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domingo, 16 de junio de 2019

El Biplano de Agirre

Demos un respiro a nuestros lectores de las retorcidas maniobras por parte de los sociatas navarricos para hacer honor a la memoria de la resistencia vasca contra el fascismo por medio de este reportaje dado a conocer en Deia:


'El Negus’ fue un avión fabricado en Estados Unidos para el emperador de Etiopía que acabó desguazado en un depósito de la Luftwaffe en Francia tras servir al Gobierno de Euzkadi

Aitor Miñambres Amezaga

Aquel día soleado de agosto de 1937, desde cabo Mayor pudo observarse la silueta de un avión civil con apariencia de caza, agrandándose en el horizonte sobre el mar mientras se acercaba. La ofensiva franquista sobre Santander se había iniciado hacía algunas horas y la aviación rebelde se empeñaba en destruir los aeródromos republicanos. Pronto el avión se vio interceptado por aparatos enemigos. Su piloto, con nervios de acero y gran destreza, consiguió aterrizar en La Albericia minutos antes de que las bombas contrarias castigaran duramente el campo. Afortunadamente, los pasajeros encontraron refugio a tiempo. Se trataba del lehendakari Aguirre; su secretario, Pedro Basaldua, y el consejero de Hacienda del Gobierno de Euzkadi, Eliodoro de la Torre, que llegaban de Francia tras arduas gestiones diplomáticas para la evacuación del Ejército Vasco. Del avión, que milagrosamente no sufrió desperfectos, se decía que había sido propiedad del emperador de Etiopía. Así, en palabras del propio Aguirre, “el pueblo lo bautizó con el nombre de El Negus, y como El Negus lo conocimos todos”.

Ras Tafari Makonnen, noble etíope, había accedido al trono en 1928 como negus (rey) consorte y, tras la muerte de su esposa, en 1930 fue coronado emperador de Etiopía con el nombre de Haile Selassie I. Considerado descendiente del rey Salomón y de la reina de Saba, Tafari, como otros monarcas cristianos etíopes, gobernó bajo el símbolo del León de Judá, propio de su dinastía. Paralelamente, en la Italia fascista se excitaba el afán imperialista del dictador Benito Mussolini en el Cuerno de África. Así, en octubre de 1935, el expansionismo italiano se abrió paso en Etiopía sin previa declaración de guerra. El país, con escaso nivel de desarrollo, era sin embargo el único lugar de África no colonizado por potencias europeas y miembro de la Sociedad de Naciones, lo que no impidió que con la pasividad de las democracias occidentales su defensa militar fuera difícil. Las fuerzas armadas etíopes disponían de una aviación escasa y deficiente. Así, el negus encargó a su consejero aeronáutico, el aviador francés René Drouillet, la compra de varios aviones de combate y de uno civil para su uso particular. René adquirió en Estados Unidos un biplano Beechcraft B.17 R para este último cometido. El aparato, de un solo motor, fabricado en la factoría de Wichita (Kansas), tenía capacidad para el piloto y tres pasajeros. Listo para su entrega en febrero de 1936, fue matriculado como NC-15811. Dada la prohibición estadounidense de exportar aeronaves a Etiopía, Drouillet trasladó el avión a Francia, con la esperanza de hallar el modo de burlar el embargo. No obstante, el piloto se encontró en su país con las mismas trabas y el aparato fue precintado. Tras un intento furtivo de volar a Etiopía, con aterrizaje en Roma debido a un fallo técnico, sobrevino el final del conflicto, con la ocupación de Adís Abeba por las tropas italianas y la salida del emperador hacia el exilio en mayo de ese año.

Fortuna para los audaces

Así las cosas, el 4 de noviembre, el avión fue matriculado en Francia como F-APFD. René Drouillet, saldadas sus deudas con la justicia, continuó realizando diversos servicios, tales como repatriar a ciudadanos franceses atrapados en el Madrid sitiado, hasta el verano de 1937. Siguiendo la costumbre de la época, rotuló el fuselaje de su avión con referencias a sus aventuras: el León de Judá, la loba Lupa de Roma y la Cruz de Assouan, entre otras. Tanto en el timón de cola como sobre su ala superior de babor, lucía el trébol de la baraja francesa, el símbolo de la suerte.

Paralelamente, en abril de ese año, se desarrollaba la ofensiva rebelde del general Mola en toda su crudeza sobre territorio vasco. El Gobierno de Euzkadi veía la necesidad de hacerse con aviones civiles para mantener abierta la comunicación hacia el exterior por vía aérea, lo que dio lugar a la creación de la línea Air Pyrénées, con cobertura legal francesa.

Tras la caída de Bilbao, el 19 de junio de 1937, y la pérdida de aparatos, la necesidad de nuevas adquisiciones llevó a la compra de este pequeño avión. Ello se produjo el 3 de julio de 1937, figurando en ese momento Fernand Lefebvre como propietario. El traspaso se hizo a nombre de Auguste Amestoy, en calidad de testaferro de Air Pyrénées, dado que por impedimento del Comité de No Intervención, no podía figurar el Gobierno de Euzkadi, quien declaró más tarde haber pagado 5.000 libras por el aparato, ahora en las manos del experto piloto Georges Lebeau, veterano de la Gran Guerra.

De esta manera y a lo largo de las siguientes semanas, El Negus, ahora rotulado con el escudo del Gobierno vasco, realizó innumerables viajes para las autoridades vascas, principalmente entre Francia y Santander, sobre todo a partir de mediados de agosto de 1937, cuando con la ofensiva franquista el frente cántabro se desmoronó en pocos días. Así, el día 23, Juan de Ajuriaguerra voló desde Biarritz a Santander en El Negus, aterrizando sobre un campo totalmente accidentado a causa de los bombardeos franquistas, pero sin contratiempos, gracias a la profesionalidad de Lebeau y a la naturaleza técnica del avión. De allí se trasladó a Santoña a reclamar, sin éxito, el cumplimiento del pacto tratado con el contingente italiano que, entre otras cosas, debía permitir la evacuación de numerosas personas desarmadas.

Al día siguiente, las horas transcurrían con verdadera angustia en Santander y los franquistas ya anunciaban la inminente caída de la ciudad cercada, donde la propia policía daba muestras de adhesión al enemigo. Así, anteponiendo el deber al enorme peligro, Lebeau aterrizó por última vez en Santander y evacuó al lehendakari Aguirre y a los consejeros Monzón y De la Torre poco después del mediodía, cuando las balas ya silbaban cerca. Una vez más el trébol había conseguido escapar del as de picas.

En las sucesivas horas el infatigable Lebeau consiguió rescatar a más vascos atrapados en Santoña, aterrizando en la playa de Laredo, hasta que el día 26 la presencia italiana lo hizo imposible. Juan Ajuriaguerra escogió quedarse con los gudaris prisioneros y seguir su misma suerte.

Guerra en Europa

Tras la caída de Santander, sucedió la de Asturias y, a la larga, la de todo el territorio republicano, terminando la guerra en 1939. En septiembre de ese mismo año comenzó la Segunda Guerra Mundial, entrando Francia en litigio contra la Alemania nazi. En palabras de Pedro Basaldua, El Negus “fue requisado por las autoridades militares francesas” en los primeros momentos, aunque cabe suponer que si no fue exactamente así, al menos sería reclamado por estas al tratarse de un elemento útil en tiempo de guerra. Con la movilización, Lebeau pasó a realizar servicios “de enlace entre la metrópoli y Siria”, según Basaldua, o de piloto de pruebas a Marruecos, según otras fuentes. El 25 de junio de 1940 Francia era derrotada y firmaba un armisticio que le supondría la ocupación de una gran parte de su territorio por los alemanes, incluida París. Disconforme, Lebeau despegó de Toulouse abandonando el continente y encontró la muerte al llegar al norte de África, durante el aterrizaje.

En esta tesitura, Amestoy escondió el avión en su domicilio de Briscous (Beskoitze, Lapurdi), zona ocupada por los alemanes. Estos, tras un registro, encontraron el aparato y lo incautaron el 15 de febrero de 1942, sin alas ni hélice que le habrían sido desmontadas con anterioridad. Según algunas fuentes, el avión habría sido trasladado a Mérignac (Burdeos) quedando afectado por un bombardeo de la aviación británica. No obstante, la liberación de Francia le sorprendió en Nanterre, almacenado en el parque número 5 de capturas de la Luftwaffe, junto con otros aviones similares en mal estado listos para ser desguazados. Posiblemente este parque se encontrase ubicado en el Museo de la Escuela de Mecánica del Ejército del Aire francés, donde llamó la atención de un periodista vasco en abril de 1945, un mes antes de terminar la guerra en Europa.

Expolios y reembolsos

Llegada la paz a una Europa totalmente destruida, tendrían que pasar unos años para que el Gobierno de Euzkadi se planteara la reclamación pertinente sobre su biplano Beechcraft, el querido Negus. Así, en enero de 1951 Auguste Amestoy solicitó y obtuvo de la Secretaría General de Aviación Civil y Comercial un certificado de propiedad del aparato a su nombre, a fin de “permitirle obtener el reembolso de daños de guerra”.

La oportunidad llegó años más tarde: la ley de 19 de julio de 1957 de la República Federal Alemana, reconocía los derechos a indemnización por los expolios de objetos, bienes y valores efectuados en el territorio francés durante la ocupación y estaban disponibles para ello 150 millones de marcos. Las reclamaciones habían de realizarse antes del 31 de marzo de 1958 (después prorrogado hasta el 30 de diciembre) y se adjuntaban las condiciones para ello. Así, en enero de 1958, Agustín de Alberro, secretario general de Hacienda de la Delegación del Gobierno vasco en París, escribía a Amestoy a propósito de este asunto, de cara a recopilar la documentación necesaria para la solicitud y se interesaba por saber si los alemanes habían hecho entrega de algún recibo al incautar El Negus, pues sí le habían ofrecido a Amestoy la posibilidad de presentar una demanda de indemnización, evaluada el 2 de julio de 1942 en 800.000 francos, cantidad que nunca había cobrado.

Así mismo, el 12 de febrero de 1958, Amestoy obtuvo de la Dirección de Servicios de la Gironde, un certificado de cómo hasta la fecha no se había beneficiado de ninguna indemnización francesa por daños de guerra. Entre tanto el tiempo corría y el 26 de abril se dotaba a la reclamación de 30.000 francos en concepto de provisión exigida, así como los servicios del abogado, doctor en Derecho, Albert Tomasi.

Finalmente, tras seguir los cauces legales, el 29 de diciembre de 1958 Amestoy presentaba su demanda en la Oficina de Restituciones de Berlín. Casi un año después, el 9 de diciembre de 1959, este organismo de la República Federal de Alemania estimaba que: No existe una sustracción por motivos discriminatorios -que es la condición requerida para que se produzca el reembolso-. Se trata más bien de una medida de seguridad condicionada por la guerra, la cual no se contempla en el procedimiento de reembolso. Esto obedece, en particular, a lo que se establece en la fotocopia del documento escrito, enviado por la comandancia de Biarritz el 16.04.1942 al solicitante. En ella se estipula, que el avión permanece confiscado por las fuerzas armadas alemanas durante el tiempo que dure la guerra. Por lo tanto, no se precisa mayor aclaración al respecto.

Recibido el fallo, tanto Amestoy como el Gobierno de Euzkadi renunciaron a presentar recurso contra el mismo. La estela de El Negus se había perdido para siempre en el torbellino de su tiempo.






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viernes, 8 de marzo de 2019

Los 28 de Ryad

Las imágenes de la hambruna en Yemen son demoledoras. Pero nadie mueve un dedo para detener la masacre y las armas siguen fluyendo.

El caso del periodista descuartizado en un consulado turco hizo que muchos se desgarraran las vestiduras para después quedarse callados.

Los seis años de terror por parte de DAESH en Siria, Irak y Kurdistán ya han sido olvidados.

Antes que nada están los negocios y los Saud son socios comerciales de primera línea

Eso es lo único que le interesa a la Europa de las luces y los derechos humanos... y el Todos Somos Charlie.

Les invitamos a leer esto que se denuncia desde las páginas de Naiz:


Los 28 gobiernos de la UE han cedido finalmente a las presiones de Arabia Saudí y de EEUU y han excluido a Ryad de la lista de países con «alto riesgo» de financiación del «terrorismo» y de blanqueo de capitales. La decisión supone un ninguneo y una desautorización sin precedentes de la Comisión de Bruselas, que había propuesto incluir en la lista a la satrapía saudí y a otros países.

Los gobiernos de la Unión Europea han tumbado formalmente este jueves la lista «negra» elaborada por la Comisión de Bruselas de países con «alto riesgo» de financiación del «terrorismo» y blanqueo de capitales, en la que se incluía a Arabia Saudí.

Los Veintiocho arguyen que la lista «no fue establecida con un proceso transparente y sólido que incentive activamente a los países afectados a tomar medidas decisivas, al tiempo que respete el derecho a ser escuchados».

La lista estaba está compuesta por 23 países e incluía los doce países identificados previamente  por el Grupo de Acción Financiera contra el Blanqueo de Capitales (FATF), que son Bahamas, Botswana, Corea del Norte, Etiopía, Ghana, Irán, Pakistán, Sri Lanka, Siria, Trinidad y Tobago, Túnez y Yemen.

La Comisión Europea, con sede en la capital belga, propuso incluir a otros once países: Afganistán, Samoa Americana, Guam, Irak, Libia, Nigeria, Panamá, Puerto Rico, Samoa, Arabia Saudí e Islas Vírgenes Americanas.

Cuando la lista fue presentada públicamente el pasado 13 de febrero, la comisaria de Justicia de la UE, Vera Jourová, reconoció que se trataba de un tema «sensible» entre las capitales, pero mostró su confianza en que los Veintiocho no tumbaran finalmente la lista.

Su publicación despertó las críticas tanto de Ryad como de Washington, por el hecho de que el texto incluya también a Puerto Rico, Samoa Americana y las Islas Vírgenes Americanas. El Departamento del Tesoro de EEUU, en concreto, expresó en un comunicado «dudas importantes» sobre «la sustancia de la lista y el deficiente procedimiento».

Círculos diplomáticos eurocomunitarios confirman presiones por parte de la satrapía saudí a los Estados miembros durante la cumbre con la Liga Árabe que tuvo lugar en Egipto el pasado fin de semana, incluida una carta firmada por el mismísimo rey Salman y entregada a las delegaciones europeas.

Esta decisión, que ha sido adoptada por unanimidad, supone una desautorización en toda regla de la Comisión de Bruselas y obliga al Ejecutivo comunitario a presentar una nueva propuesta.






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sábado, 12 de enero de 2019

Los Rumanos de Majadahonda

Este completísimo reportaje en Público acerca del fascismo rumano se lo vamos a dedicar a todos aquellos tontos útiles que andan diciendo por ahí que el fascismo regresó a las instituciones españolas de la mano de Vox en Andalucía.

Lean ustedes:


El homenaje a dos combatientes rumanos que lucharon en el bando franquista se realiza cada año desde 1970 cuando se erigió un monumento en su honor. Pertenecían a una organización rumana de tintes fascista, ultranacionalista y antisemita. El Ayuntamiento dice que no puede hacer nada para evitarlo, ya que los terrenos son de titularidad privada.

Alejandro Torrús

En la carretera de Majadahonda a Boadilla, justo detrás del cementerio municipal de la primera, y muy cerca del núcleo urbano, hay una pequeña finca que alberga un viejo monumento construido en 1970. Se trata de un Arco del Triunfo, de estética discutible, que recoge el nombre de dos ciudadanos rumanos, Ion Mota y Vasile Marin. Este sábado, de hecho, estas dos personas recibirán un homenaje, que se repite año a año desde, al menos, 1970. La Falange y su líder, Manuel Andrino; el general Blas Piñar y Miguel Menéndez Piñar (hijo y nieto del fundador de Fuerza Nueva) y el presidente de la Fundación Francisco Franco son algunos de los protagonistas anunciados en los dos actos. El primero, se celebrará a las 12.00 junto al Monumento. El segundo, a las 17.00 horas, en el Hotel Majadahona.

¿Pero quiénes son Mota y Marin? ¿Por qué hay un monumento en Majadahonda dedicado a la memoria de dos desconocidos rumanos honrados por el fascismo patrio? ¿De quién es el terreno? ¿No se puede evitar este acto fascista con la Ley de Memoria Histórica? Las preguntas son evidentes. Por partes.

Mota y Marin fueron dos miembros del partido fascista de Rumanía La Guardia de Hierro, también conocido como Legión de San Miguel Arcángel, que llegaron a España a finales de 1936 junto con otros seis miembros del partido. El grupo, formado por ocho miembros, entró a España por Portugal, visitó Salamanca y de ahí viajo a Soria, donde se encontró con el general Moscardó. Así lo cuenta el historiador Javier M. Calvo, miembro del colecto Grupo de Estudios Frente de Madrid:

"Mota, abogado que en aquel entonces contaba 34 años de edad, había sido uno de los fundadores del movimiento fascista en Rumania, destacándose como comprometido militante estudiantil. Dirigente de la Guardia de Hierro y cuñado del propio Codrenau [fundador del partido, del que se hablará más adelante], había intentado sin éxito combatir en Etiopia junto al ejército expedicionario italiano. Ahora veía en España el lugar idóneo donde luchar en defensa de sus ideales. Por su parte, Vasile Marin, también abogado y dirigente de la Guardia de Hierro en la región de Bucarest, a sus 32 años ya había cumplido condena en prisión por su participación en el asesinato del Primer Ministro rumano Ion Duca".

Tras casi un mes en España, estos dos miembros de la Guardia de Hierro se integraron en la 21 Compañía del Tercio de Yagüe y el 19 de diciembre partieron para el frente de Madrid, donde tras varias semanas de combate acabaron en el que se conocía como el Cerro de la Radio en Majadahonda ya que allí estaba el edificio de Radio Argentina. Sin embargo, el 13 de enero de 1937, en plena ofensiva de las Brigadas Internacionales de la II República para recuperar Majadahonda, un obús republicano impactó en el cerro donde se ubica la radio causando heridas mortales a los dos combatientes rumanos. Apenas llevaban tres semanas de batalla a sus espaldas y el grupo había perdido a dos de sus miembros. La aventura, por tanto, había terminado. El general Granicerul, al frente de la expedición, decidió regresar a casa con el resto.

La muerte de estos dos combatientes fue aprovechada por La Guardia de Hierro para organizar grandes faustos propagandísticos. Los cadáveres llegaron a Bucarest tras atravesar prácticamente todo el país. Cientos de personas les acompañaban. La popularidad de La Guardia de Hierro no dejaba de crecer. Pero, ¿quiénes eran? ¿Qué defendían? Lo explica el escritor y periodista Martín Sacristán, autor del artículo Bebiendo esta sangre yo te hago: fascista publicado en Jot Down.

"La Guardia de Hierro fue un movimiento fascista que se parece bastante a cualquiera de los que surgieron en Europa a principios del siglo XX. Aunque se parecía más al nazismo por el toque de religión y misticismo que su fundador, Cornelius Zelea Condreanu, le había dado", explica Sacristán, que destaca que los acólitos del partido "tenían que beber la sangre de las venas de sus compañeros, tal vez porque uno de sus principales líderes había nacido en Transilvania, no muy lejos de la ciudad de origen de Vlad Tepes, héroe nacional en su país, y vampiro inspirador de Drácula en el resto del mundo".

Los inicios de este partido, no obstante, fueron duros. Apenas caló en Bucarest y en los grandes núcleos de población rumanos, por lo que Condreanu decidió probar suerte en la Rumanía rural. "Allí encontró una población rumana aún inculta, muy apegada al pasado cristiano y a las luchas que habían tenido contra la invasión turca y, sobre todo, reflejado en la figura de Vlad Tepes. Con el tema de la sangre, del misticismo, consiguió dar un salto hasta alrededor 20% de los votos", explica Sacristán.

"En su Manual del jefe, el libro de cabecera de los fascistas rumanos, explicaba que las guerras las vencen los líderes capaces de atraer las fuerzas misteriosas del mundo invisible. No es una simple metáfora, explica, porque según él son los espíritus de los antepasados rumanos, los que murieron luchando en defensa de la patria, los que caminan diariamente entre nosotros, ayudando a los nietos y bisnietos. Si el fascista sabe conjurar esas fuerzas, dice, 'lanzarán el pánico y el terror entre los enemigos, paralizarán su actividad'", escribe Sacristán en el citado artículo.

El auge del partido, no obstante, no lo disfrutaría el fundador. Condreanu sería asesinado en la convulsa Rumanía de 1938. Su sucesor sería Horia Sima, que tras varios vericuetos difíciles de resumir en este artículo, acabó condenado como criminal de guerra por su colaboración con la Alemania de Hitler y exiliado en la España franquista. El escritor y periodista Martín Sacristán narra que Blas Piñar, fundador de Fuerza Nueva, le dio un empleo en su editorial e iniciaron una fructífera amistad que dio como resultados que el líder fascista español promoviera el levantamiento del monumento en Majadahonda, donde este sábado 82 años después de la muerte de los dos rumanos, se celebrará un homenaje en su memoria.

"Blas Piñar, con estos homenajes, quería avivar la llama franquista que creía que aún se podía encontrar en los pueblos de alrededor de Madrid", dice Sacristán.

Intentos por eliminar el monumento y para clarificar la propiedad

Desde entonces, 1970, no han faltado los homenajes a estos dos combatientes rumanos. Blas Piñar acudió puntualmente y ahora lo hace su nieto, Miguel Menéndez Piñar, como presidente de la Asociación para la Custodia del Monumento a los Legionarios Rumanos caídos en Majadahonda.

Sin embargo, la polémica acompaña al homenaje y al lugar. La oposición en Majadahonda consiguió en 2015 que se aprobara una moción para eliminar el monumento y acabar, de esta manera, con los homenajes fascistas en cumplimiento de la Ley de Memoria Histórica. Sin embargo, en aquel momento la Asociación para la Custodia del Monumento a los Legionarios Rumanos caídos en Majadahonda, presidida por el nieto de Blas Piñar, anunció que los terrenos eran de su propiedad y que estaban al corriente de pago.

Así lo atestigua también el Ayuntamiento de Majadahonda, que asegura a Público que los terrenos son propiedad privada y que, de hecho, “los propietarios de la parcela y los servicios técnicos municipales están en conversaciones para determinar la mejor forma de vallado, siempre conforme a la normativa vigente”, ya que en la actualidad los terrenos están abiertos, son accesibles a toda la ciudadanía y nada indica que se trate de una propiedad privada. La culpa de que no haya vallas, siempre según un comunicado de la Asociación, es de los "vándalos y talibanes"

Sin embargo, hay algunas dudas sobre cómo han llegado a estas manos. Una información de eldiario.es recoge que estos terrenos pertenecían en 1970 al penúltimo alcalde franquista de la ciudad, Arturo Sanz Millán, que posteriormente sería alto cargo de Aznar hasta que tuvo que dimitir por su implicación en un fraude en gasolineras por el que fue condenado en 2005.

Este medio ha intentado, sin éxito, contactar con la Asociación para la Custodia del Monumento a los Legionarios Rumanos caídos en Majadahonda. Por su parte, Delegación del Gobierno de Madrid afirma que no ha recibido petición para la celebración de ninguna concentración, un trámite necesario en caso de que el terreno fuera público, y que la Guardia Civil, no obstante, está al tanto del homenaje.

Este sábado, por tanto, se celebrará un nuevo homenaje en memoria de Marin y Mota. Dos fascistas rumanos a los que el fascismo patrio no olvida. Dos fascistas rumanos, que pertenecían a una organización antisemita, violenta y ultranacionalista, que cada año son homenajeados a apenas unos kilómetros de Madrid.






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martes, 2 de octubre de 2018

El 'Euskalduna Aita'

Directo de las páginas de La Vanguardia hasta la etiqueta Kurlansky Arzalluz nos llega ese apunte biográfico de Antonine d'Abbadie, vasco-irlandés coautor del Zazpiak Bat:


De Etiopía a la costa de Hendaya, la travesía de un joven irlandés que marcó la historia del pueblo etíope y vasco

Pepe Verdú

Durante 11 años, entre 1838 y 1848, Antoine d’Abbadie recorrió Abisinia, la actual Etiopía, donde cartografió 250.000 kilómetros cuadrados de territorio. Lo hizo con pocos medios, con una pasmosa precisión y con la única ayuda de su hermano Arnaud. Juntos reunieron cuantiosa información sobre un país entonces apenas conocido en Europa. Antoine también recopiló 40.000 palabras aprendidas de 30 lenguas locales. Suyos fueron un colosal diccionario de amhárico con 15.000 términos y la primera Geografía de Etiopía.

Antoine Thompson d’Abbadie había nacido en Dublín en 1810. Su padre era vasco, de Zuberoa; su madre, irlandesa. La familia se trasladó a Francia cuando Antoine tiene diez años. Después de aprobar los estudios secundarios, en París compatibiliza la carrera de Derecho con enseñanzas dispares: lenguas antiguas y modernas —acabará hablando 14 con fluidez—, astronomía, física, ofidiología (estudio de las serpientes), geología, mineralogía... Un anhelo lo impulsa: quiere explorar el interior de África.

Disciplinado y metódico, un poco obstinado, d’Abbadie consagra seis años a adquirir conocimientos para esa vivencia. También se prepara físicamente: corre y nada largas distancias, perfecciona su esgrima, practica gimnasia... Está decidido a convertirse en un explorador capaz de afrontar cualquier contingencia. Incluso adiestra su aparato digestivo, acostumbrándolo a una dieta a base de huevos, legumbres y leche, sin carne. Y empieza a construir sus propios instrumentos de medición.

Un destino gana terreno en su ánimo: Abisinia, donde se dice que hay reinos poderosos, palacios, iglesias y jardines, libros antiquísimos, eruditos protegidos por la nobleza, y una cultura floreciente a orillas del lago Tana, allí donde las creencias cristianas florecen desde el siglo IV sin la presencia proselitista de misioneros.

Antes de acudir, d’Abbadie recorre Bretaña, Inglaterra, Irlanda... En 1836 viaja a Brasil al frente de una misión de la Academia de Ciencias de Francia. Allí estudia el magnetismo terrestre, contrasta las teorías de Alexander von Humboldt, Carl Friedrich Gauss y Louis Joseph Gay-Lussac. La travesía la hace a bordo de la fragata Andrómeda, donde entabla amistad con otro pasajero: el príncipe Luis Napoleón. Para vencer el tedio de alta mar, Abbadie coquetea con la adivinación y anticipa que Luis Napoleón gobernará Francia. Lo hará, será Napoleón III.

A finales de 1837, d’Abbadie y su hermano pequeño Arnaud emprenden por fin su gran viaje hacia Etiopía, donde permanecerán 11 años. Antoine tiene 26 cuando parten de El Cairo; Arnaud, solo 21. Atraviesan Egipto y el mar Rojo, y en febrero de 1838 desembarcan en Massawa (actual Eritrea), habitual punto de partida de las caravanas hacia el interior del territorio. Tardarán dos meses en emprender esa ruta, permanecen bloqueados en la franja litoral, un yermo infernal donde los grandes felinos y los feroces salteadores campan a sus anchas. El motivo es la tozuda negativa de Antoine a hacerse pasar por mercaderes para obtener los necesarios permisos. “¡Somos viajeros!”, clama.

Finalmente reemprenden la marcha hacia el corazón del país, hacia el altiplano, una llanura elevada, fracturada por multitud de barrancos tallados por ríos caudalosos. Cada vez que encuentran uno de esos profundos precipicios, deben bajar hasta la orilla fluvial, cruzar el agua sorteando los cocodrilos, y ascender de nuevo por la otra vertiente. La Etiopía de la época tenía un único puente, cercano a Gondar, ciudad a la que llegan el 28 de mayo de 1838.

En torno al lago Tana, d’Abbadie encuentra la civilización etíope que soñaba. Gondar es su joya, la residencia de los emperadores, la capital religiosa e intelectual del país. Una ciudad majestuosa que entonces tenía 17 templos cristianos y 8.000 habitantes. También comprueba que aquella es un sociedad frágil, cuya defensa se basa en los acantilados y los desiertos ensalobres más que en su propio vigor. El reino carece de un poder central que lo cohesione, se desangra en intrigas y conspiraciones, en continuas guerras civiles, y la población está sometida a dependencias feudales.

D’Abbadie se entrega a sus cálculos y sus mediciones, pero pronto percibe que no son exactos. La abundancia de mineral de hierro altera las brújulas, distorsiona sus estimaciones. No hay solución, necesita un teodolito. Ni corto ni perezoso regresa a Francia en su busca. Aprovechará el viaje para proveerse, además, de un sextante, un hipsómetro, un cronómetro...

En febrero de 1840 desembarca de nuevo en Massawa. Arnaud lo espera. Este ha aprovechado el tiempo: adquirió influencia en la Corte guerreando en el país de los oromos, y ha visitado las fuentes del Nilo Azul. Es el tercer europeo que lo hace, solo lo precedieron el jesuita Pedro Páez en 1630 y el escocés James Bruce en 1770.

Los dos hermanos se encaminan a Gondar, pero los planes se tuercen. Antoine es herido en un ojo por una esquirla de bala desprendida de su propia carabina; queda temporalmente ciego. Además, varios caudillos locales les vetan el paso por sus tierras. Aunque disminuido en la visión, Antoine se niega a abandonar. Finalmente llegan a Gondar después de muchos rodeos y aun más peripecias.

Arnaud reactiva sus contactos, participa en batallas enrolado en los ejércitos del emperador. En agradecimiento a sus servicios recibe la dignidad de “general” y de juez. Se le encomiendan gestiones diplomáticas en lugares alejados. Su hermano aprovecha la circunstancia, viajan juntos. Antoine asume el papel de ‘mamhir’, de sabio errante. Ambos adoptan el turbante y las ropas tradicionales del país, caminan descalzos; en la Etiopía de la época solo se calzan los leprosos y los judíos. Son bien acogidos en todas partes.

Antonie se niega a abandonar el viaje incluso ciego

Un anhelo cala poco a poco en ambos hermanos: la identificación de las fuentes del Nilo Blanco. Los indígenas les aseguran que el río Omo es, en realidad, el curso superior del Gran Nilo. Deciden investigarlo. Arnaud usa su influencia para entrar en el territorio Inarya, donde los recibe su rey, Abba Boggibo, un soldado de fortuna que se ha apoderado del trono. Antoine juega a hacer magia recreativa para ganarse el favor del soberano. Es un error: el reyezuelo queda tan fascinado que lo retiene, lo quiere para sí. La fama del “hechicero blanco” se expande, aporta prestigio a un Abba Boggibo orgulloso de su “propiedad”. Incluso envía a d’Abbadie a realizar gestiones diplomáticas: concertará su boda con la hermana del rey de Kaffa, será su duodécima esposa.

Arnaud usa su influencia militar, amenaza a Abba Boggibo con la interceptación de todas las caravanas que circulen hacia Inarya si no libera al cautivo. Sería la ruina para su reino. A regañadientes, el caprichoso monarca permite que Antoine regrese a Gondar.

Allí, Antoine es admitido en el cuerpo de eruditos de la Corte, intercambia ideas con ellos. Estudia manuscritos, discute versiones religiosas... Constata que los textos sagrados se han copiado a mano en dialectos distintos, y que esas traslaciones introducen pequeños cambios que pasan a ser dogmas. Cada estudioso defiende sus propias verdades, las que ha aprendido de la versión en su dialecto, aunque contradigan las demás. Las discusiones son feroces, encarnizadas, sin que ninguna autoridad superior las arbitre.

Sus trabajos no serán superados hasta la irrupción de la tecnología contemporánea

D’Abbadie no descuida sus mediciones geográficas. Reúne 850 posiciones de lugares con la ayuda del teodolito. Elabora mapas, perfiles de montañas, cartografía... Sus trabajos no serán superados hasta la irrupción de la tecnología contemporánea. Son el fruto de años de caminatas por el país. Como la que lo lleva a la cumbre del monte Buahit (o Bwahit), un fabuloso observatorio en la cordillera de Simien. Surge un problema: los extranjeros tienen prohibida la ascensión a las montañas de Etiopía. Los gobernantes locales temen que potencias extranjeras utilicen esas observaciones —de hecho, Italia usará los mapas de d’Abbadie para invadir Etiopía décadas después, en 1895—.

D’Abbadie es vigilado. Sus sirvientes se niegan a acompañarlo. Solo uno permanece fiel, aunque un poco alicaído: entona cantos fúnebres mientras trepa. Cuando alcanzan la cumbre..., todo está nublado, no ven nada. Nada de nada. ¡Qué jugarreta! Hace un frío atroz, la nieve les llega hasta las rodillas en pleno mes de mayo, y los dos montañeros van descalzos. Con la ayuda de un hipsómetro, d’Abbadie calcula la altitud de la cima por la temperatura a la que el agua hierve: 4.600 metros. Hoy sabemos que son 4.453 metros, los satélites y los modernos sistemas de medición lo indican. Los dos montañeros tienen que emprender la retirada, es cuestión de vida o muerte.

A finales de ese mismo año, 1848, los hermanos d’Abbadie abandonan Etiopía. No llevan las manos vacías. Han cartografiado un territorio inmenso. Y han hecho realidad su sueño.

De vuelta a casa, la Société de Géographie concede a Antoine y Arnaud su Gran Medalla de Oro, y son nombrados Caballeros de la Legión de Honor por sus “servicios al comercio y a la Geografía”. Lamentablemente, ambos cometerán un error: empecinarse en que el río Omo es la fuente del Nilo Blanco, del Gran Nilo. Los británicos John Hanning Speke y Richard Francis Burton demostrarán que nace en el lago Victoria. Antoine no asimila el traspié. Despotrica. Niega la evidencia. Se aferra a una hipótesis equivocada. Sus críticas a los sistemas adoptados para señalar las fuentes y las longitudes de los ríos no embellecen su imagen fuera de Francia.

Antoine d’Abbadie sigue viajando, pero con una motivación ya solo astronómica: en 1851 presencia un eclipse total en Noruega; en 1860, otro en Briviesca (Burgos); en 1867 ve un eclipse parcial en Argelia. Y en 1882, con 72 años, viaja a Haití para ver el paso de Venus delante del Sol. Pero, de manera inevitable, se vuelve un erudito cada vez más sedentario.

Además, otros proyectos inflaman su ánimo y llenan su tiempo.

El primero es la defensa de la identidad vasca, que recupera a su regreso de Etiopía. D’Abbadie publica estudios sobre el euskera, y patrocina todo tipo de concursos y certámenes tendentes a preservar las tradiciones y la lengua vascas: danzas, versos, juegos rurales... Incluso es codivulgador de la expresión Zazpiak Bat (“Las siete, una”), que alude a la unión política de los siete territorios con cultura vasca en ambas vertientes de los Pirineos: Álava, Guipuzkoa, Bizkaia, Navarra, Baja Navarra, Labort y Sola. Muchos lo señalan como ‘Euskalduna Aita’ (“Padre de los vascos”).

Su segundo reto es la construcción de un refugio donde guarecerse del mundo. Ya cincuentón, d’Abbadie sueña con una fortaleza a su medida en el País Vasco, una mansión-baluarte que tenga una gran biblioteca y un observatorio donde investigar el funcionamiento del universo. Con ese fin, compra unos terrenos en la costa de Hendaya y encarga al arquitecto Eugène-Emmanuel Viollet-le-Duc la creación de un castillo neogótico.

D’Abbadie lo enriquecerá con pinceladas africanas, como cocodrilos, elefantes y serpientes de piedra, y con un torrente de recuerdos procedentes de todos sus viajes. Napoleón III, antiguo compinche de travesía oceánica, se compromete a poner la última piedra del edificio, pero nunca encontrará el momento. De hecho, esa última piedra sigue sin poner, el castillo permanece “inacabado”, aunque lleno de frases en irlandés, latín, árabe, dialectos etiópicos, alemán, vasco, inglés... Transmiten el pensamiento y las dudas de Antoine d’Abbadie, un tipo singular que fue, a la vez, explorador, cartógrafo y padre de los vascos.






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sábado, 30 de diciembre de 2017

Chatarra de Alto Valor Histórico

En Deia se ha publicado este reportaje que, utilizando como hilo conductor un curioso hallazgo realizado en Bilbo hace unos días, nos detalla la evolución de la aviación como letal arma de exterminio.

Lean ustedes:
 

El reciente hallazgo en una casa de Bilbao de una bomba de la Guerra Civil sirve al autor para realizar un relato sobre el nacimiento y evolución de la guerra desde el aire

José María Tápiz

De todos es sabido que las guerras generan mucha chatarra. Chatarra a veces inofensiva pero en otras letal, como pueden ser bombas sin estallar. Sólo hace poco más de dos meses que en Alemania se ha producido el mayor desalojo de una zona habitada en dicho país desde el final de la Segunda Guerra Mundial. La causa: la aparición durante unas obras de una bomba aliada de casi dos toneladas lanzada sobre la ciudad de Fráncfort durante la citada guerra. La enorme peligrosidad de la bomba hizo que se desalojara a 60.000 personas mientras duraba la desactivación de la misma. Y en zonas de conflictos tanto recientes como antiguos es frecuente que se encuentren restos de este tipo. Y de cuando en cuando salen en la prensa noticias al respecto.

Hace pocas semanas, sin ir más lejos, salió una noticia en las redes sociales que pasó casi desapercibida, sobre la aparición en una casa de Bilbao de uno de estos macabros recuerdos. En este caso se trataba de una bomba del modelo B1E incendiaria de un kilo alemana, desarrollada en los años treinta y probada para su perfeccionamiento en la Guerra Civil española. Fue uno de los modelos que los alemanes lanzaron, entre otras localidades, sobre Gernika. Estos primeros prototipos eran aún, sin embargo, poco fiables, pues en muchas ocasiones no llegaban a detonar, aunque si se lanzaban en racimo -como era lo habitual- explotaban por simpatía, al caer varias sobre una misma zona. En modelos posteriores se solventó esa carencia, siendo utilizadas con profusión durante la Segunda Guerra Mundial, especialmente en los duros bombardeos de Londres durante la Batalla de Inglaterra, en 1940.

A estas alturas, seguramente muchas personas se hagan la misma pregunta: ¿por qué aparecen tantas bombas sobre poblaciones y ciudades indefensas? ¿Por qué se ataca a la población civil, cuando precisamente son ellos los más débiles en un conflicto armado, al no tener capacidad de defenderse? ¿Qué se gana con dicha estrategia?

Los bombardeos sobre la población civil se encuadraban en un nuevo modelo de guerra que se estaba desarrollando en el mundo en los años treinta del pasado siglo. La precedente Primera Guerra Mundial -conocida entonces como la Gran Guerra- había desvelado el enorme potencial que poseía la aviación. No en vano, a principios de esta los aviadores no eran más que simples exploradores aéreos, destinados a vigilar desde el aire las evoluciones de las tropas enemigas.

Con el desarrollo de la tecnología aérea, a los aparatos se les dotó de armamento y, posteriormente, de capacidad de bombardeo. Al final de la Gran Guerra todos los contendientes habían desarrollado numerosos modelos de naves aéreas, principalmente cazas y bombarderos. De esta manera, para 1918 todos los estados mayores reconocían, en mayor o menor medida, los efectos que podía causar una fuerza aérea eficaz y numerosa.

Ejércitos del aire

Así, los gobiernos que con mayor claridad vieron las posibilidades de esta nueva herramienta de destrucción se aplicaron a desarrollar nuevos prototipos de aviones. Países como Estados Unidos, Gran Bretaña, Alemania o Italia fueron, paso a paso, desarrollando un ejército del aire capaz de cambiar en un determinado momento el curso de una guerra, como de hecho terminaría sucediendo.

Pero en una Europa en paz en los años veinte, ese esquema de guerra aérea no podía comprobarse sobre el terreno. Hubo que esperar a la siguiente década -los convulsos 30- para ratificar sobre el campo de batalla lo que los estados mayores profetizaban.

Y ese momento llegó desgraciadamente, en primer lugar en la llamada Guerra de Abisinia, que era el nombre de Etiopía entonces. Dicho país era independiente políticamente pero débil militarmente, y había puesto sus esperanzas de mantener su soberanía en la mediación internacional a través de la Sociedad de Naciones, de la que era miembro, y que era el precedente de la actual Organización de Naciones Unida (ONU). Pero la Italia fascista de Mussolini quería ampliar sus colonias en África y puso su mirada sobre Etiopía. No era la primera vez que Italia intentaba invadir Abisinia. La primera vez fue a finales del siglo XIX, pero la entonces joven república italiana fue estrepitosamente derrotada por las fuerzas nativas etíopes en la batalla de Adowa en 1896. Este fracaso alejó a los italianos de Etiopía durante más de treinta años.

Mussolini, al volver a poner en el punto de mira a Etiopía, se aseguró de no volver a repetir los errores de los italianos de décadas antes. Y para ello se apoyó especialmente en la nueva arma arriba citada: la aviación. Y en dos elementos que dicha aviación podía transportar, que eran las bombas de detonación y las armas químicas. De hecho, fue la primera guerra en la que se pudo comprobar sobre el terreno la potencialidad de los bombardeos: los soldados etíopes, mandados por oficiales mercenarios en muchos casos y carentes de armas antiaéreas, poco pudieron hacer contra el bombardeo sistemático de sus posiciones durante la breve guerra -de octubre de 1935 a mayo de 1936- que mantuvieron contra una fuerza italiana bien equipada, tanto desde tierra como desde el aire. Y a ello hubo que añadir el ensayo -luego explotado por la Alemania nazi- de bombardeos sobre la población civil, con el objetivo de quebrar la moral de los soldados que combatían en el frente, que veían que sus esfuerzos en tierra por contener al enemigo no servían para proteger ni a sus familias ni a sus ciudades.

‘Bombardeo de terror’

Nace así el concepto de bombardeo de terror, que tanta importancia tuvo luego en la Guerra Civil española y durante la Segunda Guerra Mundial. Un nuevo concepto de guerra psicológica que trazaron los alemanes en Durango y especialmente Gernika y que acabó siendo perfeccionadopor los aliados, ocho años más tarde, en Hiroshima y Nagasaki.

Efectivamente, apenas acabada la Guerra de Abisinia comenzaba la Guerra Civil española. Y los efectos de la aviación se hicieron notar de inmediato: por una parte Franco consiguió trasladar a la península, con aparatos alemanes e italianos, gran parte del ejército de África en pocas semanas, ante la impotencia de los buques de la República estacionados en el Estrecho de Gibraltar que trataban de impedirlo. En una fecha tan temprana como el 22 de julio de 1936 se produce el bombardeo de Otxandio, en Bizkaia, que dejó más de medio centenar de muertos, la mayoría civiles. Este fue el preludio de otros muchos ataques en diferentes zonas de Euskadi. De hecho, la Campaña del Norte, como se definió entonces, tuvo un puntal importantísimo en la intervención aérea tanto en el frente como en la retaguardia vasca: para entonces las tropas de Mola contaban ya con la ayuda de la Legión Cóndor alemana y de la aviación italiana de Mussolini. Los bombardeos sobre poblaciones civiles cercanas o alejadas de frente comenzaron a ser frecuentes.

En algunos casos las incursiones aéreas eran imprevistas, como las de Durango o Gernika, sorprendiendo a la población en días de plena actividad económica o de feria, como ocurrió en ambas localidades. Pero en otros casos la agonía era mayor, puesto que los bombardeos se repetían una y otra vez, con la tensión y exasperación que eso conllevaba.

Así ocurrió en ciudades como Barcelona, Madrid, o entre nosotros, Bilbao. La villa no había sufrido ninguna agresión bélica desde la Segunda Guerra Carlista de 1872-1876, en la que fue sitiada y bombardeada durante febrero y mayo de 1874. Y se había perdido la memoria de aquellos bombardeos terrestres. En 1937 la situación era ya muy diferente. Los primeros ataques aéreos sobre Bilbao habían comenzado en septiembre del año anterior y se fueron incrementando a medida que avanzaba la guerra. Los efectos sobre los habitantes de la ciudad eran muy profundos. A la situación de racionamiento imperante había que sumar la obligación de refugiarse de los bombardeos cada vez que había una alarma antiaérea. En algunos casos eran simples incursiones de reconocimiento -en Bilbao a dichos aviones franquistas que sobrevolaban la ciudad para reconocer el terreno se les llamaba los alcahuetes-, pero otras veces eran ataques en toda regla. La espera, tanto en un caso como en otro, podía llegar a ser interminable.

Los bombarderos eran lentos, iban en formación -por lo que hacían un ruido considerable- y tardaban mucho tiempo en recorrer el espacio a atacar. Los refugiados podían oír los motores de los aviones acercarse más y más y también cómo las bombas caían cada vez más cerca. Al salir la angustia era comprobar si la casa en la que vivían había sido alcanzada o no. O si ese familiar del que no tenían noticias -un hijo que no llega a tiempo al refugio designado, un hermano en un refugio menos seguro- había sobrevivido o no al bombardeo. La tensión acumulada estalló de forma violenta el 4 de enero de 1937 cuando, tras un bombardeo especialmente virulento de la aviación franquista, fueron asaltadas las prisiones de Larrinaga, El Carmelo, Casa Galera y los Ángeles Custodios, dejando un balance de más de 200 presos derechistas muertos.

Los ataques aéreos sobre Bilbao no cesaron hasta la toma de la ciudad, el 19 de junio de 1937, dejando numerosas víctimas entre mutilados y fallecidos, además de múltiples artefactos sin estallar que fueron apareciendo con los años.

En el caso que abría este artículo, sin embargo, la historia tuvo un final feliz, puesto que la bomba cayó sin detonar en un momento indeterminado sobre Bilbao entre septiembre de 1936 y posiblemente, febrero de 1937. Pudo ser incluso uno de los artefactos lanzados por los alemanes en el tristemente célebre bombardeo del 4 de enero de este último año, citado arriba.

La casa de la bomba

La casa alcanzada fue el bloque de viviendas de la plaza de San Francisco Javier, en el bilbaino barrio de Indautxu, concretamente el tejado del portal número 3 de dicho inmueble. Este edificio era, en aquel entonces, uno de los más sólidos de la zona -urbanizada en aquella época con muchos chalés y casas bajas- y había sido construido tan sólo un par de años antes, concretamente entre 1934 y 1935, momento en el que comenzó a funcionar como edificio de pisos de alquiler de la empresa Larrea S. L. Esta compañía había sido creada por dos señoras mayores, hermanas y solteras, cuya familia había hecho fortuna en México años antes. Una vez regresaron a Euskadi, decidieron invertir su capital en el negocio inmobiliario, encargando a la constructora Prudencio, José y Compañía la construcción del inmueble. Las obras costaron un millón de pesetas de aquel entonces y como curiosidad, en uno de los pisos de dicho inmueble vivía el destacado dirigente de Acción Nacionalista Vasca Anacleto Ortueta. El edificio, de hormigón armado, fue considerado por los peritos del Ayuntamiento de Bilbao como seguro en caso de bombardeos y fue declarado refugio antiaéreo, sirviendo como tal durante las cada vez más numerosas incursiones de la aviación del bando sublevado. Durante uno de ellos fue cuando cayó la bomba sobre el tejado de la casa, sin llegar a explotar por los defectos en el sistema de detonación antes comentados. La presencia de la bomba en el tejado se descubrió cuando uno de los vecinos de la séptima planta se percató de que tenía humedades en el techo de su vivienda y le comentó a uno de los constructores de la misma, José Tápiz, que precisamente vivía en la misma vecindad, lo que le pasaba. José subió al tejado y se encontró el artefacto incrustado en la techumbre del inmueble. Una vez avisados los artificieros y desactivada la bomba, José Tápiz se quedó con la misma como recuerdo.

Esta bomba, guardada en la casa durante ochenta años en un armario, apareció hace unas semanas durante una limpieza que su nieto José María Tápiz -autor de este artículo- realizaba en la casa con motivo de unas obras. Cuando la vio, José María -que estudió la carrera de Historia- se puso en contacto con la Fundación Sabino Arana con intención de donarla. Y así dicha bomba ha pasado a formar parte del museo de la Fundación con la intención de que no se nos olviden estos pasajes de nuestra historia reciente.






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jueves, 21 de abril de 2016

Euskal Herria y la Europa Humanitaria

Desde Gara traemos a ustedes este excelente reportaje acerca de algunas las iniciativas desarrolladas desde Euskal Herria en apoyo a los refugiados que huyen de los cruentos conflictos desencadenados por Occidente en Medio Oriente y África:


Europa vive desde hace demasiados meses la peor crisis migratoria desde la II Guerra Mundial, a la que es incapaz de dar respuesta. Los europeos ven cómo miles de personas arriesgan o pierden sus vidas huyendo de guerras y miseria, mientras los gobiernos levantan vallas y sellan fronteras para cortarles el paso. Las dramáticas imágenes que llegan a diario han removido conciencias y activado la solidaridad ciudadana, también vasca, con multitud de iniciativas.

Mirari Isasi

Una vez más, la Unión Europea no ha estado a la altura de sus ciudadanos, que se han movilizado no solo para exigir al bloque que asuma su responsabilidad en esta crisis migratoria y no dé la espalda a quienes buscan protección después de haber logrado dejar atrás conflictos bélicos o situaciones de miseria, con medidas insuficientes y regateando en materia de cuotas, sino también para intentar suplir la incapacidad de las instituciones comunitarias, estatales o locales, en cuanto a intentar cubrir sus necesidades más básicas con lo poco que puedan aportarles. A Europa se le olvida que no es el principal destino de las personas refugiadas, como recuerda la Coordinadora de ONG de Euskadi, ya que el 86% es acogido en países más empobrecidos, como Turquía, Pakistán, Líbano, Irán, Etiopía y Jordania.

La fotografía del niño kurdo Aylan Kurdi, arrojado por la mar a una playa turca, marcó un antes y un después en muchas conciencias, pero solo sirvió para movilizar a la ciudadanía, que sigue organizándose para dar una respuesta solidaria sin dejar de exigir compromisos claros a los gobiernos.

Lo dijo Antonio Guterres, responsable de Acnur: «Europa tiene una clara responsabilidad de ayudar a quienes buscan protección. Negarlo es amenazar los pilares sobre los que se construyó el sistema humanitario europeo». A Europa parece habérsele olvidado; a sus ciudadanos, no.

Quizá la experiencia de años en la recogida de material para mandar ayuda humanitaria a los campamentos de refugiados saharauis ha facilitado la puesta en marcha ahora de nuevas iniciativas en Euskal Herria.

Comida no perecedera, ropa, zapatos, portabebés, material higiénico… son algunos de los productos que, al margen de otras iniciativas, se han recogido o se están recogiendo en numerosas localidades vascas y con los que se han llenado contenedores que ya han viajado a Siria o a los campamentos de refugiados de Idomeni y de las islas griegas. Con esta ayuda que gestionan organizaciones sin ánimo de lucro, asociaciones vecinales, plataformas creadas con ese fin –como Hotz en varias localidades de Gipuzkoa–, o ciudadanos anónimos se pretende facilitar un poco la vida a los miles de exiliados varados en Grecia. A ellos se ha sumado la colaboración desinteresada de establecimientos, cadenas de alimentación, empresas de transporte... e incluso la Autoridad Portuaria de Bilbao, que está facilitado esta ardua tarea.

Sin embargo, sigue siendo insuficiente, y la marea humanitaria se expande por Euskal Herria, superando las expectativas y las iniciativas solidarias se multiplican.

Recogida de material

El 8 de abril, dos contenedores llenos de comida, artículos de higiene, mantas y ropa salieron de Portugalete con destino al puerto de Tesalónica, y un centenar de cajas que se quedaron en tierra por falta da espacio integrarán un segundo envío. La idea la plantearon dos miembros de la asociación de vecinos del Casco Viejo al término de una reunión, y la respuesta fue abrumadora. Ver a diario la dramática situación de los refugiados y el injusto trato que reciben les llevó a poner en marcha la recogida de material en el antiguo mercado de abastos –cerrado hace seis años–, explica Iñaki de la Cruz.

Pero sus promotores pretenden dar continuidad a esta iniciativa con unas jornadas de sensibilización para acercar a los portugalujos la dura realidad de las personas refugiadas y el origen de los conflictos de los que huyen. Entre las muchas ideas, contemplan realizar una marcha desde Portugalete hasta el puerto de Santurtzi, desde donde en mayo de 1937 zarpó el buque "Habana" con niños refugiados que huían de la Guerra del 36. «Se nos olvida –dice De la Cruz– que algunos estamos aquí gracias a los que salieron».

Estos días, desde Galdakao se han mandado unas 28 toneladas de ropa y comida recogidas por la Asociación del Voluntariado al campamento griego de Idomeni, donde se hacinan miles de personas. La idea surgió de dos amigos que a principios de mes viajaron hasta allí con los primeros 4.000 kilos de comida, productos de higiene y ropa donados desde distintos puntos de Bizkaia.

Esta semana, además, se enviará otro contenedor con carpas, utensilios de cocina, carritos de bebé... «La gente se ha volcado», aseguran desde la asociación, que ha pedido la participación de personas con conocimientos sanitarios dispuestas a desplazarse a Grecia y aportaciones económicas ya que piensan que lo mejor es recaudar dinero y comprar allí lo necesario.

La recopilación de ropa y material de primera necesidad ha sido una constante también en Gipuzkoa, donde han destacado las recogidas de portabebés en Donostia y de botas de goma o calzado deportivo y resistente desde centros culturales, ikastolas o clubes de jubilados de localidades como Donosti a, Zarautz o Errenteria o el envío de «mochilas solidarias» con productos bá sicos por los alumnos de la María Reina Es ko l a de la capital donostiarra a los menores sirios ingresad os en el hospital de campaña materno-infantil de Idomeni.

La recogida de portabebés fue idea de dos madres donostiarras pero la iniciativa se extendió en pocos días a una treintena de localidades del Estado español –21 de Euskal Herria– con casi un centenar de puntos de recogida. Los primeros 2.000 portabebés –la campaña sigue– serán enviados a la Asociación de Apoyo al Pueblo Sirio, que los transportará a Siria y a los campos de refugiados.

La marea solidaria ha salpicado también Nafarroa, donde el valle de Egues decidió en el pleno destinar 20.256 euros –uno por habitante– a aliviar, a través de la ONG Refugee Care, la situación que se vive en Idomeni, «la mayor favela de Europa».

Nafarroa besoak zabalik-Navarra abre los brazos se puso manos a la obra y organizó una venta solidaria de aceite para sufragar una embarcación mejor dotada para Proactiva Open Arms, que desarrolla operaciones de rescate en las costas de Lesbos. Al cabo de unos fines de semana de ventas, consiguieron los cerca de 50.000 euros necesarios. Esta ONG ha logrado rescatar a cerca de 10.000 personas en Lesbos –adonde a diario llegan una media de 20 botes con 50 personas en cada embarcación– y Chíos.

Araba no se ha quedado atrás y está realizando campañas de concienciación y jornadas de sensibilización repletas de actos.

Voluntarios sobre el terreno

En Gipuzkoa también ha destacado la iniciativa Zaporeak/Sabores Solidarios, promovida por Intxaurrondoko Gastronomia Elkartea, que trabaja con voluntarios en la isla griega de Quíos alimentando diariamente a una media de 1.000 personas en el campamento de Souda, entre refugiados y voluntarios de ONG (socorristas, médicos, sicólogos), para que ellos puedan dedicarse en exclusiva a salvar vidas. Zaporeak, que recuerda que se necesita arroz, pasta, legumbres, pastillas de caldo vegetal, aceite, leche, leche infantil, galletas, cacao y bacalao salado, ha recogido alimentos en centros comerciales de Oiartzun, Donostia e Irun. Entre las actividades para recaudar fondos para Zaporeak, una treintena de sociedades gastronómicas donostiarras organizaron comidas solidarias y hace una semana se llevó a cabo un «gastropote».

Además de la recogida de material, ONG vascas y particulares han llevado a cabo, y siguen haciéndolo, intervenciones con las personas refugiadas en sus países de origen, en tránsito o en situaciones de acogida. Es el caso de Iñaki Iraola y Koro Gabiola, de Elgoibar, que aprovecharon sus vacaciones navideñas para desplazarse a Skala Sikamineas, en Lesbos, y ayudar en el campamento a los refugiados que eran llevados nada más llegar a tierra. Un trabajo, el de los voluntarios, que se sufraga con donaciones que llegan desde todas partes del mundo para cubrir unas necesidades que se satisfacen comprando allí lo necesario, por lo que Iraola y Gabiola abogan porque en vez de enviar material, se realicen donaciones a alguien que está allí, para que se compre lo necesario y el dinero quede allí.

En Getaria, nació Salvamento Marítimo Humanitario de la mano de personas con años de experiencia en salvamento marítimo, rescate y asistencia sanitaria dispuestas a llevar sus conocimientos hasta el mar Egeo. Hasta Quíos han viajado ya 40, aunque con el cierre de las fronteras tienen más trabajo en tierra, donde imparten formación.

Aunque la mayoría de iniciativas ciudadanas vascas tienen a los refugiados que llegan a Grecia como destinatarios, tampoco se olvidan de la «jungla» de Calais. La Asociación Humanitaria Navarra en Acción enviará a final de mes un camión con mil cajas con ropa, mantas, sacos de dormir y productos de primera necesidad a Calais, adonde acudirán por segunda vez 14 miembros de la asociación, que visitarán igualmente el campamento de Dunkerque. También en Lautada, en Araba, lo que empezó con un mensaje de whatsapp en cadena reenviado por Hotz Elgoibar pidiendo ropa y sacos de dormir para Lesbos, terminó siendo un aluvión de solidaridad que confluyó desde Dulantzi, Araia, Olazti, Zanbrana o Gasteiz en Agurain, con destino a Calais.

En Ipar Euskal Herria se han multiplicado las movilizaciones y la solidaridad se ha centrado más en la acogida. En Hendaia, nada más conocerse que el Ayuntamiento iba a acoger a refugiados procedentes de Grecia, los vecinos se constituyeron en asociación para acompañarles en los trámites en la suprefectura, ofrecerles clases de francés…

En noviembre, Baigorri acogió a un grupo de jóvenes de Calais procedentes de África y Asia, a los que algunos miraban con cierta preocupación a su llegada, solo tres días después del 13-N. Los vecinos desplegaron una auténtica red de apoyo durante tres meses. Tenían experiencia, habían acogido durante un año a 180 bosnios en tiempos de la guerra de los Balcanes, 23 años atrás.

Hace una semana, en Angelu se presentó Etorkinekin, que agrupa a 14 organizaciones y 50 particulares que, ante la «actitud vergonzosa» de las instituciones europeas, además de sensibilizar a la opinión pública, pretenden impulsar la captación de fondos para poder sacar adelante tres proyectos concretos: llevar a cenar a refugiados a casa, establecer una red de apoyo a los niños escolarizados y constituir otra red para asegurar la canalización de las aportaciones de comida y ropa.

La secretaria general de la Comisión Española de Ayuda al Refugiado (CEAR), Estrella Galán, advierte, no obstante, que «la lógica humanitaria del sufrimiento y la emoción no debe sustituir a la lógica de la justicia y los derechos. El hecho de que la gente dé un paso adelante debería avergonzar a los estados que están pasivos ante la situación. Pero hay que tener en cuenta que los refugiados tienen derechos. Es un derecho el poder pedir asilo».






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miércoles, 23 de marzo de 2016

El Filantrocapitalismo al Descubierto

Les recomendamos ampliamente leer este texto publicado en Gara:

«Stop War». ¿De verdad?

Juan Etxenike Ameida | Miembro de la plataforma contra la guerra en Gipuzkoa, durante las guerras contra Afganistán e Irak
Si tienes mi edad, tal vez recordarás aquel gran concierto a escala planetaria que un joven cantante irlandés, Bob Geldof, logró organizar en Londres y Filadelfia simultáneamente, en los que actuaron Queen, Elton John, Bob Dylan, Phil Collins y otros cientos de artistas. Todo un evento global para recoger fondos que se destinarían a combatir la hambruna en África.

Los Boomtown Rats eran un grupo en su decadencia con escaso futuro musical, pese a que la música pop pasaba de la contraculturalidad a la hegemonía, y sus artistas constituían una jet set. Mientras tanto, en el Reino Unido, Margaret Thatcher imponía su propia doctrina de choque, contra los derechos laborales y a golpe de privatización. Para Geldof, Thatcher era una punk que agitaba el viejo sistema (sindicatos incluidos) para Thatcher Geldof era un emprendedor, la sintonía ideológica era ideal.

Geldof reorientó su carrera hacia una forma de humanitarismo conocido hoy en día como el filantrocapitalismo, y junto con Bono (U2) y la fundación Bill Gates, buscan y encuentran causas. La lógica es sencilla, ellos cantan, nosotros pagamos. Hoy día Geldof tiene una riqueza estimada en 32 millones de libras, y junto a artistas que buscan paraísos fiscales para declarar sus ingresos o viajan a sus conciertos en aviones separados porque no se soportan (One Direction) nos piden regularmente al resto de los mortales que nos aflojemos el bolsillo para sus causas. Sin adentrarse nunca en las «causas de las causas».

En el año 2005, ignorando la protestas contra la cumbre del G8, en Escocia Bono y Geldof se entrevistaron con Tony Blair y con George W. Bush, para luego organizar un concierto benéfico en Londres, lejos de donde estaban las movilizaciones.

Más adelante Geldof recibió una mención honoris causa por la universidad Ben Gurion, en Tel Aviv, y tampoco habló entonces de los territorios ocupados ni de las operaciones militares sobre Gaza.

Pero más grave es lo que denunció la revista “Spin” en el año 1986. Etiopía sufría de una hambruna, pero esta había sido provocada tras el bombardeo con Napalm en Eritrea por parte de los aviones Etíopes para luchar contra la insurgencia. Y la ayuda de cien millones de dólares fue entregada al Gobierno Etíope, que adquirió material militar.

Médicos Sin Fronteras, que había sido recientemente expulsada de Etiopía por denunciar las violaciones de los Derechos Humanos en aquel país, ya había desaconsejado repartir el dinero habiendo una guerra civil y sin infraestructura para su reparto. Durante aquella guerra 100.000 personas murieron al ser obligadas a reubicarse.

Con la reedición del hit “Do they know it’s chrismass” para luchar contra el ébola en 2014, la cantante Adele fue señalada públicamente por no haber querido participar, pese a que había realizado un donativo a la organización caritativa Oxfam.

La filosofía del filantrocapitalismo juega con los sentimientos de la gente y nos aleja de las lógicas que producen desigualdad, crean una cortina de humo presentada en forma de chantaje emocional.

No critico el asistencialismo, y respeto a quienes a pie de calle dedican toda su vida a los que necesitan soluciones aquí y ahora y no pueden esperar a que se solucionen los problemas de fondo. Lo que trato de explicar es que me queda una severa duda sobre si la solución al hambre, las pandemias y las guerras es que un grupo de multimillonarios que evaden impuestos en sus países utilizen su notoriedad y capacidad de influencia para marcar la agenda por sí solos, sin contar con organizaciones sociales y sin agenda política clara.

Es por ello que no me merece ninguna credibilidad la presencia de Geldof en Donostia en un festival llamado «Stop War festibala». Constato que la organización del evento ha sido muy cuidadosa desde el mismo nombre, combinando un nombre en inglés (aspiración de globalidad y de fácil encaje como concepto de marketing y en las redes sociales) y festibala (referencia a lo local y a la vez entendible en euskara y castellano), y si además añadimos riadas de gente por las calles de Donostia y proyectamos el evento a los cinco continentes del planeta la imagen de Donostia sale reforzada, miel sobre hojuelas y todo el mundo contento.

Y todo sobre algo en lo que todos nos podemos poner de acuerdo: acabar con «la guerra». El triunfo absoluto del significante vacío. Lo siento, pero aún y todo no cuela.






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domingo, 10 de enero de 2016

Ciclistas Etíopes en Euskal Herria

Desde la página especializada en deportes Marca traemos a ustedes esta historia en la que la práctica del ciclismo ha unido a vascos y etíopes:


El técnico cuenta cómo fue la creación en el País Vasco de un cuadro formado por cinco ciclistas etíopes

Nacho Labarga

En Mekele, la ciudad donde nace el cemento en Etiopía, un mensaje de auxilio apretó el interruptor. Aquella petición llegó a través de las redes sociales a Mikel Gurrutxaga. El vasco, enrolado en la ONG 'Proyecto Ciclista Solidario', no dudó en intentar ayudar a un joven ciclista que reclamaba apoyo desde el Cuerno de África. Tres meses después, 'Gurru' viajó junto a Aitor Ayerza (presidente de la escuela de ciclismo de Oriako) hasta la exótica nación para conocer de primera mano las necesidades del interesado.

Allí, en el segundo país más poblado de África, Mikel se encontró con Goytom Biru, Getachew Atsbha, Temesgen Biru, Kbrom Hailay Giday y Jailemelekot Hailu. Cinco corredores locales que, además de la nacionalidad, también compartían un sueño: correr en el País Vasco. "La verdad que el comienzo de la historia fue algo surrealista. Todo se fraguó en internet pero, después de hablar bastante con uno de los chavales, me decidí a ir para allá. No me quedaba otra", explica Gurrutxaga en declaraciones a MARCA.com.

Después de decenas de enrevesadas gestiones, gracias al apoyo de Ner Group y su compromiso con la sociedad, 'Gurru' logró crear una academia en el País Vasco para que sus cinco pupilos crecieran por dos vías. La primera es la educación, el objetivo innegociable es que los ciclistas aprendan inglés, castellano e informática. El segundo pasa por su formación deportiva. "Son unos chicos increíbles, muy profesionales. Se están dejando todo para hacer las cosas bien, pero lógicamente les cuesta hacerse con hábitos que aquí en España tenemos muy interiorizados. Saben poco de estrategia y también cometen errores algo infantiles como no saber alimentarse o descansar bien. Pero, con esta actitud, podrán evolucionar más rápido", cuenta un técnico que tiene su base instalada en Idiazabal (Guipuzkoa) y cuyos hombres han podido probarse en los últimos meses en carreras vascas, en el Trofeo Escribano de Madrid, en la Vuelta a Valencia o en el Tour de Pyemont francés.

Manolo 'pesca' en la academia

Vistos los resultados, parece que la experiencia está resultando positiva: "Nacimos en junio, pero hemos logrado que tres de nuestros corredores fichen por dos equipos con buenas herramientas como son Aldro Team y Burgos BH. Tenemos buena relación con Manolo Saiz, le estamos muy agradecidos a él y a su equipo. En su día se interesó por nosotros y nos comentó que nos echaría una mano en lo que pudiera. Al final, nos ha firmado a dos de los nuestros además de ayudar con la creación de la escuela en Etiopía". Es ahí donde crece su otro gran reto. "Queremos mejorar sus condiciones de vida. Por eso estamos creando esta escuela y mandándoles bicis a través de 'Bicicletas sin fronteras'", comenta orgulloso el guipuzcoano, quien no duda en hablar maravillas del país etíope.

Como en España hace 50 años

"El ciclismo en Etiopía es algo espectacular. Creo que, para que la gente se haga una día, habría que compararlo con el que teníamos en España en los años 60. Lo normal es que allí no tengan teles, tampoco lo siguen en 'streaming', así que se lanzan a las carreteras para verlo en directo. Es increíble observar como los seguidores crean estampas tan curiosas detrás de los ciclistas", expone alguien que ve ese ciclismo "como una fiesta, todo lo contrario a lo que ocurre en España". "Lejos de las grandes vueltas, en España van a ver a los chavales los padres y cuatro más. Allí es un acontecimiento de entretenimiento con mucho seguimiento", remarca.

Tras seis meses de vida, Mikel no duda en ponerse buena nota: "Del 2015 no ha habido nada negativo. Despedimos el año con un sabor de boca realmente dulce. El balance es extraordinario porque hemos aportado cosas a varios ciclistas, hemos tenido la suerte de 'colocar' a tres de ellos en estructuras de mayor categoría y además los medios nos habéis tratado bien. Quiero agradecer también al pueblo Idiazabal y a los voluntarios por la buena acogida de los chavales durante estos meses. No puedo decir nada malo de lo que hemos vivido", explica Mikel, quien espera doblar las conquistas en este nuevo año que acaba de comenzar: "Tenemos que ir poco a poco pero, si seguimos en esta línea, lograremos el objetivo de ayudar a muchos más ciclistas sin oportunidades". Su aventura confirma que en Euskadi, tierra fetiche para los amantes del pedal, se cimentan los sueños del ciclismo etíope.






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