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lunes, 11 de mayo de 2020

La Internacional Progresista

Y en medio de plena contingencia global por la pandemia del SARS CoV-2, surge un movimiento que valdrá la pena observar en los próximos días, semanas y meses. Se hacen llamar Internacional Progresista.

Aquí dejamos la información provista por El País como constancia del momento:


Noam Chomsky, Naomi Klein, Yanis Varoufakis, Fernando Haddad y la primera ministra islandesa, entre otros, instan a la defensa de la democracia, la solidaridad, la igualdad y la sostenibilidad

El movimiento prodemocrático y paneuropeísta DiEM25 y The Sanders Institute han lanzado este lunes la Internacional Progresista. Más de 40 políticos e intelectuales de todos los continentes —Noam Chomsky, Yanis Varoufakis y Fernando Haddad, entre otros— secundan la iniciativa, que tiene como objetivo fomentar la unión, coordinación y movilización de activistas, asociaciones, sindicatos, movimientos sociales y partidos en defensa de la democracia, la solidaridad, la igualdad y la sostenibilidad.

DiEM25 y The Sanders Institute —fundado en 2017 por Jane Sanders, esposa del senador demócrata Bernie Sanders— apelaron en 2018 a la formación de un frente común ante el avance del autoritarismo. El año pasado, numerosos países vivieron manifestaciones que sumaron a decenas de millones de personas que defendían sus democracias, exigían unas condiciones de vida decentes o reclamaban la protección inminente del planeta. Los organizadores sostienen que la crisis sanitaria y económica derivada de la pandemia ha revelado la necesidad de que todos los actores progresistas remen juntos para defender la asistencia médica universal, la protección de los derechos laborales y la cooperación internacional.

La Internacional Progresista cuenta con el respaldo de un consejo formado por más de 40 asesores, entre los que destacan escritores y activistas como el estadounidense Noam Chomsky o la canadiense Naomi Klein, políticos en activo como el parlamentario griego y exministro de Finanzas Yanis Varoufakis; la primera ministra islandesa, Katrín Jakobsdóttir, o la ministra argentina de Mujeres, Género y Diversidad, Elizabeth Gómez Alcorta. A ellos se suman dirigentes latinoamericanos como el exmandatario ecuatoriano Rafael Correa o el brasileño Fernando Haddad, candidato del Partido de los Trabajadores (PT) en las elecciones de 2018 que ganó el ultraderechista Jair Bolsonaro. Otros firmantes conocidos son el exministro brasileño de Exteriores Celso Amorim, el exvicepresidente boliviano Álvaro García Linera, el actor mexicano Gael García Bernal, la escritora Arundhati Roy, el filósofo Srecko Horvat o la alemana Carola Rackete, capitana de barco y símbolo del rescate de migrantes en el Mediterráneo.

El proyecto se ha iniciado este lunes con el lanzamiento de su web, en la que cualquier persona u organización podrá registrarse para convertirse en miembro de la Internacional Progresista. La organización aboga por un mundo democrático, igualitario, solidario, ecologista, pacífico, poscapitalista (de economía colaborativa), próspero y plural. La plataforma contará con una secretaría que se encargará de organizar la actividad diaria, asistir a los miembros, interconectar a las organizaciones y poner en marcha acciones conjuntas de alcance global. Estará compuesta por traductores, desarrolladores web, diseñadores gráficos y coordinadores.

En septiembre —si la pandemia lo permite— se celebrará un congreso en Reikiavik, la capital islandesa, que estará organizado por el partido de Jakobsdóttir, el Movimiento de Izquierda-Verde. En él se planificará la agenda del siguiente año de la Internacional Progresista.

La plataforma estará financiada exclusivamente con donaciones y las aportaciones de sus miembros. La organización no permite la financiación —ni la participación— de lobbies, ejecutivos de empresas de combustibles fósiles, aseguradoras de salud, compañías farmacéuticas, multinacionales tecnológicas, la banca (con alguna excepción), empresas de capital inversión, fondos de cobertura o compañías agroalimentarias.

Movilización, pensamiento y medios

La Internacional Progresista pretende actuar en tres planos: fomentar la movilización social, espolear la reflexión intelectual y promover la difusión de nuevas ideas progresistas a través de una red de medios de comunicación. En este último apartado, la idea es potenciar el impacto de las informaciones creando un nexo entre diferentes Redacciones. Entre las cabeceras que se adhieren al proyecto, figuran el estadounidense The Nation, la italiana Internazionale, la francesa Mediapart, la polaca Krytyka Polityczna, Africa Is a Country, Brasil Wire, Lausan Collective y The Wire India.






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miércoles, 17 de febrero de 2016

Analizando el Plan B

Hace unos días les compartíamos información acerca de la propuesta denominada Plan B para Europa que ha lanzado el hoy por hoy líder social griego Yanis Varoufakis quien recientemente diera a conocer en Alemania su proyecto conocido por el acrónimo DiEM25.

Al respecto se ha publicado un análisis (¿crítica?) por parte del Iñaki Gil de San Vicente (el de la entente chavisto-eta-podemista) en la página del Hurón de la que nos hemos enterado gracias al blog ASEH:

Europa Bulle

Iñaki Gil de San Vicente

La historia europea ha transitado por muchas fases de luchas clasistas, nacionales y sociales en general especialmente tensas, algunas de las cuales han llegado a abrir oleadas pre y revolucionarias seguidas por reacciones contrarrevolucionarias atroces, militaristas y fascistas. Sin esta panorámica histórica no entenderemos nada del presente. La ebullición social múltiple, polifacética y contradictoria en extremo no es sino el efecto del agravamiento de la «nueva» crisis mundial en las formas y contenidos que adquiere en la Unión Europea. Su expresión más inmediata y llamativa en estos momentos se expresa en el debate público que se va a celebrar en Madrid los próximos días 19, 20 y 21 de febrero bajo la convocatoria expresada en el documento «Un Plan B para Europa». Es un esfuerzo para aglutinar sectores críticos buscando la «democratización radical» de la UE aunque es probable que no lo logre. Al final volveremos a esta «probabilidad» imposible.

La sola aparición del Plan B, al margen de las críticas que puedan hacérsele o de las relativas esperanzas que suscite, muestra que determinadas fuerzas reformistas y algunas revolucionarias ya saben que hay que dar pasos fuera de la caja parlamentaria. Por su parte, otras corrientes radicales vienen coordinándose desde hace tiempo para fortalecer la lucha contra la Unión Europea como es el caso, entre otras, de la que se centraliza alrededor de la consigna de «Salir del euro». Desde esta posición, se apunta con plena razón a la creación de «estructuras populares para derrotar la Europa del capital» porque lo que está en juego es otro modelo de civilización, una no basada en la mercancía. Hay que evitar que se imponga el plan burgués: «La Unión Europea es el sistema más sofisticado del mundo para construir una civilización de mercado».

Desarrollar plenamente la civilización de mercado es la única garantía del capital mundial para mantenerse en el poder en medio de la crisis que le azota. Hemos visto cómo sectores reformistas y revolucionarios se coordinan para, de modos muy diferentes, enfrentarse al capital y a su plasmación en este istmo occidental de Eurasia que es la Unión Europea. Pero la derecha y la extrema derecha también se coordinan y se expanden por los mismos motivos. El choque entre dos modelos civilizatorios irreconciliables se agudiza aún más con la crisis. La derecha va acercándose a la extrema-derecha sin reconocerlo a viva voz y en medio del desconcertado silencio de un reformismo duro que a lo sumo que llega es a escribir un Plan B para la UE. Lo que está en juego realmente es un choque civilizacional entre el capital y el trabajo, no entre el cristianismo y el islamismo o cualquier otra clasificación.

En la mortal lucha entre la civilización del capital y la del trabajo que va agudizándose desde el siglo XIX, la respuesta a la pregunta sobre si se está desencadenando «la tormenta perfecta» lo decide todo en la coyuntura presente. Desde la lógica burguesa, son siete los focos que impulsan el temporal: uno, la saturación y volatilidad del mercado del petróleo; dos, el endurecimiento de la política económica de los EEUU; tres, el entorno de la economía mundial no es de recesión pero tampoco es un Santo Grial; cuatro, la economía europea no avanza lo esperado y la Banca retrocede inquietantemente: un 24,55% como media y es sabido que las crisis financieras son la antesala de una recesión; cinco, la gravedad del retroceso de China; seis, el aumento de la deuda no sólo dentro de la UE sino a escala mundial; y siete, la debilidad de la dirección socioeconómica del poder gubernativo.

Pero estudios realizados con rigor marxista, niegan el optimismo expresado en el punto tres de la lista de siete arriba expuesta, sobre todo insisten en las fuertes contradicciones que por ahora le impiden comenzar una fase expansiva nueva, e incluso argumentan sólidamente que tal recuperación es ya imposible porque el capitalismo mundial ha entrado en una fase declinante, de agotamiento por senilidad. Una vez más debemos volver a la ley tendencial de la caída de la tasa media de beneficio, o dicho en burgués: «la previsión de mejora de beneficio sólo ha sido más baja una vez en 25 años».

Se nos presenta aquí una cuestión decisiva: la teoría marxista de la crisis que, sin mayores precisiones ahora, integra al menos cuatro contradicciones parciales –descenso del beneficio, desproporción entre el Sector I y el Sector II, infra-consumo y sobre-acumulación– que, a largo plazo, se rigen por la ley de la tendencia decreciente de la cuota de ganancia descubierta por Marx. Una de las características de esta ley tendencial es que inserta la acción humana consciente, la lucha entre el capital y el trabajo a nivel mundial, en los motores de su devenir.

Muy en síntesis, es esta ley tendencial y el conjunto de la teoría de la crisis, la que nos explica por qué el poderoso y temido Deutsche Bank o «banco fétido», ha retrocedido a niveles insospechados: su acciones que se cotizaban en 2008 a 100€ han caído ahora a sólo 17€, registrando las mayores pérdidas en sus 58 años de historia. El Eurogrupo reconoce «problemas» en algunos bancos pero descarta que estalle una crisis financiera como la anterior, que exigió de un desembolso de alrededor de 1,6 billones€ de fondos públicos para salvar la banca privada. ¿De dónde extraer más dinero para tapar tantos agujeros?

Solamente puede extraerse mediante un brutal incremento de la explotación de las clases y pueblos explotados, especialmente de las mujeres, y del aumento de las exigencias de las burguesías más fuertes a las más débiles para que estas se sacrifiquen en beneficio de aquellas. En el marco de la UE, ello multiplica las tensiones en la UE porque sus Estados sufren presiones por las fuerzas centrífugas de sus burguesías obsoletas y las superiores presiones centrípetas, hacia una mayor unidad, por parte de sus burguesías más potentes. Tenemos ahora mismo dos ejemplos paradigmáticos entre otros muchos, uno es el de la sobreproducción mundial de acero, excedentaria a todas luces lo que daña a muchos Estados de la UE que se han negado hasta ahora a cumplir el mandato de Bruselas sobre las tasas al acero chino. Las tensiones en el interior de la UE, en este y otros muchos casos, responden a la mundialización de la ley del valor y a la lenta y subterránea acción de la ley tendencial de la caída de la tasa media de beneficio, que azuza la lucha de clases y endurece las competencias interburguesas.

El otro ejemplo, idéntico a este pero diferente en su forma, es el famoso «Brexit» o salida de Gran Bretaña de la UE. Según el ministro británico de economía « Si la UE se reformula, no creo que Reino Unido pueda ser más rico fuera». O sea, seguir o no en la UE depende de la tasa de ganancia que obtenga la facción más poderosa de la burguesía británica dentro o fuera de la UE. Otros Estados más débiles y endeudados deben claudicar observando muy enfadados cómo los poderosos se reparten la tarta a costa suya, como en el caso de la ira de la una ex ministra española. Portugal ha recibido el plácet, el visto bueno de Bruselas sobre su «presupuesto nacional» recordándole que debe imponer más recortes sociales y más austeridad. La noticia es simultánea a otra sobre las exigencias del FMI para que apriete aún más el sangrado del pueblo portugués.

El gobierno portugués de centro reformista se enfrenta así a una situación muy parecida a la de Grecia, en donde tras un año en el Gobierno, Syriza «ha vendido su alma al poder» y al imperialismo negociando con Israel y bloqueando una declaración europea que cuestionaba las prácticas sionistas, lo que refuerza el cerco de la OTAN a Rusia. Significativamente, las fuerzas reformistas han «olvidado» la vergonzosa claudicación de Syriza pero también la «revolución traicionada» islandesa porque sus duras lecciones destruirían mucha mitología conformista. Tal vez sea por esto que un reformista duro como Y. Varoufakis intente convencernos de que la democratización de la UE facilitaría que Escocia y Euskal Herria pudiéramos disponer de Estados propios.

La cuestión clave es, sin embargo, qué clase de Estado nos permitiría esa UE democrática: «protectorados» obedientes o Estados obreros independientes de la UE, por muy democrática que esta fuera. Debemos saber que Suecia retira su apoyo a la independencia del pueblo saharaui para recibir a cambio permiso de Marruecos para instalar una tienda de la multinacional sueca Ikea en Casablanca lo que supone un giro de 180º de la «izquierda sueca» que cuando estaba en la oposición en 2012 exigía el reconocimiento de la independencia del Sahara. Como Grecia con Israel, Suecia pacta con Marruecos, del mismo modo que los Estados francés y español venden armas y negocian con dictaduras.

Gran Bretaña es demasiado poderosa aún como para que la UE rompa con ella a costa de Escocia; el Estado español debe demasiado dinero como para empobrecerle más si la UE facilita la secesión vasca y catalana. Y el Estado francés, que ocupa territorios vascos y catalanes, es un aliado imprescindible de Alemania. Además, quienes mandan, los EEUU y el FMI, exigen que los Estados europeos sean sólidos y fiables, «buenos pagadores», y con recursos para multiplicar los gastos militares que exige la OTAN.

EEUU ha decidido multiplicar por cuatro estos gastos en el Este europeo porque prevé que la guerra silenciosa de Ucrania se endurezca en 2017. Inicialmente fue Alemania la que presionó a Ucrania para frenar su acercamiento a Rusia garantizando que el mercado ucraniano siguiera en buena medida en manos alemanas y francesas, pero esta primera fase se truncó cuando el «premio Nobel de la Paz», Obama, decidió endurecer el cerco a Rusia y quitarle buena parte del mercado ucraniano a Euroalemania.

En medio de estas tensiones, la oleada de refugiados ha cuarteado todavía más las frágiles estructuras internas de la UE. Los Estados los rechazan por los gastos que les originan y sus fuerzas más reaccionarias se vuelven más racistas para subir en votos. Con el cinismo y doble moral que caracteriza a la burguesía europea sectores de esta clase, sobre todo en Alemania, llevaban tiempo advirtiendo de la necesidad de atraer fuerza de trabajo cualificada, pero se ha visto desbordada por la cantidad de refugiados. La causa de su espectacular aumento radica en que, sin retroceder mucho en la historia, la ferocidad de la OTAN contra los pueblos es tal que una parte de su población busca refugio, en la UE que ha reaccionado con el racismo consustancial a la civilización europea. Dinamarca y Suecia, tenidas como epítomes de la democracia europea, han aplicado serias medidas para frenar la entrada de refugiados a sus países.

La doble moral burguesa se aprovecha de múltiples formas, siendo las sexuales las más inhumanas sobre todo con la esclavitud sexual de más de 10.000 niñas y niños refugiados «desaparecidos» delante de las narices de la Europol. Si la esclavitud sexual engorda el PIB, también lo hacen las ganancias de las mafias que los trasladan: en la «ruta griega» deben pagar hasta 20.000€ por persona. La «economía criminal», el capitalismo en sí, explota a las refugiadas y refugiados en todos los sentidos: trabajos descualificados, indefensos e ilegales, trabajos domésticos y de cuidado, reforzamiento de las mafias, etc. Un ejemplo, el billete de 500€, de uso casi exclusivo de las mafias, la burguesía y la economía sumergida –el 56% de las y los europeos nunca lo han visto- juega un rol importante en el PIB de la UE.

Veamos la magnitud del problema: « “En 2012, el Banco de Italia cifró el valor de lo que denomina “economía criminal” en 10,9% del PIB. Hace dos semanas, la Oficina de Estadísticas Nacionales de Reino Unido (ONS) informó que la prostitución, el tráfico de drogas y el contrabando suponen unos 12.300 millones de euros de la riqueza nacional, es decir, un 0,6% de su PIB. Y esta semana, España y Portugal también entregaron sus estimaciones. Así, el Instituto de Nacional de Estadística español (INE) calculó que el PIB aumentará entre un 2,7% y un 4,5 % (entre 27.000 y 45.000 millones de euros) incluyendo las actividades ilegales. En tanto, los responsables del INE portugués explicaron que este tipo de negocios elevan en un 0,4% el PIB nacional, o sea, unos 700 millones de euros” ».

Hemos visto realidades estructurales de la Unión Europea, esenciales y no accesorias para su funcionamiento diario. Aceptar incluso la remota posibilidad, por no hablar de probabilidad, de que el Plan B democratice radicalmente la UE y acabe con su esencia, es utópico. Es infinitamente más realista debatir sobre la actualización de la consigna de los Estados Unidos Socialistas de Europa. 






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domingo, 14 de febrero de 2016

Entrevista a Yanis Varoufakis

Les presentamos esta entrevista publicada en Gara a Yanis Varoufakis, uno de los impulsores del Plan B Europa, quien explica un poco más acerca de su recientemente lanzado proyecto titulado Movimiento Democracia en Europa 2025 - conocido como DiEM25 -:

«La democratización de la UE facilitaría a escoceses y vascos poder ser Estado»

Consciente de su prestigio intelectual, no del todo incómodo con su condición de fenómeno de masas, escaldado de la experiencia con los partidos y convencido de que el terreno en el que se disputa esta batalla es Europa y la guerra la democracia, Varoufakis ofrece su voz e imagen a un movimiento nuevo, DiEM25. Eso sí, su voz e imagen son propias, inconfundibles.

Iñaki Soto
Estando de acuerdo en que es necesario un proyecto paneuropeo por la democratización, si miramos a las experiencias recientes, las más vibrantes han sido las relacionadas con cuestiones nacionales como Escocia o Catalunya. Incluso en fuerzas como Podemos o Syriza existe un discurso «patriótico» renovado ¿Cómo casan en DiEM25 estas dos tendencias, la paneuropea y la nacional?

Son grandes aliadas. Pensemos en ello. En Europa hemos estado centralizando de una manera muy estúpida, tomando la soberanía de los estados-nacionales, transfiriéndola a Bruselas y Frankfurt, donde no existe la democracia. Lo cual es como coger tu soberanía democrática y entregarla a la desesperada. El resultado es que aquellos que llevan adelante políticas y fracasan, no tienen ningún tipo de control, no son «castigados».

Pongámoslo de forma sencilla de entender: incluso en EEUU, después de 2008, si tuviesen un 20% de desempleo y un 50% de paro juvenil, habrían entrado en colapso. Quienes hubiesen implementado esas políticas simplemente no hubiesen sobrevivido políticamente. Mientras tanto, los mandatarios europeos siguen haciendo lo mismo una y otra vez. En España tienes un 50% de paro entre la juventud, parecido en Grecia e Italia, tienes pobreza en Alemania… es decir, un completo desastre económico. Y la capacidad de los gobiernos regionales o municipales para hacer cosas está reduciéndose, porque los impuestos se reducen. A su vez, las políticas fallidas de Bruselas, cada vez más autoritarias, como la Troika, te advierten de que no puedes hacer nada. La agenda para la democratización de Europa es esencial para permitir a las regiones florecer y recuperar el control de las propias regiones.

Sobre la cuestión del patriotismo, yo no soy quién para decirles a vascos y vascas si deben tener un Estado separado o no, es algo que deben decidir ustedes. Pero creo que es decisión de los vascos, no de Madrid. De igual modo, no seré yo quién les diga a los escoceses si desean formar su propio Estado, es algo que deben decidir los escoceses, no la City de Londres. Pero para permitir a los pueblos soberanos, dentro de Europa, que tomen estas decisiones, con la cabeza fría, en base a la racionalidad y a emociones tranquilas, necesitamos convertirnos de nuevo en sostenibles desde el punto de vista de la política económica. Por lo tanto, es un gran error pensar que si europeizamos la cuestión de la deuda o el problema con los bancos eso supone que el País Vasco va a tener menos soberanía; no, debe significar más soberanía. La europeización y la democratización europea debe desarrollarse mano a mano con una mayor autonomía para los niveles local, regional, estatal… Imaginemos por un momento, que logramos la democratización de la Unión Europea. ¿Por qué no podrían crear los vascos su propio Estado como parte de esa Unión? ¿Por qué no podría Escocia salirse del Reino Unido y convertirse en parte de la Unión Europea? Sería más fácil, no más difícil.

¿Por qué la primera demanda de DiEM25 es por la transparencia y no, por ejemplo, por la crisis humanitaria que el propio manifiesto expone?

Seré honesto: la transparencia se puede lograr en diez minutos, a coste cero. Entonces, ellos tienen que decir por qué no lo hacen. No pueden decir que cueste dinero. No pueden decir que sea contrario a la ley. No pueden decir que vaya contra los tratados. Ellos deben decirnos por qué no lo hacen.

Por supuesto, al mismo tiempo, hacemos campaña por la crisis de refugiados. Como hicimos en la presentación, mirando a la gente a los ojos y diciendo «cuando un refugiado llama a tu puerta, y está ensangrentado, helado, hambriento, sediento… simplemente abres la puerta, no haces un análisis de coste-beneficio sobre las implicaciones de abrir esa puerta». Claro que hacemos campaña por esto. Pero la transparencia es tan sencilla de implementar que pone la presión sobre el establishment. Que nos digan por qué no lo hacen. No existe un solo argumento, excepto que no quieran que la gente sepa lo que están diciendo.

Exigen la transformación de las instituciones europeas, pero teniendo en cuenta lo difícil del reto, ¿aspiran a convertirse en para-institucionales, en una suerte de contrapoder?

Sí, siempre. Si no tienes un poder paralelo e instituciones encaminadas a cubrir el vacío dejado por instituciones que han funcionado mal y se han convertido en autoritarias, no habrá camino para la Unión Europea. Lo que yo intenté hacer como ministro de Finanzas fue crear un sistema paralelo de pagos para mejorar los errores del BCE y el sistema bancario griego, por lo que respondería que sí, que tenemos esa voluntad.

¿Cuál es el rol de los partidos políticos en DiEM25?

No tienen ninguno. Esto no es una alianza de partidos. Eso ya se ha intentado anteriormente, con el grupo de izquierda del Parlamento europeo… No creo que eso funcione. El sistema basado en partidos nacionales que combinan fuerzas conjuntamente en Bruselas para cambiar Europa no funciona. Por supuesto que se necesita organización y representación política en tu país, en Madrid o en Francia, claro que necesitas esos partidos, pero ellos no cambiarán Europa. Por eso pensamos que hace falta un movimiento paneuropeo que combine diferentes movimientos, ciudades, partidos diferentes. También somos la infraestructuras que esos partidos pueden utilizar, pero no somos una conglomeración, una alianza de partidos políticos.

2025, una fecha arbitraria, pero no descabellada

¿No corre DiEM25 el riesgo de convertirse en un movimiento de élites?

Por supuesto que existe, todo movimiento tiene ese riesgo, todos los partidos y organizaciones. Esa es una de las tragedias de la política progresista, empezar cambiando el mundo y terminar simplemente abusando del poder que la gente te dio. Esa es la forma en la que las revoluciones terminan matando a sus propios revolucionarios. El riesgo de traicionar a la gente está ahí. La cuestión es qué haces tú para evitar ese riesgo. La respuesta que hemos dado nosotros es que tendremos una organización horizontal, que descansa en sus comités, sin esos mecanismos que gente poderosa e inteligente pueden saltarse fácilmente, que al final subvierte toda la empresa.

¿Por qué 2025?

Es arbitrario. Es el décimo aniversario de 2015, que para muchos de nosotros es el año de la primavera griega, de la crisis de refugiados, que arrancaron la máscara al establishment, cuando este aceptó abiertamente que es una lucha contra la democracia. En DiEM muchos creemos que no tenemos demasiado tiempo, ¿quizás diez años? Por lo tanto, 2025.








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