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lunes, 25 de mayo de 2020

Cayetanos y Escuálidos

Cubainformación vuelve a la carga en defensa de Cuba y su revolución con este texto y video con los que una vez más pone de manifiesto la estulticia con la que los medios de comunicación manejan la temática de la ayuda internacionalista que la Isla presta a muchos países en el marco global de la pandemia del SARS CoV-2.

Lean ustedes:


José Manzaneda | Coordinador de Cubainformación

El gobierno de China ha anunciado que sus vacunas contra el coronavirus serán un bien público mundial y que aportará dos mil millones de dólares a países afectados, especialmente del Sur. Duro contraste con el de EEUU, que intentó comprar, a un laboratorio alemán, los derechos exclusivos de su vacuna, y que ha retirado su aportación a la Organización Mundial de la Salud. Pero ¿por qué no vemos un debate sobre esto, que afecta al futuro de la humanidad, en los platós de televisión?

Para enfrentar la pandemia, Cuba ha enviado 2.300 cooperantes a 24 países. Pero el diario español “El Mundo” nos dice que sus brigadas médicas son “propaganda y negocio”. Y ¿qué es para este diario la verdadera “solidaridad”? Las donaciones del archimillonario Amancio Ortega, dueño de la empresa Zara.

En las protestas contra el confinamiento en Madrid, en el barrio rico de Salamanca, se oyen gritos de “comunista” y “bolivariano” contra el gobierno español. Es “la revuelta del 1%”, de los millonarios, decía –con toda razón- “El País”. Curioso porque, hace unos años, este diario consideraba a Altamira, barrio acaudalado de Caracas, como la “zona cero” de las “protestas pro-democracia” en Venezuela. También es curioso que este y otros medios, que tanto han hablado del “desembarco” de familias ricas de Venezuela en el barrio madrileño de Salamanca, ahora no se les ocurra relacionar ambos fenómenos.

Durante cuatro años, La Habana puso todo –personal de mediación, infraestructura- para que el gobierno de Colombia y la guerrilla de las FARC alcanzaran un acuerdo de paz. También lo hizo para el diálogo con la guerrilla del ELN. Por eso es inaudito que EEUU haya incluido a Cuba en su lista de países que no cooperan contra el terrorismo. La razón: se niega a violar los acuerdos firmados y entregar a la delegación negociadora del ELN, tal como le exige el gobierno de Bogotá. Algo inaudito también, cuando la embajada cubana en Washington acaba de sufrir un ataque terrorista que la Casa Blanca no ha condenado. Pero ¿han leído algún editorial de prensa que denuncie semejante desvergüenza?

EEUU sufre una crisis sanitaria sin precedentes, camino de las 100 mil muertes por Covid-19. En abril, en Nueva York, se suicidaban la jefa de urgencias de un hospital y un paramédico, impotentes ante la situación. Hemos leído acerca del fallecimiento de personas que, sin seguro, no recibieron atención médica. El contraste con Cuba es aplastante. Allí, su sistema público de salud, coordinado con otros factores, como miles de estudiantes de Medicina y voluntariado joven, ha logrado reducir al mínimo el número de casos. ¿Otra tertulia para la CNN?

Durante la pandemia, más de 50 mil venezolanas y venezolanos han regresado a su patria desde países a los que habían emigrado, como Colombia. Pero este éxodo de regreso ya no genera especiales de la prensa internacional, ni atrae a celebrities “humanitarias”. ¿Por qué será?

En Santiago de Chile, era detenido, en la cobertura de una protesta, el corresponsal de la agencia cubana Prensa Latina. En Washington, un médico era despedido por criticar, en un periódico, la falta de equipos de protección en su hospital. En Miami, una pareja era expulsada de un centro médico por grabar con su móvil un mensaje de crítica a la atención sanitaria recibida. Pero donde -nos dicen- detienen periodistas, hay represalias laborales y no dejan grabar en los hospitales solo es… en Cuba.

Recientemente, morían en Turquía, en huelga de hambre, dos integrantes del grupo musical Yorum. Es la “cultura del martirio en la extrema izquierda turca”, explicaba el diario español “El Mundo”. ¿Se acuerdan de la muerte, hace diez años, de un preso en Cuba? El sistema mediático global se lanzó, como una jauría, contra el gobierno cubano. ¿Por qué no hablaron, entonces, de la “cultura del martirio en la contrarrevolución cubana”?

Y es que son cínicos… hasta con la muerte.

Edición: Esther Jávega. Presentación: Lázaro Oramas.

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jueves, 29 de agosto de 2019

Las FARC Retoman Lucha Armada

El régimen colombiano nunca renunció ni a las armas ni a la violencia, tal como el estado español, prefirieron apostar por el terrorismo de estado incumpliendo así con lo acordado en La Habana.

Cubainformación publica este artículo en el que da a conocer el comunicado por medio del cual las FARC anuncian su retorno a la lucha armada.

Lean ustedes:


"Anunciamos al mundo que ha comenzado la segunda Marquetalia (lugar de nacimiento de las FARC hace más de medio siglo) bajo el amparo del derecho universal que asiste a todos los pueblos del mundo de levantarse en armas contra la opresión", afirma Márquez en el vídeo divulgado en internet.

Público / EFE

Más información




El que fuera número dos de la guerrilla colombiana de las FARC, alias "Iván Márquez", cuyo paradero se desconoce desde hace más de un año, reapareció este jueves en un vídeo junto con otros exlíderes de ese grupo para anunciar "una nueva etapa de lucha" armada.

"Anunciamos al mundo que ha comenzado la segunda Marquetalia (lugar de nacimiento de las FARC hace más de medio siglo) bajo el amparo del derecho universal que asiste a todos los pueblos del mundo de levantarse en armas contra la opresión", afirma Márquez en el vídeo divulgado en internet, en el que aparece al lado de una veintena de hombres armados con fusiles.

Entre quienes le acompañan se puede ver a Seuxis Paucias Hernández, alias "Jesús Santrich" y a Hernán Darío Velásquez, alias "El Paisa", que hace meses dejaron de cumplir sus compromisos con la Justicia Especial para la paz (JEP).

"Nunca fuimos vencidos ni derrotados ideológicamente. Por eso la lucha continúa. La historia registrará en sus páginas que fuimos obligados a retomar las armas", señala en otro aparte del manifiesto leído en el vídeo de 32 minutos y con fecha 29 de agosto de 2019.

En la grabación, el jefe guerrillero dice que hablan desde algún punto en la zona del río Inírida, situado en la región amazónica del sureste del país, cerca de las fronteras con Venezuela y Brasil.

Márquez fue jefe del equipo negociador de las FARC en los diálogos de paz de La Habana y designado senador por el partido de la antigua guerrilla, cargo que no asumió porque a mediados de abril de 2018 se trasladó a un espacio de reunión de excombatientes en Miravalle, en el departamento de Caquetá (sur), donde se le vio por última vez en compañía de "El Paisa".

El disidente, que en el vídeo se ve vestido de verde militar y con una pistola en la cintura, asegura que la decisión de volver a las armas "es la continuación de la lucha guerrillera en respuesta a la traición del Estado al acuerdo de paz de La Habana" y asegura que buscarán alianzas con la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN).

"Buscaremos coordinar esfuerzos con la guerrilla del ELN y con aquellos compañeros y compañeras que no han plegado sus banderas que tremolan patria para todos", afirma.

Márquez ya había criticado varias veces desde la clandestinidad la dejación de armas por parte de las FARC, lo que calificó de "error".

En el manifiesto leído dice que esa insurgencia, que toma el nombre y símbolos de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), no tiene como objetivo soldados ni policías "respetuosos de los intereses populares", sino que será "esa oligarquía excluyente y corrupta, mafiosa y violenta que cree que puede seguir atrancando la puerta del futuro de un país".

No cumplir lo pactado

En ese sentido asegura: "Una nueva modalidad operativa conocerá el Estado. Sólo responderemos a la ofensiva".

Igualmente prometen su "desmarque total de las retenciones con fines económicos", en una aparente referencia a los secuestros, pero buscarán "el diálogo con empresarios, ganaderos, comerciantes y la gente pudiente del país, para buscar por esa vía su contribución al progreso de las comunidades rurales y urbanas".

Márquez agrega que desde la firma de la paz, que tuvo lugar en noviembre de 2016, "y del desarme ingenuo de la guerrilla a cambio de nada" no se detiene la matanza de líderes sociales y de exguerrilleros y culpa al Estado de no cumplir lo pactado.

"En dos años, más de 500 líderes y lideresas del movimiento social han sido asesinados, y ya suman 150 los guerrilleros muertos en medio de la indiferencia y la indolencia de un Estado", expresa.

Enseguida añade: "Todo esto, la trampa, la traición y la perfidia, la modificación unilateral del texto del acuerdo, el incumplimiento de los compromisos por parte del Estado, los montajes judiciales y la inseguridad jurídica, nos obligaron a regresar al monte".

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Mientras haya voluntad de lucha habrá esperanza de vencer







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domingo, 28 de julio de 2019

El Clamor de las Calles Colombianas

La actitud servil adoptada por Timochenko ante el embajador borbónico franquista en Colombia sobre el tema de la niki con el emblema del Bietan Jarrai no fue un insulto tanto al pueblo vasco internacionalista como lo fue a su propio pueblo, el colombiano, martirizado por la derecha desde hace décadas.

A él le dedicamos este artículo de Naiz:


Decenas de miles de personas han salido a las calles en medio centenar de ciudades de Colombia para protestar contra las ejecuciones de líderes sociales y activistas y la impunidad que les rodea en un país que no consigue acabar con la violencia.

Decenas de miles de personas han ocupado las calles de toda Colombia en un clamor de rechazo a las continuas ejecuciones de líderes sociales y defensores de derechos humanos que representan la fachada de las nuevas dinámicas del conflicto armado y que ahora tienen en el punto de mira a quienes alzan la voz por sus comunidades. Y que en su mayoría quedan impunes.

La Defensoría del Pueblo cifra en 486 el número líderes sociales muertos entre el 1 de enero de 2016 y junio de 2019, aunque como el Instituto de Estudios sobre Paz y Desarrollo (Indepaz) documentan 734 en el mismo periodo, y las amenazas se cuentan por centenares.

La Fiscalía General , por su parte, rebaja hasta 292 el número de ejecuciones y asegura que más de la mitad (157) han sido esclarecidas, pero sólo un 11% de las sentencias han sido condenatorias.

Las amenazas y ejecuciones de líderes sociales y de defensores de los derechos humanos se han convertido en un estigma ante la comunidad internacional para el Gobierno de Iván Duque, pese a que el presidente asegura que se han reducido desde que asumió el poder hace casi un año.

La mayoría de los ejecutados estaba en contra del narcotráfico y la minería ilegal y apoyaban programas de sustitución de cultivos de hoja de coca, de defensa del medio ambiente y de reclamación de tierras de campesinos que fueron desalojados por grupos armados o narcotraficantes.

El Gobierno y el Ejército responsabiliza de sus muertes a la guerrilla del Ejército de Liberación Nacional (ELN), las disidencias de las FARC que se apartaron del acuerdo de paz firmado a finales de 2016 y bandas criminales como el Clan del Golfo.

Con una sola voz

Las marchas que se han repetido el viernes por la noche (madrugada en Euskal Herria) en decenas de ciudades del país fueron convocadas por el movimiento Defendamos la Paz con voluntad de alejar las ideologías con el fin de unir a todo el pueblo colombiano bajo una sola voz.

Comenzaron a organizarse hace más de un mes, después de que la dirigente María del Pilar Hurtado fuese abatida a tiros frente a su hijo en un pueblo del departamento de Córdoba, en el norte del país.

La imagen del niño llorando por el homicidio de su madre, grabada con un teléfono móvil, se hizo viral y puso de manifiesto las condiciones de inseguridad de los defensores de derechos humanos en Colombia.

Hace unos días, los movimientos políticos de la izquierda colombiana retaron al presidente, Iván Duque, y a sus ministros a que salieran a rechazar esta violencia que desangra el país. Duque ha estado presente en la manifestación de Cartagena de Indias, pero ha tenido que abandonar la marcha antes de su finalización al ser increpado con gritos de «asesino» por un grupo de los presentes.







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miércoles, 15 de febrero de 2017

El Lado Oscuro de la Paz en Colombia

Tal como lo advertimos en su momento, la derecha colombiana está sacando provecho a su manera del proceso de paz iniciado por las FARC, mismo que es ampliamente apoyado por estamentos de la sociedad colombiana.

Pero la derecha neoliberal no descansa, tal como nos dice Said Bouamama.

Les invitamos a leer este reportaje publicado en DesInformémonos:


Rodrigo Uprimny Yepes

En los últimos dos años, cada tres días en promedio, un líder social o defensor de derechos humanos fue asesinado.

En 2015, CERAC contabilizó 105 asesinatos. En 2016 la cifra pudo ser más alta; algunos medios hablaron de 116 muertes. Y sólo desde la aprobación por el Congreso del acuerdo de paz han sido asesinados 17 líderes sociales.

Estas cifras son dolorosas pues detrás de cada muerte hay un drama humano profundo. Y son cifras preocupantes pues podríamos estar repitiendo un patrón, que puede ser resumido así: los esfuerzos por lograr la paz con las guerrillas o por realizar reformas democráticas, cuando son significativos, como sin lugar a dudas lo son el acuerdo con las FARC y las conversaciones con el ELN se han acompañado de un incremento de amenazas y asesinatos contra líderes sociales, en general de izquierda.

Muchos estudios han evidenciado este patrón antidemocrático de la democracia colombiana, conforme al cual, las aperturas democráticas y los avances de nuevas fuerzas políticas, en general de izquierda, son violentamente cerrados por un aumento de la violencia contra los líderes sociales desplegada usualmente por grupos paramilitares. El ejemplo más dramático es sin lugar a dudas el genocidio contra la UP. Pero infortunadamente no es el único.

No es posible referenciar todos estos estudios, por lo cual cito solamente el trabajo más reciente de calidad que he leído sobre el tema: el análisis econométrico de Fergusson, Querubín, Ruiz y Vargas (La verdadera maldición del ganador) de los Andes, quienes con una rigurosa prueba estadística muestran que, entre 1997 y 2014, la elección de nuevas fuerzas de izquierda a nivel local produjo un incremento significativo de los ataques violentos paramilitares en esas zonas. Los autores concluyen que esto expresa “una reacción de facto de las élites políticas y económicas tradicionales, que buscan compensar el incremento en el poder político de jure de los grupos tradicionalmente marginados”.

Esta trágica historia no puede repetirse. Estos crímenes tienen que ser evitados no sólo por el dolor humano que provocan sino porque están en juego la suerte de la paz y la democracia. No podemos permitir que los avances de la paz y las reformas democráticas que deberían surgir de estos procesos sean bloqueados por el incremento de la violencia contra los líderes sociales. Obviamente corresponde al Estado la principal responsabilidad para prevenir y sancionar esos crímenes. Y por ello son inaceptables ciertas declaraciones de altos funcionarios estatales, como el ministro de Defensa o el fiscal general, que niegan la extensión y gravedad de estos crímenes. Pero este desafío nos interpela también a todos como ciudadanos. Debemos rechazar masiva y enfáticamente la violencia contra los líderes sociales, independientemente de si sus sensibilidades políticas son o no las mismas que las nuestras. Debemos construir un frente político y social vigoroso contra esos crímenes que, por usar el título del informe del grupo de memoria histórica sobre el conflicto armado colombiano, diga: ¡Basta Ya!

Estas son las líderes asesinadas desde que empezó la implementación de los acuerdos de paz

De los 19 líderes sociales asesinados desde que empezó la implementación de los acuerdos de paz entre el Gobierno y las Farc el pasado 1 de diciembre, cinco son mujeres. A pesar de que ellas ejercen distintas formas de liderazgo y representan a diferentes sectores de su comunidad, la muerte las persigue por igual. El ministerio de Defensa ha dicho en varias oportunidades que los atentados contra estos dirigentes sociales, incluidas las mujeres, “no son sistemáticos” y que el paramilitarismo (objeto de casi todas las denuncias) es una cosa del pasado. “No hay paramilitares, así que aceptar eso es darles garantías políticas a quienes no las merecen. Hay asesinatos, pero no son sistemáticos. Si lo fueran, sería el primero en aceptarlo”, dijo el propio ministro, Luis Carlos Villegas, en una cadena radial. Lo cierto sin embargo es que, de manera sistemática o no, están matando a las personas que van a implementar los acuerdos de La Habana en las regiones golpeadas por la violencia. Las mujeres líderes se están convirtiendo en objetivo militar. El portal de noticias PACIFISTA hace un breve retrato de las cinco mujeres, lideresas asesinadas en poco más de dos meses.

Nataly Salas, estudiante, 19 años. El pasado 3 de diciembre, Nataly Salas apareció muerta en una laguna de Montería. La estudiante de 19 años, que se perfilaba como una activista estudiantil, también fue violada, según las primeras declaraciones de las autoridades. El 14 de enero, 42 días después del asesinato, su papá, Edwin Salas, le pidió a la Fiscalía acelerar las investigaciones, pues hasta ese momento no había siquiera un sospechoso del asesinato. “No estoy conforme con los que llevan este caso. Siempre que pregunto me dicen que va adelantado, pero hasta el momento no hay capturas”, dijo Salas.  

Yaneth Calvache, Asociación de Trabajadores Campesinos de Balboa, Cauca. A Calvache la mataron en su habitación. Cuando abrió la puerta de su cuarto para recibir un teléfono celular, un sujeto le disparó cuatro veces. Tres balas impactaron el pecho, y una, la mandíbula. Aunque miembros de su familia y unos amigos la auxiliaron, murió en el camino al hospital. Yaneth era integrante de la Asociación de Trabajadores Campesinos de Balboa, Cauca, y formaba parte del Proceso de Unidad Popular del Suroccidente Colombiano, uno de los colectivos campesinos mejor articulados de la región.  

Emilsen Manyoma, defensora de derechos humanos, 31 años. Manyoma y su esposo se convirtieron en las dos primeras víctimas de violencia armada en Buenaventura en 2017, según la Fiscalía. Emilsen era una reconocida líder y defensora de derechos humanos de la región del Bajo Calima y miembro de la Red Conpaz, que busca construir paz desde los territorios. “De acuerdo con el director del CTI en el municipio, Omar Bonilla, los homicidios se habrían hecho con arma blanca. Los cadáveres, que se encontraron en un avanzado estado de descomposición, fueron hallados en una zona selvática al lado de la vía férrea de Buenaventura, en la vereda El Limonar del Barrio El Progreso”, escribió el diario ‘El Espectador’ días después del fallecimiento de Manyoma. Emilsen era activista política y líder social desde 2005 y denunció duramente tanto la presencia paramilitar como el tráfico de drogas en el barrio El Calima, uno de los más peligrosos de Buenaventura.  

Yoryanis Isabel Bernal, indígena wiwa, 43 años. Está líder se desempañaba como defensora de los derechos de las mujeres de su comunidad. La gente la recuerda como una persona que siempre estaba en busca de soluciones a las necesidades de los suyos en Santa Marta. También apoyaba una delegación wiwa asentada en Riohacha. La asesinaron el pasado jueves 26 de enero en Valledupar de un disparo en la cabeza. Sus familiares llevaron su cuerpo a Santa Marta donde tuvieron lugar los actos fúnebres. La investigación está en manos del CTI de la Fiscalía. “Nos quitaron a una gran líder, y cuando esto sucede, nuestra cultura se baja porque no hay mucha gente valiente para enfrentar nuestros problemas de orden público, que siempre son peligrosos”, dice el cabildo gobernador Kogui José de los Santos Sauna.  

Luz Herminia Olarte, líder comunal, 51 años. Desapareció el pasado 28 de enero en el corregimiento Llano de Ochalí, en el municipio de Yarumal, norte de Antioquia. Días después, el 7 de febrero, unos campesinos hallaron su cuerpo entre matorrales y cubierto con ramas en una zona boscosa de la vereda Las Cruces. Al parecer fue atacada con un machete. Olarte pertenecía a la Junta de Acción Comunal de su corregimiento. Era madre de cuatro hijos y se encargaba del cuidado de su padre, un hombre de avanzada edad. Su caso dejó preocupados y afligidos a los vecinos del sector, pues en el lugar nunca se había presentado un hecho de violencia de este tipo.







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martes, 10 de enero de 2017

Entrevista a Pablo Cruz

Con respecto al proceso de paz entre las FARC y el régimen colombiano -que hemos tenido un poco olvidado- les presentamos esta entrevista publicada en Gara:


Pablo Cruz es uno de los portavoces de Voces de Paz en el Senado colombiano, partido político surgido en cumplimiento de los acuerdos de La Habana. Aunque sin derecho a voto, su cometido es vigilar desde el Parlamento la implementación de lo pactado.

Ainara Lertxundi

Pablo Cruz es uno de los portavoces del partido político Voces de Paz, «un amplio movimiento de ciudadanos de la más diversa índole», que cuenta con tres representantes en la Cámara de Representantes y otros tantos en el Senado. En entrevista con GARA, analiza los retos de la implementación de los acuerdos.

¿Cómo valora este primer mes, largo, desde la refrendación de los acuerdos de La Habana?

Ha sido un mes bastante difícil; no se han podido cumplir las metas tal y como estaban programadas y yo diría que, en este caso, el incumplimiento no ha sido por parte de la insurgencia –ésta siempre ha cumplido, incluso de manera unilateral–. Pero el Gobierno ha tenido traumatismos institucionales, por ejemplo, en muchas zonas del país no se han podido construir las instalaciones para acoger a los guerrilleros en las Zonas Veredales Transitorias de Normalización; la insurgencia no podía ir para allá y comenzar el proceso de dejación de armas sin que tuviera seguridad jurídica, que sólo ahora empieza a plasmarse a través de la Ley de Amnistía. Hay muchas dificultades que se avizoran en el camino pero con la decisión de la insurgencia y de la mayoría de los colombianos podremos vencer esos obstáculos y consolidar el proceso de paz y honrar los acuerdos de La Habana. Esperamos que el Gobierno también tenga esa misma disposición.

¿Cómo vivió el debate sobre la Ley de Amnistía?

Fue una experiencia muy interesante en el sentido de que hubo algunos sectores políticos que hasta el último momento quisieron obtener beneficios y prebendas chantajeando al Gobierno pero, al final, la mayoría del Gobierno en el Congreso logró consolidar la aprobación de la Ley de Amnistía. No es un caso aislado ni un fenómeno único que se registra en la historia de Colombia. Ha habido muchas amnistías en nuestro país. Las dos últimas fueron otorgadas por el expresidente Álvaro Uribe a los paramilitares, en virtud de las cuales fueron liberadas cerca de 28.000 personas vinculadas al paramilitarismo sin que se les exigiera compromiso o responsabilidad alguna de aportar al esclarecimiento de los hechos, contribuir a la reconciliación y perdón, y menos aún de reparar a las víctimas.

Su hermano fue víctima de una acción paramilitar en 2010. ¿Cómo entiende la reconciliación?

Hay una matriz mediática impulsada por el Estado, en particular por los sectores que se han beneficiado de la guerra, en la que se señala únicamente a una de las partes del conflicto como la culpable de todas las muertes, desplazamientos, violaciones… Un punto significativo de la recién aprobada Ley de Amnistía es el reconocimiento de la existencia de un conflicto armado interno cuya existencia fue negada con especial vehemencia durante el mandato de Uribe. La Ley de Amnistía es una muestra de que en el conflicto hubo víctimas de ambos lados, pero, sobre todo, víctimas inocentes que no estaban en ninguno de los sectores en confrontación. En el pleno del Senado expuse que mi hermano había sido desaparecido y ajusticiado por los paramilitares con ayuda de agentes estatales, y que yo estoy dispuesto a perdonar este episodio trágico para mi familia y, en particular, para sus hijos. El camino de la reconciliación nacional es el perdón, que no quiere decir olvido –jamás olvidaremos a Fernando–. Las víctimas del conflicto no son exclusivamente de la insurgencia. Son miles las víctimas causadas por agentes del Estado.

¿Qué les diría a quienes siguen manteniendo que «con terroristas no se negocia» y que Santos «está entregando el país a la narcoguerrilla»?

Estos argumentos son parte de esa propaganda promotora de la guerra y enemiga de la paz y la reconciliación. Nosotros, las víctimas del Estado, podríamos repetir consignas similares, como que el colombiano es un Estado terrorista que hace desaparecer a jóvenes –véase el caso de Soacha–, que asesina a dirigentes sindicales, defensores de derechos humanos… Pero, si seguimos con esta retórica, no lograremos encontrar la reconciliación.

En 2018 habrá elecciones presidenciales. ¿Qué ocurriría ante la llegada de un hipotético gobierno hostil a los acuerdos?

La construcción de la paz después de una guerra tan prolongada no es tarea fácil ni sencilla y, por tanto, está expuesta a toda clase de vicisitudes. Esa es una posibilidad que existe. Sin embargo, uno de los puntos acordados en la mesa de negociación de La Habana busca garantizar que el Estado, no un gobierno determinado, honre el pacto y los compromisos suscritos. Mediante una reforma de la Constitución se va a incorporar un artículo transitorio que garantice que durante los próximos 12 años, el Estado debe cumplir los acuerdos de La Habana. Esa podría ser una garantía, aunque también es cierto que una eventual mayoría proclive a la guerra y la violencia podría reformar esta norma constitucional. Yo creo que más que una norma constitucional, lo que garantiza el cumplimiento de lo acordado es la participación social. Actores como Voces de Paz y otros sectores de la ciudadanía son la garantía última y definitiva para que se consolide la paz y se respete lo acordado. Estamos seguros de que el pueblo, que durante mucho tiempo fue engañado y manipulado bajo el pretexto de que la guerra es mejor que la paz, va a hacer una reflexión sensata, en la cual va a encontrar que es mejor tener un país en paz.

¿Qué análisis realiza de la baja participación ciudadana en el plebiscito del 2 de octubre? La abstención se situó en el 62%.

Lamentablemente, nos hemos acostumbrado a que los colombianos no participen en la toma de decisiones porque consideran que da igual votar por uno que por otro porque siempre estarán al servicio de los grandes intereses. A esa apatía política tradicional se sumaron las mentiras y desinformación por todos conocidas. Los señores del uribismo, por ejemplo, hicieron una campaña en la que advertían a los jubilados de que les iban a quitar las pensiones para pagar a los guerrilleros; a las madres de familia que sus hijos estaban siendo educados en los colegios en una concepción homosexual porque ésa era una petición de la guerrilla… Esas mentiras absurdas y espantosas jugaron un papel determinante a la hora de movilizar a sectores atrapados en el miedo y el engaño que apoyaron el «No» en el plebiscito. Eso ha cambiado porque ya se sabe que fue una manipulación. El nuevo ambiente de construcción de paz se va a imponer a una realidad ficticia que nos dice que la guerra es mucho mejor que la paz.

El jueves, una delegación del Gobierno encabezada por Juan Camilo Restrepo se reunirá con el ELN en Quito para reactivar las conversaciones e instalar la mesa de diálogo, suspendida desde el 27 de octubre.

Para Voces de Paz y Reconciliación es supremamente importante que se consolide la mesa de negociación entre el Gobierno y el ELN. Pedimos a las partes que con compromiso, voluntad política y pensando en los más altos intereses de nuestro país se sienten y encuentren un camino de reconciliación. Voces de Paz estará para contribuir al éxito de esas negociaciones.

Uribe critica duramente a Hollande por planear visitar un campamento de las FARC

El expresidente colombiano Álvaro Uribe criticó la visita prevista entre los días 22 y 24 de enero del jefe de Estado francés, François Hollande, a una de las Zonas Veredales Transitorias de Normalización, en concreto, a la que está ubicada en una zona conocida como La Elvira, en el municipio Buenos Aires del departamento del Cauca. Esta visita, que cuenta con el visto bueno del Gobierno de Santos, forma parte de un viaje más amplio del mandatario francés a Colombia.

«Hollande, presidente francés que no ha sabido enfrentar al terrorismo yihadista, visita la Colombia entregada a las FARC», escribió el actual senador Uribe en Twitter.

El Estado francés es uno de los cinco miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU y cuenta con unas 170 empresas en Colombia. Aporta 17 de los 95 millones de euros del fondo de la UE para el posconflicto.

El jefe negociador del Gobierno con el ELN, Juan Camilo Restrepo, defendió la visita. «Francia es aliada de vieja data de la paz de Colombia: lo es bilateralmente, en la UE y en el Consejo de Seguridad».






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sábado, 2 de abril de 2016

La Doble Vara de la UE

A nivel internacional la historia de la resistencia colombiana en contra de los gobiernos de derecha de ese país, por lo general alineados con la geoestrategia estadounidense en el área, por lo general se asociaba con las FARC.

Pero allá en 2003 Euskal Herria se enteraría de la existencia de otro grupo guerrillero de corte marxista, el ELN. Y es que para visibilizar la difícil situación en la que se encontraban los pueblos originarios la guerrilla había optado por secuestrar a un grupo de turistas, entre ellos, el vasco Asier Huegún.

Pues bien, hoy traemos a ustedes esta editorial de Gara en la que se analiza el panorama abierto por la disposición del ELN de seguir el ejemplo de las FARC para sentarse a la mesa de negociación con el régimen colombiano y sus ecos en Europa, donde la UE se muestra feliz de contenta aunque extrañamente omisa ante lo que sucede en los territorios que administra:
 

La constitución de una mesa de negociaciones pública por el Gobierno de Colombia y la guerrilla del ELN tras dos años de diálogo exploratorio supone una buena noticia. Lo es cualquier paso tendente a trasladar un conflicto armado a los cauces de la confrontación democrática, satisfactorio para todos excepto para quienes con la resolución ven en peligro sus privilegios. El paso resulta aún más esperanzador en un contexto en el que las negociaciones entre el Gobierno de colombiano y la guerrilla de las FARC-EP se encuentran en fase muy avanzada.

La notable implicación internacional revela la importancia de las conversaciones que tendrán lugar en Ecuador, Venezuela, Brasil, Cuba y Chile, países garantes del proceso junto a Noruega. Una implicación a la que se suma el apoyo de la comunidad internacional, que celebra las negociaciones ahora públicas, tal y como manifestó el secretario general de la ONU, además del Gobierno de EEUU y la Unión Europea, que calificó el diálogo de «oportunidad única». También el Estado español mostraba su satisfacción por lo que considera «una nueva etapa esperanzadora», reiterando un apoyo que ya en noviembre pasado ofreció ante el diálogo entre Bogotá y las FARC.

Si bien es plausible el apoyo de la UE a las negociaciones de paz en Colombia, así como su petición de compromiso con ese proceso, resulta difícil no reparar en su actitud frente a un conflicto mucho más cercano pero que aparenta ignorar, a pesar de la resolución en apoyo al proceso de paz de Euskal Herria que el Parlamento Europeo aprobó en octubre de 2006. Una actitud consecuencia de hacer suya la irresponsabilidad del Estado español incluso varios años después del cese definitivo de la actividad armada de ETA. Irresponsabilidad que demuestra que, en efecto, ante la posibilidad de resolución de un conflicto armado se alegran todos menos quienes tienen inconfesables pero generalmente conocidos intereses en la prolongación de dicho conflicto y el sufrimiento que conlleva.






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martes, 29 de diciembre de 2015

Pedro Baigorri Apesteguía

Con ustedes y desde las páginas de Rebelión una historia de Euskal Herria digna de la etiqueta Kurlansky Arzalluz:


Marco Tobón

Para N., que me pidió que no le escribiera. Pero que no dijo nada sobre las dedicatorias.

Pedro Baigorri fue un chef vasco que, por los azares de la historia, se hizo un gudari temerario en el Caribe. Baigorri, se especula, salió hacia finales de 1950 de Euskal Herria a encontrarse con una América Latina golpeada, agitada, de dictaduras rabiosas y quijotes convencidos de impulsar la insurrección soñada. Llegó a Cuba y al sur de América y recorrió islas, montañas y ríos; no se montó en una moto como lo haría el joven Guevara, ni en barco, ni en avión, eso no se sabe, poco se sabe de Baigorri, solo que era un cocinero admirable y que se fue p’al monte del Caribe colombiano a luchar junto a campesinos olvidados.

La primera vez que supe de Pedro Baigorri fue leyendo una crónica de Alfredo Molano sobre la historia del conflicto en el departamento colombiano del Cesar publicada el 29 de diciembre de 2013 en el periódico El Espectador de Colombia, “Sin derecho a ser civil. Viaje a Becerril y al corregimiento Estados Unidos (entrega I)”. Molano dice “[A finales de 1960]… A San Diego habían llegado un tiempo antes los supérstites de otro grupo guerrillero fundado también en Cuba por Tulio Báyer, comandante de un frustrado levantamiento en el Vichada en 1962, encabezados por Pedro Baigorri, un vasco que había sido amigo y cocinero del Che y de Fidel en La Habana. Baigorri abrió la zona y murió hacia el 70 en un enfrentamiento con el Ejército Nacional en la vereda Media Luna, donde el ELN echó raíces”.

¿Un gudari caído en aquellas pulsaciones dramáticas de la historia política de Colombia? ¿Y cómo llegó a Cuba y luego a Colombia?, ¿en qué lugar del País Vasco nació, cómo fue su juventud, su formación política, en qué mundo soñó y qué amores lo inspiraron y lo mortificaron? Las respuestas a estas preguntas habrá que arrancárselas al olvido y a la memoria de quienes lo conocieron, ejercicio que será una humilde manera de rendirle los merecidos honores a un gudari que nadie nombra. Asomarse a su mundo solo será posible hasta donde las conspiraciones del azar me lo permitan, pues reconstruir los hechos y las palpitaciones de una vida de la que se tienen apenas imágenes fragmentadas parece el arte de lo imposible. Ni si quiera llega a ser una completa labor detectivesca, pues no hay rastro de sangre ni indicios sueltos que reconstruir, solo la sospecha de que alguien que lo conoció me pueda hablar de él.

Convencido de esto salí en estampida a buscar a Pedro Baigorri en archivos históricos españoles, en internet, en libros vascos sobre la historia de la guerra civil, en libros de la historia del conflicto colombiano y nunca lo encontré. Solo aparecieron, para encender las vanas ilusiones, dos homónimos distractores. Uno de estos nombres hacía referencia a un Pedro Darévalo Baigorri, religioso agustino nacido en el pueblo de Murrugarri en Navarra y acusado en 1937 de desafección al régimen franquista. La acusación de desafección a la dictadura pareció coagular las vaporosas conjeturas, pues esto lo tornaba un gudari antifranquista, pero no fue más que una confusa pista que perturbaba cualquier posible orden cronológico con la vida del Baigorri que busco. El otro era Juan Pedro Baigorri, esta vez demasiado americano, pues había nacido en 1891 en Concepción Uruguay, en la provincia de Entre Ríos, pese a que toda su vida sostuvo que era argentino. Se trataba de un geofísico conocido como “El Señor de la Lluvia”, pues había inventado “El Pluviotrom”, una asombrosa máquina electromagnética que tenía el poder de hacer llover. En Buenos Aires, donde vivió la mayor parte de su vida, lo recuerdan porque era un mitómano incorregible, y porque con su aparato de conmoción climática hacía cancelar los partidos de fútbol en “El Fortín”, el mítico estadio de Vélez Sarfield, haciendo descargar de los cielos chubascos despiadados que dejaban siempre a la hinchada de Vélez en un profundo estado de frustración.

Comprendí entonces que los recuerdos del Pedro Baigorri que buscaba y del retrato de algunos de sus años de vida en Colombia se encontraban alojados en la cabeza de Alfredo Molano. Pedro Baigorri revivía en unas cuantas sinapsis en la cabeza de quien lo recordaba. Contacté a Alfredo Molano y le expliqué mi interés en un vasco que participó de las luchas revolucionarias de Colombia y me dijo: “Después de Lope de Aguirre él es el único vasco del que se sepa que peleó en estas tierras. Yo no recuerdo muy bien, el que sí sabe bien de Pedro Baigorri porque convivió con él es William Ramírez Tobón, hable con él. Puedes llamar a Marta Arenas, ella te contacta con William”.

“¿Pedro Baigorri?”, pregunta Marta. “Claro, lo conocimos, le decíamos ‘Pasodoble’”. ¿Era paticojo? – interrogo. “No, le decíamos así porque era español. Habla primero con William y luego conversamos”. No sé si el mote de ‘Pasodoble” sería del agrado para un euskaldun. Quizá se ahorraba esfuerzos al tener que explicarles a muchas personas en los trópicos que era vasco y no español, como se deducía para los oídos hispanoamericanos por su castellano de ces y zetas interdentales.

Cuando hablé con William Ramírez por teléfono, profesor del IEPRI2 de la Universidad Nacional de Colombia, percibí la justificable desconfianza que sentimos los colombianos cuando un extraño entra en contacto con nosotros. Pues si llama un extraño es porque te quieren engatusar con la venta de cosas innecesarias, o bien, se trata de algún problema policial, o lo que es casi lo mismo, una extorción de la delincuencia. En este caso se trataba de un asunto más desafiante aun, hacer brotar de las brumas del pasado algún pedazo legible de la vida de un vasco que sabía cocinar paellas monumentales y contrariar a tiros las mezquinas élites colombianas. William me recibió en su casa en Bogotá.

William comienza su relato: A ver…yo conocí a Pedro Baigorri en Cuba, se llamaba Pedro Baigorri Apesteguía, siempre hacía énfasis fuertemente e sus apellidos “Baigorri Apesteguía”, debían ser los años sesenta. Yo estudiaba sociología en la Universidad Nacional y con un grupo de colegas pensábamos ir a Cuba a encontrarnos con Tulio Bayer. Allí en reuniones con Tulio Bayer apareció Baigorri, un tipo alto, con un gran vozarrón.

¿Un grupo de estudiantes colombianos de universidad pública a qué viaja a la recién Cuba liberada y para encontrarse con Tulio Bayer, aquel espíritu insurrecto, el único médico de Harvard que volvió a los trópicos para rebelarse contra el vergonzoso estado de postración de su país, nacido en aquella tierra de indígenas aguerridos y cuna colombiana del libertino Lucifer, Río Sucio Caldas? Pues a realizar lo que aquel momento histórico de 1960 reclamaba, lograr el socialismo por la vía armada, moverle el catre a la engreída clase dirigente y demoler las estructuras de injusticia a las que estaba (está) sometida Colombia. Toda aquella generación de 1960 que respiraba y fumaba nuevos aires de emancipación, que desgreño los prejuicios que la sujetaban, vio el resplandor histórico de la revolución cubana como la reafirmación de la efectividad de la tesis de la lucha popular prolongada. Como lo afirmó recientemente Alfredo Molano luego de conocer la decisión de Barack Obama de restablecer las relaciones diplomáticas con la Cuba socialista y aceptar el fracaso de las políticas de aislamiento de EE.UU hacia la isla: “Nosotros, los de la generación que llegó a la política en los años 60, participamos de ese sueño y levantamos indignados el puño izquierdo al cielo, y tratamos de tomarnos el país a piedra; después, cuando la piedra fue derrotada, a plomo, Cuba fue nuestro estandarte, nuestro libro abierto, nuestra sangre que se derramó –y se derrama– por la misma causa”. El mejor acto de coherencia política era jugarse la vida en las trifulcas anti-imperialistas, esas certezas inspiraron las ilusiones y le dieron contenido a los sueños políticos de aquella época.

William continúa su relato. La idea en Cuba era formar un nuevo grupo que viniera a Colombia a luchar. Allí duramos un tiempo recibiendo formación política, estableciendo contactos y entrenamientos. Muchos desistieron, pero a Pedro Baigorri se le veía muy entusiasmado. Tulio decía que contaba con él, con su decidida participación. La dificultad era que Baigorri era el chef de confianza de Fidel Castro. Fidel lo estimaba mucho, lo consideraba un gran aliado y no le sonaba la idea de que se fuera para Colombia a luchar con Tulio Bayer. Luego de varias conversaciones e insistencias Fidel Castro acepta a regañadientes la participación de Baigorri, su gran cocinero, su amigo de confianza, en ese grupo que vendría a Colombia a luchar. ¿Recuerda a otras personas que estuvieron en ese grupo y que hayan conocido a Baigorri? –pregunto.

Con Alfredo Molano, con Marta Arenas y otros se conformó el grupo de contacto para recibir a Tulio Bayer y el grupo que veníamos de Cuba. Ellos se quedaron en Bogotá, Alfredo, Marta y otras personas no viajaron a Cuba. Se planeó todo para recibirnos en Bogotá a Tulio Bayer, a Pedro Baigorri y a mí.

El grupo formado en Cuba era un trío, la rebelde trinidad, el padre Tulio Bayer, el hijo Baigorri y el profesor William, el espíritu santo que gracias a los hechos fortuitos de la historia vive hoy para recordar y narrar algunos de los episodios del conflicto armado colombiano y sus huidizos protagonistas. Tulio Bayer salía de la isla socialista luego de su estruendoso fracaso al intentar impulsar una guerrilla humanista –como dicen sus biógrafos- en el amazónico departamento del Vichada, la cual fue hecha añicos por la represión oficial en manos del feroz batallón Colombia del ejército; la misma delegación armada, y la única latinoamericana, que fue enviada a batallar en la guerra de Corea por orden del entonces presidente Laureano Gómez (1950 – 1951) el más católico y brutal representante del franquismo en tierras colombianas.

Cuando Tulio Bayer entró a Colombia desde el Caribe, cargaba en su haber el estrepitoso descalabro de su guerrilla selvática. Willian que es a fin de cuentas el que sí sabe cómo fue la historia, continúa:

Llegamos de Cuba en diferentes momentos. A través de Tulio Bayer existían algunos contactos con algunas personas para instalarnos en la Sierra Nevada de Santa Marta. Primero llegamos Baigorri y yo, estuvimos en Bogotá con el grupo que nos esperaba, estuvimos algunos meses mientras preparábamos todo para ir al encuentro con Tulio Bayer, que entre otras cosas, demoró mucho en llegar, era su regreso a Colombia después de un tiempo. Demoró tanto que incluso llegamos a pensar que todo se había ido al traste. Con Baigorri estábamos decididos a ir y llegamos a la Sierra junto a algunos campesinos y allí estuvimos esperando a Tulio Bayer. Cuando Tulio llegó nos instalamos en una humilde casa los tres.

Este trío una vez instalado en el monte aplicarían en rigor las tesis del foco insurreccional, una unidad pequeña y armada que efectuaría acciones móviles y rápidas, estableciendo vínculos de solidaridad con la población con la idea de aumentar el potencial social de combate y creando zonas liberadas que favorecieran la planeación táctica dirigida a la confrontación con el enemigo. De este modo Bayer, Baigorri y William se instalaron en un humilde rancho para intentar así, como se diría en aquellos años, “conducir las fuerzas históricas de la dialéctica a fin de conquistar la liberación colombiana”.

Según William: permanecimos allí los tres, y empezó a faltar la comida, no teníamos mercado, nada de provisiones. Tulio tenía un contacto que parecía fallar y no llegaban las provisiones, así empezaron las incertidumbres. El asunto era que cuando la comida llegó en su mayoría eran botellas de whisky y cigarrillos solicitados por Tulio Bayer. Yo empecé a percatarme que el hombre estaba era alcoholizado. Se la pasaba bebiendo y fumando todo el día. En las noches teníamos lo que Tulio llamaba “charlas estratégicas”, que con el tiempo empezamos a percibir que solo era una habladera de mierda de Tulio Bayer toda la noche, borracho y fumando sin descanso. Viendo la situación hablé con Baigorri y le dije “Tulio no está haciendo las cosas bien, está improvisando, no es serio y lo que vamos a conseguir es que nos maten a todos aquí”. Y en ese momento le dije a Pedro Baigorri “¡hermano! lo que debemos es hacerle un juicio a Tulio Bayer, ese güevón está arruinando todo”. Pero Baigorri parecía no creer en lo que le decía, se resistía y me decía que esperáramos. Así permanecimos un buen tiempo, sin contactos, con problemas de comida, escuchando a Tulio Bayer borracho y soltando discursos fuera de la realidad. En ese ambiente ya se sentía la desconfianza y asomaban las tensiones. En algún momento en privado le dije de nuevo a Baigorri que debíamos salir de allí por nuestra seguridad, la convivencia con Tulio era un gran riesgo, pero Baigorri no parecía darse cuenta del peligro.

Escuchando el relato de William pareciera que en el intrépido grupo los problemas en la coordinación fueron motivados, entre otras cosas, por el peso del ego en sus compañeros. A veces los humanos solemos adolecer de aquel personalismo exaltado del revolucionario elegido, del ego que se erige como protagonista político designado por la historia. Tulio Bayer era un reconocido pensador rebelde, antiguo comandante guerrillero y experto batallador por las causas sociales, en aquel foco insurgente proyectaba su propio estrellato revolucionario, era nada menos que su propia figura, la figura de Tulio Bayer. A su vez Pedro Baigorri parecía sentirse el designado por Fidel Castro y la revolución cubana para prender la mecha de un alborotado quilombo que contribuyera a emancipar a Colombia de las amarras de la explotación y la violencia que la sofocaban. Llama la atención que nuevamente en la historia de Colombia se encuentre envuelto un vasco en episodios valerosamente delirantes. Primero fue Lope de Aguirre, descamisado y en medio del bochorno equinoccial, declarándole desde la selva amazónica la guerra a Felipe II. Y esta vez parece tratarse de un representante del arte culinario vasco metido en los montes del Caribe colombiano convencido de impulsar junto a otros dos la liberación armada, aislados matando mosquitos y desconfiando de su líder en las noches oscuras.

Ante estas circunstancias de incertidumbre y tensión la unidad del grupo se agrietó definitivamente. William y Baigorri no le harían un juicio revolucionario a Tulio Bayer, pero sí saldrían en estampida de ese lugar para salvar su pellejo. Allí vivimos fuertes discusiones –relata William – porque las cosas no estaban funcionando y con Pedro nos largamos de ese lugar dejando a Tulio en la soledad de sus delirios. En bus llegamos de nuevo a Bogotá y les contamos a todos los contactos y al grupo que teníamos formado lo que había sucedido con Tulio. Luego nos enteremos que Tulio había logrado publicar en el periódico El Tiempo una furiosa carta contra nosotros acusándonos de una conspiración para acabar con su vida, nos acusó de traidores, de peligrosos enemigos. La publicación de esa carta nos dejó muy preocupados, era casi una denuncia a la fuerza pública, era una amenaza directa. En Bogotá tomamos precauciones, era una situación de peligrosa exposición, y más cuando la represión en la ciudad era generalizada, se escuchaban casi todos los días casos de desapariciones, asesinatos, persecuciones a la gente de la izquierda.

En aquella temporada William y Pedro retoman los contactos con el grupo germinal de Bogotá con la intención de desatar acciones urbanas que logren desestabilizar los gobiernos del Frente Nacional que se habían empotrado en el poder. Sin embargo, aquel grupo de convencidos de luchar por las causas comunes en la ciudad terminaron enfrentados a sus propias contradicciones, a su falible y humana condición. Las circunstancias de sospecha mutua y tensiones internas condujeron al desgaste irreversible del grupo y finalmente al abandono de la lucha social urbana en Bogotá. La mayoría de los miembros de aquel grupo desistieron, lo que no significaba que abdicaran a la lucha por los derechos comunes desde otros campos de acción.

El único que parecía continuar convencido de la impostergable efectividad de la lucha armada para detener los abusos de la violencia estatal era Pedro Baigorri. De ese modo reactivó contactos con algunas personas ligadas a la lucha armada en el departamento del César, una decisión desacertada si se estima que era más fácil vincularse a un grupo insurreccional ya formado, como el ELN o las FARC, que ponerse en la tarea solitaria de inventar uno nuevo. Allí cerca a la vereda Media Luna, según Alfredo Molano, mientras marchaba con una unidad de campesinos armados, Pedro Baigorri y sus compañeros fueron emboscados por el ejército colombiano y acribillados.

Para aquella época Tulio Bayer se encontraba en su bucólico exilio en Paris, donde encontraría la muerte natural hacia el año 1982. Alfredo Molano se convertiría en uno de los más destacados investigadores y periodistas de la historia del conflicto armado colombiano. Marta Arenas a su vez se tornaría una activa defensora de los derechos humanos y de la paz. William Ramírez Tobón, con quién el chef Baigorri experimentó la hazaña de impulsar una guerrilla solitaria en la Sierra Nevada y con quién cocinarían suculentos platos en sus aventuras culinarias, se convertiría en profesor de Ciencia Política de la Universidad Nacional de Colombia.

Al final de la entrevista le pregunté a William, ¿Consideras que Pedro Baigorri tuvo algún atributo heroico? –Pedro en muchos momentos se comportó arbitrariamente, a veces insoportable con esa actitud embravecida, un carácter muy difícil. Otras veces era huraño, incomprensible por días, no se sabía en qué estado de ánimo andaba. Pero en esta vida si uno pretende estar bien con todo el mundo, ser buen hijo, buen esposo, buen padre, un ciudadano disciplinado, que pretende ir por el mundo siguiendo una vida recta y virtuosa, no le quedará tiempo nunca de tornarse un héroe. Yo sí creo que Pedro Baigorri fue un héroe y actúo en consecuencia.

Para Pedro Baigorri su vocación no solo fue la culinaria vasca, fiel a su espíritu agonista asumió su amor por la libertad corriendo el riesgo de morir. Fue coherente con su decisión trágica, así suele sucederle a muchos gudaris en este mundo.






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sábado, 26 de diciembre de 2015

Más Lecciones Colombianas para Madrid

Madrid está de plácemes con respecto al "proceso de paz" en Euskal Herria. 

Con una jugada maestra ha dejado bien en claro que los que impulsan dicho proceso son una ínfima minoría y que tanto los ninis como los "duros" están dispuestos a traicionarlos, unos a cambio de no sabemos qué, los otros solo para alimentar su ego.

Seguirá la dispersión, seguirán las detenciones por un lado de delegados de ETA y por otro de militantes de la izquierda abertzale, seguiran los juicios políticos, seguirá la negativa a excarcelar a quienes ya han cumplido sus condenas o a quienes por razones de salud debieran estar en sus hogares.

A Madrid, y para ese caso a París, poco les importa un proceso de paz, ambos son países militaristas con industria armamentaria, los conflictos bélicos les son redituables tanto en el aspecto ideológico como en el aspecto económico.

Paradójicamente, desde Colombia, continúan llegando muestras de que se puede lograr la paz, por muy enconado que sea el conflicto. Son tan firmes los pasos que se han estado dando a últimas fechas que incluso las supuestas ONGs de "derechos humanos" han mostrado estar "insatisfechas"

Pero no todo es miel sobre hojuelas tampoco, eso lo saben muy bien las guerrillas insurgentes. Tras cuarenta años de conflicto saben muy bien que no se puede confiar en el régimen ni olvidar que es sustentado por Washington.

Les dejamos pues con esta entrevista publicada en Gara:


El ELN, segunda mayor guerrilla colombiana, intenta abrir una negociación pública con el Gobierno de Santos siguiendo la senda de la de La Habana con las FARC. Hay ya una agenda acordada, pero la confianza mutua se construye con dificultad y en medio de combates. Nicolás Rodríguez Bautista, jefe máximo desde hace casi dos décadas y más conocido como «Gabino», explica en esta entrevista exclusiva para GARA, realizada vía cuestionario, las oportunidades y escollos del momento actual.

En Euskal Herria la insurgencia armada decidió pasar al terreno exclusivamente político desde la reflexión de que en este ámbito es más fuerte. ¿Tienen seguridad de que es así también en Colombia?
Jamás hemos priorizado la guerra o confrontación armada por considerarla expedita, sino que el cierre de las vías legales obligó a varios sectores populares a usar la rebeldía armada, como único camino posible. Las vías políticas siempre deben ser las esenciales para dirimir las contradicciones y diferencias. Sin embargo, la oligarquía colombiana ha usado de manera constante la violencia, para impedir los desarrollos de la lucha popular. En este contexto, cuando la oligarquía se ha abierto a buscar una salida política al conflicto, en el Ejército de Liberación Nacional no hemos ahorrado esfuerzos para examinar este camino. Hoy tenemos clara la falta de voluntad de la oligarquía para disponerse a una salida política, con cambios significativos en la vida del país, y mas bien lo que busca es debilitar la capacidad de lucha de las mayorías, incluida la insurgencia. Este es el principal escollo del actual proceso de paz. Aun así, estamos dispuestos a examinar posibilidades de avance y en tal sentido le apostamos a la paz.

¿Cómo piensan conseguir sus objetivos políticos?

Si se logra un verdadero proceso de paz, la vía política es la que más deseamos transitar, pero si quienes nos adversan no se disponen a ella, no quedará otro camino que seguir usando el derecho a la rebelión. Camilo Torres, el cura guerrillero, uno de nuestros iniciadores, dejo dicho que «es la oligarquía la que decide por cuál vía va a entregar el poder al pueblo». Colombia cuenta con un pueblo humilde, paciente, trabajador y dispuesto a aceptar los desafíos.

Las recientes elecciones regionales han sido un varapalo para los sectores de izquierda, sobre todo por la pérdida de la Alcaldía de Bogotá. ¿qué ha fallado?

Faltó unidad por la base, como también lo enseñó Camilo. Dentro de esta debilidad la derecha perfeccionó una maquinaria demoledora. Con dinero unió clientelas electorales. Se apropió de banderas del cambio, aprovechando el desgaste de tres administraciones seguidas de la izquierda en Bogotá. Con grandes campañas mediáticas, cabalgó sobre actos de mal gobierno y casos de corrupción, a los que desafortunadamente no han escapado algunos movimientos de izquierda, y los cobró en el gobierno de Petro, que fue uno de los mas cualificados.

Las conversaciones informales con el Gobierno de Juan Manuel Santos comenzaron en enero de 2014, ¿qué falta para dar el salto a una fase pública?

Las conversaciones entre el ELN y el Gobierno no han sido informales sino confidenciales, es decir no públicas. En ese lapso de tiempo que usted señala, hemos logrado elaborar una agenda de negociación, a la que no le falta ni una coma; el atranque está en cómo concretar asuntos operativo para la fase pública. Tenemos confianza en que por fin llegue ese momento comenzando el año venidero.

Tras el ataque en la Sierra Nevada del Cocuy, Santos ha acusado al ELN de «no entender que es un tiempo de paz». ¿En qué punto está la construcción de la confianza mutua?

El Gobierno es el de la estrategia de dialogar en medio del conflicto. Nosotros, tanto en la mesa como públicamente, hemos insistido en la urgencia de pactar un cese bilateral del fuego y las hostilidades con verificación, pero desde que se iniciaron las conversaciones el Gobierno ha arreciado sus operaciones antiguerrilleras en todos nuestros territorios. Este ataque del 27 de octubre, a una patrulla del Ejército, se hizo en medio de un gigantesco operativo militar en contra de nuestro Frente de Guerra Oriental, que sigue en desarrollo en los departamentos de Boyacá, Arauca y Casanare. Esta acción nuestra es respuesta a esa operación punitiva del Gobierno. La carencia de confianza entre las partes es una dificultad que enfrentamos. La iremos superando en la medida que creemos nuevas realidades, producto de este proceso de solución política.

Algunos analistas se preguntan el por qué de ese ataque y lo achacan incluso a posibles escisiones internas en el ELN...

Podemos decirle al mundo que la decisión de sentarse a la mesa de diálogos con el Gobierno fue ratificada por consenso, hace un año por el Quinto Congreso Nacional, y que un último Pleno de la Dirección Nacional reafirmó este mandato. Ojalá la clase gobernante tuviera la cohesión que tiene el ELN.

¿Qué gestos de paz esperan del Gobierno? Y ustedes ¿qué gestos están dispuestos a hacer?

Tanto las FARC como el ELN le hemos demostrado al país que los gestos unilaterales han sido aprovechados por el Gobierno y sus Fuerzas Armadas para sacar ventajas militares y políticas. Lo que se requiere con urgencia es un cese bilateral del fuego y las hostilidades, sin condiciones y con una verificación efectiva. Si el Gobierno lo aceptara, este proceso de paz daría un salto importante y generaría las confianzas necesarias entre las partes, porque estamos en una mesa hablando de paz al tiempo que no para la confrontación, donde siguen muriendo soldados, policías, guerrilleros y, mas grave aún, líderes populares y defensores de Derechos Humanos. Si el Gobierno acepta un cese en estas condiciones, lo podemos firmar ya.

En un mensaje enviado al II Seminario sobre el Delito Político y los Presos Políticos, el comandante Pablo Beltrán expuso «dudas» del ELN ante el «doble discurso» del Gobierno. ¿Qué pasos harían despejarlas?

La clase gobernante está fracturada en dos partes y eso es de conocimiento público. El ex presidente Uribe Vélez agrupa a una de esas partes, que considera que el presidente Santos «le está entregando el país a la guerrilla y traicionando a Colombia»; y el presidente Santos lidera la otra parte. Esa situación es muy grave porque en 2018 Santos termina su mandato y el proceso de paz no se agota en los dos años que le faltan de gobierno, lo que implica una amenaza. Asimismo, mientras Santos hace discursos sobre la paz, el país sigue viviendo una dinámica de guerra como si dicho proceso no existiera. Sigue la represión y la militarización no disminuye, así incluso haya una tregua unilateral por parte de las FARC. La persecución a los líderes populares y defensores de derechos humanos es latente, con muertos, encarcelamientos y desapariciones forzadas; los desplazamientos forzados por el accionar de las fuerzas legales del Estado y el paramilitarismo no paran; y el patético drama carcelario, antes que mejorar, se agrava. Las organizaciones populares, en sus movilizaciones, siguen reiterando que «la paz son cambios». Esta es una verdad contundente.

¿Qué dimensión adquieren para el ELN términos como verdad, justicia y no repetición?

En Colombia las investigaciones mas serias han concluido que la impunidad ronda por encima del 96% de los delitos cometidos por agentes del Estado, los políticos y los llamados servidores públicos. Es algo gravísimo para un país de 48 millones de habitantes, que vive un conflicto político, social y armado con mas de medio siglo de existencia, donde los civiles muertos, desaparecidos y exiliados son millares, y los que sufren el desplazamiento forzado son alrededor de seis millones. Por tal razón, existe un clamor de las víctimas por la verdad, la justicia, la reparación y garantías de no repetición... Sin cumplir esta condición, la paz en Colombia no es posible. Las fórmulas para asumir ese proceso deben ser levantadas y construidas por las víctimas y nadie puede reemplazarlas en ello. El Estado, mayormente involucrado en todo esto, es quien tiene menos autoridad moral para hacerlo. Por esto la paz no es un asunto sencillo de «borrón y cuenta nueva».

Las FARC ha propuesto varias veces un día de contrición nacional, ¿cómo plantean la asunción de responsabilidades colectivas en esta larga guerra?

Contrición es reconocer, arrepentirse y convicción de no reincidir. Decisión que no vemos en la minoría gobernante, quien no asume responsabilidad colectiva por décadas de guerra sucia, que las atribuyen a uno que otro militar o paramilitar desviado, a quienes llaman «manzanas podridas». Entonces, poco sirve para la paz que una parte se arrepienta y la otra no, que una parte asuma su responsabilidades y la otra no..

El fiscal general, Eduardo Montealegre, ha dicho que es «ahora o nunca» para el ELN. ¿Cuánto de cerca está ese «ahora»?

Como afirmó recientemente el comandante Antonio García, «la agenda entre el gobierno y el ELN ya está acordada». La paz es un asunto muy importante para toda Colombia y el ELN está firmemente comprometido con ella. Somos optimistas, sin desconocer las dificultades.

Santos, en su mensaje navideño: «La paz ya viene»

Los avances de La Habana hacen que el presidente Santos afirmara en su mensaje navideño de anteayer que «siempre nos deseamos paz y prosperidad, pero pocas veces podemos decirlo como ahora, sabiendo que tiene sentido real. La paz ya viene». Dijo que esperar que estas sean las últimas fiestas «en guerra» y que «la próxima Navidad estemos dedicados a la reconciliación».

Anuncian la captura de un jefe del ELN en el Cauca

Confirmando las declaraciones de «Gabino» en esta entrevista, el Gobierno colombiano sigue intentando golpear al ELN. Ayer anunció la captura de ocho de sus presuntos miembros en una operación en Bolívar, entre los que afirma que está «Jairo Morales», al que considera «máximo cabecilla en el Cauca y suroeste del país». Se habrían incautado armas y otros materiales.






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lunes, 9 de febrero de 2015

Entrevista a Ernesto Samper

Gara trae a nosotros esta entrevista al colombiano Ernesto Samper concedida a Alberto Pradilla en la que se toca el tema del proceso de DDR de ETA dentro del marco del proceso de paz y reconciliación para Euskal Herria iniciado durante la Conferencia de Aiete:


Ernesto Samper, Secretario General de UNASUR | Nacido en Bogotá en 1950, Ernesto Samper presidió la República de Colombia entre 1994 y 1998. Siendo candidato, en 1989 sufrió un atentado a manos de los paramilitares. Durante la década de 2000 coordinó el Foro de Biarritz, que busca unir lazos entre América Latina y Europa. En julio de 2014 accedió a la secretaría general de la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur).

Alberto Pradilla

Ernesto Samper es buen conocedor de Euskal Herria. Durante una década, entre 2002 y 2012, fue coordinador del Foro de Biarritz. Actualmente dirige Unasur, una institución clave en el proceso de integración latinoamericano y que ha situado la resolución pacífica de los conflictos como una de sus bases estratégicas de actuación.

Lleva apenas seis meses dirigiendo Unasur. ¿Qué planes tiene para su mandato?

Unasur nace como escenario político para debatir temas sobre tres cuestiones fundamentales. La primera: el mantenimiento de la paz en Sudamérica. En un mundo asolado por guerras étnicas y religiosas, es una buena noticia que haya un territorio en el que no es que no haya conflictos, sino que estos se resuelven de una manera pacífica y ordenada. La segunda, preservar la democracia. Venimos de décadas aciagas de dictaduras y gobiernos autoritarios. Desde hace 30 años la región vive en democracia y parte del papel de Unasur es ejercer de guardián de esa democracia. El tercer punto es asegurar la vigencia de los derechos humanos en toda la región. Hablamos de políticas sociales y económicas que tengan como base los derechos humanos.

¿Hay riesgo de estancamiento?

El problema no es si se mueve o no, sino si se mueve coordinadamente. En la última cumbre se organizó una nueva política de convergencia para acercar los procesos regionales y situarlos en la misma dirección.

En este proceso en clave latinoamericana, da la sensación de que hasta el Papa Francisco, nacido en Argentina, puede jugar un papel clave.

El Papa también es de los nuestros (risas). Lo más importante es que tenemos una aliada común: la conciencia social después de la anestesia neoliberal de más de 20 años. La región despertó. Nos dimos cuenta de que la única manera de preservar la democracia, mantenernos en una condición de paz y garantizar los derechos humanos viene a través de una mejora de las condiciones de profunda desigualdad que existen. Esa luz sobrevino después de la noche ciega de los años 90.

La paz es otro de los términos que remarca. Recientemente, EEUU y Cuba dieron un paso histórico al retomar sus relaciones diplomáticas. ¿Un paso clave en este camino?

Es un paso histórico muy importante. Por lo pronto, ofrece a Cuba la posibilidad de tener unos aliados fuertes dentro de los EEUU. Pero no hay que olvidar que los grandes temas están todavía por resolver: concretamente el del embargo y el de la base de Guantánamo.

¿Qué papel juega Unasur en este proceso de deshielo?

Nuestro papel en este sentido es limitado. Pero miramos con mucha simpatía el proceso cubano y el regreso de Cuba al seno de la unidad de naciones americanas. Es un hijo pródigo que regresa a su casa. La diferencia es que aquí el hijo no se fue, sino que lo sacaron.

¿Se puede confiar en los pasos anunciados por Barack Obama?

Las previsiones sobre el segundo mandato estaban marcadas por el escepticismo. Cuando hay segundo mandato de EEUU y no va acompañado por mayorías en el Congreso, uno puede esperar lo peor. Afortunadamente, ha tenido la valentía de cambiar esa tendencia. Está haciendo cosas importantes, progresistas, en materias como la salud, las migraciones, relaciones internacionales con Cuba... Demuestra que está dispuesto a jugarse el todo por el todo.

Otro punto clave es el proceso de paz en Colombia...

Tenemos confianza en que resulte bien el proceso de La Habana y llegue la paz. De alguna manera, Unasur está involucrada y quisiéramos estar más involucrados, no en el proceso de negociación sino en lo que viene después: la viabilización de los acuerdos, su refrendo popular y la aplicación de las normas de justicia transicional en materia de verdad, justicia y reparación. El paso del conflicto al posconflicto es algo que nos tomará varias generaciones.

¿Cuáles son los pasos a dar?

Insistir en la posibilidad de que el ELN entre en el proceso y trabajar con las FARC en el paso del conflicto al posconflicto. La firma nos va a permitir llegar a lo que podríamos definir como la «paz negativa», que es la ausencia de enfrentamiento, de fusiles, de lucha armada. Pero ahí comienza la construcción de la «paz positiva». Un país que lleva 50 años entendiéndose en medio de la violencia tiene que empezar a entenderse en la paz. Ese es el objetivo final en cualquier conflicto. También en el vasco.

En Euskal Herria se da una situación inédita. ETA ha mostrado voluntad de entregar las armas y no hay nadie del Estado al otro lado del teléfono...

La situación es más que inédita, es insólita. La paz es mucho más difícil que la guerra. Para hacer la guerra con una sola persona basta. Para hacer la paz se necesitan dos. No ha habido un solo proceso histórico de paz que no haya terminado con la firma de un papel entre dos personas. Así que tengo la esperanza de que el Gobierno español encuentre el camino para que esto termine por mutuo acuerdo. No solamente sobre lo que ya pasó, sino sobre lo que no debe volver a pasar. Porque lo más importante de estos procesos y la transición que se da son las garantías de no repetición. La historia está llena de casos de conflictos que terminaron y, por falta de participación de la sociedad civil, por falta de espacios políticos, por simples enfrentamientos verbales, terminaron por reactivarse. Nosotros esperamos que el Gobierno español encuentre la manera de que este conflicto no termine en puntos suspensivos sino en punto final.

México, Uruguay, Argentina, Ecuador... las sucesivas declaraciones desde América Latina evidencian un constante apoyo a la resolución democrática...

Por supuesto. Siempre será positivo que, cuando haya posibilidades, un conflicto, un enfrentamiento que está causando daños, dolor y sufrimiento no solo a los combatientes sino a la sociedad civil, se pueda solucionar por la vía de la negociación, el acuerdo y el entendimiento.

¿Qué lecciones cree que se pueden aprender en Euskal Herria sobre los procesos de resolución que se han cerrado en América Latina y los que se están desarrollando en la actualidad, como el colombiano?

Es difícil sacar lecciones pedagógicas, que alguien haga algo que a otro le salió bien. Cada proceso de paz es distinto y obedece a circunstancias complejas y diferentes. No hay libro de recetas. Cada conflicto debe solucionarse con una simple norma: que las mejores reglas de juego son las que acuerdan los que están dispuestos a someterse a ellas. Aquí tenemos un caso palpable: solo hasta que el Gobierno se sentó con las FARC y acordaron unas reglas del juego (malas, buenas, regulares, ese no es el punto) se abrió la posibilidad real de un proceso de paz.

¿Qué papel puede jugar América Latina en un mundo cada vez más multipolar?

No veo un mundo tan multipolar como multibloque. El deterioro de los mecanismos de Bretton Woods, del FMI, del Banco Mundial, el decaimiento político de las Naciones Unidas... abre camino para que las reglas de la globalización no sean fijadas como se hizo hasta ahora, de manera institucional, con mecanismos constituidos por todos los países, sino a través de la política de bloques. Ahora sería el momento en que Sudamérica liderara el bloque Sur-Sur, trazando una solidaridad horizontal con países que están en condiciones parecidas.

¿Puede ser un modelo para el empobrecido sur de Europa?

Por supuesto. Especialmente en la zona del Mediterráneo.

¿Cree que el proceso latinoamericano tiene riesgo de revertirse?

La conciencia democrática ya se instaló en los sudamericanos. No solo eso. Se redujo la pobreza en más de 150 millones de personas y existe una especie de clase media-baja con grandes expectativas.

¿En qué situación está el proyecto del Banco del Sur?

Ha sido un proceso lento pero seguro. En este momento, de los siete países que deberían haber suscrito su acompañamiento ya hay seis. Estamos muy próximos para que se dé una ratificación del banco que formará parte de la nueva arquitectura regional.

El tráfico de drogas ha convertido a ciertos países en estados fallidos. ¿Qué alternativas plantea Unasur?

No hay región en el mundo que tenga mayor autoridad para hablar de una política alternativa frente a la actual política prohibicionista. Hemos sufrido el problema en carne propia. Tenemos la autoridad moral para decir, como decimos cada día en voz más alta, que la política prohibicionista no está funcionando. Ahora, personalmente creo que el camino tampoco es la legalización. No podemos caer del fundamentalismo prohibicionista al legalizador. Se trata de no seguir como hasta ahora, cuando somos duros con los débiles y débiles con los duros. Hay que apostar por la descriminalización y perseguir a las organizaciones criminales.






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