismo, desoyendo la petición de Foro Social.

La respuesta de la dictadura franquista no se hizo esperar y al día siguiente, decretaba el estado de excepción en Gipuzkoa, que se prolongaría durante ocho meses, ya que desde su implantación se prorrogó por tres meses más el 31 de octubre, a los que se sumó el hecho de que el 24 de enero se aplicó esta medida en todo el Estado para tres meses.

Arrancaba así «un régimen de excepcionalidad, caracterizado por el ejercicio de una represión indiscriminada, haciéndose cotidianos los registros domiciliarios, las detenciones masivas, los destierros y la tortura», como ha recordado Javier Buces, historiador de la Sociedad de Ciencias Aranzadi y coautor del libro ‘Gipuzkoa en estado de excepción, 1968’, que reconstruye lo sucedido a partir de los documentos oficiales que fueron desclasificados 50 años después de los hechos.

Durante los ocho siguientes meses, el Cuerpo General de Policía, la Policía Armada y la Guardia Civil se emplearon a fondo en una «persecución ideológica del nacionalismo e independentismo vasco en cualquiera de sus vertientes», en una vuelta de tuerca a una estrategia que ya se estaba aplicando, según se detalla en ‘Gipuzkoa en estado de excepción, 1968’.

Al respecto, Buces añade que se trataba de «una especie de nostalgia represiva, de persecución ideológica, mediante la cual, las fuerzas policiales y judiciales de la dictadura volvieron a generalizar las acusaciones de ‘rojo-separatista’ o ‘vasco-separatista’, imputaciones que años atrás habían condenado a muerte, a décadas de cárcel, a trabajos forzados o al exilio a miles de vascos».

Las fuerzas represivas tiraron de archivo para detener a gentes que estaban en su radar. Solo el 5 de agosto fueron detenidas 42 personas, aunque el balance final fue de al menos 279 represaliados. Como el estado de excepción suspendía varios artículos del ‘Fuero de los españoles’, las personas detenidas permanecieron entre 8 y 10 días incomunicadas en dependencias policiales, aunque hubo casos de 12, 14, 15 y hasta 17 días.

56 desterrados y 79 torturados

Un total de 56 de las personas arrestadas fueron desterradas y emplazadas en diferentes puntos del Estado. La mayoría habían sido detenidas durante la primera semana de estado de excepción y a 50 se les vinculó con organizaciones nacionalistas, con 35 de ellas definidas como de «ideología nacionalista vasco separatista». Las otras seis fueron relacionados con actividades del Partido Comunista o simplemente se les calificó de «comunistas».

A pueblos de Andalucía fueron llevados 25 desterrados, once a Extremadura y otros tantos a Castilla-León, mientras que siete terminaron en Castilla-La Mancha y el mismo número en Aragón. Muchos de ellos sufrieron enormes penurias económicas, igual que sus familias.

La brutal represión desatada también se hizo presente a través de las 107 personas procesadas por el Tribunal de Orden Público y al menos 21 fueron condenadas en consejos de guerra.

Y se plasmó de manera descarnada en las 79 personas que denunciaron haber sufrido torturas o malos tratos en Gipuzkoa a lo largo de 1968, con casos especialmente terribles, como el de Andoni Arrizabalaga o el del sacerdote Juan María Zulaika.

Del primero de ellos, se conservan imágenes de su cuerpo amoratado y que son la fotografía más antigua de una persona torturada en Gipuzkoa, según ha señalado el forense Paco Etxeberria. Arrizabalaga fue arrestado el 18 de agosto en Ondarroa y llevado a Zarautz para seguir incomunicado. Su suplicio lo dejó plasmado Telesforo Monzón en la canción ‘Itziarren semea’.

Por su parte, el caso de Zulaika refleja la especial inquina con la que se persiguió a sacerdotes vascos, ya que 65 fueron investigados por el Gobierno Civil de Gipuzkoa por ser «de significación separatista». Algunos fueron desterrados y se allanaron varios centros religiosos.

Esa persecución llegó también a los abogados que denunciaron la violación de derechos humanos, que fueron acusados de connivencia con organizaciones clandestinas. Varios fueron detenidos y Miguel Castells y Artemio Zarco terminaron desterrados.

Como reacción al clima de represión y a pesar de él, se sucedieron las protestas, que fueron numerosas y de todo tipo. Así, mil universitarios se declararon en huelga el 9 de diciembre y el día 22 de ese mismo mes, entre 200 y 300 personas se encerraron en la catedral del Buen Pastor. El 20 de enero de 1969, día grande de Donostia, se produjo un boicot general.

Además, se realizaron manifiestos de denuncia, como el suscrito por ANV, PNV, PSOE, UGT, ELA y CNT, o las cartas enviadas por Nemesio Etxaniz al gobernador civil de Gipuzkoa para poner en evidencia las torturas sufridas por los detenidos.

Represión «indiscriminada»

El objetivo final del estado de excepción era «vengar una muerte mediante el castigo de amplias capas de la sociedad», señala el historiador Javier Buces, quien añade que se trataba de «una represión indiscriminada» que hacía responsable no solo a los ejecutores, sino, además, tal y como rezaba ‘La Hoja del Lunes de San Sebastián’, «a los indiferentes y claudicantes» o «a los que no reaccionan y prefieren la tibia comodidad de su casa y su café».

De hecho, la mayor parte de los detenidos nada tenía que ver con la muerte de Melitón Manzanas, como evidencia una columna que publicó ‘ABC’ el 7 de agosto de ese año y en la que se reconocía que al medio centenar de personas detenidas hasta esa fecha se les acusaba de «estar implicadas en actividades de índole separatista», aunque «ninguno de ellos sea sospechoso del reciente acto criminal cometido en Irun».

Es más, como añade Buces, «solo a una de las 279 personas identificadas se le podía relacionar con la muerte de Manzanas. El sustituto de este, José Sainz, no parece haber sido menos que aquel, siendo uno de los máximos responsables de esta orgía represiva».

 

 

 

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lunes, 4 de julio de 2022

Fructuosa Zalba Pérez

De gente como Fructuosa Zalba no se hará nunca una película a lo Hollywood como en su momento se hizo de Oskar Schindler. Tampoco se verá retratado en el celuloide ni a Florentino Goikoetxea ni a Josephine Agirre.

Hollywood prefiere apostar por fantasías como 'El niño del pijama a rayas' o 'Bastardos sin gloria' antes que mostrar a quienes sin tener nada enfrentaron al fascismo europeo de los 30 del siglo pasado, ya fueran los nazis alemanes o los franquistas españoles.

Es por ello que se hacen tan necesarios blogs como este, para ayudar a dar a conocer historias como la de Fructuosa Zalba y muchas personas más, olvidadas a conveniencia por el relato oficial. Más aún si estas personas terminaron en el exilio por su activismo político para pasar a formar parte de la diáspora vasca.

En ese sentido, nos complace compartir con ustedes este reportaje histórico acerca de la Iruñea insurrecta en contra del franquismo y del nazismo, mismo que ha sido publicado por Naiz:


Fructuosa y el barrio chino de Iruñea: prostíbulos, nazis y redes de evasión

En una Iruñea ocupada militarmente, en pleno barrio chino, la historia nos trae el recuerdo de mujeres como la valiente Fructuosa Zalba, que trabajaban en la sombra tejiendo redes de evasión.

Osasuna Memoria

«Escondía a un grupo de rojos en la cocina cuando aparecieron soldados nazis en el bar», le contó Fructuosa a su nieta Mari Cris en la Venezuela de los 80 y, años después, la historia ha regresado a Iruñea.

Fructuosa Zalba Pérez (22 agosto de 1900, Sada) regentaba el bar Eslava en la calle del mismo nombre, a la altura del número 32. Vivía en el piso superior junto a su marido José, su hijo Ernesto y su madre Rafaela.

Era una familia republicana de izquierdas sin adscripción política conocida que, tras la guerra, no dudó en colaborar con la “resistencia” anti-franquista en una Iruñea filonazi, al menos institucionalmente, y en un contexto represivo donde la doble moral dominante convivía entre las casas de alterne, el control policial, clientes de una “sociedad-bien”, legionarios, nazis y rojos que trataban de resistir o de huir.

El III Reich en Iruñea

El 7 de julio de 1940, 300 militares alemanes presenciaban en la plaza de toros de Iruñea la corrida sanferminera, junto a las peñas y el público en general. «Esto es más difícil (el encierro y la corrida de toros) que coger tanques», recogía la prensa las palabras de un soldado germano y ampliaba la información: «Era un ambiente típico sanferminero. A la salida de las peñas, confraternizaban con los mozos, bailaban y compartían los cascos de guerra, los pañuelos rojos, las txapelas y los sombreros de paja. Antes, el Ayuntamiento de Pamplona les abrió sus puertas para que los mandos tomaran un vino de honor».

Es probable que algunos de ellos, desperdigándose por las calles, entrasen al bar de Fructuosa, mientras en la cocina esta escondía a huidos de la represión franquista que, camuflados por el ambiente y la afluencia de forasteros, aprovechasen la confusión para pasar desapercibidos en su ruta hacia la muga para cruzar a Francia. O, tal vez, fueran algo más que soldados, quizás oficiales o mandos alemanes.

Porque oportunidades las hubo, muchas, pues la huella de los nazis en Iruñea perduró años (1936-1944). El número dos de los nazis, Heinrich Himmler, junto a Franco, pasó cerca, por Alsasua, en octubre de 1940. Delegados nazis visitaban la ciudad, venerados por las autoridades, con el Gobernador Civil y Jefe de la Falange, José López-Sanz Alamán, al frente.

En el Archivo General de Navarra encontramos testimonios gráficos de aquellas visitas, como la de pilotos de la Legión Cóndor o personal del consulado alemán que trabajaban en la calle Estella número 2, con el cónsul Enrique Schultz a la cabeza, o en compañía de su camarada, el nazi mexicano Schieter, del que habla Sánchez Ostiz en su libro “El Botín”.

Se dice que en el balcón del Ayuntamiento de Iruñea se colgó la esvástica desde el 20 de noviembre de 1939 hasta finales de diciembre. Cuatro días después del inicio de la invasión de la Unión Soviética por los nazis, a finales de 1941, mediante una nota presentada en los consulados alemán e italiano de Iruñea,  Antonio Lizarza, Amadeo Marco y otros tres exrequetés ofrecieron su colaboración en la lucha del nazismo contra el comunismo, al mismo tiempo que el primero tomaba la presidencia de Osasuna.

Una actuación considerada contradictoria por los carlistas, pues no todos estaban con los alemanes, había quienes apoyaban a los aliados. Sin embargo, lo cierto es que en plena Segunda Guerra Mundial, España y Navarra iban con Hitler, pese a que 60 navarros acabaron asesinados en los campos de exterminio nazis.

Los Bengaray y los Saraldi

La historia de los nazis y el bar donde escondía a rojos se la contó Fructuosa a su nieta Mari Cris Saraldi Bengaray en Caracas en los años 80. «La abuela era una mujer adelantada a su tiempo, muy valiente, de armas tomar, con las ideas claras y, la verdad, no me sorprende», reflexiona.

Mari Cris, que comparte dos apellidos muy significativos de aquella Iruñea republicana, se arrepiente ahora de no haberse interesado más por aquella historia, preguntando más detalles a su abuela.

Fructuosa se casó con Valeriano Saraldi Lanz y tuvieron un hijo, Ernesto. Siendo este todavía un niño, falleció Valeriano, por lo que Fructuosa se volcó en el cuidado de su vástago. Volvió a casarse con José Orayen, zapatero de profesión, y en 1932 arrendaron el bar situado debajo de su casa, un lugar que, con anterioridad, había sido casa de prostitución, como las diversas que había en el barrio. Durante los años republicanos, fue modificando la ficha técnica de café a café–restaurante o taberna de licores.

Un hermano de Valeriano, José Saraldi, y su mujer, María Cruz Ramos, regentaban, cerca del bar Eslava, Casa Saraldi, un local que estaba situado en la calle Jarauta 34 y que se anunciaba en el Semanario “Trabajadores”, de la UGT.

José había sido expulsado de su trabajo como electricista en la empresa “El Irati” por su significación y apoyo a la revolución de 1934, lo cual le llevó a probar suerte con la hostelería, al mismo tiempo que se mantenía activo políticamente.

Casa Saraldi tenía un comedor social para parados, apoyado por la UGT y José se ocupaba de otros menesteres, como ejercer de conserje en la sede de Izquierda Republicana, ubicada en la Plaza de la República. Otra rama de los Saraldi se encontraban emparentados con el diputado foral republicano e industrial, Fructuoso Muerza, natural de San Adrián.

Ángel, hijo de Ramón Bengaray, era el mejor amigo de Ernesto Saraldi, lo cual le vinculaba con el equipo de sus sueños: Osasuna. Bengaray, el impresor, directivo osasunista, barítono del Orfeón, y líder político republicano de las izquierdas.

Un año antes del golpe militar se logró el ascenso a Primera División, tras culminar un exitoso proyecto deportivo de varios años capitaneado por Natalio Cayuela. Ángel y Ernesto tenían 15 años, eran compañeros de instituto y, con los años, acabarían siendo cuñados. Ernesto, además de buen estudiante, jugaba a fútbol en el equipo del instituto y soñaba con Osasuna.

La posguerra, la resistencia y las redes de evasión

El golpe fascista de julio de 1936 y la posterior guerra trajeron los asesinatos políticos del cabeza visible del Frente Popular Ramón Bengaray, del practicante republicano Rodolfo Muerza Saraldi, primo de Valeriano Saraldi, de José Ramos y su hijo Ramón (hermano y sobrino de María Cruz Ramos relacionados con la UGT) y de otros muchos amigos, compañeros y conocidos.

Los sublevados acudieron a casa de José Saraldi, enfermo de cáncer, ya que querían fusilarlo, pero un vecino carlista lo impidió. Fallecería dos meses después. 300 personas fueron asesinadas en Iruñea antes de que finalizara ese fatídico año. Muchas personas vinculadas a sindicatos y a organizaciones de izquierdas fueron perseguidas.

La cineasta María Luisa Elío Bernal describe los tejados de la ciudad, donde podían verse zapatos y alpargatas de quienes se movieron entre ellos, cambiando de escondite, de casa en casa. Algunos de ellos lograrían huir, como su padre, el juez Elío. También la familia Bengaray y dos hijos de José Roa, el churrero de la calle Eslava, pasaron a territorio republicano.

A dicha churrería, denominada “La estrella”, solían acudir a desayunar las mujeres que ejercían la prostitución, una vez terminada su jornada. Patrocinia Lasa regentaba el local, procesada en 1939 por participar y colaborar en una red de fugas de “rojos”.

Se le acusó de que «su casa servía de centro de reunión a los extremistas» y permaneció cuatro meses en la cárcel. Gracias a la mediación de un religioso, salió absuelta. Ella nunca confesó a su familia, como sí lo hizo Fructuosa, si había participado o no.

Ser viuda de José Roa, sindicalista de la UGT y socialista, elegido concejal al principio de la República, torturado y asesinado tras el golpe, era suficiente delito. En su asesinato, apunta Mikelarena, pudo estar relacionado Galo Egüés del Escuadrón el Águila, quien escribiera loas a Hitler, y que años atrás, de joven, era futbolista y medio centro de Osasuna, republicano que terminó en la Falange.

Hubo otras redes de evasión y personas procesadas. Entre ellas, María Pita, la dueña del bar Osasuna de la calle Bergamín, viuda de Ildefonso Zalabardo, asesinado en Valcardera; o Eusebio Arbeloa, un camarero  de la calle Descalzos, que había estado afiliado a la CNT. Este último contaba cómo se producían las evasiones, algunas tras el correspondiente pago y otras gratuitamente, por solidaridad.

En la evasión del juez Elío, tras permanecer escondido tres años en diferentes domicilios, fueron varias las personas implicadas, entre las cuales se encontraba Carmen Boyer, la mujer de José Maraver, el secretario de sala de la Audiencia, compañero de Natalio Cayuela.

Joaquín Roa, nieto de Patrocinia Lasa, recuerda a Fructuosa, amiga de su familia, que la admiraba y valoraba. Una mujer «muy valiente», añade. Consiguió que su hijo estudiara en la Biblioteca del Casino Eslava.

La clientela del bar de Fructuosa era, a su vez, habitual de los prostíbulos de la zona. Por eso, en ocasiones, el comisario de la ciudad llamaba y le bastaba con una palabra: «Voy». Era la señal acordada para desalojar el bar y poder cenar allí gratis.

Una forma de protegerse, una estratagema o simplemente no había otra opción. Cualquiera de las tres fórmulas le servían a Fructuosa para ocultar su actividad escondiendo a personas perseguidas y disimuladamente mantener activa la red de evasión, como ella misma contaría años después a sus nietos.

¡Arriba la Legión! ¡Viva el comunismo libertario! La vida en el barrio chino

Ricardo Urrizola recoge en su libro “Consejo de guerra” varios de estos procesos militares. Algunos de ellos por hechos ocurridos en esta zona de las calles Eslava y Descalzos. Se suceden escándalos y peleas entre soldados y las facciones golpistas, además de destrozos en el mobiliario privado de los prostíbulos, bares y comercios.

Varias denuncias lo corroboran. Había fijación por romper las bombillas de las casas de prostitución y de los comercios. En una ocasión, un grupo de oficiales de la Legión la emprendió con una farola luminosa en la esquina de la bifurcación de la calle Eslava y Descalzos, en la que se anunciaba el bar Eslava. «¡La Legión hacemos lo que nos da la gana!», señalaba uno de los procesados. Incluso se habla de disparos de arma, protagonizados por legionarios y militares.

El 22 de enero de 1940, Cosme Subirán fue arrestado en uno de los prostíbulos por “blasfemar” (sic) lo siguiente: «¡Viva el comunismo libertario!». Meses después, fue juzgado y condenado a cuatro meses de cárcel. Era viudo, con un niño pequeño y afiliado al Partido Radical Republicano Socialista. A su salida, desapareció y nunca más se supo de él. Hoy día, su sobrina, Ainhoa Lizaso, investiga para tratar de conocer cuál fue su paradero.

«Si quieres comer barato, en Cuello Pato. Si quieres otra cosa, en casa la Fructosa», se decía en la ciudad de aquellos años. Había clientes del bar y de los prostíbulos que pertenecían a la Iruñea “bien” que, al cruzarse con Fructuosa fuera del barrio, miraban para otro lado.

«Nunca tantos debieron tanto a tan pocos». Una historia muy poco reconocida

En una ciudad dividida entre partidarios de Hitler y quienes apoyaban a los aliados, hubo familias que ayudaron a escapar a quienes huían. Los Lacasta-Zabalza, por ejemplo, acogieron a un piloto de aviación inglés en su casa tras haber sido derribado en el sur de Francia por los alemanes.

El iruindarra Alberto Quintana, por su parte, hermano de Juan, dueño del Hotel Quintana, formó parte de la Red Comete, junto a Consuelo Olorón Osés, su mujer. Dicha red fue ideada por los gobiernos belga y británico para salvar la vida de los pilotos de aviación que caían derribados. Otra, la Red Ponzán, fue una alianza de anarquistas y el gobierno británico con el mismo objetivo. Y así, fueron miles los pilotos que lograron pasar la muga.

Hubo otros que, como diría Ayuso, eligieron el lado incorrecto de la historia. Es el caso del golpista Antonio Lizarza, quien llegó a reunirse con Mussolini y firmar un documento de apoyo a Hitler, además de maniobrar para que Natalio Cayuela y sus compañeros de junta directiva dimitieran tras el ascenso a Primera.

Meses después serían asesinados. Lizarza presidió Osasuna en Segunda División y, con su mando, llegó el descenso a Tercera, momento en el que intentó la venta del club rojillo al Real Madrid para saldar las deudas. En 1970, ante las cámaras de TVE, se reivindicó como el «salvador» de Osasuna.

En aquella posguerra, la prostitución era ejercida por mujeres golpeadas por la pobreza en general, y por la represión y la guerra en particular: muchas de ellas eran viudas de republicanos, de rojos.

Fructuosa rescindió el contrato del bar en otoño de 1942. Su hijo Ernesto viajó a Argentina al encuentro de su amigo Ángel y terminó casándose con su hermana, María Esther Bengaray. En diciembre de 1957 se instalaron en Venezuela.

Fructuosa regresó a su querida Iruñea, que tanto le hizo sufrir pese a su carácter fuerte, donde vivió con su hermana Benita en la calle Estafeta. En ese período, Pablo Saraldi, sobrino de José, vendió la tienda de pastas Beatriz, de la calle Estafeta, en honor al nombre de su mujer.

Fructuosa regresó a Venezuela ya mayor y enferma a la llamada de su hijo Ernesto, y allí falleció en julio de 1987. Antes, tuvo tiempo de contarle a su nieta Mari Cris su secreto.

Casa Saraldi actualmente es un local de la peña Los de Bronce y el antiguo bar Eslava, una oficina de Loterías y Apuestas del Estado.




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viernes, 24 de junio de 2022

Sindicalismo Vasco Refuerza Izan Bidea

Hablando de los derechos de los represaliados políticos vascos y la constante amenaza que se cierne sobre ellos dada la tendencia a la estrategia de tierra quemada aplicada por Madrid en contra del independentismo vasco, desde Naiz aquí traemos para ustedes información acerca de la iniciativa sindical en favor de los presos políticos vascos sumándose a la dinámica Izan Bidea de Sare.

Adelante con la lectura:


Los sindicatos señalan que todavía quedan pasos que dar en el acercamiento de los presos

LAB, ELA, UGT, ESK, Steilas, CGT/LKN, CNT, EHNE, Hiru y Etxalde advierten de que, a pesar de que se han dado pasos, todavía queda camino por hacer en el acercamiento de los presos políticos vascos y en la progresión de grados.

Asier Robles

Los sindicatos LAB, ELA, UGT, ESK, Steilas, CGT/LKN, CNT, EHNE, Hiru y Etxalde se han vuelto a concentrar, como cada último viernes de cada mes, en Bilbo, y hoy también en Iruñea, en defensa de los derechos de los presos vascos, dentro de la iniciativa Izan Bidea de la red ciudadana Sare.

En declaraciones a los medios, han puesto en valor la confluencia de la mayoría sindical, y el «compromiso y constancia» de la dinámica, «que por encima de nuestras diferencias nos une en esta reivindicación».

Han dejado claro que seguirán con está dinámica, porque «a pesar de que se han dado pasos en cuanto a acercamientos y progresión de grados, aún estamos lejos de conseguir nuestras reivindicaciones».

Estas son sus cinco principales reivindicaciones: el acceso a los beneficios penitenciarios contemplados en la legislación ordinaria, que todos y todas las presas estén en Euskal Herria, la excarcelación de los presos que padecen enfermedades graves o incurables, la reincorporación al mundo laboral de la personas excarceladas, y la revisión de la legislación para el alargamiento excepcional de las condenas.

Han recordado que, en la actualidad, todavía 64 de los 184 presos siguen alejados fuera de Euskal Herria y que si bien en 2020 y comienzos de 2021 se dieron acercamientos semanales, desde agosto de 2021 se han convertido en mensuales, prolongándose cada vez más en el tiempo.

«Necesitamos reconstruirnos como sociedad en convivencia, por ello el próximo 23 de setiembre, y tras la pausa de julio y agosto, estaremos de nuevo en la plaza Elíptica, e iremos caracterizando de forma específica cada una de las concentraciones que seguiremos haciendo cada tercer viernes de mes hasta junio», han señalado los sindicatos.

CCOO se suma a la demanda de fin del alejamiento

CCOO, que no toma parte en estas concentraciones junto al resto de los sindicatos, ha publicado una nota sumándose a la demanda del fin de la política de alejamiento, «en virtud de la aplicación ordinaria de la legalidad.

«Consideramos que es el momento de la reinserción restaurativa. Un camino con tres grandes virtualidades: es bueno y factible para los presos de ETA, reparador para sus víctimas y constructivo para la convivencia del conjunto de la sociedad vasca», ha indicado este sindicato.

Asimismo, COO ha puesto el foco en el «el entorno político y social de los presos de ETA», señalando que «convendría que impulsaran hasta las últimas consecuencias la empatía necesaria para reconocer el daño injusto causado. Sería importante que los presos de ETA y sus organizaciones de apoyo asuman esa responsabilidad histórica, a la altura de los graves delitos que cometieron y/o apoyaron».

Joseba Azkarraga: «Un bloqueo constante de la Fiscalía»

En la concentración de este viernes en Bilbo también ha estado presente el portavoz de Sare, Joseba Azkarraga, que ha manifestado la necesidad de que la unidad sindical se pueda trasladar «más pronto que tarde» al ámbito político.

Ha denunciado la situación de impasse en el acercamiento de presos, de progresiones de grado y de permisos penitenciarios, y ha recordado que el 35% de los presos se encuentran fuera de Euskal Herria y que sus familiares siguen teniendo que recorrer cientos de kilómetros para poder visitarlos. Además, ha indicado que, en este momento, solo hay 17 presos en tercer grado penitenciario, «cuando podría haber 80, que son las que ya han cumplido las tres cuartas partes de su condena».

«Estamos muy lejos de lo que podría haberse hecho y no se está haciendo. Estamos en una situación complicada», ha señalado.

En este sentido, Azkarraga ha pedido al presidente del Gobierno español «que ponga fin a esta situación, que cumpla sus compromisos públicos adquiridos y que cumpla su propia legislación penitenciaria».

Asimismo, también ha denunciado la actuación de la Fiscalía: «Estamos ante un bloqueo constante. Los tímidos pasos que se dan desde la junta de tratamiento de los centros penitenciarios son paralizados de manera permanente por la Fiscalía. Se está convirtiendo en una herramienta al servicio de los sectores más ultraconservadores del Estado español».

 

 

 

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