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viernes, 8 de marzo de 2019

Los 28 de Ryad

Las imágenes de la hambruna en Yemen son demoledoras. Pero nadie mueve un dedo para detener la masacre y las armas siguen fluyendo.

El caso del periodista descuartizado en un consulado turco hizo que muchos se desgarraran las vestiduras para después quedarse callados.

Los seis años de terror por parte de DAESH en Siria, Irak y Kurdistán ya han sido olvidados.

Antes que nada están los negocios y los Saud son socios comerciales de primera línea

Eso es lo único que le interesa a la Europa de las luces y los derechos humanos... y el Todos Somos Charlie.

Les invitamos a leer esto que se denuncia desde las páginas de Naiz:


Los 28 gobiernos de la UE han cedido finalmente a las presiones de Arabia Saudí y de EEUU y han excluido a Ryad de la lista de países con «alto riesgo» de financiación del «terrorismo» y de blanqueo de capitales. La decisión supone un ninguneo y una desautorización sin precedentes de la Comisión de Bruselas, que había propuesto incluir en la lista a la satrapía saudí y a otros países.

Los gobiernos de la Unión Europea han tumbado formalmente este jueves la lista «negra» elaborada por la Comisión de Bruselas de países con «alto riesgo» de financiación del «terrorismo» y blanqueo de capitales, en la que se incluía a Arabia Saudí.

Los Veintiocho arguyen que la lista «no fue establecida con un proceso transparente y sólido que incentive activamente a los países afectados a tomar medidas decisivas, al tiempo que respete el derecho a ser escuchados».

La lista estaba está compuesta por 23 países e incluía los doce países identificados previamente  por el Grupo de Acción Financiera contra el Blanqueo de Capitales (FATF), que son Bahamas, Botswana, Corea del Norte, Etiopía, Ghana, Irán, Pakistán, Sri Lanka, Siria, Trinidad y Tobago, Túnez y Yemen.

La Comisión Europea, con sede en la capital belga, propuso incluir a otros once países: Afganistán, Samoa Americana, Guam, Irak, Libia, Nigeria, Panamá, Puerto Rico, Samoa, Arabia Saudí e Islas Vírgenes Americanas.

Cuando la lista fue presentada públicamente el pasado 13 de febrero, la comisaria de Justicia de la UE, Vera Jourová, reconoció que se trataba de un tema «sensible» entre las capitales, pero mostró su confianza en que los Veintiocho no tumbaran finalmente la lista.

Su publicación despertó las críticas tanto de Ryad como de Washington, por el hecho de que el texto incluya también a Puerto Rico, Samoa Americana y las Islas Vírgenes Americanas. El Departamento del Tesoro de EEUU, en concreto, expresó en un comunicado «dudas importantes» sobre «la sustancia de la lista y el deficiente procedimiento».

Círculos diplomáticos eurocomunitarios confirman presiones por parte de la satrapía saudí a los Estados miembros durante la cumbre con la Liga Árabe que tuvo lugar en Egipto el pasado fin de semana, incluida una carta firmada por el mismísimo rey Salman y entregada a las delegaciones europeas.

Esta decisión, que ha sido adoptada por unanimidad, supone una desautorización en toda regla de la Comisión de Bruselas y obliga al Ejecutivo comunitario a presentar una nueva propuesta.






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lunes, 16 de noviembre de 2009

Currin en Venecia

A Brian Currin los españoles ya lo consideran parte del entorno, así como a la ONU y a Amnistía Internacional. Afortunadamente para el pueblo vasco, Currin no ceja en su empeño por poner las cosas dentro de la perpectiva correcta y así lo ha hecho en Venecia de acuerdo con esta nota publicada en Rebelión:

Conclusiones sobre el País Vasco del mediador de conflictos en la Conferencia Internacional de Venecia

Las preocupaciones de Brian Currin

Angelo Miotto | Peace Reporter

Traducido para Rebelión por Gorka Larrabeiti


Habla despacio Brian Currin. Abogado, mediador del proceso de paz, experto en encontrar claves para la resolución de conflictos. Afrontó el caso de Sudáfrica, el de Sri Lanka y es un punto de referencia en el conflicto vasco. En Euskal Herria ha pasado varios años. Sus ojos azules y profundos otean el auditorio de la Biblioteca Marciana de Venecia. La sala es de tamaño mediano. Sólo un cordón la separa de los visitantes ocasionales. Se ve asomarse alguna cabecita que mira con curiosidad un grupo heterogéneo de vascos, curdos, mediadores y periodistas. Unos veinte chicos toman notas.

La Conferencia Internacional sobre los procesos de paz y resolución de conflictos ha llegado a su fin. Jone Gorizelaia, abogada y figura prominentes del movimiento de la izquierda vasca, ha lanzado la nueva propuesta para llegar a un proceso de paz. Siete puntos importantes, sustanciosos, sopesados con cuidado, que suponen una noticia importante en el marco del conflicto vasco-español. Batasuna, o la sigla que le sucederá, ha tomado una decisión fuerte y consciente: ninguna injerencia externa violenta podrá poner en peligro el próximo proceso. Se asumen por completo los puntos previstos por el Senador Mitchell, los mismos que llevaron a buen puerto la negociación en Irlanda.

Brian Currin ha hablado y escuchado. Le toca ahora clausurar la conferencia. Escoge con cuidado las palabras, las pronuncia con sentido. Se entiende inmediatamente que el significado de cada sustantivo, adjetivo o adverbio, para uno que trabaja en la mediación de conflictos, tiene un sabor y una eficacia especiales.

Currin agradece la apertura, el paso adelante de la izquierda vasca, y es que lleva meses visitando las tierras vascas. Pero tiene una preocupación: "No estoy muy seguro de que el gobierno español sienta como una necesidad principal en este momento el camino del diálogo. Está usando la política represiva como única herramienta, y con cierto éxito, ya que ha sido capaz de despuntar las armas de ETA".

El mediador dirige sus felicitaciones a la ciudad de Venecia, que ha aceptado y patrocinado una conferencia internacional sobre conflictos, cuando el sentimiento que predomina en Europa ya no es el de las instituciones que promueven ideas y argumentos, sino el de proporcionar juicios y el de abrazar las líneas más rentables desde el punto de vista del consenso popular. La razón es obvia: el consenso genera votos. "Parece que la política del gobierno español funcione en todas partes salvo aquí, en Venecia - la ironía enciende sonrisas en la sala - porque en el resto de Europa Madrid ha conseguido que cuaje una imagen del conflicto que afecta a un solo grupo terroristas sedientos de sangre, sin motivación ni raíces políticas y que, por añadidura, no gozan siquiera de respaldo popular".

Ahora la pregunta es cómo el gobierno español, la política, va a reaccionar a una propuesta valiente. Currin no es optimista: traza con rigor lógico y teórico lo que debería suceder. "Ante una propuesta como ésta cabría esperar que el gobierno de Madrid ponga enseguida en libertad a Arnaldo Otegi y a los otros dirigentes detenidos hace dos semanas, precisamente mientras discutían este documento. Luego -continúa el hilo lógico del discurso- cabría esperar que gobiernos como el francés, británico e irlandés puedan activarse en pro de una mediación internacional ".

Por último, la legalización de Batasuna. Sin una vía legal, política, este paso anunciado el 14 de noviembre en Venecia, a la vez en Navarra, no puede tener la fuerza para continuar. Así pues, concluye Currin, fuera la Ley de Partidos, esa ley deseada por socialistas y populares para dejar en la clandestinidad a Batasuna.

Finalmente, acaso esta sigue siendo la sorpresa que siempre sorprende. Al igual que hace tres años, cuando se lanzó la propuesta de Anoeta que dio lugar al último proceso de negociación, es una formación ilegal la que hace de motor, la que empuja, la que se persona aun a riesgo de su incolumidad para avanzar de manera clara y decidida por la vía política. Las bases del movimiento independentista tienen en sus manos ahora el documento estratégico. Su respuesta llegará a finales de enero. En el documento hay una frase extremadamente clara, que se recoge directamente en los siete puntos de Venecia, cuando se habla de un proceso que debe llevarse a cabo "pacíficamente, sin ninguna injerencia violenta externa".

Las últimas palabras de Currin son para ETA. "Por supuesto, como siempre digo, estoy convencido de que es esencial y necesario un alto el fuego: el diálogo debe tener lugar en una situación liberada de la violencia".


Se puede leer la nota original en italiano en este enlace.

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lunes, 18 de mayo de 2009

Callan Las Armas

Las armas de los Tigres tamiles han sido silenciadas, lo cual no quiere decir que las armas del gobierno cingalés también callaran.

Esta nota acerca del cese el fuego para detener la masacre de tamiles por parte del gobierno cingalés ha sido publicada en Gara:

Los Tigres «silencian las armas» para frenar el genocidio

El responsable de relaciones internacionales del LTTE, Selvarasa Pathmanathan, anunció que han decidido «silenciar sus armas» para salvar a los tamiles y «detener esta carnicería». Denunció la muerte en las últimas 24 horas de 3.000 civiles y que otros 2.500 estaban en estado crítico. «No aguantamos más ver cómo se derrama la sangre de nuestro pueblo», afirmó. A su llegada a Colombo, el presidente fue recibido como un héroe por su Gobierno y tropas.

GARA | COLOMBO

«La batalla ha llegado a su amargo final. Contra todo pronóstico, hemos contenido a las fuerzas cingalesas sin ayuda, excepto el apoyo sin fin de nuestro pueblo. Es nuestra gente la que está muriendo bajo las bombas y obuses, de hambre y enfermedades. Sólo nos queda una opción para eliminar la última débil excusa del enemigo para matar a nuestro pueblo. Hemos decidido silenciar nuestras armas. Sólo nos lamentamos de la pérdida de vidas, que no podemos sostener por más tiempo. No aguantamos más ver cómo se derrama la sangre de nuestro pueblo», declaró en un comunicado urgente Selvarasa Pathmanathan, responsable del área de relaciones internacionales de los Tigres de la Liberación de la Tierra Tamil (LTTE).

«Necesitamos hacer todo lo que esté en nuestras manos para parar esta carnicería. Si ello implica silenciar nuestras armas y entrar en un proceso de paz, es algo que ya hemos dicho estamos dispuestos a hacer. Estamos viviendo un momento histórico sin precedentes que requiere de decisiones prudentes sin precedentes. Si con ello se salva la vida de miles de personas, se debe hacer», insistió Pathmanathan en la extensa declaración, en la que también rechazó la actitud de la comunidad internacional por «hacer hecho oídos sordos ante nuestros llamamientos para que detuvieran la masacre».

En una entrevista con la cadena británica Channel 4, reiteró la disposición de los Tigres a «depositar las armas y participar en un proceso de paz. Hay menos de 2.000 cuadros en la guerrilla. Nos preparamos para la paz». «Cada hora, se producen más de cien muertes. Sólo el sábado fallecieron 3.000 y 2.500 resultaron heridos de gravedad y no pueden recibir asistencia médica por falta de medicinas y personal médico», denunció.

Aseguró que el líder de la guerrilla Velupillai Prabhakaran se encontraba todavía en la zona de combates. «Hemos hablado durante cuatro horas y él mismo me ha hecho llegar este mensaje para transmitirlo al Gobierno y a los actores internacionales. Esperamos su respuesta», manifestó.

El presidente, Mahinda Rajapaksa, férreo defensor de la vía militar, rechazó cualquier intento de diálogo con el LTTE que, a su juicio, sólo tiene dos caminos; la muerte o la rendición.

A su llegada de Jordania tras asistir a la cumbre del G11, fue recibido como un héroe en el aeropuerto de Colombo. Allí «posó su cabeza sobre el suelo y rindió culto a la tierra que él ha librado del terrorismo», dijo el Ministerio de Defensa. Mañana comparecerá en el Parlamento para valorar esta ofensiva militar, que comenzó en enero.

Analistas subrayaron que si bien el Gobierno ha logrado una importante victoria, todavía persisten las raíces de conflicto -la discriminación histórica de la población tamil y sus ansias de independencia-. Los tamiles representan el 12,5% de la población total de Sri Lanka, de 20 millones de habitantes.

En el aire quedan muchos interrogantes, como la suerte que correrán los cerca de 200.000 tamiles que se hacinan en los denominados «campos de acogida» del Gobierno, controlados por el Ejército cingalés y que organismos de derechos humanos han calificado de centros de internamiento. De hecho, no tienen libertad de movimiento.

Un diputado de la oposición, Kabir Hashim, abogó por un rápido regreso de los desplazados. «Es necesario tratarlos con dignidad para ganar sus corazones y espíritu», señaló. Su postura, sin embargo, no es compartida por la mayoría del arco político.

Un conflicto recrudecido con la llegada al poder de Rajapaksa

El sábado, el presidente cingalés declaró la victoria sobre la guerrilla tamil tras más de tres décadas de conflicto. Pese a ello y la intención del LTTE de «silenciar las armas», el Ministerio de Defensa aseguró que las tropas seguían combatiendo en la selva, en una franja de 1,5 kilómetros cuadrados. Afirmó también que en la zona no quedan ya civiles.

Desde su llegada al poder en 2003, Rajapaksa ha apostado por una salida militar al conflicto, rechazando ese mismo año una propuesta de autonomía del LTTE. En 2006, la guerrilla, fundada en mayo de 1976 por Prabhakaran, abandonó las conversaciones de paz auspiciadas por Noruega. En 2008, el Gobierno anunció su retirada del alto el fuego y comenzó la operación bautizada como “La Cuenta Atrás definitiva”. Ello supuso el aislamiento total de la población civil y la expulsión de medios de comunicación y organizaciones internacionales.

Muchos ven detrás de esta victoria la amplia ayuda militar de China. Según “Jane's Defence Weekly”, en 2007 Sri Lanka compró armamento chino por valor de 23 millones de euros, mientras que Beijing regaló a Colombo seis aviones de combate.


Por su parte, La Jornada ha publicado este recuento de los momentos más representativos de esta larga lucha:




Otra falla de la comunidad internacional, si a esto sumamos las presentes ofensivas militares en contra de la población civil en países como Pakistán y Afganistán ya podemos comenzar a entender los alcances de la infame "guerra contra el terrorismo" encabezada por los Estados Unidos y secundada por sus comparsas en el G-8.

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miércoles, 8 de abril de 2009

En El Olvido

Apenas hace dos días se reprodujo en este blog un llamado para apoyar el derecho del pueblo kurdo a su autodeterminación, hoy corresponde al pueblo tamil. Durante las últimas semanas el gobierno de Sri Lanka a orquestado una criminal ofensiva en contra de los tamiles amparándose en la "guerra contra el terrorismo" como ya han hecho otros gobiernos cobardes. Esto se ha publicado en Gara:

Ainara Lertxundi | Periodista

Pueblo tamil, pueblo olvidado

El conflicto que enfrenta al pueblo tamil con Sri Lanka es uno de ésos que aparece y desaparece con enorme facilidad de la agenda mediática y del que apenas se habla, pese a que la situación es más que alarmante. Según el Alto Comisionado para los Derechos Humanos de la ONU, desde el 20 de febrero de este año han muerto 2.800 civiles y 7.000 han resultado heridos, la mayoría en las denominadas por el propio Gobierno cingalés como «zonas de seguridad». Mientras, cerca de 250.000 tamiles siguen atrapados en la región de Vanni, bajo control de la guerrilla tamil, a la espera de una ayuda que Sri Lanka bloquea. En los últimos cinco meses ha permitido la entrada de comida y medicinas en un porcentaje ínfimo: menos del 8%. Cada cierto tiempo llega un parte militar sobre las bajas del enemigo. Sin ir más lejos, el domingo se congratuló de haber matado a 420 supuestos guerrilleros tamiles, entre los que asegura que había históricos líderes. «La única que no ha sido limpiada es la zona humanitaria», dijo con total tranquilidad el general Udaya Nanayakkara. Las tropas se despliegan en torno a la zona humanitaria. Los analistas han advertido de que podría ser la fase más difícil y sangrienta.

En medio de la tragedia, varias organizaciones tamiles capitaneadas por la organización británica Act Now han patrocinado el envío de una misión humanitaria a Vanni. La cita fue el 31 de marzo en Londres. A ella acudieron caras conocidas, diputados laboristas y conservadores. Las intervenciones fueron variadas. De ellas, me quedo con la reflexión de Tim Martín, de Act Now. «Los datos no difieren mucho de la situación que se vive en el Congo, pero ésta capta la atención internacional. El último centro médico que tenía mayor capacidad en territorio tamil ha dejado de funcionar por falta de medicinas. Su cierre pone en extremo riesgo a los civiles heridos en la zona de conflicto». El presente y el futuro no se antojan fáciles para el pueblo tamil, tan lejano en la geografía. Y menos con la cadena de silencios cómplices y desinterés que rodean a esta triste, pero no nueva, realidad.

Eso sí, que no se despeine el Dalai Lama por que entonces miles salen a las calles de ciudades en todo el mundo a defender el derecho a la restauración de la monarquía religiosa de... perdón, a la independencia del Tibet.

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lunes, 14 de abril de 2008

Fuera Manos

Gracias a Kaos en la Red ahora les podemos compartir en castellano un escrito del israelí Uri Avnery que ya habíamos reproducido en nuestra versión en inglés acerca de la hipocresía de la comunidad internacional, especialmente por parte de los "líderes de opinión" y los monopolios informativos, con respecto a las demandas de independencia para el Tibet y la oposición a que esta sea concedida a naciones luchando por su autodeterminación y que tienen un mayor fundamento histórico para sustentar sus demandas que los esgrimidos por un grupo de fundamentalistas religiosos enfundados en unas muy vistosos ropajes. Aquí lo tienen:

Tíbet y Palestina, ¡Tú no, el otro!

“¡Eh, quita tus manos de encima mío! ¡Tú no! ¡El otro!”, grita una joven en un cine durante la proyección, según un viejo chiste

Uri Avnery

“¡Eh, quitad vuestras manos del Tíbet!”, grita la opinión pública internacional a coro, “¡Pero no de Chechenia! ¡Ni de Euskadi! ¡Y, desde luego, no de Palestina!”, y esto no es un chiste.


Apoyo tanto como cualquier otro el derecho del pueblo tibetano a su independencia o, al menos, a su autonomía. Y condeno como cualquier otro las acciones que realiza el gobierno chino en el Tíbet. Pero a diferencia de muchos de ellos, no voy a unirme a las manifestaciones.

¿Por qué? Porque tengo la incómoda sensación de que alguien está tratando de lavarme el cerebro, y de que lo que está teniendo lugar no es más que un ejercicio de hipocresía.

Personalmente, no me importa que haya un poco de manipulación. Después de todo, que los disturbios empezaran en vísperas de los Juegos Olímpicos de Pekín no es una casualidad. Nada que objetar: un pueblo luchando por su libertad tiene el derecho a emplear cualquier oportunidad que se le presente para hacer progresar su lucha.

Apoyo a los tibetanos a pesar de la obviedad de que los americanos están explotando esta lucha para sus propios propósitos. La CIA ha planeado y organizado los disturbios claramente, y son los medios de comunicación estadounidense quienes lideran la campaña mundial. Es una parte de la lucha oculta entre los Estados Unidos, la superpotencia dominante, y China, la superpotencia emergente, en una nueva versión del “Gran Juego” que tuvo lugar en Asia Central durante el siglo XIX entre el Imperio Británico y Rusia. Tibet es una moneda de cambio en ese juego.

Estoy incluso dispuesto a ignorar el hecho de que los gentiles tibetanos han llevado a cabo un pogromo criminal contra civiles chinos del todo inocentes, asesinando a mujeres y hombres, y quemando sus hogares y tiendas. Excesos detestables como éstos suceden en una lucha de liberación nacional.

No, lo que me irrita de veras es la hipocresía de los medios de comunicación mundiales. Cuando toca hablar de China, truenan y claman: son miles los editoriales y debates que lanzan invectivas y maldiciones contra la maliciosa China. Parece como si los tibetanos fueran el único pueblo sobre el planeta cuyo derecho a la independencia está siendo negado por la fuerza bruta, y que si Pekín sacara sus sucias manos de encima de los monjes de túnicas azafranadas, todo sería perfecto en éste el mejor de los mundos posibles (1).

No cabe duda de que el pueblo tibetano tiene el derecho a gobernar su propio país, fomentar su cultura propia, promover sus instituciones religiosas y prevenir a los colonos extranjeros de ahogar todo ello en una cultura ajena.

¿Pero no tienen los kurdos en Turquía, Irak, Irán y Siria el mismo derecho? ¿Ni los habitantes del Sahara Occidental, cuyo territorio está ocupado por Marruecos? ¿Ni los vascos en España? ¿Ni los corsos en Francia? Y la lista es larga.

¿Por qué los medios de comunicación mundiales hacen suya una lucha por la independencia, pero a menudo ignoran cínicamente otras luchas con los mismos fines? ¿Qué es lo que hace que la sangre de un solo tibetano sea más roja que la de miles de africanos del Congo Este?

Una y otra vez trato de encontrar una respuesta satisfactoria a este enigma. En vano.

Immanuel Kant nos exigió “actuar como si el principio por el cual actuamos fuera una ley universal de la naturaleza” (siendo un filósofo alemán, lo expresó con un lenguaje mucho más complicado, claro). ¿Se ajusta esta actitud hacia el problema del Tíbet a esta regla? ¿Refleja nuestra actitud hacia la lucha por la independencia de otros pueblos oprimidos?

Desde luego que no.

¿Qué es lo que hace, pues, que los medios de comunicación internacionales discriminen entre las luchas de la liberación nacional que están teniendo lugar en todo el mundo?

Veamos algunos factores relevantes:

- ¿Tiene el pueblo que busca su independencia una cultura exótica especial?

- ¿Son un pueblo atractivo, esto es, son “sexy” a ojos de los media?

- ¿Está su lucha encabezada por una personalidad carismática que caiga bien a los medios de comunicación?

- ¿El gobierno opresor es rechazado por los medios de comunicación?

- ¿Pertenece el gobierno opresor al campo proamericano? Este es un factor importante, dado que los Estados Unidos dominan buena parte de los medios de comunicación internacionales, y sus agencias de noticias y plataformas de televisión definen la mayor parte de la agenda y de la terminología de la cobertura informativa.

- ¿Hay intereses económicos implicados en el conflicto?

- ¿Posee el pueblo oprimido hábiles portavoces capaces de atraer la atención de los medios de comunicación y manipularlos?

Desde estos puntos de vista, no hay nadie como los tibetanos: ellos reúnen las condiciones ideales.

Rodeados por la cordillera del Himalaya, están situados en uno de los paisajes más bellos de la tierra. Durante siglos, alcanzar el lugar era una aventura. Su singular religión despierta curiosidad y simpatía. La no-violencia que predica es muy atractiva, y lo suficientemente elástica como para cubrir las peores atrocidades, como el reciente pogromo. El Dalai Lama, su líder en el exilio, es una figura romántica, una rock-star de los medios de comunicación. El régimen chino es odiado por la mayoría de gente: los capitalistas lo odian porque es una dictadura comunista, los comunistas lo odian porque se ha convertido al capitalismo. Promueve un materialismo feo y grosero, radicalmente opuesto a la espiritualidad de los monjes budistas, que invierten todo su tiempo en el rezo y la meditación.

Cuando China construye un ferrocarril que llega a la capital tibetana a través de miles de kilómetros de territorio inhóspito, Occidente no lo admira como una proeza de la ingeniería, sino que lo ve (en parte correctamente) como un monstruo de hierro que trae consigo cientos de miles de colonos chinos de la etnia Han al territorio ocupado.

Y, por supuesto, China es una potencia emergente, cuyos éxitos económicos amenazan la hegemonía norteamericana. Gran parte de la renqueante economía estadounidense pertenece, directa o indirectamente, a China. El gigantesco imperio americano se hunde sin esperanza en la deuda, y China será pronto su mayor prestamista. La industria manufacturera china se está desplazando a China, y con ella, millones de puestos de trabajo.

Comparados con estos factores, ¿qué nos ofrecen, por ejemplo, los vascos? Como los tibetanos, habitan en un territorio contiguo al del estado opresor, la mayor parte de él en España, y una parte en Francia. También son ellos un pueblo con una larga historia, que posee su propio lenguaje y cultura. Pero ni su lenguaje ni su cultura resultan exóticos a los ojos de los medios de comunicación. No tienen mandalas. Ni monjes en túnicas.

Los vascos no tienen un líder romántico, como Nelson Mandela o el Dalai Lama. El estado español, que se alza sobre las ruinas de la odiosa dictadura franquista, goza de una enorme popularidad en todo el mundo. España pertenece a la Unión Europea, lo cual significa que se encuentra, más o menos, en el campo proamericano. Algunas veces más, algunas veces menos.

La lucha armada clandestina de los vascos es aborrecida por buena parte de la población y considerada como “terrorismo”, especialmente después de que España acordara con los vascos una amplía autonomía. En estas circunstancias, los vascos no tendrán mucha suerte si quieren ganar apoyo internacional para su causa independentista.

Los chechenos están en una posición más favorable. Ellos también son un pueblo por derecho propio, oprimido durante mucho tiempo por los zares y el Imperio ruso, incluyendo a Stalin y Putin. Pero son, ay, musulmanes, y en el mundo occidental la islamofobia ocupa ahora el lugar que durante siglos se reservó al antisemitismo. El islam ha pasado a convertirse en sinónimo de terrorismo, y es visto como una religión asesina y sangrienta. Pronto se nos revelará que los musulmanes sacrifican a niños cristianos para cocinar pitas con su sangre. (En realidad es, por supuesto, la religión de docenas de pueblos muy diferentes, que se extiende desde Indonesia a Marruecos y desde Kosovo a Zanzíbar).

Los EE.UU. no temen a Moscú como temen a Pekín. A diferencia de China, Rusia no aparece como un país que podría llegar a dominar el siglo XXI. Occidente no tiene ningún interés en renovar la Guerra Fría tanto como en renovar las Cruzadas contra el islam. Los pobres chechenos, que no tienen un líder carismático ni portavoces sobresalientes, han sido desterrados de los titulares. Como no hay atención mundial, Putin puede machacarlos tanto como quiera, matar a miles de ellos y arrasar ciudades enteras.

Lo que no impide que Putin apoye las demandas de Abkhazia y Osetia del Sur de independencia de Georgia, un país que enfurece a Rusia.

Si Immanuel Kant supiera lo que está sucediendo en Kosovo, empezaría a rascarse la cabeza tratando de averiguar de qué va la cosa.

La provincia reclamó su independencia de Serbia, y yo, sin ir más lejos, lo apoyé de todo corazón. Es un pueblo propio, con una cultura diferente (albana) y religión propia (islam). Después de que el popular líder serbio, Slobodan Milosvic, tratara de expulsarlos de su país, el mundo se alzó en contra de su decisión, proporcionándoles apoyo moral y material en su lucha por la independencia.

Los albanokosovares son el 90% de los ciudadanos del nuevo estado, que tiene una población de dos millones de personas. El restante 10% son serbios que no quieren formar parte del nuevo Kosovo. Quieren que las zonas en las que viven sean anexionadas por Serbia. De acuerdo con la máxima kantiana, ¿tienen el derecho a hacerlo?

Yo propondría un principio moral pragmático: cada población que habite en un territorio definido y tenga un carácter nacional claro tiene derecho a la independencia. Un estado que quiera retener a esa población debe de tener en consideración si la población se siente cómoda en su marco estatal, si recibe todos sus derechos, disfruta de igualdad de derechos con respecto al resto del estado y tiene una autonomía que satisface sus aspiraciones nacionales. En otras palabras: que no tengan ninguna razón para desear la independencia.

Este principio puede aplicarse a los franceses en Canadá, a los escoceses en Gran Bretaña, los kurdos en Turquía, varios grupos étnicos en África, a los pueblos indígenas en Latinoamérica, a los tamiles en Sri Lanka y a muchos otros. Cada uno de ellos tiene el derecho a elegir entre una igualdad efectiva con el estado, la autonomía y la independencia.

Todo esto nos lleva, por supuesto, a la cuestión palestina.

En la competición por ganarse la simpatía de los medios de comunicación mundiales, los palestinos son los más desafortunados. De acuerdo a los estándares que hemos mencionado, tienen exactamente el mismo derecho a la independencia que los tibetanos. Habitan en un territorio definido, son una nación con un carácter que la identifica y existen fronteras definidas entre ellos e Israel. Para negar estos hechos hay que tener una mente de veras retorcida.

Pero los palestinos están sufriendo de muchos de los crueles envites del destino: el pueblo que lo oprime reclama para sí la corona del victimismo definitivo. El mundo entero simpatiza con los israelíes porque los judíos fueron las víctimas de los crímenes más horribles en el mundo occidental. Se crea una situación extraña: el opresor es más popular que la víctima. Cualquiera que apoye a los palestinos es automáticamente sospechoso de antisemitismo y de negación del Holocausto.

La gran mayoría de los palestinos también son musulmanes (nadie se acuerda de los palestinos cristianos). Como el islam es temido y aborrecido por igual en Occidente, la lucha palestina ha pasado a ser automáticamente parte de esa amenaza siniestra e informe que responde al nombre de “terrorismo internacional”. Y desde la muerte de Yasser Arafat y el Jeque Ahmed Yassin, los palestinos no tienen ningún líder especialmente destacable, ni en Fatah ni en Hamas.

Los medios de comunicación mundiales derraman lágrimas por el pueblo tibetano, cuya tierra les fue arrebatada por colonos chinos. ¿Pero quién se preocupa por los palestinos, cuya tierra está siendo arrebatada por colonos israelíes?

Pescando en el río revuelto tibetano, los portavoces israelíes se comparan a sí mismos con los pobres tibetanos -tal y como suena- y no con los malvados chinos. A muchos les parece lógico.

Si desenterrásemos a Kant y le preguntásemos sobre los palestinos, a estas alturas probablemente nos contestaría: “dadles lo que creáis que se le tiene que dar a todo el mundo, y no me despertéis otra vez para preguntarme más tonterías.”

Nota del traductor: (1) Referencia al Cándido de Voltaire.

Uri Avnery es un escritor y veterano activista israelí por la paz. Ha colaborado en La política del antisemitismo, el último libro de CounterPunch.

Traducción para www.sinpermiso.info: Àngel Ferrero


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domingo, 16 de marzo de 2008

Según las Escrituras Ilirias

Este interesante análisis acerca de la reciente declaración unilateral de independencia-dependencia por parte de los albaneses de Kosovo ha sido publicada en Gara:

José Miguel Arrugaeta | Historiador

La independencia de Kosovo según los evangelios

La declaración unilateral de independencia en Kosovo ha desatado muchos demonios dormidos. Lo que parecía un hecho consumado al estar apadrinado, política y militarmente, por el cuarteto de las viejas grandes potencias (EEUU, Gran Bretaña, Francia y Alemania) se ha convertido en un enredo de solución incierta, que amenaza además con hacer de los Balcanes una región en permanente inestabilidad. Si ustedes se toman el trabajo de repasar los argumentos y justificaciones, a favor y en contra de la citada independencia, van a encontrar algo muy parecido a la historia de la vida de Cristo que, siendo la misma, ha llegado a nosotros relatada por cuatro apóstoles diferentes, y cada uno de ellos nos la cuenta a su manera de acuerdo a sus intereses.

Por una parte los valedores de la independencia argumentan un muy loable respeto al derecho de autodeterminación y a la voluntad mayoritaria (lo que no tiene discusión dada la inmensa proporción de población albanesa). Sin embargo revisando el listado de países que se han apresurado a reconocer a la nueva Kosovo hay que destacar que estos «defensores» internacionales de la voluntad de los pueblos son los mismos que argumentan y hacen todo lo contrario unos kilómetros más lejos. Pongamos un ejemplo bastante cercano, para entendernos: en el Kurdistán la misma reclamación de independencia y soberanía se responde a cañonazos. Pero se pueden citar también el Sahara, Chad, Palestina...en una lista interminable. Por lo tanto no hace falta ir a la universidad para concluir que lo que prima en una buena parte de este apoyo a la independencia kosovar es simplemente un interés político y geoestratégico, sin mayor historia, y el argumento esencial es un «aquí mando yo» propio del imperialismo actual.

Pero el mundo se ha vuelto verdaderamente difícil de gobernar así que Serbia (la supuesta agraviada) y su poderoso aliado, Rusia, consideran que esta independencia apunta a sus intereses, lo cual también es estrictamente cierto, y se niegan en redondo a asumirla empleando para ello amenazas cuasi militares y una posible aplicación a su vez de este derecho a la independencia en su entorno cercano. Ello permitiría reagrupar, a golpe de independencia unilateral, a todos los serbios dispersos por Bosnia, Kosovo y otros territorios en el viejo proyecto de la Gran Serbia. Al tiempo claman como solución por el respeto a la legalidad internacional y a las fronteras establecidas tras la II Guerra Mundial -amén de otros curiosos argumentos como el que Kosovo es la cuna histórica del pueblo serbio-, que lo mismo serviría para que los sionistas exterminen a los palestinos y sus vecinos, como para que quechuas y aimaras decidiesen refundar el imperio inca y echar a todos los blancos y mestizos de sus territorios ancestrales o para que los vascos reclamásemos media península donde cazaban nuestros ancestros prehistóricos.

Luego aparecen un grupo de pequeños y medianos países, fundamentalmente del sur europeo, que advierten del nefasto precedente que establece la independencia de Kosovo, y nos recuerdan la necesidad de respetar el sistema de relaciones internacionales y fronteras referido. Algunos de estos países, como Rumania, Grecia, Italia y Macedonia, son fronterizos con el lugar de los hechos y temen con razón verse implicados directamente, bien por cuestiones de población (albaneses en Macedonia, griegos en Albania...), bien por la inestabilidad que les amenaza de cerca, como es el caso de Italia. Otros como Malta y España lo ven sencillamente como un mal ejemplo que amenaza directamente a su unidad interior: turcos en Chipre, y vascos y catalanes en la península ibérica. A estas alturas parece oportuno recordar que muchos de estos países apoyaron y tomaron parte con entusiasmo en la criminal agresión de la OTAN a Serbia, que ha propiciado precisamente lo que ahora rechazan con encono.

Por si fuera poco, un importante grupo de países del tercer mundo, sobre todo miembros del Movimiento de No Aliados (NOAL), muestran una enorme desconfianza y se oponen a lo que consideran una imposición de las grandes potencias occidentales; y vuelven a referirse a lo de las fronteras y el derecho internacional. A esta posición se suma una parte importante de la izquierda internacional que rechaza esta independencia, proclamada en medio de banderas norteamericana y de un manifiesto amor albanés por los EEUU (lo que es francamente curioso al ser un sentimiento en vía de extinción a nivel planetario), y parece que este es un pecado mortal para cualquier izquierda que se precie de sí misma.

Yo por mi parte, aunque modesta, también tengo mi opinión. Claro que ni soy apóstol ni mucho menos escribo textos sagrados, así que mis consideraciones están guiadas por intereses humanos, puesto que como ciudadano vasco me doy por aludido en cuanto se habla de independencia, soberanía y derecho a decidir. Y creo que hay que comenzar precisamente por una cuestión de principio que no puede ser otra que la firme e inequívoca defensa del derecho de cualquier pueblo a su independencia, y este derecho es, como todos los derechos, aplicable por igual para todos y sin exclusiones. Pero todo derecho abstracto se aplica y ejerce en un contexto político determinado, y en el caso de Kosovo estamos hablando de un país impuesto, sobre todo por los EEUU, con claros intereses políticos y militares.

Por otro lado, esta independencia es simplemente inviable desde el punto de vista físico, económico o de seguridad y nace con vocación de un recorrido tutelado, lo cual la convierte en una independencia-dependiente, si me permiten el juego de conceptos. Y es que Kosovo como país no existe, hubo que inventarle a todo correr himno, bandera y otros atributos, y por eso decimos albano-kosovares, servio-kosovares, romaní-kosovares. Kosovo sería en todo caso parte de una gran Albania, pero nadie parece dispuesto a ponerle en este momento el cascabel a ese gato, y por eso hay que prever en un plazo no muy largo procesos de integraciones unilaterales de la conflictiva nación albanesa y de manera paralela de la nación serbia. O sea que el tema va a seguir dando bastante que hablar.

En todo este lío político tiene mucha importancia el hecho de que la declaración de independencia ha sido unilateral, lo que parece el peor camino posible. Una negociación de las partes habría sido un recorrido más difícil y largo pero también hubiese evitado la apresurada independencia impuesta de Kosovo para ir directamente, mediante pasos y etapas consensuadas, a la consecución de lo que está en el fondo de todo este espinoso conflicto: una gran Albania y una gran Serbia, y un status definitivo y viable para Bosnia-Herzegovina, que parecen ser en definitiva los viejos anhelos de todos estos pueblos.

Por eso vuelvo, sin ingenuidad política, a la cuestión de principios (el derecho de todos sin exclusiones a decidir su destino y ejercer su independencia) y me parece que se equivocan quienes apelan a fronteras, acuerdos internacionales o constituciones, como si fueran leyes inmutables y no construcciones humanas. Son las voluntades de los pueblos quienes dan vida y vigencia a la convivencia internacional, y no se puede menospreciar ni ignorar la firme e inmensamente mayoritaria opinión de los albano-kosovares. Si no aciertan en la elección de sus amigos, alianzas y compañeros de viaje, esto forma también parte de la independencia; dejemos pues a los pueblos que recorran sus propios caminos. En definitiva, el mexicano Benito Juárez tenía mucha razón cuando afirmó que «el respeto al derecho ajeno es la paz» y la historia nos demuestra que ignorar o negar la libre determinación de las naciones, por cuestiones de oportunidad política, sólo lleva a conflictos largos y dolorosos -si no, que nos pregunten a vascos, irlandeses, saharauis, tamiles, timorenses, eritreos o kurdos-.

Los que se preocupan por el supuesto precedente que significa esta independencia -ignorando, no se porqué, los nacimientos la pasada década en Europa de Letonia, Lituania, Estonia, Ucrania, Bielorrusia, Georgia, Croacia, Eslovenia o la separación de Chequia y Eslovaquia-, hacen bien en inquietarse porque en lo que a mi concierne no les quepa duda de que no voy a dejar pasar la oportunidad de reclamar, allá donde pueda, que mi gente tiene exactamente el mismo derecho que los albano-kosovares. ¡Faltaría más! Y si por alguna extraña y estratégica razón (que no se me ocurre ahora, ni creo que vaya a aparecer) a los EEUU les da por apoyarme, pues por primera vez y sin que sirva de precedente estaremos de acuerdo en algo, aunque sea por intereses bien diferentes.




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