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lunes, 29 de junio de 2026

Entrevista a Mattin Aiestaran

Desde las páginas de Naiz traemos a ustedes la entrevista al director del yacimiento arqueológico de Irulegi, Mattin Aiestaran, misma en la que se ahonda en la importancia del descubrimiento recientemente dado a conocer, el de las inscripciones en los trozos de cerámica recuperados en la misma vivienda en donde se encontró la mano.

Lean ustedes:


«Había gente que vivía en Irulegi mil años antes de los vascones que escribieron en la Mano»

Mattin Aiestaran | Director del yacimiento de Irulegi | Pese a su enorme relevancia, hallazgos como la Mano o el numeral vascónico «abaŕ» pueden ser solo la punta del iceberg de los tesoros que alberga Irulegi, ya que debajo del poblado vascón del siglo I a.C. existen otros cuatro anteriores, según señala Mattin Aiestaran, director del yacimiento.

Pello Guerra

Irulegi y Mattin Aiestaran se han convertido prácticamente en sinónimos, ya que el historiador es la persona que ha estado al frente de las excavaciones que se vienen realizando en el yacimiento desde sus inicios. Conoce al detalle lo que se ha localizado y ha sido el encargado de presentar públicamente hallazgos de tanto calado como la Mano o la inscripción con el texto «abaŕ», el primer testimonio de un numeral vascónico encontrado.

Tras hacer público este último descubrimiento, Aiestaran está inmerso en preparar la siguiente campaña en el yacimiento, que arrancará en unas pocas semanas en puntos ya excavados en busca de nuevos tesoros que nos acerquen a nuestro pasado. Una historia de la que Irulegi alberga muchos secretos, incluso más antiguos que los ya descubiertos, puesto que en sus entrañas se encuentran otros cuatro poblados que se llegan a remontar al 1400 a.C., mil años antes de que un vascón colgara en la entrada de su vivienda la famosa Mano.

Irulegi vuelve a ofrecer nuevos hallazgos de relieve vinculados al vascónico. ¿Cuándo fueron localizadas estas últimas piezas y qué tiempo de estudio han exigido de momento?

Estos elementos ya eran conocidos desde el año 2020. Nos dimos cuenta a la hora de la excavación, pero no fueron limpiados de la mano de las restauradoras del Gobierno de Navarra hasta que montamos la exposición ‘De Irulegi a Pompelo’. Fue en ese momento cuando el catedrático Javier Velaza pudo ver estos elementos y se dio cuenta de que tal vez su interpretación había que trabajarla un poquito más. Se puso en contacto con Joaquín Gorrochategui y Joan Ferrer, y realizaron varias autopsias, como las llaman ellos, que consisten en ver estas piezas con lupas y con todo lujo de detalles técnicos necesarios. De ahí, ya partió la investigación propiamente dicha, que ha venido a aportar esa luz sobre la cuestión de los numerales vascónicos e ibéricos. 

Con estos hallazgos, Irulegi añade un nuevo elemento para seguir reescribiendo la historia de los vascones, como en su día ya hizo la Mano. Gracias a este yacimiento, vamos conociendo más detalles sobre esa parte de nuestra historia.
 
Efectivamente. En este caso, es un pequeño detalle, un fragmento de cerámica; no es una mano de bronce escrita en la puerta de una vivienda. Pero nos está hablando del uso escrituario que tenían los vascones, de hasta qué punto la escritura impregnaba varios aspectos de su vida, como puede ser en este caso algo más económico, no tan ritual o simbólico como puede ser la Mano. Ahora estamos ante una inscripción con una naturaleza muy distinta, bastante más económica y que, sin embargo, aporta muchísimo.

Estas piezas han sido presentadas cuando en el plazo de unas semanas arrancará una nueva campaña en el yacimiento. ¿Cuándo empezará y en qué área se va a trabajar? 

La campaña de excavación propiamente dicha la comenzaremos a finales de julio y se prolongará durante agosto. Y vamos a seguir trabajando sobre todas las zonas en las que ya comenzamos a excavar los años anteriores, en las que ya pudimos documentar estructuras, no sabemos si viviendas u otro tipo de edificios, pero que fueron afectados por el ataque y por el incendio. Por lo tanto, veremos qué es lo que encontramos debajo de esos restos calcinados.

Hasta el momento, ¿en cuánta superficie del conjunto del yacimiento se ha excavado?

En área abierta, se han excavado en torno a tres viviendas, partes de otras también y una vía principal con sus calles secundarias. Eso nos ha dado una imagen muy nítida de al menos una zona del yacimiento, que hemos podido caracterizar y conocer adecuadamente. Pero todavía nos falta mucho para poder conocer otras zonas. Vamos a intervenir un poquito más cerca del castillo, más hacia la cumbre del monte Irulegi.

Teniendo en cuenta las dimensiones que tiene el yacimiento, ¿se puede hacer un cálculo de cuánto tiempo hay por delante de trabajo en Irulegi?

Estamos hablando de que el poblado realmente urbanizado tendría una extensión de en torno a dos hectáreas o algo más. Y además, debemos tener en cuenta que tan solo hemos sondeado cómo es ese poblado en concreto y que es uno de los que hay en Irulegi. Este es el más moderno y el último habitado, de hace 2.100 años aproximadamente. Pero es que debajo tiene otros cuatro y los hemos ido encontrando en cuanto hemos ido profundizando en distintas zonas del yacimiento.

Por lo tanto, había gente que vivía en Irulegi probablemente mil años antes de los vascones que escribieron en la Mano y en sus cerámicas. Entonces, tenemos preguntas tanto para esta fase en concreto como para las fases anteriores y las relaciones que tienen entre ellas: si hay continuidad; si podríamos hablar de una misma comunidad que va evolucionando, pero es la misma; o si, sin embargo, hay rupturas y hay distintas comunidades que habitan durante distintos periodos el monte de Irulegi. 

Todas esas preguntas están todavía en el aire y tendremos que ir respondiéndolas, con suerte, en base a los trabajos que vayamos haciendo.

Por lo tanto, con Irulegi ya nos estábamos remontando al siglo I antes de Cristo, pero su historia todavía sería mucho más antigua.

Efectivamente, estamos hablando de un momento de habitación, no sabemos si continuado o no, pero situado en el Bronce avanzado, no en el Bronce final. Nos situaríamos en el 1400 a.C., aproximadamente, que es el momento en el que por primera vez se habita el poblado. De ahí, hasta el momento en el que se escribe en la Mano de Irulegi y en una cerámica el numeral vascónico, han pasado 1.400 años de historia. Por lo tanto, todavía hay mucho que hilar y hay mucho que investigar.

Como dice, excavar e investigar, ya que la excavación es una de las fases de un trabajo mucho más amplio, hasta que se llega a descubrir la verdadera importancia de algunas piezas, como ocurrió con la Mano y ahora con esta cerámica y su numeral.
 
Eso es. Al final, el trabajo de excavación, que es el que realizamos en nuestras campañas arqueológicas, ese trabajo de campo, es la primera fase. De ahí, a terminar de publicar y de dar a conocer los resultados arqueológicos, históricos y, si hay suerte, epigráficos y lingüísticos, ha de pasar su tiempo y la investigación ha de tener sus ritmos. A nosotros nos gustaría que Irulegi siguiera dando este tipo de sorpresas.

Y, por todo lo que comenta, la posibilidad de que haya muchas más sorpresas está encima de la mesa.


Es lo bueno que tiene Irulegi, que nos da sorpresas muy gratas y, sobre todo, a cada momento. Esto es algo que ya he ido diciendo varias veces, que cada hora de trabajo de campo que invertimos en Irulegi siempre tiene sus resultados históricos y arqueológicos. 

Unos resultados que se muestran en la exposición ‘De Irulegi a Pompelo’, que ya han visitado cerca de 25.000 personas, lo que demuestra el interés que despiertan en la sociedad los trabajos en el yacimiento y que también evidencia la importancia de mostrar al público lo que se va descubriendo sobre el pasado.

Por supuesto, ese es uno de los pilares de nuestras intervenciones, que no se quede todo tan solo en un foro académico y llegue a la ciudadanía, que lo conozca y encima con calidad.






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jueves, 25 de junio de 2026

A(ba)ŕ

El sitio arqueológico de Irulegi, ese que tantos dolores de cabeza le ha provisto a los españolistas tras el hallazgo del objeto en forma de mano con una inscripción en euskera antiguo, vuelve a arrojar luz sobre el pasado de esa localidad.

Noticias de Navarra nos lo relata de esta manera:


Irulegi arroja otro tesoro: una inscripción sobre recipiente de almacenaje local podría testimoniar el primer numeral vascónico

Irulegi proporciona una nueva inscripción con escritura vascónica en un esgrafiado sobre cerámica - Si la inscripción abaŕ hiciera referencia a la capacidad de la vasija, aportaría una nueva evidencia en el debate sobre las relaciones entre el vascónico, el ibérico y el vasco histórico o euskera

Irulegi es un poblado vascón que fue atacado y destruido durante la Guerra Sertoriana. Su estudio arqueológico se realiza desde 2017 por iniciativa del Ayuntamiento del Valle de Aranguren con el apoyo del Departamento de Cultura del Gobierno de Navarra, y está liderado por la Sociedad de Ciencias Aranzadi en colaboración con diferentes universidades, bajo la dirección del arqueólogo Mattin Aiestaran.

Hasta el momento se han excavado tres viviendas de aproximadamente 75 metros cuadrados de superficie en las que se han recuperado numerosos restos materiales: armas, recipientes cerámicos, monedas, restos óseos de fauna, molinos, etc.

Dos fragmentos cerámicos que presentan sendas inscripciones

Entre esos materiales figuran dos fragmentos cerámicos que presentan sendas inscripciones. Uno fue hallado en el interior de la misma casa en la que se encontró la Mano de Irulegi y el otro en el exterior de esa misma vivienda. El primero de ellos apareció partido en dos fragmentos y corresponde al borde de un recipiente de almacenaje fabricado in situ o en las inmediaciones. 

Su texto, escrito en un signario paleohispánico, probablemente vascónico, es a[ba]ŕ o abaŕ, y podría ser la expresión de su capacidad. Si esta interpretación es correcta, la inscripción constituiría el primer testimonio de un numeral vascónico, cuya forma además coincidiría exactamente con la que recientes estudios han atribuido también al numeral 10 en ibérico, para el que se ha propuesto una correspondencia con el vasco (h)amar (10).

El documento sería así de una gran importancia para el conocimiento de las relaciones entre el vascónico y el ibérico, y asimismo de ambos con el vasco histórico (el euskera en sus fases antiguas o reconstruidas) y el euskara actual. 

La segunda pieza inscrita corresponde a la base exterior de un recipiente de uso personal de importación, con una tipología campaniense de barniz negro o pintado procedente de Italia, y que presenta el texto basi, que podría corresponder a un nombre abreviado -quizás el del propietario del recipiente y de la casa-. El estudio epigráfico y lingüístico de los hallazgos ha sido llevado a cabo por Javier Velaza y Joan Ferrer, de la Universidad de Barcelona, y por Joaquín Gorrochategui, de la Universidad del País Vasco, y se publicará en el próximo número de la revista Palaeohispanica.

En la presentación han participado Mattin Aiestaran, director del yacimiento de Irulegi, Javier Velaza, catedrático de la Universidad de Barcelona, Joseba Asiron, alcalde de Iruña-Pamplona y Manolo Romero, alcalde del Valle de Aranguren.

Estos dos nuevos testimonios se unen al bronce epigráfico de la Mano de Irulegi, a los textos de las monedas y al stylus encontrado en el mismo poblado y vienen a ratificar la presencia de la escritura en la vida cotidiana del poblado de Irulegi.

Las piezas están expuestas en la muestra De Irulegi a Pompelo. Los orígenes de una ciudad, promovida por los Ayuntamientos de Iruña – Pamplona y del valle de Aranguren con la colaboración del Gobierno de Navarra, y que puede visitarse en el centro cultural Civivox Pompelo todos los días, excepto los domingos.

Además, Aranzadi organiza visitas guiadas tanto al yacimiento como a la exposición durante todo el verano hasta el 12 de septiembre en: https://www.aranzadi.eus/visita-irulegi. 

 

 

 

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sábado, 21 de febrero de 2026

Entrevista a Sergio Pereira

De esos momentos en los que se funde historia y literatura surge el material para entrevistas como la que les presentamos a continuación, misma que ha sido publicada en Noticias de Gipuzkoa:


“Los últimos hallazgos señalan que los vascones mantuvieron una alianza amistosa con los romanos”

Sergio Pereira Zumalakarregi | Escritor pasaitarra | Sergio Pereira está de gira por los cuatro distritos de Pasaia presentando su último libro: ‘Las hijas de Amari’

Aitziber Muga

Tras presentar su obra en Trintxerpe y en San Pedro, hará lo propio en las bibliotecas de Donibane (5 de marzo) y de Antxo (12 de marzo), ambas a las 19.00 horas.

¿Qué le impulsó a escribir su último libro, Las hijas de Amari?

Siempre me han atraído mucho los mundos antiguos, como el Imperio Romano o el egipcio, tanto como lector de novela como de libros históricos más académicos. Lo que realmente me llamó para hacer esta obra fue descubrir que, en contra de lo que se pensaba antes, hubo una romanización importante en la zona norte del País Vasco. Los descubrimientos recientes en Oiasso (Irun), como las termas, el foro y el puerto, demuestran que no fue un simple lugar de paso, sino una ciudad administrativa relevante. Quise contar algo sobre un mundo antiguo que, a la vez, estuviera de actualidad por estos nuevos hallazgos.

Según las últimas teorías, la relación entre vascones y romanos no fue tan conflictiva, ¿es así?

Exacto. Parece ser que los vascones mantuvieron una alianza amistosa con los romanos desde el principio. A diferencia de los cántabros y astures, que fueron el último reducto de la península en ser conquistado tras mucho enfrentamiento, los vascones llegaron a un acuerdo mutuo del que ambos pueblos se beneficiaron. Me pareció muy curioso este ambiente de cordialidad, que rompe con la imagen típica de conflicto permanente entre romanos y “bárbaros” que solemos ver en el cine o la literatura.

 ¿Qué diferencia a esta obra de tus libros anteriores?

Esta es la que tiene una base histórica más potente, aunque siempre incluyo toques de historia en mis obras, incluso en las de género negro. He escrito sobre la posguerra en Pasaia y también sobre los balleneros del siglo XVI en El hijo del capitán. En Las hijas de Amari alterno la historia con la intriga y el misterio, centrando la tensión en las traiciones y la lucha por el poder entre personajes romanos y vascones. Además, tiene una fuerte dosis de leyenda y épica al entrelazar las mitologías romana y vascona. En aquella época, los dioses no se cuestionaban; eran la forma de explicar los fenómenos naturales y el mundo mágico se mezclaba con el real.

¿Ha sido difícil el proceso de documentación?

Mucho más dificultoso que en mis libros anteriores. Para mi novela sobre la nao San Juan había mucha documentación organizada, pero para esta época hay pocos datos y a veces confusos o contradictorios. He tenido que ser muy cuidadoso con la terminología y las teorías históricas. Al haber tantas lagunas, he tenido un margen de ficción muy amplio para rellenar los espacios con mi imaginación, por lo que defino la obra como una narrativa de entretenimiento con trasfondo histórico.

¿Aparece Pasaia en la novela o la ambientación es más lejana?

Aunque aparecen ciudades como Roma, Zaragoza o Pompelo (Pamplona), el relato se centra principalmente en el territorio entre la costa cantábrica y Pamplona, y entre los ríos Bidasoa y Urumea. Pasaia aparece como bahía, que era la desembocadura del río Oarso (Oiartzun). Los romanos bajaban el material de las minas de Arditurri por el río y en la bahía lo cargaban en naves para llevarlo por la costa hasta Oiasso. Aunque no existían los núcleos de San Juan o San Pedro, la orografía natural de la bahía, sus rocas y su estrecho son perfectamente identificables hoy en día.

Esta es la primera parte de una trilogía, ¿verdad?

Sí, la trilogía se titula Saltus Vasconum, que es como los romanos llamaban a esta zona norte. Originalmente, la historia podía ser un ladrillo de unas 1.300 páginas, pero por consejo editorial decidí dividirla en tres tomos de unas 430 páginas cada uno para que fuera más dinámica y accesible al público. Mi objetivo es sacar un libro por año: el primero a finales de 2025, el segundo a finales de 2026 y el tercero en 2027. 

¿Tenía claro que iba a ser una trilogía cuando comenzó a escribir esta obra?

No, a veces la novela coge vida y te pide más extensión o menos. Yo sabía lo que quería contar, pero no sabía cuánto me iba a extender. En este caso, me extendí más, en parte porque no hay un protagonista o una protagonista puntual, sino que tiene un protagonismo coral. Hay varios personajes vascones y varios personajes romanos y a través de ese protagonismo coral he intentado que se cree una visión más caleidoscópica de cómo eran aquellos tiempos. Entonces, al haber más personajes, pues parece que requiere más volumen de narración.

¿Cuándo vio claro que era una trilogía? 

Cuando presenté la primera parte, Las hijas de Amari, a mi editorial, Círculo Rojo, ya tenía escrita en bruto la segunda parte. Las hijas de Amari consta de 430 páginas, y las otras dos partes tendrán una extensión similar, por lo que nos pondríamos ya en 1.300 páginas. Entonces, pues yo mismo pensé, y la editorial me dijo que mi idea era acertada, de que merecía la pena dividirla en tres tomos, de manera que así a los lectores se les haga más ameno. Además, la historia es muy dinámica y se lee muy fácil. Entonces, la editorial me dijo que no había que recortarla, que era mejor tener paciencia y sacarla en tres partes.

¿Cómo está siendo la acogida? 

La novela es muy reciente y todavía no son muchos los que la han leído, pero la reacción de los primeros lectores está siendo muy buena, aunque me dicen que el final les deja con ganas de más por ser una trilogía y no haber un final cerrado. A la hora de que las personas se decidan a comprar un libro funciona mucho el boca a boca y por supuesto, hoy en día, la redes sociales.

Ha comenzado a presentar su libro en los cuatro distritos de Pasaia. ¿Son especiales las presentaciones en su pueblo? 

Sí, para las presentaciones, siempre empiezo por los cuatro distritos de Pasaia, comenzando por Trintxerpe, donde nací y el público suele responder muy bien llenando los actos.

En Pasaia hay una cantera importante de escritores y las bibliotecas se suelen volcar para ofrecerles un espacio para dar a conocer sus trabajos. 

Sí, la verdad es que en Pasaia hay bastante artisteo. No sólo hay escritores también hay músicos y actores. En este pueblo se mueve bastante la cultura. Yo creo que los pasaitarras somos gente bastante despierta, con inquietudes, Además, está bien que desde el Ayuntamiento y desde las bibliotecas se intenta ayudar a los artistas y fomentar la cultura en la medida de lo posible. 

¿Tiene programadas otras presentaciones? 

De momento no tengo nada cerrado, pero quiero ampliar el círculo a Alza, Errenteria e Irun,por ser la capital en la que se han hecho los últimos hallazgos. Mi intención es llegar a las capitales vascas, incluida Pamplona.

¿Cuáles son sus proyectos más inmediatos? 

Suelo sacar un libro cada dos años o dos años y medio, porque no me dedico a ello profesionalmente. Pero esta vez, sacará cada año uno un libro de la trilogía. 

 

 

 

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lunes, 9 de febrero de 2026

Las Tumbas Circulares de Garinoain

Tras el trascendental hallazgo de la Mano de Irulegi vino el no menos importante descubrimiento del altar en Larunbe. Después vino el anuncio acerca de la inscripción en la mina de Lantz.

Pues bien, desde Naiz, traemos a ustedes este reportaje acerca de otro tesoro hallado en el subsuelo de Euskal Herria:


La muerte y el círculo, piedras y fuego

Las obras del TAV a su paso por Garinoain han sacado a la luz 17 tumbas circulares vinculadas a una fortificación de la Edad del Hierro, cuya antigüedad se estima en el siglo VI antes de Cristo. Se trata de una época singularmente oscura y violenta en Nafarroa. Los cuerpos escondidos en los círculos de piedra fueron quemados previamente como rito mortuorio.

Aritz Intxusta

El pueblo de Garinoain tiene una peculiar conexión con el poblado de la Edad del Hierro que ellos conocen como Santa Cecilia por una pequeña ermita que construyeron en su parte más alta hace relativamente poco tiempo, pero que se ubica en el interior de dos anillos concéntricos de murallas y taludes construidos hace más de 25 siglos. Un día al año, coincidiendo con la llegada de las cosechas y a la par que el cura bendice los campos de cereal, acuden a esta ermita donde celebran una pequeña misa y luego pasan el resto del día en el foso de la fortificación, sentados en piedras desprendidas o directamente arrancadas de los muros con las que han conformado también mesas rústicas. El Ayuntamiento reparte pan y vino. A media tarde, se marchan para no volver allí hasta el año siguiente.

Pero había algo más en aquel poblado. Ocultos hasta metro y medio bajo la tierra, han aparecido enormes túmulos (panteones prehistóricos) alrededor de esa fortificación en forma de óvalo. El grupo principal queda en la parte oeste, hacia donde se pone el sol. Se trata de 17 estructuras de piedra de forma circular y que están necesariamente vinculadas a esa población.

Algunas de las principales de estas formaciones circulares, incluida la más grande de todas, que tiene un diámetro de 18 metros, están rodeadas por piedras de lajas y estelas. De este modo, los 200 o 300 habitantes que se refugiaban en lo alto de la colina amurallada vivían rodeados de las tumbas de los más destacados (o destacadas) miembros del clan, tribu o lo que sea que fueran.

El caso es que, en Garinoain, algo de conocimiento debía de quedar de esas ruinas ubicadas en su monte común. El yacimiento arqueológico se ha denominado Monteviejo II, pero todavía se recuerda otro nombre más antiguo para ese paraje, el de Kapanazar, de cuando en Orbaibar aún se mantenía viva la lengua propia. Y es bien posible que algunas de estas construcciones les hubieran parecido, por su tamaño, chozas o cabañas pastoriles que hubieran colapsado sobre sí mismas.

El trazado del TAV pasa casi rozando el poblado de Santa Cecilia en su camino hacia Iruñea (la capital navarra queda 24 kilómetros al norte), por lo que Adif costea las excavaciones y prospecciones que la ley dicta para preservar el patrimonio cultural. Esto es, mientras los ingenieros del ferrocarril estudian las características del subsuelo para tender las vías, grupos de arqueólogos prospectan aquellos puntos donde se sospecha que existen restos de presencia humana.

El yacimiento de Garinoain está siendo excavado por Nicolás Zuazua, de la joven empresa Tesela Arqueología. Un equipo compuesto por diecisiete arqueólogos (además de Zuazua) trabaja para extraer toda la información posible, preservar y, posteriormente, poner en valor estos túmulos prehistóricos.

El número de profesionales que se encuentran estos días sobre el terreno da muestra de la importancia del hallazgo. «Llevamos dos años trabajando en este tramo del TAV. Aquí, en Garinoain, estamos trabajando desde julio, cuando asomó el primer túmulo. Espero terminar la zona norte del yacimiento en las próximas semanas, pero los conjuntos que quedan al sur y que son más grandes nos van a costar».

El tren pasa tan cerca que no van a salvarse todas estas singulares estructuras que apuntan a ser del siglo VI antes de Cristo. El plan es mover algunos de los túmulos de la zona norte a otro punto cercano, aunque no los más grandes del sur (los túmulos 5, 6, 7, 8, 9, 10), pues esos quedan fuera del trazado.

Una cultura desaparecida

En la época en la que se construyó ese conjunto tumulario, los habitantes de Euskal Herria no escribían; todavía tardarían otro medio milenio en hacerlo. Estos son los años en los que fenicios y los pioneros griegos asentaban sus colonias en la costa mediterránea y daban las primeras referencias de los habitantes de la península. Pero no se conoce ninguna inscripción en la que hablen de tan tierra adentro.

Por los restos arqueológicos que nos han quedado, se intuye que la de aquella época era una sociedad marcada por la violencia. Siglos antes, en los tiempos del Bronce, los pobladores de la zona habitaban casas construidas con maderos, pajas y manteados de adobe. Demasiado frágiles y saqueables. Ahora que se ha impuesto el hierro como el metal para forjar armas, los clanes han subido a montes y riscos y han invertido enormes esfuerzos y recursos en fortificarlos.

Santa Cecilia debió de despoblarse unos dos siglos antes de la llegada de los romanos y, por tanto, de que estos denominaran vascones a los habitantes de la zona. Es lo que se intuye -explica Zuazua- de los precarios estudios que se han hecho a partir de los materiales hallados en la superficie interior de las murallas, y que seguirán sin tocarse en esta campaña.

Estamos, por tanto, ante un poblado que se corresponde con una cultura prácticamente ignota. La conocemos únicamente por la forma en que construían. Las murallas nos hablan del miedo que se tenían entre ellos. Y las casas interiores, por su similitud las unas con las otras en formas y tamaños, nos hacen pensar que constituían una cultura bastante igualitaria.

Por eso, entre otras cosas, el hallazgo de los túmulos de Garinoain es maravilloso, pues además de su espectacularidad, tiene el potencial de describirnos a sus líderes o a las personas que más prestigio alcanzaban, porque las diferencias que no se apreciaban entre ellos en vida sí emergen tras el fallecimiento. Unos merecieron un tratamiento más imponente que otros. ¿Por qué?

Los túmulos circulares, como es obvio, también ofrecen pinceladas sobre sus creencias sobre la muerte. Estamos en un momento en que no se entierra, sino que se quema. Cuando los habitantes de Santa Cecilia morían, sus vecinos y parientes construían piras con maderos y les prendían fuego hasta que las llamas se comían la carne. Pero su rito mortuorio no terminaba ahí.

Cuando la hoguera se apagaba, volvían a acercarse y cogían parte de los huesos ya mondos (no está claro aún cuáles serían las partes predilectas). Algunos los rompían para hacerlos caber en unos pequeños receptáculos de adobe que estaban en el punto central de esos túmulos circulares de piedra menuda. Probablemente, usarían algún recipiente de madera u otro vegetal para transportarlos de una parte a otra, pero el paso de 2.500 años a la intemperie, y luego bajo campos de labranza, ha hecho que desaparezcan por completo.

Los diecisiete enterramientos

No se trata de casetas derruidas, pues nunca tuvieron un techo y paredes. Simplemente, son acumulaciones de piedras con esa forma redonda, montones de areniscas con diámetros que van desde los siete hasta los dieciocho metros, varios de ellos perimetrados después con lajas que marcan la entrada a un espacio que, para esas gentes, era distinto al resto.

No es seguro tampoco -advierte el director de la excavación- que en su día se vieran como concentraciones de piedra desnuda; pudieron cubrirlas después con otros elementos. El equipo de Tesela Arqueología informa a 7K que van a llevarse a cabo estudios de polen y semillas que quizá aporten algo de luz aquí y también aclaren si realmente se daba una reutilización de estos nichos centrales. Porque, aunque no parecen tener entradas nítidas, sí hay sospechas de que la estructura no era para una sola persona, o no siempre. En el centro del círculo aparecen, en ocasiones, los restos de un individuo. En otras, aparentan ser varias personas.

Ahora los fragmentos de huesecillos, algunos parcialmente carbonizados, los están sacando e introduciendo en bolsas para su análisis. «Nos ha salido un hueso con cabeza, pero no sabemos siquiera si se trata de una tibia o un fémur. El estado de conservación tras un proceso de cremación y tanto tiempo es muy precario», explica Zuazua.

Aún así, no pierden la esperanza de que las pruebas de ADN puedan aportar algo más de información sobre los restos humanos. Lo más llamativo sería determinar el sexo para ver si el lugar de honor era algo reservado para los hombres, para las mujeres o si aparecen de los dos tipos. Si hallan restos lo suficientemente bien conservados, quizá se pueda determinar también si había alguna conexión familiar entre unos y otros.

En el centro de los túmulos no solo han aparecido huesos, también pequeños ajuares compuestos por fíbulas (broches), brazaletes que debieron de adornar el bíceps del fallecido y hasta un fragmento de una torques (collar rígido formado por una única barra metálica doblada). Todos en bronce. No son demasiado elaborados, no era un poblado rico. Los túmulos de Garinoain no describen la vida de la realeza, sino la del pueblo llano.

«Antes se deducía en función de estos ajuares si el cuerpo era de mujer o de un hombre si aparecían armas, pero se ha comprobado después que se cometían muchísimos errores. La premisa de que solo los hombres usaban armas es falsa. Ahora mismo no nos inclinamos ni por una cosa ni por otra», indica Zuazua.

La mística del círculo

A la a espera de pruebas estratográficas más precisas, ha sido la tipología de las fíbulas aparecidas en el yacimiento lo que apunta la cronología concreta. Los túmulos los conectaban con su mundo místico, su religiosidad. Una de las estelas del gran túmulo, añade una pista más, pues aparecen varios símbolos. El más repetido lo componen unos círculos concéntricos -otra vez el círculo como elemento central-, que es común a otros yacimientos similares y que tradicionalmente se ha relacionado con el Sol. El otro resulta más intrigante, pues a falta aún de una mayor documentación y estudio, no han dado aún referencias de que haya aparecido en ninguna otra parte. «No sabemos qué son, tienen forma de pétalos de flor», dice el arqueólogo.

No son los únicos túmulos que han aparecido en Nafarroa correspondientes a esta etapa. Sí los mejor conservados y más grandes, lo que permitirá estudiarlos como nunca antes. «Esta necrópolis tiene sus paralelos en la Atalaya, en Kortes o Castejón. Fuera de este herrialde, podemos encontrarlas en el Valle del Huecha en Aragón… Las más similares, quizás, sean las que se han encontrado en el Corral de Mola y Arroyo Vizcarra, ambas en la comarca de Cinco Villas», asegura Marina Rodríguez. En concreto, los túmulos de Arroyo Vizcarra quedaron anegados por el pantano de Esa y solo afloran en tiempo de sequía.

«Nos han salido fíbulas que por su tipología y características son de este periodo y también unas pinzas de depilar que se corresponden con esta época», comenta la directora de campo del yacimiento. En todo lo que se ha excavado a lo largo del Valle del Ebro, en necrópolis que recuerdan a esta, aparecen los similares materiales y huesos. Esta uniformidad permite calibrar la extensión que tuvo en su momento esta cultura.

Hay que tener en cuenta que poblados de la Edad del Hierro similares a la de Santa Cecilia son muy comunes en la Zona Media de Nafarroa y Erribera. La Dirección General de Patrimonio tiene documentados más de cien. Los trabajos en el monte de Garinoain permitirán entender mejor todos ellos.

Una de las cosas que llaman la atención de estas tumbas es que se despliegan en horizontal, no en vertical. Recuerdan mucho a los crómlech, pero la distancia temporal es abismal, pues los característicos círculos neolíticos de piedra que coronan las crestas de las sierras vascas son estructuras que se construyeron entre el 3500 y el 1500 antes de Cristo. Esto es, el último crómlech es mil años más viejo que los túmulos de Garinoain.

Por otro lado, no son los 17 túmulos lo único que ha aparecido en el entorno del enclave. Junto a ellos han asomado también distintos hoyos, agujeros en forma de tinaja correspondientes a la Edad del Bronce, horadados por los pueblos seminómadas que habitaron Nafarroa entre el cuarto y el segundo milenio antes de Cristo. Concretamente, hay 80 de estos hoyos en los alrededores y el plan es excavar uno de cada cinco, ya que finalmente el trazado del TAV no los arrasará.

Asimismo, en el lado sur han surgido los restos de lo que aparenta ser un pequeño asentamiento granjero tardoantiguo, de la época del Bajo Imperio, que incluye un pozo.

Aunque tras el proceso de excavación se aprecian bien los túmulos cuando uno se acerca, lucen aún más a vista de dron. O, como antes no había estos aparatos, destacan sobre todo cuando se los mira desde lo alto del recinto amurallado que remata hoy la ermita. Quizá estuvieran pensados así para dialogar con el cielo, pero quienes habitaron la fortificación tenían a sus muertos y sus líderes muy presentes. Era lo primero que veían.

Es aquí cuando hay que volver al extraño vínculo entre el pueblo de Garinoain y las ruinas perdidas en ese monte con paisaje en mosaico de fincas de secano y llecos de coscojas y robles quejigos (a unos cientos de metros se encuentra uno de los 47 árboles monumentales de Nafarroa, un quejigo de 16 metros de altura). Los garinoaindarras acuden a la fortificación y luego la olvidan un año entero hasta que les toca volver. Hoy, por supuesto, esta es una costumbre cristiana y quizá sea solo eso. Pero, ¿y si no fuera así? ¿Por qué vuelven cada año? ¿Les atraen las ruinas o recuerdan a los habitantes perdidos? Porque creer que inconscientemente peregrinan a las grandes tumbas de viejos líderes ancestrales es una completa locura, ¿verdad?

 

 

 

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viernes, 30 de enero de 2026

La Vasconia Romanizada

El descubrimiento de la Mano de Irulegi ha tomado una nueva dimensión con la exposición que se ha montado en Iruñea para mostrar la transición que se vivió en el espacio geográfico en el que habitaban los vascones al momento de la llegada de los romanos.

Derivado de lo anterior les compartimos este reportaje publicado en Noticias de Navarra:


'De Irulegi a Pompelo': ¿cómo vivían los vascones antes de la romanización?

Los orígenes de la ciudad de Pamplona se redescubren en una "ambiciosa" exposición en Civivox Pompelo en la que se recrea a escala real la casa donde se halló la Mano de Irulegi

Paula Etxeberria Cayuela 

¿Cómo vivían los poblados vascones en nuestro territorio antes de la romanización y durante aquel proceso que supuso la universalización y la globalización? ¿Qué elementos configuraban su identidad?

Es lo que invita a descubrir la "ambiciosa" exposición presentada este jueves 29 de enero en el recién estrenado Civivox Pompelo, De Irulegi a Pompelo. Los orígenes de la ciudad; una muestra en la que se exhiben por primera vez piezas de la Edad del Hierro halladas en el yacimiento de Irulegi y en la que se recrea a escala real la casa donde se halló la famosa Mano.

Enmarcada en la celebración del 2.100 aniversario de la fundación romana de Pamplona por parte de Cneo Pompeyo Magno, la exposición traslada al público al siglo I antes de nuestra era, y le invita a un recorrido por las tradiciones y costumbres del poblado vascón que la habitaba y por la influencia romana que llega.

Visitable hasta el 27 de septiembre

El alcalde de Pamplona, Joseba Asiron Sáez, la concejala delegada de Cultura, Fiestas y Deporte, Maider Beloki Unzu, el catedrático de Filología Clásica de la Universidad de Barcelona, Javier Velaza Frías, y el arqueólogo y director de la excavación de Irulegi, Mattin Aiestaran de la Sotilla, han presentado este mediodía la muestra, que se inaugurará oficialmente este viernes 30 de enero a las 18 horas y se abrirá al público el sábado.

Comisariada por la Sociedad Ciencias Aranzadi en colaboración con investigadores de diferentes centros universitarios, se podrá visitar, hasta el 27 de septiembre, de lunes a sábado, de 11.30 a 13.30 horas y de 18 a 20.30 horas. Los domingos y festivos permanecerá cerrada.

Tras la presentación, se ha realizado un recorrido por la exposición para descubrir algunas de las piezas más destacadas que se muestran, como la reconstrucción a escala real en el centro de la exposición la casa en la que se localizó la Mano de Irulegi. En esa visita han participado, además, el catedrático de Lingüística Indoeuropea de la Universidad de País Vasco, Joaquín Gorrochategui Churruca, la arqueóloga de la Université de Pau et des Pays de l’Adour Oihane Mendizabal Sandonís, y el alcalde del Valle de Aranguren, Manolo Romero Pardo, quien ha pedido a las instituciones y en concreto al Ayuntamiento de Pamplona "apoyo económico cuanto antes para poder poner en valor el Palacio de Góngora" y posibilitar que "en dos o tres años acoja de forma permanente las piezas que ahora se muestran en esta exposición".

Los orígenes de Pamplona

Con la fundación romana de la ciudad, Pamplona, como núcleo urbano, entra en los anales de la historiografía clásica. No obstante, las raíces de la vieja Iruña son mucho más profundas y beben directamente del acervo y la tradición del pueblo vascón y su cultura.

Esta exposición pretende retratar un momento decisivo en la historia de Pamplona, el de la incorporación del pueblo vascón a la República romana en el siglo I antes de nuestra era. Hasta ese momento, el territorio estaba organizado en poblados fortificados, como el de Irulegi, que funcionaba como un centro dinámico de agricultura, ganadería y metalurgia. 

 La muestra se enmarca dentro del contexto histórico del conflicto de la Guerra de Sertorio (82-72 antes de nuestra era), una guerra civil entre el pueblo romano que afectó al territorio vascón. Consecuencia de ello, el poblado de Irulegi sufrió una destrucción violenta y desapareció, tal y como demuestran las evidencias arqueológicas excavadas durante años, tras sufrir un incendio.

"Nos quedaba como deuda pendiente reconocer los orígenes previos de nuestra ciudad antes de la llegada de los romanos, poner en valor que era un mundo vivo, con un sustrato cultural propio, y eso se reivindica en esta exposición", ha dicho Asiron.

En este sentido, Maider Beloki ha añadido que "la historia de Pamplona no comienza con Roma, sino que se enriquece con ella". 

Un mundo abierto e interconectado

En el recorrido generado a través de los siete espacios en los que se estructura la exposición De Irulegi a Pompelo. Los orígenes de la ciudad, se refleja que esa Pamplona previa a la fundación romana era ya "un mundo en contacto con grandes civilizaciones del Mediterráneo, un mundo abierto e interconectado", ha comentado el arqueólogo y director de la excavación de Irulegi, Mattin Aiestaran de la Sotilla.

"Tenemos que dejar de pensar que eran territorios estancos, aislados, donde no había comercio. El Mediterráneo era ya desde final de la Edad del Bronce una auténtica autopista por la que circulaban el comercio, las ideas, el pensamiento, la escritura, la literatura...", ha puntualizado Javier Velaza Frías.

Así, los elementos, objetos y recreaciones que se muestran nos hablan "de contactos, de mestizaje, de mezcla".

"Había una identidad compartida. Los romanos tenían una cultura política muy potente y allí donde llegaban imponían determinadas cosas, pero no otras; imponían una Administración, una forma de Estado, pero no una religión ni una lengua", ha subrayado Javier Velaza.

La vida en guerra

Irulegi es en esta exposición paradigma del momento que se aborda. "No tenemos claro que lo que se ha hallado ahí se encuentre en otro poblado similar. Ahora mismo hay 58 poblados identificados desde la Edad del Hierro, pero ninguno ha sido investigado como lo ha sido Irulegi, así que carecemos de punto de comparación en toda la Cuenca de Pamplona. Habrá que esperar unos cuantos años para ver si se excavan otros poblados, y si se conservan tan bien, y se puede establecer una comparación a nivel de urbanismo", ha explicado Mattin Aiestaran.

La recreación de la casa en donde apareció la Mano de Irulegi

    Una réplica fiel: La reconstrucción de la casa donde se halló la Mano de Irulegi (una de las tres viviendas que se han excavado hasta ahora en el poblado), con su porche, establo y estancia de hogar, es la parte más atractiva y llamativa de la exposición, y se ha realizado de la manera más fiel posible. A través de escaneos 3D se ha podido hacer una reconstrucción completa y con un gran nivel de detalle. Se han utilizado piedras de la Cuenca de Pamplona; la techumbre, que es de gran importancia, la han creado "los últimos teitadores de El Bierzo (artesanos tradicionales de las zonas montañosas especializados en construir y reparar cubiertas vegetales, conocidas como 'teitos' o 'teitas', utilizando paja de centeno), y alfareros/as y etnógrafos/as han participado con sus conocimientos y su talento para realizar recreaciones cerámicas.

Se ha localizado en las excavaciones abundante material bélico que pone de manifiesto que quienes habitaban Irulegi vivían en guerra. La exposición muestra piezas como un puñal y su vaina, unos proyectiles de honda y abundantes puntas de flecha, etcétera. Armas individuales que pudieron pertenecer tanto a soldados romanos como a guerreros vascones, que servían en esa guerra civil como tropas auxiliares.

Además, se pueden ver piezas de la vida cotidiana de este poblado, que acercan a la realidad de una comunidad que atesora conocimientos específicos en la ganadería, la metalurgia, la alfarería y también la escritura. Se exponen, por ejemplo, una jarra de bronce, piezas de adorno o cerámicas de la Edad del Hierro.

Todos estos materiales hablan de una hibridación entre dos culturas, una mezcla de la cultura indígena de quienes habitaban en el poblado vascón y la nueva cultura romana que llega al territorio.

Moneda y escritura propias

En la exposición también se hace hincapié en la importancia de la moneda y la escritura que transformaron el territorio vascón durante su integración en el mundo romano entre los siglos III y I antes de nuestra era. Las ciudades, como sekia o iaka, llegaron a emitir sus propias monedas de plata y bronce, utilizando símbolos como el jinete y leyendas en su propia lengua. Algunas de estas monedas se exponen en la muestra.

La escritura supuso una revolución tecnológica que permitió al poblado vascón desarrollar un signario propio conocido como ‘vascónico’, que utilizaba signos únicos para representar su lengua. El hallazgo más excepcional es la Mano de Irulegi. La exposición presenta las últimas investigaciones sobre esta pieza que se puede contemplar en el Museo de Navarra.

Un proyecto en equipo

    Comisariado: La exposición ha sido comisariada por la Sociedad Ciencias Aranzadi en colaboración con investigadores de diferentes centros universitarios, como la Universidad Pública de Navarra, la Universidad del País Vasco, la Universidad de Burgos, la Universitat de Barcelona, la Université de Pau et des Pays del Adour o la Université de Bordeaux.

    Piezas expuestas: El departamento de Cultura del Gobierno de Navarra ha colaborado cediendo piezas arqueológicas recuperadas en el yacimiento de Irulegi, además del Ara de Larrahe recuperada en Larunbe. Además, se exponen otras piezas cedidas específicamente para la muestra, provenientes de otros museos y entidades como el Museo San Telmo, el Museo de Historia de Cataluña, el Museo Bibat de Vitoria-Gasteiz, el Centro de Colecciones Patrimoniales de Gipuzkoa - Gordailua, los ayuntamientos de Atharratze y Hazparne.

Aras y estelas romanas

El general Pompeyo fundó la ciudad de Pompelo, acelerando el nuevo modelo urbano que actuó como el principal motor de globalización, que transformó la economía, la religión y el lenguaje, integrando a las élites locales en la administración romana a través de la concesión del derecho latino y la ciudadanía.

Mientras que el latín se impuso como lengua oficial, provocando la desaparición de la mayoría de lenguas indígenas, el vascónico-aquitano logró perdurar. 

En el ámbito espiritual, los nuevos cultos convivieron pacíficamente con las creencias ancestrales. En la muestra se exponen también aras y estelas romanas que hablan de ese proceso de hibridación de culturas.

Las piezas han sido cedidas por otros museos y entidades. La estela de Andrearriaga procede del Museo San Telmo, el Ara de Helasse, del Museo Bibat (Vitoria-Gasteiz); el Ara de Herauscorritsehe, del Ayuntamiento de Atharratze; la estela de Hazparne de localidad vascofrancesa y los miliarios de Mugarriluze de Auritzberri-Espinal. 

 

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Video |  Exposición ‘De Irulegi a Pompelo. Los orígenes de una ciudad’

 

 

 

 

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viernes, 16 de enero de 2026

Iruña-Veleia Busca Consolidarse

Desde Naiz traemos a ustedes lo más reciente acerca de este interesante sitio arqueológico, uno que nos habla de la presencia romana en tierras vasconas.

Disfruten la lectura:


Iruña-Veleia aborda el inicio de la construcción del centro de visitantes

Iruña-Veleia abordará este año el inicio de la construcción del centro de visitantes y finalizará la prospección del circo romano, según la diputada de Cultura, Ana del Val. La Diputación de Álava también analiza si adquirir los terrenos privados, cuyo subsuelo alberga el circo.

El yacimiento romano de Iruña-Veleia abordará en este año la primera fase de construcción del centro de recepción de visitantes del enclave, «una infraestructura necesaria para ordenar y mejorar la acogida del público y la interpretación del yacimiento», así como finalizará la prospección geomagnética de las parcelas del circo, tras su verificación.

Estos son dos de los principales hitos que acometerá la Diputación Foral de Araba durante este ejercicio, en el que también se culminará la redacción del nuevo plan director 2027-2037, que «será la base que marque qué se va a hacer en Iruña-Veleia durante los próximos diez años», con el fin de «dejar un proyecto cerrado, ordenado y sólido».

Así lo ha destacado este viernes la diputada de Cultura, Ana del Val, durante su comparecencia, a petición propia, ante la comisión de las Juntas Generales de Araba.

La Diputación contará este año con un presupuesto aproximado de 600.000 euros, que permitirá abordar la primera fase del centro de recepción de visitantes, la consolidación definitiva del cubo O-12 de la muralla y la finalización de la prospección geomagnética en el entorno del circo.

Del Val ha subrayado la importancia de la verificación de un circo romano en Iruña Veleia. Las prospecciones geofísicas y los seis sondeos arqueológicos llevados a cabo han confirmado la existencia de esta infraestructura singular, con una longitud aproximada de 280 metros y una anchura de 72 metros, fechada provisionalmente entre los siglos II y III d.C.

«Se trata de un hallazgo de enorme relevancia científica e histórica que sitúa a Iruña-Veleia ante las ciudades romanas más importantes del norte peninsular», ha resaltado. Un asunto sobre el que también ha incidido el jefe del Servicio de Museos y de Arqueología, Javier Fernández Bordegaray.

Pese al interés histórico y arqueológico del hallazgo, que coloca al yacimiento en «la primera división de ciudades romanas del norte peninsular», Bordegaray ha señalado que, desde el punto de vista arquitectónico, los restos que se conservan «son relativamente pobres».

Ha indicado que «se conserva una estructura de muros hecha con una especie de cajones constructivos cuadrangulares de cajones, donde se apoyaba una estructura de madera que soportaba las gradas desde las cuales el público asistía a los espectáculos».

Adquirir los terrenos

El circo romano se aposenta en cinco terrenos privados, cuatro agrícolas y uno industrial sin actividad, por lo que «no existe riesgo de afección al subsuelo», y ha señalado que el objetivo último es la adquisición pública de los terrenos, para «garantizar la necesaria conservación de los restos arqueológicos».

Una compra, que ha dicho, la Diputación tiene que analizar, al ser un proceso «difícil, largo y complejo» dentro de las negociaciones con los propietarios, ya que, una de las parcelas agrícolas tiene hasta 18 herederos y, además hay que compensar a los agricultores.

Por el momento, la Diputación ha autorizado únicamente trabajos que sólo impliquen remoción de la capa más superficial del terreno, unas «precauciones que buscan compatibilizar la actividad agrícola actual con la futura puesta en valor del yacimiento».

Nuevo plan director

Por otra parte, la diputada de Cultura ha informado que este mismo año se iniciará la redacción del nuevo Plan Director, que deberá «integrar los nuevos hallazgos y será la base para definir la estrategia de futuro del yacimiento para los próximos diez años».

Sin profundizar en los mismos, Del Val ha señalado que ha habido «problemas» para que la Universidad Pública del País Vasco (EHU) redacte la nueva hoja de ruta del enclave romano y ha apuntado a que, en esta ocasión, el plan será elaborado por la Sociedad de Ciencias Aranzadi.

Este ejercicio será también el del inicio de la fase de construcción del futuro centro de visitantes, «una infraestructura necesaria para ordenar y mejorar la acogida del público y la interpretación del yacimiento». Bordegaray ha comentado que la Diputación está «a puertas de recibir el proyecto de ejecución para poder licitar cuanto antes la primera fase de construcción», a la par que busca una ubicación donde el recurso «tuviera una afección menor».

«El trabajo realizado en estos años demuestra que Iruña Veleia es un proyecto sólido, ambicioso y con vocación de permanencia. Iruña Veleia no parte de cero. Hay mucho trabajo hecho, resultados visibles y un horizonte claro», ha afirmado Del Val, para resaltar que el objetivo del departamento es «dar al yacimiento la relevancia que merece, con planificación, rigor científico y una visión de futuro».




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jueves, 8 de enero de 2026

Matrimonios Medievales Estratégicos

En ocasiones anteriores, en este mismo blog, hemos expresado nuestro agradecimiento al escritor Mark Kurlansky por haber puesto a Euskal Herria en el mapa con la publicación de su libro "La historia vasca del mundo" (The Basque History of the Wolrd). 

Sin embargo, como también ya hemos hecho antes, volvemos a presentar evidencia histórica con respecto a su aseveración de que los vascos nunca en su devenir han contado con una entidad político-territorial propia.

En expresar lo anterior, el buen Kurlansky se saltó por completo la historia del Reino de Navarra, antes Ducado de Pamplona, constructo político al que diesen vida los vascones, gentilicio con el que se denominaba al pueblo hoy conocido como vascos.

Dicho lo anterior, recomendamos la lectura de este reportaje publicado por Naiz:


Alianzas matrimoniales, la estrategia política de Nafarroa para tener un lugar propio en Europa

Las alianzas matrimoniales que concertaron los últimos reyes de la dinastía Jimena fueron la estrategia política del reino de Nafarroa para encontrar un lugar propio en Europa, según recoge el historiador Francesco Puzzo en la tesis doctoral que ha defendido en la UPNA.

Pello Guerra

Con el objetivo de encontrar un lugar propio en Europa para Nafarroa, los últimos reyes de la dinastía Jimena aplicaron una política de alianzas matrimoniales que les permitió establecer lazos con los reinos de Sicilia e Inglaterra, y el condado de Champaña, según recoge el historiador Francesco Puzzo en la tesis doctoral que ha defendido en la UPNA.

¿Qué empujó a un siciliano a dedicar su tesis a las redes familiares normandas y sicilianas en la monarquía navarra entre los siglos XII y XIII? Según explica a NAIZ, todo comenzó hace nueve años, cuando encontró «por casualidad un artículo de la investigadora siciliana Laura Sciascia sobre la regencia siciliana de Blanca, futura reina de Navarra, entre 1402 y 1415», y que incluía «un breve pero sugerente preámbulo dedicado a una ‘historia en femenino’ de la monarquía siciliana».

En ese texto, Sciascia exploraba «el comienzo de las relaciones históricas entre Navarra y Sicilia a través de la figura de Margarita, hija de García Ramírez ‘el Restaurador’, reina consorte de Sicilia por su matrimonio con Guillermo I de Hauteville y posteriormente regente del reino en nombre de su hijo, Guillermo II, en la segunda mitad del siglo XII».

Siendo Puzzo siciliano y al estar casado con una navarra, «me sentí inmediatamente atraído por el tema y decidí entonces escribir a la profesora Eloísa Ramírez Vaquero, catedrática de la Universidad Pública de Navarra».

Y así se embarcó en una investigación doctoral centrada en las alianzas matrimoniales establecidas por Nafarroa en el periodo que va de 1134 a 1234, es decir, el correspondiente a los reinados de los tres últimos soberanos de la dinastía Jimena: García Ramírez, Sancho VI el Sabio y Sancho VII el Fuerte.

Fue un siglo en el que se establecieron unas alianzas a través de bodas que el historiador considera que tenían «un hilo común: la necesidad del reino de Navarra de encontrar su propio lugar, una razón de ser dentro del contexto ibérico y europeo».

Esa política fue iniciada por García Ramírez, soberano de la Nafarroa que había conseguido separarse de Aragón a raíz de la muerte de Alfonso el Batallador en 1134 y que por ese motivo fue conocido como ‘el Restaurador’.

El nuevo rey «comprendió la dificultad de mantener un equilibrio político con las potencias ibéricas, Castilla y Aragón», y que «el débil reino que gobernaba se presentaba como una presa fácil para las ambiciones territoriales y de prestigio de sus vecinos, entonces en plena expansión».

Ante esa situación, «la única solución viable parecía ser doble. Por un lado, reforzar los vínculos familiares y de vasallaje con las casas reinantes ibéricas, en particular con Alfonso VII de Castilla. Y por otro, proyectar al reino hacia un horizonte más amplio, más allá de los equilibrios locales, que legitimara la autonomía de Pamplona y su papel dentro de un marco europeo y mediterráneo».

Un matrimonio diseñado por Rotrou de Perche

En ese empeño, Puzzo señala que «la proximidad geográfica y familiar de García Ramírez con el mundo ultrapirenaico, ya que su primera esposa era la noble normanda Margarita de L’Aigle, sobrina del tenente de Tudela Rotrou II, conde de Perche, orientó naturalmente esa apertura hacia el reino franco, de donde también procedían los nuevos señores de Sicilia, los normandos Hauteville». Y de ese entramado, nació «la vocación ‘europea’ del reino de Navarra».

Siguiendo ese modo de proceder, García Ramírez casó a su hija Margarita con Guillermo, hijo del rey siciliano Roger II de Hauteville. Un matrimonio que el historiador considera que «no fue fruto de una simple coincidencia dinástica, sino la culminación de una estrategia cuidadosamente diseñada y cuyos orígenes se remontan a la figura de Rotrou de Perche».

¿Quién era el cerebro de esa operación? El historiador explica que este noble normando, tío político del rey, «actuó como su principal aliado y artífice del proyecto que permitió restaurar la monarquía pamplonesa en 1134, tras la muerte sin herederos de Alfonso I de Aragón».

Rotrou había combatido en la Primera Cruzada y mantenía una red de contactos con los linajes normandos establecidos en el sur de Italia, los Hauteville. Y comprendió que «la supervivencia de la monarquía restaurada dependía de su capacidad para tejer alianzas que garantizaran protección y reconocimiento, tanto en la península como en el ámbito europeo».

De ahí que, siguiendo sus consejos, la política matrimonial de García Ramírez tuviera una doble lógica. Por un lado, consolidar lazos con Castilla, a través de los matrimonios de sus hijos Sancho y Blanca con descendientes de Alfonso VII. Y por otro, «el matrimonio de Margarita Garcés con Guillermo de Sicilia respondía a una segunda estrategia, profundamente anclada en los equilibrios dinásticos del momento».

Este matrimonio de la princesa Margarita reportaba grandes ventajas a la Corona navarra, ya que «Sicilia, convertida en reino por concesión papal en 1130, gozaba de la protección de la Santa Sede y de una posición privilegiada en el Mediterráneo». Y para García Ramírez, estrechar lazos con Palermo,  «significaba acercarse a Roma, que había negado la legitimidad de su acceso al trono navarro. Así, el matrimonio de su hija no solo fortalecía la dinastía Jimena, sino que también devolvía a Navarra un papel activo en el tablero político europeo».

La operación diplomática de la boda de Berenguela

Cuando Sancho VI el Sabio se hizo con el trono de Nafarroa en 1150 como sucesor de García Ramírez, mantuvo esa política de alianzas matrimoniales internacionales casando a su hija Berenguela con Ricardo Corazón de León, duque de Aquitania y rey de Inglaterra.

Puzzo destaca que este enlace fue el punto culminante de «un largo proceso de acercamiento entre la monarquía navarra y la casa Plantagenet, que compartían intereses estratégicos en la frontera pirenaica y en el suroeste francés», ya que en esa época, los dominios continentales de Londres llegaban hasta la muga navarra.

Así que la unión de Ricardo, duque de Aquitania antes que soberano inglés, con la princesa navarra «ofrecía una oportunidad única para asegurar la estabilidad en las tierras de Ultrapuertos y garantizar el reconocimiento navarro en la gran política europea».

En virtud de la misma, «Navarra ofrecía apoyo militar y control sobre los pasos pirenaicos —clave para la defensa de Aquitania—, mientras que Ricardo aportaba prestigio y protección internacional. No es casual que la dote de Berenguela incluyera precisamente los castillos de San Juan de Pie de Puerto y Rocabruna, símbolo tangible de la autoridad navarra en Ultrapuertos».

Por todo ello, el historiador considera que la alianza alcanzada a través de ese matrimonio fue «una operación diplomática cuidadosamente calculada que situó de nuevo al pequeño reino pirenaico en el centro de la política europea y marcó la entrada definitiva de Navarra en el juego de las grandes potencias europeas del siglo XII».

Un enlace para acercarse a Francia

Como en los casos de su abuelo y su padre, Sancho VII el Fuerte, cuando se hizo con las riendas del reino en 1194, continuó con los enlaces políticos. En su caso, se trató de su hermana Blanca, que terminó casándose con el conde Teobaldo III de Champaña, un matrimonio que Puzzo apunta que «debe entenderse dentro del nuevo equilibrio político europeo tras la muerte de Ricardo Corazón de León», ocurrida en 1199.

Ese fallecimiento conllevó «la inestabilidad de Aquitania y el progresivo debilitamiento del poder angevino en el continente», lo que obligó a Nafarroa «a reorientar su diplomacia hacia Francia, que bajo Felipe II Augusto se había consolidado como la potencia hegemónica».

Esa alianza matrimonial con Champaña ofrecía múltiples ventajas, según explica el historiador. En primer lugar, «acercaba la monarquía navarra a la órbita francesa sin romper del todo los lazos con la casa de Aquitania, ya que Teobaldo era nieto de Leonor de Aquitania y, por tanto, mantenía viva la conexión con la red político-familiar que Sancho VI había cultivado».

Y en segundo lugar, «la unión reforzaba el prestigio internacional de Navarra al vincularla con uno de los condados más prósperos, cohesionados y culturalmente influyentes del reino de Francia». Por lo tanto, fue «un movimiento diplomático prudente y visionario».

Tras conocer los motivos políticos de los enlaces, queda por analizar qué papel llegaron a jugar esas princesas navarras en sus respectivos dominios. Y al respecto, Puzzo explica que «no fue pasivo. Al contrario, trataron de influir directamente en la escena política, dentro de los límites que se les impusieron, contribuyendo a la construcción de una ‘memoria familiar de la realeza’ en la que la reivindicación de sus orígenes ocupaba un lugar destacado. Su influencia en la política y sociedad de los territorios a los que fueron destinadas parece mucho mayor de lo que dejan entrever las fuentes directas».

La llegada de ‘reyes de lejanas tierras’

Aunque a través de estos matrimonios Nafarroa logró situarse en el tablero europeo, esta política tuvo un efecto especialmente directo y que fue la llegada a la monarquía navarra de ‘reyes de lejanas tierras’. Así se acuñó el advenimiento de la dinastía de Champaña a Iruñea tras fallecer Sancho VII el Fuerte en 1234 sin un heredero directo. Así que «lo que inicialmente fue una política de fortalecimiento internacional, terminó facilitando la entrada de una nueva dinastía extranjera en el trono navarro».

El historiador considera que la llegada de los Champaña y posteriormente de los Evreux «reforzó la influencia francesa en la corte y en la administración del reino», lo que «limitó la autonomía de Navarra, que pasó a verse cada vez más implicada en los intereses y conflictos de la política francesa, alejándose en parte de sus propias dinámicas internas y de su entorno ibérico».

Sin embargo, tuvo como efectos positivos no solo fortalecer la posición de Nafarroa en el continente, sino que favoreció «los intercambios culturales y económicos, contribuyendo a una cierta apertura del reino hacia Europa occidental».

Por lo tanto, los cien años que van entre 1134 y 1234 supusieron «el inicio de un proceso político y cultural hacia Europa» al situar al reino de Nafarroa en «una red de relaciones internacionales más amplias que comenzó a reflejarse también en la vida cultural» y que le integró, además, «en las corrientes comerciales del mundo mediterráneo».

 

 

 

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domingo, 28 de diciembre de 2025

La Niña de Pompaelo

Es de ustedes estimados lectores, ampliamente conocido, que cualquier descubrimiento arqueológico o antropológico llevado a cabo en el suelo y subsuelo de Euskal Herria es causante de urticarias en la sucia cloaca de la vascofobia. Solo recordar el tema de los grafitos de Iruña-Veleia o más aún, la Mano de Irulegi, misma que incluso, españolizaron.

Así que, a sabiendas de lo anterior, nos da un gusto enorme compartir esto que se ha publicado en Naiz:


Jesús en Nazaret y una niña sin nombre en los primeros días de Pompaelo

Ni se trata de un varón ni es del siglo II. Es mucho más fascinante. La estatua de bronce con toga de Pompaelo se moldeó en los primeros años de la ciudad para hacer alarde de la ciudadanía romana de una niña, según los investigadores Carmen Marcks-Jacobs y Hans Rupprecht Goette. 

En estos días de belenes, zambombas y reposiciones de ‘Ben-Hur’, pega otra historia de romanos. De los primeros romanos en Euskal Herria, concretamente. Y, para mayor precisión, sobre una niña que vivió en las mismas fechas que Jesús de Nazaret.

El 25 de mayo de 2023, la presidenta María Chivite informó de que el Gobierno había adquirido por medio millón de euros la estatua romana más singular de cuantas se han desenterrado en Nafarroa: «El Togado de Pompaelo».

La escultura, que había sido cedida meses atrás por un coleccionista anónimo de EEUU, terminaba de este modo su singular periplo desde su desaparición misteriosa –robo, más bien– de la ciudad, su reaparición en París en manos de un anticuario griego y su viaje a las Américas.

Desde que la desenterraron en la calle Curia, en 1895, se le asignó el género masculino. La figura no tiene cabeza y su cuerpo no tiene curvas femeninas. Esto, unido a en que la sociedad romana se primaba al hombre sobre la mujer y que la toga que lleva es un ropaje muy exclusivo, condujo a la conclusión de que se trataba de un hombre.

La investigadora alemana Carmen Marcks-Jacobs, sin embargo, la catalogó en su día como mujer en una tesis publicada en 2004 sobre estatuaria romana en la Península.

La razón es sencilla. La prenda que cubre el cuerpo no es de hombre, sino de mujer, pues le cubre hasta los tobillos. La experta explicaba que la ausencia de senos se debe a que se trata de una niña, una tesis que daba solución a otro de los misterios de la escultura: su tamaño. 

Porque no cuadraba bien que un varón romano que quería demostrar su rango de nobleza y que se gastó una fortuna de la época en hacerse retratar en bronce y con la toga que denotaba su exclusivo estatus de ciudadano romano optase por hacerse pequeñito (1,27 metros) y no al natural, como acostumbraban. Hubiera tenido un punto ridículo. 

Sin embargo, ese tamaño cuadra con el de una niña de unos 12 años y que no ha terminado de desarrollarse.

Algunos expertos mostraron reticencias a esta tesis o prefirieron no contradecirse con lo que habían escrito en el pasado. Singularmente, Javier Andreu, director del Diploma en Arqueología de la Universidad de Navarra, que volvió catalogar la figura como varón en 2024.

En marzo, Marck-Jacobs y su colega Hans Rupprecht Goette insistieron en que el «togado» era «togada», tesis que han defendido en un artículo científico que vio la luz el 1 de septiembre. 

El texto académico, además de rebatir las tesis de Andreu y Luis Romero Novella (el investigador que reencontró a la estatua en la colección privada de EEUU), corrige también la datación. El estilo no se corresponde a la forma de esculpir del siglo II, sino que es bastante anterior. 

Marck-Jacobs ha atendido desde Alemania a las preguntas de NAIZ. Remarca que la datación adecuada es la de los años 20 y 30 de nuestra era. «En la época en la que Tiberio fue emperador ganó mucho peso el estatus de ciudadano romano como elemento central de ser romano y esa idea se propagó por las provincias con la proliferación de estatuas como la de Pamplona», indica. 

La corrección de la datación acerca bastante a esta niña a los orígenes de la ciudad romana, que se data en el año 74 antes de Cristo por parte del gran rival de Julio César, Cneo Pompeyo, que se encontraba de campaña en Hispania.

La Togada de Pompaelo tuvo que ser coetánea de Jesús de Nazaret. El mesías de los cristianos nació presuntamente en el año 1 del siglo I y ella fue retratada con unos 12 años entre el año 20 y el 30. 

En esas fechas, el estatus de Iruñea estaba prosperando desde enclave militar, ese castro de Pompeyo en territorio vascón, hacia un «municipium» integrado en el Imperio romano, después de la caída de la República en el año 27 antes de Cristo. 

«En la época en que se elaboró y erigió la Togada, Pompelo aún no había sido elevada a la categoría de municipium, o en el mejor de los casos hacía poco tiempo de ello», subraya la publicación científica de Marcks-Jacobs y Rupprecht Goette, que se apoyan en trabajos de la arqueóloga (y exconcejal de UPN) María García Barberena. 

Los investigadores alemanes manejan la hipótesis de que la construcción de la vía romana que unió Pompaelo con una ciudad de primer orden como Caesaraugusta (Zaragoza) favoreció el crecimiento de la actual capital navarra, que dispusiera de un foro (parece que hubo más de uno) y se convirtiera en un enclave comercial.

Se estima que Pompaelo fue reconocida por Roma como municipio en época flavia (69-96 después de Cristo), aunque no es descartable que lo fuera antes. La ubicación de la zona noble de la ciudad en pleno Alde Zaharra, en el burgo de Nabarreria, dificulta la concreción de cuáles eran sus estructuras concretas. 

En ese momento de crecimiento, una familia decidió exhibir públicamente su condición de ciudadanía romana a través del encargo de esta escultura con toga, un estatus muy exclusivo para un lugar recóndito del Imperio. «Esa niña tenía la condición de ciudadana romana, no era simplemente la hija de una familia adinerada, sino que pertenecía a una élite con beneficios de carácter jurídico», aclara Marck-Jacobs. 

La experta se muestra convencida de que la togada no fue una escultura solitaria, sino que formó parte de un conjunto familiar donde también aparecería la matrona y, sobre todo, el 'pater familias' y, en su caso, algún otro hermano. Solo en el caso de que se tratara de un monumento funerario cabría la posibilidad de que la hubieran moldeado solo a ella. 

Ahondando en las fechas de la datación, cabe remarcar que la figura se erigió en fechas cercanas a las dos únicas inscripciones vasconas en signario íbero adaptado. Así, la Mano de Irulegi está datada casi un siglo antes (en el contexto de las guerras sertorianas entre el 72 y el 82 antes de Cristo) y la inscripción «Ikae» (o «Igae») de la mina de Lantz que se ha ubicado en el cambio de era.

La Togada, por tanto, fue una niña que vivió en un contexto plurilingüe. 

En cuanto a lo que la estatua nos dice, en sí misma, del rol que jugaban las mujeres en aquella época, Marck-Jacobs sostiene que de esa prenda que le cubre hasta los tobillos y que no llevaban los hombres no puede extraerse un paralelismo con las mujeres de países islámicos donde deben ir totalmente cubiertas.

«No, esa niña no iba así vestida por la calle. Estamos ante una representación. Esas telas tan exuberantes, con tantos pliegues, con paño sobrando por todas partes, es una forma también de mostrar estatus económico. Era un vestido opulento», expone la experta. 

«Hay estatuaria fúnebre, de las necrópolis, con mujeres representadas así. Las esculpían así para que luego los familiares trajeran a gente y les dijeran. 'Mira, esta es nuestra compañera fallecida'. Y como su finalidad es esa, lo esperable es que la estatua esté cubierta con la vestimenta más lujosa y más bonita», apuntala Marck-Jacobs. 

Finalmente, hay que subrayar la doble singularidad de la escultura. Apenas quedan estatuas así. De una parte, por ser de bronce. La mayoría de la estatuaria romana en ese material desapareció, debido a que ese metal tan valioso se reaprovechó a lo largo de distintas épocas. 

La segunda rareza es que se trata de una mujer. Los expertos alemanes subrayan en su artículo publicado estudio que imágenes, sean en mármol o en bronce, de ciudadanas romanas se han encontrado muy pocas. Apenas unas decenas en todo el Imperio. Y la mayoría en la Península Ibérica.

«Resulta llamativo que el número de estatuas de niñas con toga halladas en el territorio de Hispania, que pueden fecharse en la primera mitad del siglo I d. C., sea especialmente elevado, alcanzando el 40% de todas las togatae en bulto redondo conocidas en todo el Imperio Romano», señala el estudio. 




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sábado, 25 de enero de 2025

Huella Romana en Suelo Vasco

Ya con anterioridad en este blog les hemos compartido información acerca de la presencia romana en territorio de la actual Euskal Herria, desde los vestigios en Oiartzun hasta el debate de los hallazgos en Iruña Veleia.

Hoy, desde las páginas de Noticias de Álava, traemos a ustedes este excelente reportaje acerca de la huella del Imperio Romano en tierras vasconas:


Descubre la herencia romana de Euskal Herria con estos seis destinos imprescindibles

Cada yacimiento, cada fragmento de cerámica o muro de piedra nos cuenta una historia de integración cultural, de avances en ingeniería y de una vida cotidiana que, aunque distante en el tiempo, dejó una herencia incalculable en nuestros territorios

Guadalupe Marugán

Los vestigios romanos de Euskal Herria forman parte de una travesía emocionante y única. Al recorrer estos territorios, cada paso se convierte en un recordatorio de una época pasada, de un tiempo en el que el Imperio Romano dejó huellas profundas y perdurables en el paisaje y la cultura local. A través de las ruinas, las calzadas y los museos, viajamos al pasado para descubrir cómo era ese añorado sueño llamado Roma. 

Un viaje al corazón del Imperio Romano

El inicio de nuestro recorrido nos lleva a Iruña-Veleia, fundada en el siglo I d.C y situada actualmente en el municipio alavés de Iruña de Oca. Se trata de una ciudad que floreció de un asentamiento que tuvo una gran importancia durante el dominio romano en la región. Mientras caminamos por el yacimiento arqueológico, las estructuras de las antiguas casas romanas nos envuelven.

 Los muros de ladrillo y las losas de piedra, que aún se mantienen en pie, nos permiten imaginar la vida cotidiana de sus habitantes hace más de dos mil años. De hecho, en este lugar se organizan jornadas de reconstrucción de la civilización romana mediante representaciones y actuaciones fieles a la época.

Uno de los aspectos más fascinantes de Iruña-Veleia son sus frescos, que ofrecen un vistazo íntimo a la vida cotidiana de la antigua ciudad. Y es que en 2005 y 2006, un descubrimiento sorprendente de inscripciones y dibujos -algunos de ellos de temática cristiana primitiva- dejó a la comunidad científica asombrada.

Desencadenando una controvertida polémica sobre su autenticidad, estos hallazgos abrieron un abanico de posibilidades sobre la interacción cultural y religiosa de la región. 

De camino a la historia

Nos dirigimos a Arkaia, una pequeña localidad del interior de Álava en la que se encuentran vestigios de la calzada romana Iter-34. Este antiguo camino que conectaba varias regiones del Imperio Romano nos muestra la avanzada ingeniería clásica que se daba ya en esa época.

Al caminar por el trazado de la calzada, no podemos evitar imaginar a los legionarios romanos marchando en formación o a los comerciantes que viajaban con sus mercancías a lo largo de la senda. La sensación indescriptible de estar siguiendo los mismos pasos de aquellos que transitaban esta vía, nos recuerda la inclemencia del paso del tiempo.

Asimismo, en las cercanías se han encontrado numerosos restos de edificaciones, incluidos fragmentos de capiteles corintios y diversas estructuras monumentales que indican la presencia de una ciudad romana en la zona. Subrayando la importancia estratégica de la calzada, no solo se trataba de una ruta de comunicación, sino de un centro de actividad económica y social.

La ciudad que creció bajo un imperio

La siguiente parada de nuestro recorrido se encuentra en Pamplona, conocida en la época romana como Pompelo. Fundada en el siglo I a.C., fue una de las ciudades más importantes de la región. En sus calles, no solo sentimos la mezcla de la historia romana y medieval, sino que también percibimos las huellas de la modernidad que la ha transformado a lo largo de los siglos.

Asimismo, el Museo de Navarra alberga una impresionante colección de artefactos romanos, desde cerámicas hasta esculturas, que nos ofrecen una visión profunda de la vida cotidiana de los habitantes de la ciudad.

Por otro lado, a 56 kilómetros de la capital navarra, descubrimos un pueblo de poco más de 100 habitantes denominado Eslava. Allí nos adentramos en el yacimiento de Santa Criz, que cuenta con un espectacular foro romano y una interesantísima necrópolis. En ella aún residen sepulturas, fosas, monumentos funerarios y diversos altares.

Aparte, en la comarca de Sangüesa, paseamos por los alrededores de la villa romana de Liédena, en la que los vestigios de sus edificaciones nos dan pistas de la vida pública de los habitantes que la llenaban de vida, dotándola de un frenesí caótico cuando la ciudad se encontraba en su mayor apogeo.

Un auténtico puerto romano

Echamos un vistazo a Oiasso, al antiguo puerto romano de Irun en territorio guipuzcoano. Tras desempeñar un papel crucial en el comercio y la conexión de la región con otras partes del imperio, los restos de las murallas que lo rodeaban parecen vibrar aún con la caótica actividad comercial que caracterizaba a este lugar en la antigüedad.

Las exposiciones del Museo Romano Oiasso nos sumergen en la vida portuaria de la época con objetos como ánforas, herramientas de navegación y restos de embarcaciones.

El descubrimiento de Oiasso ha sido fundamental para comprender el alcance del Imperio Romano en la zona, pues no solo comerciaban con bienes como el aceite de oliva o el vino, sino que establecieron también un intercambio cultural y tecnológico con las comunidades locales que permitió una integración única de culturas a lo largo del tiempo. 

El asentamiento de la Reserva de Urdaibai

Nos desplazamos hacia la costa de Bizkaia, donde damos unos pasos hacia el yacimiento romano de Forua, situado concretamente en la Reserva natural de Urdaibai. Este asentamiento, estratégicamente ubicado en las proximidades de la ría de Mundaka, fue un importante centro de producción y comercio en la época romana.

En él se han establecido viviendas, talleres y una necrópolis que revelan la vida de una comunidad próspera y bien organizada que, a día de hoy, ha quedado reducida a unas cuantas piedras.

De todas formas, lo que más destaca de Forua es la impresionante manera en la que los romanos adaptaron su arquitectura al urbanismo y al entorno rural. Los restos de estas viviendas nos muestran cómo aprovechaban los recursos locales para construir sus casas, al igual que las excavaciones, que han sacado a la luz una red de canales y pozos que evidencian la avanzada infraestructura hidráulica que desarrollaron en la zona. 

Conectando el Territorio Vascón con el imperio

A lo largo de nuestro recorrido, seguimos varios tramos de las antiguas vías romanas que recorrían el Territorio Vascón. Estas calzadas eran mucho más que simples caminos, pues se trataba de arterias vitales que conectaban ciudades, puertos y territorios, lo que facilitaba el comercio, el transporte de tropas y el intercambio cultural.

Caminando por sus senderos, imaginamos la forma en la que los romanos con su inquebrantable determinación transformaron el paisaje, creando una red de estructuras que perdurarían a lo largo de los siglos.

Una de las rutas más importantes fue la que unía Asturica Augusta con Burdigala, atravesando lo que a día de hoy es Euskadi. Aunque muchas de estas calzadas han desaparecido o han sido absorbidas por el paisaje moderno, algunos tramos aún son visibles y nos permiten revivir la historia de un imperio que destacó en varias regiones de Europa.

Un ejemplo de algunas de ellas pueden ser el paso por las calzadas romanas de El Villar, la de Garísoain del valle de Guesálaz, la del valle de Arce o la de Azcona en el valle de Yerri, donde también destaca el yacimiento de Artzi. 

La herencia romana de Euskal Herria

Concluimos nuestra travesía tras la visión profunda de cómo el Imperio Romano dejó su huella en Euskal Herria. Con una inevitable sensación de asombro ante la grandeza de una civilización que sigue siendo una parte fundamental de nuestra identidad e historia, nos damos cuenta de que a través de sus huellas, caminos y yacimientos, seguimos siendo parte de ese vasto imperio que una vez reinó en nuestros territorios. Y es que, por mucho que pase el tiempo, estas huellas romanas en Euskal Herria seguirán vivas siempre en el corazón de quienes estamos dispuestos a recorrerlas.

 

 

 

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