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miércoles, 17 de diciembre de 2025

Makazaga | Los Hermanos Chèrid

Con esta publicación en Gara, misma que traemos a ustedes desde la página de Facebook titulada Storia politica di ETA e dei Paesi Baschi, el investigador Xabier Makazaga amplía la información con la que se cuenta acerca de el terrorismo de estado implementado por los "socialistas" franceses y españoles en contra del independentismo vasco, en específico, de Jean Pierre Chérid.

Dicho texto, se lo dedicamos a los disonantes cognitivos Eneko Andueza y Alberto Alonso quienes, siendo vascos, no tienen ningún tipo de conflicto ético militando en un partido que no vacilaría en volver a utilizar dicho métodos en contra del pueblo vasco, basta con poner atención a sus propias declaraciones en contra de EH Bildu.

Así que, ya cumplido el requisito de la dedicatoria, les invitamos a leer el texto:


Los hermanos Chèrid

Xabier Makazaga | Investigador de Terrorismo de Estado

Jean Pierre Chérid fue un protagonista esencial de la guerra sucia. Actuó a sueldo de los servicios de inteligencia españoles desde el franquismo hasta que murió en Biarritz, en 1984, al explotarle un auto-bomba que estaba manipulando para atentar contra siete refugiados políticos vascos. Un atentado que iban a reivindicar usando la sigla de los GAL. Otra de las numerosas siglas que emplearon para camuflar la guerra sucia: ATE, GANE, AAA, BVE... Y, finalmente, GAL.

Su hermano mayor, André-Noël, también participó en la guerra sucia, hasta que fue detenido en Argelia en enero de 1976. Ambos eran antiguos miembros de la organización terrorista OAS, fundada en 1961 en Madrid para combatir a muerte la independencia de Argelia. También lo era Marcel Cardona, el mercenario muerto, el 5 de junio de 1975, al explotarle la bomba-lapa que estaba colocando, en Biarritz, en el auto de Josu Urrutikoetxea.

La OAS causó en pocos años miles de víctimas mortales, y atentó varias veces contra el presidente francés Charles de Gaulle quien, tras servirse de la guerra sucia para acabar con ellos, les concedió la primera amnistía, en diciembre de 1964. Una medida de gracia que fue ampliando con rapidez, hasta el punto de que tras el mayo del 68 francés muchos de sus antiguos enemigos mortales de la OAS pasaron a ser sus aliados, y a colaborar con los servicios secretos franceses.
No pocos de ellos trabajaron asimismo para los servicios españoles, y está demostrado que André-Noël Chérid lo hizo para ambos. Encima, simultáneamente. Cometió al mismo tiempo atentados contra refugiados vascos a sueldo de los servicios secretos españoles, y contra intereses argelinos a sueldo de los franceses.

Así lo confesó André-Noël Chérid cuando fue detenido en Argelia el 4 de enero de 1976, tras haber atentado contra el diario oficial del FLN, "El Moudjahid". Al ser juzgado, volvió a confesar no solo su participación en ese atentado, sino también en bastantes otros cometidos, tanto contra refugiados vascos, como contra librerías y negocios ligados a dichos refugiados.

Otro tanto confesó un mercenario estadounidense, Jay Simon Salby. Dicho mercenario participó, en 1961, en la fracasada invasión de Bahía Cochinos, en Cuba, y las autoridades de los EEUU se interesaron mucho por él cuando fue detenido en Argelia. Nótense los numerosos cables con referencias a él filtrados por WikiLeaks.

Según las declaraciones de Salby a la Policía argelina, para cometer los atentados contra los exiliados vascos se sirvieron como cobertura de la empresa Telma, dirigida por un antiguo oficial del Ejército francés, Jean Rogue, y ubicada en la capital navarra, Iruñea. Dicha empresa era la base desde la que operaban Salby y otros mercenarios a los que identificó con toda claridad. Entre ellos, Jean-Pierre Chérid y su hermano André-Noël. A pesar de ello, Jean-Pierre Chérid pudo seguir cometiendo atentados de guerra sucia bajo las órdenes de los servicios de inteligencia españoles que continuaron sirviéndose de los fondos reservados a tal fin.

En el caso de Salby, la Policía francesa dispuso de pruebas materiales flagrantes sobre su participación en al menos dos atentados en Iparralde en pleno franquismo, el 27 de agosto y el 16 de noviembre de 1975. El segundo de ellos, contra el carismático dirigente de ETA Txomin Iturbe, dos de cuyos hijos resultaron heridos a causa de la bomba-lapa que colocaron bajo su coche.

Por lo que respecta al atentado del 27 de agosto de 1975, ametrallaron desde un vehículo una furgoneta en la que refugiados vascos volvían de una manifestación contra las penas de muerte que acabaría ejecutando el dictador Franco un mes después. Dos de los refugiados resultaron gravemente heridos e internados en el hospital de Baiona.
Una vez localizado cerca de la muga el vehículo utilizado en el atentado, la Policía francesa pudo saber que había sido alquilado en Barcelona por un supuesto ciudadano paraguayo llamado Gregorio Villagrán Anderson. Precisamente, la falsa identidad que utilizaba Jay Simon Salby, y quedó al descubierto al ser detenido en Argelia.

Por su parte, la Policía británica pudo probar que, poco antes de ametrallar a los refugiados vascos, Salby había atentado contra la Embajada argelina en Londres. El 18 de agosto de 1975, colocó en la embajada un potente explosivo que no detonó debido a un fallo. La huella dactilar de Salby que encontraron en el mismo no dejaba lugar a dudas sobre el autor.

Ese mismo día se cometieron otros dos atentados contra las embajadas argelinas en Bonn y Roma. Atentados en los que se empleó explosivo C4, de uso exclusivamente militar estadounidense, y tras los que estaban los servicios secretos franceses.

Semanas después, el Ministerio de Exteriores argelino dirigió una enérgica nota a París en el que denunciaba «la responsabilidad de los servicios franceses» y llamó «solemnemente la atención del Gobierno francés sobre las graves consecuencias que podrían derivarse de las turbias acciones de los servicios especiales franceses tratando de desestabilizar el Gobierno argelino». Cincuenta años después, la injerencia francesa vuelve a repetirse y la protesta argelina también.
Por lo tanto, André-Noël Chérid y Jay Simon Salby actuaron, al mismo tiempo, a sueldo de los servicios secretos españoles franquistas y de los franceses republicanos; en ambos casos, realizando acciones de guerra sucia. Y bien significativamente, ni la Justicia francesa, ni la española, tomaron nunca medida alguna contra todos aquellos mercenarios que actuaban bajo la cobertura de la empresa Telma, ubicada en Iruñea, a pesar de las flagrantes pruebas de que disponían. Ni quisieron ni quieren saber absolutamente nada al respecto.

He ahí un flagrante caso de terrorismo de Estado franco-español. Otro más.

 

 

 

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sábado, 13 de diciembre de 2025

Egaña | Frantz Fanon y la Descolonización

Este texto que Iñaki Egaña dedica a la corta pero trascendente trayectoria de Frantz Fanon nos ayudará a enteder a personajes tan nefastos como al sociata Eneko Andueza y su disonancia cognitiva así como al jeltzale Bingen Zupiria y su apuesta por dotar con completa impunidad a la Ertzaintza.

Aquí lo traemos a ustedes desde su página en Facebook:


Frantz Fanon y la descolonización

Iñaki Egaña

En el centenario del nacimiento de Frantz Fanon, los foros y recuerdos a su breve aportación ideológica y práctica a las luchas de liberación -murió de leucemia con 36 años- han inundado los foros del Sur Global, con escasa relevancia en Occidente, heredera de la metrópoli supremacista que diseñó un planeta a su medida expoliadora. Europa era civilización y el resto salvajismo o barbarie. Fanon fue una de las referencias de nuevo cuño no exclusivamente marxista, como Che Guevara, Patrice Lumumba, Ho Chi Min, Amílcar Cabral o Nelson Mandela que renovaron el pensamiento revolucionario, introduciendo nuevos conceptos, en particular el de la descolonización y una trayectoria hasta nuestros días que ha derivado en un neologismo: decolonización. Un término que tiene que ver no solamente con la ruptura a la subordinación de la metrópoli, sino también con la superación del legado eurocentrista, soportado por mecanismos culturales, sociales, de género, artísticos, universitarios… Una desvinculación de las jerarquías impuestas históricamente por las elites occidentales que afectan tanto al Sur como a las sociedades secundarias del Norte Global.

Fanon, nacido Martinica (aún hoy integrada República francesa), de origen afrocaribeño, combatió al nazismo en la Segunda Guerra mundial resultando herido, con posterioridad fue candidato comunista a las legislativas francesas y concluyó sus estudios de psiquiatría en Lyon. Sus primeros trabajos ya estuvieron relacionados con los trastornos mentales, lingüísticos, físicos y sexuales causados por la violencia colonial. Para Fanon, la colonización, sustentada en el racismo, transportaba al colonizado a su despersonalización y a convertirse en un ser "infantilizado, oprimido, rechazado, deshumanizado, aculturado, alienado". Trabajó desde 1953 en un hospital mental argelino, pero con la guerra de liberación fue expulsado y residió en Túnez, donde formó parte de los órganos directivos del FLN. Renunció a su nacionalidad francesa y cambió su nombre por el de Ibrahim Omar Fanon. Murió unos meses antes de la independencia de Argelia.

En la década de 1960, la influencia de Fanon en Euskal Herria fue colosal en la izquierda revolucionaria independentista, apenas perceptible en su homónima revolucionaria vasca que consideraba la lucha de clases una cuestión estatal y en otros casos universal, siguiendo la tendencia que descolonización era una cuestión únicamente en liza en los entonces llamados pueblos del “Tercer Mundo”. La paradoja de esa influencia estaba en el hecho de que en la biblioteca de Fanon, donada por sus herederos y en la actualidad en Argel, contenía 1.400 libros de los que únicamente dos tenían referencia vasca y ambos con relación a la psiquiatría. El primero de Julián Ajuriaguerra, hermano del presidente del PNV durante el franquismo, y el segundo la tesis doctoral de Luis Martín-Santos, también psiquiatra y militante del PSOE en clandestinidad. Aunque la influencia de Fanon en Euskal Herria fue notoria en la renovación del corpus ideológico revolucionario, en especial de ETA, su conocimiento aparente de nuestro país era escaso.

Contaba en cierta ocasión Peixoto que a los militantes que ingresaban en ETA les entregaban dos libros para su formación. Uno era “Vasconia”, de Federico Krutwig y el otro “Los condenados de la tierra” de Fanon, que apareció en Paris en 1961 (en su versión en castellano en México en 1963 y tras levantarse su prohibición en el Estado español por la editorial Txalaparta) y prologado por Jean Paul Sartre quien a su vez haría la introducción de “El Proceso de Burgos” de Gisèle Halimi, ya en 1970. El contacto, a través del exilio, con gentes que habían participado en el gran debate que dividió a la metrópoli, y que destapó el corcho para las esencias más reaccionarias y chauvinistas francesas con motivo de la descolonización de Argelia, fue un suceso clave como referencia para aquellos militantes de la organización armada. Al igual que Mao Zedong que había calificado a los peones del imperialismo como "tigres de papel", Fanon declaraba que la utopía estaba al alcance de la mano.

La primera aportación teórica importante de Fanon, en el caso vasco, se refería al carácter de Europa y a la suposición de ser cuna civilizatoria y el centro magnético sobre el que giraba el globo terrestre. Alejándose de algunas de las líneas maestras del marxismo, afirmaba que la liberación nacional sin transición era posible. Esta, obviamente no era la situación socio-económica de Hego Euskal Herria, con una oligarquía vasca alrededor de Neguri como motor del "milagro" franquista. Pero la simple renovación de la teoría insurreccional sirvió como referencia innovadora.

La segunda aportación, ya presente en Lin Piao, Mao o el Che tenía su foco en la violencia como método revolucionario indispensable para la emancipación. Las fórmulas de resistencia pacífica se mostraban como ineficaces y en la mayoría de las ocasiones asumidas por los Estados coloniales. Fanon decía al respecto: "La descolonización es siempre un fenómeno violento". Y esa contribución fue notoria en numerosas publicaciones de ETA, entre ellas “Carta a los intelectuales” (“Euskadi no necesita una Revolución-Política o una Revolución-Económica sino una Revolución Integral. Una revolución que afecte al arte, a la cultura, a la filosofía e incluso a la escala de valores de la sociedad”) o “La insurrección en Euskadi”. Una tercera se ocupaba de las actitud de los colonizados, los llamados “Tío Tom” en EEUU (la crítica en el caso vasco a la inoperancia jeltzale). Y una cuarta referida veladamente a la concepción leninista del partido como vanguardia de la revolución, sin renegar de la organización: "la noción de partido es una noción importada de la metrópoli". Apostaba por un frente. En 2017, siguiendo una estela ya no tan paradójica, Mireille Mendès, Fanon de soltera e hija de Frantz Fanon, se convirtió en una artesana de la paz más en el proceso vasco, asistiendo al acto final de desarme de ETA en Baiona.

 

 

 

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sábado, 1 de noviembre de 2025

Egaña | Pensamiento en Blanco y Negro

Les invitamos a leer esta reflexión acerca del espacio tiempo en el que nos movemos, cortesía de nuestro amigo Iñaki Egaña:


Pensamiento en blanco y negro

Iñaki Egaña

No se trata de retroceder unas décadas y escrutar la sociedad y sus élites en la ausencia de los colores, aquellos que ya había anunciado la tecnología cinematográfica para el tecnicolor. Más bien, del pensamiento dicotómico, el pensamiento polarizado, cuando se contemplan dos alternativas que son totalmente opuestas y excluyentes entre sí. El todo o el nada, al que parecemos abocados en Occidente, que crea expectativas negativas en parte de la población, susceptible de arrimar el hombro en los cambios, como si no fuera posible derrumbar a los gigantes. Nihilismo de nuevo cuño, disfrutar de la vida y evitar el choque.

Hay un rumrum de base, con un hartazgo que se percibe en esa dicotomía de nuestros días. Parece que no hay otro tema de discusión que Trump y sus desvaríos, que Ayuso y su última ocurrencia, el nivel de fascismo de Netanyahu o las obscenidades de Milei. Desafíos a los que hay que enfrentar, sin duda. Y, por otro lado, menosprecio al trabajo a largo plazo, a la construcción de las hormigas, al reforzamiento de comunidades como si estos compromisos se tratasen de temas menores, y que lo único importante es hacer valer estrategias diseñadas hace siglos por y para occidentales. En un medio ya incontrolable en el que la mentira ha sustituido a la verdad, incluso a la que llamábamos “verdad revolucionaria”. Una fase humana que Ramón Sola, hace bien poco, definía como “kaka aroa”, continuidad de la edad de piedra, la media o moderna. No hay planes a largo plazo por la supervivencia de nuestra especie, no hay luces largas en la mayoría de los proyectos occidentales. Mi impresión, cada vez más asentada, refiere a que surfeamos de improvisación en improvisación. Cuando miro a nuestras instituciones autonómicas, forales, estatales y europeas, no me queda ya duda alguna.

Pertenecemos a una sociedad cada vez más polarizada, aunque el sustrato viene de lejos. Nuestra civilización creyó aquello de la supremacía occidental, con sus reglas y moralidad, algo que, cuantitativamente, fue minoritario, aunque cualitativamente se impuso al conjunto del planeta. Con expolios y genocidios monárquicos. El colonialismo. Paradójicamente y cuando nos aferrábamos a nuestro recorrido pasado, resultaba que aquellos “otros” estaban más avanzados en algunos territorios, en astronomía, en medicina, en organización social, mientras que nuestros antepasados acababan de abandonar el interior de las cavernas.

La colonización europea del mundo nos ha dejado un legado erróneo de pueblos, culturas y civilizaciones. El mapa mundial actual está cincelado con los trazos coloniales, postcoloniales o monárquicos, con fronteras impuestas, dividendo pueblos y uniendo vecinos que no lo eran. Experiencias como las de casa que nos acoplaron vascongados con castellanos o bretones en dos estados de lenguas ajenas. Territorios conquistados por reyes y emperadores ambiciosos, obsesos por ampliar su poder. Arrastrando a sus súbitos que crearon (creamos) un ambiente de arrogancia para imponer modelos supremos, como democracia y derechos humanos que concluyeron siendo la base moral de la humanidad.

Aquello, sin embargo, tenía truco. El legado estaba lleno de mentiras. Era un pensamiento en blanco y negro, polarizado por la supuesta supremacía occidental. Democracia, sí. Pero cuando no afectaba a las elites económicas y de poder occidentales. Decenas de intervenciones postcoloniales, en Latinoamérica, en África, en Asia. Derechos humanos también. Pero para los de casa únicamente. Y con reparos. Sistema electoral con listas abiertas. También, aunque en función del resultado con la bala en la recamara para una nueva intervención militar o económica. Y un largo etcétera. Desaparecieron los colores del planeta e impusieron (impusimos) unas reglas chantajistas. No sólo en lo económico, político, religioso, cultural y social, sino en todo aquello susceptible de tener ADN humano.

Hoy, los maestros en improvisación utilizan el viejo adagio rescatado por Bush, Blair y Aznar: “O estás conmigo o estás contra mí”. Sin matices. Y si estás contra mí, iremos a por ti. Aquello que ayer ocurrió en Argelia o Vietnam (con la ocupación de Francia y EEUU) se repite estos meses en Palestina, Siria, Yemen… está siendo usado bajo el argumento y la naturalidad de la superioridad moral de Occidente. Tel Aviv, Washington, París, Londres… avalan algo que si sucediera en otros territorios bajo sus alianzas sería denunciado como ataque frontal a la democracia y a los derechos humanos.

Hoy, a pesar, hemos comenzado a tener algunas dudas sobre estas falsas dicotomías. La decadencia actual de Occidente, el ascenso de otras que la soberbia occidental aparentemente no las vio venir, ha vuelto a machacar nuestras conciencias. BRICS, Organización de Cooperación de Shanghái, Alianza de Estados del Sahel, OPEP… en paralelo a las clásicas que marcó el inicio de la Guerra Fría y que con la caída del bloque soviético supuso el éxito de un mundo unipolar dirigido por Washington, con la sumisión, entre otros, de nuestra Unión Europea, sinónimo de sometimiento. En esta nueva “cruzada” (seguro que en algún momento volverán a emplear el vocablo), entre ese mundo que se desploma y ese nuevo que surge multipolar, los defensores del viejo modelo, monstruos hoy, han abierto peligrosamente las puertas al fascismo. Ya estamos en una fase previa, la autocracia, y en la degradación absoluta del concepto de democracia. Y ya sabemos cómo solucionar Occidente los conflictos. Con guerras.

Son impresiones pesimistas, sin duda. Debemos aceptar que estamos en un mundo en transición, que debe concluir con un planeta multicolor: culturas, religiones, historias propias, lenguas, caminos diversos hacia la prosperidad. Un proceso civilizatorio novedoso y una gobernanza global entre iguales. Unas bases, sé que me cuesta señalarlo desde mi moral occidental, que no son exclusivamente ideológicas. Las herencias históricas de romanos, españoles, británicos, franceses… son la que heredaron las elites de EEUU. Y así nos va.

 

 

 

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sábado, 2 de agosto de 2025

Egaña | Cómplices

Europa ha quedado retratada como cómplice del genocidio cometido por la entidad sionista en contra del pueblo palestino.

Ante los videos e imágenes que nos llegan de Gaza, testigos silentes de la campaña de limpieza étnica llevado a cabo de forma sistemática por Netanyahu y sus cómplices, países como Alemania continúan criminalizando la solidaridad con el pueblo palestino, sin importar que para ello se monte un operativo policíaco en contra de una niña de trece años.

Vean lo que nuestro amigo Iñaki Egaña nos dice en su muro de Facebook:


Cómplices

Iñaki Egaña

El diccionario de la Lengua española define la humanidad con términos como sensibilidad, compasión de las desgracias de otras personas, altruismo, filantropía. Supongo que se refiere a la naturaleza humana. Otra acepción nos circunscribe al género humano. Cualquiera de las dos sin embargo, tiene tantas ramificaciones que al día de hoy no me atrevo a usar ni una, ni otra. Estamos asistiendo en directo a un genocidio en Palestina, en nombre de una razón superior y utilizando la vara divina como excusa. Hambruna provocada, muertes en las filas del pan, bombardeos sistemáticos, propaganda supremacista que lo justifica… inanición de los estados y una hipocresía vergonzante de la mayoría de las elites políticas dirigentes que animan a recordar la frase de Mafalda, aquel entrañable personaje de Quino: “Paren el mundo que me bajo”.

Parece, además, que matar también tiene categorías. No es lo mismo sucumbir ante el peso de los bombas, frente a las balas de un francotirador, a consecuencia de la metralla, que por desnutrición. Una muerte lenta, agónica alargada durante días, semanas, el cuerpo deteriorado, el semblante adquiriendo la imagen de cadáver antes del óbito. El genocidio se transformó en guerra, los bombardeos en actos preventivos… pero la hambruna es otra cosa. Ese es el recorrido que algunos líderes políticos de Occidente han seguido. Expirar en un supuesto campo de batalla era digerible. Hacerlo sin pólvora de por medio ya no permite fingir. Nadie está a salvo de la angustia de ver a un niño demacrado, agonizante. Es nuestra hipocresía utilizada como escudo emotivo.

Pero eso también tiene límites. Se puede empatizar hasta cierto punto. Macron acaba de señalar que París reconocerá al Estado palestino, mientras sus empresas armamentísticas siguen transfiriendo a Israel decenas de millones de euros anuales en componentes bélicos. Nada nuevo. A pesar de que la ONU decretó el embargo de armas a la Sudáfrica del apartheid, Francia siguió vendiéndolas, mientras sus dirigentes se llenaban la boca contra el racismo. Dulcie September, delegada en Europa del ANC, que denunció el contrabando entre Pretoria y Paris, fue muerta en la capital francesa. Asesinato sin resolver: los servicios secretos franceses. ¿Qué decir de EEUU y Alemania? Exportadores VIP de armas a Israel. España importa de Tel Aviv como el que más. Y Londres que, según recientes informaciones, ha ayudado a Israel en más de 500 vuelos de inteligencia para bombardear Gaza. Hasta el Fondo Horizonte de la Unión Europea ha financiado operaciones militares israelíes. De nuevo, la hipocresía de Occidente.

El diccionario de la Lengua francesa apunta también a que “humanité”, es el conjunto de individuos perteneciente a la especie humana y una segunda acepción la iguala a la definición española, la de la empatía. Papel mojado. No puedo categorizar en qué momento se perdieron los significados. Quizás jamás estuvieron activos. Porque nuestra trayectoria “humana” nos deja un poso sanguinario que cuando uniformamos el pasado apenas lo citamos en cifras. Para evitar un deslizamiento inquietante. Más aún cuando se trata de hambrunas, a las que calificamos como catástrofes naturales, como si trataran de tragedias inevitables, del tipo de los terremotos, las sequías o los tsunamis. Despojamos a las mismas de haber sido inducidas y las esquivamos en las estadísticas. “Nuestra ignorancia de la historia nos hace calumniar nuestro tiempo. Siempre hemos sido así”, escribía Gustave Flauvert. Se refería a que nuestra época, la de Gaza, la de Sudan, que, aunque no son la suya, sino las nuestras, las vivimos como las más horrendas de la historia. Y esa humanidad que no aparece en las dos acepciones de los diccionarios hispano y francés, ha sufrido asimismo terribles calamidades. Estratosféricas. Inducidas, precisamente, por ese Occidente cuya pauta marcan en la actualidad Washington y Tel Aviv.

El modelo que exportamos en las colonias europeas fue el que se repite en 2025. Primero la exterminación, en algunos casos abriendo reservas para los nativos, como la propuesta por Donald Trump y Benjamín Netanyahu para los gazatíes. Con la boca grande. Con la pequeña, los estadounidenses expulsan a Guantánamo, los italianos a Albania, los australianos a Papúa Nueva Guinea, los británicos a Ruanda. El segundo proceso llegó con el asentamiento, ubicando europeos, de tez blanca, chaqueta y bancos extractivos.

Lo hicieron los predecesores de Macron en Argelia, primero para colonizarla, derrotando a los nativos y luego recluyéndolos para que fueran difuminándose por inanición. Y cuando décadas después los propios argelinos quisieron desprenderse del yugo colonizador, mandaron a sus avanzadillas. No se trataba de los cazabombarderos F-16 y los helicópteros Apache que usa Israel en Palestina. Sino de la Legión extranjera y la elite de choque, los paracaidistas que aún mantienen su base en Baiona. Tortura, ejecuciones extrajudiciales, violaciones, hambruna. Fueron los maestros de la “guerra moderna”, del genocidio entonces sin imágenes.

Londres conquistó el subcontinente indio, en Asia, y el recuerdo de colonos y militares inundan las metrópolis del Reino Unido. El genocida Wellington también arrasó Donostia a su vuelta. Sucedió que rompiendo la tradición hindú de guardar cosechas para cuando los monzones no fueran benévolos, acaparó para sus islas británicas el arroz de esas cosechas. Cuando el monzón falló, la hambruna se apoderó de la India. Resultado: 27 millones de muertos de hambre. ¿La culpa oficial? Nadie ha oído hablar del tema. ¿La culpa real? Londres y su avaricia. Haití: medio millón de muertos por querer dejar de ser esclavos. Suma y sigue.

Denis Diderot, compatriota de Flauvert, escribió: “Los hombres nunca serán libres hasta que el ultimo rey haya sido estrangulado con las entrañas del último sacerdote”. Autocensura. No me atrevo a dictarlo, porque mañana me tildarían de incitación al odio. Así que concluyo con la frase de Mafalda. Paren el mundo.

 

 

 

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jueves, 10 de julio de 2025

Egaña | El Derecho y el Deber de Escapar

Y ya que hemos estado hablando de fugas al cumplirse la cuarta década de el escape protagonizado por Pikabea y Sarrionandia de Martutene, aquí les presentamos este texto de Iñaki Egaña que será la delicia de más de uno de nuestros lectores.

Directo a ustedes de Facebook:


El derecho y el deber de escapar de prisión

Iñaki Egaña

Una máxima universal señala que el deber de todo preso es escaparse, circunstancia que la mayoría de estados tipifica como delito. En los últimos 20 años, se han evadido de Francia más de 500 presos y de España la cifra es inferior, cercana a los 400. Aunque Hollywood y el cine han convertido las fugas en una aventura carcelaria, las evasiones se producen desde hospitales, juzgados y traslados. Los casos desde centros penitenciarios apenas llegan al 5%. Brasil parece ser el estado con el número mayor de evasiones del planeta, una al día. El país sudamericano tiene entre rejas a 900.000 internos, superado por EEUU con dos millones de presos, la primera población carcelaria de los cinco continentes en números absolutos. En relativos, por el contrario, El Salvador de Nayib Bukele ocupa el primer lugar, con 1.659 presos por cada 100.000 habitantes, seguido de EEUU con 639.

Las fugas más espectaculares se convirtieron en productos cinematográficos, en especial los promocionados por Hollywood. Dos remakes reales han devuelto actualidad a presidios míticos: Alcatraz y la Isla del Diablo (Guyana francesa). Donald Trump acaba de anunciar su intención de reabrir la prisión californiana, mientras que Emmanuel Macron ha informado de una inversión de 400 millones de euros para abrir un centro de detención en la Guyana. De la de Alcatraz se escaparon tres presos en 1962, un año antes de su cierre definitivo, fuga que dio lugar a una película protagonizada por Clin Eastwood. Para el FBI los fugados se ahogaron. En la ficción cinematográfica, los indicios apuntaron a su supervivencia. De la Isla del Diablo se fugó supuestamente Henri Charrière en 1941, que escribió su biografía en un libro que dio lugar a la película “Papillon” protagonizada por Steve McQueen y Dustin Hoffman. Con la condena cumplida e indultado por el éxito de la película, Charrière se estableció en España. A su muerte se supo que era un impostor y que el auténtico protagonista de la fuga había sido Charles Brunier. Entre decenas de novelas y filmes, destacar que recientemente acaba de ser traducida al castellano la fuga que León Trotsky contó ya en su libro “Tudá i obratno” (1907) en el que narraba la evasión cuando era trasladado al campo de internamiento de Beriózov (Siberia).

La modernidad ha desdibujado centenares de fugas espectaculares y técnicamente complicadas, trasladando su naturaleza a una especie de competición. ¿Cuál ha sido la más rocambolesca? ¿Cuál la más masiva, la que más distancia tuvieron que recorrer los fugados? Cada medio, cada reportaje, ofrece su versión, errando en muchos casos. En la Segunda Guerra mundial, el castillo nazi de Colditz, prisión para oficiales aliados, fue escenario de 300 intentos de fuga. En sentido contrario, de Papago (Arizona), uno de los 500 campos de prisioneros en EEUU que acogieron presos alemanes, 26 internos escaparon en la navidad de 1944, tras excavar un túnel de 54 metros. De las prisiones de Acre y Jerusalén, en Palestina, escaparon 40 militantes de Irgun -grupo paramilitar sionista-, en 1947 y 1948, durante el mandato británico.

La actualidad sigue ofreciendo ejemplos, como el reciente de mayo de 2024, cuando un convoy que trasladaba al preso Mohamed Amra en Normandía fue atacado. El detenido consiguió huir, mientras que dos funcionarios de prisiones perdieron la vida en el tiroteo. Amra fue detenido en Rumania en febrero de este año. Hace escasas semanas, la Guardia Civil descubrió un túnel que comunicaba el Tarajal de Ceuta con Marruecos, usado como vía de escape para huidos de la Justicia. El túnel, sin embargo, no tiene la sofisticación de aquel que facilitó la huida, en 2015, del penal de máxima seguridad del Altiplano de “El Chapo” Guzmán. Una obra de ingeniería de kilómetro y medio de longitud y diez de profundidad para la que sus constructores, removieron más de tres mil toneladas de tierra.

Entre las destacadas, hubo un viaje repetido aparentemente en dos ocasiones cuyo trayecto y condiciones superaron a la ficción. La primera ocasión, en 1917, la protagonizaron 17 presos “blancos” en la guerra civil rusa. Escaparon de su internamiento en Siberia, a pie y durante meses, tras recorrer miles de kilómetros, recalaron en China. Sólo tres sobrevivieron. Uno de ellos, David Regevsky se refugió en Donostia, donde esposó con Amparo Zoco. Su familia se asentó definitivamente en Donostia, madre, hijos y nietos. Regevsky, que vivió en la Villa Datcha Blanca de Igeldo, falleció en 1958. A pesar de su éxito cinematográfico a través de la película “The Way Back” (2010), la segunda de las evasiones desde Siberia, ocurrida durante la Segunda Guerra mundial, fue falsa, según investigaciones de la BBC. El protagonista era el soldado polaco Słavomir Rawicz, que escribió en 1956 “La larga caminata”, en la que relataba su supuesta fuga en 1941 desde el gulag hasta India, recorriendo 6.500 kilómetros y atravesando Siberia, el desierto de Gobi, Mongolia y Tíbet. Su falseada biografía se convirtió en un superventas y fue traducida a 25 idiomas. Resultó que Rawicz había quedado en libertad en 1942 y que la historia de la fuga era cierta pero que correspondía, probablemente, a otro soldado polaco, Witold Gliński.

En cuanto al número de fugados, las de Queyfiya (Libia) en 2013 -más de un millar de reclusos- Kandahar (Afganistán) en 2008 -540 presos a través de un túnel de 300 metros- y Tazoult (Argelia) -1200 presos (de ellos 280 en el corredor de la muerte)- han sido recientemente las más masivas hasta 2024. En 2024, en Makala, capital de la República Democrática de Congo, hubo una fuga masiva, hasta 3000 presos, con 129 muertos en enfrentamientos entre presos y policías y 163 mujeres reclusas violadas y quemadas vivas en el intento de fuga En marzo de 2024 se fugaron de la prisión de Puerto Príncipe en Haití, un total de 3696 reclusos, tras un ataque desde el exterior.

En el Estado español y durante el franquismo, fueron míticas las fugas de Eleuterio Sánchez, “el Lute”, un merchero salmantino, la última del presidio de Puerto de Santa María en 1970. En prisión aprendió a leer y escribir y concluyó la carrera de Derecho. Su biografía dio lugar al filme “Camina o revienta”. La relevancia mediática de “el Lute” fue sustituida más tarde por la de Juan José Garfia, un vallisoletano de familia comunista, que recaló en prisión ya con 18 años acusado de robar explosivos. En libertad fue detenido en un tiroteo, con el resultado de tres muertes cuando huía del atraco fallido a un banco. Condenado a 113 años de prisión, logró escapar de la cárcel en 1989 y 1991. Encarcelado de nuevo, se licenció en Bellas Artes y Filología Hispánica y escribió un libro animando a las evasiones: “Adiós Prisión. Relato de las Fugas más espectaculares”. Salió en libertad condicional en 2010.

En el Estado francés, las fugas más relevantes tuvieron como preludio las del dandi René Girier, al que atribuyeron hasta 17 fugas. Atracador de guante blanco, su fama le llevó a ser chófer y mayordomo de la familia real de Mónaco. Fue interpretado en la gran pantalla por Gérard Depardieu. En otro caso, Michel Vajour se escapó en seis ocasiones, una de ellas de la prisión de La Santé, en 1986, en un helicóptero pilotado por su esposa. Tres presos canadienses también escaparon en helicóptero de la prisión de Quebec, en 2014.

La más ingeniosa correspondió a tres corsos -Maurice Costa, Francis Mariani y Pierre-Marie Santucci- que se evadieron de una cárcel cercana a Bastia en 2001 tras que el director de la prisión recibiera un falsificado fax, con la firma de un juez, que decretaba su puesta inmediata en libertad. Otro preso, Antonio Ferrara protagonizó la más espectacular, al huir de Fresnes en 2003. Un comando de seis falsos gendarmes, atacó con armas largas a los vigilantes, hizo un boquete en una entrada metálica, llegaron hasta la celda de Ferrara y con dinamita volaron la puerta, entre el jolgorio del resto de internos. Ferrara fue detenido cuatro meses después y salió en libertad en 2022. Otra fuga espectacular fue la de Rédoine Faïd que se escapó de la prisión de Lille-Sequedin con explosivos, un arma y la toma de rehenes. Fue capturado mes y medio después. Concluirá su condena en 2060.

En Euskal Herria, la mayor fuga de su historia se produjo en mayo de 1938 en la prisión navarra de Ezkaba, cuando se escaparon 795 internos. Únicamente tres lograron llegar a Ipar Euskal Herria (Jovino Fernández, José Marinero y Valentín Lorenzo), 207 fueron ejecutados en los días siguientes a la huida y 585 detenidos. Fernández mantuvo su exilio francés hasta su fallecimiento en 1995. Marinero alcanzó México, al huir de la llegada nazi, donde murió en 1963. Lorenzo, se reintegró a la guerra por Barcelona. Huyó nuevamente en 1939, y falleció en Burdeos en 1986. El presidio, a iniciativa pactada con el Ejecutivo español por EHBildu, fue declarado lugar de memoria, transmitiéndose su titularidad al Gobierno de Nafarroa que lo ratificó en 2025.

Durante la Segunda Guerra mundial, muchos de los vascos que combatieron con la Resistencia francesa también se fugaron de prisión o campos de concentración. El mayor protagonista en fugas fue Kepa Ordoki. En 1939 consiguió escaparse de las cárceles franquistas, más tarde de Gurs y, finalmente, hasta tres veces, del cautiverio nazi.

La primera fuga masiva de presos de ETA tuvo lugar en diciembre de 1969. De la prisión de Basauri se escaparon 15 presos, cinco de ellos acusados de delito común y los diez restantes militantes de ETA. Se refugiaron en el estado francés y París les asignó a residencia. En septiembre de 1973 Agustín Asteasuinzarra consiguió evadirse, con ayuda exterior, del cuartel de Loiola, en el que estaba detenido. En 1974, Jon Urzelai logró fugarse mientras estaba detenido en el Hospital Provincial de Donostia. Y en 1975 el fugado, también de Loiola, sería Bernardo Bidaola. Los dos primeros serían muertos, años más tarde, por las fuerzas policiales y Asteasuinzarra por los GAL. En 1978, el autónomo Bernardo Aizpitarte, detenido, se escapó, como Urzelai, del hospital. Hubo intentos frustrados en numerosas cárceles: Burgos (durante el Proceso de 1970), Zamora, Carabanchel, Iruñea, A Coruña, Martutene, Basauri…

La siguiente fuga masiva tuvo dos versiones, ambas desde Segovia. La primera de ellas fracasó con motivo de la delación del infiltrado Mikel Lejarza. La segunda, exitosa, tuvo lugar en abril de 1976 con la fuga de 29 presos. Lo hicieron a través de un túnel excavado, que conectaba con las cloacas del centro para lo que hicieron desaparecer seis toneladas de tierra por los desagües. El éxito fue inicial, hasta que la mayoría de los evadidos fueran detenidos en las cercanías de Aurizberri. En esta escapada falleció el militante catalán Oriol Solé, alcanzado por una bala explosiva disparada por la Guardia Civil. Cuatro de los fugados, -Koldo Aizpurua, Josu Muñoa, Mikel Laskurain y Carlos García Solé-, junto a Miren Amilibia del comando de apoyo, lograron su objetivo. En enero de 1980, tres militantes de ETApm huyeron de la cárcel de Martutene: Izaskun Arrazola, Jesús María Salegi y Mikel Matxirena.

Al margen de la fuga de Iñaki Pikabea y Joseba Sarrionandia en julio de 1985, a finales del año siguiente, un comando de Iparretarrak liberó de la cárcel de Pau a sus militantes Maddi Hegi y Gabi Mouesca. El operativo, probablemente el más complejo en los 28 años de actividad de IK, se llevó a cabo con el secuestro del director del centro penitenciario por miembros de IK disfrazados de gendarmes. Maddi Hegi falleció en 1987 en accidente ferroviario tras ser detenida.

Ya en épocas más recientes, en noviembre de 2000, Félix Alberto López de la Calle, escapó de un hotel de Aubusson (Francia), donde estaba detenido a la espera de su extradición. En agosto de 2002, Ismael Berasategi se fugó de la prisión parisina de La Santé, al intercambiarse con su hermano. En diciembre de 2002, Ibon Fernández Iradi consiguió fugarse de la comisaría de Baiona, a través de un conducto del aire. En el siglo XXI, hubo intentos de militantes de ETA fracasados, desde las prisiones de Aranjuez, Valdemoro y La Santé. Otros abortados no tuvieron publicidad. En 1993, José Mari Sagardui fue descubierto cuando se fugaba de la prisión de Granada.

Entre los grupos insurgentes, el IRA realizó una de las fugas más espectaculares de la historia, al colocar, en julio de 1922, una bomba de gelignita en un lateral de la prisión de Dundalk. Por el boquete se escaparon 105 prisioneros políticos. Días después, los fugados al mando de Fran Aiken, uno de los huidos, asaltaron el cuartel de Dundalk, tomando 300 prisioneros. Fue uno de los episodios más dramáticos de la guerra civil entre dos facciones del IRA, los que aceptaron el Tratado de Independencia de la que sería Irlanda del Sur y los que no reconocieron la continuidad del norte de la isla en poder de Londres. Más recientemente, las fugas de miembros del IRA fueron numerosas: en 1972, nueve presos republicanos huyeron de un barco-prisión y un año después, tres internos del IRA escaparon en helicóptero de la prisión de Mountjoy. En 1974, 19 militantes lo hicieron de Portalouse y un año más tarde, otros nueve mientras estaban siendo juzgados en Newry. En 1981, ocho militantes de la prisión de Crumlin Road y en 1983, 38 presos republicanos huyeron de la cárcel de Long Kesh (Maze) en la más numerosa en la historia reciente de Gran Bretaña. Cuatro de los fugados de Meze fueron detenidos posteriormente en EEUU y Londres solicitó su extradición. El Acuerdo de Viernes Santo, en 1998, evitó la deportación de tres de ellos.

En Alemania, Andreas Baader logró escapar de prisión antes de alumbrar la Rote Armee Fraktion (RAF). En julio de 1976, cuatro militantes escaparon de la prisión de mujeres de Berlín, tres de ellas del Movimiento 2 de Junio y la cuarta de la RAF, a través de la ventana de la biblioteca. Gabriele Rollnik e Inge Viett serían detenidas dos años después en Bulgaria y extraditadas a Alemania Occidental. Monika Berberich fue detenida poco después de su fuga y salió de prisión en 1988, tras haber realizado nueve huelgas de hambre.

Assata Shakur, miembro del Black Liberation Army y de los Black Panthers, huyó de la prisión de Hunderton (New Jersey) y se refugió en Cuba desde 1984. En 2005, el FBI la incluyó entre las diez terroristas más buscadas y ofreció una recompensa por su captura. Desde La Habana escribió su autobiografía, con introducción de Angela Davis. De Velore Fort en India, escaparon en 1995, 43 reclusos tamiles de Sri Lanka. La fuga de cinco militantes palestinos de Gilboa (Palestina ocupada), en septiembre de 2021, fue una más entre las 30 sucedidas anteriormente, unas exitosas otras fracasadas. La primera tuvo lugar en 1958, con la huida de 77 palestinos del presidido de Shatta. En la Sudáfrica, la película sostenida en hechos reales que relata la fuga de tres presos políticos del penal de Pretoria en 1979, resume los intentos que protagonizaron otros internos durante el apartheid.

Entre los tupamaros uruguayos, la fuga del penal de Punta Arenas en 1971 dejó en libertad a 111 presos políticos, entre ellos el reciente fallecido Pepe Mujika. El FLN había intentado, un año, antes, a través del secuestro de Daniel Anthony Mitrione -un agente de la CIA destacado en Montevideo e instructor de torturadores-, su canje por 150 prisioneros. El Gobierno no accedió a las pretensiones uruguayas y Mitrione fue ejecutado. En una acción similar, en 1978, el Frente Sandinista asaltó el Palacio Nacional en Managua, exigiendo, entre otros objetivos, la liberación de 50 presos, entre ellos Tomás Borge. Tras dos días de negociación, el presidente Somoza accedió a la petición y los reclusos viajaron a Cuba. Tupac Amaru, en Perú, imitó la acción en 1996 y tomó con rehenes la embajada de Japón, solicitando la liberación de 465 de sus presos. El Gobierno peruano, tras cuatro meses de asedio, asaltó la embajada y mató a todos los guerrilleros.
En marzo de 1982, Sendero Luminoso atacó la cárcel de Ayacucho (Perú) liberando a 254 presos, de los que 70 eran miembros de la organización liderada por Abimael Guzmán. En 1990, 47 militantes del Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA) de Perú, entre ellos su dirigente Víctor Polay, se fugaron del presidio de Canto Grande tras cavar un túnel de 250 metros de largo y ocho de profundidad. De la prisión de máxima seguridad de Santiago (Chile) el Frente Patriótico Manuel Rodríguez, con la ayuda de dos voluntarias del IRA, liberó en 1996 a cuatro de sus militantes condenados a cadena perpetua. La llamaron Operación Vuelo de Justicia -se produjo a través de un helicóptero- y de los cuatro fugados, únicamente Mauricio Hernández fue detenido en Brasil y extraditado a Chile. Frances Mary Shannon, la irlandesa de apoyo, fue detenida el pasado año en Croacia, pero quedó en libertad al llegar fuera de plazo la petición de extradición. En Venezuela se había escapado un grupo de guerrilleros de la Isla del Burro, en 1963, vestidos de mujer y con acreditaciones falsas.

En mayo de 1975, 26 presas políticas, acusadas de actividades guerrilleras, se fugaron de la prisión del Buen Pastor en Argentina. Un camión con un cable de acero arrancó las verjas de la prisión, abriendo un camino por donde escaparon las reclusas. De las fugadas, seis fueron desaparecidas por la dictadura militar que se estableció un año más tarde. De la cárcel de Guadalajara en México, huyeron seis militantes de la Liga Comunista, tras recibir ayuda de un comando exterior, en 1976. En marzo de 1991, un comando del Frente Farabundo Martí para la Liberación Nacional atacó el Centro Penal de Mariona y logró la libertad de 135 internos. En 1956, del presidio del Boniato (Cuba) se fugó un grupo de presos que sería el motor del foco guerrillero en Sierra Maestra. Raúl Castro participaría en otra acción para liberar a Frank País, uno de los dirigentes revolucionarios que fallecería poco después, a manos de la Policía del dictador Batista.

 

 

 

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sábado, 24 de mayo de 2025

Egaña | Mayo de Flores sin Flores

Les invitamos a leer y a reflexionar sobre este texto que Iñaki Egaña ha compartido en su cuenta de Facebook:


Querido José Luis:

Supe que tenías 13 años cuando fuiste evacuado en el Habana hacia la URSS. Los bombardeos sobre Bizkaia eran intensos, la apatía internacional ante la agresión nazi extendida. Los lloros de tu madre eran por partida doble. Tu padre combatía en el frente, bajo la lluvia a la espera de la derrota, mientras tú marchabas a un exilio agrietado por la incertidumbre. Tus hogares fueron Kiev y Moscú. Supongo que seguiste por la radio -ya chapurreabas el ruso con cierta soltura- la invasión de aquellos casi cuatro millones de soldados del Ejército alemán. Removiste los despachos hasta que te aceptaron en la escuela de pilotos de Borisoglebsk. Llegaste a sargento de dos divisiones de caza e incluso abatiste a cinco aviones enemigos. En tu Eibar natal se sintieron orgullosos de ello, aunque con retraso, nada menos que medio siglo de espera. Porque como ya sabes, el nazismo triunfó en la Península. No lograste derribar un sexto avión nazi, como los que habían bombardeado Gernika, porque un maldito 2 de mayo, una ráfaga arruinó tu vida. Joder, José Luis. Que sólo tenías 19 años. Entonces supe quién eras: José Luis Larrañaga Muniategi.

Aquel mayo de 1943 fue imposible olvidar. Como tantos otros. Ya cantaba un paisano tuyo, muchos años después, una canción que… iba a escribir “triste”, pero prefiero rectificar. Una canción llena de rabia: “mayo de flores sin flores, mayo cornudo y castrado. Para qué coño sin vida queremos un mes de mayo”. Y es cierto, José Luis. Con esa visión periférica que tenéis aquellos que nos precedisteis, ya habrás observado que ganasteis la guerra al nazismo pero décadas más tarde, estamos en 2025, su ideología se expande como la niebla que acogota en el Serantes de la melodía del mayo castrado, como la escarcha del monte Urko que acuna a tu Eibar soñada.

Esta primavera ha sido extraña, mayo irreconocible, aunque podía usar otros sinónimos para adornar la frase. Los tilos aún no han florecido con sus hojas olorosas, en las cimas los abedules se muestran desganados y aunque en la costa el verde nos abruma, apenas han acudido los vencejos, precursores de las golondrinas que remolonean desde África antes de cruzar el estrecho hacia Europa. Ni rastro aún de las bandadas de grullas que se dirigirán a las estepas del norte aunque he de confesarte que los txantxangorris ya nos marcan su territorio en parques y bosques con su canto. Al parecer, las mariposas de esta época aún siguen invernando, perezosas más que nunca. Yo al menos no he visto ni siquiera aquella de color azufre, que suele ser la primera en despertar.

Entre estas anomalías, una de ellas absurda. Se han celebrado, con la pompa y suntuosidad que se esperaba, el 80 aniversario del fin de aquella guerra que no viste concluir. Tus colegas entraron en Berlín a los tres años exactos de tu muerte, dando por concluida la contienda más mortífera de la historia de la humanidad. En esta ocasión, una parte de los vencedores, aquella que dice representar “los valores de Occidente”, organizó su propia fiesta, excluyendo a los que enfrentasteis al nazismo con un coste que jamás podremos agradecer siquiera una micra. Porque en estas décadas, la narrativa ha desfigurado los hechos tal y como fueron. Os han desplazado al basurero de la historia y os han convertido de héroes a parias. Aquel cine que veías en el teatro Buenos Aires o en Coliseo Albia, durante los primeros meses de la guerra en Bilbao, se ha transformado en un negocio. Crearon una macro empresa, Hollywood, que cambió las letras y los rostros de la historia, para que sintiéramos otras bombas ajenas a las vuestras. Tu Ejército Rojo ha sido borrado del futuro y en su lugar nos han instalado apuestos galanes que desembarcaron en Normandía, cuando todo el pescado estaba vendido. Aquel ejército de Hitler que les enfrentó en las costas atlánticas estaba compuesto de ancianos y niños porque su grueso, esos casi cuatro millones de soldados alemanes a los que os enfrentasteis y derrotasteis en los campos rusos, yacían en sembrados embarrados, en Leningrado, en Stalingrado, en Kursk.

En este 80 aniversario del Día de la Victoria, los medios occidentales nos atiborraron con imágenes de las celebraciones en París, Londres, Bruselas… y obviaron, cuando no ridiculizaron, las de Moscú. Apenas nos han contado que en la URSS perdieron la vida más de 30 millones de personas (23 millones civiles) y que China sufrió la muerte de 17 millones de sus ciudadanos (14 millones civiles). Y esos 170.000 civiles de Francia, Gran Bretaña y EEUU que murieron en la contienda, han tenido la visibilidad que necesitaban. Los nuevos Hollywood se las han dado y quitado a la vuestra.

Y ¿sabes por qué, José Luis? Porque aquellos de Normandía se aliaron poco después con otras víctimas del Holocausto para echar de su tierra a los palestinos y crear un estado religioso. Un genocidio moderno, complaciente, como ya habían ejecutado antes de esa Segunda Guerra Mundial en Argelia, en Namibia, en India, en Sudáfrica, en Indonesia… Genocidios como el actual, no sólo humano, sino culturales, étnicos, lingüísticos. Una gran hipocresía recorre Europa y su ex colonia dominante, EEUU. Describen a las víctimas por el color de su piel, por la ficha de su nacimiento, por su posición económica. Y, José Luis, bien lo sabrás a pesar de tu extremada juventud, que llamarse Imad Saleh Maher Farwaneh, Mohamed Nishat Mohamed Al Mashoun, Noor Al-Din Sobhi Misgah Saqr, Remi Wasim Rabi Bakir, Helana Masad Awad Al Araishi o José Luis Larrañaga para ellos, para los halcones de acero que reescriben la historia, es apellidarse Nadie. Únicamente resuenan los nombres de Ana Frank, el soldado Ryan o Agustín Muñoz Grandes mientras los vuestros son sepultados en cal viva. ¡Qué indecencia, José Luis! Aquí estamos, sin embargo, aquellos que no enterraron, las hijas y los nietos de los que sobrevivieron dando puntadas con hilo, esperando el regreso de las grullas y golondrinas que, como todos los precedentes, nos socorrerán para que el próximo mayo sea más florido que este.

 

 

 

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sábado, 10 de mayo de 2025

Egaña | Vietnam

Iñaki Egaña evoca la gesta del pueblo vietnamita en contra del imperialismo estadounidense y, en hacerlo, nombra a integrantes de la diáspora vasca en Estados Unidos que fueron partícipes de la brutal agresión por parte de Washington.

Aquí directamente desde su perfil en Facebook:


Vietnam

Iñaki Egaña

La distancia de Bilbao a Hanoi en línea recta es de 11.000 kilómetros, más o menos. Me cuenta un chapbot de IA que andando, en línea recta, suponiendo que no hubiera obstáculos insalvables y a una media de 20 kilómetros por jornada, tardaría algo así como 550 días en alcanzar la capital vietnamita, la segunda en población después de Ho Chi Min, la antigua Saigón. En un mundo globalizado, con el permiso de Donald Trump, caminar es una quimera. El avión, con alguna escala, acerca Vietnam en 16 horas. Más rápido aún, gracias a Internet estamos en un pis pas. Pero no siempre ha sido así. A los de mi generación, que peinamos canas si la queratina nos guarda el cabello, la cercanía nos la escupían las emisoras de radio con un mensaje mañanero: “Prosiguen los combates en el Mekong”. La conocida como Guerra de Resistencia contra EEUU (Kháng chiến chống Mỹ), que concluyó ahora hace medio siglo. El Viet Cong contra los yanquis, sustitutos de los franceses colonizadores, derrotados en la que llamaban Indochina.

En una década, EEUU escupió más de siete millones de toneladas de bombas sobre la entonces Vietnam del Norte y sus vecinas Laos y Camboya, donde, señalaban, se escondían los comunistas. Para la comparación, en la Segunda Guerra mundial, se lanzaron un tercio, poco más de dos millones de toneladas. Las bombas y la guerra química (napalm y agente naranja) mataron a medio millón de niños y otros dos millones y medio de adultos. Monsanto, comprada hace pocos años por Bayer, y Dow Chemical, que tuvo planta en Leioa hasta hace 15 años, fabricaron para el Pentágono los explosivos químicos. También violaciones en masa y rapto de niños para su venta. Hoy, aún millones de personas sufren malformaciones originadas hace medio siglo. En las Bardenas, los aviones de EEUU se entrenaban antes de viajar al otro extremo del mundo.

Para nuestro generación y para todos los pueblos oprimidos del mundo, Vietnam fue un símbolo. El símbolo con mayúsculas. Su pueblo, a un coste impresionante, había derrotado a París y luego a Washington, para establecer una sociedad igualitaria, hacia el comunismo. La enseñanza era que David podía derrotar a Goliat. La juventud tomó las calles en Europa y en Norteamérica, y las guerrillas se echaron al monte en Centro y Sudamérica. Una lucha antimperialista y anticolonialista.

Hoy, sin embargo, enciclopedias y chatbots generados en el Primer Mundo, relatan falsamente que la Guerra de Resistencia contra EEUU fue un episodio más de la Guerra Fría, el bloque soviético contra el occidental. Una farsa académica y una visión supremacista y eurocentrista. Vietnam, como otras luchas de liberación en Angola, Mozambique, Indonesia, Argelia… formó parte de la rebelión de las colonias contra las metrópolis. Un orden mundial forjado desde el siglo XVI y acelerado en el XIX. El despojo del que aún se nutre Europa para conformarse como elite económica mundial.

A pesar de esas distancias astronómicas, y del cierre del pensamiento por la dictadura en Hego Euskal Herria, Vietnam estuvo más cerca de nosotros de lo que puedan presuponer nuestros descendientes. Quienes conspiramos para la caída del franquismo, nos convertimos en vietnamitas, aunque lo fuera metafóricamente. Cuando el ejército de Vo Nguyen Giap y la generala Nguyen Thi Dinh entraron en Saigón en 1975, lo celebramos como una victoria nuestra, al igual que en otros puntos del planeta. Ho Chi Min se unió a una lista de protagonistas con nombre: Che Guevara, Sandino, Lumunba, Cabral, Farabundo Martí, Sankara, Abd el-Krim… Ho, además, era poeta -en prisión con la ocupación japonesa escribía poesía- lo que lo acercó todavía más a un pueblo como el nuestro que como decía Voltaire, canta y baila al borde de los Pirineos: “Rimando haré más cortos los días en la prisión y esperaré que llegue mi libertad cantando”.

La huella vasca desde Vietnam fue notoria. En 1966, ETA programó cursillos de tres meses en Vietnam, con experiencia de campo lo que suponía enfrentamiento real contra las fuerzas ocupantes (Curso de Instrucción). La estancia estaba subvencionada por el Ejército de Liberación y los viajes por un estado que había logrado su independencia tras una guerra prolongada. La primera hornada de voluntarios vascos hubiera debido llegar a Vietnam en octubre de 1966, pero el proyecto fracasó. Un año más tarde, en la V Asamblea de ETA, la organización armada vasca adoptó la estrategia del comunista vietnamita Trường Chinh. Un corta y pega: “«Las victorias en los campos de batalla de la economía, política y cultura dan la victoria militar a la Resistencia Nacional». Fue la estructura de los cuatro frentes.

Hubo también, como en las guerras coloniales de la época (Corea, Siria, Egipto, Turquía…), vascos que, obligados por el servicio militar, sirvieron en el Ejército francés, incluso en el estadunidense, contra los independentistas vietnamitas. Vicent Etchemendy, Pierre Lafargue y decenas de jóvenes de Ipar Euskal Herria dieron su último aliento en Indochina defendiendo la tricolor francesa. “Morts pour la patrie”, que cantaba Gorka Knör. Exiliados de la guerra civil fueron forzados a ingresar en la Legión Extranjera entre ellos el irundarra Eduardo Larrañeta que sobrevivió y a su vuelta fue detenido por la Policía franquista a pesar de haber servido en las fuerzas invasoras.

John Etxeberria, nacido en Reno de padres de Izpazter, fue uno de los 1.300 hijos de la diáspora vasca que, enrolados en el servicio militar y destinados a Vietnam, luchó en las fuerzas de EEUU “contra el comunismo”, al igual que Jean Hechart, nacido en Hazparne y emigrado a California. Bob Etxeberria, ex presidente de NABO (North American Basque Organizations), euskalduna, natural de Nevada y procedente su familia de Amoroto e Izpazter, era veterano el Ejército de EEUU, combatiente en Vietnam, también obligado por el servicio militar. Medio siglo después, son detalles de aquel Vietnam, tan lejano en la distancia, tan cercano en la derrota para unos, en la victoria para otros.

 

 

 

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sábado, 8 de marzo de 2025

Egaña | Euskara y Multilingüismo

Para hablarnos del euskera y su complicada relación con los supremacismos lingüísticos de los vecinos con egos hiperdesarrollados, desde su muro en Facebook traemos a ustedes este texto de nuestro amigos Iñaki Egaña:


Euskara y multilingüismo

Iñaki Egaña

Hace un par de semanas se ha celebrado en París un encuentro auspiciado por Unesco sobre las lenguas maternas y la educación. En el planeta, dicen, hay más de 7000 lenguas y, hoy en día, el 40% de la población mundial carece de acceso a la educación en una lengua que habla y comprende con fluidez. Aunque la mayoría de ellas se reducen a poco en miles, porque el resto apenas son habladas por centenares de personas. Son 250 millones de niños y niñas que están desplazados de su ecosistema lingüístico. Nuestra memoria no tan lejana retiene aquella discriminación e imposición. Ese 40% se eleva hasta un 90% en zonas también pauperizadas, donde incluso el acceso a la educación está mediatizado. El informe final del congreso de Unesco lleva por título “Las lenguas importan: Orientaciones mundiales para la educación plurilingüe” y, paradójicamente cuando Unesco reivindica el hecho pluri y multilingüe del planeta, su edición ha sido únicamente en inglés.

Según Unesco, Papúa-Nueva Guinea es el territorio con más lenguas, 841; seguido de Indonesia, 721; Nigeria, 538; India, 459; EEUU, 364; Australia 320; China 308 y México 304. Esas 7.000 avaladas por Unesco se repiten en el informe de Ethnoblog que las matiza en 7.111. De estas últimas, únicamente 600 son habladas por más de cien mil personas. Lo más sorprendente de estos datos no está en la diferencia, sino en el hecho de que en el último censo de Ethnoblog, aparecían 14 lenguas vivas nuevas que habían sido descubiertas con recientemente, supongo que de signos, ya que a nivel planetario son unas 300. Esta última asociación ofrece datos de interés, aunque por estados.

En el Estado español, el Ethnoblog notifica la existencia de 17 lenguas, entre ellas el euskera (464.000 hablantes hace diez años según la Comisión Europea) y el erromintxela, también citado como vasco-caló o romaní-vasco, al que se le adjudicaban en 2009 cerca de 500 hablantes, con el subrayado de que es una lengua “moribunda”. Una institución tan interesante como el OLAC (Open Language Archives Comunity), que recoge fuentes grabadas de todas las lenguas del mundo, guarda archivos sonoros también del erromintxela.

Como curiosidad se puede añadir que en el Estado español en la actualidad hay casi el doble de personas que hablan árabe, de procedencia marroquí, que euskera. Sin ser las cifras tan contundentes, la proporción es similar con el rumano. Por el contrario, y según Ethnoblog, un total de 4.400.000 ciudadanos del Estado español tienen el primer apellido de origen vasco.

En Francia, el otro país vecino y siempre según la misma asociación, 1.350.000 habitantes hablan árabe con procedencia argelina, 1.140.000 árabe de procedencia marroquí, 537.000 taqbayliy (bereber del norte de Argelia), 447.000 árabe de procedencia tunecina, 444.000 turco, incluso 150.000 tamazight y otros tantos creole antillano. El censo para el euskera en el Estado francés es de 72.000 hablantes (datos de 2013). En total, Ethnoblog recoge 23 lenguas propias del Estado francés, entre ellas también el euskera y el erromintxela.

Volviendo al congreso de París, las estadísticas son preocupantes: en 2016, 617 millones de los niños no habían adquirido habilidades básicas en lectura, escritura y aritmética, y dos tercios de ellos estaban en la escuela pero no aprendían. Antes de la pandemia de COVID-19, el 57% de los niños de 10 años en países de ingresos bajos y medios no podían leer textos simples; este número había aumentado al 70% cuando se reanudaron las escuelas (Banco Mundial, 2022).

En estimación, el citado trabajo de Unesco afirma que entre la mitad y un tercio de la población mundial utiliza más de un idioma en su comunicación diaria. No sólo por el entorno, como el nuestro en el que el euskara, castellano y francés son de uso común (las estatales con un sustrato de imposición histórica), sino también por otras razones ligadas con los tiempos en los que vivimos: la tecnología y las migraciones. En evidente que la tecnología nos ha llevado a que las generaciones surgidas en la modernidad tengan al inglés por referencia, pero también hoy es el día en que el árabe, lenguas amaziges, urdú, mandarín o wolof, entre tantas, se escuchan en nuestras calles. Somos un país notoriamente multilingüe, lo que es un tesoro, con una lengua original, el euskara, en situación precaria. Frente a dos colosos imperiales, el castellano, hablado en el planeta por 560 millones de personas y el francés por 310 millones.

Esta situación, local y planetaria, nos ofrece un mapa que a veces choca con la visión unitaria de los estados en los que estamos ubicados. Unesco afirma que el multilingüismo es la tendencia, superando con creces al monolingüismo. Y sin embargo, los ataques contra el euskara continúan de manera sostenida, desde algunas formaciones políticas que se mantienen en códigos medievales y tienen a Nebrija de guía, hasta jueces oriundos de Carpetovetonia y autóctonos con el síndrome del Tío Tom. En estos últimos meses, lo ejemplos ha sido numerosos. El Tribunal Superior de Justicia del País Vasco y su parejo de Nafarroa Garaia consideran “desproporcionada” la exigencia de cierto nivel de euskara para los puestos públicos. La vulneración de los derechos lingüísticos parece no pertenecer al conjunto de violaciones de los particulares y colectivos. Siempre hay una coletilla para justificar la “politización” de una lengua, en este caso el euskara, y argumentar en contra de su uso. Quien politiza es, precisamente, quien la niega.

Unesco concluye con un dato de interés, que quizás ahonda en nuestra singularidad euskaldun: “Las personas multilingües tienden a demostrar niveles más altos de empatía, mejores habilidades de comunicación, resolución de problemas, mayor capacidad para aprender nuevos idiomas y mejor recuperación después de un daño cerebral, en comparación con sus homólogos monolingües”. Frente a los carpetovetónicos españoles y franceses, va a resultar que Unesco tiene razón.

 

 

 

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sábado, 21 de diciembre de 2024

El Legado de 'Argala'

21 de diciembre, una fecha muy particular en el calendario de la resistencia vasca.

De su importancia nos habla este artículo de Naiz para el que se ha recurrido a la invaluable hemeroteca de Egin.

Adelante con la lectura:


'Argala', una muerte que legó un país vivo

Los servicios secretos de la dictadura franquista acabaron con la vida del histórico dirigente de ETA antes de que alcanzara la treintena. Días antes de su muerte, 'Argala' soñó con un pueblo organizado y, sin saberlo, ese fue el legado póstumo que dejó a Euskal Herria.

Maddi Txintxurreta

A José Miguel Beñaran (Arrigorriaga, 7 de marzo de 1949-Angelu, 21 de diciembre de 1978), de niño, no le inquietaba especialmente la cuestión nacional vasca. De hecho, víctima del adoctrinamiento franquista en las aulas, se consideraba a sí mismo un patriota español y partidario del dictador. Sin embargo, las referencias de sus padres, estos sí abertzales, y las emisiones nocturnas de Radio Pirenaica, lo acercaron a la cuestión vasca, al principio desde un interés pueril, y más tarde, cuando rondaba ya la mayoría de edad, se acercó tanto que pudo ver la verdad sobre aquello que le intentaron meter en la cabeza en la escuela.

Cuenta la periodista Mertxe Aizpurua en el libro 'Argala. Pensamiento en acción' (2019) que en los viajes de ida y vuelta en tren que realizaba 'Argala' a la academia Luco de Basauri, donde estudiaba entonces, coincidía con Josu Urrutikoetxea e hizo amistad con él. Comentaban, en voz baja y ayudados por el traqueteo del tren, los sucesivos acontecimientos que tenían que ver con ETA, organización que comenzaba a causar furor entre la juventud vasca.

Ambos entrarían pronto en ella, entre 1968 y 1969. «Curiosamente –recoge la biografía de 'Argala' que Aizpurua, ahora diputada de EH Bildu en el Congreso español, publicó cuando era periodista en GARA–, en un cruce casual y sin que ninguno de ellos llegue a saberlo, los dos han facilitado el nombre del otro como persona proclive a ser captada por la organización».

El final del año 1968 y el inicio de 1969 estuvieron marcados por varias detenciones de militantes de ETA, que derivaron en el sumario 31/69 que a su vez dio lugar al Proceso de Burgos. El resultado de estas operaciones policiales, afirma Aizpurua en el libro, «supone que la práctica totalidad de los cuadros de ETA en el sur de Euskal Herria está detenida o ha huido al norte». Varios militantes, incluidos 'Argala' y Urrutikoetxea, quedaron huérfanos en medio de un clima de represión que el régimen recrudeció en 1970.

Paradójicamente, fue la denuncia popular masiva que se concentró en torno al Proceso de Burgos la que fortalecería el músculo de la organización con nuevos militantes. ETA, entonces dividida entre los partidaros de la V. Asamblea y los de la Sexta, quería responder a la artimaña represiva de Franco y, de hecho, 'Argala' y otros compañeros comenzaron a excavar un túnel junto a la cárcel de Burgos para lograr la liberación de los dieciséis procesados. Una pared de hormigón armado impidió avanzar en la excavación y frustró la huida de los prisioneros, aunque a 'Argala' le vendría bien la experiencia en cavar túneles.

Los últimos años

En efecto, 'Argala' fue uno de los integrantes del Comando Txikia que participó tres años después en el atentado contra el presidente del Gobierno antidemocrático español Luis Carrero Blanco; fue quien tuvo la idea de cavar el túnel que daría muerte al almirante en una acción que hizo tambalear los cimientos de la España franquista. Dos años después moriría el dictador y comenzaría en el Estado la mal llamada «Transición».

Que un grupo de vascos y vascas armadas que había provocado hasta el momento una única muerte premeditadamente –la del torturador Melitón Manzanas– y no había actuado fuera de Euskal Herria consiguiera ejecutar el atentado, burlando a las Fuerzas de Seguridad de la dictadura, era insultante para los integrantes de los servicios secretos (SECED) que el mismo almirante se había encargado de renovar. Por ello, los responsables del SECED se pusieron en marcha con un claro propósito: venganza. La cuenta atrás para la muerte del militante de ETA ya había comenzado.

El de Arrigorriaga se encontraba exiliado en Ipar Euskal Herria cuando en 1976 fue detenido por la Policía francesa y confinado en la isla de Yeu junto a otros refugiados vascos, donde se casó con su compañera Asun Arana. Un vídeo que en su día publicó GARA y que ahora recupera Artefaktua muestra la salida de algunos refugiados, entre ellos 'Argala', de Yeu en febrero de 1977.

A su vuelta a Euskal Herria, participó activamente en las conversaciones de Txiberta, auspiciadas por Telesforo Monzón. Sin embargo, la muerte ya le respiraba en la nuca. El día después del quinto aniversario del atentado contra Carrero Blanco, con la ayuda del grupo paramilitar que luchó contra la independencia de Argelia, el 21 de diciembre de 1978 mataron a 'Argala' en Angelu cuando detonaron la bomba que previamente colocaron bajo su coche.

Unos días antes de su muerte, Beñaran grabó un mensaje dirigido a su pueblo natal, que vería la luz después de que a Arrigorriaga le arrebataran a su querido paisano. Ignoraba que lo que transmitiría con ese mensaje, como la plegaria por que el pueblo vasco se organizara, se convertiría en su legado póstumo. Esta es una de las frases que destaca del texto: «Yo sé, por experiencia, que a los militantes de ETA no les gusta la violencia. Me conocéis un poco a mí, por lo menos algunos, sabéis cómo era cuando vivía ahí, y sabéis que tampoco me gustaba. Esta misma es la situación de todos los militantes de ETA, pero se ven obligados a luchar».

'Egin' no pudo informar del deceso del histórico militante de Arrigorriaga: sus trabajadores estaban en huelga. Y, por ello, el bertso que Xabier Amuriza dedicó a José Miguel Beñaran 'Argala' se publicó en la edición del 27 de diciembre de ese año, al día siguiente de que se celebrara el funeral en la localidad vizcaína. Así despidió el bertsolari a 'Argala':

Abenduaren hogeita bata
hura berri kriminala
goizean entzun genuenean
bota zutela Argala.
Oraindik gure historia da
luzea eta zabala
uste duenak Euskadi bere
mutilarekin hil zala
bizirik utzi zuen herriko
oihua jaso dezala.




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sábado, 21 de octubre de 2023

Egaña | Me Duele Gaza

Les presentamos el texto que Iñaki Egaña dedica a la actual situación de los gazatíes, una vez más siendo aniquilados a sangre fría por el ente sionista.

Adelante con la lectura:


Me duele Gaza

Iñaki Egaña

Me duele la vida. La vida de otros sin nombre, que yacen bajo los escombros de un campo de concentración amurallado, apiñados como si se trataran de animales que sintieron el pánico antes de ser consumados en el matadero. Me duele sobremanera cuando se trata de niños, pero también de adolescentes, de adultos que temieron por la de los suyos, incapaces de darles ese refugio adosado al ADN humano desde que la paternidad y la maternidad se hizo consciente.

Y es un dolor que, lo percibo, tiene algo o mucho de impostura, porque lo hago desde el teclado, lejos del olor a tierra quemada, del vaho que exhalan las balas antes de alcanzar su blanco. Un objetivo que, a pesar de ser humano, se convierte en acontecimiento, que un día la historia mencionará con tanta frialdad como la de un témpano polar a la deriva. El detalle será significado como una irregularidad, como una hazaña para los desalmados, sin alcanzar a descifrar que, a su paso, arrolló biografías inconclusas de centenares de miles sin-nombre.

Me repugna, en la misma medida, el alineamiento con los verdugos de toda esa elite que continúa reivindicando -con expresiones tan ajadas como democracia, sostenibilidad o gallardía republicana-, una (re)colonización en nombre del progreso. Cuando la realidad esconde el eterno desprecio del otro, la superioridad europea, supuestamente moral, que se apropió del planeta para extraer y colmar sus metrópolis. En nombre de una religión, de un monarca, un jefe político, una raza superior, con el fin también de clasificar a la humanidad, entre civilizados y salvajes, entre ilustrados y bárbaros entre blancos y el resto. A pesar de que la biología nos enseñó que las razas no existen, apenas diversidad en los ecotipos, el racismo está a la vanguardia de la actividad política.

Me repugna Macron, apoyando a Tel Aviv, continuador de la grandeur francesa, genocida, entre otros escenarios, en Argelia (más de cinco millones de muertos en un cuarto de siglo), laboratorio de la tortura moderna. La de Rishi Sunak y los Windsor, herederos del imperio británico, la mayor dominación genocida de la historia que todavía honra a sus verdugos, como Wellington o su reina Victoria. La de los Habsburgo españoles, ensalzados en las escuelas, por una supuesta evangelización que aniquiló a decenas de millones de humanos de los pueblos originarios (aparentemente ciudadanos sin catalogar) en América. La del belga Alexander de Croo, fiduciario de aquel sátrapa llamado Leopoldo que provocó más muertos en África que los nazis en la Shoá. La de Erdogan que sigue negando el genocidio armenio mientras bombardea al pueblo kurdo.

Me conmueven relatos como el de Anne Frank, pero me llenan de desasosiego, en mayor medida, aquellos que nunca se pudieron escribir, que no supieron de los signos del abecedario y que fueron inutilizados porque eran los “niños perdidos” del país de “nunca jamás”. Me molestan aquellos que, desde un sofá mullido, recuerdan el holocausto para justificar un “derecho a la defensa” que no es sino una agresión racista y neocolonial. Que emulan a la tragedia de Auschwitz, horror de horrores, sin reivindicar por molestos a otros gaseados: prostitutas, prisioneros, homosexuales y miembros del pueblo gitano. Hasta en la muerte también hay categorías.

Me disgustan aquellos que desde sus delegaciones mediáticas como forjadores de opinión adoptan una postura supuestamente equidistante, pero que, finalmente dividen los conflictos como si nos encontráramos en la antigua Persia, los seguidores de Ormuz (el espíritu bueno) y Arihman (el malo). Criminalizando, en este caso, a los seguidores de Hamas, electos en Gaza por cierto con mayoría absoluta (luego se deshicieron de sus opositores), tal y como la tuvo Aznar cuando, junto a Blair y Bush, invadió Irak, más de un millón de muertos según el ORB. Con la máxima de “el enemigo de mi enemigo es mi amigo”, Tel Aviv promocionó a Hamas para deshacerse de Al Fatah de Jassir Arafat. Pero como el ISIS, impulsado también por Tel Aviv, Londres y Washington para reventar Siria, los diseños estratégicos se volvieron autónomos.

Desde mi pedestal occidental, Hamas no tiene mi simpatía. Sobre todo, desde que apoyó el ataque contra los kurdos en el cantón de Afrin, en Rojava, en el norte de Siria, ese proyecto que intenta construir la utopía, lejos de estándares religiosos, machistas y de beneficio económico, sin aliados. Pero, ¿cómo tipificar en el bando de Arihman (el espíritu malo) a miles de adolescentes y jóvenes de Gaza que no han tenido otro escenario que el de la muerte a su alrededor, que no conocen los perfumes, sino el olor a pólvora y a cadáver, que han crecido enterrando a sus familiares? No me atrevo a ser juez, siquiera de opinión.

Me duele la vida en Gaza, en Cisjordania, como me duelen los cinco millones de muertos en las minas a cielo abierto Kakuzi Biega, en el Congo, violaciones en masa, esclavitud infantil, niños soldado. También, los 108 millones de desplazados en el planeta, según ACNUR, por esa vulneración constante de unos derechos humanos, validados por Naciones Unidas, que no son sino papel mojado. Me duele esa guerra que ya va para los diez años, que comenzó Kiev en Donbas y ahondó Moscú. Esa reciente invasión de Azerbaiyán y la consiguiente capitulación de Nagorno-Karabaj. Me duele Haití ingobernado, la persecución de la mujer en Afganistán, los tres millones de niños que mueren anualmente por desnutrición.

Pero hoy, más que nunca, me duele Gaza. Me desazona esa biografía coloreada cuando la víctima pertenece al ficticio bando de Ormuz, con el sufrimiento añadido de sus familias en portada, sensación transversal en cualquier comunidad, y, en cambio, se convierte apenas en una cifra cuando el muerto es catalogado como baja y más tarde engrosará una estadística. Me duele Gaza porque me duele este mundo injusto. Y porque como escribió Joseba Sarrionandia, “el mundo debe formar parte de nosotros, si queremos formar parte del mundo”.

 

 

 

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sábado, 18 de febrero de 2023

Egaña | La Cuestión

El terrorismo de estado en su modalidad de tortura fue el arma predilecta utilizada sistemáticamente por el españolismo para combatir el derecho del pueblo vasco a su autodeterminación. Han recurrido a ella todos los gobiernos "democráticos", en especial, los de Felipe González, José María Aznar y José Luis Rodríguez Zapatero. También recurrieron a ella Baltasar Garzón, Fernando Grande Marlaska, Juan del Olmo, Ángela Murillo, Concepción Espejel y Ángel Gil. Ellos son los autores intelectuales de la tortura, autores materiales se cuentan por cientos. Por supuesto que decimos lo anterior sin obviar que los hilos conductores llegan a La Zarzuela, con Juan Carlos I como máximo responsable por todo lo ocurrido.

Habiendo dicho lo anterior, les compartimos este texto de Iñaki Egaña acerca de esta lacra:


La cuestión

Iñaki Egaña

Hay un silencio atronador en torno a un tema que escuece y mucho. No hay estado de derecho, no hay actitud democrática por mucho que ondeen sus banderas, no hay interés alguno en alcanzar la convivencia, mientras se siga negando el gran escándalo que ha supuesto el hecho de se hayan documentado recientemente 5657 casos de tortura en Euskal Herria.

Una cifra escandalosa que implica, hasta hoy, a policías, jueces, políticos, medios de comunicación y otros agentes, en una atrocidad que ha permitido, no me queda duda alguna, que el conflicto armado se haya prolongado hasta hace una década. La tortura, y sobre todo su impunidad, ha ejercido de argumento para que generaciones que se sucedieron desde el franquismo, no supieran o no pudieran parar la rueda de la violencia. Había un debe no escrito hacia quienes habían sufrido picana.

El reconocimiento de los torturados, a la par que el resto de víctimas y al igual que sucede en los recuentos de violaciones de derechos humanos en Chile o Argentina, es una de las tareas que las instituciones no han sabido abordar. Es más, lo aprobado hasta ahora ha sido papel mojado. El pasado 19 de octubre, el presidente Pedro Sánchez y el Borbón rey Felipe firmaban la llamada “Ley de Memoria Democrática”. Una ley que en su disposición final sexta afirmaba textualmente: “En el plazo de un año a partir de la entrada en vigor de la presente ley, el Gobierno presentará a las Cortes Generales un proyecto de ley de modificación de la Ley 9/1968, de 5 de abril, sobre Secretos Oficiales, con el objetivo de garantizar el derecho de acceso a la información pública de todos los archivos pertenecientes a la Administración General del Estado”.

Esta semana, el Gobierno de España ha anunciado que rehúsa modificar la ley de Secretos Oficiales, que quizás en la siguiente legislatura. Es decir, que esa cacareada Memoria Democrática es un invalido al que no permiten cruzar la calle, ni siquiera por el paso de peatones. Porque la razón de Estado, que diría aquel ministro del Interior francés de infausto recuerdo, es suficiente para anular cualquier intento de conocer la verdad.

Y uno de los argumentos, no digo que sea el principal, pero sí que está en el top, se encuentra precisamente en seguir encapuchando la tortura. Porque estoy convencido que han existido normas, protocolos e incluso libros de estilo de cómo torturar. Durante la dictadura, durante la transición y durante esta democracia de pata de palo. Los hubo en Chile, en Argentina, en EEUU, en Sudáfrica y también en la Francia republicana que refinó sus métodos en la Argelia colonizada.

Fue en este escenario que Henri Alleg escribió en su cautiverio unas notas microscópicas que, camufladas en ropas y zapatillas, pudo sacar al exterior. Una editorial parisina editó su relato: “La cuestión”. Cuando se llevaban 65.000 ejemplares vendidos, Francia lo prohibió. Porque denunciaba los métodos de torturas que le habían aplicado y que llevaron a la muerte a miles de argelinos. Alleg, quizás por ser blanco, o porque su caso trascendió al exterior, se salvó. Un juez entró en el lugar donde estuvo detenido y descubrió una “cocina” preparada para torturar. Tal y como otros torturados denunciaron años más tarde una “carpintería” en el cuartel de la Guardia Civil de Donostia, dotada de medios también para torturar.

François Mitterrand era ministro de Justicia cuando Alleg fue machacado y todo un sistema francés bien democrático, torturaba a mansalva en Argelia. Gran amigo de Felipe González que en 1982 llegó a la presidencia del Gobierno español. Durante el mandato de González, ya lo corroboró el Informe de IVAC para el Gobierno vasco, se produjo la mayor cantidad de casos de tortura denunciados. Arregi había muerto año y medio antes de la llegada de González a La Moncloa. Como en el caso de Mikel Zabalza (1985), la muerte de Arregi en picana fue negada por los medios. Esta perla fue de ABC: “Coincidencia total en que Arregi no murió por torturas”.

Y ¿saben por qué no modifican, siquiera debaten la Ley de Secretos Oficiales, que pertenece a la época franquista (1968)? Porque se encontrarían con relatos que evidenciarían no sólo la impunidad, sino el premio que han recibido los torturadores por ejecutar bien su trabajo. Un ejemplo, siguiendo la muerte de Joxe Arregi. Marín Ríos, uno de los condenados, fue enviado como agregado a Ecuador donde años más tarde se produciría precisamente el secuestro y tortura de Miguel Ángel Aldana y Alfonso Etxegarai. Marín Ríos había estado destinado desde 1976 en Donostia como agente de los servicios secretos españoles en la época en la que comenzaron los atentados contra refugiados vascos en Ipar Euskal Herria.

La invisibilidad de la tortura es el truco que se guardan quienes construyen el relato desde posiciones excluyentes. Exigir al diferente que haga su propia reflexión debería llevar a una equivalencia que no se da ni de lejos. Estamos a años luz de ese reconocimiento. No hay más que observar el eco mediático de los estudios sobre la tortura, el silencio a los testimonios de los torturados, el negacionismo sistemático de los sindicatos policiales, el ascenso a ministro del Interior a un juez al que desde Estrasburgo han estirado de la oreja repetidamente y el matonismo anónimo en las redes animando a los agentes a torturar a la disidencia.

La tortura ha sido uno de los ejes centrales de la violencia del Estado. Javier Rodrigo, uno de los historiadores referencia de la dictadura, afirmaba que “si la tortura no pasa a formar parte del centro discursivo y se mantiene en un margen periférico, casi molesto para nuestro macro relato y nuestra cosmovisión del período, la condenamos a su incomprensibilidad”. Y esa incomprensibilidad viene manifestada por el silencio. Mitterrand censuró “La cuestión”, la difusión de la tortura en 1958. Pedro Sánchez refresca su compromiso de ocultar la tortura, en 2023, con el incumplimiento del compromiso de modificar la ley fascista de Secretos Oficiales.

 

 

 

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