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miércoles, 16 de octubre de 2019

España es Otro Planeta

Desde El Salto traemos a ustedes este excelente reportaje acerca de lo que se está viviendo y padeciendo en Catalunya como consecuencia de la eterna apuesta por la violencia por parte de Madrid.

Lean ustedes:


Las reacciones a la sentencia contra el Procés de Catalunya se han producido desde muchos ámbitos sociales y culturales, también internacionales. Sin embargo, los medios de comunicación nacionales siguen tratando estas protestas como una cuestión de orden público provocada por independentistas exaltados.

Hibai Arbide Aza

Durante los últimos tres años, el gobierno de Recep Tayyip Erdoğan ha realizado tantos recortes de libertades que resulta imposible hacer el recuento. Centenares de cargos electos y los colíderes del partido democrático HDP —una coalición formada por el movimiento kurdo y parte de la izquierda turca— han sido encarcelados; decenas de miles de maestros, jueces y funcionarios, purgados por motivos ideológicos. Lo relevante para la comparación con la sentencia del Procés no son los números —la escala turca es inmensamente mayor que la española— sino la naturalidad con la que televisiones, periódicos, intelectuales, tertulianos y tuiteros turcos aceptan la represión. Están convencidos de que viven en una democracia cuasi perfecta y cualquier crítica a la falta de libertad es interpretada como un ataque de los terroristas kurdos y una conspiración internacional antiturca.

La sentencia dictada por el Supremo es una vergüenza. Condena a activistas sociales a nueve años de prisión por convocar movilizaciones pacíficas. Condena a los miembros del Govern a penas más altas que la mayoría de los 33 procesados por el golpe de Estado del 23F o del intento de golpe de Ynestrillas (padre), que en 1980 fue condenado a seis meses de prisión por intentar asaltar con un tanque el Palacio de la Moncloa. Y es una vergüenza la naturalización de la represión por parte de televisiones, periódicos, intelectuales, tertulianos y tuiteros españoles. Están convencidos de que viven en una democracia cuasi perfecta y cualquier crítica a la falta de libertad es interpretada como un ataque de los secesionistas catalanes y una conspiración antiespañola.

Porque fuera de España, igual que pasa con la represión de Turquía, resulta obvio para cualquiera con una mínima sensibilidad democrática. Recibo mensajes de cargos de Syriza preguntando si de verdad el Tribunal Supremo había dictado las penas que reportaban los diarios o era un fallo de traducción. El diputado tory (conservador y unionista) escocés Murdo Fraser declara que “aunque comprendo que se trata de un asunto que compete a los tribunales y al poder judicial español, no veo el sentido de que el Gobierno de Madrid encarcele a los líderes catalanes por una acción esencialmente política”.

Otro escocés, Iain Macwhirter, ex rector de la Universidad de Edimburgo, periodista de la BBC y comentarista político de The Herald and the Sunday Herald, escribe “¡13 años por ayudar a organizar un referéndum pacífico! Incalificable. Lamento que la Unión Europea no haya condenado esta violación de los derechos civiles fundamentales”. La laborista Emily Thornberry proclama en la Cámara de los Comunes que “la sentencia dictada ayer en Madrid contra los políticos independentistas catalanes es innecesaria, desproporcionada y totalmente contraproducente”.

El Bloco portugués va más allá. Condena “a reiterada tentativa por parte do Estado Espanhol em procurar resolver um conflito eminentemente político através da repressão e da prisão” y exige “à libertação de todos os presos políticos catalães, ao regresso dos exilados sem represálias e ao fim da repressão na Catalunha”. Los tertulianos españoles, sin embargo, ven lógica la sentencia. Es el Estado de Derecho. Somos una democracia ejemplar. Esto no es un problema para las libertades en España, solo es el fruto de la espiral demente de los independentistas catalanes.

La policía le revienta un ojo a un chaval —uno más, como en el 1 de octubre, en las huelgas, en los desalojos— en las protestas del Prat. En Eldiario.es lo cuentan así: “Un hombre ha sido herido por el estallido de su globo ocular”. Qué mala suerte que te estalle un ojo durante una manifestación. En La Sexta dicen que le están operando de urgencia pero “a esta hora no se puede asegurar que vaya a perder la visión”. La misma tele llama “brutal agresión” al manotazo que desequilibra a María Grima, la militante de Vox que provoca con una rojigualda a los manifestantes en Tarragona. El País sube la apuesta por el periodismo de calidad con el siguiente tuit: “Una madre con su hijo en brazos hace una peineta a los cientos de manifestantes que están cortando la C-58 en Terrasa”. Piqueras en Tele5 se muestra preocupadísimo por los turistas y los contenedores de Barcelona. Jorge Bustos dice que Barcelona es una ciudad sin ley pero no deberíamos perder el tiempo comentando lo que dice un gilipollas.

La PAH publica un contundente comunicado expresando la preocupación por la criminalización de la protesta, que a partir de ahora podrá ser considerada sedición. Ecologistas en Acción considera que la sentencia del Tribunal Supremo contiene una inaceptable criminalización de la protesta y de la desobediencia civil.

En Catalunya la reacción va mucho más allá del independentismo y el activismo. El festival de de Sitges, el Centro de Cultura Contemporánea de Barcelona, el Barça, el Primavera Sound publican comunicados criticando la sentencia. Da lo mismo, los medios de ámbito estatal siguen tratando las protestas como una cuestión de orden público provocada por independentistas exaltados. La radio del Primavera Sound suspende la programación y anima a salir a la calle. El festival Womanz se aplaza. Varias editoriales anuncian que no tendrán lugar presentaciones de libros. El programa deportivo La Sotana cancela su emisión y publica tuits desde el aeropuerto. La reacción de enfado a tu alrededor es inmensa pero cuando enciendes la tele solo ves una caricatura.

La vicepresidenta Carmen Calvo apela a la mayoría silenciosa, ese concepto acuñado por el neofascismo durante el largo 68 italiano, popularizado por Nixon y utilizado por los políticos más despreciables de las últimas décadas. “La mayoría de los catalanes ayer hizo vida normal”, afirma Calvo. Viene a decir que la dictadura militar de Videla no fue para tanto porque solo desapareció a 30.000 personas y 24,5 millones de argentinos hicieron vida normal.

El diputado del PSC José Zaragoza publica un tuit diciendo “Cuando tienes que bloquear aeropuertos, vías de tren y carreteras para que la gente no pueda ir al trabajo es que tu movilización política ha fracasado”. Cuando en Hong Kong consiguieron paralizar el aeropuerto estuvo claro que el decreto de extradición a China iba a ser derogado, aunque es probable que este señor no lea prensa internacional y sea tan ignorante como parece. Pero es que ese tuit demuestra un absoluto desconocimiento de la Historia de los partidos socialistas, incluyendo el suyo, durante los dos siglos pasados.

Pablo Ordaz publica en El País que “durante muchos días, incluyendo los fines de semana y alguna que otra madrugada, Marchena ha ido redactando la sentencia en su casa, a veces en pijama”. Más allá de la imagen que le venga a cada cual a la cabeza al pensar en Marchena con pijama, el masaje de Ordaz al magistrado nos deja otra perla, mucho más preocupante: “La sentencia no tiene en cuenta los centenares de testigos por su profunda carga emocional”. Es decir, “los varios centenares de testigos que declararon en el plenario ofrecieron una versión filtrada por una profunda carga emocional”. Marchena no quiere que seas un maricón que llora. Sé un hombre, joder. Si te pega la policía, te jodes y declaras sin emoción.

Once periodistas han sido agredidos por la policía. Todos ellos iban perfectamente acreditados con los distintivos de prensa visibles. A varios de ellos les han disparado proyectiles mientras grababan las cargas. En TVE uno dice “Por suerte hoy nuestros compañeros han podido trabajar sin presiones o insultos de los independentistas”. Ningún otro tertuliano le discute esa barbaridad o le recuerda a sus compañeros heridos. Un apunte contra el corporativismo: si destaco las agresiones policiales a periodistas no es porque sean más graves que golpear a cualquier otra persona. Lo grave es que la policía pega a la prensa para poder hostiar más fuerte y sin testigos a todos los manifestantes.

La verdadera ruptura

La clave de todo la dan en Twitter el periodista de El Salto Jose Durán Rodríguez y el miembro de Zemos98 Pedro Jiménez: “Llegas a casa, pones la tele, escuchas a los tertulianos de la televisión pública hablando de la actuación de los Mossos hoy y te preguntas en qué momento has dejado de vivir en el mismo planeta que ellos”.

Una parte significativa de España —la parte sobrerrepresentada en los medios, la cultura y la política— ha decidido vivir en un mundo de fantasía. Su mundo, en el que la Constitución que nos dimos entre todos garantiza nuestros derechos y libertades gracias una transición modélica que cerró las heridas abiertas por una guerra civil en la que hubo excesos en ambos bandos. Una fantasía obscena que solo se sostiene gracias a la repetición machacona del mantra. Un mundo ficticio pero mucho más cómodo de habitar que la jodida realidad. Una ensoñación donde la policía protege los derechos fundamentales, los jueces interpretan la norma conforme a las garantías de un Estado social y de derecho, los representantes políticos velan por el bien común y los medios de comunicación ejercen su función de control del poder.

¿Alguien se acuerda del “sin violencia cualquier proyecto político se puede defender”? Se lo dijimos a ETA durante décadas para exigirle que dejara de matar. Con esta sentencia queda claro que cualquier proyecto político se puede defender, pero si eres independentista te tendrás que conformar con defenderlo. Puedes ser independentista si aceptas que tu propuesta política nunca se someterá al refrendo de la ciudadanía. La sentencia dice con recochineo: “Hemos de insistir en que la libertad ideológica de los acusados quedó incólume a lo largo del proceso”. Es la misma clase de cinismo que la famosa frase atribuida al dictador ugandés Idi Amin: “Hay libertad de expresión. Lo que no garantizo es que haya libertad después de expresarte”.





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viernes, 11 de octubre de 2019

Ofensiva Turca en Rojava

Desde la página de La Izquierda Socialista traemos a ustedes este muy completo reportaje acerca del complicado escenario que viven los kurdos tras la luz verde otorgada por Donald Trump al genocida régimen turco para invadir Rojava.

Aquí lo tienen:


Hamid Alizadeh   

Después de una conversación telefónica con el presidente de Turquía, Recep Tayyib Erdogan, el domingo pasado, Donald Trump declaró de inmediato que habían acordado la retirada de las tropas estadounidenses de las zonas kurdas del norte de Siria y dieron la luz verde a una incursión turca. A partir de ayer por la tarde, esta invasión ha comenzado.

Según los informes, la ofensiva comenzó con ataques aéreos y el bombardeo de las ciudades de Ras Al Ayn, Tal Abyad, Ayn Issa y Mishrafa, pero desde entonces se ha extendido a otros objetivos. También se ha informado que ha comenzado la siguiente fase, con incursiones en territorio sirio por parte de las fuerzas turcas, junto con grupos mercenarios islamistas de Siria.

Las fuerzas kurdas del YPG que han controlado el área están decididas a resistir amargamente. Pero es innegable que estarán en una posición muy desventajosa contra el ejército turco, que es el segundo ejército más grande de la OTAN.

Ya, el bombardeo ha resultado en docenas de muertes. Si los kurdos no logran repeler el ataque, no hay duda de que las fuerzas invasoras no mostrarán piedad. Tal como lo hicieron durante la invasión de Afrin el año pasado, los fanáticos islamistas, que actúan como tropas de choque turcas, violarán, quemarán y asesinarán donde sea que vayan.  Miles de personas serán asesinadas y decenas de miles de hombres, mujeres y niños serán expulsados de sus hogares.

La ofensiva solo es posible como resultado de un movimiento sorpresivo del presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, quien después de una llamada telefónica con el presidente turco, Recep Tayyib Erdogan, el domingo, prometió retirar las tropas estadounidenses del área.

¿Qué quiere Erdogan?

Erdogan, por lo tanto, no perdió tiempo en comenzar la ofensiva para crear lo que recientemente llamó su «corredor de paz». Este plan, que también presentó en la reciente Asamblea General de la ONU, implica la invasión turca de una franja ancha de 48 (o potencialmente hasta 160) kilómetros del norte de Siria, el área actualmente habitada por los kurdos de Siria, que Turquía controlaría a través de sus fuerzas marionetas del llamado Ejército Nacional Sirio: una fuerza rediseñada que consiste en mercenarios islamistas, anteriormente parte del llamado Ejército Sirio Libre. Aquí, unos 2 millones de los 3,6 millones de refugiados sirios que viven en Turquía en la actualidad serían reasentados.

Por supuesto, no hay nada pacífico en la invasión de Erdogan, que si se lleva a cabo hasta su objetivo final declarado, tendrá un costo de miles de muertos y el desplazamiento de millones de kurdos comunes, que viven en la zona. En realidad, Erdogan está tratando de rediseñar la composición étnica del área para instalar un protectorado con base árabe, que se supone que actúe como un «amortiguador» contra los kurdos. Esto también le permitiría obtener un mayor control sobre el área al incitar a la lucha étnica nacional entre árabes y kurdos.

Cuando llegó al poder, Erdogan se apoyó en los kurdos contra la tradicional burguesía kemalista turca. Criticó la opresión nacional de los kurdos y abrió conversaciones con el líder del Partido de los Trabajadores Kurdos (PKK), Abdullah Ocalan. Pero esto cambió rápidamente cuando el Partido Democrático Popular (HDP), vinculado al PKK, ingresó al parlamento con el 13,1 por ciento de los votos en 2015, convirtiéndose así en un punto focal para la creciente lucha de clases y el estado de ánimo anti-Erdogan en Turquía.

Al mismo tiempo, el partido hermano del PKK, el PYD (y su brazo militar, el YPG) se alzaron para tomar el poder y establecer lo que se conoce como Rojava, en el vacío dejado en el norte de Siria después de que Bashar Assad se viera obligado a retirarse frente un movimiento revolucionario con raíces en el oeste de Siria. Los valientes combatientes del YPG, que luchan por la emancipación de la opresión nacional, por una patria, y sobre la base de ideas izquierdistas y socialistas, se convirtieron rápidamente en los combatientes anti-Estado Islámico más eficientes en Siria. Esto los enfrentó directamente contra Erdogan, que estaba armando y apoyando al ISIS – y a otros grupos islamistas – para prepararse para sus propias ambiciones imperialistas en Siria. Al mismo tiempo, la independencia de facto kurda en Rojava se convirtió en un poderoso faro para los kurdos dentro de Turquía. Por lo tanto, el surgimiento del movimiento de liberación kurdo se convirtió en una amenaza existencial para Erdogan en todos los sentidos. Mientras tanto, a medida que la economía turca comenzó a estancarse y la estrella de Erdogan se desvanecía lentamente, se volvió cada vez más dependiente del nacionalismo turco rabioso y de los sentimientos anti-kurdos para mantener el poder. Esa es la base de la hostilidad de Erdogan hacia los kurdos, y su determinación de eliminar su región autónoma en el norte de Siria.

En las elecciones locales anteriores, Erdogan vio sus mayores reveses en sus casi 20 años de estar en el poder, perdiendo las elecciones en las principales ciudades como Estambul y Ankara. La economía turca está bajo una grave tensión y Erdogan está perdiendo terreno muy rápido a medida que se intensifica la lucha de clases. En este contexto, la cuestión de los refugiados sirios se ha convertido en un tema candente en Turquía, donde los patrones a menudo usan sirios desesperados para socavar los exiguos salarios de los trabajadores turcos. Esto ha sido utilizado por la oposición para agitar la xenofobia y el odio hacia los sirios. Muchos están enojados porque Erdogan ha gastado miles de millones en su intervención en Siria, mientras que los niveles de vida están cayendo bruscamente en Turquía. Al abandonar a los refugiados sirios en las zonas kurdas, puede resolver simultáneamente el problema económico de cuidarlos, silenciar a sus críticos en casa y conseguir una importante victoria militar en una aventura imperialista, que hasta ahora solo le ha provocado reveses y humillaciones. Si logra mantener un protectorado en el norte de Siria, puede usarlo para impulsar el nacionalismo turco y agrupar a las capas más reaccionarias en torno a sus planes neo-otomanos. En realidad, sin embargo, lo que esto revela no es la fuerza de Erdogan, sino el proceso de su debilitamiento, que hemos observado en los últimos años. Desesperado por apuntalar su posición, se ve obligado a correr riesgos, que pueden ser contraproducentes, al igual que han fracasado todas sus ambiciones de intervenir en la región.

Trump y la crisis del imperialismo estadounidense

Después de su declaración sobre la retirada de las tropas estadounidenses, Trump emitió una serie de tuits y declaraciones contradictorias en las que pretendían justificarse y disculparse por sus acciones. Al principio, defendió su decisión afirmando que Turquía es un importante socio comercial y miembro de la OTAN. Luego dijo que seguiría apoyando a los kurdos y que «si Turquía hace algo que yo, en mi gran e inigualable sabiduría, considero que sobrepasa los límites, destruiré totalmente y arrasaré la economía de Turquía (¡lo he hecho antes!)». Luego dijo que la presencia de Estados Unidos en Oriente Medio fue el error más grande en la historia de la nación, y que «ahora estamos llevando lenta y cuidadosamente a nuestros grandes soldados y militares a casa». ¡Nuestro enfoque está en la GRAN IMAGEN! ¡ESTADOS UNIDOS ES MAYOR QUE NUNCA ANTES! ” Ayer, parecía defender sus acciones porque los kurdos aparentemente no ayudaron a Estados Unidos durante la Segunda Guerra Mundial…

Por supuesto, estas declaraciones maníacas dicen algo sobre el estado mental de Donald Trump, pero también reflejan las divisiones internas dentro de la clase dominante estadounidense y la crisis del imperialismo estadounidense. Estas divisiones ya se habían revelado anteriormente, en la Guerra Civil Siria, donde, por ejemplo, las fuerzas islamistas apoyadas por la CIA y las fuerzas kurdas respaldadas por el Pentágono se enfrentaron en las ciudades de Azaz en 2016, y en muchas otras ocasiones. Pero este conflicto había sido enterrado y había existido un «alto el fuego» actual entre las dos alas del establishment, que duró, mientras no se moviera nada en Siria. Pero tarde o temprano, se tuvo que tomar una decisión: o EE.UU. se atrincheraba más en Siria, a costa de un mayor conflicto con Turquía y probablemente una derrota más adelante, o se retiraría, a costa de fortalecerse Rusia e Irán. Nunca había una cosa «correcta» que hacer desde el punto de vista de los imperialistas. Sin embargo, el conflicto ha estallado nuevamente.

Mientras Trump declaraba que Estados Unidos se retiraría de Siria (aunque no da un plazo firme para tal retiro), el Washington Post informó que «Detrás de la escena, los funcionarios del Departamento de Defensa y del Departamento de Estado se apresuraron a tranquilizar a otros aliados estadounidenses que operan en Siria, principalmente Francia y Gran Bretaña: que solo un puñado de tropas estadounidenses se estaban moviendo y que la presencia y la misión de la fuerza total de aproximadamente 1.000 estadounidenses en el norte de Siria permanecería sin cambios”. El Pentágono, que quiere usar las fuerzas kurdas como baluarte contra la propagación de la influencia rusa e iraní, también ha estado saboteando la retirada y prolongando el asunto lo más posible.

Además, los políticos de ambos partidos estadounidenses en el Congreso han estado criticando a Trump. El derechista Republicano Lindsey Graham se ha unido a los Demócratas para impulsar un proyecto de ley que sancione al ejército de Turquía e incluso a Erdogan mismo. Otros halcones, como Marco Rubio y Adam Kinzinger, criticaron fuertemente la decisión. En el contexto de un juicio político inminente y las elecciones presidenciales del próximo año, el apoyo de estos Republicanos es crucial para Trump. Desde el punto de vista de estas personas, una retirada de Siria será una admisión de derrota ante Rusia e Irán. También sería una humillación internacional, abriendo el imperialismo estadounidense para el ataque, tanto de enemigos como de aliados, que ya no pueden confiar en que el imperialismo estadounidense los respalde.

Tienen razón. Pero como Trump también señaló correctamente, Estados Unidos ha gastado billones de dólares y miles de soldados muertos en guerras en Oriente Medio luchando por otros, como los gobernantes europeos y del Golfo. La campaña en Siria no es diferente. También señaló que Estados Unidos retiene a decenas de miles de prisioneros del ISIS que de otro modo escaparían a Europa, pero las potencias europeas solo colaboran con la intervención estadounidense en Siria de forma muy limitada. Ahora, esos prisioneros del ISIS probablemente serán liberados y, según Trump, serán el problema de Europa. Mientras tanto, todas estas guerras han dejado a la clase dominante de Estados Unidos con una deuda pública multimillonaria y una profunda crisis política y social. Las masas estadounidenses están cansadas de la guerra, y Trump prometió retirar a las tropas estadounidenses de Oriente Medio en su campaña electoral, algo que intenta cumplir en el período previo a su reelección.

Trump no puede ver mucha utilidad en los kurdos, que ocupan una tierra árida con una economía subdesarrollada, y que son de poca importancia internacional. Por otro lado, ve cómo la presencia de Estados Unidos en Siria está empujando a Turquía, un aliado clave de la OTAN, en el que Estados Unidos tiene armas nucleares y una base aérea, a los brazos de Rusia e Irán. En los últimos años, Erdogan ha estado desviando su camino del imperialismo estadounidense. Esto fue particularmente claro durante el surgimiento del ISIS en Siria e Irak. Estados Unidos vio a la organización como una amenaza para la estabilidad de la región, mientras que Turquía y otros aliados estadounidenses en el Golfo le brindaron apoyo financiero y logístico para intentar derrocar a Assad y desalojar la influencia iraní de Irak, después de lo cual pensaron que podían barrer e instalar regímenes amigables de títeres.

Pero, incapaz de desplegar cantidades significativas de tropas para luchar contra el ISIS, el imperialismo estadounidense se vio obligado a apoyarse en otras fuerzas. En Irak, por ejemplo, se vio obligado a apoyarse en la red de milicias de Irán. Pero al ver cómo eso le alejaba de sus aliados del Golfo, Estados Unidos comenzó a apoyarse en las milicias vinculadas al PKK en Siria, como un contrapeso a Irán, y más tarde a Rusia. Pero esto lo enemistó con la clase dominante turca, que ve una amenaza existencial en cualquier independencia kurda potencial y que también tiene grandes planes imperialistas para el norte de Siria e Irak. La crisis que siguió puso a Turquía y a Estados Unidos en dos campos opuestos en la Guerra Civil Siria, y finalmente también llevó a Turquía a formar vínculos más estrechos con Rusia e Irán. Trump cree que, al retirarse de Siria y dejar caer a los kurdos, puede forjar una alianza con Erdogan.

Sin embargo, el Congreso de los Estados Unidos cree que esto es una admisión de derrota, una concesión a Rusia e Irán, y una humillación internacional. Tienen razón. Rusia y el régimen de Assad, flanqueado por Irán, están listos para movilizarse, desarmar a los kurdos y expandir su influencia en Siria. Una influencia que los rusos en particular están utilizando para convertirse en un poder decisivo en la región a costa de los Estados Unidos. Pero esa no es la decisión de Trump. Trump simplemente está aceptando la realidad, al igual que Obama cuando hizo un acuerdo nuclear con Irán, de que el imperialismo estadounidense está en crisis y ha alcanzado un límite. Su crisis económica, política y social no le permite intervenir militarmente como lo desea.

Al mismo tiempo, por supuesto, también está claro que se ha llegado a un acuerdo entre Trump y Erdogan: un quid pro quo de lo que aprenderemos en el próximo período. Al estar extremadamente aislado en la clase dominante de Estados Unidos, Trump siempre está buscando puntos de apoyo, como el que tiene con el príncipe heredero saudita Muhammad bin Salman y con Benjamin Netanyahu (aunque parece que Netanyahu está a punto de tener sus alas cortadas).

Hipocresía

Independientemente de lo que uno piense acerca de Trump, de todos los políticos burgueses, es el más honesto sobre sus objetivos e intenciones reaccionarios, y es precisamente por su honestidad que la burguesía le odia tanto. Todo lo que hablan los políticos occidentales sobre los derechos democráticos del pueblo kurdo no es más que una tapadera para su propio interés estrecho. Hace solo unos años, las mismas fuerzas kurdas fueron etiquetadas como terroristas. De hecho, el PKK, que es la organización hermana del PYD, sigue en la lista de organizaciones terroristas de Estados Unidos y de la UE.

Los reaccionarios gobernantes sauditas, junto con sus títeres egipcios, han salido en contra de la operación turca. Pero, como la mayoría de la gente sabe, esto no se debe al interés particular de Muhammad bin Saman o Abdelfattah a-Sisi en los derechos democráticos de los kurdos, sino porque los saudíes vieron a los kurdos como un potencial representante anti-iraní. Ellos, junto con Israel, incluso recientemente, usaron bases aéreas kurdas para atacar a las milicias respaldadas por Irán en Irak. Además, los sauditas ven a Turquía como un competidor en ascenso por la supremacía en la región, en particular por el dominio de las áreas con base sunita. Al-Sisi, por supuesto, está más impulsado a luchar contra el imperialismo turco debido al apoyo que brinda a sus enemigos de la Hermandad Musulmana en casa.

Aparentemente, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas también se reunirá para debatir sobre Siria hoy, a petición de los cinco miembros europeos: Gran Bretaña, Francia, Alemania, Bélgica y Polonia. Pero, ¿qué más que palabras traerán a la mesa estas damas y caballeros? Como Donald Trump ha señalado muchas veces, si los europeos realmente están preocupados, son más que bienvenidos para aumentar su presencia militar en el área y asumir el trabajo que los Estados Unidos han estado haciendo. Pero, por supuesto, los líderes de la UE preferirían mantener una distancia segura de las guerras y el derramamiento de sangre de los que se benefician. Su patética hipocresía e impotencia es quizás la más vil de todas. Fue solo en 2016 que la UE acordó pagar miles de millones de euros a Erdogan, a cambio de que Turquía bloqueara el flujo de refugiados sirios que cruzan de Turquía a la UE. Hoy éste advirtió que, si la UE designara su operación como una invasión, abriría las vías fluviales y permitiría que millones de refugiados ingresen de su territorio a Europa.

La difícil situación del pueblo kurdo

Los intereses de las clases dominantes, independientemente de dónde se encuentren, son diametralmente opuestos a los de las masas pobres y oprimidas. Como siempre, las naciones «pequeñas» son moneditas de cambio en los juegos y las luchas entre las grandes potencias. Una vez que terminan de usarlas, no tienen reparos en aplastarlas o permitir que otros lo hagan. Estados Unidos, la UE, Rusia, Irán, el régimen de Assad e incluso Erdogan han prometido a los kurdos alguna forma de apoyo en un momento u otro. Pero todos han traicionado a los kurdos tan pronto como les conviene.

Estas son lecciones que las masas kurdas están aprendiendo de la manera más difícil posible. Pero sería un error aún mayor para los líderes kurdos continuar por este camino de basarse en el apoyo de las fuerzas imperialistas. En los últimos días, se han acercado a todas las grandes potencias capitalistas posibles para obtener apoyo. Al principio, se acercaron a Rusia y al régimen de Assad para obtener apoyo contra Turquía. Por supuesto, estos poderes estarían más que felices de «ayudar», con la condición del desarme del YPG, el desmantelamiento total de todas las estructuras autónomas y de los logros democráticos que los kurdos han logrado en Siria. No sería más que una rendición total.

Al mismo tiempo, Ilham Ahmed, copresidenta del Consejo Ejecutivo de Rojava, viajó a Europa, donde realizó una conferencia de prensa en el Parlamento Europeo, instando a la UE a no «abandonar» a los kurdos, y pidiéndole «establecer una zona de exclusión aérea para castigar a Turquía por violar el derecho internacional». Pero los líderes de la UE no están interesados en los derechos de los kurdos, ni en ninguna otra cosa, excepto en los intereses de su propia burguesía. Fue solo en 2015 que Turquía hizo un trato sucio con la UE para mantener a los refugiados fuera de las fronteras de la UE a cambio de una enorme suma de dinero, y que la canciller alemana, Angela Merkel, visitó Turquía y apoyó la campaña electoral de Erdogan mientras realizaba una sangrienta guerra contra los kurdos en la propia Turquía.

No han pasado ni dos años desde que Turquía invadió el cantón de Afrin en Siria, que estaba en manos de las fuerzas del PYD. En aquel entonces, el Pentágono declaró «no consideramos [a los kurdos] como parte de nuestras operaciones ‘Derrotar al ISIS’, que es lo que estamos haciendo allí, y no los apoyamos. No estamos involucrados con ellos en absoluto». Más tarde agregó que «Esperamos que la operación en Afrin termine rápidamente y hemos dicho que sabemos que Turquía hace todo lo posible para limitar las víctimas civiles». No tenemos ninguna duda sobre los esfuerzos en ese sentido». ¡Es decir, el Pentágono esperaba una victoria rápida para Turquía! La UE, por supuesto, lloraba lágrimas de cocodrilo como de costumbre, pero el entonces Ministro del Exterior británico, Boris Johnson, insistió en que «Turquía tiene derecho a querer mantener seguras sus fronteras». Mientras tanto, Alemania continuó suministrando armamento avanzado a Turquía y Rusia, que había sido una fuerza de «mantenimiento de la paz» en Afrin y que luego se retiró rápidamente y abrió el espacio aéreo sirio para que los aviones turcos llovieran destrucción sobre las cabezas de decenas de miles de personas inocentes. Mientras tanto, las fuerzas kurdas mal equipadas, que lucharon valientemente, no tuvieron ninguna posibilidad contra la máquina militar turca en una batalla frontal. La única solución hubiera sido construir un movimiento en Turquía y apelar al instinto de clase de los soldados turcos, intentando romper el ejército turco en líneas de clase, pero ese parece ser un libro cerrado para los líderes del PYD y del PKK.

Y aún así, incluso después de estas experiencias, los líderes kurdos han continuado su dependencia de varios poderes capitalistas. Por supuesto, no hay nada de malo en un movimiento revolucionario que explota las divisiones entre los imperialistas. ¡Pero es un error fatal basarse en estos poderes e invitarlos a entrar!

De hecho, esta táctica nunca ha traído mucho al movimiento kurdo. En cada etapa, los principales pasos adelante del movimiento de liberación kurdo se han basado en el movimiento revolucionario y de clase de las masas y no en la colaboración con los imperialistas. En Turquía, el movimiento ganó terreno cuando el HDP adoptó un programa para toda Turquía (es decir, que no se limitó a las áreas kurdas), y se basó en discursos radicales y demandas basadas en la clase. Por primera vez desde la década de 1980, comenzó a cerrar la brecha que la clase dominante había inculcado entre los trabajadores kurdos y turcos, y eso fue lo que la convirtió en una amenaza potencial existencial para Erdogan. También en Siria, como hemos dicho antes, fue la revolución siria, que de hecho fue más fuerte en el oeste del país, lo que creó un vacío de poder, lo que permitió que el PYD se hiciera cargo de la zona.

El atractivo del movimiento kurdo, basado en estructuras democráticas y una perspectiva revolucionaria, se extendió mucho más allá de las áreas kurdas e inspiró a millones de trabajadores, pobres y jóvenes en Oriente Medio y más allá. Pero en lugar de basarse en este potencial revolucionario, los líderes kurdos intentaron basarse en maniobras entre una potencia imperialista tras otra. Y al hacerlo, tuvieron que dar concesión tras concesión.

En Irak, donde cientos de miles de jóvenes vieron el movimiento del PKK y la estructura del consejo de Rojava como referencia política, está claro que el liderazgo del PKK llegó a un acuerdo de facto con Irán, lo que significa que el PKK no gasta recursos para construir una organización de masas allí (un «entendimiento» que más o menos también cubre Irán). De hecho, en el Kurdistán iraquí, el PKK ha apoyado a las organizaciones reaccionarias liberales y burguesas en lugar de luchar con un programa audaz e independiente.  Su organización de milicias iraquíes, la YBS, también recibió fondos y salarios del gobierno central iraquí. Al menos en un momento se contaba como miembro de las Unidades de Movilización Popular: un órgano de control dominado por Irán, compuesto principalmente por milicias reaccionarias chiítas.

También en Turquía, el HDP, dominado por el PKK en las áreas kurdas de Turquía, tenía el poder de facto en una serie de regiones y en grandes ciudades como Cizre, Silopi, Hakkari y Sirknak. Cuando Erdogan comenzó su guerra contra los kurdos en 2015, las masas de la zona se levantaron y estaban dispuestas a luchar hasta el final, pero los líderes del PKK, que tenían muchas armas, recursos y experiencia de la guerra en Siria, se negaron a armar a la población o incluso a convocar una huelga general, por temor a enemistarse con sus aliados, principalmente con los Estados Unidos. También empujaron al HDP a una línea nacionalista más kurda, que solo sirvió a los intereses de Erdogan de impulsar el nacionalismo para cortar la creciente lucha de clases en Turquía. Al final, la guerra de Erdogan provocó el desplazamiento de decenas de miles de kurdos turcos debido a la guerra y la demolición de grandes áreas, con pueblos y aldeas enteras arrasadas. Esta fue una derrota significativa para el movimiento de liberación y condujo a una gran desmoralización entre los kurdos.

También en Siria, las múltiples concesiones de los líderes del movimiento lo han socavado. En Afrin, como ya hemos explicado, los líderes pensaron que Rusia los protegería, pero Putin los vendió sin dudar. No le importan los derechos de las minorías nacionales en Rusia, y mucho menos en Siria. Los líderes del PYD también otorgaron varias otras concesiones al imperialismo estadounidense, como aliarse con las reaccionarias fuerzas tribales Shammar y otros grupos reaccionarios que los llevaron a las Fuerzas Democráticas Sirias (el principal ejército oficial de Rojava) y diluir la Constitución de Rojava en varias ocasiones. Líderes, como Ilham Ahmed, han visitado el Congreso de los Estados Unidos, comprometiéndose con reaccionarios Republicanos como Paul Ryan, e incluso han contactado a Arabia Saudita para colaborar en varias ocasiones. Además de esto, se han frenado las actividades revolucionarias del PKK en Turquía, Iraq y otros lugares para no molestar a sus aliados. Todo esto solo sirve para socavar la autoridad revolucionaria del movimiento ante los ojos de las masas de Oriente Medio: los únicos aliados reales del pueblo kurdo. ¡Incluso en junio pasado, a pedido de los Estados Unidos, acordaron retirar su artillería pesada de las áreas fronterizas con Turquía y permitir patrullas conjuntas entre Estados Unidos y Turquía en el área! Pero como admitió un funcionario del Pentágono: “Hemos dedicado un tiempo y esfuerzo considerables para construir la zona segura con la idea expresa de que apaciguaría a los turcos y evitaría una incursión. Los turcos lo usaron como una forma de realizar un reconocimiento para su operación. Eso fue completamente engañoso por su parte». Solo un tonto se sorprendería por el engaño de Erdogan.

En su apogeo, el movimiento PKK controlaba una gran franja de tierra, cubriendo la mayor parte de la frontera sur de Turquía. Yendo desde Afrin, interrumpido por fuerzas afines a los turcos, luego continuando desde Manbij a través del norte de Siria, el sureste de Turquía y el norte de Irak, donde la organización ha controlado las principales áreas de la región de Dohuk y las montañas Qandil que limitan con Irán. Esta podría haber sido la plataforma para una lucha revolucionaria, en primer lugar para la liberación kurda (un llamamiento que habría ganado un gran eco en todas las áreas kurdas) y más aún para un levantamiento de todos los pueblos oprimidos de Siria, Turquía, Irán e Irak, donde se encuentran los kurdos. Pero como hemos visto, usando las excusas de «estamos demasiado ocupados en Siria» y «no queremos abrir demasiados frentes» y basándose en la idea de simplemente luchar por la «autonomía» (lo que sea que eso signifique), dentro de los Estados (capitalistas) existentes, la organización se ha negado a hacerlo. Sin embargo, en realidad esto simplemente esconde el deseo de los líderes del PKK de llegar a un acuerdo con la burguesía. Pero los intereses de la burguesía son diametralmente opuestos a los de los millones de kurdos pobres y oprimidos. Ninguna cantidad de maniobras inteligentes puede cambiar eso. Los que están siendo engañados no son la burguesía, sino los líderes kurdos, que pensaron que habían descubierto la clave de su reconocimiento a través de acuerdos con los capitalistas.

Por una guerra revolucionaria contra la agresión de Erdogan

Pero ahora están siendo vendidos, junto con el resto del pueblo kurdo: un acontecimiento totalmente predecible. Ahora, la tragedia espera una vez más a los kurdos, como ya han  probado tantas veces en los últimos 100 años. La única forma de evitarlo es no celebrar conferencias de prensa en los edificios de la administración de la UE, sino volviendo a las tradiciones revolucionarias del pueblo kurdo y apelando a la solidaridad de clase de las masas en la región e internacionalmente. Primero, se debe hacer un llamamiento a una huelga general en las áreas kurdas de Turquía, junto con el armamento popular y de sus organizaciones en los comités de autodefensa de trabajadores y barrios. La guerra debe llevarse a Turquía, de forma revolucionaria y de clase, y no a través de ataques terroristas contraproducentes, que solo sirven para fortalecer el control de Erdogan sobre la sociedad turca. Luego, los kurdos deben romper públicamente con el imperialismo estadounidense, que es odiado en toda la región. Luego deben apelar a los sindicatos y las organizaciones obreras en toda Turquía para unirse a su huelga por el fin de la guerra, pero también hacer una declaración para unirse a una lucha más amplia contra el régimen de Erdogan, por salarios, empleos, atención médica, educación y otras reivindicaciones económicas y  sociales. Esto seguramente encontrará un amplio eco en Turquía, donde la calidad de vida está disminuyendo rápidamente bajo el impacto de una crisis económica.

También deben hacerse llamamientos y pasarlos clandestinamente a los cuarteles y campamentos militares turcos para una lucha conjunta por la coexistencia pacífica, exponiendo la naturaleza reaccionaria de Erdogan y sus ataques contra los trabajadores y pobres turcos. Está claro que Erdogan está muy nervioso por el despliegue de soldados turcos en la batalla, por temor a que la ira y la insatisfacción general en la sociedad turca también se reflejen en el ejército. Es por eso que toda la lucha inicial parece ser llevada a cabo por mercenarios yihadistas. Esto reafirma que Erdogan es débil en casa y que hay un camino hacia el ejército turco, que solo puede ser derrotado por los kurdos si se rompe en  líneas de clase. Sobre una base revolucionaria, frente a la resistencia armada de las masas en Siria y en Turquía, el ejército se vería sometido a una enorme presión y surgirían las condiciones para los motines de clase.

Las mismas acciones deben tomarse en toda la región, en particular en Irak, Irán y Siria, donde la llamada a una lucha unida contra los odiados regímenes encontraría un eco amplio. En Irak, la semana pasada ya ha habido protestas masivas radicales contra el régimen. También en Irán, las masas están hartas del régimen mulá.

Además, las huelgas de los estibadores en Europa contra los envíos de armas a Arabia Saudita muestran que existe el potencial para la acción de solidaridad de la clase trabajadora en occidente. Los sindicatos y los partidos obreros deberían comenzar inmediatamente a organizar boicots y huelgas contra los envíos de armas y recursos utilizados para alimentar la máquina de guerra turca.

Si se toma tal curso de acción con audacia y decisión, los kurdos pueden vender al ejército turco. Pero si los líderes kurdos siguen mirando hacia los imperialistas y los burgueses, la derrota está garantizada de una forma u otra. Las masas kurdas han demostrado una y otra vez que están dispuestas a luchar hasta el final. Es hora de llevar esa lucha a su conclusión, llevándola a los regímenes capitalistas que los han estado oprimiendo durante los últimos 100 años.

    ¡Abajo la guerra de agresión turca contra Rojava!
    ¡Abajo los imperialistas, todos cómplices de esta atrocidad!
    ¡Viva la solidaridad internacional de la clase trabajadora, organizar boicots-huelgas contra los envíos de armas!
    ¡Por una transformación del ataque imperialista en una guerra revolucionaria de liberación!
    ¡Por un Kurdistán socialista independiente como parte de una Federación Socialista de Oriente Medio!






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jueves, 22 de agosto de 2019

Diyarbakir, Van y Mardin

Se trata de los nombres de las tres localidades kurdas donde el régimen turco ha decidido dar un apretón de tuercas más en contra de un pueblo al que el colonialismo inglés fragmentó en cuatro entidades como castigo a su combatividad y decidida apuesta por la libertad.

Aquí lo que nos reporta El País:


Las manifestaciones de repulsa contra la intervención de los Ayuntamientos por parte de Gobierno central se suceden por segundo día consecutivo

Andrés Mourenza

Más de medio millar de personas han sido detenidas en los últimos dos días en las provincias kurdas de Turquía durante las manifestaciones contra la destitución de los alcaldes de Diyarbakir, Van y Mardin, elegidos hace menos de cinco meses con entre el 54% y el 63% de apoyo, pero a los que el Gobierno acusa de colaborar con el grupo armado PKK. Estos detenidos se suman a los 418 arrestados el lunes dentro de una operación contra el entramado político del PKK.

Las concentraciones de repulsa ante la actuación del Gobierno central se sucedieron este miércoles por segundo día consecutivo en numerosas localidades del país, y nuevamente fueron reprimidas por la policía con chorros de agua a presión y gases lacrimógenos. Las protestas, con todo, no han sido numerosas. En la de Diyarbakir, por ejemplo, la agencia France Presse estimó que no hubo más de 200 manifestantes frente a 500 agentes, pese a que, en el pasado, el Partido Democrático de los Pueblos (HDP), al que pertenecen los alcaldes depuestos, sacaba a la calle a miles de personas, aún más en esta ciudad, capital oficiosa de los kurdos de Turquía.

La razón de esta escasa participación, replicó una fuente de la formación prokurda en declaraciones a EL PAÍS, es que las ciudades kurdas “viven en un estado de sitio”. “Apenas se reúnen 10 personas en la calle se les echan encima 100 agentes. Enseguida te rodean. No hay posibilidad de llevar a cabo una protesta democrática”, aseguró la misma fuente.

La represión de las protestas ha provocado decenas de heridos, aunque no se ha informado de casos de gravedad. Entre los que han tenido que ser atendidos en hospitales hay ocho diputados del HDP, que es la tercera formación del Parlamento turco en número de escaños.

Pese a que la decisión de intervenir los tres principales Ayuntamientos en manos del nacionalismo kurdo ha sido duramente criticada por la oposición turca, la Unión Europea y las organizaciones de derechos humanos, el titular de Interior, Süleyman Soylu, justificó las acciones tomadas por su ministerio basándose en que hay investigaciones abiertas contra los alcaldes afectados por presuntos lazos con los “terroristas”. “No vamos a permitir que la democracia sea usada como un caballo de Troya por quienes apoyan el terrorismo”, dijo Soylu, a la vez que denunció las críticas occidentales como “hipocresía” puesto que, en su opinión, España ha actuado de forma parecida.

La ley de administración local no prevé la repetición de elecciones, que se celebran cada cinco años y en las que se vota, en sobre separado, al alcalde y la asamblea municipal. En los casos en que los alcaldes no pueden continuar en sus funciones —por fallecimiento, enfermedad o destitución—, la ley prevé que sea la asamblea municipal quien elija al sustituto. No parece que este vaya a ser el caso. La primera decisión del gobernador provincial de Van, que ha asumido las funciones de alcalde, ha sido disolver la asamblea municipal, en la que el HDP tenía mayoría absoluta.






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domingo, 24 de marzo de 2019

Agur eta Ohore Ayten

Terribles noticias desde el frente kurdo llegan a nosotros por conducto de Naiz:


La presa política kurda Ayten Beçet ha muerto ahorcada en la prisión de mujeres de Gebze, en un acto de protesta contra el aislamiento al que está sometido desde hace dos décadas el líder del PKK, Abdullah Öcalan. Tres personas, dos de ellas presas, han perdido la vida por este motivo en una semana.

Mirari Isasi

Como ocurrió el pasado domingo con el preso kurdo Zulkuf Gezen, el cuerpo de Ayten Beçet, la prisionera de 24 años que se ha ahorcado en la prisión de mujeres de Gebze como protesta por el aislamiento impuesto a Abdullah Öcalan, ha sido sacado de forma casi inmediata de la prisión, sin que sus abogados o familiares hayan sido informados.

Los responsables de la prisión se han negado entregar a los abogados la carta que ha dejado Beçet, que llevaba seis años en prisión.

Su padre, Sabri Beçet, ha indicado que el cuerpo de la joven, que era de Siirt pero vivía en Antep, será trasladada al Instituto de Medicina Forense en Yenibosna, en Estambul, antes de ser llevado mañana a Antep para ser enterrado, según informa la agencia Firat.

Cientos de presos políticos kurdos se encuentran desde hace meses en huelga de hambre para exigir el fin del aislamiento de Öcalan, una protesta liderada por la copresidenta de DTK y diputada del HDP de Hakkari Leyla Güven. En este tiempo al menos tres personas han perdido la vida. Beçet y Gezen, fallecido el 17 de marzo en la cárcel de Tekirdag y enterrado en el cementerio de Yeniköy, en Amed (Diyarbakir), se han ahorcado en prisión.

«Nuestro deber, resistir la injusticia»

Una tercera persona, Uğur Sakar, murió el viernes en el hospital de Duisburg en el que fue ingresado tras prenderse fuego en la localidad alemana de Krefeld el 20 de febrero. Sakar se encontraba en estado crítico, con quemaduras en el 64% de su cuerpo, y los médicos no permitieron a la Policía que le tomara declaración.

Antes de prenderse fuego, Sakar dejó una nota en la que denunciaba el aislamiento de Öcalan, el silencio de los países europeos y del Comité para la Prevención de la Tortura ante la huelga de hambre y la «brutalidad policial del Estado alemán y la presión política contra los kurdos».

En su carta, recogida por Firat News escribió: «El PKK nos ha enseñado la filosofía de que ‘la resistencia es vida’. Es nuestro deber resistir la injusticia, dondequiera que estemos». E invitó a los kurdos a «luchar por una vida libre, en lugar de vivir como esclavos».

El Consejo Presidencial del Congreso de la Sociedad Democrática Kurda (KCDK-E), en una declaración escrita con motivo de la muerte de Sakar, ha señalado que «solo hay una cosa que podemos hacer por nuestros compañeros que han alcanzado el martirio: reclamar sus acciones, llevar sus ataúdes sobre nuestros hombros, recuperar su resistencia, que es una resistencia mucho más fuerte. La carta de Uğur Şakar es el manifiesto de nuestra resistencia».






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jueves, 19 de abril de 2018

Radiografía Actual del Kurdistán

Desde las páginas de Hala Bedi traemos a ustedes este extraordinario reportaje acerca de la situación actual que se vive en el Kurdistán bajo ocupación turca, con las inevitables comparaciones con el status quo en Euskal Herria.

Aquí lo tienen:


Aunque muchas y muchos de nosotros hayamos escuchado el término kurdo/a, y dicho pueblo sea conocido a nivel mundial mucho más que otros pueblos sin Estado, el kurdo es un pueblo negado en gran parte de los territorios en los que lleva siglos viviendo. Iñaki Etaio, miembro de la Delegación Vasca a Bakur elabora este extenso reportaje para Hala Bedi.

Como es bien sabido, este pueblo de más de 40 millones de personas (no existe un censo exacto, y muchas personas kurdas no tienen tampoco conciencia de serlo) se distribuye entre cuatro estados que lo niega como pueblo: Turquía, Siria, Irak e Irán. Si se puede hablar de elementos comunes a todos ellos habría que referirse a la histórica negación y la represión del pueblo kurdo, si bien con sus particularidades, que varían en función del gobierno de turno y de la correlación de fuerzas en cada lugar y en cada momento. Hoy en día existen situaciones muy dispares entre las zonas liberadas de Rojava (Oeste de Kurdistan), el Bashur (Kurdistan sur) bajo administración iraquí gobernado con gran autonomía por el clan Barzani, y las otras dos zonas bajo la férrea administración de los estados turco e iraní, denominadas en kurdo Bakur (norte) y Rojhilat (este), respectivamente. En cualquier caso, la resistencia y la lucha que históricamente ha desarrollado este pueblo por su reconocimiento y liberación es otra constante de los cuatro territorios citados que llega hasta nuestros días.

Visitar Bakur y hablar con multitud de personas y organizaciones políticas y sociales permite acercarse a esa realidad. Y la primera sensación que se tiene nada más llegar a Amed (en turco Diyarbakir), y que se reafirma constantemente con el transcurso de los días y de las conversaciones, formales e informales, es que el pueblo kurdo es un pueblo que no quieren que exista. Tal afirmación puede resultar obvia y sabida de antemano, más viajando desde Euskal Herria, otro pueblo cuya identidad y derechos continúan negados muchos siglos después. Precisamente este hecho hace que los intentos de invisibilización del pueblo kurdo no nos llamen tanto la atención, al menos en comparación con un/a, pongamos por caso, ciudadano/a solidario/a europeo/a tipo que se sorprende de la represión en Kurdistan y desconoce la práctica de la tortura y la existencia de centenares de presas/os políticas/os en varios estados de la UE. El hecho de ser vascas/os permite también encontrar gran número de similitudes en la situación de ambos pueblos, sin pretensión de comparar miméticamente dos pueblos con procesos diferentes y con una complejidad interna tan grande. Siendo conscientes de las diferencias entre la situación en la CAV, Nafarroa e Ipar Euskal Herria, podremos entender fácilmente la complejidad que supone estar divididas/os entre cuatro estados. En cualquier caso, “it ́s very similar” e “it ́s the same” son expresiones que hemos escuchado en reiteradas ocasiones al intercambiar descripciones de numerosos aspectos de ambos pueblos y, sobre todo, al describir las estrategias represivas utilizadas por los estados.

El estado de excepción que se mantiene desde julio de 2016, decretado tras el confuso intento de golpe militar, disminuye aún más las garantías de poder desarrollar actividades de tipo político o incluso cultural, si son críticas con el gobierno. Si bien la mayoría de las personas detenidas y procesadas en un primer momento (policías, académicos/as, periodistas, jueces…) supuestamente pertenecían al entorno de Fethullah Gülen, el contragolpe represivo ha sido aprovechado para aumentar aún más la presión sobre el movimiento kurdo, el verdadero enemigo de las ansias autócratas y centralistas de Erdogan.

Invisivilizadas/os en su territorio. Tras la cortina turca

En Turquía el término Kurdistan es un término tabú, que proyecta esa idea de tabú al pueblo mismo. Para referirse a este territorio hay que hablar del Este de Turquía, o del Este de Anatolia, para que no resulte sospechoso. Utilizar el término Kurdistan en el aeropuerto o en una instancia administrativa con un/a funcionario/a puede dar lugar a preguntas y recelos. Y qué decir si el/la interpelado/a es policía (el número de policías de paisano en calles y establecimientos probablemente sea mucho mayor que el de policías uniformados/as). Las preguntas sobre destino y objetivo de la visita pueden derivar en solicitar el pasaporte, fotografiarlo, y en el registro de bolsas y mochilas.

Circular en taxi por Şanliurfa boulevard según se llega del aeropuerto de Amed aporta el primer “golpe de realidad”: de todas las farolas de esta vía de varios kilómetros penden banderas turcas e imágenes de Erdogan. Lo primero que se viene a la cabeza frente a esta marea de banderas rojas con la media luna y la imagen de su particular caudillo en calles, edificios oficiales, escuelas… es lo hiriente que debe resultar para la mayor parte de la ciudadana kurda tener presente a cada paso el mensaje constante de “esto es Turquía”. Sin embargo, la propaganda del régimen turco que inunda todas las esquinas, la permanente presencia de policías con armas largas, vehículos blindados, cámaras y puntos de control, las cinco comisarías, el cuartes militar y las cinco cárceles dentro del perímetro urbano de Amed dan a entender que no debe estar tan claro que los y las habitantes de la capital de Bakur tengan tan asumida su nacionalidad turca…

Los intentos por barrer y/o asimilar los demás pueblos que habitan la península de Anatolia desde tiempos ancestrales han sido reiterados durante el Imperio otómano y, más recientemente, desde la constitución en 1923 del Estado turco por Mustafa Kemal, Atatürk. El genocidio perpetrado contra la población armenia entre 1915 y 1923, en el que murieron asesinadas o por hambre y enfermedades más de un millón de personas, es probablemente el hito más cruel de dicha política (genocidio, por cierto, negado todavía hoy por el Estado turco).

El intento por terminar con las nacionalidades minoritarias (si bien casi una de cada tres personas en el Estado turco es de origen kurdo) dentro del territorio estatal se extiende, al igual que sucede con otros muchos pueblos, a las manifestaciones culturales, idiomáticas y a la toponimia. Los nombres de los pueblos y lugares se muestran en idioma turco, y este es el idioma que se utiliza en exclusiva en los centros oficiales, administrativos, educativos, de salud… Todas las indicaciones están únicamente en turco, fácilmente reconocible por las abundantes diéresis utilizadas, y la ausencia en su alfabeto de las letras Q, W y X. El idioma kurdo también está excluido de la educación y de los medios de comunicación. Si bien durante el proceso de conversaciones de 2012-2015 entre el Partido de las y los trabajadores del Kurdistan (PKK) y el islamista partido gobernante AKP (Partido Justicia y Desarrollo) la permisividad hacia el idioma kurdo fue mayor, la ruptura de dicho proceso supuso que el kurdo fuera de nuevo un idioma proscrito. En muchos hogares de Bakur se mantiene el nexo con el idioma y cultura kurda a través de la señal digital de Sterk TV, con sede en Bruselas. Dicho canal supone una bocanada de aire fresco en una atmósfera asfixiante, donde el idioma kurdo queda restringido al ámbito privado. La imposibilidad de la enseñanza del idioma kurdo en la educación pública o privada limita su transmisión al ámbito doméstico, lo cual, tal y como nos comentaron algunas amigas kurdas, dificulta enormemente la transmisión de la escritura y su normalización. De hecho, algunas de las personas con quienes compartimos conversación nos indicaron que entienden y hablan kurdo, pero que no son capaces deescribirlo.

La persecución de la cultura kurda en el Estado turco ha llegado a situaciones un tanto surrealistas. Así, al visitar un patio interno que funciona como cafetería/tetería en el distrito de Sur, la parte más antigua de la ciudad, las chicas kurdas que lo regentan nos indicaron que, tras la ruptura del proceso de negociaciones citado, todos los centros culturales del distrito fueron cerrados por órdenes del gobierno. Su establecimiento, aunque con ambientación y música kurda, se libró de la clausura al no funcionar formalmente como un centro cultural. Al preguntarles sobre la posibilidad de publicar libros en kurdo, nos indican que, si bien no está recogido expresamente en la legislación no poder publicar en kurdo, las trabas y presiones del gobierno sobre las propias editoriales y distribuidoras hacen inviable dicha posibilidad.

Pero si algo resulta aún más llamativo en esta especie de paranoia antikurda es la prohibición de combinar los tres colores nacionales kurdos: amarillo, rojo y verde. En las abundantes tiendas de textiles presentes en los pueblos y ciudades de Bakur se pueden encontrar gran cantidad de pañuelos con diferentes combinaciones de colores. Sin embargo, ninguno combina los tres colores “sospechosos”. Nuestra búsqueda por encontrar dichos pañuelos clandestinos en algún establecimiento de Amed, Mardin, Tatvan o Van resultó, como cabía esperar, infructuosa. El pañuelo con los colores kurdos que trajimos escondido entre la ropa de vuelta a Euskal Herria, fue el regalado por las compañeras del movimiento de mujeres kurdas TJA. Una compañera internacionalista colombiana no lo pudo llevar de vuelta a su país, ya que varias policías se lo incautaron al dirigirse a la celebración del Newroz en Amed. Aunque a primera vista pudiera sonar a broma, la realidad es que mostrar juntos tres colores desata la ceguera represiva del régimen turco.

Años de plomo. Bajo la maza turca

Un retrato en la pared del salón de la casa de la madre y el padre de Ceylan muestra a un joven algo menor de cuarenta años sonriente, enfundado en traje de guerrillero sobre un fondo cubierto de vegetación. Rápidamente llega la explicación por parte de la madre de Ceylan. Su hermano fue combatiente del PKK y desapareció en una misión en el monte allá por el año 2000. No han vuelto a saber nada de él, y por mucho que han indagado y preguntado no han podido encontrar ninguna información. Tampoco desde la propia insurgencia han podido facilitar información a la familia, como suelen hacer en estos casos. Tal vez el dolor de no poder encontrar ninguna información sobre su hermano desaparecido fue lo que le llevó a participar junto a otras mujeres en labores de acompañamiento y apoyo a las familias de combatientes caídos/as. Cuando fallece un/a combatiente del PKK, llevan a cabo las duras gestiones de informar a la familia, recuperar el cuerpo, lavarlo y entregárselo. Son incontables los retratos de guerrilleros/as y militantes caídos/as presentes en multitud de hogares kurdos. Miles son también los testimonios similares tras más de tres décadas, con algunas interrupciones, de enfrentamiento armado abierto entre el PKK y el Estado turco; si bien la violencia y represión contra dicho pueblo viene de mucho más atrás.

Las aproximadamente 40.000 víctimas mortales del conflicto entre el pueblo kurdo de Bakur y el Estado turco nos da una idea de la magnitud del mismo. En cualquier caso, la mayor parte de esas víctimas son kurdas/os no combatientes asesinados por las Fuerzas Armadas Turcas, tal y como está sucediendo en Afrin.

En efecto, el Estado turco, para afrontar la guerra contra el PKK adoptó en los años 90 la táctica de “quitar el agua al pez”, también utilizada en otros lugares como Guatemala, Chechenia, Colombia o Perú. Para aislar y debilitar al pez (la insurgencia) se le quita el agua (el pueblo que nutre sus filas y le da apoyo). En resultado es conocido: masacres, ejecuciones sumarias, desapariciones y desplazamientos masivos de población. En el caso kurdo, según organizaciones defensoras de los derechos humanos, alrededor de 17.000 kurdos/as fueron desaparecidos/as, alrededor de 4.000 pueblos fueron vaciados de sus habitantes y unos 3 millones de kurdas/os desplazadas/os, empujadas/os a las ciudades alejadas de las montañas con presencia guerrillera. De estas/os últimas/os, alrededor de un millón permanecerían aún como desplazadas/os internas/os. De esta forma llegaron varios miles de expulsados a Amed, teniendo que ubicarse como pudieron en casas de familiares y conocidos, tal como algunos de ellos no describieron.

El estado de excepción que rige el país desde hace casi dos años otorga mayor poder a la policía y fuerzas armadas y disminuye las ya tenues garantías frente a los abusos policiales y militares. Si ya de por sí la policía turca no tenía excesivos problemas para apretar el gatillo en situaciones consideradas problemáticas, la ley marcial le faculta para disparar sin tener que justificarlo. La protesta social asociada a las reivindicaciones kurdas es, en estos momentos, poco menos que una quimera. Cuando, de forma un tanto ingenua, preguntamos a algunas de nuestras interlocutoras kurdas, si se habían realizado protestas por la invasión turca de Afrín, la respuesta fue que no es posible, que Erdogan había amenazado públicamente con actuar con todos los medios contra quienes osasen cuestionar la operación militar. Como hemos podido comprobar in situ, en el Estado turco no se obvia ni se oculta la operación de Afrín. Se publicita hasta la saciedad en todos los informativos como una gesta heroica, en la que un ejército desaloja a unos terroristas y devuelve la paz a una población que los recibe con los brazos abiertos (aunque, a tenor de las imágenes proyectadas por televisión, no han debido encontrar multitudes esperándoles al entrar en Afrín y se han tenido que conformar con mostrar imágenes de algún soldado sosteniendo entrañablemente a un niño pequeño en brazos). En este contexto militarista y ultranacionalista, que recuerda mucho al espíritu legionario, justificar la muerte de manifestantes “terroristas” que cuestionan las operaciones del gran ejército turco no resulta excesivamente embarazoso.

Entretanto, también en medio de estas ciudades donde la protesta está prohibida, miles de presos y presas políticas, muchos/as de ellos/as en prisión preventiva, malviven hacinados/as en cárceles insalubres, dispersados/as por el extenso territorio del Estado turco. La política de dispersión como política de Estado. Una vez más, es inevitable la comparación con la dispersión de los/as presos/as políticos/as vascos por las cárceles españolas y francesas, y la ruleta rusa de los viajes de las/os familiares.

Al mismo tiempo, el Estado turco sigue construyendo nuevas prisiones, vaticinio de un futuro igual o más duro, sabedor de que las tibias críticas de gobiernos e instituciones europeas a las múltiples y comprobadas violaciones de derechos humanos quedan en un segundo plano frente a los intercambios comerciales entre Turquía y esos mismos estados.

Ingeniería urbanística y poblacional. La ley de la excavadora

El desplazamiento de poblaciones con el objetivo de asegurar la ocupación de territorios no es un invento del régimen turco. Muchos otros proyectos expansionistas lo han practicado y lo siguen practicando, siendo probablemente la batustanización sionista de Palestina el ejemplo más evidente. El Estado turco lo aplicó a sangre y fuego en la década de los 90 con la política de aldeas arrasadas, y lo sigue aplicando bajo una apariencia algo diferente en la actualidad. En esta ocasión, dentro mismo de algunas ciudades kurdas.

Aunque el acceso está bloqueado, desde diversos puntos del distrito de Sur (núcleo antiguo de Amed, rodeado por una muralla datada de antes del siglo IV) se pueden observar todavía algunas casas a medio derruir y los vestigios de la brutal ofensiva desarrollada por el ejército turco contra el barrio entre diciembre de 2015 y marzo de 2016. A los intentos por resistir en la zona por parte de las milicias del PKK le siguió la destrucción del barrio por las fuerzas armadas y su posterior demolición. A las muertes de unos 65 milicianos/as, 65 soldados y 321 personas no armadas contabilizadas por diversos organismos, hay que sumar el desplazamiento forzado de más de 24.000 residentes. En marzo de 2016, apenas tres semanas tras el fin de los enfrentamientos, el gobierno expropió por la vía urgente la mayor parte del terreno de Sur, pasando a ser el Ministerio de Medio ambiente y Planificación urbana el nuevo propietario. Con la prácticamente única excepción de las mezquitas, todas las edificaciones fueron demolidas posteriormente. Algunas familias han recibido una compensación ridícula por la pérdida de su hogar y todos sus enseres, bajo el lapidario ofrecimiento de “o esto o nada”. Otras familias no fueron siquiera informadas de dicha posibilidad mientras que otras las rechazaron al verse obligadas a firmar un documento por el que se responsabilizaba al PKK de la destrucción de su hogar.

Apenas dos calles más allá de las vallas que limitan el acceso a la zona derruida nos reunimos en una cafetería. Varias jóvenes miembros de una plataforma creada para luchar contra el proceso de desplazamiento nos detallan la situación actual de esas miles de personas personas así como las motivaciones y planes futuros de las autoridades que, designadas por Ankara, gobiernan la ciudad. Unos hombres de otra mesa que disimuladamente nos fotografían con sus móviles nos dan a entender que no somos las únicas personas interesadas en este encuentro informal. Sur no era un barrio más, ni siquiera un barrio en el que milicianos/as del PKK se habían hecho fuertes. Van era un barrio que había recogido parte de las miles de personas a las que se había expulsado de pueblos y aldeas durante los años 90. La propia situación de necesaria solidaridad de sus habitantes, sumada a la militancia y/o apoyo al movimiento kurdo de gran parte de ellas/os, junto con una configuración urbana caracterizada por estrechas callejuelas, permitió que florecieran y se desarrollasen múltiples relaciones de apoyo, amistad y organización entre las vecinas y vecinos del barrio. Tal y como nos indican las compañeras kurdas, la toma y destrucción del barrio iba más allá de acabar con la resistencia armada urbana y buscaba deshacer todo ese tejido social autoorganizado así como despejar el terreno para la transformación urbanística del barrio.

Dos años después, el gobierno aún no ha hecho público el proyecto para el barrio. De momento, sólo se observa policía y excavadoras en esos terrenos desolados. Aunque por ley, las nuevas edificaciones debieran respetar el diseño arquitectónico kurdo original, sospechan, por lo comprobado en otras rehabilitaciones, que esto no será así. Intuyen que la fisonomía del barrio se asemejará a la de los barrios de la ciudad situados fuera de las murallas, con bloques de muchas alturas, zonas cerradas en el entorno de cada bloque y marcadas distancias entre bloques. Transitar los barrios de más reciente construcción en Amed transporta inevitablemente a los barrios gasteiztarras de Zabalgana o Salburua, donde el urbanismo de altos edificios y anchas calles parecen diseñados para alejar las relaciones humanas. Y la posible transformación urbanística de Sur hace volar la imaginación hasta Errekaleor.

El riesgo de la actividad política pública. En el filo de la navaja turca

Los encuentros con representantes del partido HDP (Partido Democrático de los Pueblos, que agrupa a partidos de izquierda de ámbito estatal y partidos kurdos, y con un 10% de votos en las últimas elecciones) y del DBP (Partido de las Regiones Democráticas, principal partido kurdo) nos trajeron a la memoria años recientes de la historia vasca. Y no era algo casual. Una simple búsqueda en google lleva a titulares como “La Justicia turca utiliza el ejemplo de Batasuna para ilegalizar el partido kurdo DTP” (consultar ediciones de periódicos como El País, El Mundo, ABC, Público… del 11-12 de diciembre de 2009). Las compañeras y compañeros kurdos nos explicaron cómo el partido político DTP fue ilegalizado en 2009 por sus supuestos nexos, como no, con el PKK, y cómo tuvieron que crear el DBP para concurrir a las siguientes elecciones. Posteriormente, en 2016, llegaría la sentencia del Tribunal Europeo de Derechos Humanos (TEDH) condenando a Turquía por dicha decisión. Demasiado tarde.

La actividad política en el Estado turco tiene un riesgo evidente si no se alinea con las políticas ultranacionalistas e islamizantes del AKP. Y se le añade un componente de inseguridad adicional si se mezcla con la “cuestión” kurda. El aparato represivo turco, que atraviesa todos los poderes del Estado, pisó el acelerador en 2015-2016, en un contexto marcado por la ruptura de las conversaciones entre el PKK y el gobierno, por la pérdida de la mayoría absoluta del AKP y por el éxito electoral del HDP, sobrepasando el 10% de los sufragios. Paradójicamente, mientras los sectores progresistas del pueblo kurdo intentaban llevar a la práctica el concepto de confederalismo democrático formulado por Abdullah Öcalan, con una fuerte base en la municipalidad, en la participación directa y en el protagonismo de la mujer, la oferta del régimen turco fue la intervención de alcaldías y el encarcelamiento de sus co-alcaldes y co-alcaldesas. Los 28 ayuntamientos intervenidos por el gobierno de Ankara, los/as casi 200 co- alcaldes y co-alcaldesas y concejales/as encarcelados y los/as más de 300 dirigentes locales del HDP y DBP en prisión constituyen la muestra más palpable del riesgo de la política a nivel local en el Estado turco. Varias de las ciudades que hemos visitado, donde la vida urbana se desarrolla en aparente normalidad (la vida entre cuarteles y policías es ya parte de la rutina diaria…), tienen sus ayuntamientos gestionados por interventores designados por el gobierno turco. Tal es el caso de la capital de Bakur, Amed (algo más de 900.000 habitantes), o de las ciudades de Van (en torno a medio millón de habitantes) o Mardin (algo más de 200.000 habitantes, donde, además, la co-alcaldesa destituida, Februniye Akyol, fue la primera cristiana siria en ser elegida co-alcaldesa en todo el Estado). Las gigantescas banderas turcas que cuelgan de dichos ayuntamientos son la constante manifestación de la usurpación de la voluntad popular. Situaciones que, por un momento, nos trasladan de nuevo a Euskal Herria.

El cuadro de la represión de representantes populares y dirigentes políticos locales debe ser completado con más de 500 procesos judiciales abiertos contra diputados y otros dirigentes a nivel estatal, entre ellos Selahattin Demirtaş y Figen Yüksekdağ, co-presidentes y co-presidenta del partido HDP, encarcelados desde noviembre de 2016 bajo la socorrida acusación de colaboración con banda armada y propaganda a favor de organización terrorista.

Encarceladas o no, muchas son las personas que, relacionadas de una forma u otra con el movimiento político kurdo o con la izquierda turca, ven su vida personal y profesional afectada por los zarpazos del régimen de Erdogan. Tal es el caso de Feride, primera mujer en ejercer la abogacía en Amed, con la que pudimos compartir cena y conversación sobre la situación política apenas tres días tras su comparecencia en calidad de acusada en un juicio en Ankara. Una vez más, y ya son varios años, la vista se pospuso. Mientras tanto, ella no puede salir del país y encontrarse con su compañero, quien tiene prohibida la entrada al Estado turco. Una historia personal más entre tantas que recorren Kurdistan.

Periodismo en Kurdistan. Saltando sobre la tijera turca

Si la actividad política desde la izquierda y a favor del pueblo kurdo es una actividad de riesgo en el régimen turco, el desempeño como periodista crítico con el poder de Ankara también lo es. En un estado donde, al igual que en el Estado español, la mayor parte de los medios de comunicación no contrarían al gobierno sino en lo superficial, el periodismo independiente y comprometido, más si se lleva a cabo desde Kurdistan, lleva asociado una dosis de peligro.

La visita a la sede de Jin News en Diyarbakir nos proporcionó en apenas una hora una idea de las condiciones en las que tienen que realizar su trabajo las/os informadoras/es independientes. Jin News es un medio online creado en 2012 y gestionado únicamente por mujeres donde la perspectiva de género y la denuncia de la opresión contra las mujeres en sus diversas modalidades están especialmente presentes. Ello las hace también blanco de un régimen conservador y patriarcal que ve en la emancipación de la mujer un cuestionamiento evidente de su reaccionario proyecto. La sede del medio es un apartamento en un edificio de casi 20 plantas. Ninguna señal identificativa, indicaciones para que entrásemos y saliésemos con premura, y una puerta blindada con varios cierres contextualizan su trabajo diario. Según nos comentan, los años más duros fueron la década de los noventa, cuando la represión del régimen turco fue implacable contra todo lo que oliese a kurdo. Más de 20 periodistas fueron asesinados en ese período de represión abierta. Hoy en día, si bien la eliminación física de periodistas no es tan frecuente, la persecución a los medios, su ahogamiento económico o directamente su cierre, así como el procesamiento y encarcelamiento de periodistas son los procedimientos utilizados. Todo ello bajo una campaña de criminalización que cala en gran parte de la población turca. Realizar propaganda del terrorismo, acción penada con penas de entre tres y doce años de prisión, es la acusación más frecuente para intentar acallar el periodismo kurdo. Cuando les mencionamos los cierres de Egin, Egunkaria y Ardi Beltza, así como la persecución de periodistas y trabajadores/as de diversos medios vascos, nos indican que tenían conocimiento de ello.

En una pequeña sala donde no había sitio para sentarse todas/os, las compañeras periodistas también nos relataron cómo durante la ofensiva del ejército turco y las fuerzas yihadistas contra Afrin, alrededor de 200 periodistas fueron detenidos/as por informar sobre dichas operaciones. Se suele decir que en las guerras la primera víctima es la verdad. En este caso, el Estado turco tampoco quería testigos incómodos sobre el terreno arrasado. Sólo periodistas que fotografíen balcones con la bandera turca y soldados con un niño en brazos.

Otro de los hándicaps a los que tienen que hacer frente las profesionales de la información es la negación de credenciales como periodistas por parte de las instancias gubernamentales, lo cual dificulta enormemente el trabajo de nuevas personas que decidan incorporarse a la profesión. Según nos comentaron, el realizar labores periodísticas sin dicha acreditación suele suponer terminar en prisión, además de perder el material que se porte en ese momento. Junto a ello, otra preocupación mezclada con crítica: la escasa solidaridad recibida desde sus colegas de profesión europeas/os.

La presión contra la información y la censura del régimen turco llegan en ocasiones a límites que rayan lo ridículo. Cuando nos comentaron que el acceso a Wikipedia estaba bloqueado tuvimos que comprobarlo para cerciorarnos de que, efectivamente, era así. Si una web tan “peligrosa” como esa tenía el acceso impedido, lo mismo tendría que ocurrir con otras webs con contenidos más políticos. Ciertamente, el acceso a diversas web con contenidos sobre Kurdistan en diferentes idiomas también estaba bloqueado.

Tras la reunión mantenida con el grupo de periodistas fuimos testigos de nuevo de ese intento por acallar cualquier testimonio que contraríe la versión oficial o que, simplemente, quiera aportar una voz por la paz y el entendimiento. El encuentro con una decena de integrantes de Dayîkên Aşîtîyê (Mujeres por la paz) en casa de una de ellas fue realmente emotivo. Todas ellas habían perdido algún familiar en el conflicto. Con su pañuelo en la cabeza y con la serenidad y fuerza de su testimonio, recuerdan en gran medida a las madres y abuelas de la Plaza de Mayo. No en vano, han coincidido con ellas participando con Nora Cortiñas en el documental Pañuelos para la historia (2015). Tras una desesperada descripción de la brutal ofensiva contra Afrin y las victimas que estaba causando, llegó el aviso: una tanqueta de la policía junto con varios policías de paisano estaba apostados debajo de la casa. Tras una despedida apresurada bajamos rápidamente con las indicaciones de subir inmediatamente al minibús que nos estaba esperando. Pero fue en vano. Los policías habían ido expresamente en nuestra búsqueda y según nos acercamos al minibús comenzaron las preguntas cortas en inglés por parte de uno de ellos. Tras la mediación de una de las compañeras kurdas y tras fotografiar un policía con su móvil cada uno de los pasaportes, pudimos continuar. “Esto es algo habitual” nos comentan las compañeras. Ya nos habíamos dado cuenta de que era así. Tan habitual como la persecución y la censura.

La inhabilitación profesional. Otro engranaje para sacar de circulación voces discordantes

La policía de paisano también estaba presente en la entrada del edificio que alberga en una de sus plantas la sede en Amed de Eğitim Sen, el Sindicato de trabajadoras/es de la educación y la ciencia. Este sindicato es de ámbito estatal y se encuadra en el KESK, el principal sindicato de izquierda del Estado turco. Nada más entrar al apartamento con funciones de sede nos encontramos con los retratos de 20 profesores asesinados en la década de los 90. Según nos indican, asesinados por el terrorismo de Estado, desconociéndose aún quienes fueron las manos ejecutoras. Aunque la eliminación física de profesorado crítico no se práctica hoy en día, otras formas de represión continúan y se han intensificado estos dos últimos años.

Mientras tomábamos un té antes de comenzar la reunión, tuvimos ocasión de hablar unos minutos con uno de los profesores universitarios despedidos por haber firmado un manifiesto en enero de 2016. No sería el único que conoceríamos en esa situación. Tras la ruptura de las conversaciones entre el PKK y el gobierno turco, el ejército turco lanzó una ofensiva en todo Bakur que alcanzó de lleno a varias ciudades (Amed, Nusaybin, Cizre…), donde milicianos/as del PKK decidieron defender las zonas autogestionadas en dichos entornos urbanos. La salvaje ofensiva del ejército con armamento pesado destruyó barrios enteros, provocando la muerte de cientos de milicianos y otros/as habitantes de los mismos, en ocasiones enterrados/as en su propia casa, tras resistir muchos días sin agua, electricidad ni alimentos. Esta ofensiva motivó que más de 2.000 docentes e investigadores/as, tanto de la universidad como de enseñanza primaria y secundaria, firmaran un manifiesto titulado “No seremos parte de este crimen” en el que se criticaba la actuación del gobierno y el sufrimiento causado a la población civil.

La respuesta del gobierno de Erdogan fue rápida y especialmente virulenta. Les acusó de traición y de ser cómplices del PKK, indicando que dichos “pseudointelectuales” con doctorado no debían esperar trato distinto al de los “terroristas” a los que enfrentaba el ejército. En las semanas siguientes llegarían las primeras medidas punitivas: a los/as firmantes se les suspendió su contrato laboral. En 380 casos se les inhabilitó por decreto ley para poder ejercer la docencia, mientras que en otros centenares de casos “simplemente” se les despidió de su puesto de trabajo, se les suspendió de empleo durante varios meses o, en el caso de algunos/as investigadores/as, se canceló la financiación de sus proyectos. Tal es el caso de Behcet, doctor en bellas artes e investigador en la Universidad de Van (este de Bakur, muy cerca de Irán) que cometió el “error” de firmar el citado manifiesto y ahora está suspendido y en espera de juicio. Preguntado por la actitud de los rectorados de las universidades afectadas (más de 90 en todo el Estado turco), la respuesta no es nada alentadora: el 99% de los rectores/as obedecen servilmente al gobierno y el otro 1%, no alineado políticamente con él, actúa mirándose al ombligo, aplicando también en la práctica los dictados del gobierno. Asimismo, respecto a las perspectivas de continuar su carrera profesional al no estar inhabilitado por ley, nos indica que, aún en el caso de poder optar a ocupar otro puesto (los puestos vacantes tras las expulsiones han sido cubiertos ya por otras personas), el hueco que deja en el currículum todo ese tiempo sin contrato sin una razón académica convincente deja ver implícitamente las razones de ese parón e imposibilita reengancharse a la actividad investigadora en un Estado donde el gobierno ejerce un férreo control ideológico sobre todos los estamentos de la administración. Además de ello, las y los firmantes del manifiesto despedidas/os tienen prohibido abandonar el Estado turco (se les ha retirado el pasaporte), así como enviar a sus hijas/os a estudiar al extranjero.

La exclusión del sistema público suele hacerse extensiva al sistema de educación privado, que, además de estar en gran medida en manos de sectores religiosos ultraconservadores, recibe presiones políticas y económicas para no contratar a profesorado expulsado.

Ante esta situación, gran parte de estas/os trabajadoras tienen que abandonar la actividad académica y/o investigadora y dedicarse a otras actividades de iniciativa privada. Por ejemplo, Tuncay, profesor de educación primaria en Van despedido por firmar el manifiesto, nos cuenta que trabaja en una academia privada pero sin contrato. Las redes de solidaridad palian en cierta medida las consecuencias de las medidas de castigo gubernamentales, aunque siempre bajo la imprescindible discreción. Tal y como nos comentan, otras/os muchas/os docentes han tenido que recurrir a abrir pequeños negocios, como teterías, etc.

Si bien se ha aplicado de forma masiva a raíz de la publicación del referido manifiesto, la inhabilitación para ejercer en el sector público en el Estado turco por razones políticas es algo de vieja data. Tal es el caso de Yilman, veterano militante de Van despedido hace veinte años de su puesto de trabajo como profesor, que nos cuenta su situación y la de su pueblo mientras cenamos en el restaurante kebab de su primo. Éste abrió el negocio hace varios tras ser despedido por sus posicionamientos políticos del puesto de empleado municipal que ocupaba en el ayuntamiento.

Según los datos que nos proporciona Abbas, responsable sindical de la sección de Eğitim Sen en Amed, 11.300 profesoras/es han sido suspendidos de empleo en algún momento mientras que 1.565 están inhabilitadas/os de forma permanente para ejercer la enseñanza. El miedo a posicionarse de forma divergente frente a los dictados del gobierno silencia parte de las posibles voces críticas y la presión sobre los sindicatos independientes está causando mella. Abbas nos indica que el número de profesores/as afiliados/as a su sindicato ha disminuido un 40% fruto de la ofensiva autoritaria del gobernante AKP.

Islamización. Más minaretes para apuntalar un proyecto social retrógrado

En el campo de la educación también se libran otras luchas en Kurdistan. Una de ellas, como no podía ser de otra forma, es la del idioma. Si bien el idioma kurdo ha sido y es excluido de todas las esferas públicas y administrativas, durante los aproximadamente dos años que se mantuvieron las conversaciones entre el PKK y el gobierno, se disminuyó ligeramente la presión sobre la lengua kurda. La del idioma fue una de las peticiones que el PKK puso encima de la mesa. En ese momento se autorizó una muy limitada presencia de la enseñanza en idioma kurdo en las escuelas de algunas localidades con mayoría kurda. La ruptura de las conversaciones dejó en suspenso ese tímido avance. Sin embargo, no quedó simplemente en eso. Muchas/os docentes que habían impartido clase en kurdo recibieron la notificación de que serían trasladados a escuelas de otras localidades. Se calcula que en torno a mil docentes fueron removidas/os al oeste del Estado turco en 2017. Ceylan nos cuenta el caso de su hermano, destinado a una ciudad a cientos de kilómetros de Amed, donde vivía y trabajaba. Abbas también nos habla de esa situación a la que han tenido que hacer frente tantas y tantos docentes, muchas/os de ellas/os afiliadas/os del sindicato. Hay casos incluso de parejas en las que ambos/as ejercían de docente y han sido trasladados/as a diferentes destinos. También se refiere Abbas a la hostilidad a la que deben hacer frente en su nueva adscripción, poblaciones alejadas de Kurdistan con un fuerte sentimiento anti-kurdo a donde llegan con la etiqueta de “terroristas”. En el caso de 14 profesoras/es destinadas a una localidad del oeste turco llegaron incluso a recibir amenazas de muerte. El sindicato intenta atender y proteger a dichas/os profesoras/es a través de sus secciones locales, tarea nada fácil bajo una feroz estigmatización de lo kurdo.

Pero la educación turca es también un campo de batalla entre el laicismo y la islamización como política de Estado. Si bien el laicismo fue una de las banderas del proyecto kemalista, la oleada ultraconservadora, ultranacionalista y también islamizante del AKP está inundando prácticamente todas las esferas de la vida, incluida la educación. Si bien el Islam está presente en la región desde hace siglos y es la religión mayoritaria entre la población turca y kurda, existe un intento deliberado y no ocultado de que la religión musulmana tenga cada vez más presencia en la sociedad. Al pasar por cualquier ciudad de Bakur llama realmente la atención el gran número de mezquitas, muchas de ellas nuevas o en construcción, en ocasiones distantes apenas unos centenares de metros. Incluso al viajar por zonas rurales resultan llamativas las mezquitas en pequeños poblados en los que la mezquita no se llenaría ni aunque acudiese todo el pueblo a ella. Los minaretes que caracterizan el perfil urbano y los rezos por megafonía en varios momentos del día hacen omnipresente el Islam en todo el territorio del Estado, convirtiéndolo en una de sus señas de identidad. Esta instrumentalización de la religión por parte del gobierno ha hecho que algunos/as musulmanes/as hayan dejado de acudir a las mezquitas, como así nos lo reconocieron algunos/as compañeros/as kurdos musulmanes/as.

En el sistema educativo, la religión está presente en el mismo momento del acceso a la función docente. Abbas nos confirma los comentarios de días previos de otras personas sobre las pruebas de acceso a la función docente. Anteriormente se accedía mediante una prueba en la que se valoraban la formación y conocimientos relativos al puesto. Con el gobierno del AKP se incluyó una segunda prueba que consiste en una entrevista personal en la que el entrevistador incluye preguntas sobre vida personal, familiar y, ¡cómo no!, religiosa. Además de ello, se solicita información sobre la persona candidata en el entorno religioso correspondiente a su lugar de residencia. Ser musulmán practicante y llevar una vida en base a los preceptos conservadores propugnados por el gobierno facilita enormemente poder acceder al puesto. Lo contrario puede traducirse irremediablemente en la imposibilidad de conseguirlo. Por tanto, al proceso de purgas de profesorado incómodo ya descrito hay que sumar un sistema de selección basado en gran medida en criterios no académicos.

Abbas nos pregunta si nos importa que se encienda un cigarro. Nos explica que se pone nervioso cuando tiene que explicarnos el tema de los abusos a niñas y niños en algunas escuelas religiosas. A continuación, relata como el profesorado progresista y el sindicato están cada vez más preocupados por el aumento de abusos a menores en escuelas y residencias de estudiantes, así como por la cada vez mayor permisividad frente a ello por parte de profesorado religioso y por parte de diversos sectores sociales. En efecto, el mayor conservadurismo con base religiosa que se está imponiendo en el Estado turco está permitiendo que sectores ultraconservadores presenten estos casos (alrededor de 400 casos documentados en 2017, muchos de ellos incluyendo violaciones y algunos asesinato) como algo asumible y no sujeto a castigo. Son esos mismos sectores, incrustados en las estructuras mismas del Estado (como es el caso de la Dirección de Asuntos religiosos), los que propusieron recientemente disminuir la edad legal del matrimonio.

Recordar el pasado, escuchar el presente y prever el futuro de Kurdistan no mueve precisamente al optimismo, aunque la lucha y resistencia de este pueblo demuestra claramente que sigue vivo. Las experiencias que se están desarrollando en los territorios liberados de Rojava alimentan en gran medida la esperanza del pueblo kurdo y de otros muchos pueblos del mundo. Ellas/os mismas/os son conscientes de la potencialidad de lo que en los cantones de Afrin, Kobane y Cizire se está construyendo y defendiendo. El régimen turco también, y de ahí su furiosa respuesta en forma de bombardeos, tanques y yihadistas. Con base en el confederalismo democrático teorizado por Abdullah Öcalan, los territorios liberados por las YPG/YPJ y otras agrupaciones armadas de izquierda se han organizado ejerciendo un modelo de democracia directa que contrasta con los sistemas de sometimiento de poblaciones impuestos a unos pocos kilómetros de allí, ya sea por el Estado turco o por el ISIS y otros grupos islamistas. Los procesos de organización y de participación de las diferentes comunidades (kurda, asiria, árabe, yazidí, turcómana, …) puestos en marcha en Rojava apuestan por un modelo multiétnico en esa convulsa zona del mundo. El papel cada vez más protagónico de la mujer con base en la Jineologî, la ciencia de las mujeres, que coloca a éstas en el centro de la lucha contra el patriarcado, el capitalismo y el Estado, rompe con el papel al que tradicionalmente se las ha relegado. La inclusión de la ecología como uno de los pilares del confederalismo cuestiona la explotación de recursos y el desarrollismo que condena a los pueblos y la naturaleza. Las experiencias de Rojava, con sus dificultades y su todavía precaria estabilidad, irradian su luz hacia los demás territorios kurdos y muestran el potencial del pueblo cuando se libera del aparato estatal centralista y se organiza en base a sus necesidades.

Desde Bakur miran con esperanza a Rojava, y con rabía a Afrin. Viven también con rabía su día a día, en el que el rojo, verde y amarillo sólo se pueden combinar en los espacios privados. A pesar de ello, los permanentes intentos de los estados por tapar el resplandor del pueblo kurdo no pueden impedir que los destellos del sol situado en el centro de la bandera kurda sigan iluminando el camino. La sistemática represión y el profundo sufrimiento no han conseguido doblegar la voluntad de este abnegado pueblo. La clave nos la aporto de forma muy simple el veterano Yilman, al pedirle su opinión sobre la viabilidad de desarrollar el confederalismo democrático en Bakur. Nos contestó que, en las actuales circunstancias, no se puede implementar, ya que la participación política está impedida. Pero recalcó que el pueblo está deseoso de participar en política. No han conseguido apagar ese deseo. Y eso es una garantía de futuro.





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